0% encontró este documento útil (0 votos)
14 vistas17 páginas

Sanación a través de Constelaciones Familiares

Este documento explora cómo las Constelaciones Familiares pueden ayudar a comprender el origen de las enfermedades físicas y mentales a través de las dinámicas sistémicas transmitidas entre generaciones. El cuerpo refleja las implicancias de la exclusión de padres y ancestros, mientras que la inclusión y reconciliación con el linaje pueden activar las fuerzas de sanación.

Cargado por

Clari Giannasta
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
14 vistas17 páginas

Sanación a través de Constelaciones Familiares

Este documento explora cómo las Constelaciones Familiares pueden ayudar a comprender el origen de las enfermedades físicas y mentales a través de las dinámicas sistémicas transmitidas entre generaciones. El cuerpo refleja las implicancias de la exclusión de padres y ancestros, mientras que la inclusión y reconciliación con el linaje pueden activar las fuerzas de sanación.

Cargado por

Clari Giannasta
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

CONSTELACIONES FAMILIARES Y

ENFERMEDADES FÍSICAS Y PSÍQUICAS.

“La enfermedad es un movimiento del espíritu para sanar la


consciencia familiar llevando al individuo a la reconciliación
con los excluidos de su clan.”

Bert Hellinger

Bert Hellinger nos ha entregado nuevas comprensiones sobre salud, síntomas y


enfermedades. Ha revelado las dinámicas sistémicas y profundas de los síntomas y
enfermedades.
El cuerpo cuenta acerca de las lealtades e implicancias que no se pudieron ordenar, que se inició
en el plano del alma y terminaron tomando cuerpo en y así el cuerpo nos cuenta de que se trata.
El origen de la enfermedad está en una dimensión de la conciencia y lo que se manifiesta en el
cuerpo es la consecuencia.
Desde el abordaje sistémico, podemos abordar a la enfermedad como la oportunidad de
mirar aquello que está pendiente de reconocer, de incluir y de ordenar. Y nos posibilita
preguntarnos en qué lugar el amor dejo de fluir y la enfermedad, por ende, nos indica y nos
señala, de que se trata aquello que resta incluir. Siempre un síntoma o una enfermedad va a
mirar aquel o aquello que está excluido, quien espera por un reconocimiento, una gratitud, una
honra y su inclusión.
El desprecio, el rechazo y la negación a la vida- como consecuencia de despreciar,
rechazar y/ o excluir a los padres-traen como consecuencia aquello que como implicancias
resultan, y una de las formas que puede adoptar por amor ciego, son los síntomas o
enfermedades. Y como sabemos, estar implicados no resuelve, solo son un intento “fallido” de
solución, intentando reconciliar aquello que solo desde lo consciente podemos alcanzar.
Cada vez que ellas se manifiestan nos proponen andar un camino hacia la sanación desde el
respeto a los Órdenes del Amor y en sintonía con el Amor del espíritu. Y es una decisión
consciente y adulta que nos exige renunciar a nuestra infancia. Solo desde la mala conciencia
podemos recorrer un camino hacia la sanación. El movimiento hacia la sanación, comienza con
estar en sintonía con los padres y, por ende, con la vida.
La enfermedad mira lo que nosotros no miramos, la enfermedad refleja lo que resta aun
reconciliar, por eso es una puerta de entrada a la salud.
Lo que enferma es la exclusión, lo que cura y lo que sana es la inclusión, con todo lo que este
proceso exige.
1
Los síntomas o enfermedades físicas, resultan a partir de los desórdenes mantenidos con
la madre. El cuerpo físico se desarrolla y crece en su vientre. Tal como tratamos a la madre, así
la salud nos trata, tal como nos relacionamos con la madre, así la salud se relaciona con
nosotros. Por ende, la exclusión de la madre, está en la base de las enfermedades.
En cambio, la salud mental, da cuenta de cómo es la relación con el padre, de cuan tomamos el
lugar de hijos ante él y del amor que hemos sido capaces de tomar o no. El padre es la ley, es
quien la imprime en la vida de un hijo, por ende, nos posibilita contar con los recursos, con las
facultades y las capacidades necesarias para afrontar los conflictos y las vicisitudes del diario
vivir; crecer y evolucionar y así poder desarrollarnos y estar aptos para la sociabilización y estar
adultamente en el mundo: es decir, mantener relaciones nutritivas con los otros y contar con un
registro saludable de la realidad.
Las enfermedades graves físicas o psiquiátricas, dan cuenta de tres generaciones
consecutivas. En el primer caso madres excluidas, en el segundo caso, padres excluidos.
Si las lealtades son más grandes que el deseo de sanar, la persona enferma; si las lealtades
tienen más fuerza que el anhelo de vivir, la persona parte.

Cada vez que excluimos, que rechazamos, que juzgamos – es decir, cada vez que no
incluimos y ordenamos-estamos propiciando que las implicancias consecuentes como la
enfermedad, se aparte de la herencia que legamos a la descendencia. En este sentido, los
síntomas y las enfermedades son una metáfora de lo que excluyo, ya que es el mismo
tratamiento que tenemos con ellos.
Por el contrario, cuando asentimos a la enfermedad, la incluimos- y de esta manera, se incluye al
excluido a quien la enfermedad mira en nuestro lugar, las fuerzas de sanación pueden comenzar
a ser parte y la enfermedad cobrar otras posibilidades y transformaciones, mostrándonos el
camino de regreso a la vida.

