Edipo Rey: Análisis y Personajes
Edipo Rey: Análisis y Personajes
EDIPO
y Quadern d’Aram. Fue galardonada con el premio Josep Pla
en 1978. El violín de Auschwitz es su obra más aplaudida y
divulgada.
REY
a Planeta
Personajes mudos:
Antígona e Ismene, hijas de Edipo y Yocasta.
Suplicantes de diversas edades.
Lazarillo de Tiresias.
Seguidores y siervos de Edipo y Yocasta.
Protagonista: Edipo.
Deuteragonista: Sacerdote, Yocasta, Siervo, Mensajero del
palacio.
Tritagonista: Creonte, Tiresias, Mensajero de Corinto.
43
Edipo
Hijos, nuevo linaje del Cadmo de otros tiempos,
¿por qué estáis ante mí de ese modo sentados,
llevando en vuestras manos suplicantes ramajes?
La ciudad está llena de incienso y juntamente
resuenan los peanes y gemidos en ella. 5
Yo no quise, hijos míos, conocer lo que ocurre
por boca de otros nuncios y así vine yo mismo,
aquel que tienen todos por Edipo el ilustre.
Al sacerdote.
Explícate tú, anciano, pues a ti corresponde
hablar en nombre de ésos. ¿Cuáles son vuestras cuitas? 10
¿Teméis o queréis algo? Pues yo dispuesto estoy
a ayudaros en todo; que sería insensible
si de vuestra aflicción no me compadeciese.
44
45
Edipo
Yo conozco, no ignoro, pobres hijos, aquellos
males que me pedís que alivie. Sé que todos
sufrís, mas, aun sufriendo, de vosotros ninguno 60
padece como yo. Pues no puede alcanzar
vuestra tribulación sino a cada hombre en sí,
a cada uno y no más, mientras mi alma solloza
por ti y por mí a la vez y por la ciudad entera.
Así no me tuvisteis que despertar del sueño, 65
mas sabed que son muchas mis lágrimas vertidas,
muchas las vueltas dadas por mi angustiada mente.
Y he recurrido al único remedio que encontraba
reflexionando bien: a Creonte, mi cuñado,
hijo de Meneceo, mandé al santuario pítico 70
de Febo a preguntar qué es lo que hacer yo debo
o tengo que decir para salvar a Tebas.
Por cierto que calculo los días transcurridos
y me inquieta el que hará, porque no es ya explicable
el retraso que lleva sobre el debido tiempo. 75
Y, cuando vuelva, entonces yo un malvado sería
si no cumpliera aquello que Apolo nos indique.
Algunos de los suplicantes señalan el lateral por el que se acer
ca Creonte coronado de laurel.
46
Edipo
Viendo su aspecto.
Sacerdote
Por lo visto trae buenas nuevas, pues no vendría,
sino, con la cabeza de laurel coronada.
Llega Creonte y se detiene ante Edipo.
Edipo
Pronto hemos de saberlo: ya podemos oírle.
Señor, cuñado mío, ¿cómo son las noticias, 85
hijo de Meneceo, que envía el dios contigo?
Creonte
Buenas. Porque yo afirmo que hasta lo más difícil
puede resultar bien si al final se endereza.
Edipo
Pero ¿qué es lo que ha dicho? Tu relato hasta ahora
ni me induce a esperanza ni me causa aprensión. 90
Creonte
Haciendo gesto de entrar en el
palacio.
47
Creonte
Digo ya lo que oí de la boca divina. 95
El soberano Febo nos manda expresamente
expulsar al miasma que cría esta ciudad
y no dejar que crezca para hacerse incurable.
Edipo
¿Cómo nos lavaremos? ¿En qué consiste el caso?
Creonte
Echando al criminal o bien expiando el crimen 100
con otro: es esa sangre la que inunda esta tierra.
Edipo
Pero ¿quién es el hombre cuya muerte denuncia?
Creonte
En tiernpos, ¡oh, señor!, cuando tú aún no reinabas
aquí, un tal Layo fue de esta ciudad el jefe.
Edipo
De oídas le conozco, pues no le vi jamás. 105
Creonte
Pereció; y ahora manda claramente que sea
vengado en los que muerte le dieron con sus manos.
