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Desigualdad de Género en Educación y Trabajo

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Informe GET

Género,
Educación
y Trabajo
La brecha persistente.
Primer estudio sobre la desigualdad de género en el
ciclo de vida. Una revisión de los últimos 25 años.
Informe GET

Género,
Educación
y Trabajo
La brecha persistente.
Primer estudio sobre la desigualdad de género en el
ciclo de vida. Una revisión de los últimos 25 años.
Primera Edición: abril de 2016

Registro de Propiedad Intelectual:


266239

Directora Ejecutiva de ComunidadMujer:


Alejandra Sepúlveda

Directora de Estudios de ComunidadMujer e Investigadora Responsable:


Paula Poblete

Estudios de ComunidadMujer e Investigadora Asistente:


Gabriela Saieg

Colaboradores:
Constanza Díaz, María Paz Fernández, Ignacio Godoy, Paula Ibáñez, Carina Lupica, Víctor Olivares.

Comunicaciones de ComunidadMujer:
Tanya Cafena

Diseño, Diagramación y Portada:


Carlos Yarad

Fotografía:
Pablo Sanhueza

Desarrollo Web: [Link]


Grupo AWA

ComunidadMujer
Av. Bustamante 26 piso 3, Providencia, Santiago
562 2222 3130
info@[Link]
[Link]

Los contenidos de este Informe pueden ser reproducidos en cualquier medio, citando la fuente:
“ComunidadMujer. (2016). Informe GET, Género, Educación y Trabajo: la brecha persistente. Primer estudio
sobre la desigualdad de género en el ciclo de vida. Una revisión de los últimos 25 años. Chile.” ©

Impreso en Chile.

4
AGRADECIMIENTOS

Este trabajo no habría sido posible sin el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo. Por esta razón
agradecemos muy especialmente a Andrew Morrison, Jefe de la División de Género y Diversidad, a la
Economista Principal de dicha unidad, Claudia Piras, y al Representante del BID en Chile, Koldo Echebarría,
quienes confiaron en ComunidadMujer para la realización de esta investigación.

Asimismo agradecemos al Ministerio de Educación, al Ministerio del Trabajo y Previsión Social y al Servicio
Nacional de la Mujer, por su patrocinio a nuestro Programa GET, Género, Educación y Trabajo, que da el marco
al presente informe.

También queremos expresar nuestra gratitud a cada investigador e investigadora que colaboró en esta
publicación, y a los expertos y expertas que con su visión y aporte enriquecieron este trabajo, durante la
realización de cuatro talleres: Irma Arriagada, Andrea Bentancor, Susana Carey, Magdalena Claro, María Paz
Domínguez, Pamela Díaz Romero, Jessica González, Elizabeth Guerrero, María Eugenia Hirmas, Cristóbal
Hunneus, Valentina Ilic, Osvaldo Larrañaga, Carola Peyrín, Paz Portales, Ana María Raad, Andrea Repetto,
Jaime Ruiz Tagle, María Inés Salamanca, Adriana Sanhueza, Fernanda Silva, Andrea Tokman, Sergio Urzúa,
Jimena Valderas y Pamela Villalobos.

Destacamos también los comentarios a este documento de las directoras de ComunidadMujer: Esperanza
Cueto, Mercedes Ducci, María Eugenia Hirmas, Anita Holuigue, Victoria Hurtado, Marcela Ríos y Consuelo
Saavedra.

Finalmente queremos agradecer a BHP Billiton, por facilitar la promoción y conocimiento de este informe más
allá de nuestras fronteras.

5
CONTENIDOS
INTRODUCCIÓN. / 11

CAPÍTULO 1 / 21
Mirada transversal, a lo largo de las etapas de la vida y del período entre 1990 y 2015

1.1 Envejecimiento de la población / 22


1.2 Variación en la composición familiar tradicional / 33
1.3 Disminución de la pobreza / 42
1.4 Principales brechas de género a lo largo del ciclo de vida o las pesadas e invisibles “piedras en el zapato”
de las mujeres / 45
1.4.1 Estereotipos de género desde la primera infancia / 46
1.4.2 Las niñas y la naturalización del trabajo doméstico / 47
1.4.3 Embarazo adolescente, un reproductor de la pobreza. / 48
1.4.4 Feminización de los “NINI” y el futuro hipotecado / 49
1.4.5 Enseñanza diferenciada de las Matemáticas: la multiplicación de la desigualdad / 50
1.4.6 Acceso a la Educación Superior: carreras “para mujeres” y escasa presencia en CTIM / 51
1.4.7 Pocas mujeres trabajando y sin poder de decisión / 52
1.4.8 Escandalosa brecha salarial de género / 54
1.4.9 Leyes y prácticas laborales: el costo no compartido de la parentalidad / 56
1.4.10 Las mujeres trabajan el triple en las tareas domésticas y de cuidado / 57
1.4.11 Bajas pensiones: el epílogo de la desigualdad en el mercado laboral / 58
1.4.12 Mujeres y niñas: principales víctimas de la violencia / 59

CAPÍTULO 2 / 61
Brechas de género en la infancia y adolescencia (0 a 17 años)
Brechas de género en la primera infancia (0 a 5 años)
2.1 Diferencias al nacer / 65
2.1.1 Nacidos vivos según peso y talla al nacer / 65
2.1.2 Mortalidad infantil / 68
2.2 Desarrollo cognitivo y social / 69
2.3 Educación Parvularia / 74

Brechas de género en la infancia y adolescencia (6 a 17 años)

2.4 Conductas saludables de niñas, niños y adolescentes / 90


Recuadro 2.1: Violencia en la infancia y adolescencia / 93
2.5 Acceso y resultados en la Educación Básica (6 a 13 años) / 94
2.5.1 Acceso a la Educación Básica / 95
2.5.2 Aprobación y deserción en la Educación Básica / 96
2.5.3 Resultados en SIMCE de 4o Básico / 97
Recuadro 2.2: Desigualdad de género en los textos escolares / 101
2.6 Currículum oculto y expectativas de los adultos. / 101
2.6.1 Estereotipos de género en el currículum oculto / 101
2.6.2 Expectativas de las y los profesores / 103
2.6.3 Expectativas de madres y padres / 106
Recuadro 2.3: Brechas de género en el trabajo infantil / 109
2.7 Acceso y resultados en la Educación Media (14 a 17 años) / 111
2.7.1 Acceso a la Educación Media / 111
[Link] Matrícula y tasa neta de asistencia / 111
[Link] Educación Media Científico Humanista y Técnico Profesional / 115
2.7.2 Aprobación y deserción en la Educación Media / 119
2.7.3 Brechas de género en pruebas estandarizadas / 121
[Link] Resultados SIMCE de 2o Medio / 121
[Link] Resultados de la prueba PISA / 124

6
Recuadro 2.4: Brechas de género en TIC’s / 128
2.8 Adolescentes que trabajan y que no estudian ni trabajan (15 a 17 años) / 128
2.8.1 El vínculo de las y los adolescentes con el trabajo / 121
2.8.2 Adolescentes que no estudian ni trabajan / 130
Recuadro 2.5: Embarazo adolescente, un reproductor de pobreza / 133

CAPÍTULO 3 / 140
Brechas de género en la juventud (18 a 24 años)
3.1 Juventud y educación / 142
Recuadro 3.1: Marco institucional de la Educación Superior en Chile / 143
3.1.1 Jóvenes estudiando / 146
[Link] Jóvenes que solo estudian / 146
[Link] Jóvenes que estudian y trabajan de manera remunerada / 150
3.1.2 Jóvenes en la Educación Superior / 153
[Link] Resultados PSU por sexo / 154
[Link] Evolución de la matrícula en pregrado / 159
[Link].1 Matrícula de primer año y titulación / 165
[Link].2 ¿Qué estudian mujeres y hombres? / 170
[Link].3 Jornadas y modalidad de estudio / 178
[Link] Evolución de la matrícula total en postgrado / 182
[Link].1 Matrícula y titulación / 182
[Link].2 ¿En qué se especializan mujeres y hombres? / 188
[Link].3 Jornada y modalidad de estudio / 192
[Link].4 Becas de estudio por sexo / 194
3.2 Jóvenes que solo trabajan de manera remunerada / 196
3.3 Jóvenes que no estudian ni trabajan / 199
Recuadro 3.2: Sexualidad, maternidad y paternidad en la juventud / 202

CAPÍTULO 4 / 210
Brechas de género en la adultez (25 a 59 años)
4.1 Adultez y jefatura de hogar / 208
Recuadro 4.1: Mujeres solas, con hijos e hijas a cargo / 211
4.2 Escolaridad en la adultez / 214
4.3 Trabajo no remunerado y tiempo total de trabajo / 220
4.3.1 Trabajo no remunerado / 220
4.3.2 Mujeres fuera del mercado de trabajo / 222
Recuadro 4.2: Violencia de Género al interior de la familia / 230
4.3.3 Tiempo total de trabajo / 232
4.4 Trabajo remunerado / 234
Recuadro 4.3: Protección de la vida familiar de las y los trabajadores / 235
4.4.1 Participación laboral / 237
Recuadro 4.4: A cuatro años de la creación del permiso postnatal parental / 241
Recuadro 4.5: El problema del artículo No 203 del Código del Trabajo / 247
4.4.2 Inserción laboral femenina y tipos de hogar / 248
4.4.3 Características de la ocupación femenina / 250
[Link] Edad / 250
[Link] Nivel educacional / 252
[Link] Rama de actividad / 254
Recuadro 4.6: El “techo de cristal” / 359
[Link] Categoría ocupacional / 262
Recuadro 4.7: Caracterización del emprendimiento femenino en Chile / 267
[Link] Tipos de contrato de trabajo / 270
[Link] Jornadas de trabajo / 273
[Link] Sindicalización / 276

7
Recuadro 4.8: Acoso Laboral y Sexual / 278
[Link] Capacitación / 281
4.4.4 Ingresos laborales y brechas salariales / 285
Recuadro 4.9: Las múltiples causas explicativas de la brecha salarial / 287
4.4.5 Desocupación / 304
Recuadro 4.10: Marco Institucional de la Seguridad Social en Chile / 309
4.5 Previsión para la vejez / 311
4.5.1 Informalidad / 311
4.5.2 Cotizantes / 315
4.6 Previsión para la salud / 316
4.6.1 Cotizantes / 316
4.6.2 Licencias médicas / 319

CAPÍTULO 5 / 332
Brechas de género en la vejez (60 años o más)
5.1 Caracterización Socioeconómica / 326
5.2 Vejez y jefatura de hogar / 327
5.3 Escolaridad / 331
5.4 Participación en el Mercado del Trabajo / 336
5.5 Sistema Previsional / 345
Recuadro 5.1: Pensiones de Vejez / 346
Recuadro 5.2: Reforma Previsional de 2008 y Equidad de Género / 352
5.6 Salud / 355

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES / 359

BIBLIOGRAFÍA / 371

GLOSARIO GET / 382

ANEXO METODOLÓGICO / 386

8
Introducción
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Desde 1990 a la fecha, Chile ha tenido un


notable crecimiento económico y una exitosa
transición democrática. Reflejo de ello ha
sido, por ejemplo, el reconocimiento de la
comunidad internacional expresado en 2010
con el ingreso del país a la OCDE y, a partir
de 2013, con la consideración por parte del
Banco Mundial, como un país de economía
de alto ingreso.

Internamente, el mayor éxito del sistema económico chileno ha sido la


reducción de la pobreza, sin embargo, la desigualdad persiste y es muy alta
para los estándares internacionales. De hecho, Chile es el país más desigual
de la OCDE, con un Coeficiente de Gini1 de 0,51 y también uno de los más
desiguales de América Latina y El Caribe (Banco Mundial, 2015). Y esas
diferencias tienen una fuerte expresión de género, que observamos en todo
el ciclo de vida de las mujeres.

Así, aun cuando Chile ocupa el lugar 35 de 140 países evaluados en el


Índice de Competitividad 2015-2016 del World Economic Forum (WEF),
cae al lugar 73 (de 145) en el Índice Brechas de Género (WEF, 2015). En
“Logro Educacional” y “Salud y Esperanza de Vida” el país tiene buenos
indicadores (aunque como veremos a lo largo de este informe, las variables
medidas en educación y salud son muy básicas como para dar cuenta
de los desafíos de género en dichas materias), pero en “Empoderamiento
Político” y “Participación Económica y Oportunidades”, los indicadores son
paupérrimos.

Por su parte, el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y


el Caribe (OIG) de la CEPAL, ordena la igualdad de género en torno a tres
pilares que dan cuanta de los distintos aspectos vinculados a la autonomía
de las mujeres: la autonomía física (el control sobre el propio cuerpo), la
autonomía económica (la capacidad de generar ingresos propios y controlar
los activos y recursos) y la autonomía política (la plena participación
en la toma de decisiones que afectan su vida y a su colectividad).
Específicamente, la autonomía económica se fortalece en la medida en que
las mujeres conquistan la autonomía física y la autonomía en la toma de
decisiones. Dicho de otra manera, la autonomía económica de las mujeres
es el resultado de una articulación virtuosa entre la interdependencia
económica, los derechos reproductivos, una vida libre de violencia y la
paridad en la política (CEPAL, 2015).

1 El coeficiente de Gini es una medida de desigualdad de ingresos, que se construye de manera


tal que su rango va entre 0 y 1, donde el 0 corresponde a la perfecta igualdad (todos tienen los
mismos ingresos) y el 1 a la perfecta desigualdad (una persona tiene todos los ingresos y los
demás ninguno).

11
INTRODUCCIÓN

Las mujeres enfrentan mayores barreras y desventajas que los hombres


en cuanto a su autonomía económica, política y social. Y esto, según
la evidencia que presentamos en este informe, comienza en edades
tempranas.

Desde el nacimiento, las niñas y los niños son educados y socializados


de forma diferente, lo que tiene importantes consecuencias en todos los
aspectos de la vida: en la familia, los estudios, el trabajo y las relaciones
sociales. Vivimos inmersos en un orden social de género que perpetúa esas
desigualdades.

De acuerdo con el PNUD, el sistema u orden de género refiere a “los


atributos sociales y las oportunidades asociadas con el ser femenino y
masculino”, con las relaciones entre hombres y mujeres y entre personas del
mismo sexo. “Estos atributos, oportunidades y relaciones están construidos
socialmente, son aprendidos a través de procesos de socialización y varían
según el contexto social y temporal. El género determina lo que puede
esperarse, lo que es permitido y valorado en una mujer o un hombre en un
contexto dado” (PNUD, 2001, citado en PNUD, 2010).

A lo largo del tiempo, y conforme al desarrollo de las sociedades, se


construyen y transforman las concepciones socialmente compartidas sobre
las identidades, poderes, prestigios y funciones femeninas y masculinas.
Estas representaciones culturales son fundamentales para las posibilidades
de realización de las personas y la organización social. “La distinción entre
masculino y femenino establece un eje principal en el mapa mental con el
cual las personas entienden su mundo y se orientan cotidianamente en él”
(PNUD, 2010).

Estos atributos y valoraciones no evolucionan de la misma manera en las


distintas sociedades, tienen un impacto directo en las prácticas y en la
organización de las relaciones cotidianas y constituyen la base fundamental
de la relación –simétrica o asimétrica– entre ambos sexos. El problema
está en que la imagen tradicional del hombre como principal encargado de
proveer los recursos económicos -mediante el trabajo remunerado- y de
asegurar el orden -a través de su participación en el poder-, y de la mujer
como garante de las tareas domésticas, la crianza de los hijos e hijas y el
ejercicio de las labores de todo lo que requiera ser cuidado, han organizado
las actividades de las personas a lo largo de la historia, convirtiéndose en el
paradigma imperante en las sociedades más conservadoras, como la chilena.

“Esa división del trabajo y de los ámbitos de pertenencia está asociada


a una diferencia de prestigios, jerarquías y poderes. El espacio público
–predominantemente masculino– adquirió valor económico, social y
de reputación, mientras que al hogar o espacio privado –destinado
históricamente a las mujeres– se le asignó uno meramente simbólico. La
participación en uno u otro espacio se convirtió en la fuente principal de la
desigualdad del sistema de género” (ComunidadMujer, 2010).

¿Por qué es importante entender las causas y cómo opera este paradigma?
Porque la semilla de la inequidad de género en la edad adulta se siembra en
la primera infancia y es ahí donde debemos partir deconstruyendo el orden
de género y los roles aprendidos.

12
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

La construcción de las relaciones sociales entre los sexos constituye una


estructura de poder que condiciona las capacidades y oportunidades de las
personas, en este caso, en grave desmedro de las mujeres. Es necesario
desmantelar las desigualdades de poder entre hombres y mujeres si Chile
verdaderamente quiere retomar la senda del crecimiento y el desarrollo.
Hablamos de ese proceso de expansión de libertades igualitario para
todas las personas que describe el economista indio Amartya Sen y que
exige, por un lado, la eliminación de las principales fuentes de privación de
libertad, como la pobreza, la escasez de oportunidades, las restricciones
para participar en la vida social, política y económica de la comunidad, entre
otras; así como el desarrollo óptimo de las capacidades.

Según establece el PNUD, “las capacidades son aquellos bienes creados


por la sociedad, de los que las personas se apropian –como salud, “ComunidadMujer
participación, ingresos, educación, seguridad, sentido de pertenencia– y
que les permiten en mayor o menor medida elegir libremente y realizar observa y constata que
efectivamente sus proyectos de vida” (PNUD, 2010). La deficiencia en la
capacidad, entonces, se produce porque la sociedad no ha proporcionado
entre Educación y Trabajo
el acceso a los medios para desarrollarla o mantenerla. existe un continuo, que
“El proceso de ampliar las capacidades básicas de las personas, tales como los resultados en el ámbito
la educación, la atención médica, el ingreso y el empleo, hasta las libertades
económicas y políticas, es lo que se reconoce como desarrollo humano” laboral, se explican en gran
(Sen, 1989; PNUD, 1992). Desde la perspectiva de género, el desarrollo se
asocia con la superación de las inequidades entre hombres y mujeres y el medida por la trayectoria
logro de la igualdad de las oportunidades para unos y otros, en el acceso
a los recursos y en la posibilidad de desarrollar sus potencialidades, tomar recorrida, desde la etapa
decisiones y ejercer sus derechos.
escolar”.
ComunidadMujer observa y constata que entre Educación y Trabajo
existe un continuo, que los resultados en el ámbito laboral, se explican en
gran medida por la trayectoria recorrida, desde la etapa escolar. Resulta
necesario entonces, develar la desigualdad de género experimentada desde
el nacimiento de las personas, los estímulos entregados al interior de las
familias, la formación ofrecida por los colegios, las alternativas en cuanto a
proyectos de vida, vinculados con la maternidad, los estudios superiores y el
trabajo; el soporte institucional sobre el cual se tejen estas alternativas, cuyo
punto final se expresa en las pensiones recibidas durante la vejez.

Los estereotipos y prejuicios alrededor de los roles sociales de los hombres


y de las mujeres, presentes en la costumbre y la tradición, permean de
modo imperceptible muchas elecciones individuales y conductas escolares
y laborales. Las valoraciones y las expresiones sociales y culturales hacia lo
que se juzga “masculino” o “femenino”, influyen en la orientación de mujeres y
hombres hacia profesiones y trabajos distintos, limitando las potencialidades
de las personas al estimular o reprimir los comportamientos en función de su
adecuación al género (ComunidadMujer, 2014a; Lupica, 2014).

En Educación, los retos son de segunda generación. La alfabetización,


la matrícula y los años de escolaridad ya son un asunto paritario. Hoy el
desafío está en la entrega de contenidos, la estimulación de habilidades,
el desempeño, y en la amplitud de campos de desarrollo que se ponen a
disposición de hombres y mujeres. En Trabajo, el país tiene retos básicos
y complejos, desde aumentar la participación laboral femenina, igualar
remuneraciones y diversificar los campos de ocupación, hasta aumentar la
presencia femenina en los altos cargos.

13
INTRODUCCIÓN

Las brechas educacionales en la niñez y la juventud se extienden en la vida


adulta al ámbito laboral, todo lo cual ocasiona diferencias en el desarrollo de
las personas y su calidad de vida. En definitiva, en la trayectoria Educación-
Trabajo es necesario el cultivo de las capacidades y la libertad para que las
mujeres puedan realizarse como sujetos en igualdad de condiciones con los
hombres.

La construcción de la identidad y del rol, que recoge los imperativos sobre


el ser hombre o mujer, es un proceso complejo que involucra factores
biológicos, psicológicos, sociales y culturales, que se configuran a través
de la experiencia, los ritos y las costumbres vividas desde la concepción
del individuo. Incluso antes de su nacimiento, los adultos que lo cuidarán,
escogen un nombre y preparan el ambiente familiar, estableciendo
diferencias según si este será niña o niño.

Así, desde el momento del nacimiento y de manera casi inconsciente, las


y los adultos fomentan, estimulan y orientan a las niñas a las actividades
domésticas y maternales y a los niños hacia actividades profesionales o
de mayor riesgo y fuerza. Desde la identidad de género, las niñas y los
niños estructuran su experiencia vital. El género al que pertenecen los
hace identificarse en todas sus manifestaciones: sentimientos, actitudes,
comportamientos, juegos, etc., de “niño” o de “niña”. Cuando un niño se
sabe y asume como perteneciente al grupo de lo masculino y una niña al de
lo femenino, esta identidad se convierte en un tamiz por el que pasan todas
sus experiencias, aceptando sin cuestionamientos (rechazando) lo que (no)
se considera “propio del género” (Lamas, 1996).

Las niñas aprenden a ser mujeres conforme a la normativa social que


predomina: aquella que estimula conductas encaminadas al cuidado de la
estética, a la maternidad, al trabajo doméstico y al cuidado de las personas.
Este comportamiento, que se presenta de una manera inconsciente en los
primeros años de vida, es la preparación simbólica para arraigar su rol de
mujer en la etapa adulta. Aunque actualmente en diversos círculos sociales
se las estimula para que estudien y se preparen profesionalmente, eso no las
aleja de seguir siendo educadas con los énfasis mencionados (Colín, 2013).

Además de la familia, institución primaria de socialización, el sistema escolar


tiene un rol indiscutido en la construcción de los roles de género desde
la primera infancia. Los métodos pedagógicos y los planes de estudio “La presencia de
tradicionales suelen reforzar los estereotipos y mantener el statu quo. En
muchas oportunidades, las escuelas refuerzan el papel pasivo y dócil de estereotipos de género
las niñas. Las normas escolares como la memorización y la obediencia
concuerdan con el comportamiento que se espera de ellas (Lamas, 1996). afecta el modo en
La presencia de estereotipos de género afecta el modo en el cual niñas
el cual niñas y niños
y niños perciben sus habilidades y competencias, lo que influye en sus perciben sus habilidades
rendimientos académicos. Así, las niñas y los niños presentan actitudes
sesgadas hacia las diversas materias y sus aprendizajes difieren. y competencias, lo que
En especial, las niñas obtienen peores resultados en matemáticas lo que influye en sus rendimientos
para muchos expertos, es una desventaja porque el rendimiento en esta
materia, es un buen predictor de los ingresos futuros de las personas académicos. Así, las niñas
(ComunidadMujer, 2014b).
y los niños presentan
actitudes sesgadas hacia
las diversas materias y sus
aprendizajes difieren”.

14
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

En la pubertad, la diferencia de género aprendida hasta ese momento se


hace plenamente consciente con la aparición de los cambios corporales y
las nuevas experiencias sociales inherentes al proceso de formación de la
propia identidad. Cuando llegan a la adolescencia, las niñas ya aprendieron
patrones de comportamiento que las adhieren al rol tradicional que se
espera de ellas (Colín, 2013).

Durante la juventud, se toman decisiones personales trascendentales,


vinculadas a las transiciones educativas, laborales y familiares. Las y los
jóvenes sobrellevan una superposición de actividades y ámbitos: cursan
estudios secundarios, algunos ingresan a los estudios superiores, tienen sus
primeras experiencias en el mercado laboral y muchos de ellos organizan
sus propias familias. La forma en que las y los jóvenes asumen los diferentes
roles, la manera en la que dan el paso entre la familia de origen y la propia,
así como entre el sistema educativo y el mercado laboral, son diferentes
entre las mujeres y los hombres. Por ende, son diversas las capacidades
que adquieren y las oportunidades con las que se podrán desenvolver en el
mundo adulto (Lupica, 2014).

La educación es un instrumento crucial para el progreso y la movilidad


social, con retornos positivos que se evidencian en la inserción laboral y los
ingresos. El nivel educativo es utilizado con frecuencia como una medida
del capital humano, habilidades y aptitudes de las personas. En las últimas
tres décadas, en Chile ha aumentado considerablemente el acceso a la
Educación Superior, sin embargo, entre las mujeres y los hombres que
continúan sus estudios más allá de la Enseñanza Media, la elección de
las carreras y profesiones también está condicionada por la estructura de
género. Las mujeres se inclinan mayoritariamente por los campos vinculados
a la docencia y la salud, mientras que los hombres se vuelcan principalmente
a las ingenierías y la informática (ComunidadMujer, 2014a).

En ese sentido, “el sistema educacional no ha sabido consolidarse como un


mecanismo que facilite la igualdad de oportunidades, como lo demuestran
las diferencias en las mediciones entre jóvenes de distintos niveles de
ingresos y entre hombres y mujeres jóvenes. Las inequidades no solo
se cristalizan en los distintos años de educación formal que los jóvenes
alcanzan según su nivel socioeconómico, sino que se materializan en los
procesos y resultados del aprendizaje según su sexo. En consecuencia,
el sistema educativo se presenta, al mismo tiempo, como mecanismo
de integración y de segmentación social entre los diversos colectivos de
jóvenes” (Hopenhayn, 2008). “La desigualdad que
Las consecuencias de la adquisición diferenciada de capacidades enfrentan las mujeres
educativas en la juventud se reflejan con nitidez en las oportunidades
laborales que mujeres y hombres tienen en la etapa adulta. En el mercado
desde la infancia, se
del trabajo se observa una aguda segregación ocupacional -horizontal y
vertical, es decir, a nivel de rama de actividad y de jerarquía al interior de las
perpetúa en la vida adulta y
organizaciones-, a la vez que persisten importantes desigualdades salariales se acentúa en la vejez”.
entre las personas de diferente sexo. Asimismo, y a diferencia de los
hombres, la inserción y desarrollo laboral de las mujeres está condicionada
por su situación socioeconómica, su posición al interior del hogar y su nivel
educativo, presentándose las mayores brechas laborales con el nacimiento
de los hijos/as (ComunidadMujer, 2013b y 2014a).

15
INTRODUCCIÓN

Muchas mujeres adaptan su participación laboral a las necesidades de


cuidado de sus hijos e hijas. Algunas incluso abandonan el mercado del “Las niñas y mujeres de
trabajo para dedicarse a las tareas del hogar y de crianza de manera
exclusiva. Otras, se inclinan por actividades laborales con mayor flexibilidad Chile tienen una realidad
horaria, jornadas parciales o tele-trabajos, todo lo cual repercute en los
ingresos, en las posibilidades de protección legal de la maternidad –presente desfavorable en su
o futura– y en las futuras pensiones (Lupica, 2010).
trayectoria educacional
La desigualdad que enfrentan las mujeres desde la infancia, se perpetúa en
la vida adulta y se acentúa en la vejez. Como consecuencia de haber sido
y laboral, y hoy tenemos
las principales responsables del cuidado de los miembros de su familia, las una oportunidad de
mujeres en la vejez tienen mayores probabilidades que los hombres de tener
cierto nivel de dependencia física -provocada por el desgaste de su labor- revertirla, generando
y/o algún nivel de dependencia económica -debido a que no trabajaron
remuneradamente en la etapa de vida activa y/o a que sus pensiones son las transformaciones
paupérrimas (ComunidadMujer, 2014a).
socioculturales y los
El 8 de marzo de 2015, fue promulgada la ley que crea el Ministerio de
la Mujer y de la Equidad de Género. Este tiene por objetivo fortalecer la
cambios en las políticas
institucionalidad de género, a partir de la consagración de una Secretaría
de Estado que cuente con los recursos y las atribuciones normativas para
públicas que permitan una
desarrollar políticas y programas públicos intersectoriales y con pertinencia sociedad más inclusiva y
territorial, que se haga cargo de las principales discriminaciones y
desventajas que experimentan las mujeres, entre ellas, las que ocurren en el equitativa”.
campo educativo y en el mercado de trabajo.

El presente informe se enmarca dentro del Programa GET, Género,


Educación y Trabajo, que es una instancia de investigación, acción y
monitoreo de las políticas de educación y trabajo desde una perspectiva
de género, que lleva a cabo ComunidadMujer. El Programa tiene el desafío
de integrar e interrelacionar los ámbitos de la educación y el trabajo, dentro
de la trayectoria de vida de las mujeres y contribuir a la disminución de la
segregación de género en la orientación vocacional y laboral.

Las niñas y mujeres de Chile tienen una realidad desfavorable en su


trayectoria educacional y laboral, y hoy tenemos una oportunidad de
revertirla, generando las transformaciones socioculturales y los cambios en
las políticas públicas que permitan una sociedad más inclusiva y equitativa.
Es así como en este informe se realiza una sistematización y análisis de una
serie de indicadores que dan cuenta de las brechas de género en educación
y trabajo a lo largo del ciclo de vida, desde 1990 a la fecha. Para ello se
revisó una centena de publicaciones y se esquematizaron una serie de hitos
políticos (legislativos, programáticos, etc.), sociales y económicos, para dar
contexto a los años estudiados y sus dimensiones de análisis. Para recopilar
la data estadística se utilizaron fuentes secundarias de dos tipos: información
administrativa de diversas instituciones y encuestas.

En el Cuadro I.1, hay un esquema del contenido del informe. Básicamente,


además de esta introducción, en el capítulo 1 se da cuenta de los
principales cambios ocurridos entre 1990 y 2015, con una mirada
transversal, desde la primera infancia hasta la vejez. Luego, en el capítulo
2 nos adentramos en el detalle de lo ocurrido a nivel de la infancia y
adolescencia; en el 3, en lo relativo a la juventud; en el capítulo 4, todo lo
relacionado con la vida adulta y en el capítulo 5, con la vejez. El capítulo 6
consta de las principales conclusiones en cuanto a las brechas de género en
las dimensiones de educación y trabajo por cada etapa de la vida y una serie
de recomendaciones para disminuirlas.

16
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| CUADRO I.1 | Esquema de los contenidos del informe.

0-5 6-17 18-24 25-59 60 y +


AÑOS AÑOS AÑOS AÑOS AÑOS
DESARROLLO ACCESO Y ACCESO Y TRABAJO NO TRABAJO
COGNITIVO Y RESULTADOS RESULTADOS REMUNERADO REMUNERADO
SOCIAL EN EDUCACIÓN EN EDUCACIÓN
BÁSICA SUPERIOR DE TRABAJO PENSIONES
ACCESO A PREGRADO Y REMUNERADO
EDUCACIÓN ACCESO Y POSTGRADO SALUD Y
PARVULARIA RESULTADOS EN PREVISIÓN PARA DEPENDENCIA
EDUCACIÓN MEDIA EMPLEO JUVENIL LA SALUD Y LA
Y NINI VEJEZ
TRABAJO INFANTIL
Y NINI

La perspectiva global de la desigualdad de género en el ciclo vital, que


aborda el presente informe, además de constituir un enfoque novedoso,
permite extraer conclusiones sólidas respecto de la influencia del medio
social sobre el logro de la igualdad de género a lo largo de la vida. Las
primeras etapas son claves en el desarrollo de los resultados académicos
y laborales posteriores de las mujeres y, por lo tanto, en sus perspectivas
durante la vejez. En consecuencia, para revertir las inequidades de género
en la vida adulta, en particular en el mercado laboral, es necesario trabajar la
igualdad de mujeres y hombres en su socialización temprana y procesos de
educación, desde el inicio del ciclo de la vida. Es tiempo de dar a ambos la
misma oportunidad de contribuir en el trabajo y en el hogar, y así alcanzar un
mejor desarrollo y calidad de vida para todas y todos.

17
INTRODUCCIÓN

18
1.
CAPÍTULO 1

Mirada
transversal, a
lo largo de las
etapas de la vida
y del período
entre 1990 y 2015
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

1.
A lo largo de los últimos 25 años,
nuestro país ha experimentado grandes
transformaciones en distintos ámbitos.
Demografía, composición familiar, pobreza,
educación, trabajo y seguridad social son
algunas de las dimensiones cuyo análisis
revela cómo y cuánto ha cambiado la vida
de los niños, niñas, hombres y mujeres
que viven en Chile. Se constatan avances
para determinados grupos, no obstante, en
otros, persisten realidades deficitarias en
comparación con otros países, o brechas
de género, por zona geográfica, nivel
educacional y/o de ingresos. Este capítulo
se propone mostrar una síntesis de los
indicadores más relevantes entre 1990 y
2015, con énfasis en las brechas que hay
entre hombres y mujeres, generalmente, en
detrimento de ellas.

21
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

1.1
Envejecimiento de la población

Uno de los principales cambios que puede


observarse durante el período que va desde
1990 a 2015 es el envejecimiento demográfico, es
decir, un aumento proporcional de las personas
de mayor edad en relación a la estructura
poblacional.
Mientras en 1990 el índice de vejez en Chile registraba la existencia de 9
adultos mayores por cada 100 personas, en 2015 esta cifra asciende a 14,9.
Al igual que en los países desarrollados, pero como fenómeno más reciente,
Chile ha experimentado una transformación en las tendencias de fecundidad
y en las tasas de mortalidad y esperanza de vida, que confluyen en este
proceso de envejecimiento de la población (Rivero & Spijker, 2015).

Desde la década del sesenta se observa una transformación de los patrones


de fecundidad de la población chilena; hoy las mujeres se convierten en
madres más tarde, y tienen menos hijos que en el pasado.

Para entender mejor lo que está sucediendo, es necesario distinguir entre


madres primerizas y no primerizas. Como se observa en el Gráfico 1.1,
en 1990 hubo 118.231 nacidos vivos de madres primerizas, mientras que
2013 esa cifra cayó a 105.873. En el caso de las madres no primerizas,
los nacidos vivos de 1990 fueron 173.915, mientras que en 2013 esa cifra
disminuyó a 136.068, lo que revela que la tasa de decrecimiento ha sido
mayor entre las no primerizas (-21,8%) que entre las primíparas (-10,5%).
Como es de esperar, a medida que se avanza en edad, las primíparas
disminuyen su proporción. En 2013, entre las madres menores de 15 años,
el 99% es primeriza; entre las de 15 y 19 años, el 89%; entre las de 20 y 24
años, el 59%; entre las de 25 y 29 años, el 38%; entre las de 30 y 34 años,
el 27%; entre las madres de 34 a 39 años, las primerizas representan el 17%;
entre las de 40 a 44 años, el 13%; entre las de 45 a 49 años, el 13%; y entre
las mayores de 50 años, el 8%. En todos los tramos etarios, salvo entre las
mayores de 50 años, la proporción de primerizas es mayor en 2013 que en
1990, lo que da cuenta del retraso en la edad para ser madres (INE).

23
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

| GRÁFICO 1.1 | Número de nacimientos según tramo de edad de la madre,


distinguiendo madres primerizas, 1990, 2000 y 2013.

Número de nacimientos

39.086 58.231
90.000 46.206 26.105
80.000

42.554 35.948
70.000 22.190
21.258
24.164 23.333
60.000 32.977 33.561 39.035
14.586
36.164 32.683
50.000 9.438
6.499 8.963 4.813
33.044 34.444 34.603
40.000 3.422 3.538
28.724 26.160
2.609 27.962 5.452
30.000

20.000
7.640
4.865 6.403 1.174
10.000 544 308 716
19 19 9 326 3 12 391 11
723 34 3 1.046 33 1 890 57 1
0
madre 15-19 años

madre 20-24 años

madre 25-29 años

madre 30-34 años

madre 34-39 años

madre 40-44 años

madre 45-49 años

madre 15-19 años

madre 20-24 años

madre 25-29 años

madre 30-34 años

madre 34-39 años

madre 40-44 años

madre 45-49 años

madre 15-19 años

madre 20-24 años

madre 25-29 años

madre 30-34 años

madre 34-39 años

madre 40-44 años

madre 45-49 años


madre >50 años

madre <15 años

madre >50 años

madre <15 años

madre >50 años


madre <15 años

1990 2000 2013

Primerizas Mujeres que tienen su segundo hijo/a o más

Fuente: Elaboración propia en base a INE, Estadísticas Vitales, 1990-2013.

A nivel de madres primerizas, los mayores cambios se dan en tres tramos


etarios, que también son evidencia de retraso en la edad de la maternidad.
En 1990, el 39,1% de las madres primíparas tenía entre 20 y 24 años.
Actualmente esa proporción ha descendido a 31,7%, mientras que las
madres entre 30 y 34 años pasaron de representar el 7,6% en 1990 al
13,8% en 2013, y las que tienen entre 34 y 39 años, del 2,2% al 5,1%,
respectivamente. El resto de los tramos etarios presenta proporciones muy
similares en un año y otro. Al mismo tiempo, la Tasa Global de Fecundidad1
ha disminuido desde 2,66 hijos por mujer en 1990 a 1,79 en 2013, cifra que
se encuentra bajo el nivel de reemplazo poblacional (INE).

1 La Tasa Global de Fecundidad expresa la frecuencia de los nacimientos vivos ocurridos por
cada mil personas.

24
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 1.2 | Evolución de la población según tramos de edad, por sexo, 1990, 2000 y 2015.

1.2.1 Población según tramos de edad, por sexo, 1990.

Edad
80 años o más 88,6 49,7
75-79 años 91,3 59,6
70-74 años 128,6 92,9
65-69 años 162,2 127,8
60-64 años 206,1 172,9
55-59 años 237,3 208,4
50-54 años 262,4 242,6
45-49 años 325,2 308,6
40-44 años 375,2 365,0
35-39 años 443,8 439,7
30-34 años 552,9 553,6
25-29 años 631,5 637,0
20- 24 años 613,5 624,5
15-19 años 610,3 625,4
10-14 años 574,3 591,6
5-9 años 647,2 669,8
0-4 años 716,7 742,8
1.000 800 600 400 200 0 200 400 600 800 1.000

Miles de personas

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a “INE, 2004, Chile: Estimaciones y Proyecciones de Población por Sexo y Edad. País Urbano-Rural. 1990-2020”.

1.2.2 Población según tramos de edad, por sexo, 2000.

Edad
80 años o más 131,9 70,8
75-79 años 123,2 82,6
70-74 años 174,2 131,2
65-69 años 214,4 175,1
60-64 años 247,1 217,9
55-59 años 314,2 289,4
50-54 años 369,2 351,8
45-49 años 441,8 430,8
40-44 años 554,3 547,5
35-39 años 636,2 633,3
30-34 años 620,7 622,6
25-29 años 617,6 624,7
20- 24 años 579,6 592,8
15-19 años 651,0 672,0
10-14 años 719,3 744,3
5-9 años 730,8 757,2
0-4 años 652,1 676,3
1.000 800 600 400 200 0 200 400 600 800 1.000

Miles de personas

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a “INE, 2004, Chile: Estimaciones y Proyecciones de Población por Sexo y Edad. País Urbano-Rural. 1990-2020”.

25
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

1.2.3 Población según tramos de edad, por sexo, 2015.

Edad
80 años o más 250,2 134,6
75-79 años 197,7 145,3
70-74 años 267,5 220,1
65-69 años 340,3 301,8
60-64 años 425,5 397,0
55-59 años 536,8 513,5
50-54 años 619,4 601,5
45-49 años 634,6 623,9
40-44 años 624,1 619,7
35-39 años 621,5 623,7
30-34 años 674,2 683,7
25-29 años 741,0 757,9
20- 24 años 717,2 743,7
15-19 años 647,1 676,4
10-14 años 591,7 615,6
5-9 años 599,1 623,6
0-4 años 606,7 629,9
1.000 800 600 400 200 0 200 400 600 800 1.000
Miles de personas

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a “INE, 2014, Población, País y regiones: Actualización población 2002-2012 y proyecciones 2013-2020”.

1.2.4 Distribución de la población según tramos de edad, por sexo, 1990-2015.

Porcentaje de
población (%)

100%
10,2% 7,7% 10,7% 8,2% 11,5% 8,9% 10,2%
12,9% 14,4% 11,6% 13,5%
90% 16,3%

80%

70% 42,3% 44,2%


42,4% 44,1% 45,9%
45,7% 47,2%
46,8% 48,4%
60% 47,8% 49,6%
48,9%

50%
13,5% 12,1%
40% 12,9% 11,6% 11,2%
10,7% 11,9%
11,4% 12,4%
30% 11,8% 11,5%
10,8%
21,7% 22,9% 22,7%
21,5% 22,0% 23,2%
20% 20,3% 21,5%
17,8% 18,9% 16,9%
15,9%
10%
12,8% 13,6% 12,1% 12,8% 10,2% 10,8% 8,6% 9,2% 8,2% 8,7% 8,0% 8,5%
0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

1990 1995 2000 2005 2010 2015

0-5 años 6-17 años 18-24 años 25-59 años 60 años o más

Fuente: Elaboración propia en base a “INE, 2004, Chile: Estimaciones y Proyecciones de Población por Sexo y Edad. País Urbano-Rural. 1990-2020” (datos 1990-2001),
y a “INE, 2014, Población, País y regiones: Actualización población 2002-2012 y proyecciones 2013-2020” (datos 2002-2020).

26
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Consistentemente con el decrecimiento de la tasa de natalidad a un ritmo de


-0,7% anual, los grupos etarios de primera infancia, niñez y adolescencia, y
juventud, disminuyen su peso relativo de 13,2% a 8,3%, de 22,3% a 16,4%
y de 13,2% a 11,1%, respectivamente. En cambio, los grupos etarios que
aumentan su proporción sobre el total de la población son los de adultos (25
a 59 años) y adultos mayores (60 años o más). Como se ve en el Gráfico
1.2, en 1990, la población adulta representaba un 42,4% de la población,
cifra que en 2015 corresponde a un 49,3%. Los adultos mayores aumentan
desde un 9% del total de la población a un 14,9% en el mismo período. En
cuanto a la composición por sexo de la población, durante todo el período
nacen más hombres que mujeres, y son estos el grupo mayoritario entre la
población más joven (0 a 24 años). En el grupo de los adultos, la situación se
revierte y las mujeres se encuentran en leve mayoría. Esto se agudiza para
los adultos mayores, entre los cuales se cuenta con un 55,3% de mujeres en “la proporción de niñas y
2015 (INE).
niños de hasta 5 años de
Son las mujeres de más de 60 años quienes tienen una menor tasa de
mortalidad que sus pares masculinos (28,3 versus 34,6 en 2013), además de edad en la población total
una esperanza de vida mayor. Para ellas, la esperanza de vida a los 60 años
es de 24,3 años, mientras que para ellos es de 20,9 años (INE, 2015). Este
ha disminuido alrededor de
hecho plantea importantes desafíos acerca de cómo garantizar una mejor un tercio, desde el 13,2%
calidad de vida precisamente a quienes, como se revisará en los capítulos
que siguen, tienen menores fondos de pensiones para ser distribuidos en 1990 al 8,3% en el año
durante una mayor cantidad de años, un mayor grado de dependencia,
mayores demandas al sistema de salud y, al mismo tiempo, menores 2015”.
probabilidades de generar ingresos propios.

Demografía y mujeres están íntimamente ligados. Como se verá a lo largo


de este informe, el ingreso masivo de las mujeres a la Educación Superior
y al mercado laboral está correlacionado con el retraso de la maternidad y
la disminución en promedio del número de hijos/as por mujer. En general,
las mujeres han acotado la demanda de cuidado que implican los hijos/as
para poder desarrollar una vida en el espacio público. Sin embargo, dado
que ellas son las principales cuidadoras de las personas dependientes de
cualquier edad, se avizora con preocupación la necesidad de cuidado que
ya están significando las y los adultos mayores. Para muchas mujeres, esto
se traduce en una renuncia al trabajo remunerado, lo que, como veremos
a lo largo de este informe, se suma a las condiciones desventajosas que
experimentan durante todo el ciclo de vida.

PRINCIPALES INDICADORES DEMOGRÁFICOS EN


PRIMERA INFANCIA

Según los datos de Proyecciones de Población producidos por el Instituto


Nacional de Estadísticas (INE), en Chile viven 1.489.387 niñas y niños entre 0
y 5 años de edad (2015). En 1990 en cambio, había 1.737.895 niñas y niños
menores de 5 años y en 2000, 1.620.131. Esto significa que la proporción de
niñas y niños de hasta 5 años de edad en la población total ha disminuido
alrededor de un tercio, desde el 13,2% en 1990 al 8,3% en el año 2015, y
para el 2020 se estima que represente el 7,9% del total. El mayor descenso
se produjo desde mediados de los noventa y hasta el 2005, año a partir del
cual la población de este grupo de edades tendió a estabilizarse

27
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

Al comparar la cantidad de niñas y niños en la población infantil menor de 5


años, se observa un ligero predominio de los hombres, los que representan
el 50,9% de la población total de ese grupo etario a lo largo del período bajo
análisis. Esa diferencia disminuye a medida que las niñas y los niños crecen.

La disminución relativa de este grupo etario se explica por la caída de los


nacimientos anuales en Chile de un 17,2%, entre 1990 y 2013. Como se
aprecia en el Gráfico 1.3, en 1990 nacieron 292.146 niñas y niños y en 2013,
242.0052, registrándose en el año 2005 el valor más bajo de nacimientos.
De este modo, ha habido una baja de la frecuencia de nacimientos por cada
mil habitantes, de 22,2 en 1990, a 14,2 en 2006. Luego de un leve aumento
hasta el año 2010 (14,7), la natalidad ha descendido llegando en 2013 a 13,7
nacimientos por cada mil habitantes. En todos los años comprendidos en el
período bajo análisis, nacieron más hombres que mujeres, representando
ellos el 51% de los nacimientos en el año 2013 y ellas el 49%.

Además, actualmente, nueve de cada diez niñas y niños que nacen en


Chile lo hacen en zonas urbanas. En el año 2012, se produjeron 24.287
nacimientos en zonas rurales (11.994 fueron mujeres y 12.293 hombres) y
219.348 en zonas urbanas (107.558 mujeres y 111.790 hombres). En 1990, la
proporción de nacidos vivos en la zona rural alcanzaba al 13,9% del total.

| GRÁFICO 1.3 | Número de nacidos vivos por sexo, 1900-2013.

Miles de personas

160 150,0
142,1 145,7 142,7
138,8 141,3
136,4 134,6 139,7 136,0 135,7
134,0
140 130,0 129,1 133,4 131,2
126,5 125,9 128,3 127,8 128,7 127,7
125,3 125,9 123,6 123,0 126,6 124,1
122,4 121,1
120,8 122,0 123,0
120,7 120,8 119,6 123,4
120,0 118,6
117,0 114,5 117,4 118,5 118,2 117,6
120 112,9 112,3 113,2

100

80

60

40

20

0
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a INE, Estadísticas Vitales, 1990-2013.

2 Entre ellos, 18 nacidos vivos no tienen sexo determinado y 46 tienen indeterminada la edad de
la madre.

28
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

DEMOGRAFÍA EN INFANCIA, ADOLESCENCIA Y JUVENTUD

Como se ha mencionado, Chile presenta el comportamiento de los países


en proceso de envejecimiento poblacional. Esto se observa, por ejemplo, en
el Gráfico 1.2, que muestra la evolución de la pirámide de población según
sexo, donde queda en evidencia que han disminuido en importancia los
grupos de la población de menor edad y han crecido los grupos de edades
maduras y longevas, con una imagen, en 2015, menos triangular, donde el
tramo etario que concentra el mayor número de población es el de los 25 a
29 años.

Según datos de las Proyecciones de Población realizadas por el Instituto


Nacional de Estadísticas (INE), en 2015 viven en Chile 2.956.039 NNA (niñas,
niños y adolescentes) de 6 a 17 años de edad, de los cuales 1.508.476 (51%)
son hombres y 1.447.563 (49%) son mujeres. Actualmente representan un
16,4% de la población total, cifra que muestra una disminución desde 1990,
cuando alcanzaban al 22,3%. Al respecto, se proyecta que para el año 2022
los menores de 15 años sean superados en cantidad por los hombres y
mujeres mayores de 60 años (CELADE, 2014).

Por otro lado, se indica que en 2015 viven 2.005.376 jóvenes de entre 18 y
24 años de edad, de los cuales 1.022.020 (51%) son hombres y 1.447.563
(49%) son mujeres. Actualmente en Chile, la población juvenil representa
aproximadamente el 11,1% de la población total del país, lo que constituye
una disminución si se compara con 1990, cuando correspondían al 13,2%.
En todo el período bajo análisis (1990-2015), la proporción de mujeres en este
tramo de edad se ha mantenido levemente inferior a la población masculina.

DEMOGRAFÍA EN LA ADULTEZ

En 2015, en Chile, viven 8.875.695 adultos de entre 25 y 59 años de edad,


representando el 49,3% de la población total. La cantidad de mujeres y
hombres adultos casi se duplicó entre 1990 y 2015, pasando de 2,8 millones
a 4,4 millones y de 2,7 millones a 4,4 millones, respectivamente. En 1990,
la población adulta representaba el 42,4% del total. La proporción de las
mujeres en la población adulta ha sido algo mayor a la de los hombres
(50,4% vs 49,6%) en todo el período bajo análisis, revirtiéndose la situación
presentada en las etapas de infancia, adolescencia y juventud (INE).

Hacia el interior de la población adulta, la composición por rangos de edad ha


variado en los últimos 25 años, tal como se puede observar en el Gráfico 1.4.
Durante el período ha aumentado el peso relativo de los subgrupos de mayor
edad en comparación con aquellos más jóvenes, con lo que se produce una
distribución más equitativa entre subgrupos en 2015 que en 1990.

29
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

DEMOGRAFÍA EN LA VEJEZ

De acuerdo a proyecciones realizadas por el INE, se estima que en el año


2015 reside en Chile una población de 2.679.910 habitantes de 60 años
o más, los que representan un 14,9% del total. En relación a 1990, esta
participación da cuenta de un incremento de 5,9 puntos porcentuales,
siendo el grupo etario con mayor crecimiento durante el período,
esperándose, como se mencionó anteriormente, que a partir de 2022, la
proporción de adultos mayores (60 años o más) supere a la de los menores
de 15 años (CELADE, 2014).

En términos de la distribución por sexo de los adultos mayores, se verifica


que la mayor proporción de mujeres ha ido disminuyendo, pasando del
57,4% en 1990 al 55,3% en 2015. Mientras en 1990 un 10,2% de las mujeres
se encontraba en el tramo etario de las adultas mayores, en el año 2015
lo hace el 16,3%. Los hombres mayores de 60 años, en tanto, pasaron de
representar un 7,7% a un 13,5% del total, para los años indicados. Como
se señaló anteriormente, esto se explicaría, principalmente, debido a que
las mujeres registran, históricamente, una menor tasa de mortalidad, que
deviene en una esperanza de vida superior en relación a los hombres.

Respecto a la composición etaria de la población de 60 años o más, si se


consideran los tramos de edad propuestos en el Gráfico 1.5, se observa que
el número de hombres y mujeres disminuye al aumentar el tramo de edad de
la población; la única excepción la constituyen las mujeres mayores de 80
años, quienes desde 1996 superan a las del tramo de entre 75 y 79 años.

“De acuerdo a
proyecciones realizadas
por el INE, se estima que
en el año 2015 reside en
Chile una población de
2.679.910 habitantes de 60
años o más”.

30
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 1.4 | Evolución de la población adulta (25-59 años) según tramos de edad, por sexo, 1990, 2000 y 2015.

1.4.1 Población adulta (25-59 años) según tramos de edad, por sexo, 1990.
Edad

55-59 años 237,3 208,4

50-54 años 262,4 242,6

45-49 años 325,2 308,6

40-44 años 375,2 365,0

35-39 años 443,8 439,7

30-34 años 552,9 553,6

25-29 años 631,5 637,0

800 600 400 200 0 200 400 600 800

Miles de personas

1.4.2 Población adulta (25-59 años) según tramos de edad, por sexo, 2000.
Edad

55-59 años 314,2 289,4

50-54 años 369,2 351,8

45-49 años 441,8 430,8

40-44 años 554,3 547,5

35-39 años 636,2 633,3

30-34 años 620,7 622,6

25-29 años 617,6 624,7

800 600 400 200 0 200 400 600 800

Miles de personas

1.4.3 Población adulta (25-59 años) según tramos de edad, por sexo, 2015.

Edad

55-59 años 536,8 513,5

50-54 años 619,4 601,5

45-49 años 634,6 623,9

40-44 años 624,1 619,7

35-39 años 621,5 584,6

30-34 años 674,2 683,7

25-29 años 741,0 757,9

800 600 400 200 0 200 400 600 800

Miles de personas

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a “INE, 2004, Chile: Estimaciones y Proyecciones de Población por Sexo y Edad. País Urbano-Rural. 1990-2020” (datos 1990-
2001), y a “INE, 2014, Población, País y regiones: Actualización población 2002-2012 y proyecciones 2013-2020” (datos 2002-2020).

31
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

| GRÁFICO 1.5 | Evolución de la población adulta mayor (60 años o más) según tramos de edad, por sexo, 1990, 2000 y 2015.

1.5.1 Población adulta mayor (60 años o más) según tramos de edad, por sexo, 1990.

Edad

80 años o más 88,6 49,7

75-79 años 91,3 59,6

70-74 años 128,6 92,9

65-69 años 162,2 127,8

60-64 años 206,1 172,9

800 600 400 200 0 200 400 600 800

Miles de personas

1.5.2 Población adulta mayor (60 años o más) según tramos de edad, por sexo, 2000.

Edad

80 años o más 70,8 131,9

75-79 años 82,6 123,2

70-74 años 131,2 174,2

65-69 años 175,1 214,4

60-64 años 217,9 247,1

800 600 400 200 0 200 400 600 800

Miles de personas

1.5.3 Población adulta mayor (60 años o más) según tramos de edad, por sexo, 2015.

Edad

80 años o más 250,2 134,6

75-79 años 197,7 145,3

70-74 años 267,5 220,1

65-69 años 340,3 301,8

60-64 años 425,5 397,0

800 600 400 200 0 200 400 600 800

Miles de personas

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a “INE, 2004, Chile: Estimaciones y Proyecciones de Población por Sexo y Edad. País Urbano-Rural. 1990-2020” (datos
1990-2001), y a “INE, 2014, Población, País y regiones: Actualización población 2002-2012 y proyecciones 2013-2020” (datos 2002-2020).

32
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

1.2
Variación en la composición
familiar tradicional

Paralelamente a los cambios experimentados


por la población en Chile, se observan
importantes modificaciones en las formas
de constituir una familia. La disminución de
los matrimonios, el aumento de las uniones
consensuales, la legislación sobre el divorcio
con su consiguiente aumento, y el mayor número
de familias monoparentales, así como los
cambios en la jefatura de hogar, caracterizan las
variaciones del período.

TRANSFORMACIONES FAMILIARES Y PRIMERA INFANCIA

Durante los últimos veinticinco años, se ha modificado el contexto familiar en el


cual nacen y se desarrollan las niñas y los niños en Chile. Entre las principales
modificaciones, se destacan las siguientes: 1) una mayor proporción de
las nacidas y nacidos vivos tiene una madre que no está casada; 2) una
proporción mayor de niñas y niños nacidos vivos tienen madres de edades
mayores que en las generaciones previas; y 3) más niñas y niños de 0 a 5
años viven con solo uno de sus progenitores, generalmente la madre.

Como se ve en el Gráfico 1.6, en el año 1990, dos tercios (65,7%) de las


niñas y niños tenían una madre casada al momento de nacer, en 2000 solo la
mitad estaba en esa situación (51,1%), y en la actualidad (2013) menos de un
tercio de ellos (28,9%) tiene una madre casada al nacer. Dicho de otro modo,
actualmente, la mayoría de las niñas y niños tiene una madre soltera al momento
del nacimiento: 71,1%. Las diferencias por sexo del recién nacido/a son
marginales, evidenciándose que la proporción de niños que tiene una madre
soltera al momento de nacer es levemente superior a la de las niñas en todo el
período bajo análisis (INE). No obstante, es importante señalar que este dato
por sí solo no implica que esas “madres solteras” críen a sus hijos/as sin apoyo
de su pareja. De hecho, la cantidad de uniones consensuales ha experimentado
un aumento sostenido durante el período. En conjunto, ambos datos parecen
mostrar que en la decisión de convertirse en padres/madres, el matrimonio
tiene cada vez menos importancia relativa, aunque eso no implica que este se
concrete igualmente en un momento posterior.

33
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

| GRÁFICO 1.6 | Distribución de nacidos según estado civil de la madre, por sexo, 1990-2013.

Porcentaje de población (%)

100%

90%
34,3% 35,3% 36,8% 37,9% 39,2% 40,4% 42,0% 43,8% 45,6% 47,6% 49,0% 50,8% 52,1% 53,7% 56,0% 58,7% 61,3% 63,0% 64,6% 67,4% 68,4% 69,1% 70,3% 71,1%

80% 34,3% 35,5% 36,9% 38,2% 39,0% 40,5% 41,9% 43,4% 46,0% 47,7% 48,7% 50,4% 52,3% 53,9% 55,9% 58,3% 61,0% 63,3% 65,5% 67,3% 68,5% 69,4% 70,3% 71,0%

70%

60%

50%

40%

30%
65,7% 64,7% 63,2% 62,1% 60,8% 59,6% 58,0% 56,2% 54,4% 52,4% 51,0% 49,2% 47,9% 46,3% 44,0% 41,3% 38,7% 37,0% 35,4% 32,6% 31,6% 30,9% 29,7% 28,9%

20% 65,7% 64,5% 63,1% 61,8% 61,0% 59,5% 58,1% 56,6% 54,0% 52,3% 51,3% 49,6% 47,7% 46,1% 44,1% 41,7% 39,0% 36,7% 34,5% 32,7% 31,5% 30,6% 29,7% 29,0%

10%

0%
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013

Casadas Solteras

Fuente: Elaboración propia en base a INE, Estadísticas Vitales, 1990-2013.

Por otra parte, como se observa en el Gráfico 1.7, durante el período


1990-2013, se observa una disminución de la proporción de niñas y niños
nacidos/as de madres que pertenecen a los tramos etarios 20-24 y 25 -29
años de edad, que desciende desde 29,2% y 28,9% en 1990 a 23,5% y
24% en 2013, respectivamente. Este hecho probablemente se encuentra
asociado con el aumento de la inserción de las jóvenes en la educación
superior, y estos 10 puntos menos que representan las madres entre 20 y 29
años, los asumen las que tienen entre 30 y 39 años, pasando de representar
el 26,2% del total de madres al 35,2%, mientras que la proporción de
nacidos/as de madres con 40 años o más, casi se ha duplicado (2% a 3,8%)
entre 1990 y 2013. Por su parte, la proporción de nacimientos de madres
adolescentes (menores de 20 años) no ha disminuido, manteniéndose en el
13% del total de madres. En ninguno de los cambios descritos, se evidencia
una diferencia según el sexo de los infantes (INE).

34
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 1.7 | Distribución de nacidos vivos según tramo de edad de la madre, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

Porcentaje de
población (%)

100%

90%

80%

70%

60%

50%

40%

30%

20%

10%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres
1990 2000 2013
madre >50 años 0,0% 0,0% 0,0% 0,0% 0,0% 0,0%
madre 45-49 años 0,1% 0,1% 0,2% 0,1% 0,2% 0,2%
madre 40-44 años 1,9% 1,8% 2,9% 2,8% 3,6% 3,7%
madre 34-39 años 10,9% 10,6% 15,4% 15,2% 13,1% 13,0%
madre 30-34 años 15,4% 15,5% 16,9% 16,9% 22,2% 22,1%
madre 25-29 años 28,7% 29,0% 25,6% 25,7% 24,1% 24,0%
madre 20-24 años 29,2% 29,2% 22,9% 23,0% 23,5% 23,6%
madre 15-19 años 13,5% 13,6% 15,7% 15,8% 12,9% 13,1%
madre <15 años 0,3% 0,3% 0,4% 0,4% 0,4% 0,4%

Fuente: Elaboración propia en base a INE, Estadísticas Vitales, 1990, 2000 y 2013.

Como se observa en el Gráfico 1.8, si bien la mayoría de las niñas y los


niños de 5 años o menos vive con ambos progenitores, su proporción ha
disminuido, pasando desde el 79,9% en 1990 hasta el 61,2% en 2013.
Actualmente, se observan diferencias significativas entre las niñas (59,9%) y
los niños (62,5%).

Al mismo tiempo, la proporción de aquellas y aquellos que viven con


solo un progenitor ha aumentado, y casi siempre este es la madre. En el
año 1990, vivían solo con la madre el 15,9% de las niñas y el 16,4% de
los niños, en 2000 dichos porcentajes se incrementan a 21,1% y 20,6%,
respectivamente, alcanzando en 2013 al 36,3% de las niñas y el 33,1% de los
niños. Sin embargo, las diferencias entre niños y niñas son estadísticamente
significativas solo en 2013. También se observa que en 2013 la proporción
de niños que vive solo con el padre es mayor (estadísticamente) que la de
las niñas (1,5% y 1%, respectivamente) aunque ambas son proporciones muy
marginales (Encuesta CASEN).

Se identifican importantes brechas al segmentar a las niñas y niños por


zona de residencia y, especialmente, según el nivel de ingreso autónomo de
los hogares en los que crecen. Las niñas y niños de zonas rurales se han
enfrentado a un menor decrecimiento de los núcleos biparentales, pues en

35
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

| GRÁFICO 1.8 | Distribución de infantes (0-5 años) según jefe/a del núcleo en el que viven, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

Porcentaje de
población (%)
3,2% 3,1% 2,2% 2,5% 2,8% 2,9%
100% 1,0% 0,7% 0,7% 0,9% 1,0% 1,5%

90%
15,9% 16,4% 21,1% 20,6%

80% 36,3% 33,1%

70%

60%

50%

40% 79,9% 79,8% 76,0% 76,0%


59,9% 62,5%
30%

20%

10%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres
Año 1990 2000 2013

Madre/Padre más su pareja Madre Padre Otro familiar o no familiar

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en 1990 para quienes viven con Otro no familiar (10%), en
el 2000, para quienes viven con Otro familiar (10%) y con Otro no familiar (10%); y en el 2013, para quienes viven con la Madre/Padre más su pareja (1%), solo con
la Madre (1%) y solo con el Padre (1%).
Los núcleos biparentales pueden estar constituidos por ambos padres del infante de 0-5 años o por uno de los progenitores y su pareja.

2013 un 65% de ellas y ellos vive con ambos padres, versus el 60,7% de los
infantes de zonas urbanas; y, en contraposición, es menor la proporción de
aquellos/as que viven con un solo progenitor (31,8% versus el 36,4% de las
niñas y niños de zonas urbanas).

Respecto al decil de ingreso autónomo de los hogares en que los infantes


crecen, según se observa en el Gráfico 1.9 es evidente que cuando los
ingresos son más altos, mayor es la proporción de niñas y niños que vive
con ambos padres y menor la de aquellos que solo viven con un progenitor
o con otro familiar o no familiar. A modo de ejemplo, en 2013, en el primer
decil el 43% de las niñas y niños vive con ambos padres, el 51% lo hace
solo con la madre, el 0,8% vive solo con el padre y el 5,2% vive en un
núcleo cuyo jefe es otro familiar o un no familiar; estas proporciones varían
considerablemente en el decil más rico, pues más del doble de los niños
y niñas vive con ambos padres (89,9%), menos del quinto vive solo con la
madre (9,7%), el 0,4% vive con el padre y no hay niñas ni niños registrados
que vivan con otro familiar o no familiar como jefe de su núcleo.

36
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 1.9 | Distribución de infantes (0-5 años) según jefe/a del núcleo en el
que viven y decil de ingreso autónomo, por sexo, 1990 y 2013.

1.9.1 Distribución de infantes (0-5 años) según jefe/a del núcleo en el que viven y decil de ingreso autónomo, por sexo, 1990.
Porcentaje de
población (%)

100%
90%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10%
0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres
Decil de
ingreso autónomo I II III IV V VI VII VIII IX X

Otro familiar o no familiar 3,5% 4,2% 3,2% 2,4% 4,1% 3,9% 4,3% 4,3% 4,4% 4,0% 3,4% 2,6% 1,8% 2,5% 1,8% 0,9% 1,9% 2,2% 1,5% 1,1%
Padre 0,4% 0,3% 0,5% 0,5% 1,4% 0,5% 1,1% 1,8% 1,5% 0,6% 1,0% 1,5% 0,3% 0,3% 1,9% 0,7% 1,5% 1,4% 0,6% 0,0%
Madre 23,1% 25,3% 15,6% 15,7% 15,3% 18,3% 15,9% 14,4% 18,2% 15,5% 15,5% 19,4% 11,3% 9,9% 12,3% 13,6% 8,0% 8,0% 7,4% 5,4%
Madre/Padre más su pareja 73,1% 70,3% 80,7% 81,4% 79,2% 77,4% 78,7% 79,6% 75,9% 79,9% 80,2% 76,5% 86,7% 87,3% 84,0% 84,8% 88,6% 88,4% 90,5% 93,5%

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas para quienes viven con la Madre/Padre más su pareja en
el decil V (10%); para quienes viven solo con la Madre en el decil III (10%); para quienes viven solo con el Padre en el decil III (5%) y para quienes viven con Otro no
familiar en el decil VI (10%).

1.9.2 Distribución de infantes (0-5 años) según jefe/a del núcleo en el que viven y decil de ingreso autónomo, por sexo, 2013.

Porcentaje de
población (%)

100%
90%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10%
0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres
Decil de
ingreso autónomo I II III IV V VI VII VIII IX X

Otro familiar o no familiar 5,9% 4,7% 2,9% 3,6% 3,6% 3,8% 1,7% 2,6% 3,2% 3,2% 2,3% 2,2% 2,0% 2,6% 0,7% 1,4% 1,2% 1,0% 0,0% 0,3%
Padre 1,0% 0,6% 0,5% 0,5% 0,9% 0,9% 0,4% 3,5% 0,6% 4,2% 1,8% 2,2% 0,8% 0,9% 2,8% 0,5% 0,9% 1,3% 0,8% 0,1%
Madre 51,4% 50,6% 42,6% 36,2% 41,5% 37,4% 42,3% 33,5% 34,4% 32,2% 33,7% 36,6% 28,1% 21,8% 17,1% 22,7% 17,6% 13,5% 12,9% 6,8%
Madre/Padre más su pareja 41,8% 44,2% 53,9% 59,7% 53,9% 58,0% 55,5% 60,4% 61,9% 60,5% 62,2% 59,0% 69,2% 74,7% 79,3% 75,4% 80,4% 84,3% 86,3% 92,8%

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas para quienes viven con la Madre/Padre más su pareja en
los deciles II (1%), III (5%), IV (5%), VII (5%) y X (1%); para quienes viven solo con la Madre en los deciles II (1%), III (5%), IV (1%), VII (5%), VIII (5%), IX (10%) y X (10%);
para quienes viven solo con el Padre en los deciles IV (1%), V (1%) y VIII (1%) y para quienes viven con Otro no familiar en el decil V (5%).

37
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

TRANSFORMACIONES FAMILIARES EN INFANCIA Y


ADOLESCENCIA

Al igual que lo que sucede con las niñas y niños de 5 años o menos, en el
Gráfico 1.10 se ve que entre aquellos/as de 6 a 17 años desde 1990 a la
fecha también ha disminuido la proporción de quienes viven con los dos
progenitores (76,5% y 61,7%, respectivamente), y se observa un incremento
de los que lo hacen con un solo progenitor -generalmente la madre- (16,3%
y 31,8%, respectivamente). En el año 2013, la proporción de niñas que vive
con ambos padres es estadística y ligeramente menor que la de los niños
(61,3% y 62,2%, respectivamente) (Encuesta CASEN).

Aunque la mayoría de las niñas y niños que vive con un progenitor lo hace
con la madre, se ha producido un crecimiento de los que viven solo con
el padre, en particular cuando se trata de hijos (hombres), observándose
diferencias significativas con las mujeres el año 2013. Mientras en 1990
el 1,8% de los niños entre 6 y 17 años vivía solo con el padre, el 2,1% lo
hacía en el 2000 y el 3,1% en 2013. Entre las niñas, dichos porcentajes
corresponden a 1,6%, 1,8% y 2,0%, respectivamente (Encuesta CASEN).

Cabe señalar que, aun cuando las proporciones son marginales para ambos
sexos, a lo largo de todo el período son más las mujeres (entre 13 y 17
años) que están a cargo de un núcleo o son pareja del jefe/a de este (1,4%
vs el 0,2% de ellos, en 2013), fenómeno que se vincula a la persistencia del
embarazo entre las adolescentes y, la consiguiente, conformación temprana

| GRÁFICO 1.10 | Distribución de infantes y adolescentes (6-17 años) según jefe/a


del núcleo en el que viven, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

Porcentaje de
población (%) 6,6% 6,0% 4,8% 5,1% 5,8% 5,7%
1,6% 1,8% 1,8% 2,1% 2,0% 3,1%
100%

90%
14,5% 14,6% 15,6% 15,2%
80%
29,6% 28,8%
70%

60%
75,6% 77,4% 76,4% 77,4%
50%
61,3% 62,2%
40%

30%

20%

10%

0% 1,7% 0,2% 1,4% 0,2% 1,4% 0,2%


Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres
Año 1990 2000 2013

Jefe/a del núcleo familiar o su pareja Madre/Padre más su pareja Madre Padre Otro familiar o no familiar

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en el año 1990 para aquellos que son Jefe/a de núcleo o
su pareja (1%), viven con la Madre/Padre más su pareja (1%) y viven con Otro no familiar (1%); en el 2000, para aquellos que son Jefe/a de núcleo o su pareja (1%),
viven con la Madre/Padre más su pareja (1%), viven solo con el Padre (1%) y viven con Otro familiar (5%); y en el 2013, para aquellos que son Jefe/a de núcleo o su
pareja (1%), viven con la Madre/Padre más su pareja (10%) y viven solo con el Padre (1%).

38
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

de un núcleo familiar (Encuesta CASEN).

Tal como ocurre en la primera infancia, la distribución de las niñas, niños y


adolescentes según jefe/a del núcleo familiar en el que viven, varía según
la zona de residencia y de acuerdo al nivel de ingreso de sus hogares. En
2013, también son las niñas, niños y adolescentes de zonas rurales quienes
presentan mayores niveles de convivencia con ambos padres (70,3% vs el
60,5% de quienes son de zonas urbanas), y menor la proporción de quienes
viven solo con la madre (19,7% vs 30,6%, respectivamente) o solo con el
padre (1,8% vs 2,7%, respectivamente) (Encuesta CASEN).

En relación al decil de ingreso autónomo de los hogares en que crecen


las niñas, niños y adolescentes, en el Gráfico 1.11 es posible ver que en
2013, entre aquellos/as que viven en hogares con mayores ingresos, es
mayor la prevalencia de quienes conviven con ambos padres (83,1% en el
décimo decil vs el 45,3% del primer decil). En cambio, en los hogares de los
deciles con menores ingresos, es considerablemente mayor la proporción
de quienes viven solo con la madre (42,5% en el primer decil vs 14% en
el décimo decil), solo con el padre (1,8% vs el 1,4%, respectivamente),
aquellos/as que viven con otro familiar o un no familiar (9,1% vs 1,3%,
respectivamente) y quienes son los jefes/as del núcleo o su pareja (1,3% vs
0,1%, respectivamente) (Encuesta CASEN).

TRANSFORMACIONES FAMILIARES EN LA ADULTEZ Y


VEJEZ

Como se ha mencionado anteriormente, a lo largo del período se ha


producido una disminución de los matrimonios y un aumento de las uniones
consensuales. Mientras en 1990 se registraban 98.702 matrimonios civiles
al año, en 2013 estos llegaron a 61.446 (INE, Anuario de Estadísticas Vitales
2013). “en 1997 ocho de cada
Tal como se puede observar en el Gráfico 1.12, la tasa bruta de nupcialidad diez mujeres contraían
disminuyó a menos de la mitad, pasando de 7,5 por cada mil habitantes en
1990 a 3,5 en 2013 (INE). Esto se refleja en que para el grupo de los adultos matrimonio antes de los 30
(25 a 59 años), el porcentaje de casados disminuye desde un 67,7% en 1990
a un 41,7% en 2013, al tiempo que las uniones consensuales aumentan desde años de edad, en 2013 lo
un 6% al inicio del período hasta un 19% al finalizarlo (Encuesta CASEN).
hacen solo cinco de cada
Asimismo, se observa un retraso en la edad para contraer matrimonio: en diez”.
1997 ocho de cada diez mujeres contraían matrimonio antes de los 30
años de edad, en 2013 lo hacen solo cinco de cada diez, mientras que
en el mismo período la proporción de mujeres que contraen matrimonio
entre los 35 y 44 años de edad casi se triplicó, pasando del 6,4% al 17%.
Adicionalmente, en 1997 el 95,9% de las mujeres que contraían matrimonio
se casaban por primera vez, y en 2013 dicha proporción disminuyó al 84,8%.

Entre los hombres, también se retrasó la edad de contraer matrimonio,


aunque estos históricamente lo han hecho en edades mayores que las
mujeres. En 2013, por cada 3 mujeres que se casan antes de los 20 años
solo un hombre lo hace. Además, en ese mismo año, la proporción de
hombres que contrae matrimonio entre 35 y 44 años es de un 20,6% en
relación al total de matrimonios. Al igual que entre las mujeres e, inclusive,
con mayor fuerza, entre los hombres también disminuye la proporción de

39
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

| GRÁFICO 1.11 | Distribución de infantes y adolescentes (6-17 años) según jefe/a del núcleo
en el que viven y decil de ingreso autónomo, por sexo, 1990 y 2013.

1.11.1 Distribución de infantes y adolescentes (6-17 años) según jefe/a del núcleo en el que viven y decil de ingreso autónomo, por sexo, 1990.

Porcentaje de
población (%)

100%
90%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10%
0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres
Decil de
ingreso autónomo I II III IV V VI VII VIII IX X

Otro familiar o no familiar 7,6% 6,8% 5,6% 6,1% 5,8% 6,8% 8,4% 8,0% 7,0% 6,8% 7,0% 5,9% 6,0% 4,0% 6,3% 5,2% 4,6% 3,7% 2,2% 2,8%
Padre 0,9% 1,4% 1,6% 1,9% 2,2% 1,6% 1,7% 2,1% 2,0% 2,4% 2,0% 2,7% 1,5% 1,6% 1,9% 0,9% 2,5% 2,1% 0,5% 0,7%
Madre 18,6% 19,4% 14,1% 15,0% 15,7% 16,6% 17,5% 16,3% 12,3% 14,0% 16,1% 12,8% 12,0% 11,9% 10,5% 9,5% 9,1% 11,0% 8,3% 5,3%
Madre/Padre más su pareja 70,5% 72,3% 77,3% 76,7% 73,8% 74,8% 70,5% 73,2% 76,9% 76,7% 73,1% 78,4% 79,7% 82,6% 80,1% 83,9% 83,7% 83,1% 88,5% 91,0%
Jefe/a del núcleo familiar o su pareja 2,4% 0,1% 1,5% 0,2% 2,5% 0,1% 1,9% 0,4% 1,9% 0,1% 1,8% 0,1% 0,8% 0,0% 1,1% 0,5% 0,2% 0,2% 0,4% 0,3%

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas para quienes son Jefe/a de núcleo o su pareja en los
deciles I (1%), II (1%), III (1%), IV (1%), V (1%), VI (1%) y VII (5%); viven con la Madre/Padre más su pareja en los deciles VI (1%) y VIII (10%); viven solo con la Madre en
el decil VI (1%) y viven solo con el Padre en los deciles I (1%) y VIII (10%).

1.11.2 Distribución de infantes y adolescentes (6-17 años) según jefe/a del núcleo en el que viven y decil de ingreso autónomo, por sexo, 2013.

Porcentaje de
población (%)

100%
90%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10%
0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres
Decil de
ingreso autónomo I II III IV V VI VII VIII IX X

Otro familiar o no familiar 7,7% 10,4% 6,7% 5,6% 6,8% 7,6% 7,3% 5,8% 6,1% 5,1% 3,6% 4,1% 4,3% 3,6% 4,4% 2,7% 2,5% 2,3% 1,1% 1,5%
Padre 0,8% 2,8% 2,2% 2,3% 2,2% 2,8% 1,8% 5,0% 3,0% 2,6% 3,7% 3,4% 1,8% 3,0% 1,7% 3,1% 1,7% 4,0% 1,0% 1,9%
Madre 45,4% 39,6% 32,8% 33,5% 31,8% 32,0% 27,9% 30,7% 25,9% 26,7% 26,3% 28,1% 21,8% 21,8% 20,9% 17,9% 22,6% 14,8% 14,0% 14,0%
Madre/Padre más su pareja 44,0% 46,6% 56,6% 58,5% 57,8% 57,4% 61,7% 58,3% 63,7% 65,5% 64,7% 64,3% 71,1% 71,0% 72,3% 76,2% 72,8% 78,9% 83,7% 82,5%
Jefe/a del núcleo familiar o su pareja 2,0% 0,5% 1,8% 0,1% 1,3% 0,2% 1,3% 0,2% 1,3% 0,1% 1,8% 0,1% 1,0% 0,6% 0,8% 0,1% 0,4% 0,0% 0,2% 0,0%

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas para quienes son Jefe/a de núcleo o su pareja en los
deciles I (1%), II (1%), III (1%), IV (1%), V (1%), VI (1%), VIII (5%) y IX (10%); viven con la Madre/Padre más su pareja en los deciles I (5%), IV (5%), VIII (5%) y IX (1%);
viven solo con la Madre en los deciles I (1%), IV (1%), VIII (10%) y IX (1%); viven solo con el Padre en los deciles I (1%), IV (1%), VII (5%), VIII (5%) y IX (1%) y viven con
Otro familiar en los deciles I (1%), II (5%), IV (5%), VIII (5%) y IX (1%).

40
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

aquellos que se casan por primera vez, desde un 94,3% en 1997 a un 80,4%
en 2013.

En contraposición, aumentó la reincidencia en el matrimonio civil,


especialmente entre los hombres; en 1997, el 5,7% de los hombres y el 4,1%
de las mujeres que contrajeron matrimonio lo hicieron por segunda vez o
más, mientras que en 2013 lo hace el 19,6% de ellos y el 15,2% de ellas.

El incremento de personas que se casan por segunda o más veces corre


en paralelo con la posibilidad de divorciarse. En Chile, el divorcio entró en
vigencia el año 2004 mediante la promulgación de la nueva Ley de Matrimonio
Civil (Ley N° 19.947). En el año 2006, se registraron 10.119 divorcios y esta
cifra aumenta a 48.272 en 2013. Tal como se observa en el Gráfico 1.12, la
tasa de divorcio se cuadruplicó entre 2006 y 2013, pasando de 0,6 por cada
mil habitantes, a 2,7. Parte de esta variación se explica porque el cambio
legal, al menos en los primeros años, permitió actualizar su situación de
estado civil a las parejas que se encontraban separadas “de hecho”.

En línea con lo anterior, entre los hogares compuestos por jefes de hogar
de 25 a 59 años, se han más que duplicado aquellos con jefatura femenina,
pasando desde 15,7% en 1990 a 35,5% en 2013. Sin embargo, es necesario
destacar que entre los hogares monoparentales se ha mantenido constante la
alta prevalencia de la jefatura femenina: 89,6% en 1990 y 91,3% en 2013. Por
otra parte, entre los hogares biparentales con jefes/as de hogar entre 25 y 59
años se ha producido un aumento de la jefatura femenina desde un 0,6% a un
14,5%, en el mismo período (Encuesta CASEN).

En relación con los hogares encabezados por adultos mayores (sobre 60


años), cabe decir que por un lado, la jefatura femenina es mayor que entre
mujeres adultas (25-59 años), y por otro, que también ha aumentado (aunque
menos que entre el grupo adulto), pasando del 34,4% en 1990 al 42,6% en
2013. Al igual que en la adultez, la jefatura femenina entre los mayores de 60
años se concentra en hogares monoparentales, representando un 40,8% en
2013 (Encuesta CASEN).

| GRÁFICO 1.12 | Evolución de matrimonios, divorcios, tasa de nupcialidad y tasa de divorcio, 1990 - 2013.
Nº por cada
Miles mil habitantes
120 8
7,5
6,8
6,5 6,7 6,5 7
100
6,1
5,7 6
5,3
80 4,9
4,6 5
4,3
4,1 3,8 3,7
3,9 3,5 3,5
60 3,6
3,3 3,3
3,6 3,5 3,4 3,3 4
3,2 3,0
2,7 2,8 2,7 3
40
2
1,3
20 0,6 1,0
1
10 16 22 54 52 47 49 48
99 92 89 93 92 87 84 78 73 70 67 64 61 57 53 54 58 58 56 56 60 65 64 61
0 0
1990

1991

1992

1993

1994

1995

1996

1997

1998

1999

2000

2001

2002

2003

2004

2005

2006

2007

2008

2009

2010

2011

2012

2013

Matrimonios Divorcios Tasa Nupcialidad Tasa Divorcios

Fuente: Elaboración propia en base a Registro Civil (datos divorcios); INE, Estadísticas Vitales, 1990-2013 (datos matrimonios); INE, “Proyecciones y Estimaciones
de Población, total país 1950-2050” (datos 1990-2001); y a INE, 2014, “Actualización 2002-2012 y proyección 2013-2020” (datos 2002-2012).
Nota: En mayo del 2004 entra en vigencia la Ley 19.947 de Matrimonio Civil, que establece la existencia del divorcio.

41
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

1.3
Disminución de la pobreza

En Chile, la Encuesta CASEN, llevada a cabo


por el Ministerio de Desarrollo Social desde el
año 1985, permite realizar una caracterización
socioeconómica de los hogares y, con ello,
identificar y medir la pobreza a nivel de hogar. A
la base está el supuesto de que la pobreza y/o
su ausencia, afecta en igual medida a todos los
miembros del hogar, es decir, que la distribución
de los ingresos del hogar es equitativa entre sus
miembros y que de alguna manera se busca
(logra) priorizar las necesidades de todos ellos.
Sin embargo, esto no considera las diferencias
en la distribución de poder para la toma de
decisiones en el hogar, con lo que no es posible
efectivamente estudiar la (falta de) autonomía y/o
empoderamiento económico de las mujeres.

Como consecuencia del crecimiento económico y las políticas públicas, entre


1990 y 2013 se constata una importante disminución de la proporción de
personas que viven en hogares que se encuentran en situación de pobreza y
de pobreza extrema3. La pobreza en general se reduce a menos de la mitad
en todos los grupos etarios considerados. Sin embargo, persisten diferencias
entre los grupos de edad: la proporción de niñas, niños y adolescentes entre
0 y 17 años que vive en pobreza y pobreza extrema hoy duplica a la de las
y los adultos en dicha situación, aunque ha descendido desde el 50,5%
hasta el 22% (33,7% y 12,4%, respectivamente, en el caso de los adultos).
Por otro lado, quienes presentan menores niveles de pobreza son las y los
adultos mayores, con un 8,4% en 2013 (Encuesta CASEN). En el Gráfico 1.13,
se observa la proporción de mujeres y hombres que viven en hogares en
situación de pobreza, para cada tramo etario. Como la conformación de los
hogares varía según la distribución ingresos, es posible constatar que el grupo
etario con la tasa neta más alta de pobreza, son los niños y niñas entre 0 y 5
años, precisamente porque entre los hogares en situación de pobreza, existe
un alto número infantes en este rango etario. Sin embargo, como el sexo de
los menores se distribuye aleatoria y homogéneamente entre los hogares (con
jefatura femenina y masculina; mono y biparentales, etc.), ni a este nivel, ni
entre los de 6 a 17 años, se evidencian brechas significativas por sexo, porque
en general, sean niñas, niños o adolescentes, suelen ser económicamente

3 Esto se constata incluso considerando el cambio metodológico en su forma de medición el año


2013 (Encuesta CASEN).

42
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

dependientes de sus padres/madres u otro tercero responsable, haciéndose


extensiva la situación de pobreza del hogar que dichos adultos conforman.

Por lo tanto, las brechas aparecen en tramos etarios donde las personas
colaboran en su auto-manutención: juventud, adultez y vejez. En dichas
etapas de la vida, al minimizarse las tasas de dependencia económica,
especialmente entre los hombres, se visibilizan brechas de género en el
acceso a recursos económicos. Por ejemplo, las y los jóvenes de 18 a
24 años, se observa durante todo el período una brecha en detrimento
de las mujeres que, de hecho, ha ido en aumento producto del menor
decrecimiento del nivel de pobreza entre las jóvenes respecto a sus pares
masculinos. Es así como en 2013, la tasa de pobreza entre ellas es de
15,7% y entre ellos, de 12,3% (Encuesta CASEN).

Entre las y los adultos (25-59 años), en 1990 el 34,1% de las mujeres y el
33,2% de los hombres se encontraban en situación de pobreza (extrema y
no extrema), disminuyendo al 13,8% y 10,8% en 2013, respectivamente. Las
brechas se hacen más evidentes si se considera el tipo de hogar: en 2013,
un 22,9% de los hogares monoparentales con jefatura femenina son pobres,
versus el 11,7% de los con jefatura masculina. Esto da cuenta de que las
mujeres tienen más probabilidades de vivir en hogares pobres cuando viven
solas y, por tanto, están en situación de independencia económica. Por el
contrario, no hay diferencias en la tasa de pobreza en los hogares biparentales:
en 2013, un 13% de los hogares biparentales con jefatura femenina son pobres
y lo son el 13,1% de los con jefatura masculina (Encuesta CASEN).

La mayor presencia de mujeres fuera del mercado de trabajo o insertas en


trabajos precarios o subempleadas, y el mayor porcentaje de mujeres solas
haciéndose cargo de sus hijos e hijas explica, en parte, la “feminización de
la pobreza” o el predominio creciente de las mujeres en la población más
vulnerable (CEPAL, FAO, ONU Mujeres, PNUD, OIT, 2013).

Desde el año 2002, Chile cuenta con un sistema de protección social


orientado a la superación de la pobreza extrema, denominado “Chile
Solidario”. En el año 2013, participaban del Programa más de 60 mil mujeres
y casi 51 mil hombres, jefes/as de hogar de entre 25 y 59 años de edad.
Asimismo, a lo largo de la primera década de implementación, 2003-2013, la
Encuesta CASEN registra que la tasa neta de participación de estas mujeres
en el Programa siempre ha sido superior a la de los hombres, diferencia que
se ha incrementado hasta que la primera duplica a la segunda. Esto porque
la tasa neta de participación femenina se triplicó, mientras que la masculina
se duplicó. Es así como en 2003 la tasa neta de participación en el Programa
Chile Solidario de los jefes/as de hogar (25 -59 años), fue para las mujeres de
1,8% y para los hombres, de 1,4%, mientras que en 2013 fue de 5% para las
mujeres y de 2,3% para los hombres.

En Chile, las brechas de género en pobreza –medida por pobreza del


hogar- desaparecen entre las y los adultos mayores. Una hipótesis
explicativa a esto es que las personas con 60 años o más, hombres y
mujeres, contribuyen al ingreso del hogar con sus pensiones, lo que resulta
gravitante a la hora de definir el ingreso per cápita. Esto es especialmente
cierto en el caso de las mujeres pertenecientes a los primeros tres quintiles,
que en edades previas pudieron estar fuera del mercado laboral, sin aportar
ingresos monetarios al hogar, pero que una vez que cumplen 65 años
obtienen la Pensión Básica Solidaria (PBS).

En la Tabla 1.1 se encuentra el detalle de la evolución de la tasa neta de


pobreza extrema y no extrema, por sexo para los diferentes tramos etarios
estudiados en este informe.

43
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

| GRÁFICO 1.13 | Tasa neta de pobreza según tramo de edad, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

Porcentaje
(%)
53,0%
60%
51,7% 50,4%
48,7%
50%
37,9%
31,8% 34,1%
40%
29,2% 33,2%
28,7%
28,8% 27,6%
30%
20,6% 20,6%
18,0% 17,7% 20,5%
16,8%
20%
22,7% 21,7%
23,1% 8,6%
21,3% 8,3%
10%
15,7% 13,8%
12,3% 10,8% 8,3%
7,6%
0

0 - 5 años 6 - 17 años 18 - 24 años 25 - 59 años 60 años o más

1990 Mujeres 1990 Hombres 2000 Mujeres 2000 Hombres 2013 Mujeres 2013 Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN 1990, 2000 y 2013.


Notas: En el año 1990, las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en pobreza extrema en los tramos de
edad: 18 a 24 años (1%) y 25 a 59 años (10%); y en pobreza no extrema, en los tramos de edad: 0 a 5 años (5%), 6 a 17 años (10%) y 18 a 24 años (1%). En el año
2000, las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son significativas en pobreza extrema en los tramos de edad: 0 a 5 años (5%), 6 a 17 años
(1%), 18 a 24 años (10%), 25 a 59 años (1%) y 60 años o más (1%); y en pobreza no extrema, en los tramos de edad: 18 a 24 años (1%) y 25 a 59 años (10%). En el
año 2013, las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son significativas en pobreza extrema en los tramos de edad: 18 a 24 años (1%) y 25 a 59
años (1%); y en pobreza no extrema, en los tramos de edad: 18 a 24 años (1%) y 25 a 59 años (10%).
El año 2013 se utilizó la nueva metodología de medición de la pobreza adoptada por el Ministerio de Desarrollo Social. Detalles sobre esta nueva metodología en
Anexo Metodológico.

| TABLA 1.1 | Tasa neta de pobreza extrema y pobreza no extrema, según tramos de edad, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

0 a 5 años 6 a 17 años 18 a 24 años 25 a 59 años 60 años o más

Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

Pobreza extrema 20,0% 20,6% 19,0% 18,3% 11,8% 8,5% 10,9% 10,3% 4,9% 4,5%

1990 Pobreza no extrema 33,0% 31,2% 31,5% 30,4% 26,1% 23,3% 23,3% 22,9% 15,6% 16,0%

Pobreza total 53,0% 51,7% 50,4% 48,7% 37,9% 31,8% 34,1% 33,2% 20,6% 20,5%

Pobreza extrema 8,8% 8,0% 8,6% 7,9% 5,4% 4,9% 4,9% 4,4% 1,3% 1,8%

2000 Pobreza no extrema 20,5% 20,8% 20,1% 19,6% 15,2% 13,1% 12,8% 12,4% 6,2% 6,5%

Pobreza total 29,2% 28,8% 28,7% 27,6% 20,6% 18,0% 17,7% 16,8% 7,6% 8,3%

Pobreza extrema 8,1% 8,4% 7,3% 6,9% 5,1% 3,9% 4,3% 3,1% 2,0% 2,0%

2013 Pobreza no extrema 14,7% 14,7% 14,4% 14,4% 10,5% 8,5% 9,5% 7,6% 6,3% 6,6%

Pobreza total 22,7% 23,1% 21,7% 21,3% 15,7% 12,3% 13,8% 10,8% 8,3% 8,6%

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Notas: En el año 1990, las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en pobreza extrema en los tramos de
edad: 18 a 24 años (1%) y 25 a 59 años (10%); y en pobreza no extrema, en los tramos de edad: 0 a 5 años (5%), 6 a 17 años (10%) y 18 a 24 años (1%). En el año
2000, las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son significativas en pobreza extrema en los tramos de edad: 0 a 5 años (5%), 6 a 17 años
(1%), 18 a 24 años (10%), 25 a 59 años (1%) y 60 años o más (1%); y en pobreza no extrema, en los tramos de edad: 18 a 24 años (1%) y 25 a 59 años (10%). En el
año 2013, las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son significativas en pobreza extrema en los tramos de edad: 18 a 24 años (1%) y 25 a 59
años (1%); y en pobreza no extrema, en los tramos de edad: 18 a 24 años (1%) y 25 a 59 años (10%).
El año 2013 se utilizó la nueva metodología de medición de la pobreza adoptada por el Ministerio de Desarrollo Social. Detalles sobre esta nueva metodología en
Anexo Metodológico.

44
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

1.4
Principales brechas de género
a lo largo del ciclo de vida
o las pesadas e invisibles
“piedras en el zapato” de las
mujeres
Tras más de un año de investigación, en el
que se sistematizaron y analizaron una serie
de indicadores que dan cuenta de las brechas
de género, particularmente en las áreas de
Educación y Trabajo, durante los últimos 25
años, se encontraron hallazgos importantes.
Podríamos resumir las brechas de género a
lo largo del ciclo de vida con algunos de los
indicadores disponibles y constatar que las
diferencias entre hombres y mujeres parten a
favor de ellas, en la adolescencia se invierten
y sistemáticamente se acrecientan a lo largo
de la vida para terminar con una abrumadora
diferencia en la vejez, como se observa en el
Gráfico 1.14.

ComunidadMujer observa y constata en el “Informe GET, Género, Educación


y Trabajo: la brecha persistente”, que en estos ámbitos existe una cadena
de valor, donde los resultados en lo laboral, se explican en gran medida
por la trayectoria recorrida desde la etapa escolar. Esto de ninguna manera
significa que no haya espacio para intervenir cuando las mujeres son adultas,
de hecho, dadas las desigualdades sobrellevadas por tantas décadas, es
necesario hacerse cargo hoy de la situación desmejorada de las mujeres. No
obstante, lo más efectivo, eficiente y sustentable, es enfrentar el problema
desde sus orígenes.

Por lo tanto, antes de abordar dentro de los siguientes capítulos de este


informe, el detalle de cada etapa de la vida, a continuación, identificamos
las grandes “piedras en el zapato”, que no solo incomodan, sino que
entorpecen, retrasan y limitan las posibilidades y el desarrollo de las mujeres
chilenas, más aún en el caso de aquellas que viven en zonas rurales o que
se encuentran en los segmentos socioeconómicos más vulnerables. Para
ComunidadMujer es fundamental advertir de su importancia e iluminar las
zonas en las que la política pública puede y debe actuar.

45
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

1.4.1 Estereotipos de género desde la primera


infancia

En nuestro país nacen más hombres que mujeres. Durante los primeros
años de vida (entre los 9 y 47 meses), las niñas tienen habilidades más
desarrolladas que los niños, en las áreas cognitiva, social, adaptativa y de
comunicación (ELPI, 2010 y 2012), mientras que en el área motriz no se
pueden establecer diferencias por sexo. Tristemente, esta ventaja queda
atrás a medida que ellas crecen en contextos que no las incentivan en su
aprendizaje integral y en su autoconfianza.

| GRÁFICO 1.14 | Brechas de género [(H-M)/M] a lo largo del ciclo de vida.

Brecha de género

60%
53,3%

50%

40%
29,2%
30% 32,7%
21,2%
20%

6,2%
10% 6,2%
0,8% 1,9% 1,8% 1,6%
0,6% 0,4%
0%

-3,4%
-10% -4,5%

-20%

-30%

-40%
3 a 4 años 7 9 11 13 15 18 18 a 24 25 a 29 30 a 34 35 a 39 40 a 49 50 a 59 60 años o más

Tramos de edad

Fuente: Elaboración propia en base a diversas fuentes.


Nota: No es posible escoger una única variable y compararla a lo largo del ciclo de vida. Hasta los 7 años se consideraron las únicas pruebas estandarizadas
disponibles. Entre los 9 y los 18 años, se consideraron los resultados en las pruebas estandarizadas de matemáticas, por su correlación positiva con el nivel de
ingresos futuros. En la adultez se consideraron los salarios y en la vejez, las pensiones 4.

4 Así, la brecha de género se construye del siguiente modo: [(PHombres-PMujeres)/PMujeres], donde P refiere a la variable considerada para medir la brecha.
En el caso de los 3 a 4 años, se mide en base al puntaje general promedio de hombres y mujeres en el Test de Batelle del año 2012 (ELPI, 2012). A los 7 años
se mide en base al puntaje promedio de hombres y mujeres en la Prueba SIMCE de Lenguaje de 2º básico del año 2014 (Agencia de Calidad de la Educación,
2014). Las brechas de género entre los 9 y los 15 años, se miden en base a los puntajes promedio de hombres y mujeres en la Prueba SIMCE de Matemáticas
de 4º básico, 6º básico, 8º básico y 2º medio del año 2014 (Agencia de Calidad de Educación, 2014). A los 18 años se mide en base a los puntajes promedio
de hombres y mujeres en la PSU de Matemáticas del año 2014 (DEMRE, 2015). Entre los 18 y los 59 años, la brecha se mide en base al ingreso medio por
hora de hombres y mujeres trabajadores dependientes del año 2014 (NESI, 2014). La brecha a partir de los 60 años se mide en base al monto promedio de las
pensiones por retiro programado del año 2014 (Superintendencia de Pensiones, 2015).

46
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Adicionalmente, cabe destacar que las variables de género se cruzan


con las socioeconómicas. Las diferencias según la capacidad adquisitiva
de los hogares en los que niñas y niños crecen se manifiestan y se van
acrecentando con la edad. En los test de desarrollo, los infantes de hogares
más pobres obtienen, en promedio, un peor desempeño que los de hogares
más ricos, fenómeno que urge atajar a tiempo.

Ello resulta aún más relevante al constatar que, entre los acontecimientos
destacables del período estudiado, está la triplicación de la tasa de asistencia
a salas cunas y jardines infantiles entre 1990 y 2013, pasando del 17% al 49%
de las niñas y niños con cinco años o menos. Hasta los 2 años, los niños
asisten en una mayor proporción que las niñas a las salas cuna (19% y 18%,
respectivamente), tasa que, en su conjunto, es más baja que la de los países
de la OCDE (21%). Entre las niñas y los niños de 3 a 5 años, la asistencia a
jardín infantil aumenta considerablemente, pero al igual que a nivel de sala
cuna, los niños alcanzan una tasa neta mayor que las niñas: 67% y 65%,
respectivamente (Encuesta CASEN). Estas tasas siguen siendo más bajas
que las que alcanzan los países de la OCDE, donde un 81% de los infantes
de 3 a 5 años asisten a establecimientos de educación inicial (OECD, 2015a).

Sin embargo, este nivel de acceso no garantiza que niños y niñas


reciban una educación igualitaria. Tal como consigna la campaña
#EduquemosConIgualdad5, del Ministerio de Educación y ComunidadMujer,
los estereotipos de género que se dan en la socialización temprana y en la
Educación Parvularia pueden llegar a ser la semilla fundante de la diferencia
de roles tradicionales que se irán reforzando a lo largo del ciclo escolar.

Las niñas aprenden a ser mujeres conforme a la normativa social que


predomina: aquella que estimula conductas encaminadas al cuidado de la
estética, a la maternidad, al trabajo doméstico y al cuidado de las personas.
Este comportamiento, que se presenta de una manera inconsciente en
los primeros años de vida, es la preparación simbólica para arraigar su rol de
mujer en la etapa adulta, y aunque actualmente en diversos círculos sociales
se las estimula para que estudien y se preparen profesionalmente, eso no las
aleja de seguir siendo educadas con los énfasis mencionados (Colín, 2013).

No se trata únicamente que a ellas se las vincule más con el rol maternal,
sino que además, aquellos atributos que en los niños son considerados
positivos y conducentes al “éxito”, como la audacia, la ambición, el riesgo,
el “don de mando”, en ellas son considerados negativos. Por lo tanto, la
actitud modelada en el caso de las niñas es más insegura, temerosa y de
constante subestimación. Y eso se va proyectando en el tiempo, a su vida
escolar y profesional.

Si a esto sumamos los juguetes, juegos, cuentos infantiles, dibujos


animados, entre otros agentes de socialización temprana, que son
tremendamente estereotipados y reproducen la tradicional división sexual
del trabajo, se genera que niños y niñas no se encuentran en igualdad
de condiciones para proseguir su desarrollo durante la etapa escolar,
estableciendo un perjuicio para las mujeres.

1.4.2. Las niñas y la naturalización del trabajo


doméstico
En Chile, 219 mil niñas, niños y adolescentes (NNA) de 5 a 17 años está en
situación de “trabajo infantil” (EANNA, 2012). De ellos el 69% corresponde a

5 Ver campaña en: [Link]

47
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

hombres y el 31% a mujeres. Eso quiere decir que del total de hombres en
este tramo etario un 10% realiza trabajo infantil, mientras que un 4% de las
niñas lo hace.

En relación a las tareas domésticas, aun cuando casi la totalidad de la


población infantil y adolescente efectúa este tipo de actividades (88%), son
las niñas, desde muy pequeñas, las que mayoritariamente realizan esta
labor, ocupando una mayor cantidad de horas en ello (EANNA, 2012).

En ese contexto, es clave destacar que una proporción importante de NNA


realiza labores de cuidado, también sobresaliendo en ello las mujeres,
desde muy temprana edad, y aumentando su participación, a medida que
crecen. Así, entre los 15 y 17 años, la participación de las mujeres en el
cuidado de personas es ostensiblemente mayor: un 31% versus el 20% de
sus pares masculinos (EANNA, 2012).

Con el trabajo doméstico y de cuidado, las niñas y adolescentes pierden


oportunidades de recreación y estudio y, cuando crecen, se restan de
oportunidades de trabajo e ingresos, lo que agrava la desigualdad de género
y la pobreza. Resulta fundamental entonces superar la anacrónica división
sexual del trabajo que se ha perpetuado en el tiempo.

1.4.3. Embarazo adolescente, un reproductor de la


pobreza
El embarazo adolescente es una de las realidades dolorosas que en Chile
se mantiene detrás de la puerta, circunscrita a lo privado y con escasa
intervención de la política pública. Un tema social que golpea, sobre todo
porque se relaciona con historias de pobreza e inequidad.

Actualmente, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas, INE, nacen


en Chile 32 mil hijos/as de madres adolescentes (menores de 20 años).
El fenómeno es liderado fundamentalmente por las más pobres. Entre los
hogares del 20% de más bajos ingresos, el 14% de las mujeres entre 15 y
19 años ya es madre. De ellas, una de cada diez tiene más de un hijo. En
cambio, sólo el 2% de las adolescentes del quintil más rico está en esa
situación y ninguna tiene más de un hijo (Encuesta CASEN, 2013).

Preocupa que en los últimos años la maternidad adolescente no haya


disminuido de manera relevante, como se espera de un país que ha
alcanzado los niveles de desarrollo económico del nuestro. Actualmente
estamos en torno a los 47 nacimientos por cada 1000 adolescentes, lo que
sitúa a Chile como el segundo peor país de la OCDE después de México,
y en la media de los países de América Latina, que a nivel mundial solo es
superada por el África subsahariana (Banco Mundial).

Un alto porcentaje de esas adolescentes interrumpe su formación, siendo este


uno de los mecanismos a través de los cuales el embarazo adolescente opera
como factor reproductor de pobreza. De hecho, la incidencia del fenómeno
“NINI” (personas que “ni estudian ni trabajan”) es sustancialmente mayor entre
las madres adolescentes: más de la mitad (53%) de las adolescentes (15-19
años) que son madres, no estudia ni trabaja remuneradamente, mientras que
entre las que no lo son, las NINI no llegan ni a la décima parte (9%) (Encuesta
CASEN, 2013).

Se debe tener en cuenta, además, que la maternidad adolescente es reflejo


también de la falta de empoderamiento de las mujeres. Según el Instituto
Nacional de la Juventud (INJUV, 2012), un 10% de las adolescentes entre

48
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

15 y 19 años que no usaron anticoncepción en su última relación sexual,


asegura que no se atrevió a plantear y menos a imponer la alternativa a su
pareja, mientras que un 11% de ellas declara que fue su pareja quien decidió
no utilizar algún método de anticoncepción. Por otra parte, un 16% declara
que decidió no cuidarse porque no le gustan los métodos que conoce y un
31% declara no utilizar algún método por tener pareja estable. Preocupa que
un 18% no lo hizo por falta de dinero, información o acceso a algún método
y, más aun, que un 9% de las adolescentes activas sexualmente declare no
usar algún mecanismo porque “buscaba un hijo”.

Así, la oferta diferenciada de proyectos de vida para hombres y mujeres


se encarna dramáticamente en este fenómeno. Según estudios de
ComunidadMujer (Voz de Mujer, 2010), las mujeres de entre 28 y 40 años
que fueron madres tempranamente cuentan con menos años de escolaridad,
participan en menor proporción del mercado laboral y, cuando lo hacen,
trabajan en empleos peor remunerados y con más informalidad. Esta
situación es aún más preocupante si se considera que las más afectadas
son las adolescentes más vulnerables en términos socioeconómicos, lo que
se convierte en un círculo vicioso.

1.4.4. Feminización de los “NINI” y el futuro


hipotecado
En nuestro país, según datos de la Encuesta CASEN 2013, hay casi 3
millones de jóvenes entre 15 y 24 años. De ellos, 380 mil, es decir, el 13%,
ni estudia ni trabaja remuneradamente (NINI). De ese grupo, un 68% son
mujeres y un 37% pertenece al primer quintil de ingresos (Encuesta CASEN).
Esto significa que el llamado fenómeno NINI se vincula fuertemente con
la desigualdad de género y socioeconómica, pues está concentrado en
mujeres y en los segmentos de menores ingresos y de más baja escolaridad.

El ciclo de vida habitual consiste en invertir en educación formal en las


etapas de la niñez, la adolescencia y la juventud, para luego insertarse en
el mercado laboral, utilizando las competencias y habilidades adquiridas.
Cuando se interrumpe este ciclo, resulta difícil retomarlo y esto es
especialmente así para las mujeres.

Actualmente la proporción de las adolescentes que no estudian ni trabajan


remuneradamente casi duplica a los hombres (7% versus 4%). Como se
dijo, la maternidad o embarazo es la principal razón por la cual las mujeres
que tienen entre 15 y 17 años engrosan las filas de las NINI (26%), mientras
que, entre los hombres, estas motivaciones justifican apenas el 0,7%
(Encuesta CASEN, 2013).

El tener a esta edad un hijo/a tiene múltiples causas explicativas. Entre ellas,
la injusticia social y de género, la pobreza, la falta de estímulo y motivación
para mantenerse en el sistema escolar, la falta de acceso expedito a la
anticoncepción y la educación sexual y, en definitiva, una clara limitación
para construir proyectos de vida alternativos. Así, ser una adolescente NINI y
madre marca la primera gran distancia con la trayectoria que recorrerán sus
pares masculinos a lo largo de la vida.

En el tramo etario siguiente, de 18 a 24 años, es destacable que las mujeres


redujeran la tasa de NINI a la mitad, desde 43% en 1990 a 22% en 2013, aun
cuando sigue siendo el doble de la tasa de los hombres, que se mantuvo
en alrededor de 10% (Encuesta CASEN), con las negativas consecuencias
sociales e individuales que ello acarrea.

49
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

Cuando se exploran las razones para encontrarse en esta situación, se


observan diferencias entre las y los jóvenes. Para las mujeres, la maternidad
es la principal causa, aumentando desde un 22% en 1990 hasta un 34%
en 2013; mientras que los quehaceres domésticos pasaron de ser la razón
principal en 1990, con un mayoritario 58%, a representar el 22% en 2013.
En tanto, para los hombres, la paternidad es completamente irrelevante
como razón para ser NINI: apenas supera el 1% a lo largo de las décadas
estudiadas (Encuesta CASEN). Por lo tanto, ser una mujer NINI no significa
estar en la absoluta inactividad, sino que dedicarse mayoritariamente a las
labores domésticas y de cuidado en el hogar.

1.4.5. Enseñanza diferenciada de las Matemáticas:


la multiplicación de la desigualdad
Aun cuando hay algunos adolescentes y jóvenes que no estudian, un hecho
destacable de las últimas décadas es la gran cobertura de la Educación
Básica en nuestro país, que supera el 90% durante todo el período 1990-
2015, sin diferencias por sexo. En tanto, en la Educación Media aumenta
de cerca de un 60% del total de adolescentes, a alrededor del 70%, con
una mayor cantidad de mujeres matriculadas en este nivel de enseñanza.
Tanto en la Enseñanza Básica como en la Media, son las mujeres quienes
presentan mayores tasas de aprobación y menores niveles de abandono
escolar que sus pares masculinos (Ministerio de Educación, 2013c).

A partir de estos logros del sistema educacional, hoy se plantean desafíos


más complejos que se vinculan con la igualdad de género. Puesto que, desde
etapas tempranas, niñas y niños reciben distintos estímulos y están expuestos
a diferentes estereotipos, en el sistema escolar se enciende una de las
grandes alertas, al analizar los resultados académicos por área de estudios.

Así, a nivel nacional se puede ver que el desempeño por sexo en las pruebas
de Matemáticas del Sistema de Medición de la Calidad de la Educación
(SIMCE) es disímil, y con una clara desventaja de las mujeres. En el caso de
Lenguaje y Comunicación la situación es inversa.

A nivel internacional esto también queda evidenciado en la prueba PISA,


que se aplica a las y los estudiantes de 15 años en todas las naciones
de la OCDE y asociados. En Lectura, las chilenas al igual que todas las
mujeres evaluadas, tienen ventaja, pero es la más pequeña entre todos los
países OCDE. En Matemáticas, la diferencia en los resultados de las y los
adolescentes chilenos es de 25 puntos a favor de los hombres, siendo de las
más amplia de la OCDE (cuya brecha promedio es de 11 puntos).

A pesar del dominio general de ellos en esta materia, en 5 de los 65 países


participantes en la última PISA (2012), las diferencias son favorables a las
mujeres (Jordania, Qatar, Tailandia, Malasia e Islandia) y, por otro lado, en 23
naciones no hay brechas de género en los puntajes obtenidos. Esto indica
que el mal desempeño de ellas en Matemáticas no es connatural al sexo.

Es más, la evidencia disponible muestra que las diferencias se explican


en gran medida por razones socioculturales instaladas en el sistema
educacional. Por una parte, en elementos tan esenciales para la enseñanza
como los textos escolares “los personajes masculinos aparecen en
roles vinculados al ejercicio del liderazgo, asumiendo riesgos, siendo
autosuficientes o ambiciosos, mientras que los personajes femeninos
muestran roles focalizados en elementos emocionales, de cuidado y
protección, dentro de la esfera privada, y están excluidos de los campos
político y científico” (Covacevich y Quintela, 2014).

50
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Por otra parte, los investigadores Mizala, Martínez y Martínez (2014)


demostraron que las expectativas de las y los docentes sobre el rendimiento
escolar difieren significativamente en función del sexo del estudiante. En
particular, estos consideran que los niños tendrán mejor desempeño en
matemáticas que las niñas. Entonces, no resulta extraño que el profesorado,
consciente o inconscientemente, incentive de manera dispar las habilidades
de sus alumnos/as, generando en el corto y largo plazo, rendimientos
académicos y orientaciones vocacionales diferentes y segmentadas, lo que
posteriormente compromete las alternativas laborales y salarios futuros.

1.4.6. Acceso a la Educación Superior: carreras


“para mujeres” y escasa presencia en CTIM
Las mujeres terminan el colegio con un mejor promedio de notas. De
hecho, el puntaje NEM, asignado por las Notas de Enseñanza Media, es
en promedio, de 547 para ellas y de 522 para los hombres. Sin embargo,
las mujeres obtienen peores resultados en las Pruebas de Selección
Universitaria (PSU), donde se observan importantes brechas por sexo. En
general, son los hombres quienes obtienen mejores puntajes en la prueba
de Matemáticas, y la diferencia a favor de las mujeres en Lenguaje y
Comunicación durante la etapa escolar, se revierte en la PSU (DEMRE).

Esta ventaja en las pruebas de admisión, se traduce en que los hombres


son mayoría en Universidades de mayor calidad y/o tradición, tanto entre
las 5 mejores Universidades del país6 como en el grupo de Universidades
pertenecientes al Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas
(CRUCH), que conforman 25 establecimientos tradicionales. En las restantes
35 Universidades privadas no tradicionales, son mayoría las mujeres. Cabe
destacar de cualquier modo, que la tasa de titulación dentro de todas las
instituciones de Educación Superior (Universidades tanto dentro como fuera
del CRUCH, Institutos Profesionales y Centros de Formación Técnica), las
mujeres tienen una tasa de titulación promedio superior a la de los hombres.

Estas diferencias de puntaje en la PSU también inducen patrones de género


en la selección de carreras, con sesgos hacia ciertas áreas del conocimiento
dependiendo del sexo, iniciando así, la futura segmentación en el mercado
del trabajo.

De acuerdo a estadísticas del Sistema de Información de Educación Superior


(SIES), a nivel universitario, en 2014, un 41% de los hombres opta por carreras
del área tecnológica, que incluye a las ingenierías; un 14% elige carreras
de Administración y Comercio, y un 11%, de Salud. Las mujeres, en tanto,
eligen principalmente carreras vinculadas a la Salud (28%), Educación (16%),
Ciencias Sociales (14%) y Administración y Comercio (13%). Esto se traduce
en que los hombres son amplia mayoría en las carreras Tecnológicas (76%) y
las mujeres en Salud (73%), Educación (66%) y Ciencias Sociales (64%).

Con todo, la matrícula universitaria es la que muestra la mayor diversificación


si se la compara con los Institutos Profesionales (IP) y Centros de Formación
Técnica (CFT), donde en el caso de estos últimos, se da la matrícula más
segregada en términos de género y área del conocimiento, con las mayores
sobrerrepresentaciones de uno y otro sexo en ciertos campos de estudio.

Es así como finalmente los hombres se matriculan en carreras asociadas


a una mejor remuneración en el futuro, como son las vinculadas a Ciencia,

6 Pontificia Universidad Católica, Universidad de Chile, Universidad de Concepción, Universidad


de Santiago y Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (QS World University Rankings).

51
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (CTIM), donde solo hay un 27% de


mujeres (SIES).

En estudios de Postgrado, la matrícula se multiplicó por 20 durante el


período, aunque continúa representando una proporción muy pequeña de la
Educación Superior (6%). A nivel de programas de Magíster el avance de las
mujeres ha sido significativo. Si en 1990 ellas representaban solo el 42% de
la matrícula total, hoy ya no existe brecha por sexo. En cambio, en estudios
de Doctorado las cifras se mantienen en rangos similares a los del inicio del
período, ya que las mujeres pasan de representar un 39% a un 44% de los
matriculados (SIES).

