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Acceso a Libros de Dominio Público

El drama comienza con Claudio, el nuevo rey de Dinamarca, celebrando su matrimonio con Gertrudis, la viuda de su hermano Hamlet. Hamlet se muestra profundamente afligido por la muerte de su padre y la boda de su madre, vistiendo de negro y sumido en la melancolía. Claudio y Gertrudis intentan consolarlo pero Hamlet duda de la sinceridad de sus sentimientos.

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El drama comienza con Claudio, el nuevo rey de Dinamarca, celebrando su matrimonio con Gertrudis, la viuda de su hermano Hamlet. Hamlet se muestra profundamente afligido por la muerte de su padre y la boda de su madre, vistiendo de negro y sumido en la melancolía. Claudio y Gertrudis intentan consolarlo pero Hamlet duda de la sinceridad de sus sentimientos.

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HAMLET ,

DRAMA EN CINCO ACTOS ,

IMITACION DE SHAKESPEARE.

POR

DON PABLO AVECILLA.

N.° 295.

MADRID:
IMPRENTA DE C. GONZALEZ , CALLE DE SAN ANTON, NÚM . 26 .
1856.

T
CA
DE
Al tiempo que nuestro teatro está inundado de pro-
ducciones dramáticas francesas , carece absolutamente de
alguna muestra del teatro inglés , y del gusto de aquel
numeroso pueblo en los espectáculos . Ya por lo mismo
nuestro célebre Moralin nos dió una fiel y exacta traduc-
cion del siempre aplaudido drama de Shakespeare, Ham-
let , para ofrecernos un modelo perfecto del gusto de
aquel pais ; pero el traductor español se limitó á hacer
una version fiel y genuina de esa gigante produccion que
tanto ha llamado la atencion de toda la Europa literaria .
Imposible fuera presentarla en escena con todos los de-
fectos del original , que diestramente conservó nuestro
ilustrado Inarco Celenio, y yo concebi el pensamiento de
arreglarla al teatro español sobre la traduccion de tan
ilustre pluma.
Para ello ha sido preciso variar en todo la marcha y
desenlace de la accion; variar el carácter de los persona-
ges, y modelarlos á un gusto racional ; ha sido preciso al
fin variarlo todo y aprovechar únicamente los magníficos
y sorprendentes cuadros poéticos que Shakespeare nos
ofrece, vertidos al castellano por la inimitable pluma de
Moratin.
El público hallará en esta produccion una muestra del
gusto inglés en los espectáculos , y hallará sobre todo si-
tuaciones eminentemente trágicas y nuevas , imágenes
magníficas y sublimes, y un todo diferente de lo que ve
generalmente en nuestra escena.
PERSONAS .

CLAUDIO, Rey de Dinamarca.


GERTRUDIS , su esposa , madre de Hamlet.
HAMLET, Principe de Dinamarca .
HORACIO , Sumiller de Corps .
POLONIO , id. y padre de
OFELIA, dama de Palacio .
MARCELO , guardia de id.
CORNELIO, id. id.

CABALLEROS Y ACOMPAÑAMIENTO .

La escena es en Dinamarca , en el palacio real de


Elsingor.

Esta obra es propiedad de DON PABLO AVECILLA,


que perseguirá ante la ley al que sin su permiso la reimpri-
ma , varíe el título , ó represente en algun teatro del reino , ό
en alguna sociedad de las formadas por acciones , suscriciones ó
cualquiera otra contribucion pecuniaria , sea cual fuere su de-
nominacion , con arreglo á lo prevenido en las Reales órdenes
de 5 de Mayo de 1837 , 18 de Abril de 1839 , 4 de Marzo de
1844 , y Ley sobre la propiedad literaria de 10 de Junio de
1847 , relativas á la propiedad de obras dramáticas.
Se considerarán reimpresos furtivamente todos los ejempla-
res que carezcan de la contraseña reservada que distingue á
los legítimos .
ACTO PRIMERO.

Gran salon de recibimiento cu el palacio real de Elsingor .

ESCENA PRIMERA.

CLAUDIO. - GERTRUDIS . -HAMLET . - POLONIO . - Ofelia.—


Caballeros.-Acompañamiento.

CLAUDIO. (A los caballeros y acompañamiento .) Aunque


la muerte de mi querido hermano Hamlet está
eu todavia tan reciente en nuestra memoria,
que obliga a mantener en tristeza los corazones,
y á que en todo el reino se observe la imágen
del dolor; con todo eso , lauto ha combatido en
mi la razou á la naturaleza , que he conservado
un prudente sentimiento de su pérdida , junto
con la memoria de lo que á nosotros nos debe-
mos . A este fin he recibido por esposa á la que
á un tiempo fué mi hermana , y hoy reina con-
migo , compañera en el trono de esta belicosa
nacion , si bien estas alegrias son imperfectas,
pues en ellas sc han unido á la felicidad las lá-
grimas, las fiestas á la pompa fúnebre , los cán-
-- 6 -

ticos de muerte á los epitalamios de himeneo,


pesados en igual balanza el placer y la aflic-
cion . Ni hemos dejado de seguir los dictámenes
de vuestra prudencia, que en esta ocasion ha
procedido con absoluta libertad , de lo cual os
quedo muy agradecido .
CAB. 1. ° Vuestro pueblo espera hallar en Claudio un
digno hermano y sucesor del virtuoso Hamlet .
CLAUDIO. Tales serán mis desvelos : yo os lo juro .
CAB. 2.º Dinamarca os recomienda el precioso vastago
de los reyes daneses, al jóven Hamlet.
CLAUDIO. Seré su padre : yo os lo juro... (Se reliran los
caballeros y acompañamiento .) Pero tú , Ham-
let, mi deudo, mi hijo , ¿qué sombras de tristeza
te cubren siempre?...
HAMLET. (Siempre sepultado en profunda melancolía y
con vestiduras negras.) Al contrario, señor ; es-
toy demasiado á la luz.
GERTR . Mi buen Hamlet, no asi tu semblante manifieste
afliccion; véase en él que eres amigo de Dina-
marca: ni siempre con abatidos párpados bus-
ques entre el polvo á tu generoso padre . Tú lo
sabes, comun es á todos ; el que vive debe mo-
rir, pasando de la naturaleza á la eternidad.
HAMLET. Si señora, á todos es comun.
GERTR . Pues si lo es , ¿por qué aparentas tan particular
sentimiento ?
HAMLET. Aparentar!... No señora , yo no sé aparentar.
Ni el color negro de este manto , ni el traje
acostumbrado en solemnes lutos , ni los inter-
rumpidos sollozos , ni en los ojos un abundante
rio, ni la dolorida espresion del semblante , jun-
to con las fórmulas , los ademanes, las esterio-
ridades de sentimiento , bastáran por si solos,
mi querida madre, á manifestar el verdadero
afecto que me ocupa el ánimo . Estos siguos
aparentan, es verdad , pero son acciones que un
hombre puede finjir... (Tocándose el pecho.)
Aqui , aqui dentro tengo lo que es mas que
apariencia; lo demás no es otra cosa que ata-
víos y adornos del dolor .
CLAUDIO. Bueno y laudable es que tu corazon pague á un
padre esa lúgubre deuda , Hamlet ; pero no de-
- .7 -

bes ignorarlo ; tu padre perdió un padre tam-


bien , y aquel perdió el suyo . El que sobrevive
limita la filial obligacion de su obsequiosa tristeza
á un cierto término ; pero continuar en intermi-
nable desconsuelo , es una conducta de obstina-
cion impía. Ni es natural en el hombre tan per-
manente afecto , que anuncia uma voluntad rebel-
de á los decretos de la Providencia , un corazon
débil, una alma indócil , un talento limitado y
falto de luces . ¿ Será bien que el corazon parezca
queriendo néciamente resistir á lo que es y
debe ser inevitable? ¿á lo que es tan comun como
cualquiera de las cosas que hieren nuestros ser-
tidos? Eso es un delito contra el cielo , contra la
muerte , contra la naturaleza misma ; es hacer
una injuria absurda á la razon que nos da en la
muerte de nuestros padres la mas frecuente de
sus lecciones , y nos está diciendo desde el pri-
mero de los hombres hasta el último que hoy
espira... «mortales, ved aqui vuestra irrevoca-
ble suerte." Modera , pues , yo te lo ruego , esa
inútil tristeza ; considera que tienes un padre en
mí , puesto que debe ser notorio al mundo que
tú eres la persona mas inmediata á mi trono , y
que te amo con el afecto mas puro que puede
tener á su hijo un padre .
GERTR . Si, Hamlet, refrena tu dolor , y aquí en tu pala-
cio , á nuestro lado , hallarás el bálsamo de la
calma, y nos harás felices .
HAMLET. Obedeceros en todo será mi primer couato .
CLAUDIO . Por esa afectuosa y plausible respuesta quiero
que seas otro yo en el imperio danés . Venid :
la sincera y fiel condescendencia de Hamlet ha
llenado de alegria mi corazon . En aplauso de
este acontecimiento no celebrará hoy Dinamar-
ca festivos brindis , sin que lo anuncie à las nu-
bes el estrépito popular, y el cielo retumbe mu-
chas veces á las aclamaciones del Rey, repi-
tiendo el brindis de la guerra: venid . (Salen
Claudio, Gertrudis , Hamlet , y Polonio llama
á Ofelia que tambien se retira . )
8

ESCENA II.

POLONIO. OFelia .

POLONIO. Ofelia , espera.


OFELIA. Qué me quereis, señor?
POLONIO .Acabaron tus amores con Hamlet.
Ofelia . Aun no entendeis mi llanto .
POLONIO. Y á qué tanta congoja ? El frivolo obsequio del
Príncipe debieras considerarle como una mera
cortesía , un hervor de la sangre ; una vio-
leta que en la primavera juvenil de la natu-
raleza se adelanta á vivir, y no permanece:
hermosa, no durable ; perfume de un momento
y nada mas .
OFELIA. (Con dolor. ) Nada mas!...
POLONIO. Pienso que no ... puede ser que él te amára con
sinceridad , sin que manchára borron alguno la
pureza de su intencion ; pero debieras temer al
considerar su grandeza . El no tiene voluntad
propia, y vive sujeto á obrar segun á su naci-
miento corresponde ; no puede como una perso-
na vulgar elegir por sí mismo , puesto que de su
eleccion depende la salud y prosperidad de
todo un reino , y por tanto esta eleccion debe
arreglarse á la condescendencia unánime de
aquel cuerpo de que es cabeza.
OFELIA . Me amaba tanto !...
POLONIO. Si te amaria , pero considera cual pérdida pa-
deciera tu honor , si con demasiada credulidad
dieras oidos á su voz lisonjera , perdiendo la li-
bertad del corazon , ó facilitando á sus instan-
cias impetuosas el tesoro de tu honestidad .
Teme, Ofelia, teme , hija mia ; no sigas inconsi-
derada tu inclinacion ; huye el peligro colocán-
dote fuera del tiro de los amorosos deseos . La
doncella mas honesta es libre en esceso si des-
cubre su belleza al rayo de la luna : la virtud
misma no puede librarse de los golpes de la ca-
lumnia. Muchas veces el insecto roc las flores
hijas del verano , aun antes que su boton se
-9-
rompa, y al tiempo que la aurora matutina de
la juventud esparce su blando rocio , los vientos
mortíferos son mas frecuentes. La juventud,
aun cuando nadie la combata , halla en si mis-
ma su propio enemigo.
OFELIA. Sí, ya os he complacido ... pero ¡ ay padre ! me
hablaba de amor con tan honesta apariencia,
autorizaba cuanto me decia con tan sagrados
juramentos...
POLONIO. Yo sé muy bien cuando la sangre hierve , con
cuánta prodigalidad presta el alma juramentos
á la lengua ; pero son relámpagos , hija mia,
que dan mas luz que calor : estos y aquellos se
apagan pronto, y no debieras tomarlos por
fuego verdadero , ni aun en el instante mismo
en que parece que sus promesas van á efec-
tuarse . De hoy en adelante cuida de ser mas
avara de tu presencia virginal ... Pero al fin ,
cómo oyó el principe tu desvío?
OFELIA. Ese recuerdo es el que me despedaza el cora-
zon. Si le oyérais, si te viérais !
POLONIO. Y pálida te estremeces ...
OFELIA. Me asió una mano, y me la apretó fuertemente.
Apartóse despues à la distancia de su brazo , y
fijó la vista en mi como si quisiera traspasarme
hasta el corazon . Asi permaneció largo rato,
hasta que sacudiéndome el brazo y moviendo
con arrebato su cabeza , comenzó á andar , sin
valerse de los ojos para hallar el camino : salió
de la puerta sin verla, y al pasar por ella tornó
á fijar en mí la vista con espanto . Ah ! si , pa-
dre , me adoraba!
POLONIO. Me pesa no haber juzgado con mas acierto de
su pasion . Temí que fuera solo un artificio suyo
para perderte. Sospecha indigna ! ah ! tan pro-
pio parece de la edad anciana pasar mas allá de
lo justo en sus conjeturas, como lo es en la ju-
ventud la falta de prevision . Pero dime , le has
tratado con dureza en estos últimos dias?
OFELIA. No señor : en cumplimiento de lo que me mau-
dásteis , solo le he devuelto sus cartas, y me he
negado á sus visitas.
POLONIO. A qué buscar otra causa de su melancolía !
- 10-

