Teorías y Historia de Relaciones Internacionales
Teorías y Historia de Relaciones Internacionales
ANÁLISIS DE
RELACIONES
ñ
INTERNACIONALES
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CONTENIDO
Teorías de relaciones internacionales
Sistema internacional
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TEMA 1
TEORÍAS DE RELACIONES
INTERNACIONALES
Objetivo de aprendizaje: 1) Comprender los debates teóricos sobre la disciplina de las
relaciones internacionales.
Preguntas guía
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Introducción. Las teorías de las relaciones internacionales son marcos conceptuales y
analíticos que se utilizan para entender y explicar los fenómenos que ocurren en el ámbito
internacional. Estas teorías han sido desarrolladas por académicos y expertos en relaciones
internacionales con el objetivo de ofrecer diferentes perspectivas y enfoques para entender
la complejidad de las relaciones entre los Estados y otros actores internacionales.
Lectura 1: Teorías
Neorrealismo
Marxismo
Constructivismo
Interdependencia
Estudios culturales
Paz internacional
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Realismo clásico
1) Teoría de mayor importancia y más usada por académicos.
Idealismo clásico
1) Su antecedente son las ideas de Kant en época de la ilustración.
3) Busca reducir y solucionar pacíficamente los conflictos entre los Estados en base a reglas
comunes (derecho internacional) e impulsar la cooperación entra las naciones.
4) Enfatiza que el derecho, las normas, los principios y las instituciones son mecanismos
importantes para la solución pacífica de conflictos mundiales.
5) Propone que los Estados se afilien a organismos internacionales con el fin de tratar
asuntos de interés mutuo y esquemas de cooperación.
6) Postula que los Estados deberían convivir en una sola comunidad internacional.
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Liberalismo institucional
1) Los individuos son competitivos entre sí pero pueden compartir intereses en común.
Instituciones Internacionales
Organizaciones Intergubernamentales
Instituciones creadas por gobiernos nacionales mediante tratados internacionales con un fin
específico. ONU, OTAN, OECD, UE, MERCOSUR, CAN, etc.
Regímenes internacionales
Reglas institucionalizadas con menor formalidad y mayor flexibilidad sin carácter vinculante.
G20, G7, G77+China, Alianza del Pacífico, Cumbre de Río, etc.
Convenciones internacionales
Instituciones internacionales menos formales. Crean normas con la finalidad de generar
estándares entre Estados. OMC, GATT, organizaciones académicas, deportivas, etc.
Constructivismo
1) Los Estados son actores egoístas, maximizados por seguridad y su tradición histórica.
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Constructivismo: elementos de estructuras sociales
Entendimiento intersubjetivo
Ideas socialmente compartidas. Es el conocimiento de un conjunto de individuos que le da
sentido a su mundo. Normas, significados e ideologías con las que se construye la identidad
colectiva.
Recursos materiales
El significado de los recursos materiales proviene del conocimiento compartido y
consensuado como hegemonía entre Estados. Para Estados Unidos no es lo mismo 500
armas británicas que 500 armas norcoreanas.
Prácticas
Estructuras sociales puestas en prácticas por actores internacionales. Por ejemplo,
conductos de cooperación, conflicto, tensión, alineamiento o apertura.
Realismo estructural
1) Realismo científico basado en la escuela neoclásica y la teoría de juegos.
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¿Qué son las relaciones internacionales?
Relaciones Internacionales
Es la disciplina que estudia los fenómenos políticos, sociales, económicos y jurídicos que
ocurren en el sistema internacional.
relaciones internacionales
Acontecimientos que ocurren a nivel mundial, así como interacciones entre los actores del
sistema internacional.
Recuerda
Algunas de las principales razones por las que esta teoría es importante son las siguientes:
• Explica las interacciones entre los estados: La teoría de las relaciones internacionales
proporciona una comprensión de cómo los estados interactúan entre sí en el escenario
internacional. Esto es importante para entender las tensiones, conflictos y cooperaciones
que ocurren entre diferentes países.
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TEMA 2
HISTORIA DE LAS
RELACIONES
INTERNACIONALES
Objetivo de aprendizaje: 1) Describir las etapas históricas de las relaciones internacionales
desde una perspectiva latinoamericana.
Preguntas guía
4. ¿Cuáles son las características del orden internacional posterior a la Guerra Fría en
Latinoamérica?
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Introducción
Desde una perspectiva latinoamericana, las relaciones internacionales han estado marcadas
por una serie de factores históricos, políticos y económicos. Algunos de los temas más
relevantes en la región incluyen:
En general, América Latina es una región diversa y compleja que ha experimentado una
serie de cambios significativos en las últimas décadas. Las relaciones internacionales en la
región han estado marcadas por una constante búsqueda de mayor autonomía y de una
inserción más justa y equitativa en el sistema internacional
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Lectura 1: La evolución de la sociedad
internacional entre los siglos XX y XXI de
Shirley Götz
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El período comprendido entre 1900 y 1914 evidencia, a la vez, los últimos vestigios del
orden internacional instaurado en el Congreso de Viena de 1815 y los primeros atisbos del
siglo que sería recordado por la voracidad de sus conflictos y por los notables avances
técnicos que se desarrollarían en su marcha.
Estos fueron, además, los últimos años en que Europa gozaría de una posición central en el
seno de la sociedad internacional. Hasta entonces, los actores extra-europeos poseían
escasa capacidad para influir en la definición de las normas y valores internacionales, ya sea
porque se encontraban en pleno proceso de conformación, como los Estados
latinoamericanos, o sostenían posiciones tendientes al auto-aislamiento, categoría en la que
se inscribían países como Estados Unidos y Japón.
Habría que recordar que el orden internacional instaurado por el Congreso de Viena de
1815, tras las guerras napoleónicas, tuvo por objetivos la reorganización del territorio
continental europeo y la contención de los movimientos liberales, fuertemente influidos por
los ideales de la Revolución Francesa. Sin embargo, a partir de la década de los setenta
del siglo XIX, este orden comenzó a verse desafiado por la emergencia de una Alemania
unificada (1871) en pleno corazón territorial de una Europa dominada por los viejos imperios
centrales. Bajo el liderazgo del canciller Otto von Bismarck, el nuevo Imperio Alemán
buscó afianzar su influencia en la política internacional europea lo que, en términos
prácticos, implicó la instauración de una nueva dinámica en las relaciones de Europa. Para
inicios del siglo XX, Alemania había modificado sustantivamente el equilibrio del poder
europeo por medio del despliegue de una acelerada política de industrialización, orientada
primariamente al fortalecimiento de su poder bélico, así como por el afianzamiento de una
posición central en las relaciones entre las potencias, sustentada en una red de alianzas
continentales.
Considerando que el sistema político-diplomático europeo carecía de un organismo
multilateral que asegurara la estabilidad del continente y la solución pacífica de los
conflictos entre las potencias, ante la alteración de los equilibrios imperantes suscitada por
la política alemana, los Estados europeos establecieron un imbricado sistema de alianzas
(secretas y públicas) con el fin de asegurar sus intereses y preservar, en la medida de lo
posible, la paz y la estabilidad del continente.
El primer sistema de alianza, conocido como la Entente Cordiale, fue
constituido por los imperios «tradicionales» (Gran Bretaña, Rusia y Francia) y su accionar
se orientó a la preservación del status quo internacional, a fin de asegurar la conservación
de su superioridad de poder. En respuesta, las potencias «emergentes» (Alemania, Italia y
Austria-Hungría) conformaron la Triple Alianza, que aspiraba a una modificación del status
quo, de manera tal de alcanzar la supremacía en la sociedad internacional. A este tenso
panorama se agregó el que las potencias, bajo la idea si vis pacem para bellum (si quieres
paz, prepara la guerra), se embarcasen en una carrera armamentista sin precedentes,
inaugurando el período conocido como la «Paz Armada» (1870-1914).
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En el período de la «Paz Armada», previo al estallido de la Primera Guerra Mundial, la
inestabilidad alcanzada en el sistema europeo fue de tal magnitud que cualquier incidente,
por mínimo que fuese, podía activar el complejo sistema de alianzas establecido entre los
Estados europeos. El asesinato del heredero de la corona austro-húngara, Archiduque
Francisco Fernando, a manos de Gavrilo Princip, miembro de la organización separatista
serbia «Mano Negra», fue la pieza que desencadenó el efecto dominó del sistema de
alianzas. Lejos de constituir un suceso político relevante per se, fue un hecho que, sin
buscarlo, desencadenó la Primera Guerra Mundial. En efecto, si bien «desde hacía muchos
decenios no era infrecuente el asesinato de un personaje público», hacia 1914 «cualquier
enfrentamiento entre los bloques (…) los situaba al borde de la guerra.
La Primera Guerra Mundial (1914-1919), o la «Gran Guerra» como la denominaron sus
contemporáneos, fue un enfrentamiento, hasta entonces, único en su tipo. Esta
conflagración enfrentó a prácticamente todos los países europeos, su escenario de batalla
trascendió las fronteras del viejo continente, movilizó a sociedades enteras y sus traumáticas
consecuencias afectaron tanto a la propia población europea como a diversos pueblos del
mundo. Tal y como lo expone Hobsbawm:
«(la Guerra) marcó el derrumbe de la civilización (occidental) del siglo XIX. Esta civilización
era capitalista desde el punto de vista económico, liberal en su estructura jurídica y
constitucional, burguesa por la imagen de su clase hegemónica característica y brillante por
los adelantos alcanzados en el ámbito de la ciencia, el conocimiento y la educación, así
como del progreso material y moral. Además, estaba profundamente convencida de la
posición central de Europa, cuna de las revoluciones científica, artística, política e industrial,
cuya economía había extendido su influencia sobre una gran parte del mundo, que sus
ejércitos habían conquistado y subyugado, cuya población había crecido hasta constituir
una tercera parte de la raza humana (…) y cuyos principales Estados constituían el sistema
de la política mundial»
Concluido el conflicto, la sociedad internacional comenzaría paulatinamente su tránsito
desde una sociedad internacional de matriz exclusivamente europea hacia una sociedad
internacional verdaderamente mundial.
