Redoma
Número 6, octubre-diciembre 2022
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Sebastián Preciado Rodríguez Arturo Gutiérrez Luna
Carlos Hinojosa Óscar Édgar López Gabriel Luévano
Gurrola Daniel Martínez López Daniel Alejandro Nava
Ortega Rubí Frausto Troncoso Ana Gloria García Jáuregui
Dulce María García Mireles Norma Márquez Puentes Ana
Lucía Rivera Sánchez Daniel Sánchez Hernández Hilda
Ruiz Muñoz Brenda Ortiz Coss Mauricio Moncada León
Manuel Pasillas Patricia Ortiz Lozano Eudoro Fonseca
Yerena Rafael Aragón Dueñas Roberto Bravo Manuel R.
Montes Víctor Herrera David Rodríguez Sánchez
Cuota de recuperación: $60.00
Redoma
Revista de la Unidad Académica de Letras de la Universidad Autónoma de Zacatecas
Número 6, octubre-diciembre 2022
Rector Dirección
Rubén de Jesús Ibarra Reyes Mónica Muñoz Muñoz
Secretario General Coordinación
Ángel Román Gutiérrez Alejandro García
Secretario Académico Edición y diseño
Hans Hiram Pacheco García José Antonio Sandoval Jasso
Director de Investigación y Posgrado Cuerpo de árbitros
Carlos Francisco Bautista Martha Cecilia Acosta Cadengo
Javier Acosta
Directora de la Unidad Académica de Letras José Enciso Contreras
Mónica Muñoz Muñoz Carmen Fernández Galán
Maritza M. Buendía
Consejo editorial Alberto Ortiz
Beatriz Arias Álvarez (UNAM) Fernando Rodríguez Guerra
Roger Chartier (L’EHESS) Isabel Terán Elizondo
Carlos Lomas (CPR Gijón) Mariana Terán Fuentes
Amparo Tusón Valls (UAB) José Carlos Vilchis Fraustro
Comité editorial Redacción y logística
Teresa Ivonne Barajas Sandoval Francisco Leonardo Arce Del Valle
Imelda Díaz Méndez Alejandra Bernardette Camarillo Quiñónez
Estela Galván Cabral Karla Paola Lechuga Gaytán
Cynthia García Bañuelos Mitzi Jocelyn Mier Ibarra
Edgar A. G. Encina Christian Alied Morales Ordoñez
Filiberto García de la Rosa Daniel Alejandro Nava Ortega
Juan José Macías Alondra Rosales Gómez
Valeria Moncada León Adriana Ximena Salazar Miranda
Priscila Morales Moreno Luis Mario Alfonso Silva Gurrola
Nydia Leticia Olvera Castillo Verónica Alejandra de la Torre Cervantes
Sebastián Preciado Rodríguez
Flor Nazareth Rodríguez Apoyo técnico editorial
Beatriz Elizabeth Soto Bañuelos Montserrat García Guerrero
J. Turpy
Redoma año 2, número 6, octubre-diciembre 2022 es una publicación trimestral de la Unidad Académica de Letras de la Universidad
Autónoma de Zacatecas «Francisco García Salinas». Domicilio: Jardín Juárez 147, Centro. C. P. 98000. Zacatecas, Zacatecas, México.
Teléfono: (492) 924 19 16. Correo electrónico: <redoma@[Link]>. Editor responsable: Mónica Muñoz Muñoz. Reserva de De-
rechos al Uso Exclusivo: 04-2022-102413394800-102. ISSN electrónico: En trámite, ambos otorgados por el Instituto Nacional del
Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: José Antonio Sandoval. Avenida Preparatoria s/n, Fracciona-
miento Progreso. C. P. 98060, Zacatecas, Zacatecas, México. Teléfono: (492) 924 19 16. Fecha de última modificación: 15 de diciembre
de 2022.
Se autoriza cualquier reproducción parcial o total de los contenidos de la publicación, incluido el almacenamiento electrónico, siem-
pre y cuando sea sin fines de lucro, citando invariablemente la fuente sin alteración del contenido y dando los créditos autorales.
Después encerró en redomas transparentes y de una materia
nunca vista gérmenes de cosas inmateriales e intangibles,
pasiones, deseos, facultades, virtudes, principios de dolor y de
gozo de muerte y de vida, de bien y de mal. Y todo lo subdividió
en especies, y lo clasificó con diligencia exquisita poniéndole un
rótulo escrito a cada una de las redomas.
Gustavo Adolfo Bécquer
Ya no llueve en tu olvido, ni siquiera
en tu pobre redoma o en las tapias,
aunque el pasado está escondido y lejos
no tienes más remedio que mirarlo.
Mario Benedetti
Un día que salió a misa se encontró a un pordiosero, tan viejo,
jorobado, feo y porfiado, que le empachó y no le quiso dar
limosna. El pobre, para vengarse, le tiró un piojo; la Princesa, que
nunca había visto tan asquerosa sabandija, se lo llevó a palacio,
lo metió en una redoma y lo crió con sopitas de leche, con lo que
se puso tan gordo que no cabía en la redoma. Entonces la Princesa
lo mandó matar, curtir su piel, y con esta que le hiciesen una
pandereta y ponerla el aro de hinojo.
Fernán Caballero
Contenido
7 Presentación
Ensaye
9 Un Cuarteto de «Letras»
Sebastián Preciado Rodríguez
16 Seis estéticas de López Velarde
Arturo Gutiérrez Luna
21 «3 Doritos después»: los anuncios
comerciales como textos narrativos
Carlos Hinojosa
Escancie
28 El gore en la literatura
Óscar Édgar López
31 La risa y el títere: el cuerpo y el texto
monstruosos en tres relatos de Sergio Pitol
Gabriel Luévano Gurrola
38 Octavio Paz: la transparencia del instante
Daniel Martínez López
42 Danza con el viento nocturno: Carmilla y
La muerta enamorada
Daniel Alejandro Nava Ortega
Alambique
47 La noche, cómplice del proceso creativo
Rubí Frausto Troncoso
49 A los ojos de la lluvia
Ana Gloria García Jáuregui
51 Dos mujeres lectoras en Al filo del agua y
Las tierras flacas
Dulce María García Mireles
55 ¿Utopía en Minecraft? Una comparación
entre los modelos utópicos de Tomás Moro en las
sociedades de NPC en el videojuego Minecraft
Norma Márquez Puentes
57 Ulises: la triada mitológica
Ana Lucía Rivera Sánchez
61 En la noche
Daniel Sánchez Hernández
Arbitraje
62 La novela histórica mexicana del siglo
XIX sobre la Inquisición y su ejercicio de
consolidar el proyecto de nación
Hilda Ruiz Muñoz
Alquimia
78 La piel del otoño
Brenda Ortiz Coss
79 Antes del amanecer
Mauricio Moncada León
81 Emma
Manuel Pasillas
84 26 de noviembre
(árbol de sangre)
Patricia Ortiz Lozano
86 Dulce Madre
Eudoro Fonseca Yerena
Retorta
88 Problemas intestinales
Rafael Aragón Dueñas
90 Tía Amalia
Roberto Bravo
93 Call of Duty
Manuel R. Montes
Destile
Dodecamerón, cuentos (a caballo) para pasar todo el año
99 Lecciones de literatura con Alejandro García
Víctor Herrera
Mexamérica. Una cultura naciendo…
104 Memoria e identidad
David Rodríguez Sánchez
Pipeteo/ Dossier
108
Vidas paralelas
115
Receptáculo
118
Presentación
Redoma alcanza el número 6. Así conforma un mapa inconcluso (esperemos que la ventura nos
acompañe al 666, por lo menos); pero a la vez permite ver las partes y el todo (aunque el acerca-
miento sea siempre provisional). Quizás a la manera de la isla de Minguer que Orham Pamuk le-
vanta en el Mediterráneo entre Grecia y Alejandría, primero bajo dominio turco y después en goce
de independencia, la comunidad de la Unidad Académica de Letras de la Universidad Autónoma
de Zacatecas puede mostrar alguna cara del poliedro que es y ha sido la isla en esos mares de los
cuatro puntos cardinales. O tal vez sea un holograma generoso que nos permita aquilatar las pro-
yecciones del pensamiento complejo.
Con este número concluimos el año de 2022. En enero nos espera el enigmático 7. De octubre
a diciembre estarán en estas páginas las líneas de autores docentes, alumnos, egresados, amigos y
cómplices de los campos del lenguaje y de la literatura. Claro, la realidad es la totalidad, la que rige
y se deja examinar, cercar, interpretar, aunque también se escape siempre.
Sebastián Preciado Rodríguez nos trae a cuenta a Ramón López Velarde y algunos compañeros
de ruta, en su momento y ahora, que no es lo mismo. Arturo Gutiérrez Luna nos entrega el texto
que mereció la mención honorífica en el certamen de ensayo que en homenaje al poeta jerezano se
celebró el año pasado en nuestra universidad. Carlos Hinojosa parte de los «Doritos» y se adentra
en el mundo de las nuevas garras narrativas de la publicidad.
Óscar Édgar López, Gabriel Luévano Gurrola, Daniel Martínez López y Daniel Alejandro Nava
Ortega se meten a caballo con el gore, las obras de Sergio Pitol, Octavio Paz y el relato fantástico.
El común denominador es desentrañar cómo los autores van más allá del alcance de las interpre-
taciones teóricas, como Bajtin o Zambrano, y nos entregan obras donde la diferencia está dada
por la construcción y el resultado estéticos: la verdadera zanahoria en asuntos literarios que nunca
alcanza el conejo teorizador. Eso sí, le da la gracia de la gloria interpretativa al lector.
Los alumnos en activo combaten desde muy diversas trincheras, aula puede ser o cualquier
terruño, en las que habitan, si bien podemos decir ahora que lo hacen desde el ensayo y la na-
rración. Rubí Frausto Troncoso arranca de un ensayo de Salvador Elizondo y une noche y cuerpo
para explorar el proceso creativo, esa extraña necesidad que no puede ejercerse sin esa habitación
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propia que debe ser el cuerpo. Ana Gloria García Jáuregui narrativiza la lluvia, la hace correr frente
al lector, mientras un personaje mira lo que se mueve enfrente de sus ojos en una orilla de un café
que por él es posible. Dulce María García Mireles encuentra mujeres lectoras en aquellos pueblos
de «mujeres enlutadas» de Agustín Yáñez, un camino a la redención. Norma Márquez Puentes,
en estos días de Reales pompas fúnebres, junta a Utopía y el videojuego, en una juguetona jorna-
da entre apocalípticos e integrados, cuando el destino ya nos alcanzó. Ana Lucía Rivera Sánchez
se mete al Ulises y lo atraviesa en sus carnes míticas, dichas o no dichas, y acompaña a Bloom en
su centenario. Cierra esta sección Daniel Sánchez Hernández y la redondea con la noche, en este
cuento no en busca de la creación, sino de la adecuada altura para zambullirse en el misterio de la
nada o el reencuentro.
Hilda Ruiz Muñoz examina la novela mexicana del siglo diecinueve, rastrea a la Inquisición y
busca el lado opuesto: el constructivo, destino del hombre junto a un proyecto colectivo, la nación.
En este número 6 contamos con una peculiar muestra de poesía: dos parejas que se han hecho
y crecido antes de comenzar la transformación en convivencia, destinos literarios propios, sin de-
berse nada por prebendas, voces consolidadas en la creación poética mexicana: Brenda Ortiz Coss
y Mauricio Moncada León, Patricia Ortiz Lozano y Eudoro Fonseca Yerena. Y en medio de ellos la
novísima voz del poeta Manuel Pasillas, una poesía que debe ser (per)seguida.
En narrativa abre el joven zacatecano Rafael Aragón Dueñas con el rudo encuentro entre un
impetuoso burro y un hombre de navaja en mano. Después viene el viejo lobo de mar Roberto
Bravo, que ahora vive en Escocia, y esas tercas herencias de las tías más querendonas. Y cierra
nuestro compatriota Manuel R. Montes, residente en Estados Unidos, con un juego que practica
un adolescente frente a una pantalla y una preocupación del padre por los hijos, todo en tiroteo
que rebasa el juego y se logra por el lenguaje que pega en el blanco preciso.
Cierran el número Víctor Herrera, David Rodríguez Sánchez con comentarios sobre libros y vein-
tiocho autores (Edgard Cardoza Bravo, Elena Bernal, Edgar A. G. Encina, Carlos Hinojosa, José An-
tonio Sandoval Jasso, Ezequiel Carlos Campos, Cuauhtémoc Flores Ríos, Rocío Yasmín Bermúdez
Longoria, Cynthia García Bañuelos, Mónica Muñoz Muñoz, Sonia Ibarra Valdez, Arely Valdés, Sara
Andrade, Marco Antonio Flores Zavala, Citlalli Luna Quintana, Norma Angélica Andrade Haro,
Imelda Díaz Méndez, Estela Galván Cabral, Sergio Espinosa Proa, Filiberto García, Víctor Herrera,
Carlos Ríos Martínez, Jesús Gibrán Alvarado Torres, Alberto Avendaño, Alondra Rosales, Adolfo
Luévano, Alejandro García, J. Turpy) que manifiestan su minimalista decir sobre «El mejor cuento
del mundo», un rápido muestreo de qué lecturas prefieren tan relevantes lectores.
Como la isla de Minguer, producto de la pluma de Pamuk, este número 6 lo levantan en la nie-
bla, en el aviso del frío, en las zacatecanas noches rojas de septiembre y las lunas de octubre, estos
autores que hacen el número y reacomodan la comunidad —ciudad invisible, dixit Calvino— de
la Unidad Académica de Letras de la Universidad Autónoma de Zacatecas. O como dijo aquel, por-
que convendremos en que esto no se queda aquí: hasta el infinito y más allá.
Alejandro García
Coordinador
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Ensaye
Un Cuarteto de «Letras»
Sebastián Preciado Rodríguez
Es el mes de abril de 1853, José León de la Trinidad Francisco de Guadalupe López Morán veía la
luz primera en Paso de Sotos1 (Villa Hidalgo), Jalisco. Su segundo apellido fue modificado con el
tiempo al amparo de circunstancias por las que a un pariente de ocupación minero apodaban «el
velarde», de esta manera al Morán materno se interpuso, para luego asumirse, el definitivo «Ve-
larde».2 Al paso del tiempo José León de la Trinidad Francisco de Guadalupe López… «Velarde»
llegó como abogado a la ciudad de Jerez, en Zacatecas, donde conoció a la joven María Trinidad
Berumen Llamas, de apenas dieciséis años de edad, con quien contrajo matrimonio. El 15 de junio
de 1888 tomaba entre sus brazos al primogénito de sus nueve hijos: Ramón Modesto López Velar-
de Berumen.
(a) Musa de mi pesar, por un momento
a la sombra de este árbol corpulento
déjame reposar;
cesa de herir mi pobre pensamiento
con el azote rudo del pasado.
Ensaya otro cantar nuevo y sencillo
1
En este lugar se encontraba la hacienda La Labor que tomó relevancia al conocerse como «Paso de Carretas» por el
tránsito comercial de y hacia Aguascalientes, luego se le llamó Paso de Esparza; con la toma de posesión de sus nuevos
propietarios, los hermanos de apellido Soto, españoles, asumió el nombre de Paso de la Santísima Trinidad de Los So-
tos, que se redujo según las disposiciones de Juárez para quedar simplemente como Paso de Sotos. Se dice que cuando
Hidalgo sufrió la derrota de Puente de Calderón se refugió durante la noche en Paso de Sotos, por lo que en recuerdo
de ese acontecimiento, a partir de 1922, se le registró oficialmente con el nombre actual.
2
Una de las investigaciones en torno a la familia del poeta de Jerez sugieren que Mateo López, el mayor de los herma-
nos de don José León de la Trinidad, figuraba como personaje importante de una mina, dentro de la cual también se
encontraba otro, curiosamente con nombre similar de Mateo López. El tío del poeta se agregó el mote de «el velarde»
para identificarse y evitar confusiones, pero la costumbre se hizo ley y el apellido Velarde adquirió tono de legalidad
junto con el de López como una tradición de familia.
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que huela a limonero y a tomillo
y tenga la frescura del granado.
[…] Entona dulcemente
en nueva lira la canción bucólica,
olvida tu dolor, alza la frente,
alegra tu mirada melancólica…
vamos, musa del alma, no vaciles,
roba a la aves su gorjeado acento,
su arrullo al agua, su cadencia al viento
y ensaya los idilios pastoriles.
[…] Vamos, Musa, sigamos el camino…
nos empuja la mano del destino.
Suspende tu cantar,
recojamos la alforja y el callado…
es forzoso marchar!
Al dejar este sitio embalsamado
languidece mi espíritu cobarde…
más tarde volveremos…
no llores… caminemos… caminemos…
volveremos más tarde!...
En ese entonces el cuidado de la parroquia de Jerez estaba a cargo de fray José Guadalupe de Jesús
Alba y Franco quien concedió autorización al padre Inocencio, tío del infante Ramón, para que lo
bautizara. Fray José Guadalupe era originario (1841) de la comunidad Río de los Vázquez, en Unión
de San Antonio, Jalisco, estuvo al frente del curato jerezano aproximadamente de 1885 a 1896. En
1899 fue nombrado obispo de Yucatán pero por cuestiones de salud no pudo desempeñar la enco-
mienda, sin embargo, al año siguiente recibió nombramiento para hacerse cargo de la diócesis de
Zacatecas como su cuarto obispo, ministerio que ejerció de 1900 a 1910, año de su fallecimiento.
Fray José Guadalupe contaba con un sobrino: Amando Juventino, nacido en Encarnación de
Díaz, Jalisco (1881), que con frecuencia visitaba a su tío en Jerez, incluso se estima que vivió en
este lugar por un periodo de dos años seguidos. Amando ingresó al seminario en Aguascalientes y,
entre muchas cualidades, dio muestras de su habilidad y don como poeta. En el seminario conoció
y fue apenas condiscípulo de Ramón, el de Jerez, pero a través del tiempo mantuvieron una firme
amistad, como lo muestra el «Poema de vejez y de amor» y su final «Envío» que en 1909 el bardo
jerezano le dedicara.
Dentro del seminario en Aguascalientes, Amando Juventino formó parte de una asociación litera-
ria que exigía el conocimiento de los clásicos latinos, con la puesta en práctica de trabajos personales
que reflejaran las características de los modelos, de ahí que contó con las herramientas necesarias para
que sus poemas fueran publicados, entre otros medios, en El Observador y en La Provincia, del escritor
y periodista Eduardo J. Correa, así como el merecido reconocimiento por sus composiciones.
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Ordenado sacerdote (1905), sus variados destinos le permitieron conocer personas, lugares,
costumbres (Nochistlán, San Sebastián, varias parroquias en Guadalajara; Tlaquepaque y la in-
olvidable estancia en Arandas), que luego reflejaría en sus poemas; fue maestro en el Seminario
de Guadalajara y dio muestras de su oratoria al reconocérsele como predicador tanto en la tierra
propia como en las diócesis vecinas a las del estado de Jalisco. Hacia el final de su itinerario llegó a
Paso de Sotos para ocupar la cátedra sagrada durante el novenario patronal, pero una enfermedad
(la pulmonía invernal de finales de enero) le hizo interrumpir su programa y sucumbir en dicho
lugar ante la falta de medicamentos. Una compilación de sus poemas se debió al P. José Rosario
Ramírez y fue publicada en 1976 con el título El alma de las cosas y otros poemas, aunque a la muerte
del padre Amando (1942) Eduardo J. Correa dio a conocer en un sencillo libro Los poemas de Aman-
do J. de Alba.3
(b) Era la hija única
del Organista de la Parroquia.
Yo era un seminarista en vacaciones;
y en íntimas divagaciones,
y en más de alguna vez
la hallaba yo parecida
con Santa Eduwigis
o Santa Inés.
Por su lírica genealogía
más natural parecía
llamarla Santa Cecilia;
pero no pulsaba el clave.
¡Quién sabe
si ello sería
por ser Ella una melodía!
Su perfil me recordaba
el de María Antonieta.
Yo ante Ella casi me sentía poeta…
¿No es acaso una concreta
lágrima la poesía?
[…]
Ya he vuelto a mi Seminario.
El Señor Rector se empeña
en que vista la sotana
3
Sus poemas habían aparecido en diferentes medios e incluso hubo varias ediciones: en Guadalajara el editor Fortino
Jaime publicó, en 80 páginas aproximadamente, El alma de las cosas (1918); una segunda edición, titulada El alma de
las cosas, poesías varias, la realizó en 1932 la Editorial Font, y una tercera (salvo la compilación de Eduardo J. Correa
de 1942) fue preparada por el P. J. Rosario Ramírez en 1976 con el título El alma de las cosas y otros poemas. En 2006,
Amateditorial realizó una (re)edición conjunta de las publicaciones de 1918 y 1976 con el título de esta última.
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y a que piense en la tonsura;
puesto de que ya figura
mi nombre en los de la lista…
…
Más yo pienso en la hermosura
de la hija del Organista.
Ramón había ingresado al seminario en Guadalupe, Zacatecas, pero debido al cambio de residen-
cia de su padre hacia Aguascalientes, llegó al seminario de este lugar, donde conoció al escritor y
periodista Eduardo J. Correa y al compañero Amando Juventino de Alba, que estaba a punto de
marchar al seminario de San José, en Guadalajara, para terminar sus estudios. Al regresar por va-
caciones a su pueblo natal, Jerez, tuvo la fortuna de que el padre Reveles descubriera su verdadera
vocación y le recomendara abandonar el seminario. De esta manera, ya en el Instituto de Ciencias,
se integró poco a poco al equipo de Enrique Fernández Ledesma, Saturnino Herrán, Manuel M.
Ponce, José Villalobos Franco, Pedro de Alba…
En Guadalajara, Amando Juventino se encontró con recuerdos vivos de Alfredo (R) Placencia,
quien hacia finales de siglo había terminado sus estudios y formado parte del grupo de poetas y
literatos en el seminario, y que después de haber sido ministro en Nochistlán y en Apulco (Zacate-
cas), en Bolaños y en San Gaspar de los Reyes (Jalisco), ejercía su ministerio por ese tiempo en la
Parroquia de Jesús (1905), en la capital del estado.
(c) Si yo jamás hubiera salido de mi villa,
con una santa esposa tendría el refrigerio
de conocer el mundo por un solo hemisferio.
Tendría entre corceles y aperos de labranza,
a Ella, como octava bienaventuranza.
Quizás tuviera dos hijos, y los tendría
sin un remordimiento ni una cobardía.
Quizás serían huérfanos, y cuidándolos yo
el niño iría de luto, pero la niña no.
¿No me hubieras vivido, tú, que fuiste una aurora,
una granada virgen de virginales gajos,
una devota de María Auxiliadora,
y un misterio exquisito con los párpados bajos?
[…]
Quiero otra vez mis campos, mi villa y mi caballo
que en el sol y en la lluvia lanza a mitad del viaje
su relincho, penacho gozoso del paisaje.
[…]
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Corazón: te reservo el mullido descanso
de la coqueta villa en que el señor mi abuelo
contaba las cosechas con su pluma de ganso.
La moza me dirá con su voz de alfeñique
marchándose al rosario, que le abrace la falda
ampulosa, al sonar el último repique.
Luego resbalaré por las frutales tapias
en recuerdo fanático de mis yertas prosapias.
Y si la villa, enfrente de la jocosa luna,
me reclama la pérdida de aquel bien que me dio,
sólo podré jurarle que con otra fortuna
el niño iría de luto, pero la niña no.
En las primicias del siglo, en Lagos de Moreno, Jalisco, un grupo de intelectuales, contagiados por
la cultura, integraron un frente que pronto señalaría caminos y marcaría rutas firmes hacia des-
tinos interesantes, la Generación de 1903: Lauro Gallardo, Antonio Moreno y Oviedo, el doctor
Bernardo Reina, José Becerra, el doctor Mariano Azuela y el egresado de la Escuela de Farmacia:
Francisco (Pancho) González León.
Se acostumbraban reuniones de convivencia espontáneas, sin ritos, sin reglas: la libre volun-
tad de compartir y convivir. En aquella ocasión una treintena de caracteres disímbolos unidos
por el afán de saber y conocer de los demás, dio voz a los ideales de don Antonio Moreno y
Oviedo para proponerles la realización de una «confrontación» literaria, una «justa de letras».
Los primeros Juegos Florales, anunciados por aquí y por allá, condecoraron a Mariano Azuela y
exhibieron el don poético de Francisco González León.
Este último, nacido en septiembre de 1862, hasta cuando contaba ya con cuarenta años dio a
conocer algunas de sus composiciones literarias en las revistas Kalendas y en Notas y Letras que el
mismo grupo generacional había formado. En 1908 reunió parte de su producción y publicó sus
primeros libros: Megalomanías, luego Maquetas, mismos que tiempo más tarde llegaron a manos
de Pedro de Alba en Aguascalientes, quien junto con Ramón López Velarde prestó atención a su
lectura y análisis, ya que los comentarios de los «especialistas» no habían sido benévolos. López
Velarde dijo, sin ocultar cierto regocijo: «Estas cosas solamente González León las hace; son sen-
cilleces de Francis Jammes y elegancias de Samain, son finuras francesas; vamos a ver qué dice la
plebe literaria de todas estas raras bellezas…».
A esas «raras bellezas» López Velarde las tomaría en sus composiciones pero pulidas y con el
toque de su don privilegiado. No obstante la crítica, los poemas de González León aparecían en
diversos medios; con el tiempo, revistas y periódicos de la capital y otras partes del país, así como
algunas antologías, mostraban al poeta de Lagos. Los mismos detractores del principio habían mo-
dificado sus apreciaciones y encontraban la provincia en todo su realismo a pesar de que el poeta
de Lagos se fijaba solamente en espacios cercanos a su casa, al convento y al templo parroquial.
El siguiente libro, Campanas de la tarde, sería preparado en su selección y título por López Velar-
de y Pedro de Alba; finalmente De mi libro de horas exhibiría la experiencia y la percepción que las
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recomendaciones de sus conocidos habían sugerido. González León, sin haber salido de su tierra,
dejaba de existir en marzo de 1945. Desde 1908 hasta la muerte de López Velarde (1921), hubo
mucha comunicación epistolar entre ellos pero nunca un encuentro personal. Es probable que su
acercamiento se haya debido a Eduardo J. Correa o tal vez a Pedro de Alba.
(d) Díjele a la peña muda, estoica y fría,
que el mar golpeaba; «¿No sabes odiar?
Yo, en el caso tuyo, juro que odiaría.
¿Por qué el mar te azota? ¿No más por ser mar?».
Y dijo la peña que el mar golpeaba:
«Cállate boca, no vuelvas a hablar.
Deja que me azote, ¿no ves que me lava?
El mar que no azota, no sabe lavar».
Y le dije a la peña: «Gracias, peña mía,
que a pensar me pones lo que ya sabía.
Si el dolor me tiene que purificar,
voy a ser un alma muda, estoica y fría.
No volveré a hablar».
El padre Placencia era natural de Jalostotitlán, Jalisco (1875). Desde pequeño tuvo por costumbre
vivir pobre y al paso de los años el dolor sería su compañero de vida. Tenía el don de cantar sus
pesares, «soy dolor que canta» lo dijo en un poema y, sin alejarse de sus obligaciones para con los
fieles, desahogaba sus penas en el papel que sin reproche le daba espacio a la tinta y las lágrimas.
La muerte de don Ramón, su padre, mientras se preparaba en el seminario, marcó el inicio de su
pesadumbre; años más tarde su madre, doña Encarnación, seguiría al esposo, luego su hermana
Cristina (sor Eulalia) y el capitán carrancista Higinio se reunirían con el padre y la madre y... lo
dejaban solo (1918).
Tal vez la soledad haya sido quien atizaba el fuego de su inspiración poética. En su entorno so-
naban las voces de González León, de Amando J. de Alba, de Ramón López Velarde, sin embargo,
no hubo relación entre ellos y Alfredo R. Placencia, pues el don poético que desarrollara artística-
mente en el seminario fue suficiente para dar proyección al sentimiento interior, que se volvió muy
suyo y con un estilo propio. Y mientras sus compañeros de seminario llamaban la atención por sus
distinguidas encomiendas,4 luego de veintidós destinos, de nueve libros de versos, de innumera-
bles sinsabores y acompañado siempre del dolor y la soledad, murió en la ciudad de Guadalajara
el 20 de mayo de 1930.
4
De su mismo pueblo llegó José María Cornejo quien fue canónigo magistral en Guadalajara, músico, compositor, y
el mejor orador sagrado de su tiempo; Miguel M. de la Mora que fue obispo de Zacatecas y de San Luis Potosí; Pascual
Díaz, que llegó a ser obispo de Tabasco y luego Arzobispo de México; Antonio Correa, su mejor compañero y amigo,
canónigo, cura del Santuario de Guadalupe; Cipriano Íñiguez, quien fundara la congregación de Hermanas de Santa
Margarita para atender hospitales y pobres. En la misma ceremonia en que recibió la Ordenación Sacerdotal (1899) se
ordenaron: Cristóbal Magallanes (futuro mártir), Miguel M. de la Mora, José María Cornejo y Antonio Correa.
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Cuatro poetas, cuatro maneras de ver y cuatro formas de decir las cosas. Estilos diferentes. Un
arte común. Podrá surgir una larga lista de influencias procedentes de personajes importantes de la
literatura más allá de fronteras, pero no debe ser sorpresa para quien toma lecturas de autores con
intereses afines, preocuparía que no leyeran y que no aprendieran de los maestros. Los analistas
y estudiosos encuentran dependencias de Francis Jammes, Herrera y Reissig, González Blanco,
Rodenbach, Gabriel y Galán, Jules Laforgue, Eduardo Marquina, Baudelaire o Virgilio mismo.
Sería oportuno considerar la propuesta de quien se concretó simplemente a decir: lo que tienen en
común es que son de provincia.5
Fuentes
Alba, Alfonso de, Antonio Moreno y Oviedo y la generación de 1903, Editorial D’Luna Publicidad y
Sucesores, Biblioteca de autores y temas laguenses No. 6, Guadalajara, 1992. Alba, Amando J.
de, El Alma de las cosas y otros poemas, J. Rosario Ramírez (comp.), Imprenta Vera, Guadalajara,
1976. Alba, Amando J. de, El alma de las cosas y otros poemas, Guadalajara, Amateditorial, 2006.
Agraz García de Alba, Gabriel, Biobibliografía de los escritores de Jalisco, tomo I, Instituto de Investi-
gaciones Bibliográficas, UNAM, México, 1980. González León, Francisco, Poemas, Ernesto Flores
(comp.), FCE, México, 1990. Horizontes Literarios en Aguascalientes. Escritores de los siglos XIX y
XX, Universidad Autónoma de Aguascalientes, Aguascalientes, 2005. López Velarde, Ramón,
Poesías completas y El Minutero, Antonio Castro Leal (edición y prólogo), Porrúa, Colección de
Escritores Mexicanos, México, 1971 (6ª. edición). López Velarde, Ramón, La suave patria y otros
poemas, FCE, México, 1995. López Velarde, Ramón, Obras, José Luis Martínez (comp.), FCE,
México, 1994. Placencia, Alfredo R., El poeta del dolor, Antología poética, J. Rosario Ramírez (intr.
y selecc.), Amateditorial, Guadalajara, 2004 (4ª. ed.). Plascencia (sic), Alfredo R., Antología, José
R. Ramírez (introd. y selecc.), Guadalajara, Imprenta Roca, Guadalajara, 1992. Robles de la To-
rre, José León, «Personajes de la historia/Zacatecas y sus hombres ilustres», en El siglo de Torreón,
27 de junio de 2006. Sandoval Godoy, Luis, Alfredo Placencia Dolor que canta, Colección Obras #
4, Taller Editorial La Casa del Mago, Guadalajara, 2009.
5
Relación de poemas: inciso (a): «Paréntesis» (Amando J. de Alba); (b): «Ojos ojerosos» (Francisco González León),
(c): «Mi villa» (Ramón López Velarde); (d): «La enmienda» (Alfredo R. Placencia).
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Seis estéticas de López Velarde∗
Arturo Gutiérrez Luna
Resumen
Conjeturo que más allá de la peregrina ingenuidad atribuida por Octavio Paz a López Velarde, este bardo
jerezano universal detenta frente a sus lectores la genialidad en la fundación de una poética del enigma,
en el pertinaz acecho del asombro, en la literatura contrahecha del misterio, en el persistente hábito del
matiz, en el decantamiento de su don expresivo desde la sabiduría del iceberg, en la reivindicación de lo
efímero y en la astucia de la sentimentalidad en clave de saudade. En las páginas subsecuentes se analizan
los escritos del vate zacatecano y se sugiere la existencia de estas seis vertientes artísticas cuya conforma-
ción apunta a señalar seis estéticas de López Velarde, las cuales proveen el fundamento de su poética.
Palabras clave
Estéticas, iceberg, matiz, misterio, iluminación, efímero, saudade
Has burlado al solemne dios, el lugar común.
Rafael López
Introducción
En algún lugar apunté que la genialidad del poeta jerezano universal se estructuraba a partir de
una astucia absoluta y contundente sobre la palabra en la palestra. Rotunda, porque su creación
se abre paso con radical conciencia de la palabra y sus posibilidades expresivas, como constatamos
en: «perímetro jovial de las mujeres» o «cataratas enemigas» o «los fresnos mancos» o «la orgía
matinal». Contundente, pues su discurso redunda en el arte que magnífica el milagro del instante,
como en la expresión: «ojos inusitados de sulfato de cobre» o «gota categórica» o «el viudo oscilar
del trapecio» o el «brocal ensimismado».
En la obra del poeta de La sangre devota es posible rastrear estas seis estéticas mediante sendos textos
que posibilitan que se pueda indagar más fielmente estas premisas de su creación artística: «La derrota
* Este ensayo obtuvo mención honorífica en la categoría Licenciatura en el Certamen de Ensayo Juvenil «Ramón
López Velarde» 2021.
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de la palabra»; «Sobre el poeta y la estética»; «El predo- En su creación artística siempre sospechamos mu-
minio del silabario» y «La corona y el centro de Lugo- cho más de lo que en realidad está diciendo el poeta.
nes»; «María Enriqueta»; «Verhaeren»; y «El momento Dos obras bastaron para alcanzar un lugar prestigio-
poético español», textos donde impera el asombro, la so en la literatura mexicana. Imagina su producción
inquietud y la curiosidad por inventar seis hospitalarias como un ejercicio de excelencia que desborda su ta-
estéticas para fundar un mágico horizonte artístico a la lento y sensibilidad, más allá de toda duda. Cada pie-
periferia de la zafiedad y el lugar común. za suya atestigua su interés en lograr la perfecta ex-
presión, la duda más inteligente, la inquisición más
Discusión sutil. En sus versos aparece un interés por dar cuenta
de una sensibilidad de nuevo cuño comprometido
Habrá que insistir todavía un poco más en que, en la con la sublimación contundente que se sostiene por
perspectiva del autor de El minutero, la palabra asume otras partes asimismo fuertes.
un carácter de agente prodigioso que incide en la forma Lo previsible conjura para conquistar la verdad o,
de mirar al mundo. Algunas cuestiones se abren a la al menos, aquello que se le presenta. La parte visible
indagación: ¿es posible urdir en el escritor de Zozobra aparece como una muestra, es la prueba, la evidencia
una poética que es varias estéticas? ¿Se define su obra de que se está trabajando con una excelencia probada
a partir de una pauta siniestra de la lógica? ¿Acaso sus y con una profundidad. Es cuestión de inteligir en la
versos se atreven a detentar la astucia de la sospecha? profundidad del alma de las cosas, ingeniosamente
Es, a todas luces, una nueva mirada prescrita a avistada en su libro La sangre devota.
partir de una forma de pensar ese mundo. De esta
forma, es posible advertir la existencia de una urdim- Estética del matiz
bre y una trama que mostrarían la otra cara de un
mismo fenómeno. Se puede detectar en su obra un sí- Autores hay que logran una expresión, la cual alcan-
mil de lo obtuso que impide advertir la multiplicidad za grados de sofisticación absolutamente especiales.
de su mullida ambigüedad. En tal diversidad su obra López Velarde lo consigue mediante la estética del
encontraría la expresividad más atenta y, en ese sen- matiz.2 Como bien señala Gonzalo Celorio, la fuerza
tido, más recurrente e incisiva. Todo lo cual permite expresiva del vate zacatecano radica en la pulcritud de
sostener con más evidencias su genialidad: detenta la su expresión.3 Se trata de la excelencia en la consuma-
devoción por la incertidumbre, lo mismo en su len-
guaje, que en su deificación de lo rutinario. las perspectivas de lo eterno e incorporarlas a la obra de arte,
como Eolo encierra a los huracanes en su odre. La misma poesía
de las cosas humildes es rectora, jamás subordinada», Ramón
Estética del iceberg
López Velarde, Obras, José Luis Martínez (compilador), Fondo
de Cultura Económica, México, 2001, p. 555.
De acuerdo con el oficio de López Velarde, la estética 2
«Lo que importa es que la unión de esas dos palabras [“ma-
del iceberg plantea la intencionada revelación de una jestad de lo mínimo”] en apariencia discordantes entre sí, o al
muestra del total del trabajo realizado sobre la pala- menos para la sensibilidad del siglo antepasado, en la que el
bra. Se caracteriza por ofrecer al público solo una no- mexicano sintió la emoción y las posibilidades de la poesía mo-
derna, sirvió a López Velarde de estímulo para crear a su vez una
vena parte del todo, la cual es sostenida, estabilizada,
veintena de extraordinarias imágenes poéticas, reunidas en un
por las ocho novenas partes restantes.1 mismo pasaje ahora célebre», Fernando Fernández, La majestad
de lo mínimo. Ensayos sobre Ramón López Velarde, Bonilla Artigas,
1
«En mi sentir, el poeta debe ser no sólo personal, sino persona- Ciudad de México, 2021, p. 9.
lísimo. Hay que beberse las distancias de lo infinito para dar la 3
«Por lo que toca al vocabulario, la audacia de Ramón López
nota más individual. Quizá la norma superior consiste en tomar Velarde consistió en disponer de la brillantez, el lujo, la sonori-
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ción del discurso, por lo cual podemos discernir, a un pación más franca son los misterios de la palabra».5
tiempo, exactitud y misterio. Lo había expresado el poeta en «Hormigas», donde
La lectura del ilustre poeta hace pensar en la exis- leemos: «responde… (o se opone) un encono de hor-
tencia de seis estéticas estrictamente presentes, las migas en mis venas voraces».
cuales es posible documentar puesto que estructuran El poeta de El son del corazón hace participar a sus
su obra. De este inteligir de la palabra expresaría Vi- lectores de un juego de desciframiento pues incuba
llaurrutia: «por medio de una acomodación buscada el don del misterio. De tal suerte que su escritura no
y calculada, expresiones imprevistas».4 solo es la consigna de sus emociones en versos, sino la
En este sentido, el énfasis que el poeta pone en desvelación de su alma doliente y gozosa.
la precisión va más allá de la sola particularidad del En López Velarde, la estética del misterio se des-
asunto que trata. Su escritura expurga el significado y pliega, por un lado, a la periferia de la certidumbre
concede nuevas acepciones a las palabras. Adicional- y, por el otro, al extremo de la verdad. Según esta
mente, combina vocablos cuyo ayuntamiento es alta- perspectiva, el embozamiento le resulta indispensa-
mente original y asombroso. Su versificación tiende a ble. No la mortaja que aprisiona y confunde, sino el
poner en cuestión la recreación de la realidad en tér- vendaje que cura y salva.
minos muy finos capaces de evocar fuertemente con El misterio como cura. Escritura que se asume en
base en la sentimentalidad de las cosas evocadas. Ello su crudeza, en su crueldad, a toda cosa. Sus versos
explica que el trabajo en el cual se embarca el creador son fuego en que espira el terror de sus limitaciones,
zacatecano redunda en conquistar una elegancia de de su impedimento, de sus traiciones y aletargamien-
la creación. Estética del matiz palpable en Zozobra, lo tos. Una estética del misterio latente en La sangre de-
mismo que en La sangre devota. vota, en Zozobra e igualmente en El son del corazón.
Estética del misterio Estética de la iluminación
La estética del misterio la sospechó José Luis Martí- El bardo jerezano sabe qué decir, pero permanece ex-
nez, quien afirmó que «es posible ir descubriendo, traviado transitoriamente por no encontrar la expre-
junto a composiciones en que predomina la necesi- sión precisa.6 En ese caso, «El sueño de los guantes
dad de una expresión espiritual, otras cuya preocu- negros» es un sutil poema en el cual su autor ates-
tigua esa construcción del verso de la iluminación,
mediante el cual el verso se construye lo mismo con
dad, la riqueza, la elegancia del léxico modernista para liberar acechanza que con misterio.7 Así el poeta da pie a la
a la provincia mexicana de los lugares comunes que la habían
reducido al tamaño de las tarjetas postales. Lenguaje que se 5
José Luis Martínez, «Introducción», en Ramón López Velarde,
impone sobre el pintoresquismo vernacular sin perder aquellas Obra poética, José Luis Martínez (coordinador y edición crítica),
voces que más hondamente articulan el espíritu de la provin- ALLCA XX/ CNCA, Madrid, 1998, p. XXXIX.
cia, las que proceden de la conversación de todos los días, y que 6
«Los que se consagran a tales episodios minuciosos, escudri-
mezclan, en inusitada simbiosis, con las que sólo se pronuncian ñando la majestad de lo mínimo, oyendo lo inaudito y expre-
en un día domingo», Gonzalo Celorio, «Ramón López Velarde sando la médula de lo inefable, son seres desprestigiados», Ra-
La combustión de los huesos», en Ramón López Velarde, Ma- món López Velarde, Obras, p. 459.
nuscritos velardianos, a cien años de «La suave Patria». Facsímil y 7
«La palabra es espejo, conciencia escrupulosa. Todo lenguaje, si
estudios, Academia Mexicana de la Lengua/ Instituto Zacatecano se extrema como extremó el suyo López Velarde, termina por ser
de Cultura, Ciudad de México, 2021, p. 102. una conciencia, y allí donde comienza la conciencia del lenguaje,
4
Xavier Villaurrutia, «La poesía de Ramón López Velarde», en la desconfianza frente al lenguaje heredado principia la recreación
José Luis Martínez (selección), El ensayo mexicano moderno II, de uno nuevo. O principia el silencio. Principia la poesía.
Fondo de Cultura Económica, México, 1995, p. 60. »La palabra, cuando es creación, desnuda. La primera vir-
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estética de la iluminación cuya premisa supone la de- que ilumina más allá del instante.9
voción por el hallazgo, más que la simple iridiscencia En este orden de ideas, aquel minutero asumirá
de la formulación técnica en la escritura. su importancia en la perdurabilidad de su miseria.
