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Diatriba de cuatro mujeres singulares

Este documento presenta un resumen de tres oraciones de la obra de teatro "COANDA" de Luisa Josefina Hernández. La obra trata sobre cuatro mujeres, A, B, C y D, que escuchan una discusión entre la pareja del departamento 403 mientras reflexionan sobre sus propias vidas. La discusión gira en torno a los orígenes de Berna y su relación con Olga, incluyendo detalles sobre la madre de Olga.

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Diatriba de cuatro mujeres singulares

Este documento presenta un resumen de tres oraciones de la obra de teatro "COANDA" de Luisa Josefina Hernández. La obra trata sobre cuatro mujeres, A, B, C y D, que escuchan una discusión entre la pareja del departamento 403 mientras reflexionan sobre sus propias vidas. La discusión gira en torno a los orígenes de Berna y su relación con Olga, incluyendo detalles sobre la madre de Olga.

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PREMIO BELLAS ARTES

BAJA CALIFORNIA DE DRAMATURGIA

LUISA JOSEFINA HERNÁNDEZ 2023

COANDA

O (diatriba de cuatro mujeres singulares)

De Ítaca sin Ulises

1
Obra, mínimo, para cuatro voces

A, B, C, D

2
Antes de escuchar las sentencias,

escúchate a ti: como si te tuvieras

enfrente.

Proverbio Chino

A: En un restaurante chino, dos cocineros mexicanos colocan una pintura sobre una

horrenda grieta. Una familia se sienta frente a esa pared.

B: La niña ignora el menú y mira fijamente la pintura.

A: Se trata de una pintura de Edward Hopper, llamada…

D: (Gritando.) ¡Chop Suey! Mesa cuatro.

B: La niña está completamente hipnotizada por la imagen.

D: Es una réplica.

B: Dice el mesero sujetando una pequeña libreta morada.

C: ¿Quién tiene la original?

D:

Seguro un millonario hijo de la chingada que no sabe una mierda de la vida, y nunca

ha admirado algo así como lo estás haciendo tú.

B: Piensa, pero en realidad dice:

D: No lo sé princesa. ¿Ya saben que van a pedir?

B: El padre pide cerdo Chao- Sao. La madre…


3
A: Mmmm, no me decido… mmm… no lo sé… quizá… ¿Trae mucho pimiento el Chop

Suey?

C: El padre pide por ella…

B: Tráigale Ku – Bak a la plancha, por favor.

D: ¿Y la jovencita?

A: La hija… la hija pide una explicación: lo único que quiere saber es qué están diciendo

esas dos mujeres en la pintura.

C: El padre también pide por la niña, e intenta romper la concentración de la infanta con la

peor de las preguntas…

B: Dime, hermosa, qué quieres ser de grande.

4
1

A: Seis inquilinos, desde su respectivo departamento, escuchan nuevamente una pelea de la

pareja del 403.

B: Los seres de cada aposento califican a la pareja según la suma de sus vivencias y sus

carencias.

C: ¡Ya empezaron las pinches jipis!

D: El único niño del edificio, que, por cierto, está completamente enamorado de su mejor

amigo desde hace tres meses, escucha a su padre y a su tía decir…

A: ¿Escuchas? Ya empezaron las lenchas.

B: ¡Tortilleras, güey! Cuáles “lanchas”, ¿o te referías a ese dicho de “se te hace la canoa”?

A: Dije lenchas no lanchas.

C: El niño piensa:

D: Mi familia es estúpida. No les diré que soy gay hasta los 15; mientras tendré 5 años para

reforzar mi resentimiento, y, con un chingo de gusto, en medio de una de sus

horripilantes frases, les diré que me late el arroz con popote.

C: Las paredes delgadas desacoplan un eco de la discusión de aquellas dos mujeres del

403:

A: ¡Berna por favor, no exageres las cosas!

5
B: No exagero nada, Olga. Realmente piensas que como me compraste en un mercado de

pulgas crees que no entiendo ni madres, pero lo hago. Y hasta entiendo mejor. Te amo

mejor.

A: Sí, sé que lo haces.

B: Entonces… ¿me amas?

A: No te compré en un mercado de pulgas, te conocí en un pinche tianguis.

C: Casi le dice “te conseguí” pero logró cambiarlo en último momento.

B: ¡Mercado de pulgas! ¿Recuerdas? Estaba comprando un Cesto de Gwyddno Garanir.

A: ¡Es una pinche canasta!

C: Berna ama comprar basura y hacerla pasar por artefactos mitológicos.

D: Un cesto de Gwyddno Garanir era aquel contenedor cabalístico que tenía el poder de

multiplicar la comida por cien; y, Berna, intentaba hacer lo mismo con el amor.

B: Mira, sólo digo que no tiene nada de malo que yo, tu novia, porque eso soy o sigo siendo,

provenga de un mercado de pulgas. Pero haces lo imposible para que suene vulgar. Y

lo entiendo. Sólo tienes que hacerte a la idea y, entonces, lo vulgar se convertirá en

bohemio… holístico. Tenemos una buena vida ¿no lo crees? Yo lo creo. Te amo. ¿Me

amas?

A: Ya ni siquiera estamos peleando por lo que comenzamos a pelear, y definitivamente no

quiero seguir.

6
B: Las parejas que nunca pelean terminan siendo crueles. Está bien pelear de vez en cuando.

No como mis padres…

C: Los padres de Berna, peleaban, pero no por su relación, sino por ella: ya que en sus

planes no había ninguna hija, y jamás se acostumbraron al “pues ya está aquí”.

Después de tanto no-amor y de que su padre le dijera a los 10 años:

D: Me caes mal.

C: Berna se decidió que tenía mucho amor que dar, y que ése era su objetivo; sin importar

que fuera recíproco.

B: Por qué no contestas. ¿Me amas?

A: Eso creo.

B: Vaya, al menos lo crees.

A: Sí… bueno… más bien es un tipo de “quizá”.

B: ¿Disculpa?

A: Sólo quiero entenderme ¡¿está bien?! Saber qué estoy desempeñando, dónde mierdas

estoy y qué debería estar haciendo. No eres tú.

B: Y desde cuándo comenzaste a hacerte esas preguntas.

A: Siempre han estado ahí.

B: Ni madres. Nadie pasa de “vivo” a “sobrevivo” así de la nada.

A: Era quizá lo más inteligente que le había escuchado a Berna. Y quizá porque tenía

razón.

7
B: Es por tu madre ¿verdad? Eso es. Lo que dirá cuando me vea.

A: No.

B: No quieres presentármela. No soy suficiente o tú no te crees suficiente. Ése era puto

pleito, Olga. No has visto a tu madre en cuánto… ¿17 años? Por fin te encuentra y tú

no quieres presentármela.

A: ¡Ya te dije que ella ya no va a venir! ¡Gracias a Dios no va a venir jamás!

B: ¿Cómo estás tan segura?

A: ¡Me encargué de ello, ¿ya?!

B: ¿Te encargaste de que tu madre, que no has visto en casi dos décadas, no viniera a

visitarte?

A: Algo así.

B: Olga, qué hiciste.

A: La perdí.

B: No mames, ¿se murió?

A: No. Le di otra dirección. No quiero hablar más del asunto, punto.

B: Entonces las cosas están bien, ¿no? Tú y yo.

A: Si dejamos de hablar de mi madre.

B: Muy bien. Fin de la conversación. ¿Cogemos?

A: No, no tengo ganas.

8
B: ¿Ves? Yo intento… sabes qué ¡a la verga!

C: Que una chica le diga a su novia “A la verga” por no querer tener sexo, es quizás el “a

la verga” más atinado y chingativo de la historia y en todas sus acepciones.

Berna se encierra en la habitación y Olga se queda en la sala. Tocan a la puerta.

A: Carajo, ahora qué.

C: Olga camina hacia la puerta, pero no la abre: por su experiencia en ese edificio, puede

que sólo sean algunos de los pinches vecinos metiches que aman meter su nariz hasta

la cocina.

A: ¿Quién es?

D: Soy yo, Olga.

A: ¿Qué?

D: Soy otra tú.

A: Perdón, ¿qué?

D: Soy otra Olga. Le diste mi dirección a tu madre; me visitó tu madre y quiero decirte

que no fue nada agradable. Le prometiste muchas cosas. ¿Puedes abrir la puerta?

A: ¿Es una broma?

D: Tú me hiciste la broma. Y ahora tienes que hacerte responsable. ¿Me oíste? Tienes

la culpa de todo el asunto, así que…. ¡abre- la puta- puerta!

A: Es mejor que te vayas.

9
D: Eso pudiste haberle dicho a tu madre: ¡ah! pero no. Le diste mi dirección. La

mandaste a mi casa. ¡Mi casa! Y quiero saber por qué.

A: Me llamo Olga, y de niña me enamoré de un fantasma. Mamá tuvo una gemela que

nació muerta; esa gemela me visitó un día: el primer día que me negué a hacer algo.

Mamá había organizado una cena importante para su importante jefe y otros hombres

importantes para demostrarles a los “importantísimos” que podíamos ser

“sustanciosas”. Cuando terminamos de cenar, mamá les ofreció café…

C: ¿Gustan café? Vamos, deben probarlo. Es uno exquisito de Veracruz.

A: Todos asentaron con la cabeza.

Las cuatro asienten con la cabeza.

Mamá hizo un gruñido. Como quejándose al tragar un pedazo de Kun Pao sin masticar.

C : Mmm… mmm…

A: Sabía a qué se refería con ese bufido, pero vi la cara de esos cabrones y no hice caso. No

pude.

Las cuatro chasquean los dedos.

C: ¡Olga, levanta los platos! ¡Olga!

A: Y dije no. Dije no, mientras pensaba:

TODAS: ¡Ni madres!

C: ¡Olga!

10
A: ¿Qué pasa? Creo que cada uno de esos hombres “fuertes” puede levantar su plato ¿no

creen?

Y es que desde temprana edad estaba hasta la madre de que dicha acción estuviera

recalcada en mis cromosomas: “levantar los putos platos”. Mamá me mandó a mi

cuarto, y, horas después, entró ella, pero no era ella, sino su gemela muerta. Y me dijo:

C: Lo que acabas de hacer…

A: Ya sé, fue estúpido.

C: No, fue un hermoso precepto.

TODAS: ¿Qué?

C: Verás, si prendes una vela y soplas por encima de ella, no puedes apagar ese pequeño

incendio. Pero si entre la vela y tu soplido pones un frasco, la corriente será atraída por

el objeto, cambiando su trayectoria y apagando la llama. Tú acabas de hacer eso. En

cuanto te retiraste de la mesa, cada uno de esos hijos de puta se levantaron para dejar

su plato en la cocina. (D, sopla sobre la superficie del frasco apagando la llama).

Cambiaste la dirección. Se llama efecto coanda, y sin en él los aviones no pueden

volar, al igual que tú.

A: Al día siguiente desperté mojada, excitada. Fue la primera vez que hice algo diferente a

lo que esperaban. De las pocas veces que me sentí real. Después de eso perdí aquel

efecto físico y tracé mi camino como mamá lo dictaba (otra vez). Hasta que me fui

de casa. Un día simplemente me dije…

TODAS: ¡A la chingada!
11
A: Y abandoné la universidad. Me subí al vocho del peor novio que he tenido en mi vida.

Las únicas dos cosas buenas que tenía ese cabrón, eran: la aprobación de mi madre y

el pinche vocho: los primeros y más importantes indicios para poder llegar lejos. Y,

aunque me fui, seguía sin sentirme real. En cuanto salí por la puerta sentí un hilo en

mi nuca, un hilo proveniente de una bola de estambre: la cabeza de mamá. Ese

sentimiento nunca me abandonó. Por eso tiendo a tocar mi nuca cada vez que siento

pánico. Así que una vez que me establecí en la ciudad, fui a hablar con la otra suma

de mis pinches genes: mi padre.

12
3

A:

Dos puertas. Detrás de la puerta de la habitación está mi novia, Berna. Pronto dirá la

frase que siempre dice después de masturbarse para regresar a la normalidad, la cual

está construida de un “deberíamos ir”, terminando con pregunta condescendiente

como “¿vamos?”.

B: (Desde la otra habitación.) ¿Sabes? Deberíamos ir al gotcha. Sería divertido. ¿Qué

opinas? Tendría una excusa de usar la pistola y la máscara de mi hermano. Creo que

nos haría bien unos putazos… bueno, en realidad son disparos, pero sin la parte triste.

¿Qué dices?

A:

Berna, siempre recomienda hacer cosas que están lejos de un “va, chingue su

madre”. Hace dos semanas fueron los bolos. Ella no puede jugar bolos gracias a la

deformidad de Madelung: una madre que te jode las extremidades. Hace una semana

fue el bungee. Acto que yo no puedo realizar por los lipomas de mis lumbares. Y esta

vez… gotcha. A su hermano le encantaba el gotcha. Hasta que durante una marcha

LGBT, la policía le disparó una bala de goma en la cara y perdió el ojo. Creo que

simplemente lanzaba opciones para traslucir algo roto.

