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Fundamentos de la Resonancia Magnética

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CAPÍTULO 1

FUNDAMENTOS DE LA RM
Maria Teresa Corbalán Sevilla y Jorge Mario Sánchez Reyes

Introducción. Evolución tecnológica de la RM


Principios físicos básicos de la RM
Propiedades de la materia. Diamagnetismo y paramagnetismo
Campos magnéticos y electricidad
Protón de hidrógeno. Espin
Estados energéticos. Protones en paralelo y antiparalelo
Movimiento de precesión. Ecuación de Larmor Magnetización
longitudinal
Fenómeno de resonancia. Obtención de la señal de RM
Excitación. Pulsos de radiofrecuencia
Relajación transversal y longitudinal

INTRODUCCIÓN. EVOLUCIÓN TECNOLÓGICA DE LA RM


La resonancia magnética (RM) representa actualmente una técnica de obtención de imágenes fundamental en
medicina, incluida en múltiples protocolos diagnósticos, ya que permite obtener imágenes con información
morfológica y funcional, con alta resolución y detalle anatómico, y todo ello sin utilizar radiaciones ionizantes.
Sin embargo, es una de las técnicas que presenta mayores dificultades conceptuales debido a sus complicados
principios físicos, los cuales vamos a intentar resumir de forma didáctica en los diferentes apartados que
componen este capítulo. Pero, antes de emprender la andanza por sus fundamentos, es esencial echar la vista
atrás en un breve recorrido histórico y recordar a aquellos que contribuyeron esencialmente en el desarrollo de
la RM tal y como se la conoce hoy en día:
Uno de los cimientos no solo de la RM, sino también de la tomografía computarizada y de gran parte
de la tecnología actual, es la transformada de Fourier, expresión perteneciente a la obra Théorie
analytique de la chaleur publicada en 1822 por el famoso matemático francés Jean Baptiste Joseph Fourier,
más de un siglo antes de que Bloch y Purcell, considerados por algunos los padres de la RM, fueran
galardonados en 1952 con el Premio Nobel de Física.
Otro concepto fundamental, que ya desde 1920 empezaron a plantear varios físicos, es el del espín
nuclear. Uno de estos físicos, Wolfgang Pauli, propuso su existencia y la del momento magnético del protón en
un intento de explicar la estructura hiperfina del espectro atómico. En 1940, Felix Bloch publicó un método
cuantitativo para medir el momento magnético del núcleo, pero la Segunda Guerra Mundial interrumpió de
forma temporal las investigaciones en este campo.
Una vez finalizada la guerra, dos grupos independientes de investigadores, capitaneados por el físico
Felix Bloch (Universidad de Stanford) y el ingeniero eléctrico Edward M. Purcell (Universidad de
Harvard), retomaron sus anteriores trabajos sobre la medición de la resonancia magnética en materia
condensada. Ambos investigadores llegaron a conclusiones similares, y describieron que algunos núcleos
atómicos colocados en un campo magnético y estimulados con una onda de radiofrecuencia son capaces de
absorber energía.
Posteriormente, estos núcleos liberan la energía excedente, con lo que transmiten ondas de radio que pueden
ser captadas mediante una antena; precisamente en esto se basa la imagen por RM. Los dos trabajos se
publicaron simultáneamente y obtuvieron un gran reconocimiento que les sirvió para ganar el Premio Nobel.
En las dos décadas siguientes, varios científicos partieron de este punto para realizar progresos
significativos en la aplicación de la RM en medicina, estudiando los tiempos de relajación en la sangre y el
músculo, el concepto de difusión y la adquisición de señales en modelo animal. Entre ellos, el médico
estadounidense Raymond Damadian demostró en su trabajo «Tumor detection by nuclear magnetic resonance»,
publicado en la revista Science en 1971, que los tiempos de relajación
del agua presente en tumores de hígado y riñón de ratas diferían de los del tejido normal, resultados que
posteriormente corroboró en tejido humano.
En 1973, Paul Lauterbur (Universidad de Nueva York) planteó la codificación espacial de la señal
aplicando gradientes magnéticos en tres planos; gracias a ello consiguió las primeras imágenes tomográficas de
objetos obtenidas mediante técnicas de RM. De forma simultánea, el físico inglés Peter Mansfield hizo una
descripción matemática de la transformación de una señal temporal en una representación espacial e introdujo
el concepto del espacio K. Estos hallazgos revolucionaron el mundo de la imagen, y trazaron el camino a seguir
por otros investigadores. Así, por ejemplo, Vahan Damadian construyó en 1976 un tomógrafo de RM de
cuerpo entero, publicó en Science la primera imagen de un tumor en una rata y años más tarde reconstruyó la
imagen de un tórax, y en 1979 Bill Moore obtuvo las primeras imágenes tomográficas de la cabeza. Por estos
trabajos y su posterior trascendencia, Peter Mansfield y Paul C. Lauterbur fueron galardonados con el Premio
Nobel de Fisiología y Medicina en 2003, y Damadian quedó al margen, motivo de gran polémica.
El primer equipo para obtener imágenes por RM se instaló en 1981, y en 1983, el American College of
Radiology consideró la RM como una técnica estándar en el campo del diagnóstico clínico. A partir de
entonces, las grandes compañías comerciales vieron el potencial de la RM, hecho que aceleró los estudios en
nuevas técnicas y equipamiento. Así, en 1986, Herning y su equipo empezaron a desarrollar las secuencias
rápidas denominadas eco de espín, y casi simultáneamente, las aún más rápidas, llamadas eco de gradiente.
Desde ese momento hasta la actualidad, la evolución tecnológica en el ámbito de la RM no ha tenido pausas, y
cada vez las máquinas son más potentes, los estudios más rápidos, la resolución más precisa y los cortes más
finos, y además existen multitud de aplicaciones a las que se dedican otros capítulos de este libro.

