Tema 5
Intervención Psicológica en Tercera Edad
Tema 5. Evaluación e
intervención psicológica en
problemas depresivos
Índice
Esquema
Ideas clave
5.1. Introducción y objetivos
5.2. Relevancia del problema
5.3. Manifestación clínica de los problemas depresivos en
la tercera edad
5.4. Factores protectores y factores de riesgo de la
depresión de las personas mayores
5.5. La evaluación psicológica de los problemas
depresivos
5.6. La intervención psicológica
5.7. Conclusiones
5.8. Referencias bibliográficas
A fondo
Consideraciones para la evaluación de la depresión en la
vejez
Eficacia de las intervenciones psicológicas para la
depresión en personas mayores
Test
Esquema
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Tema 5. Esquema
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Ideas clave
5.1. Introducción y objetivos
En este tema se abordan los principales contenidos teóricos que el psicólogo debe
de conocer en torno a los problemas depresivos de las personas mayores.
Partiendo de las evidencias científicas que sostienen que las prevalencias de los
trastornos depresivos en las personas mayores son elevadas, incluso la sospecha de
que estos elevados datos puedan estar enmascarados por el efecto de algunas
variables como, por ejemplo, las dificultades que pueden presentar las personas
mayores para informar de su sintomatología depresiva, todo apunta a que estamos
ante una problemática realmente importante a nivel sanitario y socioeconómico.
El hecho de que los trastornos depresivos en la vejez tengan una manifestación
clínica diferente respecto a otros grupos poblacionales con depresión hace que la
evaluación, el diagnóstico y el tratamiento de la depresión en personas mayores
resulten más complejos. Por todo ello, resulta fundamental que el psicólogo esté
formado en las características específicas de los trastornos depresivos en la vejez,
en su manifestación clínica y variables asociadas, así como en los instrumentos de
evaluación adecuados y las intervenciones psicológicas que han demostrado ser
eficaces. En este tema, se tratará de profundizar en todos estos aspectos.
Los objetivos de este tema son:
▸ Conocer el impacto personal, familiar y socioeconómico de los problemas depresivos
en la vejez.
▸ Describir las principales variables psicosociales implicadas en el origen y
mantenimiento de los problemas depresivos en la vejez.
▸ Saber los procedimientos y las herramientas para la evaluación de la depresión en la
vejez.
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Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
▸ Descubrir las principales técnicas psicológicas para la intervención en problemas
depresivos en la vejez.
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Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
5.2. Relevancia del problema
Los problemas depresivos en la vejez suponen un problema importante. Los datos
recientes de prevalencia de los problemas depresivos en las personas mayores son
elevados, tal y como se muestra en la tabla 1.
Tabla 1. Prevalencia de problemas depresivos en la vejez. Fuente: Dinapoli y Scogin, 2014.
En la población española se han encontrado datos similares, aunque se han
señalado porcentajes más elevados de problemas como la distimia, que podría
llegar a afectar a un 14,3 % de mujeres, con respecto a un 2,5 % de hombres
(Gázquez, Pérez, Lucas y Yuste, 2008).
A estos datos hay que añadir que la población que se muestra más vulnerable y,
por tanto, con mayor predisposición para padecer depresión son las mujeres, las
personas mayores más mayores, personas con menor nivel socioeconómico,
con problemas funcionales y personas con problemas cognitivos.
Dentro del grupo de las personas mayores, los problemas depresivos son más
frecuentes entre los mayores-mayores. Los motivos por los que se observan más
problemas depresivos en los más mayores tienen que ver con una mayor
frecuencia de mujeres, mayor presencia de problemas funcionales y cognitivos
y un menor nivel socioeconómico de este grupo poblacional (Blazer, 2003).
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Ideas clave
Son varios los aspectos llamativos a resaltar relacionados con las prevalencias de los
trastornos depresivos en la vejez:
▸ Curso de los problemas depresivos en la vejez: cuando atendemos a la evolución
de los trastornos depresivos en personas mayores, los datos indican que, entre las
personas con problemas depresivos clínicamente significativos , un 23 % remitió,
un 44 % tuvo un empeoramiento fluctuante y un 33 % mostró un curso crónico
severo. De los problemas subclínicos, un 25 % fueron crónicos, mientras que un 35
% de los casos de depresión severa y un 52 % de los distímicos fueron crónicos
(Beekman et al., 2002).
▸ Menor prevalencia como grupo poblacional: las estadísticas sugieren que los
síntomas y problemas depresivos son menos frecuentes en las personas mayores
que en otros grupos de edad (Blazer, 2003), por lo que, a pesar de encontrarse cifras
altas de prevalencia, se trata de uno de los grupos poblacionales con menor
afectación de este tipo de trastorno afectivo.
▸ Aumento progresivo de los datos de prevalencia: debido a cambios culturales en
la forma de entender los problemas de salud mental, en los últimos años se está
observando un aumento progresivo con el paso del tiempo en la incidencia de casos
depresivos en las personas mayores, población en la que también son frecuentes los
episodios recurrentes de problemas depresivos.
▸ Cautela en datos de prevalencia: a pesar de que los diferentes estudios científicos
indiquen que los síntomas y problemas depresivos son menos frecuentes en las
personas mayores que en otros grupos de edad (Blazer, 2003), son diversos los
factores que podrían estar influyendo en un enmascaramiento de los datos «reales»
de prevalencia de este tipo de trastorno psicológico en las personas mayores.
Algunos de los factores que parecen estar influyendo en mayor medida en este
enmascaramiento son:
• Dificultades por parte de las personas mayores para facilitar información.
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• Dificultades por parte del psicólogo para acceder a la información.
• Dificultades en la identificación de síntomas específicos de depresión en personas
mayores.
Mientras que los dos primeros aspectos fueron analizados en el tema «Habilidades
terapéuticas para la evaluación y la intervención con personas mayores», el último de
ellos se describirá con mayor profundidad en los próximos apartados de este tema.
De lo expuesto hasta el momento, se podría concluir que, si bien otros grupos
poblacionales presentan datos de mayor prevalencia de problemas depresivos, más
allá de esta comparación entre grupos poblacionales, las prevalencias en personas
mayores son también destacables y resulta fundamental atenderlas.
Especialmente teniendo en cuenta que en los últimos años estas cifras están
aumentando y que, según indican los diferentes estudios, la realidad es que estas
estimaciones muy probablemente estén sesgadas por razones como las que se
señalaban anteriormente, relativas a la dificultad para reconocer problemas
depresivos en las personas mayores.
Consecuencias de los trastornos depresivos en las personas mayores
Todos los datos anteriores son especialmente preocupantes dado que la depresión
en la vejez puede tener efectos relevantes en la ejecución cognitiva de las personas,
la satisfacción con la vida y el funcionamiento social y físico. A su vez, se asocia con
un mayor uso de recursos sanitarios, un aumento del riesgo de hospitalización
y mortalidad.
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Por último, pero no menos importante, la depresión en la vejez es uno de los
factores de riesgo más importantes para el suicidio. Las características de las
personas mayores que se asocian con mayor riesgo de suicidio son: ser viudo,
vivir solo, percibir una mala salud, experimentar baja calidad del sueño, no contar
con un confidente y experimentar sucesos vitales estresantes, como problemas
económicos o interpersonales.
