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Tragedia "Medea" de Séneca: Análisis y Personajes

Este documento presenta el resumen de la tragedia Medea de Séneca. Detalla los personajes principales de la obra como Medea, Creonte y Jasón. La trama se desarrolla en Corinto, frente a la casa de Medea. El primer acto comienza con Medea invocando a varios dioses para que le ayuden a vengarse de Jasón por haberla abandonado. A continuación, Medea amenaza con cometer terribles crímenes para vengarse de Jasón, Creonte y la nueva esposa de este.

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Tragedia "Medea" de Séneca: Análisis y Personajes

Este documento presenta el resumen de la tragedia Medea de Séneca. Detalla los personajes principales de la obra como Medea, Creonte y Jasón. La trama se desarrolla en Corinto, frente a la casa de Medea. El primer acto comienza con Medea invocando a varios dioses para que le ayuden a vengarse de Jasón por haberla abandonado. A continuación, Medea amenaza con cometer terribles crímenes para vengarse de Jasón, Creonte y la nueva esposa de este.

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SÉNECA

PERSONAJES

TRAGEDIAS M edea.
N odriza.

I Creonte.
Jasón.
HÉ R C UL E S L O C O - L A S T R O Y A N A S Un M ensajero.
L A S F E NI C I A S - MEDE A C oro de Corintios.

La escena en Corinto, ante la casa de Medea,

INTRODUCCIONES, TRADUCCIÓN Y NOTAS DE


JESÚS LUQUE MORENO

£
EDITORIAL GREDOS
290 TRAGEDIAS

Medea, elevar sus ruegos (el caos de la noche eterna,


10 los reinos situados en la parte contraria a ésta de arri­
ba y los manes impíos y el señor del lúgubre reino
y la señora20, que con mejor fidelidad que yo fue
raptada) con voz nada halagüeña yo os conjuro.
ACTO PRIMERO Ahora, acudid ahora, diosas vengadoras del cri­
men 21, con los pelos sueltos erizados de víboras,
15 estrechando la lúgubre antorcha en vuestras manos
ensangrentadas. Acudid horripilantes, como aquella
vez que estuvisteis apostadas junto a mi tálamo nup­
M edea cial22. Dad muerte a la nueva esposa23 y muerte al

Medea. — Dioses del matrimonio16 y tú, Lucina 17,


suegro24 y a la real estirpe; y a mí algo aún peor que

gtiardiana del lecho nupcial y tú que enseñaste a Ti- 20 yo pueda pedir para desgracia del esposo: que viva,

fis18 a gobernar la nueva embarcación que había de que ande errante por ciudades desconocidas, pasando

dominar los mares y tú, terrible soberano del profundo necesidades, desterrado, temblando de miedo, odiado,

mar, y tú, Titán, que distribuyes al mundo la claridad 5 sin un hogar fijo; que, famoso ya por andar siempre

del día y tú, Hécate la de los tres semblantes )9, que buscando alojamiento, anhele el umbral ajeno, que me

ofreces un resplandor cómplice a las misteriosas cere­ eche en falta a mí como esposa y (peor que esto ya

monias y vosotros, dioses en cuyo nombre me prestó no voy a poder pedir nada) a unos hijos que se parecen

juramento Jasón y a quienes es lícito, sobre todo a 25 a su padre y que se parecen a su madre25.

20 Prosérpina, divinidad originariamente agraria, luego, dio­


sa de los infiernos. Fue raptada por Plutón que le guardó más
Principalmente Júpiter, Juno, Himen, Venus. fidelidad que Jasón a Medea.
!7 Juno, con el epíteto de Lucina, preside los nacimientos. 21 Las Furias o Erinis.
Con esta invocación se la singulariza como la más importante 22 La idea de las Furias formando parte del cortejo nupcial
dentro de los dioses conyugales. de un matrimonio luego desgraciado es frecuente entre los
Tifis es el primer timonel de la nave Argo. Tenía gran­ poetas latinos (p. ej. O vidio, Met. VI 428 y sigs.; Lucano, VIII
des conocimientos sobre navegación, recibidos de la propia 90).
Atenea, que presidió la construcción de la nave Argo, es invo­ 23 Creúsa, hija de Creonte (cf. notas 174 y 176).
cada aquí por esa relación con la expedición de Jasón y en ** Creonte.
consecuencia con los amores de éste con Medea. 25 El texto de los w . 22-25 es problemático. Nosotros segui­
*9 Hécate, por sus poderes ctónicos, está relacionada con mos el adoptado en la edición de Costa, que buscando dar
actividades mágicas. Divinidad de múltiples facetas, se vio coherencia al pasaje con una secuencia más lógica de las frases
asociada con la luna, con Diana y con Prosérpina. De ahí el acepta la transposición propuesta por Leo para los primeros
calificativo de «triformis», «la de las tres caras». En las encru­ hemistiquios de los versos 22-23. Asimismo en el verso 25 pre­
cijadas, lugares epecialmente relacionados con la magia, se fiere la lectura de la tradición A a la de E: iam no tus hospes
colocaban estatuas de Hécate en forma de mujer de tres cuer­ limen alienum expetat / me coniugem optet, quoque non aliud
pos o de tres cabezas. queam / peius precari, liberos símiles patri / similesque mci-
tri — parta iam, parta ultio est.
MEDEA 291 292 TRAGEDIAS

Parida, ya está parida la venganza: yo la he parido. 40 En las mismas entrañas29 busca el camino para la
¿Quejas y palabras estoy lanzando al viento inútil­ venganza, si estás viva, alma mía, si algo te queda de
mente? ¿No voy a marchar contra el enemigo? De sus tu antiguo vigor; rechaza los temores de mujer y
manos haré caer las antorchas26 y del cielo haré des­ reviste el carácter del inhóspito Cáucaso.
aparecer la luz. Toda la impiedad que ha visto el Ponto o el Fasis30
¿Contempla esto el sol, padre de mi estirpe27, y se 45 va a verla el istm o31. Calamidades atroces, inusitadas,
le sigue contemplando y, sentado en su carro, sigue ha- 30 horripilantes, que harán temblar por igual al cielo y
ciendo el recorrido de siempre por un cielo sereno? a la tierra, se agitan dentro de mi mente.
¿No vuelve a su lugar de nacimiento y recorre hacia Heridas y matanza y un funeral repartido miembro
atrás el camino del día? a miembro... Estoy recordando cosas demasiado bana­
Concédeme, concédeme ser conducida a través de les: eso lo hice de doncella; más terrible debe erguirse
los aires en el carro paterno, confíame las riendas, pa­ so mi dolor: ya, después de haber parido, son crímenes
dre, y permíteme gobernar con las bridas ardientes los 35 más grandes los que me corresponden.
fogosos corceles: que Corinto, que con su doble litoral Cíñete de cólera y prepárate para una catástrofe
es causa de retraso para los navios, ardiendo en llamas con todo tu furor. Que la historia de tu repudio se equi­
junte los dos mares28. pare a la de tu boda. ¿De qué modo abandonarás a tu
Esto es lo único que me queda: llevar yo misma marido? Del mismo modo que fuiste tras él. Rompe ya
hasta el lecho nupcial la antorcha de la boda, y des­ 55 cualquier indolente demora. Un hogar que con un cri­
pués de las preces para el sacrificio, matar unas vícti­ m en32 se formó, con un crimen hay que abandonarlo.
mas sobre el altar consagrado.
Coro 33

Herrmann, en cambio, rechaza la conjetura de Leo y pre­ A la boda real en actitud propicia
fiere la lectura de E: me coniugem optet, limen alienum expe- vengan los dioses que reinan en el cielo
tat / iam notus hospes, quoque non aliud queam / peius preca-
ri, liberas símiles patri / similesque matri pariat. Iam parta 29 De nuevo parece aludirse aquí al propósito de Medea
ultio est. de matar a sus hijos. De todos modos el pasaje (w . 37-42) es
Otros, como Víansino o Giardina, adoptan una postura inter­ dudoso y ha sido objeto de varias interpretaciones.
media, rechazando a Leo, pero aceptando la lectura de A. 30 El Ponto Euxino o Mar Negro,al este del cualsesitúa
Con esta interpretación del pasaje se entiende que Medea la Cólquide y en ella el río Fasis y la ciudad de Fasis.
presagia ya aquí la matanza de sus hijos. 31 El istmo de Corinto.
26 Se refiere a las antorchas del cortejo nupcial de Jasón 32 El d e su hermano Apsirto, despedazado por Medeacua
y Creúsa. do junto con Jasón huía de su padre Eetes. Medea fue espar­
27 El padre de Medea, Eetes, era hijo del Sol. ciendo los miembros por el camino para que el padre al ir
28 Se alude aquí al desastre provocado por Faetón al que­ recogiéndolos retrasase su persecución.
rer conducir el carro del sol por un día. El istmo de Corinto 33 Coro de corintios. Esta párodos tiene forma de canto de
obligaba a dar una vuelta a los barcos que hacían la travesía bodas para acompañar el cortejo nupcial de Jasón y Creúsa.
entre los mares Egeo y Jónico. Según Plinio (Hist. Nat. IV 10) En la obra de Eurípides no hay este epitalamio. Quizá sí
hubo en la antigüedad varios intentos de construir un paso lo hubiera en la Medea de Ovidio, según hace pensar Heroidas
entre ambos mares. XII 135-158. Puede que Séneca haya tomado la idea de Ovidio.
MEDEA 293 294 TRAGEDIAS

y los dioses que reinan en la mar, 75 Derrota39 la belleza de esta virgen


junto al pueblo que guarda un ritual silencio2*. ampliamente a las jóvenes cecropias40
Lo primero, que un toro de blancos ijares y a aquellas que en las cumbres del Taigeto
ofrezca el cuello altivo a los reyes del trueno35. eo las hace ejercitarse a modo de muchachos
Que a Lucina la apacigüe una hembra, con un cuerpo de la ciudad sin murallas41
que no conozca el yugo; y aquella que cohíbe [nieve, 80 y a aquellas que se bañan en las aguas Aonias42
las manos sanguinarias del implacable Marte, y en el sagrado Alfeo.
que establece los pactos con los pueblos guerreros, Si de hermosura quiere presumir,
y que en su rico cuerno encierra la abundancia, 65 cederán ante el jefe, hijo de Esón 4\
por su mayor dulzura, reciba como ofrenda una víctima él vástago del rayo violento
[tierna36 85 que unce tigres al yugo de su carro4*,
Y tú, que estás presente en las bodas legales37 y también el hermano de la fiera doncella,
y que rompes la noche con tu diestra propicia, el que mueve los trípodes45.
acércate hasta aquí lánguidamente con andar de bo- Será también vencido, con su hermano Castor,
ciñéndote las sienes con diademas de rosas. [ rracho, 70 Pólux que es el mejor para la lucha46.
Y tú, estrella, que anuncias las noches y los días3*, 90 Venza, dioses del cielo, os lo suplico,
que según los amantes siempre tienes pereza en re- venza la esposa a todas las esposas,
las madres, las esposas desean con ardor [gresar: gane el varón con creces a todos los varones.
que esparzas cuanto antes tus rayos luminosos. E sta 47, cuando se pone entre un corro de mujeres,
por sí solo su rostro brilla más que el de todas.
De todos modos, este canto inmediatamente después del
95 Así se pierde con el sol la hermosura de las estrellas
monólogo desesperado de Medea es de un fuerte efectismo,
elevando aún más la tensión dramática por mostrarse el coro
hostil a la protagonista y partidario de Jasón. 39 Cambia aquí el tipo de verso y la temática. Ahora se
34 La mejor forma de evitar cualquier palabra que por ina­ canta, en gliconios, la belleza de los novios. Tanto la forma
decuada pudiera deshacer la eficacia del rito que se celebraba métrica ( c f . C a tu lo , 61), como el tema son tópicos en los epi­
era que los asistentes mantuviesen silencio. talamios.
35 Júpiter y Juno, aunque ésta es mencionada a continuación 40 Descendientes de Cécrope, primer rey de Atenas.
como Lucina. 41 Esparta.
36 Versos 62-66: Se refiere a la Pax, personificación divina 42 De Aon, héroe de Beocia. Se refiere a las aguas del río
de la paz. Por la prosperidad que lleva consigo se la asocia ísmeno.
con el símbolo de la «Cornucopia». No es muy frecuente la 43 Jasón.
invocación a Pax como protectora del matrimonio. 44 Baco, hijo de Júpiter y Sémele (cf. Hércules loco
37 El texto latino dice «antorchas» en lugar de «bodas», 457 y sigs.).
aludiendo así a la procesión ritual de la ceremonia del matri­ 45 Apolo, hermano de Diana la diosa virgen, cazadora. En
monio. Se está invocando ahora a Himen. Delfos manifestaba sus oráculos a través de la pitonisa, que
38 Héspero, genio de la estrella vespertina. Desde época he­ se sentaba sobre un trípode.
lenística se le identifica con Lúcifer, estrella matutina. (Cf. 46 Cástor y Pólux, hermanos de Helena de Troya, eran fa­
Fedra 750; Tiestes 749). Su invocación parece de rigor en los mosos aquél como jinete y éste como boxeador.
cantos de boda. 47 Cambia de nuevo el metro a asclepiadeos menores.
MEDEA 295 296 TRAGEDIAS