B: (Desde la otra habitación.) Creo que hoy debemos aceptar la invitación de Kim. Hace un

año que no comemos comida china. Qué opinas, sería gratis.

A: Kim es coreano, y no sabe cocinar.

B: ¿Quién tocaba? ¿era Kim? ¿Quién era?

13
A:

De lado de la puerta que da al pasillo está una mujer. Y no puedo creer que esté allí.

Cómo explicar que del otro lado está una mujer que dice que ella y yo somos la

misma persona. Y lo peor de todo, es que dice que yo tengo la culpa de todo el

asunto. “¡Todo el asunto!”. Una frase nada específica que apunta a demasiado. No es

algo que pueda digerir alguien. “¿Todo el asunto?”. Aquí y en China eso significa:

mucho, demasiado, un chingo; algo que nadie puede controlar. La mujer está parada

de manera estoica.

D: (Tocando a la puerta.) ¡Abre la puerta, Olga!

A: ¡No! Ya te dije que es mejor que te vayas.

B: (Desde la otra habitación.) ¿Siguen tocando? ¿Quién es? Por qué no abres.

D: ¡Abre, chinga! ¡Tú hiciste esto! Soy tu problema y no me moveré de aquí hasta que lo

arregles. ¿Me escuchaste hija de puta?

A: Ssshhhh. Si eres yo, la puta también sería tu madre.

D: Pues si hiciste lo que hiciste, y ella hizo lo que hizo, mínimo ha de tener algo de cabrona.

¡Abre la puerta!

B: (Entrando a la sala). ¿Qué pasa? ¿Quién es?

A: Nadie.

B: No parece “nadie”, te escuché. ¿Qué pasa? ¿Por qué mientes? Por qué dices que no es

nadie.

D: (Desde el otro lado). ¡¿Nadie?! ¿Somos nadie? Me das tristeza.

14
B: Olga, quién es. ¿Conoces a la persona que está tocando? ¿Y bien? ¿Vas a abrir?

¿Quieres que yo misma le pregunte a “nadie” quién es? ¡Olga!

A: Es sólo… es…

B: ¿Y bien?

A: Está bien, está bien… esto parecerá extraño, pero es Olga… es decir, es otra yo.

B: No digas pendejadas. Por qué lo haces. Quién es. (Se acerca a la puerta).

A: ¡Espera!

B: (Abriendo la puerta.) Hola, bienvenida al manicomio. ¿Buscas a Olga?

D: Sí, se podría decir…

A: Espera, Berna. Lo que intento decirte… es que ella es…

D: Hola mucho gusto, soy su hermana.

A:

Madres, por qué no se me ocurrió eso.

Sí, es mi hermana.

B: Pero no tienes hermanas.

D: Soy su media hermana, la parte que no le gusta presumir. Sé qué estás pensado, querida:

¿quién de ellas era la casa chica? Bueno, te aseguro, cariño, que yo era de la casa

grande.

B: Esto es… es… ¿una sorpresa? Entonces eres mi cuñada.

15
D: ¿Lo soy? O sea que… ¿tú y ella? ¿Eres lesbiana?

B: También artista y muy amable.

“La otra Olga” no aparta la mirada de Olga, aunque Berna le hable.

¿Todo esto tiene que ver con la visita de su madre?

D: Al parecer. A: ¡No!

B: ¿Quieres pasar?

A: ¡No! D: ¡Sí!

Entra.

B: Me presento. Soy Berna… O Lesbiana, como quieras.

D: (A Olga.) ¿Eres lesbiana?

A: Este… sí, qué ¿tú no?

B: Disculpa cuñada, ¿cómo te llamas?

D: Olga.

B: ¿Tienen el mismo nombre?

A: La verdad… Berna… tienes que entender…

D: Verás cuñadita, a nuestra madre no le gustan los favoritismos. Tenía filosofía: “Si vas a

pensar mal de alguien en voz alta, mejor llama a todos de la misma forma”. Digamos

que lo hizo para generalizar los insultos y las decepciones.

B: Olga nunca me había contado…

16
D: Cuñadita, cuñadita… Descuida, es mejor no saber ciertas cosas.

B: Y… ¿cuándo llegaste, Olga… Dos?

A: ¿Berna, puedes dejar el interrogatorio? ¿no tenías algo que hacer?

B: Mmmm, no, no que recuerde.

D: Descuida hermanita, puedo contestarle a tu “novia”. (A Berna). Al parecer he vivido

toda mi vida en la ciudad. Pero fue ayer que realmente me di cuenta donde estaba

viviendo.

B: Suena extraño.

A: ¡Berna, vete!

B: ¿Qué? No me voy a ir. ¡Qué está pasando! ¿Alguna me dirá qué está pasando realmente?

A: Algo que no te importa. ¿Puedes irte?

D: Déjala que se quede.

B: ¿Pasó algo? ¿algo malo? ¿Su madre está bien?

A: (A la otra Olga.) No contestes.

B: ¿Qué está pasando? ¿Y bien? ¡Alguien dígame!

A: Berna ¿puedes dejarnos solas? Por favor.

D: Hermanita, por qué no le dices.

B: Qué.

A: Qué.

17
D: Por qué no le dices que no te gustan las mujeres.

A: ¿Qué? B: ¿Disculpa?

D: Si a mí no me gustan las mujeres, tampoco a ti. Y definitivamente es algo que no le

gustaría a mamá. Además, estoy segura de que nunca has sido… ya sabes, de “esas”.

B: ¡Lárgate de mi casa!

A: ¡Berna!

D: ¿Casa? Por favor, cariño.

B: ¡Lárgate! Esta es mi casa, y vienes a…

A: ¡Berna, vete!

B: ¿Escuchaste lo que dijo?

A: Sí, escuché, por favor, vete.

B: Vas a dejar…

A: ¡Sí! ¡Carajo, vete! ¡No te necesito!

Silencio.

B: Como quieras. (A la otra Olga). Con permiso, cuñada.

D: Propio, Lesbiana.

Sale Berna.

Aunque ser lencha no tiene nada de propio. Vaya que te defiende. Debo decir que envidio su

arrojo.

18
A: Qué chingados te pasa. Qué quieres.

D: Muy bien. ¿Quieres ir al grano? Está bien. Quiero dos cosas: uno, me vas a decir por qué

mierdas hiciste lo que hiciste.

A: ¿Y dos?

D: Me vas a pagar.

A: ¿Qué?

D: Verás, pensaba pedirte ayuda, pero me di cuenta de que lo que necesito no es un favor: es

un pago. Así es, me debes Olga, y me debes mucho.

A: ¿Te debo? Y seguro vas a decirme con qué podría pagarte…

D: Una cosa a la vez… primero…

A: Primero, qué.

D: Quiero que me digas, de la manera más clara y detallada, por qué chingados me creaste.

19
4

A: Volví a estar frente a mi padre cara a cara cuando cumplí treinta, la edad que él tenía

cuando nos abandonó. Me vio y me dijo…

B: Mírate nada más, eres igualita a tu madre…

A: Si algo tienen mis padres en común es que no califican mis actos y existencia de manera

individual. Cada error, cada acierto, cada metida de pata…

TODAS: Es consecuencia de todo un linaje.

A: Así que cuando la cagaba…

B: (Cruzando la pierna.) Lo sabía, justo eso te viene de la familia de tu madre.

A: Y cuando acertaba…

B: ¡De tal palo, mija! De tal palo. Tu abuela también me lo heredó.

A: Así que crecí sin ser yo, y en lugar de eso, crecí siendo todas las mujeres de mi familia y

uno que otro tío desquiciado. Así que, desde niña, mis expresiones podían pasar por tres

generaciones distintas. Y si de algo nos han dotado el pasar de los años, es hablar de

manera más cínica y soez:

B: ¿Recuerdas a tu primo el piloto… Alejandro? Bueno, ahora es Alejandra.

A: ¡No inventes!

C: No manches.

D: ¡No-ma-mes!

20
A: Tener tantas evocaciones en una oración me causó una clase de tic. O sea, de vez en

cuando, me salía el cobre…

TODAS: Y súper mamón.

A: No importaba qué hiciera o qué dijera, nunca me sentí yo: cargaba con las acciones de

mis antepasados.

Y ahí estaba, intentando conseguir respuestas de un hombre que poco me conocía.

Que había perdido todo derecho sobre mí. Sabía que era patético, como la mayoría

de los hombres que se largan. Aun así, había algo que necesitaba. Antes de que lo

trajeran, una enfermera dijo…

C: Señorita, si dice algo raro, no haga caso, no lo tome personal.

A: Sentí calientito en mi pecho. Aquella mujer desconocida se había puesto de mi lado; así,

sin más. La señorita trajo a mi padre en una silla de ruedas, le puso una manta sobre

las piernas y le dijo:

C: Señor Eduardo, ella es su hija, si dice algo raro, no haga caso, no lo tome personal.

A, C Y D: ¡Hija de puta!

A: Mi padre estaba recluido en un psiquiátrico.

C: Para él, fue su último logro.

B: ¡Debes destacar de los demás!

C: Decía.

21
A: Creyó estar loco mucho tiempo para justificar su “inteligencia”. Y la verdad, no era muy

listo, al menos no brillante. Al final, adoptó lo único que podía desarrollar

verdaderamente…

C: La locura. Para los especialistas no era un caso perdido. Su último destello de lucides fue

opacado por un inexplicable sentido de veracidad.

D: Los padres son los maestros en el arte de mentir y más con sus hijas. Desde el inicio se

pierden, se enamoran. Y es cuando dicen su primer choro:

B: No dejaré que nadie te haga daño.

A: ¡Mamadas! ¡Perdón! “Tonterías”.

C: Y de ahí, la bola de nieve se hizo más grande…

B: Ningún hombre te merecerá.

D: (Cantado en escala de Do Mayor) ¡MA…!

B: Siempre serás mi niña.

A: (Cantado en escala de Do Mayor) ¡MA…!

B: No estás obligada… eres hermosa

C: (Cantado en escala de Do Menor) ¡DAS!

TODAS: ¡Mamadas!

A: Al final mi padre terminó absorto por lo que ocurría en su cabeza.

C: Bajó la guardia a la hora de hablar con la gente.

22
D: Pensaba mucho aquí adentro, pero a fuera, no tenía un solo filtro.

B: Mírate, eres igualita a tu madre…

A: Sí, ya me lo habían…

B: Y a tu abuela, y a tu tía la solterona…

A: Ok.

B: Y a… cómo se llama… la sobrina de Leticia… la otra, sabes de cuál hablo.

A: Son gemelas, papá.

B: La pendeja.

A: Andrea.

B: Ésa. ¿Son gemelas? No lo sabía.

A: Y al parecer puedes notar la pendejez. ¿Eso ves de mí?

B: No, claro que no, estoy diciendo que te pareces a ella…

A: ¡Que son gemelas, chingá! Perdón, perdón…

B: ¡Pues entonces te pareces a las dos! Además, dijiste “Andrea” inmediatamente.

D: Y es que Andrea…

A: Realmente estaba pendeja.

C: Ni como salvarla.

23
D: Y si es que… “sólo se hacía”, quizás estemos hablando de la mujer más brillante.

A: Pero no. Andrea era la antítesis del consuelo, pues en lugar de confortarte, la hija de la

chingada era como un corticoide: podía aliviarte de la artritis, pero era capaz de

ocasionarte un ataque de pánico. Y eso hizo. Gracias a ella fuimos vetadas, para siempre,

del museo Soumaya.

Pinche, Andrea. Como la extraño.

24
5

B: Estimado público, lo que están a punto de presenciar es más que un performance: es un

discurso de nuestra vida. Agradecemos al museo Soumaya por el espacio para

manifestar esta obra. Antes de iniciar, debo decirles: el peligro que corre nuestra artista

es completamente real. Annette Silán, se encuentra suspendida a dos metros del suelo

gracias a 10 arneses: cuatro de ellos sujetan sus extremidades; dos sus codos; dos sus

rodillas; uno su cintura y otro su cuello.

A: Oye, Andrea.

C: ¿Sí?

A: ¡Qué chingados me trajiste a ver!

C: Arte, güey. ¿No lo ves? Yo veo arte.

A: Yo veo a una mujer desnuda colgada por diez cuerdas; pareciendo una estrella de mar

suspendida. No me refería a esto cuando te dije que necesitaba despejarme.

C: Esto va a despejarte. Annette Silán es la mejor performancista…

A: Creo que así no se dice.

