0% encontró este documento útil (0 votos)
8 vistas35 páginas

Conflicto de Competencias Jurisdiccionales Indígenas

El documento describe un conflicto de competencia jurisdiccional entre una corte ordinaria y una corte indígena sobre un caso de supuesta falsificación de firmas durante un proceso electoral. Se presentan los argumentos de las partes sobre cuál corte es competente y se analizan las leyes y resoluciones relevantes. El Tribunal Constitucional Plurinacional debe determinar qué jurisdicción es la competente para resolver el caso.

Cargado por

Trejo Didito
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
8 vistas35 páginas

Conflicto de Competencias Jurisdiccionales Indígenas

El documento describe un conflicto de competencia jurisdiccional entre una corte ordinaria y una corte indígena sobre un caso de supuesta falsificación de firmas durante un proceso electoral. Se presentan los argumentos de las partes sobre cuál corte es competente y se analizan las leyes y resoluciones relevantes. El Tribunal Constitucional Plurinacional debe determinar qué jurisdicción es la competente para resolver el caso.

Cargado por

Trejo Didito
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

SENTENCIA CONSTITUCIONAL PLURINACIONAL 0698/2013

Sucre, 3 de junio de 2013


SALA PLENA
Magistrada Relatora: Soraida Rosario Chánez Chire
Conflicto de competencias jurisdiccionales
Expediente: 01570-2012-04-CCJ
Departamento: Santa Cruz
En el conflicto de competencias jurisdiccionales suscitado entre la Jueza Segunda de
Instrucción en lo Penal del departamento de Santa Cruz y el Consejo Indígena del Pueblo
Yuracaré-Mojeño (CIPYM), remitido al Tribunal Constitucional Plurinacional por la
autoridad jurisdiccional.
I. ANTECEDENTES CON RELEVANCIA JURÍDICA
I.1.1. Antecedentes del hecho
Por memorial presentado el 13 de marzo de 2012, ante el Juzgado Segundo de Instrucción
en lo Penal del departamento de Santa Cruz, Rosmeri Gutiérrez Herbas de Galindo,
Roberto Carlos Cortez Soria, Asambleístas Departamentales titular y suplente por el pueblo
indígena Yuracaré-Mojeño, respectivamente y Ramiro Galindo Chávez, miembro del citado
pueblo indígena, formularon conflicto de competencias entre la jurisdicción indígena
originaria campesina y la jurisdicción ordinaria, argumentando que tomaron conocimiento
de la denuncia penal presentada por José Luis Blanco Herbas, también del pueblo indígena
Yuracaré-Mojeño, por la presunta comisión de los delitos de falsedad material e ideológica
y uso de instrumento falsificado por haber presuntamente falsificado las firmas de siete
delegados de las comunidades de Alto Pallar y El Pallar, hechos que se habrían suscitado
cuando se llevaba acabo el proceso de elección de Asambleístas Departamentales de 31 de
julio de 2010, por las autoridades del pueblo Yuracaré-Mojeño, oportunidad en la que se
eligió a los representantes al quinto curul indígena de la Asamblea Legislativa
Departamental de Santa Cruz.
I.1.2. Alegaciones de los denunciados que plantearon el conflicto
Argumentan que las elecciones se basaron en normas, procedimientos propios, “usos y
costumbres” de la comunidad originaria campesina, por tanto la denuncia formulada en su
contra debe resolverse ante la justicia indígena originario campesina como es el pueblo
indígena Yuracaré-Mojeño, y no así por las autoridades de la justicia ordinaria, razón por la
que cuestionan su competencia.
Consideran que los arts. 7 y 8 de la Ley de Deslinde Jurisdiccional (LDJ), reconocen la
potestad que tienen las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos de administrar
justicia de acuerdo a su sistema de justicia propio y ejercer por medio de sus autoridades
naturales. El art. 9 del mismo cuerpo legal, establece que están sujetos a la jurisdicción
indígena originaria campesina los miembros de la respectiva nación, configurando el
elemento de vigencia personal para la jurisdicción indígena, porque el denunciante y los
denunciados pertenecen al pueblo Yuracaré-Mojeño.
Manifiestan que el art. 10 de la LDJ, reconoce los asuntos o conflictos que los pueblos
indígenas dirimen a través de sus normas y procedimientos propios. El caso fue llevado en
cumplimiento a sus procedimientos, actos que fueron reconocidos por el Tribunal Supremo
Electoral por Resoluciones 063/2010 de 30 de noviembre y 77/2010 de 20 de diciembre,
por el que aprobaron la elección y ordenaron la entrega de credenciales, constituyéndose en
cosa juzgada electoral, aspecto que configura el elemento material para la competencia y
jurisdicción indígena. Determinación que se ratificó a través de la acción de amparo
constitucional llevada a cabo el 17 de febrero de 2011, emitida por la Sala Civil Segunda de
la Corte Superior de Distrito Judicial -ahora Tribunal Departamental de Justicia- de Santa
Cruz.
Los delitos que falsamente se les acusa no se encuentran dentro de los delitos establecidos
como excepciones de aplicación para la jurisdicción indígena originaria campesina.
Finalizan señalando que el art. 11 de la LDJ, determina que la jurisdicción indígena se
aplica a las relaciones y hechos jurídicos que se realizan o cuyos efectos se producen dentro
de la jurisdicción de un pueblo indígena originario campesino, situación ocurrida en los
hechos denunciados.
I.1.3. Alegaciones del Consejo Indígena del Pueblo Yuracaré-Mojeño
Por su parte, mediante memorial de 16 de marzo de 2012, cursante de fs. 117 a 119 vta.,
Isrrael Hurtado Soliz, Vice Cacique, Néstor Vásquez Miranda, Secretario de Tierra y
Territorio y Melvy Roca Guasico, Secretaria de Género y Organización, todos del CIPYM,
a raíz de la denuncia penal referida, plantearon conflicto de competencia ante la Jueza
Segunda de Instrucción en lo Penal del departamento de Santa Cruz, manifestando que debe
considerarse la potestad de las naciones y pueblos indígena originario campesinos de
administrar justicia de acuerdo a su sistema de justicia propio, y ejercer por medio de sus
autoridades naturales en el marco de lo establecido en la Constitución Política del Estado y
la Ley de Deslinde Jurisdiccional.
Argumentan que tanto el denunciante, José Luis Blanco Herbas, como los denunciados
Rosmeri Gutiérrez Herbas de Galindo, Roberto Carlos Cortez Soria y Ramiro Galindo
Chávez, pertenecen y son miembros del pueblo indígena Yuracaré-Mojeño, configurándose
el elemento de vigencia personal para la jurisdicción indígena originaria campesina.
La elección que se cuestiona, realizada el 31 de julio de 2010, donde resultaron electos
Rosmeri Gutiérrez Herbas de Galindo como titular y Roberto Carlos Cortez Soria como
suplente, se efectuó en base a las normas y procedimientos propios del pueblo Yuracaré-
Mojeño a través de la democracia comunitaria, configurándose el elemento material de la
jurisdicción indígena originaria campesina.
Asimismo, el elemento territorial también se encuentra configurado porque el denunciante
cuestiona supuestas irregularidades de falsificaciones en el proceso eleccionario llevado a
cabo el 31 de julio de 2010, en un territorio indígena del pueblo Yuracaré-Mojeño, en la
comunidad El Pallar de la provincia Ichilo del departamento de Santa Cruz, por lo que
plantearon el conflicto de competencias al considerar que la Jueza Segunda de Instrucción
en lo Penal del departamento de departamento de Santa Cruz no es competente para
conocer el asunto, pidiendo la suspensión de todo trámite y la remisión de antecedentes al
Tribunal Constitucional Plurinacional para que resuelva el conflicto suscitado.
I.2. Procedimiento ante la Jueza Segunda de Instrucción en lo Penal de Santa Cruz
No existe pronunciamiento por parte de la Jueza Segunda de Instrucción en lo Penal de
Santa Cruz sobre el cuestionamiento de la competencia planteada por Rosmeri Gutiérrez
Herbas de Galindo y otros; ni sobre el conflicto de competencias presentado por los
miembros del CIPYM; por el contrario, la autoridad judicial mencionada, por providencia
de 16 de marzo de 2012, ordenó la remisión del conflicto ante este Tribunal (fs. 120).
I.3. Admisión
La Comisión de Admisión del Tribunal Constitucional Plurinacional mediante AC
0763/2012-CA de 18 de septiembre, cursante de fs. 184 a 186, admitió el conflicto de
competencias entre la jurisdicción indígena originario campesina del pueblo Yuracaré-
Mojeño y el Juzgado Segundo de Instrucción en lo Penal del departamento de Santa Cruz.
I.4. Trámite ante el Tribunal Constitucional Plurinacional
Producido el respectivo sorteo de la causa, a través decreto constitucional de 3 de diciembre
de 2012, se dispuso la suspensión del cómputo del plazo por haber solicitado la Magistrada
Relatora informe técnico antropológico del pueblo indígena Yuracaré (fs. 189).
Recibido el informe solicitado, por decreto de 21 de marzo de 2013, se ordenó la remisión
de documentación complementaria, manteniendo la suspensión del plazo dispuesta por
decreto de 3 de diciembre de 2012 (fs. 239).
Por decreto de 23 de mayo de 2013, se dispuso la reanudación del cómputo del plazo (fs.
289), por lo que la presente Sentencia Constitucional Plurinacional se la pronuncia dentro
del plazo legalmente establecido.
II. CONCLUSIONES
Del análisis y compulsa de los antecedentes que cursan en obrados, se establecen las
siguientes conclusiones:
II.1. El 31 de julio de 2010, en la comunidad de El Pallar de la provincia Ichilo del
departamento de Santa Cruz, a convocatoria del CIPYM se celebró la Asamblea General
del pueblo Yuracaré-Mojeño para la elección de Asambleísta Departamental del pueblo
Yuracaré-Mojeño para ocupar el quinto curul indígena en la Asamblea Legislativa
Departamental de Santa Cruz, acto que concluyó con la elección de Rosmeri Gutiérrez
Herbas de Galindo como Asambleísta titular y Roberto Carlos Cortez Soria como
Asambleísta suplente (fs. 16 a 21; y, 98 a 107).
II.2. Por Resolución 063/2010 de 30 de noviembre, el Tribunal Supremo Electoral aprobó
la elección de Asambleístas Departamentales del pueblo indígena originario campesino
Yuracaré-Mojeño, realizada de acuerdo a sus normas y procedimientos propios el 31 de
julio de 2010, en asamblea general en la comunidad El Pallar; y, reconoció a la ciudadana
Rosmeri Gutiérrez Herbas de Galindo como Asambleísta Departamental titular y al
ciudadano Roberto Carlos Cortez Soria como Asambleísta Departamental suplente ante la
Asamblea Departamental de Santa Cruz por la circunscripción especial indígena campesina
Yuracaré-Mojeño (fs. 125 a 128).
II.3. Por Resolución 77/2010 de 20 de diciembre, en recurso extraordinario de revisión de
la Resolución 063/2010 -precitada- el Tribunal Supremo Electoral declaró improcedente el
recurso de revisión extraordinaria promovido por Guillermo Montaño Vargas, en calidad de
Presidente de la Central de Comunidades Indígenas del Pueblo Indígena Mojeño, y ratificó
en su integridad la Resolución 063/2010 de 30 de noviembre (fs. 129 a 135).
II.4. José Luis Blanco Herbas, en su condición de Cacique Mayor de la Tierra Comunitaria
de Origen (TCO), comunidad indígena Yuracaré y Trinitaria El Pallar, presentó el 5 de
septiembre de 2011, denuncia penal contra Rosmeri Gutiérrez Herbas de Galindo y Roberto
Carlos Cortez Soria por la presunta comisión de los delitos de falsedad material e
ideológica y uso de instrumento falsificado (fs. 2 a 4), denunciando que en la asamblea del
pueblo Yuracaré-Mojeño, celebrada en la comunidad El Pallar el 31 de julio de 2010, la
elección del Asambleísta Departamental titular y suplente del pueblo Yuracaré-Mojeño se
llevó a cabo con varias irregularidades donde se falsificaron firmas de delegados en las
actas, firmaron el acta personas desconocidas que no fueron acreditadas por ninguna
comunidad; tampoco se contó con la presencia del veedor del Tribunal Supremo Electoral,
y los delegados que asistieron de las organizaciones matrices de los pueblos indígenas se
retiraron por no estar de acuerdo con el acto fraudulento de los asambleístas electos; es
decir, los denunciados, quienes falsificaron las huellas digitales de personas con
discapacidad (fs. 2 a 3; 96 a 97).
II.5. El 7 de septiembre de 2011, se informó al Juez de Instrucción en lo Penal de turno, el
inicio de la investigación penal (fs. 93) y el 6 de octubre de igual año, mediante
requerimiento fiscal se dispuso la citación de los denunciados para su declaración
informativa (fs. 37). Mediante requerimiento fiscal de 10 de febrero de 2012, se ordenó la
complementación de las diligencias investigativas y recepción de declaraciones
informativas de los denunciados y otros (fs. 39). Investigación sometida a control
jurisdiccional de la Jueza Segunda de Instrucción en lo Penal (fs. 94).
II.6. El 12 de noviembre de 2011, el denunciante formalizó querella contra Rosmeri
Gutiérrez Herbas de Galindo, Roberto Carlos Cortez Soria y Ramiro Galindo Chávez por la
presunta comisión de los delitos de falsedad material e ideológica y uso de instrumento
falsificado (fs. 56 a 58 vta.), ratificando los hechos relatados en la denuncia, querella
admitida el 21 de noviembre de 2011 (fs. 59).
