Conjura de poder Pedro Urvi
Una siniestra conjura amenaza al reino y a los guardabos-
ques. ¿Podrán las Panteras detenerla? Lasgol y sus compa-
ñeros tendrán que enfrentarse al mayor peligro que han co-
rrido hasta el momento y descubrir la conspiración que
amenaza no sólo a los Guardabosques sino a todo el reino.
¿Podrán desenmascarar a los conspiradores? ¿Salvarán a
los Guardabosques? ¿Salvarán al reino?
1
Conjura de poder Pedro Urvi
2
Conjura de poder Pedro Urvi
3
Conjura de poder Pedro Urvi
Esta serie está dedicada a mi gran amigo Guiller.
Gracias por toda la ayuda y el apoyo
incondicional desde el principio cuando sólo era
un sueño.
4
Conjura de poder Pedro Urvi
Capítulo 1
—¡Lasgol, despierta!
Una mano sacudía con fuerza el hombro de Lasgol que
dor mía profundamente. Entreabrió los ojos con dificultad,
intentando despertarse y vislumbró a una figura intentando
despertarlo.
—¡Vamos, levanta! —dijo la voz y continuó sacudiéndo-
lo, ahora con más energía.
La mente de Lasgol reaccionó y un intenso sentimiento
de peligro le subió por el pecho hasta la garganta. Se in-
corporó de medio cuerpo sobre su catre. Miró alrededor en
la penumbra y pudo discer nir que seguía en la habitación
que tenía asignada en la torre de los Guardabosques en el
Castillo Real. ¿A qué venía que lo despertaran así en medio
de la noche? No podía correr ningún peligro allí. ¿O sí? Se
centró en la figura que lo zarandeaba y finalmente pudo ver
algo de su rostro en medio de la oscuridad.
—¡Viggo! ¿Se puede saber qué haces? —protestó Las-
gol intentando ter minar de despejar su mente que seguía
ador mecida.
—Baja la voz y vístete. Rápido.
—Pero… ¿Qué…? ¿Por qué…?
Viggo se llevó el dedo índice a los labios.
Lasgol cerró la boca y miró junto a su cama. Sus dos
amigos estaban allí y miraban a Viggo con la misma expre-
sión de sorpresa que él.
—Problemas —susurró Viggo.
—¿Aquí? ¿Cómo?
—Vístete, rápido —insistió su amigo.
5
Conjura de poder Pedro Urvi
Lasgol se puso en pie e hizo lo que Viggo le indicaba.
En la habitación solo estaban ellos, aparte de Ona y Camu,
y todo parecía en orden. Como no podía ver bien por la os-
curidad y para asegurarse de que nada se le estaba pasan-
do por alto, usó su habilidad Presencia Animal. Un destello
verde recorrió su cuerpo y luego se propagó por toda la
habitación.
Nada. Allí no había nadie más que ellos. Estaban en la
primera planta de la torre, en una habitación apartada que
Nilsa les había conseguido para que pudieran estar tranqui-
los con las dos fierecillas. No querían que ningún Guarda-
bosques se topara accidentalmente con ellas, en especial
con Camu, pues tendrían que explicar demasiadas cosas.
Lasgol no identificó ningún peligro, lo cual le resultó extra-
ño por la for ma en la que su amigo se estaba comportan-
do. Se preguntó si sería una de sus bromas, pero lo dese-
chó. Viggo bromeaba con casi todo, pero no con el peli-
gro. De eso se cuidaba mucho.
—¿Es ya de día? —preguntó Lasgol. La habitación no
tenía ventanas y estaba a oscuras.
Viggo negó con la cabeza mientras miraba hacia la
puerta.
Por el sueño que tenía y lo poco que creía haber dor mi-
do, Lasgol dedujo que todavía faltaba mucho para que
saliera el sol.
«¿Qué pasar?» preguntó Camu transmitiendo extrañeza.
«No lo sé. En cuanto lo averigüe os lo contaré».
Ona gimió con tono de preocupación.
«Yo estoy tan sorprendido como vosotros, os lo asegu-
ro».
