Referentes ESI
1) Ejes conceptuales:
Cuidar el cuerpo y la salud, Valorar la afectividad, Garantizar la equidad de género, Respetar la diversidad y
Ejercer nuestros derechos.
Ejercer nuestros derechos: Este eje pone el foco en que las/os niñas/os y jóvenes son sujetos de derecho con
plena capacidad para participar, ser escuchadas/os y no discriminadas/os por ningún motivo, y define a las/os
adultas/os y al Estado como garantes de esos derechos.
Esta forma de entenderlos/as en tanto ciudadanos/as plenos/as desafía a la escuela tradicional y la invita a
repensarse. Se expresa en nuevas formas de estar en el aula, en el impulso de modos de aprendizaje novedosos
y en la búsqueda de transformaciones institucionales que acompañen esta nueva perspectiva. En este marco, la
participación estudiantil en la vida escolar se vuelve central, ya que esta concepción implica reconocer a las/os
niñas/os y jóvenes como personas activas en el ejercicio de sus derechos y enfatiza su cuidado y
acompañamiento. Además, este enfoque impulsa a los/as niños/as y jóvenes a tomar decisiones con autonomía,
para que puedan asumir gradualmente responsabilidades y producir transformaciones institucionales que
democraticen la escuela e incidan en la forma en que se toman las decisiones que atañen a todos/as.
Garantizar la equidad de genero: La perspectiva de género constituye un modo de mirar la realidad y las
relaciones entre las personas. Estas relaciones, como todas las relaciones sociales, están mediadas por
cuestiones de poder
Incorporar la perspectiva de género implica revisar, reflexionar y cuestionar muchas de las ideas y concepciones
que tenemos sobre cómo nos relacionamos, sobre lo que esperamos unas/os de otras/os, sobre los lugares que
ocupamos en las instituciones y en la sociedad, y sobre las experiencias que podemos transitar unas/os y otras/os.
La inclusión de la perspectiva de género en la escuela supone revisar los modos en que cotidianamente, de formas
más o menos sutiles, en lo dicho y en lo silenciado, la escuela puede llegar a sostener un único modo posible de
vivir la sexualidad. La perspectiva de género, en tanto mirada crítica, requiere de instituciones educativas que
puedan desafiar los límites de lo instituido en pos de una mayor igualdad y justicia, y que colaboren con el
despliegue de sexualidades autónomas, plenas y placenteras.
Respetar la diversidad: Cuando hablamos de diversidad, nos referimos a las diferencias que hay entre las
personas y asumimos que todas son distintas. Esas diferencias también se expresan en el modo en que cada ser
humano piensa, siente, cree, actúa y vive su sexualidad, convirtiéndolo en un ser único. Compartir la vida con
otras/os nos enriquece en la medida en que nos pone en contacto con experiencias y trayectorias personales
distintas a las propias. El abordaje de este eje implica reconocer y valorar positivamente las múltiples diferencias
que tenemos todas las personas, por ejemplo, el origen étnico, la nacionalidad, las creencias religiosas, las
posiciones políticas, la edad, la condición social, la orientación sexual y la identidad de género, entre otras.
Llevar adelante la educación sexual desde una mirada integral supone hacer de las escuelas espacios inclusivos
y respetuosos, donde todas las personas tengan la libertad de vivir su orientación sexual y su identidad de género
sin temor a recibir distintas formas de violencia.
Valorar la afectividad: Cuando pensamos en la ESI, es importante contemplar los aspectos relacionados con la
afectividad: las emociones, los sentimientos, los valores, etc., puesto que la dimensión afectiva nos atraviesa como
personas individuales y colectivas. Encontrar modos de expresar los sentimientos y emociones; entender lo que
nos pasa y también leer en las/os otras/os sus expresiones de afectividad; reflexionar en conjunto sobre los
vínculos humanos y su repercusión en la vida de cada persona son aprendizajes que nos llevan toda la vida, pero
que es importante abordar en la escuela de diferentes maneras.
Algunos de los temas que abarca la dimensión afectiva de la ESI son la amistad y el enamoramiento; las
habilidades comunicativas de emociones, sentimientos, deseos, necesidades y problemas; la reflexión y el
desarrollo de habilidades psicosociales, como la escucha y la empatía; la resolución de conflictos a través del
diálogo; la toma de decisiones; y el pensamiento crítico y creativo.