C: ¿Perfoncista? Creo que por eso a todos les dicen artistas. La cosa es que esa mujer es la

mejor que existe en lo que hace. Siempre evoca problemas existenciales.

A: Andrea…

C: ¿Sí?

25
A: ¡Tengo un puto problema existencial!

C: No, no, no, no. Casi te da un colapso por la llamada que tuviste con mi tía. Y sabemos por

qué: estás cansada de cargar con sus sueños.

A: Andrea…

C: Sip.

A: ¡Ése es un problema existencial!

C: ¿Neta? Híjole, no lo sé. Creo que Heidegger disentiría contigo. Como diría… “Dasein”.

Dasein, querida prima, Dasein.

A: ¿Si sabes lo que significa Dasein?

C: Algo como… “Date” ¿Respira? ¿Percibe? No sé… no sé latín.

A: ¡No es latín y significa: ser ahí!

C: Suena más chingón.

A: Es un término que expresa… “ser en el mundo”.

C: ¿Cuándo estudiaste filosofía?

A: ¡No entiendes! No sé qué chingados debo ser y hacer en el mundo si siento al puto planeta

en mi espalda…

C: El planeta de tu madre, dirás.

A: Y lo que menos necesito ahora es una manifestación existencial.

26
C: Descuida, te aseguro que este performance no tratará de ninguna carga existencial. Tu

espalada estará bien.

B: Damas y caballeros, comenzaremos con esta obra titulada “El peso sobre nosotros”.

C: ¡Verga!

B: De cada cuerda que sostiene a Annette, caerán pesas: mancuernas de uno a cinco kilos.

C: ¡Doble verga!

B: Cada uno de ustedes presionará un botón. Ustedes decidirán cuánto peso le darán a Annette.

Y ahí la pregunta para cada uno de ustedes. ¿Cuánto peso le proporcionarías a una

persona si estuviera en tus manos y, si con eso, obtuvieras algo de reconocimiento o

tranquilidad?

C: ¡A la verga! Vámonos, prima.

A:

La idea de la artista era aterradora. 10 arneses la sujetaban. De ellos, si presionabas un

botón, caerían pesas de uno a cinco kilos en ciertos puntos de su cuerpo. Consistía en

lo siguiente: cada persona pasaba ante un tablero donde había siete botones. Cada

botón con una leyenda:

B: Hijos…

C: Pareja…

D: Trabajo…

A: Deudas…

27
B: Culpa…

C: Familia…

D: Y tiempo.

A: Dependiendo de lo que cargue esa persona en su vida; de su dolor, ética y empatía:

presionará o no dicho botón; y Annette deberá soportar ese peso. A cambio, la persona

recibirá una bonificación, en este caso, créditos para poder comprar cualquier pieza

del museo que estuviera en exhibición. Cada persona podía presionar más de un botón,

y las veces que quisiera.

En ese momento temí verme frente el tablero y percibir la cara de mi madre en todos

los botones; golpearlos como aquel juego mecánico de las ferias donde hay que

aporrear a aquellas criaturas que osen asomarse. Y después de pensar en eso… PUM

¡Sucede! Me paralizo, veo todo borroso y, a unos metros, veo a Andrea frente al

tablero. No la escucho, pero todos la ven. Desde aquí parece una colegiala dictando un

manifiesto ante todo un movimiento. Pero en realidad está maldiciendo, golpeado el

tablero, intentando detener el peligro al cual se enfrenta la artista, pero más que nada,

está haciendo todo ese desmadre por mí. Los golpes secos hacen que se activen las

pesas, y cuando por fin se detiene, y antes de que los guardias lleguen a ella, Andrea

ve algo a lo lejos…

C: ¡Una pintura de Edward Hopper!

B: Algo la poseyó.

C: ¡No mames! ¡Debo tener esa pintura, cueste lo que cueste!

28
A: Así que, de reojo, vio a Annette soportando las pesas. Vio que su codo izquierdo estaba

a punto de tronar, y pensó en los créditos que había obtenido hasta ese momento.

B: Y simplemente apretó el botón, velozmente y en repetidas ocasiones…

D: Talento destacado por masturbarse desde los 20 años con enjundia y talento, gracias al

egoísta y decepcionante desempeño de sus amantes.

TODAS: ¡Y crack!

A: Se rompieron tres cosas.

B: El tablero…

D: El brazo de Annette Silán.

B: Y la nariz de un guardia.

A: Nunca olvidaré el grito de la artista. Era tan… real.

D: Para ser justos, el grito no provino de la artista sino del guardia que sujetó a Andrea: ésta

le rompió la nariz con el codo para poder alejarlo.

A: Al final, nos sacaron. Nos prohibieron regresar al museo. La manager de Annette nos dio

el cuadro. Saltó en nuestra defensa diciendo que lo sucedido era el resultado esperado

de la obra.

C: ¡Un momento!

D: Dijo Andrea, con aquella vena de la frente que le brota cuando se emputa.

C: ¡Ésta no es la pintura de Edward Hopper! Ya sabe, Chop Suey.

29
D: Y es que de lejos sí parecía esa pintura. Pero de cerca, sólo eran dos ebrios jugando

mahjong.

A: Así que nos fuimos con un veto de por vida y una pintura que tenía buen lejos y mal cerca.

Yo me fui con una tercera cosa, el grito de Annette….

B: Que en realidad fue del guardia.

A: Yo tenía un grito dentro de mí desde hace mucho tiempo: ¡Libérate!

En fin. Quizás Andrea sí es un tanto pendeja, pero la amo. Nadie, hasta ese momento,

había saltado para protegerme… ya lo demás fue avaricia. Lo que hizo fue una

pendejada. Pero a veces actos pendejos son síntomas de importancia.

30
Regresando al manicomio.

A: ¿Alguien más a quién me parezca, papá?

B: A una novia que tuve, quizá. Y a mi jefa, a veces nos gusta los malos tratos.

A: ¿Estás feliz de verme?

B: Un poco.

A: ¿Un poco?

B: Un poco. Decir sí sería total. Y créeme, lo diría si fueras real. Pero no lo eres.

A: ¿Real? De qué chingados estás hablando.

B: Princesa, ¿no lo ves? Apenas eres un reflejo de lo que deberías ser. Por eso estás aquí, ¿no?

O por qué vendrías a visitarme. Quieres probarte algo, ¿no? La verdad, me da un poco

de pena hablar con una mujer inacabada. Así es, inacabada. Me imagino que quieres una

explicación.

A:

El grito de la artista Annette resonaba en mi mente.

B: Si alguien luchó para que fueras una mujer increíble, una mujer completa, ésa fue tu madre.

Pero aquí estás, hablando conmigo, viéndote como te ves: siendo una mujer muy

distante de lo que ella imaginó.

A: No me conoces.

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B: Exacto. Y debería conocerte perfectamente. Cada discusión con tu madre, cada llamada,

cada mentada, cada reclamo… ella hablaba de ti; de quién llegarías a ser: su verdadera

hija.

C: Nótese que no dijo:

D: “Nuestra hija”

B: La verdadera hija de tu madre jamás vendría a verme, y está bien. Ambos somos patéticos.

Me gusta verte, pero no eres real, y es irónico. Pareces sólo un fantasma, pero te ves

cansada. Deberías verte y ser liviana. Pero parece que cargas una tonelada de materia

incompleta. No me sorprendería que arrastres los pies en lugar de levitarlos. Así que

antes de que me vean hablando con un “ente” lo mejor es que te vayas.

D: Aun así, ella le dijo…

A: Adiós papá, te quiero.

C: Y él dijo…

B: Supongo que yo también, ya que el amor no es real.

32
7

Vemos a Olga sentada junto a “Alguien” en una banca de un parque.

C: ¿Estás bien?

A: ¿Disculpa?

C: Y bien, qué más sucedió. ¿Volviste a ver a tu padre?

A: ¿Cómo? Lo siento. Creo que estaba hablando en voz alta.

C: No te preocupes, preciosa. ¿Estás bien?

A: Disculpa.

C: No te disculpes. Mejor sigamos, ¿me decías?

A: ¿Yo? ¿Cómo?

C: Sí, me decías.

A: Perdón, no sé si estás siendo cortés o…

C: Me hablabas de tu padre, de tu chica Berna, de una prima rara o…

A: Pendeja. ¿Eso hice? ¿Cuándo?

C: Pasó un avión y dije: hablando de amor y expectativas mi madre llegará la siguiente

semana, espero haya buen clima. Y tú dijiste “mi madre llegará mañana, pero la

verdad no quiero que llegue”. Y comenzaste a contar una historia… varias, en

realidad. ¿Me equivoco?

A: Perdón… me perdí. ¿Te conozco? Te me haces muy familiar.

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C: Estuve aquel día del museo. Te lo dije.

A: ¿Sí? ¿Estuvo en el performance?

C: Por qué no quieres que llegue tu madre.

A: Es verdad, no quiero que llegue. Perdón, pero no sé por qué le contaría todo eso a una

extraña.

C: ¿Y por qué no? Por qué no quieres que llegue tu madre. Dímelo, quizá así descubras por

qué me estás contando esto.

A: No quiero que llegue porque se va a decepcionar.

C: Seguro estás exagerando.

A: No la conoces. No soy la que debería ser. Y ella lo sabrá al instante. Verás, puedo

soportar casi todo, pero definitivamente no esa plática. Parece que ella tiene un poder

para convertir la sinceridad en un arma. Es como una villana de historieta. Cada vez

que opina, es como aquel momento lúcido que los villanos viven cuando van ganando

y expulsan esa puta verborrea donde explican su malvado plan…

C: ¿Es una villana?

A: No hay momento más sincero de los villanos. Los villanos describen su plan sin importar

que puede que la estén cagando, que puede que estén perdiendo la ventaja al contarle

todo al héroe…

C: ¿Tú eres la heroína?

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A: ¿Qué? No. Yo soy el personaje cagado que ya estaba amarrado desde hace horas. El

chiste es que, siempre siento que tengo que ganarle.

C: No es tu enemiga.

A: Ella diría “tú eres tu propia enemiga”. Construí mi vida sin pensar en los demás…

valiéndome madres. Pero con ella es diferente. Ahora no puedo evitar preguntarme

ante cuántas personas en mi vida doblego mis hechos por una buena opinión. Cuando

mi madre llegue y lo vea…

C: Cuando vea qué.

A: Mi vida: mi departamento, mi ropa, mis trabajos, dónde duermo, dónde como, mi novia,

mis nulos objetivos. Puede sonar exagerado, pero ella puede darme en la madre y sabe

perfectamente cómo. Aunque yo esté cómoda o… satisfecha…

C: ¿Y lo estás?

A: Creía que sí… hasta que mamá me encontró.

C: Y qué espera. Tu madre, qué espera ver.

A: Espera ver a alguien increíble.

C: Y cómo es una persona increíble.

A: Una profesionista con un buen trabajo, un buen esposo, hermosos hijos y quizás un perro.

Perdón, seguro estás pensando que es una pendejada. El berrinche de una loca.

C: Está bien. Puedo ayudarte.

A: ¿Qué? Gracias, pero no podrías ayudarme.

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C: Mira hacia allá.

A: Hacia dónde.

C: Pasando el parque. La casa amarilla. ¿La ves?

A: Es bonita. ¿Es tuya?

C: No, no es mía. No puedo evitar que llegue tu madre, pero si puedo hacer que visite a

alguien más.

A: ¿Qué?

C: Es una bonita casa, ¿no? Y el interior es aún más hermoso.

A: Estoy segura de que sí. Perdón ¿vendes casas?

C: Puedo llenarla por ti. Puedo llenar esa casa. ¿Cuándo dijiste que llega tu madre?

A: Mañana.

C: Puedo hacer que esa casa esté ocupada mañana.

A: ¿Por quién?

C: Por ti, bueno, una versión de ti.

A: No mames. ¡Perdón! ¡¿Qué?! La verdad no sé a qué te refieres.

C: Puede ser que mañana, en ese domicilio, si tú lo deseas, viva una mujer con un buen

trabajo, un buen esposo, hermosos hijos y quizás un perro.

A: ¿Alguien así vive en esa casa? Quiere decir que esa casa…

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C: ¡La casa está vacía, ¿ok?! Como te dije, puedo llenarla. Sólo tendrás que hacer algo.

Llama a tu madre y dile que le diste la dirección equivocada. Y que mañana te busque

en ese domicilio.

A: Y a quién va a encontrar mañana.

C: A alguien como tú. Perdón, ¿no me estoy explicando o eres un poco lenta?

A: Mira, rápida, rápida… no soy. Pero esto… Quién estará mañana en esa casa.

C: La versión que tu madre espera de ti.

A: Ok. ¿Y cómo piensas hacer eso?

C: Física.

A: ¿Física?

C: ¿Has escuchado la teoría de la holografía?