—¿Preparado? —le preguntó Viggo.
—Lo estaría más si me contaras qué pasa —replicó con
tono de queja.
—Enseguida lo verás y me parece que no va a ser algo
bueno —dijo Viggo con tono misterioso.
—¿Cómo que no va a ser algo bueno?
6
Conjura de poder Pedro Urvi
—Me temo que no, pero no puedo asegurarlo. Es solo
una sospecha.
Lasgol echó la cabeza atrás.
—¿Solo una sospecha? ¿Sobre qué?
—Sígueme y lo averiguaremos. Vamos.
Lasgol se plantó.
—No voy a ir a ningún lado hasta que me aclares qué
sucede.
—Si quieres rescatar a tu amada Astrid será mejor que
me sigas en silencio. Ahora.
Lasgol se quedó conmocionado por la respuesta. No
podía ver bien el rostro de Viggo, pero el tono que había
usado era serio. No bromeaba.
—Está bien —cedió Lasgol de mala gana y a tientas co-
gió sus ar mas del baúl frente a su catre.
«Mal asunto» transmitió Camu preocupado.
«Sí, a mí también me ha sonado muy mal» respondió
Lasgol.
«Viggo no broma».
«Sí, y eso me preocupa» respondió Lasgol y se sorpren-
dió de la intuición de Camu. Cada vez entendía más, no so-
lo el lenguaje sino las expresiones e intenciones de la gen-
te, sobre todo de los compañeros, que era con los que más
tiempo pasaba. Su intelecto y percepción continuaban de-
sarrollándose a medida que la criatura seguía creciendo.
Viggo abrió la puerta sin un chirrido y algo de luz entró
en la estancia procedente del pasillo que estaba iluminado
por un par de antorchas a cada extremo. Lasgol comprobó
que Viggo también iba ar mado y eso le preocupó. ¿Acaso
intuía que iban a encontrarse problemas serios en mitad de
la noche? ¿Y en el castillo? ¿Por qué razón? Debía ser algo
importante y había mencionado a Astrid, lo que todavía le
resultaba aún menos tranquilizador.
«No sé qué pasa, pero por si acaso camúflate, Camu» le
envió a su amigo que de inmediato obedeció.
7
Conjura de poder Pedro Urvi
Salieron al pasillo y de allí se dirigieron a la entrada de
la torre. Encontraron la gran puerta entreabierta y nadie vi-
gilándola. Esto sorprendió a Lasgol y le pareció muy sospe-
choso pues siempre había dos Guardabosques de guardia
en la puerta. ¿Dónde estaban? ¿Qué les había pasado?
Viggo llegó hasta la puerta. Lasgol fue a decirle algo,
pero Viggo le cortó de inmediato llevándose el dedo índice
a los labios. Le hizo un gesto para que le siguiera en silen-
cio. Fuera de la torre todo estaba en calma en medio de la
oscuridad. Viggo cerró la puerta en cuanto salieron.
—¿Dónde está el Guardabosques de guardia? —le pre-
guntó a Viggo susurrándole a la oreja.
—Está indispuesto —le respondió Viggo.
Lasgol echó la cabeza atrás.
—¿Qué le has hecho? —acusó y le lanzó una mirada de
incredulidad.
Viggo se encogió de hombros y puso cara de circuns-
tancias.
—Vamos, sígueme, no quiero perder me lo que viene
ahora.
—¿Qué viene ahora? ¿Qué va a pasar? —preguntó Las-
gol muy frustrado con el secretismo de su amigo.
—Lo verás enseguida —dijo y comenzó a correr agaza-
pado entre las sombras de la noche.
Lasgol no tuvo más remedio que seguirlo. No entendía
por qué se ocultaban. Estaban en el Castillo Real, no había
por qué hacerlo, tenían todo el derecho a estar allí. La
guardia no se extrañaría de verlos en el patio de ar mas o
los alrededores de la torre de los Guardabosques. Miró ha-
cia el otro extremo del patio y vio los edificios de las barra-
cas de los soldados y la torre de los Magos más al fondo,
pasado el edificio principal del castillo, al que ellos no te-
nían per miso para acceder, pues era donde el Rey y la corte
descansaban. Se distinguían soldados de guardia en dife-
rentes posiciones abajo y sobre la muralla que rodeaba el
castillo. Era una mala idea intentar esconderse de ellos. So-
8
Conjura de poder Pedro Urvi
bre todo, cuando no había ninguna necesidad. ¿Qué tra-
maba Viggo? ¿Por qué no quería que los vieran los solda-
dos del Rey?