II.7. Mediante memorial de 13 de marzo de 2012, los denunciados, Rosmeri Gutiérrez
Herbas de Galindo, Roberto Carlos Cortez Soria y Ramiro Galindo Chávez, miembros del
pueblo indígena Yuracaré-Mojeño, en conocimiento de la acción penal seguida en su contra
por José Luis Blanco Herbas, formularon ante la Jueza Segunda de Instrucción en lo Penal,
Jueza encargada del control jurisdiccional, conflicto de competencias, indicando que en la
denuncia penal se cuestiona supuestas irregularidades en el proceso de elección de
asambleísta departamental llevada a cabo el 31 de julio de 2010, por las autoridades del
pueblo Yuracaré-Mojeño, donde se eligió a través de sus normas y procedimientos propios
a los representantes al quinto curul indígena de la Asamblea Legislativa Departamental de
Santa Cruz, razón por la cual sostuvieron que debe resolverse y dirimirse lo denunciado a
través de la jurisdicción indígena originaria campesina; por lo que cuestionando la
competencia solicitaron remitir antecedentes ante el Tribunal Constitucional Plurinacional
para que resuelva el conflicto y en definitiva remita obrados al CIPYM; asimismo, se
suspenda todo trámite en la causa penal iniciada (fs. 85 a 87).
Memorial respecto del cual el querellante José Luis Blanco Herbas, solicitó su rechazo y la
continuación de las investigaciones penales (fs. 83 a 84).
II.8. Dentro de la referida acción penal, Isrrael Hurtado Soliz, Néstor Vásquez Miranda, y
Melvy Roca Guasico, Vice Cacique, Secretario de Tierra y Territorio y Secretaria de
Género y Organización del CIPYM respectivamente, plantearon el 16 de marzo de 2012,
ante la Jueza Segunda de Instrucción en lo Penal conflicto de competencias, sosteniendo
que los supuestos delitos que se investigan contra los denunciados, emergen del proceso
eleccionario llevado en su comunidad el 31 de julio de 2010, por las autoridades naturales
del pueblo Yuracaré-Mojeño, cuyas denuncias deben resolverse y dirimirse en la
jurisdicción indígena originario campesina y no por la jurisdicción ordinaria (fs. 117 a 119
vta.).
II.9. Por providencia de 16 de marzo de 2012, la Jueza Segunda de Instrucción en lo Penal,
ordenó al Fiscal a cargo la remisión del cuadernillo de investigaciones para su posterior
envío al Tribunal Constitucional Plurinacional (fs. 120).
[Link] pueblos Yuracaré y Mojeño conviven en el departamento de Santa Cruz,
provincia Ichilo, municipio Yapacaní, dentro de la TCO Yuracaré Trinitaria “El Pallar”,
con una extensión de 78 655, 5153 ha (fs. 115), constituido por siete comunidades: Alto
Pallar, Nueva Bethel, Tacuaral, El Pallar, Mónica, Damasco y Corralito del Choré, las
mismas que tienen como organización matriz al CIPYM (fs. 114; 116). La comunidad
indígena Yuracaré y Trinitaria El Pallar, tiene registro de identidad del pueblo indígena
Yuracaré-Mojeño, mediante Resolución Prefectural 672/98 de 12 de octubre de 1998, y
asentamiento en la provincia Ichilo del departamento de Santa Cruz (fs. 113), con el título
ejecutorial respectivo (fs. 110).
[Link] la naturaleza del conflicto de competencias suscitado entre la jurisdicción
ordinaria y la indígena originario campesina, la Magistrada Relatora solicitó a la Unidad de
Descolonización del Tribunal Constitucional Plurinacional, la realización de un informe
técnico sobre aspectos socio culturales, estructura organizacional y territorial, estructura de
autoridades, normas y procedimientos de aplicación dentro su justicia, entre otros aspectos.
Remitió el Informe Técnico TCP/ST/UD 003/2013 de 18 de febrero, cursante de fs. 194 a
230 e Informe Complementario TCP/ST/UD/ Inf. 015/2013 de 5 de abril, a (fs. 248 a 275),
realizados bajo la metodología “encuentro-diálogo comunal”, “diálogo individual-
participativo” y la “observación”, cuyos aspectos relevantes se extractan en los
Fundamentos Jurídicos III.6 de la presente Sentencia Constitucional Plurinacional.
III. FUNDAMENTOS JURÍDICOS DEL FALLO
A través del presente recurso constitucional, corresponde dilucidar el conflicto de
competencias suscitado entre la jurisdicción ordinaria y la indígena originaria campesina,
determinando si la primera o la segunda es la competente para conocer y resolver los
hechos denunciados, en principio, ante la jurisdicción ordinaria, pero que la jurisdicción
indígena originaria del pueblo Yuracaré-Mojeño reclama su conocimiento y resolución, por
haberse producido los hechos denunciados en ocasión del proceso eleccionario llevado en
la comunidad El Pallar el 31 de julio de 2010, por las autoridades naturales del pueblo
Yuracaré-Mojeño, para elegir al asambleísta departamental de Santa Cruz por la
circunscripción indígena campesina Yuracaré-Mojeño. En consecuencia, corresponde
analizar los hechos a fin de determinar la jurisdicción competente para conocer y resolver la
causa.
Para resolver el problema planteado se desarrollará los siguientes puntos temáticos que
hacen a la problemática referidos: a) Los nuevos ejes fundacionales del Estado boliviano;
b) La jurisdicción indígena a la luz de los instrumentos internacionales; c) El pluralismo
jurídico y las pautas de su reconocimiento constitucional; d) Del derecho a la jurisdicción
indígena y el componente plural del derecho de acceso a la justicia; e) El ámbito de
vigencia de la jurisdicción indígena originario campesina; f) El pueblo Yuracaré-Mojeño.
Aspectos socioculturales y su sistema jurídico; y, g) Delimitación de la competencia en el
caso concreto.
III.1. Los nuevos ejes fundacionales del Estado boliviano
Para comprender mejor el caso que se examina, corresponde previamente referirse al nuevo
modelo de Estado proyectado por la Constitución Política del Estado.
En ese cometido, cabe recordar que el diseño constitucional del nuevo Estado boliviano
realizado en la Norma Suprema, aprobada el 25 de enero de 2009 y promulgada el 7 de
febrero del mismo año, caracteriza la refundación de un nuevo modelo de Estado
sustentado en la plurinacionalidad, la interculturalidad, el pluralismo en sus diversas
facetas proyectados hacia la descolonización, como nuevos ejes fundacionales que
permitan consolidar una sociedad inclusiva, justa y armoniosa, cimentada en la
descolonización, sin discriminación ni explotación, con plena justicia social, para
consolidar las identidades plurinacionales estructuradas bajo un proceso que articule
la pluralidad en la unidad.
Desde esta perspectiva debe tenerse presente, que la construcción de un nuevo Estado,
conforme proclama el Preámbulo de la Constitución Política del Estado, reconoce al
pueblo boliviano con una composición plural, que deja en el pasado el Estado colonial,
republicano y neoliberal y asume el reto histórico de construir colectivamente el
Estado Unitario Social del Derecho Plurinacional Comunitario, que “integra y
articula los propósitos de avanzar hacia una Bolivia democrática, productiva,
portadora e inspiradora de la paz, comprometida con el desarrollo integral y con la
libre autodeterminación de los pueblos” (cuarto párrafo del Preámbulo de la Constitución
Política del Estado).
Lo precedente permite concluir que el Estado Plurinacional se proyecta a partir de la
descolonización del Estado-Nación monocultural, homogéneo, colonial, republicano y
neoliberal, que reprodujo la exclusión política, social, económica y cultural de los
pueblos y naciones indígena originario campesinas, los modelos de desarrollo de
saqueo de los recursos naturales, por ende, de mayor pobreza, marginación y racismo.
En esencia la plurinacionalidad rompe con la concepción del Estado-Nación
homogeneizante y asimilacionista de concebir un solo Estado con una nación, una
cultura, una lengua: el de la cultura dominante; por el contrario, la plurinacionalidad
descolonizante reconoce a los pueblos indígena originario campesinos como naciones
con capacidad para definir sus destinos en el marco de la unidad (art. 2 de la
Constitución Política del Estado -CPE-), que se interrelacionan en un mismo territorio
y se garantiza el fortalecimiento de esas identidades plurinacionales. La
plurinacionalidad como nuevo enfoque de la diversidad, reconoce el derecho a la libre
determinación de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, su cultura,
sus instituciones, sus saberes y conocimientos como factores de cambio dentro del
proceso de descolonización y construcción de la plurinacionalidad.
Ahora bien, los documentos de la Constituyente así como el texto de los arts. 1 y 8 de la
CPE, concluyen que para la construcción y consolidación del Estado Plurinacional son
fundamentales -entre otros- los principios de pluralismo jurídico, unidad,
complementariedad, reciprocidad, equidad, solidaridad, a éstos se agrega la
interculturalidad, que además de constituir un principio-valor, se constituye en el
instrumento para la cohesión y la convivencia armónica y equilibrada entre todos los
pueblos y naciones (art. 98 de la CPE), porque la misma se edifica bajo el respeto a la
diversidad, donde el concepto de igualdad de las culturas es el punto de partida para
los nuevos proyectos de vida, pues en el Estado Plurinacional, como nueva
organización política, conviven en condiciones de igualdad, las naciones y pueblos
indígena originario campesinos con sus propias formas y lógicas civilizatorias, y se
irradian y confluyen con una orientación de complementariedad e interculturalidad,
que suponga la construcción de una institucionalidad plurinacional descolonizadora,
despojada de las lógicas de la colonialidad y bajo un proceso de reconstitución y re-
encuentro de los propios saberes y conocimientos.
Ciertamente, el reconocimiento de la diversidad cultural como base esencial del Estado
Plurinacional plantea que el pluralismo, la interculturalidad y la descolonización
constituyen los ejes fundacionales que sustentan la construcción del nuevo Estado
boliviano.
En este escenario, la interculturalidad se proyecta en una dimensión diferente al enfoque de
la multiculturalidad, éste último diseñado bajo los moldes del Estado-Nación, que reconoce
la diversidad cultural con niveles de tolerancia y de reconocimiento de la diversidad en
tanto y en cuanto esa diversidad se subordine a una sola forma de justicia, un solo sistema
político, económico, social, cultural, lingüístico: el dominante; es decir, reproduce los
moldes de superioridad de una cultura. En tanto que la interculturalidad plurinacional
se cimenta en la igualdad jurídica de las culturas y se proyecta desde la cosmovisión
de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, que con sus diferentes
formas y modos de vida, saberes y conocimientos, valores y realidades se ingresa en
un proceso de interrelación recíproca e igualitaria de diversas identidades
plurinacionales, que conviven, dialogan y se complementan, conservando su esencia
identitaria para el vivir bien; es decir, para permitir la reproducción de la vida en
armonía y equilibrio.
En este proceso, la interculturalidad no se reduce al mero interrelacionamiento, va más allá
de las interrelaciones lineales subordinadas y condicionadas por la “inclusión” o
“reconocimiento” de las naciones, sino que es a partir de su reconstitución desde donde se
relacionan de manera intrínseca los demás principios-valor plurales referidos de la
complementariedad, reciprocidad, armonía y el equilibrio, que decantan en el vivir bien.
Así la Ley 300 de 15 de octubre de 2012, define el vivir bien en el siguiente sentido:
“…El Vivir Bien (Sumaj Kamaña, Sumaj Kawsay, Yaiko Kavi Päve). Es el horizonte
civilizatorio y cultural alternativo al capitalismo y a la modernidad que nace en las
cosmovisiones de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, y las
comunidades interculturales y afrobolivianas, y es concebido en el contexto de la
interculturalidad. Se alcanza de forma colectiva, complementaria y solidaria integrando
en su realización práctica, entre otras dimensiones, las sociales, las culturales, las políticas,
las económicas, las ecológicas, y las afectivas, para permitir el encuentro armonioso entre
el conjunto de seres, componentes y recursos de la Madre Tierra. Significa vivir en
complementariedad, en armonía y equilibrio con la Madre Tierra y las sociedades, en
equidad y solidaridad y eliminando las desigualdades y los mecanismos de
dominación. Es Vivir Bien entre nosotros, Vivir Bien con lo que nos rodea y Vivir
Bien consigo mismo” (el subrayado es nuestro).
De lo señalado, el horizonte del vivir bien es la propuesta más contundente del Estado
Plurinacional, opuesto a las lógicas del “desarrollo” propio del Estado Nación moderno
capitalista, que ha subsumido al Estado al “Subdesarrollo”; en consecuencia, el vivir bien
como un horizonte propio de la cosmovisión de las naciones y pueblos indígena originario
campesino, comunidades interculturales y afrobolivianas se orienta a la reconstitución y
continuidad de las prácticas propias de la diversidad de “naciones” con alcance general, es
decir en la políticas, normas y decisiones del Estado Plurinacional.
Por su parte el pluralismo proyectado en la Constitución adquiere también otro
dimensionamiento, se desmarca del pluralismo multicultural que diseñó un pluralismo
subordinado que asume la diversidad como un reconocimiento e incorporación del otro: los
pueblos indígena originario campesinos, pero sin dejar el predominio de la cultura
dominante. Es decir, el Estado sigue cimentado en los moldes del Estado-Nación con un
sólo sistema político, jurídico, económico y social con fuerte influencia de los modelos de
desarrollo occidental reduciendo las cosmovisiones y prácticas indígenas al ámbito de lo
“cultural”. Así en el ámbito del pluralismo jurídico, se plantea un pluralismo jurídico
subordinado que plantea la prevalencia de un único “sistema jurídico”, con una única fuente
del derecho válida, la proveniente del órgano legislativo del Estado, considerando los
sistemas de administración indígena como subsistemas de resolución alternativa. En este
reduccionismo de Estado-Derecho, las fuentes no estatales de producción del derecho,
son desconocidas o en su caso toleradas únicamente si se enmarcan y no contradicen a
la ley.
Bajo el pluralismo del Estado Plurinacional, la coexistencia de varios sistemas jurídicos,
políticos, económicos, no se reduce a “re conocer” los otros sistemas por parte de una
cultura superior que decide “re conocer” la coexistencia de otros sistemas y formas de
organización, máxime si estos sistemas son anteriores y preexistentes al Estado. El
pluralismo proyectado por la Constitución boliviana establece la coexistencia en
igualdad jurídica de varios sistemas jurídicos, políticos, económicos y culturales
provenientes de los pueblos y naciones indígena originario campesinos que gozan de
igual jerarquía y legitimidad, por eso es que el planteamiento de las naciones y
pueblos indígena originario campesinos no fue el reconocimiento de unos sobre otros,
sino la construcción de un Estado Plurinacional: con pluralidad de naciones que
pactaron la construcción conjunta, con poder de decisión en los destinos del Estado
Plurinacional. Entonces, el pluralismo del Estado Plurinacional se erige en un
pluralismo descolonizador, que plantea la convivencia igualitaria de varios sistemas
jurídicos, políticos, económicos y culturales orientados a una nueva institucionalidad
que se despoje de toda forma de monismo y homogeneidad cultural, jurídica,
económica y política.
