Thomas Kuhn :“Las Revoluciones Científicas” cap. V, VI y X. 17 págs.
Paradigmas y Ciencia Normal: Kuhn introduce el concepto de "paradigma", que se refiere a
un conjunto de creencias, prácticas y métodos compartidos por una comunidad científica en
un momento dado. Estos paradigmas son los marcos conceptuales dentro de los cuales los
científicos trabajan y resuelven problemas. La mayoría del tiempo, la ciencia se desarrolla de
manera gradual dentro de estos paradigmas en lo que Kuhn llama "ciencia normal".
Anomalías y Crisis: Sin embargo, a medida que la ciencia normal avanza, pueden surgir
problemas o fenómenos que no se pueden explicar o predecir dentro del paradigma existente.
Estos problemas se conocen como "anomalías" y, a medida que se acumulan, pueden llevar a
una "crisis" en la comunidad científica, ya que los científicos se dan cuenta de que algo
fundamentalmente no encaja en su comprensión actual.
Revoluciones Científicas: Kuhn sostiene que las crisis pueden llevar a una "revolución
científica", un cambio abrupto y radical en la forma en que se entiende un campo científico.
Durante una revolución científica, el paradigma existente se reemplaza por uno nuevo que
ofrece una perspectiva completamente diferente. Ejemplos históricos de revoluciones
científicas incluyen la transición de la cosmología geocéntrica a la heliocéntrica y el cambio
de la física newtoniana a la física relativista. Inconmensurabilidad: Kuhn argumenta que los
paradigmas son inconmensurables entre sí, lo que significa que no se pueden comparar de
manera directa y objetiva. Cada paradigma tiene su propio lenguaje, métodos y suposiciones
subyacentes, lo que dificulta la comunicación efectiva entre las comunidades científicas que
operan bajo diferentes paradigmas. Normalización y Ciclo de Cambio: Después de una
revolución científica, el nuevo paradigma se establece y la ciencia normal comienza
nuevamente bajo esta nueva perspectiva. Sin embargo, Kuhn señala que esta fase de
normalización no es necesariamente permanente; tarde o temprano, nuevas anomalías pueden
surgir y llevar a una nueva crisis y revolución científica. En resumen, "La estructura de las
revoluciones científicas" de Thomas S. Kuhn propone que la ciencia no progresa de manera
lineal y acumulativa, sino que experimenta cambios drásticos y disruptivos a través de
revoluciones científicas. Estos cambios son impulsados por la acumulación de anomalías y la
incapacidad del paradigma existente para dar cuenta de ellas.
PRIORIDAD DE LOS PARADIGMAS CAPITULO V
Para descubrir la relación existente entre reglas, paradigmas y ciencia normal, tómese
primeramente en consideración cómo aísla el historiador los lugares particulares de
compromiso que acabamos de describir como reglas aceptadas. Una investigación histórica
profunda de una especialidad dada, en un momento dado, revela un conjunto de ilustraciones
recurrentes y casi normalizadas de diversas teorías en sus aplicaciones conceptuales,
instrumentales y de observación. Ésos son los paradigmas de la comunidad revelados en sus
libros de texto, sus conferencias y sus ejercicios de laboratorio. Estudiándolos y haciendo
prácticas con ellos es como aprenden su profesión los miembros de la comunidad
correspondiente. Por supuesto, el historiador descubrirá, además, una zona de penumbra
ocupada por realizaciones cuyo status aún está en duda; pero, habitualmente, el núcleo de
técnicas y problemas resueltos estará claro. A pesar de las ambigüedades ocasionales, los
paradigmas de una comunidad científica madura pueden determinarse con relativa facilidad.
La determinación de los paradigmas compartidos no es, sin embargo, la determinación de
reglas compartidas. Esto exige una segunda etapa, de un tipo algo diferente. Al emprenderla,
el historiador deberá comparar los paradigmas de la comunidad unos con otros y con sus
informes corrientes de investigación. Al hacerlo así, su objetivo es descubrir qué elementos
aislables, explícitos o implícitos, pueden haber abstraído los miembros de esa comunidad de
sus paradigmas más globales, y empleado como reglas en sus investigaciones. Cualquiera que
haya tratado de describir o analizar la evolución de una tradición científica dada, habrá
buscado, necesariamente, principios y reglas aceptados de ese tipo. Como lo indica la sección
anterior, es casi seguro que haya tenido éxito, al menos de manera parcial. Pero, si su
experiencia tiene alguna similitud con la mía, habrá descubierto que la búsqueda de reglas es
más difícil y menos satisfactoria que la de paradigmas. Algunas de las generalizaciones que
utilice para describir las creencias compartidas por la comunidad, no presentarán problemas.
Sin embargo, otras, incluyendo algunas de las utilizadas anteriormente como ilustraciones,
mostrarán un matiz demasiado fuerte. Expresadas de ese modo o de cualquier otra forma que
pueda imaginarse, es casi seguro que hubieran sido rechazadas por algunos miembros del
grupo que se esté estudiando. Sin embargo, para comprender la coherencia de la tradición de
investigación en términos de las reglas, se necesitarán ciertas especificaciones de base común
en el campo correspondiente. Como resultado de ello, la búsqueda de un cuerpo de reglas
pertinentes para constituir una tradición de investigación normal dada, se convierte en una
fuente de frustración continua y profunda. Sin embargo, el reconocimiento de la frustración
hace posible diagnosticar su origen. Los científicos pueden estar de acuerdo en que Newton,
Lavoisier, Maxwell o Einstein produjeron una solución aparentemente permanente para un
grupo de problemas extraordinarios y, no obstante, estar en desacuerdo, a veces sin darse
cuenta plenamente de ello, en lo que respecta a las características abstractas particulares que
hacen que esas soluciones sean permanentes. 0 sea, pueden estar de acuerdo en cuanto a su
identificación de un paradigma sin ponerse de acuerdo o, incluso, sin tratar siquiera de
producir, una interpretación plena o racionalización de él. La falta de una interpretación
ordinaria o de una reducción aceptada a reglas, no impedirá que un paradigma dirija las
investigaciones. La ciencia normal puede determinarse en parte por medio de la inspección
directa de los paradigmas, proceso que frecuentemente resulta más sencillo con la ayuda de
reglas y suposiciones, pero que no depende de la formulación de éstas. En realidad, la
existencia de un paradigma ni siquiera debe implican la existencia de algún conjunto
completo de reglas. Inevitablemente, el primer efecto de esos enunciados es el de plantear
problemas. A falta de un cuerpo pertinente de reglas, ¿qué es lo que liga al científico a una
tradición particular de la ciencia normal? ¿Qué puede significar la frase 'inspección directa de
paradigmas'? El finado Ludwig Wittgenstein dio respuestas parciales a esas preguntas,
aunque en un contexto muy diferente. Debido a que este contexto es, a la vez, más elemental
y más familiar, será conveniente que examinemos primeramente su forma del argumento.
¿Qué debemos saber, preguntaba Wittgenstein, con el fin de aplicar términos como 'silla',
'hoja' o 'juego' de manera inequívoca y sin provocar discusiones? Esta pregunta es muy
antigua y generalmente se ha respondido a ella diciendo que debemos saber, consciente o
intuitivamente, qué es una silla, una hoja o un juego. 0 sea, debemos conocer un conjunto de
atributos que todos los juegos tengan en común y sólo ellos. Sin embargo, Wittgenstein
llegaba a la conclusión de que, dado el modo en que utilizamos el lenguaje y el tipo de
mundo al cual se aplica, no es preciso que haya tal conjunto de características. Aunque un
examen de algunos de los atributos compartidos por cierto número de juegos, sillas u hojas a
menudo nos ayuda a aprender cómo emplear el término correspondiente, no existe un
conjunto de características que sea aplicable simultáneamente a todos los miembros de la
clase y sólo a ellos. En cambio, ante una actividad que no haya sido observada previamente,
aplicamos el término 'juego' debido a que lo que vemos tiene un gran "parecido de familia"
con una serie de actividades que hemos aprendido a llamar previamente con ese nombre. En
resumen, para Wittgenstein, los juegos, las sillas y las hojas son familias naturales, cada una
de las cuales está constituida por una red de semejanzas que se superponen y se entrecruzan.
La existencia de esa red explica suficientemente el que logremos identificar al objeto o a la
actividad correspondientes. Sólo si las familias que nominamos se superponen y se mezclan
gradualmente unas con otras --o sea, sólo si no hubiera familias naturales--ello proporcionaría
nuestro éxito en la identificación y la nominación, una prueba en pro de un conjunto de
características comunes, correspondientes a cada uno de los nombres de clases que
utilicemos. Algo muy similar puede ser válido para los diversos problemas y técnicas de
investigación que surgen dentro de una única tradición de ciencia normal. Lo que tienen en
común no es que satisfagan algún conjunto explícito, o incluso totalmente descubrible, de
reglas y suposiciones que da a la tradición su carácter y su vigencia para el pensamiento
científico. En lugar de ello pueden relacionarse, por semejanza o por emulación, con alguna
parte del cuerpo científico que la comunidad en cuestión reconozca ya como una de sus
realizaciones establecidas. Los científicos trabajan a partir de modelos adquiridos por medio
de la educación y de la exposición subsiguiente a la literatura, con frecuencia sin conocer del
todo o necesitar conocer qué características les han dado a esos modelos su status de
paradigmas de la comunidad. Por ello, no necesitan un conjunto completo de reglas. La
coherencia mostrada por la tradición de la investigación de la que participan, puede no
implicar siquiera la existencia de un cuerpo básico de reglas y suposiciones que pudiera
descubrir una investigación filosófica o histórica adicional. El hecho de que los científicos no
pregunten o discutan habitualmente lo que hace que un problema particular o una solución
sean aceptables, nos inclina a suponer que, al menos intuitivamente, conocen la respuesta.
Pero puede indicar sólo que no le parecen importantes para su investigación ni la pregunta ni
la respuesta. Los paradigmas pueden ser anteriores, más inflexibles y completos que
cualquier conjunto de reglas para la investigación que pudiera abstraerse inequívocamente de
ellos. Hasta ahora, hemos desarrollado este tema desde un punto de vista totalmente teórico:
los paradigmas podrían determinar la ciencia normal sin intervención de reglas descubribles.
Trataré ahora de aumentar tanto su claridad como su apremio, indicando algunas de las
razones para creer que los paradigmas funcionan realmente en esa forma. La primera, que ya
hemos examinado de manera bastante detallada, es la gran dificultad para descubrir las reglas
que han guiado a las tradiciones particulares de la ciencia normal. Esta dificultad es casi la
misma que la que encuentra el filósofo cuando trata de explicar qué es lo que tienen en
común todos los juegos. La segunda, de la que la primera es realmente un corolario, tiene sus
raíces en la naturaleza de la educación científica. Como debe ser obvio ya, los científicos
nunca aprenden conceptos, leyes y teorías en abstracto y por sí mismos. En cambio, esas
herramientas intelectuales las encuentran desde un principio en una unidad histórica y
pedagógicamente anterior que las presenta con sus aplicaciones y a través de ellas. Una nueva
teoría se anuncia siempre junto con aplicaciones a cierto rango concreto de fenómenos
naturales; sin ellas, ni siquiera podría esperar ser aceptada. Después de su aceptación, esas
mismas aplicaciones u otras acompañarán a la teoría en los libros de texto de donde
aprenderán su profesión los futuros científicos. No se encuentran allí como meroadorno, ni
siquiera como documentación. Por el contrario, el proceso de aprendizaje de una teoría
depende del estudio de sus aplicaciones, incluyendo la práctica en la resolución de
problemas, tanto con un lápiz y un papel como con instrumentos en el laboratorio. Por
ejemplo, si el estudiante de la dinámica de Newton descubre alguna vez el significado de
términos tales como 'fuerza', 'masa', 'espacio' y 'tiempo', lo hace menos a partir de las
definiciones incompletas, aunque a veces útiles, de su libro de texto, que por medio de la
observación y la participación en la aplicación de esos conceptos a la resolución de
problemas. Ese proceso de aprendizaje por medio del estudio y de la práctica continúa
durante todo el proceso de iniciación profesional. Cuando el estudiante progresa de su primer
año de estudios hasta la tesis de doctorado y más allá, los problemas que le son asignados van
siendo cada vez más complejos y con menos precedentes; pero continúan siguiendo de cerca
al modelo de las realizaciones previas, como lo continuarán siguiendo los problemas que
normalmente lo ocupen durante su subsiguiente carrera científica independiente. Podemos
con toda libertad suponer que en algún momento durante el proceso, el científico
intuitivamente ha abstraído reglas del juego para él mismo, pero no hay muchas razones. para
creer eso. Aunque muchos científicos hablan con facilidad y brillantez sobre ciertas hipótesis
individuales que soportan alguna fracción concreta de investigación corriente, son poco
mejores que los legos en la materia para caracterizar las bases establecidas de su campo, sus
problemas y sus métodos aceptados. Si han aprendido alguna vez esas abstracciones, lo
demuestran principalmente por medio de su habilidad para llevar a cabo investigaciones
brillantes. Sin embargo, esta habilidad puede comprenderse sin recurrir a hipotéticas reglas
del juego. Estas consecuencias de la educación científica tienen una recíproca que
proporciona una tercera razón para suponer que los paradigmas guían la investigación tanto
como modelos directos como por medio de reglas abstraídas. La ciencia normal puede seguir
adelante sin reglas sólo en tanto la comunidad científica pertinente acepte sin discusión las
soluciones de los problemas particulares que ya se hayan llevado a cabo. Por consiguiente, las
reglas deben hacerse importantes y desaparecer la despreocupación característica hacia ellas,
siempre que se sienta que los paradigmas o modelos son inseguros. Además, es eso lo que
sucede exactamente. El periodo anterior al paradigma sobre todo, está marcado regularmente
por debates frecuentes y profundos sobre métodos, problemas y normas de soluciones
aceptables, aun cuando esas discusiones sirven más para formar escuelas que para producir
acuerdos. Ya hemos presentado unos cuantos de esos debates en la óptica y la electricidad y
desempeñaron un papel todavía más importante en el desarrollo de la química en el siglo
XVII y de la geología en el XIX. Por otra parte, esos debates no desaparecen de una vez por
todas cuando surge un paradigma. Aunque casi no existen durante los periodos de ciencia
normal, se presentan regularmente poco antes de que se produzcan las revoluciones
científicas y en el curso de éstas los periodos en los que los paradigmas primero se ven
atacados y más tarde sujetos a cambio. La transición de la mecánica de Newton a la mecánica
cuántica provocó muchos debates tanto sobre la naturaleza como sobre las normas de la
física, algunos de los cuales continúan todavía en la actualidad. Todavía viven personas que
pueden recordar las discusiones similares engendradas por la teoría electromagnética de
Maxwell y por la mecánica estadística. Y antes aún, la asimilación de las mecánicas de
Galileo y Newton dio lugar a una serie de debates particularmente famosa con los
aristotélicos, los cartesianos y los leibnizianos sobre las normas legítimas de la ciencia.
Cuando los científicos están en desacuerdo respecto a si los problemas fundamentales de su
campo han sido o no resueltos, la búsqueda de reglas adquiere una función que
ordinariamente no tiene. Sin embargo, mientras continúan siendo seguros los paradigmas,
pueden funcionar sin acuerdo sobre la racionalización o sin ninguna tentativa en absoluto de
racionalización. Podemos concluir esta sección con una cuarta razón para conceder a los
paradigmas un status anterior al de las reglas y de los supuestos compartidos. En la
introducción a este ensayo se sugiere que puede haber revoluciones tanto grandes como
pequeñas, que algunas revoluciones afectan sólo a los miembros de una subespecialidad
profesional y que, para esos grupos, incluso el descubrimiento de un fenómeno nuevo e
inesperado puede ser revolucionario. En la sección siguiente presentaremos revoluciones
seleccionadas de ese tipo y todavía no está muy claro cómo pueden existir. Si la ciencia
normal es tan rígida y si las comunidades científicas están tan estrechamente unidas como
implica la exposición anterior, ¿cómo es posible que un cambio de paradigma afecte sólo a un
pequeño subgrupo? Lo que hasta ahora se ha dicho, puede haber parecido implicar que la
ciencia normal es una empresa única, monolítica y unificada, que debe sostenerse o
derrumbarse tanto con cualquiera de sus paradigmas como con todos ellos juntos. Pero
evidentemente, la ciencia raramente o nunca es de ese tipo. Con frecuencia, viendo todos los
campos al mismo tiempo, parece más bien una estructura desvencijada con muy poca
coherencia entre sus diversas partes. Sin embargo, nada de lo dicho hasta este momento
debería entrar en conflicto con esa observación tan familiar. Por el contrario, sustituyendo los
paradigmas por reglas podremos comprender con mayor facilidad la diversidad de los campos
y las especialidades científicas. Las reglas explícitas, cuando existen, son generalmente
comunes a un grupo científico .muy amplio; pero no puede decirse lo mismo de los
paradigmas. Quienes practican en campos muy separados, por ejemplo, la astronomía y la
botánica taxonómica, se educan a través del estudio de logros muy distintos descritos en
libros absolutamente diferentes. Incluso los hombres que se encuentran en el mismo campo o
en otros campos estrechamente relacionados y que comienzan estudiando muchos de los
mismos libros y de los mismos logros pueden, en el curso de su especialización profesional,
adquirir paradigmas muy diferentes. Examinemos, para dar un solo ejemplo, la comunidad
amplia y diversa que constituyen todos los científicos físicos. A cada uno de los miembros de
ese grupo se le enseñan en la actualidad las leyes de, por ejemplo, la mecánica cuántica, y la
mayoría de ellos emplean esas leyes en algún momento de sus investigaciones o su
enseñanza. Pero no todos ellos aprenden las mismas aplicaciones de esas leyes y, por
consiguiente, no son afectados de la misma forma por los cambios de la mecánica cuántica,
en la práctica. En el curso de la especialización profesional, sólo unos cuantos científicos
físicos se encuentran con los principios básicos de la mecánica cuántica. Otros estudian
detalladamente las aplicaciones del paradigma de esos principios a la química, otros más a la
física de los sólidos, etc. Lo que la mecánica cuántica signifique para cada uno de ellos
dependerá de los cursos que haya seguido, los libros de texto que haya leído y los periódicos
que estudie. De ello se desprende que, aun cuando un cambio de la ley de la mecánica
cuántica seña revolucionario para todos esos grupos, un cambio que solo se refleja en alguna
de las aplicaciones del paradigma de la mecánica cuántica sólo debe resultar revolucionario
para los miembros de una subespecialidad profesional determinada. Para el resto de la
profesión y para quienes practican otras ciencias físicas, ese cambio no necesitará ser
revolucionario en absoluto. En resumen, aunque la mecánica cuántica (o la dinámica de
Newton o la teoría electromagnética) es un paradigma para muchos grupos científicos, no es
el mismo paradigma para todos ellos; puede, por consiguiente, determinar simultáneamente
varias tradiciones de ciencia normal que, sin ser coextensivas, coinciden. Una revolución
producida en el interior de una de esas tradiciones no tendrá que extenderse necesariamente a
todas las demás. Una breve ilustración del efecto de la especialización podría dar a toda esta
serie de puntos una fuerza adicional. Un investigador que esperaba aprender algo sobre lo que
creían los científicos qué era la teoría atómica, les preguntó a un físico distinguido y a un
químico eminente si un átomo simple de helio era o no una molécula. Ambos respondieron
sin vacilaciones, pero sus respuestas no fueron idénticas. Para el químico, el átomo de helio
era una molécula, puesto que se comportaba como tal con respecto a la teoría cinética de los
gases. Por la otra parte, para el físico, el átomo de helio no era una molécula, ya que no
desplegaba un espectro molecular. Puede suponerse que ambos hombres estaban hablando de
la misma partícula; pero se la representaban a través de la preparación y la práctica de
investigación que les era propia. Su experiencia en la resolución de problemas les decía lo
que debía ser una molécula. Indudablemente, sus experiencias habían tenido mucho en
común; pero, en este caso, no les indicaban exactamente lo mismo a los dos especialistas.
Conforme avancemos en el estudio de este tema, iremos descubriendo cuántas consecuencias
pueden ocasionalmente tener las diferencias de paradigma de este tipo.
LA ANOMALÍA Y LA EMERGENCIA DE LOS DESCUBRIMIENTOS
CIENTÍFICOS Capítulo VI
La ciencia normal, la actividad para la resolución de enigmas que acabamos de examinar, es
una empresa altamente acumulativa que ha tenido un éxito eminente en su objetivo, la
extensión continua del alcance y la precisión de los conocimientos científicos. En todos esos
aspectos, se ajusta con gran precisión a la imagen más usual del trabajo científico. Sin
embargo, falta un producto ordinario de la empresa científica. La ciencia normal no tiende
hacia novedades fácticas o teóricas y, cuando tiene éxito, no descubre ninguna. Sin embargo,
la investigación científica descubre repetidamente fenómenos nuevos e inesperados y los
científicos han inventado, de manera continua, teorías radicalmente nuevas. La historia
sugiere incluso que la empresa científica ha desarrollado una técnica cuyo poder es único
para producir sorpresas de este tipo. Para reconciliar esta característica de la ciencia con todo
lo que hemos dicho ya, la investigación bajo un paradigma debe ser particularmente efectiva,
como método, para producir cambios de dicho paradigma. Esto es lo que hacen las novedades
fundamentales fácticas y teóricas. Producidas de manera inadvertida por un juego llevado a
cabo bajo un conjunto de reglas, su asimilación requiere la elaboración de otro conjunto.
Después de convertirse en partes de la ciencia, la empresa, al menos la de los especialistas en
cuyo campo particular caen las novedades, no vuelve a ser nunca la misma. Debemos
preguntarnos ahora cómo tienen lugar los cambios de este tipo, tomando en consideración,
primero, los descubrimientos o novedades fácticas, y luego los inventos o novedades teóricas.
Sin embargo, muy pronto veremos que esta distinción entre descubrimiento e invento o entre
facto y teoría resulta excesivamente artificial. Su artificialidad es un indicio importante para
varias de las tesis principales de este ensayo. Al examinar en el resto de esta sección
descubrimientos seleccionados, descubriremos rápidamente que no son sucesos aislados, sino
episodios extensos, con una estructura que reaparece regularmente. El descubrimiento
comienza con la percepción de la anomalía; o sea, con el reconocimiento de que en cierto
modo la naturaleza ha violado las expectativas, inducidas por el paradigma, que rigen a la
ciencia normal. A continuación, se produce una exploración más o menos prolongada de la
zona de la anomalía. Y sólo concluye cuando la teoría del paradigma ha sido ajustada de tal
modo que lo anormal se haya convertido en lo esperado. La asimilación de un hecho de tipo
nuevo exige un ajuste más que aditivo de la teoría y en tanto no se ha llevado a cabo ese
ajuste --hasta que la ciencia aprende a ver a la naturaleza de una manera diferente--, el nuevo
hecho no es completamente científico. Para ver cuán estrechamente entrelazadas se
encuentran las novedades fácticas y las teóricas en un descubrimiento científico, examinemos
un ejemplo particularmente famoso: el descubrimiento del oxígeno. Al menos tres hombres
diferentes tienen la pretensión legítima de atribuírselo y varios otros químicos, durante los
primeros años de la década de 1770, deben haber tenido aire enriquecido en un recipiente de
laboratorio, sin saberlo. El progreso de la ciencia normal, en este caso de la química
neumática, preparó el camino para un avance sensacional, de manera muy completa. El
primero de los que se atribuyen el descubrimiento, que preparó una muestra relativamente
pura del gas, fue el farmacéutico sueco C. W. Scheele. Sin embargo, podemos pasar por alto
su trabajo, debido a que no fue publicado sino hasta que el descubrimiento del oxígeno había
sido ya anunciado repetidamente en otras partes y, por consiguiente, no tuvo efecto en el
patrón histórico que más nos interesa en este caso. El segundo en el tiempo que se atribuyó el
descubrimiento fue el científico y clérigo británico Joseph Priestley, quien recogió el gas
liberado por óxido rojo de mercurio calentado, como un concepto en una investigación
normal prolongada de los "aires" liberados por un gran número de substancias sólidas. En
1774, identificó el gas así producido como óxido nitroso y, en 1775, con la ayuda de otros
experimentos, como aire común con una cantidad menor que la usual de flogisto. El tercer
descubridor, Lavoisier, inició el trabajo que lo condujo hasta el oxígeno después de los
experimentos de Priestley de 1774 y posiblemente como resultado de una indicación de
Priestley. A comienzos de 1775, Lavoisier señaló que el gas obtenido mediante el
calentamiento del óxido rojo de mercurio era "el aire mismo, entero, sin alteración [excepto
que] ... sale más puro, más respirable". Hacia 1777, probablemente con la ayuda de una
segunda indicación de Priestley, Lavoisier llegó a la conclusión de que el gas constituía una
especie bien definida, que era uno de los dos principales componentes de la atmósfera,
conclusión que Priestley no fue capaz de aceptar nunca. Este patrón de descubrimiento
plantea una pregunta que puede hacerse con respecto a todos y cada uno de los nuevos
fenómenos que han llegado alguna vez a conocimiento de los científicos. ¿Fue Priestley o
Lavoisier, si fue uno de ellos, el primero que descubrió el oxígeno? En cualquier caso,
¿cuándo fue descubierto el oxígeno? La pregunta podría hacerse en esta forma, incluso si no
hubiera existido nunca más que un solo científico que se atribuyera el descubrimiento. Como
regla sobre la prioridad y la fecha, no nos interesa en absoluto la respuesta. No obstante, un
intento para encontrar una, serviría para esclarecer la naturaleza del descubrimiento, debido a
que no existe ninguna respuesta del tipo buscado. El descubrimiento no es el tipo de proceso
sobre el que se hace la pregunta de manera apropiada. El hecho de que se plantee --la
prioridad por el oxígeno ha sido cuestionada repetidamente desde los años de la década de
1780--es un síntoma de algo desviado en la imagen de una ciencia, que concede al
descubrimiento un papel tan fundamental. Veamos una vez más nuestro ejemplo. La
pretensión de Priestley de que había descubierto el oxígeno, se basaba en su prioridad en el
aislamiento de un gas que fue más tarde reconocido como un elemento definido. Pero la
muestra de Priestley no era pura y, si el tener en las manos oxígeno impuro es descubrirlo, lo
habrían hecho todos los que embotellaron aire atmosférico. Además, si el descubridor fue
Priestley, ¿cuándo tuvo lugar el descubrimiento? En 1774 pensó que habla obtenido óxido
nitroso, una especie que conocía ya; en 1775 vio el gas como aire deflogistizado, que todavía
no es oxígeno o que incluso es, para los químicos flogísticos, un tipo de gas absolutamente
inesperado. La pretensión de Lavoisier puede ser más contundente; pero presenta los mismos
problemas. Si rehusamos la palma a Priestley, no podemos tampoco concedérsela a Lavoisier
por el trabajo de 1775 que lo condujo a identificar el gas como "el aire mismo, entero"
Podemos esperar al trabajo de 1776 y 1777, que condujo a Lavoisier a ver no sólo el gas sino
también qué era. Sin embargo, aun esta concesión podría discutirse, pues en 1777 y hasta el
final de su vida Lavoisier insistió en que el oxígeno era un "principio de acidez" atómico y
que el gas oxígeno se formaba sólo cuando ese "principio" se unía con calórico, la materia del
calor. Por consiguiente, ¿podemos decir que el oxígeno no había sido descubierto todavía en
1777? Algunos pueden sentirse tentados a hacerlo. Pero el principio de acidez no fue
eliminado de la química hasta después de 1810 y el calórico hasta los años de la década de
1860. El oxígeno se había convertido en una sustancia química ordinaria antes de cualquiera
de esas fechas. Está claro que necesitamos conceptos y un nuevo vocabulario para analizar
sucesos tales como el descubrimiento del oxígeno. Aunque sea indudablemente correcta, la
frase "El oxígeno fue descubierto", induce a error, debido a que sugiere que el descubrir algo
es un acto único y simple, asimilable a nuestro concepto habitual de la visión (y tan discutible
como él). Por eso suponemos con tanta facilidad que el descubrir, como el ver o el tocar, debe
ser atribuible de manera inequívoca a un individuo y a un momento dado en el tiempo. Pero
la última atribución es siempre imposible y la primera lo es con frecuencia. Ignorando a
Scheele, podemos decir con seguridad que el oxígeno no fue descubierto antes de 1774 y
podríamos decir también, probablemente, que fue descubierto aproximadamente en 1777 o
muy poco tiempo después de esta fecha. Pero dentro de estos límites o de otros similares,
cualquier intento para ponerle fecha al descubrimiento debe ser, de manera inevitable,
arbitrario, ya que el descubrimiento de un tipo nuevo de fenómeno es necesariamente un
suceso complejo, que involucra el reconocimiento, tanto de que algo existe como de qué es.
Nótese, por ejemplo, que sí el oxígeno fuera para nosotros aire deflogistizado insistiríamos
sin vacilaciones en que Priestley lo descubrió, aun cuando de todos modos no sabríamos,
exactamente cuándo. Pero si tanto la observación y la conceptualización, como el hecho y la
asimilación a la teoría, están enlazadas inseparablemente en un descubrimiento, éste,
entonces, es un proceso y debe tomar tiempo. Sólo cuando todas las categorías conceptuales
pertinentes están preparadas de antemano, en cuyo caso el fenómeno no será de un tipo
nuevo, podrá descubrirse sin esfuerzo qué existe y qué es, al mismo tiempo y en un
[Link] ahora que el descubrimiento involucra un proceso extenso, aunque no
necesariamente prolongado, de asimilación conceptual. ¿Podríamos decir también que
incluye un cambio en el paradigma? A esta pregunta no podemos darle todavía una respuesta
general; pero, al menos en este caso preciso, la respuesta deberá ser afirmativa. Lo que
anunció Lavoisier en sus escritos, a partir de 1777, no fue tanto el descubrimiento del
oxígeno, como la teoría de la combustión del oxígeno. Esta teoría fue la piedra angular para
una reformulación tan amplia de la química que, habitualmente, se la conoce como la
revolución química. En realidad, si el descubrimiento del oxígeno no hubiera sido una parte
íntimamente relacionada con el surgimiento de un nuevo paradigma para la química, la
cuestión de la prioridad, de la que partimos, no hubiera parecido nunca tan importante. En
este caso como en otros, el valor atribuido a un nuevo fenómeno y, por consiguiente, a su
descubridor, varía de acuerdo con nuestro cálculo de la amplitud con la que dicho fenómeno
rompía las previsiones inducidas por el paradigma. Sin embargo, puesto que será importante
más adelante, nótese que el descubrimiento del oxígeno no fue por sí mismo la causa del
cambio en la teoría química. Mucho antes de que desempeñara un papel en el descubrimiento
del nuevo gas, Lavoisier estaba convencido, tanto de que había algo que no encajaba en la
teoría del flogisto como de que los cuerpos en combustión absorbían alguna parte de la
atmósfera. Eso lo había registrado ya en una nota sellada que depositó en la Secretaría de la
Academia Francesa, en 1772. Lo que logró el trabajo con el oxígeno fue dar forma y
estructura adicionales al primer sentimiento de Lavoisier de que algo faltaba. Le comunicó
algo que ya estaba preparado para descubrir: la naturaleza de la sustancia que la combustión
sustrae de la atmósfera. Esta comprensión previa de las dificultades debe ser una parte
importante de lo que permitió ver a Lavoisier en experimentos tales como los de Priestley, un
gas que éste había sido incapaz de ver por sí mismo. Recíprocamente, el hecho de que fuera
necesaria la revisión de un paradigma importante para ver lo que vio Lavoisier debe ser la
razón principal por la cual Priestley, hacia el final de su larga vida, no fue capaz de verlo. Dos
otros ejemplos mucho más breves reforzarán mucho lo que acabamos de decir y, al mismo
tiempo, nos conducirán de la elucidación de la naturaleza de los descubrimientos hacia la
comprensión de las circunstancias en las que surgen en la ciencia. En un esfuerzo por
representar los modos principales en que pueden surgir los descubrimientos, escogimos estos
ejemplos de tal modo que sean diferentes tanto uno del otro como ambos respecto del
descubrimiento del oxígeno. El primero, el de los rayos X, es un caso clásico de
descubrimiento por medio de un accidente, un tipo de descubrimiento que tiene lugar con
mayor frecuencia de lo que nos permiten comprender las normas impersonales de la
información científica. Su historia comienza el día en que el físico Roentgen interrumpió una
investigación normal sobre los rayos catódicos debido a que había notado que una pantalla de
platino-cianuro de bario, a cierta distancia de su aparato protegido, resplandecía cuando se
estaba produciendo la descarga. Investigaciones posteriores --requirieron siete agitadas
semanas durante las que Roentgen raramente salió de su laboratorio-- indicaron que la causa
del resplandor procedía en línea recta del tubo de rayos catódicos, que las sombras emitidas
por la radiación no podían ser desviadas por medio de un imán y muchas otras cosas. Antes
de anunciar su descubrimiento, Roentgen se convenció de que su efecto no se debía a los
rayos catódicos sino a un agente que, por lo menos, tenía cierta similitud con la luz. Incluso
un tan breve resumen revela semejanzas sorprendentes con el descubrimiento del oxígeno:
antes de experimentar con el óxido rojo de mercurio, Lavoisier había realizado experimentos
que no produjeron los resultados previstos según el paradigma flogista; el descubrimiento de
Roentgen se inició con el reconocimiento de que su pantalla brillaba cuando no debería
hacerlo. En ambos casos, la percepción de la anomalía --o sea, un fenómeno para el que el
investigador no estaba preparado por su paradigma--desempeñó un papel esencial en la
preparación del camino para la percepción de la novedad. Pero, también en estos dos casos, la
percepción de que algo andaba mal fue sólo el preludio del descubrimiento. Ni el oxígeno ni
los rayos X surgieron sin un proceso ulterior de experimentación y asimilación. Por ejemplo,
¿en qué momento de la investigación de Roentgen pudiéramos decir que los rayos X fueron
realmente descubiertos? En todo caso, no fue al principio, cuando todo lo que el investigador
había notado era una pantalla que resplandecía. Por lo menos otro investigador había visto ya
ese resplandor y, con la pena consiguiente, no había logrado descubrir nada. Podemos ver
casi con la misma claridad que no podemos desplazar el momento del descubrimiento a un
punto determinado durante la última semana de investigación, ya que en ese tiempo,
Roentgen estaba explorando las propiedades de la nueva radiación que ya había descubierto.
Sólo podemos decir que los rayos X surgieron en Würzburg entre el 8 de noviembre y el 28
de diciembre de 1895. Sin embargo, en una tercera zona, la existencia de paralelismos
importantes entre los descubrimientos del oxígeno y de los rayos X es mucho menos
evidente. A diferencia del descubrimiento del oxígeno, el de los rayos X no estuvo implicado,
al menos durante una década posterior al suceso, en ningún trastorno evidente de la teoría
científica. Entonces, ¿en qué sentido puede decirse que la asimilación de ese descubrimiento
haya hecho necesario un cambio del paradigma? Los argumentos para negar un cambio
semejante son muy poderosos. Desde luego, los paradigmas aceptados por Roentgen y sus
contemporáneos no hubieran podido utilizarse para predecir los rayos X. (La teoría
electromagnética de Maxwell no había sido aceptada todavía en todas partes y la teoría
particular de los rayos catódicos era sólo una de varias especulaciones corrientes). Pero
tampoco prohibían esos paradigmas, al menos en un sentido obvio, la existencia de los rayos
X, del modo como la teoría del flogisto había prohibido la interpretación dada por Lavoisier
al gas de Priestley. Por el contrario, en 1895 la teoría científica aceptada y la práctica
admitían una serie de formas de radiación --visible, infrarroja y ultravioleta. ¿Por qué no
habrían podido ser aceptados los rayos X como una forma más de una categoría bien
conocida de fenómenos naturales? ¿Por qué no fueron recibidos de la misma forma que, por
ejemplo, el descubrimiento de un elemento químico adicional? En la época de Roentgen, se
estaban buscando y encontrando todavía nuevos elementos para llenar los vacíos de la tabla
periódica. Su búsqueda era un proyecto ordinario de la ciencia normal y el éxito sólo era
motivo de felicitaciones, no de sorpresa. Sin embargo, los rayos X fueron recibidos no sólo
con sorpresa sino con conmoción. Al principio, Lord Kelvin los declaró una burla muy
elaborada. Otros, aunque no podían poner en duda la evidencia, fueron sacudidos por el
descubrimiento. Aunque la teoría establecida no prohibía la existencia de los rayos X, éstos
violaban expectativas profundamente arraigadas. Esas expectativas, creo yo, se encontraban
implícitas en el diseño y la interpretación de los procedimientos de laboratorio establecidos.
Hacia 1890, el equipo de rayos catódicos era empleado ampliamente en numerosos
laboratorios europeos. Si el aparato de Roentgen produjo rayos X, entonces otros numerosos
experimentadores debieron estar produciendo esos mismos rayos, durante cierto tiempo, sin
saberlo. Quizá esos rayos, que pudieran tener también otras fuentes desconocidas, estaban
implícitos en un comportamiento previamente explicado sin referencia a ellos. Por lo menos,
varios tipos de aparatos que durante mucho tiempo fueron familiares, en el futuro tendrían
que ser protegidos con plomo. Los trabajos previamente concluidos sobre proyectos normales
tendrían que hacerse nuevamente, debido a que los científicos anteriores no habían
reconocido ni controlado una variable importante. En realidad, los rayos X abrieron un nuevo
campo y, en esa forma, contribuyeron al caudal potencial de la ciencia normal. Pero,
asimismo, y éste es ahora el punto más importante, cambiaron campos que ya existían. En el
proceso, negaron a tipos de instrumentación previamente paradigmáticos el derecho a ese
título. En resumen, de manera consciente o no, la decisión de emplear determinado aparato y
de usarlo de un modo particular, lleva consigo una suposición de que sólo se presentarán
ciertos tipos de circunstancias. Hay expectativas tanto instrumentales como teóricas, y con
frecuencia han desempeñado un papel decisivo en el desarrollo científico. Una de esas
expectativas es, por ejemplo, parte de la historia del tardío descubrimiento del oxígeno.
