Nociones básicas en
medición y evaluación
en el contexto educativo
La evaluación educativa es un componente esencial en el contexto educativo, donde todos
los actores, ya sea como evaluadores o evaluados, se ven sometidos a procesos de
evaluación de manera repetida y sistemática. Sin embargo, a menudo se percibe como un
evento aislado y desconectado del proceso de enseñanza-aprendizaje, o incluso como una
experiencia distante e impuesta. Evaluar de manera efectiva puede ser una herramienta
valiosa para guiar la toma de decisiones en educación, ya que proporciona evidencia sobre
el conocimiento y habilidades de los estudiantes, los resultados de programas educativos,
el desempeño de los docentes, el aprendizaje a nivel de distritos, ciudades o países, y la
influencia de factores socioculturales en el aprendizaje. Evaluar correctamente implica
permitir que esta evidencia sea visible y sistematizada, lo que a su vez puede mejorar la
toma de decisiones educativas.
Según Ravela (2006: 29), la evaluación bien realizada tiene un potencial
transformador significativo en el sistema educativo. Mejorar los diversos tipos de
evaluación que ocurren a diario tendría un impacto positivo en varios aspectos:
1. Apoyo al aprendizaje de los alumnos: Los estudiantes recibirían un mejor
respaldo en sus procesos de aprendizaje.
2. Justicia en las evaluaciones de certificación: Las evaluaciones serían más
equitativas y garantizarían que los individuos estén preparados para las
responsabilidades para las que fueron formados.
3. Selección de personal competente: El sistema seleccionaría a individuos
más competentes para roles de liderazgo y responsabilidad institucional.
4. Aprendizaje de los docentes y las escuelas: Los profesores y las escuelas
aprenderían más de sus experiencias evaluativas.
5. Participación informada de las familias: Las familias comprenderían mejor
qué están intentando aprender sus hijos y cuáles son sus dificultades.
6. Compromiso social con la educación: La sociedad en general tendría un
mayor conocimiento y compromiso con la educación.
7. Base de información para políticas educativas: Las políticas educativas
podrían basarse en información más sistemática proveniente de la
evaluación.
Para llevar a cabo una evaluación efectiva, es crucial cumplir con una serie de
requisitos para garantizar que sea un proceso serio, confiable y robusto. Además,
es importante distinguir conceptos básicos para ser precisos en el uso del lenguaje
y evitar generar equívocos o confusiones entre los actores del proceso educativo y
las audiencias que reciben los resultados de la evaluación.
Primera distinción: medir y evaluar
La distinción entre medir y evaluar es fundamental en el ámbito educativo. Aunque
a menudo se utilizan como sinónimos, en realidad son procesos diferentes:
Medir: Implica asignar números a atributos, observables y no observables,
siguiendo parámetros y reglas definidas. Es un proceso objetivo que
proporciona datos cuantitativos.
Evaluar: Es un proceso cognitivo en el que se emite un juicio integral sobre
la calidad, valor o importancia de una entidad. Se trata de un proceso más
subjetivo que considera diversas variables y elementos para fundamentar un
juicio.
Es importante esta distinción porque ayuda a determinar los alcances de los datos
y los juicios, así como a establecer sus limitaciones. Los datos de una medición por
sí solos rara vez son suficientes para evaluar el progreso o el logro educativo. Se
requiere considerar otras variables y elementos para formular juicios evaluativos
sólidos.
En resumen, para obtener una imagen completa de los avances o logros
educativos, es necesario utilizar dispositivos de medición adecuados para recopilar
sistemáticamente información, la cual, combinada con otros datos y referencias,
permite fundamentar un juicio integral y ponderado.
Segunda distinción.
En el contexto educativo, se distinguen tradicionalmente dos niveles de evaluación: la
evaluación de aula y la evaluación a gran escala. Estas distinciones van más allá del simple
contexto en el que se realiza la evaluación, ya que también tienen implicaciones
significativas en otros aspectos, como se muestra en la tabla 1 (Committee…, 2003).