Los factores a los que se asocia la depresión en la vejez, bien porque puedan
generarla o bien porque puedan ser consecuencia de esta, se muestran de manera
esquemática en la tabla 2.
Todas las circunstancias comentadas llevan a la conclusión de que la depresión en
la vejez es un problema de enorme importancia tanto para la persona que la
padece como para las familias. Se trata de un serio problema de salud pública.
Tabla 2. Ejemplos de factores asociados a la depresión en la vejez. Fuente: adaptación a partir de Blazer
(2003).
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Ideas clave
Teniendo en cuenta los elevados datos de prevalencia de los trastornos depresivos
en personas mayores, la posibilidad de que estos datos pudieran ser incluso
mayores debido al enmascaramiento que se ha mencionado anteriormente, y sin
olvidarnos de las consecuencias que tienen los trastornos depresivos en las
personas mayores y las dificultades que nos encontramos, la correcta evaluación,
diagnóstico y tratamiento por parte del psicólogo tienen un papel fundamental.
En los próximos apartados se profundizará especialmente sobre las diferentes
problemáticas que presenta el diagnóstico de los trastornos depresivos en personas
mayores y se describirán pautas para una correcta actuación psicológica.
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Ideas clave
5.3. Manifestación clínica de los problemas
depresivos en la tercera edad
Una de las dificultades más importantes que se presentan para poder hacer un
diagnóstico correcto de un problema depresivo en una persona mayor está
relacionada con su propia manifestación clínica. En este sentido, los trastornos
depresivos en las personas mayores están caracterizados por una sintomatología
diferente respecto a otros grupos de edad con sintomatología depresiva. Por ello, es
fundamental que el psicólogo conozca esta manifestación clínica característica ya
que, de lo contrario, no podrá detectar y diagnosticar correctamente un trastorno
depresivo en personas mayores.
El primer paso, que generalmente llevaría a cabo todo psicólogo para diagnosticar
depresión, sería servirse de los criterios diagnósticos de un manual diagnóstico de
referencia, como puede ser el DSM-5 (2014). Si acudimos por ejemplo al DMS-5
(2014), los criterios para diagnosticar un «Trastorno depresivo mayor» serían los
siguientes (tabla 3):
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Tabla 3. Criterios diagnósticos de un «Trastorno depresivo mayor» (DSM-5; 2014).
Asimismo, el DSM-5 (2014) nos indica que el trastorno debe generar un importante
sufrimiento emocional y físico a las personas que lo padecen. Y que estos síntomas
deben causar malestar clínicamente significativo o problemas en áreas importantes
para la persona (social, ocupacional, familiar, etc.).
Sin embargo, a pesar de que los manuales diagnósticos al uso plantean criterios
como los comentados en el párrafo anterior, los problemas depresivos en la vejez
no suelen reconocerse y tratarse. Junto a los comentados en el apartado anterior,
son diferentes los motivos que pueden influir en esta cuestión:
▸ Limitaciones asociadas a los manuales diagnósticos: la depresión no se puede
diagnosticar si los síntomas son resultado de condiciones médicas o fisiológicas.
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Síntomas como la fatiga, el insomnio o la pérdida de peso pueden ser atribuidos
equivocadamente a problemas de salud o incluso a la «vejez normal» y, por lo tanto,
contribuir al infradiagnóstico de los problemas.
▸ Estereotipos: existen estereotipos generalizados sobre cómo son las personas
mayores (es normal que no realicen actividades o que se sientan cansados) que son
mantenidos por la sociedad, las propias personas mayores (autoestereotipos) y los
profesionales. La existencia de estos estereotipos influye en que las propias
personas mayores asuman como normal la sintomatología depresiva y, por lo
tanto, no pidan ayuda ni acudan a profesionales. Desde el punto de vista profesional,
el efecto es similar. Creencias como «las personas mayores ya no cambian» o «es
normal la fatiga o el aislamiento» influyen decisivamente tanto en procesos de
evaluación o diagnóstico como en procesos de cambio terapéuticos.
▸ Existen limitadas herramientas para la evaluación de los problemas depresivos en
las personas mayores. La mayoría de los procedimientos diagnósticos y de
evaluación (por ejemplo, cuestionarios) se han desarrollado para otros grupos de
edad. Además, de las escasas herramientas disponibles, muy pocas se han validado
al castellano.
▸ Existe poca formación especializada para el trabajo con personas mayores con
problemas emocionales.
▸ Diferencias en la manifestación del problema entre jóvenes-adultos y personas
mayores: algunas de las características principales son que las personas mayores
muestran menos síntomas cognitivos y afectivos que las personas más jóvenes. Así
mismo, suelen tener menos velocidad de procesamiento y mayores disfunciones
ejecutivas asociadas a la sintomatología clínica depresiva. Por otra parte, es más
probable que presenten síntomas asociados a efectos fisiológicos, condiciones
médicas o medicamentos pautados. Finalmente, presentan mayor sintomatología en
aspectos como la desesperanza, evitación de contacto social, fatiga, sueño y/o
preocupaciones, entre otros. En la tabla 4 se presentan, de manera detallada, las
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Ideas clave
características específicas de la manifestación clínica de los problemas depresivos
en las personas mayores.
Accede aquí a la Tabla 4
Una vez que el alumno ha podido observar toda la sintomatología clínica
característica de este grupo poblacional, resulta fundamental analizar más al detalle
todas las variables. Para ello, ampliaremos la información presentada en la tabla 4,
creando así la tabla 5, que se presenta a continuación.
Accede aquí a la Tabla 5
Si atendemos a los nuevos elementos de la tabla 5 respecto a la tabla 4, se pueden
observar que los diferentes síntomas clínicos han quedado agrupados en torno a
cuatro reflexiones que nos llevan todas ellas a concluir las dificultades con las que
nos encontramos en el diagnóstico de un trastorno depresivo en la vejez. Las cuatro
reflexiones giran en torno a lo siguiente:
▸ Reflexión 1. Estereotipos. Teniendo en cuenta los diferentes síntomas de este
bloque (desesperanza por el futuro, evitar el contacto social, sentimiento de carga o
inutilidad, anhedonia e irritabilidad), los estereotipos que puedan tener, tanto las
personas mayores como los profesionales de la salud, pueden conducir a una no
detección de esta sintomatología como propia de un estado depresivo en una
persona mayor. En este sentido, la persona mayor o el psicólogo considerarían que
en edades avanzadas es normal sentirse desesperanzado frente al futuro y no lo
considerarían como un síntoma clínico específico de un trastorno depresivo en una
persona mayor.
▸ Reflexión 2. Debido a otras enfermedades. Los dos síntomas de este bloque
(problemas de sueño y fatiga), no solo podrían encajar en la Reflexión 1 descrita
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anteriormente, sino que al psicólogo le podrían llevar a malinterpretar la información,
llevándole a interpretar que se trata de un trastorno de sueño o de una falta de
energía, ambas debidas o no al proceso natural del envejecimiento (para obtener
más información al respecto, ver los temas «Modelos psicosociales sobre el
envejecimiento» y «Evaluación e intervención psicológica en problemas de sueño»).
