El Código Militar
en la construcción
estatal garciana
(1861-1875)
Miguel Saldarriaga Viteri
Serie Magíster
Vol. 345
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875)
Miguel Saldarriaga Viteri
Primera edición
Producción editorial: Jefatura de Publicaciones
Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador
Annamari de Piérola, jefa de Publicaciones
Shirma Guzmán, asistente editorial
Patricia Mirabá, secretaria
Corrección de estilo: Oswaldo Reyes
Diseño de la serie: Andrea Gómez y Rafael Castro
Impresión: Fausto Reinoso Ediciones
Tiraje: 90 ejemplares
ISBN Universidad Andina Simón Bolívar,
Sede Ecuador: 9789942604859
© Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador
Toledo N22-80
Quito, Ecuador
Teléfonos: (593 2) 322 8085, 299 3600 • Fax: (593 2) 322 8426
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La versión original del texto que aparece en este libro fue sometida a un proceso
de revisión por pares, conforme a las normas de publicación de la Universidad Andina
Simón Bolívar, Sede Ecuador.
Impreso en Ecuador, diciembre de 2022
Título original:
La elaboración y promulgación del Código Militar como parte
del proyecto garciano de construcción estatal (1861-1875)
Tesis para la obtención del título de magíster en Historia
Autor: Miguel Ángel Saldarriaga Viteri
Tutora: Grethy Galaxis Borja González
Código bibliográfico del Centro de Información: T-3654
A Dios.
A Cristina, mi compañera de vida,
y a mis hijos,
Luis Miguel y Juan Miguel.
A mis padres, Miguel y Charito.
A mis hermanos, Lady y Bryan.
A mis suegros, Luis y Carmen.
A mi cuñada Shirley.
A la memoria de Slater Viteri,
Calixto Celi y mis abuelos, Julio y Yolanda.
CONTENIDOS
Agradecimientos........................................................................7
Introducción .............................................................................9
Capítulo primero
EL EJÉRCITO DURANTE EL PERÍODO MARCISTA
Y LA CRISIS NACIONAL DE 1859................................................. 17
Estructura y organización del Ejército
marcista (1845-1858).............................................................. 17
Las Guardias Nacionales marcistas..................................23
El Escuadrón Taura...........................................................26
La crisis de 1859 y el papel del Ejército
en la contienda militar......................................................28
Capítulo segundo
LA ELABORACIÓN Y PROMULGACIÓN
DEL CÓDIGO MILITAR (1867-1869)............................................... 33
La Ley Orgánica Militar y el papel del Ejército
durante el primer período garciano (1861-1865)...............34
Las condiciones políticas y militares durante
la década de 1860 y la impronta
de García Moreno en el Código Militar.......................... 41
Los debates alrededor de la promulgación
del Código Militar (1867-1869)...........................................46
Capítulo tercero
EL CONTENIDO DEL CÓDIGO MILITAR: RUPTURAS Y
CONTINUIDADES......................................................................... 51
La reorganización de la vida militar............................... 52
La reestructuración de la Guardia Nacional.................58
La creación de la Escuela Práctica de Cadetes..............64
El control sobre la población militar y civil................. 67
Conclusiones............................................................................ 71
Referencias............................................................................... 79
Anexo........................................................................................85
AGRADECIMIENTOS
Al Comando General de la Fuerza Terrestre por otorgarme la au-
torización para cursar la Maestría de Investigación en Historia en la
Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.
A mi tutora, Galaxis Borja González, por su guía permanente para
el desarrollo de este trabajo. A los docentes del Área de Historia: Gui-
llermo Bustos, Enrique Ayala Mora, Carlos Landázuri, Matteo Man-
fredi, Trinidad Pérez, Rocío Rueda, Katerinne Orquera, Viviana Ve-
lasco y Mayra Mancheno.
Un agradecimiento especial a Rosemarie Terán y Santiago Cabre-
ra, docentes y lectores de este trabajo de investigación, por los aportes
brindados.
Al teniente coronel en servicio pasivo Édison Macías Núñez, al co-
ronel Cristóbal Espinoza Yépez, a los tenientes coroneles Juan Sánchez
Marín y Jorge Martínez Bucheli, y al mayor de caballería blindada
David Santamaría León, con quienes compartimos el camino de los
estudios históricos académicos sobre el Ejército ecuatoriano.
INTRODUCCIÓN
Este trabajo examina la relación entre el Ejército ecuatoriano y el
Estado durante el período garciano. La investigación identifica las me-
didas de institucionalización, control y profesionalización al interior
de las Fuerzas Armadas para adaptar el ejército al proyecto estatal. A
partir de la década de 1860, el Gobierno de Gabriel García Moreno,
con apoyo de los oficiales del Ejército, impulsaron la estandarización
y modernización de las leyes militares, lo que dio como resultado la
promulgación del primer Código Militar del país en 1869, y permitió
al Estado emplear a la fuerza armada (Ejército y Guardia Nacional)
para extender su presencia en el territorio y controlar levantamientos e
insurrecciones civiles en Ecuador.
Por muchos años, los estudios sobre la historia de la institución
castrense en Ecuador se han desarrollado a partir de una postura his-
toriográfica tradicional. La mayor parte de ellos consiste en trabajos
descriptivos ligados a los tópicos de batallas, combates y revoluciones,
explicados como hechos desconectados de los eventos políticos y socia-
les históricos de Ecuador, la región Latinoamérica y sus imbricaciones
en el mundo entero. En su mayoría se trata de trabajos que atienden
solo a los eventos tácticos militares desarrollados en batallas y comba-
tes. Entre este tipo de obras encontramos autores como Remigio Ro-
mero y Cordero, Galo Chacón Izurieta, Édison Macías Núñez, entre
otros autores militares, quienes aportaron las primeras informaciones
10 / Miguel Saldarriaga Viteri
sobre el Ejército ecuatoriano del siglo XIX, y consignaron en sus obras
los registros bibliográficos de la función de la institución castrense en
el país.1
La mayoría de estos trabajos parte de la premisa de que la Revolu-
ción Liberal inició el proceso de profesionalización del Ejército ecua-
toriano, cimentando a Eloy Alfaro como un hito fundamental en la
construcción de la fuerza armada; a la vez que deja sin estudiar el com-
portamiento del Ejército y tampoco examina el lugar de las ordenanzas
militares o la función del Código Militar en Ecuador en el siglo XIX.
Una valiosa excepción es el estudio de Jorge Martínez, en donde se
demuestra que, previo a la Revolución Liberal, ya existía una fuerza
armada que contaba con una estructura y legislación militar organiza-
da, además de la presencia de una educación militar orientada de forma
principal a los oficiales.2 Es necesario también mencionar los aportes
de Enrique Ayala Mora quien, a partir del estudio de los documentos
generados por el Ministerio de Guerra y Marina, enfatiza en la historia
institucional del Ejército durante la primera mitad del siglo XIX. Los
estudios de Viviana Velasco, por su parte, incluyen el análisis de los
archivos del Ministerio de Hacienda. Ambos estudios son importantes
para comprender la fuerza armada y su relación con el Estado, pero
llegan hasta 1860, quedando pendiente la estructura de la institución
militar en el período garciano.3
1 David Andrade, ed. Historia militar del Ecuador (Quito: Academia Nacional de
Historia Militar, 2012); Édison Macías Núñez, Historia general del Ejército ecua-
toriano (Quito: Centro de Estudios Históricos del Ejército —CEHE—, 2007);
Galo Chacón Izurieta, Las guerras de Quito, por su independencia: Orígenes del Estado
ecuatoriano y su ejército (Quito: CEHE, 2002); Remigio Romero y Cordero, El
Ejército en cien años de vida repúblicana, 1830-1930 (Quito: Instituto Geográfico
Militar, 1991).
2 Jorge Martínez Bucheli, «La primera misión militar chilena y su influencia
en el Ejército ecuatoriano, 1899-1905» (tesis de maestría, Universidad An-
dina Simón Bolívar, Sede Ecuador, 2017), 8, [Link]
handle/10644/5987.
3 Enrique Ayala Mora, Ecuador en el siglo XIX: Estado nacional, Ejército, Iglesia y Mu-
nicipio (Quito: Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador —UASB-E— /
Corporación Editora Nacional —CEN—, 2011), 73-212; Viviana Velasco He-
rrera, «Ejército y milicias del Estado ecuatoriano, 1830-1861», en Las fuerzas de
guerra en la construcción del Estado de América Latina, siglo XIX, eds. Juan Carlos
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 11
Durante el siglo XIX, las repúblicas latinoamericanas implemen-
taron nuevas legislaciones y dieron paso a la codificación de las leyes
nacionales, incluidas las del Ejército.4 De esta manera, las élites políticas
y militares buscaban instituir sus proyectos de Estado y evitar revolu-
ciones y levantamientos.5 Con excepción del estudio de Ramiro Agui-
lar sobre la función del Código Militar,6 la historiografía ecuatoriana
no ha atendido a este aspecto que ofrece luces sobre la construcción
estatal; menos aún ha estudiado la vigencia de las ordenanzas militares
españolas en las leyes militares republicanas.
Un punto de partida en esta investigación son los estudios biográfi-
cos e históricos sobre Gabriel García Moreno, que contienen informa-
ción importante sobre la formación del Estado ecuatoriano y la estruc-
turación de la institución militar, lo que permite acceder a las huellas
de la conformación del Código Militar.7 En cuanto a la relación entre
Ejército y garcianismo, Ana Buriano afirma que, durante el primer
mandato, el presidente reprimió a sus opositores y se propuso contro-
lar al Ejército, acostumbrado a realizar continuos pronunciamientos en
favor o en contra del ordenamiento estatal.8 Durante los primeros años
Garavaglia, Juan Pro Ruíz y Eduardo Zinmmermann (Rosario: Prohistoria Edi-
ciones, 2012), 123-60.
4 Faustino Martínez Martínez, «De Helvetia a Hispania: Retorno a la codificación
de la mano de Pio Caroni», Revista Historia del Derecho. Anuario de Historia del
Derecho Español, LXXXIII (2013): 892; Víctor Tau Anzoátegui, «Pio Caroni,
pensador de la codificación», Revista Historia del Derecho. n.° 48 (2014): 193.
5 Gustavo Fabián Castro y Dolores Bermeo Lara, coords., Proyecto de investigación
«Justicia militar, códigos disciplinarios y reglamentos generales internos» (s. l.: Red de
Seguridad y Defensa de Amércia Latina-RESDAL, 2008), 13.
6 Ramiro Aguilar Torres, «Las peculiaridades del régimen penal militar» (tesis
doctoral, Pontificia Universidad Católica del Ecuador, 1991).
7 Ana Buriano, Navegando la borrasca: Construir la nación de fe en el mundo de la im-
piedad, Ecuador, 1860-1875 (Ciudad de México: Instituto Mora, 2008); Luis Ro-
balino Dávila, El Ecuador de hoy: García Moreno (Quito: Talleres Gráficos Nacio-
nales, 1946); Marie-Danielle Démelas e Yves Saint-Geours, Jerusalén y Babilonia:
Religión y política en el Ecuador, 1780-1880 (Quito: CEN / Instituto Francés de
Estudios Andinos, 1988); Peter Henderson, Gabriel García Moreno y la formación de
un Estado conservador en los Andes (Quito: CODEU, 2010); Ricardo Patte, Gabriel
García Moreno y el Ecuador de su tiempo (Ciudad de México: Editorial Jus, 1944);
Severo Gomezjurado, Vida del hombre que honra al hombre (Quito: s. e., 1986); Wil-
frido Loor, García Moreno y sus asesinos (Quito: Editorial Ecuatoriana, 1966).
8 Buriano, Navegando la borrasca, 39.
12 / Miguel Saldarriaga Viteri
de la década de 1860 se introdujeron importantes modificaciones en
la institución castrense, entre las que cabe mencionar la reducción del
ejército, la formación en Ciencias de la Guerra y la incorporación de las
Guardias Nacionales a las filas militares. Por su parte, Peter Henderson
afirma que no fue sino en el segundo período presidencial de García
Moreno cuando este puso en práctica la modernización de la institu-
ción militar gracias a una política codificadora. El conglomerado de
normas tenía el objetivo de crear un marco jurídico para preservar el
orden y fortalecimiento del Estado, y con ello «impulsar la moderniza-
ción de la nación».9
En la realización de este trabajo también han sido importantes los
aportes de Adolfo León Atehortúa y Humberto Vélez, puesto que per-
miten romper con el paradigma positivista en los estudios de la insti-
tución militar, a la vez que ofrecen una panorámica sobre el interés de
los Estados por profesionalizar a la fuerza armada y así despolitizarla.10
Asimismo, los trabajos de Luis Ervin Prado sobre la organización del
Ejército en Nueva Granada se distancian de las explicaciones caudillis-
tas en la historia militar y se enfocan en la incidencia del Estado para
modelar un ejército acorde al sistema político establecido.11
Este trabajo de investigación se inscribe en las líneas de investi-
gación de la historia política e historia social sobre el Ejército y se
propone indagar el proceso de incorporación de la fuerza armada al
proyecto estatal de Gabriel García Moreno, que dio lugar a la forma-
ción y promulgación del Código Militar ecuatoriano. La pregunta que
guía esta investigación es la siguiente: ¿cómo, desde el Estado ecuato-
riano, se formularon leyes militares que permitieron adaptar a la fuer-
za armada al proyecto de modernización y centralización de Gabriel
9 Henderson, Gabriel García Moreno y la formación de un Estado conservador, 193-5.
10 Sobre la profesionalización del Ejército colombiano véase Adolfo León Atehortúa
Cruz, Construcción del Ejército nacional en Colombia, 1907-1930: Reforma militar y
misiones extranjeras (Medellín: La Carreta, 2009), 191-3; Adolfo León Atehortúa y
Humberto Vélez, Estado y fuerzas armadas en Colombia (1886-1953) (Bogotá: TM
Editores, 1994), 15.
11 Luis Ervin Prado Arellano, «La organización de los ejércitos republicanos en la
Nueva Granada: Provincias del Cauca (1830-1855)» (tesis doctoral, Universidad
Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, 2019), 19, [Link]
handle/10644/6722.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 13
García Moreno y que dieron lugar a la elaboración y promulgación del
Código Militar entre 1867 y 1869 como herramienta clave para ejercer
un control político y social en las poblaciones militares y civiles de
Ecuador?
Para responder a la problemática planteada considero necesario for-
mular tres preguntas secundarias. En primer lugar, ¿cuáles fueron la
estructura y el funcionamiento del ejército marcista que heredó el Go-
bierno de García Moreno y qué cambios se produjeron al interior de las
Fuerzas Armadas a raíz de la crisis nacional de 1859? La segunda pre-
gunta: ¿cuáles fueron las condiciones políticas e institucionales durante
la década de 1860 que impulsaron cambios y continuidades en la insti-
tución militar y cómo estas condiciones encausaron la creación y pro-
mulgación del Código Militar? La última pregunta es: ¿de qué modo el
Código Militar permitió la modernización y profesionalización de los
miembros del Ejército y pudo ser utilizado por el Estado garciano para
extenderse en el territorio nacional y lograr controlar los focos liberales
que atentaban contra el régimen?
A partir de estas preguntas, el objetivo central de esta obra es com-
prender los esfuerzos del Gobierno de García Moreno para elaborar
leyes militares que permitieran modelar la fuerza armada a las necesida-
des territoriales, de control social y político e institucionales del Estado,
lo que dio como resultado la vinculación del brazo armado al gobierno
y así evitar revoluciones internas en Ecuador. Los objetivos secundarios
se corresponden con los capítulos de este trabajo y son los siguientes: el
primero es describir el funcionamiento estructural de la fuerza armada
(Ejército y Guardia Nacional) durante los gobiernos marcistas y estu-
diar los cambios generados por la crisis nacional de 1859. El segundo
objetivo es analizar las normativas militares a partir de 1861 en torno a
la estructuración y profesionalización de la fuerza armada ecuatoriana,
así como el peso de las experiencias bélicas durante la década de 1860
que impulsaron la elaboración y promulgación del Código Militar en
1869. El tercer objetivo es examinar el contenido del Código Militar
y entender cómo sirvió para efectuar un control social más amplio en
todo el territorio ecuatoriano, considerando que fue la herramienta
para restringir levantamientos provocados por la diáspora del poder
político regional, sobre todo contener a los líderes liberales y con ello
evitar luchas internas en el país.
14 / Miguel Saldarriaga Viteri
Esta investigación parte de la premisa del carácter corporativo del
Estado durante el siglo XIX y el papel de la Iglesia y el Ejército como
fundamentos de la vida republicana.12 La historia política permite ana-
lizar la estructuración del Estado y con ello el proceso institucional por
el que atravesaron las Fuerzas Armadas para consolidar una pacificación
interna en Ecuador durante la década de 1860. Para efectos de esta in-
vestigación y para explicar la formación del Estado ecuatoriano con el
apoyo de la fuerza armada tomo como referencia la perspectiva de Juan
Maiguashca del «Estado como institución»; esta herramienta analítica
permite comprender el papel de los gobiernos centrales como factores
integradores en el país y entender las constantes reformas que se dieron
por medio de los procesos de penetración del Estado evidenciados en la
institución castrense.13
Dos herramientas conceptuales adicionales son el «monopolio de las
armas» y la «ciudadanía armada».14 Luis E. Prado propone en su tesis
doctoral el «monopolio de las armas» como categoría para indagar el
esfuerzo que realizó el Estado para recuperar y controlar las armas que
quedaron en manos de la población desde la Independencia, esto se pre-
senta como algo esencial del Estado neogranadino para evitar levanta-
mientos armados en su contra.15 Ahora bien, esta obra estudia las refor-
mas y políticas establecidas en el Ejército ecuatoriano para centralizar
el armamento en los parques de armas y controlar su administración, lo
que permite demostrar que esto no ocurrió por una coincidencia, sino
que se trató de una intención política para evitar que las armas queden
dispersas en diferentes sectores y puedan ser tomadas por caudillos o
focos liberales y provocar las insurrecciones.
La categoría «ciudadanía armada» utilizada por Viviana Velasco per-
mite discutir la capacidad del Estado para organizar a los ciudadanos en
guardias nacionales, con el objeto de mantener un control social a favor
12 Juan Maiguashca, «Dirigentes políticos y burócratas: El Estado como institución
en los países andinos entre 1830 y 1890», en Historia de América andina: Creación
de las repúblicas y formación de la nación, ed. Juan Maiguashca (Quito: UASB-E /
Libresa, 2003), 214.
13 Juan Maiguashca, «El proceso de integración nacional en el Ecuador: El rol del
poder central, 1830-1895», en Historia y región en el Ecuador: 1830-1930, ed. Juan
Maiguashca (Quito: CEN, 1994), 355-60.
14 Velasco,«Ejército y milicias del Estado ecuatoriano, 1830-1861», 123-60.
15 Prado, «La organización de los ejércitos republicanos», 135-7.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 15
del poder central.16 El concepto de ciudadanía armada faculta entender
la relación entre la población civil y el Ejército a partir de las prácticas
de reclutamiento; y la configuración de ciudadanos disciplinados en
todo el territorio nacional que participaban en el mantenimiento de la
seguridad interna de Ecuador. El Código Militar recogió y estandarizó
las leyes y experiencias castrenses y modernizó a la institución del Ejér-
cito, aportando a los objetivos centralizadores del régimen garciano.17
La investigación se sostiene en un trabajo de archivo y de crítica
de la documentación histórica de tipo oficial, institucional y personal
para rescatar las voces del pasado que participaron en la elaboración del
Código Militar en Ecuador y así identificar, del modo más cercano a
la realidad de la época, la postura del Estado frente a la fuerza armada
y viceversa. En primer lugar se trabajó con la correspondencia personal
de Gabriel García Moreno, recopilada por Wilfrido Loor en sus cuatro
tomos publicados,18 que da testimonio de su experiencia e influencia
personal para institucionalizar a las Fuerzas Armadas de Ecuador. Un
segundo grupo de fuentes fueron las leyes y los decretos militares for-
mulados entre 1845 y 1875, y los diarios de debates de las Cámaras de
Diputados y del Senado que se encuentran en el archivo de la Asamblea
Nacional.
Este conjunto de documentos permitió reconstruir la visión estatal
en la consecución de la codificación militar y las normas introducidas
para integrar a los militares al proyecto estatal del marcismo y, por últi-
mo, del garcianismo. En tercer lugar, en la Biblioteca Aurelio Espinosa
Pólit se revisó la prensa oficial del garcianismo, el diario El Nacional,
así como las memorias de los presidentes de Ecuador y los ministros
de guerra y marina que permitieron determinar la problemática de la
organización de la fuerza armada en el período estudiado. Por último,
se analizó el texto original del Código Militar (publicado en Nueva
York en 1871), que se encuentra en el Centro de Estudios Históricos del
Ejército (CEHE); además de los comunicados del Ministerio de Guerra
y Marina y del Ministerio de Hacienda que ofrecen un cuadro sobre las
16 Ibíd., 5.
17 Maiguashca, «El proceso de integración nacional», 360-90.
18 Wilfrido Loor, Cartas de Gabriel García Moreno, t. 1-4 (Quito: La Prensa Católica,
1956).
16 / Miguel Saldarriaga Viteri
actividades que se desarrollaban en el interior de los cuerpos militares
para poder alinearse al proyecto estatal.
Este libro se divide en tres capítulos. El primero examina la relación
entre el poder militar y el poder civil durante los gobiernos marcistas, y
describe la estructura y la normativa que permitieron el funcionamien-
to del Ejército hasta la crisis nacional de 1859, momento en el que las
Fuerzas Armadas se dividieron en dos bandos opuestos. De esta mane-
ra se propone un enfoque introductorio sobre el tipo de ejército que
recibió Gabriel García Moreno en 1860. El segundo capítulo analiza
la normativa militar promulgada durante la Convención Nacional de
1861 bajo la dirección de García Moreno y sus constantes reformas que
sirvieron para profesionalizar y modernizar a la fuerza armada. Ade-
más, se observa la experiencia militar, política y diplomática de García
Moreno y otras autoridades militares, y cómo estas influyeron en la
elaboración del Código Militar desde mediados de la década de 1860;
así como los debates en la Asamblea para la consiguiente aprobación.
Por último, el tercer capítulo analiza el contenido del Código Militar
para determinar las continuidades y rupturas con las ordenanzas mili-
tares españolas de Carlos III y discutir en qué medida esta normativa
dio lugar a una nueva estructura del Ejército en función de la defensa
nacional, y la regularización de las guardias nacionales para obtener
ciudadanos capacitados y entrenados en el uso de las armas que puedan
responder frente a los conflictos internos, ampliando con ello la pene-
tración del Estado garciano en el territorio ecuatoriano.
CAPÍTULO PRIMERO
EL EJÉRCITO DURANTE EL PERÍODO
MARCISTA Y LA CRISIS NACIONAL DE 1859
Este capítulo examina la estructura y organización del Ejército du-
rante los gobiernos marcistas y las modificaciones que se impulsaron
en la transición al régimen de Gabriel García Moreno. Considero que
esta reflexión es necesaria para dimensionar las medidas emprendidas
durante la década de 1860 en la preparación del Ejército ecuatoriano.
