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Jujuy: Vida y Revolución en 1810

El documento describe la vida en Jujuy antes de 1810, incluyendo su ubicación, caminos, habitantes y actividades económicas. Luego, analiza el impacto de la Revolución de Mayo de 1810 en la vida de los jujeños.

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Jujuy: Vida y Revolución en 1810

El documento describe la vida en Jujuy antes de 1810, incluyendo su ubicación, caminos, habitantes y actividades económicas. Luego, analiza el impacto de la Revolución de Mayo de 1810 en la vida de los jujeños.

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LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a

nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

JUJUY EN 1810

Viviana E. Conti

Esta sección está dedicada a la vida en Jujuy alrededor de 1810. Aquí


describiremos la vida cotidiana de los jujeños antes de la Revolución de Mayo de 1810
y veremos cómo el estallido revolucionario en Buenos Aires trastocó la vida de sus
habitantes, sin distinguir categorías sociales, económicas o étnicas.
Para ello, hemos dividido esta sección en dos partes: la primera parte analiza
distintos aspectos de la vida en Jujuy antes de la Revolución, comenzando con la
ubicación de Jujuy en el mundo colonial, los caminos de acceso, distancias, formas de
comunicación y de transportes y descripciones de la ciudad de San Salvador y su
jurisdicción (el campo bajo su control), obtenidas a través de documentos
doc umentos de la época y
viajeros que pasaron por entonces. El capítulo segundo da cuenta de los habitantes, en
cantidades, composición étnica y formas de asentamiento, en especial –pero no
exclusivamente- dentro del ámbito urbano. El tercer capítulo está dedicado a las
actividades económicas, el papel de Jujuy en los circuitos mercantiles coloniales y las
ocupaciones a las que se dedicaban sus habitantes. El cuarto y último capítulo de esta
sección está dedicado a describir distintos aspectos de la vida política y cotidiana en una
sociedad que transitaba las últimas décadas coloniales.
La segunda parte está centrada en el impacto que la Revolución de Mayo
provocó en la vida pueblerina de Jujuy, desde el arribo del Ejército Auxiliar del Alto
Perú, enviado desde Buenos Aires, acontecimiento casi anecdótico para sus habitantes,
que ni soñaron en las transformaciones que la nueva coyuntura de guerra traería a la
calma pueblerina de Jujuy. Esta sección está dividida en capítulos que contienen
distintos aspectos de los efectos de la guerra -que en esta zona duró quince años- en la
demografía, en las actividades económicas y en la vida política y cotidiana de los
hombres y mujeres que habitaban el suelo jujeño.

Agradezco a la prof. Dionila Baldiviezo por su inestimable colaboración en la búsqueda de material


documental. Todo lo escrito es responsabilidad mía.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

PRIMERA PARTE

JUJUY ANTES DE LAS GUERRAS DE LA INDEPENDENCIA

1. DESCRIPCIÓN GENERAL DE LA JURISDICCIÓN DE JUJUY.

Localización, caminos y distancias con otros centros de población

En el momento de su fundación, la ciudad de San Salvador de Jujuy fue dotada


de Cabildo, que era la institución colonial encargada de ejercer el gobierno y la justicia,
en todo su ámbito territorial. Por tanto, poseía un territorio más allá de la ciudad, sobre
la cual ejercía su dominio; así la jurisdicción de Jujuy abarcaba la ciudad de San
Salvador y la campaña o campo con sus pueblos y aldeas.
El territorio jurisdiccional de Jujuy se extendía por el Norte hasta los límites de
Chichas y Tarija, por el Sur hasta el territorio de Salta, por el Oeste hasta las altas
cumbres y por el Este hasta la planicie chaqueña, que era la auténtica zona de frontera,
en constante guerra con los indígenas. La frontera chaqueña fue transformando el
dominio que ejercía el cabildo de Jujuy sobre su territorio, al dotarla de fuertes y
miradores que protegieran las “entradas de los vecinos” para recuperar terreno y
extender las tierras de laboreo (haciendas y estancias) bajo la sujeción española; estas
incursiones sobre el territorio chaqueño-indígena era aprovechado para capturar
“piezas”, aborígenes que eran obligados a trabajar en las chacras cercanas a la ciudad1.
La jurisdicción de Jujuy comprendía una extensa superficie con distintos pisos
ecológicos: tierras altas en la Puna, valles secos en la Quebrada de Humahuaca, valles
centrales húmedos y valles subtropicales de yungas, que la hacían poseedora de una
gran variedad de producciones.
El valle de Jujuy, donde se estableció la ciudad, está ubicado en la transición
entre los ambientes áridos y los climas subtropicales; es un valle húmedo, cerrado hacia
1
Esta práctica fue legalizada por la Corona según Auto general de 1666. Véase Gabriela Sica y Mónica
Ulloa, “Jujuy en la colonia. De la fundación de la ciudad a la crisis del orden colonial”, en Ana Teruel y
Marcelo Lagos (dir.), Jujuy en la historia. De la colonia al siglo XX, Universidad Nacional de Jujuy,
2006, página 60.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

PRIMERA PARTE

JUJUY ANTES DE LAS GUERRAS DE LA INDEPENDENCIA

1. DESCRIPCIÓN GENERAL DE LA JURISDICCIÓN DE JUJUY.

Localización, caminos y distancias con otros centros de población

En el momento de su fundación, la ciudad de San Salvador de Jujuy fue dotada


de Cabildo, que era la institución colonial encargada de ejercer el gobierno y la justicia,
en todo su ámbito territorial. Por tanto, poseía un territorio más allá de la ciudad, sobre
la cual ejercía su dominio; así la jurisdicción de Jujuy abarcaba la ciudad de San
Salvador y la campaña o campo con sus pueblos y aldeas.
El territorio jurisdiccional de Jujuy se extendía por el Norte hasta los límites de
Chichas y Tarija, por el Sur hasta el territorio de Salta, por el Oeste hasta las altas
cumbres y por el Este hasta la planicie chaqueña, que era la auténtica zona de frontera,
en constante guerra con los indígenas. La frontera chaqueña fue transformando el
dominio que ejercía el cabildo de Jujuy sobre su territorio, al dotarla de fuertes y
miradores que protegieran las “entradas de los vecinos” para recuperar terreno y
extender las tierras de laboreo (haciendas y estancias) bajo la sujeción española; estas
incursiones sobre el territorio chaqueño-indígena era aprovechado para capturar
“piezas”, aborígenes que eran obligados a trabajar en las chacras cercanas a la ciudad1.
La jurisdicción de Jujuy comprendía una extensa superficie con distintos pisos
ecológicos: tierras altas en la Puna, valles secos en la Quebrada de Humahuaca, valles
centrales húmedos y valles subtropicales de yungas, que la hacían poseedora de una
gran variedad de producciones.
El valle de Jujuy, donde se estableció la ciudad, está ubicado en la transición
entre los ambientes áridos y los climas subtropicales; es un valle húmedo, cerrado hacia
1
Esta práctica fue legalizada por la Corona según Auto general de 1666. Véase Gabriela Sica y Mónica
Ulloa, “Jujuy en la colonia. De la fundación de la ciudad a la crisis del orden colonial”, en Ana Teruel y
Marcelo Lagos (dir.), Jujuy en la historia. De la colonia al siglo XX, Universidad Nacional de Jujuy,
2006, página 60.
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nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

el Este por las sierras Subandinas. Es la zona con clima más benigno de la región; está
ubicado entre los 1.000 y 1.500 metros sobre el nivel del mar, recibe lluvias abundantes
y tiene una temperatura relativamente baja a causa de la altura. Es un valle amplio,
surcados por ríos, con suelos fértiles, donde hubo un temprano desarrollo agrícola. Está
comunicado con el valle de Lerma, de similares características, donde se localiza la
ciudad de Salta (por entonces capital de la intendencia de Salta del Tucumán, a la cual
estaba subordinada Jujuy).
Hacia el Norte, el Altiplano (que en Jujuy recibe el nombre de puna) se eleva a
3.500 metros sobre el nivel del mar, está limitado por cadenas montañosas de 5.000 a
6.000 metros de altura y cortado por estribaciones y depresiones. Es monótono,
desértico, con suelo árido y con algunos arbustos resinosos; las condiciones climáticas
son poco benignas, caracterizadas por una gran amplitud térmica diaria y vientos
constantes. Una vez que el viajero trepaba al Altiplano podía continuar la travesía hasta
Potosí o La Paz, siempre en la misma altiplanicie y bajar hasta Lima; en él se
desarrollaron los centros mineros más importantes del Alto Perú.
La conexión entre el valle de Jujuy y el Altiplano (puna) son la quebradas: valles
secos, relativamente estrechos, con la dirección N-S, surcados por ríos caudalosos
(principalmente en verano) que nacen al 3.500 metros de altura y desembocan en los
valles a 1.500 metros sobre el nivel del mar. Estas quebradas eran utilizadas como
caminos “de herradura”2. La más importante es la quebrada de Humahuaca, donde el
clima es semiárido, pero la menor cota sobre el nivel del mar determina temperaturas
algo más templadas. En líneas generales, estos valles fueron (y siguen siendo) zonas
preponderantemente agrícolas donde prospera una gran variedad de vegetales, en
cultivos bajo riego.
Hacia el Este, la Cordillera Oriental está formada por un conjunto de cordones
montañosos (serranía de Santa Victoria y cadena de Zenta, con picos que se elevan
sobre los 4.500 metros sobre el nivel del mar), separados por valles profundos y
quebradas que bajan a las yungas o selvas de altura, en la falda oriental, donde reciben
la mayor cantidad de precipitaciones de la región.
Es una zona con diferentes pisos de vegetación que incluyen selvas y bosques
ubicados sobre la vertiente oriental andina y conforman una unidad ambiental que ocupa

2
Los caminos de herradura eran aptos sólo para el viaje a caballo, mula o burro, mientras que en los
caminos “carreteros” podían transitar carretas.
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también el amplio valle de San Francisco en las sierras Subandinas. Esta última es una
zona netamente subtropical ubicada a pocos centenares de metros sobre el nivel del mar,
con elevadas temperaturas e intensas precipitaciones y humedad.
Más al Este, se baja hasta las estribaciones occidentales del gran Chaco, donde
las temperaturas son elevadas y las lluvias son abundantes en verano. Hasta mediados
del siglo XIX, estuvo ocupada por indígenas tobas, wichí y otras parcialidades; la
avanzada “colonizadora” fue una línea zigzagueante de reducciones y fortines, detrás de
las cuales se asentaban algunas haciendas3.

Mapa 1
Jujuy en el Área Andina

Escala 1: 5.000.000

Jujuy –ciudad y campaña- formó parte de la Gobernación del Tucumán hasta la


creación de los nuevos virreinatos en el siglo XVIII. Desde entonces pasó a integrar la
Intendencia de Salta del Tucumán, dentro del Virreinato del Río de La Plata. La ciudad

3
La frontera fue una línea móvil, en avanzada durante la segunda mitad del siglo XVIII y que en la
primera mitad del siglo XIX presentaba una tendencia hacia el retroceso hacia el occidente. Véase:
Alberto Gullón Abao, La frontera del Chaco en la Gobernación del Tucumán (1750-1810), Universidad
de Cádiz, 1993.
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de Salta, capital de la Intendencia, estaba ubicada a 18 leguas4 al sur, en el valle de


Lerma.
Por Jujuy pasaba el Camino Real, que unía las ciudades virreinales de Buenos
Aires y Lima; desde el Sur el Camino Real iba tocando las ciudades de Córdoba,
Santiago del Estero, Tucumán, Salta y arribaba a Jujuy por una ruta –actualmente
inexistente- que iba de Vaqueros y la quebrada de los Sauces hasta la Almona pasando
por San Antonio; la ruta llegaba hasta la ciudad de San Salvador, donde tomaba el lecho
del río grande y trepaba la quebrada de Humahuaca hasta las cercanías de Sapagua,
donde enganchaba con la quebrada de la Cueva (por el cauce del río La Cueva), subía
por el abra de Cortaderas hasta Yavi5. Es la ruta en la que se estableció, en el siglo
XVIII, el sistema de postas6.
El camino podía hacerse en una jornada a caballo, con cambio de cabalgadura en
la posta de La Cabaña, o en dos jornadas de trajín normal; este camino entre Salta y
Jujuy era un camino de “de herradura”, pero el más seguro y por tanto el más usado.
Existía otro camino “carretero” que iba por el fuerte de Cobos, más largo e inseguro por
la constante amenaza de los malones indígenas procedentes de las llanuras chaqueñas.
Entre la ciudad de Jujuy y Potosí había 130 leguas, que solían realizarse en 14
jornadas en mula con recambio de cabalgaduras; el camino era de herradura y el
transporte de ganado o mercancías en arrias tardaba el doble y el triple de tiempo. La
distancia con Buenos Aires (450 leguas) podía realizarse en 30 a 50 días a caballo,
mientras que el transporte de mercaderías en carretas, duraba de 3 a 5 meses.
Aunque los viajes de entonces eran muy incómodos –sobre todo si los
comparamos con los de la actualidad- la gente se desplazaba mucho; viajes de negocio,
pero también de placer o por conocimiento, eran mucho más frecuentes de lo que
podemos pensar o tenemos en el imaginario de hoy.
Debido a su situación geográfica, la ciudad de Jujuy era un centro de tránsito
obligado entre la Altiplanicie y las tierras bajas pampeanas, donde los viajeros
permanecían el tiempo necesario para equiparse con sus bastimentos. Esta ubicación

4
La legua castellana (usada en Jujuy) era equivalente a 5.000 varas o a 4,33 kilómetros. Archivo
Histórico de la Provincia de Jujuy (en adelante AHPJ), 1885, Caja 2, agosto 6.
5
Brackebusch indica el punto de bifurcación en Atumpa, de allí partía “el camino grande, que antes
seguía en el abra de la Cortadera, por Yavi hasta Tupiza”. Luis Brackebusch, Por los caminos del Norte,
Universidad Nacional de Jujuy, 1990 [1881], página 47.
6
Véase Alonso Carrió de la Vandera (Concoloncorvo): El lazarillo de ciegos caminantes. Barcelona,
Biblioteca Ayacucho, 1985.
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privilegiada en el camino que unía a Buenos Aires con Potosí y con Lima le imprimía
un gran dinamismo mercantil, ya que por ella pasaban mercaderes, comerciantes,
tratantes, funcionarios y viajeros en general. Los negociantes llevaban y traían todo tipo
de mercancías y, como veremos más adelante, estas actividades generaban trabajo en
muy diversas labores para los habitantes de la ciudad y la campaña.
Al llegar a Jujuy, un viajero extranjero apuntaba en su diario de viaje lo
siguiente:
“… los encierros para ganado, trozos de terrenos cultivados y
granjas anuncian al viajero que se aproxima a la populosa
ciudad de Jujuy, que en un tiempo tuvo un movimiento y
opulencia considerables…” 7.
El sistema de postas (utilizadas para el correo Real) establecido por la Corona
Española para mantener comunicadas a las ciudades virreinales de Buenos Aires y
Lima, atravesaba toda la jurisdicción de Jujuy. Las postas eran paradores donde los
viajeros podían hacer cambio de cabalgadura y seguir su camino o pararse a descansar,
en cuyo caso recibían de los mozos y postillones la atención de comida y albergue para
ellos y los animales con los que viajaban. En las postas el viajero recibía informaciones
sobre el estado de los caminos y, de ser necesario, baqueanos que lo auxiliaran en
trayectos difíciles de su travesía.
La primera posta, entrando desde el sur, se ubicaba a orillas del río Perico en la
hacienda La Cabaña. La siguiente posta estaba en la misma ciudad de San Salvador, a
orillas del río Xibi-Xibi8. Los restantes paradores, en el camino hacia el norte, estaban
ubicados en Huájra, Hornillos, Humahuaca, La Cueva, Cangrejos Grandes y La
Quiaca9.
La ciudad de Jujuy era la última ciudad de importancia de la vía carretera del
camino Real entre el Río de La Plata y Potosí; hasta aquí llegaban las carretas

7
Edmundo Temple, Córdoba, Tucumán, Salta y Jujuy en 1826, (Capítulos extraídos del libro “Travels in
various parts of Perú”, Londres, 1830, Traducido por Jaime Noguera con prólogo del Dr. Juan B. Terán),
reimpresión de la Universidad Nacional de Jujuy, 1989, página 167.
8
Según el plano de la ciudad elaborado por Ricardo Rojas, en 1808 el edificio de la Posta se encontraba
en lo que hoy es la calle Lamadrid entre San Martín y la barranca del Río Chico
9
Alonso Carrió de la Vandera, El lazarillo…[Link]., página 87 y subsiguientes. El viaje de Alonso Carrió
de la Vandera se realizó entre los años 1771 y 1773, como funcionario de la Corona, designado por
Carlos III “Segundo Comisionado para el arreglo de Correos y ajuste de Postas entre Montevideo-Buenos
Aires y Lima”. En 1775 escribió sus experiencias en dicho viaje, en una obra que ha tenido diversas
publicaciones a lo largo del tiempo y que es la que estamos citando.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
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procedentes de Buenos Aires, Córdoba o Tucumán cargadas con mercancías, con


destino a los mercados del Alto y Bajo Perú; en adelante el camino era de herradura, por
lo cual sólo se podía continuar el viaje en mula y las mercancías debían enfardarse para
ubicarlas en tercios de mula o burro10.
A pesar de ser una ciudad relativamente chica, tenía mucho movimiento de
personas: viajeros, arrieros y transeúntes que hacían el camino entre las “provincia de
arriba” (Alto y Bajo Perú) y las “provincias de abajo” (Río de La Plata). Como era la
última o primera ciudad del camino carretero -según el destino y procedencia de los
viajeros-, estos debían cambiar de medio de transporte, reemplazar la mula por la
carreta o viceversa, lo cual obligaba a la permanencia en la ciudad del tiempo necesario
para realizar esos preparativos y abastecerse de lo necesario para el viaje, todo tipo de
bastimentos que adquirían en las pulperías y almacenes de la ciudad.
Los compradores de ganado contrataban capataces, adiestradores y peones, que a
su vez eran surtidos, por los comerciantes de la ciudad, de todos los efectos necesarios
para realizar la travesía. Los transportistas de mercancías contrataban a arrieros
especializados, dueños de arrias de mulas y burros, que también eran expertos
conocedores de los caminos, aguadas y pastizales.
“El hecho de encontrarse Jujuy en relación directa con las
provincias del Alto Perú y sobre el camino principal a Potosí,
contribuye a que tenga ventajas sobre Salta que se halla a nueve
leguas fuera del camino. Llegan hasta Jujuy las carretas
cargadas de mercaderías con destino a los mercados del Perú, y
como en adelante sólo pueden continuar el viaje a lomo de
mula, deben ser descargadas allí. De ahí que la ciudad sea un
depósito general de artículos para viajes a través de las sierras.
La dificultad en pasar las cordilleras, hace necesaria la
previsión. Es también por esto que después de Buenos Aires
ninguna otra ciudad presenta tanto movimiento comercial como
Jujuy”11.

10
Así la describieron los viajeros que la visitaron en la época. Edmundo Temple, op. cit., páginas 167-
168. Alonso Carrió de la Vandera, op. cit., página 88. Joseph Andrews, Las provincias del Norte en 1825,
Universidad Nacional de Tucumán, 1957, página 104.
11
Joseph Andrews, Las provincias del Norte en 1825, Universidad Nacional de Tucumán, 1957, página
104.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Esta particularidad (la necesidad de arrieros al llegar a Jujuy), había convertido a


la profesión de la arriería en una de las más importantes a nivel local y a sus integrantes
en personajes muy requeridos por su experiencia y conocimientos.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
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2. LOS HABITANTES DE JUJUY

Los datos más confiables con que contamos, relativos a la cantidad de población
de la jurisdicción de Jujuy, provienen de fines del siglo XVIII. Luego, sólo se conservan
datos parciales por zonas hasta el primer censo nacional de 1869.
Según los datos arrojados por el Censo levantado por orden del rey Carlos III en
1778-177912, en la jurisdicción de Jujuy vivían 14.694 personas (sin contar los curatos
de Humahuaca y Río Negro, para los cuales no se conservaron los datos).
Su población era mayoritariamente rural y étnicamente indígena. La zona de la
Puna era la que contaba con el mayor porcentaje de población indígena. En la quebrada
de Humahuaca la composición étnica de la población era especialmente mestiza e
indígena. En cambio, en los valles centrales (sin la ciudad) la mayoría de los habitantes
eran criollos mestizos; mientras que en los valles orientales o subtropicales había una
preeminencia de indígenas y mestizos.
En la población de la ciudad de San Salvador (población urbana) era donde se
encontraba la mayor diversidad étnica, ya que allí se concentraban los españoles, negros
y mulatos, a la vez que contaba con la presencia de indígenas y mestizos.
El Gráfico 1 da muestra de la composición étnica de toda la jurisdicción de
Jujuy, según los datos del Censo de 1778-1779.
Gráfico 1

Composición étnica de la jurisdicción de Jujuy (1779)

Indeterminados
13% Españoles
4%
Mulatos Mestizos
6% 19%
Negros
2%

Indios
56%

12
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, Buenos Aires, Imprenta Coni, 1913. Tomo I, páginas 111 a
421. Este Censo ha sido trabajado y analizado por distintos historiadores y demógrafos, algunas de cuyas
obras citamos más adelante.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Fuente: elaboración propia en base al Censo de 1779

La población rural vivía en haciendas, estancias, chacras y pueblos de indios,


dedicados a tareas agrícolas y ganaderas. Los hacendados y estancieros más importantes
y ricos también tenían casa en la ciudad y solían desplazarse continuamente entre el
campo y la ciudad con sus familias y sirvientes.
Los criados y sirvientes (esclavos, libertos e indios) acostumbraban trabajar
tanto en la casa de la ciudad, en los quintales (tras las casas) o bien eran enviados a las
posesiones del campo a realizar diversas labores relacionadas con la producción
agrícola (siembra, cosecha, recolección), ganadera (matanzas, marca de ganado,
elaboración de grasas, sebo, etc.) u otras actividades relacionadas con la provisión de
productos y bienes para el consumo cotidiano de la casa familiar13.
La elite (compuesta por las familias prominentes) originariamente estuvo
formada por los descendientes de los conquistadores, los primeros encomenderos y sus
parientes. Sin embargo, a lo largo del siglo XVIII, y especialmente en las últimas
décadas, fueron llegando a Jujuy inmigrantes españoles que contrajeron matrimonio con
mujeres de la elite local, dando lugar a la formación de nuevos linajes, que ocasionaron
el crecimiento de los sectores socialmente prestigiosos. Muchos de estos recién
llegados, invirtieron sus ganancias obtenidas en el comercio y otros menesteres en la
compra de tierras, engrosando así el sector terrateniente.
En las haciendas y estancias vivían y trabajaban españoles y mestizos dedicados
a tareas específicas, tales como mayordomos, capataces, administradores, cuidadores,
invernadores, arrieros y otras actividades de campo que conllevaban una cierta
formalidad. Estas labores exigían, además, una debida capacitación, experiencia y
responsabilidad, por cuanto sus detentadores eran reconocidos y gozaban de un
prestigio social relativo, que anteponía el apelativo de “don” a sus nombres14.

13
Mónica Ulloa, “Población y unidades domésticas en una ciudad colonial: San Salvador de Jujuy 1755-
1757”, en Ana Teruel (compiladora), Población y trabajo en el noroeste argentino siglos XVIII y XIX,
Universidad Nacional de Jujuy, 1995, página 49.
14
El tratamiento de don como encabezamiento del nombre era sinónimo de honorabilidad, con marcada
jerarquía étnica. Era usual en el sector de los españoles, pero menos aceptado su uso entre los mestizos o
indígenas. En 1794, Juan Antonio Moro Díaz hizo un especial pedimento al Virrey para que “tenga a
bien corresponderle el Don por escrito y de palabra, debido a su nobleza de sangres y también por los
empleos que anterior y actualmente obtiene”. AHPJ, Sección Ricardo Rojas (SRR), Caja XXVIII, Libro
Capitular de 1769-1795, folios 370v a 376. Acta Capitular del 12 de julio de 1 794.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
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La ciudad de San Salvador estaba emplazada entre las barrancas del Río Grande
y el Xibi Xibi. A mediados del siglo XVIII la ciudad se extendía desde la Ermita de San
Roque (barrancas del Xibi-Xibi), el Convento de La Merced (ambos ubicados en lo que
actualmente es la calle Gorriti), seguía por la calle Real (hoy calle Sarmiento) la calle de
La Merced (hoy llamada Otero), la calle de San Francisco (actualmente Lavalle) y la
calle Del Portal (hoy Necochea). Las cortaba perpendicularmente la calle del Comercio
(hoy Belgrano), que comenzaba en la Plaza Mayor y concluía en los campos de la
Tablada, paralela a la calle de San Roque (Independencia), y las barrancas de ambos
ríos. A orillas de este radio céntrico se ubicaban los rancheríos15. Así lo describía un
viajero a fines del siglo XVIII:
“Se sale o se entra [a la ciudad] por una hermosa tablada de
media legua de largo y la mitad de ancho, y se desciende por un
corto barranco…” 16.
La ciudad estaba dividida en 2 cuarteles o barrios, cada uno al mando de un
alcalde de barrio, nombrados por el Cabildo17 (como veremos más adelante, esta
división sufrió transformaciones a partir de 1811). En ella convivían dos tipos de
personas: los habitantes (permanentes) y los estantes (transitorios). A su vez, los
habitantes, podían ser vecinos o simplemente residentes; indudablemente, la categoría
de vecino tenía mayor status político y legal.
Las condiciones que un habitante debía cumplir para alcanzar el título de vecino
eran ser propietario, estar casado (jefe de familia) y tener un empleo u oficio
independiente y reconocido. En Jujuy, el hecho de tener un domicilio fijado en la ciudad
era indispensable para el atributo de vecindad, no obstante no era necesario que viviera
allí en forma permanente, podían residir en la campaña parte del año y ser vecino de la
ciudad. Sí se consideraba obligatorio el requisito de poseer un trabajo independiente; en
un documento de la época pudimos observar que el electo regidor18 se negaba a recibir
el cargo argumentando que tenía un empleo de dependiente y por lo tanto no era lo
suficientemente honorable para acceder al cabildo.

15
Mónica Ulloa, op. cit., página 47. Félix Infante, Calles de mi ciudad, Jujuy, 1980.
16
Alonso Carrió de la Vandera, op. cit., página 88.
17
AHPJ, Sección Ricardo Rojas (SRR), caja IV, folios 148-149. Véase más adelante en el capítulo 4 “La
vida política y cotidiana” las funciones y responsabilidades de los alcaldes de barrio.
18
Los cargos de cabildo, sus características y funciones, tales como regidor, alguacil, alcaldes y otros,
pueden verse con mayor detenimiento en el apartado 4 “La vida política y cotidiana”.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
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En la sociedad de Jujuy poseía especial relevancia ser reconocido como vecino.


En 1810, se cuestionaba a don Sebastián de la Mella el querer participar en el remate de
la vara de alguacil mayor de la ciudad por ser vecino nuevo . En tal oportunidad debió
intervenir el procurador del cabildo, con el argumento de que “cuatro vecinos de honor”
habían manifestado su confianza en el “joven”19.
En el centro de la ciudad se encontraban emplazadas las casas de las familias
más importantes; en ellas generalmente convivían los integrantes de la familia con
algunos parientes, servidumbre, esclavos y, ocasionalmente, viajeros o transeúntes que
se alojaban transitoriamente. Era bastante común que la gente de paso por Jujuy se
alojara en casas de las familias locales, quienes solían disponer de un cuarto para ese
negocio extra20.
A medidos del siglo XVIII, la calle de La Merced era donde se concentraba la
mayor cantidad de población (40% en 1757). Mónica Ulloa, al analizar este período,
observa que, pese a la pequeñez de la ciudad, ya se advertía una gran movilidad social,
producto de una sociedad en continuo cambio y renovación, donde se instalaban cada
año nuevos núcleos familiares, muchos de ellos constituidos por hombres forasteros y
mujeres originarias (en el caso de los españoles étnicos), estos matrimonios facilitaban a
los hombres de otras regiones la posibilidad de establecerse con vínculos en la ciudad21.
Existía un porcentaje importante de hogares cuyos jefes eran mujeres (alrededor
del 34% para mediados del siglo XVIII), generalmente viudas22. Ambos elementos,
matrimonios con forasteros y abundancia de viudas, nos están hablando de una sociedad
con un mercado matrimonial donde había escasez masculina dentro del grupo étnico de
españoles. De allí la importancia cualitativa que tuvo para la elite local el arribo de
inmigrantes (españoles europeos) en las últimas décadas coloniales.
La llegada de dichos inmigrantes españoles en las últimas décadas del siglo
XVIII incrementó la cantidad de habitantes urbanos, lo que habría repercutido en el
crecimiento de la ciudad, sobre todo de la zona céntrica donde se ubicaban las viviendas
de los sectores más acomodados. En el plano de la ciudad que poseemos para el año

19
AHPJ, SRR, Caja XXXVII, Legajo 1, documento. 19.
20
Mónica Ulloa, op. cit., página 54
21
Mónica Ulloa, op. cit., páginas 48-49.
22
Mónica Ulloa, op. cit., página 55.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

180823, puede observarse que el casco urbano fue adquiriendo la extensión del actual
radio céntrico, entre ambos ríos y entre las actuales calles Argañaráz y Patricias
Argentinas, donde comenzaban los campos de la Tablada. Rebasando esos límites
estaban los suburbios, donde se ubicaban las quintas y los rancheríos.
Al interior del radio urbano, además de casas y solares, estaban los edificios
públicos: el Cabildo y la Posta, los edificios eclesiásticos: la Iglesia Matriz, el convento
de La Merced, el convento de San Francisco, la capilla de Santa Bárbara y la ermita de
San Roque, así como establecimientos comerciales: en el plano están especialmente
señalizados el molino de López Ovando, la carpintería de Santiago y la carnicería de
Lálamo (todos ubicados a la ribera del río Chico), pero sabemos, a través de la
documentación de la época, de la existencia de distintos comercios de venta al público y
mayoristas, así como talleres artesanales, jabonerías y curtiembres, sobre los cuales nos
explayaremos más adelante.
Debido a su composición social, la ciudad era el lugar donde se mezclaban
españoles, mestizos, indios, negros y castas, dando lugar al contacto entre distintas
culturas, comportamientos, costumbres y formas de esparcimiento. El constante arribo
de viajeros, estantes y forasteros de paso contribuyó a la cotidianeidad multicultural y
multiétnica y favoreció los procesos de mestizaje.
El Gráfico 2 nos da una pauta de la diversidad étnica existente en la ciudad de
San Salvador a fines del siglo XVIII, según las cifras arrojadas por el Censo de 1778-
1779.

Gráfico 2

Población de la ciudad de San Salvador de Jujuy.


Distribución étnica según datos del Censo de 1779

Indeterminados
1%
Españoles
Mulatos 13%
14%

Negros
8%

23 Mestizos
Ricardo Rojas, “Plano de ciudad en 1808, extraído de un legajo de contribuciones para gastos de la
36%
invasiones inglesas”, en Viviana Conti, Jujuy en sus documentos. Recopilación del Archivo Capitular de
Ricardo Rojas, Universidad NacionalIndios
de Jujuy, 1992.
28%
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Fuente: elaboración propia en base al Censo de 1779

La mayor cantidad de población éticamente española vivía en la ciudad o tenía


casa en ella. Como ya mencionáramos, durante las últimas décadas del siglo XVIII
arribó a Jujuy una migración procedente del norte de España (vascos y cántabros)
quienes contrajeron matrimonio con mujeres de la elite local, formando nuevas familias.
La mayoría de estos inmigrantes se dedicó a las actividades mercantiles en el circuito
Buenos Aires – Potosí, mientras que otros llegaron para cubrir cargos militares y
administrativos (funcionarios de la Real Hacienda y cargos menores en la burocracia
local).
Estos inmigrantes formaron nuevos linajes, que se perpetuaron durante los siglos
XIX y XX. Apellidos como Sánchez de Bustamante, Bárcena, Tezanos Pinto, Quintana,
Sandoval, Otero, Alvarado, Gómez, Veja, González, Fernández, Zegada, Rodrigo,
Bado, Santiváñez, Revuelta, Olaso, Rivas, Pérez, Martínez, Montes, Ramos, formaron
parte de esta migración española a Jujuy a fines del período colonial, a los que se
sumaron otros inmigrantes de origen genovés: Carenzo y de La Rosa.
En 1800, 56 vecinos, estantes y habitantes de la ciudad, realizaron donaciones
voluntarias para las urgencias y gastos de la guerra que sostenía el rey de España con
Inglaterra. Doce de ellos eran clérigos que no manifestaron su lugar de nacimiento; de
los 44 restantes (que sí explicitaron su origen), 22 eran españoles europeos, 2 genoveses
y 20 españoles americanos (incluido 1 clérigo que dijo haber nacido en Jujuy).
Descontando a los clérigos, los contribuyentes de Jujuy fueron 19 americanos, 22
españoles y 2 genoveses, lo que estaría mostrando la importancia relativa del grupo de
españoles europeos incorporados a la elite local24.
Como vimos, debajo de la elite, existía un cúmulo de españoles pobres y
mestizos, que cumplían tareas de relativo prestigio, tales como mayordomos,
administradores, maestros artesanos, arrieros, pulperos y pequeños tratantes. A ellos se
sumaban los esclavos y manumitidos, indios forasteros y mestizos muy pobres, algunos
de ellos mendigos25.

24
AHPJ, SRR, caja XXXIII, Legajo 1, folios 50 a 53.
25
Daniel Santamaría, Memorias del Jujuy colonial y del Marquesado de Tojo, Universidad Internacional
de Andalucía, Sede Iberoamericana de La Rábida, 2001, página 187 y subsiguientes.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Los esclavos negros arribaron a la ciudad de Jujuy en mayor cantidad a


principios del siglo XVIII; ya en la segunda mitad del siglo, el número de mujeres
esclavas superaba al de los hombres pertenecientes a las castas, elemento que propició
el mestizaje. El alto valor de los esclavos (formaban parte del capital de las familias más
pudientes), influyó en su establecimiento en la ciudad, donde fueron ocupados en tareas
domésticas y artesanales26.
Hasta aquí nos hemos referido a la ubicación de Jujuy en el Virreinato de Río de
La Plata, describimos a la ciudad y su entorno –llamada la campaña de Jujuy- y a sus
habitantes, así como a los distintos sectores sociales y étnicos que vivían en la
jurisdicción antes de la Revolución de Mayo.
A continuación veremos a qué se dedicaban estas personas, actores sociales
sobre los cuales abatió la guerra, para lo cual explicaremos brevemente el papel de
Jujuy en los circuitos económicos regionales, a fin de entender el papel mercantil de los
sectores sociales más encumbrados. Luego pasaremos a describir algunos aspectos de la
vida política y cotidiana. Esperamos así, dar una semblanza de Jujuy antes del comienzo
de las guerras de la independencia y juzgar mejor el impacto que causó, sobre estos
protagonistas, una guerra que duró tres lustros y observar qué cambió y qué no, en la
vida política, económica, social y cotidiana de los jujeños desde 1810.

26
Gabriela Sica y Mónica Ulloa, “Jujuy en la colonia…”, op. cit., página 74.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

3. LAS ACTIVIDADES ECONÓMICAS

Jujuy en los circuitos económicos coloniales

Al tratar sobre temas relacionados con la historia económica regional en


América del Sur colonial, especialmente en el área Andina, es imprescindible recurrir a
los trabajos realizados por Carlos Sempat Assadourian27, con quien tenemos una deuda
intelectual insoslayable por habernos mostrado el camino hacia una realidad histórica
compleja, problemática y, al mismo tiempo, esclarecedora.
Si tomamos como punto de partida el análisis realizado por Assadourian para el
siglo XVII, el actual Norte argentino –y por ende la jurisdicción de Jujuy- había
formado parte, durante los siglos coloniales, de una de las zonas integrantes de lo que
dicho historiador llamó el Espacio Peruano . Ese espacio económico se superponía con
la zonificación política del Virreinato del Perú28 y presentaba las características de estar
cohesionado interiormente e integrado a nivel regional, además de poseer un alto grado
de autosuficiencia económica y de integración regional, basado en la especialización
productiva de cada región y las vinculaciones mercantiles entre ellas.
Las distintas regiones que formaban el espacio peruano, producían todo lo
necesario para su subsistencia; o sea que casi todo lo que se consumía provenía de la
producción al interior mismo del espacio y sus excedentes eran comercializados en
distintos circuitos mercantiles que vinculaban a las regiones entre sí. Ambos elementos,
producción y circulación de bienes necesarios para el consumo, le brindaban al espacio
peruano un alto nivel de autosuficiencia, ya que sólo importaba desde Europa los
textiles de lujo, hierro y esclavos, que se pagaban con la producción de plata de las
regiones mineras.
Cada zona integrante del espacio peruano tenía su especialización productiva y
del trabajo, en función de sus características particulares (ecológicas, ambientales,
culturales), lo que favorecía los intercambios con otras zonas y dibujaba vinculaciones
comerciales de corta, media y larga distancia, a partir de las exportaciones de sus

27
Carlos Sempat Assadourian, El sistema de la economía colonial. El mercado interior, regiones y
espacio económico, México, Nueva Imagen, 1983.
28
El espacio peruano era una región económica que abarcaba los actuales países de Ecuador, Perú,
Bolivia, Chile, Argentina y Paraguay. Carlos Sempat Assadourian, El sistema de la economía
colonial…op. cit.
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productos, la importación de otros no producidos en la zona y el tránsito de los bienes


procedentes de Europa y de la plata exportada en pago de ellos.
Si bien dicho análisis está centrado en el siglo XVII, los movimientos de vaivén
que se dieron al interior del espacio peruano pueden rastrarse en la larga duración, de
manera tal que sus residuos aún pueden detectarse en el presente. Las vinculaciones
mercantiles de cada región del espacio, permitían que se desarrollara un “mercado
interno colonial”, conectado al mercado mundial por sus excedentes de plata29.
Al entender este engranaje de producción y circulación interregional podemos
comprender mejor el desarrollo de las actividades económicas en la zona perteneciente a
la jurisdicción de Jujuy, así como la especialización de sus hombres y mujeres en
determinados trabajos y tareas, que imprimieron un sello a las actividades de sus
habitantes.
Sabemos que la fundación de Jujuy formó parte de los planes de la Corona
española para conectar a Potosí con el Atlántico –a través del puerto de Buenos Aires-
lo que nos revela que existía un primigenio papel asignado a Jujuy, como zona
intermedia entre los Andes y las pampas. Los variados ambientes ecológicos al interior
de su jurisdicción, también manifiestan su temprana participación en el abastecimiento
de las regiones mineras y por tanto, las labores desarrolladas por sus habitantes, desde el
mismo asentamiento de la ciudad.
Recordemos que la jurisdicción de Jujuy contaba –y cuenta- con ambientes
geográficos muy diferentes, las tierras altas y las tierras bajas, con marcadas diferencias
orográficas y climáticas y, por tanto, en las actividades productivas y en la vida
cotidiana. A su vez, en las tierras altas la producción difiere en la Puna y en la
Quebrada; mientras que en los valles, el régimen pluvial y el coto de altura también
provocan una notable diferencia entre la producción de los valles intermedios y la de los
valles subtropicales.
En la zona de los valles centrales, donde se encuentra la ciudad de San Salvador
de Jujuy, el ambiente de valle húmedo con clima templado, favoreció el establecimiento
de haciendas, estancias, chácaras y pequeñas unidades productivas, como molinos y
almonas30 trabajadas con mano de obra asalariada y esclava. Predominaban las

29
Ibíd.
30
La almona era el establecimiento donde se elaboraba el jabón, también llamadas “jabonerías”.
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pequeñas y medianas propiedades y la mayoría de los habitantes rurales se dedicaban a


tareas agrícolas, que se complementaba con la ganadería.
En los valles se producía trigo, distintos tipos de maíz y de papas, habas, miel de
abejas y cera; sus pastos y aguadas eran excelentes para la crianza de ganado vacuno y
ovino, así como también para las invernadas de mulas; se caracterizaba por la
producción de leche, quesos, manteca, cueros y suelas para el comercio; contaba con
una amplia variedad de árboles frutales, viñedos -cuya producción escasamente
satisfacía el consumo local- y era la zona con mejores cosechas de trigo y maíz, además
de producir algo de tabaco y de algodón; el jabón que se elaboraba en las almonas
contaba con excedentes para su venta en otras jurisdicciones.
En las quintas y huertas de las casas se cultivaban distintas variedades de papas,
batata, mandioca, maní, porotos, garbanzos, lentejas, habas, ají, zapallo, melones,
sandías, tomate, frutas (duraznos, peras, manzanas, guindas, uva, membrillo, higos,
naranjas, limones, mandarinas, paltas) y todo tipo de hortalizas para el consumo
familiar.
En la zona de Los Pericos, la ocupación principal era el pastoreo de ganado
vacuno y equino y la labranza de la tierra. En la zona de Monte Rico31 se invernaban las
mulas que venían de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, antes de enviarlas al Alto y
Bajo Perú.
Más al oriente, en los valles bajos con clima subtropical –zona de frontera con
los indígenas del Chaco- había haciendas y estancias dedicadas a la producción de todos
los bienes imaginables en ambientes cálidos: vid, trigo, algodón, maíz, ají, garbanzos y
legumbres en general; era también zona productora de caña de azúcar, grana, y una gran
diversidad de árboles frutales de regiones subtropicales. En los bosques de las zonas
más bajas, abundaban todo tipo de maderas para la construcción; también miel de
abejas, cera, chaguar y frutas silvestres.
En las haciendas de las zonas de Ledesma, Río Negro y San Pedro, el cultivo de
la caña de azúcar y las manufacturas de sus derivados, eran los bienes con mayor

