Pérez Priego Miguel Ángel - La Edición de Textos
Pérez Priego Miguel Ángel - La Edición de Textos
Y LITERATURA COMPARADA
LA EDICIÓN |
E. DIA
TONOS
ÑN
o,
LA EDICIÓN DE TEXTOS
Director:
Miguel Ángel Garrido
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otros, probablemente más elocuentes. Seguramente habría
que matizar muchas de las aseveraciones y de los principios
aceptados. Faltan de cierto capítulos que habrá que abordar
en algún momento. Uno es, por ejemplo, el de las obras de
tradición oral, que aquí sólo se toca incidentalmente, pues-
to que nunca hemos querido perder la perspectiva del texto
escrito. Otro, claro, es el de la edición crítica y la informáti-
ca. Como instrumento auxiliar, el ordenador ha sido ya su-
ficientemente experimentado para operaciones mecánicas,
desde el inventario mismo de testimonios a la colación o a LA CRÍTICA TEXTUAL.
la anotación de los textos. La edición electrónica y la comu- INTRODUCCIÓN HISTÓRICA
nicación por línea y redes avanzadas plantearán, sin duda,
nuevos problemas, para los que tal vez no haya todavía res-
puestas seguras.
No sé si en el futuro el ordenador hará innecesarios ma-
nuales como éste. Mientras la edición de textos no sea ex-
clusivamente algo mecánico —-como parece suficientemente 1.1. Importancia de la edición crítica
probado—, creo que nada podrá suplir al ¿udicium del filólo-
go. De todos modos, siempre habrá para éste una tarea por Desde la perspectiva científica que en rigor postula la in-
realizar: unos versos que restituir, una atribución que dis- vestigación literaria, resulta imprescindible y necesariamen-
cutir, una obra que recuperar, un texto que restablecer y ex- te previa a cualquiera de sus planteamientos la contribución
plicar. Como ya en el siglo XVII preconizaba Andrés Cuesta, de la filología, entendida ésta en su más estricto sentido, esto
admirador y comentarista de Góngora: “Vendrán gentes ex- es, como ciencia que se ocupa de la conservación, restaura-
tranjeras como en los demás imperios ha sucedido. Procu- ción y presentación editorial de los textos. En ese sentido,
rarán saber nuestras cosas i govierno de señorío tan grande, cabe reseñar que, frente al generalizado menosprecio que los
al modo como agora nosotros ponemos cuidado en el cono- diletantes de la literatura suelen profesar por el paciente y
cimiento de las griegas y latinas (...) Para esto les será fuerza poco esplendoroso trabajo de la crítica textual, en los últi-
aprender nuestra lengua, que ya estará del todo perdida. Da- mos tiempos, asistimos saludablemente a una decidida reva-
ránse todos a la inteligencia de nuestros oradores y poetas lorización de la filología como salvaguardia de cualquier tipo
para alcanzar el conocimiento de tantas cosas, estimando de indagación crítica. Tanto desde la propia historia litera-
entoces qualquier coplitas de que nos reímos agora. Estu- ria, como desde la hermenéutica del texto o desde la moder-
diarán nuestras comedias. Admiraráse la posteridad de que na semiótica, se ha venido proclamando el interés por la res-
un hombre aya escrito mil y quinientas. Sobre todo havrá tauración y fijación del texto como paso previo a cualquier
gramáticos y críticos que pleiteen si este verso es de éste o de indagación ulterior.
aquél poeta, no menos que agora procuramos restituir las Analizar e interpretar la obra literaria parece obviamente
obras griegas y latinas a sus verdaderos dueños...”. el más claro cometido y justificación de la crítica literaria.
Esa tarea, como es bien sabido, ha podido y puede ser aco-
metida desde muy diversos enfoques y con muy diferentes
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do y se impone como primordial tarea la de preservarlo de
procedimientos metodológicos, cada uno de los cuales apor-
tará sin duda su parte de verdad y de legitimidad particular. los desgastes materiales que inevitablemente ha producido el
Pero un estudio literario que quiera partir desde el principio,
paso del tiempo. Le preocupa entonces salvar aquellas obras,
no sólo del olvido, sino también de los cambios, alteracio-
que pretenda arrancar desde el primigenio sentido literal del
texto y que no eche demasiado en olvido que la obra, como
nes o mutilaciones que han sufrido a lo largo del tiempo por
obra de múltiples factores, desde la adversidad del propio
con razón afirmaba Robert Guiette, ha sido creada para ser
hombre (guerras, incendios, saqueos) a la incuria muchas
leída más que para ser analizada [Guiette, 1972], debe asu-
mir antes que nada una función orientadora y enriquecedo- veces de los propios artífices de la transmisión (copistas,
encuadernadores, impresores, etc.).
ra en la comprensión de la misma. Debe contribuir a que la
comunicación sea lo más completa, rica y precisa posible,
En la historia, tal necesidad fue ya sentida en la época
helenística, en el siglo III a. C., cuando los gramáticos ale-
antes de remontarse a ningún tipo de abstracciones teóricas
y especulativas.
jandrinos trataron de recuperar los textos de la antigua poe-
Principal tarea que, por tanto, ha de acometer el crítico y
sía griega —en particular la poesía homérica— y redactarlos en
su forma definitiva. A partir de entonces, la práctica de edi-
el historiador de la literatura es la de desentrañar los proble-
tar los textos del pasado se mantuvo durante toda la anti-
mas que plantea la obra ya en su puro nivel de lectura, esto
es, las dificultades textuales, lingiiísticas, referencias eruditas
giiedad. De gran importancia fue también para el cristianis-
mo cuando éste trató de reconstruir los textos sagrados de su
y de contenido, etc., que pueden obstaculizar su recta com-
prensión. El crítico entonces asume por encima de todo el doctrina.
papel de intérprete, de “hermeneuta”, de mensajero y media-
dor entre la obra y el lector. De ese modo, en el estudio de
la obra literaria, antes que la exégesis, descifradora de senti- 1.2. La práctica humanística
dos más o menos recónditos, es necesaria la hermenéutica, en
Por lo que respecta a los tiempos modernos, la edición de
su más primigenio sentido. Para que sea posible la interpre-
tación hay que partir primero del texto: el reconocimiento
textos con criterio filológico fue una creación del humanismo
de la preeminencia de la letra y del espíritu del texto, como
de los siglos XV y XVI que, movido por su reverente admira-
ha recordado Adrian Marino, es el requisito fundamental de
ción a la antigiiedad grecolatina, se esforzó por recuperar
toda interpretación literaria [Marino, 1977]. Al mismo blan-
aquel legado cultural en su máxima pureza y por restaurarlo
en sus textos originales, prescindiendo de las copias descui-
co apuntan las palabras de Cesare Segre tratando de herma-
nar filología y semiótica literaria: “se la nostra attenzione si con-
dadas, reelaboraciones y adaptaciones que la Edad Media ha-
centra, como oggi accade, sui problemi del testo, diventa
bía puesto en circulación. Los humanistas ejercieron, pues,
imprescindibile Pesperienza anche metodologica di chi lavo- un más atento estudio de los códices y se afanaron en la bús-
queda de los más antiguos, los codices vetustiores. Si muchas
ra alla verifica (e al restauro) dei testi stessi: perché € in ques-
te operazioni che si rileva il gioco dei valori seguici e lettu- ediciones de obras antiguas se venían realizando sobre códi-
re-interpretazioni, di produzione di significati e significazio- ces recientes, más fáciles de conseguir por los impresores y de
interpretar por los tipógrafos, los humanistas postularon la
ni recepite” [Segre, 1979).
La necesidad de establecer la autenticidad de las obras
recuperación de los testimonios más antiguos. Y frente al
que constituyen el patrimonio cultural de un pueblo, se ha- texto que venía difundiéndose, una especie de “vulgata” acep-
tada por todos pero insatisfactoria, propusieron su corrección
ce más sensible cuando éste cobra conciencia de aquel lega-
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mediante la conjetura o la colación con los códices más auto- fundamentales: la recensio, la emendatio y la constitutio texts.
rizados, es decir, mediante el ¿udicium y la emendatio ope co- La primera tiene como cometido la recogida de todos los
dicum. En realidad, ésta es la técnica que prevalecerá hasta el testimonios de la tradición de un texto (con la eliminación
siglo XIX, que, aun aceptando aquellos principios, incorpora- de los que son meras copias sin autoridad: eliminatio codi-
rá al proceso la gran novedad de la recensío. Hasta entonces cum descriptorum) y, mediante su colación y confrontación,
puede decirse que todo era emendatio sine recensio. la determinación de las relaciones que existen entre ellos. De
Como señala Timpanaro [1985], el más riguroso ejecu- ese modo, se podrá formar el stemma o árbol genealógico de
tor de la emendatio ope codicum fue Poliziano, quien en su los testimonios, con el fin de establecer a continuación la
Miscellanea casi siempre contrapone a la lección interpolada hipótesis sobre la existencia de un arquetipo, esto es, el as-
de los exemplaria quae sunt in manibus (es decir, los códices cendiente más próximo al original perdido y del que han
recientes o que corren impresos) la lección genuina de un derivado los testimonios que conocemos. La segunda opera-
codex pervetustus encontrado por él en la Biblioteca Lauren- ción consiste en la reconstrucción del arquetipo mediante la
ziana o prestado por algún otro humanista. enmienda de errores y la selección de variantes, a partir de la
A partir del humanismo, se fue definiendo un método filiación de testimonios y del valor de las distintas ramas
cada vez más riguroso de reconstrucción de textos que, basa- establecidas (ley de la mayoría). La tercera, por último, en
do sustancialmente en la técnica de clasificación y ordena- pasar del arquetipo al probable original, a lo cual se procede
ción de manuscritos, se ha ido aplicando no ya sólo a los tex- mediante la divinatio, es decir, una última y delicada opera-
tos grecolatinos, sino a otros campos muy diversos del pasa- ción de restauración basada en el usus scribendi del autor y en
do cultural. Así, en el siglo XVI las corrientes de renovación el iudicium del editor. Como se ha dicho, cuando Lachmann,
y reforma religiosa se sirvieron de él para fijar con criterios con aquella edición de la obra de Lucrecio, logró, ante la
de autoridad el texto de la Biblia; los siglos XVI y XVII lo uti- sorpresa de los contemporáneos, incluso precisar el número
lizaron para la edición de documentos históricos; el siglo de páginas y el número de líneas por página del arquetipo
XIX, atraído por el mundo medieval, comenzó a aplicarlo a perdido, puede asegurarse que la filología había encontrado
los textos literarios de la Edad Media. En el siglo XX, a medi- su verdadero camino [Reynolds y Wilson, 1986].
da que la filología ha cobrado mayor grado de desarrollo, la Un intento de perfeccionamiento del método lachman-
restauración de los textos en busca de su autenticidad se ha niano viene a suponer la obra del benedictino Dom Henri
sentido cada vez más necesaria, incluso para las obras con- Quentin, Essais de critique textuelle (Ecdotique) (1926). Es-
temporáneas o del pasado más inmediato. pecialista en filología veterotestamentaria, fue quien acuñó
además el término ecdótica para referirse a esta ciencia del
texto. Quentin elaboró un complejo método de reconstruc-
1.3. El método de Lachmann ción del arquetipo, realizado a partir de cálculos estadísticos
aplicados a la distribución de variantes. Éstas, por lo demás,
Pero fue el siglo XIX y particularmente la obra del filólo- no estarían supeditadas a ningún juicio de valor y vendrían
go alemán Karl Lachmann (1793-1851) la que renovó pro- constituidas tanto por lecciones justas como por errores, si-
fundamente el método de la reconstrucción de textos. Edi- tuadas todas en el mismo plano de interés. Su propuesta eli-
tor de obras de la antigijedad y neotestamentarias, con su mina, pues, toda apreciación subjetiva en el proceso y con-
edición de Lucrecio (Berlín, 1850) dejó sentadas las bases del fía todo a la cantidad y al puro recuento estadístico. Una
nuevo método crítico. Está basado éste en tres Operaciones progresión en las teorías lachmannianas representó también
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el libro de Paul Maas, La crítica del testo (1927), quien trató demostrado que no existió un texto único y que, siguiendo a
de perfeccionar la técnica estemática mediante los que llamó Lachmann, se corría continuamente el riesgo de una conta-
errores-guía, que permiten establecer más complejas y segu- minación e hibridación de textos, es decir, de utilizar un testi-
ras redes de agrupamientos entre testimonios. monio para completar otro, a pesar de que dichos testimonios
fueran autónomos y completos en sí mismos. Ánte esa situa-
ción, Bédier proponía sencillamente el retorno a un solo ma-
1.4. El “bon manuscrit” nuscrito, al “bon manuscrit”, que habría que corregir y depu-
rar únicamente en los errores evidentes. Tales planteamientos
El método de Lachmann logró enseguida amplia difu- los llevó a la práctica en su edición de la Chanson de Roland,
sión en los ambientes académicos europeos, pero también realizada sobre el códice de Oxford y publicada en 1921.
encontró pronto su contestación. El filólogo francés Gaston Las objeciones y razonamientos de Bédier también alcan-
Paris sería en el ámbito románico quien llevara a cabo la pri- zaron amplia difusión, sobre todo en Francia y Bélgica, don-
mera edición de una obra, en este caso La vie de saint Alexis, de a lo largo de los años proliferarían ediciones basadas en el
con aplicación del método lachmanniano. Pero precisamen- criterio del “bon manuscrit”. También surgieron algunas
te uno de sus discípulos, Joseph Bédier (1864-1938), resul- propuestas de corrección a este nuevo sistema. Se trataba en
taría el más duro impugnador de aquel método. Luego de líneas generales, como propugnaron Alexandre Micha o Eu-
publicar en 1889 el Lai de l'Ombre conforme a lo aprendi- gene Vinaver, de introducir algunos controles que impidie-
do con su maestro, pasaría una etapa de crisis y de dudas ran la sola y descarnada transcripción del buen manuscrito,
sobre la validez de los criterios aplicados, que se cerraría con puesto que de ese modo podría llegar a legitimarse lo que era
la publicación, en la revista Romania, en 1928, de su célebre sólo pura obra de copista y no del autor.
artículo “La tradition manuscrite du Lai de 'Ombre. Réfle-
xions sur Part d'éditer les anciens textes”, en el que criticaba
severamente el método lachmanniano. 1.5. La nueva filología
Tras examinar los estemas de numerosas obras literarias,
observó Bédier que, a pesar de las más o menos complejas En los años treinta y siguientes se produce, sobre todo en
ramificaciones que presentaban, éstas se reducían siempre a Italia, una notable renovación en estos conceptos teóricos de
una estructura binaria. El arquetipo bien se bifurcaba inme- la filología, a pesar del escaso aprecio que siente en general
diatamente en dos ramas, bien se disgregaba en una ramifi- por ella la dominante escuela croceana. Se pretende entonces
cación compleja que se reducía mediante subarquetipos a introducir aires nuevos en la rigidez metodológica imperan-
dos troncos principales. Este hecho cierto y comprobado te, romper las cadenas a un tiempo del duro dogmatismo
ponía en duda la validez de la recensio mecánica lachman- lachmanniano y del simplista escepticismo bederiano. La pro-
niana, ya que era imposible, a partir de aquella situación puesta será la de combinar el rigor estemático con el estudio
binaria, decidir el valor de una rama sobre la otra. Esto es, de la historia de la tradición de los textos particulares, indi-
quedaba anulada la ley de la mayoría, puesto que no había vidualizando así cada problema.
tal y, por tanto, era necesario elegir privilegiando uno de los Tal es el planteamiento que, desde el campo de la filolo-
testimonios por encima de los demás. gía clásica, formula Giorgio Pasquali en su Storia della tradi-
Por otro lado, en los casos en que se producían y com- zione e critica del testo (1934). En esa obra defiende su autor
probaban variantes de autor y dobles redacciones, quedaba el estudio de la tradición como sustancial a la crítica del texto
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y no como algo secundario e inconexo. De tal modo los tes- principios de siglo un importante desarrollo de la filología
timonios individuales no serán ya considerados como sim- en lengua vulgar, aplicada específicamente a los textos im-
ples portadores de errores y variantes, sino como productos presos. Para los problemas que ahora se planteaban, no ser-
de una determinada configuración cultural, que es interesan- vían bien los supuestos lachmannianos, pues, frente a los
te conocer también para la propia crítica textual. También textos clásicos, los de Shakespeare habían tenido un proceso
Pasquali introdujo nuevos criterios respecto de las variantes de reproducción tipográfica, y no manuscrita, en el que no
de autor, apenas atendidas hasta entonces en el método lach- había tampoco grandes distancias temporales y que tenía un
manniano. Entendió así que, en ocasiones, ciertas variantes trazado más bien directo y lineal, por lo que guardaban una
debían remontarse al propio autor y no a los copistas, con lo relación monogenética entre sí.
que había que pensar entonces en un original estratificado y Ante esa situación, la teoría que alcanzó una mayor difu-
en movimiento, del que tendría que dar cuenta la edición. sión fue la del copy-text o texto-base, formulada por W. W.
Otro de los impulsores de aquella renovación fue Mi- Greg [1927, 1954], posteriormente extendida a obras de las
chele Barbi, autor de definitivas ediciones dantescas y del ya literaturas inglesa y americana modernas, por críticos como
clásico estudio La nuova filología e l'edizione dei nostri scrit- Fredson Bowers [1959, 1964] o G. Thomas Tanselle [1979].
tori da Dante a Manzoni (1938). Barbi se refiere fundamen- Más adelante trataremos de ello.
talmente a las obras medievales y parte del principio de la
individualización de los problemas. Muchas de esas obras
medievales han tenido un proceso de producción y de trans- 1.6. La Escuela de Filología Española
misión muy diferente a las grecolatinas. Pero no por ello hay
que abandonar absolutamente los métodos que con éstas se Los progresos más importantes que en el terreno de la
han venido aplicando, sino que hay que adaptarlos a las ne- edición crítica se produjeron en España se deben a la que se
cesidades particulares. La cuestión es ver cuál es el problema ha llamado Escuela de Filología Española, a su maestro
crítico que el texto presenta, y resolverlo con todos aquellos Ramón Menéndez Pidal y a varios de sus discípulos, como
medios y por todas aquellas vías que mejor llevan a la fiel A. G. Solalinde, Tomás Navarro Tomás o Américo Castro.
reproducción de aquél. Aunque no ha quedado de ellos ninguna resonante elabora-
Tanto las teorías de Pasquali como de Barbi han tenido ción teórica ni un compacto corpus de doctrina, los nume-
gran influencia en los críticos y filólogos italianos posterio- rosísimos trabajos de edición realizados, particularmente de
res, particularmente medievalistas y romanistas, como se textos de la Edad Media y del Siglo de Oro, del Cantar de
pone de manifiesto en los trabajos de Gianfranco Contini, Mio Cid a Lope de Vega, han pasado a ser la contribución
Arturo Roncaglia, D'Arco Silvio Avalle, Cesare Segre, Alber- más importante que a lo largo de la historia se ha hecho a la
to Varvaro. Tradiciones de autores individuales han sido filología española en su conjunto.
estudiadas meticulosamente por Gianfranco Folena, en el Como pone de manifiesto Américo Castro, en uno de los
caso de Dante, o por Vittore Branca, en el de Boccaccio. Al- escasos escritos sobre la cuestión [Castro, 1924], esa dedica-
fredo Stussi, en esa línea de individualización de los proble- ción editora surge de la toma de conciencia ante el retroce-
mas filológicos, ha propuesto últimamente la “filología de so científico de nuestro siglo xIX y de las enormes carencias
autor” como objeto de estudio. en la publicación de textos. Las deficiencias, por ejemplo, de
En Inglaterra, por su parte, el complejo estudio de la tra- una empresa tan ambiciosa como la Biblioteca de Autores
dición textual de las obras de Shakespeare produjo desde Españoles resultaban palmarias y llegaron a paralizar una
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obra como el Diccionario de construcción y régimen de R. ]. era realidad palmaria, sobre todo, en las obras de elabora-
Cuervo, que corría el riesgo de cimentar sus sutiles teorías gra- ción popular y colectiva, como el Romancero, “en que la ver-
maticales sobre erróneas lecciones textuales. dadera realidad histórica de la obra está constituida por la
Aunque no hay una profesión expresa de lachmannismo, aportación primitiva del autor o autores, más todas las adi-
ni tampoco una adhesión a las propuestas de Bédier —por lo ciones y refundiciones de que ha sido objeto el primitivo
demás, gran adversario en el terreno de los estudios épicos—, núcleo” [Castro, 1924: 194-195]. Ese fenómeno ocurre
la Escuela parece alinearse más en las que serán directrices de también fuera de los textos literarios, por ejemplo, en los
la nueva filología. El estudio de la tradición textual como fueros municipales, como el propio Castro describe ilustra-
fenómeno de cultura viene proclamado abiertamente por tivamente: “un Concejo pone por escrito, en un momento
A. Castro: “La filología es una ciencia esencialmente histórica; que no conocemos, un conjunto de preceptos legales; mu-
su problema consiste en prestar el mayor sentido que sea chos de estos preceptos tienen vida secular en la tradición,
dable a los monumentos escritos, reconstruyendo los estados como que reflejan a veces el primitivo derecho germánico.
de civilización que yacen inertes en las páginas de los textos” El fuero comienza a vivir, y a medida que las circunstancias
[1924: 176]. La reconstrucción de la lengua del autor y de lo exigen, va reformándose, según corresponde a la índole de
la época —el usus scribendi, podríamos decir— es objetivo sus autores y a la finalidad que cumplía. Por consiguiente,
prioritario en la tarea: “Lo frecuente es que haya varios ma- todos aquellos manuscritos que no sean mero traslado de
nuscritos copia del original, y que a través de ellos tengamos otro, tienen derecho a que se les considere como parte inte-
que reconstruir la lengua de la primitiva redacción que no grante del fuero. En estos casos, lo que procede es determi-
poseemos, al que suele llamar “arquetipo”. Requisitos previos nar la relación en que se hallen entre sí las distintas copias,
son conocer a fondo la lengua de la época y de la región del sin lanzarnos a reconstruir un quimérico arquetipo” (en esa
autor, y la de escritos análogos” [1924: 192]. A partir de la línea se ha pronunciado Roudil [1970], en tanto que Gutié-
reconstrucción monumental de la lengua de una época, de rrez Cuadrado ha mostrado la viabilidad del método neo-
una obra o de una zona geográfica, como realizó Menéndez lachmanniano [1979)).
Pidal en sus Orígenes del español, en su Cantar de Mio Cid, Algo semejante ocurre igualmente en el terreno de la his-
en su Dialecto leonés, etc., es como pudo realizar ediciones toriografía. La Estoria de España, por ejemplo, estudiada y
de textos como el Auto de los Reyes Magos, el Cantar del Cid, editada por Menéndez Pidal, se ha transmitido en numero-
los Infantes de Lara y otras reliquias de la poesía épica —res- sos manuscritos poblados de variantes, particularmente cro-
catándolas además de la prosa de las crónicas—, el poema de nológicas, cuyo análisis llevó al editor a postular la existen-
Elena y María, etc., en las que los considerados errores del cia de una versión regia y una versión vulgar de la crónica.
testimonio único son hábilmente corregidos por el ¿udicium Pero además se continuó después del reinado de Alfonso X
del editor, quien posee absoluto conocimiento y dominio y “vivió en incesantes refundiciones escritas, como las obras
sobre el usus scribendi de la obra. tradicionales poéticas viven en continuas refundiciones ora-
Muy importante fue también el reconocimiento de que, les. Cada manuscrito de la Crónica de España es, en más o
en el campo de la literatura romance en que se trabajaba, en menos grado, una refundición. De ahí la gran dificultad
muchas ocasiones los manuscritos que poseemos represen- para clasificar y seriar los cientos de códices conservados,
tan momentos diversos de la evolución del texto, es decir, el todos difrentes entre sí” [Menéndez Pidal, 1977: 890].
advertir que es relativamente frecuente la posibilidad de ori- Nuevas generaciones de filólogos, como Rafael Lapesa,
ginales estratificados y de variantes de autor. Esa posibilidad José Manuel Blecua, Emilio Alarcos, Fernando Lázaro Carre-
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ter, Manuel Alvar o Diego Catalán, han llevado a cabo con-
tribuciones decisivas en el ámbito de la edición de textos,
poniendo a prueba la validez de distintos métodos y enfo-
ques. En las últimas décadas, hay que resaltar la labor de
Alberto Blecua, autor en solitario de un importantísimo ma-
nual teórico en lengua castellana, así como de varias edicio-
nes críticas en aplicación del método neolachmanniano (La-
zarillo, Libro de buen amor, etc.) y de numerosos estudios za
ecdóticos. En el ámbito hispánico, hay que resaltar la impor-
tante labor que, bajo la dirección de Germán Orduna, está rea- EL PROCESO DE TRANSMISIÓN
lizando el Seminario de Edición y Crítica Textual (SECRIT) DEMOS FEXTOS
de Buenos Aires (cuyo último fruto es la ejemplar edición de
la Crónica del rey don Pedro y del rey don Enrique, su herma-
no, hijos del rey don Alfonso Onceno, de Pero López de Ayala,
1994) y la revista Incipit, la única en lengua española dedi-
cada estrictamente a temas de crítica textual.