Esta sección está divida en dos partes: la primera ofrece una descripción
del Ejército marcista y sus esfuerzos por racionalizar su funcionamiento
y organización entre 1845 y 1851. En la segunda parte se indaga sobre el
papel de las Fuerzas Armadas durante la crisis de 1859 y, luego, durante
los meses del gobierno provisorio. Es necesario indicar que, a raíz de la
revolución del primero de mayo en Quito, que desconoce al Gobierno
de Francisco Robles, el Ejército se dividió en dos bandos: una parte se
mantuvo leal al presidente constitucional y la otra combatió junto al
gobierno provisorio.
ESTRUCTURA Y ORGANIZACIÓN DEL EJÉRCITO MARCISTA
(1845-1858)
Ecuador desde sus inicios fue manejado por hombres que provenían
del ámbito militar y que tuvieron que relacionarse con políticos de
18 / Miguel Saldarriaga Viteri
carrera para gobernar y dar forma al aparataje estatal.19 En tal sentido,
desde el gobierno «hicieron un esfuerzo sostenido por controlar la ins-
titución militar y supeditarla al poder civil».20 La convivencia entre los
poderes civil y militar fue parte también de los gobiernos marcistas que
dirigieron el país entre 1845 y 1859.21 Según Ayala, la Revolución Mar-
cista nació de una «alianza entre la oligarquía comercial costeña y las
Fuerzas Armadas»22 e impulsó a la palestra política a personajes, como
José María Urbina, que jugaron un papel influyente tanto en el plano
militar como en el civil.23 Si bien en los primeros años el manejo del
Estado estuvo en manos de las élites civiles, esta situación cambió desde
finales de 1849, cuando los jefes militares reclamaron el control político
de la república y protagonizaron una serie de insurrecciones y levanta-
mientos que desconocían a los gobiernos constitucionales. No fue sino
con el ascenso al poder del general José María Urbina, en septiembre de
1851, y de su sucesor Francisco Robles, en 1856, que las sublevaciones
militares dejaron de ser una amenaza para la estabilidad constitucional,
llegando a un consenso con los poderes locales y regionales.24
19 Brian Loveman, For la Patria: Politics and the Armed Forces in Latin America (Wil-
mington: SR Books, 1999), 28-9; Maiguashca, «Dirigentes políticos y burócra-
tas», 217-21.
20 Ibíd., 222.
21 Maiguashca, «El proceso de integración nacional», 377.
22 Enrique Ayala Mora, «Gabriel García Moreno y la gestación del Estado Nacional
en el Ecuador», Revista Crítica & Utopía, n.° 5 (1981): 1.
23 Posterior a la Revolución de marzo de 1845, Urbina llegó a ser general, comisio-
nado del gobierno provisorio en el tratado de La Virginia, secretario general en la
Convención Nacional de 1846 y presidente de la Convención Nacional de 1849.
Véase Édison Macías, El general José María Urbina (Quito: Presidencia de la Repú-
blica del Ecuador / Comisión Nacional Permanente de Conmemoraciones Cívicas,
1992), 111-3;Velasco, «Ejército y milicias del Estado ecuatoriano, 1830-1861», 137.
24 José María Urbina fue el cabecilla de una serie de sublevaciones militares: en
diciembre de 1849 encabezó un golpe de Estado contra el vicepresidente Manuel
de Ascásubi, aunque el gobierno pudo controlar la sublevación y mantener el
control de su fuerza armada. En febrero de 1850, Urbina impulsó una nueva in-
surrección que condujo al nombramiento del general Antonio Elizalde como jefe
de Estado y Diego Noboa como su suplente; Elizalde rehusó el cargo, cediendo
la designación a Noboa. En junio de 1850, Urbina acusó a Noboa de promover
el retorno de Juan José Flores a Ecuador y lideró un nuevo golpe de Estado; y
en septiembre de 1851 la Convención Nacional reunida en Guayaquil lo designó
como presidente constitucional de Ecuador.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 19
Desde el inicio de la vida republicana, las constituciones normaron
el lugar y la función de la institución militar. La primera carta magna
de Ecuador de 1830 estipulaba que la fuerza armada debía componerse
de un ejército permanente y de milicias nacionales, cuya misión era
la defensa del país frente a enemigos externos y el control del orden
público interno. La característica fundamental del Ejército fue su con-
dición de obediencia al poder constitucional, aunque no quedaba claro
su nivel de incidencia en las decisiones internas.25 También la primera
Constitución del período marcista, promulgada en 1846, se expresaba
en este sentido y a diferencia de las constituciones anteriores esta carta
magna incluyó la presencia de la Guardia Nacional como un cuerpo de
apoyo al Ejército republicano, y adicionalmente se creó un cuerpo mi-
liciano que debía servir a la fuerza militar de mar.26 Las milicias debían
integrarse con ciudadanos de las diferentes provincias. La Constitución
de 1851, que rigió durante la presidencia de Diego Noboa, estableció
además que la fuerza armada no podía ser deliberante, reduciendo así la
participación de los militares en el escenario político.27 Esta relación de
subordinación cambió con la reforma constitucional de 1852, que rati-
ficaba a la fuerza armada como obediente, pero le reconocía el acceso al
escenario político de forma directa.28
Los Gobiernos de Urbina y Robles impulsaron importantes cambios
al interior del Ejército: reclutaron cuerpos de la Guardia Nacional para
que asuman el control del orden público bajo el control directo de los
gobernadores, promovieron ascensos a los cargos de general y jefe mili-
tar de la república,29 a la par que eliminaron de la lista militar a quienes
se habían mantenido leales a Diego Noboa y que fueron considerados
25 Ecuador, Constitución de la República del Ecuador, 23 de septiembre de 1830, tít. VI
«De la Fuerza Armada».
26 Ecuador, Constitución de la República del Ecuador dada en 1846 por la Convención
Nacional reunida en Cuenca, tít. X «De la Fuerza Armada».
27 Ecuador, Constitución de la República del Ecuador, 25 de febrero de 1851, cap. XVIII
«De la Fuerza Armada».
28 Ecuador, Constitución de la República del Ecuador, 6 de septiembre de 1852, cap.
XVIII «De la Fuerza Armada».
29 Sobre los ascensos militares véase Comunicado n.° 20, Quito, 04/04/1851. Ar-
chivo Histórico del Centro de Estudios de Estudios Históricos del Ejército
(AH CEHE), Fondo Hacienda (FH), caja 8, libro de comunicados del Ministerio de
Guerra y Marina a Hacienda 1850-1851. Nota del autor: el libro de comunicados se
20 / Miguel Saldarriaga Viteri
conspiradores.30 Estas modificaciones les permitieron contar con un
importante apoyo de los grupos intermedios del Ejército.31 Por otra
parte, la política urbinista frente al Ejército exigió un alto gasto mili-
tar, que obligó al gobierno a convenir empréstitos con los cuales pagar
las rentas nacionales y los sueldos de los soldados que sufrían un atraso
profundo desde 1851.32
La administración de justicia castrense fue otro ámbito de perma-
nente fricción entre los poderes civil y militar. En 1846 el Gobierno de
Vicente Ramón Roca canceló los nombramientos de ministros mar-
ciales de las cortes supremas y marciales, por ser contrarios a la Ley
Orgánica Militar de 1837, que además no constaban dentro de la ley
de presupuestos del Estado, aprobada por la Convención Nacional de
1846. Un año más tarde, el gobierno autorizó instalar tribunales mili-
tares que debían estar sujetos al Tribunal Civil.33 De esta forma se tenía
un mejor control de las causas judiciales en el ámbito militar y el erario
fiscal no se veía afectado, además se establecieron los niveles de las cau-
sas criminales por las cuales debía conformarse una corte marcial o una
corte superior. Con la reforma a la Ley Orgánica Militar en 1846, la
administración de justicia militar fue evolucionando y estableciéndose
de forma más rígida en el período marcista.34
encuentra deteriorado en la parte superior de sus páginas, por lo tanto, en algunos
casos no se puede determinar el día de su elaboración, sino solo el mes y el año.
30 Camilo Destruge, Urvina, el presidente: Biografía del general José María Urvina (Qui-
to: Banco Central del Ecuador, 1992), 69-70.
31 Sobre sectores populares e indígenas véase Galaxis Borja González, «Artistas,
artesanos, liberalismo y sociabilidades republicanas en el Ecuador, 1845-1859»,
Procesos: Revista Ecuatoriana de Historia, n.° 48 (2018): 44.
32 Teodoro Gómez de la Torre, Memoria de Guerra y Marina de 1853 (Quito: Impren-
ta del Gobierno, 1853), 2.
33 Para el funcionamiento de los tribunales militares se nombraron generales, jefes,
oficiales e individuos de tropa en servicio activo, en letras de retiro o de cuartel
para cumplir con las atribuciones de ministros, jueces, fiscales y amanuenses.
Véase José María Guerrero, Memoria de guerra y marina de 1846 (Quito: Imprenta
de José Joaquín Terán, 1846), 10.
34 Aunque se emplearon las ordenanzas militares españolas de 1808 para la adminis-
tración de la justicia militar en Ecuador. Véase España, Ordenanzas de S. M. para
el régimen, disciplina, subordinación y servicio de sus exercitos (Madrid: 1808); Teodoro
Gómez de la Torre, Memoria de Guerra y Marina de 1855 (Quito: Imprenta del
Gobierno, 1855), 9.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 21
En 1855, durante el gobierno de José María Urbina, se emitió una
nueva Ley Orgánica Militar que buscaba remplazar la de 1837. Entre las
modificaciones más importantes se encontraba colocar un fuero militar
conforme a las regulaciones de las ordenanzas españolas que determi-
naban el juzgamiento de los militares.35 Esta ley dispuso además fijar
un número máximo de mil doscientos (1200) hombres para formar el
ejército permanente, lo que provocó una reducción de la población mi-
litar, sobre todo a nivel de las compañías de batallones y escuadrones.36
Otro cambio sustantivo fue la ley de guardias nacionales de 1853 que
permitió al gobierno crear cuerpos auxiliares de Guardia Nacional en
la provincia de Guayaquil, con los cuales enfrentar una posible invasión
de Juan José Flores. Las guardias nacionales estuvieron integradas por
grandes propietarios y personas influyentes de las diferentes localidades.
Las reformas de los gobiernos marcistas se enfocaron además en la «na-
cionalización» de sus miembros.37
El Ejército marcista se acogió a la división territorial por depar-
tamentos, organizándose en distritos, correspondientes a las ciudades
principales de Quito, Guayaquil y Cuenca. Además, eliminaron las
comandancias de armas en las provincias, al ser consideradas un gasto
excesivo al erario fiscal,38 también redujeron de la lista militar y de
modo específico las plazas de generales y jefes, y dispusieron que los
coroneles en servicio activo adscritos al Ministerio de Guerra y Marina
debían someterse a un examen para evaluar sus conocimientos en las
ciencias de la guerra; una vez procesados los exámenes eran entregados
a la Convención Nacional para su consenso y se presentaba al Ejecuti-
vo, quien tenía la potestad de aprobar o desestimar la postulación del
militar.39
Además, emprendieron acciones para controlar el armamento dis-
ponible y verificar las existencias de los parques de armas de Quito,
35 Ayala Mora, Ecuador del siglo XIX, 141-2.
36 Ecuador, Decreto Ejecutivo, 15 de noviembre de 1856, pág. 309, [Link]
.[Link]/cgi/pt?id=inu.30000130631579&view=1up&seq=309.
37 Ayala Mora, Ecuador del siglo XIX, 116-9; Maiguashca, «El proceso de integración
nacional», 377.
38 Gómez de la Torre, Memoria de Guerra y Marina de 1855, cuadro 10.
39 Sobre el completamiento de las plazas de generales y coroneles según el pie de fuerza
del Ejército véase Gómez de la Torre, Memoria de Guerra y Marina de 1846, 2.
22 / Miguel Saldarriaga Viteri
Guayaquil y Cuenca.40 La ausencia de bodegas había producido daños
en los cañones y fusiles por permanecer a la intemperie y no contar
con el mantenimiento para su conservación, a esto se sumaba la mala
administración dentro de los parques. Este problema fue solucionado
en 1849 por la Convención Nacional que designó a un teniente coronel
como guardaparque y un teniente como ayudante.41
Los gobiernos marcistas gestionaron además una política educativa
al interior de las filas del Ejército, puesto que estaban convencidos de
que era un medio de cohesión del Estado útil para ganar adeptos en las
bases del cuerpo militar.42 Benigno Malo, quien asumió la Secretaría
de Guerra y Marina en 1849, impulsó las llamadas «escuelas primarias
en los cuerpos del ejército para levantar su nivel intelectual y preparar
su restauración moral».43 Con este fin contó con un presupuesto estatal
para, por ejemplo, edificar escuelas dentro de los cuarteles; también se
establecieron criterios de selección de la tropa para que estudien las pri-
meras letras en pos de estimular y mantener un mejor control social de
estos sujetos, acorde con la política de modernización que el régimen
marcista buscó implementar en Ecuador.44
Un factor decisivo en las reformas hechas al Ejército marcista fue-
ron las amenazas de invasión de Juan José Flores y posibles ataques de
40 Ibíd., 13.
41 Gómez de la Torre, Memoria de Guerra y Marina de 1849, 7.
42 Destruge, Urvina, el presidente, 197.
43 Julio Tobar Donoso, García Moreno y la instrucción pública (Quito: Editorial Ecua-
toriana, 1940), 27-8; Maiguashca, «El proceso de integración nacional», 379.
44 El analfabetismo al interior del Ejército fue generalizado, incluso en los sectores
medios de la jerarquía militar. En esta fecha, el ministro de Guerra y Mari-
na informaba que existía un déficit en la lecto escritura de los capitanes gra-
duados y tenientes para desempeñarse como escribientes, véase Manuel Gómez
de la Torre, Memoria de guerra y marina de 1848 (Quito: Imprenta Comercial,
1848), 3. Benigno Malo solicitó a la tesorería general que se asigne el presu-
puesto requerido para construir mesas y asientos para la escuela de primeras le-
tras del batallón n.o 2, de igual forma relataba que los individuos de tropa se-
leccionados fueron los mejores en las lecciones de tiro, véase Comunicado n.°
34, Quito, 01/1850. AH CEHE, FH, C8, CG y M a H. 1850-1851. Sobre las
prácticas de escolarización en el Ecuador decimonónico véase Rosemarie Te-
rán Najas, «La escolarización de la vida: El esfuerzo de construcción de la mo-
dernidad educativa en el Ecuador (1821-1891)» (tesis doctoral, Universidad
de Educación a Distancia de Madrid, 2015), 52, [Link]
eserv/tesisuned:Educacion-Rteran/TERAN_NAJAS_Rosemarie_Tesis. pdf.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 23
corsarios. Estas amenazas impulsaron la compra de armamento y uni-
formes, y la apertura de escuelas de entrenamiento militar.45 En 1851 la
artillería se constituyó en brigada con el propósito de defender Guaya-
quil.46 En 1853 la Escuela Náutica se abrió nuevamente para entrenar
oficiales en la guerra marina.47 En 1856 se designó una compañía de
caballería para la gendarmería en Guayaquil y Quito.48 En 1858, el ejér-
cito permanente contaba con el pie de fuerza de mil doscientos (1200)
hombres; sin embargo, los batallones se conformaron con mil treinta
(1030) soldados en sus filas,49 mientras que la Guardia Nacional se in-
tegraba con varios sectores de la población, lo que incorporaba a dieci-
siete mil cuatrocientos cincuenta y seis (17 456) hombres como fuerza
auxiliar del ejército permanente.50 No obstante, en 1859 el Gobierno
marcista no pudo mantener el control del país por medio de su fuerza
armada, lo que devino en el fraccionamiento territorial de Ecuador.51
Demostrando de este modo que los gobiernos marcistas no lograron
penetrar en las élites regionales ni locales, que disputaban con el poder
central el control sobre las clases subalternas.52
LAS GUARDIAS NACIONALES MARCISTAS
Igual que en Nueva Granada, al constituirse la República del Ecua-
dor se mantuvieron vigentes algunas de las leyes heredadas del período
45 Ayala Mora, Ecuador del siglo XIX, 109-15; Gabriel Urbina, Memoria de Guerra y
Marina de 1856 (Quito: Imprenta del Gobierno, 1856), 3. El 3 de abril de 1857, el
general Robles promulgó un decreto ejecutivo instaurando el primer reglamento
de uniformes militares de Ecuador, derogando el reglamento de divisas y uni-
formes militares del Ejército instaurado en la República de Colombia el 23 de
enero de 1826, véase Carlos Viteri, Calendario militar ecuatoriano (Guayaquil: Reed
y Reed, 1941).
46 Sobre la estructura de la Media Brigada de Artillería véase Guillermo Cabanellas,
Diccionario militar: Aeronáutico, naval y terrestre, t. 3 (Buenos Aires: Editorial Clari-
dad, 1961).
47 Gómez de la Torre, Memoria de Guerra y Marina de 1853, 8.
48 Urbina, Memoria de Guerra y Marina de 1856, 4.
49 Gabriel Urbina, Memoria de Guerra y Marina de 1858 (Quito: Imprenta de Bermeo,
1858), 2.
50 Ibíd., cuadro n.° 3.
51 Velasco, «Ejército y milicias del Estado ecuatoriano, 1830-1861», 152.
52 Ayala Mora, Ecuador del siglo XIX, 35.
24 / Miguel Saldarriaga Viteri
grancolombiano y otras desde la Colonia que habían configurado a la
Guardia Nacional como una estructura híbrida,53 siendo esto impor-
tante para la construcción de una ciudadanía liberal54 también en el
Ecuador marcista, se «movilizó a los sectores medios y plebeyos en las
ciudades y la población pueblerina del campo»55 con fines de fortalecer
las filas liberales. Las milicias fueron uno de los recursos que utilizaron
los gobiernos marcistas para asegurar el apoyo de sectores medios de la
población. Durante el marcismo, las milicias estuvieron integradas por
propietarios y vecinos, y se organizaron en tres distritos del país: los ba-
tallones de Quito, Imbabura y Guayaquil.56 Las milicias se encontraban
bajo el control directo de los gobernadores, de esta manera se impe-
día la intromisión de los comandantes del Ejército.57 Los cuerpos de la
Guardia Nacional se dividían entre milicia auxiliar y milicia urbana.
La primera debía conformarse en el momento en que se requiera para
apoyar las operaciones militares en todo el territorio; y la segunda tan
solo para la defensa y el control del orden público de las localidades.58
A diferencia del Ejército que, como hemos visto, sufrió una re-
ducción de su personal, las milicias se incrementaron en las diferentes
poblaciones, aun cuando carecían de instrucción militar y no poseían
asignación de sueldos.59 Los propios gobiernos marcistas fomentaron
53 Prado, «La organización de los ejércitos republicanos», 164.
54 James E. Sanders, «Ciudadanos de un pueblo libre: Liberalismo popular y raza
en el suroccidente de Colombia en el siglo XIX», Revista Historia Crítica, n.° 38
(2009): 179.
55 Maiguashca, «El proceso de integración nacional», 377.
56 Al batallón de Guayaquil se le designó el nombre Libertadores, en referencia al
batallón que se organizó el 9 de octubre de 1820, y con el inicio de la Revolución
Marcista se conformó con artesanos que se sumaron a la causa patriótica. Véase
Borja, «Artistas, artesanos», 30; Gómez de la Torre, Memoria de Guerra y Marina de
1848, 3.
57 La visión de los gobiernos marcistas fue obtener una guardia nacional al servicio
del país para enfrentarse a los conflictos internos y externos de Ecuador que lle-
ven consigo el programa liberal que se pretendió implantar por medio de asocia-
ciones y gremios que se sumaron a estos cuerpos; véase Sanders, «Ciudadanos de
un pueblo libre», 178.
58 Gómez de la Torre, Memoria de Guerra y Marina de 1848, 10.
59 Los batallones de guardia nacional de Guayaquil, Quito e Imbabura fueron los
únicos cuerpos que disponían de jefes en servicio activo, véase ibíd., 2.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 25
este crecimiento por medio de una serie de decretos y leyes.60 Durante
los gobiernos marcistas, las milicias jugaron un rol importante en la
dinámica de los levantamientos militares.61 En el conflicto contra el
vicepresidente Ascásubi en el año 1849, la Guardia Nacional fue su
mejor soporte para enfrentar la revolución. Las tropas que se recluta-
ron en Quito para defender la insurrección de Guayaquil fueron en su
gran mayoría milicias e individuos que fueron licenciados del cuerpo
permanente. También los miembros de la Escuela Filarmónica y «la
Sociedad de Historia e Idiomas advertían con levantarse en armas en
defensa del gobierno».62
Entre enero y febrero de 1850, el vicepresidente Ascásubi llamó al
servicio activo a varios jefes militares para conformar las milicias au-
xiliares y, junto al resto del ejército permanente, cercar Guayaquil con
las tropas organizadas por Ascásubi en Manabí, Guaranda, Riobamba,
Alausí y Cuenca.63 La designación de Diego Noboa como Jefe Supremo
en Guayaquil produjo la escisión entre elizaldistas y noboistas, con lo
que también los cuerpos de milicias se dividieron, por ejemplo, el bata-
llón de artesanos apoyaba a Elizalde.64
En 1858, unos meses antes de los levantamientos contra el Gobierno
de Robles, la Guardia Nacional mostraba dificultades en su estructura
organizativa y además sufría la falta de entrenamiento, sobre todo la
clase de oficiales de milicias.65 Por otra parte, los mandos del Ejército
tenían dificultades para controlar las guardias nacionales, que a menudo
60 En 1849, el gobierno prohibió al Ministerio de Guerra que los artesanos y músi-
cos sean incorporados a las milicias auxiliares y solo autorizó que sean parte de
las milicias urbanas con el fin de no afectar sus labores e impedir que abandonen
sus localidades. Véase Borja, «Artistas, artesanos», 31.
61 Gómez de la Torre, Memoria de Guerra y Marina de 1849, cuadro n.° 6.
62 Borja, «Artistas, artesanos», 37.
63 Sobre el llamamiento a servicio activo de oficiales y la organizar militar para blo-
quear la insurrección de Guayaquil véase Comunicados n.° 60 a 110, AH CEHE,
FH, Caja 8. CG y M a H. 1850-1851.
