Chucky, la historia de ‘El muñeco
diabólico’
“Hola, soy Chucky, y seré tu amigo hasta el final. ¡Hidey-ho! ”
Han pasado veintiséis años desde que el ilustre “Good Guy”
entonara por primera vez, entre el cariño y la amenaza
profética, su ominosa muletilla en ‘El muñeco diabólico'; un
cuarto de siglo repartiendo sustos, risas y tajos a destajo,
que no sólo ha demostrado que Chucky sigue en forma, sino
que aún le queda mucha pila.
Pelirrojo, de imponentes ojos azules, sonrisa traviesa, peto vaquero y colorido
jersey a rayas, su aspecto está enraizado en el imaginario popular, su nombre
implícito en conversaciones cinéfilas. Es tal su resonancia que incluso llegó a
fagocitar el título original de la franquicia a partir de la cuarta entrega. La gente
dejó de referirse a la saga como ‘El Muñeco Diabólico; se habían convertido en
“las películas de Chucky”,Don Mancini, el “Geppetto” de esta historia, llegó a
Hollywood con una idea firme bajo el brazo, y gracias a su inflexible dedicación,
primero como guionista, y más tarde sumando los roles de productor y director,
su criatura llegó a protagonizar la friolera de seis películas, varios cortometrajes,
cómics, spots, videojuegos, e incontable merchandising.
Y si Don Mancini es el alma de la saga, Brad Dourif (“Alguien voló sobre el
nido del cuco”, “El Señor de los Anillos”) es sin duda el alma del muñeco.
Dourif, pese a haber trabajado en numerosas producciones de peso, reconoce que
una mayoría de espectadores sigue identificándolo con Chucky, y no sin razón.
Su simbiosis con el muñeco es absoluta e indivisible, mágica; metafílmica. Le ha
prestado su voz en todas las entregas, e incluso su cuerpo en varias de ellas,
interpretando al asesino en su etapa humana, Charles Lee Ray, el infame
“Estrangulador de Lake Shore”, Chucky dio sus primeros pasos en 1988 bajo la
dirección del “master of horror” Tom Holland (“Noche de miedo”, “Thinner”).
En la película, Charles Lee Ray (amalgama de tres asesinos reales: Charles
Manson, Lee H. Oswald y James Earl Ray), malherido por los disparos de un
policía, se esconde en una juguetería, donde gracias a la magia vudú transfiere su
alma a un muñeco “Good Guy” para sobrevivir. El muñeco cae en manos del
pequeño Andy (Alex Vincent) como regalo de cumpleaños de su madre, aunque
en realidad es Andy quien ha caído en manos del muñeco. Chucky está vivo, y
nada ni nadie lo detendrá hasta cumplir su objetivo, poseer el cuerpo del niño,
Con el Slasher de resaca y agonizando a las puertas de los 90, Holland sorprendió
a propios y extraños con un título que devolvía la dignidad al
subgénero. ‘El Muñeco diabólico' fue un broche de oro para una edad de oro;
una película de terror poco corriente, oscura, sobria y adulta, que supo balancear
el suspense, la tensión, el horror e incluso pinceladas de humor, tintando de
pesadillas la almohada de quienes crecimos en los 80.
El éxito de crítica y taquilla, reforzado por la vertiginosa popularidad del
personaje (pese a las quejas de muchas asociaciones de padres), se tradujo
en dos secuelas consecutivas entre 1990 y 1991, de John Lafia y Jack
Bender respectivamente. Un total de tres películas desde tres ópticas, que
aun así resultaron sorprendentemente homogéneas. A fin de cuentas, Don
Mancini seguía moviendo los hilos de su marioneta desde el papel.
En virtud de la fidelidad, ‘El Muñeco diabólico 2' sigue siendo para muchos la
mejor secuela. En esta continuación directa, cuasi embrionaria, Andy es dado en
adopción al matrimonio Simpson, después de que a su madre la ingresaran en un
Psiquiátrico por divagar sobre muñecos vivientes. Por su parte, Chucky,
carbonizado tras su última confrontación con Andy, es restaurado por los
técnicos de “Play Pals” (fabricantes de los muñecos “Good Guy”), para
investigar las anomalías de su diseño y así tranquilizar a los accionistas. Una
segunda oportunidad para el juguete asesino, que necesita urgentemente poseer el
cuerpo de Andy antes de que su alma quede atrapada para siempre en el muñeco.