El reto de desnudar el alma de las cosas resulta López Velarde se implica en esta perspectiva, según
sublimado por la expresión del poeta. Entretanto la leemos en El minutero.10 Será efímero, pero hurtará
palabra dice, define, determina, precisa, la palabra rasgos de eternidad en sus filos de tal suerte que la
poética hace latir lo inasible en su expresión ambigua importancia del instante se sucederá a propósito de
e incierta. Se da pie a la iluminación porque con los tal perdurabilidad. El poeta jerezano resguarda seme-
versos lopezvelardeanos se nombra lo innombrado, jante tentativa. Es el sentido de sus palabras en Don
tal como puede apreciarse en el verso: «tus dientes, de Febrero.11 Es así como, en sus manos, lo efímero
cónclave de granizos». reviste otros usos, en todo caso, derivas asociadas a la
La expresión cabal se elabora con base en esa con- sustantivación. Semejante estética de lo efímero sos-
sustanciación de las cosas y los recuerdos. Una suerte tiene con firmeza Don de Febrero.
de fusión capaz de evocar múltiples universos: el eró-
tico, el místico, el mundo popular. Tal estética de la Estética de la saudade
iluminación estructura y da sentido a El minutero, lo
mismo que a sus obras precedentes. La estética de la saudade se relaciona con el recuerdo, su-
peditado a la sentimentalidad. Pueden advertirse en ella
Estética de lo efímero rasgos de nostalgia como dolor entrañable por un bien
perdido. En el otro sentido, el dolor que indaga en la
Según expresa López Velarde, la estética de lo efímero sentimentalidad por un bien deseado, pero inexistente.
reivindica la majestad de lo mínimo.8 En consonancia López Velarde subsiste en el mar de sus dolores a
con tal estética, el poeta jerezano universal inducirá punta de flotar sobre las olas de su circunstancia. La
en el lector la oportunidad de la magia, del hechizo saudade expurgará el dolor, lo hará visible, extenderá
la herida y la cicatrizará paulatinamente. Es un postu-
tud de la poesía, tanto para el poeta como para el lector, consiste
en la revelación del propio ser. La conciencia de las palabras lle-
va a la conciencia de uno mismo: a conocerse, a reconocerse», 9
«En este punto Paz hace el más alto elogio posible en la severi-
«El lenguaje de López Velarde», en Octavio Paz, Generaciones y dad de su sistema, y es también cuando aspira a ser un semejante
semblanzas. Dominio mexicano. Obras completas. Edición de autor. del adalid López Velarde, pues consiguió una poesía de conoci-
IV, Fondo de Cultura Económica/ Círculo de Lectores, México, miento de sí mismo que, por lo mismo, conoce a los otros, los
1996, 2ª reimpresión, p. 170. reconcilia, activa la concordia en un lenguaje que “habla por to-
8
«El roce de las ideas, el contacto con una vitrina de las piececillas dos y para todos”», Guillermo Sheridan, «Octavio Paz lee a Ra-
desmontadas de un reloj, los pasos perdidos de la conciencia, món López Velarde», en Manuscritos velardianos, op. cit., p. 163.
el caer de un guante en un pozo metafísico, el esfuerzo de la 10
«Tal vez la cumbre de la vida nos da, como sensación princi-
burbuja, el filamento sanguíneo en una conjuntiva, el vagido pal, la de nuestra situación entre dos firmamentos: uno carbo-
de la hormiga que acaba de nacer, el aleteo de una imagen por nizado y otro flameante, como casulla de abril. Y ante el seguro
los ámbitos de la fantasía, el sobresalto de las manecillas al ir a temor de que el carbón propague a la casulla, quisiéramos fijar
ayuntarse sobre el XII, la angustia del pabilo cuando va a gastarse el tiempo desbocado, como se fija un corcel, por la brida, en un
el último gramo de cera, la disgregación del azúcar, el júbilo de tronco; y entregarnos a lo estacionario, a lo anodino, o, cuando
las vajillas, el rubor de las sábanas de Desdémona antes de que se más, tomar dosis homeopáticas de ironía y de emoción, de pie-
vierta su sangre, el recelo de las patas del conejo y de las pezuñas dad y de licencia», Ramón López Velarde, op. cit., p. 287.
del venado, la pesadumbre del azogue, la espuma veleidosa, la 11
«Tuve la debilidad de querer convertir lo efímero en permanen-
balanza con escrúpulos, la queja repentina de los armarios y el te. Me indujeron a ello el desmayo de la luz, los ramajes indecisos
aleluya sincopado de la brisa, no suenan bastante para alcanzar entre la primavera y el invierno, y la haz de la luna, de la luna
un plebiscito», Ramón López Velarde, op. cit., pp. 458-459. confidente que quiso ser testigo de mi flaqueza», ibidem, p. 422.
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lado estético en el que insistirá el poeta jerezano uni- que privilegia la escritura emocional, dando lugar a la
versal.12 Tal estética de la saudade alienta incluso sus crónica sentimental de su vida.
piezas de periodismo político honorable y enfocado La genialidad de López Velarde radica en la inves-
en formar opinión pública. tidura inteligente de la palabra, en la reconciliación
con sus filos creativos frente a la técnica, en su queha-
A modo de conclusión cer estilístico desde la desmesura. El genio del poeta
jerezano universal devendrá en iluminación porque
Cien años no han podido ignorar las seis estéticas del decanta su voz en la palabra alada con filos de ala-
bardo zacatecano. Hay un creciente interés asociado a crán. La genialidad de López Velarde se expresa en
la poética luminiscente. El poder de sus textos apues- la gestación de estas seis estéticas que orientaron la
ta por suministrar la contundencia de una revelación, fundación de una poética lopezvelardeana. En todo
de tal suerte que dimite de defender la simpleza como caso, su poética de seis aristas está sustentada alegóri-
carta de presentación. Su escritura inteligente y genial camente por los cinco sentidos.13
exhibe un as bajo la manga: el as de la iluminación.
La inteligencia creativa del insigne poeta jerezano Fuentes
ha despertado los estudios más avezados y los debates
más enconados. El alto valor de la producción lopez- Celorio, Gonzalo, «Ramón López Velarde La combustión
velardeana atestigua la excelencia estructural. de los huesos», en Ramón López Velarde, Manuscritos ve-
Como hemos podido advertir, es posible rastrear seis lardianos, a cien años de «La suave Patria». Facsímil y estudios,
Academia Mexicana de la Lengua/ Instituto Zacatecano de
estéticas complementarias, coadyuvantes e instigadoras
Cultura, Ciudad de México, 2021. Fernández, Fernan-
de la creatividad. Si la estética del iceberg esconde inten-
do, La majestad de lo mínimo. Ensayos sobre Ramón López
cionalmente fragmentos, en realidad se propone el cifra- Velarde, Bonilla Artigas, Ciudad de México, 2021. López
miento de un mundo más allá del registro escuetamente Velarde, Ramón, Obras, José Luis Martínez (compilador),
realista. Este ciframiento restituye el hálito de incerti- Fondo de Cultura Económica, México, 2001. Lumbreras,
dumbre de las cosas. En ese sentido, la estética del matiz Ernesto. Un acueducto infinitesimal. Ramón López Velarde
refrendará en sus versos otra vuelta de tuerca, el ajuste en la Ciudad de México 1912-1921, Caligramma, México,
de la duda, de la victoria dubitativa sobre la ortodoxia 2019. Martínez, José Luis, «Introducción», en Ramón
de la certidumbre. De tal suerte que el autor de La sangre López Velarde, Obra poética, José Luis Martínez (coordina-
devota funda la estética del misterio con tal de resguardar dor y edición crítica), ALLCA XX/ CNCA, Madrid, 1998.
el asombro de la poesía hasta sus últimas consecuencias. Paz, Octavio, «El lenguaje de López Velarde», en Gene-
Derivado de lo anterior es posible señalar la esté- raciones y semblanzas. Dominio mexicano. Obras completas.
tica de la iluminación como premisa mayor de su es- Edición de autor. IV, Fondo de Cultura Económica/ Círcu-
critura prodigiosa. Coincidentemente, la estética de lo de Lectores, México, 1996, 2ª reimpresión. Sheridan,
Guillermo, «Octavio Paz lee a Ramón López Velarde», en
lo efímero decanta el mundo enfatizando en el mila-
Ramón López Velarde, Manuscritos velardianos, a cien años
gro del instante. En el rescate mediante el prodigio de
de «La suave Patria». Facsímil y estudios, Academia Mexica-
su escritura luminiscente. Complementariamente, la na de la Lengua/ Instituto Zacatecano de Cultura, Ciudad
estética de la saudade perfila un horizonte de análisis de México, 2021. Villaurrutia, Xavier, «La poesía de Ra-
12
«Vale más la vida estéril que prolongar la corrupción más allá món López Velarde», en José Luis Martínez (selección), El
de nosotros. Que, como decía Thales, no quede línea nuestra. ensayo mexicano moderno II, Fondo de Cultura Económica,
¿Para qué abastecer el cementerio? Viviré esta hora de melodía, México, 1995, 3ª reimpresión.
de calma, de luz, por mí y por mi descendencia. Así la viviré con
una intensidad incisiva, con la del que quiere vivir él solo la vida 13
«El pensamiento, en su fracaso, es sostenido alegóricamente
de su raza», ibidem, p. 299. por los cinco sentidos», ibidem, p. 458.
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«3 Doritos después»:
los anuncios comerciales como textos
narrativos
Carlos Hinojosa
Cuando por fin nos alcanzó1 el temido y cabalístico año 2000, Jeremy Rifkin nos brindó un pre-
monitorio comentario sobre lo que se avecinaba: «avanzamos hacia un nuevo período en el cual se
compra cada vez más la experiencia humana en forma de acceso a múltiples y diversas redes en el
ciberespacio».2 Como si se tratara de convertir en realidad las profecías del ciberpunk, tras dos años
de pandemia y reclusión nos enfrentamos con el cabal cumplimiento del citado vaticinio, en virtud
de la llegada del ser humano permanentemente «en línea», mujeres y hombres que pasamos la
mayor parte del tiempo conectados a los dispositivos que nos brindan acceso al ciberespacio, como
bien señala Rifkin: «El suyo es un mundo más teatral que ideológico y más orientado por un ethos
del juego que por un ethos del trabajo»,3 con todas las consecuencias que ello acarrea, como el inve-
rosímil número de «ninis» (jóvenes que ni estudian ni trabajan) que padecemos en México, millo-
nes de personas para quienes «la vida es un juego», como si de una canción vernácula se tratara.4
Por su parte, tal vez previendo las similitudes entre el advenimiento de las tecnologías infor-
máticas con lo ocurrido cuando las máquinas de vapor desplazaron a los productores artesanales,
Vilém Flusser, al considerar que nos encontrábamos en una Tercera Revolución Industrial (en la
cual los dispositivos mecánicos serían sustituidos por los electrónicos), afirmaba:
[…] este nuevo hombre nacido alrededor de nosotros y en nuestro propio interior en rea-
lidad carece de manos […] Lo que queda de las manos son sólo las puntas de los dedos,
1
La célebre frase «3 Doritos después», que se ha empleado ad infinitum en memes y videos en las redes sociales, se
originó en una campaña de anuncios por televisión, donde se mostraba una escena «aburrida», con gente en actitud
pasiva que, al abrir una bolsa de Doritos y comerlos («3 Doritos después» por su parecido con el botón «adelantar» de
los dispositivos de audio y video), realizaban actos extremos, graciosos o arriesgados: «Doritos comercial», YouTube:
<[Link]
2
Jeremy Rifkin, La era del acceso: la revolución de la nueva economía, Paidós, Barcelona, 2000, p. 22.
3
Ibidem, p. 23.
4
Leticia Hernández, «Una ‘pésima máquina del tiempo’: Porcentaje de ‘ninis’ regresa al de hace 5 años por pande-
mia», El Financiero, 27 de noviembre de 2021: <[Link]
ma-maquina-del-tiempo-porcentaje-de-ninis-regresa-al-de-hace-5-anos-por-pandemia/>.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 21
las cuales presionan el teclado para operar pantallas del mundo acaban perfeccionando
con símbolos. El nuevo hombre ya no es la original, el lienzo blanco del cine. Leer el
una persona de acciones concretas, sino un periódico en una pantalla portátil y táctil,
performer: Homo ludens, y no Homo faber. con acceso directo a Internet, ya no es una
Para él, la vida ya no es un drama y se ha utopía: la pantalla electrónica ha cedido
convertido en un espectáculo. Ya no se trata el paso a una pantalla ligera, apenas más
de acciones, sino de sensaciones. El nuevo gruesa que el papel. Ya está en marcha la
hombre no quiere tener o hacer, él quiere iniciativa de informatizar millones de libros
vivir. Quiere experimentar, aprender y, so- para consultarlos en pantalla, y el libro elec-
bre todo, disfrutar.5 trónico propiamente dicho, el Sony Reader,
se lanzó en Japón en 2004 y en Estados Uni-
Precisamente, tal descripción es la que se ajusta a un dos en 2006. La televisión ya no se ve en una
fenómeno como el señalado anteriormente, con to- sola clase de pantalla: las pantallas de bol-
dos los pros y los contras que presenta, por ejemplo, sillo de los aparatos portátiles, las pantallas
la familiarización de las nuevas generaciones con el planas y de tamaño creciente del «cine en
desarrollo tecnológico, lo que se observa al darnos casa», pantallas gigantes para las emisiones
cuenta de que los niños aprenden más pronto que de carácter público […] las cuales acaban in-
los adultos a manejar los gadgets; pero la otra cara de terconectándose a ese pulpo enorme y todo
la moneda la brinda la deshumanización que pade- tentáculos que es, pantalla del ordenador
cemos claramente en varios países latinoamericanos, mediante, la red infinita de Internet, puerta
donde esos mismos infantes no dudan en enrolarse a abierta a las bajadas de imágenes, al mun-
los cada vez más grandes ejércitos de sicarios de los do virtual de la «second life», a los futuros
cárteles del narcotráfico. softwares con el código fuente accesible al
De cualquier forma, hemos llegado a la era que usuario. El mundo se miniaturiza de manera
contempla la más grande expansión de la web, la tele- creciente, ya tiene el tamaño del teléfono
fonía celular y la comunicación inalámbrica, la época móvil y no tardará en llegar el cuadrante in-
de los medios masivos como extensión de la mente teractivo del reloj de pulsera, que permitirá
del ser humano, o eso queremos creer, porque ya no recibir todo el abanico de posibilidades: In-
sabemos dónde termina la pantalla de nuestros dis- ternet, fotografía, televisión, cine.6
positivos y en donde empieza la del mundo «real»,
como ya lo habían apuntado Lipovetsky y Serroy hace En efecto, nunca tuvimos tantas pantallas a nuestro
trece años: alrededor, solo hay que ver las filas interminables de
consumidores de Smart TV durante lo que en Méxi-
¿Escapa o escapará algo a la hipertrofia co se denomina «El buen fin» y, en Estados Unidos,
pantallogruélica? Porque somos testigos de «Black Friday». Se supone que las pantallas nos brin-
una proliferación de pantallas, prodigioso dan información incesante, al tiempo que, con la lle-
universo en expansión que aleja sin cesar sus gada de la interactividad, nos han abierto una puerta
límites. Pantallas que ya están ahí, pantallas (o ventana) a la expresión, el diálogo, el juego, el tra-
que se interconectan, pantallas que acaban bajo, la compra-venta. Tal vez solo se trate de nues-
de llegar, pantallas que llegarán. Todas las
6
Gilles Lipovetsky y Jean Serroy, La pantalla global: cultura
5
Vilém Flusser, «A não coisa» [1], en Vilém Flusser, O mundo mediática y cine en la era hipermoderna, Anagrama, Barcelona,
codificado, Cosac Naify, Sao Paulo, 2007, p. 58. 2009, pp. 268-269.
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tra constante búsqueda de bienestar, aunque con el siempre conectados, producimos contenido, escribi-
«pero» antes señalado: si antes buscábamos cosas de mos, compartimos fotos, leemos artículos y todo lo
calidad y que funcionaran de manera excelente, para demás que nos permiten Facebook, Twitter, TikTok o
no tener que cambiarlas a cada rato, hoy en día nues- Instagram. Con las ventajas de nuestros smartphones,
tra sociedad de consumo actúa de una manera menos creamos y publicamos videos, y, lo más importante
racional, casi suicida, dejándose llevar por sus emo- para los publicistas y los dueños de las redes sociales
ciones, a veces sin medir las consecuencias, como lo que frecuentamos: aprobamos o recriminamos las
demuestra la catastrófica crisis del cambio climático. marcas de los productos que consumimos.
Y ya que tocamos el tema de la sociedad de con- Ahora, se supone, somos conscientes de que el
sumo, no cabe duda de que el ser humano descrito ciber-espionaje masivo —dejado al descubierto por
por Lipovetsky y Serroy fue «diagnosticado» antes Edward Snowden y los investigadores que han segui-
que nadie por las mentes creativas detrás de la indus- do su legado— tuvo sus comienzos en la manera
tria publicitaria, quienes lo catalogaron de inmediato en que las mentes creativas de la publicidad seguían
como un objetivo, encuadrado en un nuevo hábitat y nuestros pasos por la red, en la forma en que estaban
entorno, por lo que necesitaba ser abordado de una al tanto de cómo nos comportábamos y qué patrones
manera inédita. Con lo que sabemos ahora de los al- de conducta y consumo se podían inferir del rastro
goritmos de las redes sociales y el capitalismo de vi- que dejábamos en Internet.
gilancia,7 nos resultará fácil meternos a la piel de este Indudablemente este nuevo contexto obligó a las
nuevo conejillo de indias publicitario: somos perso- agencias de publicidad a replantear su papel para po-
nas a las que nos molesta que los anuncios comercia- der ofrecer al ser humano informatizado el tipo de
les interrumpan lo que estamos viendo u oyendo en anuncio comercial capaz de captar su atención y mo-
nuestros dispositivos y por lo tanto, de ser posible, tivarlo a realizar lo que toda buena sociedad de con-
los evitamos como la peste. Por ello preferimos la sumo requiere de sus miembros: consumir. Uno de
música de Spotify y la TV streaming de Netflix. los caminos que siguieron las mentes publicitarias
Asimismo, buscamos nuevas experiencias; no nos fue tratar de brindarle al consumidor en potencia el
interesa permanecer pasivos ante el monitor; al estar tipo de experiencia que este espera para que, a cam-
bio, dicho individuo volviera a entregar su corazón
7
En el nuevo capitalismo, los datos personales se acumulan en una bandeja de plata. Tras de lo que puede de-
para producir el bien que se pondrá a la venta en el mercado: finirse como una crisis de identidad de las agencias
predicciones sobre nosotros mismos. Los propietarios de los medios de publicidad, se llegó a la conclusión de brindarle
de producción, ya lo habrán adivinado, no son otros que los que a este nuevo tipo de consumidor experiencias me-
ejercen el monopolio del negocio digital: Google, Facebook, Apple
morables y cierta cualidad de «agradable sorpresa
y Amazon. A su modelo, sin embargo, se han sumado todo tipo de
compañías del entorno tradicional. «El capitalismo industrial, con inesperada que llega a marcar una vida» (lo que en
todas sus crueldades, era un capitalismo para las personas. En el de inglés se conoce como serendipity).
vigilancia, por el contrario, las personas apenas somos ya clientes Así surge el concepto de Branded Entertainment
y empleados, somos por encima de todo fuentes de información. (entretenimiento de marca, también conocido como
No es un capitalismo para nosotros, sino por encima de nosotros», Branded Content), donde pueden incluirse varios ti-
sentencia Shoshana Zuboff en una entrevista en la BBC. Patricia
pos de anuncios creados por marcas comerciales que
C. Serrano, «Capitalismo de vigilancia, el nuevo mundo feliz en
el que el producto eres tú (y prefieres no saberlo)», elEconomista.
buscan atraer al público mediante formas de publici-
es, 8 de julio de 2019: <[Link] dad que se basan en el entretenimiento. Como sue-
noticias/9924888/06/19/Capitalismo-de-vigilancia-el-nuevo- le suceder, este tipo de prácticas no es nuevo, desde
mundo-feliz-en-el-que-el-producto-eres-tu-y-no-lo-sabes. principios del siglo XX llantas Michelin ya publicaba
html>.
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guías de viaje para sus clientes, mientras que Procter Protagonizados por Clive Owen, los espectadores ac-
& Gamble solía patrocinar radionovelas en México, cedían a estos filmes a través de una página web, don-
de donde quedó la tradición de decirle a ciertas perso- de podían descargarlos sin ningún problema de de-
nas proclives al drama, «no le hagas a la Palmolive», rechos de autor, ya que tal era la intención de BMW,
esto es, el jabón de tocador de la citada compañía que que la gente conservara en sus computadoras las proe-
patrocinaba los culebrones de moda allá por los años zas de las que eran capaces sus vehículos. Estos cortos
cincuenta y sesenta del siglo pasado, como lo narra tuvieron tanto éxito que se reunieron en un DVD, al
Rafael Bernal en su obra maestra, El complot mongol: tiempo que la editorial estadounidense Dark Horse le
dedicó su propio cómic.9
Todavía ni empezamos en serio y ya van dos Así llegamos a un punto nodal del presente co-
muertos. Muertos pinches, eso sí, que toda- mentario: cómo los anuncios comerciales han comen-
vía no llegamos a los cadáveres. Y Martita zado a comportarse más como textos narrativos que
muy seria, viéndolo todo. Como si estuviera como textos argumentativos que buscan convencer al
acostumbrada. Y escogió esta noche para consumidor de adquirir cierto producto; esto es, que
venirse conmigo. ¿No me estará jugando de las señales de persuasión que frecuentemente eran tan
a feo? Y yo, en lugar de aprovecharme, le evidentes en la publicidad tradicional ya no resultan
hago a la novela Palmolive. ¡Pinche novela!8 tan visibles. De acuerdo con Marie-Laure Ryan:
Con el tiempo, las marcas comerciales comenzaron a […] un texto narrativo es el que trae un
aparecer en películas y, con el advenimiento de la TV, mundo a la mente (escenario) y lo rellena
en telenovelas y series. Por tanto, el que las agencias con agentes inteligentes (personajes). Estos
de publicidad idearan cómo llegar a las generaciones agentes participan en las acciones y sucesos
forever online, que creen tener el poder de la tecnolo- (eventos, la trama) que causan cambios glo-
gía en sus manos, era solo una cuestión de tiempo. bales en el mundo narrativo. Narrativa es,
Un dato curioso que es pertinente mencionar pues, una representación mental de estados
—y que se vincula directamente con el anuncio co- y actos relacionados causalmente que captu-
mercial que mencionaremos más adelante—, como ra un segmento en la historia de un mundo y
un nexo curioso entre la publicidad y el cine, lo cons- de sus miembros.10
tituye la creación, en 2012, de la categoría «Conte-
nido y Entretenimiento de Marca», en el Festival de De esta forma, en lugar de dar énfasis al producto co-
Creatividad Cannes Lions, donde se presentan los tra- mercializado, se le brinda al consumidor una narra-
bajos realizados para entretener y cautivar al público, ción, muchas veces adicionada con el valor agregado
brindándoles una experiencia interactiva que es faci- de la posibilidad de interactuar en la campaña, ya sea
litada por los medios informáticos de la actualidad. a través de las redes sociales, introduciendo un códi-
Un antecedente bastante significativo a este res- go que viene en la envoltura, o por medio de video-
pecto lo representa la serie de ocho cortometrajes de juegos. Todo esto representa la proposición de una
acción realizados por la agencia Fallon para BMW nueva experiencia para personas ansiosas de vivir una
entre 2001 y 2002, The Hire, producidos por David
Fincher y dirigidos por reconocidos cineastas, como 9
«The Hire», Wikipedia, la enciclopedia libre: <http://
Alejandro González Iñárritu, Ang Lee y John Woo. [Link]/wiki/The_Hire>.
10
Marie-Laure Ryan, Will new media produce new narratives?, en
8
Rafael Bernal, El complot mongol, Libros del asteroide, Marie-Laure Ryan (ed.), Narrative across media: the languages of
Barcelona, 2013, p. 24. storytelling, University of Nebraska Press, Lincoln, 2004, p. 337.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 24
«aventura» con la marca comercial, muchas veces sin formaba parte de los tres componentes clave de la
mencionarla directamente. campaña (los otros dos eran un sitio web y un video-
Aunque en el pasado ya se habían presentado cam- juego que podía ser jugado en el sitio web de la cam-
pañas publicitarias con anuncios que narraban histo- paña, en Facebook o por una aplicación para iOS y
rias —como aquel del perfume Patrich’s, de 1983, Android) se ubican en la comunidad de Bernal, en el
donde una sensual mujer recordaba cómo conoció al estado mexicano de Querétaro, a una hora y media de
amor de su vida, quien llegó a ella en un momento Ciudad de México.
difícil (al caérsele el bolso tras abordar un tranvía), Desde el principio de la narración, que relata la
«con su aplomo de hombre de verdad», mientras vida y obra de Esteban Ortega, un hombre con la ca-
suena el clásico tema «Windmills of your mind», pacidad de arrojar Doritos al igual que un ninja arroja
de Michel Legrand—,11 la diferencia con el tipo de las estrellas shuriken, percibimos una propuesta más
publicidad dirigido a la generación en línea es que los propia de los famosos spaghetti western13 de Sergio
mensajes comerciales ya no se limitan a los medios Leone y Sergio Corbucci filmados en los años sesenta
tradicionales, que no permiten la interactividad. y setenta del siglo pasado, sobre todo en locaciones
Ahora, maquiavélicamente, el ámbito publicitario españolas, lo cual queda evidente en la música de fon-
aprovecha la característica clave de las tecnologías in- do —un tanto a la Ennio Morricone—, la fotografía
formáticas —la capacidad de separar a la persona del y en el duelo final.
mundo real—12 para brindarle mundos alternativos, Debido a que lo anterior era lo que la campaña te-
donde el consumidor a veces tiene que continuar la nía en mente desde un inicio, se escogieron las loca-
narración que se le plantea, o acceder al videojuego ciones en México, a pesar de la situación de violencia
de la marca para obtener un «premio»: la publicidad tan grave que se está viviendo debido a la inseguridad
se convierte en entretenimiento. y la guerra contra y entre los cárteles del narcotráfico,
De esta forma llegamos a la campaña «Dip Despe- la cual tiene su propia similitud con los spaghetti wes-
rado» (desperado significa forajido, bandolero, mien- tern, solo que en un aspecto terriblemente trágico. Se-
tras dip es la acción de remojar un totopo), creada por gún Conchita Taboada, de Spectrum Films de Ciudad
la agencia de publicidad BBDO de Londres en 2011 de México: «el pueblo de Bernal llamó la atención
para promocionar la combinación de los totopos Dori- del director debido a que estaba buscando un look de
tos con diversas salsas. Como es fácil de imaginar, ba- comunidad polvorienta del viejo oeste, con algo in-
ñar tiras de tortilla frita en salsa no era una costumbre teresante en cuadro a la hora de arrojar los Doritos.
muy propia en el Reino Unido, por lo que la campaña Esta locación posee el look polvoroso del viejo oeste y
buscaba «introducir» dicha práctica en la mente de los la Peña de Bernal que agrega riqueza al escenario».14
consumidores, al tiempo que la agencia se percató de
que el público objetivo (target) gustaba de los video- 13
Filmes italianos sobre la conquista del oeste estadounidense
juegos en línea en sus celulares, de ahí que se escogie- de los cuales, en un inicio, se pensaba que solo eran una copia
ra una estrategia informática para relatar una historia del western hollywoodense, pero que terminaron por reinventar
que tuviera que ver con mojar totopos en salsa. dicho cine y convertirse en un género fílmico por derecho
Las locaciones escogidas para filmar el video que propio. Carlos Hinojosa, «Leone-Morricone, “por un puñado
de notas” (I)», Trópico de cáncer noticias, 9 de septiembre
11
«Comercial Patrichs 1983 (México)», YouTube: <[Link] de 2018: <[Link]
[Link]/watch?v=5MyRiDhwZuo>. mundi-leone-morricone-por-un-punado-de-notas-i/>.
12
Carlos Hinojosa, «Facebook y la condición humana», 14
«Doritos films on location in Mexico for Dip Desperado
Trópico de cáncer noticias, 10 de febrero de 2019: <https:// commercial», thelocationguide, 11 de julio de 2011: <http://
[Link]/2019/02/10/axis-mundi-facebook-y- [Link]/blog/2011/07/doritos-films-on-
la-condicion-humana/>. location-in-mexico-for-dip-desperado-commercial/>.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 25
De esta forma, tenemos que la base de la campaña es la historia ficticia de Esteban Ortega, na-
rrada de forma emocional como un épico western, lo que encaja con la definición de Marie-Laure
Ryan a la que nos hemos referido, ya que se proyecta en la mente del espectador un universo con
personajes que participan de acciones y acontecimientos (trama). En el caso de «Dip Desperado»,
todo sucede en un tiempo pretérito, en un lejano pueblo del Viejo México, como decían las novelas
de vaqueros de Marcial Lafuente Estefanía, de editorial Bruguera.15 Hay un personaje principal,
Esteban, además de otros habitantes del pueblo. El protagonista pasa por diferentes fases, que
incluyen ascenso, caída y regreso triunfal, sucesos que afectan al entorno narrativo.
Por su parte, si accedemos al sitio web del videojuego para arrojar totopos,16 nos parece que
se trata de un pasatiempo realizado ex profeso y hasta cierto punto familiar, ya que se estructura
de manera bastante parecida al ya clásico Angry Birds.17 Se supone que el espectador cuenta con la
libertad de jugarlo si lo desea, ya que se halla separado tanto del video comercial (donde el juego
solo se menciona hasta que el anuncio concluye) como del mundo real.
En conclusión, estamos ante un caso «legítimo» de Branded Entertainment, ya que la propuesta
conjunta del anuncio comercial, el sitio web y el videojuego constituyen un espacio de entreteni-
miento para el consumidor en potencia. Otro punto que debemos tener en cuenta para considerar
a este anuncio como parte de la nueva publicidad que busca «entretener» en lugar de «persuadir
o convencer» para adquirir un producto es que la marca Doritos se encuentra de manera discreta;
por ejemplo, las salsas y los totopos se hallan presentes a lo largo del relato, pero el paquete de
totopos y su respectivo frasco de salsa solo se muestran al final del video, de forma visual, sin que
se brinden datos o descripciones; tampoco hay un eslogan (como el ya clásico de las papas Sabri-
tas, de la misma compañía que hace Doritos: «a que no puedes comer solo una»). La intención de
venta queda, por ende, oculta.
Por cierto, la campaña «Dip Desperado» ganó dos British Arrows Craft Awards en 2012, por
mejor actor y mejor elenco.18
15
«Marcial Antonio Lafuente Estefanía», Real Academia de la Historia. Diccionario Biográfico: <[Link]
biografias/11536/marcial-antonio-lafuente-estefania>.
16
<[Link]
17
Angry Birds: <[Link]
18
«Doritos Dip Desperado», The Mill, <[Link]
desperado>.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 26
Fuentes
Bernal, Rafael, El complot mongol, Libros del asteroide, Barcelona, 2013. Flusser, Vilém, «A não coisa»
[1], en Vilem Flusser, O mundo codificado, Cosac Naify, Sao Paulo, 2007. Hernández, Leticia, «Una
‘pésima máquina del tiempo’: Porcentaje de ‘ninis’ regresa al de hace 5 años por pandemia», El
Financiero, 27 de noviembre de 2021 <[Link]
una-pesima-maquina-del-tiempo-porcentaje-de-ninis-regresa-al-de-hace-5-anos-por-pandemia/>.
Hinojosa, Carlos, «Facebook y la condición humana», Trópico de cáncer noticias, 10 de febrero de 2019:
<[Link]
Hinojosa, Carlos, «Leone-Morricone, “por un puñado de notas” (I)», Trópico de cáncer noticias, 9 de
septiembre de 2018: <[Link]
por-un-punado-de-notas-i/>. Lipovetsky, Gilles y Jean Serroy, La pantalla global: cultura mediática y
cine en la era hipermoderna, Anagrama, Barcelona, 2009. Rifkin, Jeremy, La era del acceso: la revolución
de la nueva economía, Paidós, Barcelona, 2000. Ryan, Marie-Laure, «Will new media produce new
narratives?», en Marie-Laure Ryan (ed.), Narrative across media: the languages of storytelling, University of
Nebraska Press, Lincoln, 2004. Serrano, Patricia C., «Capitalismo de vigilancia, el nuevo mundo feliz
en el que el producto eres tú (y prefieres no saberlo)», [Link], 8 de julio de 2019: <https://
[Link]/economia/noticias/9924888/06/19/Capitalismo-de-vigilancia-el-nuevo-
[Link]>. <[Link]
doritos-dip-desperado>. Angry Birds, <[Link] «Doritos Dip Desperado»,
The Mill, <[Link]
«Marcial Antonio Lafuente Estefanía», Real Academia de la Historia. Diccionario Biográfico: <[Link]
[Link]/biografias/11536/marcial-antonio-lafuente-estefania>. «Doritos films on location in Mexico
for Dip Desperado commercial», thelocationguide, 11 de julio de 2011: <[Link]
com/blog/2011/07/doritos-films-on-location-in-mexico-for-dip-desperado-commercial/>.
«The Hire», Wikipedia, la enciclopedia libre: <[Link] «Comercial
Patrichs 1983 (México)», YouTube: <[Link] «Doritos
comercial», YouTube: <[Link]
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 27
Escancie
El gore en la literatura
Óscar Édgar López
La cuestión de nuestra existencia1 puede ser abordada desde múltiples teorías, todas ellas brota-
das de eso que no es carne, pero también nos conforma. La carne y la sangre son ingobernables,
se amansan los esfínteres, pero no por siempre, se les cubre y se les ostenta, pero en cada uno se
marchitan. Esto solo puede afectar a los humanos, que persisten en la creencia de una razón y de
un telos.
Ante la anarquía de todo cuerpo y la diversidad jocosa de sus fluidos, el gobierno opresor de la
razón siempre tratará de coartar esta vía pero, de manera cínica e inevitable, la carne se afirmará
como lo realmente dotado de ser, aquello que, al menos en el plano de las sensaciones, se pone en
evidencia de que su ser es estar, durar en el tiempo.
El transcurrir de la vida es desgraciado, pues el cuerpo recibe por y para sí mismo el dolor que
afirma la existencia. Los otros se nos presentan como individuos, como seres diferenciados y se
nos enseña que el cuerpo y sus consecuencias son una carga, porque nos hace patente llana y pu-
ramente lo que somos. Lo mejor es afrontar la chocante realidad y disfrutar, mientras sea posible,
de esa «máquina de cagar».2
Padecemos y amamos transcurrir en el tiempo con nuestros cuerpos, tememos al dolor pero lo
azuzamos constantemente, negamos la virtud del vicio, pero hasta no haber terminado todas las
botellas. ¿Y el hambre, no es otra de esas evidencias de que algo vive? Claro, cabe la posibilidad de
que la realidad más sensual sea una alucinación; bueno, pongamos por caso: que en esa fantasía,
si se tiene hambre, deseo, ganas de cagar y escozor, es suficiente para decir que se está vivo, que
se es.
El cuerpo es el protagonista de todas nuestras fantasías, aún de las más etéreas; lo hemos pin-
tado, esculpido y reproducido por millares; como lo odiamos queremos superarlo, anularlo, qui-
tarle el hambre, despojarlo de la libido animal que nos lleva a babear por unas piernas, despren-
derle los apestosos gases, suprimir todos los vellos y exprimirle la grasa; además lo cortamos, le
colgamos bisutería, trapos inmundos, lo coloreamos, lo rayamos y constantemente hablamos de
1
¿Qué somos, qué es el ser, por qué existimos? Estas son las cuestiones de la existencia a las que jamás contestaremos.
2
Cfr. Allen Ginsberg, Muerte y fama, Lumen, Barcelona, 2000.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 28
él, porque no podemos hacer otra cosa: sería imposible hablar como el gusano desde el gusano;
un imposible tautológico.
Hemos colocado al centro la corporeidad porque ello constituye elemental y materialmente lo
que llamamos «nuestra vida». Ante cosa tan frágil, el miedo gobierna y sigue ocupando el lugar
del leitmotiv, eso que dispara las acciones, los hechos de una vida. El horror corporal es, posible-
mente, el más antiguo y el más originario, sin embargo cada época le ha puesto ingredientes diver-
sos para presentarlo e investigarlo.
Una escena sangrienta en la antigüedad clásica la podemos encontrar al final de Edipo Rey, de
Sófocles, cuando agobiado por las consecuencias de sus actos Edipo se saca los ojos. También en
pasajes del Satiricón, de Petronio, se aprecia el esplendor decadente de la Roma imperial y su goce
del cuerpo: se menciona la antropofagia como una muestra de lealtad y de amor a los difuntos:
Nada tengo que temer de la repugnancia de tu estómago […] Cierra los ojos y supón que
estás comiendo no vísceras humanas sino diez millones […] Pues por sí misma no es agra-
dable ninguna carne, pero con técnica se aliña y se hace llevadera a todo estómago que la
rechaza.3
Con el Marqués de Sade se asiste a una verdadera reivindicación del cuerpo, después de más de mil
años de negación y prejuicio platónico.4 Las aberraciones sexuales, la perversión y la libido desbor-
dada se le muestran al lector no como posibilidades sino como certezas: la afirmación de la maldad
sobre una inocencia de cartón y una pureza de pacotilla. El ser humano es una voluta hambrienta
de perversiones; todos, al menos en la imaginación, hemos deseado algo «prohibido», algo «in-
moral». Podemos pasar revista a un número incalculable de autores que describen escenas llenas
de hemoglobina, citar a Bram Stoker, a Geroges Bataille, y tal esfuerzo solo nos conduciría por un
camino gozoso pero equivocado.
Como subgénero del terror, el gore nace en el cine, en las películas más «astrosas», con los
presupuestos más bajos y con cierto aire cínico de mala factura. Cintas como Blood Fest (1963), Ne-
kromantic (1987), Evil Dead (1979), hasta títulos del mainstream como Wolfen (1981) y Mandy (2018),
sin olvidar a los grandes clásicos: La masacre en cadena en Texas (1974), las biopics de asesinos seria-
les como Ed Gein (2000) y Ted Bundy (1986) y la asquerosa e impactante Orozco, el embalsamador
(2001):5 más tripas ni en la carnicería.
En literatura se encuentran los británicos Clive Barker, con Libros de sangre, antecedente claro de
las historias y las temáticas propias de este subgénero, y Michel Shea y su relato «La autopsia». En
Estados Unidos llamaron splatterpunk6 a las narraciones con harta salpicadura de líquido vital y en
3
Petronio, Satiricón, Grupo libro, Madrid, 1990, p. 179.
4
Y después con el platonismo adaptado al cristianismo, en el que se espera la terminación del mundo físico «aparen-
te» para la elevación etérea al cielo, la casa de Dios. Cristo demuestra que para occidente el cuerpo es un estorbo al
que hay que sacrificar en aras de un florecimiento espiritual. Muchas religiones de oriente y occidente dan ejemplo
de esta proposición, en el yoga mismo se domina al cuerpo para alcanzar esa plenitud espiritual.
5
La lista es inmensa; sirvan las mencionadas aquí como ejemplo, no como recomendación ni clasificación.
6
En obvia referencia al ciberpunk, movimiento artístico derivado de la ciencia ficción, considerado a partir de neu-
romancer de William Gibson.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 29
Italia surgieron, a finales del siglo XX, varios autores bajo el nombre «juventud caníbal»,7 influidos
además por los grandes del cine de horror de ese país como Lucio Fulci, Mario Bava y Dario Ar-
gento. En Latinoamérica podemos descubrir un claro ejemplo de esta escritura abyecta en Gerardo
Blommerfield con su Vómito de sangre y en México a Carlos Velásquez, con obras como el libro de
cuentos La marrana negra de la novela rosa.
El arte gore (ahora podemos hablar de tal cosa pues no se limitan los productos culturales con
esta tendencia al cine y a la literatura) no es una simple apología de la violencia, no es solo la mira-
da morbosa que complace nuestras más oscuras fantasías sin que tengamos que incurrir en alguna
actividad criminal o ilegal; el gore nos hace evidente que somos cuerpo, carne, sangre, fluidos y
tejidos, nos recuerda que estamos en la vida porque poseemos una estructura ósea, rellena de mús-
culos, cubierta de piel y vellos y que en cualquier momento podemos perder, dañar, enfermar y
afectar y en ese momento todas las ficciones, toda la sabiduría, la ciencia, la civilización son pura
bagatela, pura distracción de los humanos en su inextinguible ambición de re-crearse, de re-plan-
tearse, como seres diferenciados, sin la carga de los cuerpos, sin el hedor de la sangre coagulada.
Fuentes
Broli, Daniele, «Epílogo. Los cuentos cambian», en Juventud canibal. Antología del horror extremo,
Grijalbo-Mondadori, Barcelona, 1998. Petronio, Satiricón, Grupo libro, Madrid, 1990. [Link],
Sueños de prospectiva, [Link]
chael-shea_31.html. Recuperado el 10 de enero de 2021.
7
La editorial Grijalbo-Mondadori publicó en 1998 la antología Juventud caníbal. Antología del horror extremo, en la
que compila a los autores nombrados bajo esa denominación, como Aldo Nove, Nicolo Ammaniti y Danielle Luta-
zzi. Esta editorial publicó para el público hispano obras de Poppy Z. Brite y Michel Serio, que también se clasifican
dentro del splatterpunk.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 30
La risa y el títere: el cuerpo y el texto monstruosos
en tres relatos de Sergio Pitol
Gabriel Luévano Gurrola
¿Soy acaso una marioneta manejada por algún des-
conocido? ¡Sí lo eres!, oigo. ¿Y eso que daba yo en
llamar «mi voluntad» no me alcanza sino para ele-
gir uno de los varios platillos que ofrece la carta de
un restaurante?
Sergio Pitol
I
Aprovechando una discusión en torno a la vejez, Sergio Pitol enuncia en su ensayo El tríptico,
incluido en El mago de Viena (2005), algunos de los temas y manías desarrollados a lo largo de su
obra: la desfachatez de figuras de altos cargos que se regodean en la procacidad, su adoración por
los hospitales y los periodos de convalecencia que le permitieron leer a sus anchas, o el morboso
placer de imaginar para sí una muerte violenta y paladear las reacciones que los deudos pudieran
manifestar. Además, divide en tres las etapas de su producción literaria hasta ese momento y des-
cribe la aparición de su vena jocosa como un resultado de las lecturas de autores como Bajtin y
Gombrowicz que, entre otros, configuraron en su formación un «remedo del caldero fáustico».
Cuando se refiere al tríptico formado por sus principales novelas, dice: «Entre estas tres no-
velas se tiende un amplia red de conexiones, de corredores, de vasos que potencian su carácter
carnavalesco, fársico, delirante y grotesco».1
Por supuesto, se ha trazado la relación entre el autor de La cultura popular en la Edad Media y en
el Renacimiento (1974) y Pitol en reiteradas ocasiones, sin embargo, la complejidad laberíntica de
algunos de sus cuentos —Vals de Mefisto (1979), El relato veneciano de Billie Upward (1980) y Noc-
turno de Bujara (1980) —, con su juego de narradores a los que se les delega la responsabilidad de
contar la mayor parte de las historias, invitan a pensar esa relación como una visión artística que
no impide nutrirse de otras posturas.