Más allá de la radiografía que nos muestra la segmentación educacional en


Chile, un hecho sobresaliente de las últimas décadas es el acceso masivo
de las y los jóvenes (18 a 24 años) al sistema educacional, donde destacan
tres situaciones: las mujeres pasaron de ser fundamentalmente NINI (43%
en 1990) a ser estudiantes (50% en 2013); los hombres disminuyeron su
dedicación exclusiva al trabajo remunerado de manera muy importante (de
64% en 1990 a 43% en 2013) y, por último, las mujeres se convirtieron en
mayoría dentro de la matrícula de primer año en la Educación Superior (51%
en 2014) (Encuesta CASEN y SIES).

La noticia poco alentadora es que los altos niveles de escolaridad y la


enorme inversión realizada por las familias para la educación de sus hijas en
las últimas décadas, no se ha traducido necesariamente en mayor acceso al
mercado laboral, mejor condiciones y salarios para ellas.

1.4.7. Pocas mujeres trabajando y sin poder de


decisión
Un hecho sobresaliente de los últimos 25 años es el sostenido aumento
de la participación laboral de las mujeres adultas (25-59 años) desde un
40% en 1990 a un 66% en 2014. Aun así, esta tasa equivale a una de las
participaciones más bajas dentro de los países de la OCDE, situando a Chile
incluso debajo de la media de los países de América Latina. Por su parte, los
hombres del mismo grupo etario han mantenido una tasa de participación
laboral relativamente constante en el tiempo, que en promedio se ubica en
93% (ENE, 1990 y NENE, 2014).

La inserción laboral femenina tiene características particulares que deben


tomarse en cuenta. Mientras mayor es el nivel de educación, mayor es la
tasa de participación laboral. De manera análoga ocurre con el nivel de
ingresos, mientras en el decil más rico el 84% de las mujeres adultas trabaja
remuneradamente (317 mil), en el decil más pobre solo el 46% de ellas lo
hace (250 mil), marcándose una brecha de desigualdad importante también
entre las mujeres.

Dado que, en una sociedad como la chilena, las mujeres son las principales
cuidadoras del hogar y la familia, en comparación con los hombres, a lo
largo de todo el período estudiado, se observa una mayor proporción de
mujeres adultas que trabaja menos de una jornada completa. Actualmente,
dentro de los ocupados/as entre 25 y 59 años, las mujeres que trabajan
menos de una jornada completa equivalen al 45%, mientras que para los
hombres dicha cifra corresponde al 25% (NENE, 2014). Esta es una de las
tantas manifestaciones de las decisiones difíciles que tienen que resolver las
mujeres entre su vida personal y laboral, situación a la que los hombres no
se ven enfrentados.

52
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

En otro orden, cabe destacar que la participación de las mujeres en el


mundo del trabajo se ve afectada por dos tipos de segregación. Por
una parte, está la “horizontal”, que se traduce en que las mujeres no se
desempeñan indistintamente en cualquier rama de actividad, sino que se
concentran en algunas de ellas, como la Enseñanza, el Servicio Doméstico y
los Servicios Sociales y de Salud.

Por otra parte, está la segmentación “vertical”, que refiere al acceso


diferenciado por sexo, a los distintos puestos de trabajo según su jerarquía,
presentándose una concentración de mujeres en las posiciones medias o
bajas al interior de las empresas y organizaciones, resultando muy escasa su
presencia en los cargos directivos.

Las dificultades para ascender no radican en la falta de capacidades, sino en


sesgos inconscientes y estereotipos, tanto descriptivos como prescriptivos,
que distorsionan las percepciones y condicionan las evaluaciones de quienes
toman las decisiones de promoción (Heilman y Parks-Stamm, 2007). A su vez,
también producto de los factores socioculturales ya descritos, en su carrera
profesional, las mujeres tienden a atribuir su éxito a factores externos mientras
que los hombres a sí mismos. Por lo mismo, ellas tienen más dificultad para
negociar su salario, condiciones laborales y también sus ascensos.

Es así como en Chile, en el caso de los directorios de las principales


empresas transadas en la bolsa, el 50% tiene entre sus miembros a una
mujer, con lo que se llega a que apenas un 8% de dichos directores, son
mujeres (Egon Zehnder, 2016).

Si se revisa a las empresas que componen el IPSA (Índice de Precio


Selectivo de Acciones) se tiene que, de las 40 compañías, solo 13 tienen
directoras (33%); de los 335 directores/as, solo 18 son mujeres (5%), todos los
presidentes de directorios son hombres y a pesar que hay un 11% de gerentas
de primera línea, todos los gerentes generales también son hombres.

En el Sistema de Empresas Públicas (SEP), las noticias son un poco más


alentadoras. Un 28% del total de directores/as (97) son mujeres, cuatro
ocupan la presidencia y nueve las vicepresidencias. Pero aún están lejos de
la meta autoimpuesta por el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, de
llegar a un 40% a final de su mandato.

Por otro lado, en la actualidad, 2 de cada 10 mujeres son emprendedoras.


Ahora bien, es clave distinguir al menos entre dos tipos: aquellas
situaciones de emprendimiento de “alto impacto”, que suelen responder a la
identificación de buenas oportunidades de negocio y la capacidad de “crear
nuevas compañías y trabajos de calidad; abrir mercados que potencian el
crecimiento y la innovación, dinamizando las industrias” (Guerra y Pizarro,
2011); de aquellas estrategias de “autoempleo” que responden, más bien, a
contextos de necesidad por dificultades de empleabilidad, microempresas
que suelen esconder situaciones de precariedad desde el punto de vista
de ingresos, jornadas laborales, regulación y seguridad social (CEPAL,
2015), pues en este último caso es donde se encuentran la mayoría de las
emprendedoras chilenas.

Si asimilamos la categoría de “trabajadora por cuenta propia” a


“microempresaria” y “empleador/a” a “empresaria”, se tiene que existe una
correlación entre el tipo de emprendimiento y los ingresos de las mujeres,
pues en general, las microempresarias pertenecen a los hogares más
vulnerables, y las empresarias se concentran en los hogares de los deciles
más ricos (Encuesta de Microemprendimiento, EME, 2013). De este modo,

53
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

los emprendimientos de alto impacto estarían concentrados en un selecto


grupo de mujeres.

Adicionalmente, la Tercera Encuesta Longitudinal de Empresas (ELE,


2013) identifica que las pocas mujeres dueñas de empresas (25% de
total de dueños) se tienden a concentrar en aquellas de menor tamaño,
representando solo el 7% de los dueños de grandes empresas, el 12% de
las medianas, el 22% de las pequeñas y el 30% de las microempresas.

Las diferencias entre ambos tipos de emprendimiento y sus niveles


de formalidad y calidad son evidentes, por ejemplo, la mayoría de las
microempresarias trabaja básicamente desde su vivienda o a domicilio
(58%), mientras que las empresarias lo hacen mayoritariamente en
establecimientos independientes (67%) (Encuesta Voz de Mujer, 2011);
la mayoría de las microempresarias se encuentra en una situación de
informalidad frente al Servicio de Impuestos Internos (52%) (EME, 2013); entre
las microempresarias predominan las que no están afiliadas a ningún sistema
previsional y/o que no se encuentran cotizando (75%), mientras que entre
las empresarias hay alta proporción de afiliadas y con cotizaciones vigentes
(66%) (Encuesta Voz de Mujer, 2011). Esto revela que el emprendimiento,
muchas veces considerado como una estrategia de conciliación entre el
acceso a bienes monetarios y las tareas domésticas y de cuidado, tiene un
alto costo en términos de informalidad y precariedad laboral.

Por otra parte, en general las mujeres enfrentan un mayor desempleo que
los hombres. Esto se verifica a lo largo de todo el período estudiado, sin
embargo, entre las y los adultos, la brecha se ensancha o angosta con el
ciclo económico y para el 2014, es casi inexistente: 6% entre las mujeres y
5% entre los hombres (NENE). Sin embargo, hay que notar que, como se
ha dicho, también hay diferencias entre mujeres. Prueba de ello es que la
tasa de desempleo de las mujeres del decil más pobre es casi 11 veces
mayor que la de las del decil más rico (Encuesta CASEN, 2013). Entre las y
los jóvenes (18-24 años), el desempleo de las mujeres es constantemente
superior al de los hombres por 3 a 5 puntos porcentuales, alcanzando en
2014 al 20% y al 14%, respectivamente (NENE).

Con todo, una de las dificultades más importantes que enfrentan las mujeres
para insertarse en el mercado del trabajo es que la legislación laboral
chilena deposita en ellas la responsabilidad por el cuidado de los hijos/as,
imponiendo, correlativamente, algunas obligaciones solo a los empleadores
de mujeres. Esto se traduce en barreras al acceso y también en menores
salarios, asunto que, por su importancia, se detallará a continuación.

1.4.8. Escandalosa brecha salarial de género


Aun cuando el grueso de la fuerza laboral adulta es poco calificada (el
71% tiene como máximo Educación Media) y eso podría explicar los bajos
salarios en general, es relevante señalar que existen una serie de fallas
en el mercado laboral que posibilitan que los ingresos por el trabajo sean
muy insuficientes para una gran parte de la población, como la falta de
fiscalización que permite los abusos, el bajo nivel de sindicalización y
negociación colectiva, la alta concentración del mercado, que disminuye la
competencia, entre otros.

Aunque en 25 años los salarios reales se han duplicado, lo cierto es que


actualmente estos continúan siendo muy bajos. De acuerdo a información de
NESI 2014, el ingreso medio de los ocupados de ambos sexos corresponde
a $473.251 y la mediana a $305.000 (pesos de octubre de 2014). En

54
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

cualquier caso, la diferencia por sexo es relevante: el ingreso medio de los


hombres equivale a $543.996 (con una mediana de $351.727), mientras que
para las mujeres es de $382.253 (con una mediana de $269.949). Por lo
tanto, se observa una enorme brecha promedio de -30% en desmedro de
las mujeres. Esto significa que, en promedio, para que una mujer chilena
gane lo mismo que un hombre dentro de un año, debería trabajar hasta el 26
de mayo del año siguiente.

Aun cuando tenemos la Ley 20.348 de igualdad salarial entre hombres


y mujeres, aprobada en 2009, es claro que hasta ahora, no ha tenido “la diferencia salarial por
ningún efecto. De hecho, la diferencia salarial por sexo es un asunto muy
preocupante en nuestro país. Hoy, Chile se ubica en el puesto número 131 sexo es un asunto muy
de un total de 134 países en el ranking de igualdad salarial para hombres y
mujeres que realizan trabajos similares (WEF, 2015). preocupante en nuestro
Las brechas salariales de género van creciendo con la edad. Las y los país. Hoy, Chile se ubica en
más jóvenes (18-24 años), son los que tienen los salarios más bajos y
actualmente, prácticamente no existe brecha en contra de las mujeres
el puesto número 131 de
(-0,4%). Esto es consistente con su escasa experiencia y con el bajo poder
diferenciador de su capital humano. Pero como dijimos, en conjunto con el
un total de 134 países en el
aumento de la remuneración, crece también la brecha salarial de género, ranking de igualdad salarial
para los tramos etarios siguientes, hasta superar el 25% en contra de las
mujeres en edades de entre 40 y 44 años. para hombres y mujeres
Una hipótesis explicativa de esta gran brecha podría encontrarse en la que realizan trabajos
etapa de fertilidad de las mujeres. Entre los 25 y los 39 años, las que
decidieron ser madres de uno o más hijos/as, tuvieron dentro de su similares (WEF, 2015)”.
trayectoria laboral, varios meses fuera de su puesto de trabajo por estar con
permiso de pre y postnatal, muchas probablemente acortaron su jornada o
definitivamente salieron del mercado laboral para enfocarse en la crianza;
otras, posiblemente, por sus responsabilidades familiares, no pudieron
asistir a cursos de capacitación o no realizaron estudios de especialización,
ni tampoco asumieron (por iniciativa propia o por prejuicio de su jefatura)
mayores responsabilidades al interior de sus equipos. Los hombres, que no
se ven enfrentados a este tipo de restricciones, avanzaron ascendentemente
en sus trayectorias laborales, dedicándose por completo al trabajo,
especializándose, asumiendo jefaturas y toma de decisiones. Con ello, no
es de extrañar que luego de los 40 años las brechas salariales de género
alcancen su máxima expresión.

Sabemos que hombres y mujeres no trabajan en promedio el mismo número


de horas, por lo tanto, comparar los ingresos mensuales entre unos y otros
no es la manera más precisa de observar el problema. Así, teniendo en
consideración las horas trabajadas, así como otras variables observables
que afectan la productividad y los salarios (educación, capacitación,
experiencia laboral, categoría ocupacional, rama de actividad económica,
tamaño de la empresa y región), se ve que la brecha salarial de género en
Chile está compuesta por una parte explicada, que es a favor de las mujeres
(por su mayor capital humano), y una no explicada, que es en contra de las
mujeres y a la vez tan grande, que anula la ventaja anterior.

Esta parte no explicada de la diferencia salarial puede asociarse a factores


de discriminación tanto culturales (división sexual del trabajo, machismo,
sesgos inconscientes), como normativos (Sistema de protección a la
maternidad en el Código del Trabajo, que deposita exclusivamente en ellas
la responsabilidad del cuidado de hijos e hijas, sin otorgar derechos ni
obligaciones a los padres trabajadores). Por lo tanto, una de las razones
principales por la que las mujeres reciben menores salarios que los hombres
es por el “castigo” que el empleador hace en su salario durante la edad fértil,

55
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

como anticipo del posible costo que deberá enfrentar con el pre y post natal,
el fuero maternal, el derecho de alimentación, la sala cuna y/o las ausencias
en caso de enfermedades u otros, de las hijas e hijos pequeños.
Los bajos niveles de salarios y la persistencia de la brecha de ingresos
por sexo son factores que disuaden el ingreso de más mujeres al mundo
del trabajo. Por un lado, el salario de reserva (remuneración por la que
están dispuestas a salir a trabajar) de muchas de ellas es más alto de
lo que el mercado laboral les ofrece, y por otro, al haber diferencias, la
estrategia familiar sigue privilegiando el trabajo remunerado de los hombres
y otorgando la responsabilidad del trabajo doméstico y de cuidado a
las mujeres, reforzando la división sexual del trabajo. Esto podría estar
explicando, en parte importante, la baja participación laboral femenina en
Chile respecto de otros países de la OCDE e incluso de la región.

1.4.9. Leyes y prácticas laborales: el costo no


compartido de la parentalidad
Como se indicó, una situación que atraviesa la experiencia laboral de la
mayoría de las mujeres es la maternidad. Si bien la decisión de tener familia
es en primer término individual y de la pareja, también cumple una función
social y por lo tanto es de preocupación pública.

Es así como el Código Laboral incluye una serie de artículos que norman la
“Protección a la Maternidad”. Esta normativa data del primer tercio del siglo
pasado y nace con el espíritu de velar por el cuidado de los hijos e hijas
de las madres trabajadoras en un contexto de economía industrial. Hoy, en
plena sociedad del conocimiento, aun cuando el Código del Trabajo ha sido
objeto de una serie de modificaciones legales a través de las cuales se ha
adaptado a las nuevas estructuras económicas, sociales y culturales del
país, subsisten enclaves tradicionales que discriminan a las mujeres y que es
necesario reformar.

En lo fundamental, nuestro Código Laboral no reconoce la parentalidad, sino


que asume que las mujeres son las principales responsables del cuidado de
los hijos/as, depositando en ellas los costos de la reproducción familiar y,
por lo tanto, haciendo más cara su contratación.

Por ejemplo, el Artículo 195 otorga a los trabajadores que se convierten en


padres, el derecho irrenunciable a un permiso paternal de 5 días en el primer
mes de nacido el hijo/a. No obstante, a diferencia del posnatal femenino,
que dura seis semanas antes del parto y doce semanas después de él
y que es financiado por el Estado, el permiso paternal es pagado por el
empleador, por lo que no está garantizado y es difícil monitorearlo (no existen
estadísticas de la Superintendencia de Seguridad Social). Sin embargo, sí hay
estudios que indican la baja utilización de este derecho: 20% de los padres7.

7 Según el capítulo chileno del Estudio IMAGES (2009), el 77% de los hombres urbanos no habría
tomado los cinco días de licencia posnatal con ocasión del nacimiento de su último hijo/a, el
3% habría solicitado licencia no pagada y el 20% sí habría utilizado la licencia que establece el
Código del Trabajo.

56
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Por otra parte, el Artículo 197 bis establece el permiso posnatal parental,
incorporado por la Ley 20.545. Luego de las 12 semanas de descanso
maternal, las trabajadoras tendrán derecho a 12 semanas adicionales de
postnatal parental, con lo cual se llega a un periodo de descanso de 24
semanas (difundidas como “seis meses”). Además, se establecen dos
alternativas: (1) posibilidad de optar por media jornada, pero con extensión
por 18 semanas; y (2) posibilidad de transferir algunas semanas al padre
trabajador, a partir de la séptima semana, a elección de la madre, opción
que apenas ha tomado el 0,26% de los padres.

Sin lugar a dudas, una de las normas más cuestionadas desde diversos
sectores, es la instaurada por el Artículo 203, que establece que toda
empresa con 20 o más trabajadoras debe proveer de modo directo o
indirecto, el servicio de sala cuna a las hijas e hijos menores de 2 años. Esta
medida es discriminatoria con los niños y niñas de nuestro país, pues su
acceso al cuidado institucionalizado depende de si su madre trabaja junto
a otras 19 mujeres (solo un 12% de las empresas tiene 20 o más mujeres
contratadas y un 25% de ellas no cumple con la norma, según la Encuesta
Laboral, ENCLA, 2014). Por otro lado, es una barrera de acceso al mercado
laboral, pues un gran número de firmas decide no contratar más de veinte
trabajadoras, para no incurrir en el gasto de la sala cuna (Escobar, 2014). Y
finalmente, es una causal de brecha salarial, pues, aunque la ley establece
que es el empleador el que debe proveer o pagar por el servicio de sala
cuna, en la práctica, son las mujeres, a través de sus menores salarios, las
que financian el servicio (Prada, Rucci y Urzúa, 2015).

La normativa impone las reglas del juego y por lo tanto su cumplimiento,


y en este caso es un poderoso factor de inequidad. Pero la cultura en el
mundo del trabajo también se expresa consciente e inconscientemente en
prácticas laborales.

Así, los empleadores, respecto de las trabajadoras que son madres, suelen
caer en condicionamientos culturales y presunciones estereotipadas
sobre la carga que representa la familia sobre el tiempo y la energía de las
trabajadoras y su presunto efecto en la productividad y eficiencia de ellas,
tendiendo a remunerar en menor medida su trabajo.

Budig (2014) concluyó, para [Link]., que lo peor para la carrera laboral de
una mujer es tener hijos/as. Las madres tienen menos probabilidades de ser
contratadas, de ser percibidas como competentes y de que se les pague
tanto como a sus colegas hombres con las mismas calificaciones. Para los
hombres, en cambio, tener un hijo/a es bueno para sus carreras. Los que
son padres, tienen más probabilidades de ser contratados que los hombres
sin hijos/as, y se les tiende a pagar más después de tenerlos. En promedio,
los ingresos de los hombres aumentan más de un 6% cuando tienen hijos/
as (si viven con ellos), mientras que los de las mujeres se reducen un 4%
por cada hijo/a que tienen. Es lo que la literatura ha llamado “el bono a la
paternidad y el castigo a la maternidad”.

1.4.10. Las mujeres trabajan el triple en las tareas


domésticas y de cuidado
Otra de las expresiones de la desigualdad de género es el nulo
reconocimiento público y privado al trabajo doméstico y de cuidado de
las mujeres. Prueba de ello es que no obtienen ningún tipo de retribución
económica, siendo que se trata de una labor que tiene un precio y/o un
costo alternativo para la mujer que lo realiza. De hecho, cuando estas

57
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

labores son ejecutadas por alguien ajeno al hogar, este servicio es


considerado un trabajo y obtiene una remuneración a cambio.

Es más, estimaciones en base a la Encuesta Experimental de Uso del


Tiempo (EEUT) 2008, indican que el trabajo doméstico tendría un valor que
supera el cuarto del Producto Interno Bruto (PIB) de la región Metropolitana
(26%). De este valor, casi un 70% es aportado por las mujeres. Estas cifras
son una muestra de cuánto ellas, con su trabajo no remunerado, subsidian
los costos del desarrollo del país.

Cabe destacar que la principal razón de la baja participación laboral de las


mujeres adultas está en sus responsabilidades familiares permanentes. De
hecho, del millón 400 mil mujeres que no están en el mercado laboral, 900
mil, es decir un 63%, esgrime esta como principal causa, siendo la tasa más
de 13 veces superior que la de los hombres (NENE, 2014).

Esto demuestra que las actividades del hogar y de cuidado que las
mujeres realizan por la tradicional división sexual del trabajo, condicionan la
participación laboral de un grupo importante de mujeres.

Pero el problema no es solo de las “inactivas”. Aquellas mujeres que trabajan


fuera del hogar destinan, en promedio, el triple de horas al día que los hombres
en el trabajo doméstico no remunerado, esto es, 2,9 versus 0,8 horas. Y a la
hora de nombrar o atribuir la responsabilidad en estas tareas, las mujeres son
las que están “a cargo”, mientras los hombres generalmente “ayudan”.

En otro orden, una nueva carga de trabajo se suma a las mujeres, con
el cuidado de las personas mayores y dependientes, dado que ellas son
mayoritariamente quienes se encargan de atenderlos (86% según el Servicio
Nacional del Adulto Mayor, 2010). Esto, de no mediar una política pública
que se haga cargo, se irá agravando con el envejecimiento de la población.

1.4.11. Bajas pensiones: el epílogo de la


desigualdad en el mercado laboral
Otro hecho destacable del último cuarto de siglo es el que la participación
laboral de las mujeres de 60 años o más, se ha más que duplicado, pasando
de un 9% en 1990 a un 20% en 2014. De las ocupadas, casi la mitad tiene
más de 65 años (ENE y NENE).

Para aquellas que quisieran descansar y se ven obligadas a permanecer


en el mercado del trabajo a consecuencia del bajo monto de las pensiones
que reciben, esta inserción no es una buena señal. Sí lo es en el caso
de aquellas mujeres que, desde jóvenes, es decir, 30 o 40 años antes,
ingresaron al espacio público, se desarrollaron laboralmente y no conciben el
retiro a los 60 años, porque consideran que aún pueden ser un aporte para
sus espacios y que estos a su vez, les contribuyen a su realización personal.
Es así como en el grupo con 60 años o más se observa una brecha entre la
edad legal de jubilación y la edad de retiro. En 2014, Chile presenta la quinta
edad de retiro más alta de la OCDE; mientras las mujeres se retiran 7 años
por sobre la edad de jubilación y 3,9 años por sobre el promedio OCDE (que
no exhibe diferencias), los hombres lo hacen 3,4 años sobre la edad legal y
3,8 años sobre el promedio OCDE (0,6 años) (OCDE, 2015).

Esto da cuenta de la ineficacia que, en el monto promedio de las pensiones


de las mujeres, tendría la extensión de la edad legal de retiro, porque en
los hechos se retiran incluso más tarde que la edad de jubilación de los
hombres. Más bien, se debe poner el acento en medidas que subsanen las

58
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

desigualdades previas en el mercado laboral. Ello porque Chile es uno de


los 16 países del mundo en que la pensión al momento de jubilar depende
de cuánto el trabajador/a logró acumular en su cuenta de capitalización
individual y de cómo su AFP (Administradora de Fondos de Pensiones)
realizó la gestión financiera de dichos fondos.
El problema es que en nuestro país el 88% de las trabajadoras gana
menos de cuatro sueldos mínimos líquidos: $724.500 (NESI, 2014). Si a los
bajos salarios sumamos alta inactividad, informalidad, desempleo, menor
edad de retiro y sistema de capitalización individual (sin solidaridad entre
generaciones, entre sexos o entre ricos y pobres), es esperable que ellas
tengan bajas pensiones. Pero no hay que olvidar que esta precariedad
laboral no es antojadiza, sino que responde, como hemos descrito, a los
roles de género asignados tradicionalmente.

El 33% del total de mujeres mayores de 60 años (463 mil) recibe una
pensión contributiva. Así, casi dos tercios (59%) de los pensionados por
vejez bajo este pilar, son mujeres. De ellas, aun cuando todavía tienen una
gran importancia las pensiones pagadas por el Sistema de Reparto (45%),
la mayoría pertenece al Sistema de Capitalización Individual (55%) y en
gran medida recibe su jubilación bajo la modalidad de Retiro Programado,
pensión que en promedio alcanza, en diciembre de 2014, a los $99.740. Ello
sitúa a las mujeres un 31% por debajo de la línea de la pobreza8.

La reforma previsional de 2008, a través del Pilar Solidario, intentó hacerse


cargo, en parte, de las brechas de género del sistema. De este modo, en
2014, del total de beneficiarios de la Pensión Básica Solidaria de Vejez
-que asciende a $89.764-, un 72% corresponde a mujeres; respecto de
los beneficiarios del Aporte Previsional Solidario de Vejez, cuya función
es aumentar las pensiones inferiores a $292.788, un 58% corresponde a
mujeres (Superintendencia de Pensiones).

Con todo, tres cuartos de las pensionadas por vejez (más allá de si la
pensión es contributiva o no), recibe un monto inferior a la línea de la
pobreza ($143.335; versus el 46% de los hombres) y un 85% percibe un
monto más bajo que el salario mínimo líquido ($181.125; versus el 61% de
los hombres)9 (NESI 2014). Esta problemática se acentúa si consideramos
que las mujeres tienen una mayor esperanza de vida, lo que supone que
con estas paupérrimas pensiones tendrán que sobrevivir un gran número de
años (en promedio, 24 sobre los 60).

1.4.12. Mujeres y niñas: principales víctimas de la


violencia
La violencia de género ejercida por los hombres es una de las expresiones
más claras de la violación a los Derechos Humanos de mujeres y niñas,
que ha estado presente a lo largo del tiempo en muchas sociedades,
legitimándose y naturalizándose como una forma de establecer relaciones
sociales, basadas en la dominación (Rico, 1996, en González, 2016).

La Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer (ONU)

8 Según la nueva metodología de medición de pobreza por ingresos, la Línea de Pobreza para un
hogar compuesto por una persona es $136.911 (pesos a noviembre de 2013), lo que equivale a
$145.103 en diciembre a 2014.
9 Se utiliza como línea de la pobreza urbana el monto definido por el Ministerio de Desarrollo
Social a través de la nueva metodología de definición de pobreza de la Encuesta CASEN 2013,
cuyo valor es $136.911 –en pesos de noviembre del año 2013- para hogares de una persona,
lo que llevado a pesos de octubre de 2014 (para equipararlos con los valores de NESI 2014)
corresponde a $143.335. Por su parte, el Salario Mínimo del año 2014 equivale a $225.000 pesos
brutos, lo que equivale a $181.125 líquidos.

59
1. MIRADA TRANSVERSAL, A LO LARGO DE LAS ETAPAS DE LA VIDA Y DEL PERÍODO ENTRE 1990 Y 2015

y la Convención de Belém Do Pará, comprometen a los Estados y la


comunidad internacional a realizar acciones para que las mujeres puedan
contar con un mayor bienestar y disfrutar de una vida libre de violencia. Sin
duda hay avances en estas últimas décadas; se ha visibilizado y debatido
sobre un fenómeno social silenciado, se ha llevado a la esfera pública y se
ha legislado contra el femicidio y la violencia intrafamiliar, pero frente a la
magnitud del problema, las normativas no alcanzan a dar respuesta y menos
a erradicar este fenómeno, que es una extensión de la violencia social,
económica y cultural (González, 2016).

“Las prácticas de violencia son cotidianas y habituales, siendo en algunos


casos imperceptibles por su naturalización y nivel de normalización. Y son
precisamente estas prácticas, las que pueden llegar a la máxima expresión
de violencia, que es el femicidio. De hecho, en Chile prácticamente, una
mujer es asesinada cada semana por el hombre con quien –en muchos
casos- estableció un proyecto común de pareja y familia” (González, 2016).
El año 2015 hubo 45 femicidios (SERNAM).

El 87% de las víctimas de violencia de género en la familia son mujeres


(Subsecretaría de Prevención del Delito). Si se consideraran las denuncias en
que la violencia es ejercida por terceros que no son propiamente familiares en
el sentido legal (parejas, convivientes), es probable que dicha cifra aumente.

Otra expresión dramática de esta lacra social es la violación y el abuso


sexual. De todas las personas que fueron víctimas de estos delitos en 2014,
un 49% corresponde a mujeres menores de 18 años. Eso significa que
entre los menores de edad que fueron víctimas de estos delitos, un 85%
son mujeres, siendo las que tienen 14 años o menos, las más afectadas
(Subsecretaría de Prevención del Delito).

Por otra parte, en el ámbito laboral, la gran mayoría de las denuncias por
acoso sexual hacen referencia a víctimas mujeres (97%). En un 81% de los
casos, el acoso sexual se da en contexto de asimetría de poder, ya sea por
el empleador o por un superior jerárquico (Carrasco y Vega, 2009). Esta
tendencia es corroborada por otras fuentes, que señalan que en 2013,
dentro de los trabajadores del servicio público, el 95% de las denuncias por
acoso sexual fue realizada por mujeres y lo mismo ocurre con el 68% de las
denuncias por acoso laboral (Dirección Nacional del Servicio Civil).
En su conjunto, estas cifras dan cuenta de que en nuestro país todavía
existen las condiciones para que las mujeres sean susceptibles de ser
afectadas por actos de violencia en mucho mayor medida que los hombres.
Ello no solo repercute a nivel individual, sino también en la familia y en
la sociedad en su conjunto: “la mujer que es objeto de violencia padece
muy distintos problemas de salud y disminuye su capacidad para obtener
ingresos y participar en la vida pública. Sus hijos corren muchos más riesgos
de tener problemas de salud, bajo rendimiento escolar y trastornos de la
conducta” (Naciones Unidas, 2006).

Este es el Chile en el que nos desenvolvemos y sobre el que debemos


actuar. No hay forma que el desarrollo sea sostenible en el tiempo si
seguimos dejando abajo a las mujeres, que son nada menos que la mitad de
la población. La política pública debe hacerse cargo de estas “piedras en el
zapato”, visualizarlas y hacer todo lo que esté a su alcance para que la oferta
de oportunidades pueda ser tomada por cualquier persona, sin que su sexo
sea una limitante en su desarrollo. De otra forma, la oferta es una falacia.

En los capítulos siguientes estudiaremos en detalle las brechas de género


que se producen en cada una de las etapas de la vida, en los ámbitos de la
educación y el trabajo, para advertir de su importancia e iluminar las zonas
en las que la política pública puede hacer algo para revertirlas.

60
2.
CAPÍTULO 2

Brechas de
género en
la infancia y
adolescencia
(0 a 17 años)
2.
En este capítulo se revisa la situación de la
infancia y la adolescencia en Chile desde
un enfoque de género para detectar las
diferencias existentes entre niñas y niños, en
las dimensiones psico-sociodemográficas
más relevantes en esta etapa del ciclo vital
de las personas.

La infancia es una etapa crucial de la vida, pues tiene un fuerte impacto, no


solo en el desarrollo emocional, físico e intelectual presente de las personas,
sino también en el largo plazo. Por otra parte, es componente fundamental
del desarrollo del país. Así, al abordar aspectos claves para el desarrollo
humano de una sociedad, las políticas públicas y la inversión social en las
niñas, los niños y adolescentes cobran mucha relevancia.

Niñas y niños tienen derecho al desarrollo pleno de sus potencialidades, lo


que fue reconocido en la Declaración de los Derechos del Niño (1959) y su
consiguiente Convención (1989), ratificadas por Chile en 1990. En el artículo
2 de la Convención de los Derechos del Niño (CDN) se establece que todos
los derechos declarados en la misma deben respetarse sin discriminación
por motivos de sexo, lo que significa que se insta a los Estados partes a que
protejan a niñas y niños contra la discriminación de género (UNICEF, 1989).
Siguiendo los parámetros de la CDN, en este informe se considerará niña,
niño y adolescente a todo ser humano menor de dieciocho años de edad
y se analizarán los aspectos demográficos, el entorno familiar y social, la
salud, la educación y el trabajo en esta etapa de la vida, desde un enfoque
de género.

En términos generales, se analiza la información de acuerdo con dos sub-


tramos etarios, estructurados en función de las edades esperadas en los
distintos niveles del sistema educacional: 0 - 5 años (primera infancia) y
6 - 17 años (niñez y adolescencia).

Se entiende que existen diferencias importantes en los procesos de


socialización de niñas y niños en cada grupo de edad al que pertenecen.
Son especialmente importantes aquellas que se dan al interior del sub-
tramo entre 6 y 17 años, en particular desde los 12 años, pues a partir de
la pubertad se presenta un desarrollo diferenciado de la sexualidad entre
las y los adolescentes. Esta etapa del ciclo vital puede marcar fuertemente
la inserción diferenciada de niñas y niños, especialmente cuando ocurre
en grupos de pares segregados por sexo, lo que va a impactar las vidas
adultas, sus actitudes y comportamientos en la sociedad.

64
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Brechas de género en la
primera infancia (0 a 5 años)

Como se indicó en el capítulo anterior, desde una


perspectiva demográfica, se estima que en el
año 2015 un 8,3% de la población corresponde
a la primera infancia, un tercio menos que
veinticinco años atrás, lo que es explicado
fundamentalmente por el paulatino descenso de
la tasa de natalidad.
Niñas y niños, además, en este período se han visto afectados por las
transformaciones en la composición de los hogares. En Chile, si bien la
mayor parte de los infantes aún crece en hogares de tipo biparental (6
de cada 10 niñas y niños), se constata la duplicación de la proporción de
quienes lo hacen en uno monoparental con jefatura femenina (3 de cada
10 niñas y niños), lo que incide directamente en sus oportunidades de
desarrollo, pues en general se observa que este tipo de hogares tiene
menores ingresos autónomos.

2.1. Diferencias al nacer


Niñas y niños pueden manifestar diferencias desde el momento en que
nacen, principalmente asociadas a las condiciones de salud de las madres, a
los cuidados recibidos durante el periodo de gestación, etc. Sin embargo, en
este apartado nos referiremos a las diferencias atribuibles al sexo del recién
nacido, relativas a las tendencias en peso, estatura y mortalidad infantil.

2.1.1 Nacidos vivos según peso y talla al nacer

El peso y la talla de los recién nacidos están condicionados por una serie
de factores, como la edad gestacional, la herencia genética, la evolución del
embarazo, alimentación de la madre, entre otros. En Chile, un recién nacido
a término (40 semanas de gestación) suele tener un peso de entre 3 y 4 kg
y una talla de entre 48 y 52 cm. Con todo, como se ve a continuación, las
niñas suelen ser un poco más pequeñas que los niños (MINSAL, 2014a).

Como se observa en el Gráfico 2.1 entre los años 1990 y 2012, el porcentaje
de recién nacidos vivos inscritos según peso al nacer, ha presentado
importantes variaciones. En primer lugar, la proporción de niños que
nacieron con menos de 2.500 gramos ha aumentado de 5,3% a 5,9% en
dicho período; mientras que la proporción de niñas nacidas con bajo peso
se ha mantenido prácticamente estable: 6,3% en 1990 y 6% en 2012 (INE,

65
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

2014). Es importante destacar que los recién nacidos de muy bajo peso de
nacimiento (menos de 1500 gramos al nacer), representan el 1% del total de
nacimientos y contribuyen con un 43% de la mortalidad infantil (MINSAL, 2014a).

En 2012 la mayoría de los niños (51,8%) y, especialmente, de las niñas (60,5


%) pesan entre 2.500 a 3.499 gramos. Sin embargo, esta proporción ha
disminuido desde 1990 (55,9% y 65%, respectivamente), y se ha incrementado
la de los que nacen con 3.500 gramos o más. En 1990, el 38,8% de los niños
nacía con dicho peso, mientras que en 2012 lo hizo el 42,4%. Entre las niñas,
dichos porcentajes son 28,8% y 33,5%, respectivamente.

| GRÁFICO 2.1 | Distribución de frecuencia de nacimientos según peso, por sexo, 1990 y 2012.

2.1.1 Distribución de frecuencia de nacimientos según peso, por sexo, 1990.

Nº de Nacidos Vivos

4.000

3.500

3.000

2.500

2.000

1.500

1.000

500

0
0,11

0,51

1,01

1,51

2,01

2,51

3,01

3,51

4,01

4,51

5,01

5,51

6,01

6,50
Kilógramos

Fuente: Elaboración propia según base de datos de Estadísticas Vitales, INE, 1990.

2.1.2 Distribución de frecuencia de nacimientos según peso, por sexo, 2012.

Nº de Nacidos Vivos

4.000

3.500

3.000

2.500

2.000

1.500

1.000

500

0
0,11

0,51

1,01

1,51

2,01

2,51

3,01

3,51

4,01

4,51

5,01

5,51

6,01

6,50

Kilógramos

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia según base de datos de Estadísticas Vitales, INE, 2012.

66
En relación con la talla de las niñas y niños al nacer, en promedio, ellas son
más pequeñas. Como se aprecia en el Gráfico 2.2, en 2012, el 20,2% de
las niñas nació con menos de 48 cm; el 77,9% registró una talla entre 48
y 52 cm, mientras que el 1,9% tuvo más de 52 cm. Entre los niños, esos
porcentajes fueron: 14%, 81,6% y 4,4%. En una comparación punta a punta
del período analizado, se observa una concentración de niñas y niños con
una talla entre 48 y 52 cm y una disminución de los que nacen con más de
52 cm. Entre los niños, la proporción pasó de 8,9% en 1990 a 4,4% en 2012,
en comparación con 3,6% a 1,9% entre las mujeres, respectivamente.

| GRÁFICO 2.2 | Distribución de frecuencia de nacimientos según talla, por sexo, 1990 y 2012.

2.2.1 Distribución de frecuencia de nacimientos según talla, por sexo, 1990.

Nº de Nacidos Vivos

35.000

30.000

25.000

20.000

15.000

10.000

5.000

0
12 14 16 18 20 22 24 26 28 30 32 34 36 38 40 42 44 46 48 50 52 54 56 58 60 62 64

Centímetros

Fuente: Elaboración propia según base de datos de Estadísticas Vitales, INE, 1990.

2.2.2 Distribución de frecuencia de nacimientos según talla, por sexo, 2012.

Nº de Nacidos Vivos

35.000

30.000

25.000

20.000

15.000

10.000

5.000

0
12 14 16 18 20 22 24 26 28 30 32 34 36 38 40 42 44 46 48 50 52 54 56 58 60 62 64

Centímetros

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia según base de datos de Estadísticas Vitales, INE, 2012.

67
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

Tener bajo peso o sobrepeso compromete la salud y el sano desarrollo


de niñas y niños. Aquellos/as que presentan un peso inferior al normal,
probablemente, carezcan de los nutrientes esenciales, lo que podría
obstaculizar su desarrollo físico e intelectual y tener efectos negativos a
largo plazo en los resultados socioeconómicos. El sobrepeso también se
considera un gran riesgo para las futuras condiciones de salud y puede
afectar el desarrollo emocional (Contreras et al, 2012).

Durante las últimas décadas, Chile ha generado diferentes leyes, programas


y estrategias para enfrentar la malnutrición infantil, con resultados muy
favorables para el caso de la que ocurre por déficit. Sin embargo, en el
caso de la malnutrición por exceso, los resultados no han sido igualmente
favorables, principalmente en el caso de la obesidad infantil, que presenta
una tendencia al alza1. Como se observa en el Gráfico 2.3, de acuerdo con
los datos de la Encuesta CASEN, la tasa neta de sobrepeso en los infantes
menores de 5 años se ha incrementado desde 1990 hasta el 2013, pasando
de un 4,9% a un 14,1%. En los años 1992, 1996, 2003 y 2006 hay diferencias
estadísticamente significativas en el porcentaje de niñas y de niños afectados
por sobrepeso, en detrimento de las mujeres.

| GRÁFICO 2.3 | Tasa neta de sobrepeso de infantes (0-5 años), por sexo, 1990-2013.

100%

90%

80%

70%

60%

50%

40%

30%
14,1% 12,9%
20% 10,8% 9,2% 11,3% 10,5% 10,0% 10,4% 14,0% 15,3%
4,7% 6,6% 6,7% 9,1% 10,2% 11,2% 9,4% 8,9% 11,7%
10% 5,2% 6,0% 6,3%

0
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990-2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en 1992 (10%), 1996 (5%), 2003 (1%) y 2006 (1%).

2.1.2 Mortalidad infantil

La mortalidad infantil (neonatal y post neonatal), entendida como el número


de defunciones de niñas y niños menores de 1 año, se ha reducido a menos
de la mitad, de acuerdo con datos de Estadísticas Vitales elaboradas por
el INE. En el periodo 1990-2013, la mortalidad infantil ha presentado un
descenso importante de 16,8 por 1.000 nacidos vivos (15,1 en mujeres y 18,4
en hombres) a 6,9 por 1.000 nacidos vivos (6,1 en mujeres y 7,7 en hombres),
tal como lo muestra el Gráfico 2.4. Asimismo, se evidencia que los niveles

1 Para mayor información, ver: MINSAL (2014b).

68
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

de mortalidad en las niñas han sido permanentemente inferiores a la de los


niños, con una brecha que decrece -aunque irregularmente- en el tiempo.

Cerca de tres cuartas partes de las muertes neonatales se producen en la


primera semana de vida de los infantes (defunciones neonatales precoces)
y, de estas, la mitad ocurre dentro de las 24 horas después del nacimiento
(Ministerio de Salud, 2015). En el año 2013, de un total de 1.692 defunciones
infantiles (menores de 1 año), 1.253 fueron defunciones neonatales (menores
de 28 días) y 439 defunciones infantiles tardías (menores entre 28 días a 11
meses y 29 días) (INE, 2013).

| GRÁFICO 2.4 | Tasa de mortalidad infantil por sexo, 1990-2013.

N° de defunciones de menores de 1 año


por cada mil nacidos vivos

20 18,4
15,1
18 16,8
14,0 16,2
13,9 15,0
16
12,4
13,5
14 11,7 12,7 12,7
10,6 10,6 11,4 11,9 11,6
9,7 9,5
12 9,6
9,9 9,9
8,9 9,5 9,2 7,7 9,0 9,4
10 8,0 8,8 8,6 7,3 8,7
7,2 7,6 7,5 8,4 8,1
7,2 7,4 7,1 8,1 7,9 7,7
6,7 7,3 7,0 6,1
8

0
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a INE, Estadísticas Vitales, 1990-2013.

2.2. Desarrollo cognitivo y social


Estudios en psicología, neurociencia y economía revelan que los primeros
tres años de vida son fundamentales para el desarrollo futuro de las niñas
y los niños, ya que en este período se produce el desarrollo del 75% del
cerebro y se presentan los mayores niveles de “plasticidad cerebral”,
lo que hace que el sistema nervioso tenga una mayor capacidad de
recuperación y reorganización orgánica y funcional. En particular, el estímulo
de las habilidades cognitivas y no cognitivas en los primeros años de una
persona influye en el desarrollo de largo plazo de una serie de capacidades
determinantes en la vida (Centro Microdatos, 2010).

En los primeros años se observan períodos críticos en los cuales el cerebro


es particularmente eficiente ante determinados tipos de aprendizaje. En
el caso del lenguaje, por ejemplo, ese momento va desde el nacimiento a
los 3 años, y en el caso del pensamiento lógico-matemático, los períodos
sensibles van desde el primer hasta el cuarto año (UNICEF 2004, citado en
Centro Microdatos, 2010).

69
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

Los resultados de la Encuesta Longitudinal de la Primera Infancia (ELPI,


2010 y 2012) contribuyen a corroborar que las niñas y niños que nacen en
entornos familiares y socioeconómicos distintos, como ocurre con aquellas
niñas y niños que viven en familias del primer y del quinto quintil, accederán
a diferentes oportunidades, lo que conducirá a que alcancen distintos
resultados educativos y socioeconómicos a lo largo de su vida 2.

Uno de los instrumentos utilizados en la ELPI para evaluar el área de


desarrollo psicomotor de las niñas y niños es el Inventario de Desarrollo
Battelle, que se define como una batería para evaluar habilidades
fundamentales del desarrollo en las niñas y los niños con edades
comprendidas entre el nacimiento y los 8 años. En la ELPI del año 2010, este
Test fue aplicado de forma individual a las niñas y niños entre los 6 y los 23
meses 30 días, a los cuales se les aplicaron 192 ítems distribuidos en las
siguientes cinco áreas: Personal/Social; Adaptativa; Motora; Comunicativa y
Cognitiva (Centro Microdatos, 2010) 3.

En el Gráfico 2.5.1 se indican las diferencias de las medias obtenidas


(medidas en desviaciones estándar) para las niñas y niños menores de 2
años (6-23 meses) según sexo (ELPI, 2010). Se puede observar que las niñas
obtienen mejores resultados que los niños en todas las áreas observadas, en
especial en la Social, Adaptativa y Comunicación. La única excepción es el
área Motriz, donde las diferencias no son estadísticamente significativas.

Los resultados de las niñas en el área Social están 0,13 desviaciones


estándar (DS) sobre el promedio; lo mismo ocurre en el área Adaptativa,
donde sus resultados están 0,10 DS sobre el promedio; y de manera similar
en el área Comunicación y Cognitiva, donde están sobre el promedio en
0,10 y 0,06 DS, respectivamente. Los resultados de los niños están bajo el
promedio en 0,08; 0,08; 0,07 y 0,02 DS, correspondientemente.

Al comparar estos resultados con los obtenidos en la aplicación de la ELPI


el año 2012, observamos que a medida que las niñas y los niños crecen (de
6-23 meses el año 2010 a 33-47 meses en 2012), las diferencias a favor de las
mujeres aumentan, como se muestra en el Gráfico 2.5.2. Mientras las niñas
entre 6-23 meses tienen un resultado total del Inventario de Desarrollo de
Battelle equivalente a 0,09 DS sobre el promedio (2010), cuando tienen entre
33-47 meses logran un resultado equivalente a 0,08 DS (2012). En ambos
tramos de edad los niños, presentan resultados bajo el promedio y a medida
que crecen, empeoran desde -0,05 DS a -0,21 DS (ELPI, 2010 y 2012).

Los resultados observados revelarían que las niñas chilenas no presentan


desventajas al nacer en cuanto a habilidades para su desarrollo respecto de
los niños. Por el contrario, el Test Battelle arroja resultados que muestran
ventajas en favor de las niñas. Sin embargo, tal como se mostrará en este
informe, este escenario inicial se irá desdibujando con el paso de los años,
lo que confirmará el impacto que tienen los procesos de socialización en la
definición de las diferencias de género que van a afectar a las mujeres en su
adultez.

2 Más información sobre la ELPI en el Anexo Metodológico.


3 Más detalles acerca de este instrumento en el Anexo Metodológico.

70
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 2.5 | Puntaje estandarizado del Test Battelle por sexo, 2010 y 2012.

2.5.1 Puntaje estandarizado en Test Battelle (6-23 meses), según área, por sexo, 2010.

Desviaciones
estándar

0,30

0,20
0,13 0,10
0,09 0,10
0,10 0,06
0,02 0,02
0,00
-0,02
-0,10 -0,05 -0,07
-0,08 -0,08

-0,20

-0,30
Total Social Adaptativa Motriz Comunicación Cognición

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a ELPI, 2010.


Nota: Las diferencias entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en las áreas Social (1%), Adaptativa (1%), Comunicación (1%), Cognición (1%),
y en el resultado Total (1%).

2.5.2 Puntaje estandarizado Total en Test Battelle por sexo, 2010 y 2012.

Desviaciones
estándar

0,30

0,20
0,09 0,08
0,10

0,00

-0,10 -0,05

-0,20
-0,21
-0,30
2010 (6-23 meses) 2012 (33-47 meses)

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a ELPI, 2010 y 2012.


Nota: Las diferencias entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas los años 2010 y 2012 (1%).

71
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

Además de estos resultados, los datos arrojados por la ELPI, tanto en 2010
como en 2012, indican la prevalencia de diferencias que afectan a ambos
sexos según el nivel socioeconómico de sus hogares, estimados a través
del decil de ingresos de los hogares. Como se observa en el Gráfico 2.6.1,
al considerar el puntaje total, en 2010, las niñas de los deciles III, VI, IX y X
obtienen mejores resultados que los niños en su misma situación económica,
mientras que en los deciles restantes las diferencias no son significativas.

Se observa, además, que en conjunto los niños y niñas del decil I obtienen
-0,03 DS en el Test Battelle, sin diferencias significativas por sexo: 0,02 DS,
las niñas y -0,07 DS, los niños. Por su parte, en el decil X los infantes se
distancian en 0,17 DS respecto del promedio, presentando las niñas una
ventaja significativa, con 0,28 DS, mientras que los niños se alejan 0,07
DS. Es decir, se observan diferencias según la capacidad adquisitiva de los
hogares en los que niñas y niños crecen, lo que se traduce en que inclusive,
los niños del decil X tienen mejores resultados que las niñas del decil I al IV.

Al revisar los resultados del Test Battelle obtenidos por niños y niñas de la
misma cohorte el año 2012 (33 a 47 meses), se observa que, por un lado, las
diferencias de género persisten en los deciles de ingreso ya mencionados
(salvo en el tercero) y surgen nuevas brechas de género estadísticamente
significativas en los deciles restantes. Por otro lado, las diferencias según
nivel socioeconómico se acrecientan significativamente. Esta situación
afectaría principalmente a las niñas de los deciles I al III, pues sus niveles
de desarrollo ahora se encontrarían bajo el promedio del total de niñas y
niños (en -0,20 DV, -0,02 DV y -0,12 DV, respectivamente). Asimismo, las
niñas de los deciles IX y X destacan sustancialmente en relación a los niños
y niñas de su edad (0,32 DV y 0,52 DV, respectivamente). Esto da cuenta
de la relevancia de intervenir y focalizar políticas al principio de la vida, para
revertir ese tipo de brechas, pues en las etapas siguientes estas se van
agrandando cada vez más.

Un aporte de las políticas públicas chilenas, para estudiar las brechas


de género en el desarrollo socioemocional, psicomotor y lenguaje, sería
la introducción de mediciones en niños y niñas de mayor edad, puesto
que la ELPI tiene cobertura hasta los 5 años, posibilitando así nuevas
comparaciones, de mediano y largo plazo, respecto del desarrollo
diferenciado de las habilidades individuales de mujeres y hombres a lo largo
del ciclo de vida.

72
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 2.6 | Puntaje estandarizado Total en Test Battelle, según decil de ingreso del hogar, por sexo, 2010 y 2012.

2.6.1 Puntaje estandarizado Total en Test Battelle (6 a 23 meses), según decil de ingreso del hogar, por sexo, 2010.

Desviaciones
estándar

0,60

0,40

0,20

0,00

-0,20

-0,40

-0,60

Decil de I II III IV V VI VII VIII IX X


ingreso

Mujeres 0,02 0,00 0,07 0,06 0,10 0,11 0,03 0,10 0,22 0,28
Hombres -0,07 -0,07 -0,29 -0,07 0,02 -0,15 -0,06 0,05 -0,05 0,07

Fuente: Elaboración propia en base a ELPI, 2010.


Nota: Las diferencias entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en los deciles III (1%), VI (5%), IX (1%) y X (5%).

2.6.2 Puntaje estandarizado Total en Test Battelle (33 a 47 meses), según decil de ingreso del hogar, por sexo, 2012.

Desviaciones
estándar

0,60

0,40

0,20

0,00

-0,20

-0,40

-0,60

Decil de I II III IV V VI VII VIII IX X


ingreso

Mujeres -0,20 -0,02 -0,12 0,08 0,02 0,12 0,03 0,14 0,32 0,52
Hombres -0,48 -0,30 -0,29 -0,30 -0,24 -0,16 -0,17 -0,13 -0,07 -0,07

Fuente: Elaboración propia en base a ELPI, 2012.


Nota: Las diferencias entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en los deciles I (5%), II (1%), IV (1%), V (1%), VI (1%), VII (10%), VIII (5%), IX (5%)
y X (1%).

73
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

2.3. Educación Parvularia


En Chile la Educación Parvularia es parte integral del sistema educacional
y está reconocida en la Constitución Política del Estado desde el año 1999,
más aun, en el año 2015 se crea la Subsecretaria de Educación Parvularia al
interior del Ministerio de Educación consagrándola como uno de los pilares
del nuevo sistema educacional chileno (MINEDUC, 2015). Su propósito es
“favorecer de manera sistemática, oportuna y pertinente el desarrollo integral
y aprendizajes relevantes y significativos en los párvulos” (Ley Nº 20.370
D.O./2009, artículo N° 18).

La Educación Parvularia comprende el nivel educativo que atiende a niños y


niñas desde su nacimiento hasta los 6 años de edad, cuando ingresan a la
Enseñanza Básica. Existen seis niveles: Sala Cuna Menor (0 días – 1 año),
Sala Cuna Mayor (1 a 2 años), Nivel Medio Menor (2 a 3 años), Nivel Medio
Mayor (3 a 4 años), Primer Nivel de Transición o Pre-kínder (4 a 5 años) y
Segundo Nivel de Transición o Kínder (5 a 6 años).

Actualmente, la provisión de la Educación Parvularia es realizada tanto por


instituciones que reciben financiamiento estatal -Junta Nacional de Jardines
Infantiles (vía administración directa o por municipios), Fundación Integra,
escuelas municipales, colegios particulares subvencionados- como por
aquellas salas cunas, jardines infantiles y colegios privados, sin aporte del fisco.

Según informa MINEDUC, la matrícula en la Educación Parvularia se ha más


que duplicado desde el año 1991 a la fecha, desde 205.283 a 515.193 niñas
y niños. Este crecimiento ha sido levemente superior entre los niños, quienes
pasan de representar un 50,5% de la matrícula total a un 51,9% de esta. De
este modo, el año 2014, hay 267.150 matriculados y 248.043 matriculadas.

| GRÁFICO 2.7 | Matrícula en Educación Parvularia en establecimientos


reconocidos oficialmente por el Estado, por sexo, 1991-2014.

N°de matriculados

300.000

250.000

200.000

150.000

100.000

50.000

0
1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a MINEDUC, Estadísticas de la Educación, 1991-2014.


Notas: No incluye matrícula de Educación Parvularia de JUNJI, Fundación Integra, salas cunas y jardines privados sin reconocimiento oficial del Estado.
Incluye matrícula de educación especial correspondiente al nivel de Educación Parvularia.
Dato no disponible para los años 1990 y 2005.

74
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

De acuerdo con la Encuesta CASEN (Gráfico 2.8), la tasa neta de asistencia


de niñas y niños de 0 a 5 años se ha triplicado en las últimas dos décadas,
desde un 16,5% hasta un 49,4%. Cabe señalar que, aun cuando la brecha
es leve, el año 2013 existen diferencias significativas entre los niveles de
asistencia de las niñas y niños, en detrimento de las primeras.

El incremento en la tasa neta de asistencia a la Educación Parvularia ha ido


de la mano con los siguientes tres cambios institucionales.

• En primer lugar, la sanción de la Ley N° 20.379 en 2009, que


institucionaliza el subsistema de protección integral a la infancia “Chile Crece
Contigo” en el ámbito del entonces Ministerio de Planificación (hoy Ministerio
de Desarrollo Social). El objetivo de este programa es acompañar el proceso
de desarrollo de las niñas y los niños que se atienden en el sistema público
de salud, desde su primer control de gestación y hasta su ingreso al sistema
escolar, en el primer nivel de transición o su equivalente.

A partir del Chile Crece Contigo, el Estado debe garantizar a los infantes de
familias que integren el 60% socioeconómicamente más vulnerable de la
población nacional, el acceso a sala cuna y jardín infantil en jornada parcial.
Si sus madres, padres o guardadores se encuentran trabajando, estudiando
o buscando trabajo, tendrán acceso a sala cuna y jardín infantil en jornada
extendida 4. Esta obligación se lleva a cabo por parte del Estado a través
de la red de establecimientos que integran la Junta Nacional de Jardines
Infantiles (JUNJI) y la Fundación Integra.

| GRÁFICO 2.8 | Tasa neta de asistencia a Educación Parvularia (0 a 5 años), por sexo, 1990-2013.

Tasa neta de asistencia

100%

90%

80%

70%

60% 50,5%
44,5% 48,3%
50%
37,5% 39,6% 43,6%
37,5% 39,2%
40% 30,7%
24,5% 27,6% 30,7%
23,6%
30% 18,2% 22,0% 26,9%
16,7% 24,2% 25,5%
20,1% 22,5%
20% 16,3%

10%

0%
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990-2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en 1992 (1%) y 2013 (1%).

4 La JUNJI opera 11 meses al año con una jornada de atención de lunes a viernes,
mayoritariamente en jornada completa de 08:30 a 16:30 horas. Este servicio se extiende para
madres trabajadoras o que estudian hasta las 19:30 horas.

75
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

• En segundo lugar, en el año 2011 se crea el Programa “4 a 7” bajo la


dependencia del Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM), el cual permite
que mujeres que trabajen o estudien tengan una alternativa de cuidado para
sus hijos entre 6 y 13 años después de la jornada escolar, entre las 16 y 19
horas (de ahí el nombre del programa), haciendo más compatible el horario
de cuidado con la jornada laboral o de estudio. En el año 2014, el Programa
se implementó en 133 escuelas en las 15 regiones del país.

• Tercero, el 25 de noviembre de 2013 se promulgó la Ley N° 20.710


que modifica la Constitución y establece la gratuidad en el acceso a jardín
infantil (Nivel Medio Menor), y la obligatoriedad de Kínder (Segundo Nivel de
Transición), siendo requisito para el ingreso a la Educación Básica.

Estos cambios institucionales acompañan –e incluso impulsan- el


crecimiento constante de la tasa neta de asistencia a la Educación Parvularia
entre los años 1990 y 2013, incremento que se produce para todos los
grupos de edades de niñas y niños hasta los 5 años, para los que habitan
las zonas urbanas y rurales del país, en todas las regiones y en todos
los niveles socioeconómicos. Pese a este aumento generalizado, aún se
registran importantes diferencias en las tasas netas de asistencia al nivel
inicial, según la edad de las niñas y los niños, la zona de residencia de sus
núcleos familiares y el nivel de ingresos de sus hogares.

Al analizar la asistencia por edad y nivel de Educación Parvularia


(Gráfico 2.9), se observa que la tasa de asistencia de las y los infantes
aumenta notoriamente a medida que estos crecen y se acerca el ingreso
a la Educación Básica. El año 2013 un 10,7% de las niñas y 10,9% de
los niños menores de 2 años asiste a Sala Cuna, proporciones que
aumentan sostenidamente en los Niveles Medio Menor (30,2% y 33,5%,
respectivamente), Medio Mayor (55% y 53,7%, respectivamente) y Pre kínder
(80,8% y 81,1%, respectivamente); hasta alcanzar sus cifras más altas en
Kínder, donde la gran mayoría de las y los infantes de 5 años asiste (94,8% y
96,6%, respectivamente).

Aun así, desde una perspectiva histórica, se observa que los incrementos
más notables se producen en los primeros niveles de educación inicial,
especialmente en Sala Cuna, que en 1990 contaba con apenas un 0,8%
de asistencia entre niñas y niños y, en menor medida, en los Niveles Medio
Menor y Medio Mayor. De todas formas, desde 1990 en todos los niveles de
Educación Parvularia, niñas y niños han, al menos, más que duplicado sus
tasas de asistencia, salvo en Kínder.

Al analizar estas cifras con un enfoque de género, no se observa una


tendencia clara que permita identificar la existencia de brechas sostenidas
en el acceso a educación inicial según sexo. En la actualidad, solo se
observan diferencias significativas en los niveles Medio Menor y Kínder,
ambas en desmedro de las niñas, que asisten en un 30,2% y 94,8% a los
niveles mencionados (vs el 33,5% y 96,6%, respectivamente, entre los
hombres). En comparación con el resto del período, en el Nivel Medio Menor,
los años 1990 y 1994 fueron los únicos en los que también se observaron
diferencias significativas, pero a favor de las niñas, todo lo cual no permite
establecer la persistencia de una brecha de género. En Kínder, en cambio,
sí es posible identificar una tendencia un poco más clara, aunque de una
brecha leve, pues los años 1992, 1998, 2000, 2006 y 2011 también se
observaron diferencias significativas que, salvo en 1992 y 1998, también
fueron en desmedro de las niñas. La brecha alcanzó su mayor magnitud el
año 2000, en que un 71% de las niñas y un 73,2% de los niños de 5 años
asistieron a un establecimiento de educación inicial.

76
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 2.9 | Tasa neta de asistencia a Educación Parvularia (0 a 5 años), según nivel, por sexo, 1990-2013.

2.9.1 Tasa neta de asistencia a Sala Cuna Menor y Mayor (0 a 2 años), por sexo, 1990-2013.

Tasa neta de asistencia

100%

90%

80%

70%

60%

50%

40%

30%

20% 10,2% 10,9%


5,4% 8,3%
2,8% 7,3% 10,0% 10,7%
10% 2,8% 2,3% 2,3% 2,5% 6,6%
0,8% 1,3% 3,6%
1,5% 2,0% 2,3% 3,0%
0,8% 1,3%
0%
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990-2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas los años 1994 (1%), 2003 (5%) y 2006 (5%).

2.9.2 Tasa neta de asistencia a Nivel Medio Menor (2 a 3 años), por sexo, 1990-2013.

Tasa neta de asistencia

100%

90%

80%

70%

60%

50%

40% 31,4% 33,5%


33,4% 30,2%
30%
19,7%
17,1% 20,4%
20% 11,1% 12,1% 16,8%
7,0% 10,0% 9,2%
4,9% 6,1% 8,2% 12,1% 11,4%
8,9% 8,4%
10% 6,5% 6,5%

0%
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990-2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas los años 1990 (10%), 1994 (5%) y 2013 (5%).

77
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

2.9.3 Tasa neta de asistencia a Nivel Medio Mayor (3 a 4 años), por sexo, 1990-2013.

Tasa neta de asistencia

100%

90%

80%

70%

48,4% 53,7%
60%
53,5% 55,0%
50% 39,6%
38,7% 43,7%
40% 33,4%
26,5% 27,4%
30% 22,1% 27,5%
19,7% 24,9% 25,7%
18,8% 22,1%
16,6% 16,6%
20% 18,4%
11,7% 16,6%

10%

0%
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990-2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas los años 1990 (1%), 1998 (5%), 2006 (1%), 2009 (5%) y
2011 (1%).

2.9.4 Tasa neta de asistencia a Pre kinder (4 a 5 años), por sexo, 1990-2013.

Tasa neta de asistencia

100%

90% 81,1%
75,6% 80,8%
80% 74,4%
67,5%
70% 63,7% 67,8%
63,2%
60% 54,2%
48,8%
50% 42,4%
38,0% 37,0% 41,5%
40% 34,3% 36,3% 37,4%
27,4%
28,6% 34,3%
31,8%
28,7%
30%

20%

10%

0%
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990-2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas los años 1992 (1%) y 2003 (1%).

78
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

2.9.5 Tasa neta de asistencia a Kinder (5 a 6 años), por sexo, 1990-2013.

Tasa neta de asistencia


95,0% 96,6%
100% 94,8%
90,0% 92,8%
88,4% 90,7%
90% 86,0%
78,1%
80% 73,2% 77,3%
65,4% 71,0%
70% 61,4% 68,0%
60,2% 63,4%
54,1%
60,8%
60% 54,1% 58,5%
51,9%
50%

40%

30%

20%

10%

0%
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990-2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas los años 1992 (5%), 1998 (10%), 2000 (10%), 2006
(5%), 2011 (5%) y 2013 (5%).

Por su parte, en los niveles Sala Cuna, Medio Mayor y Pre kínder no existen
brechas que sean significativas por género. En Sala Cuna, el último año en
que la diferencia entre niñas y niños fue significativa fue en 2006, a favor
de las niñas (6,6% vs el 5,4% de los niños menores de 2 años); en el Nivel
Medio Mayor, fue el año 2011 y también fue a favor de las niñas (53,5% vs el
48,4% de los niños de 3 años); finalmente, en Pre kínder la última diferencia
significativa observada fue en el año 2003, esta vez a favor de los niños
(54,2% vs el 48,8% de las niñas de 4 años).

Si se revisa las diferencias entre los niveles de asistencia a Educación


Parvularia de las niñas y niños según su zona de residencia, se puede
observar que tanto en zonas urbanas como rurales se replica el aumento en
las tasas de asistencia en todos los niveles de educación inicial, desde 1990
al 2013. Aunque este incremento ha sido más notorio en las zonas rurales,
persiste una brecha a favor de las y los infantes residentes en zonas urbanas.

Como se observa en el Gráfico 2.10, niñas y niños menores de 5 años que


habitan zonas rurales del país han aumentado notoriamente su asistencia a
la Educación Parvularia, especialmente en los niveles de Sala Cuna (desde
un 0,2% de las niñas y un 0,3% de los niños en 1990, hasta un 8,4% y 9,6%,
respectivamente, en 2013), Nivel Medio Menor (desde el 0,6% de las niñas
y 0,7% de los niños, hasta un 27% y 24,8%, respectivamente) y Nivel Medio
Mayor (desde el 2,4% de las niñas y 3% de los niños, hasta un 37,2% y 40,9%,
respectivamente). Por su parte, en las zonas urbanas destaca especialmente
el aumento de las tasas de asistencia a Sala Cuna (desde un 0,9% para
ambos sexos en 1990, hasta el 11% de las niñas y el 11,1% de los niños).

79
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

| GRÁFICO 2.10 | Tasa neta de asistencia a Educación Parvularia (0-5 años),


según nivel y zona de residencia, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

2.10.1 Tasa neta de asistencia a Sala Cuna Menor y Mayor (0 a 2 años), según zona de residencia, por sexo, 1990, 2000 y 2013.
Tasa neta de asistencia

100%

90%

80%

70%

60%

50%

40%

30%

20%
11,0% 11,1% 8,4% 9,6%
10%
0,9% 0,9% 3,4% 2,8%
0,2% 0,3% 0,5% 0,5%
0
Urbana Rural Urbana Rural Urbana Rural

1990 2000 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Nota: No existen diferencias estadísticamente significativas en las proporciones entre hombres y mujeres.

2.10.2 Tasa neta de asistencia a Nivel Medio Menor (2 a 3 años), según zona de residencia, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

Tasa neta de asistencia


100%

90%

80%

70%

60%

50%

40% 34,8%
30,6%
30% 27,0% 24,8%

20%
13,2% 12,3%
7,7%
10% 5,8% 4,0% 3,3%
0,6% 0,7%
0
Urbana Rural Urbana Rural Urbana Rural

1990 2000 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas el año 2013 en las zonas urbanas (5%).

80
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

2.10.3 Tasa neta de asistencia a Nivel Medio Mayor (3 a 4 años), según zona de residencia, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

Tasa neta de asistencia

100%

90%

80%

70%

60% 57,2% 55,7%

50% 57,2% 55,7%

40,9%
40% 37,2%

28,3% 29,4%
30%
19,3%
20%
13,7%
8,3% 8,2%
10%
2,4% 3,0%
0
Urbana Rural Urbana Rural Urbana Rural

1990 2000 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas el año 1990 en las zonas urbanas (1%).

2.10.4 Tasa neta de asistencia a Pre kinder (4 a 5 años), según zona de residencia, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

Tasa neta de asistencia

100%
83,4% 82,6%
90%
69,3%
80%
61,4%
70%
45,9% 45,6%
50%

40%
33,5% 34,5%
30%
18,1%
20% 15,3%
8,3%
6,7%
10%

0
Urbana Rural Urbana Rural Urbana Rural

1990 2000 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas el año 2000 en zonas rurales (10%) y el año 2013 en
zonas rurales (5%).

81
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

2.10.5 Tasa neta de asistencia a Kinder (5 a 6 años), según zona de residencia, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

Tasa neta de asistencia

100% 97,2%
95,5%
90,1% 91,5%
90%

80% 77,4%
75,3%

70%
60,1% 60,9%
60%

50% 46,1% 45,7%

40%

30% 25,3%
19,3%
20%

10%

0
Urbana Rural Urbana Rural Urbana Rural

1990 2000 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas el año 1990 en zonas rurales (10%) y 2013 en zonas
urbanas (5%).

Desde una perspectiva de género, no es posible identificar una tendencia


clara respecto a brechas en el acceso a educación inicial de las niñas y
niños menores de 5 años. En la actualidad, en las zonas urbanas, al igual
que a nivel nacional, solo se observan brechas en los niveles Medio Menor
y Kínder que, aunque leves, en ambos casos son a favor de los niños. Un
34,8% de los niños y un 30,6% de las niñas de dos años asiste a Nivel Medio
Menor, y un 97,2% de los niños y un 95,5% de las niñas de 5 años asiste
a Kínder. En las zonas rurales solo se observan brechas de género en el
acceso a Pre kínder que también afectan a las niñas, pues un 61,4% de ellas
asiste a algún establecimiento (vs el 69,3% de los niños de 4 años).

En relación a las tasas de asistencia a los niveles de educación inicial según


el quintil de ingreso autónomo de los hogares en los que crecen niñas y
niños (Gráfico 2.11), se puede concluir que, al igual que las tendencias
revisadas a nivel nacional y por zona, las tasas netas de asistencia se han
incrementado entre las y los infantes de todos los quintiles de ingreso
para todos los niveles de Educación Parvularia, especialmente en los más
vulnerables. En particular, desde 1990 al 2013 se observa, en términos
generales, un salto mayor en las tasas de asistencia de las niñas y niños en
los primeros quintiles de ingresos, reduciéndose, pero no eliminándose, la
brecha socioeconómica en el acceso a la Educación Parvularia.

82
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

De este modo, el año 2013 persisten diferencias socioeconómicas en las


tasas de asistencia, las que se observan a todo nivel, especialmente entre
los más tempranos. En la Sala Cuna, un 8% de las niñas y niños del primer
quintil asiste, proporción que asciende al 10,3% de las niñas y al 9,2% de
los niños del quintil con mayores ingresos; en el Nivel Medio Menor, asiste
un 29,1% de las niñas y el 28,9% de los niños del primer quintil, valores
que aumentan al 32,8% y 55,2%, respectivamente, en el quinto quintil; en
el Nivel Medio Mayor, al que asiste un 49,7% de las niñas y el 49% de los
niños del primer quintil, lo hace el 75,1% y 68,2%, respectivamente, en el
quintil de mayores ingresos; en Pre kínder, un 76,7% de las niñas y un 82,5%
de los niños del primer quintil asiste a algún establecimiento, vs el 79,6% y
88,5%, respectivamente, en el quinto quintil; finalmente, en Kínder, un 93,1%
de las niñas y un 95,5% de los niños del quintil más pobre asiste a algún
establecimiento, vs el 99,7% de las infantes y 98,7% de los infantes del
quintil más rico.

Aunque se observan diferencias estadísticamente significativas de género en


las tasas netas de asistencia en algunos niveles y quintiles, las mismas no
siguen un claro patrón o tendencia que permita establecer que un sexo en
particular se encuentra en una mejor situación con respecto al otro en algún
quintil de ingreso autónomo.

Aun así, en la actualidad se observan diferencias significativas en la


asistencia a educación inicial de hombres y mujeres en todos los quintiles
de ingreso autónomo -salvo en el II- que en algunos casos favorece a las
niñas y otros, a los niños. El quintil III es el que presenta brechas en una
mayor cantidad de niveles de Educación Parvularia, mayoritariamente a favor
de los niños, que asisten en tasas más altas a Kínder (98,1% de asistencia
vs el 92,7% de las niñas) y Sala Cuna (15,2% y 11,4%, respectivamente);
al mismo tiempo, las niñas de este quintil asisten en proporciones
considerablemente más altas al Nivel Medio Mayor (60,8% vs el 40,5% de
los niños de 3 años). En el quintil IV se observan diferencias significativas
entre niñas y niños que asisten a Nivel Medio Mayor y Pre kínder; la brecha
en asistencia a Nivel Medio Mayor afecta a las niñas, quienes asisten en
proporciones considerablemente más bajas que sus pares masculinos
a algún establecimiento educacional (40,2% y 71,4%, respectivamente);
mientras que en Pre kínder la brecha perjudica a los niños de 4 años (con un
80% de asistencia vs el 86,2% de las niñas). También en el quinto quintil se
presentan diferencias significativas por sexo, que perjudican a las niñas. Es
así como entre las infantes de 2 años, un 32,8% asiste a Nivel Medio Menor,
mientras que entre sus pares masculinos esta proporción aumenta al 55,2%;
o como entre las niñas de 4 años el 79,6% asiste a Pre kínder, mientras que
el 88,5% de los niños lo hace. Finalmente, en el primer quintil se observa
una diferencia a favor de los niños de 4 años, que en un 82,5% se encuentra
matriculado en Pre kínder, vs el 76,7% de las niñas del mismo quintil.

83
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

| GRÁFICO 2.11 | Tasa neta de asistencia a Educación Parvularia (0 a 5 años), según nivel y
quintil de ingreso autónomo del hogar, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

2.11.1 Tasa neta de asistencia a Sala Cuna Menor y Mayor (0 a 2 años), según quintil de ingreso autónomo, por sexo, 1990, 2000 y 2013.
Tasa neta de asistencia

100%
90%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
10,9% 15,2% 12,8%
20% 3,5% 8,0% 11,4% 13,2% 9,2%
5,6% 12,6%
0,8% 1,6% 2,8% 8,5% 8,0% 10,3%
10% 0,5% 0,7% 1,2% 1,8% 1,1% 4,8%
2,3% 0,9% 1,4% 2,3% 2,5%
0,6% 0,3% 0,0%
0
I II III IV V I II III IV V I II III IV V

1990 2000 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas los años 1990 en los quintiles III (10%) y IV (10%); 2000,
en el quintil V (5%); y 2013, en el quintil III (10%).

2.11.2 Tasa neta de asistencia a Nivel Medio Menor (2 a 3 años), según quintil de ingreso autónomo, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

Tasa neta de asistencia

100%
90%
80%
70%
55,2%
60% 32,8%

50% 34,6% 36,6%


38,8% 33,9% 33,1%
40% 28,9% 23,3% 27,6%
29,1% 27,1%
30%
15,4% 14,1%
20% 3,2% 10,5% 12,8%
3,4% 11,6% 6,0% 8,9% 6,3%
3,5% 3,2% 7,9% 8,1% 8,5%
10% 6,0%
3,9% 5,3%
0
I II III IV V I II III IV V I II III IV V

1990 2000 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas el año 1990 en los quintiles I (10%) y IV (10%); y 2013, en
el quintil V (1%).

84
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

2.11.3 Tasa neta de asistencia a Nivel Medio Mayor (3 a 4 años), según quintil de ingreso autónomo, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

Tasa neta de asistencia

100%
90%
68,2%
80% 71,4% 75,1%
40,2%
70% 54,9% 40,5%
54,4% 60,8%
58,6%
60% 49,0% 56,0%
49,7%
50%
35,9%
40% 25,5% 32,0%
25,3% 29,2%
30% 19,7% 20,3% 20,7%
17,6% 18,5% 22,0%
12,4% 7,8% 14,2% 15,8%
20% 8,3%
8,7%
9,2%
10%
0
I II III IV V I II III IV V I II III IV V

1990 2000 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas el año 1990 en los quintiles I (10%), III (1%) y V (10%); y
2013, en los quintiles III (1%) y IV (1%).

2.11.4 Tasa neta de asistencia a Pre kinder (4 a 5 años), según quintil de ingreso autónomo, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

Tasa neta de asistencia

100% 88,5%
80,0%
80,0% 79,6%
90% 82,5% 77,6% 86,2%
76,7% 81,9% 82,3%
80% 73,5%
68,0%
70%
60% 52,8% 51,0%
46,1% 46,6% 52,1%
38,5%
50% 33,1% 40,0% 43,7%
32,9%
40% 24,1%
28,1%
19,9% 22,4% 31,5%
30% 28,1%
24,7% 25,6%
20%
10%
0
I II III IV V I II III IV V I II III IV V

1990 2000 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas el año 1990 en los quintiles I (10%) y IV (5%); 2000 en los
quintiles I (10%) y II (1%); y 2013, en los quintiles I (5%), IV (10%) y V (10%).

85
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

2.11.5 Tasa neta de asistencia a Kinder (5 a 6 años), según quintil de ingreso autónomo, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

Tasa neta de asistencia 98,7%


96,5% 98,1% 95,7%
95,5% 92,7% 99,7%
100% 92,5% 93,1% 95,4% 96,4%
86,2%
90% 82,6%
71,1% 78,1%
79,3% 72,7%
80% 70,4% 68,6% 73,4%
61,5% 64,7% 70,2%
70% 63,6%
53,4%
60% 57,4%
48,9%
45,0% 48,1%
50% 38,6%

40%
30%
20%
10%
0
I II III IV V I II III IV V I II III IV V

1990 2000 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas el año 1990 en el quintil I (10%); y 2013, en el quintil III (1%).

En síntesis, al indagar sobre las tasas netas de asistencia al nivel de


Educación Parvularia por sexo, a pesar que en 2013 los niños asisten más
a Educación Parvularia que la niñas, y que existen algunas diferencias
estadísticamente significativas a favor de ellos –especialmente en los niveles
Medio Menor y Kínder, en las zonas urbanas y en los deciles I, IV y V-, no es
posible observar una tendencia clara a este respecto, que permita afirmar
que hay una brecha de género persistente a lo largo del tiempo.

Diversos estudios muestran que tanto la edad de la niña o niño, como la


situación laboral de la madre son determinantes importantes de la asistencia
a salas cunas y jardines infantiles (Dussaillant 2012 y ComunidadMujer 2010) 5.

De acuerdo con la Encuesta Voz de Mujer Bicentenario (ComunidadMujer,


2010), las madres envían a sus hijas e hijos a salas cuna, especialmente
si están insertas en el mercado laboral. Esto es, un 20,7% de las madres
laboralmente activas utilizan el servicio de sala cuna mientras que solo
un 13% de las que están inactivas lo hace. De dichos datos, también se
desprende que hay numerosos hogares que no utilizan el servicio, aun
cuando las madres trabajan remuneradamente. Esta proporción de hogares
es más significativa mientras menor es el infante.

Al preguntar a las madres la razón por la cual decidieron no enviar al


niño/a a establecimientos parvularios, las respuestas son múltiples, pero
no presentan variaciones con la edad de las niñas y los niños. Las mujeres
expresan miedos y aprensiones para no hacerlo. Sobresale el 30% de
respuestas que manifiestan “no necesitar salas cunas” y el 23% que
reconoce “no confiar o no gustarle las salas cunas”.

5 De igual modo, podría argumentarse que detrás del aumento de la oferta de cuidado
institucionalizado por parte del Estado, está el supuesto de que este es determinante en la
situación laboral de las mujeres.

86
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Las respuestas no necesariamente reflejan experiencias previas y pueden


más bien deberse al desconocimiento de las ventajas que tiene para los
infantes el cuidado institucionalizado, cuando la madre trabaja fuera del
hogar. Estas valoraciones negativas respecto de la delegación del cuidado
infantil podrían acentuarse, especialmente en el caso de las niñas, que
tienden a ser vistas como más expuestas a riesgos por parte de extraños.

A partir de los dos años de edad, el 43% de las mujeres que ha tenido hijos
e hijas, declara que ha utilizado o utiliza actualmente un jardín infantil. Su
utilización más que dobla a la de salas cunas, lo que podría estar indicando
que, pasados los 2 años de edad del infante, las madres chilenas presentan
menores aprensiones respecto del cuidado que dan las instituciones de
Educación Parvularia (ComunidadMujer, 2010).

Dussaillant argumenta que estos resultados pueden haber surgido como


fruto de la restricción de oferta que se da principalmente en los niveles de
sala cuna para el caso de algunas madres. Si bien la principal razón para
las madres que no envían a sus hijos/as a sala cuna o jardín infantil es no
querer hacerlo -y no la falta de acceso a oferta-, existen algunas que sí
enviarían a su hijo/a en caso de contar con dicho acceso. Por ello, es posible
que, de haber mayor disponibilidad de salas cuna, la cobertura aumente.
Asimismo, es posible que poco a poco se vaya dando un cambio cultural
que incremente la confianza de las madres en estos establecimientos
(Dussaillant, 2012).

La educación de calidad es una de las prioridades del actual gobierno de


Michelle Bachelet, la que es considerada “un derecho social que no puede
depender de los recursos económicos de los estudiantes o sus familias”.
Esto incluye la Educación Parvularia y en su programa de gobierno, se
comprometió un aumento considerable de la cobertura de salas cunas para
niñas y niños de entre 0 y 2 años a nivel nacional: “se habilitarán un total de
4.500 salas cuna nuevas entre 2014 y 2018, y eso significará llegar a una
cobertura de 90 mil niños entre 0 y 2 años. Y además, se sumarán 1.200
salas de jardín infantil, para incorporar a 34 mil niños y niñas de 2 a 4 años al
sistema. Al final, se tendrá un total de 124 mil niños que no tenían acceso a
Educación Parvularia.”

La Educación Parvularia de alta calidad tiende a mostrar efectos positivos


sobre el desarrollo de una niña o un niño en el tiempo. Cabe recalcar
que la calidad del cuidado y de la educación impartida es fundamental y
la evidencia indica que asistir a centros de educación de baja calidad en
la primera infancia puede ser perjudicial para el desarrollo de las niñas y
niños 6. Un estudio realizado por el National Institute for Children Health and
Development evidencia que aquellos infantes en riesgo social que recibieron
Educación Parvularia de baja calidad tienden a tener peores habilidades
sociales y peores resultados académicos (MINEDUC, 2013b).

Según recoge Dussaillant (2012), la mayor parte de los estudios que se han
hecho sobre los beneficios de la educación inicial refieren a programas que
reciben a niños y niñas de más de 3 años7. Para infantes de menor edad
la evidencia es escasa y los resultados menos concluyentes, a lo que se
agrega que no se han encontrado estudios que hagan una distinción entre
los efectos para niñas y niños.

6 UNESCO (2008) indica cinco dimensiones para la calidad de la educación: respeto de los
derechos, relevancia, pertinencia, equidad y eficiencia y eficacia.
7 Para mayor información sobre los resultados de los análisis de asistir a Educación Parvularia en
Chile, ver: MINEDUC (2013b) y MINEDUC (2014a).

87
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

El concepto de cuidado y Educación Parvularia es diferente según las


edades de los infantes. Por lo general, se tiende a ver a las salas cuna
como instancias de cuidado infantil que facilitan la inserción laboral de las
madres o cuidadores/as principales del niño/a; de allí que los programas de
cuidado temprano institucionalizados, en especial los de horario extendido,
sean focalizados a las madres trabajadoras. Por otro lado, los servicios para
niñas y niños mayores, son percibidos como instancias educativas en las
que el infante obtiene un importante valor agregado, de allí que las políticas
públicas hayan tendido hacia la universalización del acceso al de Kínder y
Pre-kínder (Dussaillant, 2012).

Pese a que en los últimos años Chile ha aumentado sustantivamente los


niveles de cobertura y asistencia en Educación Parvularia, aún no logra
alcanzar los estándares de los países de la OCDE.

Según el último informe Education at a Glance (2015), los rezagos que


presenta Chile en términos de cobertura en la Educación Parvularia formal
se extienden a todos los niveles de la misma. La tasa de matrícula promedio
(2013) en los países de la OCDE para infantes de 2 años y menos es de un
21%, es decir, un 14% más alta que la de Chile, que alcanza al 18% de las
niñas y niños de ese tramo etario; esta diferencia es aún mayor a nivel de
jardín infantil, pues la tasa de matrícula promedio de los países de la OCDE
alcanza a un 81% de las y los infantes de 3 a 5 años, mientras que en Chile,
esta tasa corresponde al 67% de las y los niños, siendo un 17% menor que
la primera.

Asimismo, según reporta la base estadística de la OCDE8, la tasa de


asistencia promedio en el grupo para los niños/as entre 0 y 2 años es 32,9%,
en tanto que en Chile apenas alcanza el 18,4% (2013).

8 OECD Family Database.

88
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

89
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

Brechas de género en la
infancia y adolescencia
(6 a 17 años)

Como se vio en el capítulo anterior, en términos


demográficos, se estima que en el año 2015 viven
en Chile 2.956.039 niñas, niños y adolescentes
(NNA) de 6 a 17 años de edad, con mayor
presencia de hombres (51%) y representando al
16,4% de la población total (INE).
En forma similar a lo que ocurre con la población de primera infancia, los
NNA también han experimentado los cambios generados en la estructura
familiar. En efecto, se constata una declinación en la proporción de quienes
viven con los dos progenitores y, al mismo tiempo, se observa un incremento
de los que lo hacen con un solo progenitor, nuevamente la madre, lo que,
como se dijo previamente, muchas veces se traduce en una desventaja para
los NNA porque los hogares monoparentales con jefatura femenina son más
vulnerables socioeconómicamente.

2.4. Conductas saludables de niñas, niños y


adolescentes

La infancia y adolescencia constituyen etapas determinantes en la


adquisición y consolidación de patrones conductuales en mujeres y
hombres, más aún en la segunda, donde se refuerzan hábitos previos, a la
vez que se incorporan otros provenientes de nuevos entornos de influencia.

Algunos comportamientos de riesgo adoptados durante la infancia y


adolescencia, como el sedentarismo, fumar, mantener relaciones sexuales
sin protección o consumir alcohol, tienen consecuencias en la inserción
educativa y laboral, tanto en la juventud como la adultez. También afectan la
vejez, por lo que para prevenir enfermedades crónicas, vivir más y con mejor
calidad de vida, es importante establecer hábitos saludables en estas etapas
de la vida.

Existen diferencias por sexo en el ejercicio de conductas no saludables en


la infancia y adolescencia. Por ejemplo, entre las mujeres, es más frecuente
no realizar actividades físicas, consumir más tabaco y alcohol, mientras que
para ellos se constata una mayor incidencia del consumo de otras drogas.

De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional sobre Actividades de Niños,

90
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Niñas y Adolescentes (EANNA) 2012, los hombres de 5 a 17 años declaran


en mayor medida realizar actividad física (sin considerar las clases de
educación física de los colegios) que sus pares mujeres: 73,2% vs. 46,9%,
respectivamente. La brecha de 26,3 puntos porcentuales indicaría que
existen diferencias, entre otros factores, debido a las características de los
espacios disponibles fuera del ambiente escolar para proveer un acceso
igualitario de oportunidades para la práctica de deportes para mujeres y
hombres. Históricamente los programas de desarrollo de infraestructura han
tendido a favorecer espacios masculinizados, por ejemplo, las multicanchas
terminan siendo utilizadas principalmente para jugar mini fútbol u otros
deportes parecidos, que las mujeres practican en mucha menor medida.

Adicionalmente, el SIMCE de Educación Física 2014 (Agencia de la Calidad


de la Educación, 2015), aplicado a una muestra de 9.919 mil estudiantes
de octavo básico, muestra que un 59% de los pre-adolescentes posee
un Índice de Masa Corporal (IMC) normal, mientras que un 41% presenta
sobrepeso u obesidad. Como se observa en el Gráfico 2.12, si se revisa la
trayectoria por sexo entre 2011 y 2014, es posible distinguir que las mujeres
presentan permanentemente un peor estado nutricional que los hombres.
Para el año 2014, el 56% de las mujeres y un 61% de los hombres tienen
un peso normal, un 29% y 23%, presentan sobrepeso y, un 15% y 16%,
obesidad, respectivamente.

El estudio detectó, además, que la mayoría de las y los estudiantes posee


una adecuada resistencia muscular, que es mayor entre los hombres (81%
vs el 76% de las mujeres), y niveles aceptables o destacados de resistencia
aeróbica y rendimiento cardiovascular, que también son más altos entre los
adolescentes de sexo masculino (93% vs el 79% de las mujeres). En cambio,
las y los adolescentes presentan bajos niveles de fuerza muscular, potencia
aeróbica máxima y flexibilidad. En los dos primeros casos, el desempeño
de las mujeres es, también, más deficitario que el de los hombres: un 85%
de ellos y un 90% de ellas necesitan mejorar su fuerza muscular (medida

| GRÁFICO 2.12 | Distribución Índice de Masa Corporal por sexo, 2011-2014.

100%

90% 15% 16% 17% 18% 17% 18% 15% 16%

80%

70% 29% 22% 30% 22% 29% 23% 29% 23%


60%

50%

40%

30%

20% 56% 62% 53% 60% 54% 59% 56% 61%


10%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

2011 2012 2013 2014

Normal Sobrepeso Obesidad

Fuente: Elaboración propia en base a Agencia de Calidad de la Educación, Informe de Resultados Educación Física, 2011-2014.

91
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

a través de la prueba de flexo-extensión de codos), y un 91% y 94%,


respectivamente, posee niveles insatisfactorios de capacidad aeróbica.
En cambio, las mujeres poseen un mejor desempeño en la prueba de
flexibilidad, pues un 36% de ellas posee niveles aceptables o destacados en
este test, versus el 33% de ellos (en todos los casos, las diferencias por sexo
son estadísticamente significativas).

Estos datos son iluminadores respecto de los patrones culturales


diferenciados por sexo que predominan en la comunidad escolar chilena
frente al ejercicio físico. En primer lugar, hombres y mujeres tienen clases
por separado, pues las actividades y expectativas sobre cada grupo son
distintas. Las niñas tienden a tener menos actividades físicas que los niños,
y a pesar que a ambos sexos se les exige ciertos patrones de belleza
corporal, estos no logran permear los comportamientos para generar vidas
saludables.

En relación al consumo de substancias riesgosas, el Décimo Estudio


Nacional de Drogas en Población Escolar realizado en 2013 (SENDA,
2014), señala que mujeres y hombres presentan un descenso progresivo
en la prevalencia de consumo diario de tabaco desde 2003, sin embargo,
aún se observa una prevalencia de 7,5% entre las primeras, y de 7,1% en
los segundos. La diferencia observada entre hombres y mujeres no es
estadísticamente significativa.

Adicionalmente, en el mismo estudio, se evidencia que la prevalencia


mensual en el consumo de alcohol se ha estabilizado en el tiempo;
actualmente, en las mujeres es de 35,7% y en los hombres, 35,6%.
Del mismo modo en que ocurre con el tabaco, estas diferencias no
son significativas. Por otra parte, se registra que, entre aquellos/as que
reportaron consumir alcohol en el último mes, la proporción que declaró
haber bebido 5 o más tragos en al menos una ocasión fue de 62,8%, en
otras palabras, 2 de cada 3 escolares han tenido a lo menos un episodio
de consumo intenso de alcohol (o embriaguez). Si se considera el sexo de
los adolescentes, se develan diferencias estadísticamente significativas en
los patrones de consumo; son los hombres quienes experimentan más
frecuentemente episodios de embriaguez en comparación a las mujeres: un
66,7% de los hombres y un 58,9% de las mujeres ha tenido a lo menos un
episodio de embriaguez durante el último mes.

En relación al consumo de marihuana, el SENDA muestra que el 30,6% de


los NNA encuestados declararon haber consumido dicha substancia en el
último año. Si se desagrega el resultado por sexo, la prevalencia anual de
consumo de marihuana evidencia diferencias significativas entre mujeres
y hombres: mientras un 29,6% de las mujeres declaró haber consumido
marihuana el último año, un 31,5% de los hombres lo hizo.

92
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

RECUADRO 2.1
Violencia en la infancia y adolescencia

La violencia se constituye como parte de la vida cotidiana de muchas niñas, niños


y adolescentes. Sus expresiones son diversas, sus causas múltiples y sus efectos
implican formas sistemáticas de vulneración de derechos y factores de reproducción
de entornos y prácticas sociales violentas.

De acuerdo a datos provistos por el Ministerio del Interior, en base a los registros
de la Subsecretaría de Prevención del Delito, el año 2014 nueve mil niños, niñas y
adolescentes menores de 18 años fueron víctima de violencia intrafamiliar, es decir, el
6,9% del total de víctimas de VIF del año. Desde el 2005 a la fecha, es preocupante el
aumento del total de víctimas de VIF (en un 53,9%, desde 84 mil hasta 129 mil), sobre
todo entre las niñas, niños y adolescentes (aumento de un 193%, desde tres mil el
año 2005). Si se examinan estos datos por sexo, se corrobora que en el año 2014 son
las mujeres las principales perjudicadas (63% de las víctimas menores de 18 años).
En particular, la brecha se concentra entre las víctimas de 14 a 17 años, pues de un
total de 4.910 mujeres y hombres, el 73,8% de las víctimas son mujeres; en cambio,
la proporción de víctimas menores de 14 años se distribuye de forma igualitaria según
sexo (49,9% mujeres y 50,1% hombres).

La misma fuente evidencia que en relación a las violaciones y abusos sexuales, la


realidad de las niñas, niños y adolescentes es aún más preocupante, pues en 2014
representan el 57,5% de las casi 9 mil víctimas de este tipo de delitos a nivel nacional
(Subsecretaría de Prevención del Delito). Si se desagrega el resultado por sexo,
se revela la dramática situación que afecta a las niñas y adolescentes, principales
víctimas de este tipo de abusos (84,7% del total de víctimas menores de 18 años y
48,7% del total de víctimas a nivel nacional). Desde una perspectiva histórica, las
cifras no son alentadoras, pues son las niñas y adolescentes menores de 18 años
quienes presentan las tasas de crecimientos más altas en relación al escenario del
año 2005, con un crecimiento de un 35,7% del total de víctimas de violaciones y
abusos sexuales (desde poco más de 3 mil víctimas en 2005 hasta más de 4 mil
en 2014); en cambio, entre los niños y adolescentes pertenecientes a ese tramo el
crecimiento fue de un 7,3%, y a nivel nacional, de un 10,1%.

La violencia extrafamiliar, por otra parte, corresponde a aquel tipo de violencia ejercida
por personas que no son familiares de los NNA o que tienen relación de parentesco
muy lejana, e incluye lesiones leves, menos graves, graves y gravísimas, más los
robos violentos, las lesiones producidas por armas y los homicidios. En Chile, para
el año 2014, se observan un poco más de 21 mil infantes y adolescentes menores
de 18 años que son víctimas de este tipo de delitos, correspondientes al 11,1% del
total de víctimas a nivel nacional. En términos de género, y a diferencia de los casos
previamente mencionados, los niños y adolescentes son más víctimas de este tipo de
delitos que las mujeres, abarcando el 56,2% del total de víctimas menores de 18 años
del año 2014.

Fuente: Elaboración propia en base a datos del Ministerio del Interior, a través de la Subsecretaría
de Prevención del Delito.

93
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

2.5. Acceso y resultados en la Educación Básica


(6 a 13 años)
Para la UNESCO (2008), una educación de calidad reúne las siguientes
cinco dimensiones: relevancia, pertinencia, equidad, eficacia y eficiencia. La
educación se debe orientar hacia el respeto por los derechos y libertades
fundamentales de cada ser humano. Ha de ser relevante, en el entendido
que debería habilitar a las personas para un ejercicio competente de su
libertad y condición ciudadana. La pertinencia refiere a la adaptación de la
educación al entorno social en que las personas se desarrollan, volviéndose
significativa en los diversos estratos sociales y culturales. La equidad es
un factor consustancial a una educación de calidad en la medida en que
asegura su carácter universal, es decir, de alcance para todas y todos, y se
orienta a la habilitación de las personas en términos de sus capacidades
para la vida. Asimismo, al tratarse de un derecho humano, es crucial que la
acción pública opere mediante políticas y programas eficaces y eficientes, es
decir, que traduzcan en términos concretos el acceso a educación velando
por la mejor utilización de los recursos utilizados en ello. Finalmente, una
educación de calidad garantiza la no discriminación por origen o condición
social, y asegura al mismo tiempo, medidas específicas para colectivos
vulnerables o con características específicas.
En Chile el proceso de introducción de sistemas de información y evaluación
de la calidad de la educación ha ido cambiando y complejizándose en
función de sus objetivos 9. El sistema vigente se introdujo en 1988, Sistema
de Información y Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE)10, con
el propósito de contribuir al mejoramiento de la calidad y equidad de la
educación, registrar los logros de aprendizaje de los estudiantes en diversas
áreas de aprendizaje, y relacionarlos al contexto escolar y social en el que
estos aprenden (Cox, 2003).

La mayoría de los sistemas de información y evaluación educativa


existentes en Latinoamérica no necesariamente consideran los aspectos
vinculados a los derechos y la no discriminación promovidos por la
UNESCO, por lo cual hay aún muchos vacíos de información que deben ser
enfrentados con investigaciones específicas. En este sentido, en general
los sistemas nacionales de información y evaluación educativa requieren
de modificaciones y actualizaciones de modo de acercarlos a los enfoques
vigentes en educación, para elevar su capacidad de producir información
confiable y oportuna, que sea significativa para la toma de decisiones y para
el debate público (UNESCO, 2008).

En el presente informe se abordan variables que podrían considerarse dentro


de la dimensión de “eficacia”, como son el acceso a la educación (matrícula
y tasa neta de asistencia), la aprobación y abandono escolar, así como los
logros de aprendizaje medidos por el SIMCE y otros instrumentos de nivel
internacional tales como el Programme for International Student Assessment
(PISA) utilizado por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico
(OCDE), y el Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo (TERCE),
desarrollado por UNESCO para la región de América.

9 Encontramos sus orígenes en la década del sesenta, cuando se aplica la primera Prueba
Nacional con objeto de evaluar los resultados de aprendizaje de los estudiantes; luego, en 1982
se institucionaliza el Programa de Evaluación del Rendimiento Escolar (PER); en 1985 se instauró
el Sistema de Evaluación de la Calidad (SECE) y finalmente, en 1988 se introduce el Sistema de
Información y Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE) (Cox, 2003).
10 Más información sobre el Sistema de Información y Medición de la Calidad de la Educación
(SIMCE) y el uso de la información que este provee para el desarrollo del presente informe en el
Anexo Metodológico.

94
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

El análisis de esta información se complementa con estudios e


investigaciones realizadas sobre la gestión curricular respecto de los
procesos de enseñanza-aprendizaje en curso –contexto local, docentes,
alumnos/as y las interacciones entre estos/as con sus pares- para dar
cuenta de aspectos específicos vinculados a las diferencias o brechas de
género existentes en la educación chilena hoy.

2.5.1. Acceso a la Educación Básica


La cantidad de NNA matriculados/as en la Educación Básica chilena alcanzó
para el año 2014 un total de 1.939.925 estudiantes, de los cuales 945.048
(48,7%) son mujeres y 994.877 (51,3%) son hombres (MINEDUC, 2014).
Como se evidencia en el Gráfico 2.13, esta diferencia por sexo a favor de
los hombres se presenta a lo largo de todo el periodo estudiado. En una
comparación punta a punta, la cantidad de matriculados/as se mantiene
prácticamente constante, presentando una tendencia creciente desde 1990
y hasta 2001, cuando comienza a disminuir, alcanzando en el año 2011
valores similares a los de comienzos de la década del 90.

Desde el año 2009, las familias optan principalmente por colegios


subvencionados, siendo esta proporción levemente mayor entre las mujeres.
El año 2014, un 53,8% de las mujeres y un 51,7% de los hombres asisten a
un colegio subvencionado; el 38,6% y 40,6%, respectivamente, a un colegio
municipal; y un 7,6% tanto de mujeres como de hombres se encuentran
matriculados en un colegio particular pagado.

Esto no era así en 1990, donde la gran mayoría de las niñas (60,2%) y los
niños (62,2%) asistía a colegios municipales y, en menor medida, lo hacían a
colegios subvencionados (33% y 30,8%, respectivamente). La tendencia se
comienza a revertir especialmente a partir del año 2004.

| GRÁFICO 2.13 | Matrícula en Educación Básica según dependencia del establecimiento, por sexo, 1990-2014.

Nº de Matriculados/as

1.400.000

1.200.000

1.000.000

800.000

600.000

400.000

200.000

0
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres

1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Municipal Administración delegada Particular subvencionado Particular pagado

Fuente: Elaboración propia en base a MINEDUC, Estadísticas de la Educación, 1990-2014.


Nota: Dato no disponible para el año 2005.

95
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

Por otra parte, de acuerdo con la información proporcionada por la Encuesta


CASEN 2013, la tasa neta de asistencia a Educación Básica (6 a 13 años)
no presenta diferencias por sexo, alcanzando un 91,8% entre las mujeres y
el 92,1% entre los hombres. El avance en el nivel de asistencia a Educación
Básica es generalizado y superior al 90% entre niñas y niños de los
diferentes niveles de ingresos, zonas geográficas y regiones en las que se
divide el país.

A modo de ejemplo, las tasas netas de asistencia a la Educación Básica


aumentaron alrededor de 1 punto porcentual entre las mujeres y hombres
de zonas urbanas y subieron 5 puntos porcentuales en las zonas rurales.
Entre las mujeres rurales la tasa de asistencia a la Educación Básica pasó
de 88% en 1990 a 92,9% en 2013, mientras que en los hombres dichos
porcentajes fueron 88,4% y 93,1%, respectivamente. Estos avances dan
cuenta de una cobertura universal de la Educación Básica en todo el país.
La mayor participación escolar del sector rural impactaría positivamente en
las posibilidades de infantes y adolescentes rurales tanto para completar la
educación secundaria como para mejorar sus posibilidades de empleabilidad
en el futuro.

En suma, como se puede ver en el Gráfico 2.14, en términos generales,


durante el período estudiado no existen brechas sustantivas en el acceso a
la Educación Básica entre niñas y niños.

| GRÁFICO 2.14 | Tasa neta de asistencia a Educación Básica (6 a 13 años) por sexo, 1990-2013.

Tasa neta de asistencia


92,8% 92,5% 93,7% 92,5% 93,4% 93,9% 91,8%
100% 90,3% 90,0% 90,7% 90,8% 93,0% 91,8%
91,7% 92,1% 93,4% 92,3% 92,1%
90,5% 89,7% 91,1% 91,6%
90%

80%

70%

60%

50%

40%

30%

20%

10%

0
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990-2013.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en el año 1996 (5%), 1998 (1%), 2000 (10%) y 2011 (1%).

2.5.2. Aprobación y deserción en la Educación Básica


Tal como se observa en el Gráfico 2.15, las tasas de aprobación han
evolucionado positivamente en las últimas tres décadas, siendo más altas en
Educación Básica que en la Media y obteniendo las niñas mejores resultados
en términos de aprobación que los niños. En 2013 la tasa de aprobación
de las mujeres fue del 96% y del 93,9% entre los hombres, mientras que en

96
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 2.15 | Tasa de aprobación en Educación Básica, por sexo, 1992-2013.

Tasa de aprobación
95,1% 94,9% 95,1% 94,8% 93,7% 93,8% 93,5% 93,0% 93,2% 93,7% 93,7% 93,3% 93,3% 93,5% 93,9%
90,1% 90,8% 91,2% 92,9% 94,1% 96,7% 96,6% 96,7% 96,6% 96,1% 96,1% 96,0% 95,7% 95,8% 95,6% 95,9% 95,7% 95,7% 95,7% 96,0%
100% 89,2% 89,8% 93,0% 93,8% 93,8% 95,2% 96,0%
92,5% 92,8%
90%

80%

70%

60%

50%

40%

30%

20%

10%

0
1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a “Informe de Análisis del Sistema Escolar desde la Perspectiva de Género”, 1992-2013, Centro de Estudios de la División
de Planificación y Presupuesto, MINEDUC.

1992 los valores fueron del 92,5% y 89,2%, respectivamente.


Por otra parte, tal como muestra la Tabla 2.1, la deserción escolar en la
Educación Básica es prácticamente nula en Chile, siendo levemente superior
entre los niños que las niñas.

| TABLA 2.1 | Tasa de deserción en Educación Básica, por sexo, 1998-2008.

1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008

Mujeres 2,3 0,7 1,2 1,6 0,8 2 1,2 1,2 0,8 1 0,7

Hombres 2,8 1,2 1,6 2,1 1,1 2,3 1,6 1,6 1,4 1,4 1,1

Fuente: MINEDUC, Análisis del sistema escolar desde la perspectiva de género, 2006 - 2008.
Nota: En los anuarios posteriores al 2008 proporcionados por el MINEDUC, no hay tasas de deserción publicadas.

2.5.3. Resultados en SIMCE de 4° Básico

El Sistema de Evaluación de la Calidad de la Educación (SIMCE) ha permitido


constatar las profundas diferencias socioeconómicas, sociodemográficas, de
género y geográficas del sistema educativo nacional. Como se registra en los
siguientes gráficos, los puntajes estandarizados muestran diferencias entre
mujeres y hombres, observándose una tendencia consistente hacia mejores
logros de parte de las primeras en las pruebas de Lenguaje y Comunicación,
y de los segundos en las pruebas de Matemáticas.

Es así como aquellas niñas que entre los 0 y 5 años no registraban

97
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

desventajas frente a sus pares masculinos, al llegar a la Educación Básica se


ven enfrentadas a este deterioro en el abanico de sus oportunidades. Estas
diferencias en el desempeño estarían reflejando patrones culturales de género
y de socialización existentes en la sociedad chilena que, al igual que en la
mayoría de los países, enfatizan las habilidades de sociabilidad en las niñas,
lo que les permitiría un mayor desarrollo de su capacidad de comunicación
en comparación a los niños. Por otra parte, estos mismos patrones culturales
fomentan las habilidades numéricas y de cálculo en los niños, y no así en
las niñas, lo que afecta no solo los rendimientos escolares diferenciados por
sexo, sino también las decisiones vocacionales en la vida adulta.

En el Gráfico 2.16 se indican las diferencias de las medias (medidas en


desviaciones estándar) obtenidas en la prueba SIMCE por las niñas y
niños de 4° básico. En 2014, los resultados de las mujeres en la prueba
de Lenguaje y Comunicación están 0,11 desviaciones estándar (DS) sobre
el promedio; mientras que los resultados de los hombres están bajo el
promedio en -0,11 DS. La diferencia a favor de las niñas en esta prueba
ha sido estadísticamente significativa durante todo el período bajo análisis,
incrementándose a lo largo de este. En la actualidad, es mayor en el área
rural que en el área urbana (Gráfico 2.17).

| GRÁFICO 2.16 | Puntaje estandarizado de pruebas SIMCE en 4º Básico, por sexo, 2002-2014.

Desviaciones estándar

1,40

1,20

1,00

0,80

0,60

0,40

0,12 0,10 0,12 0,12 0,11 0,11 0,11


0,20
0,08 0,07 0,08 0,08 0,03 0,03 0,04 0,03 0,04 0,02 0,04 0,04 0,02 0,01 0,02
0,00

-0,08 -0,07 -0,08 -0,08 -0,03 -0,03 -0,04 -0,03 -0,04 -0,02 -0,04 -0,04 -0,02 -0,01 -0,02
-0,20
-0,12 -0,10 -0,12 -0,11 -0,11 -0,11 -0,11

-0,40

-0,60
2002 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2002 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Lenguaje y Comunicación Matemática

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Base de Datos de la Agencia de Calidad de la Educación (2002-2014).
Nota: En Lenguaje y Comunicación, las diferencias en los puntajes de hombres y mujeres son estadísticamente significativas todos los años. En Matemática, las
diferencias en los puntajes de hombres y mujeres son estadísticamente significativas el año 2010.

Como se muestra en el Gráfico 2.17, en 2014, en la zona rural, los


resultados en la prueba de Lenguaje y Comunicación de las niñas son
mejores que los de los niños (-0,08 DS y -0,34 DS por debajo del promedio,
respectivamente), pero son peores que sus pares en el área urbana (0,13 DS
por sobre el promedio; y -0,09 DS por debajo del promedio en el caso de los
niños de zonas urbanas).

98
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 2.17 | Puntaje estandarizado de pruebas SIMCE en 4° Básico,


según zona de residencia, por sexo, 2002, 2008 y 2014.

Desviaciones estándar

1,40

1,20

1,00

0,80

0,60

0,40

0,12 0,14 0,13 0,09 0,08 0,05


0,20
0,01 0,00 0,01
0,00
-0,03 -0,09 -0,09
-0,20

-0,40
-0,23 -0,07 -0,08 -0,40 -0,33 -0,30
-0,43 -0,34 -0,34 -0,38 -0,30 -0,30
-0,60
Urbana Rural Urbana Rural Urbana Rural Urbana Rural Urbana Rural Urbana Rural

2002 2008 2014 2002 2008 2014

Lenguaje y Comunicación Matemática

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos de la Agencia de Calidad de la Educación, 2002, 2008 y 2014.
Nota: En Lenguaje y Comunicación, las diferencias en los puntajes de hombres y mujeres son estadísticamente significativas todos los años. En Matemática, no
existen diferencias estadísticamente significativas entre los puntajes de hombres y mujeres.

Asimismo, se muestra en el Gráfico 2.18 que los resultados de las niñas


en Lenguaje y Comunicación son mejores que los de los niños, cualquiera
sea la dependencia del establecimiento al que concurren. Sin embargo,
se observa que para ambos sexos los mejores resultados en esta prueba
se obtienen en los establecimientos particulares pagados, mientras que
los peores se observan entre las y los alumnos de los establecimientos
municipales. Cabe destacar que la distancia con el promedio de las y los
estudiantes de colegios particulares pagados ha disminuido en el tiempo
para los dos sexos, fruto de un mejoramiento del desempeño de los
estudiantes de establecimientos municipales y particulares subvencionados
que han tenido un leve acercamiento con los resultados de los colegios
particulares. Aun así, las brechas según dependencia del establecimiento
siguen siendo significativas.

En Matemática, en cambio, los resultados promedio de la prueba SIMCE


son favorables para los niños de 4° básico, aunque con menor fuerza que lo
observado en Lenguaje y Comunicación respecto a las niñas. En 2014, los
resultados de los niños en la prueba de Matemática están 0,02 DS sobre el
promedio; mientras que los resultados de las niñas están bajo el promedio
en -0,02 DS. La diferencia a favor de los niños ha persistido en el período
bajo análisis.

Adicionalmente, la ventaja de los hombres es mayor en la zona urbana que


en la rural. En esta última, los resultados promedio de las niñas y niños están
por debajo del promedio de sus pares urbanos, produciéndose una situación
de desventaja importante, sobre todo, entre las niñas rurales respecto de sus

99
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

pares hombres, pero también con sus pares mujeres de las zonas urbanas.
En Matemática, salvo el año 2010, no existen diferencias significativas entre
los resultados en la prueba SIMCE de las y los estudiantes de 4° básico.
En el año 2010 la brecha es a favor de los hombres, quienes alcanzan un
puntaje promedio de 0,04 DS por sobre el promedio (vs el -0,04 DS de las
mujeres). Al analizar los resultados según zona, se observa una desventaja
de las niñas y niños que habitan en zonas rurales, que todos los años
observados están por debajo del promedio de sus pares urbanos.

Adicionalmente, similar a lo que sucede en Lenguaje, en Matemática, los


mejores resultados se observan en los colegios particulares pagados,
aunque también su distancia con el promedio ha decrecido en el tiempo,
fruto que los puntajes de las y los estudiantes de establecimientos
municipales y, en menor medida, de particulares subvencionados, han
mejorado desde el año 2002 al 2014.

Adicionalmente, la ventaja de los hombres es mayor en la zona urbana que


en la rural. En esta última, los resultados promedio de las niñas y niños están
por debajo del promedio de sus pares urbanos, produciéndose una situación
de desventaja importante, sobre todo, entre las niñas rurales respecto de sus
pares hombres, pero también con sus pares mujeres de las zonas urbanas.

| GRÁFICO 2.18 | Puntaje estandarizado de pruebas SIMCE en 4° Básico, según


dependencia del establecimiento educacional, por sexo, 2002, 2008 y 2014.

Desviaciones estándar

1,40

1,20
0,83 0,97 1,03
0,99 0,72 0,91 0,94 0,84
1,00
0,90 0,59 0,78
0,79
0,80

0,60

0,40
0,06 0,00 0,16 0,17 0,10
0,23 0,23 0,17 0,09 0,09 0,05
0,20

0,00
-0,03
-0,20

-0,26 -0,31
-0,40 -0,29
-0,15 -0,12 -0,13 -0,19 -0,32
-0,31 -0,37 -0,37 -0,26
-0,60
Municipal

Particular subvencionado

Particular pagado

Municipal

Particular subvencionado

Particular pagado

Municipal

Particular subvencionado

Particular pagado

Municipal

Particular subvencionado

Particular pagado

Municipal

Particular subvencionado

Particular pagado

Municipal

Particular subvencionado

Particular pagado

Año 2002 2008 2014 2002 2008 2014

Lenguaje y Comunicación Matemática

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos de la Agencia de Calidad de la Educación, 2002, 2008 y 2014.
Nota: En Lenguaje y Comunicación, las diferencias en los puntajes de hombres y mujeres son estadísticamente significativas todos los años. En Matemática, no
existen diferencias estadísticamente significativas entre los puntajes de hombres y mujeres.

100
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

2.6. Currículum oculto y expectativas de las y los adultos


2.6.1. Estereotipos de género en el currículum oculto

La educación es uno de los pilares en los que se fundamentan las


sociedades avanzadas, por sus implicancias multidimensionales - sociales,
culturales y económicas – que inciden en el futuro de los países. El
proceso educativo capacita a las nuevas generaciones para que puedan
desenvolverse con éxito en sociedades cada vez más complejas y, así,
promover sus oportunidades. Por ello, una educación de calidad al alcance
de todos es un elemento clave a la hora de valorar el grado de inclusión,
movilidad social y equidad.

Al mismo tiempo, el colegio es un espacio fundamental de socialización de


género en el cual niñas, niños y adolescentes asimilan las pautas culturales
vigentes de lo que “debe ser” un hombre y una mujer. Ello se lleva a cabo
a través de diversos conductos. Uno son los contenidos que se transmiten
en los textos de estudio (el currículum explícito) y otro, las y los profesores
donde precisamente, por su influencia diferenciada, es relevante el sexo del
docente, sus formas de transmitir los saberes y estimular el aprendizaje,
así como las expectativas que tenga de sus estudiantes. Fundamentales
también en la transmisión de estas pautas culturales son las expectativas
que tienen del aprendizaje de niñas y niños, las propias madres y padres, y
finalmente, el llamado “currículum oculto”.

