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Simón Rodríguez: Educador y Pensador Venezolano

Simón Rodríguez fue un pedagogo y escritor venezolano nacido en 1769. Pasó gran parte de su vida en el exilio, viajando por países como Jamaica, Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania, Rusia e Inglaterra, donde desarrolló innovadores métodos de enseñanza. Fue maestro de Simón Bolívar y lo acompañó en el juramento que hizo en el Monte Sacro para liberar a América del dominio español.

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Simón Rodríguez: Educador y Pensador Venezolano

Simón Rodríguez fue un pedagogo y escritor venezolano nacido en 1769. Pasó gran parte de su vida en el exilio, viajando por países como Jamaica, Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania, Rusia e Inglaterra, donde desarrolló innovadores métodos de enseñanza. Fue maestro de Simón Bolívar y lo acompañó en el juramento que hizo en el Monte Sacro para liberar a América del dominio español.

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Simón Rodríguez

(Simón Narciso Jesús Rodríguez; Caracas, Venezuela, 1769 - Amotape, Perú, 1854) Pedagogo y
escritor venezolano.

Simón Rodríguez

Jamás la historia de la América independentista ha sido tan injusta con uno de sus grandes
personajes como lo fue con la obra del insigne educador y gran pensador americano don
Simón Rodríguez. El relato de su vida, atrapado en el sobrenombre de El Maestro del
Libertador, se destacó en la historia por el mérito de haber forjado el espíritu y las ideas de
Bolívar, reduciendo a pasividad lo que fue realmente una activa relación de reciprocidad.

Pero Simón Rodríguez no nació para hacer de Bolívar el futuro Libertador de América; se hizo a
sí mismo, más bien, para convertir en verdaderas repúblicas a los territorios conquistados por
la libertad. El proyecto diseñado por Simón Rodríguez, basado en la colonización del
continente por sus propios habitantes y en la formación de ciudadanos por medio del saber, lo
dibuja como un gran pensador americano a quien, en virtud de su incesante lucha en favor de
la educación popular, sería más justo recordar como el gran maestro de muchos. La
originalidad de sus pensamientos, su sentido estricto de la honestidad, la trascendencia
renovadora de sus ideas pedagógicas y sociales y la heterodoxia y excentricidad de sus
métodos hablan de un hombre con sentido propio, ajeno al contexto de su época.

Biografía

Los historiadores suelen ubicarlo en la borrosa frontera que separa la genialidad de la locura; y
no sin razón, ya que la vida de Simón Narciso Jesús Rodríguez se encuentra minada de
anécdotas que no cesan de sugerir la interrogante. Nació en Caracas el 28 de octubre de 1769
(aunque también se afirma que fue en 1771); se dice que era hijo natural de Rosalía Rodríguez
y de un hombre desconocido, de apellido Carreño.

Las imprecisiones en torno a su procedencia han animado la fábula: abandonado en las


puertas de un monasterio, se crió en la casa de un clérigo de nombre Alejandro Carreño, quien
se presume que era su padre, junto a su hermano Cayetano Carreño, que se convertiría en un
famoso músico de la ciudad. Era alto y fornido, y su extravagante forma de vestir provocaba la
risa de muchos.
Ninguna de estas referencias, sin embargo, cifra la existencia de Simón Rodríguez: viajero
incansable, fue un cosmopolita en el sentido literal del término, a quien poco importaba el
arraigo a cualquier vínculo familiar, cultural o territorial. El ethos de su vida fue siempre
educar, y para ello recorrió el mundo entero, en busca de un lugar en el cual pudiera "hacer
algo" y poner en práctica sus ideas. Ésta fue su verdadera patria.

El joven maestro

La larga carrera de Simón Rodríguez como educador, si es que así puede etiquetarse su
incesante labor de "formar ciudadanos por medio del saber", se inicia oficialmente cuando el
Cabildo de Caracas le otorga, en 1791, el permiso para ejercer de maestro de escuela de
primeras letras en la única escuela pública de esa ciudad. Claro está que la formación
autodidacta emprendida por Rodríguez desde muy joven habla de un inicio más temprano en
su carrera y de un encuentro prematuro con la vocación del saber, la reflexión y el
pensamiento.

Simón Rodríguez

A los veinte años de edad, según se dice, Simón Rodríguez ya había leído a Jean-Jacques
Rousseau, particularmente su obra Emilio o De la educación, y una traducción de la
Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Como muestra del ímpetu y la
avidez de sus reflexiones, siempre originales y a contrapelo del medio, presentó al
ayuntamiento de Caracas, en 1794, un estudio titulado Reflexiones sobre los efectos que vician
la escuela de primeras letras de Caracas y medio de lograr su reforma por un nuevo
establecimiento.

Las ideas vertidas en este ensayo parten de la necesidad de formalizar la educación pública por
medio de la creación de nuevas escuelas y la formación de buenos profesores; de esta forma,
argumentaba, se promovería la incorporación de más alumnos (incluyendo a los niños pardos y
negros) y la disminución progresiva de la enseñanza particular; se requería además buenos
salarios.

