PRÁCTICAS DEL LENGUAJE
Profesor: Caballero Arón
Alumno:
Comisión 2
LOS GÉNEROS LITERARIOS
En años anteriores, cuando se acercaron a textos literarios, trabajaron con cuentos, poesías y obras de teatro.
Como habrán visto, los cuentos son narraciones. También son narraciones las novelas. En estos textos de
ficción, hay alguien (un narrador creado dentro del texto) que cuenta una historia que está compuesta de
acciones que se suceden de manera lógica y cronológica. Cuando elaboramos una secuencia narrativa, no
hacemos más que ordenar esas acciones (aquellas que son más importantes) según el orden en el que han
sucedido en ese universo ficticio. En el caso de las poesías, ya no se cuenta, necesariamente, una historia, no
encontramos la figura del narrador, sino que hay un "yo poético" que se expresa. Una manera de muy antigua
de clasificar los textos literarios va a tener en cuenta tres categorías o géneros. Por supuesto, hay otras
maneras de clasificar o categorizar estos textos, pero, por el momento, la noción clásica de géneros literarios
nos va a servir para sistematizar un poco lo que vamos a leer durante el año. En principio, podemos identificar
tres géneros:
* El género narrativo que está compuesto por cuentos y novelas (y todo lo que hay en el medio, cuentos
largos, novelas cortas, etc). Actualmente, lo podemos distinguir a simple vista porque está escrito en prosa (es
decir, todo de corrido, no como la poesía). Tenemos la figura del narrador que es importantísima porque tiene
que ver con el lugar desde el que se me va a contar la historia.
* El género lírico o poético que está compuesto por poesías, canciones, etc. También se identifica a simple
vista porque suele estar escrito en verso (la escritura se interrumpe, aunque no haya signos de puntuación
que lo justifiquen). La figura principal, como decíamos, es la del yo poético, que se expresa mediante ese
texto. Como sabrán por experiencia propia cuando leen una poesía que les gusta o escuchan una canción, lo
importante no va a ser tanto QUÉ se dice sino CÓMO se lo dice. La poesía, entonces, va a estar centrada en un
modo particular de expresión y, para eso, va a usar recursos de versificación como la rima o la métrica, y
recursos retóricos como las metáforas, comparaciones, etc.
* El género dramático es aquél que está escrito para ser representado. Primero y principal: la palabra "drama"
viene del griego δράμα (se lee igual que en castellano), que significa actuación. Cuando nos referimos al
género dramático, tenemos en cuenta esa acepción de la palabra, es decir: un significado que no tiene que ver
con que el argumento sea triste o alegre. Por lo tanto, el género dramático va a incluir todos aquellos textos
que fueron escritos para ser representados por actores (aunque podamos leer una obra de teatro, el objetivo
del autor fue que se ponga en escena). Está formado por los textos de obras teatrales, así como por guiones
de cine o TV. Puede ser una comedia, pero igual va a pertenecer al género dramático. Por eso, cuando vemos
un texto teatral, vamos a notar que aparecen los parlamentos de los personajes, pero también las notaciones
que explican el lugar donde se desarrolla la acción, el modo en el que debe hablar el actor, etc. Incluso, si ven
un guión de cine, van a encontrar una serie de indicaciones que explican dónde se encuentra la cámara, qué
tipo de plano se va a filmar, etc.