En cuanto a la hibridez de estilos y formas en la obra literaria, el cuerpo o los rituales popula-
1
Sergio Pitol, Obras reunidas V. Ensayos, Fondo de Cultura Económica, México, 2008, p. 276.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 31
res, por ejemplo, tanto Bajtin como el crítico alemán res repulsivos o patéticos, encarnan una perspectiva
Wolfgang Kayser parecen coincidir en la necesidad festiva y fértil, a lo Bajtin. No por nada esta condi-
de no resumir en categorías ligadas a la sátira o el ción de instrumentos, que vuelven a los personajes
drama una sensibilidad distinta en la que los límites de Pitol títeres fantasmales, es formulada en El tríp-
se desdibujan o problematizan. No obstante, para el tico por el autor mismo, para quien esta peculiari-
teórico ruso la exageración de un hecho o el rasgo de dad es especialmente notoria en Domar a la divina
una persona trasciende la caricatura negativa. El ex- garza (1988): «Ellos tienden a aparecer y desaparecer
ceso festivo de Rabelais no se explicaría si la hipérbo- como si obedecieran a un conjuro. El lector no sabe
le se conformara con tratar el defecto: lo que no debe si son verdaderos personajes de novela, o marione-
ser en términos morales. A Kayser, por el contrario, tas, meras visiones, musarañas».3
le fue cara la idea del abismo al que se precipita el lec- Este ensayo pretende tocar brevemente algunos
tor o el espectador de una obra de arte cuando se han puntos de los relatos seleccionados en lo tocante a la
destruido los órdenes existentes. Dice, en Lo grotesco. idea del texto no concluido, pleno de historias que se
Su realización en literatura y pintura (1957): «No se co- ramifican y le otorgan un aspecto monstruoso, como
rresponde con lo grotesco el miedo a la muerte, sino los elementos del cuerpo en su tratamiento abismal
el pánico ante la vida. Y a la estructura de lo grotesco en algunos personajes, más cercano a los postulados
pertenece la abolición de todas las categorías en que de Kayser.
fundamos nuestra orientación en el mundo».2
El abigarramiento de elementos que precipitan II
al lector también se posesiona de él, distorsionando En El relato veneciano de Billie Upward, la colegial Ali-
su identidad, enajenando su mundo. La fuerza de lo ce cree entender la necesidad de abandonarse a los
casual sobre lo causal, de lo siniestro, evidencia una placeres del cuerpo desde que, al desobedecer las
imaginación más perversa que festiva. instrucciones de su profesora, sale del hotel donde
A pesar de las ramificaciones de las historias que, guarda reposo debido a una enfermedad y ve el paso
bajo la estrategia de las cajas chinas, son presenta- ligero de los transeúntes, mientras califica el suyo
das como cuentos dentro de los cuentos de Pitol, como el de una inválida. Al final de su aventura,
no parece factible la preeminencia de lo accidental cuando ha dejado el concierto ofrecido por la ele-
como eje rector de los relatos. Y, sin embargo, el jue- gante Titania dirigida por el joven de quien queda
go no se cancela, solo se enmarca. En los tres relatos prendida, parece encontrar la clave de un libro leído
propuestos arriba existen personajes activos, usual- durante el viaje a Venecia, cuya lectura la perturbó.
mente escritores o críticos cuya cultura les permite Este versa sobre una aventura de senectud en la que
juzgar el talento de otros creadores y la absurdidad un Casanova decadente, de sesenta años, soborna al
de los protagonistas de historias que nos llegan de amante de una joven matemática para suplantarlo
segunda mano. Los personajes juzgados, pasivos, en la cama, en la que, pasada la noche, permanece
ejemplifican o padecen motivos grotescos, en los vencido por el sueño. La joven, por supuesto, lo re-
que la voluntad personal les es escamoteada, como conoce, y Alice se siente perpleja ante la anécdota
en el modelo de Kayser, mientras que los activos, al porque, desde luego, el cuerpo y el olor del provecto
tematizar la idea misma de la creación e imaginación donjuán debieron haberla alertado.
literarias, en su mordacidad y crueldad hacia esos se- Ese «retrato abyecto y repulsivo» del viejo aman-
te cobra al final de la peripecia de Alice la importan-
2
Wolfgang Kayser, Lo grotesco. Su realización en literatura y pintu- cia de una clave para descifrar la verdad de la fuerza
ra, Machado libros, Colección La balsa de la Medusa, Madrid,
2010, p. 374. 3
Sergio Pitol, op. cit., p. 276.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 32
que la impulsa a dejarse vencer por «el golpe de la un par de ancianos, los hermanos Riccordi
sangre del macho» en la góndola sobre la cual esca- que aparecen en dos pasajes del libro como
pan del escándalo de Titania. Esta clave parece par- sombras patéticas, gimoteantes y borrosas
ticipar del motivo grotesco del cuerpo monstruoso, frente a la figura acerada del aventurero ve-
imperfecto, abierto a las posibilidades y la creación, neciano que traiciona, penetra y aniquila.6
como lo plantea Bajtin:
Ahora bien, en este punto Pitol despliega su habili-
Como ya hemos señalado, el cuerpo gro- dad para poner en perspectiva el terreno de ambi-
tesco es un cuerpo en movimiento. No está güedad que no desdice, más bien enmarca la lección
nunca listo ni acabado: está siempre en esta- de la joven entre los comentarios del personaje que
do de construcción, de creación y él mismo siempre estuvo leyendo junto a nosotros la aventura
construye otro cuerpo; además, este cuerpo de Alice. El fracaso de esa lección se da por partida
absorbe el mundo y es absorbido por éste. 4 doble. En primer lugar, Alice encuentra a Titania y al
comendador que la pretende tomando un desayuno
Antes de salir del hotel, Alice se había probado un al término de su viaje por los canales. A esta mesa
vestido de noche para constatar su recién alcanzada se suma el muchacho de dientes infantiles y los tres
condición de mujer adulta y al final ese despertar se le parecen a la desconcertada joven un remedo gri-
cristaliza en su separación de las buenas maneras. En sáceo de lo que había creído descubrir en la figura
este despertar los defectos son la puerta del cuerpo de Casanova: «intuye que el drama contemplado el
y los placeres: el bello seductor de la estudiante tie- día anterior al final del ensayo era falso, un juego in-
ne una dentadura inconciliable con su virilidad: es ventado por esos tres despojos humanos para fingir
infantil, demasiado pequeña. El contraste del niño que su vida es interesante y aún la sacude la pasión».7
y el hombre es el del anciano y el deseo que se niega Antes de la desilusión el lector del cuento dentro del
a morir en la anécdota de Casanova.5 Al comparar cuento percibe la debilidad del relato y con su apa-
la picaresca vitalidad del viejo con otros personajes rición repentina, cuando su presencia parecía olvi-
recortados como siluetas sin sustancia del relato leí- darse, nos invita a pensar en Alice como una sombra
do, Alice: más, derrotada dentro de su mundo, y fuera de él,
por la impericia de Billie Upward.
[…] añade que, a pesar de todo, para ella Además, la lección trunca de Alice es puesta en
la perfidia de Casanova (y eso lo comien- duda gracias al delirio bajo el que la encontramos
za apenas a descubrir en ese momento) es cuando la maestra la descubre a su vuelta al hotel.
preferible a la estulticia, por ejemplo, de La aventura es falsa y Pitol, lo suficientemente as-
tuto como para mezclar el resumen de la historia
4
Mijaíl Bajtin, La cultura popular en La Edad Media y en el Renaci- con las percepciones del lector que revisa el texto de
miento, Alianza Editorial, Madrid, 2003, p. 259. Upward, con las ideas críticas de un tal Gianni en su
5
Tal vez no sea ocioso pensar en este punto en lo que Juan Villo- mente, para revalorar su calidad literaria. Por lo tan-
ro indica en Las mil fugas de Casanova, ensayo dedicado a Pitol, to, la fuerza de las imágenes grotescas del cuerpo se
presente en De eso se trata (2010). Villoro analiza las Memorias
mantiene, pero su aprendizaje ya no le pertenece a
del famoso libertino, en el que se presenta como un hombre de
cercana relación con la enfermedad, pues muchas veces pare-
la protagonista sino, tal vez, solo a ese severo lector.
ce que la busca, hasta el punto de disfrutar del halago que un
médico le dirige al ver aumentar su clientela de mujeres enfer- 6
Sergio Pitol, Obras reunidas III. Cuentos y relatos, Fondo de Cul-
mas, a quien él contagiara. Casanova haría de sus memorias un tura Económica, México, 2004, p. 227.
«expediente» de su cuerpo y, por tanto, de sus enfermedades. 7
Ibidem, p. 230.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 33
De allí que en el preámbulo de la aventura en Vene- Sin embargo, como en El relato veneciano de Billie
cia esta ensaye varias interpretaciones del texto. Una Upward, tratamos con un personaje desmenuzado por
de ellas plantea lo siguiente: «era también un trata- otro, en un marco mayor que sirve de plataforma a Pi-
do sobre la certidumbre de la unidad biológica del tol para deslizar las claves de lectura de su texto. Es una
hombre con todo lo circundante y su fusión mística mujer, en este caso, leyendo el relato de su esposo Gui-
con el pasado».8 llermo, durante la etapa del divorcio. Culta, honesta y
La unidad entre individuo y entorno, o un ob- mucho más inteligente que Guillermo, establece una
jeto, aparece en la extraña descripción del pianista relación francamente antagónica con el cuento. Ella
a cuyo concierto asiste el intelectual Manuel Torres indica los núcleos narrativos a punto de cristalizar,
en Vals de Mefisto: «El joven parece mantener con el sin desarrollo: «mínimas historias nutridas en los más
piano una relación sanguínea, casi umbilical. A mo- rampantes lugares comunes de un decadentismo de
mentos la exacta correspondencia con su instrumen- fin de siglo, sedientas de ripios y oropeles».10 Más ade-
to y con los sonidos que de él extrae lo hace parecer lante, respecto al personaje de una catalana de otro de
casi inhumano».9 A esto se le añade la adjudicación sus relatos fallidos: «Siente allí un exceso de curvas, de
de un parecido con un hombre que acabase de ha- redondeces, una figura demasiado plena que la hace
cer el amor, debido al sudor de su rostro, compara- evocar caderas como ánforas y pechos iguales a mas-
ción que puede responder a la presente en El relato carones de edificios en exceso barrocos».11
veneciano, la cual comunica el nacimiento de la con- Hasta ahora se han mencionado algunos temas
ciencia de lo voluptuoso en relación con la suciedad grotescos referentes al cuerpo: la ancianidad que lo
del agua de los canales, a cuya orilla las prostitutas deforma, el cuerpo animalizado o el cuerpo conver-
renuncian a la búsqueda del sentido de la vida y se tido en un objeto. A todo esto, el cuerpo transhuma-
pierden en rememoraciones de experiencias obsce- no. Pero, de igual modo, mientras el cuerpo pierde
nas. El placer, el exceso del cuerpo, la animalidad (las sus privilegios de perfección y belleza, tenemos la
compañeras de Titania se describen como escaraba- idea del texto como una especie de cuerpo. El hecho
jos o mandriles) son aquí vencedores de la razón y de que el relato de segunda mano tenga curvas, re-
la buena conducta (recordemos que la joven poseída dondeces y haga pensar en caderas y pechos, permi-
por Casanova es matemática). te que no sea aventurado pensar en esos ripios, que
El núcleo de Vals de Mefisto descansa en la serie se demoran en detalles que no se desarrollarán y en
de imaginerías que a Torres le sugiere la presencia historias que se pegan cual rémoras al tronco del re-
de un anciano espectador que, desde un palco, mira lato, como un producto de la imaginación y sensi-
con insistencia al intérprete. En forma de esquema bilidad grotescas.12 Resulta lógico, por lo tanto, que
va midiendo las posibilidades, rechazándolas, hasta para los lectores de la obra de Upward y Guillermo el
llegar a la más satisfactoria: estamos ante un hombre juicio resultante de su examinación sea de rechazo o,
que asesinó a su esposa al enterarse de una infideli- al menos, de irritación. Para la esposa de Guillermo
dad. La envenenó para asistir a los últimos esfuerzos el estilo serpenteante es una manera de combatir su
de la moribunda en su piano, mientras tocaba Vals de grisura y la linealidad de su vida (la verdad es que él
Mefisto, pieza que le recordaba a su amante; con ello, juega, ella no).
la constatación del amor que nunca tuvo renace en el 10
Ibidem, p.207.
homicida al escuchar la composición, muchos años 11
Ibidem, p. 209.
después, frente a la morbosidad de Torres. 12
En el híbrido ensayo-relato El oscuro hermano gemelo, Pitol
compara el fruto del trabajo del novelista que hurga en su vida
8
Ibidem, p. 218. en un ejercicio que trasciende lo autobiográfico, con «una pró-
9
Ibidem, p. 210. tesis múltiple» que transforma sus propios reflejos en el relato.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 34
En Nocturno de Bujara, el narrador principal, el que esa atmósfera de destrucción es capaz de enlo-
único, no lee un relato, pero extiende sus opiniones quecer a los turistas y diplomáticos, arrastrándolos a
sobre los relatos que elabora, también obsesiva y un lanzarse de cabeza desde lo alto de sus habitaciones.
tanto perversamente, pero acaso las meditaciones en El nexo de la imagen grotesca con la reflexión acerca
este relato son más transparentes y acusadas. Cita, de la imaginación que sugiere un sinfín de tramas
después de poner al lector al tanto de la narración en la mente de un creador, que a su vez determina
sobre un pianista húngaro con la cual quisieron li- la estructura del relato,14 lo encontramos cuando el
brarse él y un amigo de una mediocre pintora, al narrador asegura, al presenciar una procesión, que
crítico polaco Jan Kott. Utiliza sus ideas en torno al siente «el aleteo» de la historia olvidada. Una anéc-
cuerpo como una mera suma de fragmentos, nun- dota aletea como un cuerpo enajenado.
ca como una identidad, ya que jamás tenemos una Se trata de la historia de la pintora italiana, incor-
visión completa de él, para tratar el problema de la dio del narrador y su amigo. Había sido abandonada
memoria, también insuficiente para armar la ima- por un amante sudamericano para buscar el desaho-
gen total de un recuerdo: go con ellos, quienes, para deshacerse de su perso-
na, le transmiten la anécdota inventada del pianista
Igual que en el tratado de Jan Kott sobre húngaro Feri Nagy. Esta joven promesa visitaría Sa-
el erotismo, la fragmentación de la visión marcanda para confundir en la estación de trenes a
podía aplicarse a todo tipo de experiencia un grupo sospechoso con gente amiga y terminar en
sensorial intensa. Como aprehendido por el una sórdida recepción de nobles circasianos venidos
tacto, el mundo se disgrega, los elementos a menos. Los húngaros son tenidos por orientales y
se separan, se desencadenan y solo son per- eso facilita el desarrollo del cuentecillo pues, a pesar
ceptibles uno o dos detalles que por su vigor de la suciedad de la princesa anfitriona, de la pieza
anulan el resto.13 donde vive y de los invitados, siendo el pianista muy
pulcro, se familiariza rápidamente con el mal olor.
Esta clave de lectura ayuda a entender la estructura La identificación natural, biológica, con ese mundo
sumamente compleja de Nocturno de Bujara, donde que por genética no puede serle, en el fondo, ajeno,
tenemos una serie de analepsis que, hasta el final del lo hace desapercibir los aullidos que lanzan sus nue-
cuento, derivamos de un presente en el que el narra- vos amigos. El muchacho despierta desnudo y ma-
dor se halla esperando un vuelo a Samarcanda. Des- gullado en una estera y, aunque regresa a Hungría,
de la sala de espera intenta recordar la excursión que renuncia al piano para buscar el elíxir perdido que
en Bujara hizo junto a sus amigos Dolores y Kyrm, descubriera en esa capitulación ante el salvajismo.
y con ello el tiempo en que conocieron él y su amigo Apelar al erotismo como una suma del cuerpo
Juan Manuel a la pintora fracasada. fragmentado, y a la capacidad generativa de la ima-
El éxtasis al que se hace referencia, además de en-
troncarse con la idea del texto abierto, lleno de com- 14
Margo Glantz describe la forma de narrar del autor en un
puertas y ripios, como un cuerpo que se disgrega, apartado de Sergio Pitol: De pájaros, hechiceras y magos, texto reu-
permite identificar la recurrencia de la animaliza- nido en sus Ensayos de literatura mexicana del siglo XX (2013), de
la colección de Obras reunidas del FCE, y cierra con una curio-
ción en su faceta más salvaje. Esto se vuelve evidente
sa comparación: «El narrador, desdoblado o triplicado, la vis-
en la descripción de la matanza de los cuervos que lumbra, la imagina, inscribe comienzos, desarrollos y finales, los
llenan de gritos el cielo de Bujara antes de ser devora- desarticula, los recompone y acaba disparando una multitud
dos por una especie de cigüeña. Apunta el narrador de relatos, como esos insectos que, cuando son destruidos, se
multiplican y dejan escapar réplicas diminutas de sí mismos»,
13
Ibidem, p. 263. p. 400.
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ginación que reconstruye la memoria y el deseo de dos hasta la imagen primera del cielo ensombrecido
solazarse en la vulgaridad de los ambientes bestia- por los cuervos. Tal situación confirma la naturaleza
les, podría responder a la definición bajtiniana del sedante que varias líneas antes del final se enuncia
cuerpo, tendiente a la generación, desde las zonas respecto a la proclividad de Kyrim a las historias
abiertas, como la boca o, tomándonos la licencia, los atroces:
núcleos cristalizados de la trama:
La fruición del narrador revela esa crueldad
El cuerpo grotesco aparece sin fachada, sin que posee en los más altos momentos a las
superficie cerrada, lo mismo que sin fiso- tribus del desierto; pero, como los de Las
nomía expresiva: está encarnado ya sea por mil y una noche, tales relatos carecen de san-
las profundidades fecundas, ya sea por las gre real, son una especie de metáforas de la
excrecencias aptas a la reproducción, a la fatalidad, de las cuitas y fortunas que inte-
concepción. Este cuerpo absorbe y da a luz, gran el destino humano (¡Porque Alah, será
toma y restituye.15 siempre el más sabio!) y en vez de empavo-
recernos nos crean una especie de soltura,
Sin embargo, Nocturno de Bujara encapsula ese festejo, de reposo.18
esa característica que Pitol adjudica al «tercer aire»
de su carrera literaria, en El tríptico: «marcado por Aunque en esta cita se nos precave de lo que, en tér-
la parodia, la caricatura, el relajo, y por una repen- minos de Bajtín, respondería a la inmortalidad de la
tina y jubilosa ferocidad».16 Quizás la ferocidad no historia de los pueblos, cuya vida se renueva en imá-
contradiga la naturaleza criatural,17 bajtniana, de esa genes y ritos que la hacen convivir con la muerte, del
vena que podemos ubicar también en el cuento, pero mismo modo, la consciencia de que existen fuerzas
como un ripio más puede extenderse para llegar a la inconscientes, incluso divinas, que parecieran con-
parte más perversa de su estilo. Al término del relato trolarnos y adormecer nuestra voluntad, remite al
se confiesa un remordimiento del narrador. Parece hincapié en lo siniestro bajo la perspectiva de Kayser.
que la pintora polaca viajó a Samarcanda, atendien- El narrador titiritero es en cierta medida un títere de
do a la persuasiva invitación a través de la disparata- la suerte o del mal, pero no deja de ser, comparado
da anécdota de Nagy, pero no solo eso. Rumores di- con los personajes abiertamente manipulados, un
fíciles de confirmar aseguran que apareció, desnuda ser activo.
y golpeada, en una calle de la única ciudad contem-
poránea de Babilonia aún habitada, como el destino III
falsamente esbozado para librarse de ella. Si bien en un cuento como Vals de Mefisto tanto el lec-
La mezcla de realidad y ficción le abisman en tor que juzga como el personaje creador salen incó-
una especie de colapso que desencadena los recuer- lumes de la experiencia crítico-imaginativa (el autor
del cuento resumido, Guillermo, sale avante de la
15
Mijaíl Bajtin, op. cit., p. 278. prueba ya que nunca leemos el cuento directamente
16
Sergio Pitol, op. cit., p. 274. y solo podemos confiar en la irritación de su esposa),
17
Utilizo el término apoyándome en la apreciación del tipo de
tenemos la idea del texto como un cuerpo que muta
realismo de Rabelais hecha por Erich Auerbach en Mimesis, que
bien podría suscribir Pitol, y desde luego, se adecua a la visión
y explora caminos para gestarse constantemente. En
de Bajtin: «El realismo “criatural” recibe con Rabelais un sen- El relato veneciano de Billie Upward y Nocturno de Bujara
tido totalmente nuevo, rudamente opuesto al medieval, el del las marionetas resultan peor libradas. Alice, la pinto-
triunfo vitalista y dinámico de la corporalidad y sus funcio-
nes», p. 257. 18
Sergio Pitol, op. cit., p. 253.
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ra italiana, la misma Billie Upward, tan maltratada cuerpo, la protección de su buena conducta (Alice) o
en otras obras de Pitol, se presentan como seres inca- la falsedad de su ego (la pintora italiana).
paces de sortear los motivos grotescos que padecen o Para Ernesto de la Peña, en Carpe risum. Inmedia-
encarnan. Son víctimas de fuerzas tras las que Pitol, ciones de Rabelais (2015), el estilo de Rabelais se aleja
como un mago que las conjurara, desliza su arte poé- del concepto clásico de lo monstruoso, como algo re-
tica: bajtiniana en lo que toca a su fertilidad como moto y distante del hombre. Él rescata, en su desme-
autor acreditado por la calidad de los cuentos en sí, sura imaginativa, los elementos más benevolentes de
de corte más acorde a Kayser en su aplicación sobre los gigantes: «Atrapar al monstruo en su laberinto
algunos personajes. no significa forzosamente emprender una lucha;
Dice Kayser, en el capítulo final de su libro, en un puede tratarse de una expedición de experimenta-
tono más optimista: ción de nuevas realidades que ofrece el mundo».20
En esa expedición, tomando prestadas las palabras
Aun afrontando la perplejidad y el terror del filólogo mexicano para el autor de los cuentos
suscitados por esas enigmáticas energías que tratados aquí, la libertad enunciada por Bajtín es
se emboscan a la sombra de nuestro mundo privilegio de Pitol y su texto monstruoso. La lucha,
y desearían distanciárnoslo, la obra de arte la desorientación apuntada por Kayser, sigue siendo
verdadera nos regala una secreta liberación. para sus títeres.
Lo oscuro adquiere rostro, lo inquietante se
revela, lo inasible consigue lenguaje. Y con Fuentes
ello llegamos a nuestra última definición:
la realización de lo grotesco supone el intento de Auerbach, Erich, Mimesis. La representación de la reali-
conjurar y exorcizar las fuerzas demoníacas de dad en la literatura occidental, Fondo de Cultura Eco-
nuestro mundo.19 nómica, México, 1996. Bajtin, Mijaíl, La cultura po-
pular en La Edad Media y en el Renacimiento, Alianza
A través de sus testaferros, Pitol pereciera reser- Editorial, Madrid, 2003. De la Peña, Ernesto, Carpe
varse la prerrogativa de la salvación, dejando a sus risum. Inmediaciones de Rabelais, Fondo de Cultura
personajes como seres no del todo completos. Los Económica, México, 2016. Glantz, Margo, Obras reu-
narradores o escritores que pueblan los tres relatos nidas IV. Ensayos sobre literatura mexicana del siglo XX,
analizados tienen la capacidad de entrar al laberin- Fondo de Cultura Económica, México, 2013. Kayser,
to, construirlo o desmenuzarlo, con un mayor o Wolfgang, Lo grotesco Su realización en literatura y
menos distanciamiento en relación a los monstruos pintura, Machado libros, Colección la balsa de la Me-
o las víctimas que los habitan. Para esos narradores dusa, Madrid, 2010. Pitol, Sergio, Obras reunidas III.
—portaestandartes de la poética que Pitol va des- Cuentos y relatos, Fondo de Cultura Económica, Mé-
lizando mediante citas directas o acerbos comenta- xico, 2004. Pitol, Sergio, Obras reunidas V. Ensayos,
rios, entiendan o no la naturaleza criatural del esti- Fondo de Cultura Económica, México, 2008. Villo-
lo grotesco, fallido en los relatos de segunda mano, ro, Juan, De eso se trata. Ensayos literarios, Anagrama,
acreditados como cuentos redondos donde ellos son Barcelona-México, 2010.
también instrumentos—, enmarcar lo monstruoso
les permite salir medianamente salvos. Para aque-
llos que encarnan lo monstruoso, o que lo padecen,
los motivos grotescos disuelven la humanidad de su
Ernesto de la Peña, Carpe risum. Inmediaciones de Rabelais, Fon-
20
19
Wolfgang Kayser, op. cit., p. 379. do de Cultura Económica, México, 2016, p. 242.
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Octavio Paz: la transparencia del instante
Daniel Martínez López
[…] la poesía es hasta ahora la única posibilidad de poder
aislar un fragmento, extrayéndole su central contracción o
de lograr arañar una hilacha del ser universal.
José Lezama Lima, Introducción a un sistema poético
Introducción: este ensayo pretende enfocar algunos puntos de confluencia entre el pensamiento de Paz, vertido
principalmente en El arco y la lira, y el de María Zambrano en Filosofía y poesía. Asimismo, hacer algunas
observaciones respecto de los conceptos de otredad y unidad y una interpretación de un poema donde se
pueden llegar a manifestar estas experiencias.
Cuando al inicio de Filosofía y poesía de María Zambrano se lee: «[…] que en algunos mortales
afortunados, poesía y pensamiento hayan podido darse al mismo tiempo y […] en otros más
afortunados todavía, poesía y pensamiento hayan podido trabarse en una sola forma expresi-
va»,1 uno de los primeros nombres que se viene a la mente es el de Octavio Paz. En el autor de
Piedra de sol están fusionados ambos elementos: fue en esencia un poeta —como él mismo recal-
caba siempre—, pero fue además un gran pensador y ensayista.
Harold Bloom, quien lo incluyó en su libro Genios, un mosaico de cien mentes creativas y ejemplares
al lado de nombres como James Joyce, Fiodor M. Dostoievski, Walt Whitman, Charles Baudelaire
e incluso Homero, Dante, Cervantes o Shakespeare, consideraba que la mejor faceta del vate de
Mixcoac era el ensayo, aun por encima de la poesía. A decir del crítico estadounidense, su mejor
libro en este sentido es Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, por encima de El arco y la lira,
al que no tenía en buena estima.2 En ambas facetas tuvo altos alcances el autor de Libertad bajo pa-
labra, de tal manera que resultaría en suma difícil precisar en cuál de las dos se desempeñó mejor.
Doble fortuna entonces la de Octavio Paz, diríamos con Zambrano, pues además logró que
«poesía y pensamiento hayan podido trabarse en una sola forma expresiva». Su poesía es crítica
1
María Zambrano, Filosofía y poesía, FCE, México, 2001, 2ª reimpresión de la 4ª edición, p. 13.
2
«Es un libro lleno de afirmaciones nostálgicas que no convencen a su autor», Harold Bloom, Genios. Un mosaico de
cien mentes creativas y ejemplares, Anagrama, Barcelona, 2005, 2ª edición, p. 647.
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y su crítica es poética, como han señalado en no po- imagen de la ola petrificada en su punto más alto
cas ocasiones sus críticos y exégetas. A esto se puede que utilizó en algunos poemas: movimiento y fijeza.
añadir que hay una notable cohesión en su poesía y En un momento relampagueante, en la cresta de la
en su crítica: con frecuencia ambas confluyen en los ola se alcanzó «la otra orilla», el prajñaparamita.10
textos mismos, directa o indirectamente. A diferen- La experiencia de la Unidad está fuera de todo
cia de Harold Bloom considero que su mejor obra en tiempo o, mejor dicho, es anterior al tiempo: «an-
prosa3 es El arco y la lira y constituye el nudo axial del terioridad no histórica, no ubicable en el orden
entrelazamiento que se da entre su crítica, su poética del tiempo, un cero no aritmético, un ombligo, un
y su poesía. omphalós del tiempo».11 Es transitoria, breve: «El
En la sección de este libro titulada «La otra ori- hombre no puede navegar en la unidad y, cuando
lla», Paz nos presenta el concepto de la otredad como lo logra, la destruye para volver a buscarla de nue-
la experiencia de lo sagrado o sobrenatural. Esta nos vo», anticipó Zambrano12 en 1939. La unidad referi-
suscita, entre otras cosas, una «radical extrañeza»: da por la escritora española es alcanzable de manera
«otredad es extrañeza, estupefacción, parálisis del más directa por medio de la poesía pero, en tanto
ánimo, asombro». 4 Frente a lo otro-sagrado-sobre- efímera, es también insuficiente por defecto: «la
natural experimentamos el horror, mezcla de lo fas- unidad lograda del poeta en el poema es siempre in-
cinante y repulsivo, lo insoportable y bello. En un completa».13 Es asimismo atemporal, instantánea y
primer momento es un «echarse atrás»,5 para luego fugaz: «la poesía se aferra al instante y no admite la
adentrarse en una parálisis enajenante y el vértigo esperanza, el consuelo de la razón».14 En este sentido,
ante la visión de lo atroz; un dejarse llevar por la la filósofa malagueña anticipó algunos de los con-
atracción hipnótica, inclinarse, dejarse caer, dar «el ceptos empleados por Paz, para quien naturalmente
salto»6 y «ser uno con lo otro»,7 lo ajeno y mío. también la experiencia poética es una de las vías más
«La experiencia de lo otro culmina en la expe- directas hacia la Unidad.
riencia de la Unidad»,8 agrega Paz. El momento Todas estas ideas encuentran relación con el con-
cumbre y final de este trance es apenas un instante: cepto de lo sublime, enunciado por Longino y referi-
la «consagración del instante»9 paciana. En ese mo- do por Harold Bloom cuando escribió que el sabio
mento —que no es cuantificable temporalmente y neoplatónico vio que «funcionaba como una trans-
además está fuera de todo tiempo tal como lo con- ferencia de poder del autor hacia el lector»: «Al ser
cebimos— se concentra la plenitud máxima alcan- tocada por lo verdaderamente sublime, el alma se
zable. Acción e inacción simultáneas, como aquella exalta naturalmente, se eleva hasta la orgullosa altu-
ra, se llena de júbilo y jactancia, como si ella misma
3
«La obra ensayística de Octavio puede entenderse como una
hubiese creado esta cosa que ha oído».15 En efecto,
exploración radical de la condición humana en su singularidad
moderna desde la creación poética» (las cursivas son nuestras), al alcanzar esta experiencia literaria a través de un
Sigifredo Esquivel Marín y Javier Acosta, Estancias críticas. Tra- poema, se experimenta, además de todo lo que en-
yectos desde Velarde, Reyes y Paz. Universidad Autónoma de Zaca- listó Paz, gozo, deleite, júbilo. Por medio de la poe-
tecas, Zacatecas, 2017, p. 79. sía del propio Paz, es posible llegar a esta sensación
4
Octavio Paz, La casa de la presencia. Poesía e historia, Obras com-
pletas I. Edición de autor, FCE, México, 2014, 2ª edición, p. 129. 10
Ibidem, pp. 118-135. Se trata del primer apartado del capítulo
5
Ibidem, p. 132. «La revelación poética».
6
Ibidem, p. 132. 11
Sigifredo Esquivel Marín y Javier Acosta, op. cit., p. 96.
7
Ibidem, p. 131. 12
María Zambrano, op. cit., p. 74.
8
Ibidem, p. 132. 13
Ibidem, p. 22.
9
Ibidem, pp. 173-184. Se trata del primer apartado del capítulo 14
Ibidem, p. 34.
«Poesía e historia». 15
Harold Bloom, op. cit., p. 32.
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otredad-unidad. Un ejemplo de esto se encuentra en te solitario («en la pared de nadie») que el escritor
su obra Salamandra (1958-1961); se trata del poema realiza.
llamado «Garabato»: El rito del poeta va tornándose intenso de mane-
ra progresiva; su ritmo va siendo cada vez más ace-
Con un trozo de carbón lerado. «En la puerta prohibida», es decir, la vía de
con mi gis roto y mi lápiz rojo acceso hacia lo otro vedado que se alcanza en un flash
dibujar tu nombre de totalidad (la otredad-unidad), el poeta ya no solo
el nombre de tu boca escribe, sino que «graba», otra vez, «el nombre de
el signo de tus piernas tu cuerpo»: la palabra clave, la contraseña, el «ábre-
en la pared de nadie te, Sésamo» que conduce hacia la transparencia del
En la puerta prohibida instante. Esta persistente ceremonia del bardo llega
grabar el nombre de tu cuerpo al colmo de la vehemencia, hasta que se torna deli-
hasta que la hoja de mi navaja rante, convulsa, hasta que «la hoja de mi navaja/
sangre sangre» (aquí es donde aparece el erotismo sádico).
y la piedra grite En los dos últimos dos versos, cima del poema,
y el muro respire como un pecho.16 irrumpe abrupta la imagen insólita («Y la piedra
grite/ Y el muro respire como un pecho»); lo que
En este breve poema se encuentran concentrados va- produce la «radical extrañeza», «asombro», «estu-
rios asuntos recurrentes en la poesía paciana: Amor, pefacción», «horror» y todo lo teorizado por el pro-
erotismo, sadismo; delirio, fiesta, rito, ritmo; escri- pio autor. A todos estos conceptos, y en este poema
tura poética, vocablo, nombre(s): todo confluye en en particular, acaso habría que agregar el de «lo si-
un momento experiencial único que tiene su cúspi- niestro»: lo del otro lado, desconocido perturbador,
de en los dos versos finales. cuando un objeto inanimado cobra vida; ese es el
Las dos primeras líneas funcionan como analo- efecto que pueden llegar a producir estas imágenes.
gía de la escritura poética («trozo de carbón», «gis») La lectura del poema hace al lector participar del
con un ligero atisbo de erotismo («lápiz rojo»). En el acto tenaz del sujeto que escribe, dibuja, graba. Los
acto solitario de la escritura poética se hace presen- versos cortos son de lectura fluida, de manera que el
te el nombre de la mujer («dibujar tu nombre»). El asombro que produce llega de manera inopinada. Al
nombre, el acto de nombrar es también un elemen- mismo tiempo que el poeta finaliza su rito, el lector
to recurrente y en suma importante en la poética de se queda estupefacto ante la imagen de la piedra que
Paz: el nombre es cifra del deseo o del objeto o suje- grita y el muro que respira como un pecho. En sole-
to que contiene lo deseado, en este caso el nombre dad, la escritura evocativa, convulsa, desgarradora,
de la mujer amada. Lo mismo ocurre con la boca de del poeta en la imagen —y en la realidad— lleva
la mujer («el nombre de tu boca»), aquí entendida al lector a una experiencia semejante, a una «expe-
como vía de acceso hacia el erotismo, hacia «lo otro» riencia límite de la literatura»17 —como diría Julio
de lo cual la mujer —igual que la poesía— es puer- Ortega del Oppiano Licario de Lezama—: pasmo y
ta de acceso. Signo, otro término clave del reperto- espasmo súbito; parálisis que sin advertirlo hace dar
rio poético de Octavio Paz, funciona también como «el salto» y arribar a «la otra orilla»: a la transparen-
palabra evocativa de la belleza de la mujer y su sexo cia del instante.
(«el signo de tus piernas») en el acto eminentemen-
17
Julio Ortega, «De Paradiso a Oppiano Licario», en José Lezama
16
Octavio Paz, Obra poética, Obras completas VII. Edición del Lima, Paradiso. Edición crítica de Cintio Vitier. Secretaría de
autor. FCE, México, 2ª edición, 2014, pp. 312-313. Educación Pública, Archivos, México, 1988, p. 696.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 40
Fuentes
Bloom, Harold, Genios. Un mosaico de cien mentes creativas y ejemplares, Anagrama, Barcelona,
2005, 2ª edición. Esquivel Marín, Sigifredo y Javier Acosta, Estancias críticas. Trayectos desde Velar-
de, Reyes y Paz, Universidad Autónoma de Zacatecas, Zacatecas, 2017. Ortega, Julio, «De Paradiso
a Oppiano Licario», en José Lezama Lima, Paradiso. Edición crítica de Cintio Vitier. Secretaría
de Educación Pública, Archivos, México, 1988. Paz, Octavio Paz, La casa de la presencia. Poesía e
historia, Obras completas I. Edición de autor, FCE, México, 2014, 2ª edición. Paz, Octavio, Obra
poética, Obras completas VII. Edición del autor. FCE, México, 2ª edición, 2014. Zambrano, María,
Filosofía y poesía, FCE, México, 2001, 2ª reimpresión de la 4ª edición.
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Danza con el viento nocturno:
Carmilla y La muerta enamorada
Daniel Alejandro Nava Ortega
La estética del relato fantástico constituía un reto especial para el lector de mentalidad racionalista, sin
embargo, al mismo tiempo provocaba fascinación, debido a que cultivaba una sensación de asom-
bro, poniendo en tela de juicio, derivada de la confusión que causaba la lectura, lo narrado como
vivido de verdad y aquello que fue soñado; allí se encuentra el límite de lo natural y lo sobrenatural.
El relato fantástico se mueve alrededor de una problemática de cuestionamiento porque debe-
mos de hacer ver al lector que lo que parece extraño o sobrenatural es totalmente probable. Todo-
rov propuso que aquello que se denomina fantástico es lo que causa la duda en el protagonista que
nos coloca en medio de los inquietantes acontecimientos que le llevaron a contar todo.
Este es el caso de dos relatos separados por más de tres décadas entre su publicación: La muerta
enamorada (1836), de Teophile Gautier, y Carmilla (1872), de Joseph Sheridan Le Fanu. En La muer-
ta enamorada aparece Clarimonda, aristócrata italiana, la cortesana favorita de un príncipe, gozan-
do una vida —y una muerte— rodeada de lujos, placer y opulencia. Carmilla era una noble cuya
familia regía un territorio que, para los días en que los acontecimientos de la novela tienen lugar,
se encuentra abandonado, su castillo está en ruinas y su linaje de vampiros extinto, pero con ayuda
de artes oscuras vuelve a la vida para aterrorizar la región.
Normalidad: parte del contexto en un mundo ordinario o realista
Jean Fabre agrupa en cuatro fases el cuento fantástico que utilizaremos a continuación para anali-
zar ambos relatos. Al comparar y estructurar las tramas, las fases son rasgos en común entre ambas
narraciones.1 En La muerta enamorada Romualdo, recién ordenado sacerdote, habita en una villa
pequeña en Italia, la historia la cuenta a otro párroco amigo de un pueblo vecino en una carta. Sin
embargo, en su ordenación, el momento que por tanto tiempo ha estado esperando, de improviso
entre la gente que se encuentra en la iglesia alcanza a ver a una mujer que le deja fascinado y cuya
1
Jean Fabre, «Pour une sociocritique du genre fantastique en littérature» en Aurélien Boivin, Maurice Émond y Mi-
chel Lord (dir.), Les ailleurs imaginaires: les rapports entre le fantastique et la science-fiction, Nuit blanche éditeur, Quebec,
1993, pp. 109-119.
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breve visión ha tirado por tierra todas sus intenciones «tener otros amantes cuyas venas secaría». Comporta-
de entregarse al sacerdocio. miento que ya se había evidenciado al principio de la
novela cuando había declarado: «el amor es más fuer-
Levanté casualmente mi cabeza, que hasta te que la muerte y acabará por vencerla». Romualdo
entonces había tenido inclinada, y vi ante incluso llega a escuchar la voz de la dama en su mente:
mí, tan cerca que habría podido tocarla
—aunque en realidad estuviera a bastante Si quieres ser mío te haré más dichoso que
distancia y al otro lado de la balaustrada—, el mismo Dios en su paraíso; los ángeles te
a una mujer joven de una extraordinaria be- envidiarán. Rompe ese fúnebre sudario con
lleza y vestida con un esplendor real.2 que vas a cubrirte, yo soy la belleza, la ju-
ventud, la vida; ven a mí, seremos el amor.
Laura Hollis y su padre viven en un castillo en mitad […] Nuestra vida discurrirá como un sueño y
del bosque en Estiria, donde lo único extraordinario será un beso eterno.5
aparentemente es la belleza de sus paisajes; un lugar
apartado de cualquier centro poblado, fuera de la vis- Romualdo se vuelve de pronto una oveja extraviada
ta de Dios. A Laura le encanta vivir rodeada de natu- del rebaño. Nadie podrá salvarlo de perder su alma
raleza; su vívida descripción de lo que hay alrededor por la voracidad de su amante no-muerta.6 De esta
de su residencia nos hace pensar que ella está muy a forma, Clarimonda infunde una pasión desaforada
gusto allí y en el castillo. en el sacerdote. Clarimonda quizás también quedó
prendada del protagonista a simple vista, y decidió
No creo que exista nada más pintoresco y que ni siquiera Dios tenía el poder de separarla de
solitario. Está situada sobre una pequeña co- él, al fin y al cabo ella había vencido a la muerte, e
lina dominando un bosque. El camino, muy intenta engañar al alma de su amante mostrándole
antiguo y angosto, pasa por delante de un otra puerta a la inmortalidad.
puente levadizo, que jamás he visto alzar, en
cuyo foso, provisto de percas, nadan los cis- «¡Desdichada, desdichada de mí!, jamás tu
nes y flotan blancas escuadras de nenúfares.3 corazón será para mí sola, para mí, a quien
resucitaste con un beso, para mí, Clarimon-
Pasión: el protagonista se ve sometido de manera da la muerta, que forzó por tu causa las
extraña o inesperada a una fuerza que le domina o puertas de la tumba y viene a consagrarte su
desconcierta vida, recobrada para hacerte feliz».
Estas palabras iban acompañadas de cari-
Clarimonda se erige como un símbolo negativo4 de- cias delirantes que aturdieron mis sentidos y
bido a su obsesión, pero también de fidelidad, pues mi razón hasta el punto de no temer proferir
antepone su amor por Romualdo a todo, incluso a para contentarla una espantosa blasfemia y
decirle que la amaba tanto como a Dios.7
2
Théophile Gautier, La muerta enamorada, en Jacobo Siruela
(edición y prólogos), Vampiros, Atalanta, Mas Pou (Girona),
Carmilla, desde un momento dado en la historia, tie-
2010, p. 139.
3
Joseph Sheridan Le Fanu, Carmilla, en Jacobo Siruela (edición
y prólogos), Vampiros, Atalanta, Mas Pou (Girona), 2010, p. 212. 5
Théophile Gautier La muerta enamorada, op. cit., p. 141.
4
Marta Gómez-Moreno y Elena Carolina Hewitt Hughes, «El 6
Marta Gómez-Moreno y Elena Carolina Hewitt Hughes, op.
motivo de la mujer vampiro» en Signa: Revista de la Asociación cit., p. 371.
Española de Semiótica (núm. 22), 2013, p. 369. 7
Théophile Gautier La muerta enamorada, op. cit., p. 156.
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ne cierto comportamiento que inquieta e incomoda titud todos los deberes correspondientes a
a Laura: la abraza, la besa y le susurra, y esta al prin- mi estado, orando, ayunando y socorriendo
cipio se resiste a estos actos de afecto que, a la vez, le enfermos, dando limosnas hasta privarme
producen excitación y placer y, contradictoriamente, de lo más indispensable. Pero sentía en mi
dolor físico y psicológico.8 interior una profunda aridez y la fuente de la
gracia estaba seca para mí. No podía gozar
A veces, tras un período de indiferencia, mi de la felicidad que da el cumplimiento de
extraña y bella compañera me cogía la mano una misión santa. Mi pensamiento estaba en
y la retenía apretándomela cariñosamente otra parte, y las palabras de Clarimonda me
una y otra vez con pasión, y finalmente se volvían a los labios como un estribillo que
ruborizaba levemente, mirándome al rostro se repite involuntariamente. ¡Oh hermano,
con ojos lánguidos y ardientes, y tan jadeante medita bien esto! Por haber mirado sola-
que su vestido subía y bajaba a causa de la mente una vez a una mujer, por una falta
tumultuosa respiración. Era como el ardor de aparentemente tan leve, he sufrido durante
un enamorado; me turbaba; era algo odioso años las más miserables turbaciones. Mi vida
y, no obstante, irresistible. Luego me atraía está trastornada para siempre jamás.10
hacia ella, recreándose en la mirada, y sus cá-
lidos labios me recorrían las mejillas a besos, Una noche, un hombre a caballo y de aspecto miste-
mientras me susurraba, casi sollozando: rioso llega a la parroquia de Romualdo y le pide que lo
—Eres mía, serás mía; tú y yo tenemos acompañe. Montan hasta un lujoso castillo en el cam-
que ser una sola persona, y para siempre. po. Mientras Romualdo desmonta su caballo, le dicen
Después se echaba hacia atrás en la silla, que es demasiado tarde y que está muerta. Lo llevan a
cubriéndose los ojos con sus manecitas; y me la cámara de ella para realizar los ritos, para descubrir
dejaba temblando.9 que la mujer es Clarimonda, y la besó, dándole vida
temporalmente. Romualdo cree que todo lo que ha-
Conocimiento: el protagonista desea saber qué está bía pasado con Clarimonda había sido un sueño; pero
sucediendo y poder enfrentarse a la fuerza unos días después, ella se le aparece en su habitación,
parece muerta, pero hermosa, y le dice que se prepare
Romualdo se resiste al principio a los encantos de Clari- para un viaje. Los dos viajan a Venecia y viven juntos.
monda, su vida es para Dios y aspira sólo a llegar a es-
tar con él pues es lo único que alimentará su alma por el Hubiera sido completamente feliz de no ser
resto de la eternidad, ve al mundo como un obstáculo, por la pesadilla que volvía cada noche y en la
y se entrega al ascetismo esperando que su alma no se que me creía cura de pueblo mortificándome
manche con placeres vanos y mundanos mientras que y haciendo penitencia por los excesos cometi-
su cuerpo debe de ser un templo, en vez de una prisión dos durante el día. La seguridad que me daba
para el alma; debe resguardarse de los pecados, sin em- la costumbre de estar a su lado apenas me
bargo, falla rotundamente en negarse a Clarimonda. hacía pensar en la extraña manera en que co-
nocí a Clarimonda. Sin embargo, las palabras
Durante un año viví cumpliendo con exac- del padre Serapión me venían alguna vez a la
memoria y no dejaban de inquietarme.11
8
Marta Gómez-Moreno y Elena Carolina Hewitt Hughes, op.
cit., p. 377. 10
Théophile Gautier La muerta enamorada, op. cit., p. 148.