Trabajar activamente lo que sentimos cuando estamos junto a otros/as nos da la posibilidad de entender mejor lo
que nos pasa y lo que les pasa a los/as demás, de comprender y de ponernos en su lugar. Desde esta perspectiva,
se busca reflexionar sobre las maneras que tenemos de manifestar el afecto, poniendo especial atención en que
esas formas no vulneren los derechos de nadie.
La afectividad se asocia también al cuidado y a la protección propia y de los/as demás; al respeto de la intimidad
personal y ajena; al rechazo de toda forma de violencia; y a poder decir no ante situaciones que vulneren nuestros
derechos.
Cuidar el cuerpo y la salud: Cuando nos referimos al cuidado del cuerpo desde la ESI, abarcamos una
multiplicidad de temas relacionados con el ejercicio de los derechos: el conocimiento y el respeto del propio cuerpo
y el respeto por el cuerpo de la otra y del otro; el reconocimiento de la propia intimidad y la de las/os otras/os; el
ejercicio placentero y responsable de la sexualidad; la expresión de las emociones y la afectividad a través del
cuerpo; la promoción de buenos tratos; la construcción de la autonomía; la reflexión sobre el modo en que las
construcciones de género condicionan la percepción y valoración del cuerpo y sus vínculos; la toma de decisiones
conscientes y reflexivas sobre el propio cuerpo; y el respeto por la diversidad y la protección de la salud, entre
otras cuestiones.
Reflexionar en la escuela sobre el cuidado del cuerpo y la salud implica incorporar otras dimensiones además de
la biológica, por ejemplo, la historia personal, los discursos científicos, los derechos humanos ([Link].). También
es importante debatir críticamente sobre los modelos y los mensajes de belleza que circulan en nuestra sociedad
y que pueden influir negativamente en uno/a mismo/a y en los vínculos interpersonales, las ofertas de la sociedad
de consumo (sobre todo a partir de los medios masivos de comunicación) o la representación de los cuerpos a
través de las distintas manifestaciones artísticas.
2) Puertas de entrada:
La reflexión sobre nosotras/os mismos/as. Refiere a lo que nos sucede en tanto docentes con la sexualidad y
la educación sexual, ya que cuando enseñamos, siempre ponemos en juego lo que pensamos, sentimos y
creemos. Esta puerta apunta a la importancia de revisar nuestros supuestos y posicionamientos para poder
corrernos de nuestra opinión. La educación sexual se juega en nuestra práctica docente a toda hora y en todo
lugar. Nuestras propias valoraciones, nuestras ideas y nuestra propia historia, están siempre presentes en cada
acto pedagógico.
El desarrollo curricular de la ESI. Los Lineamientos curriculares de ESI (sintetizados en los NAP de la ESI,
Resolución N.° 340/18) establecen qué enseñar de manera sistemática en las aulas. Pero, además, es preciso
pensar cómo abordar los temas de ESI: en forma transversal desde los distintos grados y áreas, incluyendo los
contenidos de ESI en proyectos de aula realizados entre distintas áreas o bien en los proyectos desarrollados por
Ciclo. Esta puerta de entrada también implica la posibilidad de contar con espacios y tiempos para reflexionar y
planificar, e ir reconociendo las necesidades de acceder a recursos didácticos y capacitaciones.
La organización de la vida cotidiana institucional. Reconociendo que las regulaciones, las prácticas y los
rituales que constituyen la cultura institucional también enseñan desde la mirada que tiene la escuela sobre la
sexualidad, es preciso revisarla desde el enfoque de derechos, de género y de diversidad propios de la ESI. Para
reflexionar sobre esta dimensión, un ejercicio interesante puede ser identificar en el ámbito escolar aquellos
gestos, costumbres, rutinas en las que se pongan en juego roles de género estereotipados y pensar, al mismo
tiempo, cómo se puede desandar ese camino. Revisar y transformar las acciones, los discursos, las costumbres
escolares que puedan ser injustas o desigualitarias es un objetivo indispensable para la escuela.