31
Monte Rico, además de sus condiciones ecológicas excelentes para la invernada, se encontraba en el
camino que unía los dos centros urbanos y mercantiles de la zona, a corta distancia de Salta (16 leguas) y
de la ciudad de Jujuy (9 leguas).
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demanda en los mercados de mediana distancia32, sobre todo, iba destinado a los
almacenes de azúcares de las ciudades de Jujuy, Salta, Tucumán, Tarija y Tupiza.
En las haciendas azucareras se usaba mano de obra estacional indígena para la
cosecha, dedicada a cortar y pelar la caña. Para moler la caña se usaban trapiches de
palo movidos por bueyes; el zumo de la caña se hervía en tachos de hierro o cobre a
fuego directo; el azúcar se blanqueaba en hornos de barro cocido de forma cónica; se
formaba una arcilla que tardaba unos 30 días en depurarse y se le daba la forma de
panes o pilones de azúcar.
Además de azúcar, se procesaban otros productos que abastecían los mercados
regionales; con el zumo de la caña se elaboraba el guarapo, que se consumía localmente
de esta forma o se destilaba en alambiques para convertirlo en aguardiente de caña ,
bebida muy requerida a nivel regional, sobre todo en los centros mineros del Alto Perú.
Con la pasta de azúcar también se manufacturaban las chancacas, alfeñiques y las
tabletas, con mucha demanda en los mercados andinos, así como la miel de caña33.
Los valles secos interserranos actúan como “conexión” entre la Puna
(altiplanicie) y los valles húmedos; en general son valles encajonados entre cordones
montañosos y surcados por ríos, cuyos caudales aumentan considerablemente durante
las lluvias de verano. De clima más benigno, se encuentran entre los 1.600 y 3.000
metros sobre el nivel del mar. El más importante, como ya dijéramos, es la Quebrada de
Humahuaca, aunque hay muchas quebradas y vallecitos de importancia relativa para la
región.
Fueron los ambientes agrícolas más antiguos, donde se desarrollaron técnicas de
cultivo en andenes, terrazas, canchones de cultivo y sistema de riego desde épocas
prehispánicas -el período de los llamados “desarrollos regionales”34-. Con la ocupación
española se introdujeron cultivos europeos, como el trigo, la vid, hortalizas y forrajeras
32
Antonio King, Veinticuatro años en la Argentina, Buenos Aires, Vaccaro, 1921, página 176. Antonio
King era un aventurero norteamericano, que partió de Nueva York a los 14 años de edad, en 1817; se
embarcó en Baltimore en un barco corsario con destino a Buenos Aires, donde fue abandonado. Gracias a
un posadero irlandés, consiguió trabajo como dependiente en un almacén francés. Luego, de unos meses
en Buenos Aires, se “enganchó” como soldado para luchar en las guerras de la independencia. La estadía
de King en la Argentina fue entre los años 1819 y 1845.
33
Benjamín Villafañe, Orán y Bolivia a la marjen del Bermejo, Salta, Imprenta del Comercio, 1857,
páginas 60 a 62
34
María Ester Albeck, “La vida agraria en los Andes del sur”, en: Nueva Historia Argentina, volumen 1,
Buenos Aires, Sudamericana, 2000, página 189 y subsiguientes. Ana María Lorandi, “El contacto
hispano-indígena y sus consecuencias ambientales”, en: Carlos Reboratti (compilador), De hombres y
tierras una Historia Ambiental del Noroeste Argentino, Salta, Proyecto de Desarrollo Agroforestal en
Comunidades Rurales del Noroeste Argentino, 1997, páginas 39 a 48.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

para el ganado. En los albores del siglo XIX, los valles secos fueron zonas agrícolas y
ganaderas de gran importancia regional, con haciendas y pequeñas unidades de
producción dedicadas a la crianza y engorde del ganado destinado a los mercados de
mediana y larga distancia.
En las quebradas de Tumbaya, Tilcara, Purmamarca y Valle Grande, las
producciones predominantes eran la crianza de ganado vacuno y caballar y la
agricultura de regadío, aunque las tierras fuesen menos productivas que en los valles
húmedos; el pastoreo se complementaba con las sementeras de alfalfa y cebada para las
invernadas y cosechas de trigo, maíz, papas, cereales y frutas35.
La Quebrada de Humahuaca, en su tramo Norte, era una zona más ganadera, con
extensos alfalfares hasta Sapagua y el pastoreo de ganado ovino, cabras y asnos. Las
ovejas se caracterizaban por poseer buen vellón, que alimentaba a la manufactura textil
familiar, para uso doméstico o para la venta en el mercado. Además de la alfalfa, se
cultivaba maíz, habas, quínoa, porotos, legumbres y frutales (sobre todo peras,
manzanas y duraznos).
El tramo Sur de la Quebrada de Humahuaca era más agrícola y con mejores
pastos, que permitían la crianza de ganado vacuno y equino. El cultivo de maíz
comprendía distintas variedades36, además se producían papas, legumbres, hortalizas,
frutales, cebada, alfalfa y algo de trigo.
A lo largo de toda la Quebrada había diversos molinos destinados a la molienda
de los cereales y se manufacturaba cerámica, quesos y chalona. Escaseaba la madera, a
excepción del algarrobo, sauce, distintos tipos de cardones, quéñoa, churquis, nogales,
alisos y tola.
En general, en los valles interserranos se producía ganado vacuno y equino y se
adiestraba y engordaba el ganado mular procedente de regiones del sur, que se enviaba
para el abastecimiento de los centros mineros en el Alto Perú y la costa del Pacífico. El

35
José B. Bárcena, “Industria lanar en Jujuy”, en: Boletín Oficial de la Exposición Nacional de Córdoba
en 1871, volumen 7, serie Memorias N° 12, Buenos Aires, Imprenta, Litografía y Fundición de Tipos a
Vapor, 1873, página 238.
36
Hacia fines del siglo XIX, Joaquín Carrillo enumera los nueve tipos de maíz que se cosechaban en la
Quebrada: Capia blanco, capia morado, capia toba, capia chulpi, amarillo común, canario, morocho,
pisingallo blanco y pisingallo negro. Joaquín Carrillo, “Descripción brevísima de Jujuy, provincia de la
República Argentina”, en Eugenio Tello, Descripción de la Provincia de Jujuy. Informes, objetos y datos
que presenta el Comisionado Provincial, Senador Nacional D. Eugenio Tello a la Exposición Universal
de 1889 en París, Jujuy, [Imprenta Petruzzelli, 1888] Reimpresión de la Universidad Nacional de Jujuy,
1988, páginas 133-134.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

ganado “menor”, dedicado a la explotación doméstica, estaba constituido por asnos,


ovejas y cabras.
En las tierras altas o Puna, se producía ganado en haciendas y estancias de
altura, ubicadas en los cuatro curatos37: Yavi, Santa Catalina, Rinconada y Cochinoca.
Las estancias ubicadas en los 3.500 metros sobre el nivel del mar, en la elevada planicie,
surcada por cordones montañosos menores, está sometida a rigurosas condiciones
climáticas, caracterizadas por una gran amplitud térmica diaria, frío, la sequedad del
aire y la fuerte radiación solar, con precipitaciones son estivales, de tipo monzónico, al
igual que toda la región Andina.
La presencia de pasturas en los fondos de cuencas y de vegas permanentes en las
áreas serranas, han permitido el desarrollo de la ganadería de camélidos, de gran
importancia en épocas prehispánicas. Con la llegada de los españoles y la introducción
de otros animales domésticos como cabras, ovejas, vacas y burros, disminuyó la
importancia de la cría de camélidos. Si bien al interior de la Puna se observa una
diversidad ambiental que se traduce en una variedad de productos locales38, en líneas
generales la producción puneña se destacó por los bienes derivados de la ganadería:
carne, cueros, lana y la manufactura de tejidos, pieles y alfarería; también la extracción
de algunos minerales y de sal.
Las llamas, animales que los españoles denominaron como “carneros de la
tierra”, habían sido la principal producción puneña, asociada al tráfico caravanero
prehispánico y a la temprana circulación mercantil española. Si bien a lo largo del siglo
XVII las llamas fueron desplazadas por las mulas y los asnos en el transporte, siguieron
constituyendo una fuente de lana y energía para las poblaciones puneñas; en los inicios
del siglo XIX su crianza se mantuvo dentro de la propiedad indígena, lo que permitió a
los puneños especializarse en las tareas de arriería y transporte39.

37
Los curatos eran los territorios administrativos eclesiásticos, cede de las parroquias. Posteriormente, en
la segunda mitad del siglo XIX fueron la base de la división administrativa de la provincia.
38
Albeck marca, dentro de la Puna, cinco zonas ambientales con características diferenciadas. María
Esther Albeck, “El ambiente como generador de hipótesis sobre dinámica sociocultural prehispánica en
la Quebrada de Humahuaca”, en: Cuadernos, 3, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales,
Universidad Nacional de Jujuy, 1992, página 98.
39
Gabriela Sica, “Maíz y trigo, molinos y cananas mulas y llamas. Tierras, cambio agrario y participación
mercantil indígena en los inicios del sistema colonial”, en: Daniel Santamaría (compilador), Jujuy:
arqueología, historia, economía, sociedad, Jujuy, CEIC – Cuadernos del Duende, 2005, páginas 106 a
123.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Las vicuñas y los guanacos, a pesar de su estado salvaje, siempre revistieron de


gran valor productivo, gracias a la finura de sus fibras. El guanaco -casi extinto en la
actualidad- en el siglo XIX aún se movía libremente en la zona cordillerana y su carne
era comestible, aunque el mayor aprecio provenía de la fina lana que poseía. La lana de
vicuña, famosa por los tejidos que con ella se elaboraban y apreciada en todo el mundo,
se exportaba al mercado mundial desde los tiempos de la Colonia. En la segunda mitad
del siglo XVIII, disposiciones Reales fomentaron su exportación, lo que dio por
resultado un aumento de la demanda para fines de ese siglo40.
“Como es la más preciosa materia para sombreros de castor,
pañuelos y otros tejidos finos, se dedican muchos a cazar estos
animalitos. Auque son en extremo ariscos y difíciles de ser
aprehendidos con escopeta o ballesta, se cogen casi a mano
corriéndolos por los cerros a que bajen en alguna quebrada o
estrechura, donde se forma un círculo a manera de corral, con
cuerdas delgadas, sostenidas a trechos de piedras grandes o
ramas clavadas en tierra. Entre tanto allí les causa tanto terror
aquel corto embarazo, que como ovejas dentro de un corral, sin
ser capaces de avanzar el círculo; y de este modo cogen cuantos
quieren, con la mayor facilidad” 41.
Chinchillas, vizcachas y suris (ñandú del Altiplano), terminan de completar la
fauna autóctona del ambiente de Puna con posibles excedentes aplicables a
intercambios. La chinchilla es un animal pequeño, de piel muy fina y requerida en el
mercado mundial. Su hábitat son las tierras altas:
“En este mismo Partido [Lípez] hay mucha abundancia de
chinchillas, cuya piel es de tanto aprecio aquí y aún en Europa,
para forros y regalillos de invierno; y también pueden servir
para tejidos exquisitos...”42.

40
Pedro Vicente Cañete y Domínguez, Guía Histórica, Geográfica, Física, Política, Civil y Legal del
Gobierno e Intendencia de la Provincia de Potosí, año de 1787, Potosí, Colección de Cultura Boliviana,
1952, página 240. La Real Cédula dada en San Idelfonso el 30 de agosto de 1777, prohibía su matanza y
sólo permitía su apresamiento, pero la Audiencia de Charcas mostró la imposibilidad de controlar la
matanza, por la naturaleza misma de los animales, que antes se dejaban matar que esquilarse. Silvia
Palomeque, “Intercambios mercantiles y participación indígena en la Puna de Jujuy a fines del período
colonial”, en: Andes, 6, CEPIHA, Universidad Nacional de Salta, 1994, pp. 15 y 16.
41
Pedro Vicente Cañete y Domínguez, op. cit., página 240.
42
Pedro Vicente, Cañete y Dominguez, op. cit., página 241.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Eran cazadas por los campesinos y vendidas en las pulperías de campañas. Se


usaba humo para hacerlas salir de la madriguera y luego se cazaban con perros43. Un
procedimiento similar se utilizaba en la caza de vizcachas, cuya carne constituía un
complemento de la dieta lugareña. El suri no sólo era utilizado como alimento, sino que
también se usaban sus plumas en la confección de trajes rituales y eran, a la vez, un
elemento de intercambio campesino.
Con la introducción de ganado español se diversificó aún más la oferta
productiva del ambiente puneño. En las zonas de vegas y pastizales naturales, sobre
todo en los curatos de Cochinoca, Casabindo y Yavi, se constata la existencia de ganado
vacuno44. Se trata de ganado trashumante que invernaba en los valles orientales detrás
de la cadena del Zenta. En el período colonial, formaba parte del tráfico interno dentro
del Marquesado de Tojo y también alimentaba el tráfico indígena con el valle de Tojo y
con Lípez45.
La cría y producción de burros, se extendió a lo largo y a lo ancho de toda la
Puna; formaban parte del ganado indígena-campesino, utilizado para transporte y
acarreo y, junto con las ovejas, se traficaba en Lípez y en Atacama, dentro de circuitos
mercantiles indígenas ajenos al control estatal, hasta bien entrado el siglo XX:
“Los habitantes de la Puna mantienen un fluido comercio con
Atacama y Calama, sin pasar por ninguna Receptoría. Es
imposible controlar este contrabando, sobre todo la exportación
de ovejas desde la Puna de Jujuy hacia Atacama y Calama” 46
El ganado ovino y caprino constituía las producciones más importantes de los
habitantes de la Puna; proveían lana, piel, carne y quesos. Junto a las llamas, formaban

43
Eugenio Tello, Descripción de la Provincia de Jujuy. Informes, objetos y datos que presenta el
Comisionado Provincial, Senador Nacional D. Eugenio Tello a la Exposición Universal de 1889 en
París, Jujuy, [Imprenta Petruzzelli, 1888] Reimpresión de la Universidad Nacional de Jujuy, 1988, página
41.
44
María Ester Albeck, op. cit. y Eulogio Solari, Geografía de la Provincia de Jujuy. [Buenos Aires,
Peuser, 1907]. Reimpresión de la Universidad Nacional de Jujuy, 1990.
45
Guillermo Madrazo, Hacienda y encomienda en los Andes. La Puna argentina bajo el Marquesado de
Tojo. Siglo XVII a XIX, Buenos Aires, Fondo Editorial, 1982 y Silvia Palomeque, op. cit.
46
República Argentina, Memoria Presentada por el Ministro de Estado en el Departamento de Hacienda al
Congreso Nacional en 1867, Imprenta del Siglo, 1867, Informe del Administrador de Rentas Nacionales de
Jujuy, J. J. Bustamante, página 74.
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parte de la economía de pastoreo simultáneo, típico del ambiente de puna, en lo que se


ha denominado “estrategia de hatos múltiples”47.
Las actividades productivas típicas de los puneños eran el pastoreo y la
fabricación de textiles; estas actividades se podían complementar con la labranza (en las
zonas donde el microclima lo permitiese), la manufactura de chalonas y alfarería, la
extracción de minerales y el transporte y arrieraje. Los excedentes productivos
alimentaban los comercios intraétnicos con ambientes de valle, que permitía el acceso a
bienes no producidos en la zona ecológica (en especial maíz, ají y coca)48.
La agricultura era posible únicamente en áreas muy restringidas y las variedades
cultivadas se limitaban a vegetales resistentes a las bajas temperaturas, como las
variedades de papas, oca o quínoa.
La zona con condiciones climáticas más benignas para el cultivo era la Puna
septentrional, correspondiente al curato de Yavi; en el valle de Yavi, tanto como en el
valle de Sococha (su continuación natural hacia el norte), existían –y aún persisten-
condiciones naturales para las prácticas agrícolas bajo riego. En el siglo XIX se
cultivaba trigo, maíz, papas, cebada y legumbres; en vallecitos como Yavi, Yavi Chico
y Sansana había superficies dedicadas al cultivo de la alfalfa, para alimento de mulas y
ganado en tránsito.
En el curato de Cochinoca, había –y aún existen- pequeñas quebradas sobre el
faldeo de las sierras, donde hay climas locales más benignos que han permitido el
desarrollo agrícola desde períodos prehispánicos49. En estos microambientes se
cultivaba alfalfa, cebada, habas y frutales. En el resto del ambiente de Puna, la
vegetación es de estepas como en las altas mesetas andinas; los vegetales distintivos son
los bosques de quéñoa, montes bajos de churqui jujeño y arbustos de tola, que
representan valiosos recursos naturales para los habitantes lugareños50.

47
Véase: Juan Javier García Fernández, “Pastoreo, economía familiar y medio ambiente en la cuenca de
laguna de Pozuelos”, en: Juan Javier García Fernández y Rodolfo Tecchi (compiladores), La reserva de la
biosfera laguna de Pozuelos: un ecosistema pastoril en los Andes centrales, Universidad Nacional de
Jujuy, Programa de Ecología Regional, 1991.
48
Guillermo Madrazo, “Comercio interétnico y trueque recíproco equilibrado intraétnico. Su vigencia en
la Puna argentina y áreas próximas, desde la independencia nacional hasta mediados del siglo XX”, en:
Desarrollo Económico, volumen 21, N° 82, Buenos Aires, 1981, páginas 213 a 230.
49
María Ester Albeck, op. cit., página 98.
50
Rolando Braun Wilke, “Tres recursos leñosos: queñoa, churqui y tola”, en: Juan Javier García
Fernández y Rodolfo Tecchi (compiladores), op. cit., pág. 43 y subsiguientes. Rolando Braun Wilke et al,
Carta de aptitud ambiental de la Provincia de Jujuy, Universidad Nacional de Jujuy, 2000.
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La minería extractiva más importante hacia fines del siglo XVIII y comienzos
del XIX la constituían las arenas auríferas de Rinconada y Santa Catalina, algunas vetas
de cobre y la recogida de sal de las Salinas Grandes.
Las producciones de las haciendas jujeñas estaban destinadas mayormente a la
subsistencia, o sea al consumo en el ámbito de la familia. Sin embargo, en los años de
buenas cosechas, cuando había excedentes, éstos animaban el circuito mercantil
regional, de corta y mediana distancia; en esos años, se exportaban trigo, maíz, papas,
ají, habas, arroz, frutas frescas, caña de azúcar, manufacturas de sebo, jabón, cera, como
así también las manufacturas derivadas del azúcar, la lana, cuero, barro y textiles.
Existía un fluido intercambio de bienes y productos entre las distintas zonas
ecológicas al interior de la jurisdicción: entre las tierras altas y las tierras bajas. Sin
embargo, los mejores negocios provenían de la venta de excedentes en otras
jurisdicciones, lo que daba vitalidad a los circuitos de mediana y larga distancia y
reportaba mayores ganancias. Los mercados donde se ubicaban los productos jujeños se
encontraban principalmente en el la zona de Chichas –zona minera al sur del Alto Perú-
y en Atacama, pero también vendía sus excedentes de azúcar, jabón, aguardiente de
caña y chancacas en Tucumán, Catamarca, Salta, Tarija y Perú y enviaba algunos cueros
al puerto de Buenos Aires51.
Pero no sólo la venta de los productos locales reportaba ganancias; junto con
ellos circulaban hacia distintos mercados una variada cantidad y diversidad de artículos
producidos en otras regiones distantes, que los traficantes llevaban y traían desde
distintos mercados, entre los cuales Jujuy era paso obligado, por cuanto involucraba a
sus comerciantes de distintas formas. El comercio de intermediación de efectos incluía a
productos de regiones remotas dentro del espacio peruano y artículos provenientes de
Europa y llegados al puerto de Buenos Aires, desde su apertura al comercio mundial en
las últimas décadas del siglo XVIII.
En este comercio de larga y mediana distancia entre distintas zonas productoras,
llegaban hasta las tiendas de Jujuy los tocuyos cochabambinos, textiles burdos de
algodón, muy requeridos en los mercados rioplatenses. Eran traídos por los mercaderes
desde Cochabamba, junto a lienzos y “ropa de la tierra”, eventualmente también
51
Archivo Histórico de Salta (AHS), carpeta 15, Expediente 57, Cuentas de Cargo y data de la Caja
menor de Jujuy (1783-1788). Libro de Hacienda (LH) 204, Guías de Jujuy, 1806. LH 307, libro Manual
de Jujuy, 1809-1810. LH 169, Libro Manual de Jujuy, 1810. LH 485, Libro de Alcabala de Jujuy, 1810.
Carpeta de Gobierno de 1810, Cuaderno de la Tesorería menor de Jujuy.
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compraban bayetas del Cuzco, de Chorrillos, de La Paz y variados “textiles de la tierra”,


que engrosaba las re-exportaciones que los comerciantes de Jujuy realizaban hacia
Buenos Aires, desde donde se expandían por toda la campaña rioplatense y
santafesina52.
Los tocuyos cochabambinos fueron los textiles de algodón con mayor demanda
regional hasta la introducción de los lienzos ingleses –producto de la revolución
industrial- en el siglo XIX y dibujaban sus propios circuitos mercantiles, desde la zona
productora en el Alto Perú, hasta las zonas consumidoras en las pampas y regiones
intermedias.
Desde las yungas del Alto Perú, llegaba a Jujuy gran cantidad de coca –hojas de
coca en cestos- que cubría el consumo en toda la jurisdicción de Jujuy y se exportaba a
Salta, Tucumán, Catamarca y Córdoba. El comercio de coca estaba en manos de
indígenas y mestizos. Indígenas de las yungas de La Paz llegaban hasta Jujuy para el
expendio de coca en los almacenes de la ciudad; generalmente el circuito incluía la
venta de algunos cestos en los pueblos intermedios, especialmente en las poblaciones de
la Puna jujeña53. Los expendedores de coca en Jujuy, solían dirigirse personalmente
hacia los centros productores, a los efectos de conseguir buenos precios y calidad, que
serían redituados en ventas en el almacén.
Los cestos de coca, originarios de las yungas de La Paz, también llegaban de
lugares intermedios, tales como Potosí o Tupiza, donde la compraban los vendedores de
ganado y de diversos artículos o la traían los arrieros de regreso de sus viajes,
constituyéndose así en un ingreso extra de sus negocios habituales.
Desde el puerto de Buenos Aires arribaban a Jujuy diversos bienes para el
consumo dentro de la jurisdicción y, mayormente, para la re-exportación hacia otros
mercados regionales; las mercancías de mayor reventa eran la yerba mate paraguaya, los
artículos provenientes de Europa y los esclavos54.
Estos bienes eran destinados a los centros urbanos y mineros del Alto Perú –en
especial a Potosí- y la costa del océano Pacífico –Bajo Perú-. Los comerciantes
importantes de Jujuy, aquellos que manejaban grandes capitales, se dedican al comercio

52
AHS, LH 169 y LH 485, op. cit.
53
AHS, LH 485, op. cit.
54
AHS, LH 485, op. cit.
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de intermediación entre el puerto de Buenos Aires y Potosí y Lima, cubriendo un


amplio espectro en las zonas aledañas.
Por su importancia y su cercanía de Jujuy, la Villa Imperial de Potosí era el
mercado por excelencia para los comerciantes jujeños; algunos establecieron comercio
en la misma Villa Imperial, mantenían fluidos contactos con comerciantes avecindados
e incluso había quienes actuaban como representantes e intermediarios de casas
comerciales de Buenos Aires y de Potosí. Los flujos de mercancías entre ambas
ciudades incluían los llamados “efectos de Castilla” –bienes provenientes del mercado
mundial-, esclavos y yerba mate paraguaya destinados a Potosí y de allí a otros centros
de venta. Los tocuyos, bayetas, coca, cacao de Guayaquil iban con destino a los
mercados rioplatenses, junto a algunas pocas producciones locales, sobre todo pieles de
vicuña y chinchilla, lana de vicuña, cueros y suelas.
Como vemos, había una gran gama de bienes y productos que circulaban por
Jujuy, sin embargo, las mayores ganancias se obtenían del comercio de ganado en pie y
del transporte de mercancías (arriería).
La producción de vacunos y la exportación de cueros y pieles formaban parte de
su especialización en bienes lanzados a los mercados regionales. Mulas, vacas y cueros
constituían los productos dominantes orientados hacia la exportación -mercados de
mediana y larga distancia- por los cuales se obtenía el dinero necesario para la dinámica
económica regional55.
En el siglo XVIII, el trato de mulas se había convertido en el principal comercio
de la región. En la feria de Salta, que florecía en los meses de marzo y abril, cuando los
productores de mulas de las jurisdicciones de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires
arribaban con los animales que quedarían en invernada durante un año, se encontraban
los tratantes locales y los compradores arribados desde el Alto y el Bajo Perú, quienes
llevaban las mulas adiestradas y engordadas en los alfalfares de la jurisdicción.
En Jujuy, a las afueras de la ciudad, estaba la Tablada donde se efectuaba la
compra y venta de animales y contribuía al circuito de mulas con el Alto y Bajo Perú,
aunque en una proporción nunca mayor del 25 % de lo que se exportaba por Salta56. Los

55
AHS, LH 204, Libro de Sisa de Jujuy, 1806. LH 414, Libro de Sisa de Jujuy, 1809. LH 452, Libro de
Sisa de Jujuy, 1810.
56
Nicolás Sánchez Albornoz, “La extracción de mulas de Jujuy al Perú. Fuentes, volumen y negociantes”,
en: Estudios de Historia Social, 1, Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos
Aires, 1965. Para los años 1774 y 1784, que considera excepcionales, salieron de Jujuy alrededor de
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tratantes de mulas (mercaderes) arribaban a vender sus mulas, que quedaban en


invernada por un año o más, a cargo de tratantes-invernadores locales, quienes a su vez
venderían los animales a los tratantes llegados desde el Perú.
En la feria de la Tablada se comercializaba el ganado mular engordado en los
alrededores de la ciudad de Jujuy –desde los campos de San Pedrito del Portal hasta
Monte Rico-, ganado equino (yeguas y caballos) y vacuno criados y engordados en las
haciendas y estancias de los valles jujeños.
La producción animal más importante de la jurisdicción de Jujuy era la vacuna,
destinada a la venta en los centros mineros de Chichas y al Alto Perú en general. A la
feria de la Tablada llegaban todos los años los comerciantes chicheños, que se proveían
de las vacas que se llevaban para Chichas y otras “provincias de arriba”, junto con
cantidades de jabón producido en la zona. La demanda de ganado vacuno era tal, que
hubo años en que no alcazaba la producción local y debían importarse novillos desde
Tucumán57.
La feria de la Tablada se reunía en el mes de abril –para Pascua- y allí
convergían las producciones de las haciendas jujeñas, pues era el momento anual en que
se hacían los intercambios entre los habitantes de las distintas zonas ecológicas.
Hacendados, estancieros y campesinos concurrían a la feria con sus excedentes de trigo,
maíz, papas, ají, habas, arroz, frutas frescas, caña de azúcar, manufacturas de sebo,
jabón, cera, como así también las manufacturas derivadas del azúcar, la lana, cuero,
barro y textiles (elaborados en unidades de producción de tipo doméstico). Desde los
valles bajos e interserranos llegaba el ganado vacuno y equino criado en la región y se
adiestraba y engordaba el ganado mular procedente de regiones del sur. El ganado
“menor”, dedicado a la explotación doméstica, también formaba parte de los negocios
campesinos en la feria; estaba constituido por asnos, ovejas, cabras. También formaban
parte de los intercambios la lana de oveja, vicuña y llama y textiles elaborados en el
seno de las familias campesinas.
Recapitulando hasta aquí, podemos afirmar que las exportaciones de ganados y
de sus excedentes productivos, junto con el arrieraje eran la base de la economía de la
jurisdicción de Jujuy; eran las actividades más importantes de sus habitantes y que

7.500 mulas, mientras que desde Salta, en esos mismo años, salieron 26.000 y 28.000 mulas; en 1771,
desde Jujuy salieron 3.400 y desde Salta 39.000 (páginas 108 y 109).
57
Nicolás Sánchez Albornoz, op. cit.
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conectaban a Jujuy con los circuitos mercantiles coloniales. De ellas vivía la población
local, junto al comercio de intermediación de diversos artículos de distintas
procedencias.

Profesiones, oficios y ocupaciones: las tareas de cada día

Las profesiones de mayor prestigio social, las que se encontraban en la cima de


la escala social estaban conformadas por los profesionales (abogados, médicos,
escribanos), los empleados de la burocracia colonial y los grandes mercaderes,
formados por los productores (hacendados y estancieros) y los comerciantes
(importadores y exportadores).
Para 1810, en la ciudad de Jujuy había un médico cirujano y un boticario
autorizados por el cabildo. Desde 1806 el médico nombrado por el cabildo era Pedro de
la Torre y Varela58; hasta entonces, el médico de Jujuy había sido Manuel de Marmol y
Tapia, quien en 1805 compró el cargo capitular de Regidor Fiel ejecutor y se presentó
en el cabildo en 1806 renunciando al “oficio que desempeñaba el arte de boticario y
cirujano”59.
Jujuy contaba con un escribano de cabildo y, eventualmente, un escribano
público de gobierno. A principios del siglo XIX, el escribano Mayor era don Juan
Antonio Moxos Días60, pero ese cargo fue cambiando de titular a lo largo de la década;
así, en 1807, el cargo de escribano estaba en manos de Francisco Antonio Llanos61,
quien continuó en ese puesto hasta después de la revolución de 1810.
Los empleados de la burocracia administrativa en Jujuy eran muy pocos, siendo
los más relevantes el Teniente de Gobernador, el subdelegado de la Real Hacienda, el
Teniente Tesorero de esta Real Caja Menor y oficiales de los ramos de Correos y
Tabaco. Los cargos militares más destacados eran los de capitán de los Reales Ejércitos,

58
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812. Acta de elecciones de 1º de octubre de 1805 para
1806.
59
AHPJ SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 87. Acta capitular del 2 de mayo de 1806.
60
AHPJ SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 8v. Acta capitular de 21 de febrero de 1801.
61
AHPJ SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 128v-129v. Acta capitular del 17 de
diciembre de 1807.
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ejercido por don Tomás de Martiarena, quien a su vez ocupaba los puestos de
subdelegado de la Real Hacienda y Comandante de las armas de ella62.
La ciudad de San Salvador de Jujuy se destacaba por su activo comercio de
intermediación de efectos y de provisión a los viajeros en tránsito, demostrado por las
tiendas, almacenes y pulperías existentes. Se distinguía por el nutrido movimiento
mercantil que se vivía en su seno y que concentraba la mayoría de las actividades
comerciales de la jurisdicción. Allí se encontraban las grandes casas comerciales
locales, que se dedicaban a la importación y exportación de artículos variados, así como
los almacenes; ambos establecimientos surtían de variados productos a las pulperías de
la ciudad y de los pueblos de la campaña.
Tiendas, almacenes y pulperías se articulaban para manejar el comercio local y
regional, vincularse en los distintos circuitos mercantiles y poner en circulación todos
los bienes disponibles en el mercado. Los tres tipos de establecimientos comerciales se
diferenciaban entre sí por el tipo de artículos que vendían y por el capital en giro que
disponían, el cual se reflejaba en los impuestos que pagaban.
La ciudad fue creciendo en población y con ella las actividades mercantiles, las
que se fueron incrementando al ritmo que se multiplicaban y diversificaban los
establecimientos dedicados al ramo del comercio y se jerarquizaba la actividad
mercantil. En la ciudad de Jujuy, a fines del siglo XVII y principios del siglo XVIII,
sólo había dos pulperos que pagaban la patente correspondiente63; sin embargo, para
fines del siglo XVIII ya había registradas 39 pulperías que pagaban la patente en la
ciudad64.
La tienda gozaba de la máxima jerarquía impositiva, pues era la empresa
mercantil que manejaba los mayores capitales. Era el establecimiento o casa comercial,
donde confluían varias actividades, mercantiles y financieras, aunque su característica
era la venta al mayoreo de artículos europeos –durante la Colonia llamados “efectos de
Castilla” y luego “efectos de ultramar”-. Sus propietarios constituían el sector de los
grandes comerciantes, aquellos que tenían la tienda en la ciudad y sus créditos en las

62
AHPJ, SRR, Caja XXXIII, Legajo 1, folios 50 a 53, abril 26 de 1800.
63
Daniel Santamaría, “Mercaderes, tenderos y prestamistas. La mercantilización de la economía jujeña
(1690-1730)”, en Anuario IEHS 14, Tandil, Universidad Nacional del Centro, 1999, páginas 464 a 469.
64
AHS, Caja 7 Fondo de Gobierno 1785-1786: “Expte. qe. manifiesta las pulperías en las ciudades de la
Intendencia”, en Jujuy había 29 pulperías “reales” y 10 del “Cabildo”. Para esa misma época en Tucumán
había 26 pulperías “reales” y 10 del “Cabildo” y en Salta había 32 pulperías “reales” y 20 del “Cabildo”.
Agradecemos a Mónica Ulloa por permitirnos el acceso a esta documentación.
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casas comerciales del puerto de Buenos Aires y proveían de mercaderías a los pequeños
comerciantes y pulperos urbanos y rurales.
Si bien la especialidad de la tienda era el expendio al mayoreo de las
manufacturas y bienes de origen europeo, los comerciantes con tienda no se limitaban a
este rubro, sino que también importaban productos regionales o de otras zonas de
América (como yerba mate del Paraguay, los tocuyos de Cochabamba, bayeta de La
Paz, añil de Guatemala o cacao de Guyaquil), exportaban cueros y pieles al puerto de
Buenos Aires, realizaban contratos eventuales con otros comerciantes para
transacciones específicas, efectuaban préstamos de dinero y entraban en los circuitos
ganaderos exportando mulares y vacunos.
La tienda, como casa comercial era una empresa familiar, en la cual se
concentraban actividades diversas y, como tal, no es extraño encontrar asociaciones
entre padre e hijos o entre hermanos65; también observamos la propiedad de diversos
establecimientos en manos de una persona o grupo familiar, que podían poseer, además
de la tienda, una o varias pulperías (a veces en distinta ubicación).
Como empresa importadora, la tienda adquiría artículos europeos en el puerto de
Buenos Aires, a través de sus comisionistas. Esos mismos artículos llegaban a Jujuy en
carretas y se vendían a las pulperías de la zona y también se enviaban para su venta a los
centros mineros y urbanos del Alto y Bajo Perú. Allí, los comerciantes de Jujuy
adquirían productos locales o llegados de otras latitudes, como la coca, el añil, los
tocuyos, el cacao, etc., que nuevamente vendían a los establecimientos locales o
enviaban para su venta a Tucumán, Córdoba y Buenos Aires.
Como empresa exportadora, la tienda acopiaba cueros vacunos y pieles de
chinchilla y de vicuña, para cuyos fines tenían sus propias barracas. Accedían a los
cueros a través de contratos con los curtidores y carniceros encargados del abasto de la
ciudad. Las pieles las obtenían de sus negocios con las pulperías de la campaña, en
especial de las zonas altas, donde los vicuñeros y chinchilleros entregaban las pieles
producto de sus cazas a cambio de comestibles y artículos diversos. Una vez acopiados,

65
Como ejemplo de empresa mercantil familiar, véase: Viviana Conti, “Una empresa mercantil familiar
en el espacio surandino. Tezanos Pinto y Cía. 1794-1854”, en: Susana Bandieri, Graciela Blanco y
Mónica Blanco (compiladoras), Las escalas de la historia comparada, Tomo 2: Empresas y empresarios.
La cuestión regional, Buenos Aires, Miño y Dávila, 2008, páginas 29 a 55. También véase: Viviana Conti
y Mirta Gutiérrez, “Empresarios de los Andes de la colonia a la independencia. Dos estudios de casos de
Jujuy”, en: América Latina en la Historia Económica, número 32, México, Instituto Mora, 2009, páginas
137 a 163.
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los cueros, las pieles y la lana de vicuña eran enviadas al puerto de Buenos Aires, desde
donde los comisionistas se encargaban de exportarlos a Europa.
Como empresa financiera, la tienda efectuaba préstamos de dinero a particulares,
cobrando los respectivos intereses, otorgaba créditos a otros comerciantes y actuaba
como representante o apoderado de otras casas comerciales del Alto Perú, del Interior
rioplatense o de Buenos Aires. En suma, cumplía todos los roles de una empresa
mercantil.
En los últimos años de la colonia los propietarios de las tiendas más importantes
de la ciudad de Jujuy eran don Andrés Ramos, don Manuel Lanfranco, don Joseph
Patricio de Sagardia, don Manuel de Tezanos Pinto, don Pedro de la Torre y Varela, don
Domingo de Santibáñez y don Juan Manuel Sánchez de Bustamante. Casi todos eran
comerciantes nacidos en España y que habían arribado a América en las dos últimas
décadas del siglo XVIII, radicándose en Jujuy, donde la mayoría había formado sus
familias mediante matrimonios con mujeres de la sociedad local; la excepción era Juan
Manuel Sánchez de Bustamante, nacido en Jujuy, hijo de Don Domingo Manuel Sánchez
de Bustamante (español vecino de Jujuy desde 1770).
La segunda jerarquía estaba ocupada por los almacenes: “almacén de caldos”,
destinado al expendio, al mayoreo, de vinos y aguardientes de uva, llegados desde San
Juan, La Rioja y Catamarca, el “almacén de azúcar”, que distribuía el producto de las
haciendas azucareras de los valles bajos (azúcares, tabletas, miel de caña, aguardiente
de caña) a las pulperías. Existían otros almacenes cuya importancia era relativamente
inferior en los circuitos mercantiles, como almacenes distribuidores de madera o de
ferretería.
Finalmente, las pulperías, vendían al público minorista toda clase de productos,
desde bebidas y alimentos, tabaco, jabón, velas y yerba mate, hasta ropa y herramientas.
Una de las características de la pulpería era el expendio de bebidas alcohólicas para el
consumo en el lugar, lo que las convertía, no sólo en un establecimiento mercantil, sino
fundamentalmente en un espacio de socialización, donde se reunían los clientes para
beber y conversar66.

66
Emma Raspi, “Sobre tenderos y pulperos: minoristas urbanos de Salta y Jujuy (siglo XIX)”, en:
Cuadernos Nº 21, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad nacional de Jujuy, 2003,
páginas 23 a 39.
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Si bien la clientela que concurría a las pulperías formaba parte de los sectores
populares – razón por la cual su asistencia era mal vista a los ojos de las elites, quienes
consideraban que aquellos que bebían en una pulpería eran de “reputación dudosa”- sus
propietarios no siempre pertenecían a los sectores humildes. Algunos propietarios de
tiendas o almacenes tenían, además, su propia pulpería (a veces más de una), que eran
atendidas por dependientes o por los hijos, como toda empresa familiar.
Como lugares de sociabilidad popular, las pulperías fueron identificadas por las
autoridades como espacios de dudosa reputación proclives a las actividades ilícitas y
prohibieron la entrada de los “hijos de buenas familias”; las peor consideradas eran las
ubicadas en los suburbios de la ciudad, frecuentadas por “vagos y mal entretenidos”. La
práctica de beber en público fue considerada típica de los sectores populares y
estrechamente vinculada al ocio, en el cual la borrachera formaba parte del intercambio
social y comercial. Para reprimir la violencia y los comportamientos derivados de las
borracheras, se prohibía a las pulperías la atención al público durante las ceremonias
religiosas y en fiestas de guardar67.

Los pulperos gozaban de cierto prestigio entre los sectores populares, ya que
podía vender “al fiado”, artículos básicos de consumo y otorgar pequeños préstamos.
Estas operaciones, consideradas el último eslabón de las formas de crédito mercantil,
eran por montos reducidos y efectuadas con total informalidad68.
El manejo del crédito popular en manos de los pulperos y, pon ende su acceso al
dinero, fue reconocido por las autoridades coloniales, quienes en 1808, al solicitar la
contribución económica de los sectores adinerados de Jujuy para contribuir a la defensa
del Reino de España, que había caído en poder de las tropas de Napoleón, el cabildo de
Jujuy, después de establecer los montos de dinero con que debían contribuir los señores
principales de la ciudad -letrados, hacendados y grandes comerciantes69-, decidió
extender el tributo hacia los pulperos de la ciudad70.
En el año 1810, en Jujuy había 37 pulperías, que manejaban distintos capitales y,
por tanto, pagaban diferentes montos impositivos. Las pulperías más importantes, las

67
Emma Raspi, op. cit. Véase, en el apartado siguiente, los controles y represiones al expendio de bebidas
alcohólicas durante las fiestas de guardar.
68
Emma Raspi, op. cit.
69
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 159-160v. Acta Capitular del 23 de
septiembre de 1808.
70
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 162-162v. Acta Capitular del 24 de
septiembre de 1808.
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que pagaban los impuestos más altos, pertenecían a Alberto Puch, Juan Antonio
Rodrigo, María Gandulla, Domingo Carenzo, Juan Machuca, Santiago López, Juan
Gómez Cué, Felipe Avendaño, Joaquín Velásquez, Domingo Pérez, Ramón Sáenz,
Pedro Cuestas, Martín Roxas y Bartola Anteparra71.
Más allá de los establecimientos “estables”, era frecuente la apertura de un
almacén o pulpería por un tiempo determinado (generalmente un cuatrimestre72), a los
efectos de vender un producto ocasional.
Además de los establecimientos mencionados, había toda suerte de vendedores
ambulantes y eventuales, que expendían pan, leña, alimentos elaborados, verduras, etc.
Tanto en las calles principales como en la plaza o la recova del cabildo, pululaban
vendedores ambulantes que dotaban a la ciudad de una dinámica fisonomía. Entre los
numerosos leñeros, placeras, empanaderas y chicheras, se destacaban los proveedores
del agua, juntos conformaron el grupo de mayor marginalidad de los trabajadores
urbanos.
Los aguateros ocupaban las calles ofreciendo su mercancía al son del pregón, en
carretillas que les servían de instrumentos de transporte y mostrador indistintamente. A
pesar de la facilidad de su provisión, la venta implicaba frecuentar las fuentes públicas,
espacios considerados “poco decentes” para quienes gozaban de cierto status social73.

Los vendedores ambulantes estaban estrechamente vigilados por las autoridades


de la ciudad, quienes reglamentaban los lugares donde podían vender sus productos –en
la plaza pública y arcos del cabildo-, los precios, calidades y las pesas y medidas74.
Era de “uso y costumbre” que los productos introducidos desde el campo para su
venta en la ciudad, debían expenderse sólo en la plaza pública y los precios de venta al
público eran regulados por el cabildo, según las estaciones del año y la época en que se

71
AHS, LH 344, Libro Auxiliar del Ramo de Alcabalas para el año 1811 de la Real caja menor de Jujuy,
“Alcabalas de reventa del año 1810”.
72
Los pagos de las patentes de pulperías se realizaban en forma cuatrimestral.
73
Viviana Conti, con la colaboración de Emma Raspi, “De la guerras de la independencia a la
organización del Estado. 1810, 1852”, en: Ana Teruel y Marcelo Lagos (directores), Jujuy en la Historia.
De la colonia al siglo XX, op. cit., páginas 87 a 137.
74
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 87-89. Actas de los días 23 de junio y 4 de
julio de 1806. De acuerdo a la Leyes de Indias, Libro 5, Título 17 y Libro 4, le correspondía al cabildo
velar por el abasto de la ciudad, en especial referencia a precios y medidas. Véase el siguiente apartado en
este libro.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

expedían, lo que no parece haber sido acatado, pues desde mediados del siglo XVIII
existe una reglamentación muy exhaustiva y reiterativa al respecto75.
Todo aquello que representaba abastecimiento de la ciudad era reglado y
regulado por el cabildo, en especial la provisión de pan y de carne, elementos
considerados esenciales para la alimentación de la población.

La venta de pan estaba sujeta a estrictas normas respecto a la cantidad de harina


y de agua que debían utilizarse en su elaboración, las cuales diferían según las distintas
épocas de año y la posibilidad de acceso al trigo. Normalmente, el trigo provenía de los
sembradíos cercanos a la ciudad y era procesado en el molino ubicado en los suburbios.
Las sequías que asolaron a la región en la primera década del siglo XIX76, llevó al
cabildo a tomar diversas medidas tendientes al abastecimiento de trigo: se prohibió la
tenencia de ganado en las tierras cercanas a la ciudad77, se reguló el precio con que se
debía vender el pan78, se prohibió la venta fuera de la jurisdicción de trigo, así como de
otros granos79, disposición que fue acompañada con la prohibición de acopio de grano
y la ordenanza que obligaba a los productores a vender el trigo a la ciudad a un precio
establecido por el cabildo, el cual se revertía en el precio del pan al público80.
Conjuntamente con estas normas, el cabildo suscribió la prohibición de alimentar al
ganado con trigo y maíz en buen estado81.