y se oculta la grey compacta de las Pléyades


cuando F eb e48 con una luz no suya ACTO SEGUNDO
encierra rodeando entre sus cuernos un círculo com-
Así un color de nieve se enrojece al teñirlo [pleto. M edea-N odriza
de púrpura fenicia, así el pastor bañado de rocío 100
M edea. — Muerta estoy. Ha sacudido mis oídos el
con el alba contempla el resplandor del día.
Arrebatado al lecho de la hija del horroroso Fasis49, himno nupcial. Apenas puedo yo misma, apenas puedo
tras la rutina de tomar en tus brazos, aún creerme una desgracia tan grande. ¿Esto ha sido
tembloroso y sin gana, el pecho de una esposa enloque- Jasón capaz de hacerlo? ¿Después de haberme arre­
coge, feliz, esposo, a la virgen eolia50 [cida, 105 batado un padre, una patria y un reino, abandonarme
ahora por vez primera, queriéndolo tus suegros51. 120 sola, el cruel, en un lugar extranjero? ¿No ha tenido
Muchachos, disfrutad, hoy se permiten bromas; en cuenta mis méritos él, que había visto cómo mis
en dos bandos, muchachos, lanzad vuestros sarcasmos: crímenes superaban a las llamas y al mar?
rara vez se permite dar bromas a los dueños. ¿Es que ha llegado a creerse que toda mi maldad
Noble y radiante hijo de Lieo, el portador del tirso5Z, no ya se ha agotado? Insegura, ofuscada, mi mente enfer­
ya es hora de encender las astillas de pino: ma me arrastra en todas direcciones. ¿De dónde voy a
arranca con tus dedos embriagados la llama de la fiesta. 125 poder conseguir mi venganza? ¡Ojalá tuviese él un her­
Que el mordaz fescenino difunda sus festivas chanzas53; mano! M. Tiene una esposa; contra ella hay que desen­
rienda suelta la turba dé a las bromas... vainar el hierro. ¿Es esto suficiente para mis males?
Que en silencio camine en las tinieblas Si las ciudades pelasgas55, si las ciudades bárbaras
aquella que escapó para casarse con marido extranjero. us conocen una fechoría que tus manos ignoren, hay que
tramarla ahora. Que te den ánimos tus propios crí-
130 menes volviendo todos a tu mente: la más famosa joya
de un reino, robada56; el pequeño acompañante de una
virgen nefanda despedazado con la espada, sus despo­
La luna. jos arrojados delante de su padre y su cuerpo esparci­
49 Medea. do por el ponto57; y los miembros del anciano Pelias58
50 Creúsa. Corinto se decía que había sido fundado por
Sísifo, hijo de Eolo.
si Creonte, padre de Creúsa, no se muestra hostil contra 54 Para poder sacrificarlo, como sacrificó a su propio her­
Jasón, como Eetes el padre de Medea. mano, Apsirto.
52 Himen, según una de las versiones era hijo de Baco y 55 Griegas.
Afrodita. A Baco se le llama Lieo, calificándolo así de «libe­ 56 El toisón de oro.
rador». 57 Apsirto: cf. nota 54.
53 Los fesceninos son unos versos o cantos alternados de 58 Rey de Yolco en Tesalia, tío de Jasón y padre de Acasto.
honda raíz popular y de carácter festivo y procaz (cf. V ir g ., Para deshacerse de Jasón lo envió a la conquista del toisón de
Geórgicas II 385 y sigs., y Horacio, Epístolas II 1, 139 y sigs.). oro. Dio luego muerte a su hermanastro Esón, padre de Jasón,
Tuvieron una especial importancia como fuente para el primi­ a consecuencia de lo cual se ahorcó Alcímeda, la madre de
tivo teatro latino. Jasón. Cuando éste regresó, deseoso de vengar la muerte de
298 TRAGEDIAS
MEDEA 297

155 Medea. — Ligero es el dolor que puede entrar en


cocidos en un caldero de bronce: ¡cuántas veces he
derramado impíamente sangre funesta! Y ningún cri- 135
razones y mantenerse oculto. Los grandes males no
men lo cometí por odio; el que se ensaña es mi amor quedan ocultos. Siento pasión por atacar.
desgraciado. N odriza. — Detén ese impulso propio de una Furia 61,
hija mía. Apenas pueden defenderte el silencio y la
No obstante, ¿qué pudo hacer Jasón, sometido al
calma.
arbitrio y a las leyes de otros? Debió ofrecer abierta­
M edea. — La fortuna a los valientes los teme: a los
mente al hierro su pecho...
cobardes los aplasta.
¡Mejor, ay, habla mejor, loco dolor! Si es posible, 140 160 N odriza. — Sólo es loable el valor, si es oportuno.
que Jasón viva, con tal que sea mío, como fue. Si no, M edea. — Nunca puede no haber para el valor un
que viva de todos modos y en recuerdo mío haga buen momento oportuno.
uso de lo que yo le he regalado59. La culpa es de Creon- N odriza. — N o hay una esperanza que abra un cami­
te toda, que, abusando del cetro, disuelve un matrimo­
no en esta situación angustiosa.
nio y que arranca a una madre de sus hijos y quebranta 145 M edea. — El que nada puede esperar, que no se des­
los lazos de fidelidad que se estrechaban fuertemente espere por nada.
con tal prenda. Hay que atacarlo solo a él; que pague N odriza. — Se marcharon los coicos 62, tu esposo no
el castigo que me debe. 165 te guarda fidelidad ninguna. Nada te queda de tu gran­
En un enorme montón de cenizas convertiré su des recursos.
casa. El negro torbellino lanzado por las llamas lo M edea. — Medea queda; en ella estás viendo el mar
verá el promontorio de Malea60 en donde dan la vuelta y las tierras y el hierro y los fuegos y los dioses y los
las naves en su largo rodeo. rayos.
N odriza. — Calla, te lo ruego. Esconde las quejas y isa N odriza. — A un rey hay que temerle.
encomiéndalas a lo más hondo de tu dolor. El que en M edea. — Rey fue mi padre.
silencio, con actitud paciente y serena, soporta hasta N odriza. — ¿N o temes a sus tropas?
el final las graves heridas, puede devolverlas: la ira M edea. — Aunque brotaran de la tierra63.
que se encubre es la que daña. Una vez confesados, los 170 N odriza. — V as a morir.
odios pierden la capacidad de venganza. M edea. — Estoy deseándolo.
N odriza. — Huye.
M edea. — Yo ya sentí pesar de una huida.
sus padres, fue a Corinto a pedir consejo a Medea. Medea fue N odriza. — M edea...
a la corte de Yolco y convenció a las hijas de Pelias de que
podía rejuvenecer a su anciano padre descuartizándolo e hir­
viéndolo en un caldero. Al no resucitar Pelias las hijas huye­ 61 Las Furias eran en principio para ios romanos unas di­
ron horrorizadas por su crimen a Arcadia. Acasto recogió los vinidades infernales. Luego fueron asimiladas a las Erinis
restos de su padre celebrando solemnes funerales y juegos en griegas.
su honor. Luego desterró del reino a Medea y Jasón. 62 Habitantes de la Cólquide, patria de Medea.
s? La vida, que Medea le ha salvado. 63 Alusión a los guerreros que surgieron de la tierra, cuan­
60 Promontorio al sur del Peloponeso. do Jasón sembró los dientes del dragón (cf. nota 106).
300 TRAGEDIAS
MEDEA 299

M edea. — ¿Qué crimen o qué falta se castiga con el


M edea. — V oy a serlo.
destierro?
Nodriza. — Eres madre.
Creonte. — ¡Qué motivos la expulsan pregunta la
M edea. — Tú estás viendo para quién.
inocente mujer!
Nodriza. — ¿N o te decides a huir?
M edea. — Si actúas como juez, instruye un proce­
Medea. — Voy a huir, pero me vengaré antes.
so; si actúas como rey, da órdenes.
Nodriza. — Te seguirá para vengarse.
195 Creonte. — Justa o injusta, la orden de un rey tie­
Medea. — Puede que encuentre algo con que retra­
nes que acatarla.
sarlo.
M edea. — Nunca un reinado injusto aguanta mucho
Nodriza. — Refrena las palabras, déjate ya de ame­
tiempo.
nazas, insensata. Aplaca tus impulsos: hay que adap- 175
Creonte. — Ve a quejarte a los de Cólquide.
tarse a las circunstancias.
M edea. — Me voy de vuelta. El que me trajo que me
M edea.— La fortuna puede quitarme los recursos,
lleve.
no los ánimos. Pero ¿quién hace chirriar los goznes de
Creonte. — Tarde llega esa propuesta; mi decisión
las puertas del rey? Es el propio Creonte hinchado de
es firme.
orgullo por gobernar sobre los pelasgosM.
M edea. — El que ha dictado una sentencia sin haber
200 escuchado a la parte contraria, aunque justa haya
Creonte-M edea sido la sentencia, no ha sido justo él.
Creonte. — ¿Había sido escuchado por ti Pelias65
Creonte. — Medea, el funesto vástago de Eetes el de cuando sufrió el suplicio? Pero habla. ¡Que se dé una
Cólquide, ¿todavía no ha sacado sus pies fuera de mis iso oportunidad a tu causa sin par!
dom inios? Está tramando algo: conocida es su malicia, M edea. — ¡Qué difícil es apartar de la ira a un áni-
conocida es su mano. ¿A quién va a respetar ella o a 205 mo ya excitado y qué propio de un rey considera el que
quién dejará tranquilo? ha puesto sus manos soberbias sobre el cetro proseguir
Precisamente me disponía yo a extinguir cuanto an­ el camino emprendido! Lo aprendí en mi propio pala­
tes con el hierro esa horrible peste; pero venció con cio. Pues, aunque a consecuencia de una lamentable
sus súplicas mi yerno. Se le ha concedido la vida; que íss ruina me vea agobiada, expulsada, suplicante, sola,
deje libre de miedo al territorio y que se vaya en paz. abandonada, acosada por todas partes, resplandecí una
Avanza hacia mí arrogante y con porte amenazador 210 vez con la nobleza de mi padre y recibí un brillante
se acerca para hablarme cara a cara. Apartadla cria­ linaje que deriva de mi abuelo el S o l66.
dos, lejos de mi alcance y de mi presencia; mandadle Cuanto riega el Fasis con sus meandros apacibles y
que se calle. Que aprenda de una vez a soportar las cuanto el Ponto Escita ve a sus espaldas, por donde los
órdenes de un rey. mares se endulzan con las aguas palustres; cuanto
Vete a toda prisa y apártate de mi vista, monstruo 190
cruel y horripilante. 65 Cf. nota 58.
66 Medea es hija de Eetes, rey de Cólquide y, por tanto,
nieta del Sol y de la maga Circe,
MEDEA 301 302 TRAGEDIAS

