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Teorías y Historia de Relaciones Internacionales

Este documento presenta una introducción a las teorías de las relaciones internacionales. Explica las principales teorías clásicas y modernas, e incluye detalles sobre el realismo, liberalismo, constructivismo y otros enfoques. También define conceptos clave como la política del poder y las instituciones internacionales.
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Teorías y Historia de Relaciones Internacionales

Este documento presenta una introducción a las teorías de las relaciones internacionales. Explica las principales teorías clásicas y modernas, e incluye detalles sobre el realismo, liberalismo, constructivismo y otros enfoques. También define conceptos clave como la política del poder y las instituciones internacionales.
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RII-201

ANÁLISIS DE
RELACIONES
ñ
INTERNACIONALES

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CONTENIDO
Teorías de relaciones internacionales

Historia de las relaciones internacionales

Actores del sistema internacional

Sistema internacional

Estrategias de relacionamiento internacional

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TEMA 1

TEORÍAS DE RELACIONES
INTERNACIONALES
Objetivo de aprendizaje: 1) Comprender los debates teóricos sobre la disciplina de las
relaciones internacionales.

Preguntas guía

1. ¿Cuál es la diferencia fundamental entre las teorías racionalistas y las teorías


relativistas?

2. ¿Cuál es el aporte del constructivismo al estudio de las Relaciones Internacionales?

3. ¿Cuáles son los postulados del liberalismo institucionalista?

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Introducción. Las teorías de las relaciones internacionales son marcos conceptuales y
analíticos que se utilizan para entender y explicar los fenómenos que ocurren en el ámbito
internacional. Estas teorías han sido desarrolladas por académicos y expertos en relaciones
internacionales con el objetivo de ofrecer diferentes perspectivas y enfoques para entender
la complejidad de las relaciones entre los Estados y otros actores internacionales.

Las teorías de las relaciones internacionales se enfocan en diferentes aspectos de las


relaciones internacionales, como el poder, la cooperación, la seguridad, las normas y los
valores, la economía y el género, entre otros. Cada una de estas teorías ofrece una
explicación única sobre cómo se estructuran y funcionan las relaciones internacionales, y
cómo se pueden abordar los retos y las oportunidades que presentan.

El estudio de las teorías de las relaciones internacionales es fundamental para comprender


la dinámica de la política internacional y para desarrollar estrategias y políticas públicas
más eficaces y eficientes en el ámbito internacional. Además, estas teorías también tienen
un papel importante en la formación de opinión pública y en la construcción de visiones
más informadas y críticas sobre el mundo en el que vivimos.

Lectura 1: Teorías

Teorías clásicas Realismo -/ Idealismo Racionalistas

Neorrealismo

Marxismo

Constructivismo

Teorías modernas Neoliberalismo Relativistas

Interdependencia

Estudios culturales

Paz internacional

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Realismo clásico
1) Teoría de mayor importancia y más usada por académicos.

2) Se convirtió en el enfoque dominante a partir de la Segunda Guerra Mundial.

3) El sistema internacional no posee un gobierno central, por lo que es anárquico.

4) Explica los fenómenos globales en función a la política del poder, principalmente el


poder militar, el poder económico y el poder político.

5) El Estado es el principal actor internacional. La soberanía es la base de relacionamiento a


nivel global.

¿Qué es la política del poder?


Los Estados buscan maximizar el poder y proyectarlo en el sistema internacional para el
beneficio propio y la obtención de sus objetivos.

Idealismo clásico
1) Su antecedente son las ideas de Kant en época de la ilustración.

2) Comenzó a desarrollarse después de la Primera Guerra Mundial con la Agenda de


Wilson.

3) Busca reducir y solucionar pacíficamente los conflictos entre los Estados en base a reglas
comunes (derecho internacional) e impulsar la cooperación entra las naciones.

4) Enfatiza que el derecho, las normas, los principios y las instituciones son mecanismos
importantes para la solución pacífica de conflictos mundiales.

5) Propone que los Estados se afilien a organismos internacionales con el fin de tratar
asuntos de interés mutuo y esquemas de cooperación.

6) Postula que los Estados deberían convivir en una sola comunidad internacional.

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Liberalismo institucional
1) Los individuos son competitivos entre sí pero pueden compartir intereses en común.

2) La colaboración sucede a través de instituciones que promuevan la cooperación


internacional.

3) La institucionalidad internacional se sustenta en la aplicación de regla o normas.

4) Los principales actores internacionales son las instituciones.

Instituciones Internacionales
Organizaciones Intergubernamentales
Instituciones creadas por gobiernos nacionales mediante tratados internacionales con un fin
específico. ONU, OTAN, OECD, UE, MERCOSUR, CAN, etc.

Regímenes internacionales
Reglas institucionalizadas con menor formalidad y mayor flexibilidad sin carácter vinculante.
G20, G7, G77+China, Alianza del Pacífico, Cumbre de Río, etc.

Convenciones internacionales
Instituciones internacionales menos formales. Crean normas con la finalidad de generar
estándares entre Estados. OMC, GATT, organizaciones académicas, deportivas, etc.

Constructivismo
1) Los Estados son actores egoístas, maximizados por seguridad y su tradición histórica.

2) Estudia las relaciones internacionales desde las estructuras sociales. La hegemonía es la


estructura social más relevante.

3) Su enfoque es estado-céntrico sin ignorar la pluralidad de las relaciones internacionales.

4) Los intereses son socialmente construidos y alimentados a partir de tradiciones históricas.

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Constructivismo: elementos de estructuras sociales
Entendimiento intersubjetivo
Ideas socialmente compartidas. Es el conocimiento de un conjunto de individuos que le da
sentido a su mundo. Normas, significados e ideologías con las que se construye la identidad
colectiva.

Recursos materiales
El significado de los recursos materiales proviene del conocimiento compartido y
consensuado como hegemonía entre Estados. Para Estados Unidos no es lo mismo 500
armas británicas que 500 armas norcoreanas.

Prácticas
Estructuras sociales puestas en prácticas por actores internacionales. Por ejemplo,
conductos de cooperación, conflicto, tensión, alineamiento o apertura.

Realismo estructural
1) Realismo científico basado en la escuela neoclásica y la teoría de juegos.

2) El sistema internacional es un todo que se compone de Estados interactuantes. La


jerarquía y anarquía son principios que ordenan el sistema internacional.

3) Anarquía no significa desorden, sino ausencia de un gobierno supranacional.

4) Polarización del sistema (unipolar, bipolar, multipolar) y hegemonía de grandes


potencias y bloques.

Diferencias entre realismo estructural y clásico

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¿Qué son las relaciones internacionales?
Relaciones Internacionales
Es la disciplina que estudia los fenómenos políticos, sociales, económicos y jurídicos que
ocurren en el sistema internacional.

relaciones internacionales
Acontecimientos que ocurren a nivel mundial, así como interacciones entre los actores del
sistema internacional.

¿Cuándo comenzaron las relaciones internacionales?


A partir de la Paz de Westfalia en 1648 con la aparición del Estado moderno. Marcando el
fin de la Edad Media y el nacimiento de la soberanía basada en normas consensuadas.

Recuerda
Algunas de las principales razones por las que esta teoría es importante son las siguientes:

• Explica las interacciones entre los estados: La teoría de las relaciones internacionales
proporciona una comprensión de cómo los estados interactúan entre sí en el escenario
internacional. Esto es importante para entender las tensiones, conflictos y cooperaciones
que ocurren entre diferentes países.

• Ayuda a predecir eventos internacionales: Al proporcionar una comprensión de cómo


funcionan las relaciones internacionales, la teoría puede ser útil para predecir eventos y
procesos que pueden ocurrir en el futuro. Esto es importante para tomar decisiones
informadas sobre políticas internacionales.

• Facilita la toma de decisiones en política exterior: La teoría de las relaciones


internacionales también puede ayudar a los líderes a tomar decisiones en política exterior.
Al proporcionar una comprensión de cómo funcionan las relaciones internacionales, los
líderes pueden tomar decisiones informadas sobre cuestiones como la seguridad, el
comercio y la cooperación internacional.

• Contribuye al diálogo internacional: La teoría de las relaciones internacionales


también puede contribuir al diálogo internacional, al proporcionar un marco común para la
comprensión de los asuntos internacionales. Esto es importante para fomentar la
cooperación y la comprensión entre diferentes países y culturas.

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TEMA 2

HISTORIA DE LAS
RELACIONES
INTERNACIONALES
Objetivo de aprendizaje: 1) Describir las etapas históricas de las relaciones internacionales
desde una perspectiva latinoamericana.

Preguntas guía

1. ¿Qué es la razón de Estado?

2. ¿Qué es el equilibrio de poder?

3. ¿Cuáles son las tres etapas de la sociedad internacional?

4. ¿Cuáles son las características del orden internacional posterior a la Guerra Fría en
Latinoamérica?

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Introducción
Desde una perspectiva latinoamericana, las relaciones internacionales han estado marcadas
por una serie de factores históricos, políticos y económicos. Algunos de los temas más
relevantes en la región incluyen:

• Dependencia económica: América Latina ha sido históricamente una región


dependiente de los países desarrollados, especialmente de Estados Unidos y Europa. La
explotación de recursos naturales y la exportación de materias primas han sido una
constante en la economía de la región, lo que ha generado desigualdades y
vulnerabilidades.

• Integración regional: En los últimos años, América Latina ha visto un proceso de


integración regional con iniciativas como el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Alianza
Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y la Comunidad de Estados
Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Estas iniciativas buscan fortalecer la cooperación y
el comercio entre los países de la región.

• Cooperación Sur-Sur: América Latina también ha buscado fortalecer la cooperación


con países en desarrollo de otras regiones a través de la cooperación Sur-Sur. Esto ha
permitido intercambios de conocimiento y tecnología, así como proyectos conjuntos en
áreas como la agricultura, la energía y la salud.

• Conflicto armado y violencia: América Latina ha enfrentado una serie de conflictos


armados y violencias políticas a lo largo de su historia reciente. Esto ha generado
desplazamientos forzados, violaciones a los derechos humanos y procesos de paz y
reconciliación.

En general, América Latina es una región diversa y compleja que ha experimentado una
serie de cambios significativos en las últimas décadas. Las relaciones internacionales en la
región han estado marcadas por una constante búsqueda de mayor autonomía y de una
inserción más justa y equitativa en el sistema internacional

Antes de ingresar al aula


Debes marcar en el mapa los límites establecidos en el Tratado de Tordesillas
de 1494 e investigar sobre las disposiciones del Tratado. (Anexo 2)

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Lectura 1: La evolución de la sociedad
internacional entre los siglos XX y XXI de
Shirley Götz

De acuerdo a Celestino del Arenal, con el concepto de sociedad internacional se hace


referencia a tres realidades sociales que coexisten e interactúan de modos diversos a lo
largo de la historia. Estas tres realidades corresponden a: 1) El sistema de comunidades
políticas, o sistema político-diplomático, constituido por las vinculaciones que se
establecen entre los Estados y organizaciones internacionales; 2) El sistema transnacional
estructurado por las vinculaciones entre actores de naturaleza no estatal y trasnacional,
entre los que se destacan empresas transnacionales, organizaciones no gubernamentales,
fuerzas religiosas, grupos étnicos y nacionales, cárteles del narcotráfico, grupos terroristas,
entre otros; y 3) La sociedad humana configurada a partir de las relaciones que se
establecen entre los seres humanos, más allá de las comunidades políticas y actores
transnacionales y subnacionales. No obstante que estas tres realidades configuran un todo
social, es el sistema político-diplomático el que confiere a toda sociedad internacional sus
rasgos definitorios. En el argumento del catedrático español:
«El sistema político-diplomático, debido al poder sobre todo político y militar de las
comunidades políticas correspondientes y de lo manifiesto y decisivo de su actuación
internacional, especialmente de las grandes potencias, continúa desempeñando un papel
fundamental en la conformación de las principales estructuras y dinámicas constitutivas de la
sociedad internacional».
El concepto de sociedad internacional es dinámico, cambiante y se encuentra sujeto a
cambios y determinaciones históricas. Los autores que afirman la existencia de la sociedad
internacional plantean que, desde sus orígenes en el siglo XVII, esta se ha hallado sometida
crecientemente a procesos de ampliación, en cuanto al número y tipos de actores que la
integran, de expansión, en cuanto a la inclusión e integración de todas las regiones del
planeta, y de mutación, en cuanto a la naturaleza misma de la sociedad internacional Es por
ello que, desde una perspectiva histórica, no pueda hablarse de una única sociedad
internacional sino de diversas sociedades internacionales, que van desde la sociedad de
Estados europeos, nacida al alero de la paz de Westfalia en 1648, a una sociedad
internacional de alcance mundial, en estado de gestación a partir de la vorágine de
transformaciones desatadas a partir de la globalización, la mundialización y el término de la
bipolaridad estratégica de la Guerra Fría.
La evolución de la sociedad internacional entre los siglos xx y xxi La Sociedad
Internacional de Transición (1900-1945) Fin del orden internacional decimonónico (1900-
1914)

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El período comprendido entre 1900 y 1914 evidencia, a la vez, los últimos vestigios del
orden internacional instaurado en el Congreso de Viena de 1815 y los primeros atisbos del
siglo que sería recordado por la voracidad de sus conflictos y por los notables avances
técnicos que se desarrollarían en su marcha.
Estos fueron, además, los últimos años en que Europa gozaría de una posición central en el
seno de la sociedad internacional. Hasta entonces, los actores extra-europeos poseían
escasa capacidad para influir en la definición de las normas y valores internacionales, ya sea
porque se encontraban en pleno proceso de conformación, como los Estados
latinoamericanos, o sostenían posiciones tendientes al auto-aislamiento, categoría en la que
se inscribían países como Estados Unidos y Japón.
Habría que recordar que el orden internacional instaurado por el Congreso de Viena de
1815, tras las guerras napoleónicas, tuvo por objetivos la reorganización del territorio
continental europeo y la contención de los movimientos liberales, fuertemente influidos por
los ideales de la Revolución Francesa. Sin embargo, a partir de la década de los setenta
del siglo XIX, este orden comenzó a verse desafiado por la emergencia de una Alemania
unificada (1871) en pleno corazón territorial de una Europa dominada por los viejos imperios
centrales. Bajo el liderazgo del canciller Otto von Bismarck, el nuevo Imperio Alemán
buscó afianzar su influencia en la política internacional europea lo que, en términos
prácticos, implicó la instauración de una nueva dinámica en las relaciones de Europa. Para
inicios del siglo XX, Alemania había modificado sustantivamente el equilibrio del poder
europeo por medio del despliegue de una acelerada política de industrialización, orientada
primariamente al fortalecimiento de su poder bélico, así como por el afianzamiento de una
posición central en las relaciones entre las potencias, sustentada en una red de alianzas
continentales.
Considerando que el sistema político-diplomático europeo carecía de un organismo
multilateral que asegurara la estabilidad del continente y la solución pacífica de los
conflictos entre las potencias, ante la alteración de los equilibrios imperantes suscitada por
la política alemana, los Estados europeos establecieron un imbricado sistema de alianzas
(secretas y públicas) con el fin de asegurar sus intereses y preservar, en la medida de lo
posible, la paz y la estabilidad del continente.
El primer sistema de alianza, conocido como la Entente Cordiale, fue
constituido por los imperios «tradicionales» (Gran Bretaña, Rusia y Francia) y su accionar
se orientó a la preservación del status quo internacional, a fin de asegurar la conservación
de su superioridad de poder. En respuesta, las potencias «emergentes» (Alemania, Italia y
Austria-Hungría) conformaron la Triple Alianza, que aspiraba a una modificación del status
quo, de manera tal de alcanzar la supremacía en la sociedad internacional. A este tenso
panorama se agregó el que las potencias, bajo la idea si vis pacem para bellum (si quieres
paz, prepara la guerra), se embarcasen en una carrera armamentista sin precedentes,
inaugurando el período conocido como la «Paz Armada» (1870-1914).

