0% encontró este documento útil (0 votos)
32 vistas103 páginas

Homenaje a Médicos Argentinos Históricos

Guillermo Rawson fue una de las mentes más brillantes de Argentina en el siglo XIX. Nació en San Juan en 1821, hijo de un médico estadounidense. Recibió una excelente educación y se destacó como médico, científico e intelectual. Impulsó importantes avances en la medicina y la ciencia en el país.

Cargado por

ricardo tejada
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
32 vistas103 páginas

Homenaje a Médicos Argentinos Históricos

Guillermo Rawson fue una de las mentes más brillantes de Argentina en el siglo XIX. Nació en San Juan en 1821, hijo de un médico estadounidense. Recibió una excelente educación y se destacó como médico, científico e intelectual. Impulsó importantes avances en la medicina y la ciencia en el país.

Cargado por

ricardo tejada
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1

Sumario

Editorial.
Pág.4.

Dossier

“Dr. Guillermo Rawson: Bicentenario de su nacimiento”.


Por Manuel Luis Marti. Pág.5.
ISSN 2683-6904
“Dr. Pedro Antonio Pardo: Un médico argentino”.
Por María Teresa Fuster. Pág. 9. Año III N-14 Junio 2021

Staff:
Aniversarios
Dirección:
“Domingo Belgrano Pérez: Antecedentes y primeros años”. María Teresa Fuster
Por Guillermo Mario Pesaresi. Pág. 21.
Redactor principal
“‘Yo, Manuel Belgrano…’. Una interpretación de su Testamento”. Roberto L. Elissalde
Por Carlos María Marturet. Pág.39.
Redacción:
“El general Bartolomé Mitre, la Numismática y las monedas de oro nativo del Sergio Fuster
Fin del Mundo”.
Por David Nelson Federico Guevara. Pág.47.
Comité científico:
Néstor Careaga Alfonso
Historia del Uruguay Fernando Chao+
Jorge N. Di Nucci
“El Himno Nacional de Uruguay: Incertidumbres, debates y nuevos aportes”. Olga Fernández Latour de Botas
Por José Enrique Pons. Pág.57. Susana Frías
Héctor Patiño Gardone
“Prisioneros a Londres”. Mary Monte de López Moreira
Por Roberto L. Elissalde. Pág. 68. M. Cristina Scomazzon
Eduardo Trigo O’Connor d’
Historia de la Fotografía Arlach
Juan Eduardo Vargas Cariola
“La amistad entre Adolfo Carranza el general José A. Páez: La carte de visite de
“Pinkén”.
Por Sofía Rufina Oguic´. Pág.79. Corrección:
Eduardo Fusero

Arqueología Diseño:
Demis Juliá
“El Macizo de Gorbea en el país vasco: Monte emblemático, sagrado y
bocinero”. San Blas 5158 CABA CP 1407.
Por María Constanza Ceruti. Pág.91.
Mail:
revistahistopia@[Link]
Reseñas Pág. 98.
© 2019. Registro de propiedad
intelectual. Ley 11.723. Se puede
Uniformología
citar cualquier parte del
contenido de la presente
Ilustración: Gabriel Popoizio. Texto Diego Argañaraz. Pág. 100.
publicación siempre y cuando se
mencione la fuente.

2
Revista Caras y Caretas. Año 1915 (AGN-Biblioteca).

3
Editorial

En este número de Revista Histopía queremos homenajear a grandes médicos de nuestra


patria, hombres que se esforzaron por el avance de la medicina en medio de circunstancias
difíciles. Larga y extensa es la lista de estos abnegados hombres que dieron la vida por el
prójimo y que en la actualidad son emulados por profesionales de la salud en la lucha actual
contra una cruel enfermedad que aflige al mundo. Queremos resumir nuestra admiración por
todos ellos compartiendo dos biografías de médicos argentinos. Uno de ellos Guillermo
Rawson, impulsor de la Cruz Roja Argentina y el otro Pedro Antonio Pardo quien tanto hizo
por la salud de las mujeres. Ambos higienistas destacados del siglo XIX. El Dr. Manuel Luis
Marti quien fue presidente de la Academia Nacional de Medicina nos presenta la biografía
del Dr. Rawson, y la historiadora Teresa Fuster basándose en el archivo personal de la familia
Pardo, que se conserva en el Archivo General de la Nación Argentina, nos relata hechos
inéditos de la vida y obra del Dr. Pedro A. Pardo.
En este mes de junio no podemos dejar de rendir homenaje a uno de los más grandes
próceres que dio nuestra tierra, nos referimos al general Manuel Belgrano, quien nació un 3
de junio de 1770 y nos dejó un 20 de junio de 1820; Guillermo Mario Pesaresi nos brinda
un profundo estudio sobre la familia del prócer y el Secretario Académico del Instituto
Nacional Belgraniano, Carlos María Marturet analiza en detalles las cláusulas del testamento
del Dr. Belgrano. Un 26 de junio de 1821 nació otro hombre clave en nuestra historia:
Bartolomé Mitre, David Nelson Federico Guevara nos recuerda el bicentenario de su
nacimiento con una detallada biografía mostrando aspectos poco conocidos de su vida como
su pasión por la numismática. Por su parte la especialista Sofía Rufina Oguic’ nos detalla
sus estudios en el archivo fotográfico de Carranza y un descubrimiento singular.
El número anterior de Revista Histopía se centró en el Himno Nacional Argentino
mostrando las vicisitudes por las que tuvo que atravesar hasta consolidarse y en este número
desde la hermana República de Uruguay el Dr. José Enrique Pons nos habla de la historia
del Himno Nacional de Uruguay aportando nuevos datos. Siguiendo con la historia del Río
de la Plata, Roberto L. Elissalde nos aporta un trabajo minucioso de los prisioneros que
fueron llevados a Londres tras la caída de la ciudad de Montevideo en febrero de 1807 un
estudio inédito que enriquece la investigación histórica y por último la gran arqueóloga
argentina Constanza Ceruti nos relata sus experiencias de campo en el Monte Gorbea en el
país vasco.
Otro número para pensar y disfrutar de Revista Histopía.

Lic. Teresa Fuster


Directora de Revista Histopía.

4
Dr. GUILLERMO RAWSON.
(Bicentenario de su nacimiento)
Manuel Luis Marti1

Guillermo Colesbery Rawson fue una de las mentes más brillantes de nuestro país en el
siglo XIX.
No era porteño, ya que había nacido en la ciudad de San Juan el 25 de junio de 1821, el
segundo hijo del matrimonio conformado por el médico norteamericano Amán Rawson y
María Josefina Rojo Frías, perteneciente a una de las familias fundadoras de la ciudad, cuya
población en ese entonces rondaba las diez mil almas.
No era rara la inmigración norteamericana a la Argentina; en el censo de la ciudad de
Buenos Aires de 1887 se encontraban 579 norteamericanos afincados en la capital.
Como era protestante, Amán Rawson se convirtió a la religión católica para casarse por la
iglesia, la única forma posible en esos tiempos.
Amán Rawson había nacido en 1794 en Montague, Estados Unidos, de una noble familia
inglesa aunque su padre, Edmund Rawson, había luchado en la Guerra de la Independencia
de los Estados Unidos del lado de los americanos.
Luego de diplomado, Amán se embarcó en un buque de guerra, pero por una invitación de
un amigo, el Dr. Colesbery, que vivía en Mendoza - donde fue médico de José de San Martín
-, Rawson se radicó en San Juan.
La amistad entre los dos médicos se consolidó y Rawson puso a su segundo hijo el nombre
de su colega y amigo.
El primer hijo del matrimonio, nacido en 1818, era Benjamín Franklin Rawson, notable
pintor y retratista que falleció en Buenos Aires en 1871 como consecuencia de la epidemia
de la fiebre amarilla que arrasó a la ciudad de Buenos Aires durante ese año. El nombre de
Franklin fue seguramente en honor del patriota norteamericano.
Benjamín Franklin comenzó sus estudios de dibujo y pintura en San Juan y los continuó
en Buenos Aires con el famoso retratista Fernando García del Molino.
En 1839 retrató al mentor de su hermano, el Dr. Diego Alcorta. Retrató asimismo a su
hermano Guillermo Como curiosidad, muchos descendientes varones de la familia Rawson
llevan como segundo nombre el de Franklin.
El Dr. Amán Rawson, luego del fallecimiento de su mujer, tuvo otro hijo: Juan de Dios
Rawson, que fue coronel y abuelo del General Arturo Rawson, quien fuera fugaz presidente
de la Nación en el año 1943.
La educación primaria de Guillermo la recibió en su provincia natal. Al fallecer su madre,
el Dr. Amán Rawson decidió que su hijo continuara sus estudio es Buenos Aires bajo la

1
Académico de Número y ex presidente de la Academia Nacional de Medicina. Presidente del Instituto
Bonaerense de Numismática y antigüedades.

5
dirección de otro médico famoso, el Dr. Diego Alcorta, filósofo y profesor de la materia en
la Universidad, tan bien recordado por José Mármol en su novela “Amalia”.
El Dr. Alcorta guio al joven Rawson, ya que su padre permaneció en San Juan.
Guillermo Rawson ingresó al colegio de los jesuitas a cargo de estos sacerdotes que habían
reingresado al país a instancias de Juan Manuel de Rosas, quien los expulsó luego por no
acatar las directivas del Caudillo.
Rawson continuó sus estudios en el Colegio Carolino, antecedente del actual Colegio
Nacional de Buenos Aires, donde fue un brillante alumno.
Durante las clases de Física tuvo la idea del telégrafo, inventado por Morse cinco años más
tarde.
Al terminar su bachillerato continuó sus estudios en la Facultad de Medicina, siguiendo la
vocación de su padre y la de su mentor, Diego Alcorta.
No fue la época más luminosa de la Facultad de Medicina, muy disminuida por decisión
de Rosas, tenía sólo cuatro profesores: Claudio Mamerto Cuenca, notable poeta y mártir de
Caseros mientras cumplía con su labor humanitaria, Martín García, Juan José Fontana y
Teodoro Álvarez.
Guillermo egresó de la Facultad de Medicina en 1844, a los 23 años; su carrera había sido
tan brillante que sus profesores solicitaron a las autoridades que no se le tomaran las pruebas
de defensa de la tesis, apadrinada por el mismo Claudio Mamerto Cuenca. La Universidad
no aceptó esta conducta y Rawson defendió su tesis en forma sobresaliente. El tema de la
misma fue: “La transmisión de las facultades fisiológicas y patológicas en el hombre por vía
de la herencia”, que constituye la primera tesis sobre genética presentada en la Universidad
de Buenos Aires. En 1845 fue editada por uno de sus admiradores.
El rector de la Universidad , que se había visto obligado a rechazar la solicitud de obviar
la defensa pública de la tesis por no estar contemplado dentro de sus atribuciones, lo instó a
Cuenca a que dijera unas palabras de felicitación en nombre de la Facultad y le entregase su
diploma. Las palabras de Cuenca fueron encomiásticas y le auguró al recién diplomado un
futuro de gloria.
Sarmiento, que conocía a Rawson de San Juan y con el que había sido condiscípulo en el
estudio del italiano en la provincia, señaló que Rawson gozaba de una reputación superior a
sus años por sus talentos precoces, a los que agregaba su acendrado patriotismo. En 1839,
Rawson había colaborado con Sarmiento en la fundación del periódico “El Zonda”, en la
provincia de San Juan.
Al recibirse, Rawson no permaneció mucho tiempo en Buenos Aires y retornó a San Juan,
gobernada entonces por Nazario Benavidez, caudillo federal seguidor de Rosas, con el que
el novel médico no tuvo muchos inconvenientes a pesar de no comulgar con sus ideas; por
su parte, Benavidez lo trató con alguna consideración.
Ese mismo año de su llegada fue elegido como miembro de la Legislatura provincial, a
instancia de unos amigos que lo inscribieron el mismo día de los comicios, siendo reelegido
posteriormente.
En la Legislatura, junto a su amigo Tadeo Rojo, impulsó una ley de enseñanza primaria y
otra sobre municipalidades rurales que no fueron del agrado del gobernador y los trató de
salvajes unitarios, si bien no los persiguió.
Con motivo del pedido de Rosas a los gobernadores, en 1851, en el sentido del
nombramiento de Jefe Supremo y de la Suma del Poder Público, Benavidez hizo que la
Legislatura aprobara el proyecto, a pesar de la ferviente oposición de Rawson que se vio
obligado a firmarlo salvando su responsabilidad por ser el único opositor al mismo.

6
Con la caída de Rosas, Benavidez se mantuvo en el gobierno. Aprovechando un viaje del
gobernador, la Legislatura promovió un golpe de estado fallido y Rawson fue perseguido y
encarcelado por poco tiempo.
En 1854 fue elegido diputado para representar a San Juan en el Congreso de Paraná. En
1856 fue elegido Vicepresidente de la Cámara tomando parte en importantes debates,
defendiendo siempre las ideas liberales y la unión de la República.
Para esa época, Guillermo Rawson, como la mayoría de los políticos liberales, se unió a la
masonería e ingresó en la Logia Masónica Unión del Plata, el 1º de julio de 1856. La Logia
había sido fundada por Sarmiento el 9 de marzo del mismo año. E n ella estuvieron inscriptos
Bartolomé Mitre y José Roque Pérez, quien luego uniría a todas las logias en La Gran Logia
Argentina, el 11 de diciembre de 1857.
En 1861, después de Pavón, Rawson retorna a Buenos Aires. Habían transcurrido quince
años desde su partida y volvía para ocupar una banca en el Senado de la Provincia, pero en
1862, San Juan lo nombra Senador en representación de su provincia natal junto a Domingo
Faustino Sarmiento, con quien nunca se llevaron bien.
Su personalidad política tenía tal peso que Bartolomé Mitre, elegido Presidente, el 5 de
octubre de 1862, nombra a Rawson Ministro del Interior de su gobierno. En su cargo fue un
gran sostenedor del Presidente que lo consideraba una persona cercana a la perfección moral,
como lo señaló en sus exequias.
Su actividad como Ministro fue notable: creación del telégrafo de Buenos Aires a Rosario
y a Montevideo; construcción del ferrocarril de Rosario a Córdoba; implementación del
sistema métrico decimal; la inmigración galesa a la Patagonia, lo cual fue reconocido con la
imposición del nombre de Rawson a la ciudad que es hoy capital de la provincia del Chubut;
estudió la vida en los conventillos; intervino Córdoba.
Durante la Guerra del Paraguay, Rawson permaneció como Ministro del Interior y atendió
al Vicepresidente Marcos Paz afectado por el cólera a fines de diciembre de 1867. Marcos
Paz falleció y Rawson tuvo que hacerse cargo de la Presidencia ya que Mitre estaba en el
frente de batalla. En esos momentos hubo un movimiento revolucionario en Santa Fe que fue
sofocado por Rawson interviniendo la Provincia con Francisco Pico, en primer lugar, y
Eduardo Costa, finalmente, quien consiguió la rendición de los rebeldes.
Al volver Mitre al gobierno desautorizó a Rawson e intentó reemplazarlo con Sarmiento
por lo cual Rawson renunció al Ministerio.
En las elecciones de 1868, Rawson fue candidato a Presidente por un grupo de
sostenedores. Ganó Sarmiento por amplia mayoría contra Urquiza, Elizalde, Rawson y Vélez
Sarsfield.
Fue nuevamente diputado y senador y se enfrentó con Sarmiento en diversas
oportunidades. Estos enfrentamientos fueron en ocasiones violentos, en especial por la Ley
de Amnistía a los revolucionarios mitristas de 1874, promovida por Rawson que achacó a
Sarmiento el asesinato del Chacho Peñaloza.
El 29 de enero de 1879, Rawson se casó en la Iglesia de San Nicolás de Bari con su prima
Jacinta Rojo Angulo. Tuvieron tres hijos: Adolfo Rawson Rojo, Abraham del Carmen, que
falleció, y Josefina Rawson Rojo que casó con un Belgrano. De este matrimonio descienden
los Belgrano Rawson.
Durante la epidemia de fiebre amarilla de 1871 tuvo Rawson una actividad heroica; él y
su hermano contrajeron la enfermedad, lo que ocasionó la muerte de Benjamín Franklin
Rawson, colaborador en la lucha contra el flagelo.

7
Luego de ser diputado se incorporó nuevamente al Senado en 1874; ese año fue nombrado
Miembro de la Academia Nacional de Medicina, honor que declinó. El año anterior se habían
reorganizado los estudios médicos y Rawson fue elegido como Profesor de Higiene, el
primero que tuvo la Facultad, retornando a su primitiva vocación de médico que nunca había
abandonado del todo, manteniendo su consultorio de la calle Suipacha. Sus clases eran
seguidas por los estudiantes, los médicos y otras personas interesadas. La versión taquigráfica
fue editada en París a iniciativa de Mariano Acosta en 1876.
En 1877 concurrió al Congreso de Filadelfia, en los Estados Unidos, en donde presentó la
estadística vital de la ciudad de Buenos Aires.
Al año siguiente concurrió al Congreso Internacional de Demografía que se llevó a cabo
en París, del cual fue designado Vicepresidente.
A partir de allí fue representante argentino en importantes congresos internacionales.
Su vista comenzó a enfermarse y en 1880 se hizo atender en París. En 1885 vuelve a París
para tratar sus problemas oculares y la Municipalidad le otorga un subsidio de 6.000 pesos
para estudiar novedades que se puedan emplear en la ciudad. Como no puede cumplir con la
tarea encomendada devuelve los 6.000 pesos más los intereses que hubieran devengado. Ya
en 1883 y en razón de su estrechez económica, se le había otorgado una pensión especial que
utilizó en parte para instituir un premio sobre Higiene en la Facultad de Medicina.
En 1880 crea la Cruz Roja Argentina con Toribio de Ayerza. La Cruz Roja Internacional
había sido creada por Jean Henri Dunant el 12 de agosto de 1864 y el presidente Avellaneda
ratificó el Convenio de Ginebra en 1879; al año siguiente se fundó la filial argentina.
Hacia 1881 Rawson estuvo nuevamente en París tratando de obtener la curación de los
problemas oculares que lo afectaban. Volvió nuevamente a la ciudad luz en 1885 con el
mismo propósito.
Finalmente falleció en París el 20 de enero de 1890. En 1892 sus restos fueron repatriados
por el gobierno y el 22 de septiembre se inauguró su mausoleo en la Recoleta.
Guillermo Rawson fue el típico ejemplo de los hombres que tuvieron como meta la
modernización del país, comprometiéndose con la República para llevar adelante sus ideas
de progreso.
Su nombre se recuerda en la capital de Chubut y en una calle de la capital; un pueblo de la
Provincia de Buenos Aires también lo recuerda; una escuela lleva su nombre en el mismo
solar donde estuvo ubicada la antigua Facultad de Medicina donde él estudió. Hay un hospital
en Buenos Aires y otro en San Juan.
La estatua del escultor Rocha se encuentra en la plazoleta situada entre las avenidas
Pueyrredón y Las Heras
Su nombre es sinónimo de compromiso con el país sin esperar nada a cambio; debiera ser
un ejemplo para las generaciones que lo siguieron en su tierra.●

8
Dr. PEDRO ANTONIO PARDO
Un médico argentino
María Teresa Fuster2

Introducción

El avance de la Ciencia Médica en lo que hoy es la República Argentina tuvo un lento y


firme proceso de evolución. Con la creación del Protomedicato3 en el Río de la Plata en 1780
podemos ubicar los orígenes de la salud pública en nuestro territorio, pues este organismo
tenía la función, entre otras, de examinar idoneidad de los médicos, sangradores, cirujanos y
parteras de la ciudad para habilitarlos a ejercer y, a la vez, regular su actividad. También
organizaba la carrera de Medicina, establecía medidas sanitarias en la urbe y asesoraba a las
autoridades en casos de epidemias (hecho que era recurrente en la ciudad de Buenos Aires).
El primer protomédico fue el Dr. Miguel O’Gormana, quien merece ser destacado como
el introductor de la vacuna en nuestra región, quien en 1805 difundió y aplicó la vacuna
contra la viruela que salvó miles de vidas, y a quien se considera el autor del primer texto
sobre medicina al escribir un folleto que informaba al público sobre la importancia de
prevenir la enfermedad mediante la vacuna. 4

2
Licenciada en Historia (UBA) Profesora de Enseñanza Media y Superior en Historia (UBA). Especialista en
Historia colonial. Miembro de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación, Miembro del
Comité Argentino de Lucha contra el Tráfico Ilícito de Bienes Culturales (UNESCO) período 2017-2020,
Miembro del Consejo Consultivo Honorario del Ministerio de Cultura de la Nación. En la actualidad se
desempeña en el Área de Comunicación y Acción Cultural del Archivo General de la Nación (Argentina).
3
El Protomedicato fue creado en Buenos Aires por el Virrey Vértiz el 17 de agosto de 1780 con el fin de regular
las prácticas médicas a semejanza del organismo existente en la Península Ibérica desde el siglo XVI.
4
Cazaux, D., Historia de la divulgación científica en la Argentina, Buenos Aires, 2010, p. 95.

9
Por iniciativa de este organismo, en 1799 surgió la primera Escuela de Medicina del
Tribunal del Protomedicato, antecedente de la Facultad de Medicina, que en 1810 dio la
primera promoción de médicos en la Ciudad.
En ese tiempo la ciudad de Buenos Aires contaba solo con dos hospitales: el conocido
como Hospital de Hombres, San Martín de Tours o Militar que databa de 1614,ubicado en
las actuales calles México y Defensa; y el Hospital de Mujeres, situado en lo que hoy es
Bartolomé Mitre y Suipacha. Este segundo hospital abrió sus puertas a mediados del siglo
XVIII, dependiente de la Hermandad de la Santa Caridad, una asociación benéfica privada,
de carácter laico, fundada en 1726 por un grupo de vecinos porteños. Un siglo después, en
1823, el Hospital de Mujeres -como las otras instituciones dependientes de la Hermandad-
pasó por decisión gubernamental a la órbita del Estado y su administración quedó a cargo de
la Sociedad de Beneficencia5.
Desde la creación del virreinato del Río de la Plata, la población de la ciudad de Buenos
Aires venía en creciente aumento. Si comparamos el padrón de 1778 y el de 1810 vemos un
incremento cercano al doble de población, pasando6 de 24.205 habitantes a alrededor de
40.000 habitantes7. Para mediados del siglo XIX los primeros censos nacionales de 1869 y
1895 marcan un crecimiento aún mayor en el cual inciden la gran oleada inmigratoria europea
que recibió el país, y en especial, la ciudad de Buenos Aires. Para 1869 el primer censo
nacional indica una cantidad de 187.346 habitantes y para 1895 de 663.854.8 El crecimiento
poblacional hacía más urgente el avance de la profesión médica.
En 1821 fue creada la Universidad de Buenos Aires, al año siguiente se instaló el
Departamento de Medicina a cargo de los Doctores Juan Antonio Fernández, Francisco de
Paula Rivero y Cosme Argerich. Por decreto gubernamental del 11 de febrero de 1822 se
determinó que las funciones que antes detentaba el Protomedicato fueran ejercidas por los
médicos que componían el Departamento de Medicina, con lo cual se crea el Tribunal de
Medicina.

5
El 2 de enero de 1823 por Decreto del Gobernador Martín Rodríguez y por iniciativa de su Ministro de
Gobierno Bernardino Rivadavia se crea la Sociedad de Beneficencia cuya dirección fue entregada a un grupo
de damas de la sociedad porteña. Comienza a funcionar administrando las instituciones de caridad creadas por
la Hermandad de la Santa Caridad como el Colegio de Huérfanas y el Hospital de Mujeres. La Casa de Expósitos
que también administraba la Hermandad - aunque no la había creado - también pasa al control de la Sociedad
de Beneficencia. Para un estudio más detallado de esta labor de la Hermandad de la Santa Caridad véase Fuster,
M. T., “La Hermandad de la Santa Caridad: los orígenes de la beneficencia en la ciudad de Buenos Aires” en
Revista Bibliographica Americana. Revista Interdisciplinaria de estudios coloniales, Número 8, Buenos Aires,
Diciembre 2012.
6
Archivo General de la Nación (en adelante AGN) Sala IX 9-7-6 Padrón de la ciudad de Buenos Aires. Año
1778. Cabe aclarar que el censo de 1810 fue realizado con fines netamente militares por lo tanto solo los
hombres fueron censados y no la totalidad de ellos dado que faltaron incluir unos seis cuarteles de la ciudad.
Este padrón incompleto arrojaba una población de 28.258. César García Belsunce realizó un estudio exhaustivo
de este padrón con lo cual concluyó que si se incluía a mujeres, transeúntes, esclavos y población marginal
llegaría a una población estimada de 40.000 a 45.000 habitantes (Véase García Belsunce, C., Buenos Aires y su
gente1800-1830, Buenos Aires, Emecé, 1976; y Waines, L., “La ciudad de Buenos Aires en los censos de 1778
y 1810” En Revista Población de Buenos Aires. Año 7, nº 11, Buenos Aires, 2010, pp. 75-85 ISSN: 1668-5458
7
Véase Besio Moreno, N., Buenos Aires Puerto del Río de la Plata Capital de la Argentina 1536-1936, Buenos
Aires, 1939.
8
AGN Censos Nacionales de Población 1869 y 1895- Ciudad de Buenos Aires

10
En la apertura del curso lectivo de la Facultad de Ciencias Médicas en 1884, el Dr. Pedro
Antonio Pardo (como Rector de la misma9) detalló a los estudiantes y al plantel académico
brevemente la historia de la Facultad 10; afirmó que en aquellos primeros años “célebres
escuelas de Europa muy poco superaban a la nuestra”11 mostrando la calidad académica de
la institución, sin embargo ésta no estuvo exenta de dificultades, cuenta que, para el año 1829,
el Gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, había suprimido la ayuda económica
a la Facultad y que ésta solo pudo seguir funcionando gracias a los denodados esfuerzos de
médicos como Claudio y Salustiano Cuenca, Teodoro Álvarez, Salvio Gafarot y José María
Gómez de Fonseca y García, quienes dictaron por 15 años gratis las cátedras. Otros médicos
como Juan Antonio Fernández 12 y Juan José Montes de Oca no tuvieron más alternativa que
emigrar por presiones políticas. Según palabras del propio Pardo, la medicina en la ciudad
estaba en sintonía con los adelantos de la época, por ejemplo desde 1849 aplicaban el
cloroformo en las intervenciones de forma común en el Hospital de Hombres, una práctica
novedosa, pues en Europa hacía tan solo dos años, en 1847, cuando se lo había utilizado por
primera vez.
En esa época la Escuela de Medicina estaba reducida a cinco profesores que enseñaban las
materias de Anatomía, Fisiología, Materia Médica, Terapéutica, Higiene, Cirugía,
Obstetricia, Clínicas Médicas y Quirúrgicas. No había laboratorios, bibliotecas ni
instrumental para las prácticas, todo esto era provisto por los mismos profesores. Pardo
señalaba que “las deficiencias eran suplidas por los estudios”. “Sus elementos eran la
vocación por la carrera y la pasión por el estudio” que si bien la escuela de medicina era
“pobre en elementos”, a la vez era “rica en resultados”.
Tras la caída del gobierno de Juan Manuel de Rosas, los estudios médicos avanzaron. El
Departamento de Medicina se convirtió en Facultad por iniciativa de los doctores Fernández
y Montes de Oca. Se la dotó en ese momento con tres cátedras más a las ya existentes, a
saber: Clínica Médica, Clínica Quirúrgica, Medicina Legal y Toxicología. Se fueron creando
con el correr del tiempo otras cátedras como Farmacia, Oftalmología, Histología, Anatomía
Patológica y Operaciones. Se fundaron laboratorios, gabinetes, y se dividieron algunas
materias como Anatomía y Fisiología, además se separó la Cátedra de Higiene de la de
Terapéutica.
Por Decreto del gobernador Valentín Alsina, fechado el 29 de octubre de 1852, el Tribunal
de Medicina se había desdoblado en Academia de Medicina y Consejo de Higiene Pública.
Así la facultad formaría médicos, el Consejo obraría de policía sanitaria y la Academia
fomentaría las ciencias médicas y dictaría formaciones de posgrados.13 El primer decano que
tuvo la facultad fue el Dr. Juan Antonio Fernández.

9
Precedieron al Dr. Pardo en el decanato de la Facultad de Ciencias Médicas Juan Antonio Fernández, Javier
Muñiz, Juan José Montes de Oca, y Manuel Porcel de Peralta.
10
AGN Sala VII Museo Histórico Sarmiento- Fondo Pedro A. Pardo Legajo 7- Impreso.
11
Se transcribe respetando la grafía original
12
Juan A. Fernández tuvo que emigrar a Montevideo en 1835 cuando el Gobernador Rosas le retira los cargos
que detentaba en la Universidad y en el Hospital de Mujeres por pertenecer al partido unitario. Se ve forzado
a exiliarse a Montevideo. Regresa al país en 1852 cuando el gobierno de Rosas cae. Con relación a Montes de
Oca sucede algo similar, aunque él no tenía orientación política, pero como sus amistades simpatizaban con los
unitarios también es alejado de todos sus cargos académicos en 1835 y hasta sufre prisión en 1839, tras lo cual
se exilia en Montevideo. Regresa a Buenos Aires tras la caída de Rosas.
13
Véase, Veronelli, J.C. y Veronelli Correch, M., Los orígenes institucionales de la Salud en la Argentina,
Buenos Aires, 2004, Tomo I pp. 133.

11
En este trabajo rescataremos de las sombras del olvido a uno de estos primeros médicos
argentinos, el Dr. Pedro Antonio Pardo, basándonos en fuentes primarias que se encuentran
en el Archivo General de la Nación, ubicadas en un fondo prácticamente desconocido, cuyo
nombre es Museo Histórico Sarmiento. Con esa denominación nadie pensaría que guarda
documentación sobre de la vida de este insigne médico que hizo mucho por la salud de las
mujeres argentinas a fines del siglo XIX.
La documentación sobre Pedro Antonio Pardo no es mucha, consta apenas de ocho legajos
de los cuales cuatro contienen correspondencia y registros personales y familiares, tres
detallan su actividad como médico y el último sobre su desempeño, al final de su vida, como
embajador de la República Argentina en Viena y Lisboa.

Pedro Antonio Pardo: Sus comienzos

Pedro Antonio Pardo nació en Salta el 17 de diciembre de 1829 en momentos en que la


provincia era gobernada por el canónigo Juan Ignacio de Gorriti. Era hijo de Camilo Pardo
Fernández Cornejo y de María Josefa Saravia Tineo, dos familias de prestigio de la
tradicional capital salteña.
A los 11 años fue enviado a Cuzco a realizar sus estudios. La separación de su madre,
posiblemente viuda, fue muy dura, conmueven leer las cartas que regularmente
intercambiaban. Esta correspondencia fue constante a través de los años.
Tras concluir sus estudios secundarios, el joven Pedro regresó a Salta un 14 de noviembre
de 1844, contando con quince años. En 1849, con casi 19 años, viajó a Buenos Aires para
realizar la carrera de medicina en momentos políticamente complicados, como lo fue la
última etapa del período rosista.
Buenos Aires lo sedujo desde el principio, “sus teatros, la Opera, sus suntuosos templos
sus bonitas y también soberbias casas, las que la arquitectura moderna nos muestra sus
particularidades y belleza, el mármol que cincelado con gusto se ve en ellas, nada de esto es
más hermoso que el Plata…”14 escribía asombrado a su madre el 25 de junio de 1849. Lo que
ofrecía la ciudad a un joven habitante del interior no lo distrajo de abordar con tenacidad sus
estudios.
En 1854 se graduó en Medicina y Cirugía en la Universidad de Buenos Aires. Según una
nota encontrada en el Legajo 8 del Fondo Pardo –en donde se detalla una lista año por año
de las actividades que Pardo realizó a lo largo de su vida– encontramos una nota,
posiblemente escrita por uno de sus hijos, que dice: “al parecer la matrícula y tesis del Dr.
Pardo lleva el número 1 en la Facultad de Medicina” hecho que no hemos podido comprobar,
pero de ser así lo marca como un médico más que merecedor de ser estudiado en la historia
de los anales de la medicina argentina.
La tesis con la que se graduó de médico fue "Hipertrofia del corazón simple y acompañada
de lesiones en las válvulas". Pero él no dedicaría sus esfuerzos a la cardiología. Sus prácticas
de estudiante en el Hospital de Mujeres marcarían su inclinación: la obstetricia. En una carta
dirigida a su madre contaba que mientras trabajaba en la edición de su tesis hacía sus primeros
pasos en obstetricia: “Me hallo actualmente muy ocupado reemplazando a un médico en el
servicio del Hospital de Mujeres y en la Casa de Expósitos además de mi quehaceres en la

14
AGN Sala VII Fondo Museo Histórico Sarmiento- Archivo Pedro A. Pardo Legajo 1.

12
imprenta…”15. La problemática de la salud femenina, en particular lo relacionado con la
obstetricia, sería objeto de su dedicación.

La política y la salud

Pardo no solo ejerció su profesión de médico sino que fue muy activo en política. A lo largo
de su vida desempeñó diferentes cargos públicos. Este involucramiento en la política vino
tras finalizar sus estudios. Entre 1855 y 1856 fue elegido Diputado de la Legislatura de la
Provincia de Salta, mientras realizaba tareas de co-redactor, junto con el Dr. José Evaristo
Uriburu, en El Comercio de Salta, un periódico que aparecía dos veces por semana.
Al año siguiente fue designado Diputado Nacional por las Provincias de Salta y Santiago
del Estero en el Congreso del Paraná, cargo que desempeñó hasta 1861. Período en el cual
los gobiernos de Salta y Santiago del Estero lo nombraron conjuntamente con el Senador
Borges y los Dres. Saravia y Matienzo como representante de las provincias para tratar con
el gobierno federal.
La política no impidió su desarrollo como médico, ni su abnegación ante desastres
naturales y los producidos por el hombre. En 1861en medio de la profunda crisis institucional
en que estaba envuelto el país16, la provincia de Mendoza sufrió un devastador terremoto;
Pardo fue nombrado presidente de la Comisión Médica creada por decreto de las autoridades
de Buenos Aires el 31 de marzo para auxiliar a las víctimas del terrible terremoto que el 20
de marzo destruyó la capital mendocina causando la muerte de más de 4200 personas. Este
nombramiento fue refrendado por el gobierno de Mendoza el 11 de abril. Entró a la desolada
ciudad un día antes de su nombramiento, apenas llegó empezó a curar muchos enfermos y
organizar la asistencia médica. Su actividad fue incansable; atendió heridos, mantuvo
reuniones con enviados chilenos, brindó charlas junto con el gobernador para informar al
pueblo las medidas a seguir. Designó médicos para atender en las zonas más afectadas. Por
ejemplo, a los Doctores González y Nicolás Matienzo, los envió a San Vicente, mientras él
y el Dr. Soler asistían a los habitantes de Guaymallén. Labor por la cual nunca recibió pago
alguno por parte del gobierno 17. Tras esta tarea, ese mismo año, se desempeñó como cirujano
de primera clase del hospital militar de Paraná en momentos muy complicados –como lo fue
la batalla de Pavón y las sangrientas expediciones posteriores entre el ejército de Buenos
Aires y las fuerzas de la Confederación–. Se encargó de este hospital de campaña hasta junio
de 1862, y en 1865 fue nombrado Cirujano Principal con el fin de establecer nuevamente en
la ciudad de Paraná otro hospital militar destinado esta vez a los heridos en la cruenta guerra
contra el Paraguay.
Pensemos que para este tiempo, Pardo había formado una familia,18que ya era numerosa,
lo que implicaba alejarse de su esposa y sus cinco hijos por períodos prolongados para
cumplir con estas responsabilidades.

15
Ib.
16
Recordemos que para principios de 1861 el país seguía dividido entre la denominada Confederación Argentina
y el Estado de Buenos Aires que terminaron enfrentándose en la batalla de Pavón el 18 de septiembre de ese
año.
17
AGN Sala VII Fondo Museo Histórico Nacional- Archivo Pedro A. Pardo legajo 2.
18
Pedro Antonio Pardo se casó en 1856 con Encarnación Ormaechea en la ciudad de Salta con la cual tuvo en
total 13 hijos. (Sala VII Fondo Museo Histórico Nacional- Archivo Pedro A. Pardo Legajo 1).

13
Pardo y la obstetricia:

Desde 1865 se estableció con su familia en la ciudad de Buenos Aires. Comenzó a trabajar
en el Hospital de Mujeres que dependía de la Sociedad de Beneficencia. La atención de
parturientas estaba a cargo de mujeres sin preparación, por lo general curanderas. Este trabajo
iba de la mano con supersticiones y prácticas de curandería que en muchos casos derivaban
en la muerte de la madre. ¡Y ni qué hablar de medidas higiénicas! Estas sencillamente no
existían. Pardo se propuso cambiar esto.
Si bien, previo a la instalación de la Facultad de Ciencias Médicas, se habían brindado
cursos de partos, se puede decir que estos comenzaron a organizarse recién a partir de 1822,
cuando el Dr. Jean André Cliarles (o Charles) Durand, quien era médico de la policía, dictó
cursos regulares cumpliendo lo dispuesto por el decreto gubernamental del 9 de abril de 1822.
Este decreto, en su artículo 70, establecía que: “Todas las mujeres que ejerzan el arte de
parear en el territorio de la Provincia, quedan obligadas a asistir al curso que debe darse en
el corriente año...”19. Muchos autores como Llames Massini consideran que este decreto fue
la cuna de la escuela de parteras, aunque sería más exacto decir que fue una de las primeras,
y oportunas medidas, que se pusieron para poner freno a las prácticas supersticiosas que
ponían en peligro la vida de muchas mujeres. 20 Un avance, sí, pero los cursos distaban mucho
de ser formadores de verdaderos profesionales en la atención del parto. La verdadera escuela
de parteras tendría que esperar algunos años para concretarse.
Un paso importante en la senda de la profesionalización de las parteras fue la decisión del
gobierno en 1824 de que las mujeres que realizaban este trabajo fueran examinadas por el
Tribunal de Medicina antes de poder ejercer. En la ciudad de Buenos Aires la primera partera,
de la que hay registro, que contaba con un título habilitante expedido en París, fue Verónica
Pascal. El Tribunal de Medicina la habilitó para ejercer en 1827 y un año después la sometió
a un juicio por mala praxis, el primero en la profesión. Un triste record para la primera
partera profesional de tuvo Buenos Aires. 21
La incidencia de muerte en el momento del parto era muy alta, tanto para la madre como
para el niño. Lamentablemente los cursos de partos fueron suspendidos durante la época de
Rosas. La atención a parturientas seguía en manos de las comadronas que atendían en los
hogares, si bien en el Hospital de Mujeres había unas tres camas destinadas a las mujeres con
trabajo de parto, fue recién meses después de la caída de Rosas (noviembre de 1853) cuando
se destinó una sala del hospital específicamente a partos. Se la llamó Sala San Ramón, en
honor de San Ramón Nonato22. Aunque no contaba con muchas camas, fue un comienzo.
En la Facultad de Medicina comenzó a dictarse la cátedra de partos, enfermedades de niños
y mujeres a cargo del Dr. Francisco Javier Muñiz en 1853, cátedra que a partir de 1869 estuvo
a cargo exclusivamente del Dr. Pardo. Por cuatro años, entre 1867 y 1871, fue profesor
interino, logrando en 1871 obtener por concurso el cargo titular, que desempeñó hasta mayo
de 1887 cuando renunció para aceptar un puesto diplomático en Europa.