El cautivo (Jorge Luis Borges)
En Junín o en Tapalqué refieren la historia. Un chico desapareció después de un malón; se dijo que lo habían robado los
indios. Sus padres lo buscaron inútilmente; al cabo de los años, un soldado que venía de tierra adentro les habló de un
indio de ojos celestes que bien podía ser su hijo. Dieron al fin con él (la crónica ha perdido las circunstancias y no quiero
inventar lo que no sé) y creyeron reconocerlo. El hombre, trabajado por el desierto y por la vida bárbara, ya no sabía oír
las palabras de la lengua natal, pero se dejó conducir, indiferente y dócil, hasta la casa. Ahí se detuvo, tal vez porque los
otros se detuvieron. Miró la puerta, como sin entenderla. De pronto bajó la cabeza, gritó, atravesó corriendo el zaguán y
los dos largos patios y se metió en la cocina. Sin vacilar, hundió el brazo en la ennegrecida campana y sacó el cuchillito de
mango de asta que había escondido ahí, cuando chico. Los ojos le brillaron de alegría y los padres lloraron porque habían
encontrado al hijo. Acaso a este recuerdo siguieron otros, pero el indio no podía vivir entre paredes y un día fue a buscar
su desierto. Yo querría saber qué sintió en aquel instante de vértigo en que el pasado y el presente se confundieron; yo
querría saber si el hijo perdido renació y murió en aquel éxtasis o si alcanzó a reconocer, siquiera como una criatura o un
perro, los padres y la casa.
TEXTO NARRATIVO/ PRIMERA PERSONA
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TEXTO A
Acto I
La escena representa un vestíbulo guarangamente amueblado. Como detalles de rigor: un gran cuadro con el retrato al
óleo de un capitán del ejército y otro un poco más chico conteniendo condecoraciones militares: cordones, medallas, etc.
Sobre una mesa hay una gran caja de cartón y delante de ésta se encuentra de pie doña María examinando unas blusas que
va sacando del interior de la caja. A pocos pasos, en actitud de espera, un muchacho.
DOÑA MARÍA. - (Concluyendo de examinar las blusas.) ¡Qué preciosura! ¡Son una monada!... (Mirando al muchacho.)
Dígale que muchas gracias, que se las agradezco muchísimo. (Acentuando.)
Y que Carmen le manda muchos recuerdos... Dígale así. (Haciendo un gesto después que el muchacho saluda y se va por
la derecha.) Son regularcitas, no más... (Gritando.) ¡Carmen! (Volviendo al comentario.) Algún saldo que no le servía...
(Gritando con más fuerza.) ¡Carmen!... (A Carmen, que aparece por la izquierda.) Mirá, mirá el regalo que te manda
Rocamora, el del registro: una blusa para vos y otra para cada una de tus hermanas...
CARMEN. - (Frunciendo el ceño.) ¿Blusas? TEXTO DRAMATICO/ TERCERA PERSONA Y 1 persona
Fragmento de Las de Barranco, de Gregorio de Laferrere (1908).
TEXTO B
Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años. Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el
tiempo y la circunstancia de la familia numerosa. Veinte años después, mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel
pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse. En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en su
interior. Éste es un mundo como otro cualquiera, decía el mensaje. TEXTO NARRATIVO/ PRIMERA PERSONA
Fragmento de “El Pozo”, de Luis Mateo Díez (1993).
TEXTO C
Desconozco la nieve
pero vi en mi tierra
la dentadura blanca
de la helada
sobre el campo.
Y un gorrión de alitas duras
moribundo bajo el sauce.
Fragmento de “Un paisaje”, de Jorge Isaías (1983). TEXTO LIRICO/ PRIMERA
PERSONA
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TEXTO 1
Acto único
Oficina rectangular blanquísima, con ventanal a todo lo ancho del salón, enmarcando un cielo infinito caldeado en azul.
Frente a las mesas escritorios, dispuestos en hilera como reclutas, trabajan, inclinados sobre las máquinas de escribir, los
empleados. En el centro y en el fondo del salón, la mesa del Jefe, emboscado tras unas gafas negras y con el pelo
cortado como la pelambre de un cepillo. Son las dos de la tarde, y una extrema luminosidad pesa sobre estos
desdichados simultáneamente encorvados y recorta dos en el espacio por la desolada simetría de este salón de un
décimo piso.
EL JEFE. - Otra equivocación, Manuel.
MANUEL. - ¿Señor?
EL JEFE. - Ha vuelto a equivocarse, Manuel.