aterroriza la célibe cohorte, que se arma con escudos vés del Ponto ve incluso las cosas apartadas, y todos
de media luna y vive encerrada por las riberas del Ter- 215 los Minias72.
modonte67, todo eso está sujeto al poder de mi padre. Y nada digo del caudillo de caudillos73; por él no
De noble cuna, feliz, resplandecí poderosa con real 235 me debe nada. Este no se lo apunto a nadie. Para
esplendor: solicitaban entonces mi tálamo nupcial los vosotros traje de vuelta a los demás; sólo éste para mí.
pretendientes que ahora son pretendidos. La fortuna Acomete tú ahora y échame encima todas mis mal­
voraz y caprichosa se lanzó sobre mí arrancándome del 220 dades. Voy a confesar. Este es el único crimen que se
trono y me mandó al destierro. Fíate de los reinos, me puede imputar: el retomo de Argo.
cuando sus grandes poderes los arrastra a capricho de Supon que aquella virgen hubiese preferido su pu­
acá para allá el azar. dor y su padre: entera con sus jefes se habría arrui-
Una cosa tienen los reyes espléndida y sublime y 240 nado la tierra pelasga; este yerno tuyo habría caído
que no puede robársela el paso de los días: poder favo­ el primero ante el ardiente hocico del toro feroz.
recer al desgraciado, y al que suplica, acogerlo en la Que la fortuna aplaste mi causa como ella quiera;
fiel protección de su hogar. no me arrepiento de haber salvado la gloria de tantos
Sólo esto logré sacar del reino de Cólquide: haber 225 reyes.
salvado por mí misma aquella gloria inmensa e ínclita Cuanto obtuve como premio por todas mis culpas,
flor de Grecia, baluarte del pueblo aqueo y descenden­ 245 lo tienes tú en tus manos. Si te place, condena a la
cia de dioses68. culpable; pero devuélvele su crimen. Soy culpable, lo
Un regalo mío es Orfeo, que las rocas ablanda y las confieso, Creonte. Tú sabías que lo era cuando llegué
selvas arrastra con su canto. hasta tus rodillas y suplicante imploré la seguridad
Doble regalo mío son Cástor y Pólux69 y los hijos 230 de tu diestra protectora. A ti una vez más te pido para
de Bóreas70 y Linceo71, que lanzando su mirada a tra- 250 mis desdichas un rincón, un asilo y un mísero escon­
dite. Si quieres que se me expulse de la ciudad, que se
me conceda algún lugar apartado dentro de tus domi­
nios.
67 Las Amazonas, que vivían en el Asia Menor, junto al Pon­ Creonte. — Que yo no soy de los que llevan el cetro
to, en las riberas del Termodonte. con tiranía ni de los que con pie soberbio pisotean las
68 Los componentes de la expedición de los Argonautas.
miserias creo haberlo demostrado con no poca clari-
69 Se les llama Dioscuros («hijos de Zeus») y Tindárides
(«hijos de Tindáreo»); hermanos de Helena y de Clitemestra, 255 dad, al escoger por yerno a un desterrado, y además
nacieron de los amores de Zeus (en forma de cisne) y de Leda, abatido y amedrentado por un horrible terror, pues
esposa de Tindáreo, cf. Hércules loco, nota 24. Como partici­ para castigarlo y matarlo lo buscaba ansiosamente
pantes en la expedición de los Argonautas, se distinguieron
por varias hazañas.
™ Calais y Zetes: hijos de Bóreas (por tanto, sobrinos de 72 Compañeros de Jasón en la expedición de los Argonau­
Céfiro y Noto) y de Oritía, la hija del rey de Atenas Erecteo. tas, procedentes de Tesalia. Con el nombre Minias se designa
71 Linceo, hijo de Afareo y hermano de Idas. En la expe­ también a veces a las Argonautas en general. Cf. Ruiz de El­
dición de los argonautas prestó grandes servicios por la agu­ v ira , Mitología..., pág. 276.
deza de su vista. 73 Jasón.
MEDEA 303 304 TRAGEDIAS

Acasto, el que ostenta el trono de Tesalia74. Se queja Creonte. — Vete. A ellos yo los acogeré en mi regazo
éste de la muerte de su padre, tembloroso ya por la de padre, como si fueran míos.
vejez y torpe por los años y de que, una vez muerto el 285 Medea. — Yo, por la feliz unión de la boda real75,
anciano, fueron hechos pedazos sus miembros, cuando, 260 por las esperanzas futuras y por la estabilidad de los
cogidas en tu trampa, sus hermanas se atrevieron por reinos a los que la veleidosa Fortuna sacude con toda
piedad filial a un impío crimen. clase de vicisitudes, te ruego que te dignes conceder
Puede Jasón, si tú retiras tu causa, defender él la una breve demora a mi huida, mientras dejo grabados
suya: ningún derramamiento de sangre ha manchado 290 a mis hijos los últimos besos de una madre que es po­
su inocencia; lejos estuvo el hierro de su mano y se 265 sible que esté ya muriéndose.
mantuvo puro, apartado de vuestras intrigas. Creonte. — Para alguno de tus fraudes pides el
Tú, tú, maquinadora de las peores fechorías, que tiempo.
tienes malicia de mujer y fuerza de varón para atre­ M edea. — ¿Qué fraude se puede temer en un tiem­
verte a todo, que nada te importa tu reputación, vete po exiguo?
fuera, deja limpios mis reinos, llévate también contigo Creonte. — A los malvados ningún tiempo les viene
tus hierbas mortíferas, deja libres de miedo a los ciu- 270
corto para hacer daño.
dadanos; cuando estés asentada en otra tierra, provoca M edea. — Niegas a una desdichada un poco de tiem­
entonces a los dioses. po para las lágrimas?
M edea. ¿Me fuerzas a que huya? Devuélvele a la Creonte. — Aunque el temor que tengo en mí gra-
fugitiva la nave, devuélvele también el compañero. 295 bado se resiste a tus ruegos, se te concederá un único
¿Por qué me mandas que huya sola? Yo no vine sola. día para preparar tu destierro.
Si son guerras lo que temes, expúlsanos a los dos de 275 M edea. — Demasiado es; puedes recortar algo de
tu reino. ¿Por qué haces distinciones entre dos culpa­ ese plazo. También yo tengo prisa.
bles? Por él yace Pelias, no por mí. Añade a esto mi C reonte. — Con la cabeza lo pagarás, si antes de
huida, mis rapiñas, el abandono de mi padre y el haber que Febo traiga la claridad del día no te alejas del
hecho pedazos a mi hermano; todo lo que, incluso Istmo.
ahora, enseña mi marido a sus nuevas esposas. Nada 300 Las ceremonias de la boda me reclaman, reclama
de eso es mío. ¡Tantas veces me he convertido en cul- 280 mis plegarias este día consagrado a Himeneo76.
pable y nunca en mi provecho!
Creonte. — Ya deberías haber partido. ¿Por qué
intentas urdir aplazamientos con tu palabrería?
M edea. — Me marcho y suplicante quiero hacerte un
último ruego: que la culpa de su madre no arrastre a 75 La boda de Jasón y Creúsa. Traducimos por «feliz» el
mis hijos inocentes. término ciuspiccitos que en realidad quiere decir «realizada de
acuerdo con los auspicios» o sea «con los hados favorables».
76 Se retira Creonte con su séquito. Medea parece ser (cf.
v. 380) que entra en palacio. El coro entona un canto lírico
74 Acasto es hijo de Pellas, rey de Yolco (cf. nota 58). sobre el atrevimiento del primer navegante.
MEDEA 305 306 TRAGEDIAS

Coro 77 Se atrevió Tifis a desplegar las velas


en el inmenso ponto
Demasiado atrevido quien surcó el primero 320 y a dictar leyes nuevas a los vientos:
los mares traicioneros en tan frágil barca ora estirar las cuerdas82 con las velas hinchadas,
y, mirando a su espalda la tierra en que nació, ora alargar la escota y recibir los vientos de costado;
la vida puso en manos de las volubles auras, unas veces poner a medio mástil, por precaución, las
y cortando los mares sin un rumbo seguro 305
otras veces izarlas a todo lo alto, [vergas;
fue capaz de fiarse de unas ligeras tablas, 325 cuando ya él navegante, avariento en exceso,
separando las sendas de la vida y la muerte ansia todo el empuje de los vientos
con una linde demasiado sutil. y tremola allá arriba
Nadie aún conocía las constelaciones78 él velo de los rojos gallardetes.
ni había sabido usar de las estrellas 310 Puros fueron los siglos que vieron nuestros padres,
con que se pinta el éter. Aún ninguna nave 330 completamente libres de malicia*3.
podía sustraerse a las lluviosas Híades79 Tocando cada cual tranquilamente su propio litoral
ni tampoco a los ojos de la cabra de Oleno® y llegando hasta viejo en los campos paternos,
ni al carro de la Osa, al que sigue y controla rico con poco, sin conocer más bienes
el anciano Boyero con pereza81; 315 que los que daba el suelo en que nació.
ni el Bóreas ni el Zéfiro
tenían aún un nombre. 335 Las acertadas leyes de división del mundo84
las llevó al caos un pino de Tesalia85.
Hizo azotar al Ponto y que la mar,
que algo ajeno hasta entonces había sido,
77 La invención de la navegación como final de la edad de entrara a formar parte de nuestros temores.
oro es un tópico en toda la literatura antigua, al igual que el
tema de los azares de dicha navegación.
82 Seguimos a Costa al traducir lino por «cuerdas» en lugar
78 Traducimos así la palabra «astra» en oposición al «stellis»
de «velas», como hacen la mayoría de los traductores.
siguiente (estrellas consideradas individualmente).
83 Una primitiva edad de oro ideal, llena de todo tipo de
79 Grupo de estrellas cercano a las Pléyades que aparecían
bienes naturales y privada de los males de la civilización pos­
en la estación de las lluvias primaverales (de ahí su nombre
terior, es un lugar común en la cultura y literatura grecolatinas.
que se relaciona con el griego h$ein, «llover») lo cual hacía
Se asocia dicha edad con el reinado de Saturno y se insiste
peligrosa la navegación.
sobre todo en dos características principales: la producción
80 Amaltea, la cabra (o ninfa, según otra versión) que ama­
espontánea de alimentos por parte de la tierra y la ausencia
mantó a Zeus, convertida luego en estrella que también apa­
de tráfico marítimo (cf. Séneca, Fed. 525 y sigs.).
rece en la época de las lluvias. E r a , según unos, hija de Oleno
84 Según la cosmogonía griega, después del caos original
(cf. Ruiz de E lv i r a , Mitología..., pág. 52).
vino una organización del mundo, separándose sus distintas
81 La constelación del Boyero, llamada también Artofílace,
partes y elementos. La nave Argo, al unir unas tierras con
que significa «el guardián de la Osa». Su estrella más brillante
otras rompe la división establecida por las leyes naturales.
es Arturo que también significa «el que cuida la osa» (cf. Ruiz
85 La nave Argo se construyó con pinos del monte Pelio
de E lv ir a , Mitología..., págs. 473 y sigs.).
en Tesalia.
MEDEA 307 308 TRAGEDIAS

Sufrió graves castigos la perversa nave el tracio Orfeo a aquella Sirena


al tener que ir pasando por terribles peligros, 340 que con cantos solía retener las naves
cuando las dos montañas86 que sirven de barrera del 360 a punto estuvo de hacer que lo siguiera?
lanzándose de súbito una contra la otra, [abismo, ¿Cuál fue la recompensa de un viaje así? Una piel de oro
bramaron como un trueno y un monstruo más maligno que la mar: M edea91.
y el mar que fue aplastado entre las dos ¡Buen cargamento para el primer navio!
salpicó hasta las mismas estrellas y las nubes. 345
Ahora ya está el ponto dominado
Pálido quedó Tifis el temerario
365 y ya a todas las leyes se somete:
y, sin fuerza en la mano, soltó todas las riendas,
no hace falta una Argo construida por la mano de Palas
quedó callado Orfeo e inmóvil su lira
e insigne por contar con reales rem eros92.
y hasta perdió la voz la propia Argo87.
Cualquier pequeña barca boga por alta mar.
Y ¿qué, cuando la virgen del sículo Peloro88 350 Toda barrera ha sido eliminada \_dades.
que de rabiosos perros tiene él vientre ceñido 370 y en nuevas tierras han puesto sus murallas las ciu-

abrió todas las bocas a la vez?