A: No soy buena en física; soy pésima en matemáticas.

C: Filosofía, entonces. Es la misma madre pero sin los números.

A: ¿Ok?

C: Que tal te sonaría una teoría que señala que todo lo que somos, todo lo que vemos, todo

lo que percibimos, es una mera proyección de la realidad. Que somos un simple

holograma proveniente de un lugar real.

A: O sea…

C: Somos una copia, Olga. Somos la proyección de otro universo.

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A: Pues la verdad suena de la verga. ¡Perdón! Perdón… suena terrible.

C: ¿Por qué? Quiere decir que existe una tú en otro lugar con más información para lidiar

con lo que se tenga que lidiar.

A: Y quién de las dos “Olgas” es la real.

C: Esa pregunta sólo hará que te partas la cabeza. Es sólo una teoría.

A: ¿Por qué me cuentas esto?

C: Me preguntaste “cómo lo haría”. Tomemos el mismo concepto, pero no aplicado de un

universo a otro.

A: Ok, de dónde a dónde.

C: Esta colonia, por ejemplo. Que tal que te dijera que hay una tú, en este momento, a sólo

diez cuadras de aquí, sentada, hablando con otra persona, casi de lo mismo.

Un holograma se puede volver a replicar. Ahora dime… ¿No es mejor que haya otra

mujer que deba soportar aquella plática con tu madre?

A: Pero si existiera una proyección de mí… ¿esa proyección no estaría más jodida?

C: No exactamente. Ambas parten de la misma información, pero diferentes decisiones.

Imagínate a un espectador sentado en el teatro, y, su otro yo: es decir, su réplica, está a

sólo unas cuadras sentado en el cine, ¿quién es el más jodido para haber decidido ir al

cine o al teatro? Lo interesante continua después: ¿qué hará aquel espectador que salga

del teatro, y qué hará aquel que salga del cine? Qué harán con esa información.

¿Importa? Mañana puede haber una versión de ti en esa casa. Mañana puedes

evitar esa plática y ser libre. ¿Sí o no?

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A: Ok, te seguiré el juego. ¿Qué ganas tú?

C: Nada que no puedas pagar. Es más, ni siquiera te darás cuenta de que estás pagando algo.

Intercambio equivalente. ¿Sí o no?

A: Sí.

B: Va.

D: ¡Chingue su madre.

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8

A: Mi madre se llama Alondra.

D: Pero no le pusieron Alondra por su significado.

A: Que vendría siendo:

D: La que es melodiosa: pájaro cantor.

A: No. Fue porque a la abuela le encantaban los anagramas. Ella no quería ser madre.

D: Y se podría decir que nuestra madre, Alondra, le robó su vida.

A: “Alondra”. Si cambias las letras de lugar:

D: Ladrona.

A: Y lo mismo pasó con nuestro nombre.

D: Olga.

A: Cuando nací, mi madre simplemente no supo qué sentir; y Ella no miente. Entonces,

cuando le preguntaron…

D: ¿Qué fue?

A: ¿Qué sientes?

D: Ella contestó… Olga. Y si cambias las letras, dice:

A: “Algo”.

Volviendo al principio con Olga y la otra Olga.

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D: Quiero que me digas, de la manera más clara y detallada, por qué chingados me creaste.

A: ¿Quieres algo de tomar?

D: “¿Quieres algo de tomar?” ¿en serio? ¿Es lo que vas a decir?

A: Qué puedo decir,

D: La evasión a una acusación que podría calificarse como “demente”, quiere decir que

sabes perfectamente lo que hiciste; y que sabes las respuestas.

A: No entiendo nada de lo que dices. Queres no quieres algo de tomar.

D: ¡Estoy intentado decirte…! Agua mineral, por favor. Y necesito pasar a tu habitación.

A: ¿Sólo agua mineral? ¿Perdón? ¿Mi habitación? ¿Por qué?

D: Recordé que no cerré mi auto. Mi auto puede verse desde aquí, y quiero cerrarlo.

A: (Mientras sirve el trago.) ¿Tanto alcance tiene tu… control… llave?

D: (Dice desde la habitación.) Ya pasé.

A: Pues… adelante.

A los lejos suena la alarma de un carro. La otra Olga regresa a la sala y se sienta. Olga se

sienta frente a ella.

D: ¿Y bien? Por qué me creaste.

A: ¿Conociste a mamá?

D: Oh, vaya que la conocí. Ayer tocó a mi puerta.

A: ¿Quedó complacida?

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D: Mira idiota, me vale madres si quedó complacida…

A: ¡No, mira tú! Deja de insultarme y deja de decir mentiras.

D: ¡No me alces la voz!

A: Si también eres yo, mamá te importa. Por eso hice esto. No creí que podría ser posible.

Pero ahora que estás aquí… ahora que sé que es un hecho, quisiera saber… ¿quedó

complacida? ¿Quedó complacida contigo? Mi madre quería que fuera médico. ¿Eres

médico?

D: Cirujana.

A: Mi madre quería que viviera en una bonita casa. Ayer vi tu casa. Es bonita.

D: La odio.

A: ¿Qué?

D: Odio esa puta casa.

A: Mi madre quería que manejara un buen auto. ¿Tienes un buen auto?

D: Puedo cerrar mi auto a más de 200 metros, ¿tú qué crees?

A: Mi madre quería que me casara con un buen hombre…

D: ¿Daniel? Pasa una tercera parte del día en el gimnasio. Al menos sus seguidores de

Instagram han de pensar que es bueno.

A: Mi madre quería nietos.

D: ¿Tenían que ser buenos también?

42
A: ¿No son buenos?

D: No lo sé. Podría decir que no los conozco. Sólo les interesa dos cosas: las redes y ese

puto perro.

A: ¿Tienes un perro?

D: Un puto perro.

A: ¿No conoces a tus hijos?

D: ¿Tu madre quería que tuvieras una ama de llaves? Ah, porque la tengo. Pregúntale a ella

sobre mis hijos.

A: Si tienes todo eso entonces quedó complacida.

D: No lo creo.

A: ¿Qué? ¿Por qué?

D: Todo iba normal en mi vida. Y entonces, de la nada, llega una mujer a mi casa diciendo:

“Hija, sorpresa”. Y no supe qué decir. Con esas dos palabras me desarmó: “Hija /

Sorpresa”. Nunca había visto a mi madre, y llega esta mujer. Pude haberle dicho

muchas cosas, pero sólo me salió decir… “¿mamá?”. Y ella sólo dijo… “cuéntamelo

todo”. Y de pronto tuve esa afanosa necesidad de rendirle cuentas a alguien. Nadie,

nunca, me las había pedido. Y por fin alguien llega a calificarme la tarea. Alguien con

un interés estoico.

A: ¿Qué hiciste?

D: Le di un tour. Algo que uno hace como anfitrión.

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A: Perdón, ¿quieres que te de…?

D: Gracias preciosa, he girado la cabeza: ya le di varios tours a tu hermoso hogar.

A: Entonces, mi madre…

D: Como dije, le di un tour. Le presenté a mi familia…

A: ¿Estaba tu familia?

D: No, nunca están. O más bien nunca sé dónde están. Le mostré a mi familia con las fotos

de mi pared: él es Daniel y mis hijos: Rebeca y Antonio. Ese es mi auto.

A: ¿Tienes una foto de tu auto?

D: No pendeja, se lo señalé a través de la ventana.

A: Ya veo.

D: Lo impresionante es que no dijo palabra alguna. Sentí que estaba reprobando.

A: Te aseguro que no. Ella deseaba eso.

D: Le ofrecí un café, y me dijo que debía irse.

A: ¿Eso es todo? (FELIZ.) ¡Quedó complacida! Te lo aseguro. No fue tan terrible, ¿verdad?

D: Me besó en la mejilla y me abrazó.

A: ¿Te abrazó?

D: Y me hizo la peor pregunta de todas.

A: ¿Cuál?

D: ¿Eres feliz?

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A: Ok, no sé quién carajos te visitó, pero te aseguro que no era mi madre. Es imposible que

te haya preguntado eso. Y en caso de que lo haya dicho, te aseguro que lo dijo como

afirmación y no como pregunta.

D: Fue una pregunta.

A: Te digo que eso es…

D: ¡Fue una puta pregunta!

A: Y qué contestaste.

D: No lo sé.

A: No mames que dijiste “no lo sé”.

D: No, me dije a mi misma “no lo sé”. No sé si le dije sí o no. Se fue, y me quedé ahí:

pensando en lo ocurrido. Por fin le digo a alguien mis logros, y esa persona me

pregunta “¿Eres feliz?” Y me digo a mí misma: no lo sé. Creí que me sentiría…

A: ¿Real?

D: Realizada. Pero no. Por tu culpa. Porque tú me creaste ¿verdad?

A: Sí…no. Bueno, yo no… no quise…

D: Entonces quieres decirme que toda mi vida “perfecta”: años de estudio, viajes

prologados, pésimas relaciones, dos embarazos, quince orgasmos…

A: ¿Quince? Oye, eso no está mal.

D: En trece años.

A: ¡Verga!
45
D: Y por favor no me hagas hablar de la verga.

A: Perdón. Pero entonces, si no quedó complacida estoy segura de que no se fue lejos y

volverá. Estoy segura de que en este momento está pensando en un puto speech; uno

que nos sorrajará en la jeta por no cumplir sus…

D: ¿Quieres decir que toda mi vida fue creada para satisfacer las expectativas de una pinche

vieja?

A: ¡Ey! No vuelvas hablar así de nuestra madre… pero sí. Un momento, cómo supiste que

eres una réplica. Cómo pudiste saberlo. Cómo supiste dónde encontrarme.

D: Me lo dijo una mujer en el parque.

A: ¡¿Qué?!

D: Hace unos días llegué a la ciudad con mi esposo, “viaje de negocios”. Visité el parque.

Me gusta visitar los parques de los lugares a donde viajo. No sé por qué. Pero me siento

más real en esos paseos. Me senté a fumar, y de la nada estaba platicando con una

mujer. No recuerdo cómo comenzó la plática: cuando me di cuenta ya estábamos en

medio de una charla. En fin, ella me dijo “está bien, puedo ayudarte”. Me dijo que todo

el vacío que sentía no era culpa mía: ya que era la réplica de alguien más, de una tal

Olga. Obviamente me cagué de la risa en su cara.

A: ¿Neta? ¿Tú riéndote? No puedo imaginármelo.

D: Qué, ¿mi risa? Claro que me río, puedo ser muy graciosa de vez en cuando. Aunque a

veces creo que no es risa y sólo es hipo.

A: Ok.

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D: La mujer me dijo que me haría bien un cambio drástico. Daniel y yo ya pensábamos en

mudarnos. Y creí que esa mujer era de bienes raíces. Cuando me vi interesada me dijo

que, si me mudaba a esa casa, alguien llegaría a reconocer todos mis logros, y que, si

aún sentía ese vacío, significaba que era una simple réplica. Tú réplica. Y en ese caso

tendría la oportunidad “única” de enfrentarte, y eso me liberaría.

A: Esa mujer… Espera, es imposible que compraras la casa y te mudaras tan rápido.

D: Se llama ser comprador impulsivo. Y se llama mudanza express, querida. No necesito a

tres amigos jipis con un chevy para acarrear cosas.

A: Ok, voy a ignorar eso. Pero esa mujer… esa mujer con la que hablaste… Me pasó lo

mismo.

D: Me vale madres lo que te pasó.

A: ¡Espera! ¿No lo ves? Creo que nos están engañando.

D: Para mí tiene todo el sentido.

A: ¡Piensa! ¡Esa mujer…!

D: ¡Cállate! Toda mi vida la tracé como lo dictaba la sociedad para poder ser parte de ella.

Crece, estudia, cásate con un hombre guapo, ten hijos, un auto, viaja… creí que el

“cómo” me haría feliz. Pero no era la sociedad quien me dictaba ni madres, eras tú…

¡eras tú, hija de la chingada! Me hiciste ver y sentir que no he hecho nada para mí, nada

real. Y sabes qué… tú vas a darme eso. Tú vas a darme algo real. Y lo harás en los

próximos minutos a menos que desees que muera.

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A: Wow, wow. Espera. ¡¿Qué?! ¿Qué chingados? ¿Quién se va a morir? ¿Mamá está bien?

¿De qué hablas?

D: Te dije que tenía que cerrar mi auto ¿no? 30 grados con las ventanas cerradas… Bueno,

yo le daría diez minutos. ¿Quién crees que me acompañó hasta acá?

A: ¡No mames! ¡El perro!

D: El puto perro.

A: ¡Pinche enferma! Dame las llaves. ¡Dame las putas llaves!

D: ¿Vas a darme algo real?

A: ¿Qué? No tengo nada real, yo no soy real. Mi padre no me considera real. No soy la

mujer que mi madre esperaba. ¿Qué tengo de real?

