Jujuy: Vida y Revolución en 1810
Jujuy: Vida y Revolución en 1810
JUJUY EN 1810
Viviana E. Conti
PRIMERA PARTE
PRIMERA PARTE
el Este por las sierras Subandinas. Es la zona con clima más benigno de la región; está
ubicado entre los 1.000 y 1.500 metros sobre el nivel del mar, recibe lluvias abundantes
y tiene una temperatura relativamente baja a causa de la altura. Es un valle amplio,
surcados por ríos, con suelos fértiles, donde hubo un temprano desarrollo agrícola. Está
comunicado con el valle de Lerma, de similares características, donde se localiza la
ciudad de Salta (por entonces capital de la intendencia de Salta del Tucumán, a la cual
estaba subordinada Jujuy).
Hacia el Norte, el Altiplano (que en Jujuy recibe el nombre de puna) se eleva a
3.500 metros sobre el nivel del mar, está limitado por cadenas montañosas de 5.000 a
6.000 metros de altura y cortado por estribaciones y depresiones. Es monótono,
desértico, con suelo árido y con algunos arbustos resinosos; las condiciones climáticas
son poco benignas, caracterizadas por una gran amplitud térmica diaria y vientos
constantes. Una vez que el viajero trepaba al Altiplano podía continuar la travesía hasta
Potosí o La Paz, siempre en la misma altiplanicie y bajar hasta Lima; en él se
desarrollaron los centros mineros más importantes del Alto Perú.
La conexión entre el valle de Jujuy y el Altiplano (puna) son la quebradas: valles
secos, relativamente estrechos, con la dirección N-S, surcados por ríos caudalosos
(principalmente en verano) que nacen al 3.500 metros de altura y desembocan en los
valles a 1.500 metros sobre el nivel del mar. Estas quebradas eran utilizadas como
caminos “de herradura”2. La más importante es la quebrada de Humahuaca, donde el
clima es semiárido, pero la menor cota sobre el nivel del mar determina temperaturas
algo más templadas. En líneas generales, estos valles fueron (y siguen siendo) zonas
preponderantemente agrícolas donde prospera una gran variedad de vegetales, en
cultivos bajo riego.
Hacia el Este, la Cordillera Oriental está formada por un conjunto de cordones
montañosos (serranía de Santa Victoria y cadena de Zenta, con picos que se elevan
sobre los 4.500 metros sobre el nivel del mar), separados por valles profundos y
quebradas que bajan a las yungas o selvas de altura, en la falda oriental, donde reciben
la mayor cantidad de precipitaciones de la región.
Es una zona con diferentes pisos de vegetación que incluyen selvas y bosques
ubicados sobre la vertiente oriental andina y conforman una unidad ambiental que ocupa
2
Los caminos de herradura eran aptos sólo para el viaje a caballo, mula o burro, mientras que en los
caminos “carreteros” podían transitar carretas.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
también el amplio valle de San Francisco en las sierras Subandinas. Esta última es una
zona netamente subtropical ubicada a pocos centenares de metros sobre el nivel del mar,
con elevadas temperaturas e intensas precipitaciones y humedad.
Más al Este, se baja hasta las estribaciones occidentales del gran Chaco, donde
las temperaturas son elevadas y las lluvias son abundantes en verano. Hasta mediados
del siglo XIX, estuvo ocupada por indígenas tobas, wichí y otras parcialidades; la
avanzada “colonizadora” fue una línea zigzagueante de reducciones y fortines, detrás de
las cuales se asentaban algunas haciendas3.
Mapa 1
Jujuy en el Área Andina
Escala 1: 5.000.000
3
La frontera fue una línea móvil, en avanzada durante la segunda mitad del siglo XVIII y que en la
primera mitad del siglo XIX presentaba una tendencia hacia el retroceso hacia el occidente. Véase:
Alberto Gullón Abao, La frontera del Chaco en la Gobernación del Tucumán (1750-1810), Universidad
de Cádiz, 1993.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
4
La legua castellana (usada en Jujuy) era equivalente a 5.000 varas o a 4,33 kilómetros. Archivo
Histórico de la Provincia de Jujuy (en adelante AHPJ), 1885, Caja 2, agosto 6.
5
Brackebusch indica el punto de bifurcación en Atumpa, de allí partía “el camino grande, que antes
seguía en el abra de la Cortadera, por Yavi hasta Tupiza”. Luis Brackebusch, Por los caminos del Norte,
Universidad Nacional de Jujuy, 1990 [1881], página 47.
6
Véase Alonso Carrió de la Vandera (Concoloncorvo): El lazarillo de ciegos caminantes. Barcelona,
Biblioteca Ayacucho, 1985.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
privilegiada en el camino que unía a Buenos Aires con Potosí y con Lima le imprimía
un gran dinamismo mercantil, ya que por ella pasaban mercaderes, comerciantes,
tratantes, funcionarios y viajeros en general. Los negociantes llevaban y traían todo tipo
de mercancías y, como veremos más adelante, estas actividades generaban trabajo en
muy diversas labores para los habitantes de la ciudad y la campaña.
Al llegar a Jujuy, un viajero extranjero apuntaba en su diario de viaje lo
siguiente:
“… los encierros para ganado, trozos de terrenos cultivados y
granjas anuncian al viajero que se aproxima a la populosa
ciudad de Jujuy, que en un tiempo tuvo un movimiento y
opulencia considerables…” 7.
El sistema de postas (utilizadas para el correo Real) establecido por la Corona
Española para mantener comunicadas a las ciudades virreinales de Buenos Aires y
Lima, atravesaba toda la jurisdicción de Jujuy. Las postas eran paradores donde los
viajeros podían hacer cambio de cabalgadura y seguir su camino o pararse a descansar,
en cuyo caso recibían de los mozos y postillones la atención de comida y albergue para
ellos y los animales con los que viajaban. En las postas el viajero recibía informaciones
sobre el estado de los caminos y, de ser necesario, baqueanos que lo auxiliaran en
trayectos difíciles de su travesía.
La primera posta, entrando desde el sur, se ubicaba a orillas del río Perico en la
hacienda La Cabaña. La siguiente posta estaba en la misma ciudad de San Salvador, a
orillas del río Xibi-Xibi8. Los restantes paradores, en el camino hacia el norte, estaban
ubicados en Huájra, Hornillos, Humahuaca, La Cueva, Cangrejos Grandes y La
Quiaca9.
La ciudad de Jujuy era la última ciudad de importancia de la vía carretera del
camino Real entre el Río de La Plata y Potosí; hasta aquí llegaban las carretas
7
Edmundo Temple, Córdoba, Tucumán, Salta y Jujuy en 1826, (Capítulos extraídos del libro “Travels in
various parts of Perú”, Londres, 1830, Traducido por Jaime Noguera con prólogo del Dr. Juan B. Terán),
reimpresión de la Universidad Nacional de Jujuy, 1989, página 167.
8
Según el plano de la ciudad elaborado por Ricardo Rojas, en 1808 el edificio de la Posta se encontraba
en lo que hoy es la calle Lamadrid entre San Martín y la barranca del Río Chico
9
Alonso Carrió de la Vandera, El lazarillo…[Link]., página 87 y subsiguientes. El viaje de Alonso Carrió
de la Vandera se realizó entre los años 1771 y 1773, como funcionario de la Corona, designado por
Carlos III “Segundo Comisionado para el arreglo de Correos y ajuste de Postas entre Montevideo-Buenos
Aires y Lima”. En 1775 escribió sus experiencias en dicho viaje, en una obra que ha tenido diversas
publicaciones a lo largo del tiempo y que es la que estamos citando.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
10
Así la describieron los viajeros que la visitaron en la época. Edmundo Temple, op. cit., páginas 167-
168. Alonso Carrió de la Vandera, op. cit., página 88. Joseph Andrews, Las provincias del Norte en 1825,
Universidad Nacional de Tucumán, 1957, página 104.
11
Joseph Andrews, Las provincias del Norte en 1825, Universidad Nacional de Tucumán, 1957, página
104.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Los datos más confiables con que contamos, relativos a la cantidad de población
de la jurisdicción de Jujuy, provienen de fines del siglo XVIII. Luego, sólo se conservan
datos parciales por zonas hasta el primer censo nacional de 1869.
Según los datos arrojados por el Censo levantado por orden del rey Carlos III en
1778-177912, en la jurisdicción de Jujuy vivían 14.694 personas (sin contar los curatos
de Humahuaca y Río Negro, para los cuales no se conservaron los datos).
Su población era mayoritariamente rural y étnicamente indígena. La zona de la
Puna era la que contaba con el mayor porcentaje de población indígena. En la quebrada
de Humahuaca la composición étnica de la población era especialmente mestiza e
indígena. En cambio, en los valles centrales (sin la ciudad) la mayoría de los habitantes
eran criollos mestizos; mientras que en los valles orientales o subtropicales había una
preeminencia de indígenas y mestizos.
En la población de la ciudad de San Salvador (población urbana) era donde se
encontraba la mayor diversidad étnica, ya que allí se concentraban los españoles, negros
y mulatos, a la vez que contaba con la presencia de indígenas y mestizos.
El Gráfico 1 da muestra de la composición étnica de toda la jurisdicción de
Jujuy, según los datos del Censo de 1778-1779.
Gráfico 1
Indeterminados
13% Españoles
4%
Mulatos Mestizos
6% 19%
Negros
2%
Indios
56%
12
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, Buenos Aires, Imprenta Coni, 1913. Tomo I, páginas 111 a
421. Este Censo ha sido trabajado y analizado por distintos historiadores y demógrafos, algunas de cuyas
obras citamos más adelante.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
13
Mónica Ulloa, “Población y unidades domésticas en una ciudad colonial: San Salvador de Jujuy 1755-
1757”, en Ana Teruel (compiladora), Población y trabajo en el noroeste argentino siglos XVIII y XIX,
Universidad Nacional de Jujuy, 1995, página 49.
14
El tratamiento de don como encabezamiento del nombre era sinónimo de honorabilidad, con marcada
jerarquía étnica. Era usual en el sector de los españoles, pero menos aceptado su uso entre los mestizos o
indígenas. En 1794, Juan Antonio Moro Díaz hizo un especial pedimento al Virrey para que “tenga a
bien corresponderle el Don por escrito y de palabra, debido a su nobleza de sangres y también por los
empleos que anterior y actualmente obtiene”. AHPJ, Sección Ricardo Rojas (SRR), Caja XXVIII, Libro
Capitular de 1769-1795, folios 370v a 376. Acta Capitular del 12 de julio de 1 794.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
La ciudad de San Salvador estaba emplazada entre las barrancas del Río Grande
y el Xibi Xibi. A mediados del siglo XVIII la ciudad se extendía desde la Ermita de San
Roque (barrancas del Xibi-Xibi), el Convento de La Merced (ambos ubicados en lo que
actualmente es la calle Gorriti), seguía por la calle Real (hoy calle Sarmiento) la calle de
La Merced (hoy llamada Otero), la calle de San Francisco (actualmente Lavalle) y la
calle Del Portal (hoy Necochea). Las cortaba perpendicularmente la calle del Comercio
(hoy Belgrano), que comenzaba en la Plaza Mayor y concluía en los campos de la
Tablada, paralela a la calle de San Roque (Independencia), y las barrancas de ambos
ríos. A orillas de este radio céntrico se ubicaban los rancheríos15. Así lo describía un
viajero a fines del siglo XVIII:
“Se sale o se entra [a la ciudad] por una hermosa tablada de
media legua de largo y la mitad de ancho, y se desciende por un
corto barranco…” 16.
La ciudad estaba dividida en 2 cuarteles o barrios, cada uno al mando de un
alcalde de barrio, nombrados por el Cabildo17 (como veremos más adelante, esta
división sufrió transformaciones a partir de 1811). En ella convivían dos tipos de
personas: los habitantes (permanentes) y los estantes (transitorios). A su vez, los
habitantes, podían ser vecinos o simplemente residentes; indudablemente, la categoría
de vecino tenía mayor status político y legal.
Las condiciones que un habitante debía cumplir para alcanzar el título de vecino
eran ser propietario, estar casado (jefe de familia) y tener un empleo u oficio
independiente y reconocido. En Jujuy, el hecho de tener un domicilio fijado en la ciudad
era indispensable para el atributo de vecindad, no obstante no era necesario que viviera
allí en forma permanente, podían residir en la campaña parte del año y ser vecino de la
ciudad. Sí se consideraba obligatorio el requisito de poseer un trabajo independiente; en
un documento de la época pudimos observar que el electo regidor18 se negaba a recibir
el cargo argumentando que tenía un empleo de dependiente y por lo tanto no era lo
suficientemente honorable para acceder al cabildo.
15
Mónica Ulloa, op. cit., página 47. Félix Infante, Calles de mi ciudad, Jujuy, 1980.
16
Alonso Carrió de la Vandera, op. cit., página 88.
17
AHPJ, Sección Ricardo Rojas (SRR), caja IV, folios 148-149. Véase más adelante en el capítulo 4 “La
vida política y cotidiana” las funciones y responsabilidades de los alcaldes de barrio.
18
Los cargos de cabildo, sus características y funciones, tales como regidor, alguacil, alcaldes y otros,
pueden verse con mayor detenimiento en el apartado 4 “La vida política y cotidiana”.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
19
AHPJ, SRR, Caja XXXVII, Legajo 1, documento. 19.
20
Mónica Ulloa, op. cit., página 54
21
Mónica Ulloa, op. cit., páginas 48-49.
22
Mónica Ulloa, op. cit., página 55.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
180823, puede observarse que el casco urbano fue adquiriendo la extensión del actual
radio céntrico, entre ambos ríos y entre las actuales calles Argañaráz y Patricias
Argentinas, donde comenzaban los campos de la Tablada. Rebasando esos límites
estaban los suburbios, donde se ubicaban las quintas y los rancheríos.
Al interior del radio urbano, además de casas y solares, estaban los edificios
públicos: el Cabildo y la Posta, los edificios eclesiásticos: la Iglesia Matriz, el convento
de La Merced, el convento de San Francisco, la capilla de Santa Bárbara y la ermita de
San Roque, así como establecimientos comerciales: en el plano están especialmente
señalizados el molino de López Ovando, la carpintería de Santiago y la carnicería de
Lálamo (todos ubicados a la ribera del río Chico), pero sabemos, a través de la
documentación de la época, de la existencia de distintos comercios de venta al público y
mayoristas, así como talleres artesanales, jabonerías y curtiembres, sobre los cuales nos
explayaremos más adelante.
Debido a su composición social, la ciudad era el lugar donde se mezclaban
españoles, mestizos, indios, negros y castas, dando lugar al contacto entre distintas
culturas, comportamientos, costumbres y formas de esparcimiento. El constante arribo
de viajeros, estantes y forasteros de paso contribuyó a la cotidianeidad multicultural y
multiétnica y favoreció los procesos de mestizaje.
El Gráfico 2 nos da una pauta de la diversidad étnica existente en la ciudad de
San Salvador a fines del siglo XVIII, según las cifras arrojadas por el Censo de 1778-
1779.
Gráfico 2
Indeterminados
1%
Españoles
Mulatos 13%
14%
Negros
8%
23 Mestizos
Ricardo Rojas, “Plano de ciudad en 1808, extraído de un legajo de contribuciones para gastos de la
36%
invasiones inglesas”, en Viviana Conti, Jujuy en sus documentos. Recopilación del Archivo Capitular de
Ricardo Rojas, Universidad NacionalIndios
de Jujuy, 1992.
28%
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
24
AHPJ, SRR, caja XXXIII, Legajo 1, folios 50 a 53.
25
Daniel Santamaría, Memorias del Jujuy colonial y del Marquesado de Tojo, Universidad Internacional
de Andalucía, Sede Iberoamericana de La Rábida, 2001, página 187 y subsiguientes.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
26
Gabriela Sica y Mónica Ulloa, “Jujuy en la colonia…”, op. cit., página 74.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
27
Carlos Sempat Assadourian, El sistema de la economía colonial. El mercado interior, regiones y
espacio económico, México, Nueva Imagen, 1983.
28
El espacio peruano era una región económica que abarcaba los actuales países de Ecuador, Perú,
Bolivia, Chile, Argentina y Paraguay. Carlos Sempat Assadourian, El sistema de la economía
colonial…op. cit.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
29
Ibíd.
30
La almona era el establecimiento donde se elaboraba el jabón, también llamadas “jabonerías”.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
31
Monte Rico, además de sus condiciones ecológicas excelentes para la invernada, se encontraba en el
camino que unía los dos centros urbanos y mercantiles de la zona, a corta distancia de Salta (16 leguas) y
de la ciudad de Jujuy (9 leguas).
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
demanda en los mercados de mediana distancia32, sobre todo, iba destinado a los
almacenes de azúcares de las ciudades de Jujuy, Salta, Tucumán, Tarija y Tupiza.
En las haciendas azucareras se usaba mano de obra estacional indígena para la
cosecha, dedicada a cortar y pelar la caña. Para moler la caña se usaban trapiches de
palo movidos por bueyes; el zumo de la caña se hervía en tachos de hierro o cobre a
fuego directo; el azúcar se blanqueaba en hornos de barro cocido de forma cónica; se
formaba una arcilla que tardaba unos 30 días en depurarse y se le daba la forma de
panes o pilones de azúcar.
Además de azúcar, se procesaban otros productos que abastecían los mercados
regionales; con el zumo de la caña se elaboraba el guarapo, que se consumía localmente
de esta forma o se destilaba en alambiques para convertirlo en aguardiente de caña ,
bebida muy requerida a nivel regional, sobre todo en los centros mineros del Alto Perú.
Con la pasta de azúcar también se manufacturaban las chancacas, alfeñiques y las
tabletas, con mucha demanda en los mercados andinos, así como la miel de caña33.
Los valles secos interserranos actúan como “conexión” entre la Puna
(altiplanicie) y los valles húmedos; en general son valles encajonados entre cordones
montañosos y surcados por ríos, cuyos caudales aumentan considerablemente durante
las lluvias de verano. De clima más benigno, se encuentran entre los 1.600 y 3.000
metros sobre el nivel del mar. El más importante, como ya dijéramos, es la Quebrada de
Humahuaca, aunque hay muchas quebradas y vallecitos de importancia relativa para la
región.
Fueron los ambientes agrícolas más antiguos, donde se desarrollaron técnicas de
cultivo en andenes, terrazas, canchones de cultivo y sistema de riego desde épocas
prehispánicas -el período de los llamados “desarrollos regionales”34-. Con la ocupación
española se introdujeron cultivos europeos, como el trigo, la vid, hortalizas y forrajeras
32
Antonio King, Veinticuatro años en la Argentina, Buenos Aires, Vaccaro, 1921, página 176. Antonio
King era un aventurero norteamericano, que partió de Nueva York a los 14 años de edad, en 1817; se
embarcó en Baltimore en un barco corsario con destino a Buenos Aires, donde fue abandonado. Gracias a
un posadero irlandés, consiguió trabajo como dependiente en un almacén francés. Luego, de unos meses
en Buenos Aires, se “enganchó” como soldado para luchar en las guerras de la independencia. La estadía
de King en la Argentina fue entre los años 1819 y 1845.
33
Benjamín Villafañe, Orán y Bolivia a la marjen del Bermejo, Salta, Imprenta del Comercio, 1857,
páginas 60 a 62
34
María Ester Albeck, “La vida agraria en los Andes del sur”, en: Nueva Historia Argentina, volumen 1,
Buenos Aires, Sudamericana, 2000, página 189 y subsiguientes. Ana María Lorandi, “El contacto
hispano-indígena y sus consecuencias ambientales”, en: Carlos Reboratti (compilador), De hombres y
tierras una Historia Ambiental del Noroeste Argentino, Salta, Proyecto de Desarrollo Agroforestal en
Comunidades Rurales del Noroeste Argentino, 1997, páginas 39 a 48.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
para el ganado. En los albores del siglo XIX, los valles secos fueron zonas agrícolas y
ganaderas de gran importancia regional, con haciendas y pequeñas unidades de
producción dedicadas a la crianza y engorde del ganado destinado a los mercados de
mediana y larga distancia.
En las quebradas de Tumbaya, Tilcara, Purmamarca y Valle Grande, las
producciones predominantes eran la crianza de ganado vacuno y caballar y la
agricultura de regadío, aunque las tierras fuesen menos productivas que en los valles
húmedos; el pastoreo se complementaba con las sementeras de alfalfa y cebada para las
invernadas y cosechas de trigo, maíz, papas, cereales y frutas35.
La Quebrada de Humahuaca, en su tramo Norte, era una zona más ganadera, con
extensos alfalfares hasta Sapagua y el pastoreo de ganado ovino, cabras y asnos. Las
ovejas se caracterizaban por poseer buen vellón, que alimentaba a la manufactura textil
familiar, para uso doméstico o para la venta en el mercado. Además de la alfalfa, se
cultivaba maíz, habas, quínoa, porotos, legumbres y frutales (sobre todo peras,
manzanas y duraznos).
