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Trabajo Social y Control Social Actual

Este documento discute el desarrollo histórico del trabajo social y la asistencia social. Explica que el trabajo social moderno surgió a raíz de la Revolución Francesa y la Revolución Industrial, lo que llevó al estado a asumir un papel más activo en la asistencia a los pobres y desfavorecidos.

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Trabajo Social y Control Social Actual

Este documento discute el desarrollo histórico del trabajo social y la asistencia social. Explica que el trabajo social moderno surgió a raíz de la Revolución Francesa y la Revolución Industrial, lo que llevó al estado a asumir un papel más activo en la asistencia a los pobres y desfavorecidos.

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PRIMERA PARTE

CAPÍTULO I
TRABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CONTROL
SOCIAL

A- EL TRABAJO SOCIAL
En el contexto de esta investigación me refiero
al trabajo social (o servicio social) actual, como a la
disciplina que ejerce de polea de transmisión entre las
clases, a nivel del aparato estatal, en cuyo interior los
conflictos entre éstas se reproducen y procesan. Sus
profesionales son, por lo tanto, asalariados
contratados por instituciones del Estado —
mayormente— aunque también por organizaciones
de la sociedad civil, o eventua lmente, de manera
directa por las clases dominantes (empresas) cuyos
servicios se dirigen a las clases subalternas; y más
específicamente, a la vida cotidiana de estas clases.
Estas dos condiciones (de asalariado y de dirigir sus
servicios a los pobres) hacen que dentro del campo
profesional adquieran particular relevancia las
contradicciones de clase, de una coyuntura y de una
formación social determinada.
Entiendo también que, tanto el trabajo social
actual como las diversas formas asistenciales que lo
precedieron (caridad, filantropía) se corresponde “con
un determinado nivel de desarrollo de las
E STELA G RASSI

contradicciones sociales” 1 en cuyo contexto


adquieren racionalidad.

Formas asistenciales precedentes: la caridad y la


filantropía
La revolución francesa del siglo XVIII y la
revolución industrial en Inglaterra, constituyeron dos
grandes sucesos históricos a partir de los cuales es
posible encuadrar la comprensión de la “pre-historia”
de la asistencia social.
En cuanto a la revolución francesa, puede ser
reconocida como la revolución ideológica de más
amplio y profundo alcance. Ninguna de las
instituciones sociales dejó de ser conmovida por ella:
el papel del Estado, la estructura familiar y la
significación de la iglesia sufrieron profundas
variaciones. 2 Individuo y razón fueron las ideas
motoras del pensamiento de la época, que articularon
un nuevo discurso mediante el cual, un nuevo orden
natural (racional) de las cosas, venía a disputar el
espacio al “orden divino” del antiguo Régimen. En él,
la irrestricta libertad de los individuos no admitía otra
entidad reguladora que no fuera el Estado,
encargado, por lo demás, de garantizar tal libertad.

1 MAGUIÑA LARCO, Alejandrino: Desarrollo capitalista y


trabajo social. Ediciones CELATS. 1979. Pág. 23.
2 NISBET, Robert: La formación del pensamiento
sociológico . Amorrortu. Buenos Aires. 1969. Ver volumen
1.

10
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

Siendo el individuo la nueva unidad de medida


de la sociedad, su libertad se hacía incompatible con
el régimen patriarcal dentro de la familia: los derechos
individuales precedieron, entonces, a los familiares.
La esposa y los hijos adquirieron nuevos derechos y
la modificación en el régimen de la propiedad debilitó
aún más los lazos de solidaridad de la familia.
En este contexto, la Iglesia Católica,
protagonista principal durante el régimen feudal, vio
subvertido su poder y pasó también ella a ser,
controlada por el nuevo Estado y a convertirse en una
herramienta de éste.
Medios fundamentales de reproducción y control
ideológicos, la educación y la asistencia a los
miserables, hasta entonces en manos exclusivas de
la iglesia, pasaron a ser controladas por el Estado. El
pragmatismo y la racionalidad, caracterizaron,
entonces, a estas dos actividades.
Por la educación se esperaba formar
“ciudadanos provechosos”.3 Para eso debía ser
obligatoria y gratuita.
En cuanto a la asistencia a los pobres, los viejos
principios de la caridad cristiana se tomaron
inadecuados. Se inició, en cambio, un largo período
de transición, durante el cual se fueron ensayando
distintas formas de acción filantrópica.
Por su parte, la revolución industrial, producto
de las nuevas relaciones de producción establecidas,

3 Ibid.

11
E STELA G RASSI

al mismo tiempo que permitió el afianzamiento y la


expansión definitiva del capitalismo, planteó a los
países europeos, nuevos y diversos órdenes de
problemas:
a) en lo político, la pauperización de amplias
masas de campesinos sin tierra, que se agolpaban en
la ciudades, provocaron la reacción de conservadores
y radicales. Aquellos acusaban a la industria de
generar tal miseria y de haber separado a los
hombres de la tierra. Los radicales, si bien veían en el
capitalismo el origen de los males sociales, ante los
cuales alzaban sus voces indignadas, consideraban a
éste como un paso necesario hacia la socialización
de la riqueza.
b) en el orden social, la novedad la constituyó el
crecimiento inédito de las ciudades, con su secuela
de miserables, vagabundos, prostitutas,
desamparados.
c) en el orden privado, la familia de las clases
altas se vio afectada por la nueva legislación en
cuanto al régimen de la herencia. Pero en las clases
populares, la industria incorporó mujeres y niños al
trabajo asalariado, lo que también vino a modificar las
relaciones en el interior de la familia.
En este contexto, en el que tanto las ideas como
las relaciones de producción se vieron
sustancialmente transformadas, es que se generó la
posibilidad de operar sobre la realidad y de controlar
los procesos sociales. Paulatinamente, el positivismo
fue brindando el marco teórico-ideológico adecuado.

12
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

En resumen, la institucionalización de la
filantropía y la asunción por parte del Estado, de la
dirección de estos procesos de intervención y control
sobre los “problemas sociales”, que finalmente —y en
procesos particulares, según los países— culminó en
la profesionalización de agentes asalariados,
especializados en la atención de tal problemática,
requirió de por lo menos tres condiciones básicas,
dos de las cuáles son de carácter socio-político y la
tercera constituye la condición teórica. A saber:
1) la existencia de mano de obra libre.
2) la emergencia de lo social reemplazando al
orden divino y el Estado tomando a su cargo las
funciones que otrora desempeñara la Iglesia.
3) la existencia de ciencias sociales y humanas.4

1) La existencia de mano de obra libre: Antes de


la instauración de las relaciones de producción
capitalistas, el siervo de la gleba era parte de las
tierras propiedad de los señores feudales, y por lo
tanto su vida dependía de éstos, quienes disponían
de ella a voluntad. El siervo y su familia no eran
dueños de sus vidas, sino que dependían de la
protección del señor. Con el advenimiento del
capitalismo, se convirtieron en hombres libres, ya no
pertenecían a nadie y su sobrevivencia y la de su
familia dependía ahora, enteramente, de su
posibilidad o no de vender su fuerza de trabajo en el

4 KARSZ, Saül: Seminario sobre “Trabajo Social”.


CONICET. 1985.

