0% encontró este documento útil (0 votos)
6 vistas24 páginas

Colectivos Activistas en Perú: Análisis 2016-2019

Gracias por compartir tus reflexiones. Completar una tesis de maestría es sin duda un esfuerzo significativo que requiere del apoyo de muchas personas. Me alegra que hayas podido contar con el apoyo de tus profesores, colegas y amigos durante este proceso. Es evidente que la investigación te ha permitido crecer tanto a nivel académico como personal. Te deseo lo mejor en esta nueva etapa que se abre luego de culminar tu tesis.
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
6 vistas24 páginas

Colectivos Activistas en Perú: Análisis 2016-2019

Gracias por compartir tus reflexiones. Completar una tesis de maestría es sin duda un esfuerzo significativo que requiere del apoyo de muchas personas. Me alegra que hayas podido contar con el apoyo de tus profesores, colegas y amigos durante este proceso. Es evidente que la investigación te ha permitido crecer tanto a nivel académico como personal. Te deseo lo mejor en esta nueva etapa que se abre luego de culminar tu tesis.
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL PERÚ

ESCUELA DE POSGRADO

COLECTIVOS ACTIVISTAS EN EL PERÚ ACTUAL:


LIDERAZGOS, REPRESENTACIÓN Y PARTICIPACIÓN POLÍTICA EN NO A KEIKO

W
Y CON MIS HIJOS NO TE METAS

IE
TESIS PARA OPTAR EL GRADO ACADÉMICO DE MAGÍSTER EN SOCIOLOGÍA
EV

AUTOR
RODRIGO RAFAEL GIL PIEDRA
PR

ASESOR
ALDO ITALO PANFICHI HUAMÁN

SAN MIGUEL, 2021


RESUMEN

La investigación explora el surgimiento y la actuación de dos “colectivos activistas” peruanos


entre los años 2016 y 2019. En el período estudiado, uno caracterizado por la alta
inestabilidad política debido a las pugnas entre el gobierno y el parlamento, No a Keiko y
Con Mis Hijos No Te Metas lograron erigirse como protagonistas del escenario público
nacional. Los colectivos encarnaron sectores antagónicos del espectro político y social –No
a Keiko en el “liberal-progresismo” y Con Mis Hijos No Te Metas en el “conservadurismo”-
en un momento de la historia reciente signada por una pronunciada polarización. El análisis
de ambos colectivos activistas se fundamenta en una perspectiva sociológica “relacional”, en
tanto se resalta deliberadamente la conexión entre liderazgos, organizaciones y
condicionantes externos. La construcción organizacional de ambos colectivos les permitió
ejercer funciones de representación y participación política. Se sostiene que la presencia de
No a Keiko y Con Mis Hijos No Te Metas es una consecuencia parcial de la “crisis de

W
representación” que atraviesa el sistema político peruano desde hace décadas. La débil
capacidad de articulación e intermediación de los intereses sociales por parte de los partidos
políticos ha fomentado la aparición de organizaciones como los colectivos activistas. En ese
IE
sentido, esta investigación contribuye a la literatura relativa a activismos y organizaciones
sociales pues analiza cómo y en qué contextos los colectivos activistas pueden ejercer
funciones de representación y participación política, “desplazando” a los partidos políticos
EV
de sus espacios de actuación convencionales. Bajo esta perspectiva, la tesis encara una de las
interrogantes principales de la “sociología del individuo”, aquella que se plantea sobre el tipo
de respuestas individuales (y colectivas) que los sujetos ofrecen a las “pruebas”
(estructurales). El diseño de investigación es cualitativo y el recojo de información se basó
PR

en 13 entrevistas semiestructuradas a los activistas de No a Keiko y Con Mis Hijos No Te


Metas, así como 3 entrevistas a expertos en el campo del conservadurismo evangélico.
Asimismo, se examinaron fuentes secundarias como libros, artículos de opinión, artículos
académicos, tesis universitarias y los perfiles oficiales de los colectivos en redes sociales.

2
“Sonreí de la candorosidad maliciosa de mi paisano, y
comencé á echar humo, mientras, como quien ata cabos,
repetía don Juan: Patria… enredos… atenciones finjidas…
secreteos… planes… cigarros… galletas… pueblo que gime…
luto… incierto porvenir… asuntos particulares… el partido…
promesas… picardías… negocio… conveniencias…
maromas… busca… cubileteos… ambición desmedida…

W
mamandurria… bajezas… intriguillas… yo me voy á volver
loco, y el buen hombre se agarró la cabeza con ambas manos,
IE
como asombrado ante un abismo”

Abelardo Gamarra, Algo del Perú y mucho de pelagatos (1905)


EV
PR

3
TABLA DE CONTENIDOS
Resumen ..............…………………………………………………………………………. 2
Agradecimientos…………………………………………………………………………. 5
Capítulo 1: Introducción…………………………………………………………………. 8
Capítulo 2: Marco teórico………………………………………………………………... 15
2.1. El caso peruano: una breve revisión bibliográfica…………………………………... 17
2.2. Formas no convencionales de representación y participación política: colectivos
activistas………………………………………………………………………………….. 19
2.3. Un enfoque sociológico para analizar a los colectivos activistas……………………. 25
Capítulo 3: Metodología………………………………………………………………….. 28
Capítulo 4: No a Keiko…………………………………………………………………… 33

W
4.1. El contexto: 2016-2019………………………………………………………………. 34
4.2. Liderazgos……………………………………………………………………………. 45
IE
4.3. Representación……………………………………………………………………….. 50
4.4. Participación………………………………………………………………………….. 56
4.5. Conclusiones…………………………………………………………………………. 61
EV

Capítulo 5: Con Mis Hijos No Te Metas…………………………………………………. 63


5.1. El contexto: 2016-2019………………………………………………………………. 65
5.2. Liderazgos……………………………………………………………………………. 70
PR

5.3. Representación……………………………………………………………………….. 77
5.4. Participación………………………………………………………………………….. 83
5.5. Conclusiones…………………………………………………………………………. 88
Capítulo 6: Conclusiones generales………………………………………………………. 90
Bibliografía……………………………………………………………………………….. 99
Anexos…………………………………………………………………………………… 105

4
AGRADECIMIENTOS

Este documento representa más que una simple tesis para mí. De alguna forma demarca el
cierre de un ciclo y el inicio de otro a nivel personal. La tesis carga con un cúmulo de
experiencias y emociones vividas durante los últimos años. El aprendizaje ha sido constante
en quizás la época más tumultuosa de mi vida. Gracias a esta investigación tuve la
oportunidad de conocer a muchas personas que contribuyeron decisivamente en mi
formación académica y personal. Por eso siento que esta tesis es, en parte, un subproducto
que recoge las innumerables conversaciones y discusiones que mantuve con colegas y amigos
sobre los temas que me (nos) interesaban, tanto en espacios formales como informales.

