Fabuleando
La zorra y el cangrejo de mar La lecherita y su cántaro
Una campesina lecherita iba camino al mercado a vender algo de leche de su vaca. Mientras
llevaba el cántaro sobre su cabeza, empezó a hacer planes futuros sobre todo lo que podría
hacer luego de vender la leche.
“Con ese dinero compraré cien polluelos para criar en el fondo. Cuando hayan crecido los
podré vender a buen precio en el mercado”.
Mientras caminaba continuaba soñando. “Luego compraré dos cabras jóvenes y las criaré en
el prado cercano. Cuando hayan crecido, ¡las podré vender todavía a mejor precio!”.
Continuaba soñando y se decía: “Pronto podré comprar otra vaca y obtendré más leche para
vender. Entonces tendré aún más dinero”.
Con estos pensamientos empezó a moverse y a saltar hasta que tropezó y se cayó. El cántaro
se rompió y toda la leche se derramó por el suelo. Ya acabados los sueños, se sentó a llorar.
Moraleja: No te ilusiones con lo que aún no has logrado tener.
Esopo
La zorra y el cangrejo de mar
Queriendo mantener su vida solitaria, pero un poco diferente a la ya acostumbrada, salió un
cangrejo del mar y se fue a vivir a la playa.
Lo vio una zorra hambrienta, y como no encontraba nada mejor para comer, corrió hacia él y lo
capturó.
Entonces el cangrejo, ya listo para ser devorado exclamó:
—¡Merezco todo esto, porque siendo yo animal del mar, he querido comportarme como si
fuera de la tierra!
Moraleja: Si intentas entrar a terrenos desconocidos, toma primero las precauciones debidas,
no vayas a ser derrotado por lo que no conoces.
Esopo
La araña en el ojo de la cerradura
Una araña, después de haber explorado toda la casa, por dentro y por fuera, pensó meterse en
el ojo de la cerradura. ¡Qué refugio ideal! ¿Quién podría descubrirla jamás, allí dentro? Ella, en
cambio, asomándose al borde de la cerradura, podría mirar a todas partes sin riesgo alguno.
—Allí —decía para sí, observando la entrada de piedra— tenderé una red para las moscas; más
allá —añadía, mirando el escalón— tenderé otra para los gusanos; aquí cerca, en el marco de
la puerta, armaré una trampa pequeña para los mosquitos.
La araña se regocijaba. El ojo de la cerradura le daba una seguridad nueva, extraordinaria; tan
oscuro, estrecho, como un estuche de hierro, le parecía más inaccesible que una fortaleza, más
seguro que cualquier armadura.
Mientras se deleitaba con estos pensamientos, le llegó al oído un rumor de pasos; prudente, se
retiró entonces al fondo del refugio. Alguien estaba a punto de entrar en casa. Una llave sonó,
enfiló el ojo de la cerradura, y la aplastó.
Moraleja: No aceptes cualquier cosa por lo que pueda aparentar, primero indaga en su esencia
y significado.
Leonardo da Vinci
La zorra y el chivo en el pozo
Cayó una zorra en un profundo pozo, viéndose obligada a quedar adentro por no poder
alcanzar la orilla. Llegó más tarde al mismo pozo un chivo sediento, y viendo a la zorra le
preguntó si el agua era buena. Ella, ocultando su verdadero problema, se deshizo en elogios
para el agua, afirmando que era excelente, e invitó al chivo a descender y probarla donde ella
estaba.
Sin más pensarlo saltó el chivo al pozo, y después de saciar su sed, le preguntó a la zorra cómo
harían para salir de allí. Dijo entonces la zorra:
—Hay un modo, que sin duda es nuestra mutua salvación. Apoya tus patas delanteras contra la
pared y alza bien arriba tus cuernos; luego yo subiré por tu cuerpo y una vez afuera, tiraré de
ti.
Le creyó el chivo y así lo hizo con buen gusto, y la zorra trepando hábilmente por la espalda y
los cuernos de su compañero, alcanzó a salir del pozo, alejándose de la orilla al instante, sin
cumplir con lo prometido.
Cuando el chivo le reclamó la falta de lealtad con su convenio, se volvió la zorra y le dijo:
—¡Oye socio, si tuvieras tanta inteligencia como pelos en tu barba, no hubieras bajado sin
pensar antes en cómo salir después!
Moraleja: Antes de comprometerte en algo, piensa primero si podrías salir de aquello, sin
tomar en cuenta lo que te ofrezcan.
Esopo