Ella sonríe y arranca el motor.
Está preciosa. Lleva el pelo suelto, unos pantalones de cuero ajustados y
un top sin mangas de color negro. Me resulta raro verla así de arreglada, ya
que estoy acostumbrada al uniforme del trabajo. Pero me gusta. Además, se
nota que es buena con el maquillaje. Espero que me eche una mano la
próxima vez. Las amigas hacen esa clase de cosas.
Mierda. Amigas. Lisa y yo somos amigas. Y, aunque no me ha
acribillado a preguntas cuando la he llamado, sé que está ahí para
escucharme. Y ahora mismo me hace mucha falta.
—Liam me ha dejado tirada para irse con su ex —le suelto de sopetón.
El estómago se me retuerce al decirlo en voz alta. Lisa abre mucho los
ojos.
—¡¿Que Liam ha hecho qué?!
Me hundo en el asiento incómoda.
—Supongo que tiene sus prioridades.
—Menudo cabrón.
—No te metas con él —le ruego.
Al contrario de lo que pensaba, que lo insulte no me hace sentir mejor.
Dios santo, estoy peor de lo que pensaba.
—No está bien lo que ha hecho, Maia.
—Ya lo sé.
—La próxima vez que lo vea, tendremos una conversación amistosa.
Deja que yo me encargue.
Aprecio que intente animarme, pero no funciona.
—No hace falta —respondo—. De todas formas, tampoco me gustaba
tanto.
Me siento terriblemente humillada.
Ayer mismo estábamos hablando sobre que a Liam le gustaba y sobre
que debía «dejarme llevar» y hoy me ha hecho esto. Me prometió que
vendría conmigo a esa fiesta, pero se le ha olvidado en cuanto ha aparecido
Michelle. Soy patética. No quiero ni recordar lo que ocurrió anoche entre
nosotros. Nunca debería haber admitido que sentía algo por él.
¿Y lo que hice después? ¿En qué diablos estaba pensando?
Ahora mismo solo quiero borrar de mi memoria todo lo que pasó en ese
coche.
Lisa alarga la mano para darme un apretón. Sé que no soy una persona
fácil y que cuesta entenderme, pero por algún motivo a ella se le da muy
bien.
—De ahora en adelante, queda prohibido pensar en Liam. Vamos a
divertirnos esta noche, ¿entendido?
Fuerzo una sonrisa que no me llega a los ojos. No seré capaz, pero al
menos me ayudará a intentarlo.
—Entendido.
No tardamos mucho en llegar. La fiesta se organiza en un barrio en las
afueras al que nunca había venido. Aparcamos una calle más abajo y
salimos del coche. Comenzamos a oír el murmullo de la música conforme
nos acercamos a la casa, que tiene porche y un jardín delantero enorme,
ambos abarrotados de gente.
La chica que nos recibe tiene el pelo negro y rizado y la piel oscura.
Saluda a Lisa con un abrazo y se presenta como Hazel. Intento sonreír con
amabilidad, pero no me sale demasiado bien. Nos adentramos en la casa y
el olor a alcohol me inunda las fosas nasales. Hay mucha gente y la música
suena a todo volumen. Se me encoge el corazón al reconocer la canción.
Es una de las que Liam me recomendó.
No puedo evitar imaginármelo con esa chica, Michelle, a solas en su
apartamento. Las imágenes que se forman en mi mente me revuelven el
estómago. Mierda, tenía razón. Estoy celosa. El problema está en que creo
que me había hecho ilusiones, y ahora se han ido al traste y necesito
desesperadamente sacármelo de la cabeza.