PRINCIPIOS FÍSICOS BÁSICOS DE LA RM


El objetivo de este capitulo consiste en realizar una breve introducción de la física básica y conceptos teóricos
y técnicos de la RM, en un intento de facilitar la comprensión del mecanismo mediante el cual se obtienen las
imágenes. Para empezar, es preciso familiarizarse con la definición de RM desarrollando a posteriori algunos
conceptos más específicos.
La RM es un fenómeno físico fundamentado en las propiedades mecánico-cuánticas de los núcleos atómicos y
se basa en la inducción de transiciones entre diferentes estados de energía. Ocurre al someter partículas
(electrones y protones) de núcleos atómicos de número impar a un potente campo magnético, de forma que
estos puedan absorber selectivamente energía en la frecuencia de ondas de radio (8 a 130 MHz) dentro del
espectro electromagnético.
Por otro lado, la imagen por RM en medicina (RM clínica) es una técnica diagnóstica en la que se introduce
al paciente en un campo magnético creado por un gran imán y mediante la aplicación de ondas
electromagnéticas se consigue la «resonancia» de los núcleos de sus átomos y posteriormente se recoge la
energía liberada en forma de señal. Se basa en este caso en la interacción de los núcleos de hidrógeno,
presentes en muy alta concentración en el agua, y en menor cantidad en la grasa, con un potente campo
magnético externo (el imán) y con pulsos de radiofrecuencia para su excitación.

La RM es una interacción entre un campo magnético externo, ondas de


radiofrecuencia y núcleos atómicos. Cuando se somete a un cuerpo a un
campo magnético y posteriormente se lo estimula mediante ondas
electromagnéticas (ondas de radiofrecuencia), se consigue la resonancia de
los núcleos de sus átomos. Las imágenes de RM van a ser el resultado de la
señal que emiten los protones de los átomos de hidrógeno que forman parte
del agua y de la grasa.
PROPIEDADES DE LA MATERIA. DIAMAGNETISMO Y PARAMAGNETISMO
Según el comportamiento de un material al ser sometido a un campo magnético, se puede clasificar en tres
categorías: paramagnético, diamagnético y ferromagnético.
Los materiales paramagnéticos son débilmente atraídos hacia la zona más intensa del campo magnético. Este
alinea todos los momentos magnéticos ya existentes que componen el material, y produce un momento
magnético global que se suma al del campo magnético.
Los materiales diamagnéticos son aquellos que son débilmente repelidos hacia las regiones de menor campo
magnético. Cuando se introduce un material diamagnético en un campo magnético, se induce en él un momento
magnético de sentido opuesto al campo.
Por último, los materiales ferromagnéticos son fuertemente atraídos hacia la zona de mayor
intensidad del campo.