Las disposiciones adoptadas por el cabildo para paliar los efectos de la sequía
que asolaba a toda la zona andina, fueron acompañadas de procesiones rogativas por la

75
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 77, Acta del 23 de marzo de 1751.
Prohibía expresamente la venta de productos alimenticios en las calles y esquinas de la ciudad. Repetido
en los años sucesivos. Véase el siguiente apartado en este libro.
76
La sequía afectó considerablemente a amplias zonas del Alto Perú, haciéndose sentir con dureza en la
Villa de Potosí hasta 1805. Las sequías provocaron hambrunas y se consumieron todos los excedentes de
alimentos, cosechas y ganados. Véase Enrique Tándeter, Vilma Milletich y Roberto Schmit, “Flujos
mercantiles en el Potosí colonial tardío”, en: Jorge Silva Riquer, Juan Carlos Grosso y Carmen Yuste,
Circuitos mercantiles y mercados en Latinoamérica. Siglos XVIII-XIX, México, Instituto de
Investigaciones Dr. José María Luis Mora – Instituto de Investigaciones Históricas UNAM, 1995, páginas
15 a 17.
77
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 2. Acta de 23 de octubre de 1800.
78
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 30-31. Acta del 27 de abril de 1802.
79
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 53v. Acta del 14 de abril de 1804. Reiterada
en el acta de 4 de enero de 1806, Ibíd., folio 76.
80
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 56. Acta del 9 de junio de 1804.
81
La Disposición capitular establecía que el ganado sólo podría ser alimentado con cebada y alfalfa y
excepcionalmente con trigo y maíz, cuando estos cereales se encontraran en mal estado y bajo la
supervisión de un veedor del cabildo con la licencia adecuada. AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de
1800-1812, folio 87. Acta del 23 de junio de 1806.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

escasez de lluvias82 y solicitudes del mismo cuerpo capitular para que los sacerdotes de
la iglesia matriz

“…oficien una novena de misas cantadas a María Santísima en


su advocación de Nieves para que socorra con lluvias que
impidan el completo desastre de los sembradíos” 83.

Sólo las panaderías autorizadas podían elaborar el pan de trigo, cuyo peso y
precio, también estaba reglado por la autoridad comunal, acorde al calendario agrícola.
Los panaderos empleaban a esclavos y libertos, quienes trabajaban en la elaboración
del pan según las antiguas pautas gremiales y bajo estricto control del cabildo.
Según la tradición colonial, el cabildo arbitraba las medidas necesarias para el
abasto de la carne al matadero de la ciudad, donde los carniceros debían proveerse de
la carne que expedían al público, en los lugares determinados de antemano y a los
precios reglados por el municipio. Este, a través del “Regidor Fiel Ejecutor”,
supervisaba los precios y el peso y medidas con que se vendía la carne al público, a los
efectos de proteger la alimentación de las familias más humildes84.

La carne llegaba al matadero municipal a través de los abastecedores de carne ,


quienes tenían la obligación de enviar al matadero la cantidad estipulada en los
contratos que firmaran con el cabildo. Para ello, compraban el ganado vacuno a los
estancieros y hacendados de la jurisdicción, teniendo prohibida la adquisición de
animales a forasteros.

Los abastecedores de carne de la ciudad eran, al mismo tiempo, proveedores de


cueros para las curtiembres: por un lado compraban ganado vacuno a los hacendados
para abastecer de carnes a la ciudad y por otro lado, firmaban contratos con los
curtidores a quienes repartían la corambre para confeccionar suelas. Los carniceros
estaban obligados a faenar determinado número de reses por día, con lo cual se
aseguraba la alimentación de la población y una cantidad previsible de cueros.

82
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 39-40. Acta del 31 de enero de 1803.
83
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 75. Acta del 4 de enero de 1806.
84
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 87-88. Acta del 23 de junio de 1806.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Un gran número de personas trabajaba en los diversos talleres artesanales que


había en la ciudad. En 1808 ya estaba constituido formalmente el Gremio de artesanos
y oficios mecánicos85, que reunía a los maestros de los talleres.

Los talleres artesanales estaban organizados jerárquicamente, dirigidos por el


maestro, con quien trabajaban sus oficiales y aprendices. Maestros, oficiales y
aprendices generalmente convivían en el taller del maestro, que era a la vez la casa-
taller, la unidad de producción y el ámbito de convergencia de la vida doméstica
familiar, la vida laboral y de educación profesional del núcleo de artesanos.

La legislación española estipulaba que para ser admitido dentro del gremio de
artesanos, una persona debía haber completado sus conocimientos trabajando por un
lapso de tiempo como aprendiz y haber presentado la “pieza examen” o “pieza
maestra”, que lo habilitaba como calificado y haber pagado cierta cantidad de dinero
para obtener el título de maestro. De no cumplir con esas formalidades, y aunque
tuviera los conocimientos necesarios, sólo podía trabajar como oficial a las órdenes de
un maestro matriculado86.

Por tanto, la tarea comenzaba con un lento y prolongado aprendizaje –


generalmente durante la infancia y adolescencia- por encargo del padre del aprendiz,
quien lo depositaba en la casa-taller del maestro donde era entrenado en el oficio. El
aprendiz no percibía ningún salario por su trabajo, por el contrario, el hecho de haber
sido admitido, recibir instrucción, techo y comida eran elementos gratificantes que, a
la vez, le abrían las puertas de un trabajo promisorio como futuro oficial o maestro.

Los oficiales eran personas capacitadas, que habían realizado las tareas de
aprendizaje pero no alcanzaron el grado de maestro. Su trabajo era remunerado, ya que
se trataba de mano de obra calificada y trabajaba en el taller por contrato, que podía
durar meses o años. El buen desempeño les garantizaba nuevos contratos con ese
maestro o su recomendación para trabajar con otros maestros.

El maestro era el que mantenía el nexo corporativo; actuaba como patrón y


como padre de sus aprendices, pues había recibido la autoridad paterna a través del
contrato firmado con el padre biológico del niño. Era tutor, trasmisor de saberes y tenía

85
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 147v. Acta del 23 de abril de 1808.
86
Emma Raspi, “El mundo artesanal de dos ciudades del norte argentino” Anuario de Estudios
Americanos, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, LVIII-1, 2001, página 171.
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la obligación de mantenerlo, enseñarle el “arte del oficio” y un estilo de vida digno y


honesto87.
Cada gremio, compuesto por los maestros, elegía a un maestro mayor que los
representara, como corporación, ante las entidades públicas y privadas. Pedro Ferreira
era maestro mayor del Gremio de los Sastres, Santiago Faciano era maestro mayor del
Gremio de Carpintería y José Angulo maestro mayor del Gremio de Herrería. Los tres
firmaron en nombre de su respectiva corporación en el cabildo abierto de 181188.

Dentro de la ciudad de Jujuy, los talleres estaban dispersos, a veces agrupados


según el oficio, saber o especialidad, pero la mayoría de ellos se ubicaban en los
suburbios y en las barrancas de los ríos. En los talleres artesanales se llevaba a cabo
una fase en la producción de utensilios o, simplemente, trabajos de reparación.

Los artesanos, además de tener orígenes diversos, provenían de condiciones


sociales y étnicas también diferentes, los había esclavos y libertos, mestizos y maestros
religiosos. Las personas pertenecientes a las castas, negros, pardos, morenos y mulatos
generalmente se desempeñaban en oficios humildes, como los de zapatero y albañil.
También había esclavos con habilidades especiales, en el trabajo de los metales o del
cuero. En general, eran considerados “artífices con destrezas”, que compartían
modalidades de trabajo, experiencias de vida y prácticas culturales89.

Los rubros o especialidades o artes que alcanzaron mayor desarrollo en cantidad


de integrantes, fueron los correspondientes a la producción y manufactura de los
cueros (curtidores, talabarteros, lomilleros90, zapateros, etc.) y los encargados de la
construcción (albañiles, carpinteros, pintores) y del mobiliario (carpinteros, ebanistas);
otra especialización de gran demanda y prestigio fueron los herreros, entre los que se
destacaron los armeros y los plateros; estos últimos gozaba de notable reputación entre
las elites, pues empleaban gran maestría en el revestimiento de los utensilios, adornos
y artículos religiosos91.

87
Ibíd., páginas 174 y 175.
88
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, Buenos Aires, Coni, 1944, Tomo IV, páginas 123 y 124.
89
Sobre las características de cada rubro véase: Emma Taspi, “El mundo artesanal…”, op. cit, páginas
163 a 168.
90
El oficio de lomillero, era muy requerido y tenía sus especialidades, pues eran los encargados de
confeccionar las caronas y recados diversos para las monturas, riendas, lazos, etc.
91
Emma Raspi, op. cit., páginas 163 a 165.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Las especialidades artesanales cubrían la demanda de la población urbana y


rural, de bienes necesarios para el consumo familiar, por eso encontramos una gran
diversificación, tales como sastrerías, sombrererías, locerías o jabonerías.
Fuera de las formas de organización gremial tradicional, se desarrollaban los
oficios femeninos, como costureras, veleras y olleras, cuyas tareas estaban más
relacionadas con la elaboración doméstica y no con una especialización.
La comercialización de los productos artesanales se efectuaba en las calles o en
algunas pulperías, lo que generó vínculos de diversos tipos (profesional, de amistad,
parentesco o clientelar) y con distintos grupos sociales como estrategia económica. Sin
embargo, en la sociedad jujeña de entonces, el ejercicio de las artes mecánicas no era
considerado tan prestigioso como otros, por lo que era muy raro que un artesano
guardara relación directa con las elites92.
Fuera del ámbito urbano, en los campos de los valles centrales, las actividades
se concentraban en la agricultura y la ganadería. La principal actividad productiva
estaba basada en la exportación de los excedentes en los circuitos de larga distancia
para la provisión de alimentos a los centros mineros del Alto Perú, especialmente en lo
referido a la ganadería y sus derivados (charqui, sebo, cecina y grasa), actividad que se
desarrollaba en las zonas adyacentes a la ciudad cabecera, debido a las características
de las pasturas, aunque también en zonas ecológicamente aptas de la quebrada de
Humahuaca y de la Puna.
La actividad ganadera incluía la producción, el engorde de animales
provenientes de otras regiones del Río de La Plata, la matanza y el envío de sus
derivados a los talleres que elaboraban las manufacturas: velas, grasa, jabón.
En los valles cercanos a la ciudad, desde el Carmen, Monte Rico hasta San
Antonio, los campos se arrendaban, al precio de un peso por mula, para invernada de las
mulas procedentes de Córdoba, Santiago del Estero y Santa Fe93. La zona también
contaba con mano de obra especializada en las tareas de cuidado, doma y amanse. Su
especialización se basó en el engorde, adiestramiento y domesticación de las mulas

92
Ibíd.
93
Edmundo Temple, Córdoba, Tucumán, Salta y Jujuy en 1826, op. cit., página 203. El autor hace
referencia a que estos datos son anteriores a 1810.
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antes de subir el Altiplano; esta actividad generó trabajo a un amplio sector de la


población y la reasignación de recursos desde los sectores dedicados a la subsistencia.
La producción agrícola de los valles daba trabajo a gran cantidad de gente
procedente de diferentes estratos sociales y étnicos: indígenas, mestizos, libertos
trabajaban como jornaleros. La dirección de los trabajos estaba supervisada por
capataces, hombres experimentados que eran portadores de un relativo prestigio social.
La siguiente descripción da cuenta de la manera en que se realizaban las tareas
de siembra y cosecha
“Se siembra durante abril y mayo y se cosecha durante
noviembre y diciembre. La tierra se prepara con un arado
tirado por 2 o 4 bueyes, en dos labores cruzadas que apenas
penetran 15 cm. en la tierra; luego se echan las semillas y se
cubren con ramas y encima piedras. Sólo en las haciendas
grandes se usa el arado americano. En las zonas de irrigación,
se riega 2 o 3 veces al año: después de la siembra, cuando
comienza a crecer y cuando principia a florecer. La cosecha,
que empieza en noviembre, se corta el trigo con hoces y se lo
conduce al aire, al lugar de la trilla, donde se depositan las
parvas; la trilla se hace con 12 a 15 caballos que pisotean la
espiga y hacen salir los granos; para limpiarlo, se tiran la paja
y granos contra el viento, con palas, se separan las partes
pajisas del grano. No se puede calcular cuánto se pierde de
94
grano con este procedimiento ” .
En general las labores agrícolas estaban destinadas al consumo dentro de la
jurisdicción de Jujuy; sólo en años de buenas cosechas había excedentes agrícolas, en
esos años los sobrantes se exportaban hacia las zonas altas, como la Puna, Chichas o
Lípez. Con ellos también se vendían maderas de los valles y harina producida en los
molinos ubicados en las cercanías de la ciudad y en la quebrada de Humahuaca.

94
Francisco Host, “Descripción de la Provincia de Salta”, en: Boletín Oficial de la Exposición Nacional
de Córdoba en 1871, volumen 6, serie Memorias 4, Buenos Aires, Imprenta, Litografía y Fundición de
Tipos a Vapor, 1873, página 196. Aunque esta fuente data de décadas posteriores al período que aquí
estamos relatando, las formas y prácticas no cambiaron en esos años, por lo que nos pareció valioso
incorporar esa descripción.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Las mujeres, además de realizar las tareas domésticas, colaboraban con las
labores agrícolas y se dedicaban al hilado y el tejido. En los valles la tejeduría estaba en
manos femeninas y su producto se destinaba sólo para el consumo familiar. Se trataba
de textiles burdos, que se elaboraban en unidades de producción de tipo doméstico y,
cuando había excedentes, se lanzaban al mercado regional.
En los valles subtropicales, ubicados al oriente, en la frontera con los indígenas
chaqueños, las haciendas contaban con ganado vacuno y caballar. Además de las
haciendas, existían pequeñas plantaciones95, con sembradíos de trigo, maíz, arroz,
habas, garbanzos, porotos, lentejas, arvejas y variados tipos de fruta y caña de azúcar.
Las haciendas azucareras utilizaban mano de obra indígena, sobre todo en las
tareas de cosecha de la caña.
“Los [indígenas] de tierra adentro son los que viven de la
Piedra Grande adelante. Este lugar está a cuarenta leguas de
Orán, es el punto más distante a que llegan las poblaciones o
estancias del Chaco en la banda occidental [...] Es de esa línea
adelante, de donde las haciendas inmediatas a Salta y Jujuy,
sacan sus peones para las cosechas de sus azúcares [...] El
número de indios que salen anualmente para dichas haciendas
pasa de mil.”96
Las haciendas de Ledesma, San Pedro y San Lorenzo, junto con las pequeñas
plantaciones, producían alrededor de 8.000 arrobas97 anuales de azúcar, que se
consumía mayormente en la jurisdicción de Jujuy (ciudad y campaña), los años de
buena cosecha se exportaban los excedentes. Para la fabricación de azúcar se usaban
trapiches movidos por bueyes; el azúcar se elaboraba en panes o pilones de forma
cónica, cuyo peso era de 2 a 2 ½ arrobas cada uno. Se obtenían dos tipos de azúcar,
blanco y moreno98.

95
José Arenales, Noticias Históricas y Descriptivas sobre el gran país del Chaco y Río Bermejo; con
observaciones relativas a un Plan de Navegación y Colonización que se propone, Buenos Aires, Imprenta
Hallet y Cia., 1833, páginas 44 y 45.
96
Benjamín Villafañe, Orán y Bolivia a la marjen del Bermejo, Salta, Imprenta del Comercio, 1857,
páginas 36 y 37.
97
La arroba era la unidad de peso; 1 arroba equivale a 11,485 kilogramos. Tabla de Equivalencias de las
Pesas y Medidas del Sistema Métrico – Decimal con los Antiguos y Vice – versa. Jujuy, Publicación
Oficial, Imprenta Petruzzelli, 1889
98
José Arenales, op. cit., página 45.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Con los excedentes se hacían aguardientes, chancacas y guarapos99. Las


chancacas se hacían con una pequeña pasta de azúcar impura, era consumida por los
niños y la gente humilde; mientras que el guarapo era la resaca con la cual se hacía el
aguardiente de caña, tan solicitada por los trabajadores y motivo de borracheras100.
En toda la jurisdicción de Jujuy, en cualquier sitio apto, se cultivaba maíz, que
era el principal alimento de los sectores populares y, además, se utilizaba como forraje
para el ganado y para la elaboración de la chicha 101. Un cronista de la época relataba
que se cosechaban cinco especies de maíz, cada una de las cuales estaba relacionada con
distintos usos e iba a cubrir necesidades diferentes: el maíz capia, de grano grande y
blanco, con el que se elaboraba el mejor almidón y harina, el blanco, amarillo, morocho
y pisingallo. Su precio variaba de acuerdo a la época del año (estacional)102.
La principal actividad de los pobladores de la Quebrada de Humahuaca era la
agricultura, aunque según las estaciones agrícolas, también ocupaban su tiempo en la
confección de tejidos, para los cuales utilizaban la lana de oveja local. Así, en el seno de
las familias campesinas se desarrollaron manufacturas de bayetas y paños burdos,
generalmente para uso doméstico, pero que también eran utilizados en los intercambios
campesinos.
El hilado era una tarea femenina, que se realizaba “con el uso y la rueca, o con
un torno (pequeña rueda de madera que colocan en los arroyos o acequias)” , mientras
que el tejido en telares pesados era una tarea que se repartía entre hombres y mujeres.
Los tejedores de oficio o “teleros”, era artesanos que trabajaban por un salario o para
vender sus tejidos103.
El cultivo de forrajeras y los potreros de alfalfa habían desarrollado y mantenido
el oficio de la arriería. Los propietarios de los potreros de alfalfa, cobraban
mensualmente por cabeza de novillo, caballo o mula que recibían en invernada104; allí
invernaba el ganado que iba a los mercados del Alto y Bajo Perú, así como las mulas de
los arrieros que cargaban y conducían mercancías.

99
José Arenales, [Link]., página 41.
100
José de Arenales, op. cit., página 45.
101
La chicha de maíz, era una bebida fermentada, muy apreciada en la población. Su elaboración y
expendio estaba a cargo de las “chicheras”.
102
José de Arenales, op. cit., página 41.
103
José B. Bárcena, “Industria lanar en Jujuy”, op. cit., página 239.
104
El precio de invernada variaba según la estación y la abundancia de pastos.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

En las tierras altas de la puna, sus habitantes, mayoritariamente indígenas,


alternaban las tareas de pastoreo con las labores textiles. Los tejedores e hilanderos
contaban con una fuerte participación masculina, con actividades complementarias en la
ganadería y la minería. En las zonas ecológicamente aptas para la agricultura –
especialmente en los curatos de Yavi y Cochinoca- la tejeduría estaba en manos
femeninas, mientras que los hombres laboraban la tierra y cuidaban el ganado105.
La manufactura textil de la Puna, se trabajaba con lana de oveja, llama y vicuña;
se realizaban pullos (ponchos gruesos), frazadas, cordoncillos, picotes, barracanes y
otros tejidos para uso doméstico, para el intercambio y la venta; el valor de un pullo
variaba según la preparación, los hilos y los tintes. Las tinturas se conseguían con
cochinilla y añil106 y se avivaban con alumbre; también se usaban flores y plantas
autóctonas para obtener los colores verde y amarillo.
“El hilado ordinario se hace con un torno movido a pie (a falta
de corrientes de agua), por mujeres y niños; los hilados finos se
hacen a mano. El tejido es hecho en telares, en el suelo o “a
pala”; está en manos de los hombres; los que viven de este
oficio se llaman teleros y tejen de 6 a 8 varas diarias y ganan
por tejido ordinario: 1 real107 la vara; por el tejido de
cordoncillo y tocuyos: 2 reales la vara, que tejen 3 a 4 varas
diarias. Con una libra de hilo ordinario, se tejen 2 varas de
picote”108.
La sal y los textiles eran los principales elementos de intercambio campesino
que ofrecían los puneños para obtener alimentos no producidos en las zonas de altura,
como frutas, cereales, verduras, vinos y aguardiente.
“Los naturales de Casabindo y Cochinoca, exportan la sal
sobre burros y llamas, a Chichas, Mojo, Sococha, Jujuy, Salta
y el resto de la provincia; también llegan cargamentos a
Tucumán. Es curioso verlos emplear muchos días en estas

105
Ana Teruel y Raquel Gil Montero, “Trabajo familiar y producción de textiles en las tierras altas de la
provincia de Jujuy. Mediados del siglo XIX”, en: Revista Andina año 14, N° 1 Cuzco, Centro Bartolomé
de Las Casas, 1996.
106
Ambos elementos tintóreos no se producían en la zona y debía importarse de regiones extra-
jurisdiccionales
107
Un peso de plata equivalía a ocho reales: 1$ = 8 reales.
108
José B. Bárcena, op. cit., páginas 242-243.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

faenas, a donde llevan un pequeño avío de agua, maíz tostado,


y cuanto más algunas papas y charque molido; se entiende que
nunca falta la coca, cuyo consumo es indispensable a todos los
habitantes de las punas. Se sitúan en medio de aquellas
enormes masas cristalizadas, y labran con hachas unos panes
cuadrados de dos cuartas de lado y 2 ½ pulgadas de
profundidad, con el peso de 2 ½ arrobas; las llamas cargan
dos de estos panes; y cada uno vale en Salta 2 ½ o 3 reales”
109
.
La recogida de oro de las arenas auríferas de Santa Catalina, Rinconada y
Casabindo reportaba un ingreso extra nada despreciable. El recate de oro aluvional, en
forma de “pepitas”, se realizaba preferentemente durantes los meses de lluvia, cuando
las avenidas y crecientes de los arroyos removían las playas y arrastraban rocas
auríferas; mientras que la actividad principal del invierno era el tejido110.
“Sus habitantes [de la Puna] se ocupan en los lavaderos de oro
en Rinconada y Santa Catalina; también en la cría de ovejas,
llamas y burros; hay gran producción vacuna, no sólo para el
sustento familiar, sino para su venta en las ferias de la
provincia y en Bolivia” 111.
Otra fuente extra de ingresos era la obtención de pieles, especialmente las de
chinchillas y vicuñas, que era una actividad complementaria al pastoreo, ya que su carne
engrosaba la dieta familiar y las pieles reportaban beneficios adicionales.
La tarea de la caza de vicuñas y de chinchillas era una labor especializada,
llevada a cabo por cazadores entrenados en cada una de las especies: los “vicuñeros” y
los “chinchilleros”. Los cazadores poseían distintos métodos, como el uso de trampas,
perros y hurones; todos los mecanismos usados tendían al exterminio de las especies,
pues no discriminaban animales adultos y crías112. Por esa razón, la legislación española
había prohibido expresamente la caza de vicuñas

109
José Arenales, op. cit., página 51
110
José B. Bárcena, op. cit., página 248.
111
José B. Bárcena, op. cit., página 242.
112
Alejandro Benedetti y Viviana Conti, “Explotación de los recursos naturales andinos: comercio y
circuito de las pieles de chinchilla durante el siglo XIX y primeras décadas del XX”, en Si Somos
Americanos, Vol IX, Nº 2, Iquique, Universidad Arturo Prat, 2010.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

“Para evitarlo [su exterminio] se dio Real Cédula del 30 de


agosto de 1777, en San Idelfonso, para que los indios no las
matasen en las correrías, sólo las apresen y esquilen. Pero la
Audiencia de Charcas mostró la imposibilidad de este proyecto,
por la naturaleza de los animales, que antes se dejan matar que
esquilarse”113
Las pieles producto de la caza, eran entregadas en las pulperías de la campaña,
en forma de pago de artículos diversos para el sustento de las familias indígenas y
campesinas. Los pulperos, a su vez, las entregaban como forma de pago en las tiendas
donde se surtían de los artículos. Los grandes comerciantes acopiaban las pieles y las
enviaban al puerto de Buenos Aires para su exportación a Europa. Así se cerraba el
circuito de las pieles, que comenzaba en las serranías y terminaba en el mercado
mundial.
Las labores abocadas a la conducción de ganado (arreo o tropería) y de recuas de
mulas o burros cargados con diversos artículos (arriería), empleaban gran cantidad de
mano de obra, cuyo entrenamiento duraba largas etapas de adiestramiento de personas
de distintos estratos sociales y étnicos.
Arrieros y troperos eran los trajinantes de este espacio, los surcadores de
caminos y circuitos, los que movilizaban los recursos entre distintos puntos. La arriería
y la tropería o arreo de ganado eran dos actividades que, no obstante ser diferentes,
ambas necesitaban mano de obra especializada. Los hombres que se ocupaban de las
distintas labores debían, necesariamente, poseer oficios específicos con diferentes
aprendizajes, que a su vez se manifestaban en categorías distintivas al interior de cada
uno de ellos.
La actividad del arreo o tropería (conducción de tropas de animales)
representaba aprendizajes previos y distintos grados de jerarquía. La conducción de la
tropa estaba en manos del capataz, persona de confianza del propietario de los animales
y experto en la conducción de los hombres que lo secundaban: peones, baqueanos y
aprendices.
Al igual que la arriería, la conducción de tropas de animales era un oficio que
exigía aprendizajes previos y un grado de especialización en diferentes tareas que

113
Pedro Vicente Cañete y Domínguez, op. cit., página 240.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

debían aprender de los peones, que generalmente comenzaba en la niñez. Era una
costumbre generalizada llevar niños en los viajes de conducción y arreo, a los efectos de
entrenarlos en el aprendizaje de cada tarea, desde el cuidado de los animales hasta la
búsqueda de parajes adecuados, el encendido del fuego, la preparación de la comida,
etc.
A su vez, la “peonada” tenía sus propias especializaciones y jerarquías en las
distintas tareas de conducción, vigilancia de la tropa de animales, provisión de comida
para hombres y animales, conducción de la caballada de recambio, conducción de los
burros o mulas con equipaje, alimentos, agua y alfalfa, entre otras.
Los baqueanos (generalmente indígenas de la zona), poseían conocimiento de
caminos, refugios, aguadas, ciénagas y pastizales, así como “malos pasos” y “malas
hierbas” que podían perjudicar a los animales. También eran responsables de establecer
la “jornada” entre dos estadías en las cuales hombres y bestias pudieran pasar la noche a
resguardo de nevadas, viento blanco o sequías.
La arriería era la principal actividad de los hombres de la zona que, desde el
siglo XVII, involucraba a diferentes sectores sociales, desde las elites mercantiles hasta
los sectores populares, campesinos e indígenas, a través de contratos de flete. Fue una
actividad destacada en la región por más de dos siglos, dadas las características
geográficas y la base histórico-cultural, que la remontan a una labor fundamental en las
comunicaciones desde tiempos prehispánicos, lo que explica el peso de la participación
indígena en ella. La razón de la importancia local de la arriería está en la localización de
Jujuy, donde todas las mercancías debían acomodarse en mulas o burros antes de trepar
al Altiplano114.
Era una “profesión especializada”, pues requería de conocimientos y
adiestramientos especiales e involucraba a diferentes sectores sociales, desde los
mercaderes que enviaban sus mercancías, hasta campesinos e indígenas dueños de las
arrias.
La profesión de la arriería contaba con distintas jerarquías y especializaciones: el
arriero era el dueño del arría, los animales de carga (mulas y burros) sobre los que se
llevaban las mercancías; por tanto era dueño de un capital considerable, el que a su vez
114
Viviana Conti y Gabriela Sica, “Arrieros andinos de la colonia a la independencia. El negocio de la
arriería en Jujuy”, en: Antonio Escobar O., Sara Ortelli y Victor Gayol (editores), Participación de
indígenas y campesinos en mercados coloniales iberoamericanos, siglos XVII-XIX, México, UAM-El
Colegio de Michoacán, en prensa.
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nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

era la “garantía” o “seguro” de los artículos que transportaba, de los cuales era
responsable hasta depositarlos en el lugar pactado o convenido con el propietario.
Durante la travesía, el arriero estaba auxiliado por otras personas que
desempeñaban diferentes categorías y funciones en el manejo de la recua y de la carga:
el ayudante (encargado del cuidado de las cargas), el tenedor (encargado de mantener a
los animales dispuestos con el portillero) y el madrinero (conducía a la madrina que
guiaba la recua y vigilaba al resto de los animales).
El arriero trabajaba para un comerciante o persona o institución, propietaria de
los productos que debía transportar. A los efectos del flete o transporte, ambos –arriero
y propietario de artículos- firmaban un contrato de flete, por medio del cual el arriero se
responsabilizaba de la entrega en tiempo y forma de la carga que se le asignaba en el
destino estipulado, sus mulas eran el “seguro” que cubría los daños que pudiese
ocurrirle a las mercancías115.
Cuando el transporte de las mercancías excedía la cantidad de mulas de un
arriero, solían asociarse dos o más de manera temporal y a los efectos de realizar el flete
estipulado en el contrato.
Tradicionalmente, los arrieros más importantes fueron indígenas –caciques o
familiares- poseedores de gran cantidad de animales y tierras con pasturas para su
mantenimiento. Pero a lo largo del siglo XVIII otros grupos étnicos, mestizos y
mulatos, entraron en competencia por el negocio de la conducción. El cabildo intentó
organizar el gremio de los arrieros en diferentes oportunidades y finalmente, en 1815
elaboró un Reglamento que abarcaba a la arriería de la ciudad de Jujuy y su
jurisdicción 116
.

Recapitulando, en las distintas zonas ecológicas de Jujuy, se producía casi todo


lo necesario para la subsistencia; sin embargo, había producciones específicas para los
mercados de mediana y larga distancia, que eran las que reportaban los grandes
negocios y de daban a la zona su característica “especialización”. Dicha especialización,
en el campo jujeño estaba basada en la producción ganadera y el negocio del transporte
(flete o arriería). Ambas actividades eran las que reportaban las mayores ganancias a la
región y serían las más afectadas por el largo proceso de la guerra de la independencia.

115
Para más información acerca de la arriería en Jujuy, véase Viviana Conti y Gabriela Sica, op. cit.
116
AHPJ, SRR, Caja XLIV, Reglamento de la Arriería, Dado por Mariano de Gordaliza, encargado, en
San Salvador de Jujuy, septiembre 18 de 1815, 5 folios.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010
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nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

4. LA VIDA POLÍTICA Y COTIDIANA.

El día a día antes de la Revolución

En este capítulo nos referiremos a algunos aspectos de la vida diaria en Jujuy


durante las últimas décadas de la Colonia, en la etapa que va desde fines del siglo XVIII
hasta la irrupción revolucionaria en 1810.
Como en toda sociedad hispanocolonial del “Antiguo Régimen”, la de de Jujuy
era una sociedad donde se ejercía un estricto control social digitado desde las
autoridades, con anuencia de las elites locales. Una delgadísima línea dividía el ámbito
de la vida privada del ámbito de la vida pública, por tanto, la moral de los habitantes
podía fácilmente traspasar esta línea divisoria y transformarse en una trasgresión al
orden establecido. Una conducta trasgresora de los valores religiosos y morales en el
ámbito privado se transformaba en un “escándalo”, un desorden frente orden social
establecido117.
El hecho de tratarse de una ciudad pequeña con mucho tránsito de forasteros,
que eran considerados potencialmente peligrosos para las autoridades coloniales y los
vecinos destacados, influyó más en el control que, en general, los funcionarios
borbónicos y las familias prominentes trataban de mantener sobre la “plebe” o “bajo
pueblo”, siempre sospechado de malas costumbres, peligrosas prácticas y posibles
rebeliones.
Ante la ausencia de un Estado, la preocupación de centraba en el gobierno,
repartido en distintas instituciones descentralizadas y en una cultura jurídica y religiosa
que incluía a todas las corporaciones, que sin diferenciaciones sociales y étnicas podían
acudir a las leyes a través de abogados para realizar demandas y resguardar sus derechos
legales y consuetudinarios118.
Los bandos de gobierno , así como las disposiciones del cabildo, en general
tendían a la vigilancia de los sectores populares y de los forasteros, para lo cual
reglamentaban y normaban los usos y costumbres, aún cuando estas medidas fuesen en

117
François-Xavier Guerra, Annick Lempériere et al., Los espacios públicos en Iberoamérica.
Ambigüedades y problemas. Siglos XVIII-XIX, México, Fondo de Cultura Económica, 1998, página 13.
118
Ibíd.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

contra de las tradiciones locales y de los hábitos populares. El objetivo de toda sociedad
colonial era la tranquilidad pública y orden social.
La Real autoridad política y militar con asiento en Jujuy era el Teniente de
Gobernador , quien actuaba como delegado del Gobernador Intendente con sede en
Salta, la capital de la Intendencia. En 1810, el gobernador de la Intendencia de Salta era
Nicolás Severo de Isasmendi y el Teniente de Gobernador de Jujuy era Diego José de
Pueyrredón.
El cabildo, formado por hombres de la elite local, era la institución encargada de
ejercer el gobierno y la justicia, al interior de su jurisdicción.
Las ordenanzas, normas, preceptos, instrucciones o regulaciones emanadas de
las autoridades reales, virreinales, gubernativas o capitulares se publicaban por bandos
públicos en la plaza y en las calles más transitadas, además de ser leídas por el
pregonero a toque de caja y a son de bando “en la forma acostumbrada en la plaza y
esquina más publica en esta ciudad” ; el bando también se entregaba en la casa de las
personas que estuvieran involucradas en el mismo y se lo remitía a los caciques de los
pueblos y partidos de la campaña119.
El pueblo no era, como lo entendemos hoy, sólo la población que habitaba una
provincia o un lugar, el pueblo era un conjunto de corporaciones y estamentos en los
que se basaba la organización y el orden social, diferenciados étnica y socialmente120. El
ámbito de la vida pública eran los “espacio públicos”, que en Jujuy se resumían a la
Plaza, algunas calles concurridas y utilizadas para los paseos, las pulperías, tiendas y
zonas de encuentros del vecindario, lugares donde se establecían las relaciones
interpersonales.

El buen gobierno

En 1776, el gobernador y capitán general de la provincia, Antonio de Arriaga


envió al cabildo de Jujuy un bando de buen gobierno donde se indicaban las medidas a
tomar para mantener el orden y la tranquilidad en la ciudad y en la campaña. Si bien
este bando es anterior al establecimiento de la Intendencia de Salta, sus párrafos más

119
AHPJ, SRR, Caja XXXVIII, Legajo 2, folio 17. Acta capitular de 17 de febrero de 1785.
120
François-Xavier Guerra, Annick Lempériere et al.,op. cit.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

importantes nos ilustran acerca de la vida cotidiana de las últimas décadas coloniales,
razón por la cual lo hemos seleccionado a fin de adentrarnos en los vericuetos de la vida
diaria en la ciudad y en el campo, en una sociedad con gran celo por las “buenas
costumbres” y alto grado de represión social para sus infractores.
Una de las preocupaciones constantes de las autoridades y vecinos era el
mantenimiento del orden, la disciplina y la buena conducta y moral entre los sectores
populares, identificados en esa época como el “bajo pueblo”. Los desordenes y
desenfrenos tenían lugar en los espacios de sociabilidad ubicados en los suburbios de la
ciudad, donde se asentaban las pulperías más pobres, tabernas, chicherías, rancheríos y
lugares extraviados en parajes poco accesibles, que eran frecuentados por negros,
mestizos, indígenas (y por qué no algún español gustoso de esas diversiones) quienes se
entregaban a sus bailes, borracheras y actividades promiscuas, las que solían terminar en
peleas y dejaban como saldo a hombres heridos y muertos. De allí la importancia que
los autos de buen gobierno dieran al control de esos espacios
“…que en las pulperías, oficios mecánicos o casas de sospecha
no se practique juego alguno, para evitar de este modo fatales
consecuencias […] que los negros no se junten en los
escandalosos bailes que acostumbran con su tambor, bajo la
pena de 50 azotes […] que ninguna persona cargue ni de día ni
de noche armas cortas como son cuchillos, puñales, dagas,
navajas de golpe y estoque, armas de fuego […] que ninguna
persona corra, ni galopee a caballo ni de día ni de noche” 121.
Jujuy era una jurisdicción relativamente pequeña, donde todas las personas se
conocían, o por lo menos se podía obtener conocimiento de ellas, lo que implicaba un
relativo control social, por lo cual un motivo invariable de desconfianza lo planteaban
los forasteros, tan comunes en Jujuy, que por ser una zona de tránsito en la ruta entre
Potosí y Buenos Aires, recibía diariamente viajeros, mercaderes y transeúntes
procedentes de los lugares más disímiles. De allí que el bando del buen gobierno hiciera
referencia tanto a los extraños como a las personas que los alojaban, en la necesidad de
tener un cierto control y conocimiento de quiénes entraban y salían de la jurisdicción

121
AHPJ, SRR, Caja IX, Legajo 2.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

“…que todas las personas forasteras que entraran se presenten


precisamente a su llegada en este gobierno o ante los alcaldes
ordinarios, bajo la multa de $12, cuyo aviso deberán también
dar los dueños de las casas donde moraran…” 122
Otro motivo de desorden social lo causaban los prófugos y vagabundos, que
deambulaban por la campaña, sin oficio ni ocupación, convirtiéndose en eventuales
criminales de presuntos delitos, cuyos protagonistas cubrían diferentes categorías
sociales y étnicas
“… a las personas que se fugasen por los campos, si fuesen
españoles pagarán una multa de $50, pero si fuesen plebeyos
con seis meses de cadena; a los vagabundos si fuesen españoles
se los destierra de toda jurisdicción y si fuese plebeyos se le
darán 100 azotes y se dedicarán al trabajo de obras públicas
por cuatro meses y si cumplido no se conchabasen se los
destierra de toda la provincia” 123.
La salud de la población estaba en manos de los médicos y boticarios; cada
médico llevaba su propia botica y atendía a los pacientes a domicilio124. En Jujuy en los
últimos años coloniales había dos médicos cirujanos habilitados por el cabildo para la
atención pública, quienes se repartían en la atención de los pacientes de la ciudad y el
campo. Los médicos de entonces eran don Manuel Isidro Fernández y don Manuel de
Mármol y Tapia. En 1805 este último facultativo renunció al “oficio que desempeñaba
el arte de boticario y cirujano” para dedicarse a su cargo en el cabildo125, en el que
continuó los años siguientes126 y su lugar fue ocupado por don Pedro de la Torre y
Varela127.
Los casos más comunes que demandaban su atención eran las heridas de armas
blancas, las caídas de los caballos y las muertes de mujeres durante el parto. Ya Daniel

122
Ibíd.
123
Ibíd.
124
Enrique Normando Cruz, La política social en el Antiguo Regimen, Purmamarka Ediciones, 2009,
página 60. Para mayor información sobre las características de la medicina y la política social en Jujuy
del siglo XVIII, véase Enrique Normando Cruz, op. cit.
125
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro capitular de 1800-1812, folio 87. Acta del 2 de mayo de 1806.
126
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro capitular de 1800-1812, folio 98. Acta del 22 de diciembre de 1806. En
1808 el cabildo lo designó como diputado de obras públicas y juez de policía, Ibíd., folio 147v. Acta del
23 de abril de 1808.
127
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro capitular de 1800-1812. Acta de lecciones de 1º de octubre de 1805 para
el ejercicio durante 1806.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
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Santamaría se explayó acerca de la alta mortalidad femenina causada por las


rudimentarias precauciones obstétricas128, lo cual parece haber sido un mal frecuente en
toda Hispanoamérica, pues una Real cédula, que llegó al cabildo de Jujuy en 1805, daba
explícitas instrucciones de la forma como se debía practicar operaciones cesáreas a
mujeres fallecidas durante el parto “…liberando de esta manera a tantas criaturas que
suelen ser víctimas de la ignorancia y el descuido” 129.
Las endemias de la época, como la tisis o la lepra, se trataban siguiendo la
costumbre europea, las leproserías siempre se ubicaban a una distancia prudencial de los
centros poblados y al tratarse de una enfermedad infecciosa crónica y transmisible por
contacto, exigían el aislamiento y las medidas necesarias para evitar su propagación.
Aunque no tenemos información que nos refiera a la existencia de leproserías en Jujuy,
sí sabemos de la existencia de tuberculosis, cólera, fiebre hética130 y otras endemias tan
comunes para entonces
“…que todas aquellas personas que se hallasen poseídas de los
contagiosos achaques, enfermedades nominadas ética, tísica,
lepra o mal de San Lorenzo sean trasladas a una distancia de
10 leguas de cada ciudad y quemada su ropa y demás muebles
de su inmediato uso bajo la multa de $50 a los médicos y
facultativos que sabiendo no diesen parte a la justicia” 131.

