Ensomhet
initiering
En un lugar remoto olvidado de la humanidad, podía ser
bien un sitio dejado por los dioses, o quizá una dimensión
desconocida; en este lugar claro y brillante el tiempo no
existía, las horas no pasaban y el día no cambiaba; en este
mundo había una solitaria chica, no había nadie más, no
había nada que hacer, su presencia era todo lo que podía
ofrecerle al mundo, tal vez eso la convertía en la diosa de
ese mundo.
cuando empezó a explorar lo que tenía a su alrededor
descubrió que el mundo se reducía al tamaño de una isla.
La isla era pequeña y se podía recorrer a pie en medio día,
todo lo que veía era el mar, el cielo, las nubes y el
horizonte hasta donde alcanzaba la vista, en todas las
direcciones.
En la isla había un castillo, había una gran cantidad de
comida en conserva y productos de uso diario en la bodega
del castillo así que no pasaría hambre, (sin embargo, pasó
hambre hasta que noto que eran comestibles).
Había innumerables libros, tantos que no podrían leerse a
lo largo de una vida, en ellos estaba escrito todo lo que
tenía el mundo, las historias que contenían trataban sobre
los seres humanos, "nadie puede vivir solo" decía escrito
en muchos de los libros, pero la chica estaba sola y ella
vivía.
No creía poder reír o llorar, esas cosas que antes eran
necesarias habían dejado de serlo, habían llegado a su fin,
habían sido completadas, por eso todo lo que ella hacía era
correcto y la vez podía todo estar equivocado.
Al salir del castillo se puso a pensar por qué aquellas
edificaciones que no encajaban nada con el paisaje
estaban allí, pero igual no tenía por qué saberlo, además
nunca se lo pregunto, ya que estaban ahí antes que ella,
dándose cuenta de que todo lo que podía hacer era
reducido a una pequeña isla, la chica decidió pintar.
Tenía libros, instrumentos musicales y cuadros, pero entre
todas esas cosas la pintura era la más adecuada para
reproducir una persona, sin embargo, no le fue muy bien,
muchas veces se cansó de ello pero no le importo,
conforme pasaban las estaciones empezó a frustrarse y
quiso arrepentirse pero al final consiguió aprender a pintar,
con la práctica descubrió que era más apta para pintar
escenas reales, mientras lo tuviese delante de sus ojos no
había problema "pero algo que no existe, como otra
persona sería difícil de plasmar" pensó la chica.
Un día se le ocurrió hacer una hoguera en la playa, sacó la
idea de un libro en el que un hombre naufragaba en una
isla, una especie de rastro entre grisáceo y blanco
ascendió hasta el cielo azul, ella se preguntaba qué era
eso que parecía una nube y acercó el rostro, sus ojos y
garganta comenzaron a escocerle terriblemente, corrió
despavorida y volvió a observar desde la distancia,
comprendiendo que eso no le sería de utilidad.
De esta manera comenzó a entender lo que la rodeaba,
hasta que entendió el significado de comprender algo;
decidió entrar a la mansión cuando la hoguera se consumió
a causa de una rebelde ola de mar, su cuerpo demandaba
dormir, pero ella no conseguía conciliar el sueño, por lo
que bajó a la bodega y comenzó a leer un nuevo libro, este
se mostraba algo antiguo y abandonado, pero haciendo
caso omiso al daño continuó leyendo.
El libro hacía alusión a un amor que no pudo ser, en donde
la pareja murió a causa de una cruel confusión, un trágico
final para un sentimiento que llega a ser tan puro como las
mañanas en su desolado mundo, la chica no entendió del
todo porque las personas decidieron morir a causa del
"amor" o siquiera el dolor por el que pasaron antes de morir
a causa de su fallida relación, pues ella nunca ha sentido
algo similar, ella no amo y parece ser que no amará, esto
ayudó a que ella fuera consciente de su propia soledad,
pero no se sintió del todo aludida, pues cómo puede
alguien sentirse solo si nunca ha tenido verdadera
compañía.