OFELIA . Siempre le hallo desde entonces pálido y maci-


lento , exhalando hondos suspiros, clavados los
ojos en la tierra , rezando incesantemente , y tal
vez mortificando su cuerpo .
POLONIO. Los reyes y todo el pueblo solo atribuyen tan
profundo abatimiento á la reciente y desgracia-
da muerte de su tierno padre . Vamos, vamos á
ver á los monarcas ; conviene que lo sepan. Si
les ocultamos este amor , seria mas grande el
sentimiento que pudiéramos causarles teniéndo-
le oculto, que el disgusto que recibirian al sa-
berlo . Vamos , hija mia .
OFELIA. Pero entonces, señor . Ah ! ( Viendo venir á Ham-
let.) Hamlet! evitemos su vista ; si, vamos . (Sa-
len Polonio y Ofelia, y entran por el lado opues-
to los de la escena siguiente : Hamlet siempre
en una profunda melancolía .).

ESCENA III .

HAMLET.-HORACIO . -CORNELIO . -Marcelo .

HAMLET. Querido Horacio, ¿y han pasado dos noches sin


que le viera?
HORAC . Tanto debo á vuestro afecto?
HAMLET . Sí, bien lo sabes ; y no creas que es lisonja , tú
me conoces. [Link] tienen almivarada la len-
gua, váyanse á lamer con ella la grandeza , y
doblen los goznes de sus rodillas donde la lison-
ja encuentre galardon . Desde que mi alma se
halló capaz de conocer á los hombres y pudo
elegirles, tú fuiste el escogido y marcado para
ella; porque siempre, ó desgraciado ó feliz, has
recibido con igual semblante los premios y los
reveses de la fortuna . Dichosos aquellos cuyo
temperamento y juicio se avienen con tal acuer-
do , que no son entre los dedos de la fortuna una
flauta dispuesta á sonar segun ella guste. Dame
un hombre que no sea esclavo de sus pasiones,
y yo le colocaré en el centro de mi corazon; sí,
11 -

en el corazon de mi corazou , como lo hago


contigo.
HORAC. Seré el mas venturoso de los hombre, si lográra
corresponderos á tanto cariño.
HAMLET , Cornelio, Marcelo, tambien os quiero á vosotros.
CORNEL. VOS nacisteis para amar.
MARCEL.. Y Dinamarca os adora.
HAMLET. (Con horror.) Tambien sé por desgracia abor-
recer, si ... aborrecer…..
HORAC . Y será interminable vuestra tristeza? Perdisteis
un padre, un tierno padre; pero al fin era mor-
tal , y pudieran distraeros las bodas de vuestra
madre .
HAMLET . Las bodas de mi madre! Aun no se habian en-
friado los manjares cocidos para el convite del
duelo , cuando se sirvieron en las mesas de la
boda... Oh ! Yo quisiera haberme hallado en el
cielo con mi mayor enemigo antes que ver aquel
dia ! ... Mi padre ! ... me parece que vco á mi
padre.
HORAC. En dónde, señor?
HAMLET. Con los ojos del alma, Horacio.
HORAC. Señor , yo creo que le vi anoche.
HAMLET . Le viste?... á quién?
HORAC. Al Rey vuestro padre .
HAMLET. Al Rey mi padre ! ...
HORAC . Prestadme oido atento . suspendiendo un mo-
mento vuestra admiracion , mientras os refiero
este caso maravilloso , apoyado con el testimo-
nio de estos dos amigos.
HAMLET. Si, por Dios , dimelo.
HORAC . Marcelo y Cornelio le habian ya visto , hallán-
dose de guardia, como á la mitad de la profun-
da noche. Una figura , semejante á vuestro pa-
dre, armado segun él solia de piés á cabeza , sc
les puso delante , caminando grave , tardo y
magestuoso por donde ellos estaban. Tres veces
pasó de esta manera ante sus ojos, que oprimia
el pavor, acercándose hasta donde ellos podian
alcanzar con sus lanzas; pero débiles y casi he-
lados por el miedo , permanecieron mudos sin
osar hablarle . Diéronme parte de este secreto
horrible , voyme á la guardia con ellos por la
- 12-

noche, y allí encontré ser cierto cuanto me


habian dicho , asi en la hora como en la forma
y circunstancias de aquella aparicion . La som-
bra volvió, señor : yo conoci à vuestro padre;
ó es tan parecido á él como lo son entre si estas
dos anos mias.
HAMLET . En dónde fué eso?
CORNEL. En la muralla de palacio, donde estábamos de
centinela .
HAMLET . Y no le hablásteis?
HORAC. Si, señor, yo le hablé; pero no me dió respuesta
alguna. No obstante , una vez me parece que
alzó la visera , haciendo con ella un movimiento
como si fuera á hablarme; pero al mismo tiempo
se oyó la voz del gallo matutino , y al sonido
huyó con presta fuga, desapareciendo de nucs-
tra vista.
HAMLET. ES cosa bien admirable!
MARCEL . Y tan cierta como mi propia existencia . Hemos
creido que era obligacion nuestra avisaros de
ello, mi venerado Principe .
HAMLET. Sí , amigos , si ... pero esto me llena de turba-
cion ... Estais de centinela esta noche?
CORNEL. Si señor.
HAMLET. Decis que iba armado?
HORAC. Si , armado .
HAMLET. De la frente al pié?
MARCEL. Si señor , de piés á cabeza .
HAMLET. Luego no le visteis el rostro?
HORAC. Le vimos, porque traia la visera alzada .
HAMLET . Y qué, parecia que estaba irritado?
HORAC . Mas anunciaba su semblante el dolor que la
ira.
HAMLET. Pálido ó encendido?
HORAC. No, muy pálido.
HAMLET. Y fijaba la vista en vosotros?
HORAC. Constantemente.
HAMLET . Yo hubiera querido hallarme alli.
MARCEL. Mucho pavor os hubiera causado .
HAMLET. Sí , es verdad, si ... y permaneció mucho tiempo?
HORAG. El que puede emplearse para contar de uno á
ciento con moderada diligencia.
CORNEL. Mas, mas estuvo.
- 13

HORAC. Cuando yo lo ví, no.


HAMLET. La barba blanca , eh?
HORAC. Lo mismo que cuando vivia , de un color ceni-
ciento.
HAMLET. Quiero ir con vosotros esta noche al puesto por
si acaso vuelve .
CORNEL. Oh ! si volverá, yo os lo aseguro.
HAMLET. Si él se me presenta en la figura de mi noble
padre, yo le hablaré, aunque el infierno mismo
abriendo sus entrañas me impusiera silencio . Yo
os pido á todos que asi como hasta ahora ha-
beis callado á los demas lo que visteis , de hoy
en adelante lo oculteis con el mayor sigilo ; y
sea cual fuere el suceso de esta noche , fiadle al
pensamiento, pero no á la lengua , y yo sabré
remunerar vuestro celo. Adios, retiraos. Entre
once y doce iré á buscaros á la muralla .
HORAC. Descansad en nuestro amor.

ESCENA IV .

HAMLET .

El espíritu de mi padre... con armas ... qué


asombro ! Recelo alguna maldad ... Oh ! si ya
hubiesc llegado la hora!.. Esperaré tranquilo ...
Aunque las entrañas de la tierra oculten los cri-
menes, la Providencia vela para su venganza…..
(Queda en profunda meditacion .)

ESCENA V.

HAMLET . -POLONIO . -Claudio . —Gertrudis .

POLONIO. (Observando á Hamlet desde los bastidores .)


Vedle, monarcas : los ojos clavados en la tierra,
pálido ...
GERTR. Qué triste abatimiento , querido hijo!
CLAUDIO. (Acercándose á Hamlet .) Hamlet , Hamlet, has-
ta cuando nos llenarás de amargura con tu pro-
funda melancolia?
--- 14.--

HAMLET. (Advirtiendo, pero como enagenado .) Son ya


las once?
GERTR . Conque asi fatigas tu imaginacion?
HAMLET. (Con afectada tranquilidad .) Pensaba en la na-
turaleza humana , en la admirable fábrica del
hombre! ¡Qué noble su razon, qué infinitas sus
facultades, qué espresivo y maravilloso en sus
formas y movimientos, qué semejante á un án-
gel en sus acciones, y en su espiritu qué seme-
jante á Dios! Pues no obstante, no juzgueis que
me es de grande estimacion ese purificado pol-
vo. El hombre no me deleita y menos la mujer.
POLONIO. (Despacio á Gertrudis . ) Ois, señora?
GERTR. Sabes que tienes una madre que te adora ; vuel-
ve á tu contento; yo te lo juro , tu amor te lle-
nará de delicias .
HAMLET. (Con vehemencia .) Mi amor; si, mi amor me ha
arrebatado de poco tiempo á esta parte la ale-
gría , y ha sido tan funesto á mi salud , que la
tierra , esa divina máquina me parece un pro-
montorio estéril ; ese dosel magnífico de los cic-
los , ese hermoso firmamento que veis sobre
nosotros, esa techumbre magestuosa, sembrada
de doradas luces , no otra cosa me parece que
una desagradable y pestifera multitud de va-
pores... Pero me hallo fatigado; voy á rezar , á
implorar la misericordia divina por aquella alma
en pena...

ESCENA VI .

CLAUDIO. GERTRUDIS . -POLONIO.

