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El Exp I Ritu Del Extasis

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EL ESPÍRITU DEL ÉXTASIS

Diario de una perversión

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PRÓLOGO:
La Leyenda del Espíritu del Éxtasis
La estatua de los Rolls-Royce, llamada el Espíritu del Éxtasis, es uno de los emblemas más
famosos del mundo del motor. Sin embargo, ¿conoces la historia de amor que hay detrás
de la famosa figurita también conocida Emily, La Señorita Voladora o La Señorita de Plata?

Todo comenzó en torno a 1905 cuando John Walter Edward Scott-Montagu, Barón
Montagu de Beaulieu, pionero de la industria automotriz y propietario de la revista The
CAR, contrató a una secretaria de 22 años llamada Eleanor Velasco Thornton. El flechazo
entre la joven modelo y actriz de madre supuestamente española y su jefe fue inmediato.

Sin embargo, por los convencionalismos de la época, el aristócrata tuvo que casarse con
otra mujer, Cecil Victoria Constance, de su misma condición social y económica. Desde el
principio, aquel matrimonio fue cosa de tres, con Eleanor siempre en un segundo y discreto
plano.
De hecho, solo el círculo más próximo del millonario conocía el romance entre los dos
pipiolos. De esa pareja secreta pronto nacería no un bebé, sino la estatua de los Rolls-
Royce.
Harto de que su verdadera media naranja fuera anónima, el Barón Montagu decidió
rendirla homenaje. Contactó con su amigo Charles Sykes, un brillante escultor de la época,
para encargarle una efigie de pequeño tamaño que situaría sobre el radiador de su Rolls-
Royce Silver Ghost.

Sykes tomó como modelo a la propia destinataria del tributo, creando la imagen de una
dama con los dedos sobre sus labios. Como representaba el silencio, la llamó The Whisper
(El Susurro), todo un guiño al idilio furtivo de los dos enamorados. Ese sería el embrión de
la estatua de los Rolls-Royce.
En 1910, Rolls-Royce carecía de un emblema especialmente representativo más allá de las
dos iniciales de la marca. Los propietarios de sus lujosos vehículos consideraban que ese
logo no estaba a la altura de sus joyas rodantes.
Y se inició una moda de customizar los capós con 'ornamentos variopintos', tratando así de
mostrar su status socio-económico.
Preocupado con la creciente tendencia que podía afectar a la imagen de la
marca, el director de Rolls-Royce Motor Cars de la época, un tal Claude Johnson, llamó a
Sykes. Quería que diseñara un emblema que evocara la esencia de sus automóviles.
Debía ser una metáfora del silencio, la perfección, la belleza y el movimiento integrada en
un conjunto armónico y exclusivo, como la conducción de los Rolls Royce.
A Sykes le pareció una buena idea solo como punto de partida, puesto que quería darle a
su obra un sentido más femenino. Tomó como patrón para su nuevo trabajo la estatuilla de
su amigo, The Whisper, que modificó con el fin de materializar su concepto estético.

Así nació The Spirit of Speed, El espíritu de la velocidad, que más tarde rebautizó en “Una
elegante y pequeña Diosa, el Espíritu del Éxtasis ”.
La figura de esta deidad contemporánea, a imagen y semejanza de la Victoria Alada de
Niké que viajaba en la proa de los barcos de la Antigüedad en señal de poderío, y con el
rostro de Eleanor, se situaría en la parte delantera de los Rolls-Royce.

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Ligeramente inclinada hacia adelante, con los brazos alados extendidos hacia atrás y su
vestimenta adherida al cuerpo (técnica de los paños mojados) y en movimiento, se
presentó en febrero de 1911.
Pronto fue apodada como Ellie in her Nightie o Ellie - diminutivo de Eleanor.

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Diario de una Perversión

Capítulo 1. La Mirada Profunda

Para mi “Niña Perversa”, mi querida NANA, mi “Compi” de aventuras traviesas.

Quiero que sepas que ésta historia podría haber empezado hace casi 9 años ó más, pero
por caprichos del destino y tal vez también por la inseguridad que tuvimos en aquella edad,
pero seguro que aquella historia podría haber comenzado con una pequeña nota en el
parabrisas delantero de tu coche, en la que hubiese estado escrito lo siguiente:

“No se cómo decirte algo que te quiero decir, y es que hace tiempo que me gustas y por
eso te pido salir. Quiero que sepas que el primer día en el que te vi, por miedo a actuar no
me atreví ni a hablar, pero te aseguro que no te podía dejar de mirar.”

Las cosas desde aquel momento han cambiado mucho, pero el caprichoso destino lo ha
vuelto a hacer, ha hecho que volvamos a coincidir en un punto de nuestras vidas, y aunque
haya sido un poco tarde, el destino nos ha mostrado que sólo nosotros tenemos la
respuesta

Decirte que han pasado varios años en los que no podía hacer otra cosa que fuera sólo
verte pasar, y lo único que podía hacer era mirar, pero estaba tranquilo porque sabía que
algún día, ese momento llegaría, tarde o temprano tendría las suficientes fuerzas para
hablar con esa chica a la que aquel día no podía dejar de mirar.

Hace nueve años desde la primera vez que te vi, allí estabas, en una calle que hay frente a
la Plaza del Ayuntamiento, observando cómo iba a salir una procesión, llevabas un vestidito
color azul marino, muy cortito, unas botas muy altas color gris, y peinada con una cola en
el pelo, y lo recuerdo como si sólo hubieran pasado unos pocos segundos, ya sabes que
tengo muy buena memoria, pero tampoco te quiero engañar, sólo conservo en mi mente
los mejores momentos y las mejores sensaciones que me han ocurrido, y aquel fue uno de
los mejores momentos de mi vida.

Recuerdo que me quedé totalmente absorbido por tu presencia, como si estuviera viendo a
una bailarina de ballet mientras realiza su actuación, se me aceleró el corazón hasta
quedarme sin adrenalina, y como buen adicto a ella, supe de algún modo que nuestras
almas estaban destinadas a cruzarse en algún momento de nuestras vidas y de una forma
muy especial, tal y como lo han hecho, aunque quizás demasiado tarde, como también sé
que nuestras almas ya han estado juntas antes en algún momento de la historia, porque
así lo parece, porque nuestras almas parecen una sola y están hechas la una para la otra,
tanto que a veces hasta dan miedo lo parecidas que son, porque es increíblemente
fascinante cuando nuestras almas están juntas, definitivamente puedo decir que nuestras
almas son almas gemelas.

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Capítulo 2. ¿Planeamos algo juntos?

Llegó el año 2017, el año en el que tuve las fuerzas suficientes de acercarme más a ti y
poder entablar una conversación, aunque inicialmente fuera estrictamente profesional, ya
sea midiendo o marcando terrazas, y mientras tanto hablando de Frank Lloyd y su
magnífica obra “La Casa de la Cascada” que tanto nos gusta a los dos, de Norman Foster y
sus maravillosas obras por todo el mundo, de Zaha Hadid y su arquitectura orgánica, de
Renzo Piano, y un largo etc. de símbolos de la arquitectura, de proyectos increíbles que
tanto nos apasionaban a los dos, y si ese día no tocaba la salida a marcar terrazas,
buscaba la excusa perfecta para poder llamar por teléfono y preguntar a aquella chica
cualquier cosa de cualquier local que tenía que inspeccionar. Tanto le quería preguntar que
al final conseguí su número de teléfono particular.

Entre medias de todos esos buenos e inolvidables momentos llegaron las habitabilidades,
ya que éstas también eran nuestra labor, trabajando conjuntamente por orden superior.
Deseando estaba que llegara ese día para poder estar más tiempo con esa chica que tanto
me hacía vibrar y que hacía muy poco tiempo que empezaba a descubrir su increíble
personalidad. Recuerdo un día en el que haciendo tiempo para salir a hacer estas
habitabilidades, me dio a probar un bizcocho del que siempre me voy a acordar, y del que
por su especial elaboración daría mucho que hablar y que no podré olvidar jamás.

Poco a poco fuimos conociéndonos más y más, tanto que cada vez me apetecía más poder
estar con esa chica tan especial. Y empezaron las bromas, empezando por una nota
colocada en la maneta de freno de tu ”Vespi”, esa Vespi tan especial e inolvidable para los
dos y que pasaría desde aquel mismo momento a ser la “Vespi Indocumentada”, y otras
tantas y tantas bromas como la “Repostera de bizcochos con increíbles conocimientos
culinarios sólo aptos para paladares exquisitos”, la “Chica Infractora Reincidente” al que un
Agente le perdonaba sanciones, la “Vendedora ilegal de tickets de barra de Feria”.

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Entre medias también hubo tiempo de diversión “jugando a juegos populares como el
escondite” frente a la terraza de La Cantina de Floor, que por cierto vaya tarde de risas que
nos pegamos, cada vez que me acuerdo, se me escapa una sonrisa, luego pasó el turno
de planificar el “Plan Perfecto de Jubilación”, no sin antes tenerlo todo bien ideado,
primeramente necesitábamos a una “Arquitecta Naval especializada en Submarinos” por si
en la huida tendríamos que ir bajo el agua, después un buen disfraz de Musulmán con

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cinturón bomba para “Atracar a los Bancos”, con la ayuda de una cómplice sexy que
entretuviera al director de la entidad bancaria.

Si eso fallaba, siempre estaba el plan B, atracar el “furgón blindado del dinero”, a veces
visualizado y mandando sus coordenadas al móvil del otro cómplice, también hubo que
redactar un buen plan de “Fuga en Vespi”, utilizando los conocimientos adquiridos del uso
y manejo de la “Arquitecta Municipal” en el programa Autocad sobre el callejero de
Garrucha, tampoco nos podía faltar un “Hidroavión” para cuando llegásemos con la “Vespi
Indocumentada” al último centímetro del puerto y lanzarnos al agua, para poder culminar
el maravilloso plan de fuga en un destino paradisíaco perfecto como son las “ Islas
Maldivas” llegando como colofón del viaje navegando por supuesto en un “Catamarán”, y
cómo no, tampoco me podía olvidar del “BMW Infractor sin ITV” que tantos buenos
momentos nos ha dado, especialmente uno. No me puedo olvidar de que la “Vespi
Indocumentada” también incluía un viaje a la estación ITV en mi coche particular para
intentar solucionar tal documento que tantos quebraderos de cabeza le hacía pasar a su
increíble conductora, un viaje solos los dos, en los que pudimos imaginar cómo pudieran
haber sido muchos de nuestros viajes en la vida.

Decir que pasamos varias semanas para planificar la “perfecta jubilación con la mejor
compañía”, qué digo semanas, meses, con agujetas en los dedos de tanto escribir por una
famosa aplicación para dispositivos móviles, sabiendo mutuamente los horarios posibles
para poder realizar aquella diversión que nos quitaba el sueño de las tardes y que agotaba
nuestras baterías de los móviles tantas y tantas veces.

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Capítulo 3. Los Coqueteos y Los Abrazos

Pasaban los días y sólo buscaba excusas para poder estar a tu lado, cruzando la Plaza del
Ayuntamiento una y otra vez, visitando sólo un despacho, el de esa chica tan especial,
conociéndola cada vez más y por supuesto conociéndonos mejor, el cariño hacia ti fue en
tal aumento que ya formabas parte de mi vida, aún sin saber lo realmente cerca que
íbamos a estar, sé que ese cariño era sin ninguna duda recíproco, todavía recuerdo lo que
conseguiste por mí, sin yo darte a cambio nada, y fue que alguien con el que ibas a
trabajar profesionalmente, un tal “Enzo Ferrari”, que se prestaba a enseñarme aquel coche
tan maravilloso y que tanto me fascinaba, lo que conseguiste ese día no lo olvidaré nunca,
y sé que se cumplirá algún día.

Cada vez fuimos intimando más, inventado viajes al despacho o a mí oficina, sobre todo los
viernes cuando esa chica tan especial se encontraba sola, para poder darnos aquellos
abrazos que nos traspasaban el alma y que nos hacían llegar a lo más alto del cielo, tal y
como aquella música que tanto nos gustaba a los dos, “Archangel de Two Step from Hell”
que también nos hacía tele transportarnos a otro mundo, y otras tantas veces para coger el
vehículo policial bajábamos hasta la segunda planta del parking en ascensor
equivocándonos a conciencia al pulsar aquel botón, para después cruzarlo entero sin
apartarnos la mirada el uno del otro y con una sonrisa en nuestras caras.

Empezaba cada día con una sonrisa cuando, a casi un kilómetro de distancia empezaba a
oír en la lejanía el escape libre de la “Vespi” de esa chica tan especial llegar y estacionar
frente la puerta de mi oficina con aquel candado pitón y sin llave que tras unas semanas
hubo que desmontar y entregar a la chica súper estirada, a la chica dura y muy chunga
para que pudiera reventar los escaparates de algunas de las tiendas a las que le gustaba
visitar.

Recuerdo que dejabas tu “Vespi”, entrabas en mi ofi, nos dábamos los buenos días y ya
empezaba mi día con una sonrisa, para después verte cruzar la Plaza con tu modelito de
vestido tan particular, y al minuto yo te daba de nuevo otros buenos días a través de
nuestro teléfono particular, y que así sonaban cada mañana “Buenos días Lady. . .”
acompañados del color en inglés del vestido que llevabas. Sin tampoco olvidarme que
antes de que te marcharas al finalizar el día te dejaba un caramelo “Golia” escondido en tu
casco de terciopelo burdeos que un día te robaron y que tanto te avisé de que tarde o
temprano te podría pasar.

Deseaba que llegara la hora de los desayunos, no faltándome ni un solo día, aprovechando
cada milisegundo perdido todos estos años atrás, para poder acariciarte, tan sólo mirarte o
escuchar esa voz que tanto me gusta, claro que esa chica tan especial empezó
humedeciendo el suelo de mi oficina varias veces, unas con el depósito de agua de nuestra
cafetera Dolce Gusto, y otras tantas con su taza de té.

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En la oficina nos hablábamos con la mirada entre los demás y sólo nosotros éramos
capaces de interpretar aquel ambiente que nos rodeaba, con algunos mensajes al móvil en
las que reíamos sólo nosotros y nadie entendía que estaba pasando en realidad, sin olvidar
las caricias con los pies bajo la mesa completa de gente, ansioso estaba que los demás
empezaran a terminar de desayunar para poder estar a solas con tal preciosidad, o estar
sentado en mi escritorio particular contemplando a esa chica sentada en un taburete muy
especial.

Después pasaron los viajes al archivo para seguir tele transportarnos con aquellos abrazos
tan especiales que incluso eran tan fuertes que rompieron algunas gafas de sol, también
los abrazos por la espalda sin avisar que tanto nos gustaban, sintiendo la profunda
respiración del otro por la espalda, y con algún que otro beso en el cuello que hacía que el
vello se pusiera de punta, sin olvidarnos de los viajes al aseo para limpiar bien las tazas de
té y podernos nuevamente abrazar sin nadie a nuestro alrededor, claro que durante estos
abrazos, me tocaba humedecer a mí, pero no el suelo, sino mi ropa interior.

Tampoco se puede olvidar de las dos veces que tuviste que soplar el alcoholímetro después
de visitar nuestra ofi porque según decías, sólo te habías bebido algún tinto de verano que
otro e ibas a coger el “BMW infractor” para volver a casa, una de esas veces incluso
dándoles clases prácticas del uso del alcoholímetro a las sobrinas e hija de una amiga de
esa chica tan especial.

Ya nos faltaba tiempo de estar juntos, y empezamos a inventar mil maneras de podernos
encontrar, en vez de utilizar una escalera, mejor utilizar un ascensor, siempre
equivocándonos adrede pulsando el botón del último piso superior o inferior, este hábito se
volvió tradición, porque así podíamos darnos ese abrazo que nos cortaba la respiración, y
cuando no se podía buscábamos alguna que otra travesía a la Plaza para poder hacerle
entrega de algún que otro sobre de entrega a vecinos “sin ninguna actividad en su
interior”, para así poder terminar viendo a la chica que tanto me hacía soñar.

Llegaron los días de la feria del pueblo y me moría de ganas de poder ver a esa chica
vendedora de tickets ilegal que estaba tras la barra, con esos vestiditos tan cortitos que
solía llevar, el de color amarillo, o el de color blanco, o el de color negro, o el que se
pusiese que le queda tan bien con su cola en el pelo o su trenza mohicana, de cualquier
modo está espectacular.

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Capítulo 4. Traspasando Límites Desconocidos

Llegó un día, un sábado, el 19 A, donde aquel abrazo de más de un minuto con una vuelta
en el aire incluida poco pasadas las 15h, traspasó los límites de lo desconocido para
ambos y marcó el siguiente paso, porque aquel beso marcó un antes y un después de
locura en nuestras vidas, y la verdad es que fue unas de las mejores decisiones que he
tomado en la vida, y estoy totalmente seguro de que esa decisión también es recíproca,
porque gracias a ese paso, empecé a amar a aquella chica tan especial en el más absoluto
secreto, pues marcó el paso de nuestra bonita historia secreta y prohibida.

Esa semana estuvimos inventando más habitabilidades, deseando de bajar al parking en


ascensor, esa caja acorazada libre de peligros que tanto nos gustaba, y dónde se podían
hacer las habitabilidades mejor si no, que en los edificios más altos de Garrucha, subir en
su ascensor para culminar en la última planta y poder quitarnos ese calentón a besos, en la
que tu terminabas con unas mordiditas en el labio inferior y que tanto me hacían
enloquecer, aprovechábamos cada milisegundo de ascenso y descenso. No pudiendo
olvidar la noche de esa semana, después de la cena con Protección Civil, en la que
preparaste otro suculento plato de repostería digno de los paladares más exquisitos,
concretamente una gran tarta de galleta oreo, y en la que después de terminar mi turno de
servicio, te ofreciste a acercarme en el “BMW infractor” a casa puesto que te pillaba de
paso para ir a la tuya, recuerdo que nos paseamos por varias calles altas del pueblo,
estaba súper ilusionado al verte a mi lado y tu conduciendo, estaba sentado en tu coche y
no podía parar de mirar a esa chica tan especial, con una sonrisa espectacular, y después
de un bonito e inolvidable paseo de varios minutos, esa chica detuvo su coche en los
estacionamientos entre el Pabellón de Deportes y el Campo de Fútbol, nos miramos, nos
acercamos un poco más y nos empezamos a besar, un beso que tampoco podré olvidar,
puesto que fue de lo más especial.

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Capítulo 5. El Primer Escalón

Hasta que llegó el 29 A, día en el que una invitación a un desayuno en el 63, terminó
subiendo el primer escalón y en la más increíble experiencia de nuestras vidas. Aquel día
húmedo en todos los sentidos, ambos no lo olvidaremos jamás, porque está troquelado en
nuestras mentes, y no nos arrepentiremos jamás de lo que aquel día y los siguientes días
pasó, puesto que era lo que el destino de nuestras almas quería.

Ese día 29 A llevabas puesto un vestido de seda japonesa que tanto recuerdo y que
semanas atrás tanto me gustó, yo llevaba mi maletín del ordenador, porque claro, era un
desayuno meramente profesional, pero que en su interior se encontraba un objeto un tanto
peculiar, las esposas, que hacía unas semanas atrás también pudiste tocar, pero de otra
manera menos, especial.

Al mismo cerrar la puerta del 63, empezamos dándonos un fortísimo abrazo acompañado
de un buen beso como “Dios manda”, después una pequeña presentación de la estancia en
la que íbamos a estar y rápidamente, sin perder mucho más el tiempo, volvimos a darnos
durante varios minutos largos besos e interminables abrazos, pero esta vez en un lugar
completamente seguro para los dos, nos dimos besos y caricias hasta saciarnos sentados
sobre un pequeño taburete que allí se encontraba, hasta que llegó el momento en el que
saque esas esposas y tú las viste, las cogiste y me las pusiste, nos quedamos de pie, me
quitaste la camiseta que llevaba y me empezaste a abrazar por la espalda y a darme besos
por todo el cuello, el pecho, el abdomen, varias veces, hasta que me volviste
completamente loco. No podía contenerme, necesitaba quitarme aquellas esposas porque
jugaba en desventaja, al cabo de pocos minutos fue cuando me las quitaste y quedaron
libres mis manos, rápidamente nos pasamos a un comodísimo y gran sofá “Fama”, en la
que continuamos con nuestros largos besos pero ahora yo seguía jugando en desventaja,
llevaba una prenda menos que tú, y ahí fue cuando ese vestido de seda japonesa cayó al
suelo deslizándose suavemente por tus largas piernas. Volvimos a abrazarnos, piel con piel,
aunque sólo la parte superior de nuestros cuerpos, nunca antes podíamos haberlo
experimentado, durante varios minutos sólo fueron besos y más besos por todo el cuerpo
descubierto, abrazos que nunca deberían de haber terminado, hasta que aquella chica tan
especial, me susurró al oído que era ella la que estaba en desventaja, en ese momento
cayeron mis pantalones vaqueros al suelo. Ahora sí estábamos casi rozándonos el cuerpo
entero, piel con piel, nuestro corazón estaba muy acelerado por aquella maravillosa y
atrevida experiencia que estaba ocurriendo en esos momentos.

