Un ser digno de visualizar, poseía una belleza merecedora de una gran admiración.
Todo de ese individuo era tan precioso, parecía un muñeco de porcelana, con cada
una de sus piezas moldeadas cuidadosa y profesionalmente. Incluso la belleza de la
porcelana es diminuta al compararla con el destinatario de esta carta. Aunque la
misma nunca llegase al antes mencionado. Sus suaves, largas y cuidadas hebras
en su cabeza, unas hebras oscuras pero a la vez brillantes. Sus ojos, oscuros como
el color de su cabello, pero que transmitían tanta paz solo con cruzarte con ellos. Un
universo escondido dentro de estos. Su piel suave y cálida, la cual se notaba como
el protagonista de la carta cuidaba de ella. Sus piernas esbeltas, ligeramente
bronceadas y que relucían cada vez que el sol las topaba con su luz. Un ser tan
bello que era capaz de hipnotizar a cualquiera. Como me ocurrió a mí, me volví
adicta a cada parte de él. ¿Cómo? ¿Cómo era capaz de entrar en mi mente y no
salir de ella? Quiero volver a estar junto a él, sentir su suave tacto, y sentirme
protegida por su calidez, ¿por qué entonces sigo retrocediendo cada vez que trato
de acercarme a él? Cada vez que lo intento una fuerza tira de mí y aprieta mi pecho
como si no existiese un mañana, un dolor punzante y agobiante, quiero deshacerme
del dolor y quedar entre los brazos de esa persona tan especial. Solo quiero estar
con él. ¿Qué es lo que hay de malo en eso?
Otra más, una de las tantas cartas que ella no le entregaría a su según ella
"predestinado" . Aún pensaba en las fuerzas que hacían a su cuerpo pedir alejarse
del individuo. No conocía el nombre de estas pero sabía lo mucho que le molestaba
que siempre estuviesen presentes.
Volvía hacia el aula de música, donde solía ir siempre ; a escribir, dibujar, a veces
simplemente relajarse mientras escuchaba melodías, pero el pensamiento de aquel
al que anhelaba tener a su lado no desaparecía, podría hacer mil cosas y tratar de
entretenerse con ellas, pero él seguiría en su cabeza, en un lado y otro. Y bueno,
volvía a sonar la campana que anunciaba el fin de un segundo recreo. Así pasaron
las dos últimas horas. Aunque ambos personajes de esta historia iban a la misma
clase no habían tenido mucho contacto entre ellos excepto cuando tuvieron que
hacer parejas una vez, les tocó juntos y ambos lo disfrutaron pero después de eso
volvieron a ser desconocidos. Nuestra protagonista era alguien por así decirlo
invisible, no había logrado acercarse a muchas personas durante su estancia en el
centro.
Así era todo, eso era lo normal, pero entonces, ¿qué fue lo que cambió ese día?
Bueno, acababa el día y cada quien volvía a su hogar después de un día de estudio
más. Nuestra adolescente seguía el camino de siempre hacia su casa, lo que no
esperaba era que unos minutos después escucharía gritos casi sin respiración
detrás de ella llamando su nombre. No era algo muy común el que alguien gritaste
su nombre así que tardó unos segundos en girarse, y al hacerlo se esperaba de
todo, de todo menos al chico azabache al que tantas cartas escribía, tantas
canciones dedicaba, al arte principal en cada uno de sus dibujos y demás. Sí, era él,
estaba respirando agitado en falta de aire y parecía haber corrido una maratón.
Cuando lo vio tardó unos segundos en aceptar lo que estaba pasando, ahí estaba
él, aquel por el cual su corazón se aceleraba solo con verlo y aquel que le hacía
sentir una mezcla de emociones y sentimientos extraños y desconocidos para ella.
Cuando por fin reaccionó, le preguntó si se encontraba bien, a pesar de sentir algo
que hacía que se le secase la garganta. Él solo asintió para después estirar su
brazo con un llavero, un gato blanco como la nieve con un tierno clip en forma de
estrella. Al reconocer su llavero se sorprendió y lo tomó de la mano del chico, el
llavero estaba bien y ahora el chico tenía una sonrisa en su cara antes de expulsar
una pequeña risa aún con falta de aire pero con gracia. "Pensé que ya no lo
tendrías", dijo el muchacho. "Siempre lo llevo en la mochila" respondió la chica con
una voz baja y entrecortada provocada por su timidez. "Entiendo, se te había caído
mientras salías, lo vi y bueno, te seguí para devolvértelo" dijo él. "No me había dado
cuenta, disculpa y gracias" respondió ella con una pequeña sonrisa. Ella siguió su
camino, huyendo en verdad de ahí por lo incómoda, tal vez, que se sentía, pero no
mucho tiempo después tenía de nuevo al chico a su lado siguiendo su mismo
camino. Quiso pasar y empezó a acelerar su paso, pero al ver que no avanzaba se
detuvo para preguntar el porqué la seguía, él sonrió, de una manera tan tierna que
nuestra protagonista tuvo que ser la mejor actriz para encubrir el vuelco al corazón
que había causado ese gesto de parte de su amado. "¿Aceptarías una propuesta de
cortejo?". Tras la pregunta que le había hecho hubo unos minutos de silencio,
minutos que parecieron más que eternidades, ella estaba realmente sorprendida y
él, aunque no era notable, estaba totalmente hecho un mar de nervios. Decidió
romper con el silencio y preguntar si estaba bien. "Lo estoy, es solo que ha sido algo
muy repentino, pero supongo que, ¿tal vez?" respondió ella . Él sonrió emocionado
y sacó algo de su mochila, una camelia, flor que representaba el primer amor: puro
e inocente. " Aquí comienza mi cortejo, acepta esta camelia llena de sentimientos
como el principio de el antes mencionado y espera para aceptar hasta la última
como el fin del cortejo y el comienzo de lo que llegará a ser un gran amor lleno de
los sentimientos y emociones de parte de ambos gracias a que tú serás parte de él".