Protección de Datos Personales en Argentina
Protección de Datos Personales en Argentina
Violaciones a la privacidad
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A grandes rasgos, el derecho a la intimidad es uno de los que tiene mayor jerarquía en la Argentina. En
particular, el artículo 18 de la Constitución Nacional establece: “Es inviolable la defensa en juicio de la
persona y de los derechos. El domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los
papeles privados”[1], el 19 prevé “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al
orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la
autoridad de los magistrados”[2]. Finalmente, el 43, al referirse a la acción de amparo establece:
Toda persona podrá interponer esta acción para tomar conocimiento de los datos a
ella referidos y de su finalidad, que consten en registros o bancos de datos
públicos, o los privados destinados a proveer informes, y en caso de falsedad o
discriminación, para exigir la supresión, rectificación, confidencialidad o
actualización de aquéllos[3].
La existencia de estas normas nos permite colegir la fundamental importancia brindada por los legisladores
a este tópico, tanto en 1853 al promulgar la primera Constitución como posteriormente en la reforma de 1994
(en la cual, además del artículo 43, incorporó tratados internacionales que también protegen los derechos
vinculados con esta cuestión).
El derecho a la intimidad es un derecho fundamental y motivó al dictado de leyes que establecieron límites a
la libre circulación de datos e información vinculada con los ciudadanos argentinos. Muchas veces se hace
referencia a la Ley de Habeas Data como algo diferente a la Ley de Protección de Datos Personales (Ley N°
25.326) cuando, en realidad, son lo mismo. Esta última, promulgada en el año 2000, regula casi en su
totalidad el tratamiento de los datos personales y se encuentran en ella las principales herramientas con la
que cuenta todo ciudadano a la hora de reclamar por su privacidad.
No es menor destacar que, en la era de las comunicaciones, es cada vez más frecuente compartir
información privada en el mundo de internet. Se ha acrecentado la divulgación de datos personales y, en
todo momento (voluntaria o involuntariamente), se comparte con empresas y con otras personas datos que
tiempo atrás pertenecían exclusivamente a la esfera íntima de su titular. La privacidad como tal ha perdido
valor para la sociedad y se la entrega a cambio de la posibilidad de acceder a determinadas funcionalidades
tecnológicas.
No obstante, para el derecho, la intimidad continúa como un bien que merece protección. En tal sentido, tal
como mencionamos, se permite a los ciudadanos conocer la información que las “bases de datos” tienen
acerca de ellos.
En primer lugar, debe destacarse que el principal fin que tiene la Ley de Protección de datos es la de
establecer obligaciones ineludibles para todos aquellos que vayan a recolectar datos de terceros. A
continuación, indicaremos sintéticamente los lineamientos que establece esta normativa.
En primer lugar, instituye la obligación de inscribir la base de datos en un registro obligatorio. En el mismo,
debe consignarse y publicarse para todos los usuarios una identidad de la persona o la empresa
responsable como así también un domicilio, en el que serán válidas las notificaciones que se envíen a tal
efecto. Por otra parte, y solo ante el pedido del titular de los datos, deben informar qué datos de él se poseen
y para qué fin se utilizan. Se brinda, además, la posibilidad de suprimir los datos innecesarios, actualizar los
desactualizados y modificar los errados en lo que se conoce como los derechos de supresión, rectificación y
actualización. El acceso a los mismos es gratuito para el usuario.
Por otra parte, existen también límites al tratamiento de lo que se conocen como datos sensibles, que son
aquellos datos personales que incluyan: “origen racial y étnico, opiniones políticas, convicciones religiosas,
filosóficas o morales, afiliación sindical e información referente a la salud o a la vida sexual”[4]. En tal caso,
la base de datos deberá ser sometida a un proceso conocido como de disociación a través del cual no se
permita vincular dicho dato con la persona titular del mismo.
La mencionada ley pone, a su vez, en cabeza del titular de la base de datos la responsabilidad de establecer
mecanismos de seguridad adecuados para el tratamiento de la información, siempre de acuerdo al nivel de
complejidad que la misma tenga. Asimismo, se le exige contar con el consentimiento expreso de todos los
usuarios incluidos en la base y pone condiciones de los datos que puede manejar.
Cuando un derecho que la ley consagra no tiene respuesta por parte del titular de la base de datos, el usuario
puede accionar mediante el habeas data, que es el recurso que se encuentra contenido en el artículo 43 de
la Constitución Argentina. Por intermedio de este la persona damnificada puede, mediante un procedimiento
sumarísimo judicial, exigir jurisdiccionalmente lo que la propia ley le reconoce respecto de sus datos, ya sea
suprimir, actualizar, rectificar o en su caso acceder a los mismos.