Empiezo yo arriba, dándote besos por el cuerpo, por tus labios, por tus senos perfectos y
bien apretados, besos por tu abdomen, y vuelvo arriba, y vuelvo abajo dándote besos,
utilizando mi boca para darte un suave soplido de aire por varias zonas de tu cuerpo,
usando la lengua para saborear toda tu piel, por tus labios, mordiéndote el labio inferior de
tu boca, pasando mi lengua por tu cuello, por tus senos, y entreteniéndome un tiempo en
tus bonitos pezones, lamiéndote entera, bajando por tu abdomen y terminando en la única
zona que tenías algo de tela cubriéndola, entonces aparté suavemente con mis dedos parte
de esa tela y utilicé la lengua para poder hacerte disfrutar relamiéndote tu zona más
íntima, buscando que te diera el máximo de placer posible. Disfruté viendo cómo te
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temblaba el cuerpo mientras respirabas profundamente, viendo como despegabas tu
espalda de ese maravilloso sofá, apoyándote con tus manos cerradas apretándolas muy
fuerte cada vez que mi lengua te tocaba tú complejo “botón”, esa imagen nunca la
olvidaré, jamás.

Después de unos minutos, me dijiste que ahora iba a ser tu turno, me tocaba a mí estar
abajo y tú encima, empezaste a besarme y a utilizar tu lengua por las zonas que ya sabías
que a mí tanto me gustaban y que me volvían loco, empezaste a bajar y a bajar más hasta
que me quitaste la ropa interior, ahora yo sí que estaba en completa desventaja hacia ti, y
que tú lo igualaste rápidamente, te quitaste aquel tanga negro, ahora estábamos cuerpo
con cuerpo, piel con piel, corazones a mil por hora, sobredosis de adrenalina, y esto sólo
acaba de empezar. Tu lengua seguía haciendo su maravilloso trabajo, pero ahora en mi
zona más íntima, subías y bajabas la lengua suavemente por mi zona más íntima, lo que
me estabas haciendo con tu lengua y tu boca ya dejaba entrever lo bien que lo sabías
hacer, ahora era yo el que cerraba los ojos, el que me moría de placer, y bien sabes que
después te lo he dicho alguna que otra vez y es que las mejores felaciones de mi vida me
las has hecho tú, y sí, también puedo decir, que no hay dos sin tres, nunca, y digo nunca
las olvidaré.

Al cabo de unos minutos comiéndome a besos y utilizando tu lengua, y tus labios por todo
mi cuerpo y te vuelvo a repetir, de qué manera la utilizabas, tenía un hormigueo por todas
mis extremidades que me duró varios días de tal excitación y también me temblaba todo el
cuerpo de tanta adrenalina segregada.

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En ese instante paraste, me miraste “muy suciamente “, yo sonreí y también te miré “muy
suciamente”, entonces me preguntaste si “terminábamos” lo que estaba pasando en ese
momento y los dos nos moríamos de ganas de que pasara. Se hizo el silencio, cerramos los
ojos, y me dijiste “¿Quieres?”, y te dije “Si”, me volviste a preguntar “¿Seguro?”, y yo
asentí con mi cabeza, entonces te pusiste encima, buscando la posición en la que nuestras
partes íntimas se tocaban, me agarraste mi parte más íntima con tu mano derecha, la
colocaste en los labios inferiores de tu parte más íntima, y la magia surgió, suavemente mi
pene se empezó a deslizar hacia arriba y hacia abajo dentro de las paredes de tu vagina,
hasta introducirse por completo, sintiendo totalmente el calor de tu vagina, estuvimos
gozando el uno con el otro en esa misma posición durante unos pocos minutos hasta que
llegó una abundante lluvia. Cuando acabó, nos besamos profundamente abrazados con
nuestros cuerpos desnudos y no nos podíamos quitar la sonrisa de la cara, había pasado y
seguro que estaba escrito que aquello pasara porque el destino nos lo tenía preparado y
seguro que nos lo debía. Estábamos subidos los dos en un columpio que provenía de las
nubes, balanceándonos en él como dos niños pequeños, disfrutando de aquella experiencia
inolvidable, sabiendo que aquello que había pasado estaba mal por nuestra particular
condición, pero sin arrepentirnos de nada, ocurrió todo sintiéndonos “como en casa”, con
la tranquilidad de que aquello que habíamos hecho no era nada malo.

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Después de aquella experiencia extraordinariamente placentera y adictiva, nos
preguntamos si alguno de los dos nos arrepentíamos de lo que había pasado, a lo que
ninguno de los dos dijo que si, es más, los dos dijimos que fue todo tan especial, tan
natural, tan “como en casa” que la magia nos dejó llevar.

A partir de ese momento nuestras conversaciones de móvil fueron subiendo de tono, tanto
que había que “Deletear”, las conversaciones eran tan elevadas que parecían sacadas de
una novela erótica, y en la que también imaginábamos si las pudiésemos haber escrito y
venderlas como tal, pudiendo parecerse en parte a las mismísimas “Cincuentas Sombras de
Grey”, adoptando el rol de los personajes de tal saga erótica. Pero de algún modo sabía
que ésta historia tenía que ser escrita para poder siempre recordarla, aunque desde el más
absoluto secreto.

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Capítulo 6. Subiendo Escalones Sin Parar

Tan sólo tres días después del 29 A, ese momento de lujuria y provocación, de perversión
absoluto, volvió a suceder, y esta vez fue en mi ofi, una tarde en la que a sabiendas de
que me iba a quedar sólo durante corto período de tiempo mientras mi compañero no se
encontraba allí, cerré la puerta de entrada, me quité mi pesado e incómodo cinturón y nos
preparamos una taza de té, concretamente de té chai que tanto nos gusta a los dos, pero
no pudimos ni darle un pequeño sorbo cuando nos volvimos a contagiar con aquella magia
que nos rodeaba, nos abrazamos tele transportándonos a algún lugar paradisíaco, nos
besamos varias veces apasionadamente, mordiendo nuestros labios inferiores, dejándonos
llevar otra vez y deslizando nuestras manos hasta llegar a algunas zonas que sabíamos que
nos volvía locos cuando el otro las tocaba, tú metías la mano tras el pantalón hasta
acariciar y agarrar mi zona más íntima y yo hacía lo mismo debajo de tu tanga. No nos
podíamos contener más, tu subida en la mesa, me bajé un poco el pantalón y mi ropa
interior, yo te subí un poco el vestido, tú me cogiste el pene y lo pusiste junto a tus labios
inferiores y te empecé a penetrar suavemente hasta alcanzar la lubricación óptima, cuando
de repente yo que me encontraba de pie te cogí en peso separándote de la mesa,
quedándote agarrada con las manos a mi cuello y abrazada con tus piernas a mi cintura, y
continuamos gozando el uno del otro, junto a nosotros estaba ese taburete tan especial
para nosotros y que a ti tanto te gustaba, sin soltarte me senté en él contigo encima y
continuamos haciendo eso que tanto nos gusta a los dos durante unos pocos minutos
hasta que de nuevo llegó una abundante lluvia.

Al terminar Los dos estábamos eufóricos de tanto placer recibido, tomamos un sorbo de té,
abrí la puerta de la ofi y empezamos a hablar sólo con las miradas y las sonrisas de nuestra
cara, cuando otra vez no nos pudimos contener más las ganas y tras un largo beso con
unas mordiditas de labio al finalizarlo, me volví loco otra vez, tuve que cerrar de nuevo la
puerta de la ofi para apresurarnos a besarnos loca y apasionadamente, tuve que apartar a
un lado nuestras tazas de té chai, entonces te subí a la mesa nuevamente, aparté el
vestido lo suficiente y ladeé la tela de tu tanga mientras tú me quitabas el botón del
pantalón, que cayó hacia abajo lo suficiente, entonces tú metiste la mano en mi ropa
interior, me agarraste nuevamente el pene y lo colocaste de nuevo en tu vagina, y
suavemente empezamos a tener sexo nuevamente, gozando de nuestra perversión, ahora
tú espalda estaba sobre la mesa, tus manos agarradas a las mías, yo viendo la expresión
de placer de tu cara, cerrabas los ojos, mordiendo el labio inferior de tu boca con tus
dientes, inspirabas aire fuertemente a tus pulmones para después espirar fuertemente,
controlando tu respiración, estuvimos gozando otros pocos minutos hasta que una copiosa
lluvia nos obligó a detener.

Tengo que decirte que debido a esas abundantes lluvias me apodaste cariñosamente “Mr.
Rain” y me llena de orgullo poseer dicho título, pero eso sí sólo y exclusivamente contigo.

Habíamos subido tres escalones de nuestro particular edificio de perversión, y estábamos


seguros de que íbamos a subir más, pasábamos el fin de semana un poco más largo de lo
habitual, estábamos ansiosos por que llegara el martes para empezar a trabajar, para
poder vernos y empezar a conversar, a desayunar, a reir y también a imaginar.

Cogíamos mi cuadrante de servicio por si algún día podríamos quedar fuera del lugar
habitual, y no desaprovechábamos la oportunidad.

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Capítulo 7. Champagne y Fresas

A los pocos días volvimos una mañana a quedar, pero esta vez en el 63, ésta vez esa
“chica tan especial”, había preparado como buena profesional del interiorismo la estancia
para tal acontecimiento.

Al entrar en la casa, que ya me resultaba familiar, subimos las escaleras hasta el cuarto de
invitados, donde había un diván, una mesita donde se encontraba una botella de
champagne con dos copas y un cuenco con fresas para poder degustar. También pude
visualizar un espectacular cuadro de las fases de construcción de la Torre Eiffel, y un
bonito espejo situado bajo la ventana de aquella estancia.

No perdimos mucho el tiempo la verdad, rápidamente nos quitamos la ropa quedándonos


completamente desnudos, nos tumbamos en el diván y empezamos a disfrutar de aquel
momento, primero empezamos besándonos, después lamiéndonos el cuello y otras partes
que nos volvían locos a los dos, empiezo yo arriba, y después de lamerte desde tu boca,
pasando por tu cuello, tus senos, tus pezones, tu abdomen, hasta llegar a tu zona más
íntima, entonces empecé a lamerte detenidamente tus labios inferiores, profundizando con
la lengua por las paredes de tu vagina, intentando que disfrutaras al máximo cuando
pasaba mi lengua suavemente por tu “botón tan particular”, un clítoris del que nunca me
voy a olvidar, quería que mi segundo cunnilingus fuera aún más especial.

Disfrutaba viendo como tú disfrutabas de la misma forma que la primera vez, y después de
unos minutos de placer para los dos, subí a besarte nuevamente en una posición en la que
nuestras partes íntimas se estaban rozando, cogí una fresa y me la comí, cogí otra y te la
día a ti para comer, empecé a poner varias fresas en tu cuerpo desde el cuello hasta tu
parte íntima, empecé a comérmelas despacio y deteniéndome en el lugar donde las había
colocado para lamerte lentamente cada centímetro de tu suave piel, y cuando llegué a tu
zona más íntima, empiezo a comerme esa fresa estratégicamente colocada sobre ella,
volviéndome loco pasando la lengua por toda ella, haciéndote disfrutar durante unos
minutos.

Entonces me detengo para poder coger una fresa para comerla y darte otra a ti, tomamos
un trago de champagne y me dijiste “ahora me toca a mí”, te pones una fresa en la boca,
me empiezas a besar y me la pasas al interior de mi boca, mientras la mastico tú empiezas
a besarme y lamerme mi cuello, bajando dándome besos por todo el pecho y abdomen
hasta bajar a mi zona más íntima, para después pasar con tu lengua de arriba hacia abajo
por mi pene, introduciéndolo en tu boca, realizando suavemente una perfecta felación,
después de un minuto te dije que yo también quería, y yo aún abajo, te diste la vuelta, te
colocaste mirando hacia mis pies y tu parte más íntima a la altura de mi cara, entonces
empezamos a trabajar con nuestras lenguas a la vez, dándonos placer mutuamente,
trabajando al unísono, un perfecto “sesenta y nueve” que duró varios minutos.

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Tras detenernos para dejar descansar nuestras lenguas, te diste la vuelta tu encima de mí,
ahora estábamos mirándonos nuevamente a la cara, y sólo con poner tu vagina sobre mi
pene fue suficiente para que suave y lentamente se introdujera por completo en su
interior, entonces empezaste a moverte hacia arriba y hacia abajo, gozando locamente,
tras unos minutos, te dije que me tocaba mi turno, te colocaste debajo y yo encima, y te
empecé a besar en la boca, rápidamente te besé un pezón y continué abajo para darte un
corto lametón en tu parte más íntima, me cogí el pene con mi mano derecha y lo introduje
lentamente en tu vagina, penetrándote suavemente para después continuar más fuerte,
buscando el placer máximo mutuo, hasta que me corrí sobre tu abdomen abundantemente.

Entonces te tuve que pasar las toallitas para limpiarte y nos relajamos unos minutos
tomándonos un sorbo de champagne y unas cuantas fresas más.

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Al cabo de un par de minutos, la perversión empezó de nuevo, y casi realizando las mismas
posiciones de antes, tuvimos más y más sexo, hasta que para terminar esta vez te dije que
te pusieses mirando al espejo, ahora tú estabas apoyada sobre el colchón con tus manos y
tus rodillas, te colocaste “a veinte uñas”, con tu vagina en la posición perfecta para
introducir mi pene desde atrás, y empecé suave y lentamente, cogiéndote la cintura
mientras te penetraba una y otra vez, tu y yo gozando más y más, penetrándote lo más
profundamente posible, entonces me detengo con mi pene dentro y te doy una palmada en
tu culito para justo después volver a continuar durante varios minutos viéndonos en ese
espejo como teníamos más y más sexo, hasta que no aguanté más y el momento de lluvia
volvía a aparecer, aguantando hasta el último milisegundo en el interior para después
llenarte de semen la parte baja de tu espalda y caer los dos exhaustos encima del colchón.

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Descansamos unos minutos los dos con la espalda sobre el colchón, girando nuestros
cuellos para empezar a hablarnos con los ojos, nuestras caras eran risas de tanta pasión
derrochada, entonces bebimos unos sorbos de champagne y nos terminamos las fresas,
pero esto no había acabado, aún había tiempo de un poco más.

Y nuevamente nos empezamos a acariciar, a besar como sólo nosotros sabíamos a


hacerlo, a tocar con nuestras manos nuestras partes más íntimas hasta que yo que quedo
abajo con la espalda sobre el colchón, tú pasas tu pierna izquierda sobre mi cuerpo
quedándote arriba, y te echas estirada sobre mí, metiendo tus piernas dentro del hueco de
las mías, quedándonos pecho con pecho y te abrazo de la manera que tanto nos gusta, y
acomodamos nuestros cuellos quedándonos casi un minuto en esa posición, hasta que
nuestros labios empezaron a rozarse nuevamente, surgiendo las ganas de nuevo de volver
a empezar a hacer eso que tanto nos gusta a los dos y que tanto disfrutamos.

Mi parte más íntima empezaba a ser más grande de lo habitual en reposo, hasta que tu
encima de mí, te posicionas sobre él, te levantas un poco haciendo fuerza con las piernas
y cogiéndolo con tus dos manos, lo posicionas para descender suavemente sobre él,
introduciéndose lentamente en tu vagina, entonces te agarro con mis manos tu culito y te
ayudo a hacer los movimientos hacia arriba y hacia abajo sincronizándonos los dos, así
durante unos minutos, hasta que sin sacar mi pene del interior de tu vagina, nos damos la
vuelta para estar en la posición inversa a la que estábamos, ahora estaba yo arriba y tu
abajo.

Seguidamente continúo penetrándote más profundamente, de manera más brusca y más


rápida escasamente un minuto, me detengo, saco mi pene, y me echo hacia atrás unos
centímetros para entonces con mi lengua empezar a estimular tu zona más íntima,
metiendo mi lengua al máximo, y utilizando mis dedos corazón e índice para darte aún más
placer, deteniendo mi lengua estratégicamente para jugar con tu botoncito de despegue.

Al cabo de unos minutos, me detengo, me bajo de la cama, te cojo la cintura y te giro en la


cama para quedarte en el lado izquierdo de ésta, con las piernas fuera y tu espalda
apoyada en el colchón y yo de pie sobre el suelo, quedándose nuestras partes íntimas a la
misma altura, te doy un pequeño lametón con la lengua en tus labios inferiores, posiciono
mi pene con mi mano derecha sobre tu vagina y te empiezo a penetrar lentamente
durante unos segundos para después continuar penetrándote más duro, te cojo tus piernas
las posiciono para que tus rodillas se queden a la altura de mi cuello y tus pies al vuelo
tras mi espalda, buscando la posición más placentera.

Tras varios minutos cambiamos de nuevo de posición desde el mismo lugar, ahora me
siento yo sobre el colchón y tú te sales de la cama para subirte encima mío, te apoyas con
las rodillas en el colchón y con el resto de tu cuerpo fuera de la cama, te mantienes en el
aire porque te agarras a mi cuello y yo te agarro la cintura, entonces continuamos gozando
del momento, primero lentamente y después más fuerte, besándote yo los senos y
lamiéndote los pezones cuando cambiábamos el ritmo a más lento, así durante unos
minutos hasta que otra vez cambiamos de posición.
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Ahora los dos estábamos de pie y fuera de la cama, tú te pones al lado de la cama
dándome a mí la espalda, inclinas tu cuerpo hacia delante apoyándote la parte superior de
tu cuerpo sobre el colchón, entonces yo sólo tengo que agarrarme el pene con mi mano
derecha y posicionarme desde atrás tuya para empezar a penetrarte nuevamente. Sin
pensármelo dos veces, te doy un azote en tu culito mordiéndome mis labios fuertemente, y
poco a poco van lubricándose tus paredes interiores sintiendo muchísimo más placer en el
glande del pene, penetrándote más y más, así suave y duro continuamos durante unos
minutos hasta que llegó la copiosa lluvia de nuevo cayendo todo el semen al suelo.

Ahora estábamos los dos exhaustos de tanta perversa actividad, tuvimos que descansar
varios minutos y beber los últimos sorbos de champagne que quedaban, pero aún quedaba
algo de tiempo y no se podía desaprovechar, los dos estábamos tumbados en la cama de
lado mirándonos, y empezamos a utilizar nuestras manos para estimular nuestros cuerpos,
mi pene se empezaba otra vez a agrandar, entonces te di la vuelta, quedándote tumbada
hacia abajo, con la cabeza apoyada en la almohada y los brazos semi flexionados sobre
ésta, me posiciono sobre ti besándote el cuello mientras con mi mano derecha y
ayudándome de mi dedo corazón empiezo a estimular tu zona más íntima.

Tras unos segundo abro entera la mano y tan sólo con presionar tus muslos abres más las
piernas, entonces me coloco para empezar a introducir nuevamente mi pene en tu vagina
suavemente, ya se notaba nuestro cansancio, pero teníamos energía para mucho más,
disfrutando de cada penetración que se volvía más brusca dándote duro desde esa posición
desde atrás, estiro mis manos para llevarlas hasta donde las tenías tú, las pongo sobre las
tuyas colocando cada uno de mis dedos sobre los huecos de los tuyos, penetrándote
entonces más profundamente, golpeando mi abdomen en tu culo, te llevo tus manos hacia
atrás, haciendo que tu espalda se elevara, despegando tu ombligo del colchón, ahora
estabas aguantando parte de tu peso sobre tu cabeza que estaba apoyada en la almohada,
así estuvimos durante unos minutos, suave y duro, suave y duro, ensuciando con el rímel
de tus ojos la almohada, disfrutando en cada penetración.

Casi ya agotados te das la vuelta, tu espalda sobre el colchón y yo sigo arriba, empiezo
nuevamente a introducir mi pene en lo más profundo de tu vagina, lentamente,
besándonos, cogidas nuestras manos, tocándose en cada penetración un abdomen con el
del otro, hasta que nuevamente llegó la lluvia, corriéndome sobre tu abdomen, llenándote
de semen tu ombligo desbordándolo y cayendo el sobrante lentamente hasta las sábanas
tras recorrer parte de tu cuerpo.

Casi sin darnos cuenta habían pasado casi tres horas teniendo sexo locamente, hasta que
el reloj marcaba la hora de finalizar, un día en el que subimos cuatro escalones de golpe y
del que sólo marcaría el principio de otros muchos más, todo fue tan especial y fluido que
estábamos “como en casa”.

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Capítulo 8. ¿Un Brindis con Champagne y Frambuesas?

Pasaron unos días en los que nuestros dispositivos móviles echaban humo literalmente,
nuestras conversaciones fueron subiendo el tono sexual, y los dos necesitábamos
nuevamente repetir esta perversa experiencia, el Agente se convirtió en “Doctor” porque a
esa chica tan especial la tenía que volver a explorar profundamente, y también porque esa
chica tan especial necesitaba una cita médica con su “Doctor” preferido, necesitaba de una
buena carburación y de la regulación de su termostato tan particular, así hasta llegar a
cuadrar nuestro siguiente encuentro perverso.