CLAUDIO. ¿Observásteis su semblante , la penetracion y


terror de sus miradas? No , no solo el amor de
Ofelia le despedaza , alguna otra fatal y secreta H
causa le devora.
GERTR. Siempre fué melancólico, siempre fué tan sensi-
ble que el desvio de Ofelia habrá sido bastante
á sepultarle en el letargo.
POLONIO. Ofelia me ha jurado que fué visible su trastorno.
Ved el lenguage ardiente de esta carta (Dando
- 15 .-

una carta á Claudio . ) y será quizá suficiente á


convenceros .
CLAUDIO. (Leyendo . ) « Al idolo celestial de mi alma, á la
sin par Ofelia."
GERTR . Y esa carta se la ha mandado Hamlet?
POLONIO. Y Ofelia me la ha entregado.
CLAUDIO. (Leyendo. )
Duda que son de fuego las estrellas;
duda que al sol el movimiento falta;
duda de un Dios cuando sublime truena,
pero no dudes de mi amor las ansias .
HAMLET .
GERTR. Y tú, Polonio, mandaste á Ofelia que desoyera
sus amores ?
POLONIO. Qué pensará de mi Vuesa Alteza si hubiese to-
lerado? ¿si haciéndome violencia á mi propio,
hubiese permanecido silencioso y mudo mirán-
dole con indiferencia? Hija , la dije , Hamlet es
un principe muy superior á tu esfera ; esto no
puede pasar adelante . Y la mandé que se en-
cerrase en su estancia sin recibir recados ni
admitir presentes ; y ella , señora, solo ha hecho
llenar mis preceptos .
GERTR . Ah! si la rara hermosura de Ofelia fuese el di-
choso origen de la melancolía de Hamlet ! Eu-
tonces debiéramos esperar que sus amables
prendas pudieran para su mútua felicidad resti-
tuirle su perdido contento .
CLAUDIO. No, no seria bastante; no he visto en su frente
el dolor ni el abatimiento; he visto envueltos el
terror y los furores. Pero , Gertrudis, la grande-
za y la córte nos espera... vamos.
GERTR . Y cuidaremos de Hamlet.

FIN DEL ACTO PRIMERO.


ACTO SEGUNDO ,

Gran esplanada delante del Palacio Real de Elsingor: no-


che oscura y tempestuosa .

ESCENA PRIMERA.

MARCELO. CORNELIO, con armadura , espada y lanza.

MARCEL . Bien sabes que no temo los peligros ; pero aho-


ra tiemblo con espanto, y si no me acompañáras
no pudiera sobreponerme al terror que hiela
mis miembros .
CORNEL. (Imitará la escena lo que dice el recitado .) El
lúgubre aspecto de estas antiguas murallas , el
hondo silencio que reina en los profundos fosos ,
el sordo silbido de los vientos, el penetrante ge-
mido de las ondas, el negro manto de la noche,
el encapotado cielo , el trueno pavoroso , todo
inspira un terror religioso á que cedieran las
mas robustas almas .
MARCEL. A cada instante me parece que rasgándose los
cielos , vuelve á presentarsenos la espantosa
vision.
CORNEL. Ay Marcelo ! qué asombro ! qué triste presagio !
MARCEL . Si otra vez apareciese, si helado de terror caye-
se en mortal congoja , uo , amigo, uo me aban-
dones.
CORNEL. Aun tendremos valor bastante para soportar su
vista, y Horacio, Horacio que impávido se atre-
17
vió auoche á hablarla , sabrá inspirarnos de-
nuedo.
MARCEL. Pero ya han dado las once, y ni aun pasos se
oyen por estos solitarios contornos .
CORNEL. Acaso detenido por Hamlet... pero calla (Escu-
chando.) me parece oir un leve rumor de ar-
mas... Si , ya le percibo distintamente . Quién
vive? (En voz alta . )

ESCENA II .

Dichos.-HORACIO.

HORAC. Cornelio , amigos .


MARCEL . Te esperábamos con impaciencia.
HORAC. Y qué, ha vuelto á aparecer la vision?
CORNEL. No, nada hemos visto .
HORAC. Y aun no ha venido Hamlet?
CORNEL. Creíamos que tú le acompañáras.
HORAC. No, no le he visto , y ya media la noche .
MARCEL . Allá en el lejano horizonte se abre el cielo en
pálidas llamas . Acaso el ronco y formidable
trueno anunciará la aparicion de la sombra.
(Relampaguea y truena sucesivamente con mas
frecuencia.)
CORNEL. Yo no comprendo esta terrible vision ; pero en
mi ruda manera de pensar pronostica alguna
estraordinaria mudanza á nuestra nacion.
HORAC. Parece á la verdad un tristisimo presagio . En
la época mas gloriosa y feliz de Ninive , poco
antes que Nino cayese , quedaron vacíos los se-
pulcros, y los amortajados cadáveres vagaron
por las calles de la ciudad , gimiendo en voz
confusa: las estrellas resplandecieron con en-
cendidas colas , cayó lluvia de sangre, se ocultó
el sol entre celages funestos , y la luna padeció
eclipse, como si el fin del mundo hubiera llega-
do. Hemos visto ya iguales anuncios de sucesos
terribles, precursores que anuncian los futuros
destinos : el cielo y la tierra juntos lo han ma-
nifestado á nuestro pais y á nuestra gente.
CORNEL. Infeliz Dinamarca!
2
- 18-

MARCEL. Mi acalorada fantasía me presenta la vision á


cada instante .
HORAC. La noche pasada , cuando esa misma estrella
que está al occidente del polo , habia hecho ya
su carrera para iluminar aquel espacio del cie-
lo, donde ahora resplandece , al tiempo que el
reloj daba las doce , fué el momento de apare-
cérsenos .
CORNEL . Y á la voz del gallo , al punto se estremeció ,
cual delincuente apremiado con terrible precep-
to. Yo he oido decir que al despuntar el lucero
matutino , todo estraño espíritu errante por la
tierra, ó por el mar , el fuego ó el aire, huye
á su centro, y la fantasma que hemos visto aca-
ba de coufirmarnos la certeza de esta opinion .
HORAC. Ya toca la estrella el mismo punto que anoche
tocaba á la aparicion , y aun Hamlet no llega .
CORNEL . (Se aumenta la tempestad.) El firmamento re-
dobla su terror, y el trueno cual la voz de los
inmortales , llena de terror á la tierra.
MARCEL. (Aparecerá en el fondo del teatro la sombra del
rey Hamlet, con todas armas , manto real , yelmo
y la visera alzada. Los de la escena quedarán
aterrados. ) Oh !... Miradle ! ...
CORNEL . Amparo!!
HORAC. Prodigiosa fantasma!
CORNEL . Con la misma figura que tenia el difunto Rey .
(Despues de un intervalo de terror.)
HORAC. No se parece todo al Rey? Mirale , Cornelio .
CORNEL. Muy parecido es ; su vista me conturba con
miedo y espanto .
MARCEL . Querrá que le hablen?
CORNEL . Háblale Horacio .
HORAC. (Adelantándose hácia la sombra . ) Ah ! sí, ¿quién
eres tú que asi usurpas este tiempo á la noche,
y esa presencia noble y guerrera que tuvo un
dia la magestad del soberano dinamarqués, que
yace en el sepulcro? Habla, por el ciclo te lo
pido.
MARCEL. (La sombra va desapareciendo lentamente .)
Parece que está irritado .
CORNEL . Vés? se va como despreciándonos .
HORAC. Detente, habla; yo te lo mando , habla .
19--
CORNEL. Detente, habla .
HORAC . Le daré con mi lanza?…..
CORNEL. Si, herirle si no quiere detenerse. ( Desaparece
la sombra .)
HORAC. Se ha ido; nosotros le ofendemos con hacer de-
mostraciones de violencia . Bien que segun pa-
rece es invulnerable como el aire, y nuestros
esfuerzos vanos y cosa de burla.
CORNEL. No es enteramente parecido al Rey?
HORAC. Como tú á tí mismo . Y tal era el arnés de que
iba ceñido cuando pelcó con el ambicioso Rey
de Noruega ; y asi le ví arrugar sañuda la fren-
te, cuando en una alteracion colérica hizo caer
al de Polonia sobre el hielo de un solo golpe ....
Estraña aparicion es esta !
MARCEL. Pero pasos sueuau... Hamlet .

ESCENA III.

Dichos. -HAMILET armado .

HORAC. (A media voz. ) Hamlet.


HAMLET. Yo soy .
НОВАС. Y cómo tanto tardaste? Ahora mismo , ahora
mismo acaba de desaparecer la sombra de
vuestro padre y nuestro rey.
HAMLET. La sombra de mi padre!! Y ya desapareció, y
vosotros la visteis !!
HORAC. Y yo la hablé; pero no quiso responderme.
HAMLET. Desdichado de mi !
CORNEL . No temais, acaso volverá.
HORAC. Y cómo así tardásteis?
HAMLET. Porque constantemente me han seguido los in-
cestuosos reyes... Y volverá?
HORAC. Aquí esperamos la aurora .
HAMLET. (Como distraido, contemplando con admiracion
el cielo al oir los truenos . ) Qué espectáculo tau
maguifico ! Qué estrellado firmamento! La voz
del Señor truena espantosa ! Ay amigos ! qué
dulce melancolia se derrama en una alma sen-
sible contemplando esos fulgentes ojos de los
20

ciclos , esas estrellas inmortales... Pero decid,


su sombra estaba irritada?
TODOS. Si, irritada .
HAMLET. Irritado aquel escelente Rey, tan amante de mi
madre que ni á los aires celestes permitia Ile-
gar atrevidos á su rostro ... Cruel memoria!
Amigos , ella que se mostraba tau amorosa como
si en la posesion hubieran crecido sus deseos ,
y en un mes, en un mes, enrojecidos aun los
ojos con el pérfido llanto , se casó , se casó con
mi tio, hermano de mi padre; pero no mas pa-
recida á él, que yo lo soy á Hércules! Oh delin-
cuente precipitacion ! Ir á ocupar con tanta dili-
gencia un lecho incestuoso!
MARCEL. La sombra vuelve á aparecer en lontananza .)
Oh señor!! veis? ya viene!
HAMLET. Angeles y ministros de piedad, defendednos.-
Hamlet, (Se aterran al ver la sombra, y des-
pues de un intervalo, Hamlet se adelanta hácia
ella)mi rey, mi padre, soberano de Dinamarca .
Oh ! respóndeme, no me atormentes con la du-
da . Dime por qué tus venerables huesos ya se-
pultados han roto sus vestiduras fúnebres ; por
qué el sepulcro donde le dimos urna pacífica ,
le ha echado fuera de si, abriendo sus senos
que cerraban pesados mármoles? ¿Por qué tu
difunto cuerpo todo armado torna otra vez á
ver los rayos pálidos de la luna, añadiendo á la
noche horror, y que nosotros ignorantes y dé-
biles por naturaleza , padezcamos agitacion es-
pantosa con ideas que esceden al alcance de
nuestra razon?
MARCEL. (La sombra hace movimientos que indican lla-
mar á Hamlet.) Os hace scñas de que le sigais.
HORAC. Con qué espresivo ademan os llama, pero no
hay que ir con él , no !
CORNEL . Ah , no !
HAMLET. Si no quiere hablar, habré de seguirle.
HORAC. No hagais tal, señor .
HAMLET. Y por qué no? Qué temores puedo tener? Yo no
estimo la vida en nada, y á mi alma ¿qué puede
él hacerla , siendo como él mismo cosa inmortal?
Otra vez me llama: voyle á seguir.
21 -
HORAC. (Quieren detener á Hamlet, pero les repele con
violencia y les sigue . Pero señor, si os arreba-
ta al mar, ó á la espantosa cima de ese monte,
levantado sobre los peñascos que baten las on-
das, y alli tomase alguna otra forma horrible,
capaz de impediros el uso de la razon y enage-
narla con frenesi ... Ah! ved lo que haceis ; el
lugar solo inspira ideas melancólicas á cual-
quiera que mire la enorme distancia desde
aquella cumbre al mar, y sienta en lo profundo
su bramido ronco.
HAMLET. Todavía me llama! camina, ya te sigo.
CORNEL. No, no ireis .
HAMLET. Dejadme.
HORAC. Creedme, no le sigais.
HAMLET . Mis hados me conducen , y prestan á la menor
fibra de mi cuerpo la nerviosa robustez del leon
de Nemea. Aun me llama; oh ! apartad esas ma-
nos, por Dios , ó quedará muerto á las mias el
que me delenga. Otra vez le digo que andes ,
ya le sigo.
(Hamlet deshaciéndose de los que le detienen,
sigue à la sombra que va desapareciendo; esta-
llará un espantoso trueno, caerá una manga de
fuego: la sombra y Hamlet desaparecen , y Ho-
racio, Cornelio y Marcelo, caerán aterrados.)