El orden en la Sociedad Internacional de Transición: De la Sociedad de Naciones a la
Segunda Guerra Mundial (1919-19145)
A consecuencia de la Primera Guerra Mundial, la fisonomía de la sociedad internacional se
vio profundamente alterada. La guerra sepultó el sistema de equilibrio europeo westfaliano
y, en su lugar, se emplazaron los cimientos de una sociedad en camino a su plena
internacionalización. Asimismo, el conflicto modificó sustancialmente los roles directivos
del sistema, a causa no solo del hundimiento de cuatro grandes imperios –austrohúngaro,
ruso, alemán y otomano– sino también de la eclosión de nuevas potencias extraeuropeas,
particularmente Estados Unidos y Japón. Por último, la incorporación de Estados Unidos a la
contienda implicó, más allá del resultado de la misma, una modificación sustancial en las
bases sobre las cuales se erigiría el nuevo orden internacional.
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El rol que asume Estados Unidos en la construcción del nuevo orden internacional, liderado
por su presidente Woodrow Wilson, se arraiga en valores y concepciones propias a la
identidad norteamericana:
«Portadores de una noción renovadora y revolucionaria de las relaciones internacionales,
fundada en el liberalismo, la democracia y el capitalismo, su propuesta, a diferencia de los
postulados tradicionales de la diplomacia europea, planteaba una global e inédita
refundación de los cimientos de la vida internacional (…) amparado en la experiencia
histórica y los valores institucionales de la sociedad norteamericana, la extraversión de
aquel modelo de relaciones sociales internacionales y la implicación de Estados Unidos en
las mismas solo sería posible en un mundo donde reinase la paz. Un nuevo orden al que
habría que llegar mediante un Covenant, un pacto solemne y casi religioso, por el cual los
Estados se comprometiesen a respetar y asumir aquellas premisas» (Pereira 2009:324).
El programa de Wilson, conocido como el «Programa de los Catorce Puntos», contenía
una serie de principios sobre los que se habría de erigir el nuevo orden y regular la
convivencia en la sociedad internacional. Entre estos principios, destacaban la supresión de
barreras comerciales, libertad de mares, reducción de armamentos, diplomacia abierta y
principio de autodeterminación de los pueblos. No obstante, el más significativo de los
principios contenidos en el programa decía relación con la conformación de una
organización internacional que velase por la paz y seguridad internacional.
Inaugurada la Conferencia de Paz en París, en enero de 1919, el Consejo Supremo de las
potencias vencedoras adoptó una resolución en la que afirmó que el mantenimiento de la
paz exigía la creación de una Sociedad de Naciones, con el propósito de promover la
cooperación internacional, asegurar el cumplimiento de las obligaciones internacionales y
procurar poner límites a la guerra. El Tratado constitutivo de la Sociedad de Naciones
(Covenant), firmado en 1919, fue incluido en cada uno de los Tratados de Paz suscritos en el
marco de la conferencia por los Estados vencidos y en él se establecía como fundamento
el principio de seguridad colectiva, base sobre la cual se instituiría un orden internacional
más estable, justo y equilibrado.
«En el epicentro del nuevo sistema internacional, la Sociedad de Naciones, que iniciaría su
andadura en 1920, estaba llamada, en principio, a constituirse en el foro esencial de la vida
internacional y en el principal baluarte para la salvaguardia de la paz. Sin embargo, los
valores y procedimientos de la Sociedad tuvieron que competir con la ambigüedad de sus
miembros, especialmente las grandes potencias, que jugando la carta de Ginebra no
tuvieron escrúpulos en recurrir de forma permanentemente a las prácticas diplomáticas
tradicionales, condicionando la actividad y la credibilidad de la Sociedad».
a) El primero de estos acontecimientos correspondería a la crisis económica que estalla
en octubre de 1929. La crisis iniciada en la Bolsa de Valores de New York, se extendió
rápidamente a todas las economías capitalistas, alcanzando una magnitud desoladora para
vastos sectores de la población mundial en un lapso muy breve de tiempo. La gran
depresión devino prontamente, además, en una crisis política. La democracia se vio
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acorralada por los impactos de la crisis, en la medida en que las instituciones políticas se
mostraron incapaces de responder a las demandas acuciantes de una población devastada,
primero por el conflicto y luego por la depresión, favoreciendo el establecimiento de
regímenes autoritarios y totalitarios en esta sociedad en crisis.
b) El segundo acontecimiento corresponde al surgimiento de los fascismos en Italia,
Alemania y otros Estados europeos. Será principalmente la experiencia nacionalsocialista
alemana y su agresiva política exterior, que cuestionaría los acuerdos suscritos en el marco
de la paz de Versalles, el factor decisivo para el grave desequilibrio que azotó las bases
del orden establecido. Los últimos años del período de posguerra se caracterizaron por la
creciente ruptura del orden establecido en Versalles, orden que se quiebra definitivamente
tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial a partir de la invasión alemana a Polonia en
1939. Con la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la fisonomía de la Sociedad
Internacional cambiaría definitivamente. Hobsbawn retrata el carácter singular que
trasuntaría a esta coyuntura y el que tendría hondas repercusiones en la configuración del
orden que se establecería tras el término de esta segunda conflagración mundial:
«Solo la alianza –insólita y temporal- del capitalismo liberal y el comunismo para hacer
frente a ese desafío permitió salvar la democracia, pues la victoria sobre la Alemania de
Hitler fue esencialmente obra (no podría haber sido de otro modo) del Ejército Rojo.
Desde una multiplicidad de puntos de vista, este período de alianza entre el capitalismo y
el comunismo contra el fascismo –fundamentalmente en la década de 1930-1940– es el
momento decisivo en la historia del siglo XX. En muchos sentidos es un proceso paradójico,
pues durante la mayor parte del siglo –excepto en el breve período del antifascismo– las
relaciones entre el capitalismo y el comunismo se caracterizaron por un antagonismo
irreconciliable»
La Sociedad Internacional de Guerra Fría (1945-1990)
Al concluir la Segunda Guerra Mundial en 1945 el panorama humano, social, político y
económico era dantesco. El drama humano se expuso en toda su magnitud con los millares
de muertos, heridos, desaparecidos y desplazados, y se agudizó frente a la trágica realidad
de ciudades arrasadas y devastadas, economías en ruinas, infraestructuras viales y
comunicacionales destruidas y servicios básicos incapaces de atender las demandas de una
población asolada por la destrucción circundante.
La historia conceptúa a la Segunda Guerra Mundial como la mayor catástrofe sufrida por la
humanidad, tanto por sus daños en términos humanos y materiales como por el impacto
moral que supuso, para las concepciones civilizadoras, la realidad de los campos de
concentración. Con la Segunda Guerra Mundial se vieron sepultadas todas las certezas
sobre las que descansaba la civilización europea y, con ello, el mundo conocido hasta
entonces cambió irreversiblemente.
Al concluir la segunda Guerra Mundial tuvo lugar una reconfiguración del mapa político en
todos aquellos espacios geográficos en los que se desplegó el conflicto, principalmente
en el centro y este de Europa. A estos cambios se aunaron las transformaciones que se
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desatan en el marco de la descolonización en Asia y África, producto de la decadencia de
las potencias europeas, en un proceso de redefinición de fronteras que se verá permeado
por la pugna entre Estados Unidos y la Unión Soviética en la determinación de áreas de
influencia durante los años de la Guerra Fría.
2.1 Establecimiento del Orden internacional de Guerra Fría
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945), junto con implicar catastróficas pérdidas, se
expuso como la fuerza supresora del orden que rigió la Sociedad Internacional de
Transición y como la matriz de un nuevo orden que configurará los rasgos fundamentales de
la Sociedad Internacional de Guerra Fría (1945-1990). En palabras de Esther Barbe:
«La Segunda Guerra Mundial supuso, en términos de orden, la globalización del sistema.
Desde 1945, y a diferencia de lo que ocurría antes, el orden internacional se globalizó. Se
pasó de un sistema mundial en términos geográficos, pero hecho a la medida de Europa en
términos de orden, a un sistema realmente mundial».
El orden internacional de Guerra Fría se caracterizó por cuatro condiciones estructurales,
algunas de las cuales se atisbaban antes del estallido de la guerra, mientras que otras se
perfilaron en total magnitud en los años inmediatamente sucesivos (Pereira 2009: 471):
a) En primer lugar, la enorme devastación provocada por la guerra entrañó la pérdida
de la centralidad ostentada por Europa hasta entonces y puso fin al ciclo expansivo
europeo iniciado en los albores de la modernidad. Las tradicionales potencias europeas
(Gran Bretaña, Francia, Alemania, Austria Hungría) se vieron desbordadas y sustituidas del
centro de la vida internacional por nuevas potencias surgidas desde la periferia del sistema
de Estados europeos.
b) En segundo lugar, los Estados Unidos y la Unión Soviética se consolidaron como las
superpotencias del sistema internacional, con capacidad de decidir las normas y estructura
del orden internacional (Conferencias de Teherán 1943; Yalta, Potsdam y San Francisco
1945) y de actuar directivamente en los asuntos de la política mundial sobre la base de
visiones y valores absolutamente antagónicos. Por una parte, Estados Unidos se presentó
como un Estado que defendía el «mundo libre» y sus valores más representativos: la
democracia, los derechos de los ciudadanos, el libre mercado y la libertad; valores
amenazados por la Unión Soviética y el comunismo. Por su parte, La Unión Soviética se
presentó como el «primer Estado socialista del mundo», amenazado y cercado
permanentemente por el imperialismo agresivo que el capitalismo y la burguesía
internacional trataban de derribar y, por lo tanto, al que había que defender y salvaguardar.
c) En tercer lugar, el viejo orden eurocéntrico y multipolar, basado en un complejo
sistema de equilibrio de poder, se vio desplazado por un orden internacional bipolar que, a
diferencia de ordenes anteriores, se basó en la enemistad ideológica de los dos polos de
poder y se erigió sobre la base de las nuevas capacidades nucleares y estratégicas de las
dos potencias en pugna. La bipolaridad del orden de guerra fría se cimentó con la paulatina
división de Europa y el establecimiento de una política de bloques, entre el Bloque Oeste,
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liderado por Estados Unidos y conformado por las democracias capitalistas, y el bloque
Este, liderado por la Unión Soviética e integrado por los Estados comunistas de la Europa
del Este.
d) Por último, la disolución de los viejos imperios coloniales europeos y la extensión del
sistema de Estados como modelo de organización para los pueblos independizados del
espacio afroasiático, durante el proceso de descolonización, consagraron la mundialización
de la sociedad internacional y la inserción de todo el planeta en el orden internacional
configurado en los años de Guerra Fría.