Las evaluaciones estandarizadas se enfocan en establecer estándares y evaluar el
desempeño general de los estudiantes según un currículo establecido, mientras que las
evaluaciones en el aula permiten una comprensión más profunda del progreso individual
de los alumnos y la adaptación de la enseñanza a sus necesidades específicas. Ambas son
herramientas valiosas que, utilizadas de manera conjunta, proporcionan una visión
completa y enriquecedora del proceso educativo, ayudando así a mejorar la calidad de la
enseñanza y el aprendizaje.
La evaluación de programas, propuesta por Patton en 2002, se suma a los enfoques
tradicionales de la evaluación educativa. Este tipo de evaluación se enfoca en analizar la
implementación de un programa educativo, ya sea para determinar su efectividad una vez
activo o para mejorar su implementación en curso. En el primer caso, se evalúa el grado de
cumplimiento de las metas del programa, lo que permite establecer juicios sobre las
condiciones de su efectividad. En el segundo caso, se analizan las fortalezas y debilidades
del programa para mejorar su implementación.
II. ¿Cuáles son los distintos tipos de evaluación?
En cuanto a la finalidad, se distinguen dos tipos principales: evaluación
formativa y evaluación con fines de certificación (sumativa). La evaluación
sumativa ocurre al final de un periodo educativo para calificar al
estudiante, mientras que la evaluación formativa se realiza durante el
proceso de enseñanza para adaptarlo a las necesidades de aprendizaje y
mejorar el desempeño de los estudiantes. La evaluación sumativa se
enfoca en los resultados, mientras que la formativa proporciona
retroalimentación continua a estudiantes y maestros para informar las
decisiones de enseñanza. La evaluación formativa se considera
homologable a la evaluación para el aprendizaje, destacando que en este
último caso la evaluación es parte intrínseca de los procesos de enseñar y
aprender.
La evaluación para el aprendizaje, también conocida como evaluación formativa, se
conceptualiza como un puente entre la enseñanza y el aprendizaje. Su principal
función es revelar la brecha entre lo que el profesor enseña y lo que los estudiantes
realmente aprenden. Esta brecha proporciona la oportunidad para que el maestro
ajuste sus acciones pedagógicas y proporcione retroalimentación a los estudiantes.
Según Wiliam (2011), la evaluación formativa implica la participación de tres
actores: el docente, el estudiante y el grupo de pares. Se destacan tres procesos
clave de este tipo de evaluación: clarificar y compartir las intenciones educativas,
generar evidencia sobre lo que los estudiantes están aprendiendo y proporcionar
retroalimentación para guiar el progreso del estudiante hacia las metas de
aprendizaje.
Bajo este enfoque, se asume que cada estudiante puede mejorar su desempeño de
manera activa. Los maestros comparten las metas de aprendizaje con los alumnos y
les proporcionan retroalimentación formativa basada en la evidencia recogida en
las actividades de evaluación.
Es importante señalar que el carácter formativo o sumativo de una evaluación no
se limita solo a los logros de aprendizaje de los estudiantes en el aula. También se
aplica a otros niveles de evaluación y a otros actores del proceso educativo, como
la evaluación de programas, que puede realizarse durante su implementación para
mejorarlos (evaluación formativa) o al finalizar para determinar si los resultados
están en línea con las metas esperadas (evaluación sumativa).
Tipos de evaluación según sus usos y consecuencias:
1. Evaluación de Bajas Consecuencias:
En este tipo de evaluación, no hay una consecuencia directa
específica para los participantes.
Su objetivo principal es contribuir a mejorar la comprensión de la
situación educativa y promover acciones y decisiones que conduzcan
a cambios y mejoras.
Puede llevarse a cabo en diferentes niveles del sistema educativo y
estar dirigida a diversos actores.
2. Evaluación de Altas Consecuencias:
En contraste, la evaluación de altas consecuencias tiene implicaciones
directas e importantes para una persona, programa o institución
evaluada.
