En el oscuro laberinto de la mente, la paranoia se alimenta de sombras inexistentes.
El eco de
susurros sin voz atraviesa los recovecos del alma, sembrando dudas que germinan en la tierra
fértil del miedo. En la penumbra, la realidad se desvanece como un sueño efímero, dejando solo
la fría certeza de la locura acechando en cada esquina.