D: No lo sabes ¿verdad? Qué irónico y qué triste. Toda tu vida escapaste de lo que tu madre

esperaba de ti, y te enfocaste más en huir sin darte cuenta de que cada acto de rebeldía

para alejarte de esa vida era hermosamente real sin aquella carga sofocante. No tienes

dinero, y por lo tanto no te importan las cosas o no te matas pensando en tenerlas. Vives

en un departamento pequeño. Te preocupa el poder pagarlo en lugar de tener algo más

grande y llenarlo de mierda. Y seguro cuando pagas la renta, te sientes relajada y lo ves

como un palacio, y cada intromisión en tu hogar es perfecta. No cumplir las

expectativas de pareja: tienes a una hermosa novia, un poco tóxica e intensa, pero

original e interesante que se desvive por ti, que te defiende, y no porque lo necesites

sino, como muestra de importancia. No finges. No debes hacerlo.

(Mirando su reloj). Se me hace que ya está muerto.

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A: ¡Hija de puta! (Se abalanza contra la otra Olga).

D: Piensa, si yo soy tu réplica somos la misma persona; ninguna de las dos ganará si nos

agarramos a putazos. (Mostrándole el reloj.) Tic Tac. Ya pasaron diez minutos. ¿Qué

vas a hacer, Olga?

A: ¡Tú ganas! ¡¿Qué quieres?!

D: Quiero a tu novia.

A: ¿Qué?

D: Nunca he hecho nada osado en mi vida. Nada siquiera parecido a un arrebato. Algo

proveniente de un deseo. Algo hermosamente improvisado. Cuando la vi, cuando la

escuché… sentí algo… ¿envidia? Eso creo. Si yo le gusto obtendré lo que necesito.

Entonces dime, ¿vas a salvar al perro?

A: (Toma el celular y marca.) Te va a mandar a la verga. Y que una lesbiana te mande a la

verga está de la chingada. (Al auricular.) Berna, ¿puedes venir por favor? (Pausa.)

Todo está bien. Quiero que le hagas compañía a mi hermana. Se quiere disculpar.

(Pausa.) Te conozco, estás dando vueltas en el parque. (Pausa.) ¡Berna, tengo que salir,

puedes venir, es importante! (Pausa.) Gracias.

D: Gracias, Olga Original.

A: Ahora dame las llaves, pinche psicópata.

D: ¿Me crees pendeja? Las tiré por la ventana. Así que corre. Es un Tesla modelo Y, rojo.

Placas 888CAM. Llévate algo por si no encuentras las llaves.

Olga toma un extintor y sale.

49
9

A: Berna trazó su vida no por sucesos sino relaciones.

C: Era aquella persona que siempre tenía pareja o alguien a quien cuidar. No se tardaba, pero

¡nada!, en conseguir un reemplazo para no pasar un segundo sola.

D: Aquella disposición de que, si se acababa una relación… PUM.

A: Buscaba un relevo. Como en las luchas: cuando te están partiendo la madre y chocas la

palma con tu compañero para que entre al segundo aire.

“A” Y “D” chocan las palmas y cambian de lugar.

C: El día que conoció a Olga, Berna había peleado con su antigua novia.

D: Dos meses antes, ambas habían adoptado a un perro.

A: En realidad Berna fue quien lo había adoptado por la necesidad de reforzar la relación.

Un perro conlleva un compromiso. Si eso lo trasladas a una relación, estamos hablando

de una responsabilidad donde irte ya no es una decisión completamente individual.

C: Su pareja, si pensarlo de esa manera, aceptó, pero intentó restarle importancia al

compromiso llamándole al perro “El cabroncito”.

A: El cabroncito “héroe”, antiguamente perro de rescate, ya jubilado, llegó directo a tocar a

la casa de Berna.

C: El perro tenía demencia senil.

D: Motivo por el que fue jubilado.

A: Se desorientaba y olvidaba las rutinas.

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C: Un día, El cabroncito, se tardó un chingo en agarrar el pedo, pues, tres horas después de

un incendio, decidió “rescatar” al hijo del capitán mientras éste estaba jugando carritos.

D: Lo arrastró, lo atacó… no importa, el perro estaba ayudando… en su mente, claro.

A: Al jubilarlo se perdió y fue directo al edificio de Berna.

C: El cabroncito quería salvar a un escuincle que estaba jugando parado en la ventana de un

tercer piso.

D: El Cabroncito se acercó a la puerta justo cuando Berna salía.

A: El niño se cayó.

C: Berna creyó que el perro venía a salvarla a ella.

D: El cabroncito fue directo al niño que gritaba de dolor por sus 34 huesos rotos.

A: Y Berna, pensó.

B: ¡Preferiste salvarme a mí!

C: El perro ladraba junto al niño, y Berna dijo:

B: Lo sé, yo también estoy rota. Te amo perrito.

D: El día que todo se fue al carajo con su pareja, ésta, para poder sacar a Berna de su vida…

A: Simplemente abrió la puerta en media discusión para que El cabroncito saliera disparado

y ella tuviera que ir a buscarlo.

C: El cabroncito tenía la costumbre de salir echo la madre a salvar a alguien que seguramente

no necesitaba ser salvado: como Berna.

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D: Berna lo buscó durante siete horas, hasta que tomó un descanso en una banca del parque.

Pensó que sólo estaba pensado en voz alta… Pero no. Estaba platicando.

C: ¿Y qué piensas hacer?

B: ¿Disculpe?

C: Me decías…

B: ¿De verdad?

C: Hermosa, veo que todavía estás en shock. Te dije: hablando de amor y expectativas, mi

madre llegará la siguiente semana; espero haya buen clima. Y tú dijiste… “¿amor? qué

expectativas hay en ello. Pero tiene razón en lo del clima, espero que mi perro esté bien”.

B: ¿Eso dije? ¡Mi perro! ¡Estaba buscando a mi perro! ¿Lo ha visto?

C: No, te lo dije. Lo siento, querida.

B: Era el único que me amaba.

C: Eso no puede ser cierto.

B: Se sorprendería. ¿Qué hago ahora?

C: Ve a casa. Seguro mañana lo encontrarás.

B: No puedo regresar con mi novia… exnovia. Seguro ya cambió las cerraduras. Seguro mis

cosas están en las escaleras. No sería la primera vez. A veces cuando se salía Bowie…

C: ¿El cantante?

52
B: Mi perro.

C: Excelente nombre.

B: ¡¿Verdad?! Aunque responde mejor por El cabroncito. Así le puso mi novia… exnovia.

Ella le decía así.

C: Bien, y cuando se salía Bowie… qué.

B: Lo encontraba, dábamos unas vueltas para que yo pensará en una disculpa. Regresaba y

todo bien. Bueno, más o menos. Creo que esta vez no será igual. Todavía la amo.

C: ¿Puedo decirte algo?

B: Claro.

C: Creo que aquella persona que amas tanto…

B: ¿Ajá?

C: Es una verdadera perra.

B: No, Bowie es perro.

C: Hablo de tu novia.

B: Exnovia.

C: Exnovia.

B: Los amo a los dos.

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C: Quiero decir que, La humana, tu exnovia, es una cobarde. Busca una excusa para sacarte

de su vida en lugar de decírtelo. Y tú te aprovechas de eso. Mientras ella no sepa cómo

decirte “no”, esperas y esperas. Y ahí está la pregunta para ti: ¿qué esperas que suceda?

B: Que todo se prolongue hasta estar lista para preguntarle lo verdaremente importante, o esté

preparada para escuchar un rechazo. Y quizá, si llega ese momento, veamos un lado

nuestro que no habíamos experimentado y todo se arregle; y podamos quitar la pausa.

Poner play.

C: Está bien. Puedo ayudarte.

B: ¿Qué?

C: Puedo ayudarte. Dime, ¿crees en la física?

B: Creo en la astrología.

C: Muy bien, la astrología. Es la misma cosa, pero sin… “hechos”.

B: ¿Qué dijo?

C: Sin preceptos inútiles. Da la casualidad de que aquí tengo un dek de tarot. ¿Sabes leerlo?

B: Creo que sí.

A: La verdad es que Berna no lo sabía. Las únicas cartas que sabía interpretar eran las de su

hermano.

D: Y eso, a los 12 años. Y sabemos que las cartas de Tarot no se comparan con las de Yugioh.

A: Pero su hermano estaba medio muerto desde que perdió el ojo, así que todo recuerdo era

magia.

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C: Verás querida. En el mundo astral hay algo que se llama factor espejo. Digamos que todos

tenemos una réplica, o es posible crear una. Hoy no tienes que regresar con tu exnovia.

B: Cómo, ¿regresar a la casa o regresar con ella? Porque todas mis cosas están…

C: ¡Leamos las cartas! ¿Qué quieres saber? Pasado, presente o futu…

B: ¡Qué clase de amor tengo y qué clase de amor tendré!

C: Ok, eso fue rápido y escalofriantemente preciso. Muy bien. (Saca la baraja. Hermosas

cartas con diseños muy particulares).

B: ¿Qué clase de cartas son?

C: Arcanos mayores, mejor precisión. (Barajea las cartas tres veces con una destreza

extraordinaria).

B: Son hermosas. ¿Las compró en la India?

C: Roma.

B: ¿Italia?

C: Por el metro Chilpancingo.

B: Ya veo.

Saca la primera carta.

C: Interesante, los amantes.

B: Y eso qué…

Saca otra carta.

55
C: El diablo.

B: ¡Dios!

C: No, el Diablo.

B: ¿Qué significa?

C: Codependencia.

B: Pero están volteadas. ¡Espere! Algo no está bien. A chingá… o sea… ¿están en forma de

ataque?

C: ¡Que esto no es Yugioh!

B: Oh.

C: Si están volteadas refieren algo negativo. Esto representa lo que tienes ahora.

B: ¿Qué? Ni madres. Deme otra carta.

C: ¡Esto tampoco es blackjack!

B: Ok, pero se puede ¿no?

Saca otra carta: La torre.

B: Y eso…

C: Destrucción. Todo esto refiere al amor que tienes ahora. ¿Vemos lo que vendrá?

D: Ello, aquel personaje de la banca, saca la rueda de la fortuna.

A: Significa cambio.

D: Saca el sol.

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A: Luminosidad.

D: Saca el mago.

A: No puede interpretar bien ésta, así que saca otra y la pone encima… El ermitaño.

B: ¡No mames!

D: Berna pensaba en su hermano y sus cartas de Yugioh, y creyó que encimar una carta sobre

otra significa invocar a un monstruo.

C: No rechaces la ayuda.

A: Después de que Berna escuchara cada palabra, y tuviera en mente a su hermano con los

dos ojos ilesos, jugando tazos y Yugioh a fuera de la primaria, por un momento creyó

en la magia, en lo imposible, y aceptó las palabras.

C: Qué tal si te dijera, que a 20 cuadras al este…

B: ¡Espere! ¿Hacia dónde es el este?

C: Hacia allá.

B: Sí, lo intuía.

C: Que tal si te dijera, que hacia el… hacia allá, el día mañana, te toparás con la réplica de tu

novia.

B: De qué me servirá toparme con la réplica de mi novia.

C: Tendrás la oportunidad de reclamarle lo que quieras sin miedo a que te rechace.

B: ¿Y si me rechaza? Dios, ¿no será aún más doloroso que me rechace la copia de mi novia?

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C: Pero no es la original. Puedes verlo como un ensayo. ¿Qué dices? Podrás conocer aquel

lado suyo que te tanto te hace falta.

A: Y en ese momento a lo lejos…

D: Berna ve a Bowie.

A: El perro.

D: El cabroncito…

A: Aproximándose.

D: Aunque en realidad El cabroncito estaba aproximándose a un carro donde había un niño

dentro. El chamaco sólo estaba golpeando la ventanilla, y no para pedir ayuda: sólo por

ociosidad.

A: Bowie se para en dos patas sobre la portezuela…

D: Y justo en ese momento, pasa muy, muy, pero muy cerca una combi. Y, entre la combi y

Bowie, pasa una moto a toda velocidad. Y ¡crack!

B: ¡Bowie!

D: El cantante.

A: Murió de cáncer. Sus últimas palabras fueron…

D: Según la letra de su último disco…

A: “Mira aquí arriba, estoy en el cielo”.

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D: Berna, al recordar la estrofa, intenta decir algo igual de hermoso por la muerte de su perro.

Pero la negación de perder algo nuevamente le exige preguntarle a aquella mujer que

acaba de conocer:

B: Disculpe señorita, ¿de casualidad sabrá si mi perro tiene una réplica?

59
10

De regreso al presente, en el departamento. Entra Berna. Suena un golpeteo a lo lejos.

B: ¡¿Dónde está Olga?!