13
E STELA G RASSI

mercado. La explotación económica de la fuerza de


trabajo no sólo cambió de carácter, sino que trajo
aparejados una sede de problemas sociales
(migración masiva, fuerte crecimiento de las
ciudades, hacinamiento, falta de servicios,
vagabundeo, etc.) que ponían en cuestión, por su
sola existencia, el nuevo orden; y que además,
ocasionaban el desperdicio de fuerzas y brazos.
2) La emergencia de lo social: Paralelamente, el
orden divino fue dejando de reinar en la tierra y lo
social emergió como objeto histórico. El Estado pasó
a ocupar el lugar dejado por la Iglesia y se convirtió
en regulador y vigía de las nuevas relaciones
sociales. Este nuevo Estado fue el encargado, desde
entonces, de arbitrar las medidas para paliar la
miseria de los trabajadores, restableciendo el
consenso y garantizando la producción.
3) La posibilidad de operar sobre la realidad
social implicaba la existencia de explicaciones
terrenas a lo que antes se explicaba por fatalismo. El
racionalismo científico dio pie a la insistencia en la
búsqueda de las causas de los problemas y al
desarrollo de una metodología de investigación y una
tecnología de acción.
En el proceso histórico se pasó, entonces, de la
caridad —inspirada, ejercida y controlada por el
clero— a la filantropía —asumida, programada y
ejecutada por las nuevas clases dominantes, de
manera directa—. Paulatinamente, el Estado fue
asumiendo también estas funciones y los gastos
respectivos, al tener que crear y mantener las

14
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

condiciones básicas de paz social que garantizaran la


reproducción del capital. En este proceso, finalmente,
la asistencia social se tecnificó y profesionalizó.
Se anteriormente, isto é, nos inicios do capitalismo,
o pensamento liberal insistia para que nao houvesse
intervenção do Estado na ordem privada, en realidade já
havía um controle da ordem social por parte do poder
público. Mas como o desenvolvimento das forças
productivas, exigindo un comando mais complexo,
sobretudo para prevenir crises econômicas e sociais, a
intervenção do Estado se fez cada vez mais constante,
5
em simbiose com as formas privadas.

En conclusión, si este es el punto de partida de


la actividad filantrópica y constituye los requisitos
básicos de la asistencia, la disciplina como tal (el
trabajo social) ha asumido, en cada país, un
desenvolvimiento particular, ligado a los propios
procesos históricos y sociales.
Siendo el trabajo social el producto de un largo
proceso de búsqueda de respuesta del sistema hacia
sus miembros menos favorecidos, se ubica en el
conflictivo espacio de las contradicciones de clase, y
es al mismo tiempo, un mecanismo de control social y
un paliativo de la miseria originada en la explotación
del trabajo.
Pero este encuadre general, indispensable para
entender la naturaleza social de esta disciplina que
ocupa a tantas mujeres, no da cuenta, sin embargo,
de su especificidad. Esta es posible desentrañar a

5 FALEIROS, Vicente de Paula: Saber profissional e poder


institucional. Ed. Cortez. Sao Paulo. 1985. Pág. 41.

15
E STELA G RASSI

partir de dos conceptos: el de “control social” y el de


“vida cotidiana”, ya que ambos explican la “función
objetiva” y específica del trabajo social y la
mayoritaria intervención de mujeres en el mismo. A la
vez, puede desentrañarse la no secundariedad de su
papel y la potencialidad que ofrece de plantear una
práctica alternativa a la dominante.

B- EL CONTROL SOCIAL
Tomando en cuenta lo señalado en el punto
anterior, recurro al concepto de “control social”
utilizado por Jacques Donzelot en su libro La policía
de las familias, pero tratando de anclar este
fenómeno en el tipo de relaciones sociales
dominantes, por una lado; y por otro, en la propia
dialéctica de tales relaciones y de la lucha de clases.
Esto por dos razones: 1) porque entiendo que la
elaboración de políticas en este sentido no son el
producto del maquiavelismo de las clases
hegemónicas ni del ejercicio de su poder omnímodo y
sin fisuras, sino que se corresponden con proyectos
políticos globales; y 2) porque tales proyectos tienen
que ver con que los sectores y clases sociales a
quienes van dirigidas, no son bloques pasivos e
inermes, sino que —a través de una diversidad de
mecanismos que van desde la lucha política
organizada hasta las llamadas “conductas
desviadas”— presionan sobre el poder y, por lo
menos, cuestionan el statu quo de las relaciones
sociales y su hegemonía a las clases dominantes, en
una lucha constante por mayor participación en la

16
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

riqueza social. 6 Cómo luego se implemente, con


miras a evitar situaciones de conflicto, a legitimar
determinadas relaciones sociales y a reproducir
éstas, o a lograr el necesario consenso para su
mantenimiento, tiene que ver con las posibilidades de
maniobra de los sectores dominantes y con la
posibilidad de sus intelectuales, técnicos y políticos,
de accionar en ese sentido.7 Al mismo tiempo tiene
que ver con la necesaria negociación, donde se gana
y se pierde simultáneamente.
Cuando hablo de control social, en el contexto
de esta investigación, entiendo entonces, a “todas las
formas de dirección de la vida de los pobres, con
vistas a disminuir el costo social de su reproducción”8
y a evitar los conflictos sociales derivados de la
explotación económica, tendientes a garantizar las
relaciones sociales de producción.
El control social asume formas de vigilancia
directa sobre la vida de los pobres y las actividades
de asistencia y beneficencia son recursos

6 Ibid.
7 Al respecto, Faleiros (op. cit. ) señala que el saber
profesional y el poder institucional son formas históricas
de relación entre clases y formas sociales de relación entre
el Estado y la sociedad. Agrega que en la lucha de las
clases por el poder se elaboran visiones de mundo —
distintas, según la clase de que se trate — y se movilizan
conocimientos administrativos, políticos y técnicos. La
lucha por el poder exige información , datos, análisis,
propuestas, planes, controles, técnicas, experimentos, que
corren a cargo de los profesionales y técnicos.
8 DONZELOT: op. cit.

17
E STELA G RASSI

privilegiados en ese sentido. Presentados bajo el


ropaje del desinterés propio y del interés por el bien
del otro, se legitima su derecho a intervenir, corregir,
convalidar, aconsejar, normar, la vida familiar y
cotidiana de los pobres. Al mismo tiempo son
inmejorables medios de obtener información acerca
de sus conductas, tendientes a afianzarlas o
reorganizarlas en función de las necesidades
coyunturales que plantea el sistema de dominación. 9
Sin embargo, tales políticas de control se
implementan por dos circunstancias: por la necesidad
de crear y/o afianzar una “disciplina” que se
corresponda con las necesidades que el capital
plantea al trabajo; y en segundo lugar, por el eventual
“descontrol” que a partir de una práctica contra-
hegemónica puede originarse entre los pobres. Pero
además, tales prácticas se asientan y deben dar

9 Un ejemplo, entre tantos, lo constituye el tema de la


leche materna, cuyas ventajas en la crianza del bebé se ha
enfatizado o no de acuerdo a diversas necesidades del
sistema (manipulación de los hábitos de consumo y
mercado para la industria alimenticia; necesidad de mano
de obra femenina, etc.).
El rol de la figura materna en la socialización del niño y la
secundariedad del papel del padre, es otro ejemplo. La
edad hasta la cual el bebé o el niño necesitan
imperiosamente la presencia de la madre, ha fluctuado al
ritmo de las necesidades extra familiares.
Cada una de estas políticas se apuntalan desde los
organismos del Estado y también con campañas no
oficiales (de revistas femeninas, programas dirigidos a la
mujer en TV, etc.).