CAMPOS MAGNÉTICOS Y ELECTRICIDAD


Gran parte de los fenómenos observables en la naturaleza se pueden entender en forma de interacciones entre
fuerzas, como es el caso del electromagnetismo. De forma resumida, esta interacción se basa en el hecho de
que los campos magnéticos se generan por partículas cargadas eléctricamente que están en movimiento.
La carga eléctrica es una propiedad intrínseca y fundamental de las partículas elementales que
forman la materia. Habitualmente, la materia posee el mismo número de cargas positivas que negativas por lo
que es neutra. Un cuerpo está cargado eléctricamente cuando posee un exceso de carga en uno u otro sentido, y
entonces es capaz de ejercer una fuerza eléctrica con otros cuerpos cargados (las partículas con cargas iguales
se repelen y con cargas contrarias se atraen). Cuando, además, estas partículas se encuentran en situación de
movimiento, aparece la fuerza magnética. Toda fuerza lleva asociado un campo. Se habla en este contexto de
campo magnético y campo eléctrico. Tanto las fuerzas como sus campos asociados son magnitudes vectoriales,
y para ser definidas necesitan una magnitud, una dirección y un sentido. La carga es el elemento básico del
campo eléctrico, mientras que el dipolo o momento dipolar magnético es el elemento básico del campo
magnético. El momento magnético es un vector perpendicular a la dirección del movimiento que tienen las
cargas que lo han generado. Un ejemplo de ello son los electrones girando en torno al núcleo.
Como se verá en el siguiente apartado, el núcleo del átomo se comporta como un campo magnético similar al
de un imán en barra debido a sus protones con carga positiva (fig. 1.1), mientras que los electrones girando a
su alrededor representan el momento magnético.
Los campos magnéticos se miden en unidades de intensidad conocidas como teslas (T), en memoria
al gran científico serbio Nikola Tesla.

PROTÓN DE HIDRÓGENO. ESPÍN


El átomo está formado por tres partículas elementales: los protones y los neutrones, que se encuentran en una
pequeña región central denominada núcleo, y los electrones, que giran en torno al núcleo en un área hasta
10.000 veces mayor, la llamada corteza. Prácticamente toda la masa del átomo se concentra en el núcleo, y se
llama número másico al número total de protones y neutrones. Los protones poseen carga positiva y los
electrones, negativa; al estar formados por el mismo número de protones que de electrones, los átomos son
eléctricamente neutros. El número de protones que tiene un átomo es el número atómico. El núcleo del
hidrógeno es el más simple, ya que está formado únicamente por un protón y un electrón.

Para la obtención de imágenes en RM se utilizan


los átomos de hidrógeno, en cuyo núcleo solo hay
un protón, y son, además, los más abundantes en
el cuerpo humano.
Figura 1.1. Esquema del campo magnético de un imán en barra.

En el cuerpo humano hay gran cantidad de átomos de hidrógeno, debido a su alta proporción en agua. El
núcleo del átomo de hidrógeno contiene un único protón, que gira de forma constante alrededor de su eje,
actuando como una carga eléctrica en continuo movimiento. Este movimiento intrínseco del protón se llama
espín y es la base del magnetismo del núcleo (fig. 1.2).

El espín nuclear es una


característica intrínseca del
núcleo de hidrógeno. Consiste en
que el protón gira de forma
continua sobre su propio eje,
comportándose así como un
pequeño imán.
A esto se le conoce también
como momento magnético.

Figura 1.2. Esquema representativo del espín de un protón.

En el organismo existen otros átomos con propiedades magnéticas (espín) como el deuterio, el sodio, el
fósforo o el oxígeno, pero en una proporción mucho menor y con una menor relación giromagnética, por
lo que no se consideran tan útiles para la RM.

ESTADOS ENERGÉTICOS. PROTONES EN PARALELO Y ANTIPARALELO


Cuando el átomo de hidrógeno no se encuentra sometido a una fuerza externa (fuera del campo magnético),
muestra una disposición totalmente aleatoria, apuntando hacia cualquier dirección del
espacio; de este modo globalmente se produce una anulación mutua de los momentos magnéticos y se da un
equilibrio electromagnético (fig. 1.3).
Los estudios de imagen por RM se basan en el comportamiento de estos núcleos de hidrógeno bajo
la influencia de potentes campos magnéticos externos. Cuando se somete a un paciente al imán de la RM, los
protones de los átomos de hidrógeno presentes en los tejidos se alinean con dicho campo magnético, y adoptan
dos estados energéticos en sentido opuesto (fig. 1.4).
 Estado paralelo: los protones se encuentran alineados a favor del campo magnético externo, situación
de baja energía.
 En sentido antiparalelo: contrario al campo magnético, estado de alta energía.

Los protones se reparten casi de forma equitativa entre el sentido paralelo y el antiparalelo, pero siempre
existe un pequeño exceso de protones en paralelo, es decir, en estado de baja energía. Aunque esta
diferencia es muy pequeña (como ejemplo, en un campo magnético de 0,5 T y a temperatura corporal es
de 2 por millón), se obtiene un vector neto en la dirección del campo magnético que hace posible la
producción de señal en RM.

Dentro de un campo magnético, los protones se


reparten en estado paralelo y antiparalelo, con un
pequeño exceso en estado paralelo o de baja energía.

La separación entre los dos niveles de energía -


paralelo y antiparalelo- es proporcional a la
intensidad del campo magnético, y la señal de RM es
mejor cuanto mayor sea el campo magnético
aplicado.