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En el período de la «Paz Armada», previo al estallido de la Primera Guerra Mundial, la
inestabilidad alcanzada en el sistema europeo fue de tal magnitud que cualquier incidente,
por mínimo que fuese, podía activar el complejo sistema de alianzas establecido entre los
Estados europeos. El asesinato del heredero de la corona austro-húngara, Archiduque
Francisco Fernando, a manos de Gavrilo Princip, miembro de la organización separatista
serbia «Mano Negra», fue la pieza que desencadenó el efecto dominó del sistema de
alianzas. Lejos de constituir un suceso político relevante per se, fue un hecho que, sin
buscarlo, desencadenó la Primera Guerra Mundial. En efecto, si bien «desde hacía muchos
decenios no era infrecuente el asesinato de un personaje público», hacia 1914 «cualquier
enfrentamiento entre los bloques (…) los situaba al borde de la guerra.
La Primera Guerra Mundial (1914-1919), o la «Gran Guerra» como la denominaron sus
contemporáneos, fue un enfrentamiento, hasta entonces, único en su tipo. Esta
conflagración enfrentó a prácticamente todos los países europeos, su escenario de batalla
trascendió las fronteras del viejo continente, movilizó a sociedades enteras y sus traumáticas
consecuencias afectaron tanto a la propia población europea como a diversos pueblos del
mundo. Tal y como lo expone Hobsbawm:
«(la Guerra) marcó el derrumbe de la civilización (occidental) del siglo XIX. Esta civilización
era capitalista desde el punto de vista económico, liberal en su estructura jurídica y
constitucional, burguesa por la imagen de su clase hegemónica característica y brillante por
los adelantos alcanzados en el ámbito de la ciencia, el conocimiento y la educación, así
como del progreso material y moral. Además, estaba profundamente convencida de la
posición central de Europa, cuna de las revoluciones científica, artística, política e industrial,
cuya economía había extendido su influencia sobre una gran parte del mundo, que sus
ejércitos habían conquistado y subyugado, cuya población había crecido hasta constituir
una tercera parte de la raza humana (…) y cuyos principales Estados constituían el sistema
de la política mundial»
Concluido el conflicto, la sociedad internacional comenzaría paulatinamente su tránsito
desde una sociedad internacional de matriz exclusivamente europea hacia una sociedad
internacional verdaderamente mundial.
El orden en la Sociedad Internacional de Transición: De la Sociedad de Naciones a la
Segunda Guerra Mundial (1919-19145)
A consecuencia de la Primera Guerra Mundial, la fisonomía de la sociedad internacional se
vio profundamente alterada. La guerra sepultó el sistema de equilibrio europeo westfaliano
y, en su lugar, se emplazaron los cimientos de una sociedad en camino a su plena
internacionalización. Asimismo, el conflicto modificó sustancialmente los roles directivos
del sistema, a causa no solo del hundimiento de cuatro grandes imperios –austrohúngaro,
ruso, alemán y otomano– sino también de la eclosión de nuevas potencias extraeuropeas,
particularmente Estados Unidos y Japón. Por último, la incorporación de Estados Unidos a la
contienda implicó, más allá del resultado de la misma, una modificación sustancial en las
bases sobre las cuales se erigiría el nuevo orden internacional.

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El rol que asume Estados Unidos en la construcción del nuevo orden internacional, liderado
por su presidente Woodrow Wilson, se arraiga en valores y concepciones propias a la
identidad norteamericana:
«Portadores de una noción renovadora y revolucionaria de las relaciones internacionales,
fundada en el liberalismo, la democracia y el capitalismo, su propuesta, a diferencia de los
postulados tradicionales de la diplomacia europea, planteaba una global e inédita
refundación de los cimientos de la vida internacional (…) amparado en la experiencia
histórica y los valores institucionales de la sociedad norteamericana, la extraversión de
aquel modelo de relaciones sociales internacionales y la implicación de Estados Unidos en
las mismas solo sería posible en un mundo donde reinase la paz. Un nuevo orden al que
habría que llegar mediante un Covenant, un pacto solemne y casi religioso, por el cual los
Estados se comprometiesen a respetar y asumir aquellas premisas» (Pereira 2009:324).
El programa de Wilson, conocido como el «Programa de los Catorce Puntos», contenía
una serie de principios sobre los que se habría de erigir el nuevo orden y regular la
convivencia en la sociedad internacional. Entre estos principios, destacaban la supresión de
barreras comerciales, libertad de mares, reducción de armamentos, diplomacia abierta y
principio de autodeterminación de los pueblos. No obstante, el más significativo de los
principios contenidos en el programa decía relación con la conformación de una
organización internacional que velase por la paz y seguridad internacional.
Inaugurada la Conferencia de Paz en París, en enero de 1919, el Consejo Supremo de las
potencias vencedoras adoptó una resolución en la que afirmó que el mantenimiento de la
paz exigía la creación de una Sociedad de Naciones, con el propósito de promover la
cooperación internacional, asegurar el cumplimiento de las obligaciones internacionales y
procurar poner límites a la guerra. El Tratado constitutivo de la Sociedad de Naciones
(Covenant), firmado en 1919, fue incluido en cada uno de los Tratados de Paz suscritos en el
marco de la conferencia por los Estados vencidos y en él se establecía como fundamento
el principio de seguridad colectiva, base sobre la cual se instituiría un orden internacional
más estable, justo y equilibrado.
«En el epicentro del nuevo sistema internacional, la Sociedad de Naciones, que iniciaría su
andadura en 1920, estaba llamada, en principio, a constituirse en el foro esencial de la vida
internacional y en el principal baluarte para la salvaguardia de la paz. Sin embargo, los
valores y procedimientos de la Sociedad tuvieron que competir con la ambigüedad de sus
miembros, especialmente las grandes potencias, que jugando la carta de Ginebra no
tuvieron escrúpulos en recurrir de forma permanentemente a las prácticas diplomáticas
tradicionales, condicionando la actividad y la credibilidad de la Sociedad».
a) El primero de estos acontecimientos correspondería a la crisis económica que estalla
en octubre de 1929. La crisis iniciada en la Bolsa de Valores de New York, se extendió
rápidamente a todas las economías capitalistas, alcanzando una magnitud desoladora para
vastos sectores de la población mundial en un lapso muy breve de tiempo. La gran
depresión devino prontamente, además, en una crisis política. La democracia se vio

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acorralada por los impactos de la crisis, en la medida en que las instituciones políticas se
mostraron incapaces de responder a las demandas acuciantes de una población devastada,
primero por el conflicto y luego por la depresión, favoreciendo el establecimiento de
regímenes autoritarios y totalitarios en esta sociedad en crisis.
b) El segundo acontecimiento corresponde al surgimiento de los fascismos en Italia,
Alemania y otros Estados europeos. Será principalmente la experiencia nacionalsocialista
alemana y su agresiva política exterior, que cuestionaría los acuerdos suscritos en el marco
de la paz de Versalles, el factor decisivo para el grave desequilibrio que azotó las bases
del orden establecido. Los últimos años del período de posguerra se caracterizaron por la
creciente ruptura del orden establecido en Versalles, orden que se quiebra definitivamente
tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial a partir de la invasión alemana a Polonia en
1939. Con la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la fisonomía de la Sociedad
Internacional cambiaría definitivamente. Hobsbawn retrata el carácter singular que
trasuntaría a esta coyuntura y el que tendría hondas repercusiones en la configuración del
orden que se establecería tras el término de esta segunda conflagración mundial:
«Solo la alianza –insólita y temporal- del capitalismo liberal y el comunismo para hacer
frente a ese desafío permitió salvar la democracia, pues la victoria sobre la Alemania de
Hitler fue esencialmente obra (no podría haber sido de otro modo) del Ejército Rojo.
Desde una multiplicidad de puntos de vista, este período de alianza entre el capitalismo y
el comunismo contra el fascismo –fundamentalmente en la década de 1930-1940– es el
momento decisivo en la historia del siglo XX. En muchos sentidos es un proceso paradójico,
pues durante la mayor parte del siglo –excepto en el breve período del antifascismo– las
relaciones entre el capitalismo y el comunismo se caracterizaron por un antagonismo
irreconciliable»
La Sociedad Internacional de Guerra Fría (1945-1990)
Al concluir la Segunda Guerra Mundial en 1945 el panorama humano, social, político y
económico era dantesco. El drama humano se expuso en toda su magnitud con los millares
de muertos, heridos, desaparecidos y desplazados, y se agudizó frente a la trágica realidad
de ciudades arrasadas y devastadas, economías en ruinas, infraestructuras viales y
comunicacionales destruidas y servicios básicos incapaces de atender las demandas de una
población asolada por la destrucción circundante.
La historia conceptúa a la Segunda Guerra Mundial como la mayor catástrofe sufrida por la
humanidad, tanto por sus daños en términos humanos y materiales como por el impacto
moral que supuso, para las concepciones civilizadoras, la realidad de los campos de
concentración. Con la Segunda Guerra Mundial se vieron sepultadas todas las certezas
sobre las que descansaba la civilización europea y, con ello, el mundo conocido hasta
entonces cambió irreversiblemente.
Al concluir la segunda Guerra Mundial tuvo lugar una reconfiguración del mapa político en
todos aquellos espacios geográficos en los que se desplegó el conflicto, principalmente
en el centro y este de Europa. A estos cambios se aunaron las transformaciones que se
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desatan en el marco de la descolonización en Asia y África, producto de la decadencia de
las potencias europeas, en un proceso de redefinición de fronteras que se verá permeado
por la pugna entre Estados Unidos y la Unión Soviética en la determinación de áreas de
influencia durante los años de la Guerra Fría.
2.1 Establecimiento del Orden internacional de Guerra Fría
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945), junto con implicar catastróficas pérdidas, se
expuso como la fuerza supresora del orden que rigió la Sociedad Internacional de
Transición y como la matriz de un nuevo orden que configurará los rasgos fundamentales de
la Sociedad Internacional de Guerra Fría (1945-1990). En palabras de Esther Barbe:
«La Segunda Guerra Mundial supuso, en términos de orden, la globalización del sistema.
Desde 1945, y a diferencia de lo que ocurría antes, el orden internacional se globalizó. Se
pasó de un sistema mundial en términos geográficos, pero hecho a la medida de Europa en
términos de orden, a un sistema realmente mundial».
El orden internacional de Guerra Fría se caracterizó por cuatro condiciones estructurales,
algunas de las cuales se atisbaban antes del estallido de la guerra, mientras que otras se
perfilaron en total magnitud en los años inmediatamente sucesivos (Pereira 2009: 471):
a) En primer lugar, la enorme devastación provocada por la guerra entrañó la pérdida
de la centralidad ostentada por Europa hasta entonces y puso fin al ciclo expansivo
europeo iniciado en los albores de la modernidad. Las tradicionales potencias europeas
(Gran Bretaña, Francia, Alemania, Austria Hungría) se vieron desbordadas y sustituidas del
centro de la vida internacional por nuevas potencias surgidas desde la periferia del sistema
de Estados europeos.
b) En segundo lugar, los Estados Unidos y la Unión Soviética se consolidaron como las
superpotencias del sistema internacional, con capacidad de decidir las normas y estructura
del orden internacional (Conferencias de Teherán 1943; Yalta, Potsdam y San Francisco
1945) y de actuar directivamente en los asuntos de la política mundial sobre la base de
visiones y valores absolutamente antagónicos. Por una parte, Estados Unidos se presentó
como un Estado que defendía el «mundo libre» y sus valores más representativos: la
democracia, los derechos de los ciudadanos, el libre mercado y la libertad; valores
amenazados por la Unión Soviética y el comunismo. Por su parte, La Unión Soviética se
presentó como el «primer Estado socialista del mundo», amenazado y cercado
permanentemente por el imperialismo agresivo que el capitalismo y la burguesía
internacional trataban de derribar y, por lo tanto, al que había que defender y salvaguardar.
c) En tercer lugar, el viejo orden eurocéntrico y multipolar, basado en un complejo
sistema de equilibrio de poder, se vio desplazado por un orden internacional bipolar que, a
diferencia de ordenes anteriores, se basó en la enemistad ideológica de los dos polos de
poder y se erigió sobre la base de las nuevas capacidades nucleares y estratégicas de las
dos potencias en pugna. La bipolaridad del orden de guerra fría se cimentó con la paulatina
división de Europa y el establecimiento de una política de bloques, entre el Bloque Oeste,
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liderado por Estados Unidos y conformado por las democracias capitalistas, y el bloque
Este, liderado por la Unión Soviética e integrado por los Estados comunistas de la Europa
del Este.
d) Por último, la disolución de los viejos imperios coloniales europeos y la extensión del
sistema de Estados como modelo de organización para los pueblos independizados del
espacio afroasiático, durante el proceso de descolonización, consagraron la mundialización
de la sociedad internacional y la inserción de todo el planeta en el orden internacional
configurado en los años de Guerra Fría.
2.1.1. El Sistema de Naciones Unidas
Mención aparte merece la Conferencia de San Francisco, celebrada en junio de 1945 con
el propósito de suscribir los objetivos y principios que orientarían la nueva organización
internacional instituida para la seguridad internacional. La «Carta de las Naciones Unidas» fue
suscrita por los 45 países asistentes a la Conferencia y con ello se dio vida formal a la
«Organización de Naciones Unidas». El intento de crear una asociación de países con el
objetivo de preservar la paz a través de un sistema de seguridad colectiva no era algo
nuevo, pero frente al dilema de reformar la estructura de la antigua Sociedad de Naciones
o de crear una nueva institucionalidad, los países aliados, especialmente los anglosajones,
optaron por lo segundo y se transformaron en sus principales impulsores. Para los gestores
de la Organización de Naciones Unidas, el nuevo sistema de seguridad estatuido había de
corregir el fallido diseño que llevó al fracaso de la Sociedad de Naciones, a saber, la regla
de la unanimidad de las decisiones, la falta de medios coercitivos para imponer la paz y la
incapacidad institucional de mantener en su seno a las grandes potencias, actores vitales
para todo sistema de seguridad colectiva.
A través del Consejo de Seguridad, órgano concebido por las grandes potencias para
actuar como un directorio, las decisiones respecto de la paz y la seguridad internacional se
cursaban a través del sistema de votos en su seno, donde el acuerdo unánime de los cinco
miembros permanentes era necesario para cualquier decisión. «El hecho de que los cinco
sean además los integrantes del selecto club atómico (…) no hace sino reforzar la profunda
relación entre el derecho y la fuerza que caracteriza al sistema».
Por otra parte, el corpus democrático del sistema de Naciones Unidas estaba radicado en
la Asamblea General, órgano en el que se hallarían representados todos los Estados
miembros, organizados según el principio de igualdad de soberanía expresado en la
fórmula «un Estado un voto». La potestad de la Asamblea sería exclusivamente propositiva y
no vinculante. La estructura organizativa se completó con la Secretaría General, encargada
de las funciones administrativas, y un conjunto de organismos especializados. La penetración
del conflicto entre soviéticos y norteamericanos en el seno del Consejo de Seguridad
condujo a la parálisis del sistema de seguridad durante gran parte del período de Guerra
Fría. La existencia del derecho de veto por parte de los miembros permanentes del
Consejo de Seguridad actuó como el rasero para bloquear cualquier iniciativa, marginado a
la Organización cuando determinados problemas comprometían directamente los intereses