Una verdadera curación, como resultado de un movimiento del espíritu, es resultado de


una sanación. Y la sanación es resultado de un movimiento de reconciliación con los padres y
con el linaje que viene junto a ellos, y con la vida.
Las Constelaciones sacan a la luz y evidencian como la mirada hacia nuestra madre y nuestro
padre, determinan nuestro estado de salud. La exclusión de algunos de nuestros padres, es el
común denominador de lo que subyace a estas implicancias, que como síntomas o enfermedades
se manifiestan.
Heredamos la capacidad de resiliencia de nuestros ancestros, al incluirlos a todos tal como
fueron y como son junto a sus destinos, esa fuerza que deviene de su amor, nos disponemos a

2
ser alcanzados por las fuerzas de sanación al servicio de la vida, tanto para la propia como para
la descendencia.
Está al servicio de la vida y el amor. El Amor del espíritu ama a todos por igual, sin diferenciar
entre buenos y malos; entre víctimas y perpetradores. A todos los mira con el mismo amor. Y a
partir de estos movimientos de reconciliación, la fuerza de la Vida que viene desde lejos, a través
de cada uno, continua y siempre al servicio de ella.

“La sanación se realiza a través del amor, amor espiritual, amor


volcado hacia todos con la misma intensidad. Sólo se trata de buscar donde el
amor espiritual tiene algo que realizar, donde está el desorden”

Bert Hellinger

1
Nuestro cuerpo, nuestra historia
Nacimos, crecimos y aun vivimos en una cultura de oposiciones. No sólo para concebir al
mundo, sino también para mirarnos a nosotros mismos: creemos que lo intelectual tiene
predominancia sobre lo corporal, que las emociones atentan contra la razón, que la fe y la
ciencia sólo pueden contradecirse.
Sin embargo, a fuerza de sus dificultades evidentes para hacernos felices, ese paradigma
empieza a resquebrajarse y son cada vez más las personas que buscan -desde la investigación y
la teoría, pero también desde el autoconocimiento, la introspección y las disciplinas alternativas-
un camino hacia la unidad y la armonía en sus vidas: porque somos un cuerpo y una mente,
somos seres racionales y emocionales a la vez, y así como tenemos una herencia genética que
determina nuestros rasgos físicos y nuestras enfermedades, también tenemos una historia, una
herencia invisible que existe en nosotros.
El cuerpo es el lugar en el que vive nuestra historia: es el resultado de todas las
experiencias, emociones, traumas y dolores atravesados a lo largo de nuestra vida desde que
nacimos –los que recordamos y los que no-, pero también nos habita la historia que nuestros
ancestros han vivido a lo largo de las generaciones: llevamos en nosotros el rastro de ese
recorrido y, aunque no lo sepamos, todo aquello nos acompaña, nos condiciona, nos determina
en silencio, en nuestro interior. Y nuestro cuerpo va a denunciar cómo ha sido y cómo es nuestra
vida, cómo la vivimos, lo que hemos hecho con ella y lo que no hemos podido hacer; como así
también parte de sus memorias. Esta información está en él y sale a la superficie de las maneras
más impensadas.
Por eso, debemos aprender a conocer y, sobre todo, a escucharlo. Porque el cuerpo habla.

1 Sanar En El Alma, Curar En El Cuerpo - Sara Levita, de Levita. Ediciones B. Pág. 25.
3
O, mejor dicho, nosotros somos hablados por él. Y en esa expresión, que se manifiesta a través
de síntomas múltiples y hasta de enfermedades, lo que sale a luz es aquello con lo que cargamos;
muchas veces sin saberlo.
La enfermedad trae un mensaje. Y el camino a la sanación sólo puede transitarse a través
del trabajo interior: intentar descifrar qué es aquello que ella viene a decirnos, de qué se trata
eso que necesita ser escuchado.
Es común que en un principio uno reaccione rechazándola, pero es posible llegar a saber
de ella a través de la voluntad, la intención, el hacer contacto, el darse cuenta. Es decir, a través
del trabajo consciente.
Hay muchos canales a partir de los cuales se puede ir revelando esa información,
primordial para iniciar un camino de sanación. Hay terapias, disciplinas físicas, lecturas y
mecanismos que nos conectan con nuestro cuerpo y nos ayudan en esa búsqueda.
Las Constelaciones Familiares son una de esas herramientas de cambio. No se trata de
algo mágico, sino de un método para iniciar un cambio de visión sobre nosotros mismos y sobre
nuestra vida. En mi opinión y experiencia, una de las más ricas para llegar a ese lugar en el que
somos Uno y en el que nos expresamos más allá de lo que nuestros sentidos ordinarios pueden
ver y escuchar: el plano del alma. Porque allí, con la gracia del espíritu, todo es posible. Todo se
puede alcanzar.

Enfermedad: una nueva mirada2


Una vez que se sabe que detrás de un síntoma o de una enfermedad hay toda una
información transgeneracional que está siendo dicha –gritada- a través de esas señales; una vez
que se sabe que todo lo que es en el cuerpo se relaciona con la historia, el destino, las
experiencias vividas por el sistema y las exclusiones o faltas de ese sistema; una vez que se sabe
todo eso, la manera en la que alguien se para, se planta, enfrenta, atraviesa y vive la aparición de
un síntoma y el proceso de una enfermedad es completamente diferente: podemos empezar a
verlos como una oportunidad para ser protagonistas y responsables de lo que la vida nos trae;
una oportunidad para despertar, comprender y sanar en ese lugar donde sólo el alma sabe.
Porque frente a la enfermedad se pueden tomar dos caminos: buscar la remisión
inmediata –o lo más rápida que se pueda-, sin intentar indagar ni preguntarse por el origen de
ella; o, además, intentar comprender el mensaje que nos trae e iniciar un trabajo de
autoconocimiento y de búsqueda para encontrar el sentido transformador de lo que nos está
pasando. En el primer caso, se busca la curación; en el segundo, la sanación.
Entender a la enfermedad como una oportunidad que la vida nos da para aprender y