Con este nuevo enfoque de pluralismo y pluralidad la coexistencia de las diversas
culturas no es paralela, tampoco se expresan como estructuras cerradas sin la
necesidad de mutua influencia, todo lo contrario, bajo el pluralismo del Estado
Plurinacional esta pluralidad de sistemas es abierta, por tanto, sujeta a un proceso de
irradiación, de reconstrucción, retroalimentación entre sí y potenciamiento desde lo
propio; es decir, va más allá de la “inclusión” y el “reconocimiento” de los sistemas de
administración indígena, de los valores plurales, pues el pluralismo descolonizador
tiene la perspectiva de superar el Estado-Nación homogeneizador, por ello desde los
pueblos y naciones indígena originario campesinos, sus saberes y conocimientos y a
partir sus cosmovisiones se ingresa en el proceso de reencuentro y convivencia, de
diálogo de esos contextos plurales para construir una realidad descolonizadora.
En efecto, esta nueva realidad invita y obliga al reconocimiento mutuo y respetuoso
entre los pueblos, a la comprensión y valoración recíproca entre los mismos, en sus
conocimientos, saberes, valores y cosmovisiones en igualdad de condiciones, pues sólo
así se podrá cumplir con el mandato de construcción conjunta del Estado deseado: con
unidad, igualdad, inclusión, dignidad, libertad, solidaridad, reciprocidad, respeto,
complementariedad, armonía, transparencia, equilibrio, igualdad de oportunidades, equidad
social y de género en la participación, bienestar común, responsabilidad, justicia social,
distribución y redistribución de los productos y bienes sociales, para vivir bien (valores
expresados en el art. [Link] de la CPE), y sobre todo, para constituir una sociedad justa y
armoniosa, cimentada en la descolonización, sin discriminación ni explotación con plena
justicia social que consolide las identidades plurinacionales, conforme lo determinó la SCP
1714/2012.
En consecuencia, son estos ejes fundacionales los que deben guiar al intérprete
constitucional al momento de resolver los problemas jurídicos planteados en sede
constitucional, bajo el reconocimiento de una Constitución principista y axiológica,
ahora de carácter plural, como la boliviana, estos nuevos principios-valor de la
plurinacionalidad, interculturalidad, pluralismo y descolonización, decantan no sólo
como ejes articuladores que se reflejan en la estructura organizacional del Estado,
sino en el reconocimiento de nuevos derechos de carácter colectivo y en la
construcción de nuevas categorías desde lo propio, bajo una visión plural que se
asiente en los saberes y conocimientos de las naciones y pueblos indígena originario
campesinos cuya materialización son función y fin esenciales del Estado Plurinacional
boliviano.
III.2. La jurisdicción indígena a la luz de los instrumentos internacionales
Los alcances del ejercicio de los derechos colectivos de los pueblos indígenas han sido
desarrollados a nivel internacional a través de instrumentos internacionales ratificados por
los Estados, bajo cuyo influjo el orden constitucional boliviano al igual que otros Estados
ha realizado un reconocimiento expreso de derechos colectivos que les son inherentes, a
partir de los cuales se reconoce a los pueblos indígenas su calidad de sujetos colectivos con
derechos a proteger, garantizar y precautelar. Esta doble dimensión de reconocimiento
obliga internalizarse en dichos instrumentos internacionales para su real comprensión,
alcance y proyección de los derechos de los pueblos indígena originario campesinos, en el
caso concreto, relacionado con la jurisdicción indígena originaria campesina y que al
formar parte del bloque de constitucionalidad son los parámetros de control de
constitucionalidad de su ejercicio que deben ser interpretados de manera sistémica e
integrada.
En relación con lo señalado, el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT) establece en su art. 8.2, que los pueblos indígenas tienen:
“…el derecho de conservar sus costumbres e instituciones propias, siempre que éstas no
sean incompatibles con los derechos fundamentales definidos por el sistema jurídico
nacional ni con los derechos humanos internacionalmente reconocidos. Siempre que sea
necesario, deberán establecerse procedimientos para solucionar los conflictos que puedan
surgir en la aplicación de este principio”.
En el mismo orden el art. 9.1 del Convenio determina que:
“En la medida que ello sea compatible con el sistema jurídico nacional y con los derechos
humanos internacionalmente reconocidos, deberán respetarse los métodos a los que los
pueblos interesados recurren tradicionalmente para la represión de los delitos cometidos por
sus miembros”.
Por su parte la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos
Indígenas, elevada a rango de Ley por Ley 3760 de 7 de noviembre de 2007, en su art. 3
establece que:
“Los pueblos indígenas tienen derecho a la libre determinación. En virtud de ese derecho
determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo
económico, social y cultural”.
Reforzando este eje rector el art. 4 de la citada Declaración determina que: “Los pueblos
indígenas, en ejercicio de su derecho de libre determinación, tienen derecho a la autonomía
o al autogobierno en las cuestiones relacionadas con sus asuntos internos y locales, así
como a disponer de los medios para financiar sus funciones autónomas”.
A su vez la norma contenida en el art. 5 del mismo instrumento internacional dispone que:
“Los pueblos indígenas tienen derecho a conservar y reforzar sus propias instituciones
políticas, jurídicas, económicas, sociales y culturales, manteniendo a la vez su derecho a
participar plenamente, si lo desean, en la vida política, económica, social y cultural del
Estado”.
En esta línea de razonamiento el art. 34 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los
Derechos de los Pueblos Indígenas, señala que:
“Los pueblos indígenas tienen derecho a promover, desarrollar y mantener sus estructuras
institucionales y sus propias costumbres, espiritualidad, tradiciones, procedimientos,
prácticas y, cuando existan, costumbres o sistemas jurídicos, de conformidad con las
normas internacionales de derechos humanos”.
Por su lado, el art. 35 del mismo instrumento internacional prevé que:
“Los pueblos indígenas tienen derecho a determinar las responsabilidades de los individuos
para con sus comunidades”.
Finalmente, cabe recordar la pauta interpretativa establecida en el art. 35 del Convenio 169
de la OIT, el cual manifiesta que: “La aplicación de las disposiciones del presente
Convenio no deberá menoscabar los derechos y las ventajas garantizados a los pueblos
interesados en virtud de otros convenios y recomendaciones, instrumentos internacionales,
tratados, o leyes, laudos, costumbres o acuerdos nacionales”.
Siguiendo esta pauta interpretativa priman las normas nacionales y/o internacionales e
incluso acuerdos que otorgan más derechos o ventajas a los pueblos indígena originario
campesinos.
De los instrumentos internacionales precedentes se desprende el reconocimiento: 1) De la
calidad de sujeto colectivo de derechos a los pueblos indígenas, entre ellos de identidad
propia y diferenciada; 2) De dos contenidos esenciales del pluralismo jurídico: i) El
reconocimiento del sistema de normas o derecho indígena; es decir, la potestad
normativa y reguladora que tienen los pueblos indígenas; y, ii) La potestad de ejercer
funciones jurisdiccionales o resolver sus conflictos a través de sus autoridades,
procedimientos propios y en aplicación de sus normas; 3) El derecho de los pueblos
indígenas a la jurisdicción indígena y el deber de respeto y garantía a su ejercicio por
parte de los Estados, lo que permite comprender que cuando las autoridades
indígenas ejercen funciones jurisdiccionales los tribunales ordinarios no pueden
intervenir y deben inhibirse de cualquier acto que implique intromisión en su
ejercicio; y, 4) Los límites del ejercicio de la jurisdicción indígena derivan de los derechos
fundamentales y los derechos humanos reconocidos internacionalmente, bajo cuya
delimitación la facultad de los pueblos indígenas (en el caso nuestro de los pueblos
indígena originario campesinos) de resolver sus conflictos y sancionarlos conforme a sus
métodos tradicionales resultan válidos en la medida que sean compatibles con los derechos
fundamentales reconocidos por el orden interno y con los derechos humanos
internacionalmente reconocidos, límite que impulsa, bajo el reconocimiento de la
diversidad cultural, realizar una interpretación intercultural de los derechos
humanos.
En efecto, la igualdad jurídica de las culturas y el derecho al fortalecimiento de ellas en los
instrumentos internacionales referidos, hace posible que bajo el pluralismo jurídico se
ingrese en un proceso de diálogo intercultural entre sistemas jurídicos, en razón a que las
normas de los pueblos indígena originario campesinos son fuente de derecho y forman
parte del ordenamiento jurídico constitucional, por ende, también son fuente de los
derechos, circunstancia por la cual pueden ser interpretados interculturalmente no sólo para
su cabal comprensión en contextos de multi o pluriculturalidad, sino fundamentalmente
para enriquecerlos en su contenido esencial.
III.3. El pluralismo jurídico y las pautas de su reconocimiento constitucional
Los postulados de libre determinación y autonomía plasmados en la Declaración de las
Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas han sido recogidos por el
constituyente en el art. 2 de la CPE, al establecer que: “Dada la existencia precolonial de las
naciones y pueblos indígena originario campesinos y su dominio ancestral sobre sus
territorios, se garantiza su libre determinación en el marco de la unidad del Estado, que
consiste en su derecho a la autonomía, al autogobierno, a su cultura, al reconocimiento de
sus instituciones y a la consolidación de sus entidades territoriales, conforme a esta
Constitución y la ley”.
Norma que corrobora la configuración del nuevo Estado con base en la plurinacionalidad
realizada en el art. 1 de la Norma Suprema y de fundarse “en la pluralidad y el pluralismo
político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país”.
Asimismo, entre los derechos insertos en el art. [Link] de la CPE, a los pueblos indígena
originario campesinos se encuentran, entre otros, los derechos: “…2. A su identidad
cultural, creencia religiosa, espiritualidad, prácticas y costumbre y a su propia cosmovisión;
(…) 5. A que sus instituciones sean parte de la estructura general de Estado; (…) 14. Al
ejercicio de sus sistemas políticos, jurídicos y económicos acorde a su cosmovisión; (…)
18. A la participación en los órganos e instituciones del Estado”.
En este orden, la influencia del pluralismo jurídico proyectado por el constituyente irradia
de contenido el sistema de administración de justicia al determinar en el art. 178.I de la
CPE, que la potestad de impartir justicia emana del pueblo boliviano y “…se sustenta en los
principios de independencia, imparcialidad, seguridad jurídica, publicidad, probidad,
celeridad, gratuidad, pluralismo jurídico, interculturalidad, equidad, servicio a la
sociedad, participación ciudadana, armonía social y respeto a los derechos” (el
resaltado es agregado).
Asimismo, el art. 179 de la Norma Constitucional, establece que la función judicial es única
y se ejerce mediante la jurisdicción ordinaria, la jurisdicción agroambiental y la
jurisdicción indígena originaria campesina, la cual se ejerce a través de sus propias
autoridades y que ésta se encuentra en igualdad jurídica que la jurisdicción ordinaria (art.
[Link] de la CPE), lo que importa la presencia de un pluralismo jurídico de tipo igualitario,
esto es de diálogo, mutua influencia, complementariedad y respeto mutuo de estos sistemas
jurídicos.
Igualmente, en este reconocimiento constitucional debe tomarse en cuenta que el art. 190
de la CPE dispone que:
“I. Las naciones y pueblos indígena originario campesinos ejercerán sus funciones
jurisdiccionales y de competencia a través de sus autoridades, y aplicarán sus
principios, valores culturales, normas y procedimientos propios.
II. La jurisdicción indígena originaria campesina respeta el derecho a la vida, el derecho a
la defensa y demás derechos y garantías establecidos en la presente Constitución”
(resaltado añadido).
El art. 191.I de la CPE establece que:
“La jurisdicción indígena originario campesina se fundamenta en un vínculo particular de
las personas que son miembros de la respectiva nación o pueblo indígena originario
campesino”.
El parágrafo segundo de esta disposición constitucional aclara que:
“La jurisdicción indígena originario campesina se ejerce en los siguientes ámbitos de
vigencia personal, material y territorial: 1. Están sujetos a esta jurisdicción los
miembros de la nación o pueblo indígena originario campesino, sea que actúen como
actores o demandados, denunciantes o querellantes, denunciados o imputados, recurrentes o
recurridos. 2. Esta jurisdicción conoce los asuntos indígena originario campesinos de
conformidad a lo establecido en una Ley de Deslinde Jurisdiccional. 3. Esta jurisdicción
se aplica a las relaciones y hechos jurídicos que se realizan o cuyos efectos se producen
dentro de la jurisdicción de un pueblo indígena originario campesino” (resaltado
añadido).
A su vez el art. 192 de la CPE determina que:
“I. Toda autoridad pública o persona acatará las decisiones de la jurisdicción indígena
originaria campesina.
II. Para el cumplimiento de las decisiones de la jurisdicción indígena originario campesina,
sus autoridades podrán solicitar el apoyo de los órganos competentes del Estado.
III. El Estado promoverá y fortalecerá la justicia indígena originaria campesina. La Ley de
Deslinde Jurisdiccional, determinará los mecanismos de coordinación y cooperación entre
la jurisdicción indígena originaria campesina con la jurisdicción ordinaria y la jurisdicción
agroambiental y todas las jurisdicciones constitucionalmente reconocidas” (resaltado
añadido).