2.1.1. El Sistema de Naciones Unidas
Mención aparte merece la Conferencia de San Francisco, celebrada en junio de 1945 con
el propósito de suscribir los objetivos y principios que orientarían la nueva organización
internacional instituida para la seguridad internacional. La «Carta de las Naciones Unidas» fue
suscrita por los 45 países asistentes a la Conferencia y con ello se dio vida formal a la
«Organización de Naciones Unidas». El intento de crear una asociación de países con el
objetivo de preservar la paz a través de un sistema de seguridad colectiva no era algo
nuevo, pero frente al dilema de reformar la estructura de la antigua Sociedad de Naciones
o de crear una nueva institucionalidad, los países aliados, especialmente los anglosajones,
optaron por lo segundo y se transformaron en sus principales impulsores. Para los gestores
de la Organización de Naciones Unidas, el nuevo sistema de seguridad estatuido había de
corregir el fallido diseño que llevó al fracaso de la Sociedad de Naciones, a saber, la regla
de la unanimidad de las decisiones, la falta de medios coercitivos para imponer la paz y la
incapacidad institucional de mantener en su seno a las grandes potencias, actores vitales
para todo sistema de seguridad colectiva.
A través del Consejo de Seguridad, órgano concebido por las grandes potencias para
actuar como un directorio, las decisiones respecto de la paz y la seguridad internacional se
cursaban a través del sistema de votos en su seno, donde el acuerdo unánime de los cinco
miembros permanentes era necesario para cualquier decisión. «El hecho de que los cinco
sean además los integrantes del selecto club atómico (…) no hace sino reforzar la profunda
relación entre el derecho y la fuerza que caracteriza al sistema».
Por otra parte, el corpus democrático del sistema de Naciones Unidas estaba radicado en
la Asamblea General, órgano en el que se hallarían representados todos los Estados
miembros, organizados según el principio de igualdad de soberanía expresado en la
fórmula «un Estado un voto». La potestad de la Asamblea sería exclusivamente propositiva y
no vinculante. La estructura organizativa se completó con la Secretaría General, encargada
de las funciones administrativas, y un conjunto de organismos especializados. La penetración
del conflicto entre soviéticos y norteamericanos en el seno del Consejo de Seguridad
condujo a la parálisis del sistema de seguridad durante gran parte del período de Guerra
Fría. La existencia del derecho de veto por parte de los miembros permanentes del
Consejo de Seguridad actuó como el rasero para bloquear cualquier iniciativa, marginado a
la Organización cuando determinados problemas comprometían directamente los intereses
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de los grandes o el de sus aliados. Este efecto paralizante del veto se reforzó aún más con
los contactos entre las grandes potencias al margen de las Naciones Unidas.
Con la ampliación de los actores estatales, debido al proceso de descolonización,
Naciones Unidas, en particular la Asamblea General, fue adquiriendo un rol más propio en
materia de desarrollo e instrumentalización de la paz. A partir de entonces, Naciones
Unidas se transformó en el principal foro de expresión para las propuestas económicas,
políticas y sociales presentadas por muchos de los nuevos Estados y otros miembros del
Tercer Mundo.
2.2 La Guerra Fría y el Orden Bipolar
Bajo el concepto de Guerra Fría se designa tanto al complejo patrón que adoptan las
relaciones internacionales al término de la Segunda Guerra Mundial, a la pugna que se
desata entre las dos superpotencias por la hegemonía mundial, como a la aparición de una
hostilidad –y temor– entre los dos bloques geopolíticos que se consolidaron tras Yalta,
Potsdam y San Francisco. Tradicionalmente, la Guerra Fría es descrita como el estado de
tensión permanente, primero entre las dos superpotencias y luego entre los dos bloques
liderados por ellas, que no provocó un conflicto directo ante el peligro de destrucción
mutua y asegurada por la utilización de las armas nucleares. Las principales características
de la Guerra Fría se pueden resumir en tres rasgos fundamentales que describen el período
que se extiende desde 1945 hasta 1991.
a) En marzo de 1946, Churchill pronunció un discurso en la Universidad de Fulton,
Missouri, en el que denunció la aparición de un «telón de acero», murallón ideológico que
se extendía por el continente, aislando a los países ocupados por el ejército rojo en los que
paulatinamente se instalaban regímenes comunistas prosoviéticos, conminando a sus aliados
a detener el expansionismo de la Unión Soviética. Este discurso fue duramente replicado
por Stalin, quien impulsaría acciones en Grecia y Turquía, además de respaldar las acciones
revolucionarias de grupos prosoviéticos en los gobiernos de Europa Oriental. Como
expresión de la decadencia de Europa y la pérdida de la centralidad en la escena
internacional, e1 2l de febrero de 1947, el gobierno británico enviaba una nota al Secretario
de Estado norteamericano, general Marshall, comunicándole su decisión de suspender la
ayuda militar que venía dispensando a Grecia y Turquía desde el verano de 1946. A partir
de 1947, Estados Unidos dio un giro radical en su política exterior y, desde entonces, pasó
a liderar las acciones en el escenario internacional, tras el vacío dejado por las potencias
europeas. El presidente Harry Truman formuló las bases de una nueva estrategia exterior,
conocida como Doctrina Truman, a través de la cual Estados Unidos decidía apoyar a los
países libres para impedir que en ellos se impusiesen regímenes totalitarios. Una de las
primeras acciones tomadas en el marco de esta doctrina fue la de presionar a los gobiernos
occidentales para que los comunistas abandonaran las coaliciones gobernantes. A ello se
agregó una segunda iniciativa de carácter económico, conocida como «Plan Marshall»,
cuyo propósito era el de fortalecer el proceso de reconstrucción europeo y, de esta
forma, alejar a la población de los países de Europa occidental de cualquier tentación
revolucionaria.
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La Doctrina Truman y el Plan Marshall fueron considerados por los soviéticos amenazas
directas al socialismo internacional. La respuesta a ambas iniciativas fue inmediata. En
términos políticos ideológicos se instituye la Kominform, Oficina de Información de los
Partidos Comunistas, órgano de enlace para el accionar de los partidos comunistas de
Europa central y oriental para hacerse con el control político en los Estados e instaurar
democracias populares. El radio de acción alcanzó a Bulgaria (1946), Polonia (1947),
Rumanía (1947), Checoslovaquia (1948), Hungría (1949) y la República democrática
Alemana (1948). Complementariamente, los países satélites de la Unión Soviética ingresan a
la COMECOM (Consejo de Mutua Asistencia Económica), creada en 1949 con el propósito
de alinear sus políticas económicas a las de la Unión Soviética.
b) El segundo elemento relevante de la Guerra Fría lo constituye la creación de alianzas
militares y la creciente carrera de armamentos. La inicial superioridad estratégica de los
Estados Unidos descansó en la posesión exclusiva de la bomba atómica, que se convirtió en
el principal recurso para la implementación de una diplomacia de poder. No obstante, los
avances políticos soviéticos en Europa central y oriental acrecentaron la necesidad de
fortalecer y cohesionar el bloque occidental a través de una alianza militar permanente.
Este es el origen de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, creada en
1949 sobre la base de pactos militares preexistentes. Con sede en Bruselas, originalmente
formaron parte de ella los Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Holanda, Bélgica,
Luxemburgo, Francia, Portugal, Italia, Islandia, Dinamarca y Noruega. En 1952 se
incorporaron Grecia y Turquía; en 1955, la República Federal Alemana; y en 1982, España.
En la óptica de la contención, si el Plan Marshall estaba destinado a poner de pie a Europa,
la Organización del Tratado del Atlántico Norte, velaría por su seguridad.
Para la Unión Soviética resultaba fundamental fortalecer sus recursos militares para
desplegar una diplomacia de poder a fin de fortalecer su posicionamiento internacional. En
1949 anunciaba públicamente el éxito de su primera detonación atómica, rompiendo el
monopolio ostentado hasta entonces por los Estados Unidos. Esto dio origen a la carrera
armamentista y a la estrategia de disuasión nuclear o política de riesgos calculados.
La réplica soviética a la constitución de la OTAN se expresó en la creación del «Pacto de
Varsovia» en 1955, alianza militar constituida por la Unión Soviética, Polonia,
Checoslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, la República Democrática Alemana y
Albania13. El riesgo de enfrentamiento nuclear y la necesidad de equiparar las fuerzas
contrarias bajo la dinámica del equilibrio y la disuasión, desataron una frenética carrera de
armamentos entre ambas superpotencias a partir de la década de los cincuenta. En 1952
Estados Unidos probó exitosamente su primera bomba de Hidrógeno (Bomba H); la Unión
Soviética lo hizo un año más tarde. Los avances armamentistas más significativos se van a
producir en las siguientes dos décadas con el desarrollo de los misiles balísticos y la
carrera espacial.
c) La tercera característica propia de la Guerra Fría corresponde a la escalada lateral
desde Europa hacia el resto del mundo y la constitución de una red de alianzas con países
del tercer mundo.
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El enfrentamiento entre los dos bloques se fue mundializando paulatinamente a partir de los
primeros choques en Europa. En la escalada del conflicto, ambas superpotencias trataron
de distinguir entre aliados y enemigos, delimitaron sus zonas de influencia o «glacis de
seguridad» y trataron de ampliarlas a costa del bloque contrario, impidiendo cualquier
desviacionismo político o ideológico en sus respectivas zonas. No hubo posibilidad de que
un Estado se declarase neutral sin el consentimiento de las dos superpotencias. De forma
progresiva, el antagonismo ideológico y dialéctico se amplió hacia el resto del mundo y en
él se integraron factores políticos, psicológicos, sociales, militares y económicos,
convirtiéndose de este modo en un enfrentamiento global.
d) A las características tipificadas por Paul Kennedy, habría que agregar un cuarto rasgo
definidor del carácter de la Guerra Fría catalogado como estado de guerra improbable y
de paz imposible, por el destacado internacionalista Raymond Aron.
