Simón Rodríguez: Educador y Pensador Venezolano
Simón Rodríguez: Educador y Pensador Venezolano
(Simón Narciso Jesús Rodríguez; Caracas, Venezuela, 1769 - Amotape, Perú, 1854) Pedagogo y
escritor venezolano.
Simón Rodríguez
Jamás la historia de la América independentista ha sido tan injusta con uno de sus grandes
personajes como lo fue con la obra del insigne educador y gran pensador americano don
Simón Rodríguez. El relato de su vida, atrapado en el sobrenombre de El Maestro del
Libertador, se destacó en la historia por el mérito de haber forjado el espíritu y las ideas de
Bolívar, reduciendo a pasividad lo que fue realmente una activa relación de reciprocidad.
Pero Simón Rodríguez no nació para hacer de Bolívar el futuro Libertador de América; se hizo a
sí mismo, más bien, para convertir en verdaderas repúblicas a los territorios conquistados por
la libertad. El proyecto diseñado por Simón Rodríguez, basado en la colonización del
continente por sus propios habitantes y en la formación de ciudadanos por medio del saber, lo
dibuja como un gran pensador americano a quien, en virtud de su incesante lucha en favor de
la educación popular, sería más justo recordar como el gran maestro de muchos. La
originalidad de sus pensamientos, su sentido estricto de la honestidad, la trascendencia
renovadora de sus ideas pedagógicas y sociales y la heterodoxia y excentricidad de sus
métodos hablan de un hombre con sentido propio, ajeno al contexto de su época.
Biografía
Los historiadores suelen ubicarlo en la borrosa frontera que separa la genialidad de la locura; y
no sin razón, ya que la vida de Simón Narciso Jesús Rodríguez se encuentra minada de
anécdotas que no cesan de sugerir la interrogante. Nació en Caracas el 28 de octubre de 1769
(aunque también se afirma que fue en 1771); se dice que era hijo natural de Rosalía Rodríguez
y de un hombre desconocido, de apellido Carreño.
El joven maestro
La larga carrera de Simón Rodríguez como educador, si es que así puede etiquetarse su
incesante labor de "formar ciudadanos por medio del saber", se inicia oficialmente cuando el
Cabildo de Caracas le otorga, en 1791, el permiso para ejercer de maestro de escuela de
primeras letras en la única escuela pública de esa ciudad. Claro está que la formación
autodidacta emprendida por Rodríguez desde muy joven habla de un inicio más temprano en
su carrera y de un encuentro prematuro con la vocación del saber, la reflexión y el
pensamiento.
Simón Rodríguez
A los veinte años de edad, según se dice, Simón Rodríguez ya había leído a Jean-Jacques
Rousseau, particularmente su obra Emilio o De la educación, y una traducción de la
Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Como muestra del ímpetu y la
avidez de sus reflexiones, siempre originales y a contrapelo del medio, presentó al
ayuntamiento de Caracas, en 1794, un estudio titulado Reflexiones sobre los efectos que vician
la escuela de primeras letras de Caracas y medio de lograr su reforma por un nuevo
establecimiento.
Las ideas vertidas en este ensayo parten de la necesidad de formalizar la educación pública por
medio de la creación de nuevas escuelas y la formación de buenos profesores; de esta forma,
argumentaba, se promovería la incorporación de más alumnos (incluyendo a los niños pardos y
negros) y la disminución progresiva de la enseñanza particular; se requería además buenos
salarios.
Fue en esa época cuando, en la escuela de primeras letras del Cabildo de Caracas, tuvo entre
sus alumnos, hasta los catorce años, al entonces travieso Simón Bolívar. Simón Rodríguez, que
además de maestro era también amanuense del tutor de Bolívar, había sido recomendado
para encargarse de la educación del futuro Libertador de América.
