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LA CONTROVERSIA DE LIMITES ENTRE VENFZUELA Y GUYANA,
HERENCIA DEL COLONIALISMO BRITANICO
Pablo Ojer Celigueta (t) (*)
t. Gran Bretaña reconoció la frontera del Esequibo
La primera Constitución de Venezuela (1811), después de proclamada su
independencia de España, en virtud del principio Uti possidetis aceptado por
los países hispanoamericanos en la delimitación de sus respectivas fronteras,
estableció que los límites territoriales del país eran los correspondientes a la
Capitanía General de Venezuela, los cuales en la frontera sur-oriental seguían
por el río Esequibo desde sus fuentes hasta su confluencia en el Atlántico. Esta
era la frontera que separaba al país de las colonias holandesas de Esequibo,
Demerara y Berbice.
Por el Tratado de Londres (1815), los Países Bajos cedieron a Gran Bretaña
las mencionadas colonias que posteriormente se llamaron Guayana Británica.
Creada Colombia, de la que formaba parte Venezuela, bajo el gobierno del
Libertador Simón Bolívar, mediante notas y memorias explicativas de sus diplo-
máticos Francisco A. Zea (1821), Rafael Revenga (1823),J M. Hurtado (1824) y
Pedro Gual (1825), dio a conocer a Gran Bretaña cuál era la frontera que la
separaba de sus colonias antes mencionadas, sin que la Gran Bretaña opusiera
objeción alguna. De estas gestiones diplomáticas de la vieja Colombia merece
destacarse la del Ministro Plenipotenciario en Londres,] M. Hurtado, quien, al
gestionar y obtener de la Gran Bretaña el reconocimiento del nuevo Estado o
República de Colombia, expuso muy claramente cuáles eran sus fronteras, en-
tre ellas la sur-oriental o línea del Esequibo. Esta fue la frontera que Gran Bre-
taña reconoció a Colombia, de la que Venezuela era parte integrante.
En 1830 Venezuela se separó de Colombia, y le correspondieron las mis-
mas fronteras de la antigua administración española cuando era Capitanía
('•) Fundador del Instituto de Estudios Fronterizos.
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General. La Gran Bretaña no tardó en reconocerla, sin que en ningún momen-
to planteara alguna cuestión de límites.
2. Origen imperialista del problema fronterizo
El problema fronterizo se fue incubando lentamente, mientras Venezuela se
hallaba en posesión pacífica de su territorio.
La Royal Geographical Society de Londres, que actuaba en connivencia con
el Colonial Office, vino a saber que Rusia debía el descubrimiento de diamantes
en los Urales a una observación de Alejandro de Humboldt sobre las semejanzas
geográficas entre aquellos y los montes del Brasil. Ahora bien, conociendo que
las mismas semejanzas existían entre los macizos guayanés y brasileño, proyectó
la realización de unas exploraciones de las colonias de Esequibo, Demerara y
Berbice, las cuales confió al prusiano Robert H. Schomburgk en 1834. Este
naturalista, con su proyecto de exploración, presentó un mapa en el que la
frontera entre Venezuela y aquellas colonias era el río Esequibo. Este mapa lo
tuvo oculto Gran Bretaña y sólo recientemente ha sido descubierto por Vene-
zuela en los archivos de la Royal Geographical Society de Londres.
Al finalizar su exploración (1835-1839) fue cuando Schomburgk presentó
un nuevo mapa en el que, olvidándose de que unos años antes había reconocido
a Venezuela la línea del Esequibo, extendió la frontera hacia el Oeste tratando
de incorporar a la Guayana Británica aproximadamente 142.000 Km2 de terri-
torio venezolano.
El gobierno británico, haciendo caso omiso al reconocimiento que había
hecho a Venezuela de su frontera del Esequibo, quiso imponer la nueva línea
Schomburgk, presentándola primero como frontera tentativa, y en ese sentido
impartió instrucciones a Schomburgk para que la demarcara sobre el terreno.
Cuando el explorador prusiano al servicio de Inglaterra llegó en su trabajo
unilateral de demarcación al caño Barima, junto a las bocas del Orinoco, el
pueblo y el gobierno de Venezuela protestaron enérgicamente, y tras las gestio-
nes del ministro venezolano en Londres, el gobierno británico dispuso que
fueran derribados los postes de demarcación dejados por aquél.