Es fundamental en este punto analizar en profundidad la naturaleza de estos
síntomas en la persona mayor con la que estemos trabajando para poder realizar un
correcto diagnóstico diferencial.
▸ Reflexión 3. ¿Trastorno de ansiedad? Es importante destacar que algunos síntomas
específicos de los trastornos depresivos en personas mayores son similares a la
sintomatología clínica de los trastornos de ansiedad, por lo que resulta fundamental
realizar un diagnóstico diferencial. Hecho que se torna más necesario si se tienen en
cuenta los datos de prevalencia tan elevados de comorbilidad entre trastornos
depresivos y trastornos de ansiedad en personas mayores (para ampliar
información, consultar el tema «Evaluación e intervención psicológica en problemas
de ansiedad»).
▸ Reflexión 4. Deterioro cognitivo. Como puede observarse en la tabla 4, es
característico de los trastornos depresivos en la vejez el retardo psicomotor y las
quejas subjetivas de memoria y de concentración. Un psicólogo sin la suficiente
formación en gerontología podría confundir esta sintomatología clínica típica de los
trastornos depresivos en personas mayores con un problema de deterioro cognitivo.
Si bien, en este punto también resulta necesario saber realizar un correcto
diagnóstico diferencial ya que el deterioro cognitivo y los trastornos depresivos en las
personas mayores cursan con sintomatología clínica similar. Incluso son bastantes
prevalentes los problemas depresivos y los trastornos de deterioro cognitivo que
cursan comórbidos.
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A modo de síntesis, resulta fundamental identificar correctamente los síntomas
clínicos propios de los trastornos depresivos en personas mayores, así como
analizar correctamente los propios síntomas para poder hacer un diagnóstico
diferencial correcto. Esta idea refleja la importancia de que el psicólogo tenga
formación específica en gerontología para que pueda ser consciente de las
dificultades que presenta el diagnóstico de los trastornos depresivos de las personas
mayores y trate de solventarlas.
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5.4. Factores protectores y factores de riesgo de la
depresión de las personas mayores
Aunque, como se verá a continuación, son múltiples los factores que pueden
contribuir al origen o mantenimiento de los problemas depresivos en la vejez, no hay
que perder de vista el enfoque del ciclo vital a la hora de entender el problema.
Como se describió en el tema «La Psicogerontología: conceptos fundamentales», el
envejecimiento es un proceso que se ve afectado por circunstancias que han
ocurrido a lo largo de todo el ciclo vital de las personas. En este sentido, de acuerdo
con Fiske y colaboradores (2009), a lo largo de la vida se producen factores de
riesgo y factores protectores que contribuirán a la probabilidad de que
aparezcan los problemas depresivos.
Factores protectores y factores de riesgo para desarrollar sintomatología depresiva
según la etapa vital
Según lo comentado, Fiske y colaboradores (2009) proponen que en cada etapa vital
(diferenciando entre infancia/adolescencia, etapa adulta y vejez) van a tener un
mayor peso determinados factores y no otros en la probabilidad de desarrollar
problemas depresivos. En la tabla 6 se enumeran estos factores.
A continuación, se van a ir presentando los factores de riesgo y protectores más
destacables en cada etapa vital para desarrollar depresión (ver tabla 6):
▸ Infancia y adolescencia: los factores genéticos o la ocurrencia de eventos vitales
estresantes en la infancia pueden ser factores de riesgo para la depresión. Por el
contrario, una situación ventajosa en términos socioeconómicos puede actuar como
factor protector. De una forma similar, mientras que, en la adolescencia y comienzos
de la edad adulta, un estilo de personalidad neurótico puede favorecer la
aparición de la depresión, un alto nivel educativo puede actuar como protector.
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▸ Etapa adulta: los principales factores de riesgo para padecer depresión en la edad
adulta son los problemas de ansiedad y problemas cardiovasculares. Por el
contrario, la implicación en actividades y la percepción que tenga la propia persona
sobre su maestría parecen actuar como factores protectores de sintomatología
depresiva en esta etapa vital.
▸ Vejez: en esta última etapa las variables más relevantes implicadas en la
sintomatología depresiva son los sucesos vitales estresantes, el deterioro
cognitivo, insomnio y la interrupción de actividades. Por otra parte, la
implicación en actividades valoradas por las personas y una red social cercana
actúan como factores protectores. Así mismo, las buenas habilidades de regulación
emocional y el sentido de la vida protegen a las personas mayores de padecer
depresión.
Tabla 6. Factores de riesgo y protectores para la depresión en la vejez.
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Ideas clave
En relación con las aportaciones de Fiske y colaboradores (2009), es importante
tener en cuenta dos aspectos importantes: en primer lugar, que los límites entre
etapas del ciclo vital son difusos y, en cierta medida, arbitrarios. Así, por ejemplo,
el insomnio no tiene por qué causar problemas exclusivamente en la vejez, sino
también estar influyendo en sintomatología depresiva en otras etapas vitales. En
segundo lugar, aunque se pueden identificar diferentes factores de riesgo, lo más
probable es que la depresión en la vejez se produzca por la interacción de
diferentes vulnerabilidades (Fiske, Wetherell y Gatz, 2009).
El modelo biopsicosocial
Siguiendo esta última idea de Fiske y colaboradores (2009), que sostiene que los
trastornos depresivos en la vejez suelen ser el resultado de la interacción de diversos
factores, resulta pertinente retornar al modelo biopsicosocial que estudiamos en los
primeros temas de la asignatura. En este sentido, el modelo biopsicosocial sería el
marco en el cual se integrarían los diferentes factores que pueden influir y estar
interaccionando entre sí para dar lugar a la sintomatología depresiva característica
de las personas mayores. A continuación, para profundizar más en el análisis de los
diferentes factores que contribuyen a predecir los trastornos depresivos en las
personas mayores, se describen algunos de ellos:
Factores biológicos
Existen diferentes factores biológicos que pueden actuar como precursores de
problemas depresivos en la vejez. Entre estos se pueden citar la predisposición
genética, ser mujer, hipersecreción de cortisol, lesiones vasculares y problemas
médicos comórbidos. Con respecto a los problemas médicos comórbidos, se ha
señalado que problemas como el ictus, la pérdida de visión u oído, los problemas
cardíacos o los problemas crónicos pulmonares son factores de riesgo para la
depresión en personas mayores.
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Los factores biológicos pueden ser la causa (por ejemplo, aumentan el estrés al
que está sometida la persona o reducen recursos como la autoestima o la
autoeficacia) o la consecuencia de problemas depresivos (por ejemplo, limitan la
adherencia a tratamientos).
Factores psicológicos
Desde el punto de vista psicológico, se pueden considerar diferentes modelos
teóricos que contribuyen a entender los factores que pueden precipitar o mantener la
depresión en las personas mayores.
En primer lugar, los modelos de estrés y afrontamiento dan importantes pistas de
qué puede suceder. Así, las personas mayores se enfrentan a múltiples
estresores entre los que se pueden incluir la pérdida de personas queridas o de red
social, padecer enfermedades crónicas, la fragilidad o incluso dependencia de otros,
la existencia de barreras ambientales (por ejemplo, duración de los semáforos para
cruzar), etc.