18
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

respuestas a demandas materiales de estos sectores,


sin lo cual no podrían aparecer como legítimas.
Finalmente, siendo que todo hecho social
comporta dos dimensiones que no son aislables (lo
material y lo simbólico) y que, al mismo tiempo, la
significación del mismo es variable según el lugar de
los actores que participan de él, es necesario
enfatizar en la necesidad de tomar en cuenta tanto el
espacio de producción de tales políticas de control —
el Estado— como el de “circulación” y el propio
contexto de recepción y consumo de las mismas.10
Tanto los agentes encargados de la
implementación, como los propios sectores
destinatarios de ellas, no son receptores pasivos, sino
también actores sociales que, en tanto tales,
establecen su propia relación con cada una de las
políticas en cuestión.
La finalidad objetiva de las políticas de
asistencia son la legitimación y el control social. Su
implementación, sin embargo, no es gratuita, sino que
responde a la propia presión de las luchas de los
sectores subalternos en el Estado y su significación
depende, no sólo de quien la produce, sino también
de quien la implementa de manera directa y de las
transacciones que se operan con los destinatarios. 11

10 De IPOLA, Emilio: Ideología y discurso populista . Folios


Ediciones. Buenos Aires. 1983.
11 Pero cuando el nivel alcanzado por los avances políticos

de los sectores populares, pone en cuestión la hegemonía


de las clases dominantes, estas políticas se toman
insuficientes y entran en juego negociaciones

19
E STELA G RASSI

Por otra parte, la política social —y dentro de


ella el trabajo social— al aparecer como respuesta a
la miseria, resulta también legitimadora de ésta, en la
medida en que lo que es estructural es reinterpretado
y mostrado como consecuencia de conductas
individuales o grupales, a las que el Estado busca
solucionar.
Para concluir, entonces, utilizo el concepto de
control social haciendo alusión, por un lado, al
“disciplinaniento” social, en vistas a abaratar el costo
de la reproducción social de los sectores populares,
normativizando su vida cotidiana, y a legitimar las
relaciones de poder dominantes. Pero, por otro lado,
se ubica este concepto en el contexto de la lucha de
clases, donde la ideología permite la constante
resignificación de los hechos sociales por las distintas
clases.
Con estas advertencias, que no son de segundo
orden, espero poder dar cuenta del lugar llamado a
ocupar por el trabajo social y de los niveles sobre los
cuales opera, como así también de las
contradicciones que se procesan a nivel de la acción
cotidiana de las asistentes sociales.

C- VIDA COTIDIANA
Como señalé antes, ubicar el trabajo social en el
contexto de las funciones del Estado, no da cuenta
todavía de su especificidad, sino que ésta hay que

definidamente políticas y —en última instancia— la


represión.

20
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

buscarla en el ámbito específico que constituye su


objeto de intervención: la vida cotidiana. Es
importante, entonces, definir ésta, relevar su
importancia política y destacar el valor estratégico
que cobran las disciplinas que actúan a este nivel.
Si bien varios autores —desde diversas
perspectivas— se han consagrado a estudiar,
analizar y describir lo cotidiano,12 es Agnes Heller13
quien, al encarar el análisis de la vida cotidiana desde
la perspectiva de la reproducción social, permite
superar la noción de secundariedad y dependencia
supuesta de éste ámbito, la oposición cotidiano/no
cotidiano y revalorizar aquél en un plano estratégico
que da lugar, en última instancia, a entender por qué
la cotidianidad no es un ámbito descuidado, librado a
la espontaneidad de los sujetos, sino
permanentemente normado, reglado, controlado.
Heller (y también en buena medida Lefebvre) 14 dan
los elementos para llegar a comprender por qué lo
cotidiano constituye una constante preocupación de la
política y por qué el poder (en tanto la posibilidad de
imponer determinados intereses) atraviesa, anida y se

12 Ver: WOLF, Mauro: Sociologías de la vida cotidiana.


Cátedra. Madrid. 1982. GOFFMAN, Erving: La
presentación de la persona en la vida cotidiana . Amorrortu.
Buenos Aires. 1981. Ritual de la Interacción. Tiempo
Contemporáneo. Buenos Aires. 1970. LEFEBVRE, Henri:
La vida cotidiana en el mundo moderno. Alianza. Madrid.
1984.
13 HELLER, Agnes: Sociología de la vida cotidiana. Ed.

Península. Barcelona, 1977.


14 LEFEBVRE: op. cit.

21
E STELA G RASSI

ejerce también —y muy particularmente— en las


relaciones cotidianas.
Por lo tanto, estoy siguiendo básicamente a
Heller en esta conceptualización de la vida cotidiana.
Para ella, es el “conjunto de actividades que
caracterizan la reproducción de los hombres
particulares, los cuales, a su vez, crean la posibilidad
de la reproducción social” y entiende al hombre
particular como al “hombre concreto, que en una
sociedad dada ocupa un lugar determinado en la
división social del trabajo”.15
De esta manera, lo cotidiano no es solamente
aquello que, tal como lo pensamos desde el sentido
común, ocurre todos los días, reiteradamente, sino
básicamente la forma en que cada hombre organiza
su entorno, vive y concretiza lo social (los
acontecimientos políticos, económicos, sociales en
general) de una manera particular. Es decir que esta
definición incluye lo más anodino y reiterativo, pero
también las formas singulares de los hechos sociales
comunes (la salud, la muerte, el trabajo, la economía,
la democracia...) los que tienen una forma de ser
vividos y transmitidos por los sujetos particulares.
Particularidad que no debe ser entendida como
absoluta, sino como producto de lo individual y lo
grupal (la clase social) al mismo tiempo. Esto es, en
términos más concretos, que si Juan y Pedro, en
tantos individuos particulares, tienen formas distintas
de vivir cada día la crisis económica, la falta de

15 HELLER: op. cit. Pág. 19.

22
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

trabajo, la escasez de servicios, etc. en la villa tal o


cual, la condición común de habitantes de una villa,
su lugar común en la división social del trabajo, les
impondrá a ambos una cotidianidad necesariamente
diferente a la de Manuel o José, habitantes de una
zona residencial y empleados jerarquizados.
Sin embargo, esta necesaria acotación para no
escamotear la división en clases de la sociedad, no
debe, a su vez, ocultar el hecho de lo cotidiano como
una dimensión de los acontecimientos sociales, con
una especificidad y en valor propios y no un mero
reflejo de la estructura social.
Pero, ¿en dónde radica su especificidad y valor
propio? Hay dos aspectos a considerar: lo cotidiano y
la construcción de lo “normal”,16 por un lado; y lo
cotidiano como “ámbito de reproducción de un
hombre histórico”, 17 por otro.
En lo que hace al primer aspecto, lo cotidiano
refiere a lo normal, a lo no extraordinario, parámetros,
a su vez, desde los cuales se construye la idea de
“anormal” y de “extraordinario”. Pero estas no son
alternativas invariables, sino que están en
permanente construcción y en dinámica relación con
los hechos sociales. Así, un hecho extraordinario
puede tornarse cotidiano; una “anormalidad” puede
devenir en “normal” y viceversa. Ello dependerá de
los procesos sociales particulares en cada coyuntura

16 URRUTIA, Carlos: Notas sobre la democracia y lo


cotidiano. En: Revista Acción Crítica, N° 18. CELATS.
Diciembre 1985. Pág. 40.
17 HELLER: op. cit. Págs. 24-25.