La actuación frente a episodios que irrumpen en la escuela. Estos episodios pueden darse como situaciones
o eventos conflictivos entre estudiantes o entre estudiantes y personas adultas de la escuela y también pueden
manifestarse como demanda del estudiantado para trabajar determinados temas que la escuela habitualmente no
aborda. En todos los casos es deseable que el equipo de conducción, docentes, tutoras/es, etc. se detengan a
repensar las estrategias de acción con el fin de convertir esas situaciones en oportunidades de aprendizaje.
La relación entre la escuela, las familias y la comunidad. Se incluyen aquí a otras instituciones del Estado y
organizaciones de la sociedad civil. Es importante reconocer que la sexualidad es una realidad humana tan
compleja que no se agota en la escuela. Por el contrario, hay una multiplicidad de instituciones que intervienen en
este campo: de salud, desarrollo social, justicia, [Link]., seguridad y muchas organizaciones de la sociedad civil
que aportan saberes y experiencia. Asimismo, es preciso que las familias estén informadas sobre el marco
normativo vigente que garantiza los derechos de niñas/os y adolescentes, y que se las pueda incluir en un diálogo
que lleve a reflexionar sobre el lugar de las/os adultas/os en la vida de las/os chico/as y adolescentes. Es
importante habilitar el acercamiento entre la escuela y las familias para tematizar estas cuestiones con una mirada
amplia y respetuosa por la diversidad de configuraciones familiares e identidades de género; de modo de permitir,
tanto a las escuelas como a las familias, enriquecer la mirada en un marco de garantías por los [Link]. de todos
y todas.
Cuadernillo ESI:
1) Ejes:
“Ejercer nuestros derechos” está orientado a trabajar en la escuela sobre la apropiación del enfoque de los
derechos humanos como orientación para la convivencia social. El foco está puesto en aquellos derechos que se
vinculan al respeto por las otras y los otros en las relaciones interpersonales, el acceso a conocimientos sobre el
cuerpo y la expresión de sentimientos y necesidades vinculadas a la sexualidad, y la promoción de aprendizajes
de prácticas de defensa de derechos, por ejemplo: el derecho de recibir información científicamente validada o el
no ser discriminado, entre otros.
• “Respetar la diversidad” se refiere al reconocimiento y valoración de las manifestaciones de las múltiples
diferencias entre las personas. Las propuestas que formulamos están específicamente orientadas al conocimiento
de las formas de ser mujeres y de ser varones que histórica y socialmente se han construido en nuestra sociedad.
En este sentido, proponemos identificar los prejuicios y las prácticas referidas a capacidades y aptitudes
vinculadas al género, y el rechazo a todas las formas de discriminación.
“Reconocer distintos modos de vida” también constituye un eje, ya que uno de los propósitos formativos de la
Educación Sexual Integral es ampliar el horizonte cultural desde el cual cada niña y cada niño desarrolla su
subjetividad como parte de un colectivo social. En la medida en que puedan conocer distintas formas de
organización familiares, sociales y culturales en el tiempo y en el espacio, más plenamente podrán desarrollarse
y enriquecer su mirada sobre los valores y actitudes presentes en los vínculos humanos.
“Cuidar el cuerpo y la salud” propicia el conocimiento sobre los cambios del cuerpo humano y la identificación
de sus partes íntimas en el marco de la promoción de hábitos de cuidado de uno mismo, de los demás y de la
salud en general. También propicia la reflexión crítica sobre los modelos y los mensajes de belleza que circulan
en nuestra sociedad y que pueden influir negativamente en la autoestima y en los vínculos interpersonales.
“Valorar la afectividad” apunta a que los niños y las niñas puedan expresar, reflexionar y valorar las emociones
y sentimientos vinculados a la sexualidad, al mismo tiempo que se promueven valores como el amor, la solidaridad
y el respeto a la intimidad propia y ajena.
2) Puertas de entrada:
1. Empezando por lo que nos pasa como docentes con la educación sexual : Cuando como docentes
pensamos en trabajar la Educación Sexual Integral en la escuela, es posible que surjan distintos temores, como
el mencionado, generalmente basados en creencias, estereotipos, tabúes, prejuicios y modelos sobre la
sexualidad y la educación sexual, que fuimos incorporando a lo largo de nuestra historia por medio de las
tradiciones culturales, sociales y escolares que transitamos.
Consideramos que la mejor manera de abordar estos temores, prejuicios y modelos es a través del diálogo entre
adultos; poner en común estas cuestiones y discutirlas, teniendo en cuenta que los cambios llevan su tiempo.