De los postulados constitucionales, es posible concluir que del derecho a la libre
determinación de los pueblos indígena originario campesinos reconocido en la Norma
Suprema y los instrumentos internacionales, se desprende y fundamenta el
reconocimiento de los sistemas normativos de los pueblos indígena originario
campesinos, de sus instituciones propias y sus procedimientos, por ende, el ejercicio de
jurisdicción por parte de las autoridades indígenas, a través de sus procedimientos e
institución propias y bajo sus sistemas normativo. En cuyo contexto, los pueblos
indígena originario campesinos en ejercicio de su libre determinación, tienen derecho
a resolver sus conflictos internos de acuerdo con sus normas, procedimientos e
instituciones, los que en el marco del Estado Plurinacional, son reconocidos con igual
valor jurídico, de tal forma cuentan también con la facultad de hacer cumplir sus
resoluciones y hacer valer sus decisiones frente a los demás órganos e instituciones
estatales, entre ellos, las autoridades de otras jurisdicciones.
Asimismo, los pueblos y las naciones indígena originario campesinos, por mandato
constitucional tienen la potestad de impartir justicia en el ámbito de su propio territorio,
limitado en sus alcances por lo establecido en los arts. 191 y 192 de la CPE y la Ley de
Deslinde Jurisdiccional, norma última que debe guardar coherencia con los postulados
constitucionales y los instrumentos internacionales que forman parte del bloque de
constitucionalidad y que debe ser interpretada a la luz de éste.
En este sentido, resulta fundamental comprender como otra premisa básica que el ejercicio
de la facultad jurisdiccional de los pueblos indígena originario campesinos responde a sus
formas particulares de aplicar la justicia, esto es, conforme a sus normas y procedimientos,
principios y valores culturales, en virtud de ello existe una diversidad de formas de resolver
conflictos y aplicar justicia a los hechos suscitados en su jurisdicción, encontrando como
único límite el respeto de los derechos fundamentales reconocidos en la Constitución, así
como los derechos humanos reconocidos internacionalmente.
Es por ello, que para completar estas pautas de reconocimiento constitucional cumple
recordar lo establecido en la SCP 0300/2012 de 18 de junio, cuando determinó que: “La
jurisdicción indígena originaria campesina, de acuerdo al art. 179 de la CPE, forma parte
del órgano judicial, haciendo efectivo el derecho de las naciones y pueblos indígena
originario campesinos a que sus instituciones sean parte de la estructura general del
Estado (art. [Link].5 de la CPE) y, en ese ámbito, al gozar de igual jerarquía que la
jurisdicción ordinaria, ésta no puede revisar las resoluciones pronunciadas por la
jurisdicción indígena originara campesina y tampoco ésta de aquella; es más, toda
autoridad pública o persona debe acatar las decisiones de esta jurisdicción, pudiendo las
autoridades solicitar el apoyo de los órganos competentes del Estado (art. 192 de la
CPE)”.
En la misma Sentencia Constitucional Plurinacional se precisó que: “…la jurisdicción
indígena originaria campesina, al igual que las demás jurisdicciones, se encuentra
limitada por el respeto de los siguientes derechos a la vida, a la defensa y demás derechos
y garantías establecidas por la Norma Fundamental (art. [Link] de la CPE), debiendo
añadirse, además, a los derechos contenidos en los tratados internacionales sobre
derechos humanos que forman parte del bloque de constitucionalidad.
Conforme a ello, la Constitución Política del Estado, sobre la base del carácter
plurinacional del Estado y el principio de interculturalidad, ha diseñado a la justicia
constitucional, y en especial al Tribunal Constitucional Plurinacional, como una
institución encargada de ejercer el control sobre todas las jurisdicciones y, en general
sobre todos los órganos del poder público, a partir del diálogo intercultural que se
entable en este órgano, que tiene la representación de los dos sistemas de justicia, el
ordinario y el indígena originario campesino.
En ese ámbito, el pluralismo jurídico cobra un nuevo sentido y extensión, pues se
reconceptualiza a partir del relacionamiento e influencia permanente de ambos sistemas,
a partir de la coordinación y cooperación que debe existir entre las diferentes
jurisdicciones que conforman el Órgano Judicial (ordinaria, indígena originaria
campesina, agroambiental y especializadas); el principio de unidad de la función judicial
(art. 179 de la CPE), por el cual todas las jurisdicciones tienen como denominador
común el respeto a los derechos fundamentales, a las garantías constitucionales y la
obediencia a la Constitución Política del Estado, encontrando la unidad en la
interpretación final que efectúe el Tribunal Constitucional Plurinacional tanto de los
derechos y garantías como de las propias normas constitucionales, pues, por el carácter
vinculante de sus resoluciones, todos los jueces y autoridades, están vinculados a la
interpretación efectuada por este órgano” (las negrillas son nuestras).
Por consiguiente, el reconocimiento constitucional y de los instrumentos internacionales
hace que estos sistemas jurídicos, sus normas, instituciones, sanciones ya no sean
considerados antijurídicos, sino que forman parte del ordenamiento constitucional, y de
conformidad con el art. 179.I de la CPE, son parte de la función judicial del Estado; por lo
mismo, ingresan en el mismo sistema de ponderación con los principios y derechos
fundamentales. Por tanto el control sólo puede ser el de constitucionalidad de sus actos y
determinaciones.
En el marco de todo lo precedentemente señalado, bajo la libre determinación de los
pueblos indígena originario campesinos surge el derecho al ejercicio de la jurisdicción
indígena, como ejercicio del derecho propio prexistente a la configuración estatal y el
deber de respeto y garantía a su ejercicio por parte de los órganos e instituciones
estatales. Derecho que tiene un doble dimensionamiento: colectivo e individual. Como
derecho colectivo importa la facultad de los pueblos indígena originario campesinos
para aplicar sus propias normas a través de sus autoridades y procedimientos propios
en la solución de sus conflictos y regulación de su vida social, conforme a sus
principios y valores culturales. Como derecho individual significa el derecho de los y
las indígenas de acceder a los sistemas e instituciones establecidos en su pueblo
indígena originario campesino y en igualdad de condiciones y oportunidades acceder a
sus autoridades para la resolución de sus conflictos, o lo que es lo mismo, sus
autoridades puedan resolver y solucionar sus conflictos o problemas aplicando sus
normas y procedimientos.
Razonamiento que también encuentra sustento en el derecho de los pueblos indígena
originario campesinos de mantener reforzar sus estructuras, instituciones, sus sistemas
jurídicos y de aplicarlos en sus asuntos, como expresión del respeto de su identidad y
diferencia.
III.4. Del derecho a la jurisdicción indígena y el componente plural del derecho de
acceso a la justicia
Cuando la Constitución establece que la función judicial es única e introduce a la
jurisdicción indígena como parte de ella, determinando que la jurisdicción indígena
originaria campesina se ejerce por sus propias autoridades (art. 179.I) y que la jurisdicción
ordinaria y la jurisdicción indígena originario campesina gozarán de igual jerarquía, a la par
de confirmar el reconocimiento del pluralismo jurídico estatuido en los arts. 1 y 2 de la
CPE y de reconocer a los pueblos indígena originario campesinos, en su calidad de sujetos
colectivos, el derecho a ejercer la jurisdicción indígena como una manifestación del
derecho a su libre determinación, trae consigo el reconocimiento individual a cada
integrante del pueblo indígena originario campesino de su derecho de acceder a los
tribunales del Estado, esto es, a la jurisdicción indígena, en el marco de lo previsto en el art.
179.I de la Norma Suprema, entendiendo que ésta se ejerce por sus autoridades indígenas y
éstas son parte de la función judicial del Estado Plurinacional.
Entendimiento que encuentra sustento en lo previsto en el art. 9 de la Declaración de las
Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas cuando indica que: “Los
pueblos y los individuos indígenas tienen derecho a pertenecer a una comunidad o nación
indígena, de conformidad con las tradiciones y costumbres de la comunidad o nación de
que se trate. Del ejercicio de ese derecho no puede resultar discriminación de ningún tipo”.
Así el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo ha impulsado un “enfoque integral
de acceso a la justicia, que entiende ‘como un instrumento para la transformación de las
relaciones de poder que perpetúan la exclusión, la pobreza y la subordinación de grupos
como mujeres, presos, indígenas, migrantes, discapacitados, niños, ancianos, población de
bajos ingresos, etc””.
En efecto, bajo este dimensionamiento el derecho de acceso a la justicia, por el
carácter dinámico de los derechos, adquiere un nuevo componente: la pluralidad, en
la medida que su contenido también debe guardar correspondencia con el titular de su
ejercicio, pues además de implicar el derecho de acceder a la jurisdicción, de obtener
una resolución fundamentada en tiempo razonable que resuelva la cuestión o conflicto
jurídico suscitados y que esta resolución sea ejecutada y cumplida. En contextos de
pluralidad, el derecho de acceso a la justicia con relación a los miembros de pueblos
indígenas originario campesinos no significa que el Estado traslade su aparato estatal
a las comunidades de los pueblos indígena originario campesinos para administrar
justicia en sus territorios, sino que se extiende en su contenido y se trasunta a la vez en
el derecho de los miembros de los pueblos indígena originario campesinos de acceder
a sus instancias propias de resolución, a sus autoridades indígenas, normas y
procedimientos para resolver sus controversias y conflictos internos. Por tanto
comporta, el deber del Estado Plurinacional de garantizar a toda persona el acceso a
una justicia acorde con su cosmovisión, su cultura, sus normas y procedimientos
propios. Al mismo tiempo, contempla que los miembros de pueblos indígena
originario campesinos cuando se encuentren bajo una jurisdicción que no le es propia,
se considere y comprenda su condición cultural de diferencia al momento de juzgarlos
y sancionarlos.
III.5. Ámbito de la vigencia de la jurisdicción indígena originario campesina
De acuerdo con las premisas señaladas en el apartado precedente el acceso a la justicia
desde una concepción plural entiende que se reconozca la existencia de los sistemas
jurídicos propios de los pueblos indígena originario campesinos, se respete el ejercicio de
su jurisdicción, que en el marco de su autonomía y libre determinación deciden conocer y
resolver, se valide y respete los procedimientos y las decisiones de sus autoridades cuando
resuelvan sus controversias o apliquen sus normas de regulación social. Al mismo tiempo
contempla que los miembros de los pueblos indígena originario campesinos tenga la
posibilidad de ser juzgados y sancionados por sus autoridades propias, normas y
procedimientos.
Teniendo en cuenta que el orden constitucional reconoce varias jurisdicciones, la
articulación de las mismas es fundamental. En este orden, la Constitución Política del
Estado establece en el art. 191 los ámbitos de vigencia de la jurisdicción indígena originario
campesina: ámbitos de vigencia personal, material y territorial.
En efecto, en cuanto al ámbito de vigencia personal, la Ley Fundamental establece que
están sujetos a esta jurisdicción los miembros de la nación o pueblo indígena originario
campesino, sea que actúen como actores o demandados, denunciantes o querellantes,
denunciados o imputados, recurrentes o recurridos.
Asimismo, en cuanto a la vigencia material, la Norma Suprema hace una derivación a la
Ley de Deslinde Jurisdiccional. Sin embargo, en una interpretación de la ley de y conforme
a la Constitución, es importante señalar que esta distinción material como ámbito
competencial en la mayoría de los casos no opera en los pueblos indígena originario
campesinos. El conocimiento y resolución de los asuntos parte de una comprensión
integral, desde un sentido de totalidad, atendiendo el conflicto como una unidad en la que
ingresa lo espiritual y religioso, no existe una diferenciación en materia penal, civil, social,
familiar, etc.
De otro lado, en correspondencia con una interpretación sistémica y teleológica de la
Norma Constitucional, es importante recordar que en virtud de la libre determinación
de los pueblos indígena originario campesinos (art. 2 de la CPE), cada uno de ellos
tiene su sistema jurídico acorde con su cosmovisión, con su cultura, tradiciones,
valores, principios y normas, en virtud de ello determinan qué hechos o asuntos
resuelven, deciden o sancionan, adquiriendo la competencia para conocer los hechos y
asuntos que siempre han conocido y resuelto, así como para resolver en cuáles deciden
intervenir y cuáles derivarlos a otra jurisdicción.
En este contexto, la jurisdicción indígena originario campesina tiene competencia para
conocer y resolver los hechos y asuntos que siempre han resuelto y que considere atinentes,
independientemente sean considerados leves o graves, penales o civiles por el derecho
estatal, porque en su comprensión resuelven hechos, asuntos, conflictos. De tal forma es
importante evitar una reducción externa de los asuntos que pueden conocer porque se
ingresa en un quiebre de los postulados constitucionales y los previstos en el bloque de
constitucionalidad.
A este respecto, debe tenerse en cuenta que ni el Convenio 169 de la OIT, ni la Declaración
de Naciones Unidas sobre Derechos de los Pueblos Indígenas establecen un límite en
cuanto a las materias o la gravedad de los hechos para el ejercicio de la jurisdicción
indígena.
Con esta línea de razonamiento, es importante dejar como pauta interpretativa que en virtud
del derecho a la libre determinación de los pueblos indígena originario campesino y su
autonomía, el contenido de lo previsto en el art. [Link] de la Ley de Deslinde Jurisdiccional
debe encontrar compatibilidad con la Constitución entendida en su unidad, vale decir, bajo
sus principios fundantes de plurinacionalidad, pluralismo, interculturalidad,
descolonización entre otros y el bloque de constitucionalidad, es decir los instrumentos
internacionales de derechos humanos, cuya compatibilidad de cada una de las materias
asignadas no corresponde ser analizada en la causa presente por no vincularse con la
problemática en análisis.
Finalmente, cabe hacer referencia al ámbito territorial, respecto del cual la Constitución
determina que ésta jurisdicción se aplica a las relaciones y hechos jurídicos que se realizan
o cuyos efectos se producen dentro de la jurisdicción de un pueblo indígena originario
campesino, esto importa tener competencia sobre los hechos que ocurren dentro de
dicho territorio o cuyos efectos se producen dentro de la jurisdicción de un pueblo
indígena originario campesino.
En virtud de los ámbitos señalados, la jurisdicción indígena tiene competencia respecto
de los hechos, situaciones o relaciones jurídicas que se dan dentro del ámbito
territorial de los pueblos indígena originario campesinos, lo que supone que la
jurisdicción indígena y su derecho son los que rigen dentro del espacio territorial del
pueblo indígena originario que se trate; por tanto, la eficacia de dichas decisiones es
de alcance nacional.
