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6-Salud Mental en la Comunidad
Chapter · May 2020
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Julieta Flores Bassino
Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José Tiburcio Borda
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6- Salud Mental en la Comunidad
Julieta FLORES BASSINO
En este capítulo abordaremos conceptos relacionados con la Salud Mental en la comu-
nidad. Para esto, primeramente, debemos definir algunos conceptos básicos de salud en
general, para después historizar acerca de cómo fue cambiando el paradigma tradicional en
Salud Mental y surgiendo la Salud Mental Comunitaria.
Conceptos Generales
Niveles de atención: es la manera de abordar la organización de los recursos existentes
para satisfacer las necesidades de la población en términos de problemas de salud que se
resuelven, y no de servicios prestados. Existen tres niveles de atención.
El primer nivel es el más cercano a la población. Es el que debería tener los recursos ne-
cesarios que permitan resolver las necesidades de atención básicas y más frecuentes. Es la
puerta de entrada al sistema de salud. Se caracteriza por contar con establecimientos de baja
complejidad, como ser unidades sanitarias y centros de salud, por ejemplo. Se resuelven
aproximadamente 85% de los problemas prevalentes.
El segundo nivel de atención es el que cuenta con un mayor nivel de complejidad que
permite abordar problemas de salud que no pueden ser resueltos en el primer nivel de aten-
ción. En este nivel se encuentran los hospitales, por ejemplo.
El tercer nivel de atención se reserva para la atención de problemas poco prevalentes, se
refiere a la atención de patologías complejas que requieren procedimientos especializados.
Se estima que entre el primer y el segundo nivel se pueden resolver hasta 95% de proble-
mas de salud de la población, mientras que el tercer nivel resolvería el 5% restante.
Para que los niveles de atención funcionen adecuadamente debe existir un sistema de
referencia y contrarreferencia que permita la coordinación e interacción entre los distintos
niveles con la fluidez necesaria para que cada uno pueda cumplir con sus incumbencias, y
que no se sobresaturen resolviendo situaciones que no les compete. Ejemplo: una faringitis
puede ser abordada en el primer nivel de atención; al no suceder esto y la gente recurrir a
una guardia hospitalaria (segundo nivel) ocupan lugar y tiempo o demoran mucho más en
ser atendidos ya que la dedicación está puesta en la atención de las patologías más graves.
La referencia constituye un procedimiento administrativo-asistencial mediante el cual
un establecimiento de salud transfiere la responsabilidad del cuidado de la salud de un
paciente o el procesamiento de una prueba diagnóstica, a otro establecimiento de salud
de mayor capacidad resolutiva. La contrarreferencia es el procedimiento administrativo-
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asistencial mediante el cual el establecimiento de salud de referencia, una vez resuelto el
problema de salud, devuelve la responsabilidad del cuidado de salud de un paciente o el
resultado de una prueba diagnóstica, al establecimiento de salud referente (de menor com-
plejidad) para su control y seguimiento necesario.
Un ejemplo de esto en lo concerniente a la Salud Mental sería el siguiente: los centros de
salud (primer nivel) deberían contar con equipos interdisciplinarios de Salud Mental que
aborden las consultas ambulatorias, el seguimiento de los pacientes, las actividades de pre-
vención de la enfermedad y promoción de la Salud Mental, etc. En caso de presentarse una
descompensación en este nivel, que necesite un tipo de abordaje más complejo, debería po-
der articularse fluidamente con el hospital más cercano para que el paciente sea trasladado
en la ambulancia del centro de salud a la guardia hospitalaria. Una vez resuelto el episodio
agudo, ya sea en guardia, o ya sea que requiera una internación, se lo referencia nuevamente
con el centro de salud del cual fue trasladado para continuar con el seguimiento ambulato-
rio del mismo.
