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Mausoleo de Belgrano: Historia y Significado

El documento describe la historia del mausoleo del general Manuel Belgrano en Santo Domingo, Argentina. Explica cómo surgió la iniciativa de estudiantes en 1895 para construir un monumento digno para albergar sus restos, actualmente se encuentra allí a 120 años de su inauguración en 1903.

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Mausoleo de Belgrano: Historia y Significado

El documento describe la historia del mausoleo del general Manuel Belgrano en Santo Domingo, Argentina. Explica cómo surgió la iniciativa de estudiantes en 1895 para construir un monumento digno para albergar sus restos, actualmente se encuentra allí a 120 años de su inauguración en 1903.

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1

Sumario
Editorial. Pág. 3.

“El Mausoleo del general Manuel Belgrano en Santo Domingo. Su


historia, descripción e interpretación a 120 años de la inauguración
(1903-2023)”
Por Carlos María Marturet. Pág. 5.

Documentos de Nuestra Historia

“Manuel Belgrano y su correspondencia con el Congreso de Tucumán”.


Por María Teresa Fuster. Pág. 24.
ISSN 2683-6904

Año V N- 26 Junio 2023 “Una carta de doña Carmen Quintanilla de Alvear”.


Por Roberto L. Elissalde. Pág.27.
Staff:

Dirección: Curiosidades de la Historia


María Teresa Fuster

Redactor principal “La gastronomía limeña en tiempos de la Independencia”


Roberto L. Elissalde Por Eduardo Dargent Chamot. Pág. 31.
Redacción:
Sergio Fuster Historia Colonial

Comité científico: “El señor de la Plaza. El fiel ejecutor y las manifestaciones de trigo en
Néstor Careaga Alfonso Buenos Aires colonial”
Fernando Chao +
Jorge N. Di Nucci
Por Mauro Luis Pelozatto Reilly. Pág.43.
Olga Fernández Latour de Botas
Susana Frías Historia de la Cultura
Héctor Patiño Gardone
Mary Monte de López Moreira
M. Cristina Scomazzon
“Escribir la Historia Argentina desde el interior. La obra de Manuel M.
Eduardo Trigo O’Connor d’ Arlach Cervera (1863-1956)”
Juan Eduardo Vargas Cariola Por Alejandro A. Damianovich. Pág. 54.

Corrección:
“La guerra del Paraguay y su influencia en Catamarca”
Eduardo Fusero
Por Mónica Alejandra Olivera. Pág.62.
Diseño:
Demis Juliá Adelantos editoriales
San Blas 5158 CABA CP 1407.
“Hospital Nacional de Alienadas” (capítulo IX del libro “Embajador de
Mail: revistahistopia@[Link] la salud. Dr. Antonio F. Piñero (1855-1921)”
Por Pablo Piñero. Pág. 67.
© 2019. Registro de propiedad intelectual. Ley
11.723. Se puede citar cualquier parte del
contenido de la presente publicación Reseñas por sus propios autores
siempre y cuando se mencione la fuente
“Los muertos de Plaza de Mayo 1943-1953-1955”
Foto de tapa: Óleo de Manuel Belgrano por Por Héctor Daniel De Arriba. Pág.75.
Ducrós Hicken..

2
Editorial

Revista Histopía presenta a sus lectores un variado temario de excelentes trabajos


académicos en su quinto año de existencia.
Realizaremos un recorrido por los documentos que cuentan nuestra historia y nos
hablan de hombres y mujeres que en su accionar dejaron huella. Roberto L. Elissalde
hará referencia a documentación inédita de la familia Alvear, y conoceremos las
comunicaciones del general Manuel Belgrano con el Congreso de Tucumán en 1816 que
nos evidencian la personalidad de este gran hombre de nuestra historia a modo de
homenaje en un nuevo aniversario de su muerte y nacimiento, y en este sentido el
secretario del Instituto Nacional Belgraniano, Carlos María Marturet, nos dará detalles
pormenorizados del Mausoleo que conserva sus restos a 120 años de su inauguración.
Desde la Republica hermana de Perú, Eduardo Dargent Chamot nos contará
curiosidades sobre la gastronomía en tiempos de la Independencia y, en un interesante
aporte a la historia colonial Mauro Luis Pelozatto Reilly nos mostrará como era el
abasto de alimentos en los albores de nuestra historia. Alejandro A. Damianovich nos
recordará a un gran historiador, Miguel Cervera, y sus aportes a nuestro conocimiento
de esta ciencia. Mónica Alejandra Olivera por su parte nos dará detalles de la
participación de la provincia de Catamarca durante la Guerra de la Triple Alianza.
En adelantos editoriales presentamos a nuestros lectores los libros de Pablo Piñero
sobre la figura de su antepasado el Dr. Antonio Piñero y de Hector Daniel De Arriba
sobre los Muertos de Plaza de Mayo en los trágicos sucesos de 1945, 1953 y 1955.
Otro número de calidad y excelencia que invitamos a nuestros lectores a disfrutar.

Lic. Teresa Fuster

Directora de Revista Histopía

3
Afiche del Día de la Bandera (AGN- año 1949).

4
EL MAUSOLEO DEL GENERAL
MANUEL BELGRANO EN SANTO
DOMINGO
Su historia, descripción e interpretación
A 120 años de la inauguración
(1903 – 2023)
Carlos María Marturet1

“(…) La posteridad agradecida a tan importantes servicios, ha levantado la estatua del General
Belgrano en la primera de las plazas de la República. Y sin embargo, aún no ha hecho a sus restos un
monumento digno a contenerlos. Los restos de Belgrano reposan en el pretil de la Iglesia de Santo
Domingo, encerrado en una tumba modesta, que apenas se revela por una inscripción en mármol. No
es allí donde deben estar. El vencedor de Las Piedras, de Salta y de Tucumán, no debe dormir su último
sueño como el más oscuro de los hombres. La muerte iguala a todos a los ojos de Dios, pero en la
humanidad siguen existiendo las diferencias que entre ellos establece la grandeza del alma y la firmeza
del carácter (…)”.2

1
GB (R) “VGM” Carlos María Marturet. Licenciado en Estrategia y Organización. Miembro de número y
secretario académico del Instituto Nacional Belgraniano, y miembro de número del Instituto Argentino
de Historia Militar.
2
Bourel, F., El General Belgrano, en: La Ilustración Argentina (Publicación literaria, histórica y
artística), Año V, Número 19, Buenos Aires, 10 de julio de 1885, p. 146.

5
La iniciativa para la construcción del mausoleo

A lo largo de los años, más específicamente a partir de 1880, con la repatriación e


inhumación de los restos del Libertador general José de San Martín, en su mausoleo en
la Catedral de Buenos Aires, distintas personalidades de la política, de la educación, de
la cultura y del periodismo, pregonaron por lo propio, respecto de los restos del general
Belgrano.
En 1895, el esperanzado clamor comenzó a hacerse realidad. El 1ro. de julio, los
estudiantes de la Sección Sur del Colegio Nacional de Buenos Aires (actual Colegio
Nacional Nro. 1 “Bernardino Rivadavia”),3 junto con los de la Escuela Nacional de
Comercio (actual Escuela Superior de Comercio “Carlos Pellegrini”),4 estaban
preparando la velada para celebrar la fiesta patria del 9 de Julio. Uno de ellos, el
estudiante Gabriel L. Souto, lanzó la idea de hacerle un mausoleo 5 a Belgrano, que fuera
digno de honrar sus restos.
El 9 de julio, como se había programado se realizó la procesión cívica. Partió a las
dos y media de la tarde desde la plaza Lorea, lugar de concentración. La encabezaba la
comisión convocante, seguido por los profesores y estudiantes de los Colegios
Normales del Sud y del Norte, del Colegio Nacional, de la Escuela de Comercio, y un
número importante de jóvenes de otras instituciones educacionales. A las tres de la tarde
arribaron a la Plaza de Mayo y se congregaron alrededor del monumento ecuestre al
general Belgrano. Después que se escuchara el Himno Nacional, subió al pedestal el
alumno Gabriel L. Souto, y en nombre de los estudiantes les habló llamando a la
gratitud nacional a reparar el olvido que sufrían los restos mortales de Belgrano,
sepultados humildemente en el atrio de la iglesia de Santo Domingo, e invitó al pueblo a
participar en la iniciativa de construcción de un monumento fúnebre, que conservara los
restos del héroe, y que debería ser costeado por suscripción pública. Cerró la
convocatoria el profesor Gabriel Carrasco6 resaltando: “(…) que esta iniciativa era justa
que partiera de esta juventud llena de preciosos ideales, y que repercuta desde las

3
El colegio Nacional N° 1 Bernardino Rivadavia fue creado el 2 de septiembre de 1891, como Sección
Sur anexo del Colegio Nacional Buenos Aires, conocido con el nombre de "Colegio del Sud",
posteriormente, en el año 1909, fue renombrado como Colegio Nacional Nro. 1. “Bernardino
Rivadavia”.
4
La Escuela Superior Carlos Pellegrini es una institución preuniversitaria pública de enseñanza
secundaria de la ciudad de Buenos Aires que depende directamente del rectorado de la UBA: Fue
fundada por el presidente Carlos Pellegrini en el año 1890 constituyéndose como la primera Escuela de
Comercio del país; siendo pionera en el otorgamiento del título secundario de Perito Mercantil.
5
La palabra Mausoleo proviene del latín y significa “sepulcro de Mausolo” quien fuera fue Sátrapa de
Caria un antigua región histórica del imperio Persa, situada actualmente al sudoeste de lo que hoy es
Turquía. Gobernó desde el año 377 hasta su fallecimiento en 353 a. C. El fallecimiento de Mausolo
causó un profundo pesar en su esposa y hermana – Artemisa II -, quien, para preservar la memoria de su
amado, mandó construir en Halicarnaso (Capital de Caria) un sepulcro que eclipsara todo lo que en este
género se había visto hasta entonces. El monumento empezó a construirse en el año 353 a. C. y fue
terminada en el año 350 a. C., medía aproximadamente 45 metros de altura, y cada una de las cuatro
plantas estaba adornada con exquisitos relieves escultóricos. Por su esplendor fue llamada una de las
siete maravillas del mundo antiguo. El mausoleo soportó las invasiones y saqueos de la ciudad por
griegos y árabes, pero, finalmente, fue destruido por un terremoto en el año 1404. En la actualidad,
mausoleo, define a un monumento y sepulcro solemne levantado en honor de un personaje notable.
6
Carrasco, G., (Rosario, 1854 – Buenos Aires, 1908). Pedagogo, estadístico, periodista, historiador,
geógrafo, intendente municipal, ministro, diputado y convencional argentino.

6
márgenes del Plata hasta Jujuy (…)”. 7 La propuesta fue recibida con vítores y aplausos.
Para promover el evento, se organizó una “comisión provisoria” que asumió la tarea de
redactar un manifiesto e invitación que debía ser entregado a personalidades políticas de
Buenos Aires y a otras entidades representadas en el país.

Reunión de la comisión convocante, denominada “Comisión Provisoria”, y la


formación de la “Comisión Ejecutiva Central” 8

El 10 de agosto, a las 20:30 horas, en el Convento de Santo Domingo se declaró abierta


la sesión de la “comisión provisoria”, que congregó a treinta asambleístas bajo la
presidencia de Gabriel L. Souto. En sus palabras de bienvenida definió el objeto de la
convocatoria: “(…) Señores, como presidente de la Comisión Provisoria a cuyo nombre
he tenido el honor de pasaros la invitación que os congrega en este recinto sagrado,
correspóndeme el nuevo honor de manifestaros el objeto de esta reunión, o más bien
ampliarlo puesto que en la invitación que habéis recibido ya os lo decía brevemente.
Señores, hemos iniciado el pensamiento de construir por suscripción popular un
mausoleo que guarde dignamente, como corresponde al culto cívico del pueblo, las
veneradas cenizas del General Belgrano, que aún no tienen un sepulcro digno de la
consideración que merece su nombre glorioso y hemos creído que lo que más conviene
para que la iniciativa obtenga el éxito necesario es ponerla bajo el patrocinio de
personas como las que aquí se hallan en este momento, que por su posición social y
respetabilidad son una garantía de buen resultado. No es justo ni lógico que sus
despojos descansen todavía en la humilde tumba donde lo llevo su extrema pobreza y
donde ha permanecido largos años tan olvidado que casi ni indicios existen de que allí
hay un héroe de la Patria, su Primer Ciudadano (…)”.9
Otros puntos de este primer orden del día contemplaron: la lectura de las once
adhesiones y apoyos al evento; la invitación a la honorable asamblea para la
constitución de las nuevas comisiones, las que fueron aprobadas por unanimidad; la
elección del Convento de Santo Domingo como lugar de reunión de los asambleístas; y
por último y por iniciativa de la nueva Comisión, se realizó la primera contribución
voluntaria e innominada, donde se recolectó la cantidad de $ m/n 1.038,90.- para
sufragar los primeros gastos. A las 22:45 horas, con la aprobación y firma del acta, se
dio por levantada esta histórica primera asamblea. 10
Como resultado de las propuestas, se conformaron: la Comisión Honoraria, la
Comisión Ejecutiva Central, la Comisión Asesora, y la Comisión de Propaganda. La

7
Periódico La Prensa Convocatoria para la construcción del mausoleo al general Belgrano, edición del 5
de julio de 1895.
8
Las sesiones de la Comisión Ejecutiva Central fueron registradas en un Libro de Actas Pro- Mausoleo.
La sesión convocada por la denominada “comisión provisoria”, se celebró en el Convento de Santo
Domingo el 10 agosto de 1895. Por su parte, la primera asamblea ordinaria de la Comisión Ejecutiva
Central, nuevo nombre que recibió la comisión pro-monumento, se formalizó el 13 agosto de ese año, y
la última, se registró el 9 de mayo de 1900. Entre ambas fechas se concretaron cuarenta y cinco
asambleas. Los últimos folios - números 96 a 98 -, de este libro de actas corresponden a la sesión del 30
de abril de 1900, donde la “comisión ejecutiva central” registra la aprobación y firma del balance de
caja. La autorización de gasto de $ m/n 50.-, para la adquisición de este “Libro de Actas” fue aprobada
en la 32da sesión ordinaria de la “comisión ejecutiva central”, celebrada el 19 de octubre de 1896. Este
documento histórico forma parte de la biblioteca del Instituto Nacional Belgraniano.
9
Libro de Actas de las Asambleas Ordinarias y Extraordinarias de la Comisión Ejecutiva Central Pro Mausoleo al general Belgrano,
Palabras de bienvenida del presidente de la Comisión Provisoria, señor Gabriel L. Souto, con motivo de la sesión de apertura de
la asamblea, brindadas en el convento de Santo Domingo el 10 de agosto de 1895, en: Biblioteca del Instituto Nacional
Belgraniano, folio 1.
10
, Libro de Actas de las Asambleas Ordinarias y Extraordinarias de la Comisión Ejecutiva Central Pro Mausoleo al general
Belgrano, Acta de la asamblea celebrada el 10 de agosto de 1895, en: Biblioteca del Instituto Nacional Belgraniano, folios 1-4.

7
“Comisión honoraria” quedo integrada por los expresidentes de la Nación: teniente
general Bartolomé Mitre, el teniente general Alejo Julio Argentino Roca, y el doctor
Carlos Pellegrini. El abogado, diplomático y político, doctor Bernardo de Irigoyen, el
abogado, historiador y político, doctor Vicente Fidel López, el poeta y funcionario,
Carlos Guido Spano, el obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Juan Agustín Boneo
y el prior del convento de Santo Domingo, fray Marcelino Benavente.
Para la presidencia de la “Comisión Ejecutiva Central” fue nombrado el autor de la
iniciativa, señor Gabriel L. Souto, y las vicepresidencias fueron cubiertas por los
señores Arturo B. Carranza, y Olegario Castro Cáceres. Además, se designaron
secretarios, tesoreros y vocales. La “Comisión Asesora”, la integraban, entre otros: el
doctor José M. Gutiérrez, fray Modesto Beco, el capitán de navío Martin Guerrico, y el
doctor Bartolomé Mitre y Vedia. La “Comisión de Propaganda” fue cubierta por
entusiastas representantes de la vida política, cultural, social, de las fuerzas armadas y
del clero, asistentes a la reunión. El cargo de “secretario general” recayó en el Ejército
Argentino, y para este puesto fue designado el mayor Juan M. Espora.

“Comisión Ejecutiva Central”. (En la primera línea, ubicado segundo de izq. a der, el presidente, y
promotor de la iniciativa, señor Gabriel L. Souto). Fotografía de La Nación, Inauguración del Mausoleo
del General Belgrano, en: Suplemento Semanal Ilustrado, Año I, N° 43, Buenos Aires, 25 de junio de
1903.

8
En la 1ra asamblea celebrada el 13 de agosto11 la comisión ejecutiva central resuelve
federalizar la iniciativa del mausoleo, encargando al secretario general, mayor Espora,
la redacción de la proclama de invitación dirigida a los gobernadores de provincia y de
territorios nacionales, y al pueblo de la república. El texto de la proclama, y las acciones
de difusión que incluían confección de circulares, y notas a los directores de diarios y
publicaciones con alcance nacional, así como la autorización de estos gastos, fueron
tratados y aprobados en la asamblea, celebrada el 22 de agosto.12
La iniciativa empieza a monetizarse, y en el libro de actas de la asamblea
extraordinaria del 14 de septiembre 13 se registran, nominal y numéricamente, el ingreso
de las primeras contribuciones. Inicialmente, se fijó al mes de junio de 1896 como fecha
límite para recibir recaudaciones. No obstante, en ese mismo año el Congreso Nacional
sancionó la Ley Nro. 3.363, por la que otorgaba un aporte de $ m/n 50.000.- para la
colecta, iniciativa a la que se adhirieron el Ejército Argentino, la Armada Nacional,
varias legislaturas provinciales y municipales, y una importantísima cantidad de
instituciones y asociaciones públicas y privadas de muy variada naturaleza. Los aportes
continuaron llegando, por lo que la colecta debió prolongarse por más tiempo del fijado
inicialmente, y cuando por fin se dio por cerrada la recaudación, se había colectado la
cantidad de $ m/n 107.725, 25.-, suma muy importante para la época. El objetivo de
erigir el mausoleo por suscripción popular y nacional se había logrado.

Libro de Actas de las Asambleas Ordinarias y Extraordinarias de la Comisión Ejecutiva Central pro-
mausoleo al general Belgrano. (Archivo I.N.B).

11
Libro de Actas, Primera sesión ordinaria, folios 5-7.
12
Libro de Actas, Segunda sesión ordinaria, folios 8-12.
13
Libro de Actas, Quinta sesión extraordinaria, folios 16-20.

9
Paralelamente con las acciones financieras, las comisiones trataban lo relacionado
con la confección de mausoleo. En una de las últimas sesiones del año 1895, el 12 de
noviembre,14 se aprobó al procedimiento de “concurso”, como forma más beneficioso
para obtener proyectos del mausoleo, además se propuso al atrio del Convento como
lugar para edificar el monumento.
El jurado que debía seleccionar el mausoleo a ser construido, y las bases del concurso
fueron tratadas en las asambleas del 9 de junio 15 y del 23 de julio de 1896.16 El jurado
estaría compuesto por cuatro senadores y cuatro diputados del congreso nacional.
Nuevamente los ilustres nombres de Mitre, Roca, Bernardo de Irigoyen, Carlos
Pellegrini, y otras personalidades, estuvieron entre los miembros del comité. Además, se
resolvió apoyar el trabajo de esta comisión de congresales con tres asesores técnicos. La
designación recayó en los ingenieros: Luis Huergo, Guillermo White y Carlos María
Morales. La trasparencia del concurso quedo asegurado al establecer el salón de la
presidencia de la cámara de senadores como lugar de reunión de la comisión, y la
debida publicidad de lo resuelto en cada una de sus sesiones. Los artículos más
relevantes del programa del concurso establecían que: el mausoleo debería ser erigido
en el atrio de Santo Domingo, quedando su estilo y los materiales a emplearse librados a
la elección de los proyectistas; que los costos totales de la obra no podrían exceder el
monto de (en puntos suspensivos, no precisado en esta sesión); y también que el
concurso seria abierto para todos arquitectos y escultores, nacionales y extranjeros,
interesados a participar en este proyecto.
Las bases del concurso fueron aprobadas en la asamblea del 15 de septiembre de
1896.17 Junto con la difusión nacional del proyecto, se decidió, por la tradición y calidad
de los escultores italianos y franceses, convocar a los artistas de estos países, solicitando
a los ministros Plenipotenciarios Argentinos (Embajadores) formular las respectivas
invitaciones. Asimismo, luego de intenso debate, fueron fijados los montos disponibles
para la obra del mausoleo, y los premios monetarios para los tres mejores proyectos.
Con estas resoluciones se declaró abierto, por el término de seis meses, el concurso para
la presentación de planos y modelos.
El 21 de mayo de 1897,18 la subcomisión del jurado comunica a la asamblea, que
hasta esta fecha se han recibido 15 magníficos bocetos que se exhiben en el “Pabellón
Argentino”,19 lugar seleccionado para la exposición pública de los proyectos que se
presentaran. “Gloria al Héroe”, “Gratitud”, “Religión y Patria”, “Fides”, “Pro-Patria”,
etc, fueron algunos de los lemas de las obras expuestas.
El 2 de julio de 1897,20 el jurado se expide y eleva por nota a la comisión ejecutiva
central, los resultados del concurso: el primer premio fue otorgado al escultor italiano
Ettore Ximenes, el segundo premio al artista veneciano Vittorio de Pol (Italia, 1865 –
Buenos Aires, 1925), y el tercer premio al artista argentino Arturo Dresco (Buenos
Aires, 1875 – 1961).

14
Libro de Actas, Décimo cuarta sesión ordinaria, folios 33-34.
15
Libro de Actas, Vigésima segunda sesión ordinaria, folios 46-50.
16
Libro de Actas, Vigésima sexta sesión ordinaria, folios 54-56.
17
Libro de Actas, Vigésima novena sesión ordinaria, folios 59-61.
18
Libro de Actas, Trigésima cuarta sesión ordinaria, folios 71-72.
19
El Pabellón Argentino fue una construcción monumental con la que el Estado Argentino participó en la
Exposición Universal de París de 1889. Luego de su éxito en la capital francesa, fue desmontado,
trasladado a Buenos Aires, y emplazado en la actual plaza San Martin, adonde funcionó como Museo de
Bellas Artes entre 1910 y 1932, oportunidad que fue demolido para ampliar la plaza San Martin ubicada
en el barrio de Retiro.
20
Libro de Actas, Trigésima quinta sesión ordinaria, folios 72-73.

10
Ettore Ximenes, (Palermo, 1855 – Roma, 1926), llegó a la Argentina por primera vez
en 1896, entusiasmado con difundir su arte y de participar en el concurso que se estaba
organizando. Consciente de las bondades que el mercado porteño suministraba a los
artistas italianos, inauguró su estudio artístico en el “Palacio Anchorena” en la calle
Corrientes y Reconquista, deseoso de recibir pedidos. Este artista siciliano,
especializado en obras de inspiración religiosa y mitológica, ya poseía un reconocido
prestigio en su país y en Francia. Probablemente su mayor logro hasta la llegada al país
fue el monumento ecuestre a Giuseppe Garibaldi en Piazzale Carioli en Milán (Piazza
Castello), erigida en 1895. También el busto de “La República”, en el Salón Blanco de
la Casa de Gobierno (Casa Rosada), y el mausoleo del doctor y científico Francisco
Javier Muñiz en el cementerio de La Recoleta son algunas de sus varias creaciones.

“Ettore Ximenes” (Italia, 1855 – 1926), escultor, autor del mausoleo.


Fotografía: Alessio Ponti, Galería de arte, Roma, Italia.

No obstante, el triunfo de Ximenes, probablemente por presiones diplomáticas, la


comisión ejecutiva central en las sesiones del 2 y 4 de agosto de 189721 aprobó encargar
al escultor más renombrado de Francia, la elaboración de un proyecto de mausoleo. Al
año siguiente, el 21 de marzo de 1898, 22 el embajador argentino en Francia, el escritor
Miguel Cané, informa que el escultor francés Jules - Félix Coutan (Francia, 1848 –
1939), ha aceptado la elaboración de un proyecto de mausoleo. De esta manera, una
nueva competencia se estaba organizando entre los dos primeros premiados del
certamen - Ettore Ximenes y Vittorio de Pol -, y el artista francés recién invitado. Para
evaluar los méritos artísticos de los proyectos a ser presentados, se designó una nueva
subcomisión de arte que estaría integrada por distinguidas personalidades. Esta se

21
Libro de Actas, Trigésima sexta (y continuación) sesión ordinaria, folios 73-76.
22
Libro de Actas, Trigésima séptima sesión ordinaria, folios 76-77.