El tramo Sur de la Quebrada de Humahuaca era más agrícola y con mejores
pastos, que permitían la crianza de ganado vacuno y equino. El cultivo de maíz
comprendía distintas variedades36, además se producían papas, legumbres, hortalizas,
frutales, cebada, alfalfa y algo de trigo.
A lo largo de toda la Quebrada había diversos molinos destinados a la molienda
de los cereales y se manufacturaba cerámica, quesos y chalona. Escaseaba la madera, a
excepción del algarrobo, sauce, distintos tipos de cardones, quéñoa, churquis, nogales,
alisos y tola.
En general, en los valles interserranos se producía ganado vacuno y equino y se
adiestraba y engordaba el ganado mular procedente de regiones del sur, que se enviaba
para el abastecimiento de los centros mineros en el Alto Perú y la costa del Pacífico. El
35
José B. Bárcena, “Industria lanar en Jujuy”, en: Boletín Oficial de la Exposición Nacional de Córdoba
en 1871, volumen 7, serie Memorias N° 12, Buenos Aires, Imprenta, Litografía y Fundición de Tipos a
Vapor, 1873, página 238.
36
Hacia fines del siglo XIX, Joaquín Carrillo enumera los nueve tipos de maíz que se cosechaban en la
Quebrada: Capia blanco, capia morado, capia toba, capia chulpi, amarillo común, canario, morocho,
pisingallo blanco y pisingallo negro. Joaquín Carrillo, “Descripción brevísima de Jujuy, provincia de la
República Argentina”, en Eugenio Tello, Descripción de la Provincia de Jujuy. Informes, objetos y datos
que presenta el Comisionado Provincial, Senador Nacional D. Eugenio Tello a la Exposición Universal
de 1889 en París, Jujuy, [Imprenta Petruzzelli, 1888] Reimpresión de la Universidad Nacional de Jujuy,
1988, páginas 133-134.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
37
Los curatos eran los territorios administrativos eclesiásticos, cede de las parroquias. Posteriormente, en
la segunda mitad del siglo XIX fueron la base de la división administrativa de la provincia.
38
Albeck marca, dentro de la Puna, cinco zonas ambientales con características diferenciadas. María
Esther Albeck, “El ambiente como generador de hipótesis sobre dinámica sociocultural prehispánica en
la Quebrada de Humahuaca”, en: Cuadernos, 3, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales,
Universidad Nacional de Jujuy, 1992, página 98.
39
Gabriela Sica, “Maíz y trigo, molinos y cananas mulas y llamas. Tierras, cambio agrario y participación
mercantil indígena en los inicios del sistema colonial”, en: Daniel Santamaría (compilador), Jujuy:
arqueología, historia, economía, sociedad, Jujuy, CEIC – Cuadernos del Duende, 2005, páginas 106 a
123.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
40
Pedro Vicente Cañete y Domínguez, Guía Histórica, Geográfica, Física, Política, Civil y Legal del
Gobierno e Intendencia de la Provincia de Potosí, año de 1787, Potosí, Colección de Cultura Boliviana,
1952, página 240. La Real Cédula dada en San Idelfonso el 30 de agosto de 1777, prohibía su matanza y
sólo permitía su apresamiento, pero la Audiencia de Charcas mostró la imposibilidad de controlar la
matanza, por la naturaleza misma de los animales, que antes se dejaban matar que esquilarse. Silvia
Palomeque, “Intercambios mercantiles y participación indígena en la Puna de Jujuy a fines del período
colonial”, en: Andes, 6, CEPIHA, Universidad Nacional de Salta, 1994, pp. 15 y 16.
41
Pedro Vicente Cañete y Domínguez, op. cit., página 240.
42
Pedro Vicente, Cañete y Dominguez, op. cit., página 241.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
43
Eugenio Tello, Descripción de la Provincia de Jujuy. Informes, objetos y datos que presenta el
Comisionado Provincial, Senador Nacional D. Eugenio Tello a la Exposición Universal de 1889 en
París, Jujuy, [Imprenta Petruzzelli, 1888] Reimpresión de la Universidad Nacional de Jujuy, 1988, página
41.
44
María Ester Albeck, op. cit. y Eulogio Solari, Geografía de la Provincia de Jujuy. [Buenos Aires,
Peuser, 1907]. Reimpresión de la Universidad Nacional de Jujuy, 1990.
45
Guillermo Madrazo, Hacienda y encomienda en los Andes. La Puna argentina bajo el Marquesado de
Tojo. Siglo XVII a XIX, Buenos Aires, Fondo Editorial, 1982 y Silvia Palomeque, op. cit.
46
República Argentina, Memoria Presentada por el Ministro de Estado en el Departamento de Hacienda al
Congreso Nacional en 1867, Imprenta del Siglo, 1867, Informe del Administrador de Rentas Nacionales de
Jujuy, J. J. Bustamante, página 74.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
47
Véase: Juan Javier García Fernández, “Pastoreo, economía familiar y medio ambiente en la cuenca de
laguna de Pozuelos”, en: Juan Javier García Fernández y Rodolfo Tecchi (compiladores), La reserva de la
biosfera laguna de Pozuelos: un ecosistema pastoril en los Andes centrales, Universidad Nacional de
Jujuy, Programa de Ecología Regional, 1991.
48
Guillermo Madrazo, “Comercio interétnico y trueque recíproco equilibrado intraétnico. Su vigencia en
la Puna argentina y áreas próximas, desde la independencia nacional hasta mediados del siglo XX”, en:
Desarrollo Económico, volumen 21, N° 82, Buenos Aires, 1981, páginas 213 a 230.
49
María Ester Albeck, op. cit., página 98.
50
Rolando Braun Wilke, “Tres recursos leñosos: queñoa, churqui y tola”, en: Juan Javier García
Fernández y Rodolfo Tecchi (compiladores), op. cit., pág. 43 y subsiguientes. Rolando Braun Wilke et al,
Carta de aptitud ambiental de la Provincia de Jujuy, Universidad Nacional de Jujuy, 2000.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
La minería extractiva más importante hacia fines del siglo XVIII y comienzos
del XIX la constituían las arenas auríferas de Rinconada y Santa Catalina, algunas vetas
de cobre y la recogida de sal de las Salinas Grandes.
Las producciones de las haciendas jujeñas estaban destinadas mayormente a la
subsistencia, o sea al consumo en el ámbito de la familia. Sin embargo, en los años de
buenas cosechas, cuando había excedentes, éstos animaban el circuito mercantil
regional, de corta y mediana distancia; en esos años, se exportaban trigo, maíz, papas,
ají, habas, arroz, frutas frescas, caña de azúcar, manufacturas de sebo, jabón, cera, como
así también las manufacturas derivadas del azúcar, la lana, cuero, barro y textiles.
Existía un fluido intercambio de bienes y productos entre las distintas zonas
ecológicas al interior de la jurisdicción: entre las tierras altas y las tierras bajas. Sin
embargo, los mejores negocios provenían de la venta de excedentes en otras
jurisdicciones, lo que daba vitalidad a los circuitos de mediana y larga distancia y
reportaba mayores ganancias. Los mercados donde se ubicaban los productos jujeños se
encontraban principalmente en el la zona de Chichas –zona minera al sur del Alto Perú-
y en Atacama, pero también vendía sus excedentes de azúcar, jabón, aguardiente de
caña y chancacas en Tucumán, Catamarca, Salta, Tarija y Perú y enviaba algunos cueros
al puerto de Buenos Aires51.
Pero no sólo la venta de los productos locales reportaba ganancias; junto con
ellos circulaban hacia distintos mercados una variada cantidad y diversidad de artículos
producidos en otras regiones distantes, que los traficantes llevaban y traían desde
distintos mercados, entre los cuales Jujuy era paso obligado, por cuanto involucraba a
sus comerciantes de distintas formas. El comercio de intermediación de efectos incluía a
productos de regiones remotas dentro del espacio peruano y artículos provenientes de
Europa y llegados al puerto de Buenos Aires, desde su apertura al comercio mundial en
las últimas décadas del siglo XVIII.
En este comercio de larga y mediana distancia entre distintas zonas productoras,
llegaban hasta las tiendas de Jujuy los tocuyos cochabambinos, textiles burdos de
algodón, muy requeridos en los mercados rioplatenses. Eran traídos por los mercaderes
desde Cochabamba, junto a lienzos y “ropa de la tierra”, eventualmente también
51
Archivo Histórico de Salta (AHS), carpeta 15, Expediente 57, Cuentas de Cargo y data de la Caja
menor de Jujuy (1783-1788). Libro de Hacienda (LH) 204, Guías de Jujuy, 1806. LH 307, libro Manual
de Jujuy, 1809-1810. LH 169, Libro Manual de Jujuy, 1810. LH 485, Libro de Alcabala de Jujuy, 1810.
Carpeta de Gobierno de 1810, Cuaderno de la Tesorería menor de Jujuy.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
52
AHS, LH 169 y LH 485, op. cit.
53
AHS, LH 485, op. cit.
54
AHS, LH 485, op. cit.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
55
AHS, LH 204, Libro de Sisa de Jujuy, 1806. LH 414, Libro de Sisa de Jujuy, 1809. LH 452, Libro de
Sisa de Jujuy, 1810.
56
Nicolás Sánchez Albornoz, “La extracción de mulas de Jujuy al Perú. Fuentes, volumen y negociantes”,
en: Estudios de Historia Social, 1, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos
Aires, 1965. Para los años 1774 y 1784, que considera excepcionales, salieron de Jujuy alrededor de
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
7.500 mulas, mientras que desde Salta, en esos mismo años, salieron 26.000 y 28.000 mulas; en 1771,
desde Jujuy salieron 3.400 y desde Salta 39.000 (páginas 108 y 109).
57
Nicolás Sánchez Albornoz, op. cit.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
conectaban a Jujuy con los circuitos mercantiles coloniales. De ellas vivía la población
local, junto al comercio de intermediación de diversos artículos de distintas
procedencias.
58
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812. Acta de elecciones de 1º de octubre de 1805 para
1806.
59
AHPJ SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 87. Acta capitular del 2 de mayo de 1806.
60
AHPJ SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 8v. Acta capitular de 21 de febrero de 1801.
61
AHPJ SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 128v-129v. Acta capitular del 17 de
diciembre de 1807.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
ejercido por don Tomás de Martiarena, quien a su vez ocupaba los puestos de
subdelegado de la Real Hacienda y Comandante de las armas de ella62.
La ciudad de San Salvador de Jujuy se destacaba por su activo comercio de
intermediación de efectos y de provisión a los viajeros en tránsito, demostrado por las
tiendas, almacenes y pulperías existentes. Se distinguía por el nutrido movimiento
mercantil que se vivía en su seno y que concentraba la mayoría de las actividades
comerciales de la jurisdicción. Allí se encontraban las grandes casas comerciales
locales, que se dedicaban a la importación y exportación de artículos variados, así como
los almacenes; ambos establecimientos surtían de variados productos a las pulperías de
la ciudad y de los pueblos de la campaña.
Tiendas, almacenes y pulperías se articulaban para manejar el comercio local y
regional, vincularse en los distintos circuitos mercantiles y poner en circulación todos
los bienes disponibles en el mercado. Los tres tipos de establecimientos comerciales se
diferenciaban entre sí por el tipo de artículos que vendían y por el capital en giro que
disponían, el cual se reflejaba en los impuestos que pagaban.
La ciudad fue creciendo en población y con ella las actividades mercantiles, las
que se fueron incrementando al ritmo que se multiplicaban y diversificaban los
establecimientos dedicados al ramo del comercio y se jerarquizaba la actividad
mercantil. En la ciudad de Jujuy, a fines del siglo XVII y principios del siglo XVIII,
sólo había dos pulperos que pagaban la patente correspondiente63; sin embargo, para
fines del siglo XVIII ya había registradas 39 pulperías que pagaban la patente en la
ciudad64.
La tienda gozaba de la máxima jerarquía impositiva, pues era la empresa
mercantil que manejaba los mayores capitales. Era el establecimiento o casa comercial,
donde confluían varias actividades, mercantiles y financieras, aunque su característica
era la venta al mayoreo de artículos europeos –durante la Colonia llamados “efectos de
Castilla” y luego “efectos de ultramar”-. Sus propietarios constituían el sector de los
grandes comerciantes, aquellos que tenían la tienda en la ciudad y sus créditos en las
62
AHPJ, SRR, Caja XXXIII, Legajo 1, folios 50 a 53, abril 26 de 1800.
63
Daniel Santamaría, “Mercaderes, tenderos y prestamistas. La mercantilización de la economía jujeña
(1690-1730)”, en Anuario IEHS 14, Tandil, Universidad Nacional del Centro, 1999, páginas 464 a 469.
64
AHS, Caja 7 Fondo de Gobierno 1785-1786: “Expte. qe. manifiesta las pulperías en las ciudades de la
Intendencia”, en Jujuy había 29 pulperías “reales” y 10 del “Cabildo”. Para esa misma época en Tucumán
había 26 pulperías “reales” y 10 del “Cabildo” y en Salta había 32 pulperías “reales” y 20 del “Cabildo”.
Agradecemos a Mónica Ulloa por permitirnos el acceso a esta documentación.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
casas comerciales del puerto de Buenos Aires y proveían de mercaderías a los pequeños
comerciantes y pulperos urbanos y rurales.
Si bien la especialidad de la tienda era el expendio al mayoreo de las
manufacturas y bienes de origen europeo, los comerciantes con tienda no se limitaban a
este rubro, sino que también importaban productos regionales o de otras zonas de
América (como yerba mate del Paraguay, los tocuyos de Cochabamba, bayeta de La
Paz, añil de Guatemala o cacao de Guyaquil), exportaban cueros y pieles al puerto de
Buenos Aires, realizaban contratos eventuales con otros comerciantes para
transacciones específicas, efectuaban préstamos de dinero y entraban en los circuitos
ganaderos exportando mulares y vacunos.
La tienda, como casa comercial era una empresa familiar, en la cual se
concentraban actividades diversas y, como tal, no es extraño encontrar asociaciones
entre padre e hijos o entre hermanos65; también observamos la propiedad de diversos
establecimientos en manos de una persona o grupo familiar, que podían poseer, además
de la tienda, una o varias pulperías (a veces en distinta ubicación).
Como empresa importadora, la tienda adquiría artículos europeos en el puerto de
Buenos Aires, a través de sus comisionistas. Esos mismos artículos llegaban a Jujuy en
carretas y se vendían a las pulperías de la zona y también se enviaban para su venta a los
centros mineros y urbanos del Alto y Bajo Perú. Allí, los comerciantes de Jujuy
adquirían productos locales o llegados de otras latitudes, como la coca, el añil, los
tocuyos, el cacao, etc., que nuevamente vendían a los establecimientos locales o
enviaban para su venta a Tucumán, Córdoba y Buenos Aires.
Como empresa exportadora, la tienda acopiaba cueros vacunos y pieles de
chinchilla y de vicuña, para cuyos fines tenían sus propias barracas. Accedían a los
cueros a través de contratos con los curtidores y carniceros encargados del abasto de la
ciudad. Las pieles las obtenían de sus negocios con las pulperías de la campaña, en
especial de las zonas altas, donde los vicuñeros y chinchilleros entregaban las pieles
producto de sus cazas a cambio de comestibles y artículos diversos. Una vez acopiados,
65
Como ejemplo de empresa mercantil familiar, véase: Viviana Conti, “Una empresa mercantil familiar
en el espacio surandino. Tezanos Pinto y Cía. 1794-1854”, en: Susana Bandieri, Graciela Blanco y
Mónica Blanco (compiladoras), Las escalas de la historia comparada, Tomo 2: Empresas y empresarios.
La cuestión regional, Buenos Aires, Miño y Dávila, 2008, páginas 29 a 55. También véase: Viviana Conti
y Mirta Gutiérrez, “Empresarios de los Andes de la colonia a la independencia. Dos estudios de casos de
Jujuy”, en: América Latina en la Historia Económica, número 32, México, Instituto Mora, 2009, páginas
137 a 163.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
los cueros, las pieles y la lana de vicuña eran enviadas al puerto de Buenos Aires, desde
donde los comisionistas se encargaban de exportarlos a Europa.
Como empresa financiera, la tienda efectuaba préstamos de dinero a particulares,
cobrando los respectivos intereses, otorgaba créditos a otros comerciantes y actuaba
como representante o apoderado de otras casas comerciales del Alto Perú, del Interior
rioplatense o de Buenos Aires. En suma, cumplía todos los roles de una empresa
mercantil.
En los últimos años de la colonia los propietarios de las tiendas más importantes
de la ciudad de Jujuy eran don Andrés Ramos, don Manuel Lanfranco, don Joseph
Patricio de Sagardia, don Manuel de Tezanos Pinto, don Pedro de la Torre y Varela, don
Domingo de Santibáñez y don Juan Manuel Sánchez de Bustamante. Casi todos eran
comerciantes nacidos en España y que habían arribado a América en las dos últimas
décadas del siglo XVIII, radicándose en Jujuy, donde la mayoría había formado sus
familias mediante matrimonios con mujeres de la sociedad local; la excepción era Juan
Manuel Sánchez de Bustamante, nacido en Jujuy, hijo de Don Domingo Manuel Sánchez
de Bustamante (español vecino de Jujuy desde 1770).
La segunda jerarquía estaba ocupada por los almacenes: “almacén de caldos”,
destinado al expendio, al mayoreo, de vinos y aguardientes de uva, llegados desde San
Juan, La Rioja y Catamarca, el “almacén de azúcar”, que distribuía el producto de las
haciendas azucareras de los valles bajos (azúcares, tabletas, miel de caña, aguardiente
de caña) a las pulperías. Existían otros almacenes cuya importancia era relativamente
inferior en los circuitos mercantiles, como almacenes distribuidores de madera o de
ferretería.
Finalmente, las pulperías, vendían al público minorista toda clase de productos,
desde bebidas y alimentos, tabaco, jabón, velas y yerba mate, hasta ropa y herramientas.
Una de las características de la pulpería era el expendio de bebidas alcohólicas para el
consumo en el lugar, lo que las convertía, no sólo en un establecimiento mercantil, sino
fundamentalmente en un espacio de socialización, donde se reunían los clientes para
beber y conversar66.
66
Emma Raspi, “Sobre tenderos y pulperos: minoristas urbanos de Salta y Jujuy (siglo XIX)”, en:
Cuadernos Nº 21, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad nacional de Jujuy, 2003,
páginas 23 a 39.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Si bien la clientela que concurría a las pulperías formaba parte de los sectores
populares – razón por la cual su asistencia era mal vista a los ojos de las elites, quienes
consideraban que aquellos que bebían en una pulpería eran de “reputación dudosa”- sus
propietarios no siempre pertenecían a los sectores humildes. Algunos propietarios de
tiendas o almacenes tenían, además, su propia pulpería (a veces más de una), que eran
atendidas por dependientes o por los hijos, como toda empresa familiar.
Como lugares de sociabilidad popular, las pulperías fueron identificadas por las
autoridades como espacios de dudosa reputación proclives a las actividades ilícitas y
prohibieron la entrada de los “hijos de buenas familias”; las peor consideradas eran las
ubicadas en los suburbios de la ciudad, frecuentadas por “vagos y mal entretenidos”. La
práctica de beber en público fue considerada típica de los sectores populares y
estrechamente vinculada al ocio, en el cual la borrachera formaba parte del intercambio
social y comercial. Para reprimir la violencia y los comportamientos derivados de las
borracheras, se prohibía a las pulperías la atención al público durante las ceremonias
religiosas y en fiestas de guardar67.
Los pulperos gozaban de cierto prestigio entre los sectores populares, ya que
podía vender “al fiado”, artículos básicos de consumo y otorgar pequeños préstamos.
Estas operaciones, consideradas el último eslabón de las formas de crédito mercantil,
eran por montos reducidos y efectuadas con total informalidad68.
El manejo del crédito popular en manos de los pulperos y, pon ende su acceso al
dinero, fue reconocido por las autoridades coloniales, quienes en 1808, al solicitar la
contribución económica de los sectores adinerados de Jujuy para contribuir a la defensa
del Reino de España, que había caído en poder de las tropas de Napoleón, el cabildo de
Jujuy, después de establecer los montos de dinero con que debían contribuir los señores
principales de la ciudad -letrados, hacendados y grandes comerciantes69-, decidió
extender el tributo hacia los pulperos de la ciudad70.