La Guerra Fría representa la pugna ideológica, política y económica entre dos sistemas
enfrentados, liberalismo y comunismo. Como la amenaza constituyó una condición
permanente, enraizada en la existencia del bloque enemigo, solo a través de la
militarización y la carrera de armamentos podía contrarrestársele. Pero, como el empleo
del arma nuclear implicaba el riesgo de la propia autodestrucción, fueron los espacios
nuclearizados –principalmente Europa– los que hicieron patente la noción de guerra
improbable paz imposible. Los conflictos entre las dos superpotencias fueron siempre
indirectos, y se trasladaron desde el teatro de operaciones directo –como era Europa–
hacia la periferia del sistema. Sobre este rasgo de la sociedad internacional de Guerra Fría
Roberto Mesa (1982) entrega una caracterización pertinente:
2.3. 1989 el año que cambió el mundo: El final de la Guerra Fría
El ascenso de Gorbachov al poder en la Unión Soviética durante 1985, y la posterior
aplicación de las políticas de la Glasnot y Perestroika, representaron un paso decisivo para
la apertura política, económica y comunicacional de la Unión Soviética. Cuatro años más
tarde, el 7 de diciembre de 1988, ante la Asamblea de Naciones Unidas, Gorbachov
declaró la desideologización de las relaciones internacionales y la clausura de la hasta
entonces cerrada y excluyente sociedad soviética; expresaba su deseo de integrar la
comunidad mundial y esperaba fortalecer el proceso de interdependencia.
En 1989, el dirigente germano-oriental, Egon Krenz, decretaba la apertura del Muro de
Berlín, con lo que desaparecía uno de los signos más tristes y simbólicos de la Guerra Fría.
1989 es un año marcado por profundas turbulencias internacionales. Las revoluciones
europeas de 1989, resumidas en la frase «Polonia, diez años; Hungría, diez meses; Alemania
del Este, diez semanas; Checoslovaquia, diez días; Rumania, diez horas» (Zorgbibe 2005),
ejemplifican las rupturas que echaron abajo el orden establecido tras la segunda
conflagración mundial. El 25 de diciembre de 1991, Gorbachov anunciaba en un discurso
público que por la fuerza de la situación creada al ser formalmente disuelta la Unión
Soviética y ser fundada, en su lugar, la Comunidad de Estados Independientes (CEI),
concluía sus actividades como presidente de la URSS. Sus palabras tenían un gran
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significado: terminaba no solo la historia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas,
también la historia de la Guerra Fría y, para muchos autores, la historia del siglo XX.
3. La Sociedad Internacional Contemporánea de post Guerra Fría
La caída del Muro de Berlín en 1989 constituye un punto de inflexión en la historia de las
relaciones internacionales. El hecho es expresión del progresivo desmembramiento de la
Unión Soviética, proceso que concluye hacia el 1991 cuando se conforma la Federación
Rusa que se haría heredera de la soberanía legal-internacional soviética y, por lo tanto, de
su escaño permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Tras el derrumbe
de la Unión Soviética y el colapso del bloque oriental, desaparecieron de la faz europea
cuatro Estados y catorce nuevas entidades políticas fueron creadas durante la década de
los noventa20. Todas estas transformaciones solo resultan comparables al objetivo
reorganizador de los Tratados de Versalles de 1919 (Judt 2006). Asimismo, la reunificación
alemana, concretada en octubre de 1990, jugó un papel crucial en el nuevo impulso que
adquirió la integración europea tras la suscripción del Tratado de Maastricht de 1992,
acuerdo que consolida lo que hoy conocemos como Unión Europea.
Durante la década de los noventa, diversas interpretaciones –algunas más optimistas que
otras– intentaron desentramar el tejido del nuevo orden internacional y, en algunos casos,
buscaron «predecir» los procesos venideros. Frederic S. Pearson y J. Martin Rochester
(2004) identifican dos importantes grupos de autores en esta materia. Por un lado, se
encuentran los autores inscritos en la «vertiente realista», quienes han argumentado el
advenimiento de una estructura internacional de carácter multipolar, tras 45 años de
excepcional bipolaridad, cuyas principales dinámicas están constituidas por la difusión del
poder y la flexibilidad de las alianzas, las que originan un sistema internacional más inseguro
e inestable. Por otro lado, se encuentran los autores de la «tendencia globalista», los que
observaron un socavamiento de los principios básicos de la soberanía westfaliana,
ocasionado por la emergencia de nuevas temáticas y procesos que tienen como factor
común una creciente interdependencia económica y política, dando como resultado un
sistema internacional más complejo aunque no necesariamente menos seguro.
Cabe agregar a cada una de estas visiones, respectivamente, los clásicos con aspiraciones
omnicomprensivas «The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order» de Samuel
P. Huntington y «The end of History and the Last Man» de Francis Fukuyama. Desde una
perspectiva sistémica, además, el orden internacional posterior al colapso soviético fue
descrito por diversos autores como unipolar (Krauthammer 1990; 1991), tripolar (Tucker
1996), multipolar y multicivilizacional (Huntington 1996) e incluso uni-multipolar (Huntington
1999). El transcurso de los acontecimientos de la post Guerra Fría iría comprobando y
refutando, en parte, las aventuradas tesis de estos autores. Considerando la proliferación de
interpretaciones en extremo divergentes respecto de la realidad internacional que emerge
a comienzos de los años noventa, cabe preguntarse: ¿Cómo y cuánto ha cambiado la
sociedad internacional desde el fin de la Guerra Fría? En este apartado se desarrollarán
algunas claves históricas que orientan la comprensión e interpretación de los fenómenos
internacionales.
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Ante la ausencia del «enemigo» soviético o de algún otro actor capaz de desafiar su
posición de poder, los esfuerzos de la diplomacia estadounidense, encabezada por el
presidente George H. W. Bush, se enfocaron hacia la construcción de un «nuevo orden
mundial» que, sustentado en el tradicional «internacionalismo liberal estadounidense»26,
fuese reflejo de sus valores y, por lo tanto, funcional a sus intereses. Las bases de dicho
orden, a saber, democracia liberal, libre mercado y multilateralismo, se orientaron a
reemplazar las tradicionales utopías antagonistas, en lo que ha venido a denominarse
pensamiento único. En palabras de Bush:
«Tenemos la visión de una nueva asociación de naciones que trasciende la Guerra Fría. Una
asociación basada en la consulta, la cooperación y la acción colectiva, especialmente por
medio de organizaciones internacionales y regionales. Una asociación unida por el principio
y por el imperio del derecho y apoyada por un reparto equitativo de los costos y
compromisos. Una asociación cuyas metas sean intensificar la democracia, aumentar la
prosperidad, robustecer la paz y reducir las armas» (Bush 1990).
Sin embargo, desde mediados de la década de los noventa, las pretensiones iniciales y los
recursos dispuestos en la consecución de los objetivos trazados contrastaron
diametralmente con la limitada efectividad que Washington mostró en su accionar,
particularmente en lo referido a consolidar una posición de hegemonía que lo situara de
manera efectiva y duradera en el sistema internacional. Esta debilidad en el accionar
externo de los Estados Unidos se debió, en buena medida, a la desacertada lectura de la
nueva realidad internacional, a la carencia de una estrategia de política exterior que diera
cuenta de su adaptabilidad de una escena internacional en cambio y, ciertamente, a la
tensión «internacionalista/aislacionista» que ha subsumido a la política exterior
estadounidense desde los inicios de su historia y que, en cuanto tal, le ha impuesto
constantes frenos a la asunción de un liderazgo efectivo de la sociedad internacional Como
afirmara Henry Kissinger, «lo que sí es nuevo en el naciente orden mundial es que, por vez
primera, los Estados Unidos no pueden retirarse del mundo ni tampoco dominarlo».
El debate sobre el aparente declive del poder estadounidense ha tenido un nuevo impulso
en el marco de la post Guerra Fría y tras los atentados del 2001. Si bien el relativo éxito de
la Guerra del Golfo (o Primera Guerra de Irak), y procesos como el establecimiento de
regímenes democráticos en buena parte del mundo, la difusión del libre comercio, la
expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la creciente
operatividad de los organismos multilaterales se mostraban como expresión de la voluntad
de liderazgo de la diplomacia estadounidense, entrado el siglo XXI la complejidad del
sistema internacional ha desbordado los límites de la hegemonía de Estados Unidos.
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1) Identifica los principales conflictos militares durante la guerra fría en el siglo XX.
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3) Identifica las principales potencias regionales en el mundo:
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5) Factores de conflicto y cooperación entre las principales potencias económicas durante
la Guerra Fría.
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TEMA 3
Claves
a) Identifica la estructura de agentes y estructuras en el sistema internacional:
Introducción
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El estudio de los actores de las relaciones internacionales es importante por varias razones:
• Identificar los intereses y objetivos de los actores: Cada actor internacional tiene sus
propios intereses y objetivos. Al estudiar los actores internacionales, se puede identificar
cuáles son los intereses y objetivos de cada uno y cómo estos intereses y objetivos influyen
en las políticas que implementan.
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Lectura 1: El triunfo de la coca en Bolivia de
Mabel Azcui. (Artículo periodístico de julio del
2002)
Es un indígena quechua, sin estudios superiores, pero con una carrera sindical de 15 años en
el sector más combativo y rebelde del espectro social boliviano: el cocalero. Es, hoy, un
dolor de cabeza para Gobierno y empresarios. Es la sorpresa que el electorado boliviano
ha deparado a la desprestigiada clase política del país más pobre de la región. Es Evo
Morales Ayma.
'No vamos a negociar para gobernar. Los votos deben venir voluntariamente de los otros
partidos que comparten nuestros principios', asegura Morales a EL PAÍS, al aludir a Nueva
Fuerza Republicana (NFR), de Reyes Villa, y al Movimiento de Izquierda Revolucionaria
(MIR) de Jaime Paz Zamora, que coincidieron en su oferta electoral de convocar una
Asamblea Constituyente y a recuperar el gas y el petróleo boliviano, hoy en manos
extranjeras.
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'El voto digno no se negocia. Evo será presidente, el MAS al Gobierno y el pueblo al
poder', promete Morales, quechua oriundo del altiplánico Oruro, que dejó su parcela y sus
ovejas para dirigirse, como muchos miles de quechuas y aymaras, a la tropical Cochabamba
para sobrevivir a una crisis económica que nunca termina.