2 Sanar En El Alma, Curar En El Cuerpo - Sara Levita, de Levita, Ediciones B. Pág. 57.

4
evolucionar hacia el crecimiento espiritual ya es dar un salto cualitativo. Si bien hay personas
que dejan pasar esa posibilidad de mirar un poco más allá, en estos años de experiencia he
comprobado que mucha gente genuinamente y sin ninguna información toma ese momento
como el inicio de una búsqueda de respuestas. Y esto pasa porque esa información –ese saber
del alma- de la que hablamos y con la que trabajamos en las CF, está en todos nosotros. De lo
que se trata es de escucharla, de mirarla, de aceptarla y de asentir a ella. Y los síntomas y las
enfermedades se instalan para que nos asomemos a esa ventana. Así que los invito a correr el
velo y a adentrarse en todo ese otro mundo donde la sanación se da cuando se es capaz de
reconectar y reconciliar lo que el alma necesita para que el amor vuelva a fluir en la forma de
salud y bienestar. Y en esa comunión con la verdad, que cada síntoma viene a contar,
recuperamos la posibilidad de sanar. Porque cuando uno comprende el mensaje de la
enfermedad y lo toma, ya no tiene sentido de existir. De lo contrario, aquello que no se aprende,
inevitablemente se repite.
Las CF permiten hacer contacto con lo profundo del alma –el alma personal y familiar-
para llegar al origen y comprender lo que nos está pasando en el cuerpo. Muestran de qué se
tratan las implicancias que generan la enfermedad; porque siempre va a mirar a alguien que está
excluido o rechazado, y cuando se evidencia se recupera la posibilidad de mirar y hacerle un
lugar en el alma y en el corazón aquello que hasta ahora miro la enfermedad en nuestro lugar. Y
de esta manera, se debilita y pierde fuerza.
Las CF invitan a asomarnos a estos umbrales para poder hacer contacto con las imágenes
sanadoras que en el campo se despliegan, y así al verlo con los propios ojos se pueda volver a
recuperar el orden y comenzar el recorrido hacia la sanación. Porque cuando el alma habla
queda en evidencia lo que es. Y ya no es necesario que el cuerpo lo diga en su lugar.
De lo que se trata entonces es de trascender esa muralla para empezar a vivir en
conexión con esta dimensión fundamentalísima de nuestra existencia.
Ese otro lugar con el que trabajan las CF, de donde viene la información, no tiene que ver
con el concepto de inconsciente de Freud, sino con algo más grande. Yo diría superador. Porque
no se trata de lo reprimido -es decir, de algo vivido y olvidado por dolor, que puede ser
recuperado a través de una asociación, de un recuerdo, o de un sueño-, sino de algo que
pertenece a otro plano y que trasciende lo consciente y lo vivido por una persona, porque es la
información de todo un sistema. Por eso muchas veces uso la palabra “recordar” porque el alma
lo sabe y sólo se recuerda: porque se trata de algo que habita en cada uno, esperando por
nosotros, como un tesoro a descubrir, a recuperar.

5
El “amor al vínculo” y la “conciencia familiar”3
¿Por qué somos capaces de sacrificarnos, enfermarnos y aún morir en lugar de alguno
de los ancestros?
En el plano del alma, como ya mencioné una de las necesidades básicas que tiene el
alma, es la pertenencia, es decir, garantizarse pertenecer al sistema del cual proviene. En
nombre de esto, muchas veces los descendientes son capaces de sacrificarse, enfermarse y aún
morir en lugar de alguno de los ancestros, para devolverles el reconocimiento y pertenencia que
no tuvieron oportunamente. Porque el amor al vínculo es esencial en todos los seres humanos:
el vínculo con aquellos que nos dieron la vida, con los que llegaron antes que ellos, con quienes
tuvieron que existir para que nosotros vivamos –pero también con otros que forman parte del
sistema-, es un lazo invisible pero muy estrecho y por amor a él somos capaces de hacer grandes
sacrificios. Cuando alguna de esas personas es excluida del amor del sistema, alguien tomará su
lugar. Porque el alma familiar no tolera que le falta una de sus partes y vela siempre por su
inclusión.
Hay dos conceptos fundamentales de Hellinger para comprender cómo funciona esta
garantía de inclusión: buena y mala conciencia. Cuando hablamos de conciencia aquí no es en
los términos freudianos, sino en el plano del alma. La buena conciencia varía según las reglas y
valores de cada familia, porque lo que es virtuoso para unas puede ser culposo para otras. Cada
sistema tiene sus propios principios que deben ser respetados para garantizarse el derecho de
pertenecer a él. La mala conciencia aparece cuando esas reglas y valores son desobedecidos: esa
transgresión nos lleva a perder la seguridad, genera sentimientos de culpa que, de manera
instintiva, conducen a realizar alguna acción para recuperar el equilibrio perdido.
Se trata de un instinto de pertenencia y es tan primitivo como la humanidad misma.
Otorga fuerza y seguridad por ser parte del grupo. A partir de la buena conciencia, decidimos
quién pertenece y quién no, según cumpla con los preceptos familiares o atente contra ellos. Y
estamos avalados y respaldados. Y este movimiento atenta contra uno de los Órdenes del Amor
primordiales que es el de la pertenencia: donde todos tienen el mismo derecho de ser
reconocidos y tener su lugar. Por consiguiente, la buena conciencia es el origen de la
enfermedad que otorga el derecho de decir quién es parte y quien no, quien es bueno y quien es
malo; y ahí enfermamos: lo que enferma es la exclusión, lo que sana y cura es la inclusión.
El problema es que, como mencioné, no es posible llevar a cabo la exclusión sin
consecuencias, porque siempre, sin excepción, todas las partes tienen derecho a pertenecer. Por
lo tanto, hasta que no se reconoce y se incluye a quien fue sacado, rechazado, negado u olvidado,
el desorden va a permanecer. Entonces, un posgénito que nada tuvo que ver con esa exclusión -