Y llegó ese día, volvió a suceder, otra vez en el “63”, eran apenas las diez menos veinte de
la mañana, cuando esa chica tan especial abrió la puerta de su casa, rápidamente nos
dimos un profundo abrazo terminando en un apasionado beso, rápidamente subimos de
nuevo a aquella estancia en la que sucedió antes, ahora el diván estaba ampliado,
tendríamos mucho más espacio para “jugar perversamente”, había varias velas repartidas
por la habitación, un platito de frambuesas y una pequeña botella de champagne con dos
copas. No tardamos mucho en empezar a quitarnos la ropa el uno al otro, quedándonos
completamente desnudos de pie, nos empezamos a abrazar uniendo nuestros cuerpos, nos
besamos locamente utilizando a la vez nuestras manos para tocar nuestras zonas más
íntimas, te paso la lengua desde el cuello hasta tus senos, te mordisqueo el pezón para
después chuparlo lentamente, entonces tú coges y me llevas a la cama, me quedo sentado
en el filo de ella, tu aún de pie me empiezas a besar terminando con una mordidita de las
que tanto me gustan, yo como siempre me vuelvo loco, te cojo de la cintura y te subo a la
cama, tú te quedas encima de mía, seguimos besándonos, te agarro el culito con mis
manos, te doy una palmada en él, mi pene ya estaba bien erecto en ese momento, tú lo
coges con la mano y haces lentamente movimientos hacia arriba y hacia abajo, entonces
desplazas tu cuerpo hacia atrás y le pasas la lengua por todo el glande para
inmediatamente empezar a hacerme una felación durante casi un minuto, rápidamente te
digo que quiero hacerte yo lo mismo, te doy la vuelta, me coloco yo arriba y con la lengua
empiezo a lamerte los pezones, y sin separar la lengua de tu piel, voy bajando hasta llegar
a tu zona más íntima, te paso la lengua por tus labios inferiores buscando tu clítoris para
estimularlo con ella, quería que disfrutases al máximo durante varios minutos, era sólo un
precalentamiento de esa mañana, después subo a la altura de tu boca y empiezo a
besarte, a la misma vez posiciono mi pene sobre tus labios inferiores y lo ayudas con tu
mano para facilitarle la entrada a tu vagina, empiezo como siempre lentamente, para que
se lubrique todo bien empezando a sentir todas las paredes internas, primero suavemente,
luego duro, luego otra vez suave, viendo cómo disfrutabas del momento, al cabo de unos
pocos minutos llegó la lluvia y otra vez cayó sobre tu ombligo y alrededores.

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Al terminar, y te digo que lo recordaré para toda mi vida, porque se me troqueló en mi
cabeza, me dijiste que te tenías que sincerar conmigo, yo preocupado porque pensé que te
había hecho daño, y no era eso, me dijiste que eras una chica muy difícil de llegar al
orgasmo, y me explicaste el funcionamiento de tu clítoris, un clítoris bastante complejo
para lograr hacerlo funcionar y que pueda arrancar los motores de la nave espacial para
despegar y recorrer la vía láctea entera. Me dijiste que funcionaba unas veces de una
manera y otras de otra, que aquel botoncito tras estimularlo y subir a “La Luna” había que
esperar un minuto aproximadamente para volver a estimularlo ya sea de la misma manera
que antes o de otra, que bien estimulado había llegado hasta “nueve” veces seguidas a “La
Luna”.

Así que después de conocernos más profundamente, me prometí, que cada vez que
tuviéramos sexo, intentaría que pudieses llegar a alcanzar los mejores orgasmos de tu
vida.

Después de sincerarte conmigo sobre tus orgasmos clitorianos, y yo con la lección bien
aprendida, sólo quería que llegases ésta y las siguientes veces como mínimo a La Luna.

Ya tumbados en la cama boca arriba los dos, y mirándonos a los ojos, me muerdo yo sólo
el labio, te miro perversamente, me incorporo y me doy la vuelta para quedarme arriba y
mirándote a la cara, empiezo a besarte, a darte lametones por detrás de la oreja izquierda,
bajando por el cuello, me dirijo de nuevo a besarte locamente, jugando con nuestras
lenguas durante unos segundos, entonces empiezo de nuevo a lamerte por el cuello, pero
esta vez bajando hasta tu pecho, empiezo a juguetear con la lengua en tus pezones,
entonces bajo sin separar la lengua de tu piel hasta llegar a tus labios inferiores, entonces
te doy un lametón desde la parte inferior hasta la superior de ellos, donde usando con
precisión la punta de mi lengua encuentro tu complejo clítoris, y al que lo estimulo durante
largos segundos, viendo como levantabas la espalda del colchón, como respirabas
profundamente, como cerrabas los ojos, como te mordías los labios, como apretabas las
sábanas con los puños cerrados, empiezo a ayudarme de mi dedo índice para que tuvieses
aún más placer, y al cabo de un minuto me detengo, y me dirijo a besarte, a que jugasen
de nuevo nuestras lenguas, y mientras me cojo el pene y empiezo a introducirlo
suavemente, despacito, hasta lo más profundo, así hasta lubricar por completo tus paredes
internas, para poder empezar a penetrarte más duro, besándonos a la vez
apasionadamente para quedarnos sin saliva.

Después de unos minutos, cambiamos de posición y te colocas tú arriba, y seguimos


teniendo sexo, con movimientos hacia arriba y hacia abajo, pero ésta vez utilizo mi dedo
pulgar para estimular tu botoncito mientras subías y bajabas con mi pene en el interior de
tu vagina. Ya desde ese mismo momento estaba viendo cómo tú empezabas a estar más y
más excitada, y empezabas a respirar aceleradamente, así durante unos pocos minutos,
entonces cambiamos de nuevo de posición, ahora yo estaba detrás tuya, tú te pusiste de
rodillas y apoyada con las manos sobre el colchón, comúnmente llamada “a veinte uñas”,
mirabas el espejo que había debajo de la ventana, y yo detrás de ti coloqué mi cuerpo
pegado al tuyo, y con mis manos te acaricio el cuello y la espalda hasta llegar a tu cintura,
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te agarro la cintura, y seguidamente, con mi mano derecha te doy un azote en tu culito,
cojo mi pene y empecé a penetrarte, los dos mirábamos el espejo, viendo cómo teníamos
sexo perversamente, y entonces con el dedo corazón de mi mano derecha empiezo a
estimular tu complejo botoncito a la vez que te penetraba duramente, entonces me dijiste
que si quería que te cogiera de la cola del pelo, suelto inmediatamente la mano izquierda
de tu cintura y te cojo la cola que te habías hecho en el pelo y tiro suavemente hacia atrás
haciendo que elevaras la cabeza mientras seguía introduciendo mi duro pene en tu vagina,
y entonces inclino mi cuerpo hacia delante y te susurro en el oído: “mira el espejo, quédate
con ésta imagen nuestra, mira que locos que estamos, que sepas que me encanta vernos
en el espejo teniendo sexo”.

Al finalizar lo que te estaba susurrando en el oído vuelvo a poner mi mano izquierda en la


cintura para poder cogerte mejor, mientras seguía y seguía estimulando tu complejo
botoncito con el dedo corazón de mi mano derecha, hasta que tu respiración se aceleraba
más y más, y esta vez empezaste a gemir suavemente, así durante unos diez segundos
aproximadamente hasta tener un gemido más brusco y continuado mientras agarrabas
fuertemente la sábana bajera de la cama y cerrabas los ojos, y yo de oírte a ti gemir me
excité tanto que también me corrí, echándote todo el semen en la parte más inferior de tu
espalda, ahora sí sabía que habías llegado al éxtasis, sabía que habías cruzado la órbita
hasta llegar a La Luna, ese había sido el mejor sexo hasta la fecha que habíamos tenido.
Porque los dos habíamos llegado a la vez, y fue inolvidable.

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Los dos nos dejamos caer en la cama exhaustos de tanta excitación, nos miramos y
suspiramos, diciendo: “Brutal, ha sido brutal”, y seguidamente tuvimos que tomarnos un
trago de champagne y algunas frambuesas para reponer fuerzas y seguir tumbados en la
cama, pero ahora abrazados.

Después de varios minutos así, nuestra cara lo decía todo, la escena parecía sacada de una
película de cine, y lo sabíamos los dos, nos compenetrábamos en todo, incluso en el sexo.

Al poco empezamos a besarnos de nuevo y volvimos a repetir la escena de antes,


cambiando alguna posición sexual que otra, pareciéndonos casi a los personajes de la saga
de la película "Cincuenta Sombras de Grey”, y después de casi treinta minutos de sexo,
para finalizar te colocaste totalmente tumbada boca abajo en la cama y abriste tus piernas
para que yo colocado encima pudiera penetrarte profundamente, quería que otra vez
llegáramos juntos a pasar la órbita, en un viaje espacial hasta llegar a Venus. Entonces
cojo mi pene con una mano y lo empiezo a introducir suavemente en tu vagina y meto mi
mano derecha por un lado de tu cintura buscando tu complejo botoncito de “despegue”
hasta que con mi dedo corazón empiezo a estimularlo mientras las penetraciones se hacían
más profundas, suavemente primero y duramente después, para después volver a hacerlas
suavemente, buscando que sintieras el máximo placer sin dejar de estimular tu clítoris,
hasta que nuevamente empezó a suceder otra vez, tu respiración se aceleraba más y más,
empezaste a hacer gemidos otra vez suavemente, así durante varios segundos hasta
terminar en un gemido mucho más brusco y continuado mientras te agarrabas fuertemente
la cabecera de la cama y cerrabas los ojos, y yo de oírte de nuevo a ti gemir me excité otra
vez tanto que también me corrí encima de tu cuerpo echándote todo el semen en la parte
más inferior de tu espalda, cayendo yo exhausto a la cama después de exprimir la última
gota de semen sobre tu piel. Otra vez había pasado, llegando los dos a la vez, nos
montamos en la nave espacial, arrancamos motores, empezamos a despegar, y
ascendimos hasta llegar a cruzar la órbita espacial, pasamos la Luna y llegamos a Venus.

Y otra vez fue brutal, ya no sabía si el mejor sexo que habíamos tenido hasta la fecha era
ese o el de antes, pero daba lo mismo porque creo que los dos fueron insuperables.

Sin darnos cuenta, el reloj marcaba la hora de finalizar nuestra mañana perversa y ponía
fin a la locura de ese día.

No tardamos mucho en planear otro día loco y perverso, nuevamente en el “63”, pero esta
vez le pedí a esa chica tan especial que buscara un pañuelo de seda y un cuenco de hielo.

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Capítulo 9. Hielo y un Pañuelo de Seda

A los pocos días no tardamos en volver al que hasta ahora fuera nuestro único lugar
perverso donde podíamos desatar nuestras locuras, y ese no podía ser otro que el “63”, se
abre la puerta, y nos damos los buenos días con un largo beso con lengua, seguido de un
abrazo de los que nos gusta darnos y otro beso con mordidita final. Me coges de la mano y
empezamos a subir escaleras hasta llegar a aquella habitación en la que habíamos estado
derrochando tanta pasión otras veces. Aquella vez estaba preparada con luz de velas, la
había preparado esa chica tan especial a la que entre tantas cosas, también se le daba bien
la decoración de estancias, y si, también estaba un cuenco con hielo y un pañuelo para
poder hacer cosas perversas con él. Sin perder el tiempo empezamos quitándonos la ropa
el uno al otro y quedándonos en ropa interior, entonces te pedí el pañuelo para poder
taparte los ojos, quedándote a ciegas, a mi merced, fiándote por completo de mí y de toda
mi perversión oculta y que poco a poco también te iba a sacar a ti de tu interior. Te cogí de
la mano y te llevé a la cama, te pedí que te colocaras boca arriba y en mitad de ésta, me
subo yo a la cama y empiezo a besarte, para después pasar a jugar con mi lengua tocando
con la punta de esta varias partes de tu cuerpo, lamiéndote cada parte de tu cuerpo que
sabía que te volvía loca combinándolo con suaves soplidos continuados que recorrían todo
tu cuerpo, hasta que bajando desde tu pecho hasta tu abdomen, te agarro el tanga con
mis manos y tiro suavemente de él hacia atrás, hasta sacarlo por completo de tus largas
piernas, y empiezo a lamerte con la lengua desde el tobillo hasta tu cintura, sacándote
alguna cosquilla que otra, pero ya no tocaba reír, tocaba sentir placer, y coloqué mi boca
sobre tus labios inferiores y con la lengua te empiezo a lamerte de arriba abajo tu zona
más íntima buscando tu complejo botoncito cada vez que subía arriba, viendo cada vez que
lo estimulaba como me cogías la cabeza con tus manos mientras tu respiración se
aceleraba cada vez más, entonces cogí un cubito con mi boca, sujetándolo con los dientes
dejando gran parte de éste fuera de él y empiezo a recorrer tu piel, primeramente recorro
los labios de tu boca, pasando por el cuello, bajando hasta el pecho, donde recorro tus
senos hasta llegar a los pezones viendo como lentamente se derretía el cubito y el agua
goteaba lentamente por el lateral de tu cuerpo hasta mojar las sábanas, seguía bajando
hasta llegar a tu zona más íntima que casi con el cubito derretido empiezo a hacerte
nuevamente un cunnilingus y que tras un par de minutos no aguantaste más y te quitaste
la venda, diciéndome que querías ver mi cara mientras te hacía estos juegos tan perversos
y que ahora me tocaba a mí ponerme la venda en los ojos, a lo que accedí rápidamente.

Me coloque boca arriba y con los ojos vendados, esa chica tan especial empieza a besarme
por el cuello, por el pecho, por el abdomen y llegando a la altura de mi ropa interior, que
rápidamente dejó de taparme mi zona más íntima, porque me la quitaste y lanzaste al
suelo. Yo con el sentido de mi vista anulado pero el del tacto trabajando al cien por cien,
sentí como me cogiste el pene con una mano y lo introducías en tu boca suavemente,
deslizando sobre el tus labios de arriba abajo, recuerdo que ahí también te cogía yo la
cabeza con las manos varias veces, a lo que me contestabas que me estuviera quieto, y sin
parar me seguías haciendo una increíble felación, que tras un par de minutos te dije que
pararas porque si seguías iba a llegar la lluvia muy pronto. Entonces me quité la venda,
pero tú seguías arriba y con un cubito en tu boca, y empezaste a jugar con el pasándomelo
por todas las zonas donde sabías que me volvía loco, derritiendo el cubito rápidamente.
Una vez derretido por completo, nos besamos y en la misma posición colocaste tu vagina
sobre mi pene y suavemente fuiste bajando hasta que se introdujo por complejo, entonces
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seguiste con suaves movimientos hacia arriba y hacia abajo, compenetrándome yo contigo
para profundizar más, buscando el placer máximo y cuando la lubricación interna era la
óptima los movimientos fueron más bruscos y con el dedo pulgar de mi mano derecha
intentaba estimular tu complejo botoncito, hasta que tras unos minutos cambiamos de
posición, sabía que la lluvia iba a llegar muy pronto si no parábamos. Entonces te dije que
te tumbaras boca abajo sobre la cama y me pongo sobre ti apoyado sobre mis rodillas
dejando mi pene a la altura tu culito. Entonces inclino mi cuerpo para coger un cubito del
cuenco y me lo pongo en la boca, y empiezo a pasarte la parte que sobresalía de éste por
tu cuello y espalda, bajando hasta tu cintura, derritiéndolo sobre tu piel, mojando las
sábanas otra vez y ya cuando era de un tamaño más pequeño, me lo meto por completo
en la boca y te beso, jugando con la lengua, pasándonos el cubito de una boca a la otra en
la posición en la que estábamos hasta que empiezo a lamerte la espalda desde el cuello
hasta llegar a tu apretado culito, me cojo el pene con mi mano derecha y busco desde
atrás tu vagina, penetrándote lenta y suavemente sintiendo con el glande del pene las
paredes internas, lubricando lentamente, entonces meto mi mano derecha por el hueco de
la cintura y busco con el dedo corazón al complejo botoncito de despegue, empiezo a
estimularlo mientras que te penetraba una y otra vez, buscando que arrancaras los
motores de la nave espacial y poder cruzar la órbita juntos de nuevo, seguía y seguía
estimulando mientras las penetraciones se hacían más bruscas, hasta que empecé a sentir
que tu respiración se aceleraba, y de tu boca salían suaves gemidos que a mí me estaban
excitando tanto que tuve que sacar mi pene del interior de tu vagina rápidamente y
aprovechando la hendidura de tu culito lo apoyé sobre ésta y con suaves movimientos de
igual manera de que si estuviera mi pene en el interior, continué hasta que me corrí sobre
tu piel mientras seguía estimulándote con mi dedo corazón tu clítoris mientras tus gemidos
no cesaban, hasta que esos gemidos se convirtieron en uno más brusco y continuado que
delataba que habías cruzado la órbita y llegarías a “Venus”.

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Tuvimos que descansar unos minutos debido al cansancio de tanta perversa actividad, y
aunque el aire acondicionado estaba funcionando, acabamos mojándonos también de
sudor. Después dijiste que te tocaba a ti trabajar, me quedé tumbado boca arriba y sin
perder mucho tiempo me colocaste el pañuelo alrededor de mis muñecas y le echaste un
nudo, quedando mis manos unidas por mis muñecas y con poca movilidad.

Entonces empezaste a besarme por mi cuello, dando pequeños saltos con tu boca y
volviéndome a besar en otras partes de mi cuerpo, bajando desde el pecho hasta mis
testículos, entonces con tu lengua empezaste a lamer mi pene desde abajo hacia arriba
tres veces utilizando a la vez tu mano para bajar y subir mi prepucio lentamente, hasta que
en una de las veces que tu lengua estaba entretenida jugando con el borde de mi glande,
lo introduces en tu boca por completo, realizándome una felación durante más de un
minuto que hizo que mis manos maniatadas bajaran hasta tu rostro para intentar que te
detuvieras porque me iba a morir de placer, a lo que me dijiste que si ahora entendía el
estar con poca movilidad en las manos mientras sientes placer, entonces rápidamente subo
mis manos maniatadas a la altura de mi boca y agarro con los dientes el lazo del nudo
tirando de él y desatándome, dejando mis manos libres, mientras tú seguías dándome más
placer. Ya con mis manos libres me incorporo un poco y te agarro de la cintura, haciendo
que pararas esa increíble felación y que subieras tu cuerpo para quedar tu boca a la altura
de mi boca y tu vagina a la altura de mi pene.

Una vez ahí empiezo a besarte locamente, agarrándote con mis manos el culo y
posicionando la punta del pene con la entrada a tu vagina, suavemente te dejas caer sobre
él y aún con mis manos agarradas a tu culo empieza a introducirse lentamente hasta que
después de unos segundos de suaves movientes ya está bien lubricada tu vagina, entonces
empiezo a penetrarte más duramente, sincronizando nuestros movimientos hacia arriba y
hacia abajo con ayuda de mis manos, agarrándote y tirando con fuerza hacia abajo para
que penetrara más profundamente, así durante unos minutos hasta que cambiamos de
posición, tú ahora abajo y yo arriba, mirándonos cara a cara, cojo un hielo casi ya derretido
en su totalidad y empiezo a pasártelo por el borde de tus labios, bajando desde tu cuello
hasta tus pezones, jugando con el sobre tu pecho mientras se derretía aún más, para
después bajar con él y jugar con tus labios inferiores hasta que se derritió por completo.
Inmediatamente meto mi cabeza entre tus piernas y pongo mi boca sobre tu vagina, y
comienzo a hacerte un cunnilingus, ayudándome de mi dedo corazón y mi pulgar,
estimulándote tu clítoris, para que empezaras a encender motores de tu nave espacial,
teníamos que llegar otra vez como mínimo a La Luna, después de un par de minutos
utilizando mi lengua sobre tu parte más íntima, me coloco sobre ti y empezamos a
besarnos mientras nuestras zonas íntimas también se estaban rozando, hasta que sin
aguantarte más, me agarras el pene con tu mano y lo posicionas en la entrada de tu
vagina para continuar teniendo más y más sexo, cambiando tras varios minutos
nuevamente de posición y colocarte en la posición en la que sabía que podías despegar tu
nave espacial, y esa no era otra que ponerte a “veinte uñas”, y para tener aún más morbo
e inmortalizar con imágenes aquella perversión, nos pusimos de frente al espejo que había
bajo la ventana, mirándonos mientras teníamos sexo perversamente, agarrándote la
cintura, penetrándote profundamente, sintiendo más y más placer, observando nuestra
escena desde el espejo, inmortalizando esas imágenes que se nos quedarán troqueladas en
nuestra mente para toda la vida, hasta que no aguantando más llovió abundantemente
sobre tu piel, acabando los dos exhaustos y empapados en sudor, caímos los dos en la
cama abrazados y sin poder ni hablar, con las bocas secas y apenas sin saliva. Lo habíamos
hecho otra vez, compenetrándonos perfectamente en la cama.
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Tal fue el nivel de agotamiento que aún con una hora de tiempo, decidimos cambiar de
escenario y nos dimos una inolvidable ducha juntos, y como no nos hartábamos de tanta
perversión continuamos teniendo más y más sexo bajo la ducha, cayéndonos el agua sobre
nuestros cuerpos, proporcionándonos una nueva experiencia juntos. Así durante más de
veinte minutos, y aunque nuestra meta era finalizar la bonita escena en la ducha, no
llegábamos ninguno a alcanzar el placer necesario para poder encender los motores de
nuestra nave espacial.

Nos secamos con un albornoz blanco y después de dejarlo sobre el lavamanos, nos vamos
desnudos a la estancia en la que anteriormente nos encontrábamos, allí de pie los dos,
agarro con mis manos tu culo y tiro de tu cuerpo hacia el mío para dejarlos completamente
pegados, nos besamos jugando con nuestras lenguas en el interior de nuestras bocas y
finalizas dándome una mordidita en el labio inferior, a sabiendas que me volvería loco,
entonces sin pensármelo dos veces, como mis manos seguían agarradas a tu culo, te subo
con fuerza hacia arriba, te agarras con los brazos a mi cuello y con tus piernas a mi

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cintura, alineando nuestras partes más íntimas, mi pene se empezó a introducir en tu
vagina, deslizándose lentamente por su interior, rozando las paredes de ésta hasta su
totalidad.