El sigilo de la oscuridad era el momento más propicio para el accionar delictivo,


lo que convertía a la noche en un ámbito peligroso, donde sólo deambulaban las
personas de malos hábitos, ya que era costumbre que las personas honestas
permanecieran en sus hogares después de oscurecer y sobre todo luego del toque de
queda diario, que comenzaba a la 10 de la noche132, después del cual no estaba
permitido el tránsito por los espacios públicos. En invierno, cuando la oscuridad caía
temprano, quienes permanecían en sus labores tenían la obligación de iluminar los sitios

128
Daniel Santamaría, “Arte sacro y piedad doméstica. La religiosidad popular en Jujuy en el siglo
XVIII”, en Anuario del CEIC 1, Jujuy, Centro de Estudios Indígenas y Coloniales, 2000…”, página 132.
129
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 54v-65. Acta del 6 de abril de 1805.
130
Era el nombre que se le daba a la tisis o tuberculosis pulmonar.
131
AHPJ, SRR, Caja IX, Legajo 2.
132
El toque de queda entre las 10 de la noche y las 5 de la mañana se mantuvo durante las primeras
décadas republicanas, intensificándose con patrullajes nocturnos durante los años de las guerras de la
independencia, debido a la intensificación de los robos y actos de bandolerismo nocturnos.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

donde se encontraban hasta la hora del toque de queda, a partir de cuando la gente se
recogía en los espacios privados.
“…que los mercaderes, pulperos, sastres, zapateros, plateros y
demás oficios, pongan precisamente en las puertas de sus
oficinas faroles con luces hasta que toque la campana de la
queda a una hora los deberán cerrar todo bajo la multa de $4;
que desde que se toque la campana de la queda ninguna
persona ande en la calle sin farol o linterna con luz bajo las
penas que se administran según la calidad del sujeto de persona
y circunstancias que concurran” 133.
El bando también se refería a la limpieza de las calles y acequias, así como a los
lugares autorizados para la venta de comestibles en la ciudad y pueblos, temas sobre los
que volveremos más adelante al analizar la vida en la ciudad.
“que todos los vecinos y forasteros que dentro del tercer día que
se publique este auto limpien o barran las calles que
corresponden a su pertenencia […] que todas las personas que
vendan carne, grasa y otros comestibles lo hagan en la plaza
pública y no en su casa, huecos o extramuros de la ciudad como
acostumbran” 134.
Era frecuente en toda Hispanoamérica que bajo el lema “viva el Rey y muera el
mal gobierno” se ejecutaran actos de desacato a las autoridades establecidas. Por esta
razón el bando precedente lleva el título de “buen gobierno” . Pero, ¿quiénes eran los
funcionarios que debían hacerlo cumplir? Como vimos, en Jujuy existían dos tipos de
funcionarios: los funcionarios reales y los funcionarios de cabildo.
Los funcionarios reales formaban parte de la burocracia administrativa de la
Corona española, por cuanto eran nombrados directamente por el Rey, el Virrey o,
excepcionalmente, por el Gobernador Intendente. En Jujuy, jurisdicción subordinada,
residían pocos funcionarios reales y casi todos de menor rango. Estaba el Teniente de
Gobernador y Justicia Mayor, quien cumplía las funciones asignadas por el gobernador
para la circunscripción, era el depositario de mayor poder político y militar; desde 1808
este cargo estuvo en manos del coronel Diego José de Pueyrredón, quien había ocupado

133
AHPJ, SRR, Caja IX, Legajo 2.
134
Ibíd.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

diversos cargos administrativos y militares con anterioridad a su nombramiento y estaba


emparentado con la elite local a través del matrimonio con Juana Francisca Zegada, hija
del hacendado don Gregorio de Zegada y de María Mercedes Rubianes Gaínza.
Los restantes funcionarios reales residentes en Jujuy eran delegados subalternos,
que ocupaban puestos de menor jerarquía y subordinados a los funcionarios en la capital
de la Intendencia en Salta. Había un Teniente Tesorero de las Reales Cajas, puesto que
en 1810 era ocupado por José Ignacio de Guerrico; un Subdelegado de la Real
Hacienda, cargo ejercido desde 1804 por Manuel de Iriarte y desde 1808 por Alberto
Puch y el Administrador de Reales Rentas, don Francisco de Gogenola. Los
administradores del Ramo de Sisa, en 1810 eran José Lorenzo de Sarverri y Diego José
de Peyrredón. El administrador de la Real Renta de Tabacos era Alberto Puch. El
delegado subalterno del la Renta de Correos era, desde 1808, Pedro Antonio Aguirre.
En el cabildo existían dos clases de funcionarios: los elegidos por los vecinos y
los que compraban sus cargos en público remate135, nombrados directamente por las
autoridades reales o virreinales.
La renovación de cargos electivos del cabildo, se realizaba entre los meses de
octubre y diciembre, y los nuevos funcionarios ocupaban sus puestos el primer día del
año siguiente. Anualmente los vecinos de la ciudad de Jujuy elegían a los Alcaldes de
Primer y Segundo Voto, al Procurador General, al Mayordomo de la ciudad, a los
Alcaldes de Barrio, los Alcaldes de la Santa Hermandad, el Alcalde de Aguas, el
Defensor de Naturales, el Defensor de Menores y el Defensor de Pobres –en Jujuy,
desde 1807, estos dos últimos cargos recaían en una sola persona, con el título de
defensor de pobres y menores-136.
Los funcionarios capitulares electos, de mayor rango y jerarquía, eran los
Alcaldes Ordinarios, de primero y segundo voto, quienes tenían a su cargo la
administración de justicia en primera instancia en asuntos civiles y criminales. El
cabildo no podía reunirse sin la presencia de, por lo menos, uno de los alcaldes. En caso

135
La compra de cargos públicos en subasta, era una costumbre muy arraigada en las monarquías
europeas occidentales durante los siglos XVII y XVIII; tal costumbre se transmitió hacia la burocracia
administrativa de las colonias. Véase Perry Anderson, El Estado Absolutista, México, Siglo XXI, 1985.
136
Dionila Baldiviezo, “El Cabildo de Jujuy, entre el Antiguo Régimen y la República”, ponencia
presentada en las XII Jornadas Interescuelas – Departamentos de Historia, Mesa “Hacia el Bicentenario:
lenguajes, tradiciones, conceptos políticos en el Río de La Plata durante la primera mitad del siglo XIX.”
Universidad Nacional del Comahue, octubre de 2009, CD.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

de muerte o ausencia del gobernador y su teniente, sin dejar reemplazante, el alcalde de


primer voto era quien lo sustituía. Gozaban del derecho de concurrir a los acuerdos con
espada y daga, privilegio que también fue reconocido a los alférez y alguaciles mayores.
Los alcaldes, en señal de su investidura, usaban un bastón o “vara de justicia”. En caso
de vacancia –por ausencia, enfermedad o muerte- eran reemplazados en primer término
por el alférez real, luego por el regidor decano y sucesivamente por los demás regidores
según su antigüedad u orden. En el cabildo de Jujuy siempre, desde sus orígenes hasta
su supresión definitiva, los cargos de alcalde de primer y segundo voto fueron electivos
y de duración anual. En el momento de la revolución de mayo de 1810, el Alcalde de
Primer Voto en el cabildo de Jujuy era don Francisco Calderón y en el cargo de Alcalde
de Segundo Voto había sido elegido Pedro de la Torre y Barela137.
El Procurador General era el portavoz de la ciudad y el que debía formular las
peticiones de interés colectivo, ya fuera ante el cabildo o ante las demás autoridades. Su
cargo fue siempre electivo y anual; se lo designaba al mismo tiempo que a los alcaldes.
Podía intervenir en los acuerdos pero no votar. A fines del siglo XVIII tomó el nombre
de Síndico Procurador General . En 1810 había resultado electo don Alejandro
Torres138.
El Mayordomo, que en el cabildo de Jujuy adquiría el título completo de
Mayordomo de Obras Públicas y Fiestas139, también era elegido anualmente. Este cargo
se confería a un vecino poseedor de un alto prestigio social y bienestar económico y, en
1810, los vecinos habían elegido a don Tomás Gámez140, nacido en España, que
formaba parte de los españoles europeos que habían llegado a Jujuy en los últimos años
de la colonia. En 1812, Tomás Gámez desobedeció la orden de Manuel Belgrano y se
quedó en Jujuy durante el éxodo, colaborando con las tropas realistas llegadas desde
Lima.
El Defensor y Pobres y de Menores tenía a su cargo la protección de los menores
no sujetos a patria potestad, a cuya función se le sumaba la de llevar los pleitos en el
que algún menor fuese parte de un juicio frente a los alcaldes. En sus orígenes era

137
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 210-211v. Acta Capitular del 1 de enero de
1810.
138
Ibíd.
139
A fines del siglo XVII y durante gran parte del XVIII este funcionario recibía el nombre de
Mayordomo de la Ciudad y Rentas del Hospital.
140
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 210-211v. Acta Capitular del 1 de enero de
1810.
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Defensor General de Menores y Protector de Naturales , luego las funciones se


separaron. Como defensor de pobres estaba encargado de la protección judicial de los
necesitados. Estas dos ocupaciones, la de defensor de menores y la de defensor de
pobres, en Jujuy hacia 1810, estaban unidas en un mismo cabildante, don Pedro José del
Portal141.
El regidor obras públicas y diputado de propios era el funcionario electo para
encargarse del trazado de calles, la apertura de nuevas vías de comunicación, la
reparación o composición de los caminos y se encargaba de la realización de las obras y
de su financiamiento. En 1810, el cargo estaba ocupado por don José de Olivera, nacido
en Jujuy.

El Juez de Aguas era el funcionario encargado de atender los pleitos y disputas


entre los vecinos derivados del uso del agua en la jurisdicción. El cargo en Jujuy había
sido electivo hasta principios de siglo XIX, cuando excepcionalmente en 1805, el
Virrey Sobremonte nombró en esa función al comerciante español, radicado como
vecino en Jujuy, Domingo Pérez, quien se mantuvo en esa función hasta 1810142.
Los Alcaldes de Barrio eran nombrados por el cabildo para atender las
cuestiones de cada cuartel de la ciudad; tenían funciones policiales y reducidas
atribuciones de justicia. Hasta 1811 la ciudad de Jujuy estaba dividida en dos barrios o
cuarteles, por tanto se nombraban dos alcaldes, uno para cada uno de ellos; en 1810 los
alcaldes de barrio de la ciudad de San Salvador eran don Manuel Salas y don Fernando
Bueno Moro143.
Los Alcaldes de la Santa Hermandad eran los alcaldes rurales destinados a
desempeñar tareas de policía y justicia en las campañas. Hasta 1810, en el cabildo de
Jujuy se elegían dos alcaldes de campo, aunque en el siglo XVIII fueron aumentando
sus responsabilidades, acorde a las necesidades de la población, asignándole a cada uno
de ellos, funciones específicas para su pago; en general, los elegidos eran hombres de la
zona que debían tener bajo su control, normalmente se trataba de grandes hacendados

141
Ibíd.
142
La designación fue realizada por el Virrey Sobremonte con fecha 12 de marzo de 1805. A fines de
1809, don Domingo Pérez había solicitado al Gobernador Intendente de Salta, Nicolás Severo de
Isasmendi, que lo exonerara de tal función debido a que el cargo le ocupaba demasiado tiempo y lo
distraía de sus negocios particulares, pero su solicitud fue denegada por el Gobernador.
143
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 210-211v. Acta Capitular del 1 de enero de
1810.
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nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

locales o propietarios de tierras. En momentos de la Revolución los Alcaldes de la Santa


Hermandad electos eran Torcuato Sarverri y José Patricio Baigorri144.
Eventualmente, el cabildo podía nombrar a otros funcionarios, tales como los
diputados para entender en las apelaciones de las sentencias dictadas en juicios de
menor cuantía.
Desde que se creara el Consulado de Comercio en la capital del Virreinato del
Río de La Plata, el cabildo de Jujuy nombraba, con anuencia de los mercaderes del
lugar, a un Diputado de Comercio ante el Real Consulado de Buenos Aires, para
atender los intereses del sector mercantil local. Durante los últimos años coloniales, los
diputados que representaban a los mercaderes de Jujuy ante el Consulado fueron Martín
de Otero (1800-1802), José de Alvarado (1802-1803), Manuel de Tezanos Pinto (1804-
1805), José de Olivera (1806-1807), Manuel de Tezanos Pinto (1808-1809) y Félix de
Echavarría (1810-1811)145.
Otros funcionarios capitulares no eran elegidos por los vecinos, sino que debían
su nombramiento al Rey, al Virrey o al Gobernador Intendente, a través de la compra de
los cargos en remate público, eran los regidores. Los remates se hacían en la sede de la
audiencia. Estos cargos eran también transmisibles a otra persona que podía ser el
heredero del titular.
Los funcionarios que poseían cargos adquiridos eran: el Regidor Fiel Ejecutor,
cuyas funciones consistían en vigilar la exactitud de los pesos y medidas que empleaban
los comerciantes, procurar el abasto de la ciudad y controlar los mercados y la
observancia de los precios y aranceles fijados por el cabildo; en 1810 este cargo estaba
en manos de don Pedro de la Torre y Barela.146 El Regidor Veinticuatro sólo existió en
Jujuy a mediados del siglo XVIII147.
El Alférez Real, quien era el encargado de llevar el Real estandarte en las
ceremonias Religiosas, reales y en las campañas militares; su jerarquía era inmediata a

144
Ibíd.
145
Archivo General de la Nación (AGN), Sala 9, Libro 4-6-8, folios 56 a 84. y AHPJ, SRR, Caja IV,
Libro Capitular de 1800-1812, folio 231v-232.
146
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 242-246. Cabildo abierto del 4 de
septiembre de 1810, para la elección del representante por Jujuy ante la Junta de Buenos Aires. Hasta
entonces, el cargo había sido ocupado por don Manuel de Mármol y Tapia.
147
En 1732 Juan del Portal fue nombrado Regidor Veinticuatro propietario (AHPJ, SRR, Caja XXVII,
Legajo 1, Libro Capitular de 1728-1744. Acta capitular del 7 de enero de 1732). Posteriormente, tenemos
información de este cargo en Jujuy sólo en 1786, en ocasión de ser adquirido por don Tomás Inda (AHPJ,
SRR, Caja XXVIII, Libro Capitular de 1769-1795, folio 314v. Acta del 25 de noviembre de 1786.
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los alcaldes, podía llevar armas incluso dentro del cabildo. Era un cargo de gran
jerarquía social, que se otorgaba siempre a uno de los vecinos principales. En Jujuy,
desde fines del siglo XVIII no hubo alférez propietario, por lo que el cargo era cubierto
por un alcalde o vecino de gran prestigio; para 1810 el cargo estaba ocupado por don
Juan Antonio Rodrigo y Aldea, nacido en España, quien durante las guerras de la
Independencia tomó partido por el bando realista. Después de la Revolución de 1810, el
cargo de Alférez Real se transformó en un cargo electivo con el título de Alférez Mayor
de la Patria y posteriormente se pasó a llamar Alférez Nacional.
El Alguacil Mayor estaba encargado de ejecutar las decisiones judiciales de los
alcaldes y del propio cabildo, mantener detenidos a los presos, ejercer la dirección de la
cárcel y salvaguardar el orden en la ciudad; tenían la potestad de designar alguaciles
menores y un alcalde de la cárcel. Se trataba de un cargo con gran jerarquía burocrática
con funciones similares a lo que hoy sería un fiscal de justicia y, por ende era el cargo
preferido de entre todos los regidores. En Jujuy, Lorenzo Ignacio de Goyechea lo
poseyó en propiedad desde 1775 hasta 1812.
El cargo de Alcalde Provincial de la Santa Hermandad fue creado por Real
Cédula de 1631, la cual ordenó la venta del oficio, asignándole participación en el
cabildo. Aunque originalmente reemplazaba a los alcaldes de hermandad que el
ayuntamiento designaba cada año, luego se dispuso que estos volvieran a ser elegidos.
Por tanto la función del Alcalde Provincial consistía en entender en los delitos de
hermandad que se cometían en parajes yermos y despoblados, para cuya tarea estaba
facultado a nombrar cuadrilleros encargados de la vigilancia y ejecución de esa justicia.
Finalmente, el cargo de escribano de cabildo también se obtenía en público
remate. Francisco Antonio Llanos ocupaba el puesto de escribano durante los últimos
años coloniales.
La burocracia administrativa borbónica148 era sumamente compleja, minuciosa
en sus engranajes y controladora del orden social. Algunas características de la
burocracia borbónica perduraron después de la Independencia americana y fueron

148
Cuando hablamos de la época borbónica nos referimos al reinado de la dinastía Borbón en España, que
comenzara a principios de siglo XVIII, reemplazando a la dinastía Habsburgo (llamados los austrias),
quienes gobernaron España durante los siglos XVI y XVII. Los reyes Borbón realizaron grandes
transformaciones en el aparato burocrático y administrativo de España y América. En la historia
americana son muy conocidas sus reformas en torno a los virreinatos, capitanías generales, intendencias,
establecimiento de nuevos consulados y audiencias, así como por la apertura de nuevos puertos, tanto en
América como en España, para el comercio entre la metrópoli y las colonias.
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siendo paulatinamente reemplazadas por instituciones republicanas a lo largo del siglo


XIX.
En el próximo aparatado, vamos a dejar de lado a los alcaldes de primer y
segundo voto, en quienes recaía el máximo poder de justicia y regimiento y nos vamos
a centrar en observar las tareas de los alcaldes ordinarios en sus funciones dentro de la
ciudad –Alcaldes de Barrio- y en la campaña –Alcaldes de la Santa Hermandad- a fin de
extender una mirada más abarcativa sobre la vida cotidiana de los habitantes del Jujuy
antes de la Revolución de Mayo de 1810.

Jujuy entre dos ríos

Ya hemos dado un panorama de la estructura de la ciudad de San Salvador, sus


habitantes y labores. Aquí veremos algunos aspectos que hacían a la vida cotidiana, al
cada día de la ciudad, a los usos y costumbres de la época. Recordemos que la ciudad
colonial, en general, era el ámbito público y administrativo por excelencia, donde se
desenvolvía la vida política, en el caso de Jujuy, de toda la jurisdicción.
Las calles de la ciudad estaban cruzadas por acequias, cuyas aguas estancadas
solían hacerlas intransitables. Tradicionalmente el cabildo ordenaba a los encomenderos
que enviara a sus indígenas de “mita de plaza” para realizar esta tarea en las fechas
precedentes a la festividades religiosas. Pero para fines del siglo XVIII y comienzos del
siglo XIX, observamos que la ordenanza recaía sobre los vecinos, a quienes se mandaba
limpiar sus acequias y arreglar el empedrado “de sus pertenencias hasta la mitad de la
calle”149, así como el blanqueado a cal de las paredes exteriores de las casas, también
como medidas preventivas para la salud general.
Estas ordenanzas incluían la prohibición de introducir vacas lecheras en el
ámbito urbano150, lo que parece haber sido una costumbre arraigada en la población,
pues encontramos la reiteración de estas restricciones a lo largo del siglo XVIII.

149
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro capitular de 1800-1812, folios 151-151v. Acta del 15 de junio de 1808.
150
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro capitular de 1800-1812, folios 137-138. Acta del 6 de febrero de 1808.
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Asimismo, a efectos de cuidar el empedrado de las calles, estaba restringido el tránsito


de las carretas a los suburbios de la ciudad151.
La vida urbana estaba rigurosamente vigilada por el cabildo, quien ejercía sus
potestades de policía a través de los alcaldes de barrio. La ciudad estaba dividida en dos
cuarteles152 “…dividido por la calle que fixa de norte a sur, y de rio a rio, frente de Sn
Francisco”153, cada una a cargo de un alcalde de barrio, quienes debían velar por la
seguridad de sus habitantes154. A continuación, explicitaremos las tareas que se le
encomendaban a dichos alcaldes, según las Instrucciones dadas en 1795 y vigentes hasta
1820; estas instrucciones nos brindan una imagen más concreta y real de la vida
cotidiana en la ciudad de Jujuy a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX.
Los títulos de alcaldes de barrio recaían en vecinos reconocidos como
155
“honrados, de buena conducta y fieles” ; a los fines de ser reconocidos y respetados
por los demás vecinos, usaban como insignia un bastón de mando. El alcalde era
elegido entre los vecinos del mismo cuartel, ya que de esta manera poseía conocimiento
del barrio y de sus habitantes.
Eran celadores de la quietud y el orden público, lo que no les impedía interferir
en algunas cuestiones de la vida privada de los habitantes; tenían la obligación de
recorrer su barrio diariamente rondándolo de noche “para corregir excesos y
desordenes, sin entrometerse en las cuestiones domésticas de índole privado” , a menos
que dichos desórdenes provocasen un grave escándalo para el orden público, en cuyo
caso era su deber remediarlo provisionalmente. Siempre dentro del ámbito de la vida
privada, podían amonestar, aunque secretamente, a las parejas amancebadas, aunque era
su obligación informar de tal situación a los jueces ordinarios,

151
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro capitular de 1800-1812, folios 199-199v. Acta del 21 de octubre de 1809.
Las carretas no podían transitar por las calles principales que salían de la Plaza con rumbo al Este y al
Oeste.
152
El 23 de abril de 1808, el cabildo abrió un pliego enviado por el gobernador intendente, quién le
encarga que “…elija dos alcaldes de barrio, considerados bastante para la extensión del
pueblo…”.AHPJ, SRR, caja IV, página 148. Acta del 23 de abril de 1808.
153
AHPJ, SRR, caja IV, Libro capitular de 1800-1812, folios 148-149. Acta del 30 de abril de 1808.
154
La división de la ciudad en 2 cuarteles estuvo en vigencia hasta 1811, cuando el cabildo de Jujuy,
basándose en el artículo 21 de la circular de la Junta Suprema de la Junta de Buenos Aires del 10 de
febrero de 1811 que autorizaba a los cabildos del Interior a la división de las ciudades en cuarteles,
decidió dividir a la ciudad de San Salvador en 6 cuarteles. Véase más adelante.
155
AHJ, SRR, Caja XXVIII, Ordenanza que llega al cabildo de Jujuy el 8 de julio de 1795.
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“el alcalde deberá recorrer el barrio diariamente rondándolo


de noche para evitar males públicos sin entrometerse en las
diversiones domésticas” 156.
Dentro de su función de policía del orden público, tenían “jurisdicción para
prender a los que hallare delincuentes infragantes dentro de su distrito” e incluso
poseían la potestad de allanar una casa, en caso de que tuviese conocimiento de que allí
se había refugiado algún criminal o facineroso, a quien estaban obligados a tomar
prisionero y llevarlo a la Real cárcel157.
Vigilaban con especial esmero los juegos prohibidos del barrio, para lo cual
visitaban las casas de juego, figones y tabernas, donde debían arrestar a quienes hallaren
contraviniendo los bandos y órdenes publicadas. Rondaban los “bailes y borracherías” ,
evitando que se realizaran en lugares públicos o luego del toque de queda.
Cada tres meses repetían las visitas ordinarias a sus cuarteles, las que incluían el
registro de las habitaciones ocupadas por gente humilde, los tambos y chicherías
ubicados en los suburbios de la ciudad y en las barrancas de los ríos, a fin de detectar
personas sospechosas, mujeres de malvivir, jugadores, “sembradores de hurtos” ,
vagabundos y enfermos que, por su pobreza, no recibiesen las curaciones necesarias, así
como a los huérfanos abandonados, a quienes “los ponían al amparo en casa de honor
con noticia del gobierno” .
Entre sus deberes estaba atender
“a los que se encuentran arropados en las calles para que no
mueran por las inclemencias del tiempo y a los mendigos que
suelen perecer por pernoctar en las esquinas con la codicia de
acrecentar la limosna […] Poner especial interés en distinguir
estos abusos visitando las calles y plazuelas del barrio a
distintas horas de la noche para mandar a los pobres avarientos
y recoger a los borrachos poniéndolos en la cárcel por dos días
en pena de su exceso y si se encuentra al pulpero que lo
embriagó se le cobrará una multa de 6 reales para obras
públicas”158.

156
Ibíd.
157
La Real cárcel funcionaba en el Cabildo.
158
AHJ, SRR, caja XXVIII, 8 de julio de 1795.
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Eran contralores de precios, pesas y medidas, en especial “…se averiguará la


calidad de pesos y medidas y los precios de las ventas de los licores, para evitar
adulteración de la bebida para acrecentar la ganancia” 159. Debían fiscalizar a los
vendedores ambulantes y abastecedores de la ciudad, para que exhiban y vendan sus
mercancías sólo en la plaza pública
“…para que todo el vecindario tenga un pasaje fijo y público
para surtirse a vista de los jueces que deben arreglar los
precios con acuerdo del Fiel Ejecutor y en su defecto del
Regidor de turno” 160.
Los alcaldes de barrio vigilaban el fiel cumplimiento de los bandos públicos, en
especial los referidos al empedrado, aderezo y limpieza de las calles, el mantenimiento
del alumbrado de las pulperías, la reparación de cañerías rotas “…sin permitir que
continúen la asquerosa práctica de abrirlas para lavar, sacar agua y hacer otras cosas
de igual naturaleza”; dichas reparaciones, así como el blanqueo de las casas y arreglo
de los tejados corrían por cuenta del vecino161.
Su tarea de policía incluía la obligación hacer un prolijo empadronamiento de
todos los moradores de su barrio, habitantes y estantes de ambos sexos y
“…compeler a los que según sus padrones fuesen forasteros o
artesanos que diariamente se emplean en sus respectivos
oficios, haciendo juntar a este efecto a los primeros en la plaza
pública para que por la justicia se les destine ocupación en que
trabajar cuidando que no quede ninguno distraído en
entretenimientos inútiles”162.
Otro problema recurrente en la ciudad de San Salvador, que desvelaba a los
cabildantes era la venta en la vía pública de los comestibles procedentes del campo
circundante. Pudimos observar cómo, a lo largo del siglo XVIII se insistía en que sólo la
Plaza Mayor era el ámbito adecuado para la venta de los productos del campo, el bando
de buen gobierno de 1776 hacía especial mención a esta cuestión, pero antes de él, ya
existían diversas disposiciones del cabildo

159
Ibíd.
160
Ibíd.
161
Ibíd.
162
Ibíd.
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“Se manda que todos los efectos y víveres que se traen de


afuera y que se producen, se vendan en la plaza, prohibiendo
hacerlo en las calles y esquinas”163.
En 1806 los cabildantes reiteraban la exigencia de utilizar la plaza como único
espacio público para el expendio de productos del campo y alimentos en general, que
solían venderse en la calle, en un Reglamento donde también insistían en la manera
como se debían formar los precios, según las estaciones agrícolas
“…habiendo hecho varias reflexiones sobre los abastos y mal
método con qe se reparten y venden las especies comestibles de
unánime conformidad mandaron se arreglen sus precios con
consideración a los tiempos y estaciones del año publicándose
por Bando para su puntual cumplimiento que todas las dichas
especies se vendan en la Plaza pública, sin exeptuar la carne,
prohibiéndoseles a los que se apostan en los campos y entradas
de esta ciudad puedan comprar en manera alguna comprar los
granos y demás abasto por juntos p a revenderlos, sino q e con
igualdad se repartan a los precios q e se establezcan, entre los
vecinos”164.
La educación de los niños se encontraba entre los compromisos asumidos por el
cabildo y formaba parte de sus preocupaciones y desvelos. Los hijos de las familias más
acomodadas aprendían las primeras letras y rudimentos de aritmética en el seno del
hogar; sin embargo, los sectores populares eran mayoritariamente analfabetos. Por un
lado, la preocupación del cabildo se centraba en la necesidad de impartir la enseñanza
de las primeras letras a los jóvenes y, por otro, la urgencia de formar una elite ilustrada,
prácticamente inexistente a mediados del siglo XVIII, cuando no había ni un solo
abogado en la jurisdicción de Jujuy165.
En 1751, ante la ausencia de un ministro evangélico, el cabildo acordó dar una
autorización para crear un “colegio de padres” a fin de enseñar el Catecismo a la

163
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro capitular de 1744-1768, folio 77v. Acta del 23 de marzo de 1751.
164
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 87-88. Acta del 23 de junio de 1806.
165
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 9. Acta del 22 de enero de 1745. El
cabildo remarcaba su preocupación por la inexistencia de abogados en la jurisdicción de Jujuy.
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juventud166. Una década después se creó una escuela de primeras letras a cargo del
cabildo y en 1796 la institución concedió autorización y licencia al pedido del maestro
Francisco Javier Granillo para abrir una escuela de primeras letras y gramática “…sin
sueldo a lo más que puedan sufragar los padres de los niños que concurriesen a su
estudio”167. Poco después, el cabildo firmó un acuerdo para la creación y
establecimiento de una escuela de primeras letras, que funcionaría en forma permanente
en la ciudad168. Entre 1800 y 1809 los maestros de escuela fueron Fernando de la
Cámara169, José María Brizuela170 y José Miguel Fernández171. La educación era
exclusivamente masculina; las niñas que aprendían a leer y escribir recibían instrucción
dentro de la familia.
La educación superior de los jóvenes, futuros dirigentes ilustrados, recaía en el
ámbito de la vida privada. Las familias con recursos económicos, siguiendo las
costumbres europeas de la Ilustración, comenzaron a invertir en el futuro de algún hijo
varón, generalmente el más dotado o el designado por el padre para tal efecto. Los
jóvenes jujeños con posibilidades económicas iban a estudiar Teología y Derecho en las
universidades de Córdoba y Charcas. En 1788, el cabildo daba cuenta de “…qe
actualmente se hallan estudiando con el mejor nombre en los colegios de córdova,
varios hijos del vecindario de Jujui” 172.
Los hijos de los comerciantes, después de recibir los rudimentos de gramática y
aritmética, generalmente eran enviados a centros comerciales importantes, como
Buenos Aires o Potosí, a cargo de algún familiar o comisionista amigo, quien debía
introducir al joven en los vericuetos del arte mercantil.
Otro ámbito de educación de niños y jóvenes eran los talleres artesanales, donde
se formaban en un oficio y, eventualmente, recibían alguna instrucción de
alfabetización. Esta faceta de la educación de artes y oficios la hemos tratado en páginas
anteriores, cuando analizamos la organización y el funcionamiento de los gremios
artesanales.

166
AHPJ, SRR, Caja XX, Libro de Actas Capitulares de 1744-1768, folio 73v. Acta del 23 de enero de
1751.
167
AHPJ, SRR, Caja X, L 2.
168
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 2v. Acta del 31 de octubre de 1800.
169
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 42v-43. Acta del 16 de abril de 1803.
170
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 54-55. Actas del 28 de abril y 19 de mayo
de 1804.
171
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 56-56v. Acta del 11 de agosto de 1804.
172
AHPJ, SRR, Caja VII, Legajillo 5.
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El campo, desde la puna a los valles

La campaña, o campo que correspondía a la jurisdicción de Jujuy, también


estaba bajo el control estricto del cabildo a través de sus representantes.
Los alcaldes de la Santa Hermandad, eran la autoridad rural y como tal debían
velar por la paz, la concordia y el orden en su parroquia, curato o distrito. Elegidos por
los miembros del cabildo, su función recaía en personas de reconocida honestidad, así
como con conocimiento de la zona de la campaña que estaba a su responsabilidad, se le
recomendada que “…evitarán todo pecado público procediendo de la necesaria
prudencia para el mejor servicio de los magistrados” 173.
Recibían estrictas instrucciones del cabildo referidas al arresto de los
vagabundos que anduviesen rondando por los campos “…si después de amonestarlos no
buscan trabajo, lo que harán constar en un papel firmado por la persona que los
contrate”174. Era su obligación constatar que los peones y jornaleros cumplieran con sus
tareas con el patrón que los había contratado, devolviéndolo a ese patrón si el peón se
hubiese ido a realizar tareas para otro individuo. De igual manera vigilaban el trabajo
femenino, máxime si se trataba de mujeres que no se desempeñaban en el marco de una
familia,
“Las Indias deberán conchabarse en las casas donde les dan
buena enseñanza, a las menores de edad para su educación por
falta de sus padres darán parte los Jueces a este Gobierno para
resolver lo que convenga” 175.
Era costumbre que los campesinos y sus familias viviesen en las haciendas como
“agregados”, los alcaldes debían constatar que se tratase de personas honestas,
autorizadas por el hacendado y con medios de vida propios para el sustento de su propia
casa. A tal efecto era su deber observar
“…que nadie se mantenga de arrendero o agregado si no tienen
25 cabezas de ganado vacuno y demás animales necesarios. Sin

173
AHPJ, SRR, Caja XVIII, folios 337v-340. Acta capitular del 9 de marzo de 1791.
174
Ibíd.
175
Ibíd.
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estos requisitos se los obligará a que se conchaben con


personas que no sean sospechosas” 176.
Una de las tareas más relevantes de los alcaldes del campo era prevenir los robos
de ganado de las haciendas y estancias de la jurisdicción, ya que el cuatreraje era el
delito más frecuente en la campaña. A tal efecto sus instrucciones eran precisas
“Cualquier persona que saque de un partido caballos, mulas,
burros, vacas para venderlos en otro lugar deberá hacerlo con
la licencia expedida por el juez más inmediato para evitar que
sean robados” 177.
Debían evitar los excesos, generalmente devenidos en peleas, trifulcas y
asesinatos derivados de las borracheras y juegos prohibidos por la autoridad pública,
para lo cual se obligaban a controlar “…que la gente plebe cargue más armas que las
de cuchillo despuntado” y observar el juego en las pulperías del campo, así como en
“casas particulares y otras ocultas” , especialmente para las festividades religiosas,
momento en que estaba absolutamente prohibida la venta de bebidas alcohólicas. Las
penas para esas deshonrosas desobediencias eran “…para los pulperos de 3 pesos y
para los que vendan chicha de 1 peso derramándole la chicha y quebrándole las
vasijas”178.
Sus obligaciones comprendían la búsqueda y apresamiento de esclavos prófugos
y reos criminales, a quienes trasladaban a la cárcel que funcionaba en el cabildo, dando
aviso a los alcaldes, que eran la máxima autoridad judicial local.
Sus responsabilidades contemplaban auxiliar a los cobradores de tributos y de
las rentas reales y municipales. Como jueces de campaña les cabía la responsabilidad de
realizar los inventarios de los bienes de los difuntos “…y evitar graves perjuicios a los
herederos y sobre todo si hay entre ellos menores de edad” 179, así como levantar las
demandas de los pobladores de la campaña y acercarlas a los jueces ordinarios.
La vida cotidiana no sólo se componía de deberes, obligaciones y prohibiciones.
Una buena parte del calendario estaba ocupado por diversiones consideradas lícitas y
que daban lugar a los días de fiesta en Jujuy.

176
Ibíd.
177
Ibíd.
178
Ibíd.
179
Ibíd.
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Jujuy de fiesta

La fiesta poseía un profundo contenido simbólico y político. Estaba destinada no


sólo al esparcimiento, sino también a mostrar al pueblo el orden jerárquico, la simbiosis
entre lo sacramental y lo monárquico, a exhibir la riqueza de los poderosos, a manifestar
la sujeción e inferioridad de los súbditos, a dar rienda suelta a las tensiones sociales
reprimidas, como un desahogo a las tareas rutinarias y, en general a homogeneizar a la
población súbdita y expresar el orden social establecido, por lo tanto, en cada una de
ellas se cumplía con un estricto protocolo.
Regocijo público traducido como tranquilidad social, las festividades
congregaban a la mayor cantidad de población. Las fiestas relacionadas con las
ceremonias litúrgicas y religiosas, estaban destinadas a manifestar la supremacía de
Dios y de la Iglesia sobre toda la población, especialmente catequizadoras de indígenas
y esclavos. Las celebraciones políticas o “de Estado”, trasmitían la preeminencia de la
monarquía sobre la población súbdita, de todos los rangos y estratos sociales. Las
fiestas, juegos y regocijos populares profanos, eran momentos esperados durante todo el
año, donde se asistía a un gran despliegue de gente y divertimento.

Fiestas litúrgicas

Jujuy contaba (y cuenta) con un copioso calendario religioso, que daba un orden
a la vida cotidiana y era motivo de celebraciones diversas. Las fiestas religiosas, con sus
manifestaciones y procesiones servían de adoctrinamientos de los indígenas y los
negros, para que se ilustraran acerca de los misterios de la religión Católica. El Primer
Concilio de Lima de 1552, había establecido “fiestas de guardar” exclusivas para
españoles y otras en las que participaban todos los sectores étnicos. Las fiestas de
guardar eran días destinados a alabar a Dios con rezos, oraciones y cánticos y dar
descanso al cuerpo, eludiendo el trabajo. Todos los domingos del año, la Circuncisión,
Reyes, Pascuas, la Ascensión de Cristo, Corpus Christi, la Natividad de la Virgen, la
Anunciación, la Purificación de la virgen, la Asunción de la Virgen y las fiestas de San
Pedro y San Pablo eran fiestas de guardar para toda la población, sin distinción étnica ni
social; fuera de ellas, la población española debía respetar un calendario religioso
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mucho más abundante180. Las Leyes de Indias también hacían hincapié en la


obligatoriedad de todos los pobladores de respetar las fiestas de guardar
“…que los indios, negros y mulatos no trabajen los
domingos y fiestas de guardar […] que oigan todos misa
como los otros cristianos son obligados y en ninguna
ciudad o villa los ocupen…”181.
Las fechas religiosas, como Semana Santa, Corpus o Navidad, así como las
fiestas patronales, duraban varios días y eran momentos de culto compartidos por todos
los sectores sociales y étnicos; estas celebraciones públicas, también eran el marco
apropiado para los encuentros sociales y las relaciones interpersonales182.
Era costumbre, desde por lo menos el siglo XVIII, que en las vísperas de la
Semana Santa se mandase limpiar las calles y acequias de la ciudad. También se
cerraban todas las causas judiciales de orden civil –sólo se atendían las causas
criminales- “hasta que pase el domingo de Cuasimodo” 183. Los usos de la época
disponían que los sagrarios de la Iglesia Matriz y de los conventos de San Francisco y
La Merced fuesen resguardados en la casa particular de los vecinos principales de la
ciudad.
El día más solemne era el Jueves Santo, que contaba con la presencia de todos
los integrantes del Cabildo –incluyendo al portero- en la iglesia Matriz. Era también el
día de las procesiones de las cofradías de españoles, indígenas y esclavos. El color
usado durante la liturgia era el blanco, excepto el Viernes Santo, día en que se usaba el
color negro como símbolo de la muerte184. El Domingo de Pascua de Resurrección se
realizaba la última procesión con la exhibición del Real Estandarte, para luego del
atardecer dar comienzo a la fiesta y feria de la Pascua, que tradicionalmente en Jujuy se
celebraba en los campos de la Tablada y duraba un mes.
La celebración del Corpus Christi adquiría relevancia como en todo el mundo
católico, ya que reafirmaba la transustanciación de Cristo, el cuerpo de Cristo presente
en la hostia, ratificada en el siglo XVI por el Concilio de Trento (durante la
180
Rosa María Acosta de Arias Schreiber, Fiestas coloniales urbanas (Lima-Cuzco-Potosí), Lima,
Otorongo Producciones, 1997, páginas 46 a 57.
181
Recopilación de las Leyes de los Reynos de las Indias, citado por Rosa María Acosta de Arias
Schreiber, op. cit., página 53.
182
Daniel Santamaría, “Arte sacro y piedad doméstica…”, op. cit., página 135.
183
Véanse Actas capitulares en los días precedentes a la Semana Santa. AHPJ, SRR, Caja XXX, folio
47v. Acta capitular del 29 de marzo de 1749.
184
Rosa María Acosta de Arias Schreiber, op. cit., página 62.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Contrarreforma del siglo XVI). Era la festividad religiosa más pomposa de la Colonia.
La ciudad de Jujuy se adornaba con los mejores lujos, actividad en la que colaboraba
cada vecino, aseando sus aceras, iluminando la casa y poniendo adornos de plata,
tapices y telas en los balcones y portales. La calidad de estos adornos era la expresión
del status económico y social de la familia.
La procesión, con marcadas influencias de la celebración sevillana, como en el
resto de Hispanoamérica185, se realizaba por estamentos sociales o corporaciones,
encabezadas por las autoridades religiosas que portaban el palio del Altísimo, seguidas
por las cofradías con sus estandartes e imágenes de devoción popular y cerrando el
cortejo iban las autoridades civiles y miembros del cabildo y el Alférez Real portando el
Real estandarte. La peregrinación que llevaba el cuerpo de Cristo bajo un palio partía de
las iglesias, iba por las calles principales de la ciudad y se concentraba en la Plaza
Mayor, donde se levantaban cuatro altares erigidos por los gremios de artesanos y
adornados por los habitantes de la ciudad, según disposiciones estrictas del cabildo
relacionadas con las posibilidades económicas y materiales de cada familia
“Cada vecino debe contribuir con la asistencia de su persona y
el adorno que le señale el Alcalde de Primer Voto” 186.
Los adornos principales consistían en la confección de arcos, hechos con ramas
entrelazadas con flores y cintas, tampoco se escatimaban los gastos en cera, velas, cirios
y adornos florales.
Finalizadas la celebración del Corpus con salvas de artillería, se daba inicio a las
fiestas populares, regocijos, luminarias y bailes.
Para conmemorar la Navidad, al igual que en las fiestas religiosas más
importantes, como el Corpus y la Semana Santa, se mandaba limpiar la ciudad y “…por
estar próximas las Santas pascuas del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo” y se
suspendía la atención de las causas civiles187.

185
Véase Juan Carlos Garavaglia, Construir el estado, inventar la nación. El Río de La Plata, siglos
XVIII-XIX, Buenos Aires, Prometeo, 2007, páginas 26 y subsiguientes. Raúl Fradkin y Juan Carlos
Garavaglia, la Argentina colonial. El Río de La Plata entre los siglos XVI y XIX, Buenos Aires, Siglo
XXI, 2009, página 161. Rosa María Acosta de Arias Schreiber, op. cit., página 61.
186
AHPJ, SRR, Caja XXX, folio 12v. Acta de 14 de junio de 1745.
187
Véase actas capitulares de los días previos a la navidad. AHPJ, SRR, Caja XXX, folio 47v. Acta del
24 de diciembre de 1748. la suspensión de las causas civiles (sólo se atendían las causas criminales)
acontecía sólo en las celebraciones religiosas más relevantes, como Corpus, Semana Santa y la Natividad.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Otras celebraciones litúrgicas con gran arraigo popular eran las realizadas en
honor a la Virgen, decretadas como fiestas de guardar, las que solían durar ocho o nueve
días durante los cuales se rezaba el octavario y novenario. Comenzaban en la Iglesia
Matriz, para luego salir en procesiones por las calles, previamente adornadas con arcos
de ramadas y flores. En Jujuy las más populares fueron la fiesta en honor a la Virgen del
Rosario188 y la María Santísima en su advocación a la Virgen de las Nieves.

Fiestas patronales

Las festividades patronales más importantes de la ciudad eran las dedicadas al


honor del patrono de la ciudad, fecha en la que el cabildo mandaba
“sacar el Real estandarte para el día 6 de agosto, día de la
transfiguración del Señor Jesucristo” 189.
Las fiestas patronales de San Salvador duraban dos días -5 y 6 de agosto190- y se
realizaban con toda la pompa y solemnidad, incluyendo Misa y Tedeum con la
exhibición y paseo por la ciudad del “Real Estandarte en señal de vasallaje que se debe
al Rey”191. Era la festividad que unía a la Corona con la Iglesia, representación
simbólica de la fidelidad a la tríada patria – rey – religión, que constituían el basamento
sobre el que se apoyaba el Régimen Colonial de la monarquía española192.
Según los usos y costumbres, el Real estandarte era paseado por la ciudad por el
Alférez Real, sin embargo en ocasiones especiales, el honor podía corresponder a un
ilustre visitante193. Así, en 1748, el cabildo dispuso que los gastos referentes a la

188
Un estudio sobre esta fiesta ha sido realizado por Enrique Normando Cruz, op. cit., páginas 90-91.
189
AHPJ, SRR, Caja XXX, folio 66. Acta capitular del 4 de junio de 1750.
190
El 2 de agosto se homenajeaba a San Esteban, fiesta de guardar para españoles y el 8 de agosto se
conmemoraba la Natividad de la Virgen, que era una fiesta de guardar para españoles e indígenas; por
tanto la festividades patronales de San Salvador (la Transfiguración) quedaban recortadas a los días
intermedios, aunque en la práctica casi se empalmaban con las de San Roque, que tenía una gran
devoción popular en Jujuy.
191
AHPJ, SRR, Caja XXX, folio 56v. Acta capitular del 6 de julio de 1749.
192
Véase: Gabriel Di Meglio, “Patria”, en Noemí Goldman (editor a): Lenguaje y revolución. Conceptos
políticos clave en el Río de La Plata, 1780-1850, Buenos Aires, Editorial Prometeo, 2008, p. 116.
193
Todo lo que rodeaba al Real estandarte estaba imbuido de un fuerte simbolismo, así como el honor por
los actos relacionados con él. En 1805, el teniente tesorero apeló ante el gobernador intendente
reclamando el honor de la posesión de la borla del pendón Real, que hasta entonces correspondía al
síndico procurador de la ciudad. AHPJ, SRR, Caja IV, folios 69v-70. Acta del 14 de octubre de 1805, en
el que se lee públicamente el fallo del gobernador a favor del síndico.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
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ceremonia corrieran por cuenta del Visitador de las Reales Cajas de la Provincia y del
Tesorero, mientras que el alcalde de segundo voto estaría a cargo del paseo194.
Dejemos que los protagonistas nos relaten los solemnes y emotivos momentos
para los cuales se preparaba la población durante todo el año:
“El Real estandarte fue exivido en la sala capitular sobre un
cojín puesto sobre una mesa cubierta, bajo un rosal y una
colcha por espaldas con un lienzo colgado y el suelo cubierto
con luces. El vecindario se reunió a toque de caja y clarín. A las
ocho de la mañana el Alcalde de primer voto llevó el
Estandarte, mientras los jueces sostenían las borlas. Los
oficiales reales a la izquierda mientras que a la derecha hiba el
procurador todos fueron a pie hasta la Iglesia Matriz. Al
concluír la misa y el sermón, el vicario recogió el Pendón el
cual bendijo. Concluida la ceremonia religiosa, depositose
sobre el cojín el Estandarte, con lo que concluyó la celebración,
sin pasear el Real estandarte por la ciudad” 195.
Durante los primeros años del siglo XIX, ante la falta de un alférez real en la
ciudad, el honor de pasear el Real estandarte, como representación presente del monarca
y reconocimiento de su vasallaje por los súbditos, cayó en el alcalde de primer voto
“…dijeron que respecto a aproximarse el día que por
inmemorial costumbre con arreglo a R LL debe enarbolarse el
Real Pendón y no habiendo Alférez Real propio que desempeñe
este importante objeto de unánime conformidad disputaron y
disputan para tal encargo el señor alcalde ordinario de 1er
voto, don José de Olivera, el cual lo acepta ofreciendo con todo
el juramento posible desempeñar el honor que este ilustre
cuerpo le hace y mandó que para la precisa concurrencia de
vecinos, estantes y habitantes en esta ciudad, se publique p r
Bando convocándolos para los días cinco y seis de próximo y
venidero agosto en que se deben celebrar las vísperas y misa

194
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 41. Acta Capitular del 1 de agosto de
1748.
195
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 67. Acta Capitular del 7 de agosto de
1750.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
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solemne en la Santa Iglesia Matriz en obsequio de la


Transfiguración de nuestro Señor Jesucristo que con el nombre
de Sn Salvador solemniza y tiene por patrón esta referida
ciudad….”196.
Aún después de la revolución del 25 de mayo en Buenos Aires, durante las
fiestas de San Salvador los días 5 y 6 de agosto de 1810 se enarboló el Real estandarte
“según la ley y la costumbre” . La insignia Real se paseó por las calles de la ciudad por
la tarde en vísperas y por la mañana del 6 se celebró la misa correspondiente, según lo
detallaba el Escribano del cabildo:
“…como acto de fidelidad, y vasallaje al Rey nuestro
Señor, paseándose dicha Real insignia p r las calles de esta
Ciudad, pr la tarde en la víspera, y p r la mañana en el
referido seis en que se celebra la función del Patron
tutelar; a fin de que se puntualice con solemnidad y decoro
correspond tes mandaron que se haga a Cavallo, y que se
publique por Bando el dia de mañana, para que todos los
vecinos con proporciones decentes concurran a solemnisar
la referida festividad; y los que no las tengan, a la Iglesia
Matriz a interponer sus ruegos con el todo Poderoso por la
salud del señor d n. Fernando Septimo, y su pronto
restablecimto al rey trono …” 197.