Al final luego de mucho tiempo consiguió pintar a una
persona, hizo el retrato de un chico joven, y se decidió a
añadir a este chico a todos los paisajes que había pintado
anteriormente, dejo cada pintura en el lugar donde fueron
plasmadas, en la isla no quedó un solo lugar que la chica
no hubiera pintado, aquel chico estaba con ella donde
quiera que fuera, ya que los dos se miraban mutuamente
cada que ella observaba aquellos retratos, pero la chica se
sentía de cierto modo insatisfecha, se preguntaba si así
era estar con un ser humano, pero no, tan solo era un
retrato de lo que ella leía a diario que era un humano, no se
movía, no pensaba; tan solo estaba allí, ¿era esa la
soledad?, a diario se preguntaba si de esa forma podía
llamarle al sentimiento que frecuentemente sentía, pero
no, se convencía de no estar sola, porque tenía ese retrato
cada día acompañándola siempre.
Comenzó a conversar con el retrato a diario, se hacía
preguntas y contestaba ella misma en su mente haciendo
la representación de cómo sería conversar amenamente
con alguien, habló sobre sus libros, y los conocimientos
que aprendía diariamente en la isla, de lo que observaba y
lo que sentía, algunas preguntas quedaban vacías y se iban
con el viento, pues ni siquiera ella sabía cómo se sentía en
realidad, por lo que no podía responderse.
Comenzó a sentirse extraña con el retrato, tenía el cuerpo
un poco tenso y sonreía con más frecuencia mientras
"conversaba con el chico", no supo cómo llamar a este
sentimiento, sin embargo leyó acerca de este en muchos
de sus libros, le llamaban amor; pero ella creía que ese no
era su caso, porque estaba segura de que no moriría por un
retrato, y que no era tan fuerte y tan grande como para
darle ese nombre, quizá era algo más nimio, ausente pero
que seguía allí, como un ligero aprecio.
Comenzó a cogerle más y más cariño hasta que sin saber
cómo, pensó en casarse; en sus libros había un número
desorbitado de historias sobre el matrimonio, hablaban de
ello como algo importante en la vida de una persona,
estudió el proceso en profundidad para saber cómo
casarse y decidir si el sentimiento que albergaba su pecho
era definitivamente amor.
Encontró un vestido en la bodega de la mansión, en su
cabeza respondió afirmativamente a la pregunta de si
aceptaba a ese hombre en matrimonio, y entonces besó al
chico del retrato; sabía a oleos.
Arrojó el ramo de flores que había preparado y preparó más
comida de la normal, después de todo su boda era un gran
motivo de celebración, pero el vestido le quedaba grande y
era incomodo, al final abrumada, decidió no comerla en su
totalidad, la chica, finalmente tiró el ramo, el vestido y las
sobras de la comida por un acantilado que usaba como
basurero y se marchó a dormir dando así por terminada la
ceremonia de su boda.
Cuando el sol brillo nuevamente en su esplendor la chica
se aventuró a abrir una habitación que se mantenía oculta
tras unos estantes de la bodega en la mansión, la puerta
era gastada y casi no tuvo que hacer fuerza para lograr
derrumbarla, el oscuro pasillo llevaba a una sala iluminada
tan solo por una ventana en su techo, leyó sobre algo
similar en sus libros, dicha sala era llamada salón de baile
por lo que creyó entender que era un muy viejo castillo,
comenzó a caminar por el salón con la ilusión de lo que ella
entendía como música, su corazón se llenaba de júbilo al
imaginar lo bello que sería bailar con el chico de sus
pinturas y que tendría que poner nuevos lienzos allí.
Ferdigstille
Un estruendo la hizo salir de sus pensamientos, el dolor se
apoderó de su pierna y al ver hacia el suelo se encontró
con que tenía una herida y el suelo se había caído bajo sus
pies, salió corriendo asustada hacia la mansión por el
mismo pasillo ignorando los golpes que se daba por el
hecho de no ver nada y aseguró no volver a aquel lugar,
desechando instantáneamente la idea de pintar el gran
salón, al salir se dio cuenta de que en su cuerpo tenía
mucha sangre, tomaría un ligero baño y trataría de sanar
sus heridas con algunas de las plantas medicinales que
descubrió en los bastos conocimientos de otro de sus
libros.
