Sociedades Rurales, Producción y Medio Ambiente | Año 2004, Vol.
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Historia agraria en el ejido de Suchitlán, Colima
Julio Preciado Zamora
Archivo Histórico del Municipio de Colima, México
[Link]
Resumen / Abstract / Résumé
En este ensayo se plantea el origen del agrarismo del ejido de Suchitlán, un
poblado de indígenas localizado en el municipio de Comala, Colima. El artículo
describe
como la historia agraria de Suchitlán está teñida de conflictos sobre la tierra las
comu-
nidades vecinas, los grandes propietarios de la región y las autoridades agrarias
dentro y
fuera del estado. En su desarrollo, la autora presenta las particularidades de las
tierras
comunales y la creación del ejido; igualmente describe cómo campesinos mestizos de
las
comunidades vecinas invadieron las tierras de los indígenas suchitlecos y cómo
éstos
lograron desalojarlos. Uam, 02004
This essay presents tbe agrarian origin of tbe Suchitlan, Colima ejido, a
native ¡own located in tbe Comala County. The article describes tbe combplexity of
the
agrarian history in Sucbitlan wbich focuses on land conflict, community, large
scale
owners and agrarian authorities in and outside Colima. The autbor presents the
[communal land characteristics and the ejido creation; she also describes how the
mestizos
[(nixed-persons) from neigbbor communities invaded the land and removed the
¡community members of Suchitlan.
Cet essai présente Vorigine de la répartition des terres de Vejido de
¡Sucbitlán, une communauté indigéne située dans le village de Comala, dans létat de
¡Colima. Sa lecture permet de découvrir les conflits pour la terre entre Suchitlán
et les
communautés voisines, les grands propriétaires de la région et les autorités
agraires de |
plétat et de Pextérieur, conflits qui marquent Pbistotre agratre de la communauté,
Tout au long du texte, Vauteur présente les particularités des terres
¡communales et la création de l'ejido; elle décrit également comment les paysans
métis des
communautés voisines ont envabi les terres des indigénes de Suchitlán et comment
ceux-ci ont réussi a les expulser.
LOA
Casa abierta altiempo
Palabras clave:
Historia agraria
indígenas
identidad
ejido
Colima
Key words:
Agrarian history
natives
identity
ejido
Colima
Mots-clés:
Histoire agraire
indigénes
identité
ejido
état de Colima
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Introducción
Esta es una historia de tierras, de súplicas en papel,
de epístolas oficiales, de murmullos dirigidos a
oídos sordos. Estas son las vicisitudes de un grupo
de campesinos en busca de una tierra en principio
perdida, después prometida y vuelta a perder. Es la
historia del ejido de Suchitlán y también del origen
del agrarismo en el estado de Colima,
Este artículo está dividido en tres apartados, en el
primero se presentan las particularidades de las
tierras comunales y la creación del ejido. En el
segundo se expone cómo campesinos mestizos de
las comunidades vecinas invadieron las tierras de los
suchitlecos y cómo los de Suchitlán lograron, a
fuerza de tinta y papel, desalojarlos. Finalmente, en
la última sección, se exponen las conclusiones prin-
cipales respecto al tema aquí tratado.
En este análisis se integró el enfoque de la historia
cultural, concretamente el que la historiadora Mary
Kay Vaughan (1999) desarrolló, particularmente los
conceptos de espacio e identidad, a fin de entender
y explicar lo que para los indígenas de Suchitlán sig-
nificaba el espacio en el cual su comunidad se había
desarrollado y en consecuencia, su pertenencia a
esa tierra, y la de esa tierra a ellos.
Suchitlán como pueblo de indígenas colindante con
dos importantes haciendas en la geografía del esta-
do, permaneció bajo el escrutinio de las autoridades
del gobierno de Colima. Los suchitlecos se aliaron al
Estado porque esperaban recuperar u obtener
tierras propiedad de su comunidad, cuya existencia
antecedía al arribo de los españoles. La territoriali-
dad -el control que ejerce un individuo o grupo
sobre determinado territorio específico (Sack,
1997)-, engloba dos distintos enfoques: el de los
controladores (sean estos laicos o religiosos, en este
caso el Estado o la Iglesia mexicanos) y el de los con-
trolados.
Las autoridades estatales consideraron a Suchitlán
un territorio específico sobre el cual podían ejercer
control político, mientras que las persistentes inva-
siones de campesinos de otras comunidades a las
tierras de los suchitlecos y la defensa que éstos
ejercieron de su territorio, aclara el sentido de terri-
torialidad que los indígenas de Suchitlán
desarrollaron y defendieron. De esta manera el go-
bierno de Colima controló "desde arriba" a los
suchitlecos, y a su vez, ellos controlaron a otros que:
invadían sus terrenos o territorio.
Una historia de tierra
La Ley Lerdo en 1856 y la Constitución de 1857, que
en su artículo 27 decretó la desamortización de los.
bienes de la Iglesia y de las tierras comunales, no.
afectaron a los indígenas de Suchitlán; quienes
poseían, junto con los de Comala, dos sitios y medio.
de ganado mayor, según el Registro Agrario:
Nacional 1974-1975, delegación Colima. (RAN.
Colima).
A partir de 1883 y como consecuencia de que se:
promulgara la Ley de Colonización y Deslinde de:
Terrenos Baldíos, se incrementó el despojo a las
comunidades indígenas. En ese año las tierras de los
indígenas de Suchitlán se fraccionaron en lotes. Se
dio un fenómeno de partición o repartición de las
tierras comunales, que después los indígenas
entendieron como despojo. Los de Suchitlán
vendieron su terreno al alemán Arnold Vogel, dueño
de la hacienda de San Antonio, porque no sabían
cómo trabajar la tierra de manera individual, rea-
lizándose la compra dentro de los términos que
marcaba la ley en ese entonces. En un expediente |
fechado en 1926 seguido a causa de la testamentaria.
del hacendado alemán, consta que Vogel compró.
legalmente a los indígenas de Cofradía de Suchitlán
más de 100 lotes, por los años de 1889 y 1894!. Por
su parte, el administrador de la hacienda de
Nogueras -a propósito de las acusaciones de despo-
jo de los indígenas de Suchitlán- manifestó que:
dicha hacienda conservaba la extensión con la que:
se formó en 1805, por tanto, no habían comprado
lotes a los indígenas.? Los de Suchitlán insistieron en
que los lotes fueron permutados "por miel de abe-
jas, por carne de res, por botellas de vino o por
artículos de venta en las tiendas de raya de dichas
haciendas. Cuando los lotes se vendieron por
dinero, alcanzaron precios de ocho, diez o doce
pesos".*
Los suchitlecos iniciaron en 1915 el proceso para
recuperar las tierras que consideraban perdidas, a
raíz de la publicación de la Ley Agraria que
Venustiano Carranza emitió el miércoles 6 de enero
1 Véase Archivo del Poder Judicial del Estado de Colima (en adelante APD).
"Intestado a bienes del señor Arnold Vogel", 1926.
2 Véase Registro Agrario Nacional, delegación Colima. (en adelante RAN Colima)
Expediente CM 013,001, municipio de Comala, ejido de Suchitlán.
Asunto dotación de ejidos. De Salvador Rangel al Presidente de la República.