11
concretó el 25 de marzo de 189823 con la designación de los señores: Santiago Alcorta,
Lucio Correa Morales, Eduardo Holmberg, Ángel Della Valle, el doctor Dardo Rocha, y
otros suplentes para caso de eventuales renuncias. Los proyectos y bocetos fueron
exhibidos en uno de los salones del “Bon Marché” (Buen mercado) en la calle Florida,
(actuales galerías pacifico), sede desde el 25 de diciembre de 1896 del Museo Nacional
de Bellas Artes.
El trabajo la “subcomisión especial de arte” fue extenso y engorroso, pero al fin, los
primeros días de agosto de 1898,24 anunciaron que el trabajo que mejor simbolizaba la
personalidad civil y militar, y los valores del prócer correspondía al diseño del escultor
Ettore Ximenes. Con esta propuesta, la comisión ejecutiva realizó la votación
considerando los tres proyectos en concurso. Como resultado, por trece votos,
declararon nuevamente ganador al boceto presentado por Ettore Ximenes, seguido por
su compatriota Vittorio de Pol, que recibió cuatro votos, y en el tercer puesto Jules -
Félix Coutan, que recibió sólo un voto.
Durante los meses siguientes la comisión ejecutiva central debatió las condiciones del
monumento, las que fueron finalmente aprobadas en la cuadragésima tercera sesión
extraordinaria celebrada el 24 de agosto de 1898.25 En esta asamblea se redactaron y
aprobaron los quince artículos que darían forma a las bases del contrato para la
construcción de mausoleo.
En este articulado, en general se fijaron: la altura y proporciones del mausoleo; el
material para la construcción del basamento, de las alegorías, de los ángeles, el
sarcófago, y otros detalles de arte; las facultades otorgadas al escultor para realizar
modificaciones artísticas; los tiempos de construcción; las formas y condiciones
administrativas y financieras para el pago de la obra, previsiones en caso de
fallecimiento del artista; forma de arbitraje en asuntos de divergencias, etc. Con la firma
del contrato se iniciaron las obras de construcción del mausoleo, las que se fueron
concretando coordinadamente en el país y en Italia, bajo la precisa mirada del escultor
Ximenes.
Esporádicamente la comisión ejecutiva central informaba, y los periódicos porteños
publicaban noticias, dando cuenta de los avances de la obra. El 9 de mayo de 1900,
durante la cuadragésima quinta sesión extraordinaria, el presidente de la comisión
ejecutiva central, Gabriel L. Souto dio lectura a la nota, fechada en Roma el 4 de enero,
enviada por el embajador argentino ante la Republica de Italia y delegado de la
comisión para la supervisión de las partes artísticas del mausoleo en esa república,
doctor Enrique B. Moreno, que concluía:
“(…) He podido convencerme que el señor Ettore Ximenes, trabaja en este monumento
con verdadero amor de artista, porque comprende que él debe ser la expresión del arte
italiano, que dará por resultado que tengamos una obra digna del prócer a quien la
dedica el pueblo argentino (…)”.26
En julio de 1902 arribaron al puerto de Buenos Aires 63 cajas que contenían las
partes italianas del monumento. Con ello se iniciarían las obras de montaje del
mausoleo. El tiempo para dar destino final a los restos del prócer se allegaba.

23
Libro de Actas, Trigésima octava sesión ordinaria, folio 78.
24
Libro de Actas, Cuadragésima primera sesión extraordinaria, folios 81-82.
25
Libro de Actas, Cuadragésima tercera sesión extraordinaria, folios 84-88.
26
Libro de Actas, Cuadragésima quinta sesión extraordinaria, folios 91-96.

12
Exhumación de los restos, y la inauguración del mausoleo

“La exhumación de los restos del general Belgrano”. Fotografía de archivo de la revista “Caras
y Caretas”.

A las dos de la tarde del 4 de septiembre 1902, con la apertura de la lápida ubicada en el
atrio, próximo al frontispicio de la basílica de Nuestra Señora del Rosario, se inició la
exhumación de los restos, en presencia de los miembros de la comisión especial que
había designado el presidente de la Nación, general Roca. La comisión médica legal
estaba integrada por: el inspector de sanidad del Ejército, doctor Marcial V. Quiroga; el
presidente del departamento nacional de higiene, doctor Carlos Malbrán; y el jefe de
sanidad de la Armada, doctor Julián Massot. La comisión de Gobierno la integraban: el
ministro del interior, doctor Joaquín Víctor González; el ministro de guerra, el entonces
coronel Pablo Riccheri; el prior del convento de Santo Domingo, fray Modesto Beccó.
Y por los descendientes de Belgrano, su nieto por parte de la hija de Belgrano -
Manuela Mónica Belgrano Helguero Lindo -, el escritor y periodista, Carlos Manuel
Silvano Vega Belgrano y Belgrano; y el bisnieto del prócer, el subteniente Manuel
Belgrano.
El Escribano de gobierno el Dr. Enrique Garrido labró el Acta notarial: “…Excavada
la fosa con la mayor prolijidad para no perder el más pequeño fragmento de los restos,
vióse lo que era de esperarse en nuestro clima húmedo. Ningún vestigio del ataúd se
conservaba y algunos huesos que aparecían dispersos fueron colocados en una bandeja
de plata, sostenida por uno de los monjes del convento.27(…) Se trató de un documento

27
Escribanía General de Gobierno de la Nación, Cien años junto a la vida de la Republica. 1863-1963,
Buenos Aires, Editorial de la Escribanía General de Gobierno de la Nación, 1967.

13
inicialmente defectuoso porque dos destacadísimas figuras de nuestra historia
pretendieron quedarse con algunos restos del prócer, específicamente algunos dientes
que luego de unos días, por presión periodística y pública se arrepintieron con
vergüenza tuvieron que regresarlos. El lamentable episodio fue dado a conocer por la
Revista “Caras y Caretas en su edición N° 206 bajo el título de “Los ministros
odontólogos” acompañado por una caricatura del general Belgrano saliendo de su tumba
y reclamando: ¡Hasta los dientes me llevan! ¿No tendrán bastante con los propios para
comer del presupuesto?
Los restos de Belgrano fueron depositados en una bandeja de plata, sostenida por el
sacerdote Gonzalo Costa del convento de Santo Domingo y luego introducidos en una
urna la que fue resguardada bajo el Altar Mayor esperando la terminación de los
trabajos del mausoleo.
El 20 de junio de 1903, casi ocho años después de lanzada la iniciativa para su
construcción, el mausoleo fue inaugurado. 83 años después de su muerte Buenos Aires
daba destino final a las cenizas de uno de sus hijos más dilectos. Acompañaban al
presidente de la república, general Roca, ministros, funcionarios nacionales,
diplomáticos, familiares del prócer, y una inmensa cantidad de público que con
respetuoso júbilo desbordaron todo espacio disponible.
El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Mariano Antonio Espinosa, celebró la Santa
Misa en el interior de la basílica. Al finalizar la ceremonia en el interior del templo, la
urna de bronce fue trasladada en palanquín, desde el altar mayor hasta el mausoleo, por
cuatro cadetes del Colegio Militar de la Nación y de la Escuela Naval Militar.
Acompañaban en procesión, las más altas autoridades nacionales, delegaciones
extranjeras, e invitados especiales. Como jefe del cordón de honor se desempeñó el
subteniente Manuel Belgrano. La revista “Caras y Caretas”, en su edición del 27 de
junio de 1903, describía: “(…) El cuadro fue completo y lleno de brillantes
entonaciones. Los cuerpos de infantería y caballería, las escuelas militares y navales y
las fuerzas de desembarque formaron una línea de ejército que se extendía por las calles
Defensa, Belgrano, Venezuela y Bolívar. Alrededor del atrio, en las calles, en las
puertas, balcones y tejados, una competencia enorme tomaba colocación para alcanzar
de la ceremonia los detalles más pequeños (…)”.28
El momento sublime llegó con el descubrimiento del soberbio mausoleo, y con la
instalación de la urna en el interior del monumento. El responso fue realizado por el
prior del convento, Presbítero Raimundo Gabelich, y los discursos estuvieron a cargo,
por el gobierno nacional, el ministro del interior, doctor Joaquín Víctor González; y en
nombre del pueblo, el impulsor de la iniciativa y presidente de la comisión ejecutiva
central, señor Gabriel L. Souto. 101 salvas de honor disparadas por la batería de
artillería emplazada en la avenida Paseo Colon y Belgrano, señalaron la finalización de
la ceremonia.
La Nación, en su editorial del 25 de junio de 1903, con motivo de la inauguración del
mausoleo, escribía: “(…) El presidente de la Republica ha inaugurado en acto solemne
el monumento que el pueblo argentino ha hecho erigir, con su peculio, para guardar las
preciadas cenizas de uno de los hombres más eminentes de la independencia nacional, y
que fue a la vez héroe ilustre en las campañas gloriosos que la cimentaron. Desde hoy
en adelante el General Belgrano tiene una tumba digna de sus merecimientos, no tanto
por el valor intrínseco que representa, como por la idea del pueblo encarnada en esos
mármoles y esos bronces menos brillantes y menos duraderos que la obra del hombre,
diseñada y proseguida con tesón en las horas amargas en que el porvenir se confundía
28
Revista Caras y Caretas, El monumento al General Belgrano, Semanario festivo, literario, artístico y de
actualidad, Buenos Aires, 27 de junio de 1903, p. 27.

14
con la duda y el noble esfuerzo se pagaba con la sangre del cuerpo. Allí se encierran sus
manes y es dentro de la urna que guarda sus cenizas donde viven, límpidas y fulgurantes
las mejores páginas de nuestra historia (…)”.

“Inauguración del mausoleo al general Belgrano”. En: Archivo fotográfico de Belgrano. Infobae, 2018.
Registro fotográfico cedido por el Archivo General de la Nación.

Descripción e interpretación del mausoleo

En el segundo plano o cuerpo del mausoleo denominado “basamento” en el frente norte


que da hacia la avenida Belgrano, se encuentra grabado en letras de molde una sola
palabra Belgrano, única y sublime referencia que identifica al benemérito que reposa en
el mausoleo. Sin embrago, cada detalle artístico de este exquisito monumento funerario
revela la fundacional acción cívica y militar que el prócer puso al servicio su patria
naciente. Y esto es mérito del escultor Ettore Ximenes, quien primero debió estudiar
hasta la admiración la vida de Belgrano, para luego, personificarlo en arte. Esta es su
descripción e interpretación.
El Mausoleo tiene una altura de casi nueve metros, y se sitúa en el atrio 29 de la
Basílica de Nuestra Señora del Rosario y Convento de Santo Domingo (barrio de
Monserrat de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires).
Consta de cinco cuerpos o niveles:
1) El primer cuerpo en la base denominada plataforma de la escalinata
2) El segundo cuerpo lo forma el “basamento de las alegorías”
3) El tercer cuerpo “pedestal de bajorrelieves”
4) El cuarto “la columna de los ángeles custodios” que resguardan el sarcófago
5) Lo constituye el plano de la muerte y la inmortalidad

El primer cuerpo está destinado a los reconocimientos compuesto por cinco escalones
uno por cada diez años de vida del general Belgrano- 50 años-, muy pocos. Allí están
las placas conmemorativas y las ofrendas florales que las instituciones y el pueblo
depositan como tributo al prócer.

29
El atrio es el patio abierto situado a la entrada de algunas iglesias, templos o palacios, que generalmente
tiene forma rectangular y está rodeado de columnas.

15
El cuerpo segundo el “basamento de las alegorías” es la parte de una edificación
sobre la cual se levanta su estructura. El basamento y el pedestal están revestidos de
granito30 rojo extraído de las canteras de Sierras Bayas31 en la provincia de Buenos

30
El granito es una roca ígnea dimensionable, por lo tanto, puede ser cortada y pulida a dimensiones y
formas específicas. Es superior al mármol en dureza, resistencia al desgaste y a la corrosión, y a la
aplicación de esfuerzos de compresión. Por sus características es muy utilizado en la construcción civil
e industrial, en la decoración, en el mobiliario urbano, en el arte funerario y en los monumentos.
31
Las Sierras Bayas es una localidad del partido de Olavarría en la provincia de Buenos Aires. Las
canteras allí existentes forman parte del sistema geológico de Tandilia. El pasado de las Sierras Bayas

16
Aires. El basamento acoge a dos alegorías “Pensiero e Azione”32 (Pensamiento y
acción) elaboradas en bronce representadas por estatuas masculinas desvestidas
cubiertas pudorosamente con mantos, sentadas en butacas romanas ubicadas
lateralmente en sentido este- oeste con una dimensión una y media del tamaño natural
Para la elaboración de “Pensiero e Azione” el artista se inspiró en la poesía política de
su conciudadano Guisseppe Massini33 quien contribuyó a la unificación de Italia.
Belgrano fue un hombre ilustrado, culto, humanista y defensor de las ideas liberales,
pero también un soldado. En estas alegorías se ensamblan armónicamente las virtudes
intelectuales, éticas, morales y espirituales, con las artes militares.
La “alegoría del pensamiento” se simboliza en la estatua de un joven de cuerpo
armónico, en actitud reflexiva y pronta a plasmar sus ideas en un papiro. Esta alegoría
sintetiza los 16 años de estudio y formación académica del prócer, un tercio de su vida.
Belgrano recibió la mejor educación de su época, en un tiempo que la educación era un
privilegio y no un derecho. El propio Belgrano, desde su Autobiografía nos exterioriza
cómo fue su educación: “(…) La ocupación de mi padre fue la de comerciante, y como
le toco el tiempo del monopolio, adquirió riquezas para vivir cómodamente y dar a sus
hijos la educación mejor de aquella época (…) Recibí en Buenos Aires la enseñanza de
las primeras letras, la gramática latina, filosofía y algo de teología en el mismo.
Sucesivamente mi padre me mandó a España a seguir la carrera de las leyes, y allí
estudié en Salamanca; me gradué en Valladolid, continué en Madrid y me recibí de
abogado en la cancillería de Valladolid. (…) Confieso que mi aplicación no la contraje
tanto a la carrera que había ido a emprender, como el estudio de los idiomas vivos, de la
economía política y al derecho público, y que en los primeros momentos en que tuve la
suerte de encontrar hombres amantes al bien público que me manifestaron sus útiles
ideas, se apoderó de mí el deseo de propender cuanto pudiese al provecho general, y
adquirir renombre con mis trabajos hacia tan importante objeto, dirigiéndolos
particularmente a favor de la patria (…)”.34
La “alegoría de la acción”, esta simbolizado en un joven sentado con cuerpo
armónicamente desarrollado. Su rostro adusto mira al frente. Su brazo derecho empuña
una espada desenvainada de dos filos, y su mano izquierda se apoya sobre un
manuscrito donde se lee la palabra “DERECHO”, que testimonia la legalidad y
legitimidad de la lucha por la independencia, pero indubitablemente enmarcada en la ley
y en la justica.
Esta alegoría nos representa la multifacética actividad que desplegó Belgrano a lo
largo de su vida pública. Como acrisola el Instituto Nacional Belgraniano, nuestro
prócer fue: Abogado, economista, periodista, diplomático, militar. Estadista y
paradigma del funcionario público. Pionero en la educación Pública. Promotor del rol
social de la mujer. Protector de los pueblos originarios y primer constitucionalista.
Numen de Mayo. Inspirador de la Escarapela y Creador de la Bandera Nacional.
Brigadier de los Ejércitos de las Provincias Unidas de Sud América.

está férreamente ligado a los primeros picapedreros llegados de Italia, casualmente patria de origen del
padre de Manuel Belgrano, don Domingo Francisco Belgrano Peri.
32
Pensione e Azione (Pensamiento y acción) fue la fórmula que resumió el pensamiento político de
Giuseppe Mazzini, y se convirtió en el título del periódico que dirigió, junto con otras personalidades,
entre los años 1858 y 1860, como órgano propagandístico para difundir los ideales que ostentaban los
republicanos.
33
Nació en Italia, vivió entre 1805 y 1872.
34
Instituto Nacional Belgraniano, Autobiografía del General Manuel Belgrano, que comprende desde sus
primeros años (1770), hasta la Revolución del 25 de Mayo, en: Documentos para la Historia del
General Manuel Belgrano, Tomo III, Volumen II, Quinta Parte: Memorias y Crónicas, Buenos Aires, s.
f., documento número 281, pp. 418-432.

17
El tercer cuerpo, lo forma el pedestal que acoge a dos bajorrelieves”. El bajorrelieve
es una técnica escultórica de imágenes o inscripciones, que se consigue tallando las
figuras que se desean sobresaltar, con lo que se obtiene un efecto tridimensional. Los
bajorrelieves están confeccionados en bronce, incrustados en el pedestal en forma
convexa, acompañando su forma oval. Tienen una dimensión de largo de
aproximadamente tres metros y la altura en proporción. En estos bajorrelieves se
perpetúan dos legados belgranianos: la creación de la primera enseña patria; y la
memorable batalla de Tucumán. Un poco más abajo de ambos bajorrelieves se afirman
sendas guardas de laureles que se ofrecen como homenajes permanentes a su gloria y
honor.

El bajorrelieve que evoca la creación de la Bandera Nacional en la villa del Rosario


en las costas del rio Paraná, el 27 de febrero de 1812 se ubica en la cara norte del
pedestal. En el centro del grabado se identifica al general Belgrano montado, y junto a
él un soldado portando la bandera blanca y celeste a ser presentada por primera vez. A
la izquierda de la escena se observan soldados montados y a pie, e inclusive una banda
militar; y completando el sublime cuadro el pueblo reunido, que con júbilo testimonia la
creación de nuestro primer Símbolo Patrio. “(…) Siendo preciso enarbolar bandera y no
teniéndola la mande hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela
nacional (…)”, documentará Belgrano en su oficio enviado al Triunvirato, informando
la ceremonia de creación, y de enarbolamiento de la bandera blanca y celeste.35 En el
centro del grabado se identifica al general Belgrano montado y a sus pies un soldado
portando la bandera blanca y celeste a ser presentada por primera vez. A la izquierda de
la escena se observan soldados montados y a pie, e inclusive una banda militar; y
completando el sublime cuadro el pueblo reunido, que con júbilo testimonia la creación
de nuestro primer Símbolo Patrio.

35
Instituto Nacional Belgraniano, Oficio de Belgrano al Triunvirato informando la ceremonia de
enarbolamiento de la bandera blanca y celeste, en: Documentos para la Historia del General Manuel
Belgrano, Tomo IV: 1811-1812, Novena Parte: Documentos Relativos a la Creación de la Bandera y
Escarapela Nacionales, Buenos Aires, 2003, documento número 184, pp. 421-423.

18
En la cara sur del pedestal se emplaza el bajorrelieve que representa una de las
acciones militares más notables conducidas por el prócer: la batalla de Tucumán, librada
el 24 de septiembre de 1812, bautismo de fuego y sangre de la caballería patria. La
simbología en este bajorrelieve nos muestra el momento exacto en que una carga de
caballería gaucha, armada con largas tacuaras que despuntan en afilados cuchillos
enastados con tientos, y hasta con boleadoras, arremete, en combate frontal contra la
primera línea enemiga. Para el historiador militar, general Alberto Jorge Maffey, la
batalla de Tucumán es: “(…) clave en la historia militar Argentina, porque en ella fue
creada e hizo aparición la caballería como arma de combate (…)”.36
La firme decisión de Belgrano de dedicar sus últimos diez años de vida en la función
que su patria le requiere: la de militar, decidió al artista para darle a este bajorrelieve un
significado trascendente; por ello detrás de este broce se encuentra depositada la urna
que preserva los restos de Manuel Belgrano, el Brigadier de los Ejércitos de las
Provincias Unidas de Sud América.
Bartolomé Mitre, en oportunidad de la inauguración de monumento ecuestre en la
Plaza de Mayo, 24 de septiembre de 1873, expresó; el general Belgrano: “(…) Acepto la
lucha como tarea impuesta al jornalero y la cumplió con fortaleza, con abnegación y con
humildad, así en la victoria como en la derrota, sin retroceder ante el sacrificio y sin
buscar ni pedir para sí la corona del fundador (…)”.37
La “columna de los ángeles custodios”, forman el cuarto cuerpo del Mausoleo Se
trata de cuatro ángeles portantes o tenentes, representados por figuras femeninas,
vestidas con túnica talar larga hasta los talones, de donde toma este nombre, posición de
pie con sus alas plegadas, que según la angeología significa acompañamiento y
custodia. Los ángeles fueron elaborados con la técnica de vaciado en aluminio,
imitación plata vieja, y tienen una dimensión de una y media vez el tamaño natural.
El “ángel que sostiene el engranaje”, situado en la cara oeste del mausoleo, es la
modernidad. Representa la función de Belgrano en el Consulado de Comercio de
Buenos Aires. Belgrano regresó de España con el título de abogado y con el
nombramiento de “secretario Perpetuo del Real Consulado de Comercio de Buenos
Aires”, cargo que ejerció durante dieciséis años, otro tercio de su vida, desde 1794,
hasta la Revolución, en mayo de 1810. Trajo consigo las doctrinas de las nuevas
escuelas económicas imperantes en Europa y con ello introdujo las ideas de modernidad
en el virreinato, alentando la propiedad privada, y el uso y explotación racional de los
suelos. Su extensa labor como economista político se resume, esencialmente, en sus
ideas y propuestas para: preservar y fomentar la ganadería; impulsar la agricultura;
animar la industria, y proteger el comercio regional.
Belgrano entendía que en estas fuentes residía la riqueza y felicidad de los pueblos. A
estos anhelos, se sumaban muchos otros de orden educativo y de trasformación social
como el reconocimiento del territorio con la finalidad de conocer la realidad económica
del virreinato; censar los productos que allí se elaboran, y fomentar el desarrollo
productivo de las provincias interiores; también el reordenamiento del sistema tributario
para evitar desigualdades. Asimismo, se ocupó de la proyección de caminos para
vincular los pueblos entre sí y, de este modo, facilitar el tránsito de personas y
mercaderías, además de comunicarlos con los puertos de exportación. En cuanto a esto,
también analizó la necesidad del dragado de puertos y de vías navegables y la

36
Maffey, A.J., Crónica de las grandes batallas del Ejército Argentino, historia de caballeros valientes y
desdichados, Buenos Aires, Círculo Militar, 2001, p. 100.
37
Mitre, B., “Juicio histórico sobre Belgrano”, En Historia de Belgrano y de la Independencia
Argentina, Biblioteca Argentina, Tomo III, Capitulo XLVII: Epilogo, la Apoteosis y la Estatua, 1821-
1873, Buenos Aires, Librería La Facultad, 1928, p. 434.

19
realización de obras de infraestructura portuaria; para citar solo algunos de los proyectos
presentados, que formaban parte de un programa integral de desarrollo productivo
regional, que hasta contemplaba el cuidado y la conservación del medio ambiente, que
fue revolucionario por lo interrelacionado, por lo diverso y por lo detallado. Todas estos
ideas y proyectos fueron reunidas en las “Memorias del Consulado”, un eficaz medio de
difusión orientadas al desarrollo económico del virreinato. Y como reflexiona Mitre, el
consulado: “(…) será [para Belgrano] una página de su vida de las que cautivaran las
miradas simpáticas de la posteridad: en ella resplandece la gloria sin sangre, el progreso
con los atributos de la paz, y la propaganda de las ideas adelantadas (…)”.38
El ángel que porta el papiro con la leyenda en latín Studis Provehendis (Proveedor de
Estudios), situado en la cara este del mausoleo, representa la fundacional acción de
Belgrano en favor de la Educación. Esta labor se inicia como Secretario del Real
Consulado logrando la fundación de: la Escuela de Arquitectura; Geometría y
Perspectiva y todas las demás formas de Dibujo, que funcionara entre 1799 y 1804; la
Academia de Náutica, entre 1799 y 1806, y la Escuela de Matemática que funcionará
entre 1810 y 1812, además propondrá la apertura de otras instituciones educativas
como: la escuela de comercio, la escuela práctica de agricultores, la escuela de hilanzas
de lana, la escuela de enseñanza de oficios, y las escuelas de primeras letras para niños
para niñas: “(…) donde se les enseñará la doctrina cristiana, a leer, a escribir, a bordar, a
coser. Principalmente inspirarle amor al trabajo; combatir en ellas la ociosidad y
hacerlas útiles en su hogar y permitirles ganarse la vida en forma decorosa y provechosa
(…)”,39 como precisará Belgrano, en las Memorias del Consulado. La acción
educacional de Belgrano se proyectará también durante sus campañas militares.
El 31 de marzo de 1813, enviara un oficio a la Asamblea General Constituyente
(Asamblea del Año XIII), agradeciendo y donando el premio económico personal de $
40.000 otorgado por sus triunfos militares en Tucumán y Salta, solicitando que esa
asignación sea destinada a la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras en
Tarija (Estado Plurinacional de Bolivia), Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero. Y no
conforme con ello, las dotará de un reglamento de 22 artículos para su funcionamiento,
y hasta diseñará un escudo, que mandará pintar sobre madera, para instalar en el frente
del establecimiento educativo. Como expresara el presidente de la Comisión Ejecutiva
Central, señor Gabriel L. Souto, en oportunidad de la inauguración del mausoleo al
general Manuel Belgrano, el 20 de junio de 1903:“(…) Manuel Belgrano fue el primer
hombre que meditó seriamente la revolución de nuestra independencia que nos ha
tornada tan felices, y dedicó sus esfuerzos a prepararla desde la Secretaría del
Consulado, luchando con tesón contra el monopolio comercial, creando escuelas e
instituyendo premios y estímulos, redactando periódicos, memorias y artículos. Con
justicia puede decirse que éste es también el fundador de la educación nacional que en
Sarmiento tuvo su gran apóstol (…)”. 40 El ángel que sostiene el espada ubicado en la
cara sur del mausoleo, es el Belgrano militar. Nótese que la espada no está envainada ni
blandiéndose. El ángel la está ofreciendo con ambas manos en señal de llamado al
servicio en el lugar que la Patria lo precisaba: el de Soldado.

38
Mitre, B., “Instalación del Consulado”, En Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina,
Biblioteca Argentina, Tomo II, Capitulo II: La vida colonial - El Consulado 1797-1806, Buenos Aires,
Librería La Facultad, 1927, p. 82.
39
Instituto Nacional Belgraniano, “Programa Educacional de Belgrano”, en: Ideario de Belgrano, IV.
Promoción de la Educación Pública, Buenos Aires, 2019, documento número 45, pp.137-138.
40
Instituto Nacional Belgraniano, Fragmento del discurso del presidente de la Comisión Ejecutiva
Central, señor Gabriel L. Souto, haciendo entrega del Monumento en nombre del Pueblo al Gobierno
Nacional, en Anales número 8, Inauguración del Mausoleo del General Manuel Belgrano el 20 de junio
de 1903, Buenos Aires, Ministerio de Educación, 2000, pp.161–170.