19
Cita extraída de Llames Massini, J.C. La partera de Buenos Aires y la escuela de parteras, Buenos Aires,
1915, pp. 36.37. Para más información sobre este juicio véase Cowen, P., El caso Verónica Pascal. Medicina
y mala praxis en la Buenos Aires Rivadaviana. V Jornadas de Sociología UNLP, La Plata, 2008.
20
Sánchez, N., “Docencia y Obstetricia en Buenos Aires” En Revista Médicos & Medicinas en la Historia N°
31, Universidad de Buenos Aires, 2012, p. 8,
21
Llames Massini (1915) óp. cit. pp. 47-52,
22
San Ramón Nonato es el patrono de las mujeres embarazadas y de los niños.

14
En 1871 la Sociedad de Beneficencia de Buenos Aires lo nombró médico de la sala de San
Ramón destinada a partos y médico de la sala Santo Tomás destinada a enfermedades
infantiles en el Hospital de Mujeres. Ese año consiguió que la Sociedad de Beneficencia lo
autorizara para que los estudiantes pudieran realizar en el Hospital de Mujeres las necesarias
prácticas de partos.
No solo se limitó a la atención de enfermas y la formación de estudiantes, sino que realizó
importantes transformaciones en el Hospital de Mujeres como la de convertir la Sala de Santo
Tomás en sala de mujeres y ser el presidente de la comisión constructora del nuevo Hospital.
En tal carácter aceptó los planos y dirigió las obras en un terreno adquirido en 1876 con
subsidio del estado y aportes privados. El nuevo edificio que fue llamado Hospital Rivadavia
se levantó en la calle Sánchez de Bustamante y Avenida General Las Heras. Se inauguró el
27 de abril de 1887.23
En el Hospital de Mujeres, Pardo comenzó a aplicar cloroformo en los partos, según las
estadísticas que él mismo realizaba, la cantidad de muertes de mujeres en el parto había
bajado considerablemente con su uso. Pardo realmente era un pionero, pues pocos años antes,
en 1847, un médico de Edimburgo, James Young Simpson, utilizó por primera vez el éter en
obstetricia y luego el cloroformo. Esta práctica se afianzó en Europa recién en 1853 cuando
la soberana del Reino Unido, Victoria, dio a luz al príncipe Leopoldo, bajo los efectos del
cloroformo atendida por el Dr. John Snow. Pardo no dudó en aplicarlo.
El trabajo de Pardo con el uso del cloroformo empezaba a despertar curiosidad entre los
profesionales médicos. Así, el 16 de febrero de 1868, la tesis que realizó Ricardo Gutiérrez
para doctorarse en medicina fue justamente “Supresión de los dolores del parto por medio
del cloroformo”. En la página 10 de su tesis escribe: “Durante mi servicio interno en el
Hospital de Mugeres he asistido sesenta y cinco partos. De estos partos veintiuno solamente
fueron puestos bajo el favor del cloroformo porque recién entonces el ingreso del Dr. Pardo
a la Sala de Maternidad, dando un valiente impulso de adelanto a la enseñanza, autorizó la
práctica de toda experimentación que por mi parte podía afrontar desde luego, hallándome
robustecido con los conocimientos de obstetricia que debo a mi maestro y a mis libros” 24.
Cuando Gutiérrez (previo a su presentación) hace llegar su tesis a Pardo para conocer su
opinión, éste le responde:

“Mi estimado amigo: le devuelvo a Ud. el manuscrito de su tesis inaugural que he leído
dos veces con el interés que despierta la importancia de la materia en ella tratada y el atractivo
de su estilo.
Puedo decirle sin temor que mi juicio de su contradicho que va Ud. a presentar a la facultad
un trabajo de mérito y con el especialísimo de que aun cuando se haya escrito bastante sobre
la aplicación del cloroformo a la práctica de los partos, en su tesis puede llamarse un trabajo
original por cuanto la experimentación ha precedido al estudio teórico… A pesar de los
límites que usted la ha ceñido no me equivocaré al anunciarle que está destinada a despertar
la atención de los médicos del Plata acerca de la materia de que se ocupa.
Como le dije de palabra solo le encuentro un defecto y es que el entusiasmo tan vivo, tan
apasionado con que usted se ha apoderado del cloroformo pero lo que es un defecto hablando

23
Véase Archivo General de la Nación Instituciones de la Sociedad de Beneficencia y asistencia social (1823-
1952) Tomo I, Buenos Aires, 1999, p. 69,
24
La Tesis doctoral del Dr. Ricardo Gutiérrez “Supresión de los dolores del parto por medio del cloroformo”
de 1868 puede leerse completa en [Link]

15
absolutamente en estos momentos puede que sea otro de sus méritos porque a veces las
buenas ideas necesitan para difundirse del entusiasmo del apóstol inspirado por la fe y estoy
por añadir de la belleza del habla que Dios ha deparado a los poetas. Su sagacidad ha
comprendido esto, la medicina del Plata tiene que agradecérselo y yo al terminar esta carta
me retracto de haber dicho que su tesis tenía un defecto.
Soy de Ud. con toda consideración su afectuoso amigo”
Firma: Pedro Pardo25.

Pardo fue un tenaz defensor de la asepsia en la atención a los enfermos. Grabó en sus
alumnos lo necesario que era la práctica –obvia para nosotros, pero que en ese tiempo no lo
era– del lavado de manos con una solución de cloruro de calcio antes de la atención de las
parturientas y la limpieza posterior al parto tanto de la paciente, como del recién nacido y de
los elementos utilizados. Esta simple práctica higiénica hizo decrecer de manera importante
la mortalidad por fiebre puerperal. 26 Uno de sus discípulos, Juan Ramón Fernández, se
doctoró en 1882 precisamente con una tesis sobre “Contribución al estudio del tratamiento
antiséptico en la fiebre puerperal”, siendo su presidente de tesis el mismo Dr. Pardo. La fiebre
puerperal causaba en las maternidades, según palabras del propio Fernández, “mortalidad tan
grande que sus efectos han sido comparados con las calamidades de la guerra” 27. De hecho,
en 1872 y 1874 esta infección había hecho estragos en el Hospital de Mujeres, 28se había
convertido en una verdadera epidemia. El Dr. Fernández señala en diferentes puntos de su
tesis las experiencias en la Maternidad bajo la dirección de Pardo, donde el número de
muertes disminuyó significativamente con las prácticas de asepsia “para nosotros, alejados
como estamos de los recursos de la experimentación, la admisión de esta teoría reposa en el
éxito de la medicación antiséptica puesta en práctica en la Maternidad de Buenos Aires por
nuestro distinguido maestro el Dr. Pardo”29.
La atención de los niños en la Casa de Expósitos30 también estaba bajo la responsabilidad
del Dr. Pardo. En esta institución se recibían niños abandonados por sus padres o huérfanos
desde su nacimiento hasta aproximadamente los cinco años. Las enfermedades eran moneda
corriente en ella. Como médico, Pardo también difundió allí la importancia de las prácticas
de higiene. Según informes, en una de sus periódicas visitas, la realizada el 20 de diciembre
de 1883, se encontró solo con tres casos de niños enfermos que estaban debidamente aislados
del resto. Escribe: “existe una prudente y científica separación de los útiles de todo género
destinado para cada enfermo especialmente de aquellos que puedan efectuar el transporte del
germen, tales como los útiles de curación que se encuentran en un estante con su número de
orden correspondiente al del enfermo de manera que no existe entre un enfermo y otros más
25
AGN Sala SVII Museo Histórico Sarmiento – Archivo Pedro A. Pardo Legajo 7 - Borrador de carta del 16
de febrero de 1868.
26
En Viena el húngaro Ignaz Philip Semmelweis (1818-1865) llamó la atención sobre los beneficios que deriva
el lavado de las manos con cloruro de calcio, antes de atender a las mujeres en trabajo de parto con lo bajó
asombrosamente la cantidad de muertes. A partir de ese momento nace la antisepsia.
27
La tesis del Dr. Fernández puede leerse integra en: [Link]
La cita es de la página 10. Se respetó la ortografía original.
28
Llames Massini (1915) óp. cit. pp. 130-136.
29
Tesis del Dr. Fernández [Link]. p. 24.
30
La Casa de Niños Expósitos fue fundada por el Virrey Vértiz en 1779 con el fin de evitar el abandono en las
calles de niños que generalmente terminaba con la muerte de los infantes. Ante los problemas económicos que
enfrentaba la Casa en 1784 el Virrey decide que pase a depender de la Hermandad de la Santa Caridad. En 1823
cuando se funda la Sociedad de Beneficencia el Gobierno determina su pase a la Sociedad de Beneficencia.

16
vinculo material que la mano del médico, pero el médico tiene otros recursos para evitar el
transporte del germen por su intermedio, tiene el lavado de sus manos con los desinfectantes
y la limpieza con que debe ejecutar esas pequeñas operaciones… De manera que para el
higienista teniendo la Casa de Expósitos malas condiciones higiénicas el hecho de que no
existen sino 8 casos de oftalmia purulenta (conjuntivitis) sobre una cifra de cerca de 1000
niños”31era un logro. Pardo pone en evidencia en este informe la buena labor de los médicos
de la institución y la importancia de la asepsia para la prevención de enfermedades.
El Dr. Pardo dio los pasos necesarios para profesionalizar a las parteras. Dentro de la
cátedra de obstetricia anexó la carrera de partera. El propósito era formar “una escuela de
partos destinada a suministrar la instrucción necesaria a las señoras que se dedican al arte de
partos”32. La Ordenanza ideada por Pardo para la Escuela de Parteras, que data del 8 de
noviembre de 1881, establecía condiciones de ingreso a la carrera, entre ellas que las
aspirantes deberían ser sanas sin defectos físicos que las imposibilitaran para el ejercicio del
arte, mayores de 18 años y menores de 36, y contar con un certificado de vacuna contra
viruela. Debían rendir un examen de ingreso, salvo las que contaran con título de maestra
normal, 33 además se especificaban las materias a tratar y que se dictarían además de las clases
teóricas, clases prácticas en el Hospital. El curso teórico era de dos años y 18 meses de
práctica hospitalaria que comenzaba a partir del segundo semestre del teórico y era paralelo
a éste. En 1883 fue nombrado profesor suplente de la cátedra de partos el Dr. Juan Ramón
Fernández, un discípulo destacado del Dr. Pardo.
Sin dejar la docencia, en 1884 fue nombrado Decano de la Facultad de Ciencias Médicas.
El antiguo Hospital de General de Hombres había sido cerrado y reemplazado por uno nuevo
en 1879, llamado Hospital de Buenos Aires, ubicado en la manzana comprendida entre
Córdoba, Junín, Paraguay y Andes (hoy Uriburu). Todas las escuelas de prácticas de la
Facultad de Medicina se trasladaron a este nuevo hospital, que tras la federalización de la
ciudad de Buenos Aires se convirtió en nacional. El 30 de junio de 1883 el gobierno
determinó que pasara a depender de la Facultad de Medicina. En ese momento tomó el
nombre de Hospital de Clínicas tal como lo conocemos hoy.
Durante el decanato de Pardo, la Facultad adquirió la media manzana enfrente al Hospital
de Clínicas para instalar allí la Facultad y de esta manera, por su cercanía, facilitar a los
estudiantes las necesarias prácticas médicas. Las clases se venían dictando en la calle
Comercio (hoy Humberto I al 300) muy alejadas del hospital, lo cual no era cómodo para el
estudiantado34.
Pardo decidió destinar a casa de estudios la porción del terreno que daba a la calle Córdoba
y la que daba a la calle Viamonte (número 2189) a levantar una Maternidad que fue realizada
por el arquitecto Tamburuni35. La Maternidad se inauguró en 1886, primero que la Facultad.

31
AGN Sala VII Fondo Museo Histórico Nacional- Archivo Pedro A. Pardo legajo 5.
32
Acta 209 de la Facultad de Medicina. Escuela de Obstetricia. Artículo 1. Ordenanza del 1 de enero de 1882.
(Véase Llames Massini (1915) óp. cit. pp. 176-178).
33
AGN Sala VII Fondo Museo Histórico Nacional- Archivo Pedro A. Pardo Legajo 5.
34
En el Hospital de Clínicas se hacían las siguientes prácticas: Clínica médica, quirúrgica, oftalmológica, de
mujeres, de niños y se dictaban clases de anatomía. Este primer edificio fue demolido en 1975.
35
Francesco Tamburini fue un arquitecto de origen italiano (1846-1891) quien finalizó la construcción de la
Casa Rosada y realizó el proyecto original del Teatro Colón que concluyera Jules Dormal.

17
Pardo y el Departamento de Higiene:

Buenos Aires crecía a pasos agigantados, pero las medidas de saneamiento urbano no la
acompañaban. Emilio Coni en el folleto El saneamiento de Buenos Aires describía a la ciudad
de la siguiente manera: “Buenos Aires, la ciudad de los ‘buenos aires’ como la bautizaron
sus fundadores se convirtió en un lugar malsano donde las enfermedades contagiosas habían
adquirido derecho de ciudadanía (…) la ciudad ha estado desprovista hasta ahora de un
sistema de evacuación de inmundicias y la distribución del agua ha sido absolutamente
insuficiente a las necesidades de su población...”36.
Condiciones como la insuficiente provisión de agua potable, el deplorable estado del
Riachuelo con sus aguas contaminadas, la carencia de sistemas cloacales con la consecuencia
de que los desechos humanos que contaminaban las napas, el hacinamiento en viviendas
inadecuadas de grandes grupos humanos, especialmente de inmigrantes, todo contribuía a
que las enfermedades infectocontagiosas encontraran un lugar apto para su desarrollo 37.
En 1867 apareció el temido cólera. Pardo desempeñó una abnegada tarea en esta epidemia
que duró hasta 1868, en ese tiempo prestó servicio como médico en las Parroquias de la
Catedral al Sud por nombramiento del gobierno provincial y de las comisiones populares,
atendiendo a cientos de enfermos. Dos años después, en 1871, Buenos Aires se enfrentaría a
otro flagelo aún mayor, la epidemia de fiebre amarilla que, según cómputos, registró un total
aproximado de 14.000 víctimas entre los cuales doce médicos abnegados perdieron sus vidas.
La enfermedad producida por el mosquito Aedes Aegypti atacó a toda la población sin
distinción de clase social. Pardo se desempeñó con heroísmo en esta terrible epidemia que
vació la ciudad; como tantos otros profesionales médicos no aceptó retribución alguna.
En 1852, cuando se estableció la Facultad de Ciencias Médicas en la Universidad de
Buenos Aires, se creó a su vez el Consejo de Higiene Pública que tenía a su cargo todo lo
relacionado con la Salud Pública. Este organismo funcionó hasta la federalización de la
ciudad de Buenos Aires en 1880, en cuyo momento se convirtió en el Departamento Nacional
de Higiene compartiendo competencia con la Asistencia Pública Porteña creada tres años
después.
El Departamento Nacional de Higiene oficialmente tuvo su origen en el Decreto del
Presidente Julio A. Roca del 31 de diciembre de 1880. Este organismo de amplias funciones
tenía a su cargo tareas de asesoramiento en materia sanitaria tanto al Poder Ejecutivo como
a otras dependencias nacionales; era el encargado del contralor de la sanidad en la Aduana
tanto por vía marítima como terrestre y de los distintos hospitales y organismos a nivel
nacional. El Departamento dependía tanto de los Ministerios de Guerra y Marina como del
Interior según tuviera que actuar en puertos o en diversas provincias del territorio. Contaba
con la capacidad de crear subcomisiones de higiene en el interior del país según las
necesidades.
Desde el momento de su creación el Departamento Nacional de Higiene estuvo a cargo del
Doctor Pedro Antonio Pardo, aunque oficialmente se lo nombró por Decreto del Poder
Ejecutivo el 8 de marzo de 1882.38 Ejerció este cargo hasta 1887.

36
Coni, 1895, [Link]., p. 3.
37
Véase, Pérgola, F., Historia de la Salud Social en la Argentina, Buenos Aires, 2004, pp. 36, 37.
38
Véase, Veronelli, J.C. y Veronelli Correch, M., Los orígenes institucionales de la Salud en la Argentina,
Buenos Aires, 2004, Tomo I pp. 230-233.

18
Pardo debió encargarse de la organización de este nuevo organismo que al poco tiempo le
tocó enfrentar la dura epidemia de cólera de 1886/87 en la cual resultaron afectados unos
5000 habitantes de la ciudad de Buenos Aires, cifra enorme si pensamos que la población
aproximada era de 180.000.39
Desde 1883 Europa sufría el flagelo del cólera, presumiblemente importado de Oriente.
Francia, Italia y España hasta 1886 se vieron duramente atacadas. De esas regiones
principalmente de Italia y España arribaban en esos años innumerables cantidades de navíos
cargados de inmigrantes. Los controles sanitarios eran ineficaces y en algunos casos nulos.
La entrada al país del cólera por vía marítima era cuestión de tiempo. Para 1886 la
enfermedad era un hecho40. El primer caso de detectó el 1 de octubre en la zona del
Riachuelo. Si bien fue una epidemia más focalizada que la anterior, fue más extendida. La
enfermedad entró por Buenos Aires y se propagó rápidamente en el interior del país, donde
fue más virulenta. En su diseminación tuvo mucho que ver el ferrocarril.
La rápida extensión de la enfermedad y la demora en el accionar del Departamento
Nacional de Higiene hicieron recaer sobre el organismo una lluvia de críticas por parte de la
prensa local.
El 15 de marzo de 1886 se había realizado el Congreso Médico Argentino presidido por el
Dr. Pardo, en esta oportunidad se había discutido el Código Sanitario Argentino elaborado y
presentado por él mismo. Posteriormente se aprobó y se convirtió en el primer código
sanitario que tuvo la nación. Lamentablemente la epidemia de cólera le ganó de mano.
Cinco años antes, Pardo había estaba trabajando en la elaboración de un Código Sanitario
para la Nación e insistiendo a las autoridades para que se implementara. En un Impreso de
1881 publicó el Proyecto de Código Sanitario llamado Legislación sobre medidas de policía
sanitaria contra epidemias epizootias y epífitas que ofrezcan un peligro a la Nación 41. En
este impreso mostraba la necesidad de que el Poder Ejecutivo tuviera un papel activo en la
atención de la salud pública, que fuera el que decretara e hiciera cesar cuarentenas cuando
esto fuera necesario. Dentro de las medidas a tomar establecía que se debería prohibir
introducción de animales de zonas donde hubiera epidemias o importar alimentos de esos
lugares, enfatizando lo prioritario que era reglamentar la higiene pública. Propuso la creación
del Departamento General de Higiene que dependería del Ministerio del Interior compuesto
de un presidente con grado de doctor en medicina, cuatro profesores en medicina, un químico
farmacéutico, un jefe de laboratorio de investigación y un veterinario. Además de cirujanos,
administradores de vacunas, ingenieros civiles y de obras de saneamiento, entre otros que
colaborarían. Además establecía la implementación de una estricta política sanitaria para los
barcos que ingresaran o salieran al puerto, siempre deberían hacerlo munidos de patentes de
sanidad.
Este proyecto se presentó al Congreso Nacional el 9 de agosto de 1881. Los lentos tiempos
políticos demoraron su elaboración. Recién en 1886 una Comisión lo revisó y aprobó aunque
agregando algunos ítems como atribuciones del Ministerio de Interior en materia de higiene
y la responsabilidad de las Provincias. Pardo también integraba esta comisión revisora que
presentó su informe el 15 de abril de 1887 y ese año se aprobó. Al poco tiempo dejó la

39
Álvarez Cardoso, A., “La aparición del cólera en Buenos Aires (1865- 1996)” En Historelo Revista de historia
regional y local. Vol. 4 N°[Link] Aires, 2012, pp. 177,178.
40
Para un análisis detallado de esta epidemia, véase Fuster, M. T, “El Perseo, el barco maldito: La epidemia de
cólera en 1886” En Legado, la Revista del Archivo General de la Nación, N° 3, Buenos Aires, 2016, p.81-97.
41
AGN Sala VII Fondo Museo Histórico Nacional- Archivo Pedro A. Pardo - Legajo 8. Impreso: año 1881.

19
presidencia del Consejo Nacional de Higiene y su decanato en la Facultad de Ciencias
Médicas pues el 14 de mayo de 1887 fue nombrado por el Presidente, Embajador de la
República Argentina ante el Imperio Austro Húngaro. Años antes ya había tenido cargos en
el Ministerio de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Avellaneda. En 1874 había
actuado como Ministro Plenipotenciario de Argentina en Chile y entre 1874 y 1875 como
Ministro Secretario de Estado en el Departamento de Relaciones Exteriores de la República.
Su cargo diplomático no le impidió seguir con su pasión por la medicina hasta en 1887 pudo
asistir como delegado del gobierno argentino al VI Congreso Internacional de Higiene y
Demografía que se realizó en la ciudad de Viena.
El 1 de enero de 1888 fue nombrado Embajador en Portugal por el Presidente Juárez
Celman cargo que puedo ejercer solo por un año pues el 5 de febrero de 1889 falleció en
Lisboa.
La obra de Pardo perduró. La Escuela de Parteras continuó su labor docente capacitando
a cientos de alumnas. El Dr. Juan Ramón Fernández la organizó y dirigió en sus primeros
tiempos contando con la colaboración del Dr. Enrique Pardo, uno de los hijos de Pardo, que
siguió el camino trazado por su padre en la obstetricia.
El 13 de diciembre de 1906 la Facultad de Medicina tomó la decisión de llamar a la
Maternidad de la Facultad “Pedro A. Pardo”42 en homenaje a este gran médico argentino 43.
La lista de médicos que ejercieron entre el siglo XIX y principios del XX es muy extensa
podemos mencionar a Cosme Argerich, Juan Madera, Salvio Gafarot, Juan José Montes de
Oca, Juan A. Fernández, Ángel Golfarini, Tomás Liberato Perón Hughes, Francisco Javier
Muñiz, Pedro Mallo, Luis Tamini, Leopoldo Montes de Oca, Guillermo Rawson, Eduardo
Wilde, Santiago Larrosa, Roque Pérez, Manuel Argerich, Ventura Bosch, Juan José Naón,
Eduardo Holmberg, Eufemio Uballes, Eduardo Ovejero, Luis Vila, Julián Aguilar, Enrique
del Arca, Manuel Podestá, Pedro Arata, Luis Güemes, Pedro Lagleyze, Enrique Bazterrica,
Julio Méndez Baldomero Sommer, Telémaco Susini, Antonio F. Piñero, Juan Bautista
Señorans, José María Ramos Mejía, Emilio Coni, José Penna, para mencionar solo algunos
que se destacaron en la docencia y la práctica médica.
Es esta una lista muy incompleta por cierto. Detrás de cada uno de estos nombres es posible
hallar una historia de coraje y dedicación. Muchos de ellos ofrendaron su vida en la atención
a enfermos, como los profesionales que perdieron la vida durante la terrible epidemia de
fiebre amarilla de 1871. Cada uno de ellos merecería un trabajo especial sobre su obra.●

42
En el año 1968, se cerró la Escuela de Parteras y se abrió la Licenciatura en Obstetricia en la Universidad de
Buenos Aires, una carrera de grado de cinco años de duración.
43
Llames Massini (1915) óp. cit. p.259.

20
Aniversarios

DOMINGO BELGRANO PÉREZ.


Antecedentes y primeros años.
44
Guillermo Mario Pesaresi

I. Introducción

Respecto a su padre, Manuel Belgrano dijo en el tercer párrafo de su autobiografía 45, muy
escuetamente: “La ocupación de mi padre fue la de comerciante, y como le tocó el tiempo
del monopolio, adquirió riquezas para vivir cómodamente y dar a sus hijos la educación
mejor de aquella época”. Esta expresión es la única en la que menciona algo relacionado con
su padre y su etapa de niñez.
Primeramente, el hijo quita mérito a su padre al atribuir su fortuna a un hecho externo y
fortuito, cuando obviamente éste forjó su riqueza a base de esfuerzo, trabajo e inteligencia,
haciendo gala de una gran habilidad para los negocios, siendo el monopolio una circunstancia
económica contextual que, todo lo más, coadyuvó en su carrera de gran comerciante. Si fuese
como Manuel expresó entonces el monopolio debió haber producido una sociedad con todos
sus integrantes ricos, y obviamente no fue así.
En segundo término, cabe conjeturar que la figura de su padre, respecto de quien nada
más dijo y siquiera mencionó su nombre, lo incomodaba. Veamos qué dijo Manuel acerca de
los comerciantes porteños:

“No puedo decir bastante mi sorpresa cuando conocí a los hombres nombrados por
el Rey para la Junta, que había de tratar de agricultura, industria y comercio, y
propender a la felicidad de las Provincias que componían el Virreinato de Buenos
Aires; todos eran comerciantes españoles; exceptuando uno que otro, nada sabían más
que su comercio monopolista, a saber, comprar por cuatro para vender por ocho con
toda seguridad”.

Añadió Manuel Belgrano que a partir de su llegada a Buenos Aires su “ánimo se abatió”,
y cayó en cuenta de que “nada se haría en favor de las provincias por unos hombres que por
sus intereses particulares posponían el del común”, detallando las constantes oposiciones de
los comerciantes a sus iniciativas de utilidad para los “establecimientos en América”, como
acertados métodos para “conservar las colonias”. Con tristeza expresó que fueron los suyos
“esfuerzos impotentes a favor del bien público”, pues todos eran rechazados, sea por el
44
Abogado. Secretario judicial. Doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales. Profesor Regular Adjunto y de
Posgrado de la UBA. Disertante en diversos congresos y jornadas. Autor de quince libros sobre temáticas
jurídicas, dos de ellos relativos a la historia del derecho.
45
“Autobiografía”, Documentos del Archivo de Belgrano, Tomo I, Museo Mitre, Imprenta de Coni Hermanos,
Buenos Aires, 1913, p. 175.

21
gobierno, sea por la Corte, o sea por los “mismos comerciantes, individuos que componían
este cuerpo, para quienes no había más razón, ni más justicia, ni más utilidad, ni más
necesidad que su interés mercantil; cualquiera cosa que chocase con él, encontraba un veto,
sin que hubiese recurso para atajarlo”.
Se evidencia así, de su propia autobiografía, que Manuel Belgrano más que admirar a los
comerciantes los padeció; ergo, la figura de su padre no aparece muy querida; lo cual resulta
cuanto menos curioso, desde que estuvo al servicio de tales no apreciados comerciantes (fue
su secretario) por nada menos que dieciséis años de su vida.
Es posible que siguiendo esa línea de “ninguneo” para con su padre, que Manuel dejó
evidenciada, los historiadores no hayan demostrado interés en estudiar la vida de su
progenitor, aun cuando –como creemos lo demostrará esta obra– sea por demás rica e
interesante, digna de ser conocida. Como si el hombre elevado a prócer hubiera determinado
desde su bronce que solo deben existir biografías (panegíricas, por cierto, incluso muchas
veces hagiográficas) sobre él, y que se desconozca todo dato sobre su padre.
No obstante, entendemos que vale la pena el intento de elaborar un bosquejo biográfico
de su padre don Domingo, pues resulta interesante saber más acerca de la familia de nuestro
prócer; asimismo, como el conocer el pasado ayuda al presente y al futuro (como bien supo
éste decirlo), no está de más estudiar a un digno exponente del poder en el marco de la
sociedad porteña de la segunda mitad del siglo XVIII.
Asimismo, Domingo Belgrano representa al inmigrante italiano más exitoso, por lejos, de
prácticamente toda la segunda mitad de la centuria (siglo XVIII), quien ha contribuido a
nuestra identidad de lo que hoy somos como pueblo argentino.
Por lo demás, estamos frente a una figura encumbrada y eminente, paradigmática, que
tiene un relevante peso propio en la historia social de su época; lejos está de ser meramente
el “padre de”, pues Domingo Belgrano Pérez fue “sin lugar a dudas uno de los mayores
comerciantes del BA colonial tardío y quizás de todo el Virreinato del Río de la Plata” 46.
Obviamente que la vida de este comerciante destacado de la sociedad porteña del siglo
XVIII no tiene la épica que provee la existencia de su hijo, para los argentinos nuestro héroe,
para los españoles realistas de aquel entonces un forajido, llena de batallas y de pluma, pero
entendemos que por las razones antes expuestas resulta muy digna de contar e incluso por
momentos entretenida y por otros dramática.
Así las cosas, hemos tenido la oportunidad de publicar una obra de reciente publicación47
en el cual procuramos contribuir a su historia, y cuyo primer capítulo recrearemos en este
opúsculo, compuesto a pedido del eminente historiador don Roberto L. Elissalde, que se
prestara gentilmente a prologar nuestro libro y a quien estamos muy agradecidos.

II. Oneglia.

Oneglia era una ciudad ubicada en la costa de Liguria, en el norte de Italia; una angosta franja
que se extiende sobre el mar norte italiano, en el poniente de la Liguria 48.

46
Gelman, J., De mercachifle a gran comerciante: los caminos del ascenso en el Río de La Plata Colonial,
Universidad Internacional de Andalucía, sede iberoamericana de La Rábida, Imprenta Ortega, Huelva, 1996, p.
151.
47
Pesaresi, G., Los expedientes secretos de Belgrano, Sb Editorial, Buenos Aires, 2021.
48
Rossi Belgrano, A., “Belgrano, de Costa d’Oneglia al Río de la Plata”, III Congreso Nacional Belgraniano.
“Belgrano Siglo XXI”, Presidencia de la Nación, Ministerio de Cultura, Instituto Nacional Belgraniano, San
Miguel de Tucumán, 2016, p. 319.

22
En la Edad Media se encontraba dentro de la jurisdicción de la antigua República de
Génova. En la actualidad, es la ciudad de Imperia, capital de la Provincia homónima, una de
las cuatro provincias que conforman la región de Liguria; las tres restantes son Génova,
Savona y La Spezia.
En 1923 Oneglia se unió con Porto Maurizio, formando la actual ciudad de Imperia,
tomando su nombre del río Impero, que separa ambas localidades. Ha tenido siempre
renombre por su agricultura aceitera, además de otras industrias. Los antepasados de nuestro
biografiado se asentaban desde remotos tiempos en un pequeño enclave en el norte de la
Riviera Ligure; zona de olivares rodeados por extensos pinares, a orillas del mar
Mediterráneo, que a lo largo de su historia fue asolada por continuas guerras, invasiones,
éxodos y epidemias49.
En su viaje por esas zonas, Juan Bautista Alberdi definió al genovés como “el italiano
menos desgraciado, pues su carácter naturalmente austero y concentrado, le hace poco amigo
de las diversiones públicas”. Gasta poco, aparece menos, economiza excesivamente –siguió
describiendo–, siendo el comercio su alma, y adquiere con ello un carácter nacional; “todo
allí se subordina a su espíritu, hasta el estilo de los edificios”50.
La historiografía sobre la imagen de los mercaderes genoveses en la España de la Edad
Moderna, utilizando fuentes casi siempre literarias, ha redundado en una visión peyorativa,
considerándoselos avaros, usureros, prestamistas sin escrúpulos; sin embargo, a nivel local,
entre las élites y el pueblo, esta visión ya no es tan negativa ni tan sesgada, pues según
investigaciones contemporáneas los ligures eran aliados poderosos, compradores, clientes y
patrones de la élite castellana, grandes partidos para hijas casaderas y mecenas de las artes e
introductores de estilos arquitectónicos; su riqueza y poder es admirado y envidiado, llegando
a ser en ocasiones referentes culturales y religiosos de las oligarquías en algunas ciudades
españolas como Granada51.
Hacia la primera parte del siglo XVIII las oportunidades sin embargo no eran muchas en
Génova: los jóvenes debían emigrar, y La Meca era entonces para muchos de ellos Cádiz,
que bien fue definida como “meta privilegiada de la diáspora ligur en el setecientos”52.

III. Antecesores.

Cuenta la leyenda53 que cierto día del siglo XV, mientras se hallaba cazando en las
estribaciones de los Alpes, Manuel Filiberto, duque de Saboya, se detuvo a contemplar una
gran parcela de terreno esmeradamente cultivado, en el que las riquísimas mieses estaban a
punto de ser cosechadas. Dirigiéndose a un labriego de noble aspecto que ordenaba las faenas
le preguntó: “– ¿De quién es este campo? – Mío, señor (respondió respetuosamente, pero con
digna firmeza, el labrador). El duque se quedó mirándolo, pues aquel hombre no era un

49
Rossi Belgrano, A. – Rossi Belgrano, M., Manuel Belgrano y sus raíces italianas, s/e, Buenos Aires, 2018.
50
Alberdi, J., Veinte días en Génova, Imprenta del Mercurio, Valparaíso, 1845, caps. XIV y XV, p. 109 y 116.
51
Girón P. R., “Ricos, nobles, y poderosos: la imagen de los mercaderes genoveses del Reino de Granada en la
Edad Moderna”, Historia y Genealogía. Imagen del Poder, nº 1, p. 41/56, Universidad de Córdoba, Córdoba,
2011.
52
Brilli, C., “Mercaderes genoveses en el Cádiz del siglo XVIII. Crisis y reajuste de una simbiosis secular”, en
Crespo Solana, Ana (Ed.), Comunidades transnacionales: expansión y características de las colonias
mercantiles en la Europa Atlántica (1500-1830), Doce Calles, Madrid, 2010, p. 86.
53
Plasmada por: Larran de Vere, A., Belgrano, 7ª ed., Atlántida SA, Bs. As., 1963, pp. 13,14.

23
rústico: había en su apostura una impresionante marcialidad que indujo al monarca a
preguntarle:
– ¿Siempre has sido labrador?
– No, señor (repuso el campesino), antes he sido soldado de vuestro ejército.
– ¡Dichosa mi patria (exclamó el duque), puesto que tiene hijos capaces de defenderla
en la guerra y enriquecerla en la paz!
Y estrechándole la mano, al despedirse, agregó indicando las mieses:
– “Bel grano il tuo!”. La noticia de la visita del monarca y las últimas palabras
pronunciadas por él circularon rápidamente por toda la población”.
Y desde entonces los vecinos comenzaron a nombrar al labriego aquel con el apodo de
Belgrano, palabras que llevaban la intención de honrar al hombre cuya labor había merecido
el elogio del monarca.
El árbol genealógico se remonta con fehaciencia a Pompeyo Belgrano (casado con
Máxima de Azonio el 16/8/1580), ilustre por firmar, el 7/6/1585, un acta de paz y
avenimiento con Carlo Emanuele II, por los conflictos entre Oneglia y la República de
Génova54.
El 22 de febrero de 1590, el reverendo fray Valerio de Génova, prior del monasterio de
San Agustín de Oneglia, y otros canónigos, congregados en el refectorio, al toque de campana
de licencia, de muy buena voluntad por el tenor del instrumento y en vista de la súplica
expresada, recibieron a los hermanos Pompeyo y Bartolomé Belgrano, quienes hicieron
donación irrevocable en favor de los agustinos, de una capilla dedicada a la “transfiguración
de nuestro Señor Jesu-Christo”, construida en dicho monasterio. Por ese gesto fueron
nombrados patronos de dicha capilla; asimismo, la dotaron de “mil libras de la moneda más
estimable”. Otros parientes de apellido Belgrano (Antonio, Francisco y Seipion)
acompañaron ese acto y también efectuaron donaciones pecuniarias. Los religiosos se
obligaron perpetuamente a celebrar la misa en todas las semanas en dicha capilla, los
domingos, sábados y martes por todo el año, y en cada año por el alma de los Belgrano 55.
El 19 de mayo de 1590 nació el hijo de Pompeyo, Agustín Belgrano (unido en matrimonio
con Juliana Amoreti), quien también fue famoso por haber participado en una heroica
operación en el marco del sitio que sostuvo Oneglia contra los españoles en 1649, logrando
con un pequeño pelotón de voluntarios valientes, ingresar al impenetrable castillo, con
puertas de hierro, y produciendo la baja de 200 soldados ibéricos, incluyendo los capitanes
Paschares, Silves y Massa (contra unos pocos de su bando)56.
El 19 de marzo de 1620 nació Francisco (quien se casó con Jerónima Belgrano), y tuvo
un hijo también llamado Francisco (fecha desconocida), naciendo en 1685 Carlos Félix
Belgrano Bianchi, quien a su vez se casó con María Josefina Berio.

54
Pira, G., Storia de la cittá e principiato di Oneglia dagli indigeni abitanti sino al 1834, t. II, p. 18, Tipografia
Ferrando, Génova, 1847, p. 18.
55
Archivo Histórico Nacional (en adelante AHN), “Calderón de la Barca y Belgrano Vera y González, Ángel”,
Secretaría de las Órdenes Civiles, [Link].2, Estado, Carlos III, expediente 1953, 1828, f. 220/222. Fueron
testigos Bautista Jordán, Ambrosio y Juan Amoreti, llamados y rogados para presenciar el acto. Todo sucedió
ante el notario imperial y ducal Bartolomé Stella. Certificó este instrumento, a pedido de Carlos Belgrano (hijo
de Domingo Belgrano Pérez), el notario apostólico Lázaro Calvi el 25/2/1794. Para esa época todavía se
conservaba la capilla, donde constaba el escudo de armas gentilicias de los Belgrano, en bajorrelieve, pintado
en el frontispicio.
56
Pira, op. cit., pp. 52-54, cap. XXIV.

24
El hijo de Carlos Félix y María Josefina fue Carlos Nicolás Félix, quien nació el 12/9/1709
y fue padre de nuestro biografiado y abuelo de nuestro prócer Manuel.
Carlos Nicolás Félix desposó con María Gentile Peri Tiragalo, ambos naturales de esa
ciudad57, quienes contrajeron enlace en 1725. Del tálamo nacieron los mellizos Juan Agustín
María y Nicolás Ambrosio (1728)58, y luego nuestro biografiado, anotado como Domenico
Francesco María Gaetano (1731).
Entre los ilustres familiares contemporáneos a don Domingo Belgrano Peri, cabe
mencionar a su primo, José Belgrano, que en 1744 formó parte de la Junta de Guerra que se
constituyó en Oneglia para organizar la defensa contra los franceses y españoles, y en 1746
fue enviado entre los diputados que cumplimentaron a Carlos Manuel, Rey de Cerdeña59.
Como toda familia noble, los Belgrano tienen su escudo. Desde el punto de vista heráldico,
cabe consignar las armas en la lápida sepulcral de D. Domingo Belgrano Pérez, que estuviera
en el Convento de Santo Domingo, el escudo es de gules, tres espigas de oro sobre un monte
de sinople; el jefe de azur con tres lises de oro; al timbre, corona italiana de patricio 60.