El currículum oculto comprende “aquellos aprendizajes que son incorporados


por las y los estudiantes aunque dichos aspectos no figuren en el currículo
oficial. Según las circunstancias y las personas en contacto con las y los
estudiantes dichos contenidos pueden o no, ser “enseñados” con intención
expresa” (Jane, 1983). El entorno, a través de las diversas actividades, tanto
sociales como recreacionales, puede entregar aprendizajes no buscados
especialmente respecto a las construcciones de género que tienden a
moldear las actitudes y formas de acercamiento diferencial de niñas y niños
al conocimiento, impactando no solo su rendimiento en el medio escolar, sino
también sus habilidades y opciones durante todas las etapas del ciclo vital.

RECUADRO 2.2
Desigualdad de género en los textos escolares

Tal como señalan Covacevich y Quintela (2014) “los textos escolares tienen una
importante influencia en la creación de consenso cultural, porque junto con el
contenido y la didáctica propia de cada asignatura, sugieren maneras de interpretar
la realidad y aunque, a veces, los autores de los textos intenten ser objetivos, estos
están trasmitiendo valores y discursos, implícita y explícitamente”. Así, “por sus
características de herramienta transmisora de discursos, junto con su distribución
masiva y uso intensivo, los textos escolares pueden ser una herramienta clave de
difusión de relatos sociales relativos al género”.

Los autores encuentran que en los textos escolares chilenos de Educación Básica
aprobados y distribuidos por el Ministerio de Educación para el año escolar 2013, y
en concordancia con los hallazgos en otras latitudes del mundo, en general, se replica
el modelo tradicional de la división sexual del trabajo, dando mayor protagonismo y
presencia a los actores masculinos y reproduciendo roles sexuales estereotipados.

El estudio constata que “los personajes masculinos aparecen en roles vinculados

101
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

al ejercicio del liderazgo, asumiendo riesgos, siendo autosuficientes o ambiciosos,


mientras que los personajes femeninos muestran roles focalizados en elementos
emocionales, de cuidado y protección, dentro de la esfera privada, y están excluidos
de los campos político y científico.

Sin embargo, estas tendencias conviven con hallazgos de paridad de género en


las categorías de participación social, recreación, espacio social de interacción,
vinculación de género y naturaleza en la relación con seres vivos, y en algunos
roles que no están estereotipados por género. Las mayores tendencias a la paridad
se observan en los textos de las asignaturas de matemática y en menor medida,
de ciencias naturales. Se concluye que aunque se observan algunos avances con
respecto a estudios anteriores, aún existen muchos desafíos para lograr un tratamiento
equitativo de personajes femeninos y masculinos en los textos escolares chilenos”.

El estudio destaca que para el caso de Historia, Geografía y Ciencias Sociales de 6º


Básico, solo se identifican actores masculinos en el aparato político y administrativo del
Estado. Básicamente se tiende a relatar actos de hombres, tanto en roles protagónicos
como secundarios. De hecho, en los registros históricos, los personajes masculinos
doblan la representación de los femeninos. Así, los autores señalan que “esta infra
visibilización de las mujeres se relaciona con el repertorio limitado de profesiones u
oficios atribuidos” y su rol histórico aparece más ligado a la esfera doméstica.

Además del distinto abordaje del género según asignatura, también se observa como
patrón que en los textos orientados a cursos de niñas y niños más pequeños hay
mayor paridad de género que en aquellos para estudiantes mayores. Por otra parte,
“no se hallaron diferencias entre editoriales que parezcan explicarse más allá de por
ser textos de asignaturas diferentes”.

En suma, aunque se han producido avances, aún existen muchos desafíos para
lograr un tratamiento equitativo de personajes femeninos y masculinos en los textos
escolares chilenos: “A pesar de la predominancia de sesgo masculino, es importante
destacar que sí se evidencia paridad de género en algunos indicadores, por lo que
hay indicios de un cierto progreso hacia la eliminación de los sesgos de género
identificados por estudio anteriores. Se observa paridad en la participación social,
en la relación con la administración del Estado y en la recreación. Es decir, hay una
igualdad relativa en las actividades de personajes de género femenino y masculino
vinculadas a escuelas, centros de salud, participación en elecciones populares,
espacios públicos, centros deportivos/recreativos, y espacios culturales/artísticos.
Esto se observa de manera transversal en todas las asignaturas”.
Se “destaca la necesidad de avanzar en la paridad de género en el lenguaje,
contenidos, imágenes, ejercicios y bibliografía de los textos escolares. Para lograrlo,
es recomendable que las bases del proceso de licitación del Ministerio de Educación11
y los lineamientos internos de las editoriales, establezcan estándares mínimos del
tratamiento del género que, entre otros, aseguren el uso equitativo de personajes
femeninos y masculinos en las publicaciones”.

“Tal como propone la corriente más actual de estudios de género y textos escolares,
probablemente no baste con hacer cambios en la manera en que los textos abordan
el género, sino que también es fundamental modificar la manera en que los profesores
trabajan con ellos en el aula. Por lo tanto, una estrategia complementaria al trabajo
directo con los textos escolares es fomentar las investigaciones y las prácticas
docentes adecuadas sobre la utilización de dichos textos en las aulas, con una
perspectiva de género incorporada”.

Fuente: Covacevich C. y Quintela-Dávila G. (2014), Desigualdad de género, el currículo oculto en textos escolares
chilenos.

11 El MINEDUC realiza una licitación pública para adjudicar la edición e impresión de los diversos textos escolares de
la educación pública.

102
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

2.6.2. Expectativas de las y los profesores

Para la socióloga Teresa Valdés (2013a), “las prácticas en el aula, la


estructuración de los espacios y las actividades, la interacción entre los
niños y niñas, el uso del lenguaje y las expectativas de las y los profesores
respecto de las habilidades de sus alumnas y alumnos forman parte de
las normas y los valores que se enseñan, sin que estos sean parte de los
objetivos o contenidos explícitamente planteados por las y los profesores.
Sin embargo, afectan el aprendizaje de niñas y niños al estar marcados por
los estereotipos de género y se traducen en una preparación en habilidades
y conocimientos diferenciada por sexo que incide en el desarrollo de
capacidades, el rendimiento escolar y el futuro vocacional y profesional de
las niñas y los niños”.

Por lo general, a los hombres en el aula se les fomenta la capacidad para


correr riesgos y la libertad que esto implica, encaminándolos al éxito en el
ámbito público y a la posibilidad de responder a las exigencias que este
conlleva. Por el contrario, es usual que a las niñas se les fomente conductas
que las acercan a ocupaciones vinculadas al cuidado de los demás, tales
como enfermería, docencia, psicología, entre otros.

La misma autora reconoce que también “hay expectativas diferentes


en cuanto a los estilos comunicativos frente a la autoridad, dándoles
protagonismo a los hombres, manteniendo a las mujeres en segundo plano.
Es más usual que se acepte a los alumnos que a las alumnas discutir con
la autoridad, ser voceros de las necesidades o demandas del grupo o tener
iniciativas, lo que les permite aprender a construir espacios de negociación
desde temprano. A las alumnas, en cambio, se las estimula a expresarse
en los ámbitos más privados y reducidos, y a relacionarse con la autoridad
en voz baja. En dicha relación aprenden a acatar las normas y, en caso
de discrepancia, a actuar de modo encubierto o “solapado”, generando
rumores y resistencias silenciosas”.

De igual manera, algunos autores sostienen que el género de los profesores


tiene impacto diferente en el desempeño estudiantil, aunque estos estudios
son aún insuficientes para corroborar tendencias contundentes a nivel
nacional. Por ejemplo, en el estudio “¿Afecta el género de los profesores
a los resultados académicos de los estudiantes? Diferencias de género en
matemática y lenguaje” de Gustavo Cabezas (2009), se evaluó la existencia
de un efecto positivo en el desempeño estudiantil al haber coincidencia en el
sexo del estudiante y docente en Matemática y Lenguaje.

El autor observó que las medias de los puntajes de SIMCE en Matemática y


Lenguaje de los estudiantes que tienen como profesor a uno de su mismo
género son mayores que las del grupo complementario. Asimismo, el
estudio concluye que el efecto coincidencia alumno/a-profesor/a sobre el
rendimiento del primero, es similar al de la Educación Parvularia en ambas
pruebas y mayor que un año adicional de escolaridad de los padres. Por
otro lado, los resultados de los establecimientos mixtos indican que la
coincidencia de los géneros de los alumnos y profesores disminuye su
impacto en condiciones donde conviven ambos sexos, lo que podría ser
señal de que este tipo de ambiente puede servir para reducir las brechas por
género y el origen de las mismas.

Valentina Paredes, en su investigación “A teacher like me or a student like


me? Role model versus teacher bias effect” de 2014, estudia la influencia del
sexo del profesor en los puntajes SIMCE de niños y niñas de octavo básico.

103
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

El estudio parte de la hipótesis de que el académico puede tener un efecto


a través de los modelos de roles; o bien los efectos se explican a través
de las preferencias distintas de las y los profesores y, por lo tanto, tienen
comportamientos que benefician a los estudiantes de su mismo sexo. La
investigación muestra evidencia respecto de que las profesoras tienen un
efecto positivo en el puntaje SIMCE de Matemáticas de las niñas y no tienen
un efecto negativo en el puntaje SIMCE de los niños. El estudio presenta
evidencia de que este efecto positivo puede ser atribuido a un modelo de rol.

También concluye que el efecto de la profesora en las niñas es más


fuerte en Matemáticas y luego en Ciencias Sociales (que son los ramos
con menor porcentaje de profesoras), mientras que no es significativo en
lenguaje. Otro interesante resultado del estudio es la evidencia de que el
efecto de la profesora no es significativo para niñas cuyas madres tienen
niveles de educación alto, pero sí es significativo para aquellas niñas cuyas
madres tienen niveles de educación medio y bajo. Finalmente, el estudio no
encuentra evidencia respecto de que el efecto de la profesora sea mayor en
clases mixtas, por lo que no se corroboraría la influencia de las preferencias
de la o el docente.

Nótese que quienes están en mayor proporción frente al aula de las y los
alumnos son mujeres. En especial, esto es así para las niñas y los niños en
edades menores y en las áreas de Lenguaje y Comunicación, en tanto, las
cifras tienden a ser más parecidas en Matemáticas, Tecnología y Ciencias.
Como lo expresa el Gráfico 2.19, en el año 2014 el total de mujeres que
se dedica a la labor docente es 2,6 veces mayor que el de los hombres,
brecha que ha ido aumentando levemente a lo largo del tiempo. En 2014,
el total de docentes, independientemente de la dependencia administrativa
del establecimiento, llegó a 215.653 personas, de las cuales 156.552 era
mujeres (72,6%) y 59.101 eran hombres (27,4%) (MINEDUC, 2014).

| GRÁFICO 2.19 | Docentes de aula por sexo, 2003 - 2014.

Miles de Docentes

180

160 156,6
150,4
140,6 144,8
140 133,2
125,4 129,8
120,3 121,6 124,3
120 115,9

100 98,5

80

55,8 57,4 59,1


60 50,0 50,2 50,6 51,1 52,4 53,3 54,7
48,3
42,1
40

20

0
2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a MINEDUC, Estadísticas de la Educación, 2001-2014.

104
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Las y los docentes que imparten clases de Enseñanza Básica se


desempeñan en nueve sectores de aprendizaje o asignaturas diferentes.
En todos ellos, la participación femenina es mayor que la masculina, a
excepción del sector de Educación Física, en el cual el 56,4% de los
docentes son hombres. Los sectores que concentran un mayor porcentaje
de docentes mujeres son: Lenguaje y Comunicación (86,4%), Educación
General (85,6%), Orientación (75,5%) y Religión (73,7%). En tanto, las cifras
tienden a ser más homogéneas en los sectores de Artes, Matemática,
Tecnología y Ciencia, con un predominio femenino que en promedio llega al
56,3% (MINEDUC, 2013c).

Con el convencimiento de la relevancia del rol que tienen las y los profesores
frente a su alumnado, Mizala, Martínez y Martínez (2014) estudiaron la
influencia de las expectativas de las y los docentes en las aspiraciones
vocacionales de las y los estudiantes, es decir, de cómo impactan en las
elecciones y preferencias académicas de las niñas y niños. Este estudio
contó con la participación de 208 profesores de Enseñanza Básica que se
encontraban en su etapa de formación inicial (176 mujeres y 32 hombres),
e indagó sobre sus expectativas frente al rendimiento futuro de las y los
alumnos en Matemáticas.

A los docentes se les presentaron casos hipotéticos de alumnas/os con


alto y bajo rendimiento en Matemáticas, combinado con un determinado
estatus socioeconómico. De esta manera, se pretendía medir la ansiedad
de los futuros docentes por las Matemáticas12, y cómo esta se relaciona con
la generación de estereotipos de género. Los autores encontraron que las
expectativas sobre el rendimiento futuro difieren significativamente en función
del sexo del estudiante; particularmente, las y los docentes consideran que
los niños tendrían mejor desempeño en Matemáticas que las niñas y que,
a su vez, solo en estas últimas podrían derivar efectos de largo plazo en el
rendimiento académico general.

Con estas expectativas diferenciadas, no resulta extraño entonces que las


y los docentes, de manera consciente o inconscientemente, incentiven de
manera dispar las habilidades Matemáticas de sus alumnos, condicionado
al sexo, generando en el corto y largo plazo, rendimientos académicos y
orientaciones vocacionales diferentes.

En el Informe Nacional de Resultados del SIMCE 2013, se señala que


para determinar factores asociados al rendimiento académico de las y
los estudiantes de 6º básico en Matemáticas, se construyó un modelo
explicativo de los puntajes, considerando como variables, las características
individuales y contextuales de las y los estudiantes, las expectativas de
las y los docentes de la asignatura en cuanto al máximo nivel de estudios
que alcanzarán sus alumnos, y las características del establecimiento,
así como el rendimiento previo del alumno/a en el SIMCE de 4° básico.
Entre los hallazgos del modelo, se concluye que el resultado esperado
de los estudiantes se asocia con las altas expectativas que tienen las y
los docentes sobre el nivel educacional que podrían alcanzar; las y los
estudiantes cuyos docentes tienen altas expectativas aumentarían su
resultado en uno o dos puntos con respecto al de aquellos/as estudiantes
cuyos profesores tienen expectativas inferiores.

12 La ansiedad por las Matemáticas puede ser definida como un estado de tensión que interfiere
con la manipulación de los números y resolución de problemas matemáticos.

105
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

2.6.3. Expectativas de madres y padres

No solo las expectativas de las y los docentes condicionan el desarrollo


posterior de los niños y las niñas, sino también son muy relevantes las
aspiraciones de las madres y los padres, ya que sus hijas/os las interiorizan
y las convierten en propias. Muchas de las expectativas de los referentes
adultos respecto de los niños, niñas y adolescentes, están basadas en
estereotipos de género, y se traducen en la estimulación diferenciada por
sexo en diversas habilidades y conocimientos, lo que, a su vez, condiciona el
futuro vocacional y la inserción laboral de las y los estudiantes.

El SIMCE recoge información sobre el desarrollo personal y social del


estudiantado y su entorno, realizándose, entre otras cosas, una encuesta
a los apoderados y apoderadas, con preguntas dirigidas a conocer sus
expectativas sobre el rendimiento educacional de sus hijas e hijos. En el
caso de la percepción de los padres y madres de los estudiantes de sexto
básico que rinden la prueba SIMCE, se evidencia que “la expectativa de
los padres y madres sobre el máximo nivel educativo a alcanzar por los
estudiantes, tiene una correlación positiva con el puntaje alcanzado en la
prueba. Es decir, mientras más alto es este nivel, mayor es el puntaje de
los alumnos en la prueba SIMCE (cuatro puntos sobre el promedio cuando
el padre o madre piensa que el estudiante se graduará de una carrera
universitaria, y ocho puntos cuando se espera que el alumno concluya un
posgrado)”13.

En ese sentido, resulta interesante analizar la distribución de las expectativas


que tienen las madres y los padres sobre el nivel educativo máximo que
alcanzarán sus hijos/as en diferentes momentos de la trayectoria escolar. A
continuación, se presentan los resultados de las expectativas educacionales
de los cuestionarios aplicados a las madres/padres y apoderados/as de
cuarto y octavo básico en 2014.

De acuerdo con los datos del Gráfico 2.20, se pueden extraer algunas
conclusiones. En primer lugar, se observa que entre las y los apoderados
de estudiantes de cuarto y octavo básico varían las expectativas sobre
el máximo nivel educativo que alcanzarán sus hijos e hijas, según la
dependencia del establecimiento educacional en que estos están
matriculados/as, siendo más bajas las de aquellos cuyos hijos/as se
encuentran en establecimientos municipales, seguidas de los de colegios
particulares subvencionados y, alcanzando sus niveles más altos entre los
apoderados y apoderadas de particulares pagados. En segundo lugar,
desde una perspectiva de género, se observa que las y los apoderados
de estudiantes de cuarto y de octavo básico matriculados/as en
establecimientos municipales y particulares subvencionados poseen mayores
expectativas sobre el nivel que alcanzarán sus hijas por sobre sus hijos, en
cambio, entre los padres de colegios particulares pagados no se observan
este tipo de diferencias.

Cuando las y los estudiantes son pequeños (cursan 4° básico), las


expectativas que los padres y madres tienen de que sus hijas e hijos alcancen
niveles de Educación Superior e, incluso, concluyan estudios de postgrado
son las más altas, agrupando las proporciones mayoritarias en los tres tipos

13 El “Cuestionario Padres y Apoderados” lo responden los padres, madres o apoderados de


cada estudiante que rindió la prueba. Indaga en el nivel educacional de los padres, el ingreso
mensual del hogar y el nivel de satisfacción con el establecimiento, entre otros. En este sentido,
es importante señalar que la correlación entre expectativa de máximo nivel de estudios y puntaje,
es calculada aislando el efecto de otras variables asociadas al rendimiento de los estudiantes,
como índice socioeconómico del estudiantado, continuidad del estudiante en el establecimiento,
entre otras.

106
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 2.20 | Distribución de expectativas de los padres/madres sobre el nivel educacional máximo que alcanzará
el estudiante de 4° y 8° Básico, según dependencia del establecimiento educacional, por sexo, 2014.

2.20.1 Distribución de expectativas de los padres/madres sobre el nivel educacional máximo que alcanzará el estudiante de 4º Básico, según
dependencia del establecimiento educacional, por sexo, 2014.

100%

90%

80%

70%

60%

50%

40%

30%

20%

10%

0%

Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres


Municipal Particular subvencionado Particular pagado
Postgrado 10,3% 9,4% 21,8% 21,0% 71,9% 72,1%

Universidad 52,8% 48,4% 58,7% 56,4% 27,5% 27,0%

20,3% 22,1% 13,1% 14,8% 0,6% 0,7%


CFT o IP

Media CH 2,8% 3,3% 1,1% 1,4% 0,1% 0,1%

Media TP 11,7% 14,2% 4,7% 5,7% 0,0% 0,1%

Educación escolar incompleta 2,0% 2,6% 0,5% 0,7% 0,0% 0,0%

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos de la Agencia de Calidad de la Educación, 2014.

2.20.2 Distribución de expectativas de los padres/madres sobre el nivel educacional máximo que alcanzará el estudiante de 8º Básico, según
dependencia del establecimiento educacional, por sexo, 2014.
100%

90%

80%

70%

60%

50%

40%

30%

20%

10%

0%

Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

10,3% Particular subvencionado


Municipal Particular pagado

Postgrado 9,9% 8,6% 19,7% 18,2% 68,4% 68.2%

Universidad 49,2% 42,1% 57,7% 53,0% 30,2% 29,8%

CFT o IP 23,1% 26,2% 15,7% 19,5% 1,2% 1,8%

Media CH 3,3% 3,7% 1,5% 1,7% 0,1% 0,1%

Media TP 13,1% 17,4% 5,0% 7,0% 0,1% 0,1%


Educación escolar incompleta 1,5% 2,1% 0,5% 0,6% 0,0% 0,0%

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos de la Agencia de Calidad de la Educación, 2014.

107
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

de establecimientos –pero siendo considerablemente más altas en los colegios


pagados- y para ambos sexos, aumentando entre las y los apoderados de
las niñas de establecimientos municipales y particulares subvencionados. Así,
entre los progenitores de los colegios municipales, un 63,1% manifiesta tener
expectativas de que sus hijas finalicen sus estudios universitarios, o realicen
un postgrado (vs el 57,8% de las y los apoderados de estudiantes hombres);
un 80,5% de las madres y padres de alumnas de colegios particulares
subvencionados posee esta expectativa (vs el 77,5% de las y los apoderados
de estudiantes hombres) y, finalmente, en los particulares pagados, el 99,3%
de las y los apoderados de las alumnas espera que ellas alcancen estos niveles
educacionales (vs el 99,1% de las y los apoderados de estudiantes hombres). Las
proporciones van decayendo sistemáticamente a medida que disminuye el nivel
educacional esperado, desde el 15,7% que espera que sus hijos e hijas alcancen
una carrera de CFT o IP como máximo nivel (20,3% de las y los apoderados
de alumnas y 22,1% de las y los apoderados de alumnos de establecimientos
municipales; 13,1% y 14,8%, respectivamente, de los de particulares
subvencionados; y, 0,6% y 0,7%, respectivamente, entre los de particulares
pagados), hasta el 1,2% que declara no creer que el hijo o hija terminará la
Educación Media (2% de las y los apoderados de estudiantes mujeres y 2,6%,
de estudiantes hombres matriculados en colegios municipales; 0,5% y 0,7%,
respectivamente, de las y los apoderados de establecimientos particulares
subvencionados y 0% de las y los apoderados de estudiantes mujeres y hombres
de colegios particulares).

Cuando los estudiantes están en octavo básico, las expectativas de los


progenitores no varían considerablemente y, aunque tienden a disminuir
levemente, se mantienen las tendencias ya mencionadas. Así, el ingreso a la
universidad sigue siendo la expectativa mayoritaria: el 59,1% de los padres y
madres de colegios municipales tiene máximas expectativas educativas sobre sus
hijas (que terminen la universidad y/o logren estudios de postgrado), porcentaje
que aumenta al 77,4% de los progenitores de colegios privados subvencionados
y alcanza al 98,6% entre los de los colegios municipales. Frente a esta
disminución porcentual -en relación a los estudiantes de cuarto básico-, aumenta
la proporción de madres y padres que esperan que sus hijas e hijos alcancen
niveles de CFT o IP como máximo (23,1% de las y los apoderados de mujeres y
26,2% de los de hombres matriculados en colegios municipales; 15,7% y 19,5%,
respectivamente, de los padres y madres de establecimientos particulares
subvencionados; y, 1,2% y 1,8%, respectivamente, de los de particulares
pagados) y de Enseñanza Media completa (16,4% y 21,1%, respectivamente, en
establecimientos municipales; 6,5% y 8,6%, respectivamente, en particulares
subvencionados y 0,2% entre las y los apoderados de estudiantes mujeres y
hombres de colegios particulares pagados).

Como se puede observar, hay diferencias en las expectativas que tanto las y los
profesores como los padres y madres tienen sobre niños y niñas. El profesorado
tiene expectativas más bajas del desempeño matemático de las mujeres que de
los hombres y, en general, en las familias se espera que las mujeres alcancen
mayores niveles educativos que los hombres. Como veremos más adelante, en
general las mujeres tienen mejor rendimiento académico que los hombres (mejor
promedio de notas) y mayores tasas de titulación o finalización de estudios.
Ahora bien, también veremos en capítulos posteriores, que el terminar una
carrera no es garantía de altos ingresos, pues depende de qué carrera se trate,
y en ese sentido, las mujeres están en desventaja debido a sus opciones (o
condicionamientos) vocacionales, determinados como se dijo al principio, por
patrones culturales de género muy fuertes.

108
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

En el año2.3
RECUADRO 1989, Chile suscribió la Convención sobre los Derechos del Niño que, en su
artículo N° 32, señala que “todo
Brechas de género en el trabajo infantil
En el año 1989, Chile suscribió la Convención sobre los Derechos del Niño que,
en su artículo N° 32, señala que “todo niño tiene derecho a ser protegido contra
la explotación económica y contra todo trabajo que ponga en peligro su salud, su
educación o su desarrollo integral. El Estado tiene la obligación de establecer edades
mínimas para empezar a trabajar y de especificar las condiciones laborales”.

Asimismo, el país ratificó en 1999 el Convenio de la Organización Internacional de


Trabajo (OIT) N° 138 sobre la edad mínima de admisión al empleo y establece que
esta no debería ser inferior a la edad en que cesa la obligación escolar o, en todo
caso, a los quince años. Además, el año 2000 Chile ratificó el Convenio OIT N° 182
sobre las peores formas de trabajo infantil y se obliga a adoptar medidas inmediatas
y eficaces para el logro de la prohibición de este tipo de trabajo.

El trabajo infantil en Chile es regulado por la Ley N° 20.189 de 2007, en la que se


especifica que las y los adolescentes de ambos sexos que tengan entre 15 y 18 años
pueden desarrollar solo trabajos ligeros que no perjudiquen su salud y desarrollo.
Para trabajar, es requisito acreditar la culminación de la Educación Media o estar
cursando Enseñanza Básica o Media y contar con la autorización expresa del padre o
la madre. En caso de ausencia de los padres, la autorización debe prestarla el abuelo
o abuela (materno o paterno), los guardadores, personas o instituciones que hayan
tomado a su cargo al adolescente, o un inspector del trabajo.

Los menores de 15 años no pueden trabajar, pese a lo cual la ley autoriza


excepcionalmente su trabajo en actividades o con personas o entidades vinculadas
al teatro, cine o televisión, circo u otras actividades similares.

Todos esos compromisos voluntariamente asumidos dan cuenta del firme propósito
del país de mejorar las condiciones de vida y las oportunidades de desarrollo de
los niños, niñas y adolescentes, con una alta preocupación por quienes enfrentan
situaciones de mayor vulnerabilidad. Pese a todo, aún más de 200 mil niños y niñas
se encuentran trabajando, lo que restringe el pleno desarrollo de sus capacidades,
afecta su desempeño académico, aumenta la precariedad de su inserción en el
mercado laboral y, finalmente, afecta las oportunidades de superar condiciones de
pobreza y vulnerabilidad en su vida adulta.

El Ministerio del Trabajo y Previsión Social, junto al Ministerio de Desarrollo Social y


la Organización Internacional del Trabajo (OIT) levantaron la Encuesta de Actividades
de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA) el año 2012, que permite identificar la
magnitud de las actividades productivas económicas y no económicas que los niños,
niñas y adolescentes de 5 a 17 años realizan.

Así, en Chile, 229 mil niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años están ocupados/as
en actividades de producción económica (6,9% de la población en ese tramo etario),
siendo mayor la tasa entre los hombres (9,7%), que más que duplica a la de las mujeres
(4,3%). Además, los hombres dedican al trabajo, en promedio, más horas semanales
que las mujeres (16,9 y 14,9 horas, respectivamente). Del total de niños, niñas y
adolescentes que están ocupados, solo el 4,3% lo hace legalmente (10 mil NNA),
mientras que el 95,7% restante (219 mil NNA) está en situación de “trabajo infantil”,
ya sea por realizar una actividad económica peligrosa (125 mil adolescentes de 15 a
17 años) o por tener menos de la edad permitida para trabajar (94 mil niñas y niños
de 5 a 14 años). Es decir, un 6,6% de los NNA se encuentra en situación de trabajo
infantil, proporción que también es mayor entre los hombres (9,5%) que entre las
mujeres (3,9%). Es así como del total de NNA que realizan trabajo infantil un 69,2% son
hombres y un 30,8%, mujeres.

109
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

Cabe señalar además que la proporción de trabajo infantil es considerablemente más


alta entre las y los adolescentes de 15 a 17 años (15,3% vs el 3,8% de las niñas y
niños de 5 a 14 años), entre quienes viven en zonas rurales (9,7% vs el 6,1% de NNA
de zonas urbanas) y entre los NNA de los hogares más vulnerables del país (el 45,9%
de los NNA en situación de trabajo infantil pertenece al primer quintil).

El 71,2% de los niños y 68,1% de las niñas en trabajo infantil declara recibir pago
en dinero. Tanto la mayoría de los niños como de las niñas declaran que destinan
su ingreso a “cosas personales”, aunque el porcentaje entre los niños es mayor:
57,4% y 49,7%, respectivamente. También es mayor el porcentaje de niños que
destina su ingreso a “diversión”: 13,7% y 7,7%, respectivamente. Las niñas, por
su parte, superan en porcentaje a los niños que declaran destinar su ingreso a
“gastos en la casa” (14% vs 9,4%, respectivamente) y “educación” (11,4% vs 8,5%,
respectivamente).

En relación a las tareas domésticas, la encuesta revela que casi la totalidad de


la población infantil y adolescente realiza este tipo de actividades: 87,8%. Pero,
al contrario de lo que ocurre con la producción económica, en el caso de las
actividades no económicas son las mujeres quienes más se dedican ellas (91% vs
el 84,4% de los hombres de 5 a 17 años), y en una mayor magnitud de tiempo (14,1
horas semanales promedio vs 12,4 horas entre los hombres). Cabe señalar que estas
tasas de participación aumentan con la edad: desde un 84,6% y 73,9% entre las
niñas y niños de 5 a 8 años, respectivamente, hasta el 95,1% y el 89,2% entre las
mujeres y hombres, entre 15 y 17 años, respectivamente.

Entre las principales actividades realizadas por los NNA destacan el orden y limpieza
(77,3% de las mujeres y 68% de los hombres), la organización de comidas (74,5%
de las mujeres y 62,7% de los hombres) y el cuidado de mascotas (43,9% de las
mujeres y 40,4% de los hombres). En la mayoría de las tareas domésticas restantes
(cocinar, cuidado de ropa y cuidado de personas), las infantes y adolescentes poseen
mayores tasas de participación que sus pares masculinos, salvo en las tareas de
reparaciones menores (12,6% de los hombres y 3,7% de las mujeres) y de compras y
trámites (16,8% de las mujeres y 16% de los hombres).

Finalmente, es clave destacar que una proporción importante de NNA realiza


actividades de cuidado, sobresaliendo en ello las mujeres desde muy temprana
edad, y aumentando su participación, a medida que crecen. El 16,2% de las niñas de
5 a 14 años y el 31% de las que tienen entre 15 y 17 años, dedican tiempo al cuidado
de personas, contra el 13,8% y el 19,8% de sus pares masculinos, respectivamente.

Las diferencias evidenciadas en las experiencias de las niñas y los niños ocupados
y en trabajo infantil hacen que sea importante incorporar las cuestiones de género
a los estudios, programas, políticas y labores de concienciación sobre este tipo
de trabajo y garantizar el pleno respeto a los derechos de las niñas y los niños en
nuestro país. Con el trabajo doméstico las niñas pierden oportunidades de educación
y, cuando crecen, las mujeres pierden oportunidades de trabajo e ingresos, lo que
agrava la desigualdad de género y la pobreza.

Fuente: Elaboración propia en base a EANNA 2012, de OIT, Ministerio del Trabajo y Previsión Social y Ministerio de
Desarrollo Social de Chile.

110
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

2.7. Acceso y resultados en la Educación Media


(14 a 17 años)

2.7.1. Acceso a la Educación Media

El año 2003 se llevó a cabo en Chile una reforma constitucional que


estableció la obligatoriedad de la Educación Media. De esta manera, se
expresa que “la Educación Básica y la Educación Media son obligatorias,
debiendo el Estado financiar un sistema gratuito con tal objeto, destinado a
asegurar el acceso a ellas de toda la población” (inciso quinto del numeral
10° del Artículo 19° de la Constitución Política de la República).

Pese a los avances en materia de financiamiento, la cobertura efectiva de


la Educación Media aún se aleja de la universalidad, exigiendo con ello,
políticas públicas que garanticen las condiciones necesarias que permitan
avanzar hacia esta, promoviendo el ingreso y retención escolar en un
sistema educacional formal de calidad.

[Link]. Matrícula y tasa neta de asistencia

De acuerdo con las estadísticas del MINEDUC que se muestran en el Gráfico


2.21, la cantidad de niñas, niños y adolescentes (NNA) matriculados en la
Educación Media alcanzó, para el año 2014, un total de 909.674 estudiantes,
de los cuales 457.950 (50,3%) son mujeres y 451.724 (49,7%) son hombres, es
decir, la proporción por sexo se invierte en relación con la Educación Básica,
donde hay más niños que niñas matriculadas. Salvo en los años 2003 y 2004,
donde el porcentaje de matrícula se equipara por sexo, esta preeminencia de
las mujeres se observa a lo largo de todo el periodo en estudio.

En el caso de la Educación Media, en 2014, más de la mitad de las mujeres


(52,3%) está matriculada en colegios particulares subvencionados, el 35,6%
en colegios municipales, el 7,9% en colegios particulares pagados y el 4,2%
en colegios de administración delegada a corporaciones privadas. En el
caso de los hombres, esos porcentajes fueron: 49,3%, 36,4%, 8,3% y 6%,
respectivamente14.

Las proporciones han variado notablemente desde inicios de los noventa,


fecha en la cual la mitad de las mujeres (51,3%) y de los hombres (50,6%)
asistía a colegios municipales en la Educación Media. El punto más alto en
la representación de la matrícula municipal ocurre en 1995 cuando llega al
52,5% de las mujeres, y al 52,1% de los hombres. En términos numéricos,
la matrícula municipal crece hasta el año 2006 y hasta ese año también,
supera a la matrícula particular subvencionada. A partir del año 2007 la
matrícula en colegios municipales comienza a decaer y la de los colegios
particulares subvencionados, que durante todo el período en estudio ha ido
creciendo, comienza a ser mayor, tanto en hombres como en mujeres.

De acuerdo a estimaciones realizadas en base a la Encuesta CASEN


2013, en la Educación Media (14 a 17 años), la tasa neta de asistencia
es de 73% para las mujeres y 71,8% para los hombres. Esto significa un
aumento importante, pues dichas tasas en el año 1990 eran 61,4% y 58,5%,

14 En Chile, los establecimientos municipales y particulares subvencionados se financian con una


subvención del Estado por alumno. En cambio, los liceos de administración delegada tienen un
financiamiento basal del Estado y en su mayor parte son gestionados por organismos vinculados
a gremios de sectores productivos, lo que en principio permitiría una mayor correspondencia
entre los estudios realizados y las demandas de los mercados laborales.

111
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

respectivamente. La Ley N° 19.876, promulgada en mayo del año 2003,


contribuyó a este avance al establecer la obligatoriedad y gratuidad de la
Educación Media en el país. Pese a que durante todo el período las mujeres
presentaron una tasa de asistencia neta levemente superior, en 2013 no
hay diferencias estadísticamente significativas según sexo. A pesar de estos
avances, de acuerdo con estos datos, en 2013 prácticamente 3 de cada 10

| GRÁFICO 2.21 | Matrícula en Educación Media, según dependencia del establecimiento educacional, por sexo, 1990-2014.

Nº de Matriculados/as

600.000

500.000

400.000

300.000

200.000

100.000

0
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Municipal Administración delegada Particular subvencionado Particular pagado

Fuente: Elaboración propia en base a MINEDUC, Estadísticas de la Educación, 1990-2014.


Nota: Dato no disponible para el año 2005.

| GRÁFICO 2.22 | Tasa neta de asistencia a Educación Media (14 a 17 años) por sexo, 1990-2013.
Tasa neta de asistencia

100%

90%

80% 68,9% 67,6% 68,9% 71,8%


68,9%
73,8% 73,1% 74,1% 73,0%
59,4% 61,6% 63,2% 72,1%
70% 58,5% 66,2%
56,9% 64,7% 65,6%
61,4% 55,3%
61,1%
60% 58,4%

50%

40%

30%

20%

10%

0%
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990-2013.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en el año 1990 (1%), 1992 (1%), 1994 (1%), 1996 (1%),
1998 (1%), 2000 (1%), 2003 (1%), 2006 (1%), 2009 (1%), y 2011 (1%).

112
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

adolescentes de 14 a 17 años cursa sus estudios con algún nivel de retraso


o se encuentra fuera del sistema educativo (Gráfico 2.22).
Al igual que lo sucedido con la Educación Básica, los principales avances
en asistencia a la Educación Media se han producido en las zonas rurales,
quienes presentaban una situación de mayor rezago. Entre 1990 y 2013
(Gráfico 2.23), las tasas netas de asistencia a Educación Media en zonas
rurales se duplicaron, tanto para mujeres como para hombres, pasando de
36,1% a 73,9%, en las primeras, y de 30,6% a 66,6%, en los segundos. En
2013, mujeres y hombres urbanos no registran diferencias en las tasas de
asistencias netas; mientras que en el caso de los estudiantes rurales, las
adolescentes tienen una tasa de asistencia neta más alta que los hombres.
Es decir, en cuanto a la tasa neta de asistencia a la Educación Media, en la
zona rural se observa una brecha de género a favor de las mujeres.

Si se observa la distribución de ingresos de los hogares, es posible cotejar


que tanto al inicio del período, como en la actualidad prácticamente no hay
diferencias de género en las tasas netas de asistencia a la Educación Media,
en casi ninguno de los deciles de ingreso autónomo (Gráfico 2.24). En 2013,
solo se observan diferencias estadísticamente significativas en el decil II,
en que la tasa neta de asistencia de las mujeres es de 73,3% y la de los
hombres 68,4%, y en el decil VII, cuyas tasas por sexo son 79,9% y 74,9%,
respectivamente.

Es muy importante resaltar el avance en la inserción a la Educación Media


por parte de las y los adolescentes más vulnerables. En 1990, la tasa neta
de asistencia a la Educación Media era menor al 60% en los cinco primeros
deciles (salvo entre las mujeres del decil II, cuya tasa de asistencia es de
60,6%), mientras que hoy, salvo en el primer decil, es prácticamente del 70%
o más. Pese a dicho avance, aún se observan brechas de aproximadamente

| GRÁFICO 2.23 | Tasa neta de asistencia a Educación Media (14 a 17 años),


según zona de residencia, por sexo, 1990 - 2013.
Tasa neta de asistencia

100%

90%
70,8% 69,8% 68,2% 63,7% 69,4% 65,5% 72,6% 66,6%
62,9%
80% 64,5% 61,5% 63,0% 64,6% 66,2% 73,7% 74,4% 73,4% 71,3% 73,9% 75,3% 72,8% 73,9%
66,5% 61,2% 67,9% 68,8% 68,0% 57,0% 69,8%
70% 65,2%
63,3% 61,3%
46,0%
60% 44,8% 54,9%
40,4%
46,4% 47,9%
50% 30,6% 31,6%
28,9%
36,1% 38,3%
40% 34,8%

30%

20%

10%

0%
Rural

Rural

Rural

Rural

Rural

Rural

Rural

Rural

Rural

Rural

Rural
Urbana

Urbana

Urbana

Urbana

Urbana

Urbana

Urbana

Urbana

Urbana

Urbana

Urbana

1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990 – 2013.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente estadísticamente significativas el año 1990 en zona rural (10%); en
1992, en zona urbana (10%) y rural (1%); en 1994, en zona urbana (1%) y rural (1%); en 1996, en zona urbana (1%) y rural (1%); en 1998, en zona urbana (1%) y
rural (5%); en 2000, en zona urbana (5%) y rural (1%); en 2003, en zona urbana (1%) y rural (1%); en 2006, en zona urbana (1%) y rural (1%); en 2009, en zona
urbana (1%) y rural (1%); y en 2013, en zona rural (1%).

113
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

| GRÁFICO 2.24 | Tasa neta de asistencia a Educación Media (14 a 17 años),


según decil de ingreso autónomo, por sexo, 1990-2013.

2.24.1 Tasa neta de asistencia a Educación Media (14 a 17 años), según decil de ingreso autónomo, por sexo, 1990.

Tasa neta de asistencia

100%

90% 79,7%
73,5%
67,6% 80,9%
80% 65,1% 77,9%
63,3% 71,4% 73,2%
70% 52,9% 56,4% 55,6% 67,2%
60,7% 52,7% 59,7% 59,9%
60%
54,3%
44,7%
50% 45,4%

40%

30%

20%

10%

0%
I II III IV V VI VII VIII IX X

Decil de ingreso autónomo

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990.


Nota: En 1990, las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en el decil II (1%).

2.24.2 Tasa neta de asistencia a Educación Media (14 a 17 años), según decil de ingreso autónomo, por sexo, 2013.

Tasa neta de asistencia

100%

90% 82,3%
74,9% 75,1%
76,1% 76,2% 75,9% 82,6%
68,4% 79,9% 80,7%
80% 67,1% 74,4% 69,5% 73,0% 77,5%
73,3%
66,0% 71,5% 70,6%
70% 62,7%

60%

50%

40%

30%

20%

10%

0%
I II III IV V VI VII VIII IX X

Decil de ingreso autónomo

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 2013.


Nota: En 2013, las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en el decil II (5%) y el VII (5%).

114
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

10 puntos porcentuales entre los seis primeros deciles y los cuatro deciles
de mayores ingresos.

[Link]. Educación Media Científico Humanista y Técnico


Profesional

Bajo el actual currículo, las y los adolescentes cursan los dos primeros
años de Enseñanza Media en educación general y pueden optar a que
los dos últimos años sean en modalidad Técnico Profesional (TP) o
Científico-Humanista (CH). No obstante, en la práctica, la elección de estas
modalidades se produce cuando se ingresa a estudiar a la Enseñanza
Media, ya que casi ningún establecimiento ofrece ambas modalidades
simultáneamente (Larrañaga, Cabezas y Dussaillant, 2013).

La formación media Técnico Profesional ofrece a las y los alumnos la


posibilidad de adquirir conocimientos en un campo de especialización
que facilite su acceso a un primer trabajo remunerado, atendiendo a sus
intereses, aptitudes y disposiciones vocacionales. Así, el objetivo de la
Educación Media Técnico Profesional es formar en competencias para el
trabajo y debiera, por un lado, ser un pilar importante de la formación de
capital humano del país, y por otro, contribuir a la movilidad social, en vista
de la composición socioeconómica de sus estudiantes. La Enseñanza Media
Técnico Profesional se organiza en torno a 46 opciones de especialización,
las que, a su vez, se agrupan en 14 sectores económicos. El título de “técnico
de nivel medio” se entrega a los egresados que completan una práctica
profesional en una empresa (Larrañaga, Cabezas y Dussaillant, 2013).

La formación media Científico Humanista, según lo indica la Ley General


de Educación, “está orientada a la profundización de áreas de la formación
general de interés de los estudiantes”. En términos prácticos, esto se lleva
a cabo exigiendo que los establecimientos ofrezcan alternativas a sus
alumnos considerando tres planes diferenciados a partir de tercero medio:
“Humanista”, orientado a las Letras y la Historia; “Matemático” enfocado en
las Matemáticas y la Física, y “Biólogo” con énfasis en la Biología y la Química.

Como se muestra en el Gráfico 2.25, en el año 2013, la matrícula de


hombres y mujeres en Educación Media Científico Humanista (66,5%) es el
doble que la matrícula Técnico Profesional (33,5%). Si bien durante todo el
período en estudio la matrícula CH es superior a la TP, ha habido variaciones
importantes y distintas según sexo. Entre las mujeres, la matrícula TP creció
hasta el año 2005 y luego de ese año, ha ido disminuyendo. Por otro lado,
la matrícula CH disminuyó entre 1990 y 1994 para luego crecer hasta el año
2005. A partir de ese año, nuevamente ha ido decreciendo. Así, en 1990
las mujeres en educación CH eran el doble que las de educación TP (67%
vs 33%), tasa que decreció hasta su punto más bajo en 1998, donde las
mujeres en CH eran el 57,9%. A partir de ese año, la representación de las
mujeres en CH ha ido creciendo hasta alcanzar en 2013 el 68,7%.

En lo que respecta a los hombres, la matrícula TP creció hasta el año 2006


y luego de ese año, ha ido disminuyendo. Por otro lado, la matrícula CH
disminuyó entre 1990 y 1994 para luego crecer hasta el año 2006. A partir

115
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

| GRÁFICO 2.25 | Matrícula en Educación Media, según modalidad


Científico Humanista y Técnico Profesional, por sexo, 1990-2013.

Nº de Matriculados/as
600.000

500.000

400.000

300.000

200.000

100.000

0
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013

Científico Humanista Técnico Profesional

Fuente: Elaboración propia en base a MINEDUC, Estadísticas de la Educación, 1990-2013.


Nota: Dato no disponible el año 2005.

de ese año, se mantuvo constante hasta 2011, para luego decrecer. Así, en
1990 los hombres en educación CH representaban al 61,9% y llegaron a
ser casi la mitad en 1999: 52,3%. A partir de ese año, volvieron a crecer en
importancia hasta alcanzar en 2013 el 64,4%.

Durante todo el período bajo análisis, en la educación CH, la matrícula


femenina es superior a la masculina. En 1990 representaba el 53,4%,
alcanza su punto más alto en 1996, con 54,1% y termina en 2013 con un
52% (319.942 estudiantes). Por el contrario, entre 1990 y 2013, los hombres
son mayoría en la matrícula TP. En 1990 representaban el 52,3%, alcanzan
su proporción más alta en 2003, con un 54,1% y en 2013 llegan al 52,9%
(163.723 estudiantes).

La Enseñanza Media Técnico Profesional atrae preferentemente a


estudiantes de familias de menores ingresos, mientras que en el segmento
más acomodado la gran mayoría se adscribe a la enseñanza Científico
Humanista. En el Gráfico 2.26 se ve que el año 2013, el 72,6% de las
mujeres del primer decil que asistió a Educación Media lo hizo en CH,
mientras que el 27,4% en educación TP. Por su parte, el 90,4% de las
mujeres del décimo decil que asiste a Educación Media lo hizo en CH y
el 9,6% en educación TP. Entre los hombres, dichos porcentajes en el
primer decil son 74,7% y 25,3% y en el décimo decil son 98,6% y 1,4%,
respectivamente.

Justamente en 1990, solo en el décimo decil, las proporciones de hombres


y mujeres en cada tipo de enseñanza son estadísticamente diferentes. En

116
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 2.26 | Distribución de asistencia a Educación Media Científico Humanista y Técnico Profesional
(14 a 17 años), según decil de ingreso autónomo, por sexo, 1990 y 2013.

2.26.1 Distribución de asistencia a Educación Media Científico Humanista y Técnico Profesional (14 a 17 años),
según decil de ingreso autónomo, por sexo, 1990.

100%
4,0%
9,5% 10,4% 9,8%
90% 22,8% 23,8%
18,3% 18,8%
26,5% 24,9% 25,2% 26,8%
29,0% 26,5% 29,3% 29,5%
33,4% 34,9% 31,2% 32,7%
80%

70%

60%
90,3%
50% 89,6% 96,0%
90,5%
81,2%
40% 71,0% 77,2% 73,5% 73,5% 76,2% 70,7%
81,7%
74,8%
75,1% 73,2%
70,5%
65,1% 68,8% 67,3%
30% 66,6%

20%

10%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

I II III IV V VI VII VIII IX X

Decil de ingreso autónomo


Científico Humanista Técnico Profesional

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990.


Nota: En 1990, las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en el decil X (5%).

2.26.2 Distribución de asistencia a Educación Media Científico Humanista y Técnico Profesional (14 a 17 años),
según decil de ingreso autónomo, por sexo, 2013.

100% 1,4%
8,4% 6,7% 8,0% 9,7%
18,0% 13,2%
90% 19,2% 20,0% 19,7% 17,0% 20,4% 21,1% 17,5% 16,2%
27,4% 25,3% 26,8% 26,2% 26,7%
80%

70%

60%

50% 98,6%
90,4%
72,6% 74,7% 80,8% 82,0% 80,0% 80,3% 83,0% 82,5% 86,8% 91,6% 83,8% 93,3% 92,0%
40% 73,8% 79,6% 78,9%
73,2% 73,3%
30%

20%

10%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

I II III IV V VI VII VIII IX X

Decil de ingreso autónomo


Científico Humanista Técnico Profesional

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 2013.


Nota: En 2013, las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en los deciles II (1%), III (1%), VII (1%), VIII (1%) y X (1%).

117
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

| GRÁFICO 2.27 | Distribución de matrícula de Educación Media Técnico


Profesional, según rama de enseñanza, por sexo, 2009-2014.

100% 1,4% 2,2% 1,2% 2,0% 0,9% 1,7% 0,9% 1,6% 0,8% 1,6% 0,8% 1,5%
3,6% 3,5% 3,6% 7,0% 3,7% 6,8% 3,6% 6,6% 3,4% 6,4%
7,6% 7,4%
90% 9,1%
8,8% 8,9% 9,2% 9,3% 9,1%
80%
35,4% 36,3% 36,9% 37,7% 38,3% 38,4%

70%

60%
10,9% 56,0% 10,6% 56,4% 10,5% 56,9% 57,7% 58,7% 59,5%
10,8% 11,3%
50% 13,0%

40%

30%
48,8% 48,4% 48,0% 46,8% 45,9% 44,3%
20%

10% 25,4% 25,2% 25,2% 24,6% 24,0% 23,5%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

2009 2010 2011 2012 2013 2014

Comercial Industrial Técnica Agrícola Marítima

Fuente: Elaboración propia en base a MINEDUC, Estadísticas de la Educación, 2009-2014.

el año 2013, las diferencias en las proporciones por sexo en ambos tipos
de enseñanza fueron estadísticamente significativas en los deciles II, III, VII,
VIII y X. Entre 1990 y 2013, salvo para hombres y mujeres del primer decil,
los hombres del séptimo y las mujeres del décimo, en todos los demás la
asistencia a la Educación Media CH aumenta su proporción notoriamente.
La distribución de la matrícula de los alumnos TP por rama de especialidad
muestra claramente que las orientaciones ocupacionales se encuentran
segregadas por sexo en los últimos años de la vida escolar. El sistema de
educación TP ofrece como alternativas las siguientes ramas: Comercial,
Industrial, Técnica, Agrícola y Marítima. Considerando el año 2014, se
observa que las mujeres se concentran en la rama Comercial (44,3%) y
Técnica (38,4%) mientras que los hombres lo hacen en la rama Industrial
(59,5%) seguida por la Comercial (23,5%). Sin embargo, el interés de las
mujeres por la rama Industrial aumentó levemente desde un 10,9% en 2009
a 13% en 2013 (Gráfico 2.27).

El porcentaje de los estudiantes TP que opta por las ramas Agrícola y


Marítima tienen una menor importancia relativa, tanto entre mujeres como
hombres, y han tendido a mantenerse estables en los últimos cinco años. El
año 2014, un 3,4% de las mujeres y un 6,4% de los hombres se especializó
en la rama Agrícola, mientras que solo 0,8% de las mujeres y 1,5% de los
hombres lo hicieron en la rama la Marítima.

Larrañaga, Cabezas y Dussaillant (2013) demuestran que en la elección de


la Enseñanza Media Técnico Profesional o Científico Humanista juega un rol
muy importante el nivel socioeconómico del hogar de las y los adolescentes,
su rendimiento académico, así como las expectativas que tienen los padres
y madres sobre los logros educativos que alcanzarán sus hijas e hijos. Los
autores observan que si los padres esperan que sus hijos e hijas prosigan
estudios universitarios, entonces les matriculan en enseñanza CH, mientras
que las y los alumnos cuyos padres y madres suponen que sus hijas e hijos

118
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

no van a continuar estudios superiores o lo harán en Institutos Profesionales


o Centros de Formación Técnica, son matriculados en la Enseñanza Media
Técnico Profesional. Los resultados son consistentes con la premisa de que
la Enseñanza Media Técnico Profesional constituiría una puerta de acceso
más temprana al mercado laboral, por lo que atraería a quienes tienen una
mayor necesidad de generar ingresos monetarios, así como a quienes
tienen bajas expectativas de continuar estudios universitarios, por presentar
insuficiente rendimiento en los estudios generales.

Sin embargo, los mismos autores sostienen que la Enseñanza Media TP no


puede ser entendida solo como una vía rápida de inserción en el mercado
laboral, ya que el 41,4% del total de alumnos de la enseñanza TP acceden a
estudios de nivel superior después del egreso de la Educación Media.

Como se aprecia en el Gráfico 2.28, existen diferencias significativas en la


distribución de asistencia a Educación Media CH y TP entre hombres y mujeres
de las zonas urbanas y rurales, aunque la brecha se está cerrado. Además,
si bien en ambas zonas es mayoritaria la asistencia a CH, esta tendencia se
encuentra más marcada entre los estudiantes de las zonas urbanas.

| GRÁFICO 2.28 | Distribución de asistencia a Educación Media Científico Humanista y Técnico Profesional (14 a 17 años),
según zona de residencia, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

100%

90% 16,8% 16,4%


24,3% 25,6% 19,7%
24,9% 25,7% 30,1%
32,5%
80%
39,7% 40,3%
70% 49,4%

60%

50%

40% 83,2% 83,6%


75,7% 75,1% 80,3% 74,3%
74,4% 69,9%
30% 67,5%
60,3%
59,7% 50,6%
20%

10%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

Urbana Rural Urbana Rural Urbana Rural

1990 2000 2013

Científico Humanista Técnico Profesional

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990 – 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en el año 1990 en zona rural; en 2000, en zona urbana
(1%) y rural (1%); y en 2013, en zona urbana (1%) y rural (5%).

2.7.2. Aprobación y deserción en la Educación Media

Como se observa en el Gráfico 2.29, las mujeres presentan mayores tasas


de aprobación en todos los grados de la Enseñanza Media. En el año
2013, la tasa de aprobación general de Enseñanza Media era del 89,8%
entre las mujeres y del 86,8% entre los hombres, valores más altos que los
registrados en el año 1992 (83,4% y 79,3%, respectivamente).

119
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

| GRÁFICO 2.29 | Tasa de aprobación en Educación Media, por sexo, 1992-2013.

Tasa de aprobación

100%
91,3 91,3 91,4 90,4 89,7 89,9 89,7 89,8
89,0 89,2 88,6 88,6 88,6 88,8 89,1
87,3 87,9 87,5 88,4 87,9 86,5 86,7 86,7 86,2 86,8
90% 83,4 85,1 85,2 85,7 84,9 83,9 84,5 84,7 86,2
83,3 82,9 83,0 83,0 82,5
79,3 79,1 80,6
78,0 78,5
80%

70%

60%

50%

40%

30%

20%

10%

0%
1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a MINEDUC, Análisis del sistema escolar desde la perspectiva de género, 1992-2013.

| TABLA 2.2 | Tasa de deserción en Educación Media, por sexo, 1998-2008.

1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008

Mujeres 8,7 6,2 6,1 6,4 6,3 7,1 6,3 6,7 5,6 6,2 5,8

Hombres 9,8 8,1 7,0 8,2 7,8 8,5 8,3 8,5 7,9 8,3 7,8

Fuente: MINEDUC, Análisis del sistema escolar desde la perspectiva de género, 2006 – 2008.
Nota: En los anuarios posteriores al 2008 proporcionados por el MINEDUC, no hay tasas de deserción publicadas.

Respecto del abandono escolar, “Chile se presenta como uno de los países,
a nivel latinoamericano, con las menores tasas de deserción escolar. La
expansión de la cobertura de la educación secundaria, especialmente en las
zonas rurales y entre los hogares de menor nivel socioeconómico, aparece
como una de las principales explicaciones para la notoria caída en las tasas
de deserción desde inicios de los años 90” (Santos, 2009).
Los resultados por sexo indican que existe una leve ventaja a favor de las
mujeres: las tasas de abandono son siempre menores para ellas a lo largo
de todo el ciclo educacional. “Mientras la probabilidad de haber abandonado
el sistema educacional es de un 15,1% para los hombres, esta es de un
14,7% para el caso de las mujeres” (Santos, 2009).

“Tener la condición de padre o madre aumenta el riesgo de desertar


del sistema educacional (…) debido a la necesidad de cuidado del hijo,
principalmente en el caso de las mujeres, y de la necesidad de ingreso al
mercado laboral, para el caso de los hombres” (Santos, 2009). La evidencia
consigna que “dentro de los factores que aumentan el riesgo que un/a

120
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

estudiante abandone el sistema educacional durante el ciclo secundario


están: ser hombre, que haya sido padre en la adolescencia, que no conviva
con la madre, los bajos niveles de ingreso per cápita en el hogar, un bajo
nivel de escolaridad del jefe de hogar y una menor cobertura de Educación
Media en la comuna” (Santos, 2009).

“La deserción escolar genera enormes costos sociales y privados. Dentro


de los primeros se encuentra el impacto negativo sobre el nivel de capital
humano de la fuerza de trabajo, lo que tiene efectos sobre las tasas de
crecimiento de la economía (…) Los mayores gastos en que es necesario
incurrir para el diseño de programas sociales dirigidos a personas que no
tienen capacidad de generar ingresos de manera autónoma y la transmisión
intergeneracional de las características socioeconómicas; ello reduce las
posibilidades de un mayor nivel de movilidad social (…) Los costos privados,
por su parte, están principalmente relacionados con los flujos de ingresos que
dejan de percibir aquellos estudiantes que abandonan el sistema educacional,
debido al menor nivel de capital humano alcanzado” (Santos, 2009).

2.7.3. Brechas de género en pruebas estandarizadas

Chile ha sido sujeto de diversas evaluaciones internacionales (PISA, TIMSS y


TERCE, entre otros) que por medio del desempeño de las y los estudiantes
tienen por objeto conocer el estado de la educación en el mundo, así como
determinar los factores que inciden en la calidad de la misma.

Al mismo tiempo, de manera interna, la Agencia de Calidad de la Educación


evalúa los logros de aprendizaje de las y los estudiantes en las áreas
curriculares (Comprensión de Lectura, Escritura, Matemática, Ciencias
Naturales, Historia, Geografía y Ciencias Sociales e Inglés), y en los Otros
Indicadores de la Calidad Educativa (OIC), que miden la percepción de
los distintos integrantes de la comunidad educativa en otros aspectos,
fundamentales para el proceso de aprendizaje, como Clima de convivencia
escolar, Hábitos de vida saludable, Autoestima académica y motivación escolar,
Participación y formación ciudadana, Asistencia escolar, Retención, Equidad de
género, y Titulación técnico-profesional, generando importantes insumos para
la actualización y perfeccionamiento de las políticas públicas en esta materia.

[Link] Resultados SIMCE de 2° Medio

Como se ha visto, en la actualidad, las mujeres chilenas están tanto o más


escolarizadas que los hombres, incluso -como se analizará más adelante- a
nivel de estudios superiores, y tienen un mayor porcentaje de aprobación
que sus compañeros en toda la Enseñanza Básica y Media. Sin embargo,
tal como se describe a continuación, los resultados de aprendizaje de las
mujeres chilenas difieren de los de los hombres.

Al igual que ocurre con la Enseñanza Básica, en la Educación Media las


mujeres tienen mejores resultados en Lenguaje y Comunicación y los
hombres en Matemática, y esto es así para todo el período estudiado. En un
análisis punta a punta, se aprecia que las adolescentes sobresalen cada vez
más respecto del promedio el Lenguaje y Comunicación, y que los hombres
se sitúan cada vez más bajo que el promedio en dicha prueba. En el caso
de Matemática, la ventaja de los hombres ha ido disminuyendo y la distancia
bajo el promedio de las mujeres se ha ido acortando. El resultado, es una
ampliación de la brecha a favor de las mujeres en Lenguaje y Comunicación,
y una disminución de la brecha en contra de ellas, en Matemática (ver
Gráfico 2.30).

121
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

| GRÁFICO 2.30 | Puntaje estandarizado de pruebas SIMCE en 2º Medio, por sexo, 1998-2014.

Desviaciones Estándar
1,40

1,20

1,00

0,80

0,60

0,40

0,20 0,13
0,08 0,07 0,09 0,09 0,07 0,08 0,07
0,06 0,06 0,05 0,05 0,06 0,04
0,00
-0,06 -0,08 -0,06 -0,07 -0,05 -0,05 -0,07 -0,06 -0,07 -0,04
-0,20 -0,09 -0,13 -0,09 -0,08

-0,40

-0,60
1998 2001 2003 2006 2008 2012 2014 1998 2001 2003 2006 2008 2012 2014

Lenguaje y Comunicación Matemática

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos de la Agencia de Calidad de la Educación, 1998-2014.
Nota: En Lenguaje y Comunicación, las diferencias en los puntajes de hombres y mujeres son estadísticamente significativas todos los años. En Matemática, las
diferencias en los puntajes de hombres y mujeres son significativas todos los años.

| GRÁFICO 2.31 | Puntaje estandarizado de pruebas SIMCE en 2º Medio, según zona de residencia,
por sexo, 2001, 2008 y 2014.

Desviaciones Estándar

1,40

1,20

1,00

0,80

0,60

0,40

0,20 0,14
0,09 0,11
0,06 0,08 0,05
0,00
-0,03 -0,04 -0,02
-0,07 -0,08
-0,20 -0,11

-0,40
-0,31 -0,29 -0,44
-0,43 -0,41 -0,27
-0,60 -0,52 -0,34 -0,53
-0,48
-0,33 -0,41

Urbana Rural Urbana Rural Urbana Rural Urbana Rural Urbana Rural Urbana Rural

2001 2008 2014 2001 2008 2014

Lenguaje y Comunicación Matemática

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos de la Agencia de Calidad de la Educación 2001, 2008 y 2014.
Nota: En Lenguaje y Comunicación, las diferencias en los puntajes de hombres y mujeres son estadísticamente significativas todos los años en zonas urbanas (1%)
y rurales (1%). En Matemática, las diferencias en los puntajes de hombres y mujeres son estadísticamente significativas todos los años en zonas urbanas (1%) y
rurales (1%).

122
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Dichas diferencias se observan tanto en las zonas urbanas como rurales,


pero en estas últimas también se verifica una desventaja de las y los
adolescentes respecto de sus pares urbanos. Esas brechas se registran
en el período 2001-2014, años en los cuales hay información disponible
(Gráfico 2.31).

En el caso de Lenguaje y Comunicación, en 2014 la mayor brecha a favor


de las mujeres se obtiene en los colegios particulares pagados, luego en
los municipales, y finalmente en los particulares subvencionados. Nótese,
sin embargo, que en los colegios municipales, tanto los resultados de las
mujeres como los de los hombres están por debajo del promedio, lo que
revela una brecha incluso entre las propias mujeres, a nivel de dependencia
administrativa del establecimiento educacional. Es decir, en los colegios
municipales las mujeres presentan mejores resultados que sus pares
hombres, pero están en desventaja respecto de las mujeres que asisten a
los otros tipos de colegios. En el tiempo, las diferencias de resultados por
sexo a favor de las mujeres se han ido agrandando (Gráfico 2.32).

En lo relacionado con la prueba de Matemática, la brecha de género a

| GRÁFICO 2.32 | Puntaje estandarizado de pruebas SIMCE en 2º Medio, según dependencia


del establecimiento educacional, por sexo, 2001, 2008 y 2014.

Desviaciones Estándar

1,40 1,27 1,25


1,13 1,09
1,20 0,80 0,96 1,06
1,04 1,06 0,97
1,00 0,58
0,85
0,80

0,60

0,40
0,00 0,12
0,20 0,17
0,13 0,13 0,12 0,03
0,07
0,00
-0,01 -0,03 -0,01
-0,20 -0,12

-0,40 -0,18 -0,21


-0,30 -0,10 -0,36 -0,36 -0,39
-0,31 -0,24
-0,36 -0,18 -0,35
-0,60
Municipal

Particular subvencionado

Particular pagado

Municipal

Particular subvencionado

Particular pagado

Municipal

Particular subvencionado

Particular pagado

Municipal

Particular subvencionado

Particular pagado

Municipal

Particular subvencionado

Particular pagado

Municipal

Particular subvencionado

Particular pagado

2001 2008 2014 2001 2008 2014

Lenguaje y Comunicación Matemática

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos de la Agencia de Calidad de la Educación, 2001, 2008 y 2014.
Nota: En Lenguaje y Comunicación, las diferencias en los puntajes de hombres y mujeres son estadísticamente significativas todos los años en establecimientos
educacionales municipales (1%), particulares subvencionados (1%) y particulares pagados (1%). En Matemática, las diferencias en los puntajes de hombres y
mujeres son estadísticamente significativas todos los años en establecimientos educacionales municipales (1%), particulares subvencionados (1%) y particulares
pagados (1%).

123
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

favor de los hombres se ha acortando en el tiempo. Sin embargo, el bajo


desempeño de las adolescentes es especialmente preocupante porque el
desempeño en matemática es un buen predictor del ingreso futuro (Mizala,
en ComunidadMujer, 2014).

En Matemáticas, los resultados muestran brechas muy importantes según


dependencia de los establecimientos. En promedio, los resultados son
mucho mejores en los colegios particulares pagados, menores en los
colegios particulares subvencionados pero muy bajos en los colegios
municipales y de administración delegada. Esto significa que las brechas de
género se suman a las tradicionales diferencias por nivel socioeconómico de
las y los alumnos, lo que genera un espiral descendente en detrimento de las
mujeres de los sectores socioeconómicos más vulnerables.

Si se compara simultáneamente el rendimiento de los alumnos/as de los


cinco niveles en los cuales se aplica el SIMCE (con la información disponible,

| GRÁFICO 2.33 | Puntaje estandarizado de pruebas SIMCE, según curso, por sexo, 2014.

Desviaciones Estándar

1,40

1,20

1,00

0,80

0,60

0,40
0,11 0,11
0,20 0,13 0,13 0,05
0,09 0,02 0,02 0,04

0,00

-0,20 -0,09 -0,02 -0,02 -0,04


-0,05
-0,11 -0,12 -0,11 -0,13
-0,40

-0,60
2º Básico 4º Básico 6º Básico 8º Básico 2º Medio 4º Básico 6º Básico 8º Básico 2º Medio

Lenguaje y Comunicación Matemática

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia a partir de la Base de Datos de la Agencia de Calidad de la Educación 2014.
Nota: En Lenguaje y Comunicación, las diferencias en los puntajes de hombres y mujeres son estadísticamente significativas en 2º Básico, 4º Básico, 6º Básico,
8º Básico y 2º Medio. En Matemática, las diferencias en los puntajes de hombres y mujeres son estadísticamente significativas en 8º Básico y 2º Medio.

no es posible hacer un simulacro de mirada panel), se constata que la


diferencia a favor de las mujeres en la prueba de Lenguaje y Comunicación,
es estable en los distintos cursos evaluados, mientras que en Matemática, la
brecha se agudiza en desmedro de estas, a medida que se avanza en nivel
(ver Gráfico 2.33).

[Link] Resultados de la prueba PISA

La prueba PISA mide las capacidades en Lectura, Matemática y Ciencias

124
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

de los estudiantes de 15 años de todos los países miembros de la OCDE. El


instrumento se aplica cada 3 años desde el 2000. Chile participa desde la
primera versión. En su última aplicación, la de 2012, participaron 34 países
miembros de la OCDE y en 31 países asociados. Aproximadamente 510.000
estudiantes entre los 15 y 16 años, participaron de este proceso de evaluación.

Tras doce años de participar en el proyecto PISA, Chile se consolida como


el sistema educativo con mejores resultados en la región Latinoamericana.
No obstante, se ubica muy lejos del promedio de los países OCDE y, en
particular, de aquellos con los resultados más destacados. Particularmente,
en lo que refiere a Matemática, Chile logra 423 puntos mientras que el
promedio de OCDE es 494, y en Lectura, obtiene 441 en relación con los
496 del promedio OCDE. Además, al observar la tendencia en los resultados
de los y las estudiantes chilenos/as en PISA, se observa estabilidad en
Matemática y avances en el caso de Lectura (Agencia de Calidad de la
Educación, 2014).

Sin embargo, en Chile, hombres y mujeres tienen distintos rendimientos en


PISA y esto se repite en todos los grupos de estudiantes, aun considerando
el nivel socioeconómico y cultural de sus familias. Nuestro país se muestra
como una de las naciones donde sistemáticamente las mujeres tienen más
bajos rendimientos que los hombres: hay mayor diferencia a favor de ellos
en “Matemática y Resolución de problemas” y menor diferencia a favor de
ellas en “Lectura”. En 2012, mientras la diferencia en Lectura a favor de
las mujeres en Chile es la menor de los países analizados, la brecha en
Matemática a favor de los chilenos es la más alta de Latinoamérica y la más
alta entre los países de la OCDE, junto con Luxemburgo. La diferencia por
sexo en Matemática a favor de los hombres ha aumentado de 2006 a 2012
(de 23 a 25), mientras que la diferencia en Lectura a favor de las mujeres ha
disminuido (de 24 a 23).

| GRÁFICO 2.34 | Puntaje promedio en prueba PISA Lectura, según país, por sexo y brecha de género (H-M), 2012.

Puntaje Promedio PISA Brecha de género (H-M)


556 551 548
600 494 510 528 530 527 538 539 527 541 530 530 525 513 512 538 525 70
509 508 502 481 499 486 507 483 494 497 508 508 510 513 508 491 506 495 503 503 509 498 512 527 525
495 493
454 458 457 452 453 463 468 483 468 471 474 471 482 481 473 474 487
452
444 435 430
411
50

300
30

10

0
República Eslovaca
Francia

Bélgica
Nueva Zelandia

Estados Unidos

Irlanda

Chile
Finlandia

Eslovenia

Israel

Hungría

República Checa

Suiza

Canadá

Dinamarca

Holanda

México

Corea
Islandia

Grecia

Reino Unido
Suencia

Turquía

Austria
Noruega

Alemania

Estonia

Italia

Australia

España
Polonia

Portugal

Luxemburgo

Japón

-10

-23
-24 -24 -23
-26 -25 -30
-29 -29
-300 -32 -31 -31 -30
-34 34
-37 -36 -35
-39
-39 -39 -39
-42 -40
-46 -44 -44 -44 -44 -50
-51 -51 -50 -46
-56
-62
-600 -70

Mujeres Hombres Brecha de género (H-M)

Fuente: Elaboración propia en base a OECD: PISA, Key Findings, 2012.


Nota: Para todos los países las brechas de género son estadísticamente significativas.

125
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

Esto significa que el sistema educativo en Chile, estructura y reproduce


diferencias críticas y sustantivas en el desarrollo y los aprendizajes de NNA
durante el proceso educativo formal, en función del género, estimulando
menos las habilidades matemáticas de las adolescentes, y de lenguaje de
los adolescentes, lo que no solo determina un desarrollo bio-psicosocial
dispar entre ambos sexos, sino que además facilita la reproducción de las
diferencias que persisten en materia de oportunidades y equidad social en
las etapas posteriores de la vida (Observatorio Niñez y Adolescencia, 2014).

Constatar que a nivel de Matemáticas hay países que no presentan brechas


de género o que incluso, estas son a favor de las mujeres, es indicativo, en
primer lugar, de que el mal desempeño de las mujeres en estas áreas no es
connatural a su sexo, y por otro lado, de lo relevante que es ser proactivo en
el derribamiento de los estereotipos sexistas, con políticas educativas que
promuevan el desarrollo de todas las habilidades en todos los estudiantes,
independiente de su sexo.

Por otro lado, el Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo (TERCE),


presenta a Chile como el país mejor evaluado del grupo. En cada prueba
medida, Chile supera el promedio de la región. En términos de género para
Chile, los resultados arrojan una ventaja significativa para las niñas en las
pruebas de lectura, sin embargo, no se observa una brecha significativa
en Matemáticas ni en Ciencias. A nivel regional, en el campo de las
matemáticas, niñas y niños tuvieron un desempeño similar en tercer grado.
No obstante, en sexto grado, tanto en la versión previa del estudio (SERCE)
como en el TERCE, las diferencias son significativas, favoreciendo en
promedio a los niños, y profundizándose en el tiempo.

| GRÁFICO 2.35 | Puntaje promedio en prueba PISA Matemática, según país, por sexo y brecha de género, 2012.

Puntaje Promedio PISA Brecha de género (H-M)

600 537 545 562 70


523 523 528 520 520 544
490 517 520
490 503 516 484 518 499 482 486 513 518 509 493 505 510 500 524 507 507 507 509 492 527 517
494 494 436
502
496 520 477 499 472 493 498 488 493 492 494 476 476 411 477
480 488 479 452 457 491 473 477 481
461
444 449 420
25
406
22 25 50

18 18 18
16
15 15
14 14 14 30
12 12 13
12 12
11
10 10 11
9 9
8 8 9
10
3 5
5
0 2 4

-10
-3
-6
Reino Unido
Suecia*

Eslovenia*

Canadá

Bélgica
Portugal

Austria
Islandia

Polonia*

República Checa
Australia

Nueva Zelandia
Israel

Alemania

España
Turquía*
Grecia

Suiza

Dinamarca
México

Italia

Chile
Noruega*

República Eslovaca

Irlanda

Japón
Corea
Finlandia*

Estados Unidos*
Estonia

Francia
Hungría

Luxemburgo
Holanda

-30
-300

-50

-600 -70

Mujeres Hombres Brecha de género (H-M)

Fuente: Elaboración propia en base a OECD: PISA, Key Findings, 2012.


Nota: Países con asterisco tienen brechas de género que no son estadísticamente significativas.

126
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

RECUADRO 2.4
Brechas de género en TIC’s

Con el objetivo de conocer el nivel de desarrollo de las habilidades en tecnologías


de información y comunicación (TIC) para el aprendizaje que han alcanzado las y
los estudiantes del sistema escolar chileno, en el año 2010 se decidió incluir en el
itinerario del SIMCE la evaluación SIMCE TIC. Esta prueba se aplica a una muestra de
estudiantes de segundo año medio, con una periodicidad bianual, existiendo a la fecha
dos aplicaciones: 2011 y 2013.

La medición de habilidades de la prueba SIMCE TIC incluyen el manejo de las


herramientas tecnológicas a disposición, sumado a la aptitud para enfrentar y resolver
problemas de alta complejidad cognitiva, interactuar con otros y desenvolverse
de forma ética y ajustada al marco legal dentro de ambientes tecnológicos, lo
que se expresa en la capacidad de las y los estudiantes para resolver problemas
y tareas escolares reales en un ambiente virtual, a través del uso de aplicaciones
computacionales regularmente utilizadas.

Las habilidades se agrupan en tres dimensiones: “Información”, “Comunicación” y


“Ética e Impacto Social”. En términos generales, la dimensión de Información refiere
a la habilidad de acceder a la información, comprenderla, utilizarla y generar nueva
información en un medio tecnológico. La dimensión de Comunicación, por su parte,
aborda la habilidad de dar a conocer (comunicar y transmitir) información a través
de medios tecnológicos. Por último, la dimensión de Ética e Impacto Social, implica
la habilidad de analizar situaciones de interacción en el contexto virtual, reconocer
las consecuencias que el uso de la tecnología puede tener en la vida personal y/o de
otros, y tomar decisiones de acción en el mundo tecnológico, en función de ellas.

Entre los principales resultados, se constata que, aunque en promedio las


mujeres obtienen un puntaje superior al de los hombres el año 2011 (250,3 y 247,4,
respectivamente) y el año 2013 (248,3 y 245,1, respectivamente), las brechas no son
estadísticamente significativas (MINEDUC, 2012 y 2014).

Asimismo, los resultados indican que hombres y mujeres han disminuido levemente
sus puntajes promedio respecto del año 2011. Hoy, un 1,6% de las mujeres y un 2% de
los hombres poseen un nivel de logro avanzado y un 52,3% y 50,4%, respectivamente,
llegan a un nivel intermedio; en contraparte, el 46,1% de las mujeres y el 47,6% de los
hombres solo alcanzan niveles de logro inicial (MINEDUC, 2014).

El estudio de Román y Murillo (2013) en base a los resultados del SIMCE TIC 2011,
destaca la ausencia de diferencias significativas en los niveles de habilidades
TIC alcanzadas por hombres y mujeres, diferencias que sí están presentes en los
rendimientos en áreas curriculares tradicionales, como Matemáticas, Lenguaje o
Ciencias. El que ambos sexos no se diferencien respecto de sus niveles de logro,
podría estar reflejando una enseñanza y tratamiento más igualitario y equitativo de la
escuela respecto del desarrollo de competencias y habilidades TIC.

De acuerdo con un estudio de Sánchez, Olivares y Alvarado (2013) igualmente basado


en los resultados del SIMCE TIC 2011 respecto de las posibles causas que inciden en
el desarrollo de las habilidades asociadas al hogar, se concluye que las tres variables
independientes que más explicaron los resultados de la prueba corresponden al:
“nivel educacional al que llegó el padre”, “número de libros que hay en el hogar del
estudiante” y “nivel educacional al que llegó la madre”. Sin embargo, se encontraron
diferencias por sexo en estos resultados: en los hombres, la variable con mayor
poder explicativo corresponde al nivel educacional de la madre (o madrastra), y en
las mujeres, en cambio, la variable con mayor poder explicativo corresponde al nivel

127
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

educacional del padre (o padrastro) de la estudiante (MINEDUC, CEPPE y Fundación


País Digital, 2013).

Por otro lado, Román y Murillo (2013) constatan que el liceo aporta de manera
significativa al desarrollo de habilidades TIC en las y los estudiantes de segundo
medio; concretamente, el 16% de la varianza del logro alcanzado en las habilidades
TIC exhibidas por ellos es debido al liceo donde estudian, a sus prácticas y
procedimientos. El estudio da cuenta de que los estudiantes que asisten a
establecimientos de administración privada obtienen mejor puntuación en competencia
digital que los que van a establecimientos municipales, incluso tras haber controlado
en nivel socioeconómico y cultural de las familias.

Otro relevante hallazgo del estudio es la fuerte incidencia del nivel económico familiar
en las habilidades TIC de las y los estudiantes, incluso más que en los desempeños
cognitivos tradicionales, como lectura y matemáticas (MINEDUC, CEPPE y Fundación
País Digital, 2013).

2.8. Adolescentes que trabajan y que no estudian ni


trabajan (15 a 17 años)

En general, en Chile existe una fuerte dominancia de los estudios como


actividad principal entre las y los adolescentes de 15 y 17 años de edad, en
especial entre las mujeres, lo que se ha acentuado con el tiempo: mientras
en 1990 el 76% de las mujeres se dedicaba a estudiar de manera exclusiva,
en 2000 lo hacía el 86,8% y en 2013 el 89,9%. Entre los hombres, esos
porcentajes son: 74,5%, 85,4% y 90,1%, respectivamente. Si a este grupo
le agregamos a aquellos/as que combinan estudio y trabajo remunerado,
se tiene que en 2013, un 92,7% de las mujeres y un 93,9% de los hombres,
están dentro del sistema educacional (ver Gráfico 2.36).

| GRÁFICO 2.36 | Distribución porcentual de adolescentes (15 a 17 años) según actividad principal, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

17,5% 7,4% 9,3% 5,1% 6,6% 3,7%


100%
0,7% 2,4%
90% 2,3% 7,1% 2,9% 3,8%
1,7% 2,4%
15,5%
5,4%
80%
1,2% 2,6%
70%

60%
89,9% 90,1%
50% 86,8% 85,4%
76,0%
74,5%
40%

30%

20%

10%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

1990 2000 2013

Solo estudia Estudia y trabaja Solo trabaja No estudia ni trabaja

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en el año 1990, para Estudia y trabaja (1%), Solo trabaja
(1%), y No estudia ni trabaja (1%); en el 2000, para Solo estudia (5%), Estudia y trabaja (1%), Solo trabaja (1%), y No estudian ni trabaja (1%); en el 2013, para
Estudia y trabaja (5%), Solo trabaja (1%), y No estudia ni trabaja (1%).

128
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Con el desarrollo económico de país y la obligatoriedad de la Enseñanza


Media a partir de 2003, el incremento de las y los adolescentes dedicados
exclusivamente a estudiar ha ocurrido en todos los estratos socioeconómicos.

Sin embargo, persisten las brechas a este nivel, pues aunque han
aumentado, en 2013 solo el 86,4% de las adolescentes del primer decil de
ingresos se dedica solo a estudiar (86,7% de los hombres), mientras que
prácticamente la totalidad de las adolescentes del décimo decil de ingresos
lo hace (97,6% y 87,6% de los hombres). Más detalles en el Gráfico 2.37.

Asimismo, considerando la zona de residencia. En 1990, la proporción de


mujeres que solo estudiaba en el ámbito urbano (74,1%) casi duplicaba a la
de sus pares rurales (43,4%), y lo mismo sucedía entre los hombres (75,4%
y 39,9%, respectivamente). En la actualidad (2013), las proporciones de
las y los adolescentes dedicados a estudiar de manera exclusiva, tanto en
el campo como la ciudad son prácticamente iguales: mujeres: 89,8% en
las zonas urbanas y el 90,1% en zonas rurales; hombres: 90,7% en zonas
urbanas y 86,3% en zonas rurales. Más detalles en el Gráfico 2.38.

Lograr una alta permanencia de las y los adolescentes en la formación


educativa es deseable, ya que esto les permitirá optar a una mayor
calificación técnica o profesional que a su vez les ofrecerá una mejor
inserción laboral en el futuro. Sin embargo, hay dos pequeños grupos
que están fuera del sistema educacional, aquellos que se dedican a
trabajar remuneradamente y los llamados NINI (NI estudian NI trabajan). A
continuación se indaga en sus características.

2.8.1. El vínculo de las y los adolescentes con el trabajo


En línea con el desarrollo económico del país, la proporción de adolescentes
que “solo trabajan” ha ido disminuyendo, hasta casi desaparecer. Hoy existe
un pequeño grupo de mujeres y hombres entre 15 y 17 años de edad que
se inserta tempranamente en el mercado laboral: un 2,4% de los hombres
y un 0,7% de las mujeres se dedican exclusivamente a trabajar de manera
remunerada. Entre las mujeres, lo hacía el 2,3% en 2000 y el 5,4% en 1990.
En el caso de los hombres, ha sido más acentuada la disminución, pues en
2000 lo hacía el 7,1% y en 1990, el 15,5%.

Al analizar estas proporciones según el nivel de ingresos de los hogares


en que crecen las y los adolescentes (Gráfico 2.37), se observa que en
2013, salvo el decil VII, en general en los deciles con ingresos más altos,
las y los adolescentes tienden menos a trabajar como actividad exclusiva,
especialmente en los deciles IX y X en que las proporciones son marginales
(0,1% y 0,2%, respectivamente). En contraposición, las y los adolescentes
que más se dedican al trabajo únicamente son los de los deciles I (2%), V
(2,5%) y VII (3,3%, con 1,9% entre las mujeres y 4,7% entre los hombres).
Asimismo, si se analiza según zona de residencia (Gráfico 2.38), mujeres
y hombres presentan resultados diferentes; mientras las primeras registran
proporciones similares en la zona urbana y rural (0,7%), los hombres que solo
trabajan predominan en la zona rural (4,3% versus 2,1% en zonas urbanas).

Por otra parte, se observa que a lo largo del tiempo las y los adolescentes
que combinan las actividades de estudio y trabajo son relativamente pocos,
siendo más los hombres que las mujeres, aunque entre ellas se registra un
aumento en las últimas tres décadas (Gráfico 2.36). En 2013, un 2,9% de las
adolescentes estudia y trabaja, mientras lo hacía un 1,7% en 2000 y el 1,2%
en 1990. Entre los hombres, estas participaciones son 3,8%, 2,4% y 2,6%,
respectivamente.

129
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

Contrariamente a la intuición, según estimaciones realizadas a partir de


la Encuesta CASEN 2013 (Gráfico 2.37), es más probable que las y los
adolescentes socioeconómicamente más aventajados combinen actividades
de estudio y trabajo (11,4% del decil X, versus 4% del decil I). Sin embargo,
la situación se revierte para las mujeres, pues en la actualidad el porcentaje
de mujeres del decil X que estudia y trabaja es prácticamente nulo (0,3%), en
relación a las mujeres del decil I, que lo hacen en una proporción 10 veces
superior (3,5%).

2.8.2. Adolescentes que no estudian ni trabajan


La proporción de adolescentes que no estudian ni trabajan de manera
remunerada (NINI) ha disminuido notablemente desde 1990 hasta 2013,
aunque continúa siendo mayor entre las mujeres, en comparación con los
hombres. En 2013, el 6,6% de las mujeres adolescentes no estudiaba ni
trabajaba, en el 2000 se encontraban en esta situación el 9,3% de ellas y el
17,5% en 1990. Entre los hombres adolescentes, dichos porcentajes son:
3,7%, 5,1% y 7,4%, respectivamente. Es decir, los datos revelan que, pese a la
tendencia decreciente de las y los NINI, en la actualidad la proporción de las
adolescentes que no estudian ni trabajan casi duplica a la de los hombres.

El nivel de ingresos de los hogares donde las y los adolescentes viven


desempeña un papel muy relevante en sus actividades principales. En el
caso de las mujeres adolescentes en situación de vulnerabilidad social,
se observa una mayor tendencia a engrosar la proporción de las que no
estudian ni trabajan de manera remunerada, especialmente en los deciles
I al III, V y VI, en que la proporcion de adolescentes NINI supera el 6%. La
proporción de estas últimas en el decil más pobre ha caído notablemente,
desde casi un tercio en los ’90 (29,7%), a poco menos del 10% en 2013
(9,5%). Mientras que, entre la mujeres del decil X, no estudiaban ni
trabajaban el 3,7% en 1990, porcentaje que apenas llega al 1,7% en 2013.
Esto significa que a las brechas de género se deben sumar las brechas entre
las propias mujeres, en detrimento de las que se encuentran en situaciones
socioeconómicas más vulnerables.

Al comienzo del período, en el mundo rural se observaba una notable


diferencia entre las mujeres y los hombres adolescentes que no estudian ni
trabajan, sin embargo, esta brecha ha ido desapareciendo con los años y
el desarrollo del país. En 1990, el 44,3% de las adolescentes entre 15 y 17
años residentes en zonas rurales no estudiaba ni trabajaba, mientras que
el 11,8% de los hombres de esa edad no lo hacía. En el 2000 la proporción
de mujeres NINI cae a la mitad (20,1%) mientras que la de los hombres
disminuye a 9,8%. En 2013, aunque la brecha es menor, sigue observándose
una diferencia por género estadísticamente significativa (son NINI el 6,5% de

130
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 2.37 | Distribución porcentual de adolescentes (15 a 17 años) que solo estudian, estudian y trabajan,
solo trabajan, y no estudian ni trabajan, según decil de ingreso autónomo, por sexo, 1990 y 2013.

2.37.1 Distribución porcentual de adolescentes (15 a 17 años) según actividad principal y decil de ingreso autónomo, por sexo, 1990.

29,7% 13,1% 19,3% 8,5% 22,2% 7,2% 18,1% 7,7% 18,7% 6,8% 15,7% 4,8% 7,5% 7,9% 14,8% 4,9% 2,9% 4,5% 3,7% 3,2%
100%
1,5% 0,8%
4,7% 1,7% 0,9%
1,3% 6,9%
90% 7,5% 9,9% 1,0%
19,7% 0,8% 10,3%
19,8% 2,5%
4,1% 18,9% 20,3% 18,0% 5,1% 2,6% 3,3%
80% 16,2% 5,8% 5,0% 0,7% 2,9%
0,2% 4,6% 0,9%
0,7% 2,1%
3,1% 3,4%
2,6% 2,1% 3,3%
70% 4,6% 2,5%
1,0%
60%

50% 93,1% 95,1%


91,1%
84,2% 87,6%
80,1%
76,4% 74,1% 75,4% 78,9% 81,8%
40% 72,5% 70,4% 71,3% 70,0% 78,5%
72,1%
64,7% 70,0%
68,2%
30%

20%

10%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

I II III IV V VI VII VIII IX X

Decil de ingreso autónomo

Solo estudia Estudia y trabaja Solo trabaja No estudia ni trabaja

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas, para las categorías Solo estudia en el decil II (5%) y VI
(10%); Estudia y trabaja en el decil I (10%), II (1%), III (10%) y V (5%); Solo trabaja en el decil I (1%), II (1%), III (1%), IV (1%), V (1%), VI (1%) y VIII (1%); y No estudia ni
trabaja en el decil I (1%), II (1%), III (1%), IV (1%), V (1%), VI (1%), y VIII (1%).

2.37.2 Distribución porcentual de adolescentes (15 a 17 años) según actividad principal y decil de ingreso autónomo, por sexo, 2013.
9,5% 6,1% 6,2% 3,5% 11,0% 5,4% 3,8% 2,5% 7,1% 3,9% 7,3% 3,1% 4,8% 4,5% 2,3% 2,3% 4,2% 1,5% 1,7% 1,0%
100% 0,2% 0,0% 0,4% 0,0%
2,0% 0,4% 2,3% 1,9% 2,0% 0,2% 4,0% 0,3%
0,8% 1,8% 4,2% 1,9% 4,5% 3,6% 3,0%
3,2% 3,0% 4,4% 2,8% 0,7% 0,7% 4,0% 1,2% 11,4%
90% 0,6%
4,0%
1,6% 0,6% 3,2% 3,0% 3,6% 3,8% 3,8%
3,8%
3,5% 2,2%
80%

70% 97,6%
94,0% 94,3% 94,5%
91,4% 91,6% 91,4% 92,3% 92,7%
60% 91,0%
89,5%
89,2% 89,5%
86,4% 86,7% 88,3% 88,3% 87,3% 87,6%
50%
86,2%

40%

30%

20%

10%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

I II III IV V VI VII VIII IX X

Decil de ingreso autónomo

Solo estudia Estudia y trabaja Solo trabaja No estudia ni trabaja

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas, para las categorías Solo estudia en el decil III (5%) y X
(1%); Estudia y trabaja en el decil II (10%), IX (10%) y X (1%); Solo trabaja en el decil I (1%), II (5%), III (5%), IV (1%), V (1%), VI (10%), VII (5%) y VIII (10%); y No estudia
ni trabaja en el decil I (1%), II (1%), III (1%), V (5%) y VI (1%).

131
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

| GRÁFICO 2.38 | Distribución porcentual de adolescentes (15 a 17 años), según actividad principal
y zona de residencia, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

100% 17,2% 7,3% 44,3% 11,8% 7,6% 4,3% 20,1% 9,8% 6,6% 3,6% 6,5% 4,7%

1,8% 0,7% 2,1% 0,7%


90% 5,5% 2,9% 3,6% 2,8% 4,3%
1,8% 2,6% 4,7%
14,6%
80% 7,3% 16,6%
4,9%
1,4% 2,8% 0,8% 1,3%
70%
46,3%
60%
87,6%
50% 11,9% 88,8% 89,8% 90,7% 90,1%
86,3%
0,5%
40% 74,1% 75,4% 2,0% 74,2% 72,4%

30%

20% 43,4% 39,9%

10%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres
Urbana Rural Urbana Rural Urbana Rural

1990 2000 2013

Solo estudia Estudia y trabaja Solo trabaja No estudia ni trabaja

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en el año 1990, en zonas urbanas en las categorías Estudia
y trabaja (1%), Solo trabaja (1%) y No estudia ni trabaja (1%) y en las zonas rurales en las categorías Estudia y trabaja (1%), Solo trabaja (1%) y No estudia ni trabaja
(1%); el año 2000, en zonas urbanas en las categorías Estudia y trabaja (5%), Solo trabaja (1%) y No estudia ni trabaja (1%) y en las zonas rurales en las categorías
Estudia y trabaja (5%), Solo trabaja (1%) y No estudia ni trabaja (1%); y el año 2013, en zonas urbanas en las categorías Estudia y trabaja (10%), Solo trabaja (1%) y
No estudia ni trabaja (1%) y en las zonas rurales en las categorías Solo estudia (1%), Estudia y trabaja (5%), Solo trabaja (1%) y No estudia ni trabaja (1%).

las adolescentes y el 4,7% de los adolescentes rurales).

Como se muestra en el Gráfico 2.38, en las zonas urbanas también hay


avances, especialmente entre las mujeres, cayendo a casi la mitad la
proporción de las NINI en los últimos 23 años. En 2013, no estudian ni
trabajan el 6,6% de las adolescentes y el 3,6% de sus pares hombres,
mientras que en 1990 no lo hacían el 17,2% y 7,3%, respectivamente.

Las razones por las cuales las y los adolescentes no asisten a un


establecimiento educacional y se encuentran en inactividad laboral presentan
diferencias significativas entre mujeres y hombres, expresando cómo los
marcos culturales y patrones de socialización de las niñas y los niños van
segmentando sus expectativas y trayectorias profesionales y de vida.

En la actualidad la maternidad o embarazo es la razón mayoritaria por la


cual las adolescentes engrosan las filas de los NINI (25,9%), seguida por
las responsabilidades que en ellas implican los quehaceres domésticos
(24,6%). Entre los hombres, estas motivaciones justifican solo el 0,7% y
3,1% de los NINI, respectivamente. Esto demuestra que no estudiar ni
trabajar no es sinónimo de inactividad laboral entre las mujeres, pues
estas mayoritariamente están realizando trabajo doméstico y cuidado no
remunerado, lo que las imposibilita a seguir con sus estudios o a insertarse en
el mercado de trabajo. En cambio, entre los hombres sobresale la razón de no
tener interés (39,9%) como la principal justificación de encontrarse inactivos y
sin estudiar, proporción que asciende al 12,4% entre las adolescentes.

132
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 2.39 | Distribución porcentual de razones para no estudiar ni trabajar entre adolescentes (15 a 17 años),
por sexo, 1990, 2000 y 2013.
100%
10,7%
15,2% 16,7%
90%
27,1%
80% 13,0% 42,7% 41,2%
12,4%
4,4% 20,0%
70%
8,9%
3,9%
60%
11,4%
39,9%
50% 23,1%
54,3% 29,7%
40% 24,6%
49,1%
30%
14,3%
20% 14,2%
37,7%

10% 25,9% 14,9%


17,6% 9,0%
13,4%
0,7% 3,1%
0% 0,0% 0,0% 0,7%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

1990 2000 2013

Maternidad/paternidad Quehaceres Razones de salud Terminó de estudiar No le interesa Otras razones


o embarazo domésticos

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son significativas en 1990 para las categorías Maternidad/paternidad o embarazo (1%),
Quehaceres domésticos (1%), No le interesa (1%) y Otras razones (1%); en el 2000, para Maternidad/paternidad o embarazo (1%), Quehaceres domésticos (1%),
Razones de salud (1%), No le interesa (1%) y Otras razones (1%); y en el 2013, para Maternidad/paternidad o embarazo (1%), Quehaceres domésticos (1%),
Terminó de estudiar, No le interesa (1%) y Otras razones (1%).
Para detalle de “Otras razones”, ir a Anexo Metodológico.
Las encuestas de los años 1990 y 2000 no permiten identificar a los NINI cuya razón es “Terminó de estudiar”.

RECUADRO 2.5
Embarazo adolescente, un reproductor de pobreza

La sexualidad en adolescentes es dinámica y ha experimentado cambios importantes


en las últimas décadas. Uno de los más relevantes es el aumento de las y los jóvenes
que inician en edades cada vez más tempranas su sexualidad. De acuerdo a lo
registrado por la VII Encuesta Nacional de la Juventud aplicada por el INJUV, en la
última década han aumentado los jóvenes de 15 a 19 años que ya se han iniciado
sexualmente. Este aumento es mayor entre las mujeres, pasando del 38,6% el año
2000 al 46,1%, las adolescentes que ya han iniciado su vida sexual en 2012. Los
hombres de 15 a 19 años iniciados sexualmente aumentaron del 45,3% al 51,2% en el
mismo período.

Cabe destacar que, aun cuando el uso de métodos anticonceptivos ha aumentado


especialmente entre las mujeres, las cifras son preocupantes sobre todo si se
considera que el embarazo adolescente no ha mostrado tendencias descendentes en
los últimos años. El año 2012 ocho de cada diez adolescentes declaró haber utilizado
algún método de anticoncepción en su última relación sexual (76,9% de las mujeres
y 78,7% de los hombres iniciados sexualmente), mientras el año 2000 estas cifras
ascendían al 58,4% de las mujeres y el 63% de los hombres de 15 a 19 años.

Si se revisa las razones que las y los jóvenes entregan para el no uso de métodos
de anticoncepción, los principales argumentos entre mujeres y hombres son porque

133
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

tienen pareja estable (31,2% y 29%, respectivamente) y porque no les gustan los
métodos que conocen (16,2% de las mujeres y 27,1% de los hombres). Además,
son realmente preocupantes las cifras sobre la cantidad de jóvenes que poseen una
actitud pasiva sobre su sexualidad y los riesgos que implica practicarla sin protección.
Un 11,6% de las adolescentes y un 17,1% de los adolescentes declararon no utilizar
algún método anticonceptivo porque no conocen o no saben cómo usarlo, el 11%
de las mujeres y el 13,3% de los hombres justificaron que sus parejas no querían
utilizar un método de anticoncepción, y el 9,9% de las mujeres y 13,6% de ellos
declararon no utilizar método alguno porque no se atrevieron a sugerírselo a su pareja.
Finalmente, preocupa también que el 9,2% de las mujeres de 15 a 19 años declaró
no utilizar protección porque querían quedar embarazadas (versus el 9,8% de los
hombres).

Este inicio precoz de la actividad sexual se relaciona con el embarazo adolescente:


un 20,7% de las adolescentes y un 7,8% de los adolescentes iniciados sexualmente
declaró haber experimentado un embarazo no deseado. El embarazo adolescente
es considerado una problemática social, que tiene como consecuencia la falta de
oportunidades y perspectivas futuras de vida para la adolescente embarazada, para
su hijo/a y para su familia. El embarazo adolescente, se ha vinculado a múltiples
determinantes sociales, entre los que se encuentran, el bajo nivel socioeconómico,
el bajo nivel de escolaridad y la ausencia de proyecto de vida; también se le ha
relacionado con inequidades en el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva
(Dides, Benavente & Morán, 2009).

En el año 2013, el número total de nacidos vivos en Chile fue de 242.005, de los cuales,
el 13,4% (32.402) correspondió a hijos/as de madres adolescentes. Si bien la gran
mayoría de esos nacimientos corresponden a madres de 15 a 19 años de edad (31.506),
902 los recién nacidos ese año tuvieron madres menores de 15 años (INE, 2013). En la
actualidad la fecundidad adolescente (antes de los 20 años) es menor que en décadas
anteriores, aunque presenta una tendencia a la estabilización, resistiéndose a bajar. De
hecho, Chile, junto con México, detenta la mayor tasa de fecundidad adolescente de
los países de la OCDE y está, según el Banco Mundial, en el promedio latinoamericano
-que es muy elevado- solo superado por el África Subsahariana. Basta mencionar,
como ejemplo, que mientras la tasa de fertilidad en adolescentes de 15 a 19 años es de
62 por mil en México y 55 por mil en Chile, es mucho más baja en países tales como
Estados Unidos (30), Reino Unido (26), Nueva Zelanda (24), España (10), Francia (6),
Italia (4), Suiza (2). (Base de Datos del Banco Mundial).

El embarazo adolescente se convierte en un hito determinante que tiene


consecuencias y distingue las trayectorias de vida de quienes fueron madres o
padres en la adolescencia de quienes no lo fueron. Basta mencionar que quienes
experimentaron la maternidad/paternidad durante la adolescencia presentan menores
niveles de escolaridad que aquellos que no tienen hijos/as: solo 16% de quienes han
sido madres/padres adolescentes están estudiando en la Educación Superior o han
completado este nivel académico, contra el 32% de los que fueron madres/padres
a los 20 años o más y el 43% de las personas jóvenes que aún no tienen hijos/as
(Encuesta Nacional de Juventud 2012, INJUV).

Es frecuente que las personas jóvenes que fueron madres/padres durante la


adolescencia no tengan la oportunidad de estudiar ni de trabajar, y en esto el
género tiene fuerte impacto. Tal como se muestra en el Gráfico 2.40, en el año 2013
se registró un total de 31.506 madres de entre 15 y 19 años (de ellas, un 88,8%
son primerizas) y 13.271 padres en el mismo tramo etario. Generalmente, tras un
embarazo en la adolescencia, las mujeres abandonan más tempranamente los
estudios para dedicarse a las labores domésticas y asumir la responsabilidad del
cuidado de los hijos/as, mientras que los hombres lo hacen para trabajar en forma
remunerada y adquirir la responsabilidad económica, con una inserción laboral
bastante precaria (ComunidadMujer, 2013 y Lupica, 2014).

134
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 2.40 | Adolescentes (15 a 19 años) que fueron madres o padres, 1990-2013.

Miles de adolescentes

45
40,4 39,9
40 39,5
38,3 38,6
39,6 39,4 39,3 38,7 38,7 39,6
37,7 37,6 38,0 37,9 38,0
36,5 36,8 36,3
35 33,8 35,1 34,3
33,5
31,5
30

25

20
16,0 15,4 15,4 15,3
15 14,5 14,8 14,5
12,6 12,8 13,3
11,6 12,1 12,1 12,2 12,6
10,5 11,0 11,2 11,3
9,7 9,4 9,8 10,2 10,1
10

0
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base “Estadísticas Vitales” (INE, 2013), y base de datos de nacimientos (INE, 1990-2012).

El 18 de enero de 2010 se promulgó la Ley N° 20.418 que fija normas sobre


información, orientación y prestaciones en materia de regulación de la fertilidad. Esta
establece en su artículo 2 que toda persona tiene derecho a elegir libremente, sin
coacción de ninguna clase y de acuerdo con sus creencias o formación, los métodos
de regulación de la fertilidad femenina y masculina que cuenten con la debida
autorización y, del mismo modo, acceder efectivamente a ellos.

Asimismo, establece que en aquellos casos en que el método anticonceptivo de


emergencia sea solicitado por una persona menor de 14 años, el funcionario o
facultativo que corresponda, del sistema público o privado de salud, procederá a la
entrega de dicho medicamento, debiendo informar, posteriormente, al padre o madre
de la adolescente o al adulto responsable que ella señale.

En suma, en espacios críticos, de población muy vulnerable, se requiere de una


intervención decidida, incluso personalizada, que comprometa recursos humanos
y económicos. Es prioritario ser efectivos en la prevención del primer embarazo
mediante una mejor educación sexual, con fácil acceso a la anticoncepción
y anticoncepción de emergencia y promoviendo relaciones igualitarias entre
adolescentes.

Dado que la maternidad temprana es una realidad, resulta indispensable


comprometer recursos para apoyar a estas madres, con el objetivo de que continúen
su proceso formativo y, luego, puedan incorporarse al mercado de trabajo.

Ello contribuiría a evitar que muchas mujeres –y sus hijos/as- entren en el círculo
vicioso de la pobreza.

Fuente: Elaboración propia en base a INE, Estadísticas Vitales, 1990-2013.

135
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

3.
136
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

CAPÍTULO 3

Brechas de
género en la
juventud
(18 a 24 años)

137
2. INFANCIA Y ADOLESCENCIA

138
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

3.
Para efectos del presente análisis, se acotará
a la población joven a aquella comprendida
entre los 18 y 24 años de edad. En Chile,
se estima que en 2015 las y los jóvenes
ascienden a 2.005.376 (49% de mujeres y
51% de hombres), representado el 11,1%
dentro de la pirámide poblacional (INE).

Las y los jóvenes constituyen una fuente importantísima de desarrollo, no


obstante, los esfuerzos realizados en pro de su integración, tanto en Chile
como el resto de América Latina, aún no son suficientes. Según PNUD
(2014), “la juventud ha contribuido con ideas nuevas y ha sido proactiva a la
hora de identificar soluciones a los desafíos para el desarrollo, y también ha
demostrado su capacidad para tender puentes interculturales de diálogo.
Invertir en este sector le permitirá a la juventud alcanzar su máximo potencial
como individuos, líderes y agentes de cambio, y como promotores de
justicia social”. En ese sentido, aprovechar el potencial que representan las
y los jóvenes es esencial y, para ello, es necesario potenciar dos grandes
eslabones de desarrollo: la educación y el empleo (Trucco y Ullmann, 2015).

Entre los 18 y 24 años, las y los jóvenes toman decisiones personales


trascendentes, vinculadas a las transiciones educativas, laborales y familiares
propias de ese momento del ciclo vital de las personas. En general, en esta
etapa se superponen una serie de actividades en diversos ámbitos: terminan
sus estudios en la Educación Media, algunos ingresan a estudios superiores,
tienen sus primeras experiencias en el mercado laboral y empiezan a formar
sus propias familias. Las formas en que se asumen los diferentes roles y
el paso entre la familia de origen y la propia, así como el tránsito desde el
sistema educativo al mercado laboral, son esenciales en la construcción de
sus trayectorias de mediano y largo plazo, pero también para el desarrollo de
la sociedad en su conjunto y la cohesión social (Lupica, 2014).

139
La decisiones durante esta etapa son la continuidad de las trayectorias de
vida forjadas durante la infancia y la adolescencia, son la cristalización de
patrones culturales aprehendidos, de roles y expectativas, que se fraguan
a la luz de lo que se ha interiorizado a partir de los diversos espacios de
socialización que han marcado cada historia de vida. Así, son diversos los
elementos que condicionan el modo en que los jóvenes se disponen hacia
la adultez, que van desde el estrato socioeconómico y el acceso a capital
educacional formal y cultural, hasta el rol de los padres/madres, profesores/
as y los propios pares, y por supuesto, el género. “Las condiciones
estructurales de desigualdad socioeconómica y espacial, las características
de la oferta educativa formal y no formal, la estructura productiva y el
entorno inmediato en el que se desarrollan influyen en las trayectorias y
biografías de los jóvenes de la región, tanto en términos de las diversas
oportunidades de inserción social a las que pueden acceder, como, y más
ampliamente, en sus sentidos de pertenencia y modos de concebir la vida
y el futuro dentro (o fuera) de las sociedades latinoamericanas” (Trucco y
Ullmann, 2015).

La inserción social de las y los jóvenes puede ser analizada a partir de la


combinatoria de sus actividades principales: la educación, el trabajo para el
mercado y el realizado para la propia familia. Es posible, entonces, clasificar
a los jóvenes en cuatro grupos: (a) los que solo estudian, (b) los que solo
trabajan de manera remunerada, (c) aquellos que trabajan de manera
remunerada y estudian; y (d) los que no estudian ni trabajan de manera
remunerada (NINI) y que, en muchos casos, se dedican a las tareas del
hogar y de cuidado de otros integrantes de la familia.
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 3.1 | Jóvenes (18-24 años) según actividad principal, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

3.1.1 Jóvenes (18-24 años) según actividad principal, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

Miles de Personas

1.200

1.000
231,9 106,9
800 78,0 104,8
385,5 276,4 305,0 447,2
600
430,8
536,4 116,3
400 287,9 121,2
309,8 50,4
40,1
200 16,3 24,8 424,1
285,2 362,5
204,5 267,3
187,5
0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

1990 2000 2013

Solo estudia Estudia y trabaja Solo trabaja No estudia ni trabaja

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en 1990 en todas las categorías (1%); en el 2000, en
todas las categorías (1%); y en el 2013, en Solo estudia (1%), Estudia y trabaja (5%), Solo trabaja (1%) y No estudia ni trabaja (1%).

3.1.2 Distribución porcentual de jóvenes (18-24 años) según actividad principal, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

100%
9,2% 12,0% 10,3%
90% 21,5%
31,7%
80%
42,9%
70% 43,1%
49,5% 28,3%
60% 63,6%
50% 33,0%
10,8%
40% 34,5% 11,7%
5,8%
4,6%
30%
2,9%
20% 1,8% 34,9%
39,4%
30,7% 32,7%
24,2%
10% 20,9%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

1990 2000 2013

Solo estudia Estudia y trabaja Solo trabaja No estudia ni trabaja

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en 1990 en todas las categorías (1%); en el 2000, en
todas las categorías (1%); y en el 2013, en Solo estudia (1%), Estudia y trabaja (5%), Solo trabaja (1%) y No estudia ni trabaja (1%).

141
3. JUVENTUD

Actualmente, como se puede observar en el Gráfico 3.1, entre los jóvenes


de 18 a 24 años de edad existen diferencias significativas respecto a
las actividades que mujeres y hombres realizan. Entre las mujeres, es
mayoritaria la proporción que se dedica al estudio exclusivamente (39,4%),
seguidas por aquellas que se dedican solo a trabajar (28,3%), las que no
estudian ni trabajan (21,5%) y, finalmente, las que estudian y trabajan (10,8%).
Entre los hombres, es mayoritaria la proporción que se dedica al trabajo
remunerado como actividad principal (43,1%), seguidos por aquellos que
se dedican al estudio con exclusividad (34,9%), los que estudian y trabajan
(11,7%) y, finalmente y con mucha distancia respecto a sus pares mujeres,
los que no estudian ni trabajan (10,3%).

Considerando a quienes estudian y trabajan de manera exclusiva o


combinada, entre los hombres prevalece una mayor tendencia hacia el
trabajo remunerado (54,8% vs el 39,1% de las mujeres), y entre las mujeres,
hacia los estudios (50,2% vs 46,6% de los hombres), sin embargo, la
principal brecha entre las y los jóvenes se da en su vinculación con el
mercado laboral. Aun así, desde una perspectiva histórica, es importante
señalar que esta brecha ha menguado considerablemente porque, entre los
hombres, han disminuido aquellos que se dedican al trabajo remunerado
(66,5% en 1990), a favor de una mayor prevalencia de estudios. La otra
brecha de género relevante ocurre entre las y los NINI, la que también ha
disminuido (en 1990, un 42,9% de las mujeres estaba en dicha situación) a
causa de la mayor proporción de mujeres que se dedica a estudiar.

En virtud de lo anterior, el presente capítulo aborda las principales brechas de


género que ha enfrentado la población juvenil en Chile a lo largo de las últimas
décadas y en los principales campos de desarrollo: educación y trabajo.

3.1 Juventud y educación


Como se expresó anteriormente, la educación es uno de los grandes
motores del desarrollo y uno de los principales promotores de la inclusión
social y económica de la juventud. Según CEPAL (2010), “el aumento de
los niveles educativos de la población se asocia al mejoramiento de otros
factores clave de desarrollo y bienestar, como la productividad, la movilidad
social, la reducción de la pobreza, la construcción de la ciudadanía y la
identidad social y, en definitiva, el fortalecimiento de la cohesión social”. En
este sentido, el análisis que sigue se enfocará precisamente en la situación
de las y los jóvenes de 18 a 24 años insertos plenamente en el sistema
educativo, así como en aquellos que, paralelamente, se desempeñan en el
mercado laboral.

142
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

RECUADRO 3.1
Marco institucional de la Educación Superior en Chile

Durante los últimos 25 años, el sistema de Educación Superior chileno ha


experimentado una importante expansión y diversificación en cuanto a tipo de
instituciones. Entre los factores que explican este fenómeno, se encuentra la
creación del nuevo marco normativo que en 1981 promulgó la reestructuración de
las universidades estatales, dio lugar a la creación y funcionamiento de instituciones
privadas sin financiamiento estatal y reconoció formalmente dos nuevos tipos de
instituciones no universitarias: los Institutos Profesionales (IP) y los Centros de
Formación Técnica (CFT).

Dada la escasa regulación, proliferaron a lo largo de todo el país diversas


instituciones y carreras, muchas de las cuales son cuestionadas por su deficiente
calidad. Según informa el MINEDUC, en 1980, había 8 Universidades y ningún
IP ni CFT; en 1986, había 23 Universidades, 23 IP y 111 CFT; en 1995, había 70
Universidades, 73 IP y 127 CFT; en 2005 había 61 Universidades, 45 IP y 109 CFT; en
2014, hay 60 Universidades, 44 IP y 58 CFT.

Este aumento explosivo dificultó los procesos de regulación de las instituciones de


Educación Superior, por lo que la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE)
N° 18.962, promulgada en 19901, creó el Consejo Superior de Educación con el
objeto de “administrar un nuevo sistema de supervisión de universidades e institutos
profesionales privados”, mientras que los CFT quedaron, en ese entonces, a cargo
del Ministerio de Educación.

Luego, en 1999, se crea la Comisión Nacional de Acreditación de Pregrado (CNAP)


con el objeto de “diseñar y proponer un sistema nacional de aseguramiento de la
calidad de la educación y de conducir procesos experimentales de acreditación,
entendido eso como la evaluación periódica de la de instituciones de Educación
Superior autónomas”. En el año 2006, las propuestas elaboradas por la CNAP
condujeron a la sanción de la Ley 20.129, que establece un sistema nacional de
aseguramiento de la calidad de la Educación Superior y crea la Comisión Nacional
de Acreditación (CNA). La CNA es un organismo público y autónomo cuyo rol es
“verificar y promover la calidad de las Universidades, IP y CFT autónomos y de las
carreras y programas de estudios que éstos ofrecen”.

Durante el 2006, se producen movilizaciones masivas de estudiantes secundarios


y universitarios, conocidas también como la “Revolución Pingüina”. Los alumnos
demandaban principalmente la derogación de la LOCE y el fin de la municipalización
en la Educación Básica y Media. Finalmente, la LOCE fue reemplazada en 2009 por
la Ley General de Educación (Ley N° 20.370), mediante la cual se creó el Consejo
Nacional de Educación (CNE) cuyas funciones son, entre otras, el licenciamiento y
las apelaciones de decisiones de acreditación desarrolladas por su antecesor, el
Consejo Superior de Educación.

ACCESO A CRÉDITOS Y BECAS

Otro factor vinculado a la expansión del sistema de Educación Superior y el


crecimiento de la matrícula es el aumento de las ayudas estudiantiles: créditos y
becas.

A las transformaciones institucionales ya mencionadas, se agrega que en 1990 la Ley

1 La LOCE fue promulgada cuatro días antes de que Augusto Pinochet entregara el poder. Esta ley definió el rol
del Estado como regulador, delegando gran parte de la enseñanza al sector privado. La LOCE, además de fijar los
requisitos mínimos que debían cumplir los niveles de Enseñanza Básica y Media, normó el proceso de reconocimiento
oficial de los establecimientos educacionales de todo nivel, incluyendo los de Educación Superior.

143
N° 18.956 reestructura el Ministerio de Educación y crea la División de Educación
Superior, que posibilitó “políticas del Estado, que han impulsado el desarrollo de
la educación terciaria, destacando su trabajo en ampliar la cobertura de ayudas
estudiantiles (becas y créditos) para dar más y mejores alternativas de financiamiento
a los estudiantes de Educación Superior. Su esfuerzo también se ha centrado
en el desarrollo de nuevos mecanismos de financiamiento para las instituciones
del sistema, tales como el Fondo de Desarrollo Institucional y el Programa de
Mejoramiento de la Calidad y la Equidad de la Educación Superior (MECESUP).
Los avances que ha experimentado el país en materia de Educación Superior son
el resultado de un gran esfuerzo financiero del Estado, que en términos reales, ha
incrementado 7,2 veces el presupuesto destinado a la División desde 1990 a 2012.”