Sin embargo, a pesar de que gran parte de las personas mayores se enfrenta a
problemas o estresores, la mayoría no tiene problemas de depresión. Desde el
enfoque de los modelos de estrés, existen variables moduladoras que pueden
influir en que los estresores no afecten a las personas. Así, el apoyo social, un
locus de control interno, la percepción de autoeficacia o contar con adecuados
recursos socioeconómicos pueden amortiguar el efecto de los estresores.
Por otra parte, desde un punto de vista conductual, las personas mayores se
enfrentan a una importante reducción de reforzadores. La jubilación (en muchos
casos no deseada) recorta los contactos sociales y la sensación de valía de las
personas y, a su vez, se asocia con una importante reducción de ingresos
económicos.
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L o s problemas físicos y la fragilidad pueden provocar problemas de
dependencia de uno mismo o de otros cercanos, lo que reduce también el contacto
social y las posibilidades de implicación en actividades placenteras y comunicativas.
L o s estereotipos asociados a la vejez, denominados edadismo o prejuicios
edadistas, ejercen también un importante papel en la reducción de reforzadores
puesto que señalan a las personas mayores como frágiles, poco ágiles física y
cognitivamente y, en definitiva, reducen la oportunidad de acción de las personas
mayores en su entorno.
Por último, no hay que perder de vista que, tal y como demostraron los estudios de
Margaret Baltes (Baltes y Wahl, 1992), existe una tendencia generalizada (tanto en
contextos residenciales o de salud como en domicilios) de reforzar conductas
dependientes y no prestar atención o castigar conductas independientes, lo
que podría contribuir al mantenimiento de la sintomatología depresiva de las
personas mayores.
Por ejemplo, es posible que una persona mayor no reciba atención cuando realiza
actividades adaptativas o sea recriminada por realizar actividades independientes (ir
sola en autobús) pero, sin embargo, sí que reciba sistemáticamente atención cuando
manifiesta conductas dependientes o de llamadas de atención (llanto). Si las
personas comprueban (consciente o inconscientemente) que solo se les hace caso
cuando están mal, tenderán a mantener ese estilo de comportamiento, limitando y
poniendo en riesgo el mantenimiento de facultades y recursos hasta ahora
disponibles (por ejemplo, capacidad muscular).
Desde un punto de vista cognitivo, cobran especial importancia las creencias y
autoverbalizaciones que las propias personas mayores puedan tener («ya no
valgo para nada» o «eso es cosa de jóvenes»). Los estudios de Becca Levy (Levy,
Ferrucci, Zonderman, Slade, Troncoso y Resnick, 2016) sugieren que aquellas
personas que tienen una visión positiva sobre su propio envejecimiento viven más,
Intervención Psicológica en Tercera Edad 21
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se recuperan más rápido de problemas que cursan con dependencia y desarrollan
menos biomarcadores de alzhéimer.
Todos los factores mencionados pueden contribuir individualmente o de forma
conjunta a la depresión. También pueden provocar que se restrinjan las
oportunidades de acción o generatividad de las personas mayores (realización de
actividades, contribuir a la sociedad o a la familia, etc.), siendo esta circunstancia
especialmente relevante a la hora de comprender la ocurrencia de la depresión en
las personas mayores.
Factores sociales
Existen muchos factores sociales que se asocian con problemas depresivos en
la vejez. La ocurrencia de eventos negativos, enviudamiento, poco apoyo social,
sentimientos de soledad y cuidar de un familiar dependiente pueden provocar niveles
importantes de estrés o malestar.
Al igual que se señaló para los factores anteriores, muchas de estas actividades
actúan como fuentes restrictoras de la implicación de las personas en
actividades significativas.
En la figura 1 se presenta un esquema resumen de los factores asociados a la
depresión en la vejez.
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Figura 1. Factores asociados a la depresión en la vejez.
La paradoja del bienestar en la vejez
Dada la fragilidad a la que se enfrentan las personas mayores, el incremento del
número de pérdidas (de personas queridas o de poder adquisitivo, entre otras), el
incremento de sucesos vitales estresantes, etc., sorprende ver cómo las personas
mayores no se deprimen más. Esto es lo que se conoce como paradoja del
bienestar.
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Planteamientos teóricos, como el modelo de optimización selectiva por
compensación o la teoría de la selectividad socioemocional, o planteamientos
relativos a la sabiduría en la vejez permiten comprender cómo la experiencia y el
aprendizaje a lo largo de la vida también proporcionan estrategias que
permiten afrontar las adversidades.
Las personas mayores parecen tener mejores estrategias para regular sus
emociones y los eventos, así como un mayor control emocional.
Una adecuada salud, un buen funcionamiento cognitivo y un buen nivel
socioeconómico son importantes factores protectores de problemas depresivos
en la vejez. A estos factores, sin duda, contribuyen todas las cuestiones tratadas en
los temas anteriores relativas a teorías sobre el envejecimiento general y
envejecimiento satisfactorio en particular.
Un factor protector, que juega un importante papel en la explicación de la salud
mental en la vejez, tiene que ver con que las personas mantengan ilusión por
diferentes áreas vitales o valores y estén implicadas en actividades
significativas (con significado para ellas) dirigidas hacia tales valores.
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5.5. La evaluación psicológica de los problemas
depresivos
Son diversos aspectos a los que es importante atender en los procedimientos de
evaluación de los trastornos depresivos en la vejez. Entre otros: las particularidades
específicas que presenta, los procedimientos habituales de recogida de información
clínica y los instrumentos estandarizados de evaluación de sintomatología depresiva
adaptados a población mayor, así como las variables típicamente asociadas a la
depresión en la vejez, las cuales también hay que incluir en las evaluaciones
psicológicas. En el presente apartado se abordarán todos estos aspectos.
Particularidades de la evaluación de la depresión en la vejez
Como ocurre ante la mayoría de los problemas de salud (tanto mentales como
físicos), resulta necesario un abordaje que permita captar la naturaleza
multidimensional (áreas biopsicosociales), multinivel (individuo, comunidad, etc.) y
multidireccional (por ejemplo, alteraciones en un área, pero crecimiento en otra)
(Fernández-Ballesteros, Márquez y Santacreu, 2014). Una adecuada evaluación que
considere lo anterior proporcionará una apropiada explicación de la problemática
que, a su vez, facilitará un acertado enfoque terapéutico.
Por lo tanto, aunque en esta asignatura se realice un enfoque principalmente
centrado en los aspectos psicológicos que intervienen en la explicación de la
depresión en la vejez, resulta imprescindible una adecuada evaluación que
incluya la participación de otros profesionales y que permita controlar la posible
contribución de aspectos biológicos o fisiológicos y sociales al problema. Así, por
ejemplo, es sabido que problemas de híper e hipotiroidismo se asocian con
depresión, que muchos fármacos pueden generar sintomatología depresiva o que
problemáticas cardiovasculares pueden también contribuir al problema.