Las obras literarias del pasado, tanto próximo como re-
moto, que han tenido que sortear los múltiples avatares del
discurrir del tiempo, casi nunca han llegado a nuestro pre-
sente tal como salieron de la mano de sus autores. El texto
que conocemos como resultado, como dato, pocas veces nos
ofrece las suficientes garantías de fidelidad y autenticidad. Se
hace entonces necesaria una tarea que, con exigencias cien-
tíficas de rigor y precisión, permita remontarse hacia atrás y
conocer del modo más preciso posible el proceso recorrido en
la transmisión del texto, con el fin de llegar a la que hubo de
ser la versión primigenia salida de manos del autor o, cuanto
menos, la redacción más próxima y fiel al original. La recons-
trucción de ese proceso nos proporcionará además numero-
sas noticias de interés sobre la vida del texto y su recepción
a lo largo del tiempo, aspectos importantísimos, como pue-
de suponerse, desde el punto de vista de la historia literaria.
La crítica textual, a través de los procedimientos científicos
de que hoy dispone —experimentados más larga y severamen-
te con las obras de la antigiiedad clásica, pero ya suficiente-
mente probados en su aplicación a los textos de las distintas
lenguas modernas—, es la única que puede acercarnos a ese ob-
jetivo de restituir al texto aquella forma originaria.
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Como primera aproximación al problema, parece opor- su puño y letra varias copias del mismo y gustó de distribuir,
tuno partir de algunos conceptos cuyo sentido sería conve- por ejemplo, en correspondencia epistolar, como solía hacer
niente precisar desde el principio, ya que se refieren a aspec- Jorge Guillén con muchos de sus poemas. Puede existir tam-
tos fundamentales de aquel proceso de transmisión. bién la edición corregida a mano por el propio autor, que no
quedó satisfecho con la labor de la imprenta o que a partir
de ésta quiso disponer una nueva impresión.
2.1. Original y copias Originales autógrafos o idiógrafos prácticamente sólo se
han conservado de época moderna. En cambio, apenas han
El primer concepto que nos sale al paso en esta ciencia de llegado hasta nosotros de época antigua y medieval. Uno de
la edición y reconstrucción de textos, es precisamente el de los ejemplos medievales más singulares es el del cancionero
original. Con él nos referimos, claro está, al texto auténtico, de Petrarca, del que hay algunos fragmentos autógrafos, pe-
el que refleja y plasma la voluntad expresiva del autor. ro que en su mayor parte es idiógrafo, transcrito por Gio-
Cuando está escrito por la propia mano de éste, lo llamamos vanni Malpaghini di Ravenna, quien trabajó como copista
autógrafo y, si está solamente supervisado por él pero no al servicio de Petrarca. Raros son los autógrafos de poetas
materialmente escrito, ¿diógrafo. medievales franceses, pero alguno se ha conservado de Gui-
Lógicamente, al concepto de original se contrapone el de llaume Machaut y de Charles d'Orléans. Idiógrafos castella-
copia O copias. Éstas pueden estar sacadas del original o de nos son seguramente el Cancionero del Marqués de Santillana
otras copias. A la primera copia sacada directamente del ori- de la Biblioteca Universitaria de Salamanca, que supervisaría el
ginal se le suele llamar apógrafo (aunque a veces el término propio don Íñigo López de Mendoza, o el lujoso Cancionero
se emplea como simple sinónimo de copia e incluso de co- de Gómez Manrique de la Real Biblioteca.
pia supervisada por el autor). Se da el nombre de antígrafo Pero lo habitual, como decíamos, es que el original se ha-
(también se habla simplemente de ejemplar) a la copia de la ya perdido y se conserven sólo alguna o algunas copias, ya ma-
que a su vez se ha extraído alguna otra copia. nuscritas ya impresas. A cada una de estas copias se les da el
En el caso de las ediciones impresas, se suele hablar de edi- nombre de testimonio, tanto porque ofrecen un “testimonio”
tio princeps o primera edición, ediciones corregidas (o no), del texto perdido como porque, como entiende Avalle, el edi-
ediciones aumentadas, revisadas por el autor, etc. Edición vul- tor viene a ser una especie de juez que los interroga con el fin
gata es la más difundida y puesta en circulación, debido a que de reconstruir la verdad, la lección original [1972:91]. Una
en un determinado momento se consideró más autorizada. lección de un testimonio, por su parte, es un determinado pa-
Volviendo a los conceptos de original y autógrafo, hay que so O lugar del texto que nos es transmitido por ese testimonio.
advertir que no son conceptos intercambiables ni coinci- El conjunto de testimonios constituye lo que llamamos la
dentes siempre. Hay casos en los que nunca existió el autó- tradición de la obra o del texto. Tradición que puede ser direc-
grafo, como aquellos en que alguien dictó su obra a otra per- ta (la que forman los testimonios en sí) o indirecta (la formada
sona. Puede servir de ejemplo el bien conocido de Marco por las traducciones, glosas, citas de la obra y, en general, todos
Polo, quien prisionero de los genoveses en 1298 dicta en la los testimonios de segunda mano referidos a ésta). Muchas
cárcel su libro de experiencias viajeras al escritor Rustichello obras medievales tienen una rica tradición indirecta. La Ce-
da Pisa, que las redacta en francés con el título de Le divisa- lestina, por ejemplo, debido a su éxito fue muy pronto tradu-
ment dou monde. Pero también hay otros casos en que el au- cida al italiano y esa traducción de 1506 es todavía un inte-
tógrafo no es propiamente el original, pues el poeta hizo de resante testimonio con lecciones que hay que tener en cuenta a
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la hora de establecer la edición crítica de la obra, pues deriva de cer cartuchos y envoltorios, o para cocer al horno bizcochos, o
la primera edición de la Tragicomedia en veintiún actos (To- para encender el fuego (...), o quién sabe para qué más” [1951:
ledo, 1504), edición de la que no ha llegado ningún ejemplar XVI-XVII]. Alan Deyermond, por su parte, ha podido estu-
hasta nosotros, por lo que la traducción resulta un impagable diar y catalogar recientemente en un abultado volumen, que
documento indirecto. Fragmentos de obras como el Libro de por ahora sólo comprende la épica y el romancero, los textos
Alexandre, el de Fernán Gonzálezo el Libro de buen amorse han perdidos de la literatura medieval castellana [1995].
conservado en citas que de ellos hacen autores posteriores, co- De algunas grandes obras del Siglo de Oro desconocemos
mo Gutierre Díez de Games en su Victoria, Gonzalo Argote asimismo testimonios probablemente fundamentales, como se-
de Molina en el Discurso sobre la poesía antigua castellana al ría el caso de la posible edición perdida del Quijote anterior a
frente de su edición de El Conde Lucanor (1575) o Álvar 1605. Un testimonio nuevo del Lazarillo de Tormes, tal vez su
Gómez de Castro. El Libro de las bienandangas e fortunas (h. segunda edición, ha sido descubierto recientemente en Barca-
1471), de Lope García de Salazar, crónica un tanto desorgani- rrota (Badajoz). De muchas ediciones sueltas del Siglo de Oro,
“zada y de un copioso allegamiento de materiales literarios, do- que, a juzgar por algunos inventarios de impresores que nos han
cumenta diversos testimonios indirectos referentes a leyendas llegado [Blanco Sánchez, 1987; Griffin, 1988], contaron por
artúricas, libros de viajes o al propio Libro de buen amor. millares sus ejemplares, apenas han sobrevivido testimonios
El número de testimonios conservados de una obra es únicos y singulares. En general, la poesía del Siglo de Oro circu-
siempre una cuestión difícil de valorar. Muchas obras literarias ló en copias manuscritas en cartapacios y cancioneros, y pocos
se plasmaron en textos únicos y copias esmeradas realizadas fueron los autores que vieron editada su obra en vida.
para determinados personajes de elevada condición social. Hay casos en los que propiamente no existe original, pues
Otras pudieron ver multiplicadas sus copias, pero tal vez por han sido otras personas quienes han publicado las obras de un
razones de gusto, moda o censura, fueron pocas las que llega- autor tras una previa labor de arreglo o de enmienda, cuyo al-
ron a difundirse. Amadís de Gaula, por ejemplo, fue una obra cance nunca sabremos. Como ocurre con la obra de Gil Vi-
muy difundida en los siglos XIV y XV a juzgar por las numero- cente, puede haber sido su propio hijo, Luis Vicente, quien,
sas citas que de ella se hacen, sin embargo, no se han conser- utilizando los papeles de su padre ya fallecido, los ha ordena-
vado apenas testimonios textuales, a excepción del fragmento do (en autos, comedias y farsas), ha añadido rúbricas y acota-
manuscrito del siglo XV y de la ya moderna refundición de ciones, ha modificado en muchos lugares, y ha llevado a cabo
Garci Rodríguez de Montalvo, que se imprime en 1508. la publicación de la Compilagam de todalas obras de Gil Vicente
El paso del tiempo y el propio comportamiento de los (Lisboa, 1562), que, sin embargo y por todo ello, no nos da a
hombres ha terminado destruyendo muchos materiales. conocer el auténtico texto del autor. Caso extremo presenta el
Menéndez Pidal describió de forma plástica y vigorosa el fe- teatro de Lope de Rueda que, como se sabe, sólo se ha salva-
nómeno de la pérdida de textos: “El libro, el cuaderno viejo do por la intervención del librero y escritor valenciano Juan
que ya nadie lee, resulta ser el trasto más estorboso en todas Timoneda, quien decidió editar las piezas del comediante, no
partes, del cual hay que deshacerse cuanto antes. Buena expre- sin retocarlas, aunque no sabemos hasta qué punto (“se han
sión de este urgente desapropio es la escena del duque de Sessa, quitado algunas cosas no lícitas y malsonantes, que algunos en
en 1869, que asomado a un balcón de su palacio madrileño, al vida de Lope havrán oído (...) tuve necessidad de quitar lo que
ver los libros y legajos de su archivo alejarse en los carros de un estava dicho dos vezes en alguna dellas y poner otros en su lu-
trapero comprador, respira satisfecho: “¡Ya se los llevan; ya, por gar, después de irlas a hazer leer al theólogo que tenía diputa-
fin, se los llevan". Y se los llevaban como papel viejo, para ha- do para que las corrigiesse y pudiessen ser impresas”).
24 25
2.2. Errores y variantes frecuencia, quizá para mayor rapidez y más pronta satisfacción
de la demanda (es el sistema que utilizarán pronto las univer-
Consustancial a la copia y al acto de escritura es el error. sidades, promovido y supervisado por sus comisiones de pe-
Puede haber errores en el autógrafo del propio autor, pero, tiarii) la copia se realizaba por el sistema de pecia, distribu-
como puede suponerse, hay muchos más en las copias. El fi- yendo el ejemplar en cuadernos o fascículos y repartiéndolos
lólogo francés Alphonse Dain, tras comprobaciones estadís- entre diferentes copistas, lo que permitía que todos trabajaran
ticas, estimó que un copista medio, al reproducir un texto al mismo tiempo en la misma obra al emprender cada uno su
medianamente alterado, deja escapar una falta por página trabajo por distinto lugar del texto [Cavallo, 1983].
[1975: 46]. Naturalmente, nuevos errores se van introducien- Realizada la copia, de manera individual o colectiva, era
do en cada copia sucesiva, por lo que el número de éstos aumen- revisado el texto por el propio copista o por el director del
ta en progresión ascendente. taller o scriptorium, quien introducía, a veces con la ayuda
Las causas por las que se producen estos errores de copia de distinta mano, las correspondientes correcciones. Se pa-
son muy diversas. Unas podríamos decir que son externas al saba luego a la tarea de rubricar los títulos y encabezamien-
acto de escritura y otras que son internas, que conlleva el pro- tos y, muchas veces, a iluminar e ilustrar con miniaturas las
pio acto de escribir. Entre las primeras, habrá que contar con letras iniciales o capitales. Cerraba el proceso la encuaderna-
las características del propio modelo, las condiciones de la ción del libro, que también era fundamental, puesto que no
copia, la capacidad del copista, etc. Lógicamente la extensión se escribía directamente sobre él sino sobre los pliegos do-
y dificultad del modelo, así como las circunstancias en que se blados dispuestos en cuadernos (el de cuatro folios, resulta-
realiza la copia influirán sobremanera en todo el proceso. Un do de dos pliegos doblados, se denomina binio; el de seis fo-
texto largo y complicado termina ocasionando la fatiga y fal- lios, ternio; el de ocho, quaternio, etc.) que luego se cosían
ta de atención del copista, que al final de la jornada, como por la parte del pliegue. Pueden suponerse las consecuencias
Gonzalo de Berceo, se resiente de la dureza del oficio: que para la preservación del texto tendría, por ejemplo, la al-
teración del orden de los cuadernos, el extravío de algún fo-
«los días son non grandes, anochezrá privado, lio o, como resultado de una mala encuadernación, los cortes
escrivir en tinierbra es un mester pesado» en los bordes al ajustar los folios, que hayan llegado a des-
(Vida de Santa Oria, c. 10)
truir de manera irreparable fragmentos de texto.
Estas irregularidades en la encuadernación, al igual que
El acto de la escritura en la Edad Media cuando se copia- otros daños materiales que ha podido sufrir el libro (man-
ron numerosísimos textos de la antigiiedad y todos los de las chas de humedad, quemaduras, tachaduras, daños por utili-
nacientes literaturas— era efectivamente un menester pesado y zación de tinta corrosiva o por aplicación de reactivos, etc.),
fatigoso. Los copistas repetían, para quienes quisieran oírlo, han podido ocasionar lagunas en el texto: palabras, líneas o
que era un trabajo en el que participaba todo el cuerpo, aun- pasajes que faltan o que resultan ilegibles. Esas lagunas se
que sólo tres dedos escribieran (Scribere qui nescit nullum pu- advierten bien en el ejemplar directamente dañado, pero no
tat esse laborem, / tres digiti scribunt, totum corpusque laborat). así en las copias que han salido de él. Si el copista no lo se-
La tarea, como sabemos por las miniaturas de la época, se rea- ñala o ha decidido reconstruirlas por conjetura, esas lagunas
lizaba en una postura incómoda, inclinado el cuerpo y apo- pueden introducir gran confusión para el editor.
yándose en una tablilla sobre las rodillas, durante largas horas, Debe tenerse en cuenta que la dureza y dificultades del
muchas veces con hambre y con una pobre iluminación. Con trabajo de copia manual se hacen extensivas a los tiempos de
26 27
e
la imprenta y que las sufrieron de igual modo los impresores, de ser sabiduría o substancia; confusión de signos, como la f
cajistas y correctores de los talleres de edición. Tales dificul- por salta: “Leonoreta, sín roseta” por “Leonoreta, fín roseta”);
tades seguían siendo causa de la fatiga y el tedio, que ocasio- o se producen por simples descuidos del copista, agravados
naban sin remedio la falta y el error. Lo describe muy bien el por la edad o por el cansancio de la jornada (cambio de una
impresor napolitano Joan Pasqueto de Gallo en el colofón de letra por otra, con lo que en realidad lee una palabra distin-
la Propalladia, de Bartolomé de Torres Naharro, que edita en ta: tradición por traducción; triste por tras ti).
Nápoles en 1517, al pedir disculpas por las faltas introduci- Los errores mnemónicos se producen en la breve memo-
das debido a la diferencia lingiiística y a la extensión de la rización del pasaje o fragmento que se va a copiar inmedia-
obra: “Estampada (...) con toda diligentia y advertentia posi- tamente: olvidos momentáneos que provocan o no rápidas
bles, y caso que algún yerro o falta se hallare por ser nuevo en rectificaciones mentales, lo que da lugar a omisiones o a al-
la lengua, ya se podría usar con él de alguna misericordia, teraciones y transposiciones. En el dictado interior, en el mo-
pues ansí el estampador como el corrector posible es en una mento en que se repite interiormente lo que acaba de leer y
larga obra una ora o otra ser ocupados del fastidio. La benig- va a pasar a transcribirlo, el copista puede incurrir también
nidad de los discretos lectores lo puede considerar”. en errores debidos a asociaciones mentales que en ese mo-
Por otra parte, las quejas de los autores ante los yerros de mento se producen con sus propios hábitos y peculiaridades
los impresores son frecuentes en la época. Francisco de Me- lingiiísticas, y que así trasladará a lo escrito (dialectalismos, fe-
dina, en el prólogo a las Anotaciones a Garcilaso, de Fernan- nómenos de ceceo y seseo, transcripción de diptongos, etc.).
do de Herrera, ya advertía de los malos impresores: “En ellas En el momento de la ejecución manual igualmente pue-
lo limpió de los errores con que el tiempo, que todo lo co- den producirse errores, bien por la dificultad de transcrip-
rrompe, y los malos impresores, que todo lo pervierten, lo ción y trazo de determinados signos, bien por simplificación
tenían estragado”. Más patética había sido la queja de Pedro o por repetición de signos. Por último, en la vuelta de la co-
Manuel de Urrea, en el prólogo a su Cancionero (Logroño, pia al modelo suele ocurrir un tipo de error muy común: el
1513), suplicando a su madre que no se publicara: “¿Cómo de las omisiones y transposiciones de grupos de palabras o
pensaré yo que mi travajo está bien empleado, viendo que de fragmentos enteros, producidas por saltos de lo mismo a
por la emprenta ande yo en bodegones y cozinas, y en poder lo mismo debidos a la semejanza entre letras, sílabas o pa-
de rapazes que me juzguen maldizientes y que quantos lo labras.
quisieren saber lo sepan, y que venga yo a ser vendido?”. Los errores a que dan lugar estas distintas operaciones se
Otros errores, como decíamos, derivan del acto mismo vienen clasificando en cuatro categorías generales, que co-
de escritura. En éste, se producen al menos cuatro operacio- rresponden a las cuatro categorías modificativas clásicas: por
nes distintas [Havet, 1911; Dain, 1975]: la lectura del mo- adición, por omisión, por transmutación o cambio de or-
delo, la memorización del texto, el dictado interior y la eje- den, y por sustitución o inmutación.
cución manual. Cada una de ellas da lugar a errores visuales, Los errores por adición consisten muchas veces en un sim-
mnemónicos, psicológicos y mecánicos [Roncaglia, 1975]. ple añadido de letras (“yo juoro por Sant'Ana”, como lee en
Errores de lectura se producen por dificultades de descifra- las Serranillas de Santillana el llamado Cancionero de Palacio).
miento de lo que se copia, lo que da paso a confusiones o Pero con frecuencia, estos errores por adición son de carácter
malas interpretaciones (por ejemplo, confusión de números repetitivo y ocurren mayoritariamente con letras y sílabas, y
por letras: job donde debía leerse 106; confusión de abrevia- menos con palabras enteras. Para designarlos, se emplea en-
turas: gra interpretado como gracia o como gloria, sba pue- tonces el nombre genérico de ditografía o duplografía:
28 29
«traía saya apertada [por apretada)»
«Teófilo, mesquino, de Dios desaramparado [por desamparado]»
(cancionero MNS Il, 11)
(ms. Ibarreta de los Milagros de Berceo)
«Pleguéme a una fuente pererenal [por perenal]» «arméle tal guadramaña [por guardamaña]»
(ms. parisiense de la Razón de amor)
(MNS8TV, 34)
En los errores por omisión, los casos más frecuentes y de Transposiciones de versos o estrofas ocurren con frecuen-
mayor trascendencia en la transmisión y edición del texto, cia en poesía: en las Coplas de Jorge Manrique, los vv. 379-
son aquéllos en que el copista elimina una letra, una sílaba, 380 invierten su orden en la mayoría de los testimonios:
una palabra o un grupo de palabras -más o menos extenso-, “Pues nuestro rey natural / si de las obras que obró / fue ser-
debido a la semejanza que se produce con la letra, sílaba o vido, dígalo el de Portugal”, frente a la que parece ordena-
palabra contiguas. Cuando se trata de sílabas o palabras, se
> Y ción más conforme a sentido que ofrece el cancionero
da al fenómeno el nombre de haplografía: Egerton: “Si de las obras que obró, / el nuestro Rey natural /
fue servido, / dígalo el de Portugal”. Inversiones de estrofas
«Esto es grand mavila [por maravila)» son muy frecuentes en toda la poesía de cancioneros: las
(ms. del Auto de los Reyes Magos) propias Coplas manriqueñas ofrecen un caso muy discutido,
como es el de la estrofa que comienza “Si fuese en nuestro
«dize el alma que vio de su amado, por quanto es unión en la in-
poder...”, que aparece en unos testimonios como la séptima
terior bodega [por que beviól»
(ms. de Sanlúcar del Cántico de San Juan de la Cruz) del poema y en otros a continuación de la XIII, sin que en
ninguno de los dos haga mucho sentido.
Si lo que se omite es un grupo de palabras o un fragmen- Muy numerosos son los errores por sustitución, en los
to de texto, el fenómeno se denomina homoioteleuton o salto que normalmente el copista cambia una palabra por otra,
de igual a igual o de lo mismo a lo mismo: bien porque no entiende la del modelo y la interpreta por su
cuenta (en general, trivializándola), bien por atracción o se-
«y padescía dél respuestas [no menguantes de semejante contume- mejanza con otra próxima a su sentido o a su forma:
lias e iras. Pero, entre] puesto el todopoderoso Júpiter, las batallas
sobreseyeron por treguas» «garnacha traía / de oro presada [por de color p., “de color verde']»
(Aliada en romance, de Juan de Mena, cap. V, ms. 7099 de la (lección de SA7, Serranilla MI, 11-12)
BN, completado por otros testimonios)
«y conservado lo llevó a los tálamos de Elena [y fizo venir a Elena] «quando llega a la hedat/ de senetud [por al arrabal]»
de los muros altos do era» (ms. Eg, que lee trivializando la imagen, Coplas de Manri-
(Zbid., cap. XID) que, 107)
Los errores por alteración se originan cuando el copista «salí triste clamando, y eras ido [por tras £2]»
(ms. de Sanlúcar, Cántico, 1, 5)
cambia el orden de algún elemento gramatical, producién-
dose así transposiciones de sílabas, palabras o frases. Muchas
veces ocurren como lectura más fácil por parte del copista, Muchas de estas alteraciones (innovaciones) del texto ori-
que no entiende bien aquel lugar del modelo, como en estos ginal, como se ve, no son claros errores manifiestos. Aparecen
ejemplos de las Serranillas: camufladas en el contexto haciendo perfecto sentido, de ma-
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nera que pueden pasar por lecciones originales. Sólo el cotejo la cultura (o incultura) del autor, que puede incurrir en fla-
con otros testimonios o una lectura muy atenta, el ¿udicium grantes inexactitudes históricas o culturales; pero son errores
del editor, pueden desenmascararlos. Hablamos en este caso que afectan al contenido de la obra, no al texto.