64 Borja, «Artistas, artesanos», 30.
65 A los milicianos que no asistían a los ejercicios doctrinales se los sancionaba con
la incorporación obligada al ejército permanente; esta penalidad, más que un
castigo, representaba un premio, ya que daba lugar a la veteranización del indivi-
duo y le permitía acceder a beneficios que por ley le correspondían. Véase Gómez
de la Torre, Memoria de Guerra y Marina de 1853, 4; Teodoro Gómez de la Torre,
Memoria de Guerra y Marina de 1854 (Quito: Imprenta del Gobierno, 1854), 3;
26 / Miguel Saldarriaga Viteri
mostraban su lealtad con los caudillos locales y no tanto con el poder
central. Por todas estas razones, en 1858 el coronel Gabriel Urbina, mi-
nistro de Guerra y Marina presentó la propuesta de organizar la milicia
auxiliar con soldados que se encontraban en «letras de retiro»,66 es decir,
los militares en retiro podían movilizarse junto con el ejército perma-
nente como milicianos cuando las operaciones militares lo requirieran;
y las milicias urbanas, apegadas a la ley, se mantenían en las localidades
para controlar el orden público, con la salvedad de emplearse como
milicia auxiliar cuando el país lo necesitara,67 mientras que la estructura
de poder de los propietarios locales permaneció igual.68
EL ESCUADRÓN TAURA
En 1851, el general José María Urbina decretó la manumisión de es-
clavos, que se hizo efectiva en 1852 y que otorgó una nueva condición
social a estas personas, quienes por su estatus de ciudadanos armados
se convirtieron en un importante apoyo al liberalismo radical del pre-
sidente Urbina. Algunos de los antiguos esclavos pasaron a conformar
las filas del escuadrón de lanceros n.° 2, Taura, cuyo nombre original
provenía de un escuadrón de Guardia Nacional de una localidad afro-
ecuatoriana en Guayaquil, creado en 1847.69 Urbina tomó este nombre
y creó un escuadrón que permaneció en la estructura militar hasta 1860
y que fue un importante aliado. Los tauras se componían por dos com-
pañías, la primera de carabineros y la segunda de lanceros.70 Debido a
Gabriel Urbina, Memoria de Guerra y Marina de 1858 (Quito: Imprenta de Ber-
meo), Decreto del 7 de marzo de 1857.
66 Cabe indicar que la situación militar de los miembros del Ejército se dividía de la
siguiente manera: 1. servicio activo, es el tiempo o período en el cual los militares
se sujetaban a las ordenanzas militares, obligaciones constitucionales y fueros; 2.
letras de retiro o letras de cuartel, es el período posterior al servicio activo, el
militar se acogía a la baja de la lista militar de forma voluntaria u obligatoria, con
goce de pensión por parte del gobierno y sin fuero; por otra parte se denominaba
letras de cuartel a aquellas que se entregaban a los coroneles y generales, y letras
de retiro eran aquellas entregadas al resto de jefes, oficiales y tropa.
67 Urbina, Memoria de Guerra y Marina de 1858, 3-4.
68 Ayala Mora, Ecuador del siglo XIX, 119.
69 Maiguashca, «El proceso de integración nacional», 378.
70 Gómez de la Torre, Memoria de Guerra y Marina de 1853, «Decreto ejecutivo de 30
de agosto de 1853».
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 27
su particular forma de combate, la caballería no contaba con una banda
de música, pero sí con trompetas que en su desplazamiento anunciaban
la carga de caballería,71 también empleaban lanzas de fácil elaboración
que no demandaban un costo elevado.72
Durante la presidencia de Urbina, el escuadrón Taura se instaló en
Quito. Su presencia no siempre fue vista con buenos ojos por los con-
temporáneos, quienes denunciaron agresiones y vejámenes contra la
población.73 Corrían también rumores sobre actos de criminalidad y
barbarie. Así, por ejemplo, en 1852 el sargento mayor, graduado de
teniente coronel, Francisco Javier Salazar, segundo jefe del escuadrón
de gendarmería de Quito, afirmaba que a su regreso a Guayaquil los
tauras habían raptado algunos niños para venderlos en las haciendas
de la Costa; declaraciones que provocaron su persecución por parte de
Urbina.74 También el padre Vicente Solano atestiguaba que los tauras
habían robado en la iglesia de San Diego en Cuenca.75
La comandancia de los tauras estuvo a cargo del teniente coronel
José Matías León, quien fue designado el 4 de abril de 1851.76 Los
tauras formaban parte de la Comandancia de Armas de Guayaquil, la
Comandancia General del Distrito de la ciudad y del Ministerio de
Guerra y Marina, en ese orden. En 1851, los tauras fueron la escolta de
Urbina para dirigirse hasta Quito y asumir el Gobierno de Ecuador.77
El primer jefe, el teniente coronel Matías León, era un hombre de con-
fianza y la tropa estaba conformada en su mayoría por libertos, aunque
71 Gómez de la Torre, Memoria de Guerra y Marina de 1854.
72 Ayala Mora, Ecuador del siglo XIX, 111.
73 José María Le Gohuir Raud, Historia de la República del Ecuador, t. 3, vol. 2 (Quito:
Biblioteca Grupo Aymesa, 1993), 81.
74 «Hoja de Servicios del coronel graduado de Artillería del Ejército, Francisco J.
Salazar». 04/08/1865, Archivo Nacional de Ecuador (ANE) Fondo Corte Supre-
ma (FCS), Sección General (SG), serie Milicias, caja n.° 26, expediente 15, folio
1; Francisco Javier Salazar, Quito en 1852 (Quito: Imprenta Manuel Rivadeneira,
1853), 17-8.
75 Manuel María Pólit, Cartas de Fray Vicente Solano de la orden de San Francisco al Dr.
José María Laso en los años de 1840 a 1856 (Quito: Imprenta del Clero, 1902), 254.
[Link] [Link]//handle/34000/18170.
76 Comunicado n.° 32, Quito, 04/04/1851. AH CEHE, FH, C8. CG y M a H.
1850-1851.
77 Destruge, Urvina, el presidente, 110.
28 / Miguel Saldarriaga Viteri
también se encontraban entre ellos algunos esclavos fugitivos.78 Los
miembros del escuadrón Taura gozaban de una condición especial. En
1851 sus oficiales fueron ascendidos por el mérito de sus servicios, sin
cumplir con el requisito de rendir pruebas de ascenso, mientras otros
sectores del Ejército veían sus filas reducidas, los tauras no se vieron
en la obligación de dar de baja a sus excedentes en las clases de tropa.79
Esto produjo conflictos con algunos mandos medios del Ejército, lo
que derivó en la persecución de varios militares, entre ellos el teniente
coronel Francisco Javier Salazar, quien había cuestionado los privilegios
que tenían los tauras dentro de la estructura militar.
LA CRISIS DE 1859 Y EL PAPEL DEL EJÉRCITO
EN LA CONTIENDA MILITAR
A finales de 1858, Ecuador atravesó por una coyuntura nacional e
internacional que desembocó en una crisis territorial y de gobierno. La
historiografía ha exhibido algunas razones de tipo interno y externo
que provocaron esta situación: por una parte, el Gobierno del general
Francisco Robles generaba insatisfacción dentro de los propios grupos
liberales y en el campo de la opinión pública. Por otro lado, la firma del
Tratado Icaza-Pritchet que cedía al Gobierno británico terrenos baldíos
en las provincias de la Amazonía activó el conflicto con Perú y provocó
el bloqueo de Guayaquil a finales de octubre de 1858.80 La reacción
del presidente Robles fue convocar a la Convención Nacional el 15 de
septiembre de 1858 y obtener facultades extraordinarias, a pesar de la
oposición de algunos miembros de la Asamblea, sobre todo de Pedro
Moncayo y Gabriel García Moreno. Entre octubre de 1858 y enero de
78 Sobre los reclamos de los propietarios al ramo de guerra solicitando una compen-
sación por los esclavos fugitivos que se unían al Ejército véase comunicado n.° 82,
Quito, 03/05/1851 AH CEHE, FH, C8. CG y M a H. 1850-1851.
79 Sobre el ascenso de oficiales y tropa pertenecientes al escuadrón Taura véase Li-
bro Copiador de Títulos (LCT) 1857-1861, AH CEHE, FV, Caja 6, Expediente,
125, f. 4, 7, 8; Cuadro n° 1, M.G. y M., 1857. BEAEP, Quito.
80 El Tratado Icaza-Pritchet fue firmado en Quito el 21 de septiembre de 1857 por
el ministro de Hacienda Francisco de Paula Icaza y Jorge Santiago Pritchet en
representación de los británicos en representación del reino británico, véase Ge-
naro Eguiguren, El Gobierno Federal de Loja: La crisis de 1858 (Quito: CEN, 1992),
53-6.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 29
1859, Robles —haciendo uso de las facultades extraordinarias— tras-
ladó la capital a Riobamba, decisión que le acarreó una fuerte crítica
en la opinión pública, en especial de la prensa opositora.81 La oposición
contra Robles se acrecentó por la sospecha sobre la negociación de las
islas Galápagos con Estados Unidos.82 La respuesta del gobierno fue
exiliar a los opositores, entre ellos Moncayo, García Moreno y el coro-
nel José de Veintimilla.83
El enfrentamiento con Perú produjo tensiones al interior del Ejér-
cito. El Gobierno ecuatoriano envió las fuerzas permanentes a Guaya-
quil y Cuenca, y llamó al servicio activo a las guardias nacionales de
Manabí, Guayaquil, Babahoyo y Machala, mientras que en las ciudades
de la Sierra fueron convocados los batallones de milicias para hacer
guarnición y conservar el orden público. No obstante, aun a pesar del
refuerzo militar en Guayaquil, Urbina no logró mantener el control
de la ciudad, en donde se produjeron sublevaciones y levantamientos y
exigieron la intervención de Guillermo Franco, comandante del Dis-
trito de Guayaquil.84
Las sublevaciones contra Robles también se produjeron en las ciu-
dades de la Sierra.85 Quito se sublevó el 1 de mayo de 1859 y nombró
a un gobierno provisorio conformado por Pacífico Chiriboga, Jeróni-
mo Carrión y Gabriel García Moreno, con sus respectivos suplentes.
Después de Quito siguió Cuenca el 6 de mayo de 1859, cuyas élites
decretaron la instalación de un gobierno autónomo de Cuenca, aun-
que al final se sumaron al gobierno provisorio. El 18 de septiembre
de 1859, la ciudad de Loja, insatisfecha con el Gobierno de Robles y
la gobernación de Cuenca debido a la baja asignación de recursos que
recibía, proclamó un gobierno federal. Sin embargo, con la sublevación
de Guillermo Franco contra Robles, el 2 de octubre Manuel Carrión
81 Wilfrido Loor, La victoria de Guayaquil (Quito: La Prensa Católica, 1960), 26.
82 Buriano, Navegando la borrasca, 32.
83 Loor, Cartas de García Moreno y sus asesinos, t. 2: 110; Loor, La victoria de Guayaquil,
32-4.
84 Sobre la sublevación del general Manuel Tomás Maldonado en contra del Go-
bierno de Francisco Robles véase Destruge, Urvina, el presidente, 206-7; Hender-
son, Gabriel García Moreno y la formación de un Estado conservador, 47.
85 En Quito, el batallón n.° 1 de milicias, bajo la dirección del segundo jefe, el
teniente coronel de milicias Rafael Salvador, desconoció a Robles y apoyó la
conformación de un triunvirato.
30 / Miguel Saldarriaga Viteri
Pinzano —por medio del periódico oficial— envió un comunicado
dirigido al gobierno provisorio en el que se suscribe a esa forma de
gobierno, siempre y cuando se reconozca su característica federativa
propuesta por la asamblea popular de Loja. Mientras que, en el mismo
espacio, declaró de forma abierta la oposición a Franco, quien días an-
tes, con una carta dirigida al gobernador de Cuenca, trató de unificar
la Sierra sur para enfrentarse al gobierno provisorio.
El papel del Ejército fue fundamental en los acontecimientos que
siguieron a los pronunciamientos de Quito, Cuenca y Loja. Urbina,
quien tenía el cargo de comandante en jefe del Ejército, envió a la
primera división del ejército permanente para aplacar el levantamiento
de Quito; la segunda división estuvo a cargo del general Guillermo
Franco en Guayaquil y debía hacer frente a un posible desembarco de
las tropas peruanas; mientras que el general Raimundo Ríos se encon-
traba en Cuenca, con la tercera división.86 Desde el bando contrario,
Rafael Carvajal organizaba a los milicianos de Ibarra y Quito en apoyo
al gobierno provisorio y a las tropas de García Moreno.87 La situación
militar entre los dos bandos era disímil. Las tropas de Urbina tenían
experiencia de combate y contaban con espías que informaban del mo-
vimiento de García Moreno, conocían además las ordenanzas militares
y contaban aún con el apoyo en las poblaciones de la Sierra. Por el
contrario, las fuerzas de García Moreno apenas pudieron entrenarse en
las tácticas militares.88
Otro factor importante en el desenlace de la crisis fue el apoyo del
mariscal Castilla y el bloqueo de Guayaquil.89 Al inicio de la crisis, el
gobierno provisorio contaba con una amplia aceptación en el norte
del país, y poco a poco esta se fue sumando en las demás ciudades de
86 Parte de combate en Tumbuco, citado en Destruge, Urvina, el presidente, 208.
87 «Parte oficial de combate en Camino Real», Libro de Partes de Combate del
Ejército ecuatoriano (LPC), AH CEHE, FV, C.11, E.160, f. 27.
88 El ejército conformado por el gobierno provisorio apenas disponía de tres gene-
rales, Antonio Martínez Pallares, Juan José Flores y Manuel Tomás Maldonado,
mientras el resto de oficiales que dirigían las tropas fueron mandos medios, en el
grado de teniente coronel: Francisco Javier Salazar, Secundino Darquea, Daniel
Salvador, Melitón Vera, Manuel Santos, Bernardo Dávalos, Rafael Salvador. Véa-
se Destruge, Urvina, el presidente, 206-7; Loor, La victoria de Guayaquil, 376.
89 Proclama en la Ría de Guayaquil. Guayaquil, 2 de julio de 1859, citado en Loor,
Cartas de García Moreno y sus asesinos, t. 2: 125.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 31
la Sierra. Mientras tanto, los ejércitos comandados por Robles, que se
habían concentrado en Guayaquil, se vieron obligados a reclutar mili-
cianos en la Costa, a la par que enfrentaban conflictos internos, como la
insurrección de la brigada de artillería, dirigida por el general Maldo-
nado, y el asesinato del teniente coronel Francisco Darquea, hermano
del teniente coronel Secundino Darquea.90 Algunos de los militares
separados del ejército de Robles se incorporaron además a las tropas de
García Moreno; así también los soldados y oficiales que habían pelea-
do junto a Franco en Babahoyo el 9 de agosto de 1860 y terminaron
engrosando las filas del gobierno provisorio.91 De igual manera, los
miembros de las milicias marcistas fueron incorporados a las filas del
gobierno provisorio y luego al ejército permanente, permitiéndoles as-
censos y gratificaciones militares.
La nueva relación de fuerzas le permitió a García Moreno llegar a un
acuerdo con Franco, quien se encontraba en Guayaquil, para finalizar
el conflicto y convocar a elecciones presidenciales. Pese a ello, Franco
aprovechó la situación para proclamarse jefe supremo de Guayaquil y
acordar un trato con Castilla para que le brinde protección a la ciudad
ante un posible ataque de Urbina. Frente a este nuevo orden de fuerzas,
Robles y Urbina deciden entregar el gobierno a Franco, lo que permi-
tió a Franco declararse jefe supremo de Ecuador.92
En enero de 1860, Castilla inclinó la balanza en favor de Franco y
lo reconoció como jefe supremo del Gobierno general de Ecuador a
cambio de negociar el Tratado de Paz, Amistad y Alianza entre las re-
públicas del Ecuador y Perú, que consistía en ceder a Perú los territorios
amazónicos disputados.93 La alianza entre Franco y Castilla dio paso a
firmar el Tratado de Mapasingue provocando que algunos líderes mili-
tares, por ejemplo el general Manuel Tomás Maldonado, se pasen a las
filas del gobierno provisorio mientras García Moreno firmaba acuerdos
y se consolidaba en la Sierra ecuatoriana. En Manabí, en julio de 1860,
90 LCT 1857-1861, AH CEHE, FV, C.6, E.125, f. 67-141; Loor, La victoria de Gua-
yaquil, 79-83.
91 LPC, AH CEHE, FV, C.11, E.160, f. 28. AH CEHE; Loor, La victoria de Guaya-
quil, 354.
92 Destruge, Urvina el presidente, 213; Loor, Cartas de García Moreno y sus asesinos, T2,
127, 39, 40; Loor, La victoria de Guayaquil, 76, 87-9.
93 Gomezjurado, Vida del hombre que honra al hombre , 211.
32 / Miguel Saldarriaga Viteri
las tropas se sublevaron contra Franco.94 En este escenario apareció de
nuevo la figura del general Juan José Flores, quien contaba con el apoyo
de García Moreno y varios miembros del gobierno provisorio. Flores
asumió la dirección del Ejército y lo organizó en dos divisiones. La
primera con García Moreno y la segunda bajo su mando.95 En agosto
de 1860, las tropas de Manabí se sumaron a las fuerzas del gobierno
provisorio en Ventanas y se convirtieron en la tercera división. Con
estos nuevos refuerzos Flores alcanzó en Babahoyo la victoria contra las
tropas de Franco.96 A la postre, el 24 de septiembre de 1860, Guayaquil
pronunció su adhesión al gobierno provisorio, lo que provocó la salida
de Franco y sus colaboradores a tierras peruanas, a la par que reorganizó
la relación de fuerzas y el apoyo de nuevos jefes militares al gobierno
provisorio.97
La adhesión de Guayaquil concretó el triunfo del gobierno provi-
sorio, que convocó enseguida a la Convención Nacional en enero de
1861, presidida por el general Juan José Flores.98 Restaurada la paz en
Ecuador, se impuso la difícil tarea de articular de nuevo al ejército per-
manente, acorde con los preceptos constitucionales que no habían sido
observados debido a las constantes revoluciones.
94 Loor, Cartas de García Moreno y sus asesinos, t. 2, 172, 190, 210-3.
95 Gomezjurado, Vida del hombre que honra al hombre, 233; Henderson, Gabriel García
Moreno y la formación de un Estado conservador, 64-5; Loor, La victoria de Guayaquil,
323.
96 Loor, Cartas de García Moreno y sus asesinos, t. 2, 237, 39, 53.
97 Por ejemplo, el 24 de septiembre de 1860, el capitán de navío Juan Manuel Úraga
combatió junto a Franco en Guayaquil, después de la derrota se unió al Gobierno
de García Moreno.
98 «Acta de instalación de la Convención Nacional del Ecuador de 1861», en Ecua-
dor, Diario de debates de la Convención Nacional de 1861 (Quito, 1861) (DDCN).
AH ANE, Quito.
CAPÍTULO SEGUNDO
LA ELABORACIÓN Y PROMULGACIÓN
DEL CÓDIGO MILITAR (1867-1869)
Este capítulo aborda los esfuerzos del Gobierno de García Moreno
para profesionalizar y modernizar el Ejército por medio de una ley
orgánica promulgada durante la Convención de 1861 y el empeño de
Ignacio de Veintimilla para constituir el Código Militar, elaborado y
promulgado entre 1867 y 1869. Estos esfuerzos no ocurrieron solo en
Ecuador, sino también en otros países latinoamericanos: en 1862 en
Colombia, en 1873 en Venezuela y en 1878 en Chile.99
La primera parte aborda la formulación y los objetivos de la Ley
Orgánica Militar con la que García Moreno buscaba contrarrestar las
amenazas de las fuerzas urbinistas, suprimir a los tauras y reorganizar la
artillería, para lo cual obtuvo el apoyo del general Juan José Flores y del
coronel Francisco Javier Salazar. En la segunda parte se revisan las con-
diciones políticas y militares que impulsaron el Código Militar duran-
te la década de 1860, las experiencias y los conocimientos adquiridos
por Gabriel García Moreno y otras autoridades del Ejército en países
vecinos sobre el funcionamiento de las Fuerzas Armadas. Por último,
99 Lucas Codesido, «Las ordenanzas militares de Carlos III en la justicia militar
argentina: Segunda mitad del siglo XIX», Revista Contemporánea, vol. 2, n.° 4
(2013), 1-24.
34 / Miguel Saldarriaga Viteri
en la tercera parte se discuten los debates en las cámaras de represen-
tantes que iniciaron en el año 1867 durante el gobierno de Jerónimo
de Carrión y que condujeron a su aprobación en el inicio del segundo
período de García Moreno.
LA LEY ORGÁNICA MILITAR Y EL PAPEL DEL EJÉRCITO
DURANTE EL PRIMER PERÍODO GARCIANO (1861-1865)
Según Van Aken, Gabriel García Moreno se apoyó en el Ejército para
construir su poder político en Ecuador.100 Para hacerlo tuvo que intro-
ducir un conjunto de reformas que permitieran, por un lado, desman-
telar a los sectores intermedios del Ejército (las guardias nacionales y el
escuadrón Taura) en los que se habían apoyado Urbina y Robles101 y, por
el otro, profesionalizar y promulgar una serie de normas para sujetarlo
al poder civil.102 A raíz de la crisis de 1859, la necesidad de disciplinar
al cuerpo armado resultaba fundamental para García Moreno; convenía
encontrar «una fuerza moral» para que los militares fuesen los guardianes
de los derechos constitucionales, mientras que las guardias nacionales pu-
diesen emplearse como soporte para el Ejército y garantizar el apego a la
autoridad civil por parte del conjunto de las Fuerzas Armadas.103
Tal como lo ha demostrado la historiografía sobre el período gar-
ciano, la Constitución de 1861 debía solucionar los problemas de le-
gitimidad del Estado frente a los poderes regionales y locales.104 Sin
embargo, esta Constitución garantizó la autonomía de las localidades
y provincias, por lo que el Gobierno de García Moreno demandó una
serie de alianzas con los distintos grupos, lo que a su vez le dificultó la
aplicación de sus planes centralizadores y modernizadores.105 La organi-
zación inmediata de las guardias nacionales exigió la incorporación de
los veteranos de guerra y propietarios con influencia local en la plana
mayor de los cuerpos del Ejército; de esta manera se buscaba crear un
100 Van Aken, El rey de la noche, 398.
101 Enrique Ayala Mora, Lucha política y origen de los partidos en Ecuador (Quito: UASB-E
/ CEN, 1988), 136; Maiguashca, «El proceso de integración nacional», 409.
102 Démelas y Saint-Geours, Jerusalén y Babilonia, 188; Henderson, Gabriel García
Moreno y la formación de un Estado conservador, 64.