20
Manuel Belgrano fue General en Jefe en tres de los cuatro primeros ejércitos patrios:
en el Ejército del Norte en la Expedición Auxiliadora al Paraguay; en el Ejercito Unido
de la Banda Oriental del Rio de la Plata; y por fin, en el primer ejército patrio, el
Ejército Auxiliar del Alto Perú, que lo fue en dos oportunidades. Comando Operaciones
Militares en dos Teatros de Operaciones de nuestra emancipación, con ambientes
geográficos disimiles y difíciles, obteniendo resultados admirables, que le confirieron -
con innegable justicia -, su jerarquía como Brigadier de los Ejércitos de las Provincias
Unidas de Sud América.

Esos heroicos hechos y servicios,


nobles virtudes, grandes sacrificios
por diez años continuos al Estado,
a quien dio nuevo ser, no han alcanzado
siquiera el miramiento tan debido
¡al grado en la milicia conseguido!41

El “ángel que porta la palma de laureles”, ubicado en la cara norte del mausoleo, es la
alegoría al héroe que, como lo precisara Mitre: “(…) Fue grande sin pretenderlo, y
encontró la gloria sin buscarla en el camino del deber (…)”.42 Nótese que el ángel
presenta la palma de laureles inclinada hacia los pies, no como signo de victoria, pues
ella es efímera, sino como triunfo de la voluntad. Es un reconocimiento a su
perseverancia, a su humildad y a su resiliencia. Le está señalando que su enorme tarea
ha terminado, y lo invita a transitar a la eternidad. Esta simbología nos lleva al último
nivel. El quinto y último cuerpo lo constituye el plano de la “muerte y la inmortalidad”.
Este cuerpo está compuesto por cuatro elementos: el sarcófago, las flores ornamentales,
un yelmo y un águila que se apresta a remontar vuelo, que en su conjunto tienen un alto
sentido espiritual y religioso, y por lo tanto trascendente. El “sarcófago”, construido en
mármol blanco nacional, es una alegoría al descanso del prócer, y representa la muerte
como un paso necesario para alcanzar la vida eterna. Otra alegoría, las “flores
ornamentales” pertenecen al arte de la botánica funeraria, y nos transmiten un
sentimiento de angustia, pero también de esperanza, porque, por un lado, la vida efímera
de las flores nos recuerda la brevedad de la existencia de todos los seres; pero también,
la regeneración primaveral, nos evoca la inmortalidad del alma humana. El “yelmo”,
parte superior de la armadura medieval, nos remite al guerrero y al caballero, y apoyada
sobre el sarcófago con la visera cerrada, nos confirma que el soldado que allí reposa ha
cumplido con su deber. Por último, el “águila”, ave que guía y conduce a las almas
heroicas a Dios. Manuel Belgrano ha alcanzado la inmortalidad.

Delimitación y detalles del mausoleo: enrejado del atrio, verja del monumento,
llama votiva y el mástil; el “Día de la Bandera”, y la declaración de Monumento
Histórico Nacional

El atrio está delimitado por rejas de hierro forjado adornado por cruces griegas
terminadas en forma de “flor de lis”, símbolo de la “orden de los predicadores” u “orden

41
De Paula Castañeda, F., Estrofa de la elegía dedicada al General Manuel Belgrano, en El Despertador
Teofilantrópico Místico - Político, Villa de Morón, Buenos Aires, 31 de julio de 1820.
42
Mitre, B., “Juicio histórico sobre Belgrano”, en Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina,
Biblioteca Argentina, Tomo III, Capitulo XLVII: Epilogo, la Apoteosis y la Estatua, 1821-1873,
Buenos Aires, Librería La Facultad, 1928, p. 435.

21
dominicana”. Se accede al atrio por dos portones ubicados respectivamente en la
avenida Belgrano y en la calle Defensa. A su vez, el mausoleo está cercado por una
verja de hierro forjado, elaborado en Italia con delicados detalles, obra también del
escultor Ettore Ximenes.
La lámpara votiva del mausoleo se emplaza sobre el portón que da a la avenida
Belgrano. Fue inaugurada el 24 de septiembre de 1980, con motivo del 168 aniversario
de la batalla de Tucumán. La flama con la que se prendió esta lámpara fue previamente
encendida con la llama votiva consagrada al general José de San Martin y al soldado
desconocido de la Independencia, que se encuentra en la Catedral Metropolitana de
Buenos Aires en plaza de Mayo, y desde allí trasportada por un vehículo militar hasta el
mausoleo del general Belgrano.
El mástil donde flamea el pabellón nacional se erige en el nártex de ingreso de la
Basílica. Este monumento fue donado por la colectividad árabe el 22 de agosto de 1971,
rindiendo homenaje a la nación que los acobijo como segunda patria.
Próximo al mástil, se revela la lápida donde reposan los restos de Juan Manuel de
Figueiredo, primer embajador del Reino Unido de Portugal y del Brasil, fallecido en
funciones en Buenos Aires el 21 de agosto de 1821. Este ministro plenipotenciario, por
decisión del rey Juan VI de Portugal, fue el primer diplomático en reconocer, el 16 de
abril de 1821, ante el gobernador y capitán general de la provincia de Buenos Aires, el
general Martín Rodríguez, la Independencia de las Provincias Unidas del Rio de la
Plata.
El 8 de junio de 1938, durante la presidencia del doctor Roberto Marcelino María
Ortiz, el Congreso de la Nación sancionó la ley número 12.361, por la cual se instauró
al día 20 de junio de cada año, como “Día de la Bandera”, en conmemoración de la
fecha de fallecimiento del prócer; y el 31 de enero de 1946, 126 años después de su
muerte, y a 43 años de la inauguración del monumento, el mausoleo del general Manuel
Belgrano, por Decreto número 3.039/4643 fue declarado Monumento Histórico
Nacional.●

“Medalla acuñada con motivo de la inauguración del mausoleo - 20 de junio de 1903” (Anverso y
reverso).

43
“Decreto de Monumentos y lugares históricos nacionales”. En el Convento de Santo Domingo: Manuel
Belgrano, Mausoleo erigido por Ley número 4.139, e inaugurado el 20 de junio de 1903. Decreto
número 3.039/46 de Declaración de monumento histórico diversos sepulcros de personalidades
argentinas.

22
Bibliografía:
Scapol Monteiro, Michelli, C., “O Mausoléu a Belgrano, de Ettore Ximenes, e a presença artística
italiana na Argentina”. En: Caiana Revista de Historia del Arte y Cultura Visual del Centro Argentino de
Investigadores de Arte (CAIA). No 8, Primer semestre 2016, pp. 1-16.
Philippeaux, E.W., “El Mausoleo de Belgrano” En Manuel Belgrano los ideales de la patria, Buenos
Aires, INB, 1995, pp.99-102.
INB, Convento de San Pedro Telmo y Basílica de Ntra. Sra. Del Rosario. Reseña histórica, construcción,
arquitectos, colaboradores y reforma, Buenos Aires, Biblioteca del INB.
INB, Libro de Actas de las Asambleas Ordinarias y Extraordinarias de la Comisión Ejecutiva Central Pro
Mausoleo al general Belgrano. (Biblioteca del Instituto Nacional Belgraniano).

23
Documentos de Nuestra Historia

MANUEL BELGRANO
Y SU CORRESPONDENCIA CON EL
CONGRESO DE TUCUMÁN
María Teresa Fuster44

La vida del general Manuel Belgrano fue muy breve, pero tan intensa y rica que no
agota su análisis a más de doscientos años de su deceso. Una vida que, desde muy
temprano, estuvo estrechamente relacionada con los albores de nuestra patria.
Mucho se ha escrito sobre él, su vida y obra. El propósito de estas breves líneas no es
contar un aspecto particular de su vida sino simplemente hacer referencia a
documentación oficial que puede ayudar a comprender más su personalidad, nos
referimos a la correspondencia que mantuvo el prócer con el Congreso que desarrollaba
sus sesiones en la ciudad de San Miguel del Tucumán en un año clave de nuestra
historia: 1816, año en que este Congreso cumple el objetivo de declarar la ansiada
independencia de España.
Como historiadores acudimos siempre a fuentes documentales para conocer los
hechos, es por eso que en esta ocasión voy a referirme a la documentación que conserva
el mayor repositorio documental de Argentina, el Archivo General de la Nación, y
específicamente a la relativa al Congreso de Tucumán, enfocando la atención a las
notas, oficios e informes que de forma regular remitía el general Manuel Belgrano, en
ese año trascendental, al Congreso Constituyente que, entre 1816 y 1819, sesionaba en
Tucumán 45.
Estas comunicaciones al Congreso por parte del general Manuel Belgrano están
conformadas por 42 oficios (en su mayoría escritos de puño y letra de Belgrano con su
firma original).
Estos documentos, que fueron trasladados al Archivo en el año 1966, formaban parte
de la documentación que tenía en su poder monseñor Agustín Piaggio, documentación
que originalmente pertenecía al Archivo del Congreso y que, por esas rarezas, fueron
sacadas de su repositorio original y encontradas, tras la muerte del prelado, por los
padres salesianos en su biblioteca quienes la entregaron al entonces presidente de la
Nación Dr. Illia. Afortunadamente tan valiosos documentos fueron remitidos por orden
del presidente al lugar donde siempre debieron estar que es el Archivo General de la

44
Licencia en Historia (UBA) Profesora de Enseñanza Media y Superior en Historia (UBA). Especialista
en Historia colonial. Miembro de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación,
Miembro del Comité Argentino de Lucha contra el Tráfico Ilícito de Bienes Culturales (UNESCO)
período 2017-2020, Miembro del Consejo Consultivo Honorario del Ministerio de Cultura de la Nación.
Miembro del Instituto Nacional Browniano. En la actualidad se desempeña en el Área de Comunicación y
Acción Cultural del Archivo General de la Nación (Argentina).
45
El Congreso sesiona en la ciudad de Tucumán entre el 24 de marzo de 1816 hasta enero de 1817 y en la
ciudad de Buenos Aires hasta su disolución en 1820.

24
Nación Argentina para su correcto resguardo y que todo ciudadano pueda tener acceso
a ellas46.
Cada una de estas piezas constituyen un valioso testimonio documental. Entre ellos
hay novedades que se produjeron en ese tiempo en las provincias del interior donde dan
información de primera mano sobre cómo se ocuparon los territorios, detallando el
desarrollo de la guerra. Aparecen partes de guerra referidos a la invasión a Yavi y
Humahuaca que resaltan la valentía de otro hombre notable de nuestra historia, Martín
Miguel de Güemes y de sus heroicos “gauchos”, defendiendo la frontera norte y
conteniendo el avance español.
La correspondencia entre Manuel Belgrano y Martín Miguel de Güemes es
sumamente interesante pues no solo aporta datos concretos del desarrollo del conflicto
bélico, sino que refleja la personalidad, el heroísmo, el desinterés y el sacrificio de estos
hombres - llevados por las circunstancias al ejercicio de las armas - ante las presiones
internas y externas. Aportan detalles vívidos de las condiciones duras de lucha en la
defensa de la frontera norte de nuestro territorio.
Estos informes que enviaba regularmente el general Manuel Belgrano al Congreso
permiten no solo seguir el desarrollo de los acontecimientos, sino que evidencian los
inconvenientes cotidianos para organizar un ejército formado en su mayoría por
hombres sin preparación en el oficio de las armas, la deserción es otro de los temas
recurrentes en la correspondencia, así como las penurias por las que pasaban. Hay notas
sobre reclamo constante de recursos para atender las necesidades del Ejército, el
reclutamiento de tropas, autorizaciones para traslado de las mismas y los movimientos
de los enemigos. Encontramos comunicaciones de las fuerzas enemigas interceptadas
por Martin Miguel de Güemes, el informe sobre la derrota de Yavi, partes recibidos del
gobernador de Salta, el detalle del avance del enemigo, solicitud de fondos,
insurrecciones dentro de las tropas, los problemas surgidos en provincias como Santiago
del Estero y Córdoba.
Un documento muy interesante es donde el general Belgrano acusa recibo del Acta de
Independencia redactada en lengua Aymara, así como la recepción que tuvo la
declaración de independencia por parte de sus oficiales y como se realizó la jura.
Notable es vislumbrar a través de esta correspondencia la personalidad de Belgrano
que emerge ante nuestros ojos con la lectura de los oficios a pesar de que ellos son
simplemente documentos de índole oficial, sin embargo, reflejan la nobleza de espíritu y
humildad del que los escribe.
Baste, como ejemplo de estas cualidades su desinterés por recibir honores y
reconocimiento por la posición que ocupa, cuando escribe desde Tucumán el 2 de
septiembre de 1816 al Congreso rechazando el tratamiento a su persona como
“Excelencia”. Manuel Belgrano escribe:
“Quedo inteligenciado de lo que me previene Vuestra Soberanía con fecha 31 de
agosto sobre que no rehuse el tratamiento de Excelencia inherente a la Capitanía
General de Provincias que se ha dignado confiarme. No me he creído acreedor a una
igual distinción, y este, y no otro ha sido objeto de mi repugnancia” 47.●

46
Véase Fuster, M.T., “9 de julio de 1816 ¿Qué pasó con el Acta de Independencia?”. En Revista
Histopía N° 22, Buenos Aires, agosto 2022, pp.5- 12 donde se describe el derrotero de esta valiosa
documentación.
47
AGN Sala VII 3495 documento 35.

25
Nota de Manuel Belgrano al Congreso (AGN - Sala 7- 3493 Documento 24).

26
UNA CARTA DE DOÑA CARMEN
QUINTANILLA DE ALVEAR
Roberto L. Elissalde48

48
Historiador. Miembro de número del Instituto y de la Academia Nacional Browniana, del Instituto
Bonaerense de Numismática Argentina y Antigüedades, miembro de la Junta de Historia Eclesiástica
Argentina, miembro correspondiente de la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial, de la
Paraguaya de la Historia, del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay. Vicepresidente de la
Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación

27
No pocas veces hemos leído - especialmente en los viejos textos escolares - que a don
Gervasio Antonio de Posadas, primer Director Supremo de las Provincias Unidas del
Río de la Plata, lo sucedió su “sobrino”, Carlos de Alvear. Conviene explicar el
parentesco: don Gervasio era nieto del capitán don Santiago Andrés Dávila Ahumada 49,
que se casó con Antonia de la Fuente50 en Buenos Aires51 con la que tuvieron 11
hijos52; viudo de ella, se volvió a casar el 29 de noviembre de 1726 con María Ana
Fernández de Agüero Cabral, matrimonio que procreó 4 hijos. La primogénita Bernarda
Josefa53 contrajo matrimonio con Isidro José Balbastro, con numerosa descendencia,
entre ellos la madre de Carlos de Alvear, doña María Josefa, muerta en trágicas
circunstancias cuando el ataque de la flota británica a las cuatro fragatas españolas, en
que la “Mercedes” en la que viajaba, junto a sus hijos Manuela, Zacarías, María Josefa,
Juliana, Ildefonso, Francisco Solano y Francisco de Borja, su sobrino Isidro Gálvez
Balbastro54.
Otra hija del capitán Santiago Dávila Ahumada, doña María Antonia Dávila
Fernández de Agüero se enlazó con Felipe Santiago de Posadas 55, padres entre otros de
Gervasio Antonio de Posadas. De donde la madre de Alvear y don Gervasio eran primos
hermanos por los Dávila, y por lo tanto el Director Supremo tío segundo de Carlos que
habría de sucederlo.
Dicho esto, en una reciente visita a Madrid, tuve oportunidad de conocer a Gervasio
Posadas Mañé, descendiente de don Gervasio Antonio de Posadas, quien ha atesorado
una buena cantidad de documentos sobre su antepasado, no pocos originales y otros
copiados por el nieto homónimo, socio fundador del Club del Progreso y que ocupara la
dirección del Correo en tiempos de la gobernación de Valentín Alsina y de la
presidencia de Mitre. Autor de numerosas iniciativas, a él corresponde el mérito de la
primera exposición agrícola e industrial.
Uno de ellos me llamó especialmente la atención porque es una carta que forma parte
del epistolario femenino que no suele aparecer demasiado y a la que calificamos sin
duda como inédita. Se trata de una carta fechada en Córdoba el de enero de 1815 por
doña Carmen Quintanilla de Alvear a Juana María Bustillo 56, que eran primas políticas,
ya que sus maridos lo eran en segundo grado.

49
Nació en Valdemoro, Toledo, el 21 de noviembre de 1684 y fue bautizado el mismo día. Hijo del
capitán Andrés Dávila Fernández y de Teresa Ahumada Dávila.
50
Bautizada el 23 de setiembre de 1788 de quince días, en la parroquia de la Merced, hija legítima de
Francisco Martín de Lafuente y de Josefa Zeballos, fueron padrinos el capitán Miguel de Revilla y su
mujer Antonia Crespo. Parroquia Nuestra Señora de La Merced, Libro de Bautismos, L. 4., f. 99 v.
51
Parroquia Nuestra Señora de La Merced, Libro de Matrimonios, L. 4., f. 25.
52
Antonio José (1706-1787), Juan Antonio (1709), José (1711), Josefa (1712), Ana María (1713-1776),
Francisco Javier (1714), Josefa Antonia (1716), Remigio (1717), Lorenza (1719). Miguel (1720) y
Bernardina Manuela (1722).
53
Bautizada a los cuatro días el 24 de agosto de 1736 en la parroquia de la Merced con el padrinazgo de
Cayetano Fernández de Agüero y de María Fernández de Agüero. Parroquia Nuestra Señora de La
Merced, Libro de Bautismos, L. 9, f. 333 v.
54
O’Donnel, H. y Duque de Estrada, El litigio por el pecio de la fragata “Mercedes”. Razones Históricas
de España. Madrid, Real Academia de la Historia, 2013,
55
Hijo de Juan Adrián de Posadas y de Bernardina de Flores, fue bautizado de nueve días el 9 de mayo de
1724, en la iglesia de la Merced con el padrinazgo de don Juan de Narbona. Parroquia Nuestra Señora de
La Merced, Libro de Bautismos, L. 7, f. 336 v.
56
Juana María Bustillo era hija de José Manuel Bustillo y de Juana María Ibáñez. Recibió una esmerada
educación, “delicadamente femenina con atractivos físicos singulares, se preocupaba de rodear al padre
con sus cuidados, tratando de llenar el vacío que produjo la desaparición de su madre. El padre no sólo le
facilitaba maestros de cultura y de piano, sino que ponía especial énfasis en su educación religiosa”.
Bustillo, J.M., Papeles añejos, vidas olvidadas, Buenos Aires, Ediciones Depalma, 1972, p. 107.

28
Doña Carmen se encontraba en esa ciudad porque su marido después de la toma de
Montevideo había obtenido de su tío, el Director Posadas, el mando del ejército del
Norte que estaba a cargo de Rondeau. Éste “a quien se le asignara aquel cargo después
de quitarle el mando del ejército de Montevideo, se sintió nuevamente sacrificado por
las veleidosas ambiciones de Alvear. El futuro jefe había llegado a Córdoba de paso
hacia el Alto Perú, en donde se reuniría con el ejército, cuando supo que Rondeau y
todos los altos oficiales de su estado mayor se habían sublevado contra él. Al enterarse
de que la provincia entera apoyaba el alzamiento, Alvear desistió reunirse con el
ejército”57.
Ante esa situación decidió abandonar la ciudad mediterránea y pasar a Buenos Aires,
donde también se enfrentó a una difícil situación. Muchos objetaban su extrema
juventud, sus ambiciones sin medida; para esto artigas se levantó contra el gobierno de
Buenos Aires y derrotó a las fuerzas que estaban aún en la Banda Oriental e invadió
Corrientes. El 8 de enero de 1015 Posadas renunció y el día siguiente Alvear prestó
juramento como Director Supremo.
Doña Carmen Quintanilla había quedado en Córdoba, ajena a lo que sucedía en ese
momento en Buenos Aires, escribió esta carta que refleja su estado anímico ante las
adversidades que había pasado su marido y ese “Valle de Lágrimas”, como califica a la
ciudad en que residía, donde salvo los edificios, todo lo demás era motivo de censura.
Esta carta y otros interesantes documentos preservados en la rama oriental de la
familia Posadas, nos acercan a la intimidad de personajes que en algunos casos fueron
figuras de su tiempo, en otros simples nombres vinculados a su vida, pero que
afortunadamente se conservaron en viejos arcones o en carpetas como en este caso. ●

Carta.

“Córdoba, 6 de enero de 1815

Mi amada hermana Juanita: La incertidumbre sobre fijar mi destino, me ha detenido


hasta ahora, para tener el gusto de escribir a una de las personas que amo más en
Buenos Aires, y que deseo que me corresponda, y aunque me parece que pronto tendré
el gusto de darte un abrazo, sin embargo no puedo dejar de escribirte y manifestarte mis
vivos deseos de servirte en este miserable destino, y de suplicarte tengas a bien ofrecer
iguales deseos de complacer a mi señor D. Juan Manuel y el Sr. D. Luis María, a
quienes darás finísimas expresiones de mi parte, y dirás que atendiendo a las
circunstancias me disculparán si no les escribo, pero tengo mi corazón desconocido e
igualmente mi humor, pero que siempre conservo para esa casa los mismos
sentimientos.
En este Valle de Lágrimas (pues da para de charlas ver a las cordobesas) te aconsejo,
amiga nada mía, que por ningún evento te resuelvas a venir pues esto no puede ser peor
y lo único que puede reservarse de censura son los edificios, esto te lo digo porque he
oído varias veces decir a Posadas que si recibiese alguna vez tropas de la España, te
enviaría aquí. Omito dar excusas del tono familiar con que me tomo la confianza de

Casó el 14 de mayo de 1814 en el oratorio de la Real Fortaleza con Luis María de Posadas, presidió la
ceremonia el tío del novio el canónigo Manuel Antonio de Castro Careaga, y fueron testigos don José
Manuel Bustillo y el Director Supremo Gervasio Posadas, padre de los contrayentes. Archivo Gervasio
Posadas Mañé. María Paula falleció al dar a luz a su único hijo Gervasio.
57
Davis, B.T., Carlos de Alvear hombre de revolución, Buenos Aires, Emecé, 1964, p. 21

29
tratarte, pero como deseo ocupar el lugar de la hermana más íntima, me choca otro
tratamiento más cumplido.
Adiós mi dulce amiga, cualquiera que sean las órdenes que quieras enviarme, cree
que será uno de los días más satisfactorios de mi vida, el que te pueda probar con cuanto
verás es apasionadísima tuya L.Q.B.S.M.G

Carmen Quintanilla de Alvear


PD: Pepita envía muchas expresiones a su tío y primo, y particularmente hoy dice que
este pueblo no es malo y que me parecía mucho mejor cuando estaba Carlos.”

Carta de Carmen Quintanilla de Alvear (Colección privada).

30
Curiosidades de la Historia

LA GASTRONOMÍA LIMEÑA EN
TIEMPOS DE LA INDEPENDENCIA
Eduardo Dargent Chamot58

Jarana criolla. Camilo Blas. Xilografía. Colección privada.

Fuente privilegiada de la Historia son las canciones populares porque no solo dan datos
del pasado, sino que, al escucharlas, se siente el fervor del momento. La fortuna ha

58
Eduardo Carlos Dargent Chamot. Universidad R. Palma (Perú). Economista, historiador, profesor
universitario. Miembro de la Academia Peruana del Pisco. Instituto de Numismática y Antigüedades.
Buenos Aires, Argentina. Instituto de Investigación Numismática. Perú.; Academia Argentina de Artes y
Ciencias de la Comunicación. Premios: 1990 - Officiel de l'Ordre de la Couronne (Bélgica). 2003 -
Christofel Plantin. 2010- Alberto (Coco) J- Derman. 2012 - Commendateur de l´Ordre de la couronne
(Bélgica). 2012 – Medaglia de Benemerenza. Corpo di Polizia Locale di Roma Capitale. 2014 –
Gourmand Cook books Awards. Best in the world Pekín. “El vino y el pisco en la historia del Perú”.

31
favorecido al historiador de la comida peruana al conservar la letra y música de una
canción que se cantaba con mucho entusiasmo en 1821, cuando San Martín proclamó la
independencia en Lima. “La Chicha”, que así se llama esta canción, la cual está llena de
referencias a la gastronomía peruana. Pinta en sus estrofas el gusto de los limeños de
entonces y casi sorprende ver que los platos mencionados en ella siguen siendo tan
populares.
Hay dos versiones de “La Chicha”, una atribuida a los autores del Himno Nacional,
José de la Torre Ugarte, con música de José Bernardo Alcedo, en la otra, que podría ser
simplemente un error de transcripción solo cambia la segunda línea de la primera
estrofa, de “El locro amarillo con el verde ají” por “El ají amarillo y el rosado ají”.