Esto puede incluir aspectos como el acceso a la educación superior,
mejoras salariales, decisiones de desvinculación laboral, cierre o
término anticipado de un programa, entre otros.
Al igual que la evaluación de bajas consecuencias, puede realizarse en
diferentes niveles del sistema educativo y estar dirigida a diversos
actores.
Estas categorías de evaluación están estrechamente vinculadas con las presentadas
anteriormente, ya que generalmente las evaluaciones formativas se asocian con
bajas consecuencias para las personas o sistemas evaluados, mientras que las
evaluaciones sumativas tienden a tener altas consecuencias.
Tipos de evaluación según su referente:
1. Evaluación Referida a Normas:
Esta forma de evaluación ordena a los evaluados, ya sean individuos,
instituciones o sistemas, con el propósito de compararlos según su
resultado o desempeño en la evaluación.
El enfoque no se centra en determinar cuánto sabe o es capaz de
hacer cada evaluado, sino en su posición relativa dentro del grupo.
A partir de este tipo de evaluaciones, no es posible obtener una
comprensión precisa del dominio de habilidades y contenidos de un
evaluado, ya que solo se conoce su posición relativa en comparación
con otros.
2. Evaluación Referida a Criterios:
En contraste, la evaluación referida a criterios compara el desempeño
o resultado del evaluado con una definición clara y explícita de lo que
se espera que conozca y sea capaz de hacer en un área específica.
No se compara a los evaluados entre sí, sino con un estándar de
desempeño esperado.
Esta forma de evaluación proporciona información más detallada
sobre el desempeño individual y su alineación con los estándares
establecidos.
La elección entre estos dos enfoques tiene un impacto significativo en los
resultados obtenidos y las decisiones relacionadas con la construcción de
instrumentos de evaluación. Mientras que en la evaluación referida a normas se
seleccionan preguntas de dificultad intermedia para facilitar la comparación entre
evaluados, en la evaluación referida a criterios se buscan preguntas que cubran
toda la gama de niveles de desempeño posibles.
Además, la evaluación referida a normas se asemeja a las evaluaciones construidas
bajo el enfoque psicométrico, mientras que la evaluación referida a criterios se
corresponde con un enfoque edumétrico, desarrollado como una crítica al uso de
grupos normativos y con la intención de proporcionar información más explícita
sobre los aprendizajes efectivos de los alumnos.
III. El ciclo evaluativo
La calidad de una evaluación se determina por la coherencia entre sus aspectos y
componentes, lo cual es crucial para asegurar que cumpla sus propósitos y
entregue información sólida y robusta. El diseño de una evaluación se ve como un
proceso continuo de toma de decisiones, donde la consistencia entre estas
decisiones es fundamental.
Una manera de garantizar esta coherencia es vincular cada etapa del diseño del
instrumento con las preguntas clave que deben abordarse. Es decir, la consistencia
se logra al responder preguntas como: ¿Qué se va a evaluar?, ¿para qué se va a
evaluar?, ¿cómo se va a llevar a cabo la evaluación?, ¿a quiénes se va a evaluar? y
¿cuándo se va a realizar la evaluación? Esta conexión se ilustra en la figura 2.
La selección del referente en una evaluación responde a la pregunta de qué se
evalúa, siendo el punto de partida del diseño evaluativo. Este referente determina
las decisiones subsiguientes relacionadas con el tipo de dispositivo a utilizar, el
análisis de la información, los resultados esperados y su uso previsto. En algunos
casos, este referente es explícito, como el currículum en una evaluación nacional de
logros de aprendizaje o los perfiles e indicadores en una evaluación de desempeño
profesional. Sin embargo, en otros casos, el referente puede ser menos evidente y
requiere una definición explícita.
La claridad sobre qué se evalúa y para qué propósito es fundamental para
determinar el tipo de evaluación (formativa o sumativa, de bajas o altas
consecuencias). Esto influye en la construcción de los instrumentos de evaluación y
la recolección de evidencia.