Edipo
Pero ¿dónde estarán? ¿Cómo podrá rastrearse
la tan incierta huella de un antiguo delito?
48
Edipo
¿Fue en casa o fue en el campo donde Layo cayó
víctima de este crimen? ¿O ocurrió en tierra extraña?
Creonte
Marchó cual peregrino, según decía, y nunca
a la ciudad volvió después de su partida. 115
Edipo
¿Y no hubo alguien que fuera compañero de viaje
o quizá un mensajero que algo contar pudiese?
Creonte
Murieron todos menos uno que huyó asustado
y sólo un pormenor narró con certidumbre.
Edipo
¿Cuál? Una única cosa nos llevaría a muchas 120
si un hilo de esperanza pudiéramos coger.
Creonte
Dijo que no fue muerto por una mano aislada,
mas por varios bandidos que al paso le salieron.
Edipo
¿Y cómo esos malvados a tanto se atrevían
a no ser que de aquí dinero se les diese? 125
Creonte
Tal pareció; mas, muerto Layo, no hubo ya nadie
que le vengara en medio de tal calamidad.
49
Creonte
La Esfinge con sus cantos pérfidos nos forzaba 130
a descuidar lo oscuro para afrontar lo urgente.
Edipo
Yo sacaré a la luz todo desde el principio,
pues dignos de ello sois Febo y tú, que mostrasteis
esa solicitud por la suerte del muerto.
Justo es, pues, que veáis también en mí un aliado 135
que al país juntamente y al dios honrar desea.
Pues no se trata ya de un amigo remoto,
mas quiero de mí mismo yo apartar esta mancha.
Quizás el asesino de aquél, fuere quien fuere,
busque también a mí matarme de igual golpe; 140
y así, ayudando a Layo, defiendo mi persona.
Dejad vuestros asientos, hijos míos, al punto,
llevaos estos ramos con los que suplicabais
y que aquí al pueblo entero de Cadmo se convoque
sabiendo que yo haré cuanto en mi poder se halle 145
para que con el dios triunfemos o caigamos.
Entra en el palacio y Creonte se va a su casa.
Sacerdote
Levantémonos, hijos, que él nos promete aquello
tras lo cual aquí todos hemos venido ahora.
¡Febo, que estos oráculos nos ha enviado, venga
a ser salvador nuestro y a acabar con la peste! 150
50
51
52
53
54
Edipo
Es cierto, pero el hombre jamás puede obligar 280
a los dioses a aquello que realizar no quieren.
Corifeo
Una segunda cosa que pienso te diría.
Edipo
Aunque sea tercera, no dejes de explicarte.
Corifeo
Sé que Tiresias es, pues son ambos augustos,
quien mejor ve las cosas como Febo: podrías 285
saberlo muy bien todo, señor, si le consultas.
Edipo
Ni tampoco inactivo me mostré en ese punto:
al hablarme Creonte de ello, dos mensajeros
envié; y ya me extraña que tanto se demore.
Corifeo
Lo demás sólo son vaguedades y chismes. 290
Edipo
¿Qué es ello? Pues no hay nada que examinar no quiera.
Corifeo
Se dijo que su muerte fue obra de unos viajeros.
55
Corifeo
Mas, si queda una chispa de temor en su espíritu,
no podrá resistirse frente a esas maldiciones. 295
Edipo
No asustan las palabras al que se atreve a obrar.
Corifeo
Viendo llegar a Tiresias con un la
zarillo y dos servidores de Edipo.
Edipo
Tú, Tiresias, que todo conoces, lo que es lícito 300
enseñar, lo vedado, lo celeste y terreno,
aunque no veas, sabes de qué grave dolencia
el país está enfermo, frente a la cual te hallamos
a ti, señor, como único que nos proteja y salve.
Febo —tal vez dijéronte ya algo mis mensajeros— 305
ante nuestra consulta contestó que teníamos
una sola manera de librarnos del mal,
averiguar bien quiénes a Layo asesinaron
y matarles o hacerles que de esta tierra salgan.
Tú, pues, no nos rehúses las voces de las aves 310
ni cualquier otro medio profético que tengas
y sálvate a ti mismo y a la ciudad y a mí
y aparta toda mancha que provenga del muerto.
