0% encontró este documento útil (0 votos)
46 vistas17 páginas

Nuevas Rutas en Sistematicación Académica

Este documento describe la importancia de sistematizar experiencias, especialmente las experiencias de extensión universitaria, para fortalecer la producción y circulación de conocimiento académico en las universidades. La sistematización de experiencias permite generar conocimiento a partir de las prácticas de colectivos, movimientos sociales e instituciones para enfrentar los nuevos desafíos en la producción de conocimiento. El documento también destaca la necesidad de valorizar el trabajo de extensión universitaria e integrarlo con la docencia e investigación.
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
46 vistas17 páginas

Nuevas Rutas en Sistematicación Académica

Este documento describe la importancia de sistematizar experiencias, especialmente las experiencias de extensión universitaria, para fortalecer la producción y circulación de conocimiento académico en las universidades. La sistematización de experiencias permite generar conocimiento a partir de las prácticas de colectivos, movimientos sociales e instituciones para enfrentar los nuevos desafíos en la producción de conocimiento. El documento también destaca la necesidad de valorizar el trabajo de extensión universitaria e integrarlo con la docencia e investigación.
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

LA SISTEMATIZACIÓN DE EXPERIENCIAS: NUEVAS RUTAS PARA EL

QUEHACER ACADÉMICO EN LAS UNIVERSIDADES

Oscar Jara Holliday. 1

Las ciencias sociales que heredamos


-las disciplinas, las metodologías, las teorías y los conceptos-
no dan cuenta de nuestro tiempo adecuadamente
y, por eso, no confiamos en ellas para que nos orienten
en los procesos de transformación social en curso.
Boaventura de Sousa Santos

Los nuevos desafíos de la producción de conocimiento, que enfrentamos a partir del


reconocimiento de la complejidad de las inéditas situaciones que el contexto actual presenta,
exigen cada vez más la renovación de los enfoques, las categorías y las metodologías con las
que trabajamos. Por un lado, por la necesidad de impulsar procesos de democratización del
conocimiento tanto en lo que respecta a su producción como a su circulación, lo que implica
reconocer la importancia de contar con diversas miradas desde prácticas diferentes realizadas
por sujetos diversos. Por otro lado, porque es fundamental hurgar con mayor profundidad y
rigurosidad en la novedad de los fenómenos producidos por situaciones recientes, lo que
implica desarrollar la capacidad de trascender lo descriptivo y narrativo para generar desde
allí, un ejercicio interpretativo y teórico que no signifique la aplicación mecánica de marcos
conceptuales predefinidos y que, además, tenga como componente la vitalidad de la fuerza
emocional. Esta apertura al “sentipensamiento” personal y colectivo significa, en el sentido
de Fals Borda, definitivamente, una ruptura radical con el positivismo tradicional y el apego
a sus reglas metodológicas, así como también un distanciamiento crítico de la producción
individualista y encapsulada que han caracterizado el trabajo académico predominante.

Se trata, entonces, de volver la mirada a la fuente de origen de estos procesos renovados de


producción de conocimientos: las experiencias concretas que realizan colectivos,

1
Educador Popular, Sociólogo, Doctor en Educación. Director del Centro de Estudios y Publicaciones Alforja
en Costa Rica. Presidente del CEAAL (Consejo de Educación Popular de América Latina y el Caribe).

1
movimientos sociales, instituciones, equipos de investigación y acción social, entre otros. Es
en ellas, sobre ellas y desde ellas que se pueden enfrentar estos nuevos desafíos y diseñar
estrategias epistemológicas y metodológicas pertinentes. A continuación, se describen
algunas características de una de las propuestas que ha tomado mayor relevancia en los
últimos tiempos: la sistematización de experiencias (Jara 2013, Ghiso, 2010, Torres Carrillo
2010, Falckembach & Torres 2015, Streck & Jara 2015)..

La sistematización de experiencias, como propuesta de producción de conocimiento sobre y


desde prácticas educativas, organizativas, sociales y comunitarias, se ha convertido, desde
los años noventa del siglo pasado, en un enfoque de interés en ámbitos académicos y no
académicos, en entidades públicas, en movimientos sociales, organismos no
gubernamentales o agencias de cooperación internacional. De ellos, se resalta
particularmente el interés surgido en el campo de las experiencias de Extensión Universitaria,
que también son llamadas de Acción Social o Proyección Social en diferentes universidades
en América Latina y con las cuales hemos tenido oportunidad de trabajar en los últimos años.

Una preocupación común en estas prácticas está relacionada con la necesidad de fortalecer
la producción y circulación de conocimiento académico en las universidades desde los
proyectos, programas y actividades de extensión. Pese a la reconocida y trillada afirmación
de que ésta es una dimensión sustantiva del quehacer universitario, al igual que la
investigación y la docencia, el caso es que no es valorada de igual manera y continúa siendo
considerada como un área o una dimensión de menor importancia e, incluso, prescindible.

