Fundamentos de la Resonancia Magnética
Fundamentos de la Resonancia Magnética
FUNDAMENTOS DE LA RM
Maria Teresa Corbalán Sevilla y Jorge Mario Sánchez Reyes
En el cuerpo humano hay gran cantidad de átomos de hidrógeno, debido a su alta proporción en agua. El
núcleo del átomo de hidrógeno contiene un único protón, que gira de forma constante alrededor de su eje,
actuando como una carga eléctrica en continuo movimiento. Este movimiento intrínseco del protón se llama
espín y es la base del magnetismo del núcleo (fig. 1.2).
En el organismo existen otros átomos con propiedades magnéticas (espín) como el deuterio, el sodio, el
fósforo o el oxígeno, pero en una proporción mucho menor y con una menor relación giromagnética, por
lo que no se consideran tan útiles para la RM.
Los protones se reparten casi de forma equitativa entre el sentido paralelo y el antiparalelo, pero siempre
existe un pequeño exceso de protones en paralelo, es decir, en estado de baja energía. Aunque esta
diferencia es muy pequeña (como ejemplo, en un campo magnético de 0,5 T y a temperatura corporal es
de 2 por millón), se obtiene un vector neto en la dirección del campo magnético que hace posible la
producción de señal en RM.
En presencia de un campo
magnético externo, los protones
se alinean con este siguiendo un
movimiento de precesión similar
al de una peonza, resultado de la
interacción del campo magnético
nuclear y el campo magnético
externo.
Estos protones, cuando se alinean con el campo magnético externo en un movimiento de precesión, lo hacen a
una determinada velocidad angular, denominada frecuencia de precesión de Larmor.
Para poder perturbar estos protones, el pulso de radiofrecuencia que se envíe debe ser de la misma frecuencia
que la frecuencia de precesión que tienen, y para ello se utiliza la ecuación de Larmor, resultante del producto
de dos parámetros:
donde es la frecuencia de precesión en megahercios (MHz), Bo es la fuerza del campo magnético externo
en T y es la constante o relación giro-magnética, característica para cada núcleo, que se mide en MHz/T (en
el caso del hidrógeno es de 42,5 MHz/T).
De esta ecuación se deduce que la frecuencia del movimiento de precesión es proporcional a la
intensidad del campo magnético: cuanto más alto es el campo magnético, más alta es la frecuencia de
precesión.
Los protones alineados pueden absorber energía cuando son
expuestos a ondas de radiofrecuencia, siempre que estas tengan
la misma frecuencia de precesión que los protones, lo que se
puede calcular con la ecuación de Larmor.
MAGNETIZACIÓN LONGITUDINAL
En RM se trabaja con el momento magnético total, que resulta de la suma de todos los momentos magnéticos
individuales de cada núcleo. En ausencia de campo magnético, los protones se distribuyen uniformemente, lo
que supone la anulación de sus fuerzas. Recuerde que los protones se alinean con el campo magnético externo
al que están sometidos y que habrá más protones en sentido paralelo. El exceso de protones en paralelo origina
un vector de magnetización o momento
magnético (M), cuya magnitud es directamente proporcional a la intensidad del campo magnético externo y
tiene su misma dirección. Este vector se conoce como magnetización longitudinal, que precesiona sobre
el eje del campo magnético externo a la frecuencia de Larmor (fig. 1.6).
La magnetización neta en equilibrio es paralela al
eje z del campo magnético externo y se conoce
como magnetización longitudinal.
El valor de este vector depende de la densidad de protones, de modo que cuantos más protones haya en el
tejido estudiado, mayor será su valor.
FENÓMENO DE RESONANCIA.
OBTENCIÓN DE LA SEÑAL DE
RM
Excitación. Pulsos de radiofrecuencia
Cuando los protones se encuentran en estado de equilibrio, alineados con el campo magnético y formando el
vector de magnetización longitudinal, se puede utilizar este vector para obtener la señal de RM, pero no se
puede cuantificar porque está en paralelo al campo magnético externo. Para que el tejido magnetizado induzca
una señal sobre la bobina receptora, el vector de magnetización debe cambiar su posición a un plano
transversal, lo que se consigue enviando un pulso de radiofrecuencia.