56
Tiresias
¡Ay, tremendo es saber lo que uno no debiera!
Yo esto no lo ignoraba, mas de ello me olvidé,
pues, de no ser así, jamás venido habría.
Edipo
¿Qué es, pues, lo que te ocurre? Llegas desanimado.
Tiresias
Déjame irme a mi casa; de esa manera, créeme, 320
tú llevarás tu suerte mejor y yo la mía.
Edipo
No es correcto ni amable que deniegues tu oráculo
cuando lo pide aquella ciudad que te crió.
Tiresias
Mas veo que tampoco tú hablas como es debido,
y así, no vaya a ser que me ocurra lo propio... 325
Edipo
Tocándole el brazo.
Tiresias
Ninguno sabéis nada; no quiero revelar
los males que son míos y con más razón tuyos.
57
Tiresias
Yo no quiero afligirte ni triste yo ponerme:
en vano me interrogas; nada sabrás por mí.
Edipo
¿No vas a hablar al fin, el peor de los malos,
capaz de aun a las piedras irritar? ¿Seguirás 335
siendo tan insensible, tan poco comprensivo?
Tiresias
Mi pasión me reprochas y lo haces sin saber
que otra pasión igual en tu espíritu habita.
Edipo
¿Cómo no se airaría quien oye estas palabras
con las que a la ciudad ahora estás despreciando? 340
Tiresias
Ello solo vendrá todo, aunque yo me calle.
Edipo
Eso que va a venir lo tienes que mostrar.
Tiresias
Ya no voy a hablar más; ante ello, si tú quieres,
puedes enfurecerte con la más feroz ira.
Edipo
Pues bien, tengo tal cólera que no callaré nada 345
de lo que pienso. Sabe que me está pareciendo
que eres tú quien el crimen tramó y aun llevó a cabo,
58
Tiresias
¿Ah, sí? Pues a que cumplas la proclama que diste 350
te conjuro y así desde hoy en adelante
no nos vuelvas a hablar ni a éstos ni a mí tampoco,
porque eres el impío que el país contamina.
Edipo
¿Cómo puedes creer que quedarás a salvo
después de las impúdicas palabras que me dices? 355
Tiresias
A salvo estoy, pues tengo la verdad, que es mi fuerza.
Edipo
¿Y quién te la ha enseñado? No, supongo, tus artes.
Tiresias
Tú, puesto que me obligas a hablar mal de mi grado.
Edipo
¿En qué forma? Repite, para que bien me entere.
Tiresias
¿No has entendido aún? ¿O quieres sonsacarme? 360
Edipo
No de manera clara; vuélvemelo a explicar.
Tiresias
Digo que el asesino que buscas eres tú.
59
Tiresias
¿Añado aun otra cosa para que más te irrites?
Edipo
Todo lo que tú quieras; vanas son tus historias. 365
Tiresias
Aseguro que estás en vergonzosa unión
con seres muy queridos sin ver cuánto es tu oprobio.
Edipo
¿Piensas así seguir hablando sin castigo?
Tiresias
Sí lo pienso, si algún poder la verdad tiene.
Edipo
Lo tiene, mas no en ti; no sólo están tus ojos 370
ciegos, sino también tus oídos y tu alma.
Tiresias
¡Pobre de ti, que injurias con aquellos reproches
que éstos echarte en cara podrán todos muy pronto!
Edipo
De la noche eres hijo, de modo que no puedes
hacerme mal a mí ni a nadie que el sol vea. 375
Tiresias
Porque no es tu destino que caigas a mis manos;
Apolo es suficiente, que se encargará de ello.
60
Tiresias
No es tu ruina Creonte, sino tú de ti mismo.
Edipo
¡Ay, riqueza y poder y saber que aventaja 380
a los demás, qué celos se ocultan en la vida
envidiable que lleva quien os posee! Ahora
a causa del gobierno que la ciudad en mis manos
puso como un regalo, sin que yo lo pidiera,
Creonte, el fiel amigo de los primeros tiempos, 385
conspira abiertamente contra mí para echarme
y a este mago tramposo por delante me manda,
falsario y charlatán, que sólo tiene vista
para el lucro y en todo lo de su oficio es ciego.