ESCENA IV.

HORACIO. -CORNELIO . - MARCELO.

HORAC. (Incorporándose lleno de terror despues de un


largo intervalo.) Hamlet! Ay Hamlet !!
CORNEL. Horacio!
HORAC. En vano quiero sacudir el terror que me hiela...
Hamlet, desdichado Hamlet.
MARCEL. Qué asombro ! qué espanto!
CORNEL. Visteis arder el cielo , crugir los robustos palos,
y retemblar la tierra. Oh sublime sombra!
HORAC. (Mirando con terror por la escena .) Oh Princi-
pe! No, amigos, no le volveremos á hallar; para
- 22

siempre Hamlet y la vision desaparecieron .


MARCEL. Infeliz !
CORNEL. Tal vez sumergido en las bramadoras hondas
siente todo el horror de la agonia; tal vez la
sombra le ha despedazado entre sus manos , y
ni sus cenizas conservar podremos oficiosos .
HORAC. O allá le sepultó en los hondos centros de la
tierra, ó arrebatado por el éter, ya huella esas
trasparentes bóvedas.
MARCEL . Qué enlutado destino se oculta à Dinamarca!
CORNEL. Tal vez aquel fuego aterrador que brillaba es la
imágen de la sangre que ha de enrojecer nues-
tro suelo.
HORAC. Oh victima inocente! Hamlet no pudo irritar al
cielo; Hamlet cra virtuoso, Hamlet penetraba la
armonia del Universo , y sabia sentir.
MARCEL. (Hamlet aparecerá en el fondo pálido y desen-
cajado; los de la escena se retiran horrorizados
creyendo que es su sombra , y Hamlet va llegan-
do con pasos fluctuosos.) Oh! Es su sombra,
piedad!
CORNEL.
HORAC. Oh !!

ESCENA V.

Dichos.-HAMLET.

HAMLET. (Mirando con asombro por todas partes. ) Será


todo ilusion ! Huello la tierra? El palacio del
bárbaro!! (Reconociéndoles.) Amigos .
HORAC . El es!
CORNEL.
MARCEL. } (Le abrazan .) Hamlet !
HAMLET. (Enagenado . ) Acordarme de ti ! si, alma infeli-
ce, mientras haya memoria en este agitado
mundo. Acordarme de ti!! Si, yo me acor-
daré .
HORAC. Hamlet!
CORNEL.
MARCEL. Príncipe !

HAMLET. Si; por los cielos te lo juro ... Oh! malvado !


23--

malvado !... halagüeño y execrable malvado!


MARCEL. Delira el infeliz .
HORAC. Serena tu razon; estás con tus amigos .
CORNEL. Qué os ha sucedido, señor?
HAMLET. Oh ! un portento.
HORAC. Confiad el secreto á nuestra amistad.
CORNEL. Lo juramos.
MARCEL .
HAMLET. Lo jurais; teneis virtudes; impenetrable será en
vuestro pecho el arcano de esta portentosa
noche .
HORAC. Y la losa de nuestra tumba sellará mas el secre-
to . Hablad, señor, hablad .
HAMLET. A mis conturbados ojos ardió la naturaleza ,
rasgáronse los cielos , restalló el trueno pavoro-
so, y arrebatado en mortal estupor , sí, (y no
será ilusion) me vi en las cóncavas cuevas que
forinan las asperezas de esa montaña para sos-
tener el furor del mar irritado .
HORAC . Y nosotros por mucho tiempo perdimos el senti-
do á vista del pavoroso espectáculo .
HAMLET. Allí la venerable sombra arrancó un gemido ,
que corrió penetrante por las asperezas . Ah! si ,
es un difunto venerable , si ; yo os lo juro , pero
reprimid el deseo de saber lo que entre él y yo
ha pasado .
HORAC. Y olvidareis nuestro juramento? No fiareis en
nuestro eterno secreto ?
HAMLET. (Con vehemencia.) Y me pidió venganza , sí,
venganza!
CORNEL. Nuestras diestras empuñarán los hierros aterra-
dores.
HAMLET. (Id. ) Yo soy el alma de tu padre, esclamó, des-
tinada por cierto tiempo á vagar de noche , y apri-
sionada en fuego durante el dia , hasta que sus
llamas purifiquen las culpas que cometi en cl
mundo. Oh ! si no me fuera vedado revelarte
los secretos de la prision que habito , pudiera
decirte cosas que la menor de cllas bastaria á
despedazar tu corazon , helar tu sangre juvenil ,
tus ojos inflamados como estrellas saltar de sus
órbitas , lus anudados cabellos separarse herizán-
dose como las puas del colérico espin ... Pero
- 24-

citar horribles misterios no son para oidos pro-


fanos. Ay ! atiende : si tuvieras amor á tu tier-
no padre...
MARCEL . Oh Dios !!
CORNEL.
HAMLET. Venga su muerte , venga un homicidio cruel,
atroz, un homicidio ...
HORAC. Revela todo el secreto para que con alas velo-
ces como la fantasia , ó con la prontitud de los
pensamientos amorosos nos precipitemos á la
venganza.
HAMLET. Un asesino , dijo, un bárbaro asesino me arreba-
tó la vida , cuando mi pecho estaba en todo su
vigor, sin hallarme dispuesto para aquel tran-
ce , sin haber sonado el clamor de la agonía,
sin lugar al reconocimiento de tanta culpa :
presentado al tribunal eterno con todas mis im-
perfecciones sobre mi cabeza. ¡ Oh maldad hor-
rible, horrible ! ... Si oyes la voz de la naturale-
za, no sufras, no...
HORAC. Seguid.
HAMLET. Esparcióse la voz de que estando en mi jardin
dormido me mordió una serpiente . Todos los
oidos de Dinamarca fueron engañados grosera-
mente con esta fabulosa invencion ; pero tú de-
bes de saber , hijo mio , que la serpiente que
mordió á tu padre... No , no dijo mas ... Adios ,
esclamó , Hamlet , ya la luciérnaga , amorti-
guando su aparente fuego, nos anuncia la proxi-
midad del dia , derramando el ambiente de la
mañana, y tengo que volver á los sulfúreos tor-
mentos ... Adios ! venganza ! adios ! y desapare-
ció de mis ojos espirantes .
HORAC . Y el asesino?
HAMLET . Tal vez mañana volverá la respetable sombra á
turbar la quietud de las tinieblas, y entonces
me lo revelará ... Si , todo lo sabreis .
CORNEL . Cuántos crímenes quedarán envueltos en el mis-
terio!!
MARCEL . Principe , sabeis nuestro amor .
HAMLET. Sí, bien os conozco; pero jurad por mi espada
que nunca revelareis los prodigios de esta
noche.
- -
25-
TODOS. Si , lo juramos .
HAMLET. (A Marcelo y Cornelio .) Amigos , retirad : id á
cubrir vuestros puestos : pronto nos veremos.
CORNEL . Sabeis que sé arrostrar los peligros .
MARCEL. Sabeis que es vuestra mi espada .
HAMLET. Adios, amigos .

ESCENA VI.

HAMLET . HORACIO.

HAMLET. (Con precipitacion, pero con reserva.) La scr-


piente que mordió á tu padre cinc la corona,
dijo la sombra. Si , aquel incestuoso , aquel
monstruo adúltero , tu madre , olvidando mi
puro cariño, olvidando mi fidelidad á los solem-
nes juramentos que la hice en nuestro desposo-
rio, me aborreció y se rindió á sus halagos,
HORAC. Oh bárbaros !!
HAMLET . Dormia en el jardin , y tu tio derramó en mi
oido un licor pouzoñoso , sutil como el mercu-
rio, y que se dilata por todos los conductos del
cuerpo, y con súbita fuerza le ocupa , cuajando
la mas pura y robusta sangre . ¿Y sufrirás , cla-
maba, que él tálamo real de Dinamarca sea el
lecho de la lujuria y abominado incesto ? Adios,
adios; acuérdate de mi.
HORAC. Venganza, Hamlet, venganza!
HAMLET . Si, descansa, descansa , agitado espiritu . Pero
aun es preciso finjir , Horacio . Meditaremos el
golpe, y será espantosa la venganza , espanto-
sa. Sigueme , Horacio .
HORAC . El furor levantará nuestro brazo.

FIN DEL ACTO SEGUNDO .


ACTO TERCERO .

Salon de palacio.

ESCENA PRIMERA .

HAMLET.-HORACIO .

HAMLET. NO , Horacio'; no me es dado sacudir el terror


que aun hiela mis miembros. La sombra de mi
padre, oh desdichado ! allá entre eternas llamas
espía los crimenes que un pérfido parricida no
le permitió borrar con el humilde arrepenti-
miento.
HORAC. Desventurado monarca!
HAMLET . Aun vive, amigo, Hamlet; aun vive para terror
del incestuoso regicida , y para vengar el negro
crimen.
HORAC. Venganza, Hamlet; aplaca la irritada y venera-
ble sombra .
HAMLET. Si , que devora á mi pecho una hidrópica sed
que solo aplacará la sangre del malvado. Pero
ay, Horacio ! tú sabes cuánto adoré á mi padre,
cuánto ansiaré su venganza ; pero me horroriza
la sangre; no soy un hircano tigre que de sau-
gre me alimento . Una duda atroz me atormenta.
HORAC. Decid , señor .
HAMLET. Esa pavorosa vision que conturba las leyes de
la naturaleza , ¿no pudiera ser un espiritu infer-
nal que levantara mi brazo parricida? ¿No pudie-
-27 -

ra anoche ser todo un sueño , un sueño de ter-


ror?
HORAC. Por tres veces apareció la sombra , y por tres
veces vimos distintamente el arnés de vuestro
padre, su aspecto magestuoso ; por tres veces
vimos á vuestro mismo padre irritado , amcna-
zante...
HAMLET. Pidiéndome venganza .
HORAC. Las circunstancias que os dió de su muerte dc-
ben deshacer toda sospecha.
HAMLET. Y el presentimiento que grita en mi pecho , que
arrebata mi razon , que enciende mis iras y po-
ne mi diestra en movimiento ; sí , todo me con-
vence : pero escucha: aun yo quiero añadir otra
prucba. He mandado ensayar para esta noche
la tragedia de la muerte del conde Gonzago,
que tiene la mayor semejanza con la muerte de
mi padre . Fácil nos será hacer que Claudio
asista al espectáculo , y los hombres culpables
son heridos en el alma con tal violencia por la
ilusion del teatro , que á vista de todos publican
sus delitos . Nosotros á su lado le observaremos ;
si muda de color, si se estremece...
HORAC. El asesino fué...
HAMLET. Y será espantosa la venganza .
HORAC . Pero finjid serenidad y contento ; arrancad de
vuestro semblante esa profunda melancolía
mensagera del huracan furioso.
HAMLET. Todo me favorecc : los desvios de Ofelia son
creidos suficiente causa á mi tormento. No te-
mas. (Viendo llegar á Claudio.) Oh! su sola vis-
ta me estremece de terror , inflama mis ojos ,
heriza mis cabellos .

ESCENA II.

HAMLET . - HOracio . —Claudio. —Gertrudis .