La chicha
.
“¡Patriotas! ¡El mate de chicha llenad y alegres brindemos por la libertad!
Cubra nuestras mesas el chupe y el quesillo el locro amarillo con el verde ají.
Y a nuestras cabezas la chicha se vuele, la que hacerse suele de maíz o maní.
¡Patriotas! ¡El mate de chicha llenad y alegres brindemos por la libertad!
Ésta es más que el vino y la cidra que nos trajo la hidra para envenenar.
Es muy espumosa, y yo la prefiero a cuanto el íbero pudo codiciar.
¡Patriotas! ¡El mate de chicha llenad y alegres brindemos por la libertad!
El Inca la usaba en su regia mesa, ahora no empieza que es inmemorial.
Bien puede el que acaba pedir, se renueve el poto en que bebe o el gran caporal.
¡Patriotas! ¡El mate de chicha llenad y alegres brindemos por la libertad!
El ceviche venga, la guatia en seguida que también convida y excita a beber.
Todo indio sostenga, con el poto en la mano, que a todo tirano ha de aborrecer.
¡Patriotas! ¡El mate de chicha llenad y alegres brindemos por la libertad!
¡Oh licor precioso! ¡oh licor peruano! licor sobrehumano mitiga mi sed
¡oh néctar sabroso del color de oro, del indio tesoro, patriotas bebed!
¡Patriotas! ¡El mate de chicha llenad y alegres brindemos por la libertad!
Sobre la jalea de ají rico untada, con la mano enlazada el poto apurad:
y este brindis sea el signo que damos a los que engendramos en la libertad.
¡Patriotas! ¡El mate de chicha llenad y alegres brindemos por la libertad!
Al cáliz amargo de tantos disgustos suceda el placer, en nuestro letargo,
a una despertemos y también logremos libre por fin ser.
¡Patriotas! ¡El mate de chicha llenad y alegres brindemos por la libertad!
Gloria eterna demos al héroe divino que nuestro destino cambiado ha por fin.
Su nombre grabemos en el tronco bruto del árbol que el fruto debe a San Martín”.

Dicho lo anterior es oportuno comenzar con un marco de base que permita entender
la gastronomía peruana en general y limeña en particular en los años cercanos a la
independencia y pasar luego a revisar la relación entre lo que fue lo festivo de la
independencia y los agasajos que se dieron a los libertadores, para continuar con una
secuencia sobre la comida en los espacios privados y públicos y terminar con los
productos divididos en lo que se bebía y lo que se comía.

La gastronomía peruana

Como sucede tan frecuentemente en la Historia, los cambios no se producen de un


momento a otro y si bien la Independencia de los países americanos del dominio
español implica una drástica ruptura de la estructura política las otras estructuras se
mantuvieron bastante estables por un período relativamente extendido.
Lo que aquí interesa, las costumbres gastronómicas de la sociedad peruana en general
y limeña en particular, permanece inmutable aún por un par de décadas después de la
jura de la Independencia.

32
En el Perú los cambios, al menos parciales, de las estructuras se van a producir a
partir de la década de 1840 cuando la bonanza del guano de las islas permitió pensar a
los gobernantes en llevar adelante el sueño de San Martín y Bolívar de terminar con el
tributo indígena y la esclavitud.
Interesa aquí conocer la situación gastronómica local al momento de la independencia
y los años anteriores y siguientes. A inicios de la década de 1820, los estudios hechos
revelan que la llegada del cambio político no modificó prácticamente para nada la mesa
local. El ingreso de la cerveza traída por alemanes e ingleses podría ser un primer ariete
en los nuevos gustos y sin embargo fue tratada con desprecio por la población local.
El tradicionalista Ricardo palma refiriéndose a los aperitivos que se tomaban en las
casas limeñas indica que de tres a cuatro en todas las casas de algún fuste estaba listo a
esa hora “el agasajo de buen moscatel o legítimo pisco para los amigos" y concluye
indicando que "La cerveza era tenida entonces por una abominación".
Habían ocurrido algunos cambios en los gustos alimentarios a fines del siglo XVIII
propios de los tiempos de la ilustración y la Revolución Francesa. Lo más destacado
fue la introducción del café que, como pasa tan a menudo en la historia, aprovechó la
coyuntura de la expulsión de los jesuitas en 1767 y el quiebre de la red comercial de la
“Hierba del Paraguay” o mate, que éstos manejaban y que era la bebida caliente
generalizada en el país como lo es hasta hoy en Argentina, Uruguay y el sur del Brasil.
En un artículo publicado en el Mercurio Peruano el 10 de febrero de 1791, el autor,
además de hacer un recuento de los primeros cafés de Lima, da una explicación curiosa
del porque en tiempos movidos como esos el mate no era la bebida más adecuada: “El
uso del mate, que anteriormente era tan general, requería un reposo y unas cautelas que
no son compatibles con la publicidad de una tienda. Así esa bebida era propia para el
estrado, y uno de los regalos domésticos, que consecutivamente ha ido perdiendo el
crédito”.
Otro hito gastronómico de la época fue la llegada a Lima de don Giuseppe Coppola,
cocinero napolitano, en el séquito del Virrey Abascal en 1806. Cuando su mentor
regresó a España en 1816 y cuando se derrumbó el poder español, él, como harían
muchos otros italianos más adelante, apostó por el Perú y fundó la “Fonda Coppola”, en
la calle Espaderos, próxima a la Plaza de Armas, al Palacio de Gobierno y a la catedral.
Hasta finales de la década de 1840 el establecimiento de Coppola siguió siendo el centro
de reunión de quienes querían comer bien en Lima. Por lo demás, la cocina del país y la
ciudad siguió siendo la mestiza que se creó después de la invasión cuando se mezclaron
los productos locales a los europeos al tiempo que se implementaban las técnicas y
gustos africanos, europeos, andinos y centroamericanos.

Los orígenes

Los europeos al llegar al Perú encontraron uno de los centros de domesticación de


vegetales más exitosos del orbe. Se dice que en los Andes centrales se domesticaron
más plantas que en ninguna otra parte del mundo. De otro lado, de los cinco animales
domesticados en el Nuevo Mundo, cuatro lo fueron en el actual territorio del Perú.
Estos fueron dos camélidos: la Llama y la alpaca, un roedor: el cuy y un ave, el pato
Joque.
Aunque en el Perú prehispánico es amplia la variedad de utensilios de cerámica,
piedra, metal o de mate: como los cancheros, cucharas, rayadores, batanes, keros,
cernidores, cuchillos y otros, las técnicas culinarias, sin embargo, parece haber sido
reducidas. Al lado del cocido y el tostado, contaban con hornos y una técnica de origen
neolítica La Pachamanca (olla de tierra),

33
A estas técnicas y utensilios se unieron las europeas que añaden, entre otras formas
de cocinar, la fritura y otros instrumentos, las ollas de metal y el alambique, por
ejemplo.
La historiadora gastronómica Sara Beatriz Guardia, en su libro “La flor morada de
los Andes, recoge una anécdota sobre la creación de ese plato emblemático que es la
Causa. Comenta ella que: “Cuando el ejército libertador de San Martín entró a Lima el
12 de julio de 1821 para proclamar la independencia del Perú, luego de una larga
jornada a caballo desde la bahía de Paracas, un grupo de fatigados soldados toco la
puerta de la casa de una dama limeña en busca de alimento. Ella, que por esos agitados
días no tenía mucho que ofrecer, cocino papas amarillas y pelándolas las aplastó a
manera de puré. Luego condimentó con sal y pimienta y se le ocurrió agregarle ají
amarillo molido y jugo de limón. –Es por la causa patriótica – les dijo. Desde entonces
a esta receta de la gastronomía peruana se le conoce como Causa Limeña”.

Homenajes a los Libertadores

En los momentos culminantes de la independencia la ciudad de Lima celebró a sus


libertadores con ceremonias que incluían cenas y fiestas. Las noticias sin embargo son
escuetas y no dejan adivinar siquiera que productos se sirvieron.
En la “Gaceta del Gobierno de Lima Independiente” del primero de agosto de 1821,
se hace un extenso relato de la ceremonia llevada a cabo en la ciudad con motivo de la
Jura de la Independencia por el general don José de San Martín. Se detallan las palabras
dichas en la plaza de armas primero y en las demás plazas de la ciudad por el libertador
y hasta se describen las medallas que se entregaron al pueblo en la ocasión. Terminada
la ceremonia, San Martín regresó a la plaza de principal donde lo esperaba el almirante
británico Lord Cochrane y allí el Cabildo de la ciudad le manifestó su regocijo:
“Disponiendo en las salas capitulares un magnífico y exquisito Desert la noche de aquel
día”. Al día siguiente el general San Martín ofreció una recepción en Palacio:
“Haciendo que todos los vecinos y señoras concurriesen esa noche al palacio en donde
se repitieron, si no es que superaron, junto con la esplendidez del refresco, los mismos
regocijos que la noche anterior en el cabildo”.
En ambos casos las referencias no dan detalles de los aspectos que aquí interesan, es
decir que platos se comieron y que se bebió en los agasajos.
Esta situación se repite cuando tres años después Lima celebra a Bolívar por el
triunfo de Ayacucho. Para esta ocasión se cuenta con las notas dejadas en su diario por
el clérigo Británico Hugh S. Salvin que se encontraba en Lima a bordo de la corbeta
Cambridge y le tocó vivir los momentos finales de la guerra de independencia. Salvin
comenta como el 18 de diciembre de 1824, a los nueve días de la batalla de Ayacucho,
recibió el Comodoro Thomas Maling, capitán de la Cambridge, una nota del ministerio
de Guerra y Marina informando que el Ejército Español había sido completamente
derrotado en Huamanga el día 9 anterior.
El diario mencionado comenta la reacción favorable del pueblo de Lima y la alegría
general de los días siguientes, pero se debe esperar hasta el primero de enero de 1825
para tener noticias sobre el tema de los platillos y peroles. Cuenta Salvin que ese día
fue en representación de su capitán a una fiesta que daba un comerciante inglés afincado
en Lima al libertador Simón Bolívar. La descripción de los detalles es excelente y
aunque alejada de lo gastronómico vale la pena anotar algunos por lo fresco del relato.
Después de describir el ambiente y decorado de la casa cuenta que: “Bolívar mismo
ingresó al salón alrededor de las ocho, y la banda tocó el Himno Nacional colombiano.
Al ingresar se inclinó saludando hacia ambos lados de los grupos presentes. Yo estaba

34
parado junto al cónsul americano a quien estrechó las manos y me dirigió una
inclinación especial”.
Aunque el inglés se retiró antes de las once de la noche, termina su comentario
anotando que se le había informado que “hubo una gran cena cerca de la una, en la parte
superior de la casa”. Durante la cual “se pronunciaron apropiados brindis”.

El mercado

Los mercados han sido siempre el lugar preferido para investigar la oferta gastronómica
de una ciudad. Allí llegan los productos de la huerta, del camal y del mar. Quizás la
mejor descripción de los productos de un mercado al tiempo de la independencia es la
que ha dejado Stevenson y que recoge Sara Beatriz en “Cocina peruana: Historia,
cultura y sabores. Allí dice:
“Lo que más llamó la atención al viajero inglés Willian Benett Stevenson era el
espectáculo que ofrecía el mercado limeño a las cinco de la mañana. Es uno de los lujos
más grandes que la vista puede disfrutar, dice fascinado ante la excelencia de las carnes
de res, carnero y cerdo, ‘y cecina, carne salada y ahumada o secada al sol; jamones
tocino y cabrito helado de la cordillera cuyo alimento es el más delicado; hay
igualmente muchas clases de pescados.”
Además de describir las diferentes especies de pescados y de aves comenta Stevenson
que se encuentran también camarones sacados de los ríos, algunos de los cuales, dice el
viajero “tienen más de seis o siete pulgadas de largo”.

Los espacios gastronómicos privados

Sobre lo que comía la élite virreinal, el viajero Inglés Robert Proctor, que estuvo en
Lima en los momentos cruciales de la independencia entre 1823 y 1824 hace una
descripción de las comidas de las casas de la élite capitalina.
Con relación a la primera colación sólo comenta brevemente que antes de ir a misa los
limeños toman su desayuno invariablemente de riquísimo chocolate con pan y una gran
libación de agua.
Más adelante en el día, a las dos de la tarde, cuando ya se han ido las visitas se
cierran las puertas de calle y suena una campanilla llamando a la mesa. Comenta
Proctor que es lo más común que recién a esa hora corran los esclavos a las tiendas a
comprar sal, manteca o vinagre, porque nunca compran las familias esas cosas en
cantidad sino al momento de necesitarlos. Y agrega: “La comida, siempre servida en el
cuarto más incómodo de la casa, se compone de vasto número de platos mezclados con
gran cantidad de tocino que usan con gran profusión en la sopa. Dos platos de
resistencia son el chupe ya descripto en mi viaje a Trujillo, y la olla con garbanzos o
puchero, como se dice en el Perú. Se compone de carne y tocino hervidos con repollo,
frijoles, camote o zapallo. Los habitantes de Lima consumen en la comida mucho ají,
pero no conocen la mostaza. Después de comer, la familia se queda largo rato tomando
conservas que son sencillamente dulces, con casi ningún sabor a fruta, acompañados
con grandes libaciones de agua pura”.
Por su parte Rosario Olivas dice que los platos fuertes en las comidas de los
jornaleros, las personas de clase media, los estudiantes y los religiosos, eran el
sancochado, el puchero, la olla española y el chupe. William B. Stevenson llama
“chupi” al chupe y dice: “Se hace cocinando papas, queso y huevos juntos y después
añadiéndole pescado frito”. Indica además que es un plato favorito que se consume todo
el año.

35
Los espacios públicos: Cafés, fondas, mistelerías y ambulantes.

El café, como ya se mencionó, reemplazó a la hierba mate tan popular en el Perú hasta
la segunda mitad del siglo XVIII por la coyuntura que se dio entre la entre la expulsión
de los jesuitas en 1767 y la relación de este grano con la ilustración y la modernidad.
En el año 1771 Francisco Serio estableció el primer café de la ciudad en la Calle Santo
Domingo. Tanto el virrey como el pueblo vieron en este nuevo establecimiento una
señal de progreso, y el negocio fue tan bueno que al año siguiente un tal Salazar
inauguró el segundo café, este en la calle de la Merced que hasta entrada la república se
le conoció como el “Francisquín”.
Los argumentos del virrey Manuel Amat y Junient para no sólo no oponerse a la
inauguración de los cafés, sino para mirarlos con buenos ojos, según el Mercurio
Peruano, eran que:
“Su planificación y fomento cedía directamente en beneficio de la sociedad; como
quiera que las concurrencias de los cafées, (sic) practicadas con aquella moderación,
decencia y honestidad que son características del genio peruano, unen el hombre al
hombre, concilian la uniformidad del carácter, aumentan la circulación y los recursos de
subsistencia, contribuyen a la comodidad de los vecinos, y les proporcionan un recreo
inocente”.
Para el año 1788, que es hasta dónde llega el estudio aparecido en el Mercurio sobre
el tema, los cafés de Lima eran seis. Poco más adelante, según menciona el general
Manuel de Mendiburu menciona en un artículo de 1901, hubo un séptimo café
inaugurado en 1778 en la calle del Rastro y que, finalmente, un octavo vio la luz ya
iniciada el siglo XIX y cuyo nombre era “Café de Mercaderes” por estar situado en esa
calle.
A los cafés asistían comerciantes y “personas de distinción” como los llama
Mendiburu, aunque aclara que “a las de alta clase, títulos y funcionarios de elevada
categoría no se les veía en dichos parajes”. Por otro lado, en algunos de estos
establecimientos, además del café había mesas de billar o de truco y se permitía el
ingreso de menores lo que estaba mal visto. En estos locales, además de café se servía
helados y bebidas de todas clases.
Al momento de la independencia existían varias fondas, término que si bien hoy es
despectivo, en ese entonces no lo era. Estos restaurantes ofrecían comida y en algunos
casos alojamiento. Entre ellas la Fonda del Caballo Blanco de la que se tratará al hablar
de las mistelerías. Otra fonda importante en Lima era la Fonda Francesa, que ofrecía
además alojamiento y de la cual comenta el inglés Hugh Salvín en su diario. Cerrando
su explicación sobre la Fonda Francesa, Salvín hace notar el estado de los
establecimientos limeños cuando dice de ella que era: “Lo único decente del lugar”, y
explica que contaba con 28 habitaciones”.
Una publicidad aparecida en el Mercurio Peruano (2ª época) en 1829 amplía la
información, localizando a la Fonda Francesa en la calle Valladolid, cerca de la Plaza de
Armas e indicando que ofrecía habitaciones de precios variados, así como “Almuerzo,
comida y cena a la lista y a toda hora.”
Para fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, existían también las fondas de los
italianos Antonio Rusi y Nicolás Lodo.
Los lugares en los que se vendían bebidas y jugos eran conocidos como
“Mistelerías”, allí se elaboraban Mistelas que eran mezclas de jugos de fruta y alcohol.
Sergio Zapata en su diccionario de la gastronomía peruana las describe como: “La

36
mistela es una bebida que se hace a partir de alcohol o aguardiente, mezclándolo con
azúcar y otros elementos, como hiervas aromáticas, esencias o jarabes de fruta”.
Muy famosa fue la Mistelería de la Fonda del Caballo Blanco que pertenecía a
Bernardo Dobolo, al parecer un italiano afincado en Lima, y era allí donde se reunían
los monárquicos en los años anteriores a la independencia según cuenta José Gálvez en
su obra “Calles de Lima y meses del año”.
La parte contraria, la de los patriotas, se reunía, según comenta el mencionado autor,
en el “Café del Mentidero”, de la calle Bodegones, que era considerado un “foco de
conspiradores.”
Como curiosidad sobre la Mistelería mencionada, se han encontrado dos recibos de
alcabala que son los documentos más antiguos relacionados con fondas peruanas.
Ambos recibos son fechados en noviembre de 1821, a pocos meses de jurada la
independencia y los comentarios de Gálvez sobre sus parroquianos hacen pensar que, a
la “llegada de la patria” como se decía entonces, le cobraron todos los adeudos
atrasados a la vez ya que los documentos corresponden a lo que debían por el
mencionado concepto de los años 1818 y 1819.

Recibo de la mistelería de la fonda del caballo blanco 1821.

Cabe dentro de esta categoría la “Venta de refrescos” en la que se detuvo Salvin y su


grupo al regresar del trapiche y destiladora de caña en Huaura. Luego de mencionar que
el hielo lo traían de 15 leguas de distancia envuelto en estiércol y paja, comenta:
En la tienda hay distintas clases de licores dulces hechos de azúcar y agua, y el jugo de
algunas frutas, y cuando uno ordena bebidas heladas, “dulces helados”, se sirve un gran
vaso de estos jugos con tres o cuatro trozos de hielo.
Comenta Proctor, el viajero ya mencionado que por las tardes los limeños salían a
pasear por el puente que queda detrás de palacio y que de regreso los grupos de
paseantes se detenían “para beber refrescos y comer fruta en los puestos con filas de
bancas a propósito”. En los mercados era también generalizada la oferta de alimentos,
“Sabrosos platos” los llama Rosario Olivas, que eran preparados al aire libre: “Algunos
artistas como Pancho Fierro han dejado estampas en la que se aprecia la costumbre de
comer en la calle y que era practicada no solo en las cercanías del Puente sino también

37
en los portales de la plaza principal, y en forma muy festiva para la Fiesta de Amancaes.
Esta fiesta que se celebraba en las faldas del San Cristóbal, al otro lado del rio, reunía
todos los limeños sin distingo de posición económica o social. Cesar Pacheco, estudioso
de la fiesta, enumera los siguientes platos como los que desde la época virreinal y hasta
la primera mitad del siglo XX se consumían en el 24 de junio, día de San Juan en la
Pampa de Amancaes: pachamanca, anticuchos, cau-cau, frejoles, butifarras, arroz con
pato, papa a la huancaína, olluquitos, seviche y escabeche”.

Alimentos y bebidas

Es oportuno, comenzar con la Chicha ya que la canción con su nombre ha servido de


excusa para el presente resumen. Más aún cuando la chicha es la bebida americana por
excelencia. Fresca, sana y nutritiva y que sigue viva a pesar de la guerra sucia que se
esgrimió en algunos rincones del continente contra ella.

Sirviendo chicha en Amancaes.


Acuarela de Pancho Fierro.

38
En la canción se indica que “esta bebida del Inca, se hace de maíz o maní.” Eso es
cierto y también se elabora de molle y de otros productos, sin embargo, la chicha por
excelencia para todo americano es la de maíz. Entre los incas el nombre correcto es
“Asua”, pero se impuso el nombre taino traído por los conquistadores, así como se
impuso también “maíz” por el propio “sara”., y “aji” por el quechua “uchú”.
Cuando Hernando Pizarro y Hernando de Soto fueron a visitar al Inca en su
campamento cerca de Cajamarca, el soberano los agasajó con chicha. Cuentan además
que como notara recelosos a los españoles, bebió de ambos vasos para que supieran que
no estaban envenenados.
En 1815 el viajero francés Julián Mellet en sus “Impresiones sobre el Perú en 1815”
ha dejado una descripción detallada de cómo se elaboraba entonces la chicha, proceso
que se sigue empleando hoy.
“Se pone una cantidad de maíz más o menos grande según la bebida que se quiera
hacer, en una excavación hecha en la tierra; se tapa con la misma tierra que se ha sacado
y se deja tres o cuatro días hasta que comienza a germinar, entonces se le saca y se le
expone al sol hasta que está bien seco; enseguida, después de haberlo machacado con
mazas, se le coloca en una caldera con agua y se deja hervir durante siete u ocho horas.
Hecha esta operación se pone el licor en tinas o tinajas de barro, hechas expresamente;
Ahí se deja fermentar dos o tres veces 24 horas, después de lo cual está listo para
beberlo”.
En cuanto a las bebidas alcohólicas de origen hispano, las referencias al vino y al
pisco en las noticias de viajeros y otros documentos de la época que cubre éste estudio
son constantes y concretas. Se menciona su calidad y abundancia al comienzo y su
decaimiento tras las guerras de independencia.
El francés Julian Mellet, por ejemplo, que visitó Pisco en 1815, comenta: “el vino que
se fabrica se llama lancha y es reconocido, tal vez, como el mejor de todo el Perú; y el
aguardiente es tan bueno y mucho más fuerte que el de Cognac tan renombrado en
Francia. Durante los años de la guerra se encuentra mención la confiscación de estos
productos en el puerto de Pisco. Así el almirante Cochrane cuando pasó por allí en se
apoderó de “doce a quince mil botellas de aguardiente.” además de los 200,000 galones
que mandó destruir en la playa el capitán Guise.
Es el viajero William B. Stevenson quien, al pasar por Pisco en 1814, usa por primera
vez el nombre propio “pisco” para referirse al destilado de uva producido en el sur del
Perú. Él dice claramente que: “el aguardiente generalmente llamado pisco, pues debe su
nombre al lugar donde es hecho.”
Una década después el clérigo británico Hugh Salvín volverá a usar el término
“pisco” como sinónimo del aguardiente. Cuando comenta de su consumo tanto en el
convento Franciscano de Los Descalzos en compañía del superior del convento quien,
con otros monjes, estaba comiendo la fruta después de la cena y bebiendo pisco que
“circulaba por la mesa y los monjes lo bebían puro. En Huara lo volvió a tomar gracias
a un franciscano que, dice: “nos ofreció excelentes quesos del país y pisco”.
La mentada “cidra” que, según la canción, junto con el vino “trajo el hispano para
envenenar” y el aguardiente de caña que se producía en todos los lugares de la costa
donde se cultivaba azúcar, han sido esquivos a ésta investigación pero sin duda eran de
consumo popular tanto en Lima como en otras partes del país y se enviaban a la sierra.
La dieta de los limeños al momento de la independencia estaba conformada por una
rica dieta mestiza conformada por todos los productos traídos por los españoles y los
propios de la tierra.