MANUEL. - Lo siento, señor.
EL JEFE.-Yo también. (Alcanzándole la planilla.) Corríjala. (Un minuto de silencio.)
EL JEFE. - María.
MARÍA. - ¿Señor?
EL JEFE.-Ha vuelto a equivocarse, María.
MARÍA (acercándose al escritorio del Jefe).-Lo siento, señor.
EL JEFE.-También yo lo voy a sentir cuando tenga que hacerlos echar. Corrija.
Nuevamente hay otro minuto de silencio. Durante este intervalo pasan chimeneas de buques y se oyen las
pitadas de un remolcador y el bronco pito de un buque. Automáticamente todos los EMPLEADOS enderezan
las espaldas y se quedan mirando la ventana.
EL JEFE (irritado). - ¡A ver si siguen equivocándose! (Pausa.)
EMPLEADO 1° (con un apagado grito de angustia). - ¡Oh! no; no es posible. (Todos se vuelven hacia él.)
EL JEFE (con venenosa suavidad).- ¿Qué no es posible, señor?
MANUEL. - No es posible trabajar aquí.
Fragmento de La isla desierta, de Roberto Arlt (1937). TEXTO
DRAMATICO/ PRIMERA PERSONA
TEXTO 2
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Pablo Neruda, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Buenos Aires, Losada, 1944.
TEXTO LIRICO/ PRIMERA PERSONA
TEXTO 3
La foto [Mini cuento - Texto completo.] Enrique Anderson Imbert
Jaime y Paula se casaron. Ya durante la luna de miel fue evidente que Paula se moría. Apenas unos pocos meses de vida
le pronosticó el médico. Jaime, para conservar ese bello rostro, le pidió que se dejara fotografiar. Paula, que estaba
plantando una semilla de girasol en una maceta, lo complació: sentada con la maceta en la falda sonreía y... ¡Clic!
Poco después, la muerte. Entonces Jaime hizo ampliar la foto -la cara de Paula era bella como una flor-, le puso vidrio,
marco y la colocó en la mesita de noche.
Una mañana, al despertarse, vio que en la fotografía había aparecido una manchita. ¿Acaso de humedad? No prestó más
atención. Tres días más tarde: ¿qué era eso? No una mancha que se superpusiese a la foto sino un brote que dentro de
la foto surgía de la maceta. El sentimiento de rareza se convirtió en miedo cuando en los días siguientes comprobó que
la fotografía vivía como si, en vez de reproducir a la naturaleza, se reprodujera en la naturaleza. Cada mañana, al
despertarse, observaba un cambio. Era que la planta fotografiada crecía. Creció, creció hasta que al final un gran girasol
cubrió la cara de Paula.
TEXTO NARRATIVO/ TERCERA PERSONA
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Emma Zunz
El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló en el fondo del
zaguán una carta, fechada en el Brasil, por la que supo que su padre había muerto. La engañaron, a primera vista, el
sello y el sobre; luego, la inquietó la letra desconocida. Nueve diez líneas borroneadas querían colmar la hoja; Emma leyó
que el señor Maier había ingerido por error una fuerte dosis de veronal y había fallecido el tres del corriente en el
hospital de Bagé. Un compañero de pensión de su padre firmaba la noticia, un tal Feino Fain, de Río Grande, que no
podía saber que se dirigía a la hija del muerto.
Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de malestar en el vientre y en las rodillas; luego de ciega culpa, de
irrealidad, de frío, de temor; luego, quiso ya estar en el día siguiente. Acto continuo comprendió que esa voluntad era
inútil porque la muerte de su padre era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin. Recogió el
papel y se fue a su cuarto. Furtivamente lo guardó en un cajón, como si de algún modo ya conociera los hechos
ulteriores. Ya había empezado a vislumbrarlos, tal vez; ya era la que sería.