Sd
de variantes y, más precisamente, de variantes neutras o adiá-
foras. Los últimos ejemplos citados serían en principio de esa
condición: son lecciones que ofrecen unos testimonios frente 2.3. Variantes de autor
a Otros, aparentemente tan auténticas unas como otras, y só-
lo la pericia del editor, bien por elección mecánica tras la co- Cuando un autor introduce modificaciones en un texto
lación de testimonios, bien apelando a criterios no mecánicos del que se ha extraído ya alguna copia o simplemente lo co-
como el usus scribendi o la lectio difficilior, puede detectar y se- rrige en una nueva fase redaccional, nos hallamos ante casos
leccionar. En el primer ejemplo es claro que de oro presada es de doble redacción o de variantes de autor. El fenómeno, po-
co admitido en la escuela lachmanniana, comenzó a ser aten-
una lección más fácil y por tanto desechable; en el siguiente,
la variante que ofrece el ms. Eg no se ajusta a la escritura del dido a partir de los trabajos de Giorgio Pasquali y hoy es una
de las evidencias sobre las que opera la “filología de autor”. Si
autor, a lo que conocemos de su lengua y de su estilo.
ciertamente resultaba difícil probarlo en las obras de la tradi-
Hay errores poligenéticos y monogenéticos. El error poli-
genético es el que, aun repitiéndose idéntico en varias copias, ción grecolatina, sobre todo por la lejanía temporal de los tes-
timonios conservados con relación a sus respectivos origina-
puede haberse producido de manera independiente por dife-
les, es una situación relativamente frecuente en la tradición
rentes copistas en circunstancias distintas de espacio y tiem-
textual de las obras modernas. De éstas efectivamente cono-
po. El error monogenético es el que, reproducido igual en va-
rias copias, posee, sin embargo, tales características que hacen
cemos muchas veces por testimonios originales, incluso autó-
grafos, las modificaciones que se han ido introduciendo en un
prácticamente imposible que un copista lo haya cometido
por su propia cuenta y riesgo, de forma independiente de
texto debido al trabajo de lima del poeta o a su personal con-
cepción del poema como una tarea viva y nunca acabada. Es
otro u otros copistas. Puede decirse, en consecuencia, que los
errores poligenéticos no ponen necesariamente en relación bien conocido el caso de los llamados poetas puros, como un
unos testimonios con otros, en tanto que el error monogené- Stéphane Mallarmé y un Paul Valéry, en Francia, o un Juan
tico sí asegura la filiación de los testimonios en que aparece. Ramón Jiménez y un Jorge Guillén, en España. Lanfranco
Por otro lado, es conveniente partir de la premisa de que
Caretti [1955] ha estudiado los casos más señalados de dobles
redacciones y variantes de autor en la literatura italiana, desde
el original estaba exento de errores, de que en el original no
hay posibilidad de errores. Los errores poligenéticos que nos Boccaccio, Petrarca, Ariosto o Tasso a Alfieri o Manzoni. Pero
es un fenómeno generalizado en todas las literaturas: se ha es-
muestran algunos testimonios de la tradición, han podido sur-
gir de manera independiente y sería, por tanto, muy difícil de- tudiado en obras de Marlowe, de Goethe, en las poesías de
Victor Hugo, en los cantos de Ezra Pound; siete redacciones
mostrar que lo han hecho del original. En cuanto a los mo-
tuvieron las Hojas de hierba de Withman, muchas novelas de
nogenéticos, resultan tan visibles y llamativos que es poco
verosímil que el autor haya podido incurrir en ellos y plas- Balzac están rehechas en pruebas de imprenta, numerosísimas
variantes introdujeron en las suyas Tolstoi, Faulkner o Hardy.
marlos en el original. Esto último, sin embargo, no quiere
decir que no haya en los originales errores de autor, pero de Tampoco es exclusivo de las obras de época moderna. Lo te-
otro tipo, más bien de carácter formal (acentos, puntuación,
nemos bien documentado entre nuestros poetas del Siglo de
Oro. De las Soledades de Góngora, por ejemplo, han llegado a
ortografía). Y naturalmente puede haber otros derivados de
32 39
discernir los críticos hasta siete fases en su redacción: tres de la “solo Guadalquevir tiene poder”) o corrigen la alusión a una
Soledad primera, escalonadas desde la segunda mitad del año de fuente determinada (XII, 8: “nin fizo Dido nin Danne Penea,
1612 hasta el 11 de mayo de 1613, y cuatro de la Soledad se- / de quien Omero grand loor esplana” > “de quien Ovidio
nda, entre el otoño de 1613 y una fecha imprecisa, situada grand loor esplana”). En cuanto al poema que comienza
entre 1619 y 1626 [Jammes, 1995: 21]. El v. 5 de la primera “Siguiendo el plaziente estilo”, es claro que la lectura de
puede servir de muestra de variante de autor en esa elaboración Petrarca da lugar a una nueva elaboración del texto, que:
sucesiva del texto: la primera redacción, que conocemos por el
comentario de Almazán, lee: “Zafiros pisa, si no pace estrellas”; a) "Toma ahora el título de El Triunphete de Amor, frente
la segunda redacción, conocida por el comentario de Francisco al genérico de “dezir” o “tractado” que le asignaban los
del Villar: “en dehesas azules pace estrellas”; y la versión defini- testimonios primitivos.
tiva gongorina: “en campos de zafiro pace estrellas”. b) Modifica los vv. 7-8 en que se aludía a la fuente: “nin
Igualmente ocurre, aunque tal vez de manera más excep- Valerio que escrivió / la grand estoria romana” > “nin
cional, en la literatura de la Edad Media. Frente a la genera- Petrarcha qu'escrivió / de triunphal gloria mundana”.
lizada improvisación y falta de subjetivación tanto juglares- c) Sustituye el largo desfile de personajes ilustres sometidos
ca como cortesana, hay autores como don Juan Manuel, el por Venus y Cupido de las estrofas 17 y 18, por un cor-
Marqués de Santillana o Juan de Mena, que se muestran tejo de nombres tomados todos del Triunphus Cupidinis
más reflexivos con su obra. de Petrarca y reducidos únicamente a los que tenían
En el caso de Santillana, creo haber mostrado en otro lugar probada condición de amantes famosos, en la antigiie-
[Pérez Priego, 1983] algunos ejemplos de doble redacción y dad, en la Biblia o en las leyendas medievales: “Vi César
variantes de autor en su obra. Tales variantes responden a e vi Ponpeo, / Anthonio e Octaviano... / Vi David e
motivaciones muy diversas y no suponen necesariamente una Salamón / e Jacob, leal amante... / vi Tristán e Langarote
mayor perfección de la versión corregida, sino que reflejan / e con él a Galeote, / discreto e sotil mediante”.
más bien las vacilaciones y tanteos de un poeta que se afana
por poseer “cantidad de letras”. Unas veces pueden deberse No siempre es fácil e incontrovertible demostrar la exis-
a un simple cambio de las circunstancias temporales que re- tencia de dobles redacciones o de variantes de autor. Tampo-
flejaba el poema, otras al arraigo en el estilo personal de una co deja de haber un cierto escepticismo y resistencia a admi-
determinada fórmula expresiva, otras a la incorporación de tirlas por parte de los críticos más en la línea lachmanniana.
nuevas lecturas e imitaciones. En los sonetos, por ejemplo, Un caso controvertido en nuestra literatura medieval es el
las variantes de autor que presenta la versión corregida reve- del Libro de buen amor, para el que unos críticos, como R. Me-
lan la preferencia de Santillana por un determinado sintag- néndez Pidal o J. Corominas, postulan una doble redacción
ma (1, v. 4: “loo mi buena ventura, / el tiempo e ora que tan- y otros, como G. Chiarini o A. Blecua, una única redacción
y un solo arquetipo.
ta belleza” > “el punto e ora...”: ambas expresiones procedían
de Petrarca, pero la segunda parece consolidarse más en Cuando nos hallemos ante casos palmarios de dobles re-
el gusto de Santillana, que vuelve a usarla en el soneto IX: dacciones y variantes de autor, el editor debe ofrecer como tex-
“Loó mi lengua, maguer sea indigna,/ aquel buen punto que to crítico la última redacción aceptada por el autor y al mismo
primero vi”), tratan de mejorar la medida del verso (V, 3: tiempo ha de dar cuenta de la historia genética de la obra y de
“segund tu santo ánimo benigno” > “segund tu ánimo san- sus sucesivos estratos. Para esas ediciones L. Caretti ha pro-
to benigno”; XIX, 13: “solo es Betis quien tiene poder” > puesto su presentación y disposición en un doble aparato crí-
34 35
tico: uno sincrónico y otro diacrónico. El aparato sincrónico particulares a través de los cuales se desarrolló la producción y
acogería las variantes que no representan intervención alterna- la circulación de los textos de cada obra. Como estudia Branca,
tiva del escritor y, por tanto, no se disponen con relación a la la tradición manuscrita de las obras de Boccaccio se caracteriza
historia interna del texto, sino dejando indicado simplemente a un tiempo por las continuas e imprevisibles intervenciones
que son obra de copistas o impresores. El aparato diacrónico, correctoras del autor y por la transmisión misma de los textos,
por su parte, daría cabida a las variantes de autor propiamente normalmente obra de entusiastas aficionados y no de copistas
dichas, a ser posible, ordenadas en sucesión cronológica, con el profesionales. El estudio de los avatares de esa transmisión ha-
objeto de dar cuenta cabal de la historia genética del texto. brá de acompañar al simple cotejo textual de los testimonios.
El estudio de tradiciones particulares parece, por tanto,
una vía segura en el andar presente y futuro de la filología,
2.4. Historia de la tradición sobre todo de la filología romance, en la que operamos con
textos relativamente recientes, en cuya tradición las copias
El conjunto de testimonios constituye la tradición textual están separadas por apenas unos cuantos años, no por siglos
de una obra y sólo a través de ellos podemos llegar hasta la como en el caso de los textos clásicos para los que se creó el
forma original de ésta tal como fuera concebida por su autor. método lachmanniano (la obra de Jenofonte, por ejemplo,
Pero, como advertía G. Pasquali, los testimonios no son me- escrita en el siglo IV a. C., prácticamente es sólo conocida
ros portadores de errores y variantes, sino que poseen una es- por manuscritos del siglo XIII de nuestra era).
pecífica fisonomía cultural, razón por la cual la crítica del tex- En este sentido, A. Várvaro ha establecido con bastante
to ha de ir acompañada de la historia de la tradición. claridad las diferencias entre la tradición textual clásica y la
Los testimonios son efectivamente individuos históricos, romance, para las que respectivamente ha utilizado los tér-
con una fisonomía propia, portadores en su seno muchas ve- minos de tradición quiescentey tradición activa [1970]. La de
ces de elocuentes huellas y datos respecto de dónde se com- las obras latinas y griegas es en general una tradición libres-
pusieron, quién los encargó o poseyó, quiénes fueron los co- ca, poco densa en el sector de la misma que va del arquetipo
pistas, los impresores, los lectores, qué tipo de papel y de letra a las copias humanísticas (sector, sin embargo, decisivo en
fue utilizado, qué taller tipográfico, etc. Todo ello nos pro- cualquier tipo de reconstrucción crítica); es además una tradi-
porciona una información muy interesante, por supuesto, pa- ción de ambientes más bien cerrados, de profesionales (copis-
ra la historia cultural, pero también muy rica y aprovechable tas o estudiosos) con tendencia a respetar el texto que trasla-
desde la pura crítica textual. Con esos datos podemos saber ya dan. Las tradiciones de textos romances son ya bien distintas
mucho acerca de la validez y agrupación de los testimonios, debido a la mínima distancia que separa al original del ar-
según la información que poseamos, por ejemplo, de la cali- quetipo (si es que éste existe) y a la también reducida distan-
dad de un determinado scriptorium o un taller tipográfico, la cia entre éste y los testimonios conservados. Tampoco están
procedencia de los originales o copias de que solía servirse, laan- condicionadas por scriptoria profesionales y casi siempre son
tigijedad y calidad de los soportes materiales de copia, etc. anteriores a la afirmación de una vulgata, que es fenómeno
V. Branca, a propósito de la obra de Boccaccioy de las pe- lento y tadío. Por lo demás, la actitud del copista hacia el tex-
culiaridades de su tradición, ha introducido la distinción entre to es menos respetuosa. Si en la tradición quiescente el co-
tradición caracterizada y tradición caracterizante. La primera se pista se sentía un tanto extraño al texto y le tenía respeto, por
refiere al examen de los testimonios únicamente en función del lo que, aun arriesgando alguna conjetura, siempre ejecutaba
texto crítico; la segunda, al estudio de las vías y de los modos una restauración conservadora, en la tradición activa el co-
36 37
al ra pardas tirada de mil ejemplares, es necesaria la colación de al menos
e in
pista recrea su texto considerándolo actual y dol treinta de ellos para obtener una muestra suficientemente re-
arlo,
Í es que, más4s qu que a restaurarlo, tienden en
troduce Íinnovacion presentativa [Stoppelli, 1987: 13]. Aun así, resulta súmamen-
su opinión a hacerlo más fácil y "cont empor áneo.
te laborioso y complejo establecer si existen diferencias entre
los ejemplares de una misma edición y determinar después
cuáles de ellas surgieron en el curso de su producción (emi-
2.5. Tradición impresa sión) y cuáles en sucesivos momentos (reimpresiones).
A
Jaime Moll [1979] ha estudiado las circunstancias políti-
En principio, los testimonios impresos de una tradición co-administrativas en que se produce el libro español en el
han de ser considerados con el mismo valor que los manuscri- Siglo de Oro, circunstancias que resultan determinantes para
tos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el manuscrito la crítica textual. En ese sentido, analiza la importante prag-
de
es una individualidad única, no repetida (fuera de los casos mática de 1558 (que supone un mayor control y vigilancia
a
descripti), mientras que el impreso semultiplica en sobre el libro) y las consecuencias que produjo en la propia
:
ejemplares, a primera vista idénticos. Señalaba al . configuración del libro. Éste debía ser presentado al Consejo
Menéndez Pidal: “La elaboración y la transmisión de una obra de Castilla para obtener la licencia de publicación; una vez
literaria antes de la imprenta es cosa muy distinta de lo que fue impreso sin la portada ni preliminares, debía ser cotejado por
después. La tipografía hizo que la publicación de un libro, hecha el corrector oficial con el texto antes presentado y el Consejo
antes mediante muy escasas copias, lentas y muy distanciadas aprobaba igualmente el precio de venta de cada pliego; por
en el tiempo y en el lugar, se convirtiese en un acto momentá- último, se imprimían la portada y preliminares, en los que
neo, único y superabundante en ejemplares. La o
debían figurar: la licencia, la tasa, el privilegio, el nombre del
de de
impresa señala la terminación de la obra por parte autor y del impresor, y el lugar de impresión (a partir de
todo lo que éste trabajó en elaborarla queda reg el ol-
o 1627, también se obligó a que figurase el año de impresión).
vido, y todo cuanto trabaje después en corregir y per Las consecuencias bibliográficas y textuales de todo ello son
lo impreso, si no hace una segunda impresión. Por el contra-
decisivas, como hace ver Moll: la paginación sólo comienza
rio, en la lentísima publicación manuscrita cada ejemplar pro- con el texto de la obra, la portada y preliminares forman uno
ducido tiene su individualidad” [1977: 865]. : o varios pliegos independientes, el colofón ha sido impreso
No obstante, la crítica textual angloamericana ha puesto antes que la portada (por lo que el año que figure en ésta pue-
de manifiesto desde hace mucho tiempo, como una especie de no coincidir con el de aquél, según el tiempo transcurrido
de máxima comúnmente aceptada, que los ejemplares que en los trámites reseñados), es frecuente (aunque no legal) apro-
constituyen una edición, por lo general, no son idénticos. Tal vechar licencias, privilegios y tasas para reediciones posterio-
n-
ocurría, efectivamente, en los primeros tiempos de la impre res. Á lo largo de ese complejo proceso se comprende que hayan
-
ta y prácticamente hasta el siglo XVII. La intervención sucesi podido producirse gran número de cambios y alteraciones en
va de impresores, correctores, COMpositores, grabadores, etc.,
la composición del texto y en la configuración de los ejem-
podía alterar más o menos gravemente la composición del tex- plares de una obra [véase Moll, 1979: 57-79].
to. En esos casos, lo que comúnmente consideramos un cin Un fenómeno característico es el que presenta la ya referida
monio no puede ser un solo ejemplar sino Ra
edición de las obras de Shakespeare, fenómeno en muchos as-
conjunto de todos los ejemplares conservados de aquell edi-
a
pectos compartido por nuestro teatro del Siglo de Oro. Como
ción. Ante la práctica imposibilidad de tenerlos todos en con- sobre todo pusieron de relieve los estudios de Walter W. Greg,
sideración, se ha estimado por cálculo estadístico que de una
99
38
la publicación de las obras de Shakespeare se realizó muy pro- Membrilla, ed. D. Marín y E. Rugg, 1962), aunque con una
bablemente sin la supervisión del autor y a partir de los ma- ortografía muy vacilante, como también era habitual en la
nuscritos que usaban las compañías teatrales, arreglados y adap- época. Lope escribía sus autógrafos para venderlos a los di-
tados como guiones. La existencia de dos cuerpos de edición, rectores de compañías que, naturalmente, introducirían
los volúmenes ¿n-quarto [Q] de la época isabelina y las obras cambios y alteraciones en el texto, del que sacaban copias y
completas ¿n-folio [F] de 1623, presentan tantas divergencias terminaban por vender a los editores, sin que nuestro autor
y variantes que hacen posible todo tipo de hipótesis: tiradas revisara los manuscritos para la imprenta ni corrigiera prue-
apresuradas y redacciones que se transcribirían a oído desde la bas. Las modificaciones introducidas no siempre eran sus-
propia escena, enmiendas introducidas luego por los impreso- tanciales; lo normal, como puede apreciarse en el impreso de
res con la intervención de otros colaboradores, sin descartar en 1618 de El galán de la Membrilla, era el incremento de unos
algunos casos correcciones del propio autor. En un caso como Cuantos errores mecánicos, el añadido de alguna breve aco-
el de Othello, para el que F presenta un texto tomado de un tación (“Sale”, “Váyase”, “Entren”, etc.), la reducción de al-
manuscrito corregido con variantes sustanciales en los márge- gún pasaje del texto, o la introducción de algún cambio de
nes, la edición habría de realizarse (conforme a la teoría del personaje para acomodarlo al actor.
copy-text de Greg) partiendo de Q para las lecciones accidenta- De ahí los textos pasaban luego a publicarse en las llama-
les y aceptando e incorporando las sustanciales de F 3 das Partes de comedias, cada una de las cuales estaba cons-
Editar el teatro español del Siglo de Oro plantea también tituida por unas doce piezas. Las veinticinco Partes de Lope
delicados problemas críticos. “Tampoco aquí podemos ma- fueron publicadas entre 1604 y 1647, pero de casi todas hu-
nejar un concepto claro de original, pues ocurre habitualmen- bo más de una publicación (primero en Madrid y luego en
te que el autor escribe una obra para un director de compañía, Barcelona), e incluso de algunas pudieron todavía correr co-
el cual suele enmendar el texto para ajustarlo a las necesida- pias manuscritas. De Servir a señor discreto, por ejemplo, hay
des de representación (en esos ajustes puede incluso volver a sólo una edición recogida en la Parte X7 (1618), de donde sa-
intervenir el autor) y, pasado un tiempo, revender la obra a lió luego una copia manuscrita de fines del siglo XVI! o prin-
un impresor que editará el texto con nuevas modificaciones, cipios del XVIII, con escasas variantes. De El castigo sin ven-
de ahí podrán surgir otras ediciones, copias manuscritas, etc.; ganza, por su parte, hay un manuscrito autógrafo (1631),
incluso puede ocurrir que el propio poeta refunda su obra una edición suelta (Barcelona, 1634), una edición incluida
en una segunda versión, o que la refundan otros autores, la en la Parte XXT (Madrid, 1635), una edición recogida en el
rehagan, la enmienden. Nos hallamos entonces ante una tra- volumen Doze comedias las más grandiosas que asta aora han
dición no sólo abierta y poblada, sino muy activa y dinámi- salido de los mejores y más insignes Poetas (Lisboa, 1647) (don-
ca, y dispuesta en estratos. de incorpora el título “ECSV. Tragedia. Quando Lope quie-
El caso de las comedias de Lope de Vega puede ser para- re, quiere”), y por último una edición suelta del XVII, s..,
digmático. De muchas de ellas Tunas cuarenta— se conserva s.a. Tradición más compleja presenta aún Fuenteovejuna, pu-
el manuscrito autógrafo, autógrafo además bastante limpio blicada en la Docena Parte (Madrid, Alonso Pérez, 1619), pero
y con pocas tachaduras (como se ha dicho, es extraordinaria de la que se hacen dos impresiones en el mismo año por el
la seguridad de Lope en los autógrafos, “con la mitad de los mismo librero, A y B, sólo diferenciadas externamente por el es-
folios sin una sola enmienda (...). Y las correcciones que hay cudo de la portada. B, que se realiza teniendo a la vista el ms.
muestran no haber sido producto de una revisión posterior, original hoy perdido, corrige algunos errores de A, pero in-
sino hechas en el curso de la composición”, El galán de la troduce otros nuevos. Lo notable es además que en la edición
40 41
de A, como descubrió V. Dixon [1971], en tanto se hacía la
tirada, se introdujeron correcciones en algunos de los moldes
de ciertos pliegos, sin desechar los ya impresos: como conse-
cuencia, aparecen pequeñas variantes en diversos ejemplares
de la misma edición [McGrady, 1993: 28].