Alguna contingencia de vital importancia para la vida del maestro lo animaría a abandonar el
país. La fecha de su éxodo es dudosa, tanto como la naturaleza de los acontecimientos que lo
propiciaron. Es un lugar común el que afirma que Simón Rodríguez formaba parte de la famosa
conspiración de Manuel Gual y José María España, descubierta el 13 de julio de 1797, y que
tuvo que huir despavorido hacia La Guaira para embarcarse en un galeón con destino a
Jamaica.
Hay quien asegura, sin embargo, que su partida ocurrió en fecha anterior a noviembre de
1795, y que fue motivada por su descontento con el régimen español: "Mal avenido con la
tiranía que lo agobiaba bajo el sistema colonial (en palabras de Daniel Florencio O'Leary),
resolvió buscar en otra parte la libertad de pensamiento y de acción que no se toleraba en su
país natal". Jamaica le esperaba como puerto de inicio de una aventura de más de veinte años
en el exilio.
El exilio
Su siguiente destino sería Estados Unidos. En Baltimore se empleó como cajista de imprenta,
oficio que le permitiría, más tarde, componer él mismo los moldes de imprenta de sus obras.
Tres años después viajó a Bayona, en Francia, donde se registró bajo el nombre de Samuel
Robinson "para no tener constantemente en la memoria (según dijo él mismo) el recuerdo de
la servidumbre". Más tarde, en la ciudad de París, se empadronaría en el registro de españoles
de la manera siguiente: "Samuel Robinson, hombre de letras, nacido en Filadelfia, de treinta y
un años"; y esta identidad la mantendría los siguientes veinte años de su vida en el viejo
continente.
En París conoció a Fray Servando Teresa de Mier, un sacerdote revolucionario de origen
mexicano, y lo convenció para que juntos abrieran una escuela de lengua española. Para
acreditar sus conocimientos, Rodríguez tradujo al castellano la novela Atala de Chateaubriand;
Mier se atribuyó la traducción. También estudió física y química, y se convirtió en el expositor
de orden de las investigaciones del laboratorio para el cual trabajaba.
Bolívar se encontraba en París desde 1803, y Simón Rodríguez formaba parte de sus amistades
más cercanas. Ambos disfrutaban de largas tertulias, a veces solos y otras acompañados de
Fernando Toro o de algún otro personaje. En 1805 emprendieron una larga travesía hasta
Italia, cruzando a pie los Alpes. Fueron de Chambéry a Milán, luego a Verona y Venecia, Padua,
Ferrara, Florencia y Perusa.
Por último, llegaron a Roma. Aquí fue donde subieron al Monte Sacro y se produjo el famoso
juramento de Bolívar de libertar América: "Juro delante de usted (así describe Rodríguez el
juramento de Bolívar), juro por el Dios de mis padres, juro por ellos, juro por mi honor, y juro
por la patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las
cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español".
Retorno a América
Animado por las noticias que le llegaban de América, Simón Rodríguez emprendió viaje de
regreso en 1823. En su largo exilio había madurado cada vez más sus ideas en torno a la
educación y la política, nutriéndose, fundamentalmente, del pensamiento de Montesquieu. Es
cierto que Rodríguez acogió las ideas de la Ilustración, pero las utilizó como referencia para la
construcción de un proyecto muy original.
En realidad, no podía ser de otra forma, pues el legado de Montesquieu acerca del
determinismo geográfico y cultural no invitaba a nada distinto. Así lo expresó Simón Rodríguez:
"Las leyes deben ser adecuadas al pueblo para el que fueron dictadas, [...] deben adaptarse a
los caracteres físicos del país, [...] deben adaptarse al grado de libertad que permita la
Constitución, a la religión de sus habitantes, a sus inclinaciones, a su riqueza, a su número, a su
comercio, a sus costumbres y a sus maneras".
Una vez enterado de la estancia de Rodríguez en Colombia, Bolívar le escribió una carta en la
cual lo invitaba a encontrarse con él en el sur, donde se hallaba en plena campaña. En Bogotá,
primer lugar de estancia a su regreso, sus primeros pasos se encaminaron a instalar una "Casa
de Industria Pública". Deseaba, más que nada, dotar a los alumnos de conocimientos directos y
habilitar maestros de todos los oficios.