D: Aquí estoy.

B: no te hagas la chistosa, dime dónde está.

D: Te dije que aquí estoy.

B: Donde está Olga Uno.

D: Quiero ser la número uno.

B: ¿Quieres jugar? Bien. Querías disculparte ¿no? ¡Hazlo!

D: De verdad quiero disculparme.

B: Soy toda oídos.

D: Perdón por haberte dicho lesbiana.

B: Si sabes que esa palabra no es una ofensa, ¿verdad?

D: No, no lo sabía. Perdón por el modo en que lo dije.

B: Eso está mejor. Te perdono. Ahora, puedes decirme donde…

D: Iba a decirte gay.

B: Tampoco es una ofensa.

D: ¿En serio? ¿“Gay” no es para los hombres?

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B: Mujeres y hombres.

D: Wow, que inclusivos. Pensar que todos esos nombres están bien. Y yo que iba a

disculparme por decirte lencha.

B: Eso sí no está padre. ¿Cuándo lo dijiste?

D: Cuando saliste.

B: Bien, ya tenemos algo. Bueno, te perdono también por eso.

D: Sí, perdóname.

B: Ahora, me quieres decir dónde está Olga, mi Olga. Puedes ser la número uno, si quieres,

pero me refiero a mi Olga.

D: ¿De verdad es tu Olga? Qué hace que sea tuya.

B: ¡Basta! ¿Qué chingados está pasando?

D: Pasan muchas cosas.

B: Espera. ¿Escuchas eso?

D: ¿Las tuberías?

B: No. Conozco el sonido de las tuberías. Y eso no… viene de afuera. (Se dirige a la

habitación).

D: Berna, ¡espera!

B: (Desde la habitación.) ¿Qué mierda está pasando?

D: No sé. Pasa mucha mierda en esta ciudad.

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B: Por qué chingados Olga está golpeando a ese carro.

D: No sé. Seguro no encontró las llaves.

B: No tenemos un carro así.

D: Oh, es mi carro.

B: ¿Qué? (Entrando a la sala.) ¿Tú le pediste eso? ¿Perdiste tus llaves?

D: Me di cuenta de que no he perdido nada porque nada es mío; no se siente como mío.

B: ¿De qué hablas?

D: Le dije a Olga que si lograba entrar a mi auto sería suyo.

B: ¿Qué? Olga no necesita un carro…

D: Para impresionar a su madre. ¡Ah! Eso sí lo crees.

B: Y tú qué ganas.

D: A ti.

B: ¿Qué? ¿Me estás diciendo que mi novia me vendió por un auto?

D: Para ser justos es un muy buen auto. Deberías sentirte alagada.

B: ¿Quién chingados eres? Y no me vengas con esa idiotez de que eres su media hermana.

D: No soy su media hermana. Me llamo Liliana, pero también soy Olga. Verás, soy una

proyección de ella, una copia. Hace muy poco me di cuenta de ello. Toda mi vida he sido

una simple proyección. Pero ella, tu noviecita, me creó para que un día pudiera liberarse.

Y ahora yo también lo deseo. Lo deseo mucho.

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B: ¿Que se libere? Quién.

D: ¡Yo! Yo también quiero liberarme.

B: Oh, ya. Perdón, tengo déficit de atención. ¿Por qué me miras así?

Silencio.

D: Ya habías escuchado algo así antes ¿verdad? Sobre las réplicas. Sobre que todos tenemos

una copia.

B: Algo había escuchado.

D: Es perfecto. (Se acerca poco a poco más a Berna).

B: ¡Oye! Qué haces.

Berna se acerca y la acaricia: ya sea el brazo o la rodilla.

D: Dime. Cómo supiste que hay copias de nosotros mismos.

B: Hace tres años fui en busca de la réplica de mi exnovia porque no podía más con la

indiferencia de la verdadera.

D: A mí no me eres indiferente. (Se acerca más a Berna).

B: Quería encontrarla para decirle todo aquello que no podía decirle a la verdadera. Quería

que me amara como no lo hacía la verdadera. Quería cualquier reacción para apretar... o

soltar. Y ese día me topé con Olga.

D: ¿Olga es la réplica de tu exnovia?

B: Espero que no. Me tropecé con ella, la vi a los ojos y le dije cien cosas en un minuto. Olga

se río. Quizá creyó que yo era una loca, pero de alguna forma eso le pareció sexy.
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D: Muy, muy sexy.

B: Y nunca me dejó. Pero fue un error.

D: ¿Por qué?

B: No entiendes. Buscar el otro lado de mi exnovia fue un error. ¿Qué estaba haciendo? En

qué estaba pensando. Sabía muy dentro de mí, que, aunque sólo fuera un reflejo, tarde o

temprano encontraría lo mismo. Darle otra oportunidad a un lado que nunca había visto

de esa persona es triste, es patético, es peligroso. Aunque te convenzas de que la vida

quema, no debes aceptar ingenuamente las brasas sólo porque es el único camino: puedes

encontrar la forma de apagar el incendio. (Toma un frasco, toma a la otra Olga de las

manos, y se hincan frente a frente.) Esto me lo enseñó Olga. (Berna, sopla sobre la

superficie del frasco apagando la llama). Se llama efecto coanda. Esa noche tracé mi

propio camino, olvidé a mi exnovia y me quedé con Olga. (Viendo el frasco).

D: ¿Efecto coanda?

B: Se lo enseñó su tía muerta. Bueno, ahora que sabemos que todos tenemos una copia,

sabemos que se trataba de la réplica de su madre. Quizás Olga no es perfecta. Quizá no

me ama, al menos no de una forma romántica. Pero aquel día, decidí. Hice algo correcto.

La elegí sobre algo donde ya no había nada. Y con el tiempo me enamoré, y volví a

agachar la cabeza… como siempre, por temor al rechazo. Pero sé que en ese momento

avancé. Un paso adelante y dos atrás.

D: Y qué necesitas para volver a dar un paso adelante.

B: Necesito saber si Olga me corresponderá como lo deseo. Estoy segura de que eso hará

que…
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La otra Olga besa a Berna. El beso es largo y delicado. Las luces se mitigan. Vemos la

silueta de la otra Olga encimarse en Berna.

11

C: Una multitud rodea al carro Tesla. La mayoría lo aprecia y la minoría se preocupan por el

perro atrapado.

D: ¡No mames, ¿qué pasó?!

A: Dice una señora viendo la ventanilla destrozada y el hueco que se produjo.

B: El niño que a los 15 años les dirá a sus padres que es gay, le dice:

C: Una mujer rescató al perro. Iba a morir calcinado.

D: ¿Cuál perro?

C: Ese perro.

A: Dice el niño mientras coloca un plato con agua cuidadosamente dentro del carro a través

del agujero de la ventanilla.

D: Es un buen perro.

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C: Lo es.

D: Es un buen auto.

C: ¡Lo es!

D: ¿Por qué el perro no sale de ahí?

C: Se puede cortar, son inteligentes.

D: Es verdad. ¿Habrá tocado el claxon para pedir ayuda?

C: Es muy posible.

D: Por qué no abren la puerta.

C: Lo intentamos, pero no se puede. Se necesita la llave. Es un buen auto. Quién sabe dónde

están los seguros.

D: ¿Quién dejaría a un perro encerrado en un auto? Un hijo de puta, seguro.

C: Sí, alguien que merece morir horrorosamente.

D: Espera… ¿Estos autos no son tan chingones como para tener aire acondicionado incluso

apagado?

C: Por qué lo pregunta. ¿Es abogada del hijo de puta?

D: No.

C: Entonces no importa. El encierro ya es crimen suficiente.

D: ¿Eres abogado del perro?

C: ¡Pues eso sería increíble!

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D: Tienes toda la razón.

A: Berna, después de haber cogido con Liliana: la otra Olga, baja la escalera y rodea el

edificio llegando al estacionamiento.

C: Ve a la multitud y se detiene. Mira hacia la ventana de su departamento.

D: Pone la oreja sobre la pared con la imaginación de poder escuchar la voz de Liliana, la

otra Olga, por las tuberías.

A: Baja la mirada, y, entre una botella de plástico y una manguera, ve un control;

posiblemente de un carro.

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12

Tocan a la puerta. Vemos a la otra Olga en bata. Lleva en la mano el frasco.

D: Sí, ¿quién es?

A: Muy graciosa. Abre la puerta maldita psicópata.

D: No abriré hasta que me digas tu nombre.

A: ¡Soy Olga, cabrona! Ahora abre.

D: ¿Eres yo?

A: Chinga tu madre. Abre.

D: No voy a chingar a nuestra madre.

A: ¡Abre, carajo!

D: Primero cálmate.

A: Está bien. (Entrando.) ¿Estás usando mi bata?

D: Nuestra bata.

A: ¿Dónde está Berna? (Gritando hacia la habitación.) ¡Berna! ¡Berna!

D: Se fue.

A: Qué hiciste.

D: Cogimos. Olga, creo que soy lesbiana.

A: ¿Qué? Como que cogieron.

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D: Bueno, eso creo. La verdad no sé si cogimos, estoy acostumbrada a que coger es

penetración, pero hicimos algo con los dedos y las piernas…

A: Sí, sí, sí, eso es coger. Creo.

D: ¿Crees?

A: Nunca lo hemos hecho… Berna y yo. No como tal.

D: O sea… Quieres decir…

A: ¡Quiero que te largues!

D: Ok. ¿Está bien el puto perro?

A: No gracias a ti. Ahora ponte tu ropa, y lárgate. Estamos a mano.

D: ¿Qué? No chiquita, no estamos a mano.

A: ¡Me vale madres!

C: Olga estaba tan enojada que en realidad quería decir:

B: ¡Me vale tres kilos de verga!

C: Pero no quería verse tan vulgar ante su otra yo que le había jugado chueco: su otra yo

a la que debía demostrar que era mejor.

B: Por eso dijo “me vale madres”.

C: Frase que la conflictuaba siempre: “valer y madres” dos palabras portentosas que no

pueden estar juntas: valor / mamá.

A: ¡Me vale madres!

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D: ¿Estás bien?

A: ¡Te me vas directito y sin escalas a la chingada! No quiero saber de ti. ¿No entiendes?

¡Nunca quise! Mamá quería saber de ti, pero yo no, nunca. Así que lárgate.

D: Está bien. (Vistiéndose). Pero te diré que pasó algo hermoso…

A: Qué.

D: Ya no tienes novia. Liberé a Berna. Le quité un gran peso de encima.

A: ¿Qué?

D: Aquello que esperaba de ti, y no hablo del sexo, se lo di. Se dio cuenta que lo que tu

procurabas no era suficiente. Por fin pudo irse. Pudo soltar.

A: Pero ella… o sea que… ¿Nunca tuve que coger con ella? Nunca tuve que…

D: No sientes nada al perderla, ¿verdad?

A: Por supuesto que siento algo, ¿me siento triste?

D: ¿Aliviada?

A: Pobre Berna. Siempre creí que necesitaba algo así. Sentía que tenía que mantener una

relación por el simple hecho de ser una idea mía.

D: No tenías que hacer nada, tenías que decirlo todo.

A: ¿Se fue? ¿De verdad se fue?

D: ¿No es lo que querías?

A: No. No lo sé. ¡No!

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D: Ella necesitaba…

A: ¡Lárgate, por favor!

D: No hasta que me liberes.

A: ¿Qué chingados? ¡Cuál es tu maldito problema!

D: ¿No entiendes, Olga? Sentí algo real. Algo que no había sentido antes. Tuve mi orgasmo…

A: Dijiste que habías tenido 15…

D: … número 16.

A: Ok, entiendo.

D: Después el 18, el 19 y…

A: Sí, ya, ya entendí, la pasaron increíble.

D: Y más que eso. Obtuve algo que ni el dinero, ni la posición, ni el poder, ni los viajes me

habían dotado. Pero necesitaba decirme a mí misma: déjalo y vete. Haz algo osado en

tu vida. Y aquí estás. Mi yo, mi original. No puedo regresar a la vida que tenía. Debes

entenderlo. Necesito que me liberes. Necesito que me dejes ir.

A: Pues vete.

D: No esa clase de “vete”.

A: De qué clase entonces.

D: Una donde me acompañes.

A: De verdad soy así de pinche molesta o las copias lo magnifican.

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D: ¿No lo ves? Podemos liberarnos mutuamente. Te necesito. Aunque me hayas creado,

aunque hayas “complacido a tu madre” no es suficiente. Lo sabes. Acompáñame.

A: Para qué.

D: Para que me enseñes lo que es real. Hoy viví algo hermosamente real. Me sentí, por primera

vez en mi vida, liviana, ingrávida. Necesito que me enseñes más para que algún día

pueda decirles a mis hijos por qué me fui. Pero para decirles la verdad, en ese momento,

necesito dejar de mentirme a partir de ahora. ¿No lo ves? Odiaba mi vida: todo por

intentar cumplir esa mierda del “debería” “del qué dirán”.