GERTR. (Dirigiéndose cariñosa á Hamlet. ) Querido


Hamlet, hijo mio .
CLAUDIO . Tu madre te buscaba solicita ; no te ha encon-
trado en tu habitacion , ni hoy cual de costum-
28
bre has ido á saludarla... Pero siempre Ham-
let con los ojos clavados en la tierra , exhalando
profundos suspiros y estremeciéndote cual el
esclavo á la irritada voz de su señor.
GERTR . Si , adorado Hamlet; hoy mismo te ha de deber
nuestro amor la confianza de tus secretos . Tal
vez dichosos podremos suministrarte el saluda-
ble bálsamo que cicatrice tus heridas.
HAMLET . Es verdad ; he perdido por algunos momentos
la alegria , pero otra vez volverá mi alma á su
contento. Ahora si , ahora si soy muy desgra-
ciado.
GERTR. Acaba de romper todo el secreto : el fuego que te
anima; la ternura de tu alma; la lozanía de lu
edad juvenil. Ay Hamlet, amor sin duda...
HAMLET. (Con vehemencia .) Si, amor, amor me devora,
me arrebata el contento y me sepulta en la me-
lancolia. Si, amor, un amor puro, sin mezcla de
profano, semejante al de los inmortales.
CLAUDIO. Y solo amor , Hamlet?
HAMLET. Si vos no sufristeis todo su infernal fuego, pre-
guntad á mi madre, á mi madre que ha sentido
toda su violencia , que algun dia la ha arrastra-
do como un furioso torrentc.
GERTR. (Claudio y Gertrudis se estremecen.) Si , querido
Hamlet, el amor será bastante para empalidecer
tu rostro , y marchitar tus ojos centellantes ...
pero calma tu corazon , yo haré que sea tu amor
correspondido.
HAMLET. Oh, mi amor , no señora : ya quedará satisfecho .
GERTR. Serénate, Hamlet , y abandona tu suerte en ma-
nos de tus tiernos padres, que tanto anhelan tu
felicidad .
HAMLET. Ya me esfuerzo , señora; pero nada es bastante
á arrancar de un alma la melancolía. Para el
desgraciado , cebarse en su dolor es su mejor
consuelo. Abrumada mi razon de melancólicas
ideas, solo en lo sublime, en lo que inspira ter-
ror y espanto , encuentra su consuelo ; y para
daros una prueba de que procuro distraerme ,
he mandado que esta noche ejecuten en la sala
de espectáculos, una terrible tragedia, muy po-
cas veces ejeculada : alli gemiré con la víctima,
29 -

alli cebaré mi sentimiento, y despues sacudien-


do la ilusion , volveré al mundo fisico , y tal vez
me hallaré menos desdichado .
CLAUDIO . Y tambien nosotros te acompañaremos.
GERTR . Y yo te juro que volverás á ser feliz .
HAMLET. Asi me lo pronostica el corazon ... Ah ! pero voy
un momento á mi rezo , á levantar las palmas á
los cielos por aquel desdichado padre, que sor-
prendido por una serpiente , sí , por una ser-
piente, murió con todas sus culpas, y acaso es-
pia en los tormentos sus debilidades humanas .

ESCENA III.

CLAUDIO . GERTRUDIS . - HORACIO .

CLAUDIO . Tú, Horacio , que tanto debes á su amistad , ha-


bla, te pregunta tu monarca. ¿No le has arran-
cado el secreto que tanto le oprime?
HORAC. Hondos suspiros , ardiente lloro son las únicas
confianzas que le he merecido. Sin embargo,
podria aseguraros con vehementes indicios la
causa positiva de sus males .
CLAUDIO.
GERTR. Di!!!
HORAC. Hamlet ha amado á Ofelia con todo el fuego de
su alma , y viendo admitidas sus caricias , Su
amor degeneró en un volcan furioso . Ofelia, in-
grata á tanta ternura, le ha devuelto sus bille-
tes, se ha negado á sus obsequios y á sus visi-
tas, y Hamlet es victima de su pasion devora-
dora.
CLAUDIO. Y nada mas, Horacio? Tú le debes su confianza .
HORAC. No le debo , señor, otros secretos.
GERTR . Busca á Polonio y Ofelia, diles que vengan, que
es preciso salvar al Principe á costa de cual-
quier sacrificio.
- 30-

ESCENA IV .

CLAUDIO . - GErtrudis .

CLAUDIO. Cada vez, querida Gertrudis, me llenau mas de


terror la melancolía y tenebrosas palabras de
Hamlet. Preguntad á mi madre , que el amor la
ha precipitado como un torrente.
GERTR . No , Claudio, él te ama.
CLAUDIO. Voy á levantar las palmas por mi padre , decia
con una voz confusa que arrancaba de lo pro-
fundo de su pecho, revolviendo con terror sus
miradas. ¿Acaso, Gertrudis , pudiera haber pene-
trado en las densas tinieblas que envolvieron la
muerte de su padre?
GERTR. Oh Dios! pero no, Claudio, tú solo , sin testigos ,
cuando dormia , entre espesos celages, derra-
maste en su oido el licor venenoso .
CLAUDIO . Sí , y ningun mortal lo vió , yo te lo juro ; solo
allá desde el cielo pudo un ojo penetrante...
GERTR. Su cuerpo sin herida alguna tranquilizó los áni-
nimos, y se le creyó mordido de serpiente ve-
nenosa... Ay Claudio , cuánto me cuesta tu
amor!
CLAUDIO. Pero scrás dichosa .
GERTR . Sí, sí ! ... mas miro con espanto grabado con
sangre en las eternas bóvedas el nombre atroz
de parricida .
CLAUDIO. No quieras ser débil y confesar tu flaqueza .
GERTR. Crco llevar en mi frente el sello de mi delito , y
tiemblo de mí misma como de mi mas implaca-
ble delator.
CLAUDIO. Basta de debilidad y pensemos solo en asegu-
rar nuestra ventura... Oye, es preciso calmar
mi sobresalto . Hamlet, tu hijo me llena de ter-
ror con sus miradas; hoy mismo, Gertrudis ,
hoy mismo habrá de salir de Elsingor y de Di-
namarca .
GERTR. Qué dices! mi adorado hijo?
CLAUDIO. Ši; Hamlet; pero está muy querido de la fanática
multitud, y conviene para mantener la tranqui-
31 -

lidad, que su repentina ausencia aparezca como


cosa muy de antemano meditada y resuelta. Los
males desesperados , ó son incurables ó sc ali-
vian con desesperados remedios . Finjiremos un
importante mensaje sobre los armamentos del
jóven Fortimbrás, y Hamlet y sus adictos no
podrán penetrar el misterio.
GERTR . Y asi quieres arrebatar de mis brazos á mi quc-
rido Hamlet? Serena tu rostro, nada tienes que
temer.
CLAUDIO. Corta será la ausencia, y tal vez en nuevos cli-
mas hallará el remedio de sus males.
GERTR. Esperemos al menos que Ofelia devolviéndole su
amor le restituya su contento . Sí, Claudio, verás
que entonces Hamlet forma nuestras delicias .

ESCENA V.

CLAUDIO. GERTRUDIS . -POLONIO . -OFELIA .

POLONIO. Qué teneis que ordenar?


GERTR . Amigos , solo Ofelia , la hermosa Ofelia puede
volver á Hamlet con sus caricias la alegria que
le ha arrebatado . Si Ofelia amase á Hamlet ...
OFELIA . Por desgracia , señora , no me es dado sofocar
la llama que en mi encendieron sus obsequios .
Mi padre me hizo conocer muy al principio , que
mi amor con el primogénito de Dinamarca me
arrastrára á los peligros de ilusorios sueños; y
yo hija obediente, comencé á poner diques á
una pasion que nacia del centro de mi pecho, y
que me arrebatára hasta el precipicio. La razon
al fin, sin que pudiera dominar mis inclinacio-
nes, me arrastró á devolverle sus billetes , y á
negarme á sus visitas.
CLAUDIO. Y bien no pudiera Ofelia alimentar las espe-
ranzas del que tanto la adora, hasta que la rue-
da del tiempo gastára en su fantasia la reciente
idea de la desgraciada muerte de su padre?
POLONIO. El honor del sexo hermoso, cual uu puro cris-
tal , se empaña al menor aliento, y jamás Ofelia
será el tiro de la indignacion de Dinamarca.
- 32 -

GERTR . No , Polonio ; conocemos vuestras virtudes , y


respetamos vuestra reputacion . Si Ofelia amase
á Hamlet; si Hamlet es venturoso con Ofelia, el
amor ante las sacras aras les tenderá su co-
yunda.
POLONIO. Un Principe danés no puede elegir por si; ne-
cesita el consentimiento de su pueblo, y no sc
buscan solo las virtudes para dividir el tálamo
del monarca .
OFELIA. Y no puedo ser suya, porque es Principe.
GERTR . Solo poscyéndote, podemos volver á Hamlet su
contento. Te adora, y todas las hermosas serán
á sus inflamados ojos , negras sombras y des-
preciables séres. Los daneses aman demasiado
á su Principe, para no procurarle su ventura.
Tu ilustre nacimiento , el crédito de tu padre,
tus virtudes , tu hermosura, todo, Ofelia, les in-
clinará á prestar gustosos su consentimiento para
vuestro enlace.
CLAUDIO. El pueblo de Dinamarca no querrá faltar á an-
tiguas y justas costumbres, ni el monarca da-
nés podrá exijírselo .

ESCENA VI .

GERTRUDIS . - POLONIO . - Ofelia .

GERTR . (Siguiendo à Claudio con los ojos. ) Y asi res-


pondes á tanto amor y á tantos sacrificios ! Y
asi respetas tus juramentos , y eres el padre de
mi desgraciado Hamlet ! No , amigos , no cual
débil caña será Gertrudis arrebatada por el fu-
ror de las tempestades, siguiendo el curso de
Isu torrente . Yo sabré conseguir el consenti-
miento de Dinamarca, y hacer su secreto hi-
meneo .
OFELIA. Yo adoro á Hamlet, y Hamlet me adora.
POLONIO. Harto sensible me es , señora , contradecir tan
generosos sentitnientos; pero á pesar de haber
encanecido entre los pérfidos y dorados techos ,
el honor ha sido mi guia , y desconociendo la
doblez, siempre fué mi lengua el órgano de la
33-

verdad . Conozco vuestro poder en Dinamarca


por el amor que os granjeásteis en todos los co-
razones: sé que Hamlet es el idolo del pueblo,
y fácil os fuera conseguir su consentimiento pa-
ra el enlace; pero el Rey se opone , y seria pre-
ciso procurar la voluntad de los súbditos por
secretas negociaciones que cada cual interpre-
tará á su arbitrio. Duro fuera á los daneses
prestar un consentimiento que contrariára inte-
reses populares, y procurándolo conseguir por
secretos medios , sc creyera obra de la baja am-
bicion de Polonio, y efecto de la vil corrupcion
de Ofelia.
GERTR . Y el desdichado Hamlet , será victima de su ar-
diente pasion , y Ofelia que le ama , escuchará
sus gemidos, y reprimirá su llanto, sin poderle
prestar dulce consuelo?
OFELIA . Oh señora!
GERTR . Ay amigos ! cuán desdichada es la Reina de
Dinamarca . Yo que he sentido todo el poder de
las pasiones; yo que por ellas precipitada der-
ramaré hasta la tumba un llanto ardiente que sin
desahogar mi pecho abrasa mis mejillas, yo no
podré prestar alivio á un amor puro , celestial ...
POLONIO. Tal vez cederá y entonces...
GERTR. (Viendo á Hamlet por las habitaciones interio-
res y le llama .) Miradle, qué pálido , qué abati-
do. Hamlet! (Entra despacio en la escena.) que-
rido Hamlet !
POLONIO. Desgraciado Principe! -
OFELIA . Padre mio!

ESCENA VII.

Dichos.-HAMLET .

