Heaven
oscary arroyo
p.d.f
Prólogo:
Las miles de luces que la decoradora de Maverick colocó en el extenso jardín de su
mansión en Montreal parpadean sobre todos nuestros invitados. Sus amigos políticos y
socios de negocios están aquí, incluso los que se han follado a mamá. Sus esposas, que
han intentado poner sus garras sobre él, también, al igual que sus hijos, la gran mayoría de
ellos estudiantes de la prestigiosa universidad en la que voy a comenzar a cursar mi
pregrado en literatura en unas semanas. La atención de todos mientras cantan como un
coro de la Iglesia cumpleaños feliz está en mí.
En cuánto darían por tener una hija, una hermana, una novia o una amiga como yo, con
excelentes calificaciones y el nivel de belleza y carisma necesario para que nadie entre la
élite recuerde mis orígenes al otro lado de las vías del tren. En cuán brillante soy por fuera,
sonriendo para las decenas de cámaras grabándome mientras aliso la tela aterciopelada de
mi vestido rosa, pero como es habitual nadie se fija en lo de adentro. En la mugre y la
sociedad que empapan mis genes.
Nadie nota mis malas intenciones cuando mi madre, celosa de no ser el eje sobre el cual el
mundo gira, retrocede y en respuesta a su ausencia me aprieto contra la figura masculina
más cercana que encuentro en búsqueda de calor, la cual me abraza mientras canta para
mí, saliendo de su zona de confort, y me mira con cálidos ojos azules.
─…cumpleaños, Heaven, cumpleaños feliz ─terminan, haciéndome aplaudir con
emoción,sorpresivamente, no fingida.
─¡Muerde el pastel!
─¡Sopla las velas!
─¡Enseña una maldita teta! ─grita Matthew, mi vecino, haciéndome reír y a él también pese
al golpe que su padre le da en el hombro por haberlo avergonzado delante de todos.
Complaciéndolos, menos a Matthew, me inclino hacia delante, cierro los ojos y pido un
deseo mientras soplo las dieciocho velas de mi pastel con relleno de chocolate blanco, mi
sabor favorito desde que tengo uso de razón y que mamá siempre olvida al regalarme
caramelos de chocolate agrio, pero Maverick no, asegurándose por sí mismo que nuestra
despensa siempre los tenga cada vez que vengo de visita. Una vez termino de murmurarle
al universo mi más profundo y oscuro anhelo, me enderezo y sostengo el mango del cuchillo
que una de nuestras empleadas me ofrece para cortar el pastel.
Cuando tengo mi porción y el servicio se ocupa de repartir la suya a los demás, me dirijo al
sitio en que mi padrastro se encuentra sentado hablando con sus socios de negocios, la
mayoría de ellos japoneses que no se han levantado de sus asientos desde que llegaron
porque disfrutan más de estar entre ellos. De lo que sea que estén hablando en japonés, se
callan cuando me inclino sobre Maverick y beso su mejilla libre de barba mientras dejo mi
pastel frente a él. ─Gracias por todo,daddy.
Capítulo 7: Madre e hija