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de los grandes o el de sus aliados. Este efecto paralizante del veto se reforzó aún más con
los contactos entre las grandes potencias al margen de las Naciones Unidas.
Con la ampliación de los actores estatales, debido al proceso de descolonización,
Naciones Unidas, en particular la Asamblea General, fue adquiriendo un rol más propio en
materia de desarrollo e instrumentalización de la paz. A partir de entonces, Naciones
Unidas se transformó en el principal foro de expresión para las propuestas económicas,
políticas y sociales presentadas por muchos de los nuevos Estados y otros miembros del
Tercer Mundo.
2.2 La Guerra Fría y el Orden Bipolar
Bajo el concepto de Guerra Fría se designa tanto al complejo patrón que adoptan las
relaciones internacionales al término de la Segunda Guerra Mundial, a la pugna que se
desata entre las dos superpotencias por la hegemonía mundial, como a la aparición de una
hostilidad –y temor– entre los dos bloques geopolíticos que se consolidaron tras Yalta,
Potsdam y San Francisco. Tradicionalmente, la Guerra Fría es descrita como el estado de
tensión permanente, primero entre las dos superpotencias y luego entre los dos bloques
liderados por ellas, que no provocó un conflicto directo ante el peligro de destrucción
mutua y asegurada por la utilización de las armas nucleares. Las principales características
de la Guerra Fría se pueden resumir en tres rasgos fundamentales que describen el período
que se extiende desde 1945 hasta 1991.
a) En marzo de 1946, Churchill pronunció un discurso en la Universidad de Fulton,
Missouri, en el que denunció la aparición de un «telón de acero», murallón ideológico que
se extendía por el continente, aislando a los países ocupados por el ejército rojo en los que
paulatinamente se instalaban regímenes comunistas prosoviéticos, conminando a sus aliados
a detener el expansionismo de la Unión Soviética. Este discurso fue duramente replicado
por Stalin, quien impulsaría acciones en Grecia y Turquía, además de respaldar las acciones
revolucionarias de grupos prosoviéticos en los gobiernos de Europa Oriental. Como
expresión de la decadencia de Europa y la pérdida de la centralidad en la escena
internacional, e1 2l de febrero de 1947, el gobierno británico enviaba una nota al Secretario
de Estado norteamericano, general Marshall, comunicándole su decisión de suspender la
ayuda militar que venía dispensando a Grecia y Turquía desde el verano de 1946. A partir
de 1947, Estados Unidos dio un giro radical en su política exterior y, desde entonces, pasó
a liderar las acciones en el escenario internacional, tras el vacío dejado por las potencias
europeas. El presidente Harry Truman formuló las bases de una nueva estrategia exterior,
conocida como Doctrina Truman, a través de la cual Estados Unidos decidía apoyar a los
países libres para impedir que en ellos se impusiesen regímenes totalitarios. Una de las
primeras acciones tomadas en el marco de esta doctrina fue la de presionar a los gobiernos
occidentales para que los comunistas abandonaran las coaliciones gobernantes. A ello se
agregó una segunda iniciativa de carácter económico, conocida como «Plan Marshall»,
cuyo propósito era el de fortalecer el proceso de reconstrucción europeo y, de esta
forma, alejar a la población de los países de Europa occidental de cualquier tentación
revolucionaria.
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La Doctrina Truman y el Plan Marshall fueron considerados por los soviéticos amenazas
directas al socialismo internacional. La respuesta a ambas iniciativas fue inmediata. En
términos políticos ideológicos se instituye la Kominform, Oficina de Información de los
Partidos Comunistas, órgano de enlace para el accionar de los partidos comunistas de
Europa central y oriental para hacerse con el control político en los Estados e instaurar
democracias populares. El radio de acción alcanzó a Bulgaria (1946), Polonia (1947),
Rumanía (1947), Checoslovaquia (1948), Hungría (1949) y la República democrática
Alemana (1948). Complementariamente, los países satélites de la Unión Soviética ingresan a
la COMECOM (Consejo de Mutua Asistencia Económica), creada en 1949 con el propósito
de alinear sus políticas económicas a las de la Unión Soviética.
b) El segundo elemento relevante de la Guerra Fría lo constituye la creación de alianzas
militares y la creciente carrera de armamentos. La inicial superioridad estratégica de los
Estados Unidos descansó en la posesión exclusiva de la bomba atómica, que se convirtió en
el principal recurso para la implementación de una diplomacia de poder. No obstante, los
avances políticos soviéticos en Europa central y oriental acrecentaron la necesidad de
fortalecer y cohesionar el bloque occidental a través de una alianza militar permanente.
Este es el origen de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, creada en
1949 sobre la base de pactos militares preexistentes. Con sede en Bruselas, originalmente
formaron parte de ella los Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Holanda, Bélgica,
Luxemburgo, Francia, Portugal, Italia, Islandia, Dinamarca y Noruega. En 1952 se
incorporaron Grecia y Turquía; en 1955, la República Federal Alemana; y en 1982, España.
En la óptica de la contención, si el Plan Marshall estaba destinado a poner de pie a Europa,
la Organización del Tratado del Atlántico Norte, velaría por su seguridad.
Para la Unión Soviética resultaba fundamental fortalecer sus recursos militares para
desplegar una diplomacia de poder a fin de fortalecer su posicionamiento internacional. En
1949 anunciaba públicamente el éxito de su primera detonación atómica, rompiendo el
monopolio ostentado hasta entonces por los Estados Unidos. Esto dio origen a la carrera
armamentista y a la estrategia de disuasión nuclear o política de riesgos calculados.
La réplica soviética a la constitución de la OTAN se expresó en la creación del «Pacto de
Varsovia» en 1955, alianza militar constituida por la Unión Soviética, Polonia,
Checoslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, la República Democrática Alemana y
Albania13. El riesgo de enfrentamiento nuclear y la necesidad de equiparar las fuerzas
contrarias bajo la dinámica del equilibrio y la disuasión, desataron una frenética carrera de
armamentos entre ambas superpotencias a partir de la década de los cincuenta. En 1952
Estados Unidos probó exitosamente su primera bomba de Hidrógeno (Bomba H); la Unión
Soviética lo hizo un año más tarde. Los avances armamentistas más significativos se van a
producir en las siguientes dos décadas con el desarrollo de los misiles balísticos y la
carrera espacial.
c) La tercera característica propia de la Guerra Fría corresponde a la escalada lateral
desde Europa hacia el resto del mundo y la constitución de una red de alianzas con países
del tercer mundo.
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El enfrentamiento entre los dos bloques se fue mundializando paulatinamente a partir de los
primeros choques en Europa. En la escalada del conflicto, ambas superpotencias trataron
de distinguir entre aliados y enemigos, delimitaron sus zonas de influencia o «glacis de
seguridad» y trataron de ampliarlas a costa del bloque contrario, impidiendo cualquier
desviacionismo político o ideológico en sus respectivas zonas. No hubo posibilidad de que
un Estado se declarase neutral sin el consentimiento de las dos superpotencias. De forma
progresiva, el antagonismo ideológico y dialéctico se amplió hacia el resto del mundo y en
él se integraron factores políticos, psicológicos, sociales, militares y económicos,
convirtiéndose de este modo en un enfrentamiento global.
d) A las características tipificadas por Paul Kennedy, habría que agregar un cuarto rasgo
definidor del carácter de la Guerra Fría catalogado como estado de guerra improbable y
de paz imposible, por el destacado internacionalista Raymond Aron.
La Guerra Fría representa la pugna ideológica, política y económica entre dos sistemas
enfrentados, liberalismo y comunismo. Como la amenaza constituyó una condición
permanente, enraizada en la existencia del bloque enemigo, solo a través de la
militarización y la carrera de armamentos podía contrarrestársele. Pero, como el empleo
del arma nuclear implicaba el riesgo de la propia autodestrucción, fueron los espacios
nuclearizados –principalmente Europa– los que hicieron patente la noción de guerra
improbable paz imposible. Los conflictos entre las dos superpotencias fueron siempre
indirectos, y se trasladaron desde el teatro de operaciones directo –como era Europa–
hacia la periferia del sistema. Sobre este rasgo de la sociedad internacional de Guerra Fría
Roberto Mesa (1982) entrega una caracterización pertinente:
2.3. 1989 el año que cambió el mundo: El final de la Guerra Fría
El ascenso de Gorbachov al poder en la Unión Soviética durante 1985, y la posterior
aplicación de las políticas de la Glasnot y Perestroika, representaron un paso decisivo para
la apertura política, económica y comunicacional de la Unión Soviética. Cuatro años más
tarde, el 7 de diciembre de 1988, ante la Asamblea de Naciones Unidas, Gorbachov
declaró la desideologización de las relaciones internacionales y la clausura de la hasta
entonces cerrada y excluyente sociedad soviética; expresaba su deseo de integrar la
comunidad mundial y esperaba fortalecer el proceso de interdependencia.
En 1989, el dirigente germano-oriental, Egon Krenz, decretaba la apertura del Muro de
Berlín, con lo que desaparecía uno de los signos más tristes y simbólicos de la Guerra Fría.
1989 es un año marcado por profundas turbulencias internacionales. Las revoluciones
europeas de 1989, resumidas en la frase «Polonia, diez años; Hungría, diez meses; Alemania
del Este, diez semanas; Checoslovaquia, diez días; Rumania, diez horas» (Zorgbibe 2005),
ejemplifican las rupturas que echaron abajo el orden establecido tras la segunda
conflagración mundial. El 25 de diciembre de 1991, Gorbachov anunciaba en un discurso
público que por la fuerza de la situación creada al ser formalmente disuelta la Unión
Soviética y ser fundada, en su lugar, la Comunidad de Estados Independientes (CEI),
concluía sus actividades como presidente de la URSS. Sus palabras tenían un gran
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significado: terminaba no solo la historia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas,
también la historia de la Guerra Fría y, para muchos autores, la historia del siglo XX.
3. La Sociedad Internacional Contemporánea de post Guerra Fría
La caída del Muro de Berlín en 1989 constituye un punto de inflexión en la historia de las
relaciones internacionales. El hecho es expresión del progresivo desmembramiento de la
Unión Soviética, proceso que concluye hacia el 1991 cuando se conforma la Federación
Rusa que se haría heredera de la soberanía legal-internacional soviética y, por lo tanto, de
su escaño permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Tras el derrumbe
de la Unión Soviética y el colapso del bloque oriental, desaparecieron de la faz europea
cuatro Estados y catorce nuevas entidades políticas fueron creadas durante la década de
los noventa20. Todas estas transformaciones solo resultan comparables al objetivo
reorganizador de los Tratados de Versalles de 1919 (Judt 2006). Asimismo, la reunificación
alemana, concretada en octubre de 1990, jugó un papel crucial en el nuevo impulso que
adquirió la integración europea tras la suscripción del Tratado de Maastricht de 1992,
acuerdo que consolida lo que hoy conocemos como Unión Europea.
Durante la década de los noventa, diversas interpretaciones –algunas más optimistas que
otras– intentaron desentramar el tejido del nuevo orden internacional y, en algunos casos,
buscaron «predecir» los procesos venideros. Frederic S. Pearson y J. Martin Rochester
(2004) identifican dos importantes grupos de autores en esta materia. Por un lado, se
encuentran los autores inscritos en la «vertiente realista», quienes han argumentado el
advenimiento de una estructura internacional de carácter multipolar, tras 45 años de
excepcional bipolaridad, cuyas principales dinámicas están constituidas por la difusión del
poder y la flexibilidad de las alianzas, las que originan un sistema internacional más inseguro
e inestable. Por otro lado, se encuentran los autores de la «tendencia globalista», los que
observaron un socavamiento de los principios básicos de la soberanía westfaliana,
ocasionado por la emergencia de nuevas temáticas y procesos que tienen como factor
común una creciente interdependencia económica y política, dando como resultado un
sistema internacional más complejo aunque no necesariamente menos seguro.
Cabe agregar a cada una de estas visiones, respectivamente, los clásicos con aspiraciones
omnicomprensivas «The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order» de Samuel
P. Huntington y «The end of History and the Last Man» de Francis Fukuyama. Desde una
perspectiva sistémica, además, el orden internacional posterior al colapso soviético fue
descrito por diversos autores como unipolar (Krauthammer 1990; 1991), tripolar (Tucker
1996), multipolar y multicivilizacional (Huntington 1996) e incluso uni-multipolar (Huntington
1999). El transcurso de los acontecimientos de la post Guerra Fría iría comprobando y
refutando, en parte, las aventuradas tesis de estos autores. Considerando la proliferación de
interpretaciones en extremo divergentes respecto de la realidad internacional que emerge
a comienzos de los años noventa, cabe preguntarse: ¿Cómo y cuánto ha cambiado la
sociedad internacional desde el fin de la Guerra Fría? En este apartado se desarrollarán
algunas claves históricas que orientan la comprensión e interpretación de los fenómenos
internacionales.
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Ante la ausencia del «enemigo» soviético o de algún otro actor capaz de desafiar su
posición de poder, los esfuerzos de la diplomacia estadounidense, encabezada por el
presidente George H. W. Bush, se enfocaron hacia la construcción de un «nuevo orden
mundial» que, sustentado en el tradicional «internacionalismo liberal estadounidense»26,
fuese reflejo de sus valores y, por lo tanto, funcional a sus intereses. Las bases de dicho
orden, a saber, democracia liberal, libre mercado y multilateralismo, se orientaron a
reemplazar las tradicionales utopías antagonistas, en lo que ha venido a denominarse
pensamiento único. En palabras de Bush:
«Tenemos la visión de una nueva asociación de naciones que trasciende la Guerra Fría. Una
asociación basada en la consulta, la cooperación y la acción colectiva, especialmente por
medio de organizaciones internacionales y regionales. Una asociación unida por el principio
y por el imperio del derecho y apoyada por un reparto equitativo de los costos y
compromisos. Una asociación cuyas metas sean intensificar la democracia, aumentar la
prosperidad, robustecer la paz y reducir las armas» (Bush 1990).
Sin embargo, desde mediados de la década de los noventa, las pretensiones iniciales y los
recursos dispuestos en la consecución de los objetivos trazados contrastaron
diametralmente con la limitada efectividad que Washington mostró en su accionar,
particularmente en lo referido a consolidar una posición de hegemonía que lo situara de
manera efectiva y duradera en el sistema internacional. Esta debilidad en el accionar
externo de los Estados Unidos se debió, en buena medida, a la desacertada lectura de la
nueva realidad internacional, a la carencia de una estrategia de política exterior que diera
cuenta de su adaptabilidad de una escena internacional en cambio y, ciertamente, a la
tensión «internacionalista/aislacionista» que ha subsumido a la política exterior
estadounidense desde los inicios de su historia y que, en cuanto tal, le ha impuesto
constantes frenos a la asunción de un liderazgo efectivo de la sociedad internacional Como
afirmara Henry Kissinger, «lo que sí es nuevo en el naciente orden mundial es que, por vez
primera, los Estados Unidos no pueden retirarse del mundo ni tampoco dominarlo».
El debate sobre el aparente declive del poder estadounidense ha tenido un nuevo impulso
en el marco de la post Guerra Fría y tras los atentados del 2001. Si bien el relativo éxito de
la Guerra del Golfo (o Primera Guerra de Irak), y procesos como el establecimiento de
regímenes democráticos en buena parte del mundo, la difusión del libre comercio, la
expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la creciente
operatividad de los organismos multilaterales se mostraban como expresión de la voluntad
de liderazgo de la diplomacia estadounidense, entrado el siglo XXI la complejidad del
sistema internacional ha desbordado los límites de la hegemonía de Estados Unidos.