¿Quién no sintió el horror por todo el cuerpo Nada ha dejado en donde antes estaba
ante tantos ladridos de un único monstruo? el orbe, cuando se ha hecho transitable.
El indio bebe en el helado Aras 93
Y ¿qué, cuando esa peste funesta con melodiosa 355 los persas, en el Elba y en el Rin.
voz intentaba encantar el mar Ausonio89 375 Tiempos vendrán al paso de los años
y, respondiendo con su cítara pieria9®, en que suelte el océano las barreras del mundo
y se ábra la tierra en toda su extensión
86 Las rocas Simplégades, situadas en el Bósforo a la en­
trada del Ponto Euxino, que, según la leyenda, se cerraban
cuando un navio intentaba pasar entre ellas.
87 La nave Argo podía hablar gracias a que en su popa
Atenea había colocado «un madero dotado de voz, procedente monte Olimpo, con la cual se relaciona Orfeo y también las
de la encina profética de Dodona» (cf. Ruiz de E lv ira , Mitolo­ musas, a las que se les suele denominar «Piérides».
gía..., pág. 274), 91 Intentamos reproducir aquí la aliteración del verso 362
88 Escila, una muchacha transformada por Circe en un de Séneca.
monstruo con cabezas de perros rodeándole el bajo vientre y 92 Aceptamos, con los modernos editores, la lectura de los
con perros también en lugar de pies. Este monstruo marino mss. regum referens remos, contra la corrección de Madvig
habitaba en el promontorio de Peloro al norte de Sicilia y sus (regumque ferens remos),
perros devoraban a cuantos pasaban a su alcance (cf. Tiestes, 93 El Aras era üh^/tío de Armenia. Es un tópico en la
nota 76). literatura clásica la Identificación geográfica de un pueblo por
89 Las sirenas, que habitaban en una isla cerca de Escila y el río cuya agua bebe. En consecuencia, se recurre a veces al
Caribdis, es decir, en la parte sur de Italia, cerca de Sicilia: efecto expresivo (adfnaton) de trastocar esta asignación geo­
mar Ausonio. gráfica hiperbólica o paradójicamente.
90 Pieria, región de Tracia, al norte de Grecia, junto al
MEDEA 309 310 TRAGEDIAS

y T etis 94 nos descubra nuevos orbes No es a un simple y ordinario crimen a lo que está
y el confín de la tierra ya no sea Tule9S. dando vueltas en su interior. Va a superarse a sí mis­
ma; bien conocidas tengo yo las señales de su cólera
de otras veces.
ACTO TERCERO 395 Se nos viene encima algo grande, inhumano, atroz,
impío; estoy viendo su rostro enloquecido. ¡Que los
N o d r iz a -M e d e a dioses desmientan mis temores!
M edea. — Si buscas, desgraciada, qué medida esta­
N odriza. — (A Medea). Hija mía, ¿a dónde apresu- 380 blecer para mi odio toma como modelo a mi amor. ¿Es
ras tus pasos airados, fuera de la casa? Detente, que quieres que yo soporte las antorchas de la boda
reprime la ira y contén ese ímpetu. real sin intentar vengarme? ¿Va a escapar indolente-
(Aparte). Semejante a una ménade en trance que, 400 mente este día que con tantos manejos se ha tratado
frenética al ser poseída por la divinidad, lanza sus de alcanzar y con tantos rodeos se ha concedido?
pasos a la ventura por la cima del nevado Pindó o Mientras la tierra, situada en medio, sostenga en
por las cumbres de N isa96, así corre una y otra vez de 385 equilibrio al cielo97 y el brillante firmamento siga
acá para allá con desenfrenada agitación, con muestras girando en tumos regulares y no puedan contarse las
en su rostro de un furor demencial. arenas y el día acompañe al sol y las estrellas a la no­
Su cara se inflama, jadea desde lo más hondo che, mientras el polo haga girar a las Osas sin que se
de su pecho, lanza gritos, sus ojos riega con desbor­ 405 m ojen98 y los ríos caigan a la mar, nunca cesarán mis
dante llanto, se muestra radiante de alegría: presenta locas ansias de venganza, sino que crecerán siempre.
síntomas de todas las emociones. ¿Qué crueldad de fiera, qué Escila, qué Caribdis99
Se queda inmóvil, amenaza, bulle, se queja, gime. 390 que engulle el mar de Ausonia y de Sicilia o qué Etna
¿Hacia dónde se inclinará esta carga? ¿Dónde irán 4io oprimiendo a un Titán100 jadeante hervirá con amena­
a parar sus amenazas? ¿Dónde irá a romper esa ola? zas tan atroces como las mías?
Su furor la desborda.
97 Puede interpretarse esta frase de acuerdo con una con­
94 Tetis (Téthys, no Thetis), hermana y esposa de Océano, cepción geocéntrica del universo (cf. Costa, Medea, pág. 109) o
personifica frecuentemente el mar. bien concibiendo la tierra como situada entre los infiernos y
95 Tierra lejana (¿Islas Shetland, Islandia, Noruega?) que el cielo (cf. Herrmann, Sénéque, Tragédies, ad loe.).
se concebía como el confín septentrional del mundo. Desde En este pasaje se expresa la fijeza o duración de algo com­
hace siglos (Ambraham Oertel, p. ej.), se ha interpretado este parándolo con las leyes inmutables de la naturaleza, lo cual
pasaje como el anuncio profético hecho por un español del constituye otro de los tópicos más frecuentes en la literatura
descubrimiento del Nuevo Mundo que sería luego llevado a cabo antigua, semejante a lo que dijimos más arriba, en nota 93.
por España. Hernando Colón, el hijo del descubridor, escribió 98 Porque nunca se las ve sumergirse en el mar.
al margen de este pasaje en su ejemplar del teatro de Séneca: 99 Monstruo marino situado en el estrecho de Mesina (jun­
«haec prophetia expleta est per patrem meum Chrístoforum to a Escila, cf. nota 88), que tres veces al día absorbía gran
Colon almirantem anno 1492» (esta profecía fue cumplida por cantidad de agua de mar con todo lo que había en ella.
mi padre, el almirante Cristóbal Colón, en el año 1492). 100 Cuando los gigantes fueron vencidos por los dioses, uno
96 Montaña de la India relacionada con Baco. de ellos, Encélado, salió huyendo, pero Atenea le echó encima
MEDEA 311
312 TRAGEDIAS

Ni un río torrencial, ni un mar tempestuoso, ni el


ña y cuando es indulgente! ¡Cuántas veces Dios ha
Ponto embravecido por el Coro o la violencia de las
encontrado para mí remedios peores que los peligros!
llamas avivadas por el soplo del viento podrían frenar
435 Si hubiese querido guardar a mi esposa la fidelidad
mi ímpetu y mis iras: lo arrasaré y trastocaré todo.
que ella merecía, habría tenido que ofrecer mi cabeza
¿Se asustó de Creonte y del ataque del caudillo 415
a la muerte; si no quería morir, tenía que perder este
tesalio?101. Un amor de verdad no puede temer a nadie.
desgraciado su fidelidad. No ha sido el miedo el qué
Pero aunque por la fuerza haya cedido y se haya
ha vencido a la fidelidad, sino la inquietud de mi amor
entregado, pudo muy bien acudir a su esposa y diri­
de padre; pues a la matanza de los padres seguiría la
girle unas palabras de despedida. También de esto se
de sus hijos 102.
asustó el intrépido. El yerno del rey tenía sin duda en 420
440 Si habitas en el cielo, santa Justicia 303, invoco y
sus manos el retrasar el momento de mi cruel exilio.
pongo por testigo a tu divino poder: los hijos han
Para dos hijos un solo día me ha sido concedido. Yo
derrotado al padre. Es más, incluso ella, aunque es de
no me quejo de lo breve del plazo. Dará para mucho.
corazón altanero y no se somete al yugo, creo que pre­
Consumará este día, sí, consumará algo que ya nunca
fiere salvar a sus hijos antes que a su matrimonio.
ningún otro día pueda mantener en silencio. Voy a
Estoy decidido a hacer frente con ruegos a su irá.
atacar hasta a los dioses y voy a hacer temblar al mun­
445 Ahí está; en cuanto me ha visto, se ha exaltado, está
do entero.
loca, lleva el odio por delante: todo su dolor se refleja
N odriza, — Reponte, señora, que la desgracia te ha
en su rostro.
perturbado, serena tus impulsos. 425
M edea. — Huyo, Jasón, huyo; no es algo nuevo esto
M edea. — Mi único sosiego será ver el mundo entero
de cambiar de domicilio; lo nuevo es el motivo de la
sepultado entre mis escombros: que todo desaparez­
huida: por ti solía huir antes. Me alejo, me voy fuera.
ca junto conmigo. Cuando pereces, te agrada arras­
450 Y, ya que me obligas a dejar tus Penates 10\ ¿a cuáles
trar a otro.
me remites? ¿Hacia Fasis y Cólquide debo poner rum­
N odriza. — Mira cuántas cosas hay que temer, si
bo? ¿Al reino de mi padre y a los campos que inundó la
sigues obstinada: nadie puede agredir sin riesgos a los 430
sangre de mi hermano? ¿A qué tierras mandas que me
poderosos.
dirija? ¿Qué mares me indicas? ¿Las fauces del Pon-
455 to, a través de las cuales traje de vuelta a la noble
Jasón-M edea tropa de reyes en pos de un seductor por entre las
Simplégades? m. ¿Debo dirigirme a la pequeña Yolcos
Jasón. — (Aparte). ¡Oh, hados siempre crueles! o a Tempe, en Tesalia?
¡Oh, suerte amarga, adversa por igual cuando se ensa-

la isla de Sicilia, quedando aprisionado dentro del Etna; se 102 Jasón se muestra obsesionado con Medea, como lo
creía que las erupciones del volcán no eran sino convulsiones muestra la triple repetición de la palabra «fidelidad».
del gigante (cf. V ir g ilio , Eneida III 578 y sigs., y Sén., Hér­ *03 Justicia es una de las tres Horas (junto con Eunomia e
cules en él Eta 1157 y sigs,). Irene), hijas de Zeus y Temis. Cf. Hércules loco, nota 151.
101 Acasto, cf. nota 76. 104 Tu hogar. Cf. Hércules loco, nota 95.
tos Cf. nota 86.
MEDEA 313
314 TRAGEDIAS

Cuantos caminos fui abriendo para ti, los fui cerran­


sus ojos a un sueño que nunca había experimentado.
do para mí. ¿A dónde me mandas de vuelta? A una
Añade a un hermano entregado a la muerte, crimen
exiliada le impones el exilio y no le señalas el lugar. 46©
475 que suponía más de un crimen108 y a unas hijas que,
Hay que marcharse. Lo manda el yerno del rey. A nada
engañadas por mi astucia osaron despedazar los miem­
me opongo.
bros de un anciano que ya no volvería a vivir109.
Amontona sobre mí crueles suplicios: merecidos los
Buscando reinos para otro, abandoné los míos.
tengo. Que con cruentos castigos abrume a esta con­
Por la esperanza que suponen tus hijos y por el
cubina la cólera real; que de cadenas cargue sus ma­
hogar seguro que ya tienes, por los monstruos venci­
nos; que la entierre, dejándola encerrada en la eterna
dos, por estas manos por las que nunca miré cuando
noche de una caverna: sufriré menos de lo que tengo 465
480 de ti se trataba, por los terrores pasados, por el cielo
merecido.
y las olas, testigos de mi matrimonio110, ten compasión.
Hombre desagradecido, haz volver a tu mente el
Ya que tú eres feliz, dale oportunidad de serlo a ésta
aliento de fuego de aquel toro y, en medio del miedo
que te suplica.
aterrador que imponía aquella indómita nación, la
De aquellas riquezas que, arrancadas de países leja­
llameante bestia de Eetes en el campo que producía
nos, los escitas acarrean hasta desde los pueblos de la
hombres armados y los dardos lanzados por ese ene­
485 India quemados por el sol y que apenas caben ya en
migo imprevisto, cuando, a una orden mía, esos sóida- 47©
el palacio repleto de tesoros (por ello adornamos con
dos nacidos de la tierra cayeron matándose unos a
oro los bosques ni) nada me llevé en mi destierro; sólo
otros106.
los miembros de mi hermano. E incluso éstos los sacri­
Añade los codiciados despojos del carnero de Fri-
fiqué por ti; ante ti nada valió mi patria, ni mi padre,
x o m y el monstruo insomne al que forcé a entregar
ni mi hermano, ni mi honra: con esta dote me casé.
Devuelve a la que huye lo que es suyo.
ios Cuando los Argonautas llegaron a Cólquide, Jasón pidió 490 Jasón. — Cuando Creonte encolerizado te quería ani­
al rey Eetes el vellocino de oro. Éste le puso como condición
quilar, vencido por mis lágrimas te ha concedido el
uncir dos toros de pezuñas de bronce que despedían fuego al
respirar, arar luego un campo y sembrar los dientes de un exilio.
dragón. Medea, hija del rey, que se había enamorado de Jasón,
le prometió ayudarle si accedía a casarse con ella. Le dio un
bálsamo mágico que lo hacía invulnerable, le dijo que al sem­
brar los dientes del dragón surgirían de la tierra hombres a la corte del rey Eetes, quien lo acogió favorablemente. Sacri­
armados y que entonces lo que tenía que hacer era arrojar una ficó a Zeus el carnero y ofreció al rey en recompensa el vello­
piedra en medio de aquella tropa, y se lanzarían unos contra cino de oro que sería luego el objetivo de la expedición de
los Argonautas. Eetes consagró el vellocino a Ares y lo colgó
otros.
iw A Frixo y Hele los iba a sacrificar su padre Atamante de una encina. Un dragón que nunca dormía lo custodiaba.
por instigación de su madrastra, Ino. Zeus (o su madre Néfele) M» Su hermano Apsirto, cf. nota 32,
les envió un carnero alado con vellocino de oro, a lomos del 109 Las hijas de Pelias, cf. nota 58.
cual volaron hacia Oriente, Hele cayó al mar y se ahogó en el no La boda de Jasón y Medea tuvo lugar, según Apolonio,
lugar que desde entonces se llamó Helesponto (= mar de Hele, en la isla de los Feacios.
hoy mar de Mármara, cf. Las Troyanas, nota ló). Frixo llegó ni Alusión al vellocino de oro (cf. nota 107), que estaba
colgado en una encina.
MEDEA 315
316 TRAGEDIAS