El proyecto fracasó por falta de recursos y el maestro se dirigió hacia el sur. En Guayaquil
presentó al gobierno un plan de colonización para el oriente de Ecuador. Finalmente, se
encontró con Bolívar en Lima: Simón Rodríguez le presentó sus planes pedagógicos, que
habrían de ser implantados en América, en las escuelas que el Libertador ya trataba de fundar
y que pondría bajo la dirección del educador. Simón Rodríguez quedó incorporado a su equipo
de colaboradores.
A mediados de abril de 1825 inició, junto con Bolívar, un recorrido por Perú y Bolivia. En
Arequipa organizó una casa de estudios; después subió al Cuzco, donde fundó un colegio para
varones, otro para niñas, un hospicio y una casa de refugio para los desvalidos. En el
departamento de Puno hizo otro tanto. En septiembre, ya acompañados del general Antonio
José de Sucre, presidente de Bolivia, entraron ambos en La Paz, antes de dirigirse a Oruro y a
Potosí.
Simón Rodríguez
El plan de enseñanza era muy original: se agrupaba a los alumnos y se concertaban los
métodos educativos, mezclándose la técnica y el espíritu. Los niños, entregados por entero a
las tareas de aprendizaje, aun durante los ratos de diversión, eran observados individualmente
por personal facultativo para identificar las inclinaciones de cada alumno. En palabras de
muchos entendidos, la originalidad de estos proyectos se parecía a la aplicada en los famosos
falansterios de Charles Fourier; sin embargo, Simón Rodríguez nunca había tenido contacto
con aquella obra.
Con independencia de cuál fuera la filosofía implicada en el desarrollo de este proyecto, estuvo
claro que no tenía encaje alguno en la sociedad de entonces; la gente no comprendía aquello y
le parecía excesiva la inversión que demandaban las escuelas. El mariscal Sucre se vio influido
por la crítica del medio, y escribió al Libertador para mostrarle su descontento con la obra de
Robinson, como lo solía llamar. Después de enemistarse con todos, Simón Rodríguez renunció
finalmente a su cargo. Con profunda rabia y decepción escribió una carta al Libertador, en la
que se quejó amargamente de la incomprensión que había padecido.
Últimos años
Decepcionado por cuanto no le habían dejado hacer por la libertad de América, y arruinado y
endeudado por cuanto había puesto de su bolsillo para el funcionamiento de las escuelas, se
marchó al Perú. En Arequipa montó una fábrica de velas, de la cual esperaba obtener fondos
para su manutención; las velas representaban también una muestra sarcástica de aquello que
en su opinión había significado el "siglo de las luces" para América.
El éxito de su negocio, sin embargo, estuvo en su retorno a las actividades de maestro: los
padres acudían masivamente a la tienda para que se encargara de la educación de sus hijos; y
fue así como Simón Rodríguez pidió nuevamente licencia para ser maestro. En 1828 publicó su
primera obra, titulada Sociedades americanas en 1828; cómo son y cómo deberían ser en los
siglos venideros. Se trataba, en realidad, del prólogo de la obra, en el cual se defiende el
derecho de cada persona a recibir educación, señalándose la importancia que ésta tiene para
el desarrollo político y social de los nuevos estados americanos.
Simón Rodríguez
En 1834 publicó Luces y virtudes sociales, obra acabada de su gran proyecto de instrucción.
Desgraciadamente, su suerte se vio teñida una vez más por la fatalidad: el terremoto de
Concepción de 1835 acabó con todo, incluyendo la estancia de Simón Rodríguez en esa ciudad;
"en América no sirvo para nada", exclamaría. Se marchó a Santiago de Chile y protagonizó un
maravilloso encuentro con Andrés Bello, del cual brotaría parte del impulso de la universidad
fundada por el insigne humanista.
Así lo encontró el viajero francés Louis-Antoine Vendel-Heyl, a quien diría, casi llorando, que
"ni siquiera podía tener el consuelo de publicar el fruto de sus meditaciones y sus estudios".