México, D. E, 16 de mayo de 1918.
3 RAN, Colima. Expediente CM 013/003, municipio de Comala, ejido de Suchitlán.
Asunto dotación de ejidos. De Gorgonio Ávalos, comisario político de
Suchitlán y otros indígenas, a Juan José Rios gobernador y Comandante Militar del
estado. Suchitlán, 20 de noviembre de 1915.
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de 1915, la cual proponía reintegrar la tierra a las
comunidades indígenas. Para llevar a cabo dicha
misión en todo el país, se creó la Comisión Nacional
Agraria. En Colima, Juan José Ríos, gobernador
constitucionalista, se encargó de llevar a la práctica
lo que la Ley Agraria de 1915 estipulaba. El sábado
22 de mayo de 1915, se formó la Comisión Local
Agraria, y Ríos invitó a los campesinos a que hicieran
propuestas para dotación de tierras.
En el caso de Suchitlán, el lunes 20 de noviembre de
1915 -en respuesta a que Ríos declaró que deseaba
iniciar el reparto en Colima, apegándose a la Ley
Agraria- los indígenas, sabedores del poder de la
letra escrita y de la eficacia de su filiación revolu-
cionaria, solicitaron tierras: "este pueblo ha sido
constantemente adicto a tal movimiento [revolu-
cionario] habiendo prestado su concurso para el
triunfo militar de ella y manteniendo actualmente
una guarnición de indígenas". Y por lo tanto:
"Pedimos estar comprendidos en la liberal promesa
revolucionaria".*
Ríos atendió de inmediato dicha petición. Sin espe-
rar el dictamen de la Junta Local Agraria, el
Gobernador autorizó que se les dotaran tierras de
manera provisional a los suchitlecos. El lunes 11 de
enero de 1916, Basilio Vadillo, director general de
Educación Pública, representando a Juan José Ríos,
otorgó la posesión provisional de tierras a los de
Suchitlán: "En el pueblo de Suchitlán y en la plaza
pública, ante numerosos vecinos, el C. Basilio
Vadillo, en representación del Gobierno
Revolucionario de Colima, y acreditándolo con una
credencial, declaró: que desde esa fecha Suchitlán
es dueño en comunidad y provisionalmente, de la
extensión de tierras comprendida por el cuadro que
formen las medidas de una legua por cada viento, a
contar de la última casa del pueblo".*
Según el historiador John Adrian Foley (1998), Ríos
impulsó una reforma agraria desde arriba, porque
en Colima, a diferencia de otros lugares, los
campesinos no tomaron (o solicitaron) las tierras
por su cuenta. Durante su gobierno, Ríos fundó los
ejidos de Cuauhtémoc, Tepames, Cofradía de
Suchitlán y Suchitlán. Afirma Foley que el propio
gobernador salía al campo a buscar comunidades y
de manera arbitraria decidía dotarlas de ejidos. De
los cuatro que eligió, sólo los de Suchitlán y Cofradía
de Suchitlán se ajustaban a lo que estipulaba la Ley
Agraria: eran comunidades indígenas que -legal o
ilegalmente- habían perdido sus tierras. En con-
traste, el que se convertiría en el ejido de
Cuauhtémoc lo poblaban habitantes mestizos y con
poca tradición en el agrarismo. Ahí las autoridades
del estado adjudicaron las tierras a personas que
tenían otros oficios, pero no a campesinos.
El caso de Tepames fue diferente, por tratarse de un
pueblo donde "la división de tierras era más popular
que en Cuauhtémoc; en parte porque los pequeños
propietarios, al parecer, habían sido más
numerosos; y porque el pueblo tenía una tradición
más larga como comunidad" (Foley, 1998: 287).
Tepames, Cuauhtémoc y Suchitlán, recibieron por
cada uno, 1,755 hectáreas, equivalentes a una
estancia de ganado mayor, mientras que Cofradía de
Suchitlán recibió 660 hectáreas. Entre 1916 y 1918,
los cuatro ejidos que Juan José Ríos promulgó
sumaron 5,925 hectáreas.
En enero de 1916 los indígenas de Suchitlán reci-
bieron de manera provisional sus tierras y no fue
sino hasta 1918 que reclamaron la posesión definiti-
va del ejido, ante los oídos sordos de los funciona-
rios agrarios locales y nacionales .* Hay que recordar
que Juan José Ríos dejó de ser gobernador el sába-
do 30 de junio de 1917, si bien permaneció como
Jefe de armas en Colima, hasta abril de 1918. El
sucesor, Felipe Valle, no mantuvo la política agraria
de la administración anterior.
El martes 19 de febrero de 1918, Venustiano
Carranza, como presidente de la República, ratificó
y aprobó la creación del ejido de Suchitlán. Le
otorgó las 1,755 hectáreas de terreno -equivalente a
un sitio de ganado mayor- que Ríos había autoriza-
do, cantidad que debería completarse con las hec-
táreas con que ya contaba provisionalmente, el
pueblo. Sin embargo, los suchitlecos habrían de
esperar un año para que oficialmente se le entre-
garan las tierras que formaban su ejido.
A partir de la resolución presidencial de 1918 favo-
rable al ejido de Suchitlán, los dueños de la hacienda
de Nogueras -la Sociedad Vergara y Rangel- y el de
San Antonio -Arnold Vogel- defendieron sus tierras
del incipiente agrarismo en el estado, al parecer,
amenazando a los nuevos ejidatarios y amparándose
ante las autoridades del centro. Vogel -seguramente
por su delicada situación como extranjero en tiem-
4 RAN. Colima. Expediente CM 013/03, municipio de Comala, ejido de Suchitlán.
Asunto dotación de ejidos. De Gorgonio Ávalos, comisario político de
Suchidán y otros indígenas, a Juan José Rios gobernador y Comandante Militar del
estado. Suchitlán, 20 de noviembre de 1915.
5 RAN, Colima. Expediente CM 013/001, municipio de Comala, ejido de Suchitlán.
Asunto dotación de ejidos. De Salvador Toscano a la H. Comisión
Nacional Agraria. México, D. E, 25 de enero de 1918,
6 RAN. Colima. Expediente CM 013,001, municipio de Comala, ejido de Suchitlán.
Asunto dotación de ejidos. De los vecinos de Suchitlán al Secretario
de Fomento. Suchitlán, 20 de julio de 1917,
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pos revolucionarios- no acudió a las autoridades para
protestar por la expropiación de sus tierras, pero sí
mostró su descontento ante los funcionarios
menores de la Comisión Nacional Agraria. Esto lo
refirió un topógrafo: "Vogel aseveró [sic] que quién
le pagaría esas tierras, ya que el supremo gobierno
sólo podía dar 'papeles' a los hacendados y que el
amo?
señor Vogel no comía “papeles”.