En cuanto a los créditos, en 1981 se gesta el Crédito Fiscal Universitario, beneficio


para las y los estudiantes que no pueden financiar sus estudios y que se matriculan
en las universidades estatales e institutos profesionales de la época. En 1991 se
suma a los créditos, las becas de arancel que cubren total o parcialmente el arancel
anual de la carrera. En la actualidad, existen distintas becas, por ejemplo, la Beca
Nuevo Milenio, Bicentenario y Juan Gómez Millas fueron las con mayor cobertura
el año 2014. Los principales criterios de acceso a las becas son de rendimiento
académico y nivel de ingresos de las familias (tres primeros quintiles de ingreso).

En 1994 se crea el “Fondo Solidario de Crédito Universitario” que entrega créditos


a los alumnos y alumnas de las 25 instituciones pertenecientes al Consejo de
Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH)2, para costear de forma total o
parcial los aranceles de las carreras. En 2005, se genera el Sistema de Créditos con
Garantía del Estado para estudios superiores (conocido como Crédito con Aval del
Estado, CAE), que amplía el acceso a crédito a las y los estudiantes más vulnerables
económicamente, y que no estudian en las Universidades del CRUCH (dicho
año, la matrícula de estudiantes de pregrado en Universidades fuera del CRUCH
corresponde al 41,7%; en 2015, corresponde al 52,8%).

Aunque la información no está desagregada por sexo, cabe destacar que en 1994,
había 71.222 jóvenes beneficiados con el Fondo Solidario de Crédito Universitario,
alcanzando a cubrir con ello al 22,2% de la matrícula de pregrado, y 28.300
estudiantes financiados a través de becas, es decir, el 8,8% de los matriculados de
pregrado. El año 2000, 25.222 jóvenes eran beneficiarios de Becas y 109.951 del
Fondo, alcanzando una cobertura del 31% del total de la matrícula. En 2014, 331.408
estudiantes eran beneficiarios de Becas, 83.885 del Fondo y 356.556 del CAE. De
esta forma, se logró una cobertura del 67,4% de la matrícula de pregrado.

En el año 2011, con miles de egresados/as y desertores/as de la Educación Superior,


muchos de ellos con considerables niveles de endeudamiento, se inició una nueva
movilización estudiantil para demandar, entre otros, mayor igualdad en el sistema
educacional universitario (acceso y gratuidad), aumentar el gasto público en la
Educación Superior y terminar con el lucro en toda la educación chilena. Luego de
meses de paralizaciones, el gobierno presentó su primera propuesta, estableciendo,
entre otras medidas, un nuevo fondo para la educación, facilitando el acceso
a créditos universitarios, y asumiendo el costo fiscal asociado a rebajar la tasa

2 El Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH) es una persona jurídica de derecho público,
administración autónoma, que fue creado en 1954, como un organismo de coordinación de la labor universitaria de la
nación. Está compuesto por las siguientes 25 universidades nacionales: Universidad de Chile; Pontificia Universidad
Católica de Chile; Universidad de Concepción; Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Universidad Técnica
Federico Santa María; Universidad de Santiago de Chile; Universidad Austral de Chile; Universidad Católica del
Norte; Universidad de Valparaíso; Universidad de Antofagasta; Universidad de La Serena; Universidad del Bío - Bío;
Universidad de La Frontera; Universidad de Magallanes; Universidad de Talca; Universidad de Atacama; Universidad
de Tarapacá; Universidad Arturo Prat; Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación; Universidad de Playa
Ancha de Ciencias de la Educación; Universidad Tecnológica Metropolitana; Universidad de Los Lagos; Universidad
Católica del Maule ; Universidad Católica de la Santísima Concepción; Universidad Católica de Temuco. A partir de
fines del 2015 se suman 2 universidades estatales más a las 25 ya existentes: Universidad de Aysén y Universidad de
O`Higgins.
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

de interés del CAE, año a año, descendiendo desde el 5,8% inicial hasta el 2%,
equiparando así su tasa con la del “Fondo Solidario de Crédito Universitario”3. Las
medidas fueron consideradas insuficientes por los estudiantes, y las ideas de “fin al
lucro” y “educación gratuita y de calidad” se tomaron el debate.

En 2014 asume el segundo gobierno encabezado por la presidenta Michelle Bachelet


e inicia un nuevo proceso de diálogo con diversas organizaciones para exponer y
consensuar los principales ejes de una reforma integral de la educación en Chile.
A enero de 2016, está aprobada la “Ley de Inclusión”, que implica terminar con el
lucro, la selección y el copago en todos los establecimientos escolares que reciben
recursos o aportes del Estado; la “Ley corta de gratuidad”, que otorga gratuidad a las
y los jóvenes del 50% más vulnerable, matriculados en las instituciones de Educación
Superior adscritas4; y la “Carrera Docente”, que en términos generales, establece
una serie de condiciones a la formación universitaria de las y los profesores; un
Sistema de Desarrollo Profesional Docente, asociado a asignaciones y bonos y a un
Sistema de Apoyo Formativo; una proporción de 60% de horas lectivas y 40% de
no lectivas durante la jornada laboral de los profesores; y un bono de retiro. Por otro
lado, en materia de educación, se está discutiendo en el Congreso el proyecto que
crea el Sistema Nacional de Educación Pública, que busca terminar con la actual
municipalización de la educación escolar.

Fuente: Elaboración propia en base diversas fuentes, pero principalmente, al Consejo Nacional de la Educación, 2016.

3 El Estado subsidia la diferencia entre el valor original de la cuota (con la tasa de interés establecida en el contrato
del beneficiario/a) y el monto de la cuota rebajada con la tasa de interés del 2%, para todos los que obtuvieron el
beneficio entre el 2006 y el 2011 y tienen sus cuotas al día. A partir del año 2012, el financiamiento cuenta con una
tasa de interés del 2% desde su origen
4 La ampliación de la población beneficiaria, así como las instituciones adscritas al sistema de gratuidad, se supone
será gradual y progresiva, pero faltan todavía muchas definiciones técnicas y políticas al respecto, de modo que en
este informe no es posible reseñarlas.

145
3. JUVENTUD

3.1.1 Jóvenes estudiando

[Link] Jóvenes que solo estudian

Como se observa en el Gráfico 3.1, en las últimas tres décadas, la


proporción de jóvenes que se dedican únicamente a estudiar aumentó
considerablemente, sobre todo entre las mujeres, para quienes
prácticamente se duplicó la proporción de las que solo estudian (desde un
20,9% hasta un 39,4%), mientras que entre los hombres, el aumento fue de
un 44% (desde un 24,2% hasta un 34,9%). En consecuencia, la brecha de
género entre las y los jóvenes que solo estudian, que en el pasado se daba
en favor de los hombres, se ha revertido y hoy es mayor la proporción de las
mujeres que lo hacen.

Si se observa los datos según zona geográfica, se ve que la proporción de


jóvenes que solo estudia ha crecido entre las personas jóvenes de las zonas
urbanas y rurales, aunque el crecimiento ha sido mayor entre las que viven
en zonas rurales, especialmente entre los hombres. Tal como se puede
observar en el Gráfico 3.2, entre 1990 y 2013, la proporción de jóvenes
rurales que solo estudian prácticamente se cuadruplicó entre los hombres
(desde un 6,2% hasta un 24,3%) y se triplicó entre las mujeres (desde un
9,1% hasta un 30,3%); mientras que en zonas urbanas, casi se duplicó entre
las mujeres (23% y 40,5%, respectivamente) y aumentó un 29,6% entre los
hombres (28% y 36,3%, respectivamente).

| GRÁFICO 3.2 | Distribución porcentual de jóvenes de jóvenes (18-24 años) según actividad principal
y zona de residencia, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

100%
9,4% 8,3% 10,1% 11,6%
12,0% 12,6%
90% 20,3%
29,1% 31,9%
80% 38,1%

70% 50,4%
41%
28% 58%
59%
60% 69,4% 47%
32%
34%
50% 85% 68%
37% 11,5%
40% 12,4%
6,2%
5,0% 27%
5,4%
30% 3,4%
6.3%
2,0% 21%
20% 1,9% 40,5%
35,1% 2,7% 36,3%
28,0% 32,1%
30,3% 24,3%
10% 23,0% 0,5% 20,3%
0,9% 16,7%
9,1% 6,2%
0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres
Urbana Rural Urbana Rural Urbana Rural

1990 2000 2013

Solo estudia Estudia y trabaja Solo trabaja No estudia ni trabaja

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


hombres y mujeres de zonas urbanas son estadísticamente significativas en todas las categorías (1%), y entre los de zonas rurales en las categorías Solo estudia
(1%), Solo trabaja (1%) y No estudia ni trabaja (1%). El año 2000, las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres de zonas urbanas y rurales son
estadísticamente significativas en todas las categorías (1%). El año 2013, las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres de zonas urbanas son
estadísticamente significativas en las categorías Solo estudia (1%), Estudia y trabaja (5%), Solo trabaja (1%) y No estudia ni trabaja (1%), y entre los de zonas
rurales en las categorías Solo estudia (1%), Solo trabaja (1%) y No estudia ni trabaja (1%).

146
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Aun cuando el progreso de las y los jóvenes en la zona rural es evidente,


en la actualidad continúa siendo mayor la proporción de jóvenes urbanos
que se dedican exclusivamente a estudiar. Las mujeres -urbanas y rurales-
son quienes están más representadas en este grupo. En consecuencia, se
produce una brecha de género a favor de estas, que es más acentuada en
las zonas rurales.

Si se distingue por decil de ingreso autónomo de los hogares en los que


viven las y los jóvenes, se aprecia en el Gráfico 3.3, que entre 1990 y 2013,
aumentó la proporción de las y los jóvenes que solo estudian, en todos los
deciles de ingreso, con excepción de los hombres del decil X. En especial,
aumentó la proporción de mujeres jóvenes que solo estudian en los deciles I
al V y de los hombres de los deciles II y III, que en todos los casos, al menos
se duplicaron. Las brechas de género se han reducido, e incluso revertido,
especialmente en los deciles V (en 1990 el 14,4% mujeres y 21% hombres
solo estudiaban, en 2013, el 36,1% y el 30%, respectivamente) y X (desde
el 44,2% de las mujeres y 50,6% de los hombres, hasta el 53,7% y 48,5%,
respectivamente).

Pese a estos notables avances, se sigue observando una diferencia en


las proporciones de los jóvenes que únicamente estudian según estrato
socioeconómico, a favor de aquellos de hogares con mayores ingresos.
Mientras que más de la mitad de los jóvenes –mujeres y hombres- del decil
X se dedican exclusivamente a estudiar (50,9%), en el decil I solo el 37,7%
lo hace.

147
3. JUVENTUD

| GRÁFICO 3.3 | Jóvenes (18-24 años) según actividad principal y decil de ingreso autónomo, por sexo, 1990 y 2013.

3.3.1 Distribución porcentual de jóvenes (18-24 años) según actividad principal y decil de ingreso autónomo, por sexo, 1990.

100%
6,6% 5,1% 6,2% 7,2% 4,3%
13,0% 11,0% 8,9%
13,3%
90% 19,0% 20,6%
26,5% 22,4%

80% 37,7% 37,1% 39,1%

49,1% 49,4%
70% 58,5% 62,3% 54,6%
68,4% 56,3%
56,2% 30,1%
71,2%
60% 69,3% 39,6%
68,1%
67,1% 43,3% 6,0%
50% 58,8% 68,6%
40,6% 5,1%
32,6% 41,5%
34,6%
40%
3,9% 2,6%
21,7% 27,4% 4,6%
30% 1,6% 50,6%
21,3%
1,9% 44,2%
2,7% 3,2% 1,9% 2,4%
20% 1,0% 1,7% 1,2% 2,9% 1,2%
0,8% 1,0% 2,5% 30,3% 34,0% 33,9%
1,6% 24,7% 28,6%
10% 18,8% 19,5% 21,0% 19,5% 20,4% 20,2%
15,6% 17,9% 17,1% 15,9% 17,0% 17,9% 14,4%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

I II III IV V VI VII VIII IX X

Solo estudia Estudia y trabaja Solo trabaja No estudia ni trabaja

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en la categoría Solo estudia, en los deciles V (1%), VI
(5%) y X (10%); en Estudia y trabaja, en los deciles I (5%), III (5%), IV (5%), V (5%) y VIII (1%); en Solo trabaja, en todos los deciles al 1%, salvo el decil X en que la
significancia es al 5%; y en No estudia ni trabaja, en todos los deciles (1%).

3.3.2 Distribución porcentual de jóvenes (18-24 años) según actividad principal y decil de ingreso autónomo, por sexo, 2013.

100%
5,4% 5,1% 7,2% 3,5%
11,5% 10,2% 6,6% 7,9% 9,6% 8,8%
11,6% 13,9%
90% 17,1%
22,5% 18,0% 21,8% 22,4%
28,4% 14,9%
80% 36,7% 33,6%
31,3%
24,9% 34,5%
35,7% 42,9%
70% 48,4% 47,2%
35,3%
44,0% 48,7% 49,7% 33,8% 24,3%
60% 34,6% 38,8% 32,5% 30,2%
22,0% 27,9% 16,6%
20,4% 19,3%
50% 19,0%
14,3%
11,5% 14,4% 16,6%
40% 5,2% 5,3%
4,3%
6,9% 6,6% 7,5% 11,3%
7,9% 11,8%
10,4% 15,7%
10,1%
30%
53,7% 48,5%
47,0%
20% 40,1% 37,8% 37,5% 40,4% 41,4%
37,7% 37,6% 36,2% 35,7% 38,2% 36,1% 36,5% 35,1%
33,2%
29,3% 30,0% 29,1%
10%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

I II III IV V VI VII VIII IX X

Solo estudia Estudia y trabaja Solo trabaja No estudia ni trabaja

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en la categoría Solo estudia, en los deciles II (5%), IV (1%),
V (1%), VI (5%), VII (1%), VIII (1%) y IX (5%); en Estudia y trabaja, en los deciles II (1%), IV (1%) y X (5%); en Solo trabaja, en todos los deciles al 1%; y en No estudia
ni trabaja, en todos los deciles (1%).

148
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 3.4 | Distribución porcentual de jóvenes (18-24 años) que solo estudian, según tipo de establecimiento
educacional al que asisten, por sexo, 1990 , 2000 y 2013.

100% 4,0% 3,7% 4,1% 3,0%


90% 20,8% 12,2% 13,1%
26,5% 18,9% 16,9%
80%

70%
23,1% 30,6% 41,2% 42,7%
60%

50% 52,7% 54,6%

40%

30%
50,4% 48,6%
20% 42,6% 40,5%

10% 24,3% 25,5%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres
1990 2000 2013

Colegio Universidad IP CFT

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Notas: El año 1990, las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas para quienes asisten a Universidad (1%)
e Instituto Profesional y Centro de Formación Técnica (1%). El año 2000, las diferencias son estadísticamente significativas para quienes asisten a Colegios
(1%). El año 2013, las diferencias son estadísticamente significativas para quienes asisten a Universidad (5%), Instituto Profesional (5%) y Centro de Formación
Técnica (1%).
En 1990, la Encuesta CASEN no diferencia entre las instituciones IP y CFT, por lo que se consideraron los 2 tipos de establecimiento bajo la categoría “IP”.

Junto con el aumento en la proporción de jóvenes que solo estudian, se han


producido cambios importantes en el tipo de educación que los jóvenes se
encuentran cursando. En primer lugar, según se observa en el Gráfico 3.4,
entre 1990 y 2013 se redujo a la mitad la proporción de mujeres y hombres
jóvenes que únicamente estudian y lo hacen en educación escolar, desde
un 49,4% hasta un 24,9%. La disminución ha sido levemente mayor entre
las mujeres, con lo que, y a diferencia de lo que ocurría a principios del
período, hoy se observa que son más los hombres que asisten a este nivel
educacional que las mujeres (25,5% y 24,3%, respectivamente).

Segundo, se produjo un incremento sustantivo de la proporción de


personas jóvenes que solo estudian y se encuentran en Educación Superior,
especialmente en universidades. En la actualidad, cinco de cada diez
personas jóvenes asiste a este tipo de instituciones (52,7% de las mujeres y
54,6% de los hombres que solo estudian), mientras que en 1990 lo hacían
escasamente dos de cada diez mujeres y tres de cada diez hombres. Por
lo tanto, los datos indican que se ha reducido considerablemente la brecha
de género que a comienzos de los noventa perjudicaba a las mujeres con
una proporción 24,7% menor de asistencia a universidades en relación a los
hombres que solo estudiaban, y que hoy es apenas 3,5% más baja.

Este cambio en la inserción educacional es muy importante si se consideran


las posibles proyecciones laborales de las nuevas generaciones de mujeres,
especialmente por la correlación positiva que existe entre niveles de
educación formal y participación laboral. Lamentablemente, como veremos
más adelante, si bien este mejor acceso al mercado laboral les permitirá

149
3. JUVENTUD

acceder a mayores remuneraciones, estas serán menores que aquellas a las


que acceden sus pares hombres, porque en Chile, como en el mundo, hay
una brecha salarial de género que en promedio alcanza al 30% (NESI, 2014).

En tercer lugar, en relación a los jóvenes que exclusivamente estudian,


disminuyó levemente la proporción de hombres y mujeres que asisten a
Institutos Profesionales (IP) y a Centros de Formación Técnica (CFT). En el
caso de las mujeres, bajó de un 26,5% en 1990 a un 23% en 2013 y, en el
caso de los hombres, de un 20,8% a un 19,9%, respectivamente.

Si bien más adelante consideraremos a todo el universo de jóvenes que


estudia (las y los que solo estudian y las y los que combinan estudio y
trabajo), con los resultados previos se puede decir que ha habido un
aumento en la proporción de personas jóvenes que solo estudian y un
incremento de aquellas que declaran que los estudios universitarios son su
actividad principal.

[Link] Jóvenes que estudian y trabajan de manera


remunerada

Los jóvenes se enfrentan a diversas alternativas entre las etapas de


finalización de los estudios secundarios o terciarios y el ingreso al
mercado laboral. Dichas etapas y transiciones están condicionadas por
las aspiraciones e intereses de las personas jóvenes, las necesidades
económicas de sus hogares y las oportunidades educacionales o
posibilidades percibidas respecto del mundo del trabajo, entre otros
factores.

Como se observa en el Gráfico 3.1, en la actualidad y en comparación con


principios de los noventa, una proporción mayor de jóvenes (18 a 24 años)
trabajan y estudian a la vez, y esta continúa siendo significativamente mayor
entre los hombres respecto de las mujeres (11,7% y 10,8%, respectivamente).
Esta condición de jóvenes estudiantes/trabajadores ha experimentado un
notable crecimiento, de hecho, mayor que el de las tres categorías restantes
(solo estudia, solo trabaja y no estudia ni trabaja), pues en 1990 abarcaba al
2,9% entre los hombres y al 1,8% entre las mujeres. Pese a ello, sigue siendo
una proporción pequeña pues comprende solo a uno de cada diez jóvenes.

En algunos casos, esta superposición de roles “estudiante y trabajador”


puede tener un efecto positivo, facilitando la adquisición de calificaciones y
experiencias útiles para la futura trayectoria laboral de las personas jóvenes.
Más aún, puede interpretarse elogiosamente en el sentido de que para un
conjunto de jóvenes el ingreso temprano al mercado laboral no es causa
de interrupción de los estudios. Sin embargo, para otros jóvenes, estudiar
y trabajar puede ser una realidad agobiante que perjudica los resultados en
ambas áreas (CEPAL, OIJ, SEGIB y AECID, 2008).

La proporción de personas jóvenes que estudian y trabajan, aumentó


más entre aquellas que viven en las zonas rurales (especialmente entre las
mujeres), pese a que alcanzan una proporción que es la mitad de los que
viven en zonas urbanas. Como se puede ver en el Gráfico 3.2, también
es algo mayor la proporción de hombres que estudian y trabajan en
comparación con las mujeres que se encuentran en dicha situación, pero
solo en las zonas urbanas, pues en las rurales, las diferencias no alcanzan a
ser estadísticamente significativas.

Por su parte, el Gráfico 3.3 muestra que a lo largo del tiempo, la proporción

150
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

de personas jóvenes que estudian y trabajan aumentó en todos los deciles


de ingreso autónomo, especialmente entre las y los jóvenes más ricos,
manteniéndose la brecha entre estos y aquellos jóvenes que pertenecen a
los deciles más vulnerables, y que a lo largo del período tienden a participar
menos de esta categoría de actividad. En 1990, en el primer decil, un 1%
de las mujeres y un 2,7% de los hombres se encontraba estudiando y
trabajando a la vez (diferencias estadísticamente significativas por sexo),
mientras que en el décimo decil un 5,1% de las mujeres y un 6% de los
hombres estudiaba y trabajaba. En 2013, estas proporciones crecieron
considerablemente. En el decil I, un 5,2% de las mujeres y un 5,3% de los
hombres estudia y trabaja a la vez, mientras que en el decil X, un 24,3% de
las mujeres y un 16,6% de los hombres, lo hace.

La brecha de género a favor de los hombres, que en 1990 existía en


todos los deciles (salvo en el IX), si bien se mantiene en la mayoría de
los deciles (salvo en el III, V, IX y X), se ha debilitado considerablemente,
experimentando sus mayores reducciones en los deciles I y III. Hoy, las
brechas de género más altas se observan en los deciles II (4,3% de las
mujeres y 6,9% de los hombres) y IV (7,5% y 10,4%, respectivamente).

En 1990 la mayoría de los jóvenes que estudiaban y trabajaban asistía a


colegios (42,9% en el caso de las mujeres y 56,7% en el caso de los hombres),
mientras que en 2013 la mayoría de ellos asiste a universidades (56,7% y
44,3%, respectivamente). Esto es lo que nos muestra el Gráfico 3.5. Sin
embargo, la proporción de hombres que estudian y trabajan y están en la
educación secundaria duplica a la proporción de mujeres, lo que da cuenta
de una inserción laboral más temprana por parte de ellos que de ellas (16,9%
y 9,4%, respectivamente). La proporción de personas jóvenes que asiste a

| GRÁFICO 3.5 | Distribución porcentual de jóvenes (18-24 años) que estudian y trabajan, según tipo de
establecimiento educacional al que asisten, por sexo, 1990 , 2000 y 2013.

100%
9,6% 7,0% 7,8%
90% 17,3%

35,6% 31,5%
80% 26,8%
27,0% 30,9%
70% 22,8%

60% 11,8%

50% 21,5% 23,3%

40% 33,0%
56,7% 44,3%
30%
56,7%
20% 42,9% 40,1%
10% 26,9%
16,9%
9,4%
0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

1990 2000 2013

Colegio Universidad IP CFT

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Notas: El año 1990, las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas para quienes asisten a Colegio (1%) y
Universidad (1%). El año 2000, las diferencias son estadísticamente significativas para quienes asisten a Colegio (1%), Universidad (1%) y a CFT (1%). El año
2013, las diferencias son estadísticamente significativas para quienes asisten a Instituto Profesional (1%) y Centro de Formación Técnica (1%).
En 1990, la Encuesta CASEN no diferencia entre las instituciones IP y CFT, por lo que se consideraron los 2 tipos de establecimiento bajo la categoría “IP”.

151
3. JUVENTUD

Institutos Profesionales y Centros de Formación Técnica se ha mantenido en


alrededor de un tercio a lo largo del período analizado. En 1990 el 35,6% de
las mujeres y el 31,5% de los hombres jóvenes se encontraban matriculados
en alguna de estas instituciones, mientras que en el 2013 estas proporciones
corresponden al 33,9% y 38,8%, respectivamente. Cabe destacar que entre
los años 2000 y 2013 ha disminuido considerablemente la proporción de
mujeres matriculadas en CFT (desde el 17,3% al 7% del total de ellas) y, en
contraposición, han aumentado aquellas que asisten a IP (desde el 22,8%
al 26,8%); cuestión que no se observa en el caso de los hombres durante el
mismo período.

Adicionalmente, la proporción de personas jóvenes ocupadas, entre las que


estudian y trabajan, ha tenido un comportamiento heterogéneo en el tiempo
y según sexo, en las últimas tres décadas. En 1990, no había diferencias
estadísticamente significativas por sexo, encontrándose ocupados, un 77,2%
de las mujeres y un 77,3% de los hombres, lo que equivale a decir que el
desempleo entre las y los jóvenes que estudiaban y trabajaban alcanzaba
casi al 23%. En 2013, la tasa de ocupación para las mujeres cayó al 72,5%
y la de los hombres subió al 79,9%. Esto es equivalente a decir que el
desempleo subió entre las mujeres al 27,5% y que descendió entre los
hombres hasta el 20,1%. Es decir, para el período analizado, en cuanto a la
ocupación (o de desempleo) se observa una leve ampliación de la brecha de
género en detrimento de las mujeres, presentando estas una desocupación
relativamente mayor que los hombres jóvenes en la actualidad (Encuesta
CASEN, 2013, ver Gráfico 3.6).

| GRÁFICO 3.6 | Distribución porcentual de jóvenes de jovenes (18-24 años) que estudian y trabajan, según situación
en la fuerza de trabajo, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

100%

90% 18,6% 16,2% 20,1%


22,8% 22,7% 27,5%
80%

70%

60%

50%

40% 81,4% 83,8% 79,9%


77,2% 77,3% 72,5%
30%

20%

10%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

1990 2000 2013

Ocupados/as Desocupados/as

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Nota: Para los años 1990 y 2000 las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres no son estadísticamente significativas. El año 2013 hay diferencias
estadísticamente significativas entre hombres y mujeres Ocupados/as (1%) y Desocupados/as (1%).

152
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

En síntesis, considerando a todas las personas jóvenes que estudian (las


que lo hacen de manera exclusiva y las que lo combinan con el trabajo
remunerado) se tiene que un 50,2% de las mujeres y un 46,6% de los
hombres, se encuentra en el sistema educacional.

El aumento en el acceso de las y los jóvenes a la Educación Superior en


las últimas décadas ha sido un proceso gradual y multifactorial, que tiene
entre sus hitos más importantes la promulgación de los decretos con fuerza
de ley de 1981, que regularon la creación y funcionamiento de instituciones
educacionales privadas sin financiamiento estatal -Universidades, Institutos
Profesionales y Centros de Formación Técnica- y que tuvo como resultado
la ampliación de la oferta educacional, generando cambios significativos
en términos de cantidad y tipo de instituciones, número de carreras y
volumen de matrícula. De igual modo, el incremento de las becas y créditos
estudiantiles, así como la disminución de la pobreza, han permitido que más
jóvenes tengan entre sus posibilidades de desarrollo la continuidad de los
estudios, y no se vean forzados/as a ingresar al mercado laboral teniendo
solo su Educación Media cumplida.

3.1.2 Jóvenes en la Educación Superior

Según señala el Ministerio de Educación, las Instituciones de Educación


Superior en Chile tienen entre sus funciones principales “la formación de
profesionales y técnicos de nivel superior; y la contribución al desarrollo
científico y tecnológico de Chile”.

Para tales fines, la Educación Superior o Terciaria de pregrado se desarrolla


principalmente a través de tres tipos de institución: las Universidades, los
Institutos Profesionales (IP) y los Centros de Formación Técnica (CFT).
En estas instituciones además se ofrecen postítulos 5. Únicamente las
Universidades ofrecen formación de postgrado, esto es, maestrías y
doctorados.

En relación a los planes de pregrado, la duración de las carreras impartidas


difiere en cada institución; en promedio, los programas de estudio en las
Universidades tienen una duración de 10 semestres, en los IP, 8 semestres,
mientras que en los CFT alcanzan a los 5 semestres. Los postítulos tienen
una duración de 1 a 2 semestres. Respecto a los planes de postgrado,
su duración varía entre 2 a 4 semestres para Magísteres y 4 años para
Doctorados, en promedio.

El requisito básico para entrar a la Educación Superior en Chile es el


certificado que se otorga luego de terminar con éxito la Educación Media: la
Licencia de Educación Media, para la Educación Científico Humanista y la
Licencia de Técnico Medio, para la Educación Técnico Profesional. Si bien
la Licencia es necesaria para todas las instituciones de Educación Superior,
es suficiente solo para los CFT y algunos IP. En el caso de las Universidades
pertenecientes al CRUCH y varias de las otras, se exige a los postulantes
rendir la Prueba de Selección Universitaria (PSU) y se limita la admisión a las
y los egresados del colegio que hayan logrado un puntaje mínimo (OCDE y
Banco Mundial, 2011).

5 Programas conducentes a una especialización, capacitación o actualización profesional en


materias específicas, no conducentes a un grado académico. A ellos se puede acceder una vez
finalizado un título profesional o un grado de licenciatura.

153
3. JUVENTUD

Con el objeto de construir un panorama general de la Educación Superior en


Chile con perspectiva de género, la presente sección aborda los principales
ámbitos relativos a los planes de pre y postgrado. En lo particular, describe
aspectos como resultados en las pruebas de selección universitaria, el nivel
total de matrícula y titulación; las áreas de estudio en que se concentran
mujeres y hombres; las jornadas y modalidades de estudios; y la oferta de
ayudas estudiantiles.

[Link] Resultados PSU por sexo

Desde el año 1967, con la aplicación de la Prueba de Aptitud Académica


(PAA), el ingreso a las universidades chilenas se ha realizado mediante
una única prueba de selección (previo a esto, existía una prueba llamada
Bachillerato -exámenes escritos y orales- que cada universidad aplicaba
a su discreción). Como consecuencia de la reforma educativa iniciada en
la década de los noventa, comenzó a utilizarse la Prueba de Selección
Universitaria (PSU), que está orientada a medir tanto habilidades como
conocimientos significativos en similar proporción.

Los resultados de estas pruebas son un requisito indispensable para la


postulación a las 25 universidades pertenecientes al CRUCH, y para 8 que
están fuera de él, pero que se suman al proceso único de selección 6. El
resto de las instituciones de Educación Superior (Universidades, IP y CFT)
solicitan esos resultados a discreción y desarrollan procesos de admisión
individuales. Una vez que la prueba es rendida y obtenidos los resultados,
las y los jóvenes postulan a las universidades y carreras específicas.

Un rasgo característico del sistema universitario chileno es la gran


heterogeneidad que muestran las universidades en términos de su
selectividad. Así, mientras algunas de ellas solo reciben postulantes con
puntajes de ingreso muy altos, otras tienen en promedio puntajes de
admisión cercanos a los valores mínimos establecidos por las universidades
del CRUCH. Esta selectividad se encuentra estrechamente relacionada con
el prestigio de las universidades y, eventualmente, con las oportunidades
de desarrollo profesional que poseen los egresados de ellas (Manzi, 2006).
Esto tiene como consecuencia, que para poder estudiar en las universidades
de mayor reputación y, dentro de ellas, en las carreras más prestigiosas,
es necesario obtener los mejores resultados en las pruebas de admisión, lo
que generalmente sucede más entre los hombres provenientes de niveles
socioeconómicos y culturales altos.

6 Las siguientes universidades chilenas están fuera del CRUCH, pero adscritas al sistema del
Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional (DEMRE): Universidad Diego
Portales; Universidad Mayor; Universidad Finis Terrae; Universidad Andrés Bello; Universidad Adolfo
Ibáñez; Universidad de los Andes; Universidad del Desarrollo; y Universidad Alberto Hurtado.

154
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

La PSU posee un claro sesgo de género, ya que, a pesar que las mujeres
obtienen un mejor rendimiento que los hombres en la educación secundaria
(NEM, Notas de Enseñanza Media, lo que equivale al promedio de notas de
los cuatro años de la educación secundaria), sus resultados en esta prueba
son inferiores (Gráfico 3.7).

| GRÁFICO 3.7 | Puntaje promedio en Pruebas de Selección Universitaria (PSU), por sexo, 2015.

Puntaje

560

550 547.0
540

530
522.3
520
514.7 515.6
510 508.7
503.8
500 498.1
492.8
490 487.5 487.8

480

470

460

450
NEM Matemática Lenguaje y Ciencias Historia, Geografía y
Comunicación Ciencias Sociales
Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a información entregada por el Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional (DEMRE).
Nota: El año corresponde al año del proceso de admisión universitaria, es decir, al año siguiente a aquel en que se rindió la PSU.

155
3. JUVENTUD

Como muestra el Gráfico 3.8, los puntajes estandarizados del NEM de


las y los estudiantes indican que desde la instauración de la PSU, se ha
mantenido la tendencia de un mejor desempeño de las mujeres en la
Enseñanza Media, aunque esta diferencia se ha ido suavizando. En 2004 las
mujeres se encontraban 0,138 desviaciones estándar (DV) sobre el promedio
del puntaje de NEM y los hombres -0,151 DV bajo este. En 2015 la brecha
de género es menor, pues las mujeres se encuentran 0,108 DV sobre el
promedio y los hombres -0,122 bajo este.

A pesar del mejor rendimiento de las mujeres a lo largo de toda la Enseñanza


Media, los resultados en la PSU favorecen a los hombres, quienes todos los
años desde su aplicación, han obtenido mejores resultados en Matemática
e, inclusive, en Lenguaje y Comunicación; cuestión que es aún menos
predecible si se consideran las diferencias, a favor de las mujeres, en los
puntajes SIMCE (y PISA) de esta materia.

Si se comparan las brechas de género de los resultados en la prueba


SIMCE de 2º Medio del año 2012 (Gráficos 2.16 y 2.30) con las de la PSU
en 2015 (Gráfico 3.9), es decir, los resultados de una misma generación
de estudiantes, se observan dos situaciones preocupantes. Por un lado, la
diferencia de los puntajes en la prueba SIMCE de Matemática entre las y los
adolescentes de 2º medio casi se duplica cuando esta cohorte rinde la PSU,
pasando de 0,14 DS a 0,25 DS de diferencia a favor de los hombres. Por otro
lado, la brecha en la prueba de SIMCE de Lenguaje y Comunicación que
en 2º medio favorecía a las mujeres con una distancia de 0,18 DS sobre los
adolescentes, desaparece cuando las y los jóvenes rinden la PSU.

| GRÁFICO 3.8 | Puntaje estandarizado de PSU de Notas Enseñanza Media, por sexo, 2004-2015.

Desviaciones estándar

1.20

1.00

0.80

0.60

0.40

0.20 0.138 0.128 0.121 0.110 0.120 0.120 0.108


0.104 0.098 0.105 0.101 0.100
0.00

-0.20 - 0.120 - 0.114 - 0.120 - 0.113 - 0.113 - 0.122


- 0.151 - 0.141 - 0.135 - 0.125 - 0.134 - 0.132
-0.40
2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a información entregada por el Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional (DEMRE).
Nota: El año corresponde al año del proceso de admisión universitaria, es decir, al año siguiente a aquel en que se rindió la PSU.

156
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Como se puede observar en el Gráfico 3.9, a pesar de algunas variaciones,


las brechas de género en los puntajes se han mantenido relativamente
estables, siendo considerablemente más altas las diferencias de puntaje en
Matemática. Así, el año 2015 las mujeres se encontraban -0,116 DV bajo la
puntuación promedio en esta materia, mientras que los hombres destacaban
con 0,131 DV sobre la media. En el caso de Lenguaje y Comunicación,
los puntajes de mujeres y hombres tienden a ser más similares, pero se
mantiene la brecha a favor de ellos: las mujeres están -0,024 DV bajo el
promedio y los hombres 0,027 por sobre este.

| GRÁFICO 3.9 | Puntaje estandarizado de PSU de Lenguaje y Comunicación y Matemática, por sexo, 2004-2015.

3.9.1 Puntaje estandarizado de PSU de Lenguaje y Comunicación, por sexo, 2004-2015.

Desviaciones estándar
1.20
1.00
0.80
0.60
0.40
0.20
0.001 0.027 0.007 0.027 0.041 0.042 0.011 0.005 0.002 0.034 0.023 0.027
0.00
0.000 -0.024 -0.007 -0.024 -0.035 -0.037 -0.010 -0.004 -0.002 -0.031 -0.021 -0.024
-0.20
-0.40
2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a información entregada por el Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional (DEMRE).
Nota: El año corresponde al año del proceso de admisión universitaria, es decir, al año siguiente a aquel en que se rindió la PSU.

3.9.2 Puntaje estandarizado de PSU de Matemática, por sexo, 2004-2015.

Desviaciones estándar

1.20
1.00
0.80
0.60
0.40
0.20 0.163 0.158 0.156 0.152 0.153 0.133 0.155 0.144 0.124 0.133 0.145 0.131
0.00
-0.20 -0.149 -0.143 -0.140 -0.132 -0.131 -0.117 -0.139 -0.131 -0.108 -0.119 -0.129 -0.116
-

-0.40
2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a información entregada por el Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional (DEMRE).
Nota: El año corresponde al año del proceso de admisión universitaria, es decir, al año siguiente a aquel en que se rindió la PSU.

157
3. JUVENTUD

Al igual que los resultados en la prueba SIMCE, los puntajes de la


PSU se encuentran claramente segregados según la dependencia del
establecimiento educacional de los estudiantes, siendo las mujeres de los
colegios municipales y particulares subvencionados quienes presentan un
peor desempeño y, en contraposición, los hombres de establecimientos
particulares pagados quienes destacan con los más altos puntajes.
De este modo, el Gráfico 3.10 muestra que en todos los tipos de los
establecimientos educacionales existe una brecha de género, en detrimento
de las mujeres, que es más alta en Matemática y menos pronunciada en
Lenguaje y Comunicación.

Asimismo, los puntajes estandarizados indican que el nivel de segregación


del sistema escolar chileno es tal que, manteniéndose las brechas de
género en cada uno de los contextos institucionales, las mujeres que asisten
a colegios particulares pagados de todas formas logran superar el promedio
nacional en los tres puntajes (NEM, Matemática, Lenguaje y Comunicación),
y los hombres de colegios municipales, aun superando a sus pares mujeres,
se encuentran bajo la media nacional.

En estos resultados, influyen los aprendizajes tempranos en las familias


y las instituciones educativas que forman los ideales y el “deber ser”
femeninos y masculinos transmitidos y que son reproducidos por los
medios de comunicación, aportando a la asociación entre ciertas áreas de
conocimiento y/o actividades y el género. “Así, mientras los hombres han
sido históricamente socializados y educados en un tipo de pensamiento
abstracto, relacionado con la operatoria de números y el lenguaje
matemático en general, las mujeres han sido socializadas en otras áreas

| GRÁFICO 3.10 | Puntaje estandarizado de PSU según dependencia del establecimiento educacional, por sexo, año 2015.

Desviaciones estándar

1.20
1.096
1.00
0.857
0.816 0.833
0.80
0.671
0.60
0.413
0.40

0.20
0.074 0.069 0.114
0.00 0.012 0.017

-0.20 -0.092
-0.154 -0.177 -0.209 -0.146
-0.40 -0.304
-0.410
Municipal Particular Particular Municipal Particular Particular Municipal Particular Particular
subvencionado pagado subvencionado pagado subvencionado pagado

NEM Lenguaje y Comunicación Matemática

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a información entregada por el Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional (DEMRE)
Nota: El año corresponde al año del proceso de admisión universitaria, es decir, al año siguiente a aquel en que se rindió la PSU.

158
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

de competencia, que se corresponden con el imaginario sobre los roles de


estas: el cuidado y servicio a las personas, y la expresión literaria y artística
de sentimientos y emociones” (Araujo, 2006).

De esta manera, los procesos distintos de socialización por sexo y sus


consecuencias podrían explicar en parte importante las diferencias de los
resultados en las pruebas de selección y la posterior elección de las carreras
universitarias.

[Link]. Evolución de la matrícula en pregrado

De acuerdo con lo ofrecido por el Sistema de Información de la Educación


Superior (SIES)7, la matrícula total de la Enseñanza Superior –que incluye
programas de pregrado, postítulo y postgrado- fue en 2014 casi cinco
veces mayor que la que existía en 1990. En esa época, de los casi 250 mil
estudiantes, un 44,8% eran mujeres. Actualmente (2014), del millón 215 mil
estudiantes, un 52% son mujeres. Es decir, la matrícula femenina aumentó
casi seis veces en este periodo y pasó a transformarse en mayoritaria.

Este hecho cobra especial relevancia al considerar el contexto histórico de la


participación de las mujeres en la Educación Superior en Chile. Su inserción
es tardía, pues recién en 1877 el “Decreto Amunátegui” permitió el ingreso
de las chilenas a la universidad. Una muestra de lo arraigados que están los
estereotipos y la división sexual del trabajo, son las polémicas que surgieron
en la opinión pública de la época, especialmente entre la prensa católica y la
prensa liberal.

Una de las premisas de los sectores conservadores era que: “Ser buena
madre, buena esposa y buena hija es incompatible con el ejercicio de
profesiones liberales.” (La República, edición del 25 de enero de 1877); o “La
mujer que se dedique al cultivo y al ejercicio de las profesiones científicas,
es preciso que renuncie a ser madre, si no quiere ser una madre inepta y
perjudicial. […]. La mujer que quiera ser abogado, médico o ingeniero tendrá
que retardar, al menos, hasta los veinticinco años, la hora de su matrimonio,
a no ser que tenga la fortuna de encontrar un hombre bastante enamorado
de la ciencia que se resigne a casarse con una estudiante de leyes, de
medicina o de matemáticas superiores. Porque es una utopía irrealizable
exigir a una mujer que asiste a universidades el fiel cumplimiento de los
deberes domésticos.” (Citado en: Sánchez, K., 2006).

Una vez que no se pudo impedir el ingreso de las mujeres a la universidad,


se continuó con la ofensiva respecto de las carreras que entonces debían
estudiar: aquellas que fuesen funcionales a su labor como madres y/o
esposas. Así, por ejemplo, era recomendable que estudiaran enfermería,
pero no para desarrollarse profesionalmente en dicho ámbito, sino para
atender mejor las enfermedades de sus propios hijos e hijas. De esta
manera, venciendo una serie de barreras culturales, cuatro años después de
la firma del decreto, en 1881, se produjo el ingreso de la primera mujer a la
Universidad de Chile.

7 Más información sobre el Sistema de Información de la Educación Superior (SIES) y el


uso de la información que este provee para el desarrollo del presente informe en el Anexo
Metodológico.

159
3. JUVENTUD

| GRÁFICO 3.11 | Matrícula total en pregrado, según tipo de institución de Educación Superior, por sexo, 1990-2014.

700.000

600.000

500.000

400.000

300.000

200.000

100.000

0
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Universidad IP CFT

Fuente: Elaboración propia en base a “Estadísticas de la educación”, MINEDUC (1990-2000) y Base de Datos SIES, 2001-2014.

Como se expresó anteriormente, actualmente las mujeres son mayoría en


la Educación Superior de pregrado a todo nivel: Universidades, IP y CFT
(Gráfico 3.12). En 2014, considerando el total de la matrícula en pregrado
(Gráfico 3.11), la mayoría de las y los estudiantes en la Enseñanza Superior
asiste a instituciones universitarias (57,1% de las mujeres y 55,6% de los
hombres) y, en menor medida, a los Institutos Profesionales (29,8% y
31,7%, respectivamente) y Centros de Formación Técnica (13,1% y 12,8%,
respectivamente). En 1990, también la mayoría de las y los estudiantes
de Educación Superior asistía a las Universidades (47,5% de las mujeres y
55,7% de los hombres), sin embargo, en el segundo lugar estaban los CFT
(33,9% de las mujeres y 29,9% de los hombres) y finalmente los IP (18,6%
de las mujeres y 14,4% de los hombres). Es decir, la matrícula que más
creció en los últimos 24 años fue la de los Institutos Profesionales, la cual se
incrementó prácticamente 9 veces tanto entre las mujeres como entre los
hombres, mientras que la matrícula universitaria creció más de 6 veces entre
las mujeres y 4 entre los hombres; y la de los Centros de Formación Técnica
se duplicó entre las y los estudiantes.

160
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 3.12 | Proporción del total de matriculados en pregrado, según tipo de Institución de Educación Superior,
por sexo, 1990, 2000 y 2014.

Universidad 40,9% 59,1%


1990

Instituto Profesional 51,1% 48,9%

Centro de Formación Técnica 47,9% 52,1%

Universidad 48,2% 51,8%


2000

Instituto Profesional 39,4% 60,6%

Centro de Formación Técnica 51,7% 48,3%

Universidad 52,5% 47,5%


2014

Instituto Profesional 50,3% 49,7%

Centro de Formación Técnica 52,4% 47,6%

0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES, 1990, 2000 y 2014.

Como se observa en el Gráfico 3.13, en términos de tasas netas 8 de


participación (considerando a las personas que estudian de manera
exclusiva y a las que combinan estudio y trabajo remunerado), de acuerdo
a la información de la Encuesta CASEN, desde 1996 (primer año en que el
cuestionario permite diferenciar a las y los estudiantes de IP y de CFT) las
mujeres de 18 a 24 años han casi duplicado su matrícula en estudios de
pregrado, pasando de una tasa neta de 19,9%, a una de 37,5% en 2013. Los
hombres, por su parte, han pasado de una tasa neta de 21,6% en 1996 a
una de 33,5% en 2013.

Si se distingue por tipo de institución, consecuentemente con los datos de


matrícula recién descritos, se ve que a nivel de IP es donde se ha producido
el mayor aumento en la tasa neta de participación, con una duplicación,
que va desde un 4,1% a un 9,8% en el caso de las mujeres y del 4,3 al 8,9%
en el caso de los hombres. Luego está el crecimiento en la tasa neta de
participación en Universidades, la que casi se duplicó para el caso de las
mujeres (de 13,7% a 25,4%) y creció en 45,1% para los hombres (de 15,7%
a 22,8%). Respecto de las tasas netas de participación en CFT, no hay
grandes variaciones en el período, manteniéndose en alrededor del 2% para
ambos sexos.

Evidentemente, en un país con tanta desigualdad socioeconómica, hay

8 Sabemos que las edades de estudio en pregrado pueden superar este rango, pero es un
ejercicio estimativo, para tener una noción aproximada de cómo ha evolucionado la tasa neta (%)
de jóvenes en la Educación Superior, esto es, el número de personas de entre 18 y 24 años que
estudia en la Educación Superior, sobre el total de personas en dicho tramo etario.

161
3. JUVENTUD

| GRÁFICO 3.13 | Tasa neta de matrícula en pregrado (18-24 años), según tipo de institución de
Educación Superior, por sexo, 1996 y 2013.

100%

90%

80%

70%

60%

50%

40% 2,3%
1,8%
30% 9,8%
8,9%
2,1% 1,6%
20%
4,1% 4,3%
10% 25,4% 22,8%
13,7% 15,7%
0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres

1996 2013

Universidad IP CFT

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1996 y 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en 1996, en Universidad (1%) y Centro de Formación
Técnica (5%); y en el 2013, en Universidad (1%), Instituto Profesional (1%) y Centro de Formación Técnica (5%).

diferencias entre las y los jóvenes dependiendo del nivel de ingreso de sus
hogares. Según se desprende del Gráfico 3.14, al examinar la matrícula
en Educación Superior en relación al estrato socioeconómico y tipo de
establecimiento en el período 1996-2013, es posible distinguir, a grandes
rasgos, que actualmente entre los deciles de más ingresos, una mayor
proporción de las y los jóvenes estudian en Universidades, aunque es entre
los deciles más vulnerables donde más ha crecido la asistencia a este tipo
de instituciones. A su vez, hoy las mujeres jóvenes presentan tasas netas de
matrícula en Universidad significativamente superiores a las de los hombres
en los deciles II, IV, V, IX y X, situación que en 1996 no ocurría (salvo en el
decil IV), y salvo en el decil IV, en todos los deciles la brecha a favor de las
mujeres ha aumentado en los últimos años.

Del mismo modo, en todos los deciles ha crecido la proporción de


jóvenes que asisten a Institutos Profesionales, especialmente entre las y
los jóvenes de los deciles más vulnerables. Sin embargo, a pesar de ese
mayor crecimiento, es en los deciles VI, VII y VIII en los que se observan las
mayores tasas netas de matrícula en Institutos Profesionales (sobre el 10%).
En la mayoría de los deciles (salvo en los deciles III, IV, VI y VIII), la tasa neta
de asistencia a este tipo de instituciones ha crecido más entre las mujeres;
sin embargo, en los deciles III, VI, VII y X, las mujeres presentan tasas netas
de asistencia más bajas que los hombres.

162
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 3.14 | Tasa de matrícula en pregrado (18-24 años), según tipo de institución de Educación Superior y decil
de ingreso autónomo, por sexo, 1996 y 2013.

100%

90%

80%

70%
1,3%
2,4%
60% 2,5% 1,8% 5,1%
0,7%
9,5%
50% 6,5% 9,2% 1,4% 7,2%
1,7%
1,8% 1,5% 8,1%
3,5%
40% 3,2%
2,8% 2,0%
6,9% 9,5%
1,8% 1,7% 10,5%
2,5% 5,3% 2,4% 2,4%
30% 3,0% 2,2% 2,1% 2,8%
2,3% 11,1% 13,5% 58,1%
48,6% 1,8% 10,6% 11,7%
7,1% 2,2% 10,5% 1,6% 11,3% 46,5%
3,2% 2,9% 8,0% 49,8% 9,5% 7,3% 48,2%
20% 1,4% 2,6% 34,7% 8,9% 8,1% 8,5% 9,0% 33,4%
2,3% 5,2% 5,4% 8,4% 40,7%
1,1% 1,5% 4,3% 2,8% 31,8% 30,3%
10% 1,7% 1,5% 2,6% 1,0% 5,9%
19,2% 23,6%
24,9% 23,5%
1,1% 0,7% 0,2% 0,3% 2,3% 4,2% 3,0% 14,5%
22,2% 16,7% 15,0%17,8% 17,4% 17,1% 19,7%
20,7% 20,9%
3,5% 2,0% 11,3% 13,9%18,2% 13,7% 15,5%
1,4% 1,7% 1,2% 3,8% 8,1% 8,0% 8,8% 13,7% 10,8%
0% 4,4% 4,2% 4,0% 3,5% 4,5% 5,7%
Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres
Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres
I II III IV V VI VII VIII IX X I II III IV V VI VII VIII IX X

1996 2013

Universidad IP CFT

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1996 y 2013.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en 1996 en Universidades en los deciles IV (5%), VII (10%)
y VIII (10%); en Institutos Profesionales, en los deciles II (1%), III (5%) y VI (10%); y en los Centros de Formación Técnica en los deciles IV (5%), VI (5%) y IX (10%). En
el año 2013, las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en Universidades en los deciles II (1%), IV (1%), V (1%),
IX (5%) y X (1%); en Institutos Profesionales en los deciles I (1%), II (5%) y V (1%); y en los Centros de Formación Técnica en los deciles II (10%) y VI (10%).
La Encuesta CASEN del año 1996 es la primera que distingue, simultáneamente, entre las instituciones IP y CFT, y entre estudios de universitarios de pregrado y
postgrado.

Finalmente, las tasas netas de matrícula en Centros de Formación Técnica


son relativamente pequeñas y no muestran un patrón claro a nivel de los
deciles, sin alcanzar en ninguno de los casos el 3% de las y los jóvenes
de 18 a 24 años (salvo entre las mujeres del decil V: 3,2%). En relación al
año 1996, se observa que entre las mujeres (hombres) de los cinco (seis)
primeros deciles la tasa neta de matriculados en CFT ha aumentado,
destacando el caso del decil II; mientras que en los deciles restantes la
tendencia ha sido a la baja. Al comparar las tasas netas según sexo, se
observa que, salvo en los deciles I y III, son las mujeres quienes presentan
tasas netas de matrícula superiores a las de los hombres.

Mirando las proporciones y no las tasas netas por decil de ingreso


autónomo (Gráfico 3.15), se observa que durante todo el período, entre
las y los estudiantes de todos los deciles prevalece la elección de estudios
universitarios, alcanzando proporciones superiores al 60% en el 2013,
que crecen a medida que mejora la situación soecioeconómica de los
hogares en que viven las y los jóvenes; asimismo, en todos los deciles esta
preferencia es similar entre hombres y mujeres, siendo levemente superior
entre las mujeres de los deciles II, III, IV, VI y VII.

163
3. JUVENTUD

| GRÁFICO 3.15 | Distribución proporcional de matrícula en pregrado (18-24 años), según tipo de institución de
Educación Superior y decil de ingreso autónomo, por sexo, 1996 y 2013.

Distribución de matrícula
100% 16,4% 10,5% 3,0% 4,2% 18,0%16,1%14,2% 8,6% 8,6% 10,9%15,2% 7,3% 13,7%13,3%10,4%8,0% 8,7% 4,2% 4,3% 3,9% 7,7% 9,7% 7,9% 6,6% 7,8% 9,8% 7,8% 6,7% 8,5% 7,9% 7,2% 5,4% 5,1% 4,9% 3,7% 3,5% 3,0% 2,8% 2,0% 1,3%

8,0% 12,8%
90% 11,4%15,4% 16,1% 16,2%
22,4% 16,0% 21,4%
14,9% 13,1% 24,8%
80% 19,9%
22,8%
22,3% 24,9% 34,6%
25,7% 15,8% 27,4% 23,8% 29,3% 30,4% 34,2% 28,4% 28,6%
31,7% 20,3% 23,6% 32,1% 34,1%35,6% 30,0% 33,4% 34,1%
20,7% 22,1%
70% 49,9% 30,5%
36,0%
60%

50%

40%
62,8% 74,6% 46,0% 70,1% 59,7% 64,5% 55,8% 62,2% 78,2% 84,4%
30% 63,8% 45,9% 61,7% 71,5% 66,3% 77,8% 63,1% 69,7% 79,9% 80,8%
66,5% 57,7% 60,2% 59,1% 67,2% 61,2% 61,0% 71,7% 81,1% 85,9%
20% 60,2% 58,0% 62,9% 61,8% 63,1% 64,2% 60,3% 74,9% 80,9% 90,1%

10%

0%
Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres
Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres
I II III IV V VI VII VIII IX X I II III IV V VI VII VIII IX X

1996 2013

Universidad IP CFT

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1996 y 2013.


Nota: La Encuesta CASEN del año 1996 es la primera que distingue, simultáneamente, entre las instituciones IP y CFT, y entre estudios de universitarios de
pregrado y postgrado.

Los Institutos Profesionales son la segunda elección preferida por las y los
jóvenes estudiantes, alcanzando en todos los deciles, salvo los tres más
ricos, proporciones en torno al 30% de las y los matriculados en alguna
Institución de Educación Superior. Además se observa que en la mayoría
de los deciles, menos el I, V y VII, la proporción de matrícula en este tipo de
establecimientos es mayor entre los hombres.

Finalmente y en línea con el análisis de matrículas y tasas netas, los Centros


de Formación Técnica son los menos escogidos entre las y los jóvenes para
cursar sus estudios de Educación Superior, sin sobrepasar el 10% de las
y los estudiantes en cada decil. En la actualidad, salvo los deciles I y III, es
mayor la proporción entre las mujeres en este tipo de instituciones que entre
los hombres.

Pese a los importantes avances de las mujeres en la Educación Superior y a


que se ha acortado la brecha de género en el acceso, no se puede concluir
que en la actualidad hay igualdad de género en la experiencia dentro de la
Universidad, IP o CFT. Se vuelve entonces necesario profundizar el análisis
y visibilizar los nudos críticos que impiden a las mujeres lograr acceder a
las mismas universidades, inscribirse en las carreras asociadas a mayores
expectativas de ingresos y obtener los mismos resultados que los hombres
(Araujo, 2006).

164
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

[Link].1. Matrícula de primer año y titulación

A nivel de pregrado, en 2014 hubo un total de 344.466 matriculados/as en


primer año de Educación Superior, con un 50,7% de matrícula femenina 9 (casi
175 mil mujeres y 170 mil hombres). Como se aprecia en el Gráfico 3.16,
desde el año 2007 (primer año que se dispone de este dato), la distribución
de los nuevos matriculados/as en los tres tipos de instituciones es
relativamente similar en ambos sexos. En 2014 son más los matriculados en
Universidades (43,7% de las matriculadas y 42,1% de los matriculados), que
en Institutos Profesionales (37,3% de las mujeres y 38,7% de los matriculados)
y en Centros de Formación Técnica (19,1% de las matriculadas y 19,2% de los
matriculados). Sin embargo, cabe señalar que a lo largo del período analizado
(2007-2014) ha aumentado la proporción de nuevas y nuevos estudiantes que
optan por Institutos Profesionales y, en contraparte, ha disminuido el peso
relativo de aquellos que se matriculan en Universidades, manteniéndose
constante el nuevo alumnado de los CFT.

En relación a las y los titulados, desde 1999 a 2014 se ha casi quintuplicado


su número. En el Gráfico 3.17 se puede ver que acorde al aumento de la
presencia femenina en la Educación Superior, el crecimiento en la titulación
ha sido mayor entre las mujeres que entre los hombres, acrecentándose una
brecha que ya a principio del período favorecía a las estudiantes.

| GRÁFICO 3.16 | Matrícula de primer año de pregrado, según tipo de Institución de Educación Superior,
por sexo, 2007-2014.

Miles de personas

200

180

160 32,7 33,3


32,5 32,0 32,7
33,0
32,5 31,0 30,1
140 30,6
27,7 25,5
120
21,8 23,6 23,5 63,1
22,2 47,4 53,1 56,8 63,4 65,1 65,7
52,5 55,0
100 40,2
47,7
41,0
36,4 33,5 35,3
80 31,7

60 42,3 52,2 45,7


45,2 38,3 50,5 40,9 51,8 41,1 37,4 42,9 35,2
36,2 33,8 40,3 35,1
40

20 35,4 35,3 34,9 36,4 36,3


29,9 31,4 29,5 32,3 30,2 33,6 30,2 29,6 30,4 32,5 33,4
0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Universidades que pertenecen al CRUCH Universidades que no pertenecen al CRUCH IP CFT

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos de Matriculados, SIES, 2007-2014.

9 La matrícula de primer año de pregrado femenina supera a la masculina a partir de 2008. En


términos de matrícula total de pregrado, la femenina supera a la masculina a partir del año 2009.

165
3. JUVENTUD

En 2014 hubo 168.552 titulados/as de Instituciones de Educación Superior,


siendo, nuevamente, mayoritaria la presencia femenina (55,6%), pues se
titularon 93.753 mujeres y 74.799 hombres. Al igual que en el caso de la
matrícula, la distribución según tipo de Institución de Educación Superior
es similar entre hombres y mujeres. La mayoría se tituló de Universidades
(49,4% de las tituladas y 53,4% de los titulados), seguidos de los Institutos
Profesionales (32,9% de las tituladas y 32,2% de los titulados) y, finalmente,
de los CFT (17,7% de las tituladas y 14,4% de los titulados).

A continuación, se analizan las cifras sobre las y los matriculados de primer


año y las y los titulados para cada tipo de Institución de Educación Superior.

| GRÁFICO 3.17 | Titulados de pregrado, según tipo de Institución de Educación Superior,


por sexo, 1999-2014.

Miles de personas
200

180

160

140

120

100

80

60

40

20

0
Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres
1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Universidades que pertenecen al CRUCH Universidades que no pertenecen al CRUCH IP CFT

Fuente: Elaboración propia en base a compendio Histórico de Educación Superior SIES, 1999 - 2006; y Bases de datos de titulados SIES, 2007-2014.

166
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

UNIVERSIDADES

Como se muestra en el Gráfico 3.16, la matrícula de primer año de pregrado


en Universidades muestra una tendencia creciente desde el año 2007
al 2014. Si bien al principio de la serie histórica la cantidad de mujeres
y hombres matriculados era similar (50,3% de matriculadas y 49,7% de
matriculados), con el tiempo se ha ampliado levemente la brecha a favor de
las primeras (51,6% de matriculadas y 48,4% de matriculados en 2014). De
cualquier manera, la tasa de crecimiento de la matrícula de primer año en
Universidades de las mujeres (y de los hombres) es menor que la registrada
en los CFT y en los IP.

Asimismo, la cantidad de titulados en carreras universitarias de pregrado


aumentó sostenidamente durante todo el período analizado, en especial,
entre las mujeres, siendo solo superada por el total de tituladas y titulados
de estudiantes de Institutos Profesionales. Como resultado, la brecha de
género que favorece a las mujeres se ha ampliado en el tiempo. Tal como se
observa en el Gráfico 3.17, en el año 1999 hubo un total de 11.183 mujeres
tituladas en Universidades frente a 10.778 hombres; en 2007 la cifra de
mujeres tituladas ascendió a 30.145, mientras que la de hombres fue de
23.908; y en 2014, llegaron a ser 46.350 mujeres frente a 39.948 hombres.

UNIVERSIDADES A LAS QUE ACCEDEN MUJERES Y


HOMBRES

Si se considera toda la matrícula de primer año en las universidades de


2014, las mujeres son mayoría, representando el 51,6%. Sin embargo,
al considerar el ingreso solo a las 5 mejores universidades chilenas, las
mujeres representan el 48,1% de la matrícula de primer año, aunque ha
mejorado levemente su representación respecto de 2007 (47%). Esto se
condice con los datos que se presentaron en el apartado relativo a la Prueba
de Selección Universitaria. A las mujeres, en promedio, les va peor que a
los hombres en todas las materias evaluadas y solo tienen un mejor puntaje
promedio en el que se les asigna por sus notas en el colegio. Así, se les
hace difícil alcanzar los puntajes exigidos por las carreras y universidades
más demandadas y prestigiosas.

Aun así, a pesar que la matrícula femenina es más baja, si se evalúa la


distribución de los titulados/as por sexo se observa que, durante todos los
años del período 2007-2014, las mujeres representan más del 60% del total
de titulados en las 5 mejores universidades.

167
3. JUVENTUD

| GRÁFICO 3.18 | Matriculados y Titulados de pregrado en las 5 mejores universidades, por sexo, 2008-2014.

3.18.1 Matriculados en primer año de pregrado en las 5 mejores universidades, por sexo, 2007-2014.

Personas

35.000

30.000

25.000

20.000

15.000
12.546 12.684 12.601 12.783
10.832 10.986 11.440 10.803 10.930 10.926 11.528 11.935 12.900
9.599 9.861 10.329
10.000

5.000

0
2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos de Matriculados, SIES, 2007-2014.


Nota: Las 5 mejores universidades se obtuvieron a partir del ranking realizado por Quacquarelli Symonds (QS World University Rankings). Para ambos años
se utilizó el ranking 2014. Pontificia Universidad Católica, Universidad de Chile, Universidad de Concepción, Universidad de Santiago y Pontificia Universidad
Católica de Valparaíso.

3.18.2 Titulados de pregrado en las 5 mejores universidades, por sexo, 2007-2014.

Personas

35.000

30.000

25.000

20.000

15.000

10.000

5.000 3.645 4.526


2.193 2.390 2.975 2.530 2.555 2.895 2.208 2.940
1,081 1.116 1.581 1.371 1.561 1.750
0

2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos de Titulados, SIES, 2007-2014.


Nota: Las 5 mejores universidades se obtuvieron a partir del ranking realizado por Quacquarelli Symonds (QS World University Rankings). Para ambos años
se utilizó el ranking 2014. Pontificia Universidad Católica, Universidad de Chile, Universidad de Concepción, Universidad de Santiago y Pontificia Universidad
Católica de Valparaíso.

168
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Por otro lado, al revisar el Gráfico 3.16, si se considera el CRUCH10, que


incluye a las llamadas “universidades tradicionales” (las estatales más
las particulares creadas o reconocidas con anterioridad a 1981 o que se
derivan de aquellas), donde precisamente están las cinco mejor rankeadas
y otras que no necesariamente lideran los indicadores de calidad, se puede
observar que:

El año 2014, un 19,1% de las estudiantes de Educación Superior está


matriculada en una universidad que pertenece al CRUCH y un 24,6% en
universidades fuera de este. Entre los hombres del total de matriculados
de primer año, un 21,4% está en universidades dentro del Consejo y un
20,7% en instituciones que están fuera de este, revirtiendo la tendencia de
los años previos pues entre 2007 y 2013, para ambos sexos, la matrícula
de pregrado en primer año fue más alta en las universidades fuera del
CRUCH que dentro de este. En el caso de la matrícula femenina esta
tendencia es más marcada. En el año 2007, la matrícula de las mujeres en
universidades fuera del CRUCH era un 21% mayor que la matrícula dentro
de este (vs la diferencia de 7,6% que se observa entre los hombres). El año
2011 se alcanza la distancia más alta, cuando la matrícula de las mujeres
fuera del CRUCH es un 74,8% mayor que las en su interior (distancia que
asciende al 19,9% entre los hombres).

Entre 2007 y 2014, al interior del CRUCH la matrícula de primer año en


pregrado de los hombres supera todos los años a la de las mujeres y
fuera de dicho Consejo, la matrícula de las mujeres es superior a la de los
hombres.

Nuevamente, a la base de este déficit de mujeres en las universidades


del CRUCH puede estar su menor puntaje en las pruebas de selección
universitaria, pero se observa que una vez que ingresan a la universidad,
las mujeres tienen una mejor tasa de titulación, tanto dentro como fuera del
CRUCH.

Construyendo una relación simple entre las personas tituladas de un año y


las matriculadas en primer año cinco años antes, se puede observar que
entre 2010 y 2014, dentro de las universidades del CRUCH, la tasa promedio
de titulación de los hombres es 57,3% y la de las mujeres es 70,2%. Por
otro lado, fuera de las universidades del CRUCH, estas tasas son 48%
y 49,9%, respectivamente. Por lo mismo, entre las personas tituladas de
pregrado en 2014, dentro de las universidades integrantes del CRUCH, las
mujeres representan un 51,1% y fuera de este, un 56,2%. Cabe señalar que,
tanto entre hombres como mujeres, la tasa de titulación es mayor entre los
estudiantes de universidades que pertenecen al Consejo.

INSTITUTOS PROFESIONALES

En relación a los Institutos Profesionales, como se constata en el Gráfico


3.16, entre 2007 y 2014, la matrícula de primer año se ha duplicado para
mujeres y hombres, erigiéndose como la Institución de Educación Superior
que más ha crecido en matrícula en el período analizado, especialmente
entre las primeras11. Aun así, salvo los años 2011 y 2012, durante todo
el período el total de matriculados de primer año es mayoritariamente
masculino, aunque en la actualidad son muy similares (49,8% de matrícula
femenina en 2014).

10 Para más detalles de este Consejo, ver el Recuadro 3.1.


11 En términos de matrícula total de IP, la femenina supera a la masculina solo el año 2014.

169
3. JUVENTUD

En términos de titulaciones del alumnado de los IP (Gráfico 3.17), se observa


un aumento considerable en el tiempo, especialmente entre las mujeres,
ampliándose una brecha que ya se observaba al principio del período bajo
análisis. En 1999 las titulaciones fueron de 2.086 mujeres y 2.003 hombres
en cambio en 2014, el total de mujeres tituladas de IP ascendió a 30.809 y a
24.088 en el caso de los hombres.

CENTROS DE FORMACIÓN TÉCNICA

Finalmente, la matrícula en CFT para ambos sexos venía creciendo


considerablemente hasta que el 2010, se estabiliza (Gráfico 3.16). Durante
todo el período en análisis (2007-2014), sistemáticamente las mujeres son
mayoría en la matrícula de primer año de pregrado en CFT12 y en 2014,
alcanzan al 50,5%. Al mismo tiempo, este crecimiento de la matrícula tiene
como contraparte un aumento sostenido en el egreso. En efecto, desde el
año 1999 y hasta el año 2014 se ha casi triplicado la cantidad de estudiantes
que se titulan en pregrado en CFT, acrecentándose la brecha de género
a favor de las mujeres, quienes corresponden al 60,7% de los titulados/as
(Gráfico 3.17).

Pese al avance de las mujeres en la matrícula y en la titulación en el nivel de


pregrado, aún se observan diferencias sustantivas por sexo respecto a qué
estudian mujeres y hombres y bajo qué modalidad, tal como se analizará a
continuación.

[Link].2. ¿Qué estudian mujeres y hombres?

Existe una serie de factores que influyen en la elección de la carrera de las


y los estudiantes que terminan sus estudios secundarios, entre los que se
puede mencionar las características de sus grupos familiares, la preparación
previa de las y los jóvenes, el acceso a ayuda financiera para realizar sus
estudios, los salarios esperados, entre otros.

Desde que nacen, niñas y niños están expuestos a diversos estereotipos de


género, provenientes de su hogar, la escuela, los medios de comunicación
y de prácticamente todos los espacios de socialización. De esta manera,
son distintos los estímulos que reciben, pues dichos estereotipos asignan
roles desiguales para mujeres y hombres, estableciendo un “orden de
género”, donde se asigna al hombre el papel de proveedor y a la mujer, el de
cuidadora. Por lo tanto, parece natural fomentar habilidades “duras” en los
niños, como son las Matemáticas y las Ciencias, y “blandas” en las niñas,
como el Lenguaje y la Comunicación.

Al hacerlo así, se modelan actitudes hacia una y otra disciplina, lo que


también se traduce en el desempeño en una u otra área de estudio. Por
ejemplo, Cvencek, Meltzoff y Greenwald (2011) demuestran que desde
temprana edad, tanto niñas como niños tienen la impresión que “las
Matemáticas son para los niños”, y asimismo, que el nivel de “identificación
de los niños con las Matemáticas” es superior al de las niñas. Por otro lado,
Herbert y Stipek (2005) evidencian que, aun cuando la diferencia por sexo es
nula en el desempeño, las niñas se auto califican con menores competencias
en Matemáticas respecto a los niños, y demuestran que la calificación de los

12 En términos de matrícula total de CFT, la femenina supera a la masculina a partir del año 1999
y hasta el 2003, y luego, desde el año 2007 a la fecha.

170
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

padres/madres respecto a las competencias de sus hijos/hijas es un buen


predictor del modo en el cual los niños y niñas perciben sus capacidades en
esta área.

Así, se da cuenta de la incidencia de los estereotipos de género en la


percepción y actitud de las niñas y niños en torno a las Matemáticas. Luego,
en términos de desempeño, a lo largo de este informe se ha revisado cómo
al interior del sistema escolar, los resultados académicos entre niñas y niños
difieren; y en especial, hemos relevado la desventaja que presentan las
mujeres en las pruebas estandarizadas de Matemáticas: SIMCE, PISA, y
PSU, entre otras. Ambos factores, actitud y desempeño, inciden de manera
crucial en la orientación vocacional.

Al mismo tiempo, las aspiraciones respecto de las carreras profesionales


de mujeres y hombres tienden a ser modeladas en forma temprana por las
actitudes de los padres, las que en general son diferentes para las niñas que
para los niños. Según Heller (2015), para el caso de las mujeres que llegan a
ser profesionales, son sus familias los principales agentes de socialización,
que no quisieron para ellas un ideal femenino tradicional (ser madres,
esposas, amas de casa) “sino que pretendían para ellas un desempeño
profesional exitoso”.

En Chile, a esos factores generales, se agregan los puntajes obtenidos por


las y los estudiantes en la Prueba de Selección Universitaria, lo que a su
vez está muy vinculado al nivel socioeconómico de sus familias, todo lo cual
influye de diversas maneras en la elección de las carreras que hacen las
mujeres y los hombres.

UNIVERSIDADES

Como se puede observar en el Gráfico 3.19.1, de acuerdo a los datos de


matrícula del SIES13, a nivel universitario, en 2014 la matrícula de los hombres
se distribuye principalmente entre Tecnología (40,7%), Administración y
Comercio, (14,4%) y Salud (11,3%). Las mujeres, por su parte, se distribuyen
entre Salud (28,4%), Educación (15,7%), Ciencias Sociales (13,8%) y
Administración y Comercio (12,7%).

Con esta distribución de mujeres y hombres por área de estudio,


las primeras siguen siendo mayoría en las carreras tradicionalmente
consideradas femeninas (Gráfico 3.19.2): 72,9% en carreras vinculadas a
la Salud, 65,8% en Educación y 63,8% en las Ciencias Sociales. Al mismo
tiempo, los hombres están sobre representados en carreras vinculadas a la
Tecnología: 76%.

13 Para tener detalle de la síntesis de las carreras consideradas por la clasificación en cada área
de estudios, ver Anexo Metodológico.

171
3. JUVENTUD

| GRÁFICO 3.19 | Matrícula de primer año de pregrado en universidades, según área de conocimiento, por sexo, 2014.

3.19.1 Matrícula de primer año de pregrado en universidades, según área de conocimiento, por sexo, 2014.

Personas

45.000

40.000

35.000

30.000 29.078

25.000
21.648
20.000

15.000
11.951
9.719 10.276 10.561
10.000 9.166
8.053
5.984 6.203
5.000 4.077 3.789
2.283 2.543 3.349 2.937
1.908 1.550 1.443 925
0
Tecnología Ciencias Administración Derecho Arte y Agropecuaria Humanidades Ciencias Educación Salud
Básicas y Comercio Arquitectura Sociales

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES de matrícula, 2014.

3.19.2 Distribución porcentual matrícula de primer año de pregrado en universidades, según área de conocimiento, por sexo, 2014.

Área de conocimiento

Salud 72,9% 27,1%

Educación 65,8% 34,2%

Ciencias Sociales 63,8% 36,2%

Humanidades 60,9% 39,1%

Agropecuaria 55,2% 44,8%

Arte y Arquitectura 53,3% 46,7%

Derecho 51,8% 48,2%

Administración y Comercio 48,6% 51,4%

Ciencias Básicas 47,3% 52,7%

Tecnología 24,0% 76,0%

0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES de matrícula, 2014.

172
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Así, pese a que las universitarias chilenas han comenzado a incursionar


en carreras no tradicionales como la ingeniería -de hecho, la matrícula
universitaria es la que muestra la mayor diversificación si se la compara
con los IP y CFT- aún perdura su concentración en áreas vinculadas con
el cuidado, la enseñanza y lo social o con prioridad de materias teóricas
(literatura, historia o arte) en detrimento de aquellas consideradas más
técnicas. Basta observar que las mujeres representan menos de un tercio de
la matrícula universitaria en primer año de pregrado de carreras en Ciencias,
Tecnologías, Ingenierías y Matemáticas (CTIM), proporción que ha variado
poco en los últimos siete años (Gráfico 3.20).

Esto significa que mujeres y hombres no estudian lo mismo ni en igual


proporción, lo que resulta indicativo de las diferencias de ingresos promedio
que existirán, de mantenerse el escenario actual, entre las y los graduados
en las próximas décadas (ComunidadMujer, 2014a). Las carreras elegidas
preferentemente por las mujeres son menos valoradas socialmente, gozan
de menor prestigio y son peor remuneradas en el mercado laboral, en
contraste con las carreras “masculinizadas”. Estas últimas generalmente
posibilitan la inserción de sus graduados en sectores de la economía con
mayores niveles de remuneraciones, como por ejemplo, la minería y la
intermediación financiera.

Por esta razón, y por los aportes que a cualquier ámbito hace la diversidad
de género, en los últimos años se han implementado campañas o
iniciativas desde las escuelas de ingeniería de las distintas universidades
para promover el ingreso de estudiantes mujeres. Así, por ejemplo, en la
Universidad de Chile –donde solo el 20% de los estudiantes son mujeres y
las académicas titulares no exceden el 15%- se han implementado cuotas

| GRÁFICO 3.20 | Distribución de matrícula universitaria de primer año en carreras CTIM, 2007 y 2014.

100%

90%

80%

70%

60% 75,6% 73,4%

50%

40%

30%

20%

10% 24,4% 26,6%

0%
2007 2014

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES, 2007 y 2014 (primer y último año disponible).
Nota: Se entiende por carreras CTIM las que pertenecen a las áreas de las Ciencias (Biología, Química, Física, Astronomía, Estadísticas, Geología), la Tecnología
(Informática, Electrónica, Electricidad, Telecomunicaciones, Transportes, Medioambiente, Cartografía y Construcción), las Ingenierías (excepto las vinculadas a
lo agropecuario, la administración y el comercio) y las Matemáticas.

173
3. JUVENTUD

de ingreso para mujeres (40 cupos); en la Pontificia Universidad Católica


se vienen desarrollando charlas y campamentos de verano para motivar
a postulantes mujeres; y al mismo tiempo, en la Universidad Federico
Santa María están desarrollando giras motivacionales e interactuando con
empresas para “romper el mito de que ingeniería es una carrera masculina”
(ComunidadMujer, 2014a).

INSTITUTOS PROFESIONALES

En los IP, como se puede observar en el Gráfico 3.21.1, durante el año


2014 la matrícula de primer año de los hombres se concentra en dos áreas
de conocimiento: el 60,6% de ellos se matricula en el área de Tecnología
y el 19,4% en Administración y Comercio. La matrícula femenina de primer
año en pregrado está aún menos diversificada que en las universidades:
en Administración y Comercio (26,5%), Salud (20,6%), Tecnología (18,5%),
Ciencias Sociales (14,4%) y Educación (11,4%).

Así, en 2014 las mujeres que estudian en los IP también son mayoría en las
carreras tradicionalmente consideradas femeninas (Gráfico 3.21.2): Salud
(83,3%), Ciencias Sociales (78%) y Educación (74,6%). En comparación con
las universidades, aumentan considerablemente su proporción en Derecho
(67,8%) y Administración y Comercio (57,5%). Sin embargo, es de notar que
continúan siendo minoría en carreras vinculadas tradicionalmente a los
hombres, tales como las relacionadas con las Ciencias Básicas (39,4%) y la
Tecnología (23,2%).

174
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 3.21 | Matrícula de primer año de pregrado en IP, según área de conocimiento, por sexo, 2014.

3.21.1 Matrícula de primer año de pregrado en IP, según área de conocimiento, por sexo, 2014.

Personas

45.000

40.000 39.793

35.000

30.000

25.000

20.000
17.240
15.000
12.740 13.413
12.048
10.000 9.361
7.447
5.000 4.032 3.962
2.541 2.642 2.698
171 263 503 597 442 240 403 191
0
Tecnología Ciencias Administración Derecho Arte y Agropecuaria Humanidades Ciencias Educación Salud
Básicas y Comercio Arquitectura Sociales

Área de conocimiento

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES, 2014.

3.21.2 Distribución de matrícula de primer año de pregrado en IP, según área de conocimiento, por sexo, 2014.

Área de conocimiento

Salud 83,3% 16,7%

Ciencias Sociales 78,0% 22,0%

Educación 74,6% 25,4%

Derecho 67,8% 32,2%

Humanidades 64,8% 35,2%

Administración y Comercio 57,5% 42,5%

Arte y Arquitectura 50,4% 49,6%

Agropecuaria 45,7% 54,3%

Ciencias Básicas 39,4% 60,6%

Tecnología 23,2% 76,8%

0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES, 2014.

175
3. JUVENTUD

CENTROS DE FORMACIÓN TÉCNICA

A nivel de CFT, en el Gráfico 3.22.1 se puede observar que mientras el


60,5% de los hombres matriculados en primer año de pregrado estudia una
carrera vinculada con tecnología y que en el caso de las mujeres, lo hace el
16,2%. Del total de mujeres matriculadas en primer año en CFT, la mayoría
se distribuye en dos áreas del conocimiento: 31,6% en Administración y
Comercio y 30,9% en Salud. Otra área donde los hombres se concentran
con algún nivel de importancia es en Administración y Comercio, con un
23,2% de ellos matriculados en alguna carrera de esa disciplina.

De este modo, en comparación con los otros niveles de Educación Superior,


la matrícula en CFT se encuentra mucho más concentrada en estas tres
áreas, por lo tanto, la sobre representación de los sexos en algunos campos
de estudio es aún más acentuada que en los IP o Universidades. Por
ejemplo en Salud, hay un 83,2% de mujeres y en Tecnología, los hombres
alcanzan al 78,6% de la matrícula (Gráfico 3.22.2).

La elección de la carrera universitaria es un factor clave en la posterior


inserción y desarrollo laboral de las y los jóvenes en los variados sectores de
la economía, así como en el nivel de la retribución monetaria que obtendrán.
Bajo las circunstancias actuales, las oportunidades de las mujeres en el
largo plazo están bastante restringidas, lo que aporta al mantenimiento de
las inequidades de género en el mercado de trabajo, tal como se analizará
en el capítulo siguiente de este informe.

176
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 3.22 | Matrícula de primer año en CFT, según área de conocimiento, por sexo, 2014.

3.22.1 Matrícula de primer año de pregrado en CFT, según área de conocimiento, por sexo, 2014.

Personas

45.000

40.000

35.000

30.000

25.000

20.000 19.769

15.000
10.512 10.281
10.000
7.561
5.382 4.402
5.000
1.207 2.079
606 794 466 600 300 267 905
0 15 17 425 163 194
Tecnología Agropecuaria Arte y Humanidades Ciencias Administración Derecho Educación Ciencias Salud
Arquitectura Básicas y Comercio Sociales

Área de conocimiento

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES, 2014.

3.22.2 Distribución de matrícula de primer año de pregrado en CFT, según área de conocimiento, por sexo, 2014.

Área de conocimiento

Salud 83,2% 16,8%

Ciencias Sociales 82,3% 17,7%

Educación 78,5% 21,5%

Derecho 72,3% 27,7%

Administración y Comercio 58,2% 41,8%

Ciencias Básicas 52,9% 47,1%

Humanidades 46,9% 53,1%

Arte y Arquitectura 43,7% 56,3%

Agropecuaria 43,3% 56,7%

Tecnología 21,4% 78,6%

0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES, 2014.

177
3. JUVENTUD

[Link].3. Jornadas y modalidad de estudio

Al analizar la distribución de la matrícula de primer año de pregrado en


Educación Superior por tipo de jornada, se observa que para las mujeres,
en todos los tipos de establecimientos (Universidades, IP y CFT) la jornada
predominante es la diurna. Además, para ambos sexos y en todos los tipos
de establecimiento, la tasa de crecimiento de la matrícula ha sido mayor en
la jornada vespertina que diurna.

Como se observa en el Gráfico 3.23, dentro de las Universidades, desde


el año 2007 la matrícula de primer año diurna es mayoritaria en ambos
sexos, sin embargo, la matrícula en jornada vespertina ha crecido más del
doble que la diurna (27,5% y 12,1%, respectivamente). Aun así, en términos
de proporción, la matrícula diurna se ha mantenido relativamente constante
en los últimos siete años, sin bajar del 80%, pero al desagregar por sexo
se observa que es siempre mayor entre las mujeres que entre los hombres:
86,2% versus 80,3%, en promedio durante el período.

178
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 3.23 | Matrícula de primer año de pregrado en instituciones de


Educación Superior, según jornada, por sexo, 2007 y 2014.

3.23.1 Matrícula de primer año de pregrado en Universidades, según jornada, por sexo, 2007-2014.

Matriculados/as
10.882
90.000 10.831
11.814 14.678
11.465 15.197 13.894 10.995 10.398
9.493 14.006 66.782 67.496 69.340 15.271 14.021
80.000 12.898 62.514 60.240 60.392 59.692 66.030 65.022
7.663 59.485 57.528
11.483 53.650 56.340 57.027
70.000 56.810 52.058
60.000
50.000
40.000
30.000
20.000
10.000
0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Diurna Vespertina

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES de matrícula, 2007-2014.

3.23.2 Matrícula de primer año de pregrado en IP, según jornada, por sexo, 2007-2014.

Matriculados/as
90.000
80.000 25.660 32.636 25.660 33.189
23.268 28.739 35.865 29.457
70.000 20.703 29.048 35.090
22.549 26.512 31.596 24.248
60.000 17.385 30.505 24.418
13.826 18.805 28.804 24.163
50.000 15.826 16.074 24.614 21.064
9.898 20.283 11.100 18.817
40.000 21.580 21.845
30.000
20.000
10.000
0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Diurna Vespertina

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES de matrícula, 2007-2014.

3.23.3 Matrícula de primer año de pregrado en CFT, según jornada, por sexo, 2007-2014.

Matriculados/as
90.000
80.000
70.000
60.000
50.000
11.157 12.110 12.367 12.807 16.106 12.657 16.246
40.000 8.683 14.129 20.555 15.160 15.051 20.181 16.192
11.804 20.655 15.721 19.381 19.463 15.747
6.889 10.522 7.410 11.242 18.769 13.643 16.193 14.823
30.000 14.978 10.999 15.906 12.144
20.000
10.000
0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Diurna Vespertina

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES de matrícula, 2007-2014.

179
3. JUVENTUD

En los IP y CFT, la matrícula diurna también ha sido superior entre las mujeres
durante todo el período analizado, mientras que entre los hombres de ambos
tipos de instituciones prevalecen los matriculados en jornadas vespertinas.
De todas formas, en ambos sexos, la matrícula vespertina ha aumentado
más que la diurna, especialmente en los IP, en que se ha más que duplicado
entre mujeres y hombres. De este modo, en ambos tipos de instituciones y
para ambos sexos, la matrícula diurna ha ido disminuyendo en proporción.
Por ejemplo, dentro de los IP, en 2007 la matrícula diurna entre las mujeres
alcanzaba al 68,6% y entre los hombres, al 56,2%. Luego, en 2014, estas
proporciones son 58,3% y 47%, respectivamente. Por su parte, dentro de
los CFT, en 2007 la matrícula diurna entre las mujeres llegaba a 68,5% y
entre los hombres, al 51,1%, proporciones que fueron disminuyendo hasta
llegar en 2014 a 61,5% y 49,9%, respectivamente. Es decir, en la actualidad,
más hombres estudian de noche que de día, tanto en IP como en CFT,
mientras que en este tipo de instituciones, las mujeres todavía se distribuyen
mayoritariamente en el día, aunque cada vez en una menor proporción.

En la base de la elección prioritaria de las mujeres por jornadas diurnas


pueden estar las costumbres y concepciones arraigadas que consideran
que las mujeres “no pueden” o “no deben” salir por las noches junto a
razones de seguridad personal. El incremento de las jornadas vespertinas
entre las mujeres puede deberse al mayor número de mujeres jóvenes que
combinan estudios y trabajo (remunerado y no remunerado). En la elección
prioritaria de los hombres, sobre todo en instituciones técnico profesionales,
por la jornada nocturna, puede estar la necesidad de combinar estudios
y trabajo. Sin embargo, con los registros administrativos del SIES no es
posible comprobar ninguna de estas hipótesis.

Otro fenómeno observado con mayor fuerza año a año en la Educación


Superior es el rápido crecimiento que han experimentado los programas
semipresenciales y a distancia. Aun así, en términos relativos, estas
modalidades absorben a una fracción muy pequeña de la matrícula.

Como se verifica en el Gráfico 3.24, en los tres tipos de instituciones de


Educación Superior, la mayoría de las y los matriculados en primer año
el 2014 lo hizo en carreras de modalidad presencial: 96,7% de matrícula
en CFT, 91% de la matrícula en IP y, 99,2%, en Universidades. Aunque
el predominio de la modalidad presencial es claro, especialmente a nivel
de Universidades y CFT, las modalidades semipresencial y no presencial
presentan unas tasas de crecimiento positivas en ambos sexos y los tres
tipos de instituciones de Educación Superior.

180
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 3.24 | Matrícula de primer año de pregrado, según tipo de institución de Educación Superior
y modalidad, por sexo, 2011 y 2014.

Matriculados/as

90.000

80.000

70.000

60.000

50.000

40.000

30.000

20.000

10.000

0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

2011 2014 2011 2014 2011 2014

Universidad Instituto Profesional Centro de Formación Técnica


No presencial 175 212 601 270 645 682 1.928 2.179 30 33 166 113

Semipresencial 123 71 193 148 1.716 1.155 4.486 3.167 885 538 1.069 800

Presencial 81.124 77.328 75.486 71.096 50.747 50.617 58.646 60.321 32.110 30.439 32.059 31.738

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES de matrícula, 2011 y 2014.

A nivel de Universidades, si se compara la matrícula de primer año del año


2011 con la del 2014, se observa que la matrícula en modalidad presencial
ha disminuido para ambos sexos, pero más entre los hombres (-6,9%
entre las mujeres y -8,1% entre los hombres). La matrícula semipresencial
y no presencial ha crecido para ambos sexos, siendo más relevante el
aumento de la semipresencial entre los hombres, llegando a una tasas de
crecimiento del 108,5% vs 56,9% para las mujeres; y de la no presencial
entre las mujeres, alcanzando una tasa de crecimiento del 243,4% vs 27,4%
para los hombres.

A nivel de IP, la tasa de crecimiento desde el año 2011 de la matrícula de


los hombres es superior a la tasa de las mujeres en todas las modalidades
de estudio. La matrícula en carreras presenciales aumentó en un 17,4%
(15,6% entre las mujeres 19,2% entre los hombres), mientras que en la
modalidad semipresencial aumentó en 166,6%% (161,4% entre las mujeres
y 174,2% entre los hombres), y la no presencial en un 209,5% (198,9% y
219,5%, respectivamente).

Finalmente, a nivel de CFT, es donde el crecimiento de las modalidades a


distancia se observa en mayor medida, pero también donde en términos de
frecuencia es más marginal. Aún se puede decir que desde 2011 a 2014,
entre las mujeres la matrícula semipresencial creció en un 20,8% (y en un
48,7% entre los hombres) y la no presencial en un 453% (y 242,4% entre
los hombres).

181
3. JUVENTUD

De todos modos, cabe señalar que, a pesar de la magnitud de estas tasas


de crecimiento, la absorción de la matrícula en modalidades distintas a la
presencial sigue siendo marginal, por lo que habrá que esperar algunos años
más para identificar realmente su espacio en el sistema educacional actual.

[Link]. Evolución de la matrícula total en postgrado14

[Link].1 Matrícula y titulación

La matrícula total en programas de postgrado se ha multiplicado por 20


en los últimos veinticuatro años, pese a lo cual es mucho menor que la
de pregrado, tanto para las mujeres como para los hombres. Por cada 26
mujeres y 23 hombres que se matriculan en pregrado, solo una o uno lo
hace en postgrado, ya sea en magíster o doctorado.

Como se muestra en el Gráfico 3.25, a diferencia de la matrícula de


pregrado, donde son más las mujeres que los hombres, en la de postgrado
ocurre lo inverso, aunque esta brecha se ha cerrado paulatinamente,
especialmente en magíster. Mientras en 1990, el 42,2% de los matriculados
en magíster corresponden a mujeres, en 2014, su representación alcanza el
49,1%. En doctorado, por otra parte, las mujeres constituyen el 39% de los
matriculados en 1990, y en 2014, en tanto, el 43,7%. En términos absolutos,
el 89.5% de la matrícula total de postgrado en 2014 corresponde al nivel de
magíster y solo el 10,5% a doctorado.

| GRÁFICO 3.25 | Matrícula total de postgrado (magíster y doctorado) por sexo, 1990-2014.

Matrícula
30.000

25.000

20.000

15.000

10.000

5.000

0
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres

1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 Hombres

Magíster Doctorado

Fuente: Elaboración propia en base a “Estadísticas de la educación”, MINEDUC, 1990-2000, y Base de Datos SIES, 2001-2014.

14 Sabemos que las edades de estudio en postgrado pueden superar el rango que se definió en
este informe como de juventud (18-24 años), pero se optó por tratarlo en este capítulo y no en el
de adultez, para enfocarnos en este último, en lo relativo al mercado laboral.

182
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Adicionalmente, si se observa la matrícula de postgrado en primer año, se


verifica que la femenina es levemente superior a la masculina en el nivel de
magíster (6.488 y 6.136, respectivamente), y que esto se revierte en el nivel
de doctorados (401 y 543 respectivamente); siendo este último el único
nivel académico terciario en la actualidad en que los hombres superan a las
mujeres en magnitud (ver Gráfico 3.26).

A nivel de magíster, las cifras actuales dan cuenta de un mayor crecimiento


de la matrícula femenina de primer año (que se duplicó entre 2007 y 2014)
respecto a la masculina (que creció en un 50% en dicho período), mientras
que a nivel de primer año de doctorado, se puede ver que la matrícula
masculina crece en un tercio y que la femenina se mantiene prácticamente
estable.

En la base de estas tendencias se pueden encontrar al menos dos hipótesis


explicativas. Primero, en general, las y los jóvenes, una vez concluidos los
estudios de pregrado, inician la formación de sus familias, sin embargo, los
niveles de exigencia y dedicación requeridos por los estudios doctorales
tienden a ser incompatibles con las responsabilidades familiares (de
cuidado y trabajo doméstico). Como en Chile estas labores generalmente
son asumidas por las mujeres, son los hombres los que en mayor medida
quedan en condiciones de asumir este tipo de desafío educacional.

Por otro lado, al evaluar las proyecciones de ingresos, y dado que las
brechas salariales de género crecen a medida que aumenta el nivel
educacional de los trabajadores y trabajadoras, es razonable que como
proyecto familiar se invierta en estudios de este nivel en los hombres, de
modo de asegurar mejores ingresos para toda la familia en el largo plazo.

| GRÁFICO 3.26 | Distribución matrícula total de postgrado (magíster y doctorado) por sexo, 1990, 2000 y 2014.

Distribución matrícula
100%

90%

80%
50,9%
70% 57,8% 60,6% 59,0% 56,3%
61,0%
60%

50%

40%

30%
49,1%
20% 42,2% 39,4% 41,0% 43,7%
39,0%
10%

0%
Magíster Doctorado Magíster Doctorado Magíster Doctorado

1990 2000 2014

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES, 1990, 2000 y 2014.

183
3. JUVENTUD

Por su parte, y paralelo al auge de la matrícula de magíster, la titulación en


este nivel ha crecido sostenidamente para ambos sexos, tendencia que
ha sido más pronunciada entre las mujeres, logrando como resultado una
reducción en las brechas que, desde el principio del período, se observan a
favor de ellos. De este modo, la tendencia que a nivel de pregrado indicaba
una mejor tasa de titulación de las estudiantes mujeres, es revertida en este
nivel de estudios.

En el caso de los doctorados, la cantidad de titulados se duplicó para


hombres y mujeres, acrecentándose, la brecha a favor de ellos en la
actualidad.

LAS UNIVERSIDADES A LAS QUE ACCEDEN MUJERES Y


HOMBRES PARA SUS ESTUDIOS DE POSTGRADO

Al profundizar en la inserción educacional de los estudiantes de postgrado


según sexo, se agrega a lo anteriormente descrito que existe una importante
diferencia de género según el tipo de universidad en la que se cursan los
estudios de postgrado.

A nivel de magíster, como se puede observar en el Gráfico 3.27 los


hombres ingresan y se titulan más que las mujeres en las universidades
pertenecientes al CRUCH, mientras que ellas lo hacen en las universidades
que están fuera del CRUCH.

Dentro de las universidades pertenecientes a CRUCH, la matrícula de primer


año de magíster se ha mantenido relativamente constante, en unos cinco mil
trescientos estudiantes. Salvo el año 2009, la matrícula masculina siempre
ha sido superior a la femenina, pero si en 2007 era un 36% superior, en
2014, apenas es un 7,5% mayor, lo que da cuenta de la disminución de
la brecha de género en la matrícula de primer año en los programas de
magíster de este tipo de instituciones.

184
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 3.27 | Matriculados de primer año y Titulados de magíster en universidades,


según pertenencia al CRUCH, por sexo, 2007-2014.

3.27.1 Matriculados de primer año de magíster en universidades, según pertenencia al CRUCH, por sexo, 2007-2014.

Personas

7.000 4.082 3.939


2.559 3.509
2.806 2.549 3.395
2.422 2.741
6.000 2.787 2.952 3.035 2.671
3.232
1.997 2.683 2.471 2.392 2.448 2.693
1.953 1.938 2.706
5.000 2.069 2.863 2.958
2.521 2.744
1.238
4.000 2.838
1.242
2.087
3.000

2.000

1.000

0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Universidades del CRUCH Universidades que no pertenecen al CRUCH

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES de matrícula, 2007-2014.

3.27.2 Titulados de magíster en universidades, según pertenencia al CRUCH, por sexo, 2007-2014.

Personas

7.000 3.028
2.753 3.278 3.372
6.000 3.230 3.211 2.627
2.637 2.373
2.249 2.814 2.443
5.000 2.293
2.467 1.979
2.285 1.933 2.339
2.276 1.819
4.000 1.624 2.066 1.756
1.207 1.833 1.466 1.731
3.000 1.810
1.262
987 1.188
2.000 1.114

1.000

0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Universidades del CRUCH Universidades que no pertenecen al CRUCH

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES de titulados, 2007-2014.

185
3. JUVENTUD

3.27.3 Matriculados de primer año de doctorado en universidades, según pertenencia al CRUCH, por sexo, 2007-2014.

Personas

600 99
122 444
101 74 406
500 404 56 432 88
412 383 111
63 57 47 328
70 46 27 357 70
400 65 344 346 352 331
317 35 346
294
298
300

200

100

0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Universidades del CRUCH Universidades que no pertenecen al CRUCH

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES de matrícula, 2007-2014.

3.27.4 Titulados de doctorado en universidades según, pertenencia al CRUCH, por sexo, 2007-2014.

Personas

600

500
51
31 301
400 302 28 40
13 25 298 258
13 252
300 4 6 223 251
212 211 7 10 15
2 2 190 188 193
200 3 157 151 2
133 150
100

0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Universidades del CRUCH Universidades que no pertenecen al CRUCH

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES de titulados, 2007-2014.

186
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Consecuente con esta relación, a nivel de titulación también son mayoría los
hombres, pero si en 2007 eran un 62,5% más, en 2014 son un 28,4%, lo que
refleja los avances de las mujeres en esta materia.

Por otro lado, fuera del CRUCH, la matrícula del primer año de Magíster ha
mostrado un crecimiento sostenido, pasando de casi dos mil quinientos
estudiantes en 2007, a más siete mil en 2014. En este tipo de programas,
las mujeres siempre han sido más que los hombres, pero pasaron de ser
un 0,3% más, a ser un 16% mayor, en el mismo período, lo que refleja un
aumento de la brecha de género.

En materia de titulación, esta relación no se vio reflejada durante todo


el período de análisis. Al principio y hasta el año 2010, se titulaban más
hombres que mujeres, y a partir de ese año, las mujeres son mayoría,
alineándose con lo que ocurre a nivel de matrículas.

En el caso de los Doctorados, más estudiantes –mujeres y hombres- se


matriculan en primer año y se gradúan a lo largo de todo el período desde
2007 al 2014, cuestión que se replica tanto a nivel de las Universidades
que pertenecen como aquellas que no son parte del CRUCH. A pesar de
la expansión sostenida de la matrícula de ambas instituciones, durante
los últimos siete años la mayoría de los estudiantes se ha matriculado en
Universidades del CRUCH, tendencia que se replica para ambos sexos.
Asimismo, los hombres matriculados en primer año y titulados son siempre
más que las mujeres y en los dos tipos de Universidades, brecha que ha
tendido a ampliarse en el tiempo.

Dentro de las Universidades pertenecientes a CRUCH, la matrícula de primer


año de Doctorado ha aumentado alrededor de un 20% en los últimos siete
años, tendencia que es más marcada entre los hombres. Con ello, estos
han aumentado aún más su sobre representación en este nivel. En 2007,
las mujeres representaban un 46,1% de la matrícula de primer año de las
Universidades del CRUCH, proporción que ha disminuido sostenidamente
hasta alcanzar el al 42,7% de los matriculados el año 2014.

En las Universidades que están fuera del CRUCH, se observa que, a


excepción del año 2007, la matrícula femenina en primer año de Doctorado
también es inferior a la masculina. De hecho, esta brecha se ha fortalecido,
pues durante este período la matrícula de hombres ha aumentado casi un
60%, mientras que la femenina lo ha hecho en menos de un 10%. De este
modo, el año 2014 las mujeres representan un 41,4% de la matrícula de
primer año en Doctorados impartidos por Universidades que se encuentran
fuera del Consejo.

En línea con el aumento de la matrícula, los hombres y mujeres tituladas


han aumentado en ambos tipos de instituciones, especialmente en las
Universidades que no pertenecen al CRUCH. A pesar de este aumento, la
mayoría de los titulados/as durante el período pertenecen a Universidades
del CRUCH. Asimismo, en ambos tipos de Universidades se ha mantenido
la brecha de titulados a favor de los hombres; pero, mientras entre las y
los estudiantes de Doctorado del CRUCH esta brecha se ha mantenido
relativamente estable, en el caso de titulados/as de Universidades que no
pertenecen al Consejo la diferencia ha aumentado a favor de los hombres.

187
3. JUVENTUD

[Link].2. ¿En qué se especializan mujeres y hombres?

Al analizar las áreas en que mujeres y hombres se especializan a través


de sus estudios de postgrado, se constata cómo se replica el fenómeno
observado a nivel de pregrado en cuanto a la sobrerrepresentación de cierto
sexo en determinadas ramas y cómo esto ocurre en directa relación con los
roles históricos de cada de ellos, especialmente en el nivel de magíster. A
nivel de doctorado, en el que estudia un grupo reducido de estudiantes, la
tendencia es menos clara, pues las mujeres asumen una mayor proporción
en ramas que en los niveles de pregrado y magíster se encuentran
fuertemente masculinizadas.

Como se observa en el Gráfico 3.28, a nivel de magíster, hombres están


concentrados principalmente en Administración y Comercio (33,4% de
ellos) y las mujeres en Educación (34,9% de ellas). Cabe destacar que,
los hombres presentan una amplia proporción de estudiantes en la rama
de Tecnología, con un 14% de ellos versus el 4,6% de ellas. Con ello,
nuevamente algunas áreas de estudio se encuentran feminizadas, como
es el caso de Educación (67,4% son mujeres), Salud (62,5% son mujeres),
y Ciencias Sociales (62,1% son mujeres). En cambio en las áreas de
Tecnología y Administración y Comercio se encuentran sobre representados

188
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 3.28 | Matrícula primer año de magíster en universidades, según área de


conocimiento, por sexo, 2014

3.28.1 Matrícula primer año de magíster en universidades, según área de conocimiento, por sexo, 2014.

Personas

2.500
2.266
2.052
2.000

1.500 1.397
1.096 1.097
1.000 862 851
583
500 356 370
300 350
171 231 126 127 131 133 62 63
0
Tecnología Administración Ciencias Derecho Humanidades Arte y Agropecuaria Ciencias Salud Educación
y Comercio Básicas Arquitectura Sociales

Área de conocimiento

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a datos de matriculados SIES, 2014.

3.28.2 Distribución matrícula primer año de magíster en universidades, según área de conocimiento, por sexo, 2014.

Área de conocimiento

Educación 67,4% 32,6%

Salud 62,5% 37,5%

Ciencias Sociales 62,1% 37,9%

Agropecuaria 49,6% 50,4%

Arte y Arquitectura 49,6% 50,4%

Humanidades 49,8% 50,2%

Derecho 49,0% 51,0%

Ciencias Básicas 42,5% 57,5%

Administración y Comercio 34,8% 65,2%

Tecnología 25,8% 74,2%

0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%
Matrícula

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a datos de matriculados SIES, 2014.

189
3. JUVENTUD

los hombres, con un 74,2% y un 65,2%, respectivamente.

A nivel de los estudios de doctorado (Gráfico 3.29), aunque también


se producen concentraciones de ciertos sexos en determinadas ramas
de especialización, la tendencia observada en los niveles de estudios
previos tiende a debilitarse. El año 2014, tanto hombres como mujeres se
concentraron en dos áreas: Tecnología (24,4% de las mujeres y 31% de los
hombres) y Ciencias Básicas (32,1% de las mujeres y 34,9% de los hombres).
Sin embargo, considerando que estas tasas son mayores entre los hombres
y que, a su vez, estos presentan mayores niveles de matrícula en estudios
de doctorado, ambas áreas se encuentran masculinizadas. En Tecnología
un 63,4% de los matriculados son hombres y en Ciencias Básicas, un
59,7% de ellos. Derecho y Educación son las únicas áreas de estudios que
están feminizadas, con un 61,8% y 58,7%, respectivamente, de mujeres.
Cabe señalar que para este nivel de estudios el área de Salud, feminizada

190
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 3.29 | Matrícula primer año de doctorado en universidades, según área de


conocimiento, por sexo, 2014.

3.29.1 Matrícula primer año de doctorado en universidades, según área de conocimiento, por sexo, 2014.

Personas

2.500

2.000

1.500

1.000

500
115 199 151 224
0 0 5 15 30 28 37 31 35 37 41 46 39 27 19 21 13
Administración Arte y Tecnología Ciencias Salud Agropecuaria Ciencias Humanidades Educación Derecho
y Comercio Arquitectura Básicas Sociales
Área de conocimiento

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a datos de matriculados SIES, 2014.

3.29.2 Distribución matrícula primer año de doctorado en universidades, según área de conocimiento, por sexo, 2014.

Área de conocimiento

Derecho 61,8% 38,2%

Educación 58,7% 41,3%

Humanidades 54,1% 45,9%

Ciencias Sociales 47,4% 52,6%

Agropecuaria 47,0% 53,0%

Salud 43,1% 56,9%

Ciencias Básicas 40,3% 59,7%

Tecnología 36,6% 63,4%

Arte y Arquitectura 33,3% 66,7%


0,0%
Administración y Comercio 100,0%

0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a datos de matriculados SIES, 2014.

191
3. JUVENTUD

hasta el nivel de magíster, se encuentra masculinizada, con un 56,9% de los


matriculados, hombres.

[Link].3. Jornada y modalidad de estudio

Si se analiza la distribución de la matrícula de postgrado según tipo de


jornada, se puede observar, de acuerdo al Gráfico 3.30, que entre las
personas que ingresan a programas de magíster, la jornada diurna comenzó
siendo mayoritaria al inicio de período de análisis, en 2007: 54,8% entre las
mujeres y 55,6% entre los hombres. Sin embargo, dicha proporción ha ido
disminuyendo para ambos sexos y hoy, tanto entre mujeres como hombres,
la jornada mayoritaria es la vespertina con proporciones que alcanzan
al 53,1% y el 50,9%, respectivamente. A nivel de doctorado, la jornada
vespertina es muy poco relevante en términos de proporción y aunque
dentro del período ha sido mayor entre los hombres que entre las mujeres
(con trayectorias oscilantes en ambos sexos), actualmente, entre ellas la
proporción es más alta: 6,4% versus 5,6%.

En relación a la modalidad de enseñanza de los estudios de postgrado, se


observa que, al igual que en el caso de las carreras de pregrado, aunque
siguen siendo mayoritarias las matrículas en programas presenciales,
ha aumentado la proporción de matriculados/as que estudian de modo

192
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 3.30 | Matrícula en primer año de magíster en universidades, según jornada, por sexo, 2007-2014.

3.30.1 Matrícula en primer año de magíster en universidades, según jornada, por sexo, 2007-2014.

Matriculados/as

7.000
3.002
6.000 2.649 2.726 2.872
2.560 2.552 2.490 2.547 2.541 2.514
2.477 2.496 2.484
5.000 2.119 2.339 2.185 2.375 2.322 2.427
2.293
1.849 2.315 2.160 2.380
1.613 1.859 2.194 1.953
4.000 2.021 1.882
1.370
1.659
3.000

2.000

1.000

0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Diurna Vespertina

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES de matrícula, 2007-2014.

3.30.2 Matrícula en primer año de doctorado en universidades, según jornada, por sexo, 2007-2014.

Matriculados/as

7.000

6.000

5.000

4.000

3.000

2.000

1.000 105 168 116 28 92 108 48 154 25 30


34 49 388 63 95 44 14 396 507
326 297 324 357 380 418 365 386 355 367
271 250 269
0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Diurna Vespertina

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES de matrícula, 2007-2014.

semipresencial y presencial (Gráfico 3.31). En 2014 un 88,1% de las mujeres


y un 85,9% de los hombres matriculados en primer año de magíster, lo están
bajo modalidad presencial; a nivel de doctorado, estas cifras ascienden al
92,3% y 94,7%, respectivamente.

En el caso de los programas de magíster, hombres y mujeres se matriculan


mayoritariamente en modalidades presenciales, pero desde el año 2011
esta proporción ha disminuido, pues aunque esta matrícula se ha más que
duplicado (tasa de crecimiento de 142,5% entre las mujeres y 100,6% entre
los hombres), las y los matriculados en programas semipresenciales y, por

193
3. JUVENTUD

| GRÁFICO 3.31 | Matrícula de primer año de postgrado (magíster y doctorado), según modalidad,
por sexo, 2011 y 2014.

Matriculados/as

7.000 491
280 670
193
6.000

5.000

4.000
8
3.000 9 69
104 5.717
5.273
2.000

1.000 2.358 2.629 5 5 6


3
14 17 26 23
0 397 484 370 514
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres
Magíster Doctorado Magíster Doctorado

2011 2014

Presencial Semipresencial No presencial

Fuente: Elaboración propia a partir de Base de Datos SIES de Matrícula, 2011-2014.

sobre todo, no presenciales, han crecido con más fuerza. Este fenómeno es
aún más marcado para los hombres, entre quienes casi se ha triplicado la
matrícula en programas semipresenciales (versus una tasa de crecimiento
de 169,2% entre las mujeres) y ha crecido en casi 84 veces la matrícula en
programas no presenciales (versus 54 veces entre las mujeres).
Dentro de los estudiantes de primer año de doctorado, si bien se observa
una tendencia similar, esta es más débil, pues la matrícula en programas
semipresenciales y a distancia aumenta con menor fuerza. Aun así, es
interesante observar cómo, y a diferencia de lo que ocurre en los magíster,
en este nivel de estudios son las mujeres las que, desde el 2011, han
diversificado más las modalidades a través de las cuales estudiar. Así, entre
ellas la matrícula en doctorados presenciales ha disminuido (-6,8% versus
el aumento de un 6,2% que presentan los hombres); y han aumentado las
matriculadas en programas semipresenciales (85,7% versus el 35,3% de
crecimiento entre los hombres) y no presenciales (66,7% versus el 20% de
aumento observado entre los hombres).

[Link].4. Becas de estudio por sexo

Con el objetivo de detectar las inequidades, brechas y barreras de género


que encuentran las mujeres y hombres en el acceso a los instrumentos de
apoyo a la formación de maestrías y doctorados en Chile, se analizan los
datos de las becas adjudicadas por el Programa de Becas de Postgrado de
CONICYT. Este programa, creado en 1988 con el propósito de impulsar el
acceso a estudios de postgrado dentro del país, a partir del año 2001 amplía
su ámbito de acción al extranjero con el fin de promover la formación de
excelencia con competencias y capacidades en áreas como la investigación
y la tecnología. Así, este programa coordina la mayor cantidad de las Becas
de Postgrado entregadas por el Estado chileno, tendientes a crear capital
humano avanzado (FLACSO, 2008).

194
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Tal como se observa en el Gráfico 3.32, considerando solo los proyectos


admisibles, las postulaciones a las becas de postgrado han crecido
sostenidamente en el tiempo, siendo siempre mayoritarias las de hombres;
mientras en 2001 las postulaciones de hombres duplicaban a las de mujeres
(298 hombres vs 150 mujeres), en 2014 eran apenas un 4,8% superior (3.167
y 3.022, respectivamente). Es decir, si en 2001 las mujeres representaron el
33,5% de las postulaciones, en 2014 alcanzaron al 48,8% de ellas.

En términos numéricos, la cantidad de becas adjudicadas en el Programa


de Formación de Capital Humano Avanzado de CONICYT se ha multiplicado
por diez desde el 2001 hasta la actualidad, observándose el mayor número
en 2009, año a partir del cual la tendencia es decreciente.

En términos absolutos, la cantidad de becas adjudicadas por mujeres


ha sido siempre inferior a la de las adjudicadas por hombres en todo el
período analizado, sin embargo, esta brecha se ha ido acortando; si en
2001 la cantidad de becarios casi duplicaba a la de becarias (94 vs 53), en
el año 2014 es apenas un 17% más alta (1.295 vs 1.109). Ahora bien, si se
considera la tasa de adjudicación en relación a los proyectos admisibles
según sexo se observa que, al principio del período, las mujeres presentaban
mejores tasas de éxito que los hombres: en 2007 el 35,3% de ellas y el
31,5% de los hombres postulantes, obtuvieron la beca; en cambio, desde
el año 2008 esta tendencia se revierte, obteniendo los hombres mejores
resultados en sus postulaciones: el 52,1% de las postulantes y el 54,9% de
los postulantes obtuvieron este beneficio.

La decisión de postular al sistema de becas de CONICYT, tanto para


mujeres como para hombres, está mediada por un conjunto de decisiones
a nivel profesional y personal. Un estudio cualitativo realizado por FLACSO
concluye que, si bien no se detectan brechas de género en el proceso de

| GRÁFICO 3.32 | Becas adjudicadas y admisibles no adjudicadas, en el Programa de Formación


de Capital Humano Avanzado de CONICYT, por sexo, 2001-2014.

Total becas

7.000 4.489
4.127 1.831
6.000 1.584 4.290 4.288
832 956
5.000

4.000 1.872
1.704 1.662 1.598 1.913
1.250 1.361 1.505 1.569
1.214 1.446 1.109 1.295
3.000 1.521 1.142
1.322
1.195
2.000 962 669
887 528
686
342 331 390 320
1.000 247 292 363 248 332 288 362 265
97 204 262
156 184 116 138 178 142 167 225
53 94 130
0
Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Proyectos adjudicados Proyectos adminisbles no adjudicados

Fuente: Elaboración propia en base a CONICYT (2015). Participación Femenina en Programas de CONICYT, 2001-2014
Nota: El Programa de Formación de Capital Humano Avanzado de CONICYT está constituido por: Becas Complementarias, Becas de Doctorado en Chile,
Becas de Doctorado en el Extranjero, Becas de Magíster en Chile, Becas de Magíster en el Extranjero, Becas de Postdoctorado, Becas para Estudiantes de
Ingeniería, y Subespecialidades Médicas.

195
3. JUVENTUD

postulación o acceso a la información para postular a estas becas, existen


ciertas diferencias en la consecución de los estudios. En particular, a las
mujeres las afecta en mayor medida el ciclo de vida que a los hombres,
sobre todo, el tema del embarazo o su postergación y la conciliación de la
vida familiar con los estudios (FLACSO, 2008).
Un estudio de la OCDE y el Banco Mundial (2011) sobre el Programa Becas
Chile (PBC)15 sostiene que uno de los grandes aportes de este programa
fue haber acentuado intencionalmente la ampliación de los beneficios a las
mujeres, uno de los grupos tradicionalmente menos favorecidos por los
programas de becas en otros países.

El apoyo a estudiantes de magíster es similar por sexo, mientras que el


apoyo a estudiantes de doctorado continúa siendo mayor para los hombres
(Gráfico 3.33). Mientras una de cada dos becas para cursar el nivel de
magíster en Chile o en el extranjero es adjudicada a las mujeres, en el
nivel de doctorado se observa una brecha a favor de los hombres, que se
acentúa levemente para los que estudian fuera del país.

| GRÁFICO 3.33 | Proporción de becas nacionales y extranjeras adjudicadas para estudios de


magíster y doctorado, por sexo, 2014.