Según certificación de los escribanos reales y públicos de la ciudad de Oneglia, efectuada


en 14 de noviembre de 1793, se dio fe que el escudo de armas tiene forma de dos escudos
metidos en otro, trayendo el uno en el cuartel de abajo, en campo verde, tres espigas en grano,
y en el de arriba, en campo azul, tres flores de lis de oro; el otro en el cuartel de abajo, en
campo de color ceniza, una piedra triangular del mismo color con una citrela en medio de

57
Archivo General de la Nación (en adelante: AGN), “Testamento de Domingo Belgrano Pérez”, Protocolos
de escribanos, R6, 1796, f. 12. Los padres de María eran Domingo Peri y María Felicia Tiragallo.
58
Molina, R., “Belgrano González, Domingo, Joaquín, José Gregorio y Manuel”, Genealogía. Hombres de
Mayo, Revista del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, Bs. As., 1961, p. 69.
59
Trostiné, R., “Los Belgrano”, Revista Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, año 3, nº 3, p. 123, Bs.
As., 1944, con cita de Pira, ob. cit., p. 52/53. Ver además: Crollalanza, G., Il generale argentino D. Emanuele
Belgrano e sua origine italiana, Imprenta de El Orden, Buenos Aires, 1874; Molina, R., “Genearquía y
genealogía de Belgrano”, Revista Historia, nº 20 (Colección Mayo, III: Belgrano), Buenos Aires, 1960, p. 31.
60
Ver Crollalanza, J., El General D. Manuel Belgrano, noticia biográfica y apuntes genealógicos sobre su
origen italiano, El Orden, Buenos Aires, 1874, p. 30, y nota del traductor, quien describe la sepultura que aún
estaba delante del altar de Nuestra Señora del Rosario. Ver, además: Scorza, A., La famiglie nobili genovesi,
s/e, Génova, 1942.

25
dicha piedra. Los otros dos en el cuartel de arriba, en campo azul, son los escudos de armas
de las familias de Belgrano y Peri, esto es, el que trae tres espigas de grano de la familia de
Belgrano y el otro con dicha piedra triangular de la familia Peri. Todo lo cual constaba por
haber sido reconocidos y confrontados los escudos de las enunciadas familias en diferentes
patentes de personas condecoradas con dichas insignias. El escudo, según los expertos, no
debería tener una corona sino un morrión (o sea, un yelmo con penacho) alrededor 61.

IV. Nacimiento.

Gracias a la información proporcionada muy gentilmente por el profesor Luciano Livio


Calzamiglia, la información con la que se cuenta es la obrante en el libro de bautismos 62, y
es la siguiente constancia:

La traducción, pasada a nuestro decir actual, es la siguiente:

“1731. Día 17 de febrero. Domingo Francisco María Cayetano, hijo de Carlos Félix y
María Gentile, cónyuges de Belgrano, fue bautizado por el reverendo Juan Amoretti,
mi cura, siendo Padrinos Nicolás Cayetano Balestra y María Magdalena, hija de
Nicolás Agostino Peri”.

Conforme surge del mencionado documento, el acta no está firmada, pero según el
profesor Calzamiglia ha sido escrita por el canónigo rector Sebastiano Calsamiglia, de la
Collegiata di San Giovanni Battista, abate de San Mauro y vicario general del obispo de
Albenga, principado de Oneglia (17/10/1733), que era feudo del rey de Cerdeña, Carlos
Manuel III, duque de Saboya y príncipe de Piamonte63.
Su fecha de bautismo, 17 de febrero de 1731, no es la que está en duda 64. Lo que se
desconoce es el día de su nacimiento.
61
AHN, Secretaría de las Órdenes Civiles, [Link].2, cit., fs. 211 vuelta/212 vta. Está firmado por los
escribanos Bartolomé Piana y Nicolás Agustín Beri, y la traducción efectuada por Felipe de Samaniego,
caballero de la Orden de Santiago del Consejo de su Majestad, Secretario de la Interpretación de Lenguas.
62
Archivo Diocesano de Albenga, Fondo Parrocchie, Oneglia, Collegiata Insigne di San Giovanni Battista,
Libro dei Battesimi, n° 6, p. 122 verso.
63
Calzamiglia, L., San Giovanni Battista in Oneglia Mille anni di storia e arte, Edizioni G. Amadeo Centro
Stampa Offset, Imperia 2012, p. 70, 90/91, y 312, nº 24.
64
La doctrina especializada ya había señalado lo que corroboramos supra documentalmente. Ver: Pereira
Lahitte, Carlos T., “Nuevos aportes sobre la genealogía de Belgrano”, Genealogía. Revista del Instituto
Argentino de Ciencias Genealógicas, nº 21, Buenos Aires, 1985, p. 17.

26
Tal data se la ha consignado en libros de historia, generalmente, en una fecha muy alejada
del día del primer sacramento: 15 de julio de 1730. Empero, ello no surge de la fe de
bautismo, y no existe otro documento del que podamos afirmar nada más. No era frecuente
en aquella época que transcurriese mucho tiempo entre el nacimiento y el bautismo, y ese
largo lapso entre uno y otro en el caso de Domenico podría explicarse –especula
Calzamiglia– “en la fragilidad del niño, tal vez nacido prematuramente, o en el temor de que
su vida pudiera estar en peligro, debido al riesgo de alguna forma pestilente infecciosa”65.
Sin embargo, los historiadores modernos 66 se inclinan por mover la fecha de nacimiento
al año 1731, aunque sin data cierta67.

V. Educación.

Es dable inferir que Domingo Belgrano se formó en el Colegio Real de la ciudad de Oneglia,
aunque se carece de datos fehacientes, por cuanto la documentación de dicha institución
educativa se perdió o se quemó durante la ocupación de la ciudad por las tropas
revolucionarias francesas en 1792 y nuevamente en 1794/1796.
El Colegio había sido fundado gracias a la importante riqueza del protonotario apostólico,
Monseñor Ulises Calvi (nacido en Oneglia en 1617 y fallecido en Roma el 20/12/1693), quien
dejó a la Congregación de Clérigos regulares de la Madre de Dios, llamados de las Escuelas
Pías o Escolapios, fundada por San José de Calasanz. Monseñor Calvi había sido párroco de
la colegiata de San Giovanni Battista di Oneglia (1653 a 1656)68, lugar donde, como antes se
vio, fue bautizado nuestro biografiado.
La construcción del Colegio se inició en 1699 y en 1715 dio la bienvenida a los primeros
estudiantes. Su finalidad fue brindar instrucción pública a la juventud, alcanzando gran
prestigio, pues formó grandes clérigos, políticos, académicos, hombres del Risorgimento
italiano, entre ellos Giovanni Battista Cuneo que en diferentes momentos vivió en Río de
Janeiro, Montevideo y Buenos Aires (1834/1848, 1853/1861)69.
Según la tradición, señala el mencionado profesor, la familia de Domenico Belgrano Peri
debió haber vivido en Oneglia en el distrito denominado “hacia el mar”, ubicado en la
segunda calle paralela a la Colegiata de San Juan Bautista, donde hoy se encuentra la plaza
y el mercado llamado “Andrea Doria”, señor de Oneglia, almirante del rey de España durante
unos treinta años y del rey Felipe II, llamado príncipe de Melfi (1466/1560), que también
tenía cerca de su palacio.

65
Conforme mail remitido personalmente por el profesor Calzamiglia.
66
Desde Crollalanza en adelante. Ver su árbol genealógico (ob. cit., p. 95).
67
Cfr. Molle, G., Oneglia nella sua storia, vol. II, Dott. A. Giuffrè Editore, Milano 1974, p. 198; Costa, E.,
“Belgrano Domenico Francesco”, Dizionario Biografico dei Liguri dalle origini al 1990, vol. I, Consulta
Ligure, Genova 1992, p. 441/442; Bonzano, C., Manuel Belgrano e l’indipendenza argentina, Circolo Manuel
Belgrano, Editore A. Domini, Imperia 1992, p. 47 (pubblicazione di tesi di laurea). Ver además: Dizionario
storico biografico dei Liguri in America Latina da Cristoforo Colombo a tutto il Novecento, vol. I, Affinità
elettive, Ancona 2006, p. 83 (citas proporcionadas por el doctor Calzamiglia).
68
Calzamiglia, L., “Calvi Ulisse”, Dizionario Biografico dei Liguri, vol. II, Consulta Ligure, Genova 1994, p.
392/393; ver además: San Giovanni Battista in Oneglia. Mille anni di storia e arte, Edizioni G. Amadeo Centro
Stampa Offset, Imperia 2012, p. 58, 90 n. 55.
69
Calzamiglia, L., “Cuneo Giovanni Battista”, Dizionario Biografico dei Liguri, vol. IV, p. 116/117.

27
El Colegio Real70 al que probablemente asistió Domenico Belgrano contaba con tres
ciclos: 1) elementare, de tres años para aprender a leer, escribir y hacer operaciones, 2)
ginnasio, de cinco años (en tres de gramática italiana, latín y griego, uno de humanismo y
uno de retórica), y 3) liceo, de dos años para aprender lógica, filosofía y materias
eclesiásticas. El curso completo se finalizaba entre los 16 y 17 años de edad.
Conforme conjetura el profesor Calzamiglia, teniendo en cuenta las posibilidades
financieras de su familia, se puede suponer que Domenico ha seguido las lecciones del curso
elementare y tal vez, también los del curso ginnasio en el Colegio de los Escolapios, pues
pudo haber seguido lecciones privadas de cualquier canónigo de la colegiata o del convento
de San Agustín, situado a pocas cuadras del Colegio Real.
Por nuestra parte, al haber leído en profundidad la correspondencia de Belgrano, podemos
corroborar que su formación fue muy buena, pues tenía una óptima redacción, una buena
caligrafía y un completo vocabulario.
Concordamos con el aserto de Olmedo en el sentido de que Domingo Belgrano era
considerado un “hombre culto”71.
En esos manuscritos observamos además que nuestro biografiado había aprendido
perfectamente el idioma español.

VI. Ejército Español.

Según el propio Domingo Belgrano señaló, a mediados de la década de 1740 (en el


“setecientos cuarenta y tantos”, supo decir en una declaración judicial) 72, y con motivo de
haber pasado por su país las tropas españolas que iban a la guerra de Italia para la colocación
del entonces Infante Felipe, decidió agregarse voluntariamente como “muchacho que era”:
“Con un tal Don Diego de la Peña, edecán del Sr. Agustín de Ahumada, comandante
de la columna de Granaderos Provinciales en aquella campaña, …hasta que enteramente
se posesionó dicho Sr. Infante Felipe de los estados de Parma, Piacenzia y Guastalla, a
cuyas plazas fue dicho Sr. Don Agustín de Ahumada en calidad de plenipotenciario a
posesionarse de ellas a nombre de Sr. Infante Don Felipe, y conclusa esta diligencia, el
mismo Sr. Infante, entró en Parma donde recibido, según le parece al confesante a fines
del año de cuarenta y ocho o principios de cuarenta y nueve, se retiró dicho Sr. de
Ahumada para España, y toda su familia, y con el referido Don Diego de la Peña”.
Don Domingo se refería (en una de las tantas declaraciones indagatorias a las que fue
sometido cuando contaba con casi sesenta años de edad) 73 a la “Guerra de Sucesión
Austríaca”, iniciada en 1740, cuando contaba con sólo nueve o diez años de edad, conocida

70
El colegio, en tanto casa religiosa, fue suprimido en 1798, y vuelto a abrir y cerrar en 1829/1856 (Picanyol
Pla, L., Brevis conspectus histórico-statisticus Ordinis Scholarum Piarum, Mantero, Roma, 1932, p. 110/111).
71
Olmedo, J., “Dos antecesores de Manuel Belgrano y Juan J. Castelli, próceres de Mayo”, Archivum. Revista
de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina, Buenos Aires, 1960, t. IV, p. 634 (cuaderno segundo).
72
Indagatoria judicial tomada a Belgrano Pérez el 29/9/1789 por el Oidor Decano de la Real Audiencia, José
Caveza Enriquez. El dato de que don Domingo estuvo en la “Guerra de Italia” se corrobora con la certificación
obrante en AHN, Secretaría de las Órdenes Civiles, [Link].2, cit., f. 187. Surge de los protocolos que dicha
afirmación, entre otras, fue efectuada en exposición notarial del día 14/12/1803, por el testigo Juan Francisco
Zacarías de Arroyo, vecino de Domingo Belgrano, cuando vivió, durante muchos años, en Buenos Aires.
73
En la famosa causa por el desfalco de la Aduana de Buenos Aires, iniciada en 1788 contra el administrador y
tesorero Francisco Ximénez de Mesa y sus cómplices Francisco de Ortega y Monroy y Domingo Belgrano
Pérez, entre otros. No referiremos en este opúsculo a las alternativas de ese tremendo proceso. Remitimos para
su información a: Bravo Tedín, M., Belgrano y su sombra, Homo Sapiens, Bs. As., 2003.

28
también como la “Guerra del Segundo Pacto de Familia”, que finalizara en 1748 con la firma
del Tratado de Aquisgrán74.
En dicha guerra, Europa se dividió en dos bandos: de una parte Austria, Gran Bretaña y
las Provincias Unidas; de la otra Francia, Baviera, Rusia, Sajonia, Cerdeña y España. La
participación de esta última nación se hizo oficial a través del Segundo Pacto de Familia,
firmado con Francia en Fontainebleau el 25 de octubre de 1743, con el objetivo de recuperar
para la Corona el Estado de Milán y los ducados de Parma y Piacenza.
Dentro de la política de reclutamiento, la Secretaría del Despacho de Guerra propuso por
vía de José Campillo la formación de nuevos batallones con miras a combatir en el escenario
de Italia, que iba a poner a prueba la efectividad de las tropas españolas, lo que ocurrió a
partir de la batalla de Camposanto en febrero de 1743. Allí se utilizaba la venta de empleos
de altos cargos militares, reclutados con sueldo asegurado 75.
La presencia italiana en las tropas españolas ha tenido larga tradición 76. En el caso de la
guerra de sucesión austríaca, al proponerse la corona española recuperar el Estado de Milán
y los ducados de Parma y Piacenza, envío varias unidades, entre las que se encontraban los
regimientos italianos, al Norte de Italia al mando del marqués de Mina, junto con el infante
Felipe de Borbón, duque de Parma. Fue una guerra que tuvo una docena de batallas, algunas
ganadas ([Link]., Camposanto, Velletri, Madonna dell’Olmo y Bassignara) y otras perdidas
([Link]., Codogno y Piacenza).
Concretamente, Oneglia fue ocupada por las tropas entre 1742 y 1746 77, siendo intenso el
flujo a partir de 1744, y con un trato siempre tranquilo y benevolente de las tropas para con
la población78; resultando de hecho considerada como positiva por ésta la ocupación 79.

74
En tal convenio el gobierno francés se comprometió a evacuar los Países Bajos Austríacos y algunas plazas
holandesas que había ocupado durante la contienda, además de devolver Madrás, en la India, a los británicos.
Estos, por su parte, devolvieron la fortaleza de Louisburg (Cabo Bretón, Canadá) a los franceses. La Emperatriz
María Teresa I de Austria cedió los ducados de Parma, Plasencia y Guastalla, en el norte de Italia, a Felipe, hijo
del rey Felipe V de España e Isabel de Farnesio. Otros territorios del oeste de Lombardía fueron entregados al
rey Carlos Manuel III de Saboya y Cerdeña. Las fronteras del Ducado de Módena y la República de Génova
fueron restauradas en su trazado original. España revalidó con Gran Bretaña el Derecho de Asiento y el permiso
a este país para enviar un barco mercante al año a las colonias españolas en América. Ambos puntos habían
sido acordados previamente el 16/3/1713 en el Tratado de Utrecht.
75
Andújar Castillo, F., El sonido del dinero. Monarquía, ejército y venalidad en la España del siglo XVIII,
Marcial Pons Historia, Madrid, 2004, pp. 141,142. Este libro, dice su contratapa, “aborda un tema totalmente
inédito: la venalidad de los empleos militares en el siglo XVIII. Aflora por vez primera el sonido de un dinero
que, por interés mutuo de compradores y vendedores, ha permanecido oculto e ignorado. Durante toda la
centuria, los monarcas firmaron en blanco despachos de militares y privatizaron una parte de su soberanía para
nombrar a sujetos anónimos que, súbitamente, por mérito de la riqueza, se convirtieron en oficiales del ejército;
así hubo niños al mando de compañías, coroneles al frente de regimientos sin experiencia alguna en el ejército,
ministros de Guerra que forjaron su carrera sobre sucesivas compras de empleos, hidalgos que escalaron los
peldaños que conducían hasta la antesala de los hábitos de caballeros y burgueses que invirtieron en rentas de
honor”.
76
Ampliar en: Blanco Núñez, J. (Coord.), “Presencia italiana en la milicia española”, En Revista Internacional
de Historia Militar, nº 94, Madrid, 2016.
77
Molle, G., Oneglia nella sua storia, vol. II, Giuffrè Editore, Milano 1974, p. 206/222, quien describe las fases
de esa guerra.
78
Casalis, G., “Storia di Oneglia”, Dizionario Geografico-Storico-Statistico-Commerciale degli Stati di S.M. il
re di Sardegna, Arnaldo Forni Editore, Sala Bolognese, Torino, 1977, p. 166.
79
Pira, G., Storia della città e principato di Oneglia dagli indigeni abitanti sino al 1834, vol. II, Tipografia
Ferrando, Genova 1847, p. 102.

29
En el caso de Domenico Belgrano Peri, atento a la forma en cómo lo ha expresado en su
declaración judiciaria, su incorporación al ejercito debió ser una leva voluntaria y no una
recluta, pues eran tiempos de guerra; inclusión que de haber ocurrido le hubiera
proporcionado libertad para ejercer oficios, y exenciones para él y su familia, a cambio de
rendir obediencia al rey de España y permanecer al menos tres años en el servicio militar.
Asimismo, obtenía exención vitalicia del servicio por quintas 80.
Se desconoce el año exacto de su incorporación al ejército (conjeturamos, entre 1744 y
1745), así como también se ignora si participó en alguna de las batallas en las filas del ejército
galo-español. De su relato, sólo dimana que estuvo presente en la toma de posesión, que
resultó ser “quieta y pacífica” 81, de Parma, que formalmente se produjo el 31 de enero de
1749, según las instrucciones que tenía de la Corte su comandante.
Por su parte, el profesor Calzamiglia descree un tanto del alistamiento de Belgrano, en
estos términos82:

“I giudizi degli storici citati consentono di chiarire il contesto della presenza delle
truppe spagnole, per le quali forse il giovanissimo Domenico Belgrano -più che
arruolarsi nei loro ranghi- prestava loro diversi servigi per l’approvvigionamento di
viveri, per commissioni, staffette o vedette che gli venivano richieste da ufficiali o
graduati”.

Es decir, de acuerdo a la característica de su familia, es posible que –según el mencionado


estudioso– más que alistarse haya prestado diversos servicios por el suministro de alimentos
a oficiales y graduados, para lo cual cobraba una comisión como corredor de comercio.
Agregó el profesor que después de retirada la ocupación del ejército español, en 1746, se
puede suponer que Domenico continuó con la tradición familiar del comercio del aceite de
oliva, hasta que en 1750 se trasladó a Cádiz.
Por nuestra parte, creemos que no hay razones para dudar de la palabra del propio
Domingo Belgrano, quien con 58 años no necesitaba mentir sobre un dato tan menor como
éste, que no le generaba compromiso alguno en su situación procesal. Además, no debe
olvidarse el hecho de que declaró bajo juramento ante un juez de la Real Audiencia, nada
menos que ante el oidor decano.

80
Las quintas era un sistema de reclutamiento forzoso, donde los corregidores y ayuntamientos debían presentar
la lista de todos los mozos entre 18 y 40 años, no exentos, y se hacía un repartimiento para decidir cuántos
salían de cada pueblo; se excluía a los que tenían defectos físicos incapacitantes, desertores, vagos, hijos de
viuda pobre, hijos únicos de padre incapacitado o mayor de sesenta años, amonestados para matrimonio,
fabricantes de tejidos de lana o seda, los trabajadores de batanes, prensas, perchas, tundidores y cardadores;
sacadas las exenciones, se sorteaba con dos cántaros. En 1746, ante la necesidad de reclutas, se admitió a los
que no alcanzaran las dos varas de estatura, y se metió en la lista del sorteo a los jornaleros y sirvientes que
fueran forasteros (una forma de eludir las quintas hasta entonces). Eran soldados forzosos, y el traslado se hacía
en malas condiciones, esposados y encerrados en cárceles, y acababa produciéndose la deserción de muchos
(Sin firma, “El ejército español del siglo XVIII. Reformas militares de Felipe V”,
[Link]/18-1-5-el-ejercito-espanol-del-siglo-xviii, página visitada el
8/12/2016).
81
Ortiz y Sanz, J., Historia general de España, 3ª ed., Imprenta de Don Alejandro Gómez Fuentenebro, Madrid,
1846, t. VIII, p. 110.
82
Conforme mail del 8/6/2018, y de acuerdo a lo comentado a él por nosotros respecto del posible alistamiento
de Belgrano.

30
Resulta interesante apuntar que el ejército genovés fue derrotado por los austríacos el 6 de
septiembre de 1746, siendo la ciudad ocupada, hasta que en diciembre hubo una gran
insurrección popular que los expulsó; regresaron al año siguiente donde ejercieron un fuerte
asedio, pero chocaron ante una tenaz y eficaz defensa por parte del ejército en el que habría
estado Domingo Belgrano, pues la intervención de su comandante Ahumada está plenamente
documentada83.
En aquél 1747 los austríacos tenían la recaptura de Génova como objetivo central, antes
de considerar nuevas operaciones contra Nápoles o una invasión de Francia. La fuerza de
Schulenberg llegó a las afueras de la ciudad en abril, pero al darse cuenta de que necesitaban
más tropas esperaron hasta doce batallones de infantería de sus aliados sardos que llegaron
en junio. La demora permitió a los franceses y españoles enviar refuerzos a la ciudad bajo
Joseph Marie, duque de Boufflers para reforzar la guarnición. La aproximación de una fuerza
franco-española bajo el mariscal Belle-Isle y el general Las Minas presionó a los sardos a
retirarse para intentar defender una posible amenaza contra el Milán, y Schulenberg
abandonó entonces el sitio culpando a los sardos. El fracasado asedio condujo a
recriminaciones entre Viena y Turín con ambos quejándose a sus aliados británicos en
Londres sobre la presunta traición del otro84.
En lo bélico, Agustín de Ahumada se destacó en las acciones donde expulsaron a los
austríacos de Monte Bocco85. En cuanto a su notable currículum, dicho comandante tuvo
sucesivos cargos importantes86, hasta llegar a ser virrey de la Nueva España (México) en
1755.
Finalmente, respecto del ignoto Diego de la Peña, su amigo, a quien Belgrano refirió como
su puente para ingresar al ejército, a raíz de una carta remitida treinta años después, en 1778,
por éste desde la isla de Santa Catarina 87 (actual República Federativa del Brasil), sabemos
que para ese tiempo alcanzó el grado de coronel y fue parte del ejército de ocupación española
de dicho territorio, en el marco de la guerra hispano-portuguesa de 1776-1777, que concluyó
con los tratados de San Ildefonso (1/10/1777) y de El Pardo (11/3/1778) entre la reina María
I de Portugal y el rey Carlos III de España, comprometiéndose éste a abandonar la isla.
La esquela encontrada inicia con el siguiente texto:

“Mi querido Domingo, he recibido tus dos cartas de 14 de septiembre de 77 y de 26 de


febrero de 78 y en su respuesta te digo que me es tan sensible como a ti que no nos
podamos ver, pues nos aseguran en las últimas cartas de Montevideo de 9 de enero…
que… se debe transportar a España toda la guarnición de esta Isla, excepto el

83
Mecatti, G., Guerra di Genova o sia Diario della Guerra d'Italia tra i gallispan-liguri, e i sard-austriaci
dell'abate... Accademico Fiorentino, Giovanni di Simone, Napoli, 1749 (conf. t. I, p. 457; t. II, pp. 23, 66, 73,
78, 85, 99, 155, 163, 165, 226, 237, 264, 298, 301, 319, 323, 358, 367, 363, 366 y 375).
84
Sin firma, “Siege of Genoa (1747)”, [Link] página visitada el 25/6/2017. Ampliar en:
Amsterdam (Pitteri, Francesco), La storia dell'anno MDCCXLVII. Divisa in quatro libri, Venecia, 1748, p. 202
y siguientes.
85
Mecatti, ob. cit., t. II, p. 328.
86
En la milicia: coronel de infantería (1740), brigadier de infantería (1744), inspector general (1746), jefe del
ejército español de Génova (1747), teniente general (1748), teniente coronel del regimiento de Guardias de
Infantería Española (1752). En lo demás: en 1744 recibió un hábito de la orden de Santiago, en 1751 el título
de marqués de las Amarillas y en 1752 el de corregidor de Barcelona (1752). Falleció en 1760.
87
AGN, Sala VII, legajo16, f. 21 (carta de Diego de la Peña a Belgrano Pérez, Isla de Santa Catalina,
26/3/1778). La epístola ha sido reproducida en Documentos para la Historia del General Belgrano, t. III, vol.
II, pp. 172-174.

31
regimiento…, que se queda para entregarla a los portugueses en cuyo respecto
mediante Dios esperamos dichas embarcaciones, aquí en todo este mes y salir para
España a principios o mediados de abril; cuenta que en todos destinos te seguiré gustoso
en todo y te seré tan apasionado como siempre te he manifestado”.

Además de demostrarle amistad (que por lo visto cultivaron ambos todas sus vidas),
también Diego de la Peña le compraba a Domingo efectos de Castilla, por vía del
intermediario Felipe Tejada.
En suma, los datos recabados en este considerando permiten conocer una faceta hasta hoy
ignorada del padre de nuestro prócer, en el sentido que habría integrado las filas del ejército
español88, mínimamente desde 1746, pudiéndoselo ubicar a principios de 1749 en la toma
pacífica de la ciudad de Parma.

VII. Cádiz.

Las ventajas de la situación geoestratégica de Cádiz otorgaron a esta ciudad un atractivo


especial para la comunidad de comerciantes de toda Europa que deseaban participar en el
comercio colonial con la América española, concentración de recursos físicos y humanos que
incrementó el papel institucional, económico y social de la ciudad como centro peninsular
del Imperio mercantil español en la segunda mitad del siglo XVIII89.
Como grupo social, los comerciantes al por mayor de Cádiz representaron en este siglo
aproximadamente un 15% del total de la población de la ciudad, entre 200 y 500 individuos
como promedio a lo largo de la centuria. La mitad había nacido en territorio español y la
restante en otros países europeos (Francia, Irlanda e Italia) 90.
Tanto en Cádiz como en otras ciudades costeras de España existía una intensa actividad
comercial por parte de la comunidad genovesa, cuya élite era numerosa y con gran peso en
la sociedad, lo que pervivió a lo largo de los siglos, y hasta el Dieciocho91.
Luego de la guerra de Sucesión española (1701-1713), Génova mantuvo el control sobre
la exportación de buena parte de los productos italianos (primeramente trigo, seda y papel);
el cabotaje mediterráneo se volvió en el eje fundamental del comercio marítimo genovés, y
la península ibérica siguió siendo uno de sus mayores mercados de destino. Por la persistente
necesidad de productos, capitales y mano de obra para el abastecimiento de las Indias, España
siguió atrayendo hacia sus puertos una multitud de mercaderes y migrantes ligures, que

88
No en vano obtendría la tan ansiada ciudadanía en 1769.
89
Ver García-Baquero González, A., Cádiz y el Atlántico, 1717-1778 (El comercio colonial español bajo el
monopolio gaditano), Diputación Provincial de Cádiz, Cádiz, 1988 (2 volúmenes); íd., Comercio y burguesía
mercantil en el Cádiz de la Carrera de Indias, Diputación Provincial de Cádiz, Cádiz, 1991, ambos citados por
Fernández Pérez, P., “Alianzas familiares y reproducción social de la élite mercantil de Cádiz, 1700-1812”,
Trocadero. Revista del Departamento de Historia Moderna, Contemporánea, de América y del Arte, nº 6/7, p.
51, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Cádiz, Cádiz, 1995 (cfr. [Link]
90
Fernández Pérez, P., “Alianzas familiares y reproducción social de la élite mercantil de Cádiz”, cit., p. 56.
91
Es ilustrativo de la injerencia ligur en España, [Link]., el catálogo de 200 comerciantes de fines del siglo XV,
presentado por: Bello León, J., “Mercaderes extranjeros en Sevilla en tiempos de los reyes católicos”, Historia.
Instituciones. Documentos, nº 120, p. 47/83, Universidad de Sevilla, Departamento de Historia Medieval y
Ciencias y Técnicas Historiográficas, Sevilla, 1993; del que surge una fuerte presencia en Sevilla de
comerciantes genoveses. Ver, entre muchos otros trabajos, Igual Luis, D., “Valencia y Sevilla en el sistema
económico genovés de finales del siglo XV”, Revista d'historia medieval, nº 3, p. 79/116 (“València i la
Mediterrània Medieval. Societats i economies en contacte al segle XV”), Valencia, 1992.

32
durante el siglo XVIII constituyeron en Cádiz una de las comunidades extranjeras más
prósperas y numerosas92.
En efecto, en el curso del siglo XVIII su puerto, emporio monopolístico del comercio con
las Indias, representó uno de los canales principales a través del cual los comerciantes de
Liguria tuvieron importante participación en el tráfico colonial93.
Así, el comercio de Cádiz con América permitió la formación de grandes fortunas a
individuos que llegaron a aquélla muy jóvenes, sin bienes, pero con la disposición y la
inteligencia para aprovechar cualquier oportunidad que se les brindase, y Belgrano Peri fue
–sin hesitación– un gran exponente.
Aunque sabemos que el origen de la riqueza de todos ellos es el comercio, resulta difícil
conocer sus primeros pasos en esta actividad, ya que, cuando en la documentación aparecen
datos sobre estos asuntos, suelen referirse al período en el que ya se han convertido en
grandes negociantes, y tienen una posición más relevante en la sociedad local. Lo habitual
fue que comenzasen desempeñando oficios relacionados con el tráfico con las Indias,
trabajando para comerciantes ya establecidos, que con frecuencia eran miembros de su
familia, o de su misma nación, para, en cuanto conseguían capital propio, empezar a enviar
productos por sí mismos94.
Nada se sabe sobre la estancia de Domingo Belgrano Pérez en Cádiz, previa a su destino
definitivo en Buenos Aires, a la que se refieren todos los autores. Debe haber estado allí entre
los años 1749 y 1752, donde ya habría engendrado negocios95, y conseguido algún capital
para sentar las bases de sus negocios.
Sin dudas, en Cádiz tejió sus primeros contactos para comerciar desde Buenos Aires. Las
cartas y los registros notariales de datas ulteriores (década del sesenta en adelante), permitirán
reconstruir parcialmente algunos de sus múltiples vínculos, y convenir en que algunos
contactos se remontan a su estadía en sus años mozos.
En fin, aquel joven Belgrano pasó un tiempo fugaz en Cádiz, pero supo tejer contactos
hacia futuro. Desde allí, a fines de 1752 decidió partir hacia el Río de la Plata, con licencia
real96, más precisamente a Buenos Aires, donde encontraría definitivamente su lugar en el
mundo y donde instalaría su base de operaciones, sin cortar nunca ese excelente vínculo con
la puerta de Europa que supo reportarle muy buenos dividendos durante décadas.

VIII. Naufragio en Uruguay.

En el mismo año que falleciera su padre (1752)97, don Domingo Belgrano Pérez partió de
Europa con destino a estas pampas. Según sus mismas palabras 98:

92
Brilli, C., “La importancia de hacerse español: la élite mercantil genovesa de Cádiz en el siglo XVIII”, en
Lobato Franco, Isabel – Oliva Melgar, J. (Eds.), El sistema Comercial Español en la Economía Mundial (Siglos
XVII-XVIII), Universidad de Huelva, Huelva, 2013, p. 228.
93
Brilli, C., “Da Cadice a Buenos Aires: crisi e rinascita del comercio ligure nella nuova configurazione
dell’Atlantico ibérico (1797/1837)”, Annali della Fondazione Luigi Einaudi, vol. 42, p. 99, Leo. S. Olschki
Editore, Torino, 2008.
94
Anes, L., “Comercio con América y títulos de nobleza en el siglo XVIII”, Cuadernos dieciochescos, nº 2, p.
124, Salamanca, 2001.
95
Supone De Marco (Belgrano, ob. cit., p. 16) que se dedicó a “un variado tráfico que iba desde las piezas
suntuarias a los utensilios y telas y otros objetos de uso corriente”.
96
Gelman, J., ob. cit., p. 26.
97
Según afirmó Giménez, O., Vida, época y obra de Manuel Belgrano, El Ateneo, 1993.
98
Indagatoria judicial citada, foja 53.

33
“Se embarcó para estos dominios en consorcio de don José de Arcos, sobre cargo del
navío denominado Nuestra Señora del Rosario, Señor San José y las Ánimas (alias el
Polloni), agregado a la licencia del mismo Arcos, que había permanecido en esta ciudad
a principios del año cincuenta y tres que llegó a ella después de haber padecido
naufragio dicho buque”.

El buque en el que viajaba Domingo Belgrano, denominado “El Poloni”, efectivamente


naufragó en el accidente geográfico del Departamento de Rocha, República Oriental del
Uruguay, hoy denominado precisamente cabo Polonio 99.
Su capitán José Polloni (o Pollony), a raíz de gestiones de su hermano, Francisco, había
obtenido la licencia final el 2/de septiembre de 1752 (para soltar finalmente amarras desde
Cádiz el 11de noviembre de 1752)100, no sin antes labrar las autoridades actuaciones por
detectarse que se llevaban diferentes mercaderías de mayor monto que el de los trescientos
mil monedas de plata antigua que disponían las órdenes del tribunal 101.
Ya en las costas de Uruguay, en la noche del 31 de enero de 1753, con buen tiempo y sin
temporal, a las dos y treinta horas de la madrugada, el navío chocó en un arrecife y se hizo
un rumbo, resultando inútiles los trabajos de achique hechos con cuatro bombas, de las que
dos fallaron. En vista de la certeza del naufragio esperaron la claridad del día y se fueron
sobre la costa transportando en botes a las personas, salvándose todas, así como gran parte
de la carga, incluidos muchos de los cajones que previamente habían cargado de un buque
inglés con mercadería de contrabando (aparentemente, licores, tabacos y naipes)102.
El buque, conforme declaró el propio maestre y dueño, varó en el sitio que llamaban “de
los Castillos” en la ensenada inmediata al cabo de Santa María. Un testigo 103 de la tripulación
declaró que el navío traía 318 hombres, entre tripulación y pasajeros, y que sintió dar un
primer golpe contra un bajo de peñas, al que le siguieron otros cuatro o cinco, y

99
El “bajo del Polonio” se halla al S. 31º O. de la punta del mismo nombre, distante 2,3 millas (Lobo y
Ruidavets, Manual de la navegación del Río de la Plata y de sus principales afluentes, con instrucciones para
la recalada y derrotas de ida y vuelta á Europa, según los documentos más fidedignos, nacionales y extranjeros,
por los señores..., segunda edición ampliada é ilustrada con una carta y vistas de la costa, Establecimiento
tipográfico de T. Fortanet, Madrid, 1868, p. 63).
100
Cfr. Mariluz Urquijo, J., Catálogo de los buques llegados al Río de la Plata (1700-1775), Temas de historia
argentina y americana, Pontificia Universidad Católica Argentina, Facultad de Filosofía y Letras, Centro de
Historia Argentina y Americana, Buenos Aires, 2003, t. 2, p. 131. El buque tenía un peso de 408 toneladas.
101
AGI, “Francisco Polloni”, Contratación, [Link], 5494, nº 3, R. 52, 2/9/1752.
102
Varese, J., De naufragios y leyendas en las costas de Rocha (Edición aniversario), Aguilar, Montevideo,
2014. Menciona el autor que al bajar a tierra desapareció el primer piloto (Arturo), a quien entonces culparon
del siniestro por sus malas disposiciones, el segundo piloto (Naciola) y el supernumerario (Añorga). Aunque el
capitán José Polloni no fue imputado, varios tripulantes y pasajeros notaron su conducta irregular, propensa a
embriagarse. Para ampliar, ver Brown, Alberto Jones, “Autos del naufragio del navío Nuestra Señora del
Rosario, Señor de San José y las Ánimas”, Revista Histórica de la Universidad, t. XLIII, nº 127, Montevideo,
1929. Por su parte, conforme menciona Varese, el naufragio codificado por un investigador norteamericano
como el nº 131, tendría tesoros del Perú por casi 820.000 (Marx, R., Shipwrecks in the Americas, Dover
Publications, New York, 1987). Habiendo naufragado en costas uruguayas, no es posible la hipótesis de
desembarco en Buenos Aires a la que alude De Marco, Belgrano, cit., pp. 16 y 17.
103
AGN (Uruguay), Archivo General Administrativo, Caja 4, Carpeta 6, documento 1, f. 24 vuelta, Montevideo,
1753/1760, citado por Pardo, Horacio M. (cazador de tesoros del Río de la Plata), “Cabo Polonio. El origen del
nombre de la localidad rochense”, [Link], página visitada en noviembre de 2016.

34
“Al salir de su camarote comprendió que se había roto la caña del timón, que se
estaban aferrando las velas, y sondando, con cuyo motivo y el de haber rebasado el
bajo, se dio fondo en 12 brazas, y lama, estando el tiempo bueno con viento suave, el
mar tranquilo”.

En el Archivo General de la Nación de Uruguay se conservan numerosos expedientes


sobre el naufragio y sus consecuencias posteriores que se extendieron por mucho tiempo 104,
tal como lo ha estudiado Lezama Astigarraga, arqueólogo que formó parte de los trabajos
oficiales de investigación y preservación entre los años 1995 y 1999. Cuenta que el capitán
Polloni recibió muchas imputaciones pero no resultó condenado, y que está probado que el
propio gobernador Viana comprobó personalmente la existencia de la baraja, descubriendo
cajones enterrados en los médanos próximos al lugar del naufragio con el doble agravante de
que la mayoría habían sido retirados del escondite y otros habían sido quemados105.
A su vez, desde Buenos Aires, y mediante expediente abierto a petición de un apoderado
de Polloni, Alejo José Bertebin, se dispuso que los efectos del navío encallado se
transportasen en carretas hasta Maldonado y luego se embarquen en la fragata Nuestra Señora
de los Milagros, de cargo de Roque Fernández, y desde allí por esa vía hasta Montevideo 106.
En las investigaciones arqueológicas sobre el pecio han podido hallarse numerosos
cajones, unos conteniendo miles de tenedores prolijamente estibados; otros, cucharas; otros,
hebillas de cinturones, cuchillos, abalorios, alfileres, fuentes de peltre, caños de escopeta,
botijuelas de aceite, panes de cera, botellas de vidrio 107.
Ahora bien, el hecho histórico que interesa a este trabajo es que puede afirmarse con un
buen grado de certidumbre que Domingo Belgrano Pérez puso un pie en América (más
precisamente en el hoy denominado Cabo Polonio) 108 la mañana del 1º de febrero de 1753.