Las experiencias desde las que hablamos

En 2013, en una identificación de necesidades y expectativas que justificara la realización de


un proyecto de formación en sistematización de experiencias de Extensión Universitaria
(CEP, 2013), se consideró, por ejemplo, que:

- Los y las académicas no documentan su experiencia relacionada con el quehacer de


la universidad en comunidades a través de proyectos de extensión universitaria o
acción social, o si se hace, se realiza de forma muy descriptiva y esquemática.

- Se requiere, desde los proyectos de extensión, herramientas que ayuden a recuperar,


revisar y valorar el aporte científico de sus prácticas.

2
- Se valora la importancia de recuperar la voz de las comunidades, con el propósito
de pasar de “trabajar en las comunidades” a “trabajar con las comunidades”.

- Los y las académicas cuentan con una información básica y muy abstracta sobre
concepción y metodología para sistematización de experiencias. No se cuenta con
conocimientos sobre los fundamentos epistemológicos y teóricos, ni sobre los
desafíos metodológicos que implica.

- Se necesita impulsar procesos de formación integral en este campo, que sean


teóricos y prácticos y que cuenten con productos y resultados concretos.

Por todo lo anterior, desde el propio campo de las personas que impulsan programas y
proyectos de extensión, se ha considerado que es fundamental una visibilización y una
valorización de ese quehacer específico, así como de sus vínculos con las dimensiones
docente e investigativa con el objeto de romper los compartimentos estancos entre ellas para
integrarlas efectivamente como partes componentes de una única estrategia integral de
formación.

En estos tiempos en los que la tendencia dominante busca reforzar un enfoque mercantilista
sobre las universidades públicas con el argumento de que lo esencial es la formación de
profesionales para cubrir las necesidades del mercado y que, por tanto, los recursos de las
universidades deberían centrarse en la tarea docente pensada como una acción cerrada a lo
interno del aula, es menester retomar los propósitos y principios que animaron la Reforma
Universitaria de Córdoba hace un siglo. Como dice el reciente Manifiesto de la Universidad
de Costa Rica formulado en conmemoración de su centenario:

“Debemos reafirmar un modelo de universidad democrático y democratizador, que


enfrente la desigualdad y la inequidad, así como la tendencia a la especialización de
un saber cada vez más ajeno a los sectores populares y empobrecidos a los que nos
debemos.

A cien años de la Reforma de Córdoba, la Universidad de Costa Rica levanta la voz


de nuevo, reivindicando todo el quehacer universitario y, sobre todo, la acción social
o extensión como una práctica transformadora y liberadora articulada íntimamente
con la docencia y la investigación. Las comunidades del futuro deberán seguir
alimentando a las universidades públicas no solo con los recursos necesarios para su
funcionamiento, sino con el cúmulo de saberes y conocimientos que le otorgan vida
y sentido. No permitamos que la universidad vuelva a ser ese polvoriento claustro,

3
abierto únicamente a intereses mercantiles. Luchemos por una universidad que, al
contrario, haga espacio a la ternura y la esperanza de todas las personas”. (UCR,
2018)

Desde aquella época en la que se instaura en América Latina la Extensión Universitaria como
componente esencial de la actividad académica e, incluso, se llevan a cabo movimientos
creadores de Universidades Populares en América Latina, uniéndose a las experiencias
similares que se llevaban a cabo en Europa, el modelo de universidad que se comienza a
propugnar como necesario, supone abrir los muros y claustros universitarios a las
problemáticas más álgidas de nuestras sociedades y a la participación y propuestas de los
actores sociales mayoritarios de nuestros países. De ahí que se apueste por una universidad
pública, gratuita, laica, inclusiva, comprometida socialmente y con programas de alta calidad
en la Extensión (o Acción Social), la investigación y la docencia, que forme parte de un
mismo y único proceso ético, político y pedagógico. La universidad como espacio de debate
y confrontación de ideas. La universidad como espacio de construcción de pensamiento
crítico y de relaciones solidarias como contribución a la democratización de la sociedad.

Dado el creciente interés por llevar adelante proyectos de formación académica en


sistematización de experiencias en las universidades de Costa Rica, progresivamente tuvimos
la oportunidad de organizar y participar en actividades formativas de sistematización de
experiencias, en el marco de esfuerzos interuniversitarios como han sido las propuestas de
las subcomisiones de evaluación y capacitación del Consejo Nacional de Rectores
(CONARE), y luego, en propuestas impulsadas por algunas universidades públicas en
particular.

En 2013 (Jara, 2015) se dio inicio a un primer proyecto interuniversitario, que buscaba llevar
a cabo un proceso básico de formación que permitiera apropiarse de los conceptos y
herramientas fundamentales de la sistematización de experiencias y a la vez ponerlos en
práctica. Así, se generaron reflexiones críticas y participativas en torno a las problemáticas
socio-culturales, políticas, técnicas y académicas relacionadas con la Extensión Universitaria
y la Acción Social.