Porque, vamos a ver, ¿qué aciertos has tenido? 390
¿Como, en tiempos del monstruo cantor, ninguna fórmula
salvadora pudiste dar a los ciudadanos?
Ahora bien, resolver no podía el enigma
quien primero llegara, mas sólo un adivino;
y entonces ya se vio que nada te inspiraban 395
las aves ni los dioses; tuve que venir yo,
Edipo, el ignorante, y acabar con la Esfinge
solo con mi talento, sin augurios ni nada.
Ése es al que tú quieres expulsar, porque piensas
que vas a estar al lado del trono de Creonte. 400
Pues bien os va a pesar a ti y a quien ha urdido
tal cosa; y, si no fueses un viejo nada más,
con la pena aprendieras qué grave es tu asechanza.
Corifeo
Nos parece a nosotros, si opinar se nos deja,
que hay ira en las palabras de Edipo y en las de éste. 405
61
Mensajero
Llegando de Corinto.
Corifeo
Ésta es su casa y él se halla dentro, extranjero;
y la madre está aquí de los hijos de aquél.
Mensajero
Pues dichosa por siempre con dichosa familia
conviva, puesto que es su legítima esposa. 930
Yocasta
Y tú también, amigo, pues lo merecen bien
tus amables palabras; mas di qué necesitas
o cuál es la noticia que a darnos has llegado.
Mensajero
Algo bueno, mujer, para tu esposo y casa.
Yocasta
¿Cuáles son esas nuevas? ¿De parte de quién vienes? 935
Mensajero
De Corinto. Daré mi mensaje sin más;
te alegrará, de cierto, mas no sin pesadumbre.
Yocasta
¿Qué es lo que de esa doble facultad está dotado?
86
Yocasta
¿Por qué? ¿Es que el viejo Pólibo no está ya en el po
der?
Mensajero
No, no; la muerte ya le tiene en el sepulcro.
Yocasta
¿Cómo dices? ¿Ha muerto Pólibo?
Mensajero
Y, si no es cierto
lo que afirmo, dispuesto me ofrezco a que me maten.
Yocasta
A una de las esclavas, que entra
acto seguido en el palacio.
Edipo
Saliendo.
Persona queridísima de mi mujer Yocasta, 950
¿por qué me haces salir aquí de mi palacio?
87
Edipo
Pero, en fin, ¿quién es éste? ¿Qué ha venido a decirnos?
Yocasta
Llega desde Corinto para anunciar que Pólibo, 955
tu padre, ya no existe, sino que yace muerto.
Edipo
¿Qué dices, extranjero? Repítelo tú mismo.
Mensajero
Si es esto lo primero que anunciar debo, sabe
que desde luego a aquél se lo llevó la muerte.
Edipo
¿Por alguna traición? ¿O ataque de algún morbo? 969
Mensajero
A los cuerpos ancianos los vence cualquier cosa.
Edipo
Según parece, el pobre murió de enfermedad.
Mensajero
Y porque su medida daba ya un largo tiempo.
Edipo
¡Ay, ay! ¿Por qué, mujer, se preocupará nadie
por el hogar profético de Pito o por los pájaros 965
que graznan en la altura? Según tales intérpretes
yo a mi padre tenía que matar, y él ha muerto
88
Yocasta
¿No te venía ya diciendo eso hace rato?
Edipo
Sí, pero yo dejaba que el miedo me venciese.
Yocasta
Pues bien, ya más en ello no vuelvas a pensar. 975
Edipo
Mas ¿cómo no temer las bodas con mi madre?
Yocasta
¿Qué miedo ha de sufrir un mortal gobernado
por la suerte y carente de previsiones claras?
Mejor es al azar vivir, como se pueda.
No te asusten tampoco las nupcias con tu madre; 980
son muchos los mortales que en sueños han dormido
con las suyas, y aquel a quien nada estas cosas
inquieten, más feliz pasará por el mundo.
Edipo
Todo eso con muchísima razón lo habrías dicho
si la que me dio el ser no estuviera aún viva. 985
Y así, aunque digas bien, el temer es forzoso.
Yocasta
Pero es un gran indicio la muerte de tu padre.
89
Mensajero
¿Cuál es esa mujer que intranquilo te tiene?