En el año 1810, en Jujuy había 37 pulperías, que manejaban distintos capitales y,
por tanto, pagaban diferentes montos impositivos. Las pulperías más importantes, las
67
Emma Raspi, op. cit. Véase, en el apartado siguiente, los controles y represiones al expendio de bebidas
alcohólicas durante las fiestas de guardar.
68
Emma Raspi, op. cit.
69
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 159-160v. Acta Capitular del 23 de
septiembre de 1808.
70
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 162-162v. Acta Capitular del 24 de
septiembre de 1808.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
que pagaban los impuestos más altos, pertenecían a Alberto Puch, Juan Antonio
Rodrigo, María Gandulla, Domingo Carenzo, Juan Machuca, Santiago López, Juan
Gómez Cué, Felipe Avendaño, Joaquín Velásquez, Domingo Pérez, Ramón Sáenz,
Pedro Cuestas, Martín Roxas y Bartola Anteparra71.
Más allá de los establecimientos “estables”, era frecuente la apertura de un
almacén o pulpería por un tiempo determinado (generalmente un cuatrimestre72), a los
efectos de vender un producto ocasional.
Además de los establecimientos mencionados, había toda suerte de vendedores
ambulantes y eventuales, que expendían pan, leña, alimentos elaborados, verduras, etc.
Tanto en las calles principales como en la plaza o la recova del cabildo, pululaban
vendedores ambulantes que dotaban a la ciudad de una dinámica fisonomía. Entre los
numerosos leñeros, placeras, empanaderas y chicheras, se destacaban los proveedores
del agua, juntos conformaron el grupo de mayor marginalidad de los trabajadores
urbanos.
Los aguateros ocupaban las calles ofreciendo su mercancía al son del pregón, en
carretillas que les servían de instrumentos de transporte y mostrador indistintamente. A
pesar de la facilidad de su provisión, la venta implicaba frecuentar las fuentes públicas,
espacios considerados “poco decentes” para quienes gozaban de cierto status social73.
71
AHS, LH 344, Libro Auxiliar del Ramo de Alcabalas para el año 1811 de la Real caja menor de Jujuy,
“Alcabalas de reventa del año 1810”.
72
Los pagos de las patentes de pulperías se realizaban en forma cuatrimestral.
73
Viviana Conti, con la colaboración de Emma Raspi, “De la guerras de la independencia a la
organización del Estado. 1810, 1852”, en: Ana Teruel y Marcelo Lagos (directores), Jujuy en la Historia.
De la colonia al siglo XX, op. cit., páginas 87 a 137.
74
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 87-89. Actas de los días 23 de junio y 4 de
julio de 1806. De acuerdo a la Leyes de Indias, Libro 5, Título 17 y Libro 4, le correspondía al cabildo
velar por el abasto de la ciudad, en especial referencia a precios y medidas. Véase el siguiente apartado en
este libro.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
expedían, lo que no parece haber sido acatado, pues desde mediados del siglo XVIII
existe una reglamentación muy exhaustiva y reiterativa al respecto75.
Todo aquello que representaba abastecimiento de la ciudad era reglado y
regulado por el cabildo, en especial la provisión de pan y de carne, elementos
considerados esenciales para la alimentación de la población.
Las disposiciones adoptadas por el cabildo para paliar los efectos de la sequía
que asolaba a toda la zona andina, fueron acompañadas de procesiones rogativas por la
75
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 77, Acta del 23 de marzo de 1751.
Prohibía expresamente la venta de productos alimenticios en las calles y esquinas de la ciudad. Repetido
en los años sucesivos. Véase el siguiente apartado en este libro.
76
La sequía afectó considerablemente a amplias zonas del Alto Perú, haciéndose sentir con dureza en la
Villa de Potosí hasta 1805. Las sequías provocaron hambrunas y se consumieron todos los excedentes de
alimentos, cosechas y ganados. Véase Enrique Tándeter, Vilma Milletich y Roberto Schmit, “Flujos
mercantiles en el Potosí colonial tardío”, en: Jorge Silva Riquer, Juan Carlos Grosso y Carmen Yuste,
Circuitos mercantiles y mercados en Latinoamérica. Siglos XVIII-XIX, México, Instituto de
Investigaciones Dr. José María Luis Mora – Instituto de Investigaciones Históricas UNAM, 1995, páginas
15 a 17.
77
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 2. Acta de 23 de octubre de 1800.
78
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 30-31. Acta del 27 de abril de 1802.
79
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 53v. Acta del 14 de abril de 1804. Reiterada
en el acta de 4 de enero de 1806, Ibíd., folio 76.
80
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 56. Acta del 9 de junio de 1804.
81
La Disposición capitular establecía que el ganado sólo podría ser alimentado con cebada y alfalfa y
excepcionalmente con trigo y maíz, cuando estos cereales se encontraran en mal estado y bajo la
supervisión de un veedor del cabildo con la licencia adecuada. AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de
1800-1812, folio 87. Acta del 23 de junio de 1806.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
escasez de lluvias82 y solicitudes del mismo cuerpo capitular para que los sacerdotes de
la iglesia matriz
Sólo las panaderías autorizadas podían elaborar el pan de trigo, cuyo peso y
precio, también estaba reglado por la autoridad comunal, acorde al calendario agrícola.
Los panaderos empleaban a esclavos y libertos, quienes trabajaban en la elaboración
del pan según las antiguas pautas gremiales y bajo estricto control del cabildo.
Según la tradición colonial, el cabildo arbitraba las medidas necesarias para el
abasto de la carne al matadero de la ciudad, donde los carniceros debían proveerse de
la carne que expedían al público, en los lugares determinados de antemano y a los
precios reglados por el municipio. Este, a través del “Regidor Fiel Ejecutor”,
supervisaba los precios y el peso y medidas con que se vendía la carne al público, a los
efectos de proteger la alimentación de las familias más humildes84.
82
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 39-40. Acta del 31 de enero de 1803.
83
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 75. Acta del 4 de enero de 1806.
84
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 87-88. Acta del 23 de junio de 1806.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
La legislación española estipulaba que para ser admitido dentro del gremio de
artesanos, una persona debía haber completado sus conocimientos trabajando por un
lapso de tiempo como aprendiz y haber presentado la “pieza examen” o “pieza
maestra”, que lo habilitaba como calificado y haber pagado cierta cantidad de dinero
para obtener el título de maestro. De no cumplir con esas formalidades, y aunque
tuviera los conocimientos necesarios, sólo podía trabajar como oficial a las órdenes de
un maestro matriculado86.
Los oficiales eran personas capacitadas, que habían realizado las tareas de
aprendizaje pero no alcanzaron el grado de maestro. Su trabajo era remunerado, ya que
se trataba de mano de obra calificada y trabajaba en el taller por contrato, que podía
durar meses o años. El buen desempeño les garantizaba nuevos contratos con ese
maestro o su recomendación para trabajar con otros maestros.
85
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 147v. Acta del 23 de abril de 1808.
86
Emma Raspi, “El mundo artesanal de dos ciudades del norte argentino” Anuario de Estudios
Americanos, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, LVIII-1, 2001, página 171.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
87
Ibíd., páginas 174 y 175.
88
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, Buenos Aires, Coni, 1944, Tomo IV, páginas 123 y 124.
89
Sobre las características de cada rubro véase: Emma Taspi, “El mundo artesanal…”, op. cit, páginas
163 a 168.
90
El oficio de lomillero, era muy requerido y tenía sus especialidades, pues eran los encargados de
confeccionar las caronas y recados diversos para las monturas, riendas, lazos, etc.
91
Emma Raspi, op. cit., páginas 163 a 165.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
92
Ibíd.
93
Edmundo Temple, Córdoba, Tucumán, Salta y Jujuy en 1826, op. cit., página 203. El autor hace
referencia a que estos datos son anteriores a 1810.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
94
Francisco Host, “Descripción de la Provincia de Salta”, en: Boletín Oficial de la Exposición Nacional
de Córdoba en 1871, volumen 6, serie Memorias 4, Buenos Aires, Imprenta, Litografía y Fundición de
Tipos a Vapor, 1873, página 196. Aunque esta fuente data de décadas posteriores al período que aquí
estamos relatando, las formas y prácticas no cambiaron en esos años, por lo que nos pareció valioso
incorporar esa descripción.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Las mujeres, además de realizar las tareas domésticas, colaboraban con las
labores agrícolas y se dedicaban al hilado y el tejido. En los valles la tejeduría estaba en
manos femeninas y su producto se destinaba sólo para el consumo familiar. Se trataba
de textiles burdos, que se elaboraban en unidades de producción de tipo doméstico y,
cuando había excedentes, se lanzaban al mercado regional.
En los valles subtropicales, ubicados al oriente, en la frontera con los indígenas
chaqueños, las haciendas contaban con ganado vacuno y caballar. Además de las
haciendas, existían pequeñas plantaciones95, con sembradíos de trigo, maíz, arroz,
habas, garbanzos, porotos, lentejas, arvejas y variados tipos de fruta y caña de azúcar.
Las haciendas azucareras utilizaban mano de obra indígena, sobre todo en las
tareas de cosecha de la caña.
“Los [indígenas] de tierra adentro son los que viven de la
Piedra Grande adelante. Este lugar está a cuarenta leguas de
Orán, es el punto más distante a que llegan las poblaciones o
estancias del Chaco en la banda occidental [...] Es de esa línea
adelante, de donde las haciendas inmediatas a Salta y Jujuy,
sacan sus peones para las cosechas de sus azúcares [...] El
número de indios que salen anualmente para dichas haciendas
pasa de mil.”96
Las haciendas de Ledesma, San Pedro y San Lorenzo, junto con las pequeñas
plantaciones, producían alrededor de 8.000 arrobas97 anuales de azúcar, que se
consumía mayormente en la jurisdicción de Jujuy (ciudad y campaña), los años de
buena cosecha se exportaban los excedentes. Para la fabricación de azúcar se usaban
trapiches movidos por bueyes; el azúcar se elaboraba en panes o pilones de forma
cónica, cuyo peso era de 2 a 2 ½ arrobas cada uno. Se obtenían dos tipos de azúcar,
blanco y moreno98.
95
José Arenales, Noticias Históricas y Descriptivas sobre el gran país del Chaco y Río Bermejo; con
observaciones relativas a un Plan de Navegación y Colonización que se propone, Buenos Aires, Imprenta
Hallet y Cia., 1833, páginas 44 y 45.
96
Benjamín Villafañe, Orán y Bolivia a la marjen del Bermejo, Salta, Imprenta del Comercio, 1857,
páginas 36 y 37.
97
La arroba era la unidad de peso; 1 arroba equivale a 11,485 kilogramos. Tabla de Equivalencias de las
Pesas y Medidas del Sistema Métrico – Decimal con los Antiguos y Vice – versa. Jujuy, Publicación
Oficial, Imprenta Petruzzelli, 1889
98
José Arenales, op. cit., página 45.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
99
José Arenales, [Link]., página 41.
100
José de Arenales, op. cit., página 45.
101
La chicha de maíz, era una bebida fermentada, muy apreciada en la población. Su elaboración y
expendio estaba a cargo de las “chicheras”.
102
José de Arenales, op. cit., página 41.
103
José B. Bárcena, “Industria lanar en Jujuy”, op. cit., página 239.
104
El precio de invernada variaba según la estación y la abundancia de pastos.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
105
Ana Teruel y Raquel Gil Montero, “Trabajo familiar y producción de textiles en las tierras altas de la
provincia de Jujuy. Mediados del siglo XIX”, en: Revista Andina año 14, N° 1 Cuzco, Centro Bartolomé
de Las Casas, 1996.
106
Ambos elementos tintóreos no se producían en la zona y debía importarse de regiones extra-
jurisdiccionales
107
Un peso de plata equivalía a ocho reales: 1$ = 8 reales.
108
José B. Bárcena, op. cit., páginas 242-243.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
109
José Arenales, op. cit., página 51
110
José B. Bárcena, op. cit., página 248.
111
José B. Bárcena, op. cit., página 242.
112
Alejandro Benedetti y Viviana Conti, “Explotación de los recursos naturales andinos: comercio y
circuito de las pieles de chinchilla durante el siglo XIX y primeras décadas del XX”, en Si Somos
Americanos, Vol IX, Nº 2, Iquique, Universidad Arturo Prat, 2010.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
113
Pedro Vicente Cañete y Domínguez, op. cit., página 240.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
debían aprender de los peones, que generalmente comenzaba en la niñez. Era una
costumbre generalizada llevar niños en los viajes de conducción y arreo, a los efectos de
entrenarlos en el aprendizaje de cada tarea, desde el cuidado de los animales hasta la
búsqueda de parajes adecuados, el encendido del fuego, la preparación de la comida,
etc.
A su vez, la “peonada” tenía sus propias especializaciones y jerarquías en las
distintas tareas de conducción, vigilancia de la tropa de animales, provisión de comida
para hombres y animales, conducción de la caballada de recambio, conducción de los
burros o mulas con equipaje, alimentos, agua y alfalfa, entre otras.
Los baqueanos (generalmente indígenas de la zona), poseían conocimiento de
caminos, refugios, aguadas, ciénagas y pastizales, así como “malos pasos” y “malas
hierbas” que podían perjudicar a los animales. También eran responsables de establecer
la “jornada” entre dos estadías en las cuales hombres y bestias pudieran pasar la noche a
resguardo de nevadas, viento blanco o sequías.
La arriería era la principal actividad de los hombres de la zona que, desde el
siglo XVII, involucraba a diferentes sectores sociales, desde las elites mercantiles hasta
los sectores populares, campesinos e indígenas, a través de contratos de flete. Fue una
actividad destacada en la región por más de dos siglos, dadas las características
geográficas y la base histórico-cultural, que la remontan a una labor fundamental en las
comunicaciones desde tiempos prehispánicos, lo que explica el peso de la participación
indígena en ella. La razón de la importancia local de la arriería está en la localización de
Jujuy, donde todas las mercancías debían acomodarse en mulas o burros antes de trepar
al Altiplano114.
Era una “profesión especializada”, pues requería de conocimientos y
adiestramientos especiales e involucraba a diferentes sectores sociales, desde los
mercaderes que enviaban sus mercancías, hasta campesinos e indígenas dueños de las
arrias.
La profesión de la arriería contaba con distintas jerarquías y especializaciones: el
arriero era el dueño del arría, los animales de carga (mulas y burros) sobre los que se
llevaban las mercancías; por tanto era dueño de un capital considerable, el que a su vez
114
Viviana Conti y Gabriela Sica, “Arrieros andinos de la colonia a la independencia. El negocio de la
arriería en Jujuy”, en: Antonio Escobar O., Sara Ortelli y Victor Gayol (editores), Participación de
indígenas y campesinos en mercados coloniales iberoamericanos, siglos XVII-XIX, México, UAM-El
Colegio de Michoacán, en prensa.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
era la “garantía” o “seguro” de los artículos que transportaba, de los cuales era
responsable hasta depositarlos en el lugar pactado o convenido con el propietario.
Durante la travesía, el arriero estaba auxiliado por otras personas que
desempeñaban diferentes categorías y funciones en el manejo de la recua y de la carga:
el ayudante (encargado del cuidado de las cargas), el tenedor (encargado de mantener a
los animales dispuestos con el portillero) y el madrinero (conducía a la madrina que
guiaba la recua y vigilaba al resto de los animales).
El arriero trabajaba para un comerciante o persona o institución, propietaria de
los productos que debía transportar. A los efectos del flete o transporte, ambos –arriero
y propietario de artículos- firmaban un contrato de flete, por medio del cual el arriero se
responsabilizaba de la entrega en tiempo y forma de la carga que se le asignaba en el
destino estipulado, sus mulas eran el “seguro” que cubría los daños que pudiese
ocurrirle a las mercancías115.
Cuando el transporte de las mercancías excedía la cantidad de mulas de un
arriero, solían asociarse dos o más de manera temporal y a los efectos de realizar el flete
estipulado en el contrato.
Tradicionalmente, los arrieros más importantes fueron indígenas –caciques o
familiares- poseedores de gran cantidad de animales y tierras con pasturas para su
mantenimiento. Pero a lo largo del siglo XVIII otros grupos étnicos, mestizos y
mulatos, entraron en competencia por el negocio de la conducción. El cabildo intentó
organizar el gremio de los arrieros en diferentes oportunidades y finalmente, en 1815
elaboró un Reglamento que abarcaba a la arriería de la ciudad de Jujuy y su
jurisdicción 116
.
115
Para más información acerca de la arriería en Jujuy, véase Viviana Conti y Gabriela Sica, op. cit.
116
AHPJ, SRR, Caja XLIV, Reglamento de la Arriería, Dado por Mariano de Gordaliza, encargado, en
San Salvador de Jujuy, septiembre 18 de 1815, 5 folios.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
117
François-Xavier Guerra, Annick Lempériere et al., Los espacios públicos en Iberoamérica.
Ambigüedades y problemas. Siglos XVIII-XIX, México, Fondo de Cultura Económica, 1998, página 13.
118
Ibíd.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
contra de las tradiciones locales y de los hábitos populares. El objetivo de toda sociedad
colonial era la tranquilidad pública y orden social.
La Real autoridad política y militar con asiento en Jujuy era el Teniente de
Gobernador , quien actuaba como delegado del Gobernador Intendente con sede en
Salta, la capital de la Intendencia. En 1810, el gobernador de la Intendencia de Salta era
Nicolás Severo de Isasmendi y el Teniente de Gobernador de Jujuy era Diego José de
Pueyrredón.
El cabildo, formado por hombres de la elite local, era la institución encargada de
ejercer el gobierno y la justicia, al interior de su jurisdicción.
Las ordenanzas, normas, preceptos, instrucciones o regulaciones emanadas de
las autoridades reales, virreinales, gubernativas o capitulares se publicaban por bandos
públicos en la plaza y en las calles más transitadas, además de ser leídas por el
pregonero a toque de caja y a son de bando “en la forma acostumbrada en la plaza y
esquina más publica en esta ciudad” ; el bando también se entregaba en la casa de las
personas que estuvieran involucradas en el mismo y se lo remitía a los caciques de los
pueblos y partidos de la campaña119.
El pueblo no era, como lo entendemos hoy, sólo la población que habitaba una
provincia o un lugar, el pueblo era un conjunto de corporaciones y estamentos en los
que se basaba la organización y el orden social, diferenciados étnica y socialmente120. El
ámbito de la vida pública eran los “espacio públicos”, que en Jujuy se resumían a la
Plaza, algunas calles concurridas y utilizadas para los paseos, las pulperías, tiendas y
zonas de encuentros del vecindario, lugares donde se establecían las relaciones
interpersonales.
El buen gobierno
119
AHPJ, SRR, Caja XXXVIII, Legajo 2, folio 17. Acta capitular de 17 de febrero de 1785.
120
François-Xavier Guerra, Annick Lempériere et al.,op. cit.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
importantes nos ilustran acerca de la vida cotidiana de las últimas décadas coloniales,
razón por la cual lo hemos seleccionado a fin de adentrarnos en los vericuetos de la vida
diaria en la ciudad y en el campo, en una sociedad con gran celo por las “buenas
costumbres” y alto grado de represión social para sus infractores.
Una de las preocupaciones constantes de las autoridades y vecinos era el
mantenimiento del orden, la disciplina y la buena conducta y moral entre los sectores
populares, identificados en esa época como el “bajo pueblo”. Los desordenes y
desenfrenos tenían lugar en los espacios de sociabilidad ubicados en los suburbios de la
ciudad, donde se asentaban las pulperías más pobres, tabernas, chicherías, rancheríos y
lugares extraviados en parajes poco accesibles, que eran frecuentados por negros,
mestizos, indígenas (y por qué no algún español gustoso de esas diversiones) quienes se
entregaban a sus bailes, borracheras y actividades promiscuas, las que solían terminar en
peleas y dejaban como saldo a hombres heridos y muertos. De allí la importancia que
los autos de buen gobierno dieran al control de esos espacios
“…que en las pulperías, oficios mecánicos o casas de sospecha
no se practique juego alguno, para evitar de este modo fatales
consecuencias […] que los negros no se junten en los
escandalosos bailes que acostumbran con su tambor, bajo la
pena de 50 azotes […] que ninguna persona cargue ni de día ni
de noche armas cortas como son cuchillos, puñales, dagas,
navajas de golpe y estoque, armas de fuego […] que ninguna
persona corra, ni galopee a caballo ni de día ni de noche” 121.
Jujuy era una jurisdicción relativamente pequeña, donde todas las personas se
conocían, o por lo menos se podía obtener conocimiento de ellas, lo que implicaba un
relativo control social, por lo cual un motivo invariable de desconfianza lo planteaban
los forasteros, tan comunes en Jujuy, que por ser una zona de tránsito en la ruta entre
Potosí y Buenos Aires, recibía diariamente viajeros, mercaderes y transeúntes
procedentes de los lugares más disímiles. De allí que el bando del buen gobierno hiciera
referencia tanto a los extraños como a las personas que los alojaban, en la necesidad de
tener un cierto control y conocimiento de quiénes entraban y salían de la jurisdicción
121
AHPJ, SRR, Caja IX, Legajo 2.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
122
Ibíd.