Utilizando una prueba ordinaria para la bondad del aire, tanto Priestley como Lavoisier
mezclaron dos volúmenes de su gas con un volumen de óxido nítrico, sacudieron la mezcla
sobre agua y midieron el volumen del residuo gaseoso. La experiencia previa de la que había
surgido ese procedimiento ordinario les aseguró que, con aire atmosférico, el residuo sería un
volumen y que para cualquier otro gas (o para el aire contaminado) sería mayor. En los
experimentos sobre el oxígeno, ambos descubrieron un residuo cercano a un volumen e
identificaron el gas en consecuencia. Sólo mucho más tarde y, en parte, a causa de un
accidente, renunció Priestley al procedimiento ordinario y trató de mezclar óxido nítrico con
su gas en otras proporciones. Descubrió entonces que con un volumen cuádruple de óxido
nítrico casi no quedaba residuo en absoluto. Su fidelidad al procedimiento original de la
prueba --procedimiento sancionado por muchos experimentos previos-- había sido,
simultáneamente, una aceptación de la no existencia de gases que pudieran comportarse
como lo hizo el oxígeno. Podrían multiplicarse las ilustraciones de este tipo haciendo
referencia, por ejemplo, a la identificación tardía de la fisión del uranio. Una de las razones
por las que esa reacción nuclear resultó tan difícil de reconocer fue la de que los hombres que
sabían qué podía esperarse del bombardeo del uranio, escogieron pruebas químicas
encaminadas principalmente al descubrimiento de elementos situados en el extremo superior
de la tabla periódica. ¿Debemos llegar a la conclusión de que la ciencia debería abandonar las
pruebas ordinarias y los instrumentos normalizados, por la frecuencia con que esos
compromisos instrumentales resultan engañosos? Esto daría como resultado un método
inconcebible de investigación. Los procedimientos y las aplicaciones paradigmáticas son tan
necesarios a la ciencia como las leyes y las teorías paradigmáticas y tienen los mismos
efectos. Inevitablemente, restringen el campo fenomenológico accesible a la investigación
científica en cualquier momento dado. Al reconocer esto, podemos ver simultáneamente un
sentido esencial en el que un descubrimiento como el de los rayos X hace necesario un
cambio del paradigma --y, por consiguiente, un cambio tanto de los procedimientos como de
las expectativas--para una fracción especial de la comunidad científica. Como resultado, de
ello, podemos comprender también cómo el descubrimiento de los rayos X pudo parecer que
abría un mundo nuevo y extraño a muchos científicos y por tanto pudo participar de manera
tan efectiva en la crisis que condujo a la física del siglo XX. Nuestro último ejemplo de
descubrimientos científicos, el de la botella de Leyden, pertenece a una clase que pudiera
describirse como inducida por la teoría. Inicialmente, ese término puede parecer paradójico.
Gran parte de lo que hemos dicho hasta ahora sugiere que los descubrimientos predichos por
la teoría son partes de la ciencia normal y no dan como resultado ningún tipo nuevo de hecho.
Por ejemplo, me he referido previamente a los descubrimientos de nuevos elementos
químicos durante la segunda mitad del siglo XIX como procedentes de la ciencia normal, en
esa forma. Pero no todas las teorías pertenecen a paradigmas. Tanto durante los periodos
anteriores a los paradigmas como durante las crisis que conducen a cambios en gran escala en
los paradigmas, los científicos acostumbran desarrollar muchas teorías especulativas e
inarticuladas, que pudieran señalar el camino hacia los descubrimientos. Sin embargo, con
frecuencia el descubrimiento que se produce, no corresponde absolutamente al anticipado por
las hipótesis especulativas y de tanteo. Sólo cuando el experimento y la teoría de tanteo se
articulan de tal modo que coincidan, surge el descubrimiento y la teoría se convierte en
paradigma. El descubrimiento de la botella de Leyden muestra todas esas características, así
como también las que hemos visto antes. Cuando se inició, no había un paradigma único para
la investigación eléctrica. En lugar de ello, competían una serie de teorías, todas ellas
derivadas de fenómenos relativamente accesibles. Ninguna de ellas lograba ordenar muy bien
toda la variedad de fenómenos eléctricos. Este fracaso es la fuente de varias de las anomalías
que proporcionaron la base para el descubrimiento de la botella de Leyden. Una de las
escuelas competidoras de electricistas consideró a la electricidad un fluido y ese concepto
condujo a una serie de científicos a intentar embotellar dicho fluido, sosteniendo en las
manos una redoma de cristal llena de agua y tocando ésta con un conductor suspendido de un
generador electrostático activo. Al retirar la redoma de la máquina y tocar el agua (o un
conductor conectado a ella) con la mano libre, cada uno de esos investigadores
experimentaba un fuerte choque. Sin embargo, esos primeros experimentos no
proporcionaron a esos investigadores la botella de Leyden. Este instrumento surgió más
lentamente y, también en este caso, es imposible decir cuándo se completó el descubrimiento.
Los primeros intentos de almacenar fluido eléctrico tuvieron buenos resultados sólo debido a
que los investigadores sostenían la redoma en las manos mientras permanecían en pie en el
suelo. Los electricistas tenían que aprender todavía que la redoma necesitaba una capa
conductora tanto interior como exterior y que el fluido no se almacena realmente en la
redoma. El artefacto que llamamos botella de Leyden surgió en algún momento, en el curso
de las investigaciones que demostraron a los electricistas lo anterior y que les hicieron
descubrir varios otros efectos anómalos. Además, los experimentos que condujeron a su
descubrimiento, muchos de ellos llevados a cabo por Franklin, fueron también los que
hicieron necesaria la revisión drástica de la teoría del fluido y, de ese modo, proporcionaron
el primer paradigma completo para la electricidad. Hasta un punto mayor o menor
(correspondiendo a la continuidad que va de resultados imprevistos al resultado previsto), las
características comunes a los tres ejemplos antes citados, son también comunes a todos los
descubrimientos de los que surgen nuevos tipos de fenómenos. Esas características incluyen:
la percepción previa de la anomalía, la aparición gradual y simultánea del reconocimiento
tanto conceptual como de observación y el cambio consiguiente de las categorías y los
procedimientos del paradigma, acompañados a menudo por resistencia. Hay incluso pruebas
de que esas mismas características están incluidas en la naturaleza del proceso mismo de
percepción. En un experimento psicológico, que merece ser conocido mucho mejor fuera de
la profesión, Bruner y Postman pidieron a sujetos experimentales que identificaran, en
exposiciones breves y controladas, una serie de cartas de la baraja. Muchas de las cartas eran
normales, pero algunas habían sido hechas anómalas; por ejemplo: un seis de espadas rojo y
un cuatro de corazones negro. Cada etapa experimental estaba constituida por la muestra de
una carta única a un sujeto único, en una serie gradualmente aumentada de exposiciones.
Después de cada exposición, se le preguntaba al sujeto qué había visto y se concluía el ciclo
con dos identificaciones sucesivas correctas. Incluso en las exposiciones más breves, muchos
sujetos identificaron la mayoría de las cartas y, después de un pequeño aumento, todos los
sujetos las identificaron todas. Para las cartas normales, esas identificaciones eran
habitualmente correctas; pero las cartas anormales fueron identificadas casi siempre, sin
asombro o vacilación aparentes, como normales. El cuatro negro de corazones, por ejemplo,
podía ser identificado como un cuatro, ya sea de picas o de corazones. Sin ninguna sensación
del trastorno, se lo ajustaba inmediatamente a una de las categorías conceptuales preparadas
por las experiencias previas. Ni siquiera podría decirse que los sujetos habían visto algo
diferente de lo que identificaron. Con un mayor aumento del tiempo de exposición de las
cartas anómalas, ciertos sujetos comenzaron a dudar y a dar muestras de que se daban cuenta
de la existencia de una anomalía. Por ejemplo, antes el seis de picas rojo, algunos dirían: Es
el seis de picas; pero tiene algo extraño, lo negro tiene un reborde rojo. Un aumento posterior
de la exposición daba como resultado más dudas y confusión, hasta que , finalmente, y a
veces de manera muy repentina, la mayoría de los sujetos llevaban a cabo la identificación
correcta sin vacilaciones. Además, después de hacerlo así con dos o tres de las cartas
anómalas, no tenían ya grandes dificultades con las siguientes. Sin embargo, unos cuantos
sujetos no fueron capaces en ningún momento de llevar a cabo el ajuste necesario de sus
categorías. Incluso a cuarenta veces la exposición media necesaria para reconocer las cartas
normales con exactitud, más del 10 por ciento de las cartas anómalas no fueron identificadas
correctamente. Y los sujetos que fallaron en esas condiciones mostraron, con frecuencia, un
gran desaliento personal. Uno de ellos exclamó: "No puedo hacer la distinción, sea la que
fuere. Ni siquiera me pareció ser una carta en esta ocasión; no sé de qué color era ni si se
trataba de una pica o de un corazón. Ya ni siquiera estoy seguro de cómo son las picas. ¡Dios
mío!" En la sección siguiente, veremos a veces a científicos que también se comportan en esa
forma. Ya sea como metáfora o porque refleja la naturaleza de la mente, este experimento
psicológico proporciona un esquema maravillosamente simple y convincente para el proceso
del descubrimiento científico. En la ciencia, como en el experimento con las cartas de la
baraja, la novedad surge sólo dificultosamente, manifestada por la resistencia, contra el fondo
que proporciona lo esperado. Inicialmente, sólo lo previsto y lo habitual se experimenta,
incluso en circunstancias en las que más adelante podrá observarse la anomalía. Sin embargo,
un mayor conocimiento da como resultado la percepción de algo raro o relaciona el efecto
con algo que se haya salido antes de lo usual. Esta percepción de la anomalía abre un periodo
en que se ajustan las categorías conceptuales, hasta que lo que era inicialmente anómalo se
haya convertido en lo previsto. En ese momento, se habrá completado el descubrimiento. He
insistido ya en que ese proceso u otro muy similar se encuentra involucrado en el surgimiento
de todas las novedades científicas fundamentales. Ahora señalaré cómo, reconociendo el
proceso, podemos comenzar por fin a comprender por qué la ciencia normal, una actividad no
dirigida hacia las novedades y que al principio tiende a suprimirlas, puede, no obstante, ser
tan efectiva para hacer que surjan. En el desarrollo de cualquier ciencia, habitualmente se
cree que el primer paradigma aceptado explica muy bien la mayor parte de las observaciones
y experimentos a que pueden con facilidad tener acceso todos los que practican dicha ciencia.
Por consiguiente, un desarrollo ulterior exige, normalmente, la construcción de un equipo
complejo, el desarrollo de un vocabulario esotérico y de habilidades, y un refinamiento de los
conceptos que se parecen cada vez menos a sus prototipos usuales determinados por el
sentido común. Por una parte, esta profesionalización conduce a una inmensa limitación de la
visión de los científicos y a una resistencia considerable al cambio del paradigma. La ciencia
se hace así cada vez más rígida. Por otra parte, en los campos hacia los que el paradigma
dirige la atención del grupo, la ciencia normal conduce a una información tan detallada y a
una precisión tal en la coincidencia de la teoría y de la observación como no podrían lograrse
de ninguna otra forma. Además, esa minuciosidad y esa precisión de la coincidencia tienen
un valor que trasciende su interés intrínseco no siempre muy elevado. Sin el aparato especial
que se construye principalmente para funciones previstas, los resultados que conducen
eventualmente a la novedad no podrían obtenerse. E incluso cuando existe el aparato, la
novedad ordinariamente sólo es aparente para el hombre que, conociendo con precisión lo
que puede esperar, está en condiciones de reconocer que algo anómalo ha tenido lugar. La
anomalía sólo resalta contra el fondo proporcionado por el paradigma. Cuanto más preciso
sea un paradigma y mayor sea su alcance, tanto más sensible será como indicador de la
anomalía y, por consiguiente, de una ocasión para el cambio del paradigma. En la forma
normal del descubrimiento, incluso la resistencia al cambio tiene una utilidad que
exploraremos más detalladamente en la sección siguiente. Asegurando que no sera fácil
derrumbar el paradigma, la resistencia garantiza que los científicos no serán distraídos con
ligereza y que las anomalías que conducen al cambio del paradigma penetrarán hasta el fondo
de los conocimientos existentes. El hecho mismo de que, tan a menudo, una novedad
científica importante surja simultáneamente de varios laboratorios es un índice tanto de la
poderosa naturaleza tradicional de la ciencia normal como de lo completamente que esta
actividad tradicional prepara el camino para su propio cambio.
LAS REVOLUCIONES COMO CAMBIOS DEL CONCEPTO DEL MUNDO Capítulo
X.
Examinando el registro de la investigación pasada, desde la atalaya de la historiografía
contemporánea, el historiador de la ciencia puede sentirse tentado a proclamar que cuando
cambian los paradigmas, el mundo mismo cambia con ellos. Guiados por un nuevo
paradigma, los científicos adoptan nuevos instrumentos y buscan en lugares nuevos. Lo que
es todavía más importante, durante las revoluciones los científicos ven cosas nuevas y
diferentes al mirar con instrumentos conocidos y en lugares en los que ya habían buscado
antes. Es algo así como si la comunidad profel sional fuera transportada repentinamente a
otro planeta, donde los objetos familiares se ven bajo una luz diferente y, además, se les unen
otros objetos desconocidos. Por supuesto, no sucede nada de eso: no hay transplantación
geográfica; fuera del laboratorio, la vida cotidiana continúa como antes. Sin embargo, los
cambios de paradigrnas hacen que los científicos vean el mundo de investigación, que les es
propio, de manera diferente. En la medida en que su único acceso para ese mundo se lleva a
cabo a través de lo que ven y hacen, podemos desear decir que, después de una revolución,
los científicos responden a un mundo diferente. Las demostraciones conocidas de un cambio
en la forma (Gestalt) visual resultan muy sugestivas como prototipos elementales para esas
transformaciones del mundo científico. Lo que antes de la revolución eran patos en el mundo
del científico, se convierte en conejos después. El hombre que veía antes el exterior de la
caja, desde arriba, ve ahora su interior desde abajo. Las transformaciones como ésas, aunque
habitualmente más graduales, y casi siempre irreversibles,son acompañantes comunes de la
preparación de los científicos. Al mirar el contorno de un mapa, el estudiante ve líneas sobre
un papel, mientras que el cartógrafo ve una fotografía de un terreno. Al examinar una
fotografía de cámara de burbujas, el estudiante ve líneas interrumpidas que se confunden,
mientras que el físico un registro de sucesos subnucleares que le son familiares. Sólo después
de cierto número de esas transformaciones de la visión, el estudiante se convierte en habitante
del mundo de los científicos, ve lo que ven los científicos y responde en la misma forma que
ellos. Sin embargo, el mundo al que entonces penetra el estudiante no queda fijo de una vez
por todas, por una parte, por la naturaleza del medio ambiehte y de la ciencia, por la otra. Más
bien, es conjuntamente determinado por el medioambiente y por la tradición particular de la
ciencia normal que el estudiante se ha preparado a seguir. Por consiguiente, en tiempos de
revolución, cuando la tradición científica normal cambia, la percepción que el científico tiene
de su medio ambiente debe ser reeducada, en algunas situaciones en las que se ha
familiarizado, debe aprender a ver una forma (Gestalt) nueva. Después de que lo haga, el
mundo de sus investigaciones parecerá, en algunos aspectos, incomparable con el que
habitaba antes. Ésa es otra de las razones por las que las escuelas guiadas por paradigmas
diferentes se encuentran siempre, ligeramente, en pugna involuntaria. Por supuesto, en su
forma más usual, los experimentos de forma (Gestalt) ilustran sólo la naturaleza de las
transformaciones perceptuáles. No nos indican nada sobre el papel desempeñado por los
paradigmas o el de las experiencias previamente asimiladas en el proceso de percepción. Pero
sobre ese punto existe un caudal importante de literatura psicológica, gran parte de la cual
procede de los trabajos pioneros del Hánover Institute. Un sujeto experimental que se pone
anteojos ajustados con lentes inversos verá ¡niciálmente todo el mundo cabeza abajo. Al
principió, este cuadro de percepción funciona como si hubiera sido preparado para que
funcionara a falta de lentes y el resultado es una gran desorientación y una crisis personal
aguda. Pero después de que el sujeto ha comenzado a aprender a conducirse en su nuevo
mundo, todo su campo visual se transforma, habitualmente después de un periodo intermedio
en el que la visión resulta simplemente confusa. Después, los objetos pueden nuevamente
verse como antes de utilizar los lentes. La asimilación de un campo de visión previamente
anómalo ha reaccionado sobre el campo mismo, haciéndolo cambiar. Tanto literal como
metafóricamente, el hombre acostumbrado a los lentes inversos habrá sufrido una
transformación revolucionaria de la visión. para. Los sujetos del experimento de las cartas
anómalas de la baraja, que vimos en la sección VI, sufrieron una transformación muy similar.
Hasta que aprendieron, por medio de una prolongada exposición, que el Universo contenía
cartas anómalas, vieron sólo los tipos de cartas para los que experiencias previas los habían
preparado. Sin embargo, una vez que la experiencia les proporcionó las categorías
complementarias necesanas, fueron capaces de ver todas las cartas anómalas durante una
pnmera inspección suficientemente larga como para permitir cualquier identificación. Otros
experimentos han demostrado que el tamaño, el color, etc., percibidos en objetos
experimentalmente exhibidos, varían también de acuerdo con la, preparación y el
adiestramiento previos de los sujetos. Al examinar la rica literatura experimental de que
hemos extraído esos ejemplos, podemos llegar a sospechar que es necesario algo similar a un
paradigma como requisito previo para la percepción misma. Lo que ve un hombre depende
tanto de lo que mira como de lo que su experiencia visual y conceptual previa lo ha preparado
a ver. En ausencia de esa preparación sólo puede haber, en opinión de ,William James, "una
confusión floreciente y zümbante" ("a bloomin' buzzin' confusion"). En los últimos años,
varios de los eruditos interesados en la historia de la ciencia han considerado los tipos de
experimentos descritos antes como muy sugestivos. En particular, N. R. Hanson ha utilizado
demostraciones de forma (Gestalt) para elaborar algunas de las mismas consecuencias de las
creencias científicas que me ocupan en este ensayos. Otros colegas han hecho notar
repetidamente que la historia de la ciencia tendría un sentido más claro y coherente sí se
pudiera suponer que los científicos experimentan, a veces, cambios de percepción como los
que acabamos de describir. Sin embargo, aun cuando los experimentos psicológicos son
sugestivos, no pueden ser más que eso, dada la naturaleza del caso. Muestran características
de percepción que podrían ser cruciales para el desarrollo científico; pero no demuestran que:
la observación cuidadosa y controlada de los científicos investigadores comparta en absoluto
esas características. Además, la naturaleza misma de esos experimentos hace que resulte
imposible cualquier demostración directa de ese punto. Para que el ejemplo histórico pueda
hacer que esos experimentos psicológicos parezcan ser importantes, deberemos anotar
primeramente los tipos de pruebas que podemos esperar que nos proporcione la historia y los
que no podremos encontrar en ella. El sujeto de una demostración de forma (Gestatt) sabe
que su percepción ha cambiado debido a que puede cambiarla en ambos sentidos
repetidamente, mientras sostiene el mismo libro o la misma hoja de papel en la mano.
Dándose cuenta de que no hay nada en su medio ambiente que haya cambiado, dirige cada
vez más su atención no a la figura (pato o conejo) sino a las líneas del papel que está
observando. Finalmente, puede aprender incluso a ver esas líneas, sin ver ninguna de las
figuras y puede decir (lo que no hubiera podido decir legítimamente antes) que lo que ve
realmente son esas líneas; pero que, alternativamente, las ve como un pato y conw un conejo.
Por el mismo motivo, el sujeto del experimento de cartas anómalas sabe (o, más exactamente,
puede ser persuadido de) que su percepción debe haber cambiado porque una autoridad
externa, el experimentador, le asegura que, a pesar de lo que haya visto, estuvo mirando
siempre un cinco de corazones negro. En esos dos casos, como en todos los experimentos
psicológicos similares, la efectividad de la demostración depende de si se analiza de ese
modo o no. A menos que exista un patrón externo con respecto al que pueda demostrarse un
cambio de visión, no podrá sacarse ninguna conclusión sobre posibilidades alternativas de
percepción. Sin embargo, sin observación científica la situación es exactamente la inversa. El
científico no puede tener ningún recurso por encima o más allá de lo que ve con sus ojos y
sus instrumentos. Si hubiera alguna autoridad más elevada, recurriendo a la cual pudiera
demostrarse que su visión había cambiado, esa autoridad se convertiría ella misma en la
fuente de ese dato y el comportamiento de su visión podría convertirse en fuente de
problemas (como lo es para el psicóIogo la del sujeto experimental). Se presentarían los
mismos tipos de problemas si el científico avanzara y retrocediera como el sujeto de los
experimentos de forma (Gestalt). El periodo durante el que la luz era "a veces una onda y a
veces una partícula" fue un periodo de crisis --un periodo en que algo iba mal-- y concluyó
sólo con el desarrollo de la mecánica ondulatorio y la comprensión de que la luz era una
entidad consistente en sí misma y diferente tanto de las ondas como de las partículas. Por
consiguiente, en las ciencias, si los cambios perceptuales acompañan a los de paradigma, no
podremos esperar que los científicos atestigüen directamente sobre esos cambios. Al mirar a
la Luna, el convertido a la teoría de Copérnico no dice: "Antes veía un planeta, pero ahora
veo un satélite". Esta frase implicaría un sentido en el que el sistema de Tolomeo hubiera sido
correcto alguna vez. En cambio, alguien que se haya convertido a la nueva astronomía dice:
"Antes creía que la Luna era un planeta (o la veía como tal); pero estaba equivocado". Este
tipo de enunciado vuelve a presentarse en el periodo inmediatamente posterior a las
revoluciones científicas. Si oculta ordinariamente un cambio de visión científica o alguna otra
transfortnación mental que tenga el mismo efecto, no podremos, esperar un testimonio directo
sobre ese cambio. Más bien, deberemos buscar evidencia indirecta y de comportamiento de
que el científico que dispone de un nuevo paradigma ve de manera diferente a como lo hacía
antes. Regresemos ahora a los datos y preguntémonos qué tipos de transformaciones del
mundo científico puede descubrir el historiador que crea en esos cambios. El descubrimiento
e Urano por Sir William Herschel proporciona un primer ejemplo que es muy similar al
experimento de las cartas anómalas. Al menos en diecisiete ocasiones diferentes, entre 1690 y
1781, una serie de astrónomos, incluyendo a varios de los observadores más eminentes de
Europa, vieron una estrella en posiciones que suponemos actualmente que debía ocupar
entonces,Uranop. Uno de los mejores observadores de dicho grupo vio realmente la estrella
durante cuatro noches sucesivas, en 1769, sin notar el movimiento que podía haber sugerido
otra identificación. Herschel, cuando observó por primera vez el mismo objeto, doce años
más tarde, lo hizo con un telescopio perfeccionado, de su propia fabricación. Como resultado
de ello, pudo notar un tamaño aparente del disco que era, cuando menos, muy poco usual
para las estrellas. Había en ello algo raro y, por consiguiente, aplazó la identificación hasta
llevar a cabo un examen más detenido. Ese examen mostró el movimiento de Urano entre las
estrellas y, como consecuencia, Herschel anunció que había visto un nuevo cometa. Sólo al
cabo de varios meses, después de varias tentativas infructuosas para ajustar el movimiento
observado a una órbita de cometa, Lexell sugirió que la órbita era probablemente planetaria.
Cuando se aceptó esa sugestión, hubo varias estrellas menos y un planeta más en el mundo de
los astrónomos profesionales. Un cuerpo celeste que había sido observado varias veces,
durante casi un siglo, era visto diferentemente a partir de 1781 debido a que¡ como una de las
cartas anómalas, no podía ajustarse ya a las categorías perceptuales (estrella o cometa)
proporcionadas por el paradigma que había prevalecido antes. El cambio de visión que
permitió a los astrónomos ver a Urano como planeta no parece, no obstante, haber afectado
sólo la percepción de ese objeto previamente observado. Sus consec,uencias fueron mucho
más lejos. Probablemente, aunque las pruebas son engañosas, el cambio menor de paradigma
que produjo Herschel contribuyó a preparar a los astrónomos para el descubrimiento rápido,
después de 1801, de numerosos planetas menores o asteroides. A causa de su tamaño
pequeño, los asteroides no mostraban el aumento anómalo que había alertado a Herschel. Sin
embargo, los astrónomos preparados para ver planetas adicionales fueron capaces, con
instrumentos ordinarios, de identificar veinte de ellos durante los primeros cincuenta años del
siglo XIX. La historia de la astronomía proporciona muchos otros ejemplos de cambios
inducidos por los paradigmas en la percepción cientií:ica, algunos de ellos incluso menos
equívocos. Por ejemplo, ¿es concebible que fuera un accidente el que los astrónomos
occidentales vieran por primera vez cambios en el firmamento, que antes había sido
considerado como inmutable, durante el medio siglo que siguió a la primera proposición del
paradigma de Copérnico? Los chinos, cuyas creencias cosmológicas no excluían el cambio
celeste, habían registrado en fecha muy anterior la aparición de muchas estrellas nuevas en el
firmamento. Asimismo, incluso sin ayuda de telescopios, los chinos habían registrado
sistemáticamente la aparición de manchas solares, siglos antes de que fueran observadas por
Galileo y sus contemporáneos. Tampoco fueron las manchas solares y una nueva estrella los
únicos ejemplos de cambios celestes que surgieron en e finnamento de los astrónomos
occidentales, inmediatamente después de Copérnico. Utilizando instrumentos tradicionales,
algunos tan simples como un pedazo de hilo, los astrónomos de fines del siglo XVI
descubrieron repetidamente que los cometas se desplazan libremente por el espacio reservado
previamente a los planetas y a las estrellas fijas. La facilidad y la rapidez mismas con que los
astrónomos vieron cosas nuevas al observar objetos antiguos con instrumentos antiguos
puede hacernos desear decir que, des ués de Copérnico, los astrónomos vivieron en un mundo
diferente. En todo caso, sus investigaciones dieron resultados como si ése fuera el caso.
Seleccionamos los ejemplos anteriores de la astronomía, debido a que los informes sobre las
observaciones celestes se hacen, frecuentemente, en un vocabulario que consiste
relativamente en términos puramente obser'vacionales. Sólo en esos infonnes podemos
esperar hallar algo semejante a un paralelismo pleno entre las observaciones de los científicos
y las de los sujetos experimentales de los psicólogos. Pero no es necesario ínsistir en un
paralelismo tan completo y podremos obtener mucho si flexibilizamos nuestro patrón. Sí nos
contentamos con el uso cotidiano del verbo 'ver', podremos rápidamente reconocer que ya
hemos encontrado muchos otros ejemplos de los cambios en la percepción científica que
acompañan al cambio de paradigma. El uso extendido de 'percepcíón', y de 'ver' requerirá
pronto una defensa explícita; pero, primeramente, ilustraré su aplicación en la práctica.
Volvamos a ver, durante un momento, dos de nuestros ejemplos anteriores, sacados de la
historiá de la electricidad. Durante el siglo XVII, cuando sus investigaciones eran guiadas por
alguna de las teorías de los efluvios, los electricistas vieron repetidamente limaduras o
granzas que rebotaban o caían de los cuerpos eléctricos que las habían atraído. Al menos, eso
es lo que los observadores del siglo XVII decían que veían y no tenemos más motivos para
poner en duda sus informes de percepción que los nuestros. Colocados ante los mismos
aparatos, los observadores modernos verían una repulsión electrostática (más que un rebote
mecánico o gravitacional), pero históricamente, con una excepción pasada por alto
universalmente, la repulsión electrostática no fue vista como tal hasta que el aparato en gran
escala de Hauksbee aumentó mucho sus efectos. Sin embargo, la repulsión, después de la
electrificación de contacto, fue sólo uno de los muchos efectos de, repulsión que vio
Háuksbee. A través de sus investigaciones, la repulsión repentinamente se convirtió, más
bien, como en un cambio de forma (Gestalt), en la manifestación fundamental, de la
electrificación y, entonces, fue preciso explicar la atracción. Los fenómenos eléctricos
visibles a comienzos del siglo XVIII fueron más sutiles y variados que los vistos por los
observadores del siglo XVII. O también, después de la asimilación del paradigma de
Franklin, el electricista que miraba una botella de Leyden vio algo diferente de lo que había
visto antes. El instrumento se había convertido en un condensador, que no necesitaba ni la
forma de botella ni ser de cristal . En lugar de ello, los dos recubrimientos conductores --uno
de los cuales no había formado parte del instrumento original-- se hicieron prominentes.
Como atestiguan tanto las exposiciones escritas como las representaciones pictóricas, de
manera gradual dos placas metálicas, con un cuerpo no conductor entre ellas, se había
convertido en el prototipo de la clases Simultáneamente, otros efectos de inducción
recibieron nuevas descripciones y otros más fueron notados por primera vez. Los cambios de
este tipo no son exclusivos de la astronomía y la electricidad. Ya hemos hecho notar algunas
de las transformaciones similares de la visión que pueden sacarse de la historia de la química.
Como dijimos, Lavoisier vio oxígeno donde Priestley había visto aire deflogistizado y donde
otros no habían visto nada en absoluto. Sin embargo, al aprender a ver oxígeno, Lavoisier
tuvoque,modificar también su visión de otras substancias más conocidas. Por ejemplo, vio un
mineral compuesto donde Priestley y sus contemporáneos habían visto una tierra elemental y
había, además, otros varios cambios. Cuando menos, como resultado de su descubrimiento
del oxígeno, Lavoisier vio a la naturaleza de manera diferente. Y a falta de algún recurso a
esa naturaleza fija e hipotética que "veía diferentemente", el principio de economía nos
exigirá decir que, después de descubrir el oxígeno, Lavoisier trabajó en un mundo diferente.
Me preguntaré en breve si existe la posibilidad de evitar esa extraña frase; pero, antes,
necesitamos un ejemplo más de su uso, derivado de una de las partes mejor conocidas del
trabajo de Galileo. Desde la Antigüedad más remota, la mayoría de las personas han visto
algún objeto pesado balanceándose al extremo de una cuerda, o cadena hasta que finalmente
queda en reposo. Para los áristotélicos, que creían que un cuerpo pesado se desplazaba por su
propia naturaleza de una posición superior a una más baja hasta llegar a un estado de reposci
natural., el cuerpo que se balanceaba simplemente estaba cayendo con dificultad. Sujeto a la
cadena, sólo podía quedar en reposo en su posición más baja, después de un movimiento
tortuoso y de un tiempo considerable. Galileo, por otra parte, al observar el cuerpo que se
balanceaba, vio un péndulo, un cuerpo que casi lograba repetir el mismo movimiento, una y
otra vez, hasta el infinito. Y después de ver esto, Galileo observó también otras propiedades
del péndulo y construyó muchas de las partes más importantes y originales de su nueva
dinámica, de acuerdo con esas propiedades. Por ejemplo, de las propiedades del péndulo,
Galileo dedujo sus únicos argumentos completos y exactos para la relación entre el pesó
[Link] y la velocidad final de los movimientos descendentes sobre un plano inclinado.
Todos esos fenómenos naturales los vio diferentemente de como habían sido vistos antes.
¿Por qué tuvo lugar ese cambio de visión? Por supuesto, gracias al genio individual de
Galileo. Pero nótese que el genio no se manifiesta en este caso como observación más exacta
u objetiva del cuerpo oscilante. De manera descriptiva, la percepción aristotélica tiene la
misma exactitud. Cuando Galileo informó que el periodo del péndulo era independiente de la
amplitud, para amplitudes de hasta 90º, su imagen del péndulo lo llevó a ver en él una
regularidad mucho mayor que la que podemos descubrir en la actualidad en dicho péndulo.
Más bien, lo que parece haber estado involucrado es la explotación por el genio de las
posibilidades perceptuales disponibles, debido a un cambio del paradigma medieval. Galileo
no había recibido una instrucción totalmente aristotélica. Por el contrario, había sido
preparado para analizar los movimientos, de acuerdo con la teoría del ímpetu, un paradigma
del final de la Edad Media, que sostenía que el movimiento continuo de un cuerpo pesado se
debía a un poder interno, implantado en él por el impulsor que inició su movimiento. Jean
Buridan y Nicole Oresme, los escolásticos del siglo XIV que llevaron la teoría del ímpetu a
sus formulaciones más perfectas, son los primeros hombres de quienes se sabe que vieron en
los movimientos de oscilación una parte de lo que vio en ellos Galileo. Buridan describe el
movimiento de una cuerda que vibra como aquel en el que el ímpetu es implantado
primeramente cuando se golpea la cuerda; ese ímpetu se consume al desplazarse la cuerda en
contra de la resistencia ofrecida por su tensión; a continuación, la tensión lleva a la cuerda
hacia atrás, implantando un ímpetu creciente hasta alcanzar el punto medio del movimiento;
después de ello, el ímpetu desplaza a la cuerda en sentido contrario, otra vez contra la tensión
de la cuerda, y así sucesivamente en un proceso simétrico que puede continuar
indefinidamente. Más avanzado el siglo, Oresme bosquejó un análisis similar de la piedra que
se balancea, en lo que ahora aparece como la primera discusión sobre un péndulo. De manera
clara, su opinión se encuentra muy cerca de la que tuvo Galileo cuando abordó por primera
vez el estudio del péndulo. Al menos, en el caso de Oresme y casi seguro que también en el
de Galileo, fue una visión hecha posible por la transición del paradigma aristotélico original
al paradigma escolástico del ímpetu para el movimiento. Hasta que se inventó ese paradigma
escolástico no hubo péndulo, sino solamente piedras oscilantes, para que pudiera verlas el
científico. Los péndulos comenzaron a existir gracias a algo muy similar al cambio de forma
(Gestalt) provocado por un paradigma.
"La Ciencia Normal y sus Peligros"
Karl Popper
La crítica que el profesor Kuhn hace de mis puntos de vista acerca de la ciencia es la más
interesante de cuantas he encontrado hasta ahora. Es innegable que hay algunos puntos más o
menos importantes en los que él mismo me entiende mal o me interpreta mal. Por ejemplo,
Kuhn cita con desaprobación un pasaje del principio del primer capítulo de mi libro 7he
Logic of Scientific Discovery. Ahora bien, me gustaría citar “un pasaje del prefacio a la
primera edición que Kuhn ha pasado por alto (en la primera edicion el pasaje aparece
inmediatamente antes del pasaje citado por Kuhn; posteriormente inscrté el prefacio a la
edición inglesa entre dos pasajes). En tanto que el breve pasa- je citado por Kuhn parece
indicar, fuera de su contex- to, que me ha pasado completamente inadvertido el hecho,
subrayado por Kuhn, de que los científicos de- sarrollan necesariamente sus ideas dentro de
un marco general teórico definido, su inmediato predecesor de 1934 parece casi una
anticipación de este punto cen- tral de Kuhn. Después de dos epígrafes tomados de Schlick y
de Kant, mi libro comienza con las palabras siguientes: "Un científico comprometido en una
investigación, pongamos por caso en física, puede atacar su proble- ma de manera directa.
Puede ir inmediatamente al co- razón del asunto, es decir, al corazón de una estructura
organizada. Porque ya existe una estructura de las doctrinas científicas; y con ella, una
situación de los problemas generalmente aceptada. Por esta razón pue- de dejar que otros
sitúen su contribución en el lugar adecuado dentro del marco general del conocimiento
científico”. Continuaba después diciendo que el filó- sofo se encuentra en una posición
diferente. Parece bastante claro que el pasaje citado describe la situación "normal" de un
científico de manera muy similar a la de Kuhn. Hay un edificio, una estructura organizada de
la ciencia que provee al científico de una exposición de problemas generalmente aceptada en
Ja que su propia obra pueda encajar bien. Esto se asemeja mucho a uno de Jos puntos
principales de Kuhn. Que la "ciencia normal", como él la llama, o el trabajo"normal" de un
científico, presupone una es- tructura de supuestos ya organizada, o una teoría, o un programa
de investigación, que la comunidad de cien- tíficos necesita para poder discutir racionalmente
su trabajo. El hecho de que Kuhn pasase por alto este punto en el que estamos de acuerdo y
que se aferrase a lo que venía inmediatamente después, me parece significati- vo. Esto
demuestra que uno nunca lee o entiende un libro salvo con la ayuda de expectativas definidas
que se encuentran en la propia mente. Esto puede conside- rarse como una de las
consecuencias de mi tesis de que todo lo tratamos a la luz de una teoría preconcebi- da. Así
ocurre también con un libro. Como consecuen- cia tenemos tendencia a escoger aquellas
cosas que nos gustan o nos disgustan o que, por otras razones, queremos encontrar en el libro;
y eso es lo que hizo Kuhn al leer mi libro. Sin embargo, a pesar de estos puntos de menor
importancia, Kuhn me entiende muy bien; mejor, creo yo, que la mayor parte de mis críticos
que conozco; y sus dos críticas principales son muy importantes. La primera de estas críticas
es, brevemente, que yo he pasado por alto completamente lo que Kuhn llama “ciencia
normal" y que he estado ocupado exclusiva- mente en describir lo que Kuhn llama
"investigación extraordinaria" o "ciencia extraordinaria". Pienso que la distincion entre estos
dos tipos de ocupación quizá no es tan tajante como Kuhn la hace; no obstante, estoy muy
dispuesto a admitir que en el mejor de los casos sólo me he dado cuenta débilmente de esta
distinción; y, además, que esta distinción seña- la algo que es de una gran importancia.
Siendo esto así, es un asunto comparativamente de menor importancia el de si los términos
"ciencia nor- mal" y "ciencia extraordinaria" son o no en cierto mo- do peticiones de
principio, y (en el sentido de Kuhn) “ideológicos”. Pienso que son todo esto; pero eso no
disminuye mis sentimientos de deuda hacia Kuhn por haber señalado la distinción, y por
haberme abierto los ojos a un gran número de problemas que previamente no había visto con
mucha claridad. La "ciencia normal", en el sentido de Kuhn, existe. ES la actividad de los
profesionales no revoluciona- MOS, 0, dicho con más precisión, no-demasiado-críti- E.
estudioso de la ciencia que acepta el dogma inanic del momento; que no desea desafiarlo; y
due acepta una teoría revolucionaria nueva sólo si casi todos los demás están dispuestos a
aceptarla, si se de moda. Resistir una nucva moda quizá requie- re tanto coraje como se
necesitó para imponerla. Ustedes pueden decir, quizá, que al describir así la "ciencia normal"
de Kuhn, estoy crilicándola implícita y subrepticiamente. Af irmaré por tanto otra vez que lo
que Kuhn ha descrito existe, y que los historiadores de la ciencia deben tenerlo en cuenta.