‘El Muñeco diabólico 3' llegó inmediatamente después, aunque esta vez sólo en
el lapso de tiempo real, ya que en la ficción han pasado ocho años desde que
Chucky quedó hecho trizas en su segundo intento frustrado de reencarnarse en
Andy. Chucky resucita al mezclarse su sangre con plástico durante la fabricación
de un nuevo Good Guy. Su plan, invariable, sigue siendo poseer a Andy, que
ahora tiene dieciséis años y es cadete en una Escuela Militar. Sin embargo, la
casualidad le lleva a conocer al pequeño Tyler, un cuerpo a priori más accesible
que el rebelde Andy, que aun estando al margen, sigue siendo el único capaz de
plantarle cara. Fiel a la tradición del género, “Muñeco diabólico 3” cumple con
maestría las reglas de las secuelas; hay más acción, más chascarrillos, más tacos,
más armas y más asesinatos, que además, son más gráficos y más retorcidos. Sin
embargo, y pese a la orgía de cadáveres, el destino siguió poniéndole la
zancadilla a Chucky, que acabó con sus huesos triturados en un ventilador.
Los pedazos de Chucky dormitaron en una caja durante siete largos años, hasta
que el “Scream” de Wes Craven, con su discurso reivindicativo y postmoderno
del Slasher, animó a las viejas glorias a desempolvar sus cuchillos. Don Mancini
no perdió la ocasión de reciclar a Chucky, en el sentido literal de la palabra, y
para ello contó con Ronny Yu en la dirección, quien poco más tarde haría lo
propio con otros dos ídolos del género (“Freddy VS Jason”). “La novia de
Chucky” supuso un agradecido lavado de cara radical, divertido e inteligente,
enmarcado en el humor negro, la autoconciencia y los guiños nostálgicos, amén
de introducir otro glorioso personaje en el panteón de los villanos de cine,
Tiffany (Jennifer Tilly), la novia perfecta, y una sonora patada en el c*** a todas
las Barbies del mundo, El cambio de siglo alentó al propio Mancini a meterse en
el pellejo de director. Con ‘La semilla de Chucky‘(2004), el guionista,
productor y ahora director llevó el carácter de su predecesora a las últimas
consecuencias, añadiendo al desestructurado matrimonio un hijo transexual, Glen
(o Glenda), con el que se marcó de paso un sentido homenaje a Ed Wood, el
consagrado peor cineasta de la historia. El humor crítico-paródico que envuelve
la cinta es tan descarado, mordaz, desenfadado y pasado de rosca que dejó
planchados a los fans en la butaca, para quienes sigue siendo la entrega más
polémica, delirante y arriesgada de la saga.
El año pasado, coincidiendo con el 25 aniversario de Chucky, Mancini
decidió reconciliarse con su público, y sacó su mejor vajilla para celebrar las
bodas de plata. ‘La maldición de Chucky' tiene todo lo que el fan deseaba y
más. Vuelven los espacios minimalistas, las atmósferas tensas, el stalking en
primera persona, los sustos, el tono sombrío (sin renunciar a la vena cachonda),
los personajes clásicos, y el look original del muñeco. Una vuelta al pasado
mirando al futuro, pues reescribe y extiende el timelime de la historia, atando
cabos sueltos y rellenado agujeros con flashbacks de todas las entregas. En esta
ocasión, nuestro muñeco malhablado favorito invoca otra vez a Damballa, ya no
para poseer el cuerpo de Andy o el de Tyler, sino el de su mismísima hija
perdida, Nica, cuyo papel interpreta, para más inri, la virtuosa Fiona Dourif, hija
de Brad Dourif. Todo un regalo para los fans. Imprescindible quedarse hasta el
final de los créditos.