Figura 1.4. Distribución orientada en paralelo y antipa


Figura 1.3. Distribución aleatoria en un conjunto de átomos de hidrógeno cuando no están sometidos a un camp
MOVIMIENTO DE PRECESIÓN.
ECUACIÓN DE LARMOR
Ya se ha descrito cómo los protones se alinean con un movimiento sobre su propio eje al someter al
organismo a la presencia de un campo magnético externo. Este proceso de alineación se acompaña de forma
simultánea del movimiento de precesión (fig. 1.5). Se trata de un movimiento similar al de una peonza, es
decir, no gira en una posición vertical exacta, sino que en el extremo del eje dibuja una circunferencia en torno
a la dirección del campo magnético hasta que consigue alinearse con él.

En presencia de un campo
magnético externo, los protones
se alinean con este siguiendo un
movimiento de precesión similar
al de una peonza, resultado de la
interacción del campo magnético
nuclear y el campo magnético
externo.

Figura 1.5. Esquema gráfico del movimiento de


precesión de un protón.

Estos protones, cuando se alinean con el campo magnético externo en un movimiento de precesión, lo hacen a
una determinada velocidad angular, denominada frecuencia de precesión de Larmor.
Para poder perturbar estos protones, el pulso de radiofrecuencia que se envíe debe ser de la misma frecuencia
que la frecuencia de precesión que tienen, y para ello se utiliza la ecuación de Larmor, resultante del producto
de dos parámetros:

donde es la frecuencia de precesión en megahercios (MHz), Bo es la fuerza del campo magnético externo
en T y es la constante o relación giro-magnética, característica para cada núcleo, que se mide en MHz/T (en
el caso del hidrógeno es de 42,5 MHz/T).
De esta ecuación se deduce que la frecuencia del movimiento de precesión es proporcional a la
intensidad del campo magnético: cuanto más alto es el campo magnético, más alta es la frecuencia de
precesión.
Los protones alineados pueden absorber energía cuando son
expuestos a ondas de radiofrecuencia, siempre que estas tengan
la misma frecuencia de precesión que los protones, lo que se
puede calcular con la ecuación de Larmor.

MAGNETIZACIÓN LONGITUDINAL
En RM se trabaja con el momento magnético total, que resulta de la suma de todos los momentos magnéticos
individuales de cada núcleo. En ausencia de campo magnético, los protones se distribuyen uniformemente, lo
que supone la anulación de sus fuerzas. Recuerde que los protones se alinean con el campo magnético externo
al que están sometidos y que habrá más protones en sentido paralelo. El exceso de protones en paralelo origina
un vector de magnetización o momento
magnético (M), cuya magnitud es directamente proporcional a la intensidad del campo magnético externo y
tiene su misma dirección. Este vector se conoce como magnetización longitudinal, que precesiona sobre
el eje del campo magnético externo a la frecuencia de Larmor (fig. 1.6).
La magnetización neta en equilibrio es paralela al
eje z del campo magnético externo y se conoce
como magnetización longitudinal.

El valor de este vector depende de la densidad de protones, de modo que cuantos más protones haya en el
tejido estudiado, mayor será su valor.

Figura 1.6. Esquema gráfico de la magnetización longitudinal.

FENÓMENO DE RESONANCIA.
OBTENCIÓN DE LA SEÑAL DE
RM
Excitación. Pulsos de radiofrecuencia
Cuando los protones se encuentran en estado de equilibrio, alineados con el campo magnético y formando el
vector de magnetización longitudinal, se puede utilizar este vector para obtener la señal de RM, pero no se
puede cuantificar porque está en paralelo al campo magnético externo. Para que el tejido magnetizado induzca
una señal sobre la bobina receptora, el vector de magnetización debe cambiar su posición a un plano
transversal, lo que se consigue enviando un pulso de radiofrecuencia.
Existen dos tipos de pulsos de radiofrecuencia:
1. Un pulso de 90°, que hace que el vector de magnetización longitudinal (z) gire en transversal hacia el
eje xy (fig. 1.7).
2. Un pulso de 180º, que hace que la magnetización gire hacia el eje z pero en sentido opuesto a la
dirección del campo magnético principal (fig. 1.8).