—Siempre metiéndote en líos —masculló Lasgol.
—Así soy yo —le respondió Viggo y siguió adelante.
«Viggo siempre divertido» le envió Camu que iba a su
lado.
«Esto no es divertido. Los líos de Viggo no son diverti-
dos» le replicó Lasgol al que la situación le gustaba cada
vez menos.
Llegaron hasta los establos reales y Viggo se escondió
tras unos barriles. Estaban en la parte posterior de la larga
estructura de madera que albergaba más de un centenar
de los mejores caballos y ponis Norghanos. Eran para el
uso de los nobles de la corte, los oficiales, Magos y algunos
Guardabosques. Los soldados Norghanos eran en su mayo-
ría de infantería por lo que únicamente los mensajeros rea-
les tenían monturas allí. En la ciudad había otros dos gran-
des establos donde la caballería ligera tenía sus caballos.
Los Norghanos consideraban que un soldado debía de lu-
char y caminar a pie a través de montañas y valles. No ha-
bía tradición de caballería en el reino y por ello los establos
eran siempre reducidos.
—Subimos —dijo Viggo indicando la parte superior del
establo.
—¿Por qué? —preguntó Lasgol que había distinguido al
acercarse a varias personas en el interior de los establos
con sus monturas preparándose para partir.
—Es una sorpresa —le respondió Viggo que le guiñó un
ojo y comenzó a trepar por la pared de madera.
—Te voy a colgar —se quejó Lasgol entre dientes con
amargura.
Viggo subía por la estructura con una facilidad pasmosa.
Se subió al tejado y comenzó a desplazarse sobre este
arrastrándose como una serpiente en total silencio.
9
Conjura de poder Pedro Urvi
«Ona, quédate aquí» le dijo Lasgol a la pantera que se
quejó con un suave gemido.
Comenzó a subir y escuchó algo a su lado en la pared.
Era Camu que con sus palmas adhesivas podía subir y col-
garse de casi cualquier superficie sin ningún problema. Lle-
garon hasta donde les esperaba Viggo. Lasgol vio una do-
cena de soldados en fila de a dos acercarse provenientes
de los barracones. Era una patrulla de la Guardia Real de
ronda noctur na cruzando el patio de ar mas. Tragó saliva. Si
los descubrían allí arriba muy probablemente la cosa se
pondría fea. No entenderían qué hacían allí, aunque él tam-
poco lo entendía. Por suerte la patrulla pasó y continuó la
ronda hacia la puerta del castillo.
—¿Qué hacemos aquí arriba? —preguntó Lasgol con
tono de enfado.
Viggo le hizo una seña para que se mantuviera tumbado
y en la penumbra y luego señaló las dos torres junto a la
puerta con rastrillo de la muralla. Lasgol vio a los guardias
en las torres. Por fortuna vigilaban mirando hacia el exterior
y no hacia el interior de la fortaleza.
—Escucha, creo que llegamos en el momento idóneo —
le dijo Viggo y se descolgó un poco dejando que su cabeza
pudiera ver lo que ocurría en el interior del establo mirando
por un gran ojo de buey en la parte de superior del edifi-
cio.
Lasgol resopló y viendo que no iba a conseguir respues-
tas, lo imitó.
Varios jinetes aguardaban montados en sus caballos.
Eran soldados de la Guardia Real, no había duda pues eran
tan enor mes como los Salvajes de los Hielos. Con ellos es-
taba el Duque Orten, her mano del Rey, y uno de los Magos
de Hielo. De inmediato a Lasgol le interesó aquella extraña
reunión noctur na. Tuvo un mal presentimiento.