Intervención Psicológica en Tercera Edad 25
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Por otra parte, la complejidad del problema tratado imposibilita la existencia de
un único procedimiento ideal de evaluación, haciéndose necesaria una
combinación de procedimientos de observación, entrevista, registro de información y
cuestionarios que proporcione una adecuada información que guíe la descripción del
problema y la intervención.
Teniendo lo anterior en consideración, a continuación, se describen diferentes
procedimientos o instrumentos de evaluación de la sintomatología depresiva.
Procedimientos
Entrevistas diagnósticas
A través de este tipo de entrevistas se puede llegar a establecer un diagnóstico del
problema ajustado a los criterios marcados en los manuales diagnósticos. Una
de las más conocidas es la entrevista clínica estructurada para los trastornos del
DSM.
Es sabido que la principal ventaja de este procedimiento es que permite la
comunicación entre profesionales (esto es muy necesario en procesos judiciales),
pero presenta diferentes limitaciones. Así, por ejemplo, se trata de entrevistas que
requieren mucho tiempo de aplicación y que pueden contribuir a fatigar a la
persona evaluada.
A su vez, la validez y fiabilidad de estas entrevistas con personas mayores es
limitada (Fairchild y Scogin, 2008), entre otros motivos porque los criterios
diagnósticos al uso no están generalmente planteados o ajustados para su uso con
personas mayores.
Además, proporcionan información sobre algunas características del problema, pero
no sobre qué lo ha podido originar o qué puede estar influyendo a que continúe el
problema o se mantenga.
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Por otra parte, el establecimiento de un diagnóstico puede dar lugar problemas
asociados al etiquetaje que, finalmente, pueden añadir dificultades al proceso de
tratamiento.
Entrevista general
Las entrevistas psicológicas suelen recoger información sobre múltiples áreas
significativas para la vida de las personas. Así, por ejemplo, recogen información
sobre la situación familiar de la persona, sus intereses y aficiones, relaciones
sociales, situación profesional, formación, etc.
Pero, además, recogen información específica sobre el problema como, por
ejemplo, cómo describe la persona el mismo, desde cuándo ocurre y qué
circunstancias rodearon su aparición, cuál es la intensidad actual y cuándo ha sido
peor o mejor, qué esfuerzos ha realizado la persona para resolverlo, etc.
Se puede obtener información a través de la entrevista con la propia persona
que tiene el problema o con allegados (familiares, amigos, etc.).
Análisis funcional
Como es sabido, el análisis funcional se realiza a partir de la información
obtenida a lo largo del proceso de evaluación e intervención. Incluye información
acerca de las circunstancias disparadoras (antecedentes) de la sintomatología
depresiva o problemáticas asociadas y de las circunstancias operantes que
acontecen tras la ocurrencia de la problemática (consecuentes). A su vez, considera
también aquellos recursos personales o ambientales (disposicionales) que pueden
contribuir a entender y tratar el problema.
Intervención Psicológica en Tercera Edad 27
Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
Registros de conducta
Con el objetivo de realizar y confirmar el análisis funcional del problema, así como
con el de obtener información clave para la terapia, se diseñan a lo largo del
proceso terapéutico diferentes registros que serán completados por los
pacientes en el contexto natural de su día a día. Si bien el diseño de cada registro
dependerá de las variables que se consideren relevantes para el caso, es frecuente
solicitar registros sobre la actividad que realiza la persona a lo largo de la semana o
sobre situaciones que les generan malestar (qué piensan y sienten en tales
situaciones).
Instrumentos de evaluación de la sintomatología depresiva
La utilidad de las escalas que se comentan en este apartado tiene que ver con que
permiten cuantificar la gravedad del problema. Esto puede facilitar el contar con
puntuaciones a lo largo del proceso terapéutico que permitan conocer si se está
teniendo éxito o no y en qué medida este éxito es clínicamente significativo. A
continuación, se describen algunas de las escalas más utilizadas para la
evaluación de la sintomatología depresiva en la vejez.
Escala de Depresión Geriátrica (GDS) (Yesavage, Brink, Rose, Lum, Huang,
Adey y Leirer, 1983)
Esta escala se diseñó específicamente para su uso con personas mayores. Si bien la
escala consta de 30 ítems con opciones de respuesta sí o no, existen versiones más
breves.
Hay una versión adaptada al castellano por Izal y Montorio (1993) que tiene puntos
de corte que permiten valorar la gravedad de la sintomatología en términos de
depresión moderada y severa. Una limitación de esta escala es que la evidencia
para su uso con personas con deterioro cognitivo es cuestionable.
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Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
Escala del Centro de Estudios Epidemiológicos-Depresión (CES-D) (Radloff,
1977)
Esta escala se diseñó para ser utilizada en estudios epidemiológicos con la
población general y mostró alta consistencia interna en diferentes grupos de edad.
Consta de 20 ítems con cuatro opciones de respuesta. Tiene un punto de corte que
permite discriminar entre personas con riesgo de depresión clínica y sin riesgo. Se
han realizado validaciones al español de la escala (por ejemplo, Losada et al., 2012)
y existe también una versión breve.
Escala Cornell para la Depresión en Demencia (CSDD) (Alexopoulos, Abrams,
Young y Shamoian, 1988)
Esta escala mide, a través de 19 ítems con tres opciones de respuesta, el estado de
ánimo y signos relacionados, alteraciones de conducta o de ideas, etc. en personas
con deterioro cognitivo. Se administra tanto al paciente como a una persona cercana,
normalmente un familiar. Al igual que las anteriores escalas, tiene un punto de corte
y también ha sido validada al castellano (Pujol, Azpiazu, Salamero, Cuevas, 2001).
Evaluación de variables habitualmente asociadas a la depresión en la vejez
En cuanto a las variables que se presentan habitualmente asociadas a los trastornos
depresivos en las personas mayores, y que son necesarias tener en cuenta en la
evaluación psicológica, podrían destacarse las siguientes:
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Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
Evaluación del riesgo de suicidio
Si bien el tema del suicidio es lo suficientemente complejo e importante como para
requerir mucha más atención que la que aquí se le puede prestar, es importante
señalar que existen ciertas variables que se han visto asociadas al riesgo de
suicidio que pueden ser valoradas en la entrevista inicial.
Así, por ejemplo, existen factores de riesgo agudos, como puede ser el
enviudamiento, o factores más generales, como tener más de 80 años de edad,
una historia de problemas psicopatológicos (incluidos intentos previos de suicidio),
desesperanza, soledad o aislamiento social, problemas financieros o familiares y
contar con un plan o método de suicidio. Existen, a su vez, factores protectores
como, por ejemplo, las creencias religiosas o preocupaciones por la familia.
Respecto a la soledad, es importante destacar que los estudios científicos parecen
indicar que se trata de una variable fundamental en los trastornos depresivos de las
personas mayores, por lo que siempre hay que atender a la soledad de las personas
mayores, tanto en los procedimientos de evaluación como de intervención
psicológica.
Intervención Psicológica en Tercera Edad 30
Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
En el siguiente recurso, Soledad y envejecimiento, el alumno podrá ampliar
información respecto a la variable de soledad en personas mayores, una
problemática que está incrementándose en esta población.