23
E STELA G RASSI

histórica y de las condiciones de la lucha de clases, a


partir de los cuáles, determinados acontecimientos
pueden finalmente imponerse como “normales” y
otros dejar de serlo.
Una crisis económica coyuntural, que obligue a
determinadas prácticas individuales para hacerle
frente, puede ser, en principio, asumida como hecho
extraordinario. Sin embargo, la reiteración de tal
situación puede conllevar la asunción de toles
prácticas como hechos “normales”, parte de la
cotidianidad de la gente y no como formas que
permiten “estirar un salario” o vivir sin él.
La violencia y la represión política de los años
del proceso militar en la Argentina (1976-1983), se
impusieron como práctica política dominante, no
mientras activaban el miedo solamente, sino
básicamente cuando ese miedo dejó de ser una
reacción consciente frente a acontecimientos
extraordinarios (la muerte violenta de ciudadanos)
para tomar la forma de prácticas que nos llevaban a
“no ver” los muertos, ni los presos, ni los exiliados,
sino como subversivos, o por menos, culpables o
cómplices de “algo”; a hacer de los documentos de
identidad, recibos de sueldo, etc. casi parte de
nuestro propio cuerpo, a “olvidarnos” de lo que
habíamos aprendido, a leer libros inocuos, a “creer”
que no había pobres o desnutridos porque no se los
veía o no se los nombraba.
Desde estas negaciones construimos nuestro
entorno, nos relacionamos o dejamos de hacerlo,
normamos y normalizamos nuestra existencia. En

24
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

síntesis, la represión, la violencia, el autoritarismo y el


oscurantismo, constituyeron, durante ese período, los
parámetros de normalidad de la sociedad argentina.
Desde esta perspectiva, lo cotidiano tiene que
ver con lo ideológico, porque lo normal o lo anormal
refieren, en última instancia, a la relación entre los
hechos y nuestra conciencia de tales hechos.
Interrelación desde la cual trascendemos lo cotidiano
para percibir y reflexionar acerca de lo social. 18
El segundo aspecto a considerar, tiene particular
trascendencia pensando desde el control de lo
cotidiano y la función de este “saber-poder” sobre ella
(el servicio social).
Parafraseando a Heller, lo cotidiano es el ámbito
de “reproducción de un hombre histórico”, esto es, de
“un particular en un mundo concreto”. 19 Esto implica
que es en este ámbito donde cada individuo
aprehende su medio y se apropia de los recursos y
herramientas necesarias para desenvolverse como un
sujeto de su sociedad.
Allí, cada individuo aprende los recursos,
hábitos, usos, lenguajes, sabores, etc. para sobrevivir
en un mundo concreto. A cuántos de éstos recursos
puede acceder, de la calidad de éstos, de la forma de
acceso, del control que sobre ellos tenga, serán
determinantes de las posibilidades de trascender de
lo cotidiano hacia el control de otras dimensiones de
lo social: la ciencia, la política, etc. Cuanto más activa

18 URRUTIA: op. cit.


19 HELLER: op. cit. Pág. 19.

25
E STELA G RASSI

sea esta apropiación, cuanto menos alienada la vida


cotidiana, mayores serán las posibilidades de acceder
a apropiarse de aquellos otros niveles no cotidianos.
Ella es la mediadora hacia lo no cotidiano.
Pero, por otra parte, este no es sólo un ámbito
de “apropiación” sino simultáneamente de
“transmisión”. Cada hombre “comunica su mundo” a
nuevos hombres, y con las reglas, usos, etc. está
también comunicando sus experiencias vitales
respecto a su ambiente. Medios a través de los
cuáles estos nuevos hombres devendrán, a su vez,
hombres históricos, con un bagaje mínimo a partir del
cuál llegar a apropiarse del mundo.
Estos dos aspectos que definen el concepto de
vida cotidiana (como conformante de ideología y
como mediación hacia el mundo) marcan, a su vez, la
trascendencia de este ámbito en la construcción y
reconstrucción de sujetos históricos y como
consecuencia, la importancia política de su control en
la perspectiva de la reproducción de las relaciones
sociales dominantes.
La disciplina particular a la que refiere este
trabajo, opera específicamente en esta dimensión de
lo social, y más particularmente, en el entorno
inmediato de las clases populares. Los asistentes
sociales tienen que ver en cómo los particulares de
las clases pobres se relacionan con la vida y con la
muerte, con la salud o con la enfermedad, con el
trabajo, con la vivienda, con los recursos escasos...
habitualmente, normalmente...

26
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

Incidir en la percepción de los hechos sociales,


limitar o facilitar el acceso a recursos, códigos, usos,
etc. con los cuáles manejarse en el mundo, son
formas de control social. Son formas de expropiación
y de extrañamiento que impiden, a los miembros de
las clases subordinadas, el dominio de los recursos
necesarios para trascender hacia la dimensión no
cotidiana de la vida social. La asistencia social es, en
este sentido, una disciplina estratégica, ya que media
entre la concreción de los hechos sociales (definidos
como “problemas sociales”) y las formas socialmente
estructuradas para encararlos. Cómo atender la
salud, cómo acceder a la vivienda, agua o luz, cómo
mitigar el hambre, cómo disponer la tenencia de un
chico, pasan muchas veces por manos de asistentes
sociales, quienes así se constituyen en “gestores” de
la vida cotidiana de los pobres y en vehículos de
normas, valores y significados.

27
E STELA G RASSI

D- EL CONTROL DE LA VIDA COTIDIANA


Cuando Goffman se refiere a las instituciones
totales 20 señala que el paciente, al ingresar a la
misma, es despojado de lo que él llana su “cultura de
presentación”, que no es más que el bagaje cultural
con el cual cada individuo se maneja en el mundo de
afuera, hace frente a los conflictos y se relaciona con
los demás. Al mismo tiempo, señala, ese bagaje no le
es reemplazado por otro, no hay un proceso de
“aculturación” para conducirse en el nuevo medio,
sino que no se da más que un proceso de
desentrenamiento, sin la adquisición de los nuevos
usos y normas para afrontar ahora los conflictos y
problemas del adentro. Lo cual, dice, es un elemento
estratégico de manejo de los hombres.
La comparación me parece, por lo menos,
ilustrativa para entrar al tema del control de la vida
cotidiana de los pobres.
Cuando se trata de la “cultura de presentación”
de éstos frente al sistema hegemónico de
dominación, ésta también es rechazada; sus normas,
sus valores, no sirven para conducirse en ella, y

20 GOFFMAN, Erving: Internados. Ensayos sobre la


situación social de los enfermos mentales . Amorrortu.
Buenos Aires. 1981. Trazo este paralelo sólo como
ilustrativo y para remarcar ciertos rasgos del análisis, pero
no significa asimilar a la estructura social con las
instituciones totales. Ya señalé antes que los sectores
populares no son una suma de individuos inermes y que el
contenido simbólico de todo hecho social debe ser visto
tanto desde su producción, como de su recepción.