M edea. — Yo lo creía un castigo, pero, según veo, el


— ¿Por qué te empeñas, desdichada, en arras­
Jasón.
destierro es un favor.
tramos a los dos, a ti y a mí, a la ruina? Márchate, te
Jasón, — Mientras se te permite irte, huye y quítate
lo ruego.
de en medio; funesta es siempre la ira de los reyes.
M edea. — Hasta Creonte ha escuchado mis súplicas.
Medea. — Al darme ese consejo a mí, haces un favor 495
s is Jasón. — ¿Qué puedo hacer yo? Habla.
a Creúsa: le quitas de delante a una odiosa rival.
M edea. — ¿Por mí? Incluso un crimen.
Jasón. — ¿Medea me echa en cara mis amores?
Jasón. — Por aquí, un rey y por allí, otro m.
M edea. — Y tus muertes y tus fraudes.
M edea. — Hay aún algo más temible que ellos:
Jasón. — Vamos, ¿qué crimen puedes tú echarme
Medea. Déjanos entablar combate114: que Jasón sea la
en cara a mí?
apuesta.
M edea. — Todos los que yo he cometido.
Jasón. — Me rindo, agobiado por las desgracias.
Jasón. — Esto es lo que encima me faltaba, conver­
tirme también en culpable de tus crímenes. Teme tú también los golpes del azar que tantas veces
has probado.
Medea. — Tuyos, tuyos son mis crímenes: el que re- 500
520 M edea. — Siempre he estado yo por encima de todo
cibe el provecho de un crimen, ese es el que lo ha
tipo de fortuna115.
cometido... Que todos acusen de infame a tu esposa,
Jasón. — Acasto nos acosa.
defiéndela tú solo, llámala tú solo inocente. Para ti
M edea. — M á s cerca está el enemigo Creonte. Esca­
debe ser inocente todo aquel que por ti es culpable.
pa de los dos. No te fuerza Medea a que armes tus
Jasón. — Odiosa es una vida que da vergüenza ha­
berla recibido. manos contra tu suegro ni a que te manches matando
M edea, — No hay por qué conservar una vida que 505
a uno de tu familia116. Sin hacer daño a nadie, huye
conmigo.
da vergüenza haberla recibido.
525 Jasón. — Y ¿quién va a resistir, si se nos echa en­
Jasón. — Anda, mejor controla ese pecho excitado
cima una guerra doble, si Creonte y Acasto unen sus
por la ira. Cálmate, por tus hijos.
armas?
M edea. — Reniego de ellos, renuncio a ellos, no los
M edea. — Añádeles a ellos la gente de Cólquide; añá­
reconozco... ¿Va a dar Creúsa hermanos a unos hijos
deles también a Eetes, su jefe; une a los escitas con los
míos?
pelasgos: los hundiré a todos.
Jasón. — Sí; ella, la reina, va a dar hermanos a los
Jasón. — Me aterran los altivos cetros.
hijos de unos exiliados; ella, la poderosa, a unos des­
M edea. — No vayas a ambicionarlos, ten cuidado.
dichados.
Medea. — Que no llegue nunca para esos desgracia- 510
dos un día tan malo como para mezclar con una prole
vergonzosa una prole ilustre: a los descendientes de , 113 Creonte y Acasto. Se entiende «me acosan».
114 Aceptamos la conjetura de Gronovio conferre certamen
Febo con los descendientes de Sísifo112.
sine.
112 Febo es el abuelo de Medea. Sísifo, el fundador de Co- 115 Actitud típica del estoico (cf. Tiestes 365-6).
rinto. 116 A ca sto es su sob rin o.
MEDEA 317 318 TRAGEDIAS

Jasón. — Corta esta larga conversación; no vaya a 530 Jasón. — Todo lo he echado fuera de mi ánimo.
ser sospechosa. Yo, por mi parte, te ruego que domines tu carácter
M edea. — Ahora, supremo Júpiter, truena en todo el ardiente y te conduzcas con calma. La serenidad sua­
cielo, alarga tu diestra, prepara las llamas vengadoras viza las desgracias. (Se va.)
y sacude a todo el firmamento tras desgarrar las nubes. 560 Medea. — ]Se ha marchado! ¿Puede ser verdad?
No tienes que balancear el dardo en tu mano, mientras ¿Te vas, olvidándote de mí y de todo lo que yo he
eliges el blanco: o a mí o a ése; cualquiera de nosotros 535 hecho? ¿Soy algo ya pasado para ti? Nunca lo seré,
que caiga, perecerá un culpable. Contra nosotros no es jManos a la obra! w . Haz que acudan todas tus fuerzas
posible que tu rayo se equivoque. y artimañas. El fruto que has sacado de tus crímenes
Jasón. — Empieza a reflexionar con cordura y a ha­ es no considerar nada un crimen. Apenas hay ocasión
blar con calma. Si alguna cosa del palacio de mi sue­ 565 para una trampa; me tienen miedo. Acomete por la
gro puede aliviar tu destierro, pídela. parte por donde nadie puede temerse nada. ¡Ade­
Medea. — Mi alma, como tú sabes, es capaz de des- 540 lante, ahora mismo, ánimo!, intenta todo aquello de
preciar las riquezas de los reyes y además está acos­ que es capaz Medea y aquello de lo que no es capaz.
tumbrada a ello. Que se me permita tan sólo tener Tú, fiel nodriza, que compartes mi aflicción y los
como compañeros de destierro a mis hijos para derra­ avatares de mi suerte, presta ayuda a los propósitos
mar mis lágrimas sobre su regazo. A ti te esperan nue­ 570 de esta desdichada. Tengo un manto, regalo del cielo y
vos hijos. orgullo de mi casa y de mi reino, dado a Eetes por el
Sol en garantía de su linaje. Tengo también un collar
Jasón. — Me gustaría acceder a tus ruegos, lo con­
resplandeciente de oro trenzado y para el pelo una dia­
fieso, El amor de padre me lo impide. Desde luego, 545
dema de oro realzado con el brillo de piedras precio-
eso no intentaría hacérmelo soportar a mí ni él en
575 sas. Que mis hijos lleven a la novia de mi parte estos
persona, ni como rey ni como suegro. Ellos son mi
regalos, pero después de haberlos untado e impregna­
razón de vivir, ellos, el alivio de mi pecho consumido
do de funestos hechizos.
por los sufrimientos. Antes podría estar privado de
Hay que invocar a Hécate11S. Prepara un macabro119
respiración, de mis miembros, de la luz.
sacrificio. Que se levante el altar y que su llama crepite
Medea. — (Aparte.) ¿Así ama a sus hijos? M uy bien, 55o
ya en la casa.
ya está cogido. Se ha visto su punto vulnerable.
(A Jasón.) Que se me permita, al menos, al mar­ (Se retira dentro de la casa.)
charme hacerles unas últimas recomendaciones, que
117 Traducimos así el texto latino /20c age que es una frase
se me permita darles un último abrazo. También eso hecha del lenguaje técnico de los augurios y sacrificios. El
me consuela. inmolador preguntaba al sacerdote agone? (de ahí la denomina­
Ya, para terminar, te pido que no permanezcan en ción de dies agonales) y el sacerdote respondía age u hoc age.
tu ánimo mis palabras, si alguna ha lanzado la turba­ La frase aquí, como se ve, es altamente significativa.
118 Cf, nota 19.
ción de mi dolor; que se asiente en ti el recuerdo de 555 1,9 Adoptamos de Valenti Fiol esta traducción del término
una Medea mejor. Todo esto de ahora achácaselo a la letifica; probablemente es un neologismo del siglo 1 (cf. Lu-
ira y bórralo de tu memoria. ,
c a n o IX 901).
MEDIsA 319 320 TRAGEDIAS

No cuesta a nadie caro el camino trillado:


Coro
ve tú por donde a salvo pasó antes la gente
No es tanta la violencia de la llama ni la del huracán, 605 y en tu ímpetu no rompas las sacrosantas leyes
ni tan temible la de un dardo lanzado, 580 del universo.
como la de una esposa, cuando, por haber sido aban­
Todo aquel que tocó los nobles rem os124
arde de odio. [ donada,
de la atrevida nave y robó al Pelio
Ni cuando el austro cargado de nubes la densa sombra de su sagrado bosque,
las lluvias invernales ha traído y él H istro120 6io él que pasó entre escollos m ovedizos125
se lanza torrencial, echa abajo los puentes 585 y, tras haber sufrido tantísimos apuros de la mar,
y vaga errante; ató su amarra a bárbaras orillas
para volver ladrón de oro extranjero 126,
Ni cuando el Ródano se lanza hacia el abismo
con su cruel final expió la violación
o cuando el Hemo m, al fundirse las nieves 615 de las leyes del ponto.
por ser ya fuerte el sol y estar la primavera ya mediada,
se deshace en torrentes. 590 Vengó su ofensa él mar desafiado:
en primer lugar Tifis, domador del abismo,
Ciego es el fuego que prende la ira:
que abandonó el timón a un piloto inexperto;
ni quiere trabas, ni soporta el freno,
muriendo en costa extraña, lejos de los dominios de
ni le asusta la muerte; sólo ansia \_su padre m
lanzarse a las espadas. 620 yace entre oscuras sombras, cubierto por humilde se~
¡Piedad, oh dioses!, clemencia suplicamos, 59S Áulidem, desde entonces, en memoria [pultura.
que viva a salvo el que domó la mar. el Sol. No se atuvo a la ruta que le había sido trazada, provo­
Pero se ha enfurecido con la derrota del segundo reino cando grandes desastres, hasta que fue fulminado por Zeus.
el dueño del abismo m . 124 Empieza aquí a referirse al destino de los argonautas.
Por hipálage se aplica el calificativo «noble» a los remos, en
Cuando osó conducir el carro eterno un joven lugar de a los remeros. Recuérdese que la nave Argo había
sin atender al curso que seguía su padre, 600 sido construida con madera deí monte Pelio.
125 Puede referirse a las Planctae, islas del Ponto Euxino,
las llamas que en el cielo esparció en su locura
o a las Cyaneae, aunque también puede hacerse alusión a las
él las sufrió m. rocas Simplégades (cf. nota 86), ya que frecuentemente se
confunden unas con otras.
wo El Danubio inferior. 126 El vellocino de oro.
121 Montaña de Tracia. 127 Tifis era oriundo de Sifas, en Beocia. Murió en el país
122 Posidón = Neptuno. A la muerte de Crono el mundo de los mariandinos, en la costa del Ponto Euxino. Le sucedió
fue dividido en tres partes que fueron asignadas para que Anceo (cf. nota 18).
sobre ellas ejercieran su soberanía, la primera (el cielo) a 128 Aulide es un puerto de Beocia en donde la flota griega
Zeus, la segunda (el mar) a Posidón y la tercera (los infiernos, estuvo detenida mucho tiempo antes de partir para Troya.
el mundo subterráneo) a Hades (cf. Hércules, nota 111). Séneca parece querer relacionar así las dos famosas expedicio­
123 A Faetón se le permitió conducir el carro de su padre, nes griegas.
MEDEA 321 322 TRAGEDIAS