Debo admitir que este ha sido el trabajo más difícil que he enfrentado hasta el momento; por

W
meses, años, no lograba conectar en mi mente y en el papel las ideas que tenía sobre la
investigación. Peor aún, cuando finalmente me animé y comencé a redactar el texto final, el
IE
empeoramiento de la crisis política y, más adelante, el impacto de una pandemia mundial que
golpeó terriblemente al país, me frenó en seco y consideré en alguna ocasión que lo mejor
EV
sería no darle un cierre a la tesis. Mi interés y atención ciertamente estaban puestos en otro
lado.

En ese momento, empero, mis colegas, amigos y familiares me animaron a finalizar esta
PR

investigación cuando mis dudas sobre su culminación superaban a las certezas largamente.
Quienes me rodean han sido el impulso clave para recorrer la “última milla” del trabajo. Así,
mi terca autosuficiencia cedió finalmente ante el cariño y la preocupación de los que me
acompañan. Quiero entonces agradecer a aquellas personas que considero han sido pilares en
todo este proceso.

La maestría en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) me dio la posibilidad de


conocer a profesores y amigos por quienes guardo una enorme gratitud. Aldo Panfichi, mi
asesor, confió en mi trabajo desde el inicio; su paciencia y sus comentarios precisos me
permitieron perfilar con mayor claridad el argumento de la tesis. Los cursos de Silvana
Vargas, Omar Pereyra y Ponciano del Pino fueron fundamentales para un politólogo
interesado en explorar las complejidades del pensamiento sociológico. Robin Cavagnoud
siempre mostró amabilidad y predisposición para absolver mis dudas y quejas respecto de

5
los trámites burocráticos que nunca llegué a comprender del todo. Junto a mis compañeros
de aula compartí dos maravillosos años de aprendizajes en la maestría de la PUCP, y
actualmente tengo el privilegio de poder considerar a varios de ellos mis amigos. Pável
Aguilar, Jose Carlos Medina, Johana Asurza y Melissa Villegas son colegas con los que
seguramente me encontraré en el camino. No puedo olvidar agradecer el apoyo desinteresado
de Renatto Castro, quien contribuyó en la “internacionalización” de un primer borrador de la
presente investigación.

El Instituto de Estudios Peruanos (IEP) ha sido mi “segunda casa” desde hace cuatro años, y
en este espacio he desarrollado un “sentido de pertenencia” que siempre me costó mantener.
Más allá del riguroso trabajo académico demandado en esta institución, creo que quienes
tenemos la oportunidad de asistir a Horacio Urteaga compartimos el cariño y el recuerdo de

W
una conversación espontánea debajo del suche o la asistencia inesperada a una “mesa verde”
en la que se puede aprender más que la lectura de un libro completo. Son esas vivencias
IE
cotidianas las que imprimen el sello de personalidad iepino. No puedo dejar de agradecer al
Dr. Julio Cotler por el tiempo de trabajo compartido, y por su amistad, sobre todo. Me hubiese
gustado comentar con él más sobre esta tesis, pero nos faltó tiempo; como sea, el recuerdo
EV

del “café de las mañanas” será eterno. En el IEP, las conversaciones con Romeo Grompone
animaron algunas de las ideas de la investigación. Carolina Trivelli, Ludwig Huber, Patricia
Zárate y Natalia González han mostrado siempre una consideración especial hacia mí, y
PR

espero poder retribuir mínimamente la confianza depositada.

Escribir esta tesis me permitió comprobar que mi vida profesional y amical no pueden quedar
disociadas, como creí erróneamente innumerables veces. Sin el soporte de mis amigos muy
difícilmente habría podido concluir este trabajo. Miguel Angel Vega y Gonzalo Palao me
apoyaron decididamente durante los meses más complicados de la investigación, y espero
que pronto podamos retomar nuestras “sesiones de estudio”. Ricardo Santayana y Alejandra
Moreno me oyeron monologar sobre la tesis en más de una oportunidad sin colocar ni una
sola objeción. Simone Montes fue una excelente compañera de viaje, tanto en las épocas de
calma como en las turbulentas. Cada una de estas personas caminó junto a mí durante la
redacción intermitente y caótica del documento. Por intermedio de estas estas líneas quiero

6
confesarles que el recuerdo de nuestro tiempo y nuestra amistad compartida a lo largo de los
últimos años es indeleble.

No habría investigación alguna sin la participación desprendida de mis entrevistados: ellos


son los verdaderos protagonistas de la tesis. Todos se mostraron atentos al momento de
resolver mis dudas e interrogantes. Pese a las diferencias “ideológicas” que podamos
mantener sobre determinados asuntos, la apertura de cada uno de ellos me permitió
comprender un poco más allá de lo que los sentidos comunes establecen. Precisamente esa
confianza y apertura es la que me obliga a redoblar esfuerzos para procurar tratar la
información con la mayor objetividad posible.

Mi familia ha estado siempre conmigo. Mi agradecimiento especial a mis padres Rosa María
y Walter, por el cariño, el apoyo y la confianza ilimitada. Agradezco también a Gonzalo, mi

W
hermano, con quien comparto el cariño por el fútbol, por Universitario de Deportes, y por
una buena infancia, pese a todo. Toda la gratitud a mis abuelas Vicky y Nani, por el afecto
IE
de una vida y los almuerzos de los domingos. Finalmente, quiero agradecer a Lola, mi
compañera fiel, una fuente de amor inagotable. Probablemente el factor decisivo por el que
EV
puedo concluir esta tesis. Muchos de los párrafos siguientes (seguramente los más logrados)
los escribí con ella sobre mi regazo. Por todos los años que tenemos juntos, Lola, y las
aventuras que te prometo vivirás.
PR

7
CAPÍTULO 1:
INTRODUCCIÓN

Este trabajo propone el análisis comparado de dos organizaciones ciudadanas o “colectivos


activistas” en el Perú actual. El énfasis de la investigación se concentra en el nivel de los
liderazgos y las organizaciones, buscando comprender, en primer lugar, qué tipo de
trayectorias sociales y políticas recorren los individuos que encabezan los colectivos; en
segundo lugar, a través de cuáles discursos y herramientas forjan su propia capacidad de
representación de los intereses sociales existentes; finalmente, qué estrategias y/o medios
emplean para participar y perseguir sus metas y aspiraciones colectivas. El período de análisis
se delimita entre los años 2016 y 2019, en el marco de un contexto político altamente

