RUTA DIDÁCTICA PARA EL ORAL INDIVIDUAL
Texto n° 11: Se fueron de manos, por Javier Díaz-Albertini
1ero: Lee y analiza el (primer/segundo) fragmento de la obra/corpus que has elegido para
grabar tu oral individual oficial. No olvides enumerar el fragmento.
Se fueron de manos, por Javier Díaz-Albertini
“En el fondo, ¿a los peruanos nos gusta la ‘mano dura’? La respuesta es categórica e
inequívoca: sí, pero no”.
"Debe quedar totalmente claro que mano dura sin institucionalidad democrática
es solo un pretexto para justificar el autoritarismo y la dictadura".(Ilustración:
Víctor Aguilar)
Javier Díaz-Albertini
03/02/2021 05H30
No sé qué ha pasado últimamente con nuestros políticos, pero parece que
todos se han ido de manos.
Comenzó hace dos meses cuando nuestro presidente afirmó que no le
“tiembla la mano” sea cuando escribe, acaricia o golpea. Luego
anunció Keiko Fujimori (25/1/21) que el plan de gobierno de Fuerza
Popular se resumía en dos palabras: “mano dura”. Y hace pocos días un
candidato por APP, Roberto Chiabra, explicó que su agrupación prefiere
aplicar “mano firme” porque –a diferencia de la dura– no es “excesiva” (El
Comercio, 30/1/20). Tanto manoseo ha llevado a múltiples comentarios en
los medios y quisiera no quedarme atrás.
Creo que el politólogo Carlos Meléndez (El Comercio, 29/1/21) tiene razón
cuando señala que esta fijación con la disciplina tiene que ver con la severidad
de las estrategias sanitarias y la creciente desesperación de la ciudadanía ante
medidas que parecen no funcionar. Él cree, sin embargo, que –en estos
momentos– la oferta autoritaria por parte de algunos políticos no va a
funcionar porque la ciudadanía ha saboreado el gusto de lo libertario. De nuevo
considero que tiene razón, pero… en el corto plazo.
En el fondo, ¿a los peruanos nos gusta la ‘mano dura’? La respuesta es
categórica e inequívoca: sí, pero no. ¿Cómo así? Me hace acordar cómo –hacia
el final del régimen de Alberto Fujimori– preguntaban en las encuestas qué era
lo que más y menos le gustaba del entonces mandatario. Lo que más gustaba era
su ‘mano dura’, el poner orden. Sin embargo, lo que menos gustaba era
su autoritarismo. Estas reacciones –aparentemente contradictorias– responden
a diversas vivencias en nuestra cultura nacional.
Una primera nos lleva a transitar por el camino de la socialización familiar. Un
estudio reciente encontró que el 80% de niños, niñas y adolescentes habían sido
testigos de castigos físicos y humillantes (Save the Children, 2019). Igualmente,
en una encuesta sobre relaciones sociales (Enares 2015–INEI), el 60% de niños
y el 65% de adolescentes habían sufrido castigo físico. Además, cerca del 30%
de los adultos estaba de acuerdo con este tipo de disciplina.
La violencia física, por desgracia, sigue normalizada. Es la mano dura que no
solo es severidad y estrictez, sino un delito continuamente cometido contra
menores. Estudios muestran que madres y padres abusivos tienden a criar hijos
inseguros, con baja autoestima y dificultades en su trato con figuras de poder.
No ‘endereza’ o enseña a enfrentar la vida, sino que castra porque la norma n.o
es internalizada sino impuesta. Por eso resulta inaceptable y hasta repulsivo que
Keiko Fujimori asocie la mano dura con una buena maternidad.
Una segunda vivencia está relacionada con la ‘relativización’ de la norma.
Cuando muchos peruanos piden mano dura no están pensando en ellos, sino en
los demás. ¿Cuántos de nuestros compatriotas estarían dispuestos a vivir en un
sistema en el cual las leyes y reglas fueran inquebrantables? No, preferimos uno
en el cual las normas se cumplen de acuerdo a nuestros intereses. Para muchos,
la mano firme deseada se expresa en el dicho: “a mis amigos todos, a mis
enemigos el peso de la ley”.
Por eso, debe quedar totalmente claro que mano dura sin institucionalidad
democrática es solo un pretexto para justificar el autoritarismo y la dictadura.
Sí, nuestro Estado debe ser firme, tener capacidad sancionadora y coercitiva,
pero siempre con justicia. La mano no debe temblar cuando se aplica lo justo y
ello solo se logra –no por la decisión unilateral de una gobernante– sino por un
sistema de reglas democráticamente decidido (el contrato social).
