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Textos de Platón: Metafísica y Antropología

Este documento presenta extractos de varios textos de Platón que abordan temas metafísicos y antropológicos. Los extractos describen la naturaleza del alma humana y su relación con la verdad y la justicia, utilizando metáforas como la caverna y la yunta alada.

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Textos de Platón: Metafísica y Antropología

Este documento presenta extractos de varios textos de Platón que abordan temas metafísicos y antropológicos. Los extractos describen la naturaleza del alma humana y su relación con la verdad y la justicia, utilizando metáforas como la caverna y la yunta alada.

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Textos Platón

METAFÍSICA Y ANTROPOLOGÍA
Antropología: Fedro, Fedón
Metafísica: Libro VII de la República

Texto 1
Después de eso -proseguí- compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su
falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada
subterránea en forma de caverna, que tene la entrada abierta en toda su extensión, a la
luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que
deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar
en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás
de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate
un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los ttriteros levantan delante del
púbblico para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.
- Me lo imagino.
- Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan sombras que llevan toda clase de
utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de
diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
- Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.
- Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o
unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la
caverna que tenen frente a sí?

Platón: República. Libro VII, 514a – 518d.

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2. Explique la frase subrayada y relaciónela con dos nociones del pensamiento del autor.
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Texto 2
Así que, como se ha dicho, toda alma de hombre, por su propia naturaleza, ha visto a los
seres verdaderos, o no habría llegado a ser el viviente que es. Pero el acordarse de ellos,
por los de aquí, no es asunto fácil para todo el mundo, ni para cuantos, fugazmente,
vieron entonces las cosas de allí, ni para los que tuvieron la desdicha, al caer, de
descarriarse en ciertas compañías, hacia lo injusto, viniéndoles el olvido del sagrado
espectáculo que otrora habían visto (…) Plenas y puras y serenas y felices las visiones en
las que hemos sido iniciados, y de las que, en su momento supremo, alcanzábamos el
brillo más límpido, límpidos también nosotros, sin el estigma que es toda esta tumba que
nos rodea y que llamamos cuerpo, prisioneros en él como una ostra.

Platón, Fedro

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Texto 3
Cómo es el alma requeriría una larga y divina explicación; pero decir a qué se parece es
ya asunto humano y, por supuesto, más breve. Podríamos entonces decir que se parece
a una fuerza que, como si hubieran nacido juntos, lleva a una yunta alada y a su auriga.
Pues bien, los caballos y los aurigas de los dioses son todos ellos buenos, y buena su
casta, la de los otros es mezclada. Por lo que a nosotros se refiere, hay en primer lugar,
un conductor que guía un tronco de caballos y, después, estos caballos, de los cuales uno
es bello y hermoso, y está hecho de esos mismos elementos y el otro de todo lo contrario,
como también su origen. Necesariamente pues, nos resultará difícil y duro su manejo.

Platón, Fedro

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Texto 4
“Cómo es el alma, requeriría toda una larga y divina explicación; pero decir a qué se
parece es ya asunto humano y, por supuesto, más breve. Podríamos entonces decir que
se parece a una fuerza que, como si hubieran nacido juntos, lleva a una yunta alada y a
su auriga. Pues bien, los caballos y los aurigas de los dioses son todos ellos buenos, y
buena su casta, la de los otros es mezclada. Por lo que a nosotros se refiere, hay, en
primer lugar, un conductor que guía un tronco de caballos y, después, estos caballos de
los cuales uno es bueno y hermoso, y está hecho de esos mismos elementos, y el otro de
todo lo contrario, como también su origen. Necesariamente, pues, nos resultará difícil y
duro su manejo.
Y ahora, precisamente, hay que intentar decir de dónde le viene al viviente la
denominación de mortal e inmortal. Todo lo que es alma tiene a su cargo lo inanimado, y
recorre el cielo entero, tomando unas veces una forma, y otras, otra. Si es perfecta y
alada, surca las alturas, y gobierna todo el cosmos. Pero la que ha perdido sus alas va a
la deriva, hasta que se agarra a algo sólido, donde se asienta y se hace con cuerpo
terrestre que parece moverse a sí mismo en virtud de la fuerza de aquella. Este
compuesto, cristalización de alma y cuerpo, se llama ser vivo, y recibe el sobrenombre de
mortal.”
Platón, Fedro