Como muestra del resquemor que sentía hacia la sociedad que frustró sus proyectos, en la
puerta de la casa de Simón Rodríguez podía leerse un letrero que decía: "Luces y virtudes
americanas, esto es: velas de sebo, paciencia, jabón, resignación, cola fuerte, amor al trabajo".
Sufriendo el temor de que su obra se perdiera, alrededor de 1842 escribió: "La experiencia y el
estudio me suministran luces, pero necesito un candelero donde colocarlas: ese candelero es
la imprenta. Ando paseando mis manuscritos como los italianos sus Titirimundis. Soy viejo y,
aunque robusto, temo dejar, de un día para otro, un baúl lleno de ideas para pasto de un
gacetillero que no las entienda. Si muriera, yo habría perdido un poco de gloria, pero los
americanos habrían perdido algo más".
Reeditó la obra Sociedades americanas y, sin más, marchó rumbo al Ecuador. En el camino se
detuvo en Paita y visitó a la amante de Bolívar, Manuela Sáenz, que se encontraba retirada en
esa ciudad. En Latacunga fue acogido por un sacerdote, el doctor Vésquez, quien se empeñaba
en que don Simón fuera maestro en el Colegio de San Vicente. A pesar de la insistencia del
maestro en dedicarse a la agricultura, terminó siendo profesor de botánica de esa institución.
Paralelamente, y en forma coherente con su visión de las cosas, fundó en esa ciudad una
fábrica de pólvora y al mismo tiempo publicó un folleto sobre la Fabricación de pólvora y
armas con otras enseñanzas generales, en cuyo preámbulo se puede leer: "la pólvora es aquí el
pretexto para tratar de la educación del pueblo". Posteriormente partió a Quito y fundó otra
fábrica de velas; luego marchó a Ibarra, a Colombia, y regresó nuevamente a Quito en el año
1853.
Tenía 82 años y conservaba aún un aspecto atlético. Dictó una conferencia que sorprendió al
público por sus experiencias y por sus amores tórridos e hijos dejados por el mundo, al igual
que por sus ideas. Finalmente, en 1853, a pesar de haber manifestado su intención de volver a
Europa con la ilusión de que allí todavía se podía "hacer algo", se trasladó a Amotate, ciudad
peruana en la que falleció el 28 de febrero de 1854, a los 83 años de edad.
Guiado por la idea de que sólo a través de la educación popular se garantizaría la verdadera
fortaleza y prosperidad de las nuevas repúblicas, Simón Rodríguez trazó un proyecto
pedagógico de una originalidad indiscutible. En Rodríguez se fundían de manera extraordinaria
el educador, el hombre de ideas y el escritor. Sus páginas son fascinantes no sólo por la
consistencia de sus ideas y la alta temperatura pasional que les imprime, sino también por el
indiscutible y original acento de novedad de su escritura. Ello se manifiesta en la particular
vivacidad (rasgo inocultablemente americano) que insufla al castellano, un tanto envarado por
siglos de retórica colonial, y en las innovaciones que introdujo en materia tipográfica.
Pedagogo influido por Jean-Jacques Rousseau y Henri de Saint-Simon, Simón Rodríguez fue un
reformador intuitivo. Maestro de Simón Bolívar, sus inquietudes e ideas reformadoras
influyeron poderosamente en la formación de El Libertador, según él mismo reconoció.
Después del triunfo de Bolívar, Rodríguez fue director e inspector general de Instrucción
Pública y Beneficencia y organizó escuelas, pero su inquietud y su carácter no lo dejaron nunca
asentar, mal que se agravó tras la muerte de Bolívar; el maestro fue rodando hasta su
avanzada ancianidad por Chile, Ecuador, Colombia y Perú.