103 Buriano, Navegando la borrasca, 35.
104 Maiguashca, «El proceso de integración nacional», 363, 83.
105 Henderson, Gabriel García Moreno y la formación de un Estado conservador, 82-8.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 35
espacio de negociación con las autoridades locales en lo que refiere al
control de la población. Del otro lado, el gobierno excluyó a segmentos
de la población afines al urbinismo, como los tauras, quienes no fueron
considerados en la formación de los cuerpos de milicias, ni sus reempla-
zos.106 Por otro lado, la Convención Nacional, presidida por Juan José
Flores, le garantizó el control de las Fuerzas Armadas y la capacidad
para realizar los cambios necesarios en su organización y disciplina.107
La Convención Nacional fue un momento clave en la reorganiza-
ción de las relaciones entre Estado y Ejército. En sus primeras sesiones
debatió la legalidad de los decretos emanados por el gobierno proviso-
rio entre 1859 y 1860. En lo que refería al Ejército, uno de los puntos
en disputa fue la vigencia de los ascensos decretados en combate a favor
de los oficiales que lideraron las unidades militares del gobierno provi-
sorio. La Constituyente de 1861 ratificó en la gran mayoría de casos los
grados militares obtenidos, previo un análisis de las hojas de servicio
militar.108 Los representantes además dieron paso a la Ley de Montepío
Militar que otorgaba una pensión mensual a las viudas e hijos de los
soldados que habían combatido desde el primero de mayo de 1859.109
La reforma más importante para iniciar el primer Gobierno de Gar-
cía Moreno fue la promulgación de la Ley Orgánica Militar de 1861 que
establecía la subordinación del poder militar al poder civil, puesto que
no debía atentar contra la Constitución ni deliberar sobre las órdenes
del gobierno. La Ley Orgánica dividía a la fuerza armada en terrestre
y marina, mientras que la fuerza terrestre se dividía, a su vez, en Ejér-
cito permanente y Guardia Nacional.110 A los comandantes generales
106 «Decreto Ejecutivo del 26 de octubre de 1860», Ministerio de Guerra y Marina,
Decretos y Acuerdos, marzo-septiembre 1852-1882, 21,22. AH CEHE, Quito.
107 «Decreto del vicepresidente de la República del 21 de abril de 1861», Minis-
terio de Guerra y Marina, Decretos y acuerdos, marzo-septiembre 1852-1882, 23.
AH CEHE, Quito.
108 Por ejemplo, para los comandantes Patricio Vivero e Isidro Viteri, este último
jefe superior de Loja, no fueron ratificados sus ascensos, dado que habían sido
partidarios de Urbina y Franco durante el conflicto de 1859, véase sesión del 15
de enero de 1861, DDCN, 1861, 30, 1. AH ANE, Quito.
109 «Decreto del 13 de febrero de 1861», Ecuador, Leyes y decretos expedidos por la Con-
vención Nacional de 1861, 100-3. AH ANE, Quito.
110 La Constitución de 1861 en el título sobre la Fuerza Armada, en el art. 100 tiene
similitud con el texto del art. 84 de la Constitución de 1843 y el art. 100 de la
36 / Miguel Saldarriaga Viteri
de los distritos se les delegó el control de las provincias en apoyo a las
autoridades civiles y se les facultó para «separar a los jefes y oficiales
que se hicieren indignos de la confianza del gobierno».111 Otro aspecto
que requería regulación y control fue la custodia del armamento como
medida para evitar insurrecciones. Al respecto, el gobierno decretó que
cada guardaparque entregue una garantía a la Junta de Hacienda y los
hizo responsables del material bélico, además de que debían atender a
su mantenimiento.112
La Ley Orgánica Militar de 1861 tenía el objeto de disolver a los
rezagos del anterior gobierno,113 sobre todo eliminar al escuadrón de
lanceros n.° 2, también conocido como escuadrón Taura.114 No obs-
tante, algunos de sus oficiales fueron reinscritos en la lista militar, por
ejemplo, el teniente coronel Rafael Barriga, quien durante el conflic-
to se había unido al Ejército del gobierno provisorio y en este nuevo
régimen pasó a ser el segundo jefe del primer regimiento de lanceros,
bajo el mando del coronel Bernardo Dávalos. La ley no solo aceptó los
ascensos de los combatientes aliados al gobierno provisorio durante la
crisis de 1859,115 sino también reconoció el triple de tiempo de servicio
activo por el año de guerra y otorgó una condecoración a los comba-
tientes del Paso del Salado del 24 de septiembre de 1860 en la ciudad
de Guayaquil. Esta gratificación incentivaba a los soldados a mantenerse
en servicio activo y acceder al grado superior en menor tiempo de per-
manencia en el Ejército.
Otra reforma importante fue la reducción de los soldados del cuerpo
permanente y su reemplazo con miembros de las guardias nacionales
con la finalidad de ahorrar recursos al erario fiscal y también instruir
a la población masculina en el uso de las armas.116 La ley de guardia
Constitución de 1851, en donde determinaron la norma expresa de ser obedientes
y no deliberantes.
111 «Ley Orgánica Militar del 27 de abril de 1861» (LOM), Ecuador, Leyes y Decretos
Expedidos por la Convención Nacional de 1861, 88-93. AH ANE, Quito.
112 Los parques de armas se mantuvieron en las ciudades principales y el abono como
garantía por la custodia del armamento se estableció con dos mil pesos.
113 Ayala Mora, Lucha política y origen de los partidos políticos en Ecuador, 136.
114 «Decreto de 8 de abril de 1861», Ecuador, Leyes y decretos expedidos por la Conven-
ción Nacional de 1861, 85. AH ANE, Quito.
115 LOM 1861, 93. AH ANE, Quito.
116 Henderson, Gabriel García Moreno y la formación de un Estado conservador, 108.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 37
nacional promulgada también en 1861 obligaba a todos los ecuatorianos
de entre dieciocho y cuarenta años a alistarse en los cuerpos de la mi-
licia y mediante un sorteo prestar servicios en el ejército permanente,
de forma sistemática por un tiempo no menor a cinco años.117 La selec-
ción de los nuevos milicianos se realizaba por medio de un sistema de
sorteos o de forma voluntaria; en este último caso, el voluntario podía
escoger el arma y la unidad militar a la que deseaba pertenecer.118 Esta
particularidad le permitía optar por un cuerpo que se encuentre ubica-
do cercano a su familia; por su parte, el gobierno reforzaba la estructura
militar, puesto que evitaba las deserciones, garantizaba la seguridad de
su localidad y a su vez el miliciano se convertía en representante del
Estado en ese punto focalizado.
Durante el gobierno de García Moreno, la estructura del ejército
permanente mantuvo la división jurisdiccional en tres comandancias
distritales: Quito, Guayaquil y Cuenca, Al interior de estos distritos
funcionaban las comandancias generales, cuya reglamentación, no obs-
tante, continuaba sujeta a las ordenanzas militares españolas de 1808.
Los cuerpos del Ejército se componían de tres batallones de infantería
que se encontraban distribuidos en Guayaquil y Quito, además de un
regimiento de artillería en Guayaquil, un regimiento de caballería y
una batería volante de artillería en Quito, y en Cuenca un piquete de
Guardia Nacional.
Por otra parte, las amenazas territoriales de Nueva Granada y los
intentos de invasión de Urbina obligaron al Gobierno de García Mo-
reno a organizar al Ejército en dos divisiones: la división de operacio-
nes, emplazada en Guayaquil y bajo la comandancia del general Juan
José Flores, y la división de reserva, apostada en Quito bajo el mando
del coronel Daniel Salvador, ministro de Guerra y Marina. A ello se
sumaban los cuerpos de Guardia Nacional activa que fueron movili-
zados desde las provincias del interior. En el Austro se estableció un
piquete de infantería para realizar la guarnición de las localidades de
Cuenca y Loja.119 La Ley Orgánica Militar también trató de conformar
117 Ayala Mora, Lucha política y origen de los partidos políticos en Ecuador, 137.
118 «Ley de Guardia Nacional del 14 de mayo de 1861» (LGN), Ecuador, Leyes y
decretos expedidos por la Convención Nacional de 1861, 86-8. AH ANE, Quito.
119 La división de operaciones incluía los batallones de infantería n.° 1 y n.° 2, el
regimiento de artillería y el regimiento de lanceros n.° 1 y n.° 3, junto a los
38 / Miguel Saldarriaga Viteri
un batallón de zapadores y artesanos con una organización similar a
la de un batallón de infantería, pero debido a las tensiones en las fron-
teras norte y sur este proyecto no logró concretarse, además de que el
gobierno prefería aumentar las plazas de los batallones de infantería
y escuadrones de caballería en lugar de implementar una unidad de
zapadores.120
Otra reforma inicial, muy importante del proyecto garciano, fue
trabajar en el imaginario social ecuatoriano direccionando la creación
de una identidad colectiva que, si bien se encaminó a la república ca-
tólica,121 también demostró una «profunda adhesión al ideal bolivaria-
no».122 Es desde esta óptica que puede leerse el acto de restitución de la
bandera colombiana, considerada como «un vínculo de unión con las
naciones hermanas que formaron la antigua y gloriosa República de
Colombia».123 Asimismo, el art. 131 de la Constitución de 1861 abrió
la puerta para convocar a una posible confederación con la antigua
Colombia, siempre y cuando el Congreso lo aprobara. Se suman a ello
los esfuerzos del Gobierno central para obtener un mejor control disci-
plinario de las tropas, entre los que puede mencionarse la eliminación
de los nombres de los batallones y regimientos para adoptar una deno-
minación numérica y menos compleja.124 Otro ejemplo fue el nuevo
reglamento de uniformes y divisas militares, con lo que el número
del cuerpo quedó materializado en la escarapela que formaba parte del
uniforme militar; cabe indicar que en esta normativa se retomaron las
insignias y los colores de los uniformes del Ejército colombiano de
1826.125
cuerpos de Guardia Nacional de las provincias del Litoral. La división de reserva
se conformó con el batallón de infantería n.° 3 y los batallones de veteranos n.° 4,
n.° 5 y n.° 6, la batería volante de artillería con cañones de montaña y el regi-
miento de lanceros n.° 2.
120 Comunicado n.° 157, 22/05/1862, Libro de Comunicaciones de la Gobernación
de Los Ríos. 1862, AH CEHE, FH, Caja 10, Expediente 24.
121 Maiguashca, «El proceso de integración nacional», 385-7.
122 Terán, La escolarización de la vida, 98.
123 El Nacional n.° 30. Quito, 10 de octubre de 1860.
124 Decreto del 9 de octubre de 1862, Ministerio de Guerra y Marina, Decretos y
acuerdos, marzo-septiembre 1852-1882, 30. AH CEHE, Quito.
125 Decreto del 4 de mayo de 1863, Ministerio de Guerra y Marina, Decretos y acuer-
dos, marzo-septiembre 1852-1882, 32-6. AH CEHE, Quito.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 39
Estas reformas también comprometieron al adoctrinamiento mili-
tar. Hasta mediados de siglo, la formación en la especialidad de infan-
tería y caballería empleaba reglamentos españoles de 1810, cuyos con-
tenidos ya no eran adecuados para las maniobras tácticas que requería la
política militar. Por otra parte, la artillería no disponía de reglamentos
de instrucción o de entrenamiento, y se basaba de forma crucial en los
acumulados de experiencia y pericias de los propios soldados para el
empleo de los cañones. Frente a estas carencias, el Gobierno de García
Moreno incorporó a la lista militar un profesor de Matemáticas para la
instrucción de la teoría y el cálculo de la proyección del tiro parabólico
de los cañones. Además, se creó la Escuela Regimental de Artillería en
1861, según lo dispuesto por el coronel Francisco Javier Salazar, quien
era el primer jefe del regimiento de artillería. La escuela debía formar
oficiales de artillería con jóvenes aspirantes de entre doce y dieciocho
años, que aprenderían los fundamentos doctrinarios y prácticos de los
obuses en un plazo de cuatro años y medio; adicionalmente recibi-
rían clases de Historia y Literatura, que eran asignaturas consideradas
modernas para la ciencia militar.126 Una vez más, los conflictos en la
frontera norte no permitieron poner en marcha la escuela, con lo cual
se hizo más imperante la necesidad de un colegio militar para entrena-
miento de oficiales de infantería, caballería y artillería, y la actualiza-
ción de la doctrina implícita de cada arma.127
Las ordenanzas militares españolas que regían el funcionamiento
administrativo, doctrinario y disciplinario del Ejército contemplaban
además sanciones disciplinarias que resultaban obsoletas para la segunda
mitad del siglo XIX, por ejemplo, existían castigos como la hoguera o
mutilaciones que ya no se empleaban en los tribunales de justicia, aun-
que podían ser impuestos por la corte marcial o el consejo de guerra.
Esto dificultaba la aplicación de sanciones disciplinarias, y en última
instancia el control sobre los sujetos militares.128
Al instaurarse el nuevo Gobierno, Gabriel García Moreno desvin-
culó de la institución militar a los altos mandos del Ejército, entre ellos
126 El Nacional n.° 45. Quito, 20 de junio de 1861.
127 Daniel Salvador, Memoria de Guerra y Marina de 1863 (Quito: Imprenta Nacional,
1863), 3.
128 Ibíd., 6.
40 / Miguel Saldarriaga Viteri
a los generales Raimundo Ríos, Guillermo Franco, Francisco Robles
y José María Urbina, mientras que los mandos medios, en especial te-
nientes coroneles, fueron incorporados y ascendidos a la jerarquía cas-
trense y pasaron a dirigir los batallones de infantería, la brigada de arti-
llería y los escuadrones de caballería. Entre los generales que apoyaban
a García Moreno se encontraban, además de Juan José Flores, Manuel
Tomás Maldonado y Antonio Martínez Pallares, este último de avan-
zada edad.129
Otro aspecto a tomar en cuenta es el que refiere al ejercicio de la
ciudadanía en las Fuerzas Armadas. Según la Constitución de 1861,
para ser ciudadano se debía «ser casado ó mayor de veintiún años y saber
leer y escribir»;130 a la vez que las elecciones se realizaban por medio de
sufragio directo y popular. Además, la Ley de Elecciones del mismo
año encargaba a los municipios la elaboración del registro de electores,
así como la inscripción anual de los ciudadanos.131 Esta reforma permi-
tió ampliar el cuerpo electoral del Ecuador decimonónico para dejar las
identidades provincialistas.132
La fuerza armada no quedó excluida de este derecho, a pesar de
las restricciones impuestas por la condición de la lectoescritura y la
edad mínima para obtener la ciudadanía. Según una disposición del
ministro del Interior de García Moreno, los miembros de la tropa po-
dían sufragar en la parroquia donde realizaban su guarnición; eran los
municipios los encargados de consolidar la lista de los sufragantes al
interior del Ejército.133 De este modo se fue estructurando un modelo
129 El general Antonio Martínez Pallares tuvo una actuación notable en la inde-
pendencia y se radicó en Ecuador, fue ministro de Guerra y Marina en varios
períodos, director del Colegio Militar fundado en 1838. En 1861, García Moreno
creía que por su avanzada edad no lo respetarían como comandante del distrito
de Guayaquil, por lo que ordenó que la comandancia en jefe del Ejército a cargo
de Flores se instale en esa ciudad.
130 Art. 8 de la Constitución de la República del Ecuador de 1861. Maiguashca, El
proceso de integración nacional, 395-409.
131 El Nacional n.° 46, 10 de julio de 1861.
132 Maiguashca, «El proceso de integración nacional», 400.
133 «Consulta elevada por el gobernador de esta provincia sobre si los soldados rasos,
cabos y sargentos pueden tener lugar á dar sus votos en las elecciones de senado-
res y representantes», 19 de abril de 1864, caja 26, expediente 14, folio 8. ANE,
Quito.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 41
de conciencia nacional acoplado a una ciudadanía estatal con los actores
que garantizaban la seguridad al Estado.134
LAS CONDICIONES POLÍTICAS Y MILITARES DURANTE
LA DÉCADA DE 1860 Y LA IMPRONTA DE GARCÍA MORENO
EN EL CÓDIGO MILITAR
En esta parte del capítulo se analiza la creación del Código Mi-
litar en Ecuador en el contexto del primer Gobierno garciano y el
interregno. Para ello es preciso atender a dos aspectos centrales: la ex-
periencia de Gabriel García Moreno en el ámbito militar adquirida
como resultado de los embates urbinistas, por un lado, y los conflictos
internacionales entre Ecuador y Nueva Granada, por otro, así como las
negociaciones diplomáticas internacionales a raíz del ataque de España
contra Perú y Chile.
En mayo de 1859, Gabriel García Moreno fue nombrado director
supremo de Guerra del gobierno provisorio con la tarea de enfrentar al
régimen de Robles y después cohesionar a un país desestructurado en
gobiernos regionales. Su responsabilidad era conseguir el apoyo de las
élites regionales, quienes le otorgarían hombres, armas, vestimentas y
provisiones para sostener el frente bélico del gobierno provisorio. Los
combates contra las fuerzas urbinistas entre 1859 y 1860 habían dejado
en claro la necesidad de consolidar una fuerza armada leal al proyecto
del gobierno provisorio, para lo cual era necesario centralizar el Ejérci-
to y obtener ante todo la lealtad de los mandos del cuerpo militar con
el fin de integrarse con los poderes locales para que estos se sujeten a
una agenda de estandarización de la normativa militar.135 Este fue el
escenario en el que Juan José Flores retomó el papel de líder militar
de Ecuador, pero subordinado al Gobierno de García Moreno, siendo
el encargado de mandar al Ejército y proteger la Costa de las posibles
invasiones del general Urbina desde Perú.
134 Sobre el modelo de la ciudadanía en el Ecuador decimonónico véase Terán, La
escolarización de la vida, 59.
135 Loor, Cartas de García Moreno y sus asesinos, t. 2: 203; Pedro Moncayo, El Ecuador
de 1825 a 1875. Sus hombres, sus instituciones y sus leyes (Quito: Editorial Casa de la
Cultura Ecuatoriana, 1979), 2: 63.
42 / Miguel Saldarriaga Viteri
El gobierno provisorio debió enfrentarse además a los conflictos
territoriales con Nueva Granada. En septiembre de 1859, el general
Tomás Cipriano Mosquera, gobernador del Cauca, tuvo la intención
de anexar Ecuador a Nueva Granada.136 Esta amenaza se mantuvo hasta
1862, cuando Mosquera, por medio de una revolución, asumió el Go-
bierno de los Estados Unidos de Colombia, lo que dio pie a una fuerte
oposición conservadora en su país.137 Julio Arboleda, líder conservador,
se ubicó en la frontera con Ecuador y utilizó al conflicto territorial
como una herramienta para debilitar al Gobierno de Mosquera.138 En
estas circunstancias, García Moreno procuró aliarse con Mosquera para
detener las tropas de Julio Arboleda, a la par que movilizó a las fuerzas
de la Guardia Nacional y los batallones del Ejército a la frontera norte
para evitar una posible invasión a Ecuador.139 Sin embargo, la mala pre-
paración de las milicias determinó la derrota del Ejército ecuatoriano y
la captura de gran cantidad de oficiales y tropa.140
Tras la derrota, García Moreno recompensó a los oficiales que ha-
bían colaborado para enfrentar a las tropas de Arboleda, a la par que
sancionó a los que habían impedido la conformación de la Guardia Na-
cional. La derrota, no obstante, le permitió evidenciar que el Ejército
ecuatoriano no estaba en condiciones para enfrentar amenazas externas
y que la instrucción de la milicia no era la deseada, razón por la cual en-
vió al batallón Baba, que era parte de la Guardia Nacional, a entrenarse
en Guayaquil, disponiendo que los vecinos y propietarios que impidie-
ron el reclutamiento de los milicianos cubran los gastos requeridos para
la instrucción.141
136 Buriano, Navegando. 33, 4.
137 Van Aken, El rey de la noche, 404, 5; Ignacio de Veintimilla, Memoria de Guerra y
Marina de 1865 (Quito: Imprenta Nacional, 1865), 5.
138 Comunicado n.° 320, 07/10/1862, AH CEHE, Libro de Comunicaciones de la
Gobernación de Los Ríos. 1862, AH CEHE, FH, Caja 10, E.24.
139 Henderson, Gabriel García Moreno y la formación de un Estado conservador, 126; «De-
creto del 6 de julio de 1862», Ministerio de Guerra y Marina, Decretos 1852-1882,
28. AH CEHE, Quito.
140 Para dejar libre a García Moreno y su tropa, Rafael Carvajal negoció con Julio
Arboleda la entrega de armas y pertrechos de guerra, aunque después de quedar
en libertad no se cumplió lo ofrecido a Arboleda. Véase Henderson, Gabriel Gar-
cía Moreno y la formación de un Estado conservador, 126-30.
141 Comunicado n.° 347, 8/11/1862, Libro de Comunicaciones de la Gobernación
de Los Ríos. 1862, AH CEHE, FH, C.10, E. 24.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 43
Durante el año 1863 continuaron los enfrentamientos fronterizos,
a pesar de la alianza entre los Gobiernos de Mosquera y García More-
no.142 El presidente de Ecuador trató de negociar un acuerdo enviando
a Antonio Flores Jijón como comisionado en Colombia y designando al
coronel Teodoro Gómez de la Torre como jefe militar de la frontera del
Carchi.143 En suma, optó por una ofensiva en territorio colombiano de
la cual Ecuador salió derrotado. La batalla de Cuaspud, acaecida el 6 de
diciembre de 1863, demostró de nuevo que la fuerza armada ecuatoriana
no estaba en condiciones de enfrentar un combate externo, entre otras
razones porque la mayor parte del ejército permanente se encontraba
estacionado en la Costa y solo las milicias habían acudido a la frontera
norte.144 Los conflictos internacionales demostraron a García Moreno
que la doctrina militar no estaba funcionando. Las derrotas militares
debilitaron su imagen pública y fortalecieron a Urbina y a los sectores
populares que aún lo apoyaban.145 Como una medida emergente para
controlar la situación, García Moreno designó nuevos jefes y oficiales de
su confianza y otorgó a la tropa del litoral un aumento de sueldo para
evitar que se unan a algún foco de insurrección externo o interno.146
En 1864, frente a las amenazas de un golpe de Estado de Urbina, Gar-
cía Moreno decidió nombrar al coronel Francisco Javier Salazar como
gobernador de Manabí para detener las presuntas movilizaciones.147 A la
cabeza de la oposición manabita se encontraban Eloy Alfaro y el coro-
nel Albán, mientras que en Quito conjuraba el general Manuel Tomás
Maldonado.148 Los levantamientos urbinistas se extendieron a Machala,
142 Buriano, Navegando, 42.
143 García Moreno designó al general Juan José Flores para dirigir al Ejército mien-
tras él empezó a reclutar las milicias en Imbabura. Véase Teodoro Gómez de la
Torre. Memorias inéditas del coronel Teodoro Gómez de la Torre (Quito: Imprenta y
Encuadernación Nacionales, 1920), 13.
144 Este conflicto finalizó en diciembre de 1863 por medio de la firma del Tratado
de Pinsaquí, en donde se estableció una alianza para mantener la amistad entre
los dos países. Véase Henderson, Gabriel García Moreno y la formación de un Estado
conservador, 137-42; Van Aken, El rey de la noche, 408.
145 Buriano, Navegando, 166; Destruge, Urvina el presidente,, 240.
146 Comunicado n.° 10, 10/01/1862, Libro de Comunicaciones de la Gobernación
de Los Ríos. 1862, AH CEHE, FH, C. 10, E. 24.
147 Destruge, Urvina, el presidente, 240-5.
148 Tatiana Hidrovo Quiñónez, Estado, sociedad e insurgencia en Manabí: 1860-1895
(Quito: UASB-E / CEN, 2018), 87-90.
44 / Miguel Saldarriaga Viteri
Santa Rosa y Loja, pero la rápida reacción de García Moreno y Flores
neutralizó a las fuerzas de Urbina.149 El 1 de octubre de 1864, en Santa
Rosa, Flores falleció, representando una pérdida grave para el gobierno.