3. Objetivos de la usurpación británica: el oro y el dominio del Orinoco
Mediado el siglo XIX se produjeron los conocidos descubrimientos aurífe-
ros en el territorio del Yuruari, afluente del Cuyuní. En la vecina colonia de
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Guayana Británica se despertó la aurea sacra James (la sagrada hambre de oro),
y los colonos, al igual que los medios capitalistas de Londres, comenzaron a
presionar sobre el gobierno británico para que incorporara a la Guayana Britá-
nica los territorios del Cuyuní, Mazaruni, etc. Pocos años más tarde presiona-
ron para que incorporara también la cuenca del aurífero Yuruari, lo que deter-
minó a Gran Bretaña a publicar mapas ensanchando sucesivamente el supuesto
territorio de la colonia, mediante líneas de frontera que se iban extendiendo
hacia el Orinoco.
Siguiendo esta orientación imperialista del gobierno británico, pequeños
grupos de mineros y funcionarios de la colonia avanzaron hacia los distritos
auríferos del territorio venezolano con el intento manifiesto de acercarse hasta
el Orinoco, cuyo dominio era previsto por el Foreign y el Colonial Office de
Londres como indispensable en su dispositivo estratégico suramericano.
Las protestas de Venezuela no surtían efecto alguno ante las sucesivas
usurpaciones territoriales de Gran Bretaña, lo que es comprensible, pues se
vivía una época del más descarado colonialismo cuando aún no existían organis-
mos internacionales donde los pequeños países pudieran hacer oír su voz. Era la
época cuando Gran Bretaña, al igual que otras potencias europeas, se repartían el
Continente africano, violando impunemente los derechos de los pueblos.
4. Intervención del nuevo imperialismo norteamericano
En 1895 el gobierno de los Estados Unidos, con aspiraciones de incorporar-
se al grupo de potencias mundiales, intervino en la cuestión guayanesa aparen-
temente en respaldo de Venezuela, mediante el célebre mensaje del presidente
Cleveland. Entre 1895 y 1896, la sorpresiva intervención de los Estados Uni-
dos, dirigida, según se creía, a frenar el expansionismo británico sobre los terri-
torios venezolanos, parecía que iba a conducir a un serio enfrentamiento entre
los dos países anglosajones. Sin embargo, el Ministro de Colonias británico
advirtió en su célebre discurso de Birmingham: "blood is thicker than water",
la sangre que unía a las dos potencias era más espesa que el agua que las separa-
ba. Por otra parte, el secretario de Estado norteamericano Richard Olney ex-
plicaba en carta confidencial -hoy encontrada- que su intervención en la cues-
tión guayanesa era para hacer valer la Doctrina de Monroe y preparar la inter-
vención norteamericana en el Caribe (asuntos de Cuba, Puerto Rico y canal de
Panamá).
La intervención norteamericana produjo el efecto de que Gran Bretaña,
que se resistía a acceder a las exigencias venezolanas de que se dilucidara la
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controversia fronteriza mediante un arbitraje de jure, admitió entrar en nego-
ciaciones para un tratado de arbitramento. Estados U nidos y Gran Bretaña
negociaron las bases del tratado que después impusieron a Venezuela (1897)
sin tomar en cuenta las graves objeciones formuladas por nuestro país. Una de
estas objeciones se refería a la composición del Tribunal de Arbitraje, ya que
Estados U nidos y Gran Bretaña se habían puesto de acuerdo para que ningún
venezolano formara parte de esa corte, como consecuencia de la posición britá-
nica de que ningún juez del Reino U nido podía sentarse al lado de un árbitro de
color. Desde luego, como se vio después, aún más que este prejuicio racial im-
portaba a Gran Bretaña que no hubiera ningún testigo venezolano de la farsa
que se preparaba bajo apariencias de arbitraje.
En 1899 se reunió el Tribunal de Arbitraje en París. Estaba formado por dos
jueces norteamericanos: los justicias Fuller y Brewer; dos británicos, Lord
Russell y Lord Collins; y un ruso, Frederick de Martens. Venezuela, como que-
da dicho, a pesar de llevar para entonces casi un siglo de vida como Estado
independiente y soberano, y a pesar de que se iba a dirimir un asunto territorial
de tanta importancia para ella, estaba ausente.