Este proyecto constó de tres talleres a lo largo del año, con períodos intermedios de
realización de trabajos prácticos de diseño y ejecución de procesos de sistematización sobre
experiencias seleccionadas por las propias personas participantes, acompañado de momentos
4
de intercambio entre ellas y de seguimiento y asesoría virtual por nuestra parte. Participaron
37 personas de cuatro universidades y se procesaron 24 experiencias concretas.

Un año después, luego de una valoración positiva de la apropiación del enfoque y


metodología y de su utilidad tanto para aportar a los trabajos particulares, como para
constituir un espacio de intercambio y reflexión crítica interuniversitaria, se decidió impulsar
una dinámica multiplicadora. Así, se formuló un curso de formación de formadoras y
formadores que tuvo como participantes a quienes habían estado en el curso anterior y ahora
serían asesoras y tutoras de otros equipos en sus universidades y se encargarían de las
sistematizaciones.

Este curso tuvo cuatro talleres y asesoría virtual de nuestra parte. El último taller se
constituyó en un espacio para la socialización de los productos que habían elaborado las
personas a las que acompañaron y asesoraron durante el año. Participaron 23 personas y se
sistematizaron 15 experiencias.

Un aspecto relevante fue el reconocimiento de la importancia del cambio de rol de las


personas participantes entre el primer curso y el segundo. Pasar de participantes-
sistematizadoras a asesorar, teórica y metodológicamente, la sistematización de otras
personas, les exigió una mayor profundización en lo que habían trabajado e, incluso,
enfrentarse con situaciones imprevistas o inéditas.

Muchas lecciones nos dejaron estas primeras actividades formativas , en las que se pudo
experimentar y poner en práctica diferentes dimensiones de la sistematización de
experiencias: la producción de conocimiento académico desde las prácticas de extensión; el
intercambio y diálogo de saberes entre las diversas personas que son partícipes de los
proyectos de Extensión/Acción Social (tanto de las universidades, como de las
comunidades); la reconstrucción histórica de los procesos vividos; se ordenaron las
informaciones y se hurgó en los registros que se tenían de las experiencias; la toma de
distancia respecto a la propia experiencia para analizarla y para hacer una interpretación
crítica que problematizara los aspectos que surgen en la recuperación histórica; identificar
categorías de análisis e interpretación teóricas pertinentes; la formulación de conclusiones y
aprendizajes obtenidos de estos análisis e interpretaciones que no cayeran en generalidades
o lugares comunes; la producción de materiales comunicativos para compartir los

5
aprendizajes y, a la vez, lograr una nueva mirada sobre la experiencia sistematizada y pensar
cómo comunicarla, etc.

Todo ello era más complejo y significativo que los tradicionales informes narrativos de las
actividades de Extensión Universitaria o Acción Social que había que entregar como trámite
de rendición de cuentas. También implicaba una mirada crítica desde la lógica y avatares del
proceso vivido, que enriquecía los elementos obtenidos en anteriores evaluaciones.

Después de esto, se diseñaron nuevas actividades de formación en sistematización de


experiencias que siguieron un curso similar. Desde el que organizó la sub-comisión de
evaluación de CONARE, en 2015, también interuniversitario, hasta los que impulsó la
Dirección de Desarrollo Profesional de la Universidad Nacional en 2016, la Vicerrectoría de
Acción Social de la Universidad de Costa Rica en 2017 y 2018 (este para la sede regional del
Pacífico), la Vicerrectoría de Extensión de la Universidad Nacional en 2018 y 2019, que ha
publicado cinco tomos con los productos de las sistematizaciones realizadas, (UNA, 2018),
las Iniciativas interdisciplinarias del Centro de Investigación, docencia y extensión artística
de esa misma universidad, entre otras.

A modo de ejemplo, se citan los títulos de algunas de las sistematizaciones realizadas en


estos cursos::

 La experiencia con la comunidad de Palito Chira y actores locales en el cultivo de ostras


como alternativas socio-productivas para comunidades marino-costeras
 La experiencia de entrenamiento y competición en nadadores con retardo mental que
participaron en las Olimpiadas especiales en Atenas, Grecia en el 2011.
 Construcción del concepto “trabajo con comunidad” en los proyectos de extensión docente.
 El papel de las mujeres indígenas Bribri en la creación y consolidación del centro de
capacitación Iririá Alakölpa ú, durante el período 2007-2009
 La experiencia del proyecto de estímulo del espíritu emprendedor en centros penales
costarricenses.
 Promoción de iniciativas de turismo comunitario y desarrollo local en la cuenca del río
Pacuare.
 La experiencia de fomento de consumo de frutas y verduras en la escuela como promotora
de hábitos de alimentación saludables en la primera infancia
 Experiencia de capacitación en higiene y manipulación de alimentos para población con
discapacidad intelectual
 La experiencia de articulación académica interdisciplinaria y de vinculación con acción social
en la realización de un diagnóstico socio productivo con comunidades