del rey perdido, en sus calmosos puertos Postró a Anceo el jabalí de impetuoso ataque134.
aprisiona los barcos, que se quejan Meleagro, a los hermanos de tu madre
de estar parados. 645 impíamente inmolas y mueres a manos
de la ira de tu madre135. Fueron culpables todos
Aquel famoso hijo de musical Camena129 625
del crimen que muriendo pagó él tierno
ai son de cuyas cuerdas tañidas por el plectro meló­
mancebo al que el gran Hércules hallar no pudo,
se detuvo el torrente, se callaron los vientos, Idioso
un niño, ¡ay!, arrastrado entre aguas sin peligro136.
cuando las aves, dejando su canto,
650 ¡Hala, ahora, valientes, recorred el ponto
acudieron seguidas de la selva entera, .
si una fuente es temible!
cayó desparramado por los campos de Traciam 630
y flotó su cabeza sobre el Hebro funesto 131: A Idmón aun cuando conocía bien los hados
arribó al Tártaro y a la laguna Estigia, que él ya cono- lo enterró una serpiente en las arenas libias137;
para no volver más. \_cía132 para todos veraz, sólo para sí falso
Postró el Alcidam a los hijos de Aquilón, 655 Mopso cayó y no volvió a ver Tebas.
dio muerte al que Neptuno había engendrado, 635 Si él vaticinó bien lo futuro,
que solía adoptar innumerables formas, andará errante el marido de T etis138.
Después de apaciguar tierras y mares, Nauplio, que con su fuego engañador dañaría a los Ar-
después de abrir los reinos del fiero Dite, caerá de cabeza a los abismos [givosI39,
recostándose aún vivo sobre el fuego del Eta,
encomendó sus miembros a las crueles llamas, 640 134 Anceo, otro de los argonautas; murió durante la cacería
víctima del veneno de una sangre híbrida, del jabalí de Calidón.
don de su esposa. 135 Meleagro, hijo de Eneo y Altea y hermano de Deyanira,
fue quien dio muerte al jabalí de Calidón. En la disputa por
los despojos del animal dio muerte a sus tíos maternos; enton­
ces su madre se venga arrojando al fuego para que se consuma
129 Orfeo, hijo de la musa Calíope, Las «Camenas» eran unas el leño del cual dependía la vida de Meleagro (cf. R u iz de
diosas romanas identificadas desde muy pronto con las Musas E lvira, Mitología..., págs. 322 y sigs.).
griegas. 136 Hilas, un muchacho favorito de Hércules que, estando
130 p o r llevar una vida célibe fue destrozado por las muje­ los Argonautas en Misia, fue a buscar agua y las Náyades de
res tracias, las cuales arrojaron su cabeza al río Hebro. la fuente se enamoraron de él y lo raptaron.
131 Rio de Tracia. 137 El adivino Idmón murió en el país de los mariandinos
132 Por haber bajado antes al Hades a rescatar a Eurídice. atacado por un jabalí. Fue Mopso a quien mató una serpiente
133 Hércules, hijo de Alceo. Se cantan en esta estrofa varias en Libia. Ante este error se ha intentado a veces corregir el
de sus hazañas: su venganza sobre Zetes y Calais, hijos de texto, pero puede tratarse simplemente de una confusión de
Aquilón (= Bóreas; viento del norte); la muerte de Periclime- Séneca.
no en la expedición contra Pilos; su pacificación del mundo 138 Peleo.
(cf. Hércules loco 250, 882 sigs.); su bajada a los infiernos de 139 Los Argivos son los griegos. Nauplio, para vengar la
donde sustrajo al perro Cérbero; su muerte en el Eta a causa muerte de su hijo Palamedes en Troya, destruyó la flota griega
de la túnica que le ofreciera su esposa Deyanira, envenenada atrayéndola con señales luminosas hacia unos escollos de
con sangre del centauro Meso (cf. nota Í68). Eubea.
MEDEA 323 324 TRAGEDIAS

t y por culpas paternas sufrirá castigo f y arrastrar hacia sí el cielo arremetiendo contra los
el hijo de O ileo140 seo dioses: más grande que ésas, más grande es la mons­
muriendo entre los rayos y las olas; truosidad que prepara Medea.
redimiendo él destino de tu esposo el de Feras141 675 En efecto, en cuanto con paso enloquecido se mar­
tú, su mujer, darás por él la vida. chó y llegó a su funesto retiro, desplegó todos sus
recursos y todo aquello que incluso ella misma durante
Hasta aquel que mandó traer como botín
mucho tiempo había temido, lo saca a la luz y des­
el vellocino de oro en la primera nave, 665
pliega un tropel de maleficios, cosas arcanas, secretas,
Pelias, cocido en un caldero hirviendo,
680 ocultas y f tocando con su mano izquierda el lúgubre
ardió perdido en tan angostas otas.
altar144 invoca a cuantas calamidades cría la arena de
Ya habéis vengado, oh dioses, al mar lo suficiente: per-
la ardiente Libia, a las que entre sus nieves perpetuas
a quien lo hizo obligado uz. [donad
aprisiona el Tauro congelado por el frío de la Osa ws, y
a todo tipo de monstruos.
685 Arrastrada por los mágicos sortilegios, la escamosa
ACTO CUARTO
turba146 deja sus escondrijos y se hace presente: aquí
una feroz serpiente arrastra un cuerpo inmenso y saca
N o d r iz a -M ed ea
una lengua de tres puntas y busca a quien poder alcan­
m. — Pavor siente mi alma, horror; una 670
N o d r iz a zar y darle muerte; al oír el hechizo se paraliza y re­
gran catástrofe se avecina. Es espantoso cómo crece pliega su cuerpo, que se hincha al amontonarse los
su angustia y se inflama a sí misma y recobra la vio­ 690 nudos, y lo enrosca: «Pequeños son — dice— los males
lencia de antaño. Yo la he visto delirar muchas veces y sin fuerza el dardo que la tierra produce en sus
entrañas; al cielo voy a pedir yo los venenos. Ya, ya
es tiempo de urdir algo que quede por encima de un
mo Áyax Oileo.
141 Alcestis se ofreció a morir por su marido Admeto, el rey vulgar maleficio.
de Feras (Tesalia). Hasta aquí descienda el famoso reptil que se esti-
142 Jasón fue a buscar el vellocino de oro por orden de 695 r a a modo de un enorme torrente, cuyos inmensos
Pelias. nudos sienten las dos fieras, la mayor y la menor (la
143 Describe horrorizada la nodriza en este monólogo todos
los preparativos de brujería que Medea lleva a cabo para su mayor, propicia a los pelasgos; a los sidonios, la me­
venganza, un tema muy apropiado para un tratamiento efectis­ nor) 147 y que Ofiuco148 afloje por fin sus manos y deje
ta: brujas y sortilegios son un tema de considerable incidencia
en la literatura greco-romana (la maga Circe, en Homero; 144 ei texto y el sentido de este verso (680) no son claros.
T e ó crito , Idilio II; V irgilio, Égloga V III; H oracio, Epodo V 145 Todas las regiones de la tierra, desde las más cálidas
—muy próximo a la descripción que aquí hace la nodriza—). a las más frías.
Las brujas de Tesalia eran especialmente famosas (cf. Luca- 146 Los reptiles.
NO, V I 436 y sigs.). 147 Se refiere a la constelación del Dragón que parece rep­
La importancia de este tipo de temas en las obras literarias tar entre las dos Osas. Los griegos (pelasgos) solían orientarse
no hace sino reflejar la efectiva existencia de todas estas prác­ con la Osa mayor; los fenicios, con la Menor.
ticas mágicas en la vida real en el mundo antiguo. 148 Ophiuchus (ophioúchos = el que lleva la serpiente),
MEDEA 325
326 TRAGEDIAS

derramarse el veneno. Que acuda a mis encantamien­


tos Pitón, que se atrevió a acosar a los dioses gerne- 700 720 aquellos venenos se los ofreció el Atos hemonioi52;
los 349 y vuelvan también Hidra con todas sus serpien­ éstos, el imponente Pindó; aquella planta perdió su
tes, que eran cortadas por la mano de Hércules y tierna cabellera en las cumbres del Pangeo 353 al golpe
renacían de su propia muerte130. Tú, también, deja a de una sangrienta hoz; a éstas las alimentó el Tigris,
los coicos y ven, serpiente siempre en vela, a la que al estrechar su profundo cauce; a aquéllas, el Danu-
725 bio; a éstas, el Hidaspes m, que corre cargado de per­
adormecieron por vez primera mis sortilegios».
Después que hubo invocado a todo el linaje de las 705 las con sus aguas tibias por áridos parajes, y el Betis,
serpientes, reúne en un montón los maleficios de funes­ que dio nombre a sus tierras y que bate los mares de
tas hierbas: cuantas produce el Érix de inaccesibles Hesperia con lánguida corriente153.
peñascos, las que da en sus cumbres cubiertas de per­ Esta planta sufrió la herida de la hoz cuando Febo
petuas heladas el Cáucaso, regado con la sangre de prepara el día; el retoño de aquella fue cercenado a
Prometeo y aquellas con que suelen untar sus flechas 730 altas horas de la noche; en cambio, el fruto de esta
los ricos árabes y el medo belicoso con la aljaba o los 710 otra lo cortó una uña encantada.
veloces partos, O los jugos que bajo un cielo helado Toma las mortíferas hierbas y exprime la ponzoña
recogen las nobles suevas en los bosques [hercinios] 151. de las serpientes y les mezcla también aves siniestras
Todo cuanto cría la tierra en la primavera, cuando se y el corazón de un lúgubre búho y visceras de ron­
hacen los nidos, o cuando el riguroso invierno echó al 7 1 5 ca lechuza extraídas aún viva.
suelo la hermosura de los bosques y lo encadenó todo 735 Todas estas cosas la urdidora de crímenes las va
con gélidas nevadas, y cuantas hierbas de flor mortí­ poniendo cada una en su sitio: unas poseen la arreba­
fera crecen y aquellas cuyas raíces exprimidas dan tadora violencia de las llamas, otras la helada rigidez
un jugo que produce la muerte; todo eso lo manosea: de un frío entorpecedor.
Adañe a los venenos fórmulas no menos temibles
que ellos.
constelación que se imagina como sujetando una serpiente Escuchad, se la oye con paso enloquecido y reci­
con ambas manos. tando fórmulas mágicas.
149 Pitón, la serpiente de Delfos, persiguió a Leto cuando El universo se estremece en cuanto empieza a ha­
tenía en su vientre a Apolo y Diana. blar.
150 La Hidra de Lerna, monstruo de varias cabezas que vol­
vían a crecer al ser cortadas. Fue la segunda de las pruebas
de Hércules.
151 La lectura de los manuscritos es Hyrcaniis. Si se acepta, 152 Hemonia es el antiguo nombre de Tesalia. Se inicia aquí
hay que suponer que Séneca ha confundido Hyrcanius (al SE uno de los catálogos geográficos tan del gusto de Séneca, y no
del mar Caspio) con Hercynius (nombre de la montaña de exentos de errores, por ejemplo, el monte Atos no está en Tesa­
Germania, que sería de esperar aquí, dada la alusión al pue­ lia, sino en Calcídica.
blo de los suevos, que habitaban al N y NE de Germania). 153 Promontorio de Tracia, frente a Macedonia.
Puede también (es lo que supuso Arantius con su conjetura) 154 Río de la India que arrastraba en su caudal piedras
que Séneca escribiese Hercyniis y la confusión con Hyrcaniis preciosas.
se produjera después. 155 Estos cuatro ríos marcan los confines (respectivamente
Sur, Norte, Este y Oeste) del mundo entonces conocido.
MEDEA 327 328 t r a g e d ia s