Figura 1.7. Pulso de radiofrecuencia a 90º sobre Figura 1.8. Pulso de radiofrecuencia a 180º
el vector de magnetización longitudinal. sobre el vector de magnetización longitudinal.
Pero no todo pulso es capaz de perturbar a los protones. Como ya se ha comentado al hablar de la ecuación de
Larmor, el pulso de radiofrecuencia debe tener la misma frecuencia de precesión que los protones. En este
caso, los protones son capaces de absorber energía y pasar de estar en paralelo con respecto al campo
magnético a estar en antiparalelo, que es un estado de mayor energía. Por otro lado, cuando los protones se
desplazan del estado de baja energía al de alta energía lo hacen por un doble movimiento de precesión
llamado movimiento de nutación; al desplazarse describen un ángulo de rotación o slip angle (fig. 1.9) y
finalmente todos girarán al unísono, lo que se conoce como protones o espines en fase.
Por tanto, cuando se aplica un pulso de radiofrecuencia apropiado, con 90º, que además gire de forma
sincronizada con los espines en precesión, se logrará que el vector de magnetización longitudinal se aparte de su
orientación de equilibrio. Cuando la onda de radiofrecuencia es capaz de inducir en la magnetización neta un
giro de 90°, la magnetización longitudinal se convierte en transversal (fig. 1.10).

Un pulso de radiofrecuencia en la frecuencia de Larmor


reorienta la magnetización longitudinal hacia el plano
transversal, magnetización que podemos detectar mediante
una bobina receptora.

Figura 1.9. Representación del ángulo Figura 1.10. Incidencia de la radiofrecuencia sobre la
de rotación (slip angle). magnetización longitudinal para convertirla en transversal.

RELAJACIÓN TRANSVERSAL
Y LONGITUDINAL
Cuando cesa el pulso de radiofrecuencia, los protones que habían captado energía comienzan a liberarla en
forma de ondas electromagnéticas para volver a su situación inicial (estado de equilibrio), proceso que se
conoce como tiempo de relajación.
La relajación no es un proceso espontáneo, sino que necesita que las estructuras del entorno sean capaces de
absorber esa energía, es decir, se produce un trasvase de energía de los protones a las moléculas de su
alrededor.
Esta cesión de la energía sucede de dos formas de manera simultánea. Por un lado, los protones
pierden la fase de precesión y, por otro, vuelven a alinearse con el campo magnético en sentido paralelo.
 Se denomina relajación longitudinal, relajación en TI o relajación espín-red al fenómeno de
realineamiento en paralelo con el eie z: los protones pasan a un estado de menor energía y recuperan la
magnetización longitudinal. El TI de un tejido se define como el tiempo que tarda en recuperarse el
63% de su magnetización longitudinal. Esta recuperación es diferente para cada tipo de tejido, ya que
no todos los protones se relajan al mismo tiempo porque se encuentran en distintas estructuras
moleculares. Cuanto más corto sea el T1 de un tejido, es
decir, cuanto menos tiempo tarden los protones de sus moléculas de hidrógeno en volver a su estado de
reposo y recuperar su vector de magnetización longitudinal, más hiperintenso se visualizará. Un
ejemplo es la grasa, que tiene un TI corto, lo que hace que se muestre con mayor intensidad, más
brillante (hiperintenso).
Por otro lado, el agua en su estado más libre (como ejemplo, el líquido cefalorraquídeo) presenta una
frecuencia natural mayor que la de precesión, y la liberación de energía al entorno molecular para
volver a su estado de reposo es más lenta. Tiene por tanto un TI muy largo, lo que se traduce en una
señal poco intensa (hipointensa).
 El fenómeno de pérdida energética en el plano xy se denomina relajación transversal, relajación en T2 o
relajación espín-espín, y está relacionada sobre todo con la pérdida de fase de los protones. Se define
como el tiempo que tarda en perderse el 63% de la magnetización transversal o, lo que es lo mismo, el
tiempo que tarda en recuperarse el 37% de su valor inicial. El T2 mide, por tanto, el tiempo que los
protones permanecen en fase después de un pulso de radiofrecuencia. El T2 también se denomina
relajación espín-espín, porque los protones pierden la coherencia de fase y dejan de precesar
sincrónicamente. La relajación en T2 depende además de la distancia entre moléculas: cuanto más
alejados estén los protones entre sí, menor será la interacción entre los campos magnéticos que generan.
Por este motivo, el agua tiene un tiempo de relajación en T2 más lento lo que denominamos T2 largo.
Todos los tejidos con componente líquido tendrán una señal mayor y se verán hiperintensos; así, por ejemplo,
el líquido cefalorraquídeo, que tiene un elevado porcentaje de agua en su composición y por tanto un T2 largo,
se verá hiperintenso.

En realidad, la relajación transversal se realiza en paralelo a la


recuperación longitudinal, por lo que no existen imágenes T1 y T2 puras,
sino que todas las imágenes de RM tienen componentes TI y T2. Lo
que sucede es que, al determinar los parámetros de exploración, se elige
que cada imagen tenga un predominio TI o T2, es decir, se elige la
potenciación en T1 o en T2 de cada imagen.