104
Por ejemplo, operaciones de buceo que se prolongaron hasta 1760 en busca de “fierro, acero, ollas de fierro
y cera y otras cosas”.
105
Lezama Astigarraga, A., “La arqueología subacuática en el Uruguay”, [Link], Uruguay, 2015.
Expresa: “Como centinelas, el gobernador mandó un sargento y ocho dragones, que se juntaron con parte de la
tripulación y de los oficiales de la nave, incluido el escribano y permanecieron hasta mayo en el lugar. La
‘familia’ de Pollony pronto contó inmediatamente con la complicidad de la guardia enviada a controlar la
situación. Esta permitió que se sacaran los cajones de baraja, que en algún momento estuvieron depositados en
el almacén, como lo testimonia el soldado de infantería Miguel Ballester, quien afirma haber contado, en el
‘almazen hasta’ 26 cajones de barajas agregando, lapidariamente, que: ‘...todos los que habia en el
Destacamento sabián que los Caxones heran de barajas porque jugaban todos los Días con las que sacaban’”.
106
AGN, “Naufragio de dicho navío en las Costas de Castillos, a unas cincuenta y cuatro leguas
aproximadamente del puerto de Montevideo. Navío: ‘Nuestra Señora del Rosario, San José y las Ánimas’,
Capitán, Dueño y Maestre: José Polloni”, Registro de navíos, S. IX, 43.2.11, leg. 24, expte. 4, Año 1753.
107
Lezama Astigarraga, citado.
108
“La precisión de la información documental (en relación no sólo al lugar del naufragio sino también del
posterior campamento de custodia) es terminante sobre que el acontecimiento ocurrió en las inmediaciones del
actual cabo Polonio. Paralelamente no se dispone de información sobre algún otro naufragio –ocurrido también
en la misma zona y en la misma época– que pueda ser considerado como una alternativa al diagnóstico que
realizamos” (Lezama Astigarraga, citado).

35
IX. Buenos Aires.

Exactamente en el año mismo año del arribo de Belgrano a Buenos Aires (1753), el fray
Pedro José de Parras109 describía la ciudad así: que tenía aproximadamente media legua de
largo por casi otra de ancho, sin contar con las muchas quintas y granjas que la rodeaban (“y
cada día se va alargando más y más, y se cree que en breve tiempo será tan grande que pueda
competir con la Corte de Lima”). Acerca de sus vientos dijo:

“Son muy variables, de manera que en una hora se ve en varias ocasiones variar el
viento toda la aguja de marear, que contiene treinta y dos vientos distintos; pero son
muy saludables y constituyen un temperamento sanísimo: de modo que los europeos
no lo extrañan, y sin duda alguna es el puerto más sano de todas las Indias. El agua del
río es bellísima, y no hay otra de provecho”.

Unos años antes, otro canónigo, fray Domingo de Neyra, profería parecidos conceptos110:

“Es esta población bastantemente crecida. El terreno en que se mira sentada, es lo más
elevado, que le ofrece la Barranca del Río de la Plata. El lugar que en ella ocupa de
Norte a Sur será muy poco menos de legua: notándose que crece más cada día. Sus
edificios ya se dejan ver reformados; los que siguen a gran prisa la construcción, que
les dan los arquitectos de Europa. Sus calles son espaciosas, y muy rectas, pues no hay
cosa que les estorbe… Es también benigno a todos el clima de esta provincia, sin que
los de otros reinos padezcan extrañez alguna. Así lo experimentan en especial los
europeos: pues aun llegando molestados de sus dilatados viajes, lo mismo es poner pie
en tierra, que luego fortalecerse más que en sus propios parajes”.

En cuanto a su evolución, comenzando en las primeras décadas del siglo XVIII y


prolongándose ininterrumpidamente durante toda la centuria, la plaza de Buenos Aires creció
en cuanto a comercio (tanto legal como el contrabando) y a su actividad militar, lo que le
otorgó una nueva importancia económica y estratégica. Poco a poco, Buenos Aires pasó a ser
un floreciente centro comercial y burocrático 111.
Hay evidencia de una gran renovación de la estructura edilicia pública: el Cabildo fue
restaurado entre 1725 y 1751, el fuerte completamente renovado en 1725; entre las obras
religiosas que proliferaron cabe mencionar a la Iglesia de la Merced (1721-1733), al templo
de San Francisco (1730-1754), al convento de Santa Catalina (1738-1745), y Santo Domingo

109
Parras, P., Diario y derrotero de sus viajes 1749-1753. España-Río de la Plata-Córdoba-Paraguay, Solar,
Buenos Aires, 1943, pp. 109-113.
110
Gutiérrez, J., Frai Domingo de Neyra. Hijo de Buenos-Aires: Sus viajes por España, Italia, Francia,
Inglaterra y el Brasil, durante el primer tercio del siglo XVIII, Imprenta de Mayo, Buenos Aires, 1865, pp. 62,
63 y 66. El biógrafo Juan M. Gutiérrez, rescató del desdén de la posteridad, más de cien años después, al
canónigo porteño y viajero, de fuerte personalidad, pero desafortunadamente omitió dar datos acerca del
manuscrito (cuándo y dónde fue escrito), y ni siquiera consignó datos de su nacimiento y fallecimiento.
111
Johnson, L. - Socolow, S., “Población y espacio en el Buenos Aires del siglo XVIII”, Desarrollo Económico,
vol. 20, nº 79, p. 329, Buenos Aires, 1980.

36
(1720-1752)112. Consígnese –asimismo– la infortunada obra de la Catedral, que habiendo
sido renovada en 1727 sufrió en 1752 un derrumbe 113
Por disposición del gobernador Domingo Ortiz (1744), se debían iluminar los frentes de
las tiendas y pulperías porteñas hasta las 9 de la noche en invierno y hasta las 10 en verano.
La policía se mejoró fuertemente en 1734 a instancia del gobernador Miguel Salcedo,
creándose ocho cuarteles con ocho comisarios para combatir el delito en la ciudad. En 1757
se comenzó la nivelación de las calles, por iniciativa del gobernador Pedro de Cevallos, “para
evitar así la formación de charchas y pantanos”.
Empero, el progreso era bastante paulatino, pues había graves problemas, por ejemplo, de
salubridad, existiendo sólo el viejo hospital San Martín de Tours, donde para 1726 su
descrédito era tal que se resignaba la gente a padecer fuera de él.
Por otra parte, subrayaba el canónigo Parras, el puerto de mar era malísimo: distaba de la
ciudad tres leguas y no tenía abrigo alguno que le defendiera de temporales y tormentas,
porque se daba fondo en lo alto del río, quedando al descubierto por todas partes, y así era
necesario que los cables y amarras de las embarcaciones fueran de toda satisfacción.
Señaló Socolow que durante el siglo XVII la sociedad de Buenos Aires se caracterizaba
por un pequeño grupo militar gobernante, unos pocos comerciantes y administradores de bajo
rango y un gran número de soldados. Desde 1750, los grupos sociales más altos se ampliaron
al entrar en ellos un número cada vez mayor de administradores civiles, religiosos y militares,
y los comerciantes. Hacia 1778 las posiciones más prestigiosas en la jerarquía social española
local eran las figuras burocráticas, militares y eclesiásticas de alto rango de la colonia,
seguida muy de cerca los comerciantes mayoristas principales 114.
En torno a la estructura jerárquica, el propio Cabildo porteño numeró en 1775 los
estamentos de que se componía la sociedad: el clero, las fuerzas armadas, los comerciantes,
los granjeros y los artesanos.
La secuencia que puede trazarse entre los sucesivos censos habidos desde mediados del
siglo XVIII da cuenta del notable crecimiento de integrantes de la sociedad dedicados al
comercio.
Así, en 1738, el censo más antiguo para la ciudad de Buenos Aires, da cuenta de 75
comerciantes; en 1744 eran 222; en 1750 se identificaron 36 comerciantes mayoristas
firmaron una protesta contra los comerciantes de Lima. Para el censo de 1778 unos 653
individuos fueron los que se identificaron como comerciantes, de los cuales 34 de ellos lo
eran a gran escala.
Domenico Belgrano Peri, para 1778, ya con su nombre y apellido castellanizados como
Domingo Belgrano Pérez, fue uno de ellos, pues desde su arribo a estas tierras sintió que aquí
desarrollaría su vida social y económica, dado el contexto favorable en el que se hallaba. Por
ello, firmemente al cabo de los años se fue transformando en un gran comerciante.
Bien que al arribar don Domingo a Buenos Aires en 1753, con veintidós años, contaba
con un venturoso porvenir. Era inteligente e instruido, acaso cordial y buen mozo, con ideas
claras y férrea voluntad.

112
Cuesta, E., Precios, población, impuestos y producción. La economía de Buenos Aires en el siglo XVIII,
Temas, Buenos Aires, 2009, pp. 80, 81.
113
En la noche del 23 de mayo de 1752, y “sin dar lugar a providencia alguna de reparo”, se derrumbaron
sorpresivamente las bóvedas interiores de la Catedral, permaneciendo la fachada y las torres en pie (Molinari,
R., Buenos Aires. 4 Siglos, Tipográfica Editora Argentina SA, Buenos Aires, 1983, apéndice).
114
Socolow, op. cit., p. 19.

37
Desde esa joven edad y hasta que contó con la de cincuenta y siete años, don Domingo
tuvo un crecimiento exponencial que lo condujo a poseer una de las mayores fortunas de esa
época. El patrimonio neto al morir en 1795 era el segundo en cantidad de Buenos Aires:
370.686 pesos115. Ya a los diez años de estar afincado en Buenos Aires, tenía un volumen de
operaciones de aproximadamente 15.000 pesos anuales, llegando a manejar montos mayores
a 100.000 pesos veinte años después116.
Para graficar su fortuna, cabe hacer alguna breve comparación con los precios de aquel
entonces, resultando muy gráfico indicar, por ejemplo, el salario que el propio Domingo
Belgrano tuvo como vista en la Aduana en 1781, que fue de 130 pesos corrientes
mensuales117.
Aun menos cobraba varios años después (1794) su ilustre hijo, Manuel, al asumir como
Secretario del Consulado, quien percibía un sueldo de 100 pesos mensuales, obteniendo
aumento a 125 pesos mensuales cuatro años después 118.
Para tener más idea de los precios relativos de entonces, puede mencionarse que un
esclavo, dependiendo de su edad y salud, podía valer entre 250 y 400 pesos119; los cueros al
por mayor en Cádiz se vendían a 38 reales de plata, lo que equivalía a 4 pesos y seis reales
(considerando que un peso equivalía a ocho reales). La casa de los Belgrano, una de las más
amplias de Buenos Aires, por ejemplo, fue hipotecada por 25.203 pesos120.
Puede deducirse entonces que Domingo Belgrano Pérez solamente se convirtió en un
hombre económicamente muy rico y además muy poderoso, pues supo transitar firme y sin
vacilaciones los caminos del poder, vinculándose con todos los sectores de la sociedad
(eclesiástico, militar y civil), ampliando progresiva y exitosamente su red de negocios por
todo el continente y varias partes de Europa (España, Francia y Gran Bretaña) 121.
En rigor, puede decirse que Belgrano comenzó a despegar exponencialmente en cuanto a
su fortuna a partir del año 1766 (siendo su consolidación total desde el año 1778), pero sus
aventuras y desventuras en nuestras tierras serán materia acaso de otras entregas, por haber
excedido ya ésta el máximo permitido por los contornos de la presente prestigiosa revista.●

115
Contra los de Segurola ($ 395.077) y Tellechea ($ 308.399) (Gelman, J., op. cit., p. 25).
116
El doctor Gelman dio cuenta de cuatro trienios donde observó minuciosamente las operaciones
protocolizadas en los registros notariales, de las que surge gran cantidad de rentables negocios efectuados por
Belgrano (1764/1766, 1776/1778, 1780/1782, 1784/1786), realizándose en el primero operaciones por $ 47.896
y en el último por $ 314.891 (op. cit., p. 27).
117
AGN, “Sobre señalar cien pesos al mes a Don Domingo Belgrano Pérez”, Reales Órdenes. 1781-1782, S.
IX, 25.1.4, t. 11, pp. 53, 54.
118
Manuel Belgrano, en su carácter de Secretario del Consulado, obtuvo luego de varias peticiones que se le
eleve su salario anual de $ 1.200 a $ 1.500, lo que fue concedido por Real Orden del 9/10/1798, aclarándose
por otra Real Orden del 1/4/1800 que dicho aumento lo era a partir de la concesión, sin efecto retroactivo. Ver
AGN, Reales Órdenes. 1800-1801, S. IX, 25.2.9, f. 67 (Aranjuez, 1/4/1800).
119
El valor más bajo que se pagó por un esclavo, según los registros del Archivo General de la Nación, fue de
25 pesos, por una mujer que estaba en las últimas etapas de la sífilis; y el valor más alto, de 450 pesos, por una
sirvienta de 30 años que, además de ser modista, lavandera y planchadora, era una esclava leal y obediente
(AGN, Sucesiones, 7712 y 6496, respectivamente).
120
AGN, Sucesiones, Tribunales, S. IX, 6260, expte. 14, f. 10 vta.
121
Pesaresi, G., Justicia Comercial y Derecho Concursal. Estudio histórico y jurídico, Cathedra Jurídica,
Buenos Aires, 2019, p. 274.

38
“YO MANUEL BELGRANO….”
Una interpretación de su Testamento
Carlos María Marturet122

Introducción

El 25 de mayo de 1820, en el décimo aniversario de “nuestra libertad civil” o “regeneración


civil”, como se nombraba a la Revolución de Mayo en los primeros documentos libertarios,
y a menos de un mes antes de su muerte: “(…) Belgrano debió haberse sentido muy grave,
pues solicitó la presencia en su domicilio del escribano Narciso de Iranzuaga, el más
acreditado de los siete notarios con registro con que entonces contaba la ciudad. Ante su
presencia, Belgrano manifestó la intención de redactar su última voluntad. Como era de
práctica, el notario empleo el papel y el sello de rigor. El sello que estampó decía: “Supremo
Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas del Rio de la Plata”. La caratula que el escribano
consignó en el documento consta expresando: ‘Testamento del señor don Manuel Belgrano’
(…)”.123
El testamento124 de Manuel Belgrano, está elaborado en formato “scriptum” (escrito) muy
breve, apenas 3 hojas, pero sustancialmente reveladora de su personalidad. En lo formal, su
estructura responde a las normas de sucesión testamentaria, sistematizada según: “La
Novísima Recopilación de las Leyes de España”. 125
El testamento consta de tres partes: introducción, articulado y el cierre notarial formal. La
introducción, comparado con el total del testamento es extensa. Allí Manuel Belgrano se
identifica: enuncia su lugar de nacimiento y señala a sus padres; declara su grado y empleo
militar puesto al servicio de su Patria; y finaliza exponiendo el credo de su Fe Católica,
desarrolla sus disposiciones testamentarias contenidos en cinco artículos; y se finaliza con el
cierre notarial formal.
A continuación el texto del testamento126 del general Manuel Belgrano, analizado
segmentadamente.

122
GB (R) “VGM”, Licenciado en Estrategia y Organización. Miembro de número y secretario académico del
Instituto Nacional Belgraniano, y miembro de número del Instituto Argentino de Historia Militar.
123
GIMÉNEZ, O. Soledad y Agonía, en capitulo VIII, de la obra “Vida, época y obra de Manuel Belgrano”,
Librería “El Ateneo” Editorial, Buenos Aires, 1993, p. 730.
124
Testamento, del latín “testario mentis” (Testimonio de la voluntad), es el acto jurídico por el cual una persona
dispone de sus bienes y otros asuntos que le atañen para después de su muerte.
125
La “Novísima Recopilación de las Leyes de España”, publicada en 1805, es un códex del derecho castellano
y español, usada también como texto para los estudios jurídicos durante el siglo XIX. Condensaba cañones
anteriores como: las Siete Partidas (Cuerpo normativo redactado en Castilla durante el reinado de Alfonso X
[1221 – 1284], el Ordenamiento de Alcalá de 1348, las Leyes de Toro de 1505, y la Nueva Recopilación de
1567. Recoge 4044 leyes sistematizadas en 340 títulos que integran 12 libros. Desde el 1 al 9 se ocupan de
derecho político y administrativo, el 10 se ocupa de derecho civil (Las herencias y testamentos se fijan es este
libro), y los dos últimos 11 y 12 de derecho procesal y derecho penal. Paulatinamente fueron perdiendo
vigencia según se promulgaban las constituciones y se aprobaban los códigos civiles.
126
ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN (En adelante AGN), Registro 4 de 1820, fojas 120 vta., 121 y 121 vta.
(También puede ser consultado en: Anales del Instituto Nacional Belgraniano, Nro. 6, Buenos Aires, 1993,

39
Análisis de Testamento del general Manuel Belgrano

Preludio y presentación personal.

La redacción del documento comienza con la invocación religiosa, solicitando al Altísimo la


lucidez para su composición. Seguidamente señala – sin nombrar a la Ciudad de Buenos
Aires -, el lugar de nacimiento del testador, y su empleo y jerarquía militar, el de “Brigadier
de los Ejércitos127 de las Provincias Unidas en Sud América”, dejando señalado, con firmeza,
el rango que le correspondía y por ende cómo debería ser tratado. La denominación de: “Las
Provincias Unidas en Sud América”, responde al nombre con que nuestra Patria fue
identificada en el acta de la independencia declarada el 9 de julio de 1816:

“(…) En el nombre de Dios y con su santa gracia amén. Sea notorio como yo, don
Manuel Belgrano, natural de esta ciudad [Buenos Aires], brigadier de los Ejércitos
de las Provincias Unidas de Sud América (…)”.

Seguidamente nombra a sus progenitores: Don Domingo Belgrano y Peri (Oneglia [Reino
de Cerdeña, actual Italia], 1731 – Buenos Aires, 1795), y doña María Josefa González (1742
- Buenos Aires - 1799); continua con la confirmación de su voluntad y salud mental que lo
asisten para redactar el testamento; finalizando con una extensa exposición de su credo
católico, bajo cuya fe ha vivido, y entrega su alma:

“(…) hijo legítimo de don Domingo Belgrano y Peri, y doña María Josefa González,
difuntos: estando enfermo de la (enfermedad) que Dios Nuestro Señor se ha servido
darme, pero por su infinita misericordia en mi sano juicio, temeroso de la infalible
muerte a toda criatura e incertidumbre de su hora, para que no me asalte sin tener
arregladas las cosas concernientes al descargo de mi conciencia y bien de mi alma,
he dispuesto ordenar este mi testamento, creyendo ante todas las cosas como
firmemente creo en el alto misterio de la Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu
Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todos los demás
misterios y sacramentos que tiene, cree y enseña nuestra Santa madre Iglesia
Católica Apostólica Romana, bajo cuya verdadera fe y creencia he vivido y protesto
vivir y morir como católico y fiel cristiano que soy, tomando por mi intercesora y
abogada a la Serenísima Reina de los Ángeles María Santísima, madre de Dios y
Señora nuestra y devoción y demás de la corte celestial, bajo de cuya protección y
divino auxilio otorgo mi testamento en la forma siguiente: (…)”.

pp. 133 – 135, y reimpreso en el Anales del Instituto Nacional Belgraniano, Nro. 14, Buenos Aires, 2014, pp.
343 – 345).
127
Se refiere a los primeros Ejércitos Patrios. Manuel Belgrano fue general en jefe en tres de los cuatro primeros
ejércitos de la independencia; en el Ejército del Norte, nombre que recibió la fuerza militar de la Expedición
Auxiliadora al Paraguay; en el Ejército de la Banda Oriental del Rio de la Plata; y por fin, en el primer ejército
patrio, el Ejército Auxiliar del Alto Perú, que lo fue en dos oportunidades.

40
Artículo primero: Destino de sus restos.

“(…) 1ª Primeramente encomiendo mi alma a Dios Nuestro Señor, que la crió [creó]
de la nada, y el cuerpo mando a la tierra de que fue formado, y cuando su Divina
majestad se digne llevar mi alma de la presente vida a la eterna, ordeno que dicho
mi cuerpo, amortajado con el hábito de patriarca de Santo Domingo, sea sepultado
en el panteón que mi casa tiene en dicho convento, dejando la forma del entierro,
sufragios y demás funerales a disposición de mi albacea (…)”.

Manuel Belgrano, como sus padres, pertenecían a la Orden Laical (Tercera Orden) de los
Dominicos.128 La Cofradías religiosas, en la época colonial y aún después de la
independencia, constituían una forma de vivenciar la fe católica, y practicar la misericordia
y la caridad cristiana. Por ese motivo, en el año 1795, con el fallecimiento don Domingo, su
esposa doña María Josefa González Casero, obtuvo licencia para sepultar allí a su esposo, a
ella misma y a sus hijos. En este artículo, nuestro Prócer deja, notarialmente establecido, que
su “(…) cuerpo, amortajado con el hábito de patriarca de Santo Domingo (…)”, debía
descansar en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario y Convento de Santo Domingo en la
ciudad de Buenos Aires, y no en otro lugar. Confirmando esta superior voluntad, el 20 de
junio de 1903, 83 años después de su muerte, el entonces Presidente de la Republica, el
Teniente General Alejo Julio Argentino Roca, en solemne ceremonia, dejó inaugurado el
mausoleo que guarda los célebres restos del general Manuel Belgrano, que por iniciativa
estudiantil y suscripción popular, se erigió en su memoria.

Artículo segundo: El impuesto solidario para los damnificados por la guerra de la


independencia.

“(…) 2ª Ítem, ordeno se dé a las ‘mandas forzosas’ y acostumbradas a dos reales


con las que separo mis bienes (…)”.

La “manda pía forzosa” fue un tributo existente en América (Originaria de España) entre
1811 y 1845, cobrado en forma de legado forzoso incluido en los testamentos y sucesiones
intestadas, cuya recaudación estuvo destinada a socorrer a los damnificados por la guerra de
la independencia. Consistía en el pago de 3 pesos que deberían ser satisfechos por todas las
personas u organismos que fuesen instituidos herederos, ya fuera mediante la inclusión de
una cláusula separada en los testamentos de los fallecidos, obligatoria para los notarios
receptores del mismo, o por exigencia legal en el caso de los intestados; los pobres de
solemnidad estarían exentos de este pago. El dinero recaudado estaría destinado a socorrer a
los prisioneros y viudas de la guerra de independencia. Los sacerdotes de las parroquias
donde se celebrara el entierro serían responsables de su recaudación y cada tres meses lo
transferirían a una “junta pía religiosa” compuesta por autoridades políticas y religiosas. Esta

128
La Tercera Orden de Santo Domingo es la denominación de la rama laical de la Orden de Predicadores -
conocida como Dominicos -, fundada por Santo Domingo de Guzmán en 1216. La rama laical tiene sus
orígenes en las Hermandades de la Penitencia de Santo Domingo y responde al deseo de hombres y mujeres
seglares de vivir según el carisma de la Orden. La rama laical de la Orden de Predicadores actualmente se
denomina Fraternidad laical de Santo Domingo.

41
misma junta debía seleccionar a las personas merecedoras de la ayuda económica dentro de
sus respectivas jurisdicciones, debiendo dejar registro de lo actuado.

Artículo tercero: Manifestación de estado civil.

“(…) 3ª Ítem, declaro: Que soy de estado soltero, y que no tengo ascendiente ni
descendiente (…)”.

Este artículo, es muy interesante de analizar. Es verdad que Belgrano no formalizó


matrimonialmente con ninguna de sus amores, sin embargo fruto de sus relaciones personales
dejó descendencia, un niño y una niña. Ellos fueron: su hijo, Pedro Pablo Rosas y Belgrano
(Santa Fe, 1813 – Buenos Aires, 1863), fruto de su relación con la porteña María Josefa
Ezcurra (1785 - Buenos Aires - 1856). Poco después de su nacimiento, la madre y el niño se
fueron a vivir a la casa de su hermana, María de la Encarnación Ezcurra y Arguibel (1795 –
Buenos Aires – 1838), quien a principios de 1813 había contraído matrimonio con don Juan
Manuel de Rosas, quienes lo adoptaron y criaron. Pedro Pablo contaba con siete años de edad
al momento del fallecimiento de su padre, el 20 de junio de 1820. Y su hija, Manuela Mónica
del Corazón de Jesús Belgrano Helguero (Tucumán, 1819 - Buenos Aires, 1866), nacida de
su relación con María de los Dolores Helguero Liendo (Tucumán, 1798 – Catamarca, 1861),
a quien conoció en Tucumán, durante su segundo Comando al frente del Ejército Auxiliador
del Perú (1816 – 1819). María de los Dolores, por presión paterna, y para alejarla del Prócer,
fue condicionada a casarse con el catamarqueño Manuel Eugenio Rivas de Lara y Liendo,
con quien tuvo otros cinco hijos. Manuela Mónica contaba con apenas 1 año al momento del
fallecimiento de su padre.
Queda entonces preguntarnos porque Belgrano - en este testamento -, no asume su
paternidad, ni deja disposiciones respecto del cuidado a brindar a sus hijos, habida cuenta de
los valores espirituales y morales que distinguieron a nuestro Prócer, y que Belgrano, en este
mismo documento se asegura de confirmar. Y las respuestas las podemos encontrar en el
propio Belgrano, primero, por la prioridad que le asignó a su vida al entregarla enteramente
al servicio de la patria naciente; y segundo, porque como abogado y hombre de derecho, sabía
que los hijos no reconocidos no podían ser herederos; y que además, al tener que señalar a
sus madres, las expondría ante una sociedad - formalmente rigurosa e impiadosa -, respecto
con las normas éticas y morales que debían guardar las mujeres.
No obstante nuestro Prócer no dejará de velar y de ocuparse de sus hijos, especialmente
por Manuela Mónica, y el cumplimiento de estas precisas disposiciones se los transferirá a
su albacea, su muy querido hermano, el presbítero Domingo Estanislao Belgrano. 129 En el
año 1825, en cumplimiento de lo solicitado por el general Belgrano, Manuela Mónica fue
traída a Buenos Aires, donde fue criada amorosamente por su hermana doña Juana, quien le
brindó una esmerada educación que tuteló el propio Domingo Estanislao.

129
DOMINGO ESTANISLAO BELGRANO GONZÁLEZ CASERO (1768 - Buenos Aires – 1826). Presbítero, y doctor
en filosofía y teología. Ordenado Sacerdote en el año 1803. Canónigo de la Catedral de Buenos Aires.
Participo con voz y voto de la formación del Primer Gobierno Patrio el 25 de mayo de 1810. Tercer hermano
– entre los testados por sus padres - del general Manuel Belgrano.

42
Esta disposición queda registrada en la carta que el 15 de junio de 1824, Domingo
Estanislao, dirige a otro de los hermanos, don Miguel de Belgrano, 130 donde nos revela
algunas de las disposiciones de “poridad” (Ocultas o secretas), es decir por fuera de este
testamento, que Manuel Belgrano le encargó a su hermano y albacea:
“(…) Señor Don Miguel de Belgrano.
Mi querido hermano (…) luego que se hayan cubierto las deudas ya mencionadas,
las emplees [el remanente del dinero] en la educación física y moral, y en el
mantenimiento y vestuario de la niña Manuela Mónica que se halla en la edad de
cinco años, y debe residir en Tucumán, en poder de Doña Dolores Helguero y
Liendro [Liendo]; haciendo con dicha niña las veces de Padre, hasta tanto que llegue
a tomar estado; a cuyo efecto adoptaras todas las medidas que juzgues oportunas, y
no omitirás nada para que la dicha niña reciba las más distinguida educación en
todos respectos (…) Tu afectísimo hermano.
Domingo Estanislao Belgrano (Firmado y rubricado) (…)”.131

Artículo cuarto: Honrar las deudas.

"(…) 4ª Item, declaro: Que debo a don Manuel de Aguirre, vecino de esta ciudad,
dieciocho onzas de oro sellado, y al Estado seiscientos pesos, que se compensarán
en el ajuste de mi cuenta de sueldos, y de veinticuatro onzas que ordeno se cobre
por mi albacea, y preste en el Paraguay al doctor don Vicente Anastasio de
Echeverría, para la compra de una mulata - Cuarenta onzas de que me es deudor el
brigadier don Cornelio Saavedra, por una sillería que le presté cuando lo hicieron
Director; dieciséis onzas que suplí para la Fiesta del Agrifoni en el Fuerte, y otras
varias datas; tres mil pesos que me debe mi sobrino don Julián Espinosa por varios
suplementos que le he hecho (…)”.

Manuel Belgrano fue deudor, pero también acreedor. Muy probablemente, si el gobierno
hubiera cumplido en tiempo y forma con todos sus estipendios, no hubiese llegado al fin de
sus días en situación económica tan apremiante, y este artículo no hubiera formado parte de
su testamento; pero era la hora en que la Patria ponía todos sus recursos en la causa de la
independencia, y nuestro Prócer, como uno de sus númenes, lo entendió y aceptó
irrestrictamente.
Recordemos también, que por lo menos en dos oportunidades – como vocal del primer
gobierno patrio, y luego como Coronel del Regimiento de Patricios resignó parte de su sueldo
ofreciéndolos a esta superior causa: “(…) En obsequio de ésta [la Patria], ofrezco a V. E. la
mitad del sueldo que me corresponde, siéndome sensible no poder hacer demostración
mayor, pues mis facultades son ningunas, y mi subsistencia pende de aquel; pero en todo
evento sabré también reducirme a la ración de soldado, si es necesario para salvar la justa

130
MIGUEL BELGRANO GONZÁLEZ CASERO (1777 – Buenos Aires - 1825). Militar, poeta y educador. Fue Rector
de la Facultad de Ciencias de la Moralidad de Buenos Aires. Séptimo hermano – entre los testados por sus
padres - del general Manuel Belgrano.
131
Instituto Nacional Belgraniano, Carta del Presbítero doctor Domingo Estanislao Belgrano, albacea del
general Manuel Belgrano, a su hermano don Miguel de Belgrano, en Documentos para la Historia del General
Manuel Belgrano, Tomo I, Tema I: La Familia del Prócer, documento número 18, pp. 48 y 49.

43
causa de la patria (…)”.132 Y también, la donación de los “(…) cuarenta mil pesos señalados
en valor de fincas pertenecientes al Estado (…)” que la soberana Asamblea General
Constituyente (Asamblea del Año XIII), en sesión del 08 de marzo de 1813, le obsequiara en
reconocimiento por los éxitos militares obtenidos en Tucumán y Salta, y que Belgrano los
destinara para la “(…) dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras en las ciudades
de Tarija [Bolivia], Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero (…)”.133
Sin embargo, no resignó su honor e integridad ni siquiera en su agonía. El 19 de junio,
Belgrano pidió a su hermana Juana, quien lo asistía con el amor de una madre, que le
alcanzara su reloj de oro de bolsillo, que tenía colgado a la cabecera de la cama, que le había
obsequiado el rey Jorge III durante su misión diplomática en Inglaterra en 1815, y se lo
entregó a su médico y amigo el doctor Redhead 134 en pago de sus servicios, diciendo: “(…)
Es todo cuanto tengo para entregar a este hombre bueno y generoso (…)”.135
Otro de sus deudores y amigo, el comerciante José Celedonio Balbín, a quien conoció y
frecuentó en Tucumán desde 1816, nos dejó una crónica de la angustia que sus deudas le
ocasionaban:

“(…) Al día siguiente de mi llegada a Buenos Aires pasé a visitar al general


Belgrano a quien encontré sentado en una silla poltrona en un estado lamentable,
después de un momento de conversación, me dice: ‘amigo Balbín me hallo muy
malo duraré pocos días, espero la muerte sin temor, pero llevo un gran sentimiento
al sepulcro’, (…) le pregunté ¿cuál es, señor general? y me contesta (…), ‘muero
tan pobre que no tengo cómo pagarle el dinero que usted me tiene prestado, pero no
lo perderá usted. El gobierno me debe algunos miles de pesos de mis sueldos, luego
que el país se tranquilice le pagará a mi albacea, el que queda encargado de satisfacer
a usted con el primer dinero que perciba’. Como un año después de su fallecimiento
fui pagado (…)”.136

A su hermano y albacea Domingo, le demandó varios años e inacabables diligencias poder


honrar las deudas del general Belgrano. En agosto de 1821 en una carta, al entonces ministro

132
Instituto Nacional Belgraniano, Disposiciones de los Primeros Gobiernos Patrios (1810 – 1812), en
Documentos para la Historia del General Manuel Belgrano, Tomo III, Volumen II, Cuarta Parte: documento
número 221, Buenos Aires, s. f., pp. 345 – 346.
133
Instituto Nacional Belgraniano, Decreto de la Asamblea General Constituyente, otorgando premios al
General Belgrano, Documentos para la Historia del General Manuel Belgrano, Tomo V (Enero 1811 – marzo
1813), Buenos Aires, 2008, documento número 263, p. 593.
134
Joseph James Thomas Redhead: Doctor y naturalista. Médico del general Manuel Belgrano, a quien conoció
y asistió durante su primer comando en el norte, durante la segunda Expedición Auxiliadora al Alto Perú,
entre 1812 – 1814, y nuevamente, entre 1816 y 1819, durante su segundo comando en el Ejército Auxiliador
del Perú. Luego del relevo, acompaño a Belgrano a Buenos Aires, permaneciendo a su lado y asistiéndolo
hasta el momento de su fallecimiento.
135
Instituto Nacional Belgraniano, doctor Joseph James Thomas Redhead, en portal institucional, separador:
Belgrano, capitulo: Enfermedades, su Médico Personal.
136
Balbín, J. C. Mi amigo Belgrano. Observaciones y rectificaciones históricas a la obra Memorias póstumas
del general don José María Paz. Fragmento de la carta de José Celedonio Balbín al general Bartolomé Mitre,
fechada el 1ro de setiembre de 1860. En Senado de la Nación, Biblioteca de Mayo, Colección de Obras y
Documentos para la Historia Argentina, Memorias, Autobiografías, Diarios y Crónicas – Tomo 2
Autobiografías, Edición Especial en Homenaje al 150 aniversario de la Revolución de Mayo de 1810,
Imprenta del Congreso de la Nación, Buenos Aires, 1960, pp. 1013 a 1023.

44
de gobierno Bernardino Rivadavia: “(…) respecto de los sueldos a que debió tener acción
[Belgrano] desde el año 10 en todas sus comisiones (…)”, suplicante le señalará:

“(…) No tengo absolutamente de que echar mano, y aunque he querido vender algo
de sus restos de equipaje, nada he podido hacer, y más bien le he dado otros destinos
que malvaratarlos (…) Ocurro pues a usted, como verdadero amigo que ha dado y
da las más notorias pruebas de estimación, y suplico quiera su generosidad añadir
esta nueva para acelerar el esclarecimiento de los haberes del general Belgrano, pues
además de la precisión en que estoy de cubrir deudas y cumplir con sus encargos,
quiero como heredero suyo, si alcanzan para el efecto, contribuir por mi parte y a su
nombre para el nuevo establecimiento de Ciudad que se ha decretado a su memoria,
que sea un asilo a los que quieran de lejos países buscarlo en nuestro suelo (…)”.137

Artículo quinto: Designación de albacea, una elección clave.

“(…) 5ª Para guardar, cumplir y ejecutar este mi testamento, nombró por mi albacea
a mi legítimo hermano el doctor don Domingo Estanislao Belgrano, dignidad de
chantre138 de la Santa Iglesia Catedral, al cual respecto a que no tengo heredero
ninguno forzoso ascendiente ni descendiente, le instituyo y nombro de todas mis
acciones y derechos Presentes y futuros. Por el presente revoco y anulo todos los
demás testamentos, codicilos, poderes para testar, memorias, u otra cualesquiera
otra disposición testamentaria que antes de ésta haya hecho u otorgado por escrito
de palabra, o en otra forma para que nada valga, ni haga fe en juicio, ni fuera de él
excepto este testamento en que declaro ser en todo cumplida mi última voluntad en
la vía y forma que más haya lugar en derecho. En cuyo testimonio lo otorgo así ante
el infrascrito escribano público del número de esta ciudad de la Santísima Trinidad,
puerto de Santa María de Buenos Aires, a veinticinco de mayo de mil ochocientos
veinte. Y el otorgante a quien yo dicho (…)”.

Manuel Belgrano, tuvo especial atención en la selección y designación de su hermano


Domingo Estanislao como su albacea, y en este último artículo, reiterando su ausencia de
herederos, y revocando todo otro documento existente, se asegura de otorgarle todos sus
derechos presentes y futuros. Domingo Estanislao, su hermana Juana y otros hermanos como
Miguel, llevaran adelante, con autentico amor filial el cumplimento de las voluntades que
Manuel les consignara.

Párrafo legal de cierre.

“(…) Escribano doy fe conozco, y de hallarse al parecer en su sano y cabal juicio,


según su concertado razonar, así lo otorgo y firmo, siendo testigos “llamados y
137
Instituto Nacional Belgraniano, Carta del Presbítero doctor Domingo Estanislao Belgrano, albacea del
general Manuel Belgrano, a su hermano don Miguel de Belgrano, en Documentos para la Historia del General
Manuel Belgrano, Tomo I, Tema I: La Familia del Prócer, documento número 16, pp. 44 y 45.
138
El Chantre o Capiscol es la dignidad católica otorgada en las iglesias catedrales y en otros templos
principales, a la persona a cuyo cargo estaba el gobierno del canto en el coro. Además, cumplía otras
importantes funciones administrativas como el cuidado y conservación de seleccionados libros de biblioteca,
y la organización de las procesiones.

45
rogados” don José Ramón Mila de la Roca, Don Juan Pablo Sáenz Valiente, y Don
Manuel Díaz, vecinos.
M, Belgrano (firma).
Narciso de Iranzuaga (firma) Escribano Público (…)”.

El documento finaliza con las observancias de estilo, la confirmación de la consciente


decisión y salud mental del testador, y la designación y presencia de los tres testigos
necesarios para formalizar el hecho. Los testigos “llamados y rogados” (Que significa
humilde solicitud de favor o gracia), fueron tres distinguidos vecinos relacionados con el
general Belgrano. Ellos fueron: el comerciante catalán y secretario del general Belgrano
durante la campaña del Paraguay, don José Vicente Mila de la Roca; el comerciante,
funcionario y político don Juan Pablo Sáenz Valiente; y el también comerciante don Manuel
Díaz. Por su parte el notario don Narciso de Iranzuaga Arrazola, fue designado Escribano
Público y del Número de Buenos Aires el 29 de mayo de 1807, y mantuvo su estudio hasta
el año 1831.

Conclusión

El 25 de mayo de 1820, fecha significativa del décimo aniversario de la Revolución de Mayo,


Manuel Belgrano, en pleno uso de sus facultades mentales, dejaba por escrito sus últimas
disposiciones. Su delicado estado de salud se reflejaba en el trazo débil e inseguro de su
firma, que contrastaba con las otrora rubricas de los oficios que informaban sus triunfos
gloriosos en Tucumán y Salta. Su agonía había comenzado.