En la creciente oscuridad, Emma lloró hasta el fin de aquel día del suicidio de Manuel Maier, que en los antiguos días
felices fue Emanuel Zunz. Recordó veraneos en una chacra, cerca de Gualeguay, recordó (trató de recordar) a su madre,
recordó la casita de Lanús que les remataron, recordó los amarillos losanges de una ventana, recordó el auto de prisión,
el oprobio, recordó los anónimos con el suelto sobre «el desfalco del cajero», recordó (pero eso jamás lo olvidaba) que su
padre, la última noche, le había jurado que el ladrón era Loewenthal. Loewenthal, Aarón Loewenthal, antes gerente de la
fábrica y ahora uno de los dueños. Emma, desde 1916, guardaba el secreto. A nadie se lo había revelado, ni siquiera a su
mejor amiga, Elsa Urstein. Quizá rehuía la profana incredulidad; quizá creía que el secreto era un vínculo entre ella y el
ausente. Loewenthal no sabía que ella sabía; Emma Zunz derivaba de ese hecho ínfimo un sentimiento de poder.
No durmió aquella noche, y cuando la primera luz definió el rectángulo de la ventana, ya estaba perfecto su plan.
Procuró que ese día, que le pareció interminable, fuera como los otros. Había en la fábrica rumores de huelga; Emma se
declaró, como siempre, contra toda violencia. A las seis, concluido el trabajo, fue con Elsa a un club de mujeres, que tiene
gimnasio y pileta. Se inscribieron; tuvo que repetir y deletrear su nombre y su apellido, tuvo que festejar las bromas
vulgares que comentan la revisación. Con Elsa y con la menor de las Kronfuss discutió a qué cinematógrafo irían el
domingo a la tarde. Luego, se habló de novios y nadie esperó que Emma hablara. En abril cumpliría diecinueve años,
pero los hombres le inspiraban, aún, un temor casi patológico... De vuelta, preparó una sopa de tapioca y unas
legumbres, comió temprano, se acostó y se obligó a dormir. Así, laborioso y trivial, pasó el viernes quince, la víspera.
El sábado, la impaciencia la despertó. La impaciencia, no la inquietud, y el singular alivio de estar en aquel día, por fin. Ya
no tenía que tramar y que imaginar; dentro de algunas horas alcanzaría la simplicidad de los hechos. Leyó en La Prensa
que el Nordstjärnan, de Malmö, zarparía esa noche del dique 3; llamó por teléfono a Loewenthal, insinuó que deseaba
comunicar, sin que lo supieran las otras, algo sobre la huelga y prometió pasar por el escritorio, al oscurecer. Le
temblaba la voz; el temblor convenía a una delatora. Ningún otro hecho memorable ocurrió esa mañana. Emma trabajó
hasta las doce y fijó con Elsa y con Perla Kronfuss los pormenores del paseo del domingo. Se acostó después de almorzar
y recapituló, cerrados los ojos, el plan que había tramado. Pensó que la etapa final sería menos horrible que la primera y
que le depararía, sin duda, el sabor de la victoria y de la justicia. De pronto, alarmada, se levantó y corrió al cajón de la
cómoda. Lo abrió; debajo del retrato de Milton Sills, donde la había dejado la antenoche, estaba la carta de Fain. Nadie
podía haberla visto; la empezó a leer y la rompió. Referir con alguna realidad los hechos de esa tarde sería difícil y quizá
improcedente. Un atributo de lo infernal es la irrealidad, un atributo que parece mitigar sus terrores y que los agrava tal
vez. ¿Cómo hacer verosímil una acción en la que casi no creyó quien la ejecutaba, cómo recuperar ese breve caos que
hoy la memoria de Emma Zunz repudia y confunde? Emma vivía por Almagro, en la calle Liniers; nos consta que esa
tarde fue al puerto. Acaso en el infame Paseo de Julio se vio multiplicada en espejos, publicada por luces y desnudada
por los ojos hambrientos, pero más razonable es conjeturar que al principio erró, inadvertida, por la indiferente recova...
