Trabajo Práctico n°7 de Filosofía.
Filósofos presocráticos: Heráclito de Efeso.
E.S.N°21. Curso: 6°3era. Sociales. Turno: tarde.
Profesora: Laura Sacco.
¡Hola chicos!
En este trabajo práctico conoceremos a un filósofo presocrático más,para luego, en el
próximo trabajo empezaremos con Só[Link] filósofo presocrático se llama: Heráclito,él
tambien buscaba un Arjé, un principio primordial, generador de todas las cosas.
En esta oportundad ustedes leerán unas páginas del libro “Principios de Filosofía” de Adolfo
Carpio y a continuación responderán a las preguntas del mismo.
Preguntas:
1) Concepto de Rio ¿De qué se trata? ¿Qué simboliza?
2) Concepto de Cosmos,describí sus caracteristicas. ¿ El cosmos es creado?
3) Con respecto al fuego ¿A qué se refiere Heráclito,qué sería el fuego? ¿Este sería su Arjé?
4) Cocepto de guerra ¿Está en contra Heráclito del concepto de guerra? ¿En qué sentido se
habla de guerra, de qué trata?
PRINCIPIOS DE FILOSOFÍA CAMBIO Y PERMANENCIA
CAPÍTULO II
CAMBIO Y PERMANENCIA
1. Devenir e inmutabilidad
Se dijo que, al aplicar el principio de razón al conjunto de todo lo que es, se
planteaba el problema metafísico, es decir, el problema relativo al fundamento de los
entes en totalidad; también se dijo que a este problema se han dado las respuestas más
diversas (cf. Cap. I, § 5). Ahora bien, entre esa variedad hay dos doctrinas capitales, y
justamente en los comienzos mismos del filosofar griego, que constituyen como dos
modelos primordiales, y a la vez contrapuestos, que han determinado de manera decisiva
todo el pensamiento ulterior -el cual, en este sentido, puede describirse como serie de
posibles compromisos o transacciones entre aquellos dos modelos.
Lo que movió a los griegos a filosofar fue el asombro (cf. Cap. I, § 4), y ese
asombro fue ante todo asombro por el cambio, es decir, por el hecho de que las cosas
pasen del ser al no-ser y viceversa. Un árbol, por ejemplo, gracias a ese cambio que se
llama crecimiento, pasa de ser pequeño, y, por tanto, no ser grande, a ser grande y no ser
pequeño. Y el cambio o devenir se manifiesta en múltiples fenómenos del universo: en el
cambio de las estaciones -posición del sol, transformaciones de la vegetación, etc.-; en el
desarrollo del embrión hasta llegar al individuo adulto; en el nacimiento y en la muerte, y,
en general, en la aparición y desaparición de las cosas. Ante tal espectáculo los griegos
se preguntaron: ¿Qué es esto del cambio? ¿Por qué lo hay y qué significa? ¿Es que no
hay más que cambio, que todo es cambio? ¿O que más bien el cambio es cambio de algo
que en su último fundamento no cambia, es decir, de algo permanente? ¿O será el
cambio en definitiva mera apariencia, una ilusión?
Pues bien, un filósofo, Heráclito, afirma que el fundamento de todo está en el
cambio incesante; que el ente deviene, que todo se transforma, en un proceso de
continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa. El otro, al contrario. Parménides,
enseña que el fundamento de todo es el ente inmutable, único y permanente; que el ente
"es", simplemente, sin cambio ni transformación ninguna.
2. Heráclito: el fuego
Heráclito vivió hacia comienzos del siglo V a.C entre 544/1 y 484/1, y era natural de
Efeso, ciudad de la Jonia, en la costa occidental del Asia Menor. Como de los demás
filósofos anteriores a Platón, no nos quedan de aquél más que fragmentos de sus obras,
lo cual constituye ya una dificultad para su estudio.1 Más con ella se enlaza otra, en cierto
1
Los fragmentos de los presocráticos, junto con los testimonios antiguos acerca de ellos, se encuentran
reunidos, y acompañados por su traducción (alemana), en los Fragmente der Vorsokratiker [Fragmentos de
los presocráticos], de HERMANN DIELS (1848-1922), obra publicada por primera vez en Berlín, 1903. Aquí
hemos utilizado la 6' edición, realizada por W. Kranz, Berlin, Weidmannsche Verlagsbuchhandlung, 1951,
edición a la que corresponde la numeración de los fragmentos, según es corriente hacerlo.