Conviene observar que si en 1895 parecía que Estados Unidos y Gran Bre-
taña iban a entrar en un serio conflicto por causa del expansionismo británico
en Guayana, para 1899 ya se había consolidado la entente entre las dos poten-
cias anglosajonas; Estados Unidos había intervenido en Cuba, Puerto Rico y
Filipinas (1898), mientras la intervención británica en Sudáfrica iba a desem-
bocar en la guerra Boer (1899), y ambas potencias coincidían en la Open door
policy que servía a sus intereses en el Extremo Oriente (1899). Al mismo tiem-
po Gran Bretaña y la Rusia zarista se repartían las llamadas esferas de influen-
cias en el Continente asiático ( 1898-1899).
5. Vicios de una componenda colonialista: El mal llamado "Laudo Arbitral"
El 3 de octubre de 1899 el Tribunal de Arbitraje, integrado de jueces
anglosajones y un ruso zarista, dictó el llamado Laudo, según el cual se asignó
a la colonia de Guayana Británica casi todo el territorio al oeste del Esequibo
que había sido usurpado por Gran Bretaña, mientras que a Venezuela se le re-
conoció un área que, al decir de la revista inglesa Review of Reviews, "no valía
un billete de cinco libras esterlinas".
Se comprende que éste fuera el resultado, una vez que conocemos los vicios
substanciales que han sido comprobados en los procedimientos del Tribunal de
Arbitraje:
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1) Gran Bretaña adulteró los mapas que presentó al Tribunal.
2) El Tribunal incurrió en exceso de poder al no aplicar al caso las reglas de
Derecho contenidas en el compromiso arbitral.
3) Los árbitros, en vez de dictar una sentencia según el derecho de las
partes, como estaba estipulado por el Tratado de Arbitraje, acordaron
una línea de compromiso, y para eso no estaban facultados ni por el
Tratado de Arbitraje ni por un nuevo acto de las partes en controver-
sia. Venezuela nunca habría autorizado una solución de compromiso,
pues la Constitución Nacional expresamente lo prohibía en materia
territorial.
4) Esta solución de compromiso fue el resultado de: a) una previa com-
ponenda entre el arbitro ruso y los jueces ingleses; b) mediante la ex-
torsión ejercida por De Martens sobre los árbitros norteamericanos, a
quienes amenazó que, de no aceptarles la línea de su componenda,
formaría mayoría con los árbitros ingleses en favor de una línea aún
más favorable a los intereses de Gran Bretaña.
5) Como consecuencia de estos manejos, la sentencia dictada por el tri-
bunal carece de motivación. Fue imposible a los árbitros explicar los
motivos de su componenda.
6) El Tribunal incurrió en ultra petita, pues decidió en materias sobre las
cuales carecía de jurisdicción. En efecto, dictó y reglamentó la navega-
ción de los ríos Barima y Amacuro.
En suma: el llamado Laudo de 1899, como componenda típica de la época
colonialista, lejos de zanjar la vieja controversia territorial entre Venezuela y
Gran Bretaña, vino a agravarla consumando el despojo territorial con una farsa.
Con razón escribió confidencialmente el funcionario del Colonial Office bri-
tánico, Charles A. Harris, después de haber presenciado los procedimientos
del Tribunal de Arbitraje: "Si de algo nos convencimos todos en París fue de
que al presente no se puede en manera alguna obtener que un tribunal Arbitral
actúe como una Corte de Justicia. Lo que pasó fue una farsa" (Minuta del Colo-
nial Office, 7 de noviembre de 1899).
6. Las protestas venezolanas
La Cancillería de Venezuela, conociendo algunos de los vicios que afectaron
al llamado Laudo, calificó la frontera acordada por los árbitros como "línea
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establecida de hecho, sin ningún apoyo ni fundamento histórico, geográfico ni
político" "más bien fruto de un propósito de transacción que de examen esen-
cialmente jurídico" (Documento del 22 de octubre de 1900).
No es del caso hacer un recuento de las protestas venezolanas, tanto del
sector gubernamental como del privado, contra la sentencia del Tribunal de
París. Ha sido siempre criterio firme de Venezuela que su antigua controver-
sia con el Reino Unido no ha sido resuelta, por lo que mantiene el reclamo
territorial de acuerdo con sus imprescriptibles derechos sobre la Guyana
Esequiba.