GERTR. Acaso ahora , Hamlet, hallarán tus ojos algun


objeto que alivie tu melancolia.
HAMLET. (Distraido.) Ay madre! El sol radiante para
mi perdió todo su brillo, y el suelo envuelto en
tinieblas solo me presenta horrores.
GERTR . Ya sé todo el secreto ; tú adoras á Ofelia .
3
- 34 -
HAMLET. Yo... es verdad ... me fué dado amar allá en
felices dias , pero...
GERTR . Tendrán pronto término tus males ; la sagrada
coyunda te unirá á tu hermosa Ofelia; ella te
ama, y otra vez volverás á tu contento.
HAMLET . (A Ofelia con vehemencia . ) No te cases , no;
aunque seas un hielo en la castidad , aunque
seas tan pura como la nieve, no podrás librarte
de la calumnia. Todos somos insignes malva-
dos; no creas á ninguno! vete, vete á la sole-
dad de un desierto; alli contemplarás la natu-
raleza, allí lejana de los hombres no verás sus
maldades .
OFELIA. Oh Dios!
POLONIO. No os dejeis arrebatar de un delirio que trastor-
na vuestra razon .
GERTR. Hamlet , Hamlet !
HAMLET. (Con afectada tranquilidad y contento . ) Será
mi esposa? Y gozaré de su amor y sus caricias?
Hermosa Ofelia! Yo seré feliz con tus amores, y
hallaré entre tus brazos mi calma y mi con-
tento.
GERTR . Y bendeciremos vuestro amor!
HAMLET. Y vuestro esposo , señora?
GERTR . Estará en graves asuntos .
HAMLET . Vamos á buscarle , vamos, que se divierta tam-
bien . Es ya hora de ir á la sala de los espectá-
culos , á ver el terrible drama que tengo man-
dado ejecutar. Vamos; tú, Ofelia, te sentarás á
mi lado.
GERTR. Y serás felice , Hamlet.
HAMLET. Ya me vereis trauquilo .

FIN DEL ACTO TERCERO .


ACTO CUARTO .

Cuarto de la Reina , y dos retratos de adorno.

ESCENA PRIMERA.

HAMLET. HORACIO.

HAMLET. Qué me querrá mi madre , Horacio ? llamarme


asi á su habitacion?
HORAC. No tardará en salir; os dejo.
HAMLET. (Deteniéndole. ) No le observaste , Horacio?
Cuándo la turbada vista del delincuente podrá
ocultar su crimen ! Oh bárbaro, parricida inces-
tuoso! Y mil rayos desatados no toman la hor-
rorosa venganza que arde devoradora ya en
mi pecho.
HORAC. Qué turbacion ! Cuál se estremçcia...
HAMLET. ¿Qué malvado podria mirar en la escena sus
mismos delitos, sin que la ilusion teatral no le
llenase de espanto, y conturbados sus ojos no
fuesen sus mas implacables delatores? Ah !
cuando vió que Gonzago despues de recibir mil
meutidos abrazos de su esposa, tranquilo goza-
ba de las delicias del sueño en un lecho de flo-
res, ¿no le viste ya pálido, ya encendido , tras-
ladarse en sus megillas las angustias de su alma?
:
36 –
HORAC. Estaba á su lado, y hasta sentia las vibraciones
de su terror.
HAMLET. Cuando dormia el infeliz duque, cuando con
. muda planta y conturbados ojos recorria Lucia-
no los frondosos celajes para evitar fieros testi-
gos; cuando su trémula mano llegaba la ampo-
lla del licor venenoso al oido del inocente,
¿advertiste el impulso que sintió en todas sus
fibras el parricida Claudio?
HORAC. No pudo sufrir por mas el terror , y tuvo que
abandonar el espantoso espectáculo .*
HAMLET. Esta noche, esta misma noche verán esos pér-
fidos un espectáculo aun mas horroroso.
HORAC. Claudio ya os mirará con desconfianza ; supon-
drá que habeis penetrado hasta en lo mas pro-
fundo de su corazon , y habeis visto su delito.
HAMLET. En vano querrá huir del esterminio que mi
diestra le prepara . Pero , ay Horacio ! mi mna-
dre... (Viendo venir á Gertrudis.) A pesar de
su crimeu , aun no la aborrezco .

ESCENA II .

GERTRUDIS . -HAMLET . -HORACIO.

GERTR . Tengo que hablarte, Hamlet . Retirate , Horacio .


HAMLET . (Con disimulo.) Toma todas las precauciones
que te he dicho .
HORAC. Descansad en mi amistad . (Se retira .)

ESCENA HII.

GERTRUDIS . - HAMLET .

HAMLET. Qué me mandais, señora?


GERTR . Hamlet, muy ofendido tiencs á tu padre.
HAMLET. Madre , muy ofendido teneis al mio .
GERTR. Ven, ven aquí: tú me respondes con lengua de-
masiado libre.
HAMLET. Voy, voy allá... y vos me preguntais con len-
gua bien perversa .
37-

GERTR. Qué es esto , Hamlet?


HAMLET. Qué es eso , madre?
GERTR. Te olvidas de quién soy?
HAMLET. No, no me olvido . Sois la Reina , casada con el
hermano de vuestro primer esposo y ... ojalá
no fuese asi... Ah! sois mi madre .
GERTR . Yo te pudiera hacer hablar con mas acuerdo .
HAMLET . (Asiendo de un brazo á Gertrudis.) Venid , y
no saldreis de aquí ; no os movercis sin que os
ponga un espejo delante en que veais lo mas
oculto de vuestra conciencia .
GERTR . (Al ver Gertrudis la estraordinaria agitacion
que Hamlet manifiesta en su semblante y accio-
nes, teme que va a matarla y grita.) Qué inten-
tas hacer? Quieres matarme? Cielos, socorro!
HAMLET . No, no griteis : venid aquí; no os torzais las ma-
nos, y dejad que yo os retuerza el corazon , si
no le teneis formado de impenetrable pasta, si
las costumbres malditas no le han convertido en
un muro de bronce , opuesto a toda sensibi-
lidad .
GERTR . ¿Qué hice yo, Hamlet, para que con tal aspereza
me insultes?
HAMLET. Una accion que mancha la tez purpúrea de la
modestia, y arrebata las flores de la frente her-
mosa de un inocente amor: una accion capaz de
inflamar en ira la faz del cielo, y trastornar con
desórden horrible esta sólida y artificiosa má-
quina del mundo, como si se aproximára su fin
temido .
GERTR . Ay de mi ! Y qué accion es esa, qué accion ...
HAMLET. (Señalando los retratos de Claudio y Hamlet
que se verán en la escena . ) Veis aqui en esta
y esta pintura los retratos de dos hermanos?...
Este fué vuestro esposo...¿Veis ahora el que si-
gue? le veis bien? ese es vuestro esposo... Y
pudisteis abandonar las delicias de aquella coli-
na hermosa por el cieno de ese pantano inmun-
do! Ah! lo veis bien !... Ni podeis llamarlo amor,
porque en vuestra edad los hervores de la san-
gre están ya tibios y obedientes à la prudencia.
¿Qué espíritu infernal os pudo engañar y cegar
asi? Rebelde infierno ! Si asi pudiste inflamar las
38 -
médulas de una matrona, permite , permite que
la virtud en la edad juvenil sea dócil como la
cera, y se liquide en sus propios fuegos.
Gertr . On Hamlet! no digas mas... Tus palabras me
hacen dirigir la vista á mi conciencia , y advier-
to alli las mas negras manchas que acaso nunca
podrán borrarse.
HAMLET. Y permanecer asi entre el pestilente sudor de
un lecho incestuoso ! Envilecida en corrupcion ,
prodigando caricias de amor en aquella sentina
impura!
GERTR. No mas, no mas ; que esas palabras como agu-
dos puñales hieren mis entrañas; no mas, que-
rido Hamlet.
HAMLET. Un asesino... un malvado ... vil ... Inferior mil
veces à vuestro difunto esposo . Escarnio de los
reyes, usurpador del imperio , que arrebató la
preciosa corona....
GERTR. No mas...
HAMLET. (En furioso delirio , creyendo que vé la sombra
de su padre.) El es ! El es!... Mirad qué pálida
luz despide . Su aspecto y su dolor bastarian á
conmover las piedras ... Ay, no me mires asi ,
no sea que ese lastimoso semblante destruya
mis designios crueles, no sea que al ejecutarlos
equivoque los medios, y en vez de sangre se
derramen lágrimas.
GERTR . Ay triste ! En qué piensas que asi diriges la vis-
ta donde no hay nada, razonando con el aire
incorpóreo! Toda tu alma se ha pasado á tus
ojos, que se mueven horribles; y tus cabellos
que pendian, adquiriendo vida y movimiento, se
herizan espantosos ! Hijo de mi alma, oh! derra-
ma sobre el ardiente fuego de tu agitacion la
paciencia fria! A quién estás mirando?
HAMLET . No veis nada alli? Miradle ... le veis? Ahora se
va... Mi padre , con el traje mismo que vestia ...
Veis por donde va? Ahora llega al pórtico .
GERTR . El desórden que padece tu espiritu, produce
esas ilusiones vanas .
HAMLET. Desorden ! Mi pulso como el vuestro late con
regular intérvalo, y anuncia igual tranquilidad
en sus compases... Confesad al cielo vuestra
39

culpa; llorad lo pasado, y precaved lo futuro .


GERTR . Despedazas mi corazon.
HAMLET. Si ; pues apartad de vos aquella porcion mas
dañada , y vivid con la que resla mas inocente .
No volvais al lecho de mi tio ; si careceis de
virtud , aparentadla al menos . Conteneos por
esta noche; este esfuerzo os hará mas fácil la
abstinencia próxima; y la que siga despues la
hallareis mas fácil en todavía. La costumbre es
capaz de borrar la impresion misma de la natu-
raleza , reprimir las malas inclinaciones, y ale-
jarlas de nosotros con maravilloso poder ... Sí ,
huid su lecho, y cuando aspircis de veras á la
bendicion del cielo , entonces yo os pediré vues-
tra bendicion .
GERTR. Despedaza mil veces este pecho , y serás menos
cruel .
HAMLET. Porque soy piadoso debo de ser cruel .
GERTR . Muévete á compasion .
HAMLET. (Con el mayor furor y precipitacion viendo á
Claudio. ) Oh, el bárbaro ! No puedo tolerar su
vista... No haced nada de cuanto os he dicho,
nada... Permitid que Claudio hinchado con el
vino os acaricie , apretando lascivo vuestras
mejillas; y os tiente con sus malditas manos , y
os bese con negra boca . (Marcha precipitado.)

ESCENA IV.

CLAUDIO, con turbacion . - GERTRUDIS quedará en un


profundo abatimiento .