123
Ibíd.
124
Enrique Normando Cruz, La política social en el Antiguo Regimen, Purmamarka Ediciones, 2009,
página 60. Para mayor información sobre las características de la medicina y la política social en Jujuy
del siglo XVIII, véase Enrique Normando Cruz, op. cit.
125
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro capitular de 1800-1812, folio 87. Acta del 2 de mayo de 1806.
126
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro capitular de 1800-1812, folio 98. Acta del 22 de diciembre de 1806. En
1808 el cabildo lo designó como diputado de obras públicas y juez de policía, Ibíd., folio 147v. Acta del
23 de abril de 1808.
127
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro capitular de 1800-1812. Acta de lecciones de 1º de octubre de 1805 para
el ejercicio durante 1806.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
128
Daniel Santamaría, “Arte sacro y piedad doméstica. La religiosidad popular en Jujuy en el siglo
XVIII”, en Anuario del CEIC 1, Jujuy, Centro de Estudios Indígenas y Coloniales, 2000…”, página 132.
129
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 54v-65. Acta del 6 de abril de 1805.
130
Era el nombre que se le daba a la tisis o tuberculosis pulmonar.
131
AHPJ, SRR, Caja IX, Legajo 2.
132
El toque de queda entre las 10 de la noche y las 5 de la mañana se mantuvo durante las primeras
décadas republicanas, intensificándose con patrullajes nocturnos durante los años de las guerras de la
independencia, debido a la intensificación de los robos y actos de bandolerismo nocturnos.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
donde se encontraban hasta la hora del toque de queda, a partir de cuando la gente se
recogía en los espacios privados.
“…que los mercaderes, pulperos, sastres, zapateros, plateros y
demás oficios, pongan precisamente en las puertas de sus
oficinas faroles con luces hasta que toque la campana de la
queda a una hora los deberán cerrar todo bajo la multa de $4;
que desde que se toque la campana de la queda ninguna
persona ande en la calle sin farol o linterna con luz bajo las
penas que se administran según la calidad del sujeto de persona
y circunstancias que concurran” 133.
El bando también se refería a la limpieza de las calles y acequias, así como a los
lugares autorizados para la venta de comestibles en la ciudad y pueblos, temas sobre los
que volveremos más adelante al analizar la vida en la ciudad.
“que todos los vecinos y forasteros que dentro del tercer día que
se publique este auto limpien o barran las calles que
corresponden a su pertenencia […] que todas las personas que
vendan carne, grasa y otros comestibles lo hagan en la plaza
pública y no en su casa, huecos o extramuros de la ciudad como
acostumbran” 134.
Era frecuente en toda Hispanoamérica que bajo el lema “viva el Rey y muera el
mal gobierno” se ejecutaran actos de desacato a las autoridades establecidas. Por esta
razón el bando precedente lleva el título de “buen gobierno” . Pero, ¿quiénes eran los
funcionarios que debían hacerlo cumplir? Como vimos, en Jujuy existían dos tipos de
funcionarios: los funcionarios reales y los funcionarios de cabildo.
Los funcionarios reales formaban parte de la burocracia administrativa de la
Corona española, por cuanto eran nombrados directamente por el Rey, el Virrey o,
excepcionalmente, por el Gobernador Intendente. En Jujuy, jurisdicción subordinada,
residían pocos funcionarios reales y casi todos de menor rango. Estaba el Teniente de
Gobernador y Justicia Mayor, quien cumplía las funciones asignadas por el gobernador
para la circunscripción, era el depositario de mayor poder político y militar; desde 1808
este cargo estuvo en manos del coronel Diego José de Pueyrredón, quien había ocupado
133
AHPJ, SRR, Caja IX, Legajo 2.
134
Ibíd.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
135
La compra de cargos públicos en subasta, era una costumbre muy arraigada en las monarquías
europeas occidentales durante los siglos XVII y XVIII; tal costumbre se transmitió hacia la burocracia
administrativa de las colonias. Véase Perry Anderson, El Estado Absolutista, México, Siglo XXI, 1985.
136
Dionila Baldiviezo, “El Cabildo de Jujuy, entre el Antiguo Régimen y la República”, ponencia
presentada en las XII Jornadas Interescuelas – Departamentos de Historia, Mesa “Hacia el Bicentenario:
lenguajes, tradiciones, conceptos políticos en el Río de La Plata durante la primera mitad del siglo XIX.”
Universidad Nacional del Comahue, octubre de 2009, CD.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
137
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 210-211v. Acta Capitular del 1 de enero de
1810.
138
Ibíd.
139
A fines del siglo XVII y durante gran parte del XVIII este funcionario recibía el nombre de
Mayordomo de la Ciudad y Rentas del Hospital.
140
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 210-211v. Acta Capitular del 1 de enero de
1810.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
141
Ibíd.
142
La designación fue realizada por el Virrey Sobremonte con fecha 12 de marzo de 1805. A fines de
1809, don Domingo Pérez había solicitado al Gobernador Intendente de Salta, Nicolás Severo de
Isasmendi, que lo exonerara de tal función debido a que el cargo le ocupaba demasiado tiempo y lo
distraía de sus negocios particulares, pero su solicitud fue denegada por el Gobernador.
143
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 210-211v. Acta Capitular del 1 de enero de
1810.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
144
Ibíd.
145
Archivo General de la Nación (AGN), Sala 9, Libro 4-6-8, folios 56 a 84. y AHPJ, SRR, Caja IV,
Libro Capitular de 1800-1812, folio 231v-232.
146
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 242-246. Cabildo abierto del 4 de
septiembre de 1810, para la elección del representante por Jujuy ante la Junta de Buenos Aires. Hasta
entonces, el cargo había sido ocupado por don Manuel de Mármol y Tapia.
147
En 1732 Juan del Portal fue nombrado Regidor Veinticuatro propietario (AHPJ, SRR, Caja XXVII,
Legajo 1, Libro Capitular de 1728-1744. Acta capitular del 7 de enero de 1732). Posteriormente, tenemos
información de este cargo en Jujuy sólo en 1786, en ocasión de ser adquirido por don Tomás Inda (AHPJ,
SRR, Caja XXVIII, Libro Capitular de 1769-1795, folio 314v. Acta del 25 de noviembre de 1786.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
los alcaldes, podía llevar armas incluso dentro del cabildo. Era un cargo de gran
jerarquía social, que se otorgaba siempre a uno de los vecinos principales. En Jujuy,
desde fines del siglo XVIII no hubo alférez propietario, por lo que el cargo era cubierto
por un alcalde o vecino de gran prestigio; para 1810 el cargo estaba ocupado por don
Juan Antonio Rodrigo y Aldea, nacido en España, quien durante las guerras de la
Independencia tomó partido por el bando realista. Después de la Revolución de 1810, el
cargo de Alférez Real se transformó en un cargo electivo con el título de Alférez Mayor
de la Patria y posteriormente se pasó a llamar Alférez Nacional.
El Alguacil Mayor estaba encargado de ejecutar las decisiones judiciales de los
alcaldes y del propio cabildo, mantener detenidos a los presos, ejercer la dirección de la
cárcel y salvaguardar el orden en la ciudad; tenían la potestad de designar alguaciles
menores y un alcalde de la cárcel. Se trataba de un cargo con gran jerarquía burocrática
con funciones similares a lo que hoy sería un fiscal de justicia y, por ende era el cargo
preferido de entre todos los regidores. En Jujuy, Lorenzo Ignacio de Goyechea lo
poseyó en propiedad desde 1775 hasta 1812.
El cargo de Alcalde Provincial de la Santa Hermandad fue creado por Real
Cédula de 1631, la cual ordenó la venta del oficio, asignándole participación en el
cabildo. Aunque originalmente reemplazaba a los alcaldes de hermandad que el
ayuntamiento designaba cada año, luego se dispuso que estos volvieran a ser elegidos.
Por tanto la función del Alcalde Provincial consistía en entender en los delitos de
hermandad que se cometían en parajes yermos y despoblados, para cuya tarea estaba
facultado a nombrar cuadrilleros encargados de la vigilancia y ejecución de esa justicia.
Finalmente, el cargo de escribano de cabildo también se obtenía en público
remate. Francisco Antonio Llanos ocupaba el puesto de escribano durante los últimos
años coloniales.
La burocracia administrativa borbónica148 era sumamente compleja, minuciosa
en sus engranajes y controladora del orden social. Algunas características de la
burocracia borbónica perduraron después de la Independencia americana y fueron
148
Cuando hablamos de la época borbónica nos referimos al reinado de la dinastía Borbón en España, que
comenzara a principios de siglo XVIII, reemplazando a la dinastía Habsburgo (llamados los austrias),
quienes gobernaron España durante los siglos XVI y XVII. Los reyes Borbón realizaron grandes
transformaciones en el aparato burocrático y administrativo de España y América. En la historia
americana son muy conocidas sus reformas en torno a los virreinatos, capitanías generales, intendencias,
establecimiento de nuevos consulados y audiencias, así como por la apertura de nuevos puertos, tanto en
América como en España, para el comercio entre la metrópoli y las colonias.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
149
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro capitular de 1800-1812, folios 151-151v. Acta del 15 de junio de 1808.
150
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro capitular de 1800-1812, folios 137-138. Acta del 6 de febrero de 1808.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
151
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro capitular de 1800-1812, folios 199-199v. Acta del 21 de octubre de 1809.
Las carretas no podían transitar por las calles principales que salían de la Plaza con rumbo al Este y al
Oeste.
152
El 23 de abril de 1808, el cabildo abrió un pliego enviado por el gobernador intendente, quién le
encarga que “…elija dos alcaldes de barrio, considerados bastante para la extensión del
pueblo…”.AHPJ, SRR, caja IV, página 148. Acta del 23 de abril de 1808.
153
AHPJ, SRR, caja IV, Libro capitular de 1800-1812, folios 148-149. Acta del 30 de abril de 1808.
154
La división de la ciudad en 2 cuarteles estuvo en vigencia hasta 1811, cuando el cabildo de Jujuy,
basándose en el artículo 21 de la circular de la Junta Suprema de la Junta de Buenos Aires del 10 de
febrero de 1811 que autorizaba a los cabildos del Interior a la división de las ciudades en cuarteles,
decidió dividir a la ciudad de San Salvador en 6 cuarteles. Véase más adelante.
155
AHJ, SRR, Caja XXVIII, Ordenanza que llega al cabildo de Jujuy el 8 de julio de 1795.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
156
Ibíd.
157
La Real cárcel funcionaba en el Cabildo.
158
AHJ, SRR, caja XXVIII, 8 de julio de 1795.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
159
Ibíd.
160
Ibíd.
161
Ibíd.
162
Ibíd.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
163
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro capitular de 1744-1768, folio 77v. Acta del 23 de marzo de 1751.
164
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 87-88. Acta del 23 de junio de 1806.
165
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 9. Acta del 22 de enero de 1745. El
cabildo remarcaba su preocupación por la inexistencia de abogados en la jurisdicción de Jujuy.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
juventud166. Una década después se creó una escuela de primeras letras a cargo del
cabildo y en 1796 la institución concedió autorización y licencia al pedido del maestro
Francisco Javier Granillo para abrir una escuela de primeras letras y gramática “…sin
sueldo a lo más que puedan sufragar los padres de los niños que concurriesen a su
estudio”167. Poco después, el cabildo firmó un acuerdo para la creación y
establecimiento de una escuela de primeras letras, que funcionaría en forma permanente
en la ciudad168. Entre 1800 y 1809 los maestros de escuela fueron Fernando de la
Cámara169, José María Brizuela170 y José Miguel Fernández171. La educación era
exclusivamente masculina; las niñas que aprendían a leer y escribir recibían instrucción
dentro de la familia.
La educación superior de los jóvenes, futuros dirigentes ilustrados, recaía en el
ámbito de la vida privada. Las familias con recursos económicos, siguiendo las
costumbres europeas de la Ilustración, comenzaron a invertir en el futuro de algún hijo
varón, generalmente el más dotado o el designado por el padre para tal efecto. Los
jóvenes jujeños con posibilidades económicas iban a estudiar Teología y Derecho en las
universidades de Córdoba y Charcas. En 1788, el cabildo daba cuenta de “…qe
actualmente se hallan estudiando con el mejor nombre en los colegios de córdova,
varios hijos del vecindario de Jujui” 172.
Los hijos de los comerciantes, después de recibir los rudimentos de gramática y
aritmética, generalmente eran enviados a centros comerciales importantes, como
Buenos Aires o Potosí, a cargo de algún familiar o comisionista amigo, quien debía
introducir al joven en los vericuetos del arte mercantil.
Otro ámbito de educación de niños y jóvenes eran los talleres artesanales, donde
se formaban en un oficio y, eventualmente, recibían alguna instrucción de
alfabetización. Esta faceta de la educación de artes y oficios la hemos tratado en páginas
anteriores, cuando analizamos la organización y el funcionamiento de los gremios
artesanales.
166
AHPJ, SRR, Caja XX, Libro de Actas Capitulares de 1744-1768, folio 73v. Acta del 23 de enero de
1751.
167
AHPJ, SRR, Caja X, L 2.
168
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 2v. Acta del 31 de octubre de 1800.
169
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 42v-43. Acta del 16 de abril de 1803.
170
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 54-55. Actas del 28 de abril y 19 de mayo
de 1804.
171
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 56-56v. Acta del 11 de agosto de 1804.
172
AHPJ, SRR, Caja VII, Legajillo 5.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
173
AHPJ, SRR, Caja XVIII, folios 337v-340. Acta capitular del 9 de marzo de 1791.
174
Ibíd.
175
Ibíd.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
176
Ibíd.
177
Ibíd.
178
Ibíd.
179
Ibíd.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Jujuy de fiesta
Fiestas litúrgicas
Jujuy contaba (y cuenta) con un copioso calendario religioso, que daba un orden
a la vida cotidiana y era motivo de celebraciones diversas. Las fiestas religiosas, con sus
manifestaciones y procesiones servían de adoctrinamientos de los indígenas y los
negros, para que se ilustraran acerca de los misterios de la religión Católica. El Primer
Concilio de Lima de 1552, había establecido “fiestas de guardar” exclusivas para
españoles y otras en las que participaban todos los sectores étnicos. Las fiestas de
guardar eran días destinados a alabar a Dios con rezos, oraciones y cánticos y dar
descanso al cuerpo, eludiendo el trabajo. Todos los domingos del año, la Circuncisión,
Reyes, Pascuas, la Ascensión de Cristo, Corpus Christi, la Natividad de la Virgen, la
Anunciación, la Purificación de la virgen, la Asunción de la Virgen y las fiestas de San
Pedro y San Pablo eran fiestas de guardar para toda la población, sin distinción étnica ni
social; fuera de ellas, la población española debía respetar un calendario religioso
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Contrarreforma del siglo XVI). Era la festividad religiosa más pomposa de la Colonia.
La ciudad de Jujuy se adornaba con los mejores lujos, actividad en la que colaboraba
cada vecino, aseando sus aceras, iluminando la casa y poniendo adornos de plata,
tapices y telas en los balcones y portales. La calidad de estos adornos era la expresión
del status económico y social de la familia.
La procesión, con marcadas influencias de la celebración sevillana, como en el
resto de Hispanoamérica185, se realizaba por estamentos sociales o corporaciones,
encabezadas por las autoridades religiosas que portaban el palio del Altísimo, seguidas
por las cofradías con sus estandartes e imágenes de devoción popular y cerrando el
cortejo iban las autoridades civiles y miembros del cabildo y el Alférez Real portando el
Real estandarte. La peregrinación que llevaba el cuerpo de Cristo bajo un palio partía de
las iglesias, iba por las calles principales de la ciudad y se concentraba en la Plaza
Mayor, donde se levantaban cuatro altares erigidos por los gremios de artesanos y
adornados por los habitantes de la ciudad, según disposiciones estrictas del cabildo
relacionadas con las posibilidades económicas y materiales de cada familia
“Cada vecino debe contribuir con la asistencia de su persona y
el adorno que le señale el Alcalde de Primer Voto” 186.
Los adornos principales consistían en la confección de arcos, hechos con ramas
entrelazadas con flores y cintas, tampoco se escatimaban los gastos en cera, velas, cirios
y adornos florales.
Finalizadas la celebración del Corpus con salvas de artillería, se daba inicio a las
fiestas populares, regocijos, luminarias y bailes.
Para conmemorar la Navidad, al igual que en las fiestas religiosas más
importantes, como el Corpus y la Semana Santa, se mandaba limpiar la ciudad y “…por
estar próximas las Santas pascuas del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo” y se
suspendía la atención de las causas civiles187.
185
Véase Juan Carlos Garavaglia, Construir el estado, inventar la nación. El Río de La Plata, siglos
XVIII-XIX, Buenos Aires, Prometeo, 2007, páginas 26 y subsiguientes. Raúl Fradkin y Juan Carlos
Garavaglia, la Argentina colonial. El Río de La Plata entre los siglos XVI y XIX, Buenos Aires, Siglo
XXI, 2009, página 161. Rosa María Acosta de Arias Schreiber, op. cit., página 61.
186
AHPJ, SRR, Caja XXX, folio 12v. Acta de 14 de junio de 1745.
187
Véase actas capitulares de los días previos a la navidad. AHPJ, SRR, Caja XXX, folio 47v. Acta del
24 de diciembre de 1748. la suspensión de las causas civiles (sólo se atendían las causas criminales)
acontecía sólo en las celebraciones religiosas más relevantes, como Corpus, Semana Santa y la Natividad.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Otras celebraciones litúrgicas con gran arraigo popular eran las realizadas en
honor a la Virgen, decretadas como fiestas de guardar, las que solían durar ocho o nueve
días durante los cuales se rezaba el octavario y novenario. Comenzaban en la Iglesia
Matriz, para luego salir en procesiones por las calles, previamente adornadas con arcos
de ramadas y flores. En Jujuy las más populares fueron la fiesta en honor a la Virgen del
Rosario188 y la María Santísima en su advocación a la Virgen de las Nieves.
Fiestas patronales
188
Un estudio sobre esta fiesta ha sido realizado por Enrique Normando Cruz, op. cit., páginas 90-91.
189
AHPJ, SRR, Caja XXX, folio 66. Acta capitular del 4 de junio de 1750.
190
El 2 de agosto se homenajeaba a San Esteban, fiesta de guardar para españoles y el 8 de agosto se
conmemoraba la Natividad de la Virgen, que era una fiesta de guardar para españoles e indígenas; por
tanto la festividades patronales de San Salvador (la Transfiguración) quedaban recortadas a los días
intermedios, aunque en la práctica casi se empalmaban con las de San Roque, que tenía una gran
devoción popular en Jujuy.
191
AHPJ, SRR, Caja XXX, folio 56v. Acta capitular del 6 de julio de 1749.
192
Véase: Gabriel Di Meglio, “Patria”, en Noemí Goldman (editor a): Lenguaje y revolución. Conceptos
políticos clave en el Río de La Plata, 1780-1850, Buenos Aires, Editorial Prometeo, 2008, p. 116.
193
Todo lo que rodeaba al Real estandarte estaba imbuido de un fuerte simbolismo, así como el honor por
los actos relacionados con él. En 1805, el teniente tesorero apeló ante el gobernador intendente
reclamando el honor de la posesión de la borla del pendón Real, que hasta entonces correspondía al
síndico procurador de la ciudad. AHPJ, SRR, Caja IV, folios 69v-70. Acta del 14 de octubre de 1805, en
el que se lee públicamente el fallo del gobernador a favor del síndico.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
ceremonia corrieran por cuenta del Visitador de las Reales Cajas de la Provincia y del
Tesorero, mientras que el alcalde de segundo voto estaría a cargo del paseo194.
Dejemos que los protagonistas nos relaten los solemnes y emotivos momentos
para los cuales se preparaba la población durante todo el año:
“El Real estandarte fue exivido en la sala capitular sobre un
cojín puesto sobre una mesa cubierta, bajo un rosal y una
colcha por espaldas con un lienzo colgado y el suelo cubierto
con luces. El vecindario se reunió a toque de caja y clarín. A las
ocho de la mañana el Alcalde de primer voto llevó el
Estandarte, mientras los jueces sostenían las borlas. Los
oficiales reales a la izquierda mientras que a la derecha hiba el
procurador todos fueron a pie hasta la Iglesia Matriz. Al
concluír la misa y el sermón, el vicario recogió el Pendón el
cual bendijo. Concluida la ceremonia religiosa, depositose
sobre el cojín el Estandarte, con lo que concluyó la celebración,
sin pasear el Real estandarte por la ciudad” 195.