Que seca un fenó- meno que a mí no me guste (porque lo considero un peligro para la
ciencia) mientras que a él al parccer no le disgusta (porque lo considera normal") es otra
cuestión; una cuestión importante, sin duda. En mi opinión el “científico normal", tal como
Kuhn lo describe, es una persona a la que habría que compadecer. (Según los puntos de vista
de Kuhn acer- ca de la historia de la ciencia, muchos grandes cientf- ficos deben de haber
sido "normales", pero como no tengo por qué compadecerlos, pienso que puede que Kuhn
esté en lo cierto). En mi opinión, al “científico normal" se le ha enseñado mal. Creo, al igual
que otros muchos, que toda la enseñanza a nivel universi- tario (y si es posible antes ) debería
ser entrenamiento y estímulo al pensamiento crítico. Al "científico nor- mal, tal como lo
describe Kuhn, se le ha enseñado mal. Se le ha enseñado dentro de un espíritu dogmáti- co:
ha sido víctima de indoctrinación. Ha aprendido una técnica que puede aplicarse sin
preguntar por qué puede aplicarse (especialmente en mecánica cuántica). . Como
consecuencia ha llegado a ser lo que puede llamarse un científico aplicado, en contraposición
con lo que yo llamaría un científico puro. Como señala Kuhn, se contenta con resolver
"rompecabezas"! La elección de este témino parece indicar que Kuhn de- sea subrayar que no
es un problema realmente funda- mental el que el "científico normal" está preparado para
atacar. Es más bien un problema rutinario, un problema al que hay que aplicar Jo que uno ha
apren- dido. Kuhn Jo describe como un problema en el que se aplica una teoría dominante (lo
que él Jlama un "para- digma"). El éxito del "científico normal" consiste, por entero, en
mostrar que la teoría dominante puede ser adecuada y satisfactoriamente aplicada para
alcanzar la solución del rompecabeza (o acertijo) en cuestión. La descripción del "científico
normal" que hace Kuhn me recuerda vivamente una conversación que tuve con mi amigo ya
desaparecido, Philip Frank, ha- cia 1933. En aquel tiempo Frank se quejaba amarga mente del
tratamiento acrítico de la ciencia que hacían Ja mayoría de sus estudiantes de ingeniería.
Estos que- rían simplemente "conocer los hechos". Las teorías o hipótesis que no estaban
"generalmente aceptadas”, sino que eran problemáticas, no las querían; les hacían sentirse
incómodos. Estos estudiantes sólo querían sa- ber aquellas cosas, aquellos hechos, que
pudieran apli- car con la conciencia tranquila y sin investigar a fondo en sus propias
creencias. Admito que esta clase de actitud existe; y que no sólo existe entre los ingenieros,
sino tambien entre las personas entrenadas para científicos. Sólo puedo decir que veo un
peligro muy grande en ella y en la posibili- dad de que llegue a ser normal (del mismo modo
que veo un gran peligro en el aumento de especialización, el cual es también un hecho
histórico innegable): un peligro para la ciencia y aún para nuestra civilización. Esto muestra
por qué considero tan importante el én- fasis que pone Kuhn en la existencia de esta clase de
ciencia. Creo, sin embargo, que Kuhn se equivoca cuando considera que lo que él llama
"ciencia normal" es nor- mal. Desde luego que no pienso establecer una disputa acerca de un
término. Lo que quiero indicar es que pocos, si es que hay alguno, de los científicos de los
que Ja historia de la ciencia guarda memoria fueron "científicos normales" en el sentido de
Kuhn. En otras palabras, estoy en desacuerdo con Kuhn acerca de al- gunos hechos históricos
y acerca de lo característico de la ciencia. Tomemos como ejemplo el Charles Darwin de an-
tes de la publicación de El origen de las especies. Aún después de que se publicase este libro,
Darwin fue Jo que, empleando la bella descripción que el profesor Pearce Williams ha hecho
de Max Planck, puede des- cribirse como "revolucionario a pesar suyo", antes de ello
escasamente fue revolucionario en absoluto. No hay nada que se parezca a una actitud
conscientemen- te revolucionaria en su descripción de The Voyage of the Eagle. Pero está
lleno de problemas el borde; de problemas genuinos, nuevos y fundamentales, y de conjeturas
ingeniosas —conjeturas que a menudo com- piten entre sí— acerca de posibles soluciones.
Difícilmente puede haber una ciencia menos revo- lucionaria que la botánica descriptiva. Sin
embargo el botánico descriptivo se enfrenta constantemente con problemas genuinos e
interesantes: problemas de dis- tribución, problemas de localización, problemas de di-
ferenciación de especies o subespecies, problemas co- mo los de simbiosis, enemigos
característicos, enfer- medades características, variedades resistentes, varie- dades más o
menos fértiles, etc. Muchos de estos pro- blemas descriptivos fuerzan al botánico a un trata-
miento experimental y le llevan a una fisiología de las plantas, y de este modo a una ciencia
teórica y experi- mental (más que puramente "descriptiva"). Las etapas de estas transiciones
se funden casi imperceptible- mente, y cn cada etapa más que "rompecabezas" sur- gen
problemas genuinos. Pero quizá Kuhn llama "rompecabezas" a lo que yo llamaría
"problema"; y es seguro que no queremos disputar sobre las palabras. Así que voy a decir
algo más general acerca de la tipología de los científicos que hacc Kuhn. Entre el "científico
normal" y el “científico extraor- dinario" de Kuhn, yo creo que hay muchas gradacio- nes; y
que debe haberlas. Fijémonos en Boltzmann; pocos científicos hay más grandes que él. Pero
su grandeza difícilmente puede decirse que consiste en haber iniciado una revolución mayor,
porque Boltz- mann fue, en gran medida, un continuador de Max- well. Sin embargo estuvo
tan lejos de ser un "cientifi- co normal" como se puede estar. Fue un valiente Ju- chador que
resistió la moda dominante de su tiempo, una moda que, dicho sea de paso, dominó sólo en el
Continente y tuvo, por aquel tiempo, pocos seguidores en Inglaterra. Creo que la idea que
tiene Kuhn de una tipología de los hombres de ciencia y de los períodos científicos es
importante; pero que necesita una puntualización. Su esquema de períodos "normales", que
están bajo el imperio de una teoría dominante (un "paradigma" en la terminología de Kuhn) y
a los que siguen revolucio- nes excepcionales, parece ajustarse bastante bien a la astronomía.
Pero no se ajusta, por ejemplo, a la evolu- ción de la teoría de la materia, o a la evolución de
las ciencias biológicas desde, pongamos, Darwin y Pas- teur. En conexión con el problema de
la materia, más específicamente, hemos tenido al menos tres teorías dominantes en
competencia desde la antigúcdad: las teorías atomistas, y aquellas teorías que intentaban
combinar las dos. Además, durante algún tiempo tuvi- mos la versión que Mach dio a
Berkeley: la teoría de que "materia" era un concepto metafísico más que un concepto
científico; que no había nada que fuese una teoría física de la estructura de la materia; y que
la teoría fenomenológica del calor se convertiría en el único paradigma de todas las teorías
físicas. (Utilizo aquí la palabra "paradigma" en un sentido ligeramente distinto al de Kuhn,
esto es, Ja utilizo no para indicar una teoría dominante, sino más bien un programa de
investigación; un modo de explicación que algunos científicos consideran tan satisfactorio
que exigen su general aceptación.) Si bien considero que el descubrimiento de Kuhn de lo
que € llama "ciencia normal" es de la mayor im necia, no estoy de acuerdo en que la historia
de la ciencia dé apoyo a su doctrina (esencial para su teoría de la comunicación racional) de
que "normal- mente" tenemos una teoría dominante —un "paradig- ma"-— en cada dominio
científico, y que la historia de la ciencia consiste en una sucesión de teorías domi- nantes, en
la que hay intercalados períodos revolucio- narios de "ciencia extraordinaria"; períodos que él
describe como si la comunicacion entre los científicos se hubiese venido abajo, debido a la
ausencia de una teoría dominante. Este cuadro de la historia de la ciencia entra en conflicto
con los hechos tales como yo los veo. Por- que ya desde la antigiiedad hubo constantes y
fructífe- ras discusiones entre las tcorías dominantes de la ma- teria que estaban en
competencia. Ahora bien, en el artículo que ha presentado aquí, Kuhn parece proponer la
tesis de que la lógica de la ciencia tiene poco interés y ningún poder expticativo para e]
historiador de la ciencia. Viniendo de Kuhn, esta tesis me parece casi tan paradójica como lo
fue Ja tesis, "yo no hago hipótesis" que Newton expuso en su Optica. Porque así como
Newton empleaba hipótesis, Kuhn emplea la lógica, y no meramente para argumentar, sino
precisamente en el mismo sentido en el que yo hablo de la lógica del descubrimiento. El
emplea, sin embargo, una lógica del descubrimiento que en algunos puntos difiere radi-
calmente de la mía; la lógica de Kuhn es la lógica del relativismo histórico. Mencionaré
primeramente algunos puntos en los que estamos de acuerdo. Yo veo que la ciencia es
esencialmente crítica; que consiste en arriesgadas con- jeturas, controladas por la crítica, y
que, por esta ra- zón, puede ser descrita como revolucionaria. Pero siempre he subrayado la
necesidad de cierto dogmatis- mo: el científico dogmático tiene un importante papel que
desempeñar. Si nos rendimos con demasiada faci- lidad a Ja crítica, nunca averiguaremos
dónde se en- cuentra la verdadera fuerza de nuestras teorías. Pero no es ésta la clase de
dogmatismo que quiere Kuhn. El cree en el control de un dogma dominante durante períodos
de tiempo considerables; y no crec que el método de la ciencia sea, normalmente, el de la
crítica y las conjeturas arriesgadas. ¿Cuáles son sus principales argumentos? No son
psicológicos o históricos. Son lógicos: Kuhn conside- ra que la racionalidad de la ciencia
presupone la acep- tación de un marco general común. Considera que la racionalidad depende
de algo así como un lenguaje común y un conjunto común de presuposiciones. Con- sidera
que la discusión racional, y la crítica racional, sólo son posibles si estamos de acuerdo sobre
los pun- tos fundamentales. Esta es una tesis ampliamente aceptada y que cier- tamente está
de moda: la tesis del relativismo. Y es una tesis lógica. A mi juicio la tesis es crrónea.
Admito, desde Jue- go, que es mucho más fácil discutir rompecabezas dentro de un marco
general comúnmente aceptado y ser arrastrado a un nuevo marco general por la marca de una
nueva moda dominante, que discutir los puntos fundamentales, esto es, el propio marco
general de nuestras presuposiciones. Pero Ja tesis relativista es que el marco general no puede
ser discutido crítica- mente y que no resiste la crítica. He puesto a esta tesis :el nombre de El
Mito del Marco General, y la he discutido en varias ocasiones. La considero un error lógico y
filosófico. (Recuerdo que a Kuhn no le gusta cl uso que hago de la palabra "error", pero que
no le guste forma parte de su relati- Quisiera indicar brevemente por qué no soy relati- vista”:
yo creo en la verdad "absoluta" u "objetiva", en el sentido de Tarski (aunque no soy, desde
luego, un "absolutista" en el sentido en que piense que yo, o cualquier otro, tiene la verdad en
el bolsillo). No dudo que éste es uno de los puntos en el que estamos más profundamente
divididos; y es un punto lógico. Admito que en todo momento somos prisioneros atrapados
en el marco general de nuestras teorías, nuestras expectativas, nuestras experiencias anterio-
res, nuestros lenguaje. Pero somos prisioneros en un sentido pickwickiano, si lo intentamos,
en cualquier momento podemos escapar de nuestro marco general. Es indudable que nos
encontramos de nuevo en otro marco general, pero será una mejor y más espacioso; y en todo
momento de nuevo podemos escapar de él. El punto central es que siempre es posible una
dis- cusión crítica y una comparación de los varios marcos generales. No es sino un dogma
—un peligroso dog- ma- el que los distintos marcos generales sean como lenguajes
mutuamente introducibles. El hecho es que incluso lenguajes totalmente diferentes (como el
in- 8lÉs y el hopi, o el chino) no son introducibles, y que hay muchos hopis o chinos que
dominan el inglés. El mito del Marco General es, en nuestro tiempo, €] baluarte central del
irracionalismo. Mi contratesis Es simplemente que lo que es una dificultad lo exagera en
imposibilidad. Hay que admitir lo difícil que es una discusión Entre personas educadas en
marcos genera- Ys distintos. Pero nada más fructífero que tal discu- sión; que el choque
cultural que ha servido de estímu- . algunas de las más grandes revoluciones intelec- es.
Admito que una revolución intelectual parece a Tenudo una conversión religiosa. Un modo
nuevo de considerar Jas cosas puede afectamos como un fogo- nazo. Pero eso no signifca que
no podamos evaluar, crítica y racionalmente, nuestros puntos de vista antc- riores a la Juz de
los nuevos. Sería simplemente falso decir que el paso de la teoría de la gravedad de Newton a
la teoría de Eins- tein es un salto irracional, y que ambas no son racio- nalmente comparables.
Por el contrario, hay muchos puntos de contacto (tal como el papel de la ecuación de Poisson)
y puntos de comparación: de la tcoría de Einstein se sigue que la Lcoría de Newton es una
exce- lente aproximación (excepto para planetas o cometas que se muevan en órbitas elípticas
con excentricida- des considerables). De modo que en la ciencia, y por así en la teología,
siempre es posible una comparación crítica de las tco- rías que están en competencia, de los
marcos genera- les que están en competencia. Y la negación de esta posibilidad es un error.
En la ciencia (y sólo en la ciencia) podemos decir que hemos hecho genuino progreso, que
sabemos más que sabíamos antes. Así, la diferencia entre Kuhn y yo se remonta, fun-
damentalmente, a la lógica. Y eso ocurre con toda la teoría de Kuhn. A su propuesta
"Psicología más que Lógica del Descubrimiento" podemos responder: to- dos sus propios
argumentos se remontan a la tesis de que el científico se ve obligado lógicamente a aceptar un
marco general, puesto que, no es posible ninguna discusión racional] entre marcos generales.
Esta es una tesis lógica —incluso aunque sea errónea—. Verdaderamente, como he tenido
ocasión de expli- car en otro lugar, el "conocimiento científico" puede ser considerado como
carente de sujeto”. Puede ser considerado como un sistema de teorías en las que trabajamos
como los albañiles trabajan en una cate- dral. El objetivo es encontrar teorías que, a la luz de
la discusión crítica, se acerguen más a la verdad. De modo que el objetivo es aumentar el
contenido de verdad de nuestras teorías (lo cual, como he demostra- do*, sólo puede lograrse
aumentando su contenido). No puedo terminar sin indicar que para mí la idea de volverse
hacia la sociología y la psicología (0 a la historia de Ja ciencia, como recomienda Pcarce Wi-
lliams) con objeto de aclarar los objetivos de la cien- cia y su posible progreso, es
sorprendente y decepcio- nante, De hecho, la sociología y la psicología, si se las compara con
la física, están asaltadas por modas y por dogmas no sujetos a control. La indicación de que
en ellas podemos encontrar algo que sca "descripción pu- ra y objetiva" es claramente
errónca. Además, ¿Cómo es posible que retroceder hasta estas ciencias frecuen- temente
espurias pueda ayudamos en esta dificultad particular? No es a la ciencia sociólogica (o
psicológi- ca o histórica) a la que se quiere recurrir para decidir cuál es la respuesta a la
pregunta "Qué es la ciencia" o "Qué es, de hecho, normal en la ciencia". Porque está claro
que no es a los ribetes de locura sociológica (o psicológica o histórica) a quienes se quiere
apelar. ¿Y a quién sc ha de consultar: al sociológo (0 psicológo o historiador) "normal" o al
"extraordinario"? Por esto es por Jo que considero idea de volverse hacia la sociología o la 1
lo considero decepcionante porque muestra - me lo que anteriormente he dicho en contra de =
a cias y modas psicologistas, especialmente en la hi - ria, fue en va
no. o No, no es éste el camino, como la puede mostrar; así que a Ja pregunta o uy
Descubrimiento o Psicología de la deme que hace Kuhn, la respuesta es que mientras que |
Lógica del descubrimiento tiene poco que apena de la Psicología de la Investigación, Ésta
tiene mucho que aprender de aquélla.
La Lógica de la Investigación Científica
Karl Popper
PANORAMA DE ALGUNOS PROBLEMAS FUNDAMENTALES
El hombre de ciencia, ya sea teórico o experimen- tal, propone enunciados —o sistemas de
enunciados— y los contrasta paso a paso. En particular, en el campo de las ciencias empíricas
construye hipótesis -0 siste- mas de teorías- y las contrasta con la experiencia por medio de
observaciones y experimentos. Según mi opinión, la tarea de la lógica de la inves- tigación
científica —o lógica del conocimiento— es ofrecer un análisis lógico de tal modo de
proceder: esto es, analizar el método de las ciencias empíricas. Pero, ¿cuáles son estos
"métodos de las ciencias empíricas"? Y, ¿a qué cosa llamamos "ciencia empíiri- ca"?.
1. EL PROBLEMA DE LA INDUCCION: De acuerdo con la tesis que tiene gran
aceptación -y a la que nos opondremos en este libro-, las cien- cias empíricas pueden
caracterizarse por el hecho de que emplean los llamados "métodos inductivos": se- gún esta
tesis, la lógica de la investigación científica sería idéntica a la lógica inductiva, es decir, al
análisis Jógico de tales métodos inductivos. Es corriente llamar "inductiva" a una inferencia
cuando pasa de enunciados singulares (llamados, a ve- ces, enunciados "particulares", tales
como descripcio- nes de los resultados de observaciones o experimen- tos, a enunciados
universales, tales como hipótesis o teorías. Ahora, bien, desde un punto de vista lógico dista
mucho de ser obvio que estemos justificados al inferir enunciados universales partiendo de
enunciados sin- gulares, por elevado que sea su número, pues cual- jer conclusión que
saquemos de este modo corre siempre el riesgo de resultar un día falsa: así, cual- quiera que
sea el número de ejemplares de cisnes blancos que hayamos obsevado, no está justificada la
conclusión de que todos los cisnes scan blancos. Se conoce con el nombre del problema de la
induc- ción la cuestión acerca de si están justificadas las infe- rencias inductivas, o de bajo
qué condiciones lo están. El problema de la inducción puede formularse, así mismo, como la
cuestión sobre cómo establecer la verdad de los enunciados universales basados en la
experiencia <omo son las hipótesis y los sistemas teóricos de las ciencias empíricas—-. Pues
muchos creen que la verdad de estos enunciados se "sabe por experiencia", sin embargo, es
claro que todo informe en que se da cuenta de una experiencia —o de una observación, o del
resultado de un experimento—- no puede ser originariamente un enunciado universal, si- no
sólo un enunciado singular. Por lo tanto, quien dice que sabemos por experiencia la verdad de
un enuncia- do universal suele querer decir que la verdad de dicho enunciado puede
reducirse, de cierta forma, a la ver- dad de otros enunciados —stos singulares— que son
verdaderos según sabemos por experiencia; lo cual equivale a decir que los enunciados
universales están basados en inferencias inductivas. Así pues, la pregun- ta acerca de si hay
leyes naturales cuya verdad nos conste viene a ser otro modo de preguntar si las infe- rencias
inductivas están justificadas lógicamente. Más si queremos encontrar un modo de justificar
las inferencias inductivas, hemos de intentar, en pri- mer término, establecer un principio de
inducción. Se- mejante principio sería un enunciado con cuya ayuda pudiéramos presentar
dichas inferencias de una forma lógicamente aceptable. A los ojos de los mantenedores de la
lógica inductiva, la importancia de un principio de inducción para el método científico es
máxima: "... este principio -dice Reichenbach- determina la ver- dad de las teorías científicas;
eliminarlo de la ciencia significaría nada menos que privar a ésta de la posibi- lidad de decidir
sobre la verdad o falsedad de sus teorías; es evidente que sin él la ciencia perdería el derecho
de distinguir sus teorías de las creaciones fan- tásticas y arbitrarias de la imaginación del
poeta" - Pero tal principio de inducción no puede ser una verdad puramente lógica, como una
tautología o UN enunciado analítico. En realidad, si existiera un princi- pio de inducción
puramente lógico no habría proble- ma de la inducción pues, en tal caso, sería menester
considerar todas las inferencias inductivas como transformaciones puramente lógicas, o
tautológicas exactamente lo mismo que ocurre con las inferencias de la lógica deductiva. Por
tanto, el principio de in- ducción tiene que ser un enunciado sintético: esto es, uno cuya
negación no sea contradictoria, sino lógica- mente posible. Surge, pues, la cuestión acerca de
por qué habría que aceptar semejante principio, y de cómo podemos justificar racionalmente
su aceptación. Algunas personas que creen en la lógica inductiva se precipitan a señalar, con
Reichenbach, que "la tota- lidad de la ciencia acepta sin reservas el principio de inducción, y
que nadic puede tampoco dudar de este principio en la vida corriente"”. No obstante, aun su-
poniendo que fuese así -después de todo, "la totalidad de la ciencia" podría estar en un crror-
yo seguiría afirmando que es superfluo todo principio de induc- ción, y que lleva
forzosamente a incoherencias (in- compatibilidades) lógicas. A partir de la obra de Hume?
debería haberse visto claramente que aparecen con facilidad incoherencias cuando se admite
el principio de inducción; y también que difícilmente pueden evitarse (si es que es posible tal
cosa): ya que, a su vez, el principio de inducción tiene que ser enunciado universal. Así pues,
si intenta- mos afirmar que sabemos por experiencias que es ver- dadero, reaparecen de nuevo
justamente los mismos problemas que motivaron su introducción: para justifi- carlo tenemos
que utilizar inferencias inductivas; para justificar éstas hemos de suponer un principio de in-
ducción de orden superior; y así sucesivamente. Por tanto, cae por su base el intento de
fundamentar el principio de inducción en la experiencia, ya que lleva, inevitablemente, a una
regresión infinita. Kant trató de escapar a esta dificultad admitiendo que el principio de
inducción (que él llamaba "princi- pio de causación universal") era "válido a priori". Pe- ro, a
mi entender, no tuvo éxito en su ingeniosa tenta- tiva de dar una justificación a priori de los
enunciados sintéticos, Por mi parte, considero que las diversas dificulta- des que acabo de
esbozar de la lógica inductiva son Superables. Y me temo que lo mismo Ocurre con la
doctrina, tan corriente hoy, de que las inferencias 1n- ductivas, aún no siendo "estrictamente
válidas", pue- den alcanzar cierto grado de "seguridad" o de "proba- bilidad". Esta doctrina
sostiene que las inferencias in- ductivas son "inferencias probables”. Hemos descrito dice
Reichenbach- el principio de inducción como el medio por el que la ciencia decide sobre la
verdad. Para ser más exacto, deberíamos decir que sirve para decidir sobre la probabilidad;
pues no lo es dado a la ciencia llegar a la verdad ni a la falsedad ..., mas los enunciados
científicos pueden alcanzar únicamente grados contínuos de probabilidad cuyos límites supe-
dede inferior, inalcanzables, son la verdad y la false- Por el momento, puedo hacer caso
omiso del hecho de que los creyentes en la lógica inductiva alimentan una idea de la
probabilidad que rechazaré luego por sumamente inoportuna para sus propios fines (véase,
más adelante, el apartado 80). Puedo hacer tal cosa, porque con concurrir a la probabilidad ni
siquiera se rozan las dificultades mencionadas: pues si ha de asig- narse cierto grado de
probabilidad a los enunciados que se basan en inferencias inductivas, tal proceder tendrá que
justificarse invocando un nuevo principio de inducción, modificado convenientemente; el
cual habrá de justificarse a su vez, etc. Aún más: no se gana nada si el mismo principio de
inducción no sc toma como "verdadero", sino como meramente "pro- bable". En resumen, la
lógica de la inferencia proba- ble o "lógica de la probabilidad" como todas las de- más formas
de la lógica inductiva, conduce, bien a una regresión infinita, bien a la doctrina del aprioris-
mo. La teoría que desarrollaremos en las páginas que siguen se opone directamente a todos
los intentos de apoyarse en las ideas de una lógica inductiva. Podría describírsela como la
teoría del método deductivo de contrastar”, o como la opinión de que una hipótesis sólo
puede contrastarse empíricamente y únicamente después de que ha sido formulada. Para
poder desarrollar esta tesis (que podría llamar- se "deductivismo” por contraposición al
"inductivis- mo"” es necesario que pongan en claro primero la distinción entre la psicología
del conocimiento, que trata de hechos empíricos, y la lógica del conocimien- to, que se ocupa
exclusivamente de las relaciones 1ó- gicas. Pues la creencia en una lógica inductiva se de- be,
en gran parte, a una confusión de los problemas psicológico con los epistemológicos; y quizá
sca con- veniente advertir, de paso, que esta confusión origina dificultades no sólo en la
lógica del conocimiento, sino en su psicología también.
2. ELIMINACION DEL PSICOLOGISMO: He dicho más arriba que el trabajo del
científico es proponer teorías y en contrastarlas. La etapa inicial, el acto de concebir o
inventar un teoría, no me parece que exija un análisis lógico ni sea susceptible de él. La
cuestión acerca de cómo se le Ocurre una idea nueva a una persona —ya sea un tema
musical, un conflicto dramático o una teoría científi- ca- puede ser de gran interés para la
psicología empíi- rica, pero carece de importancia para el análisis lógico del conocimiento
científico. Este no se interesa por cuestiones de hecho (el quid facti? de Kant), sino úni-
camente por cuestiones de justificación o validez (el quid juris? Kantiano); sus preguntas son
del tipo si- guiente: ¿puede justificarse un enunciado?; en caso afirmativo ¿de qué modo? ¿es
contrastable? ¿depende lógicamente de otros enunciados? ¿o los contradice quizá? Para que
un enunciado pueda ser examinado . lógicamente de esta forma tiene que habérsenos pro-
puesto antes: alguien debe haberlo formulado y habér- noslo entregado para su examen
lógico. En consecuencia distinguiré netamente entre el proceso de concebir una idea nueva y
los métodos y resultados de su examen lógico. En cuanto a la tarea de Ja lógica del
conocimiento —que he contrapuesto a la psicología del mismo-, me basaré en el supuesto de
que consiste pura y exclusivamente en la investiga- ción de los métodos empleados en las
contrastaciones sistemáticas a que debe someterse toda idea nueva antes de que se la pueda
sostener seriamente. Algunos objetarán, tal vez, que sería más pertinen- te considerar como
ocupación propia de la epistemo- logía la fabricación de lo que se ha llamado una "re-
construcción racional" de los pasos que han llevado al científico al descubrimiento, a
encontrar una nueva verdad. Pero la cuestión se convierte entonces en: ¿qué es, exactamente,
lo que queremos reconstruir? Si lo que se trata de reconstruir son los procesos que tienen
Jugar durante el estímulo y formación de inspi- raciones, me niego a aceptar semejante cosa
como tarea de la lógica del conocimiento: tales procesos son asunto de la psicología empírica,
pero difícilmente de la Jógica. Otra cosa es que queramos reconstruir racio- nalmente Jas
contrastaciones subsiguientes, mediante las que se puede descubrir que cierta inspiración fue
un descubrimiento, o se puede reconocer como un co- nocimiento. En la medida en que el
científico juzga críticamente, modifica o desecha su propia inspira- ción, podemos considerar
—si así nos place- que el análisis metodológico emprendido en esa obra es una especie de
"reconstrucción racional" de los procesos intelectuales correspondientes. Pero esta
reconstruc- ción no habrá de describir tales procesos según acon- tecen realmente: sólo puede
dar un esqueleto lógico del procedimiento de contastar. Y tal vez esto es todo lo que quieren
decir los que hablan de una "recons- trucción racional" de los medios por los que adquiri-
mos conocimientos. Ocurre que los razonamientos expuestos en este libro son enteramente
independientes de este proble- ma. Sin embargo, mi opinión del asunto —valga lo que
valiere— es que no existe, en absoluto, un método lógi- co de tener nuevas ideas, ni una
reconstrucción Jógica de este proceso. Puede expresarse mi parecer que todo descubrimiento
contiene "una intuición creadora" en el sentido de Bergson. Einstein habla de un modo pa-
[Link] la "búsqueda de aquellas leyes sumamente universales ... a partir de las cuales
puede obtenerse una imagen del mundo por pura deducción. No existe una senda lógica
-dice— que encamine a estas ... Jeyes. Sólo pueden alcanzarse por la intuición, apoyada en
algo así como una introyección ("Einfuhlung”) de los objetos de la experiencia”.
3. CONTRASTACION DEDUCTIVA DE TEORIAS: De acuerdo con la tesis que hemos
de proponer aquí, el método de contrastar críticamente las teorías y de escogerlas, teniendo en
cuenta los resultados obte- nidos en su contraste, procede siempre del modo que indicamos a
continuación. Una vez presentada a título provisional una nueva idea, aún no justificada en
ab- soluto —sea una anticipación, una hipótesis, un sistema teórico o lo que se quiera se
extraen conclusiones de ella por medio de una deducción lógica; estas conclu- siones se
comparan entre sí y con otros enunciados pertinentes, con objeto de hallar las relaciones
lógicas (tales como equivalencia, deductibilidad, compatibili- dad o incompatibilidad, etc.)
que existan entre ellas. Si queremos, podemos distinguir cuatro procedi- mientos de llevar a
acabo la contrastación de una teo- ría. En primer Jugar, se encuentra la comparación lÓgi- ca
de las conclusiones unas con otras; con lo cual sc somete a contraste la coberencia interna del
sistema. Después, está el estudio de la forma lógica de la teo- ría, con objeto de determinar su
carácter: si es una teoría empírica —científica— o sí, por ejemplo, es tau- tológica. En tercer
término, tenemos la comparación con otras teorías que ticnen por igual mira la de averi- guar
si la teoría examinada constituirá un adelanto científico en caso de que sobreviviera a las
diferentes contrastaciones a que la sometemos. Y finalmente viene el contrastarla por medio
de la aplicación empl- rica de las conclusiones que pueden deducirse de ella. Lo que se
pretende con el último tipo de contraste mencionado es describir hasta qué punto satisfarán
las nuevas consecuencias de la teoría -sea cual fuere la novedad de sus asertos— a los
requerimientos de la práctica, ya provengan éstos de experimentos pura- mente científicos o
de aplicaciones tecnológicas prác- ticas. También en este caso el procedimiento de con-
trastar resulta ser deductivo; veámoslo. Con ayuda de otros enunciados anteriomente
aceptados se deducen de la teoría a contrastar ciertos enunciados singulares -que podremos
denominar "predicciones"-; en espe- cial, predicciones que sean fácilmente contrastables o
aplicables. (Se eligen entre estos enunciados los que no sean deductibles de la teoría vigente,
y, más en particular, los que se encuentren en contradicción con ella). A continuación
tratamos de decir en lo que se refiere a estos enunciados deducidos (y a otros), com-
parándolos con los resultados de las aplicaciones prác- ticas y de experimentos. Si la decisión
es positiva, esto es, si las conclusiones singulares resultan ser aceptables, o verificadas, la
teoría a que nos referimos ban pasado con éxito las contrastaciones, (por esta vez) no hemos
encontrado razones para desecharla. Pero si la decisión es negativa, O sea, si Jas conclusio-
nes han sido falsadas”, esta falsación revela que la teoría de la que se han deducido
lógicamente es tam- bién falsa. Conviene observar que una decisión positiva puede apoyar a
la teoría examinada sólo temporalmente, pues otras decisiones negativas subsiguientes
pueden siempre derrocarla. Durante el tiempo en que una tco- ría resiste contrastaciones
exigentes y minuciosas, y en que no la deja anticuada otra teoría en la evolución del progreso
científico, podemos decir que ha ¿Semos- trado su temple" o que está "corroborada” * por la.
experiencia. En el procedimiento que acabamos de esbozar no aparece nada que pueda
asemejarse a la lógica induc- tiva. En ningún momento he asumido que podamos pasar por
razonamiento de la verdad de enunciados singulares a la verdad de teorías. No he supuesto un
solo instante que, en virtud de unas conclusiones "ve- rificadas", pueda establecerse que unas
teorías sean "verdaderas" ni siquiera meramente "probables". En este libro pretendo dar un
análisis más detallado de los métodos de contrastación deductiva; e intentaré mostrar que
todos los problemas que se suelen llamar "epistemológicos" pueden tratarse dentro del marco
de dicho análisis. En particular, los problemas a que da lugar la lógica inductiva pueden
eliminarse sin dar origen a otros nuevos en su lugar.
4. EL PROBLEMA DEL LA DEMARCACIÓN: Entre Jas muchas objeciones que pueden
hacerse contra las tesis que he propuesto ahora mismo, la más importante es, quizá, Ja
siguiente: al rechazar el méto- do de la inducción —podría decirse— priva a la ciencia
empírica de lo que parece ser su característica más importante; esto quiere decir que hago
desaparecer las barreras que separan la ciencia de la especulación me- tafísica. Mi respuesta a
esta objeción es que mi princi- pal razón para rechazar la lógica inductiva es precisa- mente
que no proporciona un rasgo discriminador apropiado del carácter empírico, no metafísico, de
un sistema teórico; o, en otras palabras, que no propor- ciona un "criterio de demarcación"
apropiado. Llamo problema de la demarcación! al de encon- trar un criterio que nos permita
distinguir entre las ciencias empíricas, por un lado, y los sistemas "meta- físicos", por otro.
Hume conoció este problema e intentó resolver- lo; con Kant se convirtió en el problema
central de la teoría del conocimiento. Si, siguiendo a Kant, lla- mamos “problema de Hume"
al de la inducción, debe- ríamos designar al problema de la demarcación como "problema de
Kant". De estos dos problemas -que son fuente de casi todos los demás de la teoría del
conocimiento— el de la demarcación es, según entiendo, el más fundamen- tal. En realidad,
la razón principal por la que los epis- temólogos con inclinaciones empiristas tienden a
prender su fe en el "método de la inducción", parece ser que la constituye su creencia de que
éste es el único método que puede proporcionar un criterio de demarcación apropiado; esto se
aplica, especialmente, a los empiristas que siguen las banderas del "positivis- mo". Los
antiguos positivistas estaban dispuestos a ad- mitir únicamente como científicos o legítimos
aque- llos conceptos (o bien nociones, o ideas) que, como ellos decían, derivaban de la
experiencia; o sea, aque- llos conceptos que ellos creían lógicamente reducibles a clementos
de la experiencia sensorial, tales como sensaciones (o datos sensibles) impresiones, percep-
ciones, recuerdos visuales o auditivos, etc. Los positi- vistas modernos son capaces de ver
con mayor clari- dad que la ciencia no cs un sistema de conceptos, sino más bien un sistema
de enunciados!*. En consecuen- cia, están dispuestos a admitir únicamente como cien- tíficos
o legítimos los enunciados que son reducibles a enunciados elementales (o "atómicos") de
experien- cia, a "juicios de percepción", "proposiciones atómi- cas”: cláusulas protocolarias"
o como los quieren lla- mar -. No cabe duda de que el criterio de demarca- ción implicado de
este modo se identifica con la lógi- ca inductiva que piden. Desde el momento en que rechazo
la lógica induc- tiva, he de rechazar todos estos intentos de resolver el problema de Ja
demarcación: con lo cual este proble- ma aumenta de importancia en el presente estudio. El
hallazgo de un criterio de demarcación aceptable tiene que ser una tarea crucial de cualquier
epistemología que no acepte la lógica inductiva. Los positivistas suelen interpretar el
problema de la demarcación de un modo naturalista: como si fuese un problema de la ciencia
natural. En Jugar de considerar que se encuentran ante la tarca de proponer una con- vención
apropiada, creen que tienen que descubrir una diferencia -que existiría, por decirlo así, en la
natura- leza de las cosas— entre las ciencias empíricas por una parte y la metafísica por otra.
Tratan constantemente de demostrar que la metafísica, por su misma natura- leza, no es sino
un parlotco absurdo -"sofistería e ilu- sión" como dice Hume, que deberíamos "arrojar al
fuego", Pero si con las expresiones "absurdo" o "carente de sentido" no queremos expresar
Otra cosa, por defini- ción, que “no perteneciente a la ciencia empírica", en tal caso la
caracterización de la metafísica como un absurdo carente de sentido será trivial: pues a la
meta- física se la define normalmente como no empírica. Pero —naturalmente— los
positivistas creen que pueden decir de la metafísica muchas otras cosas, además de que sus
enunciados son no empíricos. Las expresiones "absurdo" y "carente de sentido" comportan
una eva- luación peyorativa (y se pretende que la comporten); y, sin duda alguna, lo que los
positivistas tratan real- mente de conseguir no es tanto una demarcación acer- tada, como
derribar definitivamente ' y aniquilar la metafísica. Como quiera que sea, nos encontramos
con que cada vez que los positivistas han intentado decir con mayor claridad lo que
significaba "con sen- tido", la tentativa conducía al mismo resultado: a una definición de
"cláusula con sentido" (en contraposi- ción a "pseudo-cláusula sin sentido”) que simplemen-
te reitera el criterio de demarcación de su lógica in- ductiva. Esto "se hace patente" con gran
claridad en el caso de Wittgenstein, según el cual toda proposición con sentido tiene que ser
lógicamente reducible!* a propo- siciones elementales (o "atómicas”"), que caracteriza como
descripciones o "imagenes de la realidad" ca- racterización, por cierto, que ha de cubrir todas
las proposiciones con sentido. Podemos damos cuenta de - que el criterio de sentido de
Wittgenstein coincide con 338 e] criterio de demarcación de los inductivistas, sin más que
reemplazar las palabras "científica" o "legítima" "con sentido". Y es precisamente al llegar al
pro- blema de la inducción donde se derrumba este intento de resolver el problema de la
demarcación: los positi- vistas, en sus ansias de aniquilar la metafísica, aniqui- Jan
juntamente con ella a la ciencia natural. Pues tam- poco las leyes científicas pueden reducirse
lógicamen- te a enunciados elementales de experiencias. Si se aplicase con absoluta
coherencia el criterio de sentido de Wittgenstein, rechazaría por carentes de sentido aquellas
Jeyes naturales cuya búsqueda, como dice Einstein” , es "la tarea suprema del físico": nunca
po- drían aceptarse como enunciados auténticos o legíti- mos. La tentativa wittgensteiniana
de desenmascarar el problema de la inducción como un pseudoproblema vacío, ha sido
expresada por Schlick*! con las Si- guientes palabras: "El problema de la inducción con- siste
en preguntar por la justificación lógica de los enunciados universales acerca de la realidad...