CLAUDIO. ESOS suspiros! Esos profundos sollozos ! ¿Por


qué marchó Hamlet precipitado? Habla , Gertru-
dis...
GERTR . Furioso está como el mar y el viento cuando
disputan entre sí cuál es mas fuerte .
CLAUDIO. Por qué le dijeras su pronto viaje?
GERTR . Oh ! no , Claudio... nada le dije…... nada le pude
decir... porque sabe todo el secreto .
CLAUDIO. Cómo! qué dices!!
GERTR . Dejad que os retuerza el corazon , me repetia ,
40

y sus penetrantes miradas, sus acentos arran-


cados de lo profundo del pecho, me han herido
mas que mil puñales,
CLAUDIO. No me engañé, Gertrudis, no era solo el amor
de Ofelia la causa de aquella espantosa melan-
colia. Y aun cuando viste el atroz espectáculo
que representó á nuestros ojos mismos; aun
cuando viste en la ejecucion todos los porme-
nores de la muerte de su padre, aun , incauta,
crcias sus ficciones!
GERTR. Me juraste que solo la callada luna pudo ser
allá desde el cielo , mudo testigo del asesinato .
CLAUDIO . Si, yo te lo juro, ningun mortal, ninguno pudo
ver que derramara en su oido el licor veneno-
so . -Pero , cómo Hamlet ! ...- Eso me aterra.-
Será decreto de la deidad inexorable que jamás
queden ocultos los grandes crímenes ! Acaso en
tristes sucños habremos revelado todo el se-
creto .
GERTR. Ay Claudio !! Los latidos del corazon me rom-
pen el pecho . Si vieras á Hamlet , ya arrojando
fuego por los ojos , ya en locos delirios postrán-
dose ante la sombra de su padre, que veia cn
su imaginacion volcánica ! Me asió esta mano,
y yo sentia todo el furor de la circulacion de su
sangre; yo me abrasaba en su incendio; yo,
Claudio, he padecido mas crudos tormentos que
en las sulfúreas llamas !!……
CLAUDIO. Sus ojos amenazantes?...
GERTR . Ah ! sí, Claudio, amenazantes , y estos dos re-
tratos absorbieron todos sus sentidos .
CLAUDIO . Dejo dadas todas las órdenes para su embar-
que; el vagel espera en el puerto, y el noto hin-
che las lonas. Marchará en el momento; las li-
nieblas de la noche ya le verán lejano de las
playas de Elsingor.
GERTR . Ay Claudio ! ... Y con tal precipitacion le has de
arrancar de mis brazos!
CLAUDIO. Y aun por él suspiras ! Yo no puedo, Gertrudis,
no puedo volver los ojos á Hamlet sin ver ar-
mada su diestra de un espantoso acero que
vengador me amenace.
GERTR . Cuando la rosada aurora brille en las ondas.....
41 -

CLAUDIO . No , seria tarde ; tal vez esta noche medita su


venganza . - Marchará , marchará , Gertrudis,
antes que el sol se precipite en los mares. -Yo
lo mando .
GERTR . Y si se opusiera !! bien lo sabes; Hamlet es cl
idolo de Dinamarca , y el pueblo...
CLAUDIO . Ni el pueblo ni él pueden desconfiar . Públicos
son los armamentos de Fortimbrás que acaso
amenazan á nuestras playas, y es preciso apro-
vechar los instantes .
GERTR. Todo lo temo.
CLAUDIO . No , nada temas: Polonio ! (Alto , llamando á la
puerta á Polonio . ) Polonio ! El mismo Polonio
le conducirá á Inglaterra , y Polonio no faltará á
sus reyes.

ESCENA V.

Dichos.--POLONIO.

POLONIO . Señor...
CLAUDIO. Si pruebas te he dado de toda la confianza que
me inspiras, pruebas me has dado tambien de
cuánto la mercces . ¿Te hallarás hoy dispuesto
á prestar de nuevo importantes servicios á tu
rey y á tu amigo?
POLONIO. Siempre soy Polonio.
CLAUDIO. Bien sabes que organizando Fortimbrás pode-
rosos armamentos, derrama la desconfianza por
todas las naciones . Tal vez , por no leves indi-
cios, debemos temer que contra Dinamarca la
nube se conjura . Es preciso que sin la menor
dilacion, en el momento, yo le pida amistosa-
mente satisfactorias esplicaciones sobre su con-
ducta .
POLONIO. Creo lo mismo, señor .
CLAUDIO. Dinamarca ha sufrido costosas guerras y recien-
tes calamidades ; le es necesaria la paz , y debe-
rá evitar todo rompimiento . Con este fin me ha
parecido mandar á Hamlet, á Hamlet, que es la
primera persona de Dinamarca, á quien Fortim-
brás cordialmente ha prodigado el nombre de
42-

amigo , y es preciso que Polonio se encargue


del mando de la espedicion.
POLONIO . Si creeis que mi ancianidad será bastante, mar-
charé gustoso .
CLAUDIO . Si; y marchareis al momento , esta misma tarde .
POLONIO . He visto la admirable actividad que hay en el
puerto, y el pueblo discurre sorprendido no pu-
diendo adivinar la causa . ¿Pero á qué tanta
-precipitacion?
GERTR. Es verdad; al romper mañana la aurora...
CLAUDIO. No, todo está pronto; esta tarde . En negocios
de importancia son inestimables los momentos :
esta tarde ha de ser.
POLONIO. Polonio está dispuesto .
CLAUDIO . Escucha : el pueblo que penetra en los palacios
mas de lo que creemos, está acaso en elsecreto
del amor de Hamlet y Ofelia ; pudiera creer que
era forzada la marcha del Principe: Hamlet fu-
rioso de amor , querido del ejército , pudiéramos
hallar obstáculos . Pero tú calmas todas las in-
quietudes; el pueblo no desconfiará cuando te
se vea á la cabeza de la tripulacion , y nadie
mas interesado que Polonio en conservar su
honor puro .
POLONIO. Costoso me es, señor; pero os obedezco , mar-
charé.
CLAUDIO. Sí, Polonio, en tus virtudes y en tu lealtad fio
la pronta llegada de Hamlet á Inglaterra. Bús-
cale ahora; dile que venga, y tú está prepara-
do á la señal primera .
POLONIO . Sereis obedecido .

ESCENA VI .

CLAUDIO . - Gertrudis .

GERTR . Oh Claudio! tú no has visto á Hamlet; no has


sentido todo su furor; aun no te ha abrasado con
su mano. Yo no podré soportar su vista; no po-
dré volver á escuchar su voz de trueno . Huiré
de sus miradas , y marchará, marchará sin que
le dé su madre el último adios!
― - 43 --
CLAUDIO. Tan débil has de ser!
GERTR . Ah! si le oyeras...
CLAUDIO. Tus persuasiones tendrán en él mas fuerza que
las mias; por tu amor te lo ruego, háblale tú
tambien, evita las funestas consecuencias de
verme desobedecido . Claudio es inexorable, el
huracan brama, y estallará el volcau . El rompi-
miento te costaria el esposo ó el hijo.
GERTR. Sé, Claudio , demasiado todos los horrores que
me amenazan; sé lo ingrato que respondes á
tanto amor.
CLAUDIO. Porque te adoro soy inexorable . Marchará
Hamlet y gozarás de mis caricias en la mas
plácida calma.
GERTR . En la mas plácida calma !! ...
CLAUDIO. Y aun otra vez levantara la diestra para preci-
pitar en el sepulcro al que arrancaba nuestro
contento... Pero Hamlet... Finjamos; acuérdale
de tanto amor y de tantas caricias .

ESCENA VII.

CLAUDIO . GERTRUDIS . -HAMLET siempre melancólico.

CLAUDIO. Un asunto , Hamlet, de la mayor importancia,


me ha precisado á llamarte con premura.
ᏀᎬᎡᎢᎡ . Pero levanta la frente; no quieras labrarte una
temprana muerte que aun haga á tu madre mas
desgraciada .
HAMLET. Yo levantar la frente !... Desdịchado del que
tienda en derredor penetrantes miradas!
GERTR . Consuela tu afliccion.
HAMLET. Tal vez no estará lejos mi consuelo .
CLAUDIO . Escucha , querido Hamlet, Fortimbrás ha sido
tu amigo, Fortimbrás te ama .
HAMLET. Amar !! ... Ya el amor está proscrito de la tier-
ra... La ambicion , la ambicion ... Yo solo quiero
aborrecer y ser aborrecido !
CLAUDIO. No asi te precipite tu melancolía; escucha, es-
cucha á un Rey que busca la felicidad de su
pueblo .
― 44

HAMLET. Ya , Polonio , aunque con precipitacion, me ha


enterado de vuestros designios.
GERTR. Y qué pensaste, hijo mio?...
CLAUDIO. El pueblo danés espera de su Principe este sa-
crificio.
GERTR . El sensible Hamlet siempre ha adorado á su
pueblo .
CLAUDIO. Habrás resuelto?...
HAMLET. Partir...
CLAUDIO. Oh amado Hamlet ! en dias mas felices gozará
Dinamarca de tus virtudes . La ausencia será
corta, y volverás á nuestros brazos y á los bra-
zos de tu pueblo, ceñido de mas hermosos lau-
reles que los que se recojen en los campos de
las lides.
HAMLET . (Con vehemencia.) Marcharé, marcharé para no
volver á hollar esta imágen del averno , para
no volver á respirar esta pestilente atmósfera;
para no volver á mirar esos tenebrosos jardi-
nes. Marcharé, marcharé; surcaré los espumo-
sos mares; buscaré remotos climas ; me sepul-
taré en los hórridos desiertos en que no me fa-
tigará la memoria de mis nativas playas. Mar-
charé, marcharé; al puerto, al puerto. (Sale
precipitado, y Claudio y Gertrudis le siguen.)
CLAUDIO. Si marcharás... aprovecharemos su delirio .
GERTR. Piedad , deidades !!

FIN DEL ACTO CUARTO .


ACTO QUINTO .

Gran salon de palacio: en el fondo se distingue en tras-


parente la grande orgia de un banquete; á la izquierda
la puerta de un oratorio . Noche.

ESCENA PRIMERA .

Varios CABALLEROS , Militares, etc.; en el fondo un cen-


tinela . -HORACIo paseando distraido por el escenario.
En el banquete que se descubre, se advierte grande mo-
vimiento, y entonar los brindis siguientes cantando :
Rueden las copas,
fermente el vino,
loco y sin tino
brinde el galan
por los amores
de su hermosura ,
que es la ventura
mas celestial.

UN CAB . Magnífico es el banquete; digno de la augusta


magnificencia de Claudio .
OTRO. Cuál fermenta ya el vino en las cabezas de los
ilustres varones ! gran noche nos espera!
OTRO. Entremos, amigos; no avancen demasiado esos
malditos y lleguemos solo á los despojos.
TODOS . Viva el vino y là alegria! (Entran todos al ban-
quete, y son saludados adentro con estrépito.
46

ESCENA II .

HORACIO. -OFELIA, que entra .

HORAC. Y esta es la córte del venerable Rey Hamlet !


Qué orgia! qué escándalo !
OFELIA. Horacio , Horacio, tú estarás en todo el secreto!
HORAC. Yo solo estoy [Link] cuanto me rodea y
de cuanto veo .
OFELIA. Y marchó Hamlet , marchó Hamlet sin haberme
dado el postrimer adios... Tú viste la actividad
para el apresto de los bageles; con la velocidad
de! huracan surcaron las ondas sin haber espe-
rado el albor del nuevo dia . Compadece, Hora-
cio, á una infelice que á un tiempo la suerte le
arrebata á su Hamlet y á su padre .
HORAC. Créeme, Ofelia , nada sé de la veloz partida .
Claudio teme á Hamlet, y Hamlet era preciso
que marchára. Qué admiracion ! Cuando esta
noche se preparaba á dar á su padre grandes
pruebas de su amor, marcha precipitado .........
Pero Polonio que mauda la escuadra , habrá
podido enterarse de lo que tanto nos admira .
OFELIA . Conoces la reserva de mi padre; conoces su ca-
rácter inexorable . Parto, solo me dijo; no sé
cuando volveré á tu lado ; pero jamás olvides
que eres la hija de Polonio . En vano le pregun-
té, supe que Hamlet partia , vuelo al puerto, y
mi padre airado me mandó retirar á palacio.
HORAC. No dejó que vieras á Hamlet?
OFELIA . No , Horacio, no; y desdichada oia las aclama-
ciones con que el pueblo y la tripulacion salu-
daban al Principe . Tambien oi entre los marinos
en voz confusa , «embarquemos á Ofelia , " y
entonces mi padre redobló su aspereza, y me
hizo conducir á esta morada.
HORAC. (Con misterio .) Embarquemos á Ofelia?
OFELIA. Sí , pero el rumor duró pocos momentos; el
viento hinchó las lonas, y desaparecieron entre
las tinieblas de la noche.
- 47

HORAC. No puedo , hermosa Ofelia , penetrar este arcano .


OFELIA. Buscaré á los reyes; mi padre ha marchado y
puedo muy bien preguntarles sin que mi turba-
cion toda se atribuya al amor del Principe .
HORAC. Sí, corre , Ofelia ; yo no puedo abandonar la
guardia: luego nos veremos .

ESCENA III.

HORACIO.

Y Hamlet pudo detener su partida hasta la nue-


va aurora, y Hamlet partió cuando ya levanta-
ba el golpe para vengar á la irritada sombra de
su padre... Sus estrechos abrazos , sus errantes
ojos me indicaban mil misterios . Hamlet no
pudo olvidar la venganza , ni faltará sus sacros
juramentos .