«Ver Trotador» le llegó el mensaje de Camu. Debía estar
a su lado espiando como él y Viggo.
10
Conjura de poder Pedro Urvi
«Sí, me dejan tenerlo aquí porque soy un Guardabos-
ques y lo cuidan muy bien».
«Trotador divertido».
«Camu, concéntrate que algo pasa y me parece que es
malo».
«Yo concentrar».
Lasgol no estaba muy seguro de que Camu entendiera
el concepto de concentrarse, pero como quería saber qué
estaba pasando allí y por qué Viggo quería espiar a aque-
llos hombres, no dijo nada y prestó toda su atención.
—¿Estás seguro de que es esto lo que busco, Maldreck?
—preguntó Orten al Mago de Hielo.
—Lo estoy, mi señor. Es este —le dijo y le mostró un ob-
jeto envuelto en un paño blanco con bordes plateados.
—Enséñamelo —demandó Orten casi en un ladrido.
Maldreck descubrió el objeto y se lo enseñó. Lasgol tu-
vo que aguantar una exclamación de sorpresa. ¡Era la Estre-
lla de Mar y Vida! Abrió los ojos desorbitados. ¿Qué hacía
aquel Mago de Hielo? ¿Por qué se la mostraba al Duque
Orten? ¿Por qué allí? Fue a decir algo y la mano derecha
de Viggo le tapó la boca. Viggo negó con la cabeza. Los
dos colgaban con medio cuerpo fuera del tejado cabeza
abajo, lo cual no era una posición idónea para realizar mo-
vimientos raros. Viggo retiró la mano al cabo de un mo-
mento y continuaron observando la escena.
—Sí, parece una gran estrella de mar, pero… ¿estás se-
guro de que es el Objeto de Poder?
—Lo es, mi señor. Es el Objeto que Eicewald trajo del
Reino Turquesa.
—Demuéstramelo. Quiero ver que en realidad es lo que
dices.
—Por supuesto, mi señor.
El Mago puso una mano sobre la Estrella y cerrando los
ojos se concentró. Entonó unas palabras de poder y el ob-
jeto comenzó a brillar con gran intensidad con un color azu-
lado.
11
Conjura de poder Pedro Urvi
Orten lo observó de cerca. Puso cara de desagrado.
—Bien. Veo que es mágico y parece que tiene poder.
Me convence. Apágalo… no me gusta tener magia cerca.
El Mago hizo lo ordenado.
—Lo he traído como me ordenasteis —dijo con tono de
total servilismo.
—Más te valía. Los que no cumplen mis deseos suelen
sufrir accidentes…
El Mago de Hielo tragó saliva.
—Mi persona está siempre al servicio de mi señor —dijo
y se agachó en una reverencia.
—Espero que te refieras a mi servicio y no al de Ei-
cewald. Ambos somos tus superiores. Ambos ostentamos
mayor rango que tú.
—La vuestra, por supuesto, mi señor Duque. El her ma-
no del Rey es el segundo hombre más importante del reino
—aseguró el Mago con una profunda reverencia—. Vuestra
voluntad está por encima de la de mi señor Eicewald —le
aseguró.
—Así me gusta, que tengas las ideas claras. Hay quien
confunde lealtades. Eso suele ser muy peligroso.
—Conozco bien mi lugar y mis lealtades son claras.
—Eso me satisface —sonrió Orten con una sonrisa falsa
y llena de ironía.
—Señor… Eicewald… —balbuceó Maldreck.
—¿Qué ocurre con Eicewald?
—No aceptará la pérdida de la Estrella. Será un proble-
ma…
Orten negó con la cabeza.
—No será un problema importante.
—Se contrariará… el objeto significa mucho para él…
pedirá explicaciones.
Orten rio con una risa profunda y despectiva, como si
las preocupaciones del Mago del Rey fueran totalmente in-
consecuentes.
12
Conjura de poder Pedro Urvi
—Tiene suerte de conservar el cuello. Si cree que voy a
dejar que se quede con este ar ma tan poderosa después
de ver lo que le hizo al Espectro Helado, está muy equivo-
cado. Yo me haré cargo de ella.