Edipo
Mérope, con la cual Pólibo convivía. 990
Mensajero
¿Y qué cosa hay en ella que ese temor infunda?
Edipo
Un terrible y divino vaticinio, extranjero.
Mensajero
¿Es secreto? ¿O puede otro saber de qué se trata?
Edipo
Desde luego. A mí Loxias anuncióme una vez
que el unirme a mi madre me estaba destinado 995
y el verter con mis manos la sangre de mi padre.
Por eso es por lo que desde hace tiempo lejos
de Corinto vivía feliz, mas, sin embargo,
nada hay más deleitoso que ver a padre y madre.
Mensajero
¿Tal el recelo fue que lejos te mantuvo? 1000
Edipo
Y el no llegar a ser, anciano, un parricida.
Mensajero
Pero entonces, señor, ¿por qué no liberarte,
en mi afecto hacia ti, de ese pavor que sientes?
90
Mensajero
De verdad que a eso vine, por recibir un premio 1005
de ti una vez que hubieras regresado a tu casa.
Edipo
Pero no he de volver con mi madre jamás.
Mensajero
¡Ay, veo muy bien, hijo, que no sabes lo que haces!
Edipo
¿Cómo dices, anciano? ¡Por los dioses, infórmame!
Mensajero
Si es ello lo que a casa te impide que regreses. 1010
Edipo
Es que temo que Febo me resulte verídico.
Mensajero
¿Y contraer miasma con respecto a tus padres?
Edipo
Eso, eso es lo que siempre me aterroriza, anciano.
Mensajero
Pues ¿sabes que no tienes razón para temer?
Edipo
¿Y cómo no, si soy el hijo de uno y otra? 1015
91
Edipo
¿Cómo dices? ¿Que Pólibo no fue quien me engendró?
Mensajero
No más que la persona que ahora hablando te está.
Edipo
¿Cómo va a ser igual el padre que el extraño?
Mensajero
Porque él no lo era tuyo, como tampoco yo. 1020
Edipo
Pero entonces, ¿por qué su hijo me llamó siempre?
Mensajero
Sabe que como obsequio te tomó de mis manos.
Edipo
¿Y tanto me quería viniendo de otros yo?
Mensajero
A ello la falta de hijos propios le persuadía.
Edipo
¿Y a ti cómo llegué, por compra o por hallazgo? 1025
Mensajero
Te encontré en los repliegues del Citerón boscoso.
Edipo
¿Y con qué fin aquellos parajes recorrías?
92
Edipo
¿Eras, pues, un pastor, un vagabundo a sueldo?
Mensajero
Sí, pero entonces, hijo, fui yo quien te salvó. 1030
Edipo
¿Tenía yo algún mal cuando tú me cogiste?
Mensajero
Las articulaciones de tus pies bien lo saben.
Edipo
¡Ay, ay! ¿Por qué recuerdas esa antigua ignominia?
Mensajero
Te desaté; horadados tenías los talones.
Edipo
¡Tremendo deshonor que sufrí ya en pañales! 1035
Mensajero
Por eso te pusieron el nombre que ahora llevas.
Edipo
¿Quién, mi madre o mi padre? ¡Dímelo, por los dioses!
Mensajero
No sé; mejor lo puede decir quien te entregó.
Edipo
¿Me recibiste entonces de otro? ¿No me encontraste?
93
Edipo
¿Quién? ¿Sabría quizá revelarlo tu boca?
Mensajero
Decían, según creo, que era de los de Layo.
Edipo
¿Acaso del que antaño reinó en este país?
Mensajero
En efecto; pastor era de ese que dices.
Edipo
¿Y vive todavía para que yo le vea? 1045
Mensajero
Vosotros los de aquí podéis saberlo bien.
Edipo
Al coro.
¿Alguno de vosotros, los que tengo a mi lado,
conoce a ese pastor del que habla por haberle
visto quizá en los campos o tal vez aquí mismo?
Decidlo; es ocasión de que esto se descubra. 1050
Corifeo
Entiendo que no es otro que aquel que deseabas
que viniera del campo para verle; mas esto
Yocasta es quien mejor decírnoslo podría.
94
Yocasta
¿Qué importa de quién habla? No te preocupes ya
ni a las cosas que dice des más vueltas en vano.