Fue en esa época cuando, en la escuela de primeras letras del Cabildo de Caracas, tuvo entre
sus alumnos, hasta los catorce años, al entonces travieso Simón Bolívar. Simón Rodríguez, que
además de maestro era también amanuense del tutor de Bolívar, había sido recomendado
para encargarse de la educación del futuro Libertador de América.

Alguna contingencia de vital importancia para la vida del maestro lo animaría a abandonar el
país. La fecha de su éxodo es dudosa, tanto como la naturaleza de los acontecimientos que lo
propiciaron. Es un lugar común el que afirma que Simón Rodríguez formaba parte de la famosa
conspiración de Manuel Gual y José María España, descubierta el 13 de julio de 1797, y que
tuvo que huir despavorido hacia La Guaira para embarcarse en un galeón con destino a
Jamaica.

Hay quien asegura, sin embargo, que su partida ocurrió en fecha anterior a noviembre de
1795, y que fue motivada por su descontento con el régimen español: "Mal avenido con la
tiranía que lo agobiaba bajo el sistema colonial (en palabras de Daniel Florencio O'Leary),
resolvió buscar en otra parte la libertad de pensamiento y de acción que no se toleraba en su
país natal". Jamaica le esperaba como puerto de inicio de una aventura de más de veinte años
en el exilio.

El exilio

La vocación que mostraba Simón Rodríguez hacia la educación se manifiesta también en la


atención que prestaba a los nuevos conocimientos; se encontraba sediento por aprender, al
tiempo que diseñaba y ensayaba a su paso nuevos métodos de enseñanza. Una vez en
Kingston, Rodríguez utilizó sus ahorros para aprender inglés en una escuela de niños; mientras
lo hacía, se divertía enseñando castellano a los párvulos. Su método era curioso: "Al salir a la
calle los alumnos lanzan sus sombreros al aire, y yo hago lo mismo que ellos".

Su siguiente destino sería Estados Unidos. En Baltimore se empleó como cajista de imprenta,
oficio que le permitiría, más tarde, componer él mismo los moldes de imprenta de sus obras.
Tres años después viajó a Bayona, en Francia, donde se registró bajo el nombre de Samuel
Robinson "para no tener constantemente en la memoria (según dijo él mismo) el recuerdo de
la servidumbre". Más tarde, en la ciudad de París, se empadronaría en el registro de españoles
de la manera siguiente: "Samuel Robinson, hombre de letras, nacido en Filadelfia, de treinta y
un años"; y esta identidad la mantendría los siguientes veinte años de su vida en el viejo
continente.
En París conoció a Fray Servando Teresa de Mier, un sacerdote revolucionario de origen
mexicano, y lo convenció para que juntos abrieran una escuela de lengua española. Para
acreditar sus conocimientos, Rodríguez tradujo al castellano la novela Atala de Chateaubriand;
Mier se atribuyó la traducción. También estudió física y química, y se convirtió en el expositor
de orden de las investigaciones del laboratorio para el cual trabajaba.

Bolívar se encontraba en París desde 1803, y Simón Rodríguez formaba parte de sus amistades
más cercanas. Ambos disfrutaban de largas tertulias, a veces solos y otras acompañados de
Fernando Toro o de algún otro personaje. En 1805 emprendieron una larga travesía hasta
Italia, cruzando a pie los Alpes. Fueron de Chambéry a Milán, luego a Verona y Venecia, Padua,
Ferrara, Florencia y Perusa.

El juramento del Monte Sacro

Por último, llegaron a Roma. Aquí fue donde subieron al Monte Sacro y se produjo el famoso
juramento de Bolívar de libertar América: "Juro delante de usted (así describe Rodríguez el
juramento de Bolívar), juro por el Dios de mis padres, juro por ellos, juro por mi honor, y juro
por la patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las
cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español".

En la ciudad de Nápoles sus trayectorias se separaron: Bolívar regresó a América; Simón


Rodríguez volvió a París y de ahí marchó a Alemania, y luego a Prusia, Polonia, Rusia e
Inglaterra. Según su propio relato, trabajó en un laboratorio de química, participó en juntas
secretas de carácter socialista, estudió literatura y lenguas y regentó una escuela de primeras
letras en un pueblecito de Rusia.

Posteriormente, en Londres, se desempeñó como educador e inventó un novedoso sistema de


enseñanza con varios tópicos, de los cuales uno estaba destinado al buen manejo de la
escritura: colocaba a sus alumnos con los brazos en triángulo y los dedos atados, quedando en
libertad el índice, el medio y el pulgar. Y los ejercitaba en seguir sobre el papel, situado
oblicuamente, los contornos de una plancha de metal donde se había trazado un óvalo. De
esta figura formaba todas las letras. "Nada más ingenioso (diría Andrés Bello), nada más lógico,
nada más atractivo que su método; es en este sentido otro Pestalozzi, que tiene, como éste, la
pasión y el genio de la enseñanza".
Y es que Simón Rodríguez era un apasionado de la escritura. Veía en ella unas capacidades
expresivas que, desde su punto de vista, no estaban reflejadas en la gramática española. Solía
escribir utilizando al máximo signos de puntuación, admiración y exclamación, mayúsculas y
subrayados, y esquemas de fórmulas, símbolos, paréntesis y llaves, de forma tal que le
resultara posible transmitir el espíritu y la complejidad de sus pensamientos. Quería una letra
viva. Y así la habría de practicar a lo largo de todos sus escritos en Europa y una vez retornado
al nuevo continente.