Por su parte, los hacendados de Nogueras inten-
taron, a través de amparos judiciales, suspender la
dotación definitiva del ejido: ellos demandaron que
se respetaran los límites puestos por la sabia natu-
raleza, "suplicaron" que fueran "respetados los lin-
deros naturales que limitaban la propiedad de
“Nogueras”, desde hacía siglos.*
Los indígenas a su vez se quejaron repetidamente
ante la Comisión Local Agraria de que los hacenda-
dos de Nogueras y San Antonio obstaculizaban los
preparativos de las tierras que iban a sembrar, Las
autoridades no respondían ni ofrecían soluciones a
las quejas de los indígenas. Las inconformidades de
los campesinos peregrinaban un largo camino, hasta
llegar a la Comisión Nacional Agraria. En un caso, la
Dirección Auxiliar de la Comisión Nacional Agraria
contestó que se dejara de obstaculizar a los
campesinos cuando prepararan sus tierras para el
cultivo, porque eso haría "ilusoria la posesión provi-
sional".?
Las contestaciones provenientes del centro, fuesen
alentadoras o desalentadoras, regresaban al lugar de
su partida: a la Comisión Local Agraria, en donde
con frecuencia las resoluciones emanadas no se lle-
vaban a la práctica. La indiferencia del gobernador
del estado de Colima Felipe Valle hacia los asuntos
de los campesinos de Suchitlán era notoria. Observó
un funcionario de la Comisión Nacional Agraria que
los indígenas, "a pesar de los grandes esfuerzos que
hicieron, [no pudieron] contar con las garantías a
que tenían derecho por parte del Gobierno de este
Estado".' Al decir de los quejosos, la circunstancia
por la que atravesaban era peor de la que se encon-
traban hasta antes de la dotación provisional,
porque los hacendados Rangel y Vogel no les per-
mitían ocupar las tierras. Los primeros campesinos
agraristas de Suchitlán reactivaron a su modo -cla-
mando y reclamando- la reforma agraria en Colima a
través de peticiones en papel.
El 30 de abril de 1919 la Comisión Local Agraria rea-
lizó la medición de los terrenos que ya eran parte
del ejido de Suchitlán y los que se agregarían para
completar la cantidad de 1,755 hectáreas que el
presidente Carranza autorizó en 1918. A la hacienda
de Nogueras se le expropiaron 1,028.17 y a la
hacienda de San Antonio 314.50 hectáreas. Las
tierras expropiadas a las dos haciendas sumaron
1,342.67 hectáreas. Las 412 hectáreas restantes se
tomarían de cuatro pequeñas propiedades: de
Trinidad Padilla 100.64 hectáreas; de Nieves Torres
31.90; de Luis Rendón 114.80 y de Catarina C. viuda
de Peña 50.37 hectáreas.
Sin embargo, en un comentario al margen del
informe, el topógrafo anotó que sólo las dos hacien-
das debían contribuir con sus tierras para el ejido;
no así las cuatro pequeñas propiedades. Es posible
que por esta razón el topógrafo no afectara las cua-
tro pequeñas propiedades y que los suchitlecos
nunca disfrutaran de esas tierras prometidas. Al
ejido de Suchitlán se le entregaron sólo 1,342.67
hectáreas. De ahí que, en fechas posteriores, ni las
autoridades federales ni los campesinos entendier-
an cómo y cuándo desaparecieron las 412.94 hec-
táreas que el topógrafo debió adjudicar a los
suchitlecos. Esto se debió a que las 412,94 hectáreas
desaparecidas, continuaron en manos de sus pro-
pietarios. Las hectáreas extraviadas les dieron opor-
tunidad a los suchitlecos de llenar páginas y páginas
con su desazón, todavía en 1981 continuaban
reclamándolas al Delegado en Colima, de la
entonces, Secretaría de la Reforma Agraria.''
El lunes 10 de noviembre de 1919, José de Jesús
Milanes, José Chavira y Leonardo Yáñez Centeno,
integrantes del Comité Particular Ejecutivo de los
Ejidos en la municipalidad de Colima; e Ignacio
Cabañas Flores, topógrafo adscrito a la Comisión
7 RAN. Colima. Expediente CM 013,001, municipio de Comala, ejido de Suchitlán.
Asunto dotación de ejidos. De Ignacio Cabañas Flores, topógrafo
adscrito a la Comisión Local Agraria, al Presidente de la Comisión Local Agraria.
Colima, 31 de octubre de 1919.
8 RAN. Colima. Expediente CM 013/001, municipio de Comala, ejido de Suchitlán.
Asunto dotación de ejidos. De Salvador Rangel al Presidente de la
República. México, D. FE, 16 de mayo de 1918.
9 RAN. Colima. Expediente CM 013,001, municipio de Comala, ejido de Suchitlán,
Asunto dotación de ejidos. De la Dirección Auxiliar. México, D. F., 7 de
junio de 1918,
10 RAN. Colima. Expediente CM 013,001, municipio de Comala, ejido de Suchidán.
Asunto dotación de ejidos. Informe que rinde Ignacio Cabañas Flores
al Presidente de la Comisión Local Agraria del estado, como resultado de los
trabajos complementarios de planificación de los terrenos vecinos a los
pueblos de Suchitlán y de Cofradía de Suchitlán. Colima, 30 de abril de 1919.
11 México, D. F. Archivo General Agrario (en adelante AGA). Estado de Colima,
municipio de Comala, poblado Suchitlán. Clasificación 23/341, Acción
dotación, legajo local (3). De Vidal Ascencio Cruz, Adolfo Cruz Martínez y Santiago
de la Cruz Andrés, a Roberto Olivares Arellano, Delegado en el esta-
do de la Secretaria de la Reforma Agraria. Colima, 16 de noviembre de 1981.
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Local Agraria, encargado de asesorar a dicho
Comité, dieron posesión legal de las tierras a los
indígenas de Suchitlán ante: Gorgonio Ávalos, pre-
sidente de la Junta Municipal; Rosalío H. Martínez,
Tomás Cristóbal y Vidal Ascencio, miembros del
Comité Particular Administrativo; Arnold Vogel, y el
"numeroso pueblo convocado". '* Vogel se negó a fir-
mar el acta en la que se asentaba la posesión legal de
los terrenos. Mientras que los dueños, de la hacien-
da de Nogueras, estuvieron a un paso de impedir
que se entregara oficialmente el ejido a Suchitlán,
pidieron a la Comisión Local Agraria, un día antes de
la toma de posesión de las tierras de la hacienda,
que detuviera el procedimiento.
Una historia de territorialidad
"La territorialidad", afirma Robert David Sack, es "el
intento de un individuo o grupo de afectar, influir o
controlar gente, elementos y sus relaciones, delimi-
tando y ejerciendo un control sobre un área geográ-
fica" (Sack, 1997: 194). El espacio controlado por un
grupo o individuo se define como territorio especí-
fico. Los territorios específicos, según la concepción
de Sack (1997), no son espacios que puedan ser
marcados o delimitados en un mapa como se hace
con las zonas agrícolas o industriales, por ejemplo.
Pese a esto, el pueblo indígena de Suchitlán, dentro
del estado de Colima, puede ser considerado terri-
torio específico.