Reco- nocemos, con Hume, que no existe semejante justifi- cación lógica: no puede haber
ninguna, por el simple hecho de que no son auténticos enunciados"? Esto hace ver que el
criterio inductivista de demar- cación no consigue trazar una línea divisoria entre Jos sistemas
científicos y los metafísicos y por qué ha de asignar a unos y otros el mismo estatuto; pues el
vere- dicto del dogma positivista del sentido es que ambos son sistemas de pseudoaserciones
sin sentido. Así, pues, en lugar de descastar radicalmente la metafísica de las ciencias
empíricas, el positivismo lleva a una invasión del campo científico por aquélla”. Frente a
estas estratagemas antimetafísicas —anti- metafísicas en la intención, claro está— no
considero que haya de ocuparme en derribar la metafísica, sino, en vez de semejante cosa, en
formular una caracteri- zación apropiada de la ciencia empírica, o en definir los conceptos de
"ciencia empírica" y de "metafísica de tal manera que, ante un sistema dado de enuncia- dos,
seamos capaces de decir si es esto o no de la ciencia empírica el estudiarlo más de cerca. Mi
criterio de demarcación, por tanto, ha de consi- derarse como una propuesta para un acuerdo
O con- vención. En cuanto a si tal convención es apropiada o no lo es, las opiniones pueden
diferir, mas sólo es posible una discusión razonable de estas cuestiones entre partes que
tienen cierta finalidad común a la vista. Por supuesto que la elección de tal finalidad tiene que
ser, en última instancia, objeto de una deci- sión que vaya más allá de toda argumentación
racio- nal Por tanto, quien quiera que plantee un sistema de enunciados absolutamente
ciertos, irrevocablemente verdaderos”, como finalidad de la ciencia, es seguro que rechazará
las propuestas que voy a hacer aquí. Y lo mismo harán quienes ven "la esencia de la ciencia...
en su dignidad", que consideran reside en su "carácter de totalidad", y en su "verdad y
esencialidad reales”. Difícilmente estarán dispuestos a otorgar esta digni- dad a la física
teórica en la que tanto otras personas como yo vemos la realización más completa hasta la
fecha de lo que yo llamo "ciencia empírica”. Las metas de la ciencia a las que me refiero son
otras. No trato de justificarlas, sin embargo, presen- tándolas como el blanco verdadero o
esencial de la ciencia, lo cual serviría únicamente para perturbar la cuestión y significaría una
recaída en el dogmatismo positivista. No alcanzo a ver más que una sola vía para argumentar
racionalmente en apoyo de mis pro- puestas; la de analizar sus consecuencias lógicas -se-
ñalar su fertilidad o sea su poder de elucidar los pro- blemas de la teoría conocimiento. Así
pues, admito abiertamente que para llegar a mis propuestas me he guiado, en última instancia,
por juicios de valor y por predilecciones. Mas espero que sean aceptables para todos los que
no sólo aprecian el rigor lógico, sino la libertad de dogmatismo; para quienes buscan la
aplicabilidad práctica, pero se sien ten atraídos aún en mayor medida por la aventura de la
ciencia y por los descubrimientos que una y otra vez nos enfrentan con cuestiones nuevas €
incspera- das, que nos desafían a ensayar respuestas nuevas € insospechadas. El hecho de que
ciertos juicios de valor hayan in- fluído en mis propuestas no quiere decir que esté co-
metiendo el error de que he acusado a los positivistas —el de intentar el asesinato de la
metafísica por medio de nombres infamantes. Ni siquiera llego a afirmar que la metafísica
carezca de valor para la ciencia em- pírica. Pues no puede negarse que, así como ha habido
ideas metafísicas que han puesto una barrera al avance de la ciencia, han existido otras —al el
atomismo espe- culativo— que le han ayudado. Y si miramos el asunto desde un ángulo
psicológico, me siento inclinado a pensar que la investigación científica es imposible sin fe
en algunas ideas de una índole puramente especula- tiva (y, a veces, sumamente brumosas);
fe desprovista enteramente de garantías desde el punto de vista de la ciencia, y que —n esta
misma medida— es "metafísi- ca". Una vez que he hecho estas advertencias, sigo con-
siderando que la primera tarea de la lógica del conoci- miento es proponer un concepto de
ciencia empírica con objeto de llegar a un uso lingúístico —actualmente algo incierto- lo más
definido posible, y al fin de trazar una línea de demarcación clara entre la ciencia y las ideas
metafísicas —aún cuando dichas ideas pue- dan haber favorecido el avance de la ciencia a lo
largo de toda su historia.
5. LA EXPERIENCIA COMO METODO: La tarea de formular una definición aceptable
de la idea de ciencia empírica no está exenta de dificulta- des. Algunas de ellas surgen del
hecho de que tienen que existir muchos sistemas teóricos cuya estructura lógica sea muy
parecida a la del sistema aceptado en un momento determinado como sistema de la ciencia
empírica. En ocasiones se describe esta situación di- ciendo que existen muchísimos "mundos
lógicamente posibles" —posiblemente un número infinito de ellos—. Y, con todo, se pretende
que el sistema llamado "cien- cia empírica" represente únicamente un mundo: el "mundo
real" o "mundo de nuestra experiencia"?, Con objeto de precisar un poco más esta afirma-
ción podemos distinguir tres requisitos que nuestro sistema teórico empírico tendrá que
satisfacer. Prime- ro, ha de ser sintético, de suerte que pueda representar un mundo no
contradictorio, posible; en segundo lu- gar, debe satisfacer el criterio de demarcación (cf. los
apartados 6 y 21), es decir, no será metafísico, sino representará un mundo de experiencia
posible, en ter- cer témino, es menester que sea experiencia. Mas, ¿cómo ha de distinguirse el
sistema que re- presente nuestro mundo de experiencia? He aquí la respuesta: por el hecho de
que se le ha sometido a contraste y ha resistido las contrastaciones. Esto quie- re decir que se
le han de distinguir aplicándole el mé- todo que pretendo analizar y describir. Según esta
opinión, la "experiencia" resulta ser un método distintivo mediante el cual un sistema teórico
puede distinguirse de otros; con lo cual la ciencia em- pírica se caracteriza —al parecer— no
sólo por su forma lógica, sino por su método de distinción. (Desde lue- go, ésta es también la
opinión de los inductivistas, que intentan caracterizar la ciencia empírica por su em- pleo del
método inductivo). Por tanto, puede describirse la teoría del conoci- miento, cuya tarea es el
análisis del método o del proceder peculiar de la ciencia empírica, como una teoría del
método empírico —una teoría de lo que nor- malmente se llama experiencia.
6. LA FALSABILIDAD COMO CRITERIO DE DEMARCACION: El criterio de
demarcación inherente a la lógica inductiva —sto es, el dogma positivista del significa- do o
sentido (en ingl., meaning)— equivale a exigir que todos los enunciados de la ciencia
empírica (0, todos los enunciados "con sentido") sean susceptibles de una decisión definitiva
con respecto a su verdad y a su falsedad; podemos decir que tienen que ser "decidi- bles de
modo concluyente". Esto quiere decir que han de tener una forma tal que sea lógicamente
posible tanto verificarlos como falsarlos. Así dice Schlick: “..un auténtico enunciado tiene
que ser susceptible de verificación concluyente", y Waismann escribe, aún con mayor
claridad: "Si no es posible determinar si un enunciado es verdadero, entonces carece
enteramente de sentido: pues el sentido de un enunciado es el mé- todo de su verificación"”.
Ahora bien; en mi opinión, no existe nada que pue- da llamarse inducción *, Por tanto, será
lógicamente inadmisible la inferencia de teorías a partir de enun- ciados singulares que estén
"verificados por la expe- riencia” (cualquiera que sea lo que esto quiera decir). Así pues, las
teorías no son nunca verificables empíri- camente. Si queremos evitar el error positivista de
que nuestro criterio de demarcación elimine los sistemas teóricos de la ciencia natural”,
debemos elegir un cri- terio que nos permita admitir en el dominio de la cien- cia empírica
incluso enunciados que no puedan verifi- carse. Pero, ciertamente, sólo admitiré un sistema
entre los científicos o empíricos si es susceptible de ser con- trastado por la experiencia, Estas
consideraciones nos sugieren que el criterio de demarcación que hemos de adoptar no es el de
la verificabilidad, sino el de la falsabilidad de los sistemas”, Dicho de otro modo: no exigiré
que un sistema científico pueda ser selecciona- do, de una vez para siempre, en un sentido
positivo; pero sí que sea susceptible de selección, en un sentido negativo por medio de
contrastes o pruebas empíricas: ha de ser posible refutar por la experiencia un sistema
científico empírico”. | (ASÍ, el enunciado "lloverá o no lloverá aquí maña- na" no se
considerará empírico, por el simple hecho de que no puede ser refutado; mientras que a este
otro "lloverá aquí mañana", debe considerársele empírico). Pueden hacerse varias objeciones
al criterio de de- marcación que acabamos de proponer. En primer lu- gar, puede muy bien
parecer que toda sugerencia de que la ciencia, -que, según se admite, nos proporciona
informaciones positivas- haya de caracterizarse por Satisfacer una exigencia negativa como
es la de refuta- bilidad, se encamina en una dirección falsa. Sin em- bargo, haré ver (en los
apartados 31 a 46) que esta objeción carece de peso, pues el volumen de informa- ción
posiliva que un enunciado científico comporta es tanto mayor cuanto más fácil es que choque
-debido a su carácter lógico- con enunciados singulares posi- bles. (No en vano llamamos
"leyes" a las leyes de la Naturaleza: cuanto más prohiben más dicen). Puede también hacerse
de nuevo un intento de vol- ver Contra mí mi propia crítica del criterio inductivista de
demarcación: pues podría parecer que cabe suscitar objeciones contra la falsabilidad como
criterio de de- marcación análogas a las que yo he suscitado contra la verificabilidad. Este
ataque no me alteraría. Mi propuesta está ba- sada en una asimetría entre la verificabilidad y
la fal- sabilidad: asimetría que se deriva de la forma lógica de los enunciados universales”,
Pues éstos no son Jamás deductibles de enunciados singulares, pero sí pueden estar en
contradicción con estos últimos. En consecuencia, por medio de inferencias puramente de-
ductivas (valiéndose del modus tollens de la lógica clásica) es posible arguir de la verdad de
enunciados singulares la falsedad de enunciados universales. Una argumentación de esta
índole, que lleva a la falsedad de enunciados universales, es el único tipo de inferen- cia
estrictamente deductiva que se mueve, como si dijéramos en "dirección inductiva": esto es,
de enun- ciados singulares a universales. Más grave puede parecer una tercera objeción. Po-
dría decirse que, incluso admitiendo la asimetría, si- gue siendo imposible —por varias
razones— falsar de un modo concluyente un sistema teórico: pues siem- pre es posible
encontrar una vía de escape de la falsa- ción, por ejemplo, mediante la introducción ad hoc de
una hipótesis auxiliar o por cambio ad hoc de una definición; se puede, incluso, sin caer en
incoherencia lógica, adoptar la posición de negarse a admitir cual- quier experiencia
falsadora. Se reconoce que los cien- tíficos no suelen proceder de este modo, pero el pro-
cedimiento aludido simpre es lógicamente posible; y puede pretenderse que este hecho
convierte en dudoso —por lo menos- el valor lógico del criterio de demar- cación que he
propuesto. Me veo obligado a admitir pero no necesito, por ello, retirar mi propuesta de
adoptar la falsabilidad como criterio de demarcación. Pues voy a proponer (en los apartados
20 y siguientes) que se caracterice el método empírico de tal forma que excluya precisamente
aquellas vías de eludir la falsación que mi imaginario crítico señala insistente- mente, con
toda razón, como lógicamente posibles. De acuerdo con mi propuesta, lo que caracteriza al
método empírico es su manera de Exponer a falsación el sistema que ha de contrastarse:
justamente de todos los modos imaginables. Su meta no es salvarles la vida a los sistemas
insostenibles, sino, por cl contra- rio, elegir el que comparativamente sca más apto, so-
metiendo a todos a la más áspera lucha por la supervi- vencia. El criterio de demarcación
propuesto nos conduce a una solución del problema de Hume de la inducción, o sea el
problema de la validez de las Icyes naturales. Su raiz sc encuentra en la aparente
contradicción exis- tente entre Jo que podría llamarse "la tesis fundamen- tal del empirismo”
-la que sólo Ja experiencia puede decidir acerca de la verdad o la falsedad de los enun- ciados
científicos— y la inadmisibilidad de los razona- mientos inductivos, de la que se dió cuenta
Hume. Esta contradicción surge únicamente si se supone que todos los enunciados científicos
empíricos han de ser "decidibles de modo concluyente", esto es, que, el principio, tanto su
verificación como su falsación han de ser posibles. Si renunciamos a esta exigencia y
admitimos como enunciados empíricos también los que sean decidibles en un solo sentido
-decidibles unilateralmente, 0, más en particular falsables— y pue- dan ser contrastados
mediante ensayos sistemáticos de falsación, desaparece la contradicción: el método de
falsación no presupone la inferencia inductiva, sino únicamente las transformaciones
tautológicas de la 16- gica deductiva, cuya validez no se pone en tela de juicio.
7. EL PROBLEMA DE LA "BASE EMPIRICA": Para que la falsedad pueda aplicarse de
algún mo- do como criterio de demarcación deben tenerse a ma- no enunciados singulares
que puedan servir como pre- misas en la inferencia falsadora. Por tanto, nuestro criterio
aparece como algo que solamente desplaza el problema a que nos retrotrae de la cuestión del
carác- ter empírico de las teorías a la del carácter empírico de los enunciados singulares. Pero
incluso en este caso se ha conseguido algo. Pues en la práctica de la investigación científica
la demarcación presenta, a veces, una urgencia inmedia- ta en lo que se refiere a los sistemas
teóricos, mientras que rara vez se suscitan dudas acerca de la condición empírica de los
enunciados singulares. Es cierto que se tienen errores de observación, y que dan origen a
enunciados singulares falsos, pero un científico casi nunca se encuentra en el trance de
describir un enun- ciado singular como empírico o metafísico. Por tanto, los problemas de la
base empírica —esto es, los concemientes al carácter empírico de enuncia- dos singulares y a
su contrastación— desempeñan un papel en la Jógica de la ciencia algo diferente del re-
presentado por la mayoría de los demás problemas de que habremos de ocuparnos. Pues gran
parte de éstos se encuentran en relación estrecha con la práctica de la investigación, mientras
que el problema de la base empírica pertenece casi exclusivamente a la teoría del
conocimiento. Me ocupare de ellos, sin embargo, ya que dan lugar a muchos puntos,
obscuros: lo cual ocu- rre, especialmente, con las relaciones entre experien- cias perceptivas y
enunciados básicos. (Llamo "enun- ciado básico" o "proposición básica" a un enunciado que
puede servir de premisa en una falsación empíri- ca: brevemente dicho, a la enunciación de
un hecho singular). Se ha considerado con frecuencia que las experien- cias perceptivas
proporcionan algo así como una justi- ficación de los enunciados básicos: se ha mantenido
que estos enunciados están "basados sobre” tales ex- periencias, que mediante éstas se
"manifiesta por ins- pección", la verdad de aquéllos, o que dicha verdad se hace "patente" en
las experiencias mencionadas, cic. Todas estas expresiones muestran una tendencia per-
fectamente razonable a subrayar la estrecha conexión (exacta) de que los enunciados sólo
pueden justificar- se mediante otros enunciados: por ello, la conexión entre las percepciones y
los enunciados permanecía obscura, y era descrita por expresiones de análoga obscuridad que
no aclaraban nada, sino que resbala- ban sobre las dificultades o, en el mejor de los casos, las
señalaban fantasmalmente con metáforas. También en este caso puede encontrarse una solu-
ción, según creo, si separamos los aspectos psicológi- cos del problema de los lógicos y
metodológicos. He- mos de distinguir por una parte, nuestras experiencias subjetivas o
nuestros sentimientos de convicción, que no pueden jamás justificar enunciado alguno (aún
cuando pueden ser objeto de investigación psicológi- ca) y, por otra, las relaciones lógicas
objetivas existen- les entre los diversos sistemas de enunciados científi- cos y en el interior de
cada uno de ellos . En los apartados 25 a 30 trataremos con algún de- talle los problemas
referentes a la base empírica. Por el momento, he de volverme hacia el problema de la
objetividad científica, pues los términos "objetivo" Y "subjetivo" que acabo de utilizar
necesitan aclaración.
8. OBJETIVIDAD CIENTIFICA Y CONVICCIÓN SUBJETIVA: Las palabras
"objetivo" y "subjetivo" son términos filosóficos cargados de una pesada herencia de usos
contradictorios y de discusiones interminables y nun- ca concluyentes. s El empleo que hago
de los términos "objetivo" Y subjetivo" para indicar que el conocimiento cientíi- co ha de ser
justificable, independientemente de los caprichos de nadic: una justificación es "objetiva" si
en principio puede ser contrastada y comprendida por cualquier persona. "Si algo cs válido
—escribe— para quien quiera que esté en uso de n, entonces su fundamento es objetivo y
suficiente", Ahora bien; yo mantengo que las teorías científicas no son nunca enteramente
justificables o verificables, pero que son, no obstante, contrastables. Diré, por tan- to, que la
objetividad de los enunciados científicos descansa en e] hecho de que pueden contratarse
inter- subjetivamente” . Kant aplica la palabra "subjetivo" a nuestros senti- mientos de
convicción (de mayor o menor grado)”. El examen de cómo aparecen éstos es asunto de la
psicología: pueden surgir, por ejemplo, "según leyes de Ja asociación" ; también pueden
servir razones objetivas como "causas subjetivas del juzgar"*!, desde el momento en que
reflexionamos sobre ellas y nos convencemos de su congruencia. Quizá fue Kant el primero
en darse cuenta de que la objetividad de los enunciados se encuentra en estre- cha conexión
con la —construcción de teorías —es de- Cir, con €l empleo de hipótesis y de enunciados
uni- versales—. Sólo cuando se da la recurrencia de ciertos acontecimientos de acuerdo con
reglas o regularidades -y así sucede con Jos experimentos repetibles— pueden ser
contrastadas nuestras observaciones por cualquiera (en principio). Ni siquiera tomamos muy
en serio nuestras observaciones, ni las aceptamos como cientí- ficas, hasta que las hemos
repetido y contrastado. Sólo merced a tales repeticiones podemos convencernos de que no
nos encontramos con una mera "coincidencia aislada, sino con acontecimientos que, debido a
su regularidad y reproductibilidad, son, en principio, contrastables intersubjetivamente “.
Todo físico experimental conoce esos sorprenden- tes e inexplicables "efectos" aparentes, que
tal vez pueden, incluso, ser reproducidos en su laboratorio durante cierto tiempo, pero
finalmente desaparecen sin dejar rastro. Por supuesto, ningún físico diría en tales casos que
había hecho un descubrimiento cientf- fico (aun cuando puede intentar una nueva puesta a
punto de sus experimentos con objeto de hacer repro- ducible el efecto). En realidad, puede
definirse el efecto físico científicamente significativo como aquél que cualquicra puede
reproducir con regularidad sin más que llevar a cabo el experimento apropiado del modo
prescrito. Ningún físico serio osaría publicar, en concepto de descubrimiento científico,
ningún "efecto oculto" (como propongo llamarlo) de esta índole, es decir, para cuya
reproducción no pudiese dar instruc- ciones. Semejante "descubrimiento" se rechazaría más
que de prisa por quimérico, simplemente porque las tentativas de contrastarlo llevarían a
resultados negati- vos, (De ello se sigue que cualquier controversia sobre la cuestión de si
ocurren en absoluto aconieci- mientos que en principio sean irrepetibles y únicos no puede
decidirse por la ciencia; se trataría de una con- troversia metafísica). Podemos volver ahora a
un aserto planteado en el apartado anterior: a mi tesis de que una experiencia subjetiva, o un
sentimiento de convicción, nunca pue- den justificar un enunciado científico; y de que seme-
jantes experiencias y convicciones no pueden desem- peñar en la ciencia otro pape] que el de
objeto de una indagación empírica (psicológica). Por intenso que sta un sentimiento de
convicción nunca podrá justificar un enunciado. Por tanto, puedo estar absolutamente
convencido de la verdad de un enunciado, seguro de la evidencia de mis percepciones,
abrumado por la intensidad de mi experiencia: puede parecerme absur- da toda duda. Pero
¿aporta, acaso, todo ello la más leve razón a la ciencia para aceptar mis enunciados? ¿Puede
justificarse ningún enunciado por el hecho de que K.R.P. esté absolutamente convencido de
su ver- dad? La única respuesta posible es que no, y cualquie- ra otra sería incompatible con
la idea de la objctividad científica. Incluso el hecho —para mí tan firmemente establecido- de
que estoy experimentando un senti- micnto de convicción, no puede aparecer en el campo de
la ciencia objetiva más que en forma de hipótesis psicológica, la cual, naturalmente, pide un
contraste o comprobación intersubjctivo: a partir de la conjetura de que yo tengo este
sentimiento de convicción, el psicológico puede deducir, valiéndose de teorías psi- cológicas
y de otra índole, ciertas predicciones acerca de mi conducta —que pueden confirmarse o
refutarse mediante contrastaciones experimentales—. Pero, des- de el punto de vista
epistemológico, carece entera- mente de importancia que mi sentimiento de convic- ción haya
sido fuerte o débil, que haya procedido de una impresión poderosa o incluso irresistible de
certe- 7a indudable (o "evidencia"), o simplemente de una insegura sospecha: nada de todo
esto desempeña el menor papel de la cuestión de cómo pueden justificar- se los enunciados
científicos. Las consideraciones del tipo que acabo de hacer no nos proporcionan, desde
luego, una respuesta para el problema de la base empírica; pero, al menos, nos ayudan en la
cuenta de su dificultad principal. Al exi- gr que haya objetividad, tanto en los enunciados
bási- COS Como en Cualesquiera otros enunciados científi- COS, nos privamos de todos los
medios Jógicos por cuyo medio pudiéramos haber esperado reducir la ve dad de los
enunciados cientG; u que quedar clara: si persistimos en pedir que los enun- ciados
científicos sean objetivos, entonces aquéllos que pertenecen a la base empírica de la ciencia
tienen que ser también objetivos, es decir, contrastables in- tersubjetivamente. Pero la
contrastabilidad intersubje- tiva implica siempre que, a partir de los enunciados que se han de
someter a contraste, puedan deducirse otros también contrastables. Por tanto, si los enuncia-
dos básicos han de ser contrastable intersubjetivamen- te a su vez, no puede haber enunciados
últimos en la ciencia: no pueden existir en la ciencia cnunciados últimos que no puedan ser
contrastados, y, en conse- cuencia, ninguno que no pueda —n principio ser re- futado al falsar
algunas de las conclusiones que sea posible deducir de él. De este modo llegamos a la
siguiente tesis. Los sistemas teóricos se contrastan deduciendo de ellos enunciados de un
nivel de universalidad más bajo; éstos, puesto que han de ser contrastables intersubjeti-
vamente, tienen que poderse contrastar de manera análoga y así ad infinitum. _ Podría
pensarse que esta tesis lleva a una regresión infinita, y que, por tanto, es insostenible. En el
aparta- do, al criticar la inducción, opuse la objeción de que llevaría a un regreso infinito; y
puede muy bien pare- cerle ahora al lector que la misma objeción exacta- mente puede
invocarse contra el procedimiento de contratación deductiva que defiendo a mi vez. Sin em-
bargo, no ocurre así. El método deductivo de contras- tar no puede estatuir ni justificar los
enunciados que Sc contrastan, ni se pretende que lo haga; de modo que no hay peligro de una
regresión infinita. Pero ha de admitirse que la situación sobre la que acabo de lla- mar la
atención —la contrastabilidad ad infinitum y la ausencia de enunciados últimos que no
necesitasen ser contrastados crea, ciertamente, un problema. Pues es evidente que, de hecho,
Jas contrastaciones no pueden prolongarse ad infinitum: más tarde o más temprano ra
Setenernos. Sin discutir ahora el problema ira quiero Unicamente señalar que la circuns- en
de que las Contrastaciones no puedan continuar . Em no choca con mi petición de que todo -
Cientifico sea contrastable. Pues no pido Que sea preciso haber contrastado, realmente todo
de científico antes de aceptarlo: sólo requiero uno de estos enunciados tible de Contrastación;
dicho de si la tesi Otro modo: me niego a admitir son tr “ L Ciencia existan enunciados e :
mos de acepta simple razón de no parecer posble por razones logicas someterlos a contraste.
TRATADO
CONTRA
EL MÉTODO
Esquema de una teoría anarquista
del conocimiento
(PAUL FEYERABEND)
La ciencia es una empresa esencialmente anarquista; el anarquismo teórico es más humanista
y más adecuado para estimular el progreso que sus alternativas basadas en la ley y en el
orden. El presente ensayo ha sido escrito con la convicción de que el anarquismo, que tal vez
no constituye la filosofía política más atractiva, es sin embargo una medicina excelente para
la epistemología y para la filosofía de la ciencia. No es difícil descubrir la razón de ello. La
historia en general, y la historia de las revoluciones en particular, es siempre más rica en
contenido, más variada, más multilateral y más viva e ingeniosa de lo que incluso el mejor
historiador y el mejor metodólogo pueden imaginar1 . La historia Nota: Para algunos
comentarios referentes al uso del término 'anarquismo' cf. nota 12 a pie de página, y el
capítulo 16, texto correspondiente a notas 244 ss. *En la actualidad hay sobre todo orden,
donde no hay nada. Es una deficiencia aparente. 1 "La historia en genera!, y la historia de las
revoluciones en particular, es siempre más rica en contenido, más variada, más multilateral,
más viva e ingeniosa de io que incluso los mejores partidos y las vanguardias más
conscientes de las clases más avanzadas pueden imaginar' (V. I. Lenin, 'Left-Wing
ComunisnvAn infantile disorder', Selected Works, vol. 3, London, 1967, 401; traducción
castellana:está repleta de 'accidentes y coyunturas, y curiosas yuxtaposiciones de eventos'2 .
Esto nos demuestra la 'complejidad del cambio humano y el carácter impredictible de las
últimas consecuencias de cualquier acto o decisión de los hombres3 . ¿Vamos a creer
realmente que las simples e ingenuas reglas que los metodólogos tienen por guía sean capaces
de explicar tal 'laberinto de interacciones'? 4 ¿Y no está claro que una participación
satisfactoria en un proceso de este tipo sólo será posible para quien sea oportunista sin
contemplaciones y no se encuentre comprometido con ninguna filosofía particular, y para
quien adopte cualquier procedimiento que parezca apropiado a la situación? De hecho, tal es
la conclusión a la que han llegado inteligentes y sesudos observadores. 'Dos conclusiones
prácticas muy importantes se siguen de éste [carácter del proceso histórico], escribe Lenin5 ,
a continuación del pasaje que acabo de citar. Primera, que para llevar a cabo su tarea, la clase
revolucionaria [i. e. la clase de aquellos que quieren cambiar o bien una parte de la sociedad,
tal como la ciencia, o la sociedad en general] debe ser capaz de dominar, todas las formas y
aspectos de la actividad social sin excepción [debe ser capaz de entender, y aplicar, no sólo
una metodología particular, sino cualquier metodología y cualquier variante de ella que pueda
imaginar]...; segunda, [la clase revolu- Buenós Aires, 1965). Lenin se dirige a los partidos y a
las vanguardias revolucionarias y no a los científicos y metodólogos. La lección es, no
obstante, la misma. Cf, nota 5. 2 Herbert Butterfield, The Whix ¡nterpretatio of History, New
York, 1965, 66. ( Ihid., 21. 4 ihid., 25; cf. Hegel, Phdosophie der Geschichte. Werke, vol. 9,
ed. Edward Gans, Berlín, 1837, 9: 'Lo que enseña la experiencia y la historia es lo siguiente:
las naciones y los gobiernos nunca han aprendido nada de la historia, y nunca han actuado
según las reglas que podrían haber inferido de ella. Cada período posee circunstancias
peculiares tales, y se encuentra en una situación individual tal, que habrán de tomarse
decisiones, y tomar decisiones es lo único que puede hacerse, en él y fuera de éV. —'Muy
lúcido', 'sutil y muy lúcido': escribe Lenin en sus notas marginales a este pasaje (Collected
Works, vol. 38. London, 1962, 307). 5 Se ve con toda claridad cómo unas pocas sustituciones
pueden convertir una lección política en una lección metodológica. Esto no es, en absoluto,
sorprendente. Tanto la metodología como la política constituyen medios por los que nos
movemos de una etapa histórica a otra. La única diferencia consiste en que las metodologías
standard pasan por alto el hecho de que la historia produce constantemente nuevas formas.
También puede verse cómo un individuo, tal como Lenin, que no esté intimidado por barreras
tradicionales y cuyo pensamiento no esté ligado a la ideología de una profesión, puede dar un
consejo útil a todos, filósofos de la ciencia incluidos. donaría] debe estar preparada para pasar
de una a otra de la manera más rápida e inesperada1 . LLas condiciones externas1 , escribe
Einstein^, 'que se manifiestan por medio de los hechos experimentales, no le permiten al
científico ser demasiado estricto en la construcción de su mundo conceptual mediante la
adhesión a un sistema epistemológico. Por eso debe aparecer ante el epistemólogo
sistemático como un oportunista sin escrúpulos../. Un medio complejo que abarca desarrollos
sorprendentes e imprevisibles exige procedimientos complejos y desafía el análisis basado en
reglas establecidas de antemano y que no tienen en cuenta las condiciones, siempre
cambiantes, de la historia. Desde luego, es posible, simplificar el medio en el que trabaja un
científico simplificando a sus principales actores. La historia de la ciencia, después de todo,
no consta de hechos y de conclusiones derivadas de los hechos. Contiene también ideas,
interpretaciones de hechos, problemas creados por interpretaciones confüctivas, errores, etc.
En un análisis más minucioso se descubre que la ciencia no conoce 'hechos desnudos' en
absoluto, sino que los 'hechos1 que registra nuestro conocimiento están ya interpretados de
alguna forma y son, por tanto, esencialmente teóricos. Siendo esto así, la historia de la ciencia
será tan compleja, caótica y llena de errores como las ideas que contiene, y a su vez, estas
ideas serán tan complejas, caóticas, llenas de errores y divertidas como las mentes de quienes
las han inventado. De modo inverso, un ligero lavado de cerebro conseguirá convertir la
historia de la ciencia en algo más insípido, más simple, más informe, más 'objetivo' y más
fácilmente accesible a un planteamiento por reglas estrictas e incambiables. La educación
científica, como hoy día se entiende, apunta exactamente a este objetivo. Tal educación
simplifica la 'ciencia' simplificando a sus participantes: en primer lugar se define un dominio
de investigación. A continuación, el dominio se separa del resto de la historia (la física, por
ejemplo, se separa de la metafísica y de la teología) y recibe una 'lógica' propia. Después, un
entrenamiento completo en esa lógica condicionada a quienes trabajan en dicho dominio. Con
ello se consigue que sus acciones sean más uniformes y al mismo tiempo se congelan grandes
partes del proceso histórico. 'Hechos1 estables surgen y se mantienen a pesar de las
vicisitudes de la historia. Una parte esencial del entrenamiento que posibilita la aparición de
tales hechos consiste en el intento de inhibir las intuiciones que pudieran llevar a hacer
borrosas las fronteras. La religión de una persona, por ejemplo, o su metafísica, o su sentido
del humor (su sentido del humor natural, no esa especie de hilaridad, ingénita y casi siempre
nauseabunda que se encuentra en las profesiones especializadas) no deben tener el más
mínimo contacto con su actividad científica. Su imaginación queda restringida, e incluso su
lenguaje deja de ser el suyo propio7 . Esto se refleja, a su vez, en el carácter de los 'hechos'
científicos, que se experimentan como si fueran independientes de la opinión, creencia, y del
trasfondo cultural. Resulta así posible crear una tradición que se sostenga por medio de reglas
estrictas, y que alcance además cierto éxito. ¿Pero es deseable apoyar una tal tradición en la
exclusión de cualquier otra cosa? ¿deberían transferirse a ella todos los derechos para que se
ocupe del conocimiento, de forma que cualquier resultado obtenido por otros métodos sea
inmediatamente excluido de concurso? Ta! es la cuestión que intento plantear en el presente
ensayo. Mi reespuesta será un firme y rotundo NO. Existen dos razones por las que mi
respuesta parece ser adecuada. La primera consiste en que el mundo que deseamos explorar
es una entidad en gran medida desconocida. Debemos por tanto mantener abiertas nuestras
opciones y no restringirlas de antemano. Las prescripciones epistemológicas pueden resultar
brillantes al compararlas con otras prescripciones epistemológicas, o con principios generales
¿pero quién garantiza que constituyan el mejor camino para descubrir, no ya unos cuantos
'hechos' aislados, sino ciertos secretos profundos de la naturaleza? La segunda razón estriba
en que una educación científica tal y como la descrita antes (y como se imparte en nuestras
escuelas) no puede reconciliarse con una actitud humanista. Está en conflicto 'con el cultivo
de la individualidad que es lo único que produce, o puede producir, seres humanos bien
desarrollados'8 ; dicha educación 'mutila por compresión, al igual que el pie de una dama
china, cada parte de la naturaleza humana que sobresalga y que tienda a diferenciar
notablemente a una persona del patrón9 de los ideales de racionalidad establecidos por la
ciencia, o por la filosofía de la ciencia. El intento de aumentar la libertad, de procurar una
vida plena y gratificadora, y el correspondiente intento de descubrir los secretos de la
naturaleza y del hombre implican, por tanto, el rechazo de criterios universales y de todas las
tradiciones rígidas. (Ciertamente, también implican el rechazo de una gran parte de la ciencia
contemporánea). Es sorprendente comprobar cuan rara vez ha sido analizado por anarquistas
profesionales el efecto embrutecedor de 4las Leyes de la Razón1 o de la práctica científica.
Los anarquistas profesionales se oponen a cualquier tipo de restricción y piden que se permita
al individuo desarrollarse libremente, desembarazado de leyes, obligaciones o deberes. Y sin
embargo aceptan sin protesta alguna todos los rígidos criterios que científicos y lógicos
imponen a la investigación y a toda actividad que produzca conocimiento o lo cambie. A
veces, las leyes del método científico, o aquello que un escritor particular concibe como leyes
del método científico, han sido insertadas en el mismo anarquismo. 'El anarquismo es una
concepción del mundo que se basa en una explicación mecánica de todos los fenómenos',
escribe Kropotkin1 0 . Su método de investigación es el de las ciencias naturales exactas... el
método de inducción y deducción'. 'No está nada claro', escribe un profesor moderno 'radical'
de Columbia1 1 , 'que la investigación científica exija una libertad absoluta de palabra y de
debate. Por el contrario, la evidencia sugiere que ciertos tipos de esclavitud no suponen
ningún obstáculo en eí camino de Ja ciencia^..'Ciertamente existen personas para quienes esto
'no está nada claro'. Empecemos, pues, con nuestro esbozo de una metodología anarquista y
correspondientemente de una ciencia anarquista1 2. No hay nada que nos obligue a temer que
la disminución del interés por la ley y el orden por parte de la ciencia y de la sociedad, que
caracteriza a un anarquismo de este tipo, conduzca al caos. El sistema nervioso del hombre
está demasiado bien organizado para que suceda esto1 3 . Puede llegar una época en que sea
necesario conceder a la razón una preponderancia transitoria y en la que resulte aconsejable
defender sus reglas con exclusión de todo lo demás. No creo que hoy estemos viviendo en
semejante época. Al elegir el término 'anarquismo' para designar mi planteamiento, tuve en
cuenta sin más, su uso general. Sin embargo, el anarquismo, tal y como se ha practicado en el
pasado y como se practica hoy día por un número cada vez mayor de personas, posee rasgos
que no estoy dispuesto a defender. Se preocupa poco de las vidas humanas y de la felicidad
humana (excepto de la vida y la felicidad de aquellos que pertenecen a algún grupo especial);
además implica el tipo de dedicación y seriedad Puritana que yo detesto. Existen algunas
excepciones exquisitas tales como Cohn-Bendit, pero son minoría). Por estos motivos
prefiero ahora emplear el término Dadaísmo. Un Dadaísta no sería capaz de hacer daño a una
mosca, mucho menos a un ser humano. Un Dadaísta permanece completamente impasible
ante una empresa seria y sospecha siempre cuando la gente deja de sonreír, asumiendo
aquella actitud y aquellas expresiones faciales que indican que se va a decir algo importante.
Un Dadaísta está convencido de que una vida que merezca la pena sólo será factible cuando
empecemos a tomar las cosas a la ligera y cuando eliminemos del lenguaje
aquellos-significados profundos pero ya putrefactos que ha ido acumulando a lo largo de los
siglos (búsqueda de la verdad"; "defensa de la justicia'; 'amor apasionado"; etc., etc.). Un
Dadaísta está dispuesto a iniciar divertidos experimentos incluso en aquellos dominios donde
el cambio y la experimentación parecen imposibles (ejemplo: las funciones básicas del
lenguaje). Espero que tras la lectura del presente panfleto, el lector me recuerde como un
frivolo Dadaísta y no como un anarquista serio.
TRATADO
CONTRA
EL MÉTODO
Esquema de una teoría anarquista
del conocimiento
(PAUL FEYERABEND)
Por supuesto, puedo ayudarte a comprender el texto. Este texto es un fragmento del libro
"Tratado contra el método: Esquema de una teoría anarquista del conocimiento" escrito por
Paul Feyerabend. El autor explora la idea de que la ciencia es una empresa esencialmente
anarquista y argumenta en contra de la aplicación rígida de reglas y métodos en la
investigación científica. Aquí está una explicación de los puntos clave del texto: Anarquismo
en la Ciencia: Feyerabend afirma que la ciencia es inherentemente anarquista en su
naturaleza. Él cree que el enfoque anarquista es más efectivo para estimular el progreso
científico en comparación con enfoques basados en reglas y orden. Complejidad Histórica: El
autor sostiene que la historia en general, y especialmente la historia de las revoluciones, es
más rica y variada de lo que cualquier metodología rígida puede prever. La historia está llena
de interacciones complejas e impredecibles entre eventos y personas. Rechazo a Reglas
Rígidas: Feyerabend argumenta que las reglas y metodologías rígidas no son adecuadas para
abordar la complejidad de la ciencia y la historia. Afirma que la participación efectiva en la
investigación científica y el cambio requerirá flexibilidad y adaptabilidad en lugar de
adhesión estricta a un conjunto de reglas predefinidas. Educación Científica y Tradición: El
autor critica la educación científica tradicional que simplifica la ciencia al dividirla en
dominios específicos con lógicas propias. Esto lleva a la estandarización y la pérdida de la
individualidad y la libertad en la investigación. Metodología Anarquista: Feyerabend propone
una metodología anarquista en la ciencia. Argumenta que en lugar de imponer reglas y
restricciones rígidas, los científicos deben tener la libertad de explorar diversas formas de
investigación y enfoques creativos. Dadaísmo como Metáfora: El autor utiliza el término
"Dadaísmo" como una metáfora para describir su enfoque. Sugiere que los científicos
deberían ser más lúdicos y experimentales, evitando la seriedad excesiva y las restricciones
que pueden limitar la exploración creativa. Rechazo del Anarquismo Convencional:
Feyerabend distingue su enfoque del anarquismo convencional, que puede ser más radical y
exclusivo. Prefiere la actitud "Dadaísta" que es más lúdica y abierta a la experimentación sin
causar daño. En resumen, el texto aborda la idea de que la ciencia y la investigación pueden
beneficiarse de un enfoque anarquista, en el sentido de ser más flexibles, creativos y
adaptables en lugar de adherirse a reglas estrictas. Feyerabend cuestiona la necesidad de
reglas rígidas en la ciencia y aboga por un enfoque más libre y experimental para promover el
progreso del conocimiento.