La fase de cómo evaluar implica la selección del tipo de instrumento a utilizar, lo
cual es la parte más visible del ciclo evaluativo. Sin embargo, no debe opacar la
importancia de definir seriamente el marco de referencia, el propósito de la
evaluación y cómo se analizarán y utilizarán los resultados.
Una vez recolectada la evidencia, se llevan a cabo procedimientos para establecer
juicios basados en un referente. Estos juicios deben ser robustos y fundamentados
en rigurosos procedimientos de análisis para asegurar la calidad y validez de la
evaluación.
Una vez establecidos juicios sólidos basados en la evidencia, el ciclo evaluativo
implica acciones sobre la realidad evaluada, siendo la más básica la entrega de
resultados y retroalimentación a los evaluados. Comprender el ciclo evaluativo
también implica describir las fases o etapas que sigue, lo cual se abordará más
adelante en un apartado especial.
IV. ¿Cuáles son los distintos tipos de instrumentos de evaluación?
Es esencial comprender que la principal función de la evaluación es modificar la
realidad, pero esto solo se logra si los actores utilizan los resultados y toman
decisiones basadas en las valoraciones realizadas. Mantener la coherencia entre las
decisiones tomadas durante el ciclo evaluativo es crucial para lograr este objetivo
final de la evaluación.
En la evaluación, la elección del instrumento adecuado es crucial y depende de lo
que se quiere medir. Se pueden clasificar en tres grupos principales: instrumentos
para evaluar conocimientos, instrumentos para medir opiniones, actitudes y
creencias, e instrumentos para evaluar desempeños.
Las pruebas o exámenes son comúnmente utilizados para evaluar conocimientos.
Son versátiles, permiten cubrir una amplia gama de contenidos y se pueden
adaptar a diferentes formatos de preguntas. Además, su uso en mediciones a gran
escala estandarizadas ofrece ventajas métricas y logísticas.
Los cuestionarios, encuestas y entrevistas son herramientas para medir opiniones,
actitudes y creencias. Las encuestas proporcionan datos cuantitativos sobre
variables de interés, mientras que las entrevistas ofrecen información cualitativa
profunda pero no generalizable. Estas herramientas se seleccionan y aplican de
manera sistemática para obtener información representativa de una población.
Los instrumentos para evaluar desempeños son utilizados cuando el objetivo es
medir la capacidad de una persona para realizar una tarea o ejecutar un
procedimiento. Estos instrumentos incluyen tareas de ejecución, observación y
rúbricas. Las rúbricas son herramientas complementarias que permiten registrar y
juzgar el desempeño del evaluado de manera objetiva.
Al seleccionar un instrumento de evaluación, es importante considerar la naturaleza
de lo que se quiere medir y los propósitos de la evaluación. No existe un
instrumento superior a otro, ya que su idoneidad depende de la coherencia con los
objetivos de evaluación y las condiciones prácticas y logísticas. La evaluación
auténtica, que replica situaciones reales y desafiantes, puede guiar la selección de
instrumentos para ciertos objetivos de evaluación.
En resumen, la elección del instrumento de evaluación debe estar respaldada por
fundamentos sólidos y alineada con los propósitos de la evaluación. En ocasiones,
es necesario utilizar múltiples instrumentos para obtener una comprensión
completa del fenómeno evaluado, especialmente cuando existen altas
consecuencias y se requiere información exhaustiva.
V. El proceso de construcción de instrumentos de medición y evaluación
La construcción de un instrumento de evaluación es un proceso complejo que
requiere atención meticulosa en cada etapa. Aunque puede variar según el tipo de
evaluación y sus propósitos, generalmente sigue una serie de pasos comunes:
1. Definición del marco de referencia: Esta etapa establece claramente qué
aspectos se evaluarán y los límites de la evaluación.
2. Construcción de preguntas o ítems: Es el corazón del proceso, donde se
crean las preguntas o reactivos que recogerán la evidencia para la
evaluación.