A partir de 1944, cuando ya en el mundo se respiraba un nuevo clima de
justicia internacional que habría de cristalizar en la Carta de San Francisco en
1945, Venezuela renovó con mayor vigor su reivindicación frente a la Gran
Bretaña. Sin embargo, transcurrieron casi dos décadas sin que el gobierno bri-
tánico prestara atención a las declaraciones de Venezuela.
Fue en 1962, luego de la razonada y amplia exposición del Ministro de Rela-
ciones Exteriores de Venezuela ante el Comité Político Especial de la XVII
Asamblea de las Naciones Unidas, cuando el gobierno británico accedió a dis-
cutir la materia en conversaciones tripartitas, pues, a sugerencia de Venezuela,
en ellas participaron representantes de la entonces colonia de Guayana Británi-
ca junto con los de Venezuela y el Reino Unido. Este gesto de Venezuela revis-
te especial significación por cuanto el país había sido perjudicado por la negati-
va de Gran Bretaña a que formara parte del Tribunal Arbitral de 1899 ningún
juez venezolano.
En el curso de estas negociaciones tripartitas se celebraron tres reuniones
ministeriales: en Londres, en 1963 y 1965, y en Ginebra, en 1966.
En la conferencia de Londres de 1965, las partes, después de haber agotado
sin llegar a ningún acuerdo el punto primero de la agenda, que se refería a los
planteamientos histórico-jurídicos sobre la nulidad del Laudo de 1899, explo-
raron diversas fórmulas de solución satisfactoria para el arreglo práctico de la
controversia.
Como consecuencia de no haber llegado a ningún acuerdo de solución prác-
tica, las partes convinieron en continuar las negociaciones en Ginebra en febre-
ro de 1966.
Conviene aclarar que Venezuela, Gran Bretaña y la entonces colonia de
Guayana Británica, según propuesta formulada por la delegación británica en la
Conferencia de Ginebra, se propusieron buscar soluciones prácticas de la
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controversia, prescindiendo de los planteamientos histórico-jurídicos sobre la
nulidad del llamado Laudo de 1899.
7. El Acuerdo de Ginebra para el arreglo práctico de la Controversia
Resultado de la Conferencia de Ginebra fue el Acuerdo que llevara el nom-
bre de esa ciudad, el cual, en su parte dispositiva, estipula: la creación de una
Comisión Mixta "con el encargo de buscar soluciones satisfactorias para el arre-
glo práctico de la controversia entre Venezuela y el Reino Unido surgida como
consecuencia de la contención venezolana de que el Laudo Arbitral de 1899
sobre la frontera entre Venezuela y Guayana Británica es nulo e írrito" (Art. 1).
Esa Comisión Mixta estaría constituida de dos representantes de Venezuela y
dos de Guayana Británica (Art. 11, 1). Se le señalaron cuatro años de plazo
(Art. IV, 1). Igualmente se previo que, de no venir a un acuerdo completo para
la solución de la controversia, la Comisión Mixta referirá al gobierno de Vene-
zuela y al gobierno de Guyana en su informe final cualesquiera cuestiones pen-
dientes (Id., Id.).
Para la solución de las cuestiones pendientes, el Acuerdo de Ginebra contie-
ne una serie de instancias en orden a la elección de uno de los medios de solu-
ción pacífica previstos en el Art.33 de la Carta de las Naciones Unidas (Art. IV,
1 y 2).
La Comisión Mixta comenzó sus trabajos en julio de 1966, y se le ha venci-
do el plazo acordado para la búsqueda de una solución satisfactoria en el terre-
no práctico de la controversia, el 17 de febrero de 1970. Durante ese lapso
celebró 16 reuniones formales y una de carácter informal.
Venezuela ha agotado sus mejores esfuerzos en la búsqueda de la solución
práctica de la controversia, ateniéndose fielmente al mandato del Acuerdo de
Ginebra.
8. Violación del Acuerdo por Guyana
Por el contrario, la Delegación de Guyana, en violación expresa e ininte-
rrumpida de la letra y del espíritu del Acuerdo de Ginebra, se ha negado a
entrar a discutir seriamente no sólo las soluciones sino también aun los cami-
nos que, dentro del marco de aquel convenio, podrían conducir a fructíferos
entendimientos entre los dos países, exigiendo con inexplicable intransigencia
que se enzarzaran las dos delegaciones en la discusión teórica de la nulidad o
validez del Laudo de 1899.