9
Joseph Sheridan Le Fanu, Carmilla, op. cit., p. 234. 11
Ibidem, p. 160.
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La salud de Clarimonda decae y parece estar murien- Acción: una vez obtenido el conocimiento, el héroe
do, pero se recupera después de beber un poco de la decide emprender acciones contra la fuerza
sangre de Romualdo de un corte en un dedo. Así se
da cuenta de que ella es una vampiresa. En Carmilla Laura no se entera hasta el último momento de que su
de manera sorpresiva aparece un extraño personaje, querida amiga es en realidad quien succiona su vida
un vagabundo o gitano que ofrece una especie de y la está matando. El general pide la ayuda del Barón
amuletos contra los vampiros, que al parecer rondan Vonderburg, un viejo amigo, para viajar a la fortaleza
el territorio, a Laura y Carmilla; la propia antagonis- de los Karnstein, una raza de vampiros que se creía
ta compra uno y lo cose a su camisón supuestamente extinta hace siglos, y acabar con el monstruo que era
para estar protegida en la noche. Laura decide adqui- Mircalla y quien siguiera aterrorizando aquellos lares,
rir uno también, pues sus pesadillas se han vuelto fre- causando daño a personas queridas para él, como su
cuentes y más aterradoras y ella desea tener a mano amada Bertha. Vonderburg va a desenmarañar el mis-
una solución para estos terrores nocturnos. terio y revelar al padre de Laura y a ella la verdadera
identidad de su invitada. El señor Hollis también se
—¿No querrían sus señorías comprarme un une al forastero en la cruzada que ha de extinguir para
amuleto contra el upiro, que, según he oído, siempre la estirpe maldita de los Von Karstein de la faz
vaga por estos bosques como un lobo? de la tierra, para dolor y conmoción, como se puede
—dijo, dejando caer su sombrero al sue- suponer, de Laura, quien se convence muy a su pesar
lo—. Mucha gente está muriendo por su de que el objetivo de su padre es impedir que su invi-
causa a diestro y siniestro, mas aquí tengo tada deje de matarla.
un amuleto que nunca falla. Basta con pren-
derlo de la almohada mediante alfileres, y Se abrió la tumba de la condesa Mircalla, y
podrán reírse de él en sus propias barbas. tanto el general como mi padre reconocieron
Tales amuletos consistían en unas tiras a su pérfida y bella huésped en el rostro que
oblongas de vitela, cubiertas de signos caba- ahora aparecía ante sus ojos. A pesar de los
lísticos y diagramas.12 ciento cincuenta años que habían transcurri-
do desde su entierro, sus facciones mostrába-
Un viejo médico descubre una enfermedad que afecta a nse inflamadas de calor vital. Tenía los ojos
Laura y que ya se ha cobrado muchas vidas en la comar- abiertos. El ataúd no despedía ningún hedor
ca; al no tener una explicación científica para los hechos, a cadáver. Los dos médicos presentes, uno
decide mantener en secreto que le atribuye a un vampiro oficialmente, el otro de parte del promotor
esas muertes. El general Speldorf, amable y anciano mi- de la investigación, atestiguaron el hecho
litar retirado, es el primero que se entera de los ataques y prodigioso de que una respiración tenue,
decide ayudar a Laura, pues una enfermedad afectó a su pero perceptible, animaba el cadáver, con su
sobrina Bertha de manera súbita y ella terminó por falle- correspondiente palpitación en el corazón.
cer, no sin antes de que su tío supiera que era un vampi- Los miembros eran perfectamente flexibles,
ro el responsable de su condición y muerte, todo esto al la carne elástica. El pesado ataúd estaba inun-
mismo tiempo en que alojaban a una extraña señorita en dado de sangre, en la que el cuerpo estaba
su casa; Millarca,13 que se presentó a ellos en un baile. sumergido a unas siete pulgadas de profun-
didad. Ahí estaban, pues, todas las pruebas y
12
Joseph Sheridan Le Fanu, Carmilla, op. cit., p. 239. síntomas admitidos de vampirismo.
13
Marta Gómez-Moreno y Elena Carolina Hewitt Hughes, op.
cit., p. 380.
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En consecuencia, de acuerdo con las el mármol, con las manos juntas; su blanco
prácticas antiguas, sacaron el cadáver y le sudario formaba un solo pliegue de la cabeza
clavaron una estaca afilada en el corazón. a los pies. Una gotita roja brillaba como una
[…] Después le cortaron la cabeza, y un to- rosa en la comisura de su boca descolorida.16
rrente de sangre brotó del cuello seccionado.
El cuerpo y la cabeza fueron colocados sobre La maldad siempre está acechando y sabe dónde y
una pila de leña y reducidos a cenizas, luego cómo presentarse a la siguiente presa que necesi-
esparcidas por el río, que se las llevó lejos. ta para vivir. Muchas veces estas figuras malignas se
Desde entonces aquel territorio no ha vuelto convirtieron en imaginario colectivo, de cuyas histo-
a ser atormentado por las visitas de ningún rias se derivaron muchas de las ficciones en las cua-
otro vampiro.14 les se representan amenazas para las vidas inocentes
y una manifestación de cómo la tentación acecha al
Serapión insiste en que los deseos de Romualdo por ser humano. Con historias excelentemente logradas,
Clarimonda nacen del pecado15 y lleva a Romualdo nos envuelven ambos relatos con su intriga y un gran
a su tumba para que así la sanguinaria cortesana en- manejo del suspenso que demuestran los autores,
cuentre el final de sus días de terror, de manera muy quienes dejaron un precedente para las historias fan-
similar a como lo encontró Von Karstein. tásticas, sobre todo las de temática vampírica, que
vendrían en épocas posteriores.
Serapión me exhortaba de forma vehemente
y me reprochaba con dureza mi debilidad y Fuentes
mi falta de fervor. Un día en que mi agita-
ción era mayor que de ordinario me dijo: Fabre, Jean, «Pour une sociocritique du genre fan-
—Sólo hay un remedio para que os tastique en littérature» en Aurélien Boivin, Maurice
desembaracéis de esta obsesión y aunque es Émond y Michel Lord (dir.), Les ailleurs imaginaires:
una medida extrema la llevaremos a cabo: a les rapports entre le fantastique et la science-fiction, Nuit
grandes males, grandes remedios. Conozco blanche éditeur, Quebec, 1993, pp. 109-119. Gau-
el lugar donde fue enterrada Clarimonda; tier, Théophile, La muerta enamorada, en Jacobo
vamos a desenterrarla para que veáis en qué Siruela (edición y prólogos), Vampiros, Atalanta, Mas
lamentable estado se encuentra el objeto de Pou (Girona), 2010, pp. 135-164. Gómez-Moreno,
vuestro amor. No permitiréis que vuestra Marta y Elena Carolina Hewitt Hughes, «El motivo
alma se pierda por un cadáver inmundo de- de la mujer vampiro» en Signa: Revista de la Asocia-
vorado por gusanos y a punto de convertirse ción Española de Semiótica, (núm. 22), 2013, pp. 359-
en polvo; esto os hará entrar en razón. 384. Le Fanu, Joseph Sheridan, Carmilla, en Jacobo
[…] Siruela (edición y prólogos), Vampiros, Atalanta, Mas
[…] el pico de Serapión chocó con el Pou (Girona), 2010, pp. 209-294.
ataúd, y los tablones retumbaron con un
ruido sordo y sonoro, con ese terrible ruido
que produce la nada cuando se la toca; de-
rribó la tapa y vi a Clarimonda, pálida como
14
Joseph Sheridan Le Fanu, Carmilla, op. cit., pp. 289-290.
15
Marta Gómez-Moreno y Elena Carolina Hewitt Hughes, op.
cit., p. 372. 16
Théophile Gautier La muerta enamorada, op. cit., pp. 163-164.
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Alambique
La noche, cómplice del proceso creativo
Rubí Frausto Troncoso
Soy un cuerpo que escribe —inerte en todas sus par-
tes menos en esa que lo vuelve presente—, la que lo
describe inerte, sumido en el sopor de la oscuridad y
el sentimiento de la nada oponen al deseo siempre
insatisfecho de un espectáculo puro: la representa-
ción de algo dentro del escenario de la nada que es la
noche intima; la noche del cuerpo […]
«Anoche», Salvador Elizondo
El ser humano tiene diversas necesidades, entre ellas las fisiológicas, la comunicación, la partici-
pación, la interrelación con los demás; sin embargo, para algunos individuos existe una necesi-
dad artística relacionada con la filosofía, la historia, la psicología, la pintura y demás áreas socia-
les, es decir, la necesidad de contarse a sí mismos y contarse a los demás por medio de la lectura y,
posteriormente, la escritura. Aquí participa la acción del proceso creativo para el artista literario.
Para ejecutar dicha necesidad, el escritor requiere de cómplices, quienes pueden ser los ob-
jetos, las personas, los recuerdos, los sentimientos o la naturaleza. La noche es pertinente, como
lo menciona Salvador Elizondo en su obra Anoche, puesto que «No hay más que dos posibilida-
des asequibles al funcionamiento fronterizo del cuerpo: una operación manual y una operación
mental. […] La mente y la mano se vuelven en la oscuridad la misma cosa».1 Es decir, la mente
y la mano se fusionan por medio de la noche para perpetuar su trabajo a través de la escritura.
El artista, al enfrentarse con la escritura, provoca a la mente para que trate de permanecer
activa; o sea: atenta con aquello que el escritor recuerda, piensa y reflexiona. En la majestuosidad
de la noche se combinan, incluso, aquellas situaciones, acontecimientos, sentimientos, deseos e
imágenes que están en lo recóndito, en el inconsciente y el interior del alma del artista.
La noche es perfecta, permite al creador encontrarse con la oscuridad, el silencio, la paz, la
quietud y la infinitud donde existe una reflexión personal. No solo la noche exterior, sino que
1
Salvador Elizondo, «Anoche», en Ensayo literario mexicano, UNAM, México, 2008, p. 246.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 47
también la interior son indispensables en este proceso, puesto que la noche interior es quien
establece y genera nuevas perspectivas literarias. La mano espera indicaciones de la mente y está
lista para comenzar su trabajo. Aspectos como las sensaciones, las emociones, los anhelos y las
experiencias también son partícipes en la nueva obra. Todos estos elementos pueden retomarse
en consideración de antaño o en la época contemporánea, finalmente es lo que el autor quiera
plasmar y transmitir a los demás.
Entre las dificultades que puede tener el artista es que «La pluma traza un rasguido sobre el
papel, pero la pluma obedece todavía la señal de los metacarpos y las falanges; al volver la hoja
aparece el desierto».2 El desierto de la incertidumbre es el que puede permitir el acceso a la ima-
ginación y la creatividad. El papel y la mente en blanco impiden la activación de la mano para
escribir una nueva dimensión literaria. Para superar esta situación es indispensable que el autor
salte este obstáculo a través del atrevimiento, un atrevimiento a plasmar la primera idea que
envíe la mente.
En el aparato psíquico empieza la construcción de nuevas ideas, las cuales se van ordenando
para que en un momento determinado la mano inicie su labor. El texto es finito, termina cuando
estas partes compañeras (la mente y la mano) lo deciden, ya que el trabajo es recíproco. La oscuri-
dad es testigo y benefactora para la nueva creación, pero al mismo tiempo que brinda su ayuda,
tiene que realizar su trabajo porque entran en el escenario el sueño y junto con este, el descanso,
pues existe un momento en que los párpados del creador comienzan a cerrarse, impidiendo que
el trabajo llegue a su fin.
El sueño es otro de los factores influyentes para la nueva creación, debido a que «Si fuera
posible cuidar los sueños —la sinceridad de los sueños— como se cultiva una flor ¡cuántos
especímenes aberrantes y prodigiosos obtendríamos con sólo poner nuestra atención fijamente
en ello!».3 Pero la obra queda en pausa. El sueño actúa sobre el cuerpo, pide descanso absoluto
(físico y mental) para, más tarde, recuperar fuerzas y continuar con la obra inconclusa.
Gracias a la inspiración del artista, durante la noche, es posible establecer una conexión entre
autor-lector porque esos anhelos, frustraciones, sentimientos, ideales y opiniones, plasmados
en la nueva creación literaria, van a ser compartidas, entendidas y valoradas, tal vez, también,
en el silencio de la oscuridad nocturna en el que se encuentre el receptor. El protagonista de este
nuevo escenario (noche, escritor y texto creativo) es el lector porque tendrá acceso a otro nuevo
mundo literario.
No solo la mente y la mano sino todo el cuerpo van a ser víctimas de la noche porque está por
caer en los estados de vigilia-sueño y muerte-vida. Está sumergido en el aposento de las tinieblas
nocturnas. Más tarde este despierta de ese letargo en el que ha caído, recordando el trabajo incon-
cluso; retoma su labor, cuyo recuerdo es la noche, quien además es su cómplice eterna.
Fuentes
Elizondo, Salvador, «Anoche», en Ensayo literario mexicano, selección John S. Brushwood, Evodio
Escalante, Hernán Lara y Federico Patán, UNAM, México, 2008, pp. 243-251.
2
Ibidem, p. 243.
3
Ibidem, p. 244.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 48
A los ojos de la lluvia
Ana Gloria García Jáuregui
Chispas, golpes, granizo, viento helado. Silencio. Sin zapatos, temblando, en blanco, sangre. Silen-
cio. Lluvia, calle, truenos, yo. Elevo las manos para verlas, ¿son mías? Creo que será mediodía, no
hay autos ni personas en la calle, ¿dónde están todos? La ventisca responde. Estoy empapada, mi
cuerpo ha sido cubierto por las gotas, debería buscar refugio, ¿debería? Cuando intento caminar
mi débil voluntad me derrumba. Silencio. Lágrimas, arrepentimiento, dolor, asfixia. Silencio. Con
vida el cielo ataca mi piel. Pasos dados por el aliento de temor, una cafetería vieja es mí única meta.
Un cliente, chocolate, un empleado, café. Me senté en una silla, me llevaron una carta que re-
chacé. El paño de la ventana impedía ver el exterior. Un reloj digital en la pared. Silencio.
—Señorita, el cliente de allá me pidió darle un café. Disfrútelo.
Sonrío, con la herramienta culpable agradezco a los extraños. Meneo la cuchara. El cliente se
acerca. Arrugas de preocupación, desvelo y aburrimiento opacan su juventud, sin embargo el de-
seo de vivir es fácil de notar a través de sus claros ojos marrones.
—Estoy solo en una cafetería perdida en las memorias de mis coetáneos. Soy el único cliente
fiel, de 11:45 a 12:35 aquí. 15 minutos para las 6:00 de la tarde aquí; 08:00 p.m. me voy. Al día
siguiente es igual. Me complace en un día de suave tormenta ver jugar niños, meditar en el parque,
escuchar los truenos detrás de una escuela o invitar un café a una mujer, ¿concederás mi capricho
en la primera lluvia de otoño?
Sonrío, tomo un trago, él también sonríe.
—¿Y su café? —pregunto—.
—Solo tomo café cuando hay algo que hacer. Vengo con paso firme siempre, me siento en la
segunda mesa, aquella que está coja. Me gusta el aroma y el silencio, no se puede hacer nada más
si no se trata de una ciudad, el dueño ya sabe que pagaré una bebida que no tomaré y luego me
marcho. Has sido la primera en romper la rutina. No vives por aquí, ¿o sí? Nunca te había visto y
aquí todos se conocen. ¿Cuántos años tienes?
—No. 17 años.
Tomo la tacita, la llevo a mis labios sin sorber. Silencio. 12:22. El extraño no habla más. Yo, el
café, él. Yo, él.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 49
—¿Una niña llora o son las gotas de su peinado las que se atreven a invadir sus mejillas?
No sonrío, no contesto, no aparto la vista, no me muevo, no existo. 12:35. El extraño me aban-
dona. Respiro. Intento seguirlo con mis pupilas, pero el paño de las ventanas y las lágrimas no
me lo permiten. Se me arrebata la calidez repentinamente, me es imposible ver su partida entre la
lluvia. En otras circunstancias él no se habría ido, nos hubiéramos convertido en amigos. Ahora
me acompaña la desdicha. Derribo la barrera de un trago y me voy.
La suave tormenta se vuelve agresiva, me convierto en tren y sin detenerme avanzo en mi tra-
yecto. Segunda meta alcanzada, el regreso al cementerio. Encuentro una botella de cerveza, con
los pedacitos recién hechos me hiero las piernas, me abofeteo y suspiro. Con el dolor reacciono.
Con todas las fuerzas de vivir contenidas en los ojos del fiel acompañante de la cafetería, con esas
que he robado en cada trago, cavo. El rugir de las gotas, el anhelo de los rayos me apresuran y el
tiempo me clava cuchillos sin piedad, mientras se divierten. Entonces recuerdo. Sin duda sufrió,
no más que yo. Su agonía fue un instante después de su placer egoísta. Hace rato yo reía, yo vivía.
La tortura será eterna, atenuará cada noche, en crescendo con sereno diabólico me devorará. El
miedo me impulsó… en el panteón morí.
El cuerpo y los zapatos en el agujero mal cavado, ocultos. Un habitante más en el reino deseado
por los terrenales. Sangre en mis pies, en mis manos. La vida robada redobla en la mía. Salto, gri-
to, canto, corro. Ruido. Chispas, golpes, granizo, viento helado. Ruido. Máscara de lodo, dama
sacrificada, mentiras lúdicas, peón E:7. Ruido. Denuncia, café caliente, lluvia silenciosa, investi-
gación. Ruido. Noche sin sueños, desconcierto, desesperación, encontrado.
—¿Ya lo sabes? Encontraron el cuerpo del muchacho en el cementerio, nadie sabe quién lo
mató. Los policías están investigando, pero no tienen pistas. No creo que lleguen a saber nada, el
que está al mando es ese viejo detective loco que se la pasa en el café de la orilla del pueblo.
Reencuentro.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 50
Dos mujeres lectoras en
Al filo del agua y Las tierras flacas
Dulce María García Mireles
Introducción
Agustín Yáñez Delgadillo, mejor conocido como Agustín Yáñez, nació en Guadalajara, Jalisco, el 4
mayo de 1904. Entre algunos de sus estudios y oficios se encuentran: licenciado en Derecho por la
Escuela de Jurisprudencia de Guadalajara, fundador de la revista Bandera de Provincia, profesor de
la Escuela Normal para Señoritas de Guadalajara, de la preparatoria José Paz Camacho, etcétera. Fue
el primer rector del Instituto del Estado de Nayarit, director de radio de la Secretaría de Educación,
jefe del Departamento de Bibliotecas y Archivos Económicos de la Secretaría de Hacienda, primer
coordinador de Humanidades de la UNAM y presidente del Seminario de Cultura Mexicana. Yáñez
también se adentró al mundo de la política: fue gobernador de Jalisco (tiempo en que se crearon
instituciones educativas y culturales), subsecretario de la Presidencia de la República, secretario de
Educación Pública y presidente de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos. Fue un escri-
tor importante e hizo valiosas aportaciones; recibió el Premio Nacional de Letras y un reconocido
lugar como autor mexicano de la época. Falleció en Ciudad de México el 17 de enero de 1980.1
Estado de la cuestión
En las novelas Al filo del agua y Las tierras flacas se describe a las mujeres cumpliendo algunos roles
iguales o semejantes: cuidar a los niños, limpiar el hogar, hacer de comer, ayudar a familiares y
amigos, asistir a la iglesia, etcétera. Actividades como estas dejaban a la mujer con poco o casi nulo
tiempo para ella. Solo las familias con dinero se podían dar el lujo de meter a sus hijas a escuelas,
monasterios o conventos. Esto, a veces, garantizaba a las jovencitas aspirar a un futuro mejor que las
que se casaban a temprana edad. La autora Vale C afirma en la entrada de su blog «La educación de las
mujeres en México (Siglo XIX)» que: «Mientras que algunos consideraban que su educación debería
concentrarse únicamente en un nivel básico, ya que temían que si la mujer se le educaba demasiado,
1
Así se afirma en el volumen Al filo del agua editado en la Biblioteca Mexicana del Conocimiento. «Nota introducto-
ria» de José Alejandro Vargas Castro, s/n.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 51
podría descuidar su labor como esposa o madre».2 Con Lourdes Alvarado, en su libro Educación y supera-
un aporte a la educación femenina desde la visión ma- ción femenina en el siglo XIX: dos ensayos de Laureana
chista de hombres que pretendían mantener a las mu- Wright, resalta lo difícil que ha sido, no solo para las
jeres sometidas a sus familias, las esperanzas de ser una mujeres mexicanas, sino también para las mujeres de
mujer profesional se hacían más lejanas. otros países, subir esos escalones de desigualdad que
No existía entonces un piso de oportunidades los hombres crearon con el fin de nunca ser pisados
igualitario o equilibrado en lo laboral o educativo. El por mujeres:
entonces presidente de México, Porfirio Díaz, impul-
só leyes de educación para mujeres y hombres. Así las Los colegios, las universidades, los semina-
mujeres que tuvieron la oportunidad de estudiar se rios, las academias, todos los templos, en
hicieron presentes en diferentes oficios. fin, donde se ha levantado un altar a la cien-
cia o un pedestal al arte, han estado siempre
En el Porfiriato, se modificaron las leyes en cerrados para la mujer, que nunca ha llegado
Educación, con el fin de mejorar la educa- a pisar los dinteles de una Sorbona.5
ción de la mujer. Fue cada vez más frecuente
la aparición de las mujeres en ámbitos que María
estaban dominados solo por hombres. Sur-
gen doctoras, directoras de revistas, aboga- Tomando en cuenta que Al filo del agua es una obra
das, secretarias y profesoras con títulos.3 literaria que se apega a los tiempos de la Revolución
mexicana (1910) según Emanuel Carballo,6 podemos
María y Teófila son personajes muy interesantes por- admitirla como referente para entender los roles de la
que no realizan las tareas del hogar de la misma ma- mujer. Uno de los personajes femeninos con más labo-
nera que lo hacen las demás mujeres de las novelas. res y protagonismo dentro de la novela es María, her-
Ellas se toman la libertad de dedicarle tiempo a lo que mana de Marta, ambas originarias de Moyahua, dos
más les gusta y les da placer. María aprovecha cual- huérfanas cuidadas por su tío Dionisio. María, una jo-
quier ocasión para leer y Teófila, además de leer, dis- ven de 21 años, morena, activa y de grandes ojos, tie-
fruta de ayudar a enseñar a leer a niños y jóvenes. Por ne el gran deseo de conocer nuevos horizontes porque
otra parte, las demás mujeres se dejan someter por nunca ha salido del pueblo: «Goza figurándose cómo
costumbres de la época. «Los estereotipos de género
simbolizados de modo excluyente y antagónico, el org/journal/3635/363557935007/html/
maniqueísmo con que fueron tratados los asuntos fe-
5
Lourdes Alvarado, Educación y superación femenina en el siglo
XIX: dos ensayos de Laureana Wright. UNAM, México, 2016,
meninos y la cotidiana sumisión con la que se trató a
p. 43. Recuperado de: [Link]
la mayoría de las mujeres (mexicanas) durante el siglo wp-content/uploads/2016/05/Educacio%CC%81n-y-
XIX y antes, continúa en el siglo XXI».4 superacio%CC%[Link]
6
«Al filo del agua, la novela más armónica escrita en México en lo
2
C. Vale «La educación de las mujeres en México (siglo que va del siglo XX, cuenta la historia de hombres y mujeres que
XIX)», 8 de marzo de 2016. Recuperado de: [Link] confunden la religión con el fanatismo, la virtud con la muerte
com/@valcaballero92/la-educaci%C3%B3n-de-la-mujer-en- del deseo y el pecado con la vida común y corriente. Al estallar
m%C3%A9xico-siglo-xix-f092ce73893d. las pasiones dormidas, los personajes asumen su destino, que
3
Idem. en unos es sinónimo de éxodo y en otros de muerte. El estilo,
4
Miguel Guerrero Tostado, Jesús Lechuga Montenegro, la estructura, la creación de personajes, la atmosfera en que se
Giovanna Ramírez Argumosa, Educación y género. El largo desarrollan los hechos son perfectos. En el terreno social explica
trayecto de la mujer hacia la modernidad en México, UAEM- la Revolución de 1910», Emmanuel Carballo, Ensayos selectos,
UNAM, México, 2017. Recuperado de: [Link] UNAM, México, 2004, pp. 353-354.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 52
será una ciudad: León, Aguascalientes, Guadalajara, noble, católica, y sumamente inteligente. Ella sabía co-
Los Ángeles…, San Francisco…, Madrid, Barcelona, ser, cuidar niños, dar clases a chicos y grandes y se inte-
París, Nápoles, Roma, Constantinopla».7 resaba por la lectura. Era admirada por sus tantas cua-
En el texto no se detalla cómo María aprendió a lidades por sus padres, vecinos y hasta pretendida por
leer; sin embargo, sí se especifica su gusto por la lectu- don Epifanio y los hijos de este. Teófila es descrita por
ra: «Le gusta leer: casi se sabe de memoria el itinerario su padre: »era muy distinta, estaba por arriba de las
a Tierra Santa y la novela “Staurofila”; como no acierta demás, tenía cabeza, sabía leer y contar, a la cara co-
a conocer que disguste a su tío, y han sido frecuentes, nocía las intenciones ajenas, y más, más cualidades».11
duras, las reprimendas por este vicio, lee a hurtadi- La jovencita dedicó su vida al servicio de los demás, la-
llas».8 La curiosidad de María por seguir leyendo li- mentablemente este personaje muere. El padre de Teó-
bros, revistas, cartas y folletos era tan notoria que a su fila reconoce que su muerte fue en hora buena, ya que
tío Dionisio no le quedó más remedio que prohibirle los Trujillos tenían intenciones amorosas con ella, y su
el hábito de la lectura: «Con tantas preguntas colma- muerte evitaría desgracias: «Por más que Teófila sabía
ba la paciencia de Don Dionisio, a quien importunaba darse su lugar y hacerse respetar; pero con estos nunca
para que la llevara a alguna de las peregrinaciones que sabe uno a qué atenerse. A donde no se meten, se aso-
este acabó por quitárselos y prohibírselos; cuando lle- man, y lo que no compran lo dejan tratado».12
gan cartas, anuncios y periódicos destinados a su tío».9
También disfruta de la lectura de clásicos de la literatura Desarrollo
como Los Tres Mosqueteros, texto que le prestó su amiga
Micaela. Este detalle muestra que su amiga pertenece En Al filo del agua se describe un pueblo sometido a la
a una clase social alta porque los libros no eran nada religión y a la tristeza; las mujeres de esta novela son
baratos y mucho menos accesibles a todo público. Ma- víctimas de diferentes circunstancias que mantienen
ría conoce el mundo a través de las experiencias de las sus conductas atadas a lo que las costumbres les dic-
personas que tienen la libertad y posibilidad de viajar, ten. María es una chica que sabe que la literatura nos
como lo hace la familia de su amiga Micaela: lleva a viajar, imaginar y conocer mundos nuevos, ve
a los libros como una forma de salir de ese pueblo lle-
Últimamente estaba leyendo «Los Tres Mos- no de mujeres enlutadas.
queteros»; pero ya no ha podido ir a casa Por otra parte, Teófila no se limitaba en leer a so-
de Micaela Rodríguez, que trajo el libro, de las, leía en voz alta con el fin de compartir las lecturas:
México. […] Ahora que volvió de México no
hallaba dónde ponerla para que le platicara Teófila nos leía en sus libros cosas de la ver-
todo, todo lo que había visto.10 dadera Tierra Santa, y mentaba los mismos
lugares en que aquí nos tocó pasar alegrías y
Teófila pesares. Teófila tenía muy bonita voz, espe-
cialmente cuando leía para que la oyeran.13
Teófila es una joven con características llamativas, fí-
sicamente muy hermosa, de nivel económico medio, En Las tierras flacas se ve el ejercicio de la lectura como
algo más normal e incluso permitido. La joven Teófi-
7
Agustín Yáñez, Al filo del agua, Porrúa, México, 2008, 27ª edi-
ción, p. 72. 11
Agustín Yáñez, Las tierras flacas, Planeta/Conaculta, México,
8
Idem. 2000, p. 117.
9
Idem. 12
Ibidem, pp. 101-102.
10
Idem. 13
Ibidem, p. 40.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 53
la, hija de Rómulo, no solo sabía leer y contar, sino ye Yáñez, encontramos que en la similitud de tiempo y
que compartía con gusto el conocimiento a terceros. las normas políticas no beneficiaban a las mujeres para
También se ve un progreso en los ciudadanos en que- poder entrar y desarrollarse como alumnas en ningún
rer salir de la ignorancia, así se da paso a formar las nivel educativo (primaria, secundaria, universidad), y
primeras escuelas: no solo las normas no les favorecía, la carga de trabajo
dentro del hogar les quitaba mucho tiempo libre de su
Discurrió establecer en Betania una escuela día, obligándolas a dejar sus gustos, sueños, pasiones e
para chamacos, y se puso a enseñar a leer y incluso descansar para beneficio propio.
a escribir a gente grande. No se dio abasto.
Nunca en el llano ha habido escuelas forma- Fuentes
les, ni se conocen maestros; de vez en cuan-
do se juntan los vecinos de algunas ranche- Alvarado, Lourdes, Educación y superación
rías y escogen a alguna muchacha criolla que femenina en el siglo XIX: dos ensayos de Laureana
sepa leer y les entretenga a los chamagosos, Wright, UNAM, México, 2016. Recuperado
recompensándola con maíz, frijol, gallinas, de: [Link]
huevos cuando y como puedan.14 content/uploads/2016/05/Educacio%CC%81n-
y-superacio%CC%[Link]. Carballo,
María y Teófila comparten varias cosas que las hacen Emmanuel, Ensayos selectos, UNAM, México, 2004.
semejantes: el gusto por la lectura, que son personajes C. Vale «La educación de las mujeres en México
femeninos construidos por Agustín Yáñez y su desco- (siglo XIX)», 8 de marzo de 2016. Recuperado
nocida manera en que aprendieron a leer. A María le de: [Link]
queda conformarse con analizar textos a escondidas educaci%C3%B3n-de-la-mujer-en-m%C3%A9xico-
para no incomodar a su tío Dionisio; sin embargo, siglo-xix-f092ce73893d. Glantz, Margo, «¿De
esto no es motivo por el cual deba terminar su curio- nuevo Al filo del agua?». Biblioteca virtual Miguel de
sidad por la lectura y conocer grandes ciudades. Por Cervantes, Alicante, 2006. Recuperado de: https://
otro lado, Teófila tiene más libertad de leer lo que a [Link]/obra/de-nuevo-al-filo-
ella le llame la atención y de enseñar a hombres y mu- del-agua--0/. Guerrero Tostado, Miguel, Lechuga
jeres de cualquier edad; es conocida como una maes- Montenegro, Jesús, Ramírez Argumosa, Giovanna,
tra para sus alumnos y los diferentes pueblos. Educación y género. El largo trayecto de la mujer hacia
la modernidad en México, UAEM-UNAM, México,
Conclusiones 2017. Recuperado de: [Link]
journal/3635/363557935007/html/. Vargas Castro,
Las novelas Al filo del agua y Las tierras flacas se pres- José Alejandro, «Nota introductoria», en Yáñez,
tan para hacer un análisis detallado de las mujeres lec- Agustín, Al filo del agua, Secretaría de Educación
toras en la novela de la revolución y después de ella. Pública/ Comisión Nacional de Libros de Texto
Las mujeres antes mencionadas se desarrollan dentro Gratuitos (Biblioteca Mexicana de Conocimiento),
de los textos en diferentes etapas de su vida, espacio México D.F., 2014, s/n. Yáñez, Agustín, Al filo del
temporal. Podemos notar los sacrificios u obligaciones agua, Porrúa, México, 2008, 27ª edición. Yáñez,
que estas mujeres hacían para leer de manera privada o Agustín, Las tierras flacas, Planeta/Conaculta,
pública. Aterrizando en los años que se publicaron las México, 2000.
obras (1947-1962) y en el espacio de ficción que constru-
14
Ibidem, pp. 59-60.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 54
¿Utopía en Minecraft? Una comparación entre
los modelos utópicos de Tomás Moro en las
sociedades de NPC en el videojuego Minecraft
Norma Márquez Puentes
A lo largo de la historia varios autores han descrito sus sociedades perfectas dentro de sus obras. La
sociedad plasmada por Tomás Moro es tan idílica, que el título que le dio a su país perfecto se convir-
tió en el término universal para este tipo de sociedades de ensueño. Desde entonces, muchos ámbitos
de la cultura humana se han inspirado en este concepto. Libros, televisión, películas, ¿videojuegos?
Un posible ejemplo de cómo se ha reflejado este concepto en videojuegos podría ser Minecraft,
creado en 2009 por Markus Persson (Notch), Jens Bergensten (Jeb) y Nathan Adams (Dinnerbone),
que fue lanzado al mercado en su versión alpha, mientras que la beta definitiva se publicó en 2011,
y desde entonces recibe varias actualizaciones anuales. El formato del juego es de mundo abierto,
es decir, no tiene una historia definida, sino que es el jugador quien elige cómo jugar. Cuando se
inicia una nueva partida el juego dice crear mundo. Estos mundos tienen una superficie casi infini-
ta, construida a partir de cubos 3D de distintas texturas en una rejilla cuadriculada. Excepto por
algunos elementos fantásticos, es un juego bastante mimético, en el que hay tres ramas principa-
les: construcción, minería y combate.
Si un jugador crea un mundo quiere decir que, en el juego, desempeñará un rol similar a un
dios, y con la configuración adecuada, tendrá habilidades tales como cambiar el clima, el ciclo de
día y noche, así como la generación de amenazas. A diferencia de muchos juegos en el mercado,
el propósito de Minecraft es crear, en lugar de destruir, de dar rienda suelta a la imaginación para
moldear un mundo que puede llegar a ser tan perfecto como el jugador, en muchos sentidos dios
del mundo, tenga la habilidad de moldear.
No es de sorprenderse que un mundo idílico, como el de este juego de aspecto inocente, pudie-
ra tener sociedades utópicas. En terminologías de videojuegos, un NPC (Non Playable Character) es
un personaje cuyo rol no se puede asumir, una entidad que el jugador no puede remplazar ni to-
mar su papel dentro del mundo, pero no lo suficientemente irrelevante como para que se confunda
con el entorno, sino que se puede interactuar con él.
Los aldeanos de Minecraft son NPC, una entidad con personalidad humanoide de forma cúbica
(todo en Minecraft toma esa forma) que vive en comunidades civilizadas. Estas sociedades de al-
deanos se acercan al modelo utópico planteado por Tomás Moro. En adelante se usará el termino
aldeano para referirse solo a los NPC del videojuego.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 55
Para empezar, Tomás Moro nos dice que, respecto a la ropa, los de Utopía usan sencillos vesti-
dos del color natural de la lana, que no se distingue entre hombres y mujeres, que se cubren con
cuero para trabajos, y que con la ropa que tienen se defienden bien del frío y el calor. Los aldea-
nos visten casi universalmente una túnica café, sobre la que se ponen ropa especializada según el
trabajo que desempeñen, y si esto cambia, es únicamente para adaptarse mejor al clima, pues los
aldeanos que viven en las montañas visten suéteres, y los que viven en el desierto usan ropa más
ligera. No solo no hay diferencia entre hombres y mujeres, sino que en todo el videojuego no
existen machos ni hembras, sino que todos son ambas cosas y ninguna a la vez, idénticos entre sí.
Los ciudadanos de Utopía no tienen un control de población para que ninguna ciudad se encuen-
tre en aprietos por recursos. Una cosa parecida sucede en cada aldea minecraftiana. Para que un par
de aldeanos decidan procrear se necesita cumplir tres condiciones: 1) Que uno de los padres tenga
trabajo 2) Que en la aldea haya una cama disponible 3) Que los padres tengan el inventario lleno de co-
mida para poder alimentarlos. Los ciudadanos de Utopía intercambian sus hijos fácilmente, heredan
el oficio de sus padres y son entrenados para ello, según lo necesite la comunidad, pero en Minecraft
los niños pertenecen a toda la aldea, y cuando crecen toman el puesto de trabajo que esté disponible.
Los personajes de Moro comercian lo que les sobra con otros países, y es la única manera en la que
usan el sistema monetario, ya que dentro de sus fronteras reparten los recursos en medida que falten,
sin intercambiar dinero. Lo mismo hacen los minecraftianos, que comparten sus recursos a manera
de trueque con sus vecinos, mientras que el intercambio con el jugador es una relación comercial,
en la que el jugador ofrece un producto que les pueda faltar a cambio de esmeraldas, y compra con
las mismas esmeraldas productos manufacturados por ellos que, de otra forma, sería muy difícil de
conseguir. Usan los metales para manufacturar herramientas o armas, que no usan, solo comercian.
Tanto en Utopía como en el juego, cualquiera que tenga aptitudes para aprender puede conver-
tirse en un estudioso. Los aldeanos no saben usar armas. Cuando sufren ataques armados, ellos se
esconden en sus viviendas hasta que el jugador, a cambio de favores comerciales, derrota a todos
los saqueadores como si fuera un mercenario. Es una forma muy similar a la que los ciudadanos
de Utopía resuelven sus conflictos bélicos, ya que ellos no participan de la guerra a menos que sea
su última opción.
Como estos ejemplos se puede comparar durante muchas más páginas, pero sería inútil, ya
que conseguirían el mismo propósito que los anteriores: demostrar que estos NPC, efectivamente,
viven en una sociedad utópica.
Tanto los aldeanos como los de Utopía viven en una organización tan perfecta y organizada
como sus creadores pudieron imaginar, pero ninguno de ellos existe en nuestro mundo tangible
¿sería posible que su estilo de vida fuera así si estuvieran dotados de existencia, o libre albedrío?
Lo que sí es verdad, y bastante curioso, es que este concepto, pensado ya desde el siglo XVI, haya
permeado hasta uno de los videojuegos más populares de la década.
Fuentes
IMDb. Minecraft. 2009. <[Link] (acceso: 6 de Septiembre de
2021). Moro, Tomás, Utopía, traducido por Joaquim Mallafrè Gavaldà, Backlist, Barcelona, 2011.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 56
Ulises: la triada mitológica
Ana Lucía Rivera Sánchez
Literatura, tierra de nadie, montaña de mitologías que se encuentran deambulando en el olvido
(hasta que vuelven a ser recordadas); dioses que eluden nuevas historias y reflejan de sí mismos
imaginarios enteros. «Todos estos seres entran y salen incesantemente de la caverna del pasado. Su
único anhelo es el de volver a contarse, tal como las sombras de Hades anhelan la sangre».1 Solo
a través de ella es que los mitos vuelven a la superficie, enmascarados, aunque mutatis mutandis,
por supuesto. Así como el pasado se transforma y el ser humano se reinventa, los personajes de la
antigüedad se recrean; como prófugos del tiempo se escabullen entre líneas inocentes, si es que en
realidad existen líneas inocentes, e incluso en las que están lejos de serlo.
James Joyce escribió una de las mejores creaciones del siglo XX, una novela que se sostiene a sí
misma con el estilo y que manifiesta el mito como una forma de estructurar la experiencia. Ulises,
un libro que inquieta (perturba quizá sea el verbo más adecuado para algunos), en sus dieciocho
capítulos, casi ochocientas páginas y doscientas sesenta y siete mil palabras, como exquisito inten-
to por revivir a la Odisea de Homero, Joyce narra solamente un día en la ciudad de Dublín. Quizás
para muchos, entre tantos juegos estéticos, laberintos de palabras y flujos de conciencia, en el
fondo la obra no trate de nada, al menos nada que no se haya contado antes, pero ese es precisa-
mente el tema que mi discurso trata de tejer, esta vez sin destejer por la noche: Joyce se adueña
del mito griego y sitúa la obra en su propio contexto, es decir, trabaja lo «pasado» a partir de lo
«moderno»; convierte a Odiseo en Leopold Bloom, a Telémaco en Stephen Dédalus y a Penélope
en Molly Bloom.
Este imaginario social griego se ha convertido en una realidad cultural, un modelo ejemplar de
las actividades humanas significativas.
Conocer los mitos es aprender el secreto del origen de las cosas. En otros términos: se
aprende no sólo cómo las cosas han llegado a la existencia, sino también dónde encon-
trarlas y cómo hacerlas reaparecer cuando desaparecen.2
1
Roberto Calasso, La literatura y los dioses, Anagrama, Barcelona, 2002, p. 177.
2
Mircea Eliade, Mito y realidad, Editorial Labor, Barcelona, 1992, p. 20.