Edipo
Pero ello no es posible, que yo, después de haber
tenido estos indicios, mi familia no aclare.
Yocasta
¡No remuevas más eso, por los dioses, si en algo 1060
te cuidas de tu vida! ¡Ya basta que yo sufra!
Edipo
Tranquilízate; tú jamás serás plebeya
ni aunque resulte ser yo hijo y nieto de esclavos.
Yocasta
¡Sin embargo, hazme caso, por favor, y no insistas!
Edipo
No te haré ningún caso; lo sabré con certeza. 1065
Yocasta
Porque te quiero bien te digo lo mejor.
Edipo
Pues eso que es mejor me atormenta hace tiempo.
Yocasta
¡Desdichado, ojalá jamás sepas quién eres!
95
Yocasta
¡Ay, ay, pobre de ti! ¡Que esto es lo único ya
que me oirás decir y jamás otra cosa!
Corifeo
¿Por qué así tu mujer, Edipo, transportada
por tremendo dolor ha salido? Me temo
que ese silencio males sin cuento haga brotar. 1075
Edipo
¡Que brote lo que quiera! Yo no aspiro a otra cosa
que a conocer mi raza por humilde que sea.
A ella, en cambio, pues es, como mujer, altiva,
sin duda le abochorna mi modesto linaje.
Mas yo, pues a Fortuna próspera me entregué 1080
por hijo, en modo alguno me avergonzaré de ello.
Ella sola es mi madre; mis únicos hermanos
son los meses, que humilde me hicieron o potente.
Tal soy yo y no es posible que otra cosa resulte;
no hay ninguna razón para ignorar mi origen. 1085
Coro
Si yo profeta resulto,
si mi mente no yerra,
no faltarán, Citerón, en la luna llena
de mañana las voces 1090
que te canten como madre y nodriza y paisano también
96
Edipo
Por cuanto juzgar puede quien como yo jamás 1110
le encontró, creo, ancianos, contemplar al pastor
que hace tiempo buscábamos; pues con la del otro hombre
su mucha edad está de acuerdo y reconozco
además en aquellos que le traen a esclavos
míos; pero tal vez tú me aventajarías 1115
en cuanto a conocerle, pues antaño le viste.
Corifeo
Sí, le conozco, sábelo bien; con Layo habitaba,
fiel como nadie en cuanto puede serlo un pastor.
Edipo
Ante todo, extranjero corintio, a ti pregunto:
¿es de éste de quien hablas? 1120
97
Edipo
¡Eh, tú, viejo, a la cara mírame y respondiendo
ve a mi interrogatorio! ¿Fuiste en tiempos de Layo?
Siervo
Contestando siempre de mala
gana.
Edipo
¿Cuál fue tu ocupación o tu modo de vida?
Siervo
Estaba casi siempre cuidando los rebaños. 1125
Edipo
¿Y en qué lugar solías apacentarlos más?
Siervo
En torno al Citerón o en parajes vecinos.
Edipo
¿Reconoces a este hombre? ¿Le viste alguna vez?
Siervo
¿Haciendo qué? ¿Quién es la persona de que hablas?
98
Siervo
No puede contestar mi memoria de pronto.
Mensajero
No te choque, señor; yo le haré recordar
por más que no se acuerde. Sé que no habrá olvidado
los tiempos en que andábamos por el Citerón juntos,
llevando él dos rebaños y yo con uno solo, 1135
y así vivimos ambos durante tres períodos
de seis meses enteros desde la primavera
hasta Arturo; pues luego, ya en invierno, las reses
yo a mi aprisco llevábame y él al redil de Layo.
¿Ocurrió o no ocurrió lo que contando estoy? 1140
Siervo
Es verdad lo que dices, aunque hace mucho tiempo.
Mensajero
Pues bien, ¿tú no te acuerdas de que una vez me diste
un niño para criarlo como si fuera mío?
Siervo
¿Qué es eso? ¿Para qué vienes con ese cuento?
Mensajero
Aquí está, buen amigo, quien era niño entonces. 1145
99
Edipo
No le reprendas, viejo; son más bien tus palabras
las que son reprensibles y no las que él profiere.
Siervo
Pero ¿qué me reprochas, oh, el mejor de los dueños?