Afirma Sack que los territorios específicos "llegan a
convertirse" en tales, "si sus límites son usados por
alguna autoridad para moldear, influir o controlar
las actividades que realizan en ellos" (Sack, 1997:
196). Suchitlán fue visto por el Estado mexicano
como territorio específico por vez primera en 1912,
cuando el gobernador J. Trinidad Alamillo lo eligió
como un pueblo donde se podría instaurar la
primera escuela de educación integral "protectora
de la raza indígena".” En 1919 ocurrió otro tanto
cuando el gobernador Juan José Rios ofreció formar
en Suchitlán el primer ejido en el estado de Colima,
El Estado en el ejemplo anterior influyó, moldeó o
controló a los indígenas de Suchitlán. Ellos a su vez
desarrollaron un concepto particular de territoriali-
dad que los puso en pugna con sus vecinos mesti-
zos, y que las autoridades estatales y nacionales tar-
daron en entender —y reconocer- como tal. No sólo
las autoridades estatales controlaron territorios
específicos: es muy posible que la Iglesia, dentro del
estado de Colima, haya controlado también ciertas
áreas o comunidades.
Un territorio específico, como vimos, no tiene que
ser un terreno delimitado físicamente. Tampoco
implica que quienes influyen, moldean o controlan
las actividades de los que viven dentro del territorio,
deban residir dentro de sus fronteras. Afirma Sack:
"la territorialidad específica es una estrategia que
establece diferentes vías de acceso para disponer de
la gente, de los recursos y de su interrelación. Es
una alternativa de acción siempre no territorial y
que no requiere de acciones de control territorial
como respaldo en ningún caso" (Sack, 1997: 196). El
Estado mexicano en tres diferentes momentos de la
historia de Colima ejerció control, por métodos
indirectos, sobre los indígenas de Suchitlán. Al
instaurar una escuela para indígenas, el gobernador
Alamillo ganó fama de buen gobernante ante sus
amigos y de gobernante "veleidoso" ante sus enemi-
gos, personificados en la figura de su contrincante
político: el profesor Gregorio Torres Quintero,
El crear el ejido de Suchitlán brindó al gobernador
Juan José Ríos la oportunidad de iniciar la reforma
agraria en Colima, y atacar a un círculo, hasta
entonces cerrado, de la élite colimense: el de los
hacendados. Posteriormente el Estado ofreció a los
indígenas ampliar el ejido y ayudarlos con el respal-
do de las leyes, a cambio de su lealtad. Enseguida se
presentan dos ejemplos que dieron a los suchitlecos
la oportunidad de manifestar esa noción de territo-
rialidad mencionada.
La presencia de esos "extraños"
Los suchitlecos manifestaron en 1923 al gobierno
del estado de Colima, encabezado por Miguel
Álvarez García que los hermanos Paulino y Félix
Torres y Tránsito y Rafael Cárdenas, invadieron los
terrenos de Los Pintores, que eran parte del ejido de
Suchitlán. Los supuestos invasores —los Torres y los
Cárdenas- formaban con sus familias un grupo de
treinta y cuatro personas. En el Rancho de la Caña se
dedicaban a sembrar maíz, caña y legumbres.
Arrendaban dicho terreno a la hacienda de
Nogueras. Á partir de 1919, los Torres y los Cárdenas
dejaron de pagar renta a la hacienda de Nogueras, y
empezaron a pagar a las autoridades ejidales de
12 RAN. Colima. Expediente CM 013,001, municipio de Comala, ejido de Suchidán.
Asunto dotación de ejidos. Acta de posesión de los terrenos del ejido
de Suchitlán. Firmada por José de Jesús Milanes, José Chavira, Leonardo Yáñez
Centeno, Ignacio Cabañas Flores, Rosalio M. Martínez, Tomás Cristóbal,
y Gorgonio Ávalos, entre otros. Suchitlán, 10 de noviembre de 1919.
13 "Informe que el profesor Abraham Castellanos, Jefe de la Sección de Instrucción
Pública y Beneficencia, rinde al Sr. Gobernador Constitucional del esta-
do de Colima, J, Trinidad Alamillo, sobre las primeras escuelas de educación
integral, protectoras de la raza indígena implantadas en el estado", periódi-
co oficial El Estado de Colima (Colima), 24 de febrero de 1912, 64-66.
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Suchitlán.'* Aprovechando su recién adquirida
autoridad por encima de los Torres y los Cárdenas
ahora que estos aceptaban a las autoridades eji-
dales como las propietarias de los terrenos que
alquilaban- las autoridades del ejido decidieron que
los mestizos que arrendaban sus tierras (los Torres y
los Cárdenas, por supuesto) las abandonaran, pues
no pertenecían al grupo de campesinos contempla-
dos originalmente en la dotación de tierras.
Este asunto entre campesinos mestizos y ejidatarios
indígenas permite apreciar dos aspectos impor-
tantes: la cohesión que existía entre los indígenas de
Suchitlán como grupo. Una vez que tuvieron poder
político sobre los Torres y los Cárdenas, las autori-
dades ejidales obstaculizaron la presencia de esos
"extraños" dentro del territorio que (ahora no cabía
duda alguna) pertenecía a su comunidad, Por ser
dichos campesinos ajenos al pueblo los suchitlecos
los consideraron enemigos suyos. Como ambas
familias habían arrendado sus tierras a Nogueras (y
además habían mantenido relaciones amistosas con
los dueños de la hacienda), los vecinos de Suchitlán
estaban convencidos de que "los referidos Torres
militaban en las filas del bandolerismo, como se
puede probar con legalidad; en tiempos anteriores,
promoviendo, con carabina en mano injuriando y
disputando al Pueblo, [...] decimos que han sido
eternos enemigos de nuestra raza".'*
Los suchitlecos tampoco aceptaron a los Torres y a
los Cárdenas como ejidatarios dentro de sus
terrenos, por no considerarlos indígenas "puros",
como lo eran ellos. De ahí que ninguno de los
miembros de ambas familias pudiera pasar de arren-
datario de la hacienda de Nogueras, a ejidatario de
los terrenos que trabajaban: "la prevención que
tienen los indígenas para la gente que ellos llaman
“de razón”, nos excluyó de figurar en el senso [sic],
y del derecho que también tenemos para disfrutar
de los egidos [sic]", afirmaron los hermanos
Torres.'* Los suchitlecos fueron todavía más lejos: no
sólo excluyeron a los Torres y a los Cárdenas de la
posibilidad de formar parte del censo agrario, requi-
sito indispensable para ser considerados como parte
del ejido, sino que también los acusaron de invadir
las tierras que no les pertenecían. De tildarlos de
invasores hasta desalojarlos de las tierras que ambas
familias habían trabajado durante años, no había
sino un paso. Cabe aclarar que desde el punto de
vista de la historia cultural, el que los indígenas de
Suchitlán no consideraran a otros "indígenas puros"
está vinculado al concepto de identidad que según
Vaughan, está "históricamente enclavada en la expe-
riencia local y construida a través de la memoria y de
la práctica (Vaughan, 1999:282).
En el caso de los presuntos invasores de los terrenos
de Suchitlán, los diferentes encargados en turno de
la Delegación en Colima de la Comisión Nacional
Agraria discreparon. El viernes 14 de septiembre de
1923 la Delegación en Colima de la Comisión
Nacional Agraria ordenó a los Torres y a los
Cárdenas, que en "un plazo prudente” dejaran
"libres los terrenos que habían continuado usufruc-
tuando indebidamente, [...] y que por haber queda-
do incluidos dentro del perímetro que encierra el
terreno ejidal, habían pasado a formar parte del
ejido"”; inclusive se les prohibió llevarse sus árboles
frutales, El plazo para que los Torres y los Cárdenas
desocuparan los terrenos vencía el sábado 1 de
marzo de 1924. El martes 4 de marzo de 1924,
Francisco J. Silva se hizo cargo de la delegación en
Colima de la Comisión Nacional Agraria y dispuso
que los Torres y los Cárdenas entregaran los
terrenos en disputa; así lo hicieron el jueves 10 de
abril de 1924 ante Efraín N. Méndez empleado de la
Delegación en Colima de la Comisión Nacional
Agraria, quien con alarde de fuerza los puso en la
calle.