PRINCIPIOS DE FILOSOFÍA CAMBIO Y PERMANENCIA
modo más grave, porque depende, no de circunstancias exteriores, sino del pensamiento
mismo del filósofo, de la dificultad de su propia doctrina y de su expresión, que le valieron
el sobrenombre que le dieran los antiguos: ó "el Oscuro".
Heráclito expresó del modo más vigoroso, y con gran riqueza de metáforas, la idea
de que la realidad no es sino devenir, incesante transformación: "todo fluye", "todo pasa y
nada permanece", son frases que Platón atribuye a los heraclitianos. 2 Heráclito se vale de
numerosas imágenes, la más famosa de las cuales compara la realidad con el curso de
un río: "no podemos bañarnos dos veces en el mismo río" (frag. 91), porque cuando
regresamos a él sus aguas, continuamente renovadas, ya son otras, y hasta su lecho y
sus riberas se han transformado, de manera que no hay identidad estricta entre el río del
primer momento y el de nuestro regreso a él. El río de Heráclito simboliza entonces el
cambio perpetuo de todas las cosas. Por tanto lo substancial, lo que tiene cierta
consistencia fija, no la puede tener sino en apariencia; todo lo que se ofrece como
permanente es nada más que una ilusión que encubre un cambio tan lento que resulta
difícil de percibir, como el que secretamente corroe las montañas, por ejemplo, o un
bloque de mármol. Y lo que se dice de cada cosa individual, vale para la totalidad, para el
mundo entero, que es un perenne hacerse y deshacerse. El fragmento 30 reza:
Este mundo, el mismo para todos, no lo hizo ninguno de los dioses ni ninguno de
los hombres, sino que siempre fue, es y será fuego siempre vivo, que se enciende según
medida y se apaga según medida.
La palabra griega que se traduce por "mundo" es cosmos ( término que no
sólo significaba el universo, sino tenía también el sentido de "adorno", "ornamento",
"arreglo",3 "orden", y no cualquier orden, sino el orden armonioso, equilibrado, bello. Esto
quiere decir que al llamar "cosmos" al mundo, los griegos, a través de su lengua -porque
todo lenguaje implica una determinada forma de encarar la realidad-, pensaban el mundo
como una totalidad ordenada, armónica, hermosa: el mundo era para ellos la armonía, la
disposición ordenada de todas y cada una de las cosas4 desde siempre y para siempre. -
Las representaciones mítico-religiosas hablaban de un origen del mundo (no a partir de la
nada, como en la creencia judeo-cristiana, sino) a partir del caos o "apertura" primordial
que la divinidad o divinidades ordenaban (Hesíodo, cf. arriba. Cap. I, § 4). En declarada
oposición, Heráclito sostiene que el cosmos no es obra de los dioses, ni mucho menos,
naturalmente, de los hombres; por el contrario, el mundo "siempre fue, es y será", es
decir, es eterno, de duración infinita, desde siempre y para siempre, con lo cual Heráclito
fue "el primero en presentar en Grecia un concepto de eternidad que es infinidad temporal
del ser"-5 -El cosmos es además único: "el mismo para todos", y con esta idea de su
unicidad niega Heráclito la pluralidad de los mundos.