Retorno a América

Animado por las noticias que le llegaban de América, Simón Rodríguez emprendió viaje de
regreso en 1823. En su largo exilio había madurado cada vez más sus ideas en torno a la
educación y la política, nutriéndose, fundamentalmente, del pensamiento de Montesquieu. Es
cierto que Rodríguez acogió las ideas de la Ilustración, pero las utilizó como referencia para la
construcción de un proyecto muy original.

En realidad, no podía ser de otra forma, pues el legado de Montesquieu acerca del
determinismo geográfico y cultural no invitaba a nada distinto. Así lo expresó Simón Rodríguez:
"Las leyes deben ser adecuadas al pueblo para el que fueron dictadas, [...] deben adaptarse a
los caracteres físicos del país, [...] deben adaptarse al grado de libertad que permita la
Constitución, a la religión de sus habitantes, a sus inclinaciones, a su riqueza, a su número, a su
comercio, a sus costumbres y a sus maneras".

De ahí que su obsesión fuera, hasta el momento de su muerte, la de promover la "conquista


de América por medio de las ideas"; era preciso formar ciudadanos allí donde no los había, y
sólo así se lograría fundar verdaderas repúblicas que no fuesen una mera imitación de las
europeas. La América española poseía su propia identidad, y había de poseer sus propias
instituciones y gobiernos: "O inventamos o erramos". Su pensamiento, aunque original,
chocaba con el ideario que imperaba en los albores de la Independencia americana. Quizá por
ello nunca fue del todo comprendido, aun cuando su lucha por ser escuchado y por fundar
escuelas públicas a diestro y siniestro no cesó sino en el instante de su muerte.

El reencuentro con Bolívar

Una vez enterado de la estancia de Rodríguez en Colombia, Bolívar le escribió una carta en la
cual lo invitaba a encontrarse con él en el sur, donde se hallaba en plena campaña. En Bogotá,
primer lugar de estancia a su regreso, sus primeros pasos se encaminaron a instalar una "Casa
de Industria Pública". Deseaba, más que nada, dotar a los alumnos de conocimientos directos y
habilitar maestros de todos los oficios.

El proyecto fracasó por falta de recursos y el maestro se dirigió hacia el sur. En Guayaquil
presentó al gobierno un plan de colonización para el oriente de Ecuador. Finalmente, se
encontró con Bolívar en Lima: Simón Rodríguez le presentó sus planes pedagógicos, que
habrían de ser implantados en América, en las escuelas que el Libertador ya trataba de fundar
y que pondría bajo la dirección del educador. Simón Rodríguez quedó incorporado a su equipo
de colaboradores.

A mediados de abril de 1825 inició, junto con Bolívar, un recorrido por Perú y Bolivia. En
Arequipa organizó una casa de estudios; después subió al Cuzco, donde fundó un colegio para
varones, otro para niñas, un hospicio y una casa de refugio para los desvalidos. En el
departamento de Puno hizo otro tanto. En septiembre, ya acompañados del general Antonio
José de Sucre, presidente de Bolivia, entraron ambos en La Paz, antes de dirigirse a Oruro y a
Potosí.

Simón Rodríguez

Y en Chuquisaca, en noviembre de 1825, tuvo que detener la marcha, pues el proyecto


educativo de Simón Rodríguez había de comenzar en esa ciudad. Bolívar lo nombró entonces
director de Enseñanza Pública, Ciencias Físicas, Matemáticas y Artes, y director general de
Minas, Agricultura y Caminos Públicos de la República Boliviana. El primer día del año 1826
comenzaría a funcionar la llamada Escuela Modelo, que en el cuarto mes de su andadura tenía
ya doscientos alumnos.

El plan de enseñanza era muy original: se agrupaba a los alumnos y se concertaban los
métodos educativos, mezclándose la técnica y el espíritu. Los niños, entregados por entero a
las tareas de aprendizaje, aun durante los ratos de diversión, eran observados individualmente
por personal facultativo para identificar las inclinaciones de cada alumno. En palabras de
muchos entendidos, la originalidad de estos proyectos se parecía a la aplicada en los famosos
falansterios de Charles Fourier; sin embargo, Simón Rodríguez nunca había tenido contacto
con aquella obra.

Con independencia de cuál fuera la filosofía implicada en el desarrollo de este proyecto, estuvo
claro que no tenía encaje alguno en la sociedad de entonces; la gente no comprendía aquello y
le parecía excesiva la inversión que demandaban las escuelas. El mariscal Sucre se vio influido
por la crítica del medio, y escribió al Libertador para mostrarle su descontento con la obra de
Robinson, como lo solía llamar. Después de enemistarse con todos, Simón Rodríguez renunció
finalmente a su cargo. Con profunda rabia y decepción escribió una carta al Libertador, en la
que se quejó amargamente de la incomprensión que había padecido.

Últimos años

Decepcionado por cuanto no le habían dejado hacer por la libertad de América, y arruinado y
endeudado por cuanto había puesto de su bolsillo para el funcionamiento de las escuelas, se
marchó al Perú. En Arequipa montó una fábrica de velas, de la cual esperaba obtener fondos
para su manutención; las velas representaban también una muestra sarcástica de aquello que
en su opinión había significado el "siglo de las luces" para América.