Las fiestas patronales de San Roque, vicepatrón de la ciudad y patrón del cabildo
jujeño, eran más austeras y daban lugar al los rezos de “…la novena de San Roque, por
ser Mayordomo del cabildo, de la Cofradía y Patrón Titular” 198. Las festividades
estaban organizadas por la cofradía de San Roque199. Durante el novenario los vecinos
tenían obligación de realizar el alumbrado y limpieza de las aceras “según estilo y
costumbre”. También se reglamentaba la cantidad de velas que debían arder en el altar
durante las celebraciones, para las cuales el cabildo estipulaba “…que la iluminación

196
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 67. Acta del 27 de julio de 1805.
197
AHPJ, SRR, Caja VI, Libro Capitular de 1810-1812, folios 235-235v. Acta del 28 de julio de 1810.
198
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 13v. Acta del 9 de agosto de 1745.
199
Enrique Normando Cruz, op. cit., páginas 80-81.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

del altar para las vísperas y misa no exceda de veinticinco luces” 200. Los miembros
capitulares se reservaban el primer y último día del novenario, cuyas misas y limosnas
corrían por su cuenta. La ermita, ubicada en las barrancas del río Xibi-Xibi, gozaba de
gran concurrencia popular.
En 1750, en circunstancias del fallecimiento del vecino don Miguel Antonio de
Olaso, quien había dejado en su testamento la cantidad de 1.000 pesos “…para
beneficencia de la iglesia del glorioso San Roque” 201, el cabildo acordó la construcción
de una iglesia, en otra ubicación, debido a que
“La actual iglesia no puede subsistir por lo mal que se
hallan sus paredes y por el peligro que representa al estar
tan cerca del río Chico, se manda que la actual se
construya en la cuadra que tiene el G ral. Joseph Antonio
de Goyechea, [la nueva construcción quedaría] al remate
de la ciudad y la calle real de por medio y a
inmediaciones de la Plaza Mayor.” 202
Se tomaron todas las disposiciones concernientes a la construcción de la nueva
iglesia de San Roque, el dinero se giró de Potosí a Buenos Aires, donde fue depositado
para obtener intereses y el pueblo colaboraría con los donativos posibles. La iglesia
tendría de 6 a 8 varas203 de largo y sus paredes serían de adobe crudo recubierto de
piedras y barro. Se buscaron seis hacheros que talaran los cedros para la construcción
del techo y se pidió la colaboración de peones.
Al año siguiente, a los fines de obtener mayores donativos particulares, se
promulgó una “Bula de Indulgencia sobre la iglesia de San Roque” 204. No obstante
todas las providencias tomadas, sabemos que la construcción de una iglesia llevaba
mucho tiempo y dinero. Por la descripción hecha en el documento de cabildo, el nuevo
emplazamiento sería en el lugar donde se encuentra en la actualidad la Iglesia del
hospital San Roque –por aquel entonces se ubicaría a los fondos del convento de La
Merced- pero, hasta 1808, época para la que poseemos un plano de la ciudad dibujado

200
AHPJ, SRR, Caja XXXIII, Legajo 1, folio 47. Acta Capitular del 22 de mayo de 1799.
201
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 68. Acta del 28 de diciembre de 1750.
202
Ibíd..
203
La vara usada en Jujuy era equivalente a 0,8359 metros. Tabla de equivalencia de las pesas y medidas
del sistema metrico-decimal con los antiguos y vice-vers,. Jujuy, Imprenta de J. Petruzzelli, 1889.
204
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 80v. Acta del 27 de septiembre de 1751.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

por Ricardo Rojas en base a la documentación de la época, la iglesia aún no había sido
concluida y el culto a San Roque se seguía celebrando en la tradicional ermita.
Otra forma de expresión de la religiosidad popular eran las cofradías urbanas y
rurales; en ellas se fortalecían lazos de solidaridad y cooperación entre distintos
colectivos. Había cofradías con marcado sesgo social y étnico, por ejemplo, dentro de la
iglesia Matriz coexistían dos cofradías étnicamente diferenciadas, la de Nuestra Señora
del Carmen formada por españoles y la cofradía de San Pedro cuyos integrantes eran
naturales (indígenas), mientras que en San Francisco la cofradía de San Benito de
Palermo albergaba a negros, mulatos y españoles205. En las parroquias y viceparroquias
de la campaña, funcionaban diferentes cofradías, mayoritariamente en forma de
hermandades indígenas y campesinas, en los curatos de Cochinoca, Cerrillos,
Rinconada, Humahuaca y Tumbaya206.

Fiestas y homenajes Reales

Las festividades relacionadas a la monarquía tenían gran lustre y reunían a toda


la población, ya que estaban investidas de un fuerte valor simbólico, sobre todo en la
segunda mitad del siglo XVIII, cuando las ideas de la época ponían énfasis en la
supremacía de la monarquía sobre cualquier autoridad terrenal207, así, estas
celebraciones estaban asociadas a los ritos de vasallaje al Rey de España, tales como los
festejos de natalicios de infantes, matrimonios reales o la asunción y coronación de un
nuevo monarca. También se festejaban los triunfos militares de los Reales Ejércitos, el
nombramiento y recibimiento de nuevas autoridades y se honraba la muerte del monarca
o de miembros de la familia real.
En estas ceremonias estaba presente la conjunción de religión y monarquía, pues
según las ideas generalizadas, el Rey había recibido su corona de manos de Dios (lo que
daba sustento a la monarquía católica española208), por tanto iban más allá del
espectáculo en sí mismo, para adentrarse en la escenificación de la cercanía de la

205
Enrique Normando Cruz, “Oro, cera, trigo y sal. Cofradías de indios en Jujuy y sus curas doctrineros,
siglo XVIII”, en Anuario del CEIC 1, op. cit., páginas 177 a 203.
206
Para mayores datos sobre estas cofradías, véase Enrique Normando Cruz, op. cit.
207
Véase David A. Brading, Orbe indiano. De la monarquía católica a la república criolla, 1492-1867,
México, FCE, 1991.
208
Ibíd.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Realeza a la Divinidad. Los festejos incluían las ceremonias religiosas y los ritos de
vasallaje, el paseo del Real estandarte y la Misa con Tedeum.
Un ejemplo de este tipo de celebraciones lo encontramos en el suceso provocado
por el fallecimiento del monarca Felipe V y el ascenso al trono de su primogénito
Fernando VI. Con tal motivo, el cabildo de Jujuy decretó días de duelo por el antiguo
monarca y festividades por el nuevo209. Las Pompas Fúnebres Reales se honraban con
repiques de campanas de todas las iglesias y capillas, solemnes misas de responso sobre
los altares cubiertos con crespones negros y morados, donde se exhibía el retrato del
monarca fallecido y representaciones de sus obras más destacadas. Estas exhibiciones se
mantenían por varios días, para que todo el pueblo, vestido de luto, pudiese visitarlas,
observarlas y rendir su homenaje al difunto210.
La celebración de las fiestas comenzaron los días 11 y 12 de septiembre de
1747: el alcalde de primer voto don Juan del Portal ofició de Alférez Real y “…fue
aclamado el Rey con la más ostentosa demostración de la vecindad”; luego, el día 13
“…se sirvió una comida…” , cuyos costos corrieron por cuenta del alcalde de segundo
voto. El día 14 la celebración fue costeada por el teniente de gobernador y justicia
mayor general Diego Tomás Martínez de Iriarte “…con una corrida de sortija” . Los
festejos del día 15 corrieron por cuenta del procurador real Francisco Antonio de
Azebey, “…con una corrida de toros” . El día 16, la fiesta estuvo a cargo de los
procuradores reales. El 17 lo celebró el marqués de Tojo, quien trajo “…a los indios de
su feudo [y realizó] una corrida de toros” . El 18 lo celebró el general Agustín de Leysa
con otra “…corrida de toros” . El 19 lo celebró el general Joseph Antonio de Goyechea
“…con corrida de cabras” .
“Posteriormente todos mostraron sus sentimientos por el
fallecido Felipe V, cuyas honras se llevaron a cabo en la Iglesia
Matriz con Misa y sermón”211.

En 1808, con motivo del ascenso al trono de Fernando VII, hubo tres días de
festejos, durante los cuales (8, 9 y 10 de octubre) por la noche se iluminó toda la ciudad,

209
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 30. Acta del 20 de julio de 1747.
210
De manera similar se realizaban en todas las ciudades andinas. Véase Rosa María Acosta de Arias
Schreiber, op. cit., páginas 100-101.
211
AHPJ, SRR, Caja XXX, Libro Capitular de 1744-1768, folio 31. Acta del 28 de septiembre de 1747.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

se adornaron las casas particulares y se preparó un camino con un gran arco de triunfo
por donde pasaría el Real estandarte, tomándose las providencias necesarias para que
“… la carrera p r donde havia de pasar el R l Pendon se
tuviese bien barrida, y comp ta de colgaduras desentes, todo
lo que se consiguió en efecto con indesible gusto y
complacencia del pueblo” 212.
El día 9 por la mañana, se congregó toda la población en la plaza de la ciudad,
donde tuvo lugar la solemne ceremonia de homenaje, mientras que el Real estandarte se
mantuvo sobre una mesa especialmente dispuesta en la Sala Capitular. Finalizadas las
ceremonias de homenaje y juramento de lealtad al nuevo monarca, el público se dirigió
al cabildo,
“… cuya fachada estava hecha magnificam te vestida con
damasco, y en lo mas prominente de ella colocado un
hermoso docel, bajo del cual se hallava cub to con una
cortina transparente el R l Retrato de S M”213.
Allí, en los arcos del cabildo, la Real Insignia fue exhibida al pueblo, “…con la
misma referida desencia y ostentación […] se manifestó al publ co”. Después de
finalizados los actos solemnes, a media mañana, los cabildantes y el pueblo se
dirigieron hacia la plaza, donde en un había tablado especialmente levantado, al que el
escribano del cabildo se refiere como un
“…suntuoso teatro costosamente compuesto que se havia
formado a las quarenta o cinquenta varas frente de dichas
casas…”214.
Y sobre el cual el Síndico Procurador General, Alejandro Torres, se dirigió a los
presentes con las siguientes palabras:
“Jujui, Jujui, Jujui: Pueblo amado, atención, atención,
atención: con lo qual haviéndose prestado el congreso al
silencio…”
el Escribano Francisco Antonio Llanos leyó la Proclama de entronización de Fernando
VII, con la debida solemnidad.
212
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1880-1812, páginas 165-166. Acta Capitular del 10 de
octubre de 1808.
213
Ibíd.
214
Ibíd.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Por la noche los festejos incluyeron representaciones teatrales y bailes en honor


al nuevo monarca.

Otro ejemplo de la pompa y puesta en escena barroca con que se celebraban las
fechas Reales, lo brinda los festejos organizados para la conmemoración del
cumpleaños del rey Fernando VII. Fiesta popular, que combinaba la solemnidad
litúrgica con el protocolo de los homenajes monárquicos, el cabildo solicitó a la
población que limpiase las calles y acequias, adornase las casas e iluminase las casas, a
los fines de dar mayor solemnidad a los actos preparados para que la ciudad de San
Salvador de Jujuy festejase el natalicio del Rey; a tal fin, se construyó
“…un carro triunfal adornado con el busto del rey y se
celebraron los triunfos conseguidos contra Napoleón. El carro
fue tirado por vecinos prominentes por las calles de la ciudad
hasta la Iglesia Matriz, en donde se celebrara el Tedeum 215.
Como era costumbre, después de finalizados los actos religiosos que festejaban a
la monarquía, comenzaban las fiestas populares, con música, bailes y juegos.
En 1809, el Gobernador Intendente de Salta, en nombre del Consejo de Indias,
ordenó el reconocimiento y juramento de lealtad a la Junta Central Suprema de Madrid,
que gobernaría España durante el cautiverio del Rey en manos de Napoleón Bonaparte,
“…pa governar a nombre de Ntro. Amado Rey el Señor don Fernando Septimo…” 216.
Con tal motivo, el cabildo de Jujuy publicó, durante dos días, el bando correspondiente,
llamando a los vecinos y pueblo en general, habitantes y estantes en la ciudad y
jurisdicción al solemne acto de juramento para el día 21 de febrero.
El acto se llevó a cabo en la sala Capitular, con la presencia de los miembros del
cabildo, las autoridades reales y los vecinos más distinguidos,
“…hallándose en esta dicha sala prevenida una mesa,
ricamente vestida y sobre ella una imagen de Jesús
Crucificado y un libro de los Santos Evangelios; después
de enterados todos de la acordada de el R l Supremo
consejo de estos dominios, con fecha siete de octubre del

215
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812. Acta del 20 de mayo de 1809.
216
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 182v-183v. Acta Capitular del 16 de
febrero de 1809.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

año próximo pasado, lo cual fue leydo por mi el


escribano...”217.
Siguiendo el protocolo, se pedía silencio tres veces y se nombraba a la ciudad
otras tres. Mientras, el pueblo en la plaza, daba vivas al rey cautivo.
Este tipo de festividades relacionadas con la monarquía, así como los juramentos
de fidelidad a la misma, se renovaron durante la ocupación de los ejércitos Reales en
Jujuy, especialmente durante 1812, cuando, como veremos en el apartado
correspondiente a la segunda parte, los vecinos que no acataron la orden del éxodo,
juraron reconocimiento y fidelidad a la Constitución Española de Cádiz.

Vestirse bien

Las fiestas populares, especialmente las litúrgicas, exigían una vestimenta


adecuada al decoro y la solemnidad del evento. La vestimenta también tenía un valor
simbólico, desde que exhibía la posición social y étnica de quien la lucía. La ostentación
y la admiración que despertaba, especialmente en los sectores populares, estaban
ligados a símbolos de poder, al igual que el uso del bastón con empuñadura de oro o
plata.
Era el momento propicio para que las mujeres, de todos los sectores sociales,
sacaran sus galas, mantones, rebozos y joyería. La moda del siglo XVIII impuso los
escotes recatados y las faldas sobre varias enaguas, que estaban adornadas con encajes,
volantes y pasamanería, y eran especialmente vistosas gracias al uso de los meriñaques.
También se incorporaron a la vestimenta de los sectores acomodados –sin distinción de
la filiación étnica- telas traídas de Europa y de Asia, como brocados, damascos, sedas,
tafetas, tafetanes, terciopelos y gasas.
Los hombres aprovechaban la ocasión para lucir sus mejores trajes y
condecoraciones. Gracias a la certificación realizada por el escribano del cabildo de
Jujuy, conocemos algunos detalles de la vestimenta masculina de los sectores
encumbrados de la época
“Los vestidos son de paños buenos, de color honesto como es el
azul, negro, morado y otros de esta clase; uniformados a lo

217
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folio 184. Acta Capitular del 21 de febrero de
1809.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

caballero, con espada y sombrero armado. Los justicias con su


bastón en la mano, con alguna variación en el color de las
medias ya blancas o negras, de seda, según ha sido
costumbre”218.
La moda masculina había impuesto la casaca de terciopelo o brocado hasta la
rodilla, los zapatos de punta con hebillas de plata y el calzón corto, con medias de seda
ajustadas a las piernas con ligas decoradas con hilos de oro y plata.
Los sectores populares imitaban el traje de sus patrones. Por su parte los curacas
e indígenas con alto poder adquisitivo llevaban casacas de terciopelo y otras telas
europeas219.

Juegos permitidos, juegos prohibidos

Las fiestas profanas eran momentos de regocijo popular y espacio para desplegar
la sociabilidad, aunque en el Antiguo Régimen colonial siempre estuvieron sospechadas
de provocar el descontrol, especialmente entre los sectores populares o la “gente plebe”.
Como hemos podido observar en la documentación expuesta, las corridas de
toros formaban parte de la diversión popular, sobre todo entre los peones y gente de
campo, que eran muy afectos a las fiestas taurinas. No obstante, en 1791, el cabildo
intentó suspenderlas en el ámbito de la ciudad de San Salvador de Jujuy, lo que motivó
una apelación de la población ante el gobernador intendente de la jurisdicción, quien
emitió un Auto en el que reconocía que
“…estas distracciones lícitas, evitan que se ocupen de otras que
sean disconforme a la moral y por lo mismo no deben ser
suspendidas por el Cabildo sin el consentimiento del pueblo [y
agregaba que] los Alcaldes Ordinarios no pueden privar al
público de estos espectáculos y por consiguiente están en la

218
Certificación por parte del escribano sobre los “vestidos lucidos y decentes que acostumbran llevar los
miembros del cabildo en la misas y liturgias” AHPJ, SRR, Caja IV, folios 141v-142. Acta del 26 de
febrero de 1808.
219
Rosa María Acosta de Arias Schreiber, op. cit., páginas 170 a 177.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

presición de guardar las costumbres de darse las corridas de


toros anuales”220.
En 1803, el cabildo insistió con un nuevo pedido de informes al respecto, aunque
las debió autorizar provisoriamente221. En las exposiciones de los cabildantes acerca de
los motivos que los impulsaban a la prohibición de las exhibiciones taurinas, puede
percibirse la presión de la Iglesia local para impedir estas fiestas populares,
consideradas cruentas, indecorosas y hasta sacrílegas. En un excelente trabajo sobre las
fiestas taurinas, Juan Carlos Garavaglia explica similares situaciones en el Buenos Aires
colonial de fines del siglo XVIII222.
Unos meses después, el cabildo de Jujuy reiteró la prohibición de las fiestas
taurinas en el ámbito urbano223, medida que parece haber prosperado, pues carecemos
de información acerca de la continuidad de esta costumbre festiva en San Salvador,
aunque quedan resabios de la misma en el toreo de la bincha que se realiza hasta la
actualidad en Casabindo.
Otro divertimento muy popular en la zona era la corrida de sortija, que consistía
en un fuerte galope durante el cual los jinetes debían ensartar una sortija con la punta de
la lanza. Se realizaba como una competencia, donde se lucía la habilidad del jinete así
como el adorno del caballo.
Junto con las alcancías -juego similar al de la sortija, donde el jinete debía
romper una alcancía de barro- y los juegos de cañas o escaramuzas, solían dejar un
saldo de heridos y muertos, por lo que fueron limitados a acontecimientos especiales
donde estos festejos cobraban relevancia.
Menos peligrosos eran otros divertimentos populares, como el teatro, los paseos,
las tertulias y los bailes.
El teatro o las comedias, se organizaban para eventos importantes y gozaban de
gran predilección popular durante la Colonia. Por un lado eran un pasatiempo y
entretenimiento y, por otro lado, era un mecanismo de distensión popular y una manera
de catequizar y de adoctrinamiento para la población, especialmente a los indígenas

220
AHPJ, SRR, Caja XXVII, Libro de Actas Capitulares 1769-1795, folios 340-341. Acta del 10 de
marzo de 1791.
221
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 36v-37 y 39-40. Actas capitulares del 14
de enero y 31 de enero de 1803, respectivamente.
222
Juan Carlos Garavaglia, Construir el estado…, op. cit., páginas 47 a 53.
223
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 44-44v. Acta del 6 de octubre de 1803.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

“naturales del reino” y a los esclavos224 -siempre proclives a las herejías que
representaban la adoración de sus dioses, a los ojos de la Iglesia-. Jujuy, ciudad
pequeña, no contaba con un teatro; las comedias se organizaban para eventos especiales,
como la coronación de un monarca, sobre un tablado colocado en la plaza, donde se
representaban, generalmente, comedias religiosas o leyendas de caballeros que luchaban
contra el mal.
Los paseos familiares por la plaza o la calle del Comercio, especialmente los
días domingo por la tarde, para Año Nuevo, Pascua y Reyes eran un rito de la época.
Daban lugar al esparcimiento y las relaciones sociales de la gente acomodada de la
ciudad, que lucía sus galas, mientras paseaban seguidos por sus esclavos, sirvientes o
lacayos. Era el momento para relacionarse y para mostrarse.
Las tertulias en las casas particulares constituían otro momento de encuentro y
esparcimiento, al tiempo que contribuían a las relaciones sociales e interpersonales,
sobre todo de los jóvenes en edad casamentera, que podían conocer a los escasos
aspirantes locales.
El capitán King cuenta en sus memorias sobre las guerras de la independencia,
que cuando los oficiales llegaban a algún poblado, la gente del lugar los agasajaba con
bailes y tertulias
“…los habitantes de la ciudad, que hicieron todo lo posible
para alegrarnos, organizando todas las noches tertulias de
baile y otros agradables medios para pasar el tiempo” 225.
Los bailes, fueron un complemento de todos los festejos coloniales. Se
organizaban respetando el protocolo y los estamentos sociales. En los bailes de los
señores españoles, se danzaba al son del minué, polcas, mazurcas y fandangos; era otro
momento apropiado para lucir trajes y adornos. Los bailes de los negros, sobre todo los
mandingas y congos recién llegados, se destacaban por su música al son de los tambores
y marimbas; a pesar de que la Iglesia los consideraba obscenos y se oponía a su
realización, nunca fueron prohibidos, aunque siempre estaban vigilados y considerados
sospechosos de malos hábitos. Los bailes indígenas al son de quenas, caracoles, erkes y

224
Rosa María Acosta de Arias Schreiber, op. cit., páginas127-128.
225
Antonio King, op. cit., página 42. Relato del recibimiento en Orán, de los oficiales que componían la
partida.
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sikuris tenían una connotación religiosa ancestral y en ellos usaban las más ricas
vestimentas tradicionales.
Pero no todos los bailes eran considerados sanos divertimentos. Los bailes que
se organizaban en los suburbios, donde generalmente participaban los sectores
populares, instalados en lugares escondidos , tabernas, borracherías y chicherías estaban
especialmente prohibidos, pues eran tenidos como promiscuos, ajenos a la moral y a las
buenas costumbres. También estaban estrictamente prohibidos los bailes durante los
días de fiestas de guardar, así como el expendio de bebidas alcohólicas y cualquier
diversión considerada como atentatoria a la moral y al orden establecido.
Los bailes fueron imitados entre los distintos sectores étnicos. Los bailes
españoles fueron copiados y adaptados por indígenas y negros; los bailes negros
influyeron en los españoles y los indígenas. De manera tal que, se considera al baile,
junto con la música, como dos elementos importantes en el mestizaje cultural colonial.
Otros divertimentos y regocijos populares fueron más reglamentados y
reprimidos, sobre todo entre los sectores populares, sospechados de ser proclives a las
borracheras, desenfrenos y excesos.
El carnaval era un momento para el desahogo y liberación de tensiones sociales,
por tanto solía tener momentos de violencia y descontrol social, por cuyo motivo era
especialmente vigilado y sus manifestaciones, al menos las urbanas, controladas por los
alcaldes. Durante los carnavales estaba estrictamente prohibida la portación de
cuchillos, machetes y armas en general, así como el galope en las zonas pobladas.
Al igual que en todas las fiestas y divertimentos, lo acostumbrado era que se
festejara en forma separada según los estamentos y sectores sociales; sin embargo, en la
práctica los carnavales más concurridos eran los de los negros y zambos, famosos por el
colorido de sus trajes, máscaras y danzas, que se reunían en los suburbios de la ciudad.
Las máscaras y disfraces de los negros, solían imitar a sus amos y a las autoridades y
funcionarios, lo que los convertía en irrespetuosos y lindantes con el delito. También en
parajes alejados del control de los alcaldes, en el campo o en los pueblos de indios, los
indígenas festejaban con diabladas, bailes y borracheras.
En las calles céntricas de la ciudad, los habitantes jugaban con agua y tinta. Era
costumbre que las damas acompañadas de sus criados y esclavos, repartieran dulces
entre los niños. Por la noche se realizaban bailes de mascaradas y disfraces.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
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Un juego que tenía muchos seguidores durante la Colonia y continuó después en


la República eran las apuestas a las peleas o riñas de gallos . Era un espectáculo
estrictamente masculino, que se realizaba los domingos y donde se apostaban grandes
cantidades de dinero. Apuestas y bebidas era una combinación que solía terminar con
peleas, heridos y muertos. Por ello estaba muy controlado hasta mediados del siglo
XIX, aunque se siguió con las riñas y sus apuestas, en forma legal o clandestinamente,
durante mucho tiempo más.
Hasta aquí hemos hecho una descripción panorámica de cómo se desarrollaba la
vida en Jujuy antes de la Revolución de mayo de 1810; para ser más precisos, diríamos
que hasta la llegada del primer Ejército Auxiliar procedente de Buenos Aires, pues el
arribo del ejército trastocó el orden y la cotidianeidad de los jujeños.
La presencia del ejército transformó totalmente la vida de Jujuy, esta imagen de
paz y orden pueblerinos, fueron sustituidos por el campamento de campaña, la
comparecencia de tropas formadas por hombres forasteros, las exigencias de la guerra,
los despojos, los saqueos.
En Jujuy, las guerras de la independencia duraron 15 años, desde el arribo del
ejército Auxiliador del Alto Perú en septiembre de 1810 hasta la muerte del general
Olañeta, en Tumusla, en abril de 1825. En ese lapso de tiempo se trastocó la vida de la
población, se consumieron los bienes y las vidas, se interrumpieron las actividades
económicas y se enfrentaron familias, amigos y vecinos.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

SEGUNDA PARTE

JUJUY EN LAS GUERRAS DE LA INDEPENDENCIA

En 1818 después de ocho años de comenzadas las guerras de la independencia,


el Cabildo de Jujuy expresaba así la situación de la población jujeña
“... porque imbadido con frecuencia p r los enemigos ha sufrido
quebrantos indecibles, q e lo han puesto en el total exterminio de su
destrucción, la fortuna de sus vesinos toca al imposible repararla,
sus recursos y arbitrios agotados y aniquilados” 226.

¿Qué pasó en esos ocho años transcurridos desde la Revolución en 1810 en


Buenos Aires? Evidentemente ya Jujuy no era la tranquila y moderadamente próspera
sociedad donde la calma y la siesta eran rotas sólo por las eventuales festividades
religiosas y profanas, donde la monotonía diaria podía quebrarse con algún escándalo o
desacato al orden establecido. Las palabras del cabildo jujeño evidencian el paso de un
“terremoto social” que había arrasado con los basamentos mismos de la población local.
Ese “terremoto” había sido la guerra y más específicamente, la presencia de los ejércitos
en tierra jujeña.

La noticia oficial de la revolución de mayo en Buenos Aires llegó a Jujuy casi un


mes después; el cabildo publicó un bando con la proclama el día 15 de junio227. Poco
después arribó el gobernador intendente nombrado por la Junta de Buenos Aires,
Feliciano Chiclana, quien se instaló en Jujuy el 3 de septiembre y, desde allí, supervisó
los suministros con que los vecinos debían contribuir al arribo del ejército228. A fines
del mismo mes de septiembre fue llegando el ejército revolucionario, que había partido
de Córdoba en pequeñas columnas, las que se reunieron recién en Jujuy.

226
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1814-1820. Acta Capitular del 25 de febrero de 1818.
227
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular 1800-1812. Acta Capitular del 15 de junio de 1810.
228
AHPJ, SRR, Caja 4, Libro Capitular 1800-1812, Jujuy, Acta Capitular del 3 de septiembre de 1810.
Chiclana era también el Auditor de Guerra del Ejército Auxiliar del Perú, enviado desde Buenos Aires.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Los especialistas en los temas militares, calculan que unos 1.200 hombres
formaban la tropa acantonada a las afueras de la ciudad de San Salvador, a los que la
población local debió abastecer durante su permanencia en la localidad229; la
vanguardia, compuesta por unos 400 efectivos, acamparon en Tilcara, durante un mes,
hasta el comienzo de la marcha hacia Yavi y Suipacha230.
Ese fue el comienzo de una coyuntura de guerra que duró quince años, durante
los cuales, Jujuy fue enclave en las guerras de la independencia. En su territorio recibió
a las tres campañas libertadoras al Alto Perú, enviadas por los gobiernos emanados de la
Revolución de mayo de 1810 en Buenos Aires; fue motivo de doce invasiones de tropas
realistas a su jurisdicción, despachadas por las autoridades virreinales de Lima. La
población de Jujuy debió abandonar su tierra en tres éxodos (1812, 1814 y 1817);
experimentó saqueos y pillajes en la ciudad y en los pueblos de la campaña, levas,
empréstitos, requisa de ganados, cosechas y de todo bien utilizable por los ejércitos. Se
interrumpió el comercio con el Alto Perú en cada circunstancia en que éste era ocupado
por los contingentes realistas.
La coyuntura de guerra modificó radicalmente la vida en Jujuy. En este capítulo
veremos cómo y hasta qué punto la guerra afectó a sus habitantes, qué efectos tuvo
sobre la demografía, las actividades productivas, la economía y la vida cotidiana de los
hombres y mujeres que habitaban el territorio jujeño.
El desarrollo de la guerra transcurrió en dos etapas: la primera signada por el
avance y retroceso de ambos ejércitos, entre 1810 y 1816, marcados por las tres
expediciones enviadas desde Buenos Aires con el objetivo de ocupar el Alto Perú231 –
territorio que formaba parte del Virreinato del Río de La Plata y que era sumamente
codiciado por sus minas de plata-, sus contramarchas y los respectivos avances del
ejército realista dirigido desde Lima. La segunda etapa, entre 1817 y 1825, estuvo
marcada por la “guerra gaucha”, la lucha de las milicias locales, que sin apoyo de un
ejército regular, debieron enfrentar a un ejército veterano de las guerras napoleónicas.

229
Emilio Bidondo, La expedición de auxilio a la provincias interiores (1810-1812), Buenos Aires,
Círculo Militar, 1987, página 258.
230
Emilio Bidondo, La guerra de la independencia en el norte argentino, Buenos Aires, EUDEBA, 1976,
página 49.
231
La primera expedición al Alto Perú, a las órdenes de González Balcarce, dio inicio en 1810 y acabó en
el desastre de Huaqui en 1811. La segunda, dirigida por Manuel Belgrano en 1813, finalizó con las
derrotas en Vilcapuhio y Ayohuma en el mismo año. La tercera, comandada por José Rondeau en 1815,
terminó con la derrota de Sipe-Sipe.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

No deseamos realizar aquí un relato de las guerras de la Independencia en el


territorio jujeño, tema que ha sido abordado por otros autores en distintas publicaciones;
el lector que desee conocer el desarrollo pormenorizado de la guerra, podrá encontrar
una copiosa y especializada bibliografía232. Este capítulo se refiere a la vida en Jujuy
alrededor de 1810, por tanto sólo nos centraremos en algunos elementos que influyeron
en la cotidianeidad y que marcaron cambios trascendentales en la vida de sus habitantes.

El arribo de la vanguardia del Ejército Auxiliar del Norte, al mando de Antonio


González Balcarce, llegó a Jujuy a fines de septiembre de 1810, lo que suscitó que, de
un día para otro, se terminara la calma provinciana y Jujuy se convirtiera en un cuartel
de campaña, mientras su población debía proveer al abastecimiento y equipamiento de
un ejército que superaba al número de sus habitantes. En las instrucciones secretas que
la Junta Gubernativa de Buenos Aires diera a su delegado en el ejército, Juan José
Castelli, establecía claramente que entre sus obligaciones estaba la de “Hacer acopiar
víveres en Jujuy y Salta” 233, lo que efectivamente, como veremos en los apartados
siguientes, realizaron los jefes del Ejército Auxiliar, cada vez que éste acampó en
territorio jujeño.

Al mismo tiempo que las tropas revolucionarias llegaban a Jujuy, desde el Cuzco
avanzaba el brigadier José Manuel de Goyeneche con un ejército de 4.000 hombres para
sofocar la revuelta del Río de La Plata. Ya en El Alto Perú, el ejército de Goyeneche
recibió el apoyo del Mariscal Nieto, gobernador de Charcas, con cuya ayuda pudo

232
Para leer sobre el desarrollo de las guerras de la Independencia en Jujuy, se pueden consultar muchos
autores, a todos los cuales nos es imposible citar por cuestión de espacio. Véase, por ejemplo, Félix Best,
Historia de las guerras argentinas, Buenos Aires, Peuser, 1960. Emilio Bidondo, La Guerra de la
Independencia en el Norte Argentino, Buenos Aires, EUDEBA, 1976. Emilio Bidondo, La Expedición de
Auxilo a las Provincias Interiores (1810-1812), Buenos Aires, Círculo Militar, 1987. Joaquín Carrillo,
Jujui provincia federal arjentina. Apuntes de su historia civil, Buenos Aires, 1877 [reimpresión: Jujuy,
Talleres Gráficos del Boletín Oficial e Imprenta del Estado de la Provincia de Jujuy, 1980]. Viviana
Conti, con la colaboración de Emma Raspi, “De las guerras de la independencia a la organización del
Estado. 1810, 1852”, en Ana Teruel y Marcelo Lagos, Jujuy en la historia. De la colonia al siglo XX,
Universidad Nacional de Jujuy, 2006, páginas 87 a 137. Bernardo Frías, Historia del General Martín
Güemes y de la Provincia de Salta, o sea de la independencia argentina, Buenos Aires, Depalma, 1973.
Guillermo Solá, El gran Bastión de la Patria, Salta, Maktub, 2005. Miguel Ángel Vergara, Compendio de
la Historia de Jujuy, Jujuy, Talleres Gráficos del Boletín Oficial e Imprenta del Estado de la Provincia de
Jujuy, 1968.
233
Emilio Bidondo, La expedición de auxilio…, op. cit., anexo 8, “Instrucciones secretas que la Junta
Provisional Gubernativa imparte a su delegado en el Alto Perú, doctor Juan José Castelli (Buenos Aires,
12 de septiembre de 1810)”, artículo 4º.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
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avanzar rápidamente con rumbo a Jujuy; en octubre de 1810 la vanguardia de las tropas
realistas armó su cuartel en la villa de Tupiza.
Todas estas noticias se conocieron en Jujuy junto con la novedad del
fusilamiento del ex virrey Liniers (héroe de la defensa de Buenos Aires durante las
invasiones inglesas) quien, se decía que había padecido bajo las tropas porteñas por
pronunciarse leal al Consejo de Regencia –que gobernaba España y las colonias en
nombre del Rey cautivo de Napoleón Bonaparte-.

En ese contexto no había espacio para manifestar lealtades o deslealtades. La


Revolución despertó sentimientos encontrados entre los habitantes de Jujuy: entusiasmo
por las ideas liberales y de emancipación, temor por la movilización de masas que
retraía a los recuerdos de los levantamientos indígenas de tres décadas atrás,
desconfianza por la ruptura con los principios del Antiguo Régimen que constituían el
sustento simbólico en la mentalidades de la época, temor por la presencia de los
ejércitos en territorio propio. En líneas generales había entusiasmo moderado por parte
de la población y la esperanza de que el conflicto se solucionara en tiempos
relativamente cortos.
Sin embargo, la guerra duró 15 años, durante los que se consumieron vidas,
manifestado en el descenso de la población; se consumieron recursos, exteriorizado en
la destrucción del sector productivo y se dilapidaron fortunas, derivada en el
empobrecimiento del sector hacendado y mercantil; la vida cotidiana se trastocó
definitivamente; hombres y mujeres se enfrentaron en distintas lealtades patrióticas,
produciéndose divisiones en el seno de la sociedad, las amistades y las misma familias.
Aquí nos referiremos sólo a los efectos que las guerras de la independencia
provocaron en los habitantes del territorio jujeño y veremos el impacto de las mismas en
la sociedad de Jujuy de 1810. Para ello tomaremos como variables de análisis las
consecuencias de la guerra en la demografía, en la economía y en la vida política y
cotidiana locales, partiendo de la imagen proyectada en los apartados precedentes que
nos permitieron observar cómo era la cotidianeidad durantes los últimos años
coloniales.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

1. LOS EFECTOS DE LA GUERRA EN LA DEMOGRAFÍA

Cuando hablamos de las secuelas que la guerra dejó en la demografía local, nos
referimos fundamentalmente al consumo de vidas, manifestado en la pérdida de
hombres jóvenes y en edad productiva que, desde sus actividades –como es el caso de
los arrieros- o por el sólo hecho de ser hombres aptos para la guerra, dejaron sus vidas
en la coyuntura bélica.
Sin embargo, la merma demográfica que sufrió Jujuy no siempre significó la
muerte, ya que en la disminución de la población también hay que considerar a aquellos
hombres que se “engancharon” en los ejércitos y no regresaron al terruño –aunque
sobrevivieran a la guerra-, los que abandonaron sus tierras de manera compulsiva y no
volvieron –por lo menos hasta el final de la contienda- o los que huyeron para salvarse
de esos mismos “enganches”.
No hay datos precisos de la pérdida demográfica que significó la guerra en la
jurisdicción de Jujuy, sin embargo en base a los padrones de la ciudad de San Salvador,
los especialistas estiman una disminución del 25% en el período de las guerras de la
independencia, sólo en la población urbana, en especial entre los años 1812 y 1823. En
el campo, la falta de cifras de población es aún mayor, pero por la información que se
posee sobre las levas y enganches en los sectores rurales, la reducción de la población
rural parece haber sido mucho más aguda, lo que habría redundado en la extrema
escasez de brazos para las actividades agrícolas –hecho denunciado continuamente por
el cabildo- y la ausencia de hombres en edad productiva en toda la campaña. El
crecimiento de la población, aunque en forma muy lenta, se comenzó a verificar recién
entre 1823 y 1843234.
Desde la primera campaña del ejército Auxiliar (1810), Jujuy debió aportar a la
causa revolucionaria con los arrieros de su territorio para que llevasen los pertrechos
militares hacia el Alto Perú. Como vimos en el apartado anterior, en Jujuy la arriería era
un trabajo que contaba con gran cantidad de mano de obra calificada y dueños de recuas
de animales destinados a la arriería, por lo cual las necesidades de flete de los ejércitos

234
Raquel Gil Montero, “La ciudad de Jujuy y su campaña circundante: algunos aspectos de su población
entre fines del siglo XVIII y mediados del XIX”, en: Marcelo Lagos (coordinador), Jujuy en la Historia,
Avances de investigación II, Universidad Nacional de Jujuy, 1995, página 64.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
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para llevar los suministros, víveres, forraje y equipo fueron cubiertas con los arrieros
locales.
En 1810, el cabildo de Jujuy se encargó de pagar a los arrieros de su jurisdicción
–como un aporte de la corporación a la guerra- para que llevasen las provisiones de las
tropas hacia el Alto Perú. Su contribución consistió, además, en el pago de los fletes
hasta Tupiza y, en algunos casos, hasta Potosí; en esos parajes los arrieros debían
solicitar que los cabildos les pagasen lo que se llamaba “el segundo flete”. En Tupiza
los arrieros jujeños encontraron serias dificultades en el cobro de sus transportes para
continuar la travesía hasta Potosí, tal como indicaban los contratos verbales originales;
el cabildo de Tupiza dio 3 pesos a cada arriero a cuenta del segundo flete, pero de allí en
más no consiguieron que nadie les pagase para llevar las cargas hasta los lugares donde
se desplazaba el ejército. Algunos de los arrieros que salieron de Jujuy en 1810
murieron en las contiendas, mientras que otros, aunque sobrevivieron, perdieron sus
animales235.
El reclamo de arrieros con sus mulas por ambos ejércitos (el revolucionario y el
realista236) fue una constante. En 1813, mientras se organizaba la segunda Expedición
Libertadora al Alto Perú, Feliciano Antonio de Chiclana, a la sazón Gobernador de
Salta, ordenaba al Teniente Gobernador de Jujuy que “…embargue todas las arrias de
burros que hubiese en el distrito” , especialmente aquellas que hacían el camino entre
Casabindo y Jujuy, a los efectos de enviarlas a Huacalera y Yavi, donde se encontraban
acantonadas las tropas. El objetivo del embargue de arrieros con sus animales era
utilizarlos en el transporte de charque o sea de las provisiones del ejército hasta
Potosí237.
La misma documentación nos brinda un ejemplo puntual de estos decomisos:
ante la noticia de que el arriero don Bruno Rosario Gotilla se encontraba en camino
desde Rinconada hacia Casabindo “…con 6 pearas de burros para conducir cargas de

235
AHPJ, SRR, Caja V, Legajo 13, Documento 63. Informe de Teodoro Sánchez de Bustamante al
Cabildo de Jujuy acerca de los problemas que afrontaron los arrieros de Jujuy, 8 de julio de 1811.
236
Durante las ocupaciones realistas en el territorio jujeño (1812, 1814 y 1817) el ejército Real exigió a
los arrieros locales su colaboración, tanto en las campañas hacia el sur (Tucumán) como en sus retrocesos
hacia el Norte (Alto Perú).
237
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., volumen IV, página 278. Salta, 27 de julio de
1813.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
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Salta”, Chiclana dictaminó el embargue de los animales para ser utilizados en la


conducción de los bastimentos del ejército238.
Las requisas de mulas y arrieros continuaron durante todo el año 1813; poco
después, el Gobernador Chiclana avisaba al Teniente de Gobernador de Jujuy acerca del
arribo de seis carretas, procedentes de Santiago del Estero con destino a Potosí,
cargadas con azogue y carne, y le ordenaba tener listas en Jujuy 170 mulas de carga239.
Un mes más tarde, Francisco del Pico –Teniente de Gobernador de Jujuy- solicitaba al
cabildo jujeño la provisión urgente de 60 mulas de carga con sus respectivos arrieros
para poner a disposición del ejército revolucionario240.
La exigencia de arrieros con sus recuas llegó a tal punto que, en 1815, después
de cinco años de guerra, el cabildo de Jujuy estimaba que habían muerto 200 arrieros
experimentados, con lo que se había mermado considerablemente la capacidad de
transporte desde Jujuy hacia el Altiplano241.