Medea156. — Y o os conjuro, tropel de sombras siten- 740 a Sísifo hacia atrás por los peñascos161.
y también a vosotros, dioses funerarios, [ciosas, Y vosotras, Danaides, a quienes burla la frustrante tarea
y al ciego Caos y a la mansión oscuradel tenebroso de unas vasijas agujereadas,
las cuevas de la muerte espeluznante [Dite: acudid todas juntas,
cercadas f por los límites del Tártaro157: este día requiere vuestras manos m.
descansad de suplicios m, almas, y corred Acude ya, invocada
a una boda inaudita. 750 por mis conjuros, astro de las noches,
Deténgase la rueda que retuerce sus miembros revestida del más terrible aspecto,
y toque Ixión el suelo 159; amenazando con tu múltiple fren te163.
que Tántalo a sus anchas pueda beber las aguas de 745
que sólo para él suegro de mi esposo [Pirene160; Por ti, al modo de mi raza, soltando la atadura de
se mantenga y se agrave la condena: mi pelo, recorrí la espesura de los bosques con el pie
que la resbaladiza piedra haga rodar 755 desnudo e hice caer agua desde las nubes secas e hice
retroceder a los mares hasta lo más profundo, y el
océano al haber yo vencido las mareas, retiró sus po­
156 Llena toda esta escena un largo parlamento de Medea, derosas olas.
ocupada en sus mágicos encantamientos. Es una larga mo­ Y el universo, turbadas las leyes del firmamento
nodia, sin paralelos en el drama antiguo, en la que Séneca contempló al mismo tiempo el sol y las estrellas, y vos­
despliega una variada serie de recursos expresivos tanto de
otras, Osas, tocasteis el mar que os estaba vedado164.
forma cuanto de fondo.
Se pueden reconocer en ella cuatro partes, claramente mar­ 760 Yo he alterado el turno de las estaciones: a mi con­
cadas por los cambios de metro (como en otras ocasiones, in­ juro, produjo flores la tierra en verano, se vio forzada
tenta reflejar esta estructura la traducción): véase el esquema
estructural de la obra.
157 Intentamos mantener en este verso (742) el texto de los 161 El verso 746 («que sólo... condena») interrumpe la enu­
mss.: Tartarí ripis ligatos squalidae mortis specus. El difícil meración de los condenados. Por eso se ha intentado a veces
sentido de este verso ha inducido a muchos editores a diversas corregir el texto de este pasaje o trasponer este verso después
conjeturas. del 749. Resulta también en un principio chocante que sólo sea
158 La alusión a las torturas de condenados famosos es muy Sísifo a quien no se desee liberar de su condena. Sísifo, en
frecuente en las tragedias de Séneca: Hércules loco 750 y sigs.; cuanto legendario fundador de Corinto, se considera aquí como
Fedra 1229 y sigs.; Agamenón 15 y sigs.; Hércules en el Eta antepasado de Creonte. Esto puede explicar el hecho de que se
942 y sigs., 1068 y sigs. insista en su condena y despeja además la dificultad del verso
159 Ixión, por haber intentado forzar a Juno, sufría el cas­ 746, a que acabamos de referirnos.
tigo de permanecer atado a una rueda que nunca se detenía. 162 Las Danaides son las hijas de Dánao. Por haber dado
160 Tántalo mató a su hijo Pélope y lo sirvió de comida a muerte a sus maridos fueron condenadas en los infiernos a
los dioses (cf. Tiestes, notas 16 y 17). Se le culpaba también de llenar de agua unos recipientes agujereados (cf. Ruiz de E lvira,
orgullo, de haber revelado secretos de los dioses o haberles Mitología..., págs. 130 y sigs.).
robado néctar ambrosía. Se le considera normalmente rey de 163 Invocación a Hécate: de ahí el femenino de «invocada»
Frigia o Lidia, aunque Séneca parece seguir otra versión que lo y «vestida» así como la expresión «múltiple frente». (Recuér­
hacía rey de Corinto. Pirene era una famosa fuente de Corinto. dese «Recate triformis», cf. nota 19).
164 Cf. Hércules loco, nota 20.
MEDEA 329
330 TRAGEDIAS

Ceres a ver copiosas mieses en invierno; el Fasis hizo


Súmales unas plumas de Estinfálide, herida tras sufrir
volver a la fuente su impetuoso caudal y el Histro,
los dardos empapados en sangre lerneam.
que en tantas bocas se divide, contuvo sus violentas
785 Tú ya has sonado, altar; yo reconozco el temblor de mi
aguas, deslizándose indolente por todos sus cauces 165.
cuando la diosa asiente112. [ trípode
Han bramado las olas y se ha hinchado el mar em- 765
Ya veo el ágil carro de la de tres caminos173,
bravecido, aun con el viento en silencio; la mansión
no el que radiante y en su plenitud
del bosque ancestral ha perdido su oscuridad a una
conduce por la noche, sino el que amarillenta
orden de mi voz. Sin hacer caso a la hora, Febo se ha
790 y con un rostro triste, cuando atormentada
colocado en el centro y las Híades, conmovidas por mis
por conjuros tesalios el cielo recorre
sortilegios, vacilan. Es el momento, Febo, de acudir a 770
con las riendas más cortas. Esparce de esta forma por
tus ritos.
la luz funesta de tu pálida antorcha, [los aires
haz temblar a los pueblos de un horror inaudito
Para ti teje mi mano ensangrentada estas guirnaldas
795 y que, para auxiliarte, los Corintios
atadas cada una con nueve serpientes 166.
hagan sonar sus ricos bronces, oh Dictina m.
Son para ti estos miembros que llevó él rebelde Tifeo,
A ti sobre esta hierba ensangrentada
aquel que hizo temblar los dominios de Júpiter161.
te ofrezco el sacrificio ritual. Por ti esta antorcha,
Hay aquí sangre de la montura pérfida; 775
arrancada de en medio de una fúnebre pira,
me la dio, al morir m, Neso.
eoo ha levantado su Uama nocturna. Por ti, moviendo
Son resto estas cenizas de la pira del Eta, que bebió
la cabeza y torciendo el cuello175, he dado gritos.
con el que murió Hércules. [el veneno
Aquí ves el tizón de una hermana piadosa, de una ma­
mujer que acosaban constantemente a Fineo, rey de los Tracios,
la vengativa Altea169. \_dre impía: 780 quitándole o ensuciándole los alimentos, hasta que fueron pues­
Dejó estas plumas, cuando huía de Zetes, una Harpía tas en fuga por los dos argonautas, Calais y Zetes (cf. Hércu­
en su antro inaccesible m. les loco, nota 122).
171 Las Estinfálides eran otras aves monstruosas que se
165 Enumera aquí Medea una serie de ad$nata (cf., p. ej., habían refugiado en el lago Estinfalo, en Arcadia. Uno de los
nota 93), tópicos en general y frecuentemente aducidos como trabajos de Hércules consistió en matarlas con flechas enve­
ejemplo del poder de las brujas. nenadas con la sangre de la Hidra de Lerna.
166 Empieza aquí la enumeración de las ofrendas. El nú­ 172 El ruido del fuego del sacrificio era significativo para
mero tres y sus múltiples son números rituales y mágicos. la eficacia del rito. En su invocación a Hécate recuerda Medea
J67 xifeo o Tifón es un ser monstruoso, hijo de Gea (la el procedimiento (el trípode, cf. nota 45) del oráculo de Apolo
Tierra) y del Tártaro, que aterró a los dioses hasta que Júpiter en Delfos.
lo aplastó, lanzando sobre él el monte Etna. 173 Hécate, cf. nota 19.
168 centauro Neso raptó a Deyanira. Fue matado por i"7* Otro apelativo que se aplica a Diana por asociarla o
Hércules y al morir dejó a Deyanira su sangre en la idea de confundirla con la diosa cretense Britomartis. A los eclipses se
que le serviría de filtro amoroso para recuperar el amor de les solía dar un significado mágico-religioso, interpretándolos
Hércules, pero en realidad era un veneno mortal (cf. nota 133). como efecto de encantamientos de las brujas sobre la luna.
169 La madre de Deyanira y Meleagro (cf. nota 135), Para contrarrestar tales efectos se hacían sonar objetos metá­
170 Las Harpías son unas aves monstruosas con rostro de licos, sobre todo de bronce.
175 Movimientos rituales.
MEDEA 331 332 TRAGEDIAS

Por ti una cinta ciñe mi pelo suelto Tengo llamas robadas de la garganta ardiente
y cuelga al modo de los funerales. 830 del to ro m, a las que, tras haber mezclado
Por ti se agita la lúgubre rama [Ménade, la hiel de la Medusa, he dado orden
sacada de las aguas de la Estigia; por ti, como una 805 de mantener oculto el maleficio. Añade tú vigor
con el pecho desnudo, mis brazos voy a herir a mis venenos, Hécate, y conserva
con sagrado cuchillo. Que mane nuestra sangre las semillas de llama ocultas en mis dones;
hasta el altar: acostúmbrate, mano, 835 que engañen a la vista, que soporten el tacto;
a asir el hierro y a poder soportar penetre su calor hasta el pecho y las venas;
que se derrame la sangre querida... Ya me he herido sio derrítanse los miembros, echen humo los huesos
y él líquido sagrado he derramado. y la recién casada con el cabello ardiendo
Y, si te quejas de ser invocada más veces de la cuenta supere a las antorchas de su boda.
por mis votos, perdona, te lo ruego: 840 Mis ruegos son oídos: tres veces un ladrido
la causa de invocar, oh hija de Perses m, la audaz Hécate ha dado y de su antorcha
tantas veces tu arco177 es una y sólo una 815 ha hecho brotar las llamas sacrosantas m.
siempre: Jasón.
Tiñe tú ahora la ropa de Creúsa (A la nodriza.) Todo el poder de mis hechizos ha al­
para que en cuanto se la ponga la consuma canzado su objetivo; llama a mis hijos y haz llegar
una llama furtiva hasta la medula. a manos de ellos estos preciosos dones a la novia.
Hay encerrado en el oscuro oro 820 {Entran los hijos.)
un fuego misterioso, que a mí me regaló 845 Id, id, hijos, descendencia de una madre siniestra,
él que paga los hurtos que hizo al cielo con su hígado granjeaos con este regalo y con súplicas insistentes a
Prometeo, quien me enseñó a esconder [fecundo, vuestra señora y madrastra. Andad y volved rápida­
hábilmente sus fuerzas. Me ha dado también Múlci- mente a casa para que pueda sentir el gozo de un últi­
Uamas envueltas en vapores de azufre \berm 825 mo abrazo.
y estos destellos de llama vivaz
de mi pariente Faetón me vienen m. Coro
Tengo dones de la parte central de la QuimeraIS0.
¿Hacia dónde la ménade cruenta
176 Según una leyenda (cf. H esíodo, Theog,, 409 y sigs.) Hé- 85o se lanza arrebatada por su amor
cate era hija de Perses, rey de los Tauros (c f. R u iz de E lvira ,
Mitología.... págs. 417). de cabra vomitando fuego y el final de serpiente. Fue matado
177 Referencia al otro aspecto de esta misma divinidad Hé- por Belerofonte con ayuda del caballo Pegaso.
cate —Luna— Diana: el arco, símbolo del poder de Diana caza­ 181 El minotauro. Cf. w . 241 y sigs.
dora. 182 Se asocia frecuentemente a Hécate con perros inferna­
178 Vulcano. les. Por eso su presencia se manifiesta con ladridos. Recuér­
179 Medea era nieta del Sol, del cual era hijo Faetón. dese lo que dijimos antes sobre el valor mágico del número
180 Quimera era un monstruo cuya representación más fre­ tres. Hécate con su antorcha hace arder el fuego sagrado del
cuente es a base de león por delante, luego una parte central altar, manifestando así su asentimiento.
334 TRAGEDIAS
MEDEA 333

rabioso? ¿Qué desastre


prepara con furor desenfrenado? ACTO QUINTO
Su rostro, contraído por la ira,
está yerto y, con feroces sacudidas
agitando arrogante la cabeza, 855 M ensajero 1S4-Coro-N odriza-M edea-Jasón
amenaza hasta al rey.
¿Quién la creyera una desterrada? M ensajero. — Todo se ha [Link] ha venido
Arden enrojecidas sus mejillas, 880 abajo la estructura del reino. Hija y padre yacen, mez­

la palidez ahuyenta el enrojecimiento: cladas sus cenizas.


en su actitud cambiante 860 Coro. — ¿En qué trampa han caído?
ningún color conserva mucho tiempo. M ensajero. — En la que suelen caer los reyes: los
Acá lleva sus pasos y hacia allá regalos.
igual que la tigresa privada de sus hijos Coro. — ¿Qué traición ha podido haber en ellos?
en furiosa carrera rastreando M ensajero. — Yo mismo, incluso, estoy extrañado e,
la foresta del Ganges. 865 incluso ahora que la desgracia ya se ha producido, a
Frenar no sabe Medea sus iras duras penas me convenzo de que haya podido suceder.
tampoco sus amores; Coro, — ¿Cóm o ha sido la catástrofe?
ira y amor ahora sus causas han unido: 885 M ensajero. — Un fuego voraz se extiende con furia
¿cuál será el resultado? por todos los lugares del palacio, como si obedeciera
¿Cuándo se va a marchar de los campos pelasgos 870 una orden: el edificio entero se ha derrumbado ya. Se
la infame hija de Cólquide teme por la ciudad.
y va a librar del miedo C oro. — Que el agua sofoque las llamas.
al reino y a sus reyes? M ensajero. — Incluso esto ha sido prodigioso en
Ahora, Febo, lanza ya tu carro ese desastre: el agua aviva las llamas y cuanto más se
sin retención alguna, a rienda suelta; 875 890 intenta detenerlo, más arde el fuego: se nos ha ade­
que una noche apacible sepulte la luz, lantado adueñándose de nuestras propias defensas con­
que a este temible día lo sumerja tra él. (Se va.)
H éspero183, que es el guía de la noche. N odriza. — Apresura tu marcha fuera del país de
Pélope185, Medea, vete a toda prisa a una tierra cual­
quiera.