W
convulsionado para el caso peruano. El conflicto entre los poderes Ejecutivo y Legislativo
representativo del período, que decantó en sus momentos culminantes en la renuncia de un
presidente y en una disolución parlamentaria, generó, por un lado, altos niveles de
IE
inestabilidad política en el plano político-institucional, y por otro lado, agravó la polarización
de los intereses ciudadanos y de los actores organizados en la arena social.
EV

A grandes rasgos, dos organizaciones lograron expresar dicha polarización y enfrentamiento


político a escala de la sociedad. No a Keiko y Con Mis Hijos No Te Metas son colectivos
que, en determinados momentos, terminaron ordenados o alineados detrás del gobierno o de
PR

la oposición congresal, respectivamente, con el afán de apuntalar ciertos proyectos o con la


intención de gravitar con un peso mayor en función del apoyo recibido por los actores
políticos. Si bien ambos colectivos tuvieron objetivos tan disímiles como la “lucha contra el
fujimorismo” y la “defensa de la vida y la familia”, entre otros, es interesante anotar que
ambas agrupaciones han mostrado un importante grado de participación política debido a los
“estímulos” recibidos desde el polarizado terreno político, aunque sobre todo por su
capacidad de organización interna.

Esta suerte de alineamiento intermitente y fluido entre, de un lado, el gobierno y No a Keiko,


y del otro lado, la oposición parlamentaria fujimorista y Con Mis Hijos No Te Metas, se forjó
inicialmente en la campaña electoral anterior a la segunda vuelta de 2016, donde compitieron
los candidatos Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori. No a Keiko publicó un comunicado

8
de respaldo hacia la candidatura de Kucyznski, por quien votarían para “evitar el segundo
Fujimorato… para evitar que el fujimorismo tenga el control total del sistema político… para
evitar la reivindicación del régimen político más corrupto y antidemocrático de nuestra
historia… para demostrar que la mayoría de los peruanos aún tenemos memoria y dignidad”.1
Por su parte, Keiko Fujimori firmó un documento de respaldo con la comunidad cristiano-
evangélica, donde participaban miembros de Con Mis Hijos No Te Metas, y allí se
comprometía, si acaso era electa presidenta, “con la defensa de los valores y principios de la
palabra de Dios expresados en la Biblia, asimismo [a] respetar las instituciones de la familia
y la moral pública como derechos fundamentales establecidos en nuestro orden
constitucional y social”.2

Esta investigación no pretende soslayar las enormes distancias que existen entre No a Keiko

W
y Con Mis Hijos No Te Metas, así como entre quienes encabezan ambos colectivos. Como
se verá a lo largo de la investigación, estas organizaciones no solo tienen objetivos disímiles,
IE
sino que sus estrategias para perseguir sus metas también varían. Al respecto, mientras No a
Keiko tiene una presencia mucho más importante y decisiva durante los meses de la campaña
electoral, Con Mis Hijos No Te Metas, en cambio, busca incidir en la arena legislativa y
EV

sobre los procesos de formulación de políticas públicas, sobre todo aquellas contrarias a la
“agenda moral” que representan. Ello implica que ambos colectivos adquieren mayor o
menor protagonismo en “tiempos” políticos distintos; esto es, en coyunturas vertiginosas
PR

como las de campaña electoral, No a Keiko despunta; en tiempos menos acelerados y de


mayor extensión, Con Mis Hijos No Te Metas prevalece. Otra diferencia, asociada con los
compromisos políticos contraídos durante las campañas, es que donde ciertos actores y
candidatos advierten en Con Mis Hijos No Te Metas un interesante bolsón de votos que
merece ser conquistado (“el voto evangélico”), y por ello buscan intencionadamente
aproximarse al colectivo, No a Keiko, en cambio, no recibe esa especial atención por parte
de los liderazgos políticos.

Pese a las diferencias existentes, es necesario realizar el contrapunto entre ambos colectivos
pues estos logran expresar un rasgo de la política peruana contemporánea: la aparición y

1
Ver Anexo 1
2
Ver Anexo 2

9
subsistencia de organizaciones sociales “intermedias” como los “colectivos activistas”. La
presencia de No a Keiko y Con Mis Hijos No Te Metas permite por lo menos problematizar
la percepción de que en el Perú las organizaciones sociales están condenadas al fracaso, a la
irrelevancia o a la desaparición. Formando parte de una sociedad civil “raleada” como la
peruana, la participación de ambos colectivos puede resultar, no obstante, influyente e incluso
decisiva tanto en las dinámicas políticas como en la discusión pública (Panfichi y Dolores,
2019). Se sostiene que las formas de representación y participación de No a Keiko y Con Mis
Hijos No Te Metas no son convencionales ya que la actividad política peruana suele operar
tradicionalmente a través de los partidos políticos o desde la sociedad “respondiendo”
desorganizadamente; mientras que los colectivos analizados han desarrollado formas de
actividad política que son constantes y organizadas, aunque también flexibles y adaptables a

W
los retos que se les presentan. No a Keiko y Con Mis Hijos No Te Metas han tenido, con sus
diferencias, alcances y limitaciones, la capacidad de construir niveles mínimos de
organización, lo que les ha permitido –escapando de la rigidez de las estructuras partidarias
IE
o de la desorganización absoluta- perseguir sus objetivos con cierto grado de eficiencia.

Algunos elementos adicionales justifican el estudio de No a Keiko y Con Mis Hijos No Te


EV

Metas. En primer lugar, la importancia de estos (y otros) colectivos activistas aumenta


mientras que la credibilidad de las organizaciones tradicionales disminuye. El debilitamiento
de los partidos políticos y los gremios sindicales, un proceso de casi tres décadas que ha
PR

generado una débil representación y una baja legitimidad de estas organizaciones, ha creado
el terreno propicio para la irrupción de colectivos activistas que tienen como misión marcar
la agenda pública e institucional con sus demandas e iniciativas, sin pretender necesariamente
canalizar sus reclamos por las vías institucionales. En segundo lugar, la presencia de No a
Keiko y Con Mis Hijos No Te Metas expresa una suerte de modificación en las dinámicas de
la política contenciosa peruana en los últimos años. Si bien los patrones de conflictividad
social han girado principalmente en torno a las industrias extractivas y a sus concomitantes
impactos económicos, sociales y medioambientales, y por lo mismo se concentraron en
espacios rurales/regionales alejados de la capital, en los últimos años han ocurrido
importantes manifestaciones y expresiones de descontento popular más bien desarrolladas en
los ámbitos urbanos y en Lima. Esta transformación evidencia una suerte de

10
“desplazamiento” de lo contencioso: del reclamo por una mayor y más extensa redistribución
de recursos, a la disputa por los valores, ideas y memorias que coexisten en la arena social.