El éxito de su negocio, sin embargo, estuvo en su retorno a las actividades de maestro: los
padres acudían masivamente a la tienda para que se encargara de la educación de sus hijos; y
fue así como Simón Rodríguez pidió nuevamente licencia para ser maestro. En 1828 publicó su
primera obra, titulada Sociedades americanas en 1828; cómo son y cómo deberían ser en los
siglos venideros. Se trataba, en realidad, del prólogo de la obra, en el cual se defiende el
derecho de cada persona a recibir educación, señalándose la importancia que ésta tiene para
el desarrollo político y social de los nuevos estados americanos.

La primera parte fue reimpresa en El Mercurio Peruano al año siguiente, y continuada en El


Mercurio de Valparaíso en noviembre y diciembre de 1829. También publicó en la imprenta
pública una obra en defensa de Bolívar, titulada El Libertador del Mediodía de América y sus
compañeros de armas, defendidos por un amigo de la causa social. Otras obras suyas fueron
publicadas, entre las que figura un proyecto de ingeniería e hidrología en torno al terreno de
Vincoaya. Había muerto el Libertador y el proyecto de la Gran Colombia había quedado
deshecho.

Simón Rodríguez

Después de publicar parte de la obra Sociedades Americanas, se marchó a Concepción (Chile),


invitado por el intendente de la ciudad para que "llevara a cabo el mejor plan posible de
educación científica" en el Instituto Libertario de Concepción. Aplicó a la enseñanza el sistema
diseñado en Arequipa, a propósito del proyecto hidrográfico, valiéndose de cuadros sinópticos.
El primer cuadro era "fisionómico", y alcanzaba sólo a las nociones; el segundo era
"fisiográfico", destinado a proporcionar el conocimiento; el tercero era "fisiológico" o de la
ciencia, y el cuarto representaba lo "económico", es decir, la filosofía.

En 1834 publicó Luces y virtudes sociales, obra acabada de su gran proyecto de instrucción.
Desgraciadamente, su suerte se vio teñida una vez más por la fatalidad: el terremoto de
Concepción de 1835 acabó con todo, incluyendo la estancia de Simón Rodríguez en esa ciudad;
"en América no sirvo para nada", exclamaría. Se marchó a Santiago de Chile y protagonizó un
maravilloso encuentro con Andrés Bello, del cual brotaría parte del impulso de la universidad
fundada por el insigne humanista.

Partió luego a Valparaíso, ciudad en la cual también se dedicó a la enseñanza, utilizando un


método bastante original para la época: en la clase de anatomía, se desnudaba y caminaba por
el salón para que los alumnos "tuvieran una idea del cuerpo humano". Por supuesto, esta
didáctica no tuvo larga vida. La sociedad comenzó a rechazarlo; la población de alumnos
descendería rápidamente y él acabaría en la más absoluta miseria.

Así lo encontró el viajero francés Louis-Antoine Vendel-Heyl, a quien diría, casi llorando, que
"ni siquiera podía tener el consuelo de publicar el fruto de sus meditaciones y sus estudios".
Como muestra del resquemor que sentía hacia la sociedad que frustró sus proyectos, en la
puerta de la casa de Simón Rodríguez podía leerse un letrero que decía: "Luces y virtudes
americanas, esto es: velas de sebo, paciencia, jabón, resignación, cola fuerte, amor al trabajo".

Sufriendo el temor de que su obra se perdiera, alrededor de 1842 escribió: "La experiencia y el
estudio me suministran luces, pero necesito un candelero donde colocarlas: ese candelero es
la imprenta. Ando paseando mis manuscritos como los italianos sus Titirimundis. Soy viejo y,
aunque robusto, temo dejar, de un día para otro, un baúl lleno de ideas para pasto de un
gacetillero que no las entienda. Si muriera, yo habría perdido un poco de gloria, pero los
americanos habrían perdido algo más".

Reeditó la obra Sociedades americanas y, sin más, marchó rumbo al Ecuador. En el camino se
detuvo en Paita y visitó a la amante de Bolívar, Manuela Sáenz, que se encontraba retirada en
esa ciudad. En Latacunga fue acogido por un sacerdote, el doctor Vésquez, quien se empeñaba
en que don Simón fuera maestro en el Colegio de San Vicente. A pesar de la insistencia del
maestro en dedicarse a la agricultura, terminó siendo profesor de botánica de esa institución.
Paralelamente, y en forma coherente con su visión de las cosas, fundó en esa ciudad una
fábrica de pólvora y al mismo tiempo publicó un folleto sobre la Fabricación de pólvora y
armas con otras enseñanzas generales, en cuyo preámbulo se puede leer: "la pólvora es aquí el
pretexto para tratar de la educación del pueblo". Posteriormente partió a Quito y fundó otra
fábrica de velas; luego marchó a Ibarra, a Colombia, y regresó nuevamente a Quito en el año
1853.

