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CUENTO UN PACTO CON EL DIABLO |
Dr. Enrique Gareés F. i
Dionisio tenia 12 arios de edad y sexto grado de Escuela. Vivia con su
madre en una casa colonial de 5 patios y los retratos de los bisabuelos,
abuelos y padre, como el adorno mas preciado de su pequena sala. Los
apellidos de Dionisio no hacen falta repetirlos.
Cruzado un carril de larga correa, todas las mafianas descendia por las
escaleras estrechas y oscuras que le conducian desde un tercer piso a la calle.
Alli, en grupo con sus companeros, esperaba el autoblis de servicio publico
que lo lievaria desde el populoso barrio de “la Loma" a la Escuela de los
Hermanos Cristianos, en él centro de la ciudad. Todas ias mafianas se
encontraban con un pueblo de nifios que habitaba su casa y el barrio entero.
La pobreza aumentaba en cada pasillo y vericueto de esa “asa comunal””
Habia cientos de historias, desde la propia de él -hijo de una modesta
secretaria, viuda ya hace tiempo, hasta !a de ciertos limosneros que tommaban
ei umbral ‘de la puerta de calle como dormitorio.
La Escuela empezaba a las 7 a.m. y terminaba a las 3 p.m.
A la vuelta, siempre hall a la ‘Loma’ tornada en una gran familia. La i
“comadre’’ Rosario vendiendo carne y contando su dinero. ~“Dofia Miche”, |
vecina costurera, que perdié un hijo y abria su casa para dar a los nifos
chocolate. Don Jorge’, tendero de la esquina que ios perseguia con palos y
Piedras porque se le reclamaba que el pan que vendia era muy caro.
Al reclamo respondia con insultos. Al insulto"un coro de voces le gritaba
“Jorjon, Ojén, Paton, Nariz6n, Bocon, Egoisto y Avarén’’. Entonces venian
los palos y, desde luego las carreras ;
La calle se convertia en cancha de futbol, ¢ inclusive habia un equipo
Pe ecemene organizado, con camisetas, zapatos, medias, etc. EI “‘tiburén’’
lartinez era su capitan. El “zurdo’’ Rojas el centrodelantero y el “gorgojo””
Serrano un estupendo defensor. Sélo darles la mano o tocar su camiseta era
un verdadero honor. Sobretodo, la de su capitan.
Por la noche, teatro de aficionados, juegos de marros, rayuela, ronda, "arroz
con leche _me quier. casar’, ‘“Matantirun ti run la’” ‘Ese oficio no me |
gusta”. "Ese oficio si me gusta"....etc. etc.
Y el amor. A Dionisio nunca le falté el amor, lacerante, incomprensible.
“Mama, siento deseos inmensos de estar sdlo con Rosita, esa ninita del
primer patio, con ojos tan hermosos... Mama. estaré empezando a querer?
Y, por fin, el telon del suefio sobre el barrio. Uno a uno iba desfilando.
Nunca se supo cudntos eran, quiénes eran y cémo eran. La noche cata
comenzaban a oirse los gritos bohemios. Al final, salian los fantasmas
leyendas. Dionisio, para entonces, dormia plaécidamente,
Termind el afio escolar y, ese dia, su madre frente a ta lectura del libro di
calificaciones, le decia
-“Dionisio, Excelente.- Primer Puesto". “Qué emocién, hijo mio” -
deposité un beso grande y fresco en la frente. “Hoy irs conmigo ai Teat
Sucre para ver a Fu-Man-Chu”. Dionisio sintié orgullo y se lanzé a los braz4s
de la progenitora.Un Pacto....
Rosita, la de los ojos tristes y hermosos_supo con anterioridad y como
todavia no sabia besar le entregé una flor. E! “tiburén” Martinez también lo
supe y como no tenia otra cosa que ofrecer, le ofrecié el cargo de Masajista
del equipo.