En tercer lugar, analizar ambos colectivos es relevante en tanto la polarización política y


social (y, más recientemente, digital) no ha disminuido en el último tiempo. Si bien los
acontecimientos políticos recientes –especialmente el cierre del Congreso en 2019- han
“desactivado” parcialmente las afinidades antifujimoristas y fujimoristas, donde concurren
No a Keiko y Con Mis Hijos No Te Metas, no es improbable que el enfrentamiento entre las
fuerzas políticas y sociales crezca en los próximos años. Ello debido a dos razones. Por un
lado, porque el fujimorismo permanece como una opción electoral, creando el espacio para
una reacción antifujimorista de un sector de la población. Por otro lado, porque han aparecido
candidatos y agrupaciones con discursos y propuestas radicales, demagógicas y, en algunos

W
casos, antisistema, hecho que polariza el espectro político y distancia cada vez más a los
“extremos”. En ese sentido, el enfrentamiento y polarización en las arenas política y social
IE
probablemente adopte nuevas expresiones e incluya a viejos y nuevos actores, algunos de los
que podrían provenir de los colectivos analizados en esta investigación.3 Finalmente, y
aunado al punto anterior, el estudio de Con Mis Hijos No Te Metas permite, siquiera
EV

indirectamente, situar el caso peruano dentro de discusión más amplia, latinoamericana,


respecto de las “perspectivas de la democracia” en sociedades donde empiezan a sobresalir
alternativas políticas conservadoras que incorporan abiertamente las valoraciones morales-
PR

religiosas en el manejo de los asuntos públicos.

Esta tesis se construye sobre la importante literatura respecto de los movimientos y las
organizaciones sociales peruanas, sobre sus expresiones más resaltantes de los últimos años
(García y Vela, 2015; Fernández-Maldonado, 2015; Chávez, 2020), incluyendo el análisis de
sus liderazgos, estrategias y repertorios específicos. Asimismo, se destaca el uso de las redes
sociales digitales como impulsadoras de episodios de movilización y acción colectiva en el
país (Caballero, 2019; Castro Pérez, 2019). En esta literatura quedan comprendidos los
estudios sobre No a Keiko (Lama, 2013; Vignolo, 2018) y Con Mis Hijos No Te Metas

3
Esta sección fue redactada a finales de 2020. Las elecciones generales de 2021 y los primeros meses del
gobierno de Pedro Castillo enmarcaron el nacimiento y/o la transformación de numerosos colectivos activistas
motivados en intervenir políticamente. Algunos de estos grupos han adoptado un comportamiento violento
y hostil contra quienes consideran son sus adversarios políticos. Las elecciones regionales y municipales de
2022 se perfilan como un nuevo escenario de confrontación para los colectivos activistas.

11
(Plasencia, 2020; Tello, 2019; Meneses, 2019; Fonseca y Alemán, 2018), cuyos análisis se
enfocan en esbozar las agendas medulares de dichas organizaciones y las formas de
participación de las mismas. Más allá del análisis específico de los casos, es posible vincular
los textos relativos a No a Keiko y Con Mis Hijos No Te Metas a la discusión sobre la
construcción de identidades políticas en el Perú actual, tanto en el caso de No a Keiko (el
antifujimorismo) (Meléndez, 2019) como en el de Con Mis Hijos No Te Metas (y la
comunidad cristiano-evangélica) (Pérez Guadalupe, 2017; Pérez Guadalupe y Grundberger,
2018; Fonseca, 2018).

Con todo, hay algunos vacíos en la literatura que esta investigación busca –mesuradamente–
atender. Por un lado, se destaca el rol de los individuos/activistas como los protagonistas de
las movilizaciones políticas recientes. Así, se plantea abordar con especial atención el ámbito

W
de los liderazgos al interior de dos colectivos, explorando –entre otras interrogantes– quiénes
dirigen a los colectivos, cuáles han sido sus trayectorias previas, qué clase de incentivos los
IE
invitan a participar de la vida pública, cómo coordinan entre sí (y con otros grupos) para
participar organizadamente. Por otro lado, a partir del análisis de los casos, se plantea una
discusión más amplia sobre cuáles condiciones mínimas viabilizan el establecimiento y la
EV

subsistencia de los colectivos y las organizaciones en el Perú. En este campo surgen


preguntas sobre cómo las organizaciones no partidarias pueden construir, en torno a la
defensa de una agenda particular, sentidos de representación y canales de participación en el
PR

espacio público.

El objetivo de la investigación es, entonces, explorar cómo se constituye la relación entre los
activistas de No a Keiko y Con Mis Hijos No Te Metas con sus colectivos, cuya dinámica
influye en la viabilidad (o no) de sus respectivos proyectos políticos. Al respecto, nos parece
pertinente incluir una perspectiva sociológica “relacional” para procurar articular el plano
individual y el organizativo. A través de la sociología “relacional” es posible explorar cómo
interactúan los individuos/activistas con sus organizaciones/colectivos. Dicha propuesta está
basada en el trabajo de Mische (1998, 2008), quien analiza cuánta influencia recibió el
proceso de democratización brasilera por parte de los activistas jóvenes y las organizaciones
sociales en las últimas décadas del siglo XX. Mische se concentra en el estudio de las
trayectorias y el desempeño de los liderazgos durante los procesos políticos, aunque no pierde

12
de vista que los aspectos organizativos y las condiciones estructurales condicionan
permanentemente el quehacer individual.

Ahora bien, consideramos que la noción de “prueba” presentada en la “sociología del


individuo” es un enfoque teórico útil para el presente trabajo pues nos invita a reflexionar
sobre cómo las transformaciones estructurales tienen repercusión a escala del individuo.
Martuccelli (2007; ver Martuccelli y de Singly, 2012) sostiene que las “pruebas” son desafíos
estructurales que influyen sobre los sujetos, quienes, en función de su capacidad de agencia,
tienen la posibilidad (y la obligación) de enfrentar dichas “pruebas”. En el caso peruano, una
de estas “pruebas” –si bien Martuccelli no lo resalta explícitamente- podría ubicarse en la
ruptura del esquema de representación y participación política convencional a partir de 1990.
En ese sentido, la aparición de colectivos activistas con la capacidad de representar y

W
participar políticamente demuestra que los individuos tienen aún la posibilidad de enfrentar
sus contextos apelando a reacciones políticas y organizadas. Es precisamente la capacidad de
IE
organización que demuestran los activistas y los colectivos lo que les provee las
oportunidades requeridas para –pese a la quiebra del sistema de representación y a la
consabida crisis política de los últimos años- lograr avanzar exitosamente sus agendas
EV

grupales.