Otras obras teatrales plantean más bien casos de doble re-
dacción, como ocurre con algunas de Calderón. De La vida 3,
es sueño parece claro que realizó dos versiones, ambas publi-
cadas el mismo año de 1636, en Zaragoza y en Madrid: la
LA EDICIÓN DEL TEXTO
primera sería la compuesta hacia 1631, vendida a un autor
de comedias que la hace imprimir años más tarde en Zara-
goza; la segunda es una edición corregida y reclaborada por
el propio Calderón en 1636, e impresa en Madrid. Las co-
medias El agua mansa, de la que se conserva manuscrito au-
tógrafo, y Guárdate del agua mansa, transmitida en la Octava 3.1. Ediciones diplomáticas, facsimilares y críticas
Parte de Comedias Nuevas Escogidas de los mejores ingenios de
España (Madrid, 1684) y que presenta largos pasajes nueva- La edición de la obra es el cometido último de la crítica
mente introducidos (las relaciones del viaje de Mariana de textual. Hay, en principio, diversos tipos de ediciones: diplo-
Austria para sus bodas con Felipe IV en 1648), son dos ver- mática, facsimilar, interpretativa, crítica; aunque sólo ésta úl-
siones de la misma obra, la segunda seguramente refundida tima es la que justifica más plenamente la tarea del filólogo.
por el propio Calderón para los festejos reales (o quizá por _La edición diplomática supone una pura y simple trans-
el editor Juan de Vera Tarsis). cripción del texto antiguo (el diploma, en su origen) según
Ante situaciones como las descritas, parece que el mejor permiten los modernos caracteres de imprenta y la composi-
camino que puede seguir el filólogo en su tarea editora es el ción tipográfica. Se respetan, pues, en ella las particularidades
estudio de la tradición textual, tanto de la producción glo- gráficas del manuscrito y se reproducen sin corregirlos todos
bal de un autor como de cada obra en particular. En la edi- y cada uno de sus errores por evidentes que éstos sean. El edi-
ción, tendrá que dar cuenta necesariamente de esa fluctuación tor suele limitarse a marcar el final de las líneas y folios del
y estratificación del texto. Cuando se trata de versiones distin- original (mediante una barra vertical o inclinada, l, /, o me-
tas, que pueden ser obra de autores diferentes, como parece diante indicaciones como /fol. 1r), [fol. 3v)) y, en todo caso,
que sucede con Tan largo me lo fidisy El burlador de Sevilla, a introducir la puntuación, signos diacríticos, separación de
lo más aconsejable sería dar cuenta de los dos textos. Se ha palabras y mayúsculas conforme al uso moderno. Es práctica
hecho ofreciéndolos en páginas enfrentadas, aunque quizá obligada, sin embargo, respetar signos gráficos como la salta,
fuera mejor presentarlos uno a continuación del otro; lo que la sigma, el signo tironiano, las abreviaturas (pueden desen-
no debe hacerse es fundirlos y extraer de ahí un texto nuevo volverse siempre que se subrayen o se encierren entre corche-
supuestamente auténtico. tes las letras desarrolladas), incluso la puntuación si revela una
práctica propia e interesante. De todos modos, cuantas más
modificaciones se introduzcan más nos alejarán de la pura
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42
edición diplomática, que pasará a ser más bien una edición in- La edición crítica, por su parte, tiene por objeto la recons-
terpretativa. Digamos, por último, que la transcripción diplo- trucción del original o del texto más próximo a éste, y no
mática o palcográfica viene siendo utilizada sobre todo en el frente a los casos anteriores— la simple reproducción de un
caso de textos y documentos antiguos que interesan especial- testimonio por autorizado que sea. A la hora de emprender
mente desde el punto de vista histórico o lingilístico. una edición crítica, al editor se le plantean comúnmente dos
Debido a los modernos adelantos técnicos (fotográficos, situaciones diferentes: que se conserve un solo testimonio de
informáticos), la edición diplomática ha cedido terreno ante la la obra que quiere editar o que se conserven varios.
edición facsimilar o la simple reproducción fotográfica del tex-
to. Particularmente cuando se trata de raros ejemplares Únicos
o de autógrafos, se ha preferido la reproducción fototípica, en 3.2. Edición de una obra con un solo testimonio
principio, más directa y fiel a las peculiaridades del texto. De
todos modos, no es recomendable fiarse ciegamente de facsí- Hay obras que se nos han transmitido en un solo testi-
miles y reproducciones. Muchas veces los materiales emplea- monio, en un solo manuscrito, al que solemos referirnos con
dos o el propio estado del original no son buenos, por lo que el nombre de codex unicus. Es una situación que ocurre ha-
el resultado puede ser deficiente y engañoso (lugares ilegibles, bitualmente con las obras más antiguas de la Edad Media.
signos confundidos o incompletos, etc.), aparte de que en e En la literatura española de los orígenes es un hecho prácti-
proceso de reproducción fototípica alguien haya podido inter- camente generalizado: obras como el Cantar de Mio Cid y
venir manipulando algunos signos que no entendía bien. demás cantares de gesta, piezas teatrales como el Auto de los
Reyes Magos, poemas juglarescos como Razón de amor o Ele-
«Frida Weber de Kurlat, en su edición de la Recopilación en me- na y María, libros de clerecía como el de Apolonio o el de
tro, del dramaturgo Diego Sánchez de Badajoz, señáló las numero- Fernán González, etc., han sobrevivido en raros y a veces ca-
sas deficiencias de la edición facsimilar de 1929, motivadas tanto si milagrosos testimonios únicos.
ua
por el estado del original (defectuoso entintado, manchas del pa- Frente a lo que en apariencia pudiera creerse, en estos casos,
pel, transparencia de impresión de recto a vuelto), como por el des-
“Er
cuido con que se realizó la tarea de reproducción: desaparición de no es nada fácil la tarea del editor. Ciertamente puede mover-
signos (senora por señora, abastece por abastege, de obon por de lo- se en un amplio espectro de posibilidades: desde un prudente
bon), deformaciones (doie por dote, caston por cañon), correcciones conservadurismo que apenas lo aparte de la edición diplomáti-
disparatadas (yraste por yrala, buptista por baptista, biligencia por ca a intervenciones más decididas y arriesgadas. Naturalmente,
diligencia, oriada por criada, bez por boz, moiejas por molejas, avia desde estrictos planteamientos críticos, es obligada la enmien-
por aura, lunpiar por limpiar, comigo por contigo, cauras pot ouejas,
etc.). En igual sentido, J. E. Gillet denunció en su día los errores y
da de los errores y anomalías detectados en el texto conserva-
falsas correcciones de la edición facsimilar de la Propalladia de do, pero éstos no siempre resultan evidentes ni quedan claros
Bartolomé de Torres Naharro, así como Stephen Reckerty ha po- los límites a que debe llegar la intervención del filólogo. Es
dido hacerlo del facsímil de la Compilagam de Gil Vicente.» muy importante aquí conocer con toda la precisión posible lo
que en sentido amplio llamaríamos el usus scribendi y los por-
Una edición sinóptica consiste en la reproducción simul- menores de la tradición: conocer muy bien el uso lingiiístico
tánea (normalmente en páginas contrastadas o en columnas de la obra y de la época, las particularidades dialectales, el uso
paralelas, verticales u horizontales) de la transcripción diplo- estilístico y métrico del poema, del autor y del género, las ca-
mática de todos y cada uno de los testimonios de la tradi- racterísticas del manuscrito conservado, etc. Con todo ello se
ción de una obra. podrá intentar corregir los errores y establecer el texto crítico,
44 45
ero muchas veces se plantearán serias dudas si es que no difi-
cultades irremontables.
que no ha llegado a convencer a todo el mundo una edición
regularizadora como la llevada a cabo por Joan Corominas.
Lo
composición de la rígida técnica del Mester de Clerecía, por lo
7
n irregul ar, como e
contramos ante un sistema de versificació que respetar, en cambio, peculiares usos ortográficos, como
al recom-
de los cantares de gesta, podrán quedarnos dudas en el caso de Fernando de Herrera o de Juan Ramón Jiménez.
el
poner asonancias. La situación ha sido muy frecuente con
pOr
Igualmente habrán de mantenerse (aunque con la correspon-
Cantar de Mio Cid, con numerosas lecciones enmendadas diente explicación en nota) los errores mecánicos y, por su-
por unos editores y, sin embargo, no aceptadas por otros: puesto, culturales del autor. Si se trata de un autógrafo con
ev. 15: “Mio Cid Roy Díaz por Burgos entrove” (M. Pidal); entra- variantes (normalmente correcciones marginales o superpues-
va (en el ms., que siguen Smith, Michael); entró (Kuhn, Montane
r)» tas), el editor debe dar cuenta de ese proceso compositivo,
bien reflejándolo directamente en la impresión (reproducien-
ev. 174: “Rachel a Mio Cid la manol'ba besar” (en el ms., que do aquellas correcciones en líneas superpuestas o en el blan-
ajustar
dejan Smith, Michael); la mano! ha pesada (M. Pidal, para co de los márgenes), bien mediante una copiosa anotación
Lidforss,
el verso a una tirada en 4-4); bal'besar la mano (Restori, que ofrezca toda la información contenida en el manuscrito.
Montaner, para ajustarlo a la tirada anterior en a-0)»
ev. 263: “señas dueñas las traen e adúzenlas adelant” (en el ms.,
adúzen
Smith, Michael, Montaner, con asonancia incompleta); “e
A « , de
presentación del texto, la letra cuidada con esmero, la orna- incluso ha podido ser puesta en duda por teólogos reformis-
a
mentación y miniaturas, etc.), podemos hallarnos ante una tas—, el criterio del texto más autorizado puede tener alguna
a
situación perfectamente engañosa, en la que el códice sólo vigencia en ediciones escolares y puramente divulgativas. De
sea bueno en apariencia, gracias a la hábil tarea de expertos todos modos, como recuerda el citado Avalle, hoy una edi-
48 49
ción es crítica en la medida que excluye como punto de par-
tida todo concepto de imposición [1972: 30].
Frente a estos procedimientos, la gran novedad que intro-
dujo el método lachmanniano fue la no aceptación de ningún
testimonio concreto, sino la reconstrucción del arquetipo de
que aquéllos habían salido. Esa delicada operación podía rea-
lizarse a través de un procedimiento de aplicación mecánica,
la recensio sine interpretatione, que, a partir del cotejo de aque- 4.
llos testimonios y la determinación de su filiación, procedía a
la constitución del texto del arquetipo mediante la corrección LA EDICIÓN CRÍTICA: RECENSIO
de errores (emendatio) y la selección de variantes (selectio).
El procedimiento, como ya vimos, ha sido muy corregi-
do y matizado por la crítica posterior. Concebido como ha-
bía sido para los textos clásicos, puede resultar excesivamen-
te rígido en su aplicación estricta a los textos modernos. En
todo caso, ofrece siempre un repertorio de conceptos e ins-
trumentos críticos, imprescindibles en cualquier tarea de edi-
ción de textos que quiera desempeñarse con un mínimo de 4.1. Relación de testimonios
rigor y de altura científica.
En lo que sigue, pasaremos a describir las sucesivas ope- La recensio comienza propiamente con la relación de los
raciones que requiere el proceso de edición de textos, plan- testimonios que nos han transmitido la obra. Entre ellos hay
teado desde esa perspectiva crítica. Tales operaciones se agru- que tener en cuenta no sólo los completos, sino también los
pan en dos principales, la recensio y la constitutio textus, pues, fragmentarios y los indirectos, es decir, los que han transmi-
como ha recordado Alberto Blecua, “parece evidente que en tido sólo alguna parte incompleta de la obra o los que la re-
el proceso de la edición crítica existen dos grandes fases O gogen de manera indirecta, a través de citas o traducciones.
partes bastante diferenciadas: la primera es una fase que tie- De igual modo, deben ser incluidos los testimonios que sa-
ne como fin determinar la filiación o las relaciones que se bemos perdidos, bien porque fueron destruidos en el pasa-
dan entre los testimonios; la segunda es una fase decisoria, do (por obra de saqueos, guerras, incendios), bien porque se
más pragmática, que tiene como fin dar un texto crítico con- hallan en paradero desconocido.
creto a los lectores” [1983: 33]. El proceso se completa con la La relación debe ser lo más exhaustiva y completa posible.
presentación última de un texto con unas determinadas carac- Por ello, aparte de registrar los testimonios conocidos y rela-
terísticas gráficas y tipográficas (dispositio textus) y la organi- cionados en ediciones críticas precedentes, es conveniente
zación de un aparato crítico que dé cuenta de aquel proce- ampliar la búsqueda atendiendo, como primera provisión, a
so, a lo que aún puede añadirse en un segundo aparato una los catálogos de manuscritos y de impresos de las distintas bi-
anotación de carácter histórico, cultural o lingilístico todo lo bliotecas o a los realizados por épocas o lugares.
amplia y exhaustiva que considere el editor. Para la literatura española, puede acudirse a obras como las
bibliografías generales (la Bibliography of Old Spanish Texts,
Madison 1984, para la Edad Media; o la Bibliografía de la Li-
50 51
teratura Hispanica, de J. Simón Díaz, para otras épocas), los ca- C Madrid, Biblioteca Nacional, Ms. 17804. DIEGO DE
VALERA, Doctrinal de príncipes. Siglos XV-XV1. Pergamino. Letra
tálogos de bibliotecas e inventarios de manuscritos (de la Na- gótica de una sola mano. 59 fols. + 1 hj. de guarda al comienzo,
cional, de El Escorial, o el reciente de la Biblioteca Real), los 275 Xx 200 mm. Prólogo en el Dotrinal de Príngipes, dirigido al muy
catálogos de incunables, las historias de la imprenta, etc. alto e muy excelente príncipe nuestro señor don Fernando... por que
De todos modos, la busca no puede hacerse interminable a muy luengos tiempos de gloria perpetua e loable memoria señis me-
y, cuando se considere razonable, habrá que dar por válido reciente. Deo gracias (fols. 1-57). Contiene sólo el texto del Doctrinal,
escrito a una sola columna, de unas 20 a 27 líneas, 130 x 93 mm de
el número de testimonios que hemos podidio encontrar. caja. Numeración arábiga moderna a lápiz en margen superior dere-
De cada uno de ellos hay que ofrecer una amplia descrip- cho. Epígrafes en rojo, capitales en oro miniadas sobre fondo de va-
ción bibliográfica. Aunque para ésta podemos acudir a la co- rios colores, calderones en rojo y azul. Franjas floreadas de diversos
dicología, que se ocupa más técnicamente de la descripción colores y oro al comienzo de los capítulos. En el fol. 1, escudo de
y catalogación de manuscritos, no es necesario, en principio, armas de los Reyes Católicos, orla de oro y diversos colores.
Comentarios y notas marginales coetáneas. Al final del texto, en
ofrecer tan minuciosos detalles (sí tenerlos en cuenta y, cuan- los fols. 58 y 59, máximas morales en latín. Perteneció a la bi-
do sea preciso, acudir a ellos en el proceso de edición). Basta blioteca de Pascual de Gayangos.»
con una descripción clara de las características externas del
testimonio (que indique, si es manuscrito, si está copiado en Para esa descripción y para todo el trabajo crítico poste-
pergamino o en papel, el tipo de letra y su época, el núme- rior, lo recomendable es la consulta directa de cada uno de
ro de folios, etc.; si es impreso, que transcriba su portada y los testimonios en su respectiva biblioteca. Como eso no
su colofón, y registre, en cualquier caso, el nombre del au- siempre es factible, podemos recurrir a los modernos medios
tor, el título, el lugar, el taller y la fecha de impresión), así de reproducción, hoy bastante perfeccionados y fiables (mi-
como de su contenido (si está toda la obra, si falta algún fo- crofilm, xerocopia, lector óptico, soporte informático). Hay
lio, si contiene otras obras, etc.). Es obligado indicar tam- que estar advertidos, no obstante, de que las reproducciones
bién el lugar y biblioteca donde se halla el manuscrito o im- facsimilares y fotográficas pueden ser engañosas y confundir
preso que estamos describiendo, al igual que la signatura incluso de tamaño y de disposición del texto al editor (de
con la que allí se localiza. otras confusiones en la lectura e interpretación del texto ya
Sirva como ejemplo la descripción de algunos manuscri- hemos hablado más arriba):
tos del Doctrinal de príncipes de Mosén Diego de Valera:
«Dos pretendidas ediciones sueltas de la Égloga de Fileno,
«A Madrid, Biblioteca Nacional, Ms. 1341 (olímE 108). DIE- Zambardo y Cardonio y del Auto del repelón, de Juan del Encina,
GO DE VALERA [Obras]. Siglo Xv. Papel. 369 fols + 6 hs. de guar- supuestamente en Salamanca, 1509, por Hans Hysser, no existie-
das (4+2), 290 X 210 mm. Prólogo en el Doctrinal de principes dirigi- ron nunca, sino que son una falsificación moderna del erudito
do al muy alto e muy excelente príngipe nuestro señor don Fernando... José Sancho Rayón —que gustaba de tales imposturas—, que las re-
por que a muy luengos tiempos de gloria perpetua e loable memoria seáis produce fotográficamente del Cancionero enciniano de 1509,
meresciente (fols. 113r-1467). Contiene también otros diversos trata- manteniendo su colofón, pero reduciendo de folio a cuarto el ta-
dos y epístolas del autor. El texto del Doctrinal está escrito a una so- maño de la impresión y dejando a una sola columna las dos del
la columna, de unas 25 líneas, 185 x 120 mm de caja, comentarios texto originario.»
y notas marginales. Epígrafes, iniciales y calderones en rojo. Algunas
correcciones interlineales o añadidos de diversa mano. El códice pro- A cada uno de los testimonios relacionados, con el fin de
cede de la biblioteca del marqués de Montealegre y perteneció antes,
mejor identificarlos de una manera sintética e ilustrativa, se
según se desprende de anotaciones al principio y al final, a don Bar-
tolomé de Basurto, biznieto del autor. le asigna una sigla. Tradicionalmente solían ser las letras ma-
52 39
yúsculas del alfabeto (en algunas ocasiones, como en la des- remite a la edición del Cancionero General de 1511. También
cripción de los cancioneros provenzales, se han utilizado las las letras pueden remitir a las iniciales del lugar de impresión,
mayúsculas para los códices en pergamino y las minúsculas la biblioteca o el poseedor. En las ediciones de textos dramá-
para los códices en papel). Hoy se suele utilizar un sistema ticos del Siglo de Oro, pueden utilizarse las mayúsculas para
tropológico en el que se combinan letras y números: el tes- los impresos y las minúsculas para los manuscritos.
timonio suele ser identificado con la inicial del lugar donde se
conserva (M Madrid), a la que se añade, si es preciso, la de la bi-
blioteca (WN Nacional) y un exponente numérico (1, 2, 3... de 4.2. Colación de variantes
si son varios los que proceden de ese mismo lugar y biblio-
teca. Muchas veces las siglas vienen ya asignadas por la prác- Para llevar a cabo el cotejo de unos testimonios con otros
tica crítica precedente: los mss. G (Gayoso), T (Toledo) y S y realizar la debida colación de variantes, es preciso elegir en-
(Salamanca) del Libro de buen amor, por ejemplo. Los can- tre ellos uno que sea utilizado como texto de base (de la co-
cioneros castellanos del siglo xv han dado lugar a lo largo lación) o texto de colación.
del tiempo a toda una maraña de siglas, a la que ha puesto Para esas funciones puede utilizarse una buena y solven-
cierto orden el sistema de Brian Dutton (Catálogo-Índice de te edición moderna de la obra =si la hay=, o una copia pro-
la Poesía Cancioneril del Siglo Xv, Madison, 1982), mayori- visional de uno de los testimonios transmitidos. Con fre-
tariamente aceptado por los investigadores: cuencia se acude al texto del mejor manuscrito o impreso
conservado, o del más completo o más antiguo, o al de la
e LB2: Londres, British Library, Add. 33382. edición más difundida. Pueden hacerse también unas calas
“Cancionero de Herberay des Essarts”. en la tradición y decidirnos por el texto del testimonio que
Hay edición moderna de Ch. V. Aubrun, Le chan- provisionalmente nos haya parecido el mejor.
sonnier espagnol d'Herberay des Essarts, Burdeos, Sobre ese texto de base —de uso puramente funcional y pro-
1951. visional-, hemos de realizar, midiendo convergencias y diver-
gencias, el cotejo de todos los demás testimonios y procedere-
+ MH1:Madrid, Real Academia de la Historia, 2-7-2 ms. 2. mos al registro de sus variantes. Atenderemos en éstas, sobre
“Cancionero de Gallardo” o “de San Román”.
todo, a las de sustancia (las que, por ejemplo, cambian una pa-
e PNI: París, Bibliotheque Nationale, Esp. 37. labra por otra), que son las que valen para establecer la filiación
“Cancionero de Baena”. de los testimonios, y dejaremos aparte las variantes de forma
Ed. facsimilar de Henry H. Lang, Nueva York, 1926. (diferencias gráficas y fonéticas para una misma palabra).
El registro de variantes, en el caso de que los testimonios
. SA7: Salamanca, Biblioteca Universitaria, ms. 2653. sean pocos, puede hacerse en los márgenes del impreso, la
“Cancionero de Palacio”. fotocopia o la transcripción del texto de base que utilizamos.
Hay edición moderna de Francisca Vendrell, Bar- Con el fin de lograr una mejor y más rápida percepción,
celona, CSIC, 1945; y de Ana M.? Álvarez Pelli- puede emplearse incluso tinta de diferentes colores, uno pa-
tero, Salamanca, Junta de Castilla y León, 1993. ra cada testimonio.
Si son muchos los testimonios, conviene utilizar fichas o
En el caso de impresos, las letras pueden ser las iniciales folios aparte. En la parte superior de éstos se copiará un breve
del título de la obra y el número el año de impresión: CG11 fragmento del texto (uno o dos versos en los poéticos, una lí-
54 55
nea en los prosísticos), con indicación del número de estrofa, Una vez colacionados todos los testimonios y comproba-
verso, capítulo, párrafo o línea correspondiente (tanto líneas das sus convergencias y divergencias, hay que proceder a la
como versos suelen numerarse de cinco en cinco). En distin- clasificación y valoración de aquéllos. A tal fin es preciso se-
tos renglones sucesivos se irán registrando las variantes de ca- leccionar entre las variantes comprobadas los verdaderos loci
da uno de los testimonios (puede dejarse en blanco el texto critici que permitan fundamentar la clasificación. No servirán
coincidente, con lo que las variantes aparecerán ordenadas en al caso, lógicamente, las lecciones originales que hayan pasa-
forma de columna), precedidas de su correspondiente sigla. do tal cual a todos y cada uno de los testimonios. Tampoco
Para mayor claridad y cuando la variante pueda prestarse a valdrán aquellas variantes indiferentes (equipolentes) que ha-
confusión, es conveniente indicar también la palabra o palabras cen perfecto sentido y que podrían ser indistintamente lec-
que la preceden o que siguen a continuación. Si se trata de in- ción del original (éstas, sin embargo, cuando ocurren siste-
dicar una omisión, se señala con la abreviatura om. (omittit, máticamente en un grupo de testimonios frente a otro u
omitido) precedida de la palabra o palabras que hayan sido omi- otros, nos servirán para confirmar la filiación de los mismos).
tidas y seguida de la sigla del testimonio en que se produce. Solamente los errores, los errores comunes y ciertos son vá-
Obsérvense dos procedimientos distintos en los siguientes lidos a la hora de establecer la filiación y clasificación de los
ejemplos tomados de los Sonetos del Marqués de Santillana: testimonios. Tal principio se basa en un sencillo razonamien-
to probabilístico: si dos testimonios poseen un error significa-
tivo en común, lo más probable es que ese error ya existiera
en el modelo del que copiaron. Ahora bien, ese error no debe
[Modelo A]
ser poligenético, es decir, no ha de ser un error en el que ha-
yan podido incurrir de manera independiente diversos copis-
nin gemma de topaza tan fulgente IX, 4 tas. Tal podría ocurrir si se tratara de errores consustanciales
al acto mismo de la copia (haplografía, salto de lo mismo a lo
SAS mismo, etc.), que podrían haberse producido de manera for-
MN8 de poza tuita y, por tanto, carecerían de ese valor filiativo. De todos
MNG d'estupaza modos, si los testimonios reiteran en común este tipo de erro-
PN12 d'estupaza tan luziente res más mecánicos, podemos considerarlo como un indicio de
PN4 d'estupaza tan resplandeziente filiación, que se verá confirmado por los errores evidentes.
PN5 d'estupaza tan resplandeziente De todos modos, esta especie de culto al error no deja de
resultar un tanto paradójica. Basada como está en el princi-
pio del valor del error, la crítica textual se ve encerrada en un
[Modelo B] eierto círculo vicioso, ya que su finalidad no es sino recons-
truir el texto originario, verdadero, y eso sólo puede reali-
zarlo tras reconstruir el estema de filiación de los testimo-
Quando yo soy delante aquella dona, / a cuyo mando nios a partir precisa y únicamente de los errores del texto. Lo
me sojudgó amor XIV, 1-2 que ocurre y viene a romper la paradoja, es que no resulta
imprescindible conocer el texto original para detectar los
1. yo om. PN4, PNS; delant PN12
2. mandado MNG; sojuzgó MN8, PN12; sozjugó PN4;
errores, puesto que éstos —si bien no fáciles de localizar— se-
sujugó PN5 rán manifiestos y evidentes.