“(…) yo entré en la lucha sin rencores y cumplí mi deber con resignación, y mi


agonía fue serena porque nunca ambicioné poderes, ni premios, ni honores;
yo comprendí desde temprano, que los hombres somos juguetes de una voluntad
invisible y que servimos mejor al destino supremo de la vida, poniendo nuestra carne
a quemar, no en el tizón del incendio de mezquinas pasiones, sino en la antorcha de
fiesta de más permanentes ideales.
La Patria fue para mí una forma perfecta de esa religión de amor en los suaves
colores de mi bandera. Si hay allí abajo, todavía, gente que siembran odios, diles,
aunque me aclamen, que ellos me han olvidado (…)”.139●

Comparación de firmas autógrafas del general Manuel Belgrano: Imagen a la izquierda, extraída de un
documento fechado en mayo de 1817. Imagen de la derecha, extraída de su testamento, firmado el 25 de mayo
de 1820 (AGN Registro 4 de 1820, fojas 120 vta., 121 y 121 vta.)

139
Rojas, R., “La Sombra del Patriarca” (Párrafos finales), en Anales Nro. 8, del Instituto Nacional
Belgraniano, Talleres gráficos del Ministerio de Educación, Buenos Aires, 2000, pp. 129 - 151.

46
EL GENERAL BARTOLOMÉ MITRE,
LA NUMISMÁTICA Y LAS MONEDAS
DE ORO NATIVO DEL FIN DEL
MUNDO
David Nelson Federico Guevara140

Introducción:

Quiero compartir con ustedes la presentación de este artículo histórico-numismático, escrito


con motivo de la celebración del Bicentenario del nacimiento, en Buenos Aires, el 26 de junio
de 1821, del general Bartolomé Mitre, ilustre tribuno, padre de la Historiografía Argentina,
hombre público, “patriota ilustrado”141, americanista, bibliófilo, traductor, lingüista,
periodista, poeta, y un gran numismático. Formó parte de la generación de escritores y
hombres de Estado, conocida como la «Generación del 37»142; algunos intelectuales discuten
su pertenencia al prescriptivismo universal143, y otros, afirman su condición de libre pensador
y anti dogmático, pero entusiasma, por sobre todas las cosas, su republicanismo liberal, y su
profunda devoción por la unidad nacional144.
La vida y obra de Bartolomé Mitre (1821-1906), conocida prácticamente en toda su
magnitud, es sencillamente extraordinaria, y nos exige, en todos los tiempos, una renovada y
apasionante relectura de la Historia Argentina, en orden al carácter multidisciplinario de sus
trabajos, por ejemplo, las obras monumentales que refieren a nuestros héroes máximos,
Manuel Belgrano (1770 - 1820); y el General José de San Marín (1778 -1850), por caso, la

140
David Nelson Federico Guevara. Historiador e Investigador Numismático de Tierra del Fuego, Argentina.
Miembro Honorario de Instituto Federal de Investigadores Numismáticos de la República Argentina (IFINRA).
Miembro Correspondiente de la Academia Argentina de Numismática y Medallística (AANM) por Tierra del
Fuego. Miembro de la Asociación de Filatelia y Numismática (AFNRG) de Río Grande, Tierra del Fuego.
Miembro de la Asociación Coleccionistas Corrientes, Chaco y Formosa (ACCCF). Miembro de la Fundación
Yayetopa, Investigación Amado Bonpland, Paso de los Libres, Corrientes. Integrante de la Association Aimé
Bonpland, Paris, Francia.
141
Mozejko D. T. y Costa, R.L., “Disputa por el control de la verdad histórica: La polémica entre Vicente Fidel
López y Bartolomé Mitre”. Rev22-01 5/6/06 10:10 Página 43.
142
La revolución de las ideas: la generación romántica de 1837 en la cultura y en la política argentinas por Jorge
Myers.
[Link]
la-cultura-y-en-la-politica-argentinas/html/5cd91690-5257-11e1-b1fb-00163ebf5e63_2.html
143
Botana, E.M. N., “Acerca de Mitre, entre la Nación y la Historia de Eduardo Miguez”, En: Estudios Sociales,
Revista universitaria semestral, año XXIX, n° 56, Santa Fe, Argentina, Universidad Nacional del Litoral, enero-
junio 2019, pp. 231-234.
144
García Belzunce, A. H., La ciencia política en el pensamiento de Mitre, Tomo XXIII, Buenos Aires, 1994.
[Link]

47
“Historia de Belgrano y de la Independencia”, que alcanzó su plenitud en la edición de 1876,
y la “Historia de San Martín y de la Emancipación Sud-Americana”, edición 1879, que
reafirman y alientan nuestra argentinidad.
También, merece destacarse, entre otras disciplinas, que atrajo notoriamente a Mitre, son
las relacionadas con la Ciencia que estudia las monedas y medallas, la Numismática; en
particular sus trabajos de investigación numismática y medallística, vinculados al
coleccionismo, como veremos en este artículo, cuyo monetario atesora más de dos mil
monedas pertenecientes al acopio que realizó, debido a su interés personal en estos
materiales145, por ejemplo, las monedas de oro nativo del Fin del Mundo, epistolario
vinculante, y el histórico mapa de este bello y enigmático territorio insular argentino como
lo es Tierra del Fuego.

2 - Presentando al General Bartolomé Mitre (1821 - 1806)

Bartolomé Mitre fue el primer hijo de Ambrosio Estanislao de la Concepción Mitre y Doña
Josefa Martínez Whetherton, cuando corrían tiempos políticos del gobernador Martín
Rodríguez (1771-1845), que asume tras los dramáticos sucesos conocido como la Anarquía
de 1820146, y nombró ministros a Manuel José García (1784-1848) y a Bernardino Rivadavia,
mientras su niñez transcurre en la ruralidad bonaerense cuando el matrimonio se instala entre
1822 y 1828147, en Carmen de Patagones (1779), la población más austral de la Provincia de
Buenos Aires, a orillas del Río Negro, bajo la segura protección de su histórico Fuerte148,
erigido en el año 1784.
Cuando Carmen de Patagones fue atacada por una escuadra brasileña, el 7 de marzo de
1827, poco después de la memorable batalla de Ituzaingó, acontecida el 20 de febrero de
1827, en el marco de la Guerra del Brasil que enfrentaba a las Provincias Unidas del Río de
la Plata y al Imperio del Brasil; Don Ambrosio organizó una heroica resistencia, pero la
libertad conquistada con tanto sacrificio se vio oscurecida por la dictadura de Rosas;
antagonismo político que motivó, inexorablemente, el retorno con la familia a su tierra natal,
Montevideo, Uruguay149.

2.1 – Mitre, Montevideo, R. O. del Uruguay, 1827 - 1852

En Montevideo, el joven Bartolomé con 16 años, publica artículos y poemas en los medios
periodísticos y órganos de difusión antirosistas administrados por su incondicional amigo
Andrés Lamas (1817-1891)150, la poesía es un género literario que lo atrajo sensiblemente, y

145
Colección Numismática Museo Mitre
146
Levene, R., “La Anarquía de 1820” En Obras de Ricardo Levene, Vol. 4. Buenos Aires, Academia Nacional
de la Historia, 1972.
147
Solar de la Casa Particular de Ambrosio Mitre, pues su familia, entre ellos su hijo Bartolomé, residió en la
población entre 1822 y 1828 en una vivienda que integró aquellas construidas en 1802 por la Corona Española
bajo la denominación de Nueva Murcia. También perteneció al francés Francisco Fourmantín. Hoy vivienda
particular. Decreto Nacional Nº401 del 21/07/2003.
148
Ratto, S. “Allá lejos y hace tiempo. El fuerte de Carmen de Patagones en la primera mitad del siglo XIX
Visitado por el viajero francés Alcides D´Orbigny en el año 1829.” En Revista Quinto Sol, Nº 12, Buenos Aires,
2008, ISSN 0329-2665, pp. 45-72.
149
Julio María Sanguinetti. [Link]
150
Cabo, J. Lectura, Escritura y Registro en El diario de la juventud de Mitre (1843-1846), En XXV Jornadas
de Investigadores del Instituto de Literatura Hispanoamericana Facultad de Filosofía y Letras (UBA).

48
le resultó claramente romántica, comprometida con la lucha política de la Independencia y la
de los proscriptos, que para él guardaban neta continuidad, pero también dispuesta a
detenerse en un lirismo intimista como las "Poesías familiares" o en la evocación de la vida
en la campaña bonaerense151, que preservó y compiló bajo el título de Rimas, que alcanza
tres ediciones en vida de su autor (1854, 1876, 1891)152.
Mitre recibió instrucción como cadete en la escuela del arma de artillería instalada
precariamente en el fuerte de San José, promocionó con el grado de alférez, incorporándose
en 1839 al ejército uruguayo al mando del general Fructuoso Rivera (1784 -1854), que se
preparaba para detener la invasión rosista comandada por Echagüe. Recibe su bautismo de
fuego en la batalla de Cagancha, que tuvo lugar el 29 de diciembre de 1839, en el
departamento de San José, Uruguay. Llegó al grado de capitán en 1840, y el 11 de enero de
1841, en la Catedral Metropolitana de Montevideo, contrajo matrimonio con María Luisa de
Vedia, hija del general Nicolás de Vedia 153.
Consecuente con su posición a ultranza, como hombre público y militar, se sumó en 1842,
a las fuerzas antirosista del ejército aliado comandado por Fructuoso Rivera y del general
José María Paz (1791 – 1854), alianza que fue vencida por las fuerzas de la confederación al
mando del general oriental Manuel Oribe (1792 – 1857), el 6 de diciembre de 1842, en la
batalla de Arroyo Grande, escenario bélico ubicado a unos cinco kilómetros de la actual
localidad de San Salvador, Entre Ríos, Argentina.
Mitre regresó a Montevideo y profundizó su relación con Andrés Lamas, en el intercambio
de libros y documentos; del mismo modo con los intelectuales antirosistas de la época, como
Mármol, Florencio Varela, Rivera Indarte, Esteban Echeverría, y comenzó a redactar “El
Diario de la Juventud de Mitre 1843-1846”. Formó parte de la Asamblea de Notables,
Comisión Especial, Montevideo, Marzo 6 de 1846; que proclamó el “Estatuto Nacional
Provisorio, hasta que se restablezca la Representación de la Nación.” 154.
Participó en la defensa de Montevideo, sitiada por Oribe, como jefe de batería “25 de
Mayo”, y en reconocimiento por sus servicios prestados en el arma de artillería, el Ministerio
de Guerra y Marina, el 5 de marzo de 1846, le confirió el grado de Teniente Coronel de
Artillería Ligera155. Mientras el puerto de la capital uruguaya se mantuvo libre por el bloqueo
de Francia e Inglaterra, al Buenos Aires de Rosas, que se mantendrá hasta 1850. Por falta de
acuerdos con Rivera se retiró de Montevideo, regresando en 1852, luego de un periplo por
Bolivia, Perú y Chile.

2.2 –Mitre, Argentina, 1852-1870

De regreso a Montevideo, al enterarse del pronunciamiento de Urquiza, se incorporó al


ejercito grande al mando de una unidad de artillería, y el 13 de febrero de 1852, los ejércitos

151
Bartolomé Mitre, narrador y poeta. En enero se cumplen dos aniversarios importantes para este diario. El 4
se conmemorarán los 136 años de la fundación de LA NACION; el 19, el centenario de la muerte de su creador.
31 de diciembre de 2005. Por María Rosa Lojo <br/> Para LA NACION -- Castelar, 2005.
[Link]
152
[Link]
153
Castro Arrúe, D. Orgullo y Prejuicios de las Familias Patricias.
[Link]
154
Ib.
155
“La Nueva Era”, Montevideo, Marzo 8 de 1846 Nª 9. Imprenta del Nacional. Parte Oficial. Ministerio de
Guerra y Marina.

49
de la Federación son derrotados en Caseros, y Rosas, vencido, se embarcó hacia Inglaterra
en el buque de guerra Conflict156, muriendo en el exilio en 1877. Mitre fundó “Los Debates”,
diario que fijaría su postura en defensa de los intereses porteños frente al proyecto de
Urquiza, activando una serie de hechos políticos como la «revolución» del 11 de septiembre
de 1852, que produjo la separación de la provincia de Buenos Aires del resto del país 157.
Comandó las fuerzas porteñas contra Urquiza que fueron derrotadas en Cepeda (1859) y
triunfaron en Pavón en 1861158.
Mitre se transformó en el hombre político capaz de conducir los destinos del país
recientemente unificado, y en 1862, se llamó a elecciones nacionales y triunfó la fórmula
Bartolomé Mitre – Marcos Paz, durante su presidencia (1862 – 1868), “en materia de historia
archivística, luego de Pavón, la reunificación nacional obligó a la remisión a Buenos Aires
de los documentos que había producido la Confederación. En efecto, el 22 de mayo de 1862,
ordenó el traslado de los Archivos de Paraná a la capital” 159.
Mientras, el Colegio San Carlos [llamado también Colegio de la Unión del Sud, de
Ciencias Morales, Republicano Federal y Eclesiástico] (1816-1830), que “entre 1819 y 1820,
impartió sus clases utilizando el vocabulario filosófico moderno y en lengua castellana,
apartándose de la tradición secular del uso del latín. Por su parte, Aimé Bonpland se encargó
de los cursos de Ciencias Naturales. Después de la batalla de Caseros, el Colegio fue
conocido como Eclesiástico hasta que, finalmente, el 14 de marzo de 1863 y por decreto Nº
5.447, el Presidente Bartolomé Mitre le dio el nombre actual de Colegio Nacional Buenos
Aires”160.
En 1865, estalló la Guerra del Paraguay o Guerra de la Triple Alianza, Mitre hizo uso de
su licencia entre marzo de 1865 y enero de 1868, cuando fue designado General en Jefe de
las Fuerzas Aliadas de Argentina, Uruguay y Brasil. La guerra duró casi cinco años, y sus
consecuencias fueron devastadoras para el pueblo paraguayo. Al culminar su periodo
presidencial en 1868, se declaró prescindente, dejándole de esta manera, allanado el camino
político a Domingo Faustino Sarmiento (1811 – 1888), quien asumió ese mismo año la
presidencia de la nación (1868 –1874), y Mitre, por su parte, fue electo como senador por
Buenos Aires.
Bartolomé Mitre, Don Bartolo, apodo con el que se lo conocía a Mitre, en los ambientes
no académicos, desde las páginas de Caras y Caretas desde 1900161, en su carácter de
periodista y editor, fundó La Nación Argentina, en 1864 para defender su gobierno iniciado
1862 - 1868; y en 1870, hizo lo propio con el diario La Nación, que funcionó en la calle
Mitre162, y en su primer editorial, señaló que: “La Nación Argentina era un puesto de
combate. La Nación será una tribuna de doctrina. Hoy el combate ha terminado. Ha
terminado, sí, y estamos triunfantes…”.

156
Gutiérrez Sánchez, O., “La Federación Rosista (1835-1852)”. En Ficha de Catedra N° 1 de "Historia
Argentina y Latinoamericana", Buenos Aires, 2020. Dirección estable:
[Link]
157
Ib.
158
Museo Mitre
159
Archivo General de la Nación (AGN) Fondos documentales del Departamento Documentos Escritos,
División Nacional (Catálogo), Buenos Aires, 2012.
160
Ib.
161
Güell, M., “Don Bartolo”, TAREA, 6 (6), pp. 160-174.
162
[Link].

50
3 - Bartolomé Mitre Numismático

La semblanza sobre Bartolomé Mitre nos muestra a un hombre estudioso y sensible, en el


área de una Ciencia, como la Numismática, que lo transportó, seguramente, por el camino
insondable de los tiempos, del mismo modo, que hoy disfrutan de las mismas actividades del
coleccionismo universal, las nuevas generaciones de numismáticos, como bien escribió en
latín en 1917, el histórico numismático, miembro de la Junta Numismática, Enrique Peñas,
en su publicación numismática: Lucem querimus, Buscamos la luz163, y al referirse sobre
Mitre, en esta rama del saber, en el mismo artículo, señala:
“El general Mitre -que descolló en esto, como en otras ramas del saber humano- juzgando
al más importante de aquellos libros, el Monetario americano, ha dicho lo siguiente, que
ilustra la materia: "como es de notoriedad, se cuentan varios monetarios americanos en
Buenos Aires, siendo los más notables el del finado Lamas, Mariano Moreno, Manuel R.
Trelles, Angel J. Carranza, Enrique Peña, Guerrico, López, Mitre, Mantilla y Juan C. Varela,
además de los que existen en el museo público en la universidad; lo que podemos llamar la
'literatura numismática sudamericana y especialmente la argentina, puede formar ya una
pequeña biblioteca, que nos coloca en este punto a vanguardia de la América del sud : después
de la publicación de la colección de Angelis han aparecido los catálogos del museo y del
monetario Guerrico, redactados por Trelles, que fue el primero que trajo las noticias
descriptivas al método científico; y posteriormente Prado y Rojas, Carranza, Mantilla, Lamas
y el mismo Rosa, han enriquecido esta literatura"164
Peña amplia conceptos al citar cuáles son los libros que guarda con buena custodia, en su
incipiente biblioteca numismática-americana, por caso el libro de Mitre, “Comprobaciones
históricas de Mitre (en este libro de polémica con López, se encuentra un capítulo titulado
Una lección de numismática, que trata de las juras reales de el Río de la Plata)…” 165. Del
mismo modo, destaca con admiración, el respeto que tenía por Mitre, el otro gran
numismático y medallista, Alejandro Rosa (1854-1914), autor del libro Estudio Histórico-
Numismático. Medallas y Monedas de la República Argentina”166, obra sobre la cual el
mayor numismático argentino, Héctor Carlos Janson, oportunamente señaló que se trata del
origen de las catalogaciones con carácter científico de la numismática argentina 167; esa
admiración sin límites de Rosa por el “general” Mitre se aprecian en las siguientes palabras:
“Su admiración sin límites por Mitre, a cuyo culto fue fiel, con pasión intransigente, hasta
su muerte, coadyuvó a este propósito y le impulsó más, si cabe, a perfeccionar su colección
de medallas y monedas, alentándolo aquél bondadosamente con sus consejos…. Las
frecuentes visitas al general -es sabido que los estudiosos de mi generación cuando dicen el
“general”, por antonomasia se refieren a Bartolomé Mitre, que era la gran autoridad que todos
respetábamos -y, por último, la reunión dominical de las 6 estrellas recordadas,…”
La Academia Nacional de la Historia, creada con la denominación de Junta de
Numismática por el teniente general Bartolomé Mitre, acerca de su origen y primera medalla,
señala lo siguiente en su publicación en línea:

163
Peña, E., Los Numismáticos Argentinos Año 4. Nº 10, Buenos Aires, Diciembre 1917. Pp. 467 – 468.
164
Ib.
165
Ib.
166
Rosa, A., Estudio Histórico- Numismático. Medallas y Monedas de la República Argentina, Buenos Aires,
1898.
167
Janson, H. C. La Moneda circulante en el Territorio Argentino, Buenos Aires, 1998.

51
“La primera medalla auspiciada por la Academia Nacional de la Historia, creada con la
denominación de Junta de Numismática por el teniente general Bartolomé Mitre, lleva fecha
4 de junio de 1893, día que se tiene como el de su fundación por decisión emanada de sus
integrantes en la sesión del 5 de octubre de 1902. Poco antes, en 1901, a sugerencia del mismo
Mitre, quien estimó que era necesario que la institución “diera señales de vida, haciendo algo
práctico y de utilidad y no limitarse a acuñar medallas”, quedó regularizada su existencia
orgánica con el nombre de Junta de Historia y Numismática Americana. El ilustre historiador
y hombre público ocupó dicho cargo hasta su muerte, en 1906. Lo sucedió Enrique Peña,
quien le dio a la entidad su marco estatutario y una proyección más allá de su propio
ámbito.”168
Bartolomé Mitre en 1904, estudió y publicó con mirada crítica, y completa la descripción
de la totalidad de la serie de Las medallas de Vernon169, colección que inicialmente fue
estudiada por el Historiador Ángel J. Carranza (1834 - 1899), y sus resultados publicados en
el primer Boletín del Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades, establecido el
16 de junio de 1872. Estas piezas corresponden a las campañas del Almirante Vernon,
durante la guerra entre Inglaterra y España (1739 - 1741), en Nueva Granada, Panamá y las
Antillas, y llamaron la atención del mundo numismático de aquel tiempo, porque las
medallas si bien nos son apócrifas, celebran acontecimientos históricos que nunca ocurrieron.
El estudioso en temas numismáticos, Lic. Diego Aufiero, analista coordinador del Museo
Histórico Numismático del BCRA Héctor Carlos Janson, acerca del valioso trabajo de Mitre,
señala:
“Cabe introducir en este caso, un estudio posterior realizado por Bartolomé Mitre en 1904,
quien analiza dichas medallas con una colección de 70 piezas. En este caso la colección de
Las medallas de Vernon se divide en cinco series a saber: I. La toma de Portobelo en 1739,
II. Toma del Fuerte de Chagres en 1740, III. Expedición de Cartagena en 1741. IV. Ataque
a la Habana en 1741. V. Diversas. Las dos primeras series corresponden a hechos reales, y
se ilustran los triunfos militares de Vernon sobre España, en tanto las series III y IV
responden a triunfos que en realidad fueron derrotas de la Armada de su Majestad. De este
modo Mitre describirá la totalidad de la serie que sería publicada en su libro Monetario
Argentino-Americano en el cual se incluyen las imágenes de las medallas.” 170

4 – Bartolomé Mitre, las monedas de oro Tierra del Fuego, 1889-1892

Una de las colecciones más atractivas del valioso monetario del Museo Mitre, CABA,
Argentina, lo constituye, por su vigencia, la colección de las monedas de oro nativo de Tierra
del Fuego, Argentina, 1889, entregadas con destino al General Bartolomé Mitre, el 9 de julio
de 1892, por el ingeniero rumano Julio Popper (1857 – 1893)171, sin embargo, poco se conoce
acerca de la admiración y respeto dispensada por el autor de esas acuñaciones a Mitre; del

168
Historia de la Junta de Historia y Numismática Americana, luego Academia Nacional de la Historia.
[Link]
169
Mitre B., Monetario Argentino-Americano- Medallas de Vernon, Buenos Aires, Editor Juan Cartre, 1904.
170
Aufiero, D. El Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades y los estudios numismáticos en Buenos
Aires en la década de 1870, Published in L'Ordinaire des Amériques, 212 | 2010. p. 159-182.
[Link]
171
Guevara, D N. F. Julio Popper, el alquimista de El Páramo: Tierra del Fuego, Argentina 1885-1893: desde
su Rumania natal al destino áureo in aeternum de su vida y obra, Río Grande, 2016.

52
mismo modo, la singularidad y alcances del cruce epistolar privado 172, que acompañaba la
colección, al igual que las piezas monetarias fueguinas, constituyen para esta investigación,
un único corpus como documento numismático, y que trascienden, en orden al contexto
histórico, y por el interés de Mitre, como numismático y lingüista, dado lo atractivo que
siempre le resultaron estudiar los enigmas numismáticos, como el estudio de la lengua de
otras civilizaciones, por caso, la usada en los espacios insulares más australes de nuestra
Sudamérica, como el fueguino-ona, quizás rememorando su primer paso por el estrechos de
Magallanes, cuando viajó de Montevideo a Chile en 1852.

4.1 – Mapa Tierra del Fuego, Popper 1891

La admiración y respeto por el Teniente General Bartolomé Mitre, por parte de Popper, se
visualiza, como testimonio in aeternumen la cartografía pasada y presente de Tierra del
Fuego. El mapa histórico de Tierra del Fuego, 1891, fue publicado por el Instituto Geográfico
Argentino (IGA), como:
“Tierra del Fuego. Según las exploraciones y los estudios efectuados por el Ingeniero Julio
Popper 1886-1891 y las recopilaciones hidrográficas del Almirantazgo Británico”,
En él nombra en homenaje al Teniente General Bartolomé Mitre, a la península que forma
parte del extremo sur del continente americano, como: Península Mitre, y Mar Argentino, a
las aguas que bañan las playas del litoral marítimo atlántico de Tierra del Fuego, toponimia
vigente en los actuales mapas de la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del
Atlántico Sur, Argentina. El texto original Popper vinculante a dicha toponimia, reza lo
siguiente:
“Di el nombre de Mar Argentino á esta extensión marítima que baña el extremo austral de
la República, desde el canal de Beagle hasta el estrecho de Le Maire y desde la isla de los
Estados hasta el Cabo de Hornos.
A esta península, que puede decirse forma el extremo Sud del continente americano, la
bauticé con el nombre del eminente repúblico, del popular hombre de estado, teniente general
Bartolomé Mitre.”
Esta investigación histórica-numismática, pudo comprobar, la existencia in situ, de tres
ejemplares, del mapa histórico de Tierra del Fuego, 1891: 1. En el Museo del Fin del Mundo,
Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina; 2. En los archivos del Instituto Geográfico Nacional
(IGN) CABA; y un 3. En el Museo Mitre, CABA. Este ejemplar tiene la particularidad de
haber sido entregado y dedicado de puño y letra por el propio Julio Popper al Teniente
General Bartolomé Mitre.

4.2 – Carta a Mitre, Popper 1892

En cuanto a la carta de referencia, que esta investigación clasifica como “documento


numismático”, está fechada en Buenos Aires, Julio 9 de 1892, a su amigo Don Bartolomé
Mitre y Vedia (1845-1900), conocido como Bartolito, hijo del General Bartolomé Mitre,
director del diario La Nación (1882-1893), donde Popper señala: “Esperando que estos
especímenes de la modesta numismática fueguina encuentren acogida en la colección de su

172
Urbano Salerno, M. y Elissalde, R.L. Gestión diplomática de Mitre para afianzar la paz, Buenos Aires,
2019.

53
ilustre señor padre.” Las piezas de oro nativo de Tierra del Fuego como la carta del
explorador rumano se conservan en el Museo Mitre173.
La mencionada carta fue escrita en tinta negra sobre una hoja de 20x20 de papel filigrana
con orla de luto, marca A. Pitiers & Son, con el escudo de Tierra del Fuego y el luto estuvo
motivado por el eminente aniversario del fallecimiento de su hermano, Máximo (Max)
Popper (1868-1891), acaecido el 27 de agosto de 1891, en el lejano y solitario Páramo de
Tierra del Fuego, Argentina, y el de su padre, Neftalí C. Popper (1820-1891), ocurrido del
11/23 de octubre 1891, en Bucarest, Rumania.
Atento al valor histórico numismático que representa este documento para estudiosos,
coleccionistas e investigadores, en relación con las monedas de oro acuñadas por Julio
Popper (1857-1893) en el establecimiento de El Páramo, Tierra del Fuego y en Casa de
Moneda Buenos Aires, 1889, se transcribe a continuación:

“Hay un Escudo de Tierra del Fuego de Popper


(Anotación marginal) Contestada Julio 29

Buenos Aires Julio 9 de 1892

Señor Bartolomé Mitre y Vedia


Distinguido señor y amigo.
La falta de comunicaciones regulares entre Tierra del Fuego y la capital de la república y
también las constantes fluctuaciones del papel moneda han sido motivo para que las
transacciones comerciales en aquel territorio se hagan en " gramos de oro "y la necesidad de
evitar los inconvenientes que surgen del manejo de polvo y pepitas de este metal dio lugar a
la acuñación de monedas de uno y cinco gramos cuya colección tengo el gusto de remitirle.
Las monedas A y B son de la primera acuñación ya agotada. Su poca esmerada ejecución se
explica de la circunstancia que desde el cuño, el grabado, la laminación y acuñación hasta las
mismas herramientas necesarias para cada una' de las operaciones han sido hechas en el
Páramo, por el que suscribe, y en un período en que carecía de los elementos más
indispensables a' semejante clase de trabajos.
Las C y D salen de la Casa de Moneda de esta capital, acuñadas como las precedentes con el
oro natural y sin liga de Tierra del Fuego. - Emisión diez mil gramos. Ley oro 864, plata
132.-
De la moneda E solo han existido seis ejemplares porque a' la sesta impresión se despedazó
el cuño de la parte que lleva el emblema.
Esperando que estos especímenes de la modesta numismática fueguina encuentren acogida
en la colección de su ilustre señor padre, lo saluda atentamente.
Su amigo y S.S.
Julio Popper

173
Carta Julio Popper a Bartolomé Mitre y Vedia, Julio 9 de 1892. El citado documento, cuyo original a
cambiado de ubicación, se conserva actualmente en el Museo Mitre y reubicado en el Armario Nº 8, Caja Nº
15, Documento Nº 11.884, pertenece a la Colección denominada "Archivo Privado de Bartolomé Mitre".
Comunicación personal Lic. Ximena Iglesias, a cargo del Archivo Histórico del Museo Mitre. Mitre, quien
amablemente envió al autor, mediante pieza postal, despachada el 28 MAR 2003, copia de la carta de Popper.

54
4.3 – Museo Mitre. Amonedación de Tierra del Fuego, Popper 1889

La colección completa de monedas de oro nativo de Tierra del Fuego, entregadas por Popper
a Mitre en 1892, se conservan en su totalidad en el monetario del Museo Mitre, se trata de
piezas de 5 gramos y 1 gramo de oro nativo, acuñadas primero en el establecimiento minero
de EL Páramo, 1889, que formaba parte de la Colonia Popper, ubicada en la Península de El
Páramo, Bahía San Sebastián, zona norte de Tierra del Fuego, Argentina; y luego la
amonedación se trasladó a Casa de Moneda Buenos Aires, por razones operativas, y de
seguridad, con la exigencia de Popper de mantener la ley AU. 864 – AG. 132, inscripta en
las piezas numismáticas, conforme a sus envíos de oro nativo a Buenos Aires, y con ese fin,
requirió los ensayos de Kyle.
La Primera catalogación de las monedas de Popper, la realizo en 1898 Dn. Alejandro Rosa
(1854-1914), primer Director del Museo Mitre, período 1907-1913, historiador, numismático
y notable coleccionista, en el libro “Estudio Histórico- Numismático. Medallas y Monedas
de la República Argentina”, Buenos Aires, 1898, página 698, Varias Amonedaciones - VI –
Tierra del Fuego – 1889 -, registro la primera catalogación de dos de las moneda fueguinas,
ambas piezas, pertenecientes a la acuñación Casa de Moneda Buenos Aires.
Sin embargo, el trabajo que aportó la primera descripción y enumeración completa de las
monedas de Popper, correspondió al entonces Director del Museo Mitre, Buenos Aires,
Argentina, en el periodo 1948-1956 y 1966-1973, Dn. Juan Ángel Fariní (1901-1973), con
el estudio numismático “La Moneda de Tierra del Fuego”, publicado en Diciembre de 1953,
en la revista N° 6 del mencionado museo.
A la hora de las catalogaciones modernas, una útil y necesaria herramienta para el mundo
del coleccionismo numismático nacional e internacional, que se destaca en materia de
innovaciones, son los trabajos del investigador, coleccionista e editor numismático Dn.
Héctor Carlos Janson, por caso su obra de catalogación 2011, “La Moneda Circulante en el
Territorio Argentino, 1574–2010”. En el capítulo correspondiente a la amonedación de Tierra
del Fuego, Argentina, 1889, los 8 especímenes individualizados más los ensayos reconocidos
en esta obra, están meticulosamente descriptos en las páginas 503 a la 506 y 514, con las
interesantes notas del autor.

4.4 - Cuños de Popper, 1889. Primera clasificación de los cuños de Popper. Guevara,
2002

Hace tiempo, en el año 2002, como parte del trabajo de investigación sobre el explorador y
geógrafo rumano, el autor de esta investigación, realizó un cuidadoso estudio, donde clasificó
por primera vez los cuños existentes en Argentina y en el exterior, con las monedas conocidas
de Popper. Trabajo que fue publicados en el mes de Noviembre del 2004, por el Servicio
Geológico Minero Argentino 174, y en Febrero de 2006, una versión en inglés actualizada por
el: NI Bulletin (A Publication of Numismatics International) 175, ambos a partir de una mirada
minera y otra desde el coleccionismo numismático.

174
SEGEMAR (Servicio Geológico Minero Argentino), Buenos Aires, Argentina. Noviembre 2004. Tomo 1 y
Tomo 2 - Anales 40 - Historia de la Minería Argentina, página 279, Primera Clasificación de los cuños
existentes, 2002.
175
NI Bulletin (A Publication of Numismatics International) Volumen 41 Nº 2 - February 2006 and Volume 41
N° 4, April 2006, page 34, 34 y 36. Guevara Classification of the Popper dies, 2002.

55
Al ser consultado sobre esta clasificación de los cuños, el numismático e historiador
argentino, Licenciado Arnaldo José Cunietti-Ferrando, se expresó conceptuosamente el 9 de
Septiembre de 2002, señalando que es la primera vez que se catalogan los cuños existentes
con las monedas conocidas y se hace un análisis de la aleación de las mismas, y agregó un
dato de sumo interés para el estudio, respecto de dos de los cuños que se encuentran en el
Museo del Banco Nación.

Conclusión

A modo de conclusión, y luego del extenso recorrido por la vida y obra del ilustre Bartolomé
Mitre, en orden a la conmemoración del Bicentenario de su nacimiento, el 21 de junio de
1821, se señala que falleció en su casa de la calle San Martín, de su querida Buenos Aires,
un viernes 19 de enero de 1906, y sus restos mortales fueron despedidos con profundo pesar
por la ciudadanía porteña, que acompañó multitudinariamente su féretro hasta el Cementerio
de la Recoleta, e inhumados en la cripta familiar.
Las huellas de sus pasos, y su doctrina, se mantiene indeleble. Gozó del afecto sincero y
sin límites de sus amigos numismáticos, que acompañaron sus investigaciones numismáticas
y la paciente clasificación de cada una de las piezas de su monetario o de sus amigos, según
correspondiera, en las reuniones dominicales de las 6 estrellas de la Junta Numismática. Tuvo
el reconocimiento geográfico de la toponimia de Tierra del Fuego, con su Península Mitre, y
poseer en su colección todas las piezas acuñadas con oro nativo de las playas del Fin del
Mundo, que junto con la carta del explorador y geógrafo rumano, Julio Popper, autor de esas
históricas acuñaciones en la soledad del legendario y misterioso Páramo fueguino.
Bartolomé Mitre dejó a las nuevas generaciones, desde lo político, el valor del
republicanismo liberal, y su profunda devoción por la unidad nacional; y desde la
Numismática, la observación crítica de las piezas, la paciente clasificación, y un
extraordinario monetario. Su vida fue de leyenda.●

56
Historia del Uruguay

HIMNO NACIONAL DE URUGUAY


Incertidumbres, debates y nuevos aportes.
Por José Enrique Pons176

Introducción
La música del Himno Nacional uruguayo fue compuesta por un extranjero, de la misma
manera que ocurrió en otros casos en América Latina, siendo los más notorios el de la
República Argentina, compuesto por el español Blas Parera (1776-1840) y el de Chile,
compuesto por el español Ramón Carnicer y Batlle (1789-1855). El uruguayo lo fue por el
húngaro Francisco José Debali (forma españolizada de Ferenc József Debály), quien vivía en
Uruguay en ese momento, donde transcurriría el resto de su vida. La españolización de
nombres y apellidos fue la regla en ese entonces177.
La atribución del himno a Debali, encierra gérmenes de irritación y polémicas, expresadas
a veces con exacerbada pasión. En el terreno médico aparecen también datos polémicos,

176
Doctor en Medicina. Miembro Titular y Ex Presidente de la Academia Nacional de Medicina del Uruguay.
Ex Profesor Titular de Clínica Ginecotocológica, Facultad de Medicina, Universidad de la República,
Montevideo. Ex Presidente de la Sociedad Uruguaya de Historia de la Medicina. Ex presidente de la Sociedad
Ginecotocológica del Uruguay.
177
Elizaincín, A., “Geolingüística, sustrato y contacto lingüistico: español, portugués e italiano en Uruguay”.
En Lobo, T, Carneriro, Z, Soledade, J, Almeida, A, y Ribeiro, S. (organizadores). Rosae: linguística histórica,
história das línguas e outrashistórias. Salvador. EDUFBA, 2012, pp. 481-498.

57
aunque suelen limitarse a opiniones discordantes, mientras que en el campo musical,
aparecen manifestaciones más radicalizadas.
El análisis de estas cuestiones obliga a plantear ciertas interrogantes.

¿Fue Debali un buen músico?

El compositor y musicólogo uruguayo Coriún Aharonián (1940-2017), uno de los más


recientes polemistas en el tema que me ocupa, afirma: “Debali tiene oficio de músico de
conservatorio, pero no es un compositor de fuste”. 178 En postura opuesta se encuentran otros
musicólogos nacionales que valoran su capacidad de compositor, en primer lugar Lauro
Ayestarán (1913-1966) y también estudiosos extranjeros. El húngaro Józef György Farkas
destaca: “fue, según varios historiadores de la música argentinos y uruguayos, el más
talentoso y educado compositor de su tiempo”.179 El problema es definir “fuste”, empleado
por Aharonian. En tal sentido vale tener en cuenta la revalorización actual de compositores
que habían sido “enterrados” por la crítica, o el caso contrario, nombres y obras casi
glorificados en su momento, que se han esfumado.
Debali nació en 1791 en Kolozsvár, en ese momento perteneciente al condado de Cluj del
reino de Hungría (hoyes Kajántó -en español Chinteni- en la Transilvania rumana). Szabó
opinaba que había nacido en Oltenia, Pequeña Valaquia, 180 otra región de la actual Rumania,
en ese momento bajo dominio austro-húngaro, basándose en una documentación de
migración de Debali, expedida en Milán, donde figura “Kinséen”. 181 No se ha podido
identificar esa localidad, pero hay fuentes que indican “Kineen” o “Kinnen”, fonética
húngara aproximada del nombre de la ciudad rumana de Câineni, en Oltenia.
Su formación musical comenzó con su padre, músico militar seguramente de sólida
formación, ya que había estudiado con Franz Joseph Haydn (1732-1809) y que bautizó a su
hijo con los nombres de su admirado maestro.182 El joven siguió los pasos de su padre y en
la adolescencia ingresó como músico en el ejército húngaro. Hacia 1820 viajó a Leipzig y
después a Viena para completar su formación musical.
Se ha dicho que el joven también fue alumno de Haydn, 183 pero esto no parece probable.
La última visita de Haydn a Hungría fue en el verano europeo de 1803 y en esa época estaba
física y mentalmente muy disminuido.184
En 1829 se trasladó a Alessandria, en el Piamonte, perteneciente al reino de Cerdeña. Allí
ocupó varios cargos, entre ellos Maestro de Capilla de Ovda y Finale Marina, y Músico

178
Aharonián C. “Que el alma pronuncia” aportes a la confusión general en torno al Himno Nacional y sus
autores”. Web [Link] (Consultado: 30/04/2021).
179
Farkas J.G. “Debály Ferenc József - Montevideo”. En Magyar emlékeknyomában. 2020. október 5.
Disponible en: [Link]
(Consultado: 17/04/2021).
180
Gran Enciclopedia Rusa. OLTENIA(Большаяроссийскаяэнциклопедия. ОЛТЕ́ НИЯ). Disponible en
[Link] (Traducción automática Google. Consultado 04/04/2021).
181
Szabo L. Magyar múltDél-Amerikábarn, 1519-1900. Citado por Lászlóffy Z. (Vide infra).
182
Anon. Ferenc Jósef Debály.
En: [Link] (Traducción automática Google,
consultado 04/04/2021).
183
Lászlóffy Z., “ErdélyimuzsikusokDél-Amerikában (I)”. Helicon, 2015, februar 14. Disponible en
[Link] (Traducción automática Google.
Consultado 04/04/2021).
184
Jones D.W., The Life of Haydn. Cambridge Academic Press, Cambridge. 2009.