100%

90%

80%
51,8% 47,8%
70% 54,8%
59,3%

60%

50%

40%

30%
48,2% 52,2%
20% 45,2%
40,7%

10%

0%
En Chile En el extranjero En Chile En el extranjero
Magíster Doctorado

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a CONICYT (2015). Participación Femenina en Programas de CONICYT, 2001-2014
Nota: En la categoría “Magíster en el extranjero” se incluyeron las becas de Magíster en el Extranjero Becas Chile y Magíster en el Extranjero para Profesionales
de la Educación Becas Chile. La categoría “Doctorado en Chile” incluye las becas de Doctorado Nacional y Doctorado en Chile para Extranjeros. En “Doctorado
en el extranjero” se incluyeron las becas de Doctorado en el Extranjero Becas Chile; Doctorado con Acuerdo Bilateral en el Extranjero, CONICYT-DAAD; y
Doctorado con Acuerdo Bilateral en el Extranjero.

3.2. Jóvenes que solo trabajan de manera remunerada

El Gráfico 3.1 indica que durante el período 1990-2013 se observa una


disminución en la proporción de jóvenes de ambos sexos que se dedican
exclusivamente a trabajar de manera remunerada, tendencia que es más

15 El Programa Becas Chile es financiado con los intereses que se ganan sobre un fondo que Chile
mantiene en el exterior y cuyo origen son los ingresos generados por las exportaciones del cobre.

196
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

marcada entre los hombres, provocando como resultado una reducción


importante en la brecha de género a este respecto. Es así como en el
año 2013, entre las personas de 18 a 24 años, el 43,1% de los hombres
y el 28,3% de las mujeres se dedican exclusivamente a trabajar en forma
remunerada.
La disminución de la proporción de personas jóvenes trabajando se explica
por la mayor inserción en la Educación Superior y la extensión de los años
de escolaridad de las personas jóvenes respecto de sus pares hace tres
décadas atrás, y también por los cambios en las expectativas y roles de
género que se observan en las nuevas generaciones de chilenas y chilenos
(PNUD, 2010). Esta tendencia se vincula principalmente a las políticas
educacionales asociadas a un mayor acceso, y las mejores condiciones
económicas y sociales de las familias producto de un conjunto de políticas
públicas para disminuir la pobreza. Los recursos materiales y los escenarios
culturales presentes en los hogares donde viven las personas jóvenes
definen en gran medida sus proyecciones y aspiraciones, e influyen en las
actividades que pueden llevar a cabo. Cuando las carencias disminuyen,
es posible para las y los jóvenes planificar un futuro que incluya estudios de
nivel superior. Cuando los recursos son escasos, las y los jóvenes deben
ingresar al mercado laboral para asegurar y/o contribuir al aseguramiento de
su subsistencia.

Las medidas implementadas por el sistema educacional chileno, que no solo


implican inversión pública sino que además incorporan al sector privado, han
permitido un aumento considerable de la oferta de servicios educacionales
en el nivel superior, posibilitando el acceso de sectores que por sus recursos
económicos como por su formación inicial, estaban excluidos del sistema,
a una amplia gama de establecimientos, permitiéndoles incrementar
las oportunidades de mejorar los niveles educativos más allá del sector
universitario. Es así como hoy las y los jóvenes pueden aumentar sus
capacidades productivas estudiando en los IP o los CFT, con la posibilidad
de acceder a un mejor trabajo y de esta manera, aumentar su calidad de
vida. Estas nuevas oportunidades han permitido que incluso más mujeres
que hombres aumenten sus niveles de instrucción, pues la diversidad de la
oferta educacional ha ampliado también las opciones de combinar estudio
y trabajo, especialmente para aquellas que por causas diversas, asumen
responsabilidades familiares antes de haber terminado su proceso de
educación formal.

Las mujeres y los hombres jóvenes que se dedican exclusivamente a


trabajar, sin haber aumentado su capital humano en la Educación Superior16
y que, además, pertenecen a sectores vulnerables de la población, pueden
llegar a constituir un grupo particularmente frágil de la sociedad, ya que se
les puede dificultar la inserción laboral en empleos de calidad y el acceso a
remuneraciones que les permitan satisfacer las necesidades básicas de sus
familias. Esta población, aunque se declare como trabajando, en la mayoría
de los casos se inserta en el mercado laboral mediante relaciones laborales
de carácter informal, en trabajos precarios o temporales.

Estas personas jóvenes muy probablemente se encontrarán con problemas


estructurales en el futuro, con escasas posibilidades de progresar en
sus carreras laborales, debido a las debilidades en el desarrollo de sus

16 De acuerdo a lo registrado por la Encuesta CASEN, el año 2013 un 16,3% de las jóvenes y un
30,7% de los jóvenes de 18 a 24 años que se dedican exclusivamente a trabajar no alcanzaron a
terminar su Enseñanza Media.

197
3. JUVENTUD

competencias básicas y por la ausencia de alguna especialización de


calidad. Además, la dificultad para conseguir un “trabajo decente”17 puede
ir generando en ellos un estado de desánimo y una cultura de trabajo
caracterizada por la inestabilidad, lo que a su vez puede actuar como un
factor desmotivador para su participación en la fuerza laboral (Lupica, 2014).

Como se observa en el Gráfico 3.3, entre 1990 y 2013, la proporción


de mujeres y hombres jóvenes que exclusivamente trabajaba en forma
remunerada ha disminuido en todos los deciles de ingreso, con la excepción
de las mujeres de deciles II y III, para quienes la proporción ha aumentado
levemente (en un 3,2% y un 1,9%, respectivamente). Se observa que entre
las mujeres jóvenes que pertenecen a hogares con ingresos más altos, este
decrecimiento es más marcado que entre aquellas de hogares vulnerables,
por ejemplo, entre las mujeres del decil más rico la disminución de aquellas
que se dedican exclusivamente a trabajar de manera remunerada es desde
un 30,1% en 1990 a un 14,9% en el 2013; mientras que, entre las mujeres del
decil más pobre, la disminución fue solo desde un 21,7% hasta un 20,4%.
De este modo, las mayores tasas de disminución de esta proporción se
producen en los dos deciles más ricos, dando cuenta de las posibilidades
que se abrieron para estos grupos y que les permitieron restarse del
mercado laboral.

| GRÁFICO 3.34 | Distribución de jóvenes (18-24 años) que solo trabajan, según situación en la
fuerza de trabajo, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

100%

90% 14,0% 14,7%


18,6% 20,6% 19,5%
24,1%
80%

70%

60%

50%

40% 86,0% 85,3%


81,4% 79,4% 80,5%
75,9%
30%

20%

10%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

1990 2000 2013

Ocupado/as Desocupado/as

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas al 1% en ambas categorías todos los años.

17 El “trabajo decente”, es un concepto propuesto por la Organización Internacional del


Trabajo (OIT) que establece las condiciones que debe reunir una relación laboral para cumplir
los estándares laborales internacionales, de manera que el trabajo se realice en forma libre,
igualitaria, segura y humanamente digna. “Significa contar con oportunidades de un trabajo que
sea productivo y que produzca un ingreso digno, seguridad en el lugar de trabajo y protección
social para las familias, mejores perspectivas de desarrollo personal e integración a la sociedad,
libertad para que la gente exprese sus opiniones, organización y participación en las decisiones
que afectan sus vidas, e igualdad de oportunidad y trato para todas las mujeres y hombres.”

198
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Entre los hombres, las mayores tasas de descenso de esta proporción se


observan en los tres primeros deciles y en el decil IX, y la menor disminución
ocurre en el decil X (en todos los deciles las diferencias entre hombres y
mujeres son estadísticamente significativas).

En consecuencia, la brecha de género que indicaba que más hombres que


mujeres se dedicaban exclusivamente a trabajar de manera remunerada en
la etapa de la juventud ha disminuido entre 1990 y 2013, en especial, entre
las personas jóvenes de los primeros cuatro deciles de ingresos. La única
excepción, es decir, donde la brecha de género se amplía, se produce en el
decil X, como consecuencia de la pronunciada disminución en la proporción
de las mujeres que se dedican exclusivamente a trabajar de manera
remunerada y a una reducción menor de la proporción de hombres que lo
hacen.

La mayoría de las personas jóvenes que participan en el mercado laboral de


manera exclusiva se encuentran ocupadas (83,3%), pero dos de cada diez
están desocupadas, y la tasa de desempleo es mayor entre las mujeres que
entre los hombres. De acuerdo con la Encuesta CASEN 2013, entre las y los
jóvenes de 18 a 24 años que solo trabajan, un 19,5% de las mujeres y un
14,7% de los hombres está desocupado/a, cuestión que es inquietante pues
estas tasas triplican a las del promedio nacional (6,5% para las mujeres y 5,1%
para los hombres, en el trimestre móvil oct-nov-dic, de 2013, NENE, INE).

Las y los jóvenes enfrentan barreras en el ingreso al mercado laboral que


se traducen en tasas de desempleo juvenil más altas que la media. Entre
dichas barreras, se encuentra la menor preparación para el mercado laboral
en comparación con los adultos, debido a que las habilidades cognitivas y
no-cognitivas que entrega el sistema educacional no siempre son suficientes
o no están adecuadas a las demandas del mercado de trabajo. De la misma
forma, las dificultades de inserción laboral de las y los jóvenes pueden deberse
a que los empleadores no están dispuestos a contratar trabajadores/as
sin experiencia porque su productividad es incierta. Además, puede existir
discriminación a estudiantes que provienen de un sistema escolar que se
espera provea educación de baja calidad. Finalmente, la situación desfavorable
de las y los jóvenes puede deberse a que las oportunidades de trabajo no
están distribuidas equitativamente en la sociedad. Como señala Repetto (2013),
“quienes están insertos en grupos sociales en los que también participan
personas que ya están ocupadas, tienen una mayor probabilidad de encontrar
empleo ellos mismos. Sin embargo, el empleo está concentrado en los
hogares de mayores ingresos, de modo que los trabajadores pertenecientes a
los grupos sociales más vulnerables tienen menos oportunidades de ocuparse
a través de sus redes sociales. Ello incidiría con mayor fuerza entre los jóvenes
de hogares vulnerables”.

3.3 Jóvenes que no estudian ni trabajan

En Chile, de acuerdo a los datos registrados por la Encuesta CASEN 2013,


hay aproximadamente 340 mil jóvenes de 18 a 24 años de edad que no
están inscritos en un establecimiento educacional y que tampoco están
empleados o buscando trabajo. Aunque las estadísticas muestran una
disminución importante en la proporción de estos jóvenes, en la actualidad
un 16% no estudia ni trabaja en este tramo etario. Son las personas jóvenes
conocidas como “NINI” (“ni estudia ni trabaja”), que se encuentran en
situación de desafiliación institucional, ya que no están integrados a los
mecanismos tradicionales de inclusión social en la juventud, como son la
educación y el trabajo.

199
3. JUVENTUD

En la actualidad, las mujeres duplican la proporción de hombres que no


estudian ni trabajan: 21,5% de las mujeres y 10,3% de los hombres (Gráfico
3.1) están en dicha situación. Pese a esta realidad, la proporción de mujeres
jóvenes NINI se redujo a la mitad desde 1990 (42,9%), mientras que la
proporción de hombres se ha mantenido prácticamente estable, en torno al
10%.

En relación al estrato socioeconómico, como se observa en el Gráfico


3.3, la proporción de mujeres NINI disminuyó entre 1990 y 2013 en todos
los deciles de ingresos, siendo mayor la tasa de descenso en los cuatro
deciles más ricos (sobre un 60%). A su vez, la evolución de la proporción
de hombres NINI en cada uno de los deciles de ingresos muestra una
trayectoria mucho más heterogénea entre 1990 y 2013, creciendo entre los
primeros siete deciles (excepto en el decil III) y disminuyendo en los tres
deciles más ricos. La combinación de ambas tendencias da por resultado
una disminución en la brecha de género (en desmedro de las mujeres) entre
las y los jóvenes NINI en cada uno de los deciles de ingresos.

Por otra parte, la proporción de jóvenes que no estudia ni trabaja disminuyó


a menos de la mitad entre las mujeres rurales, pasando del 69,4% en 1990
al 31,9% en 2013, y a casi la mitad entre las urbanas, pasando de 38,1% a
20,3%, respectivamente. Sin embargo, esta proporción aumentó levemente
entre los hombres rurales (de 8,3% al 11,6%, entre 1990 y 2013) y urbanos
(9,4% y 10,1%, respectivamente). Pese a ello, la proporción de mujeres
NINI es mayor a la de los hombres en las dos zonas, siendo la diferencia
particularmente alta en el ámbito rural.

En el caso de las mujeres que se encuentran en esta categoría, la mayoría


trabaja en tareas del hogar y de cuidado de otros miembros de la familia,
tales como adultos mayores, hermanos menores o sus propios hijos e
hijas. Como se muestra en el Gráfico 3.35, la maternidad, el embarazo y
los deberes del hogar son la razón principal de la inactividad de las jóvenes
NINI, alcanzando al 55,4% de las jóvenes que no estudian ni trabajan,
(específicamente, un 33,8% por maternidad y 21,6% por quehaceres del
hogar). En relación a los años anteriores, se observa positivamente la
disminución del peso relativo de aquellas jóvenes NINI por responsabilidades
domésticas (39,5% en el 2000 y 57,9% en 1990); pero, preocupa el
incremento de la importancia relativa de la maternidad y embarazo como
razón principal de la falta de estudios y/o trabajo entre las jóvenes (30,7%
en el 2000 y 22,2% en 1990). Cabe señalar, además, que una proporción
importante de las jóvenes NINI considera como motivación principal para
su inactividad el haber finalizado sus estudios, cuestión preocupante si
se considera que el 30,6% de ellas no ha alcanzado siquiera a terminar
la Enseñanza Media, y que solo el 12,5% ha llegado a tener estudios en
Educación Superior.

De acuerdo a la Encuesta CASEN del año 2013, entre los hombres


jóvenes, la paternidad prácticamente no es una razón argumentada para
conformar el conjunto de los NINI (0,8%). En cambio, destaca como principal
justificación el haber terminado los estudios (33,4%) y, al igual que entre
las mujeres, llama la atención el hecho que 3 de cada 10 de estos jóvenes
no ha completado la Enseñanza Media y que solo 1 de cada 10 de ellos
haya alcanzado estudios en Educación Superior. Además, entre los jóvenes
NINI prevalecen, más que entre las mujeres, razones como falta de interés
(17% y 6,2%, respectivamente), y razones de enfermedad y/o discapacidad
(10,7% y 3,5%, respectivamente). Cabe señalar que un 36,6% de ellos
tiene “otras razones” para encontrarse inactivo, entre las cuales, como
indica Repetto (2013), podrían estar los problemas de rendimiento escolar,
el no poder insertarse o reinsertarse en el sistema educativo superior

200
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

(técnico o universitario) porque sus familias no pueden costear los estudios,


o dificultades para entrar al mercado laboral debido a la exigencia de
exhibir experiencia laboral que no tienen, o por el desincentivo de obtener
magros ingresos (salarios mínimos) muy alejados de poder satisfacer sus
expectativas de consumo y/o para alcanzar una calidad de vida digna.

La alta proporción de mujeres jóvenes que se encarga de actividades


domésticas y de cuidado de sus familias como tareas exclusivas es prueba
irrefutable de la desigualdad de oportunidades y de acceso al ámbito
público entre las mujeres y los hombres en la juventud. Este fenómeno,
que no es nuevo, tiene implicancias más profundas en el contexto social
contemporáneo, en el que la deserción escolar precoz y la baja participación
en el mercado laboral son grandes obstáculos para la obtención de ingresos
y autonomía económica, perpetuando la vulnerabilidad de las mujeres en
estos grupos sociales (Lupica, 2014).

De esa forma, prevenir el embarazo en edades tempranas, apoyar


institucionalmente el cuidado infantil para que las madres jóvenes puedan
continuar sus estudios o insertarse en el mercado laboral y eliminar
las barreras educacionales, de capacitación y laborales, son políticas
imprescindibles para este grupo de jóvenes.

La juventud contiene los hitos clave de la trayectoria reproductiva de


las personas, dado que es la etapa en que la mayoría de las personas

| GRÁFICO 3.35 | Distribución de razones para no estudiar ni trabajar entre jóvenes (18-24 años),
por sexo, 1990, 2000 y 2013.

Total jóvenes

100%
7,8% 10,2%
90% 10,4%
17,0%
6,2%
80% 1,7% 36,6%
9,2%
52,1%
3,6% 24,6%
70%
65,8%
60%
3,5%
57,9% 17,0%
50% 39,5%
21,6%
40%
20,9%

30% 33,4%

23,7%
20% 16,7% 33,8%
30,7%
10% 22,2%
10,7%
10,1% 9,5%
0,2% 1,0% 0,0% 1,5% 0,8%
0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

1990 2000 2013

Maternidad/paternidad Quehaceres Razones de salud Terminó de estudiar No le interesa Otras razones


o embarazo domésticos

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990, 2000 y 2013.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas todos los años en todas las categorías (1%).
Para detalle de “Otras razones”, ir a Anexo Metodológico.
Las encuestas de los años 1990 y 2000 no permiten identificar a los inactivos cuya razón es “Terminó de estudiar”.

201
3. JUVENTUD

RECUADRO 3.2
Sexualidad, maternidad y paternidad en la juventud
se encuentra sexualmente activa. De acuerdo a los resultados de la VII Encuesta
Nacional de la Juventud 2012 (INJUV, 2013), un 77 % de las y los jóvenes de 18 a 24
años se ha iniciado sexualmente.

Respecto del uso de métodos de prevención de embarazos e infecciones de


transmisión sexual, los resultados de esta encuesta (INJUV, 2013) muestran que este
ha aumentado sostenidamente en los últimos años. Actualmente, la población juvenil
ya iniciada sexualmente que declara usar métodos preventivos en su última relación
sexual asciende a 82,4%, casi diecisiete puntos más que la que lo hacía en el año
2000 (65,7%).

La brecha existente entre hombres y mujeres ha disminuido a lo largo de los años. En


la actualidad se observa que la prevención en la última relación sexual es practicada
en proporciones similares por hombres (80,9%) y mujeres (83,9%), distinguiéndose
del escenario del año 2000 en que las jóvenes se protegían en mayor medida que
los jóvenes (72,8% y 59,1%, respectivamente). Sin embargo, se observa una brecha
socioeconómica en cuanto al uso de métodos de prevención de embarazos e
infecciones, pues mientras el 88,9% de las y los jóvenes de nivel socioeconómico
(NSE) más alto señala haber usado métodos de prevención en su última relación
sexual, en el grupo de NSE más bajo esto ocurre en una proporción 12 puntos
porcentuales menor (77,4%).

Entre las principales razones que la población joven declara para no haber usado
métodos de prevención en su última relación se encuentran: “tengo pareja estable”
(31,6% de las mujeres y 32,5% de los hombres), “no me gusta usar ninguno de los
métodos que conozco” (19,5% de las mujeres y 39,8% de los hombres) o “quería
tener un hijo o una hija” (18,1% de las mujeres y 20,9% de los hombres%). En
cuanto a los motivos relacionados con la desinformación, el desconocimiento o las
dificultades en el acceso, se observa que, aunque presentan bajos porcentajes de
respuesta, estos sí son una razón para que algunos jóvenes no se protejan durante la
relación sexual (6,1% de las mujeres y 9,3% de los hombres).

El aumento en el uso de métodos de prevención y de la edad de la maternidad y la


paternidad han provocado una disminución de la población joven con descendencia,
en particular, entre 1990 y 2004. A partir de ese año, entre las mujeres de entre 20
y 24 años, vuelve a aumentar la maternidad, aunque no a los niveles de la década
del noventa. A partir de 2007, se estabiliza el número de madres primerizas de este
tramo etario, en alrededor de 35 mil mujeres (Gráfico 3.36).

Los hombres de entre 20 y 24 años que fueron padres también presentan una caída
entre 1990 y 2007, para a partir de ese año, estabilizarse en alrededor de 42 mil (no
hay información disponible acerca de la condición de primerizo o no, en este caso).
Como consecuencia, aunque se observa que la probabilidad de las mujeres jóvenes
de tener responsabilidades familiares durante la juventud es mayor que la de los
hombres jóvenes, la brecha ha disminuido, diferencia que alcanza sus valores
mínimos en 2001, 2002 y 2006, momento a partir del cual crece incluso superando a
los valores del principio del período bajo estudio (en 1990 la brecha era del 23,4% y
en 2013, de 28,3%).

En términos relativos, mientras que en 1990 el 13,9% de las mujeres entre 20


y 24 años fueron madres, en 2013 solo lo fueron el 7,7%. Entre los hombres,
dichos porcentajes son 10,6% y 5,4%, respectivamente. De manera análoga, si
consideramos el total de las mujeres que fueron madres, en 1990 las que tenían
entre 20 y 24 años representaban al 29,2%, mientras que en 2013, han bajado su
importancia al 23,5% (INE). Esta disminución se condice con lo que se observó en

202
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

este capítulo, relativo al considerable aumento de la inserción de las jóvenes en la


Educación Superior, lo que las dota de proyectos alternativos al de la maternidad
temprana.

Para algunas personas jóvenes, el embarazo y la maternidad o paternidad son


hechos anhelados y planificados, pero para otros, al producirse inesperadamente,
suele desencadenar crisis y despierta una serie de sentimientos encontrados
acerca del futuro personal y de las consecuencias que acarreará, principalmente
relacionados con la reintegración o continuidad en el sistema educacional y las
futuras oportunidades laborales y de autonomía económica.

En Chile, el 16% de las y los jóvenes (18-24 años) que se encuentran sexualmente
activos ha experimentado un embarazo no planificado (ENP), existiendo importantes
diferencias por sexo en detrimento de las mujeres (19,7% versus 12,4%) y por nivel
socioeconómico: mientras que el 18,5% de las y los jóvenes de 18 a 24 años de NSE
bajo declara haber experimentado un ENP, solo el 5,2% de aquellos de NSE alto lo
hace (INJUV, 2013).

| GRÁFICO 3.36 | Mujeres y hombres entre 20 y 24 años que fueron madres y padres,
distinguiendo madres primerizas, 1990-2013.

Miles de nacimientos
90
85,3
80 79,4
76,4 74,8 74,5
71,7 69,9
70 66,3
65,3
62,1 63,2
59,9 59,9 59,3 60,4 59,9 59,4
60 58,7 58,6 58,0 57,1 55,9 55,4 57,9 58,1 56,9
56,2 54,7 54,5 53,5 54,0 54,3 56,2
51,5
50 49,6 48,9 48,1
45,7 45,0 45,9 46,9
43,0 42,1 42,7 42,5
39,6 41,0 40,8
40

30

20

10

0
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres

1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013

Madres primerizas Madres no primerizas Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Estadísticas Vitales INE, 1990-2013

Elaboración propia en base a Estadísticas Vitales INE, 1990 - 2012, y a INJUV, 2013.

203
4. ADULTEZ

4.
204
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

CAPÍTULO 4

Brechas de
género en la
adultez
(25 a 59 años)

205
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

4.
En 2015, casi la mitad de la población
corresponde a las y los adultos entre 25 y
59 años (49,3%, INE). El presente capítulo
analiza los avances y desafíos observados
en el logro de la igualdad entre mujeres
y hombres adultos, prestándose especial
atención a la evolución de las brechas de
género en torno al trabajo no remunerado y
remunerado.

207
4. ADULTEZ

4.1 Adultez y jefatura de hogar

Como se ha mencionado en capítulos previos, a lo largo de las últimas


décadas, nuestro país ha experimentado cambios profundos en la
composición de sus familias y “la diversificación de las estructuras familiares
en América Latina es una tendencia compartida y que se mantiene en
marcha” (Ullmann, Maldonado y Rico, 2010). En este sentido, las mujeres
jefas de hogar constituyen un segmento cada vez más preponderante en
la sociedad. Con datos de la Encuesta CASEN, se observa que, del total
de jefes/as de hogar entre 25 y 59 años en Chile, las mujeres más que
duplicaron su representación entre 1990 y 2013, pasando de un 15,7% a
un 35,5%, respectivamente (ver Gráfico 4.1). Esto, que podría ser una señal
de progresismo y relaciones de género equilibradas, no lo es, porque en
general, las mujeres son jefas de hogar cuando no hay un hombre en este.

Una de las características más relevantes que distingue la jefatura femenina


de la masculina en la adultez, es la presencia o ausencia de pareja en el
hogar (ver Recuadro 4.1); aunque lo que prima es la vida en pareja (64,3%
de los hogares son biparentales), progresivamente se transita a la ausencia
de esta (en 1990 un 79,6% de los hogares eran biparentales).

| GRÁFICO 4.1 | Jefes/as de hogar (25-59 años) por sexo, 1990-2013.

Miles de personas

4.000

3.500

3.000

2.500
2.072,5 2.187,3
2.000
2.229,6
2.328,8 2.222,1
1.500 2.253,1 2.306,1
2.034,5 2.111,1 2.188,9
1.912,2
1.000
1.205,6
500 912,3
1.171,9
636,4 763,0
355,4 383,4 415,8 432,8 492,4 537,8
0
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990 - 2013.


Nota: Las diferencias entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas todos los años (1%).

208
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

En el Gráfico 4.2.1 se ve que entre la población adulta (25-59 años), la


proporción de casados/as ha disminuido en un tercio (desde un 67,7% a
41,7%), y la proporción de convivencias se ha triplicado (desde alrededor de
6,4% a 19%), entre 1990 y 2013. En la suma, es preciso destacar que a lo
largo del período, una proporción mayor de hombres que de mujeres vive en
pareja. En 1990, el 78% de los hombres y el 70,5% de las mujeres estaban
casados o convivían, mientras que en 2013 lo hacen el 64% y el 57,8%,
respectivamente. El correlato de esto se encuentra en que, en proporción,
casi el doble de mujeres que de hombres, se encuentran separadas,
anuladas o divorciadas (en 2013: 13,7% vs 6,8%), y casi cinco veces más,
viudas (en 2013: 2,1% vs 0,5%) (Encuesta CASEN).

Otro crecimiento relevante ocurre con la proporción de personas solteras. A


principios de los noventa un 18,3% de las mujeres y 18,2% de los hombres
lo estaba, mientras que actualmente lo está un 26,4% de las mujeres y un
28,7% de los hombres. Si se distinguen subtramos al interior del tramo etario
de interés, estudiando las estadísticas de la Encuesta CASEN se constata
que a pesar que entre las y los adultos de 25 a 29 años han aumentado
los solteros (desde un 33,8% de las mujeres y un 41,6% de los hombres
en 1990, hasta un 53,3% y 61%, respectivamente, en 2013), es importante
señalar que entre el total de adultos/as solteros/as ha disminuido la
proporción de aquellos que poseen entre 25 y 29 años (desde un 45,3% en
1990 a un 32,7% en 2013) y ha aumentado el peso relativo de la población
de 40 a 59 años (desde un 21,5% al inicio del período a un 35,1% en 2013).
De este modo, y aunque entre las y los adultos solteros aquellos de 25 a 29
años siguen siendo la proporción mayoritaria, se constata que en los últimos
25 años ha habido una diversificación, expandiéndose a tramos de más
edad que tradicionalmente se encontraban viviendo en pareja.

Por otro lado, observando los Gráficos 4.2.2 y 4.2.3, se puede ver cómo ha
evolucionado en un análisis de punta a punta (1990-2013) la población entre
25 y 59 años según su estado civil y el parentesco con el jefe/a de hogar.
Es así como se observa que entre las mujeres casadas, se cuadruplicó la
proporción que de ellas son jefas de hogar (de un 2,2% a un 9,5%), y que
entre las que conviven con sus parejas, esta proporción casi se quintuplicó
(pasando de un 4,3% a un 20,7%), aunque en ambos casos, son mayoría las
que son parejas del jefe de hogar.

Respecto de las personas solteras en este tramo etario, la mayoría son


hijos/as, yerno o nuera del jefe/a de hogar. Sin embargo, es interesante ver
cómo se ha más que duplicado la proporción de mujeres solteras que son
jefas de hogar, pasando de un 15,6% en 1990 a un 37,9% en 2013. Dentro
de estas últimas mujeres, el 74% es jefa de un hogar monoparental, el 9,5%
de un hogar sin núcleo y un 16,5% de un hogar unipersonal. En el caso de
los hombres, la proporción de solteros jefes de hogar también ha crecido,
pero no se alcanzó a duplicar, pasando del 11,4% al 18,9%. De estos
últimos, el 9,6% es jefe de un hogar monoparental, el 31,2% de un hogar sin
núcleo y un 59,2% de un hogar unipersonal. El desarrollo económico del país
y la caída de algunos conservadurismos han permitido que más personas
emprendan proyectos de vida en soltería. Sin embargo, las estadísticas dan
cuenta de las mayores facilidades -económicas y culturales- que tienen los
hombres en comparación con las mujeres, para armar este tipo de hogares.
Pues mientras la mayoría de ellos se desenvuelve en hogares unipersonales
o sin núcleo, en el caso de las mujeres, la mayoría tiene a su cargo al menos
un hijo o hija, lo que aumenta sus factores de riesgo de vulnerabilidad.

209
4. ADULTEZ

| GRÁFICO 4.2 | Distribución porcentual de adultos (25 a 59 años) según estado


civil, por sexo, 1990-2013.

4.2.1 Distribución porcentual de adultos (25 a 59 años) según estado civil, por sexo, 1990-2013.
4,4% 0,9% 4,0% 0,9% 3,5% 0,9% 3,2% 0,8% 3,3% 0,7% 2,8% 0,8% 2,7% 0,6% 2,6% 0,6% 2,4% 0,5% 2,2% 0,7% 2,1% 0,5%
100% 2,9% 3,2% 3,2% 3,9% 3,9% 4,4% 4,9% 5,7% 5,6% 6,8% 6,8%
7,1% 7,8% 8,7% 8,7% 9,2% 10,2% 11,1%
90% 6,8% 6,9% 12,8% 13,7%

80% 71,0% 63,8% 69,3% 64,9% 69,2% 61,6% 65,2% 60,7% 64,5% 59,3% 62,1% 55,8% 58,1% 51,2% 52,6% 48,3% 50,3% 43,0% 45,8% 40,5% 43,1%
64,7%
70%
60%
50%
20,9%
40% 18,2% 16,5%
19,4% 17,3%
17,5% 15,5%
30% 12,5% 13,2%
15,1% 15,2%
10,9% 11,1% 11,0%
7,0% 6,6% 7,6% 7,7% 9,9% 9,6%
20% 5,8% 6,8%

10% 18,3% 18,2% 18,7% 18,9% 17,7% 19,0% 17,5% 19,1% 17,6% 19,8% 18,2% 20,1% 19,1% 21,3% 20,7% 23,7% 22,7% 25,3% 25,5% 27,2% 26,4% 28,7%

0
Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Soltero/a Conviviente o pareja Casado/a Separado/a, anulado/a o divorciado/a Viudo/a

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990 - 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en todos los años para Casado/a (1%), Conviviente o
pareja (1%), Anulado/a (1%), Separado/a (1%), Divorciado/a (1%) y Viudo/a (1%); y en 1994, 1996, 1998, 2000, 2003, 2006, 2009, 2011 y 2013 para Soltero/a (1%).

4.2.2 Distribución porcentual de adultos (25-59 años) según estado civil y relación de parentesco con el jefe/a de hogar, por sexo, 1990.
100%
90%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10%
0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

Casado/a Conviviente o pareja Soltero/a Separado/a, anulado/a o viudo/a

No familiar 0,2% 0,4% 0,9% 0,5% 10,0% 3,4% 1,8% 1,7%

Otro familiar 0,5% 0,8% 1,3% 1,4% 13,4% 12,8% 5,3% 10,6%
Padre, madre o suegro/a 0,1% 0,1% 0,1% 0,0% 0,4% 0,0% 4,0% 2,2%
Hijo/a, yerno o nuera 6,7% 8,0% 6,6% 8,8% 60,7% 72,5% 19,0% 36,7%
Pareja del jefe/a de hogar 90,1% 0,3% 86,8% 2,4% 0,0% 0,0% 0,0% 0,0%
Jefe/a de hogar 2,2% 90,4% 4,3% 86,8% 15,6% 11,4% 69,9% 48,7%

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en los Jefes/as de hogar con estado civil: Casado/a (1%),
Conviviente o pareja (1%), Soltero/a (1%) y Anulado/a, separado/a o viudo/a (1%); en las Parejas del jefe/a de hogar con estado civil: Casado/a (1%) y Conviviente
o pareja (1%); en la categoría hijo/a, yerno o nuera con estado civil: Casado/a (1%), Conviviente o pareja (5%), Soltero/a (1%) y Anulado/a, separado/a o viudo/a
(1%); en la categoría Padre, madreo suegro/a con estado civil: Soltero/a (1%) y Anulado/a, separado/a o viudo/a (5%); en Otro familiar con estado civil: Casado/a
(1%) y Anulado/a, separado/a o viudo/a (1%); y en No familiares con estado civil: Casado/a (1%) y Soltero/a (10%).

210
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

4.2.3 Distribución porcentual de adultos (25-59 años) según estado civil y relación de parentesco con el jefe/a de hogar, por sexo, 2013.

100%
90%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10%
0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

Casado/a Conviviente o pareja Soltero/a Separado/a, anulado/a o divorciado/a

No familiar 0,0% 0,1% 0,3% 0,9% 1,1% 3,3% 0,5% 1,3%


Otro familiar 0,4% 0,6% 1,3% 1,6% 9,0% 13,7% 2,7% 10,6%
Padre, madre o suegro/a 0,1% 0,1% 0,1% 0,1% 1,1% 0,1% 2,8% 1,3%
Hijo/a, yerno o nuera 3,2% 3,7% 10,3% 12,3% 50,9% 64,1% 14,9% 35,1%
Pareja del jefe/a de hogar 86,7% 9,4% 67,3% 19,9% 0,0% 0,0% 0,0% 0,0%
Jefe/a de hogar 9,5% 86,1% 20,7% 65,2% 37,9% 18,9% 79,1% 51,7%

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en los Jefes/as de hogar con estado civil: Casado/a (1%),
Conviviente o pareja (1%), Soltero/a (1%) y Anulado/a, separado/a o viudo/a (1%); en las Parejas del jefe/a de hogar con estado civil: Casado/a (1%) y Conviviente
o pareja (1%); en la categoría Hijo/a, yerno o nuera con estado civil: Casado/a (1%), Conviviente o pareja (1%), Soltero/a (1%) y Anulado/a, separado/a o viudo/a
(1%); en la categoría Padre, madre o suegro/a con estado civil: Soltero/a (1%) y Anulado/a, separado/a o viudo/a (10%); en Otro familiar con estado civil:
Casado/a (10%), Soltero/a (1%) y Anulado/a, separado/a o viudo/a (1%); y en No familiares con estado civil: Casado/a (5%), Conviviente o pareja (1%), Soltero/a
(1%) y Anulado/a, separado/a o viudo/a (1%).

RECUADRO 4.1
Mujeres solas, con hijos e hijas a cargo.
De acuerdo con la información de la Encuesta CASEN, en Chile en los últimos
veinticinco años prácticamente se duplicó la proporción de hogares encabezados por
una mujer: en 1990, el 20,2% de los hogares del país reconocía a una mujer como
jefa de hogar, porcentaje que alcanza al 37,9% de los hogares en el año 2013. Sin
embargo, este aumento en la jefatura, está lejos de ser un signo de modernización
y relaciones paritarias entre hombres y mujeres, porque en general, las mujeres son
jefas de hogar cuando no hay un hombre en este.

Si se consideran solo los hogares con jefes/as de hogar adultos entre 25 y 59 años,
se observa que la jefatura femenina es aún más baja: en 1990 un 15,7% de estos
hogares era liderado por una mujer, proporción que el 2013 asciende al 35,5%. Un
4,2% de las mujeres jefas de hogar ejerce este rol en hogares sin núcleo, un 8,9% en
hogares unipersonales, un 60,7% en hogares monoparentales y un 26,2% en hogares
biparentales. Estas proporciones son muy distintas entre los hombres que son jefes
de hogar, pues un 3,4% de ellos ejerce este rol en hogares sin núcleo, un 8,2% en
hogares unipersonales, un 3,2% en hogares monoparentales y un 85,3% en hogares
biparentales.

Los hogares monoparentales, es decir, aquellos que se constituyen por una madre
sola o un padre solo y sus hijos/as, han aumentado paulatinamente en el tiempo.
Es así como, mientras en el año 1990 representaban al 19,8% de todos los hogares

211
4. ADULTEZ

en Chile, en el año 2013 este porcentaje se incrementó hasta alcanzar al 27,6%.


Entre las y los adultos (25-59 años), un 23,6% de los hogares son monoparentales:
el 91,3% de ellos tiene jefatura femenina, y como las mujeres en general tienen
una inserción más precaria que los hombres en el mercado laboral, es posible
augurar, entre otras, las dificultades que dichos hogares enfrentarán en todo su
desenvolvimiento dentro de la sociedad, en términos de las restricciones en el
acceso a toda la serie de bienes y servicios que están mediados por un pago.

En general, este tipo de hogares son resultado de situaciones vitales como la


maternidad en soltería; la desintegración de un hogar biparental, debido a la
separación legal o de hecho del matrimonio o convivencia, así como por la muerte
de uno de los cónyuges. El año 2013, entre las adultas (25-59 años), los hogares
monoparentales estaban conformados principalmente por mujeres solteras (42,8%),
separadas, divorciadas o anuladas (48,3%) y viudas (8,8%) reconocidas como jefas
de sus hogares.

Aunque los hogares monoparentales se han extendido como organización familiar


entre las mujeres de sectores sociales medios y altos, el aumento de la jefatura de
hogar femenina es proporcionalmente más importante en los estratos más pobres, lo
que explica, precisamente, la mayor incidencia de la pobreza en este tipo de familias.

De hecho, entre los hogares monoparentales con jefatura femenina, la pobreza


no extrema llega al 14,5% y la extrema al 8,3%, mientras que entre los hogares
monoparentales con jefatura masculina la pobreza no extrema llega al 9,9% y la
extrema, apenas al 1,8%.

| GRÁFICO 4.3 | Distribución porcentual del tipo de hogar según decil de ingreso
autónomo, por sexo del jefe de hogar (25-59 años), 2013.

3,7% 1,9% 2,5% 1,0% 2,4% 2,1% 3,7% 2,4% 4,9% 2,3% 5,4% 2,3% 4,0% 4,5% 5,8% 3,6% 6,3% 5,4% 5,2% 6,0%
5,1% 7,4% 2,7% 1,6% 3,2% 1,3% 3,8% 1,6% 3,5% 3,6% 5,6% 2,1% 13,4% 7,2% 13,4% 11,7% 17,0% 13,4% 30,3% 23,8%
100%
2,1% 4,5% 2,8% 3,2%
90% 2,9%
2,5%
3,8%
4,2%
80% 2,5%
70% 3,1%
60% 67,5% 61,4% 62,6%
73,6% 67,6% 53,2% 47,5%
76,5% 45,9%
50% 32,9%
95,3% 92,2% 93,2% 92,3%
91,3%
40% 88,3% 84,5% 80,4% 78,8% 67,2%
30%
20%
30,2% 29,4% 33,3% 30,8% 31,6%
10% 21,2% 26,7% 25,1% 26,3%
14,6%
0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

I II III IV V VI VII VIII IX X

Hogar Biparental Hogar Monoparental Hogar Unipersonal Hogar sin núcleo

Fuente: Elaboración propia en base a la Encuesta CASEN, 2013.

Nota: En el decil I, las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en Hogar biparental (1%), Hogar
monoparental (1%), Hogar unipersonal (1%) y Hogar sin núcleo (1%); en el decil II, en Hogar biparental (1%), Hogar monoparental (1%), Hogar unipersonal (1%) y
Hogar sin núcleo (1%); en el decil III, en Hogar biparental (1%), Hogar monoparental (1%) y Hogar unipersonal (1%); en el decil IV, en Hogar biparental (1%), Hogar
monoparental (1%), Hogar unipersonal (1%) y Hogar sin núcleo (5%); en el decil V, en Hogar biparental (1%), Hogar monoparental (1%) y Hogar sin núcleo (1%); en
el decil VI, en Hogar biparental (1%), Hogar monoparental (1%), Hogar unipersonal (1%) y Hogar sin núcleo (1%); en el decil VII, en Hogar biparental (1%), Hogar
monoparental (1%) y Hogar unipersonal (1%); en el decil VIII, en Hogar biparental (1%), Hogar monoparental (1%) y Hogar sin núcleo (1%); en el decil IX, en Hogar
biparental (1%), Hogar monoparental (1%) y Hogar unipersonal (1%); y en el decil X, en Hogar biparental (1%), Hogar monoparental (1%) y Hogar unipersonal (1%).

212
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

En el mismo sentido, se observa en el Gráfico 4.3 que en los hogares con jefatura
femenina que pertenecen a los deciles de ingreso más bajo es mayor la prevalencia
de hogares monoparentales (76,5% en el primer decil), siendo muy baja la
importancia relativa de los biparentales (14,6% en el primer decil) y unipersonales
(5,1%). Mientras que en los deciles más ricos, los tipos de hogares con jefatura
femenina tienden a diversificarse: aunque los monoparentales siguen siendo
mayoritarios (32,9% en el decil X), los hogares biparentales (31,6% en el decil X) y
unipersonales (30,3% en el decil X) aumentan en términos proporcionales. De este
modo, entre las familias con mayores ingresos las jefaturas femeninas sí son indicio
de mayor empoderamiento de las mujeres y, por tanto, indicador de la prevalencia de
nuevos elementos normativos que propician su desarrollo personal y relaciones más
igualitarias entre géneros.

Una variable relevante que contribuye a explicar las mayores cifras de pobreza
entre las mujeres jefas de hogares monoparentales es la dificultad para insertarse
en el mercado de trabajo y compatibilizar sus obligaciones laborales con sus
responsabilidades familiares.

De hecho, en términos proporcionales, como se ve en el Gráfico 4.4, este tipo de


hogares generan menos ingresos del trabajo que los hogares con jefatura masculina
y dependen, en mayor medida, de otro tipo de ingresos, ya sea de alguna otra fuente
autónoma, destacándose el dinero por pensiones de alimentos provistas por los
padres de sus hijos/as, o aquellos provenientes de subsidios monetarios realizados
por el Estado al hogar.

| GRÁFICO 4.4 | Distribución porcentual de tipos de ingresos según


tipo de hogar, por sexo del jefe de hogar (25-59 años), 2013.

100%
90% 81,9% 64,1% 75,3% 67,6% 82,2% 83,8% 81,1% 80,9%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10% 11,4% 18,4% 16,5% 14,1% 12,2% 10,8% 13,2% 10,5%
0
Biparental Monoparental Unipersonal Sin núcleo Biparental Monoparental Unipersonal Sin núcleo

Mujeres Hombres

Ingresos del Trabajo en el hogar 81,9% 64,1% 75,3% 67,6% 82,2% 83,8% 81,2% 80,9%
Jubilación o pensión de vejez 1,4% 0,8% 0,3% 4,2% 1,0% 1,4% 0,6% 2,1%
Montepío o pensión de viudez 0,4% 1,7% 0,8% 2,7% 0,2% 0,3% 0,0% 1,1%
Arriendo de propiedades o bienes 0,9% 1,1% 1,5% 1,2% 1,2% 0,6% 1,8% 0,8%
Pensión de alimentos 0,8% 8,0% 0,5% 0,7% 0,4% 0,9% 0,0% 0,2%
Otros Ingresos Autónomos 1,7% 3,1% 4,5% 7,2% 1,6% 1,7% 2,9% 2,9%
Subsidios Monetarios 1,6% 2,8% 0,6% 2,3% 1,2% 0,9% 0,3% 1,5%
Ingresos por Alquiler Imputado 11,4% 18,4% 16,5% 14,1% 12,2% 10,8% 13,2% 10,5%

Fuente: Elaboración propia en base a la Encuesta Casen, 2013.

Nota: Detalles de lo considerado en cada categoría de ingreso, en el Anexo Metodológico.

213
4. ADULTEZ

Es más, en 1990, del total de hogares monoparentales con jefatura femenina, un


42,2% no contaba con la inserción laboral de la jefa de hogar (versus el 17% de los
con jefe de hogar masculino); en 2013 la proporción disminuye al 21% (5,7% entre los
hombres), pero sigue siendo alta, lo que da cuenta de la precariedad de estos hogares.

Desde el gobierno chileno se han impulsado políticas y programas para aminorar las
dificultades económicas de estos hogares, como por ejemplo, el programa “Mujeres
Trabajadoras y Jefas de hogar”, dirigido a mujeres entre 25 y 60 años que pertenecen
al 30% de los hogares más pobres, con el objetivo de mejorar su empleabilidad e
inserción laboral, entregando herramientas para enfrentar las principales barreras de
acceso que enfrentan en los mercados de trabajo1.

Sin embargo, la falta de políticas más efectivas para la conciliación de la vida laboral
y familiar y el fomento de la corresponsabilidad social, para que las necesidades
de cuidado sean compartidas entre mujeres y hombres –independientemente
de su situación conyugal- hace que el peso de las responsabilidades familiares
siga recayendo principalmente en las mujeres, lo que puede derivar en impactos
negativos sobre su calidad de vida y también sobre la calidad del cuidado que
reciben las personas que dependen de ellas.

4.2. Escolaridad en la adultez

En las últimas dos décadas y media, Chile avanzó de manera importante en materia
de alfabetización (en particular en las zonas rurales), y logró en el 2013 una tasa de
alfabetización femenina y masculina cercana a la universalidad. Es así como en la zona rural,
las mujeres tienen una tasa de alfabetización de 94,3% y los hombres una de 92,7%, y en la
zona urbana, dichas tasas llegan a 97,8% y 97,7%, respectivamente, siendo estadísticamente
no significativas las diferencias entre los sexos (Encuesta CASEN, 2013).

Al mismo tiempo, como se vio en capítulos anteriores, en 2003 se estableció en Chile


la obligatoriedad de la Enseñanza Media, ampliando a 12 años el período de educación
garantizada por el Estado que, hasta esa fecha, era de solo 8 años. Así, como se observa en el
Gráfico 4.5, si en 1990, la escolaridad promedio en Chile era de 9,2 años (9 entre las mujeres
y 9,4 entre los hombres), en 2013 esta ha alcanzado los 11,5 años promedio (11,5 entre
las mujeres y 11,6, entre los hombres). Se observa que la cantidad de años de escolaridad
promedio ha sido ligeramente superior entre los hombres durante el período bajo análisis.

| GRÁFICO 4.5 | Años de escolaridad promedio en adultos (25-59 años), por sexo, 1990-2013.

Años de escolaridad
16
14 10,8 11,1 11,2 11,6
10,2 10,5 10,8 11,5
12 9,7 10,0 10,5 10,6 10,9 11,1
9,4 9,5 9,9 10,3
9,0 9,1 9,3 9,6
10
8
6
4
2
0
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990- 2013.


Nota: Las diferencias entre los años de escolaridad promedio de hombres y mujeres son estadísticamente significativas en todos los años (1%).

1 Una evaluación de impacto del programa se puede ver en: Guernica Consultores (2010).

214
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Estos indicadores son consistentes con la estabilización de la tasa de


asistencia neta a la Enseñanza Básica por sobre el 90% desde 1990, y a
la Enseñanza Media por sobre el 70% desde el 2003, tal como se vio en
capítulos anteriores.

Este avance se registra en todo el país, sin embargo, aún se constatan


diferencias según lugar de residencia y nivel socioeconómico de las
personas adultas. Por ejemplo, en el Gráfico 4.6 se ve que en 1990 las
personas adultas del primer decil de ingresos tenían en promedio la mitad de
años de escolaridad que las personas adultas del décimo decil (6,7 vs 13,5
años), y en ambos deciles, las mujeres tenían menos escolaridad que los
hombres: en el primer decil, 6,5 años las mujeres y 6,8 años los hombres, y
en el décimo decil, 13,1 y 14 años, respectivamente. En 2013, la diferencia
entre los años de escolaridad del decil I y el X es menos que la mitad (8,9
vs 15,9), y la brecha de género o se ha revertido o ha desaparecido. Es así
como en el decil I las mujeres tienen una escolaridad promedio de 8,9 años,
superior al promedio de 8,8 años presentado por los hombres, mientras
que en el decil más rico las mujeres no tienen diferencias estadísticamente
significativas con los hombres, con 15,8 y 15,9 años de escolaridad,
respectivamente. En general, tanto hombres como mujeres de cada decil
han aumentado en 2 años su escolaridad promedio en estos últimos 25 años
(Encuesta CASEN).

De todas formas, estos avances todavía no se traducen en una población


adulta altamente calificada. Al contrario, como se puede ver en el Gráfico 4.7,
el 71,2% de las mujeres y el 69,8% de los hombres de 25 a 59 años de edad
tiene como máximo nivel educativo alcanzado la Educación Media (es decir,
no tiene educación formal, o llegó hasta la Educación Básica o Media de
manera completa o incompleta). Con el ingreso masivo a la educación terciaria
que actualmente están experimentando las personas jóvenes de nuestro país,
esta realidad educativa de los adultos debiera mejorar, especialmente en el
caso de las mujeres, que como se vio en el capítulo anterior, son mayoría en la
Educación Superior y tienen mejores tasas de titulación.

Por otro lado, estos avances no son homogéneos según la zona de


residencia y el nivel socioeconómico de las mujeres y los hombres. La
mitad de las personas adultas que vive en las zonas rurales (el 52,2% de las
mujeres y el 54,6% de los hombres) tiene como último año de escolaridad
la Educación Básica (completa o incompleta) o no tienen estudios formales,
mientras que en las zonas urbanas estas tasas son considerablemente más
bajas (19,7% de las mujeres y 17,7% de los hombres), porque la mayoría
alcanza la Enseñanza Media (completa o incompleta).

215
4. ADULTEZ

| GRÁFICO 4.6 | Años de escolaridad promedio en adultos (25-59 años), según decil de ingreso autónomo,
por sexo, 1990 y 2013.

4.6.1 Años de escolaridad promedio en adultos (25-59 años), según decil de ingreso autónomo, por sexo, 1990.

Años de escolaridad
16
14 14,0
13,1

12 11,8 11,8
10,5 10,7
10 9,7 9,7
8,7 8,9
8,0 8,2 8,2 8,4
8 7,6 7,7
7,1 7,3
6,8
6,5
6

0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

I II III IV V VI VII VIII IX X

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990.


Nota: Las diferencias entre los años de escolaridad promedio de hombres y mujeres son estadísticamente significativas en los deciles I (1%), II (1%), III (1%), IV
(10%), V (5%), VIII (10%) y X (1%).

4.6.2 Años de escolaridad promedio en adultos (25-59 años), según decil de ingreso autónomo, por sexo, 2013.

Años de escolaridad
16 15,8 15,9

14,0
14 13,8
12,5 12,4
12 11,3 11,7 11,5
11,0 11,1
10,2 10,4 10,4 10,6
9,5 10,0
10 9,4
8,9 8,8
8

0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

I II III IV V VI VII VIII IX X

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 2013.


Nota: Las diferencias entre los años de escolaridad promedio de hombres y mujeres son estadísticamente significativas en los deciles I (10%), II (5%), III (1%), V
(1%), VI (1%), VII (5%) y IX (1%).

216
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.7 | Adultos (25-59 años) según último nivel educacional alcanzado, por sexo, 2013.

Miles de personas
1.800

1.600 1.533,9

1.400 1.300,1
1.200

1.000 920,3

800 767,1
690,7 666,9
600
445,9 412,7 444,2
400 344,2

200
60,5 51,4 63,1 86,7
0
Sin educación formal Básica Media CH Media TP Técnico profesional Profesional Postgrado

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 2013.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en Educación Básica (1%), Media CH (1%), Media TP
(1%), Técnico profesional (1%), Profesional (1%) y Postgrado (1%).
En cada nivel educacional se incluye a mujeres y hombres que han alcanzado ese nivel de estudios de modo incompleto y completo.

Si se analiza la situación por nivel socioeconómico, en el Gráfico 4.8


se observan grandes diferencias entre los primeros y los últimos deciles
de ingresos. En 2013, mientras 9 de cada 10 personas del primer decil
(91,9% de las mujeres y 91% de los hombres) tienen como máximo nivel
de educación, la Enseñanza Media (completa o incompleta), en el décimo
decil, 8 de cada 10 personas adultas (84,6% de las mujeres y 83% de los
hombres) tienen estudios técnicos, profesionales o de postgrado, como
último nivel de educación alcanzado.

Asimismo, actualmente se puede ver que en la mayoría de los deciles (I, II,
III, V, VI, VII y IX), los hombres presentan proporciones mayores en la base
de la pirámide educativa (Sin educación formal y/o Educación Básica), lo
que estaría indicando, en general, niveles de educación más altos entre
las mujeres. Respecto a los niveles educativos más altos, se observan
diferencias significativas a nivel de la Educación Profesional, donde en
el decil I, la proporción es mayor entre los hombres, y en los deciles VIII
y IX, es mayor entre las mujeres. En la cúspide de la pirámide educativa
(Postgrados), aunque existen diferencias estadísticamente significativas a
favor de los hombres (en los deciles I, IV VI, VIII y X), estas son pequeñas
pues las proporciones de hombres y mujeres con este nivel educacional en
la mayoría de los deciles son marginales, salvo en los deciles más altos.

Otra forma de observar este bajo nivel de escolaridad de la población adulta,


es a través de la cantidad de adultos que actualmente cursan su Educación
Básica o Media. La matrícula en educación de adultos creció a más del
doble entre 1990 y 2014, pasando de 56.050 a 136.849 alumnos y alumnas.
Si bien siempre ha sido mayor la matrícula masculina que femenina, la
brecha ha tendido a acortarse, siendo en 1990 un 61,4% mayor, y en 2014,
un 30,1% superior.

217
4. ADULTEZ

| GRÁFICO 4.8 | Distribución porcentual de adultos (25-59 años), según último nivel de educación alcanzado y decil
de ingreso autónomo, por sexo, 2013.

100%

90%

80%

70%

60%

50%

40%

30%

20%

10%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

I II III IV V VI VII VIII IX X

Postgrado 0,1% 0,1% 0,1% 0,2% 0,0% 0,0% 0,1% 1,1% 0,1% 0,1% 0,3% 1,2% 0,4% 0,5% 1,4% 2,0% 2,8% 37,4% 11,7% 14,0%

Profesional 4,0% 6,0% 3,7% 3,9% 6,1% 5,6% 6,2% 6,5% 8,6% 9,0% 10,8% 10,5% 13,6% 12,7% 22,9% 20,9% 40,4% 18,6% 59,0% 58,7%

Técnico
profesional 3,9% 2,8% 4,5% 3,5% 6,8% 5,0% 7,9% 6,7% 11,8% 7,9% 13,8% 9,0% 13,2% 11,6% 15,2% 14,1% 16,9% 8,8% 13,9% 10,3%

Media TP 7,9% 8,4% 10,3% 10,6% 11,7% 10,6% 12,4% 11,8% 12,9% 13,1% 12,6% 13,7% 13,2% 15,4% 12,4% 14,8% 8,7% 24,6% 3,4% 5,2%

Media CH 37,1% 33,8% 42,0% 40,0% 42,2% 46,5% 44,3% 44,1% 42,4% 44,3% 41,3% 42,8% 42,2% 40,9% 34,7% 34,9% 24,2% 7,8% 9,9% 10,0%

Básica 42,5% 43,2% 36,8% 39,6% 29,5% 30,1% 27,5% 28,2% 23,0% 23,6% 20,4% 21,8% 16,1% 18,2% 13,0% 13,0% 6,8% 7,2% 2,0% 1,7%

Sin educación 1,3%


4,4% 5,6% 2,6% 2,2% 1,8% 2,3% 1,7% 1,6% 1,2% 1,9% 0,8% 1,0% 0,6% 0,3% 0,3% 0,3% 0,6% 0,1% 0,1%
formal

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 2013.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en los siguientes deciles: en el decil I, en las categorías
Sin Educación formal (5%), Media CH (1%), Técnico profesional (1%) y Profesional (1%); en el decil II, en las categorías Educación básica (1%), Media CH (5%),
Técnico profesional (1%) y Postgrado (5%); en el decil III, en las categorías Media CH (5%), Media TP (10%) y Técnico profesional (1%); en el decil IV, en las
categorías Técnico profesional (5%) y Postgrado (1%); en el decil V, en las categorías Media CH (5%) y Técnico profesional (1%); en el decil VI, en las categorías
Técnico profesional (1%) y Postgrado (1%); en el decil VII, en las categorías Básica (1%), Media TP (1%) y Técnico profesional (5%); en el decil VIII, en las
categorías Media TP (1%), Técnico profesional (10%), Profesional (5%) y Postgrado (5%); en el decil IX, en las categorías Técnico profesional (5%) y Profesional
(1%); y en el decil X, en las categorías Media TP (1%), Técnico profesional (1%) y Postgrado (1%).
En cada nivel educacional se incluye a mujeres y hombres que han alcanzado ese nivel de estudios de modo incompleto y completo.

Es fundamental este paso que están dando estos adultos pues la educación
y/o las calificaciones certificadas contribuyen a mejorar las competencias
laborales -y, con ello, las condiciones de vida materiales- así como la
autoestima y la autovaloración de las personas adultas.

Por otro lado, en 1998 Chile participó de la Encuesta Internacional de


Alfabetización de Adultos (IALS, por su sigla en inglés) que se aplicó a algunos
países de la OCDE. En esta encuesta, el concepto de “alfabetización” se
extiende más allá de las nociones básicas de saber leer y escribir. Refiere a la
habilidad de entender y utilizar información impresa en actividades cotidianas
en el hogar, la comunidad y el trabajo (textos, gráficos y operaciones
aritméticas). Es decir, se asocia este concepto a “Competencias Básicas”.

Esta prueba evaluó la capacidad de las y los adultos (entre 15 y 65 años)


para comprender y emplear información escrita cotidiana, necesaria para

218
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

alcanzar las metas personales y desarrollar las potencialidades que cada


uno posee. En esta encuesta Chile obtuvo un nivel lector deficiente: más del
80% de la población se ubicó en los niveles 1 y 2, bajo el rango de lectura
mínima para “funcionar de acuerdo con la era de la información”. Es decir,
la población en general solo puede leer textos simples, sin ser la lectura una
herramienta productiva.
Un análisis por sexo de los puntajes promedio, muestra que las mujeres
obtienen un mejor rendimiento en los textos, mientras que los hombres
lo hacen en las gráficas y operaciones numéricas, siendo en este último
campo, donde se da la mayor brecha en puntajes.

Bravo y Contreras (2001), encuentran que “la diferencia entre puntajes


obtenidos por hombres y mujeres en el dominio cuantitativo se
podría explicar porque los hombres tienen una participación laboral
significativamente mayor que las mujeres y, a su vez, estas competencias
cuantitativas (que el mercado laboral premia) se desarrollan en parte en la
medida que se apliquen. Así, cuando se examina la diferencia en puntajes
entre hombres y mujeres que están trabajando en el mercado laboral, se
aprecia que no es estadísticamente significativa”.

4.3 Trabajo no remunerado y tiempo total de trabajo

El reconocimiento del valor social y económico del trabajo no remunerado


de las mujeres, así como la promoción de políticas públicas de empleo
de calidad e incentivos económicos dirigidos a garantizarles un trabajo
remunerado decente, en igualdad de condiciones con los hombres, son
algunos de los acuerdos más importantes que se vienen ratificando año a
año a través de la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y
el Caribe, pero que, sin lugar a dudas, aún necesitan recorrer un largo y, no
menos complejo, camino.

Según CEPAL (2012), el logro de una igualdad real entre mujeres y hombres
sobreviene de una distribución equitativa de las responsabilidades familiares
y productivas, lo que genera, a su vez, profundas tensiones sociales. En la
misma línea, el Informe sobre Desarrollo Humano (PNUD, 2015) profundiza
en la relevancia de abordar el trabajo diferenciando el no remunerado y el
remunerado, distinción clave considerando que las mujeres se encuentran en
desventaja en ambos mundos laborales producto de patrones económicos,
sociales y culturales que se refuerzan mutuamente. Según el informe, hoy las
mujeres trabajan más que los hombres, contribuyendo a un 52% del trabajo
mundial, sin embargo, existe un desequilibrio que las perjudica: en el trabajo
remunerado (59% del total de trabajo) la proporción de hombres casi duplica
a la de mujeres (38% frente al 21%), en cambio, la situación se invierte en
el caso del trabajo no remunerado (41% del total de trabajo), donde las
mujeres triplican a los hombres (31% y 10%, respectivamente). Es decir, a
nivel mundial las mujeres predominan en el trabajo que se realiza al interior
del hogar y aunque han ingresado sostenidamente al trabajo remunerado, en
este enfrentan situaciones de desventaja y discriminación.

En las últimas décadas, la sociedad chilena se ha visto marcada por la


progresiva inserción de las mujeres al mercado laboral, y su retiro de la
plena dedicación al trabajo doméstico, provocando con ello, una sustantiva
transformación de la dinámica familiar. En efecto, como lo expresa el Gráfico
4.9, entre 1990 y 2014, las mujeres de 25 a 59 años transitaron de una
condición predominantemente inactiva (60,4%, equivalente a 1.635.029
personas), a una ocupada (62,1%, equivalente a 2.571.270 personas),
velocidad e intensidad que no se ha visto en el caso de los hombres, para
hacerse cargo de las labores domésticas y/o del cuidado de los hijos/as,
como veremos en el presente capítulo.

219
4. ADULTEZ

| GRÁFICO 4.9 | Adultos (25-59 años) según condición de actividad, por sexo, 1990-2014.

Miles de personas

4.500

4.000

3.500

3.000

2.500

2.000

1.500

1.000

500

Hombres
Hombres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Mujeres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres

Hombres
Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres
Mujeres

Mujeres

Mujeres

Mujeres
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2002 2004 2006 2008 2010 2012 2014

Inactivos/as 1.635 148 1.684 160 1.679 162 1.818 192 1.824 192 1.850 212 1.896 244 1.791 251 1.779 243 1.690 251 1.514 306 1.435 301 1.423 349

Desocupados/as 45 105 42 91 63 115 81 124 87 138 122 225 121 224 148 210 152 186 167 185 197 205 169 152 149 185

Ocupados/as 1.025 2.267 1.113 2.047 1.198 2.531 1.292 2.777 1.407 2.856 1.432 2.850 1.464 2.897 1.579 2.940 1.763 3.142 1.968 3.253 2.214 3.269 2.420 3.380 2.571 3.446

Fuente: Elaboración propia en base a ENE y NENE, 1990-2014.


Nota: Para facilitar la presentación de los datos, se graficaron solo los años pares.

Es decir, en este periodo la fuerza de trabajo femenina de 25 a 59 años


pasó de un 39,6% a 65,6%. Los hombres, en cambio, presentan un ligero
descenso, desde 94,1% a 91,2% para los mismos años. Por lo tanto,
la brecha entre mujeres y hombres se redujo, pues estos últimos, que
superaban la participación laboral de las mujeres en 2,5 veces en 1990, lo
hacen en 1,4 veces en 2014.

4.3.1 Trabajo no remunerado

Como se expresó anteriormente, en Chile, como en la mayoría de los países


del mundo, se experimenta cotidianamente la tradicional división sexual
del trabajo entre mujeres y hombres, donde ellas son las cuidadoras del
hogar y ellos, los proveedores de los recursos materiales. Sin embargo,
paulatinamente las relaciones de género en la sociedad chilena han ido
cambiando en las últimas décadas. Más mujeres se han incorporado al
mercado de trabajo y muchas de ellas son jefas de hogar. Esta realidad,
entre otras cosas, implica una mayor presión para que los hombres se
adapten a las nuevas expectativas y roles. Hoy hay una mayor demanda
para que ellos se involucren en las tareas del hogar y para que desarrollen
una paternidad más comprometida y cercana. Aunque se ha avanzado,
principalmente con las nuevas generaciones, los cambios no están
sucediendo al ritmo necesario ni deseado. Con ello surgen tensiones
importantes dentro de los hogares y fuera de ellos, en la búsqueda de poder
combinar de la mejor manera el trabajo para el hogar -labores domésticas
y de cuidado- y el trabajo para el mercado (ComunidadMujer, 2012a; Banco
Mundial, 2011; PNUD, 2010).

A pesar de los cambios y las nuevas obligaciones que están asumiendo


las mujeres, son ellas las que siguen siendo las principales encargadas del

220
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

amplio abanico de tareas incluidas en el concepto de “trabajo doméstico”


(labores de aseo, cocina, lavado, planchado y compras) y de cuidado de
hijos/as y personas dependientes en el hogar.
Son dos los principales motivos por los que las mujeres continúan
responsabilizándose por estas labores. En primer lugar, el trabajo en el
hogar y de cuidado sigue sin ser considerado “trabajo” y, más bien, se
le otorga un carácter obligatorio y desinteresado, al que, además, se le
agrega una dimensión moral y emocional, para el cual las mujeres estarían
destinadas. En segundo lugar, el cuidado se considera un asunto privado y,
por tanto, de mujeres. Así, las mujeres llevan siglos subsidiando un trabajo
cuyo valor es enorme y repercute ampliamente en el espacio público,
al contribuir al bienestar y al crecimiento económico, posibilitando la
reproducción de una fuerza laboral apta, capaz de aprender y ser creativa
(ComunidadMujer, 2012a).

Dicho de otro modo, es la cultura machista la que influye notablemente en


que la división sexual del trabajo sea tan difícil de romper. Un estudio de
Contreras y Plaza (2010) concluye que una mujer que pertenece a un grupo
o sector conservador, o que ha incorporado como propias las creencias
machistas, tiene menor probabilidad de incorporarse al mercado de trabajo.
Por el contrario, el estudio IMAGES (International Men and Gender Equality
Survey, 2011), concluye que los hombres y las mujeres más jóvenes, con
mayor nivel educativo y que no pertenecen a ningún credo, tienen actitudes
más equitativas en sus roles de género.

En ese sentido, Puentes y Ruiz-Tagle (2011) consideran que las actitudes y


los roles de género se desarrollan a temprana edad y están condicionadas
por la estructura familiar. Contreras, Hurtado y Sara (2012) llegan a la misma
conclusión y utilizan el fenómeno de la “excepción chilena” –es decir, la baja
participación laboral de las mujeres a pesar de su alto logro educacional y
los buenos indicadores macroeconómicos de Chile en las últimas décadas-
para confirmar el peso que tiene la percepción del rol de la mujer en la casa
y en el cuidado de la familia, dentro de la decisión de participación laboral
femenina en el país.

Para comenzar a cambiar las percepciones de género en el corto y mediano


plazo, el rol de la familia como transmisora de valores es muy importante.
Por ejemplo, la Encuesta Voz de Mujer del Bicentenario (ComunidadMujer,
2010) refleja que, en una proporción importante de hogares, las madres
asignan labores a sus hijos e hijas siguiendo patrones estereotipados de
roles de género. Mayoritariamente, las mujeres encargan a sus hijas la
preparación de la comida (el 88% de las madres se lo pide o pediría a sus
hijas) y el lavado de ropa, planchado y aseo (90%). Solo el lavado de auto es
encargado mayoritariamente a los hombres (84%), junto a las reparaciones
menores de la casa (82%).

Es fundamental que padres y madres, hijos e hijas, comprendamos el valor


del cuidado y del trabajo doméstico, su aporte al desarrollo colectivo; que
entendamos que no hay ninguna condición natural que haga que uno u otro
sexo esté más preparado o dispuesto a una labor u otra, sino que se trata
de construcciones sociales y culturales que, así como se arraigaron, con
conciencia, voluntad y buenas prácticas, se pueden desvanecer.

221
4. ADULTEZ

4.3.2 Mujeres fuera del mercado de trabajo

Como se observa en el Gráfico 4.9, la cantidad de mujeres que están fuera


del mercado de trabajo ha disminuido desde 1,6 millones en 1990, hasta 1,4
millones en 2014, pese a lo cual, ellas siguen siendo 4 veces más que los
hombres en esa situación (349 mil en 2014; ENE y NENE, INE).

| GRÁFICO 4.10 | Inactividad en adultos (25-59 años) según tramo de edad, por sexo, 1990 y 2014.

4.10.1 Adultos inactivos (25-59 años) según tramo de edad, por sexo, 1990.

Miles de personas

400

350
326,6
300 293,9

250 236,8
213,4
201,1 191,7
200
171,6
150

100

50 42,5
30,9 28,8
11,7 7,7 11,3 15,2
0
25 -29 años 30 - 34 años 35 -39 años 40 - 44 años 45 - 49 años 50 - 54 años 55 - 59 años
Tramo de edad

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a ENE, 1990.

4.10.2 Tasa de inactividad de adultos (25-59 años) según tramo de edad, por sexo, 1990.

Tasa de inactividad

100%

90%

80%
71,5%
70% 68,1%
61,5%
60% 58,0% 58,6%
56,6% 57,1%

50%

40%

30%
20,2%
20%
10,8%
10% 5,8%
3,2% 4,9%
2,5% 2,0%
0%
25 -29 años 30 - 34 años 35 -39 años 40 - 44 años 45 - 49 años 50 - 54 años 55 - 59 años
Tramo de edad

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a ENE, 1990.

222
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

4.10.3 Adultos inactivos (25-59 años) según tramo de edad, por sexo, 2014.

Miles de personas

400

350

300
251,0 259,3
250
214,0
200 196,4 192,6
161,9
150 148,0

100 95,2
65,9
50 42,4 47,2
35,7 30,8 32,1

0
25 -29 años 30 - 34 años 35 -39 años 40 - 44 años 45 - 49 años 50 - 54 años 55 - 59 años
Tramo de edad

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.

4.10.4 Tasa de inactividad de adultos (25-59 años) según tramo de edad, por sexo, 2014.

Tasa de inactividad

100%

90%

80%

70%

60%

50%
44,4%

40% 37,2%
33,3% 32,2% 33,8%
29,9%
30% 28,3%

20%
15,3%
11,8%
10% 6,9% 6,1% 5,7%
7,2% 7,6%

0%
25 -29 años 30 - 34 años 35 -39 años 40 - 44 años 45 - 49 años 50 - 54 años 55 - 59 años
Tramo de edad

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.

223
4. ADULTEZ

En las últimas dos décadas y media cambió el perfil etario de las mujeres
adultas fuera del mercado laboral. En el Gráfico 4.10 se puede ver que
mientras en 1990 la mayoría de las adultas inactivas eran menores de 40
años (52,4%), en el 2014 ocurre lo contrario (disminuyendo al 35,6%). De
todas formas, la tasa neta de inactividad en ambos extremos del período de
análisis, siempre es menor entre las mujeres menores de 50 años. En 1990,
la tasa de inactividad promedio de las mujeres de entre 25 y 44 años llegaba
al 57,7%, mientras que entre las mujeres de 45 a 59 años llegaba al 66,5%.
En 2014, estas tasas de inactividad promedio llegan al 31% y al 38,3%,
respectivamente. La menor inactividad entre las más jóvenes se produciría
porque en la actualidad, al tener mayores niveles educativos y valores menos
conservadores, las mujeres están ingresando de manera masiva al mercado
laboral, y, por el contrario, las que quedan fuera de él, en general son las de
más edad, que no ingresaron cuando en su momento fueron jóvenes.

Esto quiere decir que actualmente, y de acuerdo a lo revisado


previamente, en los tramos etarios en los que usualmente se solapan las
responsabilidades familiares (constitución de la familia y nacimiento de los
primeros hijos/as) con las laborales, la mayoría de las mujeres realiza ambas
tareas. Esto, que podría ser reflejo de cambios culturales sobre los roles que
desean desempeñar las mujeres más jóvenes en la sociedad, muchas veces
se hace a costa del tiempo de descanso y ocio, lo que de ninguna manera
es saludable ni sostenible.

En el año 1990, prácticamente la totalidad de las mujeres fuera del mercado


de trabajo atribuía su situación a los quehaceres del hogar (96,8%), y en
contraposición lo hacía el 5,6% de los hombres. Ellos argumentaban razones
de incapacidad para trabajar (38,9%), el hecho de ser rentistas (24%),
jubilados (19,8%) o estudiantes (11,7%), como las principales causas de
encontrarse fuera del mercado de trabajo (ver Gráfico 4.11).
En el año 2014 (Gráfico 4.12), en cambio, menos mujeres adultas (el 63,4%)
argumentan razones familiares permanentes como causa de su inactividad

224
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.11 | Razones de inactividad en adultos (25-59 años) por sexo, 1990.

4.11.1 Distribución porcentual de adultos inactivos (25-59 años) según razón de inactividad, por sexo, 1990.

0,6%
100% 0,9%
0,9%
90% 0,8%
24,0%
80%

70%

60%
38,9%
50% 96,8%

40%

30%
19,8%
20%

10% 11,7%

0% 5,6%
Mujeres Hombres

Quehaceres del hogar Estudiantes Jubilados Incapacitados para trabajar Rentistas

4.11.2 Distribución porcentual de adultos inactivos (25-59 años) según sexo, por razón de inactividad, 1990.

Razón de inactividad

Rentistas 22,6% 77,4%

Incapacitados para trabajar 20,0% 80,0%

Jubilados 33,0% 67,0%

Estudiantes 44,1% 55,9%

Quehaceres del hogar 99,5% 0,5%

0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a ENE, 1990.

225
4. ADULTEZ

laboral, aunque la proporción de los hombres que lo hacen sigue siendo


muy reducida (4,8%). Esto demuestra que las actividades del hogar y de
cuidado que las mujeres realizan por la tradicional división sexual del trabajo,
condiciona la participación laboral de un grupo importante de mujeres.

Esto lo confirma la Encuesta Voz de Mujer Bicentenario, especializada en


el análisis sobre mujer y trabajo en Chile (ComunidadMujer, 2010), que
enumera las principales razones que las mujeres esgrimen para no trabajar
en forma remunerada: no tener con quien dejar los niños/as o tener que
cuidar a adultos mayores, enfermos o discapacitados (20,1%); la realización
de quehaceres del hogar (16%); estar estudiando (16,8%); tener alguna
enfermedad o invalidez (8,4%); por la edad o por estar pensionada (8%); no
querer trabajar (6,1%); y porque un familiar se opone (2%). En definitiva, las
labores de cuidado y el trabajo doméstico son razones que da el 36% de las
inactivas.

En 2014 (esta variable se comenzó a medir en 2010, con la implementación


de la NENE), un 7,2% de las mujeres y un 9,1% de los hombres esgrime
no tener deseos de trabajar, y un 1,9% de las mujeres y un 3,3% de los
hombres, dice haberse desalentado en la búsqueda de empleo 2. Aun
cuando estas tasas son más altas entre los hombres, dada la gran cantidad
de mujeres inactivas, al interior de cada una de estas categorías, las mujeres
representan la mayor proporción.

2 Los desalentados son personas que no buscaron empleo y/o dejaron de buscarlo porque creen
que no lo encontrarán, aunque estarían disponibles para trabajar.

226
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.12 | Razones de inactividad en adultos (25-59 años) por sexo, 2014.

4.12.1 Distribución porcentual de adultos inactivos (25-59 años) según razón de inactividad, por sexo, 2014.

100%
7,3%
90% 20,1%

80%
4,8%
70% 9,1%
63,4% 3,3%
60%

50% 25,2%

40%

30% 17,7%
7,2%
20% 1,9%
11,1%
10% 14,8%
5,0%
3,0% 4,9%
0% 1,0%
Mujeres Hombres

Iniciador Razones de Razones de Razones de salud Razones de Sin deseo Razones familiares Otras
jubilación estudio permanentes desaliento de trabajar permanentes razones

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en todas las categorías (1%).

4.12.2 Distribución porcentual de adultos inactivos (25-59 años) según sexo, por razón de inactividad, 2014.

Razón de inactividad

Iniciador 45,4% 54,6%


Razones de jubilación 45,5% 54,5%
Razones de estudio
53,3% 46,7%
Razones de salud
permanentes 64,2% 35,8%

Razones de desaliento 70,5% 29,5%


Sin deseo de trabajar
76,3% 23,7%
Razones familiares
permanentes 98,2% 1,8%

Otras razones 59,6% 40,4%

0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.

227
4. ADULTEZ

Adicionalmente, en comparación con la fuerza laboral, entre las personas


inactivas se acentúa la presencia de menores niveles educacionales,
siendo superior la proporción de mujeres y hombres sin educación formal
y con Educación Básica. Además, entre las mujeres inactivas es mayor
la proporción de aquellas que alcanzaron la educación media y menor la
presencia de universitarias, como se observa en el Gráfico 4.131. Cabe
destacar que salvo las mujeres que no tienen estudios formales, todas las
demás argumentan mayoritariamente las razones familiares permanentes
como la principal causa para estar fuera del mercado de trabajo.

La división sexual del trabajo se constituye en una de las principales barreras


que deben enfrentar las mujeres para insertarse en el mercado laboral en
condiciones de igualdad con los hombres. De allí que el OIG establezca
como un indicador relevante para determinar el nivel de autonomía
económica de las mujeres “la población sin ingresos propios por sexo”2,
situación que en general afecta a las mujeres que están fuera del mercado
laboral. En efecto, según la Encuesta CASEN 2013, el 89,6% de las mujeres
entre 25 y 59 años sin ingresos propios se encuentra inactiva, mientras
que para los hombres esta proporción corresponde al 46,6%. A la vez, las
mujeres inactivas sin ingresos propios están principalmente dedicadas al
trabajo doméstico (64,6%).

| GRÁFICO 4.13 | Distribución porcentual de adultos inactivos (25-59 años) según nivel educacional, por sexo, 2014.

100% 0,0% 0,2%


10,7%
90%
20,3%
9,7%
80%
9,4%
70%

60%
48,2%
33,5%
50%

40%

30%

20% 30,9%
29,6%
10%
1,4% 5,0%
0%
Mujeres Hombres

Nunca Educación Educación Educación Educación Postítulos y Doctorado


Estudió Básica Media Técnica Universitaria Maestrías

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en todos los niveles educativos (1%).
Detalles sobre el modo en que se construyeron las categorías de nivel educacional se encuentran en el Anexo Metodológico.

1 Para la comparación, revisar el Gráfico 4.25.2 (Distribución porcentual de ocupados (25-59


años) según nivel educacional, por sexo, 2014).
2 Porcentaje de hombres y mujeres que no perciben ingresos monetarios y que no estudian,
sobre el total de la población femenina o masculina de 25 a 59 años que no estudian.

228
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Como se observa en el Gráfico 4.14, si bien en Chile la proporción de


mujeres sin ingresos propios ha disminuido a la mitad en las últimas dos
décadas, igualmente es 4 veces mayor que la de los hombres. En el año
2013, el 23,4% de las mujeres entre 25 y 59 años que vive en zonas urbanas
no tiene ingresos propios, versus el 6,5% de los hombres. Entre la población
rural, dichos porcentajes son 25,6% y 5,5%, respectivamente.

La ausencia de ingresos propios es determinante en la falta de autonomía


de una persona, pues se traduce en una mayor pobreza individual, en
la falta de poder de decisión sobre el destino de los ingresos, en la
imposibilidad de reservar parte del dinero para gastos individuales y de
enfrentar la manutención propia, especialmente si hay cambios en la
conformación del hogar.

| GRÁFICO 4.14 | Proporción de adultos (25-59 años) sin ingresos propios, según zona de residencia,
por sexo, 1990-2013.

100%

90%

80%

70% 68,8
66,5

60% 59,0 58,3


56,1 54,9
50,2 49,2
50% 46,8 49,0
44,3 43,4 42,4 42,0
39,8
40% 35,7 33,8
30,2 30,0
30% 27,4 25,6
23,4
20%
8,7 9,0 7,7 9,1 8,0
10% 6,5 6,4 4,9 5,2 6,1 5,0 5,8 7,1 6,8 7,4 7,2 6,6 6,8 6,7 6,5 5,5
4,6
0%
Urbano Rural Urbano Rural Urbano Rural Urbano Rural Urbano Rural Urbano Rural Urbano Rural Urbano Rural Urbano Rural Urbano Rural Urbano Rural

1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990-2013.


Notas: Se considera solo la población de 25 a 59 años que no se encuentra estudiando.
Los ingresos propios corresponden a la suma de las fuentes de ingreso individual monetario, tanto autónomo como por subsidio.

229
4. ADULTEZ

RECUADRO 4.2
Violencia de Género al interior de la familia.
La Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia
contra la Mujer (Convención de Belém do Pará), de la cual Chile forma parte desde
el comienzo, en 1994, define como violencia contra la mujer “cualquier acción o
conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual
o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”. Asimismo,
la Organización Mundial de la Salud (OMS) es enfática en señalar que “la violencia
contra la mujer -especialmente la ejercida por su pareja y la violencia sexual-
constituye un grave problema de salud pública y una violación de los derechos
humanos de las mujeres”.

En Chile, el año 2005, con la Ley Nº 20.066 se reformó la normativa en torno a la


Violencia Intrafamiliar (VIF) protegiendo a las mujeres contra la violencia que ocurre
al interior de la familia o del matrimonio, institucionalizando la prevención, sanción
y erradicación de la VIF. A pesar que esta Ley es un avance en relación a la Ley Nº
19.325 (derogada en 2010), al incluir, por ejemplo, a los ex cónyuges y ex convivientes
como posibles agresores, lo cierto es que Chile no posee una normativa que amplíe
la protección hacia una concepción integral de la violencia contra la mujer.

Por otro lado, a fines de 2010 se publicó la Ley N° 20.480 que modificó el Código Penal
y la Ley de Violencia Intrafamiliar, estableciendo el “femicidio” -homicidio cometido
contra la mujer que es o ha sido cónyuge o conviviente del autor del crimen- como
delito diferenciable del parricidio, y aumentando las penas aplicables a este delito, que
pueden ir de quince años y un día de cárcel hasta el presidio perpetuo calificado.

Como muestra el Gráfico 4.15, el año 2014 hubo 129.6173 víctimas de violencia
intrafamiliar (53,9% más que en 2006) de las cuales un 80,6% fueron mujeres. De las
víctimas mujeres, el 97,3% fue por lesiones sicológicas o leves y el 2,7% restante,
corresponde a víctimas de lesiones menos graves, graves o gravísimas. Sin embargo,
en relación al año 2005, se observa que las mujeres víctimas de lesiones menos
graves o superiores son las que más han aumentado (107,2%) desde 1.347 en 2005 a
2.791 en 2014, mientras que, las mujeres víctimas de lesiones leves y sicológicas, aun
siendo mayoritarias a lo largo de todo el período y ascendiendo a más de 100 mil el
año 2014, han aumentado con menor fuerza (43,4%) (Subsecretaría de Prevención del
Delito).

3 Esta cifra corresponde al total de víctimas cuyo sexo y tramo de edad fueron identificados. Si se consideran las
víctimas no identificadas, el total asciende a 129.750.

230
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.15 | Número de víctimas de violencia intrafamiliar según tramo de edad, por sexo, 2005-2014.

140.000
120.000
100.000
80.000
60.000
40.000
20.000
0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

65 años y más 2.427 929 2.836 1.078 3.368 1.302 3.810 1.440 4.363 1.692 4.505 1.838 5.240 2.075 5.286 2.024 4.917 1.881 4.689 1.913
45 - 64 años 14.920 3.048 15.852 3.534 19.285 4.413 20.772 4.865 23.898 5.821 23.043 5.883 25.944 6.668 23.878 6.242 22.849 6.103 21.598 5.938
30 - 44 años 33.150 4.817 34.292 5.240 39.417 6.411 41.854 7.287 45.418 8.106 42.437 7.966 46.337 9.023 42.316 8.644 40.864 8.359 37.544 8.114
18 - 29 años 19.809 2.122 21.967 2.679 27.721 3.516 32.760 4.186 35.911 4.976 35.016 5.157 40.417 6.128 37.974 6.129 37.686 6.183 34.989 5.876
14 - 17 años 1.350 411 2.089 755 2.734 945 3.534 1.189 3.980 1.342 4.130 1.430 4.841 1.661 4.471 1.579 4.069 1.402 3.626 1.284
Menores de 14 años 613 683 1.039 1.136 1.370 1.418 1.743 1.808 1.887 2.047 2.032 2.143 2.436 2.501 2.267 2.427 2.200 2.267 2.018 2.028

Fuente: Superintendencia de Prevención del Delito.

Pese a este leve descenso, estas cifras son sumamente preocupantes, sobre todo
si se considera que las situaciones de violencia grave suelen estar precedidas
por episodios de violencia sicológica y/o lesiones leves. De hecho, de los 40
femicidios ocurridos en 2013, más de la mitad de las víctimas había denunciado a
sus agresores por situaciones previas de maltrato físico y/o psicológico. Aún más
preocupante es que, luego de una disminución sostenida de los femicidios en el
período que va desde el año 2008 (59) hasta el 2012 (34), se observa que el número
de mujeres que han sido asesinadas en su espacio familiar, ha crecido desde 34 en
2012 hasta 45, el año 2015 (SERNAM, 2016).

EL COSTO DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES


A LAS EMPRESAS

Entre las diversas consecuencias de la violencia contra las mujeres, comenzando


por las del ámbito individual y familiar, y hasta aquellas sistémicas que se observan,
por ejemplo, a nivel de cohesión social, es posible identificar las que afectan el
ámbito laboral. La mayoría de los efectos de la violencia contra las mujeres, como
retrasos y/o ausencias laborales, bajas en el rendimiento laboral, situaciones de
agresividad y/o confrontaciones en el espacio de trabajo, aunque suelen pasar
inadvertidos, afectan directamente los niveles de productividad de las empresas.
Son diversos los estudios que a nivel latinoamericano ya han detectado, e
incluso estimado, las pérdidas que las situaciones de VIF implican en términos de
productividad. Valera y Brendel (2013) realizaron una investigación en Perú en torno
a 211 empresas, identificando que el 25% de las trabajadoras había sido víctima
de VIF, las que perdieron 24 días anuales en promedio por este motivo; al mismo
tiempo, detectaron que la misma proporción de trabajadores había ejercido VIF,
ausentándose, en promedio, 35 días al año. Estas pérdidas fueron estimadas en un
total mayor a 6,7 billones de dólares al año (sin considerar los costos en el sistema

Fuente: Elaboración propia en base a Subsecretaría de Prevención del Delito (2016); Valera y Brendel (2013) y SERNAM
(2014 y 2016).

231
4. ADULTEZ

4.3.3. Tiempo total de trabajo

Como se ha dicho, a nivel mundial y en particular en Chile, las tareas del


hogar y de cuidado de los miembros de la familia recaen principalmente en
las familias, y al interior de ellas, en las mujeres 4. El trabajo no remunerado
es indispensable para el funcionamiento de una sociedad y el bienestar
de sus miembros, sin embargo, cuando recae en un solo sexo, “limita sus
posibilidades de elección y sus oportunidades de realizar otras actividades
que podrían ser más satisfactorias para ellas” (PNUD, 2015). De este modo,
las mujeres suelen tener una menor cantidad de tiempo para dedicarse a
actividades como el trabajo remunerado, la educación, la vida social y el
ocio. El Informe de Desarrollo Humano del PNUD (2015) identificó que, en
una muestra de 62 países, en promedio los hombres dedican 4,5 horas al
día para la vida social y el ocio, y las mujeres 3,9 horas diarias, y que esta
brecha aumenta en los países con un menor desarrollo humano.

Si se suma el número total de horas destinadas al trabajo doméstico no


remunerado y el número de horas destinadas al trabajo remunerado, se
obtiene el tiempo total de trabajo, un indicador desarrollado por el

| GRÁFICO 4.16 | Tasa de participación y promedio de horas diarias dedicadas a actividades principales
en el Gran Santiago (lunes a domingo), por sexo, 2008.

Tasa de participación Promedio de horas diarias

100%

90% 12

80%
10
70%

60% 8

50%
6
40%

30% 4

20%
2
10%

0% 0
Trabajo Tareas Cuidado de Ocio y Usos de Cuidados
personas en Voluntariado Estudios Vida social Desplazamientos
remunerado del hogar recreación MCM personales
el hogar
Mujeres Tasa de participación 31,8% 77,8% 31,8% 3,6% 11,5% 43,2% 17,8% 67,8% 100,0% 64,0%
Hombres Tasa de participación 53,4% 40,7% 9,2% 1,7% 9,5% 42,3% 25,4% 72,3% 100,0 75,1%
Mujeres Duración media diaria 7,8 3,9 2,6 2,1 6,4 2,8 2,6 2,8 12,1 2,0
Hombres Duración media diaria 9,0 2,6 1,5 1,8 6,6 2,8 2,7 3,1 11,6 2,1

Fuente: Elaboración propia en base a Informe “Encuesta Experimental sobre Uso del Tiempo en el Gran Santiago: Antecedentes Metodológicos y Principales
Resultados”, del INE (2009).
Nota: Los datos consideran la población mayor de 12 años, salvo en la categoría “Trabajo Remunerado” que incluye a los mayores de 15 años.

4 En Chile, en el año 2012, solo el 14,6% de los hogares contaba con servicio doméstico
remunerado (EPF, 2011-2012).

232
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Observatorio de Igualdad de Género de la CEPAL para visibilizar la


importancia de las horas dedicadas al trabajo del hogar y de cuidado, y su
efecto en la autonomía económica de las mujeres (CEPAL, 2015).

De acuerdo con los datos de la “Encuesta Experimental sobre Uso del


Tiempo” (EEUT, 2008), en el Gran Santiago, considerando a hombres y
mujeres que participan simultáneamente en el trabajo remunerado y no
remunerado, se pudo constatar que las mujeres destinan en promedio el
triple de horas al día que los hombres en el trabajo no remunerado. Es así
como las mujeres destinan diariamente 7,5 horas al trabajo remunerado y 2,9
horas al no remunerado, mientras que los hombres destinan diariamente 8
horas al trabajo remunerado y apenas 0,8 horas al no remunerado 5.

Ahora bien, considerando a toda la población encuestada y todos los días


de la semana, tal como se puede observar en el Gráfico 4.16, el 53,4% de
los hombres asigna en promedio 9 horas diarias al trabajo remunerado y el
31,8% de las mujeres destina 7,8 horas al trabajo remunerado. Asimismo, el
77,8% de las mujeres destina casi 4 horas para realizar tareas domésticas
y un 31,8% dedica unas 2,6 horas para el cuidado de personas en el hogar.
En el caso de los hombres, a esas actividades destinan 2,6 y 1,5 horas,
respectivamente, pero con tasas de participación mucho más bajas (40,7% y
9,2%, respectivamente).

| GRÁFICO 4.17 | Tasa de participación y promedio de horas diarias dedicadas a actividades de trabajo doméstico
no remunerado en el Gran Santiago (lunes a domingo), por sexo, 2008.

Tasa de participación Promedio de horas diarias

100% 5

90%

80% 4

70%

60% 3

50%

40% 2

30%

20% 1

10%

0% TAREAS CUIDADO TRABAJO


0
Preparación Labores de Realizar Reparaciones Cuidado de
DOMÉSTICAS de alimentos Cuidado aseo en el Administración compras para y mantenciones mascotas DE MIEMBROS Cuidado Cuidado Cuidado Cuidado
de ropa propio hogar del hogar de bebés de menores de adultos de ancianos DOMÉSTICO NO
EN EL HOGAR y afines el hogar en el hogar DEL HOGAR REMUNERADO
Mujeres Tasa de participación 77,8% 51,0% 18,5% 60,9% 2,7% 32,9% 1,8% 3,1% 31,8% 10,8% 20,3% 6,8% 2,1% 80,8%
Hombres Tasa de participación 40,7% 11,0% 1,5% 19,2% 2,9% 18,6% 7,2% 1,0% 9,2% 2,8% 4,2% 2,5% 0,6% 44,1%
Mujeres Duración media diaria 3,9 1,4 1,5 2,3 2,6 1,5 2,7 0,7 2,6 2,3 2,2 1,4 1,4 4,7
Hombres Duración media diaria 2,6 1,1 0,9 1,7 2,6 1,9 2,5 1,0 1,5 1,2 1,6 1,2 1,4 2,8

Fuente: Elaboración propia en base a Informe “Encuesta Experimental sobre Uso del Tiempo en el Gran Santiago: Antecedentes Metodológicos y Principales
Resultados”, del INE, 2009.
Nota: Los datos consideran la población mayor de 12 años. Las “Tareas domésticas en el hogar” incluyen “Preparación de alimentos y afines”, “Cuidado de
ropa”, “Labores de aseo en el propio hogar”, “Administración del hogar”, “Reparaciones y mantenciones en el hogar” y “Cuidado de mascotas”. El “Cuidado de
miembros del hogar” incluye “Cuidado de bebés”, “Cuidado de menores”, “Cuidado de adultos” y “Cuidado de Ancianos”. El “Total de Trabajo Doméstico no
remunerado” incluye “Tareas domésticas en el hogar” y “Cuidado de miembros del hogar”.

5 Como su nombre lo indica, esta encuesta fue exploratoria. Recién en 2015 el INE realizó la
Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT), con representatividad urbana y nacional. Los
resultados se difundirán durante el año 2016.

233
4. ADULTEZ

También, la EEUT evidencia una especialización por género en las tareas de


trabajo doméstico no remunerado. Según muestra el Gráfico 4.17, mientras
los hombres se dedican en mayor proporción a las reparaciones en el hogar,
las mujeres realizan tareas cotidianas como aseo, preparación de alimentos,
lavar ropa y el cuidado de los miembros de la familia.

Aprovechando la información provista por la EEUT, se realizó un ejercicio


(SERNAM, 2008b) para valorar el Trabajo Doméstico No Remunerado, y
se llegó a la conclusión que este representa un 25,8% del PIB de la región
Metropolitana. De este, 17,8 puntos son aportados por las mujeres y 8
puntos por los hombres. Estas cifras dan cuenta de cuánto las mujeres
han estado históricamente subsidiando, con su trabajo no remunerado, los
costos del desarrollo del país.

El estudio cuantitativo IMAGES (2011) revela que los y las chilenas son
conscientes del reparto desigual de las tareas reproductivas: solo el 15% de
las y los entrevistados que conviven en pareja consideran que la repartición
de tareas domésticas en el interior de su familia es igualitaria.

La encuesta exploratoria “Padres del Bicentenario” del año 2010 que realizó
el SERNAM entre 800 padres para conocer su participación en el cuidado de
sus hijos e hijas, concluye que si bien los padres se sienten “colaboradores”,
no asumen la misma “responsabilidad” que las madres en la crianza de
sus hijos e hijas. El 77% de los encuestados considera que cuando los
hijos e hijas están en el hogar, la madre es la principal responsable de su
cuidado, el 11% destaca que son los abuelos y abuelas y, en tercer lugar, el
8% manifiesta que son ellos mismos. El 43% de los hombres encuestados
declara que no le dedica más tiempo al cuidado de sus hijos e hijas porque
la madre lo hace y no le da espacio o nunca se lo ha pedido, el 11% declara
no saber cómo cuidarlos, mientras que el 7% confiesa estar de acuerdo con
la afirmación “son labores que no me corresponden” (SERNAM, 2011).

La sobrecarga de trabajo no remunerado entre las mujeres ocupadas


pone el foco en la inequitativa distribución del trabajo no remunerado
entre hombres y mujeres, una cuestión clave para explicar por qué ellas
no participan en el mercado laboral en igualdad de condiciones con los
hombres, enfrentando con ello, dificultades para acceder a recursos
económicos que les permitan mayores grados de autonomía.

La asignación del trabajo reproductivo en las familias condiciona la


posibilidad de las mujeres de participar en el mercado de trabajo. Para su
incorporación a este último, es necesario armar proyectos de pareja y familia
entre mujeres y hombres que estén disponibles a la corresponsabilidad
sobre el hogar y los hijos/as. De lo contrario, las mujeres se ven en la
obligación de considerar modalidades de conciliación del trabajo para
el hogar y del trabajo para el mercado, lo que, como se observa a
continuación, se traduce en que muchas elijan el trabajo en jornada parcial
o por cuenta propia, accediendo con ello a empleos de menor calidad, sin
protección social y con bajos salarios.

4.4. Trabajo remunerado

Chile, como país que participa del sistema de las Naciones Unidas, enfrenta
evaluaciones constantes respecto de las condiciones de las mujeres
trabajadoras y debe dar cuenta del cumplimiento con los compromisos
internacionales adquiridos en este ámbito. El Comité de la CEDAW realiza
informes periódicos, y en el sexto, de 2013, declaró para Chile lo siguiente:

234
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

“En cuanto al empleo, manifiesta preocupación ante la precaria situación de


las trabajadoras de casa particular, la baja participación en el mercado de
trabajo, especialmente de las mujeres migrantes e indígenas, la persistencia
de diferencias salariales entre mujeres y hombres trabajadores, y el que no
se haya incluido el principio de igualdad de remuneración por un trabajo
de igual valor en la Ley No. 20.348 de 2009 sobre el derecho a la igualdad
en las remuneraciones, de conformidad con las normas de la OIT” (Valdés,
2013b).

RECUADRO 4.3
Protección de la vida familiar de las y los trabajadores.

La legislación laboral sobre protección de la maternidad y apoyo


a las y los trabajadores con responsabilidades familiares es una
herramienta fundamental para promover la corresponsabilidad
del cuidado entre mujeres y hombres desde el mundo del
trabajo. A través de este tipo de normativas es posible prevenir
la discriminación y garantizar el derecho a trabajar en forma
remunerada sin tener que renunciar a proveer el cuidado de los
miembros de la familia que así lo requieran y pone al Estado como
garante de un nivel básico de protección de las trabajadoras y
trabajadores 6.

Sin embargo, cuando las normativas solo afectan a las trabajadoras


(y, en consecuencia, a sus empleadores), se produce una
disparidad que las convierte en un arma de doble filo, pues puede
hacer sus costos de contratación mayores que los de los hombres,
lo que repercute en su empleabilidad y salarios. Precisamente este
el caso chileno, donde el Sistema de Protección de la Maternidad,
contenido en los artículos 194 al 208 del Código Laboral,
establece las siguientes disposiciones que regulan la protección
de la maternidad de las mujeres trabajadoras (y los padres,
excepcionalmente) que están ocupados en el mercado de trabajo:

• Descanso maternal pre y postnatal: una licencia de maternidad


obligatoria de seis semanas antes del parto y doce semanas
después de él, pudiendo ser extendidas en caso de nacimiento
prematuro o parto múltiple7, acompañado del reemplazo completo
del sueldo (subsidio maternal) con un tope de 74,3 unidades de
fomento (el tope imponible se reajusta anualmente)8 de cargo fiscal9
(Ley N° 20.545 de 2011).

• Licencia por paternidad: para los padres trabajadores, incluso


para aquellos que se encuentren en proceso de adopción—, recién
el año 2005 se estableció un descanso postnatal irrenunciable de
5 días en caso de nacimiento de un hijo/a, que se puede utilizar
desde el momento del parto en forma continua, excluyendo el
descanso semanal, o distribuirlo dentro del primer mes, desde la
fecha del nacimiento (Ley Nº 20.047 de 2005)10. Sin embargo,

6 Para una evolución histórica de los antecedentes del apoyo al cuidado compartido en la
legislación laboral en Chile, ver: Lupica, 2015b; Casas y Valenzuela, 2012.
7 A partir de 2000, los padres tienen derecho a descanso y subsidio en caso de fallecimiento de
la madre.
8 Salvo las trabajadoras del sector público, a quienes se les reemplaza la remuneración
completa, sin considerar el tope imponible.
9 Las madres adoptantes tienen los derechos de fuero, descanso y subsidio maternal.
10 A excepción de EEUU, todos los países OCDE ofrecen posnatal femenino pagado por al
menos 12 semanas, y más de la mitad le ofrece a los padres un posnatal pagado cuando nace

235
4. ADULTEZ

el pago de este beneficio no es de cargo del fisco, sino de cada empleador11.

• Permiso postnatal parental (PPP): una licencia obligatoria para la madre, de doce
semanas en jornadas completas o dieciocho en jornadas parciales, a continuación del
período de licencia de maternidad posparto. Este derecho puede ser compartido con
el padre, a elección de la madre, si ambos están insertos en el mercado de trabajo, a
partir de la séptima semana del mismo, por el número de semanas que ella indique.

Si la madre optó por la jornada completa, puede traspasar un máximo de seis semanas
al padre, mientras que, si optó por la jornada parcial, puede traspasar hasta 12
semanas, en la misma modalidad. Tanto para la madre como para el padre, el permiso
contempla un subsidio equivalente a la remuneración completa (o al 50% cuando se
opte por la modalidad en jornada parcial), sujeta al tope imponible12. El padre tendrá
derecho a fuero laboral por el doble del período que se tome a jornada completa o a un
máximo de tres meses si lo utiliza en jornada parcial, contados desde diez días antes
de iniciarse el permiso (Ley N° 20.545 de 2011).

• Fuero maternal: la protección de despido irrenunciable desde el inicio del embarazo


hasta un año después de la licencia por maternidad, excluido el permiso postnatal
parental.

• Licencia médica por enfermedad grave del hijo menor de un año: una licencia
remunerada (con el habitual tope imponible, excepto para las y los trabajadores del
sector público) de cargo fiscal, para cuidar al hijo/a menor de un año que está enfermo.
Si ambos padres son trabajadores, cualquiera de ellos y a elección de la madre, puede
gozar del permiso y del subsidio en cuestión.

• Permiso de alimentación: el derecho irrenunciable a dos porciones de tiempo (que


sumen una hora) durante la jornada laboral para que las madres trabajadoras puedan
alimentar al hijo menor de dos años. El padre puede hacer uso de este beneficio toda
vez que, en caso que el padre y la madre sean trabajadores, ambos acuerden que sea
el padre quien ejerza el derecho13 (Ley Nº 20.166 de 2007 y Ley Nº 20.761 de 2014).

• Derecho a sala cuna: beneficio exigible solo en empresas con 20 o más


trabajadoras, que es extensible a los padres únicamente cuando tienen la tuición
(custodia legal) de los hijos e hijas menores de 2 años o cuando fallece la madre14 (Ley
Nº 20.399 de 2009).

Los subsidios y sus respectivas cotizaciones previsionales, correspondientes a los

el hijo/a. Sin embargo, dentro de los 34 países de la OCDE, Chile, con sus 5 días de posnatal para los padres, aparece
como uno de los países con el posnatal masculino más corto, solo superando a 9 países que no dan postnatal a los
padres, de Holanda y Grecia, que dan 2 días, y de Italia, que da 1 día. Mientras en Corea del Sur y Japón los padres
tienen derecho hasta un año de permiso, el promedio en los países OCDE se ubica en las 8 semanas (OECD, 2016).
11 Por lo mismo, no existen estadísticas acerca de la utilización de este derecho en la Superintendencia de Seguridad
Social. Sin embargo, el capítulo chileno de la Encuesta Internacional de Masculinidades y Equidad de Género 2011
(IMAGES, International Men and Gender Equality Survey), señala que solo el 20% de los hombres urbanos habría hecho
uso de este beneficio con ocasión del nacimiento de su último hijo/a.
12 Salvo las y los trabajadores del sector público, a quienes se les reemplaza la remuneración completa, sin considerar
el tope imponible. Dado que los hombres en promedio ganan un 30% más que las mujeres y quem por lo tanto, es
más probable para ellos tener salarios que superen el tope imponible, es importante que esta reciente excepción
(Ley 20.891, de enero de 2016) se haga extensiva a todos los trabajadores y trabajadoras del paí[Link],dado que
el postnatal parental es la única prestación de maternidad que puede ser utilizada tanto por la madre como por el
padre, sería una medida tendiente a la equidad de género y la corresponsabilidad del cuidado de los hijos e hijas, al
eliminar el desincentivo que actualmente tienen los hombres (y las mujeres) de más altos salarios al no poder recibir su
remuneración completa si optan (en el caso de ellas, no es una opción) por el postnatal parental.
13 Ley Nº 20.166 (febrero de 2007), establece el derecho de las madres trabajadoras amamantar a sus hijos menores
de dos años aun cuando no exista sala cuna. Mediante la promulgación de la Ley 20.761 (julio de 2014), los padres
también pueden ejercer el derecho de alimentación de sus hijos.
14 Excepto en el caso de las y los trabajadores del sector público, quienes, cuando padre y madre son funcionarios,
la madre podrá elegir que su empleador cumpla con la obligación establecida en el artículo 203 del Código del
Trabajo en la sala cuna que disponga el servicio público empleador del padre, siendo financiado por la institución
empleadora de la madre. Ley 20.891, promulgada recientemente, en enero de 2016.

236
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

períodos de descanso prenatal, postnatal, postnatal parental y permiso


por enfermedad grave del niño/a menor de un año, son de cargo del
Fondo Único de Prestaciones Familiares y Subsidios de Cesantía, el
que se financia exclusivamente con recursos fiscales.

Por lo tanto, es posible observar que la legislación laboral en Chile


muestra una profunda inequidad de género al asignar mayores
garantías de cuidado a las mujeres. La discriminación o restricción
de beneficios para los hombres las reafirma en el rol de responsables
casi exclusivas del cuidado del hogar, al no facilitar el ejercicio de
tareas domésticas y de cuidado por parte de ellos. Así, el menor
desarrollo de la normativa a favor del cuidado por parte de los padres
trabajadores se convierte en un obstáculo para la inserción y el
desarrollo en el trabajo remunerado de las mujeres y, asimismo, para
el ejercicio efectivo de una paternidad comprometida con la atención
cotidiana de los hijos e hijas. Desde ComunidadMujer se ha insistido
en la necesidad de reformular los artículos 194 al 208 del Código del
Trabajo, de manera de reconocer la conciliación de trabajo y familia
como un fin propio del Derecho del Trabajo15.

Fuente: Elaboración propia en base a diversas fuentes oficiales.

4.4.1 Participación laboral

Uno de los fenómenos más importantes registrados durante el siglo XX, cuyo
impacto seguirá sintiéndose en las próximas décadas, es la incorporación de
las mujeres en forma masiva al mundo público, tanto laboral como político.
Esto ha ocurrido en un contexto en que las mujeres han alcanzado, en
general, niveles de escolaridad similares e incluso superiores a los de sus
pares hombres en varios países del mundo. Es así que, como consecuencia
de transformaciones profundas y concomitantes, las mujeres están cada vez
siendo más vistas como ciudadanas, trabajadoras y líderes, y no solo como
cuidadoras (ComunidadMujer, 2011).

Si se considera exclusivamente la población adulta (25 a 59 años), en


los últimos 25 años se incorporaron 1,6 millones de mujeres al mercado
de trabajo en Chile. Con este avance, más de 2,7 millones de mujeres
pertenecientes a este tramo etario integran la fuerza laboral en la actualidad
(2014), llegando a ser el 42,8% de ella.

Tal como se ha analizado a lo largo de este informe, diversos factores se


interrelacionan con este avance, como la disminución en la importancia
de algunos valores conservadores o machistas, los nuevos roles que las
mujeres desean asumir, el aumento de los hogares con jefatura femenina,
los mayores niveles de educación de las mujeres, el retraso de la edad en la
que ellas tienen su primer hijo/a, la disminución en la tasa de fecundidad, el

15 Para más detalles sobre las reformas al Título II del Libro II del Código del Trabajo (“De la
protección de la maternidad”), revisar Anexo 1 de “Soy Ciudadana”, 2014.

237
4. ADULTEZ

aumento en la cobertura de servicios de cuidado, entre otros.

Guzmán y Mauro (2001) sostienen que, mientras en décadas pasadas la


entrada de las mujeres al mercado de trabajo era una etapa transitoria en
sus vidas -las mujeres se incorporaban al mundo laboral cuando no tenían
hijos/as o estos ya habían crecido, o ante una situación económica familiar
crítica-, en los noventa se puede observar la permanencia de las mujeres
con hijos/as en el mercado laboral. Asimismo, y pese a que la gran mayoría
de las mujeres señala que la razón principal para participar en el mercado
de trabajo es la necesidad económica, su mención disminuye entre las más
jóvenes, dando lugar a motivos que aluden a la autorrealización. Finalmente,
las autoras sostienen que la significación que adquiere el trabajo en la vida
de las mujeres y el lugar que ocupa en la representación de sí mismas,
cumple un papel central en su motivación e interés por permanecer en el
mercado de trabajo y en la superación de los obstáculos y presiones que se
ejercen sobre ellas para que se retiren.

En Chile, la tasa de participación laboral de las mujeres del tramo etario


entre 25-59 años aumentó 26 puntos porcentuales en las últimas dos
décadas y media, pasando de 39,6% en 1990 al 65,6% en 2014, mientras
que la de los hombres disminuyó 2,9 puntos porcentuales en dicho período,
pasando de 94,1% en 1990 a 91,2% en 2014. Así, persiste una brecha de
género de 25,6 puntos (ver Gráfico 4.18).

Como se observa en el Gráfico 4.19, la participación laboral femenina en


Chile continúa siendo de las más bajas en comparación al promedio de
los países miembros de la OCDE (71,4%) y en relación con Latinoamérica
(66,2%). Pero no solo es de las más bajas, sino que, además, en términos de
brecha de género, es de las más altas, solo superada por México, Turquía y
Corea, en la OCDE, y por Ecuador y Argentina, en América Latina16.

| GRÁFICO 4.18 | Tasa de participación laboral de adultos (25-59 años), por sexo, 1990-2014.
Tasa de participación

100%
94,1 94,1 94,0 94,0 94,2 94,1 93,8 93,7 93,9 94,0 93,5 93,2 92,7 92,9 92,6 92,8 93,2 93,2 93,2 92,9 92,3
91,9 92,1 92,0 91,2
90%

80%

70%

60% 63,7 64,3 65,0 65,6


61,4
50% 55,8 56,8
51,8 53,2
49,1 50,5
45,7 45,7 45,5 47,2
40% 44,2 45,0 45,2
42,8 42,9 42,4 43,0
39,6 39,3 40,7
30%

20%

10%

0%
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Fuente: Elaboración propia en base a ENE y NENE, 1990-2014.

16 Si para Chile se calcula la brecha de género en participación laboral, considerando el tramo


etario 25-64 años, dicha brecha disminuye dos puntos, en comparación con la del tramo etario
25-59 años, pero la posición relativa entre los países no cambia.

238
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.19 | Tasa de participación laboral de adultos (25-64 años) en América Latina y OCDE, por sexo, 1990-2014.

4.19.1 Tasa de participación laboral de adultos (25-64 años) en América Latina, por sexo, 1990-2014.

Tasa de participación

100% 94,8 94,4 95,1


92,2 92,0 92,3 90,9
88,8 87,8
90%
80% 75,5 73,6
68,7
70% 66,2 64,3 63,7 62,8 61,7 59,2
60%
50%
40%
30%
20%
10%
0%
Perú Uruguay Paraguay Promedio Brasil Argentina Chile Colombia Ecuador
Latinoamérica

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Base de Datos Online OIT, 2013.


Nota: Las tasas expuestas son resultados del promedio ponderado entre los rangos de edades 25-54 y 55-64, y su respectivo peso en el total de la fuerza laboral.

4.19.2 Tasa de participación laboral de adultos (25-64 años) en OCDE, por sexo, 1990-2014.

Tasa de participación

100% 92,7
91,7 90,8 90,4 91,7
89,3 89,4
90% 84,9 84,9
86,6 86,1 87,2 88,5 85,2 85,5 88,4 87,6 86,9 86,5 86,1 86,2 86,3 85,6 84,5
82,4 83,5 84,1 83,8 82,1 82,3 83,3
81,5 80,8 81,1 81,5 81,5
80% 78,7 78,1 78,0 77,6 76,6 76,4
75,3 74,8 74,7 74,6 74,0 73,7 72,8
72,3 71,6 71,4 71,1 70,7 70,2 67,9
70% 67,6 67,5
65,0 63,0 62,2
59,8
60%
51,7
50%
40% 35,3

30%
20%
10%
0%
Islandia

Suecia

Suiza

Noruega

Finlandia

Dinamarca

Estonia

Alemania

Portugal

Canadá

Países Bajos

Francia

Reino Unido

España

Austria

Eslovenia

República Checa

Luxemburgo

Australia

Promedio OCDE

Eslovaquia

Bélgica

Estados Unidos

Irlanda

Hungría

Polonia

Grecia

Chile

Corea

Italia

México

Turquía

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Base de Datos Online OIT, 2013.


Nota: Las tasas expuestas son resultados del promedio ponderado entre los rangos de edades 25-54 y 55-64, y su respectivo peso en el total de la fuerza laboral.

239
4. ADULTEZ

Entre las consecuencias de la menor incorporación de las mujeres al


mercado de trabajo, se puede mencionar que, al no percibir ingresos
propios, carecen de la autonomía económica mínima que les permita no
entrar en relaciones de dependencia con otros, especialmente de los
hombres que son sus parejas, generándose un desequilibrio de poder
entre los géneros al interior de los hogares. Estas inequidades afectan
negativamente las posibilidades de mejorar la calidad de vida y las
conductas de género en las nuevas generaciones, aumentando además
el riesgo de las mujeres y sus hijos e hijas de vivir situaciones de abuso o
violencia doméstica, con los consecuentes costos sociales y económicos
tanto para las mujeres, como para las familias y la sociedad.

Otro efecto que se puede observar, es que al no ingresar al mercado


laboral, las mujeres conocen a menos personas, sus redes sociales y de
confianza son más estrechas. Esto limita una serie de decisiones que a
lo largo de la vida están influenciadas por las relaciones sociales que se
tiene: desde lo que se compra y dónde, hasta cómo y dónde se vive. Al
tener un capital social más bajo, las mujeres están en desventaja, lo que
es aún más evidente en el ámbito laboral, donde en la práctica, gran parte
de la promoción y desarrollo se basa en tener una buena red de contactos
profesionales, ya sea formal o informal.

En definitiva, con una baja incorporación al mercado laboral por parte de


las mujeres, se reproducen las inequidades, se afectan negativamente los
ingresos y el capital de los hogares, con el consecuente impacto negativo en
el desarrollo socioeconómico del país (ComunidadMujer, 2010).

240
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

RECUADRO 4.4
A cuatro años de la creación del permiso postnatal parental.