Gracias a la queja que los supuestos "invasores"
interpusieron, Francisco J. Silva, delegado en Colima
de la Comisión Nacional Agraria, revisó el caso, cam-
bió de parecer y falló a favor de los hermanos Torres
y Cárdenas, otorgándoles la posesión de los
terrenos pertenecientes a Suchitlán, por creer que
los indígenas "los desacreditaron ante esa depen-
dencia".* Era difícil e injusto expulsarlos, afirmó
Francisco J. Silva:
14 RAN. Colima. Expediente CM 013/002, municipio de Comala, ejido de Suchidán.
Asunto dotación de ejidos, Del Director Interino de la Dirección de
Agricultura, al Comisionado de la Dirección de Aprovechamiento de Ejidos. México,
D. F., 30 de noviembre de 1923.
15 RAN. Colima. Expediente CM 013,001, municipio de Comala, ejido de Suchitlán,
Asunto dotación de ejidos. Del Procurador de Pueblos, al Secretario
General de la Comisión Nacional Agraria. Colima, 25 de mayo de 1923.
16 AGA. Estado de Colima, municipio de Comala, población de Suchidán. Clasificación
23/341. Acción dotación, legajo trabajos técnicos informativos, De
Paulino Torres al Delegado de la Comisión Nacional Agraria. Suchidán, 15 de abril
de 1924.
17 AGA. Estado de Colima, municipio de Comala, población de Suchitlán,
Clasificación 23/341. Acción dotación, legajo trabajos técnicos informativos. De
Francisco J. Silva delegado de la Comisión Nacional Agraria en el Estado a Wintilo
R. Caloca, Director de Aprovechamiento de Ejidos, Colima, 23 de junio
de 1924.
18 Ibid.
19 Ibid.
Sociedades Rurales, Producción y Medio Ambiente | Año 2004, Vol. 5 Número 8 (95-
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Las casas habitaciones de cada una de las
familias Torres y Cárdenas, se encuentran fin-
cadas dentro de las mismas huertecitas que
cada familia cuida y cultiva; en la misma
forma exactamente en que están fincadas las
casas de los indígenas es decir, dentro del
cerco de cada huerta, está la casa habitación
de cada jefe de familia rodeada de árboles
frutales grandes que dan sombra a los cafe-
tos, y plantas más chicas que requieren som-
bra, haciendo esta circunstancia, muy difícil
llevar a cabo la separación o delimitación
material entre lo que se puede llamar
habitación y la huerta misma.”
Los miembros del Comité Particular Administrativo
de Suchitlán, no aceptaron las disposiciones del de-
legado, y se quejaron ante el presidente de la
Comisión Nacional Agraria. Un año después de que
la Comisión Nacional Agraria* resolviera a favor de
los hermanos Torres y Cárdenas, la misma
Comisión, presidida esta vez por el ingeniero
Apolinar Llamas Quezada, les ordenó desalojar los
terrenos que ocupaban y que pertenecían a los eji-
datarios de Suchitlán.**
En presencia de las autoridades agrarias y de ochen-
ta ejidatarios del pueblo de Suchitlán, se llevó a cabo
el desalojo. Apolinar Llamas Quezada, encargado de
la Delegación en el estado, dijo a Félix Torres y a
Rafael Cárdenas que "no se trataba de discutir punto
alguno en el asunto que se consideraba, sino que el
objeto de su presencia en el lugar, no era otro que
el de hacer cumplir las disposiciones que la oficina a
su cargo tenía giradas".” Dicho individuo procedió a
dar posesión material de los terrenos que corre-
spondieron a los ejidatarios más pobres y dijo: "ya
era tiempo que el triunfo de los humildes, [dejara
de servir] de pasto a la rapiña de los llamados hom-
bres de razón; [y] que debían ser desocupados los
citados lotes sin mediar indemnización alguna".*
Los desalojados prometieron dejar la tierra al día
siguiente. Llamas Quezada les ofreció otros lotes,
pero ellos no aceptaron la permuta: manifestaron
"que [dejarían las tierras] para terminar con las
envidias de la gente que no le gusta trabajar".”
20 Ibid.
Al definir a los Torres y los Cárdenas como no-indí-
genas, como simpatizantes de los hacendados y
como bandoleros, los de Suchitlán, se auto definían
como indígenas, enemigos de los hacendados, y
hombres de bien, diferenciándose así de los otros.
Los campesinos "invasores" representaban todo lo
que los Suchitlecos no eran, Cercano a la noción de
espacio, nos lo recuerda Vaughan (1999), está el
concepto de identidad, pues "la identidad se con-
forma en sitios de socialización". Para Vaughan, la
identidad "está históricamente enraizada en la expe-
riencia local y construida a través de la memoria y la
práctica. Mientras que está forjada en la experiencia
local, la identidad no está formada en aislamiento,
sino con relación en formaciones sociales más
amplias, sistemas de información, eventos, e inte-
racción con el Estado". La identidad, afirma
Vaughan, "está fincada en diferencias entre el yo y
los otros. Refleja y constituye poder y relaciones de
poder desigual" (Vaughan: 1999: 282).
La aportación teórica de Vaughan (1999) es impor-
tante para el caso de los suchitlecos pues es evi-
dente que su identidad dependía históricamente de
su relación con la tierra y esto lo sabían gracias a su
memoria oral, transmitida de padres a hijos durante
siglos. Por eso era crucial para los suchitlecos dife-
renciarse de los "otros": los forasteros, los que no
vivían allí durante centurias como ellos, los que
podían quitarles no sólo las tierras sino los últimos
atisbos de su identidad comunal. De ahí que, como
ya se mencionó, definieran a los "otros" como no-
indígenas, como aliados de los hacendados y, por
último, como bandoleros.
Para las autoridades agrarias, quienes desalojaron
definitivamente a los supuestos campesinos inva-
sores de las tierras de Suchitlán, no las merecían no
porque no las trabajaran, sino porque eran ajenos al
grupo: el ingeniero Apolinar Llamas Quezada "propu-
so a los señores Torres y Cárdenas; que si querían, él
les ayudaría a cambiarse a otro ejido en donde los
ejidistas se les parecieran [sic], no contestaron
nada". Después de muchos esfuerzos, y muchas
veces en contra de los funcionarios de la Delegación
de la Comisión Nacional Agraria y la Comisión Local
Agraria, los moradores de Suchitlán lograron desalo-
21 RAN. Colima. Expediente CM 013,002, municipio de Comala, ejido de Suchitlán.
Asunto dotación de ejidos. Del Comité Particular Administrativo de
Suchitlán al Presidente de la Comisión Nacional Agraria. Suchitlán, 12 de julio de
1924,
22 AGA. Estado de Colima, municipio de Comala, población de Suchitlán,
Clasificación 23/341. Acción dotación, legajo trabajos técnicos informativos. Del
Primer Ingeniero encargado de la Delegación en el estado de la Comisión Nacional
Agraria, a Teodoro Escalona, general en jefe de la 1%, Jefatura de
Operaciones Militares. Colima, 1 de julio de 1925.