Otra causa de la disminución de población fueron las levas y enganches de gente


joven de la población. Las levas tuvieron sus inicios en 1810, no bien arribó a Jujuy el
ejército Auxiliar del Alto Perú.
El entusiasmo juvenil por la causa de la independencia se hizo sentir entre los
jóvenes de la elite local quienes, según sostiene Miguel Ángel Vergara, se plegaron
rápidamente a la causa revolucionaria. La adhesión a la causa de la Independencia por la
población de Jujuy es un tema complejo, del que nos referiremos más adelante. Por
ahora sólo digamos que no todo fue como se lo quiso mostrar; hubo familias enteras que
se revelaron comprometidas con la causa revolucionaria desde el comienzo, otras
familias jujeñas apoyaron abiertamente la causa realista -el ejemplo paradigmático pero
no único es el de la familia Marquiegui, emparentada con Olañeta242-, mientras que

238
Ibíd.
239
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., página 293. Salta, 14 de septiembre de 1813.
240
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo 1, Documento 73, 2 folios, Jujuy, 20 de octubre de 1813.
241
AHPJ, SRR, Caja XLIV, Reglamento de la Arriería, Dado por Mariano de Gordaliza, encargado de
elaborar un informe y redactar el Reglamento de Arriería, en San Salvador de Jujuy, septiembre 18 de
1815, 5 folios.
242
Véase mas adelante, en el apartado “Lealtades” la relación familiar entre el general realista Pedro
Antonio de Olañeta y la familia jujeña Marquiegui.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

“otras más cautas, realizaron una resistencia oculta, pero intensa, cuando les fue
posible”243.
En líneas generales el pueblo jujeño colaboró con hombres de todos los sectores
sociales y étnicos que se enrolaron en el ejército Auxiliar y en las milicias gauchas; ya
sea en forma voluntaria o como “leva obligatoria”, los hombres jóvenes engrosaron las
tropas en cada oportunidad que éstas avanzaban hacia el Alto Perú. Así lo recordaba el
cabildo de Jujuy a la Asamblea del Año XIII, en oportunidad de solicitar el
reconocimiento de los aportes del pueblo jujeño a la causa encabezada por Buenos
Aires,
“…pr la generosidad, y entusiasmo con q e estos abitantes han
puesto sus intereses en manos de las emergencias del estado,
como así mismo las gloriosas victorias q e hemos obtenido
contribuiendo, en una gran parte a ella los brabos y
subordinados reclutas, que han sacado de esta ciudad, siendo
estos (según expreciº de los gefes) los q e eran una arrogancia
inexplicable, triunfaron en el Tucumán, y Salta de la soberbia
de nuestros enemigº” 244.

Los sectores rurales formaron los contingentes de gauchos, compuestos por


peones, arrenderos, jornaleros y labradores en general, que abandonaron sus tareas
habituales para incorporarse al ejército o a las milicias. Gustavo Paz, quien se ha
dedicado a estudiar este tema, sostiene que las primeras movilizaciones de la campaña
jujeña dieron inicio en 1812, cuando Manuel Belgrano realizó los alistamientos entre
campesinos, peones, labradores y gente de las haciendas y estancias de la jurisdicción.
Esta leva de campesinos se fue incrementando en los años subsiguientes, especialmente
con la movilización masiva de los años 1815 y 1816, para cuando Martín Güemes ya
había puesto bajo su control a todas las milicias del territorio, lo que habría aumentado
la escasez de peones y labradores en general245.

243
Miguel Ángel Vergara, Compendio de la historia de Jujuy, Jujuy, Imprenta del Estado, 1969, página
237.
244
AHPJ, SRR, Caja VI, Documento 86, folio 1. Jujuy, 25 de septiembre de 1813.
245
Gustavo Paz, “‘El orden es el desorden’. Guerra y movilización campesina en la campaña de Jujuy
1815-1821”, en Raúl Fradkin y Jorge Gelman (compiladores): Desafíos al orden. Política y sociedades
rurales durante la revolución de la Independencia, Rosario, Prohistoria, 2008, páginas 83 a 101.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Hasta allí habría que rastrear los orígenes del gaucho jujeño, entidad que poseía
una fuerte connotación militar, tanto por sus acciones combativas, en las que se
destacaron por sus habilidades como jinetes y en el manejo de armas blancas, como por
el hecho de que estaban sujetos al fuero militar –lo que los eximía de la justicia
ordinaria-.
Así, labradores, arrenderos, peones, jornaleros, hombres de campo, mayormente
sin tierras propias –aunque generalmente propietarios de algunas cabezas de ganado-,
étnicamente indígenas, mestizos y criollos, abandonaron sus hogares para enlistarse en
las milicias de gauchos. La mayoría eran hombres jóvenes –entre 20 y 35 años-
trabajadores rurales con familia constituida, que conocían perfectamente el campo y la
geografía local -de allí su poder de ataque sorpresivo y rápida dispersión- y formaban, al
mismo tiempo, el sector productivo más apto de la campaña246.
¿Cuántos de ellos sobrevivieron a la guerra y volvieron a su terruño? No existe
información al respecto, sin embargo si tenemos en cuenta que sólo en territorio jujeño
tuvieron lugar tuvieron lugar 124 encuentros, luchas y combates en los que participaron
las milicias de gauchos247, es fácil deducir que el porcentaje de sobrevivientes sería
escaso.
A los campesinos no enganchados en las levas, se los solía requerir para cubrir
otras responsabilidades de tipo militar, debido a su conocimiento, destreza y habilidades
en la lucha. Era común que el cabildo los solicitase para formar la guarnición que debía
proteger a la ciudad, en cada oportunidad que el ejército abandonaba la jurisdicción; en
esas ocasiones, se ordenaba a los hacendados que enviaran gente de sus tierras para
colaborar con la protección y formar una fuerza de 30 a 35 personas, que se
reemplazaba cada 15 días248
“Y para el reemplaso de la fuerza armada q e ba á marchar
para lo interior, y guarnese esta Plasa se hara saber a los SS
hacendados presente cada uno un num o proporciondo de sus
arrenderos el q e se graduara con respecto al numero de
gente qe haya en sus terrenos advirtiendo á cada uno de los
asendados prebenga á sus arrederos q e los qe queden

246
Gustavo Paz, op. cit.
247
Agradecemos la información al Sr. Misael Soria, quien nos proporcionó la lista de Lista y combates
librados por los gauchos jujeños en el actual territorio de la provincia de Jujuy, entre 1810 y 1821.
248
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 14 de septiembre de 1813.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

exemptos deben cuidar de las labranzas de los demas q e


bengan á esta guarnicion cuia fuerza debera de ser de treinta
á treinta y cinco q e seran reelebados en cada quince dias, y
esta guarnicion sera por el tiempo qe se estime
combeniente”249.
La mano de obra campesina, alistada a veces voluntariamente, otras veces en
forma compulsiva entorpecía y hasta impedía las tareas agrícolas, de las cuales vivía
toda la población. En ese contexto es que el cabildo de Jujuy se dirigió al Teniente de
Gobernador solicitándole que liberase a los hombres enganchados, para que pudiesen
levantar las cosechas
“…todos los hombres lavradores de la Campaña a quienes hace
dias los tiene encurtelados en circunstancias de tener sus trigos
para cortarlos y proximos á perderlos p r quanto apuran las
aguas y porque se pasan de maduros y ya tambien por ser la
estacion mas oportuna para sementeras de mais y demas
miniestras de qe asisten y proveen a este Pueblo y al Exersito de
la Patria pidiendo en consecuencia […] de qe á dichos
lavradores se les conseda licencia p r el tiempo qe necesiten para
que pasen á asegurar la indicada cosecha de trigos y siembra de
mais…”250.
En respuesta, el teniente gobernador sólo autorizó la libertad de los labradores
acuartelados, “así como a los ancianos y demás hombres inútiles en el servicio de las
armas”, dejando bien explícito que todos los hombres con posibilidad de pelear debían
ser mantenidos dentro de la guarnición de la ciudad.

Otro mecanismo de reclutamiento, en este caso utilizado por el Ejército Auxiliar,


fue la liberación de esclavos, a través de la compra a sus dueños, a los objetos de
integrarlos en el Regimiento de Libertos. Esta práctica fue implementada durante la
organización de la tercera campaña al Alto Perú; el General en Jefe del ejército, José

249
Ibíd.
250
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 11 de diciembre de 1813.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Rondeau, ordenó la adquisición de diversos esclavos a vecinos de Jujuy, por los cuales
pagó el cabildo a sus dueños los precios del mercado (entre $200 y $300)251.

Los desplazamientos de personas, expulsiones de familias enteras y


emigraciones contribuyeron a la disminución de la población local.
Durante la segunda ocupación de la ciudad por el ejército realista (1814),
mientras que la mayoría de la población local se retiró hasta Tucumán en lo que fue el
Segundo Éxodo Jujeño, algunas familias, a pesar de haberse adherido a la causa
revolucionaria, no emigraron en el éxodo; se trataba de familias de escasos recursos,
que fueron acusadas, por los jefes realistas, de actuar como espías y mantener
clandestinamente la comunicación con el ejército revolucionario y, consecuentemente,
expulsadas por las autoridades militares de Lima hacia Tarija. Carecemos de los
apellidos de esas familias, aunque sabemos que pertenecían a los sectores humildes, ya
252
que el cabildo intercedió por ellas debido a “…la pobreza en que se encuentran” ,
pero no pudo evitar su expulsión de Jujuy.
Por otra parte, familias de la elite local, que habían participado abiertamente en
apoyo de la causa del Rey, permanecieron en Jujuy durante el Segundo Éxodo y, por
tanto, ocuparon puestos en el cabildo realista de 1814 y colaboraron con las autoridades
enviadas desde Lima. Algunas de estas familias siguieron al ejército en su retirada y se
exilaron en el Perú. Tenemos conocimiento sólo de aquellos cuyas propiedades en la
ciudad fueron confiscadas por los revolucionarios y alquiladas a residentes adeptos253;
se trata de doña Gabriela Goyechea y sus hijas Candelaria y María Francisca de la
Bárcena - quienes fueron indultadas por Orden del Teniente Gobernador del 25 de
septiembre de 1815-, don Tomás Gámez, don Ignacio Carrillo y el Dr. Don José
Mariano de la Bárcena; aunque estimamos que el números de exilados debe haber sido
251
AHS, LH 193, Cuaderno Manual de la Tesorería Menor de Jujuy que va del 7 de septiembre al 19 de
noviembre de 1814 y LH 187, Libro Manual de la Tesorería Menor de Jujuy que va desde el 19 de
noviembre al 31 de diciembre de 1814. Los esclavos eran un bien muy valioso, cuya posesión eran
símbolo de alto poder adquisitivo; el precio de un esclavo era equivalente al valor de una casa no lujosa
en la ciudad o una chacra en los suburbios.
252
AHPJ, SRR, Caja II, Libro capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 10 de junio de 1814.
253
AHS, LH 193, Cuaderno Manual de la Tesorería Menor de Jujuy que va del 7 de septiembre al 19 de
noviembre de 1814. LH 187, Libro Manual de la Tesorería Menor de Jujuy que va desde el 19 de
noviembre al 31 de diciembre de 1814. LH 306, Libro Manual de la Tesorería Menor de Jujuy desde 1 de
Enero de 1815 hasta el 16 de Noviembre de 1815. Se trata de tiendas, casas y cuartos-habitaciones,
alquilados mensualmente a Teresa Guerreros, Vicente Galván, Tomasa Galván, al maestro Máximo
Aguilar, al sastre Juan Bautista Reyes, Enrique Argañaraz, Joseph López, Felipe Cruz de Romero y
Rafaela Olarte.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

mucho mayor, teniendo en cuenta la participación colaboracionista y la costumbre de


exilarse con la parentela, sirvientes y esclavos.
La práctica de “relocalizar” a aquellos considerados enemigos, no fue adoptada
sólo por el ejército realista. El ejército revolucionario implementó la costumbre de
enviar a territorio seguro –téngase en cuenta que Jujuy era territorio en disputa- a
individuos con activa participación en la causa realista. En ocasiones en que estas
personas no podían “internarse” rápidamente, o eran considerados útiles para la
realización de tareas, que la población local había abandonado en función de su servicio
en las armas, eran colocados en casas de familias confiables, quienes debían vigilarlos y
coaccionarlos para el trabajo al que habían sido destinados.
Durante 1814 y 1815, en circunstancias de la organización de la tercera campaña
al Alto Perú, cuando la guerra ya había tomado un giro irreversible254, el General en
Jefe del Ejército, José Rondeau, mandó elaborar una lista de los prisioneros de guerra,
pertenecientes a los Regimientos 2º y 9º del ejército realista y ordenó su traslado a
Santiago del Estero, para que desde allí se los internara en la frontera sur255.
El cabildo jujeño intercedió, con el argumento de la falta de brazos en distintas
labores, pidiendo que aquellos que fuesen aptos para el trabajo se los ubicase en los
lugares donde eran necesarios para la producción local, especialmente en haciendas y
estancias para las tareas agrícolas, pero también en los talleres artesanales de la ciudad;
al mismo tiempo solicitó al jefe del ejército que, aquellos individuos signados de crear
tumultos e intranquilidad, con miras contrarrevolucionarias, fuesen enviados a Tucumán
y Santiago, a fin de evitar mayores conflictos en la jurisdicción de Jujuy.
Fue así como un grupo de prisioneros de guerra permanecieron en Jujuy y fueron
ubicados en casas de familias, reconocidas por su adhesión a la causa revolucionaria, a
quienes el cabildo las comprometió a controlar a los prisioneros (todos ellos españoles
nacidos en España)256.

254
Hasta ese momento aún existía, en el imaginario popular, la esperanza de que los conflictos se
terminaran solucionando en forma pacífica, poniendo un punto final a una guerra que enfrentaba amigos y
parientes; pero después de 1814, con la derrota de Napoleón y la vuelta al trono de España de Fernando
VII, éste comenzó una etapa de “recuperación” de los dominios perdidos en América, empresa para la
cual se enviaron batallones de soldados españoles veteranos de las guerras napoleónicas, que
reconquistaron gran parte del territorio hispanoamericano revolucionario.
255
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op, cit., Tomo IV, página 350. Correspondencia de
Gobierno y Guerra. Huacalera, 13 de marzo de 1815.
256
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta capitular del 23 de junio de 1815.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

El cabildo solicitó a los vecinos “confiables” que, aquellos que podían alojar y
vigilar a los prisioneros, en un número no mayor de 5 personas por familia, se anotaran
en una lista elaborada al efecto257. Sabemos que, en la ciudad, había 28 prisioneros
trabajando en la maestranza258 –en la elaboración y reparación de armas-, 16 prisioneros
se incorporaron al hospital de campaña, para trabajar en calidad de asistentes de los
enfermeros; todos ellos habían sido ubicados en la casa de las familias de Manuel del
Portal, Domingo Carenzo, Patricio Sánchez de Bustamante, Juan Manuel Sánchez de
Bustamante, Isidro Fernández y Manuel de Tezanos Pinto. En el campo, se enviaron
alrededor de 20 prisioneros a trabajar en la hacienda de José Eustaquio de Iriarte, en la
hacienda de la familia Ovejero y en la hacienda San Lorenzo259.

Si cruzamos los escasos datos demográficos disponibles para la época con la


información aportada por el cabildo, se puede observar que ocho años después de
comenzadas las guerras de la independencia, sin haber tenido un año entero de paz, con
tres éxodos de la población, se había producido una reducción notable en el número de
habitantes de la jurisdicción. El cabildo de Jujuy afirmaba que su población debió
emigrar en varias oportunidades, encontrando a su regreso “Sus hogares incendiados,
desolada y destruida su Población y campaña” , que muchos hombres ya habían muerto
en defensa de esas tierras, otros desamparados en tierras lejanas “han acabado sus días
á fuerza de los infortunios, necesidades, hambres, y miserias” o debieron huir a las
montañas para salvar sus vidas, mientras que el resto de los sobrevivientes se vieron
“… envueltos en la desesperación, precisos su brazos para el
sobsten de las continuas imbaciones del Enemigo, para la
agricultura, y la labranza, y para la misma existencia de esta
digna Población. Perturba la fuerza del dolor al contemplar, y
delinear cada punto de lo referido porque todos tocan á cerrar
los ojos á la final destrucción de un Pueblo que hasta la presente
há sido el desaogo de los demas de la libertad; pues en sus

257
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, páginas 651-652.
258
Véase más adelante “La maestranza”.
259
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, páginas 684 a 686.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

sacrificios, entuciasmo, valor, y constancia descansa las


autoridades de la Nacion.” 260

La conjunción de todos estos factores, las levas, los enganches voluntarios y


compulsivos -como en el caso de los esclavos-, la muerte en el campo de batalla, los
desplazamiento de personas, las emigraciones, los exilios, provocaron una fuerte caída
en la demografía local. Esto fue así desde el mismo momento en que Jujuy se convirtió
en campo de batalla y campamento de los ejércitos en pugna, verificándose en un
descenso de población tal, como no sufrieron otras zonas del Río de La Plata.
En los siguientes apartados analizaremos los impactos de la guerra en la vida de
los hombres y mujeres que la padecieron, aquellos que debieron vivir en una sociedad
militarizada y en constante jaqueo por los ejércitos beligerantes durante tres lustros.

260
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1814-1820. Acta Capitular del 25 de agosto de 1818
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

2. LOS EFECTOS DE LA GUERRA EN LAS ACTIVIDADES ECONÓMICAS

Consumo de bienes

En 1810, el área andina estaba atravesando una coyuntura de sequías y


consecuentes años de malas cosechas. Desde 1800, la sequía había afectado a distintas
regiones del Alto Perú, el Río de La Plata y el Perú; la situación crítica perduró hasta
1805, lo que provocó la eliminación de los excedentes comercializables de cosechas y
ganados, y trajo hambre y epidemias. Sabemos que en Potosí los precios agrarios
aumentaron, hubo escasez y carestía de víveres y, finalmente, la peste llegó a la ciudad,
provocando su abandono y la migración hacia el campo en busca de comida261.
En Jujuy, a mediados de 1810, recién se estaba recuperando la producción
agrícola desvastada por las sequías de los años precedentes. La militarización de la
población campesina y el consecuente abandono de las tareas de campo, contribuyó a
intensificar la escasez de bienes de consumo; la situación de insuficiencia de alimentos
se incrementó con las exigencias de víveres por los ejércitos y se hizo endémica en los
quince años de guerra.
Recordemos que, con el arribo del ejército Auxiliar del Alto Perú en septiembre
de 1810, la población debió abastecer a aproximadamente 1.200 hombres (número
similar a los habitantes de la ciudad)262. La situación de sequía que venía sufriendo la
región, agravó las condiciones y dificultó las primeras contribuciones populares al
ejército revolucionario:
“…por la imposibilidad en acopiar Granos, Arinas y miniestras,
que no se hallan en esta ciudad y su jurisdicción, á causa de la
esterilidad qe se há sufrido en cinco años consecutivos” 263.

261
Enrique Tándeter, Vilma Milletich y Roberto Schmit, “Flujos mercantiles en el Potosí colonial
tardío”, op. cit., páginas 18 y 19.
262
Emilio Bidondo, La expedición de auxilio…”, op. cit., página 258. La ciudad, se calcula que tenía
alrededor de 2.000 habitantes para 1810, entre los que están agregados mujeres y niños, cuya dieta es
menor a la de los hombres adultos. Véase Primera parte.
263
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular 1800-1812, Acta Capitular del 6 de septiembre de 1810 y
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, página 56.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

La consecuencia inmediata de la duplicación de las bocas para alimentar, fue la


carestía y la escasez de carne en toda la Jurisdicción, casi crónica en toda la coyuntura
de guerra264.
Entre la derrota de Huaqui y la segunda campaña al Alto Perú, el ejército estuvo
acantonado en Jujuy, que se transformó en cuartel general de las tropas auxiliares
durante ocho meses, lo que se tradujo en una continua transmisión de bienes de
consumo, especialmente ganado vacuno y cereales.
La comida de la tropa, llamada “el rancho”, se basaba casi exclusivamente en
carne vacuna –reemplazada por la carne ovina cuando la vacuna escaseaba en las zonas
por donde se desplazaban- acompañada de biscochos elaborados con maíz molido –el
trigo era un lujo que se reservaba a la oficialidad-. Durante las travesías y expediciones,
el rancho estaba compuesto de charque (tasajo de carne vacuna salada y secada) o
chalona (tasajo de carne ovina) y sancocho de maíz (especie de guiso) o, en su defecto,
sólo con maíz tostado. En el diario de un soldado encontramos descripciones de las
comidas durante la marcha, así como de la predilección por la carne asada
“Nuestra marcha duró unas dos semanas, durante cuyo
tiempo casi vivimos solo de charqui, o lonjas de bueyes
secas, y para variar, teníamos esta vez abundante provisión
de maíz molido, que después de tostado y molido fue
embolsado y colgado en nuestras sillas. La forma de
prepararlo para alimento, era colocando una cantidad en
nuestros vasos, hechos de astas de toro, y mezclándolo con
agua. […] Nuestra forma de cocinar la oveja, era
ensartando el costado de un animal en un palo de unos
cuantos pies de largo, que nos servía de asador, cuyo
extremo se clavaba en el suelo cerca del fuego. Así como la
carne se iba dando vueltas y asándose, cada hombre se
servia cortando con la espada o la navaja, una larga tira

264
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, Correspondencia de Gobierno y Guerra,
página 249. Cuartel de Jujuy, 10 de noviembre de 1811.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

de la parte mas cocida, que se comía con la mano; y así se


continuaba hasta que no quedaba mas carne” 265.
La carestía de carne para el abasto de la población local, en una zona productora
de ganado vacuno para la exportación, fue un mal endémico durante todo el proceso de
guerra. En 1815 en el seno del cabildo se discutía acerca de la posibilidad de obligar a
los abastecedores de carne a proveerla, pero los cabildantes llegaron a la conclusión de
la inutilidad de tal medida, pues el gobierno provincial y las tropas de ambos ejércitos
en su paso por Jujuy, les habían quitado todas las reses destinadas a la matanza, con el
agravante de que hasta ese momento no se les había reintegrado el valor de las
mismas266. Todavía en 1818, los carniceros continuaban realizando denuncias ante el
cabildo por el despojo del que habían sido objeto, por parte de los ejércitos y que habría
provocado la falta de reses necesarias para abastecer al pueblo267.
Además de víveres, las tropas “requerían” en las haciendas y estancias del camino
“monturas u otros bagajes” , de los cuales solían apropiarse sin consentimiento de los
propietarios268.
La solicitud de ganado y cabalgaduras por parte del ejército, no sólo acontecía en los
avances hacia el Alto Perú, sino que se reiteraba en los repliegues de las tropas, después
de las derrotas sufridas en el campo de batalla. Así, después del “desastre de Huaqui”
(junio de 1811) Juan Martín de Pueyrredón269 avisaba al cabildo de Jujuy que llegaría
en su retirada con los restos del ejército derrotado, llevando consigo los caudales de
Potosí y le solicitaba que reúna en el fuerte de Cobos 200 caballos de silla y 125 mulas
de carga que necesitaría en el momento de su arribo270.
Mientras Juan Martín de Pueyrredón organizaba a las tropas dispersas, en los
ocho meses que el cuartel general se estableció en Jujuy271 y la población local debió

265
Antonio King, op. cit., páginas 42 y 43. El soldado aventurero Antonio King relata, en sus memorias,
interesantes detalles acerca de la vida diaria en el seno de las milicias, las costumbres de las tropas,
jornadas, “rancho” o comidas diarias.
266
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 15 de octubre de 1815.
267
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 14 de marzo de 1818.
268
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, Correspondencia de Gobierno y Guerra,
página 247. Cuartel de Jujuy, 31 de octubre de 1811.
269
Juan Marín de Pueyrredón, era hermano de Diego José de Pueyrredón y había sido designado por el
Triunvirato como nuevo comandante en jefe del Ejército del Norte, para reagruparlo en Jujuy hasta la
llegada del nuevo Comandante General, Manuel Belgrano.
270
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, Correspondencia de Gobierno y Guerra,
página 242. Tarija, 5 de septiembre de 1811.
271
Desde el arribo de los primeros contingentes dispersos después de la derrota de Huaqui, en diciembre
de 1811, hasta el Éxodo de la población siguiendo al ejército hasta Tucumán en agosto de 1812, el cuartel
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
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sostener a las tropas y contribuir para el parque de armas y vestimenta, fue cuando se
hizo sentir con mayor premura la escasez de carne y de alimentos en general, en toda la
jurisdicción de Jujuy272.
Los éxodos de la población de Jujuy hasta Tucumán, terminaron de aniquilar la
poca producción existente. El ganado se arriaba y transportaba junto con el vecindario;
las cosechas se levantaban y llevaban y los sembradíos se quemaban, nada que pudiera
ser utilizado por el enemigo quedaba en pie. El primer éxodo, ordenado por el General
en jefe del ejército Manuel Belgrano en 1812, nos permite observar, a través del bando,
en qué consistía la estrategia de “tierra arrasada ”, que sería empleada en otras
oportunidades ante el avance y ocupación territorial de las fuerzas enviadas desde Lima:
“Hacendados: apresuraos a sacar vuestros ganados vacunos,
caballares, lanares i mulares que haya en vuestras Estancias, i
al mismo tiempo vuestros charquis hacia el Tucumán, sin darme
lugar a que tome providencias que os sean dolorosas,
declarandoos además si no lo hicieseis por traidores a la
Patria.
Labradores: asegurad vuestras cosechas extrayéndolas para
dicho punto, en la inteligencia de que no haciéndolo incurriréis
en igual desgracia que aquellos.
Comerciantes: no perdais un momento en enfardar vuestros
efectos i remitirlos, e igualmente cuantos hubiere en vuestro
poder de ajena pertenencia, pues no ejecutándolo sufriréis las
mismas penas que aquellos, i ademas seran quemados los
efectos que se hallaren, sean en poder de quien fuere, i a quien
pertenezcan.” 273.

Durante la organización de la segunda expedición al Alto Perú (1813), el


campamento general del Ejército Auxiliar se asentó nuevamente en Jujuy, se reorganizó
general se estableció a las afueras de la ciudad de San Salvador, mientras que los regimientos que
componían la vanguardia se acantonaron en Volcán y en Humahuaca.
272
Ibíd. Correspondencia de Gobierno y Guerra, página 249. Cuartel de Jujuy, 10 de noviembre de 1811.
Pueyrredón se quejaba de la escasez de carne en toda la jurisdicción de Jujuy y culpaba de ello al cabildo,
por no haber tomado las medidas necesarias para el abastecimiento del ejército, razón por la cual estarían
sufriendo necesidades tanto el pueblo y como el ejército.
273
Bando firmado por Manuel Belgrano en el Cuartel general de Jujuy, 29 de julio de 1812. Trascripto
por Joaquín Carrillo, Jujuy provincia federal argentina…, op. cit, página 171.
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la maestranza, se embargaron todas las arrias de burros que había en el distrito, a fin de
utilizarlas en el transporte de charque del ejército hasta Potosí274 y se ordenó a la
población contribuir con los bienes que poseyeran para el equipamiento del ejército, en
especial con mulas y ganado vacuno; también se confiscó el hierro que se podía
encontrar en los almacenes y tiendas de la ciudad.
“…todos los becinos Amerecidentes, asendados, y labradores y
demás individuos de la comprenhención de esta ciudad, se
presenten a la maior brebedad ante V. S., q e cada uno califiq e
del modo posible los donativos de dinerº; Ganado Bacuno,
Caballos, Mulas, Bronces, fierro, Madera y Tablas” 275.

En la organización de la tercera campaña al Alto Perú, el ejército


revolucionario, reforzado con tropas veteranas de la guerra en Montevideo, alcanzó un
número aproximado de 3.500 efectivos, que avanzaron desde Tucumán hasta Jujuy a
fines de 1814. En septiembre, había llegado a Jujuy José Rondeau, quien
inmediatamente solicitó un donativo popular para el ejército en camino, pero sólo
consiguió juntar 17 mulas y 28 pesos276.
Las tropas llagaron a Jujuy en diciembre de 1814 y permanecieron a las afueras
de la ciudad hasta febrero, cuando Rondeau estableció el campamento general en
Huacalera, dominando el estratégico paso de Perchel, por tres meses, mientras que las
fuerzas de vanguardia se asentaron en la villa de Humahuaca. Durante cinco meses,
hasta el avance hacia Potosí, aproximadamente 3.500 hombres vivieron de los que el
suelo jujeño les daba.
La tercera expedición al Alto Perú terminó con la derrota de Sipe- Sipe (29 de
noviembre de 1815) un verdadero desastre para la causa revolucionaria, que motivó el
repliegue de las tropas hasta Jujuy, siempre hostigadas por los realistas; los hombres
estuvieron arribando en partidas dispersas, entre diciembre de 1815 y enero de 1816,
cuando finalmente Rondeau logró llegar a Jujuy y reorganizar a los regimientos
nuevamente en el campamento de Huacalera, custodiando el estratégico “angosto de

274
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., volumen IV, página 278. Salta, 27 de julio de
1813.
275
AHPJ, SRR, Caja VI, Documento 86, folio 1.
276
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo II, páginas 239 a 241.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Perchel”, desde donde esperaban poder contener el avance de las tropas realistas que
venían en su persecución.

Hasta aquí hemos analizados el consumo de los ejércitos revolucionarios, los


cuales, en teoría, debían devolver los bienes requisados; para ello, se implementó un
sistema de “recibos” que los oficiales del ejército debían dejar a los propietarios de los
bienes confiscados y que los gobiernos centrales –Junta, Triunvirato y Directorio- se
encargarían de pagar277. En 1813, el cabildo les recordaba a los hacendados que
“…el ejército de la Patria no les roba el ganado, como lo
hacen los otros, sino que les paga el justo precio, aunque
no sea en el momento 278.
Sin embargo, no eran sólo los oficiales del ejército regular quienes hacían
requisas y confiscaban bienes. Según Gustavo Paz, a partir de 1815, las milicias
gauchas, sujetas al fuero militar, realizaban frecuentes requisas de ganado en las
haciendas jujeñas, sin entregar a los propietarios los recibos correspondientes279.
Además, las ocupaciones de los ejércitos realistas (recordemos que fueron 12
invasiones a la jurisdicción con 3 ocupaciones de la ciudad), también consumían todos
los bienes que encontraban a su paso, sin distinguir si se trataba de aliados o enemigos,
el hambre y la necesidad tenían primacía. Así opinaba y ordenaba el Virrey desde
Lima:
“Esas provincias son ricas y pingües y por lo mismo es
razonable y justo q e paguen lo qe han dilapidado y hecho
gastar, no debiendo temer nada de parte de ellas por el modo
en que usted las ha encadenado y puesto fuera de alcance de
poder volverse a revolucionar…” 280.
Durante la primera ocupación de la ciudad (1812), los realistas confiscaron de
las haciendas de la jurisdicción 2.000 mulas, por requerimiento del brigadier

277
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, Correspondencia de Gobierno y Guerra,
página 247. Cuartel de Jujuy, 31 de octubre de 1811. Carta de Pueyrredón a la Junta Subalterna de Jujuy,
donde le reiteraba que siempre que sus oficiales solicitasen montura u otros bagajes, deberían dejar
recibos por duplicado, el duplicado deben enviárselo a él.
278
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo1, Documento 51, 4 folios, Jujuy, 30 de marzo de 1813. Firmado por
Pedro Pablo Zavaleta.
279
Gustavo Paz, “El orden es el desorden…”, op. cit., página 95.
280
Archivo General de Indias (AGI), Diversos 2 A, 1812, R1, N2, D 5.1. Correspondencia del Virrey
Abascal al brigadier Goyeneche, Lima, 26 de agosto de 1812.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Goyeneche281. En la correspondencia que mantenía José Manuel de Goyeneche con el


virrey del Perú, donde le relata los avatares de la vanguardia realista a las órdenes de
Tristán, expresaba el hambre y la fatiga de las tropas al llegar a Jujuy; en una carta
recibida desde Cangrejos (ya jurisdicción de Jujuy), le decía que los hombres de Tristán
no habían tenido una comida decente desde su salida de Tarija, porque pasaron “…por
países en lo que nada hay sólo lo que lleve consigo” 282. Además, téngase en cuenta que se
trataba de batallones de diversos orígenes geográficos y adscripciones étnicas, con grandes
conflictos en su interior y pocos en número, a punto tal que los dirigentes militares
pensaban en la posibilidad de reclutar a desertores y traidores283.
Ya en Jujuy, las tropas realistas saquearon las haciendas y estancias de los
vecinos; en especial fueron despojadas las haciendas cuyos dueños habían emigrado a
Tucumán con Belgrano. Según un informe elaborado por el cabildo jujeño en 1813, los
hacendados que sufrieron las mayores pérdidas fueron Lorenzo Ignacio de Goyechea,
Manuel Francisco Basterra, Mariano Sarabia, Domingo Martiarena, Manuel Ignacio del
Portal, José Antonio del Portal, Borja Ruíz, José Antonio Soarola y María Cañisares284.
El ejército procedente de Lima permaneció seis meses en la ciudad y
jurisdicción, durante los cuales se apropió de todos los bienes que pudo encontrar.
Según le informaba el mismo Pío Tristán al brigadier Goyeneche, logró juntar 1200
mulas chúcaras en Jujuy y 800 en Salta285, requisando las haciendas y controlando que
todo el ganado vacuno que circulase por la Quebrada y Puna, fuese al abasto del
ejército286.
Son ilustrativas las palabras de las autoridades políticas al regreso del primer
Éxodo. El Teniente de Gobernador Bolaños, precisaba la situación, con estas palabras:
“…los padecimientos, y extorsiones de los honrados
Hacendados q e pr su atención á la Sagrada causa p r ntra

281
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 2 de noviembre de 1812.
282
AGI, Diversos 2A, Legajo 2, Ramo 1, N2. Correspondencia de José Manuel de Goyeneche al Virrey
Abascal, 17 de agosto de 1812.
283
AGI, Diversos 2 A, R1, N2, D17, Campamento de Potosí 9 de diciembre de 1812.
284
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo1, Documento 51, 4 folios, Jujuy, 30 de marzo de 1813. Informe firmado
por Pedro Pablo Zavaleta.
285
AGI, Diversos 2 A, 1812, R1, N2, D17.1. Correspondencia de Pío Tristán al brigadier José Manuel de
Goyeneche, Salta, 30 de noviembre de 1812.
286
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 9 de enero de 1813 y Bando.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Libertad Civil Cuias Haciendas han sido perseguidas y


destruidas pr Exercito del Tirano” 287.
En el seno del cabildo, después de realizar un examen y averiguación
pormenorizada de las pérdidas y perjuicios sufridos por el vecindario, durante la
ocupación de las tropas realistas, se decidió enviar un informe a la Asamblea en Buenos
Aires, donde se le manifestaba
“…qe sirba V. S. informar a la Soberanª Asamblea sobre la
notoria ruina q e sufrió este vecindariº en el tiempo q e esta
ciudad fue ocupada p r los tiranos, en cuio tiempo quedaron
las haciendas desamparadas p r sus dueños p r lo general al
emigo de este abit., en seguimientº de las banderas de la
patriª, y los qe tuvimos la desgª de presenciar sus maldades,
hemos sido espectadores de la extracción arbitraria de los
cortos intereses de q e de modo qe han quedado nuestras
asiendas en la ruina mas completa q e se pueda imaginar.
Jujuy, septiembre 25 de 1813” 288.

En la segunda ocupación de la ciudad (1814) se impuso la contribución


obligatoria en ganados y simientes289, las autoridades militares realistas enviaron a los
alcaldes a recorrer la campaña y las haciendas, desde la hacienda San Lorenzo (en los
valles subtropicales) hasta la hacienda Tumbaya (en la quebrada de Humahuaca), para
recaudar lo que hubiese en ellas y mandaron comisionados para
“…qe hallen pr conveniente pa qe corriendo la Jurisdicción
intimen estos a todos los Labradores q e tubiesen trigo, se
presenten dentro de las veinticuatro horas de la
notificación…”290.

Durante la tercera ocupación (1817), arribó a Jujuy, el General De La Serna, con


tropas veteranas de las guerras napoleónicas (3.300 hombres) a los que sumaron 3.600
de distintos batallones americanos, que tenían la misión de reconquistar el virreinato del

287
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 3 de abril de 1813.
288
AHPJ, SRR, Caja VI, Documento 86, folio 1
289
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 5 de marzo de 1814.
290
AHPJ, SRR, Libro II, Legajo 2, Acta del 31 de mayo de 1814.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Río de La Plata. Organizadas en distintos regimientos las fuerzas realistas se


dispersaron por todo el norte rioplatense.
Jujuy estuvo ocupada, por las tropas llegadas desde Lima, durante cinco meses.
El saqueo y destrucción fue el peor de todos; a su regreso, los habitantes desolados
buscaban sus pertenencias por doquier
“… el Extravío qe han padecido, sin numero de Muebles,
pertenecientes a varias familias, ocasionado p r la ocupación
de esta Plaza…”

Situación que motivó que el cabildo ordenara la requisa, por los alcaldes de
barrio, de toda persona que haya comprado al enemigo o haya sustraído bienes
pertenecientes “a varias familias que salieron Emigradas” . Muchos de los cuales, no
encontraron ni siquiera la estructura de sus viviendas291.

Empréstitos y contribuciones

La otra modalidad de expoliación de la población fueron los empréstitos


voluntarios y obligatorios, sobre una población que había consumido todos sus recursos
y estaba imposibilitada de reproducir sus bienes, tanto por las exacciones a la que era
sometida como por la imposibilidad de reanudar el ritmo de sus producciones y sus
conexiones mercantiles.
En líneas generales, según sus objetivos, se pueden diferenciar dos tipos de
empréstitos: los que iban destinados al mantenimiento de los ejércitos y/o milicias y los
que estaban dedicados a cubrir los gastos de los representantes de Jujuy ante las
distintas autoridades supremas (Junta Gubernativa, Asamblea del Año XIII o Congreso
de Tucumán).
El primer empréstito solicitado a los habitantes de Jujuy fue voluntario y recibió
el nombre “contribución patriótica”. Antes del arribo del ejército, en Cabildo Abierto, el
vecindario de Jujuy dispuso la contribución voluntaria de sus vecinos para auxiliar al
ejército “qe biene marchando de la Capital de Buenos Ays.” ; los aportes iban de 1 peso
a 25 pesos (la excepción fue el hacendado Julián Gregorio de Zegada único en aportar
100 pesos); algunos vecinos ofrecieron su persona, para auxilio del ejército y nada de
291
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de [Link] Capitular del 12 de julio de 1817.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

dinero, otros ofrecieron una res o algunas mulas mansas de silla, “…por no tener más
que dar”292.
El segundo empréstito, emanado de la orden de la Junta de Buenos Aires, era
obligatorio y comprendía a todos los vecinos europeos de la jurisdicción; el cabildo le
recordó a la Junta que, dichos vecinos, se encontraban “bajo la protección del Cabildo
por ser miembros de la comunidad”293 y entendía que el vecindario ya no estaba en
condiciones de aportar lo solicitado por la Junta, por lo cual elaboró una lista de acuerdo
a los capitales con que pudiese aportar cada vecino europeo294; no obstante, dicha lista
fue desconocida por la autoridad central y meses después, a pesar de la coyuntura de
guerra en la que estaba envuelto, el vecindario debió duplicar su colaboración inicial, a
fin de completar la suma solicitada.
La lista enumera 40 vecinos españoles europeos que debieron aportar entre diez
y mil pesos per cápita, a los objetos de reunir los 9.500 pesos, solicitados por el
Triunvirato295. Diez de estos vecinos europeos, se quedarían en Jujuy durante el Éxodo
de 1812 y, desacatando la orden de Belgrano, colaboraron con el ejército arribado desde
Lima.
La mayoría de los empréstitos grababan a los comerciantes, obligándolos a
aportar los montos establecidos, bajo la pena de incautación de sus bienes. En 1813,
mientras se organizaba la segunda expedición al Alto Perú y Jujuy era campamento del
ejército revolucionario, la Asamblea del Año XIII impuso un empréstito obligatorio
sobre todos los comerciantes y especuladores de la jurisdicción, que se aplicó sobre
veintitrés individuos, europeos y americanos296. Los montos solicitados en forma
individual iban de doscientos a dos mil pesos; sin embargo, no había quién pagara la

292
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, páginas 521 a 526: “Tributo de Vidas,
Haberes y Famas”.
293
AHPJ, SRR, Caja V, Libro Capitular 1800-1812, Acta del 6 de mayo de 1812. La mayoría de estos
vecinos europeos apoyaron la causa revolucionaria y sus hijos se engrosaron las filas militares.
294
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, páginas 579 a 581: “Tributo de Vidas,
Haberes y Famas”.
295
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, páginas 579 a 581: “Tributo de vidas,
haberes y famas”, Empréstito de comerciantes europeos. El Gobernador envió el monto solicitado al
Cabildo y éste lo repartió entre la población europea, de acuerdo a sus capitales (AHPJ, SRR, Caja V,
Libro Capitular 1800-1812, Acta del 6 de mayo de 1812). Debido a la situación de guerra, el Gobernador
Intendente hizo cumplir la orden con un auto del 28 de julio de 1812 y se terminó de recaudar el 12 de
agosto de 1812.
296
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo 1, Documentos 86, 87 y 88. Jujuy, septiembre 28 de 1813. Lo solicitado
era 20.000 pesos, lo que provocó las quejas de la población y cabildo por la situación en la que se
encontraba la jurisdicción, recién regresados del Éxodo.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

suma asignada, lo que provocó la queja generalizada del vecindario297, en momentos en


que a la campaña de Jujuy comenzaban a llegar los primeros desertores de Ayohuma298.
Aunque también representaron una transmisión de fondos para la guerra, es
necesario distinguir estos empréstitos de las suscripciones voluntarias ante el avance y
posible invasión de las tropas realistas. Después de la derrota del ejército revolucionario
en Sipe-Sipe y ante la inminente invasión a la ciudad por las tropas veteranas españolas,
se impuso un empréstito en dinero299 y otro en dinero y bienes para la defensa de la
ciudad, donde se puedo recaudar 16.735 pesos, 100 monturas, 400 caballos y algo de
ganado vacuno300. La situación se repitió en los posteriores avances realistas sobre la
jurisdicción, en 1819301 y 1821302.
Las tropas realistas, provenientes del Perú, también impusieron sus empréstitos
sobre la población que permaneciera en la jurisdicción durante los éxodos. Durante la
primera ocupación de la ciudad, gravó un empréstito obligatorio en moneda metálica303,
lo que se repitió en 1814 en la segunda conquista 304.
Hubo más solicitudes de empréstitos voluntarios y obligatorios, pero que no se
efectivizaron debido a las distintas circunstancias por las que estaba atravesando la
población: éxodos, saqueos de la ciudad, etc.
A estos empréstitos hay que sumar los solicitados por el cabildo para la dieta de
sus diputados ante las efímeras juntas y congresos nacionales.
Así, en 1810, el cabildo arbitró nuevos tributos a la población para solventar la
dieta y el mantenimiento del diputado por Jujuy ante la Suprema Junta Gubernativa de
Buenos Aires, el canónigo Juan Ignacio Gorriti305. Similar medida se dispuso en 1816,
para abonar los gastos derivados de la presencia del diputado al Congreso de Tucumán,

297
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo 1, Documentos 78, 79 y 80.
298
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo 1, Documento 76.
299
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 15 de diciembre de 1815.
300
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 16 de mayo de 1816. No hubo
quien quisiera aportar, sólo José Manuel de Alvarado ofertó $3.000; el resto del vecindario arguyó que no
tenían dinero para pagar el empréstito.
301
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1814-1820. Acta Capitular del 20 de marzo de 1819. Sólo se
pudo reunir 2.000 pesos, debido a que la población recién se encontraba de regreso del tercer éxodo.
302
AHPJ, SRR, Caja III, Libro Capitular de 1820-1825. Acta Capitular del 25 de septiembre de 1821 y
Acta Capitular del 15 de octubre de 1821.
303
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo 2. Libro Capitular de 1812, Cabildo realista. Acta Capitular del 18 de
noviembre de 1812.
304
AHPJ, SRR, Libro II, Legajo 2, Libro Capitular de 1812, Cabildo realista. Acta Capitular del 5 de
marzo de 1814.
305
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular 1800-1812. Acta Capitular del 20 de abril de 1811.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

el Dr. Teodoro Sánchez de Bustamante, para lo cual se impusieron nuevos derechos a la


circulación de bienes y personas306.
A todas estas exacciones, se sumaba la imposibilidad de reproducción de bienes
y la perturbación de los negocios por la coyuntura de guerra.
Hasta aquí hemos visto cómo la guerra de la independencia fue consumiendo los
bienes existentes en el territorio de Jujuy; ahora pasaremos a estudiar los problemas que
la situación bélica provocó en la reproducción de esos bienes, o sea, en las actividades
mercantiles locales.