ESCENA IV .

HORACIO . -CORNELIO .

CORNEL. Horacio?
HORAC. Querido Cornelio .
CORNEL . Tu semblante conturbado aumenta mis recelos .
HORAC. Si, Cornelio, marchó Hamlet; pero no sé que me
dijo en su mudo lenguaje .
CORNEL . No le mereceriamos su confianza .
HORAC. Sí , escucha ... Ya estás en todo el secreto..Clau-
dio fué el matador de su hermano , y Hamlet
ha jurado á su padre una espantosa venganza .
En vano el Príncipe ha querido ocultar sus pro-
yectos á las penetrantes miradas del regicida .
Su macilenta frente , sus inflamados ojos , su
amenazadora voz , todo le llenaba de terror al
solo aspecto del vengador de su crimen. Dispo-
ne una mentida embajada, Hamlet habia de ser
el portador del mensaje para calmar la inquie-
tud del regicida .
48

CORNEL. Y marchó Hamlet , y todo se ha perdido .


HORAC. No , no es posible; tú conoces á Hamlet; penetró
desde luego todo el plan del tirano , y corrió á
mis brazos. Yo me embarco , dijo ; asi conviene ,
pero estiende la voz entre los marinos de que
me alejan de Elsingor para que pierda á Ofelia ;
y entre once y doce haz que esté de centincla
en el fondo nuestro amigo Cornelio.
CORNEL . Hamlet sabrá llevar su plan á cabo .
HORAC. Pero manda Polonio la tripulacion de los bage-
les; Polonio tan inexorable en el cumplimiento
de los mandatos de Claudio ; Polonio, que padre
de Ofelia, calmará las inquietudes que yo derra-
me entre los gefes y soldados . ( El reló da las
once.) Pero son las once ; relevaremos el centi-
nela; ven, Cornelio . (Relevan la centinela que se
vé en elfondo, queda Cornelio en lugar del que
estaba , que marcha; despues Cornelio y Horacio
vuelven á la escena .)
CORNEL. Los justos dioses que han querido rebelar al in-
cestuoso regicida, querrán tambien levantar el
golpe vengador...
HORAC. Están cumplidas las órdenes de Hamlet .
CORNEL . No tienes alguna consigna particular que
darme?

ESCENA V.

Dichos. -HAMLET, con armadura y la visera caida.

HAMLET . Horacio !!
HORAC.
Ah!! (Como reconociendo la voz.)
CORNEL . }Ah!!
HAMLET. (Alzándose la visera . ) Yo soy.
HORAC. Vos sois, amado Príncipe !! Cuando os creiamos
surcando los abismos.
HAMLET. (Con vehemencia .) Y en vano la veneranda
sombra rompiera la losa sepuleral , cruzárá el
éter, y clamara venganza !! Estamos solos?
CORNEL. Si, Principe.
HAMLET. Aun no han venido á estos salones los regi-
cidas?


- 49

HORAC. Mirad : les esperan los placeres del banquete .


HAMLET. Sí; la crápula de los banquetes ; la orgía del
infierno!
HORAC . Pero no surcábais los mares para Inglaterra?
HAMLET. Apenas entre las tinieblas de la noche perdimos
de vista las playas «Traicion , clamé , Fortim-
brás no amenaza á Dinamarca , es mi amigo , y
no es esta la causa del mensaje. Yo amo á Ofe-
lia , Claudio se opone á mi amor , y ha persua-
dido á Polonio que seré de su honor la mancilla,
y el mentido mensaje solo tiene por objeto arre-
batarla de mis brazos . En la playa me espera ;
daneses, si amais à vuestro Principe, acompa-
ñadme á la playa, que la quiero estrechar en
las aras entre mis brazos, y en algun dia harán
vuestra ventura sus virtudes . " A la playa, á la
playa ! fué el grito de la tripulacion ; en vano
Polonio se opuso valiente á mi querer : quedó
arrestado de mi órden ; salté á una pequeña
lancha con cinco amigos; los bajeles me esperan
anclados; y á favor de la noche desembarqué
lejos del puerto entre las ruinas de la muralla,
y con la visera caida, confundiéndome con las
guardias, he penetrado hasta esta mansion de
horror sin ser conocido!
HORAC. El cielo os protege.
HAMLET. Polonio incomunicado no puede dar parte algu-
no; tranquilo el bárbaro, creyendo que surco cl
hondo abismo, se entregará á las nefandas de-
licias, y allí sumergido en el crimen , caerá al
golpe vengador .
HORAC. Ya Cornelio hacia la centinela.
CORNEL. Jurando morir por su Principe.
HAMLET. Sí, ahora ocuparé la guardia del fondo , y con
la visera caida no soy conocido. Tú , Horacio , se-
guirás como sumiller por estos salones; Cornelio
buscando á Marcelo prepararán las guardias, y
presentándote con esta credencial á Teodoro
(Dando un papel á Cornelio .) que en la lancha
me ha acompañado, obrareis conformes . - Se
sienten pasos , adios ; recordad que brama en
mi pecho el huracan de la venganza. Marcha ,
Cornelio. (Cornelio marcha ; Hamlet, cayéndose
4
--
50-

la visera, ocupa la centinela del fondo; y Hora-


cio pasea en lo interior del salon .)

ESCENA VI.

CLAUDIO-GERTRUDIS -OFELIA , que entran. - HAMLET CON


la visera caida , que ocupa la centinela del fondo, á la
puerta del banquete . -HORACIO que pasea en lo interior.
del salon..

CLAUDIO. Nada temas, Ofelia; en breve volverás á los


brazos de tu padre.
GERTR . Y al amor de Hamlet.
OFELIA. En tanta precipitacion ni Polonio me tendió sus
brazos cariñosos , ni Hamlet sus tiernas miradas.
Ah! es presagio fatal ! el corazon no me engaña ,
no volveré á mirar mis dulces prendas!
CLAUDIO. Calma tu agitacion , yo te lo juro.
GERTR. Concertarán con Fortimbrás amistosos conve-
nios, y cubiertos de gloria volverán á Elsingor,
y Ofelia será felice .
OFELIA . Asi lo quiera el Dios de los justos , pero las
abundantes fuentes de mis ojos presagiau mi
destino...

ESCENA VII.

CLAUDIO-GERTRUDISHAMLET- HORACIO, en las mismas


actitudes.

GERTR . Y solo el lúgubre llanto ha de reinar en esta


mansion de horror!
CLAUDIO. NO, Gertrudis ; ya solo reinarán la alegría y las
caricias : Hamlet , surcando las espumosas on-
das , no nos llenará de inquietud y sobresalto:
en los brazos del sueño , felices veremos la pȧli-
da luna recorrer la tachonada bóveda , y la au-
rora nos verá tranquilos . El banquete nos espe-
ra: vamos, Gertrudis: brindaremos por las deli-
cias . Pero lloras...
- 51

GERTR . Nuestra atroz culpa ... su hcdor sube al cielo


llevando consigo la maldicion mas terrible.
CLAUDIO . (Con desprecio .) Desdichada !!
GERTR. Pero aunque teñidos en la inocente sangre , sí,
Claudio, no faltará en los piadosos cielos sufi-
ciente lluvia para volvernos cáudidos como la
misma nieve . Postrémonos ante las aras , alce-
mos los ojos al cielo , y quedará borrada nues-
tra culpa. (Queriéndole llevar al oratorio.)
CLAUDIO. Mañana , á la aurora, haremos sacrificios en las
aras. Vamos ahora al festin; tiempo hace que
no gozamos tranquilos : brindaremos por el feliz
viaje de Hamlet ; yo siempre á tu lado brindaré
por el amor. (Queriéndola llevar al festin.)
Vamos.
GERTR . Ah, no! Doblemos ante el ara nuestras tenaces
rodillas, purifiquemos nuestra conciencia enne-
grecida con sombras de muerte . Si, Claudio ,
por tanto amor, por tanto crimen: yo te lo rue-
go... (Queriéndole llevar al oratorio.) Vamos.
CLAUDIO . Oh mujer débil !! Marcha á derramar tu estéril
llauto sobre el frio pavimento de ese oratorio :
publica ahí tu crímen y tu debilidad , que á mi
me espera la córte , y me brinda con sus obse-
quios, y el festin con sus placeres. Brindaré por
tu santa conversion , Gertrudis ; brindaré por tu
inocente llanto y por tu amor á tu esposo . (Se
entra al banquete .)
GERTR . Y marcha y me aborrece ! -Piedad , piedad ,
deidades ! (Entra en el oratorio .)
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ESCENA VIII.

HAMLET. HORACIO.

(Dentro en el festin.)

Viva Claudio! Viva Claudio !

(Cantando adentro los del festin con grande estruendo;


Hamlet y Horacio se adelantarán en tanto á la escena
observando.)
Salud por Claudio,
que corra el vino ,
que pierda el tino
el bebedor.

HAMLET. (Mirando al banquete. ) En la orgia , sí , en la


orgia... Ya estalla el volcan que me devora, ya
siento en mi sangre la nerviosa robustez de la
venganza... (Mirando á Gertrudis, enagenado.)
Y se postra ante las aras , y levanta sus palmas
al cielo. Ay madre!!
HORAC. Tranquilidad , Principe ; la perfidia reina en es-
tos salones.
HAMLET. (Siempre enagenado y con vehemencia.) Esta
es la hora en que los cementerios se abren , y
el infierno respira contagios ; á esta hora vaga
la venerable sombra , y vuelve luego á los sul-
fúreos tormentos , y Claudio rie en las orgias...
Pero mi madre , Horacio ... mira á mi madre:
tal vez manda el cielo sobre ella el rocío del ar-
repentimiento... A pesar de su crímen , aun no
la aborrezco : no temas, no , que caiga sobre tu
cabeza mi venganza .
HORAC . Sus plegarias suben al cielo .
HAMLET. Este es el momento , Horacio: en medio de la
orgia!... (Se oye constantemente la crápula con-
fusa del festin.) El sorprendió á mi padre aca-
bados los desórdenes del banquete , cubierto de
mas culpas que el mayo tiene flores , y terrible
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ha sido su sentencia: ahora , que respira en el


crimen, que caerá precipitado al profundo, y
su alma quedará negra y maldita como el in-
fierno que ha de recibirle.
HORAC. Hamlet , Hamlet, aseguremos el golpe.
HAMLET. Augusta sombra ! sonrie en tus tormentos , y
ven á presenciar tu venganza. Maldicion , inces-
tuoso regicida, maldicion! (Tira con violencia
su casco contra los cristales que dividen la sala
del festin: al ruido estrepitoso saldrán corrien-
do los convidados y Claudio de los primeros,
que le asegura Hamlet con la espada desnuda .)
CLAUDIO. Traicion , traicion ! ... Guardias !
HAMLET. No. Venganza , venganza!!
CLAUDIO. (Reconociendo á Hamlet , caerá aterrado de ro-
dillas á sus piés . Todo con rapidez en estos mo-
mentos.) Oh!!
GERTR. (Saliendo aterrada del oratorio y viendo á
Hamlet y á Claudio, cae postrada ante ellos.
Todos los de la escena quedarán inmóviles . ) Oh
Dios ! Oh Dios! Hijo ! Hamlet!
HAMLET. Malvado!! (Le hiere .) Él fué el matador de mi
padre ; su sombra vaga por Elsingor pidiendo
venganza: el cielo ha revelado su crímen, y yo
soy el vengador del ciclo .
GERTR . Compasion! Compasion !! (Grande ruido en el
interior: entran amotinados, guardias y pueblo,
repitiendo:) Viva Hamlet! Muera Claudio!
HAMLET. El cielo y Hamlet están vengados .

FIN DEL DRAMA .


MOTEC

DE
A
C8 /2013 7 6 390

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