6
 La experiencia del proyecto de estrategias participativas de cambio climático local en dos
regiones del país
 Los aportes al reconocimiento de la sabiduría e identidad de los pueblos originarios de Costa
Rica.
 El trabajo sobre cultura de paz y expresiones artísticas con personas privadas de libertad en
dos centros diferentes de reclusión.
 Acceso, disponibilidad y uso sustentable del agua potable por medio de la implementación
de un sistema de captación de agua lluvia con los pobladores de la Isla Caballo.
 Educación popular y voces comunitarias. La experiencia de los talleres de herramientas de
comunicación popular con las comunidades de Guácimo y Palmar Norte durante 2017 y 2018
 La experiencia del Laboratorio exploración de dramaturgia actoral sobre la relación música-
cuerpo.
 La experiencia de 3 décadas de enseñanza aplicando el método de danza contemporánea
Züllig en la carrera de Bachillerato en Danza.

Como se puede ver, es grande la diversidad temática gracias a la multiplicidad de


experiencias que se realizan en los proyectos de Extensión Universitaria o Acción Social. Por
ello, la formación en sistematización de experiencias ha servido, por una parte, para tener
una mirada más amplia de la complejidad y diversidad de prácticas que se realizan e, incluso,
se desconocen y, por otra, para hacer una discusión y un debate académico sobre el rol de la
extensión universitaria y sus desafíos, los límites y posibilidades de producción de
conocimiento académico desde las prácticas, la participación de las personas de las
comunidades como sujetos de los procesos, el vínculo con la investigación y la docencia, el
papel formador de las experiencias de acción social para las y los estudiantes, etc.

La formación en teoría y metodología de sistematización de experiencias de Extensión /


Acción Social, tiene su punto de partida en las propias necesidades y motivaciones planteadas
a sus protagonistas por la dinámica de los proyectos y programas que ejecutan en conjunto
con personas de comunidades urbanas y rurales, así como a través de convenios con escuelas,
colegios, instituciones estatales o municipales, entre otros actores. Partimos de la convicción
de que hay una riqueza de enseñanzas en las experiencias concretas de Extensión, Acción o
Proyección Social universitaria que no necesariamente se convierte en aprendizaje ni en
conocimiento académico. El activismo o la preocupación centrada en la mera ejecución de
los proyectos y en una rendición formal de cuentas de lo realizado, aparece como el principal
obstáculo para construir esos aprendizajes, a los cuales hay que dedicar un esfuerzo reflexivo
sistemático y ordenado. Muchas veces el tiempo que se requiere para hacerlo ni siquiera está

7
considerado en los planes de trabajo y asignación de responsabilidades, pero también hacen
falta orientaciones metodológicas y herramientas técnicas que lo permitan .

Desde ese doble punto de partida: la convicción de que las experiencias encierran múltiples
y ricos aprendizajes que es necesario identificar, descubrir y explicitar, y la necesidad de
contar con orientaciones y herramientas para hacerlo, hemos ido explorando a través de rutas
posibles y viables para sistematizar las experiencias que marcan el rumbo de actividades de
formación y capacitación que se realizan con varias universidades, tanto en Costa Rica como
en otros países.

Un aspecto que se ha tenido en consideración es la necesidad de sugerir propuestas de


sistematización de experiencias que puedan ser factibles de realizar y que estén vinculadas
como componente reflexivo de la propia dinámica de la acción extensionista con el objeto
de que no se vean como una tarea adicional, que exigiría suspender lo que se hace para
concentrarse en la sistematización (aquí hemos tenido que enfrentar la tendencia -muy
frecuente en universidades- de considerar que la sistematización es semejante a escribir una
“tesis”, para lo cual, entonces, habría que aislarse de todo para realizarla y, además, cuando
se concluya, archivarla. Hacer que la sistematización de experiencias acompañe
permanentemente las prácticas extensionistas como una dimensión de las mismas, es la meta
que se busca a través de ejercitarse en estas modalidades flexibles y viables que demuestren,
primero, su utilidad y efectividad y, segundo, que motiven a continuarla. En ese camino
estamos).

Presentamos a continuación el abordaje conceptual y metodológico con el que se ha


trabajado, así como algunas reflexiones propositivas en torno a las pistas que se van abriendo
en el ámbito académico respecto a la importancia y viabilidad de este enfoque de producción
de conocimientos desde las prácticas.