El retorno al estado de equilibrio induce modificaciones en el campo magnético capaces de producir una señal
eléctrica que puede ser recogida por una antena receptora y permite obtener, así, las imágenes de RM. Esta
señal eléctrica se conoce como Free Induction Decay (FID), y es una señal sinusoide amortiguada. Estos
tiempos de relajación y las diferencias en la densidad de protones presentes en los distintos tejidos
determinarán la intensidad de la señal obtenida.
CAPÍTULO 2
CONTRASTE TISULAR
Alicia Berral Santana y María Ester López Rodríguez
INTRODUCCIÓN
Física básica de la
RM
Factores que influyen en la intensidad de señal de la RM
Parámetros intrínsecos
Parámetros extrínsecos

Secuencias básicas de RM
Secuencias potenciadas en T1
Secuencias potenciadas en T2
Secuencias potenciadas en DP

Resumen

INTRODUCCIÓN
El contraste o diferencia de intensidad de señal entre los diferentes tejidos adyacentes es un
elemento clave a la hora de obtener una imagen de resonancia magnética (RM) de calidad.
En la imagen de RM, el contraste entre los diferentes tejidos se produce por una interacción compleja entre
múltiples variables, unas intrínsecas, inherentes al propio tejido, y otras extrínsecas, dependientes de factores
técnicos y, por tanto, modificables.
En la RM, el contraste depende de la relación señal-ruido, pero la capacidad de la RM para analizar
y utilizar las distintas variables de las características tisulares hace de la RM la mejor técnica de elección
en el diagnóstico de muchas patologías.
Además, en comparación con otras técnicas, el uso de contraste externo es menos frecuente.
El excelente detalle de las estructuras anatómicas y sus anomalías en áreas tales como el sistema nervioso
central o en regiones musculoligamentosas hacen de la RM una modalidad de elección para el diagnóstico.

Una imagen diagnóstica debe mostrar


diferencias de contraste entre la anatomía
normal y la patológica. Si no existe diferencia
de contraste, es imposible llegar a un
diagnóstico.

FÍSICA BÁSICA DE LA RM
Los átomos constan de un núcleo que contiene protones (entre otras cosas) y una cápsula que lo rodea,
formada por electrones. Los protones presentan una carga positiva y están en constante movimiento (espín),
que genera una corriente eléctrica. Esta, a su vez, induce un campo magnético que la acompaña.
Los protones se encuentran en movimiento de una manera aleatoria, pero cuando son expuestos a campos
magnéticos tienen que alinearse de manera paralela (supone menos energía) o antiparalela. Los protones que
están en direcciones opuestas (derecha-izquierda, arriba-abajo, delante-detrás) se cancelan entre sí y los
restantes se suman para dar lugar a un vector de magnetización en la dirección del campo magnético externo
(paralelo). Esto es la magnetización longitudinal.
Cuando colocamos al paciente en una RM se envía un pulso de radiofrecuencia (RF) con la misma velocidad
que los protones para poder intercambiar energía con ellos. Al enviar el pulso de RF, los protones dejan de
estar alineados de manera aleatoria (derecha-izquierda, etc.) y entran en fase, moviéndose sincronizados en
una única dirección transversal al campo magnético. Esto es la magnetización transversal.
Sin embargo, el paciente en un campo magnético no recibe la misma fuerza en toda su extensión. Por eso, un
campo magnético que tiene diferente fuerza en diferentes puntos del paciente hará que los protones de
distintos lugares se muevan de forma diferente, lo que da lugar a señales de RM diferentes.
Por último, al finalizar el pulso de RF, los protones vuelven a su estado inicial de relajación, emiten energía
y vuelven a su estado basal (relajación transversal y longitudinal).

FACTORES QUE INFLUYEN EN LA INTENSIDAD DE SEÑAL DE LA RM


Existen una serie de parámetros intrínsecos y extrínsecos necesarios para obtener un adecuado contraste
entre los tejidos adyacentes que permita
hacer una correcta valoración de la RM

PARÁMETROS INTRÍNSECOS
Los parámetros intrínsecos son aquellos inherentes a los tejidos y, por tanto, no modificables: el tiempo de
relajación y excitación y la densidad de protones en el tejido a estudiar.
Cada tejido tiene un tiempo de relajación y excitación diferente, lo que le da unas características específicas que
tendrán una intensidad u otra en la RM. Por eso, si un tejido presenta una patología, se alterarán sus tiempos de
relajación y excitación, que se expresarán de una manera diferente en la RM, lo que nos permitirá diferenciarlo
de teiido sano.