Es muy difícil, pero no imposible, que Evo sea presidente. Los partidos que podrían dar su
voto, NFR y MIR, no lo harán a favor de quien, como Morales, tiene el veto de EE UU.
Ninguno se arriesgaría a perder el visado que, en el caso del MIR, tanto le ha costado
recuperar. 'Seguramente van a tener mucho miedo', admite Morales, pero no hace
problema de ello. 'Vamos a luchar para llegar a la presidencia, pero si no se puede,
pasaremos a la oposición'. Oposición que será muy dura tanto en el Legislativo como en las
calles. El cocalero aclara: 'Si nuestras propuestas no se aprueban en el Parlamento,
saldremos a las calles'.
Las calles y las carreteras han sido el escenario de la lucha de este indígena autodidacta,
de 42 años, que lideró con paso firme las dramáticas marchas indígenas en los últimos 10
años para exigir del Gobierno mejores condiciones de vida y para que las autoridades se
percaten de la existencia de miles de marginados del desarrollo. El 70% de la población
boliviana es quechua, aymara, guaraní y de otras 30 etnias amazónicas. Un 40% vive en el
área rural en extrema pobreza, sin acceso a servicios básicos y con los indicadores sociales
más bajos de Latinoamérica.
Empezaron con un sindicato, del que Morales fue secretario de Deportes. En 1988 fue
elegido secretario ejecutivo de la Federación del Trópico, cargo que sigue desempeñando
hasta el fin de su gestión este año. Desde 1995 es presidente del Comité de Coordinación
de las seis Federaciones del Trópico, que agrupa a más de 35.000 productores de hoja de
coca en la región cochabambina de Chapare, corazón geográfico de Bolivia. Sus banderas
de lucha fueron la defensa de los cultivos de la hoja de coca, materia prima de la cocaína,
y el derecho a la tierra de los pueblos originarios, que protestan también por su exclusión y
discriminación.
Las huelgas, las huelgas de hambre, las manifestaciones y las largas marchas hacia La Paz
fueron instrumentos de lucha con más o menos éxito, hasta que llegaron los bloqueos de la
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carretera que cruza el país de Este a Oeste, canal de exportaciones e importaciones. Los
últimos bloqueos llevaron a la economía al borde del colapso y doblegaron al Gobierno
del presidente Hugo Bánzer (1917-2002) pero, como siempre, tras arrancar los acuerdos
quedó la desilusión por su incumplimiento.
Los indígenas no pueden explotar la madera de sus tierras, pues la riqueza forestal está
reservada para los grandes madereros. Pelean ahora para que los ganaderos no aumenten
sus latifundios, en el Este, so pretexto de la carga animal. Buscan que se les otorgue 25
hectáreas por cabeza de ganado. A esto se suma el castigo de una política neoliberal, que
ha llevado a la miseria al pueblo boliviano.
'Yo era arrocero', afirma Morales, 'y ganaba bien hasta que mi arroz empezó a ser caro
frente al de Brasil. Lo mismo sucede ahora con la piña, cultivo alternativo a la hoja de coca
que no tiene mercado y cuyo precio es bajísimo. Te compran 10 piñas por un boliviano
(menos de 20 céntimos de euro). La coca te ayuda a sobrevivir. Tiene precio y mercado
seguro'.
Evo fue como una piedra en el zapato desde su escaño como diputado por Izquierda
Unida. Toda la artillería oficialista en su contra sólo sirvió para crecerle. Intentaron anular su
acción con juicios por difamación -después de que Morales acusó a la familia presidencial
de haber estado ligada al narcotráfico en los años setenta- y finalmente fue desaforado a
petición de la Comisión de Ética por faltas a la deontología parlamentaria, al haberse
implicado en actos de sedición y desacato. Su expulsión, rápida, lo aupó aún más pues
reflejó una discriminación frente a otro diputado de NFR que defraudó 60 millones de
dólares al Estado y no salió del Parlamento hasta pasados dos años.
Para Morales, es esta gente la que tiene que definir su futuro en la Asamblea Constituyente.
Incluido el manejo de sus recursos. Por de pronto, se recuperará el gas y el petróleo. 'Se
les acabará la madera a las transnacionales. No han invertido nada, sólo han saqueado el
país, han exportado plata. Por eso están temblando de miedo, igual que los corruptos,
porque ha llegado la hora de decir basta. A Morales no le preocupa un eventual
aislamiento económico ni un freno de la ayuda internacional. 'Interesa solamente la alianza
con el pueblo, que es nuestra fuerza. Las ayudas no resuelven los problemas de los
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bolivianos. Tampoco estamos dispuestos a recibir las miserias de EE UU ni a aceptar
políticas económicas importadas para generen hambre, miseria, discriminación y
desigualdad'. Morales quiere discutir el pago de la deuda exterior, apoyado en las
propuestas de la Iglesia católica y los movimientos contra la globalización, de los que
asegura tener todo su respaldo. Quiere fundar un Banco del Pueblo para los pobres de
Bolivia, que también apoye a los pequeños agricultores con créditos y sin intereses, quiere
fortalecer las empresas sociales y colectivas y las cooperativas como motor del
crecimiento en equidad.
Evo Morales tiene bien claro el papel que debe jugar la hoja de coca. Desde el imperio
incaico hasta ahora, la coca ha sido la columna vertebral oculta de la economía boliviana.
Por ello, serán revisados los planes de erradicación total de la hoja sagrada para quechuas
y aymaras. 'Nunca habrá coca cero', sostiene. 'No se puede penalizar a la hoja, porque una
hoja de coca no comete delito. Se la defiende, se la industrializa con fines benéficos para
la humanidad: medicinas, alimentos y abonos naturales, entre muchos otros'.
Mantener la hoja de coca y sacar a los militares de Chapare, centro geográfico del
continente, no significa que se vaya a bajar la guardia en la lucha contra el tráfico de
estupefacientes, entre ellos la cocaína. 'Tiene que haber una lucha contra el narcotráfico,
pero una lucha totalmente nacional y no impuesta por EE UU'. Ello implicará que los agentes
del Departamento Estadounidense Antidroga (DEA) en el país 'se vayan'.
Morales pretende también cerrar la escuela Garras al Valor, financiada por EE UU, para
formar tropas de élite antidroga para América Latina. 'Los quechuas y aymaras', afirma, 'no
tenemos la cultura de la muerte, sino la de la vida. Queremos defender nuestra coca. No
queremos morir de hambre, pero tampoco por bala'.
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TEMA 4
SISTEMA INTERNACIONAL
Objetivo de aprendizaje: 1) Aplicar las conceptualizaciones del sistema-mundo y
descolonización para comprender la coyuntura política, económica de la política
internacional desde una perspectiva latinoamericana.
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Introducción
La comprensión y el estudio del sistema internacional son fundamentales en el campo del
análisis de las relaciones internacionales. El sistema internacional se refiere al conjunto de
actores, normas, instituciones y procesos que rigen las interacciones entre los estados y
otros actores globales en el escenario mundial. Aprender sobre este sistema es esencial
por varias razones cruciales que impactan en la política, la economía, la seguridad y la
cooperación global.
En segundo lugar, el sistema internacional establece las reglas y normas que gobiernan el
comportamiento de los estados y actores en el escenario global. El conocimiento de estas
normas es crucial para predecir las reacciones de los actores internacionales y evaluar las
implicaciones de sus acciones.
Además, el estudio del sistema internacional permite comprender los desafíos y amenazas
globales, como el cambio climático, la proliferación de armas nucleares, el terrorismo y las
pandemias. Estos problemas transnacionales requieren la cooperación y coordinación entre
estados y actores globales, y un entendimiento sólido del sistema internacional es esencial
para abordarlos de manera efectiva.
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Lectura 1: El análisis de la política exterior: Una
visión desde América Latina de Alberto van
Klaveren
En 1991, los presidentes de México y Estados Unidos y el primer ministro de Canadá
anunciaron el inicio de negociaciones trilaterales para formalizar un Tratado de Libre
Comercio de América del Norte. En 2003, Chile y México, entonces miembros no
permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, se opusieron a la propuesta
estadounidense de autorizar el uso de la fuerza para invadir Irak. En 2005, Venezuela
estableció una alianza petrolera con varias naciones del Caribe para que pudieran comprar
petróleo venezolano a precios preferenciales.
Todos estos episodios tienen un elemento en común: son decisiones de política exterior.
Algunas fueron adoptadas después de largos procesos de maduración, incluidas por
factores externos e internos y procesos complejos de consultas con múltiples actores.
Otras fueron el resultado de iniciativas de líderes, motivadas por intereses de muy variada
índole que van de la economía a la ideología.
La política exterior es una política pública, pero es más que eso. Por medio de la política
exterior, los estados se relacionan con el sistema internacional y se adaptan a éste. De esta
manera, la política exterior se vincula a la disciplina de las Relaciones Internacionales (RI)
representando un área específica en ese ámbito. La política exterior también suele parecer
diferente al resto de las políticas. Muchas veces se identifica como una política de estado,
que está por sobre las diferencias políticas internas y los cambios de gobierno. Se le
atribuye permanencia y se aspira a que sea congruente y, ocasionalmente en el discurso
público, invariable.
¿Cómo explicar las decisiones de política exterior? Los factores que influyen en su
elaboración suelen ser múltiples y resulta muy difícil jerarquizarlos o establecer relaciones
de causalidad entre ellos. Hay cierta disociación entre la teoría de las RI y los análisis de
política exterior, especialmente en América Latina. Se pasa con facilidad desde lo macro
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hacia lo micro, desde los análisis generales de la estructura y efectos del sistema
internacional –dependencia, globalización– a los episodios muy específicos o tendencias
de política exterior, sin establecer una vinculación clara entre ambos.
En este capítulo se exponen los elementos básicos del análisis de la política exterior, se
identifican sus factores externos e internos y se mencionan sus principales actores, desde
una perspectiva latinoamericana.
Este concepto parece el más apropiado para el estado actual de los estudios de política
exterior, ya que la formulación de teorías en esta área tiene todavía un carácter incipiente y
se ha avanzado más en la explicación de fenómenos más bien singulares y concretos que en
comportamientos generales de política exterior. Una perspectiva teórica no representa una
tipología sobre la totalidad de la política exterior, sino que trata de iluminar decisiones y
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pautas de comportamiento específicas. Las perspectivas no son exhaustivas ni mutuamente
excluyentes.