Cuidado, entonces, con los candidatos que recetan mano dura. Si miran bien,
muchos de ellos son justo los que han debilitado la institucionalidad:
dinamitando la separación de poderes, saboteando la constitucionalidad,
permitiendo y alentando la corrupción, blindando a sus allegados delincuentes,
contratando a familiares e ineptos, legislando a nombre propio y subyugando la
autonomía de organismos de control. Una vez elegida, resulta muy difícil
controlar estas autoridades por la misma debilidad institucional. Y como todo
mago y político inescrupuloso sabe, “la mano es más rápida que la vista”.
COLUMNISTAS
/ Opinión
RUTA DIDÁCTICA PARA EL ORAL INDIVIDUAL
Texto: CAPITULO 5
1ero: Lee y analiza el (primer/segundo) fragmento de la obra/corpus que has elegido para grabar tu oral
individual oficial. No olvides enumerar el fragmento.
1Rosalío llegó a galope a informar que una tropa se acercaba al rancho. Inmediatamente Mamá Elena
tomó su escopeta y mientras la limpiaba pensó en esconder de la voracidad y el deseo de estos hombres
los objetos más valiosos que poseía. Las referencias que le habían dado de los revolucionarios no eran
nada buenas, claro que tampoco eran nada confiables pues provenían del padre Ignacio y del Presidente
5Municipal de Piedras Negras. Por ellos tenía conocimiento de cómo entraban a las casas, cómo
arrasaban con todo y cómo violaban a las muchachas que encontraban en su camino. Así pues, ordenó
a Tita, Chencha y el cochino que permanecieran escondidos en el sótano. Cuando los revolucionarios
llegaron, encontraron a Mamá Elena en la entrada de la casa. Bajo las enaguas escondía su escopeta; a
su lado estaban Rosalío y Guadalupe. Su mirada se encontró con la del capitán que venía al mando y
10éste supo inmediatamente, por la dureza de esa mirada, que estaban ante una mujer de cuidado. —
Buenas tardes, señora, ¿es usted la dueña de este rancho? —Así es. ¿Qué es lo que quieren? —Venimos
a pedirle, por las buenas, su cooperación para la causa. —Y yo, por las buenas, les digo que se lleven lo
que quieran de las provisiones que encuentren en el granero y los corrales. Pero eso sí, las que tengo
dentro de mi casa no las tocan, ¿entendido? esas son para mi causa particular. El capitán, bromeando,
15se le cuadró y le respondió: —Entendido, mi general. A todos los soldados les cayó en gracia el chiste,
y lo festejaron, pero el capitán se dio cuenta de que con Mamá Elena no valían las chanzas, ella hablaba
en serio, muy en serio. Tratando de no amedrentarse por la dominante y severa mirada que recibía de
ella, ordenó que revisaran el rancho. Lo que encontraron no fue gran cosa, un poco de maíz para
desgranar y ocho gallinas. Uno de los sargentos, muy molesto, se acercó al capitán y le dijo: —Esta vieja
20ha de tener todo escondido dentro de la casa, ¡déjeme entrar a supervisar! Mamá Elena, poniendo el
dedo en el gatillo, respondió: —¡Yo no estoy bromeando y ya dije que a mi casa no entra nadie! El
sargento, riéndose y columpiando unas gallinas que llevaba en la mano, trató de caminar hacia la entrada.
Mamá Elena levantó la escopeta, se recargó en la pared para no caer al piso por el impulso que iba a
recibir, y le disparó a las gallinas. Por todos lados se esparcieron pedazos de carne y olor a plumas
25quemadas. Rosalío y Guadalupe sacaron sus pistolas temblando y plenamente convencidos de que
ése era su último día en la tierra. El soldado que estaba junto al capitán intentó dispararle a Mamá Elena,
pero el capitán con un gesto se lo impidió. Todos esperaban una orden suya para atacar. —Tengo muy
buen tino y muy mal carácter, capitán. El próximo tiro es para usted y le aseguro que puedo dispararle
antes de que me maten, así es que mejor nos vamos, respetando, porque si nos morimos, yo no le voy a
30hacer falta a nadie, pero de seguro la nación sí sentiría mucho su pérdida, ¿o no es así? Realmente
era difícil sostener la mirada de Mamá Elena, hasta para un capitán. Tenía algo que atemorizaba. El efecto
que provocaba en quienes la recibían era de un temor indescriptible: se sentían enjuiciados y
sentenciados por faltas cometidas. Caía uno preso de un miedo pueril a la autoridad materna. —Sí, tiene
razón. Pero no se preocupe, nadie va a matarla, ni a faltarle al respeto, ¡faltaba más! Una mujer así de
35valiente siempre tendrá mi admiración. Y dirigiéndose a sus soldados dijo: —Nadie va a entrar a esta
casa, vean qué más pueden encontrar aquí y vámonos.