Después de varios movimientos suaves para que la lubricación hiciera su función, los
movimientos se hicieron más enérgicos penetrándote más fuerte y profundamente durante
un par de minutos hasta que tuvimos que cambiar de posición, entonces aprovechando
que estábamos de pie, te coloqué en el lateral del diván, inclinas la parte superior del
cuerpo sobre la cama y mirando a la pared, quedando tus largas piernas y tu perfecto culo
en la posición perfecta para que yo desde atrás te empezara a penetrar, sin perder tiempo,
agarro mi pene y busco la entrada de tu vagina apretada desde atrás, para facilitar la
penetración te pido que abras un poco más las piernas, y te empiezo a penetrar
suavemente, agarrándote de la cintura con mis manos, elevando mi cuerpo poniéndome de
puntillas en ocasiones para que mi pene te profundizara más y te diera más placer, así
durante unos minutos, entonces desde la misma posición te pido que eleves la pierna
derecha sobre el colchón, dejándola semi-flexionada y apoyada con la rodilla sobre éste,
ahora con más espacio para poder utilizar también mi mano derecha mientras teníamos
sexo, y así poder estimular tu delicado y complejo “botoncito”.

Posicionados así, te empiezo a penetrar y con el dedo corazón de mi mano derecha te


empiezo a la misma vez a estimularte el clítoris, empiezo suave con mi pene y con mi
dedo, hasta que empiezas a tener suaves gemidos que preanunciaban un arranque de
motores de la nave espacial, suaves gemidos que me volvían loco y que hacían que te
penetrara más y más fuerte a la vez que te estimulaba más enérgicamente tu clítoris, así
hasta que la excitación mía fue tal que tuve que sacar rápidamente mi pene de tu vagina
porque llegó la lluvia, corriéndome en el suelo pero sin parar de estimular tu clítoris con mi
dedo hasta que empiezas a gemir más fuerte, giras tu cabeza mirándome, veo que cierras
tus ojos y continuas gimiendo hasta que por fin llega el gemido final de varios segundos
que delataría tu despegue con la nave espacial traspasando la órbita y llegando a algún
que otro planeta.

Sin darnos cuenta, la hora de tener que terminar por el momento había llegado. Habíamos
tenido otro día más lleno de perversión y locura que nos hacía sentirnos más y más unidos,
y por qué no también adictos a nuestros secretos momentos.

Las citas con su doctor seguían y seguían, subíamos varios escalones en cada cita.

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Capítulo 10. Celebrando su Primer Aniversario de Boda

Llegó el mes de octubre y hacía poco que esa chica tan especial celebraba su primer
aniversario de boda, y su doctor no quiso que esa chica no tuviera un regalo a la altura de
tal fecha. Concretamos una visita de su doctor al “63” y al abrir la puerta, esa chica tan
especial estaba espléndida y muy contenta, nos dimos un gran beso como
acostumbrábamos a hacerlo, largo, apasionado y jugando con nuestras lenguas en el
interior de las bocas, acompañado de un fuerte abrazo. Así era nuestra particular forma de
darnos los “buenos días”. Yo llevaba ese día mi maletín del ordenador con algo dentro, una
crema de aroma a papaya, quería darle un gran masaje y bien completo.

Subimos las escaleras, pero esta vez pasamos a otra estancia, era su habitación de
matrimonio en la que se encontraba una cama de grandes proporciones.

Empezamos como siempre dándonos un buen beso, y como siempre se nos quedaba corto
seguíamos besándonos sin parar, utilizando nuestras manos para tocar otras partes del
cuerpo y que tanto nos gustaba a los dos.

En cada beso jugueteábamos con la lengua del otro mientras poco a poco iba cayendo
nuestra ropa al suelo hasta quedar completamente desnudos los dos.

Entonces le digo que se coloque sobre la cama y boca arriba, mientras yo saco del interior
de mi maletín del ordenador el bote de crema con aroma a papaya y le susurro al oído que
se relaje, que quería darle un “masaje completo”.

Al empezar a echarle la crema para que el masaje fuese más placentero, esa chica tan
especial me dice que iba recién depilada, que si la crema llevaba alcohol, que le estaba
picando un poco la piel, pero que lo soportaría.

Empiezo por la parte superior de su cuerpo, masajeándole los brazos y las manos,
hidratándole cada centímetro de su piel, después paso a masajearle el pecho, disfrutando
como un niño pequeño mientras se lo masajeaba, agacho mi cara, saco la lengua y
empiezo a lamerle los pezones lentamente, introduciéndolos en mi boca mientras se los
apretaba suavemente con mis dientes para soltar rápidamente y presionarlos con mis
labios.

Sigo echando más crema sobre mis manos, las embadurno bien durante unos segundos
para quitarte el helor y te sigo masajeando el abdomen, deslizándolas poco a poco hacia
abajo, hidratando bien todo cuerpo, sigo por tus largas piernas, y una vez llego hasta la
parte inferior y allí me entretengo, empiezo a masajearte la planta de los pies suavemente
llegando hasta tus dedos, quería que tuvieras un anticipo placentero de lo que iba a pasar

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a continuación. Mientras continuaba masajeando la planta de los mismos, lameteo tus
dedos del pie, introduciéndolos en mi boca, jugueteando mi lengua con ellos.

Después sigo masajeándote tus piernas hacia arriba hasta llegar a las proximidades de tu
zona más íntima, donde hidrato bien toda la zona mientras lameteo y jugueteo tus
pezones.

Una vez terminada la placentera hidratación en esa posición, te pido que te des la vuelta, y
te quedes boca abajo, empiezo masajeándote la espalda, descargándotela de tanto estrés
y posiciones interminables que te metías pegada al ordenador.

Intento darte el masaje en tu espalda haciéndote todos los movimientos que se me


ocurrían y que sabía que te darían placer a la vez que te relajarían, para después seguir
bajando, masajeándote tu culito duro, y continuar por tus largas piernas hasta llegar hasta
tus pies, hidratándote cada centímetro de tu cuerpo.

Una vez estabas hidratada entera, me coloco abriendo un poco las piernas sobre tu culito,
posicionando mi pene en la hendidura de tu glúteo, y empiezo a masajearte nuevamente la
espalda, pero esta vez, cada vez que me inclinaba hacia delante deslizaba mi pene por la
raja de tu culito, así durante un placentero masaje de más de diez minutos.

Ya no aguantaba más, te toco suavemente la parte interna de tu muslo y te abres de


piernas en esa misma posición, yo tenía mi pene tan hidratado por la crema que había en
tu piel y se deslizaba tan bien, que en ese momento podríamos haber tenido nuestro
primer “sexo anal” porque tenías ese orificio perfectamente hidratado para experimentarlo,
pero estaba tan excitado en ese momento que me cojo el pene con mi mano y lo coloco
sobre tu vagina, y empiezo a introducirlo muy suave y lentamente por su interior, hasta
tocar fondo, una y otra vez, se deslizaba por sus paredes notando cada parte de la misma.

Entonces con mi pene dentro, te pido que cerraras las piernas, ahora tu vagina estaba más
apretada e ibas a sentir más placer porque te iba a embestir más duramente, así durante
unos minutos hasta que en el momento que noto que iba a llegar la copiosa lluvia, me lo
saco rápidamente, lo coloco en la hendidura de tu culito y me corro sobre la parte inferior
de tu espalda, llenándote de leche calentita buena parte de ella.

Al mismo terminar y después de limpiarte con una toallita, te pregunto que si te había
gustado el masaje, que si había sido de su agrado, que éste era el tipo de masajes que me
gustaban dar, a lo que tú me respondes que “todas las veces que quisiera podría darte
masajes”.

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Nos tumbamos boca arriba y entonces te pregunto que por qué está el marco sobre la
cama vacío, y me respondes que ibas a poner unas alas de madera de Ángel, a lo que te
respondo que cuando las tengas puestas me encantaría verlas.

No tardamos mucho en empezar a besarnos y de repente te subes encima de mí y


continúas besándome, pero tras unos largos besos con lengua, empiezas a deslizar tu
cuerpo hacia abajo mientras con tu lengua me lameteas el cuello y parte del pecho,
continúas bajando y empiezas a darme besitos hasta llegar a mi zona más íntima, y una
vez estabas allí me dices que no me mueva, que ahora te tocaba a ti trabajar.

Sin decir nada más, empezaste con la lengua relamiéndome el pene de abajo hacia arriba
varias veces, dándole un par de vueltas con tu lengua al glande, como si de un “cono de
helado” fuera, para después metértelo en la boca y jugar con tu lengua desde dentro,
ayudándote con una mano con delicados movimientos hacia arriba y hacia abajo, mientras
me la “comías perfectamente”, sincronizándote extraordinariamente con los movimientos
de tu lengua y boca, tenía que cerrar los ojos en varios momentos porque no podía
aguantar más de tanta excitación, y tú continuabas y continuabas, haciéndolo otra vez
más, una perfecta “mamada”, una felación de película, y sin poder aguantar ni un minuto
más, te dije que iba a “llover”, y no te importó nada lo que te decía, tú seguías y seguías,
hasta que me empecé a correr en el interior de tu boca, y aún así tu continuabas,
exprimiéndome hasta la última gota de mi semen, momento en el que paraste, sacas mi
pene de tu boca y levantas la cabeza, entonces me sonreíste mordiéndote un labio,
conteniéndote todo mi semen en el interior de tu boca.

No podía estar más excitado, y es que esa chica tan especial me acababa de hacer una
felación de “diez”, una felación insuperable, una felación inolvidable, la mejor felación que
me habían hecho nunca y entonces supe que sólo ella sabía hacerlas de la manera que a
mí más me excita.

Sin darnos cuenta, el que también había corrido bastante a parte de mí, fue el reloj, casi
teníamos la hora encima, y lo peor de todo es que esta vez, esa chica tan especial, en toda
la mañana aún no había llegado a Venus o a Júpiter, llevaba el contador a mi favor dos a
cero, y tenía que cambiar, aunque fuera dos a uno, era mi propósito y tenía que alcanzarlo.

Después de unos pocos minutos para tomar aire, me coloco encima de ella, y empiezo a
besarla, mordiéndole suavemente el labio inferior, empiezo a bajar por su cuello pasándole
la lengua por su piel hasta llegar a su pecho, donde me entretengo relamiéndole los
pezones, mientras el dedo corazón de mi mano derecha juguetea con sus labios inferiores,
metiéndolo y sacándolo suavemente por su vagina. Para después continuar bajando con mi
lengua poco a poco hasta llegar a tu zona más íntima, donde empiezo a hacerte un
cunnilingus, pongo toda mi boca en tu vagina y saco la lengua introduciéndola hasta el
máximo de su alongamiento, entonces la saco y te doy un lametazo desde la parte inferior
hasta la parte superior de tu vagina, una y otra vez, me empiezo a ayudar de mi dedo
corazón, introduciéndolo poco a poco dentro de esta, dándote un poco de más placer,
entonces empiezo con mi lengua a jugar con el botoncito de arranque de tu nave espacial,
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lamiéndotelo una y otra vez hasta ver cómo te temblaba el cuerpo, elevándolo suavemente
por el placer que estabas recibiendo, tus suspiros se acentuaban cada vez más, y así
continué durante unos minutos, dándote más y más placer, combinando suaves
movimientos con mi lengua sobre tu clítoris mientras ahora a mi dedo corazón se le había
unido al juego el dedo índice, introduciéndolos y sacándolos muy suavemente en tu vagina,
sintiendo las paredes de su interior como se lubricaban mientras la lengua seguía
trabajando en el botón de arranque para que la nave espacial empezara a despegar.

Tras casi diez minutos haciéndote el cunnilingus, mi lengua casi estaba agotada, había
dado todo como mejor sabía, y como remate final, dejo de meter y sacar mis dedos y
nuevamente coloco toda mi boca sobre tu parte más íntima, los labios de mi boca tocaban
tus labios inferiores y saco mi lengua nuevamente para darte pequeños lametones muy
lentamente en ellos, para después introducir la lengua al máximo en el interior de tu
vagina, te agarro con mis manos tu culito y tiro de él hacia mí, para que así, mi lengua que
se encontraba jugando en su interior pudiera llegar aún más profundamente, para darte el
máximo de placer.

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Sin soltar tu culito, te tenía bien cogida de la cintura, sigo con rápidos movimientos de
lengua en el interior de tu vagina, movimientos hacia abajo y hacia arriba, hacia dentro y
hacia fuera, y terminando con un fuerte lametón lento, presionando con fuerza la lengua
por tus labios inferiores desde abajo hacia arriba. Sin darte descanso y aprovechando el
movimiento que iba hacia arriba, sigo con mi lengua hacia arriba, subo por tu abdomen,
llego a tus senos, le doy un suave golpe de lengua a la punta de tus pezones y sigo hacia
subiendo hasta llegar a tu boca, donde continúo bordeando el contorno de tus labios con
mi lengua, para después darnos un buen beso.

Posicionados tu cuerpo con el mío cuerpo, y sin parar de darnos esos besos que tanto nos
gustaban a ambos, mordiéndonos los labios cuando terminábamos con cada beso, coloco
mi pene en tu parte más íntima y continuamos dándonos besos, abrazando nuestros
cuerpos, acariciándonos nuestra piel, y nuestras partes más íntimas rozándose más y más,
ya no podíamos contenernos más, entonces mi pene se introduce suave y lentamente en tu
vagina hasta el fondo, continúo con suaves movimientos, deslizándose mi parte más íntima
por tus lubricadas paredes vaginales.

Entonces separo la parte superior de mi cuerpo del tuyo, echo mi espalda hacia atrás, meto
mis brazos por debajo de tus muslos y elevo tus largas piernas, entonces te empiezo a
penetrar con movimientos más rápidos y fuertes, en cada profunda embestida notaba
como tu cuerpo se iba hacia atrás y te tenía que agarrar con mis manos la parte lumbar
para evitar que te escaparas lentamente hacia atrás, así hasta que para cambiar de
posición me bajo de la cama y me pongo en el hueco entre el armario empotrado y ésta.
Una vez situado en esa posición entonces te giro noventa grados y tiro de ti hacia mí,
deslizándote lentamente sobre las sábanas, colocando nuestras zonas más íntimas a la
misma altura, y sin perder mucho más tiempo me inclino hacia delante y te empiezo a
besar locamente dejando jugar a sus anchas a nuestras lenguas. Y después de que tú
terminaras mordiéndome el labio inferior al terminar uno de nuestros besos, echo mi
cuerpo hacia atrás, inclino mi cabeza hacia tu cuerpo y empiezo a bajar dándote pequeños
besos desde el cuello hasta tu zona más íntima, deteniéndome como no a juguetear con
tus pezones. Cuando mi boca está posicionada lo más cerca de tus labios inferiores, saco
mi lengua y te doy un fuerte y lento lametón, deslizando mi lengua desde abajo hacia
arriba y después de esto, cojo con mis manos tus largas piernas y las elevo para que la
penetración sea más profunda y te diera más placer. Empiezo suave y lentamente, como
siempre, y no transcurren ni diez segundos cuando empiezo a notar que las paredes
interiores de tu vagina están lubricando al cien por cien, y es cuando las penetraciones
empiezan a ser más rápidas y profundas, combinándolas cada cierto tiempo con
penetraciones muy suaves y lentas, así durante un buen rato.

Pero nuevamente cambiamos de posición, y esta vez, te pido que te bajes de la cama y
que nos quedemos los dos de pie, pero tú dándome la espalda a mí. Entonces inclinas tu
cuerpo hacia la cama y flexionas un poco las piernas para que yo desde atrás te empezara
a dar “caña”. Tu apoyada sobre la cama con tus brazos y puesta en “popa” hacia mí, me
cojo el pene con mi mano derecha y lo posiciono en la entrada de tu vagina, suavemente
te empiezo a penetrar lentamente, buscando la lubricación óptima. Mientras tanto te
agarro la cintura con mi mano izquierda y paso mi mano derecha por debajo de tu cintura,
y con mi dedo corazón busco tu “botoncito” de despegue, jugueteando con el mientras te

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embestía por detrás cada vez más y más fuerte, profundizando en cada hincada, hasta que
tras estimular tu clítoris durante unos pocos minutos, noto como tu respiración se iba
acelerando más y más, tus manos agarraban las sábanas con fuerza, tus gemidos se
acentuaban más y más, sabía que estabas llegando a la órbita de Venus, pero quería que
llegaras más y más lejos, hasta que giras un poco tu cabeza como mirándome por encima
del hombro perversamente y tus gemidos se convierten en un largo y continuado gemido,
mientras yo seguía dándote desde atrás y estimulándote tu “botoncito” tan especial, tan
fue mi excitación de escucharte disfrutar que tuve que sacar rápidamente mi pene de tu
vagina y correrme sobre la piel de tus glúteos sin dejar de estimularte tu botoncito y
escuchándote como continuabas gimiendo de placer, y así seguí hasta que cayó la última
gota de semen.

Esta vez, sabía que habías alcanzado la órbita de Venus, y seguiste volando por la galaxia
hasta llegar a Júpiter.

Exhaustos los dos, agotados igual que el tiempo del que disponíamos, sabíamos que no
hubo mejor manera de celebrar el primer aniversario de boda de esa chica tan especial,
esa chica que había bajado del cielo y que se había quitado las alas para poder convivir con
el resto de los mortales.

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Capítulo 11. ¿Te vienes a descubrir un nuevo lugar?

Esta vez me tocaba a mí enseñarte mi casa, y tras un breve “tour, ya sabías ubicarme en
las estancias cuando yo te decía por teléfono donde me encontraba, recuerdo que ese día
tú llevabas una falda vaquera color blanca, unas zapatillas blancas y una camisita bien
conjuntada. Yo me encontraba como de costumbre haciendo las tareas domésticas,
controlando la comida, me senté en una silla, tú te subiste la falda y te bajaste el tanga
hasta dejarlo caer al suelo, entonces te subiste encima de mí, y con la ayuda de tu mano,
me agarraste el pene y lo colocaste en la entrada de tu vagina y empezaste a “cabalgar”
sobre él, primero suavemente para después hacerlo más enérgicamente hasta que tras
unos minutos me recoloqué en la silla, y te dije que “ahora me tocaba a mí”, entonces te
agarré tu culo con mis manos, y cada vez que la penetración iba a producirse, me traía tu
cuerpo hacia el mío con fuerza para que cada penetración fuera más intensa y profunda,
hasta que llegó la copiosa lluvia.

Acabábamos de hacerlo en la cocina de mi casa y pensábamos que ya se iba a acabar este


mágico momento porque el tiempo era muy justo, pero casi ya despidiéndonos en el pasillo
de casa, dándonos el último beso antes de abrir la puerta, terminaste mordiéndome el
labio inferior y me hiciste enloquecer nuevamente.

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Entonces sin pensármelo dos veces, te cojo de la mano y te llevo a mi dormitorio, nos
quedamos de pie junto a la cama, tú mirando hacia la ventana y yo detrás de ti, entonces
te empiezo a besar el cuello mientras con mi lengua te lamía hasta llegar a tu oreja
izquierda y mi mano derecha la metía por debajo de tu falda presionándote con mi dedo
corazón el tanga.

Entonces te echas hacia delante y te subes a la cama quedándote en la posición “a veinte


uñas”, yo de pie, te subo la falda hacia arriba, agarro tu tanga y te lo deslizo por tus largas
piernas hasta lograr quitártelo y dejarlo caer al suelo, entonces me cojo el pene y empiezo
a penetrarte suavemente hasta el fondo, una y otra vez, agarrándote fuertemente la
cintura por la fuerza de mis embestidas durante unos minutos, hasta que nuevamente llegó
la lluvia, cayendo esta al suelo y ensuciando un poco la alfombra.

Ahora sí que ya no quedaba ni un minuto más, habíamos aprovechado todo el tiempo


posible y deseando de que llegaran más y más momentos perversos como este.

La segunda vez que viniste a mi casa, ya hacía más frío, el verano se había terminado, tú
llevabas unos leggins tejanos, unas botas altas y una camisa a juego, pero ese día me
dijiste cuando entrabas que “estabas malita”, con eso que todos los meses tienen las
mujeres, yo te dije que “no te preocuparas que no era nada escrupuloso”.

Mientras caminábamos por el largo pasillo hacia el salón, te dije que tenía unos programas
grabados de arquitectura y quería enseñártelos.

Nos sentamos en el sofá para ver la tv, puse el programa grabado y empezamos a hablar
mientras veíamos la tv, pero no tardamos mucho en empezar a darnos caricias, a
besarnos, a meter nuestras manos donde nuestra ropa tapaba nuestros cuerpos, y no nos
pudimos contener mucho más tiempo, haciendo caso omiso a lo que estaba saliendo por la
tv.

Entonces me dijiste que te daba cosa mancharme, y te volví a contestar: “Tranquila, ya


sabes que no soy nada escrupuloso”, a lo que tú me dijiste que “lo sé de sobra, eso es lo
que me asusta”.

Acto seguido seguimos besándonos, abrazándonos, acariciándonos, metiendo nuestras


manos bajo la ropa y yo que iba con un pantalón cómodo de andar por casa poco tardé en
bajármelo un poco y me acariciaste con tu mano derecha mi pene que estaba bien erecto
hacía ya un buen rato, entonces cogí y rápidamente me propuse quitarte ese pantalón
leggins que llevabas puesto, pero al llevar botas resultaba un poco complicado, pero tú
rápidamente lo solucionaste, sin quitarte las botas, te bajaste el pantalón y las braguitas
hasta las rodillas.