Sin dudas, uno de los principales avances para la igualdad de género y la autonomía
económica de las mujeres que introdujo el PPP es la posibilidad de que los hombres
se acojan a la garantía de cuidado de sus hijos/as. Según datos del Barómetro
Mujer y Trabajo, 2011, el 71,7% de los hombres entrevistados, trabajadores
dependientes de centros urbanos de la Región Metropolitana, manifestaron estar
dispuestos a aceptar algunas semanas del PPP si la madre de su hijo/a estuviese
dispuesta a transferírselo; el 18,7% declaró que no lo haría y el 9,6% no supo o
no respondió. Fueron los hombres jóvenes (de 18 a 29 años de edad) y los de
niveles socioeconómicos medios altos (segmento C2) los más favorables a tomarlo
(ComunidadMujer, Datavoz y OIT, 2011).

Sin embargo, aunque el derecho está establecido para favorecer a la madre y el


padre, está sujeto a la voluntad de la trabajadora. De acuerdo a la Superintendencia
de Seguridad Social (SUSESO, 2015), del total de 310.600 subsidios maternales
iniciados desde la vigencia del nuevo postnatal parental -en noviembre de 2011
y hasta diciembre de 2014-, es decir, un promedio de 8.174 subsidios mensuales,
solo 798 madres traspasaron semanas del PPP al padre (el 0,26% del total de los
subsidios iniciados), lo que representa un promedio de 22 permisos mensuales.

En promedio, las madres traspasan a los padres un total de 32,1 días del PPP (4,6
semanas). Prácticamente la totalidad (95,5%) de los traspasos del PPP al padre son
utilizados en jornadas completas. Sin embargo, el 4,5% de permisos traspasados en
la modalidad jornada parcial, es un porcentaje 3 veces superior al registrado para el
caso del total de subsidios iniciados (1,7%). Esto significa, que –al menos en estos
pocos casos- existe una mayor preferencia por traspasar el permiso por parte de
aquellas mujeres que optan por el permiso en modalidad de jornada parcial que en
las que optan por hacerlo en jornada completa.

Entre los padres que hicieron uso del subsidio el grupo mayoritario son los que
tienen entre 31 y 35 años (34,5%), y aquellos que tienen rentas imponibles menores
de 880 mil pesos (51,6%), destacando los que tienen rentas imponibles en el
tramo entre los 400 y 600 mil pesos (18,5%). Sin embargo, al analizar el número de
subsidios traspasados en relación con los iniciados, los padres que presentan la
mayor tasa (0,86%) son los que tienen rentas imponibles entre 1,4 y 1,6 millones de
pesos. Esto significa que en este tramo de renta, que está un poco antes del tope
imponible, la tasa de traspaso al padre es más de 3 veces superior al promedio
nacional. Aunque hay un 7,3% de los padres que tiene rentas imponibles sobre 1,6
millones, es importante destacar el desincentivo que genera en los hombres (en las
mujeres también, pero no tienen alternativa, porque están obligadas a tomar el PPP)
el hecho de que el subsidio del postnatal parental se pague solo hasta el tope de la
renta imponible. Esto porque, al ser el hombre el proveedor principal del hogar, el
presupuesto familiar se puede ver demasiado mermado si el padre hace uso del PPP
y no recibe su remuneración completa.

Finalmente, las entidades pagadoras de los padres a quienes se les traspasa días
del PPP, son mayoritariamente las ISAPRES, quienes entregan el subsidio al 73,3%
de los padres. Le siguen las Cajas de Compensación de Asignación Familiar-CCAF
(23,7%) y luego con muy pocos casos, la Subsecretaría de Salud Pública (2,6%).

Los datos indican que al ser opcional, el PPP pierde el potencial que posee como
instrumento legal que posibilita el mayor involucramiento de los hombres en el
cuidado de sus hijos/as (Lupica, 2015b). Es necesario que el PPP se establezca como
un derecho y la obligación de los padres trabajadores al cuidado de sus hijos/as,
al igual que como ocurre en el caso de las trabajadoras, lo que constituye un paso
fundamental para el cambio cultural necesario a favor del cuidado compartido de los
niños y niñas.

Fuente: Elaboración propia en base a diversas fuentes.

241
4. ADULTEZ

LA PARTICIPACIÓN LABORAL FEMENINA ES HETEROGÉNEA

Los progresos de las mujeres en el mercado de trabajo son muy heterogéneos. Las que
han logrado los mayores avances, en términos de participación, son las trabajadoras de
los sectores urbanos, en edades adultas, sin hijos y que cuentan con mayores recursos
socioeconómicos y altos niveles educativos. En contraposición, las mujeres con peor
inserción laboral son las trabajadoras rurales, indígenas, que tienen menos años de educación
formal, viven en hogares con menores ingresos y con una mayor cantidad de hijos/as o más
responsabilidades de cuidado. Existe, así, un margen amplio para incrementar la participación
de las mujeres en el mercado laboral (Lupica, 2015a y CEPAL, FAO, ONU Mujeres, PNUD, OIT,
2013).

Dentro del tramo etario entre 25 y 59 años, la participación laboral de las mujeres ha
aumentado de 1990 al 2014 en todos los deciles de ingreso, en particular, entre aquellas
de sectores menos favorecidos, mientras que la participación laboral de los hombres ha
disminuido. En consecuencia, la brecha de género en la participación laboral se ha acortado
para todos los deciles, especialmente, para los más pobres (Gráfico 4.20).

El mayor aumento de la participación laboral entre las mujeres más vulnerables se puede
vincular a la implementación, desde las distintas dependencias del gobierno, de programas
orientados a promover la autonomía y el empleo de las mujeres más pobres, principalmente
aquellas que viven en zonas urbanas. Sus actividades se dirigen, entre otros objetivos, a
proveer bonos para mejorar sus ingresos, mejorar sus competencias laborales mediante la
formación y capacitación, y a financiar sus microempresas y proyectos de autoempleo. Entre
ellos, se puede mencionar los siguientes: Desarrollo Competencias Laborales a Mujeres
del Ingreso Ético Familiar, Aprendiendo a emprender, Ellas Buscan Trabajo, Mejorando mi
negocio (PRODEMU); Subsidio al Empleo de la Mujer, Bono al Trabajo de la Mujer, Ingreso
Ético Familiar (MDS); Mujer, asociatividad y emprendimiento (SERNAM); Más capaz (SENCE-
MINTRAB)17.

Pese a estos importantes avances, como se muestra en el Gráfico 4.20, en 2014, la


participación laboral de las mujeres pertenecientes a los hogares del decil de ingresos más
pobre (46,2%) es menos de la mitad de la que registran las mujeres de los hogares del decil
de mayores ingresos (84,3%) y de la que registran los hombres de su mismo decil (82,9%).

Un conjunto de factores influye en las dificultades que enfrentan las mujeres más pobres
para acceder al mercado de trabajo, generar ingresos y alcanzar su autonomía económica,
entre ellos, sus menores calificaciones, redes de contacto y acceso a los servicios de
cuidado (CEPAL, FAO, ONU Mujeres, PNUD, OIT, 2013). Además, tienen el inconveniente de
dejar su casa para ganar un salario que no compensará los gastos de trabajar, y el costo
de dejar en otras manos las tareas domésticas y de cuidado. Otra explicación se encuentra
en elementos culturales, pues en los sectores de menor nivel socioeconómico y educativo
predominan concepciones más tradicionales del rol de la mujer, que influyen en su decisión
de trabajar fuera de casa (SERNAM, 2008b).

17 Para mayor detalle de los programas y los resultados de las últimas evaluaciones de impacto de los mismos, ver:
Arriagada y Gálvez (2014).

242
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.20 | Tasa de participación laboral de adultos (25-59 años) según decil de ingresos, por sexo, 1990 y 2014.

4.20.1 Tasa de participación laboral de adultos (25-59 años) según decil de ingresos, por sexo, 1990.

Tasa de participación

100% 96,9 96,5 96,6 96,2 95,1 95,1 95,2 95,7


93,0 93,4
90%

80%

70%

60%
63,7

50% 57,2
54,3
50,0
40% 45,4

30% 34,0 35,8

20% 25,8
19,5
10% 17,2

0%
I II III IV V VI VII VIII IX X

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a ESI, 1990.


Nota: Deciles de ingresos calculados sobre los hogares.

4.20.2 Tasa de participación laboral de adultos (25-59 años) según decil de ingresos, por sexo, 2014.

Tasa de participación

100% 94,9 96,0 95,6


91,8 91,8 92,5 92,0
87,2
90% 86,3
82,9
80%
84,3
70% 77,5 78,8
71,7 72,6
60% 67,3

50% 61,9
60,1

40% 52,4
46,2
30%

20%

10%

0%
I II III IV V VI VII VIII IX X

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a NESI, 2014.


Nota: Deciles de ingresos calculados sobre los hogares sin transferencias en educación.

243
4. ADULTEZ

Por otro lado, la revisión de la evolución de las tasas de participación


económica de las mujeres según el área de residencia permite afirmar que
las mujeres que habitan en los principales conglomerados urbanos del país
tienen mayores niveles de inserción laboral que aquellas que residen en
áreas menos urbanizadas o más pequeñas. Ello podría ser resultado de roles
de género más rígidos o menores oportunidades laborales para las mujeres
en esas zonas (SERNAM, 2008a).

En relación con el nivel educacional de las mujeres (Gráfico 4.21), según


la NENE 2014, aquellas de entre 25 y 59 años que no tuvieron educación
formal presentan una tasa de participación laboral de 26,5%, que se duplica
entre las que tienen educación primaria (50,9%), asciende al 64% para las
que accedieron a educación media, llega a 75,6% y 78,8% para las que
tuvieron estudios técnicos y universitarios, respectivamente, al 91,2% entre
las que tienen postítulos o maestrías, y al 89,1% entre las doctoradas. Sin
embargo, estas últimas apenas son el 0,2% de la fuerza laboral femenina,
mientras que casi dos tercios (61,2%) tienen como máximo nivel de estudios
la educación media o alguno más bajo, cuestión que, sin duda, limita su
acceso a empleos de calidad.

Un estudio de Benvin y Perticará (2007), en el cual aplican técnicas


de descomposición microeconométricas con el objeto de evaluar los
determinantes del notable crecimiento de la tasa de participación femenina
en Chile en el período 1990-2003, concluye que el factor más relevante
en el aumento de la participación laboral femenina, es el aumento en la
escolaridad promedio de la fuerza laboral femenina, aunque también inciden
los cambios en la fertilidad de las chilenas. En un sentido contrario, los
aumentos en el ingreso no-laboral autónomo de las mujeres, reducirían sus
tasas de participación laboral, mientras que no resulta claro en la medición
de las autoras, cómo los cambios en la estructura marital o conformación de
las familias han impactado en la participación laboral femenina.

244
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.21 | Tasa de participación laboral de adultos (25-59 años) según nivel educacional, por sexo, 1990 y 2014.

4.21.1 Tasa de participación laboral de adultos (25-59 años) según nivel educacional, por sexo, 1990.

Tasa de participación

100% 95,7
93,9 94,0
89,8
90%
82,6
80%

70%
74,2
60% 68,4

50%

40%

30% 40,7

20%
28,8
10% 22,3

0%
Nunca Estudió Educación Básica Educación Media Educación Técnica Educación Universitaria

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a ENE, 1990.

4.21.2 Tasa de participación laboral de adultos (25-59 años) según nivel educacional, por sexo, 2014.

Tasa de participación
96,2
100% 95,2
93,5 92,8 90,8
87,2
90%
91,2
89,1
80%

70% 78,8
75,6
60%
50,1 64,0
50%

40% 50,9

30%

20%
26,5
10%

0%
Nunca Estudió Educación Básica Educación Media Educación Técnica Educación Universitaria Postítulos y Maestrías Doctorado

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.

245
4. ADULTEZ

Asimismo, la participación varía según la edad. Como se aprecia en el


Gráfico 4.22, mientras mayores, más baja es la tasa de participación laboral.
Esto se podría explicar porque en el grupo de mayor edad hay menos años
de escolaridad, menor propensión a incorporarse en el mercado de trabajo
y menos disposición de los empleadores a contratar a mujeres de esas
generaciones.

| GRÁFICO 4.22 | Tasa de participación laboral de adultos (25-59 años) según tramo de edad, por sexo, 1990 y 2014.

4.22.1 Tasa de participación laboral de adultos (25-59 años) según tramo de edad, por sexo, 1990.

Tasa de participación
97,5 98,0 96,8
100% 94,2 95,1
89,2
90%
79,8
80%
70%
60%
50% 42,0 43,4 42,9
41,4
38,5
40% 31,9
28,5
30%
20%
10%
0%
25 -29 años 30 - 34 años 35 -39 años 40 - 44 años 45 - 49 años 50 - 54 años 55 - 59 años

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a ENE, 1990.

4.22.2 Tasa de participación laboral de adultos (25-59 años) según tramo de edad, por sexo, 2014.

Tasa de participación
100% 93,1 93,9 94,3 92,8 92,4
88,2
90% 84,7

80% 71,7 70,1 67,8


66,7 66,2
70% 62,8
60% 55,6

50%
40%
30%
20%
10%
0%
25 -29 años 30 - 34 años 35 -39 años 40 - 44 años 45 - 49 años 50 - 54 años 55 - 59 años

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.

Arriagada y Gálvez (2014) sostienen que se produce un “efecto cohorte”


cuando las nuevas generaciones reemplazan a las más antiguas, cuyas
tasas de participación son menores. Hay una renovación generacional desde
el punto de vista de la actitud, de la preparación –más años de estudio- y de
las expectativas, pues cada vez está más presente la exigencia de tener un
sustento propio por parte de las mujeres.

246
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

RECUADRO 4.5
El problema del artículo Nº 203 del Código del Trabajo.

En especial, urge reformar el artículo N° 203, que establece que en las empresas
donde hay 20 o más trabajadoras, el empleador debe asumir los costos de la sala
cuna de sus hijos/as menores de 2 años. Esto implica que, en la práctica, contratar a
una mujer puede ser efectiva o potencialmente más caro que contratar a un hombre
en la misma condición, pues la ley asigna todos los costos del cuidado de los niños y
niñas menores de dos años a las mujeres.

Esta normativa es deficiente en diversos sentidos. En primer lugar, se ha


transformado en una barrera de acceso al mercado laboral para las mujeres, lo
que se traduce en mayor desempleo. Escobar (2014) demostró que este artículo
disminuye la contratación de mujeres, puesto que un gran número de firmas decide
no contratar más de 20 mujeres.

En segundo lugar, es causal de brecha salarial, a lo largo de toda la distribución


de ingresos. Según señala Prada, Rucci y Urzúa (2015), serían las mujeres quienes,
finalmente, financian el servicio con menores salarios, en otras palabras, es el
empleador quien traspasa los costos de provisión del servicio a sus trabajadoras.
que las sindican como las únicas responsables del cuidado de los hijos/as; y es
discriminatoria con los niños y niñas, pues su acceso a cuidado institucionalizado
depende de si su madre trabaja junto a otras 19 mujeres.

El año 2010, ComunidadMujer como miembro integrante de la Comisión Asesora


Presidencial “Mujer, Trabajo y Maternidad”18, propuso extender el acceso a salas
cuna a los hijos/as de todos los trabajadores y trabajadoras. Esta propuesta fue
adoptada por la Comisión y presentada en el informe final ofrecido al Presidente de la
República de la época. Así, se propuso solventar la sala cuna, para trabajadores de
cualquier sexo, en una modalidad de financiamiento tripartito: Estado, empleadores/
as y trabajadores/as, donde el aporte de estos últimos fuera proporcional a su
capacidad de pago (SERNAM, 2010).

Hasta el momento, se han presentado dos mociones parlamentarias19 que


modifican el artículo 203, ampliando el derecho a sala cuna tanto a madres como
padres trabajadores de empresas con 20 o más empleados, aunque ninguna
contempla fuente de financiamiento20. Actualmente se encuentran en primer trámite
constitucional en la Cámara de Diputados, sin ninguna urgencia.

Al asumir el nuevo gobierno de la Presidenta Bachelet en 2014, el Ministerio del


Trabajo y Previsión Social diseñó una agenda de género que contempla la creación
de la Mesa Tripartita sobre Mujer y Trabajo, en cuyo seno se debería llevar a cabo un
análisis para la reforma al artículo N° 203. Sin embargo, a la fecha (marzo de 2016),
en materia laboral no ha habido más discusión que la vinculada a la reforma en torno
a los derechos colectivos21.

Fuente: Elaboración propia en base a diversas fuentes.

18 Al comenzar su mandato, el Presidente Sebastián Piñera convocó una Comisión Asesora Presidencial para
diseñar la reforma del sistema de protección de la maternidad en el trabajo, la que estuvo integrada por 14 expertos y
expertas de distintas áreas —trabajo, salud, economía, familia— y organizaciones — de mujeres, centros de estudios,
sindicatos y gremios—. Sus objetivos fueron: i) desligar el costo de la maternidad de la contratación de mujeres,
permitiendo su real integración al mundo del trabajo remunerado formal; ii) garantizar el mejor cuidado de los hijos e
hijas; y iii) incentivar la corresponsabilidad en el cuidado y crianza para una mayor conciliación entre familia y trabajo
para los hombres y las mujeres en Chile (Lupica, 2015b y SERNAM, 2010).
19 Boletín N° 7555-13 (2011) y N° 9340-13 (2014).
20 El proyecto presentado por el ex Presidente Piñera en 2013, que contemplaba el financiamiento descontando
recursos del Seguro de Cesantía (detalles en Arriagada y Gálvez, 2014), fue retirado de la tramitación legislativa por el
gobierno de Bachelet.
21 La excepción la constituye la promulgación de la “Ley que Perfecciona el Permiso Postnatal Parental y el Ejercicio

247
4. ADULTEZ

4.4.2 Inserción laboral femenina y tipos de hogar

Es importante considerar que, si bien persiste una concepción tradicional de los roles de
género en el hogar, en las últimas décadas se han producido profundas transformaciones
en las composiciones y dinámicas familiares, el ya mencionado aumento de las jefaturas
femeninas de hogar es expresión de ello. Asimismo, acorde con el aumento de la
participación laboral femenina, han crecido proporcionalmente los hogares en que hombres
y mujeres se dedican al trabajo remunerado: en 1990 el 27,6% de los hogares biparentales
contaba con una doble inserción laboral del jefe/a de hogar y su pareja, mientras que en
el 2013 esta proporción casi se duplica, llegando a poco más de la mitad de los hogares
biparentales (51,7%).

Como se ha dicho a lo largo de este documento, estas transformaciones son una


manifestación profunda de fenómenos con raíces estructurales de diversa índole (CEPAL,
1993 y 1994; ComunidadMujer, 2008 y 2010):

• La organización familiar tradicional se ha puesto en contradicción con nuevos valores


que consideran el individualismo y la realización personal como principios primordiales para
el desarrollo de cualquier individuo. Las mujeres más jóvenes valoran más su autonomía, se
insertan más en el mercado laboral formal y tienen expectativas diferentes a las tradicionales
sobre el rol que desean cumplir en las familias.

• En relación con las estructuras de oportunidades, el aumento del nivel educacional


de las mujeres les permite acceder a empleos en actividades que antes estaban fuera de
alcance.

• En el ámbito demográfico, la fecundidad más baja, la esperanza de vida más alta y


la concentración de la reproducción en las primeras etapas del matrimonio, prolongan el
período en que el hogar está libre de responsabilidades domésticas.

• Se han expandido los servicios sociales vinculados al cuidado y educación de los hijos/
as, ofrecidos tanto por el Estado como por el mercado.

• La progresiva consolidación de patrones de consumo familiar que difícilmente son


satisfechos por familias con un solo ingreso.

Ahora bien, cabe señalar que estas transformaciones no se producen de modo transversal
en la estructura social y familiar chilena. De hecho, la Encuesta CASEN indica que la doble
inserción laboral es más común en los hogares urbanos, que pertenecen a los deciles más
ricos y cuyo jefe/a de hogar forma parte de las generaciones más jóvenes.

Si bien tanto en los hogares urbanos como en los rurales ha aumentado el peso relativo de
aquellos en que hombres y mujeres trabajan en forma remunerada, desde 1990 a 2013 se
observa que este incremento es más pronunciado en los primeros. De hecho, en las zonas
rurales siguen siendo mayoritarios los hogares en que solo uno de los dos trabaja (62,7%
en 2013); mientras que, entre los hogares urbanos ya se ha hecho mayoritaria la inserción
laboral simultánea de hombres y mujeres (54,6%).

del Derecho a Sala Cuna para las y los funcionarios”. Entre otros puntos, esta nueva norma establece que si ambos
son funcionarios, la madre podrá elegir que su empleador cumpla con la obligación establecida en el artículo 203 en
la sala cuna que disponga el servicio público empleador del padre, siendo financiado por la institución empleadora
de la madre. Aunque en estricto rigor, no es otorgar el derecho (con la consiguiente obligación de financiamiento) de
sala cuna al padre, se reconoce el avance, pero se reitera la necesidad de que el derecho a sala cuna sea extensivo a
todos los padres y madres trabajadores, tanto del sector público como del privado.

248
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Al analizar los hogares biparentales según decil de ingreso, se observa que el crecimiento
de los hogares con doble inserción laboral es transversal a todos los deciles, pero es más
marcado en los deciles con ingresos más bajos. Aun así, en los deciles del I al V sigue
siendo mayoritaria una división familiar del trabajo basada en solo una inserción laboral
(67,2% en el primer decil); mientras que en los deciles del VI al X ya es mayoritaria la
inserción laboral del jefe/a de hogar y su pareja (80,2% en el décimo decil).

En relación a las edades de los jefes/as de hogar, se observa que aun cuando la doble
inserción laboral ha aumentado en todos los hogares, este incremento es menor a medida
que aumenta la edad del jefe/a. De este modo, casi el 60% de los hogares cuyo jefe/a
de hogar es menor de 45 años posee una doble inserción laboral; en contraposición,
entre los hogares cuyo jefe/a de hogar tiene 45 años o más es mayoritaria la organización
tradicional en que solo uno de los miembros, generalmente el hombre, se dedica al empleo
remunerado, alcanzando sus proporciones más altas entre los que se encuentran en el
tramo de 55 a 59 años (54,9%).

En la misma línea, de acuerdo a ComunidadMujer (2010), entre los diversos factores que
están asociados a la inserción laboral de las mujeres, destaca la composición del hogar:
presencia, cantidad y edad de dependientes que requieren cuidado. De igual modo, PNUD
(2010) señala que la situación familiar y la demanda interna de cuidados se vinculan a las
trayectorias laborales de las mujeres, siendo aquellas con pareja e hijos/as las que tienden a
participar menos del mercado laboral.

| GRÁFICO 4.23 | División del trabajo remunerado en el hogar según número de hijos/as menores de 15 años, 1990 y 2013.

8,9% 3,4% 1,5% 2,4% 3,7% 1,3% 0,6% 0,6%


100%
90%
26,1% 22,7%
80%
30,1% 42,3%
70% 29,2%
51,3% 51,7%
60% 54,1%

50%
72,4% 74,9%
40% 66,5%
61,8%
57,1%
30%
45,1% 47,7%
20% 44,6%
10%
0%
Sin hijos/as Un hijo/a Dos hijos/as Tres o más hijos/as Sin hijos/as Un hijo/a Dos hijos/as Tres o más hijos/as
menores de menor de menores de menores de menores de menor de menores de menores de
15 años 15 años 15 años 15 años 15 años 15 años 15 años 15 años

1990 2013

Hogar Biparental Hogar Biparental Hogar Biparental


con una inserción laboral con doble inserción laboral sin inserción laboral

Fuente: Elaboración propia en base a la Encuesta CASEN, 1990 y 2013.


Nota: Se considera solo la situación ocupacional del jefe/a de hogar y su conviviente o esposa/o, sin considerarse si existen otros miembros del hogar que se
encuentren insertos en el mercado laboral.

249
4. ADULTEZ

La Encuesta CASEN indica que mientras mayor sea el número de hijos/as


menores de 15 años que formen parte del hogar, mayor es la probabilidad de
que la madre quede a cargo exclusivo de su cuidado y del trabajo doméstico
en general. Así, en el Gráfico 4.23 se puede ver que en 2013 un 54,1% de los
hogares con solo un hijo/a posee una doble inserción laboral, proporción que
disminuye al 51,7% en aquellos con dos hijos/as, y al 42,3% entre los hogares
biparentales con tres hijos/as o más. Asimismo, si se considera la edad de los
hijos/as se observa que en aquellos hogares en que los hijos/as se encuentran
en la etapa de primera infancia, es más común encontrar divisiones familiares
del trabajo basadas en la doble inserción laboral de mujeres y hombres,
lo que puede estar dando cuenta del peso que en esta decisión tiene la
generación de los padres/madres (asumiendo que en general, los padres/
madres de niños/as pequeños son los más jóvenes).

4.4.3 Características de la ocupación femenina

Las diferencias de género en la distribución ocupacional son reflejo de


una serie de variables en juego. Por una parte, la selección que hace el
empleador/a -según sus propias creencias respecto de lo que es y debe ser
el perfil del cargo en cuestión y de las cualidades individuales de la persona
que postula, relacionadas con productividad y otras dimensiones- y, por
otra, de la elección que hace el trabajador/a del lugar donde quiere trabajar
que, en la adultez, se relaciona con múltiples dimensiones de su vida previa.

Así, la inserción laboral, el tipo de ocupación y/o rama de actividad a la que


acceden los hombres y las mujeres, depende de un conjunto de factores
familiares, educacionales, socioeconómicos e incluso, de su sexo, pues
todavía las oportunidades y modalidades de ingreso al mercado laboral, en
general, siguen siendo diferentes para mujeres y hombres.

El tipo de ocupación o actividad que va a desempeñar alguien en su vida


adulta, generalmente es modelada desde la niñez, por ejemplo, como
se revisó en capítulos previos, cuando los padres/madres transmiten
a niños y niñas aspiraciones diferenciadas según su sexo, o cuando
la educación formal va forjando caminos diferenciados para mujeres y
hombres, ofreciendo modelos tremendamente estereotipados en los textos
escolares, o en las expectativas que los profesores/as desarrollan sobre sus
estudiantes.

Esto significa que la familia, el colegio, es decir, todas las instancias de


socialización temprana, condicionan cómo le irá a la persona durante su
época escolar, lo que hará después, si ingresa o no a la Educación Superior,
y, por lo tanto, las alternativas laborales que tendrá a continuación.

[Link] Edad

Como se puede observar en el Gráfico 4.9, para el tramo etario comprendido


entre los 25 y 59 años, la cantidad de mujeres ocupadas en el mercado de
trabajo prácticamente se triplicó en los últimos 25 años: pasó de 1 millón en
1990 a 2,6 millones en 2014. Por su parte, la cantidad de hombres ocupados
también se incrementó, pasando de 2,2 millones a 3,5 millones en dicho
período. Es decir, entre las y los ocupados, la proporción de mujeres alcanza
al 42,8%, mientras que a principios de los 90 llegaba al 31,1%.

250
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.24 | Ocupados (25-59 años) según tramo de edad, por sexo, 1990 y 2014.

4.24.1 Ocupados (25-59 años) según tramo de edad, por sexo, 1990.

Miles de personas
800
700
600
500 463,1
428,5
400 362,0
334,3
300 287,5
215,7 198,5 229,7
200 176,3 156,5 161,8
122,5
100 88,0
67,3
0
25 -29 años 30 - 34 años 35 -39 años 40 - 44 años 45 - 49 años 50 - 54 años 55 - 59 años

Tramo de edad
Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a ENE, 1990.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en todos los tramos etarios (1%).

4.24.2 Ocupados (25-59 años) según tramo de edad, por sexo, 2014.

Miles de personas
800
700
600 553,8
512,5 524,2
500 475,1 456,4 476,0
447,6 400,6 407,5
400 357,7 356,1 382,3
352,2 314,8
300
200
100
0
25 -29 años 30 - 34 años 35 -39 años 40 - 44 años 45 - 49 años 50 - 54 años 55 - 59 años

Tramo de edad
Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en todos los tramos etarios (1%).

251
4. ADULTEZ

Por otra parte, la tasa de ocupación 22 de los hombres es superior a la de


las mujeres en todo el período analizado. Con todo, la brecha por sexo en
la ocupación laboral ha disminuido debido al alza de la tasa de ocupación
de las mujeres en las últimas dos décadas y media, que pasó de 37,9% en
1990 a 62,1% en 2014, y a la disminución de la de los hombres, de 89,9% a
86,6%, respectivamente.

La distribución etaria de los ocupados ha variado notablemente en el período


en estudio. En el Gráfico 4.24 se ve que mientras en 1990 la mayoría de los
ocupados tenían menos de 40 años (57,6% de las mujeres y 55,3% de los
hombres), en el año 2014 la, la situación se revierte llegando los mayores
de 40 años a representar el 58,5% de las mujeres ocupadas y el 60% de
los hombres ocupados, lo que da cuenta de la permanencia en el mercado
laboral de aquellos/as que ingresaron cuando eran jóvenes en los ’90.
En todos los subtramos etarios de la adultez se observa una disminución
de la brecha de género en cuanto a ocupación, siendo más alta entre los
mayores de 55 años, lo que evidencia la brecha generacional en cuanto a
participación de las mujeres en el mercado laboral.

[Link] Nivel educacional

Entre las y los ocupados, alrededor dos tercios de las mujeres (61,3%) y
de los hombres (67,2%) tienen como último nivel educacional alcanzado la
Educación Media (completa o incompleta), siendo mayoritario este último
nivel. Si se observa la base de la pirámide, las mujeres tienen mayor nivel
educativo que los hombres pues en proporción son menos las que no han
estudiado formalmente o solo han llegado a la Educación Básica (16,4% de
las mujeres y 21% de los hombres). Asimismo, una proporción mayor de
ellas accedió a la Educación Técnica (15,7% de las mujeres y 11,5% de los
hombres), Universitaria (20,8% y 19,1%, respectivamente) y de Postítulos y
Maestrías (2,1% y 1,9%, respectivamente), lo que permitiría inferir que para
ellas la educación es un requisito más importante que para ellos a la hora de
incorporarse al mercado de trabajo (ver Gráfico 4.25).

22 Tasa de ocupación: “Ocupados / Población Económicamente Activa”. En este caso, ambas


variables refieren al tramo etario en estudio: 25-59 años.

252
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.25 | Ocupados (25-59 años) según nivel educacional, por sexo, 2014.

4.25.1 Ocupados (25-59 años) según nivel educacional, por sexo, 2014.

Miles de personas
2.400

2.200

2.000

1.800

1.600 1.587,1

1.400

1.200 1.151,0

1.000

800
705,8 655,8
600 533,3
412,8 403,3 395,9
400

200
52,9 66,3
6,9 16,7 4,2 10,8
0
Nunca Estudió Educación Básica Educación Media Educación Técnica Educación Universitaria Postítulos y Maestrías Doctorado

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.

4.25.2 Distribución porcentual de ocupados (25-59 años) según nivel educacional, por sexo, 2014.

0,2% 0,3%
100% 2,1% 1,9%
90% 19,1%
20,8%
80%
11,5%
70% 15,7%
60%

50%
46,2%
40% 44,9%

30%

20%

10% 16,1% 20,5%

0% 0,3% 0,5%
Mujeres Hombres

Nunca Educación Educación Educación Educación Postítulos y Doctorado


Estudió Básica Media Técnica Universitaria Maestrías

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.


Nota: La diferencia porcentual entre hombres y mujeres es estadísticamente significativa en todos los niveles educacionales (1%).

253
4. ADULTEZ

[Link] Rama de actividad

Una distribución ocupacional diferente entre hombres y mujeres se


convierten en segregación ocupacional de género cuando individuos que
son idénticos en todas las características relacionadas con la productividad
eligen empleos en ciertas ocupaciones con base en roles de género
tradicionales (BM, BID y SERNAM, 2007).

Así, en la mayoría de los países del mundo, las mujeres y los hombres
tienden a concentrarse en ciertas ocupaciones. Chile no es la excepción,
pues tradicionalmente, las mujeres se han concentrado en ocupaciones
específicas, muchas de ellas ligadas a brindar servicios que culturalmente
son considerados “femeninos”, como salud, educación y limpieza, todas ellas
extensiones de su tradicional rol de “cuidadoras”. En general, estas labores
gozan de menor prestigio social y, al ser menos valoradas por el mercado,
generan menores remuneraciones que las que desarrollan los hombres,
quienes, a su vez, tienen acceso a una gama más amplia de actividades, las
que también son más valoradas y, por tanto, mejor remuneradas.

Esto es lo que se conoce como “segmentación horizontal”, y que se traduce


en la existencia de sectores “feminizados” que van estructurando patrones
de inserción laboral para las mujeres, y con ello limitando la posibilidad de
ampliar sus opciones laborales. Además, cuando los sectores se feminizan,
es decir, cuando mayoritariamente están integrados por mujeres, por lo
general, ocurre un deterioro en la calidad de las ocupaciones.

La concentración de las mujeres en actividades y ocupaciones consideradas


tradicionalmente “femeninas”, su acceso a puestos de trabajo de menor
calidad y las consecuentes diferencias de remuneraciones constituyen las
principales desigualdades laborales de las mujeres ocupadas.

De este modo, las mujeres ocupadas en Chile se distribuyen en las diversas


ramas de actividad económica según patrones diferentes a los de los
hombres. A pesar que ellas han incursionado crecientemente en sectores
económicos y ramas de actividad tradicionalmente masculinas, se mantienen
ciertos patrones culturales acerca del empleo femenino que inciden en su
inserción laboral.

Los datos de los Gráficos 4.26.1 y 4.26.3, constatan que tanto antes como
ahora, la gran mayoría de las mujeres se concentra en el sector terciario,
principalmente en los Servicios Sociales y Personales y en el Comercio,
actividades que prolongan las tradicionalmente femeninas desarrolladas en
el ámbito privado.

Entre 1990 y 2014, las mujeres ocupadas crecieron en un 151%, pasando de


1 a 2,6 millones, lo que representa una tasa de crecimiento anual promedio
de 6,3%. En términos de tasas, las ramas que más crecieron en la absorción
de mano de obra femenina fueron las de Electricidad, Gas y Agua (611%),
Construcción (513%), Servicios Financieros (376%) y Minería (289%), pero en
términos absolutos, casi un tercio de las nuevas ocupadas se han empleado
en Comercio, Hoteles y Restaurantes (441 mil de las nuevas ocupadas, lo
que representa un crecimiento de 181%) y en todas las ramas asociadas
a Servicios Sociales y Personales (651 mil de las nuevas ocupadas, lo que
representa un crecimiento de 124%).

Con esta incorporación se puede observar en los Gráficos 4.26.2 y 4.26.4


que las mujeres aumentaron su representación en todas las ramas de
actividad económica (el clasificador de actividades cambió, ofreciendo una
mayor desagregación en 2014 que 1990, pero agrupando de manera similar,

254
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

es posible comparar), siendo lo más notable, la triplicación de su proporción


en Electricidad, Gas y Agua; en Agropecuaria, Silvicultura y Pesca; y en
Construcción, y su duplicación en Transporte y Comunicaciones.

Sin embargo, a pesar de los avances, en 2014 es posible advertir cierto


patrón en las distribuciones por rama. Las mujeres representan la mayoría
de los ocupados/as en Servicio Doméstico (86,5%); Enseñanza (74%);
Servicios Sociales y de Salud (71%); Hoteles y Restaurantes (62,9%);
y Comercio (50,6%), mientras que en el resto de los sectores están
menos representadas, resultando masculinizados los sectores primarios
de la economía (Pesca; Minería; Agricultura y Silvicultura), los sectores
secundarios (Construcción; Industria Manufacturera; Electricidad, Gas y
Agua) y algunos servicios del sector terciario, como Trasporte.

Esto estaría revelando que la mayor escolaridad de las mujeres, que en


la actualidad supera a la de los hombres -tal como se vio en el presente
documento-, no ha logrado ampliar y diversificar sus oportunidades laborales.

255
4. ADULTEZ

| GRÁFICO 4.26 | Ocupados (25-59 años) según rama de actividad, por sexo, 1990 y 2014.

4.26.1 Ocupados (25-59 años) según rama de actividad, por sexo, 1990.

Miles de personas

800
700
600
522,7
500 493,4
406,0 402,7
400
316,3
300
244,1
210,0 228,6
200
134,7 108,4
100 83,5
37,0 24,3 51,2
3,8 1,4 17,9 5,5
0
Agropecuaria, Transporte y
Silvicultura Industria Electricidad, Servicios Servicios
Minería Construcción Comercio Comunicaciones financieros sociales
y Pesca manufacturera Gas y Agua

Mujeres Hombres

4.26.2 Distribución porcentual de ocupados por sexo (25-59 años), según rama de actividad, 1990.

Rama de actividad

Agropecuaria, Silvicultura 7,0% 93,0%


y Pesca
4,3% 95,7%
Minería

Industria manufacturera 24,9% 75,1%

Electricidad, Gas y Agua 7,5% 92,5%

Construcción 2,6% 97,4%

Comercio 43,6% 56,4%

Transporte y Comunicaciones 9,6% 90,4%

Servicios financieros 32,1% 67,9%

Servicios sociales 56,5% 43,5%

0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a ENE, 1990.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en todas las ramas de actividad (1%).
Por razones de espacio en el gráfico, los nombres de las “Ramas de Actividad” han sido abreviados, para su nombre original, revisar la Encuesta Nacional de
Empleo (INE).

256
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

4.26.3 Ocupados (25-59 años) según rama de actividad, por sexo, 2014.
Miles de personas

800
700
553,6
600 566,6

500
360,6 132,4
400 82,7 377,3 51,5
468,6 478,5 329,2
300 214,5 33,9 229,6 214,6 93,4
368,7 164,7
109,5 147,7 228,5
200 70,2
188,5 92,7
14,7 118,7 67,0 90,1
100 40,8 33,5 79,1
3,4 1,4
10,3 0,5
0

Transporte y
Comunicaciones

Administración

Servicio
Agropecuaria

Electricidad,
y Silvicultura

Pesca

Minería

Industrias
manufactureras

Gas y Agua

Construcción

Comercio

Hoteles y
Restaurantes

financiera

empresariales

pública

Enseñanza

y de Salud

Servicios Comunitarios
y Personales

doméstico

extraterritoriales
Intermediación

Servicios

Servicios Sociales

Organizaciones
Mujeres Hombres

4.26.4 Distribución porcentual de ocupados por sexo (25-59 años), según rama de actividad, 2014.
Rama de actividad

Agropecuaria y Silvicultura 22,9% 77,1%


Pesca 7,7% 92,3%
Minería 7,2% 92,8%
Industrias manufactureras 31,4% 68,6%
Electricidad, Gas y Agua 23,5% 76,5%
Construcción 6,6% 93,4%
Comercio 50,6% 49,4%
Hoteles y Restaurantes 62,9% 37,1%
Transporte y Comunicaciones 18,7% 81,3%
Intermediación financiera 54,1% 45,9%
Servicios empresariales 41,8% 58,2%
Administración pública 40,8% 59,2%
Enseñanza 74,0% 26,0%
Servicios Sociales y de Salud 71,0% 29,0%
Servicios Comunitarios 49,3% 50,7%
y Personales
Servicio doméstico 86,5% 13,5%
Organizaciones extraterritoriales 25,8% 74,2%

0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en todas las ramas de actividad (1%).
Por razones de espacio en el gráfico, los nombres de las “Ramas de Actividad” han sido abreviados, para su nombre original, revisar la Nueva Encuesta Nacional
de Empleo (INE).

257
4. ADULTEZ

Díaz (2014) analiza la participación laboral femenina en las ramas de


actividad de Minería y Construcción en Chile, ambas caracterizadas por
ocupar de manera preponderante a trabajadores de sexo masculino. Entre
las principales razones, la autora esgrime el histórico argumento del entorno
físico inadecuado para las mujeres, que los procesos productivos requerían
de una serie de habilidades y destrezas consideradas del dominio de los
hombres (fuerza física para manejar cargas, resistencia y rudeza), pero
también por el marco normativo y las legislaciones que impiden la inserción
ocupacional de las mujeres al rubro. Esta situación, es menos comprensible
en la actualidad, cuando el desarrollo de nuevas tecnologías de proceso
permite que las mujeres puedan asumir nuevas funciones en estos sectores.
Pese a ello, los datos muestran que esto ocurre escasamente y en el nivel
más básico de la pirámide laboral de las empresas mineras (servicios de
limpieza, culinarios y administrativos), aunque también ha aumentado su
participación, en menor medida, en las áreas técnicas 23.

Esto ejemplifica el fenómeno de segregación ocupacional por sexo, típico del


mercado de trabajo, que tiene componentes histórico-culturales asentados
en normas, creencias y estereotipos perpetuados en el tiempo, que han
inhibido una mayor presencia femenina en ciertos ámbitos laborales que
permiten mayores ingresos.

La concentración de las mujeres en ciertas actividades y/o la exclusión de


ellas en otras consideradas “masculinas”, tiene diversas consecuencias
negativas, entre las que se puede mencionar: la falta de movilidad en el
mercado laboral, que se traduce en la disminución de la capacidad de
reacción frente a crisis u oportunidades; el desincentivo a la inversión en
la educación y capacitación de las mujeres en ocupaciones técnicas; la
limitación de las oportunidades de las mujeres en el mercado laboral, lo
cual podría, a su vez, reducir su participación en la fuerza de trabajo; la
perpetuación de la pobreza, dado que las ocupaciones “femeninas”, por lo
general, ofrecen bajos salarios y contribuyen a mantener los estereotipos de
género (BM, BID y SERNAM, 2007).

23 Una iniciativa gubernamental (SENCE y Ministerio de Minería) al respecto fue el Programa


de Capacitación Mujer Minera, que en el año 2012 buscó favorecer la empleabilidad de 2.000
mujeres en ese sector económico. Las beneficiarias debían tener entre 18 y 50 años, contar con
baja calificación laboral, con estudios medios incompletos, estar cesantes o buscar trabajo por
primera vez. La capacitación buscaba mejorar sus competencias laborales y facilitarles el acceso
a un empleo o actividad de carácter productivo relacionado con las labores mineras.

258
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

RECUADRO 4.6
El “techo de cristal”.

La inclusión de las mujeres en los puestos de toma de decisión es deuda pendiente


en el país. El año 2015, solo 13 de las 40 empresas que componen el Índice de
Precio Selectivo de Acciones (IPSA) tienen mujeres en su directorio (32,5%), a la
vez que de los 335 directores/as solo 18 son mujeres (5,4%). No hay directorios
que sean presididos por una mujer y el promedio de representación femenina en la
gerencia de primera línea es de 10,9%, aunque no hay ninguna gerenta general.

El informe “Latin American Board Diversity Analysis” (Egon Zehnder, 2016), que
permite comparar la diversidad de género de los directorios de las principales
empresas de la región24, posiciona a Chile como el segundo país con mayor
proporción de directorios que cuentan con participación femenina (50%) y con
mayor proporción de directores mujeres (8%), luego de Colombia (67 y 14%,
respectivamente), y superando a Brasil (46 y 6%, respectivamente), México (42%
y 5%, respectivamente) y Argentina (40 y 6%, respectivamente). Sin embargo, la
realidad es que nuestra región se encuentra fuertemente retrasada en relación
al escenario internacional: hoy un 88,8% de los directorios de las principales
empresas europeas transadas en la bolsa cuentan con participación femenina
y un 21,1%, de los miembros de los directorios son mujeres; proporciones que
descienden a un 80,2% y 15,9%, respectivamente, en el caso de Estados Unidos y
Canadá. Asimismo, de mantenerse las tendencias observadas, en 2018 un 30% de
los directores de las principales empresas europeas serán mujeres, cuestión que
ocurrirá el 2021 en Estados Unido y Canadá, y recién el año 2042 en las empresas
latinoamericanas. Frente a este escenario, el mismo estudio enfatiza el riesgo que
implica para nuestras economías este rezago, pues entre los líderes empresariales
europeos y norteamericanos está siendo cada vez más valorada la igualdad de
género en los cargos directivos.

Asimismo, un informe elaborado por el Instituto de Investigación en Ciencias


Sociales (ICSO) de la Universidad Diego Portales en el año 2013, concluyó que
solo un 21,7% de los 5.106 puestos de toma de decisión relevados –en el ámbito
público y privado- eran ocupados por mujeres. Además, el estudio muestra que las
tasas más bajas de participación de las mujeres en estos puestos se observan en
el sector privado (mineras, salmoneras, retail y celulosa) y en el sector financiero
(1,7% y 3,7%, respectivamente), mientras que las más altas en el sector de servicio
público y autoridades administrativas no electas del aparato del Estado (34,1% y
33,5%, respectivamente). En cargos de presidencia y gerencias generales en los
principales sectores productivos nacionales prácticamente no hay presencia de
mujeres.

El estudio también concluye que la presencia de mujeres en cargos directivos


disminuye conforme al crecimiento de la responsabilidad y del poder. En el sector
salud, por ejemplo, la totalidad de las presidencias de las clínicas son ocupadas
por hombres, mientras que la presencia femenina es algo más relevante en las
gerencias generales y en las direcciones médicas (7,9% y 19,4%, respectivamente).
Por otra parte, en el sector de educación, las mujeres ocupan solo el 5,1% de las
rectorías de universidades, mientras que el 22,6% son decanas o jefas de carrera.
La situación es similar en los gremios empresariales y asociaciones profesionales,
donde las mujeres ocupan solo el 5,6% y el 35% de los cargos directivos,
respectivamente (ICSO, 2013).

Estos datos corroboran que las mujeres tienen menos opciones de acceder a
cargos de toma de decisión. Esta segmentación vertical, llamada “techo de cristal”,

24 El estudio analiza la composición por sexo de los directorios de las principales empresas que cotizan en la bolsa
de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México.

259
4. ADULTEZ

impide a las mujeres llegar a los puestos más altos, incluso a pesar del alto nivel
de calificación alcanzado por ellas en Chile. También, se ha difundido la teoría del
“laberinto” para explicar las trayectorias laborales de las pocas mujeres que sí logran
acceder a cargos de dirección, caracterizadas por no ser lineales ni sencillas, sino
llenas de sobresaltos y dificultades. PNUD (2010), sostiene que ese laberinto se
transita en función de las perspectivas subjetivas de las mujeres, de sus historias
personales y de las imágenes de género compartidas en la sociedad en la que vive.

El estudio ya mencionado de Egon Zehnder (2016), tras la realización de entrevistas


a directores de empresas de países latinoamericanos, identifica que las diversas
trayectorias de participación femenina en directorios se explican, en gran parte, por
elementos culturales, especialmente por sesgos sobre la capacidad de liderazgo
de las mujeres, y factores políticos propios de cada contexto. En el caso chileno,
hay cierta evidencia que indica rezagos importantes: solo un 33% de las y los
entrevistados declaró que la diversidad de género es importante (vs el 72% a nivel
latinoamericano), y ninguno de ellos señaló que actualmente existe alguna política
que promueva la participación de mujeres en cargos gerenciales (vs el 20% a nivel
latinoamericano) -ambas proporciones son las más bajas a nivel latinoamericano-.

Entre las principales razones que dificultan el ascenso de las mujeres en cargos
de mayor responsabilidad -e ingresos- se pueden mencionar una serie de sesgos
inconscientes y estereotipos, tanto descriptivos como prescriptivos que distorsionan
las percepciones y condicionan las evaluaciones de quienes toman las decisiones de
promoción (Heilman y Parks-Stamm, 2007).

Particularmente respecto de las que son madres, los empleadores suelen caer en
condicionamientos culturales y presunciones estereotipadas sobre la carga que
representa la familia en el tiempo y la energía de las trabajadoras y su presunto
efecto en la productividad y eficiencia. Otras razones son la dificultad y desincentivo
por buscar oportunidades de capacitación y competir por ascensos; la menor
experiencia laboral o las carreras profesionales interrumpidas, en especial, por
motivos familiares; el menor acceso a redes de contacto y de mentoras o modelos en
los cuales inspirarse, entre otros (ComunidadMujer, 2015b).

Tokman (2011) realizó un estudio para el SERNAM sobre la participación de mujeres


en puestos de responsabilidad en empresas transadas en bolsa y empresas del
Estado de Chile. En él concluye que, entre las razones por las que hay muy pocas
mujeres en puestos de liderazgo, se encuentran el desinterés de las empresas que
no consideran que su incorporación traiga más beneficios que la incorporación de
los hombres, por una percepción de menor productividad de las mujeres en las altas
esferas corporativas; por la incertidumbre sobre los riesgos y costos asociados a
su contratación (pre y postnatal y fuero maternal,) y porque existe la creencia de
que a las mujeres no se les puede exigir el 100% de su disponibilidad, debido a sus
responsabilidades familiares.

Pese a todos los costos que se les imputan, se ha corroborado que la mayor
participación de las mujeres en los directorios es un buen negocio. Las empresas y
organizaciones que incorporan mujeres en puestos de alta dirección se benefician
con su talento y capacidades, muestran una tendencia a lograr un mejor desempeño
financiero y organizacional y, además, son más innovadoras y obtienen mejores
resultados en excelencia organizacional y calidad (Adler, 2001; Joy, Carter, Wagener
and Naayanan, 2007; Doherty & Sealy, 2012; Chananvat & Ramsden, 2013; McKinsey,
2013 y PWC, 2014; citados en ComunidadMujer, 2015b).

En Chile, de manera reciente, se han impulsado diversas acciones para facilitar


el acceso de las mujeres a los puestos de dirección. Tal es el caso de la moción
parlamentaria de la Diputada Turres25, de septiembre de 2014 para modificar la Ley
N° 18.046 sobre sociedades anónimas, estableciendo que las grandes empresas

25 Boletín N° 9554-07.

260
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

deban conformar sus directorios con una cuota mínima de un 30% de participación
femenina. Otro ejemplo, es la moción de la Senadora Allende y el Senador Harboe26,
que modifica diversos cuerpos legales para establecer una cuota de género
equivalente al 40% en los directorios de las empresas públicas.

Por otra parte, desde enero de 2016 que en Ley de Cooperativas se exige que las
directivas (órganos colegiados) tengan la misma representación de género que sus
bases (socios y socias).

Junto con lo anterior, a mediados de 2015 la Superintendencia de Valores y Seguros


(SVS) emitió las nuevas normas que buscan mejorar la información que entregan las
sociedades anónimas abiertas en materia de gobierno corporativo e incorporar la
difusión de prácticas relacionadas con responsabilidad social y desarrollo sostenible.

En términos de género, entre las modificaciones de mayor interés están las


relacionadas con el tan esperado fomento de la adopción de políticas en materia de
diversidad en la composición del directorio y en la designación de las y los ejecutivos
principales de la sociedad (parte de la Norma N°385 que deroga la N°341).

Por otro lado, dentro de la Norma N°386 (ex N°30) se avanza al incorporar en la
memoria anual de cada sociedad la diversidad en el directorio (género, nacionalidad,
edad y antigüedad), en la gerencia general y demás gerencias que reportan a esa
gerencia o al directorio, y en la organización (trabajadores/as). Se suma a ello la
información sobre brecha salarial por género (según tipo de cargo, responsabilidad y
función desempeñada).

De entregarse estos datos (no es obligación) se hará visible la disparidad de género


en cuanto a número, incidencia y salarios al interior de las sociedades. Ello debiera
contribuir a propiciar la inclusión de más mujeres, sobre todo en los cargos de alta
dirección.

Aunque la adopción de estas prácticas es voluntaria, la SVS busca que se generen


incentivos para que los inversionistas tomen sus decisiones, privilegiando aquellas
sociedades en que sus intereses estén mejor resguardados, entendiendo que la
igualdad de género es un valor. Es lo que en el mundo se conoce como “Comply or
Explain” y que, de no funcionar, al menos en materia de género, en muchos países ha
derivado en otras medidas obligatorias de acción afirmativa, como son las cuotas.

Fuente: Elaboración propia en base a diversas fuentes.

26 Boletín N° 9858-03.

261
4. ADULTEZ

[Link] Categoría ocupacional

Asimismo, existe una forma de “segmentación vertical”, la cual alude a las


diferenciaciones en cuanto al acceso a puestos de trabajo con distinta
jerarquía de poder entre mujeres y hombres. Las mujeres presentan una
escasa participación en puestos de alta responsabilidad dentro de las
organizaciones. Este último fenómeno es conocido como “techo de cristal”,
en alusión a las barreras de poder invisibles que impiden a las mujeres
ascender (ver Recuadro 4.6). Una aproximación gruesa a esto es el análisis
por categoría ocupacional, aunque para entender el fenómeno es necesario
estudiar la especificidad de la distribución por cargo en las organizaciones y
las relaciones al interior de ellas.

Los cambios en el empleo por categoría ocupacional, principalmente entre


asalariados 27 y trabajadores por cuenta propia 28, permiten aproximarse a la
identificación de las condiciones de formalidad e informalidad y, por lo tanto,
de la calidad de los empleos que está generando una economía (CEPAL,
FAO, ONU Mujeres, PNUD, OIT, 2013).

En las últimas dos décadas y media, básicamente la estructura ocupacional


no ha variado, salvo en dos asuntos relevantes, uno para cada sexo (las
categorías ocupacionales variaron, pero es posible agrupar las de 1990 para
hacerlas comparables con las de 2014). Observando los Gráficos 4.27 y
4.28, se puede ver que entre los hombres la proporción que se empleaba
por Cuenta Propia bajó considerablemente, desde el 25,6% al 18,2%.
Esos trabajadores independientes fueron absorbidos como Asalariados
del Sector Privado, pues su proporción creció de 58,8% a 66,3%. Entre las
mujeres, bajó de manera importante la proporción que se encontraba en las
categorías de Familiar No Remunerado 29 (de 5,4% a 1,8%); como Personal
de Servicio Doméstico Puertas Adentro (de 5,7% a 1,5%); y como Personal
de Servicio Doméstico Puertas Afuera (de 13,2% a 8,4%) y en contraparte, la
categoría que se vio abultada fue la de Asalariados del Sector Privado, que
pasó de 37,4% a 50,9%.

27 Son las personas que trabajan para un empleador público o privado y perciben una
remuneración en forma de sueldo, salario, comisión, propinas, pagos a destajo o pagos en
especie.
28 Son las personas que explotan su propia empresa económica o que ejerce
independientemente una profesión u oficio, pero no tiene ningún empleado a sueldo o salario.
29 Es la persona que realiza un trabajo, sin remuneración, en una empresa económica explotada
por una persona emparentada (familiar).

262
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.27 | Ocupados (25-59 años) según categoría ocupacional, por sexo, 1990.

4.27.1 Ocupados (25-59 años) según categoría ocupacional, por sexo, 1990.

Miles de personas
2.400

2.200

2.000

1.800

1.600

1.400

1.200

1.000

800 767,4

600 580,5 565,5

400
264,8
201,8
200 157,5 172,2 134,8
114,8 118,8
58,8 55,2 34,1
26,2 6,9 29,5 2,1 0,8
0
Empleador Cuenta Empleado Empleado Obrero Obrero Personal de Personal de Familiar no
propia sector público sector particular sector sector servicio puertas servicio puertas remunerado
público particular adentro afuera

Mujeres Hombres

4.27.2 Distribución porcentual de ocupados (25-59 años) según sexo, por categoría ocupacional, 1990.

Categoría ocupacional

Empleador 18,6% 81,4%

Cuenta propia 25,8% 74,2%

Empleado sector público 47,8% 52,2%

Empleado sector particular 31,9% 68,1%

Obrero sector público 18,9% 81,1%

Obrero sector particular 13,4% 86,6%

Personal de servicio puertas adentro 96,5% 3,5%

Personal de servicio puertas afuera 99,4% 0,6%

Familiar no remunerado 61,9% 38,1%

0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%

Mujeres Hombres

263
4. ADULTEZ

4.27.3 Distribución porcentual de ocupados (25-59 años) según categoría ocupacional, por sexo, 1990.
1,5%
100% 0,0%
5,4% 0,1%
90% 13,2%
33,9%
80% 5,7%
70% 11,6%
0,7% 1,3%
60%

50% 25,8% 24,9%

40%
7,6%
30% 15,4%

20%
25,6%
19,7%
10%

0% 2,6% 5,1%
Mujeres Hombres

Empleador Cuenta Empleado Empleado Obrero Obrero Personal Personal Familiar no


propia sector sector sector sector de servicio de servicio remunerado
público particular público particular puertas adentro puertas afuera

Fuente: Elaboración propia en base a ENE, 1990.


Nota: La diferencia en las proporciones entre hombres y mujeres es estadísticamente significativa en todas las categorías ocupacionales (1%).

Como se observa en el Gráfico 4.28, en 2014 la proporción de hombres


que se desempeña como Empleadores 30 duplica a la de las mujeres (5,5%
vs 2,2%), brecha que se ha mantenido estable desde 1990. Así, las mujeres
apenas son el 22,9% de esta categoría 31.

30 Toda la persona que dirige su propia empresa económica o que ejerce independientemente
una profesión u oficio y que tiene a uno o más empleados o trabajadores a los que remunera
mediante un sueldo o salario.
31 Es importante, además, mencionar que el 72,9% de las mujeres empleadoras lo son en
empresas pequeñas, de menos de 5 empleados (10 puntos más que los hombres). Con ello, para
este tamaño de empresa, las mujeres alcanzan a ser el 26% de los empleadores, mientras que
entre las empresas más grandes (todos los tamaños), no superan el 20% de representación.

264
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.28 | Ocupados (25-59 años) según categoría ocupacional, por sexo, 2014.

4.28.1 Ocupados (25-59 años) según categoría ocupacional, por sexo, 2014.

Miles de personas
2.400 2.284,9
2.200
2.000
1.800
1.600
1.400 1.308,7
1.200
1.000
800
628,5
600 500,7
403,7
400 317,1
188,3 216,8
200
56,1 7,7 38,9 46,3 18,9
0,2
0
Empleador Cuenta Asalariado Asalariado Personal de Personal de Familiar o personal
propia sector privado sector público servicio doméstico servicio doméstico no remunerado
puertas afuera puertas adentro
Mujeres Hombres

4.28.2 Distribución porcentual de ocupados (25-59 años) por sexo, según categoría ocupacional, 2014.

Categoría ocupacional

Empleador 22,9% 77,1%

Cuenta propia 44,3% 55,7%

Asalariado sector privado 36,4% 63,6%

Asalariado sector público 56,0% 44,0%

Personal de servicio
doméstico puertas afuera 96,6% 3,4%

Personal de servicio
99,6% 0,4%
doméstico puertas adentro
Familiar o personal 71,0% 29,0%
no remunerado
0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%

Mujeres Hombres

265
4. ADULTEZ

4.28.3 Distribución porcentual de ocupados (25-59 años) según categoría ocupacional, por sexo, 2014.

0,5%
100% 1,8% 0,0%
1,5% 9,2% 0,2%
8,4%
90%

80% 15,7%

70%

60%
66,3%
50% 50,9%
40%

30%

20%
18,2%
10% 19,5%

0% 2,2% 5,5%
Mujeres Hombres

Empleador Cuenta Asalariado Asalariado Personal de servicio Personal de servicio Familiar o


Propia sector privado sector público doméstico puertas doméstico puertas personal no
afuera adentro remunerado

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.


Nota: La diferencia en las proporciones entre hombres y mujeres es estadísticamente significativa en todas las categorías ocupacionales (1%).

Entre las y los Asalariados, y aunque hombres y mujeres se concentran mayoritariamente


en el mundo privado, el Sector Público es una fuente de trabajo más importante para las
mujeres y el Sector Privado, para los hombres. La proporción de hombres en el empleo
privado es un 30% superior a la de las mujeres (66,3% vs 50,9%) mientras que la proporción
de mujeres empleadas en el Sector Público casi duplica a la de los hombres (15,7% y 9,2%).
Así, entre los trabajadores/as por Cuenta Propia y los del sector privado, la distribución entre
hombres y mujeres se da bastante parecida a la de la fuerza de trabajo: 44,3% y 36,4%
mujeres, respectivamente; mientras que el en el Sector Público, la distribución se revierte,
existiendo una mayoría de mujeres: 56%.

A pesar de haber caído casi a la mitad en términos de proporción, otra fuente de trabajo
importante para las mujeres es el Servicio Doméstico. Actualmente, una de cada diez
ocupadas se desempeña en esta categoría ocupacional (9,9%). Al mismo tiempo, las
mujeres representan a prácticamente la totalidad de las personas que se desempeñan
como Servicio Doméstico Puertas Afuera (96,6%) y a la totalidad de quienes que lo hacen
Puertas Adentro 32 (99,6%). Algo similar ocurre entre las y los ocupados como Familiar no
remunerado, donde las mujeres corresponden al 71% de la categoría ocupacional (Gráfico
4.28).

32 Cabe destacar que la calidad del empleo de las trabajadoras de casa particular ha ido mejorando en el tiempo por
la vía de la regulación legal del mismo: En 1990, se consiguió la indemnización por despido a todo evento. En 1993
se estableció un salario mínimo para las trabajadoras puertas adentro y se amplió el descanso absoluto mínimo no
inferior a doce horas diarias (ininterrumpido de nueve horas). En 1998 se les dio derechos a fuero maternal. En 2008
se estableció la igualación del salario mínimo con el del resto de los trabajadores/as (de manera escalonada entre
2008 y marzo 2011). En 2009, se les dio el derecho al descanso en día feriado y domingos. En 2014, la ley No 20.786
disminuye la jornada de trabajo a 45 horas semanales, regula el descanso, la composición de la remuneración y
prohíbe la exigencia de uniforme en lugares públicos.

266
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

RECUADRO 4.7
Caracterización del emprendimiento femenino en Chile.

En la actualidad son muchos quienes valoran el emprendimiento como un motor


clave para el crecimiento y desarrollo económico de un país y, desde la perspectiva
individual, como una herramienta para acceder a mejores oportunidades económicas
y laborales que permitan enfrentar condiciones de desigual distribución de todo tipo
de recursos (MINECON, 2013).

Si al igual que el Ministerio de Economía, consideramos que las categorías


ocupacionales “trabajador por cuenta propia” y “empleador/a” son aproximables a
situaciones de emprendimiento, se puede decir que de acuerdo a lo revisado en el
Gráfico 4.28, en la actualidad, 2 de cada 10 mujeres son emprendedoras.
Ahora bien, es clave distinguir aquellas situaciones de emprendimiento de “alto
impacto”, que suelen responder a la identificación de buenas oportunidades de
negocio y son capaces de “crear nuevas compañías y trabajos de calidad; abrir
mercados que potencian el crecimiento y la innovación, dinamizando las industrias”

| GRÁFICO 4.29 | Distribución porcentual de ocupados (25-59 años)


según categoría ocupacional y decil de ingreso, por sexo, 2014.

100%

90% 12,3%

80%

70%

60%

50%

40%

30%

20%

10%

0%

Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

I II III IV V VI VII VIII IX X

Familiar o personal
no remunerado 5,3% 0,8% 4,0% 0,6% 2,0% 0,7% 2,6% 0,7% 2,1% 0,3% 1,4% 0,4% 1,5% 0,2% 1,3% 0,3% 0,7% 0,1% 0,8% 0,5%

Personal de servicio
doméstico puertas 0,2% 3,4%
0,0% 0,0% 0,1% 0,0% 0,0% 0,0% 0,1% 0,0% 0,3% 0,0% 0,1% 0,0% 0,0% 0,0% 0,1% 0,0% 0,4% 0,0%
adentro
Personal de servicio
doméstico puertas
afuera 12,3% 0,4% 13,7% 0,3% 12,4% 0,5% 12,3% 0,3% 10,9% 0,1% 9,0% 0,3% 8,7% 0,1% 3,9% 0,2% 2,5% 0,0% 0,6% 0,0%

Asalariado
sector público 5,9% 2,4% 9,7% 3,3% 9,1% 5,5% 10,5% 6,8% 13,5% 8,1% 17,6% 7,7% 16,1% 8,5% 20,8% 12,8% 24,1% 17,3% 28,6% 18,8%

Asalariado
sector privado 41,9% 64,6% 45,7% 70,9% 48,5% 70,2% 53,7% 68,2% 51,7% 68,0% 56,2% 71,8% 55,8% 71,5% 56,7% 65,4% 55,2% 59,4% 50,3% 54,6%

Cuenta propia 34,0% 29,1% 25,7% 23,3% 26,1% 20,0% 19,1% 20,6% 20,2% 19,9% 14,8% 16,4% 16,5% 14,6% 15,1% 14,6% 13,9% 15,1% 12,7% 12,0%

Empleador 0,6% 2,7% 1,2% 1,7% 2,0% 3,2% 1,8% 3,4% 1,2% 3,5% 1,0% 3,4% 1,2% 5,2% 2,1% 6,8% 3,2% 8,1% 6,8% 14,0%

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.

Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en todos los deciles para las categorías Empleador (1%),
Cuenta propia (1%), Asalariado sector privado (1%), Asalariado sector público (1%), Personal de servicio doméstico puertas afuera (1%) y Familiar o personal no
remunerado (1%).

267
4. ADULTEZ

(Guerra y Pizarro, 2011); de aquellas estrategias de “autoempleo” que responden, más


bien, a contextos de necesidad por dificultades de empleabilidad, microempresas
que suelen esconder situaciones de precariedad desde el punto de vista de ingresos,
jornadas laborales, regulación y seguridad social (CEPAL, 2015).

Si asimilamos la categoría de “trabajadora por cuenta propia” a “microempresaria”


y “empleadora” a “empresaria”, se tiene que existe una correlación entre el tipo de
emprendimiento y los ingresos de las mujeres, pues en general, las microempresarias
pertenecen a los hogares más vulnerables, y las empresarias se concentran en
los hogares de los deciles más ricos (Encuesta sobre Microemprendimiento, EME,
2013). En relación a este fenómeno de concentración, la Encuesta Voz de Mujer
(2009) identificó que mientras las microempresarias han alcanzado, en su mayoría, la
Educación Media completa (50,5%), las empresarias se concentran en los niveles de
Educación Superior (58,9%).

Este fenómeno se puede observar claramente en el Gráfico 4.29, donde la proporción


de trabajadoras por cuenta propia es mucho más alta entre las mujeres de los cinco
primeros deciles, alcanzando en torno al tercio de ellas (34% en el primer decil), y
disminuyendo hasta alcanzar el 12,7% en el decil más rico. En cambio, la proporción
de empleadoras es mayor en los deciles más ricos, alcanzando el 6,8% de las mujeres
del decil X y disminuyendo hasta llegar al 0,6% en el primer decil.

De este modo, los emprendimientos de alto impacto estarían concentrados en un


selecto grupo de mujeres. La Tercera Encuesta Longitudinal de Empresas (ELE, 2013)
identifica que las pocas mujeres dueñas de empresas (25,4% de total de dueños) se
tienden a concentrar en aquellas de menor tamaño, representando solo el 7,2% de los
dueños de grandes empresas, el 11,9% de las medianas, el 22,3% de las pequeñas y
el 29,7% de las microempresas.

Las diferencias entre ambos tipos de emprendimiento y sus niveles de formalidad


y calidad son evidentes, por ejemplo, la mayoría de las microempresarias trabaja
básicamente desde su vivienda o a domicilio (58,4%), mientras que las empresarias lo
hacen mayoritariamente en establecimientos independientes (66,9%) (Encuesta Voz
de Mujer, 2011); la mayoría de las microempresarias se encuentra en una situación de
informalidad frente al Servicio de Impuestos Internos (52,3%) (EME, 2013); entre las
microempresarias predominan las que no están afiliadas a ningún sistema previsional
y/ que no se encuentran cotizando (74,5%), mientras que entre las empresarias hay alta
proporción de afiliadas y con cotizaciones vigentes (65,6%) (Encuesta Voz de Mujer,
2011); más de la mitad de las emprendedoras gana menos de $193.000 (56,7% vs el
29,6% de los hombres) y solo el 11,4% gana más de $1.125.000 (vs el 23,3% de los
hombres) (EME, 2013).

A la luz de estas diferencias, se han identificado factores de diverso tipo que operan
como barreras para el posicionamiento de las mujeres en la actividad emprendedora.
La literatura internacional ha destacado las siguientes categorías: 1. Deficiencias en
capacidades de gestión, 2. Barreras de acceso al sistema financiero, 3. Problemas
para participar en encadenamientos productivos y/o comerciales, y 4. Persistencia de
actitudes sociales que limitan las oportunidades de las mujeres (Bentancor et al, 2015).
Por su parte, Guerra y Pizarro (2011), identifican que en la sociedad chilena son los
factores culturales los principales obstaculizadores del emprendimiento de las mujeres,
como falta de apoyo de la pareja y la tensión que se produce entre su desarrollo
profesional y responsabilidades familiares. Desde esta perspectiva multidimensional,
y considerando las especificidades del emprendimiento de las mujeres chilenas,
a continuación se profundiza en algunos de estos factores que van desde sus
trayectorias personales y familiares y las características de sus emprendimientos,
hasta elementos propios del contexto institucional y legal.

En relación con la motivación personal y los contextos familiares, la EME (2013)


indica que la mayoría de las mujeres inician su emprendimiento no porque hayan

268
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

encontrado una buena oportunidad en el mercado (12,1%), sino principalmente por


razones de necesidad, buscando generar o complementar sus ingresos (55,2%), ya
sea porque fueron despedidas de su empleo anterior, porque no encuentran trabajo
como asalariadas, o porque están buscando un empleo con mayores ingresos y/o
flexibilidad. Respecto a este último punto, es crucial destacar la alta motivación de las
mujeres por encontrar mayores niveles de flexibilidad laboral (15,4% vs 4,8% de los
hombres), lo que ha sido asociado por diversas investigaciones como una estrategia de
conciliación entre el acceso a bienes monetarios y las tareas domésticas y de cuidado,
dado que usualmente estos emprendimientos son una extensión de la producción de
bienes y servicios de sus hogares (Encuesta Voz de Mujer 2011; EME, 2013).

Adicionalmente, existen características propias de la actividad emprendedora, como la


orientación sectorial y la rama en la que se desarrolla, que también inhiben el potencial
de productividad y crecimiento del emprendimiento. El Reporte Nacional del Global
Entrepreneurship Monitor (GEM, 2013) identifica que entre las mujeres se priorizan
aquellos emprendimientos orientados hacia el consumidor individual (ventas al por
menor, servicios personales, entre otros) que, por lo general, se asocian más a oficios
que a una actividad profesionalizada; mientras que los hombres son mayoritarios en
aquellas actividades orientadas hacia la extracción o transformación de los bienes, y
en servicios a empresas. “Las mujeres, generalmente, se ubican en sectores de escaso
valor agregado y, por consecuencia, de menores ingresos y utilidades” (GEM, 2013).

En la misma línea, la ELE (2013) identifica que entre las mujeres dueñas de empresas
existe una baja diversificación de las ramas de actividad, pues se concentran
principalmente en el comercio (54,7%) y, en menor medida, la manufactura (10,5%) y
las actividades inmobiliarias y empresariales (9,6%); mientras que entre los hombres,
solo el 30,9% emprende en comercio, diversificándose en ramas como la construcción
(13,4%), el transporte (13,2%), actividades inmobiliarias (12,8%), agricultura, ganadería
y pesca (11,6%) e Industrias manufactureras (10,4%). De este modo, las mujeres
concentran sus emprendimientos en sectores de baja productividad, que por lo
general tienden hacia bajos niveles de innovación y diferenciación y con poco uso de
tecnologías, todas cuestiones que limitan el valor agregado de este tipo de proyectos
(Guerra y Pizarro, 2011).

Finalmente, han sido diversos los elementos vinculados al contexto legal e institucional
que operan como barreras para el emprendimiento de alto impacto entre las mujeres.
Entre ellos destacan la dificultad en el acceso al crédito por exigencia de garantía y
altos intereses (Banco Mundial, 2010); a un 43,9% de las mujeres emprendedoras a
quienes se les rechaza un crédito lo es por baja capacidad de pago, vs el 15,9% de los
hombres (EME, 2013); cuestión a la que se suma el condicionamiento de la situación
económica del cónyuge, para el caso de las emprendedoras casadas bajo la actual
sociedad conyugal, quienes deben realizar una serie de trámites que requieren de la
autorización y/o firma del marido, lo que burocratiza el proceso y lo dificulta mucho, si
el cónyuge posee altos niveles de endeudamiento (MINECON, 2013).

Frente a este escenario, las posibilidades de mejoras en el sentido y desempeño


de las políticas públicas son amplias, y van desde afinar las evaluaciones de
riesgo utilizadas por el sistema financiero, con un enfoque de género; permitir el
acceso a financiamiento de mayor envergadura; potenciar la llegada a redes de
comercialización; y fortalecer las oportunidades de capacitación específica, de
asistencia técnica y de tecnologías de información y productivas, de modo tal de
diversificar, viabilizar y potenciar las áreas de negocios a las que acceden.

Fuente: Elaboración propia en base a Banco Mundial, 2010; Encuesta Voz de Mujer, 2009 y 2011; Guerra y Pizarro, 2011;
MINECON, 2013; ELE, 2013; y, EME, 2013; y Bentancor et al, 2015.

269
4. ADULTEZ

[Link] Tipos de contrato de trabajo

La relación laboral de dependencia significa que se asume un compromiso y una relación


de trabajo de subordinación del trabajador/a respecto al empleador/a, lo que implica la
existencia de un acuerdo de trabajo y, formalmente, de un contrato escrito. Según el tipo de
empleador/a, el compromiso toma formas diferentes: el sector público tiene las tasas más
altas de cumplimiento de contrato escrito, luego se sitúa el sector privado y finalmente el
trabajo doméstico puertas afuera, donde prima el acuerdo de palabra (Arriagada y Gálvez,
2014).

Como se ve en el Gráfico 4.30, la gran mayoría de las trabajadoras y trabajadores


dependientes chilenos tienen un contrato de trabajo escrito, siendo la proporción algo mayor
entre los hombres (88,6%) que entre las mujeres (85,7%).

La mayoría de las y los trabajadores con contrato, lo tiene con una duración de tiempo
indefinido, proporción que es mayor entre las mujeres (76,3%) respecto de los hombres
(72,5%), como se muestra en el Gráfico 4.31. Esta diferencia se explicaría principalmente
porque justamente los sectores productivos en los que predominan los contratos temporales
(por obra o faena), están masculinizados, como ocurre en la Construcción, por ejemplo. Sin
embargo, este 25,8% de trabajadores/as sin contrato indefinido representa la mayor tasa
entre todos los países de la OCDE, que en promedio tienen un 12% de sus trabajadores/
as con contrato a plazo fijo (OCDE, Estadísticas de Empleo y Mercado Laboral 2014) 33.
De hecho, entre las diversas recomendaciones que dicha organización realiza a nuestro
país, está la de aumentar los contratos indefinidos, pues de otra manera, el trabajo está
desprotegido, se produce una elevada rotación y precariedad laboral.

33 OCDE sitúa a Chile con el 29,7%, pues considera a las y los ocupados de todas las edades, mientras que, en este
informe, se considera únicamente a los del tramo etario entre 25 y 59 años.

270
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.30 | Trabajadores dependientes (25-59 años) según contrato escrito, por sexo, 2014.

4.30.1 Trabajadores dependientes (25-59 años) según contrato escrito, por sexo, 2014.

Miles de personas

2.400

2.200

2.000

1.800

1.600

1.400

1.200 2.313,5

1.000

800 1.686,7

600

400

200
281,5 296,3
0
Con contrato Sin contrato

Mujeres Hombres

4.30.2 Distribución porcentual de trabajadores dependientes (25-59 años) según contrato escrito, por sexo, 2014.

100%
14,3% 11,4%
90%

80%

70%

60%

50%
88,6%
85,7%
40%

30%

20%

10%

0%
Mujeres Hombres

Con contrato Sin contrato

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014


Notas: La diferencia en las proporciones hombres y mujeres es estadísticamente significativa en todas las categorías (1%).
Para todos los temas de contrato sólo hay datos desde el año 2010.

271
4. ADULTEZ

| GRÁFICO 4.31 | Trabajadores dependientes (25-59 años) según duración contrato, por sexo, 2014.

4.31.1 Trabajadores dependientes (25-59 años) según duración contrato, por sexo, 2014.

Miles de personas
2.400

2.200

2.000

1.800

1.600

1.400

1.200
1.893,1
1.000 1.501,7

800

600

400
716,7
200 466,4

0
Definido Indefinido

Mujeres Hombres

4.31.2 Distribución porcentual de trabajadores dependientes (25-59 años) según duración contrato, por sexo, 2014.

100%

90%
76,3% 72,5%
80%

70%

60%

50%

40%

30%

20%

23,7% 27,5%
10%

0%
Mujeres Hombres

Definido Indefinido

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014


Notas: La diferencia en las proporciones entre hombres y mujeres es estadísticamente significativa en todas las categorías (1%).
Para todos los temas de contrato solo hay datos desde el año 2010.

272
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Otro aspecto importante relativo al contrato refiere a la tercerización del trabajo. Según
estimaciones de la ENCLA 2014, más de 600 mil personas están en esta condición. Se
dividen en tres categorías: i) Trabajadores/as subcontratados para la actividad principal,
donde el 5% son mujeres (15.378) y el 95%, hombres (292.078); ii) Trabajadores/as
subcontratados para otras actividades, donde un 30,3% son mujeres (51.434) y 69,7% son
hombres (118.424); y, iii) Trabajadores/as suministrados por terceros (empresas de servicios
transitorios), donde el 60,4% de esos puestos de trabajo son ocupados por mujeres (91.744)
y el 39,6% restante, por hombres (60.270). Es decir, las mujeres son mayoría en la categoría
de empleo tercerizado más precaria.

[Link] Jornadas de trabajo

La jornada laboral tiene una limitación temporal por varias razones. Están las de salud,
pues es necesario establecer restricciones en su duración, para fijar períodos de descanso
durante los cuales las y los trabajadores recuperen las fuerzas perdidas en el desarrollo del
proceso productivo. Están las razones económicas, ya que a mayor número de horas de
trabajo decrece el rendimiento de las personas; y las vinculadas con una visión centrada
en los derechos de las y los trabajadores y en la perspectiva de una vida familiar y social
enriquecida (Dirección del Trabajo, 2011).

En Chile, entre 1924 y 2004, la jornada laboral fue de 48 horas semanales. A partir de 2005,
se redujo a 45 horas. De esta manera, con los ajustes realizados por las empresas para
adecuarse a la nueva normativa, el promedio de horas trabajadas en Chile ha disminuido
desde fines de 1990 hasta la última medición de la ENCLA en 2014, donde el promedio de
horas trabajadas es de 44,8 horas (Dirección del Trabajo, 2015).

Si se analiza la situación de acuerdo con el sexo de los trabajadores, se observan diferencias


importantes. Las cifras de empleo del año 2014 presentadas en el Gráfico 4.33, permiten
constatar que las mujeres trabajan en jornadas más cortas que los hombres, con una
mayor concentración en empleos de menos de 45 horas semanales. Mientras casi la mitad
de las mujeres (45,4%) trabaja menos que una jornada completa, solo un cuarto de los
hombres (24,5%) lo hace. Desde una perspectiva histórica, este fenómeno no ha sufrido
una transformación importante: en el Gráfico 4.32 se puede ver que en 1990 el 42,7% de
las mujeres ocupadas y el 21% de los ocupados trabajaban menos de la jornada laboral
completa (48 horas).

Esto significa que, en la actualidad, la proporción de mujeres en jornada parcial (30 horas
semanales, o menos) más que duplica a la de los hombres (25,2% vs 10,2%). Esto se
condice con la desigual responsabilidad entre los sexos respecto del hogar y la familia, lo
que hace a muchas mujeres renunciar a las horas de trabajo remunerado, para dedicarlas al
no remunerado al interior del espacio doméstico.

En el otro extremo, una alta proporción del empleo masculino (7,5%) se desarrolla en
jornadas sobre 61 horas semanales, lo que compromete al 4,3% del empleo femenino.
Esta brecha por sexo se ha ampliado desde el inicio del período estudiado debido al
incremento de los hombres en largas jornadas: en 1990, el 4,8% de las mujeres trabajaba
61 horas o más a la semana y lo hacía el 3,5% de los hombres. Una explicación a esto
podría encontrarse en la llamada “jornada excepcional”, propia de sistemas especiales de
distribución de jornadas y descansos, como los implementados en la Minería, actividad
tremendamente masculinizada.

273
4. ADULTEZ

| GRÁFICO 4.32 | Distribución porcentual de ocupados (25-59 años) según tramo de horas
habituales a la semana, por sexo, 1990.

100% 4,8% 3,5%


90%
17,3% 19,9%
80%

70%

60% 35,2%

50% 55,6%
40%

30%
27,3%
20%

10% 17,9%
15,4%
0% 3,1%
Mujeres Hombres

1 - 30 horas 31 - 47 horas 48 horas 49 - 60 horas 61 o más horas

Fuente: Elaboración propia en base a ENE, 1990.


Nota: La diferencia en las proporciones entre hombres y mujeres es estadísticamente significativa en todas las categorías (1%).

Con esta distribución de carga horaria laboral, se tiene que, en la jornada


completa, la proporción de hombres y mujeres es relativamente similar a la
de la fuerza de trabajo, con un 38,1% de mujeres. Sin embargo, en la jornada
parcial (30 horas o menos), el 64,8% de los ocupados son mujeres, y entre
los que trabajan más de 60 horas, el 70% son hombres.

Otro aspecto importante que incide, especialmente, entre las mujeres es


la nueva organización de la jornada laboral. En las últimas décadas ha
aumentado el trabajo en turnos, en jornadas con inicio y término móviles y/o
fragmentadas, sin horario fijo ni limitación, se creó el sistema de semana o
mes de trabajo comprimido y surgieron nuevas formas de trabajo a tiempo
parcial, fuera del horario normal diurno y concentradas, sobre todo, en
los fines de semana y feriados. Muchas de estas formas de organización
del tiempo de trabajo afectan a sectores donde están concentradas las
trabajadoras, tales como el comercio y los servicios (CEPAL, FAO, ONU
Mujeres, PNUD, OIT, 2013).

274
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.33 | Ocupados (25-59 años) según tramo de horas habituales a la semana, por sexo, 2014.

4.33.1 Ocupados (25-59 años) según tramo de horas habituales a la semana, por sexo, 2014.

Miles de personas
2.400

2.200

2.000

1.800

1.600
1.465,7
1.400

1.200

1.000
902,7 876,5
800
647,3
600
520,6 494,5
400 351,4 390,0
257,5
200
110,5
0
1 - 30 horas 31 - 44 horas 45 horas 46 - 60 horas 61 o más horas

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.


Nota: La diferencia en las proporciones entre hombres y mujeres es estadísticamente significativa en todas las categorías (1%).

4.33.2 Distribución porcentual de ocupados (25-59 años) según sexo, por tramo de horas habituales a la semana, 2014.

61 o más horas 30,0% 70,0%

46 - 60 horas 30,8% 69,2%

45 horas 38,1% 61,9%

31 - 44 horas 51,3% 48,7%

1 - 30 horas 64,8% 35,2%

0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.


Nota: La diferencia en las proporciones entre hombres y mujeres es estadísticamente significativa en todas las categorías (1%).

275
4. ADULTEZ

4.33.3 Distribución porcentual de ocupados (25-59 años) según tramo de horas habituales a la semana, por sexo, 2014.

100%
4,3% 7,5%
90%
15,2%
80% 25,4%

70%

60% 35,1%

50%
42,5%
40%
20,2%
30%

20%
14,4%
10% 25,2%
10,2%
0%
Mujeres Hombres

1-30 horas 31-44 horas 45 horas 46-60 horas 61 o más horas

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.


Nota: La diferencia en las proporciones entre hombres y mujeres es estadísticamente significativa en todas las categorías (1%).

[Link] Sindicalización

El sindicato es una institución que juega un importante rol en el logro del


equilibrio de las relaciones laborales. Por medio de él, las y los trabajadores
ejercen su derecho a asociarse y representar sus intereses, estableciendo
acuerdos colectivos tendientes a mejorar su situación en los lugares en los
que se desempeñan.

De acuerdo con la Dirección del Trabajo, en 1991 había 7.707 sindicatos


activos, 701 mil personas afiliadas, lo que significa una tasa de
sindicalización (no distinguible por sexo) de 18,2%. En 2013, hay 10.634
sindicatos activos y 940 mil personas afiliadas. Como se observa en el
Gráfico 4.34.1, en el período 200234 a 2013, el incremento de la afiliación
sindical femenina superó, en términos absolutos y relativos, al crecimiento de
la afiliación masculina. Mientras la cantidad de mujeres afiliadas a sindicatos
activos casi se triplicó (pasó de 121.658 trabajadoras en 2002 a 329.737 en
2013), la masculina creció poco más del 20% (pasó de 497.272 trabajadores
a 610.485, respectivamente). Pese a estos importantes avances, las tasas de
sindicalización a nivel nacional son muy bajas. La masculina ha permanecido
estable entre 2002 y 2013, en torno al 15% y la femenina ha pasado del
8,2% al 12,7% (Gráfico 4.34.2).

El sindicato ha sido tradicionalmente un espacio de dominación masculina.


Actualmente, “solo el 24,4% de las empresas con al menos una organización
sindical activa tiene una presidenta a cargo de la dirección del sindicato
mayoritario. Este porcentaje se eleva a 30,5% tratándose del cargo de
tesorera y a 39,4%, del rol de secretaria” (ENCLA, 2014). Todo esto
constituye una subrepresentación femenina pues las mujeres constituyen el
40% de la fuerza de trabajo ocupada con potencial de sindicalización.

34 Desde este año se cuenta con información relativa al sexo de los trabajadores.

276
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

ACOSO4.34
| GRÁFICO LABORAL
| Afiliación a sindicatos, por sexo, 2002-2013.

La Ley Nº 20.607 de 2012 modifica el Código del Trabajo,


sancionando las prácticas de acoso laboral, entendiendo por tal,
4.34.1 Número de afiliados a sindicatos activos por sexo, 2002-2013.
toda conducta que constituye agresión u hostigamiento reiterado por
parte del empleador o por uno o más trabajadores en contra de otro
Miles de personas y que tenga como resultado el menoscabo, maltrato
trabajador/a,
700o humillación del afectado o, bien, que amenace o perjudique su
situación laboral o sus oportunidades en el empleo. 580,8 585,4 593,2 618,6 610,5
600 562,2
531,2 522,3 532,7 537,7
497,3 515,1
500Las formas de acoso laboral son muy variadas y comprenden desde
400
las amenazas de despido, pasando por la descalificación verbal
del desempeño del trabajador o trabajadora, la hostilidad o burla, 322,0 329,7
299,2
300la explotación o sometimiento del trabajador, el trato no equitativo 256,3 273,2
239,1
200o diferencial entre trabajadores,
158,1
y hasta el171,0
161,3
no cumplimiento
187,0 de las
obligaciones
121,7 138,3
del empleador, como no pagar en tiempo y forma las re
100

0
2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Dirección del Trabajo, Compendio de Series Estadísticas 1990-2013, Capítulo Nº 1 “Organizaciones sindicales”.

4.34.2 Evolución de la tasa de sindicalización a nivel nacional, por sexo, 2002-2013.

Tasa de sindicalización
30%

25%

20%
16,1% 15,7% 15,9% 15,3% 15,7% 15,2%
15,3% 15,3% 14,7% 14,6% 15,0% 15,3%
15%

10% 12,3% 11,6% 12,1% 12,8% 12,7%


11,7%
8,9% 9,6% 9,6% 9,2% 9,6%
5% 8,2%

0%
2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Dirección del Trabajo, Compendio de Series Estadísticas 1990-2013, Capítulo Nº 1 “Organizaciones sindicales”; ENE y
NENE, 2002-2013.
Notas: Tasa sindicalización = Población afiliada a sindicatos activos/Fuerza de Trabajo Ocupada con potencial de sindicalización), para cada sexo.
Fuerza de Trabajo Ocupada con potencial de sindicalización: Asalariados sector privado + Personal de servicio + Trabajadores por cuenta propia; trimestre
octubre-diciembre de cada año.

277
4. ADULTEZ

RECUADRO 4.8
Acoso Laboral y Sexual.
ACOSO LABORAL

La Ley No 20.607 de 2012 modifica el Código del Trabajo, sancionando las prácticas
de acoso laboral, entendiendo por tal, toda conducta que constituye agresión u
hostigamiento reiterado por parte del empleador o por uno o más trabajadores en
contra de otro trabajador/a, y que tenga como resultado el menoscabo, maltrato o
humillación del afectado o, bien, que amenace o perjudique su situación laboral o sus
oportunidades en el empleo.

Las formas de acoso laboral son muy variadas y comprenden desde las amenazas
de despido, pasando por la descalificación verbal del desempeño del trabajador o
trabajadora, la hostilidad o burla, la explotación o sometimiento del trabajador, el
trato no equitativo o diferencial entre trabajadores, y hasta el no cumplimiento de las
obligaciones del empleador, como no pagar en tiempo y forma las remuneraciones
pactadas. Todos estos hechos, repercuten en el estado emocional de las personas
que trabajan y, muchas veces, terminan con la ausencia del puesto de trabajo por
prescripción médica o con la expulsión o abandono del puesto de trabajo.

El maltrato laboral también conlleva costos para los grupos de trabajo que se ven
involucrados, con resultados negativos para el clima laboral e implicancias en el
rendimiento de las empresas; costos económicos asociados a las licencias médicas
prolongadas y daños en las familias de los afectados (Dirección del Trabajo, 2007).

Para que exista, efectivamente, una situación de acoso laboral se deben cumplir al
menos tres situaciones: 1) la acción de hostigamiento o acoso debe ser sistemática
y persistente, por lo tanto, no constituyen acoso laboral los conflictos ocasionales
o esporádicos; 2) los efectos que sufran las personas acosadas deben ser claros y
evidentes, a nivel físico y psicológico, y pueden presentarse en diferentes grados; y
3) la existencia de diferencias de poder: formal (de un superior o jefatura) o informal
(entre colegas o subordinados) (Dirección del Trabajo, 2007).

De acuerdo con la Primera Encuesta Nacional de Condiciones de Empleo, Trabajo,


Salud y Calidad de Vida (ENETS, 2009-2010) de la Dirección del Trabajo e Instituto de
Seguridad Laboral, las mujeres son quienes tienen más riesgo de padecer maltrato
laboral. Mientras el 6% de las mujeres ha sentido en su trabajo que sus derechos han
sido menos respetados debido a su sexo, el 1% de los hombres lo hace. Asimismo, el
5,3% de las mujeres manifiesta que alguna vez, casi siempre o siempre se le asignan
tareas humillantes, proporción que disminuye al 2,7% en el caso de los hombres. Así,
el 32,2% de las mujeres manifestó haber hecho algún tipo de denuncia, solo lo hizo
el 22,4% de los hombres.

Según lo registrado por la Dirección del Trabajo, entre los años 2011 y 2014 ha
habido casi 10 mil denuncias por acoso laboral. Aunque la mitad de ellas fue
desestimada por no cumplir con los requerimientos de la Ley No 20.607, lo cierto es
que su número presenta un crecimiento leve, pero sostenido. Previo a la verificación
del cumplimiento de los requisitos, el año 2011 se realizaron 2.251 denuncias por
acoso laboral, la mayoría de ellas referidas a la vulneración del derecho a la vida, a la
integridad física y síquica del trabajador/a (52,6%) y, en menor medida, al respeto y
protección a la vida privada y a la honra de la persona y su familia (27,2%) (Dirección
del Trabajo, 2014).

Dicho año, las denuncias se concentran en ramas de actividad económica que


cuentan con alta presencia de trabajadoras, en particular en el Comercio (22,9%),
y Enseñanza (9,4%). De hecho, de las 1.655 denuncias individuales realizadas ante
la Dirección del Trabajo el año 2011 (las restantes fueron ejecutadas a través de
organizaciones sindicales u otros mecanismos), el 69,4% fue realizada por mujeres

278
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

(Dirección del Trabajo, 2011).

De acuerdo con los resultados de un estudio exploratorio de acoso en los Servicios


Públicos que realizó la Dirección Nacional del Servicio Civil en el año 2013, en 145
reparticiones públicas dependientes de la Administración Central de Estado, donde
se recibieron un total de 429 denuncias formales (escritas y firmadas) entre 2011 y
2012, el 79% de las mismas se debió a acoso laboral, el 13% a acoso sexual y el 8%
restante a acoso laboral y sexual. El 94,8% del total de denuncias por acoso sexual
y el 68,3% de los casos de acoso laboral fueron realizadas por mujeres, lo que
confirma que son las principales víctimas de estos dos problemas laborales. Solo el
13,3% de las denuncias presentadas en todo el período fueron acreditadas a través
de un proceso disciplinario.

ACOSO SEXUAL

El acoso sexual está incorporado en el Convenio No 111 de la Organización


Internacional del Trabajo (OIT) relativo a la Discriminación en Materia de Empleo
y Ocupación, y es considerado como un grave incumplimiento de los derechos
fundamentales de las y los trabajadores. En Chile, la Ley No 20.005 de 2005, que
tipifica y sanciona el acoso sexual, lo define como los requerimientos de carácter
sexual –indebidos y por cualquier medio- no consentidos por la persona que los
recibe y que amenazan o perjudican su situación laboral o sus oportunidades en el
empleo.

Esta ley considera que dicha conducta es un atentado contra la dignidad personal
e incorpora al Código del Trabajo como obligación del empleador, la necesidad de
incluir disposiciones sobre el tema en el reglamento de orden interno, seguridad
e higiene de las empresas, con el fin de que su aplicación y cumplimiento sea
monitoreado y seguido por los propios trabajadores/as, los delegados del personal y
los Comités Paritarios.
El acoso sexual es una práctica de discriminación de género y de violencia sexual
que se manifiesta, particularmente, en el lugar de trabajo y que se produce por
la distribución asimétrica y jerárquica del poder entre los hombres y las mujeres,
contribuyendo a reforzar la subordinación de estas últimas (Tomei y Vega Ruiz,
2007), por lo tanto, su prevención y eliminación constituye una condición clave para
asegurar la igualdad de oportunidades de hombres y mujeres en el lugar de trabajo.

Según Tomei y Vega Ruiz (2007), en el mundo quienes sufren especialmente


acoso sexual son las mujeres jóvenes, dependientes económicamente, solteras
o divorciadas y migrantes. Entre las ramas de actividad y contextos laborales
mayormente afectados, cabe mencionar al sector de servicios (salud y servicios
sociales, restaurantes, bares y hoteles), y a los lugares en los que los empleados/as
trabajan solos, o bajo un supervisor hombre o en ambientes en donde la mayoría de
los puestos son ocupados por hombres.

Carrasco y Vega (2009) realizaron en Chile un análisis de los informes de fiscalización


realizados durante 2007 por la Unidad de Defensa de los Derechos Fundamentales
y Libertad Sindical, entidad que se encarga de investigar las denuncias que se
efectúan ante la Dirección Regional Metropolitana del Trabajo, de la cual depende.
Las autoras observaron que el 96,8% de las denuncias concernía a víctimas
mujeres, y que en un 80,5% de las denuncias, el acoso sexual se da en un contexto
de asimetría de poder: 22,7 puntos porcentuales refieren al empleador y 57,8 a un
superior jerárquico. Esta desigualdad de poder a favor de los hombres se traduce en
la posibilidad de contratar o despedir a la trabajadora, favorecer o entorpecer
su promoción profesional, otorgar un puesto de trabajo menos pesado o mejor o
peor remunerado. Las autoras constataron, además, que el acoso sexual suele ir
acompañado de otras manifestaciones de violencia, como el acoso moral, el maltrato
verbal o físico u otro tipo de humillaciones, acciones que tienden a enmascarar el

279
4. ADULTEZ

acoso sexual, haciendo aún más compleja su identificación y tipificación legal.

Del mismo modo, las autoras concluyen que la mayoría de las empresas en que
ocurre el acoso sexual (77,4%) pertenecen a sectores económicos que emplean
trabajadores/as con poca calificación y escasa experiencia laboral, características
que aumentarían la vulnerabilidad frente al acoso sexual al disponer de escasas
alternativas para conseguir otro trabajo.

El 38,7% de las denuncias se concentran en el sector comercio, el 30,7% en


empresas de aseo, servicios de atención de llamadas y de seguridad, suministro de
personal, actividades de investigación, asesorías jurídicas y empresariales, servicios
médicos y educacionales, entre otros. En tercer lugar, con un 15,3% de los casos,
se ubican las empresas del sector transporte, bancario y restaurantes o ventas de
comidas. El menor porcentaje de los casos (11,3%) refiere a industrias de alimentos,
textiles, plástico, muebles, materiales de construcción, entre otras.

Según el mismo informe, una de cada dos trabajadoras que denunciaron acoso
sexual tuvo como consecuencia el término de la relación laboral, porque fue
despedida o renunció al trabajo como consecuencia del acoso. A su vez, un tercio
del total las trabajadoras denunciantes (31,1%) sufrió efectos en la salud, expresados
en depresión, estrés y temor ante la presión del acosador, incapacitándola para
hacer frente a la situación en el trabajo y dificultando su respuesta en otros ámbitos.
Aunque todas las denuncias recibidas por la Dirección Regional Metropolitana
durante el año 2007 fueron investigadas, solo en el 28,6% del total de casos
investigados se verificó la existencia de acoso sexual. En la mayoría (52,7%) no hubo
sanción al denunciado, debido a que no se logró constatar el hecho; la trabajadora
denunciante ya no estaba en la empresa; o el acosador contaba con la confianza
y protección del empleador. En el 21,6% de los casos se eximió de sanción al
empleador denunciado, por no existir un superior jerárquico que lo sancione. Las
sanciones más frecuentes aplicadas por la empresa al denunciado fueron el despido,
el cambio de lugar de trabajo, la amonestación verbal o escrita y el cambio de puesto
de trabajo (Carrasco y Vega, 2009).

Fuente: Elaboración propia en base a diversas fuentes.

280
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

[Link] Capacitación

La capacitación y la formación profesional tienen la finalidad de perfeccionar,


especializar y actualizar el capital humano o bien suplir el déficit de
formación y la baja calificación de las y los trabajadores. Además, busca
aumentar la empleabilidad de la fuerza de trabajo y mejorar la productividad
y competitividad de las empresas y sus trabajadoras y trabajadores.

Los programas de capacitación tienen un alto potencial para contribuir a


la equidad de género en el mercado laboral, puesto que pueden ampliar
los rubros en que se forman las mujeres y con ello facilitar su acceso a
sectores donde son minoría o están ausentes. Es decir, ayudan a disminuir
la segmentación ocupacional y a revertir prejuicios sobre las supuestas
habilidades naturales de hombres y mujeres.

Sin embargo, estos programas no siempre tienen entre sus objetivos la


incorporación de un enfoque de género que preste especial interés a la
superación de las barreras específicas que enfrentan las mujeres en el
mercado de trabajo. En consecuencia, suelen estar más enfocados en
lograr un mejor desempeño en el puesto de trabajo que en disminuir la
segregación (horizontal y vertical) que afecta a las mujeres (CEPAL, FAO,
ONU Mujeres, PNUD y OIT, 2013).

Así lo muestran los resultados de la Encuesta Laboral (ENCLA) 2014, en


la cual se identifica que, del 63,8% de las empresas que han realizado
capacitaciones a sus trabajadores/as en los últimos dos años. De ellas, un
33,7% lo ha hecho para que los trabajadores/as realicen de mejor manera sus
tareas actuales, un 1,8% para que estos adquieren nuevas responsabilidades
en las empresas y un 64,4% menciona ambas razones en igual medida
(Dirección del Trabajo, 2015).

Una de las principales formas de financiamiento que tiene la capacitación en


Chile es la Franquicia Tributaria, implementada en 1997, que consiste en un
descuento del impuesto a la renta a pagar anualmente por las empresas, hasta
por el 1% de la planilla anual de remuneraciones del conjunto de trabajadores/
as contratados, por concepto de gastos en los que haya incurrido por la
realización de acciones de capacitación de sus empleados y empleadas.

La Comisión Revisora del Sistema de Capacitación e Intermediación Laboral


(Larrañaga y otros, 2011), señala que la política de capacitación vigente en el
país es deficitaria en tres dimensiones centrales: la equidad en la asignación
de los recursos (se observa un patrón regresivo, pues mediante la Franquicia
Tributaria se favorece preferentemente a los trabajadores/as de las grandes
empresas del país, con niveles de escolaridad relativamente altos y de
ingresos altos y medio-altos), la eficiencia para lograr sus objetivos (la mayor
parte de los recursos públicos se destinan a capacitar a personas que ya
tienen desarrollas ciertas capacidades laborales, en vez de hacerlo con los
grupos vulnerables, donde es conocido el efecto positivo en la inserción
laboral de calidad) y la efectividad en sus resultados (la Franquicia Tributaria
no contribuye significativamente a mejorar los ingresos laborales ni la
empleabilidad de los trabajadores/as que fueron capacitados por esta vía).

281
4. ADULTEZ

| GRÁFICO 4.35 | Capacitación vía Franquicia Tributaria, por sexo, 1999-2013.

4.35.1 Participantes totales en actividades de capacitación ejecutadas a través de Franquicia Tributaria,


por sexo, 1999-2013.

Miles de personas

1.200
1.022,4
1.000 968,9
914,3
800 739,4
698,6
628,9 632,9 650,3 648,0
600 592,3 597,1 565,9 572,7
544,4 517,8
457,1 449,4
413,4 413,3
400 321,3
254,6 269,1 290,8
211,7
200 163,2
91,0
0
1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2007 2008 2009 2011 2012 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a SENCE, Anuarios Estadísticos, 1999-2013.

4.35.2 Tasa de participación en capacitación vía Franquicia Tributaria, respecto a la fuerza de trabajo
ocupada, por sexo, 1999-2013.

Tasa de participación
30%

25% 22,2%
20,3% 20,9% 20,6%
20% 17,4% 18,0%
16,0% 15,9% 15,6% 20,2% 21,0%
14,9% 14,8% 20,2%
15% 12,7% 17,7%
11,5% 16,5%
14,9% 15,0%
13,9% 14,0% 14,2%
10% 11,7%
9,2%
5%
5,1%
0%
1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2007 2008 2009 2011 2012 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a SENCE, Anuarios Estadísticos, 1999-2013; ENE y NENE, 1999-2013.
Nota: La fuerza de trabajo ocupada corresponde al trimestre octubre-diciembre de cada año.

282
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Aun así, en el Gráfico 4.35.2, se puede visualizar el incremento de la tasa de


participación en capacitación mediante Franquicia Tributaria, especialmente
entre las trabajadoras. En los últimos 14 años la tasa de participación en
capacitación por esta vía se cuadruplicó entre las mujeres y se duplicó
entre los hombres; con ello, en el año 2013 las tasas de participación de los
hombres y las mujeres eran prácticamente similares, alrededor del 20%. Sin
embargo, en dicho año, mientras se capacitaron 968.918 hombres por este
mecanismo, lo hicieron solo 648.001 mujeres.

Además, los datos provistos por el SENCE que se muestran en el Gráfico


4.36, permiten concluir que, aunque la modalidad de capacitación vía
Franquicia Tributaria más utilizada por hombres y mujeres es la presencial
(75,1% de los capacitados del 2013), la modalidad de e-learning viene
expandiéndose en el tiempo (desde el 2,1% hasta el 18,9% del total de
capacitados en los años 2004 y 2013, respectivamente), lo que puede facilitar
la participación de las mujeres, a las que suele costarles más capacitarse si
las actividades se imparten fuera del horario laboral.

Además, de acuerdo con los datos de la ENCLA 2014, la mayoría de


las empresas (67,8%) declara que las capacitaciones son realizadas
exclusivamente dentro de la jornada de trabajo; un 19,7% las programa
dentro y fuera de la jornada; y un 12,5% las lleva a cabo únicamente fuera
del horario laboral. Al comparar estos datos con los de la ENCLA 2011
(Dirección del trabajo, 2012a) se observa un cambio positivo, pues han
disminuido las capacitaciones fuera de la jornada laboral: un 57,2% de las
empresas capacitaban durante la jornada; el 24,6% lo hacía dentro y fuera
de esta, y el 18,2% solo capacitaba fuera de la jornada laboral. Este dato
es relevante pues las trabajadoras frecuentemente encuentran dificultades
para realizar actividades fuera del horario de trabajo, debido a que continúan
responsabilizándose de las tareas del hogar y de cuidado (Dirección del
Trabajo, 2015). Al respecto, un dato desalentador es que solo el 0,9% de las
empresas declara entregar un bono para el cuidado de los hijos e hijas a las
mujeres que asisten a cursos capacitación fuera de la jornada de trabajo,
un 25,9% no lo hace y un 72,5% establece que no ha capacitado fuera de la
jornada laboral a trabajadoras con hijos/as.

| GRÁFICO 4.36 | Participantes en actividades de capacitación vía Franquicia Tributaria según modalidad,
por sexo, 2004, 2009 y 2013.

Miles de personas

1.200
56,4
158,7
1.000
19,5
800 60,7 40,7
19,4
15,3 146,2
9,8
600 67,2
14,8
400 753,9
7,8 659,2
536,7 435,3 461,1
200
268,3
0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

2004 2009 2013

Presencial E-Learning Otras

Fuente: Elaboración propia en base a SENCE, Anuarios Estadísticos, 2004, 2009 y 2013.

283
4. ADULTEZ

Por otra parte, los datos estadísticos permiten corroborar que hombres
y mujeres no se capacitan en lo mismo (Gráfico 4.37), siendo los rubros
“Alimentación, gastronomía y turismo”, “Comercio y servicios financieros”
y “Educación y capacitación”, los que concentran una mayor proporción
de mujeres respecto de los hombres. En el otro extremo, se encuentran
los rubros masculinizados, tales como “Transporte y telecomunicaciones”,
“Minería”, “Mecánica industrial y automotriz”, “Forestal”, “Electricidad y
electrónica”, “Construcción” y “Agropecuario”, rubros en los cuales 9 de cada
10 participantes son hombres. Pese a ello, es interesante observar cómo la
participación femenina se ha ido ampliando en rubros tales como: “Procesos
industriales” (30,4%), “Energía nuclear (29,3%)”, “Computación e informática”
(43%) y “Administración” (43,5%).

El actual gobierno de Michelle Bachelet tiene entre sus compromisos, la


capacitación de 300 mil mujeres a través del Programa +Capaz del SENCE,
el que tiene por objetivo apoyar el acceso y permanencia en el mercado
laboral de mujeres, jóvenes y personas con discapacidad -que se encuentren
en situación de vulnerabilidad social-, mediante la capacitación técnica,
el desarrollo de habilidades transversales y de intermediación laboral,
que favorezcan su empleabilidad. Se espera que 40 mil de estas mujeres
desarrollen emprendimientos relacionados con la capacitación recibida.

| GRÁFICO 4.37 | Distribución porcentual de las capacitaciones vía Franquicia Tributaria


según sexo, por área de capacitación, 2013.

Nivelación de estudios 22.6% 77.4%


Transporte y telecomunicaciones 7.2% 92.8%
Servicio a las personas 46.5% 53.5%
Salud, nutrición y dietética 48.5% 51.5%
Procesos industriales 30.4% 69.6%
Minería 13.6% 86.4%
Mecánica industrial 5.3% 94.7%
Mecánica automotriz 3.1% 96.9%
Idiomas y comunicación 40.8% 59.2%
Forestal 3.1% 96.9%
Especies acuáticas 16.4% 83.6%
Energía nuclear 29.3% 70.7%
Electricidad y electrónica 5.0% 95.0%
Educación y capacitación 57.1% 42.9%
Ecología 19.2% 80.8%
Construcción 3.4% 96.6%
Computación e informática 43.0% 57.0%
Comercio y servicios financieros 61.6% 38.4%
Ciencias y técnicas aplicadas 21.6% 78.4%
Artes, artesanía y gráfica 29.2% 70.8%
Alimentación, gastronomía y turismo 66.8% 33.2%
Agropecuario 11.1% 88.9%
Agricultura 18.2% 81.8%
Administración 43.5% 56.5%

0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a SENCE, Anuario Estadístico, 2013.

284
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

4.4.4 Ingresos laborales y brechas salariales

La remuneración es una dimensión fundamental de las relaciones laborales


y una variable esencial para la autonomía económica de las personas y su
bienestar individual y familiar. Sin embargo, de acuerdo con los datos de la
Nueva Encuesta Suplementaria de Ingresos (NESI) del año 2014, el 58,4%
de las y los trabajadores en Chile percibe ingresos laborales por un valor
inferior a 2 salarios mínimos netos ($362.250 líquidos), situación que es peor
en el caso de las mujeres. Observando la distribución de los ingresos de la
ocupación principal en el caso de las mujeres, se tiene que un 28,5% gana
menos de un salario mínimo neto ($181.125 líquidos; versus el 13,6% de los
hombres) y un 67,2% gana 2 salarios mínimos líquidos o menos (frente al
51,6% de los hombres). Para Brega, Durán y Sáez (2015), esto significa que
los bajos salarios constituyen una realidad ampliamente extendida entre las
mujeres en este país y que, por lo tanto, sus ingresos están fuertemente
condicionados por el valor del salario mínimo.

Además del bajo nivel de los salarios de gran parte de la fuerza laboral,
Chile ocupa el lugar 131 (entre los 134 países que entregan información)
en el ranking de igualdad de salarios entre hombres y mujeres que realizan
trabajos similares (WEF, Global Gender Gap Report 2015). Es decir, aunque
las mujeres en todo el mundo ganan menos que los hombres y la demanda
por igualdad salarial es común a la mayoría de las naciones, en nuestro país
el tema reviste aún mayor gravedad. Estudios recientes demuestran que,
incluso controlando por los efectos que en el salario pueden tener factores
tales como el sector económico, oficio, categoría ocupacional, región y el
tamaño de la empresa, las mujeres reciben un salario 17,2% menor que
el de los hombres. Lo alarmante es que esta brecha no se explicaría por
una diferencia en la dotación de capital humano a favor de los hombres
(de hecho, esta diferencia es a favor de las mujeres), sino principalmente
por razones relacionadas con la discriminación de género existente en la
sociedad chilena (Brega, Durán y Sáez, 2015).

Esto es así, pese a que en 1971 Chile ratificó el Convenio N°100 de la


Organización Internacional del Trabajo (OIT) que consagra la obligación
estatal de promover y garantizar la igualdad en la remuneración de
la mano de obra masculina y femenina por trabajos de igual valor. En
consecuencia, en 2009 entró en vigencia la Ley N° 20.348 sobre igualdad
de remuneraciones entre hombres y mujeres, que incorporó al Código
del Trabajo (y también al Estatuto Administrativo, por el cual se rigen los
trabajadores/as de la administración pública) la obligación de que todo
empleador (aunque en la práctica, es exigible solo para las empresas con
200 o más trabajadores/as) debe dar cumplimiento al principio de igualdad
de remuneraciones entre hombres y mujeres que presten un mismo
trabajo 35, no siendo consideradas arbitrarias las diferencias objetivas en las
remuneraciones que se funden, entre otras razones, en las capacidades,
calificaciones, idoneidad, responsabilidad o productividad.

La Ley N° 20.348, sin embargo, no ha producido cambios significativos


en la brecha salarial de género, siendo una de las principales dificultades
para su implementación la imposibilidad de aplicación del principio de la
transparencia en el sector privado 36, que dificulta el conocimiento de los
montos de las retribuciones, en particular, de los premios o bonos que las

35 El Comité de la CEDAW explícitamente llamó al gobierno de Chile a que tome medidas para la
“Inclusión del principio de igualdad de remuneración por trabajo de igual valor, de conformidad
con el Convenio N°100 (1951) de la OIT sobre igualdad de remuneración” (Valdés, 2013b).
36 Desde 2008 está vigente la Ley N° 20.285, sobre acceso a la información pública, que regula
el principio de transparencia en la Administración del Estado.

285
4. ADULTEZ

empresas entregan. El desconocimiento de esta información perjudica a las


mujeres y perpetúa las diferencias entre los sexos.

En este sentido, cabe destacar que, a mediados de 2015, la


Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) emitió las nuevas normas
que buscan mejorar la información que entregan las sociedades anónimas
abiertas en materia de gobierno corporativo e incorporar la difusión de
prácticas relacionadas con responsabilidad social y desarrollo sostenible.

Dentro de la Norma N°386 (ex N°30) se avanza al incorporar en la memoria


anual de cada sociedad, entre otras, la información sobre brecha salarial de
género (según tipo de cargo, responsabilidad y función desempeñada).
Aunque la adopción de estas prácticas no es obligatoria, la SVS busca que
se generen incentivos para que los inversionistas tomen sus decisiones
privilegiando aquellas sociedades en que sus intereses estén mejor
resguardados y donde la igualdad de género sea considerada un valor
relevante.

De igual modo, durante el año 2015 ha estado en discusión en el Congreso


de la República un “Proyecto de Ley que moderniza el sistema de relaciones
laborales”, que, entre otros asuntos vinculados principalmente con los
derechos colectivos, contempla la ampliación del derecho a información de
los sindicatos, con la finalidad de mejorar la calidad de las negociaciones.
Esto permitiría acceder, entre otras, a la información (de carácter general
e innominada) sobre remuneraciones por sexo, lo que a su vez ofrecería la
posibilidad de detectar las brechas y poder abordarlas.

Un mejor nivel de los salarios de las trabajadoras y la igualdad salarial


entre hombres y mujeres son condiciones que promueven la participación
laboral de estas últimas, pero también aportan beneficios a las empresas.
Al aumentar la impresión de equidad y justicia entre las y los empleados, se
contribuye a mejorar el clima laboral y las relaciones laborales, se incrementa
la productividad y también se ve favorecida la imagen de la empresa
(Henríquez y Riquelme, 2011).

286
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

RECUADRO 4.9
Las múltiples causas explicativas de la brecha salarial.

1. PRODUCTIVIDAD

• Los procesos de socialización temprana (principalmente familia, escuela y medios de


comunicación), presentan fuertes sesgos de género. Ellos se manifiestan, entre otras
cosas, en los intereses y rendimientos académicos. A las niñas se les fomentan sus
“habilidades blandas” y se estimula poco su desempeño en ciencias y matemáticas.
Luego, al egresar de la secundaria, las mujeres postulan en mucha menor proporción
a las carreras que implican estas disciplinas. No todos los campos de estudio son
igualmente rentables, y ahí radica el problema. Justamente las actividades donde se
despliega el conocimiento tecnológico es el más valorado y mejor remunerado, lo
que se traduce en que, en promedio, las mujeres perciben peores sueldos que los
hombres.