23 AGA. Estado de Colima, municipio de Comala, población de Suchitlán.
Clasificación 23/341. Acción dotación, legajo trabajos técnicos informativos. Acta
de desalojo de los terrenos ocupados por los hermanos Torres y Cárdenas. Suchitlán,
16 de julio de 1925,
24 Ibid.
25 Ibid.
26 Ibid.
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Sociedades Rurales, Producción y Medio Ambiente | Año 2004, Vol. 5 Número 8 (95-
106)
jar a las familias de campesinos que no eran como
ellos.
Los "malmirados" mestizos
El miércoles 4 de diciembre de 1940 por resolución
presidencial se autorizó la primera ampliación al
ejido de Suchitlán, a 1,969 hectáreas. De la hacienda
de Nogueras se tomaron 1,135 y de la hacienda de
Los Colomos, propiedad de los sucesores del ex
gobernador de Colima Enrique O. de la Madrid, 834
hectáreas. Dicha ampliación comprendió los
potreros de La Lima y El Naranjal, que estaban ocu-
pados por 46 campesinos mestizos, que arrendaban
a la hacienda de Nogueras. Al pasar dichos potreros
a formar parte del ejido de Suchitlán, los 46
campesinos mestizos -quienes sufrirían la misma
suerte que los Torres y los Cárdenas- se negaron a
desalojar La Lima y El Naranjal.
No era una invasión. Una vez que los suchitlecos
recibieron los terrenos, decidieron que quienes
estaban allí debían salirse, aunque hubieran cons-
truido sus casas y tuvieran huertas plantadas. Se
trataba de desposeer a los campesinos de La Lima y
El Naranjal el producto de su trabajo de años.
Siguiendo el mismo discurso que los identificaba
como indígenas, y que "des-identificaba" (y descalifi-
caba) a los otros como no-indígenas, los de
Suchitlán pidieron a Jesús Santana Gallo, delegado
en Colima del Departamento Agrario, que impidiera
el ingreso de los 46 campesinos de La Lima y El
Naranjal a las tierras del ejido, porque eran ajenos a
su comunidad, y trataban de despojarlos de sus
tierras. ?
En 1944 la Delegación expidió 46 certificados para
que los campesinos de La Lima y El Naranjal pose-
yeran las tierras del ejido de Suchitlán,* los suchitle-
cos continuaron oponiéndose a que gente "extraña"
entrara a su grupo y se beneficiara de la tierra que a
ellos les correspondía. De allí que interpusieran un
amparo contra los actos del Presidente de la
República y del Delegado del Departamento
Agrario. Al primero lo demandaron por expedir cer-
tificados de derechos agrarios a los 46 campesinos
mestizos de La Lima y El Naranjal y, al Delegado, por
entregar los certificados al mismo grupo de
campesinos, y por pretender darles posesión de las
tierras del ejido de Suchitlán. La Suprema Corte de
la Nación concedió el amparo a los ejidatarios de
Suchitlán y ordenó al grupo de campesinos que ocu-
paban los terrenos del ejido que los desalojaran.?
En 1948, la Suprema Corte de la Nación dejó sin
validez los 46 certificados de derechos agrarios de
los campesinos de La Lima y El Naranjal.
Al delegado del Departamento Agrario le parecía
absurdo arrebatarles la tierra a quienes sí la trabaja-
ban, para dárselas a quienes por decreto les corres-
pondía pero que dejaban desatendidas, porque era
notorio el "estado de abandono, por parte de los eji-
datarios de Suchitlán, en que se encuentran las
tierras que se les concedieron en ampliación".* La
visión del mundo suchitleca -mantener el territorio
sin necesidad de usarlo- chocaba con la de los fun-
cionarios gobiernistas, quienes creían que los
suchitlecos estaban obligados, por fuerza, a poner a
trabajar las tierras que la federación les brindó. A los
suchitlecos no interesaba justificarse.
No era simplemente que los suchitlecos obtuvieran
por uno u otro método las tierras que luego no
querían compartir con los no-indígenas, sino que
aprovechaban toda una estructura crediticia con la
que asumían deudas pero, por la misma razón que
no trabajaban las tierras, no podían cubrirlas. Tocó a
la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos
Campesinos informar a Roberto Barrios, secretario
general de la Confederación Nacional Campesina,
que los indígenas de Suchitlán no trabajaban sus
tierras no porque se negaran a hacerlo, sino porque
estaban dedicados a otros quehaceres de igual
trascendencia para ellos:
En ese ejido [de Suchitlán] hay muchas
tierras que los beneficiados no cultivan, pues
ellos se dedican a la industria de la fabri-
cación de canastas y chiquihuites de carrizo,
concretándose a explotar las pequeñas huer-
tas que tienen a inmediaciones de sus casas y
en algunos otros lugares, en las que cultivan
cafetos, algunos frutales y legumbres, siendo
27 RAN. Colima. Expediente CM 013/005, municipio de Comala, ejido de Suchitlán.
Asunto dotación de ejidos. De J. Jesús Santana Gallo, Delegado del
Departamento Agrario, al jefe del Departamento Agrario. Colima, 19 de abril de
1944.
28 RAN. Colima, expediente CM 013,005, municipio de Comala, ejido de Suchitlán.
Asunto dotación de ejidos. De la Liga de Comunidades Agrarias y
Sindicatos Campesinos del Estado de Colima, a Roberto Barrios, Secretario General
de la Confederación Nacional Campesina. Colima, 19 de marzo de
1948.
29 RAN, Colima. Expediente CM 013/005, municipio de Comala, ejido de Suchitlán.
Asunto dotación de ejidos. Del Departamento Jurídico, al Secretario
General del Departamento Agrario, México, D. E, 28 de enero de 1949.
30 Véase, AGA. Estado de Colima, municipio de Comala, población de Suchitlán,
Clasificación 23/341, Acción dotación, legajo: "toca". De Jorge Paniagua
Salazar a Rodolfo Vélez Bañuelos. México, D, F., 17 de octubre de 1990.
31 RAN. Colima. Expediente CM 013/005, municipio de Comala, ejido de Suchitlán.
Asunto dotación de ejidos. De J. Jesús Santana Gallo, delegado del
Departamento Agrario, al Jefe del Departamento Agrario. Colima, 19 de abril de
1944,
Sociedades Rurales, Producción y Medio Ambiente | Año 2004, Vol. 5 Número 8 (95-
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muy escasas las siembras de maíz y frijol, que
son los cultivos más apropiados para esas
tierras; siendo este el motivo por el que tal
Comunidad, aunque sea penoso decirlo, no
ha podido cubrir los serios compromisos que
ha contraído con el Banco Nacional de
Crédito Ejidal.”
A los indigenas de Suchitlán les importaba mucho
más, que saldar deudas impagables, evitar la entrada
de extraños a sus recuperadas propiedades ejidales:
además de fabricar canastas y chiquihuites de carri-
zo, les interesaba por encima de todo defender su
territorio. Su vida tornaría a la tranquilidad si logra-
ban deshacerse de la presencia de los "malmirados
intrusos mestizos" que, según ellos, tanto daño
habían hecho a su comunidad.