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Te colocaste sentada sobre mí, los dos mirando hacia la tv, pero sinceramente ninguno
mirábamos lo que se estaba transmitiendo, estábamos demasiado ocupados creando otra
escena perversa.

En esa posición, te abracé desde atrás, te besé el cuello, tu giraste la cara hasta que tus
labios y los míos se empezaron a besar jugueteando con nuestras lenguas, entonces sin
aguantar más te inclinaste hacia delante, cogiste mi pene con tu mano y lo colocaste sobre
tus labios inferiores, y debido a tu situación “mensual” ya estaba bien lubricada tu vagina,
mi pene se deslizaba muy suavemente por su interior, esta vez yo no estaba realizando
ningún esfuerzo, tú eras la que marcaba el paso, subías y bajabas tu cuerpo sobre mi
pene, hasta que después de unos minutos ya no aguanté más en esa posición, agotando
hasta el último milisegundo dentro, y en la que tú a la vez que bajaste y se introducía mi
pene profundamente, te tuve que coger de la cintura y tirar fuertemente hacia arriba para
que no lloviera muy copiosamente en tu interior.

Aquel “polvo” lo apuramos tanto que, cuando subías tu cuerpo rápidamente al tirar yo de
tu cintura hacia arriba, fue sacar el pene de tu vagina y me corrí cayendo todo el semen
sobre el suelo del salón, tan apurado fue que si no llego a tirar de tu cuerpo hacia arriba te
hubiera “inseminado” con una gran dosis de “buena leche”.

Pero tal y como ocurrió la primera vez que viniste a mi casa, despidiéndonos en el pasillo
de casa, dándonos el último beso antes de abrir la puerta, terminaste mordiéndome el
labio inferior y me hiciste enloquecer una vez más.

Entonces te cojo de la mano y te llevo a mi dormitorio, sin perder mucho tiempo, nos
empezamos a besar de pie junto a la cama, te di la vuelta, tú mirando hacia la ventana y
yo detrás de ti, te empiezo a besar el cuello mientras tú te bajas el pantalón y las braguitas
hasta las rodillas, yo me bajo el pantalón y empiezo a lamerte con mi lengua tu cuello
hasta llegar a tu oreja derecha, entonces te echas hacia delante y te subes a la cama
quedándote en la posición “a veinte uñas”, yo de pie me cojo el pene y empiezo a
introducirlo suavemente hasta el fondo de tu vagina, una y otra vez, te agarraba
fuertemente la cintura para que no te movieras por la fuerza de mis embestidas cada vez
más fuertes, observando como girabas la cara para mirarme a los ojos mientras yo te
penetraba una y otra vez, así durante unos minutos, hasta que nuevamente sentí que
llegaba la lluvia, y tuve que sacar rápidamente mi pene del interior de tu vagina y el semen
cayó al suelo.

Ya no quedaba ni un minuto más, agotamos todo el tiempo posible, te tenías que marchar,
pero tanto tú como yo estábamos deseando que llegara otro momento perverso como este.

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Capítulo 12. Si el Paraíso fuera un número, sería el 4.

Recuerdo el primer día que entré en el Paraíso, fue en un momento de “bajón emocional”
de esa chica tan especial. Nada más entrar en aquella estancia, supe que sería el lugar más
especial para ambos, era como si ya hubiésemos estado allí antes, una sensación de
tranquilidad y paz interior que nos hacía “sentir como en casa”. Ese día, esa chica tan
especial me enseñó todas las estancias de la casa y nos quedamos en su habitación, esa
habitación en la que tantas veces había dormido.

Nos quitamos el calzado y nos echamos sobre la cama, nos pusimos de lado mirándonos el
uno al otro, nos empezamos a dar caricias, abrazos y algún besito que otro. Nos quedamos
tan a gusto en esa estancia que el tiempo pasaba muy rápido.

Ese día hablamos y hablamos durante horas, nos besamos muchas veces y también
lloramos alguna que otra vez, pero creo que gracias al tiempo que pasé esa mañana con
esa chica tan especial, logré levantarle un poco el ánimo que lo tenía “bajito”. Aunque
cuando llegó la hora de irme, esa chica tan especial se sintió mal porque no había ocurrido
nada “perverso” y quería que me llevara un “bonito” recuerdo del primer día que pasamos
en su casa de toda la vida. Recuerdo que le dije, no te sientas mal porque a veces también
uno necesita desahogarse hablando y seguro que no iba a ser la última vez que pisáramos
juntos ese lugar tan especial.

Paraíso 4, era un lugar tan especial para ambos que incluso lo llegamos a llamar nuestro
“cortijo rural”, un lugar en el que además del sexo perverso que teníamos cada vez que
cruzábamos la puerta de entrada, era un lugar que nos hacía imaginar nuestra mente
cómo sería nuestra vida si estuviésemos juntos.

En Paraíso 4 ha sido el único lugar en el que han ocurrido momentazos tanto de día, como
a primera hora de las noches de invierno, además era perfecto para pasar esas veladas
desde las primeras horas de los atardeceres prematuros del invierno ya que estaba
equipado con una estufa de pellet, que a parte de calentar el ambiente, cosa para lo que
estaba hecha, hacía que nos quedásemos embobados mirando el contoneo de la llama
mientras nos hidratábamos con té chai especialmente preparado después de haber
“zumbeado” los martes por la tarde a partir de las diecinueve horas.

Ese era el día y la hora que teníamos para “zumbear”, llamado así por la tregua que nos
daba el momento de las clases de zumba que daba “La Buzika”, era casi una hora, un poco
escaso para nosotros y para lo que ya estábamos empezando a acostumbrarnos, porque
éramos y somos insaciables, y hasta la fecha, podemos que decir que aún no sabemos
hasta donde está nuestro límite teniendo momentazos perversos sin parar.

No sé por donde podría empezar, porque lo que en ese lugar llamado Paraíso sucedió en
tantísimas ocasiones, que había que hacer un capítulo tan extenso como la magnitud de
esta obra que estás leyendo.

Pero podría empezar por una mañana en la que tras dejar todas las tareas de casa
terminadas, no siendo un poco más de las nueve y media de la mañana, una hora que ya
nos era familiar porque sabíamos que así tendríamos casi todo el tiempo del mundo para
dar rienda suelta a nuestra loca pasión.
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La puerta del recinto estaba entornada para que pareciera que no había nadie en ese
lugar, paso rápidamente hasta llegar a la puerta de entrada de la casa Paraíso que estaba
también abierta, la cruzo y allí estaba esperándome esa chica tan especial para darme la
bienvenida como a ella le hubiera gustado en la primera ocasión que pisaba la estancia.

Nos dimos besos y abrazos durante un buen rato, utilizando también las manos a parte
para abrazarnos, para toquetearnos por debajo de nuestra cintura mientras nuestras
lenguas estaban ocupadas mientras nos besábamos.

Entonces esa chica tan especial, me dijo que si pasábamos al salón o que si subíamos
arriba a su dormitorio donde siempre había dormido desde que era pequeña, y yo, sin
pensarlo dos veces, le dije que quería subir arriba y a su habitación, en ninguna otra. Así
que mis deseos se cumplieron y subimos las escaleras hasta llegar a esa habitación en la
que esa chica había dormido tantas y tantas noches.

No perdimos mucho tiempo hasta que nuestra ropa cayó al suelo rápidamente, y
empezamos a rozarnos con nuestros cuerpos desnudos, dándonos largos besos con lengua
hasta que poco a poco nos acercábamos a la cama donde caímos rendidos por nuestra loca
adicción y recuerdo que te dije que me encantaba tu habitación porque tenía espejos en el
armario y podíamos ver todo lo que hacíamos como si se tratase de una película muy
subida de tono.

Entonces pasamos a la acción, tu estabas abajo y yo arriba, relamiéndote con mi lengua,


pasándola desde tus labios hasta un poquito más abajo de tu ombligo, para otra vez subir
hasta tu boca donde para terminar te mordisqueo el labio, para nuevamente bajar otra vez
hacia abajo y entretenerme lamiéndote suavemente los pezones y sigilosamente bajar
hacia tu parte más íntima y darle un largo y profundo lametón para humedecer aún más
esa zona y sin quitar mis ojos de tu cara llena de placer.

Rápidamente subo mi cuerpo y posiciono mi pene totalmente erecto en la entrada de tu


vagina y suavemente se introduce notando todas tus paredes internas hasta tocar el fondo,
así, muy suavemente hasta que percibo que se encuentra totalmente lubricada, y entonces
se acabó la suavidad, las penetraciones eran rápidas y profundas, buscando complacerte al
máximo y tras unos minutos así te susurré que quería un cambio de posición, pero no yo
abajo y tu arriba, sino, un cambio de orientación para quedarnos mirando hacia los
espejos.

Ahora nos encontrábamos los dos mirando a esos espejos del armario, y posicionados yo
detrás tuya y tú colocada a veinte uñas. Entonces te dije que estuvieras atenta y no
perdieras ni un segundo de visión porque esas imágenes que iban a suceder a continuación
siempre se te quedarían troqueladas en tu mente.

Sin perder mucho el tiempo, me coloco el pene para poder introducirlo en tu parte más
íntima y suavemente se abre paso en su interior, te agarro fuertemente las manos en tu
cintura para poder sujetarte y que no te movieras cuando te penetrara más fuertemente,
hasta que solté mi mano derecha de tu cintura y con mi dedo corazón busco el botón de
arranque de tu nave espacial y comienzo a estimularlo, mientras no dejaba de embestirte
desde atrás cada vez más fuertemente y sin perder vista de todo aquello que sucedía
delante de nuestros ojos y que siempre recordaremos.

Embestida tras embestida, estímulo tras estímulo, conseguí que arrancara la nave espacial
y pude sacarla a órbita llegando solamente a la Luna porque las inclemencias
meteorológicas lo impidieron, ya que una copiosa lluvia blanca cayó sobre tu zona lumbar y
hubo que detener la misión.

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Descansamos un poquito, riendo y besándonos, como dos locos enamorados, entonces,
esa chica tan especial, se colocó sobre mí y empezó a bajar dándome besitos y lametones
hasta llegar a la altura de mi zona más íntima, y sin decir nada empezaste con la lengua
relamiéndome el pene de abajo hacia arriba varias veces, dándole un par de vueltas con tu
lengua al glande, como si de un gran “chupa chups” se tratara, para después metértelo en
la boca y jugar con tu lengua desde dentro, ayudándote con una mano con delicados
movimientos hacia arriba y hacia abajo mientras me la “comías”, sincronizándote
extraordinariamente con los movimientos de tu lengua y boca, tenía que cerrar los ojos en
varios momentos porque no podía aguantar más de tanta excitación, y tú continuabas y
continuabas, haciéndolo otra vez más, una perfecta “mamada”, una felación de película, y
sin poder aguantar más, te dije que iba a “llover”, y como en la otras primer ocasión, no te
importó nada, y seguías y seguías, hasta que me empecé a correr en el interior de tu boca,
y aún así tu continuabas, exprimiéndome hasta la última gota de semen, momento en el
cual, paraste y levantaste la cabeza, me sonreíste mordiéndote un labio y te marchaste al
baño.

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No podía estar más emocionado de que esa chica tan especial me lo había vuelto a hacer,
una felación de “diez”, una felación insuperable, una felación inolvidable, sólo ella sabía
hacerlas de la manera que a mí más me excita.

Cuando terminamos de limpiar y acomodar la zona donde había ocurrido todo, su


habitación de siempre, casi se nos había echado la hora encima y había que irse a
terminar las tareas encomendadas, no sin antes, quedar para otra nueva misión en un
tiempo no muy lejano.

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Pasaron unos días y llegó el martes, eran casi las siete de la tarde y el doctor tuvo que
visitar a su paciente en la casa del Paraíso, llegó nuestra hora de “zumbear”, la puerta se
encontraba abierta como de costumbre y al pasar a la casa, estaba todo muy oscuro
exceptuando el salón, donde sólo estaba alumbrado por la llama de la estufa que se
encontraba allí, voy caminando hasta cruzar la puerta del salón y allí me encuentro a esa
chica tan especial, sólo le veía las largas piernas descolgadas por la parte trasera del sofá
de dos plazas que se encontraba frente a la estufa, y mientras me voy aproximando
observo que iba cubierta con una camisa blanca y se encontraba mirando cabeza abajo la
llama de la estufa, una imagen que no olvidaré nunca.

La estancia estaba muy calentita, y más que se iba a poner. Esa chica tan especial se
incorpora para darme las buenas tardes como Dios manda, con un buen beso con lengua y
un mordisquito en el labio que tanto me vuelve loco.

Estas tardes de los martes eran muy cortas, yo diría excesivamente cortas para lo que
necesitábamos nosotros, pero nos teníamos que conformar con lo que disponíamos.

Ese día, esa chica tan especial tenía hecha una jarra de té chai por si lo necesitábamos,
que era siempre, porque nuestros encuentros tan locos hacían que nuestros cuerpos
tuvieran que hidratarse muy a menudo.

Sin perder mucho el tiempo, porque para nosotros era lo más valioso, comienzo a
desvestirme y a ella le empiezo a desabotonar la camisa muy lentamente, acción que me
volvía loco, botón tras botón, le doy un beso con lengua y mientras deslizo mis manos
sobre sus hombros y la camisa cayó al suelo, nos quedamos completamente desnudos
junto a la estufa, una escena de película, parecía que estábamos en una cortijo rural junto
a la chimenea, me hizo sentir como en casa, a raíz de ahí a Paraíso lo llamamos nuestro
cortijo.

Nos colocamos en el sofá que había frente a la estufa para estar calentitos, y tras unos
minutos, nuestros cuerpos ardían literalmente debido a nuestra fogosidad y a la cercanía
de la estufa. Pero eso no nos detuvo ni mucho menos, yo me coloco sentado en el sofá y
tu te subiste encima mía y nos empezamos a besar. Tuvimos que echar el sofá unos
cuantos centímetros hacia atrás porque estábamos sufriendo sobrecalentamiento corporal.
Entonces sin dejar que pasara mucho el reloj, nos colocamos en la misma posición en la
que estábamos antes de mover el sofá y cogiste mi pene, lo introduciste en tu vagina
lentamente, con suaves movimientos de tu cuerpo hacia arriba y hacia abajo, lubricando
todo tu interior muy bien, mientras nuestros labios se besaban y nuestras lenguas
jugueteaban. Después de unos minutos así, era la hora de que esa chica tan especial
sintiera más placer, entonces me echo el cuerpo un poco hacia delante, le sujeto con mis
manos el culito y empiezo a marcar el ritmo de las penetraciones subiendo y bajando su
cuerpo con la fuerza de mis brazos, haciendo que cada penetración fuera lo más placentera
posible para ella, tanto que hasta la fecha y sin haber usado mi dedo corazón para
estimular su botón de despegue, esa chica tan especial casi llega a la Luna en aquel viaje
espacial, si no llegó a la Luna fue por las inclemencias meteorógicas que se produjeron y
que cayeron en forma de precipitación sobre el suelo, humedeciéndolo. Nos besamos
nuevamente y le di un pequeño azote en su culito antes de movernos del lugar, estábamos
sudando, con la boca seca y con los cuerpos muy acalorados debido a la cercanía de la
estufa.

Nos levantamos del sofá y fuimos a la mesa donde se encontraba la jarra de té chai
preparada para saciar nuestra sed e hidratarnos después de tal viaje.

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Allí de pié y entre sorbo y sorbo no podíamos perder tiempo y una vez dejadas los vasos de
té sobre la mesa, nos abrazamos, rozando nuestros cuerpos desnudos y nos besamos
nuevamente, mi parte más íntima se empezó a endurecer de nuevo y allí mismo levanto a
esa chica tan especial, ella me abraza el cuello, yo la cojo con fuerza con mis manos
puestas en su culito y me muevo con ella en el aire hacia la pared que se encontraba a
escasos centímetros, y con su espalda apoyada ya en esta, busco con mi parte más íntima
el contacto con la suya y se empieza a deslizar por su interior, ella busca además el apoyo
con una estantería alta que se encontraba también cerca y empezamos a dar rienda suelta
nuevamente a nuestra locura, penetrándola hasta que sintiera todo el placer posible,
haciéndola sentir lo que ella se merece.

Tras unos minutos, cambiamos de posición, así que cogimos los cojines de los dos sofás
que había en el salón y los echamos al suelo, ahora sí teníamos más espacio y estábamos a
una temperatura que podíamos soportar.

Ella se colocó tumbada sobre los cojines, mirando hacia el techo, yo me coloqué encima de
ella, a todo lo largo de su cuerpo, ahora nuestros cuerpos se encontraban rozándose
desnudos, entonces cojo sus manos con las mías, entrelazando nuestros dedos, mientras la
besaba estiro mis manos hacia delante haciendo que las suyas también se movieran hacia
atrás hasta que quedaron por encima de nuestras cabezas.

Una vez así, los dedos de nuestras manos siguen entrelazados, y con mi pene posicionado
en la entrada de su vagina, sólo hizo falta que abriera un poquito sus largas piernas para
que se introdujera lentamente, con suaves movimientos hacia delante y hacia atrás, en
este viaje todo iba a ser muy despacito, disfrutando de nuestros besos, de nuestras
lenguas, agarrándonos fuertemente nuestras manos cuando la penetración era más
profunda, disfrutando de cada movimiento, teniendo sólo la luz ambiente cambiante que
proporcionaba la llama de la estufa. Hasta que tras varios minutos de placer hubo un
nuevo parte meteorológico en el que se informaba que se avecinaban tormentas fuertes
sobre una pequeña parte geográfica de piel, y no se equivocaron, llovió intensamente
sobre la zona del ombligo de esa chica tan especial. Y caímos rendidos los dos, tumbados
boca arriba nos quedamos mirándonos los ojos, observando esa luz cambiante y que
ambientó toda la escena, y nuestra cara lo decía todo, era pura felicidad. Fue un momento
tan bonito que aún lo recuerdo como si fuera ayer y del que nunca me olvidaré, como
tantos otros momentos perversos que hemos pasado juntos.

La escena era como en arquitectura es la “proporción aúrea”, fue la escena perfecta.

Sin darnos cuenta, agotamos hasta el último segundo del tiempo del que disponíamos, así
que bebimos rápidamente unos sorbos del té chai que había preparado, me vestí
rápidamente y me tuve que marchar de tan idílico lugar.

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Pero ese lugar, se convirtió en el perfecto para nuestros encuentros clandestinos, ya fueran
todos los martes al atardecer, como cuando salíamos a trabajar juntos buscando cualquier
excusa, ya sean inspecciones de circo, inspecciones de solares, reportajes fotográficos
inventados para terminar exhaustos de placer, teniendo que beber después té chai
preparado a drede por esa chica para reponer la energía consumida.

No tardamos mucho en volver a ese lugar tan privilegiado del que disponíamos y en el que
desatar nuestra locura sexual, la mayoría de las veces era durante nuestra jornada laboral,
cuando terminábamos de hacer nuestras tareas laborales, o nos las inventábamos, pero
siempre guardábamos veinte minutos para nosotros sólos y de los que aprovechábamos
hasta los últimos segundos.

Siempre utilizábamos casi la misma metodología, dábamos una pequeña vuelta de


observación por las inmediaciones del Paraíso con el coche patrulla, y si no se veía nada
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raro, esa chica tan especial abría las puertas mientras yo estaba dentro del coche, y al
cabo de unos treinta segundos, si todo seguía igual de tranquilo, me bajaba del coche y me
acercaba caminando hasta la puerta y entraba, para una vez dentro, empezar a cometer
pecados carnales.

Alguna vez, tal era nuestra ansiedad perversa, que nos quedamos en la misma cocina,
haciendo del momento y la situación una escena mágica, como todas las que venían
produciéndose.

Empezamos besándonos como de costumbre, y con nuestras manos dejándose llevar, mi


pene se empezó a poner muy duro y a sentir la ropa muy oprimida, me quité el pesado
cinturón, lo dejé sobre la mesa, me desabotoné el pantalón y me lo bajé hasta las rodillas,
sin tener que quitármelo del todo. Entonces tú te bajaste el tanguita que llevabas puesto y
cayó al suelo, te abracé y tiré de tu cuerpo hacia arriba hasta que quedaste sentada sobre
la encimera de la cocina, y sólo tuviste que abrir un poco las piernas para que mi pene que
estaba a la altura de tu parte más íntima se empezara a introducir lentamente, tu estabas
apoyada con las palmas de tus manos sobre la encimera para no perder el equilibrio, y sin
perder ritmo ni tiempo, seguían las penetraciones, lubricándolo todo, percibiendo todo lo
que estaba ocurriendo en el interior, sintiendo mucho placer, tanto que, al cabo de pocos
minutos llegó la lluvia, cayendo toda sobre el suelo.

Pero esa mañana nuestro momento pecaminoso no acabó ahí, sin limpiar nada del suelo,
seguimos desvistiéndonos hasta quedarnos sin ropa y pasamos al salón, movimos la mesa
baja de cristal que había frente a otro sofá gemelo al que se encuentra frente a la estufa, y
ya con mucho más espacio, hicimos de ese sofá una cama juntando los dos sofás. Y con
esa agudeza e ingenio innato para crear estancias perfectas de esa chica tan especial,
supimos que nuestro lugar para poder “pecar” cuando estuviésemos en Paraíso iba a ser
ese.