Además de la oposición interna, García Moreno estaba consciente
del peligro de una insurrección del Ejército, por lo que buscó diferentes
métodos para cohesionar la fuerza armada. Puesto que la normativa no
podía limitarse al papel, sino que debía buscar la manera de aplicar el
modelo a la realidad, en varias ocasiones asumió él mismo el mando
del Ejército, «ganándose el apoyo de los generales conservadores con
medidas conservadoras».150 En 1865, el control sobre el Ejército se había
consolidado a tal punto que pudo controlar los rezagos de Urbina que
apoyaban la revuelta de los vapores «Washington» y «Guayas», a la par
que castigó de manera ejemplificadora a miembros de la oposición y
militares sublevados.151 La victoria de Jambelí del 26 de junio de 1865
permitió a García Moreno consolidar el control del país, lo que se tra-
dujo en el apoyo del Ejército y sus colaboradores. Aunque él no tuvo
formación castrense, se ganó la notoriedad de líder militar en Ecuador,
además de aprender y conocer la forma de aplicar las ordenanzas mili-
tares.152 Los conflictos bélicos en el país durante el primer período pre-
sidencial hicieron de García Moreno un líder fuerte que podía dirigir
y mantener el control del Ejército.153 En 1865, previo a entregar la pre-
sidencia, García Moreno se sujetó a la evaluación de su administración
en la Convención Nacional.154 Por sus acciones, los diputados preten-
dieron recompensar sus servicios a Ecuador otorgándole la jerarquía de
general en jefe del Ejército, cargo que no aceptó.155
149 Destruge, Urvina, el presidente, 245-50; Van Aken, El rey de la noche, 409-41.
150 Henderson, Gabriel García Moreno y la formación de un Estado conservador, 158; Van
Aken, El rey de la noche, 413.
151 Urbina fue derrotado en el combate de Jambelí, los líderes y adeptos urbinistas
fueron fusilados sin un consejo de guerra, se aplicaron las ordenanzas militares es-
pañolas para sancionar a los insurrectos de forma directa. Véase Destruge, Urvina,
el presidente, 251-62; Gomezjurado, Vida del hombre que honra al hombre, 359-72.
152 Henderson, Gabriel García Moreno, 156-8.
153 Destruge, Urvina, el presidente, 243.
154 Gomezjurado, Vida del hombre que honra al hombre, 378-9.
155 García Moreno asumió que esos nombramientos debían ser para los militares de
carrera. Véase Loor, Cartas de García Moreno y sus asesinos,, t. 3: 320.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 45
Durante el interregno, García Moreno fue nombrado miembro de
la legación de Ecuador en Chile para «coordinar estrategias de respuesta
en caso de una amenaza futura».156 Si bien es cierto que las agresiones
de España contra Chile y Perú habían concluido, aún seguía latente la
amenaza de una nueva invasión europea. En estas circunstancias García
Moreno pudo relacionarse con los presidentes de Chile y Perú, y sobre
todo observar y aprender de las crisis producidas por las sublevaciones
militares; en Perú, las actuaciones con rigor y prontitud del jefe supre-
mo peruano. En Chile conoció las fortificaciones construidas en Val-
paraíso para la defensa de las costas y siguió de cerca las negociaciones
llevadas durante la guerra con Paraguay desde finales de 1864 hasta
mayo de 1866.157
En su calidad de representante diplomático ante el Gobierno de
Chile, García Moreno no perdió de vista las actividades de los enemi-
gos internos y externos del Gobierno ecuatoriano; trató de obtener la
información necesaria sobre la instrucción militar de Perú y Chile y de
esa manera «apoyar el gobierno y sostener el orden»158 en Ecuador. Su
propuesta fue construir un soporte bélico que permitiera la defensa de
Guayaquil en el caso de futuros conflictos territoriales.159
En 1867, García Moreno fue requerido, después de todo, por el
Gobierno del presidente Jerónimo Carrión para enfrentar la oposición
generada dentro de las propias filas militares tras el bloqueo de la Con-
vención Nacional por parte del batallón de Quito.160 Carrión le ofreció
a García Moreno el título de coronel de milicias y lo nombró coman-
dante en jefe del Ejército. Este nuevo cargo, que ostentó sin aceptar los
grados militares, le permitió desarmar la oposición urbinista,161 a la vez
que le permitió incidir de forma directa en las decisiones del presidente
Carrión para que renuncie a su cargo y convoque a nuevas elecciones.162
156 Henderson, Gabriel García Moreno y la formación de un Estado conservador, 161.
157 Loor, Cartas de García Moreno y sus asesinos, t. 3, 336.
158 Ibíd., 343; Moncayo, El Ecuador, t. 2, 119-20.
159 Loor, Cartas, t. 3, 331.
160 José María Le Gohuir Raud, Historia de la República del Ecuador (Quito: Biblioteca
Grupo Aymesa, 1993), 4: 324-8; Moncayo, El Ecuador, t. 2, 121-6.
161 Loor, Cartas de García Moreno y sus asesinos, t. 3, 381.
162 Moncayo, El Ecuador, 127-9; Alcance a El Nacional, n.° 303, Quito, 8 de noviem-
bre de 1867; Henderson, Gabriel García Moreno y la formación de un Estado conserva-
dor, 163-6.
46 / Miguel Saldarriaga Viteri
En enero de 1868, los miembros de la convención eligieron a Javier
Espinosa como nuevo presidente.
Las experiencias y los aprendizajes políticos y militares adquiridos
por García Moreno, desde la crisis de 1859 hasta su retorno a las pri-
meras filas de la escena política nacional en 1867, fueron decisivas al
momento de impulsar una reforma del Ejército. A ello se sumó la leal-
tad de importantes jefes militares que permanecieron a su lado desde
finales de la década de 1850, muchos de los cuales habían ascendido a
coroneles y generales durante los diez años de régimen garciano.163 Por
otra parte, García Moreno y sus ministros estaban conscientes de la ne-
cesidad de institucionalizar las normas y doctrinas militares, introducir
reformas para evitar las constantes deserciones y disciplinar a la Guardia
Nacional.164 Este cúmulo de experiencias bélicas en el país generaron
los primeros debates en la Convención Nacional para crear un código
militar, aun cuando las tensiones entre el Legislativo y el Ejecutivo
obstaculizaron los primeros intentos de su promulgación.
LOS DEBATES ALREDEDOR DE LA PROMULGACIÓN
DEL CÓDIGO MILITAR (1867-1869)
En este acápite se abordan los debates que se produjeron al interior
de la Cámara de Diputados entre los meses de septiembre y noviembre
de 1867, y la consecuente promulgación del Código Militar en mayo
de 1869.
La necesidad de reformar las ordenanzas militares fue motivo de
debate desde mediados de 1866, cuando el presidente Jerónimo Ca-
rrión anunció su proyecto de codificación en un mensaje dirigido a los
miembros del Congreso, y que se publicó en el diario El Nacional.165
Según el presidente, la reforma debía modernizar la organización del
Ejército, establecer la correlación y armonía con los preceptos consti-
tucionales y obtener una mejora social al interior de sus miembros. En
163 Destruge, Urvina, el presidente, 249; Ignacio de Veintimilla, Memoria de Guerra
y Marina de 1867 (Quito: Imprenta Nacional, 1867), 5-13; El Nacional n.° 276,
Quito, 23 de abril de 1867.
164 Polanco, Entretelones, 33; Henderson, Gabriel García Moreno y la formación de un
Estado conservador, 109.
165 El Nacional n.° 294. Quito, 31 de agosto de 1867.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 47
septiembre del mismo año, el entonces ministro de Guerra y Marina,
coronel Ignacio de Veintimilla, presentó a la Cámara de Diputados el
proyecto de código militar,166 que había sido redactado por el general
Antonio Farfán y que contenía diez tratados distribuidos en doscien-
tas ochenta páginas y quince anexos de formularios de inspección.167
Para la discusión del texto se creó una junta codificadora de las orde-
nanzas militares integrada por los generales Antonio Farfán, José Ma-
ría Guerrero y Martínez de Aparicio, los coroneles Manuel Guerrero,
Gualberto Pérez, Antonio José Mata, Francisco Javier Salazar, Agustín
Guerrero y Manuel Salazar.168
Los debates sobre la propuesta codificadora iniciaron el 11 de sep-
tiembre de 1867 en la Cámara de Diputados, con la lectura del informe
de la Comisión de Guerra y persistieron durante los meses restantes del
año. El primer punto en la controversia fue el financiamiento de dicha
junta por parte del erario público, en especial lo que correspondía al
pago de los honorarios, materiales de trabajo y personal. El represen-
tante Manuel Sáenz objetó, sin embargo, que por su extensión el Có-
digo Militar no podía ser analizado en detalle por la Cámara, y pidió
la creación de una comisión especial que lo examine con detenimiento
y lo proponga a discusión en una sesión posterior.169 A la propuesta de
Sáenz se sumaron otras voces como las del diputado Julio Castro, quien
insistió en la necesidad de sancionar el código en la legislatura presente;
también otros diputados mostraron su interés por no dilatar la discusión
del código e incluso enfatizaron en su urgencia.
La objeción de mayor peso giró alrededor de la pregunta sobre cuál
de los poderes del Estado estaba encargado de realizar reformas codifi-
cadoras. Algunos representantes afirmaban que el Supremo Tribunal de
166 En agosto de 1867, el ministro de Guerra y Marina recibió el proyecto del Có-
digo Militar para revisar y analizar el documento, el 5 de septiembre entregó
el proyecto del Código Militar al secretario de la Cámara de Diputados para su
discusión, véase El Nacional n.° 297, 21 de septiembre de 1867.
167 M. G y M., 1867, 13, 4.
168 Sobre el listado de los generales y coroneles nombrados véase El Nacional n.° 276,
23 de abril de 1867.
169 Ecuador, «Sesión del 9 de septiembre de 1867», Diario de Debates de la Cámara del
Senado de 1867 (Quito: 1867), 38; Ecuador «Sesión del 11 de septiembre de 1867»,
Diario de Debates de la Cámara de Diputados de 1867 (Quito: 1867), 79-80. AH
ANE, Quito.
48 / Miguel Saldarriaga Viteri
Justicia por medio de un decreto legislativo del 26 de octubre de 1855
era el encargado de la formulación y reforma de los códigos nacionales.
Después, en noviembre se creó, por medio de un decreto, la Comisión
Codificadora encargada de discutir y acordar las reformas, entre esas la
del código militar, en la cual debían participar dos jefes del Ejército en
servicio activo nombrados por el Ejecutivo.170
Durante los siguientes meses, la Comisión Codificadora no llegó a
reunirse, entre otras razones, porque no tenía un lugar físico para ello.171
La primera reunión de la Comisión Codificadora se realizó el 10 de
febrero de 1868 y en ella se designaron las funciones de los miembros,
pero no así de los jefes del Ejército encargados de la formación del Có-
digo Militar. Durante 1868, la Comisión Codificadora se encargó de
discutir el Código Civil y Penal y el Código de Enjuiciamientos.172 Al
final, por disposición del Gobierno interino de Gabriel García Moreno,
la Comisión Codificadora fue disuelta el 13 de febrero de 1869, por lo
que la promulgación del Código Militar quedó pendiente para el nuevo
gobierno.
En tanto, la ausencia de centros de formación militar permitió al
ministro de Guerra y Marina, el coronel Francisco Javier Salazar, pro-
mover el reglamento del servicio mecánico de los cuerpos del Ejército
para regular las actividades en el interior de los cuarteles y garantizar
ciertos niveles de uniformidad. Previo a ello no existían disposiciones
legales sobre las obligaciones militares; razón por la cual el Gobierno
de García Moreno fue enfático en «fomentar la instrucción que deben
adquirir los oficiales e individuos de tropa para desempeñar con acierto
sus deberes militares y de ciudadanos».173
170 El Nacional, «Decreto estableciendo en la capital de la República una comisión
codificadora, 30 de octubre de 1867», El Nacional n.° 303, 6 de noviembre de
1867.
171 Ibíd., n.° 311, 14 de enero de 1868.
172 El 10 de febrero se instaló la Comisión Codificadora, nombrando como secreta-
rio al doctor Modesto Espinosa y como amanuenses a Mariano Villalba y Moisés
Jaramillo. Véase Ibíd., n.° 316, 15 de febrero de 1868; n.° 317, 22 de febrero de
1868; n.° 328, 6 de junio de 1868; n.° 350, 22 de diciembre de 1868.
173 «Reglamento para el Servicio Mecánico de los Cuerpos del Ejército», 22 de
noviembre de 1867, Ministerio de Guerra y Marina, Decretos 1852-1882, 52.
AH CEHE.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 49
El reglamento establecía normas de comportamiento social de los
oficiales y de la tropa, tanto en la vida de cuartel como en la vida
civil, combinaba la enseñanza de materias como Legislación Militar,
Escritura de Epistolarios, Documentos Oficiales, Gramática y Geogra-
fía del Ecuador y los Estados Unidos de Colombia, con la instrucción
de armas y ejercicios tácticos de tiro, y marchas durante los fines de
semana. Mientras que los capitanes recibían una instrucción aparte en
materias como Historia de Colombia y de Ecuador, dado que eran los
instructores de los oficiales de menor jerarquía y de los individuos de
tropa. La finalidad de esta normativa fue fortalecer la institucionalidad,
puesto que los capitanes instruían a los oficiales de rangos inferiores,
con ello fomentaban la instrucción militar y la disciplina social dentro
y fuera de los cuarteles, debido a que la Guardia Nacional también se
enrolaba al entrenamiento y se vinculaba con la forma de obtener un
ciudadano disciplinado que fuese capaz de portar un arma en defensa
del Estado. Al igual que en el caso de la bandera colombiana, con esta
normativa se fomentó el ideal bolivariano; los militares se sentían parte
de una gran nación: la colombiana, a la vez que garantizaban la defensa
de la soberanía nacional.174
Durante el gobierno de Javier Espinosa, la Comisión Codificadora
no logró examinar el Código Militar, sin embargo, desde el Ejecutivo se
impulsaron otras reformas importantes, dirigidas a mejorar el control del
armamento, su mantenimiento y conservación.175 En febrero de 1868, el
gobierno instituyó además una sección de contabilidad, independiente
del Ministerio de Hacienda, encargada de la administración del pago de
sueldos a la fuerza armada, del presupuesto para alimentación, adquisición
174 El reglamento disponía a los oficiales subalternos cumplir la función de instruc-
tores para cimentar una mejor relación con la tropa, además de establecer la dife-
renciación de la tropa que no sabía leer ni escribir para desarrollar la instrucción
primaria en los cuarteles. Véase Ibíd., 52-67, «Programa que debe observarse en
los cuerpos del Ejército en la instrucción primaria». AH CEHE.
175 Por medio de este reglamento el Ministerio de Guerra y Marina instauró la fun-
ción del comisario de artillería para controlar el registro y la organización del
material bélico que llevaban los guardaparques, con el objeto de que los encarga-
dos conozcan sus responsabilidades y las actividades correspondientes al manteni-
miento y preservación del armamento existente. Véase «Reglamento de Cuenta y
Razón de los parques de artillería», El Nacional n.° 309, 25 de diciembre de 1867;
Ibíd., n.° 312, 18 de enero de 1868.
50 / Miguel Saldarriaga Viteri
de pertrechos, pensiones de montepío, letras de cuartel y retiro, así como
la inversión en armamento o fortificaciones de los cuarteles.176 En conse-
cuencia, los gastos e inversiones estaban ligados de primera mano al pre-
supuesto militar que, una vez evaluado por el legislativo, debía ser inclui-
do sin objeciones en el presupuesto militar como parte del presupuesto
general del Ministerio de Hacienda. Estas reformas fueron decisivas en el
momento en que Gabriel García Moreno asumió la jefatura civil y mili-
tar de Imbabura tras el terremoto de 1868. Gracias a ellas, García Moreno
pudo reclutar las guardias nacionales de los alrededores y encomendarles,
junto al Ejército, las tareas de rescate de personas, brindar seguridad a
la población para evitar saqueos y reconstruir la población de Ibarra.177
Estos trabajos fueron compartidos con el coronel Francisco Javier Salazar
y permitieron a García Moreno captar una vez más los apoyos de las po-
blaciones y del interior del Ejército ecuatoriano.178
Tras el golpe de Estado perpetrado por García Moreno en la noche
del 16 de enero de 1869, con el apoyo de batallón que realizaba guarni-
ción en Quito y los generales Secundino Darquea, Julio Sáenz y el coro-
nel Francisco Javier Salazar, el caudillo retomó el control del Ejército.179
Estas acciones le facultaron para que pocos días antes de entregar la pre-
sidencia interina a su cuñado, Manuel Ascásubi, García Moreno sancione
el primer código militar de Ecuador el 14 de mayo, sin necesidad de la
aprobación o refutación de la Convención Nacional de ese año,180 con el
objetivo de llevar a la práctica el proyecto político centralizador que no
había podido concretarse a inicios de la década de 1860.181
176 Ibíd., n.° 311, 14 de enero de 1868; Ibíd., n.° 317, 22 de febrero de 1868; «Decreto
Ejecutivo reglamentando la Sección de Contabilidad en el Ministerio de Guerra»,
Ibíd., n.° 318, 29 de febrero de 1868; Ibíd., n.° 319, 7 de marzo de 1868.
177 Loor, Cartas de García Moreno y sus asesinos, t. 4: 32, 49, 59, 63-4, 176; El Nacional,
n.° 336, 15 de agosto de 1868.
178 Romero y Cordero, El Ejército en 100 años, 256-8.
179 García Moreno fue declarado presidente interino, luego entregó el poder a Ma-
nuel Ascásubi, mientras él cumplió las funciones de ministro de Hacienda y de
general en jefe del Ejército. Véase Loor, Cartas de García Moreno y sus asesinos, t.
4, 96-8; Gomezjurado, Vida del hombre que honra al hombre, 416-7; El Nacional, n.°
354, 29 de enero de 1869; Ibíd., n.° 355, 1 de febrero de 1869; Ibíd., n.° Extraor-
dinario, 19 de mayo de 1869.
180 El Nacional, «Decreto aprobando el proyecto del Código Militar, formado por la
comisión encargada de reformar las ordenanzas», El Nacional, n.° 369, 22 de mayo
de 1869.
181 Maiguashca, «El proceso de integración nacional», 383.
CAPÍTULO TERCERO
EL CONTENIDO DEL CÓDIGO MILITAR:
RUPTURAS Y CONTINUIDADES
El Código Militar, aprobado en mayo de 1869 por la Cámara de Di-
putados, consistió en la recolección, actualización y homogeneización
de leyes, reglamentos, instrucciones y órdenes generales sobre la vida
militar. El código plasmó la necesidad del Gobierno de García Moreno
de establecer un conjunto de normas claras que regulen la institución
militar, se acoplen al sistema ecuatoriano y permitan la subordinación
y supervisión de los militares al ente estatal, ya que uno de los objetivos
de García Moreno era «evitar complots y maquinaciones de algunos de
sus miembros más turbulentos»182 y controlar situaciones de inestabili-
dad política, sobre todo interna.
El presente capítulo se divide en cinco acápites. El primer acápite
describe la estructura y los contenidos del Código Militar, examina las
rupturas, pero también las continuidades heredadas de las ordenanzas
españolas de Carlos III. En el segundo acápite se examinan las modi-
ficaciones introducidas por el código en lo referente a la estructura y
jerarquía militares con la finalidad de salvaguardar los conflictos inter-
nos. El tercer acápite explica la función de las guardias nacionales para
controlar las poblaciones, en especial sus funciones de tipo policial. El
182 Henderson, Gabriel García Moreno y la formación de un Estado conservador, 193-5.
52 / Miguel Saldarriaga Viteri
Código Militar contemplaba la profesionalización de los militares para
fortalecer la doctrina militar y moral de la oficialidad ecuatoriana y que
los cuerpos militares se conviertan en multiplicadores de la presencia es-
tatal en el territorio. Este es tema del acápite cuarto, en donde se exami-
na la conformación de la Escuela Práctica de Cadetes. El último acápite
trata del alcance del código para controlar no solo a la población militar,
sino también levantamientos e insurrecciones de la población civil.
LA REORGANIZACIÓN DE LA VIDA MILITAR
El proyecto garciano se consolidó con la Constitución de 1869. Esta
carta magna permitió a García Moreno imponer los intereses del poder
central sobre los poderes regionales y locales, puesto que el Ejecutivo
tenía la potestad de nombrar y remover a autoridades civiles, como go-
bernadores, jefes políticos y tenientes parroquiales, con lo cual las pro-
vincias quedaban sujetas al control directo del Ejecutivo. El proyecto
centralizador garciano demandaba también la integración de los aspec-
tos militares y sociales. A partir de esta necesidad se desprendieron los
proyectos de codificación militar y civil, impulsados por el Ejecutivo.183
El Código Militar fue sancionado en 1869, pero su aplicación y
difusión iniciaron recién a mediados de 1871. Para su promulgación
y posterior implementación, García Moreno se apoyó en los generales
Francisco Javier Salazar y Secundino Darquea, quienes mostraron ade-
más gran interés por el desarrollo militar en países extranjeros y busca-
ron incorporar las novedades europeas y norteamericanas a la práctica y
doctrina militar ecuatoriana.184
El código está firmado por el presidente, el entonces ministro de
Guerra y Marina —el general Darquea, a pesar de no haber participado
183 Maiguashca, «El proceso de integración nacional», 364-5, 94.
184 Francisco Javier Salazar escribió diversas obras de interés militar como Táctica
de artillería aplicada a las circunstancias topográficas del Ecuador en 1861; Instrucción del
tiro de las armas de precisión, compilada y dispuesta para texto en la instrucción de
guerrilla por el capitán general español Márquez del Duero aumentada en varios
despliegues, cambios de frente y formación de grupos y publicada en 1863; Táctica
de infantería en 1869, entre otras de mucha importancia para el entrenamiento de
la fuerza armada ecuatoriana. Véase Francisco Javier Salazar, Memoria de Guerra
y Marina de 1871 (Quito: Imprenta Nacional, 1871), 2; Francisco Javier Salazar,
Memoria de Guerra y Marina de 1873 (Quito: Imprenta Nacional, 1873), 2.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 53
en su promulgación—, firman también los representantes de la Con-
vención Nacional: el presidente, Rafael Carvajal, y el secretario, Víctor
Laso.185 Su implementación fue bien recibida por la jerarquía militar, ya
que estaba mejor estructurado que las normativas anteriores y sus dis-
posiciones penales acomodadas en un solo cuerpo.186 El código derogó
una parte de las reales ordenanzas militares españolas, sancionadas el
18 de marzo de 1808,187 aunque otras permanecieron en el texto, sobre
todo las que refieren al régimen de los cuerpos, es decir, a la disposición
de las tropas en momentos de conflictos internos o externos, así como
los principios de subordinación, disciplina militar y el servicio.188
El gobierno necesitaba una fuerza armada confiable, disciplinada,
capaz de actuar de inmediato en conflictos internos o externos y que le
garantizara al Estado el ejercicio de la soberanía nacional y la jurisdic-
ción territorial de forma íntegra. Bajo estos preceptos se implementó
un conjunto de medidas orientadas a mejorar la disciplina y la moral de
los soldados, así como su formación y control por parte de las jerarquías
militares. Los oficiales tenían la obligación de instruir a sus subordi-
nados en las cualidades mencionadas, los soldados debían establecerse
como ciudadanos, acorde a las normas constitucionales para mantener
la paz y el orden internos en Ecuador. Con esto los militares, al ser re-
presentantes del Estado en el país, debían conservar su reputación en la
sociedad y conservar sus deberes ciudadanos y castrenses.189
185 Ecuador, Código Militar de la República del Ecuador (CME), Decretado por la Con-
vención de 1869. AH CEHE, Quito.