Tenía 82 años y conservaba aún un aspecto atlético. Dictó una conferencia que sorprendió al
público por sus experiencias y por sus amores tórridos e hijos dejados por el mundo, al igual
que por sus ideas. Finalmente, en 1853, a pesar de haber manifestado su intención de volver a
Europa con la ilusión de que allí todavía se podía "hacer algo", se trasladó a Amotate, ciudad
peruana en la que falleció el 28 de febrero de 1854, a los 83 años de edad.

La obra de Simón Rodríguez

Guiado por la idea de que sólo a través de la educación popular se garantizaría la verdadera
fortaleza y prosperidad de las nuevas repúblicas, Simón Rodríguez trazó un proyecto
pedagógico de una originalidad indiscutible. En Rodríguez se fundían de manera extraordinaria
el educador, el hombre de ideas y el escritor. Sus páginas son fascinantes no sólo por la
consistencia de sus ideas y la alta temperatura pasional que les imprime, sino también por el
indiscutible y original acento de novedad de su escritura. Ello se manifiesta en la particular
vivacidad (rasgo inocultablemente americano) que insufla al castellano, un tanto envarado por
siglos de retórica colonial, y en las innovaciones que introdujo en materia tipográfica.

Pedagogo influido por Jean-Jacques Rousseau y Henri de Saint-Simon, Simón Rodríguez fue un
reformador intuitivo. Maestro de Simón Bolívar, sus inquietudes e ideas reformadoras
influyeron poderosamente en la formación de El Libertador, según él mismo reconoció.
Después del triunfo de Bolívar, Rodríguez fue director e inspector general de Instrucción
Pública y Beneficencia y organizó escuelas, pero su inquietud y su carácter no lo dejaron nunca
asentar, mal que se agravó tras la muerte de Bolívar; el maestro fue rodando hasta su
avanzada ancianidad por Chile, Ecuador, Colombia y Perú.

Simón Rodríguez fue el primero que quiso aplicar en Sudamérica los audaces métodos
educativos que empezaban a utilizarse a comienzos del siglo XIX en Europa, y por todos los
medios trató de imponer en las atrasadas provincias de Bolivia y Colombia las novedosas y
revolucionarias teorías sobre la educación de la infancia. Nutrido en las ideas de los grandes
filósofos franceses del siglo XVIII, fue un espíritu inconforme y radical. Sus principales textos
son El Libertador del Mediodía de América y sus compañeros de armas, defendidos por un
amigo de la causa social (1830), Luces y virtudes sociales (1834) y Sociedades americanas en
1828; cómo son y cómo deberían ser en los siglos venideros (1828, última edición en 1842).

En El Libertador del Mediodía de América hizo una defensa vigorosa de la figura de Bolívar y de
su actuación en la guerra de Independencia, exponiendo al mismo tiempo muchas de sus
propias ideas sobre la cultura y el destino de los pueblos hispanoamericanos. Aunque esta
obra es muy desigual, y por la premura en que fue escrita y el temperamento mismo del autor
no guarda mucha unidad, resaltan en ella admirables y audaces pensamientos que hacen de la
misma uno de los estudios más interesantes de la cultura americana del siglo pasado. Otros
escritos suyos son El suelo y sus habitantes, Extracto sucinto sobre la educación republicana,
Consejos de amigo dados al Colegio de Latacunga y Crítica de las providencias del gobierno.

Pensamientos de Simón Rodríguez

El maestro de niños debe ser sabio, ilustrado, filósofo y comunicativo, porque su oficio es
formar hombres para la sociedad.

La ignorancia es la causa de todos los males que el hombre se hace y hace a otros; y esto es
inevitable, porque la moniciencia no cabe en un hombre: puede caber, hasta cierto punto, en
una sociedad (por el más y el menos se distingue una de otra). No es culpable un hombre
porque ignora – poco es lo que puede saber -, pero lo será si se encarga de hacer lo que no
sabe.

Pensamientos de Simón Rodríguez

Simón Rodríguez y la economía

Si los americanos quieren que la Revolución Política, que el peso de las cosas ha hecho y que
las circunstancias han protegido, les traiga verdaderos bienes, hagan una Revolución
Económica, y empiecen por los campos

Pensamientos de Simón Rodríguez

Venzan la repugnancia a asociarse para emprender y el temor de aconsejarse para proceder.


Formen sociedades económicas que establezcan escuelas de agricultura
Pensamientos de Simón Rodríguez

No es hacer cada quien su negocio, i pierda el que no esté alerta, sino pensar cada uno en
todos, para que todos piensen en él. Los hombres no están en el mundo para entredestruírse
sino para entreayudarse

Pensamientos de Simón Rodríguez

La América Española y Simón Rodríguez

¿Dónde iremos a buscar modelos? La América Española es original. Original han de ser sus
instituciones y su Gobierno y originales de fundar unas y otro. O inventamos o erramos.

Pensamientos de Simón Rodríguez

No es sueño ni delirio, sino filosofía ni el lugar donde esto se haga será imaginario, como el que
se figuró el Canciller Tomás Moro; su utopía será, en realidad, la América.

Pensamientos de Simón Rodríguez

La etapa Colonial Española, impuso su cultura, su religión, sus leyes, se produjo la cultura de la
dominación, de la explotación de la exclusión social, en la América de habla española.