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Resulta evidente que esta posición guyanesa tenía por objeto no sólo neu-
tralizar los efectos del mandato expreso del Acuerdo de Ginebra de que se
debía buscar una solución práctica de la controversia que separa a los dos paí-
ses, sino también conducir las negociaciones hacia un terreno donde no era
posible lograr algún avenimiento en el seno de una comisión diplomática,
paritaria y negociadora, pues mientras Venezuela mantiene la nulidad del Lau-
do de 1899, Guyana pretende ampararse en su validez, sin que entre las dos
posiciones, como puede observarlo el más desapasionado observador, quepa
zona de coincidencia.
Como consecuencia de la intransigencia guyanesa, y a pesar de que Vene-
zuela, en un esfuerzo ejemplar de país moderno y pacífico, ofreció a Guyana,
como camino hacia las soluciones satisfactorias de la controversia, un plan de
desarrollo conjunto que beneficiaría no sólo a la zona disputada sino también
al territorio indiscutido de Guyana, plan que habría supuesto a Venezuela un
desembolso de más de cien millones de dólares americanos, los trabajos de la
Comisión Mixta han sido enteramente infructuosos. La misma oferta venezo-
lana ha sido mal interpretada por el gobierno de Guyana, evidentemente inte-
resado, más que en la observancia bona fide del Acuerdo de Ginebra, en la
utilización de la controversia como instrumento para crear injustificados odios
contra Venezuela, y como oportunidad para desviar la atención de la opinión
pública de las graves consecuencias que se derivan de su política interna,
persecutoria y racista.
9. La campaña antivenezolana de Guyana
Esta falta de buena fe se puso de manifiesto con ocasión de un ejercicio
normal de soberanía por parte de Venezuela en la isla de Anacoco, la cual hasta
los propios mapas de la Colonia señalaban como venezolana ert toda su integri-
dad. Prueba de ello es que, al suscitar el gobierno de Guyana el infundado caso
de Anacoco en octubre de 1966, prohibió la venta al público de los mapas en-
tonces circulantes de Guyana, con el fin de modificar la línea de demarcación
en el mencionado sector.
De igual manera, la creciente inquietud de los llamados amerindios o natu-
rales de la Guayana Esequiba, por la política racista del gobierno de Burnham,
fue atribuida injustificadamente a Venezuela, como si nuestro país fuera culpa-
ble de que esas poblaciones amerindias, víctimas de continuados atropellos, al
comparar su situación con la de sus hermanos de raza que viven al amparo de la
democracia venezolana, tanto en lo social y político como en lo racial, prefirie-
ran la libertad y el progreso al atraso y a la opresión. Conviene observar que
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la más grave de estas incidencias, como fue la revolución del Rupununi en ene-
ro de 1968, si en ella hubiera participado Venezuela como la acusó el gobierno
de Guyana, no habría sido sofocada por un pequeño pelotón de soldados en el
término de pocas horas.
La misma advertencia venezolana sobre la reserva de sus derechos a la Guayana
Esequiba, en resguardo de los intereses de las empresas que podrían ser atraídas
a la zona disputada, bajo la creencia de que la reclamación de Venezuela no es
firme ni seria, advertencia que adquirió un nuevo fundamento jurídico en el Art.
V (2) del Acuerdo de Ginebra, ha sido mal interpretada por Guyana.
Por un decreto presidencial del 9 de julio de 1968, en acto normal de sobe-
ranía se aplicó la Ley venezolana de Plataforma Continental a nueve millas de
mar sobre el que Guyana nunca había declarado su jurisdicción. Este acto nor-
mal de soberanía fue tergiversado por el gobierno de Guyana, pero sus esfuer-
zos por comprometer a los países miembros de las Naciones Unidas en un
injustificado escándalo diplomático fueron, naturalmente, infructuosos.
El gobierno de Venezuela inaugurado en marzo de 1969, aun manteniendo
con firmeza la reclamación de Guayana Esequiba, aspiró a llevar las relaciones
con Guyana a un plano de cordialidad y de fecundo entendimiento.