Niveles de Prevención
La OMS (1998) define a la “Prevención” como las “Medidas destinadas no solamente a
prevenir la aparición de la enfermedad, tales como la reducción de factores de riesgo, sino
también a detener su avance y atenuar sus consecuencias una vez establecida”. Las activida-
des preventivas se pueden dividir en tres niveles:
Prevención Primaria: son las medidas orientadas a evitar la aparición de una enfermedad
o problema de salud mediante el control de los factores causales y los factores predispo-
nentes o condicionantes. El objetivo es disminuir la incidencia de la enfermedad. Ejemplo:
programas educativos para enseñar cómo se trasmite y cómo se previene el dengue.
Prevención Secundaria: son las medidas orientadas al diagnóstico precoz de la enfer-
medad incipiente en sujetos “aparentemente sanos”, para lograr un tratamiento oportuno.
Estos objetivos se pueden lograr a través del examen médico periódico y las pruebas de
Screening. El objetivo es retardar la aparición de las secuelas, pretendiendo reducir la pre-
valencia de la enfermedad. Ejemplo: tratamiento de la hipertensión arterial en sus estadíos
iniciales realizando un control periódico y seguimiento del paciente, para monitorear la
evolución y detectar a tiempo posibles secuelas.
Prevención Terciaria: son las medidas relativas a la recuperación de la enfermedad clíni-
camente manifiesta, mediante la rehabilitación física, psicológica y social buscando reducir
las secuelas. Son fundamentales el control y seguimiento del paciente. Ejemplo: la realiza-
ción de fisioterapia luego de retirar un yeso por fractura.
Atención Primaria de la Salud (APS).
Es una estrategia definida en la conferencia de Alma Ata en 1978 (desarrollaremos esto
más adelante), donde se estableció un avance para superar los modelos biomédicos, centra-
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dos en la enfermedad, basados en establecimientos de segundo y tercer nivel por modelos
basados en la promoción de salud y preventivos de la enfermedad. La APS fue definida
como: “la asistencia sanitaria esencial, basada en métodos y tecnologías prácticos cientí-
ficamente fundados y socialmente aceptables, puesta al alcance de todos los individuos de
la comunidad, mediante su plena participación y a un costo que la comunidad y el país
puedan soportar en todas y cada una de las etapas de su desarrollo, con espíritu de auto-
rresponsabilidad y autodeterminación”. La APS no es atención de segunda clase destinada a
comunidades vulnerables socioeconómicamente, sino que es una estrategia dirigida a todos
los sectores sociales sin distinción. Las líneas de acción para su implementación son las si-
guientes: reorientación del personal de salud hacia la APS, participación de la comunidad,
coordinación intersectorial e interinstitucional, descentralización de recursos, enfoque de
riesgo y coordinación docente asistencial.
Aclaramos estos primeros conceptos para dejar en claro que no son sinónimos: primer
nivel de atención, prevención primaria y atención primaria de la salud, conceptos que mu-
chas veces son usados indistintamente.
El Cambio de Paradigma
En el contexto de la Revolución Francesa, nace la Psiquiatría como rama de la Medicina
a fin de responder a una demanda de época: definir un espacio para alojar la “locura” y tu-
telar a quienes no podían ejercitar la libertad por hallarse “alienados”. Esta nueva rama de
la Medicina, la Medicina “mental”, instituyó los que anteriormente eran establecimientos de
reclusión como espacios de curación (Stolkiner, A. 2007).
A principios del Siglo XX este modelo comienza a ser cuestionado por el Higienismo
Mental naciente. En 1909 Clifford Beers funda el Comité Nacional de Higiene Mental
en EEUU. Leo Kanner dice al respecto: “…lo que solía ser considerado como una entidad
patológica circunscripta se miraba ahora como la actividad nociva de una persona, a veces
de fundamento orgánico reconocido, a menudo sin esa etiología... pero siempre impregna-
da por los factores de personalidad y el medio. La Psiquiatría salió de los manicomios, se
divorció de las restricciones impuestas al concepto legal de insania de encierro y se dedicó
a atender toda clase de conducta humana defectuosa, de cualquier intensidad…” (Kanner
L. 1971).
Recién en la segunda mitad del Siglo XX (posguerra) se inician los procesos de reforma
psiquiátrica en el marco del nacimiento de las políticas en Salud Mental. Estas políticas
proponían la desaparición de la internación prolongada, fomentando formas de asistencia
centradas en la comunidad, teniendo como principal objetivo evitar los efectos iatrogénicos
del confinamiento y brindar asistencia a la enfermedad en el contexto social de la persona,
resguardando sus derechos.