Pero, ¿en qué consiste el mundo, cuál es su fundamento, lo que lo hace ser tal
como es? Heráclito afirma que es "fuego siempre vivo". Respecto del significado que le
diera el filósofo al fuego, caben dos interpretaciones diferentes, que en el fondo no son
incompatibles. -En primer lugar se puede pensar que "fuego" designa el principio o
fundamento () de todas las cosas, como especie de "material" primordial del que
todo está hecho (equivalente entonces al "agua" de Tales, cf. Cap. I § 4). "El camino hacia
arriba y el camino hacia abajo, uno y el mismo camino", se lee en el fragmento 60, lo cual
se referiría al proceso por el cual se generan todas las cosas del fuego y por el cual todas
retornan a él; el camino hacia abajo sería el proceso de "condensación" por el cual del
2
Cratilo 440 c y 402 a.
3
De deriva "cosmética".
4
Concepción que, probablemente, no es la que evoca hoy en nosotros el vocablo "mundo".
5
R. MONDOLFO, Heráclito. Textos v problemas de su interpretación, trad. esp. México. Siglo XXI. 1966. p.
225.
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fuego proviene el mar (el agua) y de éste la tierra; el proceso inverso es el camino hacia lo
alto, que por "rarefacción" lleva de la tierra al mar y del mar al fuego. En segundo lugar,
puede pensarse que "fuego" sea una metáfora, una imagen del cambio incesante que
domina toda la realidad, elegido como símbolo porque, entre todas las cosas y procesos
que se nos ofrecen a la percepción, no hay ninguno donde el cambio se manifieste de
manera tan patente como en el fuego: la llama que arde es cambio continuo, y cuanto
más quieta parece estar, tanto más rápido es el proceso de combustión (cuando
chisporrotea, por el contrario, es más lento). Fácil es comprender, sin embargo, que
ambas interpretaciones del "fuego" no son necesariamente excluyentes: el fuego bien
pudo haber sido para Heráclito símbolo del cambio, y a la vez motor y substancia del
mismo. En cuanto al calificativo de "siempre vivo" que se le aplica al fuego, significa, no
sólo la eternidad del mundo, ya señalada, sino también que esa "substancia" que es el
fuego la piensa Heráclito como algo animado (hilozoísmo), quizás aun de índole psíquica;
el fuego es un principio generador, autoformador y autoordenador, inmanente a todas las
cosas.6
3. Heráclito: el logos
El fragmento 30 concluye diciendo que el fuego, que es el mundo, se enciende y se
apaga "según medida" (). Esta expresión indica que el cambio de que se trata está
sometido a un cierto ritmo alterno -como, por ejemplo, el ritmo cíclico de las estaciones, o
el del nacimiento y la muerte-. Aquí se encuentra, junto a la del fuego, la otra idea
fundamental de Heráclito -quizá-, de seguir a ciertos intérpretes, su tema capital.7 En
efecto, tanto como el cambio le preocupa a Heráclito la "medida" de ese cambio, la regla o
norma a que ese devenir está sujeto. El cambio no es cambio puro, por así decirlo, sin
orden ni concierto -lo cual sería por lo demás impensable-, sino un cambio que sigue
ciertas pautas. Con lo cual aparece por primera vez -si no con entera claridad, al menos
prefigurado- el concepto de lo que luego se llamará ley científica, y que Heráclito
denomina Dike (Justicia) y logos.
Esa "ley" o norma la piensa Heráclito como ritmo u oscilación entre opuestos; y en
otro de sus célebres fragmentos se lee que "la guerra de todas las cosas es padre, de
todas las cosas es rey" (fr. 53). "Guerra", pólemos () no es sino un nuevo
nombre para el cambio. Heráclito la llama "padre" y "rey" 8 vale decir, la considera aquello
que genera, aquello de donde las cosas se originan, y a la vez lo que manda, gobierna o
domina sobre ellas. Éstos son, precisamente, los dos sentidos principales de la palabra
, arjé, que suele traducirse por "fundamento" o "principio" (cf. supra, Cap. I, § 4),
porque el fundamento de todos los entes se lo piensa como aquel algo primordial de que
todos provienen, del que dependen y por el que están dominados, pues les impone su ley.