186 Francisco Javier León, Memoria del ministro del Interior de 1871 (Quito: Imprenta
Nacional, 1871), 5.
187 Ecuador, CME, 280.
188 Fernando de Salas López, «El Ejército español y los Ejércitos hispanoamericanos»,
Revista de Política Internacional, n.° 150 (1977): 67.
189 Los militares debían actuar conforme lo establecido en la Constitución de 1869,
sus deberes ciudadanos debían tener concordancia con el inciso tercero del
art. 13 de la Carta Magna, con el cual suspendían los derechos de ciudadanía a
los ebrios. Por lo tanto, al pasar las revistas de comisario en las diferentes plazas
de Ecuador, los comandantes de distrito podían disponer que se les suspenda el
pago de sus sueldos hasta que certifiquen su recuperación social. Véase Gabriel
García Moreno, Mensaje del Presidente de la República al Congreso Constitucional de
1871 (Quito: Imprenta Nacional, 1871), 11; «Decreto suspendiendo los derechos
de ciudadanía a los ebrios del Ejército», MG y M 1871. AH CEHE, Quito.
54 / Miguel Saldarriaga Viteri
El código está estructurado en diez tratados que regulan aspectos
centrales del funcionamiento de la institución militar: la estructura
y organización del Ejército, las funciones y obligaciones de los altos
mandos de la jerarquía institucional, las actividades de la guardias na-
cionales y de los otros cuerpos militares, incluidos aquellos funciona-
rios designados por el Ejecutivo, la realización de actos celebrativos y
religiosos, el control sobre las asignaciones financieras y la creación de
una caja de ahorros en concordancia con la Ley de Montepío Militar,
las atribuciones de los altos mandos militares, la puesta en práctica de
leyes y consejos militares y la profesionalización de los miembros del
Ejército. De esta manera, se pretendía mejorar la disciplina y cohesión
de la institución militar, tomando en cuenta la doble función punitiva
y estimulante de las leyes. En este sentido, introdujo la pena de muerte
para aquel que haya sido sancionado por un juicio militar, a la vez que
incluyó leyes que motivaran la permanencia en el Ejército, por ejemplo,
el premio de constancia.190 Por otra parte, el código mantuvo dispo-
siciones heredadas del sistema colonial, especialmente en lo relativo a
castigos físicos, el denominado «palo» para sancionar a la tropa.
El primer tratado del código regulaba la estructura y disposición
territorial del Ejército, el reclutamiento, la cadena de mando y los as-
censos.191 Los militares ascendidos se convertían en instructores de los
reclutas.192 El régimen de las comandancias distritales fue reorganizado
y se dispuso que estas debían estacionarse en Quito, Guayaquil y Cuen-
ca. Los oficiales generales estaban al mando de las comandancias, con
excepción de la Comandancia General de Azuay, a donde fue designa-
do el teniente coronel Vicente Salazar. García Moreno decidió ubicarlo
ahí porque Salazar gozaba de la confianza del gobierno, además de que
190 Los premios de constancia fueron de tipo económico y estaban dirigidos a la tro-
pa que había cumplido el servicio militar por largos períodos sin interrupciones.
El pago de esta gratificación se suspendía en caso de ascenso al rango de subte-
niente. Véase CME, título IX «Premios de Constancia». AH CEHE, Quito.
191 Ecuador, CME, Tratado I, 3-18, AH CEHE, Quito.
192 El ministro de Guerra y Marina informa que ascendieron a su inmediato grado
superior 7 tenientes coroneles, 10 sargentos mayores efectivos, 2 sargentos ma-
yores graduados, 10 capitanes efectivos, 12 capitanes graduados, 15 tenientes,
19 subtenientes, 16 sargentos primeros, basándose en lo estipulado en Ecuador,
CME, Tratado I, Título I «Composición de la fuerza armada permanente y escala
de los empleos y grados de los individuos que la componen»; MG y M, 1873, 5.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 55
ahorraba al tesoro nacional el sueldo de un general al colocar ahí un jefe
de menor grado.193 Adicionalmente, se redujo la tropa de esta coman-
dancia a columnas de la Guardia Nacional ubicadas en Loja, Cuenca y
Gualaquiza.
La nueva división territorial militar estuvo conformada por el Dis-
trito de Quito, bajo el mando del general Julio Sáenz, quien tenía bajo
su responsabilidad las provincias de Pichincha, Imbabura, León, Tun-
gurahua, Chimborazo, Esmeraldas y el Oriente; el Distrito de Guaya-
quil, que estaba dirigido por el general Francisco Javier Salazar e incluía
a las provincias de Guayas, Los Ríos, Manabí y Galápagos; y el Distrito
de Azuay con el teniente coronel Vicente Salazar a la cabeza, que in-
corporaba las provincias de Azuay, Loja y Gualaquiza.194
Esta nueva división obedeció, por una parte, a la ley de régimen
municipal que establecía distintos niveles municipales: provincial, can-
tonal y parroquial; pero también respondió a los intereses de García
Moreno por expandirse en todo el territorio para fortalecer la auto-
ridad pública y resistir a las fuerzas de oposición. Con la finalidad de
mantener la soberanía en clave local, el gobierno estableció guarnicio-
nes en diversas localidades donde los cuerpos militares, el Ejército y la
Guardia Nacional se encargaban de la seguridad de su jurisdicción. La
articulación entre la fuerza armada y el poder civil permitió generar un
proyecto de alcance nacional que garantizaba la penetración territorial
del Estado en las municipalidades.195
El segundo tratado del código normaba las funciones y obligaciones
de los miembros del Ejército, desde el puesto de soldado hasta los de
oficiales superiores, teniente coronel, los inspectores generales y co-
mandantes.196 También el tratado séptimo se ocupaba de las atribu-
ciones y responsabilidades de la jerarquía militar, especificando que el
comandante en jefe del Ejército era el encargado de dirigir la táctica
y organización del Ejército, mientras que el jefe de Estado Mayor del
Ejército debía elaborar el plan de batalla y presentar un informe al
193 CME, Tratado II, Título XVIII «De los comandantes generales», 82-90.
AH CEHE; MG y M 1873, 6. BEAEP, Quito.
194 Véase MG y M, 1871, 7, 8. BEAEP, Quito.
195 Maiguashca, «El proceso de integración nacional», 368-9, 96.
196 CME, Tratado II, 19-94, AH CEHE, Quito.
56 / Miguel Saldarriaga Viteri
comandante en jefe del Ejército. Los comandantes generales de división
eran los encargados a su vez de la dirección de las divisiones para con-
ducir los batallones y compañías a su mando; también se instruía sobre
las tácticas en el movimiento de las tropas, la organización y seguridad
de las campañas en tiempo de guerra.197
En 1873 se habilitó la función de inspector general del Ejército,
cargo que fue desempeñado por el general Secundino Darquea desde
Guayaquil. La principal función del inspector general era la de vigilar el
cumplimiento de la normativa militar y su concordancia con la táctica
militar. El inspector debía realizar visitas regulares a las tropas, evaluar
la instrucción, disciplina, manejo de los fondos y el comando interno
de la unidad; además, debía examinar que las sanciones y recompensas
fueran acordes al código. Cabe indicar que hoy en día esta función se
mantiene vigente en la estructura del Ejército ecuatoriano.198
Por otra parte, la implementación del código supuso también un
mejor entrenamiento táctico en el combate, aunque la enseñanza de la
nueva doctrina militar continuaba encontrando dificultades al interior
de la tropa, puesto que un gran porcentaje de soldados no sabía leer ni
escribir. Al respecto, el código incluía las disposiciones sobre la incor-
poración de personas de confianza del gobierno a puestos militares,
por ejemplo, el capellán, quien debía impartir la doctrina cristiana y
emplear la metodología de enseñanza primaria, elaborada por el gene-
ral Salazar, para instruir a los individuos de la tropa en la lectoescritura
después de las jornadas diarias de instrucción militar; los cirujanos,
encargados del examen médico de los miembros del Ejército y sus fa-
milias; el auditor de guerra, quien tenía la responsabilidad de emitir las
sentencias en las causas militares, inventariar los pertrechos de guerra
capturados por los cuerpos y llevar las testamentarías militares antes de
entrar en campaña.199
El tratado quinto regulaba la ejecución de actos conmemorativos re-
ligiosos y castrenses, como las fiestas en honor del Santísimo Sacramento
197 Ibíd., Tratado VII, 167-224, AH CEHE, Quito.
198 Ibíd., Tratado II, Titulo XVI «Del Inspector General», 74-80. AH CEHE, Quito.
199 Ibíd., Tratado III, Título VIII «Obligaciones del capellán», 102-4; Ibíd., Tratado
III, Título IX «Obligaciones del cirujano», 104-6; Ibíd., Tratado III, Título X
«Funciones del auditor de guerra», 106-8. AH CEHE, Quito.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 57
y las procesiones de Semana Santa.200 La participación de los soldados en
los actos católicos debía seguir un estricto orden, que incluía también la
vestimenta y los gestos corporales. Los soldados debían portar sus armas
al hombro, colocarse de rodillas frente a las imágenes y figuras católicas
y rendir los honores militares. La Virgen del Rosario, por ser la patrona
de las armas de la república, obtenía los honores de un coronel.
La instrucción de la tropa fue una preocupación constante en el
gobierno de García Moreno. El propósito era fortalecer los principios
morales y disciplinarios entre los soldados y evitar así cualquier intento
de insurrección. Asimismo, el código implementó en 1871, por inicia-
tiva del general Salazar, el Reglamento de Tácticas de Infantería. En
este reglamento se aplicaba la experiencia bélica obtenida en los campos
de batalla de la guerra franco-prusiana a la geografía ecuatoriana y los
recursos disponibles en el país.201 El reglamento contemplaba el entre-
namiento físico y la permanente movilización de la tropa, sobre todo
entre los distritos de Guayaquil y Quito, para impedir que sus miem-
bros se acostumbraran a la inactividad de la vida del cuartel, pero tam-
bién para evitar que se involucren con los intereses de las poblaciones
locales. En 1873, el batallón n.° 1, Vencedores, fue movilizado a Quito
para ocupar las instalaciones del batallón n.° 3, y este último se trasla-
dó a Guayaquil para realizar guarnición durante un año completo.202
De este modo, conforme lo dispuesto en el código, todas las unidades
militares debían realizar el entrenamiento de las marchas tácticas como
entrenamiento militar; dichas actividades eran evaluadas además por
los generales Salazar y Darquea.203
Otra modificación importante que acompañó a la implementación
del código fue la importación, a partir de 1873, de armamento desde
200 Ibíd., Tratado V, 139-58, AH CEHE, Quito.
201 Francisco Javier Salazar, Táctica de infantería dispuesta de orden del Supremo Gobierno
Ecuatoriano (Guayaquil: Imprenta del Gobierno, 1871).
202 Ecuador, CME, Tratado IV, Título V «Reglas que deben conservar en las mar-
chas de la tropa» 136-7, AH CEHE; «Relación de los señores Generales, Jefes, y
oficiales que se hallan en servicio activo», Salazar, Memoria de Guerra y Marina de
1875.
203 Salazar, Memoria de Guerra y Marina de 1873, 2; Francisco Javier Salazar. Informe
sobre la instrucción de batallón, en la nueva táctica de infantería, evaluada por el Supremo
Gobierno (Quito: Imprenta Nacional, 1872).
58 / Miguel Saldarriaga Viteri
Estados Unidos y Europa, que sirvió para reemplazar el armamento
obsoleto de los batallones, empleado durante el entrenamiento militar
y los ejercicios tácticos de la Escuela Práctica de Cadetes.204
El tratado sexto regulaba las asignaciones financieras del gobierno,
para lo cual se designó un oficial encargado de administrar los fondos
bajo la supervisión del primer jefe del cuerpo, quien representaba en
el control al comandante general del distrito. Asimismo, se disponía
la creación de una caja de ahorros que debía tener correspondencia
con una nueva ley de montepío, aunque esta no se pudo implementar
por causa de la negativa de las instituciones bancarias y, con la crisis
económica de 1873, la disposición fue derogada y se retornó al sistema
antiguo de montepío.205
A partir de 1875, como resultado de los cambios mencionados, la
fuerza armada pasó a denominarse fuerza pública. Este nuevo térmi-
no apuntaba a la idea de una ciudadanía que integraba al Ejército y la
Guardia Nacional en una estructura disciplinada y jerarquizada cuya
finalidad consistía en garantizar la seguridad nacional. Para García Mo-
reno y Salazar, los referentes eran Alemania, Francia e Inglaterra, y
otros reinos pequeños que habían realizado reformas en los modelos de
legislación, doctrina y armamento militar, aspectos necesarios para re-
sistir a los conflictos bélicos. Este fue el escenario que sirvió de ejemplo
para la fuerza pública nacional, ya que el Ejército era pequeño y contaba
con todo el armamento y equipo necesario, no así la Guardia Nacional,
que en aquel momento acusaba deficiencias en su equipamiento.206
LA REESTRUCTURACIÓN DE LA GUARDIA NACIONAL
Los tratados segundo, tercero, cuarto y séptimo del código regulaban
las funciones de las comandancias de armas y las guardias nacionales,
204 El armamento de los cuerpos de caballería no fue actualizado ya que el gobierno
no contaba con los recursos necesarios para adquirirlos. Además, el general Sala-
zar en calidad de ministro de Guerra y Marina solicitó a la Convención Nacional
que se asigne el presupuesto para adquirir más armamento y uniformar por com-
pleto a los milicianos que realizaban el servicio militar. Véase Salazar, Memoria de
Guerra y Marina de 1875, 3-4.
205 Henderson, Gabriel García Moreno y la formación de un Estado conservador, 232-7;
Salazar, Memoria de Guerra y Marina de 1873, 10. BEAEP, Quito.
206 Salazar, Memoria de Guerra y Marina de 1875, 2-4.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 59
que estaban ubicadas en las capitales de las provincias. Las guardias na-
cionales fueron reorganizadas en coordinación con las autoridades civi-
les y militares. El cuerpo mínimo empleado fue el piquete y las guardias
debían cumplir las tareas de policía local en territorios donde podrían
existir levantamientos armados. En otros casos, como el de Guaranda,
las guardias nacionales debían apoyar a las tropas regulares durante los
cambios de guarnición o en el control cuando trasladaban los reempla-
zos del Ejército en su paso a las unidades en la Costa o Sierra.207
Los cambios al interior de la Guardia Nacional, impulsados por el
código de 1869, fueron fundamentales en la implementación del con-
trol y disciplina de la población ecuatoriana. Al código se sumaron la
Ley de Guardias Nacionales de 1871, la Ley de Reemplazos de 1861 y
sus reformas permanentes. La normativa militar favorecía la incorpo-
ración de soldados al proyecto estatal y su formación como ciudadanos
que puedan cumplir con la Constitución, además permitió mantener el
control de las localidades con los piquetes tipo policía. Por otra parte,
los milicianos que se presentaban como voluntarios fueron ubicados en
las cercanías de sus familias, con lo que se redujeron las deserciones; esta
medida fue complementada con la reducción del tiempo de servicio de
las milicias para entrenar más hombres de forma constante, agilitando
el proceso de inclusión social y obtener, para el Estado, ciudadanos
capacitados en el uso de las armas que estén prestos a acudir en defensa
de la soberanía nacional y el orden interno. En este sentido permaneció
inmersa la identidad y la soberanía locales con una nueva visión estatal,
desarrollándose así una nueva correlación de fuerzas entre los poderes
central y regional.208
Observamos que los relevos del Ejército se regían sobre la base de
la Ley de Reemplazos de 1861 y el decreto del 25 de octubre de 1867,
también se debe considerar que el sistema de sorteos fue introducido en
Ecuador en 1837, por medio de la Ley de Conscripción del Gobierno
de Vicente Rocafuerte, no obstante, las fórmulas empleadas para el en-
rolamiento de los hombres en la Guardia Nacional tuvieron problemas
de organización. García Moreno reasumió este sistema de sorteos, sin
207 Ecuador, CME, Tratado II, Título VXVII «De los comandantes de armas», 80, 1,
AH CEHE, Quito; Salazar, Memoria de Guerra y Marina de 1873, 8.
208 Maiguashca, «El proceso de integración nacional», 395.
60 / Miguel Saldarriaga Viteri
embargo, aún presentaba continuas dificultades para aplicarse. A partir
del tratado primero del Código Militar se reguló el sistema de recluta-
mientos, relevos y remplazos209 y también gracias a la Ley de Guardia
Nacional de 1871 se pudo poner en práctica una política más regular de
relevos al interior de las guardias nacionales y del Ejército, aun cuando
el Estado no contaba con los suficientes recursos económicos para po-
der armarla y vestir por completo a los milicianos.
Las filas de los reclutas estaban conformadas por hombres sorteados
o voluntarios, entre dieciséis y cuarenta y cinco años, cuya salud fuese
aprobada por el cirujano del cuerpo militar. También se admitían a ni-
ños no menores de diez años que podían integrar el cuerpo de músicos
militares. Los funcionarios públicos quedaban exentos del sistema de
enrolamiento, los hombres que habían salido sorteados y que no desea-
ban realizar el servicio militar debían cancelar una multa para obtener
la boleta de excepción; mientras que los reemplazos venían de los de-
sertores aprehendidos y aquellos que habían faltado por cuatro ocasio-
nes consecutivas a la instrucción militar. Por otra parte, las poblaciones
locales resistieron a menudo a la Ley de Guardia Nacional, que apenas
se pudo aplicar desde el año 1871.
Las localidades se resistieron al sistema de sorteos, debido al riesgo
que suponía reemplazar a los cuerpos militares en otros sectores del
país o que lleguen otros sujetos a controlarlos. De hecho, según infor-
mó el ministro de Guerra y Marina, general Secundino Darquea, en
algunos lugares se prefería mantener el sistema de enganche forzoso y,
sobre todo, la presentación voluntaria para completar la lista militar
del Ejército. Presentarse como voluntario contemplaba la oportunidad
de elegir el cuerpo al que se deseaba pertenecer, lo que garantizaba la
permanencia en lugar de origen.210
209 Ecuador, CME, Tratado I, Título II «Modo de completar la fuerza del Ejército»,
5-6; Título V «De las propuestas de empleos vacantes», Tratado I; Ibíd., 8-12;
Tratado I, Título VI «Formalidades que deben observarse para poner en pose-
sión de sus empleos a los oficiales y demás individuos del ejército», Ibíd., 13-5.
AH CEHE, Quito.
210 García Moreno, Mensaje del Presidente de la República al Congreso Constitucional de
1871, 11; Salazar, Memoria de Guerra y Marina de 1873, 7.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 61
En 1871, el gobierno contaba con un total de 45 065 milicianos;211
en 1873, la cifra había descendido a 44 558 hombres reclutados en las
guardias nacionales debido a la restructuración de la Ley de Guardias
Nacionales y la oposición al sistema de sorteos. No obstante, en 1875
estas cifras se consolidaron en 56 561 milicianos, distribuidos en vein-
tisiete regimientos de infantería y diez regimientos de caballería en las
regiones de la Sierra y Costa, a más de la milicia marinera constituida
en el puerto del Morro.212 Si bien el Gobierno de García Moreno redujo
el tamaño del Ejército, en lo que concierne a las guardias nacionales
estas aumentaron en tamaño y peso político en el país.213
Según el decreto del 15 de mayo de 1872, los párrocos y los tenien-
tes políticos —es decir, los representantes de los poderes locales— eran
los encargados de elaborar el listado de potenciales reclutas en su comu-
nidad, mientras que los jefes militares junto a los gobernadores debían
verificar el sorteo y la presentación de los reemplazos en cada provincia.
También las autoridades locales coordinaban con las guarniciones para
asumir la captura de los desertores y garantizar que los aprehendidos
cumplieran con su servicio militar en otros cuerpos del Ejército.214 Por
otra parte, la ley de 1869 posibilitaba el traslado de los jefes y oficiales
de la Guardia Nacional a las filas del Ejército permanente, lo que su-
ponía un aliciente importante para ingresar al cuerpo de milicianos y
garantizar sus derechos como ciudadanos.215 En 1875, con el inicio del
nuevo período presidencial de García Moreno, se pensó en corregir
por completo los métodos de reclutamiento, se buscaba dejar de lado
la persistente recluta forzosa, mejorar el sistema de sorteos, así como
disminuir el tiempo de servicio obligatorio a tres años.216
211 Salazar, Memoria de Guerra y Marina de 1871, 6-7.
212 Para 1875, el número de milicianos pudo aumentar debido a que el cuadro de los
cuerpos de Guardia Nacional no se encontraba completo, ya que la gobernación
de Loja no envió los datos del pie de fuerza del regimiento n.o 23. Véase Salazar,
Memoria de Guerra y Marina de 1875, 13.
213 El Nacional n.° 384, 18 de septiembre de 1869.
214 Salazar, Memoria de Guerra y Marina de 1873, 7.
215 Ecuador, CME, Tratado I, Título V «De la propuesta de empleos vacantes», Títu-
lo VI «Formalidades que deben observarse para poner en posesión de sus empleos
a los oficiales y demás individuos del ejército», 8-15. AH CEHE, Quito.
216 Salazar, Memoria de Guerra y Marina de 1873, 1-2.
62 / Miguel Saldarriaga Viteri
El sistema de guardias nacionales y las funciones de policía local que
ejercían los milicianos exigían una coordinación entre las autoridades
militares y civiles. En este sentido, el Estado garciano logró articular las
estrategias de integración nacional para obtener el ordenamiento polí-
tico en Ecuador.217 Con esto se evitaba la politización de las milicias y
se fraccionaba su empleo entre los poderes locales y central, por lo que
le permitía al Estado intervenir con su fuerza legítima y sin demora en
situaciones de inestabilidad política, tal como lo demuestran el levan-
tamiento ocurrido en Cuenca a finales de 1869218 y el levantamiento
indígena acontecido entre finales de 1871 e inicios de 1872.219
El régimen garciano, que nació de la Constitución de 1869, adjudicó
a las guardias nacionales la función de conservar el orden público; se
observa así la importancia de estos cuerpos de ciudadanos armados para
actuar en pos de la defensa local, a su vez fortaleciendo el poder esta-
tal. El levantamiento ocurrido en Cuenca el 15 de diciembre de 1869,
liderado por Manuel Ignacio Aguilar, Cayetano Moreno y Vicente He-
redia, se inició con la toma de la guarnición de la ciudad y el robo
de las armas. El gobernador de Azuay, Carlos Ordóñez, fue tomado
prisionero por los cabecillas como medida para evitar la represalia del
comandante general del Distrito de Azuay, el teniente coronel Vicente
Salazar. La reacción del comandante Salazar junto al segundo jefe de la
columna Azuay, el teniente coronel José María Paredes, fue reunir a los
voluntarios de los alrededores de la ciudad para conformar la guardia
217 Maiguashca, «El proceso de integración nacional», 412-4.
218 García Moreno, Mensaje del Presidente de la República al Congreso Constitucional de
1873, 1.