Pensamientos de Simón Rodríguez

Acostumbren al niño a ser veraz, fiel, servicial, comedido, benéfico, agradecido, consecuente,
generoso, amable, diligente, cuidadoso, aseado; a respetar la reputación y a cumplir con lo que
promete. Y déjense las habilidades a su cargo; él sabrá buscarse maestros, cuando joven.

Pensamientos de Simón Rodríguez

Simón Rodríguez y la educación de las niñas y niños


El título de maestro no debe darse sino al que sabe enseñar, esto es al que enseña a aprender;
no al que manda aprender o indica lo que se ha de aprender, ni al que aconseja que se
aprenda. El maestro que sabe dar las primeras instrucciones, sigue enseñando virtualmente
todo lo que se aprende después, porque enseñó a aprender.

Pensamientos de Simón Rodríguez

Solo con la esperanza de conseguir que se piense en la educación del pueblo se puede abogar
por la instrucción general. Y se debe abogar por ella; porque ha llegado el tiempo de enseñar a
la gente a vivir, para que hagan bien lo que ha de hacer mal.

Pensamientos de Simón Rodríguez

Las 20 mejores frases de Simón Rodríguez

Pensamientos de Simón Rodríguez

El hombre no es ignorante porque es pobre, sino lo contrario.

Pensamientos de Simón Rodríguez

Instruir no es educar; ni la instrucción puede ser un equivalente de la educación, aunque


instruyendo se eduque.

Pensamientos de Simón Rodríguez

Enseñen, y tendrán quien sepa; eduquen, y tendrán quien haga.

Pensamientos de Simón Rodríguez

Enseñen los niños a ser preguntones, para que, pidiendo el por qué de lo que se les mande
hacer; se acostumbren a obedecer a la razón, no a la autoridad como los limitados, no a la
costumbre como los estúpidos.

Pensamientos de Simón Rodríguez

Enseñar es hacer comprender; es emplear el entendimiento; no hacer trabajar la memoria.


Pensamientos de Simón Rodríguez

Nadie hace bien lo que no sabe; por consiguiente nunca se hará República con gente
ignorante, sea cual fuere el plan que se adopte.

Pensamientos de Simón Rodríguez

Simón Rodríguez y los maestros

No es culpable un hombre porque ignora (poco el lo que se puede saber) pero lo será, si se
encarga de saber lo que no sabe.

Pensamientos de Simón Rodríguez

Toca a los maestros hacer conocer a los niños el valor del trabajo, para que sepan apreciar el
valor de las cosas.

Pensamientos de Simón Rodríguez

No hay interés donde no se estribé el fin de la acción. Lo que no se hace sentir no se entiende,
y lo que no se entiende no interesa. Llamar, captar y fijar la atención, son las tres partes del
arte de enseñar. Y no todos los maestros sobresalen en las tres.

Pensamientos de Simón Rodríguez

Las 20 mejores frases de Simón Rodríguez

Pensamientos de Simón Rodríguez

En las colonias americanas, España establece una economía extractiva de piedras preciosas,
especies y alimentos. Hay una economía de puertos.

Pensamientos de Simón Rodríguez


Al que no sabe, cualquiera lo engaña. Al que no tiene, cualquiera lo compra.

Pensamientos de Simón Rodríguez

Para gozar de los bienes de la libertad, la imprenta no debe tener otros límites que los que le
impone el respeto a la debida sociedad.

Pensamientos de Simón Rodríguez

Espero les hayan gustado esta recopilación de las 20 mejores frases de Simón Rodríguez, si
conoces alguna otra que desees que agr

Número primo: es aquel número que tan sólo se puede dividir


(división exacta) por 1 o por si mismo.

Ejemplos: 2, 3, 5, 7, 11, 13, 17, 19, 23, 31, 37…

Números compuestos: son aquellos que además de poder


dividirse por 1 y por sí mismo, se pueden dividir al menos por
algún otro número.

El número 8 es compuesto porque se puede dividir por 1, 2, 4 y


8.

Ejemplos: 4, 10, 20, 12, 14, 16, 18….


Qué es Artículo:

Artículo se refiere a cada uno de los textos de diversos autores que funcionan como partes
diferenciadas de un compendio, periódico o revista que se destina a la publicación. El término
suele usarse frecuentemente en alusión a los artículos noticiosos o de opinión que se publican
en la prensa.

Significado de Adverbio

Qué es el Adverbio:

El adverbio es la parte invariable de la oración que puede modificar o complementar el


significado del verbo, del adjetivo, de otro adverbio o de toda una oración. Por ejemplo,
“Llegué bien”, “Debemos despertarnos temprano”.