Es probable que la clasificación más conocida y utilizada de las variables que afectan los
comportamientos de política exterior sea la que distingue entre factores externos e
internos. Obviamente, no es fácil identificar fuentes puramente internas en materia de
política exterior. La creciente importancia de una amplia gama de actores transnacionales,
la penetración de muchos sistemas políticos por obra de agentes oficiales y no oficiales de
otros estados y el lujo de las comunicaciones internacionales han hecho que la distinción
entre factores externos e internos sea menos clara y tajante que en el pasado.
Los analistas de la política exterior han demostrado repetidamente la relevancia que asume
el contexto interno de los países en la elaboración de la política exterior. El énfasis en los
factores internos ha permitido a los expertos superar las limitaciones del análisis tradicional
de la política del poder, que tendía a considerar que los países se comportaban con
independencia de las fuerzas políticas y sociales internas en la búsqueda de intereses
nacionales evidentes por sí solos.
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El contexto externo
Para facilitar el análisis, puede ser útil diferenciar entre variables sistémicas, que se refieren
a características del sistema global que por definición tienen una naturaleza agregada, y
variables externas específicas, que se refieren principalmente a los atributos y
comportamientos concretos de países individuales. Aunque esta diferenciación es algo
forzada, corresponde a dos enfoques teóricos usados con frecuencia en América Latina:
Estructuralismo y Realismo.
La lógica bipolar de la Guerra Fría que prevaleció, no sin importantes variaciones, entre el
fin de la Segunda Guerra Mundial y la desintegración de la Unión Soviética, fue un claro
condicionante de las políticas exteriores, no sólo en Europa, sino también en zonas
periféricas, como América Latina y África. Pero no sólo importa la distribución global de los
recursos políticos y estratégicos. También resulta fundamental la distribución de los
recursos económicos, las formas en que se genera la riqueza y las relaciones que se
establecen entre los países en ese ámbito.
De acuerdo con los estructuralistas, estas tendencias sistémicas podían superarse mediante
una estrategia de industrialización basada en la sustitución de importaciones, la integración
regional, la promoción de las exportaciones de manufacturas y de otras exportaciones no
tradicionales y la reforma del orden económico internacional. Como se puede observar,
todas estas estrategias e instrumentos repercuten directamente en el campo de la política
exterior.
Los autores identificados con este enfoque también han llamado la atención sobre los
efectos de las inversiones extranjeras, consideradas como medios para penetrar los
sectores más estratégicos y dinámicos de las economías latinoamericanas, una noción que
ha ejercido mucha influencia en las políticas de nacionalización seguidas periódicamente,
hasta el presente, en la región. La perspectiva de la dependencia se ha concentrado
también en fenómenos tales como las relaciones comerciales asimétricas, el
endeudamiento externo, la cooperación y los programas de entrenamiento militar y los
intercambios educacionales y culturales, considerados a menudo como instrumentos para
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penetrar las sociedades latinoamericanas. Por otra parte, el enfoque de la dependencia ha
permeado las percepciones sobre la economía mundial de élites políticas e intelectuales
influyentes en la región y actúa de marco conceptual para el impulso de políticas exteriores
radicales o revolucionarias.
Los análisis tradicionales de equilibrio de poder caen dentro de esta descripción general.
Según éstos, América Latina es un escenario característico de competencia regional: países
como Brasil y México rivalizan en la región, México y Venezuela disputan su influencia en
América Central o el Caribe y Chile y Perú mantienen una relación de rivalidad en el
Pacífico. Asimismo, se estima que la competencia entre las potencias mayores de cada
región o subregión afecta a los estados vecinos más pequeños como Paraguay, Uruguay o
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los países centroamericanos, cuyos sistemas económicos y políticos son más permeables a
esas influencias externas.
El contexto interno
Pero el contexto interno también influye poderosamente. Para algunos, la política exterior
debe ser entendida como el producto de la dinámica interna de un país. Una autora señala
que es la continuación de la política interna con otros medios. Los recursos de que dispone
un país para llevar a cabo su política exterior sin duda importan, y mucho. También son
relevantes la calidad de la diplomacia, el prestigio de un país o su imagen nacional. Pero
los recursos no bastan por sí solos. Importa también la capacidad y voluntad de
aprovecharlos. Ello explica que países con relativamente pocos recursos pueden tener
políticas exteriores activas y viceversa. El tamaño de los países puede ser importante, pero
no es necesariamente decisivo. Cuba, por ejemplo, no es un país grande, pero la política
exterior del régimen revolucionario ha sido muy activa.
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Las características del sistema político pueden ser significativas para explicar cambios en las
políticas exteriores. Éstas se refieren al propio régimen político, esto es, a la forma de la
organización política. La distinción básica que se hace en esta área es entre regímenes
democráticos y autoritarios y apunta a saber si un régimen político determinado conduce a
cierto tipo de política exterior o por lo menos afecta esta área. Esta interrogante fue
relevante para analizar las continuidades y cambios entre los regímenes autoritarios y
democráticos en diversos países de América Latina y los efectos de los procesos de
transición a la democracia que se dieron en la región durante las últimas décadas del siglo
pasado. En general, estos cambios fueron más intensos en Argentina, Chile y Uruguay que
en Brasil, pese a que todos tenían regímenes autoritarios, y se hicieron más evidentes en el
ámbito político y económico que en las cuestiones de límites, donde se observó una mayor
continuidad. La Guerra de las Malvinas ejemplifica muy bien el impacto que puede tener
una dictadura, en este caso la que encabezaba el general Galtieri en Argentina, en el
desencadenamiento del conflicto. En la actualidad, resulta interesante analizar las
diferencias en este ámbito entre las democracias liberales de la región y los regímenes
revolucionarios, radicales o neopopulistas, agrupados en la Alianza Bolivariana para los
Pueblos de Nuestra América (ALBA).
El segundo elemento del contexto doméstico que parece relevante tiene que ver con las
políticas económicas de los países. Considerando que todas las naciones latinoamericanas
forman parte del mundo en desarrollo, este elemento se hace equivalente a las estrategias
específicas de desarrollo que han seguido. En América Latina, los países con estrategias
económicas más liberales y políticas comerciales más aperturistas tienden a bajar el tono de
la antigua confrontación entre el Norte y el Sur o entre el Primer y el Tercer Mundo. Hoy
México y Chile son miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico (OECD) y algunos otros países de la región aspiran a seguir sus pasos. La nueva
Alianza del Pacífico, integrada por Chile, Colombia, México y Perú, proyecta las políticas
económicas de sus miembros y un compromiso mayor con el libre comercio que los países
del ALBA o incluso que MERCOSUR. Las naciones del ALBA, por lo general críticas del
libre comercio, del neoliberalismo y de la globalización, siguen militando de forma activa
en los foros de los países en desarrollo. Sus posiciones están vinculadas a los modelos de
desarrollo que han adoptado internamente. De la misma manera, los modelos de desarrollo
están muy asociados a la disposición de los países a negociar acuerdos de libre comercio
con el resto del mundo.
Ello explica la razón por la cual los países que aún forman parte de la Comunidad Andina
optaron al final por separar sus negociaciones de libre comercio con la Unión Europea,
pese a que ésta favorecía un tratado de asociación con la entidad subregional; al inal, se
adoptó un acuerdo en varias partes con Colombia y Perú, mientras que los otros dos
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miembros, Bolivia y Ecuador, prosiguen sus negociaciones sobre otras bases. Las mismas
diferencias se pueden observar respecto de las negociaciones de libre comercio con
Estados Unidos, meta ansiada por algunos países y denostada por otros, o bien las
negociaciones multilaterales en el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Los países desarrollan culturas de política exterior que equivalen a conjuntos de creencias,
imágenes y símbolos que mantienen las élites y las opiniones públicas de los países
respecto de sus relaciones con el resto del mundo, la política exterior y la seguridad
nacional. Existe una tendencia al congelamiento de estas culturas. En el caso de América
Central y del Sur se observa con cierta frecuencia que las realidades del siglo XIX tienden a
congelarse, configurando agendas históricas que influyen de forma muy permanente en las
visiones de política exterior. Estas agendas se alimentan de visiones sobre la historia, mitos
nacionales, miradas sobre el pasado, recuerdos de victorias y derrotas, imaginarios de
supuestos enemigos ancestrales y aliados históricos, y visiones sobre ascensos y descensos
de estatus internacional. La Guerra del Pacífico, un conflicto del siglo XIX, influye
poderosamente en las políticas exteriores de Bolivia, Perú y Chile, condicionándolas hasta
la actualidad. El modelo de la “mala fe inherente” respecto de antiguos adversarios o
rivales actuales puede ser muy potente en política exterior. El Constructivismo destaca la
relevancia de estas imágenes y percepciones, pero también alerta contra el determinismo,
toda vez que las visiones tradicionales pueden variar, como lo demuestra con creces la
experiencia de Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial.
Los jefes de estado o de gobierno, por lo regular los presidentes en América Latina y los
primeros ministros en el Caribe anglófono, concentran importantes poderes en el área de la
política exterior. No sólo toman las decisiones más importantes, sino que también cultivan
estilos personales de política exterior. El carisma, los grados de interés y atención
presidenciales en los temas internacionales y los rasgos personales han dejado una huella
clara en muchos esquemas de política exterior, más todavía en una época de contactos
directos, cumbres periódicas y disminución o cambio de los clivajes internacionales
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tradicionales. Cabe recordar la cruzada tercermundista del presidente Echeverría de
México y el activismo internacional del presidente Carlos Andrés Pérez de Venezuela
durante la década de 1970, el papel personal del presidente Arias en el proceso de paz
centroamericano o el carisma internacional de los presidentes Lula de Brasil y Lagos y
Bachelet de Chile. Las influencias personalísimas de Fidel Castro en la elaboración de la
política exterior cubana, de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador o de Hugo
Chávez en el caso de Venezuela no requieren ser subrayadas.