Existen dos tipos de pulsos de radiofrecuencia:
1. Un pulso de 90°, que hace que el vector de magnetización longitudinal (z) gire en transversal hacia el
eje xy (fig. 1.7).
2. Un pulso de 180º, que hace que la magnetización gire hacia el eje z pero en sentido opuesto a la
dirección del campo magnético principal (fig. 1.8).
Figura 1.7. Pulso de radiofrecuencia a 90º sobre Figura 1.8. Pulso de radiofrecuencia a 180º
el vector de magnetización longitudinal. sobre el vector de magnetización longitudinal.
Pero no todo pulso es capaz de perturbar a los protones. Como ya se ha comentado al hablar de la ecuación de
Larmor, el pulso de radiofrecuencia debe tener la misma frecuencia de precesión que los protones. En este
caso, los protones son capaces de absorber energía y pasar de estar en paralelo con respecto al campo
magnético a estar en antiparalelo, que es un estado de mayor energía. Por otro lado, cuando los protones se
desplazan del estado de baja energía al de alta energía lo hacen por un doble movimiento de precesión
llamado movimiento de nutación; al desplazarse describen un ángulo de rotación o slip angle (fig. 1.9) y
finalmente todos girarán al unísono, lo que se conoce como protones o espines en fase.
Por tanto, cuando se aplica un pulso de radiofrecuencia apropiado, con 90º, que además gire de forma
sincronizada con los espines en precesión, se logrará que el vector de magnetización longitudinal se aparte de su
orientación de equilibrio. Cuando la onda de radiofrecuencia es capaz de inducir en la magnetización neta un
giro de 90°, la magnetización longitudinal se convierte en transversal (fig. 1.10).
Figura 1.9. Representación del ángulo Figura 1.10. Incidencia de la radiofrecuencia sobre la
de rotación (slip angle). magnetización longitudinal para convertirla en transversal.
RELAJACIÓN TRANSVERSAL
Y LONGITUDINAL
Cuando cesa el pulso de radiofrecuencia, los protones que habían captado energía comienzan a liberarla en
forma de ondas electromagnéticas para volver a su situación inicial (estado de equilibrio), proceso que se
conoce como tiempo de relajación.
La relajación no es un proceso espontáneo, sino que necesita que las estructuras del entorno sean capaces de
absorber esa energía, es decir, se produce un trasvase de energía de los protones a las moléculas de su
alrededor.
Esta cesión de la energía sucede de dos formas de manera simultánea. Por un lado, los protones
pierden la fase de precesión y, por otro, vuelven a alinearse con el campo magnético en sentido paralelo.
Se denomina relajación longitudinal, relajación en TI o relajación espín-red al fenómeno de
realineamiento en paralelo con el eie z: los protones pasan a un estado de menor energía y recuperan la
magnetización longitudinal. El TI de un tejido se define como el tiempo que tarda en recuperarse el
63% de su magnetización longitudinal. Esta recuperación es diferente para cada tipo de tejido, ya que
no todos los protones se relajan al mismo tiempo porque se encuentran en distintas estructuras
moleculares. Cuanto más corto sea el T1 de un tejido, es
decir, cuanto menos tiempo tarden los protones de sus moléculas de hidrógeno en volver a su estado de
reposo y recuperar su vector de magnetización longitudinal, más hiperintenso se visualizará. Un
ejemplo es la grasa, que tiene un TI corto, lo que hace que se muestre con mayor intensidad, más
brillante (hiperintenso).
Por otro lado, el agua en su estado más libre (como ejemplo, el líquido cefalorraquídeo) presenta una
frecuencia natural mayor que la de precesión, y la liberación de energía al entorno molecular para
volver a su estado de reposo es más lenta. Tiene por tanto un TI muy largo, lo que se traduce en una
señal poco intensa (hipointensa).