219 Según la historiografía tradicional ecuatoriana, se trató de un levantamiento li-
derado por Fernando Daquilema. En el archivo histórico del CEHE se revisó
el juicio iniciado el 4 de enero de 1872 contra Andrés Morocho como cabecilla
de motín de la parroquia Yaruquíes; de igual forma, los anexos que cita Hernán
Ibarra no dan cuenta de Manuela León, sino Manuel León como uno de los
cabecillas principales de la rebelión y nombran también a Fernando Daquilema
como cabecilla del levantamiento junto a otros indígenas que fueron condenados
a la pena capital, pero no se detecta que Daquilema haya sido declarado rey o
que León fuese mujer. Véase «Cabecilla de motín», Andrés Morocho, Riobamba,
04/01/1872. Archivo Histórico del Centro de Estudios de Estudios históricos del
Ejército (AH CEHE), Fondo Causas penales del ex juzgado primero de lo penal
de la primera zona militar (FCP), Caja 1, Expediente 336. Hernán Ibarra, La
rebelión de Daquilema (Yaruquíes-Chimborazo, 1871) (Quito: INPC, 2018), 57-79.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 63
nacional y se dirigieron, junto a los ciudadanos de Azogues, a Cuenca
para controlar el levantamiento. La intervención de la Guardia Nacio-
nal sometió la insurrección y estableció los métodos de pacificación por
medio de los consejos de guerra.220
El siguiente caso de análisis es el levantamiento indígena que inició
el 18 de diciembre de 1871, cuando en Yaruquíes fueron capturados y
asesinados dos funcionarios del gobierno. Estos hechos desencadena-
ron una oleada de muertes y levantamientos indígenas en otras loca-
lidades como Cacha, Calguachana, Amula y Quero. La reacción del
gobernador de Chimborazo fue organizar un piquete de policía de la
Guardia Nacional con ciudadanos de Riobamba para controlar el le-
vantamiento, sin embargo, cincuenta hombres no fueron suficientes
para contenerlos, por lo que fue necesario el «estado de sitio» para mo-
vilizar el regimiento de lanceros n.º 2 que partió desde Quito junto con
tres compañías del batallón n.º 3, llevando consigo doscientos fusiles y
cuatro mil municiones para la Guardia Nacional, mientras las guardias
nacionales de las localidades cercanas empezaron a concentrarse y or-
ganizarse para la movilización.221
Con el estado de sitio decretado por el presidente García Moreno se
creó la Comandancia Militar de Chimborazo, a cargo del primer jefe
del regimiento de lanceros, coronel José María Quiroz, y en coordina-
ción con las autoridades locales de Chimborazo actuaron en conjunto
los piquetes de Guardia Nacional, el regimiento de lanceros n.° 2 y las
compañías del batallón n.° 3. Al restaurarse el orden y lograr la captura
de gran cantidad de indígenas que estuvieron inmersos en la subleva-
ción, el gobierno dispuso la disolución de tres compañías de la Guardia
Nacional, permaneciendo alistados cerca de cien milicianos en caso
de un nuevo levantamiento. De este modo, observamos que fueron
de forma precisa las guardias nacionales de Riobamba, en concreto
los piquetes de Ambato, Guano, Penipe, San Andrés, Sicalpa y Alausí,
junto con los cuerpos del ejército permanente, los que aplacaron la
insurrección.222
220 Loor, Cartas de García Moreno y sus asesinos, t. 4, 178-9, 89, 93. Véase Gabriel
García Moreno. Cartas políticas de Gabriel García Moreno a Carlos Ordoñez (Cuenca:
s. e., 1923), 83-108.
221 Ibarra, La rebelión de Daquilema, 28-30.
222 Ibíd., 57-79.
64 / Miguel Saldarriaga Viteri
LA CREACIÓN DE LA ESCUELA PRÁCTICA DE CADETES
El tratado décimo del código contemplaba la creación de un co-
legio militar con la finalidad de impulsar la profesionalización de los
oficiales.223 Dicho colegio no pudo concretarse, en su lugar se creó en
1869 una escuela práctica por iniciativa del ministro de Guerra y Ma-
rina encargado, el general Francisco Javier Salazar.224 Esta institución
fue creada con decreto ejecutivo del 2 de abril de 1869 y tenía como
propósito formar oficiales de la especialidad de infantería, caballería y
artillería, en aquella época consideradas fundamentales para organizar
los ataques o defensas en las batallas.225
La escuela inició su funcionamiento en el convento de San Agustín,
con el sargento mayor Timoleón Flores como director, el capitán Juan
Navas como su asistente y quince cadetes del primer curso militar, nú-
mero que se acrecentó conforme transcurrieron los meses. En 1873, la
escuela contaba con treinta y dos (32) cadetes de diversas provincias,226
y hasta 1875 se graduaron cincuenta y siete (57) cadetes. Para ser admi-
tidos, los jóvenes debían reunir las cualidades compatibles con el servi-
cio militar: además de mostrar aptitudes para el servicio militar y buena
conducta, debían saber leer y escribir, manejar las cuatro operaciones
fundamentales de aritmética con números enteros y contar por lo me-
nos con doce años de edad, aunque el Código Militar determinaba los
dieciséis años como edad mínima.227
223 Ecuador, CME, Tratado X, 272-81. AH CEHE, Quito.
224 El primer colegio militar de Ecuador fue instalado en 1838, con el objeto de
formar oficiales ecuatorianos que conozcan las ciencias de la guerra. En 1845, el
Colegio Militar fue cerrado debido al inicio de la Revolución Marcista, desde
ahí los ministros de Guerra y Marina formularon al legislativo constantes pedidos
para su reapertura. Véase Ayala Mora, Ecuador del siglo XIX, 127-31; Tobar Dono-
so, García Moreno, 413-5.
225 El Nacional, «Decreto de Establecimiento de la Escuela Práctica, 2 de abril de
1869», El Nacional n.° 364, 10 de abril de 1869.
226 «Revista de comisario de la Escuela Practica de Cadetes. 1838-1869» (RC EPC),
AH CEHE, Fondo Revista de Comisario de varias unidades del Ejército, Marina
y FAE (RC EMF), Caja 29, Expediente 123, f 73.
227 Ecuador, CME, Tratado X, Título I «Del Colegio Militar», 272-7. AH CEHE,
Quito.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 65
En algunos casos, la selección era realizada de primera mano por el
presidente García Moreno,228 quien participaba en persona en la desig-
nación de los directivos de la escuela: reemplazó al segundo ayudante
de la escuela, el subteniente Fidel García por el cadete Antonio Veinti-
milla,229 además ascendió al cadete Estuardo Arboleda en el ánimo de
garantizar disciplina y moral en la formación militar del instituto.230
La creación de la escuela se sustentó en decretos y reglamentos que
normaban su funcionamiento y que fueron integrados en el texto del
Código Militar, aun cuando este no entraba en ejecución todavía. Esta
reglamentación incluía la estructura de la escuela y sus reglas para las
actividades diarias del cuerpo directivo y cadetes.231 La formación con-
templaba cursos de Ordenanzas Militares, Táctica de Infantería, Ca-
ballería y Artillería, Manejo de Armas y Combate a Grupos Armados,
así como Gramática Castellana, Geografía del Ecuador, Aritmética, el
sistema métrico decimal y reglas de urbanidad.232 Desde 1872, las clases
de Matemática se dictaron en las instalaciones de la Escuela Politécnica,
mostrando los vínculos entre estas dos instituciones en el proyecto del
gobierno.233
228 Por ejemplo, García Moreno se aseguraba de la buena conducta del aspirante a
cadete y verificaba la autorización de los padres para que pudiera ingresar. En los
casos de Antonio Arteaga y Bernardo Muñoz, el presidente influenció a las au-
toridades locales para que los padres autorizaran a sus hijos estudiar en la Escuela
Práctica de Cadetes. Véase García Moreno, Cartas políticas, 172-3, 85.
229 El 6 de abril de 1870, el subteniente Fidel García fue sometido a juicio por maltra-
tar al sargento segundo Emilio Carcelén, por lo que el gobierno decidió reempla-
zarlo de la escuela y darle la baja del Ejército, ya que esta acción fue considerada
impropia para la formación de los oficiales del Ejército. Véase El Nacional n.° 439,
3 de agosto de 1870; RC EPC, 1870-1876, AH CEHE, RC EMF, C.29, E.124, f
6, 12.
230 Salazar, Memoria de Guerra y Marina de 1871; El Nacional n.° 436, 16 de julio de
1870.
231 Ecuador Ministerio de Guerra y Marina, «Reglamento de la Escuela Práctica de
Cadetes, Quito 12 de abril de 1869», Decretos 1852-1882, 110-6. AH CEHE,
Quito.
232 La asignatura de Ordenanzas Militares fue reemplazada luego de la promulga-
ción del Código Militar. También, la asignatura de Manejo de Armas incluía el
aprendizaje de rifle de percusión y de aguja, teoría y práctica de las armas rayadas,
manejo de sable, lanza, carabina, mosquetón de artillería, cañón y obús de mon-
taña, y esgrima de bayoneta. Véase El Nacional n.° 364, 10 de abril de 1869.
233 Tobar Donoso, García Moreno, 414; Salazar, Memoria de Guerra y Marina de 1873, 4.
66 / Miguel Saldarriaga Viteri
Otras regulaciones importantes tenían que ver con el «rancho» que
recibían los cadetes en las instalaciones de la escuela,234 las actividades y
los horarios de instrucción y entrenamiento235 y, por último, la asisten-
cia a misa los días domingo. El 14 de febrero de 1871, por disposición
del presidente García Moreno, se incorporó al personal de la escuela un
capellán, el presbítero Juan Claveríe, con el objetivo de impartir a los
cadetes los principios de la religión católica y la enseñanza del idioma
francés, puesto que se contaba con el apoyo del cónsul francés en Ecua-
dor para la negociación de un soporte militar extranjero.236
La formación en la escuela debía completarse en dos años y permitía
a los cadetes graduarse como alférez o subtenientes dependiendo del
cupo disponible en los cuerpos u oficinas del ejército permanente. Los
graduados también podían asumir el entrenamiento de la tropa.237 Al
finalizar sus estudios los cadetes debían presentarse en la Comandancia
de Armas del Distrito de Quito llevando consigo un certificado de
buena conducta, aplicación al estudio y amor a la carrera de las armas;
además de haber aprobado las asignaturas de Tácticas de Infantería,
Caballería y Artillería.238 Los miembros del tribunal de evaluación eran
el comandante del Distrito de Quito en calidad de presidente; el primer
jefe del Segundo Regimiento de Lanceros, el primer jefe del Batallón
n.° 2 y el director de la Escuela Práctica como vocales; y el secretario,
234 La tradición militar española indica que el rancho es la comida que se prepara en
el interior de los cuarteles. Los víveres eran costeados por los cadetes, mientras
que el gobierno se responsabilizó del sueldo de una cocinera y dos pajes.
235 Los cadetes empezaban sus actividades a partir de las cinco de la mañana y el resto
del día permanecían en instrucción hasta las diez de la noche.
236 En 1870, por encargo del presidente García Moreno, el ministro de Relaciones
Exteriores, Francisco Javier León, junto a Beltrán Fourquet, cónsul general en
Francia, negociaron la asistencia militar de Francia para que se asignen dos oficia-
les como instructores de la Escuela Práctica de Cadetes. Los oficiales designados
fueron Pierre Paul Ferri, instructor de infantería, y Carlos Arturo Lemaitre, ins-
tructor de caballería. No obstante, la guerra franco-prusiana no permitió el arribo
de los oficiales franceses a Ecuador. Véase Tobar Donoso, García Moreno, 416.
237 CME, Tratado II, Título VII «Obligaciones del Subteniente», 48-53. AH CEHE,
Quito.
238 Sobre el ceremonial de evaluación de la Escuela Práctica de Cadetes véase Ecua-
dor Ministerio de Guerra y Marina, «Reglamento de la Escuela Práctica de Cade-
tes, Quito 12 de abril de 1869», Decretos 1852-1882, 115, AH CEHE. El Nacional
n.° 471, 7 de diciembre de 1870.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 67
el primer ayudante del director de la escuela.239 En 1873 se graduaron
veinte cadetes y en 1875, dieciséis cadetes adicionales.
Por otra parte, los cadetes que cometían faltas disciplinarias o pre-
sentaban dificultades para acoplarse al régimen de instrucción militar
y académico fueron separados de la institución. En el primer caso se
les daba de alta o se los reubicaba en los cuerpos de veteranos como
soldados rasos; en el segundo caso, el Estado tenía el derecho de exigir
la indemnización a las familias de los cadetes suspendidos, aunque tam-
bién se dieron casos de deserción de la Escuela Práctica y se recurría a
las autoridades civiles y militares de su localidad para su aprehensión.240
EL CONTROL SOBRE LA POBLACIÓN MILITAR Y CIVIL
El régimen garciano se propuso mantener el control y la disciplina
de los cuerpos de la fuerza armada y el país por medio de la homogenei-
zación normativa, para obtener una identidad colectiva empleando he-
rramientas que orientaron a la formación de la ciudadanía en armas, a
fin de obtener la integración nacional.241 Por lo tanto, el Ejército fue un
elemento fundamental para colocar su impronta. Con aquello, fue ne-
cesario el Código Militar en el que emanaron disposiciones de carácter
general y específico que se encuentran sobre todo en los tratados octavo
y noveno del código y refieren a las normas, regulaciones y procedi-
mientos para instaurar los tribunales y juzgados militares, la conforma-
ción de consejos de disciplina, guerra y cortes marciales, y las causas
para establecer la nulidad o conmutación de las penas declaradas por los
juicios militares. No obstante, las disposiciones del código involucra-
ron de inmediato a la población civil; además, pudieron apoyarse en la
figura del estado de sitio incluida en la Constitución de 1869.242 Esto le
239 Sobre la conformación del tribunal de evaluación véase El Nacional n.° 471, 7 de
diciembre de 1870.
240 Por ejemplo, a los cadetes Enrique Guerra y Ambrosio Dávalos se les dio el alta
como soldados y fueron destinados a los cuerpos del Ejército, mientras que el
cadete Benjamín Almeida fue dado de baja por inepto al servicio militar, además
de publicarse la baja por deserción a los cadetes Daniel Toro Moreno y Miguel
Vera. Véase Salazar, Memoria de Guerra y Marina de 1873, 32.
241 Maiguashca, «El proceso de integración nacional», 393.
242 Eduardo Kingman y Ana María Goetschel, «El presidente Gabriel García More-
no, el Concordato y la administración de poblaciones en el Ecuador de la segunda
mitad del siglo XIX», Historia Crítica, n° 52 (2014): 128-32.
68 / Miguel Saldarriaga Viteri
permitió al presidente García Moreno sofocar los levantamientos arma-
dos en Guayaquil, Quito y Cuenca a inicios de su segunda presidencia,
así como también controlar a los cabecillas de futuras rebeliones.
En marzo de 1869, tras el levantamiento de los hermanos José e Ig-
nacio de Veintimilla, García Moreno decretó el estado de sitio en Gua-
yaquil, ya que el general Secundino Darquea, comandante general del
distrito, fue arrestado por los insurrectos; el estado de sitio determinó
la autonomía otorgada por el gobierno al general Darquea para juzgar
o indultar a los militares comprometidos en el levantamiento, y como
efecto final del conflicto ocasionó el exilio temporal de Ignacio de
Veintimilla y la muerte de su hermano, el general José de Veintimilla.243
El Código Militar, por medio de los consejos de guerra, permitió
sentenciar a pena de muerte a Manuel Cornejo y Diego Pimentel en
1869.244 En diciembre de 1869, los civiles Manuel Ignacio Aguilar, Ca-
yetano Moreno y Vicente Heredia se tomaron la guarnición de Cuenca
y desconocieron al gobernador de Azuay, Carlos Ordóñez. Tras ser so-
metidos por la intervención del comandante del Distrito de Azuay, jun-
to a las tropas que se reunieron de las localidades de Cuenca y Azogues,
se llevaron a cabo los consejos de guerra instaurados por los oficiales
del ejército permanente y jefes de milicias. Se condenó a muerte a los
implicados por el delito de rebelión y robo de dinero del tesoro público.
García Moreno consideró que «la ejecución de los tres revolucionarios
vale por trescientos hombres de guarnición».245 La resolución final del
consejo de guerra fue puesta en consideración del presidente García
243 Ayala Mora, Ecuador del siglo XIX, 143-7; Buriano, Navegando, 118; Henderson,
Gabriel García Moreno y la formación de un Estado conservador, 184; Loor, Cartas de
García Moreno y sus asesinos, t. 4, 19; Romero y Cordero, El Ejército en 100 años,
260-1, El Nacional n.° 355, 1 de febrero de 1869; El Nacional, n.° 364, «Decreto
autorizando a los señores Comandante General del Distrito y Gobernador de la
provincia de Guayaquil para que indulten a los militares que se hallen implicados
en la revolución del 19 de marzo», 10 de abril de 1869.
244 Sin embargo, García Moreno les conmutó la pena de muerte, Cornejo fue sen-
tenciado a cumplir la pena de destierro por ocho años y a Pimentel se le impuso
la pena de trabajos de obras públicas por diez años. Véase Ecuador Ministerio de
Guerra y Marina, «Decreto de conmutación de pena de los condenados a muerte
por conspiración, Quito, 15 de noviembre de 1869», en Decretos 1852-1882, 124,
AH CEHE, Quito.
245 García Moreno, Cartas políticas, 121.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 69
Moreno, quien calificó este castigo como ejemplar para evitar futuros
levantamientos de los focos liberales del Azuay.246
El Código Militar también permitió someter al levantamiento in-
dígena de finales de 1871, y puesto que se había declarado el estado de
sitio se pudo juzgar y sancionar a los sublevados por medio de un con-
sejo de guerra verbal, a pesar de ser civiles, no tuvieron necesidad de
observar otras leyes para declarar su pena capital. En este caso, García
Moreno aprobó sin rodeos las sentencias de los consejos de guerra que
se pronunciaban en contra de los cabecillas y los responsables de los
delitos de asesinato, violación o robo sin la necesidad de comunicarlas
al gabinete de gobierno.247
La normativa permitió a los jefes militares juzgar y sancionar por
medio de un consejo de guerra verbal a los principales implicados y
ejecutar en el término inmediato las sentencias, como la pena capital a
los cabecillas. Los capturados que no tenían responsabilidad directa en
las insurrecciones debían ser indultados, previo a presenciar el castigo
de los sentenciados a pena de muerte; estas sentencias fueron ejecutadas
en los primeros diez días de enero de 1872. Aunque de forma tardía, el
13 de enero, el vicepresidente Francisco Javier León emitió un decreto
para suspender la disposición mencionada y señaló que, antes de ejecu-
tar las sentencias pendientes, se comuniquen al gobierno para su apro-
bación. Esta normativa permitió ejercer un control más completo en el
territorio de la república, ya que había la predisposición de que cuando
existiera un foco insurgente se emitiera el decreto ejecutivo declarando
el estado de sitio y con ello la aplicación de las normas disciplinarias de
los tratados VIII y IX del Código Militar.248
Entre 1871 y 1873 no se produjeron levantamientos al interior del
Ejército, a la par que fue posible controlar mejor los abusos provocados
por la ausencia de una normativa clara.249 Un ejemplo de ello fue el
246 No obstante, en este caso, a pesar de la intervención de religiosos y personas
notables del país, la pena de muerte impuesta por el Consejo de Guerra no fue
conmutada. Véase ibíd., 83-108; Loor, Cartas de García Moreno y sus asesinos,, t. 4,
178-9, 89, 93.
247 Ibarra, La rebelión de Daquilema, 66-7.
248 Ibíd., 70-5.
249 En este período se juzgó a siete militares: un jefe y seis oficiales. De los oficia-
les implicados cinco fueron absueltos o sus penas fueron conmutadas. El oficial
70 / Miguel Saldarriaga Viteri
juicio a los asesinos de García Moreno, el 6 de agosto de 1875, quienes
fueron juzgados por medio del Código Militar. A pesar de tratarse de
civiles que no estaban sujetos al régimen militar, fueron sentenciados a
la pena de muerte mediante un consejo de guerra verbal y, como se co-
noce, Faustino Lemos Rayo fue asesinado en el acto por un soldado.250
El proyecto centralizador de García Moreno orientó a la formación
y disciplina de los ciudadanos armados que formaban parte de la fuer-
za pública, y la legislación militar fue importante para su control. En
palabras del general Francisco Javier Salazar, el Código Militar ofrecía
una mejor clasificación de las leyes imperantes, lo que permitía una
mejor comprensión de los artículos y mayor celeridad para su empleo.
En 1875, el presidente García Moreno, con apoyo del general Francisco
Javier Salazar, solicitó la revisión del tratado VIII del código, corres-
pondiente a las materias judiciales.251
El principal problema radicaba en la interpretación de las leyes por
parte de los legisladores militares, de tal forma que una misma falta
podía ser sancionada de maneras diferentes: desde la corrección disci-
plinaria leve hasta la pena capital. Tras el asesinato de García Moreno,
el nuevo presidente, Antonio Borrero, sancionó el 17 de marzo de 1876
las reformas al código requeridas por el gobierno anterior. El tratado
VIII del código fue reformado en su totalidad. A diferencia de la pri-
mera versión del código, el tratado «De las infracciones» tipifica los cas-
tigos que corresponden a cada tipo de falta. La pena capital permanece,
sin embargo, en el texto del Código Militar.
sancionado fue el primer ayudante de la Escuela Práctica de Cadetes. Véase Sala-
zar, Memoria de Guerra y Marina de 1873.
250 Grecia Vasco de Escudero, Proceso judicial seguido para descubrir autores, cómplices y
encubridores del asesinato al presidente Gabriel García Moreno, Agosto 6 de 1875 (Quito:
Taller Gráfico del Instituto Geográfico Militar, 2008).
251 Salazar, Memoria de Guerra y Marina de 1875, 4-6.
CONCLUSIONES
Este libro ha diagramado el proceso institucional del Estado ecua-
toriano y la integración de la fuerza armada (Ejército y Guardia Na-
cional) por medio de las normativas que permitieron la promulgación
del Código Militar en el año 1869. El empleo de fuentes primarias
del Ministerio de Guerra y Marina, demás entidades del Estado y la
correspondencia de Gabriel García Moreno demuestran el interés del
gobierno por obtener el control, no solo del brazo armado, sino de la
población en general. Para ello fue necesario establecer un tipo de ciu-
dadanía armada que, si bien surgió durante la Independencia en Amé-
rica, se extendió y fortaleció durante la segunda mitad del siglo XIX.