LAKATOS, Imre... La Metodología de los Programas de Investigación
He analizado el problema de Ja evaluación objetiva del] crecimiento científico en términos de
cambios pro- gresivos y regresivos de problemáticas para series de teorías científicas. Las
más importantes de tales series en el crecimiento de la ciencia se caracterizan por cierta
continuidad que relaciona a sus miembros. Esta continuidad se origina en un programa de
investiga- ción genuino concebido en el comienzo. El programa consiste en reglas
metodológicas: algunas nos dicen las rutas de investigación que deben ser evitadas (heu-
rística negativa), y otras los caminos que deben se- guirse (heurística positiva). Incluso la
ciencia como conjunto puede ser consi- derada como un enorme programa de investigación
dotado de la suprema regla heurística de Popper: “di- seña conjeturas que tengan más
contenido empírico que sus predecesoras". Como señaló Popper, tales re- glas metodológicas
pueden ser formuladas como prin- cipios metafísicos”. Por ejemplo, la regla anticonven-
cionalista universal contra la eliminación de excepcio- nes puede ser enunciada como el
principio metafísi- co:"La Naturaleza no permite excepciones." Por cllo Watkins llamó a tales
reglas "metafísica influyente”. Pero en lo que estoy pensando fundamentalmente 1. Se puede
señalar que la heurística positiva y negativa sumi- nt una definición primana € implícita del o
ceptual" (y por tanto del lenguaje). El reconocimien der que la historia de la ciencia es La
historia Te Uastas de investigación en lugar de ser la histona sm puede por ello entenderse
como una defensa para ' A. to de vista según el cual la historia de la ciencia es , se ria de los
marcos conceptuales o de los lenguajes cient 2 Popper(1934), secciones I y 70. Utilizó
"melafioo como un término técnico perteneciente al falsacionismo ge ps una proposición
contingente es "metafísica" si carece "falsadores potenciales”. e vierte que"el bache lógico
entre n el terreno metafísico-meto- (Ibid, pp. 356-7) DO es en la ciencia como un todo, sino
en programas de investigación particulares, como el conocimiento por "metafísica
cartesiana". La metafísica cartesiana, esto es, la teoría mecanicista del universo (según la cual
el universo es un gigantesco mecanismo y un sistema de vórtices, en el que el empuje es la
única causa del movimiento), actuaba como un poderoso principio heurístico. Desalentaba
que se trabajase en teorías científicas (como la versión "esencialista" de la teoría de acción a
distancia de Newton) que eran in- consistentes con ella (heurística negativa). Por otra parte,
alentaba el trabajo en las hipótesis auxiliares que podían salvarla de la aparente
contraevidencia, como las elipses de Kepler (heurística positiva)'*.
a) La heurística negativa: el "centro firme" del programa. - ; Todos los programas de
investigación científica pueden ser caracterizados por su "centro firme". La heurística
negativa del programa impide que aplique- mos el modus tollens a este "centro firme". Por el
contrario, debemos utilizar nuestra inteligencia para incorporar € incluso inventar hipótesis
auxiliares que formen un cinturón protector en torno a ese centro, y contra ellas debemos
dirigir el modus tollens. El cin- turón protector de hipótesis auxiliares debe recibir los
impactos de las contrastaciones y para defender al centro firme, será ajustado y reajustado e
incluso com- pletamente sustituido. Un programa de investigación tiene éxito si ello conduce
a un cambio progresivo de problemática; fracasa, si conduce a un cambio regresi- vo. El
ejemplo clásico de programa de investigación victorioso es la teoría gravitacional de Newton:
posi- blemente el programa de investigación con más éxito que ha existido nunca. Cuando
aparcció se encontraba inmerso en un océano de anomalías (0 si se prefiere,
“contraejemplos"y” y en contradicción con las teorías observacionales que apoyaban a tales
anomalías, Pero 4. Sobre este programa de investigación cartesiano, ef, Popper (19606) y
Watkins (1958), pp. 350.1. 5. Para una clarificación de los conceptos "contraejemplo" y
"anomalía", cf. arriba, pp. 445, pecialmente abaj 115, y texto de n. 248. = de siii LAKATOS,
Metodología... con gran inteligencia y tenacidad, los newtonianos convirtieron a un
contraejemplo tras otro en ejemplos corroboradores, fundamentalmente, al destruir las tco-
rías observacionales originales con las que se había establecido la "evidencia contraria". En
este proceso ellos mismos produjeron nuevos contraejemplos que también resolvieron
posteriormente. "Hicieron de ca- da nueva dificultad una nueva victoria de su progra- ma" $
En el programa de Newton la heurística negativa impide dirigir el modus tollens contra las
tres leyes de la dinámica de Newton y contra su ley de gravitación. Este "centro " es
"irrefutable" por decisión metodoló- gica de sus defensores; las anomalías sólo deben ori-
ginar cambios en el cinturón "protector" de hipótesis auxiliares "observacionales" y en las
condiciones ini- ciales . He ofrecido un microejemplo resumido de yn cam- bio progresivo de
problemática newtoniana. Si lo analizamos resulta que cada eslabón sucesivo de este ejercicio
predice algún hecho nuevo; cada paso repre- senta un aumento de contenido empírico; el
ejemplo constituye un cambio teórico consistentemente pro- gresivo. Además, cada
predicción queda finalmente verificada, aunque en tres ocasiones seguidas pareció que habían
sido "refutados””. Mientras que el “progre- so teórico" (en el sentido que aquí utilizamos)
puede ser verificado inmediatamente! , Ello no sucede así con el "progreso empírico" y en un
programa de in- vestigación podemos vernos frustrados por una larga serie de "refutaciones"
antes de que alguna hipótesis auxiliar ingeniosa, afortunada y de superior contenido empírico,
convierta a una cadena de derrotas en lo que luego se considerará como una resonante
historia de éxitos, bien mediante Ja revisión de algunos "hechos" falsos o mediante la adición
de nuevas hipótesis auxi- liares. Por tanto, podemos decir que hay que exigir que cada etapa
de un programa de investigación incre- mente el contenido de forma consistente; que cada
etapa constituya un cambio de problemática teórica consistentemente progresivo. Además de
esto, lo uni- co que necesitamos es que ocasionalmente se aprecie retrospectivamente que el
incremento de contenido ha sido corroborado; también el programa en su conjunto debe
exhibir un cambio empírico intermitentemente progresivo. No exigimos que cada nuevo paso
produz- 6. Laplace(1824), Libro IV, capítulo 11. 7. El auténtico centro firme del programa
realmente no nace ya dotado de toda su fuerza como Atenea de la cabeza de Zeus, Se
desarrolla lentamente mediante un proceso largo, preli- minar, de ensayos y errores. En este
artículo no analizo ese proceso. 8, Cf. arriba, pp. 18-31. En todos los casos la "refutación" fue
orientada con fortuna bacia los "lemas ocultos”, esto es, hacia lemas originados en La
cláusula ceteris-paribus. 10. Perod. abajo, pp. 110-14. o ca inmediatamente un NUEVO
hecho observado. Nues- tro término "intermitentemente" suministra suficiente espacio
racional para que sta posible la adhesión dog- mática a un programa a pesar de las
refutaciones apa- rentes. La idea de una "heurística negativa” de un progra- ma de
investigación científica racionaliza en gran me- dida el convencionalismo clásico.
Racionalmente es posible decidir que no se permitirá que Jas "refutacio- nes" trasmitan la
falsedad al centro firme mientras aumente el contenido empírico corroborado del cintu- rón
protector de hipótesis auxiliares. Pero nuestro en- foque difiere del convencionalismo
justificacionista de Poincaré porque, al contrario de Poincaré, mante- nemos que el centro
firme de un programa puede tener que ser abandonado cuando tal programa deja de anti-
cipar hechos nuevos, esto es, nuestro centro firme, al contrario del de Poincaré, puede
derrumbarse en cier- tas condiciones. - En este sentido estamos de acuerdo con Duhem, quien
pensaba que hay que aceptar tal posibilidad"", aunque para Duhem la razón de tal
derrumbamiento es puramente estétical?, mientras que para nosotros es fundamentalmente
lógica y empírica.
b) La heurísitica positiva: la construcción del "cinturón protector" y la autonomía relativa de
la ciencia teórica. Los programas de investigación también sc carac- terizan por su heurística
positiva además de caracteri- zarse por la heurística negativa. Incluso los programas de
investigación que progresan de la forma más rápida y consistente sólo pueden digerir la
evidencia contra- ria de modo fragmentario: nunca desaparecen comple- tamente las
anomalías. Pero no hay que pensar que las anomalías aún no explicadas (los "puzzles", como
los llama Kuhn) son abordadas en cualquier orden o qué el cinturón protector es construído
de forma ecléctica, sin un plan preconcebido. El orden suele decidirse en el gabinete del
teórico con independencia de las ano- malías conocidas. Pocos científicos teóricos implica-
dos en un programa de investigación se ocupan exce- sivamente de las "refutaciones”.
Mantienen una políti- ca de investigación a largo plazo que anticipa esas refutaciones. Esta
política de investigación, u orden de investigación, queda establecida, con mayor o menor
detalle, En la heurística positiva del programa de in- vestigación. La heurística negativa
especifica el cen- tro firme del programa que es "irrefutable" por deci- sión metodológica de
sus defensores; la heurística po- Sitiva consiste de un conjunto, parcialmente estructu- rado,
de sugerencias o pistas sobre cómo cambiar y dasarrollar las "versiones refutables" del
programa de ll. CL ariba, pp. 379. 12. Ibid LAKATOS, Metodología... investigación, sobre
cómo modificar y complicar el cinturón protector "refutable”, La heurística positiva del
programa impide que el científico se pierda en el océano de anomalías. La heurística positiva
establece un programa que enume- ra una secuencia de modelos crecientemente compli-
cados simuladores de la realidad: la atención del cien- tífico se concentra en la construcción
de sus modelos según las instrucciones establecidas en la parte positi- va de su programa.
Ignora los contraejemplos reales, los "datos” disponibles -. En principio Newton elabo- ró su
programa para un sistema planetario con un pun- lo fijo que representaba al Sol y un único
punto que representaba a un planeta. A partir de este modelo derivó su ley del universo del
cuadrado para la elipse de Kepler. Pero este modelo contradecía a la tercera Jey de Ja
dinámica de Newton y por ello tuvo que ser sustituido por otro en que tanto el Sol como el
planeta giraban alrededor de su centro de gravedad común. Este cambio no fue motivado por
ninguna observación (en este caso los datos no sugerían "anomalía”) sino por una dificultad
teórica para desarrollar el progra- ma. Posteriormente elaboró el programa para un nú- mero
mayor de planetas y como si sólo existieran fuerzas heliocéntricas y no interplanetarias.
Después, trabajó en el supuesto de que los planetas y el Sol eran bolas de masa y no puntos.
De nuevo, este cambio no se debió a Ja observación de una anomalía; la densi- dad infinita
quedaba excluída por una teoría venerable (no sistematizada); por esta razón los planetas
tenían que ser expandidos. Este cambio implicó dificultades matemáticas importantes,
absorbió el trabajo de New- ton y retrasó la publicación de los Principia durante más de una
década. Tras haber solucionado este "puzzle" comenzó a trabajar en las "bolas giratorias" y
sus oscilaciones. Después admitió las fuerzas interpla- nelarias y comenzó a trabajar sobre las
perturbacio- nes. Llegado a este punto empezó a interesarse con más intensidad por los
hechos. Muchos de ellos que- daban perfectamente explicados (cualitativamente) por el
modelo, pero sucedía lo contrario con muchos otros. Fue entonces cuando comenzó a trabajar
sobre planetas combados y no redondos, etc. Newton despreciaba a las personas que, como
Hooke, atisbaban un primer modelo ingenuo, pero que 10 luvieron la tenacidad y la
capacidad para convert- ro en un programa de investigación, y que pensaban Tue una primera
versión, una simple panorámica, “onstituía un "descubrimiento". Él retrasó la publica-
———;———;——Ú——— Bs un científico (0 matemático) cuenta con una beurística
Positiva rehúsa involucrarse en temas observacionales. "Per- Manecerá sentado, cerrará los
ojos y se olvidará de los da- los” (Cf. mi 19634, especialmente pp. 300 y s5., donde hay Un
estudio detallado de un ejemplo de tal programa). Por *Upuesto, en ocasiones preguntará a la
Naturaleza con pene- Uación y resultará estimulado por un SI, pero no defraudado 8i oye un
NO, RE - ción hasta que su programa había conse guido un nota- ble cambio progresivo La
mayoría de los " puzzles" newionianos (si no todos) que conducían a una serie de variaciones
que se mejoraban unas a otras, eran previsibles en el tiempo en que Newton produjo el pimer
modelo ingenuo, y sin duda Newton y sus colegas las previeron: Newton debió ser
enteramente consciente de la clara falsedad de sus primeros modelos. Nada prueba mejor la
exis- tencia de una heurística positiva en un programa de investigación que este hecho; por
eso se habla de "modelos" en los programas de investigación. Un "modelo" es un conjunto de
condiciones iniciales (po- siblemente en conjunción con algunas teorías observa- cionales)
del que se sabe que debe ser sustituído en el desarrollo ulterior del programa, e incluso cómo
debe ser sustituido (cn mayor o menor medida). Esto mues- tra una vez más hasta qué punto
son irrelevantes las refutaciones de cualquier versión específica para un programa de
investigación: su existencia es esperada y la heurística positiva está allí tanto para predecirlas
(producirlas) como para digerirlas. Realmente, si la heurística positiva se especifica con
claridad, las difi- cultades del programa son matemáticas y no empíri- cas. Se puede formular
la "heurísitica positiva” de un programa de investigación como un principio "metafi- sico".
Por ejemplo, es posible, formular el programa de Newton de esta forma: "Esencialmente los
planetas son superficies gravitatorias en rotación que tienen una forma aproximadamente
esférica”. Esta idea nun- ca se mantuvo rígidamente;, los planetas no sólo son gravitatorios,
sino que también tienen, por ejemplo, características electromagnéticas que pueden influen-
ciar su movimiento. Por tanto, y en general, la heurís- tica positiva es más flexible que la
heurística negativa. Más aún, sucede en ocasiones que cuando un progra- ma de investigación
entra en una fase regresiva, una pequeña revolución o un cambio creativo de su heu- rística
positiva puede impulsarlo de nuevo hacia ade- Jante'*, Por ello es mejor separar el "centro
firme" de 14. 15. 16. - Reichenbach, siguiendo a Cajori, ofrece una explicación dis- tinta de
lo que hizo que Newton retrasara la publicación de sus Principia. "Para su desconsuelo
descubrió que los resul- tados observacionales no concordaban con sus cálculos. En Jugar de
enfrentar una teoría, por bella que fuera, con los bechos, Newton puso el manuscrito de su
teoría en un cajón. Aproximadamente veinte años más tarde, después de que una expedición
francesa hubiera realizado nuevas medicio- pes de la circunferencia de la Tierra, Newion
advirtió que eran falsas las cifras en las que había basado su contrasta- ción y que los datos
mejorados estaban de acuerdo con sus cálculos teóricos. Sólo después de esta contrastación
publicó su ley... La historia de Newion es una de las ilustraciones más sorprendentes del
método de la ciencia moderna" (Rei- chenbach, 1965, pp. 101-02). Feyerabend critica la
exposi- ción de Reichenbach (Feyerabend, 1965, p. 229) pero no ofrece una explicación
alternativa. Sobre esta cuestión, cf. Truesdell (1960). La contribución de Soddy al programa
de Prout o los pro- gramas de Pauli o de Bobr (la vieja teoría cuántica) son ejemplos típicos
de tales cambios creativos. LAKATOS, Metodología... los principios metafísicos, más
flexibles, que expresan la heurística positiva. Nuestras consideraciones muestran que la
heurísti- ca posiliva avanza Casi sin tener en cuenta las refula- ciones; puede parecer que son
las "verificaciones" - y no las refutaciones las que suministran los puntos de contacto con la
realidad. Aunque se debe señalar que cualquier "verificación" de la versión (n+1) del pro-
grama es una refutación de la versión, no podemos negar que algunas derrotas de las
versiones subsi- guientes siempre son previstas, son las "verificacio- nes” las que mantienen
la marcha del programa, a pesar de los casos recalcitrantes. Podemos evaluar a los programas
de investigación incluso después de haber sido "eliminados", en razón de su poder heurístico:
¿cuántos hechos produjeron?, ¿cuán grande era su "capacidad para explicar sus Po pias
refutaciones en el curso de su crecimiento"? *. (También podemos evaluarlos por el estímulo
que dieron a Jas matemáticas. Las dificultades reales del científico teórico tienen su origen en
las dificultades matemáticas del programa más que en las anomalías. La grandeza del
programa newitoniano procede en parte del desarrollo (realizado por los newtonianos) del
análisis infinitesimal clásico, que era una precon- dición crucial para su éxito). Por tanto, la
metodología de los programas de in- vestigación científica explica la auonomtía relativa de la
ciencia teórica: un hecho histórico cuya racionali- dad no puede ser explicado por los
primeros falsacio- nistas. La selección racional de problemas que reali- zan los científicos que
trabajan en programas de in- vestigación importantes está determinada por la heu- rística
positiva del programa y no por las anomalías psicológicamente embarazosas (o
tecnológicamente urgentes). Las anomalías se enumeran pero se archi- van después en la
esperanza de que, llegado el mo- mento, se convertirán en corroboraciones del progra- ma.
Sólo aquellos científicos que trabajan en ejerci- cios de prueba y error! o en una fase
degenerada de un programa de investigación cuya heurística positiva se quedó sin contenido,
se ven obligados a redoblar su atención a las anomalías. (Por supuesto, todo esto puede
parecer inaceptable a los falsacionistas inge- nuos que mantienen que tan pronto como una
teoría —l|—— 17. Una "venficación" es una corroboración del exceso de con- — dae me e.
expansión. Pero, naturalmente, una Do verifica un ; sÓl Pesmnaci programa, sólo muestra su
po- 18. C£ mi (19634), pp. 324-30. Desgraciadamente 963-4 aún no había realizado una clara
distinción donación ica ente icorías y programas de investigación y ello obstaculizó mi
exposición de un programa de investigación de la mate- mática informal, cuasiempírica. 19.
Cf abaja p. 137. queda "refutada" por un experimento (según su libro de reglas) es irracional
(y deshonesto) continuar desa- rrollándola: la vieja teoría "refutada" debe ser sustituf- da por
una nueva, no refutada). c) Dos ilustraciones: Prout y Bohr La dialéctica entre heurística
positiva y negativa de un programa de investigación puede ilustrarse de for- ma óptima
mediante ejemplos. Voy a resumir algunos aspectos de dos programas de investigación que
goza ron de un éxito espectacular: el programa de Prout basado en la idea de que todos los
átomos son com- puestos de átomos de hidrógeno, y el programa de Bohr, basado en la idea
de que la emisión de luz se debe a los saltos de los electrones entre unas órbitas y otras, en el
seno de los átomos. (Creo que al redactar un estudio acerca de un caso histórico se debe
adoptar el siguiente procedimiento: 1) se ofrece una reconstrucción racional; 2) se intenta
comparar esta reconstrucción racional con la historia real y se critican ambas: la
reconstrucción racional por falta de historicidad y la historia real por falta de racionalidad.
Por tanto, cualquier estudio histórico debe ser precedido de un estudio heurístico: la histo- ria
de la ciencia sin la filosofía de la ciencia es ciega. En este artículo no intento acometer
seriamente la segunda etapa).
cl Prout: un programa de investigación que pro- gresa a través de un océano de anomaitas.
Prout, en un artículo anónimo de 1815, defendió que los pesos atómicos de todos los
elementos quími- cos puros eran números enteros. Sabía muy bien que abundaban las
anomalías, pero afirmó que éstas se debían a que las sustancias químicas habitualmente
disponibles eran impuras; esto es, las "técnicas experi- mentales” relevantes del momento no
eran fiables, o, por decirlo en otros términos, eran falsas las "teorías observacionales"
contemporáneas a cuya luz se deci- dían los valores de verdad de los enunciados básicos de
su teoría” . Por ello, los defensores de la teoría de Prout emprendieron una ambiciosa
campaña: destruir aquellas teorías que suministraban evidencia contraria a su tesis. Para ello
tuvieron que revolucionar la quí- mica analítica establecida de su tiempo y revisar, Co-
rrespondientemente, las técnicas experimentales con las que sc separaban los elementos
químicos puros”. — — —— 20. Ya mencionado arriba, pp. 71-4. 21 E todo esto es
reconstrucción racional y no historia real. rou! negó la existencia de cualquier anomalía. Por
ejemplo, afirmó que el peso atómico del cloro era 36 exactamente. 22 Proutera consciente de
los rasgos metodológicos básicos de su programa. Citemos las primeras líneas de su (1815):
"El autor del siguiente ensayo lo presenta al público con la ma- yor modestia... Sin embargo,
confía en que se apreciará su “a y que alguien emprenderá la tarea de examinar- para verificar
o refutar sus conclusiones. Si éstas resulta- LAKATOS, Metodología... o, la teoría de Prout
derrotó a las teorías que se aplicaban previamente para la purificación de sus- ancias
químicas, una después de otra. Con todo, algu- nos químicos sc cansaron del programa de
investiga- ción y 10 abandonaron porque Jos éxitos aún estaban jejos de equivaler a una
victoria final. Por ejemplo, sas, frustrado por algunos casos irreductibles y recal- ciwantes,
concluyó en 1860 que la teoría de Prout "ca- recería de fundamentos”. Pero otros resultaron
más por el progreso que desalentados por la cstimulados > _ ausencia de un éxito completo.
Por ejemplo, Marign: replicó inmediatamente que "aunque (Él aceptaba) la rfecta exactitud
de los experimentos de Monsieur Stas, (no hay prueba) de que las diferencias observa- das
entre sus resultados y los requeridos por la ley de prout no puedan ser explicadas por el
carácter imper- fecto de los métodos experimentales" . Como señaló Crookes en 1886: "No
pocos químicos de prestigio reconocido consideran que aquí tenemos (en la teoría de Prout)
una expresión de la verdad enmascarada por algunos fenómenos residuales o colaterales que
aún no hemos conseguido eliminar" . Esto es, tenía que existir algún supuesto oculto falso
adicional en las "icorías observacionales" sobre las que se basaban las mécnicas
experimentales" para la purificación química y con ayuda se calculaban los pesos atómicos:
ya en 1886 el punto de vista de Crooke era: "algunos pesos atómicos actuales sólo
representan un valor medio”. Realmente Crooke llegó a expresar esta idea en una forma
científica (acrecentadora de contenido): propu- so nuevas teorías concretas de la
"fraccionación", un nuevo "duende clasificador"””. Pero desgraciadamen- le sus nuevas
teorías observacionales resultaron ser tan falsas como audaces y al ser incapaces de anticipar
ningún hecho nuevo, fueron eliminadas de la historia de la ciencia (racionalmente
reconstruída). Una gene- ración más tarde quedó claro que existía un supuesto muy oculto y
básico que escapó a los investigadores: que dos elementos puros deben ser separados por mé-
lodos químicos. La idea de que dos elementos puros diferentes pueden comportarse de forma
idéntica en todas las reacciones químicas pudiendo, sin embargo, ser separados mediante
métodos físicos, requería un pe hech ran ser erronéas, la investigación servirá al menos para
des- cubrir bechos nuevos o para establecer con mayor firmeza bechos antiguos; pero si las
conclusiones fueran verificadas, toda la ciencia de la química quedará iluminada de un modo
muevo e interesante." 2. Clerk Maxwell apelaba a Stas: le parecía imposible que hu- biera dos
clases de hidrógeno "porque si algunas (molécu- las) fueran de una masa ligeramente mayor
que otras, 1enc- mos los medios para conseguir una separación de las molé- culas de masas
diferentes, algunas de las cuales serían algo más densas que las otras. Como esto no se puede
hacer, E admitir (que todas son análogas)” (Maxwell, Manignac (1860) Crookes (1886). Ibid
Crookes (1886), p. 491. => cambio, una”ampliación” del concepto de elemento puro, que
constituía un cambio, una expansión ampli- ficadora de conceptos, del mismo programa de
inves- tigación”. El cambio creativo enormemente revolu- cionario fue adoptado por la
escuela de Rutbe y entonces "tras muchas viscisitudes y las refutaciones aparentemente más
convincentes, la hipótesis expresa- da tan informalmente por Prout, un físico de Edinbur- go,
en 1815, se ha convertido, un siglo después en el fundamento de las teorías modernas sobre la
estructu- ra de los átomos"” (bis). Sin embargo, este paso crca- tivo de hecho sólo fue el
resultado lateral del progreso en un programa de investigación diferente y lejano: los
seguidores de Prout, carentes de este estímulo cx- terno, nunca pensaron en intentar, por
ejemplo, la construcción de potentes máquinas centrífugas para la separación de elementos.
(Cuando una teoría "observacional" o "interpretati- va" queda finalmente eliminada, las
mediciones "pre- cisas" desarrolladas en el aparato teórico abandonado, pueden parecer
(consideradas ex-posí) muy insensa- tas. Soddy se rió de la "precisión experimental” como
único fin: "Hay algo que recuerda, o que tal vez sca aún más dramático que Ja tragedia, en el
destino que ha alcanzado a los trabajos de toda la vida de aquella eminente galaxia de
químicos del siglo XIX acertada- mente reverenciados por sus contemporáncos por re-
presentar la cúspide y la perfección de la medición científica precisa. Al menos por el
momento parcer que sus resultados tan Jaboriosamente obtenidos tic- nen tan poco interés y
relevancia como la determina - ción del peso medio de una colección de boiellas, al- gunas de
Jas cuales están llenas y otras más o menos vacías"y”. Debemos insistir en que, según la
metodología de los programas de investigación aquí propuesta, nunca existió un motivo
racional para eliminar el programa de Prout. Realmente el programa produjo un cambio
magnífico y progresivo aun cuando, <n las etapas in- termedias, abundaron los tropiezos “.
Nuestro resu- men muestra la forma en que un programa de investi- gación puede enfrentarse
a un conjunto importante de 28. Sobre "ampliación de conceptos". ef. mi (19634), parte IV.
29 Este cambio está anticipado en el fascinante texto de Croo- kes de 1888, donde indica que
la solución debería buscarse en una nueva demarcación entre lo [Isico y lo químico. Pero la
anticipación no pasó de ser puramente filosófica; fueron Ruiberford y Soddy quienes,
después de 1910, la convirtie- 31. bd 32 Estos tropiezos inevitablemente inducen a muchos
cientifi- cos individuales a archivar o a abandonar completamente el programa para
vincularse a otros programas de investigación en los que la heurística positiva parezca ofrecer
en el mo- mento éxitos más fáciles; la historia de la ciencia so puede entenderse
completamente sin tener en cuenta la psicología de las masas (cf. abajo, pp. 139-433)
LAKATOS, Mctodología... conocimiento científico aceptado; como si quedara plantado en
un entorno hostil que paso a paso va con- quistando y transformando. Además, la historia real
del programa de Prout es una excelente ilustración del enorme grado en que el progreso de la
ciencia queda obstaculizado por el jus- tificacionismo y el falsacionismo ingenuo. (La oposi-
ción a la teoría atómica en el siglo XIX fue eliminada por ambos.) Una elaboración de esta
influencia parti- cular de la mala metodología sobre la ciencia puede scr un programa de
investigación prometedor para los historiadores de la ciencia. C2) Bohr: un programa de
investigación que pro- gresa sobre fundamentos insconscientes. Nuestra tesis quedará aún
más clarificada (y am- pliada) con un breve resumen del programa de investi- gación de Bohr
sobre la emisión de la luz(en la física cuántica temprana)”. La historia del programa de
investigación de Bohr puede ser caracterizada por: 1) su problema inicial; 2) su heurística
positiva y negativa; 3) los problemas que trató de solucionar en el curso de su desarrollo; 4)
su punto de regresión (o si se quiere, su "punto de satura- ción"), y, finalmente, 5) el
programa por el que fue superado. El problema de fondo era el misterio de la estabili- dad de
los átomos de Rutherford (esto es, diminutos sistemas planetarios con los electrones girando
alrede- dor de un núclco positivo), y ello porque según la corroborada teoría
Maxwell-Lorentz sobre electro- magnetismo, deberían colapsar. Pero también la teoría de
Rutherford estaba bien corroborada. La sugerencia de Bohr fue ignorar por el momento la
inconsistencia y desarrollar conscientemente un programa de investi- gación cuyas versiones
"refutables" fueran inconsis- tentes con Ja teoría Maxwell-Lorentz'. Propuso cin- co
postulados como centro firme de su programa: "1) que la radiación de energía (dentro del
átomo) no es emitida (o absorbida) de la forma contínua supuesta en la electrodinámica
ordinaria, sino sólo durante la transición de los sistemas entre distintos estados "esta-
cionarios”. 2) Que el equilibrio dinámico de los siste- mas en los estados estacionarios está
gobernado por Jeyes ordinarias de la mecánica en tanto que tales le- yes no se cumplen para
la transición de los sistemas 33. De nuevo esta sección puede parecerle al historiador una
caricatura más que un resumen, pero confío en que cumplirá su función (cL ariba, p. 87)
Algunas de sus afirmaciones deben sazonarse no ya cos un poco sino con toneladas de sal. 3.
Por supuesto, éste es un argumento adicional contra La tesis de J.O. Wisdom, según la cual
las teorías metafísicas pueden ser refutadas mediante una teoría científica muy corroborada
que las contradiga (Wisdom, 1963) También cf. arriba, p. 46, texto de la n. 78, y pp. 69-70.
entre estados diferentes. 3) Que la radiación emitida durante la transición de un sistema entre
dos estados estacionarios es homogénea y que la relación entre frecuencia v y la magnitud
total de energía emitida E vicne dada por E=hv, donde % es la constante de Planck. 4) Que
los distintos estados estacionarios de un sistema sencillo consistente en un electrón girando
alrededor de un núcleo positivo quedan determinados por la condición de que la relación
entre energía total emitida durante la formación de la configuración y la frecuencia de
revolución del electrón es un múltiplo entero de 1/2h. Suponiendo que la órbita del electrón
es circular, este supuesto equivale al supuesto de que el momento angular del electrón
alrededor del núcleo es igual a un múltiplo entero de h/27. 5) Que el estado "permanente" de
cualguier sistema atómico, esto es, el estado en que la energía emitida es máxima, queda
determinada por la condición de que el momento an- gular de cada clectrón alrededor del
centro de su órbi- ta es igual al h/a.— . Debemos apreciar la diferencia metodológica cru- cial
entre la inconsistencia introducida por el progra- ma de Prout y la introducida por el de Bohr.
El pro- grama de investigación de Prout declaró la guerra a la química analítica de su tiempo;
su heurística positiva estaba diseñada para destruirla y sustituirla. Pero el programa de
investigación de Bohr no contenía un designio análogo. Su heurística positiva, aun cuando
hubicra tenido un éxito completo, hubiera dejado sin resolver Ja inconsistencia con la tcoría
Maxwell-Lo- reniz . Sugerir una idea tal requería un valor aún mayor que el de Prout; la idea
se le ocurrió a Einstein, pero la encontró inaceptable y la rechazó 7, Realmen- te algunos de
los programas de investigación más im- portantes de la historia de la ciencia estaban injerta-
dos en programas más antiguos con relación a los cuales eran claramente inconsistentes. Por
ejemplo, la astronomía copernicana estaba "injertada” en la física aristotélica y el programa
de Bohr en el de Maxwell. Tales "injertos" son irracionales para el justificacionis- ta y para el
falsacionista ingenuo, puesto que ninguno de ellos puede apoyar el crecimiento sobre
fundamen- tos inconsistentes. Por ello normalmente quedan ocul- tos mediante estratagemas
ad hoc (como la teoría de Galileo de la inercia circular co el principio de corres- pondencia y,
más tarde, el de complementariedad, de Bohp), cuyo único propósito es ocultar la "deficien-
cia”. Conforme crece el joven programa injertado, termina la coexistencia pacífica, la
simbiosis se hace Bohr (1913a), p. 874. 35. 36. — Bohr mantenía en este momento que la
teoría Maxwell-Lo- TeDtZ eventualmente tendría que ser sustituida. (La teoría del forón de
Espstein ya había indicado esta necesidad.) Hevesy (1913); df. también arriba, p- 83, texto de
n. 167. 37 38. En nuestra metodología no son necesarias tales estralagemas ad hoc de
protección. Pero, por otra parte, resultan inofensl- vas mientras claramente sean consideradas
como problemas y no como soluciones. LAKATOS, Metodología... competitiva y los
defensores del nuevo programa tra- tan de sustituir completamente al antiguo. Bien pudo ser
el éxito de su programa "injertado" jo que más tarde erróneamente indujo a Bohr a creer e
tales inconsistencias fundamentales en los progra- mas de investigación pueden ser aceptadas
en princi- pio, que no presentan ningún problema serio y que simplemente debemos
acostumbrarnos a ellas. En 1922 Bohr trató de dulcificar los criterios de la crítica científica;
argumentó "lo máximo que se puede pedir a una teoría (esto Es, a un programa) es que la
clasifica- ción (que establece) pueda llevarse tan lejos que con- tribuya al desarrollo del área
de observación mediante la predicción de fenómenos nuevos"”. Esta afirmación de Bohr es
similar a la de d” Alem- bert cuando éste sc enfrentó a la inconsistencia de los fundamentos
de Ja teoría infinitesimal: "Allez en avant et la foi vous viendra" Según Margenau, "se
compren- de que, emocionados por su éxito, estos hombres se olvidaran de que existía una
información en la arqui- tectura de la teoría, porque el átomo de Bohr se asen- laba como una
torre barroca sobre la base gótica de la electrodinámica clásica". Pero de hecho la "malfor-
mación" no fue olvidada; todos la tenían presente y sólo la ignoraron (en medida mayor o
menor) durante la fase progresiva del programa". Nuestra metodolo- gía de los programas de
investigación muestra la ra- cionalidad de esta actitud, pero también muestra la racionalidad
de la defensa de tales malformaciones una vez que había concluído la fase progresiva. Debo
añadir aquí que en las décadas de los años ueinta y cuarenta Bohr abandonó su exigencia de
nuevos fenómenos" y se mostró preparado para "con- Unuar con la tarea inmediata de
coordinar la eviden- Cia variopinta relativa a los fenómenos atómicos que * acumulaba de día
en día, para la exploración de Ste nuevo campo del conocimiento"*. Esto indica ale para
entonces Bohr ya había vuelto a la noción de Salvar los fenómenos", mientras que Einstein
insistía Sarcásticamente en que "toda teoría es cierta en el Supuesto de que se asocien
adecuadamente sus símbo- con las cantidades observadas" 3, hero la consistencia (en el
sentido fuerte del térmi- continuar siendo un principio regulador —]—————[]Í 3, 4 Bobr
(1922); Subrayado añadido. 4 Margenau (1960), p.311. .. erfeld lo ignoró más que Bohr: cf.
abajo, p. 102, n. Bobr (1949), p. 206. 44. lado en Schrodinger (1958), p. 170. po modelo,
ESIO' es, si no hay una interpretación de sus Pero e descrip tivos en que la conjunción resulte
cierta. Mativos el discurso informal utilizamos más términos infor- Uija a ade En el discurso
formal: damos una interpretación v_ términos descriptivos. En este sentido infor- n
inconsistentes si su conjunción care- importante (de rango superior al requisito sobre cam-
bios progresivos de las problemáticas); y las inconsis- tencias (incluyendo las anomalías)
deben ser conside- radas como problemas. La razón es sencilla. Si la ciencia busca la verdad,
debe buscar la consistencia; si renuncia a la consistencia, renuncia a la verdad. Pre- tender
que "debemos ser modestos en nuestras exigen- cias" “, que debemos resignamos a las
inconsistencias (scan importantes o no) continúa siendo un vicio me- todológico. Por otra
parte, esto no significa que el descubrimiento de una inconsistencia (o de una ano- malía)
debe frenar inmediatamente el desarrollo de un programa, puede ser racional poner la
inconsistencia En una cuarentena temporal, ad hoc, y continuar con la heurística positiva del
programa. Esto se ha hecho en matemáticas como muestran los ejemplos del pri- mer cálculo
infinitesimal y de la teoría ingenua de conjuntos”, Desde este punto de vista el "principio de
corres- pondencia" de Bohr desempeñó un interesante doble papel en su programa. Por una
parte funcionaba como un importante principio heurístico que sugería muchas hipótesis
científicas nuevas que, a su vez, originaban nuevos hechos, especialmente en el terreno de la
in- tensidad de las líneas del espectro 7. Por atra parte, —— — mal dos proposiciones pueden
ser (débilmente) inconsisten- tes, a la interpretación habitual de algunos términos caracte-
TÍsticos, aunque formalmente, en alguna interpretación no considerada puedan ser
consistentes. Por ejemplo, las prime- ras teorías del giro del electrón eran inconsistentes con
la teoría especial de la relatividad si a "giro" se le daba su interpretación habitual ("fuerte") y
por ello el término era tratado como un término formativo; pero la inconsistencia desaparece
si "giro" es tratado como un término descriptivo carente de interpretación. La razón por la
que no podemos abandonar las interpretaciones habituales con excesiva faci- lidad es que tal
debilitamiento de los significados puede debilitar la heurística positiva del programa. (Por
otra parte, en algunos casos tales cambios de significados pueden ser progresivos: cf. arriba,
p. 68) Sobre la cambiante demarcación entre términos formativos y descriptivos en el
discurso informal, cf. mi (19634), 9 (b), especialmente p. 335, n. 1. 45. Bohr(1922), último
párrafo. 46. Losfalsacionistas ingenuos tienden a considerar este libera- lismo como un
crimen contra la razón. Su principal argu- mento es el siguiente: "Si aceptáramos las
contradicciones tendríamos que abandonar cualquier clase de actividad cien- Ufica: ello
representaría la destrucción completa de la cien- cia. Ello puede mostrarse probando que si se
aceptan dos enunciados contradictorios, entonces cualquier enunciado debe ser aceptado
porque de un par de enunciados contra- dictonios se puede infenr válidamente cualquier
enunciado... Una teoría que contiene una contradicción resulta, por ello, enteramente inútil
como teoría" (Popper, 1940). Para hacer justicia a Popper hay que destacar que en este texto
él está argumentando contra la dialéctica hegeliana en la que la inconsistencia se convierte en
una virtud; y Popper tiene toda la razón cuando señala sus peligros. Pero Popper nunca
analizó pautas de progreso empírico (0 no empírico) a partir de fundamentos inconsistentes:
realmente en la sección 24 de su (1934) hace de la consistencia y la falsabilidad los requisitos
indispensables de cualquier teoría científica. En el capítulo 3 discuto este problema con más
detalle. 47. Cf.e. g. Kramers (19723). LAKATOS, Metodología... también funcionaba como
un mecanismo de defensa que "permitía utilizar en una máxima medida los con- ceptos de Jas
teorías clásicas de la mecánica y de Ja electrodinámica a pesar del contraste entre estas 1co-
rías y Jos cuanta de acción" en Jugar de insistir en la ncia de su ma unificado. En este
segundo papel redujo el grado de problematicidad del progra- ma. Por supuesto, el programa
de investigación de la teoría cuántica en su conjunto fue un programa "injer- tado" y por ello
inaceptable para físicos de tendencias profundamente conservadoras como Planck. Con rela-
ción a un programa injertado existen dos posiciones extremas e igualmente irracionales. La
posición conservadora consiste en frenar el nuevo programa hasta que se solucione de algún
mo- do la inconsistencia básica con relación al programa antiguo: es irracional trabajar sobre
fundamentos in- consistentes. Los "conservadores" concentrarán sus esfuerzos en la
eliminación de la inconsistencia me- diante una explicación (aproximada) de los postulados
del nuevo progrma en términos del programa antiguo; entienden que es irracional continuar
con el programa nuevo sin una reducción victoriosa de la clase men- cionada. El mismo
Planck adoptó esta opción. No tu- vo éxito a pesas de los diez años de duro trabajo que
invirtió en ello”. Por ello no es enteramente correcta la observación de Laue según la cual su
conferencia del 14 de diciembre de 1900 representó "el nacimiento de la teoría cuántica";
aquel día nació el programa reduccionista de Planck. La decisión de continuar ade- Jante
sobre fundamentos temporalmente inconsisten- tes fue adoptada por Einstein en 1905, pero
incluso él vaciló en 1913, cuando Bohr comenzó a avanzar de nuevo. La posición anarquista
con respecto a los progra- mas injertados consiste en exaltar la anarquía de los fundamentos
como una virtud y en considerar la in- consistencia (débil), bien como una propiedad básica
de la naturaleza o como una eliminación última del conocimiento humano, como hicieron
algunos segui- dores de Bohr. _—— meo 48. Bohr (1973) 49. Bohr ensu(1954) ofrece una
lócida exposición del principi de oomeepoaiescia qee coalitaa en pan medida estatidble
evaluación: "El arte de conjeturar fórmulas correctas que se desvían de las clísicas pero que
incluyen a éstas como un caso límite... alcanzó un elevado grado de perfección." Sobre la
fascinante historia de esta larga serie de fracasos descorazonadores, cL. Whitaker (1953) pp.