En 1953 la OMS recomendó la transformación en comunidades terapéuticas de todos
los hospitales psiquiátricos, adoptando el modelo propuesto por Inglaterra (Galende, E.
1990). Simultáneamente se fueron desarrollando diversas experiencias según los diferentes
países.
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Sobre este proceso dice Emiliano Galende (1990): “En los años cincuenta... se va definien-
do el nuevo reordenamiento de lo mental en el mundo. Goffman muestra en EEUU la creación
de una nueva patología por el internamiento. Crecen en todo el territorio norteamericano
las socioterapias y las comunidades terapéuticas. Cuando llega la ley Kennedy en 1963, con
el Programa Federal de Psiquiatría Comunitaria, el terreno estaba abonado. En Francia, a
partir de Saint-Alban y con el apoyo del Frente Patriótico, se promulga la reforma sanitaria y
la creación del Sector como, como nueva política en Salud Mental. En Italia, el Frente Demo-
crático reconstruye la organización de salud e instala las primeras comunidades terapéuticas,
para luego, con Basaglia, desembocar en el cierre del Hospital de Trieste y la actual ley de Salud
Mental. Todo este movimiento no debe entenderse como despliegue, extensión o moderniza-
ción de la Psiquiatría, ya que, por el contrario, constituye su crisis, expresada justamente en su
imagen institucional, y ha de llevar a la construcción de un nuevo modelo de acción, que son
las políticas en Salud Mental” (Galende, E. 1990).
Las políticas en Salud Mental resultaron muy diversas según el territorio en el cual na-
cían. Sin embargo, en la mayoría se sostenían algunos principios básicos, como ser:
Poner el foco en el concepto de sufrimiento psíquico o padecimiento subjetivo y no en
el de enfermedad mental.
Romper el supuesto de peligrosidad asociado a la reclusión. Modificar las reglas jurídi-
cas.
Proponer formas ambulatorias de tratamiento e integradas a la sociedad.
Enfocar el padecimiento subjetivo desde la vida social comunitaria priorizando activi-
dades de promoción de la salud.
Incorporar el concepto de derechos como componente de la práctica curativa y preven-
tiva.
Reconocer que la complejidad de la problemática implica un abordaje interdisciplinario
e intersectorial.
Con este contexto, en el cual la reforma psiquiátrica se estaba llevando a cabo en nume-
rosos países, es que se desarrolla el evento de política de salud internacional más importante
de la década de los setenta: La Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de la Sa-
lud de Alma-Ata, realizada en Kazajistán, del 6 al 12 de septiembre de 1978. La conferencia
fue organizada por la OMS/OPS y UNICEF, y patrocinado por la entonces URSS. Su lema
fue “Salud para todos en el año 2000”. La síntesis de sus intenciones se expresa en la Decla-
ración de Alma-Ata, donde se expresa la necesidad urgente de la toma de acciones por parte
de todos los gobiernos, trabajadores de la salud y la comunidad internacional, para proteger
y promover el modelo de atención primaria de salud para todos los individuos en el mundo.
En ella participaron 134 países y 67 organizaciones internacionales
A continuación, se citan tres incisos claves donde se refleja el espíritu de la producción
del encuentro y se sientan las bases de la atención en salud (ALMA ATTA, 1978):
-IV- Las personas tienen el derecho y el deber de participar individual y colectivamente
en la planificación e implementación de su atención sanitaria.
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-V- Los gobiernos tienen la responsabilidad de la salud de sus poblaciones, que puede
ser conseguida sólo mediante la provisión de unas medidas sanitarias y sociales adecuadas.
(…) La atención primaria de salud es la clave para conseguir este objetivo como parte del
espíritu de justicia social del desarrollo.