Metodología para el estudio de historia


Para un correcto estudio debes aprender a regionalizar y ubicar en la cartografía los
elementos clave de la historia internacional durante el siglo XX.

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1) Identifica los principales conflictos militares durante la guerra fría en el siglo XX.

2) Identifica los golpes militares del Plan


Cóndor utilizando colores.

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3) Identifica las principales potencias regionales en el mundo:

4) Marca en el mapa el año de regreso a


la democracia de los estados en la
región. Puedes utilizar colores.

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5) Factores de conflicto y cooperación entre las principales potencias económicas durante
la Guerra Fría.

Unión Soviética Estados Unidos

5) Factores de conflicto y cooperación entre las principales potencias económicas después


de la Guerra Fría.

República Popular de China Estados Unidos

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TEMA 3

ACTORES DEL SISTEMA


INTERNACIONAL
Objetivo de aprendizaje: 1) Identificar a los actores del sistema internacional en la
globalización. 2) Comprender las implicancias de la globalización como etapa histórica de
las relaciones internacionales de América Latina.

Claves
a) Identifica la estructura de agentes y estructuras en el sistema internacional:

b) Alcances de la dimensión unipolar de las relaciones internacionales a inicios del siglo:

Introducción
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El estudio de los actores de las relaciones internacionales es importante por varias razones:

• Comprender las relaciones internacionales: El estudio de los actores internacionales


ayuda a comprender mejor cómo interactúan los países, las organizaciones internacionales,
las empresas y otros actores en el escenario internacional. Al conocer sus intereses,
objetivos y estrategias, se puede entender mejor cómo se relacionan entre sí y cómo estas
relaciones afectan a la política internacional.

• Analizar el poder y la influencia: Los actores internacionales tienen diferentes niveles


de poder e influencia en el sistema internacional. Al estudiar a los diferentes actores, se
puede entender mejor cómo se distribuye el poder en el sistema internacional y cómo se
ejerce la influencia en la política internacional.

• Identificar los intereses y objetivos de los actores: Cada actor internacional tiene sus
propios intereses y objetivos. Al estudiar los actores internacionales, se puede identificar
cuáles son los intereses y objetivos de cada uno y cómo estos intereses y objetivos influyen
en las políticas que implementan.

• Prever y prevenir conflictos internacionales: El estudio de los actores internacionales


también puede ayudar a prever y prevenir conflictos internacionales. Al conocer los
intereses y objetivos de los diferentes actores, se puede identificar posibles áreas de
conflicto y tomar medidas para prevenir conflictos.

• Facilitar la cooperación internacional: El estudio de los actores internacionales


también puede facilitar la cooperación internacional. Al conocer los intereses y objetivos
de los diferentes actores, se pueden identificar áreas de interés común y fomentar la
cooperación en áreas como el comercio, el medio ambiente y la seguridad internacional.

En resumen, el estudio de los actores de las relaciones internacionales es importante


porque ayuda a comprender mejor cómo interactúan los países, las organizaciones
internacionales, las empresas y otros actores en el escenario internacional. Además,
permite analizar el poder y la influencia de cada actor, identificar sus intereses y objetivos,
prever y prevenir conflictos internacionales y facilitar la cooperación internacional.

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Lectura 1: El triunfo de la coca en Bolivia de
Mabel Azcui. (Artículo periodístico de julio del
2002)
Es un indígena quechua, sin estudios superiores, pero con una carrera sindical de 15 años en
el sector más combativo y rebelde del espectro social boliviano: el cocalero. Es, hoy, un
dolor de cabeza para Gobierno y empresarios. Es la sorpresa que el electorado boliviano
ha deparado a la desprestigiada clase política del país más pobre de la región. Es Evo
Morales Ayma.

Nadie se lo esperaba. Ni él, ni el Movimiento al Socialismo (MAS) que lo apoya, llegó a


soñar con tal caudal en las urnas que lo llevó el 30 de junio a superar por 721 votos al gran
favorito, el capitán Manfred Reyes Villa, relegado a un tercer lugar detrás de Gonzalo
Sánchez de Lozada (22,40% de sufragios) y de Morales (20,97%).

'Si nuestras propuestas no se aprueban en el Parlamento, saldremos a las calles'

El Parlamento, donde el MAS logró el segundo lugar en número de escaños, elegirá el


próximo mes entre los dos candidatos más votados -Sánchez de Lozada, del Movimiento
Nacionalista Revolucionario (MNR), y Evo Morales- al nuevo presidente de Bolivia, por
mayoría absoluta.

'No vamos a negociar para gobernar. Los votos deben venir voluntariamente de los otros
partidos que comparten nuestros principios', asegura Morales a EL PAÍS, al aludir a Nueva
Fuerza Republicana (NFR), de Reyes Villa, y al Movimiento de Izquierda Revolucionaria
(MIR) de Jaime Paz Zamora, que coincidieron en su oferta electoral de convocar una
Asamblea Constituyente y a recuperar el gas y el petróleo boliviano, hoy en manos
extranjeras.

'Esperamos un voto coherente con las propuestas electorales y esperamos un voto


incondicional', dice. Desde la recuperación de la democracia en 1982, ningún aspirante a la
presidencia logró mayoría absoluta, lo que obligó a pactar acuerdos y alianzas para
alcanzar los votos requeridos en el Parlamento. Con esta modalidad -que el pueblo exige
cambiar- llegaron las cuotas de poder, los chantajes de los aliados para mejorar prebendas
y las dificultades para administrar el país. Todo convergió en la corrupción a gran escala, el
descrédito de los partidos y el hartazgo de más de un millón de electores (27%) que no
votó.

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'El voto digno no se negocia. Evo será presidente, el MAS al Gobierno y el pueblo al
poder', promete Morales, quechua oriundo del altiplánico Oruro, que dejó su parcela y sus
ovejas para dirigirse, como muchos miles de quechuas y aymaras, a la tropical Cochabamba
para sobrevivir a una crisis económica que nunca termina.

Es muy difícil, pero no imposible, que Evo sea presidente. Los partidos que podrían dar su
voto, NFR y MIR, no lo harán a favor de quien, como Morales, tiene el veto de EE UU.
Ninguno se arriesgaría a perder el visado que, en el caso del MIR, tanto le ha costado
recuperar. 'Seguramente van a tener mucho miedo', admite Morales, pero no hace
problema de ello. 'Vamos a luchar para llegar a la presidencia, pero si no se puede,
pasaremos a la oposición'. Oposición que será muy dura tanto en el Legislativo como en las
calles. El cocalero aclara: 'Si nuestras propuestas no se aprueban en el Parlamento,
saldremos a las calles'.

Las calles y las carreteras han sido el escenario de la lucha de este indígena autodidacta,
de 42 años, que lideró con paso firme las dramáticas marchas indígenas en los últimos 10
años para exigir del Gobierno mejores condiciones de vida y para que las autoridades se
percaten de la existencia de miles de marginados del desarrollo. El 70% de la población
boliviana es quechua, aymara, guaraní y de otras 30 etnias amazónicas. Un 40% vive en el
área rural en extrema pobreza, sin acceso a servicios básicos y con los indicadores sociales
más bajos de Latinoamérica.

La incorporación de Morales a la vida sindical fue fortuita. En realidad, producto de un


hecho espeluznante. 'En el curso de una operación antidroga, un jovenzuelo fue acusado de
narcotraficante, le echaron gasolina y lo quemaron vivo. Eramos cuatro o cinco jóvenes que
no podíamos creer lo que estaba pasando. ¿Cómo nos van a quemar vivos? Si el Gobierno
nos quema porque cree que somos narcotraficantes, ¿quién nos va a defender? Tras el
cuestionamiento, había que organizarse.

Empezaron con un sindicato, del que Morales fue secretario de Deportes. En 1988 fue
elegido secretario ejecutivo de la Federación del Trópico, cargo que sigue desempeñando
hasta el fin de su gestión este año. Desde 1995 es presidente del Comité de Coordinación
de las seis Federaciones del Trópico, que agrupa a más de 35.000 productores de hoja de
coca en la región cochabambina de Chapare, corazón geográfico de Bolivia. Sus banderas
de lucha fueron la defensa de los cultivos de la hoja de coca, materia prima de la cocaína,
y el derecho a la tierra de los pueblos originarios, que protestan también por su exclusión y
discriminación.

Las huelgas, las huelgas de hambre, las manifestaciones y las largas marchas hacia La Paz
fueron instrumentos de lucha con más o menos éxito, hasta que llegaron los bloqueos de la

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carretera que cruza el país de Este a Oeste, canal de exportaciones e importaciones. Los
últimos bloqueos llevaron a la economía al borde del colapso y doblegaron al Gobierno
del presidente Hugo Bánzer (1917-2002) pero, como siempre, tras arrancar los acuerdos
quedó la desilusión por su incumplimiento.

Los indígenas no pueden explotar la madera de sus tierras, pues la riqueza forestal está
reservada para los grandes madereros. Pelean ahora para que los ganaderos no aumenten
sus latifundios, en el Este, so pretexto de la carga animal. Buscan que se les otorgue 25
hectáreas por cabeza de ganado. A esto se suma el castigo de una política neoliberal, que
ha llevado a la miseria al pueblo boliviano.

'Yo era arrocero', afirma Morales, 'y ganaba bien hasta que mi arroz empezó a ser caro
frente al de Brasil. Lo mismo sucede ahora con la piña, cultivo alternativo a la hoja de coca
que no tiene mercado y cuyo precio es bajísimo. Te compran 10 piñas por un boliviano
(menos de 20 céntimos de euro). La coca te ayuda a sobrevivir. Tiene precio y mercado
seguro'.

Evo fue como una piedra en el zapato desde su escaño como diputado por Izquierda
Unida. Toda la artillería oficialista en su contra sólo sirvió para crecerle. Intentaron anular su
acción con juicios por difamación -después de que Morales acusó a la familia presidencial
de haber estado ligada al narcotráfico en los años setenta- y finalmente fue desaforado a
petición de la Comisión de Ética por faltas a la deontología parlamentaria, al haberse
implicado en actos de sedición y desacato. Su expulsión, rápida, lo aupó aún más pues
reflejó una discriminación frente a otro diputado de NFR que defraudó 60 millones de
dólares al Estado y no salió del Parlamento hasta pasados dos años.

El espaldarazo a su candidatura le llegó de labios del embajador norteamericano, Manuel


Rocha, que advirtió que su país revisaría su cooperación en el caso de que Bolivia llegara a
ser gobernada por gente ligada al narcotráfico y al terrorismo. Algunos candidatos se
quejaron por este 'voto de reacción antiimperialista' que favoreció a Morales. 'Convertirnos
en la segunda fuerza del país es una victoria para las víctimas del modelo económico, para
los desposeídos, marginados y humillados'.

Para Morales, es esta gente la que tiene que definir su futuro en la Asamblea Constituyente.
Incluido el manejo de sus recursos. Por de pronto, se recuperará el gas y el petróleo. 'Se
les acabará la madera a las transnacionales. No han invertido nada, sólo han saqueado el
país, han exportado plata. Por eso están temblando de miedo, igual que los corruptos,
porque ha llegado la hora de decir basta. A Morales no le preocupa un eventual
aislamiento económico ni un freno de la ayuda internacional. 'Interesa solamente la alianza
con el pueblo, que es nuestra fuerza. Las ayudas no resuelven los problemas de los

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bolivianos. Tampoco estamos dispuestos a recibir las miserias de EE UU ni a aceptar
políticas económicas importadas para generen hambre, miseria, discriminación y
desigualdad'. Morales quiere discutir el pago de la deuda exterior, apoyado en las
propuestas de la Iglesia católica y los movimientos contra la globalización, de los que
asegura tener todo su respaldo. Quiere fundar un Banco del Pueblo para los pobres de
Bolivia, que también apoye a los pequeños agricultores con créditos y sin intereses, quiere
fortalecer las empresas sociales y colectivas y las cooperativas como motor del
crecimiento en equidad.

En defensa de la hoja sagrada

Evo Morales tiene bien claro el papel que debe jugar la hoja de coca. Desde el imperio
incaico hasta ahora, la coca ha sido la columna vertebral oculta de la economía boliviana.
Por ello, serán revisados los planes de erradicación total de la hoja sagrada para quechuas
y aymaras. 'Nunca habrá coca cero', sostiene. 'No se puede penalizar a la hoja, porque una
hoja de coca no comete delito. Se la defiende, se la industrializa con fines benéficos para
la humanidad: medicinas, alimentos y abonos naturales, entre muchos otros'.

'Desmilitarizaremos el Chapare. Liberaremos a las Fuerzas Armadas y a la policía del


sometimiento a EE UU', afirma, y revela que ganó en votos en ambas instituciones.

Mantener la hoja de coca y sacar a los militares de Chapare, centro geográfico del
continente, no significa que se vaya a bajar la guardia en la lucha contra el tráfico de
estupefacientes, entre ellos la cocaína. 'Tiene que haber una lucha contra el narcotráfico,
pero una lucha totalmente nacional y no impuesta por EE UU'. Ello implicará que los agentes
del Departamento Estadounidense Antidroga (DEA) en el país 'se vayan'.

Morales pretende también cerrar la escuela Garras al Valor, financiada por EE UU, para
formar tropas de élite antidroga para América Latina. 'Los quechuas y aymaras', afirma, 'no
tenemos la cultura de la muerte, sino la de la vida. Queremos defender nuestra coca. No
queremos morir de hambre, pero tampoco por bala'.

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TEMA 4

SISTEMA INTERNACIONAL
Objetivo de aprendizaje: 1) Aplicar las conceptualizaciones del sistema-mundo y
descolonización para comprender la coyuntura política, económica de la política
internacional desde una perspectiva latinoamericana.

Delimita las subregiones del mundo:

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Introducción
La comprensión y el estudio del sistema internacional son fundamentales en el campo del
análisis de las relaciones internacionales. El sistema internacional se refiere al conjunto de
actores, normas, instituciones y procesos que rigen las interacciones entre los estados y
otros actores globales en el escenario mundial. Aprender sobre este sistema es esencial
por varias razones cruciales que impactan en la política, la economía, la seguridad y la
cooperación global.