Edipo
Que calles sobre el niño por el que ése pregunta. 1150
Siervo
Es que, sin saber nada, se está esforzando en vano.
Edipo
Haciendo señas a uno de los su
yos.
Siervo
¡No, por los dioses, no, no maltrates a un viejo!
100
Siervo
¡Pobre de mí! ¿Por qué? ¿Qué es lo que saber
[quieres? 1155
Edipo
¿Entregaste a éste el niño que ahora nos indicaba?
Siervo
Se lo di y ojalá yo aquel día muriera.
Edipo
Pues a ello llegarás si no eres razonable.
Siervo
Pero aún más perdido si hablo me encontraré.
Edipo
Parece que el amigo se pierde en dilaciones. 1160
Siervo
No, por cierto, ya he dicho que se lo entregué un día.
Edipo
¿De dónde lo cogiste? ¿De casa o de otra parte?
Siervo
No era mío, que de otras manos lo recibí.
101
Siervo
No, señor, por los dioses, no me interrogues más. 1165
Edipo
Muerto estás si otra vez tengo que preguntarte.
Siervo
Era una criatura de la casa de Layo.
Edipo
¿Esclavo o tal vez hijo legítimo de alguno?
Siervo
Estoy, ¡ay de mí!, ante algo terrible de decir.
Edipo
Y de oír para mí, mas tengo que escucharlo. 1170
Siervo
Pasaba por ser hijo de aquél, pero tu esposa,
que está dentro, muy bien te lo podrá explicar.
Edipo
¿Fue ella quien te dio el niño?
Siervo
Ciertamente, señor.
Edipo
¿Para qué?
102
Edipo
¿Ella misma, infeliz? 1175
Siervo
Por temor a un oráculo.
Edipo
¿Cuál?
Siervo
Se decía que él mataría a sus padres.
Edipo
Pero ¿cómo es que tú se lo diste a ese viejo?
Siervo
Por compasión, señor; pensé que iba a llevárselo
consigo hasta la tierra de donde él procedía;
y con él te salvaste, pero para un gran mal, 1180
pues, si eres el que dice, tu sino es desdichado.
Edipo
¡Ay, ay! Todo está claro ya. ¡Véate yo ahora,
luz, por última vez, pues resulto nacido
de quienes no debí y he vivido con quienes
no debí y maté a aquel que no debí matar! 1185
Coro
¡Ay, las generaciones
humanas, que en vuestra vida
no hallo sino la nada!
103
Apuntó demasiado
alto, alcanzaron sus flechas
una total fortuna,
104
Corifeo
Ya lo que antes sabíamos no dejaba de ser
muy digno de lamentos; ¿qué es lo que ahora añades?
Corifeo
¿Cuál, desgraciada, fue la causa de su muerte?
105
106
Corifeo
¿Y no halla el desgraciado consuelo en la congoja?
107
Edipo
¡Ay, ay, ay, desgraciado de mí! ¿Dónde me hallo?
¿En qué punto del mundo diré que me encuentro?
¿Por dónde se esparce mi voz y se esfuma? 1310
¿Dónde mi hado volando se fue?
Corifeo
Es gran pena que nadie soporta el ver ni oír.
Edipo
¡Ay, tiniebla!
¡Odiosa nube en que vivo, que me rodea, indecible
nube que me envuelve, nube sin límites! 1315
¡Ay, ay!
¡Ay una y otra vez! ¡Cómo en mí el aguijón
punzante se insinúa, la memoria del mal!
Corifeo
No es raro ciertamente que en tales desventuras
sean dobles tus penas, dobles tus infortunios. 1320
108
¡Ay, ay!
Porque no te me ocultas, mas te conozco bien, 1325
aun no viendo; el sonido de tu voz llega a mí.
Corifeo
¡Tremendo fue tu sino! ¿Cómo el valor tuviste
de sacarte los ojos? ¿Qué dios a ello te indujo?
Edipo
El dios fue Apolo, sí, Apolo, amigos.
Él mis males, mis males produjo, las penas mías. 1330
Mas no con su propia mano;
yo, infeliz, me herí.
Pues ¿a qué ver más
si no quedaba nada dulce que contemplar? 1335
Coro
Es así como tú dices.