3 Sanar En El Alma, Curar En El Cuerpo - Sara Levita, de Levita. Ediciones B. Pág. 77.

6
no sólo que no fue quien lo decidió sino que ni siquiera tuvo algo que ver con lo que causó esa
exclusión- puede hacerse cargo de las consecuencias de ese destino.
Para profundizar aún un poco más, Hellinger dice: “Estar implicados no exime de
responsabilidad”. Tener esta conciencia cambia la forma de mirar el concepto de salud y
enfermedad. Permite cierta libertad, pero a cambio se pierde la inocencia y exige una acción de
nuestra parte.

7
“La enfermedad no suele ser personal sino familiar. No pertenece a un cuerpo,
sino que es la enfermedad de un campo espiritual. La enfermedad es espiritual”
Bert Hellinger

STEPHAN HAUSNER: CURACIÓN EN SINTONÍA4

Pregunta: Stephan, para comenzar nuestra conversación, quisiera saber cuáles


habían sido tus deseos profesionales originales, y cómo se fueron realizando.

Stephan Hausner: Originalmente había querido estudiar biología, para trabajar en el ámbito
de la protección del medio ambiente. Pero finalmente mi interés fue mayor por los seres
humanos y la sociedad que por la naturaleza y el medio ambiente. Por eso opté por una
profesión médica. Durante una capacitación para el cuidado de enfermos decidí estudiar
medicina. Pero como ya me había dedicado al tema medioambiental, descarté la carrera
universitaria de medicina. De este modo, mi camino me llevó a la medicina tradicional china. A
través de la medicina natural me encontré finalmente con la homeopatía. De ella me fascinaron
tanto el principio de la similitud como el fenómeno secundario. Esto es, que sólo se requiere del
estímulo correcto, es decir del principio espiritual correcto, para que, en segundos, el cuerpo
esté en condiciones de reorganizarse y lograr que incluso síntomas potentes desaparezcan. Lo
que me resultó difícil de la homeopatía era encontrar el remedio a través de la repertorización, y
me molestaba la dependencia de los medicamentos. Con mi suegro aprendí la búsqueda de
medicamentos y detección de zonas corporales alteradas a través de la radioestesia. De este
modo, la curación se transformó en un fenómeno de resonancia y de campo. Mi ideal se
convirtió crecientemente en la posibilidad de que el mismo médico se pudiera convertir en un
medicamento, en el sentido homeopático, y que su presencia pudiera generar modificaciones en
el paciente. El terapeuta como catalizador de movimientos sanadores en el paciente. Él mismo
no cura, sino que genera las condiciones para la autocuración. Cuando experimenté por primera
vez a Bert Hellinger en 1993 en su trabajo con enfermos, sentí que había encontrado lo que
buscaba: percibí a Bert como alguien que sin medicamentos y sólo a través de la comprensión,
de su ser y de su hacer- podía poner en movimiento un proceso curativo en el paciente. Pero no
sólo eso. También otros participantes del grupo mostraban movimientos sanadores. El efecto de

4Institut für Systemisch-Phänomenologische Lösungen • Praxis für Systemische Medizin Stephan und
Birgit Hausner • Heilpraktiker • Unterberg 1 • 83313 Siegsdorf – Riedl.

8
sus intervenciones iba más allá del propio paciente. En la medicina tradicional china yo había
aprendido que la salud y el orden van juntos.

Pregunta: ¿De modo que el seminario con Bert Hellinger fue como una “ignición
inicial”?

Stephan Hausner: Si, y fue también la ampliación de todo lo que había sido hasta ese
momento mi carre- ra integral. Inmediatamente me quedó claro que la medicina integral debe
incluir al sistema familiar.

Pregunta: Stephan, a continuación, visitaste muchos talleres de Bert Hellinger.


¿Qué fue lo que te movilizó especialmente?

Stephan Hausner: Fueron dos cosas. En primer lugar, la pregunta acerca de qué es lo
curativo en este método, qué se requiere y cómo hace Bert Hellinger para reunir tanta
información en tan poco tiempo, es decir, su percepción.
Yo conocía el provocativo concepto acuñado por Rajan Sankaran, un homeópata hindú,
que es famoso por su hallazgo rápido del remedio: “cada pregunta del homeópata es una señal
de su propia inseguridad”. También BH parecía poder comprender a partir del contacto no
verbal la dinámica esencial que mueve a los pacientes desde los primeros instantes. Vivencia la
constelación como la confirmación de lo que ya intuía. Esto constituyó para mí una experiencia
muy interesante.

Pregunta: Podrías decir algo más sobre la primera cuestión: “qué es lo sanador en
las constelaciones”?

Stephan Hausner: Mi objetivo principal en el trabajo de constelaciones fue y es el trabajo con


los enfermos. Hubo más de 200 talleres para enfermos (físicamente enfermos).
Como terapeuta, mi pregunta era ¿qué es lo que aportó a la curación en aquellos casos en
los que ocurrieron procesos sanadores a través de constelaciones? A lo largo de los años me he
reencontrado con muchos de mis pacientes, y a través de mis experiencias he llegado a la
sospecha de que la fuerza motriz para la enfermedad y tal vez también para las implicancias -
siempre que haya responsabilidad personal en ella- proviene del amor primario de los niños
hacia sus padres, de su necesidad y de su añoranza de cercanía. Al menos es esta añoranza de
cercanía a los padres y a la familia la que permite al paciente sostenerse en su implicancia y en
sus síntomas. En el trabajo con enfermos, me parece que es este uno de los aspectos esenciales.