El fenómeno de pérdida energética en el plano xy se denomina relajación transversal, relajación en T2 o
relajación espín-espín, y está relacionada sobre todo con la pérdida de fase de los protones. Se define
como el tiempo que tarda en perderse el 63% de la magnetización transversal o, lo que es lo mismo, el
tiempo que tarda en recuperarse el 37% de su valor inicial. El T2 mide, por tanto, el tiempo que los
protones permanecen en fase después de un pulso de radiofrecuencia. El T2 también se denomina
relajación espín-espín, porque los protones pierden la coherencia de fase y dejan de precesar
sincrónicamente. La relajación en T2 depende además de la distancia entre moléculas: cuanto más
alejados estén los protones entre sí, menor será la interacción entre los campos magnéticos que generan.
Por este motivo, el agua tiene un tiempo de relajación en T2 más lento lo que denominamos T2 largo.
Todos los tejidos con componente líquido tendrán una señal mayor y se verán hiperintensos; así, por ejemplo,
el líquido cefalorraquídeo, que tiene un elevado porcentaje de agua en su composición y por tanto un T2 largo,
se verá hiperintenso.
El retorno al estado de equilibrio induce modificaciones en el campo magnético capaces de producir una señal
eléctrica que puede ser recogida por una antena receptora y permite obtener, así, las imágenes de RM. Esta
señal eléctrica se conoce como Free Induction Decay (FID), y es una señal sinusoide amortiguada. Estos
tiempos de relajación y las diferencias en la densidad de protones presentes en los distintos tejidos
determinarán la intensidad de la señal obtenida.
CAPÍTULO 2
CONTRASTE TISULAR
Alicia Berral Santana y María Ester López Rodríguez
INTRODUCCIÓN
Física básica de la
RM
Factores que influyen en la intensidad de señal de la RM
Parámetros intrínsecos
Parámetros extrínsecos
Secuencias básicas de RM
Secuencias potenciadas en T1
Secuencias potenciadas en T2
Secuencias potenciadas en DP
Resumen
INTRODUCCIÓN
El contraste o diferencia de intensidad de señal entre los diferentes tejidos adyacentes es un
elemento clave a la hora de obtener una imagen de resonancia magnética (RM) de calidad.
En la imagen de RM, el contraste entre los diferentes tejidos se produce por una interacción compleja entre
múltiples variables, unas intrínsecas, inherentes al propio tejido, y otras extrínsecas, dependientes de factores
técnicos y, por tanto, modificables.
En la RM, el contraste depende de la relación señal-ruido, pero la capacidad de la RM para analizar
y utilizar las distintas variables de las características tisulares hace de la RM la mejor técnica de elección
en el diagnóstico de muchas patologías.
Además, en comparación con otras técnicas, el uso de contraste externo es menos frecuente.
El excelente detalle de las estructuras anatómicas y sus anomalías en áreas tales como el sistema nervioso
central o en regiones musculoligamentosas hacen de la RM una modalidad de elección para el diagnóstico.
FÍSICA BÁSICA DE LA RM
Los átomos constan de un núcleo que contiene protones (entre otras cosas) y una cápsula que lo rodea,
formada por electrones. Los protones presentan una carga positiva y están en constante movimiento (espín),
que genera una corriente eléctrica. Esta, a su vez, induce un campo magnético que la acompaña.
Los protones se encuentran en movimiento de una manera aleatoria, pero cuando son expuestos a campos
magnéticos tienen que alinearse de manera paralela (supone menos energía) o antiparalela. Los protones que
están en direcciones opuestas (derecha-izquierda, arriba-abajo, delante-detrás) se cancelan entre sí y los
restantes se suman para dar lugar a un vector de magnetización en la dirección del campo magnético externo
(paralelo). Esto es la magnetización longitudinal.
Cuando colocamos al paciente en una RM se envía un pulso de radiofrecuencia (RF) con la misma velocidad
que los protones para poder intercambiar energía con ellos. Al enviar el pulso de RF, los protones dejan de
estar alineados de manera aleatoria (derecha-izquierda, etc.) y entran en fase, moviéndose sincronizados en
una única dirección transversal al campo magnético. Esto es la magnetización transversal.