Durante los primeros años del siglo XIX, ante la falta de un alférez real en la
ciudad, el honor de pasear el Real estandarte, como representación presente del monarca
y reconocimiento de su vasallaje por los súbditos, cayó en el alcalde de primer voto
“…dijeron que respecto a aproximarse el día que por
inmemorial costumbre con arreglo a R LL debe enarbolarse el
Real Pendón y no habiendo Alférez Real propio que desempeñe
este importante objeto de unánime conformidad disputaron y
disputan para tal encargo el señor alcalde ordinario de 1er
voto, don José de Olivera, el cual lo acepta ofreciendo con todo
el juramento posible desempeñar el honor que este ilustre
cuerpo le hace y mandó que para la precisa concurrencia de
vecinos, estantes y habitantes en esta ciudad, se publique p r
Bando convocándolos para los días cinco y seis de próximo y
venidero agosto en que se deben celebrar las vísperas y misa
194
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 41. Acta Capitular del 1 de agosto de
1748.
195
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 67. Acta Capitular del 7 de agosto de
1750.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Las fiestas patronales de San Roque, vicepatrón de la ciudad y patrón del cabildo
jujeño, eran más austeras y daban lugar al los rezos de “…la novena de San Roque, por
ser Mayordomo del cabildo, de la Cofradía y Patrón Titular” 198. Las festividades
estaban organizadas por la cofradía de San Roque199. Durante el novenario los vecinos
tenían obligación de realizar el alumbrado y limpieza de las aceras “según estilo y
costumbre”. También se reglamentaba la cantidad de velas que debían arder en el altar
durante las celebraciones, para las cuales el cabildo estipulaba “…que la iluminación
196
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 67. Acta del 27 de julio de 1805.
197
AHPJ, SRR, Caja VI, Libro Capitular de 1810-1812, folios 235-235v. Acta del 28 de julio de 1810.
198
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 13v. Acta del 9 de agosto de 1745.
199
Enrique Normando Cruz, op. cit., páginas 80-81.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
del altar para las vísperas y misa no exceda de veinticinco luces” 200. Los miembros
capitulares se reservaban el primer y último día del novenario, cuyas misas y limosnas
corrían por su cuenta. La ermita, ubicada en las barrancas del río Xibi-Xibi, gozaba de
gran concurrencia popular.
En 1750, en circunstancias del fallecimiento del vecino don Miguel Antonio de
Olaso, quien había dejado en su testamento la cantidad de 1.000 pesos “…para
beneficencia de la iglesia del glorioso San Roque” 201, el cabildo acordó la construcción
de una iglesia, en otra ubicación, debido a que
“La actual iglesia no puede subsistir por lo mal que se
hallan sus paredes y por el peligro que representa al estar
tan cerca del río Chico, se manda que la actual se
construya en la cuadra que tiene el G ral. Joseph Antonio
de Goyechea, [la nueva construcción quedaría] al remate
de la ciudad y la calle real de por medio y a
inmediaciones de la Plaza Mayor.” 202
Se tomaron todas las disposiciones concernientes a la construcción de la nueva
iglesia de San Roque, el dinero se giró de Potosí a Buenos Aires, donde fue depositado
para obtener intereses y el pueblo colaboraría con los donativos posibles. La iglesia
tendría de 6 a 8 varas203 de largo y sus paredes serían de adobe crudo recubierto de
piedras y barro. Se buscaron seis hacheros que talaran los cedros para la construcción
del techo y se pidió la colaboración de peones.
Al año siguiente, a los fines de obtener mayores donativos particulares, se
promulgó una “Bula de Indulgencia sobre la iglesia de San Roque” 204. No obstante
todas las providencias tomadas, sabemos que la construcción de una iglesia llevaba
mucho tiempo y dinero. Por la descripción hecha en el documento de cabildo, el nuevo
emplazamiento sería en el lugar donde se encuentra en la actualidad la Iglesia del
hospital San Roque –por aquel entonces se ubicaría a los fondos del convento de La
Merced- pero, hasta 1808, época para la que poseemos un plano de la ciudad dibujado
200
AHPJ, SRR, Caja XXXIII, Legajo 1, folio 47. Acta Capitular del 22 de mayo de 1799.
201
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 68. Acta del 28 de diciembre de 1750.
202
Ibíd..
203
La vara usada en Jujuy era equivalente a 0,8359 metros. Tabla de equivalencia de las pesas y medidas
del sistema metrico-decimal con los antiguos y vice-vers,. Jujuy, Imprenta de J. Petruzzelli, 1889.
204
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 80v. Acta del 27 de septiembre de 1751.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
por Ricardo Rojas en base a la documentación de la época, la iglesia aún no había sido
concluida y el culto a San Roque se seguía celebrando en la tradicional ermita.
Otra forma de expresión de la religiosidad popular eran las cofradías urbanas y
rurales; en ellas se fortalecían lazos de solidaridad y cooperación entre distintos
colectivos. Había cofradías con marcado sesgo social y étnico, por ejemplo, dentro de la
iglesia Matriz coexistían dos cofradías étnicamente diferenciadas, la de Nuestra Señora
del Carmen formada por españoles y la cofradía de San Pedro cuyos integrantes eran
naturales (indígenas), mientras que en San Francisco la cofradía de San Benito de
Palermo albergaba a negros, mulatos y españoles205. En las parroquias y viceparroquias
de la campaña, funcionaban diferentes cofradías, mayoritariamente en forma de
hermandades indígenas y campesinas, en los curatos de Cochinoca, Cerrillos,
Rinconada, Humahuaca y Tumbaya206.
205
Enrique Normando Cruz, “Oro, cera, trigo y sal. Cofradías de indios en Jujuy y sus curas doctrineros,
siglo XVIII”, en Anuario del CEIC 1, op. cit., páginas 177 a 203.
206
Para mayores datos sobre estas cofradías, véase Enrique Normando Cruz, op. cit.
207
Véase David A. Brading, Orbe indiano. De la monarquía católica a la república criolla, 1492-1867,
México, FCE, 1991.
208
Ibíd.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Realeza a la Divinidad. Los festejos incluían las ceremonias religiosas y los ritos de
vasallaje, el paseo del Real estandarte y la Misa con Tedeum.
Un ejemplo de este tipo de celebraciones lo encontramos en el suceso provocado
por el fallecimiento del monarca Felipe V y el ascenso al trono de su primogénito
Fernando VI. Con tal motivo, el cabildo de Jujuy decretó días de duelo por el antiguo
monarca y festividades por el nuevo209. Las Pompas Fúnebres Reales se honraban con
repiques de campanas de todas las iglesias y capillas, solemnes misas de responso sobre
los altares cubiertos con crespones negros y morados, donde se exhibía el retrato del
monarca fallecido y representaciones de sus obras más destacadas. Estas exhibiciones se
mantenían por varios días, para que todo el pueblo, vestido de luto, pudiese visitarlas,
observarlas y rendir su homenaje al difunto210.
La celebración de las fiestas comenzaron los días 11 y 12 de septiembre de
1747: el alcalde de primer voto don Juan del Portal ofició de Alférez Real y “…fue
aclamado el Rey con la más ostentosa demostración de la vecindad”; luego, el día 13
“…se sirvió una comida…” , cuyos costos corrieron por cuenta del alcalde de segundo
voto. El día 14 la celebración fue costeada por el teniente de gobernador y justicia
mayor general Diego Tomás Martínez de Iriarte “…con una corrida de sortija” . Los
festejos del día 15 corrieron por cuenta del procurador real Francisco Antonio de
Azebey, “…con una corrida de toros” . El día 16, la fiesta estuvo a cargo de los
procuradores reales. El 17 lo celebró el marqués de Tojo, quien trajo “…a los indios de
su feudo [y realizó] una corrida de toros” . El 18 lo celebró el general Agustín de Leysa
con otra “…corrida de toros” . El 19 lo celebró el general Joseph Antonio de Goyechea
“…con corrida de cabras” .
“Posteriormente todos mostraron sus sentimientos por el
fallecido Felipe V, cuyas honras se llevaron a cabo en la Iglesia
Matriz con Misa y sermón”211.
En 1808, con motivo del ascenso al trono de Fernando VII, hubo tres días de
festejos, durante los cuales (8, 9 y 10 de octubre) por la noche se iluminó toda la ciudad,
209
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 30. Acta del 20 de julio de 1747.
210
De manera similar se realizaban en todas las ciudades andinas. Véase Rosa María Acosta de Arias
Schreiber, op. cit., páginas 100-101.
211
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 31. Acta del 28 de septiembre de 1747.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
se adornaron las casas particulares y se preparó un camino con un gran arco de triunfo
por donde pasaría el Real estandarte, tomándose las providencias necesarias para que
“… la carrera p r donde havia de pasar el R l Pendon se
tuviese bien barrida, y comp ta de colgaduras desentes, todo
lo que se consiguió en efecto con indesible gusto y
complacencia del pueblo” 212.
El día 9 por la mañana, se congregó toda la población en la plaza de la ciudad,
donde tuvo lugar la solemne ceremonia de homenaje, mientras que el Real estandarte se
mantuvo sobre una mesa especialmente dispuesta en la Sala Capitular. Finalizadas las
ceremonias de homenaje y juramento de lealtad al nuevo monarca, el público se dirigió
al cabildo,
“… cuya fachada estava hecha magnificam te vestida con
damasco, y en lo mas prominente de ella colocado un
hermoso docel, bajo del cual se hallava cub to con una
cortina transparente el R l Retrato de S M”213.
Allí, en los arcos del cabildo, la Real Insignia fue exhibida al pueblo, “…con la
misma referida desencia y ostentación […] se manifestó al publ co”. Después de
finalizados los actos solemnes, a media mañana, los cabildantes y el pueblo se
dirigieron hacia la plaza, donde en un había tablado especialmente levantado, al que el
escribano del cabildo se refiere como un
“…suntuoso teatro costosamente compuesto que se havia
formado a las quarenta o cinquenta varas frente de dichas
casas…”214.
Y sobre el cual el Síndico Procurador General, Alejandro Torres, se dirigió a los
presentes con las siguientes palabras:
“Jujui, Jujui, Jujui: Pueblo amado, atención, atención,
atención: con lo qual haviéndose prestado el congreso al
silencio…”
el Escribano Francisco Antonio Llanos leyó la Proclama de entronización de Fernando
VII, con la debida solemnidad.
212
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1880-1812, páginas 165-166. Acta Capitular del 10 de
octubre de 1808.
213
Ibíd.
214
Ibíd.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Otro ejemplo de la pompa y puesta en escena barroca con que se celebraban las
fechas Reales, lo brinda los festejos organizados para la conmemoración del
cumpleaños del rey Fernando VII. Fiesta popular, que combinaba la solemnidad
litúrgica con el protocolo de los homenajes monárquicos, el cabildo solicitó a la
población que limpiase las calles y acequias, adornase las casas e iluminase las casas, a
los fines de dar mayor solemnidad a los actos preparados para que la ciudad de San
Salvador de Jujuy festejase el natalicio del Rey; a tal fin, se construyó
“…un carro triunfal adornado con el busto del rey y se
celebraron los triunfos conseguidos contra Napoleón. El carro
fue tirado por vecinos prominentes por las calles de la ciudad
hasta la Iglesia Matriz, en donde se celebrara el Tedeum 215.
Como era costumbre, después de finalizados los actos religiosos que festejaban a
la monarquía, comenzaban las fiestas populares, con música, bailes y juegos.
En 1809, el Gobernador Intendente de Salta, en nombre del Consejo de Indias,
ordenó el reconocimiento y juramento de lealtad a la Junta Central Suprema de Madrid,
que gobernaría España durante el cautiverio del Rey en manos de Napoleón Bonaparte,
“…pa governar a nombre de Ntro. Amado Rey el Señor don Fernando Septimo…” 216.
Con tal motivo, el cabildo de Jujuy publicó, durante dos días, el bando correspondiente,
llamando a los vecinos y pueblo en general, habitantes y estantes en la ciudad y
jurisdicción al solemne acto de juramento para el día 21 de febrero.
El acto se llevó a cabo en la sala Capitular, con la presencia de los miembros del
cabildo, las autoridades reales y los vecinos más distinguidos,
“…hallándose en esta dicha sala prevenida una mesa,
ricamente vestida y sobre ella una imagen de Jesús
Crucificado y un libro de los Santos Evangelios; después
de enterados todos de la acordada de el R l Supremo
consejo de estos dominios, con fecha siete de octubre del
215
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812. Acta del 20 de mayo de 1809.
216
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 182v-183v. Acta Capitular del 16 de
febrero de 1809.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Vestirse bien
217
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 184. Acta Capitular del 21 de febrero de
1809.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Las fiestas profanas eran momentos de regocijo popular y espacio para desplegar
la sociabilidad, aunque en el Antiguo Régimen colonial siempre estuvieron sospechadas
de provocar el descontrol, especialmente entre los sectores populares o la “gente plebe”.
Como hemos podido observar en la documentación expuesta, las corridas de
toros formaban parte de la diversión popular, sobre todo entre los peones y gente de
campo, que eran muy afectos a las fiestas taurinas. No obstante, en 1791, el cabildo
intentó suspenderlas en el ámbito de la ciudad de San Salvador de Jujuy, lo que motivó
una apelación de la población ante el gobernador intendente de la jurisdicción, quien
emitió un Auto en el que reconocía que
“…estas distracciones lícitas, evitan que se ocupen de otras que
sean disconforme a la moral y por lo mismo no deben ser
suspendidas por el Cabildo sin el consentimiento del pueblo [y
agregaba que] los Alcaldes Ordinarios no pueden privar al
público de estos espectáculos y por consiguiente están en la
218
Certificación por parte del escribano sobre los “vestidos lucidos y decentes que acostumbran llevar los
miembros del cabildo en la misas y liturgias” AHPJ, SRR, Caja IV, folios 141v-142. Acta del 26 de
febrero de 1808.
219
Rosa María Acosta de Arias Schreiber, op. cit., páginas 170 a 177.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
220
AHPJ, SRR, Caja XXVII, Libro de Actas Capitulares 1769-1795, folios 340-341. Acta del 10 de
marzo de 1791.
221
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 36v-37 y 39-40. Actas capitulares del 14
de enero y 31 de enero de 1803, respectivamente.
222
Juan Carlos Garavaglia, Construir el estado…, op. cit., páginas 47 a 53.
223
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 44-44v. Acta del 6 de octubre de 1803.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
“naturales del reino” y a los esclavos224 -siempre proclives a las herejías que
representaban la adoración de sus dioses, a los ojos de la Iglesia-. Jujuy, ciudad
pequeña, no contaba con un teatro; las comedias se organizaban para eventos especiales,
como la coronación de un monarca, sobre un tablado colocado en la plaza, donde se
representaban, generalmente, comedias religiosas o leyendas de caballeros que luchaban
contra el mal.
Los paseos familiares por la plaza o la calle del Comercio, especialmente los
días domingo por la tarde, para Año Nuevo, Pascua y Reyes eran un rito de la época.
Daban lugar al esparcimiento y las relaciones sociales de la gente acomodada de la
ciudad, que lucía sus galas, mientras paseaban seguidos por sus esclavos, sirvientes o
lacayos. Era el momento para relacionarse y para mostrarse.
Las tertulias en las casas particulares constituían otro momento de encuentro y
esparcimiento, al tiempo que contribuían a las relaciones sociales e interpersonales,
sobre todo de los jóvenes en edad casamentera, que podían conocer a los escasos
aspirantes locales.
El capitán King cuenta en sus memorias sobre las guerras de la independencia,
que cuando los oficiales llegaban a algún poblado, la gente del lugar los agasajaba con
bailes y tertulias
“…los habitantes de la ciudad, que hicieron todo lo posible
para alegrarnos, organizando todas las noches tertulias de
baile y otros agradables medios para pasar el tiempo” 225.
Los bailes, fueron un complemento de todos los festejos coloniales. Se
organizaban respetando el protocolo y los estamentos sociales. En los bailes de los
señores españoles, se danzaba al son del minué, polcas, mazurcas y fandangos; era otro
momento apropiado para lucir trajes y adornos. Los bailes de los negros, sobre todo los
mandingas y congos recién llegados, se destacaban por su música al son de los tambores
y marimbas; a pesar de que la Iglesia los consideraba obscenos y se oponía a su
realización, nunca fueron prohibidos, aunque siempre estaban vigilados y considerados
sospechosos de malos hábitos. Los bailes indígenas al son de quenas, caracoles, erkes y
224
Rosa María Acosta de Arias Schreiber, op. cit., páginas127-128.
225
Antonio King, op. cit., página 42. Relato del recibimiento en Orán, de los oficiales que componían la
partida.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
sikuris tenían una connotación religiosa ancestral y en ellos usaban las más ricas
vestimentas tradicionales.
Pero no todos los bailes eran considerados sanos divertimentos. Los bailes que
se organizaban en los suburbios, donde generalmente participaban los sectores
populares, instalados en lugares escondidos , tabernas, borracherías y chicherías estaban
especialmente prohibidos, pues eran tenidos como promiscuos, ajenos a la moral y a las
buenas costumbres. También estaban estrictamente prohibidos los bailes durante los
días de fiestas de guardar, así como el expendio de bebidas alcohólicas y cualquier
diversión considerada como atentatoria a la moral y al orden establecido.
Los bailes fueron imitados entre los distintos sectores étnicos. Los bailes
españoles fueron copiados y adaptados por indígenas y negros; los bailes negros
influyeron en los españoles y los indígenas. De manera tal que, se considera al baile,
junto con la música, como dos elementos importantes en el mestizaje cultural colonial.
Otros divertimentos y regocijos populares fueron más reglamentados y
reprimidos, sobre todo entre los sectores populares, sospechados de ser proclives a las
borracheras, desenfrenos y excesos.
El carnaval era un momento para el desahogo y liberación de tensiones sociales,
por tanto solía tener momentos de violencia y descontrol social, por cuyo motivo era
especialmente vigilado y sus manifestaciones, al menos las urbanas, controladas por los
alcaldes. Durante los carnavales estaba estrictamente prohibida la portación de
cuchillos, machetes y armas en general, así como el galope en las zonas pobladas.
Al igual que en todas las fiestas y divertimentos, lo acostumbrado era que se
festejara en forma separada según los estamentos y sectores sociales; sin embargo, en la
práctica los carnavales más concurridos eran los de los negros y zambos, famosos por el
colorido de sus trajes, máscaras y danzas, que se reunían en los suburbios de la ciudad.
Las máscaras y disfraces de los negros, solían imitar a sus amos y a las autoridades y
funcionarios, lo que los convertía en irrespetuosos y lindantes con el delito. También en
parajes alejados del control de los alcaldes, en el campo o en los pueblos de indios, los
indígenas festejaban con diabladas, bailes y borracheras.
En las calles céntricas de la ciudad, los habitantes jugaban con agua y tinta. Era
costumbre que las damas acompañadas de sus criados y esclavos, repartieran dulces
entre los niños. Por la noche se realizaban bailes de mascaradas y disfraces.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
SEGUNDA PARTE
226
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1814-1820. Acta Capitular del 25 de febrero de 1818.
227
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular 1800-1812. Acta Capitular del 15 de junio de 1810.
228
AHPJ, SRR, Caja 4, Libro Capitular 1800-1812, Jujuy, Acta Capitular del 3 de septiembre de 1810.
Chiclana era también el Auditor de Guerra del Ejército Auxiliar del Perú, enviado desde Buenos Aires.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Los especialistas en los temas militares, calculan que unos 1.200 hombres
formaban la tropa acantonada a las afueras de la ciudad de San Salvador, a los que la
población local debió abastecer durante su permanencia en la localidad229; la
vanguardia, compuesta por unos 400 efectivos, acamparon en Tilcara, durante un mes,
hasta el comienzo de la marcha hacia Yavi y Suipacha230.
Ese fue el comienzo de una coyuntura de guerra que duró quince años, durante
los cuales, Jujuy fue enclave en las guerras de la independencia. En su territorio recibió
a las tres campañas libertadoras al Alto Perú, enviadas por los gobiernos emanados de la
Revolución de mayo de 1810 en Buenos Aires; fue motivo de doce invasiones de tropas
realistas a su jurisdicción, despachadas por las autoridades virreinales de Lima. La
población de Jujuy debió abandonar su tierra en tres éxodos (1812, 1814 y 1817);
experimentó saqueos y pillajes en la ciudad y en los pueblos de la campaña, levas,
empréstitos, requisa de ganados, cosechas y de todo bien utilizable por los ejércitos. Se
interrumpió el comercio con el Alto Perú en cada circunstancia en que éste era ocupado
por los contingentes realistas.