Accede al vídeo:
[Link]
49c6-ab6c-afc80103bb1a
Eventos vitales estresantes y procesos rumiativos
La ocurrencia de sucesos vitales negativos (fallecimiento de un familiar, cuidado de
familiares dependientes, situaciones socioeconómicas problemáticas, etc.) o
positivos (nacimiento de un nieto) se asocian a problemáticas emocionales como la
depresión o la ansiedad.
A su vez, si la persona manifiesta estrategias de afrontamiento de estas
problemáticas negativas, como la rumiación, el problema puede prolongarse en
el tiempo o aumentar en términos de gravedad. Fernández y colaboradores (2013)
diseñaron las escalas de evaluación del impacto psicológico de sucesos vitales
Intervención Psicológica en Tercera Edad 31
Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
pasados que permiten evaluar, además de la ocurrencia de esos sucesos vitales
negativos y positivos, la existencia de procesos rumiativos o el crecimiento personal
asociado a los eventos evaluados.
Actividades placenteras, intereses, áreas de valor y actividades realizadas
relacionadas con estas
Como se ha mencionado anteriormente, el llevar a cabo actividades placenteras
permite incrementar la tasa de reforzadores obtenidos por las personas. Se han
desarrollado escalas que permiten evaluar estas dimensiones como, por ejemplo, la
versión española del inventario de eventos placenteros para personas mayores
California (COPPES) (Márquez-González, Losada, Rider y López-Pérez (2014).
Red familiar y social de apoyo
Sin duda alguna, una de las dimensiones más relevantes para las personas. Existen
escalas que permiten obtener información de interés sobre la existencia de
problemas asociados a las relaciones familiares de las personas.
Una escala breve validada al castellano para evaluar esta dimensión es la escala
APGAR (Bellón, Delgado, Luna y Lardelli, 1996), que evalúa la satisfacción de la
persona con las relaciones familiares, proporcionando una puntuación que indica
funcionalidad o disfuncionalidad en tales relaciones.
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Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
5.6. La intervención psicológica
En el presente apartado se analizará la eficacia que tienen las terapias psicológicas
para personas mayores con problemas depresivos. En primer lugar, es pertinente
atender a la cuestión de la necesidad o no de adaptar las terapias psicológicas a las
personas mayores. En este sentido, se tratará de dar respuesta a la pregunta de si
es necesario realizar adaptaciones de nuestras terapias psicológicas a las personas
mayores con las que trabajemos y analizar si estas adaptaciones van a ser
necesarias siempre y en qué medida. La segunda cuestión que nos ocupa en este
apartado es responder a la pregunta de si existen terapias psicológicas que hayan
demostrado su eficacia en población mayor.
A continuación, se va a ir profundizando en cada una de estas cuestiones.
¿Son necesarias adaptaciones de las terapias para el trabajo con personas
mayores?
Tal y como señalan Laidlaw y Kishita (2015), en el contexto de las terapias cognitivo-
conductuales, existe un importante debate sobre si los terapeutas deben
modificar o adaptar técnicas de intervención para el trabajo con personas
mayores. Estos autores revisan diferentes trabajos que concluyen que las
intervenciones estándar no modificadas para personas mayores son eficaces,
no existiendo diferencias significativas entre los efectos de las terapias con personas
mayores y personas adultas. Sin embargo, dado que los estudios que se han
realizado incluyen muestras de personas de unos 60-70 años de edad media,
señalan que esta cuestión no está resuelta para los grupos de personas mayores de
80 o 90 años.
Téngase en cuenta que en el tema «La Psicogerontología: conceptos
fundamentales» se abordó la cuestión relacionada con el rango tan amplio que
empleamos para abarcar a la población mayor, es pertinente, a nivel teórico, el
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Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
establecimiento de subrangos dentro de este grupo poblacional. Toda esa línea
justifica que sean necesarios más estudios científicos que aclaren si las personas
mayores de 80-90 años se benefician en la misma medida que otros grupos
poblacionales de las intervenciones psicológicas.
Según las aportaciones de los diferentes autores, parece ser que no siempre va a
resultar necesario adaptar las terapias psicológicas a las personas mayores
con problemas depresivos. En este sentido, parece que algunas intervenciones
dirigidas al tratamiento de la sintomatología depresiva son igual de eficaces en
personas mayores que en personas más jóvenes, no requiriendo ningún tipo de
adaptación.
Sin embargo, es importante tener presente que algunas personas mayores sí que
van a necesitar de determinadas adaptaciones de las terapias psicológicas a sus
características específicas. En esta línea, podría decirse que la adaptación no va a
venir determinada por formar parte del grupo poblacional de personas
mayores, sino por las características específicas de la persona en concreto con
la que vayamos a trabajar. A pesar de lo comentado, no debemos olvidar que para
las personas mayores de 80 años con depresión sigue siendo necesaria mayor
evidencia empírica que pueda aportar datos a la cuestión.
Intervenciones psicológicas empíricamente validadas para la depresión en la vejez
Son diversas las terapias psicológicas que han demostrado ser eficaces en población
mayor con depresión. Diferentes metanálisis muestran que las intervenciones
psicológicas son eficaces para la depresión en la vejez (Cuijpers, Karyotaki, Pot,
Park y Reynolds, 2014). Scogin y colaboradores (2005) realizaron un trabajo a través
del cual identificaron terapias psicológicas que cumplían los criterios para ser
catalogadas como basadas en la evidencia. A continuación, se describen estas
intervenciones.
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Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
Terapia cognitivo-conductual
Tiene su origen fundamentalmente en la terapia desarrollada por Aaron T. Beck
(Beck, Rush, Shaw y Emery, 1979), que ha sido adaptada para su uso con personas
mayores por autores como Larry Thompson y Dolores Gallagher-Thompson
(Thompson, Dick-Siskin, Coon, Powers, y Gallagher-Thompson, 2010). Tiene como
objetivo reducir o eliminar la sintomatología depresiva a través de la
flexibilización o modificación de pensamientos o creencias disfuncionales o
irracionales.
Además de este componente cognitivo, incluye técnicas conductuales que se
utilizan como ejercicios que permiten complementarlo, poniendo a prueba las
creencias de las personas.
Algunas de las técnicas cognitivas que se utilizan son la discusión de
pensamientos y la modificación de los mismos por otros más adaptativos o
realistas. Para ello, es habitual que se utilicen registros que son conocidos, como el
de las tres columnas (situación, pensamiento y emoción) o el de las cinco
columnas (situación, pensamiento, emoción, nuevo pensamiento y nueva emoción).
Las técnicas conductuales que suelen complementar la terapia son la activación
conductual, la relajación, el entrenamiento en habilidades de comunicación o la
solución de problemas. En la tabla 7 se muestra la organización general de una
terapia.
Intervención Psicológica en Tercera Edad 35
Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
Tabla 7. Organización general de una terapia cognitivo-conductual.
Terapia cognitivo conductual aumentada para la edad
En el contexto de la discusión sobre si son o no necesarias adaptaciones para las
terapias cognitivo-conductuales con personas mayores, Laidlaw y Kishita (2015)
proponen la terapia cognitivo conductual aumentada apropiada para la edad.