Sin embargo, el paciente en un campo magnético no recibe la misma fuerza en toda su extensión. Por eso, un
campo magnético que tiene diferente fuerza en diferentes puntos del paciente hará que los protones de
distintos lugares se muevan de forma diferente, lo que da lugar a señales de RM diferentes.
Por último, al finalizar el pulso de RF, los protones vuelven a su estado inicial de relajación, emiten energía
y vuelven a su estado basal (relajación transversal y longitudinal).
PARÁMETROS INTRÍNSECOS
Los parámetros intrínsecos son aquellos inherentes a los tejidos y, por tanto, no modificables: el tiempo de
relajación y excitación y la densidad de protones en el tejido a estudiar.
Cada tejido tiene un tiempo de relajación y excitación diferente, lo que le da unas características específicas que
tendrán una intensidad u otra en la RM. Por eso, si un tejido presenta una patología, se alterarán sus tiempos de
relajación y excitación, que se expresarán de una manera diferente en la RM, lo que nos permitirá diferenciarlo
de teiido sano.
TIEMPO DE RELAJACIÓN T1
El tiempo de relajación longitudinal es el tiempo que necesitan los protones para volver a su estado inicial una
vez ha cesado el pulso de RE.
Los protones de los tejidos recuperan la magnetización longitudinal de manera creciente. En este tiempo,
llamado TI, el espín interacciona con el entorno que lo rodea y, por eso, cada tejido tiene un T1 diferente.
El TI no solo depende del tejido (tiene relación directa con la tasa de crecimiento de la magnetización
longitudinal), sino también de la fuerza del campo magnético. Así, a mayor fuerza del campo magnético más
lenta será la relajación TI.
En un entorno de grasa o en la sustancia blanca, el espín (protón) es muy rápido para incrementar la
magnetización longitudinal y tendrá un TI corto.
En cambio, en un entorno líquido, la relajación longitudinal se alcanza más lentamente y, por ello, el T1 es
más largo, como sucede en el líquido cefalorraquídeo, donde es unas diez veces más lento que en la grasa.
Por tanto, los tejidos con mayor facilidad para liberar energía serán los primeros en alcanzar la magnetización
longitudinal. Así pues, cada tejido tiene una tasa de crecimiento de la magnetización longitudinal, que se
expresa en una curva exponencial creciente y determina un tipo de contraste en la imagen (fig. 2.1). La imagen
presenta un mejor contraste si se obtiene en el momento de mayor diferencia o separación de las diferentes
curvas; por el contrario, si hay poca diferencia entre las curvas, no hay diferencias de contraste en el TI.
Figura 2.1. Contraste T1. A) Los tejidos tienen diferentes contrastes. B) Curvas de magnetización longitudinal de
El T1 de un tejido se define como el
tiempo necesario para que la
magnetización longitudinal recupere
el 63% de su valor inicial.
TIEMPO DE RELAJACIÓN T2
El tiempo de relajación transversal ocurre una vez ha cesado el pulso de RE, los protones se desfasan y
empieza a decrecer la señal de RM. Este tiempo de relajación transversa es característico para cada
tejido.
En los diferentes tejidos, los espines difieren en su desfase y tienen un T2 específico, que se representa en
curva exponencial decreciente. Así, el líquido cefalorraquídeo desfasa lentamente y tiene un T2 largo, al
contrario de lo que sucede en la sustancia blanca o la grasa, que desfasan más rápido y tienen un T2 corto. El
T2 largo da más señal RM y es un contraste brillante, al contrario de los tejidos con T2 corto, que tienen señal
baja y contraste negro.
La imagen resultante muestra contrastes T2 diversos, según el tejido. A más separación de las curvas,
más contrastes en la imagen (fig. 2.2).
El T2 de los tejidos se define como el
tiempo necesario para que la
magnetización transversal
pierda un 63% de su valor inicial.