28
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

además, sus portadores son descalificados,


excluidos. Pero al mismo tiempo no hay un proceso
de asimilación cabal de estos sectores a la cultura
dominante. Eso significaría reemplazar las
herramientas de la cultura de origen por las de la
hegemónica. Sin embargo, estas últimas no están al
alcance de los pobres.
En una formación social determinada, el TP (trabajo
pedagógico) por el que se realiza la AP (acción
pedagógica) dominante tiene siempre la función de
mantener el orden, o sea, de reproducir la estructura de
las relaciones de fuerza entre los grupos o las clases, en
tanto que tiende, ya sea por la inculcación o por la
exclusión, a imponer a los miembros de los grupos o las
clases dominadas el reconocimiento de la legitimidad de la
cultura dominante y a hacerles interiorizar, disciplinas y
censuras que cuando adquieren la forma de autodisciplina
y autocensura sirven mejor que nunca a los intereses,
materiales y simbólicos, de los grupos o clases
dominantes.
...tiende a imponerles, al mismo tiempo, por
inculcación o exclusión, el reconocimiento de la
ilegitimidad de su arbitrariedad cultural.
...una acción pedagógica dominante tiende menos a
inculcar la información constitutiva de la cultura dominante
(...) que a inculcar el hecho consumado de la legitimidad
de la cultura dominante, por ejemplo, haciendo interiorizar
a los que están excluidos del conjunto de destinatarios
21
legítimos (...) la legitimidad de su exclusión...

Si se combate, por un lado, la medicina popular,


tildándola de brujería, de cosa de campesinos o de

21 BOU RDIEU , Pierre y PASSERON, Jean-Claude: La


reproducción. Elementos para una teoría del sistema de
enseñanza. Ed. LAIA. Barcelona. 1981. Págs. 81-82.

29
E STELA G RASSI

primitivos, eso no implica que estos individuos tengan


acceso, en la sociedad hegemónica, a otros recursos
médicos. O más precisamente, su acceso está
condicionado al conocimiento, que poseen otros, de
ciertos manejos más o menos burocráticos, o más o
menos informales, de los que dependen. Es decir que
su acceso está mediado por una serie de
funcionarios, requisitos o circunstancias que
convierten al individuo en “dependiente de...” para
enfrentar su propia problemática. Eso da lugar al
establecimiento de una serie de relaciones
personales con estos funcionarios que, aunque estén
fuera de las esferas de decisión, el conocimiento de
esos recursos les permite, sin embargo, el manipuleo
de un espacio de poder importante. Faleiros dice,
refiriéndose a los asistentes sociales:
Sin poder tener decisión a nivel global, se utiliza la
manipulación de pequeños recursos para reforzar su
propio poder personal. Así, las relaciones personales con
la clientela esconde una relación de poder mucho más
amplia, en que el asistente social se inserta frente a una
población dividida y carente de poder sobre su vida. La
obtención de beneficios, de leche, de un par de anteojos o
de un préstamo, puede significar la sobrevi vencia
22
emergencial de personas en situaciones específicas.

22FALEIROS: op. cit. Págs. 19- 20.


Un asistido solía decirme “Usted es mi ángel de la guarda”.
Si bien no comparto la idea de que la falta de poder de
éstos sea absoluta, sin embargo, las situaciones de
emergencia crítica agudizan la falta de organización y
capacidad de acción positiva, conduciéndolos a la
dependencia personal. Son habituales actitudes
desesperadas, que con frecuencia empeoran su situación,

30
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

Si acudir a la curandera es reprimido o


combatido, esto no significa que de allí en más
pueda, el individuo, acceder al médico cuando él lo
decida, ni al que él quiera, sino que ello dependerá de
muchas circunstancias: la recepcionista del hospital,
que determinará a qué médico deriva, las
posibilidades de turnos, el dinero de que disponga
para trasladarse al hospital, etc. Y ya habiendo
llegado al médico, estará en poder de esa “ciencia
absoluta” que es la medicina, que lo despojará del
control y el conocimiento de su propio cuerpo.
Esto es válido para muchas otras circunstancias
en que los recursos propios de las clases o sectores
subalternos, son invalidados, trasladándose entonces
el control desde el propio sujeto a fuera de éste.
Goffman también se refiere a las
“degradaciones, humillaciones y profanaciones” a las
que se somete al individuo en las instituciones que él
estudia. Esta observación es generalizable a la gran
mayoría de instituciones a las que debe recurrir un
individuo en nuestra sociedad. Y cuanto menos
maneje los códigos hegemónicos, mayor será esa
degradación.
Desde la sociedad dominante se violan
permanentemente los límites personales; se mete en
la casa, se investiga, se averigua, se observa, se
piden datos. El individuo que requiere de asistencia o
atención debe estar dispuesto a ventilar sus

pero igualmente logran conmover el supuesto poder


omnímodo de las instituciones.

31
E STELA G RASSI

intimidades, a permitir que se conozcan sus rencillas


o conflictos familiares, de pareja, etc., a probar que
usará “responsablemente” lo que recibe. Datos que
quedarán en innumerables fichas, informes y
expedientes.

E- LA MUJER Y EL CONTROL DE LA VIDA COTIDIANA


En esta acción, las mujeres han tenido —y
tienen— una acción preponderante, tanto desde sus
papeles femeninos en el hogar ( y como objetos de
intervención), como desde la función pública (como
agentes de control), hechos fundados en supuestas
condiciones naturales.

1. Género y biología
Los estudios avanzados sobre este tema, ya no
dejan dudas de que los llamados “atributos
femeninos” se definen culturalmente. Buxó Rey dice
que
la potencialidad biológica fue ratificada socialmente por
medio de la asignación de roles específicos para cada
23
sexo.
Del mismo modo, Ann Oakley concluye que lo
biológico es un mito en la sociedad moderna, en tanto
que la diversidad de formas en que las sociedades
humanas han resuelto y resuelven sus problemas
prueba la predominancia de lo social.

23 BUXÓ REY, María Jesús: Antropología de la Mujer. Ed.


Promoción Cultural, S.A. Barcelona. 1978. Pág. 47.