Algunos líderes se hacen asesorar por consejeros especiales que pueden provenir de los
ser vicios exteriores o de los medios políticos y académicos. A veces, actúan más en las
sombras; otras, adquieren un carácter público y abierto, como sucede en el caso de Marco
Aurélio Garcia, asesor presidencial de los dos últimos gobiernos de Brasil, con especial
dedicación para los asuntos latinoamericanos. Los ministros o secretarios de relaciones
exteriores desempeñan un papel crucial en la ejecución de la política exterior. En América
Latina, ciertos ministros han sido especialmente relevantes en las posiciones internacionales
de sus países. El legado del Barón de Rio Branco y las políticas que se le han atribuido
constituyen una de las principales fuentes simbólicas del poderoso Itamaraty en Brasil. En un
plano menos mítico, algunos ministros contemporáneos han asumido papeles centrales en
el perfil externo de sus países. El carisma, prestigio personal y contactos externos de
Enrique Iglesias llevaron a la política exterior uruguaya a niveles de activismo desconocidos.
La larga permanencia de Gabriel Valdés en la cancillería chilena durante la década de 1960
dejó una marca personal en la política exterior del país. El contrapunto entre las
formaciones, inquietudes académicas y posiciones de Dante Caputo y Guido Di Tella en
Argentina representó un episodio más de la discontinuidad de la política exterior argentina,
resaltada por Roberto Russell.
Pero el papel de los ministros está también determinado por factores institucionales. Las
cancillerías consisten por lo general en burocracias sumamente institucionalizadas, que
suelen asumir la representación de las culturas de política exterior y se presentan como
garantes de los intereses diplomáticos permanentes de los países. Mientras más
profesionalizadas estén, mayor legitimidad pueden tener. Sin embargo, también suelen ser
susceptibles a los cambios de régimen, como lo demuestran los casos de algunos de los
países del ALBA o, en el pasado, de las dictaduras del Cono Sur, en las que se registraron
purgas de profesionales que no comulgaban con el régimen en turno. Los grados de
profesionalismo de los servicios exteriores latinoamericanos varían considerablemente. En
Brasil, un servicio elitista, altamente profesionalizado y corporativo no sólo ha tenido un
papel central en la formulación de los intereses nacionales y de la política exterior, sino
que ha proporcionado cuadros para otros sectores de la administración pública. En Perú, la
burocracia de Torre Tagle ha hecho aportes importantes a la continuidad de la política
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exterior peruana, sobre todo en el ámbito vecinal. En México se observó en las últimas
décadas un esfuerzo sostenido para consolidar un servicio exterior competente y
profesional. En Chile, Argentina y Uruguay, servicios exteriores profesionales tuvieron que
soportar los embates de drásticos cambios de régimen para mantener los principios
tradicionales de sus políticas exteriores. Venezuela, Bolivia y Ecuador revelan procesos de
radicalización de sus diplomacias en el contexto de los procesos políticos que viven esos
países.
Los partidos políticos pueden intervenir en una serie de temas de política exterior, no sólo
en consideración a las funciones naturales que cumplen en los regímenes democráticos,
sino también por el interés que han manifestado en algunas cuestiones internacionales, tanto
en el plano de la política contingente como en el plano más simbólico. Cuba, por ejemplo,
representa un caso singular en esta materia, ya que formalmente el Partido Comunista
provee las orientaciones para la conducción externa, pero en la práctica es difícil encontrar
otro país en la región con tal grado de concentración de poderes en sus líderes máximos.
Asimismo, los grupos de interés pueden ejercer considerable influencia en las decisiones de
la política exterior. El peso de los lobbies en determinadas áreas de la política exterior
estadounidense es evidente. Organizaciones no gubernamentales como Amnistía
Internacional, Greenpeace o Human Rights Watch, que asumen un carácter transnacional,
superan, en sus áreas de acción, la capacidad de influencia internacional de muchos países.
También las organizaciones empresariales pueden asumir papeles centrales en los procesos
de toma de decisión que afectan sus intereses, como se ha observado en las principales
negociaciones comerciales que han emprendido recientemente los países de América
Latina, sea con Estados Unidos, la Unión Europea o países asiáticos.
El interés de la opinión pública en la política exterior es, por cierto, muy variable. La forma
en que los ciudadanos miran al mundo y esperan que sus países actúen es un referente
significativo para la formulación de la política exterior. Aunque en América Latina este factor
ha sido objeto de relativamente pocos estudios en el pasado, varias encuestas recientes
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están entregando datos relevantes sobre los niveles de información e interés internacionales
de los países de la región.
Las políticas exteriores tienen un desafío común, que consiste en vincular a una comunidad
nacional determinada con su medio externo. Pero la forma en que enfrentan ese desafío
varía enormemente, dependiendo de sus prioridades y orientaciones, de los recursos
disponibles, del contexto externo en que se proyectan y de las fuerzas internas que
intervienen en su formulación.
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TEMA 4
ESTRATEGIAS DE
RELACIONAMIENTO
Objetivo de aprendizaje: Objetivo de aprendizaje: 1) Analizar las dinámicas de
cooperación, disputa y hegemonía entre los actores del sistema internacional. 2) Identificar
las estrategias de relacionamiento de los países del sur global respecto a las potencias
hegemónicas.
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Lectura 1: Hacia la complementariedad
Realismo-Liberalismo: aproximación a las
relaciones chileno-bolivianas desde el debate
de ideas claves y factores materiales de
Cristián Ovando Santana
1. Ideas claves y factores materiales en la conformación de la política exterior chilena
Su rápida formación como Estado, ayudada por una elite que demandaba cierto orden para
emprender su apertura comercial al mundo, habría marcado su temprana excepcionalidad
en comparación con el resto del continente, que condicionó notablemente su acción
exterior: “Dos hechos, uno geográfico y otro político, contribuyeron para que fuera en
Chile donde surgieran, durante la década de 1830 y comienzos de la siguiente, las primeras
ideas sobre relaciones internacionales en América hispana: su relativo aislamiento territorial
y su temprana independencia y organización nacional”.
Otro factor importante, fueron los conflictos vecinales surgidos de los desajustes de este
equilibrio; la guerra contra la Confederación Perú–Boliviana de 1830 constituye el primer
hito. Se trató de conflictos que llegaron a su punto más álgido con la Guerra del Pacífico
(1879), considerándose una crisis que definió nuevas visiones y nuevos elementos
identitarios a partir de sus efectos en la auto percepción (superioridad) del Estado chileno y
su percepción del Estado boliviano y peruano, y que, como señala Renouvin y Duroselle,
contribuyeron a modelar la conducta externa de los Estados.
En el ámbito material, otro eje estructurante de la política exterior han sido las
delimitaciones limítrofes con los países vecinos y sus controversias. Uno de los elementos
principales a tener en cuenta ha sido que la indefinición de las fronteras minó a lo largo del
siglo XIX la organización de las fuerzas materiales de que disponía Chile, principalmente
debido a que las mayores riquezas mineras que se expresaban, también, a través de su
espacio marítimo vía comercio, se encontraban en un territorio escasamente poblado y
disputado por Chile, Bolivia y Perú. No obstante, para Fernandois la cuestión territorial es
una prioridad que surge ya avanzado el siglo XIX; en cambio en las primeras tres décadas
se trató más de una cuestión de hegemonía en el Cono Sur:
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a cuestiones específicas que provienen desde antes de la vuelta a la democracia,
vinculadas al modelo de inserción económica internacional promovido en el Gobierno
Militar a partir de la implementación de reformas económicas neoliberales. Es el caso de
una perspectiva pragmática de la política exterior, que se aprecia con el ascenso de los
temas comerciales en la agenda de política exterior del gobierno chileno. Como es
sabido, en la década del 70, el brusco paso de una economía de sustitución de
importaciones a una apertura unilateral diversificada
Ese pragmatismo perdura hasta la fecha en la medida que se busca estar lejos de utopías
tercermundistas y cerca de los países en desarrollo. Chile se considera un caso típico de
apertura internacional en solitario. En tal sentido, la posibilidad de este país de implementar
principios, como la cláusula democrática y regionalismo abierto, sin mayores reparos, por
lo menos hasta finales de la década de los 90, se fundamenta también por un contexto
regional propicio, que, sin embargo, en la primera década de este nuevo siglo comienza a
desdibujarse producto de la emergencia de liderazgos de izquierda y el relativo fin de la
convergencia hacia el neoliberalismo. Otro elemento característico es el consenso interno
respecto a la posición privilegiada de Chile en la región que de alguna manera lo distancia
de la agenda internacional latinoamericana, pese a los constantes intentos por participar
plenamente en sus debates. En efecto, para el ex Presidente Lagos “Chile y Latinoamérica
pueden materializar los ideales comunes de prosperidad, libertad y justicia social”. Sin lugar
a dudas, y como señalan Wihelmy y Durán, se advierte en este gesto una tendencia de
carácter sistemático, pero sin llegar a ser una constante, cual es la atribución de
características “emblemáticas” a ciertas políticas chilenas en la percepción de los actores
oficiales que, una y otra vez, buscan un alto perfil externo, tanto como fuente de
legitimación política, como una manera de abrir espacios de oportunidad para la
diplomacia”. Aparejado a esto último, uno de los efectos de nuestra estrategia de inserción
internacional es la percepción de nuestra supuesta superioridad en la región, la que nos
lleva a desestimar la realidad de nuestros vecinos, como señala Rodríguez Elizondo: “por
una parte, queremos venderle a todo el mundo; por otra, no tratamos de conocer a nadie,
en el sentido de interesarnos culturalmente por el otro”.
Desde esta perspectiva, las constantes de relevancia en las conductas de Estado boliviano
siguen siendo la reivindicación marítima y la integración hacia el continente. No obstante, el
nuevo escenario plantea algunas tendencias que parecen perfilar una nueva identidad: dos
son las ideas relevantes de la política exterior Boliviana actual. Ambas provienen de las
reformas emprendidas por el gobierno de Morales. Se trata de su giro ideológico y, de la
mano de esta última, su democratización y cierta autonomía. En cuanto a los factores
materiales, el “factor gas” es relevante. Tras la llegada de Evo Morales al poder, se
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promovió una serie de reformas en su política exterior, modificaciones que apuntaban a
poner al día una política exterior y hacerla coincidir con los postulados políticos que
promoviera el nuevo gobierno, de acuerdo a Dehesa:
“La política exterior del Presidente Evo Morales “responde al concepto de interés nacional
para Bolivia. En su discurso inaugural el primer mandatario plantea una política orientada a
resolver los problemas de forma democrática, con justicia e igualdad y sin
condicionamientos ni sometimientos”.