Ya tumbados en esa cama creada para la ocasión, nos reímos y nos empezamos a besar,
juntando nuestros cuerpos desnudos para que se rozaran, nuestras manos no se estaban
quietas sino que acariciaban nuestra piel desnuda, haciendo que todo fuera muy especial.

Yo me coloqué encima y empecé a lamer su piel muy lentamente, percibiendo su perfume


al humedecer las partes por donde hacía pasar mi lengua, hasta que cuando llego a la
altura de su ombligo, detengo mi lengua y la hago saltar hasta su parte más íntima,
pegándole un gran lametón que la hizo estremecerse de placer, y rápidamente coloco mi
pene en la entrada de su vagina y lo empiezo a introducir suavemente, subiendo mi cuerpo
hasta quedar nuestros ojos a la misma altura, nos besamos nuevamente mientras la
penetraba cada vez más profundamente, así hasta que le digo que cambiara de posición,
que se pusiese dándome la espalda, ella apoyó sus manos en la parte alta del respaldo
quedando su culito a la altura de mi parte más íntima. La agarro de la cintura, coloco mi
pene y comienzo nuevamente a penetrarla, embistiéndola fuerte y profundamente,
buscando que sintiera el máximo placer para que pudiera despegar y llegar como mínimo
a La Luna, entonces suelto mi mano derecha de su cintura y con mi dedo corazón
comienzo a estimular su particular botón de despegue mientras que seguía pentrándola,
embestida tras embestida, pronto empecé a escuchar un suave gemido que cada vez se
hacía más fuerte, sabía que iba a llegar a despegar y casi a la par, nuestro momento
pecaminoso terminó, tuve que sacar rápidamente mi pene del interior de su vagina y
correrme sobre la parte más baja de su cintura, terminamos con un perfecto y placentero
orgasmo los dos. El único pero fue a la hora de mirar el reloj, puesto que habíamos
sobrepasado el tiempo y podían reclamar mi presencia en la oficina.

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Ordenamos rápidamente la estancia y tan sólo quedaba limpiar el suelo de la cocina. Yo
salí sigilosamente del Paraíso y arranqué el vehículo, para mientras, esperar a esa chica tan
especial que llegara al vehículo, pero por separado para no levantar muchas sospechas.

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Allí han pasado tantos y tantos momentos que no cabrían en tan pequeña historia, pero
que no podría dejarlos pasar por alto, resumiendo, todo con ella eran momentos mágicos,
teniendo el mejor sexo en la cama, en la cocina, en el suelo sobre cojines formando una
alfombra blanda, sobre los sofás, en la encimera, apoyada con la espalda en la pared
mientras yo sujetaba tu cuerpo, sobre una silla, daba igual donde estuviésemos que
nosotros buscábamos la forma para estar muy cómodos, todo con ella eran momentos
inolvidables, momentos memorables, momentos tan perversos y pecaminosos que
lamentablemente no los podemos gritar al aire y nos los llevaremos a nuestras tumbas, eso
sí, sin ningún arrepentimiento y muy orgullosos de haberlos experimentado juntos, de eso
si que estoy seguro.

En aquel lugar fue donde más perdimos el control de nuestros cuerpos, tu te convertías en
una niña mala con una mente perversa, y donde yo te tenía que dar un azote el el culito,
fué donde practicamos más posiciones del famoso libro del Kama Sutra, fue donde nos
imaginábamos viviendo algún día.

Toda mi mente estaba ocupada por imágenes perversas nuestras, por momentos
irrepetibles, algunos anecdóticos y acciones con mucho sentimiento detrás, como
acariciarnos los pies debajo de la mesa de la ofi mientras desayunábamos, para luego
subir nuestros pies por las piernas mientras nadie se daba cuenta de lo que allí ocurría, tus
mensajes de whatsapp dándome ánimo cuando mis turnos eran interminables, o los de
buenas noches, o de hacerme la escena de la peli “Instinto Básico” sentada en nuestro
famoso taburete, imágen de la que no pude resistirme a realizar una ilustración perversa
de esa niña mala y con mente sucia que se merece de vez en cuando que le den un
pequeño azote en el culito, igual que realicé otra ilustración imaginando cómo quedarían
tus alas de Ángel colocadas en la habitación de matrimonio de tu casa y en la cuál
celebramos a nuestra perversa manera tu primer aniversario de boda perdiendo locamente
el control de nuestros cuerpos.

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O recordando la vuelta a casa diaria cuando mientras tú conducías y yo deslizaba mi mano
de abajo hacia arriba por tus piernas hasta tocarte el tanga y un poco más.

Todo en ti me hace enloquecer, tanto que me gustaría practicar el desayuno de los


campeones una y otra vez cada mañana, para continuar con aquel “69” que nunca debería
de haber acabado, o tus “91” repentinos que desataban totalmente mi locura y perversión.

Nunca podré olvidar, ni tan siquiera poder quitarme de la cabeza esas fotos tan sexy que
me enviaste con la camiseta de “Escorpio” que te regalé o las fotos aún más perversas que
me enviaste con unas medias altas, un tanguita de color beige y sin la parte superior de tu
lencería, únicamente tapándote con el brazo el pecho, y las que llamo “Ángel
semidesnuda”.

Todo en nosotros es pura coincidencia, cabiendo decir que hasta la fecha en la que te
sacaste la licencia para poder llevar la vespi es casi igual que la mía, hasta el gusto por la
buena arquitectura, teniendo gran admiración por todos tus trabajos y que nunca me
cansaré de repetir que deberían de estar expuestos en un blog para que la gente vea lo
increíblemente creativa eres.

Tal es mi admiración que me encantaría tirarme contigo en el suelo del salón de un lugar
llamado Paraíso, y vaciar el cubo de bloques de madera para hacer construcciones de lo
que pudieran ser las casas del futuro, realizadas sobre contenedores de barco,
imaginándome que volvía a ser un niño y tu eras mi mejor amiga, pasando toda la tarde
juntos.

Un sueño muy real, pero llevado en el tiempo demasiado tarde.

Para mí, Paraíso significa todo eso, el pasar toda una vida contigo, un lugar tan especial
que me hace sentir como en casa.

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Capítulo13. Cualquier Excusa es Perfecta para un
Momentazo Perverso.

Cada día que pasaba buscábamos poder aprovechar cada milisegundo, daba igual lo que
fuera, inspecciones de solares, inspecciones de circo, mediciones de terrazas,
habitabilidades inventadas buscando subir por los ascensores más altos del municipio,
cualquier excusa era perfecta para terminar teniendo sexo muy perverso juntos.

Ya daba igual el día de la semana que fuera, sólo había que excluir de los viernes a los
lunes.

Esos momentazos los necesitábamos y cada vez más, no podíamos esperar más, cada
mañana tras el desayuno, y más después de que estando en la mesa uno frente al otro y
rodeados de compañeros, no parábamos de coquetear con nuestros pies, dándonos
caricias para después ir a lavar nuestras tazas juntos al baño y poder culminar con un beso
como Dios manda y un agarrón de nuestros culitos.

Siempre había algo “inventado“ que hacer tras el desayuno y si no, esperábamos unas
horitas para que el momentazo fuera antes de ir al “cole”.

Y del lugar podíamos decir que nos daba igual, los conocíamos todos muy pero que muy
bien, el 63, el 4, o el 3. En los tres habían pasado experiencias celestiales y perversas al
mismo tiempo.

Si íbamos al 63, unas veces nos quedábamos abajo, yo sentado en el filo del chaise longue
de tu sillón FAMA, con los pantalones bajados, pero sin quitármelos del todo por culpa de
las botas que llevaba puestas, y tú te quitabas esos vestiditos quedándote sólo con la única
ropa interior que llevabas siempre, tu tanguita ó tu braguita y que siempre acababa en el
suelo.

Entonces te subías al sofá, posicionabas tu parte más íntima con la mía, y lentamente,
surgía la magia, compenetrándonos a la perfección, era sexo rápido por culpa del reloj,
pero a la vez muy placentero.

Pero rápidamente, después de limpiar el suelo con papel higiénico y ya casi para irnos,
siempre surgía otro nuevo momento por culpa de esos besos locos con mordidita que nos
dábamos, ésta vez, yo de pie y sin subirme los pantalones y tú aunque con el vestido
puesto, pero aún con la ropa interior en el suelo, te cogía en peso, me abrazabas el cuello
con los brazos, y la cintura con tus piernas, y te mantenía en peso agarrándote tu culito,
posicionando nuestras partes íntimas en la posición perfecta para que haciendo los
movimientos oportunos mi pene penetrara en tu vagina, una y otra vez, hasta que después
de unos minutos, te bajo, quedándote de pié, te pongo mirando hacia la ventana de tu
salón, dándome la espalda, y te inclinas un poco hacia delante y yo te empiezo a embestir
desde atrás, una y otra vez, agarrándote fuertemente de la cintura para que no te
escaparas, dándote el placer que necesitabas, inyectándote dosis de vida, así unos pocos
minutos hasta que tuve que sacar el pene rápidamente y correrme otra vez sobre el suelo.

Así surgían más y más momentos, unas veces así, otras empezábamos sobre el taburete
que había pegado a la pared tras el sofá, otras directamente subíamos a la primera planta
del 63, otras veces eran en algunas estancias de Paraíso 4, bien en la cocina, el salón, o en

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el dormitorio donde tantas veces has dormido, frente a un armario lleno de espejos, y otras
veces eran en Tenis 3, en el salón o en el dormitorio de matrimonio.

Cualquier excusa era perfecta para aprovechar los milisegundos que nos regalaban los días,
no se podía desperdiciar el tiempo, ya que siempre iba en nuestra contra.

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Capítulo 14. La Zona Cero.
Por esas fechas ocurrió algo muy especial y es que la noche del 22 D, era la cena de la
empresa en la que ambos trabajábamos, aunque teniendo firmada una pequeña “orden de
alejamiento” que nos íbamos a saltar, esa noche nos coordinamos para poder ponernos
cerca, poder mirarnos, reírnos juntos, tomarnos unas copas para después salir y poder
continuar la noche, pero ésta vez queríamos estar a solas. Fue cerca de mi casa cuando
por fin pudimos estar solos en el interior del “BMW Infractor”, ese mismo coche que tantos
paseos de vuelta a casa al medio día en el que me había dado. Pero ésta vez era distinto,
eran pasadas las 02:30h de la madrugada, con poca luz y sentado en el asiento trasero del
coche, paseamos a alguna zona donde pudiésemos estar tranquilamente por lo que pudiera
pasar, callejeamos por algunas calles de otra cercana localidad hasta por fin encontrar ese
lugar, “la Zona 0”, allí aquella chica tan especial detuvo el coche, apagó luces, motor y se
pasó al asiento trasero donde me encontraba controlando la situación debido a la
luminosidad de alguna que otra farola que allí había, esa noche estaba un poco nervioso
porque minutos atrás me habían visto alguien muy conocido a mi casa regresar, no quería
que algo saliera mal, pero no pudiéndonos contener más, nos besamos perversa y
suciamente, deslizamos nuestras manos donde sabíamos que nos volvíamos locos, me
desabroché el cinturón, me quité el botón del pantalón, y me bajé los pantalones hasta
donde pude estando sentado, mientras ella se tuvo que quitar unos molestos pantis color
oscuro que llevaba puestos para poder hacer lo que los dos deseábamos que pasara, luego
se quitó su tanga, entonces se puso encima de mí de forma que se tocaban nuestras
partes más íntimas completamente desnudas, nos besamos apasionadamente nuevamente,
tocándonos fuertemente con nuestras manos nuestras caras y conteniéndonos las fuerzas
para no desgarrar de un fuerte tirón nuestras ropas, apretábamos fuertemente nuestros
labios con los dientes, se nos aceleraba el corazón, respirábamos ansiosamente los dos,
empezaron a empañarse los cristales del coche debido al frío que se respiraba en el
exterior, muy distinto era el calor que allí desprendían nuestros cuerpos, seguidamente
empezamos a mantener sexo dentro del coche, suavemente hasta que mi pene penetró su
vagina hasta el fondo, después ella empezó a subir y bajar más enérgicamente, tanto que
los muelles del coche empezaron a vibrar, lástima que nuestro gozo terminó puesto que
empezó a llover demasiado pronto. Una vez nos limpiamos con toallitas y un paquete de
clínex que llevaba en mi pantalón y que olvidé en el interior del coche, nos sentamos en los
asientos delanteros del coche y este no quería arrancar, parece que quería que allí
estuviésemos más tiempo del que habíamos echado, y razón no le faltaba. Aquella noche
fue la noche programada más perversa que había vivido en el interior de un coche, y me
alegro que fuera en el coche de aquella chica tan especial.

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Capítulo 15. Un Espacio en el Tiempo

Después pasaron varias semanas hasta que llegaron más encuentros perversos, pero
desgraciadamente más espaciados en el tiempo, aunque tampoco desaprovechábamos ni
un segundo cuando nos quedábamos solos, buscando subir o bajar un nivel en ascensor o
ir al archivo a buscar documentación inexistente para besarnos y abrazarnos
apasionadamente, como tú y yo sólo sabíamos.

Después de un tiempo, nos encargaron realizar un trabajo en la ofi, un trabajo que nos
llevaría más de tres horas juntos, silla con silla, tu manejando maravillosamente el
programa autocad y yo marcándote lo que tenías que crear en el ordenador. Por cada línea
que marcabas nos mirábamos, nos dábamos caricias bajo la mesa, si nos quedábamos
solos no desperdiciábamos el tiempo para besarnos mientras utilizábamos nuestras manos
para acariciarnos otras zonas que nos hacían mojar nuestra ropa interior.

Hasta que casi terminando el trabajo, nos quedamos completamente solos en la ofi,
sabíamos que teníamos poco tiempo, pero después de pasar casi tres horas juntos y sin
haber parado de coquetear, no nos podíamos contener y nos fuimos a la zona oculta de la
estantería por si alguien entraba por la puerta de entrada, y vaya que si entraron, hasta
tres veces en apenas dos minutos, aunque después salieron rápidamente, quedándonos
solos otra vez, pero aunque habían estado interrumpiendo lo que estaba pasando tras esa
estantería, no queríamos perder más el tiempo y entonces después de besarnos locamente,
te puse mirando hacia la estantería, yo colocado detrás de ti, te levanté la larga falda que
llevabas, te agarro el tanga con una mano, ladeándolo hacia un lado, me desabroché el
pantalón, me cogí el pene con la mano buscando la posición para empezar a penetrarte
suave y lentamente, tú te inclinaste aún más para que la penetración fuera más profunda,
pero no llevábamos ni dos minutos cuando debido a tal excitación apareció la lluvia, sin tú
apenas haber sentido el placer que te mereces.

Pero mereció la pena, lo habíamos vuelto a hacer, habíamos tenido otro momento perverso
en nuestro lugar de trabajo, para recordarlo y visualizarlo mentalmente cada vez que
pasáramos por ese sitio.

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Capítulo 16. Casi Jaque Mate.
Seguimos durante varios meses con nuestras conversaciones perversas a través de nuestro
dispositivo móvil, hasta que un descuido a mediados del mes de mayo de 2018, casi pone
en jaque, algo más que nuestra relación secreta. Pero casi milagrosamente, nuestras
mentes volvieron a estar conectadas a distancia, diciendo las mismas palabras cuando nos
preguntaban, y todo quedó en “una conversación que viene de antes”, aunque después de
estos días, todo se quedó muy helado y distante, ya no tendríamos encuentros perversos
durante un largo tiempo, y nuestras conversaciones por nuestros dispositivos móviles
también habían disminuido, tan sólo nos quedaron los momentos perversos que
pasábamos completamente solos bajando o subiendo por el ascensor del parking, del
Ayuntamiento o del piso que teníamos que visitar por motivos de trabajo.

Pero no perdimos la esperanza de que algún día, tarde o temprano los volviéramos a tener,
esos momentos que añorábamos cada día y cada noche antes de irnos a la cama.

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Capítulo 17. El Esperado Reencuentro
Pasó mucho tiempo hasta que llegó el día, era ya el mes de octubre, la segunda semana
concretamente, ese día fue muy especial, a parte por las ansias que tenía de volver a verte
después tu haber estado “malita”. Después de haber estado interactuando con nuestros
dispositivos móviles, yo en mi casa realizando “mis tareas”, te pregunté si tenías media
hora de tu tiempo para vernos, y por supuesto me dijiste que sí, que te encontrabas en el
pueblo vecino, pero que en cuanto llegaras a Garrucha nos veríamos.

Pasaron unos quince minutos cuando llegaste al portal de mi casa, yo me encontraba sólo
con el pantalón del pijama corto, tú venías espectacular, un pantalón muy cortito, una
blusa de seda de cuello alto, y unas cuñas. Irradiabas sensualidad por todos los costados,
me quedé embobado mirando a esa chica tan especial que venía hacía mí por el pasillo,
estabas “increíble”. Al mismo entrar te pedí que dejaras las cuñas en la entrada, cerré la
puerta y nos besamos locamente, te cogí de la mano y te llevé por el pasillo hasta el salón
donde seguimos besándonos mientras nos quitábamos la ropa, parece que los dos
teníamos muchas ganas de volver a sentir nuestros cuerpos completamente desnudos. Aún
recuerdo que al volver al verte desnuda después de haber estado unas semanas “malita”,
no podías estar mejor, que digo mejor, estabas insuperable, eras “la sensualidad hecha
persona”, un cuerpo “diez”, y que lo tenía allí delante, frente a mis ojos y que no olvidaré
jamás.

No tardamos ni treinta segundos para que me llevaras al sofá, entonces tomé asiento y
rápidamente tú te subiste encima de mí, me agarraste el pene y lo colocaste sobre tus
labios inferiores, haciendo tu pequeños movimientos hacia delante y hacia atrás,
deslizándose mi glande por la entrada de tu vagina, para que estratégicamente buscara
introducirse dentro de ella, y así fue, suavemente empezó a meterse en su interior, pero
como consecuencia de “semejante monumento” que tenía sobre mí y de mi excitación, no
tardó mucho en aparecer una copiosa lluvia. Sin perder mucho el tiempo y tras limpiar el
suelo con una servilleta que había por la mesa, continuamos disfrutando del momento.

Entonces tú tomaste asiento, te pusiste cómoda reclinándote hacia atrás, yo me coloqué de


rodillas sobre el suelo y mirándote a la cara, entonces me cojo el pene y lo pongo a la
altura de la entrada de tu vagina y empiezo a penetrarte nuevamente, primero suavemente
para después hacerlo más enérgicamente, buscando que tuvieras el máximo placer, así
durante varios minutos hasta que cambiamos la postura, te pedí que te pusieras a “veinte
uñas” y yo desde atrás empecé a penetrarte estimulándote a la misma vez con el dedo
corazón de mi mano derecha tu clítoris, ese botoncito de despegue de la nave espacial,
mientras que con mi mano izquierda te agarraba la cintura fuertemente para que no te
desplazaras demasiado hacia delante debido a mis embestidas desde atrás, así durante
otros tantos minutos, hasta que empecé a escuchar suaves gemidos tuyos, aunque aún te
faltaría más tiempo para lograr despegar, pero esos suaves gemidos me excitaron tanto
que tuve que sacar rápidamente mi pene del interior de tu vagina y colocarlo en la
hendidura que separa los dos cachetes del culo para continuar realizando suaves
movimientos hacia delante y atrás, corriéndome sobre la parte inferior de tu espalda,
mientras que sin detenerme seguía estimulándote tu botoncito de despegue para que al
igual que yo, llegaras a subir a “La Luna”, pero sonó el inoportuno teléfono y tuve que
parar de inmediato, dejándote con el pedal del acelerador de la nave espacial sin gas.

Pero lo mejor de todo, es que ese día tan especial de nuestro reencuentro perverso, sirvió
también para celebrar el segundo aniversario de boda de esa chica tan especial que tenía
frente a mí, que tanto me gustaba y que me volvía loco.

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Capítulo 18. No hay Dos sin Tres

Después de este día, volvimos a sentir la ilusión del primer día, esa ilusión que habíamos
perdido después de tantos meses sin tener ningún momento perverso, y que sólo una
semana después necesitábamos tener otro encuentro de los nuestros, de esos en los que
se derrocha tanta pasión.

Otra vez volvió a ser en mi casa, después de una conversación a través de nuestros
dispositivos móviles, no podíamos dilatarlo más en el tiempo, y ese día llegó. Te abrí la
puerta y ahí estabas, radiante, con una corta indumentaria de temática de cuadros
pequeñitos, gran parte de ellos de color rojo, ese día me dijiste que no te habías levantado
bien, que estabas regular, pero yo sabía que te iba a quitar las penas de ese día. Al mismo
cerrar la puerta de mi casa, te di un fuerte abrazo que culminó con un largo beso, te cogí
la mano y recorrimos el largo pasillo hasta llegar al salón, donde sin decir nada,
empezamos a quitarnos la ropa y quedarnos completamente desnudos de pié, entonces
nos volvimos a abrazar, sintiendo piel con piel, dándonos largos besos, jugando con
nuestras lenguas, y con una mordidita final en mi labio inferior al terminar que nunca te
faltaba.