En este orden es preciso destacar que también debe tenerse en cuenta los supuestos de
afectación al pueblo indígena originario campesino por quien no es miembro del mismo;
que pertenezca a otra comunidad o se trate de personas no indígenas y el hecho haya
ocurrido en el territorio del pueblo indígena originario campesino; o los casos en los que los
actos de un miembro de un pueblo indígena originario campesino, realizados en otra
jurisdicción tenga efectos sobre la comunidad o pueblo indígena originario campesino.
Considerando tales supuestos es necesario distinguir estas diferentes situaciones a efectos
de determinar qué jurisdicción será la aplicable; es decir, puede tratarse, por un lado, de una
situación interna en la que se den los tres elementos o ámbitos de vigencia establecidos por
la Constitución, esto es, que los sujetos del hecho pertenezcan al pueblo indígena originario
campesino, tanto el autor de la conducta como el sujeto pasivo (entendiéndose por sujeto
pasivo también a la propia comunidad), el hecho se haya producido en el territorio del
pueblo indígena originario campesino y se refiera a asuntos de la comunidad o que
incumben o afectan al pueblo indígena originario campesino. Por otro lado, puede tratarse
de hechos ocurridos en el pueblo indígena originario campesino pero por quien no es
miembro del mismo, o los casos en los que los efectos del hecho se producen dentro del
pueblo indígena originario campesino.
Sobre la primera situación es la que se pronunciará este Tribunal; es decir, aquella interna
donde los involucrados son miembros del pueblo indígena originario campesino, los hechos
se produjeron en ese pueblo indígena originario campesino y por lógica consecuencia, se
trata de asuntos que afectan o incumben a ese pueblo indígena originario campesino, en
cuyo caso, corresponde a la jurisdicción indígena resolver el conflicto o controversia,
bajo sus normas y procedimientos propios, al mismo tiempo corresponde el deber de
abstenerse o de realizar actos de intromisión en su ejercicio, así como el deber de
respetar sus decisiones y resoluciones, y en todo caso realizar actos de coordinación y
colaboración para que la misma sea ejecutada y cumplida.
En este contexto no son aplicables las reglas que rigen a la jurisdicción ordinaria,
como las de haber prevenido primero la causa, para que se otorgue competencia a la
jurisdicción ordinaria ante hechos en los que se ven involucrados miembros de los
pueblos indígena originario campesinos, sino los ámbitos de vigencia personal,
material y territorial que rige a esta jurisdicción.
III.6. El pueblo indígena Yuracaré-Mojeño. Aspectos socioculturales y su sistema
jurídico
En este punto, es imprescindible referirse a la estructura organizacional, territorial, sistema
de autoridades, normas, procedimientos del pueblo Yuracaré-Mojeño a efectos de resolver
la problemática planteada, por lo que se consideran los siguientes aspectos relevantes para
la decisión del caso concreto:
III.6.1. Localización del pueblo Yuracaré-Mojeño
Los pueblos Yuracaré y Mojeño conviven en el departamento de Santa Cruz, provincia
Ichilo, municipio Yapacaní, dentro de la TCO Yuracaré Trinitaria “El Pallar”, con una
extensión de 78 655,5153 ha (fs. 115), constituido por siete comunidades: Alto Pallar,
Nueva Bethel, Tacuaral, El Pallar, Mónica, Damasco y Corralito del Choré, las mismas que
tienen como organización matriz al CIPYM (fs. 114; 116). La comunidad indígena
Yuracaré y Trinitaria El Pallar, tiene registro de identidad del pueblo indígena Yuracaré-
Mojeño, mediante Resolución Prefectural 672/98 de 12 de octubre de 1998, y asentamiento
en la provincia Ichilo del departamento de Santa Cruz (fs. 113), con el título ejecutorial
respectivos de propiedad comunitaria (110).
La comunidad indígena originario campesino TCO El Pallar, se encuentra en las llanuras
centrales cercanas a la naciente del rio Mamoré, y en la parte afluente del rio Ichilo,
perteneciente al municipio de Yapacani, provincia Ichilo del departamento de Santa Cruz.
Cercana a la población de Puerto Villarroel aproximadamente a diez kilómetros en
dirección norte vía fluvial y a treinta kilómetros por carretera de la población de
Ivirgazama.
III.6.2. De la identidad cultural del pueblo Yuracaré-Mojeño. Su constitución y
construcción identitaria y cultural
Teniendo en cuenta que de acuerdo con lo previsto en los instrumentos internacionales, dos
son los criterios de identificación de los pueblos indígenas: Un elemento objetivo y otro
subjetivo.
En cuanto al elemento objetivo, el art. [Link]. b) del Convenio 169 de la OIT establece que
dicho Convenio se aplica: a los pueblos en países independientes, considerados indígenas
por el hecho de descender de poblaciones que habitaban el país o en una región geográfica
a la que pertenece el país en la época de la conquista o la colonización o del
establecimiento de las actuales fronteras estatales y que, cualquiera que sea su situación
jurídica, conservan todas sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y
políticas, o parte de ellas”.
Este instrumento internacional identifica a los pueblos indígenas como aquellos pueblos
que descienden de pueblos que pre-existen a los estados actuales; es decir, hace referencia a
un hecho histórico, y que conservan en todo o en parte sus instituciones sociales, culturales
o modos de vida, esto supone su vigencia actual.
Por su parte la Constitución boliviana en su art. 30.I, establece que: “Es nación y pueblo
indígena originario campesino toda la colectividad humana que comparta identidad
cultural, idioma, tradición histórica, instituciones, territorialidad y cosmovisión, cuya
existencia es anterior a la invasión colonial española”.
El elemento subjetivo se encuentra previsto en el apartado segundo del art. 1 de dicho
Convenio cuando establece que: “La conciencia de su identidad indígena o tribal deberá
considerarse un criterio fundamental para determinar los grupos a los que se aplican las
disposiciones del presente Convenio”.
En efecto, el elemento subjetivo se encuentra referido al autoreconocimiento que realizan
los propios pueblos indígenas; es decir, la autoconciencia de su propia identidad.
En el contexto señalado, el pueblo Yuracaré-Mojeño, pertenece a las naciones y pueblos
indígena originario campesinos de tierras bajas, los que son “tan antes” de la colonia,
prueba de ello es que sostienen la siguiente afirmación: “siempre hemos estado”. Así lo
sostuvo el comunario y dirigente de la TCO Yuracaré y Trinitaria de El Pallar, Ramiro
Galindo Chávez, en el encuentro-diálogo-comunal, realizado en la comunidad Tacuaral,
que establecen la línea de demarcación histórica referida en los instrumentos
internacionales y en la Constitución Política del Estado.
De acuerdo al informe socioantropolígico, el “siempre hemos estado”, connota tres
elementos fundamentales que hacen a la historia “viva” y “latente” de una civilización, en
este caso al de la civilización indígena de las tierras bajas. El “siempre” es el “tiempo-
constante”, “presencia-activa” durante los años milenarios; es decir, el estado de vigencia;
mientras tanto el “hemos”, hace referencia al “nosotros”, a la colectividad (sociedad)
indígena Yuracaré-Mojeño, a la “totalidad”, al conjunto de toda la nación dual. Finalmente
el “estar”, es la “materialidad-tiempo” de la vida, dicho de otro modo, es el “estar” en
cotidianidad constante, sea este en lo cultural, social y político. En suma, es una nación y
pueblo antes de la colonia.
a) Constitución identitaria, como nación y pueblo Yuracaré-Mojeño
Los Yuracaré-Mojeños, siempre están relacionados con una parte del cosmos, como son los
árboles, ríos y los animales. Es una construcción a partir de la naturaleza. De ahí, que el
pueblo Yuracaré-Mojeño, del cual son parte varias comunidades, constituyeron su identidad
cultural, a partir del cosmos como ser los ríos, arboles, animales, creencias o ritos, etc. Así
la lengua, historia, memoria, valores y principios; siempre tendrán esencia del cosmos.
Como por ejemplo, desarrollaron la pesca en función del río Ichilo, los ritos y símbolos a
partir de los animales, como lo es el tigre.
En consecuencia, su constitución identitaria es producto cósmico, de su medio natural de
habitabilidad, es hijo de la naturaleza y el cosmos. Como nación y pueblo ha tenido varios
procesos históricos, sobre éstos, el comunario Ramiro Galindo Chávez expresó lo siguiente:
“La historia comienza desde hace mucho tiempo, según la historia y lo que vivimos no lo
va separar nadie, es una fusión. Hemos dicho bien claro, yo creo que tenemos que basarnos
en la historia, no vamos separarlo pues a un Mojeño y a un Yuracaré… hasta en la
familia… eso lo hemos denominado y eso seremos pues. Ahorita son tres o cuatro familias
bien grandes en el rio Ichilo, según la historia, entre Mojeños y Yuracarés. (…) Nadie me
va separar lo Yuracaré y el Mojeño, porque en eso puede haber división hasta en las
familias, cómo voy a separar a mi hijo, vos soz colla, vos sos Mojeño, (eso) nunca. Esto
se hizo así y así tiene que ser. Jamás podemos dividir a la familia o quieren decir que
vos sos mojeño, cómo vamos a partir a nuestros hijos…”.
Sobre el proceso de consolidación del pueblo Yuracaré-Mojeño, expresó lo siguiente:
“…Por qué nos llamábamos antes en la historia Yuracare-Trinitario, era porque
convivíamos una Yuracaré y un Trinitario, no es porque habían dos pueblos, por eso es que
se ha criado y se ha denominado, nuestra representación así hermanos, yo recuerdo que ése
era nuestro inicio y nuestra representación y como tal lo hemos denominado (hace mención
a Yuracare-Trinitario). Ahora pareciera que estamos hablando, cuando decimos Yuracare-
Mojeño, estamos hablando como se fuera dos pueblos… eso tiene que quedar bien claro…
una Yuracare vive con un Trinitario y para no discriminar las dos representaciones la
hemos tomado, como un sólo cuerpo, no dividido, esa es la historia hermanos, esa es la
convivencia que vivió este pueblo, hasta ahora… tal vez muchos hermanos no
entienden, porque nos llamamos Yuracare-Trinitario o Yuracare-Mojeño… creerán
porque bueno somos dos pueblos, esa es la confusión que los demás hermanos no están
entendiendo...”.
De estas intervenciones se extrae que dos pueblos: Yuracaré y Mojeño lograron constituir
un sólo pueblo: Yuracaré-Mojeño. Es decir, devienen históricamente desde tiempos antes
de la colonia hasta solidificarse en uno. Para ellos decirles que son dos pueblos distintos, es
entendido como ofensa, porque denota “separación” o “fractura”. De ahí, que no admiten la
concepción de la nación dual.
Otro de los datos importantes que debe tomarse en cuenta es el señalado por el comunario y
dirigente indígena Ramiro Galindo Chávez, cuando sostiene:
“Este pueblo sí existe y hay que defender nuestra forma cultural, nuestra forma
organizacional, nuestra forma territorial y sobre todo este pueblo si existe, tiene
territorio, tiene población, tiene cultura, tiene idioma. Tiene todo lo que le caracteriza
de acuerdo a la CPE”.
Las expresiones señaladas muestran que el pueblo Yuracaré-Mojeño tiene sus cimientos
culturales, políticos y espirituales, desde los tiempos milenarios, antes de la colonia y de
acuerdo con los propios miembros del pueblo Yuracaré-Mojeño, existe, tiene territorio,
tiene población, tiene cultura, tiene idioma.
Así en el proceso histórico organizativo realizado por el pueblo Yuracaré-Mojeño,
establecen lo siguiente:
“El pueblo Yuracare-Mojeño está conformado por dos pueblos con cultura, historia y
lengua propia; los yuracaré, vivientes ancestrales de las riveras del rio Ichilo en la zona
tropical de Bolivia, al igual que sus hermanos de la amazonía, se han caracterizado por ser
un pueblo abierto a las demás culturas de las que han aprendido las formas de
sobrevivencia y convivencia en su entorno social”. La historia muestra que el Yuracaré que
en su lengua significa rostro blanco ha sabido vivir en armonía con su entorno natural, a
pesar de enfrentar las inclemencias de la naturaleza cuando el río que es su principal fuente
de supervivencia crece y se desborda, porque hasta la actualidad se mantienen vivas
comunidades centenarias que han sido fundadas a orillas del río Ichilo. Y los Mojeños,
naturales del gran Moxos del Beni, dada su condición de navegantes y exploradores,
migraron por el río hasta el departamento de Santa Cruz, instalándose en las comunidades
establecidas por los Yuracaré, llegando con el tiempo a convivir con ellos bajo un mismo
régimen u orden establecido. Con el tiempo, los mojeños se fusionaron con los yuracaré
conformando una sola familia que ha sabido compartir el territorio, la cultura y la
organización social”.
b) Idioma
Los idiomas oficiales que hablan son: “Yuracaré y Mojeño trinitario” (sic). Sin embargo,
hay que tener presente que la mayoría ha olvidado su lengua materna.
c) Representación simbólica
El tigre, el arco, la flecha y la onda como instrumentos que hacen a su existencia como
cultura. Marlene Montejo, ex cacique de la comunidad de Mónica del Pueblo Yuracaré-
Mojeño indica lo siguiente:
“la representación simbólica es el tigre, porque para nosotros significa mucho, porque es
fuerte y es invisible, aparece nomás”.
d) Cosmovisión y espiritualidad
Cosmovisión: El pueblo Yuracaré-Mojeño entiende que la cosmovisión tiene su punto de
partida del río, los árboles, los animales y el espacio celeste, las estrellas; es decir, el
cosmos. Ven y siente desde la misma naturaleza.
