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Mowgli: Adaptación a la Vida Humana

Mowgli, tras ser acogido por una mujer que cree que es su hijo perdido, se siente incómodo en la choza y decide escapar. A pesar de su deseo de huir, comienza a aprender a hablar imitando a la mujer. Al final, se encuentra con Hermano Gris, quien le trae noticias de la jungla.
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Mowgli: Adaptación a la Vida Humana

Mowgli, tras ser acogido por una mujer que cree que es su hijo perdido, se siente incómodo en la choza y decide escapar. A pesar de su deseo de huir, comienza a aprender a hablar imitando a la mujer. Al final, se encuentra con Hermano Gris, quien le trae noticias de la jungla.
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rurales.

Le sirvió un buen trago de leche y un poco de pan. Luego apoyó la mano en la


cabeza del chico y le miró a los ojos, pues pensaba que tal vez fuese su verdadero hijo,
que acababa de regresar de la jungla adonde el tigre se lo había llevado.
—¡Nathoo, oh Nathoo! —dijo la mujer.
Mowgli no dio a entender que el nombre le resultara conocido.
—¿No te acuerdas del día en que te di los zapatos nuevos?
La mujer tocó los pies del muchacho, que estaban duros como si estuvieran hechos
de asta.
—No —dijo la mujer con tristeza—, estos pies nunca han llevado zapatos. Pero te
pareces mucho a mi Nathoo, así que serás mi hijo.
Mowgli se sentía incómodo, ya que jamás había estado bajo un techo. Sin embargo,
al mirar la puerta vio que podría echarla abajo en cualquier momento si quería escapar.
Observó también que la ventana estaba desprovista de pestillo o cosas parecidas.
«¿De qué sirve un hombre —dijo para sí finalmente— si no es capaz de entender lo
que dicen los hombres? Ahora soy tan tonto y zoquete como lo sería un hombre
estando con nosotros en la jungla. Debo aprender a hablar igual que ellos.»
No había sido por diversión que, mientras se hallaba con los lobos, en la jungla,
había aprendido a imitar el grito de los gamos o los gruñidos de los cerditos salvajes.
Así, pues, en cuanto Messua pronunciaba una palabra, Mowgli la imitaba casi a la
perfección y antes de que cayera la noche ya había aprendido el nombre de muchas
de las cosas que había en la choza.
A la hora de acostarse se presentó un contratiempo, ya que Mowgli no quería dormir
en algo que, como sucedía con la choza, se pareciese tanto a una trampa para cazar
panteras y se escapó por la ventana en cuanto cerraron la puerta.
—Deja que se salga con la suya —dijo el marido de Messua—. No olvides que con
toda seguridad jamás habrá dormido en una cama. Si en verdad ha venido a ocupar el
sitio de nuestro hijo, no se fugará.
Así que Mowgli se tumbó en la hierba larga y limpia que crecía al borde del campo;
pero antes de que hubiese cerrado los ojos, un hocico suave y gris se puso a hurgarle
el mentón.
—¡Uf! —exclamó Hermano Gris (el mayor de los cachorros de Madre Loba)—. Mala
recompensa es esta por haberte seguido veinte millas. Hueles a humo de leña y a
ganado… como si ya fueras un hombre. Despierta, Hermanito, que te traigo noticias.
—¿Están todos bien en la jungla? —preguntó Mowgli, abrazándolo.

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