Perturbación y discontinuidad en los negocios mercantiles

Teniendo en cuenta las variables analizadas hasta ahora, descenso demográfico y


aporte de bienes, examinaremos la situación económica local, para lo cual es preciso
recordar que, la economía de Jujuy, descansaba en dos negocios principales: la arriería y
la venta de ganado vacuno y excedentes agrícolas a los centros mineros de Chichas.
Estas actividades se complementaban con la intermediación de artículos varios entre los
mercados del Alto Perú y Buenos Aires (tales como efectos de Castilla, yerba mate,
tocuyos cochabambinos), la intermediación de producciones del interior rioplatense
hacia los centros mineros (vinos, aguardientes, frutas, tabaco), el engorde,
adiestramiento y venta de mulas y cabalgaduras en la feria de la Tablada y la
exportación de excedentes productivos (jabón, cueros, azúcar y derivados).
Como ya observáramos en los apartados anteriores, la arriería quedó
prácticamente destruida durante la primera etapa de la guerra; recordemos que en 1815
el cabildo aseguraba la pérdida de 200 arrieros experimentados. La requisa y
expoliación de mulas y animales de acarreo por los ejércitos hicieron el resto. La
producción de granos y ganado fue arrasada continuamente por los ejércitos, sin mediar
el tiempo necesario para su reproducción, de manera tal que la carestía de alimentos se
sintió en el consumo de la población local, que padeció el hambre y la falta de
comestibles. Veamos ahora qué aconteció con los negocios mercantiles.
En la primera etapa de las guerras de la independencia, en la medida que existió
un ejército regular que fue avanzando sobre el Alto Perú, detrás de cada avanzada se

306
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1814-1820. Acta Capitular del 30 de marzo de 1816.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

abrían los circuitos mercantiles, se reanudaban los negocios y la economía regional


parecía querer encausarse nuevamente. En la segunda etapa, de guerra irregular, quedó
cortada toda comunicación y comercio, salvo en los lapsos de la ocupación realista en
todo el territorio.
Hasta la derrota del ejército Auxiliar en Huaqui, en 1811, siguió abierta la
comunicación con el Alto Perú, lo que se tradujo en la introducción de diversas
mercancías desde Potosí, coca desde La Paz, tocuyos de Cochabamba, vino y azúcar de
Chuquisaca, efectos de Castilla desde el puerto de Buenos Aires, frutas, vino y
aguardiente de La Rioja, mientras que el ganado, compuesto por vacas y caballos
producidos en los campos cercanos y mulas procedentes de Santiago del Estero, se
siguió vendiendo en la Tablada de la ciudad307. Asimismo ese año se exportaron por la
aduana de Jujuy 6.544 vacas, la mayoría con destino a Chichas (262 fueron a Cinti)308 y
1.829 mulas, con destino a Chichas, Tarija, Potosí y “provincias del Perú”309. Pagaron
alcabala310 de reventa 37 pulperos y comerciantes minoristas311. Este panorama
mercantil muestra un ritmo comercial dinámico, no demasiado diferente a los años
anteriores, salvo en los volúmenes de exportación de ganados, ya que éstos, como
observamos en las páginas precedentes, fueron sufrieron los decomisos del ejército.
Pero, a partir de la derrota de Ejército Auxiliar en los campos de Huaqui y el
consecuente avance de las huestes peruanas sobre el Alto Perú, hasta su invasión en la
jurisdicción de Jujuy en agosto de 1812, se cortó toda comunicación mercantil y
quedaron prohibidas las exportaciones y cualquier tipo de negocio con las regiones
ocupadas por los realistas.
La paralización de las actividades comerciales con el Alto Perú privó al cabildo
jujeño de la posibilidad de cobrar los derechos (impuestos), con los cuales solventaba
sus necesidades específicas y pagaba los “aportes” exigidos por las tropas
revolucionarias, a la sazón acantonadas en Jujuy.
Fue en esta coyuntura, que el cabildo jujeño informaba acerca de la desastrosa
situación económica en la que se encontraba su jurisdicción:
307
AHS, LH 344, Libro Auxiliar del Ramo de Alcabalas de Jujuy de 1811.
308
AHS, LH. 451, Libro Auxiliar del Ramo de Sisa de 1811 de la Sub - Tesorería de Jujuy. Salieron de
febrero a julio y en diciembre: los meses de agosto a noviembre no hubo sacas (excepción de Ignacio
Noble Carrillo que exportó 103 en septiembre)
309
Ibíd. Las exportaciones fueron en febrero y marzo de 1811.
310
La alcabala era un derecho (impuesto) que debía pagarse por la compra de cualquier bien, era
porcentual al valor de bien en venta.
311
AHS, LH 344, Libro Auxiliar del Ramo de Alcabalas de Jujuy de 1811. La lista no incluye las tiendas.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

“... el estado decad te. de los pueblos, el atraso de su Com o.


Agricultura e industria [...] pues amas de tener cortado su
comercio de Bacas y Mulas con las Provincias del Perú, parado
enteramte. el trafico de la Arriería, q e eran los dos pr ales. y casi
unicos ramos de q e subsistian se halla esta casi del todo
arruinada, y el Pueblo con mil acrehencias contra el Exercito
Auxiliar, por el Ganado Bacuno, y Cabalgaduras q e. han
franqueado sus Vecinos, y aun se les han tomado por la fuerza
sin qe se les haya satisfecho su importe...” 312.

La primera ocupación realista a Jujuy (1812-1813) intentó abrir la comunicación


mercantil con el Alto Perú a través de un bando especial que autorizaba la exportación
de ganado vacuno con el fin de obtener recursos fiscales313, sin embargo, las
apremiantes necesidades que padecía el ejército, de alimentos y cabalgaduras, impuso
casi inmediatamente, una nueva prohibición sobre la comercialización314, que se
complementó con la ordenanza que mandaba controlar el ganado vacuno que pasase por
la Quebrada y la prescripción de enviarlo para el abasto del ejército realista.
Con el regreso de los emigrados, mientras se organizaba la segunda expedición
al Alto Perú, estando aún el campamento general en Jujuy, a fin de dinamizar el
comercio y recaudar los fondos necesarios para la expedición, en marzo de 1813, ante el
retroceso del ejército peruano hasta el Desaguadero, quedaron habilitadas nuevamente
las comunicaciones con el Alto Perú :
“Siendo un medio de proporcionar fondos al Estado, p a los
injentes gastos del Ex to el franquear la libre introducción de los
efectos de comercio, y habiendose verificado en gran parte el
transporte de los utiles del Ex to., se dispondra VS q e todo

312
AHPJ, SRR, Caja V, Libro Capitular de Jujuy 1800-1812. Acta Capitular del 13 de julio de 1812.
313
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo 1, Documento 35, Jujuy, 9 de enero de 1813. Se autorizaron las
exportaciones mediante una lista que deberían presentar los hacendados, expresando la cantidad de
ganado que tenían dispuesto para la venta.
314
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo 1, Documento30. Salta, 15 de enero de 1813. Firma Joseph Marqués de
La Plata
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

comerciante pueda libremte internar sus efectos á estas


Provincias”315.
Detrás del avance de Belgrano, se exportaron 2.130 vacas y 245 mulas a
Porco316. El Libro de Alcabalas permite advertir un activo movimiento comercial
durante los meses de julio, agosto, septiembre y octubre de 1813; en sólo cuatro meses
ingresaron a Jujuy efectos de ultramar (mercancías europeas) valuados en 91.150 pesos,
que los grandes comerciantes locales importaron desde Buenos Aires, ya sea comprados
directamente en el puerto o, a través de casas revendedoras, en Santiago del Estero, en
Tucumán o en Salta; estas mercancías se vendieron rápidamente en las provincias del
Alto Perú. También observamos el arribo a Jujuy de comerciantes procedentes de
Potosí, Chuquisaca, Cochabamba, con el objeto de adquirir efectos europeos en las
tiendas de Jujuy. La actividad mercantil permitió, a su vez, a los deudores fiscales pagar
derechos adeudados desde 1811.
Además de las exportaciones de ganado, también se efectivizó, en esos meses,
las reventas de yerba mate, tabaco del paraguay, cigarros, grana y arroz que fueron
enviados a Chichas, Potosí, La Plata, Cochabamba y Tarija, así como jabón a Cinti y
Tarija317. Las importaciones más relevantes de efectos de la tierra (productos
americanos) eran los tocuyos y la coca procedentes de Cochabamba, aunque también
verificamos la introducción de coca de La Paz, Suipacha, Tupiza y Cochabamba,
efectos varios de Potosí y aguardiente de vino de Chuquisaca318.
Las actas del cabildo, dejan entrever que aún, para esos momentos, existía la
esperanza de recuperar lo perdido y reanudar las operaciones económicas, que habían
sido habituales en la región:
“…es de esperar, qe restablecido el comercio con las provincias
del interior, qe han á llamado las armas de la Patria, se
aumenten los ingresos del Ramo de Propios y Arvitrios, y sea
con estos mas efectiba áquella dotacion, que lo fue en el T po en
qe se mantubo serrada la comunicación con el Perú: pero que
315
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., volumen IV, Correspondencia de Gobierno y
Guerra. Nota de Feliciano Antonio Chiclana al Teniente de Gobernador de Jujuy, Salta, 12 de julio de
1813.
316
AHS, LH. 480, Libro Manual de Hacienda de la Tesorería Menor de Jujuy de 1813. LH 411, Libro
Auxiliar del Ramo de Sisa para el año de 1813. El ganado era procedente del Interior rioplatense.
317
AHS, LH. 480, Libro Manual de Hacienda de la Tesorería Menor de Jujuy de 1813. LH 411, Libro
Auxiliar del Ramo de Sisa para el año de 1813. LH 412, Libro Auxiliar de Alcabalas de Jujuy para 1813.
318
AHS, LH 412, Libro Auxiliar de Alcabalas de Jujuy para 1813.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

quando el éxito no corresponda á los deseos y esperanzas del


Cabdo., se busquen otros medios de poco grabamen que sirban á
un obgeto en que se interesa la causa Publica, y del cual pende
no solo el buen desempeño del Cab do.”319.

Las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma (octubre y noviembre de 1813) volvieron


a desarticular los circuitos mercantiles.
Con el avance de las tropas realistas sobre Jujuy, en 1814, durante la segunda
ocupación de la ciudad de Jujuy, conquista de Salta y el segundo éxodo de la población
jujeña a Tucumán, se abrieron nuevamente las comunicaciones mercantiles con el Perú,
pero el clima de guerra imperante en todo el circuito y la carestía endémica de animales
de carga y transporte tornaron impracticable el comercio –sólo unos pocos mercaderes
aventureros se lanzaron a la empresa-.
Durante la organización de la tercera expedición militar al Alto Perú, se
mantuvo la prohibición de extender el comercio o el tránsito de los comerciantes más
allá de la jurisdicción320. El movimiento comercial continuó siendo extremadamente
reducido321; en esos meses, no se llevaron a cabo ni introducciones ni exportaciones de
mercancías, el poco comercio local se refirió a algunos rubros destinados al
abastecimiento del ejército revolucionario322.
Recién con el avance de Rondeau hasta Potosí (1815) se abrió nuevamente la
comunicación mercantil con el Alto Perú. A los efectos de recaudación fiscal, el cabildo
fue autorizado a cobrar derechos de tránsito323.
“Asimismo se acordó pasar la correspond te orden al mayordomo
de propios pa qe consinne la Cobranza de un real por cada carga
de efectos de la Tierra q e venga del Perú, y dos reales p r los
efectos estrangeros que salgan de esta ciudad para el Perú,
destinada para el ramo de Propios por el Gobierno Supremo, y
hasta aquí suspendida p r las circunstancias de la Guerra que nos
319
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 19 de mayo de 1813.
320
Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, página 350, Correspondencia de
Gobierno y Guerra. Salta, 11 de marzo de 1815.
321
AHS, LH 346, Libro de Alcabalas de la Tesorería Menor de Jujuy desde el 19 de noviembre de 1814.
322
AHS, LH 193, Libro Manual de la Sub Tesorería de Jujuy que va del 7 de septiembre al 19 de
noviembre de 1814. LH 187 Libro Manual de la Sub Tesorería de Jujuy que va del 19 de noviembre al 31
de diciembre de 1814.
323
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 20 de mayo de 1815.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

privó de la comunicación con el Perú, oy abierto según lo


comunica el Sr G ral en Xeje Brigadier Dn José Rondeau por su
oficio del onze del corr te dado en Potosí, q e se acaba de abrir en
este instante, y se ha celebrado con repiques g rales., salva de
Artilleria dirigida pr el Sr Comand te. Don José Ramírez” 324.

Es así como, en el año 1815, se verificó una nueva reactivación mercantil,


manifestada en una gran actividad en las ventas de productos locales y de artículos
procedentes de otras regiones, cercanas y remotas. Observamos la exportación de 1.438
vacas a comerciantes de Chichas, quienes se trasladaron hasta Jujuy para adquirirlas en
la Tablada de la ciudad; la reventa de yerba mate, compuesta por 1.337 arrobas que se
exportaron a Cochabamba, Tarija, Potosí, Chichas, La Paz, Chuquisaca y Provincias
del Perú y la exportación de 264 arrobas de jabón, vendidas a Tarija y Chuquisaca. En
esos meses, también se surtieron las pulperías de campaña y de los pueblos de la
quebrada de Humahuaca y de la Puna jujeña.
La reactivación de los negocios de manufactura europea, generó un movimiento
de capitales del orden de 94.318 pesos; estos artículos, vendidos por las tiendas de
Jujuy, fueron adquiridos principalmente en Buenos Aires, aunque también en tiendas de
lugares intermedios, de reventa, como Córdoba, Tucumán y Salta. En pocos meses, la
totalidad de la mercancía europea se reexportó hacia Cochabamba, Tarija, Chichas,
Cinti y Potosí.
Estos negocios no estaban sólo en manos de los comerciantes de Jujuy, quienes
importaban sus mercancías directamente desde el puerto de Buenos Aires, sino que
también involucraba a comerciantes de Buenos Aires que iban a vender a Jujuy y
comerciantes altoperuanos que compraban en Jujuy o que estaban en tránsito desde
Buenos Aires325.
La reactivación mercantil finalizó con la derrota de las fuerzas revolucionarias
en Sipe-Sipe. Entre 1816 y 1822, ya no observamos movimientos comerciales de esas
características. Las recaudaciones fiscales se limitaron al cobro de los derechos a
pulperías, empréstitos, donaciones, alquileres que el cabildo cobraba sobre los bienes de

324
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 20 de mayo de 1815.
325
AHS, LH. 306 y LH. 183 Libro Manual de Jujuy de 1815. LH.149 Libro Auxiliar del ramo de Sisa de
Jujuy de 1815. LH 148 y LH 182 Libro Auxiliar del Ramo de Alcabalas de Jujuy de 1815.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

los vecinos emigrados al Perú y pequeños montos en los ramos de Sisa y Alcabala que
dan cuenta de un comercio de escasa envergadura, que no alcanzaba ni siquiera para
solventar los gastos municipales326. El cabildo jujeño resumía la situación de su
jurisdicción con estas palabras, que la ilustran mejor que cualquier descripción:
“…obstruida la internación del Perú, paralizado todo el
Comercio qe gira sobre aquellas Plazas, la Campaña desolada,
consumidas sus producciones, recargado el Pais con el sostén
del Cuartel Gral qe ha mantenido p r el tpo de la rebolucion,
arruinada la fortuna é interezes de los particulares, exhaustos
los fondos nacionales, y agotados todos los recursos y medios de
producción, no se presenta en el dia ramo alguno q e proporcione
los fondos necesarios p a expensar al S or Diputado representante
y sufrague otros gastos q e demanda la Policía, utilidad e interez
general de esta Ciudad” 327.

Cinco años más tarde, en 1821, después de más de una década de guerra y
mientras continuaban las invasiones realistas al territorio jujeño, un informe del cabildo
acerca de la situación económica local, estimaba que la única forma de reactivar la
economía consistía en una veda de 12 años, durante los cuales no se le expoliasen
hombres y recursos:
“Teniendo en consideración, q e los unicos tres ramos q e le
pueden reponer la fortuna perdida son las crías de Ganados
bacunos, la Labranza y la Arriería. Siendo justo, que así como
solo este país ha experimentado el deterioro, logre una
franquicia exclusiva lo menos por doce años para que sus crías
no sean interrumpidas con la petición de auxilios para tropas del
Estado, ni ninguna otra clase de cargas anexas á facilitar
víveres qe la Arriería empleable en los transportes del Comercio
Interior sea peculiar á Jujuy, y su jurisdicción; y q e la labranza

326
AHS, LH 444, Libro Manual de la Tesorería Menor de Jujuy para 1816; LH 398, Libro Manual de la
Tesorería Menor de Jujuy para 1817; LH 400, Libro Manual de la Tesorería Menor de Jujuy para 1818;
LH 391 y 395, Libros Manuales de la Tesorería Menor de Jujuy para 1819; LH 395, Libro Manual de la
Tesorería Menor de Jujuy para 1820; LH 403, Libro Manual de la Tesorería Menor de Jujuy para 1821;
LH 216, Libro Manual de la Tesorería Menor de Jujuy para 1822.
327
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 1 de abril de 1816.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

goce tambien de la excencion que el Ganado con ampliación á


exportar los granos á las Provincias de Chichas.” 328

328
AHPJ, SRR, Caja III, Libro Capitular de 1820-1825. Acta Capitular del 18 de enero de 1821, artículo
13 de las Instrucciones que el cabildo de Jujuy dio a su diputado Iriarte para llevar al congreso que se
celebraría en Córdoba. El subrayado es nuestro.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

3. LOS EFECTOS DE LA GUERRA


EN LA VIDA POLÍTICA Y COTIDIANA

La revolución de mayo de 1810 impulsó cambios en la organización política


rioplatense, algunos de los cuales afectaron directamente a Jujuy. La extensión y el
sentido de este trabajo nos impide hablar de cada uno de ellos, para lo cual invitamos a
los lectores a consultar los estudios específicos que existen sobre el tema. Los cambios
políticos más relevantes que llegaron de la mano de la Revolución fueron la Junta
Subalterna, la disolución de la Intendencia y la consecuente creación de la Provincia de
Salta y la novedad de la elección de diputados para representar a Jujuy en la Junta y en
los congresos generales.
La Junta Grande creó, por decreto del 10 de febrero de 1811, las juntas
subalternas en las ciudades sufragáneas. Jujuy, como jurisdicción sufragánea de la de
Salta, creó su propia Junta Subalterna con tres miembros: el comandante de armas y dos
individuos elegidos por los vecinos en forma indirecta, a través de los alcaldes de
barrio, Manuel Francisco de Basterra y Celedonio Gorriti.
“…congregados cada concurrente debe dar su voto franca
y libremente por aquel sujeto que en su concepto fuese mas
apto pª elector de seis, q e todo el pueblo debe nombrar
para qe entre estos congregados a cuando se haga la
elección de delegados q e con el comandante de Armas
compongan la junta subalterna q e debe asistir en esta
ciudad…”329.
La Junta entendía en todo lo que correspondía a los subdelegados de la Real
Hacienda -cuyo empleo había quedado abolido-, velaban por la tranquilidad, seguridad
y unión de los pueblos, fomentaban el entusiasmo por la causa revolucionaria, se
encargaban de la disciplina e instrucción de las milicias y del auxilio para la defensa del
territorio. Duraron hasta enero de 1812, cuando el Triunvirato las disolvió y restableció
la autoridad territorial del Gobernador Intendente y de los tenientes de gobernador.

329
AHPJ, SRR, Caja XXXVII, Legajo 2, folio 91.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Según la costumbre, en Jujuy, el Teniente de Gobernador había sido designado


por el Gobernador Intendente de entre los vecinos de la ciudad. Después de 1810 la
forma de designación varió y, en algunas oportunidades, fueron nombrados
directamente por los gobiernos de Buenos Aires, mientras que en otras, por los
funcionarios realistas que arribaron a Jujuy con los ejércitos que ocuparon la ciudad. El
Estatuto Provisional de 1815 estableció que deberían ser designados por el Director
Supremo de una terna propuesta por el cabildo local; sin embargo, esto no siempre se
cumplió y creó conflictos entre el Gobernador de Salta –quien se arrogó la potestad de
su nombramiento- y el cabildo de Jujuy330.
En medio de las guerras de la Independencia, que tenían a la Intendencia de
Salta por escenario, el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de La Plata,
Gervasio Antonio de Posadas, puso fin a la Intendencia de Salta el 8 de octubre de
1814, al dividirla en dos provincias, la provincia de Tucumán con capital en San Miguel
de Tucumán y la provincia de Salta, con capital en la ciudad de Salta y jurisdicción
sobre Jujuy, Orán, Tarija y Valle de Santa María331. La nueva provincia estaba regida
por un “Gobernador Intendente y Capitán General” y las ciudades subordinadas
continuaron gobernadas por los tenientes de gobernadores332.
Una innovación en las costumbres de la política local, impuesta por la
revolución de mayo, fue la elección de diputados para representar a Jujuy ante las
reuniones generales de las provincias rioplatenses. Obedeciendo a lo dispuesto por la
Junta Provisional Gubernativa que se había instalado en Buenos Aires, el 4 de
septiembre de 1810333, en un cabildo abierto, fue elegido el canónigo Juan Ignacio
Gorriti como diputado por Jujuy. La elección fue directa e individual por todos los
presentes334.
En febrero de 1812, en el seno del cabildo se eligió un apoderado para la
Asamblea General que debía reunirse en Buenos Aires; se resolvió que éste debía ser
residente de Buenos Aires “…para ebitar las demoras y costos del viaje seg n expresa

330
Véase: Viviana Conti (con la colaboración de Emma Raspi), op. cit.
331
Miguel Solá, “Salta (1810-1821)”, en: Ricardo Levene (director), Historia de la Nación Argentina.
Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, Editorial El Ataneo, 1947, Tomo X, página 366.
332
Ibíd.. y Ricardo Rojas, Archivo Capitular de Jujuy, op. cit., Tomo IV, página XXIV.
333
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812, folios 242 a 246. Acta Capitular del 4 de
septiembre de 1810.
334
Dionila Baldiviezo, op. cit.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

dcha Superior orn …”335; la elección la hizo el cabildo junto con doce vecinos
nombrados por el mismo ayuntamiento y recayó en Juan de Larrea, pero posteriormente
esta elección quedó sin efecto y en junio de 1812 fue seleccionado con el mismo
procedimiento el doctor Pedro Vidal336.
Una asamblea electoral conformada por ocho electores representantes de toda la
jurisdicción, eligió como diputado por Jujuy, para el Congreso que habría de realizarse
en Tucumán al año siguiente, al Dr. Teodoro Sánchez de Bustamante quien obtuvo siete
votos a favor, mientras que Juan Ignacio de Gorriti solo obtuvo un voto -el de Manuel
Ignacio de Basterra-337.

Vivir en un territorio siempre en guerra

Teodoro Sánchez de Bustamante, en sus “Reflexiones” escribía que Jujuy había


sido el teatro sangriento de una guerra desoladora “el campo de gloria donde han sido
abatidas, contenidas y escarmentadas de diversos modos las huestes enemigas […]
mientras que las demás provincias podían respirar siquiera de las fatigas de la guerra
y preservarse y reparar en parte sus ruinas, ella se mantenía constantemente con las
armas en la mano, peleando una veces, persiguiendo otras al enemigo, y siempre
expuesta a nuevas y más obstinadas invasiones ”338. De manera tal que la población de
Jujuy debió vivir durante quince años en un territorio en guerra, con ejércitos de
hombres, la mayoría forasteros, que consumieron sus recursos e imponían sobre los
habitantes locales el derecho que daba la fuerza de las armas.

Jujuy fue campamento de los ejércitos en guerra desde septiembre de 1810.


Como vimos los distintos destacamentos, revolucionarios y realistas, establecieron su
cuartel general en Jujuy, tanto a las afueras de la ciudad como en distintas zonas de la
quebrada. La elección de Jujuy para el asentamiento de las tropas se debía a su posición
geográfica estratégica en la comunicación entre los valles y el Alto Perú, así como a sus

335
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816, folios 340 a 342. Acta Capitular del 28 de febrero
de 1812.
336
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816, folios 355v a 356v. Acta Capitular del 22 de junio
de 1812.
337
Dionila Baldiviezo, op. cit.
338
Teodoro Sánchez de Bustamante, “Reflexiones”, citado por Joaquín Carrillo, op. cit.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

características ecológicas que permitían el abastecimiento de hombres y bestias con la


producción local.
Los jujeños debieron abandonar sus hogares, en éxodos o en exilios, aprendieron
a vivir con la carestía de alimentos y la militarización de su población, supieron lo que
significaba estar en una ciudad sitiada por los enemigos, conocieron el saqueo, los robos
y el pillaje de los ejércitos profesionales sobre la población civil.
La derrota del Ejército Auxiliar en los campos de Huaqui y el arribo a Jujuy de
los despojos del ejército revolucionario, pusieron a la ciudad y su campaña en una
situación desesperante, que motivó que el cabildo comenzara a tomar “medidas
extraordinarias” para proteger a su jurisdicción de las bandas salteadoras y de una casi
segura invasión de los ejércitos de Lima. Los rumores que llegaban desde el Alto Perú,
referidos a invasiones y represalias sobre los pueblos que habían dado ayuda a los
revolucionarios, hacían temer por la seguridad del vecindario
“…la necsidad de tomar alg as medidas qe al mismo tpo qe
afiansen la publica tranquilidad, aquieten los temores de la
Gente bulgar, pues conmotivo de las desgracias
movimientos experimentados en alg s delos pueblos del
Perú, de las muchas especies exageradas qe
frecuentemente se sucitan y divulg n principalmte a la
llegada de pasajeros de arriba, por venir entre ellos
algunos ignorantes o demasiado credulos, y otros
malintencionados o desafectos al actual Govierno, temen
algunos Vecinos q e llegue á ocurrir en éste alg a novedad
Capaz de comprometer la quietud y Seguridad publica” 339.
En este contexto de inseguridad y desorden, rumores de invasiones y saqueos,
presencia de vagabundos y salteadores, el cabildo adoptó las primeras medidas para la
protección de la ciudad y el campo. Pidió a la Junta provincial de Salta que controle el
“punto de reunión de Tucumanos, Troperos y Carreteros y de la gente de Arriva ” que
eran causa de disturbios en la campaña, así como una “multitud extraordinaria de
Ladrones” pues en Jujuy no había suficientes hombres ni armas para formar las partidas
necesarias para el control y defensa de la haciendas340.

339
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812. Acta Capitular de 26 de agosto de 1811.
340
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular 1800-1812. Acta Capitular del 19 de marzo de 1811.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

A fin de preservar el orden en la campaña, asolada por desertores y vagabundos


errantes, encargó a los alcaldes de la Santa Hermandad341 que remitiesen a la cárcel a
cualquier individuo encontrado sin papeles de conchavo y sin bienes propios de
subsistencia, así como a quienes encontrasen vagando por los campos con lazo y no
estuviesen en compañía de capataces de las haciendas; también les ordenó que
solicitasen pasaportes a toda persona que pretendiera salir o entrar de la jurisdicción, así
como que ejercieran un mayor control sobre los mercaderes que extrajesen ganado,
quienes tenían que presentarse previamente ante el Regidor con las marcas y la
correspondiente justificación de compra. También intensificó el control sobre la venta
de bebidas alcohólicas, responsabilizando a los vendedores en los casos de embriaguez,
tanto en el campo como en la ciudad y dispuso que el expendio de chicha podía
realizarse sólo en la plaza pública, bajo las normas prescriptas por el cabildo y no en las
chicherías, como era costumbre342.
En el ámbito urbano reforzó el control que estaba en manos de los alcaldes de
barrio. Para ello dividió a la ciudad en seis distritos, controlados de un alcalde de barrio
de la mayor confianza del cabildo. Basándose en el artículo 21 de la circular de la Junta
de Buenos Aires del 10 de febrero de 1811, fraccionó a la ciudad en dos partes desde la
calle Real y cada una de estas mitades las dividió en tres barrios, resultando la
organización de seis cuarteles o demarcaciones, para los que se eligió, en el seno del
cabildo, a vecinos probos en el mando y protección de cada uno de ellos. Lo alcaldes
designados fueron Pedro José del Portal, Bartolomé de la Corte, José Manuel de
Alvarado, José Diego Ramos, Francisco Menéndez y Francisco Velásquez.
Los seis alcaldes recibieron del cabildo una serie de instrucciones destinadas a
mantener el orden dentro del ámbito urbano343, entre las que constaba que su cargo era
honorífico (sin remuneración); que usarían el bastón de mando con puño de marfil o
plata para ser reconocidos por todos. Se renovarían cada dos años, debido a la escasez
de vecinos; debían celar por el orden, quietud y seguridad de su cuartel, evitar
borracheras, juegos prohibidos y personas vagas, ociosas, malentretenidas y
sospechosas. Se les ordenó formar una matrícula con todos los vecinos de su cuartel y

341
Recuérdese que los alcaldes de la Santa Hermandad eran nombrados por el cabildo para mantener el
control sobre la campaña (véase Primera Parte, capítulo 4).
342
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular 1800-1812. Acta Capitular del 9 de febrero de 1811.
343
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular 1800-1812, Acta del 26 de agosto de 1811. Las instrucciones
fueron dadas el 29 de agosto de 1811.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

estar al tanto del arribo de pasajeros, averiguar quiénes eran, dónde se albergaban y dar
información al cabildo, si consideraban que entre ellos había personas sospechosas.
“Tendrán especial cuidado de aberiguar y descubrir a los
qe bierten y siembran especies sediciosas contrarias al
Govierno y ó capaces de alterar la quietud publica… ”344.
Si encontrasen a alguna persona delinquiendo, debían tomarlos prisioneros y dar
parte al cabildo si fuesen civiles y al comandante del ejército si fuesen militares y en
caso de riña, homicidio o robo, cuando no estuviese presente el alcalde de barrio,
cualquier vecino podía intervenir y aprender a los delincuentes. En general, era su deber
cumplir con los bandos de policía y buen gobierno de la jurisdicción, velar el alumbrado
de las tiendas y pulperías y cobrar las multas.
Mientras el ejército revolucionario se reorganizaba en Jujuy, en el Alto Perú la
revolución seguía en pie en Cochabamba y en Chuquisaca345, lo que motivó tremendas
represalias por parte del ejército enviado desde Lima; el 26 de mayo de 1812 las tropas
de Goyeneche entraron en Cochabamba, saquearon la ciudad y fusilaron a los
revolucionarios.
Estas noticias llegaban a Jujuy mientras Juan Martín de Pueyrredón entregaba el
mando del ejército a Manuel Belgrano, arribaba el nuevo Teniente de Gobernador,
Francisco Pico, nombrado por el Triunvirato346 y se organizaba la maestranza (véase
más adelante). En ese clima, con las tropas revolucionarias asentadas en las cercanías de
la ciudad durante seis meses y las noticias de lo acontecido en Cochabamba y de la
marcha del Real ejército hacia Jujuy, para después avanzar sobre Tucumán, Córdoba y
Buenos Aires, fue que el Triunvirato dio instrucciones a Belgrano de retroceder con el
ejército y la población hasta Tucumán, no dejando a su paso nada de que puedan
servirse los realistas.
Los mayores temores radicaban en que se repitiese en Jujuy los episodios de
Cochabamba, ya que el ejército revolucionarios no estaba en condiciones de defender la
jurisdicción, ni siquiera la ciudad. En ese contexto se publicó el bando de 29 de julio
que ordenaba a la población dejar la tierra arrasada y el éxodo hacia Tucumán -cuya

344
Ibíd.
345
Emilio Bidondo, La guerra…, op. cit., p, 73
346
AHPJ, SRR, Caja V, Libro Capitular 1800-1812. Acta Capitular del 5 de abril de 1812.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

primera parte hemos trascrito en páginas anteriores- y que amenazaba con las máximas
penas a los que desobedecieran las órdenes militares
“Entended todos, que al que se encontrase fuera de las
guardias avanzadas del ejército en todos los puntos en que
las hay, o que intente pasar sin mi pasaporte será pasado
por las armas inmediatamente, sin forma alguna de
proceso”347.
Así comenzaba el primer Éxodo de la población jujeña. Días después de
publicado el bando de Belgrano, los comerciantes comenzaron a fletar sus mercancías
en carretas, burros y mulas hacia Tucumán; las carretas también llevaban a las mujeres,
niños y ancianos de la familia; los hacendados empezaron la tarea de arreo del ganado
que hubiese quedado en sus tierras, recoger los granos y quemar los sembradíos que no
estuviesen en condiciones para la cosecha; los sectores más acomodados se desplazaron
con sus posesiones, familias, sirvientes y esclavos. En la maestranza de la ciudad se
trabajó hasta último momento en la fundición y reparación de armas. Los rezagados
partieron el 23 de agosto, siguiendo al ejército revolucionario y custodiados por las
milicias de gauchos y la retaguardia del ejército a las órdenes de Díaz Vélez.
Como veremos en el próximo apartado, muchas personas se quedaron,
colaboraron con las tropas realistas y no sufrieron las consecuencias anunciadas en el
bando de Belgrano.
El 24 de agosto las tropas realistas al mando del general Pío Tristán entraron en
la ciudad de Jujuy, donde se hicieron fuertes para continuar hacia Salta y de allí a
Tucumán, donde fueron vencidos y debieron replegarse sobre Salta y Jujuy.
Desde Salta, Pío Tristán, le escribía al brigadier Goyeneche informándole que en
la ciudad de Salta todo estaba tranquilo, pero no así en la campaña,
“…donde hay riesgo es en el interior, donde quiero enviar
fusiles: especialmente en Humahuaca, Guajra, Tumbaya y
otros puntos; la caballería por allí es poco útil, sobre todo en
el Río San Juan, donde los pastos están regulares, de allí es
mejor llevarlos a Humahuaca, donde hay alfa y crecen

347
Bando del 29 de julio de 1812, trascrito por Joaquín Carrillo, op. cit., página 171. La primera parte de
bando se encuentra trascrita en “Los efectos de la guerra en las actividades económicas”.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

buenos pastos. Deben ir por allí, pues tienen mucha


caballada y la zona no proporciona forraje suficiente ”348.
Jujuy quedó al mando del general Juan Ramírez, se reorganizó el cabildo con los
vecinos que se habían quedado y la ciudad volvió a dividirse en dos cuarteles al mando
de alcaldes e barrio adeptos a la causa monárquica. En el siguiente apartado trataremos
de los vecinos que se quedaron en los éxodos, así como de las funciones que cumplieron
y las actividades que desarrollaron. Por ahora nos concentraremos en que la mayoría de
la población de la jurisdicción, ya sea por convicción o por coacción, marchó a
Tucumán.
Lamentablemente carecemos de información acerca de las condiciones de vida
durante los éxodos, deuda insoslayable con la historia de Jujuy que sólo se podría salvar
a través de documentación privada.
La ciudad de Jujuy se mantuvo en manos realistas por seis meses349. Durante ese
tiempo se saquearon las haciendas, en especial las de los emigrados, en la búsqueda de
cualquier alimento que hubiese quedado350.
Los exilados recién pudieron regresar después de la batalla de Salta; en marzo de
1813 se reabrió el Libro Capitular y en abril grueso del ejército ya estaba en Jujuy,
reponiéndose para nueva empresa: la segunda campaña al Alto Perú. La ciudad volvió a
dividirse en seis cuarteles al mando de Francisco Javier del Portal, Bartolomé de la
Corte, Patricio Puch, Manuel Fernando Espinosa, Mariano de Eguren y Alejandro
Torres351. La maestranza de la ciudad entró nuevamente en actividad y se realizaron más
levas sobre la población civil; la escasez de hombres jóvenes era tal que el 25 de mayo
de 1813 se decidió pasear la bandera a pie, debido a los escasos individuos que había en
la ciudad que montaran “dignamente”352.
Después de la derrota de Belgrano en Ayohuma, los restos del ejército
revolucionario huyeron hacia Potosí y Jujuy, perseguidos por los realistas hasta Yavi353.

348
AGI, Diversos 2ª, 1812, R1, N2, D15.1. Cuartel Principal de Salta, noviembre 17 de 1812.
Correspondencia de Pío Tristán, a José Manuel de Goyeneche.
349
Las Actas del Cabildo Realista van del 9 de septiembre de 1812 al 4 de marzo de 1813. AHPJ, SRR,
Caja II, Legajo 2, Libro Capitular de 1812. Aunque sabemos que la ciudad estuvo ocupada desde el 24 de
agosto de 1812.
350
AHPJ, SRR, Caja VI, Legajo 1, Documento 50. Jujuy, 30 de marzo de 1813. Denuncias al cabildo de
cada saqueo efectuado por las tropas realistas.
351
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo2, Libro Capitular de 1812. Acta del 8 y 9 de junio de 1813.
352
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812- 1816. Acta Capitular del 23 de mayo de 1813.
353
Emilio Bidondo, La guerra de la independencia…, op. cit., pág. 96.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

El Alto Perú, abandonado por los ejércitos revolucionarios, se lanzó a una guerra de
republiquetas354. Los gauchos custodiaban el camino real que conducía a Jujuy por la
quebrada de la Cueva, donde se enfrentaron con tropas realistas en Cangrejos y en
Humahuaca en enero de 1814; esas escaramuzas permitieron que el grueso del ejército,
dirigido por Belgrano y Dorrego se replegase sobre Jujuy y organizase el segundo
Éxodo de la población hacia Tucumán.
Los realistas ocuparon Jujuy en enero de 1814, mientras San Martín recibía el
ejército revolucionario de manos de Belgrano. En este segundo éxodo muchos vecinos
de Jujuy permanecieron en la ciudad y haciendas de la jurisdicción; algunos por
lealtades realistas, otros por negocios, otros porque no les dio tiempo para preparar las
familias para el éxodo; la mayoría de los que se quedaron fueron mujeres, niños y
ancianos, impedidos de realizar el viaje por la premura de los acontecimientos. Hubo
mujeres que enviaban información a sus familiares en el exilio sobre las acciones y
movimientos de los ejércitos realistas, ayudadas por peones y gauchos, que se movían
libremente por los campos. En ese contexto las autoridades enviadas desde Lima
ordenaron la expulsión de familias jujeñas a Tarija, a quienes acusaron mantener
comunicación con los revolucionarios.
El mismo accionar de las milicias del campo, que cortaban los abastecimientos y
las comunicaciones de las tropas realistas, obligaron a los ejércitos reales a abandonar
Salta y Jujuy en julio y agosto de 1814. Nadie se salvó de la acción devastadora de la
guerra, ya para entonces estaba claro que la única opción de sobrevivir era el exilio.
Algunas familias de Jujuy se marcharon con el ejército realista hasta Lima.
La imagen se repitió agravada tres años después, cuando en enero de 1817, unos
7.000 soldados, entre fuerzas veteranas españolas y destacamentos americanos
invadieron Jujuy para, desde allí, reconquistar el antiguo Virreinato del Río de La Plata.
Durante cinco meses de ocupación, la ciudad fue arrasada, los edificios públicos y las
iglesias utilizados como cuarteles para la tropa, las haciendas saqueadas y cualquier
pertenencia que hubiese quedado de los exilados, fue requisada. Al regreso del éxodo
los jujeños buscaban con pesar los restos de sus casas
354
Eran guerrillas o milicias irregulares, de las cuales se desconoce su número, aunque suelen citarse a
seis grandes republiquetas con jefes permanentes y estratégicamente ubicadas en Potosí, Charcas,
Cochabamba, Santa Cruz de la Sierra, Oruro y La Paz, a fin de cortar la comunicación de los ejércitos
reales entre el Perú y el Río de La Plata. Véase: Ch. W. Arnade, “Republiquetas”, en Josep Barnadas
(director), Diccionario Histórico de Bolivia, Sucre, Grupo de Estudios Históricos, 2002, tomo 2, página
711 y subsiguientes.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

“… la ruina qe ha obrado, en muchas avitaciones, el furor de


los Enemigos, y el considerable desamparo, y Errantes a que
oy se ven reducidas…”
El cabildo, no encontraba la manera de ayudar o indemnizar a tanta gente
desamparada, por lo que acordó que:
“…las familias que se encuentren en el desamparo de no
tener avitacion, se presenten a este Iltre. Cavildo, quien
mirandolas con las mas altas consideraciones a que se han
hecho acreedoras, e interponiendo su respeto, les facilitará
viviendas, Exortando á los dueños de Fincas las miren con la
mayor equidad en los Alquileres.” 355
La población de Jujuy aún no se había repuesto del tercer éxodo, los estragos
sufridos en la ciudad y campaña, la desolación que encontró a su regreso, la búsqueda
de sus bienes, la falta de un techo bajo el cual guarnecerse en el frío invierno, cuando en
enero de 1818 la ciudad fue sometida al saqueo durante tres días seguidos por las tropas
españolas dirigidas por Pedro Antonio Olañeta356.
Un año más tarde la ciudad sufrió una rapacidad más devastadora donde, según
las crónicas de la época, no se salvó ni siquiera la familia de Olañeta357. Las tropas
españolas se entregaron a la rapiña y al pillaje, destruyeron la ciudad, rompieron hasta
las acequias, quemaron y robaron todo lo que encontraron358.
Mientras San Martín se aprestaba a invadir el Perú, desde el Alto Perú se
organizó la séptima invasión realista a Jujuy con 4.000 soldados profesionales, a las
órdenes de Ramírez de Orozco, Canterac y Olañeta. Entraron en Jujuy el 28 de mayo de
1820, siguieron avanzando hasta el río Pasaje, sin que se los pudiera contener, mientras
que los gauchos del comandante de La Corte, sitiaban la ciudad para protegerla del
saqueo. Sin embargo al año siguiente el jujeño Marquiegui y su cuñado Olañeta
intentaron nuevamente la ocupación de la ciudad, pero esta vez el teniente gobernador
de Jujuy general José Ignacio de Gorriti organizó las milicias y con ellas avanzó hasta

355
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1814-1820, folio 31. Acta Capitular del 12 de julio de 1817.
356
Pedro Antonio Olañeta estaba emparentado por su matrimonio con Josefa Marquiegui, con el
hacendado Ventura Marquigui y su hijo Guillermo, ambos partidarios de la causa monárquica. El saqueo
de la ciudad por las tropas realistas fue durante los días 14, 15 y 16 de enero de 1818.
357
Véase: Emilio Bidondo, La guerra de la independencia…
independencia…, op. cit., página 179.
358
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1814-1820. Acta Capitular del 4 de abril de 1819. La
ocupación y saqueo comenzó el 26 de marzo de 1819.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

León, donde derrotó a las tropas realistas el 27 de abril de 1821359. El general Gorriti
amenazó a Olañeta con fusilar a sus cuñados si volvía a atacar a la ciudad de Jujuy, con
lo que se frenaron los saqueos a la ciudad, pero continuaron en la campaña hasta la
muerte de Olañeta en 1825.