3. Revisión de expertos: Los reactivos son revisados por especialistas en la
materia y en medición educativa para garantizar su validez y calidad.
4. Ensamblaje de instrumentos para pilotaje: Se organizan los reactivos para
aplicar un estudio piloto y recopilar datos para un análisis psicométrico.
5. Pilotaje y análisis psicométrico: Se aplican los instrumentos en un grupo
de prueba y se analizan las propiedades de los reactivos, como dificultad y
discriminación.
6. Ensamblaje definitivo: Se seleccionan y ajustan los reactivos con base en
los resultados del pilotaje para crear la versión final del instrumento.
7. Aplicación definitiva: Se administra el instrumento a la población objetivo
en condiciones equitativas.
8. Análisis de datos y estimación de puntajes: Se analizan los datos
recopilados y se estiman los puntajes para cada evaluado.
9. Reporte de resultados: Se generan informes detallados sobre los
resultados de la evaluación.
10. Acompañamiento en la interpretación y uso de resultados: Se
proporciona apoyo para interpretar y utilizar los resultados de manera
efectiva en la toma de decisiones.
Es fundamental que cada fase del proceso de construcción de instrumentos sea
realizada con rigor para garantizar la confiabilidad, validez y equidad de la
evaluación.
VI. ¿Qué se evalúa en el contexto educativo?
En el contexto educativo, la evaluación abarca diferentes aspectos y se lleva a cabo
de manera constante y con la participación de diversos actores. Principalmente, se
evalúan los logros de aprendizaje de los estudiantes, tanto a nivel de aula como en
mediciones a gran escala nacionales e internacionales. Además, se incluyen
estudios de factores asociados que exploran variables en los contextos escolares,
familiares y sociales que influyen en los resultados de los estudiantes.
La evaluación del desempeño docente ha ganado importancia, buscando identificar
áreas de mejora, tomar decisiones sobre la capacitación y desarrollo profesional, y
reconocer a los maestros destacados. Esta evaluación considera una variedad de
fuentes de evidencia, como la observación en el aula, la autoevaluación y la
participación en actividades de perfeccionamiento.
También se realiza la evaluación de programas educativos, que es esencial para el
diseño e implementación efectiva de intervenciones educativas. Se utilizan
enfoques como el marco lógico y la teoría de cambio para planificar y evaluar
programas, asegurando la coherencia entre los objetivos, las estrategias y los
resultados esperados.
En resumen, la evaluación en el contexto educativo abarca los logros de
aprendizaje de los estudiantes, los factores asociados que influyen en estos logros,
el desempeño docente y la evaluación de programas educativos, todos ellos
contribuyendo a la mejora continua de la calidad educativa.
En este cuadernillo se han revisado conceptos centrales de la medición y
evaluación educativas. Es importante destacar que no existe una única forma de
medir o evaluar, y la calidad del proceso radica en la coherencia entre sus
componentes, como el objetivo de la evaluación, la naturaleza del objeto a
conocer, el tipo de instrumento utilizado y el uso previsto de los resultados.
Diseñar una evaluación es un proceso continuo de toma de decisiones en el que se
evalúan y se escogen las opciones más pertinentes y viables en cada fase. Se deben
considerar diversos elementos, como el propósito perseguido, las consecuencias
involucradas, los objetos de medida y las herramientas técnicas disponibles.
El interés en diseñar evaluaciones de calidad radica en la necesidad de obtener
información robusta y bien fundamentada. La calidad de los datos es crucial para
tomar decisiones informadas y diseñar intervenciones efectivas en el ámbito
educativo. Por lo tanto, evaluar adecuadamente es fundamental para el
mejoramiento educativo, ya que permite orientar decisiones y diseñar soluciones
efectivas. En resumen, la evaluación es un medio al servicio del cumplimiento de un
propósito, y su importancia radica en proporcionar información válida y confiable
para tomar decisiones informadas en el ámbito educativo.