TIEMPO DE RELAJACIÓN T1
El tiempo de relajación longitudinal es el tiempo que necesitan los protones para volver a su estado inicial una
vez ha cesado el pulso de RE.
Los protones de los tejidos recuperan la magnetización longitudinal de manera creciente. En este tiempo,
llamado TI, el espín interacciona con el entorno que lo rodea y, por eso, cada tejido tiene un T1 diferente.
El TI no solo depende del tejido (tiene relación directa con la tasa de crecimiento de la magnetización
longitudinal), sino también de la fuerza del campo magnético. Así, a mayor fuerza del campo magnético más
lenta será la relajación TI.
En un entorno de grasa o en la sustancia blanca, el espín (protón) es muy rápido para incrementar la
magnetización longitudinal y tendrá un TI corto.
En cambio, en un entorno líquido, la relajación longitudinal se alcanza más lentamente y, por ello, el T1 es
más largo, como sucede en el líquido cefalorraquídeo, donde es unas diez veces más lento que en la grasa.
Por tanto, los tejidos con mayor facilidad para liberar energía serán los primeros en alcanzar la magnetización
longitudinal. Así pues, cada tejido tiene una tasa de crecimiento de la magnetización longitudinal, que se
expresa en una curva exponencial creciente y determina un tipo de contraste en la imagen (fig. 2.1). La imagen
presenta un mejor contraste si se obtiene en el momento de mayor diferencia o separación de las diferentes
curvas; por el contrario, si hay poca diferencia entre las curvas, no hay diferencias de contraste en el TI.

Figura 2.1. Contraste T1. A) Los tejidos tienen diferentes contrastes. B) Curvas de magnetización longitudinal de
El T1 de un tejido se define como el
tiempo necesario para que la
magnetización longitudinal recupere
el 63% de su valor inicial.

TIEMPO DE RELAJACIÓN T2
El tiempo de relajación transversal ocurre una vez ha cesado el pulso de RE, los protones se desfasan y
empieza a decrecer la señal de RM. Este tiempo de relajación transversa es característico para cada
tejido.
En los diferentes tejidos, los espines difieren en su desfase y tienen un T2 específico, que se representa en
curva exponencial decreciente. Así, el líquido cefalorraquídeo desfasa lentamente y tiene un T2 largo, al
contrario de lo que sucede en la sustancia blanca o la grasa, que desfasan más rápido y tienen un T2 corto. El
T2 largo da más señal RM y es un contraste brillante, al contrario de los tejidos con T2 corto, que tienen señal
baja y contraste negro.
La imagen resultante muestra contrastes T2 diversos, según el tejido. A más separación de las curvas,
más contrastes en la imagen (fig. 2.2).
El T2 de los tejidos se define como el
tiempo necesario para que la
magnetización transversal
pierda un 63% de su valor inicial.

Figura 2.2. Contraste T2. A) El contraste 73 del liquido cefalorraquídeo es brillante en relación con la
sustancia blanca (baja señal). B) Curvas de magnetización transversal de los tejidos; la curva azul, lenta,
corresponde al liquido cefalorraquídeo, mientras que la curva verde, en la que el T2 es más rápido,
corresponde a la sustancia blanca.

DENSIDAD PROTÓNICA
La densidad protónica (DP) es otro factor intrínseco del contraste tisular y tiene una relación directa con el
número de protones por volumen en cada tejido: a más protones, mayor intensidad de señal. Por ejemplo,
estructuras como el aire o tejidos como el hueso tienen pocos protones, lo que se traduce en una señal baja en
la RM. En cambio, tejidos con grasa o la corteza cerebral tienen mayor número de protones y por tanto una
señal alta en
RM (fig. 2.3).
A mayor número de protones, más señal.

Figura 2.3. Imagen en densidad


protónica axial de cráneo. La
diferencia de contraste depende
la cantidad de protones por
unidad de volumen.

PARÁMETROS EXTRÍNSECOS
Los parámetros extrínsecos son aquellos que se pueden manipular; es decir, no dependen de los tejidos que se
estudian (fig. 2.4).
• Tiempo de repetición (TR): tiempo que transcurre entre un pulso de radiofrecuencia y el siguiente.
• Tiempo de eco (TE): tiempo que transcurre entre el pulso de radiofrecuencia y la recogida del eco.
• Angulo de inclinación (flip angle): ángulo que indica el vector de magnetización longitudinal.
• Tiempo de inversión: tiempo que separa el pulso inicial de 180º del pulso de 90º.

Figura 2.4. Representación del TR y del TE.