Este trabajo tiene un diseño de investigación cualitativo. El recojo de información se basó en


la realización de 13 entrevistas semiestructuradas a los activistas de No a Keiko y Con Mis
PR

Hijos No Te Metas. Cabe añadir que, con el objetivo de profundizar el conocimiento respecto
al segundo caso, se entrevistó a 3 especialistas en el movimiento conservador-evangélico
peruano. También se revisaron a detalle las noticias periodísticas en el marco temporal
propuesto (2016-2019), a fin de ubicar con precisión las incursiones políticas de ambos
colectivos. Por último, se examinaron fuentes secundarias como libros, artículos de opinión,
artículos académicos, tesis universitarias y los perfiles oficiales de los colectivos en redes
sociales.

La tesis contiene seis capítulos, siendo esta introducción el primero de ellos. A continuación
exponemos concisamente el marco teórico de la investigación, presentando la literatura sobre
la “crisis de representación” en el Perú, activismos y colectivos y la noción de “prueba” de
la sociología del individuo. En tercer lugar, mostramos el diseño de investigación y la

13
metodología de la misma. Enseguida exploramos el caso de No a Keiko, concentrándonos en
los ámbitos relativos a los liderazgos, la representación y participación política del colectivo.
En quinto lugar, desarrollamos el caso de Con Mis Hijos No Te Metas, siguiendo la misma
estructura que el capítulo anterior. Finalmente, presentamos las conclusiones y reflexiones
finales de la investigación.

W
IE
EV
PR

14
CAPÍTULO 2:
MARCO TEÓRICO

El 12 de diciembre de 2018, el presidente Martín Vizcarra anunció sorpresivamente la


convocatoria de la Comisión de Alto Nivel para la Reforma Política (Canrp). Tras su “victoria
simbólica” en el referéndum celebrado apenas tres días antes, Vizcarra consideró que la
ciudadanía había legitimado su trabajo al frente del gobierno, siendo tal el momento propicio
para avanzar una postergada reforma que tuviera como meta fortalecer el sistema de partidos
políticos. Vizcarra recalcó que, debido a la corrupción, la impunidad y la escasa
gobernabilidad que habían fomentado los partidos políticos en los últimos años, era
obligatorio modificar el marco de funcionamiento partidario vigente a través de una serie de

W
reformas institucionales. Por consiguiente, la Canrp analizaría temas como “la
reglamentación del financiamiento de partidos políticos (aprobada en el referéndum), la
inmunidad parlamentaria y el voto preferencial, entre muchas otras propuestas que puedan
surgir del trabajo de la Comisión”.4
IE
Según la Canrp, la reforma política era una medida crucial para “consolidar la participación
EV

y la representación democrática en el país” (Canrp, 2019: 4). En esa línea, la Canrp planteó
un grupo de iniciativas para buscar “tener partidos políticos y organizaciones políticas
regionales más fuertes y representativos” (Canrp, 2019: 24), así como “tener una mayor y
PR

mejor participación electoral y política de los ciudadanos” (Canrp, 2019: 36). Las propuestas
de la Canrp aspiraban reconstruir un sistema de partidos más representativo, dado que se
comenzaría a depurar el padrón de organizaciones políticas (mediante la aplicación de ciertos
estándares) en competencia. Del lado de la participación, las iniciativas de la Canrp
procuraban que los ciudadanos se movilizaran políticamente siendo parte del proceso de
selección de candidatos en las elecciones “primarias” de los partidos políticos.

La perspectiva de la Canrp respecto de la representación y la participación política subraya


la conexión existente entre ciudadanos, organizaciones políticas y procesos electorales. A
escala nacional y subnacional, las organizaciones políticas, pese a sus dificultades,
requerirían ser fortalecidas pues son necesarias para presentar candidatos y formar gobiernos.

4
Fuente: [Link]

15
Por otro lado, en tanto las elecciones concentran la participación política de la ciudadanía,
sería importante aprovechar dichos espacios para reconectar a los electores con los partidos
políticos, tanto para seleccionar a los candidatos de las listas partidarias, como para elegir,
después, a sus futuras autoridades. En ese sentido, las iniciativas de la Canrp para fortalecer
la representación y la participación política operaron bajo una suerte de “lógica electoral”,
en donde la participación se asocia al voto en procesos electorales y la representación a la
elección de autoridades políticas a través de las organizaciones convencionales. En
escenarios democráticos, esta “lógica electoral” se reactualiza cada determinado número de
años, permitiendo la expresión de las preferencias políticas de la ciudadanía, así como la
renovación (o no) de las autoridades y los representantes.

Dahl (1971) argumentó cuán importante es para el funcionamiento de la democracia que la

W
ciudadanía tenga la posibilidad de formular y expresar sus preferencias sobre el quehacer de
las autoridades. Esto implicaba no solo que los ciudadanos participen políticamente a través
IE
del sufragio, sino que ellos mismos eventualmente asumieran cargos de representación en el
Estado. En perspectiva de larga duración, estas condiciones provocaron la aparición de los
partidos políticos, plataformas sobre las cuales los ciudadanos podían aspirar a convertirse –
EV

a través de elecciones- en representantes de los intereses y colectivos sociales. La


consolidación progresiva de esta “lógica electoral” produjo la institucionalización de
sistemas de partidos con la capacidad de expresar mínima, ordenada y establemente las
PR

preferencias de la ciudadanía. Así, los partidos políticos articularon las relaciones entre el
Estado y la sociedad, asumieron el reclutamiento de cuadros y la nominación de candidatos,
y se encargaron de la formación de gobiernos y de sus contrapesos legislativos (Panebianco,
1990; Krouwel, 2006). En América Latina, este proceso de institucionalización partidaria se
consolidó hacia la segunda mitad del siglo XX, cuando las agrupaciones políticas más
relevantes desarrollaron la capacidad de representar los intereses ciudadanos, así como de
articularse con movimientos sociales y grupos de interés. Por consiguiente, más allá de los
períodos electorales, los partidos políticos latinoamericanos destacaron como actores
representativos no solo para la ciudadanía sino también ante los grupos de interés (como
sindicatos y gremios empresariales) y los sectores populares organizados (Tanaka, 1998: 68).

16
Así planteadas las cosas, detrás de esta “lógica electoral” la representación es entendida como
“la medida en que los partidos políticos y sus constituents tienen preferencias coincidentes
consistentemente sobre un conjunto de dimensiones políticas relevantes” (Luna y
Zechmeister, 2010: 120; traducción propia; ver Manin, 1997). Por otro lado, la participación
política se concibe como la participación de los ciudadanos tanto en los procesos electorales
como dentro de los partidos políticos, en su condición de militantes y/o candidatos (Duverger,
2012; Held, 2006). Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la “lógica electoral” se resquebraja
paulatinamente para dar lugar a una “crisis de representación”, lo que acarrea paralelamente
transformaciones en las formas de participación política de la ciudadanía? ¿Cómo se
expresan políticamente los ciudadanos en un escenario de debilidad partidaria? ¿Es factible
la aparición de plataformas alternativas a partir de los cuales fomentar nuevos canales de

W
representación y participación política?