9
Esto ha modificado mi trabajo con constelaciones. En las constelaciones, frecuentemente ya no
vuelvo al origen de la implicancia o del problema, sino que interrumpo la constelación cuando sé
cuál es el anhelo, cuál es el beneficio de la enfermedad, mejor dicho, la ilusión de una ganancia
mediante la enfermedad. Entonces trabajo de un modo condensado, confrontando a los clientes
directamente con la persona hacia la cual está orientada la añoranza, y miro lo que ocurre
concretamente en este contexto vincular, que en la mayoría de los casos son el padre o la madre.
Mi amigo Dale Schusterman dijo una vez… “vos usas a la persona para cambiar al sistema, no al
sistema para cambiar a la persona” …, y eso es así. En primer lugar, me interesa el individuo y el
marco de sus posibilidades como parte del sistema. De este modo, intento movilizar la
autorresponsabilidad del paciente, de ponerlo en contacto con la postura básica que lo implica, y
aquella que soluciona y cura.

Pregunta: Stephan, en la mayoría de los casos este tipo de comprensiones ocurren


a partir de vivencias clave. ¿Podrías contarnos alguna?

Stephan Hausner: En un curso en Washington DC, en 2004, me quedó clara esta dinámica.
El paciente era médico. Había sido operado varias veces por un cáncer óseo progresivo en la
pierna derecha y usaba una prótesis indisimulable. Se le habían agregado metástasis de hígado y
de pulmón. Vino al grupo con su esposa y sus dos hijos. Estaba llevando adelante un plan de
irradiación e iba a participar del grupo tan sólo por un día. Le pedí que eligiera representantes
para él, para su padre y para su madre. Los ubicó en relación entre sí, y agregamos otro
representante para su enfermedad. Los movimientos mostraron una relación entre la
enfermedad y la madre. A mi pregunta acerca de esto, surgió que tiene y siempre tuvo una muy
buena relación con su madre. No había evidencias de implicancias, de modo que interrumpí la
constelación por falta de información. Él se enojó por esta interrupción, y resaltó que había
viajado desde lejos con su familia, y estaba ahora muy desilusionado. Le aseguré que iba a
continuar el trabajo al día siguiente, cuando lo vivido hubiera abierto nuevos aspectos.
Respondió que debía viajar de regreso esa misma noche, para cumplir con una cita importante
para su tratamiento. Le repetí que él tenía todas las posibilidades al día siguiente, y que era su
decisión. Al día siguiente el paciente estaba presente. Su familia había aprovechado el vuelo de
regreso, lo cual evidentemente lo había relajado y se lo notaba más centrado y sereno.
Nuevamente me decidí por una constelación de su familia de origen. La imagen resultante fue
parecida a la del día anterior: movimientos erráticos de los representantes, un secreto en torno a
la madre y poco potencial para la solución. De modo que volví a pedirle que contara acerca de su
relación con su madre. El día anterior había dicho que tenía una buena relación con la madre, y
surgió ahora que ella no sabía nada de su enfermedad. Esa era la clave. Le pregunté cómo hacía

10
para ocultarle su enfermedad, y dijo que desde su primera operación había evitado ver a su
madre personalmente, pero hablaban por teléfono diariamente, y conversaban, sobre todo, salvo
sobre su enfermedad. Por eso le pedí a la representante de la madre que se ubicara frente a él, y
le hice decir al paciente: “Querida mamá, mirá, estoy muy enfermo”. La representante de la
madre se mareó inmediatamente, tambaleó, y tuvo dificultades para sostenerse en pie. Escuché
en el alma de ella la frase “mi querido hijo, por más que vos mueras, no vas a recibir más de mi”.
Esta frase lo demolió. Daba la sensación de que en su cuerpo se había derrumbado un castillo de
naipes. Se podía percibir cómo su cuerpo debía reorganizarse nuevamente luego de esta
intervención. La representante de la madre se sintió bien y llena de fuerza con esta frase. Yo dije
un par de cosas más sobre el tomar la vida a través de los padres, y que ellos sólo la pueden dar
del modo en que lo han hecho.
La intervención esencial fue esta única frase de la madre al hijo. Medio año después él
me escribió que estaba libre de cáncer. De repente las medidas terapéuticas habían logrado
resultados positivos. En 2006 me encontré con Susan Ulfelder, la organizadora de aquel taller.
Ella informó que el paciente estaba sano y que había abandonado la profesión médica.

Pregunta: Tu capacidad me conmueve mucho, el modo en que pudiste comprender


la añoranza profunda del cliente, y cómo descubriste la verdad sanadora a
través de esta frase no convencional, que ninguna madre occidental podría
expresar espontáneamente. Quedémonos un poco más con el fenómeno sanador y
con la pregunta acerca de qué es lo que ayuda en el trabajo con constelaciones.