Espiritualidad y mito: Se funda en el “Tuntuco”, el dios bueno que liberó al pueblo de una
catástrofe (incendio general) provocado por el dios malo denominado “Limpelete”; el otro
supremo creador es el “Tatari”, el hacedor de todos los bienes de la naturaleza; la leyenda
del tigre como el espíritu inmortal de nuestro pueblo que nunca muere; el árbol y la flor de
Mapajo lugar de concentración de diferentes especies de aves, mitos y leyendas del Mapajo
sobre la relación del Yuracaré y la naturaleza; “‘El gran mito de la tierra sin mal o la Loma
Santa: en una colina, rodeada por una inmensa llanura, vive un viejo que espera a los
Trinitarios, actualmente sufridos por ser peones de los carayanas. El viejo puede ser
indistintamente fuerza de Dios o el mismo San Miguel en persona. La premisa para
alcanzado es la austeridad de la vida, vivir la fe trinitaria y esperar que él hable. Entonces
los Trinitarios tendrán que partir. La existencia de la Loma Santa ha sido predicada por los
ancianos -los Guayochos, sus antepasados- que eran muy buenos, valientes guerreros, (…)
y se rebelaron contra los carayanas. Sólo los ancianos conocen la existencia de la Loma
Santa y no se debe hablar de ésta a los niños…’”.
e) Valores
Los valores del pueblo Yuracaré-Mojeño, es el “respeto” a los padres, a los hijos y al
prójimo, el buen ejemplo como atributos de las personas para la vida comunitaria (no robar,
no violar, no matar, no mentir, no violencia). Como segundo elemento es la
“responsabilidad” como núcleo fundamental en la formación de la familia hasta la
comunidad. Y por último la “tolerancia” como capacidad que permite crecer como pueblo,
el trabajo solidario la capacidad de ayudar a las personas y a la comunidad que lo solicite.
A ello se debe lo que sigue:
“Los valores son los bailes típicos, como el baile Yuracaré, la danza torito y la mama”.
f) Algunos elementos culturales de cohesión social
La familia: La unidad familiar es uno de los elementos fundamentales, como cohesión
social, porque cada uno de ellos comparten afinidades y vínculos familiares, como forma de
cohesionamiento.
La música: El bombo, la tambora, la flauta, la tamborita, la bombilla, el fífamo y la maraca
son instrumentos propios, que permiten la expresión de las manifestaciones musicales.
La fiesta y danza: La danza Yuracaré y los juegos tradicionales son la expresión artística
de las fiestas y tradiciones. También la Gabeta chichera es el instrumento de elaboración
del Maniguete de ñoguo (chicha de yuca). A esto viene:
“Nos agrupamos en cada comunidad, hacemos chicha, esto nos une en la comunidad”.
g) Formas de economía, agricultura (alimentación y venta) y comunicación
La caza y la pesca como las formas de economía y desarrollo: Se puede resumir en: 1)
Pesca para autoconsumo y algo para la venta en comunidad; 2) Cortar madera del bosque
para complementar nuestras necesidades como salud, vestimenta y educación; 3) La
siembra de chacos familiares para el autoconsumo; 4) Cazar animales del monte para el
consumo, y no así para su comercialización de su carne, respetando además las épocas de
reproducción ó multiplicación; 5) Procesar productos del rio como charque, harina de pez,
o cueros para artesanía; 6) Realizar artesanías de semillas, cueros y corteza de árboles como
el corocho; 7) No utilizar químicos porque son venenos para la tierra; 8) Criar animales
domésticos como gallinas, patos, chanchos y otros; 9) Aprovechar las potencialidades
turísticas de algunos lugares que hasta la fecha no son aprovechados de manera organizada
por el pueblo o la comunidad; y, 10) Cuidar el territorio de la invasión y depredación que
hacen los colonos.
A este respecto, los miembros de la Coordinadora de Pueblos Étnicos de Santa cruz,
sustenta la siguiente:
“Las Comunidades del pueblos Yuracaré-Mojeño tenemos un desarrollo productivo
diversificado de acuerdo a nuestros usos y costumbres y con mercados con identidad y
sostenibles, para el mejoramiento de vida de nuestros hijos cuidando el bosque, las lagunas
y animales silvestres, no hacemos grandes desmontes, sembramos para vivir y todas estas
riquezas vuelven a nosotros” .
El medio de transporte de esta nación y pueblo, es la canoa y el remo como instrumentos
esenciales para la comunicación y medio de transporte. Como vías de transporte, se utilizan
caminos comunales, brechas y ríos. En cuanto se refiere a los medios de transporte tienen el
deslizador, canoa, bicicletas y motocicletas. Entre los medios de comunicación utilizan
celular y algunos dirigentes conocen del manejo de computadoras.
III.6.3. Organización territorial
Sobre este aspecto es primordial considerar los antecedentes históricos precolombinos,
coloniales y durante la República colonial sobre el cual se fundamenta el territorio del
pueblo Yuracaré-Mojeño.
Sobre el territorio pre-colombino de pueblo Yuracaré-Mojeño, cabe señalar que en el
proceso de expansión incaica fue contactado por los incas; sin embargo, su territorio ha
sido ocupado permanentemente, por los trinitarios, yuracarés y mojeños durante el
inkanato, antes de la colonia y durante la República.
De otro lado es importante considerar a las tierras comunitarias de origen que fueron
creadas como modalidad de propiedad agraria para los indígenas que ancestralmente han
ocupado su territorio y que constituyen “el hábitat de las naciones y Pueblos Indígenas y
Originarios a los cuales han tenido tradicionalmente acceso y donde mantienen y
desarrollan sus propias formas de organización económica, social y cultural, de modo que
aseguran su vida plena”.
III.6.4. Formas de elección y representación social política
La nación y pueblo indígena Yuracaré-Mojeño, ha determinado su propia forma de elección
y representación social y política. Dicho de otro modo, tanto para la representación de su
organización social, dentro de las comunidades (para la elección de los caciques) así como
para la representación política (como Asambleístas Departamentales); han establecido su
propio mecanismo y procedimiento de elección. Por ejemplo, para los cargos políticos,
Arturo Vásquez, cacique mayor del CIPYM, indica lo siguiente:
“En la asamblea se eligen las representaciones, los que te postulan son los caciques, los
comunarios”.
Ambos son los que están facultados de sugerir y a la vez de elegir a la representación
política, en función de sus normas y procedimientos propios. A este caso viene por
ejemplo, el reglamento para la elección del Asambleísta Departamental del pueblo indígena
Yuracaré-Mojeño. Reglamento que fija todo el procedimiento de elección de la
representación política. El mismo está estructurado de la siguiente manera: Capítulo I,
Disposiciones Generales; Capítulo II, De la Instancia de Elección; Capítulo III, Del
Procedimiento de Elección; y por último el Capítulo IV, Supervisión por el Órgano
Electoral. En resumen, el Reglamento está constituido por veinticuatro artículos, que ha
sido aprobado en el departamento de Santa Cruz, en la comunidad de El Pallar el 24 de
julio de 2010.
En este orden el art. 3, se refiere al ámbito de aplicación determinando que: “El presente
procedimiento se aplica a la elección del o la Asambleísta Indígena del Pueblo Yuracaré-
Mojeño, como integrante de la Asamblea Legislativa Departamental de Santa Cruz,
elección que se realizará según procedimientos propios en Asamblea Especial
convocada por la CIPYM en su condición de organización matriz del Pueblo
Yuracaré-Mojeño” (el resaltado es agregado).
Sobre los mecanismos de postulación de los candidatos o candidatas, por las comunidades,
establece que:
“Artículo 13 (POSTULACIÓN DE CANDIDATOS Y/O CANDIDATAS).- Las
Comunidades Indígenas afiliadas a la CIPYM, podrán postular candidatas o candidatos a
Asambleísta Indígena Yuracaré- Mojeño Titular y Suplente, seleccionados/as en sus
comunidades, aplicando sus normas y procedimientos propios”.
En cuanto a la elección, la máxima autoridad del Consejo Indígena se elige en una
asamblea con la participación de todas las comunidades del CIPYM. Para seleccionar el
cacique, valora la capacidad de la persona, idioma, el respeto a los ancianos (as), los
principios y valores ancestrales, en este caso corresponde insinuar el respeto y eficiente
intermediación con la sociedad indígena y no indígena. Por consiguiente, se valora el hecho
de tener conocimientos relativos a la organización y otras organizaciones, también se
valora, la experiencia y sabiduría de las personas mayores, sin importar la edad y el sexo.
Respecto a las formas de elección, se tiene el consenso y el voto secreto.
El consenso: Es la forma más común para la realización de una elección de autoridades
como ser los Caciques y algunas secretarias de las comunidades, incluyendo para el
CIPYM Consejo Indígena de Pueblos Yuracaré-Mojeño. Además, las autoridades elegidas
por este tipo de elección, son personas con gran aceptación de la población y naturalmente,
cumplen con los requisitos.
El voto secreto: Es otra forma de realizar la elección de las comunales, se efectúa por este
medio, cuando existe de por medio varios candidatos con apoyo de una o varias personas o
comunidades. Finalmente, el resultado de los dos sistemas de elección, tiene la misma
legitimidad para la comunidad. Estas formas de elección de autoridades y secretarías
comunales y para el CIPYM, están en plena vigencia.
III.6.5. Administración de justicia indígena originaria campesina
La administración y aplicación de la justicia indígena originaria campesina se ejerce
mediante las autoridades naturales (cacique) del pueblo Yuracaré-Mojeño según sus
conocimientos, prácticas, mecanismos adecuados y propios; ya sean éstos ancestrales y
desde sus propias cosmovisiones, en la resolución de conflictos. Es decir, el pueblo
Yuracaré-Mojeño tiene su propia norma establecida dentro de su organización matriz que
es el CIPYM, máxima entidad que aglutina a todas las comunidades, asentadas a lo largo y
ancho de la ribera del rio Ichilo, en la zona tropical del Estado.
La forma de resolver conflictos tiene su punto de inicio desde el interior de las
comunidades y pueblos; y de éstos con actores externos, sobrenaturales como son los
dueños del monte y del agua, aplicando los principios y valores colectivos. Todo ello
constituye la administración de justicia en el territorio Yuracaré-Mojeño.
En el sistema jurídico indígena originario campesino Yuracaré-Mojeño, se observan
tres elementos fundamentales: un conjunto de normas que regulan las conductas
individuales y colectivas; la existencia de autoridades; es decir, los Caciques con
suficiente poder social y político (legitimidad) para hacer respetar esas normas en
caso de transgresión; y el tercero, un conjunto de procedimientos que garantice la
aplicación de esas normas.
La administración de justicia Yuracaré-Mojeño, cumple la función de regular las relaciones
intracomunales, por tal razón, más que un medio para castigar y sancionar a los infractores
es restitutiva; aclarando, que su esencia consiste en restablecer el orden y equilibrio
comunal que ha sido alterado. Es aplicada de manera rápida, se la ejerce de manera
pública. Las sanciones se las toman en reunión de autoridades y comunarios, de manera
transparente y colectiva.
i) Procedimientos
Cacique de la comunidad: De acuerdo con lo señalado por el Cacique Mayor del CIPYM,
Intervienen las autoridades, en algunos casos individuales (cacique de la comunidad) a
conocimiento y a denuncia verbal del afectado. El cacique convoca a las personas
denunciadas ante su autoridad, buscando un acuerdo entre las partes en conflicto, de no
haber llegado a un acuerdo pasa a la asamblea comunal.
Al respecto, el cacique refiere lo siguiente:
“En la comunidad los caciques pueden detener si la persona es encontrada robando. El
cacique tiene atribuciones para detener al malhechor”.
La autoridad llama a la persona denunciada, lo primero que hace el cacique es reflexionar a
las partes, restableciéndose de esta manera la armonía. Sin embargo, cuando las partes
involucradas no consiguen alcanzar un acuerdo satisfactorio, entonces las autoridades
llaman incluso a familiares y allegados para reiniciar el esfuerzo por alcanzar un acuerdo;
de no ser así, recién se acude o pasa a la asamblea comunal.
La asamblea comunal: Se llama a una asamblea comunal para que la comunidad se
pronuncie sobre el caso y resuelva el problema; de no llegar a una solución consensuada, se
deriva a otro nivel superior.
Sobre este particular, es esclarecedor lo señalado por Freddy Urtado Antezana, Cacique
Mayor del CIPYM:
“…en cada comunidad cuando hay conflicto se reúne el cacique zonal, para ver el tema del
conflicto, por decir, una persona comete un error en inmediatamente se reúnen los
comunarios, por decir, de la comunidad Mónica o Tacuaral, llaman la atención, si no hay
solución en esa comunidad por decir Tacuaral, le mandan a la Gran Asamblea, éste
determina la sanción”.
El Consejo Indígena del Pueblo Yuracaré-Mojeño (CIPYM), compuesto por familias
Yuracaré-Mojeño, esencialmente es el gran cabildo de comunarias y comunarios, caciques
y consejos de ancianos como las máximas autoridades, donde se resuelven asuntos difíciles.
Esta organización aglutina a todas las comunidades del pueblo Yuracaré-Mojeño, conoce
para todos los asuntos que no fueron resueltos en la Asamblea General. Sin embargo, en
algunas ocasiones participa el chamán, que aporta con ideas que ayuda a las autoridades a
resolver los problemas y conflictos presentados.
Sobre lo precedentemente señalado, es importante aclarar que en el caso del pueblo
indígena Yuracaré-Mojeño, cuando los asuntos o problemas a resolver se desplazan hacia
otra autoridad o a la comunidad, es porque no existe una decisión que haya resuelto el
conflicto o problema; por tanto, la autoridad comunal que conoce el asunto no revisa
una decisión previa emitida por otra autoridad, sino que busca la solución al conflicto,
por lo que propiamente no existe una instancia que revise el caso, como ocurre en la
jurisdicción ordinaria, sino que se pone a conocimiento de la Asamblea o del Consejo,
cuando las otras autoridades no consiguen llegar a un acuerdo satisfactorio.
ii) Autoridades
Los caciques mayores (MbuitaMatata) conjuntamente con los ancianos de la comunidad,
son los encargados de administrar la justicia, dentro de su territorio con todos los elementos
ya señalados anteriormente, teniendo como la máxima autoridad la Gran Asamblea.
iii) Asuntos y faltas que conocen y resuelven
Dentro de la competencia establecida ancestralmente, la justicia originaria del pueblo
Yuracaré-Mojeño, conoce y resuelve todo tipo de problemas o delitos. En el mundo
indígena todo es global, incluido los delitos contra la vida. Es decir, no existe clasificación
por tipos de delitos o faltas cometidas o por materia especializada, a veces las faltas son
pequeñas y grandes y otras son complejas.