Finalmente, corresponde resaltar que esta normativa y otras reglamentaciones afines, establecen sanciones
pecuniarias para quienes incumplan sus disposiciones, como así también se crean figuras penales que
constituyen delitos sujetos a persecución criminal. Lo real y cierto es que, en la medida en que el
mecanismo de control no sea efectivo en el contralor del ejercicio de estas actividades, no existe ningún
incentivo a su cumplimiento. A su vez, huelga destacar en el mismo sentido en el que se hizo supra, que la
aplicación de esta norma rige para el territorio Argentino. En redes sociales con alcance mundial, la Ley de
Datos Personales no tiene ningún efecto y, por ende, deviene inaplicable. Es por ello que deberá tenerse
especial énfasis en las políticas de privacidad que cada una de las plataformas redacte para sus usuarios,
como así también la ley de aplicación en el país de origen de la misma.
[1] Art. 18- Constitución Nacional Argentina (1853). Congreso General Constituyente. Santa Fe, Argentina. 1 de mayo de
1853.
En Argentina, para regular dicha cuestión existe la Ley N° 24.766 Ley de confidencialidad sobre información
y productos que estén legítimamente bajo control de una persona y se divulgue indebidamente de manera
contraria a los usos comerciales honestos, mejor conocida como Ley de Secreto Comercial.
Esta norma establece los parámetros bajo los cuales la divulgación la información de una empresa para su
uso comercial constituye una infracción y prevé las acciones que el damnificado debe realizar. Lo que se
busca, en particular, es mantener la información de uso comercial de la empresa bajo su faz interna y que
los dependientes o terceros que eventualmente acceden a ella no la trasladen al exterior de la misma.
Debe tenerse especialmente en cuenta esta situación a la hora de generar contenidos para el social media,
dado que se han presentado en los tribunales numerosas situaciones litigiosas por un trato erróneo de la
información propia de la empresa. A su vez, puede existir un conflicto no solamente a causa de la
publicación indebida de la información sino también por su traslado hacia los procesos internos de otra
compañía. En este sentido, muchas empresas cuentan con procedimientos técnicos, administrativos, know
how, etc.; que pueden estar sujeto a protección y que, como establece la ley, no deben ser transmitidas a
otra al cambiar de trabajo o prestar otro servicio.
ARTICULO 1°- Las personas físicas o jurídicas podrán impedir que la información que
esté legítimamente bajo su control se divulgue a terceros o sea adquirida o utilizada por
terceros sin su consentimiento de manera contraria a los usos comerciales honesto,
mientras dicha información reúna las siguientes condiciones:
De los mencionados requisitos, se extrae que existe una enorme responsabilidad de la empresa en el
mantenimiento de la información como secreta. En efecto, deberá mantenerla resguardada para que no se
entienda como un “todo” completo y de tal forma haya un esfuerzo del que accede a la misma en infracción.
Es decir, la información bajo protección debe estar lo suficientemente resguardada como para que quien
accede a la misma deba hacerlo violentando medidas que son efectivas para la protección de la
confidencialidad. A su vez, esa información realmente debe tener un valor en sí misma, más allá de las
cuestiones personales o intrascendentes de la empresa. Finalmente, debe haberse realizado un esfuerzo en
mantenerla en ese carácter de secreta, motivo por el que generalmente se le agregan leyendas como
“información confidencial”, “prohibida su divulgación”, se establecen contraseñas, etc.
Los artículos 2 y 3 amplían lo previsto en el 1 e involucran los medios en los que aparece la información y a
las personas que están bajo su obligación. En tal sentido, establecen:
ARTICULO 3°- Toda persona que con motivo de su trabajo, empleo, cargo,
puesto, desempeño de su profesión o relación de negocios, tenga acceso a una
información que reúna las condiciones enumeradas en el artículo 1° y sobre cuya
confidencialidad se los haya prevenido, deberá abstenerse de usarla y de revelarla
sin causa justificada o sin consentimiento de la persona que guarda dicha
información o de su usuario autorizado[2].
No obstante, el tráfico comercial ha creado mecanismos más específicos de manejo de la información, los
cuales analizaremos a continuación: los acuerdos de confidencialidad.
[1]
Art. 1- Ley N° 24.766 (1996). Ley de confidencialidad sobre información y productos que estén legítimamente bajo
control de una persona y se divulgue indebidamente de manera contraria a los usos comerciales honestos. Honorable
[2]
Art. 2 y 3 - Ley N° 24.766. Op. cit.