-VI- La atención primaria de salud es atención sanitaria esencial, basada en la práctica,
en la evidencia científica y en la metodología y la tecnología socialmente aceptables, accesi-
ble universalmente a los individuos y las familias en la comunidad a través de su completa
participación y a un coste que la comunidad y el país lo puedan soportar, a fin de mantener
cada nivel de su desarrollo, un espíritu de autodependencia y autodeterminación. Forma
una parte integral tanto del sistema sanitario del país (del que es eje central y foco principal)
como del total del desarrollo social y económico de la comunidad. Es el primer nivel de con-
tacto de los individuos, las familias y las comunidades con el sistema de salud, acercando la
atención sanitaria al máximo posible al lugar donde las personas viven y trabajan, constitu-
yendo el primer elemento del proceso de atención sanitaria continuada.
En ese mismo año, en Italia, se aprobaba la ley de Salud Mental, por la que se suprimían
las internaciones prolongadas y compulsivas, instalando formas descentralizadas y comu-
nitarias de atención y reinserción de los pacientes.
En 1990 la OPS/OMS convocó a distintas organizaciones, autoridades de salud, pro-
fesionales de Salud Mental, profesionales del derecho y usuarios de los sistemas de Salud
Mental a la Conferencia Regional para la Reestructuración de la Atención Psiquiátrica en
América Latina celebrada en Caracas, Venezuela. En el marco de esta conferencia, el 14 de
noviembre de 1990 se adoptó la Declaración de Caracas (OPS, 1990).
En ésta se enuncia que la atención psiquiátrica convencional no permite alcanzar los ob-
jetivos compatibles con una atención comunitaria, descentralizada, participativa, integral,
continua y preventiva; y que el hospital psiquiátrico, como única modalidad asistencial,
obstaculiza el logro de los objetivos antes mencionados. A su vez, retoma el concepto de la
Atención Primaria de Salud como la estrategia adoptada por la OMS y la OPS y refrendada
por los Países Miembros para lograr la meta Salud para Todos en el Año 2000; y postula que:
Los modelos de atención deben estar centrados en la comunidad y dentro de sus redes
sociales.
La reestructuración de la atención psiquiátrica implica la revisión del papel centraliza-
dor del hospital psiquiátrico en la prestación de servicios.
Las legislaciones de los países, los recursos, los cuidados y los tratamientos provistos
deben salvaguardar la dignidad personal y los derechos humanos y civiles, deben estar basa-
dos en criterios racionales y técnicamente adecuados, y deben propender a la permanencia
del enfermo en su medio comunitario (OPS, 1990).
A pesar de esto, la propuesta de la Declaración de Caracas (OPS, 1990) no es todavía
aplicada como sería de esperar a casi treinta años de su enunciación. El paradigma tradi-
cional de atención individual centrada en la hospitalización, se ha ido modificando hacia el
de atención en la comunidad, focalizado en evitar la pérdida del lazo social. La clave de esta
posibilidad está en lograr entrelazar los principios y componentes de la APS y los postula-
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dos y requerimientos de las reformas en Salud Mental de enfoque comunitario (Stolkiner,
2007). Es por esto, que se considera prioritario el análisis, la reevaluación y la reforma de
servicios de Salud Mental, no olvidando la importancia de la defensa de los derechos de los
pacientes y la disminución del estigma, base de las situaciones de exclusión.
La OMS plantea ciertos lineamientos en base a esto (OMS, 2001):
• Cierre progresivo o transformación de los hospitales monovalentes.
• Desarrollo de servicios comunitarios de Salud Mental.
• Disponibilidad de medicamentos psicotrópicos esenciales.
• Creación de vínculos entre el sector salud y otros sectores.
• Garantía de accesibilidad y equidad.
El 2002 es declarado por la OMS “Año Internacional de la Salud Mental” y como parte
de ello se anuncia el Programa Mundial de Acción en Salud Mental. El mismo tiene como
meta colaborar con los Estados Miembros a fin de acrecentar su capacidad de reducción de
los riesgos, el estigma, la carga de los trastornos mentales y la promoción de la Salud Mental
de la población.
Hoy en día continúa el arduo trabajo a fin de alcanzar estas metas.