58
Mayor de los Regimientos de Savona, Casal y Piamonte.185 En esta época se casó con la
genovesa Magdalena Bagnasco (fechas de nacimiento y muerte inciertas).
De entonces datan muchas de sus composiciones. A las obras compuestas en Europa, se
suman en el “Archivo Debali”, custodiado en el Museo Histórico Nacional, las muchas
compuestas en Uruguay, los arreglos que realizó para obras escénicas y un gran volumen de
partituras de otros compositores.186
El matrimonio Debali - Bagnasco tuvo seis hijos, entre ellos José Debali (1841-1933),
nacido en Montevideo en 1841 y también músico, radicado en Paysandú desde c.1860.

¿Fue la fiebre amarilla la razón para que Debáiy llegara a Uruguay?

En cierto momento, por causas poco precisas, Debali decidió trasladarse a América, eligiendo
como destino Brasil. Se embarcaron en 1838, pero su decisión se vio frustrada al llegar a São
Paulo, donde se desarrollaba una epidemia de fiebre amarilla.
Esa afirmación merece ser puesta en duda ya que el diagnóstico se fundamenta en relatos
de algunos síntomas, que son comunes a más de una enfermedad infecciosa. Es un hecho
histórico que se registraban casos de la enfermedad en varias partes de Brasil, al menos desde
fines del siglo XVII 187 y quizás antes. Aun así, no se describe en los estados del sur de Brasil.
Si como se cree, el ingreso epidémico de la enfermedad fue a través de alguno de los puertos
norteños188,189 no parece haber llegado a Rio de Janeiro antes de 1849 o 50. El célebre médico
franco-brasileño José Francisco (Joseph-François-Xavier) Sigaud (1796-1857), miembro
fundador de la Academia Nacional de Medicina de Brasil190 afirmaba que la infección llegó
a Rio de Janeiro en el Navarre,191un buque “negrero” procedente de Nueva Orleans, que
había hecho escalas en La Habana y Salvador de Bahía, antes de atracar en Rio de Janeiro,
en diciembre de 1849.192 Pero en realidad los casos fueron esporádicos. Recién en febrero de
1850 la fiebre amarilla se instaló en forma epidémica en la capital del entonces Imperio del
Brasil. 193 Muy poco después llegó a Santos, puerto de la provincia (actual estado) de São
Paulo, donde también cobró carácter epidémico.194

185
Farkas., Op. cit.
186
Ayestarán L. La Música en el Uruguay. Vol. 1. Servicio Oficial de Difusión Radio Eléctrica, Montevideo,
1953.
187
Franco O., História da febre-amarela no Brasil. Rio de Janeiro, Ministério da Saúde. Departamento Nacional
de Endemias Rurais, 1969.
Disponible en: [Link] (Consultado: 21/04/2012).
188
Marcondes de Rezende J. O desafio da febreamarela. Citado en Rezende JM. À sombra do plátano: crônicas
de história da medicina. São Paulo. Unifesp, 2009 (versión en linea). Consultada: 21/04/2021.
189
Franco O. Op. cit.
190
Academia Nacional de Medicina. “José Francisco Xavier Sigaud”. Disponible en:
[Link] (Consultado: 29/04/2021).
191
Sigaud J-F-X. Du Climat et des Maladies du Brésil: ouStatistiquemédicale de cetempire. Paris. Fortien,
Masson& Cie., 1844 (Re-edición: NabuPress, 2014).
192
Ferreira K.V y Rocha K.C, Zambeli Caputtto L, Affonso Fonseca AL, Affonso Fonseca FL, “Histórico da
febreamarela no Brasil e a importância da vacinaçãoantiamarílica”. Arquivos Brasileiros de Ciências da Saúde
2011; 36, n.1; pp. 40-47.
193
Ferreira K.V, et al. Op. cit.
194
Rezende J.M., À sombra do plátano: crônicas de história da medicina. São Paulo. Unifesp, 2009 (versión
enlinea). Consultada: 21/04/2021.

59
En suma; en 1838 no existía epidemia de fiebre amarilla en São Paulo, donde algún autor
dice que Debali y su familia permanecieron por un corto lapso. 195 Esto tampoco parece
defendible, a menos que lo que ocurriera fue una breve estadía del barco en el puerto de
Santos, para proseguir a Montevideo, o para cambiar de embarcación.
Lo que no puede descartarse, pese a la inexistencia de una epidemia (la cual recién se
instalaría dos años después), es que circularan rumores alarmistas y gran temor. Fuera cual
fuese la razón, los Debali desembarcaron y se afincaron en Montevideo.

¿Fue importante la actuación musical de Debali en Uruguay?

La preocupación inmediata de Debali fue conseguir trabajo para el sustento familiar. La


búsqueda no fue muy prolongada; su dilatada experiencia en la dirección de bandas militares
hizo que rápidamente ingresara a la banda de la Guardia Nacional, en la cual actuó como
instrumentista, director y arreglador. Ayestarán afirma; “Indudablemente, la presencia de un
músico como Francisco José Debali, dio a las bandas militares a partir de 1839 un impulso
extraordinario. Ricas instrumentaciones se conservan en su archivo”. 196
Poco después fue contratado en la Orquesta de la Casa de Comedias (o Coliseo), Este fue
el primer teatro instalado en Montevideo, fundado en 1793 a iniciativa del comerciante
portugués Manuel Cipriano de Melo (o Meló, o Mello) y Meneses (1742-1813)197,198,199 (y
no Mencia, como se dijo durante mucho tiempo, hasta que lo dejó en claro Sabat Pebet).200
Melo procuraba “divertir los ánimos de los habitantes de este pueblo que podrían padecer
alguna quiebra de su fidelidad, con motivo de la libertad que había adoptado la República
Francesa”.201
Esta no era una simple orquesta pueblerina, aunque no debe pensarse en conjuntos tan
numerosos como las orquestas sinfónicas actuales. Entre fines del siglo XVIII y comienzos
del XIX una orquesta estaba compuesta por cuerdas (unos 18 a 20 músicos) más dos oboes,
dos cornos y timbales. Según los requerimientos se agregaban flautas traveseras, clarinetes,
fagotes, trompetas y más raramente otros202, elevando el número a 30-35 ejecutantes. Esos
últimos provenían de bandas militares.203 Tampoco era raro que a falta de ejecutantes idóneos
se suprimieran o sustituyeran algunos de los instrumentos. Otras veces la solución era
arreglar las obras según las posibilidades. Debali efectuó múltiples de esos arreglos.

195
Free-scores. Francisco José Debali. Disponible en: [Link]
[Link]?CATEGORIE=160&compositeur=Francisco-Jose-Debali# (Consultado: 26/04/2021).
196
Ayestarán L. Op. cit.
Bustamante F., “La implantación colonial y el nacimiento de una conciencia criolla”. En: Achugar
197

H y Moraña M (Coord.). Uruguay: Imaginarios culturales. Desde las huellas indígenas a la


modernidad. Montevideo. Trilce, 2000, pp. 37-66.
198
Prado F. , “A carreiratransimperial de don Manuel Cipriano de Melo no rio da Prata do século XVIII”
(Tradução do inglês de Meggie Rosar Fornazari). Topoi 2012;13( 25):168-184.
199
Soiza Larrosa A. “El Hospital de Caridad de Montevideo en el siglo XIX (1825-1900)”. En: Gutiérrez Blanco
H., Médicos Uruguayos Ejemplares. Vol 2. Montevideo. Imp. Rosgal, pp. 477-493.
200
Sabat Pebet J.C. “Las Bibliotecas de Don Manuel de Meló y Doña María Clara Zabala”. Boletín Histórico
N° [Link]. Imp. Castro, 1958; pp.134-162.
201
Rama A. “180 años de literatura”. Enciclopedia Uruguaya II. Montevideo. Arca: Editores Reunidos, 1968;
23-39.
202
Soler Campo S. “Mujeres, música y liderazgo”. La ventana (Guadalajara) Vol 6 N° 52 Epub 16-sep-2020.
Disponible en: [Link] (Consultado 04/04/2021).
203
Ayestarán L. [Link].

60
Dice Ayestarán: “A partir de 1838 el nombre de este distinguido maestro húngaro
comienza a aparecer en las funciones del teatro como clarinetista y como director. En 1841,
su cargo de Maestro Mayor del Ejército le impide atender de una manera permanente esas
funciones (…). Sin embargo le veremos tomar la dirección en numerosas oportunidades
durante la Guerra Grande, especialmente en el año 1845”.204
En la Casa de Comedias, además de teatro, se ejecutaban desde obras que requerían pocos
músicos (entremeses, tonadillas) hasta óperas, con una orquesta de tipo europeo y coro. El
exhaustivo análisis que realizó María del Carmen Macchi Cabrera en su tesis de doctorado
en Sociedad y Cultura,205 se detallan obras musicales de cierta exigencia, como algunas de
Juan de Hidalgo (1614-1685), José de Nebra (1702-1768), Esteban Cristiani (c.1770-1829),
Blas de Laserna (1791-1816), Melchor Ronci (que en realidad era violinista206, ¿habrá
arreglado alguna pieza de música, quizás un pasticcio como en la época se estilaba?), Patricio
Soler, del cual existen pocos datos, pero se sabe que contribuyó (¿compuso? ¿recopiló?)
música para la comedia “El avaro” del libretista Giovanni Bertati (1735-1815) en adaptación
al español del dramaturgo Luciano Francisco Comella (1751-1812),207Domenico Cimarosa
(1749-1801), Giuseppe Sarti (1729-1802) y quizás también Valentino Fioravanti (1764-
1837).208
Macchi se pregunta si algunas de las obras musicales interpretadas no serían de Pedro
Aranaz (y Vides, 1740-1820, un destacado compositor especialmente de música religiosa),
pero comete un error confundiéndolo con Antonio Aranaz, a quien Ayestarán dedica varios
párrafos de su magna obra. Este músico actuó también en Buenos Aires 209 y en Santiago de
Chile. En Uruguay ejecutó algunas de sus tonadillas escénicas. Existe asimismo
documentación de la actuación de Manuel Dionisio Calbo.210 De este compositor no existen
más datos localizados hasta el presente, siendo la primera vez que se lo cita en la mencionada
tesis de Macchi, quien parece inclinarse por pensar que su apellido sería Calvo. Pero bien
podría ser realmente Calbo o Calbó (un apellido de origen catalán 211 existente en Uruguay).
Dentro de la música puramente instrumental, se destacaban las sinfonías, nombre que en
realidad correspondía a oberturas, ya fuera de óperas u otras obras escénicas, o bien piezas
independientes. Debali compuso varias de estas últimas.

204
Ayestarán L. Op. cit.
205
Macchi Cabrera M. del C., Estudio analítico del repertorio registrado en el Libro 51 de la Casa de Comedias
de Montevideo (1814.1818). Repercusión de la actividad teatral madrileña en la cuenca del Plata. Tesis.
Universitat de Barcelona. Facultat de Geografia e Història. Doctorado Societat i Cultura. Vol 1. Barcelona,
1918. Disponible en: [Link] (Consultado 04/04/2021).
206
Diario de Madrid que comprehende los meses de Enero, Febrero y Marzo de 1792. Tomo XXIII. Madrid.
Imprenta de Hilario Santos.
207
Esa obra había sido puesta en música por Pasquale Anfossi (1727-1797) pero en España se utilizó parte de
su música agregándosele piezas de Bianchi (¿Antonio? c.1755 o 58-d.1817, ¿o Giuseppe Francesco? c.1752-
1810, quien también escribió una ópera del mismo nombre),
208
Kleinertz R. Grundzüge des Spanischen Musiktheatersim [Link]. Ópera, Comedia und Zarzuela.
Band II. Kassel. Ed. Reichenberger, 2003,p. 57.
1949;I/1-8:37-45.209 Trenti Rocamora J.L., “La música en el teatro porteño anterior a 1810”. Revista de Estudios
Musicales.
210
Macchi Cabrera M. del C, Op. cit.
211
Instituto de Historia y Heráldica Familiar. Origen, Historia y Heráldica de 1os Apellidos Españoles e
Hispanoamericanos. “Apellido Calbó”.
Disponible [Link]
(Consultado 05/04/2021).

61
Las representaciones operísticas sucedieron y finalmente sustituyeron a las tonadillas
escénicas españolas. Dice Ayestarán: “su caída es vertical ante el primer asomo de música
italiana”. 212 La primera ópera interpretada en forma completa en Montevideo fue
“L´ingannofelice” de Rossini, aunque había sido precedida por una versión de concierto de
“Ilbarbiere di Siviglia” del mismo compositor, en 1829.213
Debali estaba empapado de música de ópera. Tanto sus actividades en Europa como las
posteriores en Uruguay incluyeron el estudio y la ejecución, a veces como instrumentista en
la orquesta (era clarinetista pero de ser necesario podía tocar otros instrumentos de madera)
y otras como director, de óperas completas o de fragmentos de las mismas, que era la manera
habitual de aproximarse a ese género musical así como de practicarlo en ejecuciones de
cámara e incluso en el ámbito hogareño, en arreglos para piano u otros instrumentos.
Veremos la importancia que esto puede haber tenido para la composición del himno.
Debali falleció en Montevideo el 13 de enero de 1859.

¿Fue Debali el autor del himno nacional del Uruguay?

Siendo este el aspecto central del artículo, merecería un detenimiento que, sin embargo, no
recorreré. Los análisis por especialistas son múltiples y accesibles, 214 215 216 217 lo que me
exime de una reiteración torpe, para lo cual, además, carezco de credenciales profesionales.
No obstante, es necesario realizar algunos apuntes que centran mi decisión de incursionar en
el tema.
Cuando Debali inició su actividad musical en Montevideo, trabó conocimiento y en
algunos casos amistad, con otros protagonistas de la actividad cultural de la ciudad. Entre
estos se contaba Fernando José Nicasio Quijano (1805-1871), un actor dramático, que era
además periodista, militar y músico aficionado: tocaba el piano y la guitarra y cantaba. En
esta última condición dejó algunas pocas obras contando a veces con la ayuda de Debali para
escribir la notación musical, para lo cual él no tenía capacidad. 218
La relación entre Quijano y Debali se inició en el ejército, cuando ambos integraban los
cuerpos que luchaban en el bando que se enfrentó a las fuerzas invasoras de Juan Manuel de
Rosas (1793-1877), que sitiaban Montevideo. Esa relación es descrita como de gran amistad,
hasta el punto de que Debali viajó como director de orquesta con la compañía teatral de
Quijano a Buenos Aires en 1849. 219,220
Como compositor, el total de sus obras asciende a 143 y están en custodia del Museo
Histórico Nacional. Comprende: música religiosa, oberturas, fantasías, tríos, dúos, danzas,
himno nacional y piezas para banda Dice Ayestarán, quien estudió detenidamente su obra;
“Su clásica escritura musical lo revela como un maestro en la instrumentación y la forma”.221.
212
Ayestará, L., Op. cit.
213
Salgado S., The Teatro Solis: 150 Years of Opera, Concert and Ballet in Montevideo. Middletown, CT.
Wesleyan University Press, 2003.
214
Aharonián C., Op. cit.
215
Amarilla Capi M., La música en el Uruguay. Montevideo, Ed de la autora. Imp. Tradinco, 1992.
216
Ayestarán L., Op. cit.
217
Balzo, H., Variaciones sobre un mismo tema. Enciclopedia Uruguaya (cuadernos literarios) N° 35
Montevideo. Editores Reunidos y Arca, 1969.
218
Ayestarán L., Op. cit.
219
Amarilla Capi M., Op. cit.
220
Ayestarán L., Op. cit.
221
Ayestarán L., Op. cit.

62
Lamentablemente, su obra es desconocida, salvo por eruditos, ya que no se la ejecuta ni se la
graba.
Desde la proclamación de la república, los gobernantes uruguayos procuraron dotar a la
patria de un himno, siguiendo la senda que ya habían recorrido repúblicas independizadas
antes. En el territorio que después sería Uruguay se cantaba en todo acto oficial la Marcha de
Parera, que como vimos simbolizaba a las Provincias Unidas y no era todavía el himno
argentino. Pero después de la independencia uruguaya comenzó la búsqueda de un himno
propio. En esa época Francisco Esteban Acuña de Figueroa (1791-1862), el “primer poeta
nacional”, estaba empeñado en lograr que se aceptara una de las varias letras que proponía
para un himno. Consiguió su propósito en 1833 (aunque la letra sufriría modificaciones en
1845), cuando el 8 de julio el gobierno decreta: “Declárase Himno Nacional el compuesto
(…) por Francisco Acuña de Figueroa (…) encargándose al Ministro de Gobierno disponga
la composición de música… etc.” No es este lugar para extender el análisis a las críticas que
ha merecido esa letra.222 223
El aspecto que interesa es la situación generada en ese mandato de “composición de
música”. Otro decreto de 25 de julio de 1848, fundamenta que “Entre muchas (músicas) que
varios profesores le han adoptado (sic) en diversas épocas (se) ha producido (…) una especie
de anarquía. (Por eso) declárase Nacional y esclusiva (sic), la música que (…) ha compuesto
el ciudadano D. Fernando Quijano… etc.”
No resulta claro de dónde surge la idea de la autoría de Quijano. Podría tratarse de una
confusión con otro “himno nacional” que se cantó el 3 de junio de 1840, con música de “Un
oriental”, seudónimo que utilizaba Quijano. La confusión (si es que lo fue) debe haberse
prolongado porque Debali tardó 9 años en reclamar la autoría. Esto pudo deberse a que no
conoció el decreto, o a su pobre manejo del español. En su carta, declarándose autor, escribe:
“dígalo el mismo Sr. Quijano a quien creo bastante caballero para no quererse atribuir lo que
no le pertenece ni puede pertenecerle. En honor de la verdad, debo decir que aquél señor tuvo
efectivamente alguna parte en la composición de la música porque él fue quien me hizo
penetrar del espíritu del Himno (se refiere a la letra) y en cierto modo del tono que debía
asumir aquélla; pero esto no quiere decir de ninguna manera que sea él su autor". Es un hecho
que Quijano no hizo ningún reclamo, pero desde entonces se generó una polémica entre
“quijanistas” y “debalistas”.224
La disputa pareció zanjarse definitivamente después del sesudo análisis de Ayestarán, que
presentó argumentos, rematado así: “Si se estudia la forma musical del Himno Nacional, se
verá la presencia de un compositor experimentado, y por un sistema lógico de «despejar
incógnitas» puede llegarse a la certeza de que el autor de su música fue el maestro
húngaro”225. Sin embargo, la polémica no se extinguió. Fueron de los más enfáticos
quijanistas el guitarrista Cedar Viglietti (1908-1978)226 y el historiador Edmundo J. Favaro

222
Zum Felde A., “El Himno Nacional”. Diario El Día (Montevideo), Edición de la Tarde, lunes 13 de
setiembre, 1920. Recopilado en: Cortazzo U. Zum Felde, crítico militante. Montevideo, Arca. 1981, p. 44-47
(En: [Link]
_zum_felde_critico_militante.pdf (Consultado: 30/04/2021).
223
Aharonián C., Op. cit.
224
Amarilla Capi M.,, Op. cit.
225
Ayestarán L., Op. cit.
226
Viglietti C., “La guitarra en el Himno Nacional” (2ª parte). ResonanciasDurazno, 1967; IV (37):22-25.

63
(1907-1957).227 Este último afirmó rotundamente: “la intervención de Quijano como autor
del himno es indiscutible (…). El uno concibió, creó; el otro realizó, embelleció y completó
la obra”. Es interesante comprobar que pese a su “quijanismo” no lo hace a título de
exclusividad; dice “intervención”, lo cual parece apuntar a colaboración, aunque después
enfatiza “concibió” y en especial “creó”. ¿Es posible que creyera que Quijano tocó la idea
melódica germinal? Y minimiza la participación (aunque no la niega) de Debali: “realizó”
(¿escribió?), “embelleció” (¿armonizó?), “completó la obra”.
En el bando “debalista” se ubican quienes aceptan como definitiva la opinión de
Ayestarán, p. ej. el compositor y crítico musical Roberto Lagarmilla (1913-1992)228 y el
pianista y docente Hugo Balzo.229 Una tímida declaración del gobierno, de 1934, parece
intentar una solución salomónica, declarando a Quijano y Debali coautores del Himno, pero
en 1976 un nuevo decreto acepta la autoría única del último.
Los chispazos de la polémica llegan hasta los últimos años. La más punzante es la de
Aharonián. No se puede desmerecer la detallada argumentación y referencias que utiliza,
aunque por momentos parece buscar a como dé lugar, argumentos que inclinen la balanza
hacia el quijanismo. Aunque no lo dice, algunos de los argumentos muestran que preferiría
(esta es una opinión personal mía) que fuera Quijano, por su carácter de músico “popular”,
en contraposición al “culto”. Es necesario seguir con cierto detalle su argumentación. “Para
componer música no se necesita saber escribir música. La notación musical es una
codificación, útil para fijar, guardar y decodificar lo sonoro. No es menos músico quien no
escribe.” Sería bueno conocer en detalle lo que definía como “músico” y que extensión le
daba al concepto. Por ejemplo ¿es músico quien silba o tararea una idea musical que le viene
a la mente y que no es algo previamente oído, sino “original”? ¿Es músico quien puede dar
indicaciones, en la imposibilidad de escribirla, a otra persona? Esto parece no requerir
excesivo detenimiento, teniendo en cuenta que tanto Johann Sebastian Bach, como Wolfgang
Mozart dictaron obras en etapas finales de sus vidas. Pero si no se tiene la formación
necesaria para tal dictado, las indicaciones deberán ser audibles (vuelvo al silbado o al
tarareo). Es también bien conocido que, existen obras que surgieron de la colaboración de
alguien con facilidad para crear ideas melódicas y otra persona capaz de traducirlo en
lenguaje musical escrito.
Sigue Aharonián: “Fernando Quijano responde al perfil de los músicos populares: no
escribe música, por analfabetismo musical o por haraganería (que nace de la no necesidad de
escribirla), pero consta que es autor de varias canciones” En realidad no sabía escribir música.
De sus obras (no se conocen más que tres), al menos una fue notada precisamente por Debali.
Pero tocaba el piano y la guitarra (¿de oído?) lo cual permite considerarlo realmente un
músico.
No pretendo terciar en este terreno. No soy músico. Pero dije antes que en las
argumentaciones se hacen notorias las posturas “popularistas” de Aharonián. Esto no es
negativo, la buena música popular es valiosa, sin necesidad de mayor argumentación. Pero
Ahoranián tiñe sus opiniones con referencias políticas a mi juicio desubicadas. En el texto
que cito, las consideraciones entre paréntesis son de mi responsabilidad: “La dictadura
siguiente (lo cual es un hecho y por tanto indiscutible) complica las cosas (lo cual es, ahora,

227
Favaro E.J., “Ensayo histórico sobre los antecedentes del Himno nacional del Uruguay”. Boletín Latino-
Americano de Música 1938; 4:571-634. (Citado por Aharonián).
228
Lagarmilla R., Músicos uruguayos. Montevideo. Medina, 1970.
229
Balzo H., La vida musical. Enciclopedia Uruguaya N° 35. Montevideo. Editores Reunidos y Arca, 1969.

64
un juicio de valor) estableciendo que el autor único es Debali”. En realidad no es la dictadura
la que lo establece, sino un grupo de trabajo que aconseja atribuirlo a Debali. Pero aparece
nuevamente el sesgo en Aharonían, afirmando que fue una “misteriosa labor”. Dado que no
se hizo pública la integración del grupo sería legítimo -a mi juicio- hacerlo notar, pero mal
podría ser misteriosa dado que la opinión de Ayestarán, que el grupo no puede haber dejado
de tener en cuenta, era de enorme peso.
Para dar fuerza a su argumento, Aharonián parece buscar desacreditar a Debali,
contraponiendo su labor con la de Quijano: “El oficio cotidiano de Quijano lo habilita para
improvisar cantos, patrióticos o no, y para acompañarlos al piano o en la guitarra. Las
dificultades de Debali para lidiar con un canto patriótico americano se dan en dos planos: su
sorprendente mal manejo del idioma castellano y su amaneramiento melódico…” Nótese,
Quijano está habilitado (lo cual mal podría yo poner en duda) pero Debali maneja
“sorprendentemente” mal el castellano. Bastaba con decir mal, el propio Debali lo admitía y
no puede extrañar en alguien que debió aprender el idioma en la adultez, pero el énfasis
parece un exceso. En cuanto al “amaneramiento”, es el propio del lenguaje musical del final
del clasicismo (época en que se educó Debali) y comienzos del romanticismo. Una nueva
afirmación desmerecedora, aparece en la discusión que hace Aharonián de una parte de la
musicalización del himno, que califica de error: “Es difícil suponer que un actor con dominio
de la lengua y del decir haya podido cometer tal error” Vale decir, el error debe ser, sin duda,
parte de la contribución del húngaro, aunque intentando suavizar su discurso, agrega “para
mitigar en algo la vergüenza de Debali… etc”). Nuevamente, recurre a un supuesto
sentimiento de deshonra, que no tiene sentido. Menos agresivos, aunque no menos
desmerecedores, son otros comentarios; “…su talento de compositor de canciones no merece
mucho encomio”. “…o bien Debali era bastante descuidado al escribir” y “la colección de
lugares comunes que constituyen la forzada introducción”.
Sigue Aharonián: “Debali tiene oficio de músico de conservatorio, pero no es un
compositor de fuste”; ya hice referencia a esto, pero vale la pena reiterarlo porque no es la
opinión de otros musicólogos que, por el contrario, afirman que las composiciones de Debali
son de gran valor. Ayestarán creía que su música era “de una calidad técnica realmente
insólita en el medio en que le toca actuar”.230Aharonían cree que Ayestarán “hubiera
cambiado de opinión si hubiera vivido un poco más y hubiera podido desarrollar un poco
más su visión teórica del quehacer del músico popular”. 231 Al margen del hecho de que pocos
musicólogos se han ocupado con tanta profundidad en el estudio y valoración de la música
popular como Ayestarán, lo que hubiera ocurrido con él, o con cualquier otro creador o
pensador, en el terreno que fuera, en caso de vivir un poco más, no pasa de ser especulativo
e indemostrable. Nótese el encadenamiento reiterado del subjuntivo “hubiera”, que quita
peso al razonamiento, al requerir al menos tres condiciones que conducirían a la siguiente.
A partir de aquí, confesaré mi “debalismo” y aceptaré mi condición de amateur, dada mi
confesa ineptitud musicológica. Pero no soy fanático. Me convence la argumentación de
Ayestarán, aunque estoy dispuesto a cambiar mi opinión si aparecen nuevos argumentos
sólidos en contrario. Admito que la colaboración de Quijano es posible y que quizás sugirió
ideas a Debali, tocándolas en el piano o en la guitarra. Por el momento, creo que -de haber
sido así- la abrumadora mayor parte de la obra es de Debali.

230
Ayestarán L., Op. cit.
231
Aharonian C., Op. cit.

65
¿Fue un plagio lo que hizo Debali con el himno?

Las semejanzas entre el comienzo del Coro del Himno con un fragmento de pocos compases
de la ópera “Lucrezia Borgia” de Donizetti no escapó a nadie. Tanto quijanistas como
debalistas admitían que ese fragmento melódico podía estar “en el oído” de cualquiera de los
dos posibles autores. No existe constancia de que hayan conocido la ópera completa, pero en
la época era frecuente la ejecución de fragmentos. Debali, por otra parte, podría haber
conocido la obra en alguna representación durante su vida en Italia. La ópera es de 1833 y
fue estrenada en Milán, pero no hay constancia de que se haya representado en los sitios en
que se desarrolló la estadía de Debali en Italia, aunque no puede descartarse que oyera
fragmentos o incluso que leyera al menos fragmentos de la partitura.
Esta brevísima aparición de ese fragmento condujo a algunos a estampar la palabra
“plagio”. Un artículo sin atribución de autor, publicado el 26 de Agosto de 2015 en el sitio
web de la British Broadcasting Corporation (BBC), detalla lo que describe como “Varios de
los himnos nacionales del mundo son chocantemente similares a otras composiciones” 232. En
realidad el artículo es un comentario a un libro del periodista Alex Marshall, 233 en el que se
presentan gran cantidad de ejemplos de auténticos plagios en los que se utiliza todo la música
de otro himno adaptándole un texto local, de copias parciales de algunos y de similitud de
ideas, como es el caso del uruguayo. Allí se dice que Debali pudo haber escuchado la música
de la ópera pocos años antes de escribir el himno, pero esto no es verdad, al menos para
Montevideo. La ópera fue estrenada en la capital uruguaya después de finalizada la guerra
grande, lo que ocurrió en 1851234.
Es importante tener en cuenta que en la primera mitad del siglo XIX la utilización de
fragmentos, a veces extensos, de obras ajenas, era común en la música. Solo cuando se trataba
de obras completas, o casi completas, el autor original solía reclamar. De otro modo se
consideraba un hecho habitual. El propio Aharonian, investigando el himno nacional,
encontró similitud entre otro fragmento del coro y un pasaje de la primera sonata para piano
de Beethoven (la Op. 2 N° 1 en fa menor)235. Por mi parte, puedo agregar que existe un
fragmento de otra obra de Donizetti similar a un breve pasaje de la Introducción del himno.
Se trata de la cantata “Aristea“. La razón para que esa semejanza no haya sido notada antes,
a mi juicio, obedece a que se trata de una obra de circunstancias, compuesta en 1823 para el
onomástico de Fernando I, rey de las Dos Sicilias. Después de la ejecución y una sola
repetición, pasó al olvido; la partitura fue archivada y recién salió a luz en 2012 cuando fue
grabada bajo la dirección de Franz Hauk. 236 Si se quiere ir un poco más lejos, también en la
ópera Ricciardo e Zoraide de Rossini, en el coro Qualgiorno, ahimè! d’orror”se puede oír
un fragmento similar a otro del himno uruguayo. Ignoro si tampoco este fue percibido antes.
Existen otros casos en varios himnos, de los cuales solo mencionaré la de la introducción
del Himno Nacional Argentino con una pieza de Muzio Clementi (1752-1832). ¿Constituye
todo esto un ejemplo de plagios, como clama el celo británico?. En todo tipo de música

232
BBC News. How many national anthems are plagiarized? 26 August 2015. Disponible en:
[Link] (Consultado: 12/04/2021).
233
Marshall A., Republic or death! Travels in Search of National Anthems. Great Britain. Random House, 2015.
234
Balzo. La vida musical., Op cit,
235
Se refiere a la primera de las publicadas, ya que fue precedida por la sonata inconclusa en Re mayor Biamonti
213, las tres sonatas “electorales” WoO 47 y la Eleonorem sonataWoOWoO 51, también inconclusa.
236
Lindner T., Gaetano Donizetti and his scenic cantata Aristea. Booklet attached to the CD recording of
“Aristea”. Germany. Naxos, 2012.

66
existen infinidad de casos de ciertos giros, células melódicas o incluso trozos extensos de
algunos compositores, que han sido tomados por otros y reelaborados, muy pocas veces se
trata de una utilización textual.
Aharonián señala apropiadamente que “hoy día, en una acusación de plagio, importa
fundamentalmente la intención, es decir el aspecto ético. El parecido puede ser meramente
casual y no responder a una intención de apropiación indebida”. Amarilla comparte la
opinión, expresando que “no significa que Debali tomara expresamente (el fragmento de
Donizetti), es un parentesco (…) sin que pueda significar plagio”. 237
Dado que Marshall es británico, es bueno recordar que el himno real inglés
(verdaderamente no es inglés, sino de la familia real, aunque en la práctica se lo utiliza como
si fuera nacional) encuentra sus primeras publicaciones hacia mediados del s. XVIII, con
títulos tales como Godsaveour lord the King. Esas versiones tienen semejanzas con una pieza
para clave de John Bull (1562 o 3-1628), más de un siglo anterior, y con otras varias de Henry
Purcell (1659-1695).238

Conclusión

Varios de los interrogantes que han subtitulado este artículo quedarán sin respuesta definitiva.
Salvo algunos datos irrefutables, de los cuales he dado cuenta, el resto, mayoritario, admite
opiniones discordantes. Apenas he marcado algunos elementos que dejan en claro mi propia
-y relativa- opinión.
Uno de los hijos de Debali, José (1841-1933), nacido en Uruguay, se trasladó a la ciudad
de Paysandú alrededor de 1860, contratado por el Jefe Político, coronel Basilio Pinilla (1804-
1864), para dirigir la Banda de la Compañía Urbana. 239Allí constituyó su familia y desarrolló
el resto de su actividad musical. Una de las más destacadas fue la primera ejecución de la
versión completa del Himno Nacional, el 12 de octubre de 1915.240 Asimismo dejó una
biografía de su padre, que quedó en manuscrito, conservado en el “Archivo Debali”
Citando a la Dra. Silvia Puente de Oyenard, médica y destacada poetisa, “el Himno
Nacional resuena en cada uno de nosotros”241. Es verdad, ya sea una obra de un músico
“conservatoril”, de uno “popular”, o de ambos; o se trate de un tejido en el que se cuelan
retazos de otros compositores, cumple con lo que se espera de un himno: lograr que quienes
se sintien uruguayos, al oírlo lo canten, con voz educada en estudios profundos, o con sonidos
desafinados, pero con idéntica emoción.●

237
Amarilla Capi M. Op. cit.
238
Scholes P. A., The Oxford Companion to [Link]. Oxford University Press, 1956.
239
La agrupación, ahora Banda Municipal, lleva su nombre, José Debali.
240
La versión oficial actual no es esa, sino la modificada por los ítalo-uruguayos Gerardo Grasso (1860-1937)
y Benone Calcavecchia (1886-1953), oficializada por decreto de 1938.
241
Puente de Oyenard S., El piano de Debali. La Red21 04 de marzo de 2011. Disponible en:
[Link] (Consultado 17/04/2021).

67
PRISIONEROS A LONDRES
Roberto L Elissalde242

Es bien conocido que en febrero de 1807 la ciudad de Montevideo cayó después de una
heroica resistencia en poder de los ingleses. Numerosos oficiales y soldados de Buenos Aires
y Paraguay que habían sido destinados a la defensa de esa plaza fueron enviados a los
pontones del Támesis, a tal extremo que el Comisario de Prisioneros Españoles informó al
ministro Cevallos el 18 de agosto de 1807 “el verdadero estado de desnudez de los
prisioneros, el más desastroso y deplorable” por lo que decidió hacer “un vestidillo a cada
uno”.
Entre otros males no les faltó el escorbuto y otras dolencias a causa del hacinamiento.
La victoria, que tuvo lugar el 5 de julio de 1807 sobre los británicos en Buenos Aires, y
que se conoció en Londres el 13 de septiembre fue motivo de una inmensa alegría entre
nuestros prisioneros. Muchos de ellos pasaron a la península y combatieron contra Napoleón.
No pocos autores se han referido en términos generales. En particular, los pioneros han
sido el historiador oriental Flavio A. García 243 y nuestro compatriota Bernardo N. Rodríguez
Fariña244 .
Horacio Vázquez Rivarola, oficial de la Marina Mercante Argentina, docente
universitario, autor de varios libros, entre ellos una biografía de don Pedro Cervino, y
fundador y director del Museo de la Escuela Nacional de Náutica, interesado en aquellos
hombres, junto con los historiadores españoles Arsenio García Fuentes, David Canorea
Fernández y Jesús Ruiz Burgos; Ronald Brighouse de Gran Bretaña y nuestros estimados
amigos Marcelo Díaz Buschiazzo y Juan Carlos Luzuriaga acometieron el trabajo de
investigar en los archivos de esos países “El Batallón Buenos-Ayres del Ejército de Galicia
en la guerra contra Napoleón” 245. Este es el primer trabajo integral sobre el tema, que ha
trabajado en distintas fuentes que les ha permitido hacer este valioso aporte, que merece ser
dado a conocer y con seguridad atrapará a los lectores.

242
Historiador. Miembro de número de la Academia Browniana, del Instituto Bonaerense de Numismática y
Antigüedades, del Instituto de Investigaciones Históricas de la Manzana de las Luces, de la Academia Argentina
de Artes y Ciencias de la Comunicación, de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina. Académico
correspondiente de la Academia Paraguaya de la Historia, del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay y
de la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial.
243
García, F. A., “Ruiz Huidobro y los prisioneros de Montevideo enviados a Gran Bretaña”, en Boletín
Histórico del Uruguay, Montevideo 1957, No 73-74, p. 55; “Papeles de las Invasiones Británicas”, en Boletín
Histórico del Uruguay, Montevideo 1966, No 108-111, p. 145 y ss.
244
Rodríguez Fariña, B., “Rioplatenses en la Guerra de la Independencia Española”, en Boletín Histórico del
Uruguay, Montevideo 1966, No 108-111, p. 189 y ss; “Las vicisitudes de los prisioneros criollos tomados en
Montevideo por los británicos durante la segunda invasión al Río de la Plata”, en Investigaciones y Ensayos,
Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, 1972, No 108-11, p. 189 y ss.
245
Vázquez Rivarola & Alt, H., El Batallón Buenos Aires del Ejército de Galicia en la guerra contra Napoleón,
Náutica Ediciones, Buenos Aires, 2019.

68
Como detalle al referirse a algunos de los personajes destacados, resultan de interés los
que no regresaron, como Mateo Ballesteros, quien continuó al servicio de las armas de
España y que en 1817 se encontraba en Lima con el grado de coronel. Además de Bartolomé
Rondeau (hermano de don José, que sirvió 41 años en la península); Juan Gerónimo Suárez
(permaneció destinado en el Perú); Fermín de Vega; Basilio de Yrigoyen; Vicente Miguel de
Vivero y Rivas; Roque Riobóo (gobernador de la plaza de Monterrey en 1840) y Miguel
Espiño.
Hace unos años trabajamos en el Archivo de Indias de Sevilla las listas de “Pasajeros al
Río de la Plata”, título con el que pensamos editar unos 4.500 nombres de personas que
viajaron desde España por distintas razones, de porteños o de otras ciudades del virreinato
que pasaron por nuestro puerto o el de Montevideo. Hemos tratado de agregarle la mayor
cantidad de datos posibles, más allá de los de interés que dan en muchos casos como
familiares, descripción física, equipaje que transportaban, etc. En esa larga nómina
encontramos los que obtuvieron permiso para volver y cuyas licencias se encuentran en
distintas salas del Archivo sevillano, que se convertirán sin duda en un nuevo aporte a un
tema tan interesante como desconocido que ha comenzado a tomar interés entre los
investigadores y que seguramente dará motivo a nuevas publicaciones.