32
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

Tanto las semejanzas como las diferencias en las


formas en que las distintas sociedades asignan tareas a
los hombres y las mujeres pueden ser convenientemente
explicadas en términos del sistema de creencias
imperante en cada sociedad.
.............................................................................................
.....................................................
La cultura constituye el factor fundamental a la hora
de decidir a qué lado de la línea divisoria deben ser
colocadas las distintas actividades. Los hombres y las
mujeres van siendo moldeados de distinta manera por
nuestra sociedad a través de la forma en que son criados,
de la educación y de sus ocupaciones de adultos. No
resulta, pues, sorprendente que al final de este proceso
lleguen a considerar sus distintas ocupaciones como algo
predeterminado por alguna ley general a pesar de que las
diferencias biológicas entre los sexos no son ni tan
grandes ni tan inconmovibles como la mayoría de la gente
suponemos, y a pesar de que en otras culturas los
papeles sexuales se han desarrollado de manera bastante
diferente, lo que a los pertenecientes a estas culturas les
parece tan natural e inconmovible como a nosotros la
24
nuestra.

Se diferencian dos conceptos, el de sexo y el de


género. El primero se define por lo biológico. Es decir,
se es macho o hembra de acuerdo al aparato
reproductor y a los órganos genitales. En tanto el
segundo, se define socialmente, es decir, que se es
hombre o mujer según determinados atributos y
formas de ser que la sociedad estipula para cada uno
y que van desde la vestimenta hasta la forma de
relacionarse con sus semejantes. La educación juega

24 OAKLEY, Ann: La mujer discriminada: biología y


sociedad. Ed. Debates. Madrid. Págs. 173 y 184.

33
E STELA G RASSI

el papel fundamental en el aprendizaje del género.


Así, desde la más tierna infancia —Oakley la lleva ya
al tipo de conducta que la madre asume con el
bebé— la niña aprende a cómo es una mujer y el
varón a ser varón. Entre ese aprendizaje está el de
ser más o menos sensible y el de poder o no expresar
libremente los sentimientos. 25
El aprendizaje del género es una larga carrera
que debe culminar en el caso del varón, en un trabajo
para mantener a la familia; y en el caso de la mujer,
en el matrimonio.
Esa formación no tiene horario ni espacio
preestablecido. Se la hace en la escuela, pero
también en el hogar, en los juegos, a través de la
televisión, con la abuela o las tías, etc. Es decir que
es la única carrera que, a pesar de parecer
asistemática (no está específicamente ligada a
ninguna institución educativa) es, sin embargo, la que
se lleva a cabo de manera más coherente e integral.
Esto no significa que, no obstante, haya alumnos
aplicados, en tanto que otros presenten “problemas
de aprendizaje”. El objetivo fundamental de este
temprano y prolongado “trabajo pedagógico”, es
lograr que los “hombres sean hombres y las mujeres,
mujeres”.
La AP (acción pedagógica) implica el “trabajo
pedagógico” (TP) como trabajo de inculcación con una
duración suficiente para producir una formación duradera,

25Por ejemplo, al niño que llora, entre nosotros, se lo suele


motejar de “mariquita” o se lo reprende diciendo que “los
hombres no lloran”.

34
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

o sea, un “habitus”, como producto de la interiorización de


los principios de una arbitrariedad cultural capaz de
perpetuarse...
.............................................................................................
.....................................................
La productividad específica del TP, o sea el grado
en que logra inculcar a los destinatarios legítimos la
arbitrariedad cultural que tiene la misión de reproducir, se
mide por el grado en que el habitus que produce es
“transferible”, o sea, capaz de engendrar prácticas
conformes a los principios de la arbitrariedad inculcada en
26
el mayor número posible de campos distintos.

El tema de la sensibilidad asociado a la


maternidad, es uno de los mitos más populares
acerca de las mujeres. Sensibilidad que se agota en
lo cotidiano y doméstico, que no incluye la
“sensibilidad social”, que puede implicar la política y
un proyecto de poder con miras a modificar
condiciones de injusticia. Así reflexionaba una
asistente social preocupada por este tema: “La
sensibilidad social es atribuida a los hombres, pero
desde otra óptica, porque nosotras parece que
estamos solamente para acariciarle la cabeza al
moribundo o tomarle la mano en el último minuto”.
Las antropólogas Martin y Voorhies, 27 en una
amplia y exhaustiva investigación, encontraron
también que la emotividad, la tendencia al cuidado y
la comprensión, son rasgos atribuidos a la
personalidad femenina. Pero al mismo tiempo, ellas

26BOURDIEU y PASSERON: op. cit. Págs. 72-74.


27 MARTIN, Kay M. y VOORHIES, Barbara: La mujer: Un
enfoque antropológico. Ed. Anagrama. Barcelona, 1978.

35
E STELA G RASSI

muestran que “no hay correlaciones absolutamente


fijas entre la personalidad y el sexo”, y que sí es el
aprendizaje el factor principal que explica su
presencia entre las mujeres.
Se puede concluir entonces que el género es un
modelo de conducta que se construye socialmente y
que varía de una sociedad y de un tiempo a otro. Una
vez establecido, cada uno se comporta con arreglo a
las características que le son atribuidas, en tanto su
aprendizaje es temprano y abarcativo. Al mismo
tiempo, se crean expectativas en los miembros
externos al grupo, que encuentran “anormal”
cualquier desviación del modelo establecido.
Esta es una de las razones que justifican que
tantas mujeres vuelquen sus expectativas
profesionales hacia aquellas disciplinas afines con
características tales como la protección, el afecto, etc.
Si para ser asistente social se requiere básicamente
poder establecer comunicación afectiva con los
demás y ser sensible a sus problemas cotidianos, y
son mayormente mujeres las entrenadas en tales
lides, es lógico que esta profesión sea ejercida
mayormente por ellas.
A modo de reafirmación de esta conclusión,
Bourdieu y Passeron ofrecen el ejemplo de las
estudiantes francesas:
Si las estudiantes manifiestan en menor medida que
los estudiantes, la aptitud para el manejo de la lengua de
ideas (que se exige en grados muy desiguales en las
diferentes asignaturas), es sobre todo porque los
mecanismos objetivos que orientan preferentemente a las
chicas hacia las facultades de letras, y en el interior de

36
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

estas, hacia determinadas especialidades (como lenguas


vivas, historia del arte o letras), deben una parte de su
eficacia a una definición social de las cualidades
“femeninas” que contribuyen a forjar o, dicho de otra
forma, a la interiorización de la necesidad externa que
impone esta definición de los estudios femeninos: para
que un destino, que es el producto objetivo de las
relaciones sociales que definen la condición femenina en
un momento dado del tiempo, se transforme en vocación,
es necesario y suficiente que las chicas (y todo su
entorno, empezando por la familia) se guíen
inconscientemente por el prejuicio [...] de que existe una
afinidad electiva entre las cualidades llamadas femeninas
y las cualidades “literarias” tales como la sensibilidad para
los matices imponderables del sentimiento o el gusto por
los virtuosismos imprecisos del estilo. De esta forma, las
“elecciones” en apariencia más deliberadas o más
inspiradas, tienen en cuenta (aunque indirectamente) el
sistema de posibilidades objetivas que condena a las
mujeres a las profesiones que reclaman una disposición
“femenina” (por ejemplo los oficios “sociales”) o que las
predispone a aceptar, sino a reivindicar
inconscientemente, las funciones o los aspectos de la
función que reclaman una relación “femenina” en la
28
profesión (las cursivas son mías).