La reiterada (y repetitiva) postura de los indígenas
de Suchitlán frente a los "no-indígenas" permite ver
cómo utilizaron su sentido de la territorialidad para
mantenerse en posesión de sus tierras. Pero sobre
todo muestra que la defensa de su territorio fue el
motivo visible que los suchitlecos manejaron en su
alegato epistolar, afirmaron: "la invación [sic] de
personas extrañas a la comunidad nos afecta sobre-
manera".»
Es útil traer a colación la aseveración de Sack de que
el concepto de territorialidad específica engloba la
visión de los que ejercen el control y de "los contro-
lados" porque la territorialidad también "incluye for-
mas de actuar [...], derechos legales sobre la tierra,
fuerza bruta o mental, normas culturales y prohibi-
ciones sobre el uso de áreas, formas sutiles de
comunicación tales como posturas corporales”
(Sack, 1997; 197). Sack está convencido que la terri-
torialidad en el tiempo presente, es una forma de
"definir las relaciones sociales", debido a que pro-
porciona el sentimiento de pertenencia a un grupo
determinado. Afirma que, antiguamente, los indivi-
duos usaban la territorialidad para "delimitar y
defender” su tierra (Sack, 1997: 204).
Desde la perspectiva de los indígenas de Suchitlán,
su territorialidad se encontraba seriamente ame-
nazada ante los "invasores" mestizos y ante Jas leyes
agrarias, y era cada vez más difícil "delimitar y
defender" sus tierras. Era frecuente que los de
Suchitlán y las autoridades de la Delegación del
Departamento Agrario discreparan. Los suchitlecos
no admitían a los campesinos de las rancherías de La
Lima y El Naranjal, y las autoridades agrarias de la
Delegación del Departamento Agrario, creían que lo
justo era que los 46 campesinos permanecieran
"donde construyeron sus casas y han vivido todo el
tiempo dedicándose al cultivo de las tierras que en
calidad de arrendatarios siempre han trabajado, y
tienen a la fecha huertas plantadas de árboles fru-
tales en plena producción" *
Prueba reiterada de que los suchitlecos preferían la
posesión de sus tierras a verlas trabajar, es lo que
afirmaron: querían "que sus tierras siguieran ociosas
a permitir que ellos [los 'otros'] entraran a cultivar-
las [...]”. Los no-indígenas, en respuesta a tanto rece-
lo y rechazo, se vieron "obligados a retirarse del
lugar juntamente con sus ganados, buscando ser
alojados en donde encuentren mejor ambiente
[sic]".* Los indígenas de Suchitlán cerraban así el
acceso a los individuos que no pertenecían a su
comunidad, al mismo tiempo de reforzar la perma-
nencia de los que estaban dentro de ella.
Es tiempo de recapitular. La historia agraria de
Suchitlán, puede apreciarse, estuvo llena de vicisi-
tudes. Los indígenas peleaban las tierras no sólo
porque necesitaran trabajarlas, sino porque
defendían su propio territorio, salvaguardando su
derecho a ejercer el control sobre el área heredada
de sus antecesores,* y estaban dispuestos a prote-
gerla con ahínco.
De allí el malentendido entre los suchitlecos y los
funcionarios del Departamento Agrario. Para estos
últimos, herederos de una cultura "occidentalizada",
era imperativo que las tierras expropiadas se traba-
jaran; para los suchitlecos, como hemos visto, basta-
ba poseer sus tierras -las dejaran en descanso abso-
32 RAN, Colima, expediente CM 013/005, municipio de Comala, ejido de Suchitlán.
Asunto dotación de ejidos. De la Liga de Comunidades Agrarias y
Sindicatos Campesinos del Estado de Colima, a Roberto Barrios, secretario general
de la Confederación Nacional Campesina. Colima, 19 de marzo de
1948
33 AGA. Estado de Colima, municipio de Comala, población de Suchitlán.
Clasificación 23/341. Acción dotación, legajo trabajos técnicos informativos. Del
Comisariado Ejidal de la comunidad Agraria de Suchidlán, al Delegado del
Departamento Agrario. Suchidán, 14 de abril de 1944,
34 RAN. Colima. Expediente CM 013,005, municipio de Comala, ejido de Suchitlán.
Asunto dotación de ejidos. De J. Jesús Santana Gallo, delegado del
Departamento Agrario, al Jefe del Departamento Agrario. Colima, 19 de abril de
1944.
35 RAN. Colima. Expediente CM 013,005, municipio de Comala, ejido de Suchidán.
Asunto dotación de ejidos. De la Liga de Comunidades Agrarias y
Sindicatos Campesinos del Estado de Colima, a Roberto Barrios, secretario general
de la Confederación Nacional Campesina. Colima, 19 de marzo de
1948.
36 RAN. Colima. Expediente CM 013,005, municipio de Comala, ejido de Suchitlán.
Asunto dotación de ejidos. Del Comisariado Ejidal de Suchitlán, al Jefe
del Departamento Agrario. Colima, 27 de agosto de 1956,
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Sociedades Rurales, Producción y Medio Ambiente | Año 2004, Vol. 5 Número 8 (95-
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luto o no- así evitaban que los mestizos las culti-
varan. Para los suchitlecos era crucial sentirse
dueños del suelo que pisaban y, siguiendo sus COs-
tumbres ancestrales, protegerlo de extraños para
pasarlo de mano en mano a sus sucesores: el área
geográfica que los suchitlecos dominaban tenía que
ver con factores de acceso al propio grupo, "a [sus]
elementos y a [sus] actividades" (Sack, 1997: 203).
Las palabras de Vaughan pueden ayudarnos a enten-
der este problema. "Las formas en que percibimos,
valorizamos y ocupamos el espacio físico", nos dice,
"están conformadas por nuestras comunidades
espacialmente organizadas [...] y sitios dentro de
ellas que nos socializan, crean significado simbólico
y articulan relaciones desiguales de poder. Estos
sitios pueden ser instituciones |[...] u otros lugares
de interacción social [...]" (Vaughan, 1999: 277). La
categoría de "espacio" según la entiende esta histo-
riadora, conlleva el significado "simbólico" de un
lugar determinado, como las tierras comunitarias
que los suchitlecos consideraban propias desde
tiempos inmemoriales. Y, por lo tanto, dignas de ser
tratadas como a ellos parecía prudente (coincidiera
esto o no con las políticas emanadas de los for-
jadores de la reforma agraria local y nacional). Las
tierras suchitlecas, durante siglos lugar de inte-
racción social para sus habitantes, debían ser prote-
gidas de extraños. Trabajarlas era otro asunto.