ABAD, Teodoro. Militar. Natural de Justillana en el Reino de Navarra, hijo legítimo de Juan
José Abad y de Margarita Navarro, casó en la iglesia de San José de Arrecifes el 11 de
setiembre de 1780 con Jacinta Peñalva, hija de José Peñalba y Pascuala Gelves, vecinos de
ese lugar 246 . Hizo su carrera en el cuerpo de Blandengues de Buenos Aires, alférez el 10 de
setiembre de 1787247; teniente el 2 de febrero de 1793248 y capitán el 2 de mayo de 1799249 .
Participó en la defensa de Montevideo en enero de 1807, fue llevado prisionero a Londres.
Junto a 10 oficiales y 58 individuos, con licencia del 26 de mayo de 1810 regresó a dicha
ciudad en la fragata “La Margarita”250.
ACOSTA, Pedro. Militar. Soldado de Blandengues de Buenos Aires, el 26 de enero de
1802251, prisionero en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 26 de
mayo de 1810 se embarcó a esa ciudad en la fragata de guerra “Margarita”252 ; obtuvo su
retiro de “sargento con destino en esta capital” el 27 de julio de 1810 253.
ALONSO, Juan. Soldado del regimiento de Dragones de Buenos Aires, obtuvo cédula de
premio el 27 de setiembre de 1794254 y el 26 de octubre de 1797255 . Pasó a la Banda Oriental,
prisionero en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de
1810 pasó a dicha ciudad en la fragata “Águila”256.
ÁLVAREZ, Antonio. Militar. Carabinero del regimiento de Caballería de
Montevideo, prisionero en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7

246
Archivo de la Parroquia de San José de Arrecifes, Libro de Matrimonios No 1, f. 73v.
247
Archivo General de la Nación (en adelante AGN), Tomas de Razón, Libro No 5, 102.
248
Ib. Libro N°60, f. 168.
249
Ib. Libro N°60, f. 37.
250
Archivo General de Indias (AGI), Arribadas, 441, N.72 bis.
251
AGN. Tomas de Razón; Libro No 6, f. 241.
252
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
253
AGN, Tomas de Razón; Libro No 65, f. 408.
254
AGN, Tomas de Razón, Libro No9, f.415.
255
AGN, Tomas de Razón, Libro No 19, f. 116.
256
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.

69
de junio de 1810 se embarcó a esa ciudad en la fragata de guerra “Estrella”, casado con
María Antonia González257.
ÁNGEL, [Link] del regimiento de Dragones de Buenos Aires, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 pasó a dicha
ciudad en la corbeta de guerra “Diamante”258.
ARENAS, José de259 Hizo su carrera en el regimiento de Dragones de Buenos Aires:
portaguión el 11 de enero de 1799260; alférez, el 19 de julio de 1800261; teniente, el 23 de abril
de 1803262 . Capitán de la misma unidad con su asistente el soldado Ambrosio León, con
licencia del 6 de junio de 1810 pasó a Montevideo en la fragata “Estrella”.
AYALA, Venancio. Soldado del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 29 de mayo de 1810 se
embarcó a esa ciudad en la fragata de guerra “Activa” (a) “La Carmela”, con el teniente
Rafael Hortiguera. “La Carmela”263.
BARRERA, José. Sargento del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 29 de mayo de 1810 se
embarcó a esa ciudad en la fragata de guerra “Activa” (a) “La Carmela”, con Rafael
Hortiguera teniente de Caballería de Buenos Aires264.
BENÍTEZ, Vicente. Soldado del regimiento de Caballería de Montevideo, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 24 de mayo de 1810 pasó a
dicha ciudad en el bergantín “Fama”265.
BENITO, Andrés. Cabo de Infantería de Buenos Aires, prisionero en 1807 cuando el asalto
británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 pasó a dicha ciudad en la
fragata “Piedad”266.
CASAS, Ignacio. Soldado del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 28 de mayo de 1810 pasó a dicha
ciudad en la fragata “Indiana” 267.
CASTRO, Enrique. Soldado del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 se embarcó
a esa ciudad en la fragata de guerra “Diamante”268.
CAVERO DE TEJEDOR, Antonia. Mujer de Antonio Tejedor, prisionero en 1807 cuando
el asalto británico a Montevideo, con licencia del 28 de mayo de 1810 pasó a dicha ciudad
en la fragata “Indiana”269.

257
Ib.
258
Ib.
259
Vázquez Rivarola, [Link], p. 184-186.
260
AGN. Tomas de Razón, Libro No 1, f.240.
261
AGN. Tomas de Razón, Libro No 1, f. 177.
262
AGN. Tomas de Razón, Libro No 1, f. 120.
263
AGI, Arribadas, 441, N.63; AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
264
Ib.
265
AGI, Arribadas, 441, N.72bis
266
Ib.
267
Ib.
268
Ib.
269
Ib.

70
CHEVES, Joaquín. Hijo legítimo de Juan Antonio Cheves y de María Lumbida 270. Soldado
del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero en 1807 cuando el asalto británico
a Montevideo, con licencia del 26 de mayo de 1810 se embarcó a esa ciudad en la fragata de
guerra “Margarita”271. De estado soltero, fue sepultado con oficio cantado en la parroquia
de Luján, el 29 de marzo de 1820272.
CIPRIANO, Miguel. Cabo del regimiento de Caballería de Montevideo, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de junio de 1810 se embarcó a
esa ciudad en la fragata de guerra “Estrella”273.
COSTALES, José. Sargento del regimiento de Caballería de Montevideo, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de junio de 1810 se embarcó
a esa ciudad en la fragata de guerra “Estrella”274.
DAVIS, José. Criado de José Abad, capitán del Cuerpo de Caballería de Blandengues de
Buenos Aires, prisionero en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del
26 de mayo de 1810; pasó con éste a dicha ciudad en la fragata “La Margarita”275 .
DUARTE, Ignacio. Soldado del regimiento de Caballería de Montevideo, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 se embarcó
a esa ciudad en la fragata de guerra “Diamante”276.
ESPÍNOLA, José. Cabo de Infantería de Buenos Aires, prisionero en 1807 cuando el asalto
británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 pasó a dicha ciudad en la
fragata “Águila”277.
FARA, Sebastián. Soldado del regimiento de Dragones de Buenos Aires, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 19 de mayo de 1810 pasó a dicha
ciudad en el bergantín “El Restaurador”278.
FERNÁNDEZ, Clemente. Sargento del regimiento de Caballería de Montevideo, prisionero
en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 pasó a
dicha ciudad en la fragata “Piedad”279. Sargento el 10 de setiembre de 1804280.
FERNÁNDEZ, Juan. Soldado del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 se embarcó
a esa ciudad en la fragata de guerra “Diamante”281.
FERNÁNDEZ, Ramó[Link]érez del regimiento de caballería de Montevideo, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 pasó a
dicha ciudad en la fragata “Piedad”282. Había ingresado como alférez el 4 de junio de

270
Fernández de Burzaco, H., Aportes biogenealógicos para un padrón de habitantes del Río de la Plata,
Buenos Aires, 1986, T. II, p. 202.
271
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
272
Parroquia Ntra. Sra. de Luján (Luján), Libro de Difuntos No 2, f. 24
273
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
274
Ib.
275
Ib.
276
Ib.
277
Ib.
278
Ib.
279
Ib.
280
AGN. Tomas de Razón; Libro No21, f. 143.
281
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
282
Ib.

71
1803283, culminó su carrera como Capitán comandante del Regimiento No 1 de las milicas de
Campaña, en el 4º escuadrón284. Figura en las listas como Ramón o Román Rosendo.
GAMARRA, Mariano. Soldado del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero
en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 se
embarcó a esa ciudad en la fragata de guerra “Diamante”285.
GAONA, Tomás de. Soldado del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 26 de mayo de 1810 se
embarcó a esa ciudad en la fragata de guerra “Margarita”286 . Soldado de Blandengues el 30
de noviembre de 1801287, obtuvo una cédula de premio el 10 de setiembre de 1804 288.
GARCÍA, Amancio. Militar. Cabo del regimiento de caballería de Buenos Aires, prisionero
en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 28 de mayo de 1810 pasó
a dicha ciudad en la fragata “Indiana”289.
GARCÍA, Francisco. Militar. Cabo de Infantería de Buenos Aires, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 pasó a dicha
ciudad en la fragata “Piedad”290.
GONZÁLEZ, Francisco. Soldado del regimiento de Caballería de Montevideo, prisionero
en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 pasó a
dicha ciudad en la fragata “Piedad”291.
GONZÁLEZ, José. Cabo de Infantería de Buenos Aires, prisionero en 1807 cuando el asalto
británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 pasó a dicha ciudad en la
fragata “Águila”292 .
GONZÁLEZ DE ÁLVAREZ, María Josefa. Mujer de Antonio Álvarez, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 28 de mayo de 1810 pasó a
dicha ciudad en la fragata “Indiana”293. .
GONZÁLEZ BALCARCE, Antonio. Alférez del Cuerpo de Blandengues de la Frontera de
Buenos Aires, con su asistente Fructuoso Deza, granadero del Regimiento de Infantería de
Buenos Aires con licencia del 12 de setiembre de 1809, pasó a Montevideo en la fragata
“Santa Ana” (a) “La Humildad”. Ver: AGI, Arribadas, 440. N.201. Tratado por Vázquez
Rivarola294.
GONZÁLEZ BALCARCE, Diego. Alférez del Cuerpo de Blandengues de la Frontera de
Buenos Aires, con licencia del 12 de setiembre de 1809, pasó a Montevideo en la fragata
“Santa Ana” (a) “La Humildad”. Ver: AGI, Arribadas, 440. N.200. Teniente graduado de

283
AGN. Tomas de Razón; Libro No5, f. 210-211.
284
AGN. Tomas de Razón; Libro No85, f. 131.
285
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.; AGI, Arribadas, 441, N.63.
286
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
287
AGN. Tomas de Razón; Libro No6, f. 165.
288
AGN. Tomas de Razón; Libro No6, f. 351.
289
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
290
Ib.
291
Ib.
292
Ib.
293
Ib.
294
Vázquez Rivarola, [Link], p. 175-177.

72
infantería el 24 de febrero de 1807295 cuando estaba preso por los británicos y Capitán
agregado al Regimiento de Dragones de la Patria el 1 de marzo de 1812296 .
GRAS Y ARISTAN, Salvador. Criado del alférez Juan Zaldívar, prisionero en 1807 cuando
el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de junio de 1810 pasó a dicha ciudad en
la fragata “La Margarita”297.
HORTIGUERA, Rafael. Había ingresado al cuerpo de Blandengues de la Frontera en
1799298 y en marzo de 1806 era teniente de ese cuerpo299. Teniente de Caballería de Buenos
Aires, con licencia del 7 de junio de 1810 pasó a Montevideo en la fragata “Activa” (a) “La
Carmela”, con Gregorio Mons, subteniente de Caballería de Montevideo; el alférez
Prudencio Zufriategui, el sargento José Barrera y seis soldados.
IBARRA, Manuel. Criado del capitán José Rondeau, prisionero en 1807 cuando el asalto
británico a Montevideo, con licencia del 7 de junio de 1810 pasó con éste a dicha ciudad en
la fragata “La Estrella”300.
IBEAS, Francisco. Alférez del regimiento de Dragones de Buenos Aires, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 19 de mayo de 1810 pasó a
dicha ciudad en el bergantín “El Restaurador”301. Había ingresado como cabo de Dragones
el 27 de noviembre de 1794302, obtuvo una cédula de premio el 30 de noviembre de 1801303
y ascendió a sargento de artillería el 15 de mayo de 1803 304. Viajó con el criado José Rey.
LASCANO, Saturnino. Soldado del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero
en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 29 de mayo de 1810 se
embarcó a esa ciudad en la fragata de guerra “La Carmela”305.
LERMER, Lino. Soldado del regimiento de Caballería de Montevideo, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 se embarcó a esa
ciudad en la fragata de guerra “Diamante”306 .
LLANO, Gregorio. Alférez del regimiento de caballería de Montevideo, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 pasó a dicha
ciudad en la fragata “Piedad”307.
LUDUEÑA, José. Soldado del regimiento de Dragones de Buenos Aires, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 28 de mayo de 1810 pasó a dicha
ciudad en la fragata “Indiana”308 .

295
AGN. Tomas de Razón; Libro No5, f. 121.
296
AGN. Tomas de Razón; Libro No 69, f. 346.
297
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
298
AGN. Tomas de Razón; Libro No5, f. 116.
299
AGN. Tomas de Razón; Libro No5, f. 77.
300
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
301
Ib.
302
AGN. Tomas de Razón; Libro No3, f. 90.
303
AGN. Tomas de Razón; Libro No3, f. 276.
304
AGN. Tomas de Razón; Libro No4, f. 106
305
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
306
Ib.
307
Ib.
308
Ib.

73
MACHUCA, José. Soldado del regimiento de Dragones de Buenos Aires, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 pasó a
dicha ciudad en la fragata “Águila”309.
MARIN, Manuel. Sargento del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 28 de mayo de 1810 pasó a
dicha ciudad en la fragata “Indiana”310 . Teniente 2º de la 6a Compañía del Regimiento de
Granaderos Fernando VII el 5 de febrero de 1812311, Ayudante mayor 312 y Capitán de los
Granaderos de Infantería con fecha 26 de setiembre de 1814 y 20 de mayo de 1815 313.
MARIÑAS, Juan. Soldado del regimiento de Dragones de Buenos Aires, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 24 de mayo de 1810 pasó a dicha
ciudad en el bergantín “Fama”314.
MEDEYROS, Pedro. Soldado del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 28 de mayo de 1810 se
embarcó a esa ciudad en la fragata de guerra “Indiana”315.
MOLINA, Manuel. Cabo del regimiento de Dragones de Buenos Aires, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 24 de mayo de 1810 pasó a dicha
ciudad en el bergantín “Fama”316.
MONS, Gregorio. Subteniente de Caballería de Montevideo, prisionero en el asalto
británico de 1807, con licencia del 7 de junio de 1810 pasó a dicha ciudad en la
fragata “Activa” (a) “La Carmela”, con Rafael Hortiguera, Teniente de Caballería de
Montevideo; el alférez Prudencio Zufriategui, el sargento José Barrera y seis soldados 317 El
23 de diciembre de 1811, teniente del Regimiento Dragones de la Patria 318, figura como
Manuel Gregorio. Alcanzó el grado de Sargento Mayor el 2 de mayo de 1818319 , destinado
al Batallón de Aguerridos el 2 de setiembre de ese año 320.
MONTERO, José. Cabo de caballería de Buenos Aires, prisionero en 1807 cuando el asalto
británico a Montevideo, con licencia del 26 de mayo de 1810 se embarcó a esa ciudad en la
fragata de guerra “Margarita”321.
ORTIZ, Pedro Pablo. Alférez del regimiento de Dragones de Buenos Aires, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 19 de mayo de 1810 pasó a
dicha ciudad en el bergantín “El Restaurador”322 Su actuación en España en el Batallón
Buenos Aires ha sido estudiado por Vázquez Rivarola 323

309
Ib.
310
Ib.
311
AGN. Tomas de Razón; Libro No69, f. 430.
312
AGN. Tomas de Razón; Libro No73, f. 350.
313
AGN. Tomas de Razón; Libro No66, f. 360-362.
314
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
315
Ib.
316
Ib.
317
AGI, Arribadas, 441, N.63.
318
AGN. Tomas de Razón; Libro No68, f. 78.
319
AGN. Tomas de Razón; Libro No81, f. 147.
320
AGN. Tomas de Razón; Libro No81, f. 158.
321
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
322
Ib.
323
Vázquez Rivarola, op. cit., p. 171-175.

74
PALAVECINO, Juan. Soldado del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero
en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 se
embarcó a esa ciudad en la fragata de guerra “Águila”324
PEREIRA, Ignacio. Soldado del regimiento de Caballería de Montevideo, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 pasó a
dicha ciudad en la corbeta de guerra “Diamante”325
QUINTERO, Melchor. Soldado del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero
en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 se
embarcó a esa ciudad en la fragata de guerra “Diamante”326
REY, José. Criado de Francisco Ibeas y Pedro Ortiz, prisioneros en 1807 cuando el asalto
británico a Montevideo, con licencia del 7 de junio de 1810 pasó a dicha ciudad en la
fragata “La Margarita”327.
RÍOS, Pedro. Soldado del regimiento de Dragones de Buenos Aires, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 19 de mayo de 1810 pasó a dicha
ciudad en el bergantín “El Restaurador”328
ROBERTO, Gerónimo. Soldado del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero
en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 28 de mayo de 1810 se
embarcó a esa ciudad en la fragata de guerra “Indiana”329. En la parroquia de Cañuelas el
acta de defunción de Gerónimo Roberto, el 9 de agosto de 1863 a los cien años 330.
RODRÍGUEZ, Benito. Soldado del regimiento de Dragones de Buenos Aires, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 28 de mayo de 1810 pasó a
dicha ciudad en la fragata “Indiana”331.
RODRÍGUEZ, Francisco. Militar. Soldado del regimiento de Dragones de Buenos Aires,
prisionero en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de
1810 pasó a dicha ciudad en la corbeta de guerra “Diamante”332. El 19 de enero de 1817 se
le reconoce la antigüedad como subteniente graduado al 31 de enero de 1811333.
ROMERO, Juan Pío. Militar. Soldado del regimiento de Caballería de Buenos Aires,
prisionero en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 26 de mayo de
1810 pasó con ellos a dicha ciudad en la fragata “Margarita”334.
RONDEAU, José. Capitán del regimiento de caballería de Montevideo, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de junio de 1810 regresó a dicha
ciudad en la fragata “La Estrella”335, en compañía de su criado José Davis336. Hay sobre

324
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
325
Ib.
326
Ib.
327
Ib.
328
Ib.
329
Ib.
330
Parroquia Ntra. Sra. Del Carmen de Cañuelas, Libro de Difuntos No 1, f.180.
331
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
332
Ib.
333
AGN. Tomas de Razón; Libro No79, f. 3.
334
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
335
Ib.
336
Fernández de Furzaco, H., [Link], Buenos Aires, 1986, T. V, p. 410.

75
Rondeau una extensa bibliografía entre ellas la biografía de Ferrer 337 y Vázquez Rivarola se
ocupa extensamente en su libro 338.
ROSADO, Alejandro. Prisionero en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con
licencia del 7de julio de 1810 pasó a dicha ciudad en la corbeta de guerra “Diamante”339.
ROSALES, Juan. Alférez del regimiento de caballería de Buenos Aires, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 28 de mayo de 1810 pasó a dicha
ciudad en la fragata “Indiana”340 Teniente del Regimiento de Dragones de la Patria, 8º
escuadrón 4a Compañía el 23 de diciembre de 1811341.
SAEZ, Vicente. Cabo del regimiento de infantería de Buenos Aires, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de junio de 1810 se embarcó a
esa ciudad en la fragata de guerra “Estrella”342.
SALOMÓN, Lino. Soldado del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 29 de mayo de 1810 se
embarcó a esa ciudad en la fragata de guerra “La Carmela”343.
SAN GINES, León. Nació en Buenos Aires el 11 de abril de 1777, hijo de Manuel Antonio
San Ginés y de Francisca Xaviera Rodríguez de Vida. Fue bautizado el día siguiente en la
iglesia de la Merced por su tío el Pbro. Alfonso Rodríguez de Vida con los nombres de José
León, fue su padrino Juan Eugenio Rodríguez 344. Alférez del regimiento de caballería de
Buenos Aires, prisionero en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del
24 de mayo de 1810 pasó a dicha ciudad en el bergantín “Fama”345. Casó con María Narcisa
de Hortiguera, hija de Domingo Suárez de Hortiguera y de Ana María Navarro Flores;
hermana de Rafael con quien había compartido la prisión en Londres.
SÁNCHEZ, Gerónimo. Cabo del regimiento de Dragones de Buenos Aires, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 pasó a
dicha ciudad en la fragata “Águila”346.
SOSA, Matías. Soldado del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 se embarcó a esa
ciudad en la fragata de guerra “La Carmela”347.
SUÁREZ. Agustín. Soldado del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 29 de mayo de 1810 se
embarcó a esa ciudad en la fragata de guerra “La Carmela”348.
TEJEDOR, Antonio. Cabo del regimiento de Dragones de Buenos Aires, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 28 de mayo de 1810 pasó a

337
Ferrer, J., Brigadier General don José Casimiro Rondeau, Ediciones Ciudad Argentina, Buenos Aires, 1997.
338
Vázquez Rivarola, op. cit., p. 171-175.
339
AGI, Arribadas, 441, N.72BIS
340
Ib.
341
AGN. Tomas de Razón; Libro No68, f. 90.
342
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
343
AGI, Arribadas, 441, N. 63.
344
Parroquia Ntra. Sra. de la Merced, Libro de Bautismos No 14, f. 77v.
345
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis
346
Ib.
347
Ib.
348
Ib.

76
dicha ciudad en la fragata “Indiana”. Lo hizo acompañado por su mujer Antonia Cavero349.
Capitán del Cuerpo Cívico de Patagones el 17 de enero de 1815350.
TOMÉ, Mariano. Cabo del regimiento de Dragones de Buenos Aires, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 28 de mayo de 1810 pasó a dicha
ciudad en la fragata “Indiana”351. Soldado de Dragones en setiembre de 1804, obtuvo una
cédula de premio, figura como Tomey352.
TORRES, Francisco. Soldado del regimiento de Caballería de Buenos Aires, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 26 de mayo de 1810 se
embarcó a esa ciudad en la fragata de guerra “Margarita”353.
VÁZQUEZ, Andrés. Soldado del regimiento de Dragones de Buenos Aires, prisionero en
1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de julio de 1810 pasó a
dicha ciudad en la corbeta de guerra “Diamante”354.
VELÁZQUEZ, Esteban. Soldado del regimiento de Caballería de Montevideo, prisionero
en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 28 de mayo de 1810 pasó
a dicha ciudad en la fragata “Indiana”355.
VIVERO, Vicente Miguel. Capitán agregado al Regimiento de Infantería de Buenos Aires,
el 24 de diciembre de 1812 solicitó licencia de embarque para pasar a Montevideo e
incorporarse a su destino 356. Ver: AGI, Indiferente, 2141, N.83.
XIMENES, Juan. Soldado del regimiento de Caballería de Montevideo, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 7 de junio de 1810 se embarcó a
esa ciudad en la fragata de guerra “Estrella”357 . Un homónimo fue herido en el asalto a
Montevideo, y fue ascendido a cabo358 ; éste el 12 de junio de 1811 fue ascendido a alférez359.
ZALDÍVAR, Juan. Comenzó la carrera en el cuerpo de Blandengues de la Frontera, estaba
destinado a la Guardia de Nuestra Señora del Pilar de los Ranchos. El 27 de agosto de 1796
era “cabo de la segunda compañía” y el capellán Francisco Xavier Acosta con el permiso
correspondiente celebró su matrimonio con María Theresa Pérez, siendo testigos el cabo José
Ignacio Coronel y su mujer Petrona Pérez360. Alférez de caballería de Buenos Aires,
prisionero en 1807 cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 26 de mayo de
1810 se embarcó a esa ciudad en la fragata de guerra “Margarita”361.
ZEPEDA, José. Soldado del regimiento de Dragones de Buenos Aires, prisionero en 1807
cuando el asalto británico a Montevideo, con licencia del 24 de mayo de 1810 pasó a dicha
ciudad en el bergantín “Fama”362.

349
Ib.
350
AGN. Tomas de Razón; Libro No 77, f. 172.
351
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
352
AGN. Tomas de Razón; Libro No4, f. 217
353
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis.
354
Ib.
355
Ib.
356
AGI, Indiferente, 2141, N.83.
357
AGI, Arribadas, 441, N.72 bis
358
AGN. Tomas de Razón; Libro No21, f. 157; Libro No511, f. 273; Libro No70, f. 360.
359
AGN. Tomas de Razón; Libro No67, f. 189.
360
Parroquia Ntra. Sra. del Pilar de Ranchos, Libro de Matrimonios No 1, f. 13.
361
Ib.
362
Ib.

77
ZUFRIATEGUI, Prudencio. Fue Alférez del regimiento de caballería de Montevideo, fue
hecho prisionero en 1807 cuando aconteció el asalto británico a Montevideo, con licencia del
7 de junio de 1810 retornó a dicha ciudad en la corbeta de
guerra “Activa” (a) “Carmela”363●

363
AGI, Arribadas, 441, N.72BIS; Arribadas, 441, N.63.

78
Historia de la Fotografía

LA AMISTAD ENTRE ADOLFO


CARRANZA Y EL GRAL. JOSÉ A.
PAEZ
La carte de visite de “Pinken”
Sofía Rufina Oguic´364

El Archivo Histórico del Museo Histórico Nacional resguarda en su Agrupación de


Documentos Visuales Fotográficos un alto número de piezas que pertenecieron a Adolfo
Pedro Carranza, mentor de su fundación y primer director entre 1890 y 1914. Eran tiempos
en que los directores se imbricaban estrechamente con las instituciones culturales a su
cargo365 y residían en el mismo edificio. Así, encontramos hoy importantes corpus de
fotografías que les pertenecieron y que, a posteriori, pasaron a formar parte del acervo.
Reflejaban aspectos de su vida familiar, de su vida pública, de sus acciones y relaciones. Eran
fotografías propias o que le habían sido entregadas por sus amigos, tal la modalidad de las
cartes de visite366 de la segunda mitad del siglo XIX.
Adolfo Pedro Carranza mostró desde niño especial interés por la historia y en particular,
por la imagen. Al abrir las puertas el Museo, a fines de agosto de 1890, la proporción de
imágenes alcanzaba más de la mitad de los objetos. Allí colgaban enmarcados óleos,
acuarelas, dibujos, grabados, miniaturas, daguerrotipos y fotografías. 367

364
Historiadora, responsable del Archivo Histórico del Museo Histórico Nacional (Argentina).
365
Cf. P. Bruno: Pioneros culturales de la Argentina. Biografías de una época, 1860-1910. Siglo XXI, Buenos
Aires, 2011.
366
"El formulario más pequeño y popular en el que se comercializaron las fotos se llamó carte-de-visite (los
fotógrafos las vendían de a media y una docena, o más) y fue literalmente eso: un envío que el retratado hacía
s sus parientes y amigos para que lo guardaran en álbumes."(…) Las medidas del calado correspondían a los
dos formatos comerciales más pequeños: carte-de visite (9 cm x 6 cm) y cabinet (14 x 10) L. Príamo: "Fotografía
y vida privada". En F. Devoto y M. Madero (Comps.) Historia de la vida privada en la Argentina. v. 2. La
Argentina plural: 1870-1930. Taurus, Buenos Aires, 1999. p. 277. Para J. Gómez, "Se trató de uno de los más
popularizados sistemas de fotografía sobre papel, que se montaban para la protección sobre un soporte de
cartulina o cartón. (...) Se lograban 8 imágenes -por lo general- en una misma placa mediante varios lentes que
se descubrían alternativamente, luego efectuada la copia por contacto, se recortaba a un tamaño de 6 x 9 cm, y
luego se fijaban sobre una tarjeta de 7 x 10 cm. aproximadamente." J. Gómez: “El invento de la fotografía” En
La historia de la fotografía argentina. Abadía, Buenos Aires. pp. 25-26
367
S. Oguic´: "Una aproximación a la incidencia de Adolfo P. Carranza en la construcción iconográfica de la
historia argentina (1877-1899) XIV Jornadas Interescuelas /Departamentos de historia. Mendoza, octubre de
2013.

79
Hacia 2004, al iniciar el proceso de ordenación del “Archivo Carranza”, una veintena de
fotos se mezclaban con un acervo de más de diez mil documentos textuales azarosamente
distribuidos en setenta y cinco cajones, que esperaban su puesta en valor dentro de un viejo
armario metálico. Una carte de visite que retrataba un perrito blanco sobre un pedestal, afloró
entre los papeles y concitó nuestra atención. Al reverso, Carranza dejó registrado:
“Pinken”368 (Imagen 1 a. y r.). La impresión que nos produjo remite a K. Moxey cuando
expresa: “Los objetos estéticos (…) producen unas sacudidas en los sentimientos y trasladan
una carga emocional que no pueden ser pasadas por alto”369. El enigma estaba instalado. Una
explicación inmediata fue que podría tratarse de una querida mascota familiar. Era una
inferencia plausible. Sin embargo, debíamos intentar validar esa hipótesis y develar por qué
esa foto se había conservado entre otras pocas con alta carga afectiva, entre sus papeles más
cercanos.

Imagen 1 (anverso y reverso)

Un poco de teoría…

La relevancia de la fotografía como fuente histórica torna oportuno revisar algunos aspectos
teórico-metodológicos. La fotografía -define Luis Priamo- “fue uno de los primeros ritos
sociales de la modernidad"370 -el marco temporal en el que se encuentra inscripto nuestro

368
Archivo Histórico del Museo Histórico Nacional (de ahora en más AHMHN) Agrupación de documentos
visuales fotográficos. Fondo Adolfo Pedro Carranza. P4 C1.
369
K. Moxey: “Los estilos visuales y el giro icónico”. En: Estudios Visuales, 6. 2009. p. 8.
370
L. Príamo: "Fotografía y vida…", Op Cit. p.277

80
estudio-, y tuvo con el estado moderno, en particular con los periféricos, relaciones de origen
y esenciales.371 Surgida en el siglo XIX, tiene su inicio en un individuo motivado a fijar en
imagen un determinado aspecto de lo real, en determinado lugar y momento, lo que resta de
lo ocurrido, fragmento fijo de una realidad pasada. 372 Según B. Kossov, “Toda fotografía
representa en su contenido una interrupción del tiempo y, por lo tanto, de la vida. El
fragmento seleccionado de lo real, a partir del instante en que fue registrado, permanecerá
para siempre interrumpido y aislado en la bidimensión de la superficie sensible”. 373
Una explicación de B. Arévalo aporta elementos de análisis sobre las propiedades de la
fotografía: "Las imágenes capturadas permanecen inalterables, mientras el escenario y sus
protagonistas en el constante devenir cambian. Ellas recuerdan y documentan hechos que la
memoria humana olvida. Esos hechos se dan en un espacio y un tiempo único e irrepetible,
por lo tanto, esa imagen guarda en sí misma aquel fragmento congelado de la realidad. Esa
realidad inmodificable, captada fotográficamente, es un instrumento que permite
interpretaciones históricas, culturales y simbólicas. El tiempo actuó y produjo constantes
cambios en el hombre y su entorno y la fotografía fue capaz de paralizar las agujas del reloj
al retener la imagen fugitiva del instante de la vida que fluye sin interrupción." 374
Imagen de lo real retenida, provee el testimonio visual y material de los hechos a
espectadores ausentes. De allí su carácter de fuente, de documento histórico. Mas P. Bourdieu
advierte sobre algunas prevenciones. Una lectura plana y lineal de la fotografía no es
admisible afirma, 375 y enfatiza en que “El convencionalismo de la actitud que se asume para
una fotografía remite, al parecer, al estilo de relaciones sociales favorecidas por una sociedad
a la vez jerarquizada y estática (…) En una sociedad donde los intercambios, estrictamente
establecidos por convenciones institucionalizadas, se producen bajo la obsesión por el juicio
de los otros, (…) están siempre dominadas por la preocupación de dar de sí la mejor imagen,
la más conforme con el ideal de dignidad y de honor. ¿Cómo, en esas condiciones, la
representación de la sociedad podría ser otra cosa que la sociedad en representación?” 376
Prevenidos ante la identidad “realidad fotografiada”-“imagen”, consideraremos su rol en
el proceso de la pesquisa histórica, además de cómo y por qué fueron incorporadas como
documento al nuevo paradigma histórico. 377 Lo anticipaba Burckhardt cuando calificaba las
imágenes de objetos “a través de los cuales podemos leer las estructuras de pensamiento y
representación de una determinada época”. 378 Así “las imágenes nos permiten “imaginar” el
371
Príamo, L., "Fotografía y estado Moderno" En: Ojos crueles: temas de fotografía y sociedad, 1. p.39
372
Kossoy, B., "Fundamentos teóricos". En Fotografía e Historia. La Marca, Buenos Aires, 2001. p. 30.
373
Id. p. 36.
374
Arévalo, B., "Relaciones entre la pintura y la fotografía en el S. XIX en Argentina" En: III Jornadas sobre
Identidad Cultural y Política Exterior en la Historia Argentina y Americana. Universidad del Salvador, Buenos
Aires, 2006.
375
Bourdieu. P., "La definición social de la fotografía". p. 139. Con respecto a esta cuestión Bourdieu explica
en otra obra..."la descripción de la subjetividad objetivada, remite a la interiorización de la objetividad. Los tres
momentos del proceso científico son, por lo tanto, inseparables: lo vivido inmediato, captado a través de
expresiones que velan el sentido objetivo al mismo tiempo que lo develan, remite al análisis de las
significaciones objetivas y de las condiciones sociales de posibilidad de esas significaciones." P. Bourdieu: La
fotografía: un arte intermedio. Nueva Imagen, México, 1979. p. 17.
376
Bourdieu, P., "La definición… Op. Cit. pp 146-147.
377
M. Linhares Borgos: Historia & Fotografía. Autentica, Belo Horizonte, 2005. p. 75.
378
Burke, P., "Visto y no visto. El uso de la imagen". En Burke, P., Visto y no visto. El uso de la imagen como
documento histórico. Crítica, Barcelona, 2001.p. 13. Sobre el tema Cf. Wilson, M,, "Visual culture: category of
historical analysis?” En V. Schwartz and J. Przybkysky (Eds.) Routledge New York-London, 2004. pp. 26-27

81
pasado de un modo más vivo.”379 Su valor como fuente es considerablemente alto. Como
afirmaba hace el historiador holandés G. Reiner (1892-1962) convendría sustituir la idea de
fuentes por la de “vestigios” que designaría entre otros objetos a las fotografías.380
Los “vestigios”, concepto que nos remite a la noción de “paradigma indicial” de
Ginzburg,381 transmiten información sobre personajes, escenarios y aspectos de una cultura
material. Pero, como otras imágenes, abren al análisis un juego de inclusión-exclusión que
debe ser considerado por el historiador.382 Por otra parte, esencial a su carácter de fuente, “no
sólo constituye una representación de lo real, sino también integra un sistema simbólico
pautado por códigos oriundos de la cultura que los produjo.”383
En toda imagen existen, elementos explícitos y elementos implícitos. Contextualizar las
situaciones que rodearon su producción y su tiempo, es condición necesaria 384 y se torna
fundamental cruzar la fotografía, con otros documentos textuales, orales, sonoros u otros
visuales, combinando los diferentes métodos de tratamiento. Todos esos cuidados teórico-
metodológicos vienen a suplir las lagunas originadas en la no-existencia de un documento
ideal, como aquel que podría responder a todos los interrogantes. Sobre todo, en el caso de
las fotografías anónimas, para “hacerlas hablar” -y no sólo en el caso de ellas- el historiador
precisa respaldarse en el saber de aquellos que dominan las técnicas fotográficas. Su
conocimiento ayuda a develar la datación de las imágenes y la identificación de sus posibles
filiaciones entre otros aspectos.385 No obstante, a pesar del esfuerzo del investigador, “la
naturaleza polisémica de lo real y de las imágenes fotográficas siempre mantendrá sus
porciones enigmáticas.”386
El significado es inmaterial; no es visible, no es pasible de ser captado fotográficamente.
Los vestigios de la vida cristalizados en la imagen fotográfica cobran sentido cuando se
conocen los eslabones de hechos ausentes de la imagen. 387 Conjugando esas informaciones
con las de contexto, se pueden recuperar microhistorias implícitas en las imágenes y revivir
aspectos que no aparecen en ellas. 388Son así, muchas veces “la punta del hilo”.

Una microhistoria implícita

Adolfo Pedro Carranza nació en 1857 en el seno de una familia patricia de Buenos Aires. De
prestigioso origen porteño por parte de madre, estaba ligado linajes fundacionales de
Santiago del Estero por línea paterna. Su padre, Adolfo Esteban y su tío Ángel Justiniano
frecuentaban a relevantes hombres de la segunda mitad del siglo XIX de Buenos Aires, el
país y Sudamérica. La casa de la calle de la Florida era el escenario de nutridas reuniones.
Adolfo rememoraba389 que allí se hablaba de otras épocas y de otros hombres, se narraban
campañas, se enumeraban glorias, se referían anécdotas, se discutía y aprendían lo que no

379
Id. p. 17
380
Id. p.16
381
Ginzburg, C., Mitos, emblemas, indicios. Morfología e historia., Gedisa, Barcelona,1989.
382
Linhares Borgos, M., [Link]. pp. 82-83.
383
Id. p. 83.
384
Burke: "Relatos… Op. Cit. pp. 14-15.
385
Linhares Borgos, M. [Link]. p. 87
386
Id. p. 88
387
Kossoy, B., "Iconología… Op. Cit. p. 92.
388
Id. p. 91. Acerca de microhistoria, Cf. Guizburg, C., El queso y los gusanos. Muchnik, Barcelona, 1997.
389
Carranza, A. P., El general Páez. Recuerdos íntimos. Europea, Buenos Aires, 1888. p. 7.

82
puede decir la historia sino la memoria de los testigos. Menciona entre otros a Florentino
González390, constitucionalista colombiano, profesor en la Universidad de Buenos Aires, el
general Campero, pobre y emigrado de Bolivia, José Mármol, Manuel de Olazábal,
octogenario, veterano de la campaña independentista de San Martín, Bernardo de Irigoyen,
vecino de la casa contigua a los Carranza, con gran incidencia en la vida de Adolfo Pedro en
lo público y en su orientación política contraria al poder preponderante hacia los noventa.
Ese fue el ámbito al que llegó el general venezolano, José Antonio Páez. Exiliado desde 1850
en Estados Unidos, se dirigió a Argentina a fines de la década de los sesenta.
En 1888 Adolfo P. Carranza, publicó una evocación con el título de El general Páez.
Recuerdos íntimos. Así empieza un relato cargado de nostalgia: "Era niño, cuando tuve por
amigo á un hombre extraordinario, á un héroe"391. Su objetivo quedó expresado en sus
palabras: "Estas líneas son un homenaje a su memoria, lo único con que nos es dado pagar
sus atenciones y su cariño".392 En este escrito referido a la estancia del héroe de la
independencia venezolana en Buenos Aires, Carranza recuerda que llegó en compañía del
general Quevedo, Ministro Plenipotenciario de Bolivia en las repúblicas del Plata. 393 Es
oportuno referir que Adolfo Esteban, su padre, fue cónsul de Bolivia en Buenos Aires desde
1857 por más de veinte años.
El viaje de Páez, estaba relacionado con la posibilidad de vender en Argentina una máquina
desolladora, inventada y patentada por el norteamericano Horacio Leweis, que permitía un
trabajo en menor tiempo y sin deterioro del cuero de las reses. Su intención se justificaba por
su endeble situación económica y la necesidad de obtener fondos para pagar el segundo tomo
de su Autobiografía. Entre las últimas frases de ésta, Páez expresa: "Al fin me retiré de la
escena política llevando conmigo la pobreza, prenda cuando menos, de mis desinteresados
servicios a la causa de la paz y el orden." 394 Cuando se cumple el centenario su natalicio en
1890, Carranza, director de la Revista Nacional escribe en un recordatorio: "La anarquía que
ha azotado a estos pueblos le arrojó á nuestro país proscripto y pobre. Tubimos (sic) el honor
de acogerlo (sic) como un prócer, haciéndole menos dolorosas las heridas que llevaba;
ingratitud y olvido."395
Luego de varias escalas, entre ellas Río de Janeiro y Montevideo, Páez llegó a Buenos
Aires el 6 de agosto. Se hospedó en una modesta pensión cercana a la calle Florida. Traía
cartas de presentación que iban dirigidas a distinguidas personalidades, en pos de sus
gestiones comerciales. Sin embargo, patentadas las máquinas en Argentina, el inventor no
las envió. Desde otro aspecto, como famoso guerrero de la Independencia y fundador y
primer presidente de la República de Venezuela, fue recibido con honores y reconocimiento
en los círculos sociales de la época. El presidente de la Nación, Domingo Faustino Sarmiento,
quien había propiciado su venida, el 6 de diciembre -con aprobación del Congreso-, a cuatro
meses su llegada, le hizo otorgar el grado de Brigadier General del Ejército y un sueldo.
Adolfo Esteban Carranza, le proveyó de los recursos para cancelar a los editores de su

390
Al respecto de Florentino González, ver: R. Rivas: "Abreu e Lima, Páez y la élite argentina." En:
[Link]/art_revistas/pr.2714/[Link]
391
Id. p. 3.
392
Id. p. 4.
393
Id. p. 6.
394
Páez, J. A., Autobiografía del General José Antonio Páez. H. R. Elliot & CO, New York,1946. v. 2.p. 488.
La primera edición: (2 v.) Hellet y Breen, New York, 1869, fue financiada por Adolfo Esteban Carranza.
395
Carranza, A. P., "Centenario de Páez 1790-1890". En: Carranza, A. P., (Dir.) Revista Nacional. Tomo XI.
La Europea, Buenos Aires, 1890. pp. 289-290.