Stephan Hausner: Estoy convencido de que cada curación es una autocuración. Como
terapeuta me pregunto ¿qué puedo hacer por el paciente? Pues bien, tal vez pueda lograr crear
un marco y un campo en el que se puedan desplegar las fuerzas de la autocuración. De este
modo, el terapeuta es comparable a un jardinero que se esfuerza por crear buenas condiciones
para el crecimiento de las plantas. En el proceso de las constelaciones aparece frecuentemente el
hecho de que el enfermo es presa de una añoranza infantil. De modo que, para poder curarse, se
requiere que abandone ese pedazo de infancia y pueda crecer, ingresando a la autonomía del
adulto. Eso es posible si se está en consonancia con los padres. Cuando observo a otros colegas
en el trabajo con constelaciones, reconozco en mis dos direcciones que seguramente no se
pueden ni se deben separar entre sí. Uno de los modos de trabajar lo vivencio más bien como
orientado al sistema o a la constelación y el otro modo más orientado al cliente, en el sentido de
preguntarme por el impacto que tiene en el cliente aquello que se muestra en la constelación. En
tal sentido, la pregunta es ¿puede tomar el cliente aquello que experimenta en la constelación, o
sea, puede acompañar el movimiento que se muestra?

11
Pregunta: ¿Cómo lo reconoces?

Stephan Hausner: El indicador para mí es el ritmo craneosacro. Durante las constelaciones


me pongo en contacto perceptivo con el cuerpo del cliente, su enfermedad o su sintomatología.
Mis intervenciones son el resultado de lo que se muestra en la constelación y del contacto con el
cliente, a través de la pregunta: ¿su cuerpo está en resonancia con lo que se muestra en la
constelación, y le es posible integrar lo experimentado? El ritmo craneosacro se aquieta cuando
el terapeuta toca traumas previos, o bien cuando el trabajo terapéutico sobre exige al cliente. De
este modo, reconozco cuánto tiempo le llevará al cliente integrar intervenciones. El cambio, la
comprensión y la curación presuponen movilidad. En el trabajo de constelación con enfermos
me experimento a mí mismo en el encargo de poner en marcha lo sanador en consonancia con
algo más grande. De este modo, han pasado a primer plano la orientación al cliente y la atención
prestada al cuerpo.

Pregunta: Mi pregunta ahora es, ¿cómo lográs que los pacientes asuman su
responsabilidad personal, por más que no vean cómo modificar su conducta?

Stephan Hausner: En la constelación, el paciente reconoce dónde está atado, y dónde


presenta posibilidades de desatar esas ataduras. Acá no se trata de cambiar conductas, sino de
cambiar posturas fundamentales, en las que se trata de crecer. Tal vez, a partir de ese
crecimiento pueda entonces cambiar sus comportamientos.
Al comenzar a trabajar con un grupo de constelación, explico que en gran medida es el
concepto que tiene el paciente acerca de la vida el que lo ha llevado al punto en que se
encuentra. Explico mediante un ejemplo lo que llamo “ecología de la enfermedad”: cuando nos
colocan un yeso que nos mantiene en cama luego de una fractura de pierna, sabemos que al poco
tiempo no podremos caminar más; es decir que nuestro cuerpo sólo invierte en estructuras que
son necesarias.

Pregunta: ¿Por qué un cuerpo puede mantener una enfermedad a veces a lo largo
de toda la vida?

Stephan Hausner Esto es explicable cuando la enfermedad tiene un sentido más profundo, o
cuando el cliente se beneficia inconscientemente con la enfermedad. Este cuadro de enfermedad
toca la responsabilidad propia por la situación actual. Este asentir a la situación vital actual es
para mí la premisa para un trabajo de constelaciones, y también es el primer paso en dirección a
una solución. La experiencia muestra, que cuando alguien no puede decir “si” a su situación de

12
vida, a su vida tal cual la ha recibido de sus padres, entonces tampoco puede decir “si” a aquello
que se muestra en una constelación. En esta situación, trabajo en primer lugar sobre ese “si”.

Pregunta: ¿Cómo procedes en ese caso?

Stephan Hausner: A veces hago un ejercicio con el paciente: le coloco, uno tras otro,
representantes delante. Primero a su padre, luego a la izquierda de éste a su madre,
suficientemente cerca como para que el paciente no pueda salir del campo visual de sus padres.
Detrás de sus padres, ubico –si es necesario- a los abuelos, y también a los bisabuelos. Uno
siente cuando la configuración está completa. Entonces espero. Cuando el paciente mira a sus
ancestros a los ojos, tiene que reconocer que no puede sostener su “no”, que no tiene elección en
relación a su origen. En la mayoría de los casos, esta confrontación genera un asentimiento y un
movimiento hacia ellos. Sólo quien está en consonancia con su pasado tiene futuro. Quien está
resentido con su pasado, está atado, y por lo tanto no está libre para el futuro. La fuerza para la
solución y la curación viene de la consonancia. Por lo tanto, mi anamnesis es determinada por la
pregunta: ¿cuál es el tema con el cual el paciente no está en consonancia? Esto puede referirse a
su vida personal en el sentido de un trauma, un movimiento interrumpido, pero también puede
ir más allá de la vida personal. En constelaciones con enfermos queda claro que la mirada sobre
la vida personal no es suficiente. Para una vida plena en salud es necesario estar en consonancia
con nuestros padres, con la historia de nuestra familia, y con la historia del mundo tal cual es.
Lo contrario de consonancia es exigencia, reproche y juicio. En ellos nos estrechamos e
inmovilizamos. Su finalización la vivimos como sanadora y pacificadora del alma y del cuerpo.
En constelaciones descubrimos a la enfermedad en su condición de fuerza reguladora al servicio
del individuo, de la familia y de sistemas mayores. Muchas veces no alcanza con trabajar en el
sistema familiar, entonces el trabajo debe ir más allá.

Pregunta: ¿Tendrías algún ejemplo de cuándo se va más allá del sistema familiar,
tal vez por los efectos de una guerra en las familias?