56 57
Gianfranco Contini ha descrito de manera precisa esa si- tácticos característicos, sustitución de cultismos o, por el con-
tuación y ha introducido algunas recomendaciones: “El trario, intensificación de formas latinizantes, etc.
eterno círculo y paradoja de la crítica textual consiste en que Modificaciones y errores de ese tipo podemos advertir,
errores predicados ciertos sirven para decidir el carácter erró- por ejemplo, en la edición que Hernán Núñez realizó en
neo de variantes indiferentes en sí mismas: un juicio no sub- 1499 del Laberinto de Fortuna, de Juan de Mena:
jetivo se fundamenta así sobre una evidencia inicial, que,
fuera de casos particularmente notables, es o corre el riesgo «v. 42 E ya, pues, derrama de tus nuevas fuentes / tu perio
de ser subjetiva. Para romper ese cortocircuito es preciso no subsidio, inmortal Apolo [por en mí tu subsidio].
v. 48 suplid cobdiciando mis inconvenientes [por cobijando].
cansarse de discernir el error seguro de la variante adiáfora, y. 292 o quigá de Fenis, de Cadmo ermano [por de Cadinol.
al menos en los reagrupamientos altos del árbol estemático, v. 967 y la Tiburtina, llamada Albunea [por e la Frigianal.
puesto que en sus planos bajos poco importa que la varian- v. 1886 las quales le fazen ser merescedor / de fruto de mano
te sea claramente mala o indiferente, tan en minoría está y de nuestro gran rey [por e franco de mano).»
desprovista de autoridad. Aquella selección se impone aún
más enérgicamente si la tradición tiene dos ramas” [1953]. Son igualmente errores signifiativos y evidentes las lagu-
nas en el texto —es decir, omisiones de palabras, frases o pá-
rrafos enteros, que suponen una grave alteración de senti-
4.3. Localización de errores do—, siempre que no hayan podido ser producidas de forma
mecánica e indistinta por diferentes copistas a la vez (así pu-
Como decíamos, no es nada fácil, en principio, detectar los diera ocurrir con el homeoteleuton o salto de lo mismo a lo
errores seguros que tienen en común un grupo de testimonios. mismo). Un muy probable error significativo encontrare-
No obstante, existen algunos indicios que pueden contribuir mos en la repetición de una palabra que, además de apare-
a orientarnos. Así, por ejemplo, no es admisible que el autor cer en su lugar correcto, se anticipa o vuelve a aparecer ocu-
haya podido escribir algo contrario a la lógica y al sentido del pando el de otra que no le corresponde:
texto, por lo que palabras y expresiones sin sentido o extrañas
pueden ser portadoras de un error significativo (sólo en el ca- «pero non andove tanto / quanto andar me cumplía [por nin
quanto me convenía), en el Infierno de los enamorados del Marqués
so de hápax o palabras documentadas por primera vez en un de Santillana (la segunda es la lección definitiva de los mss. SA8
autor podríamos confundirnos, por lo que será conveniente y MN8, probablemente una variante de autor; la otra es la lección
atender siempre a la historia de la lengua). Lo mismo cabe de- común al subarquetipo ff, en el que se agrupan todos los demás
cir de palabras o formas gramaticales que transgredan las leyes testimonios de la obra).»
de la lengua que maneja el autor, o de aquellas expresiones que
estén en contradicción con lo que sabemos pensaba, creía o Una vez detectados los errores significativos y evidentes,
conocía el mismo. En ese sentido, pueden aparecer en el tex- éstos nos servirán: por una parte, para demostrar la inde-
. 8 .
to ciertos usos lingiiísticos, dialectalismos y localismos, o mo- pendencia de un testimonio respecto de otro; por otra, para
dernizaciones y actualizaciones lingúísticas, que sean ajenas al poner de manifiesto la relación entre dos o más testimonios
autor y que habría que atribuir al copista o a lectores y co- frente a otro u otros; or último, en ocasiones, para reve-
rrectores posteriores. De igual modo, pueden haberse alterado larnos que todos los testimonios descienden de un antece-
ze . . . Pp
rasgos de estilo propios del autor, pongamos por caso: elimi- dente común, distinto del original, que se conoce con el nom-
nación de dobletes e iteraciones léxicas, alteración de giros sin- bre de arquetipo.
58 59
En el primer caso, la independencia de un testimonio A 4.4. Construcción del stemma
frente a otro B queda demostrada en virtud de la existencia
de al menos un error en Á y no en B, error de tal naturaleza Localizados, pues, los errores —aquellos errores que P.
que el copista no podría haber incurrido en él de forma me- Maas llamó errores-guía—, son ellos los que nos conducirán a
cánica ni tampoco hubiese podido eliminarlo por conjetura. diseñar el estema o árbol genealógico (stemma codicum) que
Tales errores se llaman separativos. forman los distintos testimonios, es decir, a establecer de
En el segundo caso, la conexión entre dos o más testimonios, manera clara e ilustrativa el cuadro de relaciones que existen
By G, frente a un tercero 4, se prueba por la existencia de al me- entre ellos. Ese cuadro de relaciones se plasmará de manera
nos un error común a B y C, error de tal naturaleza que los co- gráfica mediante una serie de líneas rectas trazadas entre las
pistas de By Cno puedan haberlo cometido de manera inde- letras que identifican a cada uno de los testimonios.
pendiente el uno del otro. Tales errores se llaman corjuntivos. El sremma es, pues, un gráfico que representa la filiación,
En el tercer caso, son precisamente los errores conjunti- relaciones y agrupamientos entre los distintos testimonios,
vos, comunes a todos los testimonios de una tradición, los las cuales remiten directamente al original o, más corriente-
que denuncian la existencia de un ascendiente único y per- mente, a un ascendiente común (codex interpositus entre el
dido del que todos los testimonios han derivado (arquetipo). original y las copias conservadas), que puede ser el arqueti-
En muchas ocasiones, resulta verdaderamente delicado y di- po, si agrupa a todos los testimonios, o un subarquetipo, si
fícil detectar errores que postulen la existencia de un arque- sólo agrupa a un conjunto de ellos.
tipo. En consecuencia, es preciso obrar siempre con cautela, Suelen emplearse diferentes siglas para designar a unos y
lo mismo que a la hora de establecer independencias y cone- otros: para el arquetipo, se emplea la letra griega 1w o sim-
xiones entre testimonios. Cuanto mayor sea el número de plemente una x; para los subarquetipos, las letras del alfabe-
éstos, menos posibilidades habrá de detectar un error con- to griego 0% 5 Y... (o sencillamente las minúsculas latinas a,
juntivo entre ellos y, por tanto, de probar la existencia de un b, c...). Para los testimonios, como ya vimos, hay distintos
arquetipo. Como, por ejemplo, se ha demostrado, en la tra- sistemas, pero el más simple es el de asignarles una letra ma-
dición textual de la Divina Commedia de Dante, constituida yúscula latina A, B, C... (es útil cuando, como en estas pági-
por numerosísimos testimonios, no hay un solo error común nas, estamos hablando en términos teóricos, pero cuando
a todos ellos, por lo que han tenido que derivar directamen- descendemos a la práctica nos encontramos con frecuencia
te del original agrupados en diferentes ramas o familias. con siglas establecidas ya por el uso).
Tres errores comunes, como ha mostrado A. Blecua [1992], El stemma posee distintos significados y utilidades. Ante to-
se detectan en el arquetipo x (que agrupa al ms. S y al su- do sirve, como decimos, para ofrecernos de manera ilustrativa
barquetipo 4 = G + 7) del Libro de buen amor: y detallada las relaciones genealógicas que nos permiten valorar
los diferentes testimonios. Ello no quiere decir, sin embargo,
a) Una laguna de uno o más folios a la altura de la copla que nos dé cuenta exacta de cómo se ha producido la verdade-
1649, ya que es patente en ella un salto de versos. ra transmisión de una obra. Por eso, el número de testimonios
b) La omisión de la primera letra del verso (una capital que perdidos no viene representado con pretensiones de correspon-
quedaría en blanco) en la c.58a: “Todos los de Roma der a la verdadera realidad histórica, sino que es sólo un nú-
dixo el sabio griego” [por A todos los de Roma]. mero funcional y suficiente para establecer aquellas relaciones.
c) 1386c: “ansí como el galgo, vos ansí escogedes” [por Sí posee además una importantísima utilidad práctica,
gallo). que es la de guiarnos en las operaciones de la restitutio textus
60 61
y de la emendatio. En este sentido, como ha dicho Avalle, Hay que decir que cuando en la realidad ocurren estos casos
constituye el verdadero canon del editor [1972]. de dos únicos testimonios de una obra, el stemma más frecuen-
A la hora de establecer el stemma, hay que tener en cuenta te que se produce es el que hemos comentado en tercer lugar.
que, en principio, todas las relaciones entre los testimonios son
posibles. Sólo se vería condicionada esa posibilidad de relación 4.4.2, Stemma con tres o más testimonios
en el caso de que poseyéramos un conocimiento seguro de de-
terminados datos externos, como el de la cronología o la difusión Cuando contamos ya con tres testimonios, las posibilida-
de alguno de los testimonios. Tal situación se da con alguna fre- des combinatorias lógicamente se ven aumentadas. Ahora
cuencia en las obras de las literaturas en lenguas modernas, cuya bien, siempre que Á y B sean distintos, es decir, que con-
tradición textual conocemos mejor que de las literaturas clásicas. tengan algún error separativo entre sí, las posibilidades este-
En la configuración del stemma pueden darse distintos máticas quedan reducidas a estos casos:
casos y situaciones:
As
En los tres primeros casos, los errores conjuntivos entre
dos testimonios (By C, A y CG, A y B), reclaman la existen-
cia de un antecedente común o subarquetipo , de donde am-
bos habrían derivado. Si no hay ningún error conjuntivo en-
Alive tre los testimonios de la tradición y sí sólo separativos, nos
hallamos en el cuarto caso. Si, por el contrario, existiera al
Las dos primeras posibilidades quedan descartadas en el menos un error conjuntivo entre los tres testimonios, ten-
momento en que se detecte un solo error separativo de A dríamos que postular de nuevo la existencia de un arqueti-
frente a Bo de B frente a A. po, que haría más compleja cualquiera de las posibilidades
El tercer caso ocurre cuando no sólo existen errores sepa- anteriores:
rativos entre Á y B, sino que además ambos testimonios po-
seen al menos un error conjuntivo, lo cual hace postular la
necesidad de un arquetipo, de un ascendiente común don-
de ya se hubiera producido aquel error.
Si no llega a ser probada la existencia de al menos ese
1
error conjuntivo, y sí sólo la de los errores separativos entre
qe ye
Ay B, nos hallamos ante la cuarta posibilidad, en la que nos
vemos delante de dos testimonios que han derivado directa O
B €
e independientemente del original.
62 63
Evidentemente cuanto mayor sea el número de testimo- 4.5. “Eliminatio codicum descriptorum”
nios, más complejo será el stemma y mayor el número de las
posibilidades de relación entre los testimonios. De todos mo- En el proceso de filiación de testimonios, de agrupamien-
dos, siempre habrá de ser construido mediante ese juego com- tos y relaciones entre ellos, podemos descubrir también que
binatorio de errores separativos y conjuntivos, que sólo la algunos son meras copias de otros, sin que aporten al texto
pericia y el buen oficio del editor serán capaces de ir tejien- nada nuevo y distinto, aparte los propios descuidos del copis-
do, hasta llegar a esquemas más articulados y complejos: ta. En este caso hablamos de codices descripti. Tales testimo-
nios son desechados y eliminados con vistas al resultado final
de la edición, puesto que no ofrecen ningún interés debido a
O
| que se limitan a reproducir un testimonio ya conocido.
En el ejemplo siguiente, B es descriptus de A y puede ser
SS
A E NS O
|
A
Cs ADA EE
64 65
En este ejemplo, quiere decirse que el testimonio Cha si-
Las copias tardías que se hicieron en el siglo XIX de textos do copiado de /% pero que en el proceso de copia se ha re-
medievales o renacentistas suelen ser seguros descrípti, como
por ejemplo ocurre con los once tomos del Cancionero del si-
currido también intermitentemente a 0% esto es, que ha sido
contaminado por el subarquetipo de la otra rama de la tra-
glo xv de la Biblioteca Nacional de Madrid, sign. Ms. 3755- dición. En ese proceso, claro está, se han podido tanto eli-
3765, copiados por encargo real, en 1807, de los cancione- minar como añadir errores, por lo que en estas ocasiones re-
ros que entonces se encontraban en la Biblioteca de Palacio. sultará muy delicada y difícil la tarea del editor en la
De todo modos, a veces puede haber alguna reveladora sor- distribución de errores y variantes, en definitiva, en las ope-
presa, como en el caso del Códice de autos viejos, copiado com- raciones de emendatio y selectio.
pleto cuando todavía no había sido restaurado, muy descui- Este fenómeno de la contaminación se produjo con fre-
dadamente, el original antiguo, por lo que la copia moderna cuencia en los grandes scriptoria medievales, donde normal-
nos ofrece en la actualidad un texto más completo y preciso mente se disponía de varios ejemplares distintos de una
que el original [Pérez Priego, 19831. obra, de los que se servirían los copistas para comprobar o
mejorar el texto de la copia que en un determinado mo-
mento estaban realizando. Incluso muchos de esos ejempla-
4.6. Contaminación
res presentarían variantes interlineares y marginales (serían
rela- una especie de compilación de variantes, una editio vario-
También puede ocurrir, a la hora de establecer las
en rum). En las literaturas vulgares ocurre también con fre-
ciones entre testimonios, que nos encontremos con casos
los que el copista ha enmendado el texto de su ejemplar con
cuencia, sobre todo en obras de tradición muy poblada, co-
otro u otros ejemplares que pertenecían a otra rama de la
mo las crónicas o los cancioneros poéticos. Asimismo no es
raro que se produzca en las ediciones de los primeros tiem-
tradición. Nos hallamos entonces ante el fenómeno que en pos de la imprenta, especialmente en las muy difundidas.
caso, la
crítica textual se denomina contaminación. En este
ya de maner a vertic al, de un Contra la contaminación, advertía P. Maas [1984: 62], no
transmisión no se ha producido
se ha descubierto ningún remedio. Y para muchos es causa de
único ejemplar a su copia, sino de manera horizontal, reco- la preponderancia de los esquemas bipartitos que Bédier echa-
giendo lecciones de ejemplares de distintas ramas. En el grá-
ba en cara al método de Lachmann. Lo cierto es que la con-
fico del estema se representa mediante líneas discontinuas taminación llega a falsear con facilidad la filiación de los tes-
que unen los testimonios contaminados con sus fuentes Oca-
ir
Xx
ES
AB. E
67
cierto número de errores propio sa CloIA Ca B), el stemma ,
a puesto ape lo
adquirirá una engañosa apariencia bipartita,
r a
errores conjuntivo de By Cserán achacados por el edito
un subarquetipo 0%:
po
$
AOS
A Bel LA EDICIÓN CRÍTICA:
CONSTITUTIO TEXTUS
n de varian-
En general, el método mecánico de sel ecció
una tradi ción fuertemente
tes no es aplicable en el caso de
contaminada. En tal caso, hay que Had como hamás válido
Ll
El p
a los criterios del usus scribendi y la lectio difficilior. dee
blema, con interesantes sugerencias 1 Como la ep Conocida la filiación de los testimonios en virtud del stem-
30 IIA
o p
un análisis estadístico de las variantes, fue estudiad ma codicum establecido, hay que proceder a la constitución del
Segre [1961]. texto (constitutio textus), mediante la enmienda de los errores y
sobre todo, la elección entre las distintas lecciones y variantes.
FACILITA A
Digamos que se trata de una única operación de dos fases, cu-
yas fronteras pueden llegar a difuminarse. Para distinguirlas se
han utilizado los términos de emendatio y selectio. La elección
a
de variantes, la selectío, supone un reconocimiento de la preva-
lencia de unas variantes sobre otras y, en realidad, se sugiere con
ello una enmienda de las que resultan menos válidas, enmien-
da fundamentada en otras lecciones atestiguadas en otros códi-
ces, por lo que entonces se habla con propiedad de emendario ope
codicum. Por su parte, la enmienda de errores, la emendatio
propiamente dicha, como advierte A. Blecua, sólo puede ser
emendatio ope ingenti, esto es, una emendatio conjetural sin ba-
se testimonial, sin que necesariamente la lección propuesta esté
atestiguada por testimonio alguno (divinatio) [1983: 123-124].
APARTA
5.1. Selectio
e
da de e seda p presos del xv1 (el cancionero Espejo de los enamorados y un pliego
consigue mediante la aplicación de la llama
O
etipo o su arquetip q suelto de Praga, que llamaremos respectivamente E y P), que lo
ría entre los descendientes de cada arqu mente: asignan a Santillana. Ey P son testimonios muy próximos entre
rior
E
En el stemma propuesto como ejemplo ante sí, con numerosas lecciones coincidentes, aunque no tienen nin-
gún error en común, pero sí alguno separativo en E (y. 41: se lo
O conoscí). SA7 y MNIS poseen en común algún error conjuntivo
(v. 3: vi tres donzellas fermosas) y numerosas variantes adiáforas
(frente a Ey P), que reclamarían un subarquetipo:
AS rd
JS 0%
de y, A
€ DE E SA7 " MNI5
E: PSP
; Y y no cuatro, pe
los descendientes de $ son tres (ED E), Con ese stemma, en la elección de variantes del arquetipo, se
ciación (ED; E,
podría parecer en una primera apre ro impondrán las adiáforas de E+P que son mayoría frente a las de
e ei el núme
Quiere decirse que el cómputo se establec a SA7 + MNIS (=0) (puede advertirse cómo también éstas últimas,
j cion
fica 4 ro
Í es, no sobre el núme de tes timonios encerradas entre corchetes en la relación que sigue, resultan me-
de las rami alg
se ser siempre
conservados de cada rama, que no deja nos ajustadas al estilo y al contexto):
v. 12 destas tres gentiles damas [daquestas tres lindas d.].
fortuito y azaroso. de C+D+E+F v. 14 metíme so la verdura [asentado en la verdura).
“Teniendo eso en cuenta, resultará que el acuerdo v. 20 sola ¿cómo dormirá? [¿cómo dormirá solá?].
pues que opone
to
frente a A+B comporta paridad, no mayoría,
71
70
nte no Ante esa situación, no es posible una pura elección mecánica
v.21 Por no les fazer turbanga [No quise más adela de las variantes del arquetipo x, puesto que O y /$valen lo mismo:
quise ir más adela nte ir por non fazer t.).
l bastante].
25 la otra con buen semblante [la otra genti v. 1 El sol clarescía | aclarava.
Señoras, de grado, pues las
Ñe 26 dixo: Señoras d'estado [dixo: v. 40 Vias Autórido nin Ypoteo | Atis pleuxipo Emathion phineo.
dos avéis cantado pues me avedes cantado]. v.59 lealtad non se falla ser tanto costante / se vio lealtad ser
y. 33 yo sali desconsolado [fui a ellas sosegado) .» tanto costante.
v. 64 nin lumbres (lauores, las 1.) del sol / nin lumbre del s.
nos ha ayu-
Como hemos podido comprobar, el stemma v.80 rayos nin fuegos nin flamas fogueras 1 los rayos triformes
renc ia de variantes
dado en este caso a que, frente a la ocur justa y
y ardientes hogueras.
ón más
adiáforas, hayamos podido identificar la lecci
100 nin del que sacó del abismo iusano / del orco iusano.
descubiertas co- 101 Eurídice fembra con su dulge canto / la hembra Erudice.
descartemos las restantes. Éstas quedan así
Sl
ados en una 115 como en las partes del tetro chaos / qual fue Anfiarao
mo errores auténticos, que estaban enmascar e nel tetro caos.
ables . Ad
apariencia de lecciones correctas y acept pie
v. 116 fue Anfíarao en poco momento / bivo submerso en breve m.
más pro
Volviendo al stemma teórico de más arriba, v. 117 segund la respuesta de Apollo su dios / aunque creamos
o que 0% *
ca resulta la elección de variantes entre 0! y /$ puest por ed
a Apollo su dios.
able, v. 119 fondón del terrestre elemento / nel fondo del t. e.
lo mismo que ff (uno contra uno) y no es aplic
situa ción —súm amente E
guiente, la ley de la mayoría. Es una La elección última, como han hecho los editores modernos, se
el arque tipo se
cuente— en la que, como podemos aprecias, termina decidiendo por conjetura y por conocimiento de la tra-
A
en el momento
furca en dos ramas bipartitas, debido a lo cual, cn
dición y su cronología.»
iones
decisivo de la elección, no son posibles decis Para estos casos en que no se puede establecer la lección del
al juici o subje tivo, a la conjetura).
(por lo que habrá que acudir arquetipo de manera mecánica, aplicando la ley de la mayoría,
se nos ha e G. Pasquali utilizó la denominación de recensión abierta, fren-
«El poema titulado Claroescuro, de Juan de Mena, se agr te a la denominación de recensión cerrada que utilizó para los
ramifi cacion es princi pales, en las que
mitido a través de dos casos en que sí es posible la elección mecánica [1974: 126].
HH1 más varios im
pan, por una parte, los cancioneros LB2, ME1,
presos del XVI, y, por otra, 1 1CG; el stemm a simpl ificado sería: Por lo demás, la elevada frecuencia de los stemmas biparti-
tos, como perspicazmente advirtió J. Bédier, ponía serias li-
mitaciones al método lachmanniano. De igual modo, como
veíamos, la contaminación introducía también serios obstácu-
los en la viabilidad del método. No obstante, Bédier apuraba
demasiado el argumento al proponer con rotundidad que se
renunciase a la recensio y que se siguiera el “bon manuscrit”.
Como hoy generalmente se admite, el método de la recensio
sigue siendo un instrumento riguroso y de absoluta validez.
La formulación de una hipótesis genealógica con el stemma
A HH1 A 11CG
e nos proporciona una orientación general y, cuanto menos,
e nos sirve para desechar lecciones particulares (eliminatio lec-
tionum singularium), lo que es muy importante cuando nos
01582 hallamos ante tradiciones de elevado número de testimonios.
TZ 73
situación que se le presenta con frecuencia al editor y en la
5.1.2. Elecciones no mecánicas que, por lo general, no es muy comprometido adoptar una
solución. Así lo planteaba ya Jean Le Clerc en su Ars crítica:
Cuando no es posible la elección automática entre va- “Si una ex ¡is [lectionibus] obscurior sit, ceteras clariores,
riantes de similar peso y valor en el stemma, el editor, ape- tum vero credibile est obscuriorem esse veram, alias glose-
lando a su propio ¿udicium, tiene que recurrir a otros crite- mata” [2pud Roncaglia, 1975: 135-136].
rios sustitutorios. Los dos más importantes son el del usus Un caso algo especial es el que presenta el fenómeno que
scribendi y el de la lectio difficilior. Contini ha definido con el término difracción [1986: 101-102].
El primero de esos criterios consiste en adoptar la lección Nos encontramos entonces con que se ha producido una
que mejor se ajusta y corresponde a la lengua y el estilo del au- enorme dispersión de variantes, una proliferación de trivia-
tor, de la época en que escribe, del género literario en que se lizaciones y de lecciones descontroladas e inconexas, que
enmarca la obra, a la forma métrica en que está compuesta (res tampoco permiten la elección de una sobre las otras por su
metrica), erc., o que mejor se acomoda al contexto. En virtud dificultad y rareza.
del segundo criterio, se elige la variante que encierra una ma- En tal caso, el editor se ve obligado a elaborar una lec-
yor dificultad léxica y gramatical, la más rara y extraña, por así tio difficilior conjetural que suponga una explicación razo-
decir, y se rechaza la que resulta más fácil y trivial. nable a aquella dispersión de variantes.
«Volviendo al ejemplo del poema de Mena antes citado, diga-
mos que se imponen en la elección las variantes de la primera co- «En el citado Claroescuro de Mena, el v. 27 en su segundo he-
lumna (las del arquetipo 0) por aplicación de estos criterios con- mistiquio ofrece una lección distinta en cada testimonio: ¿Ga
jeturales: porque responde mejor al estadio de lengua que refleja bien tengo yo que nascí por penar / reinante Saturno...”
el texto, en el v. 1, se impone claresgía; porque guardan mayor co- en el cancro mismo LB2, ME1
rrespondencia con el estilo latinizante y la poética del arte mayor en el contra mismo AA1
que ejecuta Mena, son preferibles las lecciones lealtad non se falla en el campo homizino 11CG
y Eurídice fembra, de los vv. 59 y 101, que presentan un ligero hi- en el caneo muy fino L1517, 01552
pérbaton (frente a las desechadas se vio lealtad, la hembra Erudice); en el Cancreo fino O1582
porque no se ajusta a la lógica del contexto, es decir, de la copla, Carla de Nigris, editora del poema, propone, enmendando
que está construida sobre una relación de nombres propios toma- mismo, la lección conjetural: reinante Saturno en el Cancro, mi si-
dos todos del mismo pasaje ovidiano de la cacería del jabalí de mo, lección que vendría confirmada indirectamente por la de
Calidón, hay que rechazar la variante de del v. 40 (sólo Pleuxipo L1517 y 01552: por un error de lectura (paleográfico), de cancro
es de aquel lugar ovidiano, pero no los otros tres nombres); tam- mi sino puede haberse derivado caneo muy fino; HH ha leído con-
bién por el sentido del contexto es preferible la lección de Q% para tra en vez de cancro y además, cometiendo el mismo error que el
los vv. 116-19; en el v. 100, orco iusano, que podría encerrar una antígrafo de LB2y METI, ha cambiado mi sino en mismo; 11 CGy
lectio difficilior, nos podría plantear dudas, pero en realidad orco 01582 han intentado corregir, aunque con resultados poco feli-
es extraño a Mena, que en otras ocasiones prefiere sintagmas co- ces, un verso que parecía sin sentido» [1988: 140].
mo emispero jusano, orbes jusanos, que apoyarían más el abismo ju- En el Auto l, cena 2*, de La Celestina: “¡O piedad seleucial,
sano de ahora.» inspira en el plebérico coragón por que sin esperanga de salud no
embie el espíritu perdido...”, el adjetivo seleucial presenta múlti-
El criterio de la lectio difficilior tiene su fundamento en el ples variantes en los distintos testimonios, que M. Marciales ex-
convencimiento general de que el copista tiende normal- plica del siguiente modo: “El adjetivo sileucial Iseleucial fue tra-
ducido como de silencio'=de Sileucio” y una forma con errata,
mente a trivializar el texto que transcribe. Por eso, en situa- “celeucial —indudablemente de El [Salamanca, 1502?, perdida]—
ciones de paridad en que no queda otro argumento, parece fue mal corregida como “celestial en £ [Toledo, 1504, la primera
lógico decidirse por la lección menos común y banal. Es una
75
74
de 21 actos, perdida]. El, el segundo manuscrito
y B [Salamanca, Del mismo modo, han de corregirse los errores que nos
“ileuci al”. Los amanu enses de Á revelen una atenta examinatio del texto que se nos viene im-
1500, perdida] debían traer
C [Toledo , 1500] y D [Sevilla , 1501] traducen
[Burgos, 1499], poniendo a través de las distintas operaciones realizadas, en-
ia, 1508, perdida]
de silencio. E, F [Zaragoza, 1507], J1 [Valenc mendándose aquellos lugares para los que, a través de la re-
y de ahí
y Gl [Sevilla, 1508] traen la seudocorrección “celestial” censio, no se haya podido dar una solución aceptable.