De acuerdo con su planteamiento, el aumento haría referencia al opuesto de
adaptación o modificación. En lugar de adaptar las terapias (por ejemplo, reduciendo
contenidos o enlenteciendo el discurso), se enfatiza la necesidad de optimizar las
terapias con base en fenómenos asociados al desarrollo a lo largo del ciclo vital. En
este sentido, las terapias se pueden beneficiar de teorías como el modelo de
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Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
optimización selectiva por compensación, la selectividad socioemocional, la sabiduría
o la más reciente teoría de internalización de los estereotipos.
De forma resumida, el planteamiento de la TCC aumentada es el siguiente (Laidlaw y
Kishita, 2015):
▸ Se utiliza una formulación del caso contextualmente apropiada a la edad para
entender el problema de los pacientes desde un punto de vista adecuado al
desarrollo a lo largo del ciclo vital.
▸ Se considera que los prejuicios o estereotipos edadistas pueden afectar al terapeuta
o al paciente y que pueden actuar como barreras para el cambio.
▸ La terapia se centra en ayudar al paciente a responder a los desafíos asociados a la
edad desde planteamientos que reconozcan el envejecimiento normal.
▸ Se adopta una perspectiva que valore las habilidades adquiridas por las personas a
lo largo de su vida respondiendo a los desafíos que se han ido encontrando para
mantener una homeostasis emocional.
▸ El reconocimiento de estas habilidades se puede utilizar para ayudar a los pacientes
a manejar los desafíos actuales a través del análisis de experiencias pasadas para
promover una autoaceptación fortalecida y resiliencia en el aquí y ahora.
Terapia conductual
De acuerdo con el modelo conductual aplicado a personas mayores (Lewinsohn y
MacPhillamy, 1974), existe una clara relación entre el estado de ánimo y la
implicación en actividades placenteras. La depresión en personas mayores,
desde el enfoque conductual, se debe a un aumento en el número de eventos
desagradables (no placenteros), un menor número de actividades placenteras y
menos refuerzos positivos. El objetivo de las terapias conductuales es entrenar a
las personas para que puedan monitorizar su estado de ánimo y los niveles de
actividad, identificar objetivos conductuales (hobbies, relaciones personales, etc.) e ir
Intervención Psicológica en Tercera Edad 37
Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
incrementando la realización de actividades placenteras. Existen ejemplos
significativos de terapias conductuales que han obtenido buenos resultados en
contextos comunitarios y residenciales.
La terapia de activación conductual ha recibido abundante apoyo empírico para la
intervención con personas mayores con problemas depresivos (por ejemplo,
Alexopoulos et al., 2016). A continuación, se describen los aspectos básicos que
definen esta terapia:
▸ Se basa en que los eventos de tu vida (y cómo respondes a ellos) influyen en tu
estado de ánimo.
▸ Una de las razones por las que la gente se deprime es porque su vida le proporciona
pocas recompensas y muchos problemas.
▸ Aunque pueda ser difícil identificar los problemas o estresores, el número de
recompensas obtenidas del entorno será bajo.
▸ Cuando no hay muchas recompensas o hay muchos estresores, la gente desconecta
del mundo que les rodea, lo que interrumpe sus rutinas cotidianas.
▸ La desconexión del mundo se lleva a cabo a través de comportamientos de evitación
(por ejemplo, no salir de casa o tumbarse en la cama), que aumentan la fuerza y
frecuencia de respuestas depresivas e impiden tratar el foco del problema.
▸ Lo anterior puede favorecer el origen, mantenimiento o empeoramiento de la
depresión y la dificultad para resolver los problemas cotidianos de la vida.
▸ La terapia pretende favorecer un incremento de la actividad y conexión del paciente
con su vida.
▸ La activación conductual no es «hacer más». Se trata de ver qué actividades
ayudarán más y qué pasos puede dar el paciente para empezar.
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Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
▸ Si se consigue que la persona avance hacia objetivos vitales importantes, se
encontrará mejor.
Biblioterapia
Consiste en la realización de ejercicios de lectura y escritura de forma
autoadministrada, habitualmente en el propio domicilio. El contacto con el terapeuta
es mínimo y puede consistir en llamadas telefónicas breves con periodicidad
semanal. El objetivo principal de estas terapias es entrenar a los participantes para
que sean capaces de identificar y desafiar procesos cognitivos desadaptativos.
Terapia de solución de problemas
Se entrena a los participantes para que puedan definir los problemas y plantear
objetivos razonables, generar tareas alternativas que ayuden a reducir las
consecuencias negativas de los mismos, tomar decisiones para elegir una estrategia
que permita solucionarlos y evaluar los resultados del proceso.
Terapia psicodinámica breve
El objetivo de esta terapia, con una duración aproximada de veinte sesiones, es
identificar conflictos y problemas no resueltos asociados a relaciones
interpersonales y a la exploración de procesos inconscientes que puedan
surgir en la terapia. A través del aumento de la conciencia sobre los aspectos
cognitivos y conductuales que producen la sintomatología depresiva, se pretende
reducir la vulnerabilidad de los participantes e incrementar la resiliencia.
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Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
Reminiscencia
La terapia de reminiscencia es, comparada con las anteriores, la única que ha sido
desarrollada específicamente para su uso con personas mayores. Pretende
ayudar a las personas a revisar su historia vital con el fin de que ganen
autoconfianza, aumenten la socialización y obtengan una mejor perspectiva con
respecto al balance entre éxitos y fracasos a lo largo de su vida. Se han realizado
estudios con resultados positivos utilizando la reminiscencia tanto en la comunidad
como en residencias.
Intervención Psicológica en Tercera Edad 40
Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
5.7. Conclusiones
A modo de síntesis, las principales conclusiones que se pueden extraer de este tema
son:
El porcentaje de personas mayores que padecen depresión es elevado; indican los
datos que la población mayor que se muestra más vulnerable y, por tanto, con mayor
predisposición para padecer depresión, son las mujeres, las personas mayores
más mayores, personas con menor nivel socioeconómico, con problemas
funcionales y personas con problemas cognitivos. Si bien, es importante tomar
con cautela estos datos ya que hay diferentes variables que podrían estar
enmascarando los datos reales de prevalencias.
Los trastornos depresivos en las personas mayores están caracterizados por una
sintomatología diferente respecto a otros grupos de edad con sintomatología
depresiva. Resulta fundamental que el psicólogo sepa detectar correctamente la
sintomatología para poder hacer un diagnóstico correcto y un tratamiento adecuado.
Son diversos los factores de riesgo y de protección para el padecimiento de
depresión en las personas mayores. Algunos autores proponen que la influencia de
todos estos factores en la sintomatología depresiva varía a lo largo de las etapas
vitales, destacando algunos de ellos como principales predictores de la depresión en
la vejez. Por otra parte, estos mismos autores sostienen que lo más probable es que
la depresión en la vejez se produzca por la interacción de diferentes
vulnerabilidades.