Creo que no hay nada más hermoso que recordar viejos miedos, y darte cuenta que los

superaste, o que estás apunto.

A: ¿Cómo es eso?

D: De niña me horrorizaba una serie de televisión donde te hablaba de la mitología griega con

marionetas. La historia de Atlas. Quedé aterrada con la historia de Atlas. El castigo que

sufrió el Titán.

A: ¿Ok? Suena interesante, pero…

D: Se enfrentó al destino y guio a sus padres hacia una lucha de libertad contra Zeus. Y cuando

los titanes cayeron, Zeus lo obligó a sostener los cielos por toda la eternidad. Atalante:

que significa “sostener”, “soportar”.

A: ¿Atlas no sostenía el mundo?

D: No. Los cielos.

A: Mmm, estoy segura de que era el mundo.

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D: No.

A: De verdad, estoy segura. Hay miles de estatuas de…

D: ¡Sostiene los cielos!

A: Ok, ok. Entonces porque hay estatuas de Atlas…

D: ¡No sé, poca visión! ¿Puedes visualizar a un titán cargar los cielos?

A: Tienes un punto; no es tan padre la imagen. Y ha de ser compleja para el escultor.

D: Lo que significa…

A: Quizá sostener el mundo es una representación más cercana a…

D: ¡Me vale pito cómo esculpan a Atlas! El chiste es… ¿No lo ves? El miedo. No quería ser

Atlante, nunca quise ser Atlante: sostener todo infinitamente por el hecho de revelarme.

Pero por no revelarme terminé sosteniendo las expectativas de los demás. Creí que no

había salida, pero ahora la veo. Hay un momento en tu vida donde debes decidir algo

importante. Si titubeas cargarás el peso “del puto hubiera”. Y no hay nada más

desgarrador que sostener en tu conciencia un pretérito imperfecto “hubiera” una

conjugación condicional de la verga. ¿No te pasó algo así?

A: A decir verdad, tengo un recuerdo. De esos que se aparecen de vez en cuando y se

confunden con deseos. Cuando mi padre y mi madre aún estaban juntos me llevaron a

comer a un restaurante chino. Mi padre odiaba lo silencios; prefería llenarlos con

preguntas incómodas. Mi padre me vio durante unos segundos, y esos segundos fueron

eternos. Él hizo una pregunta; no a mí en especial: sino a mi edad, a mi vida.

B: Cuándo tendrás hijos.

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C: Cuándo te casarás.

A: Dime, hermosa, ¿qué quieres ser de grande?

Debí responder mejor.

D: ¿Qué contestaste?

A: Quiero ser doctora. Y fue cuando se formó otra Olga en la cabeza de mis padres: tú. Los

padres creen fielmente que su tarea primordial es proteger a sus hijos, y están tan

equivocados.

D: Cuál es su tarea.

A: Amar. Nada más. Pero se la pasan confundiendo el amor con responsabilidad.

D: Acompáñame. Sólo tú y yo.

A: (Colocando la palma en la mejilla de Liliana: la otra Olga.) Pobre otra Olga. Estás

realmente jodida. Lo siento tanto. Siento haberte dado esta vida, esta existencia. Aquella

que yo aborrecía. Lo siento de verdad, muchísimo. (Pausa.) Pero no puedo hacerlo. Eres

hermosa, osada y tienes un carro bien chingón. Pero la verdad es que estoy igual de

perdida que tú.

Liliana, la otra Olga, agacha la cabeza y se dirige al cuarto. Pasa al lado de Olga y le da el

frasco. Olga lo aprecia detenidamente.

¿Sabes qué, Otra Olga? Vámonos.

D: ¿De verdad?

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A: Te lo mereces. Quizá puedo ayudarte a distinguir que es real, y tú me puedes ayudar a

notar aquellos detalles que dices que me he perdido. Si lograste que Berna estuviera

bien…

D: Menos mal que te encontró ese día en el tianguis y no a la réplica de su pareja.

A: Mercado de pulgas. ¡Espera! ¿Qué dijiste?

D: ¿No te lo dijo?

A: No me dijo qué.

D: El día que Berna te encontró buscaba a la réplica de su pareja.

A: ¡No mames!

D: Ok, no, no te lo contó. Lo siento. Pero no tiene tanta importancia. Regresemos a nuestro

plan.

A: No, no, no. Tiene mucha importancia. ¿No lo ves? Qué tal si sí la encontró.

D: No entiendo.

A: Qué tal que yo no soy la Olga original, qué tal si Berna ya andaba con otra Olga. O peor

y más complejo todavía: qué tal que Berna es…

D: ¿Otra Olga? No. Imposible, cogimos. Si las tres fuéramos la misma persona…

A: ¡Cogiste contigo misma!

D: Madres, ¿sólo me masturbé? Eso sí es triste. No, esa teoría suena muy rebuscada.

Olga se dispone a salir.

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¿A dónde vas?

A: Tengo que aclarar esto. Tenemos saber quién es la original.

D: ¿Por qué?

A: Ya no podemos quebrarnos. No puede existir un fractal más de Olga. Que tal que existe

una Olga que ya no pueda con el peso, y está a punto de quebrarse como una pata de

pollo… crack. Una Olga que no tenga a quien reclamar y decida perderse en vacío. Si

vamos a arreglarnos, que sea de raíz, y que ninguna se pierda en la oscuridad.

D: Pero cómo…

A: Iré con la hija de puta que comenzó todo. Aquella que es culpable…

B: De esto.

C: De aquello

B: De todo el asunto.

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13

Olga está sentada en la misma banca donde Ello le ha hablado a sus “víctimas”. Se

escucha la corriente de aire y el pasar de un avión. Aparece Ello de repente, como si

viniera con el sonido del viento.

C: Por qué la gente va al mar. ¿Te lo has preguntado?

A: Quién eres.

C: ¿Ves ese avión? Lo más probable es que tenga que cambiar de rumbo. Hay vientos

cruzados; es muy peligroso. Pero quizá sea mejor para los pasajeros. Quién quiere venir

a la ciudad. Aquí se viene a trabajar. En cambio, el mar… ¿Por qué la gente va al mar?

Es lo más cercano que conocemos del fin del mundo. Y sólo vamos al fin del mundo

para a encontrarnos ya que no nos hallamos en el centro. Y aquellas personas que viven

cerca del mar olvidan la sensación de fugarse. Prefieren vivir pueblo adentro que

sobrevivir en la cornisa. Pero tarde o temprano regresarán al mar: está en nuestra

naturaleza. Por qué la gente va al mar. Porque ahí comenzó todo. Parece que estamos

programados para regresar a la vida. Por eso cuando sentimos que la perdemos, nos

damos al océano. Por eso la gente va al mar.

A: No sé quién eres, o cómo lo haces. No sé si te aprovechas o sólo te diviertes. No sé si eres

el mismo diablo. No sé qué chingados haces aquí. Y la verdad… no sé si molerte a

putazos o…

C: O qué.

A: Te lo pido. Por favor no hagas más copias. No necesitamos a más Olgas.

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C: ¿A caso no es mejor dividir el peso que cargas en tu espalda? Hiciste exactamente lo que

aquellas personas le hicieron a Annette Silán en el museo. ¿Qué pesa más, Olga? Lo que

esperan de ti o tu conciencia. ¿Qué te preocupa?

A: ¿Quién eres?

C: “Quién eres”. La pregunta más vieja de todas. Hace mucho quería ser arquitecta. En

realidad quería ser aeromoza; después actriz, después criminóloga. Pero como en todo,

los oficios se miden por dinero y distinción. Mis padres y otros me convencieron de ser

arquitecta… y cuando te convencen… no puedes fallar. He hice lo que suele hacerse en

esos casos…

A: ¿Resignarse?

C: Encontrar lo bello en lo inevitable. ¡TRIUNFAR, Olga! En negritas y con mayúsculas. Me

encantaban los puentes: ese bello arte de ingeniería. Un arte ingrávido. Y llegué a

diseñar uno. Mi diseño ganó un premio, y esa creación se materializó. Creí que sentiría

aquella magia que sienten los artistas al ver su obra viva, tangible. Estudié todo sobre

puentes. Los admiraba. Hasta que una tarde recibí una llamada. Mientras construían el

puente, a seis cuadras, había un muchacho que estudiaba día y noche. Hacía todo lo

posible e imposible por ser perfecto; pero a veces eso no es suficiente. Entrenaba todos

los días, practicaba cuando debía descansar. Pero a veces no sólo depende del deseo.

Muchas veces la suerte debe jugar en tu casilla. Ese muchacho era bueno, muy bueno

en lo que hacía. Pero en este mundo a veces eso no es suficiente. Y es cuando el estrés

se convierte en miedo, y el miedo en tristeza, y la tristeza en cansancio. Tenía que ser el

mejor; no por él, sino para los demás. Sabrá Dios qué tanto cargaba en la espalda. Y una

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noche me llamó mi hermana. Mi sobrino de 19 años había escrito una carta. Había

dejado su instrumento, impecable, en la sala. Dejó sus tenis bien acomodados,

paralelamente uno del otro al lado de la banqueta: como quien ordena sus cosas antes

de dormir. Después saltó de un puente. Y no cualquiera. “Está muerto, saltó de tu

puente”, dijo mi hermana. De mi puente. ¿Sabes cuántas personas están involucradas

para crear un puente? Pero para mi hermana, en ese momento, era mi puente. Y de ahí

saltó un joven: mi sobrino: callado, apasionado, difícil… hermoso. Después estudié una

cifra en particular que proporcionaban los puentes. Una cifra del que poco se habla:

Puente del río Van Stadens, Sudáfrica. 104 suicidios.

Puente Golden Gate. 1,700 suicidios.

Puente Nankín, China. 2,400 suicidios.

Hay un puente en cada país que es más un impulso para finalizar que para atravesar un camino.

¿Sabías que en japón el suicidio entra en las tres principales causas de muerte? Y sucede más

entre jóvenes. “Problemas escolares” les llaman. No mueren por la caída, si no por la

roca que traen amarrada a la espalda. Una roca que fue colocada por alguien: un padre

una madre, un novio talentoso, una novia brillante que atrae multitudes, el amor

deseado, amigos, colegas. ¿Quién debes ser? ¿Qué deberías hacer? Transferir la carga

no es suficiente.

A: Por eso creas replicas.

C: Mírate, ustedes lo hacen tan fácil. Están tan quebrados que son capaces de creer cualquier

cosa: como que puedo crear una copia.

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A: Pero… de qué otra forma podrías haberlo hecho.

C: Olga ¿te has preguntado si todo esto es sólo un performance? ¿el mayor de todos?

A: ¿Qué? ¡No! No es un performance. Lo que haces… lo que haces…

C: Lo que hago es más sencillo de lo que crees. Mira a tu alrededor. Hay un roto en cada

esquina, en cada café, sentado en cada auto en el tráfico, en su oficina, en su cubículo,

volando hacia Dubái, hacia cualquier mierda que los haga sentirse más completos. El

mundo está lleno de personas que no se escuchan, que se engañan así mismas, que

siguen los objetivos que la sociedad y la historia les ha marcado. ¡Expectativas!

Expectativas ajenas.

A: Pero las réplicas…

C: Quizá sólo sean personas, Olga. Quizá sólo soy aquel individuo que los presenta. ¿Acaso

no podría ser posible que me siente aquí todos los días en esta banca a esperar y esperar

y esperar; y tarde o temprano alguien se sentará donde tú estás? Quizá no se darán cuenta

inmediatamente, pero de un momento a otro comenzarán a hablar. Siempre lo hacen.

Todos tienen algo que decir, y pocos escuchan. Yo lo hago. Y cuando se desahogan les

digo: “Hablando de amor y expectativas, mi madre llegará la siguiente semana, espero

haya buen clima”. Esa es una frase que abarca casi todos los temas del mundo. Quizá

hable todos los días con tres o seis personas. Hay tantas opciones para unir. Todos cargan

con algo ≤--≥ Olga. Estamos tan destrozados que embonamos perfectamente. (Señalando

con la cabeza). Mira a ese hombre. Ahora mira ese otro de aquella esquina. Esa persona

cree que estaría mejor si tuviera lo que la otra, y viceversa. Lo único que tengo que decidir

después de conocerlos un poco, es a quién le diré que será la réplica y quien el original.

80
Están tan quebrados que no es difícil hacerlos dudar de su existencia. Y lo mejor de todo,

es que al final de cuentas, no importa quien decida quién será la réplica y quién el original:

ambos verán lo mismo: una excusa para librarse de aquello que va tan mal. De gritar, de

maldecir, de mentarle la madre al mundo. Una oportunidad para soltar ese peso de su

espalda. Lo necesitamos.