Entró en dos o tres bares, vio la rutina o los manejos de otras mujeres. Dio al fin con hombres del Nordstjärnan. De uno,
muy joven, temió que le inspirara alguna ternura y optó por otro, quizá más bajo que ella y grosero, para que la pureza
del horror no fuera mitigada. El hombre la condujo a una puerta y después a un turbio zaguán y después a una escalera
tortuosa y después aun vestíbulo (en el que había una vidriera con losanges idénticos a los de lacasa en Lanús) y después
a un pasillo y después a una puerta que se cerró. Los hechos graves están fuera del tiempo, ya porque en ellos el pasado
inmediato queda como tronchado del porvenir, ya porque no parecen consecutivas las partes que los forman.
¿En aquel tiempo fuera del tiempo, en aquel desorden perplejo de sensaciones inconexas y atroces, pensó Emma Zunz
una sola vez en el muerto que motivaba el sacrificio? Yo tengo para mí que pensó una vez y que en ese momento peligró
su desesperado propósito. Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella
ahora le hacían. Lo pensó con débil asombro y se refugió, en seguida, en el vértigo. El hombre, sueco o finlandés, no
hablaba español; fue una herramienta para Emma como ésta lo fue para él, pero ella sirvió para el goce y él para la
justicia. Cuando se quedó sola, Emma no abrió en seguida los ojos. En la mesa de luz estaba el dinero que había dejado el
hombre: Emma se incorporó y lo rompió como antes había roto la carta. Romper dinero es una impiedad, como tirar el
pan; Emma se arrepintió, apenas lo hizo. Un actode soberbia y en aquel día... El temor se perdió en la tristeza de su
cuerpo, en el asco. El asco y la tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente selevantó y procedió a vestirse. En el
cuarto no quedaban colores vivos; el último crepúsculo se agravaba. Emma pudo salir sin que lo advirtieran; en la
esquina subió a un Lacroze, que iba al oeste. Eligió, conforme a su plan, el asiento más delantero, para que no le vieran
la cara. Quizá le confortó verificar, en el insípido trajín de las calles, que lo acaecido no había contaminado las cosas.
Viajó por barrios decrecientes y opacos, viéndolos y olvidándolos en el acto, y se apeó en una de las bocacalles de
Warnes. Paradójicamente su fatiga venía a ser una fuerza, pues la obligaba a concentrarse en los pormenores de la
aventura y le ocultaba el fondo y el fin.
Aarón Loewenthal era, para todos, un hombre serio; para sus pocos íntimos, un avaro. Vivía en los altos de la fábrica,
solo. Establecido en el desmantelado arrabal, temía a los ladrones; en el patio de la fábrica había un gran perro y en el
cajón de su escritorio, nadie lo ignoraba, un revólver. Había llorado con decoro, el año anterior, la inesperada muerte de
su mujer - ¡una Gauss, que le trajo una buena dote! -, pero el dinero era su verdadera pasión. Con íntimo bochorno se
sabía menos apto para ganarlo que para conservarlo. Era muy religioso; creía tener con el Señor un pacto secreto, que lo
eximía de obrar bien, a trueque de oraciones y devociones. Calvo, corpulento, enlutado, de quevedos ahumados y barba
rubia, esperaba de pie, junto a la ventana, el informe confidencial de la obrera Zunz.
La vio empujar la verja (que él había entornado a propósito) y cruzar el patio sombrío. La vio hacer un pequeño rodeo
cuando el perro atado ladró. Los labios de Emma se atareaban como los de quien reza en voz baja;cansados, repetían la
sentencia que el señor Loewenthal oiría antes de morir.