En primer lugar, el sistema internacional es el contexto en el que se desarrollan las


relaciones entre los estados y actores no estatales, como organizaciones internacionales,
empresas transnacionales y grupos no gubernamentales. Comprender cómo funciona este
sistema es esencial para analizar las dinámicas de poder, los conflictos, las alianzas y las
oportunidades de colaboración que caracterizan las relaciones internacionales.

En segundo lugar, el sistema internacional establece las reglas y normas que gobiernan el
comportamiento de los estados y actores en el escenario global. El conocimiento de estas
normas es crucial para predecir las reacciones de los actores internacionales y evaluar las
implicaciones de sus acciones.

Además, el estudio del sistema internacional permite comprender los desafíos y amenazas
globales, como el cambio climático, la proliferación de armas nucleares, el terrorismo y las
pandemias. Estos problemas transnacionales requieren la cooperación y coordinación entre
estados y actores globales, y un entendimiento sólido del sistema internacional es esencial
para abordarlos de manera efectiva.

En resumen, aprender sobre el sistema internacional es importante porque proporciona la


base para el análisis y la toma de decisiones en un mundo cada vez más interconectado y
complejo. Facilita la comprensión de las dinámicas globales, las relaciones entre estados y
actores no estatales, y la gestión de los desafíos que enfrenta la comunidad internacional.
En última instancia, contribuye a la promoción de la paz, la seguridad y la prosperidad en el
escenario mundial.

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Lectura 1: El análisis de la política exterior: Una
visión desde América Latina de Alberto van
Klaveren
En 1991, los presidentes de México y Estados Unidos y el primer ministro de Canadá
anunciaron el inicio de negociaciones trilaterales para formalizar un Tratado de Libre
Comercio de América del Norte. En 2003, Chile y México, entonces miembros no
permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, se opusieron a la propuesta
estadounidense de autorizar el uso de la fuerza para invadir Irak. En 2005, Venezuela
estableció una alianza petrolera con varias naciones del Caribe para que pudieran comprar
petróleo venezolano a precios preferenciales.

Todos estos episodios tienen un elemento en común: son decisiones de política exterior.
Algunas fueron adoptadas después de largos procesos de maduración, incluidas por
factores externos e internos y procesos complejos de consultas con múltiples actores.
Otras fueron el resultado de iniciativas de líderes, motivadas por intereses de muy variada
índole que van de la economía a la ideología.

La política exterior es una política pública, pero es más que eso. Por medio de la política
exterior, los estados se relacionan con el sistema internacional y se adaptan a éste. De esta
manera, la política exterior se vincula a la disciplina de las Relaciones Internacionales (RI)
representando un área específica en ese ámbito. La política exterior también suele parecer
diferente al resto de las políticas. Muchas veces se identifica como una política de estado,
que está por sobre las diferencias políticas internas y los cambios de gobierno. Se le
atribuye permanencia y se aspira a que sea congruente y, ocasionalmente en el discurso
público, invariable.

Es una política que se refiere a valores fundamentales y a intereses nacionales, a la


integridad del territorio y a la unidad nacional, a la protección de los ciudadanos en el
extranjero, a la promoción del comercio, a la protección y regulación de las inversiones
extranjeras, a la defensa de valores y principios en el orden internacional, a la elaboración
de regímenes multilaterales que afectan directamente a los estados, a la defensa de la paz,
a la estrategia de desarrollo, a la cooperación internacional.

¿Cómo explicar las decisiones de política exterior? Los factores que influyen en su
elaboración suelen ser múltiples y resulta muy difícil jerarquizarlos o establecer relaciones
de causalidad entre ellos. Hay cierta disociación entre la teoría de las RI y los análisis de
política exterior, especialmente en América Latina. Se pasa con facilidad desde lo macro
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hacia lo micro, desde los análisis generales de la estructura y efectos del sistema
internacional –dependencia, globalización– a los episodios muy específicos o tendencias
de política exterior, sin establecer una vinculación clara entre ambos.

La globalización está generando más conciencia sobre el mundo y la forma en que el


sistema internacional afecta a las sociedades nacionales. La comunidad internacional exige
ahora más a los países. Organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales
elaboran informes periódicos sobre la situación de los derechos humanos y designan
relatores especiales para conocer temas específicos. Los ciudadanos que no ven
protegidos sus derechos acuden a estas instancias internacionales. Comisiones y tribunales
regionales de derechos humanos conocen y resuelven, con efectos vinculantes, casos
específicos que les son sometidos. La agenda global influye más y más en las políticas
internas de los estados en áreas tan diversas como los derechos humanos, las políticas de
género, el trato a las minorías, el comercio, los subsidios, la propiedad intelectual, los
gases de invernadero o la explotación pesquera.

En este capítulo se exponen los elementos básicos del análisis de la política exterior, se
identifican sus factores externos e internos y se mencionan sus principales actores, desde
una perspectiva latinoamericana.

El análisis de la política exterior

La teoría adquiere interés y relevancia cuando se refiere a un fenómeno social real y


concreto, definido en el tiempo y el espacio. Este vínculo entre teoría y realidad se torna
todavía más importante en el caso de la política exterior. Por razones comprensibles y muy
legítimas, en América Latina se ha prestado más atención a los contenidos de la política
exterior que al proceso de adopción de decisiones. Los análisis han tendido a ser más
generales, y aunque se encuentran múltiples estudios de casos sobre aspectos de la
política exterior, éstos no siempre han tenido referentes teóricos claros.

En el campo de la política exterior comparada, una perspectiva teórica es una orientación


general que “postula la importancia de algún conjunto especificado e interrelacionado de
variables para explicar comportamientos de política exterior y que provee una lógica
explicativa que relaciona ese conjunto de variables con los comportamientos de política
exterior”.

Este concepto parece el más apropiado para el estado actual de los estudios de política
exterior, ya que la formulación de teorías en esta área tiene todavía un carácter incipiente y
se ha avanzado más en la explicación de fenómenos más bien singulares y concretos que en
comportamientos generales de política exterior. Una perspectiva teórica no representa una
tipología sobre la totalidad de la política exterior, sino que trata de iluminar decisiones y
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pautas de comportamiento específicas. Las perspectivas no son exhaustivas ni mutuamente
excluyentes.

El análisis de la política exterior requiere un estudio de la estructura o contexto en que se


adoptan las decisiones, así como del proceso mediante el cual se adoptan. La estructura se
refiere tanto al ámbito externo como al interno. El proceso se refiere a los actores que
intervienen, instituciones, grupos, personas y las interacciones que se generan entre ellos.
La relación entre actores y estructuras sociales es compleja y no ha sido explicada
satisfactoriamente por los análisis de política exterior.

Es probable que la clasificación más conocida y utilizada de las variables que afectan los
comportamientos de política exterior sea la que distingue entre factores externos e
internos. Obviamente, no es fácil identificar fuentes puramente internas en materia de
política exterior. La creciente importancia de una amplia gama de actores transnacionales,
la penetración de muchos sistemas políticos por obra de agentes oficiales y no oficiales de
otros estados y el lujo de las comunicaciones internacionales han hecho que la distinción
entre factores externos e internos sea menos clara y tajante que en el pasado.

Los analistas de la política exterior han demostrado repetidamente la relevancia que asume
el contexto interno de los países en la elaboración de la política exterior. El énfasis en los
factores internos ha permitido a los expertos superar las limitaciones del análisis tradicional
de la política del poder, que tendía a considerar que los países se comportaban con
independencia de las fuerzas políticas y sociales internas en la búsqueda de intereses
nacionales evidentes por sí solos.

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El contexto externo

En términos generales, el medio externo de cada estado comprende el sistema global,


compuesto por el resto de los estados, tanto de manera individual como en una variedad
de combinaciones. El sistema global se caracteriza por una situación de interdependencia
compleja e incluye diferentes regímenes internacionales, esto es, conjuntos de principios,
normas y procedimientos de adopción de decisiones que los miembros del sistema utilizan
para regular sus comportamientos y resolver de manera cooperativa sus problemas.

La noción de sistema global también comprende a una variedad de actores no estatales.


Éstos pueden variar desde organizaciones intergubernamentales, tales como Naciones
Unidas, la Organización de Estados Americanos (OEA), Comunidad de Estados
Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), hasta organizaciones no gubernamentales (ONG)
como Amnistía Internacional o Greenpeace. Todos estos actores pueden transferir
influencias desde el medio externo a cualquier sistema de política exterior.

Para facilitar el análisis, puede ser útil diferenciar entre variables sistémicas, que se refieren
a características del sistema global que por definición tienen una naturaleza agregada, y
variables externas específicas, que se refieren principalmente a los atributos y
comportamientos concretos de países individuales. Aunque esta diferenciación es algo
forzada, corresponde a dos enfoques teóricos usados con frecuencia en América Latina:
Estructuralismo y Realismo.

La estructura del sistema internacional ha representado siempre un referente básico para el


análisis de la política exterior de los países, tanto más en América Latina. Como lo recuerda
una autora, la noción de estructura sirve para establecer “los límites dentro de los que se
mueven los actores en su conjunto”. La particular configuración de poder entre los estados
resulta fundamental para evaluar el margen de maniobra de que dispone una política
exterior. No es lo mismo un sistema unipolar que uno bipolar, ni uno bipolar que uno
multipolar.

La lógica bipolar de la Guerra Fría que prevaleció, no sin importantes variaciones, entre el
fin de la Segunda Guerra Mundial y la desintegración de la Unión Soviética, fue un claro
condicionante de las políticas exteriores, no sólo en Europa, sino también en zonas
periféricas, como América Latina y África. Pero no sólo importa la distribución global de los
recursos políticos y estratégicos. También resulta fundamental la distribución de los
recursos económicos, las formas en que se genera la riqueza y las relaciones que se
establecen entre los países en ese ámbito.

Debido a la condición históricamente periférica de la región, una ya larga tradición de


estudios de RI latinoamericanos se ha concentrado en las perspectivas sistémicas. El
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supuesto del que estos estudios partían es que América Latina era extremadamente sensible
a su medio externo y que su comportamiento hacia otros países tendía a ser una reacción,
de acatamiento o de rechazo, a estímulos que se originaban más allá de sus fronteras. En la
esfera económica, estos efectos adversos fueron analizados a partir de la década de 1950
con un enfoque estructuralista. Inicialmente, este enfoque puso énfasis en el deterioro de
los términos del intercambio que afectaban a los principales productos de exportación de
América Latina, tendencia a la que se imputaron en gran medida los crónicos problemas de
balanza de pagos que experimentaba la región y sus bajas tasas de crecimiento.
Posteriormente, el enfoque se extendió a la evaluación de los efectos de otras variables
externas sobre la periferia capitalista, tales como la inversión extranjera directa, la
dependencia financiera y la brecha científico-tecnológica.

De acuerdo con los estructuralistas, estas tendencias sistémicas podían superarse mediante
una estrategia de industrialización basada en la sustitución de importaciones, la integración
regional, la promoción de las exportaciones de manufacturas y de otras exportaciones no
tradicionales y la reforma del orden económico internacional. Como se puede observar,
todas estas estrategias e instrumentos repercuten directamente en el campo de la política
exterior.

El enfoque de la dependencia puede también ser considerado como una perspectiva


sistémica. Ha sido utilizado como un marco amplio y general para describir y explicar el
subdesarrollo económico de la región y sus múltiples repercusiones en la esfera social y
política. Se trata de un enfoque sobre la teoría del desarrollo, económico y político, y la
economía política internacional, que no aborda de manera central el área de la política
exterior. De hecho, hay muy pocas referencias a temas de política exterior en los escritos
latinoamericanos sobre la dependencia. Pese a ello, este enfoque ha tenido un impacto
claro en los estudios y la práctica de la política exterior. Por una parte, ha puesto el acento
en el papel que desempeñan las élites en las sociedades dependientes que están
estrechamente vinculadas con los grupos centrales de la economía mundial y que ejercen
una función dominante en la esfera económica y política de estas sociedades.

Los autores identificados con este enfoque también han llamado la atención sobre los
efectos de las inversiones extranjeras, consideradas como medios para penetrar los
sectores más estratégicos y dinámicos de las economías latinoamericanas, una noción que
ha ejercido mucha influencia en las políticas de nacionalización seguidas periódicamente,
hasta el presente, en la región. La perspectiva de la dependencia se ha concentrado
también en fenómenos tales como las relaciones comerciales asimétricas, el
endeudamiento externo, la cooperación y los programas de entrenamiento militar y los
intercambios educacionales y culturales, considerados a menudo como instrumentos para

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penetrar las sociedades latinoamericanas. Por otra parte, el enfoque de la dependencia ha
permeado las percepciones sobre la economía mundial de élites políticas e intelectuales
influyentes en la región y actúa de marco conceptual para el impulso de políticas exteriores
radicales o revolucionarias.

En el ámbito político, la mayoría de los especialistas en el área de la política exterior


latinoamericana se han centrado en variables sistémicas tales como la evolución de la
bipolaridad al momento unipolar y luego a la multipolaridad, los cambios en la distribución
de los recursos en el sistema global y, por cierto, el debate sobre el papel de Estados
Unidos en el nuevo sistema internacional. Los análisis sistémicos en América Latina suelen
destacar la calidad periférica de la región y su vulnerabilidad respecto de las variables
externas. Si bien la noción de periferia sigue presente, también hay una visión optimista que
apunta a las posibilidades de acción dentro de un sistema multipolar en el que se debilita la
hegemonía de Estados Unidos, se fortalecen nuevos centros económicos en Asia y la propia
América Latina emprende sus caminos hacia el desarrollo, por fuerzas diversas.

Las perspectivas de política del poder se centran igualmente en el contexto externo y se


caracterizan por su orientación estratégica, racional y calculadora, por su tendencia a
considerar al estado como un actor unificado y racional y por su énfasis en los conflictos
internacionales. Este enfoque de política del poder, que se desarrolló inicialmente en
Estados Unidos y Europa, sigue vigente en América Latina y, lo que es más importante,
mantiene un considerable peso entre diplomáticos, militares y la propia opinión pública. El
enfoque de la política del poder considera las acciones de otros países como los
principales factores condicionantes de las decisiones de política exterior. A su vez, los
recursos o atributos nacionales de los estados –especialmente sus capacidades militares,
económicas, demográficas o humanas– son los factores internos predominantes que
influyen en sus políticas concretas. Según este enfoque, los países pueden y, en realidad,
deben, actuar con independencia de las fuerzas sociales y políticas internas en la búsqueda
de intereses nacionales que parecen evidentes: la defensa de su integridad territorial, la
protección de sus ciudadanos, el desarrollo económico y el bienestar de la población, el
equilibrio regional del poder, etcétera.

Los análisis tradicionales de equilibrio de poder caen dentro de esta descripción general.
Según éstos, América Latina es un escenario característico de competencia regional: países
como Brasil y México rivalizan en la región, México y Venezuela disputan su influencia en
América Central o el Caribe y Chile y Perú mantienen una relación de rivalidad en el
Pacífico. Asimismo, se estima que la competencia entre las potencias mayores de cada
región o subregión afecta a los estados vecinos más pequeños como Paraguay, Uruguay o

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los países centroamericanos, cuyos sistemas económicos y políticos son más permeables a
esas influencias externas.