1034. El mis- mo Planck ofrece una dramática descripción de estos años: "Mis inútiles
intentos de introducir los cuanta elementales de acción en la teoría clásica continuaron
durante un número de años y representaron mucho trabajo. Muchos de mis cole- gas
consideraron este proceso como el próximo a la trage- dia" (Planck, 1947). 370 La mejor
caracterización de la posición racional es la actitud de Newton, quien se enfrentó a una situa-
ción que cra en cierta medida similar a Ja que acaba- mos de analizar. La mecánica cartesiana
del empuje en la que originalmente estaba injertado el programa de Newton era (débilmente)
inconsistente con la teo- ría newtoniana de la gravitación. Newton trabajó en su heurística
positiva (con éxito) y en un programa reduccionista (sin éxito) y desaprobó tanto la actitud de
los cartesianos que, como Huyghens, entendían que no se debía perder el tiempo en un
programa ininteli- gible, como la de algunos de sus apresurados discípu- Jos que, como
Cotes, pensaban ¡que la inconsistencia no presentaba ningún problema”. Por tanto, la
posición racional con respecto a los programas "injertados” es explotar su poder heurístico
sin resignarse al caos fundamental sobre el que se está construyendo. En conjunto esta actitud
dominó la an- tigua teoría cuántica anterior a 1925. En la nueva tco- ría cuántica, posterior a
1925, resultó dominante la posición "anarquista", y la física cuántica moderna, en la
"interpretación de Copenhague", se convirtió en uno de los principales portaestandartes del
oscurantis- mo filosófico. En la nueva teoría, el famoso "principio de complementareidad" de
Bohr entronizó la inconsis- tencia (débil) como un rasgo básico último de la natu- raleza y
fundió el positivismo subjetivista, la dialécti- ca antilógica e incluso la filosofía del lenguaje
vulgar en una alianza poco santa. Después de 1925 Bohr y sus asociados introdujeron un
nuevo debilitamiento (carente de precedentes) de las reglas críticas aplica- bles a las teorías
científicas. Esto originó una derrota de la razón en el seno de la física moderna y un culto
anarquista al caos inexplicable. Einstein protestó: "La filosofía tranquilizadora de Heisenberg
y Bohr (¿o re- ligión?) está tan cuidadosamente creada que por el momento suministra una
cómoda almohada para el creyente auténtico"””?. Por otra parte, los criterios de — 51. — Por
supuesto, un programa reduccionista sólo es científico si explica más de lo que trata de
explicar, de otro modo, la reducción no es científica (cf. Popper, 1969). Si la reducción no
produce nuevo contenido empírico ni, aún menos, hechos nuevos, entonces la reducción
representa un cambio regresi- vo de la problemática y se trata de un simple ejercicio lin-
giúístico. Los esfuerzos cartesianos de reforzar su metafísica para ser capaces de interpretar la
gravitación newioniana en sus propios términos, es un ejemplo notable de tales reduc- ciones
meramente lingúlsticas. Cf. arriba, p. 69, n. 138. Einstein (1928). Entre los críticos del
"anarquismo" de Co- penhague debemos mencionar, además de Einstein, a Pop- per, Landé,
Schrodinger, Margenau, Blokhinzer, Bohr, Fén- yes y Jánossy. Para una defensa de la
interpretación de Co- penhague, cf. Heisenberg (1955); hay una demoledora críti- ca reciente
en Popper (1967). Feyerabend en su (1968-9) ubliza algunas inconsistencias e indecisiones de
la posición de Bohr para celebrar una burda falsificación apologética de la filosofía de Bobr.
Feyerabend describe erróneamente las actitudes críticas de Popper, Landé y Margenau con
relación a Bohr, no insiste lo suficiente en la posición de Einstein, y parece haber olvidado
completamente que en algunos de sus primeros artículos sobre este tema ostraba riano que el
mismo Popper, se m más poppe LAKATOS, Metodología... demasiado rigurosos, puede que
fucran la le impidió descubrir (o tal vez sólo publi- lo de Bohr y la mecánica ondulatoria.
Einstein, razón que car) el mode Einstein y sus aliados no han ganado la batalla. En idad los
libros de texto de física están repictos iones como ésta: "Los dos puntos de vista, cuanta y
campos de fuerza electromagnéticos, son complementarios en el sentido de Bohr. Esta
comple- mentarcidad es uno de los grandes logros de la filoso- fía natural; la interpretación
de Copenhague de Ja epistemología de la teoría cuántica ha resuelto el anti- o conflicto entre
las tcorías corpuscular y ondulato- ria de la luz. Esta controversia ha existido desde las
opiedades de reflexión y de propagación rectilínea de Hero de Alejandría en el siglo 1 a. C.,
pasando por Jas propiedades ondulatorias y de interferencia de Young y Maxwell en el siglo
XIX. En la última mitad del siglo la teoría cuántica de la radiación ha resuelto completamente
la dicotomía de una forma soprenden- temente hegeliana"-. Volvamos a la lógica de la
investigación de la anti- teoría cuántica y, en particular, concentrémonos en la heurÚsitica
positiva. El plan de Bohr fue elaborar primero la teoría del átomo de hidrógeno. Su primer
modelo había de basarse en un protón fijo como nú- cleo, con un electrón en una Órbita
circular; en su segundo modelo quiso calcular una órbita elíptica en un plano fijo; después
trató de eliminar las restriccio- nes claramente artificiales del núcleo fijo y del plano fijo;
después pensó en tener en cuenta la posible rota- ción del electrón” y más tarde confió en
extender su programa a la estructura de átomos y moléculas com- plicadas y al efecto de los
campos electromagnéticos sobre ellos, etc. Todo esto fue planificado desde el principio; la
idea de que los átomos son análogos a sistemas planetarios originó un programa largo y difi-
cil, pero optimista, y claramente señaló la política de investigación”. "En aquel tiempo (en el
año 1913) 3. Power (1964), p. 31 (subrayado añadido). Aquí "completa- mente” debe
interpretarse literalmente. Como Jeemos en Na- ture (222, 1969, pp. 1034-5): “Es absurdo
pensar que cual- quier elemento fundamental de la teoría (cuántica) puede ser falso... No se
puede mantener el argumento de que los resul- tados científicos siempre son temporales. Lo
que es temporal es la concepción de la física moderna que tienen los filóso- fos, porque aún
no han comprendido la profundidad con que los descubrimientos de la física cuántica afectan
a la totali- dad de la epistemología... La afirmación de que el lenguaje ordinario es la fuente
última de la carencia de ambigúedades de la descripción física, queda verificada de la forma
más ima por las condiciones observacionales de la física Nica," Emos una reconstrucción
racional. En realidad Bohr aceptó esta idea sólo en su (1926). Les MÁs de esta analogía había
otra idea básica en la beurís- indi positiva de Bohr: el "principio de correspondencia". Ya a.
esto en 1913 (cf. el segundo de sus cinco postulados ._ más arriba en p. 92), pero lo
desarrolló sólo más al cuando lo utilizó como un principio guía para resolver gunos
problemas de los modelos posteriores y más sofisit- 55, 371 parecía que la auténtica clave del
misterio había sido hallada y que sólo se necesitaba el tiempo A paciencia para resolver
completamente sus enigmas. El famoso artículo primero de Bohr de 1913 conte- nía el paso
inicial del programa de investigación. Con- tenía su primer modelo (lo llamaré M1), que ya
prede- cía hechos no previstos hasta entonces por ninguna teoría previa; la longitud de onda
del espectro de lf- neas de emisión del hidrógeno. Aunque algunas de esas longitudes de
ondas eran conocidas antes de 1913 (las series de Balmer cra de 1885 y las de Paschen de
1908), la teoría de Bohr predecía mucho más que es- tas dos series conocidas. Y las
contrastaciones pronto corroboraron el contenido nuevo: una serie adicional de Bohr fue
descubierta por Lyman en 1914; otra por Brackett en 1922 y aún otra por Pfund en 1924.
Puesto que las series de Balmer y de Paschen eran conocidas antes de 1913, algunos
historiadores pre- sentan esta historia como un ejemplo del "ascenso in- ductivo" de Bacon:
1) el caos de las líneas del espec- tro; 2) una "ley empírica" (Balmer); 3) Ja explicación
teórica (Bohr). Esto ciertamente se parece a los tres "niveles" de Whewell. Pero el progreso
de la ciencia difícilmente hubiera sido retrasado de no haber conta- do con los elogiables
ensayos y errores del ingenioso maestro suizo: la ruta especulativa de la ciencia, desa-
rrollada por las audaces especulaciones de Planck, Rutherford, Einstein y Bohr hubiera
producido deduc- tivamente los resultados de Balmer, como enunciados contrastadores de sus
teorías, sin el llamado trabajo "pionero" de Balmer. En la reconstrución racional de la ciencia
hay escasas recompensas para los esfuerzos de quienes producen “conjeturas ingenuas” . _—
— - cados (como los estados e intensidades de polarización). La peculiaridad de esta segunda
paric de su beurística positiva era que Bohr no creía su versión metafísica: pensaba que era
una regla temporal hasta que llegara la sustitución de la teoría electromagnética clásica (y
posiblemente de la mecá- nica). Davisson (1937). Una euforia similar experimentó MacLau-
rin en 1748 con relación al programa de Newton: "Puesto que la filosofía de Newion sc
fundamenta en el experimento y en la demostración, no puede fracasar mientras no cambie la
razón o la naturaleza de las cosas... Lo único que Newton dejó por hacer a la posteridad fue
observar los cielos y com- putar posteriormente los modelos" (MacLaurin, 1748, p. 8) Utilizo
la expresión "conjetura ingenua” Como UN témino técnico en el sentido de mi (19634). Sc
encontrará el estu- dio de un caso particular y una crítica detallada del mito de la "base
inductiva” de la ciencia (natural 0 matemática) en mi (19634), sección 7, especialmente pp.
298-307. All muestro que la "conjetura ingenua" de Descartes y Euler de que para todos los
poliedros V-E+F=2 era irrelevante y su- perflua para el desarrollo posterior; como ejemplos
adicio- nales se puede mencionar que el trabajo de Boyle f sucesores para establecer py=RT
era irrelevante para el ulte- o por lo ve se refiere al desa- rior desarrollo teórico (excepto po
tales del mismo mod rrollo de algunas técnicas experimen que las tres leyes de Kepler pueden
baber sido superfluas para la teoría de la gravitación newiomana. Para una discusión ulterior
de este tema, el. abajo, P. 137. LAKATOS, Metodología... De hecho, el problema de Bohr no
era explicar las series de Balmer y Paschen, sino explicar la paradóji- ca estabilidad del
átomo de Rutherford. Más aún Bohr ni siquiera conocía estas fórmulas antes de escribir la
primera versión de su artículo. No todo el contenido del nuevo primer modelo de Bohr, Mi,
fue corroborado. Por ejemplo, en Mi Bohr pretendió ser capaz de predecir todas las líneas del
espectro de emisión del hidrógeno que según Mi de Bohr no debía existir. La serie anómala
era la serie ultravioleta Pickering—-Fowler. Pickering descubrió esta serie en 1869 en el
espec- tro de la estrella Puppis. Fowler, tras haber descubier- to su primera línea también en
el sol en 1898, produjo toda la serie en un tubo de descarga que contenía hi- drógeno y helio.
Ciertamente se podía argumentar que la línea duende nada tenía que ver con el hidrógeno;
después de todo, el sol y Puppis contienen muchos gases y el tubo de descarga también
contenía helio. Realmente la línea no podía producirse en un tubo de hidrógeno puro. Pero la
"técnica experimental" de Pickering y Fowler, que originó una hipótesis falsado- ra de la ley
de Balmer, tenía un fundamento teórico plausible aunque nunca severamente contrastado; a)
sus series tenían el mismo número de convergencia que las series de Balmer y por ello se
aceptó que era una serie de hidrógeno, y b) Fowler dio una explica- ción plausible por la que
el helig no podía ser respon- sable de la produción de la serie”. Sin embargo, Bohr no quedó
muy impresionado por la "autoridad" de los físicos experimentales. No puso en duda su
"precisión experimental" o la “fiabili- dad de sus observaciones" sino que atacó su teoría
observacional. Realmente propuso una alternativa. Primero elaboró un nuevo modelo M2 de
su programa de investigación: el modelo de helio ionizado con un doble protón y un electrón
en órbita. Ahora este mo- delo predecía una serie ultravioleta en el espectro de helio ionizado
que coincide con las series Pickering— _——|ñ Cf. Jammer (1966), pp. 77 y ss. Fowler
(1912). Por cierto, su teoría "observacional" fue su- ministrada por las "investigaciones
teóricas de Rydberg", que "en ausencia de una prueba experimental estricta, consi- deró que
justificaban su conclusión (experimental) (p. 65). Pero su colega teórico, el profesor
Nicholson, se refirió tres meses más tarde a los descubrimientos de Fowler como
"confirmaciones de laboratorio de la conciusión teórica de Rydberg" (Nicholson, 1913). Esta
pequeña historia entiendo que corrobora mi tesis favorita de que la mayoría de cientifi- cos
tienden a saber de la ciencia un poco más que los peces de la hidrodinámica. En el Informe de
la Presidencia correspondiente al 93 Con- General Anual de la Royal Astronomical Society,
se describe la "observación de Fowler en experimentos de La- boratorio de nuevas líneas de
hidrógeno que durante tanto tiempo han desafiado los esfuerzos de los físicos” como "un
avance de gran interés" y como "un triunfo del trabajo expe- rimental propiamente dirigido".
58. 59. 372 Fowler. Esta era una teoría rival. Entonces sugirió un "experimento crucial":
predijo que la serie de Fowler puede producirse, posiblemente con líneas aún más fuertes, en
un tubo lleno de una mezcla de helio y cloro. Además Bohr explicó a los experimentadores,
sin mirar siguiera a sus aparatos, el poder catalítico del hidrógeno en el experimento de
Fowler y del cloro en el que él sugería” . Tenía razón”. De este modo la primera derrota
aparente del programa de investiga- ción se convirtió en una resonante victoria. Sin embargo,
la victoria inmediatamente fue puesta en duda. Fowler aceptó que su serie no era una serie de
hidrógeno sino de helio. Pero señaló que el "ajuste de Ja anormalidad" de Bohr” fracasaba de
todas for- mas: las longitudes de onda de la serie de Fowler difieren de forma importante de
los valores previstos por el M2 de Bohr. Por tanto, la serie, aunque no refuta a Mi, refuta a
M2 y debido a la estrecha cone- xión entre Mi y M2 debilita a Mi Bohr rechazó el argumento
de Fowler: por supues- to €l nunca había pretendido que M2 se tomara dema- siado en serio.
Sus valores estaban basados en un cál- culo rudimentario aplicado al electrón en órbita alre-
dedor de un centro fijo; por supuesto, en realidad gira en torno al centro común de gravedad;
por supuesto, lo mismo que sucede cuando se tratan problemas de dos cuerpos, es necesario
sustituir la masa por la masa reducida: m6 = m6 / (1+(m6 / ma)”. Este modelo modificado fue
el M3 de Bohr. Y el mismo Fowler tuvo que admitir que Bohr de nuevo tenía razón”. La
refutación aparente de M2 se conviertió en una victoria de M3 y era claro que M2 y M3
hubieran sido desarrollados en el seno del programa (tal vez también M17 0 M20) sin ningún
estímulo observacional o ex- periggental. "Es uno de los mayores descubrimien- Bohr
(1913b). Evans (1913). Para un ejemplo similar de un físico teórico que enseña al
experimentalista proclive, cf. arriba, p. 76, 1. 1. "Ajuste de anormalidades": convertir a un
contraejemplo en un ejemplo mediante alguna nueva teoría. Cf. mi (19634), pp. 127 y ss.
Pero el "ajuste" de Bohr fue empíricamente progresivo: predijo un hecho nuevo (la aparición
de la línea 4686 en tubos que no contienen bidrógeno). Fowler (19132). Bobr (1913c). Este
ajuste de la anormalidad también fue "progresivo"; Bohr predijo que las observaciones de
Fowler tenían que ser ligeramente imprecisas y que la "constante" de Rydberg debía tener una
estructura precisa. Fowie (1913b). Pero observócscépticamente que el progra- ma de Bohr
aún no había explicado las líneas del espectro del helio ordinario, no ¡onizado. Sin embargo,
pronto aban- donó su escepticismo y se unió al programa de investigación de Bohr (Fowles,
1914). Cf. Hevesy (1913): "Cuando le hablé del espectro de Fowler los grandes ojos de
Einstein parecieron aún mayores y me dijo: "Entonces es uno de los mayores
descubrimientos. ”" 60. 61. 28 LAKATOS, Metodología... ués el programa de investigación
de Bohr r¡nuó COMO SE había previsto. El siguiente paso fue calcular las órbitas elípticas.
Esto hizo Sommerfeld en 1915, pero con el resultado (inesperado) de que el nÓmero, ahora
incrementado, de órbitas posibles, no mentaba €l número de niveles de encrgía posibles, —
Jo que no parecía existir la posibilidad de un expe- r¡mento crucial entre Ja teoría elíptica y la
circular. Sin los electrones giran en torno al núclco con bargo, a E dad muy elevada, por lo
que cuando aceleran Desp su masa nica de E o 16 tales correcciones relativistas obtuvo un
nuevo con- unto de niveles de energía y, por tanto, la "estructura refinada" del espectro. El
paso a este nuevo modelo relativista requería una capacitación matemática muy superior con
rela- ción a la requerida para los primeros modelos. El lo- gro_de Sommerfeld fue
primordialmente matemáti- 67 o - Es curioso observar que los pares del espectro del
hidrógeno ya habían sido descubiertos en 1891 por Michelson”. Moseley señaló
inmediatamente tras la primera publicación de Bohr que "no explica la segun- da línea más
débil que se encuentra en cada espec- ro", Bohr no se preocupó: estaba convencido de que la
heurística positiva de su programa de investiga- ción, llegado el momento, explicaría €
incluso corregi- ría las observaciones de Michelson”, Y así sucedió. La teoría de Sommerfeld
era, por supuesto, inconsis- tente con las primeras versiones de Bohr: los experi- mentos
sobre la estructura refinada (corrigiendo las antiguas observaciones) suministraron la
evidencia crucial favorable. Muchas de las derrotas de los pri- meros modelos de Bohr fueron
convertidas por Som- merfeld y la escuela de Munich en victorias del pro- grama de
investigación de Bohr. Resulta interesante observar que del mismo modo que Einstein se
cansó y aminoró su ritmo de trabajo en la mitad del progreso espectacular de la física
cuántica en 1913, Bohr se cansó e hizo lo mismo en — y al igual que Bohr en 1913 había
asumido el derazgo cedido por Einstein, Sommerfeld en 1916 “Sumió el liderazgo cedido por
Bohr. La diferencia ene la atmósfera de la escuela de Copenhague de bona la escuela de
Munich de Sommerfeld, era no- —_ En Munich se utilizan formulaciones más con- habi y
por ello más fácilmente comprensibles: se 'a tenido éxito en la sistematización del espectro y
__————Ú] 67, Sobre ! . as esenciales aspectos matemáticos de los programas de
investigación, cf. arriba, p. 87. Michelson (189 ds 1-2), especialmente pp. 287-9. Michelson
ni “quiera menciona Z Balmes: “=— Moseley (1914) Sommerfeld (1916), p. 68. 38 £ 373 en
el uso de modelos vectoriales. En Copenhague, sin embargo, se entendía que aún no se había
descubierto un lenguaje adecuado para nuevos fenómenos, había reticencias con respecto a
las formulaciones demasia- do precisas, se expresaban con mayor cautela, en tér- minos
generales, y por ello la comprensión resultaba mucho más difícil”. Nuestro resumen muestra
el modo en que un cam- bio progresivo puede suministrar credibilidad (y una racionalidad) a
un programa inconsistente. Bohr, en su nota necrológica de Planck, escribe vívidamente este
proceso: "Por supuesto, la simple introducción de los cuanta de acción aún no equivale al
establecimien- to de una auténtica teoría cuántica..., las dificultades que la introducción de los
cuanta de acción en la bien establecida teoría clásica encontró desde el principio ya han sido
indicadas. Gradualmente han crecido en Jugar de disminuir; la investigación, en su marcha
as- cendente, ha pasado por alto algunas de cllas, pero las lagunas teóricas subsistentes siguen
representando un enojoso problema para el físico teórico consistente. De hecho, lo que en la
teoría de Bohr servía como base para las leyes de acción son ciertas hipótesis que hace una
generación hubieran sido completamente re- chazadas por cualquier físico. El que en el seno
del átomo ciertas órbitas cuánticas (esto es, elegidas se- gún el principio del cuanto)
desempeñan una función especial, puede ser concedido; resulta ligeramente menos fácil de
aceptar el supuesto adicional de que los electrones, que se mueven en órbitas curvilíneas y
por ello aceleradas, no radien energía. Pero el que la frecuencia, claramente definida, de un
cuanto de luz emitida sea diferente de la frecuencia del electrón que la admite, sería
considerado por el teórico educado en la escuela clásica como monstruoso y apenas concebi-
ble. Pero los números (0 más bien los cambios progre- sivos de problemáticas) deciden y
consiguientemente la posición se ha invertido. Mientras que originalmen- te el problema era
incorporar, con una distorsión míni- ma, un elemento nuevo y extraño en un sistema exis-
tente que era generalmente reconocido como comple- to, el hecho es que ahora el intruso, tras
haber con- quistado una posición segura, ha pasado a la ofensiva y parece cierto que está a
punto de destruir el antiguo sistema por alguna de sus partes. El problema es saber cuál es esa
parte y en qué medida ello va a suceder"??, Hund (1961). Este tema se discute extensamente
en Feyera- bend (1968-9), pp. 83-7. Pero el artículo de Feyerabend es muy tendencioso. Su
principal finalidad es diluir el anar- quismo metodológico de Bohr y mostrar que Bohr se
opuso a la interpretación de Copenhague del nuevo programa cuántico (posterior a 1925).
Para ello, por una parte Feyera- bend exagera la insatisfacción de Bohr acerca de la nconsis-
tencia del antiguo programa cuántico (anterior a 1925), y, por la otra, atribuye excesiva
importancia al becho de que Sommerfeld se preocupara menos del carácter problemático de
los fundamentos inconsistentes del viejo programa que Bohr. Bohr (1948), p. 180 (subrayado
añadido). 71. LAKATOS, Metodología... Una de las cuestiones más importantes que se
aprenden al estudiar programas de investigación es que hay un número relativamente
pequeño de experi- mentos que scan realmente importantes. La oricnta- ción heurística que
recibe cl físico teórico de las con- trastaciones y de las "refutaciones" es normalmente tan
trivia] que Ja contrastación a gran escala (o incluso el preocuparse demasiado por los datos ya
disponi- bles) puede resultar una pérdida de tiempo. En la ma- yoría de los casos no
necesitamos refutaciones para saber que una teoría requiere una sustitución urgente: en
cualquier caso la heurística positiva del programa nos impulsa hacia adelante. Además, el
ofrecer una interpretación severamente refutablc de una versión en crecimiento de un
programa constituye una peli- grosa crueldad metodológica. Es posible incluso que las
primeras versiones sólo se apliquen a casos "idca- les" no existentes; puede consumir décadas
de trabajo teórico el llegar a los primeros hechos nuevos y aún más ticmpo el llegar a
versiones de contrastación in- teresante de los programas de investigación, a etapas en que las
refutaciones ya no son previsibles a la luz del programa mismo. Por tanto, la dialéctica de los
programas de investi- gación no es necesariamente una serie alternante de conjeturas
especulativas y refutaciones empíricas. La interacción entre el desarrollo del programa y los
fre- nos empíricos puede ser muy diversa; la pauta que se cumpla en la realidad sólo depende
de accidentes his- tóricos. Mencionaremos tres variantes típicas. 1) Imaginemos que cada una
de las tres primeras versiones conseculivas, Hi, Hz, H3, predice con éxito algunos hechos
nuevos y otros sin éxito; esto es, cada nueva versión queda corroborada y refutada a la vez.
Finalmente se propone Ha, que predice algunos he- chos nuevos y resiste las contrastaciones
más severas. El cambio de problemática es progresivo y además encontramos en este caso.
una maravillosa sucesión de conjeturas y refutaciones -. Podemos admirar este ca- so como
un ejemplo clásico de trabajo teórico y expe- rimental conjunto. 2) Otra posibilidad sería
imaginar a un Bohr soli- tario (posiblemente sin que le precediera Balmer) ela- borando Hi,
H2, Ha, Ha, pero que por razones de auto- crítica no publica hasta H4. Después se contrasta
Ha y toda la evidencia se convierte en corroboraciones de Ha la primera hipótesis publicada
(y la única). En este caso se advierte que el teórico va por delante del ex- perimentador: se
trata de un período de autonomía relativa del progreso teórico. 3) Imaginemos que toda la
evidencia empírica mencionada en estos tres modelos está disponible en ——_— 73. En las
tres primeras pautas no introducimos complicaciones como apelaciones tnunfantes contra el
veredicto de los cien- tíficos experimentales. 374 el momento de invención de Hi, H2, Ha,
H4. En este caso, Hi, Hz, H3, Ha no representa un cambio progre- sivo de problemática y por
cllo, aunque toda la evi- dencia apoye a sus teorías, el científico debe continuar trabajando
para probar el valor científico de su pro- grama“. Esta situación puede originarse bien porque
un programa de investigación más antiguo (que ha sido atacado por cl que conduce a Hi, H2,
H3, Ha) ya había producido tales hechos o porque hay mucho di- nero público destinado a la
recopilación de hechos sobre las líneas del espectro y hubo mercenarios que tropezaron con
tales datos. Sin embargo, este último caso es muy improbable porque, como solía decir Cu-
llen, "el número de hechos falsos defendidos en el mundo es infinitamente superior al de
teorías fal- sas"7>: en la mayoría de tales casos el programa de investigación entrará en
conflicto con los hechos dis- ponibles, el teórico examinará las "técnicas experi- mentales"
del experimentador y, tras destruirlas y sus- tituirlas, corregirá los hechos produciendo así
otros nuevos”*, Tras esta digresión metodológica regresemos al programa de Bohr. No todos
los desarrollos del pro- grama fueron previstos y planificados cuando se esbo- ZÓ por
primera vez la heurística positiva. Cuando apa- recieron algunas sorprendentes lagunas en los
mode- los sofisticados de Sommerfeld (nunca aparecieron al- gunas de las líneas previstas),
Pauli propuso una pro- funda hipótesis auxiliar (su "principio de exclusión") que no sólo
explicaba las lagunas conocidas sino que remodelaba la teoría del sistema periódico de
elemen- tos y anticipaba algunos hechos entonces desconoci- dos. No deseo ofrecer aquí una
exposición detallada del desarrollo del programa de Bohr. Pero desde el punto de vista
metodológico su estudio minucioso es una verdadera mina de oro: su progreso,
maravillosamente rápido, y sobre fundamentos inconsistentes, fue asom- broso; la belleza,
originalidad y éxito empírico de sus hipótesis auxiliares, defendidas por científicos brillan-
tes € incluso geniales, no tenía precedentes en la histo- — 74. Esto muestra que si
exactamente las mismas teorías y la misma evidencia se reconstruye racionalmente en
diferentes Órdenes temporales, pueden constituir o bien un cambio pro- gresivo o regresivo.
También cf. vol. 2, cap. 8, p. 178. Cf. MeCulloch (1825), p.19. Se encontrará un poderoso ar-
gumento sobre lo extremadamente improbable de tal pauta abajo, p. 113. Tal vez deberíamos
mencionar que la recopilación maniática de datos y la "excesiva" precisión impide incluso la
forma- ción de hipótesis empíricas ingenuas como la de Balmer. De haber conocido Balmer
el espectro preciso de Michelson, ¿bubicra descubierto su fórmula? O bien, si los datos de
Tico Brabe hubieran sido más precisos, ¿se hubiera formula- do nunca la ley elíptica de
Kepler? Lo mismo es aplicable 2 la primera versión ingenua de la ley general de los gases,
etc. La conjetura de Descartes y Euler sobre poliedros puede que nunca hubiera aparecido de
no ser la escasez de datos; et. mi (19634), pp. 298 y 65. 76. LAKATOS, Metodología... 77.
En alguna ocasión, la siguiente ver- ria de e A ograma «elo requirió de alguna mejora tri- sión
sa ja sustitución de "masa" por "masa reduci- vial, CO y en otras ocasiones, para llegar a la
erían nuevas y sofisticadas ón sigui : Eee AA como las matemáticas del problema de ma
chos-cuer ría ko roo. A física o las matemáticas adiciona- si o bien SE tomaban de alguna
parte del conocimien- 19 existente (como la teoría de la relatividad) o sc nventaban (como el
principio de exclusión de Pauli). A el segundo caso nos encontramos con un cambio creativo
de la heurística positiva. este gran programa le llegó un mo- mento en que su poder heurístico
quedó agotado. Se multiplicaron Jas hipótesis ad hoc que no podían ser sustituidas por
explicaciones acrecentadoras de conte- nido. Por ejemplo, la teoría de Bohr del espectro mo-
ecular predecía la siguiente fórmula para las molécu- Jas diatómicas: pero incluso a h 2 AQ
vz [(m+1)—-m' ] 871 Pero la fórmula quedó refutada. Los seguidores de Bohr sustituyeron el
término m“ por m(m+1); esto se ajustaba a Jos hechos, pero evidentemente era una al-
teración ad hoc. Después llegó el problema de algunos pares inex- plicables en el espectro del
álcali. Landé los explicó en 1924 mediante una "regla de división relativista" ad hoc y
Goudsmit y Uhlenbeck en 1925 por el giro del electrón. Si la explicación de Landé era ad
hoc, la de Goudsmit y Uhlenbeck era, además, inconsistente con la teoría especial de la
relatividad: los puntos en la superficie del electrón tenían que viajar con mayor velocidad que
la luz y el electrón tenía que ser mayor incluso que el átomo $, Se necesitaba gran valor para
proponer esto. (A Kronig se le ocurrió antes la idea, pero se abstuvo de publicarla porque nsó
que era inadmisible L : a 4 ; Pero la temeridad para proponer audaces inconsis- ncias ya no
suministraba recompensas adicionales. —o—.;——]—]d Ú— de “Entre la aparición de la
gran trilogía de Bohr de 1913 y el nacimiento de la mecánica ondulatoria en 1925, se publicó
UN gran número de artículos que convertían las ideas de u* en una impresionante teoría
sobre los fenómenos ató- los hs Se trató de un esfuerzo colectivo y los nombres de Klein eu
que contribuyeron al mismo forman lista: Bohr, — Eu Kramers, Pauli, Sommerfeld, Planck,
43). a, Debye, Schwarschil, Wilson" (The Haar, 1967, p. . nota de su artículo se lee: "Se debe
observar que - 7 aa teoría) la velocidad periférica del electrón lenbeci considerablemente a la
velocidad de la luz” (Uh- Y Goudsmit, 1925). J "Miner (1966), pp. 146-8 y 151. 375 El
programa se retrasó con relación al descubrimiento de los "hechos". Las anomalías no
digeridas —inunda- ron el terreno. Había comenzado la fast regresiva del programa de
investigación, con inconsistencias aún más estériles y con hipótesis aún más ad hoc; usando
una de las frases favoritas de Popper, puede decirse que comenzó a perder "su carácter
empírico" . Había muchos problemas, como la teoría de las perturbacio- nes, de los que ni
siquiera podía esperarse que fueran resueltos en su seno. Pronto apareció un programa de
investigación rival: la mecánica ondulatoria. El nuevo programa no sólo explicó en su
primera versión (De Broglic, 1924) las condiciones cuánticas de Planck y Bohr, sino que
condujo a un sorprendente hecho nue- vo, al experimento Davisson-Germer. En sus versio-
nes posteriores, crecientemente sofisticadas, ofreció soluciones para problemas que habían
estado entera- mente fuera del alcance del programa de investigación de Bohr y explicó las
teorías tardías y ad hoc del programa de Bohr mediante otras que satisfacían cri- terios
metodológicos exigentes. La mecánica ondula- toria pronto alcanzó, venció y sustituyó al
programa de Bohr. El artículo de De Broglie apareció en un momento en que el programa de
Bohr estaba degenerando. Pero esto fue una mera coincidencia. Me pregunto qué hu- biera
sucedido si De Broglic hubiera escrito y publica- do su artículo en 1914 y no en 1924.
d) Un nuevo examen de los experimentos crucia- les: el fin de la racionalidad instantánea
Sería equivocado suponer que se debe ser fiel a un programa de investigación hasta que éste
ha agotado todo su poder heurístico, que no se debe introducir un programa rival antes de que
todos acepten que proba- blemente ya se ha alcanzado el nivel de regresión. (Aunque
comprendemos la irritación del físico que, en medio de la fase progresiva del programa de
inves- tigación, se ve enfrentado por una proliferación de vagas teorías metafísicas que no
estimulan progreso empírico alguno)”. Nunca se debe permitir que un programa de
investigación se convierta en una Welanschauung, en un canon del rigor científico que se
erige como árbitro entre la explicación y la no—ex- plicación, del mismo modo que el rigor
matemático se erige como árbitro entre la prueba y la no—prueba. 80. Para una vívida
descripción de esta [ase regresiva del pro- grama de Bohr, cf. Margenau (1950), pp. 31113.
En la fase progresiva de un programa el principal estímulo beurístico procede de la heurística
positiva: en gran medida se ignora a las anomalías. En la fase regresiva el poder heurístico
del programa se desvanece. En ausencia de un programa rival esta situación puede reflejarse
en la psicolo- gía de los científicos mediante una bipersensibilidad poco habitual con relación
a las anomalías y un sentimiento de "crisis" kuhniana. 81. Esto es lo que más debe haber
irritado a Newion de la "pro- liferación escéptica de teorías” de los cariesianos. LAKATOS,
Metodología... Desgraciadamente ésta es la postura que defiende Kuhn: realmente lo que él
Jlama "ciencia normal" no Es sino un programa de investigación que ha obtenido €]
monopolio. Pero de hecho los programas de investi- gación pocas veces han conseguido un
monopolio completo y ello sólo durante períodos de tiempo rela- tivamente cortos, a pesar de
los esfuerzos de algunos cartesianos, newtonianos y bohrianos. La historia de la ciencia ha
sido y debe ser una historia de progra- mas de investigación que compiten (o si se prefiere, de
paradigmas”), pero no ha sido ni debe convertirse en una sucesión de pertodos de ciencia
normal; cuanto antes comience la competencia tanto mejor para el progreso. El "pluralismo
teórico" es mejor que el "monismo teórico"; sobre este tema Popper y Feyera- bend tienen
razón y Kuhn está equi Pe La idea de programas de investigación científica en competencia
nos conduce a este problema: ¿cómo son eliminados los programas de investigación? De
nues- tras consideraciones previas se desprende que un des- plazamiento regresivo de una
problemática es una ra- zón tan insuficiente para eliminar a un programa de investigación
como las anticuadas "refutaciones" o las "crisis" kuhnianas. ¿Puede existir alguna razón obje-
tiva (en contraposición a socio-psicológica) para re- chazar un programa, esto es, para
eliminar su centro firme y su programa para la construcción de cinturo- nes protectores? En
resumen, nuestra respuesta es que tal razón objetiva la suministra un programa de inves-
tigación rival que explica el éxito previo de su rival y le supera mediante un despliegue
adicional de poder heurístico”. Sin embargo, el criterio de "poder heurístico" de- pende
fundamentalmente, del significado que atribu- - yamos a la expresión "novedad fáctica”.