Simón Rodríguez fue el primero que quiso aplicar en Sudamérica los audaces métodos
educativos que empezaban a utilizarse a comienzos del siglo XIX en Europa, y por todos los
medios trató de imponer en las atrasadas provincias de Bolivia y Colombia las novedosas y
revolucionarias teorías sobre la educación de la infancia. Nutrido en las ideas de los grandes
filósofos franceses del siglo XVIII, fue un espíritu inconforme y radical. Sus principales textos
son El Libertador del Mediodía de América y sus compañeros de armas, defendidos por un
amigo de la causa social (1830), Luces y virtudes sociales (1834) y Sociedades americanas en
1828; cómo son y cómo deberían ser en los siglos venideros (1828, última edición en 1842).
En El Libertador del Mediodía de América hizo una defensa vigorosa de la figura de Bolívar y de
su actuación en la guerra de Independencia, exponiendo al mismo tiempo muchas de sus
propias ideas sobre la cultura y el destino de los pueblos hispanoamericanos. Aunque esta
obra es muy desigual, y por la premura en que fue escrita y el temperamento mismo del autor
no guarda mucha unidad, resaltan en ella admirables y audaces pensamientos que hacen de la
misma uno de los estudios más interesantes de la cultura americana del siglo pasado. Otros
escritos suyos son El suelo y sus habitantes, Extracto sucinto sobre la educación republicana,
Consejos de amigo dados al Colegio de Latacunga y Crítica de las providencias del gobierno.
El maestro de niños debe ser sabio, ilustrado, filósofo y comunicativo, porque su oficio es
formar hombres para la sociedad.
La ignorancia es la causa de todos los males que el hombre se hace y hace a otros; y esto es
inevitable, porque la moniciencia no cabe en un hombre: puede caber, hasta cierto punto, en
una sociedad (por el más y el menos se distingue una de otra). No es culpable un hombre
porque ignora – poco es lo que puede saber -, pero lo será si se encarga de hacer lo que no
sabe.
Si los americanos quieren que la Revolución Política, que el peso de las cosas ha hecho y que
las circunstancias han protegido, les traiga verdaderos bienes, hagan una Revolución
Económica, y empiecen por los campos
No es hacer cada quien su negocio, i pierda el que no esté alerta, sino pensar cada uno en
todos, para que todos piensen en él. Los hombres no están en el mundo para entredestruírse
sino para entreayudarse
¿Dónde iremos a buscar modelos? La América Española es original. Original han de ser sus
instituciones y su Gobierno y originales de fundar unas y otro. O inventamos o erramos.
No es sueño ni delirio, sino filosofía ni el lugar donde esto se haga será imaginario, como el que
se figuró el Canciller Tomás Moro; su utopía será, en realidad, la América.
La etapa Colonial Española, impuso su cultura, su religión, sus leyes, se produjo la cultura de la
dominación, de la explotación de la exclusión social, en la América de habla española.
Acostumbren al niño a ser veraz, fiel, servicial, comedido, benéfico, agradecido, consecuente,
generoso, amable, diligente, cuidadoso, aseado; a respetar la reputación y a cumplir con lo que
promete. Y déjense las habilidades a su cargo; él sabrá buscarse maestros, cuando joven.
Solo con la esperanza de conseguir que se piense en la educación del pueblo se puede abogar
por la instrucción general. Y se debe abogar por ella; porque ha llegado el tiempo de enseñar a
la gente a vivir, para que hagan bien lo que ha de hacer mal.
Enseñen los niños a ser preguntones, para que, pidiendo el por qué de lo que se les mande
hacer; se acostumbren a obedecer a la razón, no a la autoridad como los limitados, no a la
costumbre como los estúpidos.
Nadie hace bien lo que no sabe; por consiguiente nunca se hará República con gente
ignorante, sea cual fuere el plan que se adopte.
No es culpable un hombre porque ignora (poco el lo que se puede saber) pero lo será, si se
encarga de saber lo que no sabe.
Toca a los maestros hacer conocer a los niños el valor del trabajo, para que sepan apreciar el
valor de las cosas.
No hay interés donde no se estribé el fin de la acción. Lo que no se hace sentir no se entiende,
y lo que no se entiende no interesa. Llamar, captar y fijar la atención, son las tres partes del
arte de enseñar. Y no todos los maestros sobresalen en las tres.