Las nuevas formas de cooperación económica y política y los proyectos integracionistas en


América Latina tienden a cuestionar varios de los supuestos de los enfoques tradicionales de
política del poder, que en realidad se derivaban del siglo XIX. Argentina y Brasil han
establecido uno de los esquemas más ambiciosos de cooperación en la región, Argentina y
Chile están iniciando relaciones estrechas en el ámbito de la defensa, y Ecuador y Perú han
logrado niveles inéditos de cooperación económica y política.

Sin embargo, aunque las realidades de la interdependencia tienden a cuestionar o matizar


estos enfoques, éstos han tenido un gran influjo en la formación de imágenes y
percepciones y en el desarrollo de las culturas de política exterior en la región.

El contexto interno

El debate sobre la primacía entre la estructura externa o la acción/agencia interna


(structure or agency) en materia de política exterior es muy antiguo. Se trata de determinar
si las acciones de política exterior pueden ser explicadas desde los actores y sus
preferencias e intereses o bien desde su contexto externo, cuyas características,
posibilidades y limitaciones conducen a los actores en ciertas direcciones. Parece obvio
que ambos conjuntos de factores interactúan. No cabe asumir determinismo del contexto
en política exterior, pero también es cierto que los actores no son enteramente libres.
México no puede ignorar a Estados Unidos en su política exterior, los países de América
Latina no pueden marginarse de su entorno regional y la autarquía no es una opción para
país alguno de la región, desde Brasil hasta Cuba.

Pero el contexto interno también influye poderosamente. Para algunos, la política exterior
debe ser entendida como el producto de la dinámica interna de un país. Una autora señala
que es la continuación de la política interna con otros medios. Los recursos de que dispone
un país para llevar a cabo su política exterior sin duda importan, y mucho. También son
relevantes la calidad de la diplomacia, el prestigio de un país o su imagen nacional. Pero
los recursos no bastan por sí solos. Importa también la capacidad y voluntad de
aprovecharlos. Ello explica que países con relativamente pocos recursos pueden tener
políticas exteriores activas y viceversa. El tamaño de los países puede ser importante, pero
no es necesariamente decisivo. Cuba, por ejemplo, no es un país grande, pero la política
exterior del régimen revolucionario ha sido muy activa.

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Las características del sistema político pueden ser significativas para explicar cambios en las
políticas exteriores. Éstas se refieren al propio régimen político, esto es, a la forma de la
organización política. La distinción básica que se hace en esta área es entre regímenes
democráticos y autoritarios y apunta a saber si un régimen político determinado conduce a
cierto tipo de política exterior o por lo menos afecta esta área. Esta interrogante fue
relevante para analizar las continuidades y cambios entre los regímenes autoritarios y
democráticos en diversos países de América Latina y los efectos de los procesos de
transición a la democracia que se dieron en la región durante las últimas décadas del siglo
pasado. En general, estos cambios fueron más intensos en Argentina, Chile y Uruguay que
en Brasil, pese a que todos tenían regímenes autoritarios, y se hicieron más evidentes en el
ámbito político y económico que en las cuestiones de límites, donde se observó una mayor
continuidad. La Guerra de las Malvinas ejemplifica muy bien el impacto que puede tener
una dictadura, en este caso la que encabezaba el general Galtieri en Argentina, en el
desencadenamiento del conflicto. En la actualidad, resulta interesante analizar las
diferencias en este ámbito entre las democracias liberales de la región y los regímenes
revolucionarios, radicales o neopopulistas, agrupados en la Alianza Bolivariana para los
Pueblos de Nuestra América (ALBA).

El segundo elemento del contexto doméstico que parece relevante tiene que ver con las
políticas económicas de los países. Considerando que todas las naciones latinoamericanas
forman parte del mundo en desarrollo, este elemento se hace equivalente a las estrategias
específicas de desarrollo que han seguido. En América Latina, los países con estrategias
económicas más liberales y políticas comerciales más aperturistas tienden a bajar el tono de
la antigua confrontación entre el Norte y el Sur o entre el Primer y el Tercer Mundo. Hoy
México y Chile son miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico (OECD) y algunos otros países de la región aspiran a seguir sus pasos. La nueva
Alianza del Pacífico, integrada por Chile, Colombia, México y Perú, proyecta las políticas
económicas de sus miembros y un compromiso mayor con el libre comercio que los países
del ALBA o incluso que MERCOSUR. Las naciones del ALBA, por lo general críticas del
libre comercio, del neoliberalismo y de la globalización, siguen militando de forma activa
en los foros de los países en desarrollo. Sus posiciones están vinculadas a los modelos de
desarrollo que han adoptado internamente. De la misma manera, los modelos de desarrollo
están muy asociados a la disposición de los países a negociar acuerdos de libre comercio
con el resto del mundo.

Ello explica la razón por la cual los países que aún forman parte de la Comunidad Andina
optaron al final por separar sus negociaciones de libre comercio con la Unión Europea,
pese a que ésta favorecía un tratado de asociación con la entidad subregional; al inal, se
adoptó un acuerdo en varias partes con Colombia y Perú, mientras que los otros dos
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miembros, Bolivia y Ecuador, prosiguen sus negociaciones sobre otras bases. Las mismas
diferencias se pueden observar respecto de las negociaciones de libre comercio con
Estados Unidos, meta ansiada por algunos países y denostada por otros, o bien las
negociaciones multilaterales en el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Los países desarrollan culturas de política exterior que equivalen a conjuntos de creencias,
imágenes y símbolos que mantienen las élites y las opiniones públicas de los países
respecto de sus relaciones con el resto del mundo, la política exterior y la seguridad
nacional. Existe una tendencia al congelamiento de estas culturas. En el caso de América
Central y del Sur se observa con cierta frecuencia que las realidades del siglo XIX tienden a
congelarse, configurando agendas históricas que influyen de forma muy permanente en las
visiones de política exterior. Estas agendas se alimentan de visiones sobre la historia, mitos
nacionales, miradas sobre el pasado, recuerdos de victorias y derrotas, imaginarios de
supuestos enemigos ancestrales y aliados históricos, y visiones sobre ascensos y descensos
de estatus internacional. La Guerra del Pacífico, un conflicto del siglo XIX, influye
poderosamente en las políticas exteriores de Bolivia, Perú y Chile, condicionándolas hasta
la actualidad. El modelo de la “mala fe inherente” respecto de antiguos adversarios o
rivales actuales puede ser muy potente en política exterior. El Constructivismo destaca la
relevancia de estas imágenes y percepciones, pero también alerta contra el determinismo,
toda vez que las visiones tradicionales pueden variar, como lo demuestra con creces la
experiencia de Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial.

Actores y toma de decisiones

Múltiples actores intervienen en las decisiones de política exterior y lo hacen dentro de


determinados contextos organizacionales y de decisión, los cuales se condicionan por sus
propias preferencias y características. El estudio de esos actores y de los procesos
mediante los cuales adoptan las decisiones y definen sus objetivos es fundamental en los
análisis de política exterior. Obviamente, el número de actores que participan en las
decisiones varía de país a país y con el paso del tiempo, pero en todos los casos se
producen interacciones de líderes, burocracias, partidos políticos (único o varios), grupos
de interés y, donde hay un razonable grado de pluralismo, medios de prensa.

Los jefes de estado o de gobierno, por lo regular los presidentes en América Latina y los
primeros ministros en el Caribe anglófono, concentran importantes poderes en el área de la
política exterior. No sólo toman las decisiones más importantes, sino que también cultivan
estilos personales de política exterior. El carisma, los grados de interés y atención
presidenciales en los temas internacionales y los rasgos personales han dejado una huella
clara en muchos esquemas de política exterior, más todavía en una época de contactos
directos, cumbres periódicas y disminución o cambio de los clivajes internacionales
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tradicionales. Cabe recordar la cruzada tercermundista del presidente Echeverría de
México y el activismo internacional del presidente Carlos Andrés Pérez de Venezuela
durante la década de 1970, el papel personal del presidente Arias en el proceso de paz
centroamericano o el carisma internacional de los presidentes Lula de Brasil y Lagos y
Bachelet de Chile. Las influencias personalísimas de Fidel Castro en la elaboración de la
política exterior cubana, de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador o de Hugo
Chávez en el caso de Venezuela no requieren ser subrayadas.

Algunos líderes se hacen asesorar por consejeros especiales que pueden provenir de los
ser vicios exteriores o de los medios políticos y académicos. A veces, actúan más en las
sombras; otras, adquieren un carácter público y abierto, como sucede en el caso de Marco
Aurélio Garcia, asesor presidencial de los dos últimos gobiernos de Brasil, con especial
dedicación para los asuntos latinoamericanos. Los ministros o secretarios de relaciones
exteriores desempeñan un papel crucial en la ejecución de la política exterior. En América
Latina, ciertos ministros han sido especialmente relevantes en las posiciones internacionales
de sus países. El legado del Barón de Rio Branco y las políticas que se le han atribuido
constituyen una de las principales fuentes simbólicas del poderoso Itamaraty en Brasil. En un
plano menos mítico, algunos ministros contemporáneos han asumido papeles centrales en
el perfil externo de sus países. El carisma, prestigio personal y contactos externos de
Enrique Iglesias llevaron a la política exterior uruguaya a niveles de activismo desconocidos.
La larga permanencia de Gabriel Valdés en la cancillería chilena durante la década de 1960
dejó una marca personal en la política exterior del país. El contrapunto entre las
formaciones, inquietudes académicas y posiciones de Dante Caputo y Guido Di Tella en
Argentina representó un episodio más de la discontinuidad de la política exterior argentina,
resaltada por Roberto Russell.

Pero el papel de los ministros está también determinado por factores institucionales. Las
cancillerías consisten por lo general en burocracias sumamente institucionalizadas, que
suelen asumir la representación de las culturas de política exterior y se presentan como
garantes de los intereses diplomáticos permanentes de los países. Mientras más
profesionalizadas estén, mayor legitimidad pueden tener. Sin embargo, también suelen ser
susceptibles a los cambios de régimen, como lo demuestran los casos de algunos de los
países del ALBA o, en el pasado, de las dictaduras del Cono Sur, en las que se registraron
purgas de profesionales que no comulgaban con el régimen en turno. Los grados de
profesionalismo de los servicios exteriores latinoamericanos varían considerablemente. En
Brasil, un servicio elitista, altamente profesionalizado y corporativo no sólo ha tenido un
papel central en la formulación de los intereses nacionales y de la política exterior, sino
que ha proporcionado cuadros para otros sectores de la administración pública. En Perú, la
burocracia de Torre Tagle ha hecho aportes importantes a la continuidad de la política
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exterior peruana, sobre todo en el ámbito vecinal. En México se observó en las últimas
décadas un esfuerzo sostenido para consolidar un servicio exterior competente y
profesional. En Chile, Argentina y Uruguay, servicios exteriores profesionales tuvieron que
soportar los embates de drásticos cambios de régimen para mantener los principios
tradicionales de sus políticas exteriores. Venezuela, Bolivia y Ecuador revelan procesos de
radicalización de sus diplomacias en el contexto de los procesos políticos que viven esos
países.

Aunque los ministerios de relaciones exteriores suelen reclamar un virtual monopolio de la


conducción externa del país, crecientemente tienen que compartir sus responsabilidades
con otros ministerios. En América Latina, sus competidores más fuertes han procedido del
área económica. Fue el caso de la negociación de México del Tratado de Libre Comercio
de América del Norte (TLCAN), que estuvo a cargo de la entonces Secretaría de
Comercio.

Naturalmente, la negociación de acuerdos comerciales ha llevado a una intensa y no


siempre fácil interacción entre los ministerios de relaciones exteriores y los más
tecnocráticos y especializados ministerios y agencias del área económica. Las numerosas
negociaciones de libre comercio emprendidas por Chile a partir de 1990 revelan un
equilibrio cambiante entre los ministerios del área económica y la Cancillería que,
finalmente, se resolvió en favor de esta última. En varios países, las negociaciones de esa
índole son realizadas directamente por los ministerios económicos o bien por ministerios
especializados, como sucede en el caso de Costa Rica.

Considerando la estrecha relación que existe entre la política exterior y la política de


defensa, no es de extrañar que en varios países los ministros de defensa y las burocracias
que los apoyan asuman papeles importantes en la política exterior y desarrollen sus propias
diplomacias. Para ello, disponen de burocracias copiosas y de sus propias redes de
agregados de defensa o militares en el exterior. Por otra parte, en algunas ocasiones los
militares no se comportan como un actor único y monolítico, sino que también libran sus
luchas burocráticas internas, como lo demostraron varios regímenes autoritarios
sudamericanos en el pasado reciente, especialmente Argentina.

Los congresos han defendido celosamente sus facultades tradicionales en materia de


política exterior. Sin embargo, su papel se ha visto reducido, no tanto por una delegación
formal de atribuciones en favor de los ejecutivos, sino más por el predominio de asuntos de
baja política (comercio, tecnología, comunicaciones, etc.) sobre la alta política (cuestiones
territoriales, conflictos bélicos, etc.). Mientras que las disposiciones legales para las últimas
necesitan alguna forma de aprobación o de fiscalización parlamentaria, los temas de baja
política son menos reglamentados y normalmente los maneja a discreción el ejecutivo. En
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todo caso, las atribuciones tradicionales de los legislativos para ratificar los tratados
internacionales, aprobar en último término los resultados de las negociaciones económicas
internacionales y, en algunos casos, interpelar a altos cargos del ejecutivo, les siguen
otorgando competencias nada despreciables en esta área.

Los partidos políticos pueden intervenir en una serie de temas de política exterior, no sólo
en consideración a las funciones naturales que cumplen en los regímenes democráticos,
sino también por el interés que han manifestado en algunas cuestiones internacionales, tanto
en el plano de la política contingente como en el plano más simbólico. Cuba, por ejemplo,
representa un caso singular en esta materia, ya que formalmente el Partido Comunista
provee las orientaciones para la conducción externa, pero en la práctica es difícil encontrar
otro país en la región con tal grado de concentración de poderes en sus líderes máximos.

Asimismo, los grupos de interés pueden ejercer considerable influencia en las decisiones de
la política exterior. El peso de los lobbies en determinadas áreas de la política exterior
estadounidense es evidente. Organizaciones no gubernamentales como Amnistía
Internacional, Greenpeace o Human Rights Watch, que asumen un carácter transnacional,
superan, en sus áreas de acción, la capacidad de influencia internacional de muchos países.
También las organizaciones empresariales pueden asumir papeles centrales en los procesos
de toma de decisión que afectan sus intereses, como se ha observado en las principales
negociaciones comerciales que han emprendido recientemente los países de América
Latina, sea con Estados Unidos, la Unión Europea o países asiáticos.