El término "guerra" pone de relieve en la noción de cambio un matiz que no es difícil
comprender: la guerra supone siempre enemigos, contrarios, y según ya sabemos (cf. §
1) el cambio implica el par de opuestos ser y no-ser, como si fuesen contendientes o
contrincantes. En efecto, Heráclito concibió lo absoluto como proceso dialéctico, según
observaba Hegel:9 "dialéctico", porque en ese proceso se realiza la unidad de los
6
Cf. op. cit. p. 249.
7
Cf. [Link] - [Link], The Presocratic Philosophers, Cambridge At the University Press, 1964, p.
187.
8
La palabra "guerra", es en griego de género masculino.
9
Vorlesungen über die Geshichte der Philosophie [Lecciones sobre la historia de la filosofía] en Werke
(Obras, ed. Glockner), XIII, p. 328. La dialéctica, entonces, tiene su origen más remoto en Heráclito, y
cuando Hegel, en el siglo pasado, vuelve a poner en circulación, por así decirlo, este concepto filosófico, no
PRINCIPIOS DE FILOSOFÍA CAMBIO Y PERMANENCIA
opuestos, la coincidentia oppositorum [coincidencia de los opuestos], según se dirá
mucho después. Porque toda cosa, en su incesante cambio, reúne en sí determinaciones
opuestas, es y no es, es hecha y deshecha, destruida y rehecha.
Es preciso saber que la guerra es común [a todas las cosas], y [que] la justicia [es]
discordia, y que todas las cosas ocurren según discordia y necesidad.10 Que la guerra es
"común" a todas las cosas, significa una vez más que constituye el principio universal que
todo lo domina, pues "todas las cosas ocurren o se generan según la discordia"; y ello
acontece inexorablemente ("según necesidad"). La unidad de los contrarios la insinúa la
frase de acuerdo con la cual "la justicia es discordia", que a la vez insiste en que la "le,"
(la justicia) es la lucha.
De la identidad de los contrarios aduce Heráclito numerosos ejemplos, entre ellos
los siguientes, que no requieren mayor comentario:
El mar es el agua más pura y la más sucia, para los peces potable y saludable,
11
para los hombres impotable y deletérea. Los cerdos gozan del fango más que del agua
12
pura.
Estos pasajes, y otros similares, enseñan que los opuestos, sin dejar de serlo, no
son nada separado de modo absoluto, sino más bien momentos alternos y
complementarios de un solo dinamismo -de una unidad superior que los engloba y
domina, a saber, la guerra. En comprenderlo reside la sabiduría:
Uno es lo sabio: llegar al saber de que todas las cosas están gobernadas por
13
todas.
En efecto:
Las cosas, consideradas juntamente, son un todo y no son un toco,
convergentes y divergentes, acordes y discordes; de todas las cosas resulta uno y de
14
uno todas las cosas.
La "guerra" no significa entonces -se lo ve ahora con más claridad-desorden, sino,
por el contrario, una armonía: la que de una pluralidad de cosas y acontecimientos
discordantes hace el cosmos único, bello y ordenado, y que no es sino el mundo mismo
como armonía que incesantemente se construye a sí mismo- "es sabio convenir en que
todo es uno" (frag. 50).
Dijimos más arriba que a esta especie de ley que todo lo domina le da Heráclito,
entre otros nombres, el de logos, Es éste un término fundamental, muy rico en
significados, que los diccionarios suelen reducir a tres principales: a) palabra, dicho,
discurso; b) relación, proporción; y c) razón, inteligencia, concepto. Y de todo ello hay
resonancias en Heráclito: el logos dice (a) cuál es la relación entre las cosas (b), su
comportamiento, que expresa un cierto orden inteligible (c) inmanente al mundo. Pero el
sentido primero, primordial, de , parece ser más bien el de "reunión". El logos, en
efecto, la unidad de los contrarios, reúne todas las cosas, puesto que las armoniza y de la
multiplicidad inagotable de ellas constituye o forma el mundo único. Y si se quiere ir más a
fondo, podrá decirse que en definitiva aquello en que están propiamente reunidos los
cesa de referirse al efesio como a su antecedente y lejano maestro: "Aquí vemos tierra: no hay ninguna
proposición de Heráclito que yo no haya recogido en mi Lógica", loc. cit. Cf. infra. Cap. XI.