Tipos de adverbios
Tipo Significado Ejemplos
De lugar Expresan abajo, adelante, adentro, adonde, acá, ahí,
circunstancias allá, allí, alrededor, aquí, arriba, atrás,
espaciales cerca, debajo, delante, detrás, dentro,
donde, encima, enfrente, entre, fuera, lejos,
sobre.
De tiempo Expresan hoy, ayer, mañana, tarde, temprano, pronto,
circunstancias ya, nunca, ahora, enseguida, todavía, aún,
temporales recién, entonces, mientras, antes, después,
anoche, luego, siempre, jamás,
ocasionalmente, anteriormente,
constantemente, eternamente,
instantáneamente, finalmente.
De modo Indican adrede, así, aún, aprisa, bien, claro, como,
cualidades despacio, ligero, mal, mejor, rápido, regular,
modales o similar, tal, peor, apasionadamente,
matizan las del elocuentemente, fácilmente, hábilmente,
adjetivo rápidamente,sutilmente.
De Expresan apenas, mucho, poco, algo, nada, muy,
cantidad modificaciones harto, demasiado, medio, mitad, bastante,
cuantitativas más, menos, casi, sólo, cuánto, qué, tan,
tanto, todo, suficientemente, excesivamente.
De Se utilizan para sí, cierto, ciertamente, claro, bueno,
afirmación afirmar o sostener claramente, seguramente, efectivamente,
una idea acertadamente, evidentemente,
naturalmente, desde luego, por supuesto.
Tipo Significado Ejemplos
De Se utilizan para no, nunca, jamás, tampoco, nada, ni
negación negar una siquiera, ninguno, ninguna, para nada.
información
De duda Sirven para Acaso, quizá, tal vez, posiblemente,
expresar duda o eventualmente, aparentemente
incertidumbre

Qué es Sustantivo:

Como sustantivo (también escrito substantivo) se denomina la clase de palabras que se


emplean para designar seres, entidades u objetos.

En gramática, los sustantivos son el tipo de palabras que se caracterizan por tener género
(masculino y femenino) y número (singular y plural), que forman sintagmas nominales, y
pueden funcionar como argumento verbal o como complementos del nombre.

Tipos de sustantivo

Sustantivo masculino

El sustantivo masculino es aquel que por lo general lleva al final de la palabra en su forma
singular el morfema -o. Por ejemplo: carro, libro, horno, etc. Existen, sin embargo,
excepciones: sustantivos masculinos acabados en consonante alveolar (árbol, computador,
alud, armazón, etc.), o en -a, como el día, el mapa, el planeta. Una forma de determinar el
género gramatical es comprobando si el artículo que lo acompaña es masculino (el, los, un,
unos).

Sustantivo femenino

El sustantivo femenino, por su parte, se caracteriza por llevar al final de la forma singular de la
palabra el morfema -a. Sin embargo, algunas palabras acabadas en -o, como la moto o la foto,
también pueden ser femeninas.

Sustantivo ambiguo

Los sustantivos ambiguos son aquellos que pueden usarse tanto en masculino como en
femenino sin riesgo de variar el significado. Por ejemplo: el/la internet, el/la mar.
Sustantivo propio

Sustantivo propio es aquel que se utiliza para identificar a cada individuo de los demás de su
misma clase. Puede designar tanto a personas o animales como a entidades o cosas. Por
ejemplo: Camila, Chita, Atacama, Argentina, Londres, Titanic. Se escribe siempre con inicial
mayúscula.

Sustantivo común

El sustantivo común es aquel que se utiliza para designar a seres o cosas que una misma clase.
En este sentido, son sustantivos genéricos. Por ejemplo: perro, vaso, barco.

Qué es el Verbo:

Se conoce como verbo una clase de palabra cuyo significado indica la acción, el estado o
proceso que realiza o sufre cualquier realidad mencionada en la oración. En la oración, el
verbo funciona como el núcleo del predicado.

Al igual que otras palabras, el verbo presenta lexema, en el que reside el significado verbal, y
morfemas de persona y número. Tiene, además, morfemas de tiempo, modo y aspecto.

Clasificación de los verbos

Tomando en cuenta lo anterior, los verbos se pueden clasificar según:

La persona

Primera persona (yo/nosotros): “Yo camino todas las tardes en el parque”.

Segunda persona (tú/ustedes/vosotros): “Ustedes bailan muy bien”.

Tercera persona (él/ella/ellos/ellas): se refiere a algo o alguien ausente de la comunicación.


“Se reunieron y conversaron sobre diversos temas de estudio”.

El tiempo

Pasado: “Ayer leí un artículo interesante sobre la salud mental”.

Presente: “Estoy feliz de verte”.

Futuro: “María hará el viaje en otra ocasión”.


Pretérito perfecto: “Esta tarde he comido con mis amigos”. Se refiere al pasado reciente.

Pretérito imperfecto: “Cada vez que venía mi amiga Laura a la casa jugábamos a las muñecas”.
Se refiere a las acciones pasadas que se repiten.

La voz

Activa: “Ana prepara la cena”.

Pasiva: “La cena es preparada por Ana”

Reflexiva: “Rosa se cortó el cabello en su casa”.

En inglés, la expresión verbo es verb. En referencia a este punto, el verbo to be, en español se
traduce en ‘ser’ o ‘estar’ y se utiliza como verbo principal o como verbo auxiliar, siendo
irregular en el presente y en el pasado. Por ejemplo: “I am lawyer" (yo soy abogada) se utiliza
el verbo como ser y “I am in my house" (estoy en mi casa) se utiliza el verbo como estar.

Qué es Adjetivo:

El adjetivo es una clase de palabra o parte de la oración que califica al sustantivo, y que aporta
información adicional o complementa su significado. El adjetivo se coloca delante o después
del sustantivo concordando en género y número.