Hasta ahora hemos supuesto que resulta muy fácil discernir si una nueva teoría predice un
hecho nuevo o no”. Pero fre- cuentemente la novedad de una proposición fáctica sólo puede
apreciarse cuando ha transcurrido un lar- Sin embargo, algo puede decirse en favor de que al
menos algunas personas se aferren a un programa de investigación hasta que éste alcanza su
"punto de saturación"; entonces se pide a un programa nuevo que explique todos los éxitos
del antiguo. No constituye un argumento contra esie punto de vista el que el programa rival
ya haya explicado, cuando fue propuesto por vez primera, todos los éxitos del primer pro-
grama, el crecimiento de un programa de investigación no puede predecirse; por sí mismo
puede estimular importantes € imprevisibles teorías auxiliares. Además, si una versión As de
un programa de investigación Pi, es matemáticamente equivalente a una versión Ag de un
programa rival P», am- bas tendrían que ser desarrolladas; puede ser que su poder heurístico
sea muy diferente. Utilizo "poder heurístico” como un término técnico para ca- racierizar el
poder que tiene un programa de investigación de anticipar en su crecimiento hechos que son
teóricamente nuevos. Por supuesto también podría hablar de “poder expli- cativo": cl. arriba,
p. 57, n. 110. CL. arriba, p. 53, texto de nota 95, y p. 80, 1exio de la nota 164. 82. 376 go
espacio de tiempo. Para explicar esta cuestión co- menzaré con un ejemplo. La teoría de Bohr
implicaba lógicamente la fórmu- la de Balmer gara las líneas del hidrógeno como una
consecuencia >. ¿Se trataba de un hecho nuevo? Se puede sentir la tentación de responder
negativamente, puesto que, después de todo, la fórmula de Balmer era muy conocida. Pero
esta es una verdad a medias. Bal- mer simplemente "observó" B1¡: que las líneas del hi-
drógeno obedecen a la fórmula de Balmer. Bohr pre- dijo B2: que las diferencias en los
niveles de energía de las diferentes órbitas del electrón del hidrógeno obedecen a la fórmula
de Balmer. Ahora bien, es posi- ble afirmar que B1 ya contiene todo el contenido pura- mente
"observacional" de By. Pero afirmar esto presu- pone que puede existir un "nivel
observacional" puro, sin mezcla de teoría e inmune al cambio teórico. De hecho Bi fue
aceptado sólo porque las teorías ópticas, químicas y de otras clases aplicadas por Balmer
esta- ban muy corroboradas y eran aceptadas como teorías interpretativas, y tales teorías
podían ser puestas en duda. Se puede argumentar que es posible "depurar" incluso B¡ de sus
presupuestos teóricos alcanzando así lo que Balmer realmente "observó", algo que puede ser
expresado como la afirmación más modesta Bo: las líneas observadas en ciertos tubos en
circunstan- cias específicas (o en el curso de un experimento controlado") obedecen a la
fórmula de Balmer. Ahora bien, algunos de los argumentos de Popper de- muestran que
nunca podemos llegar de este modo a ningún sólido fundamento observacional; es fácil
mostrar que hay teorías observacionales involucradas en Bo ””, Por otra parte, dado que el
programa de Bohr había probado su poder heurístico tras un dilatado de- sarrollo progresivo,
su mismo centro firme hubiera quedado corroborado” y por ello cualificado como teoría
interpretativa u "observacional". Pero entonces B2 puede considerase como un hecho nuevo y
no co- mo una mera interpretación teórica de Bi. Cf. arriba, p. 99. CE arriba, p. 46, n. 75. Uno
de los argumentos de Popper es particularmente impor- tante: "Existe una generalizada
creencia en que el enunciado "Veo que esta mesa es blanca" tiene, desde el punto de vista de
la epistemología, alguna profunda ventaja con relación al enunciado “Esta mesa es blanca".
Pero desde el punto de vista de evaluar sus posibles contrastaciones objetivas, el primer
enunciado que habla sobre mí no parece más seguro que el segundo enunciado que habla
sobre la mesa" (1934, sección 27). Neurath bace un comentario carecterísticamen- le torpe
sobre este pasaje: "Para nosotros tales enunciados protocolarios tienen la ventaja de tener más
estabilidad. Es posible mantener el enunciado "La gente del siglo XVI veía espadas
flamígeras en el cielo", mientras que se rechaza "Había espadas flamígeras en el cielo"
(Neurath, 1935, p. 362). Diremos de pasada que esta observación define un "grado de
corroboración" para los centros firmes "irrefutables" de las programas de investigación. La
teoría de Newton (aisla da) no tenía contenido empírico, pero estaba, en este senti- do, muy
corroborada. I8A| LAKATOS, Metodología... (as consideraciones confieren importancia adi-
al elemento retrospectivo en nuestras evalua- conducen a una mayor liberalización de terios.
Un nuevo programa de investiga- 4 que acaba de iniciar su carrera puede suceder que ción q
capaz de producir hechos "genuinamente nuc- no Y nia mucho tiempo después. Por ejemplo,
la ría cinética del calor durante décadas pareció retra- cada con relación a los resultados de la
teoría fenome- nológica, pero finalmente la superó como la teoría Einstcin-Smoluchowski
acerca del movimiento brow- niano de 1905. Tras esto, lo que previamente había recido una
reinterpretación especulativa de hechos antiguos (sobre el calor, etc.) resultó ser un descubri-
miento de hechos nuevos (sobre átomos). cional ciones Y “ nuestros er Todo esto indica que
no podemos eliminar a un programa de investigación en crecimiento simplemen- le porque,
por el momento, no ha conseguido superar a su poderoso rival. No deberíamos abandonarlo si
constituyera (en el supuesto de que su rival no estu- viera presente) un cambio progresivo de
la problemá- tica”. Y ciertamente debemos considerar a un hecho que acaba de ser
reinterpretado como un hecho nue- vo, ignorando las insolentes pretensiones de prioridad de
los coleccionistas de hechos no profesionales. Mientras un joven programa de investigación
pueda ser reconstituldo racionalmente como un cambio pro- gresivo de problemática, debe
ser protegido durante un tiempo de su poderoso rival establecido”, En conjunto estas
consideraciones acentúan la im: portancia de la tolerancia metodológica, pero dejan sin
responder la pregunta sobre cómo son eliminados los programas de investigación. Puede ser
que el lec- 'or sospeche incluso que tanta insistencia en la falibi- lidad liberaliza 0, más bien,
debilita nuestros criterios hasta el punto de confundirse con los del escepticismo radical. Ni
siquiera los célebres "experimentos crucia- Es" tendrán fuerza para destruir a un programa de
investigación: cualquier cosa vale”. Esta sospecha carece de fundamento. En el seno de cy
rograma de investigación los "experimentos cru- “S menores" entre versiones subsiguientes
son “y Corrientes. Los experimentos "deciden" fácil- —T—]—ae * Por cierto, en la ción,
metodología de los programas de investiga- el significado pragmático de "rechazo" (de un
progra- 23) resulta absolutamente claro: significa la decisión de de- yr de "rabajar en él. Po
prudentemente pueden considerar que este período sólo se _ Protegido es "precientífico” (0
"teórico") y que (o empí tbe Teconocer su carácter auténticamente científico Pico) cuando
comience a producir hechos genuina- Mente nuevos. ds ser fetroactivo ?* En tal caso su
reconocimiento tendrá que Or ci , alias este conflicto entre falibilidady crítica puede ser . o.
considerado como el principal problema (y rora) del de investigación popperia- no programa
de investigaci sobre teoría del conocimiento. 8 popp*e mente entre Ja versión científica n y la
n + 1, puesto que la n + 1 no sólo es inconsistente con la n sino que también la supera. Si la
versión n + 1 tiene más conte- nido corroborado a la luz de algún programa y a la Juz de
algunas teorías observacionales muy corroboradas, la eliminación es relativamente un asunto
rutinario (sólo relativamente, puesto que incluso en este caso la decisión puede ser apelada).
También los procedi- mientos de apelación son fáciles en algunas ocasiones: en muchos casos
la teoría observacional que se discu- te, lejos de estar muy corroborada, constituye de he- cho
un supuesto ingenuo, inarticulado y oculto; sólo la confrontación descubre la existencia de
este supuesto oculto, y origina su articulación, contrastación y des- trucción. Sin embargo,
muchas veces las teorías ob- servacionales forman parte de algún programa de in- vestigación
y en tales casos el procedimiento de ape- lación origina un conflicto entre dos programas de
investigación; en tales casos un experimento crucial fundamental puede ser necesario.
Cuando compiten dos programas de investigación, Sus primeros modelos "ideales"
normalmente se ocu- pan de diferentes aspectos del dominio (por ejemplo, el primer modelo
de la óptica semicorpuscular de Newton describía la refracción de la luz; el primer modelo de
Huyghens, la óptica ondulatoria de la inter- ferencia de la luz). Conforme se expanden los
progra- mas de investigación rivales, gradualmente penetran en el territorio del otro hasta
suceder que la n versión - del primero es inconsistente de forma flagrante y dra- 377 mática
con la versión m del segundo”. Se realiza re- petidamente un experimento y como resultado,
el pri- mero es derrotado en esta batalla mientras que gana el segundo. Pero la guerra no ha
terminado: a cualquier programa se le permiten unas cuantas derrotas como ésta. Todo lo que
necesita para un contraataque es producir una versión acrecentadora de contenido (n + 1) o (n
+ K) y una verificación de una parte de su contenido nuevo. Si tras continuados esfuerzos tal
contraataque no se produce, la guerra se ha perdido y el experimento ori- ginal se considera
retrospectivamente como crucial. Pero especialmente si el programa derrotado es un
programa joven y de crecimiento rápido y si decidi- mos otorgar crédito suficiente a sus
éxitos precientífi- cos, los experimentos cruciales se disuelven uno tras otro con la ola de su
marcha ascendente. Incluso si el programa derrotado es un programa antiguo y asta- do",
próximo a su punto de saturación natural"”, pue- 92. Un caso especialmente interesante de tal
competencia es la simbiosis competitiva, aquellos casos en que un nuevo pro- grama se
injerta en otro viejo con el que es inconsistente; cf. arriba, pp 3. 93. No existe un "punto de
saturación natural"; en mi (19634), especialmente en las páginas 327-8, me mostré con mayor
talante hegeliano y pensé que tal cosa existía; ahora utilizo la expresión de forma irónica. No
existe una limitación pre- LAKATOS, Metodología... de continuar resistiendo durante mucho
tiempo, defen- diéndose con ingeniosas innovaciones acrecentadoras de contenido aún
cuando éstas no obtengan la recom- pensa del éxito empírico. Es muy difícil derrotar a un
programa de investigación que esté defendido por científicos imaginativos y de talento.
Alternativamen- te los defensores recalcitrantes del programa derrota- do pueden ofrecer
explicaciones ad hoc de los experi- mentos o una astuta reducción ad hoc del programa
victorioso al derrotado. Pero debemos rechazar tales esfuerzos como no-científicos” .
Nuestras consideraciones explican el por qué los experimentos cruciales sólo han sido
considerados como cruciales décadas más tarde. Las elipses de Ke- pler fueron aceptadas con
generalidad como evidencia crucial en favor de Newton y contra Descartes sólo
aproximadamente cien años después de que Newton formulara tal pretensión. La conducta
anómala del pe- rihelio de Mercurio era conocida desde hacía décadas como una de las
muchas dificultades no resueltas del programa de Newton, lo que transformó a una anoma-
lía vulgar en una "refutación" brillante del programa de investigación de Newton”. Joung
afirmó que su experimento de la hendidura doble de 1802 era un experimento crucial entre
los programas de la óptica corpuscular y de la óptica ondulatoria; pero esta pre- tensión sólo
fue aceptada mucho más tarde, después de que Fresnel desarrollara el programa ondulatorio
de modo progresivo y cuando resultó claro que los newtonianos no podían igualar a su poder
heurístico. La anomalía, que era conocida desde hacía décadas, recibió el título honorífico de
refutación, el experi- mento, el título honorífico de "experimento crucial", pero todo ello sólo
tras un largo período de desarrollo desigual de los dos programas rivales. El movimiento
browniano estuvo en la mitad del campo de batalla durante casi un siglo antes de que fuera
considerado como la causa de la derrota del programa de investiga- ción fenomenológico e
inclinara el curso de la guerra decible o descubrible de la imaginación humana para inven- tar
teorías nuevas y acrecentadoras de contenido, ni de la "destreza de la razón" (List der
Vernunft) para recompensar- las con algún éxito empírico aunque sean falsas o incluso si la
nueva teoría tiene menos verosimilitud (en el sentido de Popper) que su predecesora.
(Probablemente cualquier teoría científica formulada por un ser humano será falsa; sin em-
bargo, pueden ser recompensadas con éxitos empíricos e incluso tener una verosimilitud
creciente.) Para un ejemplo, cf. arriba, p. 69, n. 138. Por lo tanto, una anomalía de un
programa de investigación es un fenómeno que consideramos que debe ser explicada en
términos del programa. En términos más generales, pode- mos hablar, siguiendo a Kuhn, de
"piuzzles": un "puzzle" de un programa es un problema que consideramos como un desafio
para ese programa particular. Un "puzle" puede resolverse de tres formas. Solucionándolo en
el seno del programa original (la anomalia se convierte en un ejem- plo); neutralizándola,
esto es, solucionándolo mediante un programa independiente y distinto (la anomalía
desapare- ce), o, finalmente, solucionándolo mediante un programa rival (la anomalía se
convierte en un contraejemplo). 9 E 378 en favor de los atomistas. La "refutación" de Michej-
son de la serie de Balmer fue ignorada durante una generación hasta que la respaldó el
programa de in- vestigación triunfante de Bohr. Puede resultar interesante examinar con
detalle al- gunos ejemplos de experimentos cuyo caráter crucial sólo retrospectivamente
resultó evidente. En primer Jugar me ocuparé del célebre experimento Michelson- Morley de
1887 que supuestamente refutó la teoría del éter y "condujo a la teoría de la relatividad";
después analizaré los experimentos Lummer-Pringsheim que supuestamente refutaron a la
teoría Clásica de Ja radia- ción y "condujeron a la teoría cuántica". Por fin discutiré un
experimento del que muchos físicos pen- saron que sería decisivo contra las leyes de
conserva- ción, pero que, de hecho, terminó como su corrobora- ción más victoriosa.
dl) El experimento Michelson-Morley:
Michelson ideó por primera vez un experimento para contrastar las teorías contradictorias de
Fresnel y Stokes sobre la influencia del movimiento de la tierra en el éter” durante su visita al
Instituto Berlín de Helmholz en 1881. Según la teoría de Fresnel, la tierra se mueve'a través
de un éter en reposo, pero el éter de la tierra es parcialmente arrastrado con la tierra; por ello
la teoría de Fresnel implicaba que la velocidad del éter exterior a la tierra con relación a la
tierra era positiva (esto es, la teoría de Fresnel implicaba la c- xistencia de un "viento de
éter"). Según la teoría de Stokes, el éter era impulsado juntamente con la tierra y en Jas
inmediaciones de la superficie de la tierra la velocidad del éter era igual a la de la tierra: por
ello su velocidad relativa era cero (esto es, no había viento de éter en la superficie). Stokes
pensó inicialmente que las dos teorías eran observacionalmente equivalentes; por ejemplo,
con supuestos auxiliares adecuados am- bas teorías explicaban la aberración de la luz. Pero
Michelson afirmó que su experimento de 1881 cra un experimento crucial entre las dos y que
probaba la teoría de Stokes”? Afirmó que la velocidad de la tie- rra con relación al éter es
mucho menor que la antici- pada por la teoría de Fresnel. En relación concluyó que de su
experimento "se sigue la conclusión necesa- ria de que la hipótesis (de un éter estacionario)
€S errónea. Esta conclusión contradice directamente la explicación del fenómeno de la
aberración que supont que la Tierra se mueve a través del éter mientras este último
permanece en reposo"”, Como sucede a mE- nudo sucedió que un teórico enseñó una lección
al experimentador Michelson. Lorentz, el principal físico —— —_———————d. Cf.
Popper (1934), sección 30. Cf. Fresnel (1818), Stokes (1845) y (1846). Para una €5e- lente
exposición breve, cf. Lorentz (1895). Esto se desprende, de forma tangencial, de la última
sección de su (1881). Michelson (1881), p. 128 (subrayado añadido). 3 £ 38 LAKATOs,
Metodología... ríodo, mostró (en lo que más tarde Mi. e A ainió como "un análisis muy ln E
do el experimento") que Michelson interpeuró o óneamente los hechos y que lo que había
Observado - contradecía de hecho la hipótesis del éter estacio- ms Lorentz demostró que los
cálculos de Michel- 2 estaban equivocados; la teoría de Fresnel predecía eclántente Ja mitad
del efecto que había Calculado Mi- chelson. Lorentz concluyó que el Experimento de Mi-
chelson no refutaba la teoría de Fresnel y que cierta- mente tampoco probaba la teoría de
Stokes. A Conti- puación Lorentz mostraba que la teoría de Stokes era inconsistente; suponía
que el éter de la Superficie de la tierra estaba en reposo con relación a la tierra y reque- ría
que la velocidad relativa tuviera un Potencial; am. bas condiciones son incompatibles. Pero
incluso si Michelson hubicra refutado a una teoría del éter esta- cionario, el programa
quedaba intacto; es fácil cons- truir otras versiones distintas del Programa del éter que
predicen valores muy pequeños para cl viento del éter; €l Mismo Lorentz produjo una de
tales versiones, Esta teoría era contrastable y Lorentz la sometió orgu- llosamente al veredicto
experimenta] !09! Michelson y Marley aceptaron el desafío. La velocidad relativa de la tierra
con relación al éter de nuevo parecía ser cero, en contra de la teoría de Lorentz. Pero ahora
Michel- son ya era más cauteloso en la interpretación de sus datos € incluso pensó en la
posibilidad de que el siste- ma solar como un todo pudiera haberse movido en la dirección
opuesta a la tierra; por ello decidió repetir el experimento "a intervalos de tres meses evitando
así toda incertidumbre" “*. Michelson en su segundo artí- culo ya no habla de "conclusiones
necesarias" y "con- tradiciones directas", Piensa solamente que de su ex- perimento "parece
por lo que precede, razonablemente cierto que si existe cualquier movimiento relativo en- ue
la tierra y el éter lumínico, éste debe ser pequeño; lo bastante pequeño como para refutar
enteramente la explicación de Fresnel de la aberración"! De modo que en este artículo
Michelson aún pretende haber refutado la teoría de Fresnel (y también la nueva teo- ría de
Lorentz), P£ro no se dice una palabra sobre su Prelensión de 1881 según la cual había
refutado "la oría del éter estacionario" En general. (Realmente Pensaba que para hacer tal
cosa tendría que contrastar la existencia del viento del éter también en altitudes ievadas, En la
cima de una montaña aislada, por jemplo" o —— 100. Michelson y Morley (1887), p, 335.
"OL. Lorentz (1886). Sobre la inconsistencia de la teoría de Sto- kes, cf. su (18926). 102
Michelson Y Morley (1887), p. 341. Pero Pearce Williams señala que hunca lo hizo (Pearce
Williams 1968, p. 34). 0 bid, p.341 (subrayado añadido). 104. Mic elson y Morley (1837).
Esta observación demuestra ue Michelson comprendió que su experimento de 1887 era y
Mpletamente consistente con la existencia de un viento de el sifuado más arriba. Max Boro
en «e (1920), esto es, "einla y tres años más tarde, afirmó que del experimento de 379
Mientras que algunos teóricos del éter, como Ker- vin, no fiaban en | = | chelson 9 a habilidad
experimental de Mi- da por Ellos, y en tal caso como mostró Lorentz, “la importancia del
experimen.- to Michelson-Morley en ¡nía E je. que puede e ñarnos algo sobre los cambi -
mensiones" 107. iñer j pan trastar la hipótesis"109 al menos en ese momento no podía
predecir hechos nuevos!10 Mientras tanto, en 1897 Michelson llevó a cabo su
—]"—]e]———]————l[ 1887 "debemos concluir que el viento de éter no existe"
(subrayado añadido). 105. — Kelvin dijo en el Congreso Internacional de Física de 1900 que
"la única nube en el cielo claro de la teoría del éter era el resultado nulo del experimento
Michelson-Morley" (d. Miller, 1925) e inmediatamente persuadió a Morley y a Mi- ler, que
estaban allí, para que repitieran el experimento. 106. Lorentz (1 8921). 107. Ibid (subrayado
añadido). 108. Lorentz (185). 109. Lorentz (1892b). 110. Fitzgerald, al mismo tiempo e
independientemente de Lo- Ten, CIeÓ una versión contrastable de este "cambio creati- vo”
que rápidamente fue refutada por los experimentos de Trouton, Rayleigh y Brace; era
progresiva desde un punto de vista teórico pero no empírico. Cf. Whittaker (1947), p. 53, y
Whittaker (1953), pp. 28-30. Existe una opinión generalizada según la cual la teoría de
Fitzgerald era "ad hoc". Lo que quicren decir los fsicos contemporáneos es que la teoría era
ad hocs (ef. arriba, p. 66, n. 133): "No existía evidencia empírica (positiva) inde- pendiente
en su favor" (cf. e.g. Larmor, 1904, p. 624). Más tarde y bajo la influencia de Popper, el
érmino “ad hoc fue usado fundamentalmente en el sentido de ad hoci; no existía una
contrastación independiente posible para ella. Pero co- mo muestran los experimentos
refutadores, es un error pre- tender, como hace Popper, que la teoría de Fitzgerald era ad hoci
(cf. Popper, 1934, sección 20). Ello muestra una vez más la importancia de distinguir entre ad
koe¡ y ad hocz. Cuando Grunbaum, en su (1959a) señaló el error de Popper, Este admitió el
mismo, pero replicó que la teoría de Fitzge- rald ciertamente era más ad hoc que la de
Einstein (Popper, 1959b) y que ello suministraba otro "ejemplo excelente de "grados de la
condición ad hoc" y una de las tesis principa- les de (su) libro era precisamente que los
grados de la con- dición ad hoc están (inversamente) relacionados con los gra- dos de
contrastabilidad e importancia. Pero la diferencia no es simplemente un asunto de grados de
una condición ad hoc Única que pueda ser medida por la contrastabilidad. También cf. abajo,
p. 137. LAKATOS, Metodología... experimento largamente esperado para medir la velo-
cidad del viento del éter en las cimas de las montañas. No encontró tal cosa. Puesto que antes
pensaba que había probado la teoría de Stokes que predecía un viento de éter en las alturas,
Michelson enmudeció. Si la teoría de Stokes aún era correcta, el gradiente de la velocidad del
éter había de ser muy pequeño. Michel- son hubo de concluir que "la influencia de la Tierra
sobre el éter se extendía a distancias del orden del diámetro de la Tierra"!!'. Pensó que este
era un resul- tado "improbable" y decidió que en 1887 había extraf- do una conclusión
equivocada de su experimento: era la teoría de Stokes la que debía rechazarse y la de Fresnel
la que debía ser aceptada; decidió que acepta- ría cualquier hipótesis auxiliar razonable para
salvarla, incluyendo la teoría de Lorentz de 1892 "*. Con todo, en ese momento parecía
preferir la contracción de Fitzgerald-Lorentz y en 1904 sus colegas de Case es- taban tratando
de descubrir si esta contracción varía con materiales diferentes'3 A Mientras que la mayoría
de los físicos intentaron interpretar los experimentos de Michelson en el marco del programa
del éter, Einstein, desconocedor del tra- bajo de Michelson, Fitzgerald y Lorentz, pero
estimu- lado fundamentalmente por la crítica de Mach de la mecánica newtoniana, llegó a un
nuevo y progresivo programa de investigación''*, Este nuevo programa no sólo "predecía" y
explicaba el resultado del experi- mento Michelson-Morley, sino que también predecía un
gran conjunto de hechos previamente insospecha- dos que obtuvieron corroboraciones
dramáticas. Sólo entonces, veinticinco años después de que se produje- ra, consiguió el
experimento Michelson-Morley llegar a ser considerado como "el máximo experimento ne-
gativo de la historia de la ciencia"!"”. Pero esto no fue apreciado instantáneamente. Aun
aceptado que el ex- perimento era negativo no era claro con respecto a qué lo era. Además,
Michelson en 1881 pensó que también era positivo, puesto que defendió que había refutado la
teoría de Fresnel y verificado la de Stokes. Tanto Michelson como Fitzgerald y Lorentz,
poste- riomente, explicaron el resultado positivamente en el seno del programa del éter".
como sucede con todos Jos resultados experimentales, su negatividad con rela- — — - —
111. Michelson (1897), p. 478. 112 Realmente Lorentz comentó inmediatamente: "Mientras
que (Michelson) considera improbable una influencia de la tierra tan extensa, por el contrario,
yo la esperaría" 1897; subrayado añadido). si Ls. 113. Morley y Miller (1904). 114. Ha
existido una importante controversia sobre el fundamen- lo histórico beurístico de la teoría de
Einstein, y de acuerdo con ella, esta afirmación puede resultar falsa. 115. Bemal (1965), p.
530. Para Kelvin, en 1905, era solamente una "nube en el cielo claro": cf. arriba, p. 119, n.
258. 116. En realidad el excelente texto de Física de Chwolson decía en 1902 que la
probabilidad de La hipótesis del 6 certeza (cf. Einstein, 1909, p. 817). E — ción al programa
antiguo sólo fue establecida más tar. de mediante la lenta acumulación de intentos ad hoc para
explicarlo de acuerdo con el antiguo y regresivo programa, y mediante el establecimiento
gradual de un nuevo programa victorioso progresivo del que se ha convertido en un caso
corroborador. Pero nunca se pudo excluir, en términos racionales, la posibilidad de rehabilitar
alguna parte del antiguo programa "regresi- vo". Sólo un proceso extremadamente difícil e
indefini- damente largo puede establecer la victoria de un pro- grama de investigación sobre
su rival; y no es pruden- te utilizar la expresión "experimento crucial" de forma apresurada.
Incluso cuando se advierte que un progra- ma de investigación desplaza a su predecesor, tal
des- plazamiento no se debe a los "experimentos crucia- les", e incluso si más tarde se ponen
en duda algunos de tales experimentos cruciales, el nuevo programa de investigación no
puede ser frenado sin un poderoso y progresivo resurgimiento del programa antiguo. La
negatividad y la importancia del experimento Michel- son-Morley radica fundamentalmente
en el cambio progresivo del nuevo programa de investigación al que prestó un fuerte apoyo, y
su "grandeza" no consti- tuye sino un reflejo de la grandeza de los dos progra- mas
implicados. Sería interesante ofrecer un análisis detallado de los cambios opuestos
involucrados en el decadente destino de la teoría del éter. Bajo la influencia del falsacionismo
ingenuo la fase regresiva más interesan- te de la teoría del éter posterior al "experimento cru-
cial" de Michelson fue simplemente ignorada por la mayoría de los seguidores de Einstein.
Creyeron que el experimento Michelson-Morley derrotaba de un só- lo golpe a la teoría del
éter cuya persistencia sólo se debía al oscurantismo conservador. Por otra parte, est período
de la teoría del éter posterior a Michelson no fue objeto de un escrutinio crítico por parte de
los anti-einsteinianos, quienes entendían que la teoría del éter no había sufrido ningún
retroceso; lo que era bue- no de la teoría de Einstein ya estaba esencialmente en la teoría del
éter de Lorentz y la victoria de Einstein se debía exclusivamente a la moda positivista. Pero,
de hecho, la larga serie de experimentos de Michelson desde 1881 a 1935 diseñados para
contrastar diferen- tes versiones sucesivas del programa del éter suminis- —— 117. Polany se
complace en explicar que Miller en 1925, y €n 5" alocución presidencial a la American
Physical Society, anu" ció que a pesar de los informes de Michelson y Morley, el contaba con
una "evidencia demoledora" en favor de la co- miente de éter; a pesar de ello permaneció ficl
a la teoría de Einstein. Polany concluye que ningún aparato concep "objetivista" puede
explicar la aceptación o el rechazo de las icorfas por parte de los científicos (Polany, 1958,
pP- 17- 14). Pero mi reconstrucción convierte la tenacidad del pro grama de investigación
einsteniano ante la supuesta ev iden- dia contraria, en un fenómeno completamente racional y
por ello debilita el mensaje místico post-crítico de Polany. LAKATOS, Metodología... sure
len sabido que resulta fácil reforzar la teoría (os ! Lo del e ivalente a la t ins- interesante
sentido, en equivalen e a la teoría de Eins Hi ter. En el contexto de un gran .- que no utiliza el
éter T o creativo" el éter aún puede regresar ". hecho de que sólo se pueda evaluar los experi-
pectivamente explica el que el experi- (0 de Michelson no fuera ni siquiera mencionado e
literatura entre 1881 y 1886. En realidad cuando en físico francés, Potier, señaló a Michelson
su error de 1881, éste decidió no publicar una nota de correc- ción y explica Jas razones de
esta decisión en una carta a Raylcigh de marzo de 1887: "He intentado repetidamente
interesar a mis amigos científicos en este experimento sin resultado y la razón de que no
blicara la corrección (me averguenza confesarlo) fue que me sentía descorazonado por Ja
escasa aten- ción que recibía mi trabajo y pensé que no merecería la pena"'*1, Por cierto, esta
carta era una respuesta a una carta de Rayleigh que hizo que Michelson cono- ciera el artículo
de Lorentz. Esta carta desencadenó el experimento de 1887. Pero incluso después de 1887 e
incluso después de 1905 el experimento Michelson- Morley no fue generalmente considerado
como una refutación de la existencia del éter y cello por buenas razones. Puede que ello
explique el que a Michelson se le otorgara su Premio Nobel en 1907 no por "refu- El mentos
retros l8 Una señal típica de la generación de un programa, no dis- cunida en este artículo, es
la proliferación de "hechos" con- tradictorios. Usando una teoría falsa como teoría interpre-
tativa, se pueden obtener (sin cometer ningún "error experi- mental") proposiciones fácticas
contradictorias, resultados experimentales inconsistentes. Michelson, que se afertó al ter hasta
el amargo final, resultó decepcionado fundamen- lalmente por la inconsistencia de los
"hechos" a los que había llegado mediante mediciones ultraprecisas. Su expe- nmento de
1887 mostró que no había un viento de éter sobre la superficie de la tierra. Pero la aberración
"demostraba" que tal viento existía. Además, su experimento de 1925 (bien no mencionado 0,
como en Jaffé, 1960, erróneamente Merpretado) también lo "probaba" (cf. Michelson y Gale,
5, y para una rotunda crítica, Runge, 1925). ; Cleg Ebrenfest (1913), pp. 17-18, citado y
discutido por ling En su (1968). Pero no debemos olvidar que aunque via Teorías específicas
sean equivalentes desde un punto de ” 5 es y observacional, puede que estén incorpo- de rr u.
programas de investigación diferentes y el po- ser dis « heurística positiva de esos programas
bien puede "into. Esta idea no ha sido tenida en cuenta por los E. de tales pruebas de
equivalencia (un buen ejem - eS la prueba de equivalencia entre los enfoques de Schrodinger
y Heisenberg de la física cuántica). También cf. iba, p, 110, a. 235, leg Dj e. (1951): "Si se
reexamina el problema a la Juz ya no 9s Conocimientos actuales, se descubre que el éter
defendereo y Py cartado por la relatividad y hoy pueden — istencia del “er. También cf
razones para postular la existencia Povaik (1967), 119, 120 el último párrafo de Rabi (1961) y
Prok- , da"! 381 tar la teoría del éter" sino por "sus instrumentos ópti- cos de precisión y por
las investigaciones espectroscó- picas y metodológicas llevadas a cabo con su ayu- » Y €l que
el experimento Michelson-Morley ni siquiera fuera mencionado en los discursos de conce-
sión. Michelson no lo mencionó en su Conferencia Nobel y silenció el hecho de que aunque
puede que originalmente diseñara sus instrumentos para medir con precisión la velocidad de
la luz, se vio obligado a mejorarlos para contrastar algunas teorías específicas del éter y que
la "precisión" de su experimento de 1887 fue en gran parte debida a la crítica teórica de
Lorentz, un hecho que nunca menciona Ja literatura contemporánea habitual!”, Por fin, se
tiende a olvidar que incluso si el experi- mento Michelson-Morley hubiera mostrado la exis-
tencia de un "viento de éter", el programa de Einstein pudicra haber resultado victorioso a
pesar de todo. Cuando Miller!%, un entusiasta defensor del progra- ma clásico del éter
publicó su sensacional conclusión de que el experimento Michelson-Morley se había de-
sarrollado imperfectamente y que, de hecho, existía un viento de éter, el corresponsal de
Science afirmó que "los resultados del profesor Miller destruyen radical- mente Ja teoría de
Ja relatividad". Sin embargo, según Einstein, incluso si el informe de Miller hubiera sido
acorde con los hechos ("sólo) la forma actual de la teoría de la relatividad tendría que ser
abandona- da"!5, De hecho, Synge señaló que los resultados de Mi- ller, aun aceptado sin
más su veracidad, no entran en conflicto con la teoría de Einstein; es la explicación de Miller
de tales resultados las que contradice a la teo- ría. Se puede sustituir fácilmente la teoría
Gardner-— Synge y en este caso los resultados de Miller quedan enteramente digeridos por el
programa de Einstein'?,
d2) Los experimentos Lummer
Pringsheim Vamos a discutir otro supuesto experimento cru- cial. Planck pretendió que los
experimentos de Lum- mer y Pringsheim que "refutaron" las leyes de radia- _—.— 122.
Subrayado añadido. 123. El mismo Einstein pensaba que Michelson diseñó su interfe-
rómetro para contrastar la teoría de Fresnel (cf. Einstein, 1931). Por cierto, los primeros
experimentos de Michelson sobre líneas del espectro (como su 1881-2) también eran
relevantes para las teorías del éter de aquel tiempo. Michel - son sólo exageró su éxito en las
"mediaciones precisas" cuando quedó decepcionado por su falta de éxito para eva- luar su
relevancia con relación a las teorías. Einstein, a quien desagradaba la precisión como meta
final, le preguntó por qué dedicaba tantas energías a conseguirla. La respuesta de Michelson
fue "porque ello le divertía" (cf. Einstein, 1931). 124. ¡En 1975. 125. Einstein (1927);
subrayado añadido. 126. Synge (19524). LAKATOS, Metodología... ción de Wien, Rayleigh
y Jeans hacia finales del siglo, “condujeron a" (o incluso "originaron”") la teoría cuán-
tica!?7. Pero de nuevo el papel desempeñado por aquellos experimentos es mucho más
complicado y está muy en línea con nuestro enfoque. No se trata simplemente de que los
experimentos de Lummer y Pringsheim terminaran con el enfoque clásico y fucran
nítidamente explicados por la física cuántica. Por otra parte, algunas de las versiones
tempranas de la teoría cuántica debidas a Einstein implican la ley de Wien y por ello
quedaron tan refutadas por los experimentos de Lummer y Pringsheim como la teoría
clásica'*, Por otra parte, se ofrecieron varias explicaciones clá- Sicas de la fórmula de Planck.
Por ejemplo, en la reu- nión de 1913 de la British Association for the Advan- cement of
Science se produjo una reunión especial sobre radiación a la que asisticron entre otros Jeans,
Rayleigh, J. J. Thomson, Larmor, Rutherford, Bragg, Poynting, Lorentz, Pringsheim y Bohr.
Pringheim y Rayleigh fueron cuidadosamente neutrales sobre las especulaciones teóricas
cuánticas, pero el profesor Lo- ve "representó el punto de vista tradicional y mantuvo la
posibilidad de explicar los hechos relativos a la radiación sin adoptar la teoría cuántica.
Criticó la apli- cación de la teoría sobre la equidistribución de la energía sobre la que
descansa una parte de la teoría cuántica. La evidencia más importante en favor de la teoría
cuántica es el acuerdo con los experimentos de la fórmula de Planck para la emisividad de un
cuerpo negro. Desde un punto de vista matemático pueden existir muchas otras fórmulas que
coincidan igual- mente bien con los experimentos. Se trató de una fór- mula de la que es autor
A. Kom que ofrecía resultados para un amplio número de casos y que conseguía una
correspondencia con los resultados experimentales tan buena como la conseguida por la
fórmula de Planck. Como argumento adicional en favor de que los recur- sos de la teoría
ordinaria no han sido agotados señaló que puede ser posible extender a otros casos el cálculo
de la emisividad de una lámina delgada que se debe a Lorentz. Para este cálculo ninguna
expresión analítica sencilla puede representar los resultados para todas las posibles longitudes
de onda, y puede suceder que, en general, no exista una fórmula sencilla aplicable a to- das
las longitudes de onda. Puede que la fórmula de Planck no sea, de hecho, sino una fórmula
empíri- ca”. Un ejemplo de aplicación clásica fue la de Calledar: "El desacuerdo con los
experimentos de la fórmula muy conocida de Wien sobre distribución de energía en
condiciones de radiación plena puede ser 127. Planck (1929). Popper, en su (1934), sección
30, y Gamow en su (1966), p. 37, se ocupan de este texto. Por supuesto, los enunciados
observacionales no conducen a una icoría determinada de forma única. 128. Cf. Ter Haar
(1967), p. 18. Un programa de investigación en desarrollo normalmente comienza por
explicar "leyes empl- ricas” ya refutadas, y esto, teniendo en cuenta mi enf puede ser
considerado racionalmente como un éxito. 129. Nature (1913-14), p. 306 (subrayado
añadido). fácilmente explicado si suponemos que sólo repre- senta la energía intrínseca. El
valor correspondiente de la presión puede ser fácilmente deducido por refer- encia al
principio de Carnot, como ha indicado lord Rayleigh. La fórmula que yo he propuesto (Phil
Mag., octubre 1913) consiste simplemente en Ja suma de la presión y densidad de la energía
asf obtenidas, y produce una correspondencia muy satisfactoria con los resultados
experimentales tanto para la radiación co
mo para cl calor específico. Creo que es preferible a la fórmula de Planck porque (entre otras
razones) esta última no puede ser reconciliada con la termodinámi- ca clásica e implica la
concepción de un cuanto o unidad de acción indivisible, que resulta inconcebible, La
magnitud física correspondiente en mi teoría, que en otro lugar he llamado una molécula de
calórico, no es necesariamente indivisible, pero tiene una relación muy sencilla con la energía
intrínseca del átomo, que es todo lo que se necesita para explicar el hecho de que la radiación,
en casos especiales, puede ser emiti- da en unidades atómicas que son múltiplos de una
magnitud particular" 0, Estas citas puden haber sido tediosamente largas pero al menos
muestran una vez más, y convincente- mente, la ausencia de experimentos cruciales instantá-
neos. Las refutaciones de Lummer y Pringsheim no eliminaron el enfoque clásico del
problema de la ra- diación. La situación puede describirse mejor señalan- do que la fórmula
original "ad hoc” de Planck!*! (que se ajustaba, y corregía, los datos de Lummer y Prings-
heim), podía ser explicada progresivamente mediante el nuevo programa teórico cuántico'”,
mientras que ni su fórmula ad hoc ni las fórmulas rivales semiempi- ricas podían ser
explicadas en el seno del programa 130. Callendar (1914). 131. Merefiero a la fórmula de
Planck tal como éste la expuso en su (19004), donde admitió que tras haber intentado probar
durante mucho tiempo que "la ley de Wien debe ser necesa- riamente cierta", la "ley" quedó
refutada. De este modo dejó de probar excelsas verdades etemas para dedicarse a "cons- truir
expresiones completamente arbitrarias". Por supuesto cualquier teoría física resulta ser
"completamente arbitraria" para los criterios justificacionistas. De hecho, la fórmula arbitraria
de Planck contradecía (y corregía triunfalmente) la evidencia empírica contemporánea.