En aras de su propósito conciliador, a pesar de tener conocimiento de fre-
cuentes actos de provocación por parte de las fuerzas guyanesas vecinas de la
línea de demarcación, y aun de violaciones del territorio y del espacio aéreo de
Venezuela, el gobierno venezolano mantuvo una actitud discreta y no hizo pú-
blicos ninguno de los incidentes. Sin embargo, las autoridades guyanesas pro-
siguieron en su campaña de declaraciones ofensivas con el obvio propósito de
crear a Venezuela una ficticia imagen de país guerrerista. Por eso mismo, resul-
tó aún más sorprendente para la opinión pública internacional la repentina ocu-
pación por las fuerzas militares de Guyana del aeropuerto de Tigri en su vecino
Surinam, en agosto de 1969.
10. Posición anticolonialista de Venezuela
Por supuesto que la campaña del gobierno de Guyana contra Venezuela no
ha podido afectar al prestigio que goza nuestro país por su reconocida estruc-
tura democrática, tanto en lo político como en lo social y racial, y por su inso-
bornable posición anticolonialista y pacifista.
Ya en 1819 decía el Liberador Simón Bolívar: "Tengamos presente que nues-
tro pueblo no es el europeo ni el americano del Norte, que más bien es un com-
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puesto de Africa y de América con una emanación de la Europa, puesto que
España misma deja de ser europea por su sangre africana, por sus instituciones
y por su carácter".
El mismo Libertador, como es sabido, trató desde 1824 de unir a los países
hispanoamericanos, que habían obtenido recientemente su independencia, en
"una liga americana para la libertad humana" con el propósito de enfrentarlos a
las potencias europeas que aún mantenían colonias en América y se repartían a
jirones el Continente africano. Este gran proyecto de Bolívar, que estuvo a
punto de cristalizar en el célebre Congreso de Panamá, si no hubiera sido por
los turbios manejos del colonialismo europeo y del naciente imperialismo de
los Estados Unidos, al menos sirvió para interesar a los países, por iniciativa de
Bolívar, en el reconocimiento de la independencia de Haití (país de raza africa-
na), y para que reclamaran justicia y respeto para los pueblos de Africa explota-
dos por las potencias europeas.
Fiel a este legado del más ilustre de sus hijos, Venezuela ha mantenido siem-
pre el principio de la igualdad de todos los Estados como miembros de la fami-
lia de naciones, sin tomar en cuenta su dimensión, fuerza u origen racial (Véanse
v.g. las Memorias del Ministerio de Relaciones Exteriores de 1858 y 1881). En
las Actas de las Naciones Unidas, así como en las de la Organización de los
Estados Americanos y de los diferentes organismos internacionales -en espe-
cial en el Comité de los Veinticuatro- ha quedado constancia de la indeclinable
posición anticolonialista de Venezuela en asuntos como la independencia de
Argelia y la política racista de Sud-Africa y Rhodesia. De su apoyo a la inde-
pendencia de los nuevos estados son testigos todos los pueblos que en Asia,
Africa y América han logrado liberarse del yugo colonial. La propia Guyana, a
pesar del diferendo fronterizo que la separa de Venezuela, puede dar fe de que
en todo momento, desde que su pueblo aspiró a su independencia de la Gran
Bretaña, contó con el irrestricto apoyo del gobierno y del pueblo venezolanos.
El día que se produjo tan fausto acontecimiento, el gobierno de Venezuela,
interpretando el sentimiento del pueblo venezolano, se apresuró a reconocer el
nuevo Estado de Guyana. En la nota de reconocimiento fechada el mismo día
26 de mayo de 1966, entre otros conceptos altamente significativos, se expresa-
ba: "El gobierno de Venezuela, al reconocer al nuevo Estado independiente de
Guyana, desea manifestar el júbilo que embarga a toda la colectividad nacional
al ver nacer en suelo americano, y sobre viejos restos de colonialismo, un nuevo
país cuyos recios y laboriosos habitantes se incorporan de esta manera al seno
de la colectividad de naciones libres del mundo".
De igual manera, Venezuela apoyó sin titubeos el ingreso de Guyana a la
Organización de las Naciones Unidas el mismo año de 1966.