El tiempo de repetición y el tiempo de eco se miden en milisegundos y su duración depende de la
potenciación que se quiere obtener, ya que todos los tejidos no liberan la energía a la misma velocidad.
Es importante destacar que los parámetros extrínsecos se mueven en unos límites que permiten hacer
pequeñas diferencias, por lo que sobrepasados ciertos límites, el resultado puede no ser el deseado e incluso
ser de baja calidad.
Por tanto, es imprescindible conocer cómo actúan estos parámetros para obtener la señal necesaria en las
secuencias TI, T2 o DP.
• El TR determina el tiempo TI y la ponderación de la imagen en densidad protónica.
. El ángulo de inclinación controla el tiempo t y la ponderación de la imagen en densidad pro. tónica.
• El TE controla la ponderación en T2.
Existen otros parámetros técnicos, como e tiempo de adquisición, la relación señal-ruido de los tejidos y la
resolución especial, que influyen en la calidad del estudio y que se verán en capítulos posteriores.

SECUENCIAS BÁSICAS DE RM
Las secuencias son una serie de pulsos de excitación (pulsos de RF) con una amplitud y ritmo prefijados
seguidos de uno o más pulsos de refase.
La señal de RM, llamada también señal de eco, se recoge en un momento determinado. En función de los
parámetros que utilicemos será en secuencias TI, T2 o DP.
Cuando se realiza un estudio de RM completo, este siempre debe incluir estas tres secuencias, ya que los
tejidos presentan diferentes intensidades de señal en cada una de ellas, lo que nos permite estudiarlos con
mayor detalle y definir mejor las características de las posibles patologías.
En ocasiones es necesario el uso de contrastes externos, que se introducen por vía intravenosa y que
permiten diferenciar entre patologías que tengan una semiología radiológica parecida o diferenciar, por
ejemplo, patología tumoral de infecciosa.

SECUENCIAS POTENCIADAS EN T1
Resaltan los diferentes T1 de relajación longitudinal de los tejidos (v. fig. 2.1).
Para obtener secuencias potenciadas en T1, el parámetro clave es el TR longitudinal.
Cuando el TR es corto, aumenta la diferencia entre los tejidos. Aquellos con un TI largo no tienen tiempo de
dar señal y disminuye la diferencia entre los tejidos.
Además, el TE debe ser corto para evitar que ocurra el desfase de los protones durante la relajación. Por
ejemplo, la grasa y el agua son tejidos opuestos y, por tanto, presentan TR opuestos. La grasa es un tejido que
presenta baja energía inherente; por lo que absorbe fácilmente la energía de los átomos de hidrógeno. Esto
permite una recuperación T1 relativamente rápida y, así, el T1 de la grasa es corto. Por el contrario, el agua
tiene una alta energía inherente y no absorbe fácilmente la energía de los núcleos de hidrógeno, por lo que su
recuperación es lenta y tiene un TI largo (v. fig. 2.1).
La tabla 2.1 muestra los tiempos de relajación longitudinal de diferentes tejidos.

El T1 de la grasa es corto y el del


agua es largo.
SECUENCIAS POTENCIADAS EN T2
El valor T2 de los tejidos no se ve influido por el campo magnético principal, por lo que es independiente de
este. El T2 constituye el tiempo de relajación transversal.
Se utiliza un TR largo para que los protones pierdan la energía sobrante absorbida durante el pulso de RF, que
se combina con un TE largo para que también pierdan la fase (v. fig. 2.2).
En los tejidos grasos, las moléculas se encuentran muy juntas, lo que facilita la interacción espín- espín y da
como resultado un rápido desfase y pérdida de la magnificación transversal, es decir, un T2 corto.
Por el contrario, en el agua, las moléculas están más separadas entre sí, lo que hace más difícil la interacción
espín-espín. En este caso, el desfase es más lento, la pérdida de magnetización transversal es gradual y el
agua tiene un T2 largo (v. fig. 2.2).
La tabla 2.2 muestra los tiempos de relajación
transversal de diferentes tejidos.

El T2 de la grasa es corto y el del agua es largo.


SECUENCIAS POTENCIADAS EN DP
Las imágenes potenciadas en DP deben resaltar los protones de hidrógeno existentes en el tejido. Se necesita un
TR largo para que los protones liberen el exceso de energía y un TE corto para que no pierdan la fase durante el
proceso de relajación; de este modo se obtiene una imagen potenciada en DP (v. fig. 2.3).
En la tabla 2.3 se observa la diferencia de contraste debida a la diferencia de intensidad de señal de los
diferentes tejidos, según su potenciación, y en la tabla 2.4 se exponen los límites de los parámetros extrínsecos
básicos para obtener las potenciaciones adecuadas.

RESUMEN
Para poder realizar estudios de RM de calidad es importante conocer la física básica de la RM. La diferencia
de señal entre los tejidos es un aspecto clave para el diagnóstico y se obtiene cuando los espines son sometidos
a un campo magnético externo al interactuar con pulsos de RF.
Es importante conocer los factores intrínsecos y extrínsecos que participan en dicho proceso y saber cómo
actuar sobre ellos para obtener imágenes de calidad óptimas para su estudio.

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