La vitalidad, fugacidad y trascendencia de las experiencias

Cuando se entra en el campo de la Extensión Universitaria, Acción o Proyección Social como


se le denomina en distintas universidades latinoamericanas, se toma, como punto de partida,
que se trata de proyectos académicos que se ponen en práctica de distintos modos. Sin

8
embargo, la atención mayor no está dirigida hacia la formulación, estructura y objetivos de
esos proyectos, sino a los procesos que dichos proyectos producen desde el día en que se
piensan y ponen en práctica. Además, en particular, nos interesa identificar los aspectos que
nos marcaron en ellos, por lo que, de esa manera, se llega al centro de nuestra atención: las
experiencias vividas por las personas que son sus actores protagónicos.. En ellos no hay
simplemente hechos o acontecimientos que “suceden”, sino que hay personas que “hacemos
que sucedan” y nos impacten de forma vital: personas que pensamos, que sentimos, que
actuamos y nos relacionamos en contextos y situaciones determinadas y que, por hacerlo,
vivimos experiencias que, a su vez, construyen nuevos contextos, situaciones, ideas,
emociones y relaciones, en una dinámica histórica de vinculaciones y tramas que nunca
concluye.

Explicitamos así la importancia de la vitalidad de las experiencias que están marcadas por
las características que le imprimen sus protagonistas. Las personas vivimos las experiencias,
no sólo las llevamos a cabo. Y las vivimos con expectativas, temores, ilusiones, ideas e
intuiciones que se entrelazan con procesos complejos y dinámicos que, a su vez, nos
impactan, nos condicionan, nos exigen, nos hacen ser. Las experiencias son individuales y
colectivas, las vivimos y nos hacen vivir.

Por otra parte, ninguna experiencia “parte de cero”; toda experiencia se vive en un momento
histórico, en un contexto económico, social, político y cultural específico que la condiciona
y enmarca, pero no la determina absolutamente, porque –asimismo- cada experiencia carga
la potencialidad de su propia contribución innovadora. En ese sentido, toda experiencia
inmediata y personal está vinculada con toda la experiencia humana desde el particular
momento histórico que se vive, aunque esta relación no aparezca de forma evidente ni
inmediata.

Para descubrir esos hilos de trascendencia es necesario llevar a cabo ejercicios intencionados
que posibiliten ir más allá de las percepciones del acontecimiento actual y momentáneo con
el fin de identificar las múltiples temporalidades que anidan en él:

“La condición histórica pensada desde la experiencia, permite abrir paso a una razón nómade,
peregrina, transitiva, sustentada en los propios procesos vividos (…) recuperando la trama de
la vida como una compleja red de relaciones vitales contingentes, que reconociendo su

9
transitividad puede vislumbrar desde allí lo trascendente que emerge como certeza de la
experiencia de lo humano” (Osorio y Rubio, 2010, 4).

Las experiencias son también lugares vivos de creación y recreación de saberes. Estos saberes
cotidianos, “sentipensantes” en el sentido de Fals Borda aue poseen todas las personas,
forman parte fundamental de la experiencia: son los saberes producidos por la experiencia,
“saber de experiencia feito” en portugués, como decía Freire (1997, 32) y que pueden ser de
muy diversa naturaleza de acuerdo con quien la vive y de sus condiciones, hábitos y
características de reflexividad: desde saberes inmediatos, empíricos, descriptivos,
focalizados, hasta saberes con profundos niveles de conceptualización. Pero, en cualquier
caso, aun cargados de la trascendentalidad que se ha señalado, serán siempre saberes
directamente vinculados con una experiencia particular, inédita y “fugaz” (Ghiso, 2010), lo
que se constituye en el punto de partida para un ejercicio crítico de construcción de
conocimientos y de descubrimiento de los sentidos de lo vivido: he ahí el lugar de la
sistematización de la experiencia.

¿Qué entendemos por sistematización de experiencias?

Desde el punto de vista conceptual, se hace necesario diferenciar lo que se entiende


comúnmente como “sistematización”: ordenar, clasificar, catalogar datos e informaciones
dispersas. Con el concepto de “Sistematización de experiencias” se hace alusión a la
interpretación crítica de los procesos vividos, que, a partir de su ordenamiento y
reconstrucción, identifica aprendizajes significativos que deben comunicarse y compartirse
para alimentar la propia experiencia o para inspirar a otras en una perspectiva transformadora.
Esta segunda acepción, vinculada siempre con “experiencias”, implica un ejercicio
intelectual de múltiples tareas: registro, descripción, reconstrucción, análisis, síntesis,
interpretación, comunicación. En definitiva, implica realizar una teorización a partir de las
experiencias vividas que exige un procedimiento riguroso y, por eso, sistemático.

Los procesos de formación en teoría y metodología de la sistematización de experiencias que


hemos estado impulsando con varias universidades, se realizan desde un enfoque de
Educación Popular, es decir, desde una perspectiva educativa liberadora, horizontal,
dialógica que busca construir un conocimiento transformador y desarrollar capacidades para
el cambio social y personal. Ello supone un ejercicio de teorización desde la práctica,

10
comprometida con procesos transformadores en los que se refuerza nuestro quehacer como
sujetos protagonistas de una Historia por construir, con base en los intereses, necesidades,
aspiraciones y propuestas de las mayorías populares que sufren asimetrías en nuestras
sociedades.