• Muchas mujeres obtienen bajos salarios debido a que trabajan en áreas


consideradas tradicionalmente “femeninas”, generalmente una extensión de su rol
tradicional de cuidadoras, con baja productividad y alta sustitución entre trabajadores,
lo que se traduce en bajas remuneraciones (segmentación horizontal). Casi la mitad
de las mujeres que trabaja en forma remunerada lo hace en actividades de Comercio,
Enseñanza y Servicio Doméstico. Estas últimas dos ramas, junto con la de Servicios
Sociales y de Salud, tienen más de un 70% de mujeres entre sus ocupados (INE,
2015a).

• Debido a la maternidad, muchas mujeres experimentan una merma en su capital


humano, derivada de las interrupciones laborales, de las reducciones en la jornada
laboral, de la posible pérdida de oportunidades de capacitarse o a ocupar cargos
mejor remunerados y con más responsabilidades, entre otros. También es posible que
opten por puestos de trabajo favorables a la vida familiar, como el empleo a tiempo
parcial, lo cual redunda en remuneraciones más bajas.

2. NORMATIVA

• Chile tiene un Código Laboral anacrónico que deposita en las mujeres la


responsabilidad por el cuidado de los hijos/as, imponiendo, correlativamente, algunas
obligaciones solo a los empleadores de mujeres. Especialmente discriminatorio resulta
el artículo 203 del Código del Trabajo que establece que los establecimientos que
ocupan 20 o más trabajadoras de cualquier edad o estado civil, deberán proveer el
servicio de sala cuna. Así, las mujeres reciben menores salarios que los hombres
debido al “castigo” que el empleador hace en su salario durante la edad fértil, como
anticipo del posible costo que deberá enfrentar con el pre y posnatal, el fuero maternal,
el derecho de alimentación, la sala cuna y/o las ausencias en caso de enfermedades u
otros de los hijos pequeños.

• Si bien está vigente desde el año 2009, se evidencia poca efectividad de la ley 20.348
de igualdad salarial entre hombres y mujeres. En primer lugar, la ley es poco conocida
y solo es exigible a las empresas con más de 200 trabajadores/as; además, faltan
parámetros objetivos con los que comparar un trabajo y su remuneración; la Dirección
del Trabajo no tiene capacidad fiscalizadora; y el incumplimiento se castiga con una
multa, no con el resarcimiento de la desigualdad salarial.

3. DISCRIMINACIÓN

• Históricamente se ha considerado a las mujeres como económicamente

287
4. ADULTEZ

dependientes o como “perceptoras secundarias” de ingresos, definiendo -a priori-


que no es necesario pagarles tanto como a sus colegas hombres, pues no deben
“mantener a una familia”. Estas consideraciones deben ser superadas, sobre todo si
se tiene en cuenta que un 37,9% de los hogares en Chile tiene una jefa de hogar mujer
(Encuesta CASEN, 2013).

• Las mujeres se concentran en posiciones medias o bajas al interior de las


organizaciones y son muy pocas las que logran ascender (“techo de cristal” o
segmentación vertical). Un estudio de McKinsey (2012) realizado en grandes empresas
europeas demostró que, por ejemplo, los hombres tienen el doble de posibilidades
que las mujeres de pasar de puestos de jefatura medias a subgerencias y cinco veces
más de posibilidades que ellas de llegar a gerencias generales. Las dificultades para
ascender no radican en la falta de capacidades, sino en sesgos inconscientes y
estereotipos, tanto descriptivos como prescriptivos, que distorsionan las percepciones
y condicionan las evaluaciones de quienes toman las decisiones de promoción (Heilman
y Parks-Stamm, 2007). En general, hay una infravaloración del trabajo de las mujeres.

• Particularmente respecto de las que son madres, los empleadores suelen caer
en condicionamientos culturales y presunciones estereotipadas sobre la carga que
representa la familia en el tiempo y la energía de las trabajadoras y su presunto efecto en
la productividad y eficiencia de ellas, tendiendo a remunerar en menor medida su trabajo.

• Comparado con los hombres, es menos frecuente que las mujeres negocien su
salario. Esto se debe en parte a que las que lo hacen son consideradas “agresivas”,
lo que no está valorado en el mercado laboral. Al contrario, cuando los hombres
negocian, son percibidos como ambiciosos, exitosos y, por consiguiente, valiosos
para la organización. Adicionalmente, hay otros asuntos que juegan en contra de
la frecuencia de negociación: la mayor aversión al riesgo y a la competencia, y la
subvaloración de las habilidades propias, que presentan, en promedio, las mujeres
(Macera, 2015).

Fuente: Recuadro basado en el de la Serie ComunidadMujer | N° 32 | junio 2015.

Al realizar un análisis en el tiempo, se observa que las mujeres han avanzado


en los niveles de sus remuneraciones pero que es mucho lo que resta por
hacer. De hecho, como se observa en el Gráfico 4.38, entre los años 1990
y 2014, mirando de punta a punta, la trayectoria de los ingresos medios por
hora de la actividad principal de los trabajadores dependientes muestra una
tendencia similar entre hombres y mujeres, duplicándose el ingreso real en
ambos casos y, por lo tanto, manteniéndose la brecha salarial en niveles
similares los años 1990 y 2014.

Al analizar la evolución de la brecha salarial de género de las y los


trabajadores dependientes entre 25 y 59 años en las últimas dos décadas,
se puede distinguir tres momentos: uno entre 1990 y 2004, donde aunque
con cierta volatilidad, la brecha muestra una tendencia decreciente,
pasando del -23,5 al -8,4%; luego, entre 2005 y 2011, también con algo de
intermitencia, la tendencia es creciente, pasando del -10,2 al -24,5%; para
finalmente, entre 2012 y 2014, mostrar una tímida tendencia decreciente, que
va desde el -24,3 al -17,4%, y que esperamos se siga reforzando.

288
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.38 | Ingreso medio por hora de la actividad principal, de trabajadores dependientes
(25-59 años), por sexo y brecha salarial de género, 1990-2014.

Pesos por hora a


octubre del año 2014

6.000 60%

5.000 40%

4.000 20%
-10,2% -12,4%
-14,2% -13,1% -13,9%
-18,9% -15,7% -15,1%
3.000 -23,5%
-19,8% -8,4% -20,9% 0
-17,3% -16,2% -14,8% -16,8% -24,5%
-17,0% -17,4%
-18,2% -19,3%
-23,0%
2.000 -20,7% -24,3% -20%

1.000 -40%

0 -60%
1990

1991

1992

1993

1995

1996

1997

1998

1999

2000

2001

2002

2003

2004

2005

2006

2007

2008

2009

2010

2011

2012

2013

2014
Mujeres Hombres % de Brecha

Fuente: Elaboración propia en base a ESI y NESI, 1990-2014.


Notas: La diferencia en el ingreso medio por hora entre hombres y mujeres trabajadores dependientes es estadísticamente significativa todos los años (1%).
Detalles sobre el cálculo del ingreso medio por hora de las y los trabajadores dependientes, se encuentran en el Anexo Metodológico.
Brecha calculada como porcentaje del ingreso medio por hora de los hombres [(m-h)/h].
En el año 1994 no se realizó la encuesta.

Ahora bien, es importante destacar que las diferencias de género en


la participación laboral y en los salarios no afectan por igual a toda la
población, sino que varían de manera sustancial según la categoría
ocupacional, la edad, el nivel socioeconómico de las personas, los años de
educación formal que han alcanzado, las horas que trabajan semanalmente,
la rama donde están insertas laboralmente, y el tamaño de la empresa
donde trabajan, tal como se mostrará a continuación.

CATEGORÍA OCUPACIONAL

Si se distingue según categoría ocupacional, se puede observar en el


Gráfico 4.39, que los mayores niveles de ingreso medio por hora se
presentan entre los empleadores/as y asalariados/as, mientras que los más
bajos se registran entre quienes se desempeñan por cuenta propia o en el
trabajo doméstico remunerado.

Aunque las distintas categorías ocupacionales no son totalmente


comparables, en términos generales las brechas salariales entre hombres y
mujeres, en todas ellas, han disminuido considerablemente entre 1990 y 2014
en, pero aún son una realidad, con excepción del trabajo doméstico.

Las mayores brechas se registran entre los asalariados, en particular, entre


los del sector público, donde hay una amplia concentración de mujeres,
pero que se insertan en puestos de menor categoría (secretarias) o en
ocupaciones donde los salarios son menores (profesoras, auxiliares de salud).

Recientemente, la DIPRES realizó un estudio específico para analizar, entre


otros asuntos vinculados con la equidad, la brecha salarial de género en el

289
4. ADULTEZ

Gobierno Central 37 (Bentancor et al, 2015). En él se constata que la brecha


promedio alcanza al -20,2%. Desagregando por estamento, se encuentra
que entre las y los Técnicos es donde se presenta la mayor brecha (-37,5%),
seguido por las y los Profesionales (-17,2%), las y los Auxiliares (-12,7%), los
Administrativos/as (-8,1%) y los Directivos/as No Profesionales (-5,4%). En
el único estamento donde la brecha salarial de género se revierte, es decir,
donde las mujeres en promedio ganan más que los hombres, es entre los
Directivos/as, donde se llega a un 11,6%.

Al estudiar a las reparticiones públicas con más trabajadores/as, se


encuentra que el mayor responsable de la brecha salarial entre las y los
Técnicos, Profesionales y Auxiliares, es el Ministerio de Educación, quien
presenta brechas salariales en contra de las mujeres del -47,7%, -24% y
-17,1%, respectivamente. Esto es especialmente grave si se considera que
dicho Ministerio (y en general la rama de actividad de la Enseñanza) está
tremendamente feminizado.

37 El análisis corresponde al personal disponible que incluye al de la dotación, como al que


está fuera de la dotación. No se considera al personal de las Fuerzas Armadas, de Orden
y Seguridad Pública, como tampoco a senadores o diputados. Entre los directivos de cada
institución, se excluye a las autoridades de Gobierno (Presidenta, ministros/as, subsecretarios/
as, intendentes, gobernadores/as). A junio de 2014 el 58,1% del personal disponible del Gobierno
Central es femenino: 163.669 mujeres y 118.079 hombres. Un 52,3% de las funcionarias está “a
contrata”, frente a 44,9% de los funcionarios, mientras que un 27,4% y un 34%, respectivamente
es personal “de planta”. El estamento que tiene más funcionarios y funcionarias es el Profesional
(46,8% de los hombres y 41,4% de las mujeres); le siguen el Técnico (22,8% de los hombres y
30,4% de las mujeres) y el Administrativo (13,7% de los hombres y 19,2% de las mujeres). Así, se
produce una feminización en el segmento Administrativo que alcanza el 66,1%, en el Técnico, que
se sitúa en 64,9% y en el Profesional, que llega al 55,1%. Es decir, los segmentos masculinizados
son los de Auxiliares (56,6%), Directivos No Profesionales (68,9%) y Directivos (58,2%).

290
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.39 | Ingreso medio por hora de la actividad principal de ocupados (25-59 años),
según categoría ocupacional, por sexo y brecha salarial de género, 1990 y 2014.

4.39.1 Ingreso medio por hora de la actividad principal de ocupados (25-59 años), según categoría ocupacional,
por sexo y brecha salarial de género, 1990.

Pesos por hora a octubre del año 2014 %


12.000 60%
10.680 50%
10.000 40%
30%
8.000 7.503 20%
0,8% 10%
6.000 -10,4% 0%
-16,7%
-25,2% -18,3% -10%
-29,7% -30,4%
4.000 -36,0%
-20%
2.847 2.813 -30%
2.130 1.958
2.000 1.303 1.455 1.261
-40%
806 789 947 567 570 697
572 -50%
0 -60%
Empleador Cuenta Empleado sector Empleado sector Obrero sector Obrero sector Personal de servicio Personal de servicio
propia público particular público particular puertas adentro puertas afuera

Mujeres Hombres % de brecha

Fuente: Elaboración propia en base a ESI, 1990.


Notas: La diferencia en el ingreso medio por hora entre hombres y mujeres ocupados/as es estadísticamente significativa en las categorías Empleador (1%),
Cuenta propia (1%), Empleado sector público (1%), Empleado sector particular (1%), Obrero sector público (1%), Obrero sector particular (1%) y Personal de servicio
puertas afuera (1%).
Brecha calculada como porcentaje del ingreso medio por hora de los hombres [(m-h)/h].

4.39.2 Ingreso medio por hora de la actividad principal de ocupados (25-59 años), según categoría
ocupacional, por sexo y brecha salarial de género, 2014.

Pesos por hora a octubre del año 2014 %


12.000 60%
50%
10.000 40%
30%
8.000 5,4%
20%
0,0% 10%
6.175
6.000 5.726 -13,6% 0%
4.797 -10%
-3,0% 3.732
4.000 3.246 -20%
-7,3% 2.686 2.803
2.604 -30%
-22,2%
2.000 1.555 1.474 1.608 -40%
-50%
0 -60%
Empleador Cuenta Asalariado sector Asalariado sector Servicio doméstico Servicio doméstico
propia privado público puertas afuera puertas adentro

Mujeres Hombres % de brecha

Fuente: Elaboración propia en base a NESI, 2014.


Notas: La diferencia en el ingreso medio por hora entre hombres y mujeres es estadísticamente significativa en todas las categorías ocupacionales (1%).
Brecha calculada como porcentaje del ingreso medio por hora de los hombres [(m-h)/h].
No hay hombres ocupados para la categoría servicio doméstico puertas adentro.

291
4. ADULTEZ

TRAMO DE EDAD

Si de ahora en adelante, nos concentramos exclusivamente en los


trabajadores/as dependientes (es decir, dejamos fuera a los empleadores/as
y trabajadores/as por cuenta propia), es posible observar que, tal como lo
registra el Gráfico 4.40, en la actualidad los ingresos medios por hora de las
trabajadoras dependientes aumentan con la edad hasta el tramo entre 35
y 39 años, rango de edad a partir del cual el nivel de los ingresos empieza
a decrecer (salvo el tramo entre 45 y 49 años). Entre los hombres, el valor
máximo de los ingresos se da antes, en el tramo de 35-39 años. La brecha
salarial alcanza sus valores más altos en los tramos 40-44 años (-25,4%) y
50-54 años (-26,3%).

Detrás de estos salarios hay diferente capital humano acumulado, distintas


ocupaciones, cargos, ramas de actividad, regiones, etc. Por ello es difícil
explicar a qué se deben las diferencias, pero si nos enfocamos solo en
variables “generacionales”, es posible advertir que, tanto en el pasado como
ahora, las mujeres mayores tienen menos años de escolaridad y, por lo
general, tuvieron un ingreso tardío al mercado laboral, lo que las hace contar
con menos experiencia, factores que podrían estar incidiendo en su menor
salario por hora.

En 1990 el patrón de salarios según edad era diferente. Entre los hombres,
el salario por hora tiende al aumento junto con la edad, alcanzando el
punto más alto en el tramo entre 50-54 años, para luego disminuir entre
los asalariados del tramo 55-59 años. Las trabajadoras dependientes,
por su parte, no muestran una tendencia tan clara, pero el punto más
alto del ingreso por hora lo obtienen a los 45-49 años. Sin ser un estudio
longitudinal, observando los datos de la Encuesta ESI del año 1990 y la NESI
del 2014, se puede sostener que las mujeres de la cohorte que a comienzos
de la democracia tenían entre 25 y 29 años y enfrentaban una brecha del
-17,8%, en 2014, cuando tienen entre 55 y 59 enfrentan una mayor, del
-22,1%. Sin embargo, al no ser la misma muestra de personas encuestadas,
no es posible concluir lo anterior rigurosamente.

De todas formas, toda la literatura apunta a que como las mujeres suelen
entrar más tarde al mercado laboral y participan en él de forma intermitente
debido, por ejemplo, a la crianza de los hijos e hijas, esto puede ir en
detrimento de su experiencia y desarrollo profesional, causando que las
brechas de salarios crezcan con la edad (Ñopo, 2012). De hecho, siguiendo
esta hipótesis vinculada a la etapa de fertilidad de las mujeres, no es extraño
que luego de los 40 años las brechas salariales de género alcancen su
máxima expresión, superando el 25% en contra de las mujeres en edades
de entre 40 y 44 años y llegando a su mayor magnitud en el tramo 50-54
años (-26,3%). Entre los 25 y los 39 años, las mujeres que decidieron ser
madres de uno o más hijos/as, tuvieron dentro de su trayectoria laboral,
varios meses fuera de su puesto de trabajo por estar con permiso de
pre y postnatal, muchas probablemente acortaron su jornada laboral o
definitivamente salieron del mercado laboral para enfocarse en la crianza;
otras, posiblemente, por sus responsabilidades familiares, no pudieron
asistir a cursos de capacitación o no realizaron estudios de especialización,
ni tampoco asumieron (por iniciativa propia o por prejuicio de su jefatura)
mayores responsabilidades al interior de sus equipos. Los hombres en
cambio, que no se ven enfrentados a este tipo de restricciones, avanzaron
ascendentemente en sus trayectorias laborales, dedicándose por completo
al trabajo, especializándose, asumiendo jefaturas, etc.

292
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.40 | Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según tramo de edad, por sexo y brecha salarial de género, 1990 y 2014.

4.40.1 Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según tramo de edad, por sexo y brecha salarial de género, 1990.

Pesos por hora a octubre del año 2014 %


6.000 60%
50%
5.000 40%
30%
4.000 20%
10%
3.000 0%
-17,8% -16,8% -18,3%
2.140 2.110 2.181 -10%
2.005
2.000 1.738 1.530
1.544
1.837 -20%
1.436 1.445 1.525 1.375 1.501
1.180 -30%
1.000 -23,9% -26,8%
-28,5% -40%
-36,9% -50%
0 -60%
25 -29 años 30 - 34 años 35 -39 años 40 - 44 años 45 - 49 años 50 - 54 años 55 - 59 años

Mujeres Hombres % de brecha

Fuente: Elaboración propia en base a ESI, 1990.


Notas: La diferencia en el ingreso medio por hora entre hombres y mujeres trabajadores dependientes es estadísticamente significativa en todos los tramos de
edad (1%).
Brecha calculada como porcentaje del ingreso medio por hora de los hombres [(m-h)/h].

4.40.2 Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según tramo de edad, por sexo y brecha salarial de género, 2014.

Pesos por hora a octubre del año 2014 %


6.000 60%
50%
5.000 40%
30%
4.000 3.817 3.663 3.681 20%
3.536 3.518
3.151 3.148 10%
3.000 2.765 2.810 2.966 2.733 2.948 2.739 0%
2.606
-19,9% -10%
-1,6% -25,4% -26,3%
2.000 -5,9% -20%
-17,5% -30%
-22,1%
1.000 -40%
-50%
0 -60%
25 -29 años 30 - 34 años 35 -39 años 40 - 44 años 45 - 49 años 50 - 54 años 55 - 59 años

Mujeres Hombres % de brecha

Fuente: Elaboración propia en base a NESI, 2014.


Notas: La diferencia en el ingreso medio por hora entre hombres y mujeres trabajadores dependientes es estadísticamente significativa en todos los tramos de
edad (1%).
Brecha calculada como porcentaje del ingreso medio por hora de los hombres [(m-h)/h].

293
4. ADULTEZ

Un estudio de Uribe-Echeverría (2008), concluye que el castigo que se hace


en el salario de las madres trabajadoras en Chile no se explica tanto por la
opción de las mujeres de contar con empleos amigables con la maternidad,
sino que es ocasionada por la interrupción de su participación laboral en la
Un estudio de Uribe-Echeverría (2008), concluye que el castigo que se hace
en el salario de las madres trabajadoras en Chile no se explica tanto por la
opción de las mujeres de contar con empleos amigables con la maternidad,
sino que es ocasionada por la interrupción de su participación laboral en la
etapa de crianza, reduciendo su experiencia laboral. Al mismo tiempo, otra
explicación posible se encuentra en que las mujeres, anticipando una vida
laboral más corta y discontinua, probablemente tienen menos incentivos
para invertir en educación formal orientada al mercado, deteriorando sus
opciones salariales.

Por su parte, Perticará y Bueno (2009) estudiaron las brechas salariales


usando el panel de datos de la Encuesta de Protección Social (EPS) 2002-
2006, que permite controlar por la experiencia laboral efectiva de hombres
y mujeres y su historial de trabajo. Las autoras concluyen que son los años
más recientes de experiencia laboral los que presentan una mayor tasa de
retorno, incluso, dichos años tienen un mayor retorno que la oportunidad de
esa experiencia laboral (timming).

De esta manera, se puede ver la vigencia que la división sexual del trabajo
en la sociedad sigue siendo un mecanismo muy importante a través del cual
se producen, sistemáticamente, diferencias en la participación laboral y en
los salarios de los hombres y las mujeres (CEPAL, 2015).

DECIL DE INGRESO AUTÓNOMO

En relación al estrato socioeconómico, se puede ver que el ingreso por hora


de la actividad principal de las y los trabajadores dependientes aumenta
considerablemente desde los primeros a los últimos deciles de ingresos,
aunque no se incrementa de igual manera para los hombres y las mujeres,
como se muestra en el Gráfico 4.41.

Las diferencias de ingresos entre uno y otro decil son mayores entre los
hombres que entre las mujeres. Así, mientras en 2014 los trabajadores
dependientes del decil X percibían 6 veces los ingresos de los hombres del
decil I, las trabajadoras dependientes del decil X percibían aproximadamente
5 veces los ingresos de las mujeres del decil I. En consecuencia, las
mayores brechas salariales por género se producen entre las mujeres y los
hombres de los deciles de mayores ingresos.

Al mismo tiempo, si se compara a nivel de decil, lo que sucede hoy


con lo que sucedía en 1990, se puede observar que tanto las brechas
socioeconómicas como las salariales por sexo se han acortado
considerablemente. Con todo, la situación actual dista mucho de la igualdad.

294
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.41 | Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según decil de ingresos, por sexo y brecha salarial de género, 1990 y 2014.

4.41.1 Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según decil de ingresos, por sexo y brecha salarial de género, 1990.

Pesos por hora a octubre del año 2014 %


12.000 60%
50%
10.000 40%
30%
8.000 20%
6.872 10%
6.000 0%
-10%
-31,7% -28,8% -30,4%
4.000 -32,4% -33,6% -33,1% -32,3% 3.659 -20%
-36,3% 3.237
1.925 -30%
2.065 -46,8%
2.000 1.364 1.689 1.437 -40%
551 866 670 990 726 1.093 834 1.247 971 1.143
466 682 -40,5% -50%
0 -60%

I II III IV V VI VII VIII IX X

Decil de Ingresos

Mujeres Hombres % de brecha

Fuente: Elaboración propia en base a ESI, 1990.


Notas: La diferencia en el ingreso medio por hora entre hombres y mujeres trabajadores dependientes es estadísticamente significativa en todos los deciles de
ingreso autónomo (1%).
Brecha calculada como porcentaje del ingreso medio por hora de los hombres [(m-h)/h].

4.41.2 Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según decil de ingresos, por sexo y brecha salarial de género, 2014.

Pesos por hora a octubre del año 2014 %


12.000 60%
50%
10.000 9.424 40%
30%
8.000 20%
7.021
10%
-6,1%
6.000 -11,9% -10,8% 0%
-18,0% -14,3% -16,0% -17,7% -18,6%
3.776 4.648 -25,5% -10%
4.000 3.063 3.433
-20%
2.982 -30%
2.519 2.426
1.933 1.754 2.047 1.988 2.367 2.074 -18,8%
2.000 1.395 1.486 1.422 1.614 1.585 -40%
-50%
0 -60%

I II III IV V VI VII VIII IX X

Decil de Ingresos

Mujeres Hombres % de brecha

Fuente: Elaboración propia en base a NESI, 2014.


Notas: La diferencia en el ingreso medio por hora entre hombres y mujeres trabajadores dependientes es estadísticamente significativa en todos los deciles de
ingreso autónomo (1%).
Brecha calculada como porcentaje del ingreso medio por hora de los hombres [(m-h)/h].

295
4. ADULTEZ

NIVEL EDUCACIONAL

De igual modo, según datos de la Encuesta NESI (Gráfico 4.42), a medida


que el nivel educacional de las personas es más alto, el ingreso medio por
hora también es mayor, tanto para hombres como para mujeres.
Sin embargo, es necesario destacar que el aumento que se produce en
los salarios al adquirir más nivel educacional es mucho mayor para los
hombres que para las mujeres. Por ejemplo, en 1990, las mujeres que tenían
Educación Universitaria tenían un ingreso por hora que era un 62,2% más
alto que aquellas que tenían Educación Técnica, mientras que los hombres
con Educación Universitaria ganaban en promedio el doble (103,8%) que
aquellos que tenían Educación Técnica. En 2014, el aumento en el salario
entre un nivel educacional y otro superior, es siempre mayor para los
hombres que para las mujeres, salvo, levemente para aquellas que tienen
Educación Técnica, respecto de aquellas que tienen Educación Media,
donde su salario por hora crece en promedio un 50,4%, mientras que en
el caso de los hombres crece un 44%. La otra excepción la constituyen las
mujeres que realizan un Doctorado, pues respecto de aquellas que tienen
una “Postítulo o Maestría”, tienen un salario por hora que es 63,8% más alto,
mientras que, en el caso de los hombres, el salario es solo un 7,4% mayor.
Cabe destacar entonces, el bajo aumento que representa para ellas, en
comparación con los hombres, la realización de una “Postítulo o Maestría”,
pues para los hombres el salario por hora promedio crece en un 71%,
mientras que para ellas en apenas un 46,9%.

De cualquier manera, las mujeres perciben un salario más bajo que los
hombres, siendo la brecha salarial mayor en el grupo que posee más
años de escolaridad; salvo, entre las trabajadoras dependientes que han
estudiado un Doctorado, que ganan más que los hombres (con una brecha
de 3,4%). Así, el 2014 la brecha salarial entre trabajadores dependientes
va desde -7,3% entre quienes nunca estudiaron, hasta el -32,1% en el
segmento que ha alcanzado niveles académicos de “Postítulo o Maestría”.
Cabe señalar que la única excepción a esta tendencia ocurre entre los
trabajadores dependientes con estudios técnicos, cuya brecha salarial
presenta una leve mejoría en relación a los asalariados con estudios de
Educación Media (-19,6% y -23%, respectivamente).

Esto significa que, a la equiparación de las oportunidades educativas y de


los niveles efectivos de escolaridad entre ambos sexos, no le ha seguido
una igualación de las condiciones en el mercado laboral. Así, a pesar de los
avances observados en las últimas décadas, persisten diferencias de género
sustanciales en la participación económica y en los beneficios monetarios de
esa participación.

296
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.42 | Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según nivel educacional, por sexo y brecha salarial de género, 1990 y 2014.

4.42.1 Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según nivel educacional, por sexo y brecha salarial de género, 1990.

Pesos por hora a octubre del año 2014 %


12.000 60%
50%
10.000 40%
30%
8.000 20%
10%
6.000 5.020 0%
1.490 2.463 3.014
841 1.098 1.858 -10%
604 1.000
4.000 662 -20%
-30%
2.000 -26,3% -24,5% -40%
-28,1% -33,8% -50%
-39,9%
0 -60%
Nunca estudió Educación Básica Educación Media Educación Técnica Educación Universitaria

Mujeres Hombres % de brecha

Fuente: Elaboración propia en base a ESI, 1990.


Notas: La diferencia en ingreso medio por hora entre hombres y mujeres trabajadores dependientes es estadísticamente significativa en todos los niveles
educacionales (1%).
Brecha calculada como porcentaje del ingreso medio por hora de los hombres [(m-h)/h].

4.42.2 Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según nivel educacional, por sexo y brecha salarial de género, 2014.

Pesos por hora a octubre del año 2014 %


11.360
12.000 11.751 60%
10.573
7.174 50%
10.000 40%
30%
8.000 3,4%
20%
1.402 6.182 10%
1.300 1.757 4.884
6.000 3.501 0%
1.521 2.432 2.814
1.871 -10%
4.000 -7,3% -20%
-13,4% -30%
-19,6% -21,0%
2.000 -23,0% -40%
-32,1% -50%
0 -60%
Nunca Educación Educación Educación Educación Postítulos y Doctorado
estudió Básica Media Técnica Universitaria Maestrías

Mujeres Hombres % de brecha

Fuente: Elaboración propia en base a NESI, 2014.


Notas: La diferencia en ingreso medio por hora entre hombres y mujeres trabajadores dependientes es estadísticamente significativa en las categorías Nunca
estudió (1%), Educación Básica (1%), Educación Media (1%), Educación Técnica (1%), Educación Universitaria (1%), Postítulos y Maestrías (1%) y Doctorado (5%).
Brecha calculada como porcentaje del ingreso medio por hora de los hombres [(m-h)/h].

297
4. ADULTEZ

JORNADA DE TRABAJO

Actualmente, las brechas salariales en detrimento de las mujeres son


más marcadas en los extremos de las jornadas laborales, es decir, entre
las trabajadoras y trabajadores dependientes que laboran menos horas
(ocupaciones que concentran preferentemente mujeres) y entre los
que trabajan una mayor cantidad de horas (donde los hombres están
sobrerrepresentados). En una comparación punta a punta en el período bajo
análisis, se observa que para todos los tramos de horas efectivas trabajadas
a la semana, las brechas han disminuido.

Es notable ver en el Gráfico 4.43, cómo a medida que aumentan las horas
efectivas trabajadas a la semana, menor es el valor de cada una de esas horas.
Esto puede significar que existe abuso hacia algunos trabajadores/as, donde se
pacta un salario por una jornada completa, pero en la práctica se trabaja más
que eso, haciendo menos rentable cada hora; o que los trabajadores/as que
ganan menos son, justamente, aquellos/as que se ven compelidos a trabajar
más que la jornada completa.

Sin embargo, en el caso de las mujeres que trabajan jornada parcial (30
horas o menos), el valor de su hora no es el más alto (el progresivo descenso
comienza en el tramo de horas siguiente). Esto revela que la flexibilidad
laboral, que permite a las mujeres participar en los mercados de trabajo
mientras siguen a cargo de múltiples responsabilidades en sus hogares,
tiene un costo que se refleja en los salarios más bajos (Ñopo, 2012).

298
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.43 | Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según tramo de horas efectivas a la semana, por sexo y brecha salarial de género, 1990 y 2014.

4.43.1 Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según tramo de horas efectivas a la semana, por sexo y brecha salarial de género, 1990.

Pesos por hora a octubre del año 2014 %

6.000 60%
50%
5.000 40%
30%
4.000 20%
3.453
10%
3.000 0%
2.167 2.344 -22,7% -10%
2.000 1.741 1.684 -20%
1.302 1.412
645 1.060 -30%
433
1.000 -25,7% -40%
-54,3%
-37,2% -59,1% -50%
0 -60%

1 - 30 horas 31 - 47 horas 48 horas 49 - 60 horas 61 o más horas


Horas efectivas a la semana

Mujeres Hombres % de brecha

Fuente: Elaboración propia en base a ESI, 1990.


Notas: La diferencia en el ingreso medio por hora entre hombres y mujeres trabajadores dependientes es estadísticamente significativa en todos los tramos de
horas efectivas (1%).
Brecha calculada como porcentaje del ingreso medio por hora de los hombres [(m-h)/h].

4.43.2 Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según tramo de horas efectivas a la semana, por sexo y brecha salarial de género, 2014.

Pesos por hora a octubre del año 2014 %

6.000 60%
50%
5.000 4.495 40%
30%
3.966
4.000 20%
3.104 3.255 3.344 10%
3.010
3.000 2.696 2.796 0%
2.281 -10%
2.000 1.799 -20%
1.684
-30%
-17,9% -19,4%
1.000 -24,2% -40%
-31,0% -35,7% -50%
0 -60%

1 - 30 horas 31 - 47 horas 48 horas 49 - 60 horas 61 o más horas


Horas efectivas a la semana

Mujeres Hombres % de brecha

Fuente: Elaboración propia en base a NESI, 2014.


Notas: La diferencia en el ingreso medio por hora entre hombres y mujeres trabajadores dependientes es estadísticamente significativa en todos los tramos de
horas efectivas (1%).
Brecha calculada como porcentaje del ingreso medio por hora de los hombres [(m-h)/h].

299
4. ADULTEZ

RAMA DE ACTIVIDAD

La brecha de salarios por sexo se presenta en todos los espectros de


ocupaciones y niveles de calificación de las y los trabajadores, lo que
indica que existen factores transversales detrás de la desigualdad de la
empleabilidad femenina en comparación con la masculina (INE, 2014b).

Como hubo una actualización del Clasificador de Actividades, las ramas de


1990 no son estrictamente comparables con las del 2014, pero en el Gráfico
4.44, puede observarse que salvo para “Construcción”, que pasó de una
brecha a favor a una en contra de las mujeres, en el resto de las actividades se
mantiene el signo de las brechas salariales entre trabajadores/as dependientes
y que la única positiva se presenta en “Transporte y Comunicaciones”, que
pasó de un 10,2% a un 0,8%.

Para el resto de las actividades, se mantiene en el tiempo la amplia


diferencia en detrimento de los salarios de las mujeres, sobre todo en
las ramas de “Electricidad, Gas y Agua”, “Servicios Sociales y de Salud”,
“Comercio” e “Intermediación financiera”, donde la brecha supera el 30%.
Esto es especialmente preocupante en el caso del Comercio, porque es
la rama que absorbe a la mayor cantidad de ocupadas (22%) y ocupados
(16,1%), como se pudo observar en el Gráfico 4.26.

Adicionalmente, los datos muestran que, en promedio, los ingresos por hora
más altos del mercado, para hombres y mujeres están en la Intermediación
Financiera y que los más bajos se encuentran en el Servicio Doméstico,
asunto especialmente crítico en el caso de las mujeres, pues un 12,8% de
las ocupadas se desempeña en dicha rama de actividad.

300
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.44 | Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según rama de actividad, por sexo y brecha salarial de género, 1990 y 2014.

4.44.1 Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según rama de actividad, por sexo y brecha salarial de género, 1990.

Pesos por hora a octubre del año 2014 %

12.000 60%
50%
10.000 40%
30%
8.000 20%
10%
6.000 916 1.676 0%
3.292 1.377 10,2%
728 2.601 7,3% 3.639 -10%
2.483 1.771
4.000 1.732 1.167 2.249 -20%
2.368
1.703 1.425 -30%
-17,8% 1.504
-20,5% -21,0% 1.613 1.876
2.000 -30,2%
-40%
-34,1% -38,2% -39,8% -50%
0 -60%
Agropecuaria, Minería Industria Electricidad, Construcción Comercio Transporte y Servicios Servicios
Silvicultura manufacturera Gas y Agua Comunicaciones financieros sociales
y Pesca

Mujeres Hombres % de brecha

Fuente: Elaboración propia en base a ESI, 1990.


Notas: La diferencia en el ingreso medio por hora entre hombres y mujeres trabajadores dependientes es estadísticamente significativa en Agropecuaria,
Silvicultura y Pesca (1%), Minería (1%), Industria manufacturera (1%), Electricidad, Gas y Agua (1%), Construcción (1%), Comercio (1%), Transporte y
Comunicaciones (5%), Servicios financieros (1%) y Servicios sociales (1%).
Brecha calculada como porcentaje del ingreso medio por hora de los hombres [(m-h)/h].
Por razones de espacio en el gráfico, los nombres de las “Ramas de Actividad” han sido abreviados, para su nombre original, revisar la Encuesta de Empleo (INE).

4.44.2 Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según rama de actividad, por sexo y brecha salarial de género, 2014.

Pesos por hora a octubre del año 2014 %

12.000 60%
50%
10.000 48,2%
40%
30%
8.000 6.425
20%
4.503 10%
4.282 4.478 4.505 5.430 3.447
6.000 2.050 2.775 3.204 4.089 0%
2.670 7,9% 4.569 4.306 3.445 2.849
1.637 3.644 2.241 3.421
2.697 3.421 3.177
0,8% 3.397
-4,0% 2.490 -10%
4.000 -4,9% 2.737 -9,2% 3.691 -20%
2.115 2.141 2.129
-16,7% 2.759 -17,3% -30%
-20,1% -19,3% 2.298 -20,5% 1.622
2.000 -26,0% -25,7% 1.557 -40%
-32,6% -30,3%
-38,2% -36,5% -50%
0 -60%
Agropecuaria
y Silvicultura

Pesca

Minería

Industrias
manufactureras

Electricidad,
Gas y Agua

Construcción

Comercio

Hoteles y
Restaurantes

Transporte y
Comunicaciones

Intermediación
financiera

Servicios
empresariales

Administración
pública

Enseñanza

Servicios Sociales
y de Salud

Servicios Comunitarios
y Personales

Servicio
doméstico

Organizaciones
extraterritoriales

Mujeres Hombres % de brecha

Fuente: Elaboración propia en base a NESI, 2014.


Notas: La diferencia en el ingreso medio por hora entre hombres y mujeres trabajadores dependientes es estadísticamente significativa en Agropecuaria y
Silvicultura (1%), Pesca (1%), Minería (1%), Industrias manufactureras (1%), Electricidad, Gas y Agua (1%), Construcción (1%), Comercio (1%), Hoteles y Restaurantes
(1%), Transporte y Comunicaciones (10%), Intermediación financiera (1%), Servicios empresariales (1%), Administración pública (1%), Enseñanza (1%), Servicios
Sociales y de Salud (1%), Servicios Comunitarios y Personales (1%), Servicio doméstico (1%) y Organizaciones extraterritoriales (1%).
Brecha calculada como porcentaje del ingreso medio por hora de los hombres [(m-h)/h].
Por razones de espacio en el gráfico, los nombres de las “Ramas de Actividad” han sido abreviados, para su nombre original, revisar la Encuesta de Empleo (INE).

301
4. ADULTEZ

TAMAÑO DE LA EMPRESA

Finalmente, se constata que, en la actualidad, a medida que aumenta el


número de trabajadores y trabajadoras que posee la empresa, los niveles
de ingreso medio por hora aumentan, tanto en hombres como en mujeres.
Al observar las brechas salariales del año 2014 (Gráfico 4.45) se corrobora
una desventaja para las mujeres en las empresas de mayor tamaño (sobre
50 trabajadores) asimismo, a medida que el tamaño de la empresa aumenta,
la magnitud de las diferencias salariales se acrecienta, alcanzando en 2014
su valor más alto en las empresas de 200 y más trabajadores (-22,9%). Aun
cuando se trate de una correlación simple, esto podría considerarse como
evidencia del costo que significa el artículo 203 del Código Laboral -que
indica que en aquellas empresas que cuentan con 20 o más trabajadoras,
deben proveer el servicio de sala cuna para las que sean madres de
menores de 2 años- en los salarios de las mujeres, es decir, como se
explicó en el Recuadro 4.5, los salarios de las mujeres son castigados para
financiar las salas cuna (Prada et al, 2015).

Los bajos niveles de salarios de gran parte de la fuerza de trabajo y la


persistencia de la brecha de ingresos por sexo son factores que disuaden el
ingreso de más mujeres al mercado laboral.

En ese sentido, que se pague menores salarios a las mujeres también


provoca que la estrategia familiar continúe privilegiando el trabajo
remunerado de los hombres y otorgando la responsabilidad del trabajo
doméstico y de cuidado a las mujeres, y, por lo tanto, refuerce la división
sexual del trabajo. Así, aunque los beneficios asociados a las condiciones
de trabajo pueden constituir un incentivo a la participación laboral son, sin
duda, los niveles de salarios los que determinan primeramente el costo de
oportunidad de no trabajar (Uribe-Echeverría, 2008).

Esto podría estar explicando, en parte importante, la baja participación


laboral femenina en Chile respecto de otros países de la OCDE e incluso de
la región.

302
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.45 | Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según tamaño de la empresa, por sexo y brecha salarial de género, 1992 y 2014.

4.45.1 Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según tamaño de la empresa, por sexo y brecha salarial de género, 1992.

Pesos por hora a octubre del año 2014 %

6.000 60%
50%
5.000 40%
30%
13,4%
4.000 20%
10%
3.000 -8,8% 0%
-25,8% 2.058 -10%
1.877
2.000 -20%
1.288 1.136 -30%
900
1.000 667 -40%
-50%
0 -60%

Menos de 5 personas 5 a 9 personas 10 a más personas

Mujeres Hombres % de brecha

Fuente: Elaboración propia en base a ESI, 1992.


Notas: La diferencia en el ingreso medio por hora entre hombres y mujeres dependientes es estadísticamente significativa en todos los tamaños de empresas (1%).
Brecha calculada como porcentaje del ingreso medio por hora de los hombres [(m-h)/h].

4.45.2 Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores dependientes (25-59 años),
según tamaño de la empresa, por sexo y brecha salarial de género, 2014.

Pesos por hora a octubre del año 2014 %


4.339
6.000 3.343 60%
50%
5.000 23,7% -22,9% 40%
30%
4.000 2,2% 20%
3.092 10%
3.000 2.740 2.689 2.809 0%
2.452
2.153 2.106 -10%
1.983 1,9%
2.000 -9,1%
-20%
-30%
1.000 -40%
-50%
0 -60%
Menos de 5 personas 5 a 10 personas Entre 11 y 49 Entre 50 y 199 200 y más personas

Mujeres Hombres % de brecha

Fuente: Elaboración propia en base a NESI, 2014


Notas: La diferencia en el ingreso medio por hora entre hombres y mujeres dependientes es estadísticamente significativa en todos los tamaños de empresas (1%).
Brecha calculada como porcentaje del ingreso medio por hora de los hombres [(m-h)/h].

303
4. ADULTEZ

4.4.5 Desocupación

Respecto del desempleo, es importante destacar que en este tipo de


encuestas 38, muchas personas pueden aparecer como ocupadas, pero
esto no significa que tengan un empleo formal. Basta con que la semana
anterior a la encuesta hayan trabajado a lo menos una hora en una actividad
productiva a cambio de una remuneración en dinero o especies, para figurar
como ocupado/a. De acuerdo con la NENE 2014, entre las y los adultos
(25-59 años) un 6,3% de las mujeres ocupadas y un 1,6% de los hombres
ocupados, trabaja 10 horas o menos a la semana, lo que da cuenta de la
alta tasa de mujeres que realiza labores esporádicas, de autoempleo y con
altos niveles de informalidad.

Como se verifica en el Gráfico 4.46, entre 1990 y 2014, la tasa anual de


desocupación entre los adultos/as de 25 a 59 años ha sido mayor en las
mujeres (con excepción del período 1990-1992). Tanto en el caso de los
hombres como de las mujeres, la tasa de desempleo muestra una trayectoria
creciente desde principios de los noventa, para culminar en su punto más
alto en 1999, luego de la “crisis asiática” de 1997. Tras ese periodo, en el
caso de las mujeres, aunque baja, nunca se vuelve a tasas menores del 7%,
para sobrepasar el 9% en 2009, después de la “crisis subprime” de 2008.
En cambio, entre los hombres, desde 1999 la trayectoria del desempleo es
claramente decreciente, acercándose a los valores de la década del ’90,
para mostrar un salto de 2,2 puntos porcentuales luego de la crisis de 2008.
Afortunadamente, luego de este último episodio, las tasas de desempleo
para ambos sexos han evidenciado un descenso que, en 2014, bordeó,
según los expertos, la tasa natural (5%).

| GRÁFICO 4.46 | Tasa anual de desocupación (25-59 años), por sexo, 1990-2014.

30%

25%

20%

15%
8,5% 7,9% 7,9% 9,1% 8,2%
10% 7,6% 7,7% 8,6% 8,0% 8,0% 7,1% 7,8% 7,1% 6,5%
5,9% 5,7% 5,8% 5,5% 5,5%
4,2% 4,7% 3,6% 3,9% 5,0% 4,2%
5% 7,9% 7,3% 7,5% 7,2%
6,6% 6,7% 5,8% 7,6%
5,6% 5,1% 5,4% 5,9% 4,8%
4,4% 4,9% 3,6% 3,2% 4,3% 4,0% 4,3% 4,2% 4,6% 4,3% 4,3% 5,1%
0%
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a ENE y NENE, 1990-2014.


Nota: Las tasas de desempleo de hombres y mujeres son estadísticamente distintas todos los años (1%), salvo en 1991, 1999, 2000, 2001 y 2002, en que no hay
diferencias estadísticamente significativas.

38 Ver anexo metodológico.

304
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Como se puede observar en el Gráfico 4.47, la tasa de desocupación según decil de


ingreso disminuye, para ambos sexos, a medida que se tiene más recursos económicos.
La tasa de desempleo de las mujeres del primer decil es casi 11 veces mayor que la de las
mujeres del décimo decil, mientras que entre los hombres, esa diferencia es de 15 veces,
lo que evidencia una vez más, el alto nivel de desigualdad socioeconómica que afecta a
nuestro país.

Dentro del 40% más pobre de nuestro país, la tasa de desempleo es mayor entre las
mujeres que entre los hombres. Además de dar cuenta de los problemas de empleabilidad,
producto de la escasa educación formal acumulada, esto refuerza la hipótesis de que
para las mujeres más pobres es difícil encontrar un empleo que satisfaga sus expectativas
(salario de reserva) en términos del costo alternativo que significa dejar de hacerse cargo
personalmente de las tareas domésticas y el cuidado de sus hijos e hijas. Por otro lado,
entre el decil V y IX el desempleo femenino es más bajo que el masculino.

| GRÁFICO 4.47 | Tasa de desocupación (25-59 años) según decil de ingresos, por sexo, 2014.

30%

25%

20% 18,0%

15%
14,2% 8,1%
10% 8,3%
5,7% 5,0% 3,2%
3,9% 3,8% 1,7% 0,9%
5% 6,6%
1,8%
1,4% 1,7%
4,5% 3,8% 4,4% 3,4%
0% 2,4%
I II III IV V VI VII VIII IX X
Decil de Ingresos
Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a NESI, 2014.


Nota: Las diferencias en las tasas de desocupación entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en todos los deciles (1%).

Si se observan las estadísticas en términos de tramos etarios, en casi todos los tramos, el
desempleo femenino es mayor que el masculino (las excepciones son los tramos extremos).
Además, se puede ver que el desempleo afecta en mayor medida a las mujeres más jóvenes
(24% de las desempleadas tiene entre 25 y 29 años y el 9% de la fuerza de trabajo femenina
en este tramo etario está desocupada) y, en menor medida a las de mayor edad 39 (ver
Gráfico 4.48).

Si bien siempre la empleabilidad de las y los jóvenes se ve afectada por su falta de


experiencia, de contactos, etc., parece importante monitorear las tasas de desocupación
de las mujeres en edad fértil y analizar cómo el postnatal parental (o en la práctica, la
extensión del postnatal a 6 meses) ha incidido en la inserción y/o desempleo de este
segmento etario de mujeres, pues si hubiese efectos negativos, será necesario realizar los
cambios normativos relativos al sistema de protección de la maternidad para que este no se
transforme en una barrera para el desarrollo laboral de las mujeres.

39 No hay que olvidar que entre las mujeres de mayor edad, la tasa de participación laboral es menor que entre
las más jóvenes, por las razones previamente esgrimidas (menor nivel educacional, predominancia de valores
conservadores, etc.), por lo tanto, entre las mujeres mayores, un bajo desempleo da cuenta de que a esa edad,
son pocas las mujeres que activamente buscan un empleo, porque en la práctica, si lo pierden (o no lo tienen),
generalmente pasan a (están en) la inactividad.

305
4. ADULTEZ

| GRÁFICO 4.48 | Desocupación (25-59 años), según tramo de edad, por sexo, 2014.

4.48.1 Desocupados (25-59 años) según tramo de edad, por sexo, 2014.

Miles de personas

100

90

80

70

60
50,5
50

40 35,6

30 27,8
22,4 23,1 24,6 22,7
22,6 21,4
18,7 20,0
20 17,7
15,7
10,4
10

0
25 -29 años 30 - 34 años 35 -39 años 40 - 44 años 45 - 49 años 50 - 54 años 55 - 59 años
Tramo de edad

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.

4.48.2 Tasa de desocupación (25-59 años) según tramo de edad, por sexo, 2014.

30%

25%

20%

15%
9,6%
10%
6,0% 6,1% 5,6%
9,0% 4,5% 3,2%
3,7%
5%
5,7% 5,2%
4,2% 3,7% 3,7% 3,6%
0%
25 -29 años 30 - 34 años 35 -39 años 40 - 44 años 45 - 49 años 50 - 54 años 55 - 59 años

Tramo de edad
Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.


Nota: Las diferencias en las tasas de desocupación entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en todos los tramos etarios (1%).

306
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

La categoría de personas desocupadas está compuesta por las y los


cesantes y las y los que buscan trabajo por primera vez. Como se observa
en el Gráfico 4.49, la inmensa mayoría (tanto en hombres y mujeres) son
cesantes (95,4%), sin embargo, la proporción de mujeres que busca trabajo
por primeva vez prácticamente duplica a la de los hombres.

La distribución por sexo entre los desocupados es proporcional a la de la


fuerza laboral (44,6% mujeres), sin embargo, entre los que buscan trabajo
por primera vez, la mayoría son mujeres (59,8%). Esto se condice con el
proceso de inserción laboral que están teniendo las mujeres en Chile, luego
de tantos años concentradas en el espacio doméstico.

Como es de esperar, dado el nivel educativo de nuestra fuerza laboral, la


mayoría de estos desocupados -60,6% en mujeres y 64,3% en hombres-,
alcanzaron un grado que no supera la Educación Media. Con este escaso
capital humano acumulado, es posible augurar mayores dificultades para la
inserción en un trabajo decente, como lo entiende la OIT.

307
4. ADULTEZ

| GRÁFICO 4.49 | Desocupados (25-59 años) según condición de desocupación, por sexo, 1990, 2000 y 2014.

4.49.1 Desocupados (25-59 años) según condición de desocupación, por sexo, 1990, 2000 y 2014.

Miles de personas

250
10,0
200
6,1
150 9,1
11,2
100 3,9 215,2
178,7
139,4
50 5,0 101,5 111,2

40,1
0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

1990 2000 2014

Cesante Busca trabajo por primera vez

Fuente: Elaboración propia en base a ENE y NENE, 1990, 2000 y 2014.

4.49.2 Distribución porcentual de desocupados (25-59 años) según condición de desocupación, por sexo, 1990, 2000 y 2014.

100%
3,7% 4,4% 6,1% 3,3%
11,0% 9,2%
90%

80%

70%

60%

50% 89,0% 96,3% 90,8%


95,6% 93,9% 96,7%

40%

30%

20%

10%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

1990 2000 2014

Cesante Busca trabajo por primera vez

Fuente: Elaboración propia en base a ENE y NENE, 1990, 2000 y 2014.


Nota: Las diferencias en las tasas entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas los años 1990 (1%), 2000 (1%) y 2014 (1%).

308
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

RECUADRO 4.10
Marco Institucional de la Seguridad Social en Chile.

En Chile, la seguridad social tiene por objeto proteger el ingreso de los trabajadores
frente al desempleo, las enfermedades, los accidentes la incapacidad laboral durante
la vejez; al mismo tiempo, se ocupa cubrir la situación de necesidad económica que
produce, en las personas con menos ingresos, la existencia de responsabilidades
familiares. En consecuencia, la seguridad social está integrada por tres grandes
sistemas: el de previsión social, el de salud y el de prestaciones familiares.

La previsión social es el conjunto de prestaciones en beneficio de las y los trabajadores


y de sus familiares o beneficiarios, cuyo objetivo es satisfacer económicamente sus
necesidades en caso de vejez, invalidez o sobrevivencia y así facilitar la posibilidad
de mantener su nivel de vida económico. El sistema de pensiones de vejez, invalidez
y sobrevivencia es el principal instrumento de previsión. Se materializa a través de la
cotización obligatoria de los trabajadores/as dependientes para:

• Fondo de Pensiones administrado por la AFP o Cuenta de Capitalización Individual


(10% de la renta imponible -con tope de 74,3 UF-, más la comisión de la AFP, que
fluctúa entre 0,47% y 1,54% de la renta imponible, dependiendo de la AFP).

• Seguro de Invalidez y Sobrevivencia (1,15% de la renta imponible).

• Seguro de Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales (0,95% de la renta


imponible, más una tasa adicional según sea el riesgo de la actividad desarrollada).

En el marco de la previsión social, también se ubica el Seguro de Cesantía, una


protección económica en caso de desempleo a la que tienen derecho -a partir del
2 de octubre de 2002- todos los trabajadores/as regidos por el Código del Trabajo
(es decir, no están cubiertos por este instrumento los empleados públicos, los
funcionarios de las [Link]. y de Orden, las trabajadoras de casa particular, entre otros).

Para cada afiliado/a, la Administradora de Fondos de Cesantía crea una Cuenta


Individual de Cesantía (CIC), cuyos recursos acumulados son de propiedad de cada
trabajador/a. Como complemento al ahorro individual, existe el Fondo de Cesantía
Solidario (FCS), que es un fondo de reparto conformado con aportes del empleador y
del Estado. El Seguro de Cesantía cubre también beneficios sociales, previsionales,
de salud y asignación familiar.

A contar de 201840 (año tributario 2019) será obligatorio que los trabajadores/as
independientes que emitan boletas de honorarios, coticen para pensión y seguridad
laboral, pero mientras eso ocurre, la protección previsional para dichos trabajadores/
as es una opción, generalmente no escogida (porque no hay conciencia de la
importancia de la previsión y/o porque los ingresos no son suficientes como para
ahorrar pensando en la vejez).

Respecto de la salud, existen dos sistemas, uno público y uno privado. La cotización
legal para salud es obligatoria para los trabajadores/as dependientes y pensionados
y corresponde a un 7% de la remuneración41 con un tope imponible de 74,3 UF.

En el sistema público, que administra el Fondo Nacional de Salud, FONASA, los

40 La Reforma Previsional de 2008, contemplaba esta obligatoriedad a partir de 2015 (año tributario 2016), pero en
enero de 2016 se produjo una prórroga (ley 20.894).
41 Excepto los pensionados que reciben una Pensión Básica Solidaria de Vejez e Invalidez (PBS) o Aporte Previsional
Solidarios de Vejez e Invalidez (APS), quienes desde fines de 2011 ya no deben pagar el 7% de cotización de salud;
y salvo los pensionados de 65 años o más, pertenecientes a los cuatro quintiles más vulnerables de la población,
quienes desde el 1 de diciembre de 2012, tienen una cotización del 5%.

309
4. ADULTEZ

trabajadores/as afiliados están obligados a pagar solo el 7%, mientras que en el

sistema privado, que es gestionado por las ISAPRES, quienes optan por él deben
pagar el monto asociado al plan de salud, el que puede ser superior al 7%.

Con cargo a esta cotización se financian el Subsidio por Incapacidad Laboral (SIL),
que es el monto de dinero que reemplaza la remuneración o renta del trabajador/a
mientras este/a se encuentra con licencia médica autorizada42.

En el sistema de salud privado, las y los trabajadores independientes pueden tener


cotizaciones voluntarias de manera mensual o esporádica, pudiendo optar por los
beneficios del sistema de salud de acuerdo con los meses cotizados. Hasta enero de
2016, en el sistema público, se registraban en calidad de beneficiarios/as solo aquellos
que además de cotizar en FONASA hubiesen cotizado paralelamente en alguna AFP.
Sin embargo, a partir de esa fecha (Ley N° 20.894) se establece la eliminación de
la obligatoriedad del pago de la cotización previsional en AFP, para acceder a los
beneficios del Seguro Público de Salud. Esto, hasta fines de 2017, pues el año 2018
(año tributario 2019), será obligatorio que los trabajadores/as independientes que
emitan boletas de honorarios coticen para salud (en alguno de los dos sistemas) y AFP.

A través del sistema de prestaciones familiares, el Estado otorga a cada beneficiario/a


un monto de dinero por cada una de las personas que viven a sus expensas y cumplen
los requisitos de edad, parentesco, estado civil, entre otros (cargas o causantes).
El sistema está integrado por cuatro beneficios: Asignación Familiar, Asignación
Maternal, Subsidio Familiar o Subsidio Único Familiar (SUF) y Subsidio Maternal.

Las asignaciones son para quienes perciben ingresos inferiores a $576.081, cotizan
en el sistema previsional y pueden proveer de recursos monetarios a sus familias. En
el caso de los trabajadores/as dependientes, pensionados y beneficiarios del seguro
de cesantía, la asignación familiar es pagada junto con el sueldo, pensión o subsidio.
En el caso de los trabajadores/as independientes que emiten boletas de honorarios,
se incluye en la devolución de impuestos del año siguiente al que las cargas fueron
declaradas y, en el caso de los trabajadores/as independientes que cotizan por
cuenta propia, cuando efectúan sus cotizaciones o aportes.

Los subsidios, en cambio, son entregados a personas o grupos familiares que


no perciben ingresos y no cuentan con cotizaciones ni pueden sustentarse
económicamente.

Por lo tanto, son relevantes las condiciones en la que las y los trabajadores se
insertan en el mercado laboral, pues al hacerlo en condiciones de informalidad o
como trabajador por cuenta propia o familiar no remunerado, no necesariamente se
accede a las garantías de la seguridad social (salvo los subsidios recién descritos).

Fuente: Elaboración propia en base a diversas fuentes.

42 Excepto cuando la licencia médica es de descanso pre y postnatal, por enfermedad grave del niño menor de un
año, o por permiso postnatal parental, las que se financian exclusivamente con recursos fiscales.

310
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

4.5 Previsión para la vejez

En Chile, hasta 1980 existía un Régimen Previsional de Reparto que, a


diferencia del actual sistema, financiaba las pensiones con las cotizaciones
de los imponentes activos (más aportes del Estado) y no con el ahorro de
cada contribuyente. En el pilar contributivo del nuevo sistema existe todavía
un 0,69% de los ocupados/as que cotizan en el antiguo régimen, el cual es
administrado por el Instituto de Previsión Social-IPS (ex INP).

En el nuevo sistema es de Capitalización Individual (gestionado por las


Administradoras de Fondos de Pensiones-AFP) cada afiliado posee una
cuenta individual donde se depositan sus cotizaciones previsionales, las que
se capitalizan con la rentabilidad de las inversiones que las administradoras
realizan y, al término de la vida activa, es devuelto al afiliado/a o a sus
beneficiarios/as en forma de pensión. En consecuencia, el monto de la
pensión está en función de la cantidad y monto de las cotizaciones y de la
administración de los fondos por parte de las AFP.

Al ingresar al sistema, los trabajadores/as deben elegir una AFP y afiliarse,


para luego escoger entre los distintos tipos de fondos a los cuales pueden ir
destinadas sus cotizaciones.

La afiliación al sistema es única y permanente. Subsiste durante toda la vida


de la persona, ya sea que se mantenga o no en actividad, que ejerza una
o varias actividades simultáneas o sucesivas o que cambie de institución
dentro del sistema.

Solo son cotizantes aquellos/as que se encuentren trabajando y que realicen


los depósitos periódicos para acumular recursos para la vejez (10% de la
renta imponible, con tope de 74,3 UF).

4.5.1. Informalidad

En este sentido, la proporción de mujeres ocupadas sin cotizar en el sistema


previsional ha disminuido desde un 35,5% en 1992 hasta un 27,3%, en
2013, tal como se puede ver en el Gráfico 4.50. Esta tendencia decreciente
se ha producido desde el año 2006, mientras que en el período anterior
(1992-2003) la tasa se mantuvo relativamente estable en torno al 35% de las
ocupadas. Entre los hombres se observa que, aunque existe una tendencia
similar, la disminución ha sido más fuerte, desde un 32,2% de ocupados sin
cotizar en 1992 hasta un 22,9% en el 2013, lo que implica que en los últimos
25 años ha aumentado la brecha de género en este ámbito.

Desde 1992 a 2013, el aumento de los ocupados/as que cotizan en el


sistema de previsional se ha producido en todos los deciles de ingresos
(Gráfico 4.51), salvo en el primero, donde la tasa de ocupadas que no
cotizan aumenta desde el 61,6% al 69,6% y la de ocupados, del 41,8 al
54,5%. La disminución de la informalidad se produce especialmente entre los
ocupados/as que pertenecen a los hogares más ricos. En 1992, el 26,1% de
las ocupadas del décimo decil no se encontraba cotizando previsionalmente,
mientras que, en el año 2013, esa proporción disminuyó a menos de la
mitad (12,6%), situación casi idéntica en el caso de los hombres. A pesar
de estos avances, las ocupadas de los deciles con mayores ingresos (VII al
X) han visto aumentar la brecha de género en la informalidad, mientras que
aquellas que pertenecen a los hogares con ingresos más bajos (I al IV) han
mejorado su posición relativa respecto a los hombres informales del mismo
decil. De cualquier modo, en los hogares con mayores ingresos, hombres y
mujeres presentan altos niveles de cotización, situación muy diferente a la

311
4. ADULTEZ

de los grupos más postergados, lo que produce un círculo vicioso de mayor


precariedad y vulnerabilidad laboral y socioeconómica.

| GRÁFICO 4.50 | Tasa neta de ocupados sin cotizar en sistema previsional (25-59 años), por sexo, 1992-2013.

100%

90%

80%

70%

60%

50%

40% 32,2% 31,3% 31,5% 32,0% 32,0% 31,1% 26,9% 27,4%


35,5% 34,0% 33,8% 35,2% 35,3% 35,4% 34,3% 33,8% 26,4%
31,4% 22,9%
30% 27,3%

20%

10%

0%
1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a la Encuesta CASEN, 1992-2013.


Notas: Las diferencias en las tasas entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en todos los años (1%).
Corresponde a los ocupados/as que no están afiliados/as a un sistema previsional y/o que no se encuentran cotizando, como proporción del total de ocupados/as
entre 25 y 59 años.
La Encuesta CASEN de 1990, no permite identificar a los cotizantes, sino solo a los afiliados/as.

312
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.51 | Tasa neta de ocupados sin cotizar en sistema previsional (25-59 años),
según decil de ingreso autónomo, por sexo, 1992-2013.

4.51.1 Tasa neta de ocupados sin cotizar en sistema previsional (25-59 años), según decil de ingreso autónomo, por sexo, 1992.

100%

90%

80% 41,8%
61,6% 35,0%
58,9%
70%
31,1%
60% 49,3%
33,1%
42,2%
50% 34,0% 32,5% 30,1%
36,7% 36,6% 35,1% 31,6%
40% 31,4% 28,5%
29,2%
26,8%
30% 26,1%

20%

10%

0%
I II III IV V VI VII VIII IX X

Decil de ingreso autónomo


Mujeres Hombres

4.51.2 Tasa neta de ocupados sin cotizar en sistema previsional (25-59 años), según decil de ingreso autónomo, por sexo, 2013.

100%

90%

80% 54,5%
69,6%
70%

60%
34,1%
48,9%
50% 31,5%
40,9%
40% 27,9%
32,9% 24,6%
27,7% 21,4%
30% 23,7% 17,6% 17,8%
20,6% 20,7% 15,4%
20% 15,8% 11,9%
12,6%
10%

0%
I II III IV V VI VII VIII IX X

Decil de ingreso autónomo


Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a la Encuesta CASEN, 1992 y 2013.


Notas: Las diferencias entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas todos los años (1%).
Corresponde a los ocupados/as que no están afiliados/as a un sistema previsional y/o que no se encuentran cotizando, como proporción del total de ocupados/as
entre 25 y 59 años.

313
4. ADULTEZ

La reducción de la proporción de no cotizantes se ha producido tanto en las


zonas urbanas como rurales del país, pero ha sido levemente mayor entre
las primeras, manteniéndose la mayor prevalencia de informalidad entre
los ocupados/as que habitan en zonas rurales. En 1992 el 51,8% de las
ocupadas no se encontraba cotizando, mientras que en 2013 la proporción
disminuyó al 41,4% (34,2% y 26,1%, respectivamente, en el caso de las
ocupadas de zonas urbanas). De este modo, en la actualidad la proporción
de mujeres no cotizantes en las zonas rurales es 15 puntos porcentuales
superior a la de las zonas urbanas del país, como se puede observar en
el Gráfico 4.52. Ahora bien, dado que la disminución de la informalidad
fue mayor entre los hombres, la brecha de género creció en ambas zonas,
siendo superior en la zona urbana.

| GRÁFICO 4.52 | Tasa neta de ocupados sin cotizar en sistema previsional (25-59 años) según zona de residencia,
por sexo, 1992 y 2013.

100%

90%

80%

70%

60%
51,8% 50,0%
50%
41,4%
40% 38,0%
34,2%
30% 28,7%
26,1%
20,6%
20%

10%

0%
Urbana Rural Urbana Rural
1992 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a la Encuesta CASEN, 1992 y 2013.


Notas: Las diferencias en las tasas entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en todos los años (1%).
Corresponde a los ocupados/as que no están afiliados/as a un sistema previsional y/o que no se encuentran cotizando, como proporción del total de ocupados/as
entre 25 y 59 años.

314
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

4.5.2. Cotizantes
Según se muestra en el Gráfico 4.53, actualmente en Chile hay 7.752.641
afiliados/as al sistema previsional, que tienen entre 26 a 60 años43. De ellos,
un 47,9% son mujeres y un 52,1%, hombres. El Sistema de Capitalización
Individual cuenta con el mayor número de afiliados/as, tanto en hombres
como en mujeres, alcanzando al 99,6% de los afiliados/as en la actualidad.
La diferencia corresponde a la proporción de cotizantes en el Sistema de
Reparto.

Al año 2014 hay 4.250.086 cotizantes en el sistema previsional, de los cuales


un 42,7% son mujeres y un 57,3% son hombres, proporciones bastante
similares a las de la fuerza de trabajo. Si se observa la tasa de cotizantes
en relación con el número de ocupados/as entre 26 y 60 años, no hay
diferencias por sexo, pues la tasa para las mujeres alcanza al 70,1% y para
los hombres, el 70,2%. Es decir, calculando las tasas de informalidad por la
vía de los registros administrativos de la Superintendencia de Pensiones y
de la Nueva Encuesta Nacional de Empleo, se alcanza una del 29,8% para
este tramo etario, que es casi 5 puntos superior a la estimada a través de la
Encuesta CASEN, como se observó en el Gráfico 4.50.

Sin embargo, al calcular las tasas de cotizantes sobre afiliados para el


tramo entre 26 y 60 años, es posible observar que, por un lado, esta tasa
ha ido en aumento y, por otro, que se produce una importante brecha de
género, pues para las mujeres la tasa llega al 48,8% mientras que entre
los hombres alcanza al 60,3%. Lo anterior podría deberse a que muchas
mujeres se afilian en algún momento de su vida activa, pero luego se retiran
de la fuerza laboral, constituyéndose en “inactivas” (así, las afiliadas son más
que las ocupadas). En general, el déficit de cotización se puede explicar
por las características de los empleos femeninos (informales, cuenta propia,
trabajadoras de casa particular, familiar no remunerado), así como por las
trayectorias laborales de muchas mujeres, más inestables y esporádicas
que las de los hombres, con frecuentes salidas del mercado laboral por la
crianza y con más desempleo.

Dentro de los 4.220.869 cotizantes en el Sistema de Capitalización Individual


que tienen entre 26 y 60 años, un 42,6% son mujeres. Mientras que entre los
cotizantes del Sistema de Reparto (del mismo tramo etario), la proporción es
totalmente inversa, llegando las mujeres al 57,5%.

Por otro lado, es necesario destacar que la mayoría de los cotizantes (sin
distinción de edad, pues no se dispone de la información) tanto hombres
como mujeres, son trabajadores/as dependientes (97,5%). Apenas un 2,5%
de los que cotizan son independientes 44.

Las reglas de funcionamiento del Sistema de Pensiones, así como el uso


de tablas de mortalidad diferenciadas por sexo para calcular las pensiones,
las edades de jubilación distintas para hombres y mujeres, sumado a las
características de la inserción y desarrollo laboral de las mujeres (ingresan
más tarde al mercado de trabajo, tienen trayectorias laborales interrumpidas
y perciben menores ingresos relativos), las perjudica al momento de recibir
sus pensiones, tal como se analizará en el siguiente capítulo.

43 Por la forma en la que la Superintendencia de Pensiones entrega la información, no es posible


trabajar con el tramo 25-59 años, siendo el tramo 26-60 años el más parecido.
44 La Reforma Previsional de 2008 introduce la figura del afiliado voluntario, dando la posibilidad
a toda persona natural que no ejerza una actividad remunerada de enterar cotizaciones
previsionales en una cuenta de capitalización individual voluntaria de la AFP a la que se encuentra
afiliado. En 2014, entre las cotizantes, las voluntarias correspondían al 0,05% y entre los
cotizantes, al 0,02%. Dentro del total de cotizantes voluntarios, un 67,5% son mujeres, lo que da
cuenta de que esta nueva figura está siendo mayormente utilizada por ellas.

315
4. ADULTEZ

| GRÁFICO 4.53 | Cotizantes y No Cotizantes (26 - 60 años) según tipo de sistema previsional, por sexo, 2002-2014.

Miles de personas

4500
12,4
4000 21,6 17,6 14,8
27,8 25,5 16,8
33,7 18,7
21,5
3500 29,3
24,8
35,8 31,5 1.603,6
1.494,2 1.542,4
3000 1.517,6 1.492,3
1.558,8 1.600,4
1.509,4 1.871,4 1.899,0
2500 1.650,1 1.560,5 1.575,7 1.838,9
1.794,9 1.824,2 1.822,6
1.609,0 1.622,5 1.804,2

2000 1.758,8 1.766,7


1.680,6
1.513,8 1.612,5 1.691,5
1500

1000
1.522,4 1.586,8 1.611,6 1.742,9 1.789,5 1.978,5 2.025,3 2.055,8 2.203,8 2.294,7 2.373,7 2.406,2 2.424,4
500
903,5 944,6 956,8 1.033,0 1.091,7 1.216,2 1.305,8 1.370,4 1.474,9 1.543,7 1.631,6 1.700,1 1.796,5

0
Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres
2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Cotizantes Sist. Cap. Individual Afiliados no cotizantes Sist. Cap. Individual Cotizantes Sist. Reparto

Fuente: Elaboración propia en base a Superintendencia de Pensiones, Centro de Estadística.


Notas: Corresponde al número de afiliados/as que cotizaron en diciembre de cada año.
Para el sistema de reparto, solo se cuenta con información a partir de 2008.

4.6. Previsión para la salud

4.6.1 Cotizantes

El sistema privado de salud (ISAPRES) fue creado en 1981. En caso de


que las personas opten por este sistema, suscriben un contrato de salud
individual en el cual se acuerdan los costos, los beneficios y las condiciones
de las prestaciones de salud. El precio o prima que el afiliado/a paga por el
plan de salud que elige varía conforme a sus propias características, riesgo
de sufrir daños o deterioros en su salud y son más elevados para las mujeres
en edad fértil, por ser consideradas uno de los grupos de mayor riesgo en
salud (Superintendencia de Salud, 2008).

El sistema público de salud (FONASA) en cambio, se basa en un sistema de


reparto, con beneficios iguales para todos los afiliados/as con independencia
del monto de su cotización, número de cargas y nivel de riesgo. Esta
diferencia con las ISAPRES ayuda a comprender por qué las ISAPRES
atraen a la población de mayores ingresos mientras que las personas de
menores ingresos y mayor riesgo (mujeres, ancianos, enfermos) optan por el
sistema público (Superintendencia de Salud, 2008).

De acuerdo con la legislación laboral vigente, las y los trabajadores


dependientes deben cotizar el 7% de su remuneración en una entidad
aseguradora de salud (FONASA o ISAPRES), con la finalidad de financiar
un plan de salud que otorgue cobertura al cotizante y a su familia. En el
caso de una familia en que solo uno de los cónyuges trabaja, generalmente
el hombre, la mujer es beneficiaria del plan de salud financiado por la
cotización del cónyuge, como carga familiar. En el sistema privado, si ambos

316
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

trabajan, es posible que sus respectivas cotizaciones se unan para financiar


un plan familiar de salud, que cubra a todos los miembros de la familia.

Como se muestra en el Gráfico 4.54, actualmente en Chile, dentro del


tramo etario de 25 a 59 años, hay 4.875.293 cotizantes en alguno de los dos
sistemas mayoritarios de salud, FONASA (70,5%) e ISAPRES (29,5%)45. Un
42,2% de esos cotizantes son mujeres, proporción similar a la que tienen
en la fuerza laboral (en 2003, las mujeres eran el 38% de los cotizantes). Sin
embargo, si se mira por sistema, dentro de los 3,4 millones de cotizantes
de FONASA, un 44,9% son mujeres (en 2003, eran el 39,3%), mientras
que dentro del casi millón y medio de cotizantes de ISAPRES, las mujeres
apenas representan al 35,6% (proporción marginalmente superior a la de
2003). Esto se traduce en que, dentro de las mujeres, un 75,1% cotiza en
FONASA y solo un 24,9% en ISAPRES (en 2003, las proporciones eran 71,1%
y 28,9%, es decir, ha habido una migración relativa a FONASA), mientras
que entre los hombres, un 67,2% cotiza en FONASA y un 32,8% en ISAPRES
(en 2003, las proporciones eran prácticamente idénticas, 67,3% y 32,7%,
respectivamente).

Si ahora dividimos la población entre 25 y 59 años en función del sistema


del cual es beneficiaria (condición que se adquiere como cotizante o carga),
se observa, a partir del Gráfico 4.5546, en 2013, de un total de 4.118.145
mujeres atendidas en el sistema público y privado, un 80,8% es beneficiaria
de FONASA y un 19,2% de ISAPRES. Por su parte, de 3.882.053 hombres
atendidos en estos mismos sistemas, un 74,9% es beneficiario de FONASA
y un 25,1% de ISAPRES. Esto da cuenta del mayor acceso de los hombres
al sistema de ISAPRES, que como se dijo, atrae a las personas con mayores
ingresos, a los más jóvenes, sanos y menos riesgosos, siendo la maternidad
considerada un tremendo riesgo para el sistema, costo que como debe ser
asumido exclusivamente por las mujeres, se transforma en un desincentivo
para hacer uso de dicho sistema.

En comparación con 2004, la distribución de las y los beneficiarios por


sistema de salud no difiere sustancialmente de la actual. En el caso de las
mujeres, las beneficiarias de FONASA correspondían al 78,8% y las de
ISAPRES al 21,2%. Es decir, se verifica una ligera migración hacia el sistema
público de salud. En el caso de los hombres, ocurre el fenómeno inverso,
pues en 2004 el 77,5% de ellos era beneficiario de FONASA y el 22,5% de
ISAPRES.

Las personas sin cobertura en FONASA e ISAPRES presentaron, en términos


absolutos, su punto más alto en 2005, para decrecer sostenidamente hasta
la fecha, llegando a ser en 2013, en el caso de las mujeres, un tercio de lo
que eran en 2004 (205 y 601 mil, respectivamente), y dos tercios entre los
hombres (388 y 555 mil, respectivamente). Con esta información, se ve que
la brecha de género que existía en 2004, se ha revertido.

45 No se dispone de información relativa a cotizantes de otros sistemas, pero se sabe que su


número es marginal, porque básicamente corresponde a quienes cotizan en los sistemas de las
Fuerzas Armadas, de Orden y Seguridad Pública.
46 Con estimaciones realizadas a partir de las Encuestas CASEN entre 1990 y 2013, se constata
que en términos absolutos, los beneficiarios de ISAPRES de entre 20 y 59 años, tanto hombres
como mujeres, tienen su punto más alto en 1996, para luego de la crisis asiática de 1997, caer
sostenidamente hasta el año 2004, donde comienza un repunte que se mantiene hasta la fecha,
pero que aún no alcanza los niveles de mediados de los ’90. En contraposición, FONASA,
presenta los niveles más bajos de beneficiarios en 1996, para luego crecer sostenidamente, hasta
la fecha, superando actualmente a los beneficiarios que atendía a principios de los ‘90.

317
4. ADULTEZ

| GRÁFICO 4.54 | Cotizantes (25 - 59 años) según sistema de salud, por sexo, 2003-2013.

Miles de personas

3.000

2.500
773,7 814,9 870,0 925,3
695,2 747,5
2.000 678,4
683,5 675,4 482,9 512,0
432,6 454,3
1.500 418,7
369,1 380,1
370,4 366,5
1.000 1.709,9 1.780,1 1.864,5 1.912,6 1.926,8
1.894,7
1.404,4 1.449,5 1.601,4 1.343,0 1.530,4 1.543,2
1.425,9 1.467,5
500 909,5 972,4 1.064,7 1.093,9

0
Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres
2003 2004 2005 2006 2009 2010 2011 2012 2013

FONASA ISAPRE

Fuente: Elaboración propia en base a FONASA, Estadísticas Demográficas, y Superintendencia de Salud, 2003-2013.
Nota: Dato no disponible los años 2007 y 2008.

| GRÁFICO 4.55 | Adultos (25-59 años) según sistema de salud, por sexo, 2004-2013.

Miles de personas

5.000

4.500
204,6
239,6 234,2 388,2
4.000 246,2 468,9
523,4 431,7 521,1
540,2 456,9 732,9 789,6
614,2 542,9 726,0 756,7
3.500 601,3 554,9 681,5 587,3 655,2 573,5 703,0
972,8
914,5
692,1 789,7 858,0
3.000 773,4 690,2 783,9
668,3 735,0 690,2 816,2
671,1 711,3 664,3 716,0

2.500

2.000
3.174,0
2.713,0 2.843,2 2.798,5 3.265,2 3.328,5
2.765,1 3.223,7
1.500 2.494,8 2.552,5 2.517,5
2.629,6 2.572,5 2.768,9 2.825,9 2.909,2
2.444,2 2.475,2 2.462,4 2.537,6
1.000

500

0
Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Mujeres

Hombres

Hombres

Mujeres

Hombres

2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013

FONASA ISAPRE Otros

Fuente: Elaboración propia en base a FONASA, Estadísticas Demográficas y Superintendencia de Salud, 2004-2013.
Nota: “Otros” considera a beneficiarios del sistema de salud de las F.F.A.A y de Orden y a personas no aseguradas en ningún sistema. Las cantidades de mujeres
y hombres en “Otros”, fueron construidas a partir de la diferencia entre la población total para cada año en este tramo etario (INE), y la suma de la población
beneficiaria del sistema público y privado, para cada sexo.

318
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

4.6.2 Licencias médicas

El sistema de seguridad social define un conjunto de subsidios por


incapacidad laboral que otorgan prestaciones monetarias ante diversas
situaciones, como enfermedad común y medicina curativa, reposo maternal
por pre y postnatal, reposo maternal suplementario y enfermedad grave del
hijo/a menor de un año. Las licencias curativas, que incluyen aquellas que
se producen por enfermedad común y las licencias por reposo maternal
suplementario, son financiadas con cargo a la cotización que el trabajador/a
efectúa a su institución aseguradora de salud, sea esta el FONASA o una
ISAPRE. Por su parte, los subsidios por pre y postnatal y por enfermedad
grave del hijo/a menor de un año, son cubiertos por el Fondo Único de
Prestaciones Familiares y Subsidios de Cesantía.

El Gráfico 4.56, que muestra el número de licencias curativas tramitadas


por cada 100 cotizantes según sexo e institución de previsión de la salud,
permite identificar que son las mujeres más jóvenes, entre los 25 y 34 años,
las que más solicitan licencias de este tipo, haciéndolo mayoritariamente
a través de ISAPRE. Desde el 2009 al 2013 ha disminuido el número de
licencias curativas en la mayor parte de los grupos etarios descritos, a
excepción de las mujeres de 30 a 34 años y aquellas entre 45 y 49 años.

| GRÁFICO 4.56 | Licencias curativas tramitadas por cada 100 cotizantes,


según tramo de edad y seguro de salud, por sexo, 2009 - 2013.

Número de licencias por cada 100 cotizantes

260
134,8 128,1
130,5
240 128,2 132,6 125,9 124,1
118,7 121,1
116,5 118,1
117,3
220 119,4 118,2
112,5

130,2 129,1
200 105,9 99,1
114,3 118,7 114,3 111,6
99,5 95,1
94,7 97,8
102,4 97,7 92,8 106,6 98,7
180 91,9 91,4
97,5

160

140
62,1
120 60,4
57,8 57,7
57,0
57,7 56,7 58,1 54,8 54,8 51,8
52,1 52,9 58,4 56,7 52,2
100 49,8 51,3 50,9 49,1 51,8 50,6
47,1 48,1
48,8 51,2 51,3
48,4 48,8 48,2
46,5 47,6 46,8 47,0 48,0

80

60 107,2 101,6 108,4 109,9 117,0 76,1 72,5 77,3 79,4 85,4
108,1 107,1 107,1 106,8 106,7 95,4 100,0 99,0 102,4 106,1 89,5 88,1 87,8 90,6 95,3 78,0 80,3 81,9 85,4 89,0 67,9 67,8 71,6 75,2 79,1

40
58,8 56,6 47,4 47,6 48,4 54,3 51,6 48,1 49,7 50,8 47,8 52,1 45,3 47,0 48,3 45,3 47,6
46,8 48,6 42,9 43,7 44,5 43,5 46,7 42,3 43,5 44,1 42,8 44,3 43,5 44,5 46,5 43,0 45,1 44,8
20

0
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres

Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres

Mujeres
2009 Hombres
Mujeres
2010 Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres

Mujeres
2009 Hombres
Mujeres
2010 Hombres
Mujeres
2011 Hombres
Mujeres
2012 Hombres
Mujeres
Hombres

Mujeres
2009 Hombres
Mujeres
2010 Hombres
Mujeres
2011 Hombres
Mujeres
2012 Hombres
Mujeres
2013 Hombres
Mujeres
2009 Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres

Mujeres
2009 Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
2009

2010

2011

2012

2013

2009

2010

2011

2012

2013

2011

2012

2013

2013

2010

2011

2012

2013

2010

2011

2012

2013

25 - 29 años 30 - 34 años 35 - 39 años 40 - 44 años 45 - 49 años 50 - 54 años 55 - 59 años

FONASA ISAPRE

Fuente: Elaboración propia en base a FONASA, Boletines Estadísticos 2009-2013 y Estadísticas Demográficas; y Superintendencia de Salud, Estadísticas de
Cartera del Sistema ISAPRE y Licencias Médicas, 2009-2013.
Nota: Licencias Mujeres ISAPRES, incluye licencias por Patologías del Embarazo.

319
4. ADULTEZ

Por su parte, entre los hombres se observa que, en todos los tramos de
edad y para todos los años con información disponible, la tramitación
de este tipo de licencias está en torno a la mitad de la de las mujeres,
manteniéndose relativamente estable la brecha. Si bien no es posible
identificar con certeza el motivo por el cual las mujeres requieren en mayor
medida de este tipo de licencias, un factor objetivo es que se incluye en
ellas el reposo maternal por patologías durante el embarazo, cuestión que
explicaría, en parte, las diferencias con los hombres y, entre las mujeres, las
diferencias según tramo de edad.

En el Gráfico 4.57, se observa que las licencias maternales, que incluyen


las de pre y postnatal, son mayoritarias entre las mujeres de 25 a 34 años,
edades en las que se concentra el 46,2% de la maternidad en Chile (INE,
2013). Entre las mujeres de 35 a 39 años se observa una disminución para
luego perder relevancia entre las de 40 años y más. Sin embargo, mirando
los datos en el tiempo, si bien en todos los tramos de edad ha aumentado
la tramitación de este tipo de licencias (especialmente entre las beneficiarias
de ISAPRES), es precisamente entre las mujeres mayores de 35 años donde
más ha crecido el requerimiento de licencias maternales, cuestión que se
puede vincular al fenómeno del retraso de la maternidad. En relación con los
días autorizados, en el caso de FONASA se otorgan en promedio 57 días y
en las ISAPRES, 61 días.

Finalmente, el Gráfico 4.58 indica que las mujeres que pertenecen al


tramo etario de 30 a 34 años requieren en mayor medida de licencias
por enfermedad grave del hijo/a menor de un año, seguidas por aquellas
del rango entre 25 y 29 años y las de 35 a 39 años. Entre las mujeres
mayores de 40 años la tramitación de este tipo de licencias es marginal.
Es clave señalar que desde el año 2012 en todos los tramos de edad se
observa un declive del uso de este subsidio, asunto que se explica por la
implementación del postnatal parental a fines de 2011. De hecho, previo a
su aprobación las licencias de este tipo se encontraban en aumento, lo que
se explicó, entre otros factores, debido a su uso como una extensión del
periodo de lactancia materna (Revista Médica de Chile, 2012). En relación
a los días autorizados, no se observan diferencias importantes entre las
beneficiarias de FONASA y las de ISAPRES, otorgándose en promedio 10 y
11, respectivamente.

320
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 4.57 | Licencias maternales tramitadas por cada 100 mujeres cotizantes,
según tramo de edad y seguro de salud, 2009 - 2013.

Número de licencias por cada 100 mujeres cotizantes Días Autorizados


80
140
70
120
60
100
50
80
40
60 30,2 29,4
30
17,3 16,8 16,6 20,1 18,1 23,4 23,8 24,4 16,6 18,3
18,8 15,6 15,1 16,2 21,1 20,8
19,2 19,0 19,3
40 19,3
20
14,9 15,3 16,1 10,0 11,3
8,7 9,6 9,7
20 3,5 3,5 4,1 5,2 5,2 10
2,5 2,7 2,8 3,6 0,2 0,1 0,2 0,3 0,3
2,3
0,1 0,1 0,2 0,2 0,2 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0
0 0
2009

2010

2011

2012

2013

2009

2010

2011

2012

2013

2009

2010

2011

2012

2013

2009

2010

2011

2012

2013

2009

2010

2011

2012

2013

2009

2010

2011

2012

2013

2009

2010

2011

2012

2013
25 - 29 años 30 - 34 años 35 - 39 años 40 - 44 años 45 - 49 años 50 - 54 años 55 - 59 años

FONASA ISAPRE FONASA: Días autorizados ISAPRE: Días autorizados

Elaboración propia en base a FONASA, Boletines Estadísticos 2009-2013 y Estadísticas Demográficas; y Superintendencia de Salud, Estadísticas de Cartera del
Sistema ISAPRE y Licencias Médicas, 2009-2013.

| GRÁFICO 4.58 | Licencias por enfermedad grave del hijo/a menor de un año, tramitadas por
cada 100 mujeres cotizantes, según tramo de edad y seguro de salud, 2009 - 2013.

Número de licencias por cada 100 mujeres cotizantes Días Autorizados


80
140 79,8
45,8 78,7
43,2 70
120 57,5 55,5
52,3 52,1
60
56,9
100 34,4 53,5
51,3 27,8 50
36,8 26,8
80 37,3
38,7 40
20,8
60 30
18,9 19,7 13,4 13,4
40 11,3 10,8 12,7 13,8 20
14,1 15,3 7,7 8,2 10,3 4,1 4,1
12,8 12,4 6,3
8,1 8,9 2,7 3,5
20 10
0,8 0,9 0,6 0,3 0,2 0,1
0,5 0,6 0,4 0,2 0,3 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0
0 0
2009

2010

2011

2012

2013

2009

2010

2011

2012

2013

2009

2010

2011

2012

2013

2009

2010

2011

2012

2013

2009

2010

2011

2012

2013

2009

2010

2011

2012

2013

2009

2010

2011

2012

2013

25 - 29 años 30 - 34 años 35 - 39 años 40 - 44 años 45 - 49 años 50 - 54 años 55 - 59 años

FONASA ISAPRE FONASA: Días autorizados ISAPRE: Días autorizados

Fuente: Elaboración propia en base a FONASA, Boletines Estadísticos 2009-2013 y Estadísticas Demográficas; y Superintendencia de Salud, Estadísticas de
Cartera del Sistema ISAPRE y Licencias Médicas, 2009-2013.

321
4. ADULTEZ

5.
322
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

CAPÍTULO 5

Brechas de
género en la
vejez
(60 años o
más)

323
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

5.
El envejecimiento de la población constituye
uno de los fenómenos demográficos
más relevantes de nuestra época y,
aunque reciente en Chile, tiene profundas
implicancias en el plano familiar, social,
cultural y económico de la población.

En la definición de vejez, es necesario distinguir entre aspectos cronológicos


y de construcción social. En lo relativo a la edad, se considera que una
persona es adulto/a mayor a partir de los 60 años (Naciones Unidas, 2011).
Así, de acuerdo a proyecciones realizadas por el INE, en el año 2015
residen en Chile 2.679.910 adultos/as mayores, quienes representan un
14,9% de la población, siendo el grupo etario de mayor crecimiento en las
últimas décadas. En relación a la distribución por sexo, se verifica que el
envejecimiento se concentra en la población femenina; en 2015, un 16,3% de
las mujeres se encuentra en el tramo etario de las adultas mayores, mientras
que en dicha situación se encuentra un 13,5% de los hombres.

325
5. VEJEZ

“La vejez debe ser comprendida como la última etapa del ciclo vital de
las personas, la cual, lejos de ser estática, presenta un gran dinamismo y
múltiples cambios que comportan variadas consecuencias para los sujetos
que la experimentan” (SENAMA, 2009a). Con esta idea, el presente capítulo
revisa, desde una perspectiva de género, la evolución de los ámbitos más
determinantes en la calidad de vida de las y los adultos mayores en Chile,
entre estos, su grado de autonomía económica, el vínculo familiar y los roles
que desempeñan dentro del hogar, el nivel de instrucción, cuánto trabajan,
cuál es el grado de protección que la sociedad les proporciona, cuándo se
retiran del mercado laboral y en qué condiciones lo hacen, así como el nivel
de dependencia para desenvolverse en la vida cotidiana.

5.1. Caracterización Socioeconómica

Una de las dificultades que enfrentan las y los adultos mayores es la pérdida
de autonomía económica. Estimaciones realizadas en base a la Encuesta
CASEN evidencian una mayor concentración de mujeres sin ingresos
autónomos. En 2013 el 35,1% de ellas no percibe ingresos autónomos,
cifra que entre los hombres llega a un 12,8%. En cambio, la evolución de la
población de 60 años o más sin subsidios monetarios presenta un patrón
diferente. A principios de los ‘90, casi la totalidad de las y los adultos
mayores no recibía transferencias directas del Estado (86,9% en promedio),
sin embargo, dicho porcentaje decrece paulatinamente, tanto para la
población femenina como masculina. Consecuentemente, la concentración
de mujeres sin subsidios monetarios pasó de un 90,9% en 1990, a un 59,6%
en 2013, en tanto, los hombres, de un 82% a 62,4%.

Al considerar la población adulta mayor sin ingresos propios, es decir, que


no posee ni ingresos autónomos, ni recibe subsidios monetarios, se observa
una disminución significativa entre los años 1990 y 2013, transitando
de un 17,6% a 9,4%. No obstante, las mujeres sin ingresos propios han
presentado continuamente una mayor proporción que los hombres, tal
como se aprecia en el Gráfico 5.1. A su vez, las mujeres experimentan un
ritmo de decrecimiento más acelerado, decayendo a la mitad, mientras que
sus pares hombres lo hicieron en un cuarto. Sin embargo, a pesar de este
avance, las mujeres continúan en una situación de dependencia superior a
la de los hombres.

326
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 5.1 | Proporción de adultos mayores (60 años o más) sin ingresos propios, por sexo, 1990-2013.

100%
90%
80%
70%
60%
50%
40%
28,1% 29,7% 30,3%
30% 26,5% 25,1% 25,9% 25,7% 23,6%
20% 17,8% 15,5%
14,0%
10% 4,5% 4,3% 4,2% 3,7% 4,3% 4,5% 4,3% 4,7% 5,2% 5,3% 3,4%
0
Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990-2013.


Notas: Se considera solo la población de 60 años o más que no se encuentra estudiando.
Los ingresos propios corresponden a la suma de las fuentes de ingreso individual monetario, tanto autónomo como por subsidio.

5.2. Vejez y jefatura de hogar

En relación a la dinámica de dependencia familiar que ha experimentado


la población de 60 años o más en las últimas décadas, estimaciones
realizadas a partir de la Encuesta CASEN muestran que, entre 1990 y
2013, la proporción de adultos mayores que ejerce el rol de jefe/a de hogar
ha permanecido prácticamente invariable; 6 de cada 10 adultos mayores
en Chile son jefes/as de hogar. No obstante, al distinguir por sexo, sí hay
cambios, pues las mujeres incrementaron su representación dentro de los
adultos mayores jefes/as de hogar desde un 34,4% en 1990 a un 42,6% en
2013 (proporción 7 puntos más alta que entre las y los adultos de 25 a 59
años), disminuyendo, en consecuencia, la representación de los hombres de
un 65,6% a un 57,4% en el mismo periodo (ver Gráfico 5.2).

Por otra parte, al examinar la tipología de hogar, se observa que la


jefatura femenina entre los mayores de 60 años se concentra en hogares
monoparentales, representando un 40,8% en 2013, mientras que la
jefatura masculina tiende a darse en hogares biparentales, en un 78,7%
para el mismo año. Aun así, existe una tendencia al alza de los hogares
unipersonales en hombres (de 7,9% en 1990 a 11,4% en 2013) y mujeres (de
25,7% en 1990 a 34,2% en 2013) mayores de 60 años que, en su totalidad,
han aumentado en un 50%.

327
5. VEJEZ

Adicionalmente, como se observa en el Gráfico 5.3, más de un tercio de las


mujeres figura como esposa o pareja del jefe de hogar a lo largo del periodo
en estudio; un 39,6% en 1990 y un 37,7% en 2013. Al mismo tiempo, los
hombres registraron una redistribución sustancial; mientras, apenas un 0,9%
desempeñaba el rol de esposo o pareja en 1990, un 9,6% lo hizo en el 2013.

Lo anterior quiere decir que la mayoría de las y los adultos mayores forma
parte del núcleo principal de los hogares en los que habitan, ya sea como
jefe/a de este o como su pareja, proporción que, de hecho, ha aumentado de
un 83% en 1990 a un 86,4% en 2013. Aun así, como se puede observar en
el Gráfico 5.3., uno de cada diez adultos mayores tiene otro tipo de relación
de parentesco con el jefe/a de hogar, especialmente entre las mujeres (17%
de ellas versus el 8,8% de los hombres), lo que en muchos casos puede
indicar situaciones de dependencia, ya sea económica y/o de cuidados, con
otro núcleo familiar. Desde esta perspectiva, destaca la situación de las y los
adultos mayores que viven con sus hijos/as y eventualmente con sus parejas
(10,9% de las mujeres y 3,2% de los hombres)1.

| GRÁFICO 5.2 | Jefes/as de hogar (60 años o más) por sexo, 1990-2013.

Miles de personas

2.000

1.800

1.600

1.400

1.200 1.006,1
896,0
918,3
1.000
769,9
800
660,1
619,8
600 578,0 557,9 584,6
519,9 543,4

400 701,9 746,2


631,7
499,4
200 339,3 348,2 353,1 406,7
272,6 301,1 325,8

0
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990 - 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres jefes/as de hogar son estadísticamente significativas en todos los años (1%).

COMPOSICIÓN INGRESO TOTAL DEL HOGAR

Los hogares cuyo jefe/a es adulto/a mayor no solo se sustentan en los


beneficios provistos por el sistema de seguridad social y las pensiones
derivadas de los aportes al sistema previsional, sino también en el trabajo
asalariado e independiente, aun habiendo cumplido, en muchos casos, la
edad legal de jubilación.

1 Se requiere de un análisis más detallado de la Encuesta CASEN para saber si en términos


económicos es el/la adulto/a mayor el que depende de otro núcleo o si es el otro núcleo el que
depende del adulto/a mayor.

328
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Al revisar la magnitud y composición del ingreso de los hogares con un jefe/a


adulto/a mayor se develan disparidades a nivel de sexo que son realmente
preocupantes. De acuerdo a lo registrado por la Encuesta CASEN para el
año 2013, el ingreso monetario de los hogares con jefatura masculina de un
adulto mayor es un 35,6% más alto que el que posee un hogar con jefatura
femenina del mismo rango de edad. De este modo, los hogares con un jefe
de hogar hombre perciben más ingresos, tanto autónomos (provenientes del
trabajo y otras fuentes como las pensiones) como por subsidios monetarios,
que los percibidos por aquellos con una jefa de hogar de 60 años o más.
Estas disparidades se observan no solo en términos de magnitud del
ingreso, sino también en el grado de dependencia respecto a la fuente
generadora del mismo.

| GRÁFICO 5.3 | Distribución porcentual de adultos mayores (60 años o más),


según parentesco con el jefe/a hogar, por sexo, 1990 y 2013.

1,3% 1,4% 0,6% 0,5%


100%
4,2% 5,5% 5,1%
7,2%
90% 4,5% 3,2%
0,9% 10,9% 9,6%
14,2%
80%

70%
37,8%
60%
39,6%
50%
89,0%
40% 81,7%

30%

20% 45,3%
37,7%
10%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres
1990 2013

Jefe/a de hogar Esposo/a o pareja Padre, madre o suegro/a Otro Familiar No Familiar

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990 y 2013.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en 1990 en las categorías Jefe/a de hogar (1%), Esposo/a o
pareja (1%), Padre, madre o suegro/a (1%) y Otro familiar (1%); en el 2013, las diferencias son estadísticamente significativas en las categorías Jefe/a de hogar (1%),
Esposo/a o pareja (1%), Padre, madre o suegro/a (1%) y Otro familiar (5%).

Tal como se aprecia en el Gráfico 5.4, entre 1990 y 2013, la proporción


de ingresos provenientes del trabajo es mayoritaria entre los hogares con
jefatura masculina, representando el 40,4% de los ingresos totales el año
2013. Mientras que en los hogares con jefatura femenina son mayoritarios
los “otros ingresos autónomos”, que el año 2013 significaron el 31,8% de los
ingresos totales de estos hogares (principalmente pensiones contributivas
y de sobrevivencia). En ambos tipos de hogares, los subsidios monetarios
representan alrededor de un 10% del total de ingresos, los que se sustentan,
mayoritariamente, en la Pensión Básica Solidaria (PBS).

En el año 2013, por ejemplo, el ingreso promedio proveniente del trabajo


para hogares con una jefa de hogar fue de $283.780, mientras que aquellos
con un jefe de hogar tienen un ingreso del trabajo promedio de $436.880, es
decir, un 54% mayor. Desagregando este monto, en el caso de las mujeres,
un 72,8% corresponde a ingresos obtenidos en condición de asalariada,
mientras que, en el caso de los hombres, esta fuente corresponde a un

329
5. VEJEZ

66,7%. Asimismo, el ingreso por trabajo independiente representa un 17,7%


y 23,6%, para mujeres y hombres, respectivamente.

Al momento de descomponer los otros ingresos autónomos del hogar,


también es posible observar diferencias significativas entre un sexo y otro.
En promedio para el año 2013, el ingreso por este ítem fue de $185.885
para hogares con jefatura femenina de 60 años o más, y $202.354 para
los hogares con jefatura masculina, esto es, un 8,9% superior. La principal
fuente de este ingreso, en tanto, son las pensiones de vejez, representando
un 44,2% para el caso de las mujeres, y un 77,1% para los hombres. Las
pensiones de viudez o montepíos tienen especial preponderancia para
las jefas de hogar, pues constituyen, en promedio, el 27,2% de los otros
ingresos autónomos (vs el 1,8% que representan en los hogares con jefatura
de hogar masculina).

En lo que respecta a la composición de los subsidios monetarios


percibidos, tanto para hogares con jefatura femenina como masculina, los
ingresos derivados de las pensiones básicas solidarias son determinantes,
representando un 69,6% y 67% respectivamente en 2013. Cabe destacar
que las transferencias del Estado, como proporción del total de ingresos,
experimentó un importante incremento entre 2006 y 2009, de 7,1% a 9,9%,
lo que sería posible explicar, en parte, por la Reforma Previsional de 2008 y
la consecuente ampliación del pilar solidario.

| GRÁFICO 5.4 | Distribución porcentual del ingreso total del hogar, según tipo de ingreso,
por sexo del jefe de hogar (60 años o más), 1990-2013.

15,2% 11,9% 14,2% 10,8% 15,5% 11,4% 15,0% 10,7% 13,7% 10,6% 13,0% 10,3% 13,9% 10,4% 12,8% 10,2% 13,3% 10,1% 13,9% 10,5% 29,1% 22,4%
100%
90% 1,9% 2,9% 2,9% 4,1% 5,3% 4,1% 7,0%
3,3% 4,3% 6,0% 11,8% 10,6%
2,4% 3,3% 5,1% 5,3% 6,1% 7,2% 11,5%
80% 10,4%
10,3%
70% 40,8% 39,6%
37,4% 43,3% 47,7% 9,3%
38,6% 39,2% 38,8% 45,3% 49,7% 34,6% 31,9% 32,8%
60% 44,9% 40,6% 44,3% 43,9% 42,9% 38,4%
36,8%
26,9%
50% 31,8%
40%
30%
20%
10% 37,5% 45,7% 38,2% 47,7% 37,2% 46,5% 37,0% 46,4% 35,7% 46,7% 33,0% 42,3% 32,4% 42,8% 40,5% 48,2% 38,4% 46,2% 37,3% 46,1% 29,8% 40,4%

0
Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

Mujeres

Hombres

1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Ingreso del Trabajo Otro Ingreso Autónomo Subsidios Monetarios Alquiler Imputado

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990 - 2013.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en 1990 para los Ingresos del trabajo (1%), Otro
ingreso autónomo (1%), Subsidios monetarios (5%) y Alquiler imputado (1%); en 1992, en los Ingresos del trabajo (1%), Otro ingreso autónomo (1%), Subsidios
monetarios (10%) y Alquiler imputado (1%); en 1994, en los Ingresos del trabajo (1%), Otro ingreso autónomo (1%), Subsidios monetarios (5%) y Alquiler
imputado (1%); en 1996, en los Ingresos del trabajo (1%), Otro ingreso autónomo (1%), Subsidios monetarios (1%) y Alquiler imputado (1%); en 1998, en los
Ingresos del trabajo (1%), Otro ingreso autónomo (1%) y Alquiler imputado (1%); en 2000, en los Ingresos del trabajo (1%), Otro ingreso autónomo (1%) y Alquiler
imputado (1%); en 2003, en los Ingresos del trabajo (1%), Otro ingreso autónomo (1%) y Alquiler imputado (1%); en 2006, en los Ingresos del trabajo (1%), Otro
ingreso autónomo (1%) y Alquiler imputado (1%); en 2009, en los Ingresos del trabajo (1%), Otro ingreso autónomo (1%) y Alquiler imputado (1%); en 2011, en
los Ingresos del trabajo (1%), Otro ingreso autónomo (1%) y Alquiler imputado (1%); y en 2013, en los Ingresos del trabajo (1%), Otro ingreso autónomo (1%), en
Subsidios monetarios (1%) y Alquiler imputado (1%).
Más detalles sobre las categorías de ingresos en el anexo metodológico. En el año 2003, dentro de las variables construidas por CASEN, no existe la de
“ingreso del trabajo”, por lo que se utilizó como proxy la del ingreso de la ocupación principal en el hogar.

330
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

5.3. Escolaridad

Como señala UNESCO (2010), “la marginación educativa es una modalidad


de desventaja aguda y persistente, arraigada en desigualdades sociales
subyacentes”. El analfabetismo o la baja escolaridad promedio, por tanto, no
son más que una manifestación latente de la exclusión que aún sobreviene a
las y los adultos mayores del Chile actual.

Asimismo, la UNESCO enfatiza que “la falta de instrucción limita las


opciones, al restringir la influencia de la persona en las decisiones que
afectan a su propia vida. Los que carecen de competencias básicas en
materia de lectura, escritura y aritmética corren más riesgos de verse
afectados por la pobreza, la inseguridad laboral y la enfermedad. A su vez, la
pobreza y la enfermedad refuerzan la marginación en la enseñanza”.

Como se evidencia en el Gráfico 5.5, si en 1990 la tasa de analfabetismo


promedio entre las y los adultos mayores en Chile era de 15,8% (16,4%
entre las mujeres y 15% entre los hombres), en 2013 esta ha alcanzado un
9,3% (9,7% en mujeres y 8,9% en hombres). En efecto, Chile muestra una
evolución positiva en la tasa de alfabetización de adultos mayores, pero aun
así este grupo etario es el que presenta las tasas de analfabetismo más altas
de la población (versus el 2,7% de la población de 25 a 59 años). Al mismo
tiempo, a diferencia de la población adulta entre 25 y 59 años, donde las
mujeres tienen menos analfabetismo que los hombres, la brecha por sexo
no ha desaparecido entre los adultos mayores, persistiendo las desventajas
significativas que desde 1990 han afectado a las mujeres.

Las desventajas de los adultos mayores en esta materia se acentúan


en zonas rurales donde, por ejemplo, la proporción de analfabetismo es
poco más que el triple en relación a las zonas urbanas (23,7% y 6,8%
respectivamente). Como se muestra en el Gráfico 5.6, pese a que han
disminuido en el tiempo, las diferencias de género prevalecen en desmedro
de la población femenina, tanto en zonas rurales como urbanas.

| GRÁFICO 5.5 | Tasa de analfabetismo en adultos mayores (60 años o más), por sexo, 1990-2013.

45%

40%

35%

30%

25%

16,4% 16,7% 16,7%


20% 14,0% 15,6%
15,0% 13,8% 14,2% 14,0% 14,3%
13,1% 13,1%
12,2% 11,6%
15% 12,0% 12,0% 11,2% 10,6%
9,7% 9,7%
8,8% 8,9%
10%

5%

0%
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990 - 2013.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en 1990 (5%), 1992 (1%), 1994 (1%), 1996 (1%), 1998 (1%),
2000 (1%), 2003 (1%), 2006 (1%), 2009 (1%), 2011 (1%) y 2013 (5%).

331
5. VEJEZ

| GRÁFICO 5.6 | Tasa de analfabetismo en adultos mayores (60 años o más),


según zona de residencia, por sexo, 1990, 2000 y 2013.

45%
39,1%
40%
35,9% 34,9%
35%
31,1%
30%
24,2%
25% 23,0%

20%

15% 12,1%
9,2% 9,6%
10% 7,1% 7,4%
5,8%
5%

0%
Urbana Rural Urbana Rural Urbana Rural

1990 2000 2013

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990 - 2013.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en 1990 en zonas urbanas (1%) y rurales (10%); en 2000,
en zonas urbanas (1%) y rurales (1%); y en 2013, en zonas urbanas (5%) y rurales (5%).

Aunque hay algunos avances en términos de escolaridad promedio de


la población adulta mayor, estos son limitados, pues 25 años atrás, los
adultos mayores ya eran adultos, con edad superior a aquella en la que
generalmente se cursan estudios. En 1990 apenas alcanzaban los 6 años
de escolaridad promedio (5,8 en mujeres y 6,3 en los hombres), en tanto
que, en 2013, escasamente aumenta a los 7,6 años (7,4 entre las mujeres y 8
entre los hombres).

Las diferencias de escolaridad entre niveles socioeconómicos, aunque han


disminuido levemente en las últimas décadas, siguen siendo significativos.
Si en 1990 las y los adultos mayores del primer decil de ingresos tenían en
promedio un 32% de los años de escolaridad que las del décimo (3,6 y 11,2
años respectivamente), en el 2013 esta proporción ascendió a un 38,5% (5,4
y 13,9 años para los mismos periodos). Esta brecha ha disminuido en mayor
medida entre las mujeres (pasando del 31,2% en 1990 al 40,7% en 2013),
que entre los hombres (33,3% y 36,3%, respectivamente).

En suma, como se desprende del Gráfico 5.7, la tendencia general


para cada decil y año en cuestión, es que los hombres adultos mayores
presentan una escolaridad promedio ligeramente superior a las mujeres.

Analizando desde la perspectiva del último nivel de escolaridad alcanzado,


según muestra el Gráfico 5.8, entre las y los adultos mayores de
nuestro país, la mayor parte de esta población solo ha alcanzado como
máximo, la Educación Básica (57,2% y 53,5%, de las mujeres y hombres,
respectivamente), lo que incluye a quienes completaron dicho nivel,
pero también a quienes no lo hicieron o no tuvieron educación formal.
Además, como se pudo ver en capítulos previos, esto es diferente a lo
observado entre la población adulta, donde la mayoría ha alcanzado el
nivel de Educación Media, y entre la población joven, donde, de acuerdo

332
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 5.7 | Años de escolaridad promedio en adultos mayores (60 años o más),
según decil de ingreso autónomo, por sexo, 1990 y 2013.

5.7.1 Años de escolaridad promedio en adultos mayores (60 años o más), según decil de ingreso autónomo, por sexo, 1990.

Años

16

14
11,9
12
10,6
10
8,6
8,2
8 7,5
6,7
6 5,5 5,6
5,0
4,5 4,4 4,6 4,5 4,7
4,0 4,2 4,2 3,9
4 3,3 3,6

0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

I II III IV V VI VII VIII IX X

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 1990.


Nota: Las diferencias en los años de escolaridad promedio entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en los deciles I (5%), II (1%), VIII (1%) y
X (1%).

5.7.2 Años de escolaridad promedio en adultos mayores (60 años o más), según decil de ingreso autónomo, por sexo, 2013.

Años

16
14,9
14
13,0

12 11,3
10,9
10 9,0
8,9
8,3
8 7,4 7,3 7,6
6,4 6,7 6,6 6,7
6,2 6,1
6 5,4 5,8
5,3 5,2

0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

I II III IV V VI VII VIII IX X

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 2013.


Nota: Las diferencias en los años de escolaridad promedio entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en los deciles II (1%), IV (5%), V (1%), VI
(1%), VII (1%), IX (5%) y X (1%).

333
5. VEJEZ

a la Encuesta CASEN 2013, actualmente casi la mitad de la población ha


alcanzado niveles de Educación Superior (45%).

Ahora bien, tras analizar el nivel de instrucción según zona de residencia,


las disparidades se profundizan. De acuerdo al Gráfico 5.9, el 84,5% de las
mujeres que vive en zona rural tiene como máximo nivel de instrucción la
Educación Básica (el 83,3% de los hombres está en esta situación), mientras
que en la zona urbana este porcentaje decae a 53,1% (a 47,2% en el caso
de los hombres). Por lo tanto, y a pesar que las adultas mayores que habitan
zonas urbanas presentan una situación ventajosa respecto a sus pares
de zonas rurales, el año 2013 las primeras enfrentaron brechas de género
significativas si se considera el máximo nivel educacional alcanzado, que las
mujeres de las zonas rurales no enfrentan.

| GRÁFICO 5.8 | Adultos mayores (60 años o más) según último nivel educacional alcanzado, por sexo, 2013.

Miles de personas

900
809,9
800

700

600 569,0

500 446,3

400
332,0
300

200
127,7 117,1 120,6
86,0 83,8
100 71,3
42,7 27,9 11,2 16,3
0
Sin educación Básica Media CH Media TP Técnico Profesional Postgrado
formal Profesional

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 2013.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en los niveles Sin educación formal (1%), Básica (1%),
Media TP (1%), Técnico profesional (10%), Profesional (1%) y Postgrado (1%).
El último nivel educacional alcanzado comprende tanto a quienes lo completaron, como a aquellos que no lo hicieron.

Si se examina la situación educacional en relación al estrato socioeconómico,


es posible distinguir que, para cada uno de los ocho primeros deciles de
ingreso, la mayor proporción de las y los adultos mayores solo habría cursado
como máximo el Educación Básica, más aun, en los seis primeros deciles,
más de la mitad de la población se concentra en dicho nivel (ver Gráfico 5.10).

Para el noveno y décimo decil, en cambio, la población se redistribuye,


concentrándose en Educación Media Científico Humanista y Profesional,
respectivamente. En términos de género, las principales brechas se dan
en los tramos superiores de ingreso. A modo de ejemplo, una mujer del
noveno decil tiene más posibilidades que un hombre de haber cursado un
nivel Técnico Profesional (11,5 versus 5,5), a la vez que un hombre tiene más
posibilidades de haber alcanzado un nivel Profesional (26,6 versus 16,7).

334
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 5.9 | Distribución porcentual de los adultos mayores (60 año o más), según último
nivel educacional alcanzado y zona de residencia, por sexo, 2013.

100%
90%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10%
0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres
Urbana Rural

Postgrado 0,8% 1,6% 0,2% 0,2%

Profesional 7,9% 11,4% 2,1% 2,5%

Técnico Profesional 2,9% 2,6% 0,8% 0,9%

Media TP 5,6% 6,6% 2,2% 2,3%

Media CH 29,8% 30,7% 10,2% 10,8%

Básica 46,8% 42,0% 66,8% 67,4%

Sin educación formal 6,3% 5,1% 17,7% 15,9%

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 2013.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en el nivel Sin educación formal, en las zonas urbana (1%)
y rural (5%); en Básica, en la zona urbana (1%); en Media TP, en la zona urbana (1%); en el nivel Profesional, en la zona urbana (1%); y en Postgrado, en la zona
urbana (1%).
El último nivel educacional alcanzado comprende tanto a quienes lo completaron, como a aquellos que no lo hicieron.

335
5. VEJEZ

| GRÁFICO 5.10 | Distribución porcentual de adultos mayores (60 años o más), según
último nivel educacional alcanzado y decil de ingreso autónomo, por sexo, 2013.

100%
90%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10%
0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres

I II III IV V VI VII VIII IX X

Postgrado 0,0% 0,1% 0,1% 0,2% 0,0% 0,0% 0,0% 0,0% 0,1% 0,2% 0,1% 0,2% 0,3% 0,3% 0,4% 0,6% 1,5% 2,1% 6,8% 13,0%

Profesional 1,0% 1,5% 1,5% 2,5% 5,0% 1,8% 3,5% 2,0% 2,4% 4,6% 2,8% 4,9% 3,9% 6,6% 13,1% 12,8% 16.7% 26,6% 33,9% 48,3%

Técnico
profesional 0,6% 0,5% 0,5% 0,6% 0,4% 0,9% 1,1% 0,8% 0,9% 1,0% 1,3% 2,1% 2,4% 3,7% 4,4% 4,3% 11,5% 5,5% 6,3% 4,9%

Media TP 1,8% 3,1% 1,9% 2,2% 3,6% 3,9% 5,2% 4,8% 3,4% 6,8% 4,9% 5,5% 8,8% 10,7% 7,0% 8,4% 9,5% 8,7% 6,6% 4,6%

Media CH 21,1% 19,6% 18,7% 21,3% 21,5% 23,2% 27,1% 28,1% 29,4% 34,0% 27,6% 30,9% 29,1% 31,8% 32,1% 30,1% 34,4% 32,0% 34,7% 19,0%

Básica 61,7% 62,3% 62,7% 62,0% 59,7% 59,1% 53,5% 54,4% 56,0% 47,1% 56,4% 50,0% 50,4% 42,9% 39,1% 40,4% 25,0% 23,2% 10,4% 10,0%

Sin educación 5,1%


13,8% 13,0% 14,7% 11,2% 9,8% 11,1% 9,6% 9,9% 7,9% 6,2% 6,9% 6,4% 3,9% 3,9% 3,4% 1,4% 1,9% 1,3% 0,2%
formal

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 2013.