Para una mejor comprensión, se mencionan las siguientes controversias que en su
jurisdicción han resuelto ancestralmente:
· Violencia familiar
· Problemas de linderos
· Abandono familiar
· Peleas entre comunarios
· Adulterio/infidelidad
· Chisme
· Deuda
· Irrespeto a la autoridad
· Agresión verbal/insultos
· Robo
· Calumnia/difamación
· Borrachera
· Violación
· Asesinato
Consiguientemente, la justicia indígena originaria campesina del pueblo Yuracaré-Mojeño
conoce y resuelve todo tipo de problemas y hechos, entre ellos delitos, por medio de sus
propias autoridades y procedimientos, sanciones y cumplimiento. Los asuntos y conflictos
que conocen se estructuran en su forma de “totalidad”, no se dividen por materias
específicas, como ocurre en el derecho positivo occidental.
iv) Tipos de sanciones
Entre las sanciones se tienen las siguientes:
· Llamada de atención o reflexión
· Reparación de daños y perjuicio
· Trabajo comunal
· Guasca con el cuero de bayo
· Expulsión de la comunidad
Las sanciones alcanzan diferentes niveles, de acuerdo a la gravedad de los casos.
Primera: Una llamada de atención a las partes en conflictos y se brinda todos los consejos
necesarios para que en adelante se restituya la armonía de la comunidad; y, en señal de
conformidad y amistad, se dan la mano recíprocamente.
Segunda: Pago de daños, en este caso, el demandado paga los daños ocasionados al
afectado, devolviendo en especie; cuando el infractor no tiene posibilidad económica,
también se puede pagar en trabajo comunal, tales los casos de decisiones de limpieza de la
cancha o escuela de la comunidad.
Tercera: La expulsión se da en situaciones gravísimas, cuando es afectada la dignidad de la
persona. Es decir, cuando se rompe la convivencia, el bienestar armónico, el equilibrio y el
interés colectivo comunal. Tal como afirma el Cacique Mayor de la CIPYM, Freddy Urtado
Antezana:
“…si yo he cometido un gran error hasta me pueden dar expulsión, nosotros aplicamos de
esa forma la justicia, para que nos respetemos. Entonces… lo que se maneja aquí es choro
(es el chicote como en las tierras altas). Para nosotros en la justicia está el respeto. Todos
somos iguales, nadie es más que el otro”.
En otras ocasiones, como la violación, se la remite a la jurisdicción ordinaria para su
juzgamiento.
También es importante señalar que en general los arreglos concluyen con un compromiso
formal de acatamiento, que puede o no constar en un acta, la reconciliación
“abuenamiento” significa que después de llegar a un acuerdo las partes se dan las manos y
el agradecimiento a las autoridades por haber extremado esfuerzo para solucionar el
problema.
v) De su cumplimiento
Los mecanismos importantes para el seguimiento y cumplimiento, a las determinaciones, lo
realiza el Secretario de Conflictos de la organización; y el control comunal.
De otro lado, también debe señalarse que la justicia indígena originaria campesina, tiene un
alcance general se aplica a todas las personas pertenecientes a la comunidad del pueblo
Yuracaré-Mojeño, y de acuerdo con lo manifestado por sus autoridades en casos especiales
a personas ajenas que hayan cometido algún delito dentro de la comunidad, como los casos
en los que la persona voluntariamente se somete a la jurisdicción indígena originaria
campesinos establecida en la comunidad. Por ejemplo, indican que hubo casos en los que
un miembro de la familia Yuracaré-Mojeño contrajo matrimonio con una persona ajena a la
comunidad; en este caso, él o ella asume todos los deberes y obligaciones normadas por la
comunidad; esto por el compromiso asumido con anterioridad con los padres de familia y
con la misma comunidad, porque de acuerdo con la cosmovisión del pueblo Yuracaré-
Mojeño, toda persona nueva que se integra a una comunidad debe asumir con todas las
obligaciones y así cumplir con las costumbres, valores y los principios de la comunidad.
Por tanto, tiene alcance a todos los habitantes de la comunidad, en la misma dimensión que
cualquier otro miembro de la comunidad.
De lo relacionado, es posible concluir que existe una práctica de justicia, plena y vigente
con administración propia de la justicia indígena originaria, con normas y
procedimientos, que traducen sus propios valores culturales, transmitidos de
generación en generación.
III.6.6. Roles o atribuciones de las autoridades indígenas de la comunidad de El Pallar
Conforme se ha mencionado, la base de su unidad y organización principal es “…la familia
en la que manda el padre, si la comunidad es de varias familias el que manda es él que por
sus cualidades de fuerza y sabiduría, se impone y su poder es respetado”. Los roles nacen a
partir de la lógica de la familia.
a) Estructura organizativa de la comunidad, sus roles y sus atribuciones
En este acápite se tomará en cuenta a la comunidad de El Pallar, cuya estructura de
autoridades es la siguiente:
1. Cacique Mayor (MbuitaMatata)
2. Cacique Segundo (Mbuita Tata)
3. Secretario de Actas
4. Secretario de Desarrollo Humano Educación y Salud
5. Secretario de Genero
6. Asesores
En el caso del Cacique Mayor (MbuitaMatata), es la autoridad máxima representativa de la
comunidad u organización del pueblo indígena originario de la comunidad; es el encargado
de velar el bienestar y el desarrollo de la población. En otras palabras es el padre de la
comunidad, tiene la misión de dirigir las reuniones ordinarias y extraordinarias; así mismo
busca proyectos de desarrollo integral para el pueblo. Finalmente administra la justicia,
dentro de la comunidad.
Por su parte, el Cacique Segundo (Mbuita Tata), hace las veces del Cacique Mayor, en caso
de ausencia y enfermedad, atendiendo los casos de menor importancia y los casos de mayor
relevancia, resuelve los casos graves en la asamblea general de la comunidad.
Los secretarios responden a cada una de sus carteras.
III.6.7. Estructura organizativa del Consejo Indígena del Pueblo Yuracaré-Mojeño
Conforme se ha señalado, las comunidades de la nación indígena originario campesina
Yuracaré-Mojeño constituyen el CIPYM, las mismas son: comunidad “Alto Pallar, Nueva
Bethel, Tacuaral, El Pallar, Mónica, Damasco, Corralito de Choré, Isla del Oriente, El
Carmen y 31 de Octubre” (sic). Estas comunidades están conformadas sobre la base de
afinidad y vínculos familiares, por sus características organizativas, sociales, culturales y
antecedentes históricos.
1) Estructura organizativa
La estructura organizativa del CIPYM está conformada de la siguiente manera:
1. Cacique Mayor (MbuitaMatata)
2. Cacique Segundo (Mbuita Tata)
3. Secretaria de género
4. Secretaria de comunicación
5. Educación y deporte
6. Secretaria de salud
7. Secretaria de Organización
8. Secretaría de Desarrollo
2) Atribuciones de los cargos de la Consejo Indígena del Pueblo Yuracaré-Mojeño
Cacique mayor (MbuitaMatata): Es la representación política de la organización, que
representa ante las autoridades públicas, privadas a nivel nacional e internacional; unos de
sus atribuciones es convocar y dirigir las reuniones programadas por la organización
matriz, como también buscar y gestionar proyectos de desarrollo para la organización.
Cacique menor (Mbuita Tata): Hace la función de Cacique Mayor en caso de ausencia o
enfermedad, sólo puede resolver problemas menores, otros asuntos delicados son resueltos
en la asamblea general de la organización.
Secretaría de género: Función que ocupa una mujer con respeto a la equidad de género,
tiene vinculación directa con las organizaciones de mujeres de cada comunidad que
compone el CIPYM, cuya delegación es buscar proyectos de desarrollo para las mujeres
organizadas de cada comunidad.
Esta estructura orgánica del pueblo Yuracaré-Mojeño presenta tres niveles: Política,
Ejecutiva y Operativa, las cuales están representadas por:
1. Asamblea General
2. Asamblea Consultiva
3. Dirección Ejecutiva
4. Consejo Consultivo de ancianos
5. Presidente y Vicepresidente
6. Siete Secretarias
7. Tres Unidades Técnicas
8. Delegados de las comunidades
Respecto de los niveles de organización y representación:
La Asamblea General: Participan de la Asamblea General los representantes de las nueve
comunidades que constituyen la organización, cada una con quince delegados acreditados
por la comunidad, en igualdad de condiciones de género. Esta es la instancia máxima de
decisión, para resolver asuntos graves que no hayan sido resueltos a nivel de la comunidad,
y la elección del Presidente de la CIPYM. Finalmente indicar que la Asamblea General se
lleva a cabo cada dos años.
La Asamblea Consultiva: Es la instancia del debate, de análisis y evaluación de
programas y proyectos, con financiamiento nacional e internacional; de igual forma para
evaluar las actividades de los dirigentes de la CIPYM y la parte técnica operativa.
Finalmente la reunión se realiza cada seis meses.
La Dirección Ejecutiva: Está compuesto por el Presidente y Vicepresidente y las
Secretarías, que tienen por objeto ejecutar las políticas comunales, en el marco de la
organización matriz. Las reuniones de evaluación de actividades se realizan cada tres
meses.
El Consejo Consultivo de ancianos: Es la reunión de los asesores ancianos de la
comunidad, que colaboran con la dirigencia, en resolver problemas de trascendencia, como
el tema de límites territoriales entre otros. Los ancianos son llamados cuando la dirigencia
se lo solicita para resolver asuntos difíciles, pues ellos juegan un papel importante para la
organización y cuentan con conocimientos y saberes ancestrales.
El Presidente: Es el representante legal y máxima autoridad de la organización, ante las
instituciones del Estado e instituciones privadas. Además, tiene la facultad de firmar
convenios nacional e internacional, en beneficio de la organización Yuracaré-Mojeño.
Como también resolver los problemas suscitados en el interior de las comunidades.
El Vicepresidente: Reemplaza al presidente en caso de ausencia y enfermedad, su
actuación está subordinado a las decisiones del presidente y la comunidad.
Las Secretarías: Son las siguientes: salud, comunicación, educación, cultura y deporte,
economía y finanzas, género y recursos naturales y medio ambiente. Estas Secretarías
cumplen cada una con sus funciones específicas según estatuto y reglamento de la CIPYM.
La Unidad Técnica: Es el brazo operativo de la organización, tiene como principal misión
la elaboración y ejecución de proyectos de la CIPYM, en coordinación con la parte
ejecutiva de la organización del pueblo Yuracaré-Mojeño.
El CIPYM como afiliada de la Coordinadora de los Pueblos Étnicos de Santa Cruz
(CPESC); en la actualidad ocupa dos carteras importantes dentro de ella, la Vicepresidencia
y Secretaría de Género. A la vez el CIPYM está afiliado a la Confederación Indígena de los
Pueblos Indígena del Oriente y Amazonia y Chaco Boliviano (CIDOB).
De los datos relacionados se tiene que la administración de la justicia indígena originaria,
parte desde la estructura social, esto supone que un miembro de la comunidad mientras no
acceda a un cargo en la organización indígena local, regional o nacional, no puede
administrar la jurisdicción indígena originaria campesina. Cada una de las autoridades
indígenas cumple una función específica, aunque existe una simbiosis colonial en algunos
cargos.
III.7. De la delimitación de competencia en el caso concreto
Con la aproximación a la identidad socio cultural, organizacional, sistema de
administración de justicia y procedimientos del pueblo Yuracaré-Mojeño, cabe
contextualizar la problemática de la que emerge el conflicto de jurisdicciones suscitado en
la presente causa.
En este cometido se tiene que a raíz de la Asamblea General del pueblo Yuracaré-Mojeño,
celebrada el 31 de julio de 2010, en la comunidad de El Pallar de la provincia Ichilo del
departamento de Santa Cruz, a convocatoria del CIPYM, para llevar a cabo el proceso de
elección de Asambleísta Departamental del pueblo Yuracaré-Mojeño para ocupar el quinto
curul indígena en la Asamblea Legislativa Departamental de Santa Cruz, acto que concluyó
con la elección de Rosmeri Gutiérrez Herbas de Galindo como Asambleísta titular y
Roberto Carlos Cortez Soria como Asambleísta suplente, ambos comunarios del lugar. José
Luis Blanco Herbas, en su condición de Cacique Mayor de la comunidad indígena Yuracaré
y Trinitaria El Pallar, presentó el 5 de septiembre de 2011, denuncia penal contra los
Asambleístas elegidos, Rosmeri Gutiérrez Herbas de Galindo y Roberto Carlos Cortez
Soria y otro por la presunta comisión de los delitos de falsedad material e ideológica y uso
de instrumento falsificado, denunciando que en la Asamblea del pueblo Yuracaré-Mojeño,
celebrada en la comunidad El Pallar el 31 de julio de 2010, la elección del Asambleísta
Departamental titular y suplente del pueblo Yuracaré-Mojeño se realizó con varias
irregularidades donde se falsificaron firmas de delegados en las actas, firmaron el acta
personas desconocidas que no fueron acreditadas por ninguna comunidad; tampoco se
contó con la presencia del veedor del Tribunal Supremo Electoral, y los delegados que
asistieron de las organizaciones matrices de los pueblos indígenas se retiraron por no estar
de acuerdo con el acto fraudulento de los Asambleístas electos; es decir, los denunciados
quienes -en criterio del denunciante- falsificaron las huellas digitales de personas con
discapacidad, denuncia que luego fue formalizada mediante querella presentada el 12 de
noviembre de 2011 por los delitos señalados.