2. La mujer como objeto de intervención


Faleiros29 señala que hay dos tipos de
problemáticas de las que se hace cargo el Estado: a)
las que afectan a la productividad de la mano de obra
(salud, educación, edad avanzada), y b) la que se
refiere a la “inadaptación social” o lo que se da en
llamar d “desvío de la conducta” (drogadicción,

28 BOURDIEU y PASSERON: op. cit. Págs. 122-123.


29 FALEIROS: op. cit.

37
E STELA G RASSI

delincuencia, prostitución, etc.). A esto podemos


agregar aquellas situaciones que convierten a grupos
sociales en “cargas”, sin que medien problemáticas
de la naturaleza descripta por Faleiros, tales como
madres solteras, niños huérfanos, abandonados,
etcétera.
Todos estos son fenómenos que de una manera
u otra presionan y demandan la atención del Estado,
el que se hace cargo a fin de paliar y contener sus
efectos sobre el sistema de relaciones sociales de
producción. Sin embargo, no se trata sólo de una
intervención tendiente a paliar las consecuencias,
sino fundamentalmente de disminuir su costo social y
evitar que el Estado sea interpelado en su
responsabilidad. Este busca descargar la mayor parte
del costo de la reproducción (material e ideológica) de
la fuerza de trabajo a los propios protagonistas,
apelando fundamentalmente al nivel simbólico-
ideológico y accionando sobre éste. Se trata
básicamente, de reproducir las condiciones de la
producción.
Es en esa dirección que sus políticas apuntan
especialmente a la familia, y dentro de ella, a la
mujer, pues el objetivo es “evitar” que las “potenciales
cargas sociales” (viejos, enfermos, niños
abandonados, impedidos en general) se constituyan
realmente en tales.
Así se explica, por ejemplo, la preocupación
pública por la regularización matrimonial de las
parejas —que tanto desvela a jueces y funcionarios—
, el énfasis, desde hace ya varios años, en los

38
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

procesos de ayuda mutua y en los lazos de


solidaridad de los sectores populares, etc. La vida
familiar aparece como la estrategia “más económica”
de la supervivencia de estos sectores. Al respecto, los
estudios sobre la familia popular y el papel de las
mujeres 30 llevados a cabo en los últimos años, son
suficientemente esclarecedores. Ella, y las relaciones
de parentesco, sirven de organizadores de las
representaciones que dan sentido a las diversas
prácticas de ayuda mutua en los sectores
populares.31 El matrimonio y la legitimidad de los hijos
no representan lo mismo para las clases dominantes
que para los pobres. Para aquellas, es la garantía de
la transmisión “legítima” de la herencia (material y de
poder); en éstos, la legalidad dominante no tiene
significado alguno y los lazos de solidaridad se
legitiman por otros significantes y se constituyen en el
reaseguro de protección de cada uno de sus
miembros, frente a la falta de recursos y acceso a la
seguridad social. Por su parte, al Estado le preocupa
hacer depositaria a la familia de la mayor parte de la
responsabilidad de la reproducción de los
trabajadores, restringiendo al mínimo su costo y la
participación social en la misma.

30 Ver: JELIN, Elizabeth: Familia y unidad doméstica:


mundo público y vida privada . Estudios CEDES. Buenos
Aires. 1984. JELIN, Elizabeth y FEIJOO, María del
Carmen: Trabajo y familia en el ciclo de vida femenino: el
caso de los sectores populares de Buenos Aires. Estudios
CEDES. Volumen 8/9. Buenos Aires. 1980.
31 RAMOS, Silvina: Las relaciones de parentesco y ayuda

mutua en los sectores populares urbanos . Estudios


CEDES. Vol. 4, N° 1. Buenos Aires. 1981.

39
E STELA G RASSI

Tradicionalmente, varón y mujer han


internalizado roles diferentes: en tanto ésta se acepta
como eje de la vida familiar (aunque no sin conflictos),
aquel asume la responsabilidad de mantenerla,
aunque cada vez más la realidad le imponga
limitaciones. 32 No obstante, como recuerda Jelin,
Su experiencia vital [la de las mujeres] está
marcada y mediatizada por su rol familiar. [...] Lo “natural”
para una mujer de clase obrera es luchar, sufrir, acomodar
las necesidades de los demás miembros de su hogar,
subordinar sus deseos privados y su estrategia para el
mantenimiento de su familia al ingreso y otras condiciones
que pone el marido y, a través de él, el contexto en el que
viven. A veces como protesta, y con conflicto; otras, como
el dicho victoriano, respetando su deber de “sufrir y
33
callar”.
Pero esta división de roles que constituye la
base ideológica de un modelo ideal de familia,
definida desde el discurso público dominante y a
partir del cual se articula el ordenamiento y el
disciplinamiento social, requiere de una permanente
apelación moral, según la cual “la abnegación de la
madre, la responsabilidad del padre, la obediencia del
hijo”,34 constituyen valores sociales emanados de la
naturaleza misma del hombre.35

32 Ver: JELIN: op. cit.


33 Ibid: Pág. 77.
34 Ibid: Pág. 32.
35 Si bien esta división de roles ha prevalecido durante

largo tiempo, existe la hipótesis de que la situación de


crisis económica y la falta de empleo, están alterando las
relaciones en el interior de la familia, ya que
aparente mente la mujer se incorpora más rápidamente al

40
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

Esta circunstancia ha convertido a la mujer en el


foco de las estrategias estatales sobre la familia de
los sectores populares, aunque como tal, este
fenómeno no aparezca explicitado.36

3. La mujer como sujeto de la intervención


Este punto refiere al hecho de que en la mayoría
de los casos son mujeres quienes ejecutan políticas
dirigidas a la vida doméstica y cotidiana de los
pobres. Aquí juegan un papel fundamental las
asistentes sociales, quienes, al decir de Karsz37
“están pagadas para saber, desde lo público, qué
pasa en el espacio privado”.38 Estos agentes operan

mercado informal de trabajo (empleo doméstico, trabajos a


destajo en el hogar, etc.). Esta circunstancia, y las
correspondientes estrategias políticas dirigidas a la
familia, merecen ser objeto de investigación.
36 De la mayoría de las entrevistas realizadas, cuando se

indaga acerca de si hay planes de trabajo dirigidos


exclusivamente a la mujer, surge que, si bien éstos no
existen, (salvo un caso) la participación de las mujeres en
planes que involucran a problemas de salud, domésticos o
de la comunidad, etc. es mayoritaria. Es que en última
instancia, la mujer aparece como la responsable de los
problemas cotidianos y de los niños, los enfermos y los
ancianos. Sin embargo, la respuesta más espontánea a
“por qué esto es así”, hace referencia a que “los hombres
están trabajando”.
37 KARSZ: op. cit.
38 Quizá el ejemplo más paradigmático lo constituyen los

tribunales de menores, cuyo objetivo explícito es velar


porque éstos estén amparados. Esto, sin embargo, da pie a
una serie de hechos que lindan con lo grotesco y que