39
La carne más usada era la de cordero, animal cuyo precio era solo de un 50% mayor
que el de una gallina. Abundante era también el consumo de cerdo, en especial de la
manteca que se usaba para freír, pero también para todo tipo de guisos y postres,
En cuanto a las aves de corral, la siempre presente es la gallina y aunque se usó
parece haber sido sobre todo para ayudar a la curación de quienes estaban enfermos
anémicos, aparece en la mesa en días festivos.
La cercanía que tenía Lima del Mar, Callao al oeste y Chorrillos al sur de la capital,
hacía que hubiese gran abundancia y variedad de pescados y mariscos durante todo el
año. El inglés William B. Stevenson, colaborador de Lord Cochrane y testigo de la gesta
emancipadora en el Ecuador, Chile y el Perú a quien ya se ha hecho referencia, describe
la variedad de pescados que vio en los mercados de Lima:
“El mercado de pescado, a veces está abastecido de gran abundancia con corbinas,
jureles, macareles, chita, platija, rodaballo, pejerrey, lisa, anchoveta etc. Provenientes de
las costas vecinas, y los más excelentes camarones de los ríos, algunos de los cuales
tienen más de seis pulgadas de largo”.
Stevenson también hace referencia a que el precio de los pescados es generalmente
barato pero que durante la Semana Santa estos sumen desproporcionadamente.
Atribuye el fenómeno, curiosamente a que los “indios pescadores” se dedican a sus
obligaciones religiosas y esto es el motivo de la escasez, sin siquiera jugar con la idea
de oferta y demanda.
Tres platos de pescado y mariscos muy populares, tanto como para ser cantados en
“La Chicha” vista antes, fueron el “Cebiche” la “Jalea” y el chupe. Los tres se siguen
consumiendo con fruición y son parte de la amplia oferta gastronómica del Perú. El
cebiche de, pescado se marinaba inicialmente con naranja agria y ahora con Limón, se
agrega cebolla roja y ají. Va acompañado de choclo y camote, es tenido casi como plato
nacional por excelencia. Algunos puristas quieren ver las raíces prehispánicas en este
plato completamente mestizo y sugieren que en lugar del ácido del limón usaban el
Tumbo. Un poco de jugo de tumbo en la preparación le da un toque especial, pero de
allí a que se hiciese así en la costa peruana antes de Pizarro no tiene ningún sustento
documental.
También cantada en “La Chicha”, la Jalea es un plato de la costa que nada tiene que
ver con la mermelada ni con productos dulces. Se prepara cortando el pescado en trozos
de unos tres centímetros, se sazona con sal y pimienta y se cubre con harina de maíz.
Luego se fríe en una sartén con abundante aceite y se sirve con una salsa hecha de
cebollas y ají y se le exprime limón. El chupe es una sopa que puede alterar los sentidos
de solo verla. La versión limeña lleva al fondo del plato un huevo frito que termina de
cocerse con el caldo hirviendo. Sobre las papas y demás ingredientes lleva un camarón
entero, con cola, pinzas y bigotes que más parece un cuadro que una vianda.
Regresando a Stevenson, encontramos sus comentarios sobre este plato muy
adecuados por referirse a la época de este estudio. Lo llama “chupi” y dice que era un
plato favorito durante todo el año y no solo en tiempos de abstinencia: SE hace
cocinando papas, queso y huevos juntos, y después añadiéndole pescado frito.
Otra interesante referencia al chupe en tiempos de la independencia la ha dejado el
viajero Proctor. El menciona un “chupe” que comió en el puerto de Supe pero que según
dice es similar al de la capital, vale la pena transcribirlo:
“El chupe es buen manjar, originalmente aprendido de los indios, y compuesto de
pescados, huevos, queso y papas, estofados juntos”.
De los platos mencionados en La Chicha, sólo uno es de carne, la Guatia que hasta
hoy se considera muy limeño y en especial del sur de Lima. La guatia es considerada

40
un plato típico del pueblo de Surco, distrito de Lima y sus restaurantes lo presentan con
orgullo como propio.
La gracia de la guatia es la cantidad de hierbas que lo acompaña. La carne utilizada es
la malaya. Se deja la carne macerar varias horas en una preparación hecha con
abundante culantro y hierbabuena, dos tipos de ají: panca y amarillo; vinagre, jugo de
naranja y pisco.
En “La Chicha” se menciona el “Locro”, plato muy popular con orígenes incásicos
que ha llegado a nuestros días con modificaciones que lo han ido enriqueciendo a través
del tiempo.
Hay que ser cuidadoso sin embargo con el nombre porque como bien indica Rosario
Olivas: “La técnica y los ingredientes que intervienen en la elaboración del locro o
‘rocro’, del chupe y del ajiaco son los mismos. Las divergencias son sutiles: El chupe
peruano y el locro ecuatoriano son sopas, con la única diferencia de que en el Ecuador
el caldo del locro se espesa con papa. El ajiaco colombiano se acerca más al locro
ecuatoriano que al chupe. El locro y el ajiaco peruano, boliviano, chileno y argentino
entran en la categoría de guisos porque su consistencia es más espesa”.
Si bien los locros que se preparan hoy son más sencillos y llevan queso fresco, los del
siglo XVII, que deben haber sido similares a los que se comían en tiempos de la gesta
emancipadora, llevaban una gran cantidad de productos. En un trabajo anterior sobre
cocina virreinal, se encontró que sólo en el año 1645 las monjas de la Santísima trinidad
hicieron 13 locros diferentes y que cada uno de ellos tenía al menos 15 productos. No
falta nunca el zapallo, las papas tanto frescas como secas, el choclo, las yucas y la
harina de maíz para espesar, achiote para dar color y ají para el picor. También se
empleaba la manteca de cerdo, recurso infaltable en esos tiempos en que no se conocía
el colesterol ni vivían lo suficiente para acumularlo.

Los postres

La costa peruana en general y lima en particular son prolijas en postres. Esta


característica está asociada a la llegada temprana de esclavas moriscas traídas por
algunos conquistadores con las riquezas que hicieron en Cajamarca. Algunas de estas
moriscas o esclavas blancas, como también las llamaban, llegaron a ser de las primeras
señoras de Lima. El hecho es que ellas trajeron esas recetas de postres muy azucarados
que tanto gustan a los limeños.
Un par de décadas después de la independencia, cuando aún las costumbres
gastronómicas no habían sufrido influencias foráneas, el Cónsul británico John
McGregor comentó en su informe a Londres algunas cosas sobre cómo y que comían
los limeños y entre ella habla de los postres. Menciona que había en la ciudad muchas
mazamorrerias y que estas: tiendas de papilla, son muy comunes en Lima. Se hacen
papillas dulces de guisantes, arroz, harina de maíz, habas, arruruz, y almidón.
Interesante notar que, a los limeños, los no limeños les pusieron el mote de “Limeños
mazamorreros” haciendo referencia a la cantidad y variedad de mazamorras que se
comían en la ciudad: Mazamorra de cochino, mazamorra de chuño y la más popular y
casi la única que sobrevive, la Mazamorra morada. Más interesante aún es que los
limeños nunca se sintieron ofendidos por el apodo, sino que gustó y usaron con orgullo
ese dicho de “Yo soy limeño mazamorrero” incluso hoy, aunque ya raramente coman
una.
La mazamorra morada se hace con un maíz morado y se espesa con chuño, que es
harina de papa seca. Su origen se discute entre las moriscas que habrían traído una

41
pasta dulce que comían en el Magreb y en España y quienes dicen que no es más que un
“Api” andino al que se ha agregado el dulce.
Sea lo que fuere, la referencia más antigua encontrada de este postre es del viernes
santo de 1777 cuando las monjas de la Santísima trinidad prepararon mazamorra
morada.
Si hay que seleccionar otro postre entre los muchos que vienen desde antiguo, será
apropiado escoger el Arroz con Leche. Ambos elementos, así como el azúcar, el clavo
de olor y la canela con que se prepara hoy son todos importados del viejo mundo. En
las recetas antiguas se encuentra también las almendras como parte de la receta, y hasta
allí todo vino de fuera. Sin embargo, hay referencias a que en tiempos anteriores a la
independencia agregaban a los ya indicados, unas partillas de coca. Ese fue su
ingrediente andino que hizo del postre una muestra del mestizaje. Afortunadamente hoy
se han eliminado las pastillas esas de la preparación. ●

Bibliografía

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española rindió el Conce Dundonald. Londres, 1869. James Ridgway.
Eguiguren, L. A. Calles de Lima. Lima, Multatuli, 1945.
Gaceta del Gobierno de Lima Independiente
Gálvez, J., Calles de Lima y meses del año, Lima, International Petroleoum C°. 1943.
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Lafond, G., Remembranzas de Guayaquil. (1822). Lima y Arica. Relaciónes de viajeros Tomo XXVII
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Mellet, J., Impresiones sobre el Perú en 1815. Colección Documental de la Independencia del Perú.
Tomo XXVII. Relaciones de [Link]. I. Estudio y compilación Estuardo Núñez. Lima, 1971 p.87.
Mendiburu, M., Apuntes históricos del Perú. Cuzco, Imprenta del Estado, 1902.
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Olivas Weston, R., Escuela profesional de turismo y hotelería. Univ. De San Martín de Porres. Lima,
1998.
Pacheco Ibarra, J. J. La Fiesta de San Juan de Amancaes y el volcán de agua.
[Link] (visto el 10
noviembre de 2019).
Palma, R., La Historia del Perú por el padre Urías. Tradiciones Peruanas Completas. Edit. Aguilar. 6ta
edición. Madrid 1968. P.1140.
Proctor, Robert. Capitulo XXX. CDIP. Tomo XXVII. Relaciones de viajeros. Vol. 2º p.2, Lima 1971
(Recopilador: Estuardo Núñez).
Salvin, Hugh S. Diario del Perú. Relación de viajeros Tomo XXVII vol. 4. p. Colección Documental de
la Independencia del Perú. Lima 1973. p.34.
Stevenson, W. Bennet. Memorias sobre las campañas de San Martín y Cochrane en el Perú. Tomo
XXVII. Vol. 3. Lima, 1971.
Zapata Acha, S. Diccionario de la gastronomía peruana tradicional. Lima, Universidad de San Martín
de Porres. Escuela Profesional de Turismo y Hotelería, 2006.

42
Historia Colonial

EL SEÑOR DE LA PLAZA
El Fiel Ejecutor y las manifestaciones de
trigo en Buenos Aires colonial
Mauro Luis Pelozatto Reilly59

Introducción

El Cabildo funcionó, durante toda la época colonial y más allá de aquella, como el
principal organismo regulador del mercado local, particularmente en lo tocante al abasto
de los géneros de consumo indispensables, tales como carne 60, cueros, grasa y sebo 61 y,
en lo referente al tema de interés de este apartado, el trigo y sus derivados (harinas y
pan)62.
Más allá de las disposiciones generales que el Ayuntamiento tomaba como Cuerpo,
persiguiendo como objetivo central el mantenimiento de los vecinos y moradores, es
decir, el ‘‘bien común’’, en la mayoría de los casos, las políticas municipales estuvieron
acompañadas por las atribuciones de sus funcionarios especiales. Entre los oficios
concejiles vinculados con el funcionamiento de la Plaza -entendida como el mercado
centralizado de la Ciudad y su jurisdicción-, se destacó la figura del Fiel Ejecutor (cargo
en el cual rotaban, cada cuatro meses, integrantes del Cabildo), encargado de ‘‘controlar
la aplicación de las normas sobre precios, pesos, medidas, abasto y pulperías’’63.
En el presente trabajo, nos proponemos enumerar y describir las funciones específicas
de los Fieles Ejecutores del Cabildo de Buenos Aires, en un contexto particular,
enmarcado en la década de 1750, y caracterizado por las denuncias de escasez de

59
Instituto Ravignani-UBA/CONICET; Universidad Nacional del Oeste (UNO). Correo electrónico:
mpelozattoreilly@[Link]
60
Dupuy, A. L. El mercado de abasto de carne vacuna en Buenos Aires en la etapa colonial y temprano-
independiente (Tesis de Doctorado). Mar del Plata, Universidad Nacional de Mar del Plata-Facultad de
Humanidades, 2019. Garavaglia, J. C. ‘‘De la carne al cuero. Los mercados para los productos pecuarios
(Buenos Aires y su campaña, 1700-1825)” , En Anuario del IEHS, Vol. 9, 1994, pp. 61-96. Silva, H. A.
‘‘El Cabildo, el abasto de carne y la ganadería. Buenos Aires en la primera mitad del siglo XVIII’’. En
Investigaciones y Ensayos, N° 3, 1967, pp. 1-72.
61
Silva, H. A. ‘‘La grasa y el sebo, dos elementos vitales para la colonia. Buenos Aires en la primera
mitad del siglo XVIII’’. En Revista de Historia Americana y Argentina, Vols. 15 y 16, 1970-1971, pp.
39-53.
62
Garavaglia, J. C. ‘‘El pan de cada día: el mercado del trigo en Buenos Aires, 1700-1820’’. En Boletín
del Instituto de Historia Argentina y Americana ‘‘Dr. Emilio Ravignani’’, Tercera Serie, N° 4, Buenos
Aires, 1991, pp. 7-29. Garavaglia, J. C. Pastores y labradores de Buenos Aires. Una historia agraria de
la campaña bonaerense 1700-1830. Buenos Aires, Ediciones de la flor, 1999. Silva, H. A. ‘‘El trigo en
una ciudad colonial. Buenos Aires en la primera mitad del siglo XVIII’’. En Investigaciones y Ensayos,
N° 5, 1968, pp. 1-32.
63
Moutoukias, Z. ‘‘Gobierno y sociedad en el Tucumán y el Río de la Plata, 1550-1800’’. En Tandeter,
E. Nueva Historia Argentina. Tomo II. La sociedad colonial. Buenos Aires, Editorial Sudamericana,
2000, p. 374.

43
granos, seguidas de la disposición y ejecución de los registros de todas las casas del
territorio, para obligar a todos los individuos que tuvieran existencias de trigo, a
destinarlas a la venta en la Plaza. Entendemos a ésta última como espacio público por
excelencia, sede de las principales autoridades, lugar en donde se realizaban las
celebraciones más relevantes y, puntualmente, sitio del mercado citadino 64.
A su vez, creemos que el problema es específico e importante, ya que los ejemplos
concretos no han sido sistematizados, más allá de algunas aproximaciones generales al
señalado mecanismo de abastecimiento65. Por otra parte, vale la pena hacer hincapié en
la figura del Regidor a cargo de las políticas de abastos, sobre la cual escasean aportes
historiográficos exclusivos, exceptuando las interesantes explicaciones que se han
expuesto en torno a sus participaciones relativas a las faenas en el matadero o rastro 66,
los controles de precios del ganado en pie y sus productos67, las inspecciones de calidad
de la carne68, los conflictos con los tahoneros y panaderos a partir de las especulaciones
de éstos últimos69, la revisión del peso del pan en las panaderías 70, las visitas a tiendas y
pulperías, la confección de aranceles 71, etc.
En esta ocasión, pretendemos profundizar acerca de las actuaciones de la Fiel
Ejecutoria en el marco de los escrutinios, aquellos relevamientos de trigo con la
condición de venderlo obligatoriamente para el aprovisionamiento alimenticio ‘‘de la
República y sus habitadores’’. Para cumplir con lo planteado, se exponen los datos
elaborados tras el análisis de la información brindada por los Acuerdos del Extinguido
Cabildo de Buenos Aires (en adelante AECBA) -entendidos como la fuente básica, a la
hora de identificar los principales problemas, su tratamiento y resolución, más los
actores intervinientes72-, más algunos expedientes del Archivo capitular, como las
manifestaciones del trigo escrutado -completas para los Partidos de La Costa de San
Isidro y Las Conchas en el año 1755-, y otros documentos que involucran al oficial en
cuestión. Estos últimos resultan relevantes, ya que se trata de territorios directamente
relacionados con el desarrollo de la agricultura, principalmente por parte de los
pequeños y medianos productores, pensando en las necesidades de alimentos, bienes y
servicios de la Ciudad 73.

64
Fradkin, R. O. y Garavaglia, J. C. La Argentina Colonial. El Río de la Plata entre los siglos XVI y XIX.
Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2009, p. 143.
65
Silva, H. A. ‘‘El trigo en una ciudad colonial…’’, p. 28.
66
Dupuy, A. L. El mercado de abasto de carne... Garavaglia, J. C. ‘‘De la carne al cuero…’’. Silva, H. A.
‘‘El Cabildo, el abasto de carne y la ganadería...’’.
67
Dupuy, A. L. ‘‘Condicionantes de los precios de la carne vacuna para el consumo cotidiano en Buenos
Aires colonial’’. En Naveg@mérica. Revista electrónica editada por la Asociación Española de
Americanistas, N° 20, 2018, pp. 1-22. Garavaglia, J. C. ‘‘Precios de los productos rurales y precios de la
tierra en la campaña de Buenos Aires: 1750-1826’’. En Boletín del Instituto de Historia Argentina y
Americana ‘‘Dr. Emilio Ravignani’’, Tercera Serie, N° 11, Buenos Aires, 1995, pp. 65-112.
68
Dupuy, A. L. El mercado de abasto de carne…
69
Djenderedjian, J. Historia del capitalismo agrario pampeano. Tomo 4. La agricultura pampeana en la
primera mitad del siglo XIX. Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2008. Silva, H. A. ‘‘El trigo en una
ciudad colonial…’’, Op. Cit., pp. 1-32.
70
Garavaglia, J. C. ‘‘El pan de cada día…’’. Garavaglia, J. C. Pastores y labradores de Buenos Aires...
71
Silva, H. A. ‘‘Pulperías, tendejones, sastres y zapateros. Buenos Aires en la primera mitad del siglo
XVIII’’. En Anuario de Estudios Americanos, Nº 26, Buenos Aires, 1969, pp. 471-506.
72
Caño Ortigosa, J. L. ‘‘Fuentes documentales para el estudio del Cabildo de Guanajuato (1656-1770)’’.
En Temas Americanistas, N° 23, 2009, pp. 4-23.
73
Dupuy, A. L. El mercado de abasto de carne…, p. 49. Garavaglia, J. C. Pastores y labradores de
Buenos Aires…, pp. 13-15.

44
Primera fotografía del Cabildo de Buenos Aires, c. 1852. (AGN)

Los escrutinios y embargos de trigo como mecanismo de abastecimiento urbano

A lo largo de la década de 1750, tuvieron lugar distintas tratativas, discusiones y


resoluciones hacia el interior de la Sala Capitular de Buenos Aires, frente al problema
de la poca disponibilidad de trigo para el surtido del vecindario. En esta primera etapa,
predominaron, como forma resolutiva, las políticas para la venta obligatoria en el sitio
indicado. Según Hernán Silva, especialista en el abasto regulado en la primera mitad del
siglo XVIII, el concejo ‘‘sistemáticamente observaba las sementeras, celaba la cosecha
y controlaba cuidadosamente la tenencia del cereal conseguido. Por ello el escrutinio
fue la medida habitual mandada a realizar por el Ayuntamiento, y ejecutada por sus
integrantes a nivel local, o por los alcaldes de la Hermandad en la campaña’’74.
En el ámbito de la ciudad, el Fiel Ejecutor se encontraba, frecuentemente,
encabezando este tipo de iniciativas. En el marco de los acuerdos para averiguar las
existencias trigueras (2 de julio de 1751), los cabildantes decidieron diputar al oficial en
cuestión, para que saliera por toda la jurisdicción, para hacer ‘‘escrutinio y registro’’ de
todas las casas, con excepción de las de los eclesiásticos, y así saber la cantidad que
cada individuo tuviera, para obligarlos a que lo vendieran para el abasto75.
Dentro de las intervenciones en los partidos rurales, esta atribución queda
confirmada. Así, se especificó que todas las personas de Las Conchas y San Isidro que
tuvieran trigo (empadronadas por el alcalde de la Santa Hermandad), serían obligadas a
traer a la Plaza todo lo que fuese posible para venderlo, dándole parte al Señor Fiel
Ejecutor, quien debía tener conocimiento de ello, quedando este último comisionado
para actuar de la manera que creyera conveniente en cada caso 76. Aún queda mucho por

74
Silva, H. A. ‘‘El trigo en una ciudad colonial…’’, p. 3.
75
Archivo General de la Nación (en adelante AGN), Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires
(AECBA), Serie III, Tomo I, Libros XXVII al XXX, pp. 78-79.
76
AGN, Sala IX, Archivo del Cabildo de Buenos Aires (en adelante ACBA), Legajo 1640, folio 145
recto.

45
saber de los alcaldes de la Hermandad en este sentido, más allá de los testimonios que
nos confirman su participación alrededor de las medidas para asegurar la concurrencia
de los peones a las tareas agrícolas y ganaderas 77, la persecución de los ‘‘cuatreros’’ o
ladrones de animales78, el ejercicio de las funciones policiales y de la Justicia civil y
criminal en la campaña79, los decomisos de mercaderías80, la resolución de conflictos
por la propiedad de la tierra 81, etc.
Las situaciones particulares también nos permiten ver cómo se procedía, para
concretar el objetivo de asegurar la oferta de los alimentos y materias primas que nos
convocan. Por ejemplo, el 4 de abril de 1755, don Pascual Ibáñez, vecino de La Costa
de San Isidro, había obtenido 90 fanegas, de las cuales destinaría 20 para las sementeras
y 50 para su manutención, mientras que lo demás que le sobrare lo manifestaría ante el
funcionario designado, para que las pusiera en el mercado 82. Por su parte, don Fernando
Flores, del Partido de Las Conchas, declaró haber juntado 204 fanegas de trigo, las
cuales tenía en la ciudad para que su padre diera razón ante el Fiel Ejecutor 83.
La última obligación ejemplificada se mantuvo durante todo el período estudiado.
Entre las resoluciones del 8 de marzo de 1755, se destacó la que mandaba que los
Comisionarios de los Partidos cumplieran con la diligencia de obligar a todos los
labradores y demás personas que tuvieran trigo, a que lo vendieran en la Ciudad,
dándole razón de todo al ya referenciado ejecutante, quien debería actuar de la forma
conveniente84. Poco después (2 de abril), se impuso, para quienes no trajeran el grano al
lugar señalado, la multa de 500 pesos, más la saca del producto 85. En la Junta del 18 de
enero de 1758, se dispuso que los embargos de trigo en la campaña se realizarían ‘‘con
la precisa obligación’’ de que cada vez que ‘‘bajaran’’ a vender, dieran cuenta al mismo
regidor de las fanegas que traían, para que éste diera su visto bueno, según lo
acordado86.
Además, contamos con testimonios del mismo Fiel Ejecutor, para manifestar las
existencias trigueras, una vez concretado el embargo o escrutinio. En la reunión del 14
de junio de 1751, don Miguel Gerónimo de Esparza, a quien le correspondía la vara, dio
razón de haber cumplido con la diputación para la inspección del trigo que había en la
Ciudad, con la compañía de un ayudante. En total, se registraron 3163 fanegas, las
cuales serían conducidas hasta el Ayuntamiento, para que no faltase pan 87.

77
Mayo, C. A. Estancia y sociedad en la pampa (1740-1820). Buenos Aires, Editorial Biblos, 2004.
78
Martínez Dougnac, G., ‘‘Justicia colonial, orden social y peonaje obligatorio’’. En Azcuy Ameghino,
E. (Dir.). Poder terrateniente, relaciones de producción y orden colonial. Buenos Aires, Fernando García
Cambeiro, 1996, p. 192.
79
Areces, N. ‘‘Las sociedades urbanas coloniales’’. En Tandeter, E. (Dir.). Nueva Historia Argentina.
Tomo II. La sociedad colonial. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2000, p. 177. Caño Ortigosa, J. L.
Los Cabildos en Indias. Un estudio comparado. Corrientes, Moglia Ediciones, 2009.
80
Birocco, C. M. ‘‘Los dueños del pueblo’’. En Azcuy Ameghino, E. (Dir.). Poder terrateniente,
relaciones de producción y orden colonial. Buenos Aires, Fernando García Cambeiro, 1996, p. 92.
81
Azcuy Ameghino, E. ‘‘Hacendados, poder y estado virreinal’’. En Azcuy Ameghino, E. (Dir.). Poder
terrateniente, relaciones de producción y orden colonial. Buenos Aires, Fernando García Cambeiro,
1996, p. 46.
82
AGN, Sala IX, ACBA, Legajo 1640, folio 148 verso.
83
Ib., folio 153 recto.
84
AGN, AECBA, Serie III, Tomo I, Libros XXVII al XXX, p. 514.
85
AGN, Sala IX, ACBA, Legajo 1640, folio 166 verso.
86
AGN, AECBA, Serie III, Tomo II, Libros XXX al XXXIII, p. 287.
87
AGN, AECBA, Serie III, Tomo I, Libros XXVII al XXX, p. 82.

46
Firma del Regidor don Miguel Gerónimo de Esparza (1678-1767).

Este último renglón constituye, sin lugar, uno de los pilares centrales del abasto de
Buenos Aires, tanto a partir del amasado y consumo doméstico 88, como en la canasta
del gasto urbano89, destacándose por su considerable peso dentro de la misma (en
cuanto al valor calórico representado, complementándose con otros víveres
protagónicos, como la carne) 90, y por la coexistencia y circulación de distintos tipos y
calidades (según las harinas utilizadas)91.
En simultáneo, el extracto trabajado nos plantea otra discusión: la del Cuerpo de
Alcaldes y Regidores frente al problema del almacenamiento de los bastimentos. A
diferencia de otras ciudades hispanoamericanas, en donde se destacó el funcionamiento
de edificios específicos para regular la disponibilidad de granos, como el pósito y la
alhóndiga92, mientras que en el caso de nuestra capital, no se han registrado más que
intentos de establecerlos, los cuales no tuvieron una vida extensa 93. Ejemplos como el
anterior permiten ver que, como consecuencia de las políticas de abastecimiento
obligatorio, se recurría a los cuartos capitulares, o incluso particulares, como almacenes
o depósitos. Como uno de los últimos, podemos mencionar la casa que don Francisco
Carnilla, rematador del diezmo de granos del Partido de San Isidro (1755), mantenía en
la urbe para el almacenaje de lo que iba recaudando con sus auxiliares 94.

El control de las cosechas y de las transacciones comerciales

Otros testimonios nos llevan a pensar que, hacia finales del decenio, había una mayor
sistematización de las inspecciones y obligaciones en función de las recogidas de
granos. En la reunión del 7 de noviembre de 1758, ‘‘de un Acuerdo y Conformidad’’,
los Señores dijeron que, respecto a la necesidad de trigo y a la proximidad de la
88
De Lafuente Machaín, R. Buenos Aires en el siglo XVII. Buenos Aires, Municipalidad de la Ciudad de
Buenos Aires- Secretaría de Cultura, 1980, p. 101.
89
Guzmán, T. y Schmit, R. ‘‘Niveles de vida en la ciudad de Buenos Aires durante la primera mitad del
siglo XIX (1824-1850)’’. En Santilli, D. V. (Comp.). Niveles de vida en un país en ciernes. Dimensiones
de la desigualdad en Argentina en el largo plazo, 1700-1900. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2020, p.
203.
90
Santilli, D. V. ‘‘El armado del puzzle. El nivel de vida en la futura Argentina y adyacencias’’. En
Santilli, D. V. (Comp.). Niveles de vida en un país en ciernes. Dimensiones de la desigualdad en
Argentina en el largo plazo, 1700-1900. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2020, p. 21.
91
Garavaglia, J. C. Pastores y labradores de Buenos Aires..., pp. 198-199.
92
Guillamón Álvarez, F. J. ‘‘Algunas reflexiones sobre el cabildo colonial como institución’’. En Anales
de Historia Contemporánea, Vol. 8, 1990-1991, p. 159.
93
Garavaglia, J. C. ‘‘El pan de cada día...’’. González Lebrero, R. E. ‘‘Producción y comercialización del
trigo en Buenos Aires a principios del siglo XVII’’. En Boletín del Instituto de Historia Argentina y
Americana ‘‘Dr. Emilio Ravignani’’, Tercera Serie, Nº. 11, 1995, pp. 7-37.
94
AGN, Sala IX, ACBA, Legajo 1640, folio 148 verso.