La escuela y la enseñanza de la Educación Sexual Integral La escuela, institución que acompaña el proceso
de desarrollo afectivo-sexual de niños y niñas, tiene la responsabilidad de hacer de la Educación Sexual Integral
su tarea. En este sentido, podemos reconocer al menos tres dimensiones fundamentales desde las cuales se
pueden pensar estrategias o líneas de trabajo/acción:
• El desarrollo curricular: docentes y equipo de conducción deben pensar y decidir las formas de incorporar los
lineamientos curriculares de Educación Sexual Integral en los contenidos desarrollados diariamente en el aula,
articulando con aquellos los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios (NAP) de las disciplinas o áreas. Habrá que
pensar cómo abordar los temas de Educación Sexual Integral: en forma transversal desde los distintos grados y
áreas. Esta dimensión también implica la posibilidad de contar con espacios y tiempos para reflexionar y planificar,
e ir reconociendo las necesidades de acceder a recursos didácticos y capacitaciones.
• La organización de la vida institucional cotidiana: nos referimos a todas aquellas regulaciones, rituales y prácticas
que día a día constituyen la urdimbre de la vida escolar, que en diversos actos y escenarios transmiten saberes y
reproducen visiones acerca de la sexualidad, de lo esperable, permitido o prohibido en la escuela, por ejemplo, a
través del lenguaje utilizado, del uso de los espacios, de las formas de agrupamiento habituales, de las
expectativas de aprendizaje y de conducta sobre los alumnos y alumnas, de los vínculos establecidos entre los
adultos y entre los adultos y los niños y niñas. En este sentido, la escuela puede volverse sobre sí misma, para
reconocer estos guiones invisibles que van dejando marcas en todos sus actores, y pensar en cómo las normas
y formas de organización escolar favorecen o no vínculos de confianza y de respeto, la inclusión de todas las
opiniones y necesidades de los alumnos y las alumnas, relaciones igualitarias entre varones y mujeres.
• Los episodios que irrumpen en la vida escolar: cotidianamente se producen situaciones y eventos que tienen un
efecto disruptivo en el paisaje de la escuela: conflictos o peleas ocasionales entre chicos y chicas, grabaciones
con celulares de chicas y chicos besándose, revistas pornográficas, preservativos en los baños, púberes
embarazadas. En ocasiones, estos episodios llevan a intervenir desde normas ya establecidas; otras veces, a
pensar cómo encararlos ya que no hay claridad y/o acuerdos para lidiar con ellos.
Estas situaciones pueden ser oportunidades de aprendizaje vinculadas a la Educación Sexual Integral, y que
permiten trabajar con los niños y las niñas sobre diversos aspectos: el reconocimiento de sus derechos, la
ampliación de sus horizontes culturales, la expresión y valoración de sus emociones y sentimientos de modos que
no perjudiquen a otros u otras;también son ocasiones para propiciar el cuidado y respeto por su propio cuerpo y
el de los demás.
3. La escuela, las familias y la comunidad La Ley N° 26.150 le da a la escuela un rol privilegiado como ámbito
promotor y protector de derechos. Para el desempeño de este rol, la familia, como primera educadora, constituye
uno de los pilares fundamentales a la hora de entablar vínculos, alianzas y estrategias. Es importante que la
Educación Sexual Integral sea abordada por la escuela con el mayor grado de consenso posible, promoviendo
asociaciones significativas entre la escuela, las familias y la comunidad en general. Esto es una obligación, y
también una oportunidad para abordar integralmente la formación de los niños y las niñas.
La construcción de estos consensos será, seguramente, una tarea compleja y no exenta de tensiones, porque si
bien la normativa establece el derecho fundamental de las familias en lo que respecta a la educación de sus hijas
e hijos, conforme a sus propios valores y creencias, la escuela debe hacer cumplir el derecho a una educación
sexual integral para todas y todos los estudiantes, algo que también fija la Ley. Para trabajar sobre estas tensiones
e ir construyendo acuerdos, será propicio realizar talleres de sensibilización con las familias. Estos talleres podrían
constituirse en espacios a través de los cuales los miembros de la comunidad educativa reflexionarán en forma
conjunta sobre los roles de la familia y de la escuela en lo que hace a la transmisión cultural en los temas relativos
a la Educación Sexual Integral.