En consecuencia, el Estado garciano pudo realizar su proyecto de dis-
ciplina social por medio de las guardias nacionales y la integración de
los municipios con el Ejército para lograr el control del orden público
interno y ejercer la soberanía local e integrada en el país, lo que otorga-
ba un control territorial y social en toda la república.
La estructura del Ejército desde 1845 obtuvo una nueva división
territorial con la finalidad de reducir la fuerza armada permanente,
aunque el establecimiento de las comandancias distritales de Quito,
Guayaquil y Cuenca estuvieron enfocadas en los conflictos internos y
no de inmediato en la custodia de fronteras con los países vecinos, lo
que no permitió a Ecuador alcanzar una soberanía nacional íntegra. Sin
embargo, la Guardia Nacional fue muy importante para los gobiernos
72 / Miguel Saldarriaga Viteri
marcistas ya que el conglomerado social apelaba a defender su locali-
dad, por ejemplo, las milicias que se unieron para defender a Ascásubi
en Quito o el conflicto entre elizaldistas y noboistas; de igual forma, la
tensión provocada por los rumores de una invasión floreana legitimó la
participación de la Guardia Nacional al obtener una aparente calma en
la década de 1950.
El apoyo de propietarios y vecinos influyentes de las localidades fue
un aspecto central en el proyecto marcista de organización de las guar-
dias nacionales, con el objetivo de controlar los levantamientos armados
liderados, generalmente, por los propios gobernadores; mientras que
los mandos del Ejército perdieron la posibilidad de incidir en su con-
formación y dirección. Por otra parte, durante el marcismo, el ejército
permanente se redujo de forma notable, salvo excepciones como en el
caso del escuadrón Taura que permaneció en la estructura militar y
fue fortalecido, lo que causó disputas con los mandos medios militares.
Con excepción del impulso del estudio de primeras letras, durante el
marcismo no existió un modelo de educación militar definido, sino que
se mantuvo vigente la estructura colonial de las reales ordenanzas amol-
dadas a las formas republicanas. Con lo detallado, Ecuador no contaba
con una homogeneización de las normativas militares de forma clara,
lo que impedía al Gobierno central penetrar en los espacios de poder
regional y local, lo que al final eclosionó en la crisis nacional de 1859.
En esta investigación se demuestra que, con los gobiernos marcistas,
ocurrió una ruptura significativa con los símbolos que habían acompa-
ñado el proceso fundacional republicano: se cambió la bandera nacional
por los colores celeste y blanco de Guayaquil, y la fuerza armada utilizó
para su identificación nuevos colores en los uniformes militares. Por
otra parte, el proyecto garciano apeló al ideal bolivariano como un
fundamento de la identidad nacional, casi inexistente a finales de la dé-
cada de 1850, y que sirvió como vínculo entre las regiones. Es así que
García Moreno restituyó de nuevo el tricolor y los uniformes militares
colombianos.
Otro elemento importante en la política garciana fueron los esfuer-
zos por impulsar la enseñanza de las primeras letras en el Ejército y la
práctica de nuevas formas de aprendizaje de las ciencias de la guerra.
El general Francisco Javier Salazar colaboró con el régimen garciano
de forma permanente para inculcar este sentimiento bolivariano por
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 73
medio de la instrucción a la tropa llevada a cabo por oficiales de rangos
inferiores, en concreto la enseñanza de las asignaturas de Geografía e
Historia de Ecuador y Colombia, con el fin de mejorar su condición
social y ampliar la base de una ciudadanía armada con conciencia na-
cional adoctrinada y educada en los principios de unidad y defensa del
Estado ecuatoriano.
Desde 1860, el régimen garciano debió solucionar la crisis de legiti-
midad del poder central frente a los poderes locales y reorganizar la re-
lación entre el Estado y el Ejército. Es así como recae en García Moreno
la potestad de organizar la fuerza armada, siendo una de sus primeras
reformas la Ley Orgánica Militar que proponía eliminar los rezagos
del urbinismo, establecer políticas para centralizar el armamento en
los parques de armas de Quito, Guayaquil y Cuenca para su custodia
y vigilancia, y así evitar que sean usadas por caudillos en sus levanta-
mientos contra el gobierno. También reconocía a los militares como
ciudadanos, a pesar de que en algunos casos esto no concordaba con lo
emanado en la Constitución por dos razones fundamentales: la tropa y
algunos oficiales tenían problemas de lectoescritura y eran menores de
edad y, por otra parte, se incorporaban como ciudadanos al conformar
la fuerza armada, lo que les garantizaba sus derechos y obligaciones
civiles y militares, como ser inscritos en los municipios para integrar
el padrón electoral de las localidades donde realizaban su guarnición y
mantener el orden público local.
Durante el período de estudio se observa un proceso de transición
de la Guardia Nacional para adquirir la forma de un cuerpo auxiliar
del Ejército, si bien esta función se encontraba en las constituciones
anteriores a la de 1861, no había podido efectivizarse. Los gobiernos
disminuyeron la lista militar y aumentaron el cuerpo de milicianos,
así pues, se dio cabida a que todos los sectores de Ecuador se integren
a la milicia nacional. La falta de entrenamiento de los jefes designa-
dos, que seguían siendo propietarios y vecinos influyentes heredados de
los gobiernos marcistas, obstaculizaron la conformación inicial de las
milicias. La designación de civiles sin la preparación militar necesaria
provocó la disminución de su capacidad organizativa y estructural que
se comprobó en los conflictos con Colombia en 1862 y 1863.
Para intervenir la Guardia Nacional, García Moreno recurrió a
la integración de oficiales en letras de retiro y a los propietarios para
74 / Miguel Saldarriaga Viteri
conformar las planas mayores de estos cuerpos. Los cambios le permi-
tieron crear un espacio de negociación con las autoridades locales para
obtener la estandarización de la normativa militar y alcanzar el objetivo
de profesionalizar a la milicia, por medio de la Ley de Guardia Nacio-
nal, retomando la propuesta de Vicente Rocafuerte en la Ley de Cons-
cripción de 1837. La renovación constante de los ciudadanos entrenados
en las armas le sirvió al régimen garciano para aumentar el número de
hombres preparados en las ciencias de la guerra, que pudieran servir
como contingente necesario para enfrentar y limitar las luchas internas
o externas de Ecuador.
Desde 1869 el proyecto garciano pudo penetrar en los municipios
por medio de la Ley de Régimen Municipal, a la par que robusteció
la estructura militar con la ampliación de la división territorial militar,
la cual se adhirió a la ley municipal, permitiendo la integración del
poder estatal por medio de sus representantes militares con los poderes
regionales y locales para establecer el marco de seguridad de las juris-
dicciones y garantizar la soberanía nacional. En clave local, se estableció
el servicio de guarnición con las guardias nacionales para brindar el
servicio de policía en las diferentes localidades de Ecuador.
Esta medida obtuvo mayor peso desde 1869, ya que, al momento del
reclutamiento para conformar la Guardia Nacional y los reemplazos del
Ejército, se integraban las autoridades civiles y militares de la localidad.
No obstante, la población prefería mantener la presentación voluntaria
porque les permitía elegir el cuerpo para realizar la guarnición, perma-
necer cerca de su lugar de origen y controlar el orden público de sus
localidades y alrededores; también evitaba que lleguen milicianos de
otros sectores para conformar los piquetes de policía. Las funciones de
las guardias nacionales locales se pudieron observar en Cuenca en 1869
y en el levantamiento indígena de 1871, que fueron reprimidos por las
guardias nacionales.
Es necesario subrayar la importancia que tuvo la década de 1860
para el régimen garciano, porque fue el momento en que adquirió ex-
periencia bélica y aprendizajes políticos y diplomáticos en otros paí-
ses sudamericanos. En esta década, García Moreno también obtuvo
el apoyo de los militares, en especial de Francisco Javier Salazar para
instaurar la Escuela Regimental de Artillería e introducir una nueva
doctrina militar de artillería, caballería e infantería. Estas experiencias
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 75
permitieron que, en 1867, el general Ignacio de Veintimilla, apoyado
en militares experimentados en la legislación militar, presente el pri-
mer cuerpo del Código Militar que, no obstante, no fue promulgado
ese mismo año. En esta coyuntura influyeron otros acontecimientos,
como la implementación del reglamento del servicio mecánico de los
cuerpos del Ejército, el terremoto de Ibarra, en donde la fuerza armada
asumió las tareas de rescate, seguridad y reconstrucción de la ciudad, y
la creación de la Escuela Práctica de Cadetes para fortalecer las bases de
los oficiales del Ejército. Estos acontecimientos permitieron organizar,
fortalecer, educar, disciplinar y profesionalizar a la institución militar
ecuatoriana, lo que confluyó en la promulgación del Código Militar
en 1869.
El Código Militar fue una parte indispensable del proyecto garcia-
no, al constituir la base para estructurar el Ejército y cohesionarlo a su
proyecto estatal con el fin de eliminar por completo las revueltas inter-
nas y evitar que los focos liberales surjan en Ecuador. De esta forma,
con el Código Militar se derogaron por completo las reales ordenanzas
militares de Carlos III. A pesar de lo indicado, el código tiene la esencia
de las ordenanzas españolas, con mejor estructura, sirviendo al Estado
para extenderse en todo Ecuador, considerando un control especial en
las ciudades de Quito, Guayaquil y Cuenca como puntos de enlace para
controlar las localidades anexas con posibles focos liberales. El cometi-
do del código permitió estandarizar y enlazar por medio de diferentes
factores intrínsecos que aportaron a la despolitización y cohesión mili-
tar hacia el Estado.
El Código Militar tenía como uno de sus primeros puntos incor-
porar el Gobierno de García Moreno en la estructura militar, no para
politizarlo, sino para normalizar y garantizar la subordinación de los
ciudadanos entrenados en el uso de las armas que sirvan al ente estatal.
Otro punto importante fue la incorporación de las guardias nacionales
para realizar el control interno de la población; algo que ya se planteaba
desde el marcismo, en efecto, no fue posible realizarlo a gran escala,
siendo solo posible con la integración del código, otorgando a la Guar-
dia Nacional la función de policía de diferentes sectores de Ecuador y
conformando una red de control social del Estado garciano. El código
también puso énfasis en la profesionalización militar, en particular la
de los oficiales, con el fin de que fuesen los multiplicadores de la nueva
76 / Miguel Saldarriaga Viteri
doctrina militar instaurada por el general Francisco Javier Salazar y
fueran aplicados en la instrucción y disciplina militar de la tropa.
En 1875, el Código Militar dio lugar a que la fuerza armada pase a
denominarse fuerza pública, ya no como un ente represivo, sino como
integracionista de la población. Este hecho permitió conformar una
ciudadanía armada acorde a la homogeneización de las normas estatales
e incorporarla al conglomerado social, articulando las estructuras loca-
les y jurisdiccionales como un tejido político y social en favor del poder
central para garantizar la soberanía nacional.
Este libro demuestra que la administración de Gabriel García More-
no trabajó durante quince años para el fortalecimiento de la fuerza ar-
mada, buscó el mejoramiento de las normas castrenses para que actúen
en favor del Estado, empleando al Código Militar como complemento
del estado de sitio emanado en la Constitución de 1869, otorgando al
Estado la fuerza necesaria para controlar y mantener la estabilidad po-
lítica y social en Ecuador.
En estas páginas se visibiliza la situación corporativa del Ejército
nacional en el proceso de institucionalización del Estado ecuatoriano
y aborda el proceso de transición de la estructura colonial a la confor-
mación del Código Militar. La expansión de la fuerza pública y la inte-
gración de la Guardia Nacional, apoyada en los poderes locales y jefes
militares, pone evidencia que la Revolución Liberal no fue el inicio de
la modernización del Ejército ecuatoriano y que los gobiernos marcistas
y garcianos realizaron esfuerzos importantes para organizar a la fuerza
armada (Ejército y Guardia Nacional) por medio del establecimiento
de normativas militares y sus reformas.
La implementación de un sistema de educación militar práctico para
la formación de la ciudadanía en armas buscaba darle un perfil a la es-
tructura militar, tanto en lo que respecta a los deberes ciudadanos como
en los conocimientos de las ciencias generales y de la guerra, así como
en lo referente al empleo táctico del armamento disponible. Todo ello
permitió ampliar la presencia del Estado en las diferentes localidades,
lo que apoya a la hipótesis de Juan Maiguashca, que plantea que los
marcistas y los garcianos sentaron las bases de una identidad nacional
en Ecuador.252
252 Maiguashca, El proceso de integración nacional, 394.
El Código Militar en la construcción estatal garciana (1861-1875) / 77
Este libro introduce nuevas interrogantes para futuras investigacio-
nes que abarcan el campo militar, en particular invita a reflexionar so-
bre la actuación de la fuerza pública como parte del Estado ecuatoriano
y el desarrollo de los consejos de guerra y las cortes de justicia militar.
Asimismo, queda abierta la pregunta sobre cómo se estructuró el cam-
po de aplicación de la legislación militar para los ciudadanos armados
y, llegado el caso, cómo se aplicaba a la sociedad civil. Después de la
muerte de García Moreno, y con apenas cinco años de funcionamiento
del Código Militar, es necesario preguntarse: ¿Fue el Código Militar la
normativa que permitió delinear la función del brazo armado de Ecua-
dor conforme al interés del Estado o de un caudillo? ¿Qué ocurrió con
el Ejército después del asesinato de Gabriel García Moreno? ¿Qué suce-
dió con el Ejército en la dictadura del general Ignacio de Veintimilla?
¿Qué papel jugó la Guardia Nacional y su incorporación social al Esta-
do en la dictadura de Veintimilla? Las interrogantes presentadas, junto
a la profundización de las formas de construcción del Estado y la rela-
ción que tuvo la Guardia Nacional con el entramado local, permiten
ampliar el análisis histórico para denudar la institucionalización estatal
y con ella el papel de la fuerza armada en el Ecuador decimonónico.
Por otra parte, el tema militar en los períodos marcistas y garcianos
no ha sido explorado en profundidad por la historiografía ecuatoriana
hasta ahora. Se puede concluir que, en Ecuador, el Código Militar fue
una parte fundamental para el proyecto centralizador de Gabriel García
Moreno, que involucró la negociación entre la fuerza armada con los
poderes regionales y locales a favor del poder central, encarnado por el
Estado garciano. Los esfuerzos codificadores dieron paso a la formación
de la ciudadanía en armas con una visión estatal que, si bien en clave
local, fue necesaria para ejercer un control territorial sectorizado y con
ello garantizar la presencia del Estado y el ejercicio de la soberanía
nacional.
Para finalizar, un reconocimiento especial a las investigaciones de
Jorge Martínez Bucheli y Cristóbal Espinoza Yépez, quienes estudiaron
al Ejército ecuatoriano de forma heurística en referencia a su profesio-
nalización e institucionalización en la primera mitad del siglo XX. Por
consiguiente, en esta obra queda una hipótesis para reflexionar: ¿Fue
acaso en las postrimerías del siglo XIX que, con los aportes de Gabriel
García Moreno a la Guardia Nacional, la ciudadanía en armas perdió
78 / Miguel Saldarriaga Viteri
su identidad local y con ello fue factible su incorporación a la estructura
de la Revolución Liberal de Eloy Alfaro como soldados de un nuevo
ejército en Ecuador? ¿Por qué en el imaginario social ecuatoriano se ha
entronizado la figura de Eloy Alfaro, mientras que han quedado rele-
gados los aportes de Gabriel García Moreno y, en el caso del Ejército,
del general Francisco Javier Salazar?
REFERENCIAS
FUENTES PRIMARIAS
Documentos de archivo
Archivo histórico del Centro de Estudios Históricos del Ejército
Fondo: Hojas de servicios militares, de 1845 hasta 1875.
Fondo: Hacienda, de 1845 hasta 1875.
Fondo: Revista de Comisario de varias unidades del Ejército, Marina y FAE,
de 1838 hasta 1876.
Fondo: Varios, de 1830 hasta 1899.
Libro de Ministerio de Guerra y Marina. Decretos y Acuerdos marzo-sep-
tiembre 1852-1882.
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ANEXO
Cuadro 1. Esquema de contenidos de los tratados del Código Militar
Nombre de
Ord. Tratado y Descripción del contenido del tratado
páginas
Reglamenta la estructura y organización del Ejército; regula el re-
Tratado
(4-18) clutamiento, la cadena de mando y los ascensos que se determina-
Primero
ban según la antigüedad en el servicio militar.
Norma las funciones, subordinación y obligaciones al interior de la
estructura militar, desde el puesto de soldado hasta el de los oficiales
superiores, teniente coronel, los inspectores generales, comandantes
Tratado
(19-94) y el Gobierno. Se determina la responsabilidad de cada jerarquía
Segundo
para controlar las faltas disciplinarias e instrucción de los subordina-
dos. También en este tratado se incorpora el control del comporta-
miento social de los militares fuera de los cuarteles.
Se refiere a las obligaciones de los militares al cumplir el servicio
militar dentro de los cuerpos, también se incluye la designación de
personas de confianza del Gobierno en puestos militares como el
del capellán, quien debía impartir la doctrina cristiana y enseñar a
Tratado leer y escribir a los individuos de tropa; los cirujanos, encargados
(95-108)
Tercero del examen médico de los miembros del Ejército y sus familias, y
reclutas que se incorporan al servicio; el auditor de guerra que tenía
la responsabilidad de emitir las sentencias en las causas militares e
inventariar los pertrechos de guerra de la artillería, ingeniería, ade-
más llevaba las testamentarías militares previo a entrar en campaña.
Define el servicio de guarnición, la distribución y responsabilidad
de la guardia y las acciones necesarias en caso de insurrecciones.
También la forma de emitir el santo y ejecutar las patrullas o rondas
nocturnas en las jurisdicciones donde se realiza la guarnición. Nor-
Tratado
(109-137) ma la aprehensión de los desertores del Ejército, asimismo el pro-
Cuarto
cedimiento para desarrollar la revista de comisario en los cuerpos y
los rituales católicos para bendecir el estandarte de Ecuador de los
batallones, y se establece el premio a la antigüedad por permanecer
en servicio activo ininterrumpido.
Determina los honores militares y la forma de dirigirse a las auto-
Tratamiento
ridades civiles y militares, iniciaba con la autoridad máxima que era
Tratado y honores
el presidente de la república, también el desarrollo de actos conme-
Quinto militares
morativos y los rituales religiosos, como el «Santísimo Sacramento»,
(138-157)
procesiones y actos realizados en Semana Santa.
De los fondos
Regula las asignaciones financieras del Gobierno al Ejército y la
de los cuerpos
Tratado creación de una «caja de ahorros» que debía tener correspondencia
y manejo de
Sexto con una nueva ley de montepío; así como la administración de estos
ellos
fondos, a cargo de los oficiales de cada cuerpo militar.
(158-166)
86 / Miguel Saldarriaga Viteri
Nombre de
Ord. Tratado y Descripción del contenido del tratado
páginas
Trata de las atribuciones y responsabilidades de la jerarquía militar
en campaña: el comandante en jefe del Ejército era el encargado de
dirigir la táctica y organización del Ejército; el jefe de Estado mayor
del Ejército debía elaborar el plan de batalla y presentar un informe
al comandante en jefe del Ejército; los comandantes generales de
Tratado división eran los encargados de la dirección de las divisiones para
(167-224)
Séptimo conducir los batallones y compañías a su mando; también se instruía
sobre las tácticas en el movimiento de las tropas, la organización y
seguridad de las campañas en tiempo de guerra. Además describe las
disposiciones para realizar el sitio y defensa, las plazas para realizar el
control de la población o el enemigo en campaña y para revolucio-
nes internas con el decreto del «estado de sitio».
Se establecen las penalidades a las faltas y delitos militares de los
Leyes penales
miembros de la institución militar; incluía leyes que penaban la co-
Tratado sobre los deli-
bardía en el combate o que castigaban por no haber solicitado el
Octavo tos militares
permiso para casarse; las penas se definían en sanciones físicas, traba-
(225-247)
jos en obras públicas y la pena de muerte del militar.
Se definen las normas, regulaciones y procedimientos para instaurar
De los tribuna-
los tribunales y juzgados militares, y la conformación de consejos de
Tratado les, juzgados y
disciplina, de guerra y cortes marciales; y las causas para establecer
Noveno juicios militares
la nulidad o conmutación de las penas declaradas por los juicios
(248-271)
militares.
Contiene disposiciones para la profesionalización de los oficiales
Disposiciones por medio de un colegio militar y las garantías que el Estado otor-
Tratado
varias gaba a todo aquel que acogía la profesión de las armas y la de-
Décimo
(272-281) rogación de las ordenanzas españolas que regían hasta la fecha de
promulgación del Código Militar.
Fuente: Ecuador, Código Militar de la República del Ecuador (Nueva York: Imprenta de Hallet y
Breen, 1871), 280. AH CEHE, Quito.
Elaboración propia.
La Universidad Andina Simón Bolívar (UASB) es una institu-
ción académica creada para afrontar los desafíos del siglo XXI. Como
centro de excelencia, se dedica a la investigación, la enseñanza y la
prestación de servicios para la transmisión de conocimientos científi-
cos y tecnológicos. Es un centro académico abierto a la cooperación
internacional. Tiene como eje fundamental de trabajo la reflexión so-
bre América Andina, su historia, su cultura, su desarrollo científico y
tecnológico, su proceso de integración y el papel de la subregión en
Sudamérica, América Latina y el mundo.
La UASB fue creada en 1985. Es una institución de la Comunidad
Andina (CAN). Como tal, forma parte del Sistema Andino de Inte-
gración. Además de su carácter de centro académico autónomo, goza
del estatus de organismo de derecho público internacional. Tiene sedes
académicas en Sucre (Bolivia) y Quito (Ecuador).
La UASB se estableció en Ecuador en 1992. En ese año, suscribió
con el Ministerio de Relaciones Exteriores, en representación del Go-
bierno de Ecuador, un convenio que ratifica su carácter de organismo
académico internacional. En 1997, el Congreso de la República del
Ecuador la incorporó mediante ley al sistema de educación superior de
Ecuador. Es la primera universidad en el país que logró, desde 2010,
una acreditación internacional de calidad y excelencia.
La Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador (UASB-E),
realiza actividades de docencia, investigación y vinculación con la
colectividad de alcance nacional e internacional, dirigidas a la Comu-
nidad Andina, América Latina y otros espacios del mundo. Para ello,
se organiza en las áreas académicas de Ambiente y Sustentabilidad,
Comunicación, Derecho, Educación, Estudios Sociales y Globales,
Gestión, Letras y Estudios Culturales, Historia y Salud. Tiene también
programas, cátedras y centros especializados en relaciones internacio-
nales, integración y comercio, estudios latinoamericanos, estudios sobre
democracia, derechos humanos, migraciones, medicinas tradicionales,
gestión pública, dirección de empresas, economía y finanzas, patrimo-
nio cultural, estudios interculturales, indígenas y afroecuatorianos.
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