En lo que respecta a la Argentina, no podemos dejar de mencionar a Mauricio Gol-
denberg, el psiquiatra más influyente de su generación en América Latina, que tiene una
historia que data sus comienzos a mediados de los años ‘50. Fue pionero de un enfoque
dinámico y humanista, culturalmente informado, y socialmente sensible de la Psiquiatría
comunitaria. Creó un programa de enorme influencia en la Argentina y se transformó en
símbolo de la reforma psiquiátrica, cuyos efectos aún tienen lugar en las Américas. Forma-
do en Buenos Aires en Medicina y en Psiquiatría, Goldenberg plasmó su liderazgo a partir
de 1956 cuando se hizo cargo de la dirección del Servicio de Psicopatología del Policlínico
de Lanús (hoy “HIGA Evita de Lanús”), hospital que servía a las necesidades asistenciales
de la población de la zona. Rodeado de un equipo de jóvenes psiquiatras que lo secundaron
en ese proceso, Goldenberg desarrolló en pocos años programas totalmente pioneros no
sólo para la Argentina sino para toda la América Latina: sectores de internación abiertos
en el hospital general, sectores de consultorios externos para niños, adolescentes, adultos
y pacientes mayores que llegaron a ofrecer más de 40.000 consultas anuales gratuitos con
pacientes y familias, servicio de interconsultas psiquiátricas para pacientes internados en
otros sectores del hospital, hospital de día para pacientes que necesitaban intervenciones
terapéuticas más estructuradas, un centro de investigaciones activo e idóneo, servicios de
extensión comunitaria con consultorios en los barrios marginales cercanos al hospital, y
una residencia de especialización en Psiquiatría que también quebró el molde tradicional
que caracterizaba hasta entonces a las residencias psiquiátricas en América Latina –las que
sólo ofrecían formación en Psiquiatría biomédica tradicional y localizadas en los hospitales
monovalentes. Todo ello lanzó a la palestra un servicio para entonces (y tal vez aún para
ahora) innovador y comprensivo, interdisciplinario, basado en un modelo bio-psico-social
que integraba clínica psiquiátrica, psicofarmacología, enfoques psicodinámicos y sistémi-
cos, terapias breves individuales, grupales y familiares, y una orientación comunitaria adap-
tada a las realidades culturales latinoamericanas.
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En noviembre del año 2010 se sanciona en Argentina la Ley Nacional de Salud Mental
26.657, siendo promulgada en el mes de diciembre. Comenzó a regir aún faltando artículos
a reglamentar. El espíritu de esta ley resuena en torno a los derechos humanos y puntual-
mente el derecho a la protección de la Salud Mental de todas las personas y el pleno goce de
los derechos humanos de aquellos con padecimiento mental. La mayor parte de la ley apun-
ta a la internación psiquiátrica, cuestionando las formas, enunciando a la internación como
un recurso terapéutico de carácter restrictivo, e indicando que la misma debe llevarse a cabo
en hospitales generales. En cuanto a la modalidad de abordaje de los “padecimientos” men-
tales, establece que el proceso de atención debe realizarse preferentemente fuera del ámbito
de internación hospitalario y en el marco de un abordaje interdisciplinario e intersectorial,
basado en los principios de la atención primaria de la salud. Se orientará al reforzamiento,
restitución o promoción de los lazos sociales. A su vez, establece que: “La Autoridad de
Aplicación debe promover que las autoridades de salud de cada jurisdicción, en coordina-
ción con las áreas de educación, desarrollo social, trabajo y otras que correspondan, imple-
menten acciones de inclusión social, laboral y de atención en Salud Mental Comunitaria. Se
debe promover el desarrollo de dispositivos tales como: consultas ambulatorias; servicios
de inclusión social y laboral para personas después del alta institucional; atención domici-
liaria supervisada y apoyo a las personas y grupos familiares y comunitarios; servicios para
la promoción y prevención en Salud Mental, así como otras prestaciones tales como casas
de convivencia, hospitales de día, cooperativas de trabajo, centros de capacitación socio-
laboral, emprendimientos sociales, hogares y familias sustitutas.”