Las cosas no ocurrieron como había previsto Emma Zunz. Desde la madrugada anterior, ella se había soñado muchas
veces, dirigiendo el firme revólver, forzando al miserable a confesar la miserable culpa y exponiendo la intrépida
estratagema que permitiría a la Justicia de Dios triunfar de la justicia humana. (No por temor, sino por ser un
instrumento de la Justicia, ella no quería ser castigada.) Luego, un solo balazo en mitad del pecho rubricaría la suerte de
Loewenthal. Pero las cosas no ocurrieron así.
Ante Aarón Loewenthal, más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por
ello. No podía no matarlo, después de esa minuciosa deshonra. Tampoco tenía tiempo que perder en teatralerías.
Sentada, tímida, pidió excusas a Loewenthal, invocó (a fuer de delatora) las obligaciones de la lealtad, pronunció algunos
nombres, dio a entender otros y se cortó como si la venciera el temor. Logró que Loewenthal saliera a buscar una copa
de agua. Cuando éste, incrédulo de tales aspavientos, pero indulgente, volvió del comedor, Emma ya había sacado del
cajón el pesado revólver. Apretó el gatillo dos veces. El considerable cuerpo se desplomó como si los estampidos y el
humo lo hubieran roto, el vaso de agua se rompió, la cara la miró con asombro y cólera, la boca de la cara la injurió en
español y en ídisch. Las malas palabras no cejaban; Emma tuvo que hacer fuego otra vez. En el patio, el perro
encadenado rompió a ladrar, y una efusión de brusca sangre manó de los labios obscenos y manchó la barba y la ropa.
Emma inició la acusación que había preparado (“He vengado a mi padre y no me podrán castigar...”), pero no la acabó,
porque el señor Loewenthal ya había muerto. No supo nunca si alcanzó a comprender.
Los ladridos tirantes le recordaron que no podía, aún, descansar. Desordenó el diván, desabrochó el saco del cadáver, le
quitó los quevedos salpicados y los dejó sobre el fichero. Luego tomó el teléfono y repitió lo que tantas veces repetiría,
con esas y con otras palabras: Ha ocurrido una cosa que es increíble... El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto
de la huelga...
Abusó de mí, lo maté...
La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de
Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran
falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.
Jorge Luis Borges
TEXTO NARRATIVO/ TERCERA PERSONA
Actividad:
1)- identificar a qué tipo de género literario pertenecen cada uno de los textos. Argumentar tu respuesta.
2)- En el género narrativo:
A)- ¿Qué tipo de narrador predomina en cada cuento? HOMODIEGETICO
B)- ¿Cuál es el tema central de cada uno de ellos?
Marca con un color o transcríbelo en tu carpeta.
EL CAUTIVO: El tema principal de la obra es la pérdida de un niño y el encuentro con su identidad.
EL POZO: TRATA sobe la tragica Muerte del hermano menor del narrador, Alberto, quien cayo a un pozo a la edad de
cinco años.
LA FOTO: el tema central es de dos novios. y a ella le quedan pocos meses de vida y su novio para recordarla
siempre.
EMMA ZUNZ: lavenganza que trama Emma Zunz contra Loewenthal, a causa del
perjuicio que este causó a su familia
C)- Explica con tus palabras de que trata el cuento.
EL CAUTIVO: NARRA LA HISTORIA DE UN NIÑO BLANCO ARGENTINO RAPTADO POR LOS INDIOS DESPUES DEL PASO DE
UN MALON.
EL POZO: TIENE DIFERENTES PERSPECTIVAS DE ANALISIS E INTERPRETACION, SI BIEN TRATA DE UN NIÑO QUE CAYO A
UN POZO, SU FINAL OFRECE DISTINTAS INTERPRETACIONES.
LA FOTO: Emma
Zunz recibió la notificación del suicidio de su padre, quien debido a
una acusación de robo injusta, tuvo que huir del país.
D)- Identificar los personajes principales en cada cuento. Resáltalo con un color o transcríbelo en tu carpeta.
3)- En el género lírico:
A)- ¿Qué figura predomina en el texto poético?
B)- Identifica cuál es el tema central en cada una de las poesías y explica de que trata.