Sal-15 70 tuvo que tener a la vista a B y se li-
adelante todas; pero
mitó a derivar del más correcto “Seleuco' el adjetivo “seleuca
l' y no Habrá así una serie de enmiendas conjeturales (ahora ex-
o “seleuci al' es clarísi mo clusivamente ope ingenti) por parte del editor, que no podrá
del medieval Sileucio/Seleucio”. El adjetiv
paralelo del no menos raro “plebérico'» [Marciales, 1985: 20]. más que recurrir a su propio iudicium. De nuevo los criterios
del usus scribendi (especialmente la coherencia y sentido del
Contexto) y, en menor medida, la lectio diffícilior, serán los
5.2. Emendatio
que puedan guiarle en sus conjeturas. De todos modos, no
En la operación que llamamos emendatio se corrigen, co-
parece conveniente recurrir con demasiada frecuencia a la
de - conjetura. Ha habido y hay editores muy dados a la enmien-
mo decimos, los errores que ha revelado la confrontación - da y a la conjetura, y otros más cautos y conservadores. Pero,
l-
testimonios y que han dado lugar al stemma. Fundamenta como bien observa Avalle, “una buena conjetura es como una
s del arque tipo, los erro-
mente se trata de corregir los errore buena etimología: no se busca, se encuentra” [1972: 113].
s en un
res conjuntivos que agrupan a todos los testimonio
, Otras enmiendas, por último, serán más bien de puro ca-
ascendiente común. En el ejemplo propuesto más arriba rácter paleográfico [Chiari, 1951], por medio de las cuales el
O editor tendrá que corregir los errores de escritura (grafías
ntivo
el arquetipo x contendrá por lo menos un error conju
ser
—error que no puede derivar del original-, que habrá de
corregido en la edición crítica.
«En el Bías contra Fortuna, del Marqués de Santillana, por ejem-
stemmala pre-
plo, uno de los errores conjuntivos, que reclaman en el
sencia de un arquetipo, se detecta en el v. 467, que todos los testimo-
nios transcriben qué de llano, donde debería decir qué de Yllano; sea
trataclaramente de un error, puesto que el verso hace ahí alusión
enumerativa
Juliano, el célebre emperador romano, dentro de la serie
del contexto. Así lo han corregido efectivamente los editores moder-
no
nos de la obra: “De Victelio, ¿qué diremos? / ¿De Otho e Domigia
| e de Galba? ¿qué de Yllano, | si verdad prosegu iremos? ”».
76 77
6.
DISPOSITIO TEXTUS
79
Ea 5 tala a los usos lingiiísticos del autor, puesto que el stemma sólo
de refleja r en la grafía el pe gascó n transp irenal
la hora h nos permite reconstruir los hechos sustanciales pero no los
co o la presencia1 de latinis
inismo ec ásticos.
mos s eclesi
deli formales.
ña dió de un original autógrafo suscita también De cualquier modo, se trate de manuscritos o de impre-
ñ repro-
cados problemas, siempre que el editor no se limite sos, eligiendo uno de los testimonios realmente existentes
el ajusta r en la trans-
ducirlo paleográficamente. Solamente la para fijar la forma gráfica y gramatical del texto que edita-
ticos, así un
cripción los signos de puntuación y diacrí mos, evitaremos crear un texto demasiado artificial y aleja-
moder
división de palabras y empleo de mayúsculas, al uso
ea
4
ris q
re el editor pero
lismos) o sencillamente formas que igno a erusalem; mio amigo (tenía pronunciación aguda), pero
n de absoluta propleiedad lingúística. q A mía es fortaleza. Se coloca tilde en las personas tú, él y ellos
5 En la separación de palabras, los usos de la Sa del imperfecto y condicional de la segunda y tercera conju-
: ra a,desobre etodoe, -
fieren aprecij ablemente de los de gación (frente a las personas nosotros, vosotros que tienen for-
] ensamente la e ¡sión
lea más int mas llanas): teniés, tenié, tenién. Es recomendable su uso para
ente se atieneny en este
aladaditores modernos gener, alm uso ca:
evitar anfibologías (aunque ni siquiera en la lengua moder-
| resprespetan a algún dc
que
untoaa las normas mo d ernas, aun ha ocurre siempre): óy imperativo de oíry oy adverbio, só del
mila
a e ocasionado por los mencionados ca e Le verbo seery so adjetivo posesivo y preposición.
las aglutinaciones de pre posiciones an artículos y También para la puntuación lo corriente es adoptar el sis-
dencia aa con Yd
En la lengua antij gua, tienen ten a tema moderno, aunque tanto la escritura manuscrita de la
aa
su brevedad y carácter átono, las Ju . Edad Media como luego la imprenta difundieron algunos
[Morreale,
ronombres y partículas semejantes to sigu
usos particulares, que no parece llegaran a alcanzar general
a “¿£1 que más se contrae con el elemen aceptación.
b s ya rtículos (dellos,odesto,
a
de, esp
p ecialmente con pronombre ón Algunas normas relativas a la puntuación y a las pausas,
antivos y verbo
led dotro), más raro es con sust a de que circularon durante la Edad Media y que llegaron hasta
bién llegan A
E
u a
d
e, etc., aunque a veces
se Hab cabo, sobr Nigris [1984]. San Isidoro, en sus Etimologías, I, XX, indica
l. El editor pe a o
trata de apócope de la vocal fina apó
que existen tres tipos de pausas con relación al sensus y a la
j almente utiliza el sententia: la primera es la subdistinctio (o comma), que se rea-
s), ex-
da » d'una, sobrello
deara marcar la elis vO vo: e
a ión a liza cuando el sentido del discurso no se ha completado y to-
delos). a o.
efi en caos muy repetidos en ca davía se necesita respirar; la segunda es la media distinctio
Suelen tambié1én unirj se € n las ediciones moder
las ed (o colon), que se adopta cuando la sentencia tiene ya un sen-
rse Ss lo antig ca a
nombres enclíticos, que tendían a sepa se E e idea tido, pero es susceptible de mayor desarrollo; la tercera es la
ibir
zerle fazervos). Separado solían escr distinctio (o periodus), que corresponde al final de la senten-
al igu di alg “e
( .. domo, quatro mil, ocho e ce - cia. Cada una de esas pausas va marcada con un signo gráfico
to, toda vía, Í empre”), oG
(“si
dverbiosj , como entre tanto, ga
distinto: la subdistinctio con un punto abajo, la media dis-
por que, usos éstos que pa
di Eto aun que, fun- tinctio con un punto colocado a mitad de la letra y la distinctio
dl en la edic ión modderna p
ició ara evitar confusiones
respetar di con un punto arriba.
:
¡onales y de sentido. a peo sd La distinción tripartita de las pausas será comúnmente
habitual es
; especia de la acentuación, lo de aceptada y repetida por los gramáticos y preceptistas medie-
emos que € itar,
mas modernas a los textos que ten
85
84
] se ca
rirán lugar en que vive. Ante ese tipo de situaciones el editor mo-
vales. Los signos gráf icos para indi ts.p- en eSnto y ;
;
j
.
ión % n . , com o : la dec utili ;
zar pa
el pu derno tendrá que calibrar con buen juicio la opción que de-
alguna modificac a
o, según se tr be tomar en cada caso.
con ésta haciaj arrij ba o hahacia abaj p a
Enrique de ro El manuscrito S del Libro de buen amor del Arcipreste de
tinctio o de media distinctio. Don de la Eneza a,
one en el proemio a su traducci
ón Hita, por ejemplo, presenta rasgos leoneses que introduciría
bargo no consta tuviera seguramente un copista salmantino. Con buen criterio, A.
un deta
el i llado sistema, que sin em
Blecua conserva en su edición las formas y grafías del manus-
gran resonancia:
crito S, pero elimina los que han venido considerándose leo-
que e a nesismos. Del Libro de Alexandre hay un códice con abundan-
«Y por quanto los romangistas leedores, ee e
sabrí an pausa
pausas non son ynformados (...), non tes leonesismos y otro con dialectalismos riojanos y aragoneses,
agent uar como convi ene, puse: a do se ns oa O códices que atribuyen la obra respectivamente a Juan Lorenzo
sa
; ho dond e ha comp
pensivo tal: [falta el signo] de Astorga y a Gonzalo de Berceo. El decidir aquí la autoría de
final, punc to final, tal: .; y adonde se faze alguna
tendimiento nde conviene la pro- la obra será determinante para el editor, que tendrá que incli-
i rrogacióión, atal: 500;?; y ado
pregunta ho inte oa
nunsiación er, departyr, ho letra por sí proferir, harse por unas u otras variantes lingiísticas, aunque hay que
¡ent deten punto detentivo de raya, tal: /; y don ye
muev o esco decir que la opinión más generalizada es la que considera que
de añade r, syn de
razón a, nondo haallí mene
sien perio do, más
ster puncto periodal, tal: :; y ci los nombres reseñados no son sino los de los copistas de los
precesional, desta guisa: ./.» respectivos códices (en el segundo caso con el añadido popu-
liaód ho paresge menguada, puncto lar y prestigiado de Berceo”). Los aragonesismos en muchas
obras del siglo XV, como ha estudiado Pascual [1988], nos
plantean dudas sobre si se trata de la apertura hacia el catala-
6.4. La forma lingúística nismo y aragonesismo que muestran escritores como Enrique
de Villena, Santillana, Mena, Pérez de Guzmán, Alfonso de la
nts pa emas cn
La forma lingúística del texto tambié¡é n pla Torre, etc., o son rasgos de autoafirmación lingiiística ante la
gua
s másA ' anti Si i n
al editor, sobre todo e n las obra 3
estas
progresiva desaparición del aragonés en el siglo Xv.
j enc ion ada men
men te formas De todos modos, sean las que fueren las modificaciones
autor reproduce int ae
o jergas lingiiísticas, es ae introducidas, el editor debe actuar con cautela y, por su-
blas aa El habla a E
la obra .
ue mantenerlas en la edición de puesto, explicar siempre, en una advertencia al frente de su
(el llamado “sayagués”) O el habla de E que e SS 7
trabajo, los criterios adoptados. Conviene evitar las inter-
Juan del En cina
ppal: BRE y
a LoSiEs
tantas piezas dramá Gtiticas desde a s penial
venciones innecesarias, con el fin de no crear mayor confu-
camente se tran scri be, conforme Ae sión, pero, asumiendo aquel papel de hermeneutas al que al
Vega, lógiicam
ralets caes
io nes de las obras teatpale
nali1 smos, en las edic¡cio A ,S
ling
comienzo nos referíamos, sí hay la obligación de intervenir
ció n cambia cua ndo ese colo
ituaació
La situ
rido y de tratar de acercar el texto al lector.
evales, pue e E haber E
e d sido
mo ocurre en muchas has obras medi sos e
a pe
introducido por el copista. Como r del te qe
formales 6.5. Signos especiales y presentación gráfica del texto
oco escrupuloso con los aspectos
X —
86 87
A a E
90 91
Ejemplo de aparato negativo es el É
inviable ese sistema, de no ser un número de notas muy se- Kerkhof en su edición: : TN
lecto y reducido.
«41. ya pues] BM!:
y pues ya, a COL: : ya pues que, PN7:e ya pues;
A pues ÍPnO HA1: pues derrama ya, MMI: por ende da
7.2. Aparato positivo y aparato negativo errama
aid + desrama; nuevas] ML2: nueras, (MMTI: : bienes;
bienes; fuen E
El aparato crítico puede ser positivo o negativo. Es un apa- 42, en mí tu] BM!1: :pirio,
pirio, GB1, > HH1, , MH1, a ML2, ) Ni NAS: pierio,
¡eri
rato positivo cuando en él se recogen no sólo las variantes re- COL, MNO?, PNS5: purio, MMI: puerrio, SAS: presto, SV2: eo
43. aspira] BC3, LB2: spira, BM1, MM1, MNGb, NHS5, PNS;
chazadas, sino también la lección en ese caso acogida en el tex-
espira, HA1: ynspira; por que] COl, HH1, MH1, ML2, MMI1
to. Se transcribe primero ésta, repitiéndola y enmarcándola SAS: con que, GB1, MNG6b, PNS, SV2: por do.
con el cierre de un paréntesis cuadrado ()), y se dan las siglas 44. potentes] GB1, MNGb, PNS: prudentes.»
de los manuscritos que la presentan; a continuación, se van
ofreciendo las variantes no acogidas y las siglas de sus respec- Mucho más condensado y selectivo es, por ejemplo, el
tivos testimonios. Es un aparato negativo el que no repite la aparato negativo que presenta Jorge García López en su edi-
lección acogida y se limita a relacionar únicamente las varian- ción de la Visión deleytable, de Alfonso de la Torre:
tes rechazadas con las siglas de los testimonios que las contie- «12. e] y LE,
nen (o simplemente la indicación de los subarquetipos). 13. de] del Af.
Ejemplo de aparato positivo podría ser el siguiente de los 20. esparzirlas] perseguirlas f // e] y L.
ww. 41-44 del Laberinto de Fortuna, de Juan de Mena (lo re- 21. un fecho fuesse £L // un om. L. E
hago sobre el aparato de variantes que ofrece Maxim Kerkhof E ee 3 L // conteniese] que contuvyese L // aquella Z.
en su reciente edición, Madrid, Castalia, 1995): 24. podian : se podia ff.
«Ya, pues, derrama de tus nuevas fuentes 29. el y L 1! por om. L.»
en mí tu subsidio, inmortal Apolo;
aspira en mi boca por que pueda sólo
Como puede observarse, el aparato positivo es lógica-
virtudes e vigios narrar de potentes.» mente más completo y, si cabe, más claro, sobre todo cuan-
do son abundantes los testimonios y llega a resultar enojoso
«41. ya pues derrama] BC3 GB1 LB2 MH1 ML2 MNC6b NHS reconocer por exclusión aquéllos en que aparece la lección
PNS5 SAS SV2; y pues ya d. BMI; ya pues que d. COL; e ya pues
BC3 acogida. El aparato negativo, sin embargo, es mucho más
desrrama PN7; por ende d. MMI; pues d. ya HH1 ll nuevas]
BM1 CO1 GB1 HH1 LB2 MH1 MN6b NHS PNS5 PN7 SAS SV2; sencillo y económico (ahorra espacio y deja más suelto el tex-
nueras ML2; bienes MMI 11 fuentes] BC3 BM1 CO1 GB1 HHI to de la obra), por lo cual es también el que suelen elegir la
1B2 MH1 MM1 MN6b NH5 PN5 PN7 SAS; fuertes ML2, SV2. mayoría de los editores. Sobre las ventajas e inconvenientes
42. en mí tu] BC3 PN); pirio BMI; pierio GB1 HH1 MH1 de uno u otro tipo de aparato, ha discutido Frakel [ 19691.
ML2 NH5; purio CO1 MNG6b PNS ; puerrio MMI; presto SAS; De todos modos, lo que debe perseguirse es la mayor cla-
puro SV2.
43. aspira] CO1 GB1 MHI1 ML2 PN7 SAS SV2; spira BC3,
ridad y funcionalidad posible, por eso no son tampoco in-
LB2; espira BM1, MM1, MNGb, NES, PNS; ynspira HH1 ll por frecuentes las soluciones mixtas, cuando el caso lo requiere
que] BC3 BM1 LB2 NH5 PN7; con que CO1, HH1, MAI, Si en el conjunto de los testimonios sólo uno o dos ptesdns
ML2, MM1, SAS; por do GB1, MNGb, PN5, SV2. tan la lección justa y todos los demás la equivocada, en el
44. potentes] BC3 BM1 CO1 HH1 LB2 MH1 ML2 MMI aparato podrá colocarse la lección justa seguida de las siglas
NHS5 PN7 SAS SV2; prudentes GB1, MNGb, PN5».
92 93
ores y, si se quieren poner de relieve las mejoras
de aquél o aquéllos testimonios, y a continuación la equivo- al propio texto, puede hacerse en la introducción
cada seguida de la indicación los demás, así los demás o sim-
irtículo aparte.
plemente la abreviatura cetz. (= ceteri, todos los demás). en recogerse, en cambio, las particularidades paleo-
e las lecciones y variantes: si están introducidas por
distinta, si están tachadas, si es dudosa su lectura (por
7.3. Disposición del aparato
ECánico o por el propio ductus), etc. Para indicar es-
pa ticularidades se suelen emplear distintas abreviaturas
Según ha podido apreciarse también en los anteriores
expresiones latinas: add. (addidit [secunda, tertia...manus]),
ejemplos, la relación de variantes se dispone conforme a la
del. (deleri:...), lectio dubia, parum legitur una littera, etc.
secuencia del texto, ordenadas aquéllas en series o grupos t En el caso de las variantes de autor y de las tradiciones estra-
numerados según los versos o las líneas (ya se trate de verso tificadas, sería conveniente distinguirlas con toda claridad, para
o de prosa) y seguidas de la sigla de los testimonios que las
lo cual puede dividirse el aparato en distintas franjas. Estaríamos
presentan. Cuando no resulte claro en el contexto a qué lec-
entonces ante un aparato diacrónico, como propuso llamarlo
ción del verso o de la línea se refiere la variante reproducida Caretti [1955], para distinguirlo del sincrónico, que carece de esa
en el aparato, podemos transcribirla acompañada de la pala-
peculiaridad. Todavía, como recoge Stussi [1988] de la pro-
bra del texto que va delante o detrás de ella (que incluso puesta de Dante Isella, el aparato de variantes de autor podría
puede abreviarse con su primera letra seguida de un punto: dividirse en un aparato genético y otro evolutivo. El primero da-
d. = derrama, en el ejemplo anterior). Lo que interesa, en de-
ría cuenta de las variantes anteriores al texto fijado y el segundo
finitiva, es que el aparato resulte lo más claro y útil posible. a las posibles variantes introducidas posteriormente.
Dentro de cada serie de variantes, después del número que
remite al verso o a la línea, es aconsejable poner una coma o
un punto y coma entre las variantes que se refieren a una mis-
7.4. Anotación del texto
ma lección del texto. Para separar entre sí las distintas varian-
tes de una misma serie numérica, puede utilizarse bien un En sentido estricto, una anotación ceñida a los puros intere-
punto y coma, bien dos barras paralelas. El final de la serie ses de la edición debería limitarse a recoger unos pocos datos,
puede cerrarse o no con un punto. Pueden adoptarse, en defi- aunque no por ello fáciles ni sencillos. Debería, por ejemplo, dar
nitiva, diferentes sistemas, siempre que el que se adopte sea co- cuenta de las fuentes que en ese determinado lugar cita el autor
herente y se mantenga a lo largo de todo el trabajo de edición. o lo que complica más las cosas— maneja sin citar. De igual mo-
Es aconsejable que el aparato crítico sea conciso y vaya
do, debería recoger lugares paralelos que guarden relación con el
directamente a dar cuenta de las variantes con las siglas de
texto, ya sean del propio autor ya de otros autores. Todo ello,
los testimonios. No debe contener apenas comentarios e in-
casos de muy especial interés, porque puede ser útil, con vistas a la fijación del texto crítico.
formaciones accesorias. En
Pero desde una perspectiva más amplia, desde las exigen-
podrán registrarse las conjeturas de editores precedentes o
cias hermenéuticas del texto, creemos que se hace también
las dudas sobre la lección adoptada, aunque se recomienda necesaria una más rica y copiosa anotación. La hermenéuti-
que toda esta información complementaria se coloque fuera
ca tiene como punto de partida la existencia de dificultades
del aparato crítico, tal vez en el aparato de notas. En todo textuales y lingiiísticas en la obra. Por ello, aparte la propia
caso, como recomienda Avalle [1974: 124], se evitarán siem-
fijación del texto, entran en el amplio campo de sus preocu-
pre las denuncias de errores o de conjeturas equivocadas de
94 95
A fines del siglo XV encontramos los primeros repertorios
paciones: el análisis léxico, el estudio de la lengua en su evo-
léxicos de la lengua española, aunque lo que vienen a ofrecer
lución histórica, el estudio de las pautas retóricas, el de los
todos es un registro de equivalencias con el latín (como el
contenidos culturales del texto, etc.
Universal vocabulario en latín y en romance de Alonso de
Partiendo, pues, de esa primera y primordial preocupa-
Palencia, o el Dictionarium ex hispaniensi in latinum sermonem
ción hermenéutica, son muy varios los problemas que ha de
y el Vocabulario de romance en latín de Antonio de Nebrija).
afrontar el editor y anotador del texto. Tales problemas irán
En los siglos XVI y XVII predominan los vocabularios bilingiies
desde el análisis de las particularidades lingiiísticas del tex-
o trilingiies, en los que, confrontado con otras lenguas, queda
to al de los contenidos y referencias culturales e históricas
parcialmente inventariado el léxico castellano. Sólo referido a
que encierra, pasando también por la explicación de las for-
la lengua española, se publica en 1611 el Zésoro de la lengua
mas y elementos puramente literarios que introduce y su re-
castellana o española, de Sebastián de Covarrubias Horozco, el
lación con la serie literaria y hasta con las pautas retóricas
más importante y rico inventario léxico de la época clásica. De
vigentes. Aquí vamos a referirnos ahora sólo a algunas de carácter especializado, muy útil e interesante para el entendi-
esas cuestiones, especialmente a las que plantea la obra lite- miento de muchas obras de la época, resulta asimismo el
raria antigua que, por su lejanía en el tiempo, es la que pre-
Vocabulario de germanía de Juan Hidalgo (1609).
senta mayores dificultades de comprensión literal debido :
Ya en época moderna aparece el importantísimo Diccio-
que su mundo referencial es ya lógicamente muy ajeno a
nario de Autoridades o Diccionario de la lengua castellana, en
nuestro.
que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y
calidad, con las phrases o modos de hablar, los proverbios o refra-
nes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua, publicado en
7.5. Gramáticas y léxicos
Madrid en 1726-1739, del que en última instancia han ido
Parece obvio que la primera información que exige la rec-
derivando con sus correspondientes actualizaciones los sucesi-
vos diccionarios de la Real Academia Española. Algunos dic-
ta comprensión de una obra es la lingúística, es decir, el co-
cionarios etimológicos aparecieron ya en el siglo XIX, como el
nocimiento preciso de la lengua en que aquélla está escrita y
de Ramón Cabrera (Madrid, 1837, 2 vols.), el de Pedro Felipe
el grado de fidelidad o desvío que manifiesta respecto de la
Monlau (Madrid, 1856) o el de R. Barcia (Barcelona, 1881-
que puede ser considerada norma del momento en que €s
1883, 5 vols.). La obra magna en este campo es el Diccionario
escrita. Esa información se hace más necesaria cuanto más
Critico Etimológico Castellano e Hispánico de Joan Corominas
alejadas en el tiempo estén las obras que anotamos. Las gra-
y José Antonio Pascual (Madrid, 1980-1985).
máticas de la época, las historias de la lengua, los dicciona-
Un lugar próximo al de los léxicos de autor tradicionales
rios y léxicos, serán al caso las fuentes de información que
mejor pueden ayudarnos en nuestro cometido. ; ocupan hoy las concordancias de obras singulares o de la pro-
los ducción entera de un autor. Son ya muchas las obras y autores
Quizá los instrumentos más útiles en esta tarea sean
de la literatura española que cuentan con un estudio de este gé-
diccionarios y léxicos. Suelen éstos responder a muy diver-
nero: Cantar de Mio Cid, Libro de Apolonio, Libro de buen amor,
sos criterios y pueden tener por objeto inventariar, por ejem-
Arcipreste de Talavera, La Celestina, Garcilaso de la Vega, Santa
plo, los términos de una jerga, de un dialecto, de una épo-
Teresa, Quijote, Calderón, Bécquer, García Lorca, etc. Hans
ca, de un autor, o bien recoger todo el caudal léxico de una
Flasche ha subrayado la importancia de tales trabajos para las ta-
lengua, ya desde su evolución diacrónica (diccionarios his-
reas filológicas: “Y es aquí justamente, en la futura preparación
tóricos y etimológicos), ya desde su uso normativo.