Por todo lo anterior, las sistematizaciones de experiencias de Extensión Universitaria tienen


un doble signo de compromiso con los sectores oprimidos, marginados, excluidos o
discriminados de nuestras sociedades: por un lado, porque estos programas y proyectos
significan compromiso universitario con esas problemáticas para contribuir en su superación,
en la medida que la sistematización genera aprendizajes significativos, fortalece la
comprensión crítica y propositiva por parte de las personas que son los sujetos participantes.
Esto último lleva a promover un diálogo de saberes entre los populares y los académicos, que
se entrelazan en los procesos de Extensión o Acción Social que dinamizan, a la vez, la
dimensión investigativa y enriquecen la dimensión docente.

Indicamos a continuación algunos aspectos clave de la concepción con la que trabajamos, y


por ello reafirmamos que:

La Sistematización de Experiencias es aquella interpretación crítica de una o varias


experiencias que, a partir de su ordenamiento y reconstrucción, descubre o explicita la lógica
y el sentido del proceso vivido en ellas: los diversos factores que intervinieron, cómo se
relacionaron entre sí y por qué lo hicieron de ese modo.
La Sistematización de Experiencias produce conocimiento y aprendizajes significativos que
posibilitan apropiarse críticamente de las experiencias vividas (sus saberes y sentires),
comprenderlas teóricamente y orientarlas hacia el futuro con una perspectiva transformadora
(Jara, O. 2013, p. 78).

Esta conceptualización precisa los siguientes elementos:

- Es un ejercicio intencionado que busca penetrar en la trama íntima y trascendente


de la experiencia, con un ejercicio interpretativo de teorización y de apropiación
consciente de lo vivido. Requiere de un empeño de “curiosidad epistemológica” y
supone “rigor metódico” (Freire, 1997, 28-35) para convertir el saber que proviene
de la experiencia, a través de su problematización, en un saber crítico.

11
- Ubica la sistematización de experiencias como una interpretación que tiene como
base el ordenamiento y reconstrucción de lo acontecido. Es decir, es el resultado de
un esfuerzo complejo de ubicación, descripción, narración, clasificación de
elementos, análisis y reflexión en torno a la experiencia vivida.

- En esta interpretación se busca identificar la lógica del proceso vivido: ¿dónde,


¿cómo y por qué los distintos factores de la experiencia se relacionaron de
determinada manera a lo largo de la experiencia? ¿Cuáles fueron los factores más
activos y determinantes y cuáles los más dependientes o secundarios? ¿Qué
continuidades, discontinuidades, contradicciones y rupturas se dieron y por qué se
dieron? ¿Qué fases o etapas ha tenido la experiencia y por qué fue posible pasar de
una a otra?

- La interpretación produce conocimientos críticos y aprendizajes significativos,


desde la particularidad de lo vivido en las experiencias y por parte de quienes las han
vivido. Esto implica, muchas veces, que se logre percibir dimensiones y perspectivas
inéditas que estaban presentes en nuestras experiencias, pero no las habíamos
percibido ni reconocido.

- La sistematización de experiencias permite -entonces- apropiarnos críticamente del


sentido de la experiencia, no porque éste ya existiera de antemano, sino como un
“hacer nuestro” el sentido de nuestra práctica. Por ello viene a ser una construcción
crítica y consciente del sentido de la experiencia, lo que posibilita no sólo
comprenderla en sus fundamentos y tramas invisibles, sino también darnos pistas para
su orientación transformadora hacia el futuro.

Lo anterior implica reafirmar que somos sujetos de la Historia y no simplemente objetos


que actuamos en ella. La sistematización de experiencias se convierte en condición de
posibilidad para comprender teóricamente -con un nivel de abstracción y generalización
mayor- la particularidad de las experiencias de extensión y podamos asumirlas en nuestras
manos con una intencionalidad transformadora.

Por ello es que la sistematización de experiencias de Extensión Universitaria puede contribuir


a reforzar el compromiso transformador del quehacer universitario y, además, aportar en la

12
producción de un conocimiento académico nutrido de la riqueza de la realidad económica,
social, política y cultural en la que la Universidad está inserta y que contribuya con el cambio
social que tenga como protagonista a los sectores sociales de las comunidades con las que se
trabaja y, en última instancia, que se apoyen proyectos de gestión local y de incidencia social
de alcances diversos.

Esta concepción de sistematización de experiencias rompe con tradicionales esquemas de


intervención extensionista en los que se pretendía “llevar el saber académico a las
comunidades”, para construir un conocimiento académico nutrido del diálogo de saberes
producido en las experiencias. De ahí que se exija también una metodología coherente con
esta visión.