Un día se sentó frente al mar cansada de leer y con una
profunda tristeza, pues en un momento de reflexión cayó
en cuenta que todas las personas en sus libros tenían algo
que ella no, una identidad; no tenía nombre o edad, no
sabía de dónde venía y no tenía hacia donde ir, no tenía un
propósito, tan solo una vacía existencia.
En medio de su melancolía noto al fin su soledad, pensó en
esta como algo irreprochable, no tenía nada ni a nadie, ni
siquiera la posibilidad de escapar, no sabía si era libre o
era presa de ese lugar, tan solo la convicción de que era
acompañada por el chico en las pinturas, pero hasta
alguien como ella era consciente de que ese chico no era
real y su soledad no se curaría con la compañía de un
objeto inanimado, su vista comenzó a nublarse, observo
sus manos con miedo mojadas por las gotas que
insistentes salían de sus ojos y caían en la arena
mezclados con ella y lentamente desapareciendo.
temió llegar a ser parte del mar, creyendo que estaba
volviéndose agua y se desvanecía, huyó rápidamente hacia
la mansión, y se sentó en el suelo, pero ni lejos del mar
dejaban de salir las gotas de sus ojos, desesperada luchó
por quitarlas de su cara y se lastimó un poco, pero al ver
que estas solo seguían y seguían brotando, incluso con
más fuerza, se recostó en el suelo resignada y creyendo
que moriría cerró los ojos cediendo a su cuerpo que
demandaba descansar.
Despertó un poco desconcertada, seguía viva, ya ha estado
cerca de la muerte algunas veces debido a enfermedades o
heridas que no conocía y no sabía cómo curar, en la
mayoría de estas ocasiones debido a comer alimentos en
mal estado o plantas y cosas no comestibles que
encontraba por ahí, pensó en tirarse al mar y morir al fin
nadie le extrañaría, no sería recordada o llorada de ningún
modo, sería una gota más del mar sin tener ya temor a ello,
pero se puso a pensar acerca de lo que dejaba atrás, sus
pinturas y el chico que estaba en ella podrían desaparecer
si ella muriera, decidió seguir con vida solamente para
cuidar de él, para verlo a diario y no sentirse sola, creer
que alguien estaba con ella, aunque en el fondo supiera
que no era así.
Un día se levantó alarmada, pues su ropaje tenía una
mancha roja, al igual que el suelo donde había conciliado el
sueño, pensó en la posibilidad de que fuera una grave
enfermedad, pero noto que el sangrado no paraba,
comenzó a tener dolores fuertes en su abdomen, pero nada
más allá de eso constantemente preocupada mientras
lavaba sus ropas manchadas
Cuando lo había olvidado por completo la sangre volvió a
salir de su cuerpo, paró al poco tiempo y luego volvió igual
de fuerte, algo angustiada por la recurrente enfermedad
busco ayuda en un libro, encontró el alivio cuando vio que
era normal, que su "enfermedad" tan solo era un proceso
natural que denotaba el hecho de que podría tener hijos,
decía que para esta acción se necesitaba alguien del sexo
contrario, en su caso un hombre, sin embargo ella no tenía
a nadie y no podía considerar siquiera su retrato, no
tendría sentido.
Comenzaba a notar con el transcurso del tiempo que era
más alta, más grande, su cabello era largo, tenía pecho y
sus caderas eras más voluptuosas; era una mujer ahora,
sus ropajes eran pequeños por lo que se vio obligada a
confeccionar otros, no quedaron muy bien, pero por lo
menos cumplían su propósito.
Mucho después de la boda, más grande y más madura
comenzó a pintar autorretratos, pues a pesar de casarse en
su mundo seguía estando completamente sola, por eso
comenzó a retratarse en las pinturas plasmó su imagen en
todas y cada una de ellas; en todas y cada una.