En las colonias americanas, España establece una economía extractiva de piedras preciosas,
especies y alimentos. Hay una economía de puertos.
Para gozar de los bienes de la libertad, la imprenta no debe tener otros límites que los que le
impone el respeto a la debida sociedad.
Espero les hayan gustado esta recopilación de las 20 mejores frases de Simón Rodríguez, si
conoces alguna otra que desees que agr
Artículo se refiere a cada uno de los textos de diversos autores que funcionan como partes
diferenciadas de un compendio, periódico o revista que se destina a la publicación. El término
suele usarse frecuentemente en alusión a los artículos noticiosos o de opinión que se publican
en la prensa.
Significado de Adverbio
Qué es el Adverbio:
Tipos de adverbios
Tipo Significado Ejemplos
De lugar Expresan abajo, adelante, adentro, adonde, acá, ahí,
circunstancias allá, allí, alrededor, aquí, arriba, atrás,
espaciales cerca, debajo, delante, detrás, dentro,
donde, encima, enfrente, entre, fuera, lejos,
sobre.
De tiempo Expresan hoy, ayer, mañana, tarde, temprano, pronto,
circunstancias ya, nunca, ahora, enseguida, todavía, aún,
temporales recién, entonces, mientras, antes, después,
anoche, luego, siempre, jamás,
ocasionalmente, anteriormente,
constantemente, eternamente,
instantáneamente, finalmente.
De modo Indican adrede, así, aún, aprisa, bien, claro, como,
cualidades despacio, ligero, mal, mejor, rápido, regular,
modales o similar, tal, peor, apasionadamente,
matizan las del elocuentemente, fácilmente, hábilmente,
adjetivo rápidamente,sutilmente.
De Expresan apenas, mucho, poco, algo, nada, muy,
cantidad modificaciones harto, demasiado, medio, mitad, bastante,
cuantitativas más, menos, casi, sólo, cuánto, qué, tan,
tanto, todo, suficientemente, excesivamente.
De Se utilizan para sí, cierto, ciertamente, claro, bueno,
afirmación afirmar o sostener claramente, seguramente, efectivamente,
una idea acertadamente, evidentemente,
naturalmente, desde luego, por supuesto.
Tipo Significado Ejemplos
De Se utilizan para no, nunca, jamás, tampoco, nada, ni
negación negar una siquiera, ninguno, ninguna, para nada.
información
De duda Sirven para Acaso, quizá, tal vez, posiblemente,
expresar duda o eventualmente, aparentemente
incertidumbre
Qué es Sustantivo:
En gramática, los sustantivos son el tipo de palabras que se caracterizan por tener género
(masculino y femenino) y número (singular y plural), que forman sintagmas nominales, y
pueden funcionar como argumento verbal o como complementos del nombre.
Tipos de sustantivo
Sustantivo masculino
El sustantivo masculino es aquel que por lo general lleva al final de la palabra en su forma
singular el morfema -o. Por ejemplo: carro, libro, horno, etc. Existen, sin embargo,
excepciones: sustantivos masculinos acabados en consonante alveolar (árbol, computador,
alud, armazón, etc.), o en -a, como el día, el mapa, el planeta. Una forma de determinar el
género gramatical es comprobando si el artículo que lo acompaña es masculino (el, los, un,
unos).
Sustantivo femenino
El sustantivo femenino, por su parte, se caracteriza por llevar al final de la forma singular de la
palabra el morfema -a. Sin embargo, algunas palabras acabadas en -o, como la moto o la foto,
también pueden ser femeninas.
Sustantivo ambiguo
Los sustantivos ambiguos son aquellos que pueden usarse tanto en masculino como en
femenino sin riesgo de variar el significado. Por ejemplo: el/la internet, el/la mar.
Sustantivo propio
Sustantivo propio es aquel que se utiliza para identificar a cada individuo de los demás de su
misma clase. Puede designar tanto a personas o animales como a entidades o cosas. Por
ejemplo: Camila, Chita, Atacama, Argentina, Londres, Titanic. Se escribe siempre con inicial
mayúscula.