En la era de la información inmediata y directa y de las redes sociales, el papel de los


medios de comunicación en la formulación de la política exterior se hace cada vez más
relevante y orientado tanto hacia la formación de la opinión pública como hacia la propia
élite que adopta las decisiones. Aunque en general la prensa presta mucha más atención a
los temas internos, su influencia en cuestiones internacionales no debe ser desestimada, no
sólo frente a las grandes controversias sino también respecto de temas que afectan a
ciudadanos del país en el extranjero. Pese a la competencia de la radio, la televisión y las
redes sociales, los periódicos de algunos países siguen contribuyendo a la formación de la
opinión pública en materia de política exterior o bien pueden ser utilizados por las propias
élites que deciden la política exterior para promover determinados enfoques o visiones,
presentar posiciones extraoficiales, sondear reacciones o buscar apoyos para una política
exterior determinada.

El interés de la opinión pública en la política exterior es, por cierto, muy variable. La forma
en que los ciudadanos miran al mundo y esperan que sus países actúen es un referente
significativo para la formulación de la política exterior. Aunque en América Latina este factor
ha sido objeto de relativamente pocos estudios en el pasado, varias encuestas recientes
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están entregando datos relevantes sobre los niveles de información e interés internacionales
de los países de la región.

El análisis de las decisiones de política exterior se complica debido a la carencia de fuentes


primarias fiables y completas. En muchos casos, la información es fragmentada, las versiones
sobre lo que sucedió pueden ser altamente subjetivas y no existen actas. La reserva con
que se maneja la política exterior tampoco ayuda. Las biografías de las personalidades
pueden ser interesantes, pero no son necesariamente confiables. Los procesos de
formulación o toma de decisiones son dinámicos e incluyen racionalidades institucionales y
personales en combinaciones muy variables. La multiplicación de actores y los cambios en
la administración moderna hacen más complejos los procesos. Como lo recuerda una
autora, el análisis de la política exterior, tal como las ciencias sociales en general, se basa
en personas que toman las decisiones actuando de manera individual o en grupos. Por su
parte, las organizaciones influyen en la política exterior mediante sus procedimientos
internos, el procesamiento de información, sus visiones institucionales y su especialización.
Como lo estableció una obra seminal sobre la crisis de los misiles en Cuba, las
organizaciones pueden trabarse en procesos de luchas burocráticas. Los actores
individuales tienen sus propias orientaciones, características psicológicas y objetivos, los
cuales no coinciden necesariamente con los de la política exterior.
Conclusión

Las políticas exteriores tienen un desafío común, que consiste en vincular a una comunidad
nacional determinada con su medio externo. Pero la forma en que enfrentan ese desafío
varía enormemente, dependiendo de sus prioridades y orientaciones, de los recursos
disponibles, del contexto externo en que se proyectan y de las fuerzas internas que
intervienen en su formulación.

El análisis de la política exterior se puede concentrar en el ámbito político, en el


económico o en ambos. También puede centrarse en una dimensión específica. En el caso
de América Latina, por ejemplo, una obra reciente utiliza como principal categoría
clasificatoria la oposición entre ideología y pragmatismo, si bien reconoce que virtualmente
todos los países combinan ambos.

En el pasado, la escuela realista de las RI postulaba como objetivo central de la política


exterior la búsqueda del interés nacional, definido en términos de poder, seguridad y
riqueza, Hoy se estima que los objetivos de una política exterior no se limitan sólo a la
preservación de la integridad de los estados, a la protección de sus habitantes, dentro y
fuera del país, y a la búsqueda de la prosperidad. También proyecta identidad y valores, y
se orienta, a través de políticas multilaterales, hacia la búsqueda de un orden internacional
estable y cooperativo mediante la adopción de nuevos regímenes internacionales.
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La formulación de la política exterior será siempre el resultado de la interacción entre el
contexto interno y el externo. Ninguna explicación única parece adecuada para relejar la
complejidad de la política exterior. Como en otras áreas de las ciencias sociales, los
enfoques deterministas que intentan explicar el funcionamiento de las políticas exteriores
exclusivamente de acuerdo con variables monocausales como la dependencia estructural,
el imperialismo, el capitalismo periférico, el tipo de régimen, los modelos de racionalidad
(rational choice), las necesidades de política interna, las disputas burocráticas o el
liderazgo carismático parecen condenados al fracaso. Siempre habrá necesidad de
combinar perspectivas teóricas para entender la trayectoria y características de las políticas
exteriores.

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TEMA 4

ESTRATEGIAS DE
RELACIONAMIENTO
Objetivo de aprendizaje: Objetivo de aprendizaje: 1) Analizar las dinámicas de
cooperación, disputa y hegemonía entre los actores del sistema internacional. 2) Identificar
las estrategias de relacionamiento de los países del sur global respecto a las potencias
hegemónicas.

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Lectura 1: Hacia la complementariedad
Realismo-Liberalismo: aproximación a las
relaciones chileno-bolivianas desde el debate
de ideas claves y factores materiales de
Cristián Ovando Santana
1. Ideas claves y factores materiales en la conformación de la política exterior chilena

Su rápida formación como Estado, ayudada por una elite que demandaba cierto orden para
emprender su apertura comercial al mundo, habría marcado su temprana excepcionalidad
en comparación con el resto del continente, que condicionó notablemente su acción
exterior: “Dos hechos, uno geográfico y otro político, contribuyeron para que fuera en
Chile donde surgieran, durante la década de 1830 y comienzos de la siguiente, las primeras
ideas sobre relaciones internacionales en América hispana: su relativo aislamiento territorial
y su temprana independencia y organización nacional”.

Su énfasis estuvo, desde algunos rasgos realistas, en la búsqueda de un equilibrio regional


hacia el Pacífico Sur, inspirado en cierta homogeneidad entre las capacidades materiales de
las nacientes repúblicas y el reconocimiento de un subsistema regional con ciertos patrones
visibles (nacionalismo, inserción comercial vía exportaciones de materias primas, amenazas
imperialistas, etc.), junto a una tímida búsqueda de esferas de influencias o hegemonías al
interior del continente.

Otro factor importante, fueron los conflictos vecinales surgidos de los desajustes de este
equilibrio; la guerra contra la Confederación Perú–Boliviana de 1830 constituye el primer
hito. Se trató de conflictos que llegaron a su punto más álgido con la Guerra del Pacífico
(1879), considerándose una crisis que definió nuevas visiones y nuevos elementos
identitarios a partir de sus efectos en la auto percepción (superioridad) del Estado chileno y
su percepción del Estado boliviano y peruano, y que, como señala Renouvin y Duroselle,
contribuyeron a modelar la conducta externa de los Estados.

En cuanto a los factores materiales, la variable territorial es fundamental, principalmente


producto de su condición marítima y de aislamiento territorial. Es así que desde sus inicios
“se debería tener en cuenta el espacio marítimo en la política chilena y considerar cómo
impacta en su auto percepción, su: 77 “condición geográfica marítima”. Dicha condición
impulsa el mejor aprovechamiento de sus recursos naturales oceánicos y además incentiva
la adopción de perspectivas que resguarden los derechos sobre los mismos.”
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Principalmente se trató, a lo largo de los siglos XIX y XX, de aprovechar lo más posible los
recursos marinos y los vínculos con el resto de Estados ribereños del Pacífico por la vía de
acuerdos internacionales y nuevas visiones del derecho internacional.

En el ámbito material, otro eje estructurante de la política exterior han sido las
delimitaciones limítrofes con los países vecinos y sus controversias. Uno de los elementos
principales a tener en cuenta ha sido que la indefinición de las fronteras minó a lo largo del
siglo XIX la organización de las fuerzas materiales de que disponía Chile, principalmente
debido a que las mayores riquezas mineras que se expresaban, también, a través de su
espacio marítimo vía comercio, se encontraban en un territorio escasamente poblado y
disputado por Chile, Bolivia y Perú. No obstante, para Fernandois la cuestión territorial es
una prioridad que surge ya avanzado el siglo XIX; en cambio en las primeras tres décadas
se trató más de una cuestión de hegemonía en el Cono Sur:

“la guerra de la confederación Perú–Boliviana, no fue un combate en que la idea de


Estado–territorial haya sido importante; es decir, no fue por litigios fronterizos ni menos
expansionistas. En cambio el factor hegemonía sí jugaba tanto en la mentalidad de Santa
Cruz como de un Portales. Toda la segunda mitad del siglo XIX, en lo internacional Chile
estuvo principalmente identificado con los conflictos limítrofes, que llevaron primero a una
guerra que sería quizás el último acto fundacional de la conciencia de ser chileno”.

La relevancia de los factores materiales en la relación chileno–boliviana, ha sido gravitante,


ha incidido en las mentalidades de ambas sociedades y dirigencias políticas, limitando las
relaciones entre ambos países. Aunque a lo largo del siglo XX, especialmente en la
segunda mitad, en la denominada “segunda fase de las relaciones chileno– bolivianas”,
marcadas por los avances experimentados en la búsqueda de soluciones, en el intercambio
bilateral, principalmente el libre tránsito; en que se aprecia un mayor intercambio
diplomático y se desperfila, por un tiempo, el tema marítimo en la agenda con Chile por
parte de la administración de Paz Estenssoro, donde se alcanza el cenit de las relaciones en
la primera mitad del siglo XX. En este breve lapso, se intentó arribar a un mayor
entendimiento por parte del presidente Gabriel González Videla, en 1950, por el segundo
gobierno de Ibáñez del Campo, en 1956 y, tras la ruptura de relaciones en 1962, se
establece un acercamiento entre los generales Pinochet y Banzer en 1976.

2. Ideas claves del Chile contemporáneo

En el caso de Chile contemporáneo, se aprecian elementos de continuidad heredados y


ciertos cambios. Las nuevas ideas causales presentes en la política exterior de Chile que, sin
embargo, se nutren de rasgos más constantes como ha sido la estabilidad económica y
política que han posibilitado emprender iniciativas hacia el exterior con éxito, se relacionan

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a cuestiones específicas que provienen desde antes de la vuelta a la democracia,
vinculadas al modelo de inserción económica internacional promovido en el Gobierno
Militar a partir de la implementación de reformas económicas neoliberales. Es el caso de
una perspectiva pragmática de la política exterior, que se aprecia con el ascenso de los
temas comerciales en la agenda de política exterior del gobierno chileno. Como es
sabido, en la década del 70, el brusco paso de una economía de sustitución de
importaciones a una apertura unilateral diversificada

“supuso la emergencia de un “nuevo” actor en la política exterior, constituido por los


grupos económicos privados (…) Las fuertes demandas del sector privado se orientaban al
establecimiento de una diplomacia más pragmática y eficiente”.

Ese pragmatismo perdura hasta la fecha en la medida que se busca estar lejos de utopías
tercermundistas y cerca de los países en desarrollo. Chile se considera un caso típico de
apertura internacional en solitario. En tal sentido, la posibilidad de este país de implementar
principios, como la cláusula democrática y regionalismo abierto, sin mayores reparos, por
lo menos hasta finales de la década de los 90, se fundamenta también por un contexto
regional propicio, que, sin embargo, en la primera década de este nuevo siglo comienza a
desdibujarse producto de la emergencia de liderazgos de izquierda y el relativo fin de la
convergencia hacia el neoliberalismo. Otro elemento característico es el consenso interno
respecto a la posición privilegiada de Chile en la región que de alguna manera lo distancia
de la agenda internacional latinoamericana, pese a los constantes intentos por participar
plenamente en sus debates. En efecto, para el ex Presidente Lagos “Chile y Latinoamérica
pueden materializar los ideales comunes de prosperidad, libertad y justicia social”. Sin lugar
a dudas, y como señalan Wihelmy y Durán, se advierte en este gesto una tendencia de
carácter sistemático, pero sin llegar a ser una constante, cual es la atribución de
características “emblemáticas” a ciertas políticas chilenas en la percepción de los actores
oficiales que, una y otra vez, buscan un alto perfil externo, tanto como fuente de
legitimación política, como una manera de abrir espacios de oportunidad para la
diplomacia”. Aparejado a esto último, uno de los efectos de nuestra estrategia de inserción
internacional es la percepción de nuestra supuesta superioridad en la región, la que nos
lleva a desestimar la realidad de nuestros vecinos, como señala Rodríguez Elizondo: “por
una parte, queremos venderle a todo el mundo; por otra, no tratamos de conocer a nadie,
en el sentido de interesarnos culturalmente por el otro”.

3. Ideas claves y factores materiales en la conformación de la política exterior boliviana

Uno de los rasgos fundamentales en el ámbito interno que ha condicionado la política


exterior boliviana han sido sus reiteradas crisis sociales. Bolivia desde siempre ha debido
enfrentar la falta de cohesión social y extremas desigualdades sociales producto de su
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heterogeneidad cultural y regional. Pese a estas dificultades que han limitado la
continuidad de su política exterior, producto de presiones sociales o respuestas
voluntaristas, se pueden definir ciertas ideas claves que la inspiran y que alcanzan un amplio
consenso en la elite boliviana: “la reivindicación marítima, es decir, la necesidad de un
acceso soberano al océano Pacífico, y el carácter central de su ubicación en Sudamérica,
que la dispone a profundizar una política exterior abierta a la integración regional”. Aunque
historiadores como Sergio González, se preguntan si Bolivia tenía conciencia marítima en el
siglo XIX. Su respuesta es negativa. Pudiéndose “afirmar que la reivindicación boliviana de
una cualidad perdida sería una construcción cultural del siglo XX o, mejor dicho, posterior
al tratado de 1904”, pues las elites mineras, liberales, bolivianas, privilegiaron acuerdos con
Chile que mejoraran las exportaciones mineras, atendiendo las concesiones en materia
comercial que les ofrecía el país vecino en vez de reivindicar una salida al mar. Para este
mismo autor, “de lo que parece no haber discusión es que el mar ha sido un factor
importante, como un ladrillo, en la conciencia nacional boliviana en su esfuerzo de construir
un Estado–Nación”. Pero se trató de una empresa de inicios del siglo XX, al alero del
proyecto de la Sociedad de las Naciones (1919) que promovía la solución de controversias
entre Estados a través de su mediación.

En parte, además, se trata de un país que se debe a la integración latinoamericana, en la


medida que su menor desarrollo económico lo obliga a tener un mayor acercamiento con
los países de la región, y así, por la vía de la concertación regional de políticas de
redistribución económica, mejorar su posición. Así es como en ALADI se instituye un
tratamiento especial consistente en general en una mayor flexibilidad al asumir las
disciplinas concertadas para los países definidos como países de menor desarrollo como
Bolivia, Ecuador y Paraguay. A pesar de que el reclamo marítimo y la apertura a
Sudamérica han sido unas constantes en la política exterior boliviana, “esta no ha tenido una
tradición de continuidad institucional en su conducción y quienes la lideraron respondieron
sobre todo a intereses políticos coyunturales”, que responden más a presiones sociales
(intelectuales, historiadores, Fuerzas Armadas, etc.) que a una política de Estado.

4. Ideas claves de la Bolivia contemporánea

Desde esta perspectiva, las constantes de relevancia en las conductas de Estado boliviano
siguen siendo la reivindicación marítima y la integración hacia el continente. No obstante, el
nuevo escenario plantea algunas tendencias que parecen perfilar una nueva identidad: dos
son las ideas relevantes de la política exterior Boliviana actual. Ambas provienen de las
reformas emprendidas por el gobierno de Morales. Se trata de su giro ideológico y, de la
mano de esta última, su democratización y cierta autonomía. En cuanto a los factores
materiales, el “factor gas” es relevante. Tras la llegada de Evo Morales al poder, se

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promovió una serie de reformas en su política exterior, modificaciones que apuntaban a
poner al día una política exterior y hacerla coincidir con los postulados políticos que
promoviera el nuevo gobierno, de acuerdo a Dehesa:

“La política exterior del Presidente Evo Morales “responde al concepto de interés nacional
para Bolivia. En su discurso inaugural el primer mandatario plantea una política orientada a
resolver los problemas de forma democrática, con justicia e igualdad y sin
condicionamientos ni sometimientos”.