47
cosecha, para evitar cualquier demora, era preciso que quien ostentaba el turno
competente saliera a embargar, acompañado de los diputados don Francisco Espinosa y
don Diego Mantilla 95.
Sin embargo, los ejemplos más claros de controles comerciales se encuentran a
principios del recorte cronológico. Mediante una carta (tratada en el Cabildo el 6 de
febrero de 1750), el Cabo de la Guardia de Luján le había dado cuenta al Gobernador
del trigo que habían comprado, en Cañada de la Cruz, Joaquín Fernández de Santa
Marina y Domingo Orochua, existencias embargadas en dicha Frontera (44 fanegas y 10
sacos más, pertenecientes a los susodichos). A su vez, se informó que Baltasar del
Castillo había traído 100 fanegas a la Ciudad, las cuales habían sido compradas en
aquellos parajes. De forma unánime, dispusieron que las 25 fanegas que había bajado
Orochua para el gasto de don Mateo Gojenola, pudieran ser entregadas a este último,
puesto que eran para el mantenimiento de su casa. Las cantidades restantes del dicho
Orochua serían vendidas obligatoriamente en el asentamiento urbano, con noticia para
el administrador del mercado. Éste último quedó obligado, además, a hacer la
averiguación debida, de quiénes eran Joaquín Fernández de Santa Marina y Baltasar del
Castillo, para saber si eran vecinos o no, y poder tomar la providencia ‘‘que fuera de
Justicia’’96.
Las aclaraciones finales sirven como prueba de la importancia de la condición de la
vecindad y su reconocimiento. En pocas palabras, se trataba de una categoría
privilegiada, vinculada a la posesión de ‘‘casa poblada’’, la jefatura familiar, un buen
matrimonio, y la propiedad de la tierra, y a partir de allí, el acceso a las principales
mercedes como las encomiendas, los cargos en el cabildo, la posibilidad de formar parte
de las milicias locales, entre otras prerrogativas 97.

Los precios regulados y el peso del pan

La magistratura que abordamos en este trabajo, también funcionó para la


reglamentación de los precios y su cumplimiento. Excediendo los aspectos más
abordados en lo que toca a esta cuestión (factores influyentes, evolución en pesos y
demás términos98, relación con las canastas de consumo y los niveles de vida 99, o bien
con el funcionamiento de los establecimientos productivos y sus salidas mercantiles 100),
pensamos describir las medidas concretas, sus alcances y limitaciones.
En el contexto de los escrutinios (19 de noviembre de 1750), se ordenó que cada
individuo y su familia sólo podrían quedarse con el grano necesario para su ‘‘gasto y
beneficio’’, mientras que todo lo demás debían ponerlo en la ya mencionada Plaza, con
la obligación de venderlo al precio de 7 pesos por fanega. Para darle cumplimiento a

95
AGN, AECBA, Serie III, Tomo II, Libros XXX al XXXIII, p. 355.
96
AGN, AECBA, Serie II, Tomo IX, Libros XXV al XXVII, p. 546.
97
Areces, N. Op. Cit., pp. 150-151.
98
Cuesta, E. M. ‘‘Precios y mercados en Buenos Aires en el siglo XVIII’’. En América Latina en la
Historia Económica, N° 28, 2007, pp. 26-57. Johnson, L. ‘‘La historia de los precios de Buenos Aires
durante el período virreinal’’. En Johnson, L. y Tandeter, E. (Comps.). Economías coloniales. Precios y
salarios en América Latina, siglo XVIII. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1992, pp. 153-190.
99
Johnson, L. ‘‘Salarios, precios y costo de vida en el Buenos Aires colonial tardío’’. En Boletín del
Instituto de Historia Argentina y Americana ‘‘Dr. Emilio Ravignani’’, Tercera Serie, Nº 2, 1990, pp. 133-
157. Santilli, D. V. ‘‘El nivel de vida en Buenos Aires en la primera mitad del siglo XIX. Una medición a
través de las canastas de consumo’’. Santilli, D. V. (Comp.). Niveles de vida en un país en ciernes.
Dimensiones de la desigualdad en Argentina en el largo plazo, 1700-1900. Buenos Aires, Prometeo
Libros, 2020, pp. 131-162.
100
Garavaglia, J. C. ‘‘Precios de los productos rurales…’’.

48
esta resolución, el Fiel Ejecutor podría imponerles a los involucrados las penas que
creyera convenientes101.
También era competencia de la Fiel Ejecutoria proponer los aranceles para el cereal.
Por ejemplo, en el Acuerdo del 19 de septiembre de 1754, el Regidor don Juan Benito
González, quien ocupaba el turno, expresó que el trigo se estaba vendiendo a 8 pesos la
medida, proponiendo que se trataba de un buen precio, tanto para los labradores como
para los compradores, por lo tanto, los Señores del Ayuntamiento debían decidir si era
preferente que se mantuviera, o si era posible que se les permitiera superar ese precio a
los vendedores102.
Una vez que el producto estaba en el centro de expendio, era obligación del mismo
capitular controlar que se cumpliera con lo arancelado. Así, el 28 de septiembre de
1754, se remarcó que el funcionario competente debía estar ‘‘a la mira’’, para poder
atajar cualquier exorbitancia que se presentara103.
Simultáneamente, estaba el problema del peso del pan. Ante el excesivo precio del
trigo (2 de mayo de 1754), se acordó que el Señor Fiel Ejecutor celara y cuidara de ese
efecto, arreglando el peso del pan, según el valor del cereal, quitándole los productos a
quienes vendieran piezas de menor peso. Todo lo recaudado se distribuiría entre los
presos de la Cárcel104. Por lo visto, el asunto siguió tornándose complicado, ya que, en
la sesión del 23 de octubre de aquel mismo año, se hizo hincapié en que el dicho
cabildante tuviera cuidado de que el peso del pan fuese a regulación del precio del
trigo105.
Vale la pena destacar que esta temática fue explicada desde diferentes puntos de
vista: en relación a los precios agrícolas y de otros géneros del abasto 106, las actuaciones
del inspector sobre este asunto en relación a las tiendas y pulperías 107, la incidencia
dentro de las canastas de consumo 108, y demás. ‘‘Según los aranceles, el valor de la
fanega de trigo tenía una relación inversa con el peso del pan que los panaderos debían
entregar a un precio constante. Es decir, si la fanega de cereal aumentaba, disminuía el
tamaño del panecillo, y a la inversa’’109. De esta manera, el principal problema giraba
en torno a las maniobras especulativas y fraudulentas de los grandes comerciantes
acaparadores de trigo, así como también de los dueños de los molinos y atahonas, y de
los panaderos que buscaban reducir el tamaño de la pieza vendible, asunto que merece
ser desmenuzado en otra investigación.

El trigo del diezmo y la inspección de las carretas

Por último, nos encontramos con descripciones que, aunque sean escasas, no por ello
dejan de ser significativas para nuestro estudio, ya que demuestran la presencia del Fiel
Ejecutor interviniendo sobre otros mecanismos de abastecimiento, más
complementarios que diferentes de los anteriormente detallados.

101
AGN, AECBA, Serie II, Tomo IX, Libros XXV al XXVII, pp. 627-628.
102
AGN, AECBA, Serie III, Tomo I, Libros XXVII al XXX, pp. 453-454.
103
Ib., p. 457.
104
Ib., p. 411.
105
Ib., p. 462.
106
Garavaglia, J. C. Pastores y labradores de Buenos Aires…pp. 252-266. Silva, H. A. ‘‘El trigo en una
ciudad colonial…’’, pp. 28-29.
107
Duart, D. y Van Hauvart, C. ‘‘Las prácticas mercantiles de los pulperos’’. En Mayo, C. A. (Dir.).
Pulperos y pulperías de Buenos Aires (1740-1830). Buenos Aires, Editorial Biblos, 2000, p. 72.
108
Santilli, D. V. ‘‘El armado del puzzle...’’. Santilli, D. V. ‘‘El nivel de vida en Buenos Aires…’’.
109
Guzmán, T. y Schmit, R. Op. Cit., p. 203.

49
En la Manifestación del trigo en la Ciudad de Buenos Aires (1755), identificamos a
don Manuel Pardo Parraguez, vecino de Mendoza, quien recién había llegado al lugar
con dos carretas (en las cuales traía 42 sacos de harina, llegando en total a las 300
arrobas), desde aquella jurisdicción (con fecha del 28 de abril de aquel año). Las
mismas le pertenecían al Colegio de la Compañía de Jesús, y habían sido remitidas a
nuestra Ciudad por los Padres mendocinos. El inspeccionado firmó ante el Escribano, y
dejaría constancia verbal, con el mandato del Ministerio 110.
Desde fines del siglo XVI, Mendoza se caracterizó por la elaboración y
comercialización de productos elaborados en base a las viñas y frutales, destacándose
los envíos hacia diferentes regiones 111. Para fines del siglo XVII, los caldos cuyanos
habían desplazado a los paraguayos del mercado de Buenos Aires 112. Además de los
vinos y aguardientes, llegaban a nuestros territorios trigo y frutas secas 113. También se
enviaban harinas, aparte de los mencionados productos114. Indudablemente, se trata de
circuitos comerciales que merecen ser problematizados y profundizados en el plano
académico.
En cuanto a los jesuitas, algunos antecedentes nos proponen, como líneas
indagatorias importantes, la participación de órdenes religiosas como la mencionada, en
relación a la posesión de esclavos, tierras y ganados, más su vinculación con los
distintos mercados coloniales a partir de los frutos en cuestión 115. En definitiva, resulta
relevante tener en cuenta a las corporaciones eclesiásticas, porque ‘‘gozaban de acceso
directo a capitales líquidos que obtenían a través de donativos privados. Eso les permitía
invertir en forma redituable prestando dinero a los estancieros más importantes, a la vez
que movilizaban la producción comprando esclavos y contratando mano de obra para
tareas estacionales’’. Asimismo, porque colocaban buena parte de sus excedentes
agropecuarios en los mercados y supieron constituir interesantes patrimonios, dentro de
los cuales se destacaba la tenencia de diversos establecimientos productivos116. En el
esquema del funcionamiento agropecuario y comercial, los colegios de las distintas
ciudades jugaron un papel fundamental, a la hora de administrar los chacras, estancias y
haciendas diversificadas, así como también en la dirección de las operaciones
mercantiles117.
Por otra parte, también le correspondía a nuestro protagonista actuar en torno a los
granos recaudados bajo el concepto del diezmo, controlando las cantidades y el
almacenamiento de las mismas. El 4 de abril de 1755 don Pascual Ibáñez, vecino del
Partido de La Costa de San Isidro, manifestó que tenía 800 fanegas ‘‘en sacos y a
granel’’, habiendo hecho la declaración correspondiente ante el Regidor del mercado, de
tenerlas puestas en la ciudad, en casa de don Francisco Carnilla, quien lo estaba
recaudando con Juan Ramos118.

110
AGN, Sala IX, ACBA, Legajo 1640, folio 169 recto y verso.
111
Areces, N. Op. Cit., p. 165.
112
Milletich, V. ‘‘El Río de la Plata en la economía colonial’’. En Tandeter, E. (Dir.). Nueva Historia
Argentina. Tomo II. La sociedad colonial. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2000, p. 213.
113
Fradkin, R. O. y Garavaglia, J. C. Op. Cit., pp. 77-78.
114
Chiaramonte, J. C. ‘‘La etapa ilustrada. 1750-1806’’. En Assadourian, C. S., Beato, G. y Chiaramonte,
J. C. (Comps.). Argentina: de la conquista a la independencia. Buenos Aires, Hyspamerica, 1986, p. 329.
115
Reitano, E. ‘‘Enrique Barba y el orbe colonial rioplatense. Balances y proyecciones’’. En Anuario del
Instituto de Historia Argentina, N° 9, 2009, pp. 215-227.
116
López de Albornoz, C. (2002). ‘‘Propietarios, arrendatarios y agregados. Sistemas de tenencia de
tierras y relaciones de producción rural en San Miguel de Tucumán, 1770-1820’’. En Anuario de Estudios
Americanos, Vol. 59, N° 1, 2002, pp. 93-94.
117
Fradkin, R. O. ‘‘El mundo rural colonial’’. En Tandeter, E. (Dir.). Nueva Historia Argentina. Tomo II.
La sociedad colonial. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2000, pp. 241-284.
118
AGN, Sala IX, ACBA, Legajo 1640, folio 148 verso.

50
“El diezmo, como es sabido, era un gravamen que la Iglesia hacía pesar sobre las
cosechas y la parición de los animales. El obispado de Buenos Aires, que no quería
sostener una costosa burocracia sobre la que pendiera su cobranza, dispuso que fuera
arrendado anualmente a particulares, a los que concedía el derecho a percibir esta
exacción a cambio del pago de una suma que resultaba de la puja entre los distintos
postores’’119. Para éstos últimos, el remate en cuestión representaba un negocio
lucrativo, o bien, un complemento de la gran diversidad de alternativas que solían
manejar los grandes comerciantes, agricultores y hacendados porteños120. Según Juan
Carlos Garavaglia, ‘‘el control del diez por ciento de la cosecha total era un buen
bocado que muchas veces hacía funcionar al diezmero como regulador de los precios y
es por ello que, en varias oportunidades, el propio Cabildo de Buenos Aires se arriesga a
comprometer fondos de sus propios con el objetivo de arrendar los granos y funcionar
de hecho como un pósito o alhóndiga municipal’’ 121.

Representación de un funcionario colonial. (Fuente: [Link]


aficion-de-funcionarios-militares-y-religiosos-los-juegos-de-azar-0)

Algunas consideraciones finales

Esta investigación cualitativa de los escrutinios de las existencias agrícolas dentro de la


jurisdicción capitular de Buenos Aires a lo largo de un lapso problemático marcado por
la escasez de abastos, nos permite afirmar el rol destacado desempeñado por el Fiel
Ejecutor, como celador e interventor en políticas arancelarias, controles de calidad,
pesos y medidas, aplicación de multas cuando correspondiera, almacenaje de reservas
agrícolas, obligatoriedad del aprovisionamiento de la Plaza para los vecinos,

119
Birocco, C. M. Op. Cit., p. 66.
120
Gelman, J. D. ‘‘Sobre el carácter del comercio colonial y los patrones de inversión de un gran
comerciante en el Río de la Plata del siglo XVIII’’. En Boletín del Instituto de Historia Argentina y
Americana ‘‘Dr. Emilio Ravignani’’, Tercera Serie, N.º. 1, 1989, pp. 51-69.
121
Garavaglia, J. C. Pastores y labradores de Buenos Aires…, p. 101.

51
supervisión del autoconsumo, administración de las licencias comerciales,
manifestaciones públicas de granos, utilización de lo recaudado por los diezmeros, etc.,
complementándose con otros funcionarios con incidencia local, tales como los alcaldes
de la Hermandad, diputados y comisionarios para las tareas específicas en la ejecución
de los embargos y circulación del trigo. En conclusión, las medidas tuvieron cierto éxito
(por ejemplo, el precio del trigo se mantuvo entre los 7 y 8 pesos por fanega a lo largo
de todo el período), pero las dificultades continuaron, como lo atestiguan las reiteradas
denuncias por escasez, y problemas relacionados con la venta del pan.
Sería interesante seguir ahondando en torno a las obligaciones de la Fiel Ejecutoria en
el desarrollo de otros mecanismos arbitrados para el aprovisionamiento alimenticio,
como lo fueron los aranceles de precios (del grano y de una gran diversidad de géneros,
además del peso del pan), los estipendios para las atahonas (molienda de cereales), o las
intervenciones directas en los puestos para la venta al menudeo en el espacio público,
estableciendo otros recortes temporales y problemáticos.●

Bibliografía

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53
Historia de la Cultura

ESCRIBIR LA HISTORIA
ARGENTINA DESDE EL INTERIOR
LA OBRA DE MANUEL M. CERVERA
(1863 -1956)
Por Alejandro A. Damianovich122

Uno de los libros de Historia que más tiempo ha perdurado como obra de consulta en la
Argentina, ha sido la “Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe” de Manuel
Cervera, aparecida en 1907. Una simple revisión de la bibliografía consultada por

122
Doctor en Historia. Docente universitario. Académico correspondiente de la Academia Nacional de la
Historia. Presidente de la Junta Provincial de Historia de Santa Fe. Ha publicado, entre numerosas obras,
“El monopolio del Banco Inglés”, “Breve historia de Santa Fe”, “El Periodismo en Santa Fe”, y “Santa Fe
y la Revolución de Mayo”.

54
centenares de autores de todas las corrientes historiográficas del último siglo nos
permite comprobarlo.
La conmemoración del 160º Aniversario de su nacimiento nos mueve a revisitar su
obra y su propia vida, con la intención de aproximarnos a los motivos que hacen del
libro de Cervera una obra siempre útil, al cabo de 116 años de publicado por primera
vez.
La circunstancia de que la ciudad de Santa Fe celebre en 2023 sus 450 años, también
nos lleva a bucear en los trabajos de Cervera, tanto en su libro clásico, como en su
aporte documental sobre la vida de la ciudad en el siglo XVI, su participación en los
debates sobre la ubicación de la ciudad vieja, sus aportes sobre la vida y la muerte de
Juan de Garay, y la riquísima información que aporta sobre la época colonial, sus
instituciones, sus costumbres, sociedad y economía, más allá del relato cronológico en
sí mismo.

Militante radical y magistrado

Nació Manuel Cervera en Dolores, Provincia de Buenos Aires, el 1º de enero de 1863.


Siendo niño, se trasladó con sus padres a Santa Fe, donde la familia instaló una fábrica
de tejas. Recibió en esta ciudad su primera educación e hizo sus estudios preparatorios
en el Colegio de la Inmaculada Concepción, entre 1874 y 1879. Adquirió su formación
jurídica en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos
Aires, graduándose en 1887. Su tesis doctoral versó sobre “La propiedad y sus
formas”. 123
De regreso a Santa Fe, el doctor Cervera abrió su estudio de abogado, mientras
militaba activamente en la Unión Cívica Radical, de cuyo Comité Central de La Capital
fue secretario. En 1892 representó a la Provincia en el Congreso Agrícola de la
República reunido en Esperanza. Cuando se produce la revolución radical de 1893,
Cervera actúa como secretario de la Junta Revolucionaria a cargo del Poder Ejecutivo, y
luego como intendente municipal de Santa Fe, entre el 8 y el 21 de agosto de ese año.
Debe abandonar la provincia por un tiempo durante la intervención nacional
subsiguiente.
Aplacado su espíritu revolucionario, es designado Defensor de Menores e Incapaces
de la Primera Circunscripción Judicial en diciembre de 1900, y actúa en el mismo año
como jurado para Juicios de Imprenta. Forma parte del claustro de profesores de la
Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Santa Fe, como
catedrático de Derecho Penal, a partir de 1903. Al año siguiente es Agente Fiscal, y el
30 de junio es designado Juez de Primera Instancia en lo Civil y Comercial. Es Fiscal
del Superior Tribunal de Justicia en 1908 y Miembro del mismo desde 1918 hasta 1926,
año de su jubilación.

El historiador

Cervera se inició en los estudios históricos casi por casualidad. Sus labores de abogado
y de juez, lo pusieron en contacto con los archivos de la Casa de Gobierno y de los
Tribunales. Era un hombre culto, de cuarenta años ya reposados, cuando comenzó a
investigar sistemáticamente.
Durante los primeros años del siglo XX, planeó y escribió su Historia de la Ciudad y
Provincia de Santa Fe, mientras anotaba en cuadernos escolares multitud de datos
123
Damianovich, A. A., Historia de la abogacía en Santa Fe, Santa Fe, Colegio de Abogados de Santa
Fe, 2001, p.p. 279-280.

55
extraídos de centenares de legajos de documentos y daba a publicidad su primer
opúsculo histórico, dedicado a la obra colonizadora y la fundación de Esperanza. 124
Cervera concibió su libro como una contribución a la historia de la República
Argentina. Así lo explicitó en el subtítulo de la obra. Quedaba descartada desde el inicio
la intención de escribir una “historia de campanario”. Apuntaba a la historia nacional
desde la región, en un moderno planteo integrador que intentaba contrarrestar la mirada
porteñocéntrica125.
El plan contemplaba la publicación de dos tomos divididos en veinte capítulos. Once
contendrían la historia colonial y los otros la primera mitad del siglo XIX. Quedaría así
desarrollada la historia de Santa Fe entre 1573 y 1853. Como los archivos tenían mayor
volumen de documentos coloniales, la obra está mejor informada cuando desarrolla esta
etapa que ocupa en el libro un espacio superior. Hizo copiar muchos de aquellos papeles
y sus amigos le enviaron algunos duplicados de documentos del Archivo de Indias, de
los que se conservan en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.
En el prólogo hace Cervera una amplia revista de las obras dedicadas hasta entonces a
las historias de otras provincias, a los libros fundamentales de historia nacional
aparecidos hasta ese momento, a las publicaciones periódicas, a las colecciones
documentales y también a los repositorios en los que consultó la amplísima
documentación inédita sobre la que funda su obra. Y agrega: “Con todos estos
antecedentes hemos preparado la obra que hoy damos a publicidad. Sin vinculaciones
de ninguna clase, sin los conocimientos suficientes, sin el talento necesario, llevo mi
grano de arena, valga lo que valiere, al esfuerzo intelectual del país…” La dio por
finalizada el 20 de septiembre de 1903, aunque la fue actualizando hasta su publicación
en 1907, teniendo en cuenta las contribuciones de otros autores que iban apareciendo.
La obra pudo haberse publicado en la capital federal, donde hubiera tenido mayor
resonancia. Pero Cervera contrató una imprenta de Santa Fe. Con las limitaciones
técnicas que puedan suponerse, se logró una edición muy digna. El propio autor encaró
la tarea de distribución y comercialización. La envió a los principales historiadores de la
capital y del interior y también a las sociedades científicas del momento. Se habían
publicado dos mil ejemplares pagados de su bolsillo a un costo de $18.000, lo que
significaba en 1907 una importante inversión, que no recuperó. Hizo llegar en
consignación diez o quince ejemplares a cada librería y fue muy poco lo que cobró.
Posteriormente, la Legislatura le acordó un premio de $10.000 de los que pudo hacer
efectiva la mitad, después de mucho tiempo. Regaló 300 ejemplares al Consejo de
Educación con destino a las escuelas, que fueron mal distribuidos 126
Pero la obra de Cervera fue inmediatamente incorporada por los historiadores a su
material de consulta. El libro no envejeció, como quería la sentencia de Menéndez y
Pelayo. Treinta años después, Enrique de Gandía le sugería a Cervera que la flamante
Junta de Santa Fe, gestionase su reedición. El mismo nunca había podido conseguir un
ejemplar y tenía que consultarla en la Biblioteca Nacional o en el Museo Mitre 127.
Recién en 1979 la Universidad Nacional del Litoral inició la reedición de la Historia de

124
Cervera, M. M., Boceto histórico de Esperanza, Santa Fe, La Unión, 1906.
125
Cervera, M. M., Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe, Santa Fe, La Unión, 1907.
126
Entrevista al doctor Cervera publicada en el diario “Democracia” de Rosario, el 7 de diciembre de
1953. Aquí nos cuenta Cervera algunas anécdotas sabrosas que hablan del ritmo pueblerino de la ciudad
de aquellos años. El propietario de la imprenta era de apellido Ibáñez y funcionaba en calle San Martín y
Tucumán. Un empleado se hizo cargo de la corrección de pruebas de galera, pero como era muy jugador
fue apremiado a pagar una fuerte deuda bajo amenaza de prender fuego a la imprenta. Cervera se hizo
cargo de una parte de la deuda para salvar su obra que ya estaba siendo impresa.
127
Archivo de la Junta Provincial de Estudios Históricos de Santa Fe (en adelante AJPEH). Carta de
Enrique de Gandía a Manuel M. Cervera del 26 de octubre de 1936.