Nos desplazamos al sofá y me tumbé a lo largo boca arriba, tú te subiste sobre mí,
colocando tus piernas entre los lados de mi cadera, y posicionando estratégicamente tu
zona más íntima sobre la mía, te inclinaste hacia mí, dándonos un largo beso, yo puse mis
manos en tu culito apretándolo mientras jugábamos con nuestras lenguas en el interior de
nuestras bocas. Entonces tú ayudándote con una mano agarraste mi pene y colocaste en la
entrada de tu vagina y apretaste tu cuerpo hacia abajo, introduciéndolo suavemente,
subiéndolo y bajándolo apenas diez veces y te detuviste, elevaste tu cuerpo y desplazaste
tu cuerpo hacia atrás, quedando tu culo a la altura de mis pies, y me dijiste que si
recordaba lo del “no hay dos sin tres”, y te dije que sí, que cómo lo iba a olvidar, si las dos
mejores felaciones que me habían hecho en mi vida me las habías hecho tú.

Sin decir nada más, inclinaste tu cuerpo hacia adelante colocando tu cabeza a la altura de
mi zona más íntima, empezaste con la lengua relamiéndome el pene de abajo hacia arriba
varias veces, dándole un par de vueltas con tu lengua al glande, como si de un “chupa
chups” se tratara, para después metértelo en la boca y jugar con tu lengua desde dentro,
ayudándote con una mano con delicados movimientos hacia arriba y hacia abajo mientras
me la “comías”, sincronizándote extraordinariamente con los movimientos de tu lengua y
boca, tenía que cerrar los ojos en varios momentos porque no podía aguantar más de tanta
excitación, y tú continuabas y continuabas, haciéndolo otra vez más, una perfecta
“mamada”, una felación de película, y sin poder aguantar más, te dije que iba a “llover”, y
como en las otras dos ocasiones, no te importó nada, y seguías y seguías, hasta que me
empecé a correr en el interior de tu boca, y tu continuabas, exprimiéndome hasta la última
gota de semen, momento en el cual, paraste y levantaste la cabeza, me sonreíste
mordiéndote un labio, y entonces te dije que sí, que era verdad, “no hay dos sin tres”.

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No podía estar más emocionado de que esa chica tan especial me lo había vuelto a hacer,
una felación de “diez”, una felación insuperable, una felación inolvidable, sólo ella sabía
hacerlas de la manera que a mí más me excita.

Después de tal insuperable escena de excitación para mí, quería que esa chica tan especial
sintiera todo ese placer que ella necesita y le faltaba esa mañana,

Le dije que ahora le tocaba a ella, se colocó sentada en el sofá, yo tiré un cojín al suelo,
me puse de rodillas, tiro de ella hacia el extremo del cojín y elevé sus piernas metiendo mis
brazos entre estas, y con el pene bien erecto y duro, empiezo a penetrarla suavemente,
con delicados movimientos, inclinando mi cuerpo hacia adelante, besándola en la boca,
lamiéndole su cuello, mordiendo el pezón suavemente en cada penetración, hasta que noto
que las paredes de su vagina están perfectamente lubricadas, momento en el que me
levanto un poco dejando mi pene en una posición para que la penetración sea aún más
profunda, haciendo movimientos más enérgicos, “dándole más duro”, viendo en su cara
como sentía más y más placer, así durante unos minutos, hasta que me empiezo a excitar
demasiado, y como no quería que llegara una copiosa lluvia pronto tengo que detenerme.

Aprovechamos para cambiar de posición, la puse a “veinte uñas”, o comúnmente conocida


como “a cuatro patas”, la agarro fuerte de la cintura, haciéndole que baje su cadera,
inclina la parte superior de su cuerpo hacia abajo, quedando su vagina perfectamente
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colocada a la altura de mi pene, le toco con una mano el interior de un muslo y sin decir
nada, ya sabía lo que tenía que hacer, entonces abre un poco su piernas y le meto el pene
suavemente hasta que mis testículos le tocan sus labios interiores, profundamente,
entonces suavemente continúo penetrándola y para que sintiera más placer aún sabía que
tenía que utilizar el dedo corazón de mi mano derecha, metí la mano por el lado derecho
de su cintura buscando su delicado y complejo botoncito, empiezo a estimular su clítoris,
moviéndolo en círculos y apretándolo suavemente en ocasiones, mientras continuaba
“metiéndosela” profundamente, con la mano izquierda le doy un pequeño azote en el
cachete izquierdo de su culito, llevo esa mano hasta su cuello y empiezo a apretarlo como
si de un masaje se tratara, desde ahí bajo con la palma de la mano abierta deslizándola
fuertemente por su columna hasta llegar a la parte inferior de la espalda y vuelvo a
agarrarle fuertemente la cintura, para que aguantara los embistes de la penetración, hasta
que sin aguantar más, tuve que sacar el pene de su vagina y correrme en la parte superior
de su culito deslizándose parte del semen por uno de sus cachetes, goteando parte de la
funda del sofá.

Ese día no podía estar más satisfecho, fue una mañana muy corta, apenas media hora,
pero muy muy placentera, sobre todo para mí y de la que no me podré olvidar jamás.

Desde entonces y aunque no sea por falta de ganas por parte de ambos, no se han
producido más encuentros perversos, pero los dos sabemos, que cualquier día, a cualquier
hora, en cualquier milisegundo, en cualquier lugar seguro, se producirá, faltando sólo que
se cumpla “el momento perfecto”, que no es aquel otro que pasar todo un día con su
noche los dos solos, disfrutándonos mutuamente hasta que los cuerpos no aguanten más.

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Capítulo 19. Donde hay Fuego existe la Flama
Aunque pasaran muchas semanas sin poder vernos y sin tener ocasión para dar rienda
suelta a nuestra perversión, ésta siempre estaba presente en nuestras mentes y en
cualquier momento podría surgir un “momentazo”.

Deseábamos estar juntos en algún momento, pero cada vez las cosas se ponían más
complicadas, ni en el 63, ni en el 4 de Paraíso, ni en el 3 de Tenis, pero quien ha dicho que
en las horas de trabajo no pueden ocurrir “cosas muy perversas”.

Los días en los que había habitabilidades siempre surgían, ya fuera dentro del ascensor, en
el coche, o cuando terminábamos de hacer lo laboral, había sorpresas, como tener ambos
llaves de casa dentro del bolso o de bolsillo de pantalón, para dar rienda suelta a nuestra
locura. Ese día al terminar seis habitabilidades, paré el vehículo policial en las proximidades
de Tenis 3 y subimos a mi casa. Al abrir la puerta fuimos directos al salón y empezamos de
pié a besarnos, a abrazarnos fuertemente, y sin perder mucho más tiempo, me quito el
pesado cinturón y nos dirigimos hacia el sofá que se encontraba suelto, entonces me bajo
el pantalón y la ropa interior, tú te quitas la ropa interior, me siento y tu te colocas sobre
mi pene erecto mirando hacia la puerta de entrada al salón y lentamente subías y bajabas
el cuerpo lubricando poco a poco el interior de la pared vaginal hasta que la penetración
fue completa, entonces empiezo a moverme yo, primero con lentos pero muy profundos
movimientos, buscando tu excitación para después empezar con rápidos y también
profundos movimientos, hasta que al cabo de unos minutos “llovió” copiosamente sobre el
suelo del salón.

En el archivo también sucedieron muchas momentos, con besos, abrazos, metiéndonos


mano mutuamente, pero los más perversos fueron cuando hubo que cambiar las cajas de
zapatillas de lugar. Ese día todo estaba estratégicamente planeado en mi cabeza, mientras
esa chica tan especial abría la puerta de metal del archivo le metía la mano entre los
huecos de tela de sus pantaloncitos cortos, pero ahí no acabó la cosa, tras besarnos como
dos locos enamorados y empezar a hacer ruido típico de cualquier mudanza empecé a
ponerme como sabía que me pondría, muy cachondo y no me podía contener mucho más,
hasta que me bajé la bragueta del pantalón, metí la mano y me saqué el pene erecto para
que supieras que podríamos tener un momentazo perverso nuevamente. Entonces vista la
dificultad ante tu vestimenta, te besé colocando mi cuerpo pegado al tuyo para que
sintieras mi parte más íntima más intensamente y te dije, quítate el pantalón y quédate
preparada mientras llevo una caja más al lugar del cambio, y cuando regresaba por el
pasillo, nada más doblar la esquina, me saco el pene y me voy al lugar donde te
encontrabas. Entonces nos empezamos a besar, rozándonos con nuestras partes más
íntimas, entonces tú me lo coges con tu mano y empiezas a colocarlo sobre tu vagina para
que se vaya introduciendo poco a poco. Visto que era una nueva experiencia para ambos y
no quería que nadie se intuyera nada, decidí que iba a llevar otra caja al nuevo lugar de
destino, a lo que tu me dijiste, no te vayas, y yo te dije, voy y vengo rápido, estate
preparada. En un abrir y cerrar de ojos, estaba de vuelta en la zona donde se estaba
produciendo ese momento perverso. Entonces hago igual que antes, al doblar la esquina
del pasillo, me saco nuevamente el pene y me voy a lugar donde tu estabas preparada, y
esta vez te cojo una de la piernas y la elevo para que la penetración fuera más fácil, pero
no nos convenció y decidimos ponernos en la posición que nunca falla, la penetración
desde atrás, entonces te das la vuelta, te pones mirando hacia la puerta del archivo, y yo
detrás tuya, inclinas tu cuerpo hacia abajo, abres un poco las piernas y coloco mi pene en

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la entrada de tu vagina. Lentamente voy empujando hacia delante y hacia detrás, muy
rápidamente se lubrica la pared de tu vagina y empieza a deslizarse mi pene en el interior,
penetrándote cada vez más profundamente, cada vez dándote las embestidas más
fuertemente hasta que la “lluvia” llegó e hizo terminar aquel momentazo.

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Y en otra ocasión, hicimos planes perversos nuevamente, esas cajas las tuvimos que
cambiar otra vez, aprovechando de que no era el mismo compañero el que se encontraba
con el “Agente Doctor” la primera vez que se hizo el cambio de lugar. Pero esta vez, esa
chica tan especial venía preparada, con una prenda inferior fácil de manipular, una faldita a
la que tan acostumbrado estoy a verla y que tan fácil es de subir y dejar descubierta tu
ropita interior. Hicimos casi los mismos movimientos que la primera vez para así despistar
al compañero que se encontraba en la oficina con sus tareas, con ruidos de traslado de
cajas hasta el despacho existente en el pasillo trasero de nuestras dependencias
municipales. Pero esta vez, gracias a la experiencia ganada de la otra ocasión perversa, ya
sabíamos que no podíamos perder tiempo en inventar nuevas posturas. Entonces mientras
yo paseaba cajas por el pasillo, tú ya estabas preparada en “nuestro rinconcito” del
archivo, con la faldita subida y sin ropita interior, yo cuando doblé la esquina del pasillo me
saqué el pene ya preparado y tú apoyada con tu espalda en la pared me elevas tu pierna
izquierda para facilitar la penetración, yo la sostengo con mi mano derecha y coloco con mi
mano izquierda mi pene en la entrada de tu vagina, pero costaba penetrarte y viendo que
el tiempo corría, hice la maniobra de pasear una nueva caja por el pasillo mientras hacía
como que hablaba contigo, hasta que nuevamente al doblar la esquina del pasillo, vuelvo a
sacarme el pene y voy apresurado hacia donde te encontrabas esperándome, entonces
intento elevarte y tú abrazarme con tus piernas para realizar una nueva penetración, pero
por culpa del cinturón que llevo atestado de herramientas dificultaba la operación perversa,
pero sin perder más tiempo en el pasillo paseando cajas, no quise perder más tiempo,y
decidimos ponernos en la posición que nunca nos ha fallado, la penetración desde atrás,
entonces te diste la vuelta y te pusiste mirando hacia la puerta del archivo, y yo detrás
tuya, inclinaste tu cuerpo hacia abajo, abres un poco las piernas y coloco mi pene en la
entrada de tu vagina, viendo tu maravillosa figura mientras lentamente voy empujando
hacia delante y hacia detrás hasta que noto que la pared de tu vagina está lubricada y
empieza a deslizarse completamente mi pene en el interior hasta el fondo, penetrándote
cada vez más rápido y más profundamente, cada vez dándote las embestidas más
fuertemente hasta que la “lluvia” llegó nuevamente y nuestro momento perverso terminó.
Pero nuestra cara de felicidad, lo decía todo, parecía que habíamos alcanzado la gloria,
como tantas otras veces, y las que quedan.

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Como tampoco podemos olvidarnos de esas habitabilidades en las que ya éramos tres, y en
las que sólo cuando el compañero se quedaba al margen dentro del vehículo o haciendo
sus recados y nosotros nos quedábamos en el interior del vehículo. Recuerdo que para ese
día te dije que te pusieras cómoda, y que mejor manera de ir más cómoda que sin ropa
interior. Fue en el ascensor del edificio Mayor, que subimos sólos a hacer la habitabilidad
mientras mi compañero hacía otras tareas, cuando me dí cuenta que no llevabas el tanga
puesto, y como nos sobró tiempo entre subir a la vivienda y bajar al vehículo mientras
llegaba el compañero, dentro del vehículo, tú sentada atrás y yo en el asiento del
conductor, estiré mi brazo derecho para empezar a acariciar tus piernas, recuerdo que te
dije que las abrieras un poco más para seguidamente suavemente palpar tu zona más
íntima con mi dedo corazón, buscando introducirlo lentamente para que disfrutaras la
espera. Sólo recuerdo cómo me decías que o paraba o ibas a empezar a chillar de gusto y
yo ante ese comentario sólo poner una sonrisa perversa y no parar de darte placer.

Pero dentro de la oficina aún seguían ocurriendo más momentazos, como cuando hubo que
terminar los planos del mercado, y el primer día en cuanto salieron por la puerta los
compañeros, cerré rápidamente la puerta de la oficina y sin quitar ojo de la cámara que
enfoca a la puerta de la entrada.

No perdimos ni un segundo, empezamos besándonos locamente, tocando con nuestras


manos la parte más íntima del otro, y rápidamente empezó a crecer y endurecerse mi
pene, tanto que tuve que bajar la bragueta de mi pantalón y sacarlo de esa presión, una
vez fuera lo toqueteas con la mano derecha mientras nos besamos, entonces tú te bajas tu
ropa interior hasta caer al suelo, y sin aguantar más segundos tanto desenfreno, te subes a
la mesa del ordenador y te sientas, apoyándote con las manos para no irte hacia atrás
mientras yo colocaba mi pene en la boca de tu vagina, pero por la posición te empezabas a
hacer daño en el coxis por la superficie tan dura de la mesa. Rápidamente decidimos sin
pensar, que yo me sentaría en el butacón negro y ancho que había en ese escritorio del
ordenador donde nos encontrábamos. Ahora tú te subes sobre mí, agarras mi pene y lo
introduces en tu vagina y empiezas a cabalgar sobre mi pene mientras nos envolvíamos en
un fuerte abrazo, escuchando los fuertes suspiros de placer que emitíamos los dos y en el
que también había tiempo para darnos besos como Dios manda, jugueteando con nuestras
lenguas, hasta que de nuevo, y más rápido de lo que nosotros queríamos, las inclemencias
meteorológicas hicieron que lloviera muy copiosamente sobre el suelo de la oficina,
manchando con mi semen un poco mi ropa interior y parte del pantalón.

Hicimos un descanso de casi una hora para que esa chica tan especial fuera a hacer sus
recados, y a la vuelta, aún sin compañeros dentro de la oficina, quise que antes de
marcharse esa chica tan especial de allí y sabiendo que no la iba a ver hasta el día
siguiente, y nos despedimos de la mejor manera posible, con un buen “polvo” en la silla del
ordenador donde estábamos realizando las modificaciones de esos planos. No podíamos
haber aprovechado mejor el tiempo y combinando trabajo y sexo.

Después de unas semanas y no tuve mejor manera de volver de mis vacaciones, el 4 de


Julio, hubo un pequeño momento que tratábamos de buscar en Tenis 3 durante dos días
seguidos, pero que por circunstancias varias no pudo ser. La hora del café se planeó para
que fuera en el Bar Manolo para así después, poder traerte haciendo funciones de taxi
policial a nuestra oficina y que desde allí te fueras moviendo para hacer tus recados ya que
aquellos días esa chica tan especial no disponía de vehículo.

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Ya dentro de la oficina, el compañero tuvo que bajar a sacar su motocicleta del parking, un
tiempo no máximo de cinco minutos, muy poco, pero que nosotros aprovecharíamos al
máximo. Empezamos a darnos besos y más besos, agarrándonos bien fuerte, con muchas
ganas, para después empezar a tocarnos nuestras zonas más íntimas y sin contenernos
más, cogí y me senté en la butaca más cómoda de la oficina, me bajé la bragueta del
pantalón, me saqué el pene, y sin quitar el ojo de la pantalla de la televisión donde
enfocan las cámaras la entrada, te bajaste el tanga y desde una posición que me dabas la
espalda, muy suavemente colocaste tu vagina sobre mi pene erecto, y con lentos
movimientos hacia arriba y hacia abajo, empezó rápidamente a lubricar y hasta que
penetró totalmente en su interior. Una vez estabas lubricada, empecé a deslizarme sobre el
asiento de la butaca hacia delante y hacia atrás cada vez más rápido, penetrándote más y
más profundamente, hasta que empiezo a escuchar el sonido de la motocicleta de mi
compañero que acababa de llegar a la puerta de la oficina, entonces las penetraciones se
volvieron mucho más rápidas hasta que llegó la copiosa lluvia y rápidamente me empiezo a
escurrir el semen sobre el suelo y corriendo a por una servilleta para poder limpiar tal
humedad producida antes de que entrara por la puerta mi compañero.

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Pero decir que, mientras planeábamos durante esos días algún encuentro le dije a esa
chica tan especial, que en el segundo polvo iba a utilizar goma para poder irme dentro de
ella con total seguridad, a lo que ella me contestó que tenía una sorpresa guardada para
mí relacionada con la “lluvia”, pero que ya me lo diría. Y al terminar ese momentazo en la
oficina, me dijo tras consultarle que era lo que tenía preparado para mí, y fue lo siguiente,
el poder “irme” en su interior sin goma porque llevaba un anillo vaginal para regular su
período. Y eso no hizo más que volverme aún más y más loco, con ganas de
experimentarlo como Dios manda, como en la película titulada “El Hilo Rojo”, en cualquiera
de nuestros momentazos.

Y ese momentazo llegó, no tardó mucho, bueno, depende de como se mire, el lunes 5 de
Agosto, a las 15h cuando llego a mi oficina para empezar a trabajar, cual es mi gran
sorpresa que me encuentro saliendo de ella a esa chica tan especial, y me acerco
rápidamente a ella para decirle algo que se con total certeza que le iba a gustar mucho, y
es que íba a estar completamente sólo en la oficina casi una hora.

Mientras que me cambio de indumentaria, ella cruzó la Plaza hasta su lugar de trabajo y
esperó a que me encontrara totalmente sólo, y en cuanto la ví entrar por la puerta nos
abrazamos y nos besamos perdidamente, aunque también hubo un poco de toqueteo en
nuestras partes íntimas. Rápidamente cierro la puerta de entrada y me voy a la sala donde
se encontraba ella, y sin casi ni hablar, empezamos a darnos besos y más besos, yo me
bajo la bragueta y me saco el pene, entonces me siento en una de las sillas mirando hacia
la pantalla del visor de cámaras para controlar la entrada. Ella se sienta sobre mí,
mirándonos la cara, ladea su tanguita y coloca el pene sobre su vagina para después
empezar a realizar pequeños movimientos hacia arriba y hacia abajo para que empezara a
lubricar y penetrarla profundamente pero mientras todo esto tan perverso estaba
ocurriendo, por las cámaras pude observar como alguien se encontraba por la puerta y
tuve que detener ese momentazo para ir a ver lo que quería, resultando no ser nada
relevante, tan sólo se encontraba esperando a alguien que saliera del parking.

Después de acudir a esa tontería, reanudamos el placer, empezamos de pié besándonos


con la lengua, con besitos con lengua por el cuello, nuestras manos rozando o acariciando
las partes íntimas, pero sabiendo que no podríamos perder mucho el tiempo y me senté en
el butacón negro con el pene casi erecto fuera para que en el momento que quisiera esa
chica tan especial lo colocara donde más placer obtuviese.

Como la puerta de la oficina estaba abierta yo no me encontraba muy tranquilo, estaba en


alerta máxima visualizando las cámaras y esa chica tan especial, al sentarse sobre mi pene
quiso que se pusiera aún más duro, entonces bajó su cabeza a la altura de mi pene y de la
mejor manera posible, empezó a lamerlo como un chupa chups, uffff por Dios, no puedo
decir otra cosa que sea: “qué labios tiene y qué manera de hacerlo”, en menos de 10
segundos mi pene estaba en su erección máxima dispuesto para hacer gozar al máximo a
esa chica tan especial en el máximo tiempo del que disponíamos y yo con un estado de
excitación extrema.

Entonces me levanté y le dije que quería probar una posición nueva, que se subiese a la
silla del ordenador poniéndose de rodillas y mirando hacia la puerta, que me diera la
espalda para que su culito quedara a la altura perfecta para que mi pene la penetrara
hasta lo más profundo de su vagina desde atrás.

Suavemente empiezo a introducir mi pene en su interior, muy lentamente pero


profundamente, hasta que percibo que está perfectamente lubricada, y sin perder la vista
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de la pantalla de las cámaras, la empiezo a penetrar más rápido y fuerte hincando el pene
hasta tocar su base, dándole cada embestida más y más fuerte, tanto que tuvo que
agarrarse fuerte con sus manos al respaldo de la silla y yo agarrárla bien fuerte de la
cintura, hasta que después de unos minutos en esa posición llegó una copiosa lluvia,
mojándola toda su parte interior mientras yo continuaba penetrándola con suaves
movimientos, deslizando mi pene por su interior hasta escurrirme totalmente, no dejando
ni una gota de mi leche dentro de mi.