ESTUDIOS 51
Esta consecuente e ininterrumpida posición anticolonialista de Venezuela
no es fruto exclusivo del pensamiento ilustrado de sus dirigentes y conciencia
de su pueblo, sino también consecuencia de las injusticias y atropellos de que
ha sido víctima el país a manos de las potencias colonialistas. Precisamente, una
de esas injusticias fue la usurpación de su territorio Esequibo por la Gran Bre-
taña. Venezuela sabe que la entonces colonia de Guayana Británica (hoy Guyana)
era también víctima de otros muchos atropellos y explotaciones por parte del
Reino U nido. Por eso, si bien Venezuela no considera a Guyana como causante
de la usurpación de la Guayana Esequiba, por haberse beneficiado injustamen-
te con la incorporación de esa zona debía comprender que, de no arreglar el
problema, se haría cómplice de una situación creada por el imperialismo inglés.
Venezuela está dispuesta a poner de su parte los mejores esfuerzos para la
solución pacífica de la controversia. En prueba de su buena fe, está a la vista de
los observadores imparciales su presente de país pacifista y sus ejecutorias pa-
sadas, ·pues es bien sabido que los Ejércitos de Venezuela, al libertar a otros
cinco países del Continente americano, no agregaron ni una sola pulgada a la
extensión territorial de su país.
11. Conclusiones
l. La Gran Bretaña victoriana, con el interés de explotar las riquezas aurífe-
ras de la región, y con el objeto de dominar el río Orinoco -calificado por
los geopolíticos británicos de "Danubio Americano" - usurpó a Venezuela
el territorio de la Guayana Esequiba.
2. El Tribunal Arbitral de 1899, que debía haber arreglado la controversia
territorial anglo-venezolana, dictó el llamado Laudo afectado de vicios
substanciales como consecuencia de lo que aun en el Colonial Office de
Londres fue calificado de farsa.
3. Venezuela, naturalmente, nunca ha aceptado el llamado Laudo por haber
sido fruto de una componenda colonialista en la que privaron los intereses
británicos.
4. Varias décadas antes de la independencia de Guyana, Venezuela planteó la
necesidad de que se le reparara de esa injusticia, pero Inglaterra no accedió
a ese reclamo.
5. Como consecuencia del planteamiento de Venezuela en las Naciones Uni-
das (1962), Gran Bretaña aceptó entrar en negociaciones. Estas, por
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sugerencias de Venezuela en favor de la participación de la entonces colo-
nia de Guayana Británica, fueron tripartitas. Se celebraron conversaciones
a alto nivel en Londres (1963 y 1965) y en Ginebra (1966).
6. Como resultado de la última conferencia ministerial, se firmó el Acuerdo
de Ginebra (16 de febrero de 1966), por el cual las partes: Venezuela, Gran
Bretaña y Guyana (adherida posteriormente, al obtener su independen-
cia) se comprometieron a buscar soluciones satisfactorias para el arreglo
práctico de la controversia, mediante el recurso a sucesivas instancias, de
las cuales la primera ha sido la Comisión Mixta de Límites.
7. Durante el lapso asignado a la Comisión Mixta de Límites (1966-1970),
Guyana ha incumplido el mandato expreso del Acuerdo de Ginebra, pues,
negándose a la búsqueda satisfactoria en el terreno práctico, pretendió
que se llevaran las discusiones a un terreno jurídico en el que la Comisión
era incompetente para llegar a fructuosos avenimientos, tanto por su na-
turaleza diplomática, paritaria y negociadora, como por expresas estipula-
ciones del Convenio. Simultáneamente, en persecución de claros objeti-
vos de Política internacional, opresora y racista, Guyana ha desencadena-
do una infundada campaña contra Venezuela, creando serias dificultades a
las negociaciones sobre tan delicado problema territorial.
8. La posición de Venezuela ha sido firme e ininterrumpidamente
anticolonialista y pacifista. Esta posición es en gran parte consecuencia de
las injusticias de que ha sido víctima a manos de las potencias imperialistas.
U na de esas injusticias fue la usurpación de su Guayana Esequiba. Si Guyana
persistiera en su intransigencia y no adoptara una actitud seria para resol-
ver la controversia según el mandato del Acuerdo de Ginebra, se haría
cómplice del despojo sufrido por Venezuela por las malas artes del colo-
nialismo británico.