La coyuntura de guerra modificó radicalmente la vida en Jujuy. En este capítulo
veremos cómo y hasta qué punto la guerra afectó a sus habitantes, qué efectos tuvo
sobre la demografía, las actividades productivas, la economía y la vida cotidiana de los
hombres y mujeres que habitaban el territorio jujeño.
El desarrollo de la guerra transcurrió en dos etapas: la primera signada por el
avance y retroceso de ambos ejércitos, entre 1810 y 1816, marcados por las tres
expediciones enviadas desde Buenos Aires con el objetivo de ocupar el Alto Perú231 –
territorio que formaba parte del Virreinato del Río de La Plata y que era sumamente
codiciado por sus minas de plata-, sus contramarchas y los respectivos avances del
ejército realista dirigido desde Lima. La segunda etapa, entre 1817 y 1825, estuvo
marcada por la “guerra gaucha”, la lucha de las milicias locales, que sin apoyo de un
ejército regular, debieron enfrentar a un ejército veterano de las guerras napoleónicas.
229
Emilio Bidondo, La expedición de auxilio a la provincias interiores (1810-1812), Buenos Aires,
Círculo Militar, 1987, página 258.
230
Emilio Bidondo, La guerra de la independencia en el norte argentino, Buenos Aires, EUDEBA, 1976,
página 49.
231
La primera expedición al Alto Perú, a las órdenes de González Balcarce, dio inicio en 1810 y acabó en
el desastre de Huaqui en 1811. La segunda, dirigida por Manuel Belgrano en 1813, finalizó con las
derrotas en Vilcapuhio y Ayohuma en el mismo año. La tercera, comandada por José Rondeau en 1815,
terminó con la derrota de Sipe-Sipe.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Al mismo tiempo que las tropas revolucionarias llegaban a Jujuy, desde el Cuzco
avanzaba el brigadier José Manuel de Goyeneche con un ejército de 4.000 hombres para
sofocar la revuelta del Río de La Plata. Ya en El Alto Perú, el ejército de Goyeneche
recibió el apoyo del Mariscal Nieto, gobernador de Charcas, con cuya ayuda pudo
232
Para leer sobre el desarrollo de las guerras de la Independencia en Jujuy, se pueden consultar muchos
autores, a todos los cuales nos es imposible citar por cuestión de espacio. Véase, por ejemplo, Félix Best,
Historia de las guerras argentinas, Buenos Aires, Peuser, 1960. Emilio Bidondo, La Guerra de la
Independencia en el Norte Argentino, Buenos Aires, EUDEBA, 1976. Emilio Bidondo, La Expedición de
Auxilo a las Provincias Interiores (1810-1812), Buenos Aires, Círculo Militar, 1987. Joaquín Carrillo,
Jujui provincia federal arjentina. Apuntes de su historia civil, Buenos Aires, 1877 [reimpresión: Jujuy,
Talleres Gráficos del Boletín Oficial e Imprenta del Estado de la Provincia de Jujuy, 1980]. Viviana
Conti, con la colaboración de Emma Raspi, “De las guerras de la independencia a la organización del
Estado. 1810, 1852”, en Ana Teruel y Marcelo Lagos, Jujuy en la historia. De la colonia al siglo XX,
Universidad Nacional de Jujuy, 2006, páginas 87 a 137. Bernardo Frías, Historia del General Martín
Güemes y de la Provincia de Salta, o sea de la independencia argentina, Buenos Aires, Depalma, 1973.
Guillermo Solá, El gran Bastión de la Patria, Salta, Maktub, 2005. Miguel Ángel Vergara, Compendio de
la Historia de Jujuy, Jujuy, Talleres Gráficos del Boletín Oficial e Imprenta del Estado de la Provincia de
Jujuy, 1968.
233
Emilio Bidondo, La expedición de auxilio…, op. cit., anexo 8, “Instrucciones secretas que la Junta
Provisional Gubernativa imparte a su delegado en el Alto Perú, doctor Juan José Castelli (Buenos Aires,
12 de septiembre de 1810)”, artículo 4º.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
avanzar rápidamente con rumbo a Jujuy; en octubre de 1810 la vanguardia de las tropas
realistas armó su cuartel en la villa de Tupiza.
Todas estas noticias se conocieron en Jujuy junto con la novedad del
fusilamiento del ex virrey Liniers (héroe de la defensa de Buenos Aires durante las
invasiones inglesas) quien, se decía que había padecido bajo las tropas porteñas por
pronunciarse leal al Consejo de Regencia –que gobernaba España y las colonias en
nombre del Rey cautivo de Napoleón Bonaparte-.
Cuando hablamos de las secuelas que la guerra dejó en la demografía local, nos
referimos fundamentalmente al consumo de vidas, manifestado en la pérdida de
hombres jóvenes y en edad productiva que, desde sus actividades –como es el caso de
los arrieros- o por el sólo hecho de ser hombres aptos para la guerra, dejaron sus vidas
en la coyuntura bélica.
Sin embargo, la merma demográfica que sufrió Jujuy no siempre significó la
muerte, ya que en la disminución de la población también hay que considerar a aquellos
hombres que se “engancharon” en los ejércitos y no regresaron al terruño –aunque
sobrevivieran a la guerra-, los que abandonaron sus tierras de manera compulsiva y no
volvieron –por lo menos hasta el final de la contienda- o los que huyeron para salvarse
de esos mismos “enganches”.
No hay datos precisos de la pérdida demográfica que significó la guerra en la
jurisdicción de Jujuy, sin embargo en base a los padrones de la ciudad de San Salvador,
los especialistas estiman una disminución del 25% en el período de las guerras de la
independencia, sólo en la población urbana, en especial entre los años 1812 y 1823. En
el campo, la falta de cifras de población es aún mayor, pero por la información que se
posee sobre las levas y enganches en los sectores rurales, la reducción de la población
rural parece haber sido mucho más aguda, lo que habría redundado en la extrema
escasez de brazos para las actividades agrícolas –hecho denunciado continuamente por
el cabildo- y la ausencia de hombres en edad productiva en toda la campaña. El
crecimiento de la población, aunque en forma muy lenta, se comenzó a verificar recién
entre 1823 y 1843234.
Desde la primera campaña del ejército Auxiliar (1810), Jujuy debió aportar a la
causa revolucionaria con los arrieros de su territorio para que llevasen los pertrechos
militares hacia el Alto Perú. Como vimos en el apartado anterior, en Jujuy la arriería era
un trabajo que contaba con gran cantidad de mano de obra calificada y dueños de recuas
de animales destinados a la arriería, por lo cual las necesidades de flete de los ejércitos
234
Raquel Gil Montero, “La ciudad de Jujuy y su campaña circundante: algunos aspectos de su población
entre fines del siglo XVIII y mediados del XIX”, en: Marcelo Lagos (coordinador), Jujuy en la Historia,
Avances de investigación II, Universidad Nacional de Jujuy, 1995, página 64.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
para llevar los suministros, víveres, forraje y equipo fueron cubiertas con los arrieros
locales.
En 1810, el cabildo de Jujuy se encargó de pagar a los arrieros de su jurisdicción
–como un aporte de la corporación a la guerra- para que llevasen las provisiones de las
tropas hacia el Alto Perú. Su contribución consistió, además, en el pago de los fletes
hasta Tupiza y, en algunos casos, hasta Potosí; en esos parajes los arrieros debían
solicitar que los cabildos les pagasen lo que se llamaba “el segundo flete”. En Tupiza
los arrieros jujeños encontraron serias dificultades en el cobro de sus transportes para
continuar la travesía hasta Potosí, tal como indicaban los contratos verbales originales;
el cabildo de Tupiza dio 3 pesos a cada arriero a cuenta del segundo flete, pero de allí en
más no consiguieron que nadie les pagase para llevar las cargas hasta los lugares donde
se desplazaba el ejército. Algunos de los arrieros que salieron de Jujuy en 1810
murieron en las contiendas, mientras que otros, aunque sobrevivieron, perdieron sus
animales235.
El reclamo de arrieros con sus mulas por ambos ejércitos (el revolucionario y el
realista236) fue una constante. En 1813, mientras se organizaba la segunda Expedición
Libertadora al Alto Perú, Feliciano Antonio de Chiclana, a la sazón Gobernador de
Salta, ordenaba al Teniente Gobernador de Jujuy que “…embargue todas las arrias de
burros que hubiese en el distrito” , especialmente aquellas que hacían el camino entre
Casabindo y Jujuy, a los efectos de enviarlas a Huacalera y Yavi, donde se encontraban
acantonadas las tropas. El objetivo del embargue de arrieros con sus animales era
utilizarlos en el transporte de charque o sea de las provisiones del ejército hasta
Potosí237.
La misma documentación nos brinda un ejemplo puntual de estos decomisos:
ante la noticia de que el arriero don Bruno Rosario Gotilla se encontraba en camino
desde Rinconada hacia Casabindo “…con 6 pearas de burros para conducir cargas de
235
AHPJ, SRR, Caja V, Legajo 13, Documento 63. Informe de Teodoro Sánchez de Bustamante al
Cabildo de Jujuy acerca de los problemas que afrontaron los arrieros de Jujuy, 8 de julio de 1811.
236
Durante las ocupaciones realistas en el territorio jujeño (1812, 1814 y 1817) el ejército Real exigió a
los arrieros locales su colaboración, tanto en las campañas hacia el sur (Tucumán) como en sus retrocesos
hacia el Norte (Alto Perú).
237
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., volumen IV, página 278. Salta, 27 de julio de
1813.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
238
Ibíd.
239
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., página 293. Salta, 14 de septiembre de 1813.
240
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo 1, Documento 73, 2 folios, Jujuy, 20 de octubre de 1813.
241
AHPJ, SRR, Caja XLIV, Reglamento de la Arriería, Dado por Mariano de Gordaliza, encargado de
elaborar un informe y redactar el Reglamento de Arriería, en San Salvador de Jujuy, septiembre 18 de
1815, 5 folios.
242
Véase mas adelante, en el apartado “Lealtades” la relación familiar entre el general realista Pedro
Antonio de Olañeta y la familia jujeña Marquiegui.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
“otras más cautas, realizaron una resistencia oculta, pero intensa, cuando les fue
posible”243.
En líneas generales el pueblo jujeño colaboró con hombres de todos los sectores
sociales y étnicos que se enrolaron en el ejército Auxiliar y en las milicias gauchas; ya
sea en forma voluntaria o como “leva obligatoria”, los hombres jóvenes engrosaron las
tropas en cada oportunidad que éstas avanzaban hacia el Alto Perú. Así lo recordaba el
cabildo de Jujuy a la Asamblea del Año XIII, en oportunidad de solicitar el
reconocimiento de los aportes del pueblo jujeño a la causa encabezada por Buenos
Aires,
“…pr la generosidad, y entusiasmo con q e estos abitantes han
puesto sus intereses en manos de las emergencias del estado,
como así mismo las gloriosas victorias q e hemos obtenido
contribuiendo, en una gran parte a ella los brabos y
subordinados reclutas, que han sacado de esta ciudad, siendo
estos (según expreciº de los gefes) los q e eran una arrogancia
inexplicable, triunfaron en el Tucumán, y Salta de la soberbia
de nuestros enemigº” 244.
243
Miguel Ángel Vergara, Compendio de la historia de Jujuy, Jujuy, Imprenta del Estado, 1969, página
237.
244
AHPJ, SRR, Caja VI, Documento 86, folio 1. Jujuy, 25 de septiembre de 1813.
245
Gustavo Paz, “‘El orden es el desorden’. Guerra y movilización campesina en la campaña de Jujuy
1815-1821”, en Raúl Fradkin y Jorge Gelman (compiladores): Desafíos al orden. Política y sociedades
rurales durante la revolución de la Independencia, Rosario, Prohistoria, 2008, páginas 83 a 101.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Hasta allí habría que rastrear los orígenes del gaucho jujeño, entidad que poseía
una fuerte connotación militar, tanto por sus acciones combativas, en las que se
destacaron por sus habilidades como jinetes y en el manejo de armas blancas, como por
el hecho de que estaban sujetos al fuero militar –lo que los eximía de la justicia
ordinaria-.
Así, labradores, arrenderos, peones, jornaleros, hombres de campo, mayormente
sin tierras propias –aunque generalmente propietarios de algunas cabezas de ganado-,
étnicamente indígenas, mestizos y criollos, abandonaron sus hogares para enlistarse en
las milicias de gauchos. La mayoría eran hombres jóvenes –entre 20 y 35 años-
trabajadores rurales con familia constituida, que conocían perfectamente el campo y la
geografía local -de allí su poder de ataque sorpresivo y rápida dispersión- y formaban, al
mismo tiempo, el sector productivo más apto de la campaña246.
¿Cuántos de ellos sobrevivieron a la guerra y volvieron a su terruño? No existe
información al respecto, sin embargo si tenemos en cuenta que sólo en territorio jujeño
tuvieron lugar tuvieron lugar 124 encuentros, luchas y combates en los que participaron
las milicias de gauchos247, es fácil deducir que el porcentaje de sobrevivientes sería
escaso.
A los campesinos no enganchados en las levas, se los solía requerir para cubrir
otras responsabilidades de tipo militar, debido a su conocimiento, destreza y habilidades
en la lucha. Era común que el cabildo los solicitase para formar la guarnición que debía
proteger a la ciudad, en cada oportunidad que el ejército abandonaba la jurisdicción; en
esas ocasiones, se ordenaba a los hacendados que enviaran gente de sus tierras para
colaborar con la protección y formar una fuerza de 30 a 35 personas, que se
reemplazaba cada 15 días248
“Y para el reemplaso de la fuerza armada q e ba á marchar
para lo interior, y guarnese esta Plasa se hara saber a los SS
hacendados presente cada uno un num o proporciondo de sus
arrenderos el q e se graduara con respecto al numero de
gente qe haya en sus terrenos advirtiendo á cada uno de los
asendados prebenga á sus arrederos q e los qe queden
246
Gustavo Paz, op. cit.
247
Agradecemos la información al Sr. Misael Soria, quien nos proporcionó la lista de Lista y combates
librados por los gauchos jujeños en el actual territorio de la provincia de Jujuy, entre 1810 y 1821.
248
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 14 de septiembre de 1813.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
249
Ibíd.
250
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 11 de diciembre de 1813.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Rondeau, ordenó la adquisición de diversos esclavos a vecinos de Jujuy, por los cuales
pagó el cabildo a sus dueños los precios del mercado (entre $200 y $300)251.
254
Hasta ese momento aún existía, en el imaginario popular, la esperanza de que los conflictos se
terminaran solucionando en forma pacífica, poniendo un punto final a una guerra que enfrentaba amigos y
parientes; pero después de 1814, con la derrota de Napoleón y la vuelta al trono de España de Fernando
VII, éste comenzó una etapa de “recuperación” de los dominios perdidos en América, empresa para la
cual se enviaron batallones de soldados españoles veteranos de las guerras napoleónicas, que
reconquistaron gran parte del territorio hispanoamericano revolucionario.
255
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op, cit., Tomo IV, página 350. Correspondencia de
Gobierno y Guerra. Huacalera, 13 de marzo de 1815.
256
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta capitular del 23 de junio de 1815.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
El cabildo solicitó a los vecinos “confiables” que, aquellos que podían alojar y
vigilar a los prisioneros, en un número no mayor de 5 personas por familia, se anotaran
en una lista elaborada al efecto257. Sabemos que, en la ciudad, había 28 prisioneros
trabajando en la maestranza258 –en la elaboración y reparación de armas-, 16 prisioneros
se incorporaron al hospital de campaña, para trabajar en calidad de asistentes de los
enfermeros; todos ellos habían sido ubicados en la casa de las familias de Manuel del
Portal, Domingo Carenzo, Patricio Sánchez de Bustamante, Juan Manuel Sánchez de
Bustamante, Isidro Fernández y Manuel de Tezanos Pinto. En el campo, se enviaron
alrededor de 20 prisioneros a trabajar en la hacienda de José Eustaquio de Iriarte, en la
hacienda de la familia Ovejero y en la hacienda San Lorenzo259.
257
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, páginas 651-652.
258
Véase más adelante “La maestranza”.
259
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, páginas 684 a 686.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
260
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1814-1820. Acta Capitular del 25 de agosto de 1818
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Consumo de bienes
261
Enrique Tándeter, Vilma Milletich y Roberto Schmit, “Flujos mercantiles en el Potosí colonial
tardío”, op. cit., páginas 18 y 19.
262
Emilio Bidondo, La expedición de auxilio…”, op. cit., página 258. La ciudad, se calcula que tenía
alrededor de 2.000 habitantes para 1810, entre los que están agregados mujeres y niños, cuya dieta es
menor a la de los hombres adultos. Véase Primera parte.
263
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular 1800-1812, Acta Capitular del 6 de septiembre de 1810 y
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, página 56.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
264
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, Correspondencia de Gobierno y Guerra,
página 249. Cuartel de Jujuy, 10 de noviembre de 1811.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
265
Antonio King, op. cit., páginas 42 y 43. El soldado aventurero Antonio King relata, en sus memorias,
interesantes detalles acerca de la vida diaria en el seno de las milicias, las costumbres de las tropas,
jornadas, “rancho” o comidas diarias.
266
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 15 de octubre de 1815.
267
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 14 de marzo de 1818.
268
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, Correspondencia de Gobierno y Guerra,
página 247. Cuartel de Jujuy, 31 de octubre de 1811.
269
Juan Marín de Pueyrredón, era hermano de Diego José de Pueyrredón y había sido designado por el
Triunvirato como nuevo comandante en jefe del Ejército del Norte, para reagruparlo en Jujuy hasta la
llegada del nuevo Comandante General, Manuel Belgrano.
270
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, Correspondencia de Gobierno y Guerra,
página 242. Tarija, 5 de septiembre de 1811.
271
Desde el arribo de los primeros contingentes dispersos después de la derrota de Huaqui, en diciembre
de 1811, hasta el Éxodo de la población siguiendo al ejército hasta Tucumán en agosto de 1812, el cuartel
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
sostener a las tropas y contribuir para el parque de armas y vestimenta, fue cuando se
hizo sentir con mayor premura la escasez de carne y de alimentos en general, en toda la
jurisdicción de Jujuy272.
Los éxodos de la población de Jujuy hasta Tucumán, terminaron de aniquilar la
poca producción existente. El ganado se arriaba y transportaba junto con el vecindario;
las cosechas se levantaban y llevaban y los sembradíos se quemaban, nada que pudiera
ser utilizado por el enemigo quedaba en pie. El primer éxodo, ordenado por el General
en jefe del ejército Manuel Belgrano en 1812, nos permite observar, a través del bando,
en qué consistía la estrategia de “tierra arrasada ”, que sería empleada en otras
oportunidades ante el avance y ocupación territorial de las fuerzas enviadas desde Lima:
“Hacendados: apresuraos a sacar vuestros ganados vacunos,
caballares, lanares i mulares que haya en vuestras Estancias, i
al mismo tiempo vuestros charquis hacia el Tucumán, sin darme
lugar a que tome providencias que os sean dolorosas,
declarandoos además si no lo hicieseis por traidores a la
Patria.
Labradores: asegurad vuestras cosechas extrayéndolas para
dicho punto, en la inteligencia de que no haciéndolo incurriréis
en igual desgracia que aquellos.
Comerciantes: no perdais un momento en enfardar vuestros
efectos i remitirlos, e igualmente cuantos hubiere en vuestro
poder de ajena pertenencia, pues no ejecutándolo sufriréis las
mismas penas que aquellos, i ademas seran quemados los
efectos que se hallaren, sean en poder de quien fuere, i a quien
pertenezcan.” 273.
la maestranza, se embargaron todas las arrias de burros que había en el distrito, a fin de
utilizarlas en el transporte de charque del ejército hasta Potosí274 y se ordenó a la
población contribuir con los bienes que poseyeran para el equipamiento del ejército, en
especial con mulas y ganado vacuno; también se confiscó el hierro que se podía
encontrar en los almacenes y tiendas de la ciudad.
“…todos los becinos Amerecidentes, asendados, y labradores y
demás individuos de la comprenhención de esta ciudad, se
presenten a la maior brebedad ante V. S., q e cada uno califiq e
del modo posible los donativos de dinerº; Ganado Bacuno,
Caballos, Mulas, Bronces, fierro, Madera y Tablas” 275.
274
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., volumen IV, página 278. Salta, 27 de julio de
1813.
275
AHPJ, SRR, Caja VI, Documento 86, folio 1.
276
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo II, páginas 239 a 241.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Perchel”, desde donde esperaban poder contener el avance de las tropas realistas que
venían en su persecución.
277
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, Correspondencia de Gobierno y Guerra,
página 247. Cuartel de Jujuy, 31 de octubre de 1811. Carta de Pueyrredón a la Junta Subalterna de Jujuy,
donde le reiteraba que siempre que sus oficiales solicitasen montura u otros bagajes, deberían dejar
recibos por duplicado, el duplicado deben enviárselo a él.