Figura 2.2. Contraste T2. A) El contraste 73 del liquido cefalorraquídeo es brillante en relación con la
sustancia blanca (baja señal). B) Curvas de magnetización transversal de los tejidos; la curva azul, lenta,
corresponde al liquido cefalorraquídeo, mientras que la curva verde, en la que el T2 es más rápido,
corresponde a la sustancia blanca.
DENSIDAD PROTÓNICA
La densidad protónica (DP) es otro factor intrínseco del contraste tisular y tiene una relación directa con el
número de protones por volumen en cada tejido: a más protones, mayor intensidad de señal. Por ejemplo,
estructuras como el aire o tejidos como el hueso tienen pocos protones, lo que se traduce en una señal baja en
la RM. En cambio, tejidos con grasa o la corteza cerebral tienen mayor número de protones y por tanto una
señal alta en
RM (fig. 2.3).
A mayor número de protones, más señal.
PARÁMETROS EXTRÍNSECOS
Los parámetros extrínsecos son aquellos que se pueden manipular; es decir, no dependen de los tejidos que se
estudian (fig. 2.4).
• Tiempo de repetición (TR): tiempo que transcurre entre un pulso de radiofrecuencia y el siguiente.
• Tiempo de eco (TE): tiempo que transcurre entre el pulso de radiofrecuencia y la recogida del eco.
• Angulo de inclinación (flip angle): ángulo que indica el vector de magnetización longitudinal.
• Tiempo de inversión: tiempo que separa el pulso inicial de 180º del pulso de 90º.
SECUENCIAS BÁSICAS DE RM
Las secuencias son una serie de pulsos de excitación (pulsos de RF) con una amplitud y ritmo prefijados
seguidos de uno o más pulsos de refase.
La señal de RM, llamada también señal de eco, se recoge en un momento determinado. En función de los
parámetros que utilicemos será en secuencias TI, T2 o DP.
Cuando se realiza un estudio de RM completo, este siempre debe incluir estas tres secuencias, ya que los
tejidos presentan diferentes intensidades de señal en cada una de ellas, lo que nos permite estudiarlos con
mayor detalle y definir mejor las características de las posibles patologías.
En ocasiones es necesario el uso de contrastes externos, que se introducen por vía intravenosa y que
permiten diferenciar entre patologías que tengan una semiología radiológica parecida o diferenciar, por
ejemplo, patología tumoral de infecciosa.
SECUENCIAS POTENCIADAS EN T1
Resaltan los diferentes T1 de relajación longitudinal de los tejidos (v. fig. 2.1).
Para obtener secuencias potenciadas en T1, el parámetro clave es el TR longitudinal.
Cuando el TR es corto, aumenta la diferencia entre los tejidos. Aquellos con un TI largo no tienen tiempo de
dar señal y disminuye la diferencia entre los tejidos.
Además, el TE debe ser corto para evitar que ocurra el desfase de los protones durante la relajación. Por
ejemplo, la grasa y el agua son tejidos opuestos y, por tanto, presentan TR opuestos. La grasa es un tejido que
presenta baja energía inherente; por lo que absorbe fácilmente la energía de los átomos de hidrógeno. Esto
permite una recuperación T1 relativamente rápida y, así, el T1 de la grasa es corto. Por el contrario, el agua
tiene una alta energía inherente y no absorbe fácilmente la energía de los núcleos de hidrógeno, por lo que su
recuperación es lenta y tiene un TI largo (v. fig. 2.1).
La tabla 2.1 muestra los tiempos de relajación longitudinal de diferentes tejidos.
RESUMEN
Para poder realizar estudios de RM de calidad es importante conocer la física básica de la RM. La diferencia
de señal entre los tejidos es un aspecto clave para el diagnóstico y se obtiene cuando los espines son sometidos
a un campo magnético externo al interactuar con pulsos de RF.
Es importante conocer los factores intrínsecos y extrínsecos que participan en dicho proceso y saber cómo
actuar sobre ellos para obtener imágenes de calidad óptimas para su estudio.