184 Aquí la intervención del mensajero es muy breve: pro­


bablemente Séneca no haya querido detenerse en la descripción
del desastre de Creonte y Creúsa para no interrumpir la inten­
183 La estrella de la tarde (cf. nota 38). sidad dramática, ascendente hasta la culminación con la ven­
ganza de Medea.
185 Corinto: Tántalo, el padre de Pélope, fue rey allí.
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Medea. — ¿Alejarme yo? Si hubiese huido antes, En mi necedad me he dado demasiada prisa: ¡ojalá
volvería para esto. Estoy gozando del espectáculo de 920 tuviera mi enemigo algunos hijos de mi rival!... Cuan­
unas bodas inauditas... ¿Por qué pierdes aliento, alma 895 to tú tienes de él Creúsa lo ha parido188.
mía? Prosigue el éxito de tu impulso. Esa parte de tu
He decidido esta forma de castigo y lo he decidido
venganza de que ya estás gozando, ¿qué significa? Amor
con razón: el crimen extremo hay que prepararlo ha-
sientes aún, insensata, si te es suficiente dejar viudo
925 ciendo acopio de valor: hijos, antaño míos, pagad vos­
a Jasón. Busca un tipo de castigo musitado y prepárate
otros el castigo por los crímenes de vuestros padres.
a ti misma en este sentido: que se aparte a un lado 900
todo lo sagrado, sea expulsado lejos el pudor; leve es El horror ha empezado a sacudir mi corazón, mis
la venganza que llevan a cabo unas manos puras. Entré­ miembros están rígidos de escalofrío, y mi pecho se
gate a la ira y despierta tu languidez y apura por com­ ha puesto a temblar. Se ha apartado la ira y vuelve
pleto con toda tu fuerza los viejos ímpetus desde lo la madre en su plenitud, echando fuera a la esposa.
más hondo de tu pecho. ¿Derramar yo la sangre de mis propios hijos y de mi
930 propia prole? Piénsalo mejor, ¡a y !, insensata locura,
Que todo a lo que has llegado hasta ahora, sea con- 905
ese crimen inaudito y esa espantosa impiedad, ¡lejos
siderado benevolencia ¡Manos a la obra! 186. Yo haré
de mí también! ¿Qué delito van a expiar los desgracia­
que sepan qué insignificantes y qué del montón fueron
dos? El delito és tener a Jasón por padre y, delito aún
los crímenes que yo he cometido por él. Estos han sido
mayor, a Medea por madre... Que sucumban, no son
un entrenamiento para mi dolor: ¿a qué cosa grande
935 míos; que perezcan, míos son. Libres están de delito
podían atreverse unas manos inexpertas?, ¿a qué, los
y de culpa, son inocentes: lo confieso. También lo fue
violentos arrebatos de una muchacha? Ahora soy Me- 910
mi hermano. ¿Por qué vacilas, alma mía? ¿Por qué rie­
dea: mis dotes naturales han ido creciendo con los
gan mi rostro las lágrimas y, envuelta en contradic­
males. Me alegro, sí, me alegro de haberle arrancado a
ciones, ora me lleva en un sentido la ira, ora en otro
mi hermano la cabeza, me alegro de haber despedaza-
el amor? Una doble marea me arrastra en mi indeci-
zado sus miembros y de haber despojado a mi padre
940 sión: como cuando los vientos impetuosos entablan
de su bien guardada reliquia187, me alegro de haber
una guerra cruel y de uno y otro lado se levanta la
armado a unas hijas para perdición de un anciano.
mar en olas que entrechocan y el piélago hierve agita­
Busca un objeto, dolor: para cualquier fechoría 915 do, no de otro modo es el oleaje de mi corazón. La ira
podrás contar con una diestra nada inexperta. ¿A dón­ ahuyenta al cariño y el cariño a la ira. Cede al cariño,
de, pues, te lanzas, irá, o qué tipo de armas preparas
resentimiento.
contra el enemigo? Algo atroz ha decidido mi alma en
945 Criaturas queridas, único consuelo de mi atormen­
su interior y aún no se atreve a confesárselo a sí
tado hogar, venid aquí y echaos sobre mí en estrecho
misma.

186 c [Link] 117. 188 Medea se dirige aquí a sí misma autoconvenciéndose de


que debe considerar a sus hijos como si lo fueran de Jasón
187 El vellocino de oro.
y Creúsa.
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abrazol89. Que os tenga a salvo vuestro padre, con tal retorciéndose al sacudir el látigo. ¿Contra quién viene
de que también vuestra madre os tenga... Pero apre­ Megera con su terrible tizón?193.
mia el destierro y la huida. Ahora mismo me los arre­ ¿De quién es esa sombra que avanza vacilante con
batarán arrancándomelos del regazo entre llantos y 950 los miembros dispersos? Es mi hermano, reclama ven-
gemidos. jOh, qué crimen!... Que perezcan para su 965 ganza. Yo te la voy a ofrecer, y completa.
padre: para su madre ya han perecido. Clava194 en mis ojos tu antorcha, destrózame, abrá­
De nuevo se acrecienta mi resentimiento y me hier­ same; aquí está mi pecho descubierto ante las Furias.
ve el odio; la Erinis190 de otros tiempos vuelve a bus­ Que se alejen de mí, hermano, las diosas vengadoras
car mi mano contra mi voluntad. Ira, por donde tú y que se vayan tranquilas a la profundidad de los Ma­
me llevas, yo te sigo. nes 195, ordénaselo. Déjame a mí por mi cuenta y sír-
¡Ojalá hubiese salido de mi vientre la prole de la 970 vete, hermano mío, de esta mano que ha empuñado la
orgullosa hija de Tántalo191 y hubiese yo parido dos 955 espada... (mata a uno de sus hijos)... Con esta víctima
veces siete hijos. Estéril he sido para la venganza: dos aplacamos a tus Manes...
he parido, lo bastante para mi hermano y para mi ¿Qué nos trae ese repentino tropel? Acuden a las
padre. armas y me buscan para darme muerte. Subiré a lo
¿A dónde va esa turba de Furias desmandada? m . alto del tejado de mi casa, ahora que ya está empezada
¿A quién busca o hacia dónde prepara el ataque de la matanza. (Al hijo superviviente.) Ven tú en mi com-
sus llamas o contra quién esgrime sus ensangrentadas 96o 975 pañía. (Al cadáver del otro hijo.) Me llevaré también
antorchas ese infernal ejército? Un enorme reptil silba de aquí tu cuerpo conmigo.
Ahora, manos a la obra, alma mía. Tu valor no
debe perderse quedando oculto; prueba ante el pueblo
A medida que se acerca el momento decisivo se va agu­ el poder de tu mano.
dizando la lucha interna de Medea: de ahí la incoherencia de Jasón. — Acudid corriendo, cuantos con lealtad sen­
sus expresiones, que en más de una ocasión han hecho a los tís la ruina de vuestros reyes, a apresar a la propia
estudiosos dudar sobre la corrección del texto.
980 urdidora de este horrible crimen. Aquí, aquí, soldados
190 Las Erinis, cf. Hércules loco, nota 148. Su equivalente
latino son las Furias, aunque Séneca parece distinguirlas de aguerrida cohorte; aunad vuestras armas, echad aba­
ellas, según se puede ver más abajo. jo la casa desde sus cimientos.
191 Níobe, de cuyo matrimonio con Anfión nacieron siete M edea. — (Desde el tejado.) Ahora, ahora he reco­
hijos y siete hijas; orgullosa como su padre, llegó a menospre­ brado el cetro, el hermano, el padre, y los coicos poseen
ciar por ello a Latona, impidiendo incluso que las tebanas le
diesen culto. Apolo y Ártemis, los dos hijos de Latona, venga­ el despojo del carnero de oro. Ha vuelto a mí mi reino,
ron a su madre, matando a flechazos a todos los hijos de la virginidad que me robaron ha vuelto a mí.
Níobe.
192 En su frenética fantasía ve ahora Medea acercándose
hacia ella a las Furias y al espíritu de su hermano. 193 Los nombres de las Erinis eran Alecto, Tisífone y Me­
Las Furias o las Erinis se representan con aspecto horri­ gera.
pilante: cabellera de serpientes, blandiendo látigos que también Se dirige a Megera.
son serpientes y portando antorchas. Cf. versos 14 y sigs. 195 A los infiernos.
MEDEA 339 340 TRAGEDIAS

¡Oh divinidades, al fin propicias! ¡Esto sí que es un 985 Jasón . — Uno solo es suficiente para mi castigo.
día de fiesta y un día de boda! M edea. — Si pudiera con una sola muerte quedar
Adelante, cumplido está ya el crimen; la venganza, 1010 saciada esta mano, ninguna habría buscado. Aun ma­
todavía no. Llévala a término mientras tus manos están tando a los dos, es una cifra demasiado corta para el
dispuestas. resentimiento que yo tengo. Por si en mi vientre de
¿Por qué te detienes ahoia, alma mía? ¿Por qué madre se oculta todavía alguna prenda de nuestro
vacilas, siendo como eres capaz? Ya se ha venido abajo amor, escrutaré con la espada mis entrañas y con el
mi ira... Siento arrepentimiento de lo que he hecho, y hierro lo echaré fuera.
vergüenza. ¿Qué he hecho yo, miserable? ¿Miserable? 990 Jasón. — Termina de una vez el crimen que has em-
A buena hora me arrepiento, ya lo he hecho... Un in­ 1015 pezado, ya no te ruego más, y ahorra al menos la

tenso placer me penetra a pesar mío y mirad cómo va demora a mis suplicios.
aumentando. M edea. — Disfruta lentamente del crimen, no tengas
Esto era lo único que me faltaba: el espectador prisa, resentimiento: el día es mío; estoy empleando
ese196. Tengo la sensación de no haber hecho nada has­ el plazo que se me ha dado m.
ta este momento: cualquier crimen que yo haya hecho Jasón. — Malvada, a mí, mátame a mí.
sin que ése lo vea de nada ha servido. Medea. — Me pides compasión. Está bien (mata al
Jasón. — Ahí la tenéis, asomándose al borde del te- 995 segundo hijo). Ya está. No he tenido más cosas que
jado. Que alguien arrastre el fuego hasta aquí, a ver si 1020 inmolarte, resentimiento. Esos ojos hinchados, leván­

cayera abrasada por las llamas que ella misma provocó. talos hacia acá, ingrato Jasón. ¿Reconoces a tu esposa?
Medea. — Prepara esa hoguera funeraria para tus (Se ha transfigurado. Un carro alado desciende del cie­
hijos, Jasón, y levántales su sepulcro. Tu esposa y tu lo). Así acostumbro yo a huir198.
suegro ya han recibido las honras debidas a los que Se me ha abierto un camino hacia el cielo: dos ser­
mueren: yo les he dado sepultura. Este hijo ya ha 1000 pientes ofrecen al yugo sumisamente sus cuellos esca­
cumplido su destino; éste recibirá el mismo tipo de mosos.
muerte ante tus ojos. Toma ya a tus hijos, padre. (Le arroja los cadáve­
Jasón. — Por todos los dioses, por la huida que em­ res).
prendimos juntos, por nuestro lecho que no fue vio­
lado por mi infidelidad, perdona, te lo ruego, a ese 197 El plazo de un día, concedido por Creonte.
m Medea huye sobre un carro. Numerosas fuentes (A po-
hijo. Si alguna culpa hay, mía es. Yo me ofrezco a la 1005
lodoro, I 9, 28; H or., Epodos III 14; O vidio , Metam. VII 218 y
muerte; inmola esta cabeza culpable. siguientes, etc.), hablan de un carro arrastrado por dragones.
Medea. — Por ahí, por donde tú te resistes, por don­ En Eurípides este carro es el carro del Sol. Séneca no mencio­
de te duele, voy a hacer pasar el hierro. Anda ahora, na el tipo de carro aunque es de suponer que también sea el
del Sol al que se han hecho referencias anteriormente en la
orgullosa, en busca de los lechos de las vírgenes, aban­
obra (cf. 32 y sigs.).
dona a las madres. Esta obra y Hércules en el Eta (1940 y sigs.) son en toda la
producción dramática de Séneca las únicas cuya posible pues­
196 Probablemente Medea no ha advertido hasta ahora la
ta en escena requiere el empleo de maquinaria.
presencia de Jasón.

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