IE
2.1. El caso peruano: una breve revisión bibliográfica
La culminación del régimen militar (1968-1980) y el retorno a la democracia, en 1980, tras
la promulgación de la Constitución de 1979, implicó el reinicio de las dinámicas políticas y
EV

electorales en el país. En dicho contexto se abrieron nuevos espacios de competencia para


los partidos políticos. La competencia política se institucionalizó a lo largo de la década del
ochenta. El sistema de partidos en vías de consolidación auspició la competencia de
PR

organizaciones políticas asociadas a determinadas ideologías y programas, tales como


Izquierda Unida, el Partido Aprista Peruano, Acción Popular y el Partido Popular Cristiano
(Tanaka, 1998; Tuesta, 1995). A su vez, la representatividad obtenida por los partidos
políticos más importantes se logró reflejar en los resultados de las elecciones presidenciales
y subnacionales. En términos generales, el sistema de partidos posdictadura logró canalizar
ordenadamente las demandas de la población. En paralelo, se consolidó una dinámica
“electoral-movimientista” identificada por la conexión entre partidos políticos, movimientos
sociales y grupos de interés (Tanaka, 1998). Resalta el caso del sindicalismo peruano, que
potenciado por su línea clasista, tuvo la capacidad de promover huelgas y manifestaciones
de alcance nacional, pero también de alinearse políticamente detrás de los grupos de
izquierda (Stokes, 1995). En suma, las demandas ciudadanas y de los grupos organizados se

17
encauzaron a través de los partidos políticos en la década del ochenta, influyendo en su
performance electoral.

Hacia finales de la década del ochenta, empero, el sistema de partidos se debilitó


aceleradamente, tanto a escala nacional (Conaghan, 2000) como municipal (Ruiz et al., 2013;
Incio y Gil, 2016). Múltiples elementos influyeron en este desenlace, tales como la crisis
económica hiperinflacionaria, el desarrollo del conflicto armado interno, la despolitización
del tejido social; además, más allá de explicaciones “estructurales”, influyó también la
incapacidad de las élites para llevar a cabo procesos de “adaptación” política exitosos (Gil
Piedra, 2014). En tal sentido, es necesario reconocer que la victoria de Alberto Fujimori en
las elecciones de 1990 no propició la caída del sistema de partidos peruano, más bien terminó
por agudizar un proceso de debilitamiento transversal empezado años antes.

W
La desconexión entre partidos políticos y electorado se incrementó durante el decenio
fujimorista. El gobierno de Fujimori empleó una retórica antipolítica y antipartidaria que
IE
minó la ya desgastada legitimidad de los partidos políticos (Tanaka, 1998; Degregori, 2014).
Los partidos políticos sucumbieron ante la creciente importancia de los “independientes”,
EV
políticos sin afiliación partidaria y con intereses particularistas que transitaban
constantemente entre diferentes agrupaciones políticas. Ello menguaba las posibilidades para
construir una intermediación más sólida entre los partidos políticos y el electorado. Por otro
lado, el “estilo de gobierno” promovía la articulación entre el Estado y la sociedad a través
PR

de los políticos independientes y de los “brókers”, cuya función era ofrecer obras y prebendas
a cambio de apoyo político y electoral para el fujimorismo (Meléndez, 2005; Panfichi y
Coronel, 2009; Muñoz, 2016). Por otra parte, el Fujimorato persiguió y reprimió a la
oposición política y social gracias al despliegue de las fuerzas del orden y el servicio de
inteligencia. Ello provocó que la sociedad se desmovilizara poderosamente, en contraste con
el comportamiento mostrado durante la década previa. Las juventudes (Cotler, 1986;
Gonzales, Tanaka y Venturo, 1991; Grompone, 1991) y el sindicalismo (Manky, 2011), por
ejemplo, perdieron su protagonismo político durante los años noventa.

El Fujimorato reconfiguró la relaciones entre Estado y sociedad, en tanto la mediación


política dejó de establecerse fundamentalmente a través de los partidos políticos. El impulso
de nuevos actores (como los liderazgos independientes o los brókers sociales) modificó la

18
estructura política convencional. Desideologización, volatilidad, desarraigo social,
pragmatismo y cortoplacismo fueron algunas de las características de la “democracia sin
partidos” post-Fujimori (Levitsky y Cameron, 2003; Tanaka, 2005). En los años 2000, la
ausencia de una representación política tradicional fomentó la aparición de un tipo de
“representación contenciosa” asociada al estallido de conflictos sociales (Panfichi, 2011). La
representación contenciosa expresó, a su vez, la fragmentación de los intereses políticos
nacionales, regionales y locales, en un territorio donde la posibilidad de construir plataformas
políticas amplias y unificadas había cedido ante la multiplicación de actores con intereses
particularistas. En general, dos décadas después de la transición a la democracia, las
dinámicas políticas y partidarias han permanecido casi inalterables, resaltando la precariedad,
la volatilidad y la fragmentación política tanto a nivel nacional como subnacional (Zavaleta,

W
2014).

En suma, el protagonismo adquirido por los partidos políticos en la década del ochenta
IE
colapsó a inicios de los años noventa, agravándose durante el Fujimorato. Su debilitamiento
generalizado, así como la aparición de nuevos actores políticos, modificó las formas
tradicionales de articulación entre el Estado y la sociedad. La capacidad de representación y
EV

participación dejó de ser una prerrogativa netamente partidaria. El encumbramiento de


actores políticos con lógicas cortoplacistas o directamente contenciosas –como los
“independientes”, los brókers sociales (Meléndez, 2012)- desplazó a los partidos políticos en
PR

determinados ámbitos durante las décadas posteriores.

2.2. Formas no convencionales de representación y participación política: colectivos


activistas
Cabe resaltar que la crisis de los partidos políticos no es un fenómeno meramente local.
Dalton et al. (2013) destacan que los partidos políticos en todo el mundo atraviesan un
panorama complejo para su fortalecimiento y consolidación. Por su lado, Kitschelt et ál.
(2011) señalan que los partidos políticos latinoamericanos, de cara a la progresiva
desaparición de los alineamientos programáticos de antaño, deben sobrevivir detectando
nuevos ejes de conflicto, issues sobre los cuales construir reputaciones que atraigan a nuevos
bolsones de electores. No obstante, ciertamente los partidos políticos peruanos no han tenido
la fortaleza ni el interés en promover deliberadamente la politización de los conflictos

19
socioeconómicos y socioculturales en beneficio propio. Esta incapacidad o desinterés ha
creado el terreno idóneo para la aparición de organizaciones ciudadanas que sí tienen la
capacidad de resaltar algunos de estos issues.