En el mundo de los cuadros ellos eran muy felices juntos,
mirar los retratos hacía que se sintiera extraña, la chica no
reconocía este nuevo sentimiento aun así siguió mirando
ensimismada, no podía dejar de mirarlos, como si una parte
de sí se quedará en cada pincelada, en cada pintura y en
cada cuadro.
Con el tiempo las pinturas perdían su color, el polvo y la
humedad de la antigua mansión hacían lo suyo, dañando
los cuadros mientras ella crecía, comenzó a repintar cada
uno de los cuadros, le tomó bastante, pero tenía la
convicción de que este modo el no pasaría daño, ni ella
tampoco.
De vez en vez, notaba algo extraño al terminar de volver a
pintar todos los cuadros, las personas de las pinturas
comenzaron a moverse al igual que sus paisajes y su
colorido cielo, aunque eso no le sorprendió a la chica, ya
que carecía de la capacidad de juzgar lo que era normal y
lo que no, su objetivo siempre fue crear a un ser humano
¿ha funcionado? , se preguntó, observo cuidadosamente
las pinturas, las dos personas parecían divertirse,
sonriéndole el uno al otro, pero las pinturas estaban
borrosas.
El mundo, en sí mismo parecía borroso la chica se preguntó
¿por qué?, en su interior despertó un extraño sentimiento,
no era capaz de describir qué era se preguntaba por qué
sus pinturas se veían tan borrosas si las había pintado tan
claramente, pesé a todo los dos en los cuadros seguían
sonriendo.
"dios está jugando conmigo" pensó aleatoriamente, sin
tener clara la idea de qué o quién era dios, volvió a
pintarlas, pero el resultado era el mismo, se veían
distorsionadas, no sabía qué hacer, ya no estaba segura
del mundo, cayó rendida sobre sí y sintió su corazón latir
fuertemente, ¿que era?, ¿miedo?, ¿ira?, no lo sabía, no
tenía idea de lo que sentía, frustrada miro nuevamente el
cuadro donde la borrosa imagen del chico parecía tenderle
la mano, dudosa pero desesperada metió la mano en el
cuadro y tomo la del borroso muchacho.
Fue jalada dentro del cuadro, no sabía lo que sentía en su
entorno y dentro de sí misma, su mente confundida tanto
por su corazón calmándose de a poco, como por sus
emociones confundidas al ver como dejaba atrás su
mundo, su hogar, lo único que conocía y al tiempo
desconocía totalmente, sintió como sus ojos se cerraban
lentamente y su cuerpo perdió toda su fuerza.
Al abrir sus ojos noto que no estaba en la mansión, se
encontraba en uno de los paisajes que antes ella misma
había pintado, pero mucho más grande, enorme, veía seres
alados o aves como decía sus libros y cuadrúpedos
corriendo junto a pequeños humanos que reían
dulcemente, se vio sentada frente a una blanca mesa que
tenía comida encima; su rostro siendo observado por el
chico que retrató con un pincel a base de óleos y colores.
Pero él estaba allí, tan real como ella, o tan irreal como en
ese momento se sentía ¿estaba muerta?, no, estaba segura
de que seguía con vida, pues su corazón latente se lo
demostraba, desconcertada miro los ojos de él que parecía
ser su esposo y este sonriendo le tomo la mano y se estiró
para darle un casto beso, su primer beso real.
"amor"- le dijo - ¿te perdiste en tus pensamientos de
nuevo?"-preguntó sonriendo.
ella nunca había escuchado nada a parte de ella, sin
embargo, temió despertar de aquel maravilloso sueño.
"No, me encuentro bien" con una sonrisa sincera.
Su primera sonrisa desde que llegó a ese lugar, giró un
poco su rostro y encontró su mundo; era aquella pequeña
isla, frente a ella pintada en un cuadro y colgada en una
edificación cercana.
Pero ahora, ya nada tenía importancia estaba en donde
siempre soñó estar donde realmente ella sentía completa,
pertenecía allí en ese hermoso mundo, ya no estaba sola y
no lo estará nunca más.
Fin