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Poemas Cortos del Renacimiento

El documento contiene 6 poemas cortos. El primero habla sobre disfrutar la juventud antes de que llegue la vejez. El segundo describe la dulzura de los sueños aunque sean engañosos. El tercero alaba la soledad y vivir lejos de las preocupaciones mundanas. El cuarto narra la transformación de Dafne en laurel para escapar de Apolo. El quinto elogia la vida retirada lejos del mundanal ruido. El sexto describe una noche de amor en secreto y a oscuras guiada solo por el
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Poemas Cortos del Renacimiento

El documento contiene 6 poemas cortos. El primero habla sobre disfrutar la juventud antes de que llegue la vejez. El segundo describe la dulzura de los sueños aunque sean engañosos. El tercero alaba la soledad y vivir lejos de las preocupaciones mundanas. El cuarto narra la transformación de Dafne en laurel para escapar de Apolo. El quinto elogia la vida retirada lejos del mundanal ruido. El sexto describe una noche de amor en secreto y a oscuras guiada solo por el
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1/

En tanto que de rosa y de azucena


se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;

y en tanto que el cabello, que en la vena


del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera


el dulce fruto antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,


todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

2/
Dulce soñar y dulce acongojarme
cuando estaba soñando que soñaba.
Dulce gozar con lo que me engañaba,
si un poco más durara el engañarme.

Dulce no estar en mí que figurarme


podía cuanto bien yo deseaba.
Dulce placer, aunque me importunaba,
que alguna vez llegaba a despertarme.

¡Oh sueño, cuánto más leve y sabroso


me fueras, si vinieras tan pesado,
que asentaras en mí con más reposo!

Durmiendo, en fin, fui bienaventurado,


y es justo en la mentira ser dichoso
quien siempre en la verdad fue desdichado.

3/
¡Cuán bienaventurado
aquel puede llamarse
que con la dulce soledad se abraza,
y vive descuidado,
y lejos de empacharse
en lo que el alma impide y embaraza!

No ve la llena plaza,
ni la soberbia puerta
de los grandes señores,
ni los aduladores
a quien la hambre del favor despierta;
ni le será forzoso
rogar, fingir, temer y estar quejoso.
4/
A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que al oro escurecían.

De áspera corteza se cubrían


los tiernos miembros, que aún bullendo estaban,
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,


a fuerza de llorar, crecer hacía
el árbol, que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,


que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!

5/
¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruido,
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;
que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado!

6/
En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.
A oscuras y segura
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!
A oscuras y en celada
estando ya mi casa sosegada.
En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

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