96 97
de ediciones dignas de crédito, donde la concordancia está des- Recherches et documents sur la technique littéraire du Moyen ge
tinada a prestar relevantes servicios (...) La investigación calde- (París, 1924), donde se editan y analizan las principales artes
roniana, en virtud de esta concordancia establecida electrónica- poetriae medievales. Entre los estudios más representativos
mente, dispone ahora de un instrumento de valor inestimable cabe citar la obra clásica de E. Robert Curtius, Literatura eel
en todos sus campos y objetivos, ya se trate de lingiiistas, espe- ropea y Edad Media latina (tras. esp., México, 1955, 2 vols.)
cialistas de la literatura, teólogos, filósofos, historiadores o so- o el más reciente análisis histórico de James J. Murphy, ña
ciólogos. Se está, pues, en condiciones de comprobar rápida- retórica en la Edad Media (trad. esp., México, 1986). En ge-
mente una cita, contemplar con exactitud y precisión toda la neral, con respecto a toda nuestra literatura antigua, la obra
riqueza léxica de Calderón, realizar una amplia crítica textual, que mejor puede servirnos para desvelar sus pautas retóricas
comentar el mundo ideológico” (H. Flasche y G. Hofmann, es seguramente la de Heinrich Lausberg, Elementos de retóri-
Konkordanz zu Calderón, Hildesheim, 1980, 2 vols.). ca literaria (trad. esp., Madrid, 1975), donde se hallan siste-
matizados de manera clara y ordenada los principios que de-
jó establecidos la retórica clásica.
7.6. Las pautas retóricas
98 99
y novedades más o menos exóticas. Otro género peculiar es el de
parte del autor, pero otras muchas son material de acarreo
los tratados que describen, a veces desde un punto de vista ale-
prestado que le llega por muy distintas veredas. Una de ellas,
os górico y moral, todo un catálogo de animales y bestias, en bue-
que permite tener al alcance sistematizados y compendiad
las enciclope- na parte fantásticos y legendarios. La fuente principal de estos
los lugares comunes de aquella cultura, es la de
y escritos (algunos de los cuales fueron compuestos por Hugo de
dias o sumas, de enorme circulación durante la Edad Media
en- San Víctor, Philippe Thaon o Guillaume le Clerc) fue Ea
el Siglo de Oro. Prácticamente hasta el siglo XVII son todas
conocida con el título de Phisiologus, un tratado de ciencias na-
ciclopedias sistemáticas que poseen el valor de auténticas “bi-
bliotecas” y recogen sumariamente todas las manifestaciones turales que contiene la descripción de unos cincuenta animales
espe- plantas y minerales, así como de sus respectivos valores simbó-
del saber. En el siglo XVII pasan ya a cubrir campos más
fía o la crítica licos. Otra modalidad, en fin, presentan los lapidarios, como el
cíficos, como la historia, la genealogía, la biogra
si- más famoso De speciebus lapidum de Marbordo, en E siglo XI!
(como los diccionarios de Moreri o de Bayle). A partir del
glo XVII se producirá un profundo cambi o en la orient ación o el propio Lapidario de Alfonso X el Sabio. Presentan estos pe
in- critos listas descriptivas de minerales y de piedras preciosas, de
del saber y se cobrará una clara conciencia de que todos los
es ca- sus aspectos, de sus propiedades y cualidades legendarias a
ventarios conocidos sólo reflejan un cúmulo de nocion
su- cas, astrológicas, médicas o espirituales, todo ello acom daedo
ducas que es necesario revisar y actualizar desde los nuevos
ad de habitualmente de interpretaciones alegóricas y sioabolles
puestos de las ciencias experimentales y de la libert
A
LÁMINA II
105
Ad lectóres de ipeopalladia fua Huctoz.
A vos avos mís feñiozes en vervad
los poetas caftellanos conpueftas en ciega eva
Gfueltos fon mis errozes nocofívas con fazon
[Link] mil téblozes a viique bemí voluntao
poz aáítas tozpes manos efcriptas con bumiloao
y errosíó los maf répzanos jnpzeÑñas fin paefuncion
quefembie Sivignoloy de perdon
principios enque pzoue fin mas ver
mís fuergas ytiersafalas fuplicos podiendo fer
de done con fala fe ¿metmanveís pervonar
p20pallavía los llame pues que mípoco faber
pxímeras cofas ve pallas noos bavdado que leer
Lo tenbuenas como malas ed que caftigar.
poz daros
1118.
Regíltro ve tova la obxa.
AO ODA RGHhIRELMDONOPQBSTUEY310
O mnes funt vuerní.
Elftampada en ¡Rapoles."Po2 Loan pafqueto ve Sallo. [unto ala
HAnunciada/con tova la iligentia y avnerrentía polibles.y calo
que algun yerro ofalra fe ballare poz fer nueuo enla lengua. pafe
pobxía víar conel de alguna mífericozoía/.pues anfi el Eftampar
do2 como el [Link] en vna larga ob2a vna 028 0 otra
fer ocupados el [Link] benignivao de los dlícreros lecto-
res. lo pneve confiverar. Hcabofíe. Juenes. X V 1. ve Marco.
[Link], e l $
Lon gratía p |! é |
(grabado de
Lámina TIL. Taller tipográfico de finales de la Edad Media los
1499). Las quejas y conden as contra
La gran danza de la muerte, la
res fueron prácti cament e un lugar común en
yerros de los impreso los
por tanto, entre
pluma de los escritores de la época: no podían faltar,
invitados a la danza macabra.
107
106
IN DY NOMINE AMEN.
nía Villa de aguila fuente lo gar de
losuenerables lenóres dean 2 cabil.
>
do dela B Pia cathedral dela muy no:
ble 2. leal cibdar de Le gota» lunes pri
mero dia del mel de Junio anno del
naícimjéto de néo faluador ihu po
E | dontro
e enlaigPia leñoral:lanta
gta dede feñora :
de dicha u:lla
mariaia dela
dd a el muy Reuerendo Ja eS xPo padreEnd 2 feñor donE johan por
- A
seares ¿ermclinerole,cumn de adora de
lena nl fpe- la gra de dios 2 dela fanta ¡Pia Rama obfo
neo A S
de AS E
de fe g gro
: dl
Feophicdenoudlefronde,
Cn Cum lafuamaca de elifima moghe
oro Po= 2. del fu có
A
via oydor delo audiencia del > Rey nfo feñor
S E E
Temanctencoseuna(Y
Eu paa copia
daa rad cum Ímista
de ori mara ca E fe jo GE lebrá A figuodo y eltando y prelentes muchos
peas cial e Señores 2 pfonas ali dela igrPia cathedral dela dicha cub
dat corho del eftaduecfuítico dela dicha cibdat 2 de to
do fuubiad > -€ alí melm» del eftado fegrlar dela dicha
cibdor de fe goma 2 delas uillas E logares de todo ly
obñado E eo prelencia de mjanton de illa coftin nota
rio publico apoftolico 2 lecretario del diclio feñor obfo
E d:mypero garcia dela torre cicriaano publico dels
dichia cibdar de fegrou¡aja, 2 fu tierra ala merced de méo
CGeñer el Rey 2 fu notario publico en; o)
DOTAR
ia des losfus Re guos y od cid delos fechos
del cócepp 2 preblos dela dicha cibdar 2 fr erñaz ante
| lesteftigosde yulo eferiptos. Luego el dicho feñor
Ear <bp> dixo que por quto el por lus cartas de Hlamamjen
tos Ecitacóes ouiera mandado llamar alos ererables
Gs S $ :
Señores dean 2 cabiido 2 perfonas dela fu ig Pra catoe
108 109
(De eo eidio Crbis mbil alt? sorbo. Vela tam, > te audive quid,
,) oo,
Lep
My
ra0: eiepii neral, yinA myy ne. Lg
y :
Les) Y
sy o cid e gines, jee qua pe
Po da
¡ón Fernand matado di sóc cade ad ión Do y me 2 $ nd ne y
adi Dro A Ji A nera y Jo EN de ere
¡ DEIA Do ARA rc q Sab E
E: A A a0 A a A
j e Aba A
as ars
es gines ke Eeyoc ec ón »
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co
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te
DASRN
LÁMINA VII Muestra de un ejemplar expurgado por las censuras inqui- LA1 cis ADAM ya
ue var e.
AAETAADOS PR
sitoriales, en este caso ejecutadas por el licenciado Gaspar de Álava, por 14] Ho AN de s
E pm cho y. A
comisión del Santo Oficio en 1585, sobre las Obras de San Agustín,
impresas en Lyón en 1562. Las páginas más censuradas fueron precisa- d t
Wi Fern eo LAS
110 El
£ Tr ELL
“e1qo ns epo1 ap u9ne]idosa 1998y osmb
epIa ns ap soye sotunpn so] ua uamb “ezopus]A] 3p zado] 031] uop
ordo1d ¡9 10d epesialadns ejerBorpr erdoo 9JUDUIBINÍAS “OJSUONDUPI OP
-epino un sq “(0661 “O19MPI3Q[-PEPISISALU() tOUBUIR]ES PIP9I7O OPA
9p JP]JUIISOB] UQIDIPa) GG9Z “UI POUPUIB[ES DP PIEISIDAJU() 193201]Q18 Y]
IX VNINyT u9 BJiey os amb vununs ap sonbaoy [ap o4guouro "TX AX SVNINYT]
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“Ainguno cierre las puertas
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LÁMINA XIV
114 115
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Recre dera dom quera, fiFueeome
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brota rilesonóummer, quinlacias. oquí late, porqueelaciella
ol cortas racido el entra. aquelq en pace rengue
bal rauraral.
¿nal Zenm
nochel
Serós a dle er baouere de rudos har trioccidere, porros
merecen us Lolabrerpneodo encoso esnación Hule algo
LÁMINA XV
116
alos iluftres y may
*Reprefentaciones hechas poz Juan del ensíra
P label pementels
von Fadrique detolevo yoofa
manificos feñores
¿ouquesocalva ADarquefesoecoría.?.
¡Egloga repaefentava De nuetro falvavoz, adonde feín
en la nocbe Dela nattvfoad
trovusen Dos paftoses:vno llomaoo Yuan porro Meteo. y equelque Juan fellas
mavaentroprme la fala adonbeel disque
roen y onquefa eftavan oyendo maytines
en nombre ve Yuan delensina lego a peefentar cien coplas e aquefta ficfta ala
ouquefa. P el otro paítoz llamanoJIeteo entrovelpues acto: yen nombre
delos oetratores y malofsientes:comengo fe aresonarcon el.y Yuan cffando muy
alegrey nfano poz que lus feñosres te avien yarecebibo pos fspo:convécio la maliz
prometio que ventoo el mayo /facenia la copilació de todas (ug
cia del otro.ad0nDe
obras por que fe las ufurpavan y corrompisn.y porque no penfallen que tova fis os
Enepilpaño fegun algunos oestan:masantes conociefenque a mas fe eftévia Lear
nto pradoala
E .
LÁMINA XVIII
LÁMINA XVII
118 119
16
Ya quiebran lós ' albores z vinie la mánana,
Aosadas corred que por miedo non dexedes nada. 445
Yxie el fol, Dios, que fermofo apuntaua! Fita ayuso e por Guadalfajara
En ? Calteion todos fe leuantanan, fata Alcala legen las alg[aras], 446>
Abren las puertas, de fuera falto dauan, e bien acojan todas las ganangias,
460 Por ver fus lauores z todas fus heredades. que por miedo de los moros non dexen nada.
E yo con lo[s] .c. aqui fincare en la caga;
Todos fon? exidos, las puertas dexadas an abiertas
terne yo Castejon don abremos grand enpara. 450
Con pocas de gentes que en Calteion fincaron.
Si cueta vos fuere alguna al algara
Las yentes de fuera todas fon de ramadas. fazed me mandado muy privado a la gaga;
2l Campeador falio de la gelada, corrie*aCafteion fin falla. ¡d'aqueste acorro fablara toda España"
Moros + moras auien los de ganañgia, Nonbrados son los que iran en el algara,
465
E eflos gañados quantos en derredor andan. e los que con mio Cid ficaran en la gaga 455
Ya quiebran los albores e vinie la mañana,
Myo Gid don Rodrigo ala puerta adeliñaua ; ixie el sol, ¡Dios, que fermoso apuntava!
Los que la tienen, quando vieron la rebata, . En Castejon todos se levantavan,
ALO Ve Ouicron miedo + fue defeparada. abren las puertas, de fuera salto davan
Mio Cid Ruy Diaz por las puertas entraua, por ver sus lavores e todas sus heredades. 460
470
Todos son exidos, las puertas abiertas han dexadas
¿n mano trae defnuda el efpada,
con pocas de gentes que en Castejon fincar[a]n;
Quinze moros mataua delos que alcangaua. las yentes de fuera todas son deramadas.
Gaño a Cafteion z el oro ela * plata. El Campeador salio de la gelada,
Sos caualleros legan con la ganangia, corrie a Castejon sin falla. 464b
Dexan la a myo Gid, todo efto non pregia nada. Moros e moras avien los de ganangia, 465
475
e essos gañados quantos en derredor andan.
Afeuos los cc... enel algara,
Mio Cid don Rodrigo a la puerta adeliñava;
E fin dubda corren; falta Alcala lego la feña de Minaya,
E defi arriba tornan * fe con la ganangia, 446 El copista lo escribió en la misma linea que el 446. B deja
todo como un solo verso, suprimiendo que... nada!
Wenares arriba + por Guadalfaiara, 460 MP corrige la última palabra y dice heredangas. B y L man-
480 Tanto traen las grandes ganagias, muchos ? gañados tienen el manuscrito.
461 ms.: las puertas dexadas an abiertas. Lo escrito arriba es un
De oucias q de vacas, t de ropas z de otras riquizas largas arreglo de MP; B tiene las puertas han dexadas.
Derecha viene la leña de Minaya. 462 ms.: fincaró, esto es, fincaron. Lo escrito arriba es una corrección
de MP; B y L tienen fincaban. En las confusas asonancias de los
Non oía ninguno dar falto ala caga. vs. 460-463 se podrían, quizá, ver restos de una tirada de tres versos, pero
Con aquelte auer tornan fe ella conpina; e se aprecia una clara asonancia unificadora, ni el sentido apoya la
idea.
485 “ellos en Cafteion, o el Campeador eftaua. 4640 El copista puso este verso como una continuación del 464. Su
Il caftielo dexo en fo poder, el Canpeador * caualga, primer hemistiquio es demasiado corto; MP (apoyándose en la PCG,
y siguiendo a L) sugiere [en derredor] corrie o [e bien] corrie. Es
posible que el copista escribiese corre en lugar de corrie. B deja el
1 los sobre el renglón por el primer corrector, que puso también tilde á quiebra.— 464” como está en el manuscrito.
% La tilde parece puesta después, aunque por el mismo copista.—3 Sobre renglón.—
* Había puesto el copista crrie; luego convirtió la primera r eno, y acaso la i en y: 155
¿corre?—5 Lntre oro y ela no hay hueco para la conjunción; pero se intercaló por el
primer corrector, y se borró, estando atún la tinta fresca. —S El copista había puesto
tonar, x0 sé quién borró la r final y, con tinta antigua, puso sobre la o otra 1 y sobre LÁMINA XX
laa una tilde,—1 Añadió el primer corrector una v después de muchos, sin duda
queriendo añadirla antes.—-* Tilde sobre cap.
LÁMINA XIX
121
120
ezI cel
(£861 HVY PUPeJA Teprunsoey U9pIpa) tjoyedsq eruopeoy [eay e] 9p op
-90 JP U9 “020198 DP OJEZUOL) DP DL) PIUDS 3p VPLA e] 3p A 5075 2p ogunuog
OJUDS. 2p DpLA e] op sejonso sersumid Á OZUaTuIO) “ITXX 4 TXX SYNINYT
TIXX VNINYT
| ; sa e. bs ,
A a 4 de > ? > 4 a ¿
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TE momo avr ualós; lg peo usoo le ] raras ed TE ok
remite gos > vaga 4] 101919 apo d E 2: a Ra E, ó
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AT pavo 0 «ju: $21.490] vols “y + Eo 1] putso] auto e árensia a dp >
O TT Part as ? ¡ls ramo]F veta via pj "Trato aravd 3 pp 2 orquon vino an
AE a E , o ;
DE
z Pagar onto y vVÁ2 v0 ay gro dq
9002 ayuslio y0999.511 4% d.
o TT pasprabgon4 araz0s0 : gomrrques
y] equE >
A
gore Ty queredes my ferujcio prender (3vo) (1) Sinerés fe quifierdes [] mio ferujgio prender
Mo le mjo menfter
querryavos de grado (erujr de mj menelter
Inbe ome largo leer
ulpa e en yerro caher E
>
gn fermofo non es de jangleria
menclter es cado que es de clorclgia
Iablar curfo ximado por la quaderneria
lo qui
a fylabas contadas que es muy qujgrat
(3) — 3. Segunt que yo entiendo aura de mi solas | en cabo grant plazer
aura de my folas en cabo mu$ grafit plaser
aprendra buenas geltas que [eps nelraber aprendra bonas geftas | que fepa rotracr
auerlohan por ello muchós a coñoger A comnofcer
vos quiero acnier logo| nen grandel novas fate
(4) — 4. Luego en la materia me nin
logo grandes nuevas fer luego a la materia |] me uos Se
non vos quiero gra el Criador nos lexe (| hien apre! de
Jhesu Christo nol dexe bien aprefos [cer
si en aquel pecarmos I| el nas denne valer
A
Iy en algo pecaremt nof deñe valer liuro | de vn ne$ noble pagano
que fue de vn ney pagano (6) — 5. Quiero leer un
logano que fue de grant efforgio Y 'agen logano
conquifto todel mundo 1 imetial fo fu mano 5% ci pe lllos es PRGin des fura in fran
terne fe lo compricre que foe bon eferivano je » ca
2
(6) 6. El principe Alixandre que fue ne9 de Grelcia 0. Del pringepe Alexandre [| que fue neS de Grecia
que fue frane z ardit || z de grant sabenci
a ña abs 7 fl je
que fue de grañit efíucrgo e de grañit enpiencia : 4 4 e
vengio a Porio e n Dario negs de grabl tenengia e ALS
124 125
EÓ—ual fe rmeserana la gonal Lara
Entos O a
quemo Plemrizanan'a herecina
Lscp e Loros
Equ *teClaudbna .
a
Dam mis Yare em forma dinina
$
Eume
la Lago enrinl ferdta
Ego mv ra
(e:o . pel La qual me snara enprempioto ¿deoda
DN o eASZ TS Weg Ldo once «aun epo
laredo ps (e
Vin less 04 Eopo pu ei
Ga 1 Dee noe sb Ay TES Rico
126 127
174 JUAN DE MENA
1068. asayan: «Assayar. Intentar, atreverse a hacer alguna cosa. Es voz anticuada, del
dialecto de Aragón, tomada del francés» (4ut.).
BM1, BM2, CO1, 1070. secreto: secretamente (cf. María Rosa Lida, p. 250).
MM1, SA5, SV2, 1072. de: por; agente del participio pasivo “causada”.
ode: Foulché-Delbosc, Blecua: del.
fallesce: falta.
1074. siglos: generación.
LÁMINA XXVII
1075. críen: el ms. PN7, Cummins y Pérez Priego leen crían; sin embargo, el subjuntivo
parece preferible al indicativo.
*mortales: Foulché-Delbosc, Blecua: atales.
Láminas XXVII y XXVII Stemma codicum del Laberinto de Fortuna, de Juan vestiglos: cf. la nota al v. 519.
de Mena, establecido por Maxim Kerkhof en su reciente edición de la obra, 1076. ola gente: Foulché-Delbosc, Blecua: los onbres.
Madrid, Castalia, 1995. Como se advierte, se trata de un stemma muy di- 1079. Medeas... Publigias: cf. las notas a los vs. 1038 y 1041.
fícil, que revela una compleja filiación de testimonios, la mayoría de ellos ve: Foulché-Delbosc, Blecua: o.
muy contaminados. Ante tales dificultades, el editor opta por seguir el tex- 1080. miseria: alusión a la guerra de la Reconquista; cf. la nota al v. 1062.
to de la tradición « y colocar en los ladillos las lecturas equipolentes de la 1082. a bueltas: junto con; se registra ya en el Poema de Mio Cid (cf. R. Menéndez Pi-
rama 6, como puede apreciarse en la página que reproducimos. dal, Cantar de Mio Cid, Tercera parte: vocabulario, Espasa-Calpe, Madrid,
1954, p. 516).
LÁMINA XXVIII
128 129
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Q inucitigar delas fciencias. mas ablzominar
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LÁMINA XXIX
130 91
» VISIÓN ' DELEYTABLE 101
84 ALFONSO DE LA TORRE
LÁMINA XXXII
135
182
¿ALOS LEGTO
> 00 77 R.E'S+
a .
AS
os
E AA OS EL: CADIZ
AR Les
dy
E nel autorídad para perfuadír (elo, yy parece
JELAS DEBOSCAN Y ALGVNASDEGAR
OBRASER pS y)
era razon que lus anillo Fogón Lilo elpd
bíen que fe ligue de que fea comunicado atodos tal lu
bro,y por el pelígro que aufa,en quein fa volútad,no
CILASSO DELA VEGA REPAR ' fe adelátalle otro a imprimirlo,y tambié por que fe acan
baflen los yerros,que enlos traflados,quele burtaná auía
TIDAS EN QVATRO que eran ínflaítos,defpues queel ya fe dexo vencer3yLe
EY An
LIBROS. determino ala imprellon,y andana juntando lus papen
les y examinandolos,para q có concterto (alíe(ffen adóde
todo el mundo los víe(le,que era cofa que el nunca pen
Lo enel princípto quelo comengo a eferentr, fabemos que
los tenía repartidos en quatro Jíbros , Enel primero las
primeras colas q cópulo q fon coplas Efpañolas,y enel
fegiúdo cáclórs y [óetos amanera los Ytaliños,y enel ter
esro epiftolas y capítulos y otras obras tambi ala Vta
liana, enel quarto quería poner las obras de Garcilaflo
dela vegaydelas quales,feencargo Bofcá por el amiltad
grande que entrambos mucho tíempo tuuleró,y porque
defpues dela muerte de Garcilaffo,le entregaron a el £us
obras para quelas dexafle como devían de eftar, ya que
ponía la mano en aderegar todo elto y querría defpues
de muy bien límado y polído,como el fin Eafez,lofupíera
LÁMINA XXXIV
134 135
—
[Link] por do anduue perdídos (Testimonios manuscritos: Ma, Mg, Mp, Mm)
ue 4 mayor mal pudiera auer llegado; VARIANTES:
Mas quando del camíno to oluídado, 2. mis pasos Ma; m'ha] me han B74 R8l, me an Ma Mg.
llegado Ma. 4. puduria ser
tanto mal,no fe por do e venido, 6. por do] como Ma; he] e O. 3. Ver acabar] el berder
Ma. 9. Acabaré] Me perdí Ma; quel pues Mp. 11: Si ella quisiere SFG
que me acabo,y mas e y o fentído, BHTLACE Mp Mm; Y se tambien que
sabra q. Ma. 12. puede] pudo Ma,
quiere Hn? Tn. 13. es tanto] estando Ma.
er acabar comígo mí coy dado, 14. Pudiendo] Queriendo Tn2.