Notas: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en el nivel Sin educación formal, en los deciles II, X (1%) y
V (10%); en Básica, en los deciles V, VI y VII (1%); en Media CH, en los deciles V, X (1%); II, VI (5%); y VII (10%); en Media TP, en los deciles I, V (1%); VII y X (10%); en
el nivel Técnico Profesional, en los deciles IX (1%); VII (5%), III y VI (10%); en el nivel Profesional, en los deciles III, IV, V, VI, VII, IX, X (1%) y II (5%); y en Postgrado, en
los deciles X (1%) y I (10%).
El último nivel educacional alcanzado comprende tanto a quienes lo completaron, como a aquellos que no lo hicieron.

5.4. Participación en el Mercado del Trabajo


En Chile, la edad legal de jubilación para las mujeres es de 60 años y para
los hombres, de 65. Al cumplir dicha edad no es obligatorio el retiro, de
hecho, en la práctica, el año 2014 las mujeres se pensionaron en promedio
a los 61 años y los hombres a los 65, y hace cinco años lo hicieron en
promedio a los 63 y 64, respectivamente (Superintendencia de Pensiones,
2015). Es decir, aunque ha disminuido la edad promedio de jubilación de las
mujeres, estas tienden a pensionarse más tarde de lo estipulado legalmente.
Incluso, si se considera la edad de retiro del mercado laboral, más allá de
si luego de eso se obtienen una pensión o no, en el caso de las mujeres
alcanza a los 67 años en promedio, es decir, 7 años más (siendo el quinto
país, entre los 34 países de la OCDE, con mayor edad de retiro laboral
efectivo promedio entre las mujeres); y en el caso de los hombres a los 68,4
años, es decir, 3,4 años más en promedio (OCDE, 2015b).

Por lo tanto, al observar el tramo etario sobre los 60 años, en el caso de


las mujeres es más probable encontrarse con que están fuera del mercado

336
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

laboral no solo por las razones habituales (apego a valores conservadores,


falta de educación/capital humano, etc.), sino además porque se encuentra
disponible la posibilidad de jubilar por vejez. En cambio, en el caso de
los hombres, entre los 60 y los 65 años, todavía esa posibilidad no está
disponible, por lo que se espera que exista una inserción laboral mayor,
como se verá a continuación.

En términos de participación en el mercado del trabajo, entre las y los


adultos mayores se constata que, para el año 2014, 2 de cada 10 mujeres de
60 años o más se encuentra dentro de la fuerza laboral, a diferencia de sus
pares hombres, quienes participan 5 de cada 10 (ver Gráfico 5.11).

Si se observa la trayectoria, la participación laboral femenina de los adultos


mayores más que se duplicó en esta última década y media, pasando desde
un 8,9% en 1990 a un 20,4% en el 2014. En cambio, sus pares hombres
crecieron un cuarto, desde 40,6% a 49,8%, en el mismo periodo. Como se
aprecia en el Gráfico 5.12, a lo largo del periodo en estudio la participación
laboral de las mujeres ha sido permanentemente inferior a la de los hombres,
en alrededor de 30 puntos porcentuales. A partir del año 2002, se observa
un incremento sostenido en la participación para ambos sexos, pero
conservando la brecha.

Al desagregar la participación laboral de la población adulta mayor según


tramos de edad, se observa que, tanto en mujeres como hombres, esta
va declinando a medida que aumenta la edad, tal como se observa en
el Gráfico 5.13. En 1990, la participación de las mujeres representó
aproximadamente un cuarto que la exhibida por los hombres en todos
los tramos de edad, excepto para el último tramo etario (80 o más),
donde la tasa cae a un séptimo. Para el 2014, esta diferencia decrece
aproximadamente a la mitad, para todos los tramos etarios. Asimismo, para
este año, se verifica que dentro de las mujeres que participan en el mercado
laboral habiendo cumplido la edad legal de jubilación, un 48,2% tienen 65
años o más, inclusive, casi la mitad de ellas tiene más de 70 años.

337
5. VEJEZ

| GRÁFICO 5.11 | Adultos mayores (60 años o más) según condición de actividad, por sexo, 1990-2014.

Miles de personas

1.800
6 10
10
1.600 333
8 302
7 284 18 26
6
1400 5
183 227 263 19
3 21
176 644 671
2 3 160 21 20
1.200 1 3
134 147 12
1 10 686
113 126 474
1 94 12 12 460 587
1.000 2
96 12
12
529
1 95 12 419
1 1 1 1 1 382
1 91 14 12 392
0,4 83 88
800 0,2 1
76 92 91 89 84
8 8 7 14
67 6 6 327
64 5 297 313
0,5 7 352
600 242 294
237 5 281 283 282 295 284
285 274
400 270

200

0
Hombres
Mujeres

Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
Mujeres
Hombres
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Inactivos/as Ocupados/as Desocupados/as

Fuente: Elaboración propia en base a ENE y NENE, 1990-2014.

| GRÁFICO 5.12 | Tasa de participación laboral de adultos mayores (60 años o más), por sexo, 1990-2014.

100%

90%

80%

70%

60%
48,5 48,6 49,8
50% 45,9 47,7
42,1 43,6 42,3 41,8 42,0
40,2 40,0 41,2 39,6 40,3 38,8 40,2 40,7
39,3 38,5 37,9 37,6
40% 37,0 36,7 36,7

30%
18,7 18,9 20,4
16,0 18,1
20% 12,8 13,4 13,4
11,5 11,0 11,4 12,3
8,9 8,8 9,6 11,0 10,5 10,1 9,5 10,0 10,1 9,9 9,5 8,9 10,1
10%

0%
1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Fuente: Elaboración propia en base a ENE y NENE, 1990-2014.

338
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 5.13 | Tasa de participación laboral de adultos mayores (60 años o más),
según tramo de edad, por sexo, 1990 y 2014.

5.13.1 Tasa de participación laboral de adultos mayores (60 años o más), según tramo de edad, por sexo, 1990.

100%

90%

80%

70% 64,5

60%

50% 44,0

40%

30% 24,7

20% 15,4 16,8


9,7 9,7
10% 5,9
3,9
1,3
0%
60 - 64 años 65 - 69 años 70 - 74 años 75 - 79 años 80 años o más

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a ENE, 1990.

5.13.2 Tasa de participación laboral de adultos mayores (60 años o más), según tramo de edad, por sexo, 2014.

100%

90%
82,5
80%

70%
56,5
60%

50%
39,2 38,0
40%

30% 24,3
20,7
20% 14,7
9,0 9,9
10%
2,2
0%
60 - 64 años 65 - 69 años 70 - 74 años 75 - 79 años 80 años o más

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.

339
5. VEJEZ

| GRÁFICO 5.14 | Tasa de participación laboral de adultos mayores (60 años o más),
según decil de ingresos, por sexo, 1990 y 2014.

5.14.1 Tasa de participación laboral de adultos mayores (60 años o más), según decil de ingresos, por sexo, 1990.

100%

90%

80%

70%

60% 54,4 54,4


47,3
50% 43,7 43,2
41,9 41,7 40,7
37,6
40% 35,0

30%
22,2
20%
10,6 11,6 10,3
6,4 8,4
10% 4,0 5,9 4,4 5,2

0%
I II III IV V VI VII VIII IX X

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a ENE y ESI, 1990.

5.14.2 Tasa de participación laboral de adultos mayores (60 años o más), según decil de ingresos, por sexo, 2014.

100%

90%

80%
69,2
70%
59,7
58,5
60% 52,6
52,3
48,1
50% 44,3
41,2 40,8
38,0
40% 34,7

30% 27,1
23,6
21,0
15,9 16,2 16,7
20% 14,1 15,7
13,2

10%

0%
I II III IV V VI VII VIII IX X

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a NENE y NESI, 2014.

340
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

En relación a la tasa de participación laboral por decil de ingreso, como


se muestra en el Gráfico 5.14, al inicio de la década de los noventa se
observa una pronunciada brecha entre mujeres y hombres de los estratos
socioeconómicos más vulnerables, la cual se suaviza, pero persiste hacia
el 2014, tanto por un aumento de la participación femenina, como por una
disminución de la masculina. En 1990, por ejemplo, los hombres mayores del
primer decil tenían una participación 13 veces superior a la de las mujeres
(54,4% versus 4%), en tanto, en 2014, esta se redujo a 2,8 veces (44,3%
versus 15,9%).

Examinando la relación entre nivel educacional e inserción laboral de


la población de 60 años o más entre 1990 y 2014, es posible notar, al
igual que en las otras etapas de la vida, que, a mayor nivel educacional,
mayor participación laboral, y también se observa que las mujeres han
incrementado su participación para todos los niveles de instrucción
considerados. Los principales aumentos se produjeron para aquellas con
Educación Técnica, seguidas por las que cursaron Educación Básica y las
que no tuvieron educación formal. En el primer caso, se triplica la tasa, y en
los dos siguientes, se duplica (ver Gráfico 5.15).

Pese a todo, los hombres en la vejez presentan una mayor participación


laboral, independiente del nivel educacional alcanzado. Sin embargo, en
términos generales, la brecha de participación entre mujeres y hombres se
reduce a medida que aumenta el nivel educacional entre un período y otro,
para todos los niveles educacionales; la caída más notoria de la brecha se
produce en la población sin educación formal, que decae de 8,2 veces a 2,8
veces.

La tasa de ocupación en los adultos mayores, en tanto, presenta variaciones


significativas, para mujeres y hombres, a lo largo del periodo 1990-2014. Si
a inicios de los noventa, las adultas mayores exhibían una tasa de ocupación
del 8,9%, al 2014 la duplicaron, alcanzando un 19,8%. Sus pares hombres,
por otra parte, pasaron de un 39,7% a un 48%. La brecha entre ellos, sin
embargo, apenas decayó en 2,6 puntos porcentuales.

Frente a este incremento de la población mayor en el mercado laboral, se


hace necesario conocer en qué categoría de empleo se están ocupando
mujeres y hombres. Como expresa el Gráfico 5.16, en el 2014, casi la mitad
de las mujeres ocupadas (43,2%) se desempeña como trabajadora por cuenta
propia. A su vez, los hombres, aunque en menor proporción que las mujeres,
también desarrollan principalmente trabajos de tipo independiente (36%)

341
5. VEJEZ

| GRÁFICO 5.15 | Tasa de participación laboral de adultos mayores (60 años o más),
según nivel educacional, por sexo, 1990 y 2014.

5.15.1 Tasa de participación laboral de adultos mayores (60 años o más), según nivel educacional, por sexo, 1990.

100%

90%

80%

70%

60%
51,8
50%
40,2 40,4 38,9
40%
29,6
30% 23,1

20%
11,9
8,3 7,6
10% 4,9

0%
Nunca estudió Educación Educación Educación Educación
Básica Media Técnica Universitaria

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a ENE, 1990.


Nota: En cada nivel educacional se incluye a mujeres y hombres que han alcanzado ese nivel de estudios de modo incompleto y completo.

5.15.2 Tasa de participación laboral de adultos mayores (60 años o más), según nivel educacional, por sexo, 2014.

100%

90%

80%
69,4
70%
61,9
59,9
60%
53,1 51,6
50% 47,4 46,8
43,7

40%
30,3
28,2
30% 25,0
22,8
18,3
20%
10,8
10%

0%
Nunca estudió Educación Educación Educación Educación Postítulos Doctorado
Básica Media Técnica Universitaria y Maestrías

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.


Nota: En cada nivel educacional se incluye a mujeres y hombres que han alcanzado ese nivel de estudios de modo incompleto y completo.

342
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

La proporción de esta condición ocupacional es tremendamente alta si se


compara con la presentada por las y los adultos entre 25 y 59 años: 19,5% en
las mujeres y 18,2% en los hombres (como se dijo, en este tramo etario son
mayoritariamente Asalariados/as del Sector Privado 50,9% y 66,3%, mujeres
y hombres, respectivamente), por lo que se evidencia que las y los adultos
mayores de 60 años estarían accediendo a empleos con alta probabilidad de
precariedad y desprotección. Si agregamos la proporción que se desempeña
como Personal de Servicio Doméstico, la situación de las mujeres mayores se
torna aún más desventajosa, pues un 14,8% de estas trabaja en esta categoría
(versus un 9,9% de las mujeres entre 25 y 59 años), mientras en los hombres
mayores, no es más que un 0,5%.

Al examinar a los Asalariados/as del Sector Público en 2014, se verifica


una notoria reducción en la participación que experimentan las mujeres de
60 años o más en relación a la de 25 a 59 años. Mientras un 15,7% de las
mujeres adultas de 25 a 59 años se desempeña como tal, solo un 7,4% de
las mujeres mayores lo hizo. Lo anterior, podría dar cuenta de un sector cuya
edad de jubilación efectiva es más cercana a la legal. Los hombres, en tanto,
registran una participación de 9,2% cuando son adultos y de 8,4% cuando
son adultos mayores.

Asimismo, cabe destacar que en relación a los ocupados que se desempeñan


como empleadores, la proporción de mujeres y hombres mayores de 60
años duplica a la de adultos entre 25 y 59 años; 5,4% y 9,4% para mujeres
y hombres mayores, versus. Igualmente, para ambos grupos etarios, la
concentración de mujeres en esta categoría es la mitad que la de los hombres2.

2 Si se considera la categoría de empleo de los hombres de 65 años y más, es decir, que ya se


encuentran en edad de jubilación, observamos la siguiente distribución porcentual: Empleador
(11%), Trabajo por cuenta propia (42,8%), Asalariado del Sector Privado (37%), Asalariado del
Sector Público (6,8%), Servicio Doméstico (0,2%), Familiar o Personal no Remunerado (2,2%).

343
5. VEJEZ

| GRÁFICO 5.16 | Distribución porcentual de los adultos mayores (60 años o más),
según categoría ocupacional, por sexo, 2014.

100%

90%

80%

70%

60%

50%

40%

30%

20%

10%

0%

Mujeres Hombres

Familiar o Persona no
Remunerado 4,6% 1,5%

Personal de servicio
Doméstico Puertas Adentro 2,7% 0,3%

Personal de servicio 12,2%


Doméstico Puertas Afuera
0,2%

Asalariado Sector Público 7,4% 8,4%

Asalariado Sector Privado 24,5% 44,2%

Cuenta propia 43,2% 36,0%

Empleador 5,4% 9,4%

Fuente: Elaboración propia en base a NENE, 2014.


Nota: Las diferencias en las proporciones entre hombres y mujeres son estadísticamente significativas en todas las categorías ocupacionales (1%).

En el Gráfico 5.17, se muestra el ingreso medio por hora de los adultos


mayores ocupados dependientes. Al observar, es posible constatar que,
entre 1990 y 2014, las mujeres tendieron a percibir ingresos menores a
los de los hombres, sin embargo, la brecha entre ellos se fue acortando
paulatinamente, transitando de un -27,1%% a -11,7%%.

344
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| GRÁFICO 5.17 | Ingreso medio por hora de la actividad principal de trabajadores


dependientes (60 años o más), por sexo y brecha salarial de género, 1990-2013.

Pesos por hora a


octubre del año 2014

4.000 60%

3.500 35,7% 40%

3.000
20%

2.500
-3,8% -3,2% -1,7% 0
-6,4% -9,1% -8,5%
2.000 -14,3%
-7,7% -11,7%
-13,2% -14,6%
-21,4% -19,2% -17,6% -20%
-27,1%
1.500 -31,4%
-35,4% -28,3% -28,1%
-38,1%
-37,9% -40%
1.000 -41,7%

-56,0% -60%
500

0 -80%
1990

1991

1992

1993

1995

1996

1997

1998

1999

2000

2001

2002

2003

2004

2005

2006

2007

2008

2009

2010

2011

2012

2013

2014
Mujeres Hombres % de Brecha

Fuente: Elaboración propia en base a ESI y NESI, 1990-2014.


Nota: Las diferencias en los ingresos medios entre hombres y mujeres trabajadores dependientes son estadísticamente significativas en todos los años (1%).

5.5 Sistema Previsional3

En Chile, existen en 2014 un total de 1.182.413 pensionados/as por vejez


provenientes del sistema no contributivo y contributivo (ver Recuadro 5.1),
de ellos, 754.475 son mujeres mayores de 60 años (63,8%) y 427.938 son
hombres mayores de 65 años (36,2%). Entre los años 2008 y 2014, han
sido las mujeres quienes han percibido un mayor número de pensiones por
vejez, sean estas contributivas o no contributivas. En 2008, un 21,1% de
las mujeres adultas mayores (60 años y más) se beneficiaron con la recién
incorporada Pensión Básica Solidaria de Vejez, en tanto, un 18,8% de los
hombres (de 65 años y más) lo hizo. Por otra parte, un 26,8% de las mujeres
mayores habría recibido una pensión proveniente del pilar contributivo, frente
a un 36,2% de los hombres. Para el 2014, el panorama no sufrió mayor
variación; un 20,3% de las mujeres adultas mayores se benefició del pilar
solidario, versus un 14,4% de los hombres. Mientras que un 32,5 % y 41,2%

de las mujeres mayores de 60 años y hombres mayores de 65, percibieron


una pensión contributiva4.

3 Por disponibilidad de la información, en la presente sección se utilizan datos de la


Superintendencia de Pensiones sobre las pensiones pagadas por vejez a mujeres de 60 años y
más, y hombres de 65 años y más.
4 El diferencial de adultos mayores que no recibe pilar solidario, ni pensión contributiva, es decir,
el 47,2% de las mujeres y el 62,8% de los hombres de 60 años o más, corresponde a personas
que pueden estar recibiendo otro tipo de pensiones, percibiendo ingresos del trabajo o, bien, sin

345
5. VEJEZ

La Reforma Previsional del 2008 trajo consigo importantes avances en


términos de equidad de género (ver Recuadro 5.2), principalmente, al
incorporar un gran número de mujeres al sistema de pensiones a través del
pilar solidario. A diciembre de 2014, del total de beneficiarios que recibe una
Pensión Básica Solidaria de Vejez, se verifica que el 72,3% son mujeres. Es
más, dicha proporción se ha incrementado paulatinamente desde el 2008
(68,3%). De igual modo, el año 2014, el 57,9% de los beneficiarios del Aporte
Previsional Solidario de Vejez son mujeres.

RECUADRO 5.1
Pensiones de Vejez5.

En el actual Sistema (o Pilar) Contributivo, es posible distinguir cuatro tipos de


pensiones, dependiendo de la causa por la cual se otorga; Vejez, Vejez Anticipada,
Invalidez y Sobrevivencia. De nuestro interés es la de Vejez, la que, a su vez, tiene
dos posibles fuentes: el Sistema de Capitalización Individual o AFP y el Antiguo
Sistema de Pensiones o Reparto.

En ambos casos, cumplida la edad legal exigida (de ahí que se hable de “vejez”), es
posible ejercer el derecho a pensión.

En el Sistema de Capitalización Individual, cada afiliado/a realiza aportes periódicos


del 10% de su renta imponible que se depositan en una cuenta individual dispuesta
por una Administradora de Fondos de Pensiones (AFP). Una vez allí, las cotizaciones
previsionales se capitalizan a través de las inversiones realizadas con el objeto de
obtener una rentabilidad. Al finalizar la vida activa del trabajador, este capital le es
devuelto en alguna de las modalidades de pensión.

Según señala la Superintendencia de Pensiones, el Sistema de Capitalización


Individual contempla cuatro diferentes modalidades de pensión: Retiro Programado,
Renta Vitalicia Inmediata, Renta Temporal con Renta Vitalicia Diferida y Renta
Vitalicia Inmediata con Retiro Programado.

En la modalidad Retiro Programado, cada AFP paga la pensión de su afiliado/a con


cargo a la Cuenta de Capitalización Individual. El monto de la pensión se reajusta
anualmente en base al saldo de la cuenta, la rentabilidad de los fondos, expectativa
de vida del afiliado/a y la tasa de interés vigente.

La modalidad Renta Vitalicia es un contrato donde una Compañía de Seguros de


Vida se obliga a pagar pensiones al causante y/o a los beneficiarios; en la Renta
Vitalicia Inmediata la compañía se obliga al pago de una renta mensual, fija en UF,
para toda la vida del afiliado/a y fallecido este, a sus beneficiarios/as.

En la Renta Temporal con Renta Vitalicia Diferida, la Compañía de Seguros paga una
renta vitalicia mensual fija y reajustable en UF, a partir de una fecha futura, dejando
en su cuenta individual de la AFP un saldo para una Renta Temporal por el periodo
que va entre la selección de esta modalidad y el inicio del pago de la Renta Vitalicia
Diferida, la cual puede fluctuar entre un 50% y un 100% de la Renta Temporal.
Finalmente, en la modalidad Renta Vitalicia Inmediata con Retiro Programado, se
dividen los fondos que el afiliado/a tiene en su cuenta individual de la AFP y contrata
simultáneamente una Renta Vitalicia Inmediata y una pensión con Retiro Programado.

Para aquellos afiliados al Antiguo Sistema de Pensiones, las pensiones de vejez se


financian con las cotizaciones que realizan los trabajdores/as activos y el Estado,

percibir ingreso alguno.


5 Más detalles del sistema previsional para la vejez en el recuadro 4.10 del capítulo de adultez.

346
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

dinero que es destinado a un fondo común con el cual se financian


las Pensión
La prestaciones.
Básica Solidaria de Vejez es un beneficio monetario financiado por el
Estado, al que pueden acceder mujeres y hombres mayores de 65 años de edad, que
El Sistema
no No Contributivo
tengan derecho (Pilar en
a una pensión Solidario) está previsional
un régimen compuesto(por
por su
dosescasa o nula
grandes beneficios
participación de carácter
en el sistema solidario: la
de pensiones Pensión Básica
contributivo) y queSolidaria
pertenezcan
6
al 60% de
las familias
(PBS, de Vejezmáse pobres,
Invalidez) deyacuerdo
el AportealPrevisional
instrumentoSolidario
técnico (APS,
de focalización vigente.
Vejez e Invalidez).
El Aporte Previsional Solidario de Vejez es un beneficio monetario financiado por el
Estado,
6 Para para quienes
más detalles hayanPrevisional,
sobre la Reforma cotizadorevisar
al Sistema de Pensiones Contributivo y que
Ley N° 20.255.
complementa aquellas pensiones de vejez o sobrevivencia menores a la Pensión
Máxima con Aporte Solidario. Al igual que la Pensión Básica Solidaria de Vejez, está
dirigido a mujeres y hombres mayores de 65 años de edad, que pertenezcan al 60%
de las familias más pobres del país.

| GRÁFICO 5.18 | Pensiones pagadas por vejez (mujeres mayores de 60 años y hombres mayores de 65 años),
según pilar previsional, por sexo, 2008-2014.

Miles de Personas

800

700

600 287,2 288,5 290,6


290,1
287,7
500
278,9
244,8
400
111,1
116,0 112,3
300 119,5 117,9
120,0
113,6
467,5 463,9
452,9
200 393,9 441,2
330,0 301,7 316,9
311,0 245,9 261,6 281,0
218,9 228,9
100

0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres
2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Contributivo No Contributivo

Fuente: Elaboración propia en base a Superintendencia de Pensiones.


Notas: Cifras a diciembre de cada año.

En el Gráfico 5.18 es posible observar la trayectoria que han seguido las pensiones desde la
aplicación de la reforma.

347
5. VEJEZ

| GRÁFICO 5.19 | Distribución porcentual de pensionados por vejez (mujeres mayores de 60 años y hombres
mayores de 65 años), según modalidad del pilar contributivo, por sexo, 2008-2014.

100%

90%
35,4%
43,6% 37,8% 34,9%
80% 41,0% 45,8% 44,1% 44,8%
50,3% 47,3% 47,2%
52,6%
70%
66,1% 62,6%
60% 6,7%
5,8% 8,1%
4,9%
4,3% 5,5%
3,9% 4,7% 6,4%
50% 3,9% 17,7%
3,8% 17,3% 18,5%
3,7% 7,7% 16,0% 8,7% 9,2%
16,6% 10,0%
40% 16,0% 0,8% 1,1% 1,5%
8,2% 1,9%
15,5% 1,1% 1,4% 1,5% 2,4%
3,9% 0,8% 0,9%
3,7% 0,7%
30% 0,7% 8,6%
8,0% 0,8%
20% 1,1% 40,5% 37,1% 39,8%
39,7% 37,7% 38,8% 37,4% 35,7%
34,7%
29,2% 32,2% 34,7%
24,2%
10% 21,1%

0%
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres
2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014

Retiro Programado Renta Temporal Renta Vitalicia Inmediata Renta Vitalicia Diferida Sistema de Reparto

Fuente: Elaboración propia en base a Superintendencia de Pensiones.


Nota: Corresponde al número de pensionados por vejez de la Superintendencia de Pensiones, a diciembre de cada año.

Al centrarnos en el pilar contributivo y las diversas modalidades de jubilación


por vejez que presenta, tal como se aprecia en el Gráfico 5.19, en el periodo
bajo análisis, tanto mujeres como hombres pensionados se concentran
mayoritariamente en el Sistema de Capitalización Individual, destacando la
modalidad de Retiro Programado, que en el 2014 agrupó a 173.581 mujeres y
a 113.158 hombres, representando un 37,4% y 35,7% de las y los pensionados
por el pilar contributivo, respectivamente. El mismo año, las mujeres jubiladas
bajo el Sistema de Reparto son 207.675, representando el 44,8% de las
pensionadas por el pilar contributivo, en tanto, los hombres, ascendieron a
112.071, lo que en términos de representación significa un 35,4%.

En relación al monto promedio de las pensiones percibidas por las y los


adultos mayores, el Gráfico 5.20 nos indica que la modalidad de Renta
Temporal –que es la que presenta la menor tasa de uso: 1,9% de los
afiliados/as en 2014-, proporciona las jubilaciones más cuantiosas (20,7
UF promedio en 2014, esto es, $509.658). En efecto, la Renta Temporal
puede incluso llegar a duplicar la Renta Vitalicia Diferida que se paga
posteriormente. Sin embargo, a esta pensión, acceden aquellos afiliados/as
que han acumulado una suma importante en sus cuentas de capitalización
individual, capaz de sustentar este tipo de pagos.

348
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Ahora bien, son las modalidades de Reparto y Retiro Programado las que
concentran la mayoría de los pensionados/as, y consecuentemente, son
estos montos los que reflejan de una manera más fidedigna la realidad
país: A diciembre del 2014, el valor promedio de las pensiones por vejez
otorgadas bajo Reparto, fue 8,9 UF, esto es, $219.583. Las mujeres, por su
parte, percibieron un promedio de 7,5 UF ($185.885), mientras los hombres
10,3 UF ($253.281), lo que significa que, en promedio, los hombres jubilados
bajo el sistema de Reparto percibirían una pensión 36,3% superior a la de
las mujeres. En la misma fecha, para la modalidad de Retiro Programado, el
valor promedio de la pensión por vejez entregada fue 5,1 UF ($126.337); las
mujeres recibieron un promedio de 4,1 UF ($99.740), apenas superando la
Línea de Pobreza Extrema para un hogar unipersonal7, mientras los hombres
6,2 UF ($152.934), en otras palabras, en promedio, los hombres bajo la
modalidad de Retiro Programado percibirían una pensión un 53,3% a la de
sus pares mujeres.

Con la información provista por la NESI 2014, es posible estudiar a todas


las personas con 60 años o más que reciben una pensión por vejez (más
allá de si es contributiva o no), y analizar los montos de estas pensiones
en comparación con las líneas de pobreza y del salario mínimo para el año
20148. Así, se observa que un 60,8% de los pensionados y pensionadas
recibe un monto inferior a la línea de la pobreza y que el 73,7% percibe una
pensión que se encuentra bajo el límite del salario mínimo líquido. Desde una
perspectiva de género, se observa que las mujeres se encuentran en una
posición desventajosa: un 74,2% de ellas recibe una pensión menor a la línea
de la pobreza (versus el 45,6% de los hombres) y un 84,8% percibe un monto
más bajo que el salario mínimo líquido (versus el 61,2% de los hombres).

7 Según la nueva metodología de medición de pobreza por ingresos, la Línea de Pobreza


Extrema para un hogar compuesto por una persona es $91.274 ($ a noviembre de 2013), lo que
llevado a pesos de diciembre de 2014 es $96.736.
8 Se utiliza como línea de la pobreza urbana el monto definido por el Ministerio de Desarrollo
Social a través de la nueva metodología de definición de pobreza de la Encuesta CASEN 2013,
cuyo valor es $136.911 –en pesos de noviembre del año 2013- para hogares de una persona,
lo que llevado a pesos de octubre de 2014 (para equipararlos con los valores de NESI 2014)
corresponde a $143.335. Por su parte, el límite del Salario Mínimo del año 2014 equivale a
$225.000 pesos brutos ($181.125 líquidos).

349
5. VEJEZ

| GRÁFICO 5.20 | Valor promedio de pensiones de vejez (mujeres mayores de 60 años y hombres mayores de 65
años), según modalidad del pilar contributivo, por sexo y brecha de género, 2008-2014.

UF
30 10%
2,3% 3,6% 5%
25 5,0%
-1,6%
-3,1%
-2,1% 0
-5,5% -4,8% -4,4% -3,3% -2,2%
-4,2%
-2,9% -5%
20 -4,7% -6,1% -10,4%
-12,6% -9,6% -10&
-13,0%
-10,8%
15 -17,5%
-13,0% -12,5% -15%

24,8 25,8 23,8 21,5 21,2 21,3 21,2 -20%


10 21,7 22,4 22,5 20,5 20,2 20,0 20,2 -25,1%
-26,6%
-28,8% -26,5% -27,3% -25%
-33,6% -25,8%
-33,9% -26,9% -27,6%
-30%
5 -34,6% -34,8% 10,5 11,0 11,0 11,7 12,3 11,6 11,9 11,2 14,0 14,0 13,8 13,5 13,0 12,6 9,0 9,4 9,7 9,9 10,1 10,3 10,3
11,0 11,2 10,6 10,6 10,8 10,4 10,6 10,8 13,5 13,7 13,5 14,0 12,6 12,4 6,7 7,0 7,1 7,2 7,3 7,4 7,6 -35%
6,3 6,4 6,9 6,7 6,5 6,2 6,2
5,5 5,2 4,9 4,5 4,3 4,1 4,1
0 -40%
2008
2009
2010
2011
2012
2013
2014

2008
2009
2010
2011
2012
2013
2014

2008
2009
2010
2011
2012
2013
2014

2008
2009
2010
2011
2012
2013
2014

2008
2009
2010
2011
2012
2013
2014
Retiro Programado Renta Temporal Renta Vitalicia Inmediata Renta Vitalicia Diferida Sistema de Reparto

Mujeres Hombres Brecha

Fuente: Elaboración propia en base a Superintendencia de Pensiones.


Notas: Para detalle sobre las modalidades de pensiones, ver Recuadro 5.1.
Brecha calculada como porcentaje del valor promedio de Pensiones de Vejez de los hombres [(m-h)/h].

Estudios recientes realizados al estado actual del Sistema de Capitalización


Individual (AAFP, 2015; Comisión Bravo et al., 2015), reconocen la existencia
de reglas que sitúan a las mujeres en una posición desventajosa frente a
los hombres, haciéndolas recibir, en promedio, pensiones inferiores para
un mismo nivel de ahorro previsional. La más evidente es la ya mencionada
diferencia entre las edades legales de jubilación-65 años para los hombres
y 60 años para las mujeres-lo que deviene en periodos de ahorro más
reducidos en las últimas, al mismo tiempo que deben financiar pensiones
por un tiempo más prolongado como consecuencia de una mayor esperanza
de vida. Conjuntamente, para el cálculo de las pensiones, el sistema utiliza
tablas de mortalidad 9 construidas en base a la expectativa de vida a la
edad de jubilar, lo que, nuevamente, desfavorece a las mujeres. Aun cuando
existen diversas variables que alteran la esperanza de vida entre un individuo
y otro (ingresos, zona de residencia, ocupación, entre otros), el Sistema
omite estas diferencias, utilizando para estas un factor único basado en
promedios, cosa que no ocurre con el sexo del afiliado.

Adicionalmente, subsisten otros factores que inciden en una menor


densidad de las cotizaciones previsionales de las mujeres. A grandes
rasgos, estos se concentran en torno a disparidades en el mercado
laboral (menor participación, ocupación y salarios) y otros asociados a la
distribución de roles y trabajo dentro del hogar durante la etapa de adultez.
Así, y como fue señalado previamente, para compensar la situación descrita,
gran parte de las mujeres posterga su jubilación: en 2014 la edad efectiva
de jubilación de las mujeres supera, en promedio, 7 años la edad legal de
jubilación (OECD, 2015b).

9 A partir de julio de 2010, las Superintendencias de Pensiones y de Valores y Seguros


establecieron el uso de la Tabla RV-2009 para mujeres y hombres en edad de jubilar, la cual
estima que las primeras vivirán, en promedio, hasta los 89,46 años, en tanto los segundos, hasta
los 85,07 años. A partir de julio de 2016, esta será reemplazada por las Tablas de Mortalidad
2014 las cuales proyectan una expectativa de vida de 91,09 años y 85,6 años, para mujeres y
hombres, respectivamente.

350
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

RECUADRO 5.2
Reforma Previsional de 2008 y Equidad de Género.

El proceso reformatorio previsional se inició el año 2006 con la constitución de un


Consejo Asesor para la Reforma Previsional, el cual elaboró un informe que derivó
en la promulgación de Ley N° 20.255 en 2008. A continuación, los principales
beneficios y modificaciones introducidas al Sistema de Pensiones en términos de
equidad de género:

PILAR SOLIDARIO

Se incorporó un Sistema de Pensiones Solidarias10 complementario al Pilar


Contributivo, destinado a mujeres y hombres mayores de 65 años pertenecientes
al 60% más pobre de la población. Básicamente, se establecieron dos grandes
beneficios:

(1) Pensión Básica Solidaria (Vejez e Invalidez), para aquellas personas que no tienen
derecho a pensión en ningún régimen previsional, el Estado les otorga, actualmente,
$89.764 mensuales, lo que representa solo el 37,2% del Salario Mínimo vigente.
De los 401.656 beneficiarios de la Pensión Básica Solidaria de Vejez, el 72,3% son
mujeres (diciembre 2014, Superintendencia de Pensiones).

(2) Aporte Previsional Solidario (Vejez e Invalidez) es un monto mensual que


complementa las pensiones de quienes sí han cotizado, pero que son inferiores a
la Pensión Máxima con Aporte Solidario ($291.778). De los 635.745 beneficiarios
del Aporte Previsional Solidario de Vejez, el 57,9% son mujeres (diciembre 2014,
Superintendencia de Pensiones).

BONO POR HIJO

Constituye un aporte económico que incrementa el monto de la pensión de las


mujeres que se pensionen a contar del 1° de julio de 2009, a través de un bono por
cada hijo/a nacido vivo o adoptado. Esta bonificación se deposita en la cuenta de
capitalización individual, a partir de los 65 años de edad. Si la mujer no está afiliada
a una AFP, puede acceder a una Pensión Básica Solidaria y, conjuntamente, recibir
este beneficio. El bono, genera una rentabilidad desde la fecha de nacimiento del
hijo y equivale al 10% de 18 ingresos mínimos mensuales vigentes en el mes en que
este nació. Desde su implementación, en julio de 2009, hasta diciembre de 2014
se han beneficiado un total de 304.415 mujeres. En el segundo semestre 2014 se
concedieron, como promedio mensual, 3.000 bonificaciones (Superintendencia de
Pensiones, 2015).

PERFECCIONAMIENTO DEL SEGURO DE INVALIDEZ Y


SOBREVIVENCIA (SIS)

Frente al riesgo de muerte o invalidez durante el ejercicio de la actividad laboral, las


AFP deben contratar este seguro a una Compañía de Seguros, financiado con una
parte de la cotización previsional adicional que paga cada trabajador/a mensualmente.
Con la Reforma, se implementó un nuevo mecanismo de licitación, conjunta para
todas las AFP, y con una tarifa por separado entre mujeres y hombres. De esta
manera, dado que mujeres y hombres pagan la misma comisión, al presentar las
primeras una mayor expectativa de vida y menores niveles de siniestralidad, estas
acumulan el diferencial en su fondo de pensiones. Al mismo tiempo, se equiparó a 65

10 El sistema previo a la reforma del año 2008 contemplaba un pilar solidario, que estaba constituido por las
pensiones asistenciales y la pensión mínima.

351
5. VEJEZ

años la edad máxima de cobertura entre mujeres y hombres, pues las primeras solo

estaban cubiertas hasta los 60 años, y se incorporó al cónyuge como beneficiario de


pensión de sobrevivencia de la mujer.

Finalmente, se incluyó como beneficiario de pensión de sobrevivencia (o viudez) de


la mujer, a su cónyuge y al padre de hijos/as de filiación no matrimonial que viva a
sus expensas (antes de la Reforma solo el cónyuge con calidad de inválido podía
recibir dicha pensión, por lo que con esta medida se iguala el derecho al acceso de
beneficios previsionales). Aunque el número de pensiones de viudez recibida por
mujeres es considerablemente mayor (76.338), la cantidad de hombres beneficiarios
ha crecido continuamente desde el segundo semestre de 2008, llegando al segundo
semestre de 2014, como promedio mensual, a 4.745 pensiones (Superintendencia de
Pensiones, 2015).

COMPENSACIÓN ECONÓMICA EN CASO DE DIVORCIO O


ANULACIÓN

La Reforma Previsional estableció que en caso de divorcio o anulación del vínculo


matrimonial, un juez puede ordenar la transferencia de fondos previsionales entre las
cuentas obligatorias individuales de los cónyuges, como compensación económica
hacia quien haya sufrido un menoscabo económico durante el periodo del matrimonio.
Este traspaso no podrá exceder del 50% de los recursos acumulados en la cuenta de
capitalización individual del cónyuge que debe compensar, respecto de los fondos
acumulados durante el matrimonio.

Entre 2009 y 2014, se han realizado un total de 2.035 traspasos de fondos, de los
cuales el 96% corresponde al cónyuge compensado mujer (13.367 millones de pesos)
y 4% a los hombres (611 millones de pesos) (Superintendencia de Pensiones, 2015).

IGUALACIÓN DEL INGRESO MÍNIMO TRABAJADOR DE CASA


PARTICULAR

La Reforma estableció equiparar gradualmente el Ingreso Mínimo para trabajadores


de casa particular al que rige para todos los trabajadores del país. En el año 2008,
correspondió a un 75% del Ingreso Mínimo Mensual (IMM); 2009, 83% IMM; 2010,
92% IMM, para alcanzar el año 2011, el 100% del IMM. El 96,4% de los trabajadores
de casa particular son mujeres, lo que equivale a 315,779 beneficiarias (NENE, 2014).

Fuente: Elaboración propia en base a estadísticas de la Superintendencia de Pensiones (a Diciembre de 2014) y a


“Seguimiento de la Reforma Previsional. Julio – Diciembre de 2014” (Superintendencia de Pensiones, Marzo 2015).

352
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

5.6 Salud

SISTEMA PREVISIONAL DE SALUD


En términos generales, la mayor parte de la población adulta cotiza en algún sistema de salud,
principalmente en FONASA, sin embargo, las y los adultos mayores lo hacen sostenidamente
en una proporción superior a las y los adultos de 25 a 59 años, para todo el período entre
2003 y 2013. En efecto, como se observa en el Gráfico 5.21, en 2003 el 67,1% de la
población mayor a 60 años cotizaba en FONASA o en alguna ISAPRE, mientras que entre
las y los adultos entre 25 y 59 años, solo un 51% lo hizo. En 2013, la situación se mantiene
prácticamente invariable para las y los adultos mayores, pues el 68,2% cotizaba en el sistema
público o privado; en cambio, entre las y los adultos la proporción de cotizantes en salud
aumenta al 63,9%. Cabe señalar que la población restante, es decir, el 31,8% de las y los
adultos mayores, no se encuentra necesariamente excluida del sistema previsional de salud,
pues este grupo comprende, además de los excluidos, a aquella población cubierta por un
sistema de salud diferente a FONASA e ISAPRE, como es el caso de los miembros de Fuerzas
Armadas y de Orden, o bien, a aquella población beneficiaria no cotizante, que es carga de
una persona cotizante.

Como se mencionó, entre las y los cotizantes y a lo largo de todo el período 2003-2013
prevalece mayoritariamente el sistema público de salud. Así, en 2003, el 90,7% del total de
cotizantes se encontraba afiliado a FONASA y el 9,3% restante, a ISAPRE. Luego, en 2013
estas proporciones corresponden al 88,5% y 11,5% de las y los cotizantes adultos mayores,
respectivamente.

Si se analiza desde una perspectiva de género, se observan importantes diferencias entre


mujeres y hombres. Por un lado, en 2013, la tasa de mujeres adultas mayores que cotizan en
FONASA o alguna ISAPRE es menor a la de los hombres: 61,6% y 76,4%, respectivamente.
Por otro lado, aunque es transversal a ambos sexos, la preferencia por el sistema público
de salud es mayoritario entre las mujeres cotizantes: 91,3% de ellas, versus el 85,8% de los
hombres que cotizan.

En relación a los beneficiarios/as, y según se verifica en el Gráfico 5.22, la mayoría de la


población de 60 años o más se encuentra cubierta por algún sistema previsional de salud,
más aún, esta cifra se ha elevado entre 1990, en que el 81,6% de las y los adultos mayores
era beneficiarios de FONASA y el 6,1%, de ISAPRE, y el año 2013, en que estas proporciones
crecen al 84,8% y 9,4%, respectivamente.

Al analizar estas cifras según el sexo de los beneficiarios, se observa que mujeres y hombres
poseen niveles similares de acceso al sistema previsional de salud: el 94,6% de ellas es
beneficiaria de FONASA (86%) o de ISAPRE (8,6%); mientras que, el 93,7% de los adultos
mayores es beneficiario de FONASA (83,2%) o de ISAPRE (9,4%). Aunque se evalúa como
un factor positivo el que las brechas de género observadas entre la población cotizante,
en detrimento de las mujeres, no se traduzcan en que estas presenten menores niveles de
cobertura del sistema, es importante relevar el hecho que un 33% de las mujeres de 60 años
o más acceden al sistema como beneficiarias no cotizantes (versus el 17,3% de los adultos
mayores). Esta brecha es indicador de mayores niveles de dependencia económica y de
vulnerabilidad de las mujeres, ya que una mayor proporción de ellas es beneficiaria gratuita
del sistema, al recibir Pensión Básica Solidaria o Aporte Previsional Solidario, o bien están
afiliadas como cargas de algún familiar cotizante, al no poseer ingresos mensuales propios.

353
5. VEJEZ

| GRÁFICO 5.21 | Adultos mayores (60 años o más) cotizantes del sistema de salud, según sistema, por sexo, 2003-2013.

Miles de Personas

1.600

1.400

1.200

1.000

69,4
800 60,8 98,5 65,5 112,1 74,2 120,1
56,3 105,1
92,9
43,6 46,6
600 41,4 78,0
39,1 74,4
69,7 71,6

400 757,9 831,7


774,4 728,8
652,2 644,8 693,0 728,1
688,6
558,1 501,2 574,9 513,6 607,8 550,4 576,4 774,8 723,5
200

0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres
2003 2004 2005 2006 2009 2010 2011 2012 2013

FONASA ISAPRE

Fuente: Elaboración propia en base a FONASA, Estadísticas Demográficas, y Superintendencia de Salud, Series Estadísticas 2003-2013.
Nota: Dato no disponible para los años 2007 y 2008.

| GRÁFICO 5.22 | Adultos mayores (60 años o más) beneficiarios del sistema de salud, según sistema, por sexo, 1990-2013.

Miles de Personas

1.600

79,8
1.400
92,8 127,5
1.200 123,3 112,8
132,3 74,6
148,6 100,5 80,9
86,9 123,0
1.000 107,8
78,5 102,7
111,4
137,2 124,3
800 117,5 117,0 74,4 95,6
129,9 72,6 80,7
87,2 118,3 68,3 73,7 1.273,5
59,8 100,5
43,0 47,7 94,4
600 111,1 96,6 68,3 1.029,1 1.186,6
78,4 99,5 67,8 983,2 980,4
39,8 54,7 63,3 936,8 926,3
43,8
400 785,7 788,5
733,3 724,4
598,6 648,8 679,3 690,5
619,2 566,5
482,9 459,1 487,2 493,3
200 501,2

0
Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres Mujeres Hombres
1990 1992 1994 1996 1998 2000 2003 2006 2009 2011 2013

FONASA ISAPRE Otros

Fuente: Elaboración propia en base a Estadísticas Demográficas de FONASA; Superintendencia de Salud, Series Estadísticas 1990-2012 y Boletín Estadístico
2013; y Encuesta CASEN, 1990-2013.
Notas: “Otros Sistemas de Salud” considera a personas no afiliadas a algún sistema, miembros de Fuerzas Armadas y de Orden, y otros sistemas.
Las frecuencias de Mujeres y Hombres para FONASA (2003-2013) y Otros Sistemas de Salud (1990-2013), fueron construidas utilizando la estimación total
de la población beneficiaria para cada sistema (dato proporcionado por FONASA), multiplicado por la proporción beneficiaria, para cada sexo, obtenida de la
Encuesta CASEN respectiva a cada año.

354
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

ENFERMEDADES CRÓNICAS

Al revisar las tasas de morbilidad de algunas de las enfermedades crónicas


más frecuentes en la población de 60 años o más, se observa que las
mujeres presentan una prevalencia superior a los hombres en 6 de las 9
patologías seleccionadas. De esta forma, como se presenta en el Gráfico
5.23, la brecha más relevante ocurre en la “Depresión”, con 19,5% entre
las mujeres y 5,5% entre los hombres mayores; seguida por enfermedades
del sistema osteomuscular, tal como la “Artrosis de rodilla”, donde la
prevalencia para mujeres y hombres adultos mayores es de 17,9% y 5%,
respectivamente.

| GRÁFICO 5.23 | Prevalencia de enfermedades crónicas en adultos mayores (60 años o más), por sexo, 2009.

Hipertensión 68,4%
63,6%

Diabetes 23,7%
25,1%

Depresión 19,5%
5,5%

Glaucoma 6,1%
7,6%

Artrosis de rodilla 17,9%


5,0%

Artrosis de cadera 12,6%


1,5%

Artritis reumatoidea 12,4%


1,7%

Síntomas respiratorios crónicos 7,2%


8,1%

Gota 5,9%
7,7%

0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%

Mujeres Hombres

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta Nacional de Salud, 2009-2010.


Nota: Para las enfermedades “Gota”, “Síntomas respiratorios crónicos”, “Artritis reumatoidea”, “Artrosis de cadera” y “Artrosis de rodilla”, se consideró la
información de autorreporte, contenida en el formulario N° 1 de la ENS 2009-2010.

DEPENDENCIA

Según SENAMA (2009), “la discapacidad/dependencia es una


relación compleja entre las condiciones de salud alteradas (trastornos
o enfermedades); las funciones o estructuras corporales afectadas
(deficiencias); las limitaciones para realizar diversas actividades y los factores
del contexto tanto personal, como ambiental en el que se desenvuelve la
persona (barreras o ayudas)”. Bajo esta definición, un 25,3% de las mujeres
mayores es considerada dependiente, y un 22% de los hombres, como se
observa en la Tabla 5.1.

Si se separa a la población adulta mayor en seis tramos etarios, es posible


observar que a mayor edad, mayor es la tasa de dependencia. Es así como
entre los menos ancianos (60 a 64 años), solo un 10,6% de las mujeres y un
12,8% de los hombres son dependientes, mientras que entre los de mayor
edad (sobre los 85 años), la tasa de dependencia llega al 69,9% entre las

355
5. VEJEZ

mujeres y al 55,9% entre los hombres (ver Tabla 5.2).

| TABLA 5.1 | Nivel de dependencia en adultos mayores (60 años o más), por sexo, 2009.

Mujeres Hombres Total

Condición de Dependencia Frecuencia Porcentaje Frecuencia Porcentaje Frecuencia Porcentaje

Dependientes 269.441 25,3 136.098 22,0 405.539 24,1

No Dependientes 793.937 74,7 482.855 78,0 1.276.792 75,9

Total 1.063.378 100 618.953 100 1.682.331 100


Fuente: Estudio Nacional de Dependencia en los Adultos Mayores, SENAMA, 2009.

| TABLA 5.2 | Prevalencia de dependencia en adultos mayores (60 años o más), según tramo de edad, por sexo, 2009.

Porcentajes

Tramo de edad Mujeres Hombres Total

60 - 64 10,6 12,8 11,5

65 - 69 13,3 20,1 16,5

70 - 74 21,8 16,8 19,9

75 - 79 30,8 23,8 28,5

80 - 84 57 45 52,9

85 o más 69,9 55,9 65,6

Total 25,3 22 24,1

Fuente: Estudio Nacional de Dependencia en los Adultos Mayores, SENAMA, 2009.

En relación a los cuidadores principales de las y los adultos mayores


dependientes, SENAMA (2009) señala que “el 85,6% son mujeres y el
14,4% son hombres, por tanto es presumible que las hijas cuidan de los
padres y las esposas cuidan de los maridos. Desde este punto de vista, es
deducible también que tales esposas son personas mayores o cercanas
a la vejez, por tanto las situaciones de alta carga de trabajo que supone
el cuidado a mayores con dependencia, puede acelerar los deterioros
propios del envejecimiento en estas mujeres”. En tanto, en el caso de las
hijas cuidadoras, tal condición les impide, además, participar en el mercado
laboral formal y, con ello, obtener un ingreso propio, generando al mismo
tiempo otro círculo de dependencia, esta vez, en el plano económico.

Adicionalmente, el porcentaje de familias que puede acceder a servicios


profesionales de cuidado es mínimo. Así lo demuestra el último Catastro
Nacional de Establecimientos de Larga Estadía para Adultos Mayores
(SENAMA, 2013), el cual señala que el total de residentes asciende a
17.003, esto es, apenas el 1% de las y los adultos mayores se encuentra
institucionalizado. Del total, un 66,1% corresponde a mujeres y solo un 33,9%
a hombres. Además, cabe destacar que un 66,8% de los ELEAM corresponde
a instituciones privadas con fines de lucro, no obstante, acogen al 41,4% del
total de residentes. Luego, un 31,5% no tiene fines de lucro, destacándose
la presencia de instituciones, fundaciones o congregaciones religiosas y,

356
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

finalmente, apenas un 2,6% correspondería a instituciones de derecho


público, evidenciando la ausencia de una política de Estado en este ámbito.

En suma, los datos arrojan que la mayor parte de las familias y, en particular,
las mujeres, han asumido directamente el cuidado de sus adultos mayores y
los diversos costos asociados a este.

357
5. VEJEZ

Conclusiones y
Recomendaciones

358
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

1.
Conclusiones

Después de más de un año de investigación, en


el que se sistematizaron y analizaron una serie
de indicadores de los últimos 25 años, que dan
cuenta de las brechas de género en el ciclo de
vida, particularmente en las áreas de Educación
y Trabajo, se encontraron hallazgos importantes.
Es posible identificar brechas en perjuicio de las
mujeres que persisten, disminuyen a un ritmo
menor que lo esperado, o afectan con mayor
fuerza a grupos específicos de la población.
Pero, en cualquier caso, las diferencias entre
hombres y mujeres, aun cuando parten a
favor de ellas, a poco andar se invierten y
sistemáticamente se van acrecentando a lo largo
de la vida para terminar con una abrumadora
desigualdad en contra de las mujeres en la vejez.
ComunidadMujer observa y constata en el “Informe GET, Género, Educación
y Trabajo. La brecha persistente”, que en estos ámbitos existe una cadena
de valor, donde los resultados en lo laboral, se explican en gran medida
por la trayectoria recorrida desde la etapa escolar. Esto de ninguna
manera significa que no haya espacio para intervenir cuando las mujeres
son adultas, de hecho, dadas las desigualdades sobrellevadas por tantas
décadas, es necesario hacerse cargo hoy de su desmejorada situación. No
obstante, lo más efectivo, eficiente y sustentable, es enfrentar el problema
desde sus orígenes.

Uno de los avances más notorios en los últimos 25 años en nuestro país
es el masivo ingreso de los jóvenes, y especialmente de las mujeres, a la
Educación Superior. Sin embargo, se evidencian grandes brechas de género
en torno a la valoración social de las carreras cursadas, en perjuicio de las
mujeres, lo que limita tanto sus posibilidades de inserción en el mercado
laboral, como su acceso a empleos mejor remunerados.

359
CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

En suma, vemos que las mujeres tienen menores tasas de deserción


escolar, mejores notas, son mayoría en la Educación Superior, tienen
tasas de titulación más altas que las de los hombres y estos méritos no
necesariamente rinden frutos en el mercado laboral. La tasa de participación
laboral femenina es baja, hay segregación a nivel de ramas de actividad,
están subrepresentadas en los altos cargos y, a pesar que existe una
legislación que la prohíbe, enfrentan una brecha salarial de género que es de
las más altas del mundo.

Es necesario, pues, abordar las “piedras en el zapato” con las que cargan
las mujeres, que se describen ampliamente en el primer capítulo del presente
informe y que, a lo largo de los siguientes, se abordan detalladamente. Se
trata de un desafío consciente, que demanda voluntad política, políticas
públicas que no sean neutras, sino que incluyan la perspectiva de género y
la mirada transversal del ciclo de vida.

En este esfuerzo, resulta fundamental involucrar a los hombres, porque la


igualdad de género no es un asunto de ellas nada más. Como los privilegios
son invisibles para quienes los tienen, los hombres los han naturalizado
e incluso, dado por sentados. Pero ya es hora de cambiar la mirada y
plantearse un mayor balance entre géneros, porque cerrar las brechas
no depende exclusivamente de la determinación que en ello pongan las
mujeres, sino que es un asunto de la sociedad, como bien plantea la
campaña #HeForShe (#ElPorElla) de ONU Mujeres.

A LA LUZ DE LAS VARIABLES ANALIZADAS, ¿QUÉ SE


PUEDE CONCLUIR DE CADA ETAPA DE LA VIDA?
En la primera infancia, aun cuando no se constatan brechas de género
relevantes -salvo, las que se presentan a favor de las niñas en los test de
desarrollo social, adaptativo, cognitivo y de comunicación-, los factores
socioculturales juegan un rol clave en la socialización temprana. La forma en
que se modelan y valoran las actitudes en función de lo que se espera que
sean y cómo deben comportarse según el sexo de pertenencia, sumado a
los juguetes, los juegos, los cuentos infantiles, los dibujos animados, entre
otros agentes de socialización que resultan tremendamente estereotipados,
reproducen la tradicional división sexual del trabajo (hombre-proveedor
y mujer-cuidadora), y determinan que niños y niñas no se encuentren en
igualdad de condiciones para proseguir su desarrollo durante la etapa
escolar, en perjuicio obviamente, de las mujeres.

De acuerdo con el análisis realizado para el grupo de niños, niñas y


adolescentes entre 6 y 17 años, se identifican diferencias por sexo relevantes
en cuanto a la violencia de la que son objeto, al trabajo infantil y las labores
domésticas y de cuidado que ejercen, y al impacto que tiene en sus vidas,
el embarazo adolescente y el fenómeno NINI. En términos de cobertura
educacional, el acceso es paritario, aunque se evidencia una menor
proporción de mujeres en la Educación Técnico Profesional. Tanto en la
Enseñanza Básica como en la Media, las mujeres presentan una mayor tasa
de aprobación, menor nivel de abandono y mejor promedio de notas que
los hombres. Sin embargo, es particularmente preocupante la diferencia, en
detrimento de las mujeres, que ocurre con el desempeño en matemáticas,
por lo crucial que este resulta en las futuras oportunidades, nivel de ingresos
y calidad de vida a la que podrán acceder.

360
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Para el grupo de personas adultas, que tiene entre 25 y 59 años, se


acentúan las brechas por sexo que comenzaban a delinearse durante
la etapa de niñez y juventud. Son escasos los ámbitos en los que estas
no se constatan. El acceso paritario a la educación no se ha traducido
necesariamente en igualdad de inserción en el mundo laboral. En
participación laboral, ramas de actividad, cargos, y salarios, las mujeres se
encuentran en desventaja frente a sus pares masculinos.

Existen diversos factores que están dificultando una inserción laboral


igualitaria entre hombres y mujeres. Entre ellos, lo normativo, un Código
Laboral que carga todo el costo de la maternidad en la mujer, reproduciendo
el paradigma tradicional de privilegiar al hombre como proveedor principal,
relegando a la mujer a las tareas domésticas y de cuidado de la familia. Así,
tanto las estrategias de conciliación entre la vida personal y el trabajo, de
los propios hogares, como de las empresas, y de las políticas y programas
públicos, parecen no hacerse cargo de una nueva realidad con trabajadores
y trabajadoras que tienen responsabilidades familiares. Es precisamente esta
parentalidad poco compartida, la que continúa siendo una de las barreras
más importantes para la integración plena de las mujeres al mundo laboral.

Por todo lo anterior, al final del camino, las adultas mayores enfrentan el
escenario más adverso en relación con sus pares masculinos. Menores
ingresos, pensiones más bajas, peor salud y mayor dependencia: las
principales dimensiones en las que las mujeres mayores continúan sufriendo
los efectos de inequidades de género vividas a lo largo de sus vidas.

Recorriendo el ciclo completo, se identificaron y abordaron entonces,


las principales “piedras en el zapato”, que no solo incomodan, sino que
entorpecen, retrasan y limitan las posibilidades y el desarrollo de las mujeres
chilenas, sobre todo en el caso de aquellas que viven en zonas rurales o que
se encuentran en los segmentos socioeconómicos más vulnerables.

Para ComunidadMujer es fundamental advertir de su importancia e iluminar


las zonas en las que la política pública puede y debe actuar. No hay forma
que el desarrollo sea sostenible en el tiempo si seguimos dejando abajo a
las mujeres, que son nada menos que la mitad de la población. La política
pública debe hacerse cargo de la desigualdad de género en el ciclo de
vida, visualizarla y hacer todo lo que esté a su alcance para que la oferta de
oportunidades pueda ser tomada por cualquier persona, sin que su sexo sea
una limitante en su desarrollo. De otra forma, la oferta es una falacia.

Con esta idea como norte y a la luz de la evidencia revisada,


ComunidadMujer realiza una serie de recomendaciones tendientes a cerrar
las brechas de género, fundamentalmente, en el ámbito educativo y laboral.

361
CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

2.
Recomendaciones para
avanzar en la igualdad de
género en Chile
A continuación, se ofrece una serie de
recomendaciones que intentan abarcar las
principales brechas de género que se enfrentan
en las distintas edades. Estas recomendaciones
se encuentran en diversos niveles de desarrollo:
algunas ya son parte de la oferta pública y es
necesaria su ampliación y/o profundización, otras
se encuentran en etapa de discusión legislativa,
en fase de diseño, o no han sido recogidas
formalmente por el aparato público ni por el
ámbito privado como área de trabajo. Como se
podrá ver, en la mayoría de los casos, se requiere
de soluciones integrales, construidas fuera de la
lógica sectorial.

1. Formación inicial de calidad y sin estereotipos

Aun cuando indicadores de desarrollo infantil muestran que las niñas


están en mejores condiciones que los niños, y esto ocurre a todo nivel
socioeconómico, la ventaja entre las más vulnerables es mucho menor que
entre las de hogares con mayores ingresos. Por lo tanto, es muy relevante
invertir recursos económicos, pedagógicos y afectivos en esta etapa de la
vida, para que la brecha que distancia a los niños y niñas según el ingreso
de su hogar, no siga agrandándose.

En concreto, se recomienda continuar la política de ampliación de la


asistencia de menores a salas cunas y jardines infantiles, sobre todo,
poniendo a disposición de las madres y padres trabajadores, una oferta con
horarios que hagan compatible el cuidado institucional con el desarrollo de
su actividad laboral. Ello influirá en la estimulación temprana, pero también
en la necesaria inserción laboral de las madres.

Asimismo, es fundamental priorizar acciones que promuevan la calidad de


los establecimientos de educación inicial, tanto públicos como privados. Ello,
a fin de aprovechar su potencial para promover un desarrollo más equitativo
de niños y niñas.

362
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Profundizar en la calidad incluye abordar decididamente los estereotipos


de género en todos los espacios de socialización, y particularmente en
el sistema educativo y los medios de comunicación, para visibilizar y
desnaturalizar los sesgos que inciden en el desarrollo integral de niños
y niñas, quienes debieran crecer sin ser encasillados en uno u otro rol
tradicional, vinculado a su sexo de pertenencia.

2. Proyectos de vida alternativos más allá del espacio


doméstico y la maternidad temprana
Se recomienda relevar la persistencia de la alta tasa de embarazo
adolescente como un problema social, y generar acciones en diferentes
ámbitos. En lo puntual, entregar a través de los colegios, educación
oportuna que promueva el ejercicio de una vida sexual responsable; facilitar
el acceso a anticoncepción cotidiana y de emergencia en el sistema público
de salud; y ofrecer ayuda especial a madres adolescentes para que puedan
continuar estudiando o insertarse en el mercado laboral.

A nivel familiar, es necesario repartir equitativamente las responsabilidades


domésticas y de cuidado tanto entre los hombres como las mujeres del
hogar. Sobre todo, es fundamental no asociar a las niñas exclusivamente a
este tipo de labores.

En lo más macro, hacer del sistema educacional y social, uno que


ofrezca alternativas de futuro atractivas a las adolescentes de sectores
socioeconómicos más vulnerables, de manera que puedan dibujar proyectos
de vida diferentes y/o adicionales a ser madres de manera prematura y con
ello no seguir engrosando las filas de las NINI. En este tipo de decisiones, los
modelos de rol son fundamentales. Si alrededor de las adolescentes faltan
modelos alternativos, los colegios debieran ofrecer instancias de encuentro
con personas de contextos sociales similares, con las cuales se puedan
identificar y constatar que es posible postergar la maternidad, insertarse en
el mercado de trabajo y tener una vida más satisfactoria y con proyección.

3. Igualdad de género y calidad en la educación a todo


nivel
La Reforma Educacional de la actual administración de la Presidenta
Michelle Bachelet, plantea cuatro ejes: Educación como derecho y bien
social; Educación Pública de calidad; Nueva Política Nacional Docente; y
Educación Superior para la era del conocimiento.

Frente a este gran reto de país, no se trata solo de aplicar estándares


neutros, sino también de incluir elementos culturales que afectan el principio
de igualdad y segregan a la población. En ese sentido, esta reforma
debe tener en cuenta cómo mejorar los patrones culturales relativos a
las relaciones de género que tanto impacto tienen en el desarrollo de
niñas y niños, y a la vez, determinan la inserción laboral de estos, con
consecuencias en el grado de crecimiento humano y económico del país.

En la dimensión escolar, se hace necesario entonces incluir la equidad de


género en el proceso de formación de las y los estudiantes de las carreras
de pedagogía, con el fin de visibilizar los sesgos, hacerlos conscientes y
buscar revertirlos. De esta forma, cuando ejerzan como profesores/as, el
trato y sus expectativas con respecto al desempeño y posibilidades futuras
de sus estudiantes, debieran equilibrarse.

363
CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

Al mismo tiempo, es prioritario que el Ministerio de Educación garantice


la equidad de género en los textos escolares y que elabore una política
específica para eliminar la brecha en contra de las mujeres en las pruebas
estandarizadas de Matemáticas, tanto en Educación Básica, como Media, y
en la prueba de selección para la Educación Superior.

A su vez, es necesario que cada colegio, partiendo por la Educación Pública,


implemente mejores programas de orientación vocacional, mostrando,
especialmente a las mujeres, una gama más amplia de alternativas de
carreras, con mayor prestigio, mejores condiciones laborales y mayor
remuneración, evidenciando, además, las limitaciones que tienen las
opciones más tradicionales. Nuevamente, en este tipo de programas, son
muy relevantes los modelos de rol, con los cuales las y los estudiantes se
puedan identificar. Esto es particularmente importante en los colegios de
Enseñanza Técnico Profesional.

4. Inclusión y promoción de mujeres en Ciencias,


Tecnología, Ingeniería y Matemáticas
A la luz de los resultados en las notas de Enseñanza Media y en las
pruebas estandarizadas de selección universitaria, es evidente que hay una
incongruencia que podría atribuirse a algún tipo de sesgo de género. Es
necesario ofrecer una educación no sexista, que permita a las y los jóvenes
estudiar en una amplia variedad de campos, y no limitar sus posibilidades
de inserción.

Mientras se revierte la desventaja que las mujeres presentan en el


desempeño en matemáticas, un desafío de mediano plazo, es continuar
fortaleciendo los actuales esfuerzos por incorporar más mujeres a las áreas
del conocimiento de las Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas.
Las acciones afirmativas, como cupos reservados, son adecuadas en una
primera instancia, mientras se genera una masa crítica de estudiantes que
luego se transforme en modelo para las futuras generaciones. En el caso
de la Educación Técnico Profesional, que es la más segregada, este tipo de
medidas son aún más pertinentes y necesarias.

Otras herramientas necesarias para visibilizar el problema de los estereotipos


en la Educación, la segmentación vocacional y trabajarla con la comunidad,
asegurando una llegada más masiva, son las campañas comunicacionales.
A través de medios masivos y redes sociales, pero también de
intervenciones directas con material pedagógico, se logra un primer trabajo
de sensibilización en la problemática de género. En línea con este esfuerzo
se encuentran las campañas de ComunidadMujer: #LasNiñasPueden,
#EduquemosConIgualdad y sus materiales pedagógicos asociados
(disponibles en [Link])

364
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

5. Más mujeres trabajando, con igual paga y poder de


decisión
Es clave reforzar las medidas que posibiliten el aumento de la tasa de
participación laboral femenina. En este sentido, se debe aumentar la
cobertura de políticas y programas públicos que contribuyan a que las
mujeres puedan participar y/o extender sus jornadas de trabajo, si así lo
desean, como las ya mencionadas guarderías, jardines infantiles, y los
programas de jornada extendida en los colegios. Por ejemplo, el “Programa
4 a 7” del Servicio Nacional de la Mujer, es una iniciativa que debiese ser
ampliada, pues solo opera en una centena de escuelas. El Programa busca
que niños y niñas, entre 6 y 13 años de edad, permanezcan protegidos en
sus escuelas, mientras sus madres se encuentran trabajando, buscando un
trabajo, nivelando estudios o capacitándose para una pronta inserción laboral.

Es fundamental ofrecer, sobre todo a las mujeres jefas de hogar, la


posibilidad de conciliar trabajo y vida familiar. Aunque la flexibilidad horaria
y presencial es una alternativa, es importante que esta no sea sinónimo
de precariedad laboral y que no se ofrezca exclusivamente a las mujeres
trabajadoras, puesto que es necesario promover con esta medida, la
corresponsabilidad familiar de padres y madres.

Al mismo tiempo, es clave dar urgencia a reformas legales que promuevan la


extensión de los derechos y obligaciones del cuidado familiar también a los
hombres, como, por ejemplo, con un postnatal parental exclusivo para ellos.

Reformar el Artículo 203 del Código del Trabajo, para extender el acceso a
salas cuna a los hijos/as de todos los trabajadores y trabajadoras, es una
medida fundamental para aumentar la participación laboral de las mujeres,
equiparar los costos de contratación con los hombres y también promover
la corresponsabilidad familiar y social del cuidado. El financiamiento de esta
medida ha sido uno de los nudos del debate, frente al cual se propone una
modalidad tripartita: Estado, empleadores/as y trabajadores/as, donde el
aporte de estos últimos sea proporcional a su capacidad de pago.

Para generar un cambio en el tipo de inserción laboral femenina, se


recomienda la creación de estímulos diferenciales, tanto referidos a la
capacitación como a la contratación de mujeres, en ramas de actividad
actualmente masculinizadas, en instituciones y empresas del sector público
y privado.

Otra acción afirmativa clave para promover la participación de mujeres en


posiciones de poder y toma de decisión es el establecimiento de cuotas
para cargos de primera línea y directorios en empresas del sector público
y privado. Los avances exhibidos en el Sistema de Empresas Públicas, que
por mandato presidencial debieran llegar al 40% de mujeres en directorios
a marzo de 2018, no se sostendrán solo con voluntad política, por lo cual
debieran ser consignados por ley. En una esfera relacionada, y a fin de dar
mayor diversidad al liderazgo, también se proponen cuotas de género en la
dirigencia sindical y gremial.

La evidencia indica que es rentable incorporar más mujeres en directorios y


en cargos de primera línea, por lo que las empresas, más que preguntarse
cuánto cuestan las políticas de igualdad, debieran plantearse cuánto
les cuesta actualmente la desigualdad de género al interior de sus
organizaciones.

365
CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

En el ámbito empresarial se proponen medidas de fomento para impulsar que


más mujeres formen y desarrollen emprendimientos de alto impacto, además
de acciones que impulsen una mayor participación femenina en las compras
que realiza el aparato público. En ese sentido, resulta estratégico que el propio
Estado se comprometa en adoptar como un objetivo, la implementación
de la Directiva 20 de ChileCompra, que establece lineamientos para la
incorporación del enfoque de género en las compras públicas.

Dado que la brecha salarial de género en Chile es muy alta y no está


explicada por diferencias en el capital humano, sino que por los costos
de contratación diferenciados por sexo y abierta discriminación; se debe
mejorar la Ley de Igualdad Salarial entre hombres y mujeres de manera
que sea exigible su cumplimiento por parte de los trabajadores/as y
fiscalizable por la Dirección del Trabajo. Pero lo fundamental, es acometer
una modernización de nuestro Código Laboral: reformar todo lo referido
al Sistema de Protección a la Maternidad, de manera de reconocer la
conciliación de trabajo y familia como un fin propio del Derecho del Trabajo.
El ámbito productivo debe ser reorganizado sobre la base del paradigma
de trabajadoras y trabajadores con responsabilidades familiares. Solo así
podremos disminuir la brecha salarial de género, saldar la mayor deuda que
tiene Chile con sus trabajadoras y lograr un desarrollo económico sostenible.

6. Corresponsabilidad en las tareas domésticas y de


cuidado
La velocidad e intensidad con la que las mujeres han ingresado al mundo
laboral, no ha tenido un correlato con la experimentada por los hombres en
relación con el espacio doméstico. Urge que ellos también se apropien de este
espacio, no solo para compartir roles de cuidado del hogar, los hijos/as y adultos
dependientes, sino para que se sientan responsables y no solo “colaboradores”
del ámbito privado.

En ese sentido, desde la política pública resulta prioritario reforzar y ampliar


la campaña “Empápate”, de promoción de paternidad activa del Sistema
de Protección Integral a la Infancia, Chile Crece Contigo. Es fundamental
que los padres sean partícipes de la crianza de sus hijos e hijas desde
el principio, asistiendo a los controles médicos, aprendiendo a cuidar y
compartiendo con la madre, las labores domésticas. Programas formativos
al respecto son necesarios mientras no haya una masa crítica de modelos,
pues en general, las actuales generaciones de padres no han visto a los
suyos, participar activamente de la crianza.

En línea con lo anterior, y como se señaló en el apartado relativo a los


cambios dentro del Código Laboral, se requiere de una reforma al posnatal
parental, de manera que otorgue derechos exclusivos a los padres,
incentivando decididamente el que los hombres hagan uso de este beneficio.

El espacio educativo como agente socializador una vez más es de crucial


relevancia, pues se transforma en una herramienta clave para inculcar
en los niños, niñas y adolescentes, la corresponsabilidad sobre las
demandas hogareñas. Pero ello no puede quedar sujeto a la voluntad de
esfuerzos personales que realicen ciertos directores/as o profesores/as. Es
necesario que desde el Ministerio de Educación se impulsen las directrices
correspondientes.

366
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Distribuir equitativamente los roles de cuidado es aún más necesario a la luz


del proceso de envejecimiento que está experimentando nuestro país, pues
la sobredemanda de responsabilidades que, de no haber cambios, recaerá
sobre las mujeres podría traducirse en un enorme retroceso respecto de sus
avances en el ámbito público. En ese contexto, dimensionar correctamente
el problema a través de la construcción de indicadores que den cuenta de
la mayor demanda de cuidado por parte de población adulta mayor es muy
relevante, a fin de impulsar una solución colectiva y pública, a un problema
que afrontará un número creciente de familias. Al respecto, hay múltiples
propuestas para abordar el fenómeno: subsidios estatales permanentes
a adultos mayores en situación de pobreza, centros diurnos para adultos
mayores autovalentes, residencias de larga estadía para adultos mayores
totalmente dependientes, sistema de apoyo domiciliario para familias que
optan por el cuidado en casa, entre otros.

Adicionalmente, se recomienda enfatizar la implementación de políticas


de salud preventivas, que garanticen mejor calidad de vida a las próximas
generaciones, ya que una vejez funcional significa menores costos para el
Estado y menor carga en términos de cuidado para las familias. Esto implica
también profesionalizar el rol del cuidador/a, capacitándolo y ofreciéndoles
políticas de apoyo psicosocial, imprescindibles por la magnitud de su labor.

7. Cerrar brechas en el trabajo para avanzar a un


sistema de pensiones solidario y equitativo
Promover la equidad de género en el sistema previsional, corrigiendo las
desigualdades por sexo en el mercado laboral que hemos descrito –bajos
salarios, alta inactividad, informalidad, desempleo, y menor edad de retiro-
es clave para el aumento del ahorro y las consiguientes pensiones de las
mujeres en el marco del sistema actual de capitalización individual.

Al mismo tiempo, se hace necesario reconocer el valor que tiene el


trabajo doméstico no remunerado, a través del fortalecimiento del Pilar
Solidario. Porque si bien con el “bono por hijo” implementado en la Reforma
Previsional de 2008 se hace un reconocimiento a la labor reproductiva,
todavía es insuficiente.

En otro orden, aún faltan estrategias para incentivar la formalización y la


afiliación al sistema contributivo, y de esta manera, proteger a las y los
trabajadores que ni siquiera emiten boletas de honorarios o de prestación de
servicios a terceros. Una manera de hacerlo es ampliar el Bono al Trabajo de
la Mujer que se creó con el Ingreso Ético Familiar. Se requiere aumentar la
cobertura de los hogares (solo beneficia al 35% más pobre) y/o el número de
meses que se puede recibir el beneficio, pues actualmente son solo 48. Por
otro lado, si se busca incentivar el retraso en el retiro, habría que ampliarlo
por todos los meses necesarios hasta que la mujer cumpla los 65 años (hoy
solo beneficia a las que tienen entre 25 y 59 años) (ComunidadMujer, 2015c).

Otra medida necesaria dentro del sistema previsional es la eliminación del


tratamiento diferenciado por sexo de la longevidad, tanto en el sistema de
pensiones solidarias, como en los cálculos de las pensiones del sistema
contributivo. Ello, porque las mujeres al tener una mayor esperanza de vida,
se ven perjudicadas, teniendo que distribuir sus fondos acumulados en un
mayor número de años, obteniendo menores pensiones.

367
CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

Si las mujeres hoy, como constata el Informe GET, en la práctica ya se están


jubilando siete años más tarde que la edad legal de retiro, se sugiere para
aquellas que quisieran continuar o reinsertarse en el mercado laboral en
condiciones de mayor flexibilidad en términos de horarios y días de trabajo,
estimular una política en tal sentido, además de ofrecer capacitación en
áreas y habilidades que les permitan aumentar sus ingresos.

Asimismo, es necesario que la política pública resuelva una “trampa de


la pobreza” que se produce con la Pensión Básica Solidaria (PBS). A esta
pensión acceden aquellas personas mayores de 65 años que no tienen
derecho a una pensión en algún régimen previsional y que pertenecen
al 60% más pobre de la población -entre ellas 290 mil mujeres-. Se trata
entonces de las personas mayores más vulnerables. Por esta misma
condición y dado que la pensión apenas supera los 89 mil pesos, es
entendible que estas personas busquen algún empleo. Sin embargo, al
encontrarlo, les sube el puntaje en el Registro Social de Hogares, y pierden
la PBS. Con este desincentivo, las personas mayores terminan empleándose
en condiciones de informalidad, exponiéndose a todo tipo de riesgo y abuso.

8. Derechos Humanos y protección de niñas y mujeres


contra la violencia
En relación a la problemática de la violencia contra las niñas y mujeres, es
necesario enfatizar que todas las políticas y programas que se desarrollen
deben ser diseñados e implementados desde el enfoque de derechos
y considerando los tratados internacionales ratificados por Chile. Las
políticas de reconocimiento y justicia son indispensables para el tratamiento
y reparación de las víctimas, evitando especialmente la victimización
secundaria.

A su vez, es necesario contar con una nueva legislación que responda a una
comprensión compleja del fenómeno de la violencia, haciendo explícita la
distinción en mujeres y niñas. Dicha legislación debe proporcionar medidas
integrales de prevención, protección y reparación a niñas y mujeres, y su
operacionalización debe reflejarse en una política pública transversal a todos
los organismos del Estado, que sea capaz de unificar prácticas y discursos
coherentes con la concepción del fenómeno de la violencia de género.

Para lo anterior, es indispensable aumentar el presupuesto público actual y


comprometer a las máximas autoridades, generando acciones sistemáticas
de sensibilización en los diferentes espacios de socialización, especialmente
en la educación, además de fortalecer y aumentar el alcance de la red de
atención integral, generando acciones de coordinación intersectorial de
mayor eficiencia.

Sobre lo mismo, es indispensable que el propio Estado revise sus


normativas y procedimientos que facilitan prácticas de violencia contra
mujeres y niñas, teniendo especial preocupación de velar por la protección
integral de las niñas y adolescentes que se encuentran en los centros
residenciales de protección.

368
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

9. Posicionamiento mediático de las políticas públicas


de género
Otra iniciativa valiosa para impulsar la sensibilización de todos los actores
sociales, relativa a las problemáticas de la desigualdad de género, es
impulsar el posicionamiento de las políticas públicas en los medios de
comunicación masivos (“Public Policy Placement”). En concreto, se trata de
involucrar a guionistas o directores creativos de la industria televisiva, para
que encarnen en sus personajes alguna política pública de interés, como,
por ejemplo, una mujer que se empodera y rompe el círculo de la violencia
con su maltratador; un padre tomando el postnatal parental o realizando
labores domésticas compartidas; una niña destacando en matemáticas
o ciencias; una mujer liderando en la gerencia de una gran empresa o
ejerciendo un importante cargo político.

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CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

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380
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Glosario GET

381
GLOSARIO GET

GLOSARIO DE ABREVIATURAS Y SIGLAS

A
AAFP: Asociación AFP de Chile.
AC: Asamblea Constituyente.
AECID: Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo.
AFP: Administradora de Fondos de Pensiones.
APS: Aporte Previsional Solidarios de Vejez e Invalidez.
B
BID: Banco Interamericano de Desarrollo.
BM: Banco Mundial.
C
CAE: Crédito con Aval del Estado.
CASEN: Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional.
CCAF: Cajas de Compensación de Asignación Familiar.
CDN: Convención de los Derechos del niño.
CEDAW: Committee on the Elimination of Discrimination Against Women / Convención
sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer.
CELADE: División de Población de la CEPAL.
CEPAL: Comisión Económica para América Latina y el Caribe.
CEPPE: Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación.
CFT: Centro de Formación Técnica.
CH: Científico Humanista.
CIAE: Centro de Investigación Avanzada en Educación.
CIC: Cuenta Individual de Cesantía.
CNA: Comisión Nacional de Acreditación.
CNAP: Comisión Nacional de Acreditación de Pregrado.
CNE: Consejo Nacional de Educación.
CONFECH: Confederación de Estudiantes de Chile.
CONICYT: Comisión de Investigación Científica y Tecnológica.
CPCE: Centros de Políticas Comparadas de Educación.
CRUCH: Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas.
CTIM: Ciencias, Tecnologías, Ingenierías y Matemáticas.
D
DEMRE: Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional.
DIPLAP: División de Planificación y Presupuesto.
DIPLAS: División de Políticas Públicas Saludables y Promoción.
DIPRES: Dirección de Presupuesto.
DNSC: Dirección Nacional del Servicio Nacional.
DT: Dirección del Trabajo.
DS: Desviación(es) estándar.

382
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

E
EANNA: Encuesta Nacional sobre Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes.
EEUT: Encuesta Experimental sobre Uso del Tiempo.
ELE: Encuesta Longitudinal de Empresas.
ELEAM: Establecimiento de Larga Estadía del Adulto Mayor.
ELPI: Encuesta Longitudinal de la Primera Infancia.
EME: Encuesta de Microemprendimiento.
ENCLA: Encuesta Laboral.
ENE: Encuesta Nacional de Empleo.
ENLACES: Centro de Educación y Tecnología del Ministerio de Educación de Chile.
ENP: Embarazo No Planificado.
EPF: Encuesta de Presupuestos Familiares.
EPS: Encuesta de Protección Social.
ESI: Encuesta Suplementaria de Ingresos.
F
FAO: Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
FCS: Fondo de Cesantía Solidario.
FF. AA: Fuerzas Armadas de Chile.
FLACSO: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.
FONASA: Fondo Nacional de Salud.
FONDECYT: Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico.
FOSIS: Fondo de Solidaridad e Inversión Social.
G
GEM: Global Entrepreneurship Monitor.
GTZ: Agencia Alemana de Cooperación Técnica.
I
ICSO: instituto de Investigación en Ciencias Sociales.
IMAGES: International Men and Gender Equality Survey.
IMC: Índice de Masa Corporal.
IMM: ingreso Mínimo Mensual.
INE: Instituto Nacional de Estadísticas.
INJUV: Instituto Nacional de la Juventud.
IP: instituto Profesional.
IPS: Instituto de Previsión Social.
IPSA: Índice de Precio Selectivo de Acciones.
ISAPRE: Instituciones de Salud Previsional.
ISL: instituto de Seguridad Laboral.
J
JUNJI: Junta Nacional de Jardines Infantiles.
L
LOCE: Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza.
M
MDS: Ministerio de Desarrollo Social.
MECESUP: Mejoramiento de la Calidad y la Equidad de la Educación Superior.
MIDEPLAN: Ministerio de Planificación.
MINECON: Ministerio de Economía, Fomento y Turismo.
MINEDUC: Ministerio de Educación.

383
GLOSARIO GET

N
NEM: Notas de Enseñanza Media.
NENE: Nueva Encuesta Nacional de Empleo.
NESI: Nueva Encuesta Suplementaria de Ingresos.
NINI: Jóvenes que no estudian ni trabajan de manera remunerada.
NNA: Niños, Niñas y Adolescentes.
NSE: Nivel Socioeconómico.
O
OCDE: Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico / Organisation for
Economic Co-operation and Development, OECD.
OIG: Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe.
OIJ: Organización Iberoamericana de Juventud.
OIT: Organización Internacional del Trabajo.
ONA: Observatorio Niñez y Adolescencia.
P
PAA: Prueba de Aptitud Académica.
PBC: Programa Becas Chile.
PBS: Pensión Básica Solidaria de Vejez e Invalidez.
PER: Programa de Evaluación del Rendimiento Escolar.
PISA: Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes.
PNUD: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
PPP: Permiso Postnatal Parental.
PRODEMU: Promoción y Desarrollo de la Mujer.
PSU: Prueba de Selección Universitaria.
S
SECE: Sistema de Evaluación de la Calidad.
SEGIB: Secretaria General Iberoamericana.
SENAMA: Servicio Nacional del Adulto Mayor.
SENDA: Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y
Alcohol.
SERCE: Segundo Estudio Regional Comparativo y Explicativo.
SERNAM: Servicio Nacional de la Mujer.
SIES: Servicio de Información de Educación Superior.
SIL: Subsidio por Incapacidad.
SIMCE: Sistema de Medición de la Calidad de la Educación.
SUF: Subsidio Maternal.
SUSESO: Superintendencia de Seguridad Social.
SVS: Superintendencia de Valores y Seguros.
T
TERCE: Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo.
TICs: Tecnologías de la Información y Comunicación.
TP: Técnico Profesional.
U
UN: Naciones Unidas.
UNESCO: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.
V
VIF: Violencia Intrafamiliar.
W
WEF: World Economic Forum / Foro Económico Mundial.

384
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Anexo
Metodológico

385
ANEXO METODOLÓGICO

Ficha técnica
Informe GET, Género, Educación y Trabajo: La brecha persistente.
Primer estudio sobre la desigualdad de género en el ciclo de vida. Una revisión de los últimos 25 años.

Investigación bibliográfica e identificación de hitos políticos, sociales, económicos y de políticas públicas relevantes para
contextualizar los datos y sus variaciones.

Sistematización y análisis de indicadores que dan cuenta de las brechas de género en Educación y Trabajo, a lo largo del
ciclo de vida, desde 1990 a la fecha.

ANÁLISIS DE DOS TIPOS DE FUENTES SECUNDARIAS:

Registros administrativos de: Encuestas de:

Agencia de la Calidad (SIMCE) Dirección del Trabajo: Encuesta Laboral (ENCLA),


CONICYT Encuesta Nacional de Condiciones de Empleo, Trabajo,
DEMRE (PSU) Salud y Calidad de Vida.
Dirección del Trabajo INE: Encuesta Nacional de Empleo (ENE, NENE),
Instituto Nacional de Estadísticas (Est. Vitales) Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI, NESI), Encuesta
Ministerio de Educación Experimental Uso del Tiempo (EEUT), Encuesta de
SENCE Presupuestos Familiares (EPF), Proyecciones Población.
SIES INJUV: Encuesta Nacional de Juventud.
Subsecretaría de Prevención del Delito Ministerio de Desarrollo Social: Encuesta de
Superintendencia de Pensiones Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN),
Superintendencia de Salud (FONASA, ISAPRE) Encuesta Nacional de Actividades de Niños, Niñas y
Superintendencia de Seguridad Social Adolescentes (EANNA).
Ministerio de Economía: Encuesta Internacional
Banco Mundial de Alfabetización de Adultos (IALS), Encuesta Sobre
Foro Económico Mundial Microemprendimiento (EME), Encuesta Longitudinal de
OCDE Empresas (ELE).
OIT Ministerio de Educación: Encuesta Longitudinal de
Primera Infancia (ELPI).
SENAMA: Estudio Nacional de Dependencia en los
Adultos Mayores.
SENDA: Estudio Nacional de Drogas en Población
Escolar.

ComunidadMujer: Encuesta Voz de Mujer.


CulturaSalud EME: Encuesta Internacional de
Masculinidades y Equidad de Género (IMAGES Chile).
Universidad del Desarrollo: Global Entrepreneurship
Monitor (GEM).

386
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| ESQUEMA DE LOS CONTENIDOS DEL INFORME GET |

0-5 6-17 18-24 25-59 60 y +


AÑOS AÑOS AÑOS AÑOS AÑOS
DESARROLLO ACCESO Y ACCESO Y TRABAJO NO TRABAJO
COGNITIVO Y RESULTADOS RESULTADOS REMUNERADO REMUNERADO
SOCIAL EN EDUCACIÓN EN EDUCACIÓN
BÁSICA SUPERIOR DE TRABAJO PENSIONES
ACCESO A PREGRADO Y REMUNERADO
EDUCACIÓN ACCESO Y POSTGRADO SALUD Y
PARVULARIA RESULTADOS EN PREVISIÓN PARA DEPENDENCIA
EDUCACIÓN MEDIA EMPLEO JUVENIL LA SALUD Y LA
Y NINI VEJEZ
TRABAJO INFANTIL
Y NINI

A continuación, se describen las fuentes de información más utilizadas en este


Informe.

I. Encuesta de caracterización económica nacional


(casen)

Objetivos: Conocer periódicamente la situación de los hogares y de la


población, especialmente de aquella en situación de pobreza y de aquellos
grupos definidos como prioritarios por la política social, con relación a
aspectos demográficos, de educación, salud, vivienda, trabajo e ingresos.
Asimismo, evaluar el impacto de la política social (CASEN, 2013).

Años de aplicación: 1985, 1987, 1990, 1992, 1994, 1996, 1998, 2000, 2003,
2006, 2009, 2011 y 2013.

Periodicidad: Cada 2 o 3 años.

Nivel de representatividad: Nacional, regional y según área urbano/rural.

Población objetivo: Todas las personas y hogares que residen en viviendas


particulares a lo largo del territorio nacional.

Tamaño muestral: El año 2013 se aplicó en 64.842 viviendas, 66.725


hogares, 79.063 núcleos y 218.491 personas.

Institución responsable: Ministerio de Desarrollo Social.

387
ANEXO METODOLÓGICO

Conceptos utilizados y especificaciones acerca del uso de variables de la


Encuesta CASEN1:

1. Hogar:
Grupo de personas, parientes o no, que habitan la misma vivienda y tienen
presupuesto de alimentación común o personas que viven solas. Puede
ocurrir que uno o más hogares habiten una vivienda; sin embargo, un hogar
no puede habitar más de una vivienda.

2. Jefe/a de hogar:
Persona reconocida como tal por los demás miembros del hogar.

3. Tipología de Hogares:
Unipersonal: Constituido por una sola persona que es el (la) jefe (a) de hogar.
Nuclear Biparental: Constituido por matrimonio o unión de hecho con o sin
hijos o hijastros de cualquier estado civil, siempre y cuando estén solos, esto
es, sin miembros no parientes del jefe/a de hogar ni parientes no nucleares.

Nuclear Monoparental: Constituido por jefe (a) de hogar con hijos o hijastros
de cualquier estado civil, siempre y cuando estén solos, esto es sin miembros
no parientes del jefe/a de hogar ni parientes no nucleares.

Extenso Biparental: Constituido por un hogar nuclear biparental más


cualquier otro pariente del jefe (a) de hogar no nuclear. No hay presencia de
miembros no parientes del jefe de hogar.

Extenso Monoparental: Constituido por un hogar nuclear monoparental más


cualquier otro pariente del jefe (a) de hogar no nuclear. No hay presencia de
miembros no parientes del jefe de hogar.

Compuesto Biparental: Constituido por un hogar nuclear o extenso


biparental más cualquier otro miembro no pariente del jefe de hogar.

Compuesto Monoparental: Constituido por un hogar nuclear o extenso


monoparental más cualquier otro miembro no pariente del jefe de hogar.

Hogar sin núcleo: Tipo de hogar constituido por dos personas o más, que no
poseen una relación de parentesco nuclear, es decir, no tienen una relación
de pareja ni de paternidad o maternidad.

4. Núcleos familiares
El núcleo familiar se compone por una parte de los integrantes del hogar, que
constituyen una pareja (legal o de hecho) y/o que tienen vínculos de madre/
padre e hijo/a siempre que los últimos estén solteros y no formen otro núcleo
familiar al interior del hogar. También constituyen el núcleo familiar aquellos
miembros menores de 18 años que dependan económicamente de la pareja o
del jefe/a de núcleo y que no tengan ascendientes directos en el hogar.

1 Definiciones disponibles en la página web del Observatorio Social del Ministerio de Desarrollo
Social: [Link]
consultado en marzo de 2016.

388
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

5. Categorías de ingresos

Ingreso Autónomo: Corresponde a la suma de todos los pagos que


reciben las personas, provenientes tanto del trabajo como de la propiedad
de los activos. Estos incluyen sueldos y salarios, monetarios y en especies,
ganancias provenientes del trabajo independiente, la auto-provisión de bienes
producidos por el hogar, rentas, intereses, dividendos y retiro de utilidades,
jubilaciones, pensiones o montepíos, y transferencias corrientes.

Ingresos del Trabajo: Corresponden a los ingresos que obtienen las


personas en su ocupación por concepto de sueldos y salarios, monetarios
y en especies, ganancias provenientes del trabajo independiente y la auto-
provisión de bienes producidos por el hogar.

Otros Ingresos Autónomos: Contempla ingresos provenientes de la


propiedad de activos, por ejemplo, del retiro de utilidades, jubilación o
pensión de vejez, montepío o pensión de viudez, pensión de alimentos,
arriendo de propiedades o bienes, entre otros.

Alquiler Imputado: Se atribuye a los hogares que no pagan arriendo por ser
propietarios de la vivienda que ocupan. La nueva metodología de medición
de pobreza por ingresos aplicada en la Encuesta CASEN 2013 extendió la
imputación a aquellas viviendas cedidas (por trabajo, familiar u otro) y en
usufructo.

Subsidios Monetarios: Corresponden a todos los aportes en dinero que


reciben las personas y los hogares del Estado a través de los programas
sociales. La Encuesta Casen considera los aportes correspondientes a la
Asignación Familiar, el Subsidio Familiar (SUF), el Subsidio Familiar Duplo o
por Invalidez, el Subsidio a la Discapacidad Mental, el Subsidio de Cesantía,
la Pensión Básica Solidaria, el Aporte Previsional Solidario, el Bono de
Protección Familiar y de Egreso (del programa Chile Solidario), la Asignación
Social, el Subsidio de Agua Potable, el Bono Bodas de Oro, el Bono de
Invierno, el Subsidio Empleo Joven y otros subsidios del Estado.

| TABLA A.1 | Ingreso autónomo per cápita mínimo, máximo y promedio por decil de ingreso autónomo nacional.

Mínimo Máximo Promedio

I $0 $49.950 $23.059

II $50.000 $74.972 $61.913

III $75.000 $99.959 $86.087

IV $100.000 $123.611 $109.853

V $123.631 $151.000 $137.191

VI $151.029 $187.083 $168.670

VII $187.084 $238.334 $210.135

VIII $238.342 $328.334 $277.793

IX $328.455 $549.445 $416.532

X $549.458 $16.238.334 $1.134.196

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN 2013.

389
ANEXO METODOLÓGICO

Decil de ingreso autónomo per cápita nacional: Variable elaborada por el


Ministerio de Desarrollo Social. El año 2013, el ingreso autónomo per cápita
mínimo, máximo y promedio por decil de ingreso autónomo es el siguiente:

6. NINI:

Personas que no estudian ni trabajan (NINI), es decir, que no se encuentran en


las siguientes tres categorías: 1) Desocupados: como se define en la Encuesta
CASEN 2013, personas que durante la semana anterior a ser encuestados no
trabajaron y que en las cuatro semanas anteriores a la encuesta han realizado
esfuerzos concretos y han estado buscando activamente un empleo); 2)
Ocupados: personas que durante el período de referencia (semana pasada)
trabajaron a lo menos una hora en una actividad productiva –sin considerar
los quehaceres del hogar- por una remuneración en dinero o en especies,
o que trabajaron en una actividad informal u ocasional; o que estuvieron
temporalmente ausente de su trabajo (licencia, vacaciones, etc.); y 3) Asisten a
un establecimiento educacional.

7. Criterio utilizado para construir las razones por las


cuales mujeres y hombres no estudian ni trabajan (NINI).

Para generar las categorías indicadas; (i) Maternidad/paternidad o embarazo;


(ii) Quehaceres domésticos; (iii) Razones de salud; (iv) Terminó de estudiar; (v)
No le interesa; y (vi) Otras razones; se utilizaron dos preguntas de la encuesta
CASEN referidas a los motivos que tienen las mujeres y los hombres para no
estudiar ni trabajar en forma remunerada. La reagrupación de las categorías
originales se realizó priorizando las razones de por qué no estudia. La tabla a
continuación especifica el modo en que se construyeron las categorías para
cada año.

390
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

| TABLA A.2 | Especificación insumos para construcción de variable Razón para no estudiar ni trabajar.

Razones para no estudiar Razones para no trabajar remuneradamente

CASEN 1990 CASEN 2000 CASEN 2013 CASEN 1990 CASEN 2000 CASEN 2013

Maternidad / Maternidad Maternidad Embarazo, No tiene con No tiene con No tiene con
paternidad y/o embarazo. y/o embarazo. maternidad o quién dejar a quién dejar a quién dejar a
o embarazo paternidad. los niños. los niños. los niños.

Quehaceres Ayuda
III en Ayuda en la casa Ayuda en la casa Quehaceres Quehaceres Quehaceres
domésticos la casa. o quehacer o quehacer del hogar. del hogar. del hogar.
IV del hogar. del hogar.

Razones No
V aplica. Enfermedad que Tiene una Enfermedad crónica Enfermedad crónica Está enfermo o
de Salud lo inhabilita. discapacidad o o inválido. o inválido. tiene una
VI requiere discapacidad.
establecimiento de
VII educación especial.
Enfermedad que lo
VIII inhabilita.

Terminó IX aplica.
No No aplica. Terminó de No aplica. No aplica. No aplica.
de estudiar estudiar.
X

No le No le interesa. No le interesa. No le interesa. No aplica. No le interesa. No tiene interés


interesa en trabajar.

Otras No existe No tiene edad Problemas familiares. Jubilado. Jubilado/a, No tiene con quien
razones establecimiento suficiente. A su edad no le sirve Rentista. montepiado/a, dejar a adultos
cercano. No existe estudiar o no conoce Tiene trabajo pensionado/a. mayores.
No existe cupo en establecimiento la manera para esporádico. Rentista. No tiene con quien
establecimiento cercano. completar sus Se aburrió de buscar. Tiene trabajo dejar a otro familiar.
cercano. No existe cupo en estudios. Otra razón. esporádico. Piensa que nadie le
Dificultad de acceso. establecimiento. Dificultad económica. Se aburrió de buscar. dará trabajo (porque
Dificultad económica. Dificultad de acceso Trabaja o busca Otra razón. no cuenta con la
Está trabajando. o movilización. trabajo. capacitación
Requiere Horario inconveniente. Problemas de requerida, por su
establecimiento Dificultad económica. rendimiento. edad, etc.).
especial. Está trabajando o Expulsión o Las reglas, horarios y
No tiene edad. buscando trabajo. cancelación de distancias de los
Otra razón. Requiere matrícula. trabajos no le
establecimiento No existe acomodan.
especial. establecimiento Ofrecen sueldos muy
Pasó edad de cercano. bajos.
estudiar. Dificultad de acceso Estudiante.
Prepara la PAA. o movilización. Jubilado(a),
Está realizando el Otra razón. pensionado(a) o
Servicio Militar. montepiado(a).
Problemas familiares. Tiene otra fuente de
Problemas de ingreso (seguro de
conducta. cesantía, mesadas,
Problemas de rentas, transferencias
rendimiento. del Estado, etc.).
Otra razón. Se cansó de buscar
o cree que no hay
trabajo disponible.
Busca cuando
realmente lo necesita
o tiene trabajo
esporádico.
No tiene interés
en trabajar.
Otra razón.

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN 1990, 2000 y 2013.

391
ANEXO METODOLÓGICO

8. Nueva metodología de definición de pobreza del


Ministerio de Desarrollo Social en base a la Encuesta
CASEN 20132.

Desde el año 2013, se aplica en Chile una nueva metodología de medición


de pobreza por ingresos basada en el uso de escalas de equivalencia en
el consumo del hogar, es decir, en lugar de contar con una única línea de
pobreza y pobreza extrema, se definieron líneas que dependen del tamaño
del hogar.

| TABLA A.3 | Nueva metodología de medición de líneas de pobreza según tamaño del hogar (valores per cápita).

Tamaño de Hogar (Nº de Personas) Línea Pobreza Extrema ($) Línea Pobreza ($)

1 91.274 136.911

2 148.275 222.413

3 196.940 295.409

4 240.874 361.311

Promedio Grupo de Referencia


258.720 388.081
(4,43 personas)

Fuente: Elaboración propia en base a Encuesta CASEN, 2013


Nota: Valores en pesos de noviembre del año 2013.

II. ENCUESTA NACIONAL DE EMPLEO (ENE) Y NUEVA


ENCUESTA NACIONAL DE EMPLEO (NENE)

Objetivos: Clasificar a todas las personas según su situación laboral,


aplicando un conjunto de reglas de prioridad, en las que se basa, a nivel
internacional, el enfoque de medición del empleo y el desempleo a partir de
encuestas a hogares.

Años de aplicación: 1966-2009 (serie antigua, ENE) y 2010-2014 (serie


nueva, NENE).

Periodicidad: Trimestral.

Nivel de representatividad: Nacional, regional, provincial y grandes


ciudades.

Población objetivo: Personas mayores de 15 años que habitan los hogares


de las viviendas seleccionadas, en las secciones (o manzanas) elegidas del
marco muestral.

Tamaño muestral: Aproximadamente, 34.000 hogares y 106.000 personas.


Institución responsable: INE.

2 Fuente: Serie Documentos Metodológicos N°28 del Observatorio Social.

392
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Conceptos utilizados y especificaciones acerca del uso de variables de la


ENE y NENE:

1. Construcción de niveles educacionales utilizando ENE


1990 y NENE 2014.

ENE 1990: Especificaciones acerca de la construcción de los niveles


educacionales:

Educación Media incluye las categorías “Secundario”, “Comercial”,


“Industrial“, “Agrícola” y “Técnico Femenina”.
Educación Técnica incluye las categorías “Normal”, “Extra-escolar” y
“Otros.
NENE 2014: Especificaciones acerca de la construcción de los niveles
educacionales:
Educación Básica incluye las categorías “Preescolar “, “Primaria (nivel 1)”
y “Primaria (nivel 2)”.

III. ENCUESTA SUPLEMENTARIA DE INGRESOS (ESI) Y


NUEVA ENCUESTA SUPLEMENTARIA DE INGRESOS (NESI)

Objetivos: Indagar sobre los ingresos laborales de las personas y otras


fuentes de ingresos de los hogares. Constituye un módulo complementario
de la encuesta ENE/NENE.

Años de aplicación: 2001-2009 (serie antigua, ESI) y 2010- 2014 (serie


nueva, NESI).

Periodicidad: Anual, en el trimestre octubre-diciembre.

Nivel de representatividad: Nacional, regional, provincial y grandes


ciudades.

Población objetivo: Las personas mayores de 15 años que habitan los


hogares de las viviendas seleccionadas, en las secciones (o manzanas)
elegidas del marco muestral.

Tamaño muestral: Aproximadamente, 34.000 hogares y 106.000 personas.

Institución responsable: INE.

Conceptos utilizados y especificaciones acerca del uso de variables de la


ESI y NESI:

1. Cálculo del Ingreso medio por hora de los trabajadores


dependientes utilizando ESI y NESI

Para este cálculo se consideró solamente los ocupados que declaran


ingresos el mes anterior.

Entre 1990 y 1995, de acuerdo a la metodología aplicada por el INE, se toma


por defecto un valor de 98 horas para aquellos ocupados/as que trabajan
más de 100 horas, pues no se tiene información sobre el número exacto
de horas efectivas trabajadas. En consecuencia, su ingreso medio por hora

393
ANEXO METODOLÓGICO

podría estar sobreestimado.


IV. ENCUESTA LONGITUDINAL DE PRIMERA INFANCIA
(ELPI)

Objetivos: Recoger datos sobre la situación sociodemográfica de cada


uno de los participantes del hogar de niñas y niños, además de levantar
información del desarrollo físico y socioemocional de los/as seleccionados/
as. Tiene un carácter longitudinal, es decir, está diseñada para el
seguimiento periódico de la muestra seleccionada.

Años de aplicación: 2010 y 2012.

Nivel de representatividad: Nacional.

Población objetivo: Niñas y niños de entre 6 meses y 7 años de edad.

Tamaño muestral: El año 2010 participaron 15.000 niños/as de todo el país.


El año 2012 aumenta a 18.000 niños/as de todo el país, de cuales, 15.000
correspondían al seguimiento de la muestra de 2010 y los 3.000 niños(as)
restantes se incluyeron para caracterizar a cohortes más jóvenes.

Institución responsable: Ministerio de Educación (2010) y Ministerio del


Trabajo y Previsión Social (2012), a través del Centro de Microdatos de la U.
de Chile.

Conceptos utilizados y especificaciones acerca del uso de variables de la


ELPI:

1. Instrumentos y evaluaciones aplicados a través de la


ELPI.

La ELPI aplica una batería de instrumentos para hacer la evaluación


de los infantes, sus cuidadores y el hogar donde viven. Respecto de la
evaluación de los niños y niñas, en relación con el área de desarrollo
psicomotor, se aplica: Escala de Evaluación del Desarrollo Psicomotor
(EEDP) (6 – 23 meses, 30 días); Inventario Battelle (6 – 23 meses, 30 días);
Test de Desarrollo Psicomotor (TEPSI) (24 meses- 5 años, 0 días); Test de
Vocabulario en Imágenes Peabody, adaptación Hispanoamericana (TVIP) (24
meses- 5 años, 0 días). En relación con el área socioemocional, se aplica
Ages & Stages Questionnaires: Social Emotional (ASQ: SE) (6 – 17, meses,
30 días) y Child Behavior Checklist (CBCL) (18- 60 meses). En cuanto al área
física, se mide altura, peso y circunferencia craneal (0 – 60 meses)

Para la evaluación del cuidador principal en el área cognitiva, se aplica el


Test Wechsler Adults Intelligence Scale (WAIS) (Subtest de Vocabulario y
Retención de Dígitos); en el área socioemocional, el Test Big Five Inventory
(BFI); y en el área física, se mide estatura y peso. Respecto de la evaluación
del hogar, se aplica el Inventario HOME, para evaluar el ambiente familiar.

394
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

2. Descripción del Inventario de Desarrollo Battelle3 .

Uno de los instrumentos utilizados en la ELPI es el Inventario de Desarrollo


Battelle, el cual se define como una batería de pruebas para evaluar
habilidades fundamentales del desarrollo en niños/as con edades
comprendidas entre el nacimiento y los 8 años. Está integrado por un total
de 341 ítems agrupados en las siguientes 5 áreas:

Personal/ Social: Evalúa las capacidades y características que permiten


al niño/a establecer interacciones sociales significativas.
Adaptativa: Aprecia la capacidad del niño/a para utilizar la información y
las habilidades evaluadas en las otras áreas. Evalúa las habilidades de
autoayuda y las tareas que dichas habilidades requieren.
Motora: Evalúa el desarrollo motor grueso y la capacidad del niño/a para
usar y controlar los músculos del cuerpo (desarrollo motor grueso y fino).
Comunicación: Se aprecia la recepción y expresión de información,
pensamientos e ideas por medios verbales y no verbales del niño/a.
Cognitiva: Aprecia habilidades y capacidades de tipo conceptual en el
niño/a.

Los resultados se pueden analizar utilizando las puntuaciones z y T y los


cocientes de desviación como base para las conclusiones referentes a los
puntos débiles y fuertes del desarrollo. Cualquier puntuación que quede
entre 1,5 desviaciones estándar por debajo de la media, indica puntos
débiles, asimismo cualquier puntuación que quede 1,5 desviaciones por
sobre la media, indica puntos fuertes.

3. Criterio utilizado en la construcción de los deciles de


ingreso en la ELPI.

Los deciles fueron construidos en base a la pregunta n°11 del Módulo


Ingresos del Hogar de las encuestas ELPI 2010 y 2012; “¿Cuál fue el
ingreso promedio del hogar durante los últimos 12 meses considerando
todas las fuentes de ingreso?”. Es decir, se consideró la declaración del
monto de ingresos en pesos (preguntas D11 y L11, de la ELPI 2010 y 2012,
respectivamente).

Para aquellos casos en que el encuestado/a no sabe o no declara el


monto, este es inferido a través de la pregunta anterior, referida al tramo
de ingresos, asignándose el valor promedio de los valores extremos del
tramo de ingresos propuesto en cada categoría. Para la última categoría, en
que el tramo es “$1.250.000 o más”, se asigna el promedio de ingresos de
los hogares que en la pregunta D11/L11 declararon un monto de ingresos
superior a $1.250.000.

V. ENCUESTA NACIONAL SOBRE ACTIVIDADES DE


NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES (EANNA)

Objetivos: Investigar acerca de las actividades de la vida diaria que


realizan los niños, niñas y adolescentes entre los 5 y 17 años, de manera de
contribuir al desarrollo de políticas públicas para este grupo de la población.

Años de aplicación: 2012.

3 Fuente: Anexo Metodológico de la ELPI, del Centro de Microdatos, quienes, a su vez, se


basaron en el Manual Inventario de Desarrollo Battelle (De la Cruz & González, 1998).

395
ANEXO METODOLÓGICO

Nivel de representatividad: Nacional.

Población objetivo: Niños, niñas y adolescentes entre los 5 y 17 años.

Tamaño muestral: El año 2012 se encuesta a 9.978 niños, niñas y


adolescentes.

Institución responsable: Ministerio de Desarrollo Social, con la colaboración


del Ministerio del Trabajo y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT),
a través del Centro de Microdatos de la U. de Chile.

VI. ENCUESTA VOZ DE MUJER

Objetivos: Recoger las inquietudes y necesidades de las mujeres chilenas


en torno a su participación en el mundo del trabajo.

Años de aplicación: 2009 y 2011.

Nivel de representatividad: Nacional.

Población objetivo: Mujeres entre 18 y 65 años de la zona urbana.

Tamaño muestral: 3.000 mujeres aproximadamente, cada año.

Institución responsable: ComunidadMujer, a través del Centro de


Microdatos de la U. de Chile.

VII. SISTEMA DE INFORMACIÓN Y MEDICIÓN DE LA


CALIDAD DE LA EDUCACIÓN (SIMCE)4

El SIMCE es el sistema de evaluación que la Agencia de Calidad de


la Educación utiliza para medir los resultados de aprendizaje de los
establecimientos educacionales en diferentes asignaturas o áreas de
aprendizaje. Además, recoge información sobre docentes, estudiantes,
padres/madres y apoderados/as a través de diversos cuestionarios.

Las asignaturas que actualmente evalúa SIMCE son: Lenguaje y


Comunicación (Comprensión de Lectura y Escritura); Matemática; Ciencias
Naturales; Historia, Geografía y Ciencias Sociales e Inglés. Las pruebas
se aplican a todas las y los estudiantes de 2°, 4°, 6° y 8° básico, y 2° y 3°
medio. A partir del 2013, se aplican pruebas censales para estudiantes de 6°
básico con discapacidad sensorial.

Además, se aplica a una muestra de estudiantes el SIMCE TIC y el Estudio


Nacional de Educación Física (SIMCE Educación Física).

VII.1. SIMCE DE EDUCACIÓN FÍSICA


Objetivos: Diagnosticar la Condición Física de los estudiantes, y el impacto
de esta condición en su calidad de vida.

Años de aplicación: 2011, 2012, 2013 y 2014.

4 Fuente: Agencia de Calidad de la Educación.

396
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

Nivel de representatividad: Nacional.


Población objetivo: Estudiantes de 2°, 4°, 6°, 8° básico, 2° y 3° medio.

Tamaño muestral: El año 2014 participaron 9.919 alumnos de 8° básico de


370 establecimientos educacionales.

Institución responsable: Agencia de Calidad de la Educación.

VIII.2. SIMCE TIC


Objetivos: Medir las habilidades de información, comunicación y ética e
impacto social, seleccionadas de entre las denominadas Habilidades TIC
para el aprendizaje.

Años de aplicación: 2011 y 2013.

Nivel de representatividad: Nacional, regional y por tipo de dependencia.

Tamaño muestral: Aproximadamente unos 11 mil estudiantes de una


muestra aleatoria de 500 establecimientos educacionales.

Población objetivo: Centro de Educación y Tecnología, Enlaces, Ministerio


de Educación.

VIII. TERCER ESTUDIO REGIONAL COMPARATIVO Y


EXPLICATIVO (TERCE)

Objetivos: Obtener información sobre los logros de aprendizaje de las y


los estudiantes de 15 países de América Latina y el Caribe, más el estado
mexicano de Nueva León, y sobre los factores asociados a dichos logros.

Años de aplicación: Sus dos primeras aplicaciones fueron en 1997 (Primer


Estudio Regional Comparativo y Explicativo, PERCE) y 2006 (Segundo
Estudio Regional Comparativo y Explicativo, SERCE); Chile participó en
ambas instancias. El TERCE se llevó a cabo en 2013.

Nivel de representatividad: Nacional.

Población objetivo: Estudiantes de 3° y 6° básico en las áreas de Lectura,


Escritura, Matemática y Ciencias (solo se aplica en 6° básico).

Institución responsable: Agencia de Calidad de la Educación (Chile).

El estudio es desarrollado por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación


de la Calidad de la Educación (LLECE), cuya coordinación está a cargo
de la Oficina Regional de la Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

IX. SISTEMA DE INFORMACIÓN DE LA EDUCACIÓN


SUPERIOR (SIES)

El Servicio de Información de Educación Superior (SIES) es una entidad


dependiente de la División de Educación Superior del Ministerio de
Educación, que surge del mandato establecido en la Ley 20.129. Su objetivo

397
ANEXO METODOLÓGICO

general es convertirse en un servicio de información pública que provea


información confiable, oportuna y pertinente para la toma de decisiones de
los diversos actores de la Educación Superior, mediante el desarrollo de un
sistema de información integrado.

1. Síntesis de las carreras consideradas por la


clasificación de área de estudios:

Administración y Comercio: Ingeniería Comercial, Finanzas, Marketing,


RRHH, Auditoría, Administración Pública, Publicidad, Hotelería, Gastronomía
y Turismo;

Agricultura, Silvicultura, Pesca y Veterinaria: Agronomía, Ingeniería


Forestal, Biología Marina, Acuicultura, Veterinaria y Vitivinicultura;

Arte y Arquitectura: Teatro, Cine, Danza, Diseño, Ilustración, Música,


Paisajismo, Fotografía, Arquitectura y Restauración;

Ciencias: Biología, Química, Física, Astronomía, Estadísticas, Geología y


Matemáticas;

Ciencias Sociales: Antropología, Ciencias Políticas, Periodismo,


Comunicación Social, Psicología, RRPP, Trabajo Social, Sociología,
Orientación Familiar, Bibliotecología y Producción de Eventos;

Derecho: Criminalística, Derecho y Administración Judicial;

Educación: Educación Parvularia, Educación Diferencial, Pedagogías,


Psicopedagogía y Técnicos en Educación;

Humanidades: Filosofía, Geografía, Historia, Estética, Literatura, Traducción


y Teología;

Salud: Enfermería, Fonoaudiología, Kinesiología, Medicina, Nutrición,


Odontología, Química y Farmacia, Obstetricia, Óptica, Peluquería, Podología,
Terapia Ocupacional, Tecnología Médica y Laboratorista;

Tecnología: Informática, Electrónica, Electricidad, Ingenierías (salvo


las vinculadas a lo agropecuario, la administración y el comercio),
Telecomunicaciones, Transportes, Medioambiente, Cartografía y
Construcción.

398
INFORME GET - GÉNERO, EDUCACIÓN Y TRABAJO. LA BRECHA PERSISTENTE.

399
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