Una propuesta metodológica flexible y viable para hacer posible la sistematización

En los procesos de formación en sistematización de experiencias de extensión universitaria


que hemos coordinado, se han ido siguiendo los momentos (no “pasos” en un sentido lineal,
ni de aplicación de receta) de una propuesta metodológica que, partiendo de esa experiencia
vivida, en primer lugar, formula un Plan de sistematización en el que es importante:

a) Delimitar el objeto o experiencia a sistematizar (en tiempo y lugar) para identificar


la práctica concreta, sus actores y condiciones y el período que servirá de base para
construir los aprendizajes.
b) Definir un objetivo preciso como resultado de esta sistematización
c) Precisar un eje en torno a los aspectos centrales de la experiencia que nos interesa
más y, por tanto, se convierten en un hilo conductor para leer la experiencia
d) Identificar las fuentes de información con que se cuenta: los registros documentales,
fotográficos, sonoros, audiovisuales, etc., y los que habría que conseguir para lograr
un conocimiento de la experiencia
e) Formular los procedimientos, técnicas y actividades a realizar y determinar
responsabilidades, fechas y productos, así como prever un presupuesto que permita
solventar el ejercicio de la sistematización.

Una vez elaborado el Plan, viene una etapa de Recuperación de la historia vivida de mirar
la experiencia como proceso, usar los registros y fuentes posibles, identificar sus etapas,

13
actores, interrelaciones. Para ello habrá que ordenar la información y también hacer una
reconstrucción histórica con base en el eje de sistematización formulado. Matrices
cronológicas, narraciones testimoniales, líneas de tiempo, cartografías, etc., son el tipo de
técnicas que suelen utilizarse para esta etapa. Este momento, que se caracteriza por hacer
una “toma de distancia” sobre lo vivido para mirarlo críticamente con el objeto de tener una
mirada panorámica y de conjunto de la experiencia (muchas veces por primera vez), crea las
condiciones para ir más allá de una mera descripción de lo ocurrido y construir una
interpretación de los hilos y tramas sustantivas de la experiencia.

Esta recuperación histórica es la base para –a partir de allí - hacer una labor de análisis de
diferentes aspectos por separado y realizar síntesis e interrelaciones entre los elementos
encontrados. Es el momento clave y sustantivo de la Interpretación crítica de la experiencia
vivida. Allí, normalmente, surgen hallazgos de diverso tipo que no se habían advertido
cuando ocurrieron o que ahora son visibles por haber relacionado diversos aspectos que
ocurrieron durante la experiencia. Es el momento en el que utilizamos las categorías de
análisis y referencias teóricas con las que se cuenta, pero, también, es posible que se exija la
búsqueda de otras referencias que nos ayuden a establecer un diálogo con otras
contribuciones teóricas. De esta manera se abre -desde la reconstrucción de lo vivido- un
momento específico de teorización, de abstracción, de comprensión de causas, factores
comunes y diferentes, tensiones y contradicciones que marcaron dicho proceso y lo
definieron. Ello nos permite derivar, por tanto, hacia la formulación de conclusiones,
aprendizajes y recomendaciones.

Finalmente, estas formulaciones deben ser comunicadas, compartidas, puestas al debate para
tener consensos y orientaciones y plantear propuestas y líneas de acción para el futuro. Aquí
es donde la sistematización de experiencias posibilita no solamente “apropiarse de la
experiencia pasada”, sino apuntar a “apropiarse del futuro”. Su objetivo central es orientar
con mayor capacidad y proyección lo que se plantea y recomienda hacer.

Siguiendo esta ruta a través de talleres presenciales y ejercicios individuales y colectivos


orientados virtualmente a través de una plataforma informática educativa2 con apoyo de

2
Hemos utilizado normalmente la plataforma Moodle, pero también comunicaciones vía correo electrónico,
WhatsApp y una carpeta Drive destinada exclusivamente para cada curso .

14
materiales de lectura y audiovisuales, cada equipo o persona que inició el proceso algunos
meses antes, se plantea el interés y necesidad por sistematizar una determinada experiencia
de Acción Social. Esta fase concluye con la redacción de un artículo académico que sintetiza
los resultados de su sistematización. También, a partir de lo realizado en esta sistematización
de la experiencia, algunos equipos o personas, utilizan las fotografías, grabaciones, videos y
matrices de recuperación histórica y elaboran otros productos comunicativos, sea para
compartirlos con colegas que trabajan en proyectos de Extensión o Acción Social, o sea para
compartirlo con las personas de las comunidades con las que se trabajó u otras con
experiencias semejantes.