83
Autobiografía.396 Mitre y Urquiza, le brindaron amistad y honores. El presidente, Mariano
Melgarejo le confirió el grado de General de División del Ejército de Bolivia.
La afección por el país del Plata de Páez era de larga data. Entre los cantos entonados por
sus lanceros estaba el Himno Nacional Argentino. El diplomático venezolano R. Bello, en su
libro Páez en Buenos Aires,397 escrito al estar destinado a la Argentina, refiere que un viajero
inglés vio a Páez en los llanos de Barinas dirigiendo un coro de quinientos llaneros cantando
ese himno después de una dura batalla. 398 La etapa de la vida del general en Buenos Aires en
sus últimos años, siempre amante de la música, fue en la que desarrolló sus dotes como
compositor. "Gracias al celo con el que la familia Carranza conservo sus posesiones después
de su partida, llegaron hasta nuestros días cinco obras compuestas por él." 399
Casi octogenario, se convirtió en el gran amigo de la familia. Uno de los niños, Adolfo,
fue su ladero. Una de las pequeñas, de cuatro años, María Eugenia, su debilidad. Para ella
compuso una pieza musical. Por las mañanas Páez salía de la casa en que vivía, y se dirigía
por la calle Florida, hasta la plaza El Retiro “en donde disciplinadamente al llegar se
va directo a la estatua de San Martín, lo saluda militarmente y se retira. Con aquel anciano
victorioso siempre va un perro blanco, a quien el general ha bautizado como “Centinela
Vigilante” y un niño de diez años de edad, Adolfito, quien llama a Páez “mi amigo viejo”. 400
Entretanto, relatos de hazañas y llaneros hacían las delicias del pequeño que veinte años más
tarde fundó el Museo Histórico Nacional.
Así fue. El general Páez había embarcado con destino a Buenos Aires en junio de 1868,
acompañado de su secretaria miss Warner y de un cachorro de pelaje blanco. 401 Algo más
de dos años duró la entrañable amistad con los Carranza y los paseos con el pequeño Adolfito
hacia el monumento a San Martín y con su mascota al que colocaba un moño celeste.
Los primeros meses de 1871 la epidemia de fiebre amarilla obligó a los Carranza a trasladarse
a Mercedes. Al poco tiempo el legendario Páez partió a Nueva York. Sin embargo,
mantuvieron sentida correspondencia hasta poco antes su muerte, en1873. ¿Explica ello el
motivo por el cual Carranza eligió tener entre sus papeles más cercanos la foto del perrito
que los acompañaba, cuando su "amigo viejo" relataba proezas legendarias de la
independencia americana?

No sólo la carte de visite de un perrito blanco…

La carte de visite de “Pinken” fue tomada en uno de los estudios más renombrados de Buenos
Aires. En su anverso, al pie, se lee "Antonio Pozzo. Fotógrafo, Buenos Ayres". En su reverso,
muestra una alegoría del estudio que presenta instrumentos musicales y paletas de pintura.
Vislumbra con ello la intención de dar estatus de arte a la nueva actividad. Esta carte de visite

396
La preocupación de A. Esteban Carranza por las publicaciones tiene otros ejemplos. En el Archivo Histórico
de la Provincia de Catamarca, se encuentran documentos que permiten comprobar los giros destinados al
gobierno de esa provincia para suscripciones periódicas con destino a aquel lugar del Noroeste argentino.
Archivo Histórico de la Provincia de Catamarca.
397
Bello, P., Páez en Buenos Aires. El Hogar americano. Caracas, 1941.
398
Palacios, M., “Páez músico”. En El Desafío de la Historia. Año 2. Revista 10. Caracas, 2009. p. 70.
399
Id. p. 75.
400
Cavallaro, H., “Apuntes sobre Las Queseras del Medio”. [Link]/apuntes-sobre-las-
queseras-del-medio 24/09/2015.
401
En el artículo que referimos el nombre de la mascota es mencionado como “Pink”. Hernández Carstens, E.,
“Páez en la Argentina”. En El Desafío de la Historia. Año 2. Revista 10. Caracas, 2009. p. 67.

84
permaneció en el Museo a la muerte de su primer director ocurrida allí, en 1914. Las
fotografías tanto personales como reunidas durante su gestión, salvo alguna que contaba con
carta de donación y fue incorporada con anterioridad, recibieron número de inventario
algunas décadas después y conformaron el patrimonio del Museo. Eso las distingue de la foto
de “Pinken” que, al ser encontrada en 2004, carecía de todo dato de identificación.
L. Príamo hace referencia a las fotografías con animales, pero los casos que presenta van
de 1905 a 1940.402 Esta carte de visite, tomada entre 1869 y 1870 manifiesta la voluntad de
Páez de retratar a su fiel compañero canino en uno de los estudios más famosos de Buenos
Aires. Esto cobra mayor relevancia y resignifica la imagen en el marco de la soledad del
desterrado y del afecto del niño que conservó la imagen y luego, de adulto, ostentó su diploma
de miembro de la Sociedad Protectora de Animales creada por el presidente Sarmiento. 403
Pero además de ella y dentro del corpus de documentos visuales fotográficos del Archivo
Histórico del Museo, hallamos cinco cartes de visite del general Páez. Tres iguales, lo
muestran con uniforme de gala, apoyado sobre un pedestal en el que reposa su sombrero de
pluma. Una tela oscura cae desde lo alto, se detiene en el plano del mismo y reposa sobre el
piso. Se trata de una angosta franja oscura que enmarca la foto del lado derecho. Todas
registran en su anverso el nombre del fotógrafo: Chistiano Junior. 404
Una, muy deteriorada, tanto en la imagen como en el reverso, aun cuando muestra indicios
de estado enmarcada en algún tiempo 405, está dedicada por el anciano: "Al apreciable
caballerito Dn. Adolfo P. Carranza un recuerdo de su amigo. José A. Páez. Buenos Aires,
julio 29 de 1869."406 (Imagen 2 a. y r.)
Una segunda, sin indicios de enmarcado, presenta en su reverso la letra del general Páez 407:
"Al Sor Dr. Dn. Ángel Carranza, su amigo. José A. Páez". En este caso se trata del tío del
niño, jurisconsulto, historiador, coleccionista, infaltable en las tertulias de la casa de la calle
Florida. En los registros del Museo, la misma aparece como donación de Ángel Justiniano
Carranza. 408 (Imagen 3 a.) En otra con la misma imagen, sin dedicatoria, lleva en letra de

402
Bajo el título "Perros” Príamo escribe: "Una de las relaciones privadas más fotografiadas -antes y ahora- fue
la que mantuvieron las personas con sus animales domésticos. Las seis fotos que ilustran este cuadro
documentan diversas variantes de dicha relación, regulada por la edad o la clase social de las personas y las
funciones que cumplían los animales para sus dueños: como guardianes, como compinches, como socios o
asistentes, o simplemente como parte de la familia." Allí se muestran seis fotos tomadas en todas en distintas
localidades de Santa Fe y Mendoza, de las cuales la más antigua es de 1905. Con niños, amos con varios
mastines, un cazador posando con su perro, una familia con su perro y un matrimonio flanqueando a su pequeña
mascota sentado en un sillón, en este caso de fecha bastante tardía, 1940, todas son muy posteriores a la foto de
Pinken. L. Priamo. "Fotografía y vida privada" Láminas entre p.p. 288 y 289.
403
AHMHN FAPC M2 C75.
404
"Christiano Junior fue un fotógrafo de origen portugués que llegó al Brasil muy joven, a principio de los
años sesenta del siglo XIX. A fines de 1868 se mudó a Buenos Aires, abrió su estudio y tuvo un rápido éxito
como retratista. Fotografió a hombres notorios de la clase dirigente (Mansilla, Alsina o Sarmiento, por ejemplo),
con la cual se relacionó de un modo bastante orgánico"... Príamo, L., "Fotografía y estado Moderno" Op. Cit.
p. 44.
405
Se puede estimar que el enmarcado fue posterior, lo que permitió el deterioro de la fotografía en manchas y
el desleído de la imagen de carácter anterior.
406
AHMHN Agrupación de Documentos Visuales Fotográficos (de ahora en más, ADVF) F 1734
407
En las restantes sólo la firma corresponde al general venezolano. Tanto en las cartas como en las dedicatorias.
Son pocos los escritos de su propia mano.
408
AHMHN ADVF F 10960.

85
Carranza la inscripción: "Donado por W. Roberts el 6 de febrero de 1898. Gral. José Antonio
Páez (Colombiano)".409

Imagen 2 (anverso y reverso)

Tomamos conocimiento de una imagen similar, en la que se lo muestra también vestido


con atributos militares, por una la revista venezolana de 2009, El Desafío de la Historia, en
un número dedicada a Páez. Antonio Patrón Toro, especialista en fotografía de ese origen,
consigna que fue tomada el 13 de junio de 1870 en Buenos Aires, el día en que celebraba su
ochenta cumpleaños. Así lo describe: "Aparece con su uniforme, con sus charreteras, ciñendo
el cinturón de las repúblicas bolivarianas y portando la espada, regalo del rey Guillermo III
de Alemania, rodeado pues de esos símbolos que los distinguen como General del Ejército
Libertador, como seguramente deseaba ser recordado."410
La imagen, si bien parecida, difiere de las tres cartes de visite del Archivo Histórico del
Museo de Argentina, de 1869. En esta se lo ve tomando con su mano izquierda el mango de
la espada. Una columna remata en un plato de pie y del lado derecho enmarca un cortinado
recogido de dónde se desprenden pesados drapeados de brocato. El octogenario general, en
noble figura, 411 no se apoya en un pedestal, ni aparece su sombrero bicornio de pluma como
en las anteriores. Impresiona la actitud, la prestancia, la valentía de su trayectoria parece

409
AHMHN ADVF F 10948.
410
A. Patrón Toro (Epígrafe de fotografía del General Páez) En: El Desafío de la Historia. Año 2. Revista 10.
Caracas, 2009. p. 68.
411
"La postura noble es una constante en los retratos de estudio del siglo pasado, lo cual no significa que todos
los retratados fueran nobles." Kossoy, B., "Iconología: caminos de la interpretación". p. 85

86
expresarse, desafiante en ese pecho expuesto, ahora con condecoraciones y bordados. Los
hombros erguidos, la mirada alta y firme. La actitud solemne. Todo concuerda con quien no
hesitó en la batalla en los tiempos de la lucha armada. Sus ochenta años sólo aparecen en su
pelo blanco y sus ojeras. El rictus de la boca refuerza la idea de un hombre implacable en la
lucha y en sus ideales. La contra página de la foto reproduce el reverso de la fotografía, cuya
toma había sido realizada en el mismo estudio de Buenos Aires que las otras tres del Museo:
Christiano Junior. Pero, he aquí el dato de interés: "A la Sra Da. María Eugenia del Mármol
de Carranza", 412 esposa de Adolfo Esteban Carranza, su amigo y protector en esa difícil etapa
de su vida, y madre de esa familia tan querida por el general venezolano entre los que se
encontraba Adolfo Pedro.

Imagen 3 anverso

Una cuarta carte de visite del Museo Histórico, con el retrato de Páez en óvalo, enmarcada,
muestra en su reverso la dedicatoria a Adolfo Esteban Carranza. 413 Otra igual, sin enmarcar,
lleva la siguiente dedicatoria: “Al joven Adolfo Carranza, su amigo. José A. Páez Buenos
Ayres, Marzo 12 de 1871”414 (Imagen 4 a. y r.)
En carta del 6 de abril de 1871, le expresa al respecto de ella: "Doy a usted muchas gracias
por el aprecio que hace de mi retrato: téngalo siempre presente para que no le dé tentación
de olvidarme".415 Esta frase concita especial atención, pues deja explícito el sentido de la

412
Imagen del reverso de fotografía del general Páez. En: El Desafío de la Historia. Año 2. Revista 10. Caracas,
2009. p. 68.
413
AHMHN ADVF F 1710
414
La pieza no registra número de inventario anterior. AHMHN FAPC P4 C1
415
AHMHN FAPC M2.

87
fotografía para el anciano; Páez la ligaba directamente a la memoria y al olvido, y le daba así
ese carácter de objeto recordatorio que conlleva la imagen fotográfica.

Imagen 4 anverso

Finalmente, una última foto relacionada con el general Páez se encuentra inventariada en
el Archivo del Museo. Un simpático loro posa en una carte de visite. La letra de Carranza
registra: “Loro del general Páez” 416 (Imagen 5 a. y r.) Agarrado del respaldo de un sillón, su
cuerpo de frente y su cabeza girada a su izquierda permite ver su ojo mirando a la cámara.
Fue tomada según se lee al pie en el anverso en "Howel" 867 y 869 B'way”. Al respecto
podemos afirmar el loro fue fotografiado en uno de los más prestigiosos estudios de los
Estados Unidos, el de William Howell, quien registró oficialmente West Point, Colleges y
Asuntos Extranjeros, entre otras instituciones. 417 Su calidad la destaca de las restantes. Pero
en cuanto a la imagen, volvemos al plano de las hipótesis: pudo haber sido un obsequio del
anciano a los niños, ni bien llegado del Norte, donde tal vez quedó el querido loro que
mereció ser retratado en tan famoso estudio o, tal vez, fue enviada en alguna misiva luego de
416
AHMHN ADVF F 10215.
417
“William Roe Howell was born on April 9, 1846. Howell went into sole proprietorship around 1867. He
began gaining recognition for his photography around 1870. Howell moved his New York studio around 1878,
possibly because the small building he occupied at 867 Broadway was being demolished”
[Link]/Howell%[Link] 20-09-2015.

88
su regreso a Nueva York. Menos probable esta posibilidad, pues nada de ella dicen las cartas
posteriores, sobre todo, considerando la angustiosa situación de Páez y una temporaria
estancia en Perú. Sí, es un indicio de que el ave constituía una nostálgica evocación de su
lejano país tropical, su querida y extrañada tierra venezolana. Por lo pronto, esta imagen que
conoció de niño, también fue atesorada.

Imagen 5 anverso y reverso


Carranza, acompañado de grande por esas fotografías describía a quien llamaba de chico
“su amigo viejo” con esta expresiones: “Corazón generoso, conciencia honrada, voluntad de
hierro y un valor a toda prueba en un físico de acero y una gallarda figura, tales eran los
rasgos principales de aquel...”418 (...) “Siempre afable, cariñoso y cumplido, con la sonrisa
del bueno y la gravedad de las canas” (...) “De regular estatura y cuerpo musculoso”, y
rememoraba: “Su inseparable compañero, que no olvidarán los que le conocieron en Buenos
Aires, era un hermoso perro blanco, llamado Pinken.”419
¿Cuánto podríamos captar si sólo contáramos con estas evocaciones escritas, si no hubiera
preservado Carranza las cartes de visite del general Páez y de su fiel compañero, ese perrito
que posaba tan atento ante una cámara fotográfica?, ¿cuánto nos permiten conocer las
expresiones aguerridas del único adalid de la independencia americana fotografiado?, ¿en
qué medida las fotos de Pinken y el loro (únicas de animales en toda la colección del
Histórico) nos informan sobre la afección del viejo guerrero por los animales?
Hemos recorrido el contexto en el que las fotos fueron producidas: una afectuosa relación
entre un anciano general desterrado y una familia donde encuentra cariño y contención.
418
A. P. Carranza: El general Páez... Op Cit. p. 10.
419
Id. p. 13

89
Encumbrados hombres de Buenos Aires lo colmaron de reconocimiento. El dueño de casa,
solventaba su endeble economía y la estrechez de quien supo tener riqueza y honores.
Entretanto, un niño lo seguía con admiración y preservó sus carte de visite.
B. Kossoy advierte que “Toda fotografía tiene por detrás una historia. Mirar una fotografía
del pasado y reflexionar sobre la trayectoria por ella recorrida implica situarla en, al menos,
tres etapas bien definidas que marcaron su existencia. En primer lugar, hubo una intención
para que ella existiese (…). Derivada de esta intención tuvo lugar la segunda etapa: el acto
del registro que originó la materialización de la fotografía. Finalmente, la tercera etapa: los
caminos recorridos por esta fotografía, las vicisitudes por las que pasó, las manos a que ellas
se dedicaron, los ojos que las vieron, las emociones que despertó, los portarretratos que la
enmarcaron, los álbumes que la guardaron, los altillos y sótanos que las enterraron, las manos
que las salvaron. En este caso, su contenido se mantuvo: el tiempo pasó. Las expresiones aún
son las mismas. Tan sólo el artefacto como un todo, envejeció.” 420
Artefacto envejecido, las fotografías completan la historia y son, en sí mismas, historia a
investigar. Complemento de información para acercarnos al pasado y pasado que se nos
ofrece a develar. La preocupación Carranza por la preservación, el acopio y la obtención de
fotografías fue una de sus facetas más notorias. Las juntó por miles. Las solicitó a los
familiares de personajes fallecidos para encargar sus retratos en su tarea de construcción de
una iconografía nacional. 421 Pocas de ellas quedaron sin sus anotaciones en el reverso; al
menos alguna noticia que permitió recientemente identificar el contexto de ingreso al
patrimonio del Museo.
Entretanto, la foto de Pinken, ese perrito blanco sobre el pedestal, permaneció cerca de él,
entre sus papeles cotidianos como director del Museo Histórico Nacional. Imagen detenida
del tiempo en que despuntaba su pasión por la historia.●

420
Kossoy, B., "Fundamentos…Op Cit. pp.37-38
421
"El afán por el registro visual testimonial lo persiguió Carranza en toda ocasión propicia. En 1894, en una
esquela con membrete de la Subsecretaría de Instrucción Pública que le dirige Enrique, hijo de Antonio Zinny,
abogado e historiador del periodismo, le expresa: "Tengo el gusto de remitirle el retrato de mi padre que me
pidió hace algunos días. "Es la última fotografía, sacada estando en París y cuando se encontraba ya bastante
mal de salud, siendo además la única de ellas que había en casa, pero no he vacilado un momento en enviársela
a usted, que ha sido uno de sus amigos más consecuentes y á quién él apreciaba de veras." Carta. Enrique Zinny
a Adolfo P. Carranza. Buenos Aires, 27-X-1894. AHMHN FAPC. M2 C40.

90
Arqueología

EL MACIZO DE GORBEA EN EL PAIS


VASCO:
Monte emblemático, sagrado y “bocinero”
María Constanza Ceruti422

Figura 1- Monte Gorbea en el País Vasco (© María Constanza Ceruti)

422
Constanza Ceruti es arqueóloga, posee un doctorado, es miembro de la Academia Nacional de Ciencias de
Buenos Aires, investigadora del CONICET y profesora en la UCASAL. Es autora de más de cien trabajos
científicos y veinte libros sobre antropologia de montañas sagradas. Ha recibido numerosos premios
internacionales, incluyendo la Medalla de Oro de la International Society of Woman Geographers

91
Introducción
Gorbea o Gorbeya es el nombre de uno de los macizos montañosos más emblemáticos de
Euskadi, situado en el extremo noreste de la península ibérica. Su cumbre es divisoria de
aguas entre el Cantábrico y el Mediterráneo. Divide también a las provincias vascas de Alava
y Vizcaya, siendo la cima más alta de esta última región. Aparentemente, el topónimo en
Euskera puede ser traducido como “parte baja de lo alto”.
Se trata de un macizo extenso y de formas más bien suaves, aunque algunas laderas
presentan tramos de paredes pronunciadas (Figura 1). Su paisaje está tapizado de bosques,
campas, peñascales, cuevas y pastizales. Las alturas de esta montaña han sido
tradicionalmente hogar de osos y de lobos.
El monte Gorbea ha sido descripto como “la más famosa montaña del País Vasco”. Fue
ascendido por el naturalista irlandés Guillermo Bowles en 1762. La cumbre principal alcanza
una altitud de 1482 metros sobre el nivel del mar; si bien antiguamente se creía que alcanzaba
los 1538 metros de altitud. En la cima no existió ninguna cruz hasta el siglo XIX, aunque sí
se verificaba la presencia de mojones divisorios.

Ascenso a las alturas de un gigante orográfico

Figura 2- Buzón con testimonios de cumbre (© Mariá Constanza Ceruti)

92
La autora subió a pie a la cima de Gorbea en algo más de dos horas, desde el parking de Pago
Makurre, adonde se llega por una angosta y sinuosa carretera forestal. El sendero a la cima
desde este paraje atraviesa la “campa” de Arraba y la subida de Altamiñoste.
Alternativamente, el monte puede ser accedido en unas cinco horas, desde la localidad vasca
de Zeanuri.

Figura 3- Ruinas en pico Aldamiñe (© Mariá Constanza Ceruti)

Hoy en día, Gorbea es ascendido por pobladores vascos en contextos deportivos, religiosos
y recreativos. Durante una permanencia de aproximadamente tres horas en las alturas, en un
Jueves de verano de 2019, la autora observó a unas 50 personas coronar la cumbre. La
diversidad de caminantes incluía matrimonios de montañeros locales, jóvenes veinteañeros
excursionistas, corredores de largas distancias o trail-runners, grupos juveniles de perfil
religioso y veteranos montañeros acostumbrados a travesías prolongadas. Algunos lugareños
describieron a la suscripta la tradición de subir a dormir en la cima del Gorbea, para desde
allí ver “el rayo verde” al amanecer. Asimismo, es costumbre entre los vascos pernoctar
durante la noche del 31 de Diciembre, para brindar por el año Nuevo.
La cumbre es una planicie muy extensa, mucho más grande que una cancha de futbol. La
cruz en la cima fue erigida en 1901 para conmemorar el comienzo del siglo XX, según se
dice (si bien es cierto que en aquel mismo año se erigieron cruces en decenas de cimas
europeas por pedido del Papa, para contribuir a “cristianizar” activamente las montañas). La
cruz del Gorbea resulta visible a grandes distancias, ya que aparece montada sobre una
imponente estructura metálica de aproximadamente diez metros de altura, que recuerda
vagamente a la torre Eiffel. A un costado, se dispone una tabla de orientación geográfica, de
planta redonda, en la que figuran los nombres y altitudes de los cerros que se divisan en
derredor.
Adyacente a la estructura metálica con cruz, una pequeña imagen de la Virgen María recibe
plegarias y ofrendas florales. Ante esta imagen religiosa oran algunos montañeros -y los de
mayor edad también la besan respetuosamente-. No se observan “candados del amor” o love

93
locks, que frecuentemente aparecen depositados como exvotos, en parajes de importancia
panorámica, tales como miradores, puentes, etc.
Existe en la cima del monte Gorbea un pequeño buzón con forma de “casita” destinado a
recibir los testimonios de los ascensos de los montañistas (Figura 2). También se observan
basamentos, apenas visibles, de antiguas estructuras de piedra de planta ovoide y rectangular.
Una cumbre secundaria o satélite recibe el nombre de Aldamin y se levanta 1362 metros
sobre el nivel del mar. Se trata de una cima abrupta y rocosa, cuya superficie se encuentra
jalonada con dos estructuras de roca de planta ovoide, a modo de refugios o parapetos, y con
tres apilamientos de roca tipo torretas, que recuerdan vagamente a los talayots en las islas
Baleares (Figura 3). Un libro dedicado al Gorbea refiere la existencia en la cima Aldamin de
una “capillita” consagrada a la Virgen de las Nieves y de un mojón de triangulación de uso
topográfico423.
Un pintoresco refugio de montaña construido en una campa debajo de la cima recibe a
montañistas que allí almuerzan o toman café (Figura 4). Los encargados calculan que 500 a
800 caminantes ascienden al Gorbea cada fin de semana, durante el verano. Al advertir el
interés de esta investigadora por el monte y su historia, la encargada del refugio y su hijo le
obsequiaron un ejemplar del libro “Gorbea” editado por federación vizcaína de montaña,
compilado por Jesús De la Fuente e impreso en Zamudio en 1991. Según consta en dicho
libro, en el año 1984 se realizaban 120 ascensos por día y hacia 1991, casi cuatrocientos.
La obra contiene un capítulo dedicado a los monumentos megalíticos y dólmenes, escrito
por Luis Millán. La cultura pastoril es caracterizada en un capítulo de corte etnográfico,
redactado por Fermín de Leizaola, donde se aborda la figura y el testimonio de un pastor
conocido como “el patriarca del Gorbea”. Hay también una contribución sobre las
exploraciones espeleológicas, firmada por Matías Rivera 424.

Consideraciones y conclusiones

Figura 4 Refugio para montañeros en el Gorbea (© María Constanza Ceruti)

423
Véase De la Fuente 1991.
424
Ib.

94
Al igual que en tantos rincones de Euskadi, el paisaje cultural en torno al macizo de Gorbea
se caracteriza por la presencia de cabañas pastoriles construidas en piedra, de uso tradicional
para la transhumancia estival. El testimonio oral en torno a actividades religiosas en la
montaña guarda el recuerdo de frailes que antiguamente recorrían dichas cabañas o
“chabolas” y bendecían los ganados (vacunos, porcinos, ovinos, caprinos, equinos),
recibiendo a cambio obsequios de queso 425.
Las leyendas folclóricas vascas vinculan al macizo de Gorbea con entidades como
Basajaunak, el Señor de los Bosques, o Mari, la diosa vasca de las montañas. Mari es
considerada una entidad reguladora del clima y hacedora de tormentas 426, probable
pervivencia de una diosa madre neolítica427. Seduce a pastores incautos, que caen rendidos
ante sus encantos cuando la ven peinar su larga cabellera rubia sentada junto a la cueva que
le sirve de morada428.
En el caso particular del monte Gorbea, se dice que un pastor “embobado” quiso escapar
del embrujo de Mari, pero terminó perseguido y atacado por cuervos. Por ello, los pastores
evitan cuidadosamente construir chabolas cerca de las cuevas. También se cuenta que un
pastor que colocó cruces en una cueva fue espantado por Mari, a través de cuervos parlantes
que lo acosaban diciéndole que “quite de allí esas cosas”429.

Figura 5- Pico Aldamiñe en el monte Gorbea (© María Constanza Ceruti)

La mayoría de las montañas identificadas como “morada de Mari” ostentan picos de


abrupta conformación, tal como ocurre en el caso del monte Anboto, su residencia

425
Ib.
426
Véase Anuntzi 1998.
427
Véase Bausani 1956 y Everson 1989.
428
Véase Ortiz Oses y Garagalza 2005.
429
Véase De la Fuente 1991.

95
principal430y en las moradas secundarias que la diosa tiene en el monte Txindoki431 y en el
pico Aketegui432 . Este no parecería ser el caso del monte Gorbea, cuyas formas son más bien
redondeadas, a excepción del pico secundario bautizado como Aldamin, que sí se impone
visualmente por su forma más puntiaguda (Figura 5). Dicho pico carece de cruces o imágenes
de la Virgen, al igual que los restantes montes caracterizados como hogar de la antigua diosa.
El estudio comparativo de otras montañas sagradas europeas permite advertir que la
mitología en torno a brujas y hechiceras suele aparecer anclada orográficamente en torno a
picos abruptos y prominentes. Tal es el caso del macizo de Scilliar 433y el monte Catinaccio
de Antermoia en las Dolomitas 434; los afloramientos kársticos en el monte Ucka, en
Croacia435 y el monte Circeo, en la región pontina de Italia436.
El imaginario local asigna al macizo de Gorbea un importante papel en la historia política
de Euskadi. Un montañero con quien la autora conversó en la cima, explicó que tanto el
monte Oiz como Gorbea eran antiguamente considerados como “cerros bocineros”, desde
cuyas alturas se convocaba a “Las Juntas”, que se desarrollaban bajo el venerado árbol de
Guernika. Las Juntas Generales tenían competencia en la elección de funcionarios y
representantes, la juramentación del Señor de Vizcaya, la elaboración de ordenanzas y el
ordenamiento de la economía de los pueblos vascos.
La enciclopedia virtual Wikipedia dedica una entrada a los “montes bocineros”, que
además del macizo de Gorbea incluyen a los cerros Coliza, Oiz, Sollube y Ganekogertz.
Visibles desde el resto del territorio, estas cimas eran ascendidas para realizar señales sonoras
con bocinas hechas de cuernos, además de luminarias con grandes hogueras encendidas antes
del amanecer. Esta forma tradicional de convocatoria a las Juntas Generales estuvo en vigor
desde la Edad Media. En 2004 se instituyó la fecha 8 de Mayo como “Día de los Montes
Bocineros”, coincidiendo con el vigésimo quinto aniversario de su restitución. El periódico
El Correo publicó, el día 7 de Junio de 2015, la noticia de una multitud de setecientas
personas congregadas en la cima del Gorbea para conmemorar su papel como “Monte
Bocinero”. ●

Referencias citadas
Arana, Anuntzi, Storm Makers Mountain Divinities. Zainak Cuadernos de Antropología-Etnografía 17, 1998,
pp. 229-242.
Bausani, A., Tracce di un arcaico essere supremo femminile nel folclore Basco. Numen, 1956. Pp. 97-110.
Ceruti, M. C., Montañas Sagradas en el País Vasco y su Mitología. En Mitológicas, Vol. XXIX, Buenos Aires.,
2011, pp. 27-46.
----Montañas Sagradas del País Vasco. Mundo Editorial. Salta, 2014.
----El Camino de Santiago y las Montañas Sagradas de Galicia. Mundo Editorial. Salta, 2015.
----El macizo Catinaccio y el lago de Antermoia: montañas sagradas y mitología ladina en las Dolomitas de Val
di Fassa (Alpes del noreste de italia). Scripta Ethnológica XXXIX: 67-85. Centro Argentino de Etnología
Americana. Buenos Aires, 2018.
----El Monte Circeo y otras montañas míticas de la región pontina (Latina, Italia). Turismo y Patrimonio Nro.
13: 177-189. Instituto de Investigaciones del Turismo. Universidad San Martín de Porres. Lima, 2019.

430
Véase Ceruti 2021.
431
Véase Ceruti 2011 y 2014.
432
Ceruti 2020ª.
433
Ceruti 2020b.
434
Ceruti 2018.
435
Ceruti 2020c.
436
Ceruti 2019.

96
----La Ermita de Aizkorri, el Monte Aitxuri y el Santuario de Arantzazu: una mirada a la montaña sagrada en
la territorialidad vasca. Ponencia presentada en el VI Congreso de la Asociación Latinoamericana de
Antropología. Montevideo (modalidad virtual), 23 al 28 de Noviembre de 2020 a.
----El macizo de Scilliar: brujas y hechiceros en un monte sagrado de las Dolomitas. En Histopía Año II Nro.
10, 2020 b, pp.37-46.
----Monte Ucka y Santuario de Trsat: mitología, turismo y religiosidad popular en el norte de Croacia. Revista
Turismo y Patrimonio Nro. 15, 2020c pp. 181-194.
[Link]
De la Fuente, J., (compilador) Gorbea. Editado por la Federación Vizcaína de Montaña, 1991.
Zamudio Everson, M., Tenacity in Religion, Myth and Folklore: the Neolithic goddess of old Europe preserved
in a non-Indo-European setting. The Journal of Indo-European Studies, 1989.
Ortiz Oses, A. y Garagalza, L., Mitología Vasca.

97
Reseñas

UN SINCERO HOMENAJE AL
GENERAL MANUEL BELGRANO
María Teresa Fuster

Título: “La aventura de replicar la Pistola del general Manuel Belgrano”

Autor: Osvaldo y Martín Gatto

Rosario, 2020 pp. 80.

98
Motivados por el amor a la historia y en tributo al bicentenario de la muerte de uno de los
más grandes hombres de la patria: el general Manuel Belgrano, los artesanos Osvaldo Gatto
y su hijo Martín, residentes en Rosario (Provincia de Santa Fe), especialistas en armas
antiguas, realizaron un trabajo meticuloso y extraordinario de copiar hasta en sus más
mínimos detalles el arma favorita del general Manuel Belgrano, con el mérito de haber sido
los primeros en reproducir un arma de fuego de un prócer de su magnitud.
Osvaldo y Martín – padre e hijo- poseen el único taller en América Latina dedicado a la
fabricación de armas antiguas y reconocido a nivel mundial. Durante todo el año 2019
decidieron parar todo trabajo en su taller para que, limando, forjando metales, cortando
maderas y ensayando para lograr obtener una réplica prototipo con rigurosa exactitud
histórica del arma de nuestro prócer.
Según palabras del propio autor “Nunca se intentó un proyecto similar con un arma de
fuego que haya pertenecido a alguno de nuestros próceres. De tal modo que el desafío resultó
aún mayor, el de ser los precursores en proponerse semejante meta”.
Osvaldo Gatto y su hijo se propusieron alcanzar una réplica exacta hasta en sus más
mínimos detalles de la histórica pistola. Con tal fin investigaron ardua e incansablemente
fuentes documentales, acudieron a museos nacionales, entrevistaron a historiadores,
especialistas y se sumergieron en el análisis bibliográfico. Sabían que al general Belgrano,
se le adjudicaba la posesión de tres pistolas y que no se le conocía la propiedad de ningún
arma de fuego larga.
Se abocaron entonces a estudiar el arma que menos se conocía del creador de nuestra
bandera “el arma de fuego que más tiempo quedó en manos de nuestro prócer”. Nos relata
Osvaldo “Teniendo en cuenta que se trata de un arma de uso civil, es factible que lo
acompañara en algún viaje hacia alguna de las provincias interiores, o en sus caminatas desde
su casa a destinos diversos. El mismo Cabildo, por ejemplo. La pistola es de tamaño mediano,
cañón liso en su interior, y su calibre es de 16mm. Su exterior presenta las características
propias de las armas españolas, con rebajes a dos órdenes como suele llamarse a estos
cañones, redondeado hasta casi la mitad y octogonal con fuga hacia su parte trasera. No
presenta marca de fabricante alguna. Esto puede atribuirse a que posiblemente fue construida
en tiempos de la invasión napoleónica a España y su fabricante habría procurado por este
medio su anonimato”.
Este trabajo incansable de años dio sus frutos justamente en el año del bicentenario de la
muerte de Manuel Belgrano (1820- 2020) y la descripción de la tarea con fotos originales del
proceso es posible apreciarlas en este singular libro que vale la pena conocer.
Según palabras de Gatto “Así llegamos entonces a esta notable réplica, que al igual que su
original, se construyó utilizando metales similares, respetando sus medidas y alcanzando la
misma funcionalidad. Sobra con decir, que la original difiere de nuestra replica en solo 25
gramos, además de su carga histórica por supuesto, lo cual sitúa a la original en una pieza
única, mudo testigo de ignoradas circunstancias y silenciadas conversaciones”.
Los detalles y pormenores de la aventura de replicar la pistola que utilizara Manuel
Belgrano se explican al lector de una forma amena y rigurosa en esta obra testigo del esfuerzo
y amor a nuestra patria.●

99
Uniformología

Soldado de la compañía de cazadores del Regimiento N°6 de Infantería, también conocido


como “de Pardos”, por formar con tropa negra.

100
Compañía de cazadores del Regimiento N°6 de Infantería, también conocido como “de
Pardos”
Esta unidad tuvo su origen en el viejo Tercio de Naturales, Pardos y Morenos, de la gesta de
1807. Pasados esos días, la reforma de 1809 del último virrey del Río de la Plata, Baltasar
Hidalgo de Cisneros, lo reorganiza como batallón de milicias provinciales, con 2 compañías
de granaderos y 7 de fusileros. Apenas pasado un año, las medidas de la Junta de Gobierno
pasaran a elevarlo a regimiento, como al resto de la infantería de Buenos Aires, sólo que, sin
numeración y continuando la denominación de Castas. En junio de 1810 le son retiradas las
compañías de Naturales (indígenas), quedando la unidad formada únicamente con tropa
negra. Prontamente entrará en servicio, siendo enviado a la banda Oriental, donde estará en
activo durante los primeros años de la Revolución, asistiendo al sitio de Montevideo; allí se
destacaría en la batalla del Cerrito, el último día de 1812. Durante ese mismo año, a la par de
la creación de un sexto regimiento de infantería en el Ejército Auxiliar del Perú a principios
de 1811, el de Castas comienza a ser nombrado como el 6° de Pardos. Tras la caída de la
plaza es enviado como refuerzo al golpeado Ejército Auxiliar, en octubre de 1814, donde
arriba con menos de 300 plazas, al mando del teniente coronel Francisco Zelada. Actuó la
unidad en la fallida campaña de 1815 al Alto Perú, que depararía en la derrota de Wiluma o
Sipe-Sipe; al regreso a campo propio, las bajas sufridas motivarían la disolución del cuerpo
y el pase de sus restos a otras unidades. Volviendo a la ilustración, muestra ésta a un cazador
con el uniforme decretado el 29 de marzo de 1814, sumamente sobrio y práctico: chaqueta
de paño azul con adornos encarnados, botones de latón amarillo, centro azul o, como en esta
ocasión, de brin blanco; botines de paño o brin, zapatos. Completa el equipo correajes de
ante, morral de lona y tal vez una correa para un chifle o cantimplora. La gorra de suela,
protegida por un forro negro de tela encerada o brin, que deja ver, sin embargo, el pompón
verde que lo identifica como tropa ligera. Es probable que llevara sardinetas amarillas por
fuera de las botas.
Texto: Prof. Diego Argañaraz.
Ilustración: Prof. Gabriel Popolizio

Bibliografía

Luqui Lagleyze, J. M.; Historia y Campañas del Ejército Realista. Tomo I 1810-1820, Rosario, Fund. Mater
Dei, 1997.
Fernández Rivas, J., Uniformes del Ejército Argentino 1810-1820, Buenos Aires, All-Cop Ed., 1972.
Pedrazzoli, F. D., Uniformes del Ejército del Norte, Infantería - Alto Perú, 1814-15, Cuadernillo 2.

101
Revista “Caras y Caretas” Año 1919 (AGN- Biblioteca).

102
103

También podría gustarte