278
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo1, Documento 51, 4 folios, Jujuy, 30 de marzo de 1813. Firmado por
Pedro Pablo Zavaleta.
279
Gustavo Paz, “El orden es el desorden…”, op. cit., página 95.
280
Archivo General de Indias (AGI), Diversos 2 A, 1812, R1, N2, D 5.1. Correspondencia del Virrey
Abascal al brigadier Goyeneche, Lima, 26 de agosto de 1812.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
281
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 2 de noviembre de 1812.
282
AGI, Diversos 2A, Legajo 2, Ramo 1, N2. Correspondencia de José Manuel de Goyeneche al Virrey
Abascal, 17 de agosto de 1812.
283
AGI, Diversos 2 A, R1, N2, D17, Campamento de Potosí 9 de diciembre de 1812.
284
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo1, Documento 51, 4 folios, Jujuy, 30 de marzo de 1813. Informe firmado
por Pedro Pablo Zavaleta.
285
AGI, Diversos 2 A, 1812, R1, N2, D17.1. Correspondencia de Pío Tristán al brigadier José Manuel de
Goyeneche, Salta, 30 de noviembre de 1812.
286
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 9 de enero de 1813 y Bando.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
287
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 3 de abril de 1813.
288
AHPJ, SRR, Caja VI, Documento 86, folio 1
289
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 5 de marzo de 1814.
290
AHPJ, SRR, Libro II, Legajo 2, Acta del 31 de mayo de 1814.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Situación que motivó que el cabildo ordenara la requisa, por los alcaldes de
barrio, de toda persona que haya comprado al enemigo o haya sustraído bienes
pertenecientes “a varias familias que salieron Emigradas” . Muchos de los cuales, no
encontraron ni siquiera la estructura de sus viviendas291.
Empréstitos y contribuciones
dinero, otros ofrecieron una res o algunas mulas mansas de silla, “…por no tener más
que dar”292.
El segundo empréstito, emanado de la orden de la Junta de Buenos Aires, era
obligatorio y comprendía a todos los vecinos europeos de la jurisdicción; el cabildo le
recordó a la Junta que, dichos vecinos, se encontraban “bajo la protección del Cabildo
por ser miembros de la comunidad”293 y entendía que el vecindario ya no estaba en
condiciones de aportar lo solicitado por la Junta, por lo cual elaboró una lista de acuerdo
a los capitales con que pudiese aportar cada vecino europeo294; no obstante, dicha lista
fue desconocida por la autoridad central y meses después, a pesar de la coyuntura de
guerra en la que estaba envuelto, el vecindario debió duplicar su colaboración inicial, a
fin de completar la suma solicitada.
La lista enumera 40 vecinos españoles europeos que debieron aportar entre diez
y mil pesos per cápita, a los objetos de reunir los 9.500 pesos, solicitados por el
Triunvirato295. Diez de estos vecinos europeos, se quedarían en Jujuy durante el Éxodo
de 1812 y, desacatando la orden de Belgrano, colaboraron con el ejército arribado desde
Lima.
La mayoría de los empréstitos grababan a los comerciantes, obligándolos a
aportar los montos establecidos, bajo la pena de incautación de sus bienes. En 1813,
mientras se organizaba la segunda expedición al Alto Perú y Jujuy era campamento del
ejército revolucionario, la Asamblea del Año XIII impuso un empréstito obligatorio
sobre todos los comerciantes y especuladores de la jurisdicción, que se aplicó sobre
veintitrés individuos, europeos y americanos296. Los montos solicitados en forma
individual iban de doscientos a dos mil pesos; sin embargo, no había quién pagara la
292
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, páginas 521 a 526: “Tributo de Vidas,
Haberes y Famas”.
293
AHPJ, SRR, Caja V, Libro Capitular 1800-1812, Acta del 6 de mayo de 1812. La mayoría de estos
vecinos europeos apoyaron la causa revolucionaria y sus hijos se engrosaron las filas militares.
294
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, páginas 579 a 581: “Tributo de Vidas,
Haberes y Famas”.
295
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, páginas 579 a 581: “Tributo de vidas,
haberes y famas”, Empréstito de comerciantes europeos. El Gobernador envió el monto solicitado al
Cabildo y éste lo repartió entre la población europea, de acuerdo a sus capitales (AHPJ, SRR, Caja V,
Libro Capitular 1800-1812, Acta del 6 de mayo de 1812). Debido a la situación de guerra, el Gobernador
Intendente hizo cumplir la orden con un auto del 28 de julio de 1812 y se terminó de recaudar el 12 de
agosto de 1812.
296
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo 1, Documentos 86, 87 y 88. Jujuy, septiembre 28 de 1813. Lo solicitado
era 20.000 pesos, lo que provocó las quejas de la población y cabildo por la situación en la que se
encontraba la jurisdicción, recién regresados del Éxodo.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
297
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo 1, Documentos 78, 79 y 80.
298
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo 1, Documento 76.
299
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 15 de diciembre de 1815.
300
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 16 de mayo de 1816. No hubo
quien quisiera aportar, sólo José Manuel de Alvarado ofertó $3.000; el resto del vecindario arguyó que no
tenían dinero para pagar el empréstito.
301
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1814-1820. Acta Capitular del 20 de marzo de 1819. Sólo se
pudo reunir 2.000 pesos, debido a que la población recién se encontraba de regreso del tercer éxodo.
302
AHPJ, SRR, Caja III, Libro Capitular de 1820-1825. Acta Capitular del 25 de septiembre de 1821 y
Acta Capitular del 15 de octubre de 1821.
303
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo 2. Libro Capitular de 1812, Cabildo realista. Acta Capitular del 18 de
noviembre de 1812.
304
AHPJ, SRR, Libro II, Legajo 2, Libro Capitular de 1812, Cabildo realista. Acta Capitular del 5 de
marzo de 1814.
305
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular 1800-1812. Acta Capitular del 20 de abril de 1811.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
306
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1814-1820. Acta Capitular del 30 de marzo de 1816.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
312
AHPJ, SRR, Caja V, Libro Capitular de Jujuy 1800-1812. Acta Capitular del 13 de julio de 1812.
313
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo 1, Documento 35, Jujuy, 9 de enero de 1813. Se autorizaron las
exportaciones mediante una lista que deberían presentar los hacendados, expresando la cantidad de
ganado que tenían dispuesto para la venta.
314
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo 1, Documento30. Salta, 15 de enero de 1813. Firma Joseph Marqués de
La Plata
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
324
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 20 de mayo de 1815.
325
AHS, LH. 306 y LH. 183 Libro Manual de Jujuy de 1815. LH.149 Libro Auxiliar del ramo de Sisa de
Jujuy de 1815. LH 148 y LH 182 Libro Auxiliar del Ramo de Alcabalas de Jujuy de 1815.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
los vecinos emigrados al Perú y pequeños montos en los ramos de Sisa y Alcabala que
dan cuenta de un comercio de escasa envergadura, que no alcanzaba ni siquiera para
solventar los gastos municipales326. El cabildo jujeño resumía la situación de su
jurisdicción con estas palabras, que la ilustran mejor que cualquier descripción:
“…obstruida la internación del Perú, paralizado todo el
Comercio qe gira sobre aquellas Plazas, la Campaña desolada,
consumidas sus producciones, recargado el Pais con el sostén
del Cuartel Gral qe ha mantenido p r el tpo de la rebolucion,
arruinada la fortuna é interezes de los particulares, exhaustos
los fondos nacionales, y agotados todos los recursos y medios de
producción, no se presenta en el dia ramo alguno q e proporcione
los fondos necesarios p a expensar al S or Diputado representante
y sufrague otros gastos q e demanda la Policía, utilidad e interez
general de esta Ciudad” 327.
Cinco años más tarde, en 1821, después de más de una década de guerra y
mientras continuaban las invasiones realistas al territorio jujeño, un informe del cabildo
acerca de la situación económica local, estimaba que la única forma de reactivar la
economía consistía en una veda de 12 años, durante los cuales no se le expoliasen
hombres y recursos:
“Teniendo en consideración, q e los unicos tres ramos q e le
pueden reponer la fortuna perdida son las crías de Ganados
bacunos, la Labranza y la Arriería. Siendo justo, que así como
solo este país ha experimentado el deterioro, logre una
franquicia exclusiva lo menos por doce años para que sus crías
no sean interrumpidas con la petición de auxilios para tropas del
Estado, ni ninguna otra clase de cargas anexas á facilitar
víveres qe la Arriería empleable en los transportes del Comercio
Interior sea peculiar á Jujuy, y su jurisdicción; y q e la labranza
326
AHS, LH 444, Libro Manual de la Tesorería Menor de Jujuy para 1816; LH 398, Libro Manual de la
Tesorería Menor de Jujuy para 1817; LH 400, Libro Manual de la Tesorería Menor de Jujuy para 1818;
LH 391 y 395, Libros Manuales de la Tesorería Menor de Jujuy para 1819; LH 395, Libro Manual de la
Tesorería Menor de Jujuy para 1820; LH 403, Libro Manual de la Tesorería Menor de Jujuy para 1821;
LH 216, Libro Manual de la Tesorería Menor de Jujuy para 1822.
327
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 1 de abril de 1816.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
328
AHPJ, SRR, Caja III, Libro Capitular de 1820-1825. Acta Capitular del 18 de enero de 1821, artículo
13 de las Instrucciones que el cabildo de Jujuy dio a su diputado Iriarte para llevar al congreso que se
celebraría en Córdoba. El subrayado es nuestro.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
329
AHPJ, SRR, Caja XXXVII, Legajo 2, folio 91.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
330
Véase: Viviana Conti (con la colaboración de Emma Raspi), op. cit.
331
Miguel Solá, “Salta (1810-1821)”, en: Ricardo Levene (director), Historia de la Nación Argentina.
Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, Editorial El Ataneo, 1947, Tomo X, página 366.
332
Ibíd.. y Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, página XXIV.
333
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 242 a 246. Acta Capitular del 4 de
septiembre de 1810.
334
Dionila Baldiviezo, op. cit.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
dcha Superior orn …”335; la elección la hizo el cabildo junto con doce vecinos
nombrados por el mismo ayuntamiento y recayó en Juan de Larrea, pero posteriormente
esta elección quedó sin efecto y en junio de 1812 fue seleccionado con el mismo
procedimiento el doctor Pedro Vidal336.
Una asamblea electoral conformada por ocho electores representantes de toda la
jurisdicción, eligió como diputado por Jujuy, para el Congreso que habría de realizarse
en Tucumán al año siguiente, al Dr. Teodoro Sánchez de Bustamante quien obtuvo siete
votos a favor, mientras que Juan Ignacio de Gorriti solo obtuvo un voto -el de Manuel
Ignacio de Basterra-337.
335
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816, folios 340 a 342. Acta Capitular del 28 de febrero
de 1812.
336
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816, folios 355v a 356v. Acta Capitular del 22 de junio
de 1812.
337
Dionila Baldiviezo, op. cit.
338
Teodoro Sánchez de Bustamante, “Reflexiones”, citado por Joaquín Carrillo, op. cit.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
339
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812. Acta Capitular de 26 de agosto de 1811.
340
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular 1800-1812. Acta Capitular del 19 de marzo de 1811.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
341
Recuérdese que los alcaldes de la Santa Hermandad eran nombrados por el cabildo para mantener el
control sobre la campaña (véase Primera Parte, capítulo 4).
342
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular 1800-1812. Acta Capitular del 9 de febrero de 1811.
343
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular 1800-1812, Acta del 26 de agosto de 1811. Las instrucciones
fueron dadas el 29 de agosto de 1811.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
estar al tanto del arribo de pasajeros, averiguar quiénes eran, dónde se albergaban y dar
información al cabildo, si consideraban que entre ellos había personas sospechosas.
“Tendrán especial cuidado de aberiguar y descubrir a los
qe bierten y siembran especies sediciosas contrarias al
Govierno y ó capaces de alterar la quietud publica… ”344.
Si encontrasen a alguna persona delinquiendo, debían tomarlos prisioneros y dar
parte al cabildo si fuesen civiles y al comandante del ejército si fuesen militares y en
caso de riña, homicidio o robo, cuando no estuviese presente el alcalde de barrio,
cualquier vecino podía intervenir y aprender a los delincuentes. En general, era su deber
cumplir con los bandos de policía y buen gobierno de la jurisdicción, velar el alumbrado
de las tiendas y pulperías y cobrar las multas.
Mientras el ejército revolucionario se reorganizaba en Jujuy, en el Alto Perú la
revolución seguía en pie en Cochabamba y en Chuquisaca345, lo que motivó tremendas
represalias por parte del ejército enviado desde Lima; el 26 de mayo de 1812 las tropas
de Goyeneche entraron en Cochabamba, saquearon la ciudad y fusilaron a los
revolucionarios.
Estas noticias llegaban a Jujuy mientras Juan Martín de Pueyrredón entregaba el
mando del ejército a Manuel Belgrano, arribaba el nuevo Teniente de Gobernador,
Francisco Pico, nombrado por el Triunvirato346 y se organizaba la maestranza (véase
más adelante). En ese clima, con las tropas revolucionarias asentadas en las cercanías de
la ciudad durante seis meses y las noticias de lo acontecido en Cochabamba y de la
marcha del Real ejército hacia Jujuy, para después avanzar sobre Tucumán, Córdoba y
Buenos Aires, fue que el Triunvirato dio instrucciones a Belgrano de retroceder con el
ejército y la población hasta Tucumán, no dejando a su paso nada de que puedan
servirse los realistas.
Los mayores temores radicaban en que se repitiese en Jujuy los episodios de
Cochabamba, ya que el ejército revolucionarios no estaba en condiciones de defender la
jurisdicción, ni siquiera la ciudad. En ese contexto se publicó el bando de 29 de julio
que ordenaba a la población dejar la tierra arrasada y el éxodo hacia Tucumán -cuya
344
Ibíd.
345
Emilio Bidondo, La guerra…, op. cit., p, 73
346
AHPJ, SRR, Caja V, Libro Capitular 1800-1812. Acta Capitular del 5 de abril de 1812.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
primera parte hemos trascrito en páginas anteriores- y que amenazaba con las máximas
penas a los que desobedecieran las órdenes militares
“Entended todos, que al que se encontrase fuera de las
guardias avanzadas del ejército en todos los puntos en que
las hay, o que intente pasar sin mi pasaporte será pasado
por las armas inmediatamente, sin forma alguna de
proceso”347.
Así comenzaba el primer Éxodo de la población jujeña. Días después de
publicado el bando de Belgrano, los comerciantes comenzaron a fletar sus mercancías
en carretas, burros y mulas hacia Tucumán; las carretas también llevaban a las mujeres,
niños y ancianos de la familia; los hacendados empezaron la tarea de arreo del ganado
que hubiese quedado en sus tierras, recoger los granos y quemar los sembradíos que no
estuviesen en condiciones para la cosecha; los sectores más acomodados se desplazaron
con sus posesiones, familias, sirvientes y esclavos. En la maestranza de la ciudad se
trabajó hasta último momento en la fundición y reparación de armas. Los rezagados
partieron el 23 de agosto, siguiendo al ejército revolucionario y custodiados por las
milicias de gauchos y la retaguardia del ejército a las órdenes de Díaz Vélez.
Como veremos en el próximo apartado, muchas personas se quedaron,
colaboraron con las tropas realistas y no sufrieron las consecuencias anunciadas en el
bando de Belgrano.
El 24 de agosto las tropas realistas al mando del general Pío Tristán entraron en
la ciudad de Jujuy, donde se hicieron fuertes para continuar hacia Salta y de allí a
Tucumán, donde fueron vencidos y debieron replegarse sobre Salta y Jujuy.
Desde Salta, Pío Tristán, le escribía al brigadier Goyeneche informándole que en
la ciudad de Salta todo estaba tranquilo, pero no así en la campaña,
“…donde hay riesgo es en el interior, donde quiero enviar
fusiles: especialmente en Humahuaca, Guajra, Tumbaya y
otros puntos; la caballería por allí es poco útil, sobre todo en
el Río San Juan, donde los pastos están regulares, de allí es
mejor llevarlos a Humahuaca, donde hay alfa y crecen
347
Bando del 29 de julio de 1812, trascrito por Joaquín Carrillo, op. cit., página 171. La primera parte de
bando se encuentra trascrita en “Los efectos de la guerra en las actividades económicas”.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
348
AGI, Diversos 2ª, 1812, R1, N2, D15.1. Cuartel Principal de Salta, noviembre 17 de 1812.
Correspondencia de Pío Tristán, a José Manuel de Goyeneche.
349
Las Actas del Cabildo Realista van del 9 de septiembre de 1812 al 4 de marzo de 1813. AHPJ, SRR,
Caja II, Legajo 2, Libro Capitular de 1812. Aunque sabemos que la ciudad estuvo ocupada desde el 24 de
agosto de 1812.
350
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo 1, Documento 50. Jujuy, 30 de marzo de 1813. Denuncias al cabildo de
cada saqueo efectuado por las tropas realistas.
351
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo2, Libro Capitular de 1812. Acta del 8 y 9 de junio de 1813.
352
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812- 1816. Acta Capitular del 23 de mayo de 1813.
353
Emilio Bidondo, La guerra de la independencia…, op. cit., pág. 96.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
El Alto Perú, abandonado por los ejércitos revolucionarios, se lanzó a una guerra de
republiquetas354. Los gauchos custodiaban el camino real que conducía a Jujuy por la
quebrada de la Cueva, donde se enfrentaron con tropas realistas en Cangrejos y en
Humahuaca en enero de 1814; esas escaramuzas permitieron que el grueso del ejército,
dirigido por Belgrano y Dorrego se replegase sobre Jujuy y organizase el segundo
Éxodo de la población hacia Tucumán.
Los realistas ocuparon Jujuy en enero de 1814, mientras San Martín recibía el
ejército revolucionario de manos de Belgrano. En este segundo éxodo muchos vecinos
de Jujuy permanecieron en la ciudad y haciendas de la jurisdicción; algunos por
lealtades realistas, otros por negocios, otros porque no les dio tiempo para preparar las
familias para el éxodo; la mayoría de los que se quedaron fueron mujeres, niños y
ancianos, impedidos de realizar el viaje por la premura de los acontecimientos. Hubo
mujeres que enviaban información a sus familiares en el exilio sobre las acciones y
movimientos de los ejércitos realistas, ayudadas por peones y gauchos, que se movían
libremente por los campos. En ese contexto las autoridades enviadas desde Lima
ordenaron la expulsión de familias jujeñas a Tarija, a quienes acusaron mantener
comunicación con los revolucionarios.
El mismo accionar de las milicias del campo, que cortaban los abastecimientos y
las comunicaciones de las tropas realistas, obligaron a los ejércitos reales a abandonar
Salta y Jujuy en julio y agosto de 1814. Nadie se salvó de la acción devastadora de la
guerra, ya para entonces estaba claro que la única opción de sobrevivir era el exilio.
Algunas familias de Jujuy se marcharon con el ejército realista hasta Lima.
La imagen se repitió agravada tres años después, cuando en enero de 1817, unos
7.000 soldados, entre fuerzas veteranas españolas y destacamentos americanos
invadieron Jujuy para, desde allí, reconquistar el antiguo Virreinato del Río de La Plata.
Durante cinco meses de ocupación, la ciudad fue arrasada, los edificios públicos y las
iglesias utilizados como cuarteles para la tropa, las haciendas saqueadas y cualquier
pertenencia que hubiese quedado de los exilados, fue requisada. Al regreso del éxodo
los jujeños buscaban con pesar los restos de sus casas
354
Eran guerrillas o milicias irregulares, de las cuales se desconoce su número, aunque suelen citarse a
seis grandes republiquetas con jefes permanentes y estratégicamente ubicadas en Potosí, Charcas,
Cochabamba, Santa Cruz de la Sierra, Oruro y La Paz, a fin de cortar la comunicación de los ejércitos
reales entre el Perú y el Río de La Plata. Véase: Ch. W. Arnade, “Republiquetas”, en Josep Barnadas
(director), Diccionario Histórico de Bolivia, Sucre, Grupo de Estudios Históricos, 2002, tomo 2, página
711 y subsiguientes.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
355
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1814-1820, folio 31. Acta Capitular del 12 de julio de 1817.
356
Pedro Antonio Olañeta estaba emparentado por su matrimonio con Josefa Marquiegui, con el
hacendado Ventura Marquigui y su hijo Guillermo, ambos partidarios de la causa monárquica. El saqueo
de la ciudad por las tropas realistas fue durante los días 14, 15 y 16 de enero de 1818.