Stephan Hausner: Una vez vino una mujer a un taller. Su demanda se refería a sus hijos. Los
tres tenían neurodermitis graves. La pregunta por los eventos familiares no llevó a ninguna de
las dinámicas clásicas de la neurodermitis. Tampoco lo hizo mi pregunta acerca de si alguien
había fallecido por fuego. Un vecino de su pueblo estaba presente en ese grupo. Él se sintió muy
movilizado por esa pregunta, y preguntó si se le permitía informar algo. Contó que tocaba en la
banda de vientos junto con el padre de la cliente, y cada vez que debían interpretar determinada
marcha, el padre lloraba. Le pregunté por el tema de la marcha, y dijo que trataba de camaradas

13
perdidos. La mujer confirmó que el padre había estado en la guerra, pero que nunca hablaba del
tema. Constelamos el sistema familiar actual. Los representantes de las hijas sintieron prurito
en la piel. Agregué al abuelo, y también a representantes de sus camaradas de guerra. Las hijas
se sentían atraídas por su abuelo y los camaradas de éste. En ese momento les desapareció el
prurito. Cuando la cliente vio esto, lloró y se inclinó ante su padre. Unos dos meses después me
llamó e informó que su padre cada vez se sentía peor, después de la constelación realizada. Dijo
que una tarde en que la familia estaba reunida, había comenzado a llorar y a contar: en Rusia
había quedado cercado en un pueblo durante la retirada. Sólo él pudo huir de ese lugar. Sus
camaradas quedaron allí, y tuvo que ver cómo el pueblo se consumía en llamas.

Pregunta: Stephan, quisiera volver a la pregunta sobre clientes con enfermedades


crónicas, y tal vez sobre aquellos incurables. ¿Se podría decir que un enfermo
está haciendo algo por su familia? ¿Y que la familia se descarga a través de ese
enfermo y así puede seguir existiendo? ¿O cómo lo ves?

Stephan Hausner: Está bien claro que la enfermedad y la sintomatología no pueden ser
reducidos a un fenómeno personal del enfermo, sino que deben ser vistos en un contexto mayor,
por ejemplo, el de la familia. Decir que el enfermo hace algo por su familia parece demasiado
osado. Más bien se trata del niño en nosotros que siente nostalgia por la cercanía, la pertenencia
y la inocencia, que mueven a los niños a dar todo y a llevar todo por sus padres para estar
seguros de pertenecer. En un taller en Barcelona, había una paciente con disfonía crónica y
pérdida de la voz. Ella misma era terapeuta, y su problema de salud constituía una limitación
desagradable. Colocamos a una representante para ella y otra para sus síntomas. Ambas
representantes sintieron poca afinidad una por la otra. Cuando la paciente agregó
representantes para sus padres, la paciente y su síntoma se sonrieron mutuamente y se
abrazaron con fuerza. La representante de la madre se apartó y no quería relacionarse con
nadie. El representante del padre miró a la hija. Su mirada mostraba una dinámica erótica-
incestuosa. Cuando le hablé a la paciente acerca de esto, ella contó que había sido abusada por
un vecino cuando era joven. Nunca se había animado a contárselo a sus padres.
Acá estaba entonces la relación con su sintomatología. Mi observación es que la violación
muchas veces es un incesto desplazado. De este modo, se halla la dinámica correspondiente en
la familia de origen. Si la hija cuenta lo sucedido, la dinámica sale a la luz y debería reconocer
que su madre está atada a su propia familia de origen y por lo tanto no está disponible. Es más
fácil no hablar que exponerse a ese dolor. Le pedí a la representante de la madre que se ubicara
frente a la paciente, y le propuse a la paciente decirle lo siguiente: “Querida mamá, lo llevé con
gusto por vos, pero ahora pasó”. La representante de la madre dijo “Es mío y yo lo tomo”. La

14
paciente lloró, y ambas se abrazaron entrañablemente. Medio año después me reencontré con la
paciente, y me contó que a partir de esa constelación no había tenido más síntomas y que la
relación con su madre había mejorado. Yo también experimenté una y otra vez que cuando un
hermano logra liberarse de una implicancia, a veces otro niño de la familia se complica o incluso
asume sus síntomas. Esto ocurre sobre todo en aquellos casos, en que los padres –por el motivo
que sea- no pueden afrontar el tema enfocado. Inconscientemente, las familias mantienen el
equilibrio a través de la enfermedad.

Pregunta: Quisiera hacer una pregunta que mueve a muchas personas. ¿Hay
evidencias, en tu experiencia, de que implicancias familiares conduzcan a
determinados síntomas o enfermedades? Seguramente que no podremos obtener
de vos catálogos, pero tal vez haya algún indicio.

Stephan Hausner: Yo en esto soy muy cuidadoso, porque puede ser peligroso aplicar los
indicios como recetas. Los cambios requieren movilidad, y esto también es válido para el
terapeuta. Debemos evitar que el conjunto de experiencias recopiladas se convierta en teoría,
caso contrario lo curativo en estas experiencias y en nosotros se pierde, porque la experiencia
actúa curativamente a través del ser del terapeuta, y no de su saber.
Ya durante la práctica de la medicina natural me conmovió la teoría de las signaturas. Se
observaba a las enfermedades y a los remedios, y a partir de la forma de aparición de la
enfermedad, se podía concluir en cómo son sus conexiones internas.
También en las constelaciones se evidencia cierta relación entre el síntoma y el tema
excluido. La semana pasada fui invitado a un congreso en Madrid, cuyo tema era “Cáncer en la
medicina alter- nativa”. Allí trabajé con una mujer que sufría cáncer de ovario. Estaba casada en
segundas nupcias, a su primer marido lo había perdido por suicidio. Ella aparecía como
insensible y llena de reproches. Comencé la constelación con representantes para ella misma y
para la enfermedad. Eligió a un hombre para representar el cáncer de ovarios. Ambos
representantes se sintieron mutuamente atraídos. Lo más indicado sería pensar que se trataba
de su primer marido. Para probarlo, pedí a un representante para su marido. No aportó cambios
en la constelación.
El representante del marido estaba totalmente ocupado consigo mismo y la representan-
te de la mujer no mostraba interés en él. De modo que pregunté por su familia de origen.
Durante la conversación, de repente tomé conciencia de que su abuela no era la madre de su
padre. Ella había fallecido durante el nacimiento de su padre. Acá estaba la relación con los
síntomas: la abuela había fallecido por un hijo y el cáncer de ovario impide el embarazo. Le pedí
a la cliente que colocara un representante para su padre y otra para la madre de éste. Ahora