En la última década, especialmente en el área de Lima metropolitana, acontecieron


importantes episodios de protestas y manifestaciones ciudadanas, esto es, movilizaciones no
auspiciadas por organizaciones tales como los partidos políticos y/o sindicatos, sino dirigidas
íntegramente por colectivos ciudadanos. A finales de 2014 e inicios de 2015, hubo una serie
de protestas contra la “ley pulpín”, una iniciativa legislativa que, en la práctica, amenazaba
varios de los derechos laborales de los jóvenes peruanos entre 18 y 24 años (Fernández-
Maldonado 2015; Ayala y Vela, 2015). En 2015, algunos colectivos (compuestos
particularmente por arquitectos jóvenes) se manifestaron contra la construcción de un bypass

W
en el centro de la ciudad, cuya iniciativa fue impulsada por la Municipalidad de Lima. Según
sus críticos, la obra municipal no solo era ineficaz en su objetivo de reducir la congestión
IE
vehicular, sino que, al mismo tiempo, restaba áreas peatonales, ciclovías y áreas verdes de la
ciudad (Chávez, 2020). En agosto de 2016, miles de mujeres salieron a protestar –valiéndose
del lema Ni Una Menos- contra la violencia patriarcal y los roles de género arraigados en la
EV

sociedad peruana, así contra la inacción del Estado al momento de proteger sus derechos (Gil
Piedra, 2017; Caballero, 2019).

Así como en otros ejemplos de movilizaciones recientes (no solo en el Perú sino a nivel
PR

latinoamericano), las protestas de los “pulpines”, de los jóvenes arquitectos y de las mujeres
de Ni Una Menos requirieron, en diferente medida, de cierto grado de organización previa
sobre la cual convocar a los participantes, idear un mensaje, generar una cohesión identitaria
y sostener la movilización en el tiempo. Asimismo, los colectivos activistas que impulsaron
estas agendas hicieron uso de las redes sociales digitales como espacios de organización, de
convocatoria y de difusión. Sobre la base de esta organización, fue posible movilizar a
activistas y no activistas en diversos episodios de protesta, consiguiendo, a la larga,
resultados mixtos en lo relativo a los objetivos grupales planteados originalmente. Estas
formas de participación política fueron ciertamente novedosas, en tanto rehuyeron canalizar
las protestas por los canales políticos convencionales y, además, porque añadieron el
componente digital-tecnológico en el centro de su organización. No obstante, a los pocos

20
meses de acabados los reclamos y las manifestaciones, superada la coyuntura política, cada
uno de estos colectivos (Las Zonas, Toma el Bypass, Ni Una Menos) fue progresivamente
desapareciendo de la escena pública, no solo porque sus causas de movilización encontraron
cierta resolución, sino porque varios de los activistas retornaron a sus actividades cotidianas,
como sus estudios y ocupaciones laborales.

Ahora bien, Vommaro explica de manera convincente cómo en la región latinoamericana los
jóvenes han empezado a desmarcarse de los espacios de participación política “clásicos”, sin
que ello implique un proceso de despolitización:

“Pensamos que no solo no es comprobable que las juventudes latinoamericanas estén


atravesadas por las nociones de apatía, desinterés o despreocupación respecto a la
política y las cuestiones públicas. Más bien, estas caracterizaciones podrían aludir a la
falta de legitimidad de determinadas formas de la política entre los jóvenes y del escaso

W
compromiso de estos respecto a esas formas… el desinterés o la apatía aparentes no
tienen por qué traducirse en la idea de que las nuevas generaciones no valoran las
cuestiones públicas o, en otras palabras, de que se trata de generaciones despolitizadas.
Por el contrario, podrían permitirnos dar cuenta del modo en que se produce el
IE
alejamiento de los jóvenes de las instituciones y prácticas de la política, entendida solo
en términos representativos e institucionales. Esto es, dar cuenta de la disminución de la
participación en prácticas políticas que podemos denominar “clásicas”, así como del
alejamiento y la desconfianza hacia las instituciones y actividades convencionales de
EV
implicación en la esfera pública” (2014: 61-62)
Sostenemos que algunas de estas formas no convencionales de hacer política se traducen en
la aparición de los “colectivos activistas”. Los colectivos no son grupos de interés. Tampoco
PR

llegan a ser movimientos sociales con proyectos de transformación amplios y permanentes.


Son organizaciones con propuestas de acción política diferente a la ofrecida por los partidos
políticos o a los sindicatos (ver Panfichi y Muñoz, 2001). Los colectivos operan como
espacios ciudadanos que buscan “escalar” y hacer incidencia sobre los temas de interés
público. Para ello emplean estrategias mixtas. Algunos colectivos buscan desmarcarse de los
canales institucionales convencionales, como el de los partidos políticos, para construir una
agenda autónoma con prácticas y expresiones propias surgidas desde la sociedad civil. Otros
más bien intentan construir un diálogo con el Estado, fluido, directo y sin intermediarios,
pues consideran que en el ámbito de las políticas públicas se establece un terreno de disputa
y una herramienta de cambio social (Vommaro, 2014). En el aspecto organizativo, algunos
colectivos funcionan como organizaciones flexibles y dúctiles, con amplias redes
interconectadas y dispersas; mientras que otros requieren una fuerte estructura centralizada,

21
gracias a la cual pueden organizarse y movilizar a sus miembros y seguidores (Escudero
Alday, 2007).

Los colectivos operan políticamente a través del activismo de sus miembros. Mediante el
activismo se plantea una forma de “hacer política” donde predominan tanto el proselitismo
como la acción social. Con el activismo se pretende influenciar o convencer, respecto de
determinadas agendas, a los electores, a la opinión pública, y, en algunos casos, a los
tomadores de decisiones en el Estado; en otras palabras, los activistas “pretenden generar
hegemonía sobre el ámbito en el que actúan, de manera que los ciudadanos interesados o
afectados puedan ver en ellos el referente para la acción” (Escudero Alday, 2007: 278). Los
activistas cuentan con un compromiso personal-político, que nace en el plano individual,
pero cuya esencia buscan proyectar sobre el resto de la comunidad. En ese sentido, los

W
activistas se movilizan gracias a una suerte de “sentido de obligación”, un compromiso
comunitario basado en el diálogo y en la identificación y promoción de temas “urgentes” que
IE
no aparecen habitualmente en la agenda pública (Lichterman, 1996). Con todo, al interior de
un mismo entorno social, donde coexisten diferentes causas sociales y activismos, la
búsqueda por realizar este sentido comunitario puede suscitar problemas y conflictos entre
EV

diferentes grupos, en tanto no existe una sola forma racional de concebir lo “justo” u
“óptimo” para toda la sociedad (Nelson Espeland, 1998).