Por otro lado, la llamada diplomacia de los pueblos ha sido una herramienta eficaz para
promover una política de acercamiento vecinal con Chile que, paralelamente, responde a
la apertura política hacia sectores no tradicionales, ejemplo de esto también son las
reformas en la cancillería boliviana y la llegada de Choquehuanca a ésta. Siguiendo con
este argumento, se aprecia, en la actualidad, una democratización de la política exterior
que coincide con las reformas que ha impuesto el gobierno del presidente Morales. Como
nos recuerda Zalles:
“en el referéndum nacional de 2004, las voces de la sociedad civil han sido determinantes
en la cuestión marítima (entre las cinco preguntas que demandaba el referéndum boliviano
del 18 de julio de 2004, la cuarta hacía alusión directa a la cuestión marítima. Fue incluida
luego de las movilizaciones sociales que cuestionaban la exportación de gas a través de
Chile)”.
Con todo, desde la política boliviana actual, de cierto acento ideológico, es por lo que
señalan Bertolini y Aguilar:
“se percibe una amalgama de ideas afines, motores de políticas que apuntan en
direcciones coincidentes a la Revolución Bolivariana propugnada por el presidente Chávez,
como así también a la reivindicación indígena o Capitalismo Andino liderado por el
presidente Morales.”
Este giro ideológico en la Política exterior del gobierno de Evo Morales, queda en
evidencia en su entrada a la Alternativa Bolivariana de las Américas, ALBA:
“En la práctica, desde que inició su gestión de gobierno, Morales ha fortalecido los vínculos
de cooperación con Cuba y Venezuela. Inició programas en materia de salud y educación
con el gobierno cubano y de cooperación energética con Venezuela. Para reforzar las
relaciones con estos dos países firmó el acuerdo Alternativa Bolivariana para los Pueblos,
acuerdo comercial que es considerado antineoliberal y antiimperialista.”
Otro eje fundamental de la política exterior actual, consecuencia de las anteriores, ha sido
su proyección energética. Ésta ha sido errática, producto, por un lado, de la relevancia que
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ha adquirido en el marco del alineamiento ideológico con Venezuela (Estados productores
de recursos energéticos que ostentan una mayor autonomía hacia las injerencias de las
potencias) y, por otro, por la falta de consenso interno respecto a las prioridades que se
deben tomar en esta materia.
Uno de los elementos que refuerza estas diferencias, surge de la instrumentalización política
del enclaustramiento boliviano, junto a la responsabilidad que le cabe a los sucesivos
gobiernos bolivianos en crisis. Como dijimos, la “variable madurez política” de los Estados
latinoamericanos es fundamental para comprender sus expresiones internacionales, pues no
debemos olvidar que los Estados son actores construidos socialmente en el ámbito interno
y externo.
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5. Chile y Bolivia ante la integración regional
Pope Atkins señala que América del Sur constituye una entidad coherente, denominada
Cono Sur de Sudamérica; subsistema internacional que incluye a Argentina, Brasil, Chile,
Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú y Ecuador. El Cono Sur constituye un subsistema regional
que se distingue por una serie de patrones visibles. Se trata de valores e intereses comunes,
y una posición económica relativamente común hacia el mercado mundial que define
interacciones entre sus Estados con cierta regularidad. En cuanto a los regímenes presentes
en la subregión, Mercosur y la Comunidad Andina, se alude al “espacio de interacción de
un grupo de unidades distintas de cuya acción se derivan consecuencias de orden político
y/o económico”. Este espacio se caracteriza por la: “regularidad de relaciones,
dependencia mutua y cierto grado de coordinación, en el cual coinciden una cercanía
geográfica, una identificación interna y externa distintiva e interacciones regulares de cierta
identidad”. Si bien Chile no es miembro pleno de estos conglomerados, formaría parte del
subsistema Cono Sur, aunque su posición no está exenta de conflictos.
En efecto, Van Klaveren categóricamente señalaba al inicio del siglo XXI: “las relaciones
Chile-Mercosur están en una encrucijada, debido a las tensiones que se generan entre dos
opciones estratégicas: un proceso de integración profundo en Sudamérica y un proceso de
libre comercio a nivel hemisférico. Chile mantiene abiertas sus opciones comerciales
estratégicas, lo que crea algunas tensiones con sus vecinos mercosurianos”.
En este marco sistémico, los países de América Latina, desde el inicio de la década de los
’90 han llegado a un consenso en materia internacional que ha marcado el acercamiento
entre sus países: el respeto a la legalidad internacional, la búsqueda de la concertación
política a través de cumbres internacionales ad hoc, el fomento de la cooperación
internacional y la búsqueda pacífica del arreglo de las controversias, han sido principios
orientadores que han permeado a la comunidad internacional latinoamericana, dándole
sentido a sus políticas exteriores y ordenando la convivencia internacional.
Considerando que el sentido, como señala Laïdi, se trata de la triple idea de fundamento,
de unidad y de finalidad que deben conllevar los procesos sociales internacionales. Siendo
relevante que “la posición internacional de cada actor político, que conlleva su sentido
determinado, desde la generalidad, determina una fuente de afirmación diplomática.
Entonces, por un lado, desde la comunidad internacional se promueve la idea de un
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consenso internacional que guíe la actuación de los países de América Latina, incidiendo en
las actuaciones de Chile y Bolivia; y, por otro, desde el ámbito interno de cada uno,
podríamos plantear la promoción de ideas claves hacia el exterior que reflejan un “sistema
de relacionamientos dispares” entre ambos; es decir, en el que prevalezcan roles distintos,
de crucial importancia, respecto a sus posiciones y estrategias de inserción internacional,
repercutiendo en las acciones y respuestas hacia el escenario internacional.
Conclusiones
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reformas políticas. Por su parte Chile ha abogado por un pragmatismo que le ha permitido
promover los valores preeminentes de los países más desarrollados”, ajustando su política
exterior a este predicado. Pese a esta disparidad, los reiterados vínculos entre los
presidentes de ambas naciones confirman que las relaciones bilaterales entre estos dos
países han ingresado en un nuevo periodo. Los gobiernos de Bachelet y Morales han tenido
un acercamiento sin exclusiones, como señala Dehesa:
“en julio de 2006 los vicecancilleres de los dos países lograron establecer una nueva
agenda, la cual contempla la integración fronteriza, libre tránsito, integración física,
complementación económica, Silala y recursos hídricos. Inclusive se puso en la agenda el
tema marítimo, abordado con cautela por ambos países. El gobierno del Presidente
Morales prefiere tratar los temas de integración y mantener en bajo perfil el de la
recuperación marítima con soberanía”.
Por otro lado, Chile hace más de dos décadas se integra al mundo, aceleradamente; en
cambio, Bolivia, avanza más al alero de las iniciativas regionales, Chile participa
marginalmente en los esquemas de integración sudamericana, en cambio Bolivia promueve
las instituciones latinoamericanas. En síntesis: la estrategia de inserción internacional chilena
tiende a prescindir de las relaciones con sus vecinos y con los bloques regionales,
permitiéndose construir alianzas extra-continentales y consolidar vínculos con las grandes
potencias.
Con todo, como señala Palomares, en los extremos de los modelos de inserción
latinoamericana se encuentran, por un lado, “la inserción plena a la economía mundial y por
otra, la autarquía económica y la especificidad política nacional que influyen de forma
decidida en los distintos objetivos nacionales y establecen las condiciones de desarrollo
dentro de los procesos de integración”. Chile aboga por una inserción unilateral, en cambio
Bolivia, promueve un regionalismo voluntarista. Por otro lado, estas ideas claves afectarían
tanto a la alta política de ambos países como a los actores no estatales vinculados. Puesto
que las ideas desempeñan un papel instrumental, vinculado a las preferencias y estrategias
de los estados, pero como arguye Wendt, las ideas también constituyen intereses, de tal
forma que la elaboración de objetivos particulares potenciales es un proceso con
significado.
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“desde lo alto de ciertas élites hacia abajo sin participación significativa de la sociedad, lo
que podría ser especialmente interesante para la reformulación de la orientación y de los
principios de los procesos de integración en América Latina, [a] construir la integración no
solamente por los Estados-nación, sino también por otras fuerzas sociales, como las
regiones”.
No obstante, dicha construcción al estar orientada por ideas dispares resulta compleja,
pero no menos atractiva como una estrategia para promover nuevos significados que se
distancien de la tradicional diplomacia. En cuanto a los factores materiales y su
combinación con las ideas, la política exterior de Chile, de un lado, puede resultar
atractiva por su posición geográfica que la constituye como un puente comercial hacia el
Pacífico o puede resultar inquietante pues fomenta el libre comercio hacia el gigante
asiático desdibujando el carácter comunitario de los bloques regionales a la hora de
negociar acuerdos con las potencias. No obstante, potenciando los intereses comunes
entre regiones al interior de ambos países (Arica, Parinacota, Tarapacá y Antofagasta, por
Chile; Oruro, Potosí y Tarija por Bolivia) se potenciaría la posición geográfica de Chile.
Por otro lado, su pragmatismo y expresión regionalismo abierto como idea fuerza, también
inquietan al continente que cada vez más desconfía de las bondades del libre comercio. En
cuanto a Bolivia, su posición geográfica de nexo para un corredor bioceánico; su posesión
de recursos estratégicos como el gas natural son elementos materiales que son vistos con
interés por países como Chile, no obstante, son complejos como articuladores de una
política vecinal, habida cuenta de las diversas significaciones internas que se la da al recurso
gas y a las limitaciones internas para emprender dicho corredor, chocando con lo
homogénea y pragmática de la política chilena, limitada a los actores oficiales.
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ANEXOS
Objetivo de aprendizaje: El mapa y el marco lógico son los instrumentos de explicación
del licenciado en relaciones internacionales. Después de completar estos anexos, tendrás
una mejor ubicación en la geografía y el espacio para ejercer correctamente tu profesión.
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1) Matriz de análisis de relaciones internacionales
Nombre completo:
Registro universitario:
Agente
Agente
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Organización
internacional
A
Organización
internacional
B
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ESCENARIO ACCIONES DE AGENTE
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2)
Página 63 de 70
3)
4)
Página 64 de 70
5)
Página 65 de 70
6)
Página 66 de 70
7)
8)
Página 67 de 70
9)
Página 68 de 70
10)
Página 69 de 70
11)
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