357
Véase: Emilio Bidondo, La guerra de la independencia…
independencia…, op. cit., página 179.
358
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1814-1820. Acta Capitular del 4 de abril de 1819. La
ocupación y saqueo comenzó el 26 de marzo de 1819.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
León, donde derrotó a las tropas realistas el 27 de abril de 1821359. El general Gorriti
amenazó a Olañeta con fusilar a sus cuñados si volvía a atacar a la ciudad de Jujuy, con
lo que se frenaron los saqueos a la ciudad, pero continuaron en la campaña hasta la
muerte de Olañeta en 1825.
La maestranza
Durante toda la guerra hubo una gran carestía de armas de fuego y de pólvora,
en su reemplazo, ambos ejércitos, usaron sables y el arma por excelencia de los hombres
de campo: el cuchillo; también se utilizaban machetes, lanzas, flechas y hondas.
Las piezas de artillería más importantes llegaban desde Buenos Aires, fabricadas
en el Parque de Artillería. En Córdoba había una fábrica de pólvora y en Tucumán se
construían las cureñas para cañones, carretas, monturas, portafusiles y otros elementos
necesarios para la guerra. En Jujuy, desde el arribo de Belgrano en 1812, se organizó la
maestranza, donde se fabricó todos los artículos posibles para equipar al ejército
derrocado en Huaqui, desde uniformes hasta municiones y cañones.
La maestranza era un establecimiento de grandes dimensiones, que concentraba
gran cantidad de mano de obra, tanto especializada (artesanos) como no calificada y en
su seno se producía una diversidad de bienes destinados al equipamiento de las tropas.
La fabricación y reparación de armamento de guerra, tales como cuchillos, lanzas,
sables hasta cañones, estaba dirigido por artesanos expertos, maestros armeros, herreros,
plateros, talabarteros y hasta carpinteros, que en Jujuy en 1813 llegaron a un número de
setenta trabajadores altamente calificados, muchos de ellos forasteros, que a su vez
estaban organizados jerárquicamente en maestros mayores y maestros subalternos,
mientras que la mano de obra no calificada se encargaba de los pasos productivos más
rudimentarios360. Muchos de estos forasteros eran procedentes de la maestranza
organizada por Belgrano en Tucumán durante el éxodo; recordaba un protagonista que
“Estableció también una maestranza completa, en la
l a cual trabajaban todos, además de
los principales maestros de carpintería y herrería. Se remontaban en ella todos los
359
Conocido como “El Día Grande de Jujuy”, porque sólo los gauchos jujeños salvaron a la ciudad de que
fuera nuevamente saqueada.
360
Emma Raspi, “El mundo artesanal…”, op. cit., páginas 178 y 179.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
ropa, que los gauchos fueron recogiendo y enviando a la maestranza de la ciudad para
su reparación.
Lealtades
durante los comienzos de la guerra, seguía siendo un término ambiguo que remitía a
diferentes valores simbólicos365.
Téngase en cuenta que, por lo menos hasta fines de 1812, cuando después de
derrotada la contrarrevolución de Álzaga en Buenos Aires, la revolución recién se
encauzó hacia un camino decididamente independiente de la monarquía española, bajo
la égida de la Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro y se convocó a la Asamblea
General Constituyente366. En Jujuy, la presencia de Manuel Belgrano, a fines de 1812,
la militarización de la población y el reemplazo simbólico que el general del ejército
Auxiliar hiciera de la tríada monárquica por la de religión-patria-libertad en el
imaginario popular367, dio origen a una nueva concepción de patria unida a la libertad, la
igualdad y la lucha contra los tiranos opresores encarnados en la monarquía española.
En el Jujuy de fines de 1812 la expresión tomó mayor sustento político al conocerse las
matanzas realizadas por los Reales ejércitos en el Alto Perú, en especial los episodios de
Cochabamba, donde fueron fusilados todos los simpatizantes revolucionarios.
Por tanto, en 1812 no se trataba de una guerra entre “criollos y españoles”, ni
tampoco ambos bandos eran compactos en su ideología ni planteaban estrategias
coherentes a su interior. Mientras que en el bando revolucionario reinaban la
desavenencia y las intrigas entre los partidarios de mantener la guarda o depósito de la
soberanía de Fernando VII (cautivo de los franceses) y aquellos que tenían ideas más
proclives a la definitiva autonomía de España368, en el bando realista también existían
serias diferencias entre los absolutistas monárquicos y los liberales, que contaban con el
apoyo de las Cortes reunidas en Cádiz. De allí que no deba extrañarnos que muchos
hombres y mujeres se sintieran más apegados a los principios de la monarquía (que
también era entendida como sostenedora del orden social), que a los principios de la
revolución (vista como el desorden y el caos), sobre todo en parajes tan alejados de la
tumultuosa capital virreinal de Buenos Aires. Los vecinos de Jujuy que así lo sintieron y
colaboraron con las tropas realistas durante la ocupación de Jujuy en 1812 lo
expresaban de esta manera:
365
Véase Gabriel Di Meglio, “Patria”, en Noemí Goldman (editora), Lenguaje y revolución. Conceptos
políticos clave en el Río de La Plata, 1780-1850. Buenos Aires, Prometeo, 2008, páginas 115 a 130. De
acuerdo al autor, existía otro significado primigenio de patria, como lugar de nacimiento, como “pago
chico”, que diferenciaba a los españoles europeos entre sí, por ejemplo gallegos, andaluces o cántabros.
366
Véase Marcela Ternavasio, Gobernar la Revolución. Poderes en disputa en el Río de La Plata, 1810-
1816, Buenos Aires, Siglo XXI editores, 2007.
367
Véase en este libro “Viejas ceremonias y nuevos símbolos”
368
Véase Marcela Ternavasio, op. cit.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
369
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo 2, Libro Capitular de 1812. Acta capitular del 18 de noviembre de 1812.
370
El Consejo de Reclutamiento ya funcionaba en 1812 y, según las actas capitulares, parece originarse
en septiembre-octubre de 1811. AHPJ, SRR, Libro Capitular de 1800-1812. Acta Capitular del 28 de julio
de 1812.
371
Viviana Conti y Dionila Valdivieso, Símbolos de resistencia a la independencia americana, Congreso
Internacional “La Constitución Gaditana de 1812 y sus repercusiones en América”, Universidad de Cádiz,
2009, en prensa.
372
AHPJ, SRR, Caja V, Legajo 7.
373
AGI, Diversos 2A, 1812, R1,N2, Correspondencia de José Manuel de Goyeneche al Virrey Abascal,
Potosí, septiembre de 1812.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Ejércitos –como lo habían sido las revueltas indígenas de tres décadas atrás-, que se
pensara que era sólo cuestión de tiempo y, para corroborarlo, allí estaba el
aplastamiento de la revolución en el Alto Perú y la presencia de las tropas virreinales en
Jujuy. De lo que ambos bandos estaban convencidos para fines de 1812, era de que para
entonces ya era muy difícil una salida pacífica al conflicto y la única vía parecía estar en
la guerra
“…y es visto que la lid no puede ser terminada sino por la
fuerza de las armas. La nuestra mirada por todos aspectos es
superior a la suya en numero, en disciplina y en provisión de
toda especies, de un modo que siendo dirigida por el orden,
prudencia, energía y precaucion, que nunca se deben perder
de vista, no solo no tenemos nada que temer de una gente
tumultuaria, sino que debemos estar firmem te. persuadidos de
la terminacion de la lucha a nuestro favor, tanto por lo dicho
como por la razon y justicia que nos guia.” 374.
374
AGI, Diversos 2 A, 1812, R1, N2, D 18, folio 2. Correspondencia del Virrey Abascal al brigadier
Goyeneche, Lima, 25 de enero de 1813.
375
Recuérdese que, según el impuesto cobrado a los comerciantes europeos en 1811, en Jujuy había 40
españoles europeos, sólo en el sector mercantil.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
376
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo 2, Libro Capitular de 1812, Jujuy, Acta del 6 de noviembre de 1812. El
remarcado es nuestro.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
que la familia, los sirvientes, esclavos y la peonada siguieran igual camino que sus
señores y jefes. Por otro lado, la mayoría de los arrenderos, labradores y jornaleros, en
general los hombres de campo libres de sus actos, se habían incorporado a las milicias
de gauchos y marcharon con el ejército revolucionario a Tucumán. Por tanto, es difícil
saber con exactitud cuánta gente siguió a Belgrano y cuánta gente lo desobedeció, pero
los mismos testimonios del ejército realista dan cuenta de que era la minoría de la
población la que había permanecido en Jujuy, tal como lo expresaba el mismo
Goyeneche en el documento que transcribiéramos más arriba: “…los pocos vecinos que
han quedado en esa Ciudad…”. No obstante, teniendo en cuenta la escasa población de
Jujuy, es destacable la cantidad de vecinos notables que permanecieron leales a la
monarquía.
Es conocido el caso particular de Ventura Marquiegui (nacido en Elgueta,
España), quien llegó a Jujuy en 1775, contrajo matrimonio y se radicó como vecino
hacendado y mercader. En 1789 su hermano Pedro Marquiegui, comerciante de Cádiz,
viajó a América (Chuquisaca) con su sobrino Pedro Antonio de Olañeta (ambos eran
solteros y nacidos en la villa de Elgueta)377. Olañeta contrajo matrimonio con la hija de
Ventura Marquiegui, Josefa, por cuanto integró una red familiar que actuó de manera
unida y compacta en el bando realista, durante todas las guerras de la independencia.
Ventura Marquiegui fue electo Síndico Procurador General en el cabildo relista de
1813, pero renunció por motivos de salud. Su hijo Guillermo continuó las alianzas
paternas, por las cuales fue acusado de dar alojamiento a oficiales de los Reales
Ejércitos en la hacienda familiar. Pedro Antonio de Olañeta se enroló en el ejército Real
e impulsó y encabezó las invasiones a Jujuy hasta su muerte acaecida en Tumusla (Alto
Perú) en 1825.
Sabemos que Martín Otero, español europeo, hacendado y mercader permaneció
con su familia e integró el cabildo realista en 1812 como Alcalde de Primer Voto. Fue
similar el caso de Juan Antonio Rodrigo, español europeo, quien fuera electo en el
cabildo realista en 1812 en calidad de Diputado de Obras Públicas y en 1813 como
Alcalde de Segundo Voto. Pedro de la Torre y Barela, vecino de Jujuy nacido en España,
se enlistó como Capitán del Ejército Realista y fue nombrado Síndico Procurador de la
ciudad en el Cabildo de 1812. Andrés Ramos (comerciante español) permaneció en
377
AGI, Contratación 5516, N21 y Contratación 5533, N2, R48.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Jujuy con su familia, de la cual se destacaron por su actuación sus dos hijos Andrés
Francisco y Joseph Diego, ambos nacidos en Jujuy; este último integró el cabildo
realista en 1813 como Alcalde de la Santa Hermandad. Joaquín de Echeverría, español
europeo vecino de Jujuy, fue designado Teniente Ministro Sustituto de la Real Hacienda
de la Caja Menor de Jujuy y su jurisdicción.
378
AGI, Diversos 2ª, 1812, R1, N2, D15.1. Cuartel Principal de Salta, noviembre 17 de 1812.
Correspondencia de Pío Tristán, a José Manuel de Goyeneche.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Son menos conocidas las actuaciones de Manuel Salas, comerciante español que
permaneció en Jujuy con su familia y su hijo Vicente Salas (jujeño). Juan Machuca era
un americano, empleado del cabildo y encargado de publicar los bandos. Mariano
Gordaliza, también americano, Abogado de la Audiencia Pretorial de Buenos Aires, a
quien se le ofreció el puesto de Alcalde Primer Voto en el cabildo realista de 1813,
cargo que no aceptó con el pretexto de su función como abogado de la Audiencia.
Manuel Joseph Leaniz, americano, Cura rector y vicario foráneo de la ciudad de Jujuy,
quien hizo la jura solemne de la Constitución de Cádiz. Juan José de Sandoval (jujeño),
nombrado Interventor de los Reales Correos de Jujuy por José Manuel de Goyeneche,
en mérito a su fidelidad. Así como de los vecinos presentes en la Jura de la Constitución
Gaditana, realizada en la Iglesia Matriz: Tomás Gámez Fernández (comerciante
español), también presente en la toma de posición de los cabildantes electos para 1813,
Joseph Gómez, José Patricio de Sagardia (comerciante nacido en España), Miguel
Antonio de Srasívar y Felipe Avendaño, ambos jujeños379. Además consta que Joseph
de Iramain y Juan Esteban Guerrero (ambos americanos), fueron encargados por las
autoridades realistas de reunir en la campaña las mulas que el ejército necesitaba380.
Los funcionarios reales retomaron la antigua costumbre de nombrar Jueces
Pedáneos de los Curatos de la Campaña , cargo capitular que en Jujuy era muy
irregular, pues se designaba alguno en momentos de disturbios en la campaña. Esta
modalidad nos da información acerca de personajes cuya actuación a favor de la causa
del Rey fue hasta ahora ignorada. El cabildo realista consideró “indispensable” nombrar
jueces en los curatos “para qe estén a la mira de los auxilios que necesiten las Tropas
del Exto. Real a su tránsito ”, para lo cual se eligió “sujetos de conocida conducta y
381
onradez” . El cabildo designó como Juez Pedáneo del curato de Humahuaca a
Eugenio Aparicio, del curato de Tumbaya a Manuel Álvarez y Prado, del curato de
Perico a Juan José de Herrera y del curato de Río Negro a Juan Francisco Almirón,
379
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo 2, Libro Capitular de 1812, Acta del 23 de septiembre de 1812.
Completado con los datos de las Actas capitulares del 9 de septiembre de 1812, 23 de septiembre de
1812, 14 de octubre de 1812, 20 de diciembre de 1812, 1 de enero de 1813 y 7 de enero de 1813. SRR,
caja XLVII, documento 2, hoja 2 y documento 3, hoja 1 nueva carpeta.
380
Ibíd., Acta del 2 de noviembre de 1812.
381
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo 2, Libro Capitular de 1812. Acta Capitular del 7 de enero de 1813.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
382
Ibíd.
383
Véase el apartado “Los efectos de la guerra en la demografía”.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
Jujuy optaron por emigrar a Lima, hacia donde se trasladaron con sus familias junto a
las tropas realistas en su retirada384.
Los integrantes del cabildo Realista de 1814 fueron Tomás Gámes, como
Alcalde de Primer Voto, Alejandro Torres en calidad de Alcalde de Segundo Voto,
Pablo de Mena fue electo Alcalde Provincial, Joseph Ramos ocupó el cargo de Regidor
Fiel Ejecutor, Julián de Zegada fue Defensor de Menores, Martín Otero electo
Comisionado de Obras Públicas y Lorenzo de Goyechea (quien se encontraba enfermo)
era el Síndico Procurador General, reemplazado después de su fallecimiento por Juan
Antonio Rodrigo385. Como Alcaldes de Barrio para la ciudad fueron elegidos Tomás
Fernández y Joseph Patricio Puch386.
En el imaginario de estos cabildantes aún existía la esperanza de llegar a un
acuerdo que evitara tanto derramamiento de sangre y enfrentamiento entre vecinos,
amigos y parientes. En virtud de esas ideas el Defensor de Pobres, Menores y Ausentes,
Julián de Zegada, se ofreció para actuar de mediador entre los vecinos exilados y los
vecinos estantes en Jujuy, lo que fue aceptado por los cabildantes, otorgándole las
credenciales para que, en su nombre, se dirigiese a Tucumán y se entrevistase con los
vecinos que se encontraban en éxodo, “…a fin de terminar esta guerra desoladora ”387,
tarea que cumplió, con sus propios medios, pero sin obtener el fin esperado.
Pero, ¿qué había desencadenado en el seno del cabildo la discusión sobre la
posibilidad de poner un punto final a la guerra y a sus consecuencias? La causa de las
desavenencias en el seno del cabildo y con las autoridades realistas tenían un trasfondo
moral y ético. Se había iniciado en la orden del general en jefe de los Reales ejércitos de
confinar a un grupo de mujeres de la elite jujeña acusadas de actuar como espías,
enviándole información a sus esposos, hijos y hermanos que se encontraban en
Tucumán en el Éxodo. Estas mujeres eran doña Patricia Bustamante, doña Dolores
Cuadra y doña Francisca Hereña y sus hijas.
El comandante del ejército entendía que, como espías, debía confinárselas a un
lugar lo suficientemente alejado y custodiado por los realistas, para lo cual se eligió el
paraje de Huacalera. En un principio el cabildo aceptó, con la condición de que fuesen
384
Véase el apartado “Los efectos de la guerra en la demografía”, donde se dan nombres de los
emigrados, algunos de los cuales con el tiempo regresaron a Jujuy, mientras que otros no volvieron más.
385
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo 3, Actas Capitulares que van del 3 de febrero al 23 de julio de 1814.
386
Ibíd. Acta Capitular del 21 de marzo de 1814.
387
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo 2, Acta del 10 de junio de 1814.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
acompañadas por el Regidor Fiel Ejecutor, para evitar vejámenes a esas mujeres. Sin
embargo, Alejandro Torres, Alcalde de Segundo Voto argumentó que dichas personas
“…havían jurado obedecer y guardar en todas sus partes
la sabia Constitn. Nacionl. Española, y que por consig te., no
encontraba acreedora a la pena que an sufrido ya, las
familias expatriadas al lugar de Guacalera […]
unicamente en el recelo q e se presente, en la correspond a
con sus Deudos, ausentes, entre los enemigos…” 388
Independientemente de su actuación como espías, algo que es sumamente
probable, ya que defendían sus propias lealtades, la moral y el orden vigentes entendían
que “…siendo un cavildo el padre de su pueblo debe remediar, sus males, por los
medios que dicta nuestra religión ”389.
Dos años más tarde, Martín Güemes acusaba a Patricio Sánchez de Bustamante
de haberse quedado comerciando con el enemigo y a su hermano Marcelino de haberlo
hecho con su consentimiento, causando perjuicio a las mujeres que habían sido
desterradas390.
Si bien los partidarios realistas contaban con espías que les adelantaban las
acciones de los revolucionarios, ni bien pusieron un pie en territorio jujeño se
encontraron con espías revolucionarios “espiones, poseídos todos de cobardia y
naturalmente apatia”391, que tenían mil maneras diferentes de pasar datos a los
revolucionarios y sobre los cuales sería interesante conocer más y mejor su actuación en la
guerra.
388
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo 2, Acta Capitular del 22 de julio de 1814.
389
Ibíd.
390
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 11 de febrero de 1816.
391
AGI, Diversos 2ª, 1812, R1, N2, D15.1. Cuartel Principal de Salta, noviembre 17 de 1812.
Correspondencia de Pío Tristán, a José Manuel de Goyeneche.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
En España, durante el cautiverio del rey Fernando VII, bajo las ideas de los
grupos liberales de la Península, se reunieron las Cortes en la ciudad de Cádiz –zona no
ocupada por las tropas francesas- en septiembre de 1810; esas mismas cortes,
autoproclamadas como representantes de la Nación Española, invitaron a los pueblos de
América a enviar a sus representantes. En esos momentos la Junta Gubernativa surgida
en Buenos Aires en mayo de 1810, se negó a enviar diputados a las Cortes de Cádiz,
con la argumentación de la desigualdad de representación de las provincias españolas
respecto de las americanas394. Las Cortes reunidas en Cádiz dictaron en 1812, una
Constitución ideológicamente liberal, que fue jurada en todos los territorios de España,
salvo en las regiones americanas dominadas por la Revolución.
En el extremo norte de la Intendencia de Salta del Tucumán, (Salta, Jujuy y el
Alto Perú) que, en esos momentos estaba ocupado por las tropas leales a la monarquía -
procedentes de Perú- la población estante, sí juró la constitución gaditana.
392
Véase “Fiestas Patronales”.
393
AHPJ, SRR, Caja XXXVII, Legajo 1, documento 71.
394
Noemí Goldman, “Crisis del sistema institucional colonial y desconocimiento de las Cortes de Cádiz
en el Río de la Plata”, en Manuel Chust (cord.), 1808. La explosión juntera en el mundo hispano, México,
FCE, 2007, página 227.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
395
Véase Viviana Conti y Dionila Baldiviezo, op. cit.
396
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812. Acta Capitular del 1 de febrero de 1813.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
399
Véase en Primera Parte, “Fiestas y homenajes reales”.
400
Joaquín Carrillo, Jujuy Provincia federal arjentina. Apuntes de su historia civil (con muchos
documentos). Buenos Aires, 1877. Reimpresión, Jujuy, Talleres Gráficos del Boletín e Imprenta del
Estado de la Provincia de Jujuy, 1980, páginas 167 y 168.
401
Ibíd., página 169, citando a Bartolomé Mitre, Historia de Belgrano.