Ante los hechos referidos, los denunciados, Rosmeri Gutiérrez Herbas de Galindo, Roberto
Carlos Cortez Soria y Ramiro Galindo Chávez, miembros del pueblo indígena Yuracaré-
Mojeño, en conocimiento de la acción penal seguida en su contra por José Luis Blanco
Herbas, formularon ante la Jueza Segunda de Instrucción en lo Penal, encargada del control
jurisdiccional, conflicto de competencia, indicando que en la denuncia penal se cuestiona
supuestas irregularidades en el proceso de elección de Asambleísta Departamental llevada a
cabo el 31 de julio de 2010, por las autoridades del pueblo Yuracaré-Mojeño, donde se
eligió a través de sus normas y procedimientos propios a los representantes al quinto curul
indígena de la Asamblea Legislativa Departamental de Santa Cruz, razón por la cual
sostuvieron que lo denunciado debe resolverse y dirimirse a través de la jurisdicción
indígena originaria campesina.
Posteriormente, en la referida acción penal Isrrael Hurtado Soliz, Néstor Vásquez Miranda
y Melvy Roca Guasico, Vice Cacique, Secretario de Tierra y Territorio y Secretaria de
Género y Organización del CIPYM respectivamente, plantearon el 16 de marzo de 2012,
ante la Jueza Segunda de Instrucción en lo Penal conflicto de competencias, sosteniendo
que los supuestos delitos que se investigan contra los denunciados, emergen del proceso
eleccionario llevado en su comunidad el 31 de julio de 2010, por las autoridades naturales
del pueblo Yuracaré-Mojeño, cuyas denuncias deben resolverse y dirimirse en la
jurisdicción indígena originario campesina y no por la jurisdicción ordinaria, lo que motivó
a que la Jueza Segunda de Instrucción en lo Penal determine el envío a este Tribunal
Constitucional Plurinacional todos los antecedentes para que se dirima la competencia.
Con los antecedentes señalados, debe establecerse que conforme se ha desarrollado en el
Fundamento Jurídico III.4 de la presente Sentencia Constitucional Plurinacional el
reconocimiento constitucional e internacional de la jurisdicción indígena importa para el
Estado la obligación de garantizar su ejercicio y para los pueblos indígena originario
campesinos un derecho colectivo fundamental traducido en el derecho a la jurisdicción
indígena en sus dos componentes. Como derecho colectivo importa la facultad de los
pueblos indígena originario campesinos para aplicar sus propias normas a través de sus
autoridades y procedimientos propios en la solución de sus conflictos y regulación de su
vida social, conforme a sus principios y valores culturales. Como derecho individual
significa el derecho de los y las indígenas de acceder a los sistemas e instituciones
establecidos en su pueblo indígena originario campesino y en igualdad de condiciones y
oportunidades acceder a sus autoridades para la resolución de sus conflictos, o lo que es lo
mismo, sus autoridades puedan resolver y solucionar sus conflictos o problemas aplicando
sus normas y procedimientos.
En este contexto, en el problema jurídico planteado se encuentran involucrados miembros
del pueblo indígena Yuracaré-Mojeño, los hechos denunciados emergen del proceso
eleccionario llevado a cabo el 31 de julio de 2010, en la comunidad de El Pallar de la
provincia Ichilo del departamento de Santa Cruz perteneciente al pueblo Yuracaré-Mojeño,
y a raíz de asuntos que conciernen e interesan a dicho pueblo, en virtud a que la Asamblea
fue realizada a convocatoria del Consejo Indígena del Pueblo Yuracaré-Mojeño para la
elección de Asambleísta Departamental del pueblo Yuracaré-Mojeño.
Consecuentemente, los ámbitos de vigencia constitucional para el ejercicio de la
jurisdicción indígena se encuentran reunidos en el caso presente. Así, el aspecto personal
aludido por la Constitución se dio por completo pues tanto las personas que presuntamente
cometieron el hecho denunciado, como la persona afectada son miembros del pueblo
Yuracaré-Mojeño, conforme se tiene en las Conclusiones II.4 y II.7 del presente fallo.
De otro lado, en cuanto a la vigencia material se tiene que los hechos producidos en la
comunidad de El Pallar obedecen a asuntos del pueblo Yuracaré-Mojeño, emergentes de su
Asamblea General, celebrada el 31 de julio de 2010, en la comunidad de El Pallar de la
provincia Ichilo del departamento de Santa Cruz, a convocatoria del CIPYM, para llevar a
cabo el proceso de elección de Asambleísta Departamental del pueblo Yuracaré-Mojeño
para ocupar el quinto curul indígena en la Asamblea Legislativa Departamental de Santa
Cruz, acto que concluyó con la elección de Rosmeri Gutiérrez Herbas de Galindo como
Asambleísta titular y Roberto Carlos Cortez Soria como Asambleísta suplente.
Asimismo, en cuanto al ámbito de vigencia territorial se reitera que el hecho se suscitó en la
comunidad de El Pallar, que pertenece al pueblo Yuracaré-Mojeño, por tanto, los hechos,
situaciones o relaciones jurídicas que se dan dentro del espacio territorial de los pueblos
indígena originario campesinos, deben ser resueltos por la jurisdicción indígena a través de
sus normas y procedimientos, dado que en virtud de la libre determinación de los pueblos
indígena originario campesinos (art. 2 de la CPE), cada uno de ellos tiene su sistema
jurídico acorde con su cosmovisión, con su cultura, tradiciones, valores, principios y
normas, en mérito de ello determinan qué hechos o asuntos resuelven, deciden o sancionan,
adquiriendo la competencia para conocer los hechos y asuntos que siempre han conocido y
resuelto, así como para decidir en cuáles deciden intervenir y cuáles derivarlos a otra
jurisdicción, con mayor razón si se trata de relaciones y hechos jurídicos que se realizan o
cuyos efectos se producen dentro de la jurisdicción de un pueblo indígena originario
campesino, con el advertido que fueron las autoridades originarias, en el caso concreto, el
Consejo Indígena del Pueblo Indígena Yuracaré-Mojeño, los que también plantearon la
declinatoria de competencia de la Jueza Segunda de Instrucción en lo Penal sosteniendo
que la denuncia efectuada por el comunario José Luis Blanco Herbas, debía resolverse y
dirimirse en la jurisdicción indígena originaria campesina y no por la jurisdicción ordinaria,
según se ha constatado en la Conclusión II.8 de la presente Sentencia Constitucional
Plurinacional, toda vez que, los pueblos indígena originario campesinos acorde con su
cosmovisión, con su cultura, tradiciones, valores, principios y normas, determinan qué
hechos o asuntos resuelven, deciden o sancionan, adquiriendo la competencia para
conocer los hechos y asuntos que siempre han conocido y resuelto, así como para
resolver en cuáles deciden intervenir y cuáles derivarlos a otra jurisdicción.
En este marco debe recordarse que conforme lo establecido en el art. 11 de la CPE, la
democracia se la ejerce también por la democracia comunitaria, por medio de la elección,
designación o nominación de autoridades y representantes por normas y procedimientos
propios de las naciones y pueblos indígena originario campesinos; en consecuencia, las
presuntas irregularidades en el proceso de elección, la supuesta falsificación y todos los
hechos relacionados por el denunciante, que emergen del proceso de elección producido en
la comunidad de El Pallar, y que sucedieron entre comunarios de ella y sobre asuntos
propios del pueblo Yuracaré-Mojeño deben ser resueltos por esta jurisdicción hasta su
agotamiento, por tanto corresponde a la jurisdicción indígena del pueblo Yuracaré-
Mojeño resolver el conflicto o controversia, bajos sus normas y procedimientos
propios, al mismo tiempo corresponde el deber de abstenerse o de realizar actos de
intromisión en su ejercicio, así como el deber de respetar sus decisiones y resoluciones,
y en todo caso realizar actos de coordinación y colaboración para que la misma sea
ejecutada y cumplida.
En el caso en análisis, de acuerdo a lo señalado en el Fundamento Jurídico III.6 de la
presente Sentencia Constitucional Plurinacional, el pueblo Yuracaré-Mojeño cuenta con
una estructura de autoridades originarias debidamente organizada ejercida por los propios
comunarios, con facultades de conocer y resolver conflictos que se producen entre sus
comunarios para tratar casos familiares, calumnias, difamaciones, delitos y conflictos
menores en base a sus principios, valores, normas propias, con facultad de imponer
sanciones de reflexión, recomendación, trabajos comunitarios, resarcimiento y
compromisos de los autores ante la comunidad, bajo su cosmovisión existe una práctica de
justicia, plena y vigente con administración propia de la justicia indígena originaria, con
normas y procedimientos, que traducen sus propios valores culturales, transmitidos de
generación en generación. Existen autoridades debidamente organizadas bajo su
cosmovisión con roles y atribuciones para conocer y decidir el caso denunciado, como son
las asambleas, cabildos o reuniones comunitarias dirigidas por las autoridades originarias y
bajo el permiso y licencia de sus dioses, en virtud de lo cual corresponde reconocer la
competencia de la jurisdicción indígena originaria campesina del pueblo Yuracaré-Mojeño,
para sustanciar y resolver los hechos denunciados por José Luis Blanco Herbas, en su
condición de Cacique Mayor de la TCO, comunidad indígena Yuracaré y Trinitaria El
Pallar contra Rosmeri Gutiérrez Herbas de Galindo, Roberto Carlos Cortez Soria y Ramiro
Galindo Chávez, miembros del pueblo indígena Yuracaré-Mojeño a raíz del proceso
eleccionario para ocupar el quinto curul indígena en la Asamblea Legislativa
Departamental de Santa Cruz, acto que concluyó con la elección de Rosmeri Gutiérrez
Herbas de Galindo como Asambleísta titular y Roberto Carlos Cortez Soria como
Asambleísta suplente, negando toda competencia a la jurisdicción ordinaria para continuar
con el proceso penal instaurado por el denunciante contra Rosmeri Gutiérrez Herbas de
Galindo, Roberto Carlos Cortez Soria y Ramiro Galindo Chávez por la presunta comisión
de los delitos de falsedad material e ideológica y uso de instrumento falsificado.
En virtud de lo manifestado, en el caso concreto la jurisdicción ordinaria no tiene
competencia para conocer y resolver los hechos que iniciaron la apertura del proceso penal
referido; aspecto que debió ser considerado por cada una de las autoridades de la
jurisdicción ordinaria que tomaron parte en el asunto, en el entendido que corresponde al
Estado a través de sus instituciones y órganos garantizar y respetar el ejercicio de la
jurisdicción indígena originaria campesina, lo que obliga recordar que ante estos supuestos
en los que los sujetos intervinientes en determinados hechos sean miembros de los pueblos
indígena originario campesinos los parámetros para asumir competencia no son los que
rigen a la jurisdicción ordinaria, como el referido a que debe darse prioridad al juez que
previno primero la causa, pues en estos contextos las reglas de competencia no son las que
rigen para la jurisdicción ordinaria, sino los ámbitos de vigencia personal, material y
territorial en los alcances señalados, aspecto que debe ser respetado por los órganos
estatales como garantía del Estado para el ejercicio efectivo del derecho a la jurisdicción
indígena y acceso a la justicia, en el entendido que en contextos de pluralidad, el derecho de
acceso a la justicia con relación a los miembros de pueblos indígena originario campesinos
supone a la vez el derecho de acceder a sus autoridades e instancias propias de resolución, a
sus autoridades indígenas, procedimientos para resolver sus controversias y conflictos
internos.
Por tanto es deber del Estado Plurinacional garantizar a toda persona el acceso a una
justicia acorde con su cosmovisión, su cultura, sus normas y procedimientos propios, de
conformidad con el sistema jurídico propio y al mismo tiempo de impedir cualquier
intromisión al ejercicio de la jurisdicción indígena originario campesina, debiendo en estos
casos la jurisdicción ordinaria abstenerse de realizar cualquier acto que entorpezca su
ejercicio, porque los pueblos indígena originario campesinos en ejercicio de su libre
determinación, tienen derecho a resolver sus conflictos internos de acuerdo con sus normas,
procedimientos e instituciones, los que en el marco del Estado Plurinacional, son
reconocidos con igual valor jurídico, de tal forma cuentan también con la facultad de hacer
cumplir sus resoluciones y hacer valer sus decisiones frente a los demás órganos e
instituciones estatales, entre ellos, las autoridades de otras jurisdicciones.
POR TANTO
El Tribunal Constitucional Plurinacional, en su Sala Plena; en virtud de la jurisdicción y
competencia que le confiere el art. 202.11 de la Constitución Política Estado Plurinacional
de Bolivia y 12.11 y 28.I.10 de la Ley del Tribunal Constitucional Plurinacional, resuelve:
1º Declarar COMPETENTE a las autoridades originarias del pueblo Yuracaré-Mojeño,
para que mediante sus normas y procedimientos conozcan y resuelvan la controversia; es
decir, la denuncia presentada por José Luis Blanco Herbas contra Rosmeri Gutiérrez
Herbas de Galindo, Roberto Carlos Cortez Soria y Ramiro Galindo Chávez.
2º Disponer que la Jueza Segunda de Instrucción en lo Penal del departamento de Santa
Cruz y el Fiscal asignado al caso que tuvieron conocimiento del proceso, se inhiban del
conocimiento del mismo y remitan los antecedentes al Consejo Indígena del Pueblo
Indígena Yuracaré-Mojeño.
3° Disponer que la Secretaría Técnica del Tribunal Constitucional Plurinacional, realice la
traducción y difusión de la presente Sentencia Constitucional Plurinacional al idioma
Yuracaré-Mojeño.
4° Disponer la socialización del presente fallo en la comunidad de Cerrillos, por parte de la
Unidad de Descolonización del Tribunal Constitucional Plurinacional.
5° Ordenar a Secretaría General del Tribunal Constitucional Plurinacional, la difusión de la
presente Sentencia Constitucional Plurinacional.
Regístrese, notifíquese y publíquese en la Gaceta Constitucional Plurinacional.
Fdo. Dr. Ruddy José Flores Monterrey
PRESIDENTE
Fdo. Soraida Rosario Chánez Chire
MAGISTRADA
Fdo. Dra. Mirtha Camacho Quiroga
MAGISTRADA
Fdo. Dra. Neldy Virginia Andrade Martínez
MAGISTRADA
Fdo. Efren Choque Capuma
MAGISTRADO
Fdo. Tata Gualberto Cusi Mamani
MAGISTRADO
Fdo. Dra. Ligia Mónica Velásquez Castaños
MAGISTRADA

También podría gustarte