El “nuevo” paradigma en materia de Salud Mental incentiva la desinstitucionalización,
la cual implica el traslado de la atención de los pacientes internados en los hospitales psi-
quiátricos hacia los hospitales generales, centros de salud y redes solidarias vecinales. Este
modelo de tratamiento implica ofrecer a los pacientes en su comunidad un ambiente tera-
péutico de mayor beneficio. La prestación de servicios comunitarios de Salud Mental debe
tener un enfoque basado en la prevención y en la recuperación que haga hincapié en el
apoyo para lograr que las personas con trastornos mentales y discapacidades psicosociales
alcancen sus propias aspiraciones y metas.
Salud Mental en la Comunidad
Como hemos visto en el apartado anterior, la atención psiquiátrica, tradicionalmente
confinada en los hospitales monovalentes, ha ido desplazándose hacia la comunidad.
Este cambio implica entonces: extender el campo de acción del trabajador de Salud Men-
tal más allá del intramuros hacia las fases pre y posthospitalarias, la incorporación de nue-
vos niveles, componentes, modelos y estrategias de atención. Ya no se puede limitar el área
de acción sólo a la población que demanda servicios. El encuentro con la comunidad lleva
a la necesidad de desarrollar nuevas tareas como, por ejemplo, la prevención de los trastor-
nos, la identificación y la atención de la población que por razones varias (distancia, actitu-
des) no accede al sistema de salud, la rehabilitación de los pacientes con secuelas producto
del trastorno psiquiátrico, hayan o no recibido tratamiento especializado. Esta ampliación
del campo de acción de la fase intramural a ola extramural en relación con el componente
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enfermedad, se extiende aún más al incluir el componente salud (Levav, I. 1992). Es en este
punto donde cobra primordial importancia la incorporación de actividades de preservación
y promoción de la salud.
A su vez, muchos trastornos mentales exigen soluciones psicosociales, lo cual obliga a
establecer vínculos entre los servicios de Salud Mental y diversos organismos comunitarios
en el nivel local a fin de conseguir apoyo suficiente en materia de vivienda, ingresos, sub-
sidios por discapacidad, empleo y otras prestaciones sociales para los pacientes, así como
para poder ejecutar con más eficacia las estrategias de prevención y rehabilitación. De aquí
surge la necesidad del trabajo intersectorial (con educación, cultura, deporte, bienestar so-
cial, justicia u otros dentro del mismo sector salud) a fin de dar respuestas integrales en
materia de salud.
Esta extensión del campo de trabajo determinará que las estrategias de atención en Salud
Mental se modifiquen, incorporando otras a la atención tradicional individual (por ejem-
plo, las derivadas de técnicas grupales y de intervención comunitaria). Más aún, en el traba-
jo territorial queda en evidencia que el modelo clínico (tradicional) de atención no resulta
ya totalmente adecuado para orientar las acciones dado que, de acuerdo con este modelo,
la intervención se inicia con el pedido de consulta y termina con el alta o la interrupción —
unilateral o compartida— del tratamiento. Por contraste, en la comunidad, es el trabajador
de Salud Mental quien inicia las actividades ya sea a partir de los exámenes exploratorios,
o como respuesta a pedidos de la comunidad a través de sus representantes, o simplemente
no aparece una demanda explícita y somos nosotros quienes tenemos que salir al territorio.
En ese marco, el modelo que resulta más apropiado para orientar las acciones en el campo
comunitario es el epidemiológico, ya que la epidemiología permite la exploración de las
necesidades de los grupos de población.
Levav, I (1992) en su libro “Temas de Salud Mental en la comunidad” plantea a modo de
cuadro la distinción entre ambos modelos:
Cuadro N° 1- Modelos de acción en Salud Mental: clínico y comunitario
Modelo Componente Nivel Gestor Activación Estímulo Beneficiario
Clínico Enfermedad Prevención Paciente La Demanda Signos Paciente
primaria familia Agente espontánea Síntomas
Prevención comunitario Discapacidad
secundaria
Rehabilitación
Epidemiológico- Salud y Promoción Comunidad Hallazgos Exploración Comunidad
Comunitario enfermedad Prevención epidemiológicos preliminar (totalidad)
primaria y Diagnóstico Grupos de
secundaria comunitario alto riesgo
Rehabilitación
Estos dos modelos, aunque contrastan en la teoría, se complementan en la práctica. No
deberían ser el uno sin el otro, ya que la atención clínica en la comunidad y la atención
comunitaria epidemiológicamente fundamentada son dos fases de una misma acción en el
ámbito extrahospitalario.