10
Frag. 80
11
Frag. 61
12
Frag. 13: cf. frag. 60, citado supra.
13
Frag. 41
14
Frag. 10
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entes, en lo que todos coinciden o acuerdan, es en que son: lo que reúne es el ser, y
; nombra entonces el ser de los entes.15 El logos, pues, entendido como el ser en
tanto dador de unidad, es el fundamento de todo, que todo traspasa y domina.
4. Parménides: el ente y sus caracteres
Parménides nació, según se supone, hacia los años 515 a 510 a.C. en la ciudad de
Elea, colonia griega del sur de Italia; entre 490 y 475 escribió un poema didáctico, en
hexámetros, conocido bajo el título De la naturaleza, del que se conserva el proemio,
alrededor, quizás, de los nueve décimos de la primera parte, y muy poco de la última, de
mucha menor importancia filosófica; pues la doctrina que lo ha hecho célebre se
encuentra en la primera. Su teoría, según se adelantó (§ 1), representa la antítesis de la
de Heráclito.16
Parménides es el primer filósofo que procede con total rigor racional, convencido
de que únicamente con el pensamiento -no con los sentidos- puede alcanzarse la verdad
y de que todo lo que se aparte de aquél no puede ser sino error; sólo lo (racionalmente)
pensado "es", y, a la inversa, lo que es, responde rigurosamente al pensamiento:
Pues lo mismo es pensar y ser,
según afirma el fragmento 3. El pensar no puede ser sino pensar del ente: no hay
posibilidad de alcanzar el ser sino mediante la razón. "La posibilidad de concebir algo
(concebibilidad) (y, en consecuencia, la posibilidad de expresarlo) es criterio y prueba de
la realidad de lo que es concebido (y expresado) porque solamente lo real puede
concebirse (y expresarse) y lo irreal no puede concebirse (ni expresarse). Con lo cual
Parménides llega a expresar, no sólo que pensar una cosa equivale a pensarla existente,
sino también que la pensabilidad de una cosa prueba su existencia; porque si sólo lo real
es pensable, lo pensado resulta necesariamente real".17 Lo repite el frag. 8 (verso 34): "Y
lo mismo es pensar y aquello por lo cual hay pensamiento". El pensar sólo es tal pensar
para el ser.
Parménides comienza por colocarse ante la alternativa más amplia que pueda uno
enfrentar (la filosofía, dijimos, es el saber más amplio, cf. Cap. I, § 3), ante las dos
máximas posibilidades pensables: o hay algo, algo es, es decir, hay ente -o bien no hay
nada:
18
Ahora bien, yo te diré, y tú escucha atentamente mis palabras, qué caminos de
investigación son los únicos pensables: uno [que dice] que es y que no puede no aer, es
el sendero de la persuasión -pues acompaña la Verdad-; el otro [que dice] que no es y
19
que es necesario que no sea, y he de decirte que éste es un sendero impracticable.
15
Cf. M. HEIDEGGER, ¿Qué es eso de filosofía?, trad. esp. A. P. CARPIO, Buenos Aires, Sur. 1960, p. 28.
16
Éste es. al menos, el enfoque tradicional de la cuestión.
17
R. MONDOLFO. El pensamiento antiguo, Buenos Aires, Losada, 1942, tomo I, p. 79
18
A semejanza de los poemas homéricos, que comienzan invocando a la "diosa", o de Hesíodo que invoca
a las musas (cf. Cap. I, § 4). en el poema de Parménides es una diosa quien le comunica a éste la doctrina
en forma de "revelación". En muchos otros detalles trasparece este carácter "religioso" del poema, y ello es
particularmente notable en quien pasa por ser el primer "racionalista" de la historia de la filosofía. Cf. § 6.
19
Frag. 2, vers. I -6.