"Una noche más Adriano era incapaz de conciliar el sueño.
Apoyado sobre la balaustrada que da
frente a las aguas inmensas y serenas del Mediterráneo, con los ojos rebosantes de la más
líquida amargura que jamás tuvo en su vida, miraba al cielo buscando ver allí a su
adorado Antínoo. Y al fin creyó verle sonreír en la inmensidad de la noche, como un destello
infinito que iluminó las lunas tristes de eterna soledad".
(Del relato corto inédito de Rafael Arribas El ombligo de Antínoo).
"Soy como nuestros escultores: lo humano me satisface,
pues allí encuentro todo, hasta lo eterno"
(Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano)
El nombre Antinoo es griego y proviene del verbo (antheo), que significa
florecer, brotar, estar en plenitud. Antinoo es "el que florece o renace", significado que
recuerda cualidades de Dioniso, con quien se lo asimilará posteriormente.
Por su belleza inusual (a excepción de las estatuas marcadamente idealizadas de los
grandes escultores de antaño) y su personalidad melancólica y enigmática, muchos
aguardaban el momento en el que el adolescente se convertiría en hombre y debería
alejarse de la corte, tal como sucedía en aquellos casos, para dar lugar a un nuevo
educando. Sin embargo, cuando aquel acontecimiento comenzaba a mostrar su
inminencia, pues Antinoo llegaba a los veinte años aproximadamente, su cuerpo apareció
sin vida en la rivera del Nilo, durante un viaje a Egipto
Mucho se ha escrito respecto a este evento decisivo para la generación del mito. Sin
embargo parecen ser las obras literarias del siglo XX las que intuyen desde dentro, la
crisis y el dolor que debe haber anidado en Antinoo, al verse en la corniza de su juventud
ante un abismo de soledad y lejanía. Baste recordar las Memorias de Adriano de
Marguerite Yourcenar, el poema Antinoo de Frenando Pessoa o las recientesMemorias de
Antinoo de Daniel Herrendorf, precedidos siglos anteriores por obras de Oscar Wilde,
Tennyson y otros.
"Y aquí, hemos creído, no estaría fuera de lugar recordar a Antinoo, que vivio en estos tiempos, a
quien todos por miedo se arrojaron a honrar como dios, no obstante saber muy bien quién era y de
dónde venía"; dice San Justino (1).
"Éste Antinoo, aunque saben que es un hombre, y un hombre en modo alguno honorable sino
libertino a más no poder, recibe honores por miedo hacia quien dio semejante orden. Pues cuando
Adriano estuvo en la tierra de los egipcios murió Antinoo, el esclavo de su placer, y entonces
ordenó que se le rindiera culto, ya que aún después de su muerte estaba enamorado del joven";
dice, a su vez, San Atanasio (2)
"Me siguió en la vida como un animal o como un genio familiar. Aquel hermoso lebrel
ávido de caricias y de órdenes se tendió sobre mi vida. (...) Sólo una vez fui amo absoluto;
y lo fui de un solo ser" de Memorias de Adriano
hemorroides
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