La maestranza

Durante toda la guerra hubo una gran carestía de armas de fuego y de pólvora,
en su reemplazo, ambos ejércitos, usaron sables y el arma por excelencia de los hombres
de campo: el cuchillo; también se utilizaban machetes, lanzas, flechas y hondas.
Las piezas de artillería más importantes llegaban desde Buenos Aires, fabricadas
en el Parque de Artillería. En Córdoba había una fábrica de pólvora y en Tucumán se
construían las cureñas para cañones, carretas, monturas, portafusiles y otros elementos
necesarios para la guerra. En Jujuy, desde el arribo de Belgrano en 1812, se organizó la
maestranza, donde se fabricó todos los artículos posibles para equipar al ejército
derrocado en Huaqui, desde uniformes hasta municiones y cañones.
La maestranza era un establecimiento de grandes dimensiones, que concentraba
gran cantidad de mano de obra, tanto especializada (artesanos) como no calificada y en
su seno se producía una diversidad de bienes destinados al equipamiento de las tropas.
La fabricación y reparación de armamento de guerra, tales como cuchillos, lanzas,
sables hasta cañones, estaba dirigido por artesanos expertos, maestros armeros, herreros,
plateros, talabarteros y hasta carpinteros, que en Jujuy en 1813 llegaron a un número de
setenta trabajadores altamente calificados, muchos de ellos forasteros, que a su vez
estaban organizados jerárquicamente en maestros mayores y maestros subalternos,
mientras que la mano de obra no calificada se encargaba de los pasos productivos más
rudimentarios360. Muchos de estos forasteros eran procedentes de la maestranza
organizada por Belgrano en Tucumán durante el éxodo; recordaba un protagonista que
“Estableció también una maestranza completa, en la
l a cual trabajaban todos, además de
los principales maestros de carpintería y herrería. Se remontaban en ella todos los

359
Conocido como “El Día Grande de Jujuy”, porque sólo los gauchos jujeños salvaron a la ciudad de que
fuera nuevamente saqueada.
360
Emma Raspi, “El mundo artesanal…”, op. cit., páginas 178 y 179.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

cañones, se construyeron lanzas, se compuso todo el armamento y hasta se trabajaron


algunas espadas ”361
Mientras que los herreros, armeros y fundidores, se abocaron a la producción y
reparación del armamento y herraduras, el trabajo de sastres y costureras tuvo gran
demanda durante la guerra, en la elaboración de uniformes para las tropas. El trabajo del
sastre gozaba de mayor consideración y a ellos se les encargaba la confección de
uniformes para los oficiales de alto rango, que se pagaba según la calidad del artesano y
del paño empleado. En general, el trabajo de las mujeres costureras estaba dirigido a la
fabricación de las prendas de los soldados y sus remuneraciones estaban en relación a la
cantidad de las ropas confeccionadas, no a su calidad. Los sombrereros también
gozaban de gran requerimiento362, así como los zapateros que manufacturaban las botas.
Una de las carestías que compartían ambos ejércitos (el revolucionario y el
realista) era la falta de una vestimenta adecuada. El general realista Joaquín Pezuela
relataba en sus memorias que los soldados reales iban mal vestidos, algunos
semidesnudos y descalzos o con sólo una chaqueta y un sombrero blanco redondo, sin
ninguna divisa militar. Por su parte en el ejército revolucionario la mayoría de los
soldados vestían “a lo paisano” aún los oficiales363, de allí la importancia que se le diera
a la confección de uniformes, especialmente con buenos paños.
La maestranza fue una experiencia surgida de las necesidades de la guerra, que
duró mientras ésta estuvo vigente. El conglomerado de gente que trabajaba en su seno
comprendía a todos los sectores étnicos: esclavos y libertos pertenecientes a las castas,
distribuidas entre negros, pardos, morenos y mulatos; indígenas, mestizos y españoles.
Recordemos que, además de los trabajadores habituales, en 1815 José Rondeau, a
petición del cabildo, envió a trabajar a la maestranza de la ciudad de San Salvador a un
grupo de prisioneros españoles.
Aparte de la manufactura y reparación de armas y uniformes, en la maestranza
se fabricaban y reparaban monturas, caronas, aparejos, estribos, riendas, guardamontes
y todo lo necesario para cabalgar, labores que empleaban a talabarteros y lomilleros.
Cuando las tropas realistas abandonaron Jujuy en 1814, durante la apurada
retirada fueron abandonando todo tipo de pertrechos, palas, picos, lanzas, bayonetas y
361
Gregorio Aráoz de La Madrid, Memorias del General Gregorio Aráoz de La Madrid, [1895], Buenos
Aires, ediciones El Elefante Blanco, 2007, página 43.
362
Emma Raspi, op. cit.
363
Véase Antonio King, op. cit., en especial los relatos de la vanguardia.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

ropa, que los gauchos fueron recogiendo y enviando a la maestranza de la ciudad para
su reparación.

Lealtades

En toda América hispana, los primeros años de guerra, no fueron un


enfrentamientos entre españoles peninsulares y criollos (españoles americanos), sino
que los ejércitos en pugna se nutrieron de ambos sectores, así como también se
disputaron la adhesión de diferentes parcialidades indígenas. Ser español era una
categoría étnica, que contenía a los españoles nacidos en España y los nacidos en
América (hoy llamados criollos), era una identidad social de la época. A su vez, las
condiciones de realistas y de revolucionarios no eran categorías sociales o étnicas sino
políticas, que englobaban distintos sectores sociales y étnicos; esto fue así sobre todo
en los primeros años de la guerra, cuando la mayoría de los oficiales realistas eran
españoles americanos (criollos); el brigadier José Manuel de Goyeneche, así como el
general Pío Tristán eran arequipeños y más del 80 por ciento de sus fuerzas estaba
compuesta por americanos y milicias indígenas de Cuzco, Puno y distintas zonas
altoperuanas364. Esta composición de las fuerzas se mantuvo hasta la llegada de las
tropas peninsulares después de la derrota napoleónica y el regreso al trono de Fernando
VII en 1814-1815.
En este contexto, la idea de lealtad estaba unida a la noción de patria y de
fidelidad a las ideas, sentimientos y devociones. Estamos acostumbrados a vincular a la
patria con la Revolución y el nacimiento de una nueva entidad política, una nueva
patria; sin embargo, en los primeros años revolucionarios aún estaba vigente el
sentimiento patriótico propio del Antiguo Régimen hispano, según el cual la patria era
fidelidad al Rey y a la religión, pues monarquía, religión católica y patriotismo era la
tríada sobre la que se sustentaba la sociedad hispanocolonial y sobre las que se basaban
los juramentos de fidelidad patriótica a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, lo
que despertó distintas lealtades. El término patria recién adquirió un valor político y
militar en medio de la contienda de las guerras de la independencia, cuando sirvió de
aglutinante social de los que apoyaban la causa de la independencia. Sin embargo,
364
Raúl Fradkin y Juan Carlos Garavaglia, La Argentina colonial, op. cit., . página 242.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

durante los comienzos de la guerra, seguía siendo un término ambiguo que remitía a
diferentes valores simbólicos365.
Téngase en cuenta que, por lo menos hasta fines de 1812, cuando después de
derrotada la contrarrevolución de Álzaga en Buenos Aires, la revolución recién se
encauzó hacia un camino decididamente independiente de la monarquía española, bajo
la égida de la Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro y se convocó a la Asamblea
General Constituyente366. En Jujuy, la presencia de Manuel Belgrano, a fines de 1812,
la militarización de la población y el reemplazo simbólico que el general del ejército
Auxiliar hiciera de la tríada monárquica por la de religión-patria-libertad en el
imaginario popular367, dio origen a una nueva concepción de patria unida a la libertad, la
igualdad y la lucha contra los tiranos opresores encarnados en la monarquía española.
En el Jujuy de fines de 1812 la expresión tomó mayor sustento político al conocerse las
matanzas realizadas por los Reales ejércitos en el Alto Perú, en especial los episodios de
Cochabamba, donde fueron fusilados todos los simpatizantes revolucionarios.
Por tanto, en 1812 no se trataba de una guerra entre “criollos y españoles”, ni
tampoco ambos bandos eran compactos en su ideología ni planteaban estrategias
coherentes a su interior. Mientras que en el bando revolucionario reinaban la
desavenencia y las intrigas entre los partidarios de mantener la guarda o depósito de la
soberanía de Fernando VII (cautivo de los franceses) y aquellos que tenían ideas más
proclives a la definitiva autonomía de España368, en el bando realista también existían
serias diferencias entre los absolutistas monárquicos y los liberales, que contaban con el
apoyo de las Cortes reunidas en Cádiz. De allí que no deba extrañarnos que muchos
hombres y mujeres se sintieran más apegados a los principios de la monarquía (que
también era entendida como sostenedora del orden social), que a los principios de la
revolución (vista como el desorden y el caos), sobre todo en parajes tan alejados de la
tumultuosa capital virreinal de Buenos Aires. Los vecinos de Jujuy que así lo sintieron y
colaboraron con las tropas realistas durante la ocupación de Jujuy en 1812 lo
expresaban de esta manera:
365
Véase Gabriel Di Meglio, “Patria”, en Noemí Goldman (editora), Lenguaje y revolución. Conceptos
políticos clave en el Río de La Plata, 1780-1850. Buenos Aires, Prometeo, 2008, páginas 115 a 130. De
acuerdo al autor, existía otro significado primigenio de patria, como lugar de nacimiento, como “pago
chico”, que diferenciaba a los españoles europeos entre sí, por ejemplo gallegos, andaluces o cántabros.
366
Véase Marcela Ternavasio, Gobernar la Revolución. Poderes en disputa en el Río de La Plata, 1810-
1816, Buenos Aires, Siglo XXI editores, 2007.
367
Véase en este libro “Viejas ceremonias y nuevos símbolos”
368
Véase Marcela Ternavasio, op. cit.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

“La Guerra en que estamos empeñados se dirige á


conservar la Religión de n tros. Padres, y los preciosos d ros.
de livertad civil, propiedad, y seguridad de que todos
hemos de gozar vajo las leyes savias, y justas de ntra. gran
Nación.”369
El arribo a Jujuy de las tropas de Buenos Aires provocó entusiasmo y la
adhesión de muchos jóvenes de las familias notables, algunos de los cuales ingresaron
rápidamente en sus filas370. No obstante, los jefes de familia, en ese primer momento de
la guerra, mantuvieron una actitud más expectante, quizás prudente, frente a la
ocupación de un ejército que duplicaba el número de los habitantes de la ciudad y al que
debieron auxiliar con sus recursos. En muchos de ellos prevalecían las virtudes
exaltadas en el Antiguo Régimen hispánico: lealtad, fidelidad y honor al Rey371.
En 1812, las tropas enviadas desde Lima, leales al Consejo de Regencia –y por
ende al Rey de España- habían sofocado los levantamientos del Alto Perú y saqueado la
ciudad de Cochabamba, el último baluarte revolucionario altoperuano. El brigadier José
Manuel de Goyeneche había establecido el campamento general realista en Potosí y
desde allí se preparaba para ocupar toda la intendencia de Salta del Tucumán (inclusive
la ciudad de San Miguel de Tucumán), para lo cual envió al general Pío Tristán con
3.000 hombres, quien estableció su cuartel general en Jujuy372; Goyeneche sabía por sus
espías que las fuerzas revolucionarias estaban compuestas por 2.200 hombres, de los
cuales sólo 1.400 estaban armados y llevaban 14 piezas de artillería y también le habían
informado que contaba con súbditos leales al Rey de España que lo ayudarían en su
misión de derrotar la revolución iniciada en Buenos Aires, por tanto consideró que esa
cantidad de hombres era suficiente para sofocar la revuelta en el norte rioplatense373.
No es muy difícil entender que en el imaginario de una parte de la población de
la época, los revoltosos del Río de La Plata serían fácilmente derrotados por los Reales

369
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo 2, Libro Capitular de 1812. Acta capitular del 18 de noviembre de 1812.
370
El Consejo de Reclutamiento ya funcionaba en 1812 y, según las actas capitulares, parece originarse
en septiembre-octubre de 1811. AHPJ, SRR, Libro Capitular de 1800-1812. Acta Capitular del 28 de julio
de 1812.
371
Viviana Conti y Dionila Valdivieso, Símbolos de resistencia a la independencia americana, Congreso
Internacional “La Constitución Gaditana de 1812 y sus repercusiones en América”, Universidad de Cádiz,
2009, en prensa.
372
AHPJ, SRR, Caja V, Legajo 7.
373
AGI, Diversos 2A, 1812, R1,N2, Correspondencia de José Manuel de Goyeneche al Virrey Abascal,
Potosí, septiembre de 1812.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Ejércitos –como lo habían sido las revueltas indígenas de tres décadas atrás-, que se
pensara que era sólo cuestión de tiempo y, para corroborarlo, allí estaba el
aplastamiento de la revolución en el Alto Perú y la presencia de las tropas virreinales en
Jujuy. De lo que ambos bandos estaban convencidos para fines de 1812, era de que para
entonces ya era muy difícil una salida pacífica al conflicto y la única vía parecía estar en
la guerra
“…y es visto que la lid no puede ser terminada sino por la
fuerza de las armas. La nuestra mirada por todos aspectos es
superior a la suya en numero, en disciplina y en provisión de
toda especies, de un modo que siendo dirigida por el orden,
prudencia, energía y precaucion, que nunca se deben perder
de vista, no solo no tenemos nada que temer de una gente
tumultuaria, sino que debemos estar firmem te. persuadidos de
la terminacion de la lucha a nuestro favor, tanto por lo dicho
como por la razon y justicia que nos guia.” 374.

Analizando brevemente el contexto de la época, es más entendible que no todos


los vecinos de Jujuy acataran la orden de éxodo dada por el general Manuel Belgrano.
En 1812, de los vecinos notables de la ciudad, diez españoles europeos375 y doce
americanos, desobedecieron el Bando de Belgrano y permanecieron en Jujuy durante la
ocupación de las tropas de Pío Tristán. Algunos participaron activamente con las tropas
peruanas, como integrantes de los cabildos, dando alojamiento a oficiales en sus casas,
suministrando víveres y vituallas o enrolándose en el ejército. Otros, simplemente
permanecieron en el terruño, cuidando las heredades familiares.
En un oficio enviado al cabildo de Jujuy, el brigadier José Manuel de
Goyeneche, desde su cuartel general en Potosí, elogiaba a esa parte del pueblo que había
permanecido fiel “a la Religión y al Rey” y desobedecido las órdenes de abandonar el
territorio, a pesar de los sacrificios que esa actitud llevaban implícitos
“…la unión y eroicedad con que la parte noble de ese
vesindario contribuio a la gloria que el dia anterior

374
AGI, Diversos 2 A, 1812, R1, N2, D 18, folio 2. Correspondencia del Virrey Abascal al brigadier
Goyeneche, Lima, 25 de enero de 1813.
375
Recuérdese que, según el impuesto cobrado a los comerciantes europeos en 1811, en Jujuy había 40
españoles europeos, sólo en el sector mercantil.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

consiguieron las Armas del Rey rebatiendo los Insurgentes


[…] un pueblo fiel a la Religión y al Rey puede todo lo que
quiere en la defensa de tan sagrados derechos, la de sus
Personas e intereses por mas que se vea amagado de la
fuerza y el horror con que los impíos rebolucionarios del
Rio de la Plata han estrechado y oprimido á todos los que
han tenido la desgracia de sucumbir a su arvitrario
despotico govierno.
Me llena de la mas dulce complacencia el voto unánime
general que V. S. me indica de los pocos vecinos que han
quedado en esa Ciudad de mantenerse decididos y adictos
a la Causa del Rey sin que los retraiga la desvastación que
el furor y venganza del Caudillo Rebolucionario Velgrano
ha causado en su Poblacion según lo tubo anunciado en su
propio Bando de 29 de julio. Yo a nombre de Su Mag d doy
a V. S. las mas expresivas gracias por su eroico celo y
constancia, y espero que por conducto del Señor Sindico
Procurador las transmita V. S. a todo ese honrado, y fiel
Vecindario prometiéndole que mi protección elevará a
noticia de su Mag d las ruinas y perjuicios que le ha
producido el amor a su Soberanía p a que si por el q e antes
tubo acreditado le fue concedido el Epíteto de muy Leal y
Constante Ciud se la remunere con las gracias, y
prerrogativas aque nuev te se ha hecho merecedora; pero
que sean de un modo y calidad que su veneficio se extienda
al fomento de su felicidad subcesiva para lo cual cuydara
V. S. en su debido tpo.” 376
Sólo tenemos conocimiento de los vecinos distinguidos que permanecieron en
Jujuy durante el primer Éxodo, ya que fueron los que ocuparon los cargos del cabildo
dejados por quienes siguieron a Belgrano o participaron en la Jura de la Constitución de
Cádiz; desconocemos a los no tan notables que los acompañaron, aunque era costumbre

376
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo 2, Libro Capitular de 1812, Jujuy, Acta del 6 de noviembre de 1812. El
remarcado es nuestro.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

que la familia, los sirvientes, esclavos y la peonada siguieran igual camino que sus
señores y jefes. Por otro lado, la mayoría de los arrenderos, labradores y jornaleros, en
general los hombres de campo libres de sus actos, se habían incorporado a las milicias
de gauchos y marcharon con el ejército revolucionario a Tucumán. Por tanto, es difícil
saber con exactitud cuánta gente siguió a Belgrano y cuánta gente lo desobedeció, pero
los mismos testimonios del ejército realista dan cuenta de que era la minoría de la
población la que había permanecido en Jujuy, tal como lo expresaba el mismo
Goyeneche en el documento que transcribiéramos más arriba: “…los pocos vecinos que
han quedado en esa Ciudad…”. No obstante, teniendo en cuenta la escasa población de
Jujuy, es destacable la cantidad de vecinos notables que permanecieron leales a la
monarquía.
Es conocido el caso particular de Ventura Marquiegui (nacido en Elgueta,
España), quien llegó a Jujuy en 1775, contrajo matrimonio y se radicó como vecino
hacendado y mercader. En 1789 su hermano Pedro Marquiegui, comerciante de Cádiz,
viajó a América (Chuquisaca) con su sobrino Pedro Antonio de Olañeta (ambos eran
solteros y nacidos en la villa de Elgueta)377. Olañeta contrajo matrimonio con la hija de
Ventura Marquiegui, Josefa, por cuanto integró una red familiar que actuó de manera
unida y compacta en el bando realista, durante todas las guerras de la independencia.
Ventura Marquiegui fue electo Síndico Procurador General en el cabildo relista de
1813, pero renunció por motivos de salud. Su hijo Guillermo continuó las alianzas
paternas, por las cuales fue acusado de dar alojamiento a oficiales de los Reales
Ejércitos en la hacienda familiar. Pedro Antonio de Olañeta se enroló en el ejército Real
e impulsó y encabezó las invasiones a Jujuy hasta su muerte acaecida en Tumusla (Alto
Perú) en 1825.
Sabemos que Martín Otero, español europeo, hacendado y mercader permaneció
con su familia e integró el cabildo realista en 1812 como Alcalde de Primer Voto. Fue
similar el caso de Juan Antonio Rodrigo, español europeo, quien fuera electo en el
cabildo realista en 1812 en calidad de Diputado de Obras Públicas y en 1813 como
Alcalde de Segundo Voto. Pedro de la Torre y Barela, vecino de Jujuy nacido en España,
se enlistó como Capitán del Ejército Realista y fue nombrado Síndico Procurador de la
ciudad en el Cabildo de 1812. Andrés Ramos (comerciante español) permaneció en

377
AGI, Contratación 5516, N21 y Contratación 5533, N2, R48.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Jujuy con su familia, de la cual se destacaron por su actuación sus dos hijos Andrés
Francisco y Joseph Diego, ambos nacidos en Jujuy; este último integró el cabildo
realista en 1813 como Alcalde de la Santa Hermandad. Joaquín de Echeverría, español
europeo vecino de Jujuy, fue designado Teniente Ministro Sustituto de la Real Hacienda
de la Caja Menor de Jujuy y su jurisdicción.

El sacerdote José Miguel de la Bárcena, jujeño, era Cura y Vicario de la Doctrina


de Tumbaya; fue electo Alférez Real y luego Alcalde de Segundo Voto en el cabildo
realista de 1812 y Alcalde de Primer Voto en el cabildo realista de 1813; fue el religioso
que realizó la exhortación de la Constitución de Cádiz. Gozaba de la simpatía del
general Pío Tristán, quien lo recomendó al brigadier José Manuel de Goyeneche para
que reemplazara al Cura Párroco de Tarija, al que acusaba de revolucionario y de dar
sermones en contra de la causa del Rey
“…el Dr. Barcena que esta en Jujuy y de quien te he
hablado, conozco sus meritos sus servicios y acreedores pr
ellos tambien resulta la conveniencia de que bean los
pueblos colocados sus hijos y premiada su virtud” 378
Ignacio Noble Carrillo, español europeo, integró el cabildo realista de 1813,
donde fue electo Síndico Procurador General; también permaneció en Jujuy durante el
segundo éxodo en 1814, para marcharse a Lima junto con las tropas realistas luego de la
batalla de Salta que confirmó el triunfo revolucionario en el Norte rioplatense. Muchos
nacidos en el “pago chico”, tuvieron actuaciones similares, como Alejandro Torres,
jujeño que integró el cabildo realista de 1812 como Defensor de Menores y Alcalde de
Segundo Voto. Francisco Gabriel del Portal, jujeño, dueño de la hacienda El Brete,
integró el cabildo realista de 1813, electo Defensor de Pobres y Menores. Saturnino de
Eguía, americano que participó en el cabildo realista en 1813 en calidad de Alférez
Real, luego fue relevado de su cargo en virtud de que se lo necesitaba para prestar
auxilios al los Reales Ejércitos en Huacalera. Francisco Calderón, jujeño, fue electo
Regidor de Obras Públicas y Diputado de Propios en el cabildo realista de 1813. Rafael
Eguren, americano, integró el cabildo realista de 1813 en calidad de Alcalde de la Santa
Hermandad y recibió el nombramiento de Diputado del Ramo de Sisa.

378
AGI, Diversos 2ª, 1812, R1, N2, D15.1. Cuartel Principal de Salta, noviembre 17 de 1812.
Correspondencia de Pío Tristán, a José Manuel de Goyeneche.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Son menos conocidas las actuaciones de Manuel Salas, comerciante español que
permaneció en Jujuy con su familia y su hijo Vicente Salas (jujeño). Juan Machuca era
un americano, empleado del cabildo y encargado de publicar los bandos. Mariano
Gordaliza, también americano, Abogado de la Audiencia Pretorial de Buenos Aires, a
quien se le ofreció el puesto de Alcalde Primer Voto en el cabildo realista de 1813,
cargo que no aceptó con el pretexto de su función como abogado de la Audiencia.
Manuel Joseph Leaniz, americano, Cura rector y vicario foráneo de la ciudad de Jujuy,
quien hizo la jura solemne de la Constitución de Cádiz. Juan José de Sandoval (jujeño),
nombrado Interventor de los Reales Correos de Jujuy por José Manuel de Goyeneche,
en mérito a su fidelidad. Así como de los vecinos presentes en la Jura de la Constitución
Gaditana, realizada en la Iglesia Matriz: Tomás Gámez Fernández (comerciante
español), también presente en la toma de posición de los cabildantes electos para 1813,
Joseph Gómez, José Patricio de Sagardia (comerciante nacido en España), Miguel
Antonio de Srasívar y Felipe Avendaño, ambos jujeños379. Además consta que Joseph
de Iramain y Juan Esteban Guerrero (ambos americanos), fueron encargados por las
autoridades realistas de reunir en la campaña las mulas que el ejército necesitaba380.
Los funcionarios reales retomaron la antigua costumbre de nombrar Jueces
Pedáneos de los Curatos de la Campaña , cargo capitular que en Jujuy era muy
irregular, pues se designaba alguno en momentos de disturbios en la campaña. Esta
modalidad nos da información acerca de personajes cuya actuación a favor de la causa
del Rey fue hasta ahora ignorada. El cabildo realista consideró “indispensable” nombrar
jueces en los curatos “para qe estén a la mira de los auxilios que necesiten las Tropas
del Exto. Real a su tránsito ”, para lo cual se eligió “sujetos de conocida conducta y
381
onradez” . El cabildo designó como Juez Pedáneo del curato de Humahuaca a
Eugenio Aparicio, del curato de Tumbaya a Manuel Álvarez y Prado, del curato de
Perico a Juan José de Herrera y del curato de Río Negro a Juan Francisco Almirón,

379
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo 2, Libro Capitular de 1812, Acta del 23 de septiembre de 1812.
Completado con los datos de las Actas capitulares del 9 de septiembre de 1812, 23 de septiembre de
1812, 14 de octubre de 1812, 20 de diciembre de 1812, 1 de enero de 1813 y 7 de enero de 1813. SRR,
caja XLVII, documento 2, hoja 2 y documento 3, hoja 1 nueva carpeta.
380
Ibíd., Acta del 2 de noviembre de 1812.
381
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo 2, Libro Capitular de 1812. Acta Capitular del 7 de enero de 1813.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

todos los cuales fueron notificados de su designación382, aunque no existe constancia de


su aceptación.
Durante el segundo éxodo de la población jujeña a Tucumán, en 1814, sabemos
que mucha gente se quedó en Jujuy durante la ocupación realista. Sin embargo, en esta
ocasión los motivos fueron variados y las lealtades también.
En esa oportunidad, la salida fue poco planifica, rápida, ante el avance arrollador
del los ejércitos Reales vencedores de Ayohuma; la mayoría de la población masculina
se trasladó hacia Tucumán, apoyados por los restos del ejército revolucionario y las
milicias de gauchos, pero muchas familias debieron quedarse, por falta de transportes o,
simplemente, por carencia de medios económicos para movilizarse.
Por lo tanto, hubo quienes permanecieron en Jujuy para preservar los
patrimonios familiares de posibles saqueos. También hubo personas que lo hicieron
para pasar información a las fuerzas revolucionarias sobre la composición, estrategias y
formas de abastecimiento de los ejércitos realistas. Familias enteras compuestas por
mujeres, niños y sirvientes no pudieron seguir a los hombres que marcharon al segundo
éxodo, debido a la insuficiencia de elementos para el traslado; por otro lado, la rapidez
con que se ordenó la medida impidió tomar los recaudos para un viaje de tal
envergadura. Algunas de estas familias fueron las que las autoridades realistas
ordenaron relocalizar en Tarija, en Huacalera o en zonas donde no pudieran tener
contacto con los revolucionarios383. Un grupo de mujeres, que permanecieron en Jujuy,
actuaron como espías de las fuerzas revolucionarias, enviándoles informaciones sobre
los movimientos de los realistas, a través de correspondencia que despachaban con
sirvientes y peones.
Es importante recordar que, a esta altura de los acontecimientos políticos y
militares, muchas familias estaban divididas en sus lealtades y por ende sus integrantes
tomaron diferentes caminos. Esta aclaración es relevante, pues generalmente suele
asociarse a un apellido el pensamiento y la acción de todos los portadores del mismo
apellido y la realidad muestra que, salvo algunas excepciones, no todas las familias
actuaron de forma compacta.
Quienes mantenían su lealtad a la Monarquía actuaron decididamente a su favor,
colaborando en los cargos públicos y en el ejército Real. Muchos de esos vecinos de

382
Ibíd.
383
Véase el apartado “Los efectos de la guerra en la demografía”.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Jujuy optaron por emigrar a Lima, hacia donde se trasladaron con sus familias junto a
las tropas realistas en su retirada384.
Los integrantes del cabildo Realista de 1814 fueron Tomás Gámes, como
Alcalde de Primer Voto, Alejandro Torres en calidad de Alcalde de Segundo Voto,
Pablo de Mena fue electo Alcalde Provincial, Joseph Ramos ocupó el cargo de Regidor
Fiel Ejecutor, Julián de Zegada fue Defensor de Menores, Martín Otero electo
Comisionado de Obras Públicas y Lorenzo de Goyechea (quien se encontraba enfermo)
era el Síndico Procurador General, reemplazado después de su fallecimiento por Juan
Antonio Rodrigo385. Como Alcaldes de Barrio para la ciudad fueron elegidos Tomás
Fernández y Joseph Patricio Puch386.
En el imaginario de estos cabildantes aún existía la esperanza de llegar a un
acuerdo que evitara tanto derramamiento de sangre y enfrentamiento entre vecinos,
amigos y parientes. En virtud de esas ideas el Defensor de Pobres, Menores y Ausentes,
Julián de Zegada, se ofreció para actuar de mediador entre los vecinos exilados y los
vecinos estantes en Jujuy, lo que fue aceptado por los cabildantes, otorgándole las
credenciales para que, en su nombre, se dirigiese a Tucumán y se entrevistase con los
vecinos que se encontraban en éxodo, “…a fin de terminar esta guerra desoladora ”387,
tarea que cumplió, con sus propios medios, pero sin obtener el fin esperado.
Pero, ¿qué había desencadenado en el seno del cabildo la discusión sobre la
posibilidad de poner un punto final a la guerra y a sus consecuencias? La causa de las
desavenencias en el seno del cabildo y con las autoridades realistas tenían un trasfondo
moral y ético. Se había iniciado en la orden del general en jefe de los Reales ejércitos de
confinar a un grupo de mujeres de la elite jujeña acusadas de actuar como espías,
enviándole información a sus esposos, hijos y hermanos que se encontraban en
Tucumán en el Éxodo. Estas mujeres eran doña Patricia Bustamante, doña Dolores
Cuadra y doña Francisca Hereña y sus hijas.
El comandante del ejército entendía que, como espías, debía confinárselas a un
lugar lo suficientemente alejado y custodiado por los realistas, para lo cual se eligió el
paraje de Huacalera. En un principio el cabildo aceptó, con la condición de que fuesen

384
Véase el apartado “Los efectos de la guerra en la demografía”, donde se dan nombres de los
emigrados, algunos de los cuales con el tiempo regresaron a Jujuy, mientras que otros no volvieron más.
385
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo 3, Actas Capitulares que van del 3 de febrero al 23 de julio de 1814.
386
Ibíd. Acta Capitular del 21 de marzo de 1814.
387
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo 2, Acta del 10 de junio de 1814.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

acompañadas por el Regidor Fiel Ejecutor, para evitar vejámenes a esas mujeres. Sin
embargo, Alejandro Torres, Alcalde de Segundo Voto argumentó que dichas personas
“…havían jurado obedecer y guardar en todas sus partes
la sabia Constitn. Nacionl. Española, y que por consig te., no
encontraba acreedora a la pena que an sufrido ya, las
familias expatriadas al lugar de Guacalera […]
unicamente en el recelo q e se presente, en la correspond a
con sus Deudos, ausentes, entre los enemigos…” 388
Independientemente de su actuación como espías, algo que es sumamente
probable, ya que defendían sus propias lealtades, la moral y el orden vigentes entendían
que “…siendo un cavildo el padre de su pueblo debe remediar, sus males, por los
medios que dicta nuestra religión ”389.
Dos años más tarde, Martín Güemes acusaba a Patricio Sánchez de Bustamante
de haberse quedado comerciando con el enemigo y a su hermano Marcelino de haberlo
hecho con su consentimiento, causando perjuicio a las mujeres que habían sido
desterradas390.
Si bien los partidarios realistas contaban con espías que les adelantaban las
acciones de los revolucionarios, ni bien pusieron un pie en territorio jujeño se
encontraron con espías revolucionarios “espiones, poseídos todos de cobardia y
naturalmente apatia”391, que tenían mil maneras diferentes de pasar datos a los
revolucionarios y sobre los cuales sería interesante conocer más y mejor su actuación en la
guerra.

Viejas ceremonias y nuevos símbolos

388
AHPJ, SRR, Caja II, Legajo 2, Acta Capitular del 22 de julio de 1814.
389
Ibíd.
390
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812-1816. Acta Capitular del 11 de febrero de 1816.
391
AGI, Diversos 2ª, 1812, R1, N2, D15.1. Cuartel Principal de Salta, noviembre 17 de 1812.
Correspondencia de Pío Tristán, a José Manuel de Goyeneche.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

Cuatro meses después de la revolución de mayo en Buenos Aires, en Jujuy,


durante las fiestas patronales celebradas los días 5 y 6 de agosto de 1810, como
vimos392, la celebración incluyó el paseo del Real estandarte.
“Porque en los días cinco y seis del próximo mes entrante
se debe celebrar las festividades de nuestro patrono
tutelar, enarbolando el real pendón, y paseándolo por las
calles, en demostración segura de fidelidad y vasallaje a
nuestro amado soberano el señor don Fernando
Séptimo…”393
La revolución se había hecho en salvaguarda de los derechos de Fernando VII,
por lo que a los ojos de los vecinos el paseo del Real pendón no significaba un acto
contrarrevolucionario, sino una continuidad en las festividades que, hasta ese momento,
carecían de un valor políticamente simbólico.

Jura de la Constitución de Cádiz en Jujuy

En España, durante el cautiverio del rey Fernando VII, bajo las ideas de los
grupos liberales de la Península, se reunieron las Cortes en la ciudad de Cádiz –zona no
ocupada por las tropas francesas- en septiembre de 1810; esas mismas cortes,
autoproclamadas como representantes de la Nación Española, invitaron a los pueblos de
América a enviar a sus representantes. En esos momentos la Junta Gubernativa surgida
en Buenos Aires en mayo de 1810, se negó a enviar diputados a las Cortes de Cádiz,
con la argumentación de la desigualdad de representación de las provincias españolas
respecto de las americanas394. Las Cortes reunidas en Cádiz dictaron en 1812, una
Constitución ideológicamente liberal, que fue jurada en todos los territorios de España,
salvo en las regiones americanas dominadas por la Revolución.
En el extremo norte de la Intendencia de Salta del Tucumán, (Salta, Jujuy y el
Alto Perú) que, en esos momentos estaba ocupado por las tropas leales a la monarquía -
procedentes de Perú- la población estante, sí juró la constitución gaditana.

392
Véase “Fiestas Patronales”.
393
AHPJ, SRR, Caja XXXVII, Legajo 1, documento 71.
394
Noemí Goldman, “Crisis del sistema institucional colonial y desconocimiento de las Cortes de Cádiz
en el Río de la Plata”, en Manuel Chust (cord.), 1808. La explosión juntera en el mundo hispano, México,
FCE, 2007, página 227.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

En Jujuy, siguiendo las órdenes del Gobernador Intendente realista, Marqués de


La Plata, el acto de juramento tuvo lugar el mismo día que en Salta y repitió igual
protocolo: se adornaron las calles y se iluminaron durante tres noches, para que todos
los habitantes y estantes concurriesen a oírla leer y prestar su juramento, el que tuvo
lugar durante los días 30 y 31 de enero, siguiendo las prescripciones del Real Decreto
del 18 de marzo de 1812395, que contemplaba el oficio de la Misa en la Iglesia Matriz
con la lectura de la Constitución y su jura por el vecindario
“… la mañana del treinta del mes anterior puesto el
Cuerpo Municipal en la Plaza publica de esta Ciudad en
concurzo de muchas gentes se Publico en alta voz dicha
Constitución Política de la Monarquia Española
Sancionada por las cortes extraordinarias de la Nacion.
Este acto fue solemnisado con repique general de
Campanas; y salva de Artilleria introduciéndose en todo el
vecindario y gentes Comarcanas que concurrieron, el
mayor regosijo, y alegría manifestado en las publicas
aclamaciones y vozes extraordinarias Viva n ta
Constitución: Vivan los Inmortales Savios españoles que la
formaron: viva ntro adorado Fernando, y prospere el
Concejo soberano de Regencia, á que se siguió un regosijo
publico: el dia siguiente Domingo se celebró en la Santa
Iglecia Matriz Misa Solemne de acción de gracias: se leyó
la Constitución antes del Ofertorio: Peroró el Doctor d n
Josef Mariano de la Barcena Cura y Vicario de la Doctrina
de Tumbaia haciendo una exortacion completa al obgeto; y
después de concluida la Misa del Celebrante d or dn Manuel
Jph. de Leaniz Cura Rector, y Vicario foraneo de esta
Ciudad hizo el Juramento bajo la formula prescripta en
dicho Real Decreto, y Resivio al Clero, Ayuntamiento
Vesindario y Corporaciones, con la misma solemnidad,
concluiendose este digno acto con el Té Deum” 396.

395
Véase Viviana Conti y Dionila Baldiviezo, op. cit.
396
AHPJ, SRR, Caja II, Libro Capitular de 1812. Acta Capitular del 1 de febrero de 1813.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

El ceremonial empleado para la publicación y el juramento del texto


constitucional eran propios del Antiguo Régimen, así como la ceremonia litúrgica que
lo acompañaba, donde el Tedeum obraba como un símbolo de la estrecha relación entre
el poder civil y el religioso. La Jura de la Constitución reiteraba en los vecinos que
habían permanecido en el territorio –y por tanto en la fidelidad a la Monarquía- su
condición de súbditos de la Corona, pertenecientes a una corporación y, por tanto
obedientes a la voluntad del Rey y a los principios del Antiguo Régimen ibérico397.
Como veremos, los primeros gobiernos revolucionarios continuaron haciendo
uso de similares ceremonias y simbología para legitimar su autoridad en el territorio
rioplatense.

Los festejos del 25 de mayo en Jujuy

En mayo de 1811, el cabildo de Jujuy, recibió un oficio de la Junta Provincial de


Salta referido a los festejos que se debían realizar los días 24 y 25 de mayo
“…forman la época grande en la hist a de la America se hace
presiso, transmitir esta memoria ala posteridad con una
impresión eterna. En su conseq a á acordado esta J ta qe en
todas las Ciudades y Villas de este gov no se selebren estos
días desde el presente Año sacando el R l Estandte con la
pompa y solemnidad acostumbradas en el del Patrón.. .”398.

En obediencia al oficio, el cabildo de Jujuy mandó publicar un bando con


motivo de la próxima celebración del aniversario de la Junta Gubernativa, invitando a la
conmemoración a todo el vecindario, habitantes y estantes de la ciudad, para la cual
dispuso su iluminación durante dos noches. Nótese que aún estaban vigentes los
protocolos de las ceremonias estatales de la monarquía, representados en el paseo del
Real estandarte.
Estas ceremonias adquirieron otro valor simbólico a partir del año siguiente.
Efectivamente, la conmemoración del 25 de mayo en el año 1812 contó con la presencia
del Ejército Auxiliar (reorganizándose en Jujuy después del desastre de Huaqui) y de su
397
Viviana Conti y Dionila Baldivieso, op. cit.
398
AHPJ, SRR, Caja IV, Libro Capitular de 1800-1812. Acta Capitular del 23 de mayo de 1811. El
subrayado es nuestro.
LAGOS, Marcelo y CONTI, Viviana: Jujuy de la Revolución a
nuestros días. 1810‐1910‐2010. EDIUNJU, 2010

nuevo comandante en jefe, Manuel Belgrano, quien ya había creado un nuevo


estandarte, celeste y blanco -desconocido por el gobierno revolucionario de Buenos
Aires- bajo cuyos colores se identificaba la tropa a su mando, a la que, además, había
puesto bajo la protección de la Virgen de las Mercedes, nombrada patrona y generala de
su ejército.
Joaquín Carrillo, quien en la década de 1870 escribiera una historia de Jujuy,
relataba los sucesos de 1812 y advertía el papel de Belgrano en la formación del nuevo
aparato simbólico revolucionario, en el cual los festejos del 25 de mayo adquirirían una
notable relevancia y de allí en adelante irían indisolublemente unidos al nuevo concepto
de patria. Recordemos que las “fiestas de mayo” en Jujuy habían sido las fiestas
relacionadas al natalicio del Rey Fernando VII que se realizaban con toda la pompa,
solemnidad y protocolo de las principales celebraciones monárquicas399. Según Carrillo,
“En vez del natalicio de los reyes, comenzaba a marcarse en el calendario popular la
festividad nacional del 25 de Mayo, dia de la libertad i de esperanzas. Jujui debía
celebrarlo con pompa i solemnizarlo con una ceremonia memorable, que cumplió con
entusiasmo sin igual en los periodos de sus glorias i sus trabajos […] El
sentimentalismo patriótico de Belgrano tuvo fecundidad en la invención de una
ritualidad patriótica para herir el corazón de los pueblos i retemplarlos en la fatiga,
sublimándolos para el sacrificio en el ardor de las más rudas batallas ”400.
Ese 25 de mayo de 1812, Belgrano hizo formar a la tropa del 6º regimiento en la
Plaza de Jujuy antes del alba, de manera que la primera luz del día mostró al pueblo
reunido en la plaza a la bandera iluminada por los rayos del sol y, como símbolo de la
Revolución, la bandera celeste y blanca fue aclamada por el ejército y la población civil,
para luego ser llevada y escoltada a los balcones del cabildo. El acto fusionó el ritual
revolucionario con el católico a través de la bendición de la bandera por el clero local,
presidido por el vicario del ejército, canónigo Juan Ignacio Gorriti y las palabras de
Belgrano “No olvideis jamas que vuestra obra es Dios, que él os ha concedido esta
bandera i que os manda que la sostengamos ”401.

399
Véase en Primera Parte, “Fiestas y homenajes reales”.
400
Joaquín Carrillo, Jujuy Provincia federal arjentina. Apuntes de su historia civil (con muchos
documentos). Buenos Aires, 1877. Reimpresión, Jujuy, Talleres Gráficos del Boletín e Imprenta del
Estado de la Provincia de Jujuy, 1980, páginas 167 y 168.
401
Ibíd., página 169, citando a Bartolomé Mitre, Historia de Belgrano.

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