Por otro lado, la llamada diplomacia de los pueblos ha sido una herramienta eficaz para
promover una política de acercamiento vecinal con Chile que, paralelamente, responde a
la apertura política hacia sectores no tradicionales, ejemplo de esto también son las
reformas en la cancillería boliviana y la llegada de Choquehuanca a ésta. Siguiendo con
este argumento, se aprecia, en la actualidad, una democratización de la política exterior
que coincide con las reformas que ha impuesto el gobierno del presidente Morales. Como
nos recuerda Zalles:

“en el referéndum nacional de 2004, las voces de la sociedad civil han sido determinantes
en la cuestión marítima (entre las cinco preguntas que demandaba el referéndum boliviano
del 18 de julio de 2004, la cuarta hacía alusión directa a la cuestión marítima. Fue incluida
luego de las movilizaciones sociales que cuestionaban la exportación de gas a través de
Chile)”.

Con todo, desde la política boliviana actual, de cierto acento ideológico, es por lo que
señalan Bertolini y Aguilar:

“se percibe una amalgama de ideas afines, motores de políticas que apuntan en
direcciones coincidentes a la Revolución Bolivariana propugnada por el presidente Chávez,
como así también a la reivindicación indígena o Capitalismo Andino liderado por el
presidente Morales.”

Este giro ideológico en la Política exterior del gobierno de Evo Morales, queda en
evidencia en su entrada a la Alternativa Bolivariana de las Américas, ALBA:

“En la práctica, desde que inició su gestión de gobierno, Morales ha fortalecido los vínculos
de cooperación con Cuba y Venezuela. Inició programas en materia de salud y educación
con el gobierno cubano y de cooperación energética con Venezuela. Para reforzar las
relaciones con estos dos países firmó el acuerdo Alternativa Bolivariana para los Pueblos,
acuerdo comercial que es considerado antineoliberal y antiimperialista.”

Otro eje fundamental de la política exterior actual, consecuencia de las anteriores, ha sido
su proyección energética. Ésta ha sido errática, producto, por un lado, de la relevancia que
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ha adquirido en el marco del alineamiento ideológico con Venezuela (Estados productores
de recursos energéticos que ostentan una mayor autonomía hacia las injerencias de las
potencias) y, por otro, por la falta de consenso interno respecto a las prioridades que se
deben tomar en esta materia.

En los hechos, un nuevo elemento en la identidad de la política exterior boliviana surge de


la significación del gas, recurso estratégico, soporte del interés nacional del vecino país.
Desde esta perspectiva, Recce se pregunta por la construcción del interés nacional
boliviano en torno al gas como eje de política exterior, proponiendo que: “las preferencias
divergentes sobre el aprovechamiento de las disponibilidades gasíferas, de los diferentes
grupos de interés étnico–político, condicionan la política exterior boliviana en cuestiones
energéticas paralizando la consecución de la agenda elaborada por la actual burocracia
gubernamental”

Desde el diálogo Liberalismo-Constructivismo, Recce se adentra en: “la atribución social de


los significados colectivos del recurso gas por parte de los distintos grupos de interés
étnico-políticos, decisivos para la acabada comprensión de la política exterior boliviana en
materia energética”. Este autor plantea que la definición acerca del uso del gas se
materializó en fuertes presiones sociales sobre el proceso deliberativo de nivel doméstico,
pero en cuanto a su finalidad, era un mensaje político a la comunidad internacional y una
exigencia de viraje en la orientación y en los objetivos de la política exterior.

En consecuencia, planteamos que en la actualidad, fundamentalmente a partir de la llegada


de Evo Morales al Poder en Bolivia y desde el gobierno de Bachelet en Chile, si bien ha
habido un mayor acercamiento entre ambos países, profundizando su relación bilateral y
encontrando mayor sintonía para superar temas complejos que los han distanciado,
persisten ideas fundamentales que sostienen sus estrategias internacionales que podrían
estar mermando dicha consonancia. No perdiendo de vista la perspectiva que señala que
los Estados “en su búsqueda de la consonancia cognoscitiva, suprimen o rechazan las
porciones de información que no se ajustan a su imagen del mundo”.

Uno de los elementos que refuerza estas diferencias, surge de la instrumentalización política
del enclaustramiento boliviano, junto a la responsabilidad que le cabe a los sucesivos
gobiernos bolivianos en crisis. Como dijimos, la “variable madurez política” de los Estados
latinoamericanos es fundamental para comprender sus expresiones internacionales, pues no
debemos olvidar que los Estados son actores construidos socialmente en el ámbito interno
y externo.

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5. Chile y Bolivia ante la integración regional

Pope Atkins señala que América del Sur constituye una entidad coherente, denominada
Cono Sur de Sudamérica; subsistema internacional que incluye a Argentina, Brasil, Chile,
Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú y Ecuador. El Cono Sur constituye un subsistema regional
que se distingue por una serie de patrones visibles. Se trata de valores e intereses comunes,
y una posición económica relativamente común hacia el mercado mundial que define
interacciones entre sus Estados con cierta regularidad. En cuanto a los regímenes presentes
en la subregión, Mercosur y la Comunidad Andina, se alude al “espacio de interacción de
un grupo de unidades distintas de cuya acción se derivan consecuencias de orden político
y/o económico”. Este espacio se caracteriza por la: “regularidad de relaciones,
dependencia mutua y cierto grado de coordinación, en el cual coinciden una cercanía
geográfica, una identificación interna y externa distintiva e interacciones regulares de cierta
identidad”. Si bien Chile no es miembro pleno de estos conglomerados, formaría parte del
subsistema Cono Sur, aunque su posición no está exenta de conflictos.

En efecto, Van Klaveren categóricamente señalaba al inicio del siglo XXI: “las relaciones
Chile-Mercosur están en una encrucijada, debido a las tensiones que se generan entre dos
opciones estratégicas: un proceso de integración profundo en Sudamérica y un proceso de
libre comercio a nivel hemisférico. Chile mantiene abiertas sus opciones comerciales
estratégicas, lo que crea algunas tensiones con sus vecinos mercosurianos”.

En este marco sistémico, los países de América Latina, desde el inicio de la década de los
’90 han llegado a un consenso en materia internacional que ha marcado el acercamiento
entre sus países: el respeto a la legalidad internacional, la búsqueda de la concertación
política a través de cumbres internacionales ad hoc, el fomento de la cooperación
internacional y la búsqueda pacífica del arreglo de las controversias, han sido principios
orientadores que han permeado a la comunidad internacional latinoamericana, dándole
sentido a sus políticas exteriores y ordenando la convivencia internacional.

En cuanto a su incidencia en ambos países, muchas de sus respectivas prácticas y su sentido:


“derivan del contexto de la globalización, de la universalización del libre comercio, de las
dinámicas demográficas y del rumbo que han tomado el desarrollo fronterizo y la
interdependencia chileno-boliviana en la micro región de la costa pacífica atacameña”.

Considerando que el sentido, como señala Laïdi, se trata de la triple idea de fundamento,
de unidad y de finalidad que deben conllevar los procesos sociales internacionales. Siendo
relevante que “la posición internacional de cada actor político, que conlleva su sentido
determinado, desde la generalidad, determina una fuente de afirmación diplomática.
Entonces, por un lado, desde la comunidad internacional se promueve la idea de un

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consenso internacional que guíe la actuación de los países de América Latina, incidiendo en
las actuaciones de Chile y Bolivia; y, por otro, desde el ámbito interno de cada uno,
podríamos plantear la promoción de ideas claves hacia el exterior que reflejan un “sistema
de relacionamientos dispares” entre ambos; es decir, en el que prevalezcan roles distintos,
de crucial importancia, respecto a sus posiciones y estrategias de inserción internacional,
repercutiendo en las acciones y respuestas hacia el escenario internacional.

Con todo –relacionando lo doméstico y lo internacional–, lo impredecible del sistema


internacional actual, junto a las presiones internas para darle un giro a las políticas
exteriores, conllevan un sistema en que predominan visiones según la posición (asimétrica) y
rol internacional de los distintos Estados, según como sortean esta incertidumbre,
aparejando a estas visiones un sistema de relaciones dispares. Para ilustrar esta idea
reproducimos la visión de una analista boliviano que señala cómo se ha ido gestando la
política exterior boliviana en los últimos años, en el marco de un sistema internacional en
transición (post guerra fría) y poco institucionalizado.

Enfatizando en la preeminencia de una posición disfuncional al neoliberalismo actual que se


distanciaría de la chilena, acorde al modelo global, surgiendo, así, la aludida disparidad de
visiones: “en épocas de transición e inestabilidad como la que vivimos, la política exterior
está indisolublemente imbricada con la política nacional (…) Cuando la política exterior no
ha dado lugar a esa institucionalización de reglas y normas, y además la política nacional se
encuentra sujeta a presiones de cambio, difícilmente podrá haber un consenso en torno a lo
justo e injusto, y por tanto no habrá manera de medir cuáles son los objetivos y métodos
permisibles y adecuados para la política. De ahí que existan tentaciones de incurrir en una u
otra aventura, para imponer ésta o aquella política externa o interna, al margen de la
diplomacia tradicional y las negociaciones.

Finalmente, siguiendo a Deutsch: “estamos seguros de nuestro realismo, pero nos


sobresaltamos ante las imágenes ideológicas de otras personas o naciones que no
concuerdan con las nuestras. Cuanto menos concientes somos de nuestra ideología, de
nuestro conjunto de cuadros de mundo, útiles aunque simplificados, seremos más capaces
de valorarlos y defenderlos como parte de nuestra identidad y personalidad. En política,
nacional e internacional, muchos pueblos prefieren perder su poder, su riqueza o su vida
antes que sus ilusiones”.

Conclusiones

Bolivia, en materia internacional, ha tratado de prescindir de las presiones norteamericanas


aliándose con Venezuela en torno a un discurso autodefinido como “socialismo del siglo
XXI”, además de promover un indigenismo subregional que pretende alcanzar amplias

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reformas políticas. Por su parte Chile ha abogado por un pragmatismo que le ha permitido
promover los valores preeminentes de los países más desarrollados”, ajustando su política
exterior a este predicado. Pese a esta disparidad, los reiterados vínculos entre los
presidentes de ambas naciones confirman que las relaciones bilaterales entre estos dos
países han ingresado en un nuevo periodo. Los gobiernos de Bachelet y Morales han tenido
un acercamiento sin exclusiones, como señala Dehesa:

“en julio de 2006 los vicecancilleres de los dos países lograron establecer una nueva
agenda, la cual contempla la integración fronteriza, libre tránsito, integración física,
complementación económica, Silala y recursos hídricos. Inclusive se puso en la agenda el
tema marítimo, abordado con cautela por ambos países. El gobierno del Presidente
Morales prefiere tratar los temas de integración y mantener en bajo perfil el de la
recuperación marítima con soberanía”.

Por otro lado, Chile hace más de dos décadas se integra al mundo, aceleradamente; en
cambio, Bolivia, avanza más al alero de las iniciativas regionales, Chile participa
marginalmente en los esquemas de integración sudamericana, en cambio Bolivia promueve
las instituciones latinoamericanas. En síntesis: la estrategia de inserción internacional chilena
tiende a prescindir de las relaciones con sus vecinos y con los bloques regionales,
permitiéndose construir alianzas extra-continentales y consolidar vínculos con las grandes
potencias.

Con todo, como señala Palomares, en los extremos de los modelos de inserción
latinoamericana se encuentran, por un lado, “la inserción plena a la economía mundial y por
otra, la autarquía económica y la especificidad política nacional que influyen de forma
decidida en los distintos objetivos nacionales y establecen las condiciones de desarrollo
dentro de los procesos de integración”. Chile aboga por una inserción unilateral, en cambio
Bolivia, promueve un regionalismo voluntarista. Por otro lado, estas ideas claves afectarían
tanto a la alta política de ambos países como a los actores no estatales vinculados. Puesto
que las ideas desempeñan un papel instrumental, vinculado a las preferencias y estrategias
de los estados, pero como arguye Wendt, las ideas también constituyen intereses, de tal
forma que la elaboración de objetivos particulares potenciales es un proceso con
significado.

Significados que podrían causar desconcierto a las autoridades en la medida que se


perciben como actores con fines contrapuestos. Por otro lado, en el contexto de
interdependencia creciente y emergencia de nuevos actores internacionales, construir
nuevas relaciones supone la posibilidad de modificar la manera mediante la cual se han
hecho los vínculos, pasando:

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“desde lo alto de ciertas élites hacia abajo sin participación significativa de la sociedad, lo
que podría ser especialmente interesante para la reformulación de la orientación y de los
principios de los procesos de integración en América Latina, [a] construir la integración no
solamente por los Estados-nación, sino también por otras fuerzas sociales, como las
regiones”.

No obstante, dicha construcción al estar orientada por ideas dispares resulta compleja,
pero no menos atractiva como una estrategia para promover nuevos significados que se
distancien de la tradicional diplomacia. En cuanto a los factores materiales y su
combinación con las ideas, la política exterior de Chile, de un lado, puede resultar
atractiva por su posición geográfica que la constituye como un puente comercial hacia el
Pacífico o puede resultar inquietante pues fomenta el libre comercio hacia el gigante
asiático desdibujando el carácter comunitario de los bloques regionales a la hora de
negociar acuerdos con las potencias. No obstante, potenciando los intereses comunes
entre regiones al interior de ambos países (Arica, Parinacota, Tarapacá y Antofagasta, por
Chile; Oruro, Potosí y Tarija por Bolivia) se potenciaría la posición geográfica de Chile.

Por otro lado, su pragmatismo y expresión regionalismo abierto como idea fuerza, también
inquietan al continente que cada vez más desconfía de las bondades del libre comercio. En
cuanto a Bolivia, su posición geográfica de nexo para un corredor bioceánico; su posesión
de recursos estratégicos como el gas natural son elementos materiales que son vistos con
interés por países como Chile, no obstante, son complejos como articuladores de una
política vecinal, habida cuenta de las diversas significaciones internas que se la da al recurso
gas y a las limitaciones internas para emprender dicho corredor, chocando con lo
homogénea y pragmática de la política chilena, limitada a los actores oficiales.

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ANEXOS
Objetivo de aprendizaje: El mapa y el marco lógico son los instrumentos de explicación
del licenciado en relaciones internacionales. Después de completar estos anexos, tendrás
una mejor ubicación en la geografía y el espacio para ejercer correctamente tu profesión.

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1) Matriz de análisis de relaciones internacionales

Nombre completo:

Registro universitario:

1) Rellene el cuadro con la información solicitada

Asunto asignado: Conflicto entre A y B

Agentes Datos Intereses Opciones Poder

Agente

Agente

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Organización
internacional
A

Organización
internacional
B

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ESCENARIO ACCIONES DE AGENTE

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2)

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