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En un primer intento por acercarnos a la manifes- jo?».5 Sin embargo, no juzguemos a Dédalus tal cual
tación Odisea-moderna, no hace falta más que dis- juzgamos a Telémaco, si la necesidad del padre es solo
tinguir en Stephen Dédalus la sombra de Telémaco. un mitema de los muchos (la semejanza del inicio de
Imagen viva de la idea de la búsqueda del padre como ambas obras, la inconformidad de los dos personajes
retorno al origen; Telémaco con la mirada clavada en con las respuestas que la vida le concede, etcétera) que
aquel lugar en el que convergen el cielo y el mar, en podrían remitirnos al mito homérico.
espera de ver el barco de Odiseo: el rey de Ítaca, el es- Continuamos los paralelos con el protagonista de
poso de su madre y su propio padre. «[…] que si todo la novela. Leopold Bloom es la representación indis-
se hiciese al arbitrio de los mortales, escogeríamos cutible del mito del héroe viajero, cuya inspiración
primeramente que luciera el día del regreso de mi pa- indudablemente es Odiseo. Cabe mencionar que,
dre».3 Quizás no de la misma manera, pero sí similar, quizás, el mito de Odiseo pueda ser explicado por
Joyce lanza a Stephen Dédalus como protagonista de medio de otros mitos y no necesariamente tenga ori-
la introducción a la novela; no es hijo de Odiseo, no gen en sí mismo, ya que igual que las formas, solo se
es ningún príncipe en espera del rey y su herencia no puede hablar del mito mediante otros mitos.6
es ningún reino; sin embargo, el autor imita al hijo Ahora, Joyce muestra a Leopold de manera corta-
del gran héroe de Troya al representar a Stephen no da y concisa, como si su estilo narrativo tuviera que
como a un hijo en busca de su padre, sino como un coincidir con la imagen que se quiere dar del per-
hijo a quien le hace falta uno. sonaje (recordemos que cada capítulo tiene su estilo
Stephen es un joven maestro lleno de intriga por distintivo); este personaje cumple con las caracterís-
el mundo que le rodea y por sí mismo también, hace ticas del mito mencionado anteriormente: del héroe
preguntas a las cuales no parece encontrar respuesta; viajero o del exilio. Para empezar, pasa por el cami-
un hombre marcado por la tragedia y el desconcier- no inevitable de la figura del héroe, una especie de
to, la contradicción y el razonamiento del pequeño rito de iniciación: a) una separación, que consiste en
mundo que es uno mismo. A través de él y su papel un abandono del hogar, una llamada a la aventura,
en la obra es que Joyce suelta la pluma en los flujos de un acontecimiento externo, o impulso interior a lo
conciencia; en estos pasamos del espacio exterior a la desconocido, al descubrimiento del mundo y de sí
mente del narrador sin avisos ni advertencias. Es por mismo; b) la iniciación, en la que el personaje pasa
medio de estos flujos que conocemos bien los recuer- por una serie de pruebas en las cuales encuentra a
dos, pensamientos, miedos y dudas del joven. distintos personajes que llegan a tomar un papel de
«La paternidad, en el sentido del engendramiento gran importancia para el desarrollo de la historia; y
consciente, es desconocida para el hombre. Es un pa- c) el retorno, en el que el aventurero debe regresar
trimonio místico, una sucesión apostólica, del único a casa con su «trofeo» (aunque muchas veces sean
engendrador al único engendrado».4 En la cita ante- únicamente logros interiores, como lo es el caso de
rior encontramos una de las pocas veces en que Déda- Leopold Bloom). Joyce no pierde tanto tiempo en na-
lus habla, aunque sea un poco, sobre la paternidad; rrar el regreso a casa de Bloom, sino que profundiza
sin embargo, es ejemplo suficiente para saber que la en sus aventuras durante el día, y atribuye así la mis-
palabra padre carecía de importancia en su vocabula- ma importancia a los acontecimientos sencillos y a los
rio, una palabra fantasma, casi vacía. Incluso deslin-
da al hijo sin padre, de su propia condición de hijo. 5
Idem.
«[…] ¿puede el hijo que no tiene un padre ser un hi- 6
En La literatura y los dioses se explica que no existe ningún lengua-
je superior a las formas, que pueda explicarlas, hacerlas funcio-
3
Homero, Odisea, Editorial Porrúa, México, 2019, p. 173. nales para otra cosa, y lo mismo sucede con el mito. Cfr. Roberto
4
James Joyce, Ulises, Colofón, Ciudad de México, 2020, p. 243. Calasso, La literatura y los dioses, Anagrama, Barcelona, 2002.
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trascendentes, lo cual es una característica fantástica importancia, casi reemplazable para la continuidad
para alimentar la formidable ruptura en la estructura de la historia, pasiva/negativa, débil, sentimental,
tradicional de la narrativa. frívola, superficial; nunca tomada en serio y siempre
Otro elemento de gran relevancia para el (mi) aná- vista en dramatismo. Así, May, sin ninguna duda,
lisis entre Bloom y el mito homérico de Odiseo es cabe en la categoría de «poca importancia».
que, en la obra de Joyce, considerado su contexto, Pasemos (ahora sí) al análisis del mito. Molly
representa a Molly Bloom como una esposa infiel e Bloom es la única mujer con un considerable protago-
indecisa, cuando en realidad Leopold también tiene nismo, al igual que lo es Penélope en la Odisea; el mito
una aventura (por correspondencia) con una mujer de origen es por excelencia masculino, y Joyce no hizo
llamada Martha Clifford. Bastante tiempo pasó entre demasiado por cambiarlo. La mayoría de los lectores
la Odisea y el Ulises y, aún así, la mujer es la única recordarán a Molly como la esposa de Leopold, para
juzgada por sus acciones mientras que el héroe termi- empezar a atribuir su persona como perteneciente a
na por ser perdonado o, peor aún, glorificado: «[…] otra; como una infiel, y en términos de estilo, al re-
tan conocido de los hombres por mis astucias de toda cordarla solo pasará por nuestra mente su extraño mo-
clase; y mi gloria llega hasta el cielo».7 Al igual que nólogo final sin puntos, ni comas, ni espacios. Más
Odiseo, parece que Bloom no es quien busca las difi- importante aún, el cumplimiento del arquetipo mítico
cultades, sino que es a él a quien le pasan las cosas, un de la Odisea se cumple en la imagen de Molly al volver
personaje pasivo no responsable de sus (malas) accio- a decidirse por el Eterno Masculino.
nes. Joyce lo retrata de una manera tan común, que es Para entender este mitema de manera más clara,
fácil influir en la percepción del lector para emitir un y mucho más bella de lo que mis palabras puedan
juicio específico sobre el protagonista; aunque claro, llegar a ser, hace falta solo un poco (o mucho) de in-
esto último fue únicamente mi flujo de conciencia; vestigación sobre la figura femenina dentro del mito
sin embargo, no hay ninguna contradicción y sosten- masculino:
go mi postura: Leopold es la reencarnación del mito
de Odiseo, desde su papel aventurero, hasta su irrefu- ¿Acaso soy yo, muñeca fantasma, causa
table imagen patriarcal. de dolores, de guerras, pretexto «para los
Ahora bien, hablemos de un personaje aún más hermosos ojos» de quien los hombres ha-
intrigante: la famosa y perfecta Penélope. Por supues- cen, dice Freud, sus ensoñaciones divinas,
to que aquí existe un gran abismo en este paralelo mí- sus conquistas, sus destrucciones? No para
tico: Penélope como esposa de Leopold sería Molly «mí», por supuesto. Si no para mis «ojos»,
Bloom, y como madre de Stephen sería May Goul- para que te mire, para que le mire a él, para
ding. Dadas las circunstancias de los personajes y sus que él se vea observado como él quiere ser
similitudes con el mito, en este momento tomaremos mirado. O como él teme no ser mirado. Yo,
a Molly Bloom como el reflejo de Penélope. Con el es decir, nadie, o la madre a la que el Eterno
afán de darle a nuestra otra candidata a Penélope el Masculino siempre vuelve para hacerse ad-
valioso papel que no obtuvo en Ulises, y aunque no mirar.8
sea un elemento formalmente mítico, hay que men-
cionar, aunque sea brevemente, que la figura femeni- La imagen de Molly, sin duda, es también víctima de
na, mejor ejemplificada en May, de ambas obras era esta percepción. Aunque existan otras infinitas inter-
muy parecida (por supuesto, una literatura comple- pretaciones de los personajes para aterrizarlos en un
tamente masculina): la mujer debía ser de muy poca
8
Hélène Cixous, La risa de la Medusa. Ensayos sobre la escritura,
7
Homero, op. cit., p. 87. Anthropos, Barcelona, 1995, p. 23.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 59
análisis comparativo entre la obra de Joyce y el mito homérico, esta autora no se permitiría olvidar
lo más importante, porque todo cambia cuando lo lee e interpreta una mujer: la historia, la pers-
pectiva, la posición, el propósito, la narración misma; todo cambia.
Podrán encontrar muchos otros elementos referentes al mito homérico, aunque estas líneas
solo hayan podido abarcar tres. Y pese a los otros miles de métodos de interpretación, con suerte
los lectores buscarán en la obra no solo los pilares estilísticos con un método narrativo, sino una
profundización en la recreación del mito (imaginario social) de origen que permite al ser humano
diferenciar y conservar lo real y lo sagrado, por medio de un método mítico. Que la necesidad
humana para enfrentar situaciones que conceden valor a la existencia nos muestre otros mitos
para que, por lo menos en nuestro flujo de conciencia, Stephen pueda aceptar dormir en casa de
Leopold, que este se encuentre en sí mismo y no en los demás, y que Molly sea protagonista de su
propia historia, una digna de contar.
Fuentes
Joyce, James, Ulises, Colofón, Ciudad de México, 2020. Calasso, Roberto, La literatura y los dioses,
Anagrama, Barcelona, 2002. Eliade, Mircea, Mito y realidad, Colección Labor, Barcelona, 1963.
Homero, Odisea, Editorial Porrúa, México, 2019. Cixous, Hélène, La risa de la Medusa. Ensayos
sobre la escritura, Anthropos, Barcelona, 1995.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 60
En la noche
Daniel Sánchez Hernández
El hombre de treinta años había subido a la planta más alta de la casa. Era de noche y él, virtuoso
en valentía, de pensamiento frío, no se inquietaba por nada; en aquella postal oscura con estrellas,
sabía que algo andaba mal. Aun así, tenía que salir de su morada para ver qué ocasionaba aquel
escándalo. Se aventuró, peldaño tras peldaño, con miedo en sus piernas y los ojos entrecerrados
por el sueño que no se había ido por completo. Sudor en la mano izquierda, en la derecha apreta-
ba con todas sus fuerzas el arma más mortal que encontró, aunque de hecho no atemorizaba para
nada la escoba que guardaba debajo de las escaleras. Subía lento, de puntillas para no hacer ruido.
Las luces apagadas y el corazón latía más de prisa. Tres peldaños antes de llegar, solo un par de
escalones y estaría a la entrada que daba con la terraza de su tercer piso, un pensamiento latente de
volver a la cama y el miedo se apoderaba poco a poco de él, ahora temblaba para quitar el seguro de
la puerta o quizá era el frío. De repente, el metal gélido que protegía su entrada se abría de golpe,
azotó después de ser aventada pues estaba atorada por el desuso que tenía. Del lado izquierdo de
la terraza solo había aire helado que incitaba la calidez de sus cobijas; del otro lado solo estaba la
oscura noche. Del ruido nada se sabía, lo único que parecía raro era el suelo que estaba mojado,
pero eso era ocasionado por una fuga en su tinaco de agua que días antes se había presentado.
Aquel hombre sin ninguna respuesta decide volver a su cálida guarida. El sueño se había alejado de
su cama y fueron entonces más claros los sonidos de antes. Envalentonado, el hombre decide subir
de nuevo a su tejado; sin el menor temor abre la puerta de una manera estrepitosa, sin embargo,
no observa nada claro, con su paciencia desbordándose por no poder dormir, llega a la conclusión
apresurada de que el ruido podía ser ocasionado por las láminas que hacían una especie de sombra
para su tinaco durante las tardes, después de subir al cimiento donde descansaba su gigantesco
recipiente de agua gélida y acomodar perfectamente las láminas. El hombre, en un movimiento en
falso, pisa la orilla que se encontraba mojada y resbala de la base en la cual estaba parado, cayendo
así desde su tercer piso hasta el suelo por el cual pasaban los coches. Ese fue el momento perfecto
para el hombre de treinta años que se las había ingeniado para escalar esa casa horas atrás. Al fin
pudo salir del escondite en el que esperaba el momento oportuno para ultrajar las pertenencias de
la casa del sujeto que yacía tirado en la acera.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 61
Arbitraje
La novela histórica mexicana del siglo XIX
sobre la Inquisición y su ejercicio de
consolidar el proyecto de nación
Hilda Ruiz Muñoz
Universidad Autónoma de Zacatecas
Para hablar del surgimiento de la novela histórica y su influencia para afianzar los proyectos de
nación en diversos pueblos nacientes a través de la literatura, se vuelve necesario hacer puerto en
la obra de Georg Lukács1 quien ofrece una caracterización de la misma y sostiene que existe en ella
una consciente intensificación de historicismo dentro de la ficción, a diferencia de las obras del siglo
XVII o XVIII, que «no son históricas más que por su temática puramente externa, por sus ropajes, pero la
psicología de los personajes y las costumbres representadas en ellas son plenamente las del escritor»2 y, aun-
que plasman las particularidades esenciales de su época, no saben ver lo específico desde un ángulo
histórico. Establece Lukács —avalado por la crítica literaria— que esta novela comienza en el siglo
XIX, a través de la narrativa del escritor británico Walter Scott, considerado como el creador de esta
variante dentro del gran género que la enmarca y determina su obra como el modelo clásico europeo
de la novela histórica, la cual rápidamente se propaga por todo el continente e incluso llega a Amé-
rica a través de los pueblos colonizados y, en la medida en que prolifera, encuentra especificidades
en función de los pueblos que la adoptan, así como de los temas que aborda.
Propone el crítico húngaro, además, que su origen se vio supeditado a condiciones históri-
co-sociales que consolidaron el agrupamiento de masas que derivó en una identidad e historia
nacionales entretejidas en esta nueva forma de hacer novela y, en esa tarea por delimitar sus carac-
terísticas, plantea que a) de lo histórico se toma como materia de ficción las crisis sociales, b) que
detona transformaciones en el individuo y las masas y c) que erige personajes individuales de ca-
rácter ‹omninacional›; en suma, para Lukács la preeminencia de esta novela reside en «plasmar las
crisis históricas y, a la vez, mostrar al hombre sobre la base de una conmoción de la vida popular, representa-
das a través de personajes significativos»,3 que lo llevan a concebir un «individuo histórico-universal»:
En el mundo de la novela histórica el «individuo histórico-universal» es aquí, inclusive
en el aspecto social, un partido, representante de las muchas clases y estratos en pugna.
1
Georg Lukács, La novela histórica, Grijalbo, Barcelona, 1976.
2
Ibidem, pp.15-16.
3
Ibidem, p. 55.
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Y si ha de cumplir su función como máximo principales del acontecer histórico, poniendo de ma-
corolario de un mundo poético, tendrá que nifiesto el rechazo a lo colonial y la censura al pasa-
hacer patentes también, en forma compli- do, destacando que los personajes recreados en ella
cada y poco directa, los rasgos progresistas sí buscan figuras históricas, mas solo aquellas que
generales de la sociedad entera de la época resaltan la grandeza de los antepasados, por lo que al
entera.4 representar al indio se proyecta una censura:
De este modo, el efecto que causa en los lectores y las […] surge un personaje de transición, indio
masas se explica porque se sienten representados en de origen pero con un universo imaginario,
ella, porque el método de composición de protago- sentimental y verbal europeo, humanista y
nistas consiste en representar personajes individuales culto; como construcción de personaje sería
que plasman las transformaciones de la vida en co- producto de lo mejor de la abstracción euro-
mún, que logran entretejer los conflictos ideológi- pea instalada en un personaje telúrico, ecua-
cos, políticos y morales en un tiempo o situaciones ción que históricamente era inexistente […] el
de grandes cambios y, a partir de esa identificación, sueño de un «nuevo hombre», […] una suer-
es que se explica su propagación, ya que la novela his- te de mexicano ideal, mezcla de dos positivi-
tórica se consolida como el instrumento que unifica a dades: se ignora que el mexicano real, en esta
las masas, las hace sentirse representadas y se amolda circunstancia, es producto de una violación,
para que individuo y nación configuren su historia e no de un encuentro; indios, por cierto, pero
identidad nacionales a través de una literatura propia. occidentales, no indios propiamente dichos,
Cabe destacar que al llegar a América Latina esta vividos todavía en el siglo XIX como una
nueva novela encuentra en el acontecimiento de la especie de amenaza o de realidad que debía
Conquista el tema que unifica al continente y, toda alejarse: a eso lo llamo «censura».6
vez que los pueblos latinoamericanos —desde di-
ferentes puntos— libran movimientos que pugnan La conformación de los personajes, por tanto, resulta
por la descolonización, se propicia la oportunidad de uno de los puntos que refleja mayor singularidad en
configurar la identidad que el «nuevo hombre» nece- la novela histórica latinoamericana frente al modelo
sitaba construir y validar por el colectivo. Noé Jitrik, clásico europeo, lo que lleva a respaldar la idea de
quien hace un análisis sobre las particularidades que que, en función de las variaciones que de la novela
la novela histórica adopta al llegar a Latinoamérica, histórica se van desplegando, toman rasgos distinti-
encuentra como distinciones al modelo clásico euro- vos a partir de las necesidades de cada entorno en que
peo que en esta variante a) la historia, como discipli- se replica y de los temas abordados; además de que
na que tiende a reconstruir los hechos, los ofrece para habrá una transformación tanto de las intenciones
respaldar la novela, b) no es cualquier verdad la que por las que se escribe, así como en la forma en la que
aporta, ni siquiera la científica, sino una pertinente se entreteje esta novela histórica latinoamericana.
y fundante y c) recurre a una verdad que no se limita Atendiendo a esta idea, ahora se hace un ejercicio
en mostrar, sino que intenta explicar.5 Añade que, si de análisis de tres novelas mexicanas decimonónicas
en Europa el personaje común es el burgués, en Amé- sobre la Inquisición a partir de dos momentos en el
rica Latina tendrá otro matiz, pues buscará a sujetos proceso de conformación de la identidad nacional —
las garantías conquistadas en 1821 y el periodo de la
4
Ibidem, p. 50. República Restaurada— para observar cómo esta no-
5
Noé Jitrik, Historia e imaginación literaria. Las posibilidades de
un género, Editorial Biblos, Buenos Aires, 1995, p. 12. 6
Ibidem, p. 39.
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vela histórica, durante el siglo XIX, se ve supeditada yendo su independencia tuvo la oportunidad de, a la
al ejercicio político y a la consolidación de los proyec- par, construir su propia literatura.
tos que pretenden constituir a la nación. Verónica Hernández Landa advierte que los au-
Para poder considerar el referente del Santo Ofi- tores decimonónicos, hombres de letras que reali-
cio que se construye durante el primer periodo se- zaban diversas actividades relacionadas entre sí, que
ñalado se revisan las obras El inquisidor de México7 de se desempeñaban como periodistas, abogados, fun-
José Joaquín Pesado y La hija del judío8 de Justo Sierra cionarios públicos o militares,11 establecieron una
O’Reilly; para el periodo de la República Restaurada conexión entre los siglos XVII y XIX como una jus-
se analiza la novela Monja y casada, virgen y mártir,9 tificación para el movimiento armado que se estaba
de Vicente Riva Palacio, y se vislumbra cómo en ella viviendo; en su análisis considera esa relación como
se cimientan estereotipos en torno a la Colonia y a la una oposición y, a la vez, una yuxtaposición por la
Inquisición para afianzar el proyecto liberal republi- necesidad de justificar la Independencia:
cano a través de un discurso ideologizado que incluso
sigue permeando el imaginario actual tanto del virrei- El surgimiento del imaginario dicotómico
nato como de la Inquisición. que opuso pasado colonial y presente inde-
pendiente se vio influido por el pensamiento
I. Aspectos histórico-políticos imbricados en la ilustrado. Este último se caracterizó por con-
novela histórica mexicana sobre la Inquisición vertir la razón en el medio de conocimiento
durante las conquistas obtenidas en 1821 por el por antonomasia […] En algún momento
movimiento independentista resultó evidente que los intereses del gobier-
no español no coincidían con los intereses,
Durante el siglo XIX, como resultado de la Indepen- racionales o no, de ciertos sectores de la so-
dencia emprendida, se vive un ambiente de disolu- ciedad novohispana. Desde el pensamiento
ción social en todo el territorio a causa de constantes ilustrado que dominaba entre la élite criolla,
luchas internas prolongadas por varios años con tal el cual fue adoptado desde una perspectiva
de romper el antiguo régimen imperante, sustituir las particularmente pragmática, la Independen-
viejas instituciones y estructuras de gobierno, además cia solo se legitimaba en la medida en que
de que se busca la unificación de la sociedad a partir los intereses y proyectos políticos criollos se
de una identidad y nacionalismo liberados de toda revestían de racionalidad, al mismo tiempo
intervención extranjera. Al respecto José Ortiz Mo- que el gobierno español era responsabilizado
nasterio documenta que Guillermo Prieto considera- por el atraso y la superstición que los crio-
ba que «aun en 1844, no existía una literatura que llos observaban en su sociedad, omitiendo
pudiera llamarse propiamente mexicana, señalando el hecho de que los propios gobiernos es-
que, al no haber libertad de pensamiento, ni pueblo, pañoles ilustrados habían sido promotores
no podía haber literatura»,10 por lo que al ir constru- de una transformación política que tenía
como objetivo, precisamente, el progreso y
7
José Joaquín Pesado, El inquisidor de México, Planeta-CONA- la racionalización. […] Así, se fue fijando en
CULTA, México, 2002.
8
Justo Sierra O’Reilly, La hija del judío, edición y prólogo de An-
tonio Castro Leal, Porrúa, México, 1982, tomos I y II. José María Luis Mora-FCE, México, 2004, p. 46.
9
Vicente Riva Palacio, Monja y casada, virgen y mártir, prólogo de 11
Cfr. Verónica Hernández Landa Valencia, «Liberalismo, ilu-
Carlos Monsiváis, Océano Exprés, México, 2019. minismo y romanticismo: el problema de la libertad en dos no-
10
José Ortiz Monasterio, México eternamente. Vicente Riva Pala- velas de la República Restaurada» en Literatura: teoría, historia,
cio ante la escritura de la historia, Instituto de Investigaciones Dr. crítica, 18.2, 2016, pp. 75-104.
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el imaginario una oposición radical entre el insurgentes, se vale de símbolos militares
presente independiente y el pasado colonial para difundir sus programas libertarios.
que se definía en términos de progreso y Como se ha visto, convierte la parada mili-
retroceso.12 tar en centro de la admiración pública y en
celebración colectiva. […] El Plan de Iguala
En este sentido, el lazo que establece la novela histó- que se proclamó en 1821 descansaba en tres
rica entre los siglos XVII y XIX ayuda a que sea más principios: la conservación de la religión
evidente la oposición entre ellos, se justifiquen las católica, apostólica, romana, sin tolerancia
múltiples guerrillas civiles propiciadas por la Inde- de otra alguna; la independencia bajo la for-
pendencia y se exalte el pensamiento liberal a partir ma de gobierno monárquico moderado; y
del rechazo al virreinato; pero también existe un ca- la unión entre americanos y europeos. Éstas
rácter estratégico, coyuntural en el discurso político. eran las tres garantías, de donde tomó nom-
En lo que respecta a la novela mexicana sobre la In- bre el ejército que sostenía aquel Plan, y a
quisición, puede notarse una intencionalidad de los esto aluden los tres colores de la bandera que
autores que corresponde a las garantías que se van se adoptó.13
conquistando en los diferentes momentos de conso-
lidación de la nación mexicana, como si la literatura Estos garantes manifiestan una primera etapa en esa
en el siglo XIX estuviera condicionada por el ejercicio conquista de la libertad, incluso aluden a un proceso
de la política y la conformación del Estado que se pro- de cambio; en el primer embate se involucra a una
yecta implementar. Enrique Florescano, en Historia parte del clero como partícipe de dicha rebelión, mas
de las historias de la nación mexicana, refiere que 1810 se vislumbra una primera desvinculación entre Igle-
no es el año en que se consolida la nación, sino que sia y Estado cuando se cambian los estandartes por la
da inicio al proceso de su construcción; tuvieron que bandera, sin embargo no se rompe totalmente la re-
pasar cerca de diez años de guerrillas y confrontacio- lación entre estas; así también los grupos autónomos
nes para que el 27 de septiembre de 1821, con la en- que promovían los constantes levantamientos desde
trada triunfal del Ejército Trigarante en la capital del distintos puntos del territorio comienzan a consolidar
país, se instalara la Soberana Junta Gubernativa, la el partido liberal que hizo frente al bloque conserva-
Regencia del Imperio, se propiciara la disposición de dor, como lo señala Florescano:
los órganos de gobierno de la nación independiente
y la consumación de la Independencia, pero incluso La confusa presencia en la arena política de
entonces no se concreta expresamente la nación: las logias, grupos y bandos sin programas
o fines articulados, comenzó a ordenarse
La fiesta revolucionaria produce también cuando esas fuerzas se agruparon bajo la no-
nuevos símbolos e imágenes visuales. Hi- menclatura de centralistas y federalistas. […]
dalgo y Morelos eran curas y le dieron a sus los dirigentes de ambos bandos fueron evo-
ejércitos símbolos religiosos como estan- lucionando gradualmente. En lugar de con-
dartes. Iturbide, en cambio, formado en el tinuar absorbidos por el fetiche de las consti-
ejército realista que combatió a los primeros tuciones y de las ideas abstractas, empezaron
a ver la raíz de los problemas de la nación
12
Verónica Hernández Landa Valencia, «Imaginarios y géneros en la estructura económica y la organización
discursivos: representaciones problemáticas del periodo colonial
en la novela histórica del siglo XIX mexicano», en CONNOTAS. Enrique Florescano, Historia de las historias de la nación mexica-
13
Revista de Crítica y Teoría Literarias, Núm. 15, 2006, pp. 35-36. na, Taurus, México, 2004, pp. 311-312.
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social. Uno de estos grupos tomó el nombre renació en 1848 y en sus páginas aparecieron
de liberales y el otro de conservadores.14 notables artículos que fueron inmediatamen-
te debatidos por los liberales radicales que
Ante este clima de conflictos y guerrillas, Lucas Alamán escribían en El Monitor Republicano, o por
definió los perfiles del proyecto conservador, mientras los conservadores atrincherados en El Tiempo
Valentín Gómez Farías hizo público el programa del y El Universal. En éstos y otros periódicos,
partido liberal cuando tomó las riendas del gobierno, los representantes de las distintas corrientes
impuso el sistema federal republicano y redefinió la re- políticas manifestaron sus ideas sobre los
lación entre la Iglesia y el Estado; sin embargo, entre quebrantos del presidente y las reformas que
1835 y 1846 se vivieron constantes pugnas que propi- había que emprender para enderezar el futu-
ciaron la destitución de diez presidentes a través de re- ro de la nación.16
beliones armadas, lo que fue desgastando las conquis-
tas obtenidas, como lo apunta el historiador: A partir de entonces, señala el historiador, fue tema
recurrente el señalamiento de los culpables de la ca-
El bandidismo y la inseguridad se habían con- tástrofe de la nación; los liberales acrecentaron sus
vertido en plagas generalizadas. […] en todos críticas contra la Iglesia y la señalaron como un «cuer-
los medios se hablaba de «disolución social» po extranjero», por lo que surgió una gran intoleran-
y del desvanecimiento de las viejas virtudes. cia hacia ella y se consolidó un pensamiento político
[…] «La administración de justicia era univer- anticlerical, que más tarde fue la base de las leyes de
salmente considerada ineficiente y corrupta» Reforma de 1857, mientras que los conservadores re-
y el ejército, en lugar de imponer la paz y el ferían que, a partir de los principios liberales de re-
respeto a las instituciones, se convirtió en uno chazo a la herencia española, comenzó la desintegra-
de los grandes males que entonces agobiaron ción moral y política de la nación.
al país, en una corporación desprestigiada por Dichas confrontaciones propiciaron que en 1864,
su venialidad e ineficacia.15 con el apoyo del partido conservador, se designara a
Maximiliano de Habsburgo emperador del Segundo
Aunado a este clima, desde que el modelo centralista Imperio Mexicano de manera paralela al gobierno
se había pretendido establecer como forma de gobier- de Benito Juárez, quien no pudo unificar al partido
no, el territorio de Texas buscaba independizarse, a liberal y se vio en la necesidad de huir al norte del
la vez que los afanes de expansionismo estadouni- país, emprendiendo un gobierno itinerante, el cual
dense provocaron que en el gobierno de Santa Anna, pudo restablecerse después del fusilamiento de Maxi-
en 1848, perdiera la mitad del territorio. En diversos miliano el 19 de junio de 1867 y consolidarse con su
periódicos comenzaron a verterse opiniones de los entrada triunfal en la Ciudad de México el 15 de julio,
distintos grupos de poder, dejando una clara división comenzando así el periodo reconocido como la Repú-
entre el grupo liberal y el grupo conservador: blica Restaurada.
Conviene analizar en este momento, de manera su-
Las páginas de los diarios se convirtieron en cinta, las dos obras que anteceden a la novela Monja y
la arena donde se ventiló la discusión en tor- casada, virgen y mártir, puesto que, a partir de sus de-
no al incierto destino de la nación. El Siglo limitaciones, podrán argumentarse con mayor solidez
XIX, el diario de los liberales moderados, los motivos por los que la novela rivapalatina se consi-
dera una obra con discurso político ideologizado para
14
Ibidem, p. 323.
15
Ibidem, p. 325. 16
Ibidem, pp. 334-335.
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establecer el proyecto nacional republicano, y cómo Pesado describe el salón inquisitorial con tapices car-
estas obras van construyendo el primer referente de la mesí, con el emblemático escudo de armas del Santo
Inquisición en la novela mexicana decimonónica. Oficio en la pared como en los asientos de los emisa-
rios del Tribunal, elementos que se volverán parte de
II. El Inquisidor de México, de José Joaquín Pesado, la parafernalia en sucesivas obras de este tópico; jus-
y La hija del judío, de Justo Sierra O’Reilly, como las tifica, además, que el clero recurra a este aparato re-
primeras obras en abrir el tema de la Inquisición presivo para combatir las herejías, pues no había otro
en la narrativa mexicana medio de control en ese momento, mas no le confiere
responsabilidad de los crímenes e injusticias cometi-
Entre las obras mexicanas que hasta el momento se dos en él. Si bien, como se ha señalado en el contexto
han recuperado en torno a la novela sobre la Inqui- histórico, los garantes alcanzados en 1821 establecen
sición se reconoce al texto de José Joaquín Pesado, a la fe católica como la profesión oficial en el territo-
El inquisidor de México, como la primera en abrir esta rio, también se percibe que el autor no adjudica di-
temática en la literatura mexicana hacia el año 1838, rectamente a la Iglesia los errores de la Inquisición,
estableciendo la imagen del inquisidor como un ser sino que los refiere a las ideas propias de la época:
enérgico e implacable, así como el de la mujer pro-
cesada como una joven virtuosa e inocente, víctima Porque en un país donde existe un tribunal
de venganzas, injusticias y de la crueldad del Santo que avasalla las conciencias, y se engrandece
Oficio. La trama de esta novela se desarrolla en cinco con las riquezas de los que llama sus enemi-
apartados y la historia central se contextualiza en el gos, es imposible que éstos vivan seguros.
año de 1648. En ella se recrea la historia de Sara de Sobran espías y delatores, […] Apartemos los
Córdova, joven que rechaza amoríos de Diego Loza- ojos de esta dolorosa escena imputándola,
da porque ama y se ha comprometido con Duarte Ri- no a la religión cristiana que es toda de cari-
beiro. Lozada, en venganza por el desprecio, delata dad y mansedumbre, sino a las ideas y bár-
a los amantes por ser judíos y, a causa de ello, el Tri- bara jurisprudencia que reinaba en aquella
bunal inquisitorial los procesa y los condena a morir época.18
en la hoguera.
El narrador retrocede en la historia para configu- El autor resuelve el conflicto exonerando a Sara de
rar el personaje del inquisidor, don Domingo Ruiz de Córdova, incluso puede observarse que resulta más
Guevara, relata que estuvo casado, pero al enviudar y relevante para él salvar la fe que la vida misma, pues
sufrir el rapto de su hija Leonor se refugia en el sacerdo- la protagonista muere, pero alcanza la conversión y
cio y «por la fuerza de su carácter y la severa rigidez de sus la absolución; de ello se encarga su propio padre, el
principios»,17 recibe la encomienda de ser el inquisidor inquisidor:
de México. Una vez que se pone al tanto al lector de
este conflicto, el narrador regresa a la historia central; […] don Domingo mandó desatar a Sara del
aparece el personaje de Jacobo Ribeiro, antiguo rival de poste y tenerla reclusa en una casa. […] Bajó
Guevara, quien le confiesa a este que la joven Sara en a la doncella del patíbulo más muerta que
realidad es Leonor, su hija raptada; le hace ver que él viva, y fue conducida a la casa de su padre,
mismo —su padre— la ha condenado al suplicio. El custodiada por este mismo. […] Se constituyó
inquisidor rescata de la hoguera a su hija pero, después carcelero de su hija y prometió solemnemen-
de algunos meses de convalecencia, la joven muere. te dedicarse a su conversión en compañía de
17
Pesado, José Joaquín, ob. cit. pp. 16 y 17. 18
Ibidem, pp. 12 y 22.
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los mejores teólogos, teniendo siempre su e incluso lo exime de las crueldades del Santo Oficio,
persona a disposición del Tribunal. […] Sus adjudicándolas a las formas de control propias de la
fervorosos suspiros, y sus lágrimas derrama- época, lo que lo hace ceñirse a los garantes estableci-
das, ora sobre los altares, ora sobre el pecho dos en 1821.
de su hija, fueron eficaces para ablandarlo, Respecto a la novela de Justo Sierra O’Reilly, La
convirtiéndola a una religión de verdad y de hija del judío, debe mencionarse que es trazada me-
amor. […]El padre tuvo el indecible consuelo diante el formato folletinesco. Publica su primera en-
de ver a su hija reconciliada con la Iglesia.19 trega en 1848, sus emisiones se prolongan hasta 1851
y es compendiada en volúmenes en el año de 1874.
Para dar mayor contundencia al acto de conversión Es reconocida formalmente como novela histórica y
hacia la fe cristiana y al despertar de conciencia ante se designa como el paradigma de la novela de folletín
las injustas prácticas efectuadas por el Tribunal, en en México.21
el desenlace de la novela Pesado muestra que el in- En ella se manifiesta la encarnizada persecución a
quisidor pudo reconocer cuánto distaba el actuar del los judíos así como el ambiente de crímenes que im-
Santo Oficio con la doctrina, abandona los comicios peraban en el contexto novohispano; sin embargo la
inquisitoriales —mas no el sacerdocio—, se dedi- trama se vuelve mucho más compleja puesto que es
ca a la catequesis y al cuidado de los pobres y enfer- movida a partir de tres planos. En el primero se rela-
mos. Perfila, además, que el Sumo Pontífice ordena tan los amores desafortunados entre María de la Cer-
la liberación de la joven si se arrepiente y le otorga da y Luis de Zubiaur; este primer conflicto da cuenta
su bendición paternal.20 Este último acto confirma la de la persecución a los judíos por el Tribunal del San-
sugerencia de adhesión a la fe establecida, a la vez que to Oficio, así como de la dilación y lo enrevesado de
manifiesta una toma de conciencia y rechazo de este sus procesos. El segundo refiere las atrocidades come-
ejercicio represivo de control. tidas por los gobernantes y sus partidarios, así como
En la novela se evidencia, de manera apresura- las corrupciones consentidas tanto por autoridades
da, la crueldad de los castigos inquisitoriales, dando civiles y religiosas, con tal de sacar ventaja de ellas,
mayor peso a la reivindicación de los procesados; no aspecto reflejado en la novela a partir de los crímenes
obstante, se relata la persecución y suplicio de Sara, e injusticias del conde Peñalva —quien fuera gober-
mas no el de su amante, aspecto que será evidente en nador de Yucatán— y su cómplice Juan Hinestrosa.
varias novelas mexicanas sobre la Inquisición; pero Finalmente, el tercer conflicto da a conocer las riva-
también debe señalarse que a pesar de que se presenta lidades entre las órdenes religiosas de la Iglesia, exal-
al inquisidor bajo una imagen inclemente, surge en él tando a los jesuitas y presentándolos como ejemplo
un cambio al descubrir que la procesada era su hija. de caridad, rectitud y progreso.
Si la transformación de su carácter es suscitado sola- Un aspecto muy notorio en esta novela, y que se re-
mente por el parentesco, lo que debe resaltarse es el pite en obras sucesivas sobre la Inquisición, es el hecho
hecho de que el autor abre la posibilidad del cambio de que el amor entre la pareja principal es el que abre la
de pensamiento del inquisidor, así como la bendición intriga, pero se ve rebasado por los conflictos políticos
concedida a la joven por el Sumo Pontífice, que sugie- y sociales, los cuales cobran mayor peso en las novelas,
re y hasta induce esa transición.
Resulta notorio, por tanto, que en las intenciones 21
Cfr. Leticia Algaba Martínez, «La novela y la historia: La hija
del autor no existe una separación tajante con el clero, del judío de Justo Sierra O’Reilly», en Tema y variaciones de Li-
teratura, No. 2, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad
19
Ibidem, pp. 40-42. Azcapotzalco, División de Ciencias Sociales y Humanidades,
20
Ibidem, p. 43. 1993, p. 134.
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como si el asunto amoroso sirviera de terraplén a las María, a partir de este punto se vuelve un personaje
luchas sociales y de poder que están por suscitarse, e pasivo, destrozada por saberse hija de un «perro ju-
incluso el personaje perseguido es el de la mujer, mien- dío», como la llama el emisario inquisitorial y, ante
tras que el amante se desdibuja o es manipulado. tal realidad, no se siente con fuerzas para resistir a su
La historia central se desarrolla en la ciudad de sentencia, sino que se somete voluntariamente a ella.
Mérida, en 1660. El personaje principal es María, hija Comienza aquí el segundo conflicto, cuando se
adoptiva de don Alonso de la Cerda, justicia mayor de pone al tanto al enamorado de la joven, Luis de Zu-
Yucatán, y de doña María Gertrudis Pardío quienes, biaur, de la situación; se le intima para que esté dis-
al no poder concebir hijos, desbordan en María todo puesto a defender a María, a pesar de su origen, y
su amor y la educan sin que esta conozca su origen. para que jure cobrar justicia haciéndolo parte de un
La joven está enamorada del colegial Luis de Zubiaur, pacto preexistente. De este modo sale a la luz el ver-
hijo del señor prepósito don Juan Zubiaur. El amor dadero origen de la joven, se relata la historia de sus
entre ellos se ve impedido cuando el comisario del padres don Felipe Álvarez y doña María Altagracia
Santo Oficio en Mérida, el deán don Gaspar y Güe- de Gorozica, por lo que el narrador desplaza la his-
mes, reclama los bienes de María para confiscarlos por toria al año 1640. Revela que este matrimonio con-
ser hija de un judío y la obliga a asumir los votos con- frontó al Conde de Peñalva quien, al querer seducir
ventuales para purificar la grave falta de su proceden- por la fuerza a la esposa de Álvarez, acusa a este de
cia. La joven, educada bajo los preceptos cristianos, ser judío, comenzando así un juicio que se prolon-
una vez que descubre su origen, asume el repudio a su gará por años, sin tener noticias de la sentencia ni
propia naturaleza y decide ella misma enclaustrarse. del fin que tuvo el acusado.
En este punto, el narrador señala cuál era el trato dado Para contrarrestar las atrocidades del conde y su
a los judíos en la sociedad novohispana: cómplice, Juan Hinestrosa, se conforma una junta se-
creta que pacta el asesinato de Peñalva, en la que par-
Para formarse una ligera idea de lo que ticipan autoridades de Mérida, entre ellos don Alonso
pasaría en el ánimo de María debe tenerse de la Cerda —padre adoptivo de María—, don Juan
presente cuál era entonces la condición de Zubiaur —padre de Luis—, otros funcionarios a los
los judíos, perseguidos por las leyes, por el que se les deja en el anonimato y un jesuita a quien ja-
fanatismo público y por el odio consiguiente más se le da un nombre, pero representa a esta orden
de toda clase de personas. La Inquisición y se vuelve pieza estratégica en la novela.
tenía el ojo abierto siempre por todas partes La encargada de dar muerte al conde es la madre
buscando judíos y judaizantes para quemar de María, en venganza por los perjuicios a su espo-
sus hogares. Los amigos, parientes y alia- so. La dama, como artificio para cumplir su cometi-
dos de esta raza infeliz y proscrita, tenían do, accede a las seducciones del conde y en el lecho
pendiente la vida en un hilo. Sus personas, lo asesina. Don Alonso de la Cerda y Juan Zubiaur,
fortunas y domicilios, todo era precario y padres de los enamorados, se encargan de que todo
vacilante. No había la más ligera indulgencia parezca un suicidio, mas quedan sueltas dos piezas:
ni tolerancia en favor suyo. Cualquier mi- el cómplice Juan Hinestrosa sabe del encuentro clan-
serable y ruin alimaña de sociedad, se creía destino entre el conde y la dama, así que es confina-
con pleno derecho de ultrajar, vejar y pillar a do por años en las cárceles del Santo Oficio, sin que
un judío, y aun asesinarle, como se mataría nadie pueda tener contacto con él; y María, pues la
un escorpión u otro insecto venenoso.22 madre muere días después de cometer el asesinato,
razón por la que don Alonso la adopta como hija,
22
Justo Sierra O’Reilly, op. cit., p. 124, tomo I.
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primero sintiéndose comprometido a ello, mas lue- vergüenza de su propia condición. También el perso-
go le une a la joven un verdadero amor paternal. naje de Luis se ve rebasado por un conflicto mucho
El narrador, una vez esclarecido el origen de Ma- mayor a su amor, que serán las felonías cometidas por
ría, vuelve a la persecución de esta; es aquí cuando se el conde Peñalva, las múltiples conciencias que sobor-
aborda el tercer conflicto en torno a la confrontación nó —tanto del fuero civil como clerical— y se utili-
entre las órdenes religiosas. Se evidencia que las inten- zará al joven como mero instrumento impelido para
ciones de someter a juicio a María radican en querer preservar los acuerdos pactados por la sociedad secreta
tomar posesión de los bienes de sus padres y confis- que años atrás pactara el asesinato del conde. En este
carlos para la Iglesia, postura asumida por el emisario sentido, el autor da mayor énfasis a la delación de los
inquisitorial, el deán Gaspar Gómez y Güemes quien, crímenes del gobernante y de la necesaria justicia que
movido por la codicia, desde la administración del debía establecerse, aprobando el asesinato aun por
conde Peñalva llegó a solapar injusticias de este y de las dos figuras de poder de la época —gobernantes
su cómplice Hinestrosa. La oposición dentro del mis- e Iglesia—, validando con ello el movimiento inde-
mo clero se asume a través de la orden de los jesuitas, pendentista que se entablaba en el presente decimonó-
representados por el monje que secretamente formó nico, que comenzó con los curas Hidalgo y Morelos y
parte del pacto en el asesinato del conde, asumió la luego fue promovido por líderes autónomos, políticos
defensa de María, la honorabilidad de sus padres y liberales y pensadores ilustrados.
aportó las pruebas necesarias para develar a los verda- A través de estas dos obras puede percibirse, por
deros criminales. tanto, que el tema del amor es superado por el re-
El autor finaliza la obra con la huida de María y chazo al aparato represivo utilizado en el siglo XVII,
Luis; descubren que don Felipe Álvarez tuvo que vivir pero no rompen de manera definitiva la relación
en completa clandestinidad para escapar de la perse- con el clero, así como las confrontaciones de orden
cución inquisitorial y, finalmente, todos se reúnen. civil y religiosa; sin embargo otro aspecto relevante
El desenlace se concreta años más tarde, en 1667, que conviene señalar es el hecho de que José Joaquín
cuando el marqués Torres-Vedras, hijo de María y de Pesado sí recrea la escena de la sentenciada en la ho-
Luis, vuelve a recuperar los bienes que les pertenecían guera, aunque de manera apresurada, mientras que
y le son devueltos con réditos tras la buena adminis- Justo Sierra da cuenta de la persecución a los judíos,
tración que de ellos hicieron los jesuitas.23 la confiscación de bienes a los acusados y la demora
El discurso manejado por el narrador refleja un en los procesos inquisitoriales, dejando ver que bien
afán por reprobar la persecución a los judíos, pero se podrían morir los inculpados sin tener una sentencia
deslinda a los jesuitas de tales atrocidades; incluso hay definitiva. Lo representado por Sierra sugiere que no
múltiples apologías a esta orden, a su disciplina tanto todos los procesos inquisitoriales derivaban en tortu-
en la organización, prácticas de virtud, enseñanza y ra o terminaban en la hoguera, sino que debían veri-
evangelización. En suma, en esta novela se reprueba ficarse demasiados procedimientos y diligencias que
a la Inquisición y, aunque sí señala la corrupción de dilataban el fallo.
algunas órdenes religiosas, no se rompe totalmente A partir de estos primeros referentes establecidos
con el clero, eximiendo a la congregación ignaciana. en torno a la Inquisición, a continuación se aborda
Si bien la obra evidencia el trato a los practicantes la novela de Vicente Riva Palacio como una obra de la
de la fe del pueblo hebreo en la sociedad novohispa- República Restaurada, por lo que su estructura for-
na, muestra a una protagonista que no se rebela, ni mal, temática y contenido ideológico pretenden la
siquiera huye del claustro si no que se confina ante la conformación de la conciencia histórica y del imagi-
nario que definirá a la nación a partir del modelo li-
23
Ibidem, p. 405, tomo II.