—Se quejará al Rey…
—Yo me encargo de mi her mano. No se opondrá, él
tampoco quiere que este Objeto de Poder esté en manos
de alguien que no es de nuestra entera confianza.
—Eicewald es el Mago del Rey…
—Lo es, pero no lo ha demostrado. Ha perdido mi con-
fianza y la de mi her mano. Sin embargo, tú, Maldreck, estás
ganando posiciones y podrías llegar a lo más alto entre los
Magos de Hielo. El puesto de Mago del Rey no es vitalicio,
como bien sabes, y el Rey puede desposeer a quien lo os-
tenta en cualquier momento si así lo ve conveniente. Al
ayudar me en este asunto, estás posicionándote bien para,
llegado el caso, ser su sucesor… Yo podría sugerir tu nom-
bre a mi her mano… apoyar tu candidatura… susurrarle
quién es el candidato más adecuado a ocupar el cargo.
—Me honráis, señor… el cargo de Mago del Rey es el
mayor honor… no osaría soñar con alcanzar tal puesto.
—Ya, claro, claro… ¿Entonces me estás diciendo que no
te interesa la posición? Porque hay otros Magos de Hielo
muy capaces…
—No dudo que mis compañeros sean capaces, sin em-
bargo, yo deseo lo mejor para la corona y la familia real.
Deseo servir y llevar a Norghana a un nuevo tiempo de glo-
ria.
—Eso está muy bien. Mi her mano y yo agradecemos tu
apoyo.
—Por eso es un gran honor para mí ayudaros en este
asunto y llevar a cabo vuestras órdenes —dijo con una pe-
queña reverencia.
—Recuerda que quien no cumple mis órdenes, suele te-
ner un mal final.
Maldreck asintió.
13
Conjura de poder Pedro Urvi
—Cumpliré con la voluntad de mi señor.
Orten le lanzó una mirada hosca.
—No lo olvides nunca o tu tiempo sobre esta tierra será
muy corto —amenazó.
Lasgol no podía creer lo que estaba presenciando.
Aquel Mago de Hielo, que debía lealtad a Eicewald por ser
el Mago del Rey, lo estaba traicionando. Y lo hacía a cam-
bio de obtener el favor del Duque para ascender a la posi-
ción que ahora ocupaba Eicewald, desplazándolo. Sintió
una rabia enor me que le subió por el pecho hasta la gar-
ganta como si estuviera devolviendo ácido.
—Por supuesto, mi señor.
—Muy bien, así me gusta. Eicewald no será un proble-
ma —le aseguró el Duque Orten—. No tienes por qué
preocuparte.
—Gracias, mi señor.
Aquel comentario preocupó a Lasgol. ¿Qué le iba a ha-
cer Orten a Eicewald? ¿No iría a matarlo…? No, eso sería ir
demasiado lejos. Le entró la duda. Orten era un bruto sin
escrúpulos y podía muy bien estar tramando matar al Ma-
go. Tenía que ponerle sobre aviso, no podía per mitir aque-
lla traición. Eicewald se había comportado bien en la misión
de la Reina Turquesa y había colaborado y luchado dándolo
todo por conseguir regresar con la Estrella. Además, había
destruido al Espectro Helado. Era un héroe de Norghana y
como tal no merecía ser traicionado así.
—Ahora escucha bien mis indicaciones —le dijo Orten a
Maldreck con el dedo índice alzado—. Llevarás este Objeto
de Poder a mi fortaleza. Quiero la Estrella asegurada en mi
baluarte, la fortaleza de Skol. ¿La conoces? Está situada en
el extremo suroeste del reino, en la frontera.
—No he tenido el placer de poder visitarla, mi señor. Sé
que es magnífica.
—Ya lo creo que es una fortaleza magnífica, más que
eso, es inexpugnable. Vigila las llanuras que se abren hacia
el sur y el oeste de nuestro reino. Detrás del baluarte se al-
14
FIN DEL FRAGMENTO
Sigue leyendo, no te quedes con las ganas
Adquiere este eBook
Dando Click Aqui