15
quedaba claro que el hombre que representaba a la enfermedad era su padre y que ella misma
estaba representando a su madre para él. Le pedí a la paciente que tomara su lugar en la
constelación y le dijera a su padre: “en vos también amo a tu madre”. Esto conmovió al padre
hasta las lágrimas, y se abrazaron entrañablemente. La abuela miraba a ambos con alegría. Los
trasfondos del sistema familiar se descubren en el proceso individual de las constelaciones. En
casos de procesos autoinmunes, se trata frecuentemente de fuerzas que se corresponden entre
sí, pero no pueden unirse o no deben hacerlo, y por lo tanto actúan atacándose.

Pregunta: ¿Podés dar un ejemplo para esto? Yo pensé espontáneamente en los des-
acuerdos de posturas dentro de una pareja de padres.

Stephan Hausner: En eventos autoinmunes, la mayoría de las veces se trata de algo más
complejo. Hace muchos años fui invitado a un taller en Alsacia. Allí había una familia con un
hijo de 9 años, que sufría de una enfermedad autoagresiva. La constelación mostró una relación
con el bisabuelo. En la primera guerra mundial había luchado, según recuerdo, por los franceses
contra los alemanes, y en la segunda guerra mundial por los alemanes contra los franceses. En
ese conflicto se había quebrado. De este modo estaba atando, y no disponible para su hijo. El
bisnieto identificado con él estaba vivenciando el conflicto en su cuerpo y lo sacó a la luz. En un
taller den Córdoba, Argentina, una abuela indígena de la cliente que sufría una enfermedad
autoinmune se había casado con un español. A ella le faltaba la bendición de su padre para este
casamiento, y este conflicto se mostró dos generaciones más tarde en su nieta. Otra experiencia
con enfermedad autoinmune proviene de un taller en Valencia. La mujer era portadora –al igual
que su madre- de un cromosoma x fallido que podía generar una enfermedad hemática en los
hijos varones. Ella había perdido a su hermano por esta enfermedad y le era leal a su padre,
quien inconscientemente reprochaba a la madre la pérdida del hijo amado. Cuando la cliente
tuvo frente a sí a un representante de su madre, no le fue posible mirar a su madre a los ojos y
decirle “SI”. El “no” a la madre y su enfermedad estaba tan profundamente anclado en ella, que
se transformó en una fuerza dirigida contra sí misma.
En la enfermedad de Crohn, del intestino delgado, he observado curaciones espontáneas
clínicamente confirmadas luego de constelaciones. Se mostró como dinámica que la madre está
ligada, y que el niño no puede dejar ir a la madre.
Tanto en Moscú como en Montevideo trabajé con enfermos de Crohn para lograr
reconocer la ligazón de la madre con su familia de origen y asentir a su añoranza y poder dejar ir
a su madre. Como en ambos casos se trataba de precancerosos, estos pacientes se sometían a
controles regulares en la clínica. Los médicos tratantes confirmaron las evidencias de curación
duradera, luego del trabajo con constelaciones.

16
Pregunta: Esto es muy asombroso. Por razones netamente personales tengo una
pregunta: ¿reco- nociste algo en relación a esclerosis múltiple?

Stephan Hausner: Acá sólo puedo confirmar los reconocimientos de Bert. Una y otra vez
encontramos que el paciente con esclerosis múltiple se identifica con un perpetrador de su
sistema, y también puedo confirmar la tesis de Bert de que la enfermedad impide el impulso
asesino.
Antes de saber algo de constelaciones sistémicas, tuve una experiencia personal en mi
consultorio. Un paciente con esclerosis múltiple acudió para tratamiento homeopático. Estaba
casi totalmente paralizado. En el marco de la primera anamnesis le pregunté: ¿Qué haría Ud. en
primer lugar si Ud. estuviera nuevamente sano?” Su expresión cambió, y dijo “Asesino a mi
esposa”. No recuerdo cómo reaccioné en ese momento, pero en todo caso me produjo alivio que
no hubiera pedido un nuevo turno. Una dinámica parecida se ve también, a veces, en casos
graves y progresivos de enfermedades reumáticas.

Pregunta: Tus experiencias me conmueven mucho. Permitime por favor una última
pregunta acerca de la fenomenología, aquello que aparece en las constelaciones
sistémicas. Bert dice una y otra vez que le importan los movimientos del alma,
ahora también del espíritu, y éste es su punto de vista principal. Creo que tu
trabajo está más dirigido al cuerpo de la persona y su salud. ¿Cómo te ves vos en
el contexto con Bert?

Stephan Hausner: En el trabajo con enfermos físicos, el cuerpo y su salud naturalmente están
en primer plano. Como naturista veo al cuerpo unido al alma y al espíritu. Por eso estoy
convencido de que la curación del cuerpo sólo puede darse en consonancia con los movimientos
del alma y los movimientos del espíritu.

Pregunta: Este fue un hermoso cierre. Muchas gracias, Stephan.

17

También podría gustarte