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beral republicano, recurriendo a la estructuración de encomienda de hacer públicos los errores del partido
estereotipos que, según algunos críticos, aún siguen conservador y del clero para dar mayor contunden-
vigentes. cia al triunfo de la República, pero con la estrategia
de hacerlos circular a través de un trabajo novelístico
III. Monja y casada, virgen y mártir de Vicente Riva folletinesco que, además de propagar las ideas refor-
Palacio, una novela surgida en el contexto de la mistas liberales, asegura un público recurrente y la
República Restaurada con un discurso ideológico- permanencia del nuevo modelo ideológico a través de
político en busca de consolidar el proyecto de dicha circulación. La Inquisición fue pieza clave para
nación liberal republicano unificar a una sociedad tan dividida en un mismo
sentir: el repudio a la Colonia, al antiguo régimen y a
Hacia el año de 1861, con Benito Juárez como presi- sus figuras de poder.
dente de México, Vicente Riva Palacio, quien también En julio de 1868 Riva Palacio comienza la entrega
era diputado, recoge del Arzobispado el Archivo de la de episodios de la novela que, en un primer momen-
Inquisición para publicar las «causas célebres» del Tri- to, fue anunciada con el título Monja y casada, virgen y
bunal, con el fin de «echar luces sobre la Colonia, avivar mártir. Historia de los tiempos de la Inquisición; las emisio-
la memoria de aquella etapa para exhibir el execrable pasa- nes se prolongaron hasta septiembre del mismo año a
do en aras de su destrucción»24 y así derrumbar de mane- través del periódico La Orquesta, que promovía la obra
ra definitiva el antiguo régimen defendido por el par- como una historia tomada de los archivos secretos del
tido conservador que se oponía a las ideas reformistas Santo Oficio y en ello se respaldaba su pretendida ve-
liberales que pretendían establecerse para unificar a la racidad. Como se ha referido, debe reiterarse que este
nación bajo una forma de gobierno republicano. trabajo novelístico se dispuso afianzar los principios
Dicha encomienda no pudo cumplirse, se vio ate- de la República Restaurada, postulados desde la Ley
nuada toda vez que en los años comprendidos entre Juárez de 1855, que terminaba los poderes de los cléri-
1863 y 1867 se establece el Segundo Imperio Mexica- gos y la Ley Lerdo de Tejada de 1856 que declaraba ile-
no, que tuvo jurisdicción de manera simultánea a la gales las propiedades eclesiásticas y comunales, ambas
presidencia de Juárez, tiempo en el que Riva Palacio consideradas en la Constitución de 1857, que establecía
comandó un frente para combatir a Maximiliano de un Estado republicano, federal, democrático y laico,
Habsburgo y sus tropas imperiales. Conforme iba anulando la intervención religiosa como figura de au-
ganando batallas, Vicente fue nombrado goberna- toridad y forma de gobierno, decretando la nacionali-
dor de Michoacán, General del Ejército del Centro y zación de los bienes eclesiásticos así como la libertad de
condujo a Maximiliano al Convento de la Cruz como culto, por lo que se reconoce en la novela un discurso
prisionero.25 Hasta que finalizaron las intervenciones ideológico-político en aras de afianzar el proyecto de
extranjeras, a partir del fusilamiento de Maximiliano nación que se pretendía configurar. A partir de estos
y la entrada del gobierno de Juárez a la Ciudad de Mé- antecedentes puede reconocerse el carácter que tuvo
xico, se establece en todo el país el gobierno republi- la obra rivapalatina que, desde su concepción, tuvo
cano y Riva Palacio obtiene el cargo de ministro en la pretensiones de unificar al pueblo en un mismo pen-
Suprema Corte de Justicia. De este modo, retoma la samiento ideológico, que construyó el imaginario de
la sociedad novohispana así como de la Inquisición en
24
Leticia Algaba Martínez, Las licencias del novelista y las más-
caras del crítico, Biblioteca de Ciencias Sociales y Humanidades,
México bajo el respaldo del grupo liberal al frente del
Serie Literatura, Universidad Autónoma Metropolitana Unidad poder y del que el mismo Riva Palacio formaba parte.
Azcapotzalco, México, 1997, pp. 13-15. La trama de la novela perfila dos conflictos centra-
25
Carlos Monsiváis, «Prólogo», Monja y casada, virgen y mártir, les; el primero confronta los estamentos sociales crio-
Océano Exprés, México, 2019, p. 18.
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llos frente a peninsulares; el segundo, a las figuras de por privilegiar al Estado frente a la Iglesia llega a pre-
autoridad y gobierno a través del enfrentamiento entre sentar los ideales decimonónicos a la par del contexto
el Virrey y el Arzobispo y, a diferencia de la obra de Jus- novohispano con un error de perspectivas, lo que le
to Sierra, Riva Palacio no confronta a las órdenes cleri- ganó las críticas de oponentes conservadores pues,
cales, sino que establece una ruptura definitiva con la por hacer prevalecer la superioridad del Estado frente
Iglesia, promulgada por la Constitución de 1857. a las intervenciones de la Iglesia, elogia la figura del
Los acontecimientos que enmarcan estas confron- Virrey, cuando es precisamente este régimen el que se
taciones en la novela se contextualizan a partir de dos buscaba echar abajo,26 generando imprecisiones en la
hechos relevantes: la fundación del Convento Santa obra que los partidarios conservadores no dejarían de
Teresa la Antigua en 1617 y el Gran Tumulto de 1624; señalar. Este equívoco le valió grandes críticas a la no-
con el primero Riva Palacio pretende exhibir la irre- vela y al autor, ya que este argumento develaba el dis-
gularidad en la posesión de bienes por parte de la curso ideologizado implantado, por lo que comienza
Iglesia, cuestionando la manera en que le son adjudi- un trabajo de refutación a la obra encabezado por el
cados y con el segundo postula el deseo de liberación jesuita Mariano Dávila, quien emitió revocaciones
que tanto los personajes de la novela como la socie- contundentes a la novela así como a los valores que en
dad novohispana y decimonónica anhelaban. ella se trataban de favorecer; afirma el jesuita que al
En la trama se puede reconocer un gran dinamis- querer exhibir los vicios del Arzobispo, Riva Palacio
mo, marcado por el gran número de personajes, pero termina exaltando al Virrey, y que «alguien con espí-
los conflictos representados delimitan ese discurso ritu liberal no puede o no debería posicionarse a favor
ideológico-político ya referido, que adjudica las vir- del régimen del que pretende desligarse, sobretodo
tudes exaltadas por el nuevo régimen de gobierno re- siendo el virrey el prototipo del más terrible militaris-
publicano del presente decimonónico y lo contrapo- mo y no menos arbitrario cesarismo».27
ne con aquellos elementos virreinales que se debían Luisa, el personaje antagónico femenino, repre-
rechazar. Así por ejemplo, Blanca Mejía, el personaje senta al mulato que reivindica su actuar al tener la
principal —quien personifica la pureza y virtud—, oportunidad de expiar sus maldades, ya que se mani-
es criolla, enclaustrada en un convento para que no fiesta en ella un gran afán de codicia y desmedida co-
pueda acceder a la herencia paterna. Pedro Mejía, rrupción. Algunos críticos señalan que este personaje
medio hermano de Blanca regido por la avaricia, es cobra mayor importancia que el mismo protagonista,
peninsular y no está dispuesto a compartir la heren- pues tiene la capacidad de influir en los diversos pla-
cia, por lo que ve en la profesión de Blanca la opor- nos de la novela al ser antagónico en la relación amo-
tunidad de acaparar los bienes heredados. En suma, rosa entre Blanca Mejía y su amante, el joven César de
personifica las virtudes en los criollos y los vicios en Villaclara; al seducir a Pedro Mejía e intervenir en las
los españoles, así como a las instituciones y estructu- artimañas de este para despojar a su hermana Blan-
ras procedentes de estos. ca de la herencia paterna —ya que es Luisa quien le
En el segundo conflicto el Arzobispo se solida- aconseja su enclaustramiento y toma de votos religio-
riza con Blanca con el único fin de hacer legítima la sos— participa en la rebelión de los mulatos contra
donación del terreno para que se construya el con- la autoridad imperante —escena que recrea el Gran
vento de Santa Teresa, mientras que el personaje del
Virrey será relacionado a lo largo de la novela con el 26
Leticia Algaba Martínez, «Una novela de Riva Palacio en en-
progreso y establecimiento del orden en la sociedad. tredicho», en Secuencia. Revista de Historia y Ciencias Sociales,
Respecto a esta oposición del Virrey y el Arzobispo, Núm. 35, Instituto Mora-Conacyt, 1996, p. 52.
Leticia Algaba señala que, en el afán de Riva Palacio 27
Leticia Algaba Martínez, Las licencias del novelista y las másca-
ras del crítico, p. 38.
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Tumulto en la novela—, además de que se manifies- ciendo a través de ella estereotipos que confrontaban
ta su perversidad al descubrir la serie de crímenes que a la Colonia y la Inquisición con el proyecto liberal
debió ir sumando con tal de burlar los «inamovibles» decimonónico a través de un discurso ideologizado.
estamentos sociales, hacerse de riquezas y de una po- Alberto Ortiz también refiere ese uso estereotipado
sición influyente, como acusar falsamente de judaís- de la Inquisición a partir del siglo XIX:
mo a su patrón, asesinar a sus amantes y esposos, se-
ducir a hombres para embaucarlos o hasta recurrir a […] hemos heredado prejuicios que tienen
la magia para cumplir sus planes. una gran carga ideológica; por ejemplo, con-
No obstante este carácter y condición, Riva Palacio siderar el periodo novohispano un trozo de
ofrece oportunidad de enmienda, pues el personaje al historia perdida e indigna de mención si no
final se reivindica, incluso es capaz de sacrificarse con es para su censura. […] Luego de una larga
tal de que la vida de Blanca, sentenciada a morir en la tradición textual que ha conformado la «le-
hoguera, sea preservada. Para Leticia Algaba, Riva Pa- yenda negra» acerca del funcionamiento del
lacio centra en este personaje un afán de libertad que Tribunal del Santo Oficio y, por ende, de toda
lo hace capaz de crímenes con tal de romper el castigo la época novohispana, las denominaciones o
de su condición, ser esclava por nacer mulata; rebe- referencias históricas, sociales y culturales han
larse, asesinar con tal de echar abajo los órdenes civi- conformado un estereotipo que, en general,
les que jamás la dejarían ascender, pero también le es se utiliza en la narrativa mexicana contempo-
posible reconocer la bondad y la virtud que Blanca re- ránea cuando esta versa alrededor de los acon-
presentaba y que, relacionando el anhelo novohispa- tecimientos y los personajes coloniales.29
no y decimonónico de liberación, representa la nueva
nación que pretende construirse.28 Así pues, a través Señala, además, dos posturas ante la reconstrucción de
de este personaje, el autor deja entrever que en lo que ese pasado, a las que delimita de la siguiente manera:
respecta al orden de gobierno se puede claudicar al
pensamiento conservador y asumir el régimen repu- Existe en los escritores decimonónicos la
blicano, alcanzando con ello la expiación y la virtud. preocupación por reconstruir la historia y
Otro personaje que cobra importancia es el de conformar un modelo de patria es evidente;
Martín Garatuza, que en un primer momento se ma- pero hay que diferenciar cuando menos dos
neja como oposición a las injusticias del régimen y posturas principales en ellos: la primera,
que, como Luisa, tiene intervención en los diversos de corte clasicista, que trataba de recons-
conflictos que se traman en la novela, con la gran di- truir la realidad, es decir, la imitación de la
ferencia de que siempre se mueve de lado de la justicia realidad, o mímesis realista ilustrada, que
y personifica al criollo, configura los nuevos ideales y aboga por el tono referencial; la segunda de
virtudes nacionales, por lo que se emite una secuela a cepa romántica, que centraba su estética en
la obra, en la que se retoma este personaje pero ahora la expresividad individual y en la conciencia
con carácter protagónico. A partir de esto, se precisa histórica. […] Son los escritores militantes de
que Monja y casada, virgen y mártir fue preconcebida este grupo [nacionalista liberal] quienes bau-
y propagada con tutela del bloque al poder, estable-
29
Alberto Ortiz, «Inquisición maligna. Variantes de la narrati-
28
Cfr. Leticia Algaba Martínez, «Las protagonistas de Monja y va mexicana contemporánea con tema novohispano acerca del
casada, virgen y mártir», en Literatura Mexicana, Revista Semes- estereotipo o “leyenda negra”», en Esencias novohispanas hoy.
tral del Centro de Estudios Literarios, Vol. 7, Núm. 2, 1996. pp. Narrativa mexicana contemporánea y reconstrucción literaria de la
345 y 348. Nueva España, Texere Editores, Zacatecas, 2015, pp. 105-122.
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tizan y dan forma al concepto de leyenda ne- tanta diligencia, que habiéndose fundado la
gra de la colonia; son ellos, permeados por Inquisición en México en 1571, en 1574 se ce-
la conciencia histórica, quienes recrean un lebró ya el primero y solemne auto de fe, al
pasado que les parece negativo y dañino para que se llevaron ochocientos penitenciados de
la nueva nación que empezaba a surgir.30 ambos sexos, quemándose unos en efigie y
otros en cuerpo, unos vivos y otros después
Al ser los decimonónicos los encargados de plasmar de ajusticiados.33
la reconstrucción del periodo precedente son quienes
dan las bases que luego serán cuestionadas, valoran- Dávila, por su parte, refuta esta afirmación refirien-
do si el discurso obedece a lo objetivo o a un construc- do un recuento de Tomás de Torquemada, quien es-
to que se vuelve «lugar común» en las narraciones. La pecificaba que en el periodo comprendido de 1574
posesión del Archivo Inquisitorial permitía a Riva Pa- a 1815 fueron quemados vivos en la hoguera nueve
lacio presentar su obra bajo una postura objetiva y de sentenciados, fusilados doce y ejecutados en estatua
fidelidad a la historia, a la vez de consolidarse como sesenta y nueve;34 no obstante de los señalamientos
literato, por lo que se le presentaba como narrador que se han hecho a la obra rivapalatina, varios teóri-
histórico y narrador literario, mas este papel que se le cos afirman que la visión difundida por el novelista es
adjudica, como se ha mencionado, se ve cuestionado la que aún prevalece en la memoria. Carlos Monsiváis
a través del presbítero Mariano Dávila quien, a la par lo afirma de la siguiente manera:
de las entregas de esta novela de folletín, emprende
un trabajo crítico para señalar las imprecisiones histó- Riva Palacio se propone explícitamente cons-
ricas, estilísticas y de errores de perspectivas —como truir el sentimiento nacional, indicar las
el que en páginas anteriores se ejemplificó—, pero etapas fundamentales del país, mostrar la
debe resaltarse que en su momento dichas polémicas coherencia interna y externa de los hechos
propiciaron una mayor difusión de la obra.31 históricos y situar los logros y retrocesos, he-
Las escenas de tortura en los interrogatorios, así roísmos y traiciones. […] su versión, en tér-
como la sentencia en la hoguera fueron expuestas sin minos generales, es todavía hoy la dominan-
reticencias en la novela, describiendo de forma grotes- te: los tres siglos de Colonia fueron el crisol
ca y faltando al principio de «lo bello» en la poética «de donde debía surgir un pueblo que ni era
neoclásica, según el jesuita,32 en los procesos inquisi- el conquistado ni el conquistador, pero que
toriales; sin embargo, a la par de la emisión de los epi- de ambos heredaba virtudes y vicios, glorias
sodios del folletín, se daba respuesta a las refutaciones: y tradiciones, caracteres y temperamentos».35
Los que niegan que la Inquisición en México Finalmente, el ejercicio novelístico rivapalatino a par-
quemara multitud de personas, no tienen tir de la técnica del folletín se convierte en la estrate-
sino que ocurrir a los autos de fe que corren gia de escritura que permite entablar un enlace entre
impresos por todas partes. Y se procedía con editor, autor y lector, generando en este último una
catarsis que lo mantiene a la expectativa para querer
30
Ibidem, p. 118.
continuar el relato y, a la vez, favorece la instrucción
31
Conviene revisar los trabajos de investigación de Leticia Alga-
ba Martínez, Las licencias del novelista y las máscaras del crítico, así
como Una novela de Riva Palacio en entredicho, en las que aborda 33
Vicente Riva Palacio, Monja y casada, virgen y mártir, Océano
las pugnas que la novela generó en su época. Exprés, p. 423.
32
Leticia Algaba Martínez, Las licencias del novelista y las másca- 34
Leticia Algaba Martínez, ibidem, pp. 41-42.
ras del crítico, pp. 53-54. 35
Vicente Riva Palacio, op. cit., p. 23.
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del público en el modelo liberal republicano mientras co de configurar y consolidar el proyecto de nación,
se rechaza a la Iglesia, a la Colonia y al antiguo régi- sin embargo las intenciones de los autores también
men, todo ello a través del repudio a la Inquisición. cobran peso en este ejercicio, de tal modo que puede
Sin duda estas características del folletín afianza- percibirse en Riva Palacio un trabajo estratégico, que
ban la circulación, aceptación y permanencia de la no solamente cuidaba la trama y la intriga, sino que
novela y, por tanto, de los ideales que esta promovía, desde su estructura, forma de distribución y discurso
convirtiéndose en asunto del interés de la sociedad tenía pretensiones de instruir de manera permanente
decimonónica, en una «lectura de masas»; si no por a la sociedad, para que adoptara el modelo republica-
su alcance —pues bien conocido es el restringido ac- no y rechazara los proyectos ideológicos contrarios.
ceso a la lectura durante el siglo XIX—, al menos por A manera de conclusión debe reiterarse lo que ya
la capacidad de injerencia en los diversos sectores, muchos autores han afirmado, que el imaginario de
como lo señala Monsiváis: la Colonia y la Inquisición en la novela histórica es
un constructo que oscila en esas dos tendencias que
[…] esta narrativa nacional popular fue una pugnan entre la objetividad o apego a las fuentes his-
especie de «deber mundano» de portería, de toriográficas y, por otro lado, que persiguen intereses
zaguán y corredor en común; cada capítulo ideológicos establecidos por el autor, siempre ampa-
daba lugar a conversaciones en las que bri- rado por las licencias que el ejercicio literario le con-
llaba la capacidad lógica de intuición de los cede; en razón de ello, ha surgido una nueva variante
más sobresalientes.36 a la novela histórica, reconocida por Seymour Men-
ton como la nueva novela histórica latinoamericana,
Además de que la estructura melodramática permi- que tiene como fin cuestionar las versiones ‹oficiales›
tía contraponer el supremo bien —representado en de la Historia, las obras literarias ‹canónicas›, los he-
los criollos y en el modelo republicano— frente al chos, los personajes, o los discursos ideologizados;
supremo mal —los peninsulares, así como sus es- incluso puede presentar a los vencedores como ven-
tructuras e instituciones— y, según lo refiere Diana cidos, a los héroes como villanos, pues discurre en la
Vanessa Geraldo Camacho, para prolongar la intriga imposibilidad de tener una verdad única y pretende
se recurría al reencuentro de personajes, a la anagnó- desmitificar los estereotipos establecidos. Sin embar-
risis, encuentros inesperados o sorpresivos, descubri- go, aun en esta nueva variante se confirman las dos
miento de misterios, reivindicaciones, recompensa a posturas, pues siempre será la intención del autor la
las buenas acciones y castigo a los malos actos; ade- que le imprima carácter, como se observa en las dos
más de que la conformación de los personajes tenían últimas novelas que tematizan la Inquisición, Los li-
un carácter moralizante dualista, con atributos que bros del deseo,38 del historiador Antonio Rubial García,
respondieran a los caracteres morales e ideológicos que al ser historia novelada pretende la fidelidad a
que trataban de erradicarse o promoverse.37 las fuentes historiográficas y Ángeles del abismo39 de
A partir de estas obras es posible vislumbrar, por Enrique Serna, quien pudiendo desmitificar los este-
tanto, que la novela histórica decimonónica, además reotipos decimonónicos, los confirma a través de un
de tener un carácter ficcional, perseguía un fin políti- juego paródico, irreverente y provocador.
La novela del historiador, como él mismo lo ex-
36
Carlos Monsiváis, op. cit., pp. 26-27.
presa, pretende destacar la función didáctica que la li-
37
Cfr. Diana Vanessa Geraldo Camacho, De técnicas y tradiciones: teratura aporta a la historia, señalando que «una nove-
“Monja y casada, virgen y mártir” de Vicente Riva Palacio y la novela
de folletín del siglo XIX, Tesis Doctoral, Centro de Estudios Lingüís- 38
Antonio Rubial García, Los libros del deseo, Grijalbo, México, 2004.
ticos y Literarios, El Colegio de México, México, 2013, pp. 42-60. 39
Enrique Serna, Ángeles del abismo, Seix Barral, México, 2009.
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la puede ser estrictamente histórica sin tener que cercenar o precisiones del contexto colonial, aspecto que para al-
modificar en un ápice la verdad de los hechos conocidos»,40 gunos críticos, como José Carlos Rovira, lo hacen caer
pero claramente se ve en ella que lo que Antonio Ru- en una torpeza constructiva, pues a su parecer incu-
bial privilegia es la fidelidad al contexto de la Nueva rre en extremo en coloquialismos de nuestro tiempo,
España, pues siendo especialista en vida cotidiana co- errores de construcción tratando de encajar un en-
lonial se puede tener certeza de que se ha cuidado a cuentro erótico entre los personajes principales, a pe-
detalle la reconstrucción de ese mundo novohispano. sar de estar recluidos en las cárceles inquisitoriales y
Al respecto Víctor Manuel Sanchis Amat señala que el ambiente sórdido no era propicio para ello; alude,
esta obra tiene rigor en el manejo de las fuentes, fide- además, que utiliza material de relleno innecesario
lidad al documento y exactitud en la interpretación, con tal de hacer figurar a personajes como Sor Juana
como lo exigen los profesionales de la historia,41 pero Inés de la Cruz de manera imprecisa. A razón de ello
otros teóricos señalan poco dinamismo en el ejercicio Rovira señala que la obra de Serna combina Historia
literario, como Ramón Manuel Pérez Martínez, quien y ficción para construir, a partir de estructuras de la
refiere que lo que Rubial quiso hacer con el protago- picaresca, comedia de enredo, novela histórica inqui-
nismo de sus personajes obedece al «deliberado intento sitorial y hasta principios de un best seller, una novela
por contar la historia desde sus pliegues más recónditos, co- con datos mínimos de historia y mucha ficción.43
laborar con la justa fama de los hombres y las instituciones De este modo se puede apreciar que las obras de
que participan de los hechos relatados»,42 pero, a su jui- Rubial y Serna, que forman parte de la novela históri-
cio, al final no logra el sublime ejercicio de la ficción, ca, aunque bajo nuevas variantes, y que surgen como
sino solamente la escritura de una historia novelada, respuesta a la narrativa decimonónica, oscilan entre
muy cercana a la reconstrucción de lo que ha sido lla- las dos posturas que recrean la sociedad novohispana
mado Historia de la vida cotidiana. desde la perspectiva clasicista y la romántica; o bien
Enrique Serna, por su parte, no rivaliza con el posmoderna, según refieren algunos autores a la nueva
imaginario establecido de la Inquisición en la novela novela histórica latinoamericana, denotando el con-
decimonónica, pero se da las libertades que el ejerci- traste entre un texto que se ciñe a lo historiográfico y
cio literario permite, rompiendo más bien el discur- privilegia la función didáctica de la literatura, frente a
so ideologizado, la visión idílica del proyecto liberal; otro que tiende a lo creativo y rompe o hace perdurar
mas debe señalarse que en medio de ese juego paró- el estereotipo de la época colonial, según la óptica e
dico, irreverente y provocador con el que exhibe los intenciones del autor.
vicios de la sociedad novohispana, cae en algunas im-
Fuentes
40
María Constanza Toquica Clavijo, «¿Historia literaria o lite-
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Redoma • octubre-diciembre 2022 || 77
Alquimia
La piel del otoño
Brenda Ortiz Coss
La piel del otoño tiene un cariz de onda
pendular y su textura fluye
encarnizada; la conservo latente entre las yemas
y, si acerco el oído, murmura suavidad.
He servido en un banquete de dos plazas
la piel del otoño que rezuma el fermento de mi beso,
el eco de una queja calcinante,
la ansiedad de mi mano que la frota.
Aquí el otoño que tira a primavera se extiende a dos solsticios,
empuja el aguijón desde la orilla,
avienta el ramal desde la cima,
extiende el ornamento desde el cielo.
La piel del otoño me recubre con la frecuencia del cometa,
en su estela se saborea el invierno
pero tiene un remanente de cereza.
Trae tu piel a las dunas mi vientre, azul otoño.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 78
Antes del amanecer
Mauricio Moncada León
cavé profundo en mis sueños
con los dedos sangrantes y las uñas rotas
la angustia se mecía en mi aliento
para silenciar la voz
cavé durante una noche
o fueron dos o cien
con una canción monótona y ligera
era un grillo en grave gruta
grosero y gris
postrado en la pálida sombra
cavé
de fosa en fosa
urgía llegar al infierno de mi mente
y encontré mi corazón vacío
huérfano de dioses y diablos
con plegarias y blasfemias muertas
cavé profundo y temí la lluvia
temí un alud de pasiones
temí el sepulcro prematuro
y el alma viva
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 79
quería saber
adelantarme a la muerte
un día antes y en otro lugar
cavé como lo haría un oso
que busca el futuro
en los sueños
está la promesa y el deseo
y el sobresalto y dolor
está la nada
para reconocerme humano
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 80
Emma
Manuel Pasillas
Emma en la Balsa
Emma regresó a su casa inundada porque había olvidado las llaves
Con su suéter hizo una balsa para navegar ese lago de alas de mariposas
Remaba con nada más que la blancura de sus manos para llegar a la cocina
Sentía entre sus dedos mezclarse las alas como cuando de noche en un rincón de
su habitación los metía entre su cabello negro
Cruzó con ese suéter a través de todos los muebles que flotaban en la superficie
Las sombras que habitaban bajo su mesa volaron libres y ante sus ojos cafés se
perdieron en la transparencia de las ventanas
El sillón flotaba de cabeza y Emma se preguntaba si aún tendría esas quemaduras
de cigarrillos en los brazos
Veía a lo lejos el retrato de sus difuntos padres que la miraban con dulzura
Antes de sucumbir contra la marea exhalaron un pequeño susurro atrapado en una
burbuja morada
Su suéter entretejido de lana roja acariciaba las heridas de sus piernas y le
entregaba el calor necesario para aliviar el frío de una casa tan sola
Recordaba la espuma negra que salía del lavabo o la coladera mientras estaba
sentada
Cómo al desprenderse liberaba un humo tenue y arremolinado que olía a algodón
de azúcar en las ferias de agosto
Recogió sus brazos para recostarse en la balsa
Al mirar el cielo solo podía ver el foco apagado de la sala
Adoraba la tranquilidad que sentía al mirar el cristal de esa bombilla ausente de luz
Amaba la calma de llorar en el sillón a oscuras solamente acompañada por una
almohada entre las piernas
Cerró sus pestañas y comenzó a escuchar esos ruidos de ratones que se pasean en
el techo de su cabeza
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 81
No eran como cuando intentaba combatir el insomnio de la madrugada ahogándose
cada vez más entre las sábanas
Esta vez esos murmullos en la penumbra la hacían sentirse completa
De la nada crecía una enredadera de pétalos de leche que se deslizaba lentamente
por su sexo hacia su ombligo
Las lágrimas al descender por su cara la acariciaban como pequeñas manos
pidiendo perdón
La baba negra del rímel se desprendía de sus pestañas junto a todo su maquillaje
que se filtraba sobre la lana
Emma se alegró de poder descansar un instante sin ayuda de todas esas pastillas
que tenía enterradas en las macetas y de las cuales no florecía nada
Se dejó llevar con los ojos cerrados por la calma de los aleteos cortos
Era una hoja roja de otoño flotando para no tocar jamás la tierra ausente de nieve
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 82
Emma en los Azulejos
La balsa se detuvo ante la puerta cerrada
Al ponerse de pie
Emma sintió el frío de los azulejos
Inhaló el olor a detergente que le irritaba la garganta
Las llaves que había olvidado
Eran las de la cocina
Bajó de su balsa
Vistió nuevamente su suéter rojo
Abrochó la correa de sus tobillos
Cada mueble limpísimo en su lugar como todos los días
El retrato de sus padres bien clavado en la pared
El sillón erguido como ella
La sombra del foco a las cuatro de la tarde
Tomó su bolso
La soledad habitaba cada parte de la casa
Al caminar a la salida
Dejó el pasillo repleto por el eco de sus tacones
Cerró la puerta
Le quemaba el sol
Acomodó su cabello
Sacó sus lentes oscuros hurgando en su bolso
Se dirigía al trabajo
Y le crujía el estómago
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 83
26 de noviembre
(árbol de sangre)*
Patricia Ortiz Lozano
Yo buscaba un árbol
con la silueta de tu sombra
que pudiera ver desde mi ventana
y alojara a los pájaros del sueño.
Hay un árbol de sangre que custodia mi casa.
Esta mañana llegó un viento fuerte
sin forma ni medida
un viento inesperado
que trozó el árbol
partió sus ramas
y penetró sus hojas.
Fue una ráfaga violenta
que trajo a casa
tu aliento destructor.
Nunca quisiste al árbol
no cuidaste de él ni de la casa
fuiste un soplo brutal
que dejaba todo en ruinas.
*Del libro Diario de lo deshabitado
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 84
De furia era tu paso
pero luego
un día cualquiera
dejaste todo
y te marchaste
feroz, como ese viento
partiendo todo
rompiendo cada cosa
trozándome
en medio del jardín
como al árbol de sangre.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 85
Dulce Madre
Eudoro Fonseca Yerena
Dulce madre, no te acerques,
no quiero tu negro remolino,
tus fauces abiertas,
la crecida de tu voz que viene amenazante
con sus lúpulos de miedo,
no quiero tu trono de cavernas
ni tu reino clausurado,
tu cerco de agujas,
tu ciega dentellada en todas partes,
los costales de tu ira
azotados contra las paredes de la niebla,
no quiero destemplar mi frente
al contacto de tus lagos congelados,
no quiero tu desolación boreal,
ni tus cuchilladas geométricas de hielo.
Dulce madre, no te acerques,
las flores dormidas de tus manos,
tanto tiempo ha menesterosas,
no quieren alisar las hebras hirsutas
de mi pelo,
quieren infligirme un tirón rencoroso
que aligere tu jornada,
que te saque un poco el dardo
que llevas incrustado en las vísceras maltrechas,
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 86
andas buscando quién te la pague
y no quién te la hizo,
quién responda por tu leche agria,
por tu inocencia tempranamente derramada
como un archipiélago en la mesa,
no buscas la paz insondable de mis sueños
entre sábanas y rezos,
procuras la sordina que atempere
mi algazara,
que tanta vitalidad te incordia,
que tanta alegría para tu corazón menguado
es desafío,
tú no quieres que yo encienda mi bengala,
mi mágico pedernal en los ijares de la noche,
lo que tú quieres, en verdad, es castigarme,
aunque no encuentres alivio ninguno
ni sosiego,
aunque solo consigas
agrandar la púrpura de tus heridas,
hundir más tus arpones en ti misma
y que un berrendo burriciego
galope sin tregua en tus entrañas.
Dulce madre, no te acerques.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 87
Retorta
Problemas intestinales
Rafael Aragón Dueñas
En el transcurso de la vida se piensa muchas veces en que
un día, tras años, meses, semanas y días preparatorios,
llegaremos a nuestro turno al umbral de la muerte. Es la
ley fatal, aceptada y prevista; tanto, que solemos dejarnos
llevar placenteramente por la imaginación a ese momento,
supremo entre todos, en que lanzamos el último suspiro.
Horacio Quiroga, El hombre muerto.
Juan Gilberto García, el Sorcho, de cabeza cuadrada: cabello rapado con un estilo rapero, tenía
los dientes frontales separados y con su voz ñoña, se encontraba sentado en una fonda en el pasaje
Arroyo de la Plata desayunando un plato con pozole, otro de menudo, una orden de tacos de bi-
rria, todo esto acompañado con su Coca Cola de litro y medio. El Sorcho paladeaba la mezcla de
alimentos acumulada en su boca y lo diluía con un sorbo de refresco. Terminó con el plato fuerte
para dirigirse ahora al postre: gorditas de trigo/fibra de horno acompañadas con su vaso de un
litro con malteada de chocolate. Tanto los clientes y la cocinera veían asombrados la increíble in-
gesta que realizaba el tipo de la cabeza cuadrada; además, les incomodó cuando eructó ante todos.
Satisfecho, decidió pagar, agarró una servilleta para limpiarse la boca y se la guardó en su bolsillo
del pantalón, junto con el cambio que recibió, ahí sintió entre sus dedos una navaja suiza.
Se retiró de la fonda para irse a la Suburban que estacionó en una de las avenidas del centro his-
tórico. Sentado en el asiento del conductor, el Sorcho sacó el objeto de su pantalón y lo contempló;
la navaja con múltiples aditamentos le recordó aquellos momentos cuando cursaba la secundaria
Pedro Vélez: «Qué buenos tiempos. Hace un año salí de ella. Mis mejores años los viví en la secun-
daria. Molestaba a mocosos, las morrillas me enseñaban sus calzones en los baños, era desmadro-
so y siempre guardaba la navaja pa’ que los prefectos no me la wacharan. Mis jefitos ricos siempre
me hicieron el paro con el director pa’ que no me expulsaran por ser un valemadrista. No olvidaré
jamás esos viejos tiempos». Juan Gilberto revisó los distintos aditamentos: un sacacorchos, un
abrelatas, una lima, un tenedor y la hoja filosa. Decidió cerrar sus diversas funciones y guardar la
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 88
navaja en donde la había sacado. Para hacer digestión emprendió el recorrido en la Suburban en
los distintos puntos del centro histórico y en las afueras de la ciudad.
Luego de un rato manejando llegó a la carretera Morelos-Fresnillo; se detuvo abruptamente
porque sintió un fuerte retortijón: las tres comidas corridas ya estaban haciendo efecto. Estacionó
el auto en la orilla de la carretera, frente a un pastizal cercado con alambres de púas: «Chingao,
aquí me parqueo, nomás voy a cagar al pasto y me limpio con la servilleta que me traje de la fonda
y seguiré dando el rol», dijo cuando salía del vehículo para llegar a su objetivo. Con el pantalón
hacia abajo y en cuclillas, ejerció sonoras flatulencias seguido de la expulsión de materia fecal, en
un principio líquida pastosa parecida al atole champurrado para después convertirse en pedazos
duros semejantes a rebanadas amorfas de un pastel de chocolate. Finalizó con un atronador pedo y
aliviado estuvo a punto de limpiarse cuando de pronto escuchó los fuertes bramidos acompañados
de un trote enfurecido que se acercaba a él.
El cabeza cuadrada volteó y se percató de que era un burro muy excitado, el falo se le zangolo-
teaba de un lado hacia otro dejando rastros de viscocidad a su paso. Juan Gilberto tiró la servilleta
y trató de subirse el pantalón pero al ver que la bestia se aproximaba decidió correr al alambrado.
No pudo salir porque el burro ya lo había alcanzado. El hombre luchaba con el animal, le daba ca-
chetadas con una mano y con la otra trataba de subirse el pantalón aunque no podía. Las bofetadas
no hacían reaccionar al asno y en un movimiento ágil extrajo la navaja suiza del pantalón, usó la
hoja filosa para amenazar al animal rasguñándole ligeramente el belfo. El burro se retiró aún con
la erección sobresaliente. Juan Gilberto estaba feliz porque había ganado la batalla, pero le inco-
modaba el excremento adherido entre ano y nalgas. A un par de metros vio la servilleta al lado de
su mierda y se aproximó rápidamente para agarrarla.
Como aún tenía el pantalón bajado y en su mano traía la navaja reluciendo la hoja filosa, pisó
mal, tropezó y cayó en sus propios desechos corporales. El filo del acero entró en el esternón; gritó
como un animal comenzando a vomitar sangre. Sus alaridos parecían los de una burra en celo.
Al asno le atrajeron esos sonidos; se acercó y lo vio empinado reluciendo el trasero lubricado. Sin
más preámbulos se dirigió a él montándolo con fiereza, el burro había ganado la guerra del amor
y rebuznaba de placer. Juan Gilberto García el Sorcho, sintiendo ambas penetraciones, recordó sus
tiempos en la secundaria Pedro Vélez, cuando hace un año, durante la ceremonia de graduación,
le rompió con la navaja suiza los papeles de recibimiento a un compañero que siempre le hacía bu-
llying. Cuando les escupía el lonche a los de primer año. Cuando entraba a los sanitarios femeninos
a amenazar con la navaja a las compañeras para que se bajaran las bragas mientras él se masturbaba
frente a ellas. Cuando recibía los reportes y citatorios por su mala conducta, pero sus padres, con
influencias poderosas, sobornaban al director para que su muchacho siguiera cursando la secunda-
ria. Cuando se sentía superior ante los demás porque los amenazaba con su objeto punzocortante.
El burro a punto de venirse y Juan Gilberto García el Sorcho en su último suspiro afirmó: «No
olvidaré jamás esos viejos tiempos».
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 89
Tía Amalia
Roberto Bravo
Para mi amigo Marco Aurelio Carballo (1942-2015)
Tía Amalia es la que vive de sus hermanas, Amelia y Narcisa murieron ya, y ahora tía Amalia,
la rebelde que no se casó, ni cree en los santos, dice el doctor que va a morir. Ella y yo nos pa-
recemos, en que a los dos no nos gusta comer, comemos poco y lo indispensable. Es pequeña,
delgada, y se mueve como si tuviera trece años a pesar de su bastón. Su rostro envejecido por las
arrugas fue muy bello y más de uno la requirió en amores, pero esos hombres le parecieron ton-
tos, y les cerró la puerta. Desprecia a los adultos, solo los niños hacen que su voz se vuelva dulce
y amable. Como superviviente de la familia antigua, fue su heredera, hoy va a morir, y debemos
despedirnos de ella para siempre. Mamá dijo a sus hermanos y a nosotros sus hijos: voy a entrar
a verla primero, ella y yo hemos sido como amigas.
Mamá salió con lágrimas en los ojos del cuarto donde Tía Amalia nos espera, luego de conso-
larse en los brazos de uno de mis tíos, nos dijo. No los quiere recibir juntos, deben pasar uno por
uno. A ti, se refirió Mamá a mi persona, me pidió que seas el último.
—¿Sabe que va a morir?
—No me preguntó, ni yo le dije —respondió Mamá—.
Intentando no hacer ruido con mis pasos me paré frente a ella. Acostada en la cama del hospi-
tal no me pareció vieja, su hermosa cara lucía sin pliegues, su piel blanca no está manchada, sus
mejillas tienen el tono rosa del amanecer, y sus ojos oscuros, sin lentes, son dos cavernas profun-
das que llevan a su pensamiento. Miraba hacia la ventana intrigada por la duda cuando la vi, y al
verme, hizo una expresión de ¡Ah! Ya llegaste.
—¿Cómo te sientes?
—Aquí nomás ¿cómo quieres que me sienta?
—Quería saber si tienes dolor.
—No hay dolor, si te refieres a si algo me duele, pero quiero que me digas, por qué vino toda
la familia. ¿Por qué están aquí?
—Porque te enfermaste, y te visitan por esa causa.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 90
nar un monumento sencillo, una sola plancha blan-
—Eso no es verdad, pero no voy a discutirlo con-
ca de mármol con mi nombre, las fechas de mi naci-
tigo, dime qué dice el doctor, y no mientas porque
miento y la de hoy, y una leyenda que diga: «Nació,
soy capaz de arrancarte para siempre de mi corazón.
vivió y murió». Le dices a Triunfo, el carpintero, que
—El doctor dice que estás muy mal.
me haga una caja de madera de cedro y que la barni-
—¿Voy a morir?
ce con un tono oscuro. Una vez que muera, le pides
La vi serio a los ojos y le contesté
a Adolfa que venga al hospital con mi ropa y me vis-
—Sí.
ta, ella sabe qué muda tiene que ponerme. Vigila que
—¿Cuánto tiempo me queda?
los albañiles hagan bien la fosa donde meterán mi
La pared verde agua de la habitación se me hizo
ataúd. Si quieren velarme deja eso en manos de la fa-
como un cielo sin nubes, busqué un apoyo en él,
milia, pero no pagues nada con mi dinero, más que
pero no encontré, reuní el valor de mis veinte años
lo que te digo. Dale a Adolfa y a la mamá de Chano
y le respondí:
mi ropa, y son para tu mamá mis objetos personales.
—Unas horas.
Se hizo un silencio en el cuarto que significaba el
Vio hacia la ventana, aunque sus ojos oscuros mi-
final de mi visita, había llegado el momento de des-
raron de hecho adentro de sí misma, como si buscara
pedirme, pero eso ella debía pedírmelo, hasta enton-
algo, y no lo encontrara. Finalmente volteó a donde
ces saldría de allí a cumplir mi cometido.
estaba yo y me preguntó resuelta:
—A ti no te dejo ni siquiera una mata de pláta-
—¿Traes en qué escribir?
no.
—No.
Observó después mi rostro para ver mi reacción.
—No importa porque tienes muy buena reten-
—¿No lo merezco?
tiva, así que escúchame y no olvides lo que voy a pe-
Le pregunté, no como un reproche, sino por cu-
dirte.
riosidad. Sabía que con su herencia estaba saldando
—No lo olvidaré.
cuentas pendientes y me pareció legítimo que con
—Entre las madejas de hilo de la canasta de
sus bienes hiciera según sus deseos.
mimbre que está encima de mi baúl hay una llave
—De hecho, ninguno de a quienes heredo lo
gorda y otra pequeña. Con la llave gorda abres el
merece, pero tú quieres ser escritor como tu tío Mi-
baúl donde guardo mi ropa, y con la pequeña abri-
guel, y eso me impide darte nada.
rás una caja de madera de cedro oculta bajo mi ropa.
—Si me dejas algún dinero me ayudará porque
Allí hay ocho cartas, en sus sobres están escritos los
me voy a México a aprender a escribir, y allí no tengo
nombres de sus destinatarios, los conoces a todos, y
dónde llegar. Aquí no hay quién pueda enseñarme.
les entregarás en sus manos a cada uno de ellos la car-
—Harás bien, porque de los poemas de Miguel
ta que le pertenece. ¿Estás de acuerdo?
no vas a sacar ningún provecho ¿Sabes cómo lo lla-
—¿Qué tienen esas cartas?
man en el pueblo?