De ahí que los suchitlecos rechazaran a campesinos
que no fueran indígenas como lo eran ellos. Sólo así
puede entenderse su empeño —visto desde fuera
como "injusto" o "inexplicable" por expulsar de su
ejido a todos aquellos "intrusos" que trabajaban la
tierra, sus tierras. Los suchitlecos asentaron de ma-
nera tajante: "no permitiremos que [a] personas
extrañas a nuestro poblado, o sean los mestizos, se
les permita el ingreso a nuestro Ejido. [...] ya que
nuestro pueblo de raza indígena cuenta en su seno
a verdaderos campesinos indígenas que siempre
hemos sido burlados y humillados por los
blancos".*
El discurso de los suchitlecos hacía referencia a la
sangre indígena que corría por sus venas y a la pro-
tección de sus intereses ante la presencia de
extraños: "este pueblo es fundado desde antes de la
venida de los conquistadores, siempre hemos esta-
do unidos y trabajando conforme a nuestras posibi-
lidades económicas, pero todos estamos dispuestos
a seguir defendiendo las tierras que originalmente
pertenecieron a nuestros antepasados".* Palabras
importantes que permiten entender cómo los indí-
genas de Suchitlán usaron su sentido de la territo-
rialidad para mantenerse en posesión de sus tierras.
Confiaban los suchitlecos en el gobierno federal,
aunque por experiencia dudaban de la entereza de
sus representantes en Colima, o de las fuerzas mi-
litares estatales. Ellos obedecían a un gobierno que
les otorgaba el beneficio de la tierra: tierra que
heredaron de sus antepasados y que les corre-
spondía par derecho propio, porque no estaban dis-
puestos a que los mestizos, los de razón o los blan-
cos, las usufructuaran: la tierra de Suchitlán era de y
para los indígenas desde tiempos inmemoriales.
Conclusiones
La historia de Suchitlán está teñida de conflictos por
la tierra con las comunidades vecinas, con los
grandes propietarios de la región y con las autori-
dades agrarias dentro y fuera del estado de Colima.
Pero no hay que olvidar un hecho innegable: los
suchitlecos "perdieron" lo que heredaron de sus
ancestros porque vendieron sus terrenos a los
dueños de las haciendas vecinas: San Antonio y
Nogueras. Cuando el 6 de enero de 1915 se publicó
la Ley Agraria con la que Venustiano Carranza pro-
puso reintegrar a las comunidades indígenas la
tierra que habían perdido, los suchitlecos buscaron
recuperarla, olvidando sus compromisos de com-
pra-venta con los hacendados.
Pero revertir un proceso tan complejo no era cosa
tan sencilla ni podía realizarse de un día para otro.
Tampoco bastaba que se publicara una ley: había
que seguir procedimientos. Por ello se creó en la
capital de la República la Comisión Nacional Agraria.
Pero mientras esta Comisión entraba en funciones,
un general muy revolucionario, que también fue
gobernador del estado de Colima, llevó a la práctica
lo que la Ley Agraria estipulaba en teoría.
Como bien sabemos, en cuestiones de amor y de
terrenos los papeles no aseguran las cosas para
siempre. En 1923, unos campesinos mestizos, resi-
dentes en comunidades vecinas, invadieron tierras
suchitlecas. Los indígenas los desalojaron, aunque
las autoridades agrarias nacionales se opusieron a
sus acciones. El conflicto entre campesinos mestizos
37 RAN. Colima. Expediente CM 013,005, municipio de Comala, ejido de Suchitlán,
Asunto dotación de ejidos. Del Comisariado Ejidal de Suchitlán, a Miguel
Alemán Valdés. Suchitlán, 4 de diciembre de 1947.
38 RAN Colima, Expediente CM 013,005, municipio de Comala, ejido de Suchidán,
Asunto dotación de ejidos. Del Comisariado Ejidal de Suchitlán, al Jefe
del Departamento Agrario. Colima, 27 de agosto de 1956.
Sociedades Rurales, Producción y Medio Ambiente | Año 2004, Vol, 5 Número 8 (95-
106)
y ejidatarios indígenas muestra que el sentimiento
de territorialidad llevó a los indígenas de Suchitlán a
conducirse como un grupo indisoluble.
En otras palabras, la defensa de su territorio les per-
mitió a los suchitlecos definir mejor su identidad.
También los facultó a reducir a sus enemigos a la ca-
lidad de no-indígenas. Para los suchitlecos, los
campesinos "invasores" representaban todo lo que
ellos no eran. Es decir, para los suchitlecos, su iden-
tidad dependía históricamente de su vínculo con la
tierra y esto lo sabían gracias a su memoria oral,
transmitida de padres a hijos durante siglos. Por eso
para ellos era crucial diferenciarse de los "otros": los
forasteros, los que no habían vivido allí durante cen-
turias como ellos, los que podían quitarles no sólo
las tierras sino los últimos vislumbres de su identi-
dad comunal.
Lo que dejó perplejos a los funcionarios de la
Comisión Nacional Agraria fue que lejos de obede-
cer el eslogan gubernamental (algunos lo conocen
como zapatista) que rezaba "la tierra es para quien la
trabaja", los suchitlecos decidieron mantener la
tierra desocupada antes que verla cultivada por
manos "extranjeras", es decir, mestizas. En eso con-
sistía su propia visión del mundo. Suchitlán es un
ejemplo diáfano de la miopía de la Reforma Agraria
mexicana. El reparto de tierras (se le llamara o no
"restitución de tierras”) se llevó a cabo desde una
perspectiva centralista. La Reforma Agraria, como
política emanada del Estado revolucionario, se
aplicó a todo el país sin atender las peculiaridades (y
diferencias) de las regiones, o sin prestar atención a
las necesidades de las comunidades particulares.
De ahí que no deba sorprender que, como política,
la Reforma Agraria se opuso (y no sólo en Colima) a
las costumbres de siglos de los habitantes de zonas
particulares, y a los usos (o falta de usos) que ellos
daban a sus tierras comunales. Resultaba incom-
prensible para los planeadores de las políticas
agrarias nacionales, que para los indígenas la tierra
no fuera meramente un medio de subsistencia, sino
un espacio territorial cerrado a forasteros.
El caso de Suchitlán representa una gran lección no
sólo para los hacedores de la política, sino para los
historiadores vislumbrados por los eslóganes guber-
namentales: los indígenas peleaban las tierras por
razones particulares que poco o nada tenían que ver
con los grandes planes de la política agraria
nacional. En Suchitlán, cuando los lugareños lucha-
ban por sus tierras era porque ellos consideraban su
deber arrebatárselas a sus ilegítimos dueños. Los
suchitlecos buscaban salvaguardar su derecho
inalienable de controlar a su antojo el área que
habían heredado de sus mayores, quienes la habían
poseído durante siglos.
De ahí que los suchitlecos rechazaran, dentro de su
territorio, a campesinos que no fueran indígenas
como ellos. Sólo así puede entenderse su empeño -
que si se ve desde fuera puede considerarse "injus-
to" o "inexplicable*- por expulsar de su ejido a todos
aquellos "advenedizos” que trabajaban la tierra pero
que no eran indígenas. Casi desde inicios de la déca-
da revolucionaria, los representantes locales del
Estado mexicano consideraron a Suchitlán como un
territorio específico sobre el cual podían ejercer
control político. Un territorio que no debería estar
ya bajo el dominio de los hacendados de la comar-
ca, sino en manos del propio gobernador en turno.
Por eso no debe asombrar que el gobernador Juan
José Ríos formara en Suchitlán el primer ejido den-
tro del estado de Colima,
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106 Sociedades Rurales, Producción y Medio Ambiente | Año 2004, Vol. 5 Número 8
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Referencias
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