Yo acabare,que me entregue fin artes 1 HERRERA, ed. de 1580, pág. 79 (G. M., pág.
316, H-11): «Luis de Soto, de cuyo
ingenio i erudición darán claríss
imo testimonio sus obras, muda el verbo
quiere; i assí da este sentido formando un puede en
silogismo: yo acabaré, que me entregué
a quien podrá matarm
e si quisiere, i lo querrá; que pues
mi voluntad quiere; la
suya que no me es tan favorable, pudiend
o, ¿qué hará sino hazello?».
ue pues mí voluntad puede matarme, 2 TAMAYO (ed. de 1622, ff. 4 r*-5 r; G. M., pág. T-1) cita, a su vez, la lectura
a fuya,que no es tanto de mí parte,
udiendo»que hara fino hazejlo,
LÁMINA XXXVII
LÁMINA XXXVI
136 137
Tratado;
manera no me vise nadatz po tengo
pasen micafa. ¡Efto fueel mefmo
año que nueltro victoziofo [Empera
do: enefta infigne cibdad dá Toledo
entro: tuno enella cortes, p fe bisic,
ron grandes regosijos 7 fieftas:ca,
mo elucítra Aberced aura op»
do. Pues cnefte tiempo ef
tava cn mi p2ofperis
dad,yv enla cum
o
d Zozrmes;
il Lazarill li
| b:icde toda
poefusfoztunas buena foz
p adueríidas tuna,
des,
265, 2, Uitij. 0
CsSFueimpreflala prefen-
te obza enla muy noble yilla de x1foc
dina vel Lampo enla imprenta de
aattbeo y Francifco del canto ber
manos, Acabo fe a paimero del
mesde barco. Año De.
LÁMINA XXXVIII M5. 2, lit),
138 139
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EV. derrama Pví ] an
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Frei olfiere EY 1 vn negro
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u rrir fuerte Evij terribze
ij reriiói negafle — poi foldado
tj rrrij medro FlE qual
úl rrvij fe FE PA ¡Aetar
D.. quees EE) cagar
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ño ,
e
cae, Lomprinilesío
po]
140 141
Cancionero de
DELEYTOSO. AE [Link] el
EL Romances [trabajo dejuntar en--
pete cácionero todos
¡[los romances quean
EN QVB ESTAN y venido a mi noticia:
pareciédome ¿qual-
[Link] mayor par; quiera perfona para lu recreacion
Compendio lla- te delos romances caltes P pala tipo o holgaria delo , tener,
porque la diuerfidad de hiftorias
llanos que faña agos queap encl dichas en metros pcon
"E LCDELEY- raleancom: mucha breucdad feraa rodos a-
MADO puelto, [Link] que falté aqui
EN EL QUVAL sE algunos(aun que muy pocos) de-
TOSO, los romances viejoslos qualespo
contienen muchos pafTos graciofos del exccllen no pules o porque noan venido a
minoticia 40 porque no los halle
'te Poeta y graciojo reprefentante Lope tan cumplidos p perfectos como
quificra/p no niego que enlos que
de Rueda,para poner en principlos aqui viimpreffos aura alguna fal-
127 pero cíta fe dcuc imputar alos
y eutreme dias de Colloquios,) exemplares de adonde los faque ¿
eftauan mup corruptos: pala fla-
Comedias, queza dela memoria de algunos
ue melos dicraron que nolepo-
Recopilados por loan Timoneda. ¡an acordar dellos perfecramen-
tc. Yo hize roda diligencia por=
EN ENVERES que vuicfle las menos faltas que
En caía de Martin Nucío fuefle pofibles y = De a 1
q Védenfe en caja de loa T imoneda. LAMINAS XLIV-XLVI. Portada y prólogo del llamado Cancionero de
romances, sín año, impreso en Amberes por Martín Nucio (edición fac-
símil con introducción de Ramón Menéndez Pidal, Madrid, Junta para
INA XLIII. Las obras de Lope de Rueda fueron recopi iladas e impre- Ampliación de Estudios, Centro de Estudios Históricos (1914). Como
co diferentes volúmenes por el editor valenciano Juan ies afirma en el prólogo, el editor se valió tanto de fuentes escritas como
Reproducción de la portada de una de esas compilac iones que, o e
orales, y aun hubo de retocar el texto de algunos de aquellos romances
título de El Deleitoso, contiene diversos pasos del dramatur go sevillano. viejos. Ejemplo de una laboriosa tarea editora renacentista.
142 143
ALDEECTOR,
PRIMERA PARTE
7 | O :emais ( Rñor Letor) que os
BUY | tengo demoler, dando cuenta
DE LAS FLORES Y del [Link] tuuc en hazer
DE elle libro, y alfin de feis plicgos
DE POETAS ILVSTRES de Prologo, dezir, quémis ami-
[Link] importunar que lo á¿m
Efpaña, Diuidida en dos Libros.
, primiclle: ni pelcisque os he de
quebrarla cábegacon el al mogada de agua del villa
POR PEDRO no de Xerxes; ni tampoco que he de bolucrme á
ORDENADA los maldicientes, llamandolos afpides de lenguas.
Elpincfa natural de la ciudad des ponsoñolas, quemuerden:los corurnos de oro;
Crecdméfeñor,queÑno temicraenfadaros,no hu
Antequera. viera bufcado tanvaridbicucdad, pues ena trae la
hermofura y. cl gulVo;y anto he hecho en-no eferia
vir cofa mala, comorigad miciráfto buene:porque
DIRIGIDA AL SENOR para facarella Elor dedrinabe ternido dozjentas
cayzesde Poclia,g esla ordinariaméte corre, Nd
Duque de Bejar. quife clcriuir-nas volumcn,porque elte fea la mue
Ita del paño scllo cseotrar vnpicen clagua, para
ver Gefti quemando: fi oscoutenta,le daremos al
Van efcritas diez_ 9 fis Odas de Horacio,tra- libro vn padre compañero,y lino, meclcularcis de
duZ idas por diferentes y granes Autores, trabajo tan grande, comoes, cicalarel mundo con
cartas,y de!pues de pagar el porte, hallar en la rela
admirablementes. puclta la glo(la de Vide aluana citar Jauido,o algu
nas redondillos de las turguelas de Caflillejo, o
Montemayor (venerable reliquia de los foldados
del tercio viejo)o quando mas algun Soneto carga
do
LÁMINA XLVIIM
Al Letor.
do de elpaldas,y corto de vilta, que no vee palmo
de tierra,quecllos ya gozarófu tiempo: mas aora
los gentiles efpiritus del nueftro (como parccera
en cltelibro) nos han lacado de las tinicblas delta
CON PRIVILEGIO. acreditada inorancia,y yo porinoexcedes los rigu=
rolos preceptos delos Prologos, cubrire fu alaban
En Valladolid, Por Lmys Sanchez, gacon el velo del Glencio. Depallo aducttid, que
las Odas de Horacio fon táh felices, quele
auentajan a (i mifmas en fu lens
Año [Link] guaLatina. Vale.
LÁMINA XLVII
144
ELINCENIOSO LASA
HIDALGO DON QVI-
XOTE DELA MANCHA, O fuan Gallo de Andrada clcerruano de Camara del
Compueflo por Miguel de Ceruantes
Rey nueltro feñor de los que reliden en fu Confe-
Saauedra. jo,certifico,y doy fe,que aujendo vilto por los fe-
ñores del ynlibro intitulado,El ¿ngeniofe hidalgode
DIRIGIDO AL DVQVE DEBEJAR,
Marques de Gibraleon, Conde de Benalcagar, y Baña- Mancha compucfto por Miguel de Ceruantes Saaue-
res, Vizconde dela Puebla de Alcozer, Señor de raitaffaron cada pliego del dicho libro a tres maraue-
i ¡Ma, Curiel, y
Burguillos is y medio,el qual tiene ochenta y tres pliegos,que al
icho precio monta el dicho libro docientos y noventa
arauedisy medio,en que fe ha de yende r y
en papel,
eran licencia para que a cfte precio fe pueda vender:
mandaron que cfta ra fla fe ponga al principio del di-
olibro,y no fe pueda vender fin ella:ypara que dello
Ólte dila prelente en Valladolid,a veinte dias del mes
e Deziembre, de mil y feyfcientos y quarro años.
Lear Gallo de
Andrada.
LÁMINA LII
CONPRIVILEGCIO,
EN MADRID Porluan de la Cueña.
Vondele en cafe deFrancifco de Robles , libsero del Rey nio febor Ed
LÁMINA L Or quanto, por parte de vos Miguel de Cera
usntes,nos fue fecha relacion, que auiades có
: puelto va libro intitulado, Bl mgoricjo Hidalgo
Tellimonio delas Erratas, y dela Mancha,el qual osauia collado mucho cra
DaJ0.y era muy vril y prouecho[ó,nos pediltes,y fupli-
S TE Librono tiene cofa digna que no caftes,os mandaflemos dar licécia y faceltad, parale po
correfponda a fu original : en teflimo: decimprimir, y preuilegío por eluiépo que fucllemos
Jeruidos,o como la nueltra merced fue [Link] qual vifto
nio de lo auer correcto diefa fee. Enel or los del nuecftroConfejo,por quiro en el dicho libro
Colegio de la Madre de Dios de los Teologos ehizieron las diligencias que la prematica vlímameo
delaUniuerfidad de Alcala, en primero de 1e pornos fecha,fobre la imprefsión delos libros difpo
Diziembre, de.1604. AÑOS. ne,fue acordado,que deviamos mandar dar efta nueílira
cedula para vos,en la dicha razon, y nostuvimoflo por
bicn. Porlaqual,poros hazer bien y merced, os damos
El Licenciado Erancifco
Jicentia y facultad para que vos, o la perfona q yueltro
Murcia de la Llana.
poder huuiere,y no otra alguna, podays imprimir el di.
Cholibro, intitulado, Elingeniofo tHidalgo de la Mancha, G
de fufa le baze menció, entoilos eflos nueftros Reynos
de Caltilla,por tiempo y efpacio de diez años, que co-
aran,y fe cuente delde ¿Ll dicho día de la dara delta nuef]
[Link] pena,que la perfona,o perfonas,que Ente
POR ner vueltro
impri poderlo imprimisre,o vendiere: o hiziera
mir,o vende r, porel melmo cafo pierdala impref]
LÁMINA LI Sion que hiziére,con los moldes, y aparejos della: y mas
Incurraen pena de cincuenta milmarauedis cada vez 3
Láminas L-LIIL. Editio princeps de El Quijote, Madrid, Juan de la do cótrario [Link] qual dicha pena,fealatercia par-
Cuesta, 1605 (edición facsímil de la Real Academia Española, Madrid, 6 para la perfona quelo aculare : y li otrarercia parte
para nueftra Camarasy la otra terca parte, para a juez
Tipografía de la Revista de Archivos, 1917), muestra de las distintas par- de lo fentenciare. Con tanto, que todas las vezes que
tes preliminares que solían figurar en el libro del Siglo de Oro: portada huujeredes de hazer imprimirel dicho líbro, durante
«¿Liempo delos dichos diezaños, le tray pais alnucllro
| (con nombre del autor y del impresor, y lugar de impresión), tasa, licen- Confejo juntamente con el original que en el fue yifto,
cia, privilegio, etc. Á pesar de su condición de primera, es notorio el ele- 3 que
vado número de yerros y faltas que introdujeron en la edición los diver-
sos impresores que en ella intervinieron. LÁMINA LIII
146 147
PRIMERA. 19%,
LÁMINA LVI
Mo
ACTO PRIMERO.
El Duyue de Ferrara de [Link],Fcho, y Ricardo criadozi
EL PROLOGO. Ric. Linda burla, con que la noche le tapa,
Feb, Por cltremo; vna guarccida capa
E Eñor Leóior, cíta Tragedia fe hizo cn la pero quien imaginára, con que le disfraga el ciclo.
Corte lolo vn dia, por caulas quea v. m. que era el Duque de Ferrara. Y para dar luz alguna
le importan poco. Dexo entonces tantos Duq. Que no me conozcan temo, las eftrellas que dilata,
defeofos de verla, que los lic querido fatif- Ric. Debaxo de ler disfraz, fon pallamános de plata,
fazer con imprimirla. Su Hiltoria cítuuo efcrica cn ay licencia para todo, y vna encomienda [Link],
lengua Latina,Erancela, Alemana, Totana, y Calle- que aun ol cielo en algun modo Dug. Ya comichgas delatinos.
llana; elto fue profa, agora fale en verío. V. m. la lea es de disfraces capaz. E<b. No lo ha penfado Poeta
LÁMINA LVII por mia, porque no es impreíh cn Seuilla, cuyos Li- Que picnlas tu que es el velo deftos de la nueva Seta,
breros,atendiendo a laganancia, barajá los nombres As qu
de los Poetas,y a vnos dan fictes, y 20tLOS e
ay hombres, que por dinero no reparan Si el honor
ageno,que a bucltas de (us mal imprellos li Es LÁMINA LVIII
den, y compran. Aduirtiendo que cha da e Ea
E(pañol , no por la antiguedad Griega, y ftucrida
y e
Latina, huyendo de las (ombras ,Nuncios,
porque el gulto puede mudar los preceptos, como
v£o los trages,y cl tiempo las coftumbres.
LAMINAS LVI-LVIII. Edición suelta de El castigo sin venganza, de Lope
de Vega (Barcelona, Pedro Lacavallería, 1634), obra de la que existe tam-
bién manuscrito autógrafo, fechado en 1631. En el prólogo al lector se
ofrecen algunas razones acerca de la publicación de la obra.
151
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DRAMA
E CAS TOS Tr Los Amose.
RELIGIOSO-FANTÁSTICO
5) po € ida STAR 7
FM DOS PARTAS.
fo /Pbe Ed e
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poa ib Mas, AÍRSn
y GRANA col POR DON JOSÉ ZORRILLA.
LÁMINA LXII
LAmmas LX-LXII. Original autógrafo del drama Don Juan Tenorio, de
José Zorrilla, escrito en 1844. Zorrilla vendió por poco dinero los dere-
LÁMINA LIX. Último folio del manuscrito del auto sacramental Obras chos de autor de su obra, que desde 1860 fue propiedad del actor Pedro
son amores, original autógrafo de Lope de Vega. Delgado, quien convirtió en tradición representarla en noviembre de
cada año. En las ediciones posteriores, como la que reproducimos de
1875, figura al frente la advertencia sobre la propiedad de la obra.
152 153
RIMAS 185
1
186 GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER
(15)
luz que en cercos temblorosos
Sacra que voladora brilla próxima a expirar,
cruza, arrojada al azar, y que no se sabe de ellos
y que no se sabe dónde cuál el último será;
temblando se clavará;
eso soy yo, que al acaso
, hoja que del árbol seca cruzo el mundo sin pensar
arrebata el vendaval, de dónde vengo y adónde
zm mis pasos me llevarán.
sin que nadie acierte el surco
donde al polvo volverá;
154 155
20 PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN
156 157
A Oviedo, 20 de Abril de 1885. Cda. 234-85
Muy señor mío y distinguido amigo : Contesto a la suya muy grata del
18 prometiéndole devolver las pruebas al día siguiente de recibirlas, y eso
porque las recibo de noche. Las corrijo en cuanto llegan. Le suplico que
procure que se atengan a mis correcciones no me venga a suceder lo que 23 Cda 5-6-87
en el 1* tomo de La Regenta que va lleno de erratas por no atender a mis Mi querido amigo : recibí en tiempo debido los dos
paquetes de Nueva
enmiendas 15, Me alegro mucho de que para el 15 de Mayo próximo campaña, Me gusta mucho la forma del libro, la
composición y la por-
quiera Vd. publicar... Sermón perdido. Dentro de pocos días le mandaré el tada. Lo que no me gusta es que los cajistas hayan prescindi
do de muchas
prometido prólogo (que lo mismo puede ir de epílogo si no cabe ya al de las correcciones que yo hice y que hayan pasado
corto de lo que pensaba hacerlo, se lo advierto, porque las mismas erratas
principio), más de las pruebas en muchas ocasiones. Hágame el favor
que de dar órdenes
no tengo tiempo para escribir largo y no quiero decir ahora todo lo para que esto no se repita, porque dada la índole de
mis libros de
en él pensaba decir. críticas, estas erratas me molestan mucho. Por Dios
se cuiden bien la
corrección de pruebas de Apolo en Pafos porque lleva
¿ Y las novelitas ? ¿ Podrá Vd. publicarlas allá para el otoño ? No deje una porción de
nombres griegos y hasta se meten a corregirme los cajistas
de recoger Zurita que se publicó en el Almanaque de la Ilustración de a mí ; así
este año. ; donde decía Diona bien claro me pusieron Diana y he cambiado
el nombre
para que no haya dudas. Si hay alguna en algo vengan segundas
pruebas.
Dentro de poco, cumpliendo con lo ofrecido, podré proponerle la publi- No le he dicho a Vd. nada respecto de regalos de libros
cación de una novelita inédita, próximamente del tamaño del Señorito po.
que Vd, los habrá mandado donde acostumbramos. Por A
Octavio16., que se titulará Su único hijo y no será nada verde, o casi o ado,
selo Vd. sin falta al Liberal (2), al Imparcial (2), al Día (2), al Globo (2)
nada, y en cambio sentimental de buena manera y muy propia para al Progreso, a la Opirión, a la Ilustración española, a la
Ibérica de Barce-
lona, a la Revista de España, a la Contemporánea, a la
Nouvelle revue
ya la Revue britannique y a la Revue du monde latin
derramar lágrimas dulces alrededor de la chimenea de familia. Lo malo de Paris, a las
Provincias de Valencia, etc., etc., etc. y a los Sres. Castelar,
es que se me figura que no va Vd. a querer pagármela como yo necesito. Campoamor,
Menéndez y Pelayo, Galdós, Pereda, Núñez de Arce, Emilia
En fin allá veremos. Pardo, etc.
Al Sr. Dn. José Quevedo, cuando pase por ahí déle un ejemplar.
Si Vd.
Si ve Vd. por esa librería a un Mr. Jorge Frezals, de la Revista británica sabe de algún periódico que hable del libro dígamelo porque yo
leo pocos.
de París, hágame el favor de decirle que le he contestado a París y que Pienso en adelante normalizar la publicación de los folletos
dándoles
en adelante enviaré a la Revista todos mis libros. Gracias por todo. variedad, y sin que dejen de tener el cará[Link] ahora serán
además
verdadera revista de novedades literarias extranjeras y nacionale
Su aftmo. amigo q. b. s. m. Leopoldo Alas. s.
¿ Qué le parece a Vd. de la idea de admitir suscripciones
rebajando el
Expresiones a Armando, M. Pelayo y demás amigos cuando pasen por ahí. precio a los suscritores por un año tanto y por seis
meses cuanto y por
trimestre menos ? Cada trimestre dos folletos seguros, no
a época fija
de modo que fueran ocho folletos al año. Piense Vd. la cosa
y dígame
su Opinión.
LÁMINA LXVII Deseo también que me diga algo en general de la venta de mis libros,
sobre la cual no me hago ilusiones, pues sé lo poco que valgo, y sobre
todo que no puedo gustar a todos ; pero me agradaría saber la verdad.
Una Medianía estará terminada para Setiembre, a fines. Ahora estoy
contento de ella. Después emprenderé Esperaindeo que será para Vd. si
me la paga bien.
Recuerdos a Fe y que no me olvide mi recomendación de ayer.
Armando 46 llegó bueno. Suyo aftmo. Leopoldo Alas.
Van hoy las pruebas certificadas.
158 159
ASPECTOS DEL ARTE DE VALLE-INCLAN
160
mi
a 2
Ñ
5 de febrero.
MAR
(5 de febrero).
15
652 CiELo
1 Incluido en Prim., Seg., Ter., Ant. En las tres:
v. 4: «...demostrarte, mar,» TE tenía olvidado, cielo, y no eras más que un vago existir de luz, visto
En Pap. P. R. aparece prosificado, con el título de «Con tu elemento (sin nombre) por mis cansados ojos indolentes. Y aparecías, entre las palabras
natural». Hay algunas variantes. La parte correspondiente a vv. 1 y 2 dice:
«Parece, mar, que fú luchas también, desorden sin más fin, hierro incesante, perezosas y desesperanzadas del viajero, como en breves lagunas repetidas
con tu elemento natural». Y la correspondiente al v. 7 queda así: «tú, el mar, de un paisaje de agua visto en sueños...
la mar, creando, recreando tan solo».
Como varios de los poemas del Diario puestos en prosa, éste lleva la indi- Hoy te he mirado lentamente, y te has ido elevando hasta tu nombre.
cación «Leyenda», y también «Metamorfosis». Para encontrar en los Pap. P.R.
otro poema prosificado, hay que saltar de éste al núm. 183. (7 de febrero).
101
407
LÁMINA LXXI
LÁMINA LXXII
LAMINAS LXXI y LXXIL Muestra del proceso de reelaboración y depura-
ción a que Juan Ramón Jiménez sometía su obra: el poema “Mar” de
Diario de un poeta reciencasado (ed. de A. Sánchez Barbudo, Barcelona,
Labor, 1970), por ejemplo, es transformado en la prosa “Con tu elemen-
to natural” de Leyenda (ed. A. Sánchez Romeralo, Madrid, Cupsa, 1978).
162 163
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2
LÁMINA LXXIV
LAMINA LXXIII: Borrador autógrafo de un poema de Juan Ramón
Jiménez. LAMINAS LXXIV-LXXVII. Poema autógrafo de Federico García Lorca y
transcripción del mismo por Rafael Martínez Nadal en su estudio Fede-
rico García Lorca. Mi penúltimo libro sobre el hombre y el poeta, Madrid,
Editorial Casariego (pp. 178-181).
164 165
FACSÍMIL Y TRANSCRIPCIÓN
-—INFANCIA Y MUERTE—
179
180
166 67
que me busca por las escaleras, que mete las manos en el aljibe
mientras los astros llenan de ceniza las cerraduras de las catedrales
y las gentes se quedan de pronto con todos los trajes pequeños
y las gentes.
[| Y] Para [mi] buscar mi infancia ¡Dios mio!
establos
comi limones estrujados, periodicos marchitos
pero mi infancia era una rata que huia por un jardin oscurisimo
[una rata [h| satisfecha mojada por el agua simple
una rata para [?| el asalto de los grandes almacenes BIBLIOGRAFÍA -
y que llevava un anda de oro entre sus dientes diminutos |
New York
LAMINA LXXVII
168
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EZ2 173
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1 Congreso Internacional de Historia de la tique hispanique médiévale, 7bis (1982).
174
En el presente libro se da cuenta de los principales
aspectos y cuestiones de que se viene ocupando
la edición de textos, así como de las aportaciones
más relevantes que se han producido en su campo
de estudio desde la época humanística a la “nueva
filología”. Con la exposición detallada de esta
metodología, se pretende ofrecer unos instrumentos
válidos y aprovechables para quienes, quizá por vez
primera, tengan que afrontar la experiencia única
y apasionante de realizar la edición crítica de un texto.
Miguel Ángel Pérez Priego es Catedrático de Literatura
Española en la UNED. Ha publicado numerosos estudios
sobre diferentes temas de literatura medieval
y del Siglo de Oro (libros de viajes, poesía femenina,
espejos de príncipes, teatro medieval, tradición
celestinesca, teatro renacentista o poesía barroca).
Ha realizado alrededor de una veintena de ediciones
de obras y autores, que van del Poema de Fernán
González al Códice de autos viejos, pasando por los
poetas del siglo xv (Santillana, Mena, Manrique)
y los autores teatrales del Renacimiento (Encina, Naharro,
Sánchez de Badajo
ISBN 84-7738-485-1









![obra como el Diccionario de construcción y régimen de R. ].
Cuervo, que corría el riesgo de cimentar sus sutiles teorí](/p?url=https%3A%2F%2Fscreenshots.scribd.com%2FScribd%2F252_100_85%2F401%2F699106865%2F10.jpeg&__src=https%3A%2F%2Fes.scribd.com%2Fdocument%2F699106865%2FPerez-Priego-Miguel-Angel-La-Edicion-de-Textos-1&__type=image)