Por ejemplo:

'Su hija es muy alta para la edad que tieneʼ.

ʽEl coche azul es de mi tíoʼ.

'El libro es corto y se lee sin problemas’.

‘Me siento feliz esta tarde’.

Ver también: Adjetivos calificativos.

Adjetivos demostrativos

Determinan una relación de proximidad que existe en relación al sustantivo del que se habla.
Son: este, ese, eso, esa, aquel, aquella, estos, esos, esas, aquellos, aquellas.

Por ejemplo:
ʽEste apartamento es míoʼ.

ʽAquella lavadora es buenaʼ.

ʽEsas mantas hay que lavarlasʼ.

‘Tus guantes de cocina son estos’.

Adjetivos posesivos

Los adjetivos posesivos se caracterizan por atribuir al sustantivo una idea de pertenencia o
posesión. Estos adjetivos pueden ir antes o después del sustantivo y son: mi, tu, su,
nuestro/nuestra, vuestro/vuestra, mis, tus, sus, nuestros/nuestras, vuestros/vuestras.

Por ejemplo:

ʽMi pulsera y tus zarcillosʼ. ʽ

Ese libro esmíoʼ.

‘En nuestra casa tenemos una chimenea’.

‘¿Esos zapatos son tuyos?’.

‘Su presentación fue breve’.

Adjetivos determinativos o determinantes

Son los adjetivos que introducen o identifican el sustantivo en la oración, por lo que no lo
describe sino que lo especifica y limita su alcance. Son adjetivos ampliamente utilizados y que
concuerdan en género y número con el sustantivo.

Por ejemplo:

‘Algunas amigas’.

ʽAquelperro chiquito es lindoʼ.

‘Esta pelota’.

Adjetivos indefinidos
Son los adjetivos que se identifican por no precisar suficiente información en relación al
sustantivo. Los más utilizados son: algún, algunos, tantos, bastante, cierto, cada, cualquier,
cualquiera, demasiados, escasos, demás, mucho, poco, ningún, ninguno, más, mismo, otro,
todos, varios, sendos, tal, cierto, cada.

Por ejemplo:

ʽPocos maestros asistieron a la reuniónʼ.

ʽAlgunos alumnos son deportistasʼ.

‘Tal pregunta me asustó’.

‘Cada uno dará su opinión’.

Adjetivos numerales

Expresa la cantidad numérica del sustantivo al que acompañan, estos pueden ser cardinales
(uno, dos, tres, siete, nueve, etc.), ordinales (primero, segundo, tercero, quinto, último),
múltiplos (doble, triple, cuádruple) o partitivos (medio, tercio, quinto, etc).

Por ejemplo:

‘Hace dos años que nos vimos’.

‘Lo llamé tres veces’.

‘Quedó de segundo en la competencia’.

‘Es la quinta vez que vengo’.

‘Comí doble ración de postre’.

‘Esto es el cuádruple de lo que me habías pedido’.

‘Agrega media taza de agua’

‘Compra un cuarto de kilo de carne’.

Adjetivo gentilicio

Identifican el origen de las personas u objetos, el cual puede referirse a un continente


(América, África, Europa, Oceanía o Asia), un país, una región, provincia o ciudad. Sin embargo,
el gentilicio más empleado hace referencia a los países.
Por ejemplo:

ʽSu hija es mexicanaʼ.

‘Mis primos son asiáticosʼ.

‘Él es madrileño’.

Grados del adjetivo

Los grados del adjetivo expresan la intensidad con que caracteriza al sustantivo.

Grado comparativo

Se utiliza para confrontar las cualidades. Son: más y menos. Estos adjetivos están
acompañados de un adjetivo, sustantivo o adverbio, seguidos de la palabra ‘que’ o ‘como’.

Por ejemplo:

Igualdad: ʽEsta película es tan interesante como la que vimos ayerʼ.

Superioridad: ʽEste coche es mejor que el suyoʼ.

Inferioridad: ʽAna es más baja que Maríaʼ.

Grado superlativo

Qué es Preposición:

Se conoce como preposición a la parte invariable de la oración, cuyo oficio es denotar la


relación que entre sí tienen dos o más palabras o términos.

A pesar de que se considere una parte de la oración, la preposición no tiene significado léxico
ni flexión de ningún tipo y su valor es plenamente gramatical.

lasificación de las preposiciones

A continuación, la clasificación y ejemplos del uso de las preposiciones.


Tipo de preposiciones Preposiciones Ejemplos

De lugar a, de, en, entre, hacia, por, tras, bajo

Vengo de la iglesia.

Miré hacia la izquierda y lo vi.

De tiempo a, con, de, desde, en, para, por, sobre, tras, hasta

No saldré con este frío.

La taza está sobre la mesa.

De causa por Lo hizo por mí.

De finalidad a, para Lo tomé para dejar de toser.

De compañía con Prefiero estar con mi familia.

De modo a, con, de, en, por, bajo, según

Conduce con precaución.

Elsa está de supervisora.

De instrumentoa, con, de, en Átalo con las cuerdas.

De privación sin Estamos en una calle sin salida.

De oposición contra Estoy en contra de la reforma.

padres

María de la Concepción Palacios y Blanco

PadresJuan Vicente Bolívar y Ponte

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