56
Cervera, presentada ahora en tres volúmenes, el último de los cuales apareció en
1982128.
La Historia de Santa Fe fue un libro exitoso que, paradójicamente, no tuvo
reediciones por más de setenta años. Durante ese tiempo, los dos mil ejemplares
iniciales fueron los únicos existentes. Pasaron de padres a hijos, se vendieron en tiendas
y librerías de viejo. Muchos llegaron a las bibliotecas de Europa y de los Estados
Unidos. Nadie puede saber cuántos se perdieron. Quizá fue la dificultad para acceder a
él, el mayor desafío que debió afrontar este libro, por otra parte tan consultado.
¿Dónde radica el éxito de un libro de historia? ¿Qué es lo que le otorga
perdurabilidad? Poco tiene que ver con ello la cantidad de ediciones y el número de
ejemplares vendidos. A mi entender hay dos tipos de éxito en cuanto a libros de historia
se refiere, tal como ya lo advertía Tucídides en el siglo V antes de Cristo. Aquellos que,
como “La guerra del Peloponeso” fueron concebidos “como una adquisición para
siempre” y los que se escribieron “como una pieza de concurso para escuchar un
momento”. Lo que importa, a mi entender, es el uso que de él hagan los historiadores.
Pocos libros de historia hay en la Argentina tan consultados y citados como el de
Cervera durante más de cien años.129
Las causas por las que una historia se desactualiza, pueden presentarse en el
transcurso de pocos años o pueden demorar décadas. El marco teórico suele desgastarse
rápido. La riqueza de información puede ser superada por otros investigadores. La
contaminación política o ideológica puede limitar su validez.
Ninguno de estos factores conspiró contra la vigencia de la Historia de Santa Fe de
Cervera, aun cuando el marco teórico que la sustenta, liberal positivista, sufrió el
desgaste y la desactualización. Pero ello no llegó a comprometer al libro. Es que el
pensamiento positivista de Comte, Taine o Buckle, se proponía acumular la mayor
cantidad de información posible para luego desentrañar la “leyes de la historia”. Si
algún aporte serio se le debe, es a causa de lo primero.
Cervera, como la mayor parte de los hombres de esta corriente, se limitó a dar el
primer paso, dejando para otros la especulación filosófica en torno al significado de la
historia argentina. Ante la eficacia de su labor heurística y postergada la segunda parte
del método, su obra no se vio limitada por el desgaste de la teoría. Su libro no envejeció
con el positivismo de Comte o el liberalismo de Macaulay, a quien cita expresamente.
Ese rol asignado a la obra es claramente precisado en el prólogo, cuando ofrece al futuro
historiador los materiales para que pueda explayarse con sentido filosófico en el sentido
de los hechos.
El cúmulo de información contenido en la Historia de Santa Fe es verdaderamente
significativo y está revelando una tarea ciclópea. Cervera confiesa que “robando horas
al trabajo diario”, consultó en apenas cuatro años la mayor parte del acervo documental
correspondiente al período 1573-1853. Hoy se necesitan equipos de investigadores para
revisar esos mismos legajos, muchos de ellos perdidos, y consultar otros archivos del
país y del extranjero para corregir y enriquecer su trabajo.
Los nuevos aportes que la historiografía regional ha venido sumando en más de un
siglo, no han logrado desactualizar totalmente la obra que resulta ser todavía de consulta
obligada.
Para que su libro fuera un instrumento idóneo que permitiera al estudioso del futuro
construir una síntesis como la que esperaba Cervera, tenía que ampliar los límites del

128
Cervera, M., Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral, Santa
Fe, 1979- 1982. (3 tomos).
129
Damianovich, A., “La crónica de Cervera y la pronta vejez de los libros de historia”, En El Litoral,
octubre, Santa Fe, 1980.

57
proceso institucional al que estaban sujetos los libros de historia. Ya en 1925, Rómulo
D. Carbia lo presentaba como el iniciador en la Argentina del tratamiento integral de la
historia que incorpora los aspectos económicos y sociales 130. Más recientemente,
Graciela Rucci ha remarcado este hecho.
Otro factor permitió a esta historia mantenerse vigente por tanto tiempo. No se vio
contaminada por la pasión política. La objetividad con que Cervera abordó el estudio de
los períodos más discutidos, su divorcio con respecto a la historia apologética, su
exposición prudente, raras veces adjetivada, la pusieron al margen de la polémica
generada por las corrientes revisionistas. Al margen en el sentido de no haberse
involucrado como representante de los “ismos” comprometidos en la discusión, pero no
obstante, invocada como fuente en una extendida polémica que hizo envejecer con
prontitud a muchos libros editados con mucha posterioridad al de Cervera.

Otras contribuciones históricas

Cervera vivió hasta los 93 años. Falleció cuando su libro fundamental estaba por
cumplir medio siglo. En este tiempo escribió otros trabajos de entre los que se destaca
“Poblaciones y Curatos”, macizo volumen que puede considerarse un apéndice de la
Historia de Santa Fe131. Es imprescindible su recopilación de documentos coloniales
aparecida en 1924 y que contiene, entre muchos posteriormente perdidos, la primera
versión publicada de las actas capitulares del período 1575 a 1595132.
En cuento al género biográfico, se sigue consultando su trabajo sobre Francisco
Antonio Candioti, primer gobernador autónomo de Santa Fe, que ocupa todo un tomo
de la Revista de la Junta133. Dedicó algunas investigaciones a Juan de Garay, para
esclarecer dónde fue muerto a mano de los indios134 y sostener la autenticidad de un
retrato que supuestamente lo representa135. Más importantes fueron sus trabajos sobre el
lugar exacto del antiguo emplazamiento de Santa Fe, en los que debatió con Levillier en
1932136 y contradijo a Alurralde en 1947 137.
Ambos negaban, lisa y llanamente, que Santa Fe se hubiera fundado en Cayastá., pero
Cervera demostró documentalmente lo que la tradición santafesina había sostenido
siempre. Primero Levillier, basado en cartografía antigua, y luego Alurralde, fundado en
cálculos matemáticos, sostenían que la ciudad debía haberse fundado más al norte.
El senador nacional Armando Antille, que había presentado un proyecto para crear un
Parque Nacional en Cayastá, solicitó el asesoramiento de Manuel Cervera. Su respuesta
fue publicada en la Revista de la Junta en 1949 y elaborada conjuntamente con su hijo
Federico, quien publicó a su vez algunos artículos en la prensa sobre esta cuestión.

130
Carbia, R. D., Historia crítica de la historiografía argentina (desde sus orígenes en el siglo XVI),
Biblioteca de Humanidades, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional
de La Plata, 1939, p. 197.
131
Cervera, M., Poblaciones y curatos, Santa Fe, Castellví, 1939.
132
Cervera, M., Actas del Cabildo colonial. Años 1575 a 1595. Varios otros documentos históricos, t. 1,
Santa Fe, 1924
133
Cervera, M., “Don Francisco Antonio Candioti. Primer gobernador independiente en Santa Fe. 1743 –
1815”, Revista de la Junta Provincial de Estudios Históricos, t. VII, Santa Fe, 1943.
134
Cervera, M., “Donde fue muerto el general Juan de Garay”, en Revista de la Junta Provincial de
Estudios Históricos, t. II, p. 49. También vinculado a a Garay ver su trabajo “Un reparto de tierras
efectuado por el General Juan de Garay en Santa Fe”, en Revista de la Junta Provincial de Estudios
Históricos, t. IX, p. 52, Santa Fe, 1943.
135
Cervera, M., Juan de Garay y su retrato, Buenos Aires, La Baskonia, 1911.
136
Cervera, M., Ubicación de la ciudad de Santa fe fundada por Garay, Imp. La Unión, Santa Fe, 1932.
137
Cervera, M., “Algo más sobre la primitiva fundación de Santa Fe”, en Revista de la Junta Provincial
de Estudios Históricos, t. XIX, p. 39, Santa Fe, 1949.

58
Easta discusión, iniciada por Alurralde, aceleró las tareas arqueológicas de Agustín
Zapata Gollán y motivó réplicas de Augusto Fernández Díaz, Víctor Nícoli y José
Carmelo Busaniche.
Con José Luis Busaniche se distribuyeron los períodos que cada uno abordaría sobre
la historia de Santa Fe, en la parte dedicada a las provincias en la Historia de la Nación
Argentina, editada por la Academia bajo la dirección de Ricardo Levene. Cervera
publicó una síntesis bien construida sobre la primera década revolucionaria 138.
A juzgar por las cartas que Busaniche enviara a Cervera sobre la parte que cada uno
escribiría en la Historia de la Academia. Parece ser que el segundo pensaba referirse al
período hispánico y el primero al independiente hasta 1862. Como en el plan de Levene
las historias provinciales debían iniciarse en 1810, Cervera y Busaniche acordaron la
distribución temática, que finalmente se publicó. Es posible que el trabajo presentado
por Cervera en 1944 en la Revista de la Junta, “Santa Fe. Sinopsis histórica (1573-
1810”139, sea el que pensaba ofrecer a la Academia, o cuando menos surgió de los
apuntes preliminares tomados con tal propósito.
Mucho tiempo antes, Cervera había publicado una interesante síntesis de la historia
santafesina en la voluminosa y lujosa obra que en 1911apareció en Inglaterra bajo el
sello de Lloyd`s Greater Britain Publishing Company Ltd, titulada “Impresiones de la
República Argentina en el siglo veinte” 140. Esta obra, de casi un millar de páginas de
papel ilustración, fina encuadernación en cuero y canto dorado, apareció en Londres en
castellano para su venta o distribución en Argentina y otros países de habla hispana.
Este escrito de Cervera creo que es el único editado en el extranjero.
La historia de América fue del mayor interés para Cervera. Sus escritos referidos a
ella, en todo lo que se apartan de la historia santafesina y rioplatense, son los que menos
consistencia han mantenido en el transcurso del tiempo. En 1937 presentó al II
Congreso de Historia de América, reunido en Buenos Aires, su trabajo “Conquista e
historia social en el Plata”141. Es un estudio eminentemente conceptual que abunda en
generalidades que lo hacen poco valioso, a no ser en donde remarca su perspectiva
integral del conocimiento histórico.

Obra inédita

Un trabajo de mucho mayor cuerpo y riqueza de contenido, que se mantiene inédito, es


el que presentó en el Primer Congreso Nacional de Historia Argentina celebrado en
Mendoza en 1949, bajo el sugestivo título de “España Histórica – América
Precolombina”142. Son 118 páginas mecanografiadas cuyo valor, si lo tuvo en su
momento, se fue desdibujando con el de la bibliografía en que se apoya, tan superada en
el presente.
Sobre la obra inédita de Cervera poco se ha escrito. Graciela Russi, en su interesante
trabajo, ya citado143, hace algunas referencias a ella, que fueron completadas en mi

138
Cervera, M., “Historia de Santa Fe. 1810 – 1820”, en Historia de la Nación Argentina, Academia
Nacional de la Historia, El Ateneo, Buenos Aires, 1935, t. IX.
139
Cervera, M., “Santa Fe. Sinopsis histórica 1573 – 1810”, en Revista de la Junta Provincial de Estudios
Históricos, t. 11, p. 67, Santa Fe, 1944. Las cartas de José Luis Busaniche se encuentran en el Archivo de
la Junta, entre los papeles de Manuel Cervera.
140
Cervera, M., “Provincia de Santa Fe”, en Impresiones de la República Argentina, Lloyd`s Greater
Britain Publishing Company Ltd., Londres, 1911.
141
Cervera, M., Conquista e historia social en el Plata, en Segundo Congreso Internacional de Historia de
América, Buenos Aires, Peuser, 1938, t. IV
142
AJPEHSF, Caja Nº 12, II
143
Russi, G., Op. Cit.

59
estudio de 1995144. Allí advertía sobre la inclusión de algunos escritos que no integran
su producción. Entre los trabajos de historia colonial anota una copia que Cervera había
hecho confeccionar se los cuatro tomos de Reales Cédulas y Provisiones existentes en el
Archivo Histórico de la Provincia, sin que nada nos autorice a creer que pensaba darle
otro uso que el de simple estudio y consulta145. Las Actas de la Convención
Constituyente Provincial de 1907, que se encuentran entre sus papeles, no son más que
la traducción de la versión taquigráfica, que presumiblemente Cervera conservó como
documento histórico 146. No puede ser sumada a la obra de Cervera, como tampoco los
libros manuscritos titulados “Apuntes para la Historia de América” 147, que son
solamente textos de Herrera y Oviedo que Cervera copió en su juventud, seguramente
para su estudio y consulta.
En cambio, sí son trabajos inéditos otros manuscritos que se conservan en el Archivo
de la Junta. Su estudio sobre Juan Ortiz de Zárate, en dos cuadernos 148; su obra sobre
Juan Manuel de Rosas en casi 700 páginas, que espera al estudioso que la analice 149; un
trabajo de 275 páginas sobre la “Extensión de Santa Fe hacia el norte y límites
actuales”150, de indudable valor; y, finalmente, los 39 legajos de “Pactos y
Constituciones”151 que escribía al final de su vida, como le comentó al reportero que lo
entrevistó en 1953. Podría agregarse a esta enumeración otros trabajos menores.

Valoración final.

Lo sobresaliente de la obra de Cervera, como ha sido destacado desde que lo puntualizó


Carbia, es el enfoque integral e integrador de su Historia de Santa Fe, lamentablemente
interrumpida en 1853, logrando un planteo innovador, aun cuando en el tratamiento de
los temas centrales que lo vertebran no se aparte del enfoque fáctico y de la cronología
lineal del proceso político pormenorizado. Constituye, además, un modelo temprano de
historia argentina escrita desde el interior. Se suma a esto un respaldo documental
exhaustivo, un tratamiento de los asuntos con criterio objetivo y un sobrio estilo
monográfico, por momentos intrincado.
Su libro principal y sus aportes documentales contenidos en otras publicaciones, lo
colocaron en sintonía con los postulados renovadores de la “nueva escuela histórica
argentina” desarrollada a partir de la década del veinte en las usinas historiográficas de
las universidades de Buenos Aires y La Plata, corriente que otorgó a la investigación
histórica un perfil profesional y un estatus científico y erudito en consonancia con la
escuela alemana, y que validó el trabajo de Cervera al introducirlo en sus listados
bibliográficos y en sus fuentes de consulta habitual.152
Con el importante capital científico acumulado, Cervera se constituyó en el centro de
referencia dentro de la historiografía santafesina. Con 72 años de edad organizó un
centro de estudios con un núcleo de historiadores locales en 1935, que pronto fue

144
Damianovich, A., “Cinco historiadores argentinos. Los presidentes de la Junta Provincial de Estudios
Históricos”, en: Revista de la Junta Provincial de Estudios Históricos, Nº 60, p. 68, Santa Fe, 1995.
145
AJPEHSF, Cajas 2-5
146
Ib.., Caja 6.
147
Ib.., Caja 11.
148
Ib.., Caja 12, IV y V.
149
Época y gobierno de Juan Manuel de Rosas, Caja 10.
150
Ib.., Caja 12, I.
151
Ib.., Cuadernos empaquetados sin signatura topográfica.
152
Pomper de Valenzuela, M.C. de, “La nueva escuela histórica: Una empresa renovadora”, En La Junta
de Historia y Numismática Americana y el movimiento historiográfico en la Argentina (1893 – 1938),
Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, 1995, t. I, p.p. 219 – 236.

60
reconocido por el gobierno como entidad asesora con el nombre de Junta Provincial de
Estudios Históricos, entidad de la que fue su primer presidente. Desde 1925 era
miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia, denominada por
entonces (hasta 1938) Junta de Historia y Numismática Americana.
Si de la obra de Cervera quitáramos su Historia de Santa Fe, figuraría todavía entre
los historiadores importantes del Río de la Plata. Si en cambio dejáramos solamente este
libro, Cervera no dejaría de ser el maestro eminente que abrió nuevos caminos en la
historiografía nacional.●

61
LA GUERRA DEL PARAGUAY Y SU
INFLUENCIA EN CATAMARCA
Por Mónica Alejandra Olivera153

La Guerra del Paraguay154 es uno de los acontecimientos más funestos del siglo XIX
en Sudamérica que destruyó a un país 155 que hasta ese momento tenía un desarrollo
interno sostenido. Es nuestro país el que se une a la República la Oriental del Uruguay y
al Imperio de Brasil conformando la Triple Alianza que derrotaran al Paraguay.
Juan Godoy en su libro “Brasa ardiente contra la cuádruple infamia” expresa que es la
guerra más impopular de nuestra historia, aunque no se la puede enmarcar dentro de las
guerras civiles desarrolladas dentro de nuestro país que fueron recurrentes en esta
centuria.
La guerra contra el país vecino, cuestionada severamente en su tiempo, ha seguido
dividiendo el juicio de los historiadores. No es la intención de este trabajo agregar otra
opinión a las ya vertidas sobre este lamentable acontecimiento de la historia americana
y argentina. La finalidad de este trabajo es analizar las reacciones que causó dicha
guerra en la provincia de Catamarca.

Situación nacional al inicio de la guerra: “vientos de rebelión”

Al estallar la guerra contra el Paraguay el interior es un hervidero. Todavía estaba fresca


en la memoria colectiva la represión mitrista sobre el Noroeste, y el atropello reciente
sobre Paysandú. Los pueblos de las provincias que hasta hace poco eran reprimidos
vilmente por los mitristas, ahora son solicitados para la guerra. Acertadamente sostiene
Elías Giménez Vega que la guerra contra el Paraguay es “el capítulo del reniego al
destino heroico que le habían señalado las luchas por la independencia exterior, y el
levantamiento de los caudillos contra los prepotentes y mandones porteños que, sobre
toda consideración pietista y seudo cultural, testimoniaron la presencia de una casta de
hombres capaces de argüir sus ideales con el insobornable argumento de la muerte”156.
Ramón Cárcano también da un testimonio elocuente en torno a la situación en las
provincias durante la guerra que esos pueblos consideran que es “impopular y odiosa.
Cuando en las plazas públicas leen los avisos de los gobernadores y los tambores corren
a la ciudad convocando a la guardia nacional, los hombres huyen a la selva más
próxima. No los impulsa el terror. Nacieron y vivieron en las batallas. Resisten a
Buenos Aires y al Imperio. El Paraguay es el amigo y el vecino histórico, antiguo aliado
de los pueblos del litoral, mediador afortunado en la paz de noviembre después de
Cepeda”157.

153
Docente de la Universidad Nacional de Catamarca, historiadora, Miembro de Número de la Junta de
Estudios Históricos de Catamarca, integra el grupo de ex alumnos y colegas que difunden la obra del Dr.
Armando Raúl Bazán en esa provincia.
154
(1865-1870)
155
Paraguay.
156
Giménez Vega, 1961: 7.
157
Cárcano. Cit. en Chiavenato, 2011:138.

62
La guerra no resultaba atractiva para los pueblos del interior, tan siquiera con la
promesa de cobrar sueldos, así “los “voluntarios” eran arreados al ejército de Mitre bajo
la custodia policial, pero en la primera oportunidad se dispersaban” 158.
En Entre Ríos, los gauchos de Urquiza desertaron en masa, pese a que en otras
ocasiones fueron leales hasta la muerte de su caudillo.
Un decreto del Poder Ejecutivo Nacional fijó la contribución militar de cada
provincia para la formación. En el norte argentino según Bazán “se pudo comprobar que
el sentimiento popular no acompañaba a esa guerra. No solo no hubo entusiasmo, sino
que se verificó una generalizada repulsa al reclutamiento en formas de fugas,
sublevaciones y deserciones que hicieron necesario recurrir a procedimientos
compulsivos para conseguir a los “voluntarios”159.

El imperio de la fuerza:

En Catamarca se desempeñaba como gobernador Víctor Maubecín cuando asume era un


joven de solo treinta años, la tarea que acometió como mayor entusiasmo fue la
formación del contingente con el que la provincia debía contribuir al Ejército del
Paraguay era un político dominador, y poco afectuoso a formalismos legales.
Al iniciar su mandato el gobernador anticipó cuál sería su objetivo principal, sin
mucho rodeo, expresó “Acepto el gobierno como pacificador para matar la anarquía,
que consume a la provincia. Soy un convencido de que Catamarca necesita un gobierno
de fuerza y no de libertad”160.
Maubecín contaba con aguerridos soldados fogueados en combates que desde Buenos
Aires se ordenaba. Tuvo como su lugarteniente al coronel Melitón Córdoba, quién lo
acompaño a sostener combate con el mismo Chacho Peñaloza.
Procedió inicialmente organizando las policías, armó un batallón de infantería
formado por hombres de su confianza llenó la cárcel con los caudillejos de poncho, sin
olvidar lo de levita sindicados como cómplices de la reacción federal, llegando hasta
hacer huir de Catamarca al juez federal Dr. Filemón Posse, que intentó oponerse a
algunas medidas de fuerza161 El conflicto de poder con el juez federal Posse fue debido
a las sentencias emitidas por él magistrado y según las consideraciones del gobernador
entorpecían la formación del contingente y alentaban a los opositores de la guerra. El
conflicto de poderes tuvo repercusión en el senado de la Nación donde Ángel Aurelio
Navarro, senador catamarqueño, realizó un duro enjuiciamiento del titular del Poder
Ejecutivo. Y así rápidamente el gobernador catamarqueño por la fuerza y la injusticia
social organizó las milicias con que debía contribuir a la “defensa de la patria”.

El pobre no tenía elección

En Catamarca como sucedía en la época, la tropa fue reclutada en la basura social,


echándose mano de la gente maleante y de los presos de la cárcel pública. Los hijos de
vecinos notorios no iban al frente para ser carne de cañón, sino en la condición de
oficiales. Un claro sentido de discriminación social se llevó a cabo en la provincia de
Catamarca, donde imperó el reclutamiento forzoso y los “voluntarios” fueron alojados
en el cuartel ubicado frente a la plaza principal y desde ahí salían a formar el batallón de

158
Cháves, 2014: 206.
159
Bazán 1992: 121.
160
Soria Manuel, 2012:94.
161
Manuel Soria, 2012:93:94.

63
infantería desarrapados, semidesnudos, hambrientos y hostigados por una dura
disciplina impuesta por el gobernador.
En Catamarca la gente se niega a alistarse en las milicias. El testimonio del Juez
Nacional Filemón Posse, testigo de ello, quién informa al ministro de Justicia Eduardo
Costa sobre los procedimientos compulsivos utilizados por el gobernador y comandante
militar Víctor Maubecín. En dicho informe señala el estado de desnudez de la tropa, lo
cual movía la compasión del vecindario cuando salía a la plaza para recibir instrucción.
“Más parecen mendigos que soldados que van a combatir por el honor del pueblo
argentino”162, agregó además la piadosa actuación de la Sociedad de Vicente De Paul
que les proveyó de ropa y comida.
Nadie en el interior quería ir a una guerra fratricida, sin embargo, Mitre, haciendo
gala de su poder decidió lanzar una fuerte campaña en el interior para “reclutar”
hombres que más tarde serían solo para satisfacer sus intereses.

La sublevación

El Dr. Filemón Posse fue testigo de los hechos vinculados con la sublevación de los
voluntarios, el juez nacional explicaba, las operaciones coercitivas que había utilizado el
gobierno local al expresar que “se ponían guardias en las puertas de los templos para
tomar a los hombres que iban a misa, sin averiguar si estaban eximidos por la ley” 163.
El método usado para el reclutamiento como el trato duro a que fueron sometidos
durante los tres meses que duró la instrucción militar, fueron el origen de varias
sublevaciones. El mismo testigo señala en esa razón, el estado de desnudez de la tropa,
lo cual movía la compasión de los vecinos que los observaban cuando salían a la plaza
25 de mayo 164 para recibir instrucción.
En la provincia por órdenes del gobernador Maubecín se daba un trato duro e
inhumano a los reclutas. José Aguayo, uno de los oficiales instructores, ordeno la
aplicación de la pena de azotes en perjuicio de varios soldados. Olvidaba o ignoraba,
quizás que la Constitución Nacional prohibía expresamente los castigos corporales165.
Este hecho motivo un proceso criminal en contra del autor, cuando los damnificados
denunciaron los abusos ante el Juzgado Federal. Su titular falló la causa condenando a
Aguayo a la inhabilitación por diez años para desempeñar oficios públicos y a pagar
costas del juicio. Dicha sentencia disgustó al gobernador catamarqueño, quien negó
jurisdicción al magistrado para intervenir al propósito de los castigos impuestos en el
cuartel “a consecuencia de una sublevación”
En noviembre de 1865 faltando pocos días para la partida hacia Rosario el batallón
“Libertad”, cansado de las privaciones y castigos se amotinó con el propósito de
desertar. Se puede considerar que para dar este paso debe haber influido un natural
sentimiento de rebeldía contra la imposición para no dejar la tierra nativa a la que
seguramente muchos no volverían. Los actores principales de la revuelta fueron unos
veinte reclutas la cual fue sofocada por la intervención de los jefes y los oficiales de la
fuerza de custodia.
El gobernador dispuso establecer un consejo de guerra para juzgar a los culpables. El
tribunal quedo integrado con varios oficiales de menor graduación y la función del
fiscal fue confiada a aquel teniente José Aguayo, condenado criminalmente por el Juez
Federal a raíz de la pena de azotes impuesta a otros soldados.

162
Nota del Juez Posse dirigida al ministro Costa el 2 de diciembre 1865.
163
Bazán, 1967:47.
164
Plaza principal de San Fernando del Valle de Catamarca.
165
Artículo N°18 de la Constitución Nacional Argentina de 1853.

64
Muerte por sorteo en Catamarca

El consejo de guerra emitió una sentencia severa y original en los anales de la


jurisprudencia argentina. Los acusados fueron declarados culpables del delito de
“amotinamiento y deserción”. A tres de ellos, se consideró los cabecillas del motín,
fueron condenados a la pena de muerte, aunque condicionada al trámite de un sorteo
previo. Solamente uno seria pasado por las armas, mientras que los otros serían
destinados a servir por cuatro años en las tropas de línea.
Cuando es comunicada la sentencia Maubecín considero que debía cumplirse en
todas sus partes y la ejecución debía realizarse sin demoras al día siguiente 166.
Los acusados167 debían escuchar de rodillas la sentencia, se les comunicó que iban a
sortear sus vidas, se les ordeno que convinieran entre sí el orden del sorteo y si la
ejecución recaería en quien echara más o menos puntos en los dados. Ajustado fue el
procedimiento se vendó los ojos a los procesados se les entrega dos dados y un vaso. La
muerte rondaba sombría y caprichosa como la fortuna en torno a la cabeza de esos tres
hombres. La suerte marcaba a Javier Carrizo con un signo fatal.
Tras la leva de “voluntarios” catamarqueños existe el documento168 de un herrero que
dice: “Recibí del Gobierno de Catamarca, la suma de 40 pesos bolivianos por la
construcción de 200 grillos para los “voluntarios” catamarqueños que marchan a la
guerra contra el Paraguay”169, lograr sujetar a los soldados con grillos o grilletes era la
causa de encargar la construcción de estos instrumentos de tortura e impedir nuevas
levas en el camino hacia el Paraguay.
El Juez Posse en el capítulo de cargos contra el gobernador Maubecín en nota dirigida
al ministro Costa fechada 2 de diciembre de 1865 es el único testimonio que se conoce
de un hecho tan cruel producido en Catamarca.