Cada producto de sistematización implica un intenso trabajo de ordenamiento, reflexión,


aprendizaje e intercambio. Muchos de ellos son elaborados también con las personas de las
comunidades con las que se ha trabajado, de tal forma que sus voces y sus saberes se expresan
y comparten por medio de ellos. Ser sujetos del proceso de sistematización ha significado
una oportunidad para consolidar la autonomía de los proyectos una vez que haya concluido
la presencia de la universidad. En los últimos tiempos estamos incentivando más esta
participación, así como la realización de actividades formativas en las que participan
docentes, investigadoras e investigadores, estudiantes y personas de las comunidades.

Pistas que van abriendo nuevas rutas

Pese a que ya hay un camino andado de varios años en este campo, cada nueva experiencia
de formación produce aprendizajes diferentes, problemáticas innovadoras y exige variables
metodológicas adecuadas a condiciones inéditas, así como profundizar en nuevas temáticas.
De esta manera se van superando las tendencias al activismo que no deja tiempo para la
reflexión; a la elaboración de informes puramente descriptivos y narrativos que no incorporan
reflexiones críticas; a la distancia entre el diálogo de saberes que se produce en las
experiencias de extensión y los conocimientos producidos en procesos investigativos.
Asimismo, está siendo creciente la cantidad de proyectos de extensión que incorporan desde
su planeación momentos específicos y recursos humanos y materiales destinados a la
sistematización de las prácticas como ejercicio interpretativo crítico estrechamente vinculado
con la marcha de los proyectos y no como una tarea externa, puntual o posterior.

15
Cada nueva experiencia de formación y capacitación en sistematización de experiencias de
Extensión, Acción o Proyección Social universitaria es, en realidad, un incentivo y una
oportunidad maravillosa de aprendizaje para quienes las estamos proponiendo. Seguimos,
por ello, aprendiendo y compartiendo aprendizajes como los que hemos querido abordar en
este artículo. Esperamos que sea también un incentivo para incorporar esta dimensión en el
quehacer extensionista, no como una actividad aislada, sino como un ejercicio permanente
que contribuya a reforzar los esfuerzos por una universidad comprometida y coherente frente
a los desafíos de nuestras sociedades.

Definitivamente, consideramos que se han abierto pistas para lograr la siempre pretendida
inter o transdisciplinariedad en el quehacer académico, así como la articulación de las
dimensiones de investigación, docencia y extensión (teniendo como eje movilizador
precisamente las complejas y ricas experiencias extensionistas). Finalmente, creemos que es
una pista fundamental para asumir los retos de un trabajo académico comprometido con los
desafíos de nuestro tiempo y con la construcción de una universidad pública transformadora
que, como actor social y político responsable, aporta pensamiento crítico fundado en la
práctica y en la interacción con los sectores mayoritarios de nuestras sociedades.

Referencias bibliográficas

CEP Alforja (2013): Propuesta preliminar para la realización de un curso-taller sobre teoría y
metodología de sistematización de experiencias de extensión universitaria en coordinación con la
subcomisión de capacitación de Conare (Comisión Nacional de Rectores). Documento de trabajo.

Falckembach E. & Torres Carrillo A (2015): Systematization of Experiences: a practice of


Participatory Research from Latin America en: The SAGE Handbook of Action Research (Hilary
Bradbury ed), London, pp. 76-82

Freire, P. (1997) Pedagogia da autonomía. Saberes necessários à prática educativa. São Paulo, Paz
e Terra.

Ghiso, A (2010) La fugaz verdad de la experiencia: ecología del acontecimiento y la experiencia


formativa. [Link]/sistem/bvirtual

Jara, O. (2013) La Sistematización de Experiencias, práctica y teoría para otros mundos posibles.
Guadalajara, IMDEC, CEP Alforja, CEAAL, Oxfam Intermon

Jara, O. (2015) Producir conocimientos desde las prácticas de acción social de las universidades.
Sistematización de experiencias de Extensión Universitaria en Costa Rica 2013-2014, en La Piragua,
Revista de Educación y Política, n. 41, pp. 55-69, CEAAL.

16
Osorio y Rubio (2010) Investigación-Acción desde un enfoque pedagógico eco-reflexivo:
consideraciones para el desarrollo de un programa crítico-hermenéutico en
[Link]

Streck & Jara (2015): Research, Participation and Social Transformation: Grounding
Systematization of Experiences in Latin American Perspectives en: The SAGE Handbook of Action
Research (Hilary Bradbury ed), London, pp. 472-480

Torres A (2010): From participatory research to the systematization of experiences, International


Journal of Action Serach, 6, Mering, Germany pp. 196-222

UCR (2018). Manifiesto de la Universidad de Costa Rica en defensa de la universidad pública y por
una acción social transformadora, en conmemoración de los 100 años de la Reforma de Córdoba.
San José, abril 2018.

UNA- Universidad Nacional, Costa Rica (2016-2018):


[Link]/[Link]/es/noticas-y-eventos/177-tomos-coleccion-democratizando-
experiencias-de-extension-universitaria

17

También podría gustarte