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Texto 5
— ¿Y te parece que todos los hombres pueden dar razón de las cosas de que acabamos
de hablar?
— Yo querría que fuese así, respondió Simmias; pero me temo mucho que mañana no
encontremos un hombre capaz de dar razón de ellas.
— ¿Te parece, Simmias, que todos los hombres tienen esta ciencia?
— Seguramente no.
— ¿Ellos no hacen entonces más que recordar las cosas que han sabido en otro tiempo?
— Así es.
— ¿Pero en qué tiempo han adquirido nuestras almas esta ciencia? Porque no ha sido
después de nacer.
— Ciertamente no.
— ¿Ha sido antes de este tiempo?
— Sin duda.
— Por consiguiente, Simmias, nuestras almas existían antes de este tiempo, antes de
aparecer bajo esta forma humana; y mientras estaban así, sin cuerpos, sabían.
— A menos que digamos, Sócrates, que hemos adquirido los conocimientos en el acto de
nacer; porque esta es la única época que nos queda.
— Sea así, mi querido Simmias, replicó Sócrates; pero ¿en qué otro tiempo los hemos
perdido? Porque hoy no los tenemos según acabamos de decir. ¿Los hemos perdido al
mismo tiempo que los hemos adquirido?, ¿o puedes tú señalar otro tiempo?
— No, Sócrates; no me había apercibido de que nada significa lo que he dicho.
— Es preciso, pues, hacer constar, Simmias, que si todas estas cosas, que tenemos
continuamente en la boca, quiero decir, lo bello, lo justo y todas las esencias de este
género, existen verdaderamente, y que si referimos todas las percepciones de nuestros
sentidos a estas nociones primitivas como a su tipo, que encontramos desde luego en
nosotros mismos, digo, que es absolutamente indispensable, que así como todas estas
nociones primitivas existen, nuestra alma haya existido igualmente antes que naciésemos;
y si estas nociones no existieran, todos nuestros discursos son inútiles. ¿No es esto
incontestable? ¿No es igualmente necesario que si estas cosas existen, hayan también
existido nuestras almas antes de nuestro nacimiento; y que si aquellas no existen,
tampoco debieron existir estas?
— Esto, Sócrates, me parece igualmente necesario e incontestable; y de todo este
discurso resulta, que antes de nuestro nacimiento nuestra alma existía, así como estas
esencias, de que acabas de hablarme; porque yo no encuentro nada más evidente que la
existencia de todas estas cosas: lo bello, lo bueno, lo justo; y tú me lo has demostrado
suficientemente.
— ¿Y Cebes?, dijo Sócrates: porque es preciso que Cebes esté persuadido de ello.
— Yo pienso, dijo Simmias, que Cebes considera tus pruebas muy suficientes, aunque es
el más rebelde de todos los hombres para darse por convencido. Sin embargo, supongo
que lo está de que nuestra alma existe antes de nuestro nacimiento; pero que exista
después de la muerte, es lo que a mí mismo no me parece bastante demostrado; porque
esa opinión del pueblo, de que Cebes te hablaba antes, queda aún en pie y en toda su
fuerza; la de que, después de muerto el hombre, su alma se disipa y cesa de existir. En
efecto, ¿qué puede impedir que el alma nazca, que exista en alguna parte, que exista
antes de venir a animar el cuerpo, y que, cuando salga de este, concluya con él y cese de
existir?
— Dices muy bien, Simmias, dijo Cebes; me parece que Sócrates no ha probado más que
la mitad de lo que era preciso que probara; porque ha demostrado muy bien que nuestra
alma existía antes de nuestro nacimiento; mas para completar su demostración, debía
probar igualmente que, después de nuestra muerte, nuestra alma existe lo mismo que
existió antes de esta vida.
— Ya os lo he demostrado, Simmias y Cebes, repuso Sócrates; y convendréis en ello, si
unís esta última prueba a la que ya habéis admitido; esto es, que los vivos nacen de los
muertos. Porque si es cierto que nuestra alma existe antes del nacimiento, y si es de toda
necesidad que, al venir a la vida, salga, por decirlo así, del seno de la muerte, ¿cómo no
ha de ser igualmente necesario que exista después de la muerte, puesto que debe volver
a la vida? Así, pues, lo que ahora me pedís ha sido ya demostrado. Sin embargo, me
parece que ambos deseáis profundizar más esta cuestión, y que teméis, como los niños,
que, cuando el alma sale del cuerpo, la arrastren los vientos, sobre todo cuando se muere
en tiempo de borrascas.
Platón. Fedón

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Texto 6
“Así como el Estado se divide en tres sectores, también el alma de cada individuo se
divide triplemente. (…)
Si hay tres, me parece que también hay tres tipos de placeres, uno peculiar a cada una
(…).Con una parte decimos que el hombre aprende, con otras se apasiona; en cuanto a la
tercera, a causa de su multiplicidad de aspectos, no hemos hallado un nombre peculiar
que aplicarle, sino que la memos designado por lo que predomina en ella con más fuerza:
la hemos denominado, en efecto, la parte “apetitiva”, en razón de la intensidad de los
deseos concernientes a la comida, a la bebida, al sexo y cuantos otros la acompañan; y
también “amante de las riquezas”, porque es principalmente por medio de las riquezas
como satisface los apetitos de esa índole.(…)
Si decimos, además, que el placer y el amor son placer y amor al lucro, estaríamos
íntegramente en un punto importante de nuestro argumento, de modo que la cosa sería
clara para nosotros cuando habláramos de esta parte del alma. (…)
En cuanto a la parte impetuosa, ¿no decimos que está siempre íntegramente lanzada
hacia el predominio, la victoria y el renombre? (…)
Finalmente, en lo que toca a aquello por lo cual aprendemos, es evidente a cualquiera
que siempre tiende totalmente a conocer cómo es la verdad, y que ni en lo más mínimo se
preocupa por las riquezas y la reputación (…) Si la llamamos “amante del aprender” y
“filósofa”, ¿la llamaremos debidamente? (…)
¿Y no es esto lo que gobierna en las almas de algunos hombres, y en otros, según se da
el caso, una de las dos restantes partes? (…)
¿No es por este motivo por lo que decimos que los tres principales géneros de hombre
son el filósofo, el ambicioso y el amante del lucro?”
Platón, República

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Texto 7
“Con frecuencia me has escuchado decir que la Idea del Bien es el objeto del estudio
supremo, a partir de la cual las cosas justas y todas las demás se vuelven útiles y
valiosas. Y bien sabes que estoy por hablar de ello y, además, que no lo conocemos
suficientemente. Pero también sabes que, si no lo conocemos, por más que conociéramos
todas las demás cosas, sin aquello nada nos sería de valor, así como si poseemos algo
sin el Bien. ¿O crees que da ventaja poseer cualquier cosa si no es buena, y comprender
todas las demás cosas sin el bien y sin comprender nada bello y bueno?”
Platón, República

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