—Esas cartas llevan anexo una copia de mi tes-
—El poeta de la mierda.
tamento.
—¿Y sí sabes por qué?
Calló por un momento.
—Los poemas de su libro hablan de la mierda.
—Júrame que las vas a entregar a sus dueños.
—Ahora te voy a decir por qué no voy a dejar-
—Lo juro.
te un quinto partido por la mitad. Pero contéstame
—En esa caja de madera también hay dinero
antes la verdad: ¿Quiénes van a leer lo que escribas?
suficiente para que pagues lo que voy a pedirte: No
¿Tus amigos y las putas? Porque debes saber que Mi-
quiero que me entierren con mis hermanas, ni con
guel se iba con sus amigos a casa de Mello, se em-
nadie. Quiero una tumba para mí sola, y vas a orde-
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 91
borrachaban con las putas, y les leía sus poemas. Sus que le responda. Siento sus razones para no ayudar-
risas se escuchaban hasta el otro lado del río. me como un sofisma, y toda la frustración que le
Miré el piso, cambié de pie de apoyo, y viendo su provocó la vida de su hermano muerto la proyecta
rostro de inquisidor le respondí. hacía mí, aunque también me parece congruente
—Yo voy a escribir para quien quiera leerme. su actitud conmigo al anteponerse a mi proyecto de
—Eso ya lo sé, pero ¿quién quieres tú que te lea? vida como la primera dificultad a vencer, como una
—La gente en general, Tía, no solo mis amigos prueba, y me enoja que quiera darme una lección,
y las putas. pero la acepto, no tengo opción para no hacerlo y
El interrogatorio empezó a irritarme, pero debía ella lo sabe, es su triunfo, y debo otorgárselo. Me
estar alerta, no impacientarme, y contestarle lo que acerqué a su cama y agarré el dedo gordo de su pie
quiera saber, ella va a morir, y merece toda mi consi- que levanta la sábana como a una carpa, lo tomé sua-
deración. Después de mi última respuesta, sonrió re- ve acariciándolo.
lajando su rostro, entendí que había llegado a don- —Tienes razón —le respondí—, es verdad lo
de quería, y dijo como si yo le hubiera preguntado, que dices acerca de que me las tengo que ver por mi
como si yo anduviera descalzo y sin calcetines fuera mismo, me da miedo pensarlo, me da miedo inten-
de una vereda: tarlo, pero como dijiste, no tengo opción, y te asegu-
—Para escribir para la gente en general tienes ro que a como pueda seré escritor.
que sentir lo que siente la gente en general, vivir Sonrió cuando escuchó mis palabras, y esa son-
como la gente en general, tener las necesidades de risa no se la vi antes. Por un momento su rostro y
la gente en general, comer lo que come la gente en mirada se hicieron dulces, tan dulces y transparen-
general, en pocas palabras, ser uno más de la gente tes como la luz que entra por la ventana. En sus ojos
en general, porque solo así va a leerte la gente en ge- ahora serenos brilló la emoción. Ven, me dijo con un
neral y no solamente tus amigos y la putas como a tu ademán de su mano, acércate. Cuando me tuvo cer-
tío Miguel, que nunca trabajó, llevó la vida regalada ca, me tomo por el cuello, me jaló hacía su rostro y
que le dio mi padre, y en su vida escribió un libro de besó mis labios con tal dulzura que no pude evitar
veinte poemas inspirados en la mierda que dejan en abrir los míos y besarla con una ternura que no creí
la calle los peregrinos que vienen al pueblo a rogar al tener. Duramos besándonos un tiempo sin límites
Cristo Negro durante las fiestas de mayo. En lugar de en el que me entregó sus sueños, su deseo, el cariño
limpiar las calles, o poner letrinas públicas para esos acumulado a lo largo de sus años y reservado para
infelices que se zurran donde pueden, hizo poemas este instante. Nos separamos cuando me pidió en un
a la necesidad de evacuar sus heces. En su vida de susurro:
poeta solo eso hizo, y sus amigos y las putas fueron —Ahora vete y no dejes entrar a nadie antes de
sus lectores. Yo no quiero que te pase lo mismo, no que muera.
quiero que te pase lo que al tonto de Miguel. Para
escribir a la gente hay que ser gente, es decir, joderse
todos los días como ellos. Y aquí me callo, porque no
se es gente común porque otros te digan que lo eres
si no de hecho.
Parpadeó dos o tres veces, dio un pequeño sus-
piro, aflojó su cuello, su cabeza descansó sobre la al-
mohada, y vio la pantalla beige del foco que pendía
del techo. Es evidente que está dándome tiempo para
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Call of Duty
Manuel R. Montes
I began to believe
the true position in life
was standing still
José Ángel Araguz
Verano.
Duermen apacibles en la litera. El mayor arriba, la pequeña, debajo. Declina el domingo. Se
atenúan los aguafuertes que los impresionaran en la excursión a mediodía
/ un olmo frondoso, cálido al tacto, de ramas como garabatos marrones, verde turbio
las hojas hospitalarias por las que se adentraban, encaramándose, iluminados por el
resplandor de sus brazos amarillos, espadas de sol
/ de plata helada la salpicadura, en la charca de los bebederos, que brotaba de las
volteretas de un bulldog blanco, sin correa, tiovivo de músculos y espumarajos, la
lengua un péndulo de sangre pulimentada por la sed
/ las extenuantes acrobacias y los bailes, los duelos y las competencias de velocidad en
la hierba inmensurable, autopista o coliseo sobrevolado por nubes diáfanas de insectos
Duermen.
Fueron dos nuestras caminatas, breve hacia el parque la de ida; la del regreso, eterna. Las cuadras
que las intermediaron, imagino, les laten aún a los hermanos en las plantas de los pies, prolon-
gándoles un dolor adormecido, vibrante de felicidad y de asombros transitorios que pueblan el
cinematógrafo alucinante detrás de la pesantez de sus párpados
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 93
/ banquetas hostiles en declive, o en Oprimo con cautela el interruptor de la lámpara.
ascenso, gibas de un colosal dromedario Ejerzo, con mudo cansancio, la ceremonia paterna
fósil de brindar la penumbra. Desde fuera, una intermi-
tencia escarlata se apodera de la pieza de los herma-
/ rines de automóviles, aspas cromadas tan nos. Es el resplandor que noche a noche calca su re-
cerca de sus rostros, emitiendo zumbidos cuadro en la cortina traslúcida, y que reproduce los
amenazantes, dínamos vertiginosos que estrépitos de la emboscada, entre laberintos envileci-
a bufidos de combustible los mecían,
dos, que un adolescente vecino nuestro protagoniza
frente a un plasma inmenso, instalado en una recá-
ingrávidos al caminar de mi mano y de
mara con la persiana siempre abierta.
la de su madre por aceras angostas, en
deterioro, al ras de un accidente mortal
De no ser por mi desidia incurable, o por las fobias
pueriles, de franca ridiculez, que me crispan los ner-
/ contenedores negros con las tapas roídas vios al cruzar la puerta de acceso a cualquier super-
por la destreza mendicante y famélica de mercado, ese parpadeo trémulo, de cacería virtual y
criaturas virales que aparentan ternura de espectaculares masacres, no allanaría la más estrecha
dibujos animados y carcomen con astucia de las alcobas del departamento. Debo comprar un
de prófugos los basurales de la ciudad cobertor voluminoso, una frazada, y colocarlos en-
tre la cortina traslúcida y el amplio vidrio al que no
/ fetidez vaporosa de hombres cloaca que polariza. O, sencillamente, reemplazarla por otra, de
renquean la lepra de su indumentaria, textura impenetrable. Proveer una confortante, ab-
que desvarían sorpresas o malas noticias soluta intimidad. Por qué no impido la intromisión
y que las discuten o celebran con los de las conflagraciones que perfecciona un ludópata,
fantasmas pertinaces que los consuelan, si dieciocho meses han transcurrido ya desde que al-
hombres cocodrilo absortos, aspirando quilamos el primer piso de un edificio que, adujeron
tabaco dulce, que sorben latas agrias,
las propietarias, supera el siglo de antigüedad. ¿Por
qué retardo una compostura de procedimiento tan
varados en el espejismo del asfalto o en
simple?
los maderos humedecidos de la banca
que publicita milagros plásticos contra la
Al adolescente lo narcotizan los gráficos en alta re-
obesidad mórbida solución que trama su consola. Permanece inmóvil
en el sofá, sin apasionarse, marmóreo. Al incremen-
Duermen. tar sus inventarios de homicida y aventajar niveles,
no prescinde del sonido, aunque se priva de aturdi-
Qué otros recuerdos electrizan las extremidades mientos modulando el volumen hasta lo indispen-
del mayor, de la pequeña en reposo. Los huesos, sable, apenas el rumor de una frecuencia que no lo
los cartílagos, dientes y hebras finísimas, capila- distrae, y que yo percibo con angustiante claridad.
res, comienzan a crecerles bajo la sábana impre- Lo separa del mayor, de la pequeña, no más que un
decible de sueños disparatados que los colman y reducido declive de césped que cruje y se reseca en-
serenan. Su postura, prenatal, los torna cuerpos tre los dos muros que separan las viviendas, con ven-
diminutos en silenciosa expansión. tanas idénticas e inevitablemente confrontadas. Ní-
tido, contemplo duplicarse un simulacro infinito de
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combates que se filtra en los ámbitos de la pieza de durante décadas. Le saltaron el cofre con explosivos.
los niños y ondula sobre los edredones y los barrotes Entreabriendo la puerta del porche, columbré la hu-
de la litera. La contienda, cruenta e improbable, les mareda, la coreografía de los bomberos, el conciliá-
desfigura las facciones con el espectral holograma de bulo de vecinos intercambiando rictus, conjeturas,
una guerra encarnizada que parecieran librar adver- testimonios inútiles y exultantes. Los hermanos me
sarios de otro tiempo, remoto y superpuesto al del preguntaron la causa del olor a diésel, a neumáticos
domingo en que ya principian a desperezarse las ho- carbonizados. Corrí el seguro y los empujé dentro,
ras de mi oscuridad intranquila. impidiendo que se asomaran. Protestaron por mis
restricciones tajantes de que no salieran y por mi
Sirenas ululan frecuentemente, transitando las in- negativa de brindarles una respuesta dramática que
mediaciones de Auburn. Tampoco escasean las ma- compensara su terca curiosidad.
niobras aéreas de la guardia de seguridad. A la espera
del aullido de las ambulancias, de los canes entrena- En época de fiestas navideñas, repeticiones de arma
dos para la persecución de criminales, la impaciencia corta, simultáneas, provinieron circundándonos
recrudece mis insomnios y me levanto, tiritando, de desde otras casas. Mi esposa y yo decidimos taparles
la matrimonial, que instalamos mi esposa y yo en la los oídos con almohadones, acercándolos a nuestro
recámara contigua, dividida de la de los hermanos pecho y permaneciendo alertas aún después de que
por un panel doble de cedro, corredizo. Es imposi- finalizaran los tiros al aire, todavía por un expecta-
ble que me recupere del sobresalto aun cuando las tivo lapso de minutos inanes, incluso cuando ya las
brutales detenciones, los fuegos cruzados, las reda- alarmas anti robo de los coches hubieron apagado
das que idealizo no pasen de ser alucinaciones con por completo sus desacompasadas estridencias y
las que me inflige la incertidumbre, y debido sola- cuando, desde una distancia nebulosa, un tren iba,
mente a ocasionales rondas de vigilancia. He incluso parsimonioso, aquietando su silbido.
despertado, durante la madrugada, sin el acicate de
un impulso exterior que me perturbe, presintiendo Duermen, apacibles.
que una ráfaga de disparos habrá de acribillar nues- Acecho al adolescente, sin que me avergüence
tra paz endeble, hiriéndonos, a los niños, de muerte, la imprudencia, la recién adquirida costumbre de
a su madre y a mí, de por vida. Cavilo, aterido en aborrecerlo, de admirar la rigidez metódica de su
mis estanques de sopor, que hacia nosotros va preci- abstracción. Mientras espío el exterminio que lo en-
pitándose la parafernalia de los paramédicos y de los tretiene, adivino, al rape, un cráneo que sobresale
periodistas, que acuden sin dilaciones a preludiar las del respaldo del sofá y al que cincelan relámpagos
primicias de las pocas o de las innumerables porta- y flashes. Lo juzgo adolescente porque del edificio
das. Y aguardo el remache de balas perdidas o a man- aledaño en que hiberna no salen o entran más que
salva, sin que suceda y sin emprender una medida individuos escurridizos que dan la impresión, por
protectora que, me burlo entonces de mi fatalismo, el particular azoro de sus miradas, de no sobrepasar
no mitigaría de todas maneras, por su nimiedad, el en edad la veintena. Los escucho embrutecerse, re-
daño al que nos condenaran un atentado, un robo ventar cervezas o platos en el pavimento. Derrapan
azaroso. a bordo de sillas giratorias, de oficina, o de butacas
despedazadas por la cuesta. Queman muebles en
Hace un par de meses, un autobús de transporte co- torno a pestilentes fogatas de patio trasero que com-
legial aparcó tres calles al sur, en dirección a los ras- piten por extinguir a escupitajo y meada. Traduzco
cacielos y al gran río que bracearan esclavos en fuga a un español que me serpea la sien los improperios,
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los ruegos de clemencia interrumpidos por vanos nuestras raciones a la sombra del olmo, como con
que azotan, por tablas de patineta que les truncan insistencia me lo reclamaron. El mayor arrojó, aún
la osadía de burdas peripecias, derribándolos para el sin morderla, una rebanada de pan, sacudiéndose y
beneplácito tribal de los más ebrios que incentivan anunciándonos que un escorpión lo picaba. Presa de
el certamen, secundando rimas de un rap gangsta un llanto asmático echó a correr. Nos apresuramos
monocorde que vibra cuadras a la redonda. El juga- tras él. (Quizá no se detenga, preví, palideciendo, quizá
dor no bebe con ellos ni alardea de su misoginia con la inercia del miedo le ocasione a tu muchacho un tropie-
la broma pésima o el eructo altisonante. Se reserva, zo de fracturas irreversibles.) Calculé que se decantaría
huye del cardumen. Opera el amuleto de su control más allá de los arbustos a los que se fue precipitan-
inalámbrico. Destruye, detona y dinamita. Asalta y do, ahí donde una escarpa de la colina se me reveló
es emboscado. Resucita cientos de veces y cientos de tan pronunciada como para que resultara imposible
veces empala o acuchilla. Se condecora y no duerme, alcanzarlo antes de que lo desgarraran los incalcula-
no puede, como los hermanos, dormir apacible. bles metros de descenso por la pendiente que demar-
ca los límites del parque y que reconstruyo, ahora,
Sonámbulo indeciso, mortecino tenant que repta en en el departamento mientras duermen, apacibles,
sigilo. Desando con mesura de saqueador mi espacio frente a mí que los escudriño, a salvo ya de aquel pá-
de alquiler sin que asimile cualesquiera conviccio- nico que aún demora en abandonarme. Pretendí un
nes de pertenencia, siquiera temporal. Hurgo el fri- tono de voz lo menos histérico que me fue dable ar-
gorífico, agoto la gaseosa púrpura. Bebo del envase, ticular, deplorando mis incapacidades de mantener
febril, sin obediencia de los modales por los que ai- el equilibrio a trote:
radamente censuro en la cena. Mis palmas, dos cuen- —¡No es un escorpión… calma!
cos enmascarándome, amoldan el agua tibia en el —¡Alto, ustedes dos! —exclamó mi esposa—.
tocador del baño. Palmoteo el desvelo de mis pómu- La incógnita instintiva de dónde habría queda-
los con la camiseta, hasta que casi lo absorbe, y me do nuestra hija me produjo un súbito mareo, un
posiciono en mi trinchera invariable, la de la hoja esguince de nervios, un pulpo de sal venenosa en la
doble, centenaria y de cedro, en la que me incrusto columna.
al entornarla para inspeccionar las luces caóticas que —¿Y ella? —me detuve, con el afán de virar,
serpean en la pieza de los hermanos. Los admiro des- tambaleándome lo mismo por una desaparición
calzo y los venero, demencial, rumiando la tibieza quizá figurada que por lo inclinado de la ladera, so-
de mi carácter, espantándome por las inconfesadas bre la que ya no era capaz de desplazarme—.
razones que maquino para no cubrir, con los reduc- —¡Está conmigo!
tos excesivos de papel en el que dibujan, adheridos Descubrí que la pequeña, impasible, se apoyaba
con cinta, o con cartones, o con los periódicos que en el muslo de su madre. Obnubilado por las irri-
devalúan la mortandad humana entre comerciales, gaciones de adrenalina, enfoqué de nueva cuenta
ese vidrio, sin una grieta, que frisa el techo, y por el el punto al que me dirigiera. No pude ver sino una
que continúa tamizándose una fantasía futurista de hondura circular de setos removidos, indicio que
ruinas pulverizadas y de supervivencia entre preda- me doblegó, adensando en mi paladar el azufre. (Al
dores de pesadilla. traspasar aquel follaje, admití, habrá resbalado, abalan-
zándose a una tortura en picada de rocas incisivas y de zar-
Se tendieron sobre un mantel que impediría, supuse, zales.) Me dispuse a despeñarme por la misma ruta
que los regimientos de hormigas, laboriosos, les es- cuando noté que las hojas reanudaron su estreme-
tropearan el refrigerio. Concedí que consumiéramos cerse, y que momentáneamente desbrozándolas, por
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una brecha repentina, emergió un hombre. Aferraba Recortado contra las fluorescencias que centellea el
con la izquierda una correa percudida, sin mascota. plasma, en su nicho de indefectible francotirador, el
Sobre la curva de su espalda, y sin manifestar ago- adolescente somete a los imperios.
tamiento, iba transportando al mayor, que hipaba
monosílabos, tallándose un codo y sujeto, con una * * *
naturalidad que me petrificó, a la solidez indiferente
del desconocido, para quien las depresiones y des- Es, casi, el alba.
igualdades en el terreno no representaban inconve- Me mantuve de pie, observándolos, y el jugador,
niencia. hábito por lo demás asiduo, extenuó sus talentos,
—Sí era un escorpión, papá, he told me so! otra vez, durante toda mi vigilia.
El espontáneo rescatista, un sexagenario de ber-
mudas, gorra deportiva con la visera en hilachas y Los hermanos han pospuesto el intercambio de acu-
botas de alpinismo, blandiendo una pelota de tenis saciones matutinas que nos anuncian, a su madre y
en la diestra, nos encaró con reproche y frialdad cor- a mí, la intensiva jornada de cuidados que nos de-
diales, lo que me abstuvo de continuar arrastrando para el inicio de semana. No improvisan su carpa
las fórmulas de gratitud que, sin recobrar el alien- de vodeviles fantásticos ni se lanzan liebres, gatos,
to, intentaba ofrecerle. Inconmovible ante las exha- leones, equinos de felpa. Tampoco distorsionan las
laciones de alivio y las reverencias que demudaron dicciones de su elenco apretándose las fosas nasa-
a mi esposa, se limitó a interpelarnos en un inglés les. Al desperezarse, fijan su mirada en la ventana,
melifluo y tajante, que reprendía el nuestro, parco e sin precisarme aún, concentrados en el despliegue
inexperto, mientras el niño lo desmontaba. virtuoso del asesino, en la destreza y rapidez con las
—Did you see my baby around here? A big white que blande armas diversas y atomiza sus múltiples
bulldog. Did you see her at all? objetivos. Torsos que salpican, osamentas desmem-
El tatuaje de un alacrán azul, impreso en el cuello bradas que afectan la extraña numerología de un
cetrino del explorador y cruzándole la garganta, ra- récord que se multiplica, implacable. Se calca en la
lentizó mi cabeceo afirmativo. cortina, bordándola, una secuencia de combustiones
multicolores, en tanto el amanecer suministra, poco
Duermen. a poco, una claridad que la diluye. Tomo asiento en
Incuba, sedentario y corpulento, en el sofá. In- el colchón inferior de la litera y me reúno con los
fiero que lo acompleja el sobrepeso, probablemente espectadores, a los que no importuna, ni da trazas de
la fealdad. Otro atributo suyo es que no enciende la ser llamativa, mi presencia. El plasma rebosa demoli-
consola si los hermanos, a quienes no ve, están des- ciones, aunque repentinamente se paraliza el conteo
piertos, como si el único principio de honor que rige a contrarreloj, pues el adolescente, incomodado al
su pasatiempo le prohibiera esparcir la crueldad ha- intuirnos, pausa su Apocalipsis y se dirige, ceremo-
biendo testigos inocentes. La fortuna de no haber nioso, a la persiana. O no es que nos intuya, sino que
entre los habitantes de ambos espacios confrontados alguno de los tres, reflejado en su pantalla, le obsta-
una interacción contemplativa será tal vez el cobarde culiza la mira, y, por no infligir un blanco anómalo,
argumento que me absuelve de no vedarles al mayor, opta por contenerse. Lo verifico. No es alguno de los
a la pequeña, el sofisticado teatro de violencia que vecinos que pudiera reconocer, y a quienes con disi-
no presencian. mulo inspecciono si vacían de las cajuelas de sus au-
tomóviles las provisiones letales de la marca barata
de cerveza que los enerva cuando el fraccionamiento
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aparenta tranquilidad, y al que desquician con sus instantáneos aquelarres y su lerda melopea.
Fui certero en la premisa sobre la gordura y la fealdad. El jugador es un agotamiento encarnado
de morsa, casquete rubio y playera holgada, violácea, con estampados ininteligibles. Nos escu-
driña con estupefacción y acritud, con un semblante de desconcierto y perplejidad, como si nos
reprendiera. Sonríe después, taciturno. Tira de los cordeles de la persiana, que al ocluirse lo va
fragmentando en líneas verticales.
—¿Quién es? —me consulta, con entusiasmo, el mayor—.
—No, no sé quién sea.
—Parece amable —tercia la pequeña—. O triste.
* * *
Reemplazaremos, pronto, la cortina traslúcida por otra más gruesa que nos proporcionen, como
tantas veces lo han sugerido, las propietarias. Adaptaremos la litera, desarmándola, en lechos
individuales, disponiéndolos en un reacomodo que dificulte la observación de los pormenores
que acaecen del otro lado. Al sano crecimiento de los hermanos no lo velarán ya los resplandores
que orquesta la puntería del jugador. La más estrecha de las alcobas, cuando apague la lámpara,
quedará para mi consuelo hundida en el terso cofre de una tiniebla hermética.
Cincinnati, 2014
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 98
Destile
DODECAMERÓN, CUENTOS
(A CABALLO) PARA PASAR TODO EL AÑO
ALEJANDRO GARCÍA
Lecciones de literatura con Alejandro García
Víctor Herrera
Vértigo
La Conquista fue de una calma cruel.
El primer beso, un instante ubérrimo y letal.
Los paseos llevaron a cabo la segunda parte del asedio.
Al tocarla, no se refundió, también sintió que un rayo lo partía.
La lucha cuerpo a cuerpo fue prolongada y tensa.
En un segundo se precipitaron las ansias de ambos.
Después, la memoria se negó a convertirse en recuerdo,
Se quedó en emoción y vértigo y temblor:
el punto de fuga eterna
y de nostalgia,
de la carne
tremolar.
De inicio, lejos de intentar la titánica y fútil labor de hacer una reminiscencia de los trecien-
tos sesenta y cinco días y cuentos, además del uno más, por si fuera bisiesto el año, en pala-
bras del autor, me enfocaré en hablar de algunas de las temáticas de la obra, quizás de ma-
nera muy velada o imparcial, pero antes de polemizar es menester que explique mis ideas,
para que los lectores puedan entender la estructura con la que fue ideado este panegírico.
Mas allá de los tiempos de pandemia, para el lector avezado es inevitable percibir el
guiño lanzado por Alejandro con el título y estructura de su obra, recordándonos con
ello uno de los libros más célebres del humanista italiano Giovanni Bocaccio, el Decame-
rón, así que, aspirando a emular moldes de la época, por lo menos de manera tosca, he
Alejandro García,
decidido lanzarme dentro de los círculos concéntricos dibujados por estos cuentos, de la
mano del salsipuedeño mayor y de algunos de los Virgilios que deambulan en su obra. Dodecamerón, cuentos
El epígrafe con el que he iniciado es parte del Dodecamerón; específicamente se trata (a caballo) para pasar
del cuento número 140, perteneciente al 19 de mayo. De mi lectura de este pequeño frag- todo el año, Taberna
mento he decidido rescatar conceptos como los de conquista, calma, instante, asedio, lucha Libraria Editores,
cuerpo a cuerpo, ansias, memoria, recuerdo, emoción, vértigo, temblor, punto de fuga, nostalgia Zacatecas, 2022
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 99
y por supuesto el de la carne, porque me resultan esenciales para describir cómo se ha ido
dando mi relación con Alejandro García en sus distintas presentaciones, que van del do-
cente, al escritor y al amigo. Por lo tanto, me serviré de ellos para desarrollar mis ideas.
Primer círculo: a la sombra del aula
Para este primer circuito es necesario hacer un breve flashback: Conocí a Alejandro en
el 2006 en la Unidad Académica de Letras, que si mal no recuerdo en aquel tiempo es-
taba bajo su dirección. Él, al igual que todos los maestros que recibieron a aquella tan
peculiar generación de jóvenes inquietos, viejo lobo de talleres y formador en el área,
de inmediato mostró empatía ante las curiosidades literarias con las que cada uno de los
nosotros de aquel tiempo nos embarcamos en una carrera de cinco años.
Naturalmente, para muchos resolver ser parte de la Unidad Académica de Letras fue
una decisión difícil a causa de la incertidumbre propia de la edad y de los estigmas so-
ciales que orbitan las actividades que se enfocan en la formación cultural; es decir, a la
supuesta inutilidad del ejercicio literario en un mundo de lo inmediato, de lo monetario:
—¿Todavía lees tus pendejadas? ¿Sigues de huevón y bueno para nada? Fíjate
qué suave.
—Leer es una inversión, tío. Por lo menos espero no terminar como us-
ted. Fíjese que leí un libro donde usted aparece. Se llama Rebelión en la granja.
—Ni creas que te voy a preguntar de qué trata. A mí háblame de cómo
salir de pobre, ponme donde haya. No solo pierdes el tiempo, sino que vienes
a hacérmelo perder a mí.
—¿Sigue dedicándose a matar asqueles con matavíboras, tío?
—Nada que a ti te duela, criatura. Yo por lo menos no me hago tonto detrás
de los libros. Hay muchas cosas qué corregir en el mundo y tú le buscas las chi-
chitas a la «o» y a la «t». Ojalá algún día sientas los calambres de la necesidad.
—En ese libro que le digo los personajes son puros animales.
—Mira qué novedad, si no hay de otros. A mí no me cuentes tus pendeja-
das. Mejor vente conmigo para que veas cómo se hacen las cosas, hoy vamos a
quemar libros en el camellón.1
Inserto esta referencia como ejemplo del lugar común al que se suelen enfrentar tanto
los lectores ordinarios, como los estudiantes de literatura, siendo estos últimos los más
vilipendiados en un mundo en el que el se cree que el poder adquisitivo determina la va-
lidez del ser humano. A fin de cuentas, quienes nos decidimos por este camino más que
hacerlo por representar en sí la oportunidad de insertarnos en ámbitos laborales ostento-
sos, se convirtió en un modo de vida que ha permitido solventar la existencia y que nos
ha exigido formarnos en ámbitos teóricos, que nos ha brindado conocimientos que solo
la práctica ofrece, y que de igual manera ha dado la oportunidad de que desarrollen su
vena creativa quienes se interesen en ello, claro todo esto sin perder la esencia humanita-
ria que permea a la actividad literaria y que aprendimos de quienes nos formaron, siendo
García Ortega y su visión acerca de la literatura, de su desarrollo regional, nacional e
internacional, uno de los que nos ayudaron a entender que:
1
Alejandro García, Dodecamerón, cuentos (a caballo) para pasar todo el año, p. 116.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 100
El hombre no es una máquina que produce y consume, el hombre es, también,
un ser que imagina, sueña y construye objetos que tienen como única finalidad
la recreación estética, que le permiten responder por el sentido de su existencia.
Es parte esencial de su vida. Entonces se puede responder por qué enseñar litera-
tura, porque el hombre tiene dos componentes: el instrumental (para satisfacer
sus necesidades vitales) y el poiético (para satisfacer sus necesidades estéticas y
sustentar el sentido de su existencia). La literatura cubre parte del segundo as-
pecto. Por lo tanto, preguntar para qué enseñar literatura: para que el hombre se
conozca a sí mismo, para que aprenda a vivir en armonía con los otros, para que
aprenda a cuestionar, para que aprenda a disfrutar mundos imaginados, etc.2
Me atrevo a utilizar estas dos citas, porque sé que a la sombra del aula muchas generacio-
nes entendieron que estudiar literatura, en contra de la opinión pública, no representaba
una pérdida de tiempo y que, al contrario, se erigía como una oportunidad de entender
la vida e interpretar el mundo desde otras perspectivas, pero durante el proceso también
entenderíamos que no todo es color de rosa.
Segundo círculo: el texto como reflejo del medio
Está de más decir que a lo largo de la historia los textos han funcionado como un medio
por el cual se hacen latentes la curiosidad, los intereses o las dudas de las sociedades que
las producen, así como que han servido para atestiguar y proyectar situaciones históri-
cas, por lo que es innegable el hecho de que todo tipo de producción literaria está ligada
a un contexto histórico y a estructuras sociales, y es con esto con lo que me refiero a que
no todo dentro del ámbito literario es color de rosa, debido a que el ejercicio literario no
solo sirve para crear experiencias estéticas «agradables» en los lectores, sino que también
sirve como una arma de choque, un medio para cuestionar la realidad de una sociedad,
sea desde el escaño de quien escribe, como desde el lugar de quien lee y determina asu-
mir posturas activas o mantenerse inmutable respecto a lo que le ha sido presentado:
Le digo a Miranda, jálate para Guadalupe, ahora los cabronazos fueron por
Cinco Señores, pero ya nada más quedan los encargados del resguardo. El abo-
gado que mataron era hijo de alguien importante. Habrá algunas detenciones
y búsquedas y es probable que eso provoque una reacción de resistencia. Te-
nemos que regresar y ponernos a la orden. Subimos por la avenida nueva, to-
mamos la curva y descendemos con ligereza, como si nos deslizáramos en una
resbaladera. Es larga la calle, solitaria, aunque a esta hora la recorre alguno
que otro vehículo, muy pocos transeúntes.
Cruzamos la otra avenida grande, avanzamos cerca de un kilómetro. Yo
manejo, Miranda come su torta de frijoles refritos. El vinagre del chile jalapeño
me pica en la nariz. ¿Se te antoja?, me pregunta. No, le digo, me dan agruras.
Yo traigo yogur y fruta. Se ríe. Debería limitarme a mi campo visual del cami-
no, pero atrae, sin pedirme permiso, mi atención un intenso color naranja.
Soy culón, pero estoy capacitado y condicionado.
2
Alfonso Campuzano Cardona, «El paradigma conductista-positivista y la enseñanza de la literatura», en
Competencia lectora y disponibilidad léxica, p. 39.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 101
Freno, me subo a la banqueta y me detengo. Miranda no se da por ente-
rado. Bajo, rodeo la trompa de la camioneta y me pongo delante de las dos
hieleras. Destapo una. Puedo ver las dos cabezas semicubiertas con hielo. Una
muestra pómulos y ojos amoratados y uno de ellos deja entrever el blanco del
ojo. La cierro. Voy a la otra. Allí se apiñan tres, el hielo casi se ha fundido y los
cabellos empiezan a deslizarse y confundirse sin orden. La cierro.
Oigo a Miranda que me interroga con su boca atiborrada de torta que si baja.
No, le digo, vámonos. Será mejor que las encuentren otros. Prende el radio, no
tardarán en llamarnos. Por lo menos, aún no se escucha el aleteo del helicóptero.3
En contextos como los que vivimos en la actualidad en los que la anomia y la violencia son
temas diarios, intervenciones como esta sirven para demarcar la función del texto como
un medio por el cual se reproduce una realidad, pero sobre todo del escritor como un me-
diador entre la punzante existencia y la interpretación de la misma desde otros filones que
van más allá de lo efímero explotado por los medios de comunicación o las redes sociales.
Tercer círculo: al margen de la vida
Soy un creyente fiel de que en su existencia los hombres más que ser objeto de casualida-
des son presas de causalidades: recientemente tuve la oportunidad de caminar una vez
más las calles de León, de visitar la zona de la central camionera y dar unos pasos por el
mítico barrio del Coecillo. Tal visita detonó un sinnúmero de vivencias que de una mane-
ra curiosa he podido compartir con Alejandro: imágenes de lugares, como la Valenciana,
o de representaciones artísticas como la del Prometeo encadenado, vecino de Fuensanta.
Sentimientos de miedo como el de poder convertirte en presa y trofeo de los contrincan-
tes, o el desasosiego que inunda a las almas por la soledad de la noche siendo surcada
por autobuses de paso. Recordé la central de autobuses de León, recordé la central de
camiones de Fresnillo, lugar donde lo vi por última vez, antes de estar compartiendo este
texto. Lo imaginé también caminando por las calles de mi ciudad, o resguardado dentro
de las aulas de la prepa III por las que en algún momento de su carrera deambuló. Tam-
bién se hicieron presentes los olores a fruta y a fritanga del Mercado Hidalgo, así como la
peste a orina, licores y bronca de la Casa Verde:
Estaba yo rindiendo un silencioso homenaje al pintor Peralta y un ruidoso y
estulto homenaje a Nachito de los Santos, gozante de las maravillas del más
allá, ante el inminente cierre de la Casa Verde, sita a unos pasos del hemiciclo,
en la innúmera heroica ciudad de Fresnillo, cuando se armó la rebambaramba
junto a la sinfonola.
Era una bronca seria entre el camarada que me hacía compañía en la barra
y uno de los parroquianos que quería poner por milésima vez «Te hice mal»
con Los Temerarios. Es una falta de respeto, puto, es la versión sinfónica, se
ve que es un ignorante y le pegaba a mi contertulio en las costillas, mientras
el otro intentaba pegarle en el cuerpo. Vete a chingar a tu madre, no vengas a
joder más la vida con esa canción. Se pegaban como podían.
3
Alejandro García, Dodecamerón, p. 61
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Le había madrugado. Había puesto las monedas para que se escuchara «Pa-
loma querida», y algo impidió que siguiera la sucesión de temerarios y entrara
la voz magnífica de María de Lourdes con «El día que llegaste a mi vida...». El
cantinero hacía lo posible por separarlos, pero eran demasiados moquetes jun-
tos de tal manera que amenazó con llamar a la policía.
Como toda cantina de ciudad que se respete, la policía no tiene por qué
venir a enchinchar esos sitios sagrados, así que vinieron dos a detener al teme-
rario y yo me acerqué a amagar al josealfredeño, vía mariadelourdes. Me lo
traje a la barra y aunque sabía que era ponerle gasolina al cohetón le pedí una
doble de tequila blanco, a lo hidalgo, para bajar la muina.
Al otro lo controlaron en la mesa haciéndole coro con la interpretación
del temerario. Sabíamos cómo detener algunas goteras de la violencia y de la
sabiduría, del llanto y del seguir aquí, el ir y venir del corazón y de las decep-
ciones.
José Alfredo también es Fresnillo, me decía mi camarada, esos chavillos
tienen cabida, por qué no, pero para todos hay un momento, que no atibo-
rren, que no se pasen de huevos. Y nada más que se bajen los humos le voy a
enseñar humildad a ese cabrón, le voy a enseñar cómo se arreglan las cosas en
Fresno. Ojalá traiga limpio su culo, porque va a charpear del miedo de ver la
verga parada muy en serio. Y beso la cruz.4
En conjunto, la lectura de los cuentos, muy parecido a lo que me sucede con las lecturas
de Kerouac, me incita al movimiento, a la búsqueda de la ubicuidad, a la búsqueda de la
experimentación, al querer conocer y probar el mundo por todos sus filones.
Para finalizar he de mencionar que en una de sus clases aprendí que los seres huma-
nos somos información, tanto a nivel biológico, como a nivel cultural, y es cierto, ya que
reproducimos la información que nuestros antepasados depositan en nosotros y es por
ello que me he dado a la tarea de elaborar este texto. Estos tres círculos, aunque peque-
ños, buscan esbozar una imagen cuando menos ínfima de las experiencias que hemos
podido tener quienes de alguna manera hemos estado cerca del docente, del escritor, del
amigo, pero más que nada estos renglones tienen como finalidad incitar a los lectores.
El libro Dodecamerón, cuentos (a caballo) para pasar todo el año, a pesar de tener un
aspecto monumental, pantagruélico, es una obra en la que se reflejan las experiencias
del autor, revestidas con un traje discursivo que resulta amigable con los lectores. En
resumen, trecientos sesenta y seis días, doce meses, doce autores: Miguel Hernández,
Ramón López Velarde, Julio Cortázar, T. S. Eliot, David Ojeda, Carlos Pellicer, Ray Bra-
dbury, Juan Rulfo, Carmen Castillo, Mario Vargas Llosa, Malcolm Lowry y Ernesto Sába-
to, aparte de dar testimonio del conocimiento que Alejandro tiene en el área, son testigos
de que ustedes no deben negarse la oportunidad de disfrutar unos buenos episodios de
reclamos y quejas, con música, con gorilas, entre cimarrones, colmados de suspiros que
exponen las necesidades de los cuerpos en movimiento.
4
Alejandro García, op. cit. pp. 582-583.
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MEXAMÉRICA. UNA CULTURA NACIENDO…
FEY BERMAN
Memoria e identidad
David Rodríguez Sánchez
Por más que en algunos sectores de la población esta-
dunidense se siga soñando en Make America White
Again, con o sin migración la comunidad mexamerica-
na seguirá agrandándose y a grandes pasos
Como una primera apreciación diré que leer las historias que escribe Berman1 contenidas
en Mexamérica. Una cultura naciendo…, libro editado por Proceso (2017) que reúne una
colección de reseñas, entrevistas, perfiles y crónicas sobre mexamericanos notables que
por su labor en la medicina, las artes, el mundo empresarial, cultural y político destacan
en todo el mundo, no solo en Estados Unidos sino también en México, inevitablemente
me hace recordar a mi abuelo.
Él se llamaba José Sánchez García. Migró a Estados Unidos cuando el país necesitó
de mano de obra mexicana en el ínterin de la Segunda Guerra Mundial como parte del
programa Bracero. Originario del rancho El Laurel, ubicado en Tabasco, en el estado de
Zacatecas, hizo vida con Manuela Bautista Frías, con quien crió a seis hijos. Tuvo que ir
a Arizona por cuatro años y trabajar en un campo de cultivo, luego de una leva de brazos
en su lugar de origen. Al haber dejado a su familia, su patrón estadounidense le reco-
mendó trasladarla para que tomara posesión como mayordomo del rancho, pues le tenía
aprecio; pero la sangre llamaba al terruño. Años después mi abuelo murió en México
Fey Berman, pero sus vicisitudes se quedaron en otro tiempo, irrecuperables.
Mexamérica. Una
cultura naciendo…, Fey Berman es una escritora mexamericana que vive en Nueva York desde hace treinta años y escribe crónicas
1
sobre la vida cultural y política de la comunidad hispana en Estados Unidos. Ha publicado en una variedad
Ediciones Proceso,
de revistas, periódicos y suplementos culturales, incluyendo Proceso, Milenio Diario, Nexos, Letras Libres, Día
México, 2017 Siete, Emeequis, Confabulario de El Universal, Reforma, La Gaceta de la Universidad de Guadalajara y Personae es
Excelencia. Tiene maestría y doctorado en Artes por la Universidad de Nueva York. Desde 1981, año en que
llegó a Estados Unidos, escribe crónicas, entrevistas y perfiles en los que muestra un panorama multifacético
de cientificos, artistas, escritores, dreamers e indocumentados, con el objeto de darles voz a los «invisibles».
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No olvidar a los muertos tiene una raíz antropológica. «Vengo porque ando buscan-
do a mi padre», como escribió Juan Rulfo. En la literatura encontramos un vaso comuni-
cante respecto a la historia de los hombres. En las primeras líneas de Pedro Páramo el mito
de la búsqueda del padre determina la historia; este arquetipo está compuesto por una
travesía, un desplazamiento. La vida de las personas, un ciclo, recorriéndose a sí mismo.
Incluso válido si llevamos la discusión al terreno de la especie, al ser nuestro movimiento
espacial uno de carácter vectorial buscando escalar en modo de vida y clase.
Cuando no tienes una referencia espacio-temporal existe un conflicto de persona-
lidad; una personalidad no está completa sin la referencia del creador: copiamos, nos
mimetizamos, sobrevivimos. Somos esa especie que tiene un conflicto de referencia. La
pregunta obligada del qué se deja atrás.
Poco se sabe del día a día de mi abuelo, quien fue ocupado para realizar las faenas dia-
rias en algún campo de cultivo. La memoria no lo contiene. Tres generaciones después el
boquete por llenar estaba intacto, de recuerdos propios o ajenos. Los hijos de José Sán-
chez García viven en Tabasco, Zacatecas; Zacatecas, Zacatecas; Calvillo, Aguascalientes;
Compton y Lynwood, California, lugares hasta donde se ha dispersado la progenie; fue
por esta razón que decidí echar a andar un proyecto para recuperar y compilar una me-
moria sobre su vida. Recordarlo.
Zacatecas se caracteriza por el regreso de miles de personas a su terruño. Se caracteri-
za además por ser un estado con 1.5 millones de personas que viven en Estados Unidos.
Durante un tiempo fue la entidad federativa que más expulsó a sus habitantes en todo el
mundo. Es un territorio migrante (su reducto: el semidesierto), y como tal determina en
sus pobladores cualquier cantidad de vicisitudes a la orden del día. El estado es flagelado
por la falta de empleo que conlleva a la migración de su mano trabajadora; los que son
jefes de familia se van porque no pueden mantener a los hijos. No se genera suficiente
empleo. Más de la mitad de los zacatecanos actualmente se movilizó a Estados Unidos.
En el contexto mexicano distintas organizaciones pugnan por un pago aún retenido a
miles de braceros en todo el país. La Ruta México-Estados Unidos es el principal corredor
migratorio del planeta; uno de los factores es la persistente demanda de mano de obra
migrante, a pesar de que existe una frontera hermética entre países que es traspasada
por humanos que representan la mano de obra barata, poco exigente y dócil que está
dispuesta a aceptar y a hacer lo que se le ofrezca. La «población humana residual»2 de
la que habla Zygmunt Bauman en Archipielago de excepciones. Braceros: mano de obra
migrante. Los estadounidenses parecen decir los necesitamos pero no los queremos; el
trabajo como mercancía.
La noche del 14 de octubre de 2014, luego de trabajar todo un año en un laboratorio
de producción que proponía Museograbado, dentro de la exposición Las imágenes reali-
zada en el Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez de la ciudad de Zacatecas, presenté
el cortometraje documental Abuelo migrante que, grosso modo, abordaba la historia de mi
abuelo como uno de los tantos migrantes zacatecanos que tuvo que emigrar a Nogales,
Arizona, como trabajador jornalero en el año de 1956, una fecha significativa que es un
parteaguas que pude rastrear gracias a su mica de migrante, que por azares del destino
fue resguardada por mi madre, María Guadalupe Sánchez Bautista; su historia personal
fue lo que me motivó a realizar un viaje de búsqueda que con una pertinente propuesta
2
Zygmunt Bauman, Archipiélago de excepciones, Kats, Buenos Aires, 2008, p. 53.
