INTRODUCCIÓN
Carnaval de Oruro. Único en el mundo por su sentido religioso.
Comienza 40 días antes de la Pascua, con el primer convite en
devoción a la Virgen del Socavón, en el que todos los conjuntos
visitan el templo donde tiene lugar la ceremonia del permiso y la
promesa. A partir de ese acto se intensifican otros como el
Calvario, las Veladas de la Virgen y los ensayos de los danzarines.
Una semana antes del Carnaval se realiza el segundo convite, con
la concentración de todos los conjuntos. El viernes es dedicado en
forma tradicional al Convite del "Tío" y se realiza la "Challa".
A lo largo de la festividad participan más de 48 conjuntos
folklóricos distribuidos en 18 especialidades de danzas que
realizan su peregrinación hacia el Santuario del Socavón cada
sábado de carnaval en la tradicional “Entrada”.
ORIGEN DEL CARNAVAL
El Carnaval de Oruro, tiene su origen en el misticismo ancestral
que el hombre de estas latitudes Uru - andinas practicaba. Los
antecedentes previos al término “carnaval” son, los ritos
primitivos que dan origen a la religiosidad Uru, los de
domesticación a la llama, los de la caza a la taruka (ciervo
andino), los ritos al Tio y las que básicamente son conocidas como
anatas o fiestas de la siembra y cosecha que obedecen a la
cosmovisión y calendario agrícola andino respectivamente, dentro
los distintos procesos culturales que alteraron los tiempos y
espacios sacralizados, hasta llegar en profundidad al tiempo
mítico y místico del desarrollo Uru-kolla, antes del Aymaro-
tihuanacota, las conquistas del Imperio Quechua, que el
expansionismo Inca, jamás pudo mimetizar ni extirpar, al igual que
lo intentare luego la conquista española, asumiendo ésta,
diferente conducta dogmatizante, sangrienta y humillante, que ha
“patronimizado” las manifestaciones de la cosmovisión andina,
enajenando las deidades propias con la imposición de otras del
santoral católico, frente a la otra, la nuestra, acostumbrada al rito
silencioso, alejado, escondido, discreto, enérgico y
suficientemente telúrico y politeísta. Invocaciones a la
Pachamama (madre tierra), al Tío Uru, al supay de los parajes
mineros, son el sustento intangible de esta grandiosa
manifestación que viene a nuestro tiempo, como tiempo
permanente y luminoso, a decir de Rudolf Otto -“como una cosa
ganz andere-, como algo radical y totalmente diferente”.
Marca 1789, el calendario ibérico católico. La entronización de la
imagen de la Virgen de la Candelaria, conocida por los locales
como la Virgen del Socavón; nace en esa época la intención de
hiperdulizar los ritos indios y empatronarlos con la Virgen morena,
proceso extirpador que no pudo conseguir su objetivo, al contrario,
tuvo el catolicismo que integrarse a la ritualidad indígena y
compartir tiempo y espacio hierofánico y teofánico. Sin fundirse ni
confundirse, es el mismo caos que se vuelve sagrado, es el mismo
hombre que no adultera su creencia, no entrega su fe, no
reverencia a Dios si no tiene al lado su propia Waca. Leyendas
como Huari y los urus, de la mitología altiplánica, que fundamenta
la aparición de una “bella Ñusta” que defiende de las plagas
monstruosas que envía Huari, (la víbora por el sud, el sapo por el
norte y las hormigas por el este), a este pueblo pacífico de los Uru
Uru; convirtiendo a cada una de estas, en pétreos testimonios de
su innatural grandeza, vinculada en la colonia precisamente con la
Virgen. Debieron pasar muchos años para que xpiamismo
(cristianismo) ibérico mestice esta leyenda e ingenie otras como
las del Chiru Chiru o la del Nina Nina, para que en 1789 los
mineros a la imprecación y descubrimiento de la imagen,
resuelvan reverenciarla durante tres días al año, desde el sábado
de peregrinación, domingo de carnaval y lunes declarado del
diablo y del moreno y despedida de la Virgen, con sendas fiestas.
En este festejo debía usarse disfraces a semejanza de los diablos
y al ritmo de su propia música, que por cierto es otro elemento
indescifrado en su composición, al igual que el anonimato del
autor de tan hermoso y singular fresco de la Candelaria.
Coexisten Maria y pachamama, el diablo extranjero se impregnan
de localismo Uru, el Tiw, es luego tío; es, desde ese tiempo la
Diablada, que junto al catolicismo, el rito indio es convertido en
carnaval andino y un auto sacramental es convertido en el “relato
de la Diablada