Es necesario cierto grado de organización entre los activistas para concretar con relativo éxito
PR

sus objetivos. Por un lado, esta capacidad de organización les permite asegurar poder
movilizarse en épocas electorales, promover protestas y manifestaciones, o involucrarse en
formas no tradicionales de participación, como por ejemplo formar parte de la (re)definición
de la agenda pública a través de su influencia sobre los burócratas en el Estado (Weldon,
2011). Asimismo, ciertos activistas pueden apelar a su credibilidad e influencia para
incorporarse directamente en el proceso de formulación e implementación de las políticas
públicas. Para ello, los activistas necesitan construir “credibilidad”, esto es, “capacidad para
conseguir simpatizantes leales a sus objetivos, para legitimar sus argumentos… para
presentarse como los representantes de una agenda” (Epstein, 1995: 411). Por consiguiente,
los activistas pueden convertirse paulatinamente en “voces autorizadas” sobre determinadas
temáticas, pueden ganar representación y legitimación conforme construyen una credibilidad

22
que les permite movilizar a sus seguidores detrás de un mismo objetivo. Con todo, mantener
este tipo de organización es un desafío y un esfuerzo colectivo que deben asumir los
activistas, en tanto deben lidiar con problemas organizacionales típicos, como el
personalismo, los conflictos intragrupales o la escasez de recursos (Lichterman, 1996).

El activismo se desarrolla fundamentalmente en el espacio público. En este terreno es factible


desafiar las convenciones y las relaciones de poder establecidas. Al respecto, Eliasoph (1990)
sostiene que los asuntos políticamente relevantes son solo aquellos que superan la esfera
personal-privada. Sin embargo, no todos los individuos se involucran de la misma manera o
con el mismo interés en el debate público. Así como en toda comunidad política hay
“irreverentes” o “intimidados”, personas que se consideran descalificados para emitir una
opinión política, están también los sujetos “concernidos”, individuos que buscan activamente

W
emitir su “opinión” empleando canales informativos y/o participando en organizaciones
sociales o políticas (Eliasoph, 1990). En el caso peruano y específicamente en Lima
IE
metropolitana, el personaje análogo al ciudadano “concernido” sería el individuo “crítico-
participativo”, según el perfil propuesto por Chaparro (2018). Chaparro sostiene que los
“críticos-participativos” suelen involucrarse en diferentes tipos de organizaciones sociales;
EV

asimismo, son ciudadanos que expresan actitudes críticas frente a los partidos, la clase
política y ciertas instituciones de la democracia. El autor considera que “el crítico-
participativo es un ciudadano claramente insatisfecho y urgido de cambios. Una de sus
PR

principales motivaciones para incursionar en política es la posibilidad de ser un gestor de


cambios (80%), no solo en su vecindario (62%) sino en la sociedad en general (54%)”
(Chaparro, 2018: 159). Por lo tanto, consideramos que los activistas serían ciudadanos
“concernidos” y/o “críticos participativos”, en tanto tienen una opinión formada sobre los
asuntos comunitarios, lo que desencadena su acción política.

Las probabilidades de éxito de los colectivos activistas aumentan cuando surgen espacios y
oportunidades para su intervención. Coyunturas caracterizadas por “ventanas de
oportunidad” (Tarrow, 2012) o por la disminución de las amenazas de represión violenta por
parte de las autoridades (Tilly y Tarrow, 2007) son propicias para el desenvolvimiento del
activismo. En escenarios así, la acción contenciosa les permite generar identidades colectivas
(Tarrow, 2012: 35) que se traducen en el fortalecimiento de la organización. En América

23
Latina, esta forma de activismo contencioso se ha desplegado poderosamente durante las
últimas décadas. En contraste con la agenda de las organizaciones de la “sociedad civil”, el
activismo contencioso o “incivil” privilegia el terreno del conflicto para perseguir sus
objetivos, presionando a gobiernos calificados (por ellos mismos) como “neoliberales”,
desafiando los discursos dominantes y abriendo el campo para la incorporación política de
las poblaciones excluidas (Álvarez et al., 2017).

Una característica clave en el análisis de las formas contemporáneas de participación política


se relaciona a las nuevas tecnologías de la comunicación y las herramientas digitales. Las
redes sociales digitales han transformado las formas de involucramiento ciudadano en los
asuntos públicos. Como destaca Castells, la sociedad-red y el espacio digital son escenarios
de conflictos nacionales y supranacionales, pues allí se produce una disputa por el poder y el

W
control (Castells, 2009; Castells, 2012). El autor sostiene que “las redes sociales digitales son
herramientas decisivas para movilizar, organizar, deliberar, coordinar y decidir, y facilitan
IE
un proceso de comunicación a través del cual se comparten los acontecimientos y emociones
(Castells, 2012: 32). En ese sentido, Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, entre otras
redes 2.0, operan como los canales de expresión medulares de los movimientos y los
EV

colectivos. Las redes sociales también se erigen como una parte constitutiva de los
movimientos y las organizaciones, pues frecuentemente en el espacio digital se desarrolla un
proceso de retroalimentación entre activistas y “seguidores” que moldea determinantemente
PR

las consignas y objetivos grupales.5

Por último, el concepto de “auto-representación” planteado por Sartori (2008) expresa bien
cuán viable es plantear nuevos modelos de representación política, distinta a las constituida
entre partidos políticos y electores a través de las urnas. En este caso, la “auto-
representación” no se construye en procesos electorales, pues emerge del grado de
“representatividad” que logra obtener un individuo (o un grupo de ellos) gracias a la tenencia
de atributos semejantes a los de sus representados, como provenir de una misma “matriz”
sociocultural o haber sido marcados por los mismos “hechos existenciales”. Pertenecer a

5
Al respecto, Villanueva (2021) analiza cómo la protesta digitalizada y la acción conectiva de los jóvenes
limeños en noviembre de 2020 fue lo suficientemente “rápida, violenta y cercana” como para derrocar al
gobierno espurio de Manuel Merino de Lama. Villanueva destaca que el acceso y uso de los medios digitales
(como Facebook y WhatsApp) fueron elementos críticos para entender la rapidez y complejidad de la reacción
de los ciudadanos movilizados.

24

Reproduced with permission of copyright owner. Further reproduction prohibited without permission.

También podría gustarte