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buscaba instrumentar una reflexión sobre los que se van, los que regresan y los que espe-
ran. Que hubiera un testimonio, como una forma de recuperar el pasado o de conocer las
historias de este personaje. Diríamos que como una arqueología del abandono.
Leer el libro de Fey Berman me hizo recordar, como dije, las andanzas de mi abuelo y
una vez más su memoria y su presencia aparecen frente a mí no por obra de la casualidad,
sino por una pertinencia social que el libro contiene dentro de sus páginas y nos llama a re-
flexionar sobre el papel del mexicano ante este macro-fenómeno en el que está enmarcada
la migración. También sobre la identidad. Realizar ese cortometraje documental corres-
pondió a buscar en la historia de mi familia mi propia historia, un viaje de búsqueda que
tardó un año completo en hacerse realidad. Fue además para reconocer en mis familiares
que viven en Estados Unidos a los mexamericanos en los que se han convertido luego de
vivir mis tíos por más de treinta años allá, obtener su ciudadanía y haber criado a una
primera generación nacida en aquel país y seguir viviendo y trabajando en él.
Aquel cortometraje documental del que hago mención llevó un año de trabajo. Sin
embargo, Mexamérica. Una cultura naciendo… es el resultado de más de diez años de ob-
servación de la autora, no solo acerca de un tópico único como la mano de obra tra-
bajadora mexicana en Estados Unidos, sino de todo un contexto que involucra distin-
tos matices y temas. A decir de Fey Berman, quien cuenta con facetas como periodista,
como escritora y como académica, los mexamericanos están en todo Estados Unidos.
Con treinta y cinco millones de hispanohablantes además vaticina que en 2050 habrá 80
millones de mexamericanos. «Mexamérica: ese territorio geográfico y de la imaginación
donde Norteamérica y México se hibridizan para mutarse en algo más, algo nuevo».3 Un
fenómeno además que «es resultado de la diáspora más grande del planeta».4
En sus textos Fey Berman propone relaciones con temas tan variados como la multi-
culturalidad, la experiencia mexamericana, la doble inmigración, los héroes reales sin re-
conocimiento, el rompimiento del estereotipo hispano, el arte como terapia, la búsque-
da de identidad personal, los museos y la transformación de la identidad mexamericana.
A través de su mirada crítica, que está soportada en el análisis de los lenguajes dancístico,
musical, teatral, cinematográfico y pictórico, busca evidenciar la retórica falsa de que los
mexicanos somos ladrones, violadores y narcotraficantes.
Con tres ejemplos extraídos del libro nos damos una idea de las particularidades que
la autora expone a sus lectores: Al retomar «El Insomnio americano», monólogo del
escritor y actor colombiano Saulo García, dirigido por Leandro Fernández, Fey Berman
escribe:
El que diga que no ha sufrido en Estados Unidos es un mentiroso o un mafio-
so. El ‹sueño americano› para el inmigrante hispano es la siestecita que se toma
cada noche en el regreso a casa tras laborar dieciocho horas en un trabajo infa-
me (En Personae es Excelencia, 2008).5
En «Diego Rivera resucita», por su parte, Berman comenta:
3
Ibidem, p. 23.
4
Ibidem, p. 13.
5
Ibidem, p. 53.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 106
Parece que el diálogo que existe en las artes es entre los artistas y sus comprado-
res y que nada tiene que ver con los movimientos masivos por la justicia que
bullen por veintenas de ciudades. Su carácter predominante pertenece a un uni-
verso distinto al que vive la mayoría. Para 99.9% el arte contemporáneo es irre-
levante o incomprensible. Para el arte, 99.9% de la población lo es también. De
ahí la importancia de la actual exposición de Rivera en el MoMA (Nexos, 2012).6
Asimismo, en «El poder de soñar: doctor Alfredo Quiñones-Hinojosa», la autora cues-
tiona:
Platicamos entonces sobre cuán decepcionante ha sido el que muchos políticos se
opongan a aprobar la nueva propuesta para una reforma migratoria. Le pregun-
to qué beneficios tendría la reforma. Me asegura que la respuesta sería un libro
entero, pero que uno de los beneficios es que la salud de los niños migrantes
escalaría dramáticamente. Y no, no sólo porque los inmigrantes tendrían mejo-
res condiciones físicas que prevendrían enfermedades infecciosas o malnutrición.
Sino también porque la legalización haría inaceptable el maltrato que resulta del
racismo y que produce padecimientos psicológicos (Milenio Diario, 2013).7
En esta triada de temas, el trabajo de los inmigrantes y sus visicitudes, el terreno del arte
contemporáneo y sus manifestaciones, así como la reforma migrante, se abordan cues-
tiones que el lector podrá entender si se avoca a la exploración de este libro que se vuelve
indispensable para conocer el contexto y las particularidades de quienes tienen raíces
mexicanas y desarrollan sus vidas en Estados Unidos. Su lectura invita a reflejarnos en
un espejo. La escritura también como viaje, textual y de manera literal, viaje de conoci-
miento y re-conocimiento, tal como dice Fey Berman en la introducción de su trabajo.
Cierto, los mexamericanos parecen ser invisibles: en la periferia de la cultura
norteamericana y en la periferia de la cultura mexicana. Este libro busca ilumi-
nar esa periferia. Hacerla visible. Hacerla real al lector. Haciendo reconocibles
y comprensibles sus sabores, olores, sus formas peculiares, sus sonidos caracte-
rísticos; es decir, su música, su idioma, su colorido único.8
6
Ibidem, p. 191.
7
Ibidem, p. 286.
8
Ibidem, p. 14.
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Pipeteo/ Dossier
¿El mejor cuento del mundo?*
Respuestas desde Redoma
Hora Cero/ Edgard Cardoza Bravo
«Charles Atlas también muere». Sergio Ramírez. Corre el año 1926 y el capitán Hatfield
USMC comanda una de las divisiones del ejército norteamericano que ha llegado a Nica-
ragua en búsqueda de Sandino.
El protagonista del cuento, telegrafista de profesión (igual que Blanca Aráuz, mujer
del famoso bandolero), hace amistad con el militar gringo y entre otras pláticas le con-
fiesa que es gran admirador de un paisano suyo de nombre Charles Atlas, autor de un
afamado curso por correspondencia denominado «Tensión Dinámica», que lo ha con-
vertido, gracias a la práctica metódica de aquella rutina de ejercicios que ahora promue-
ve, en ‹el cuerpo mejor desarrollado del mundo›. Después de adquirir y luego practicar
el mencionado curso, el telegrafista logra también adquirir una fortaleza tan envidiable,
que en cierta ocasión logra mover a través de una distancia insólita —en atigrada tru-
za— un vagón de ferrocarril cargado de hermosas mujeres.
Gracias a los trámites y ayuda del invasor amigo, nuestro «Charales Aclas» es invitado
a conocer personalmente en Nueva York a tan admirado atleta. Pero, oh desilusión, su
Hércules de pasquín yace tirado en una camilla de hospital, decrépito, cubierto única-
mente de fútiles recuerdos. En un último alarde de fortaleza, Charles Atlas infla el pecho
asumiendo una pose de su manual y sucumbe víctima de sus tristes pujidos: el telegra-
fista papucho contempla —no sin gusto morboso— la debacle del héroe: igual que
en más de alguna ocasión debe haber imaginado el propio Sergio Ramírez al supuesto
adalid de la democracia occidental ([Link].), diezmado por su propia arrogancia.
Hora Uno/ Elena Bernal
«Como pidiendo perdón». Javier Báez Zacarías. El autor nos muestra el sentir de un niño
de siete años, a quien su papá, con una orden, le arranca su infancia con todo lo que
representa: inocencia, juego, fantasía, a cambio de unos zapatos nuevos que él mismo
robará de una tienda departamental. Una clase social baja, una idiosincrasia, complici-
dades, doble moral ante la inocencia de un infante. «Como pidiendo perdón», de Javier
Báez Zacarías, es un cuento con muchas sensaciones visuales y auditivas; con historias
de superhéroes, a través de la radio, que compiten con las humanas. Un cuento que, en
esencia, sigue estando vigente.
* Estos textos aparecieron en Facebook a lo largo del 15 de agosto de 2022, como una aproximación a la
cuestión del mejor cuento del mundo.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 108
Hora Dos/ Edgar A. G. Encina
Le conocí por un programa radiofónico vespertino en el que leían cuentos mexicanos.
«Diles que no me maten, Justino», pronunció una voz pastosa educada en los gustos de
los ochenta. Era parte del ritual de cena: la abuela preparaba algo, mis hermanos ponían
la mesa, yo encendía la radio en ese programa, nos daba para soñar y platicar a la ma-
ñana siguiente. «Anda, vete a decirles eso», y todos nos encontramos con la mirada sor-
prendida. «Abuela, ¿por qué quieren matar a ese hombre», cuestionó uno de nosotros.
«Sh, nada más lo están asustando», y con él a mí me trastocó.
Hora Tres/ Carlos Hinojosa
«La segunda variedad», de Philip K. Dick. Uno de los temas que ha saltado de la ciencia
ficción a la «realidad» es el de las máquinas que toman el control de la civilización, cons-
pi-paranoia que nuestro santo patrono, K. Dick, brillantemente relata en este cuento de
1953, donde ya tocaba temas como el post-apocalipsis nuclear, la tecnología auto-repli-
cante y la identidad humano/máquina. Pero lo más inquietante de esta narración pre-
monitoria es su escenario: la guerra entre la ONU y una Rusia soviética iniciadora de la
hecatombe atómica… casi como lo que empezó este 2022 en Ucrania.
Hora Cuatro/ José Antonio Sandoval Jasso
«Cita en el día del crisantemo», relato que forma parte de la colección Cuentos de lluvia
y de luna (1776) de Ueda Akinari (1734-1809), es una historia que integra con maestría
rasgos de las literaturas fantástica y realista con aspectos que se han instalado como ar-
quetipos para la literatura japonesa desde occidente: códigos de hospitalidad, respeto,
cortesía y honor, además, trata con naturalidad la relación frente a la muerte y los es-
píritus (en el plano literario). Esto lo consigue a partir de personajes bien dibujados,
individuos que si bien cumplen roles según sus estratos sociales lo hacen sin constituirse
en tipos inamovibles.
Hora Cinco/ Ezequiel Carlos Campos
Un cuento: el temor a la oscuridad. Cuando de niño y adolescente temía a la oscuridad,
los libros fueron una vela y un cobijo. La lectura de un cuento de Oscar Wilde fue un
aliciente ante la extrañeza del mundo. Una estatua principesca y una golondrina convir-
tieron esos días de preguntas en respuestas inmediatas. ¿Por qué el mundo es tan malo?
¿Por qué la amistad y el amor lo pueden todo? ¿Por qué las cosas con las que no puedo
hablar son más amigables conmigo que el resto de personas? Desde entonces intento
encontrar el corazón de una estatua, hablar con la golondrina golondrinita para seguir-
me respondiendo mis preguntas ahora de adulto, que esa vela no se apague porque sigo
temiéndole a la oscuridad. Golondrina, golondrinita, ayúdame, que este abismo negro
se vuelve más grande. Cada vez que leo «El príncipe feliz» lloro, lloro porque el niño que
fui ya no soy, pero mi felicidad infantil se mantiene al momento de pensar en el amor de
una estatua bella y una golondrina que ayuda al mundo.
Hora Seis/ Cuauhtémoc Flores Ríos
El cuento más hermoso del mundo. De hecho, ya existe, pero hay que encontrarlo antes
que hacerlo. No hagamos caso por un momento a la aseveración de Wallace Stevens de
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 109
que la obra literaria perfecta no existe, porque uno puede darse cuenta de que puede ser
descubierto a través de lo fantástico, soñándolo. «El sueño es una segunda vida» decía
Nerval, y el protagonista del cuento de Rudyard Kipling la experimentaba hasta que fue
vencido por el sentimiento de lo real. El mejor cuento del mundo ha existido, pero para
agrado de todos, nunca será escrito, solo recordado por partes.
Hora Siete/ Rocío Yasmín Bermúdez Longoria
Ramón Rubín describe, en sus narraciones, situaciones del medio urbano y del medio
rural en las que refleja, con un lenguaje irónico, la miseria, el desamparo y el miedo.
Lo que desarrolla Rubín en el cuento titulado «Un robo fatal» es un relato sencillo, es-
tructurado con ingenio de principio a fin; donde nos revela la bondad, la ternura, la
ingenuidad y los sentimientos del indígena envueltos en un tono trágico y cruel. Un texto
que es al mismo tiempo crítica a una sociedad injusta y una exquisita narración literaria.
Queda de manifiesto, en el cuento, la calidad artística del autor.
Hora Ocho/ Cynthia García Bañuelos
«Cuando oigo la lluvia golpear en las ventanas vuelvo a escuchar sus gritos. Aquellos
gritos que se me pegaban a la piel como si fueran ventosas. Subían de tono a medida que
la olla se calentaba y el agua empezaba a hervir». Tiempo destrozado (1959), primer libro
publicado de Amparo Dávila, Incluye el cuento «Alta Cocina», una magistral representa-
ción de horror y asombro. Las dos primeras líneas del texto obligan al lector a evocar esa
parte siniestra que alberga en el inconsciente, y lo seduce provocativamente a sumergirse
en la más repulsiva, morbosa e inquietante experiencia culinaria de su existencia.
Hora de Epifanías/ Mónica Muñoz Muñoz
«El gato bajo la lluvia». Ernest Hemingway. «Un proceso de comunicación bien logrado
consiste en la correcta transmisión de información y ejerce sobre el receptor el efecto ape-
tecido, la confusión es, por el contrario, la consecuencia de una comunicación defectuo-
sa, que deja sumido al receptor en un estado de incertidumbre o de falsa comprensión»,
dice Warzlawick. Este cuento es un emisor de confusiones que resuelve la paradoja co-
municativa. El lector puede pensar que la mujer del cuento es caprichosa o voluntariosa,
cuando en realidad lo que manifiesta es su deseo de cambio, lo mismo de recuperar lo
perdido, que de sentir nuevos aires. Libertad.
Hora Nueve/ Sonia Ibarra Valdez
Suerte invertida. ¿Quién no ha deseado ganar un juego de azar? Los habitantes del pue-
blo de La lotería de Shirley Jackson sueñan con que la suerte los favorezca para perder el
gran sorteo, esperado cada año con emoción y desasosiego; todos ansían ser parte de la
multitud que inmolará con rocas al desafortunado que obtenga el boleto marcado con
el tradicional punto de grafito. La autora mantiene en vilo al lector en una inquietante
narración donde se cuestionan las absurdas costumbres sociales, la apatía y crueldad ante
la tragedia ajena y la negación de aceptar un destino fatídico.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 110
Hora Diez/ Arely Valdés
¿Qué se entiende por cuento? ¿Qué se entiende por mejor y por mundo? ¿Cómo se mi-
den y con qué? Reconocer el sitio desde el que se enuncia una aseveración de tal mag-
nitud (el mejor cuento del mundo) ayuda a comprender las variadísimas opiniones que
pueden surgir. El primero en arribar a mi mente es «Caronte», de Lord Dunsany, un tex-
to cortísimo donde el icónico lanchero de la mitología griega, aparentemente incansable,
se va por fin de vacaciones. Mas, en honor al reconocimiento de mi contexto, mis intere-
ses y todo lo que acuerpo (la pandemia, la lluvia, las amistades, el encierro que permite
solo imaginar y especular sobre tiempos venideros y mi tierna creencia hacia el trabajo
comunitario afianzado en el reconocimiento y aceptación mutuas) prefiero el que llega
a mi mente después: «Como quien oye llover» de la autora mexicana Andrea Chapela.
El cuento es una ficción especulativa que tiene como fondo Ciudad de México, donde el
lago cubierto de asfalto ha reconquistado su espacio a través de la lluvia constante, épica.
Otro lago. Otra lancha. Una preciosa frase que ahoga a la angustia y llama a la esperanza:
«Dicen que las noches secas están llenas de posibilidades y que aquellos que escriben sus
nombres volverán a encontrarse».
Hora Once/ Sara Andrade
«La cámara sangrienta», Angela Carter. Todavía recuerdo lo impactante que fue para
mí leer este cuento. Como una re-ensayación del conocido cuento de hadas de Perrault,
«Barba Azul», yo ya sabía qué esperar. Una mujer en el estómago de la bestia, cuya cu-
riosidad la sentencia a muerte. En la historia de Perrault, los hermanos de la esposa de
Barba Azul la salvan antes de morir. En la historia de Carter, es la madre, que a caballo y
revólver en mano, salva a su hija del asesino. El simbolismo es claro aquí: el deux machina
del amor maternal que es capaz de destruir a la masculinidad monstruosa.
Hora Doce/ Marco Antonio Flores Zavala
Leí traducido «El cuento más hermoso del mundo», antes ojeé «El hombre que pudo ser
rey». Ambos de Rudyard Kipling. Supongo que conocen sus argumentos; quizá ya mi-
raron la película de la segunda y no se impactaron, pese a la actuación de Sean Connery.
En el primero también procuraba claves de la masonería, tantas como supongo hay en
la obra de un literato masón. A veces propongo el cuento como un referente de la cons-
trucción literaria, más o menos digo: el autor se esforzó para que el lector escuche al viejo
narrador, quien relata episodios de un aspirante a escritor.
Hora Trece/ Citlalli Luna Quintana
«El capote» de Nicolái Gógol constituye un relato donde habitan la pobreza, la monoto-
nía diaria y el automatismo de Akakiy Akakievich. Gógol narra la precaria e inclemente
vida de los hombres grises atrapados en la ínfima burocracia rusa. La actualidad de este
cuento quizá radique en la persistencia de la soledad y la pobreza, en la inconsciencia del
paso de los días, en el desapego a la esperanza, en el dibujo de la diferencia de clase con
sus precariedades y privilegios, en la justicia inalcanzable, en la idea de vivir en un mun-
do que nunca se detiene y no repara en la ausencia de los otros. En este cuento resuenan
las desgracias de los olvidados.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 111
Hora de Hacer Hambre/ Norma Angélica Andrade Haro
«La muerte tiene permiso». Edmundo Valadés. Es un cuento de corte campirano en el
que se presentan de manera magistral las penurias de la gente que habita el pueblo de San
Juan de las Manzanas. El autor expone de forma clara y sencilla los abusos de que son
objeto las personas por parte de las autoridades. Podríamos decir que «todo parecido con
la realidad es mera coincidencia»; estas prácticas se presentan incluso en estos tiempos:
presidentes municipales que matan por no aceptar que se les reclame nada, autoridades
que secuestran y abusan de mujeres sin que nadie les diga nada, lo que no quiere decir
que se esté de acuerdo, lo que sucede es que existe el miedo a las represalias.
Al mostrar la frustración y cansancio por todas estas acciones, los habitantes del pue-
blo solicitan permiso para matar a las autoridades abusadoras, petición que es rechazada
por algunos, sin embargo la asamblea es la que decide por unanimidad otorgar dicho
permiso.
La narración se desarrolla de manera ágil, el lenguaje es sencillo y cotidiano. El final
resulta sorprendente a la vez que divertido: «Pos muchas gracias por el permiso, porque
como nadie nos hacía caso, desde ayer el Presidente Municipal de San Juan de las Man-
zanas está difunto». Un remate que, quizá a muchos nos ha pasado por la mente llevar a
cabo en algún momento de nuestra vida.
Hora Catorce/ Imelda Díaz Méndez
En el cuento «La cola del perro» del escritor argentino Marco Denevi, el amo le prohíbe
a su fiel compañero mover la cola, porque ese gesto es parecido a la risa, es decir, a la
vitalidad, la cual según algunos homo sapiens caracteriza a los bobos. El texto coloca al ser
humano de cara al reflejo petrificado por la solemnidad. Cuántas veces en la academia
se realizan trabajos atados al formato, evitando toda chispa de espontaneidad, muchos
renuncian a mostrar felicidad en las celebraciones importantes por atender el protocolo.
El perro muestra que el hombre ha renunciado al principio elemental de mostrarse feliz.
Hora Quince/ Estela Galván Cabral
«Un rajá que se aburre». Alphonse Allais. El rajá pierde el asombro por las maravillas
del mundo, solo le queda la ambición silenciosa de ver y tocar la carne sin piel de la niña
bailarina. Ante el encanto de sus movimientos él grita ¡más! ¡más! Una mirada malvada
agita a los guardias que con destreza revelan «una pieza anatómica escarlata, jadeante y
humeante». Los sirvientes se alejan discretamente. «¡El rajá no se aburre más!».
Hora Dieciséis/ Sergio Espinosa Proa
El mejor cuento del mundo es «La migala», de Juan José Arreola. La frase de apertura
es perfecta: «La migala discurre libremente por la casa, pero mi capacidad de horror no
disminuye». No dice que el horror sea consecuencia del discurrir libre de un ser aborre-
cible y ponzoñoso: dice que a pesar de ello el horror nunca decrece. El protagonista —la
conciencia despierta— solo llega a serlo, o a ejercer semejante función, porque ha intro-
ducido de manera voluntaria e irreversible el azar, reconocido como amenaza de muerte,
en su existencia. En adelante, no hará otra cosa que esperar, y si aún puede hacerlo,
agradecer. Miedo, esperanza, gratitud; no se ocupa nada más.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 112
Hora Diecisiete/ Filiberto García
«La quiebra», cuento de Osip Dímov, permite identificar algunos de los entramados so-
ciales de la economía, su relato se ubica en un pequeño pueblo donde los más desarrapa-
dos resienten con mayor fuerza la quiebra del banco. El escritor muestra cómo la huma-
nidad le ha vendido el alma al diablo al colocar al becerro de bronce en el principal de los
altares. La vida se resume en un estado económico y muchos de los personajes prefieren
la muerte. Otros renuncian a sus valores más valiosos y otros pierden su juventud. Era el
comienzo, donde se gestaba el esplendor del príncipe de barro.
Hora Dieciocho/ Víctor Herrera
«La Tumba India». José de la Colina. Esta obra narra un encuentro entre dos amantes,
situación que a causa de los compromisos nupciales de la mujer se vuelve ríspida, y ante
lo que el hombre vislumbrándose destinado a la soledad y al olvido, desafiante, asume
una postura sardónica respecto a la unión conyugal, mientras su pensamiento divaga
con la ilusión de encontrar escenarios donde la carencia de la amada no se convierta en el
fatal desenlace, presentando al lector una lucha entre pulsiones que buscan defender el
orgullo del macho, contra la seguridad de tener que sacrificarlo de ser necesario.
Hora Diecinueve/ Carlos Ríos Martínez
Acompañándome desde mi niñez, mi tía Juanita era una magnífica cuenta cuentos; y no
se diga en mi juventud. El cuento también me permitió pasar tardes inolvidables con mi
madre en sus últimos días. Su enfermedad le quitó la vista y ella, siempre lectora, disfru-
taba mucho los cuentos que le leía. Admiradora de Gabo, se deleitó con «La prodigiosa
tarde de Baltazar» en Los Funerales de la Mamá Grande. Ella siempre tuvo pájaros y pensa-
ba en la jaula que construyó Baltazar; sus pasadizos y compartimientos, los columpios y
bebederos. Pero no le gustó que Baltazar se la bebiera sin regresar a su casa y se quedara
tirado en la calle.
Hora Veinte/ Jesús Gibrán Alvarado Torres
Quizá sea el que está leyendo la culta dama o ese que repasa el hombre arrellanado en
el sillón de terciopelo verde, incluso aquellos que se cuentan a las afueras de Firenze;
también podría ser el que escribe el hombre que vio Pao Cheng tras la ventana; incluso
el fragmento de un diario encontrado en la caja oblonga o el manuscrito hallado en la
tumba india del exiliado. Asimismo, pienso en la esfera universal que yace junto al almo-
hadón que arde en este llano en llamas, no lo sé…
Hora Veintiuno/ Alberto Avendaño
«El ajuste de cuentas». Tibor Déry. El momento que detona la muerte es único para cada
individuo. Digamos estar reposando tranquilamente en tu casa en Budapest y un estu-
diante irrumpe con un arma, mas no son las balas las que te cadaverifican, sino la pura
existencia del arma. Estás comprometido a rendir cuentas al partido, ¿por qué habría de
tener un arma? ¿Alguien te creería que uno de tus estudiantes de medicina la dejó en tu
morada? ¿Y si abandonas toda tu vida para huir a la frontera? Todas los fronteras son el
mismo infierno a la medida del hemisferio que el azar nos hace llamar patria.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 113
Hora Veintidós/ Alondra Rosales
«Juan sin Miedo», autor anónimo. En unas pocas páginas, de la mano de un protagonis-
ta que no es el típico hombre valiente, pues Juan resulta un hombre escuálido, pequeño
y amable, aprendí en segundo de primaria que el miedo es un estado de desconocimiento
ante lo nuevo y el temor consistía en aborrecer lo diferente.
Permanecer con una mente abierta y tratar al otro como igual permite eliminar la
barrera que impone el miedo y por eso quería ser como Juan sin miedo.
Al fin y al cabo, para eso son las historias, para enseñarnos acerca del mundo y abrir-
nos las puertas a otros.
Hora Veintitrés/ Adolfo Luévano
Quizás «bello» no sea el término que mejor describa a «El Ojo Silva», el cuento con que
Roberto Bolaño les da la bienvenida a los lectores de Putas asesinas, su segundo libro de
relatos; pero es el primer texto que leí de Bolaño y es el que me ató a él enseguida, de un
modo inesperado, de un modo irremediable. ¿De qué va «El Ojo Silva»? Solo lo leí una
vez, hace más de diez años, y no me he atrevido a releerlo; recuerdo, pues, más que una
trama, una escena: a un hombre, el Ojo Silva, cerca de una fogata o de un incendio, tra-
tando de rescatarse a sí mismo, creo, rescatando a unos niños vivos pero en cierto modo
muertos. ¿Hay algo de belleza en eso? No, quizás no en eso; pero sí lo hay —quiero
pensar— en la conmoción que un cuento como «El Ojo Silva» puede producirle a uno.
Porque es bello ser humano y poder conmoverse así, tanto, con unas inocentes páginas.
Hora Veinticuatro/ Alejandro García
«El cuentista», Saki. Ferrocarril. Dos niñas, un niño. Una tía regañona y moralina, amo-
nesta y controla, incapaz de contestar un porqué. Los aburre con tonterías, dicen los
pequeños. Un viajero fastidiado narra la historia de una niña «horriblemente» buena, el
adverbio cautiva. Por ser horriblemente buena porta tres medallas. La invitan a pasear
en un jardín pleno de cerditos y sin flores. Entra un lobo, las medallas tintinean, y se
traga a la niña, qué importa la bondad. Se divierten al fin. Ella protesta ante cuento tan
impropio. Los entretuve con mi historia. Usted tendrá que lidiar con su necesidad.
Hora Veinticinco. Cuando el destino nos alcance/ J. Turpy
The Doors of Perception
No la puerta que da al balcón esquizofrénico, ni la pesadilla de la fe frente a la séptima
puerta: Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate. Es el infierno hecho de palabras.
Son dos cuentos. Hay muchos. Todos. Es Kafka… es lo kafkiano.
«…esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla».
Ante la ley
*
«¿Podría yo respirar otros aires que los de una cárcel? He aquí el gran dilema. O, mejor
dicho, lo que sería el gran dilema, si yo tuviera alguna perspectiva de ser dejado en li-
bertad».
Un golpe a la puerta del cortijo
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 114
Vidas paralelas
Sebastián Preciado Rodríguez II Bienal Internacional de Pintura Pedro Coronel; ha expuesto
es originario de Guadalajara, Jalisco, y desde hace más de de manera individual y colectiva desde 1997, dentro y fuera de
treinta años avecindado en esta ciudad de Zacatecas. En la México en los circuitos de arte correo nacional e internacional.
UAZ cursó la licenciatura en Letras, la maestría en Estudios de
Filosofía en México y el doctorado en Humanidades y Artes. Gabriel Luévano Gurrola
Además de docente investigador en la UA de Letras, cuenta mació en Fresnillo, Zacatecas. Es licenciado en Letras por
con publicaciones en revistas y colectivos: «Entre amigos»; la Universidad Autónoma de Zacatecas. Maestro en Letras
San Juan a través del tiempo; Pegasus, investigaciones en Huma- latinoamericanas por la Universidad Nacional Autónoma de
nidades; Álbum conmemorativo del Centenario de la Coronación México. Ha publicado artículos y cuentos en el suplemento La
Pontificia de la Virgen de San Juan de los Lagos y el libro Un viaje al Gualdra, de La Jornada Zacatecas.
pasado con el Dr. Pedro de Alba.
Daniel Martínez López
Arturo Gutiérrez Luna (Aguascalientes, Aguascalientes, 1988) maestro y lector. Egresa-
es escritor, periodista, poeta y ensayista. Ha sido becario como do de la Escuela Normal Rural «Gral. Matías Ramos Santos» de
investigador, escritor, ensayista. Ha recibido premios nacionales San Marcos, Loreto, Zacatecas (2006-2010). Ejerce como maes-
en poesía, teatro y crónica. Ha publicado los libros Ingenio me- tro desde 2010 y actualmente trabaja en la ciudad de Zacatecas.
morioso. Antonio Escobedo Acevedo en su crítica y Cantera al vuelo. Estuvo en la licenciatura en Letras de la UAZ entre 2017 y 2019.
Maestro en Investigaciones Humanísticas y Educativas por la
Carlos Hinojosa UAZ en la línea de Literatura Hispanoamericana (2019-2021).
(1971, Fresnillo, Zacatecas) es egresado de Letras por la Univer-
sidad Autónoma de Zacatecas. Entre 1993-1994 perteneció al Daniel Alejandro Nava Ortega
taller literario de la citada institución. Se ha desempeñado como (Zacatecas, Zacatecas, 18 de diciembre de 1996) colaboró en
diseñador, prefecto y docente de educación secundaria; editor, 2016 con el ensayo «Botones en los ojos» sobre la novela Coraline
corrector y redactor en varios proyectos editoriales e informati- de Neil Gaiman en el blog del Seminario de Investigaciones
vos. Ha publicado Según la costumbre del lobo (poemas, Praxis/ Literarias y Culturales a cargo del maestro Alfonso Campuzano.
DosFilos, 1993) y Eternidad Artificial (relatos, Amazon, 2017). Ha En 2020 participó en el Diplomado en Arte y Escritura: Escritura
colaborado en varias revistas y suplementos culturales. En 2001 Creativa y Ensayo Literario del doctor Sigifredo Esquivel Marín.
fue ganador del Premio a la Creatividad Literaria, del suplemento Obtuvo el título de licenciado en Letras por la Unidad Académica
cultural Trópico de Cáncer, del diario El Sol de Zacatecas. de Letras con la tesis «Influencia Celta en la obra de Ana María
Matute» en junio de 2022. Actualmente trabaja en una novela
Óscar Édgar López semiautobiográfica con aspectos de literatura fantástica.
(Zacatecas, Zacatecas, 1984) es escritor y pintor. Licenciado en
Letras y maestro en Investigaciones Humanísticas y Educativas, Rubí Frausto Troncoso
ambos por la UAZ. Ha publicado los libros de poesía: Cuando Laboro en el apartado del orden y disciplina como prefecta en
los locos ya no se crean Napoleón (IZC/2000), El traje de los días una escuela privada. Para mí la literatura es la vela por medio
(Mantra/2019), Flor de sangre sembrada por el amor (Stultifera de la cual los lectores pueden alumbrase ante las diversas situa-
Navis, 2022); de narraciones y cuentos: Ella ama lo puerco que ciones existenciales. Me gusta la escritura porque por medio
soy (Espacios literarios/2005), Solo y sin bolsillos para meter las de ella se pueden transmitir pensamientos, anhelos e ideas
manos antes de llorar (Tierra Adentro/CONACULTA, 2006) y sumergidas en lo más recóndito de los seres humanos. En este
Una gargatilla tierna es lo que amor digo que crece. Las llanuras mi primer texto publicado los sueños, la imaginación y los an-
del sol: arroyos de leche, (Texere /2019). Es profesor de educa- helos son fundamentales para el proceso creativo de una nueva
ción media superior. Como pintor ha sido seleccionado en la realidad literaria.
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 115
Ana Gloria García Jáuregui Brenda Ortiz Coss
Estudió la licenciatura en Letras en la UAZ. Fue miembro del (Fresnillo, Zacatecas) es licenciada en Letras, maestra y doctora
Taller de Narrativa del Plantel II de la UAP-UAZ. Publicó «El en Historia por la UAZ. Participa en el taller de crítica y creación
intruso» en la revista Barca de Palabras en 2021. literaria Amparo Dávila de la UAZ; colaboró con el taller de crí-
tica y creación literaria para mujeres Líneas Negras. En el 2016
Dulce María García Mireles fue integrante del Colectivo 450, asociación cultural de Fresni-
(Morelos, Zacatecas, 1999) es egresada de la licenciatura en llo. Seleccionada en las antologías Premio Trópico de Cáncer a la
Letras de la UAZ. Le gusta crear y compartir ensayos y cuentos creatividad literaria (2002) y Y son nombres de mujeres (2018).
y asistir a conferencias y presentaciones de libros.
Mauricio Moncada León
Norma Márquez Puentes (Ciudad de México, 1979) es licenciado en Letras, maestro
Actualmente curso la licenciatura en Letras en la Universidad en Filosofía e Historia de las Ideas y doctor en Humanidades
Autónoma de Zacatecas. Amo la historia y me apasiona la y Artes (los tres en Universidad Autónoma de Zacatecas). Ha
manera en que la literatura y la realidad se compenetran. Para publicado los libros: Sonata de Muerte para Piano (2004), Matar
mí, la palabra escrita es la extensión perfecta del pensamiento. al otro (2007), Galería Deseo (2007), Pasos (azar y destino) (2013),
Veo la literatura en cada aspecto de mi vida: en mis actividades Poemas de viaje (2019). También ha publicado en revistas y su-
diarias, en las series de televisión, en el cine e incluso en los vi- plementos culturales de periódicos como Trópico de Cáncer, Ex-
deojuegos, y mi carrera me ha dado las herramientas necesarias presso, Reitia, Puntos suspensivos, Effigies, La partera, La cabeza
para compartir con los lectores esta visión de las cosas. del Moro, Ventana interior, entre otros. Coordina el taller Leng
tch’e. Es docente de literatura en Preparatoria II, UAZ.
Ana Lucía Rivera Sánchez
(Zacatecas, Zacatecas, 2001) formada en distintas ramas artís- Manuel Pasillas
ticas como la danza, la música, el teatro y la literatura, Lucía, (Fresnillo, Zacatecas, 1999) ha publicado poesía y ensayo en
además, tiene una afición por el cine y los idiomas. Ha cola- las revistas digitales Los Testigos de Madigan y El Guarda Textos.
borado en la presentación de esta revista Redoma, en la Feria Actualmente cursa el sexto semestre en la Unidad Académica
Nacional del Libro 2022. Actualmente es estudiante de la licen- de Derecho y estudia Lenguas en el Programa de Extensión
ciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Zacatecas y es Universitario de Lenguas (PEUL) de la UAZ.
maestra de danza clásica para adolescentes y niños.
Patricia Ortiz Lozano
Daniel Sánchez Hernández (Aguascalientes) es licenciada en Derecho y maestra en Arte por
(Ojuelos de Jalisco, Jalisco, 1999) es estudiante de licenciatura la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Estudió también
en Letras de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Ha parti- la maestría en Arte Contemporáneo en la Universidad de las
cipado en el concurso bibliotecuento (2017) para la conmemo- Artes, así como el diplomado en Estética y Creación Literaria
ración de la obra de Juan Rulfo en la ciudad de Guadalajara con en la Universidad de Guanajuato y el diplomado en Creación
el cuento «Otra vida», con el que obtuvo el tercer lugar. Daniel Literaria en la SOGEM. Cursó el Seminario de Poesía Cuba y
tiene también afición por la música, la lectura y las artes. América Central, dictado por el poeta Jorge Boccanera en la
Universidad Nacional de San Martin (Buenos Aires). Autora de
Hilda Ruiz Muñoz los libros de poesía: Sitio de sombra, Casa de lluvia, El otro mar,
(Loreto, Zacatecas, 1982) es licenciada en Letras y maestra en Memoria de la huida y Diario de lo deshabitado. Poemas suyos
Enseñanza de la Lengua Materna en la UAZ, institución en la han sido traducidos al rumano, catalán y francés y ha apareci-
que también se desempeña como Docente Investigadora en el do en varias antologías de poesía. Ha sido becaria en el área de
nivel Medio Superior. Actualmente es becaria del CONACYT en poesía por el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Aguas-
el doctorado de Estudios Novohispanos de la Unidad Académi- calientes en la modalidad de joven creadora y después en la de
ca de Estudios de las Humanidades de la UAZ. creadora con trayectoria. Asimismo, fue becaria del FONCA
para hacer una residencia artística en Argentina en el área de
poesía (2013) y ponente en el Congreso 2016 de la Asociación
Americana de Literatura Comparada (ACLA) en la Universidad
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 116
de Harvard. Obtuvo mención honorífica en el Premio Nacional Roberto Bravo
de Literatura Salvador Gallardo Dávalos 1996 y en el 2008 en (Villa de Azueta, Veracruz, 1947) estudió Economía y Letras
el Premio de Literatura Alejandro Céssar Rendón, convocado Modernas (UV). Residente en el Centro de las Artes de Banff,
por la SOGEM. Ha sido profesora en el Tecnológico de Monte- Canadá (2006). Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí
rrey y en la Universidad de las Artes de Aguascalientes. (1980). Colaborador de los diarios Uno más uno, El Financiero,
El Universal. Su obra ha sido traducida el francés y al alemán.
Eudoro Fonseca Yerena Ha publicado No es como usted dice (Joaquín Mortiz, 1981), Vida
(Aguascalientes, Aguascalientes,1956) en 1989 obtuvo el Pre- del orate (Joaquín Mortiz, 1989), Al sur de la frontera (CONA-
mio de Poesía «Manuel José Othón», otorgado por el Gobierno CULTA/ El Guardagujas, 2004), La sociedad de los moribundos
del Estado de San Luis Potosí; en 1990, el Gobierno del Estado (Lectorum, 2014), Una novela infrarrealista (Universo de libros,
de Zacatecas y la Universidad Autónoma de Zacatecas le otorga- 2021), Reside en Escocia.
ron el Premio de Poesía «Ramón López Velarde»; en 1992 ganó
el «Certamen de Ensayo y Poesía Hispánicos» convocado por Manuel R. Montes
la Universidad Complutense de Madrid y El Corte Inglés, en (México, 1981) escribe narrativa y ensayo y es baterista profe-
Madrid, España; ha publicado Volver sobre los pasos (Joan Boldó sional. Premio Juan Rulfo para Primera Novela 2007. Premio
i Climent, Editores, México 1989), El vendaval y la hojarasca Nacional Salvador Gallardo Dávalos para Narrativa Joven
(Joan Boldó i Climent, Editores, San Luís Potosí, 1992), San 2009. Premio Nacional Alfonso Reyes para Ensayo Literario
Luis Blues (Dosfilos editores, Zacatecas, 1995), La hoguera 2014. Tratado de la Ilusión (Ediciones Oblicuas, 2021) es su obra
vencida (CONACULTA, México, 2000), Milagro en la estación publicada más reciente. Beca FONCA para Jóvenes Creadores
Desierto (Verdehalago, México, 2005), Un talismán en campo de 2010-2011. Beca FONCA-CONACYT para Estudios en el Ex-
ceniza (Instituto Cultural de Aguascalientes, 2016). tranjero 2014. Estudió literatura en Zacatecas, Puebla y Cin-
cinnati. Profesor asistente de español, literatura y cultura de
Rafael Aragón Dueñas Latinoamérica y escritura creativa en University of Toledo.
(Zacatecas, 1995) es licenciado en Letras (UAZ). Ha sido po-
nente en congresos de literatura CONELL y CONACREL; fue Víctor Herrera
integrante del taller «Zacatecas Tierra de Lectores», impartido es docente de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Egresado
por Martín Solares, becario del Festival INTERFAZ-ISSSTE de la licenciatura en Letras y de la maestría en Enseñanza de la
(2017). Ha publicado cuentos y reseñas en Abrapalabra, Barca Lengua Materna de la UAZ.
de palabras y en la revista venezolana Re-Lente; crónica, ensayo,
en Diáspora y en medios electrónicos: Efecto Antabús, Citric David Rodríguez Sánchez
Magazine, [Link] y El guardatextos; la columna «Narrati- (Zacatecas, 1984) es maestro en Investigaciones Humanísticas y
va nueva andariega» en Crítica: forma y fondo, suplemento de El Educativas con orientación en Literatura Hispanoamericana y
Diario NTR. «En la ventana» fue publicado por Cartonera La licenciado en Letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas
Cecilia (2014). Obtuvo el segundo lugar del concurso nacional (UAZ). Como periodista ha editado los periódicos impresos El
de ensayo taurino TMX. Diario NTR y Página 24, así como el digital Ecodiario. En 2007
se encargó de la comunicación social del Instituto de Desarrollo
Artesanal de Zacatecas (IDEAZ).
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 117
Receptáculo
La Unidad Académica de Letras te invita a participar en
las actividades que ha organizado para el otoño de 2022
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 118
La Unidad Académica de Letras te invita a participar en
las actividades que ha organizado para el otoño de 2022
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 119
Novedad editorial de la Unidad Académica de Letras
Redoma • octubre-diciembre 2022 || 120
Las colaboraciones deben enviarse al correo
Convocatoria abierta y permanente redoma@[Link] con el asunto «Propuesta»
seguido de la sección a la que se desea inscribir
para colaborar en Redoma el texto, o mediante la plataforma https://
[Link]/[Link]/redoma/about/
submissions.
Requisitos
Redoma, revista de la Unidad Académica de Le- Las propuestas deberán adjuntar una ficha informa-
tras, recibe propuestas de colaboraciones para las tiva en Word o PDF con los siguientes datos:
siguientes secciones: 1. Título
2. Sinopsis
Ensaye
Para ensayo, lo mismo de rigor académico que de Datos del autor
abierta creación 1. Nombre completo
2. Fecha y lugar de nacimiento
Escancie 3. Correo electrónico
Lugar para los egresados de lo que fue Escuela de 4. Semblanza del autor
Humanidades, Facultad de Humanidades y Unidad
Académica de Letras. Se reciben trabajos de poesía, Formato de entrega de las propuestas
narrativa y ensayo 1. Times New Roman de 12 puntos
2. Márgenes de 2.5 cm por los cuatro lados
Alambique 3. Interlineado a espacio y medio
Para los alumnos en activo, lo mismo de la Licencia- 4. Párrafo justificado
tura en Letras que de la Maestría en Competencia 5. En el caso de que la propuesta incluya imáge-
Lingüística y Literaria nes (fotografías, ilustraciones o gráficas), debe-
rán estar incorporadas o insertadas en el texto
Arbitraje como referencia y, además, deben enviarse en
Para el ensayo científico apegado a la convención alta resolución (300 a 400 DPI) en tamaño
académica de las humanidades 960×600 en formato JPG o GIF al correo
redoma@[Link].
Alquimia 6. Cuando se incluyan imágenes en los textos,
Para poetas nacionales e internacionales deben incorporarse pies de imagen o pies de
foto relacionados con las imágenes mediante
Retorta algún código alfanumérico para evitar con-
Para los narradores del mundo de la lengua de fusiones. Solo se aceptarán imágenes libres de
Cervantes derechos o que pertenezcan al autor del texto.
7. Si se incluyera bibliografía, esta debe aparecer
Destile al final del documento en el siguiente orden:
Para reseñas sobre libros que abonan a la discusión autor (iniciando por apellidos), título, editorial,
en torno a la creación y a la crítica literaria, así ciudad de edición, año.
como a su enseñanza