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Rápidamente, tuvimos que volver a colocar la estancia en la que nos encontrábamos como
normalmente está, sin dejar ningún rastro de aquel momentazo tan perverso que habíamos
tenido. Y como aún no había llegado el compañero del cambio, nos despedimos dándonos
un largo y mojado beso con lengua, acompañado de un fuerte abrazo, marchándose esa
chica tan especial de la estancia en la que nos encontrábamos.

Pasaron unos meses y no encontrábamos el momento, tuvimos una oportunidad un día de


habitabilidades, pero buscando algún sitio nuevo, como el baño de minusválidos del
parking, pero cuando llegó el momento no pudimos dar rienda suelta a nuestro plan en los
baños del parkiing puesto que había demasiado trasiego de gente por las inmediaciones. Y
sin perder la esperanza, optamos por otro plan perverso ya planeado en el coche mientras
que regresamos de las habitabilidades, y ese plan era la habitación del mercado; tanto era
nuestra calentura en ese momento que nos hubiera servido cualquier lugar en el que no
pasara gente.

Al entrar a la oficina, cogí la llave de mi taquilla y abrí la puerta de esa estancia, y


entonces empezamos a observar los movimientos de la única persona que se encontraba
en la oficina, la administrativa, pero sin tener mucha suerte puesto que en esos momentos
no estaba atendiendo a nadie y se vino a hablar con nosotros, así que tuvimos que abortar
nuestro plan perverso y posponerlo para otro momento oportuno.

Pasó un largo mes y ese momentazo llegó, era una mañana en la que esa chica tan
especial empezaba sus vacaciones, era a principios del mes de octubre, muy próximo de la
fecha de su tercer aniversario de boda, y que mejor manera de celebrarlo que por todo lo
alto. Fue una mañana un poco complicada para los dos, con tareas pendientes varias de
esa chica tan especial y de su doctor.

Al final habíamos perdido mucho tiempo atendiendo nuestras tareas, y el tiempo estaba
muy limitado, pero en cuanto esa chica tan especial terminó sus tareas, fué a la consulta
de su doctor. Cuando paso al interior de la consulta, la magia de nuestra locura volvió a
surgir. Recuerdo que llevaba puesto un vestido de seda japonesa color rosa que sólo a ella
le quedaría tan bien y antes de que le pudiera decir nada, me dijo al oído una cosa que sé
que haré si se dieran las circunstancias, y era que, si alguna vez mi vida tal y como la
conozco cambiara, que la buscara porque me estaría esperando, a la que le contesté que si
mi vida cambiara que la buscaría sin dudarlo.

Sin perder tiempo, nos besamos perdidamente y nos abrazamos muy fuertemente,
sintiendo que nuestras almas se volvían a conectar en esos momentos.

Yo tan entusiasmado de tenerla tan cerca, la cogí de la mano y la pasé a una habitación
para mostrarle algo que le iba a gustar, era algo que el día en el que lo hice, sólo pensaba
en que llegara el momento que pudiera verlo; entonces cerré la persiana de esa habitación
y empezó a brillar. Así fue como esa chica tan especial vio aunque a escala muy pequeña
como sería poder ver su constelación en el gran cielo nocturno. Era la constelación de
Escorpio, para mí, la más bonita del firmamento.

Pero no podíamos perder mucho el tiempo porque se nos echaba encima, así que
rápidamente nos fuimos al salón y, conecté desde mi móvil las cámaras de control para
poder estar todo lo tranquilos que queríamos y necesitábamos, pero por desgracia no se
veía todo lo que necesitábamos saber, así que decidí hacer una llamada para estar
completamente a salvo y dar rienda suelta a nuestra locura.

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Una vez realizada esa llamada, creíamos que estaríamos tranquilos por unos momentos
para disfrutar de nuestra locura.

Ya tranquilos, yo me encontraba sentado en el sofá solamente vestido con un pantalón


corto de pijama, y esa chica tan especial se subió encima mía, abrazándome con sus largas
piernas flexionadas la parte inferior de mi cuerpo.

Entonces nos besamos nuevamente, jugueteando con nuestras lenguas, y le beso el cuello
jugueteando con la punta de mi lengua, lamiéndola cerca de su oreja izquierda, para
nuevamente besarnos apasionadamente y terminando con un mordisquito suyo en mis
labios. Cosa que como ella ya sabe bien, me vuelve loco, y aprovechando la abertura del
escote de su vestido meto mi mano derecha y le saco su seno izquierdo para a
continuación lamer con mi lengua el pezón.

En esos momentos ya no aguantaba más, mi pene estaba completamente erecto y tuve


que bajarme un poco el pantalón para que no estuviera oprimido con este. En ese
momento esa chica tan especial se puso de pié y se bajó su tanguita cayendo este al suelo.
Seguidamente en esa posición me agarró el pene con su mano derecha y se arrodilló en el
suelo, y aunque le dije que se colocara un cojín para estar más cómoda, pero no hizo caso,
y como ella mejor sabe empezó a hacerme una felación, sólo puedo describirlo de una
manera, increíble, sólo ella sabe hacerlas tal y como yo más disfruto, pero rápidamente le
tuve que decir que se detuviera o llovería, entonces se detiene y se ríe perversamente, se
pone de pié frente a mí y se sube el vestidito un poco hacia arriba, avanza un paso y se
sube encima mía, abrazándome nuevamente con sus largas piernas pero esta vez, antes de
bajar todo el cuerpo, me coge el pene con una mano y lo coloca en la entrada a su vagina
para que la penetrara lentamente mientras bajaba su cuerpo.

Una vez en la posición perfecta para el disfrute de nuestros cuerpos, con todo mi pene en
el interior de su vagina, me abraza el cuello con sus brazos y yo le agarro con mis manos
su culito para facilitar la penetración con movimientos ascendentes y descendentes.

Percibo que sus paredes internas estaban perfectamente lubricadas, así que cuando ella
empezó a subir y a bajar su cuerpo sobre mi pene, yo le ayudaba en los movimientos y
hacía fuerza para que tuviera las penetraciones profundas, sincronizándonos para el
disfrute mutuo.

Cuando llevábamos unos minutos, le pregunto que si todo seguía igual que en las
anteriores veces para no tener que escurrirme el pene cuando llegue la lluvia, a lo que me
dijo que sí, que todo seguía igual y me podía ir dentro.

Así que, continuamos realizando los mismos movimientos, ascendiendo y para luego
descender fuertemente hasta que la lluvia llegó y le humedecí con mi semen su parte más
íntima, escurriéndome hasta la última gota sin sacarlo de se vagina.

Entonces le digo que voy a hacer dos sin sacarla, que se preparara, pero al echar un
vistazo al móvil, pude observar como había recibido varios mensajes que podrían significar
peligro máximo para aquella escena.

Así que rápidamente tuvimos que detener ese momentazo perverso y limpiar rápidamente
todo el semen que le chorreaba de su vagina sobre el sofá donde había ocurrido todo. Nos
despedimos rápidamente y esa chica tan especial tuvo que salir de la clínica de su doctor.

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Y después de unos meses y tantísimos días sin pasarme por la oficina por mis ajustes
horarios, llegó el día 2 de diciembre, en el que después de sobrecalentarnos durante las
habitabilidades, al llegar al parking quisimos desahogarnos en el baño de minusválidos,
pero estaba el cerrojo roto, así que lo descartamos rápidamente y subimos a la oficina,
donde tuvimos que quitarnos ese calentón y aprovechamos la ocasión perfecta
metiéndonos en la habitación del pasillo interior donde se guardan los decomisos del
mercado.

Una vez allí, cerramos la puerta con llave, y nos damos un beso como Dios manda. Sin
perder mucho me bajo la bragueta y me saco el pene, ella se baja su pantis y el tanguita
hasta las rodillas, entonces le digo que se suba al doble sillón que se encontraba allí y se
ponga a veinte uñas para que yo desde atrás pudiera meterle el pene hasta el fondo.

Sin mediar palabra ninguno de los dos, coloco el pene en la entrada de su vagina y desde
atrás empiezo a ipenetrarla poco a poco, hasta que, tras escasos dos minutos llegó la
copiosa lluvia toda en su interior, escurriéndome por completo.

Lo habíamos hecho de nuevo, aprovechar cada milisegundo como si fuera el último.


Nuestra carita después de nuestra nueva aventura lo decía todo. Tras salir de esa
habitación nos fuimos como si nada hubiese ocurrido allí, a desayunar tranquilamente.

Aunque desde entonces no hemos tenido más momentos perversos, estoy seguro y tú
también, de que habrá más y más momentazos, sólo hay que saber esperar.

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Capítulo 20. Algo Simbólico pero Especial
No antes de varios obsequios simbólicos, esa chica tan especial y de gran corazón, un día
prestó desinteresadamente su llave para aflojar las ruedas de un coche que se encontraba
averiado, pero pasó el tiempo y no se la devolvieron, es más, esa llave se perdió. Se quedó
sin su llave para aflojar ruedas, y nadie está a salvo de ocurrirle lo mismo, pero sin
pensármelo dos veces no quise que esa chica tan especial se viera en una situación
complicada en alguna carretera y que le faltase esa herramienta, entonces moví unos
cuantos hilos hasta conseguírsela y hacerle entrega de esa llave tan importante que todos
debemos llevar en nuestros coches.

Llegó un día en el que quise hacerle entrega a aquella chica tan especial, unas “pocas”
revistas relacionadas con el mundo de la arquitectura y que había coleccionado durante
varios años, tuvimos que dar varios viajes al parking para bajarlas e introducirlas en su
“BMW Infractor”, utilizando el ascensor en cada viaje, desatando nuestra locura a largos
besos con mordidita final no desperdiciando milisegundos. Sé que tuvo que tardar un
tiempo en poderlas bajar y acomodar en Paraíso 4, pero también sé que el esfuerzo le
merecería la pena, iba a tener miles de páginas disponibles para poder distraerse y por qué
no, inspirarse en su increíbles e inigualables proyectos.

Luego llegó el día 26 O, ese día era el cumpleaños de aquella chica tan especial y le quise
regalar una camiseta y que no lo pudiera olvidar, era una camiseta para mi “Escorpioncita”
preferida, aquella que me quitaba tantas noches el sueño, era una camiseta cuyo
significado era mucho más, como el de imaginar poder contemplar juntos aquella
constelación en total plenitud de una maravillosa noche estelar, así como mostrarle en
aquel cielo muchas estrellas más y de la que me regaló “dos fotazas” con ella puesta que
aunque no podía tenerlas guardadas en ningún lugar, no se me olvidarán nunca de mi
mente.

Nunca me olvidaré de la mejor y más bonita taza de té que he tenido nunca, mi taza
preferida, una taza Ferrari, y que la conservaré hasta el fin de mis días, puesto que fue un
regalo de un ángel caído del cielo, un ángel al que le llaman “Nana”, pero que a mí me
gusta llamarlo “Mi Niña Perversa”. Siempre digo que el que tiene un amigo tiene un tesoro,
pero contigo encontré el mayor cofre del tesoro del mundo.

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Llegaron las fechas de Navidad y esa chica tan especial no se podía quedar sin el regalo de
una persona que la quería y amaba, que la quiere y la sigue amando, pero
desafortunadamente en el más absoluto secreto, y ese regalo no fue otro que su perfume,
el “CK One” que ella utilizaba diariamente y la hacía tan especial.

Algo que días antes, el 17 D, día de mi cumpleaños, me trajo a mi ofi, dos suculentos
bizcochos, uno de ellos era el que tanto me gusta, y más si era de la “Repostera de
bizcochos con increíbles conocimientos culinarios sólo aptos para paladares exquisitos”, me
trajo las velas, y desayunamos en aquella mesa que tantos recuerdos perversos nos traía.
Ella también me trajo un regalo del que todavía guardo y que sólo usaría a partir de ese
mismo momento cuando supiera que ese día iba a a trabajar con “aquella chica tan
especial”, ese regalo también fue su perfume, el “CK One” que ella utilizaba diariamente y
la hacía tan especial, una fragancia que nunca podré olvidar.

También llegó el famoso día de los enamorados, y nosotros estábamos y seguimos estando
enamorados, al igual que nuestras almas, y que mejor manera de demostrarlo que
regalándole a aquella chica tan especial unas tazas simbólicas para sus infusiones, esas
tazas no eran unas simples tazas, sino que llevaban inscrito un mensaje relacionado con los
viajes, esos viajes que tanto hemos imaginado juntos.

Como aquel termo vaso que aunque no hubiera ninguna fecha especial, sabía que al
regalárselo a aquella chica tanto le iba a gustar y que también lo iba a usar.

Todos estos obsequios han sido tan simbólicos para nosotros que siempre los llevaremos
guardados en el alma.

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Pero no iban a acabar, cada mes, esa chica tan especial tendría el ejemplar de su revista
favorita y que no le podía faltar, la revista Arquitectura y Dieseño que ya iba a tener que
empezar a coleccionar.

Y ella para la fecha de mi santo, y la de mi cumpleaños también me hizo unos regalazos de


los que a mí tanto me gustan, para el día de mi santo, recuerdo que quedamos para un
café en el “Bar Manolo”, yo me llevé el ordenador y ella unos planos, para no levantar
mucha sospecha, sólo sería algo meramente profesional, y allí me hizo entrega de una
camiseta Ferrari de manga larga color negra que tantas veces me la suelo poner.

Cabe decir, que hubo también detalles simbólicos y que no referían a ninguna fecha
especial, como un cubo de construcciones de madera para que pudiera diseñar las casas
del futuro y una preciosa lámpara blanca de diseño para el futuro despacho de esa chica
tan especial.

Pero para Navidad, aunque un poco retrasado en la fecha quise hacerle entrega de algo
más. Tuvimos que quedar en otro lugar no habitual, un lugar cercano y poco transitado. Le
llevaba a esa chica tan especial unos “regalitos” dentro de una caja de folios, que debido al
tamaño le transporté desde donde dejé mi vehículo hasta la mesa donde se encontraba
sentada.

Recuerdo que esa mañana hacía bastante frío, pero las ganas de vernos y el café que nos
pedimos, calentaba el ambiente.

En el interior de la caja, le llevé varios detalles que significaban mucho para nosotros y
otros detalles para que le hicieran recordar nuestra “loca y perversa” relación en los
momentos en los que no podíamos estar juntos.

Entre ellos estaba una bola del Mundo para que le hiciera soñar algún destino idílico
planeado por ambos o los viajes que juntos podríamos hacer por el extenso Mundo,
también llevaba un gel de baño Badabas, mi preferido, para que en las ocasiones en las
que tuviera tiempo para darse un placentero baño, le hiciera experimentar sensaciones de
lujo y tele-transportarse soñando a algún lugar en los que pudiéramos estar juntos, y para
cuando terminara de darse ese baño, tenía un body milk de aceite de Argán, también mi
preferido, para que pudiera hidratarse su suave piel con él.

También llevaba unas revistas de Arquitectura y Diseño, para que cuando tomara
tranquilamente el té Chai, junto con algunas velas aroma Chai y Canela pudiera
visualizarlas en un ambiente muy nuestro. Junto con las revistas también había un pendrive
que llevaba entre otros, archivos “indescriptiblemente perversos” para que también pudiera
dejarse llevar con la imaginación.

Y para cuando saliera a dar largos paseos, cosa que esa chica tan especial hace muy
habitualmente, en el interior de la caja, llevaba un vaso de viaje Ferrari para que lo llevara
a cualquier lugar y que sus perversos labios no sufrieran ningún tipo de deshidratación.

Un frasco de colonia “CK One” para que pudiera llevar esa fragancia cada día y que la hacía
oler a “Ángel caído del cielo” .

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Y también una figura de metal del Empire State Building, el más alto de EEUU durante toda
una época y que nos hacía recordar los escalones que llevábamos subiendo juntos hacia la
cima.

Y no me podía dejar olvidado un detalle tan simbólico para nosotros, porque fue el tema de
destino idílico para nuestros perversos planes de “fuga” cuando asaltáramos al furgón
blindado del dinero. En una esquina de la caja había tres latas de cocacola con el destino
inscrito de “Maldivas” y que yo había preparado para que esa chica tan especial lo pudiera
utilizar como lapiceros y que cuando estuviese trabajando y lo mirara siempre se acordara
del destino preferido para ambos.

Pero no podemos olvidarnos del regalo más representativo de nuestra secreta, loca y
perversa relación, se trataba de un dildo con mando, para que pudiera utilizarlo en sus
momentos más perversos, tanto cuando estuviera sola como acompañada, dando un paseo
o incluso en algunos momentos laborales inolvidables, o bien lo combinara con el material
audiovisual que llevaba dentro el pendrive y un lubricante para que deslizara todo
perfectamente, todo un pack con material que nos recordaba a todos nuestros encuentros.

Pero esa chica tan especial, días después, concretamente para el día de los enamorados,
me obsequió en mi lugar de trabajo con un bote de corazones de chocolate que poco a
poco he ido comiéndome, y que al darle cada bocado pensaba en poder tener a esa chica
tan especial cerca y poder saborear también sus labios suavemente.

Pero ahí no acabó todo, semanas después, me tenía otra sorpresa preparada, quedamos
una mañana en el Bar Manolo para tomarnos un café mientras arreglábamos una mañana
de trabajo ficticio, con planos sobre la mesa y un ordenador portátil para despistar a
posibles avistadores. Esa sorpresa era una sudadera Ferrari preciosa, de color rojo y que
me quedaba fantásticamente bien, se nota que esa chica tan especial me tenía las medidas
bien cogidas.

Y pasaron muchos y muchos meses, hasta que tras el día 26 de Octubre, día en el que
nació ese Ángel caído del cielo, pude regalarle para su cumpleaños un regalito muy
especial, un frasco de colonia “CK One” para que pudiera llevar esa fragancia cada día, un
gel lubricante, y un consolador con vibración de color amarillo, de mayores dimensiones
que el anterior que le regalé, puesto que, en alguna ocasión me había comentado que le
quedaba un poco pequeño, y en esta ocasión espero que complazca perfectamente con su
perversión.

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CAPÍTULO 21. La Esencia de la Reflexión

Hemos Subido escalones sin parar, tantos y tan rápido que podríamos haber subido los
1860 escalones del edificio que fue durante cuarenta años el más alto del mundo con sus
443 metros, el Empire State Building, situado en una maravillosa ciudad llena de
rascacielos llamada New York, un destino que me encantaría también ir contigo, como
tantos otros paradisíacos lugares del mundo.

Quiero que sepas que:

Mi primer pensamiento al despertar eres tú, y también lo eres antes de ir a dormir. Decirte
que estoy totalmente enamorado de ti, mi niña perversa.

Te tuve sin poder tenerte, pero sé que para mí siempre serás aquella chica tan especial,
porque eres lo mejor que aún no tengo. Somos los amantes perfectos.

Tú pusiste mi mundo patas arriba. Mi mundo era ordenado, calmado y controlado, y de


repente tú llegaste a mi vida con tus comentarios inteligentes, tu inocencia, tu belleza y tu
tranquila temeridad y todo lo que había antes de ti empezó a parecer aburrido, vacío,
mediocre… Ya no era nada… y me enamoré.

Me quité la ropa, te abracé por la espalda y te dije: hoy no quiero que seas una señorita en
la cama, piérdeme el respeto, mátame a fantasías y átame a tus locuras, Agárrame del
pelo y hazme esclavo de tus orgasmos, hagamos música de nuestros gemidos, hazme
llorar de placer y por favor te pido una cosa, no tengas límites, Hazme tuyo.

Vuélveme a conocer, volvamos a coquetear, regresemos a las tonterías ocurrentes y las


pláticas sin sentido a cualquier hora, vuelve a decirme que te gusto, que regrese esa
ilusión de hablar todos los días, seamos tontos de nuevo, que vuelvan los suspiros y las
caras ruborizadas, volvamos al inicio cuando aún no sabía que te terminaría amando.

Si tú estás feliz, yo estoy feliz, si tú estás triste, yo te haré feliz.

Te miro, sonrío y me pregunto ¿cómo haces para gustarme tanto?

Te amo como se aman ciertas cosas oscuras, secretamente entre la sombra y el alma de
Pablo Neruda

Tú eres mi Espíritu del Éxtasis, eres mi Ángel caído del cielo, ese Ángel que aún porta sus
alas para poder volar a cualquier lugar que quiera imaginar, porque la vida es un viaje y
ese viaje me hubiese gustado hacerlo contigo.

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No sé cómo terminará nuestra secreta historia perversa, pero te aseguro que no ha
acabado, está más viva que nunca, latente, esperando a que surja el momento exacto para
dar rienda suelta a nuestras perversiones, no es un punto y final, es un punto y seguido,
un continuará.. .. ..

Sólo le pido una cosa a esa chica tan especial y es que ese Ángel caído del cielo que es, se
levante una vez más, resurja de sus cenizas como si del “Ave Fenix” se tratara y se
empiece a comer el mundo, “pisando fuerte” tal y como dice la letra de una canción de su
artista favorito “Alejandro Sanz”.

Siéntete viva una vez más, sé feliz porque sólo se vive una vez, aprovecha cada
milisegundo que te regala la vida porque no lo volverás a recuperar nunca.

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De Mr. Grey Rain para su amada Niña Perversa

Realizado por y para ti, dedicado en cuerpo, alma y mente, “Mi Alma Gemela”.

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