(Planck contó esta parte de la bistoria en su autobiografía científica). Por supuesto, en un
sentido importante la fórmula original de la radiación de Planck era "arbitraria", "formal", "ad
hoc”; era una fór- mula bastante aislada que no formaba parte de un programa de
investigación (cf. abajo, p. 137, n. 309). Como él mismo dijo: "Incluso si se da por supuesta
la más absoluta y exacta validez de la fórmula de radiación, si sólo tuviera la catego- ría de
una ley descubierta por una intuición afortunada, no podría esperarse que tuviera sino una
importancia formal. Por ello desde el día mismo en que formulé esta ley me dediqué a
intentar dotarla de un auténtico significado físico" (1948, p. 41). Pero la importancia esencial
de “dotar a ha fórmula de un significado físico” es que tal interpretación Con frecuencia
origina un interesante programa de investiga- ión y crecimiento, Primero por el mismo Planck
en su (19006), que fundó el Programa de investigación de la teoría cuántica. 132 LAKATOS,
Metodología... clásico si no sc pagaba el precio de un cambio regresi- vo de la problemática.
El desarrollo "progresivo" giró en tomo a un cambio “creativo”: la sustitución (rcali- zada por
Einstein) de la estadística de Boltzman Max- well por la de Bose-Einstein --. La
progresividad del nuevo desarrollo fue muy clara: en la versión de planck predijo
correctamente el valor de la constante goltzman-Planck y en la versión de Einsicin predijo un
sorprendente conjunto de hechos nuevos adiciona- les?**. Pero antes de que se inventaran las
nuevas hi- esis auxiliares en el seno del programa antiguo, antes de que se desarrollara el
nuevo programa, y an- tes del descubrimiento de los hechos nuevos que indi- caban un
cambio progresivo en el nuevo programa, antes de todo eso, la relevancia objetiva de los
experi- mentos Lummer-Pringsheim era muy reducida.
d3) Leyes de conservación y decadencia de rayos beta
Para terminar narraré la historia de un experimento que estuvo a punto de convertirse en "el
experimento negativo más importante de la historia de la ciencia". Esta historia ilustra una
vez más las enormes dificulta- des que existen para decidir exactamente qué es lo que
aprendemos de la experiencia, qué es lo que ésta prueba y qué es lo que refuta. El
experimento que examinaremos será la observación de Chadwick de la decadencia de rayos
beta en 1914. Esta historia mucs- tra que un experimento puede ser considerado, en un primer
momento, como un "puzzle" rutinario inserto en un programa de investigación, promovido
después casi a las alturas de un experimento crucial, y poste- riormente degradado de nuevo
al nivel de un "puzzle" rutinario distinto; todo ello en función de la cambiante perspectiva
teórica y empírica. La mayoría de las ex- posiciones convencionalistas no entienden estos
cam- bios y prefieren falsificar Ja historia -. Cuando Chadwick descubrió el espectro continuo
de emisión radioactiva de rayos beta en 1914, nadie pensó que este curioso fenómeno tuviera
algo que ver con las leyes de conservación. En 1922 se ofrecicron dos ingeniosas
explicaciones rivales insertas ambas en el marco de la física atómica del momento: una era de
L. Meitner y Ja otra de C. D. Ellis. Según miss Meit- 133 Esto ya ha sido realizado por
Planck, pero sin advertirlo y por error, como si dijéramos. Cf. Ter Haar (1967), p. 18.
Realmente una consecuencia de los resultados de Prings- beim y Lummer fue estimular el
análisis crítico de las de- ducciones informales de la teoría cuántica de la radiación,
deducciones que estaban sobrecargadas de "lemas ocultos : sólo articulados en el desarrollado
posterior. Un paso extre- madamente importante en este "proceso de articulación" fue la obra
de Ebrenfest de 1911. 134. Cfeg. la lista de Joffé de 1910 (Joffe, 1911, p. 547) 135. Una
notable excepción parcial es la exposición de Pauli (Pauli, 1958). En lo que sigue trataré tanto
de corregir la historia de Pauli, como mostrar que su racionalidad puede apreciarse fácilmente
a la luz de nuestro enfoque. ner los electrones eran parcialmente electrones rua rios del núcleo
y parcialmente electrones secundar : de la corteza del electrón. Según Mr. Ellis todos era
electrones primarios. Ambas (eorías contenían hipóte- sis auxiliares sofisticadas, pero ambas
predecían he- chos nuevos. Los hechos que ambas teorías predecían cran contradictorios y el
testimonio experimental apo- yó a Ellis en contra de Meitner - Miss Meitner ape- 16: el
"tribunal de apelación" experimental rechazó su alegación, pero dictaminó que había ue
rechazar una hipótesis auxiliar de la teoría de Ellis'”'. El resultado del conflicto fue un
empate. Con todo, nadie hubiera pensado que el experimen- to de Chadwick desafiaba a la
ley de la conservación de la energía si Bohr y Kramers no hubieran llegado, precisamente
cuando se desarrollaba la controversia Ellis-Meitner, a la idea de que sólo se podía desarto-
llar una tcoría consistente si se renunciaba al principio de la conservación de la energía en
procesos indivi- duales. Uno de los rasgos principales de la fascinante teoría Bohr-Kramers—
Slater de 1924 era que las leyes clásicas de la conservación de la energía y de mo- mento,
fueron sustituídas por otras estadísticas - - Es- ta tcoría (0 más bien, "programa") fue
inmediatamente refutada y ninguna fue desarrollada lo suficiente como para explicar Ja
decadencia de rayos beta. Pero a pesar del abandono inmediato de este programa (no sólo
debido a las "refutaciones”" originadas en los experi- mentos Compton-Simon y
Bothe—Geiger, sino tam- bién por la aparición de un poderoso rival: el progra- ma
Heisenberg-Schrodinger “, Bohr siguió conven- cido de que las leyes de conservación no
estadísticas tendrían que ser finalmente abandonadas y que la ano- malía de la decadencia de
rayos beta nunca sería ex- plicada a menos que tales leyes fueran sustituidas: en- tonces la
decadencia de rayos beta sería considerada como un experimento crucial contrario a las leyes
de conservación. Gamow nos explica cómo Bohr inten- tó utilizar la idea de no-conservación
de la energía en la decadencia de rayos beta para elaborar una inge- niosa explicación de la
producción, aparentemente eterna, de energía por las estrellas'*, Sólo Pauli, en 136. Ellis y
Wooster (1927). 137. Meitner y Orthmann (1930). 138. Slater cooperó de mala gana en el
sacrificio del principio de conservación. En 1964 escribía a Van der Waerden: "Como usted
sospechaba, la idea de la conservación estadística de la energía y del momento fue colocada
en la teoría por Bohr y Kramers y en contra de mi criterio.” De forma muy divertida Van der
Waerden hace cuanto puede para exonerar a Slater del crimen temible de ser responsable de
una teoría falsa (Van der Waerden, 1967, p. 13). 139. Popper se equivoca al sugerir que estas
"refutaciones" fue- ron suficientes como para ocasionar la ruina de esta teoría (Popper,
19632, p. 242). 140. Gamow (1966), pp. 724. Bohr nunca publicó esta teoría (tal como estaba
era incontrastable), pero "parecía" (escribe Gamow) "que no le hubiera sorprendido
demasiado que fue- ra cierta". Gamow no fecha esta teoría no publicada, pero parece que
Bobr la mantuvo en 1928-9 cuando bajaba en Copenhague. Ne Gamo ta- LAKATOS,
Metodología... su mefistofélica necesidad de retar al Señor, siguió siendo conservador'*! y
diseñó en 1930 su teoría del neutrino para explicar la decadencia de rayos beta y para salvar
el principio de conservación de la energía. Comunicó su idea en una carta chispcante dirigida
a una conferencia reunida en Tibingen (El prefirió que- darse en Zurich para asistir a un
baile) “. La mencio- nó por primera vez en una conferencia pública cele- brada en 1931 en
Pasadena, pero no permitió que la conferencia fuera publicada porque sentía "inseguri- dad"
sobre su contenido. En aquel tiempo (1932) Bohr aún pensaba que, al menos en la física
nuclear, hay que renunciar a la idca misma de un equilibrio de energía! *. Finalmente Pauli
decidió publicar su con- ferencia sobre el neutrino que había pronunciado en la coferencia
Solvay de 1933 a pesar del hecho de que "la recepción en el Congreso fue escéptica con
excep- ción de dos físicos jóvenes", Pero la teoría de Pauli tenía algunos méritos
metodológicos. No sólo salvaba el principio de la conservación de la energía, sino también el
principio de conservación de la órbita y del equilibrio: no sólo explicaba el espectro de
decaden- cia de rayos beta sino, al mismo tiempo, la "anomalía del nitrógeno"!* . Según los
criterios de Whewell esta "conjunción de inducciones” debería haber sido sufi- ciente como
para establecer la respetabilidad de la teoría de Pauli. Pero, según nuestros criterios, también
se requería predecir, con éxito, algún hecho nuevo. La teoría de Pauli también consiguió esto.
Porque la tco- ría de Pauli tenía una interesante consecuencia ob- servable: de ser correcta el
espectro-beta tenía que tener un nítido límite superior. En aquel momento este tema no estaba
decidido, pero Ellis y Mott se interesa- ron en él y pronto un estudiante de Ellis, Hender- son,
mostró que los experimentos apoyaban cl] progra- ma de Pauli!”. Bohr no se impresionó por
ello. Sabía que si en alguna ocasión llegaba a despegar un progra- ma fundamenta! basado en
la conservación estadística de Ja energía, el creciente cinturón de hipótesis auxi- liares se
ocuparía de las evidencias aparentemente más negativas. ——]—C—]]——%._—ÑÑ —u!
141. CT. la divertida pieza teatral "Fausto” producida en el lIusti- tuto de Bohr en 1932, y
publicada por Gamow como apéndi- ce de su (1966). 142 CT. Pauli (1961), p. 160. 143. Bohr
(1932). También Ehrenfeld se alineó firmemente con Bobr conta el neuirino. El
descubrimiento por Chadwick del nevtrón en 1932 sólo modificó ligeramente su oposición;
aún aborrecían la idea de una partícula que carece de carga e incluso, posiblemente, de masa
(en reposo) y sólo tiene un giro "libre". 144. Wu(1966). 145. Para una fascinante discusión de
los problemas no resueltos originados por la decadencia de rayos beta y por la anomalía de
nitrógeno, df. la Lección Faraday de Bobr de 1930, que fue leída antes y publicada después
de la solución de Pauli (Bohr, 1932, especialmente pp. 380-3) 146. Ellis y Mott (1933) 147.
Henderson (1934). Realmente en esos años la mayor parte de los prin- cipales físicos
pensaban que en la física nuclear se venían abajo las leyes de la conservación de Ja energía y
del momento, La razón fue claramente explicada por Lise Mcitner, quien sólo en 1933
admitió su de- rrota: "Todos los intentos de defender la validez de la ley de la conservación
de la energía también para pro- cesos individuales exigían un segundo proceso (en la
decadencia de rayos beta). Pero no se encontró tal proceso”: esto es, el programa de
conservación para el núcleo mostraba un desplazamiento empíricamente regresivo. Se
produjeron varios ingeniosos intentos de explicar el espectro contínuo de emisión de rayos
beta sin suponer una "partícula ladrona" si Tales intentos de discuticron con mucho interés - ,
pero fueron abandonados porque no consiguicron establecer un cambio progresivo. En este
momento entró en escena Fermi. En 1933- 34 reinterpretó cl problema de emisión de rayos
beta en el marco del programa de investigación sobre inte- racciones débiles). Calculó
algunos modelos iniciales carentes de refinamiento —“. Aunque su teoría aún no predecía
ningún hecho nuevo, aclaró que esto era sólo un problema de aplicar trabajo adicional.
Pasaron dos años y la promesa de Fermi aún no se había materializado. Pero el nuevo
programa de la física cuántica se desarrollaba con rapidez al menos por lo que se refería a los
fenómenos no nucleares. Bohr se convenció de que algunas de las ideas origi- nales básicas
del programa Bohr-Kramers-Slater aho- ra se habían incorporado firmemente al nuevo
progra- ma cuántico, y de que el nuevo programa solucionaba los problemas teóricos
intrínsecos de la antigua teoría cuántica sin afectar a las leyes de conservación. Por ello Bohr
siguió con simpatía el trabajo de Fermi, y en 1930, en una secuencia de acontecimiento poco
habi- tual, le otorgó su apoyo públicamente (prematuramen- te, de acuerdo con nuestros
criterios). En 1936 Shankland ideó una nueva contrastación de las teorías rivales sobre
dispersión del fotón. Sus resultados parecieron apoyar a la desacreditada teoría
Bohr-Kramers-Slater y minaron la fiabilidad de los experimentos que la habían refutado una
década an- tes >. El artículo de Shankland produjo una auténtica — 148. Mort (1933), p. 823.
Heisenberg, en su célebre (1932), don- de introdujo el modelo del protón-neutrón del núcleo,
seña- 16 que "debido al incumplimiento de la conservación de la energía en la decadencia de
rayos beta no es posible ofrecer una definición única de la energía unificadora del electrón
dentro del neutrón" (p.164). 149. Meitner (1933), p. 132 : 150. Eg. Thomson (1929) y Kundar
(1929-30). 151. Para una discusión muy interesante, cf. Ruiberford, Chad- wick y Ellis
(1930), pp. 335-6. 152 Fermi (1933) y (1934) 153. Shankland (1936). LAKATOS,
Metodología... sensación. Los físicos que rechazaban las nuevas ten- dencias rápidamente
aciamaron el Experimento de Shankland. Por ejemplo, Dirac inmediatamente dio la
bienvenida al regreso del programa "refutado” de Bohr-Kramers—Slater y escribió un
artículo muy críti- co contra la "llamada electrodinámica Cuántica" pi. diendo "un cambio
profundo de las ideas teóricas ac- tuales que implique un alejamiento de las leyes de
conservación, (para) conseguir una mecánica cuántica relativista" - . En cl artículo Dirac
sugirió de nuevo que la decadencia de rayos beta bien puede convert irse en un elemento de
la evidencia Crucial contra las leyes de conservación y se rió de "la nueva e inobser- vable
partícula, el neutrino, especialmente creada por algunos investigadores para defender
formalmente la conservación de la energía al Suponer que es la partí- cula inobservable la que
lleva a cabo el equilibrio" 5 Inmediatamente después Pcierls entró en la discusión. Peierls
sugirió que el experimento de Shankland podía ser que refutara incluso la conservación una
vez que sc ha abandonado la conservación particularizada" 0 En el Instituto de Copenhague
de Bohr los experi- mentos de Shankland fueron inmediatamente repeti- dos y descartados.
Jacobsen, un colega de Bohr, infor- mó de ello en una carta a Nature. Los resultados de
Jacobsen se acompañaban de una carta del mismo Bohr, quien se manifestaba fuertemente
contra los re- beldes y en defensa del nuevo programa cuántico de Heisenberg. En particular
defendió el neutrino contra Dirac: "Puede señalarse que las razones para dudar seriamente
con relación a la validez estricta de las leyes de conservación en el problema de Ja emisión de
rayos beia por núcleos atómicos han desaparecido en gran medida por el sugerente acuerdo
entre la eviden- cia experimental, en rápido crecimiento con relación al fenómeno de rayos
beta, y las consecuencias de las hipótesis del neutrino de Pauli tan admirablemente de -
sarrolladas por la teoría de Fermi" >”, La teoría de Fermi, en sus primeras versiones, no tuvo
un éxito empírico notable. Realmente incluso los datos disponibles especialmente en el caso
de RaE, sobre la que entonces se centraba la investigación de rayos beta, contradecía
rotundamente la teoría de Fer- mi de 1933-34. Se propuso tratar de este problema en la
segunda parte de su artículo que, sin embargo, nun- ca fue publicada. Incluso si consideramos
la teoría de Fermi de 1933-34 como una versión primera de un Programa flexible, el hecho es
que en 1936 aún no era posible detectar ninguna señal seria de cambio progre- sivo —. Pero
Bohr quería respaldar con su autoridad —— — 154. Dirac (1936). 155. Dirac (1936). 156.
Peierts (1936). 157. Bobr (1936). 158. Entre 1933 y 1936 varios físicos ofrecieron
altemativas o i; el. e.g. propusieron cambios ad hoc de la teoría de Fermi; el. e Beck y Sitte
(1933), Betbe y Peierls (1934). Konopinski y la aventurada aplicación de Fermi del nuevo
gran pro- grama de Heisenberg relacionado con el núcleo, y puesto que el experimento de
Shankland y los ataques de Dirac y Pcierls hicieron de la decadencia de rayos beta el centro
de la crítica del nuevo gran programa, Sobrevaloró el programa del neutrino de Fermi que
prometía llenar un vacío muy sensible. Sin duda los acontecimientos posteriores ahorraron a
Bohr una dra- mática humillación: progresaron los programas basa- dos en principios de
conservación, mientras que no existió progreso en el bando rival'””. La moraleja de esta
historia es, de nuevo, que la consideración de un experimento como "crucial" de- pende de la
clase de conflicto teórico en que está in- volucrado. Conforme las suertes de los
contendientes aumentan o se desvanecen, puede cambiar la interpre- tación y la evaluación
del experimento. Sin embargo nuestro folklore científico está repleto de teorías acerca de la
racionalidad instantánea. La historia que he expuesto está falsificada en la mayoría de Jas
narraciones y reconstruída en términos de algu- na teoría errónea de racionalidad. Incluso en
las mejo- res exposiciones populares abundan tales falsificacio- nes. Mencionaré dos
ejemplos. En un artículo se dice lo siguiente sobre decaden- cia de rayos beta: "Cuando esta
situación fue afronta- da por primera vez las alternativas parecían sombrías. O bien, los
físicos tenían que aceptar un fracaso de la Ley de conservación de la energía o tenían que
supo- ner la existencia de una partícula nueva e inobservada. Tal partícula, emitida junto con
el protón y el electrón en la desintegración del neutrón, podía salvar los fun- damentos
centrales de la física al incorporar la energía Uhlenbeck (1934). Wu y Moszkowski
escribieron en 1966 que "la teoría de Fermi (0 sea, el programa) sobre decaden- cia de rayos
beta puede predecir (como ahora sabemos) con notable precisión tanto la relación entre el
ritmo de decaden- "ela de rayos beta y la energía de desintegración, como la forma del
espectro de rayos beta". Pero insisticron en que "desgraciadamente en el comienzo mismo la
teoría de Fermi se enfrentó con una contrastación injusta. Hasta el momento en que se
pudieron producir abundantes núcleos radiactivos artificiales, Ra£ cra el único candidato que
satisfacía magn(- ficamente muchos requisitos experimentales como fuentes de rayos beta
para la investigación de la forma de su espec- tro. ¿Cómo sc hubiera podido saber entonces
que el espectro de rayos beta de RaE resultaría ser un caso muy especial, uno cuyo espectro,
de hecho, sólo muy recientemente ha llegado a comprenderse? Su peculiar dependencia
energética contradecía lo que se esperaba de la sencilla teoría de Fermi sobre decadencia de
rayos beta y debilitó en gran medida el. ritmo inicial de progreso de la teoría" (Wu y
Moszkowski, 1966, p. 6). 159. Es difícil decir si el programa del neutrino de Fermi era
progresivo o regresivo incluso entre 1936 y 1950 y tampoco después de 1950 el veredicto
resulta claro. Pero discutiré este tema en alguna otra ocasión. (Por cierto, Schrodinger
defendió la interpretación estadística de los principios de conservación a pesar de su papel
crucial en el desarrollo de la nueva física cuántica; cf. su (1958)). LAKATOS, Metodología...
perdida. Esto sucedió en los primeros años de la déca- da de 1930, cuando la introducción de
una nueva par- tícula no era un tema tan obvio como lo es hoy. Sin embargo, tras una
brevísima vacilación los físicos adoptaron la segunda alternativa" —. Por supuesto, el
número de alternativas discutidas fue muy superior a dos y la vacilación ciertamente no fuc
"brevísima". En un conocido texto de filosofía de la ciencia se nos dice que: 1) “la ley (o el
principio) de la conserva- ción de la energía fue seriamente puesto en duda por los
experimentos sobre decadencia de rayos beta cu- yos resultados no podían ser negados"; 2)
"sin embar- 80, la ley no fue abandonada y se supuso la existencia de una nueva entidad
(llamada el "neutrino") para conseguir un acuerdo entre Ja ley y los datos experi- mentales";
3) "la racionalidad de este supuesto es que el rechazo de la ley de conservación despojaría a
una gran parte de nuestro conocimiento físico de su siste- mática coherencia"'*1, Pcro las tres
afirmaciones son erróneas. 1) es errónea porque ninguna ley puede ser "seriamente puesta en
duda" por unos experimentos exclusivamente; 2) es errónea porque las nuevas hipó- lesis
científicas se crean no sólo para rellenar lagunas entre los datos y la teoría sino para predecir
hechos nuevos, y 3) es errónea porque en aquel momento parecía que únicamente el rechazo
de la ley de conser- vación aseguraría la "coherencia sistemática" de nues- tro conocimiento
físico.
d4) Conclusión. El requisito de crecimiento continuo.
Los experimentos cruciales no existen, al menos si nos referimos a experimentos que puedan
destruir ins- tantáneamente a un programa de investigación. De hecho, cuando un programa
de investigación es venci- do y superado por otro, podemos, retrospectivamente, llamar
crucial a un experimento si resulta que ha su- ministrado un ejemplo corroborador
espectacular en favor del programa victorioso y una derrota para el programa vencido (en el
sentido de que nunca fue "explicado progresivamente", o simplemente, "expli- n162 cado” ,
en el seno del programa vencido). Pero por supuesto, los científicos no siempre juzgan las
situa- ciones heurísticas correctamente. Un científico apre- surado puede pretender que su
experimento derrotó a un programa y puede suceder que algunas secciones de la comunidad
científica acepten (también de forma apresurada) esta pretensión. Pero si un científico del
campo derrotado propone unos años más tarde una explicación científica del experimento
supuestamente crucial, acorde (o consistente) con el programa su- puestamente derrotado, el
título honórifico puede ser 160. Treiman (1959) (subrayado añadido). 161. ¡Nagel (1961),
pp.65-6. 162 Cf arriba p. 57, n. 110. retirado y el "experimento crucial" puede convertirse en
una nueva victoria del programa. Abundan los ejemplos. En el siglo XVIII hubo ex.
perimentos que, en términos histórico-sociológicos, fueron ampliamente aceptados como
evidencia crucial contra la ley de caída-libre de Galileo y la teoría de ja gravitación de
Newton. En el siglo XIX hubo varios "experimentos cruciales" basados en mediciones de la
velocidad de la luz que "refutaban” la teoría corpuscu- Jar y que, más tarde, resultaron ser
erróneos a la luz de la teoría de la relatividad. Estos "experimentos crucia- les" fueron más
tarde suprimidos de Jos textos justifi- cacionistas como manifestaciones de una vergonzosa
miopía o incluso de envidia. (Recientemente reapare- cieron en algunos textos modernos, esta
vez para ilus- trar la insuperable irracionalidad de las modas científi- cas.) Sin embargo, en
aquellos casos en que experi- mentos ostensiblemente "cruciales" fueron realmente
confirmados más tarde por la derrota del programa, los historiadores acusaron a quienes no
los aceptaron de estupidez, envidia o adulación injustificada al pa- dre del programa de
investigación en discusión. (Los celebrados "sociólogos del conocimiento" o "psicólo- gos
del conocimiento" tienden a explicar las posició- nes en términos puramente sociológicos o
psicólogi- cos cuando, de hecho, están determinadas por princi- pios de racionalidad. Un
ejemplo típico es la oposi- ción de Einstein al principio de complementareidad de Bohr: la
explicación argumenta que "en 1926 Einstein tenía cuarenta y siete años. Estos años pueden
repre- sentar Jo mejor de la vida de un hombre, pero no de un físico" 163 ). A la luz de mis
consideraciones la idea de raciona- lidad instantánea puede considerarse utópica. Pero es- ta
idea utópica caracteriza a la mayoría de las episte- mologías. Los justificacionistas querían
que las teorías científicas fueran probadas incluso antes de ser publi- cadas; los probabilistas
confiaban en que una máquina indicaría instantáneamente el valor (grado de confir-
—Ñ20=—]]e——l¡——_——s 163. Bernstein (1961), p. 129. Para evaluar los elementos
progre- *IVOS y regresivos de los cambios de problemáticas rivales, ES necesario
comprender las ¡deas implicadas. Pero la socio- logía del conocimiento a menudo sirve como
un eficaz dis- fraz para la ignorancia; la mayoría de los sociólogos del conocimiento no
comprenden ni se ocupan de las ideas; sim- plemente observan las pautas socio-psicológicas
de conduc- ta, Popper solía contar una historia acerca de un psicológo social, el doctor X, que
estudiaba la conducta de un grupo de aentíficos. Acudió a un seminario de física para estudiar
a psicología de la ciencia. Observó la "aparición de un líder", el "efecto de alistamiento” en
algunos y la "reacción de defensa" En Otros, la correlación entre edad, sexo, conduct
“BrEsiva, etc. (El doctor X afirmó haber usado algunas técti- cas sofisticadas de muestras
pequeñas propias de la estadfs- tica moderna). Al final de la entusiástica exposición Popper
Preguntó al doctor X: "¿Cuál era el problema que discutía d Brupo?"; el doctor X se quedó
sorprendido: "¿Por qué pre gunta eso...? Yo no atendí a las palabras que se pronuncia” ban...
En cualquier caso, ¿qué relación tiene eso con la ps cología del conocimiento?" LAKATOS,
Metodología... mación) de una teoría dada la evidencia existente; los falsacionistas ingenuos
confiaban en que, al menos la eliminación era el resultado instántaneo del veredicto
experimental —. Confío haber mostrado que todas es- (as teorías de la racionalidad
instantánea (y del aprendizaje instantáneo) constituyen un fracaso. Los estudios, contenidos
en esta sección de distintos casos muestran que la racionalidad funciona con mayor len- titud
de lo que tendemos pensar, y además de forma falible. El búho de Minerva vuela al
anochecer. Tam- bién confío haber probado que la continuidad de la ciencia, la tenacidad de
algunas teorías, la racionali- dad de cierta magnitud de dogmatismo, sólo puede explicarse si
interpretamos la ciencia como un campo de batalla de los programas de investigación y no de
las teorías aisladas. Podemos comprender muy poco del crecimiento de la ciencia si nuestro
paradigma de la unidad del conocimiento científico es una teoría aislada como "Todos los
cisnes son blancos”, una tco- ría independiente, no incorporada a un programa de
investigación importante. Mi exposición implica un nuevo criterio de demarcación entre
ciencia madura, que consiste de programas de investigación, y ciencia inmadura, que consiste
de una remendada secuencia de ensayos y errores. Por ejemplo, podemos hacer una conjetura,
que posteriormente queda refutada y que, aún más tarde, es recuperada mediante una hipó-
esis auxiliar que no es ad hoc en el sentido que he- mos analizado previamente. Puede
predecir hechos nuevos algunos de Jos cuales puede que incluso resul- ten corroborados'%.
Con todo, es posible conseguir tal "progreso" con una serie, remendada y arbitraria, de teorías
desconectadas. Los buenos científicos no encontrarán satisfactorio tal progreso artesanal;
puede que incluso lo rechacen por no ser genuinamente cién- ífico. Llamarán a tales hipótesis
auxiliares meramente "formales", "arbitrarias". "empíricas", "semiempíri- cas" o incluso "ad
hoc”. 164. Por supuesto, a los falsacionistas ingenuos puede llevarles algún tiempo el
alcanzar un "veredicto experimental": el experimento debe ser repetido y considerado
críticamente Pero una vez que la discusión concluye y se alcanza el acuerdo de los expertos,
convirtiéndose así en aceptado” un rticular "enunciado básico”, y diciéndose qué teoría parti-
cular queda alcanzada por el mismo, el falsacionista ingenuo tendrá poca paciencia con
aquellos que aún discuten. 165. La elaboración de esta demarcación en los dos párrafos si-
¡entes fue mejorada cuando el texto ya estaba en la im- pr "la valiosísima discusión con Paul
Meehl en 166. Con anterioridad, en mi (1968) ( siguiendo a Popper, dos critenos Pa ad hoc.
Llamé ad hoci, a aquellas 160 exceso de contenido con relació ! edecesoras (0 com-
petidoras); esto es, que no predecían E eos meros ue an llamé ad hoc: a las teorías q predec
eta pun pero que fracasaban completamente porque - del cio de contenido era corroborado
(también el. p. 66, an. 133 y 134. soni 167. La fórmula de radiación de Planck (ofrecida €n **
un buen ejemplo: d. amiba, p- 126, n. 274. Podemos llamar La ciencia madura consiste de
programas de inves- tigación que anticipan no sólo hechos nuevos sino también, y en un
sentido importante, teorías auxilia- res nuevas: la ciencia madura, al contrario del pedes- tre
ensayo y error, tiene "poder heurístico”. Recorde- mos que en la heurística positiva de un
programa de investigación poderoso existe desde el comienzo un esquema general sobre
sómo contruir los cinturones protectores: este poder heurístico genera la autonomía de la
ciencia teórica. Este requisito de crecimiento contínuo es mi re- construcción racional del
requisito, extensamente aceptado, de "unidad" o "belleza de la ciencia". Reve- Ja las
debilidades de dos tipos de teorización aparente- mente muy distintas. En primer Jugar,
muestra la debi- lidad de Jos programas que, como el marxismo o el freudianismo, están sin
duda, "integrados", lo que les suministra un resumen fundamental de la clase de teo- rías
auxiliares que van a utilizar para absorber anoma- lías, pero que infaliblemente diseñan sus
teorías auxi- liares reales cuando se enfrentan con ciertos hechos sin que, al mismo tiempo,
anticipen otros nuevos. (¿Qué hecho nuevo ha predicho el marxismo desde 1971, por
ejemplo?) En segundo lugar, ataca a las series, carentes de imaginación, de ajustes empíricos
pedestres que tan frecuentes son, por ejemplo, en la moderna psicología social. Puede que
tales ajustes consigan realizar algunas predicciones "nuevas" con ayuda de algunas técnicas
estadísticas, y puede inclu- so que contengan algunos granos irrelevantes de ver- dad. Pero tal
teorización carece de una idea unificado- ra, de poder heurístico y de continuidad. No
equivale a un auténtico programa de investigación, y en con- junto, carece de valor. ad hoc a
aquellas hipótesis que no son ad hoc ni ad hoc, pero que, sin embargo, son insatisfactorias en
el sentido es- pecificado en el texto. Estos tres usos ineguívocamente pe- yorativos, de "ad
hoc” pueden proporcionar unas líneas sa- tisfactorias para el Oxford English Dictionary.
Resulta sor- prendente observar que "empírico" y "formal" son vocablos que se utilizan como
sinónimos de nuestro "ad hoc3". Meehl, en su brillante (1967) informa de que en la psicolo-
gía contemporánea y especialmente en la psicología social, muchos supuestos "programas de
investigación” consisten de hechos en cadenas de tales estratagemas ad hoc3. 168. Cf. arriba,
p. 87. 169. — Tras leer a Meehl (1967) y Lykken (1968) me pregunto si la función de las
técnicas estadísticas en las ciencias sociales no es, en lo esencial, el suministrar
corroboraciones ficticias y, por ello, una apariencia de “progreso científico”, cuando de
hecho, todo lo que hay es un aumento”de palabrería pseu- do-intelectual. Meehl escribe que
"en las ciencias físicas el resultado normal de una mejora del diseño experimental, de los
instrumentos o de los datos numéricos, es aumentar la dificultad de la "barrera observacional"
que debe superar con éxito una teoría física interesante, mientras que en psi- cología y en
algunas de las ciencias de la conducta próxi- mas, el efecto habitual de tal mejora de la
precisión experi- mental es bajar la altura de la barrera que ha de ser superada por la teoría”.
O como dice Lykken: "(En psicología) la significación estadística es tal vez el atributo menos
impor- tante de un buen experimento: nunca constituye una condi- LAKATOS,
Metodología... Mi exposición de la racionalidad científica, aunque basada en la de Popper,
me aparta de algunas de sus ideas generales. En alguna medida defiendo tanto el
convencionalismo de Le Roy con relación a las teo- rías, como el de Popper con relación a las
proposicio- nes básicas. Desde mi punto de vista los científicos (y, como he probado, también
los matemáticos) ' * no son irracionales cuando tienden a ignorar los contraejem- plos o,
como ellos preficren llamarlos, los casos “re- calcitrantes" o "residuales" y siguen la
secuencia de problemas prescrita por la heurística positiva de su programa, elaborando (y
aplicando) sus teorías sin te- nerlos en cuenta!”!. En contra de la moralidad falsa- cionista de
Popper, los científicos con frecuencia y racionalmente pretenden "que los resultados experi-
mentales no son fiables o que las discrepancias que se afirman que existen entre los
resultados experimenta - les y la teoría sólo son aparentes y que desaparecerán con el avance
de nuestro conocimiento"!”%, Cuando actúan así puede que no estén "adoptando la actitud
contraria de aquella actitud crítica que... es la adecua- da para un científico". Realmente
Popper tiene ra- zón al insistir en que "Ja actitud dogmática de aferrar- se a una tcoría durante
tanto tiempo como sea posible tiene una importancia considerable. Sin ella nunca po- A ción
suficiente para afirmar que una teoría ha sido corrobo- rada con éxito, que se ha establecido
un becho empírico significativo, o que se deben publicar los resultados experi- mentales”. Me
parece que la mayor parte de la teorización condenada por Mcehl y Lykken puede ser "ad
hoc". De este modo la metodología de los programas de investigación puede ayudamos a
disolver esta polución intelectual que puede destruir nuestro medio ambiente cultural incluso
antes de que la polución industrial y circulatoria destruya nuestro entomno flsico. 170. Cf. mi
(19634). 171. De este modo se desvanece la asimetría metodológica entre enunciados
universales y singulares. Cualquiera de ellos puede ser adoptado por convención: en el
“centro firme" decidimos aceptar enunciados universales, y en la base em- pírica, enunciados
singulares. La asimetría lógica entre enunciados universales y singulares sólo es fatal para el
1n- ductivista dogmático dispuesto a aprender de la sólida expe- riencia y de la lógica
exclusivamente. Por supuesto, el con- vencionalista puede “aceptar" esta asimetría lógica: no
es pecesario que además sea un inductivista (aunque puede ser- lo). El acepta algunos
enunciados universales, pero no por- que afirme que están deducidos (o inducidos) a part de
otros enunciados singulares. 172 Popper (1934), sección 9. 173. ¡td dríamos descubrir qué
hay en una teoría; abandonaría- mos la teoría antes de haber tenido una oportunidad real de
descubrir su poder y consiguientemente ningu- na teoría sería nunca capaz de desempeñar su
función de poner orden en cel mundo, de prepararnos para acontecimientos futuros, de llamar
nuestra atención hacia acontecimientos que de otro modo nunca obser- varíamos"!7*. De este
modo cl dogmatismo de la "ciencia normal" no impide el crecimiento mientras lo
combinemos con el reconocimiento popperiano de que existe una ciencia normal buena y
progresiva y otra que es mala y regresiva, y mientras mantengamos nuestra decisión de
climinar, en ciertas condiciones objetivamente definidas, algunos programas de inves-
tigación. La actitud dogmática en la ciencia (que explicaría sus períodos de estabilidad) fue
descrita por Kuhn o mo un rasgo fundamental de la "ciencia normal" . Pero el marco
conceptual en el que Kuhn trata de la continuidad de la ciencia es socio—psicológico, mien-
tras que el mío es normativo. Yo miro la continuidad de la ciencia a través de unas gafas
popperianas. Don- de Kuhn ve "paradigmas" yo veo también "programas de investigación"
racionales. 174. Popper (1940), nota primera. Encontramos una observación similar en su
(1963a), p. 49. Pero estas observaciones son, prima facie, contradictorias con algunos de sus
comentanos de (1934) (citados arriba, p. 46) y por ello sólo pueden ser interpretados como
síntomas de una creciente conciencia por parte de Popper de que hay una anomalía no
digerida en su propto programa de investigación. 175. En e mi enterio de demarcación entre
ciencia madura € inmadura puede interpretarse como una absorción poppe- nana de la idea de
Kuhn de la "normalidad" como distintivo de la ciencia (madura); y también refuerza mis
argumentos anienores en contra de que se consideren eminentemente Tamper los enunciados
muy falseados (cf. arriba, pp. 33- Indicaré de pasada que esta demarcación entre ciencia ma-
dura e inmadura ya aparece en mi (19634), donde llamé a la primera “conjeturas deductivas"
y a la última "ensayos y eErores ingenvas”. (Vid e y. 1963-4, sección 7e: "Conjeturas
deductivas y conjeturas ingenuas.”)