Intervención Psicológica en Tercera Edad 41
Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
Es importante atender a diversos aspectos en los procedimientos de evaluación
de los trastornos depresivos en la vejez, entre otros: las particularidades
específicas que presenta, los procedimientos habituales de recogida de información
clínica y los instrumentos estandarizados de evaluación de sintomatología depresiva
adaptados a población mayor, así como las variables típicamente asociadas a la
depresión en la vejez, las cuales también hay que incluir en las evaluaciones
psicológicas.
No siempre va a resultar necesario adaptar las terapias psicológicas a las personas
mayores con problemas depresivos. La adaptación no va a venir determinada por
formar parte del grupo poblacional de personas mayores, sino por las
características específicas de la persona en concreto con la que vayamos a
trabajar. Diferentes metanálisis muestran que las intervenciones psicológicas son
eficaces para la depresión en la vejez.
Intervención Psicológica en Tercera Edad 42
Tema 5. Ideas clave
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Ideas clave
5.8. Referencias bibliográficas
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Consideraciones para la evaluación de la depresión
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Recuperado de
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General_considerations_when_working_with_older_adults?auto=download
En este documento se analizan los obstáculos existentes para una exitosa
evaluación de la sintomatología depresiva en personas mayores y se ofrecen
estrategias para resolverlos.
Intervención Psicológica en Tercera Edad 47
Tema 5. A fondo
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A fondo
Eficacia de las intervenciones psicológicas para la
depresión en personas mayores
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En este artículo se realiza un análisis sobre qué intervenciones psicológicas cuentan
con respaldo basado en la evidencia para la depresión en personas mayores.
Intervención Psicológica en Tercera Edad 48
Tema 5. A fondo
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Test
1. Pepa es una mujer de 75 años que tiene depresión. Su psicólogo está trabajando
con ella desde la terapia de activación conductual. Según tus conocimientos, ¿qué
directrices clínicas está siguiente el psicólogo de Pepa?
A. Interesa que la persona realice actividades placenteras, sean las que sean.
B. Se da prioridad a las cogniciones estereotipadas de las personas.
C. La realización de actividades guarda relación directa con los valores e
intereses de las personas.
D. Pepa trabajara con varios manuales de autoayuda.
2. La paradoja del bienestar en la vejez hace referencia a que:
A. A pesar de que los mayores se hacen expertos en la regulación de
emociones, la sintomatología depresiva que manifiestan es elevada.
B. A pesar de las importantes fuentes de estrés y malestar a las que se
enfrentan los mayores, sorprende que los datos de prevalencia y malestar no
sean altos en esta población.
C. Las personas mayores tienen pocas habilidades de regulación emocional,
por eso su sintomatología depresiva es baja.
D. A pesar de que las personas mayores sufren importantes niveles de
sintomatología depresiva, no parecen mostrar adecuadas habilidades para el
manejo de las emociones.
Intervención Psicológica en Tercera Edad 49
Tema 5. Test
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Test
3. De acuerdo con el modelo conductual de la depresión:
A. Son fundamentalmente los sucesos vitales estresantes los que provocan la
depresión.
B. Los cambios en la salud y en la capacidad física disminuyen el número de
actividades en las que se implican los mayores, reduciendo las fuentes de
refuerzos.
C. Las cogniciones autocríticas de las personas incrementan la gravedad de
la sintomatología depresiva.
D. Ninguna de las anteriores es correcta.
4. Las terapias cognitivo-conductuales para el grupo de las personas mayores:
A. Están muy estudiadas a nivel científico, pero no validadas.
B. Requieren de estudios adicionales para valorar su evidencia empírica.
C. No están empíricamente validadas.
D. Están empíricamente validadas.
5. Tras una primera entrevista con Paco (70 años), sospechas que puede tener
depresión, por lo que te planteas diseñar el protocolo de evaluación adecuado que te
permita hacer un correcto diagnóstico de Paco. ¿Cuál de los siguientes instrumentos
de evaluación va a ser más adecuado incluir en tu evaluación?
A. CES-D.
B. STAI
C. GDS.
D. BDI.
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6. Sobre los cuestionarios para la evaluación de sintomatología depresiva en
personas mayores:
A. Es indistinto utilizar con personas mayores cuestionarios diseñados para
personas jóvenes.
B Resulta recomendable utilizar cuestionarios validados con personas
mayores.
C. No son imprescindibles, puesto que con registros podemos tener
información suficiente relativa al éxito de la terapia.
D. No disponemos de cuestionarios validados a nivel científico que permitan
evaluar sintomatología depresiva en personas mayores.
7. La terapia cognitivo-conductual aumentada:
A. Incluye un mayor número de sesiones para adaptarse a las limitaciones
habituales de las personas mayores.
B. Parte de que es posible optimizar los resultados de las terapias teniendo en
cuenta la sabiduría adquirida por las personas a lo largo de su vida.
C. No cuenta con respaldo teórico que justifique su implementación.
D. No tiene ninguna diferencia con la terapia cognitivo conductual tradicional.
Se le añade el término «aumentada» ya que se aplica a personas con mayor
edad.
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Tema 5. Test
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8. Si a tu consulta acude una persona mayor y sospechas de una posible depresión,
¿qué debes de tener en cuenta respecto a los criterios diagnósticos para la
depresión en personas mayores?
A. No existen ni para personas mayores ni para personas de mediana edad
B. Son fiables
C. Tienen en cuenta los matices necesarios para diferenciar la sintomatología
depresiva en jóvenes y personas mayores.
D. Hay que tomarlos con cautela porque no han sido elaborados con
población mayor.
9. En la evaluación de la sintomatología depresiva en personas mayores:
A. Se hace muy recomendable una evaluación interdisciplinar que permita
controlar el efecto de variables biológicas o sociales en el problema.
B. No resulta necesario evaluar variables biológicas que puedan interferir en
la manifestación o tratamiento del problema.
C. No es necesario utilizar diferentes instrumentos para la toma de decisiones
terapéuticas.
D. No es necesario consultar con otros especialistas que puedan descartar
otras posibles patologías.
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Tema 5. Test
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10. El médico de tu paciente te consulta porque, a pesar de que tu paciente
sostiene que tiene últimamente bastantes taquicardias y fatiga, ninguna prueba de
las que ha realizado indican que exista alguna patología. Tan solo sabe que el
paciente sostiene que le estás tratando por un trastorno depresivo. Decide llamarte
para consultarte esta duda. Según tus conocimientos, le dices al médico que:
A. En las personas mayores es bastante habitual que los problemas
depresivos cursen con sintomatología de carácter somático, por lo que no era
necesario que le haya hecho ninguna prueba al paciente.
B. En las personas mayores es bastante habitual que los problemas
depresivos cursen con sintomatología de carácter somático, por lo que siguen
siendo necesarias pruebas mensuales que nos aseguren que el paciente no
tiene otras patologías.
C. En las personas mayores es bastante habitual que los problemas
depresivos cursen con sintomatología de carácter somático, sin embargo, es
adecuado que le haya hecho pruebas al paciente que permitan descartar
otras patologías.
D. En las personas mayores es bastante habitual que los problemas
depresivos cursen con sintomatología de carácter afectivo, por lo que, si el
paciente indica que siente taquicardias y fatiga, es porque necesita más
pruebas médicas.
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