“Fu-Man-Chu’’, decia ‘’El Comercio,’ es un mago de cualidades excepciona-
Jes, suficientes para atraer a todos los ptiblicos. Ha firmado un Pacto con el
Diablo. Todo su poder lo debe a él. Asista y espantese con este endemonia-
do. Precio 15 sucres’’. En el lado derecho del anuncio se vefa su foto. Vestia
Smoking, buche inglés y capa larga negra, con fondo rojo, atada por detrés de
igs hombros. Sus ojos penetranies parecian salirse del papel, cobrar vida por
si mismos y adentrarse en el fondo del alma. Dionisio los sintié asf.
Preso de intensisima emocién se fue a la calle pues le tocaba masajear al
“Tiburén’’. En su bolsillo, a mas del mentol, el_trompo, las bolas de cristal,
estaba el recorte del mago de ojos penetrantes, Sentia al diablo en el bolsillo,
pero, sin duda, la sola presencia del “‘tiburén"’, primer arquero del barrio, le
tranquilizarla, Y asi fue
Vinieron el bafio, la camisa nueva, la corbata de pajarito, el pantalén corto
y, desde luego, el trompo y las bolas de cristal. También el retrato. Quemaba
como brasa caliente y parecia hablar desde el boisillo, “Amigo, Amigo, nos
veremos’’. Una sensaci6n de mariposas en el estémago. Un escalofrio
punzante. Fu-Man-Chu, debe ser un hombre muy malo. Un pacto con el
diablo... Es decir es Satands. Pero ¢Porqué le dejan presentarse’’ ?.
En todo caso estaba con su madre. Nada pasaria. Fueron caminando por
la populosa calle. “Hola, comadre Rosario’, Hola “Jorjén’’, “‘Oj6n’’..., Hola
Dofia Miche’. Un gran helado de naranja tranquilizaba su espiritu...
El Teatro estaba imponente. Las luces prendidas a medias lanzaban
bocanadas de una débil claridad. Las butacas crujian con chirridos roncos al
impulso de la mano de los acomodadores. Cientos de cabezas movianse con
vaivenesde brisa entre las hojas y un murmullo seco como el agua se escucha-
6a en el ambiente.
Al frente, el telon con los angeles resbalando de las nubes. Era una nube
por si misma coloreada de angeles, interpuesta entre el hombre endemoniado
el auditorium impaciente. Un -agujero redondo miraba y miraba a las
utacas.
Los angeles le serenaron y le hicieron pensar en Jesucristo. Su corona de
espinas taladrando la cabeza; su mirada melancélica de viajero perdido; la tez
palida con la fae seca. La mano de su madre le apreté corifiosamente y
volvié a la realidas
Sond la primera campanada. La junda. Aumentd el silencio. Su madre
se puso los anteojos y el sefior de a lado dobld el periédico y cruzé los brazos.
Y la Tercera... Se levanté el tel6n.
Ahi estaba Fu-Manchu. Alto y huesudo. Con la elegante capa caida_por los
hombros. Smoking negro. Corbata blanca de lazo que cubria la pera. Zapatos
negros y brillantes. Chaleco diminuto con botones dorados. Manos agiles y
dedos extremadamente largos. Buche inglés. Ojos vivos y mas penetrantes
an que el recorte de “‘E! Comercio’, o los cartelones colgados en el Teatro
ucre.Un Pac to...
Se desabroché la capa; se quité el sombrero y frotandose las manos salud6
al publico.
Desde ese momento, casi sin hablar, transformé un vaso de agua en lech
recorté-Una corbata en mil pedazos y los enteré_nuevamente con un simple
soplo de la boca; tomé el sombrero y sacé mil pafuelos de colores; extrajo un
huevo de gallina y hasta un conejo blanco de areas caidas; se tragé una
pelota de golf y al rato aparecié en uno de los bolsillos de su pantal6n; corté
en dos pedazos a una sefiorita; durmié a cuanto expectador pasaba al esce-
nario y entre una salva de aplausos se fue como habia venido. . Subitamente.
Misteriosamente. . -
Esa noche para Dionisio fue inolvidable. Silencigso y con la vista caida se
formulé preguntas y preguntas.