41
E STELA G RASSI

revelan la disonancia entre los objetivos explícitos y


funciones objetivas. Entre las obligaciones del servicio
social figuran hacer informes ambientales y controles
periódicos de los casos que llegan al Tribunal.
Paralelamente es obvio que no existen condiciones ni
medios que permitan, una vez diagnosticado y
comprobado el desamparo, paliar esa situación. Sin
embargo, el Tribunal dispone de dos recursos coercitivos:
la internación en instituciones de menores y la suspensión
de la patria potestad paloma, para ser entregados —los
menores— a familias tutelares.
Estos son recursos que penden siempre como “espada de
Damocles” sobre aquellos que, por diversas circunstancias
—a veces fortuita— se convirtieron en un “expediente” del
Tribunal. Ello obliga también a la observancia de una
Serie de normas, entre las que siempre figura la
formalización del matrimonio. Es revelador el caso de
mujeres menores de 21 años que, habiendo constituido
pareja, sin formalizar el casamiento, dan a luz en un
hospital. Si no cuentan con la cercanía de los padres, no
pueden ser dadas de alta en el hospital sin intervención
del juez. Sucede a veces que no se trata, Siquiera, de su
primer hijo. Algo similar ocurre con los menores que
quieren casarse y sus padres viven en el interior. Es usual
que se trate de parejas constituidas hace tiempo y con
más de un hijo, no obstante lo cual deben contar con la
venia del juez. Una vez llevado a cabo el casamiento,
cualquiera sea la situación en que la familia vivirá
(generalmente en la pobreza) el juez se desentiende del
caso y la causa se cierra.
Dos circunstancias convienen ser resaltadas: 1) ni en este
ni en ningún caso se dice que la asistente social comparta
estos procedimientos. Es más, es probable que con su
intervención sea, en algunos casos, contraventora de estas
normas. 2) que muchos casos llegan a los tribunales por
propia decisión de estas familias. Todo esto está indicando

42
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

como correa transmisora de normas y valores


dirigidos a mantener la cohesión de la familia popular
bajando un modelo elaborado desde los sectores
hegemónicos.
Se ve, pues, que la mujer aparece como la
responsable última de los problemas cotidianos (que
no por eso dejan de ser sociales, sino por el contrario,
en tanto son sociales se constituyen en preocupación
del Estado) y de la moralidad de la familia. Esto la
involucra también en cualquier desviación en la
conducta de sus miembros. De manera directa, en el
interior de su grupo doméstico; como trabajadora,
desde un espacio particular (el Estado o algunas
instituciones de “bien público” de carácter privado)
desde donde se vuelca hacia el campo social, público
y se dirige a la familia popular. 39

la necesidad de un estudio particularizado de estas


instituciones.
39 En la revista femenina Vosotras N° 1575 de abril de

1966, aparece un artículo titulado “Asistencia social: otra


forma de amor”, en el que entre otras cosas, se dice lo
siguiente: “Como prueba de la influencia benéfica de la
asistente social en su jurisdicción, citaré el ejemplo de la
asistente a cuya jurisdicción pertenece d famoso barrio
Lacarra, que se caracteriza en algunos sectores por estar
habitado por gente con antecedentes policiales. Nadie se
atrevería a llegar a él sin estar acompañado, pero la
asistente rehusó la escolta que se le ofrecía y recorrió todo
el barrio interesándose por los problemas de sus
habitantes. Como es de dominio público, su obra alcanzó
tal magnitud, que por sus propios esfuerzos se llevaron a
cabo en un año, 132 enlace s civiles y religiosos, fueron
legitimados los hijos no inscriptos, así como se regularizó
la situación de infractores a la ley del Servicio Militar y se

43
E STELA G RASSI

Sintetizando, la política social (y dentro de ella el


trabajo social) son tomados como forma de control y
de intervención en la vida cotidiana de los sectores
populares, ámbito básico de la producción y de la
reproducción de la conciencia social; y como
mecanismo de legitimación de las relaciones sociales.
Se entiende, además, que se trata de un proceso
contradictorio, donde al mismo tiempo estas políticas
vienen a satisfacer necesidades reclamadas por estos
sectores y pueden operar como incentivos a nuevos
reclamos. 40 Es decir, la significación de las mismas no
puede ser analizada en términos abstractos, sino en
el contexto histórico en el que se producen, teniendo
en cuenta tanto el ámbito de la producción, como los
grupos o sujetos históricos que las reciben. 41
En ese contexto, las asistentes sociales
disponen de un espacio y de una importante cuota de

gestionó la obtención de documentos de identidad”. No


aparecen, en la revista, el nombre del autor/a del artículo,
ni la asistente social en cuestión, como así tampoco el
organismo desde el cual se llevó a cabo tal obra “benéfica”.
40 ALAYÓN, Norberto: “El asistencialismo en la política

social y en el trabajo social”. En: El trabajo social de hoy y


el mito de la asistente social. Ed. Humanitas. Buenos
Aires. 2° Ed. 1986.
41 El proceso de reproducción no es entendido aquí como

un mecanismo de repetición de lo idéntico. Tampoco se lo


limita a la reproducción material y física, ya que esta
posibilidad es, a nuestro juicio, empírica y teóricamente
inviable. Por el contrario, alude también —y este es un
aspecto fundamental a tener en cuenta en el análisis del
trabajo social y de la participación de la mujer— a la
producción y reproducción de la conciencia social.

44
T RABAJO SOCIAL, VIDA COTIDIANA Y CO NTROL SOCIAL

poder, cuya canalización no solo tiene que ver con el


proyecto político coyuntural que da forma a la política
social imperante, sino también con el marco teórico-
ideológico que sustenta la acción de cada una.
Y este manejo del poder en lo cotidiano, es un
medio conocido por la mujer. Si bien la familia puede
operar básicamente como reproductora de las
relaciones de poder dominantes, se asienta también
sobre “bases estructurales de conflicto y lucha. Al
mismo tiempo que existe una tarea y un interés
colectivo, de la unidad misma, los diversos miembros
tienen intereses propios...”. 42 Dentro de ella, la mujer
maneja una cuota de poder —escasa, pero real— que
le permite resignificar los mensajes y discursos,
cuestionando de hecho, los modelos impuestos.43
Postulo —y encuentro a lo largo de la investigación
empírica— que un fenómeno semejante se produce
en el interior del trabajo social, en tanto profesión
típicamente femenina.
El tema de las actividades de beneficencia y
acción social y particularmente el trabajo social, me
interesa, por lo tanto, en términos de sus
características específicas, pero fundamentalmente
en tanto especialización que participa en la
reproducción de las relaciones sociales. Y más
concretamente me interesa la participación de la
mujer en ese sector particular de la división social del
trabajo, en el cual —también en el llamado “mundo

42JELIN: op. cit. Pág. 34.


43 JULIANO, Dolores: “La cultura popular en el ámbito
doméstico”. Mimeo. 1983.

45
E STELA G RASSI

público”— se deja en sus manos aquellas actividades


que se dirigen a la vida cotidiana. Esto es, al espacio
social/temporal donde cada vez se inicia el ciclo de la
producción/reproducción de los individuos, de los
sujetos históricos, de los trabajadores, de las
relaciones sociales...
Me interesa su participación objetiva en tal
proceso, a través de su desempeño en la profesión,
como actividad socialmente determinada, pero
además, según las representaciones que a nivel de la
conciencia expresan éstas a través del discurso y de
la práctica profesional que, como señalé antes,
permite el disenso y la concreción de prácticas
contra-hegemónicas.

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