Conclusión

Esta guerra impopular de la Triple Alianza dejo marcas en todos los pueblos que
intervinieron. Las tradiciones y documentos hablan de la resistencia que demostró el
pueblo frente a la recluta ordenada por el Gobierno Nacional. Algo decía al sentimiento
de nuestros paisanos que esa contienda ninguna gloria agregaba a los lauros de la patria,
y que tampoco existían motivos para pelear contra un pueblo más acreedor a su simpatía
que a su rencor.
Los soldados catamarqueños concurrieron al Paraguay donde tuvieron lúcido
comportamiento en las batallas de Paso de la Patria, Tuyutí, Curupayti y otras. En el
frente dejaron sus huesos la mitad de sus combatientes y el resto regresó cinco años
después en 1870. El testimonio del Juez Federal Posse es fundamental porque nos
muestra la realidad de nuestra provincia donde un gobernador no tuvo límites en los
abusos cometidos contra el pueblo con un solo objetivo: cumplir con el reclutamiento de
hombres que servirían al gobierno mitrista en la Guerra del Paraguay. Sin duda la
muerte por sorteo es un hecho insólito que tenía un cometido “no más sublevaciones en
el batallón de voluntarios Libertad”. La Guerra del Paraguay era rechazada por el

166
Acta conservada en el Archivo Histórico de Catamarca nos ilustra las circunstancias que rodearon el
hecho dejando constancia el día de ejecución 29 de octubre de 1865 a las ocho de la mañana.
167
Juan M. Lazarte, Pedro Arcadé y Javier Carrizo.
168
Brunello, D., “Víctor Maubecín”. En Boletín de la Junta de Estudios Histórico de Catamarca. Primer
semestre de 1944. Director, Ramón Rosa Olmos.
169
Brunello, D., “Víctor Maubecín”. En Boletín de la Junta de Estudios Histórico de Catamarca. Primer
semestre de 1944. Director, Ramón Rosa Olmos. p. 5.

65
pueblo catamarqueño al igual que la mayoría de las provincias de la Argentina y las
sublevaciones cesaron porque en esta provincia la autoridad ejecutiva sembró el terror
en los soldados. ●

Bibliografía:

Bazán, R., “Muerte por sorteo en Catamarca”, En Revista Todo es Historia. Año N°1-N°1, Buenos Aires,
1967, pp 44-49
Bazán, R., El Noroeste y la Argentina Contemporánea, Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1992.
Buchbinder, P., “Gente decente y “paysanos” contra la guerra: dimensiones de la resistencia a la Triple
Alianza en la provincia de Corrientes”. En: Iberoamericana XII (47), 2012, pp 29-48.
[Link]
Brezzo, L., La Guerra del Paraguay a través de la memoria de sus actores: el proyecto historiográfico de
Estanislao Zeballos. Nuevo Mundo Mundos Nuevos, 2006 [en línea] [consultado el 1 de junio de 2019]
Disponible en: [Link]
Brunello, D., “Víctor Maubecín “Boletín de la Junta de Estudios Histórico de Catamarca” Primer
semestre de 1944. Director, Ramón Rosa Olmos.
Cárcano R., “La Guerra del Paraguay Orígenes y Causas”. Buenos Aires, Editora Buena Vista, 2021.
Godoy, J., “La brasa ardiente contra la cuádruple infamia: los levantamientos de los pueblos de las
provincias interiores contra la Guerra del Paraguay”. Buenos Aires, Poliedro Editorial de la Universidad
de San Isidro, 2020.
Quiñonez, M. G.,“Historias que nunca se escribieron. Las cautivas, la guerra del Paraguay y la
historiografía correntina”. En: Juan Manuel Casal y Thomas L. Whigham. Paraguay: investigaciones de
historia social y política. III Jornadas Internacionales de Historia del Paraguay, Asunción, Tiempo de
Historia, 2013.
Rosa, J. M., “La Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas.”, A. Peña Lillo editor, Buenos
Aires.1964.
Serra Lunga, F. Las formas de reclutamiento en la Argentina Siglo XIX
[Link]
Soria, M., “Autonomía Catamarqueña – Homenaje en su Primer Centenario”. Editorial Sarquís, 2012.
Tau Anzoátegui, V. y Martiré E.,“Manual de Historia de las Instituciones Argentinas”. 7a. Buenos Aires:
Librería Histórica. Ed. Buenos Aires, Librería Histórica, 2005.
Fuentes consultadas
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[Link]
Constitución Argentina. [Link]
[Link]

Bibliografía digital:
[Link]
tradicion/?fbclid=IwAR3Y3mi8jAyyfmp5yX-GKPrhhyYU_dEb4McM6k2n8QICjN_pI97-GKQOXhY

66
Adelantos editoriales

HOSPITAL NACIONAL DE
ALIENADAS170
Pablo Piñero171

Un lugar donde, sin dudas, podemos encontrar huellas, rastros y obras que nos remiten
al Dr. Antonio F. Piñero; es el Hospital Nacional de Alienadas. Todo ello tiene que ver

170
El presente trabajo corresponde al capítulo IX del último trabajo de Pablo Piñero, “Embajador de la
salud. Dr. Antonio F. Piñero (1855-1921)”
171
Profesor de EGB especializado en grupos urbanos-marginales en riesgo. Posgrado en Política y
Gestión Institucional en Educación (UNR) Autor de varios libros.

67
con los aportes profesionales propiamente dichos, sus investigaciones en nuestro país y
fuera de él, con las propuestas para construir nuevos espacios y transformar los
existentes, con propender la igualdad entre las internas de distintas clases sociales, en
oponerse a lo que le resultaba inadecuado y a toda su dedicación durante la última
década del siglo XIX y los primeros años del siglo XX para mejorar el estado de las
personas que por allí pasaban.

“Hospital nacional de Alienadas (Calle Brandzen 2200)”


“Fué fundado en 1855 por la ‘Comisión Filantrópica’ nombrada por el
gobierno de la provincia de Buenos Aires, presidida por el distinguido
médico doctor Ventura Bosch, que fué el alma de esta institución.
Tiene capacidad para asilar 1712 alienadas así distribuidas: pabellón
Charcot 108 camas, Griesinger 56, Pinel 160, Magnan 260, Esquirol
234, Lombroso 260, Eguía 193, Bosch 215 y Cannoly 226.
Para demostrar la importancia de este manicomio basta sólo decir que
en 1893 fueron hospitalizados durante el año, 913 enfermas, y 2066 en
1902. El 31 de diciembre de 1902 había una existencia de 1570
asiladas”.
“El cuerpo médico de este hospital es el siguiente”:
“Médico director: doctor Antonio F. Piñero”.
“Médico interno: doctor Daniel R. Molina”.
“Médicos de sala: doctores Manuel T. Podestá, Obdulio Hernández,
Adolfo Valdez, Luís M. Acuña y José A. Esteves”.
“Médico del laboratorio: doctor Manuel Beati”.
“Médicos honorarios: doctores Lúcas Ayarragaray, Daniel Pombo,
Benjamín Larroque, Horacio G. Piñero y Agustín Drago”.
“Practicantes mayores 8, menores 4 y un masajista”. 172

Con la fuente que citamos a continuación, podemos dar cuenta de lo que hemos
dicho. El paso del Dr. Piñero por esta Institución ha sido muy relevante.

“Lo sucedió como director el Dr. Antonio F. Piñero (1859173-1921),


nacido en Lobos PBA, se recibió de médico en 1883 con la tesis
doctoral ‘Localizaciones cerebrales en las alteraciones del lenguaje y
la visión’. Se hizo cargo del Hospital en 1890, permaneció hasta 1896
en que pidió licencia por dos años para estudiar en Paris. De regreso a
Buenos Aires volvió a la Dirección hasta 1905. La actuación del Dr.
Antonio Piñero al frente del Hospital Nacional de Alienadas fue
extraordinaria, de ímpetu pasional, lógica científica y voluntad férrea,
defendía y protegía a las enfermas sin hacer distingos de orden social
o económico. En 1894 formando parte de la Comisión pro proyecto de
levantar un hospital moderno, conjuntamente con los Dres. Solá,
Podestá, Novaro y Valdez, promueve la iniciativa del Ingeniero
Nystromer que sirvió de base para levantar el edificio actualmente
conocido”.174

172
Segundo Congreso Médico Latino-Americano Buenos Aires, 3-10 de abril de 1904, Argentina Médica,
Guía Médica é Higiénica, Imprenta y Casa Editora de Coni Hermanos, Buenos Aires, 1904, p. 194
173
Aquí hay un error, el año de nacimiento es 1855 como ya hemos demostrado en este trabajo.
174
Juan Carlos Romi, Historia del Cuerpo Médico Forense de la Justicia Nacional, 2016 p. 47 [en línea]
[Link]

68
Medalla del Hospital Nacional de Alienadas.175
Anverso: Sociedad de Beneficencia de la Capital - Hospital Nacional de Alienadas - Julio 28 de 1895 -
Buenos Aires. Firma: Orzali B. y C.
Reverso: Padrinos: Señor Presidente de la República Doctor J. E. Uriburu y Señora R. P. de Bosch
Presidenta de la Sociedad - Comisión Directiva: Presidente: Doctor A. F. Piñero - Secretario: Doctor M.
T. Podestá - Ingeniero Director: C. Nyströmer

El Dr. Piñero ya transcurriendo los últimos años de su paso por el Hospital Nacional
de Alienadas, no bajó sus aspiraciones de mejorar la calidad de vida de sus internas,
sino que va a instar a construir el Asilo de Lomas, hoy Hospital Esteves. Cabe aclarar
que el Dr. Piñero renuncia antes de su inauguración y por tanto el Hospital llevó el
nombre de su continuador y no de su mentor, el Dr. Antonio F. Piñero.

“El Asilo Quinta de Lomas fue ideado por el Dr. Antonio F. Piñero en
1903. La Sociedad de Beneficencia adquirió la Quinta de los Varela y
nombró una Comisión presidida por Carlos Casares e integrada entre
otros por los Dres Esteves y Piñero y el Ingeniero Manuel Ocampo”.
“El 26 de septiembre de 1908 se inaugura el Asilo de Alienadas de
Lomas de Zamora, hoy Hospital Interzonal José Esteves en la calle
Garibaldi al 1400. Una congregación de Hermanas de la Caridad, las
Hijas de Nuestra Señora del Huerto se hizo cargo de la atención
espiritual y psiquiátrica. En 1946 logró la autonomía y en 1958 pasó a
depender del Instituto de Salud Mental. Entre sus directores se
destacan los vecinos de la zona Dres. Carlos Voss (discípulo de
Cristofredo Jakob) y el Académico de Medicina Luis Esteves
Balado”.176

“La inauguración del asilo de alienadas de Lomas de Zamora”

175
Monetario Virtual Argentino [en línea] [Link]
176
Romi, “Historia del Cuerpo Médico Forense…” p. 51.

69
“Fué inaugurado el sábado de la semana anterior el nuevo asilo de
alienadas construido por la Sociedad de Beneficencia de la capital en
la quinta de Várela, en Lomas de Zamora”.
“En un tren especial que partió de la estación Constitución á la 1 y 45,
se trasladaron basta el pueblo citado las damas de la comisión y un
numeroso grupo de invitados”.
“El nuevo asilo consta de cuatro grandes pabellones construidos con
toda clase de comodidades”.
“Bendijo el hospicio monseñor Alberti, obispo auxiliar de La Plata
quien luego pronunció un discurso poniendo de relieve los fines
humanitarios de la Sociedad de Beneficencia. Hicieron también uso de
la palabra el doctor José Estévez, director del hospicio y el doctor
Manuel Gonnet, en representación del gobierno de la provincia. La
banda de policía de La Plata amenizó la reunión”. 177

La idea, el tenaz reclamo y las gestiones que hizo el Dr. Antonio F. Piñero se había
materializado luego de que él renunciara al cargo de director. Aquí le hacemos el
merecido reconocimiento que no tuvo hace más de cien años por su infatigable labor.

Frente del Hospital de Alienadas de Lomas de Zamora (Revista Caras y Caretas núm. 522 del año 1908).

La siguiente fuente también nos muestra la labor del incansable Dr. Piñero para la
concreción de esta importante obra.

“La historia del surgimiento del Asilo de Lomas se remonta al mes de


mayo de 1902, cuando la Sociedad de Beneficencia encargada de la
administración de los Hospitales Nacionales es informada que el
Hospital Nacional de Alienadas, que alojaba a 2056 enfermas, tenía

177
La inauguración del asilo de alienadas de Lomas de Zamora, revista Caras y Caretas núm. 522 del
03/10/1908, Buenos Aires, 1908, p. 65.

70
132 pacientes que dormían en el suelo por falta de infraestructura,
agravada por la demanda de enfermas. El 31 de diciembre de 1902,
una Comisión de Damas visita al señor ministro de Relaciones
Exteriores y Culto (quién dependía de la Sociedad) para interiorizarlo
de las necesidades y solicitar un presupuesto que permitiera
remediarlas. En febrero del año siguiente las inspectoras del Hospital
Nacional de Alienadas manifestaron tener el encargo del médico
director, Dr. Piñero de pedir la construcción de un nuevo pabellón, ya
que el número de enfermas que dormían en el suelo se elevaba a 182.
Ante esta situación se propuso como solución la construcción urgente
de un nuevo pabellón, qué si bien no daría solución por lo menos
aliviaría el problema”.178

Ley de alienados

Más adelante trataremos mejor este punto, pero es necesario hacer referencia en este
capítulo ya que mientras, el Dr. Piñero, trabajaba en el terreno práctico de la salud
mental, también ideaba normas para mejorar la situación de esta área de trabajo en la
salud pública.

“El Dr. Eliseo Cantón, en 1894, presentó en la Cámara de Diputados


un proyecto sugerido por el Dr. Domingo Cabred. El alegato de
Domingo Cabred (1894) revela la gran experiencia del maestro en el
tratamiento de alienados y se complementa con Antonio Piñero (1894)
que hace hincapié en la importancia de la profilaxis preventiva”.
“El Dr. Antonio F. Piñero, patrocinado por el Dr. Félix Gómez,
presentó un proyecto en 1894, dos días después del presentado por el
Dr. Cantón”.179

Renuncia del Dr. Piñero como Médico director del Hospital Nacional de Alienadas

Seguramente, el Dr. Piñero, que venía propugnando, desde 1894, por una ley nacional
que regulara la atención de la salud mental en la Argentina; sabía las consecuencias del
artículo que publicó en La Nación y que ponía en cuestión la administración por parte
de la Sociedad de Beneficencia. También es probable que su renuncia tuvo que ver con
un cierre que él le dio a ese cargo ya que luego fue electo Diputado por la Capital al año
siguiente.

“Ha sido tema de comentarios variadísimos lo ocurrido últimamente


en el Hospicio Nacional de Alienadas, con motivo del conflicto
provocado entre la Sociedad de Beneficencia y el doctor Antonio F.
Piñero. Este, que hasta hace poco era director del Hospicio, publicó en
‘La Nación’ un artículo sosteniendo que la beneficencia pública á
cargo de señoras, constituía un anacronismo, doblemente perjudicial
para el orden administrativo y para el orden social”.

178
Rosa Falcone y Juan Ramón Guardia Lezcano, Asilo de Lomas (1908). Anexo para crónicas del
Hospicio Nacional de Alienadas. Su cronología, 2015
[Link]
179
Romi, “Historia del Cuerpo Médico Forense…” p. 55.

71
“Estando el Hospicio subordinado á la Sociedad de Beneficencia, las
distinguidas damas se sintieron heridas en su amor propio, y creyeron
ver un desacato en la actitud del director. En consecuencia, pensaron
pedirle la renuncia del cargo. El aludido, que por respeto á las damas
estaba inhabilitado para promover debate sobre la cuestión que motivó
el conflicto, tuvo una actitud caballeresca y anticipó su renuncia, que
le fué aceptada. Es de lamentar la separación del doctor Piñero, á cuya
actividad é inteligencia se deben los actuales progresos del Hospicio,
al frente del cual se hallaba desde 1889”. 180

“Ya en 1892 cuando las Damas de la Sociedad, comentaron al Dr.


Piñero la creación de un Pabellón para pensionistas, el director no
coincidió con el Proyecto, decía: ‘...Considero que la enfermedad no
admite distingos de clase, todas las internadas, vengan de donde
vengan tienen los mismos derechos...’”181
“El problema de la superpoblación de pacientes, la falta de
infraestructura y presupuesto en el HNA estuvo presente desde fines
del siglo XIX. Uno de sus directores, A. F. Piñero, realizó fuertes
críticas al HNA apenas ingresó como director (1890). Sostenía que la
gran responsabilidad de esta situación de hacinamiento era de la
Sociedad de Beneficencia, que sólo invertía en los pabellones para
pensionistas. Comentaba que las pacientes dormían en el suelo, que la
comida era pésima, que se habían construido pabellones de madera y
en malas condiciones para las pacientes indigentes. Decía que sólo
quedaba poco espacio en los patios y se hacinaban en las barracas, lo
que hacía imposible separar a las mujeres violentas o practicar
cualquier tipo de terapia. Además, destacaba otros problemas graves
en la institución, como que el personal del hospital era enteramente
inadecuado, ya que se componía de religiosas católicas, ex convictos,
recién llegados de Europa y las mismas pacientes. Toda esta situación,
sostenía, generaba malos tratos a las mujeres, y un mal uso de las
terapias”.182
“Con la incorporación de Antonio Piñero (1859183-1921) como
director del Hospital entre los años 1890-1893 y 1896-1905184
comienzan los intentos por cambiar la asistencia de las alienadas, sin
embargo, sus ideas no fueron bien recibidas por la Sociedad de
Beneficencia”.

180
El Hospicio de Alienadas. La renuncia del doctor Piñero, Revista Caras y Caretas núm. 374 del
02/12/1905, Buenos Aires, 1905, p. 34.
181
Marisa Requiere, Algunas consideraciones sobre la política manicomial en Buenos Aires: el caso del
Asilo Nacional de Alienadas 1880-1930, Editorial Polemos, Buenos Aires, 2010, p. 6 [en línea]
[Link]
182
Aida Alejandra Golcman, Mariano Plotkin y Karina Inés Ramacciotti, Interpretación de la locura y
acciones concretas en el Hospital José A. Esteves, de Lomas de Zamora (1908-1971). Tesis para Obtener
el grado de Doctor en Ciencias Sociales, Universidad Nacional de General Sarmiento, Buenos Aires,
2015, p. 82. [en línea] [Link]
183
Es importante para nuestro trabajo puntualizar que el año de nacimiento de Antonio F. Piñero es 1855.
184
Aclaración: El doctor Piñero asume como Director en 1889, según algunas fuentes, o en 1890, según
otras, hasta 1896 donde solicita una licencia para viajar a Paris durante ese año y 1897. A finales de 1905
se produce su renuncia.

72
Medalla conmemorativa de la inauguración de nuevas instalaciones.185
Anverso: Sociedad de Beneficencia de la Capital - 31 de julio 1898 - Buenos Aires - Hospital Nacional
De Alienadas. Firma: Orzali. B. Y C.
Reverso: Inauguración de los pabellones de pensionistas - Dormitorio y salas de día de agitadas - Salas de
día de tranquilas - Cocina central y casa de máquinas - Y calderas - Padrinos: Señor Presidente de la
República Doctor José E. Uriburu - Señora Alvina Van Praet de Sala Presidenta de la Sociedad De
Beneficencia - Inspectoras: Señoras: Agustina C. de Somoza - Manuela L. de Elizalde - Margarita H. de
Mackinlay - Josefa A. de Vassilicós - Comisión Directiva - Presidente: Dr. Antonio F. Piñero - Secretario:
Dr. Manuel F. Podestá.

“Las damas de beneficencia, por su parte, propusieron dividir a la


población del hospital en pensionistas, tal como se corrobora en las
historias clínicas. Aparece el ítem ‘Estado económico’, allí se
consignaba la ocupación y generalmente el tipo de pensionista
llegando a existir hasta cuatro clases de estas últimas. La oposición
tajante por parte de Piñero y su iniciativa propia en torno a la
conducción del Hospital, se alejan de las propuestas de las encargadas
del establecimiento produciéndose un distanciamiento con ellas”. 186
“Piñero da cuenta de la falta de enfermeras en el hospital e incentiva
la conformación de una escuela de enfermeras especializadas, en
congruencia con esto, propulsa la inclusión de un Laboratorio de
Investigación y Enseñanza inaugurado en 1901 bajo la dirección del
Dr. italiano Tedeschi”.187

185
Monetario Virtual Argentino [en línea] [Link]
186
Magalí Jardón, Los diseños de historias clínicas del Hospital Nacional de Alienadas (1900-1930). II
Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XVII Jornadas de
Investigación Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR, Universidad de Buenos
Aires, Facultad de Psicología, Buenos Aires, 2010, p. 362 [en línea] [Link]
031/[Link]
187
Jardón, “Los diseños de historias clínicas del…”[Link].

73
“Además de dotar de terminología psi a la historia clínica, y en
congruencia con la rigurosidad científica que Esteves 188 se propone
instaurar en el Hospital, comienza a reemplazar a las empleadas que se
ocupaban de las internadas por egresadas de la Escuela de enfermeras
del Hospital Nacional de Alienadas fundada por él, siguiendo sin duda
la idea de Piñero”.189

Hemos dejado hablar a las fuentes sobre cuál era la situación en que recibió la
Dirección el Dr. Piñero y su incansable propósito de enmendarla con una oposición
clara desde su comienzo. Es posible, entonces, que el Dr. Piñero haya llegado a un
punto en donde sintió la vocación de buscar soluciones de otra manera a través de la
política.●

188
José A. Esteves (1863- 1927), Director del Hospital Nacional de Alienadas por más de veinte años
(1908-1927).
189
Jardón, “Los diseños de historias clínicas del…”op. cit.

74
Reseñas por sus propios autores

Los muertos de Plaza de Mayo


(1945, 1953 y 1955)
Héctor Daniel De Arriba190

Héctor Daniel De Arriba, publicó en octubre del 2022 su último libro sobre tres aspectos sangrientos de la
década 1945-1955, en la historia argentina. Se titula LOS MUERTOS DE PLAZA DE MAYO: 1945, 1953
y 1955. Editorial Dunken, con 368 págs. Ampliamente documentado con Anexo fotográfico y varios
testimonios de familiares de las víctimas.

Título: “Los muertos de Plaza de Mayo 1945-1953-


1955”
Autor: Héctor Daniel De Arriba
Editorial: Dunken

Buenos Aires, 2022


368 pp.

El 18 de octubre de 1945, en las primeras horas de la madrugada, fallecieron dos


jóvenes que habían participado de la concentración en la Plaza el día anterior, vivando
al coronel Juan D. Perón. Darwin Ángel Passaponti (santafesino, 18 años, estudiante de
secundario) y Francisco Ramos (argentino, 21 años) cayeron muertos en la vereda del
edificio del desaparecido diario Crítica. Ambos fueron al cementerio de Chacarita, pero
los restos de Darwin descansan actualmente en el cementerio local de Moreno GBO,
junto a sus padres Trento y Enedina, ambos farmacéuticos. Darwin tuvo mayor
recordatorio por ser su joven vida rescatada por el justicialismo. Algunos de sus
parientes colaterales viven aún en Moreno y Córdoba. Se entrevistó a una sobrina de
Darwin.
El 15 de abril de 1953, cuando se desarrollaba un acto de la CGT en Plaza de Mayo y
hablaba el presidente Perón estallaron dos bombas. La segunda mató a seis personas
(una mujer –Santa Festeggiatta de D´Amico y cinco varones; de éstos, tres eran
trabajadores de la línea de subterráneos – Osvaldo Mouché, Mario Pérez y Salvador

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Profesor en Historia (egresado del I. S. F. N° 41 de Adrogué); Barman (por la Universidad Nacional de
Quilmes). Investigador independiente, docente y directivo de establecimientos educacionales. Ha recibido
distinciones por su trayectoria docente y cultural de: la Municipalidad y Consejo Escolar de Florencio
Varela; Dirección General de Escuelas y Cultura de la Provincia de Buenos Aires.; Asociación Amigos
Mokichi Okada y Raíces del Tarumá de Florencio Varela; Fundación Buenos Aires-SIDA-CABA y
Asociación Amigos de las Artes-Quilmes. Autor de numerosos artículos académicos y libros.

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Manes- más el taxista José Ignacio Couto y el miembro del sindicato de la madera León
David Roumieux) cuyas vidas y fotos aparecen en el segundo capítulo del libro. Fueron
entrevistados algunos descendientes de esos muertos, como el nieto de Osvaldo
Mouché.
El 16 de junio de 1955, cuando la gente esperaba un desfile de aviones sobre Plaza de
Mayo, a las 12.40 horas comenzaron a caer bombas de explosión y fragmentación sobre
la Casa de Gobierno, parte de la Plaza, las avenidas. Paseo Colón e H. Yrigoyen como
también sobre el barrio de Recoleta y Av. Crovara en La Matanza. El gravísimo hecho
produjo 214 víctimas -cifra relevada por el autor pero no cerrada, pero basada en
numerosos documentos examinados en diversos repositorios-
La mayoría de las víctimas eran de la zona sur del GBA (Lomas de Zamora, Lanús,
Avellaneda, Berazategui, Quilmes, La Plata, Monte Grande).
También fallecieron vecinos de la zona norte del GBA y de La Matanza; 9
granaderos; un general, policías y civiles extranjeros y argentinos.
El libro posee como objetivo, rescatar para el futuro la vida trunca de las víctimas
inocentes de las tres fechas y recordarlas más allá de sus nombres y apellidos. Libros,
diarios, revistas, obituarios, archivos documentales fueron revisados y leídos por
el profesor para dar a luz una obra no partidista, que trae al presente argentino las
muertes de una década del siglo XX.●

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