Sustantivo común
El sustantivo común es aquel que se utiliza para designar a seres o cosas que una misma clase.
En este sentido, son sustantivos genéricos. Por ejemplo: perro, vaso, barco.
Qué es el Verbo:
Se conoce como verbo una clase de palabra cuyo significado indica la acción, el estado o
proceso que realiza o sufre cualquier realidad mencionada en la oración. En la oración, el
verbo funciona como el núcleo del predicado.
Al igual que otras palabras, el verbo presenta lexema, en el que reside el significado verbal, y
morfemas de persona y número. Tiene, además, morfemas de tiempo, modo y aspecto.
La persona
El tiempo
Pretérito imperfecto: “Cada vez que venía mi amiga Laura a la casa jugábamos a las muñecas”.
Se refiere a las acciones pasadas que se repiten.
La voz
En inglés, la expresión verbo es verb. En referencia a este punto, el verbo to be, en español se
traduce en ‘ser’ o ‘estar’ y se utiliza como verbo principal o como verbo auxiliar, siendo
irregular en el presente y en el pasado. Por ejemplo: “I am lawyer" (yo soy abogada) se utiliza
el verbo como ser y “I am in my house" (estoy en mi casa) se utiliza el verbo como estar.
Qué es Adjetivo:
El adjetivo es una clase de palabra o parte de la oración que califica al sustantivo, y que aporta
información adicional o complementa su significado. El adjetivo se coloca delante o después
del sustantivo concordando en género y número.
Por ejemplo:
Adjetivos demostrativos
Determinan una relación de proximidad que existe en relación al sustantivo del que se habla.
Son: este, ese, eso, esa, aquel, aquella, estos, esos, esas, aquellos, aquellas.
Por ejemplo:
ʽEste apartamento es míoʼ.
Adjetivos posesivos
Los adjetivos posesivos se caracterizan por atribuir al sustantivo una idea de pertenencia o
posesión. Estos adjetivos pueden ir antes o después del sustantivo y son: mi, tu, su,
nuestro/nuestra, vuestro/vuestra, mis, tus, sus, nuestros/nuestras, vuestros/vuestras.
Por ejemplo:
Son los adjetivos que introducen o identifican el sustantivo en la oración, por lo que no lo
describe sino que lo especifica y limita su alcance. Son adjetivos ampliamente utilizados y que
concuerdan en género y número con el sustantivo.
Por ejemplo:
‘Algunas amigas’.
‘Esta pelota’.
Adjetivos indefinidos
Son los adjetivos que se identifican por no precisar suficiente información en relación al
sustantivo. Los más utilizados son: algún, algunos, tantos, bastante, cierto, cada, cualquier,
cualquiera, demasiados, escasos, demás, mucho, poco, ningún, ninguno, más, mismo, otro,
todos, varios, sendos, tal, cierto, cada.
Por ejemplo:
Adjetivos numerales
Expresa la cantidad numérica del sustantivo al que acompañan, estos pueden ser cardinales
(uno, dos, tres, siete, nueve, etc.), ordinales (primero, segundo, tercero, quinto, último),
múltiplos (doble, triple, cuádruple) o partitivos (medio, tercio, quinto, etc).
Por ejemplo:
Adjetivo gentilicio
‘Él es madrileño’.
Los grados del adjetivo expresan la intensidad con que caracteriza al sustantivo.
Grado comparativo
Se utiliza para confrontar las cualidades. Son: más y menos. Estos adjetivos están
acompañados de un adjetivo, sustantivo o adverbio, seguidos de la palabra ‘que’ o ‘como’.
Por ejemplo:
Grado superlativo
Qué es Preposición:
A pesar de que se considere una parte de la oración, la preposición no tiene significado léxico
ni flexión de ningún tipo y su valor es plenamente gramatical.
Vengo de la iglesia.
De tiempo a, con, de, desde, en, para, por, sobre, tras, hasta
padres