A: Mentira. Es lo único que sabes hacer, mentir.

C: ¿Sí? Ok, entonces volvemos a la teoría de la holografía: realmente todos tenemos una

réplica. Quizá yo también soy la tuya. ¿Qué quieres creer? Cuál de las dos teorías es la

verdadera. ¿Cuál te acomoda?

Silencio.

A: Liliana… la otra Olga es…

C: Puede ser tu réplica o… puede ser sólo una nueva amiga. Estamos tan acostumbrados a

hacer lo que nos dictan todos desde que nacemos, que necesitamos a alguien que nos

diga lo contrario. Estamos tan acostumbrados a no escucharnos. Liberaste a Liliana,

quizá no por completo, pero fue un buen paso. Y ella te hizo ver qué te hace falta.

Liberaste a tu copia, o quizá liberaste a una extraña que lo necesitaba.

A: Ella dice que debo hablar con mi madre.

C: A diez cuadras hacia el este…

A: ¡Espera! Cuál es el…

C: ¡Hacia allá!

A: Ok.

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C: A diez cuadras hacia el este, en un hotel llamado Xīwàng, está hospedada tu madre. A ocho

cuadras hacia el oeste en un hotel llamado Gēnjù, está hospedada su réplica: tú la conoces

mejor como su gemela muerta: tu tía. O quizá sólo sea una mujer que yo escogí con los

antecedentes ecuánimes para tu historia. Muy bien, Olga. Hora de decidir. Si crees que

sólo somos un holograma de alguien más… anda… ve a hablar con tu tía, disfrútala y

créate la historia que quieras: quizá sea una extraña que te dirá lo que necesites. Pero si

piensas que simplemente todos somos un conjunto de piezas desquebrajadas, ve al este y

habla con tu madre. Si lo haces, estarás aceptando que aquella noche, cuando eras niña,

no fue un fantasma quién entró a tu cuarto para decirte que habías realizado un hermoso

precepto llamado Coanda. Fue ella, tu madre. Y tuviste la hermosa oportunidad de ver,

por un momento, otro lado suyo, uno donde te decía que te marcaras tu propio camino.

Sí, quizá, al siguiente día volvió a sentir miedo y regresó a trazar tu vida: pasa. Pero eso

no exenta que existe un lado de tu madre que puede que te interese. Un lado que podemos

tener todos nosotros.

Silencio.

A: Dijiste que nunca iba a darme cuenta en qué momento y cómo iba a pagarte.

C: Quizá algún día tú hagas algo parecido por alguien, como yo lo hice.

A: ¿Todo esto no fue idea tuya?

C: (Sonriendo.) Fue idea de mi réplica.

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B: Después de hablar con Ello, la mujer del parque, Olga se despide de Liliana.

D: Liliana, la posible otra Olga, le dice que la verá en dos horas en un cafecito llamado

Suey, entre las calles Martín H. y David J. Le jura que ese lugar es hermoso y crucial

para andar.

B: Olga baja las escaleras.

D: Ya que el elevador en ese edificio jamás ha funcionado. Los adultos dicen que es un

hoyo que podría ser elevador algún día, y los niños presumen que es el pozo más

pendejo que se ha creado.

B: Arriba, Liliana, la otra Olga, empaca una maleta. Mete ropa que le podría gustar a su

original y, por supuesto, a ella.

D: Olga camina hacia el parque, al pisar el centro, intenta recordar hacia dónde mierdas es

el este y el oeste.

B: Cuando lo recuerda, corre hacia la dirección elegida.

D: Entra al Hotel.

B: Una señora obesa y hermosa le dice…

D: ¡Llave!

A: ¿Qué?

D: Muestre su llave.

A: No me hospedo aquí. Mi mamá… mi mamá se hospeda aquí. Podría decirme…

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D: Entonces su madre tiene llave, y por eso está aquí.

A: Sí. ¿Puede decirme dónde se hospeda?

D: Aquí.

A: ¡En qué habitación!

D: ¿Cómo se llama su hermosa madre?

A: Maru, y tiene razón en que es hermosa.

D: Cuarto 303, suba por las escaleras.

A: Adivino, no funciona el elevador.

D: Si tuviéramos uno… seguro no funcionaría.

A: ¿Podría marcar a su cuarto?

D: Entiendo. (Marca. Hablando al auricular.) Señora, tiene visita. Es su…

A: Olga, me llamo Olga.

D: Olga. (Pausa.) Dice que pase.

A: ¿Puedo hablar con ella?

D: Seguro que sí, dice que pase.

A: No, por teléfono.

D: (Al auricular.) Señora, ¿sigue ahí? (Pausa.) Le paso a su hija.

A: Mamá.

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C: Sí

A: Mamá, qué pensarías si te dijera que mi vida no es lo que aparenta ser. (Pausa.) ¡Mamá!

Silencio.

C: ¿Eres feliz?

A: Por qué preguntas eso.

C: Me voy a los hechos. Hay cosas que no se pueden replicar.

A: Mamá… a veces pienso que no soy real.

Silencio.

C: ¿Qué estupidez es esa, Olga?

A: ¡Mamá!

C: ¿Estás ebria?

A: No.

C: ¿Drogada?

A: ¡No!

C: Entonces no digas pendejadas.

A: Pero… Sí, mamá.

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C: Bien. Ahora, en el extraordinario caso de que no fueras real…

A: ¿Sí?

D: Olga piensa en la respuesta de su padre.

B: En el grito de Annette Silán.

D: Que en realidad fue del guardia.

B: Piensa en reprobar.

D: Piensa en que lo más osado que ha hecho en su vida fue salvar a un puto perro dentro de

un carro; y lo bien que se sintió.

B: Piensa en el rechazo y en el amor.

A: ¿Sí?

C: No me importaría.

A: ¿Porque me amas?

C: Que no digas pendejadas, carajo.

A: ¡Oye!

C: Es que Olga, dices cada tontería.

A: No sé quién debo ser. ¿Aún crees que debo ser aquella persona que imaginaste?

C: Bueno tú, cómo chingas.

A: ¡Sí o no!

C: Cundo era joven…

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A: ¡Sí o no!

C: Te voy a contar una historia, ¿quieres escucharla?

A: Sí, perdón mamá.

C: Cundo era joven, fui a Monterrey, a posiblemente la entrevista más importante de mi

vida. Vientos cruzados. No sé bien que sucedió, pero no aterrizamos en Monterrey,

aterrizamos en Saltillo. Y ahí me quedé… tres años. Había ido a ese viaje sin nada…

y regresé a casa con Algo.

B: Si cambias las letras, dice Olga

C: Pude haber esperado siete horas y tomar el avión a Monterrey, pero tracé otro camino.

Efecto Coanda le dicen, y sin él los aviones no pueden volar.

A: (Harta.) ¡Sí o no!

B: Hubiera dicho Andrea.

D: La pendeja.

B: Pero Olga no dijo nada.

D: En su cabeza, pensó:

A: Es el sí más enmascarado y chingón que he escuchado en mi vida.

D: Pero en realidad dijo:

A: Entiendo, ya veo. Gracias, mamá.

Se escucha el pasar de un avión.

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C: Berna mira hacia la ventana de su departamento.

D: Pone la oreja sobre la pared con la imaginación de poder escuchar las tuberías.

A: Baja la mirada y, entre una botella de plástico y una manguera, ve un control;

posiblemente de un carro.

C: Coge la llave-control y presiona un botón.

D: Suena la alarma del auto. La muchedumbre voltea hacia todas partes para encontrar al

hijo de puta que dejó al perro encerrado.

C: Berna observa hacia el auto. Ve a un niño custodiando la ventanilla rota. Ella recuerda

cuando su perro…

D: El cabroncito.

A: Intentaba rescatar aquel niño del auto que no necesitaba ser rescatado.

C: Así que Berna, presiona otro botón para que la historia no se repita.

D: Las puertas se abren. Y, entre aplausos, sale el perro. Berna grita…

B: ¡Bowie! ¡Cabroncito! ¡Cabroncito! ¡Aquí estoy!

C: Berna cree en segundas oportunidades: llámense réplicas o Cabroncito.

D: Piensa que, si la otra Olga se llama Liliana: el cabroncito podría llamarse…

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B: ¡Ey, Puto! Puto perro, aquí estoy. ¡Aquí estoy!

C: Mientras El puto perro corre hacia Berna, ella piensa en los cuatro tipos de amor:

A: Fileo: el amor de la amistad. Aquel que tuvo con Olga, admitiendo que, aunque fueron

tres años de relación, eran buenas amigas.

D: Eros: aquel que tuvo con la otra Olga. Tres veces en una hora.

C: Piensa en el amor de la madre de sus Olgas: Storgé: el amor familiar.

A: Y finalmente Ágape, amor incondicional: algo muy cabroncito, llamado puto perro.

B: No sólo estamos “aquí y ahora” por temor a la muerte, al tiempo. Hay otros detalles,

hermosos detalles:

A: Como decir no, mientras todos dicen sí en una mesa llena de hijos de puta.

B: Como ver a tu hermano directo a su ojo bueno.

C: Como una plática en el parque, una caricia en la mejilla.

D: Tu “yo” diciéndote: eres libre.

A: Tú, sonriendo frente al espejo y estar orgulloso del reflejo.

B: Cuando te encuentras a ti mismo y te perdonas.

C: Cuando sientes la sonrisa antes de abrir la puerta.

D: Como cuando tu madre te ignora y sonríe por un pensamiento más importante…

A: … tú de pequeña, abrazándola por impulso.

B: Como desprenderse, por una buena vez, del “debería” …

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C: Ser…

D: Estar…

A: Haciendo.

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Vemos a Liliana sentada en una mesa rectangular, vistiendo un abrigo gris, una pashmina

azul amarillo, y un sombrero azul. Llega Olga vistiendo un suéter verde con cuello en

“V” y un sobrero negro.

D: Llegaste.

A: Llegamos.

D: Muy bien. Y ahora, ¿a dónde vamos? ¿qué hacemos?

A: ¿Sabes? No tengo idea: nunca me había percatado de ser… liviana.

D: Querrás decir libre, pero quizá es lo mismo. Tienes algo en el cuello.

A: ¿Qué?

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D: (Arrancando un hilo de estambre rosa de la nuca de Olga). Esto.

A: Había olvidado que estaba ahí.

D: Y entonces, ¿a dónde vamos? ¿Qué hacemos? Deberíamos…

A: Sólo lo hacemos.

D: Y qué hacemos.

A: Yo creo que un poco de lo mismo… pero esta vez diferente.

Suenan tronidos en el cielo.

D: Parece que se viene una tormenta.

B: Atlas guio a los titanes a la gran guerra. Quizá por un impulso divino, quizá para

enorgullecer a sus padres Jápeto y Clímene. Al perder, Zeus lo obligó a cargar los cielos

para que no se mezclaran con la tierra.

C: Hércules le pidió a Atlas que recogiera unas manzanas de los jardines de Herísídes, y con

la ayuda de Atenea, ellos cargarían los cielos para darle un respiro al titán.

B: Cuando Atlas llegó con las manzanas, se mostró reacio a volver a tomar tremenda carga.

Al final, Hércules lo engañó y el titán retomó nuevamente su carga.

C: Pero llegará el día en que Atlas se libere del mundo, y mientras todos se destroza en una

nueva guerra divina: Atlas soltará el cielo y éste caerá sobre las ciudades, sobre el mar;

y regresará a su casa: a la Atlántida, y sólo se preocupará por las estrellas.

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B: Así, cuando alguien se libere de su carga, cuando alguien cruce un puente del punto A al

punto B; con dolor, con los ojos cerrados…

A: Cuando veas a un estudiante aventar sus libros al río y sonreír.

D: Cuando ignores un regaño en la oficina y, en su lugar, logres escuchar el caer de la lluvia.

C: Cuando avientes los recibos y salgas a manejar hacia la escuela; aquel momento donde

no sabías nada.

A: Cuando no te importe…

B: Cuando te valga madres y tres kilos…

D: Significará que alguien habrá dejado de sostener el mundo. Y escucharán…

B: (Entra mojado, sacudiéndose el pelo.) ¡No mames, se está cayendo el cielo!

D: Y sabrás, sin duda algina, que algo hermoso está pasando. Pues alguien acaba de ser libre.

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0.1

La imagen de Olga y Liliana se detiene asimilando la pintura Chop Suey de Edward

Hopper. B pasa directo a una mesa donde ya está sentada C, como la primera escena

de la obra: la escena del padre y la hija. Se escuchan los golpes de trastes, los

porrazos del pescado sobre una mesa, los gritos de pedidos y números de mesas.

B: Dime, hermosa, qué quieres ser de grande.

C: Yo.

TELÓN

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