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El siguiente diagrama en forma de pirámide muestra el alcance de cobertura de cada
nivel existente en la comunidad (Levav, I. 1992).
Conclusiones
A pesar de los años que han transcurrido desde el famoso acto de Pinel allá por el 1793
de “quitarles las cadenas a los enfermos psiquiátricos”, aún existe en las personas con tras-
tornos mentales y sus familias una gran estigmatización y discriminación. No se brinda la
misma cobertura a los enfermos mentales que a quienes sufren enfermedades orgánicas.
Esto nos lleva a que aún sea dificultoso este cambio de paradigma del cual hablábamos
anteriormente. Muchas acciones se han llevado a cabo y gran parte de las viejas concepcio-
nes han ido cambiando, pero el camino es largo y nos encontramos aún transitándolo. La
primera acción inmediata que se requiere es aumentar la sensibilización pública, principal-
mente para reducir esta estigmatización y discriminación. A su vez, se debe asegurar que
los medicamentos e intervenciones psicosociales más modernos estén disponibles como
parte ordinaria de la atención de Salud Mental, por no decir de salud en general. Y un pun-
to muy importante a tener en cuenta es el de la costo-eficacia y la evidencia en materia de
prevención de los trastornos mentales, que será lo que le dará más fortaleza a las medidas
enfocadas a llevar a cabo actividades de prevención de la enfermedad y promoción de la
Salud Mental.
Con Salud Mental en la Comunidad lo que se postula como eje central de la atención y la
rehabilitación es preservar o recuperar en el sufriente mental su capacidad en relación con
los otros de su comunidad, la vida en común con sus semejantes, en la sociedad que le toca
habitar (Galende, E. 2011). En este sentido, la primera intervención está dirigida a preser-
var, en la medida de lo posible, los vínculos comunitarios, familiares y sociales del paciente,
y orientada a la integración social del sujeto afectado (OMS, 2002).
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Emiliano Galende (2011) explica este cambio de paradigma como “un giro de la aten-
ción psiquiátrica en tres dimensiones: a) pasar de la hospitalización psiquiátrica asilar a
servicios próximos a la comunidad y al territorio de vida del paciente (“servicios comuni-
tarios”); b) pasar de una práctica de la prescripción basada en la autoridad del profesional a
una consideración del sujeto en toda su dimensión y complejidad (…) el paciente debe ser
tratado como un semejante, respetando su dignidad y reconociendo sus derechos; c) pasar
de un enfermo como sujeto pasivo de su tratamiento a un sujeto activo, partícipe y prota-
gonista de su tratamiento (…) se trata de incluir a su familia, y en lo posible a miembros
significativos de su comunidad, en el proceso de atención”.
En conclusión, cuando hablamos de Salud Mental Comunitaria, no debemos olvidar los
siguientes principios básicos de este modelo de atención:
El sujeto debe permanecer en el seno de su comunidad durante el proceso de atención
siempre y cuando la situación lo permita.
En situaciones que se requiera del hospital general o monovalente, específicamente para
internaciones, el pasaje por estos dispositivos será transitorio hasta tanto se compense y
ordenen los factores de la comunidad que llevaron a la descompensación de la persona.
Debe atenderse su trastorno psíquico de la mano con su “lazo social”, ya que es a través
de este que podrá reestablecer vínculos con los otros que le permitirán la vida en común.
La interacción con los otros y la integración social debe ser lo más próxima a su realidad
social, cultural y de territorio de vida.
Debe tenerse en cuenta un enfoque intersectorial (educación, empleo, vivienda, ingreso
económico).
La atención y rehabilitación temprana debe realizarse, siempre que sea posible, en espa-
cios sociales o comunitarios.
Bibliografía
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