Edipo
¿Qué podía yo ya
ver con satisfacción?
¿Qué voces iban a serme gratas?
Llevadme desde aquí cuanto antes, llevadme, 1340
conducidme, amigos, al gran deshonor,
al hombre más maldito,
más aborrecido por los propios dioses. 1345
109
Edipo
¡Perezca aquel que me recogió
entre los verdes pastos y me libró de mis trabas 1350
y me salvó de la muerte
bien enhoramala!
Pues, si hubiera muerto,
tal dolor no sería para mí y mis amigos. 1355
Coro
Yo también lo prefiriera.
Edipo
Matador de mi padre
no habría sido entonces
ni esposo de la que me dio el ser.
Ahora me odian los dioses, soy hijo de impíos, 1360
engendré una prole que es mi consanguínea.
¡Si hay un mal que supere 1365
a otro en gravedad, a Edipo tocóle!
Corifeo
No sé cómo decir que has decidido bien,
pues mejor muerto estabas que viviendo sin vista.
Edipo
No me alecciones más ni vengas a contarme
que en lo que hice no tuve razón, pues yo no sé 1370
con qué ojos en el Hades podría haber mirado
a mi padre, si allí le encontraba, y tampoco
a mi madre infeliz, porque les causé males
para purgar los cuales la horca no es suficiente.
110
111
Corifeo
Viendo acercarse por el lateral a
Creonte.
Edipo
¡Ay de mí! ¿Qué palabras podremos dirigirle?
¿Qué motivos tendrá para confiar en mí? 1420
Pues mal resulto haberme portado antes con él.
Creonte
Llegando.
112
Creonte
¿Cuál es la petición que tanto te interesa? 1435
Edipo
Arrójame cuanto antes de esta tierra, a un paraje
en que no tenga quien conmigo venga a hablar.
Creonte
Hecho estaría ya, sábelo bien, si no
quisiera antes oír lo que el dios aconseja.
Edipo
¡Pero si estaba clara la sentencia de aquél, 1440
muerte para el impuro, para este parricida!
Creonte
Tal dijo; pero en esta situación en que estamos,
es mejor enterarse bien de lo que hay que hacer.
Edipo
¿Sobre este infortunado vas a consultar más?
Creonte
Así al menos ahora darás crédito al dios. 1445
Edipo
Una segunda cosa te pido: a la de casa
entiérrala del modo que quieras, pues a ti
te incumbe con razón cuidarte de los tuyos.
Pero a mí que jamás, mientras viva, me sea
113
Pero ¿qué?
¿No escucho, por los dioses, a mis hijas que lloran?
¿No será que Creonte se ha apiadado de mí y me envía a
lo más querido de mi prole?
¿Es verdad? 1475
Creonte
Sí por cierto; yo soy quien te lo ha deparado
porque sabía el gozo con que soñando estabas.
114
115
Creonte
Basta, basta de lamentos; métete en la casa ya. 1515
Edipo
Obedezco, aunque me cuesta.
Creonte
Todo tiene su ocasión.
Edipo
¿Sabes con qué condiciones?
Creonte
Si las dices, lo sabré.
Edipo
Que me alejes de esta tierra.
Creonte
Lo que pides es del dios.
Edipo
Mas los dioses me aborrecen.
Creonte
Pues entonces lo obtendrás.
116
Creonte
No es mi costumbre lo que no siento decir.
Edipo
Llévame, pues, en seguida. 1521
Creonte
Ve y deja a tus hijas ya.
Edipo
¡No me apartes de ellas nunca!
Creonte
Siempre no quieras ven
cer, pues los triunfos de tu vida no lo fueron al final.
Las niñas y la esclava se van por donde vinieron; Creonte se
marcha por el lateral; un servidor conduce a Edipo al interior
del palacio.
Corifeo
Éste es Edipo, miradle los que en Tebas habitáis;
descifró el famoso enigma y era un hombre excepcional; 1525
nadie en la ciudad dejaba de envidiar su condición;
ved en qué mar de miserias ha venido hoy a caer.
Nadie a un mortal considere feliz antes de saber
qué ocurre el último día de su vida, mientras no
llegue al fin de su existencia sin sufrir ningún dolor. 1530
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