2.1.3. Acuerdos de confidencialidad
Los acuerdos de confidencialidad, también conocidos como NDA (por sus siglas en inglés non disclosure
agreement) pretenden establecer con claridad cuándo se viola un secreto comercial. Mediante esta
herramienta, las partes tendrán en cuenta distintas consideraciones y se establecerán recíprocamente
obligaciones de secreto en relación a determinadas informaciones, más allá de lo específicamente previsto
en la ley.
A su vez, por tratarse de contratos en marco de la autonomía de la voluntad, permiten que sean suscriptos
internacionalmente sin importar la ley vigente de cada uno de los países en relación a confidencialidad. Esta
cualidad los hace cada vez más frecuentes en marco del comercio internacional.
La actividad de cualquier profesional que presta servicios para una empresa, tanto como proveedor externo
como en relación de dependencia, no escapa a la suscripción de esta clase de acuerdos. En particular, y
más allá de las obligaciones legales que como mero empleado o profesional corresponden, las compañías
suelen suscribir NDA previo al inicio de los servicios para proteger información relevante para ellos. Por esto,
a la hora de firmar un contrato de estas características, debe tenerse especial cuidado en comprender los
alcances del mismo y sus deficiencias en general.
En primer lugar, corresponde destacar que los convenios de confidencialidad son contratos denominados
atípicos, es decir, que no tienen regulación propia en la legislación argentina. Por ello, se encuentran
solamente sometidos a las normas de los contratos en general, o sus requisitos de validez, tal como
analizamos en el módulo anterior. Es por ello que, más allá de los mencionados, no existen límites legales a
la hora de redactarlos.
Lo que en la práctica sucede es que, ante la ausencia de limitaciones, terminan siendo tan amplios que se
vuelven de imposible cumplimiento o de imposible ejecución. A continuación, se indican las características
ineludibles a la hora de redactarlos o, en su caso, a la hora de analizar un contrato que se le presenta para la
firma.
1) Objeto
–
Muchas de las grandes dificultades con las que se debe lidiar a la hora de interpretar un acuerdo de
confidencialidad giran en torno a qué es lo que efectivamente se busca proteger. A la hora de definir el
objeto se encuentran, en general, frases tales como “toda información a la que tenga acceso la otra parte”,
“todos los datos de la empresa”, “cualquier otro dato del que se tenga conocimiento”, etc. Esta clase de
expresiones son totalmente genéricas, lo cual implicaría que se está en infracción constantemente: piense
en “todos los datos de la empresa” a los que se tiene acceso (el nombre comercial, la razón social, el
domicilio, etc.) son datos que pueden ser conocidos por cualquier persona y que, por firmar un contrato que
contenga esa cuestión, automáticamente se estaría violando el mismo. Con este ejemplo se pretende
explicar que, con las descripciones genéricas y abiertas, el NDA pone en infracción al firmante que lo
acepta sin analizar profundamente esta situación.
Lo que debe analizarse, tanto a la hora de redactarlo como de firmarlo, es qué se busca proteger. Se debe
ser extremadamente cauteloso en identificar el diferencial de la empresa o del proyecto en particular que
no podría ser conocido por terceros y detallarlo en el contrato de la manera más minuciosa posible. De esta
manera, el NDA realmente cumplirá su función.
Esta previsión debe tenerse en cuenta también a la hora de firmar un convenio de estas características con
otra persona. La falta de detalle en la redacción nos puede poner en situación de incumplimiento,
prácticamente, desde el momento de la firma.
2) Sujetos
–
Muchas veces estos contratos presentan la falencia de no poder explicar quiénes son alcanzados por sus
previsiones. En general, su contenido se extiende tanto a los firmantes como a terceros que desconocen
completamente de su existencia. En tal sentido, se obtienen leyendas tales como “a los dependientes,
empleados, proveedores, terceros vinculados, empresas en las que sea socio o director, empresas que
participen de la prestación del servicio, etc.”. Es decir, son varios los casos en los que, al suscribir contratos
de estas características, nos obligamos a responder por lo que hagan con los datos terceros que, a veces,
no llegamos ni siquiera a conocer o, si los conocemos, actúan con independencia de nuestras
indicaciones.
Se advierte, entonces, la especial cautela que debe tenerse a la hora de comprometerse a brindar
determinado tratamiento a la información si es que la misma es demasiado amplia o las personas por las
cuales debemos responder son indeterminadas o escapan de nuestro control. En estos casos, se sugiere
pedir aclaraciones detalladas previo a la firma.
3) Sanciones
–
Una cuestión que la ley no prevé expresamente, y que los contratos deben necesariamente establecer, es
qué sucede frente al incumplimiento del acuerdo. En los tribunales, al igual que en las negociaciones
privadas, se torna realmente dificultoso cuantificar el daño por la divulgación indebida de información
protegida. Si bien existen algunos parámetros doctrinarios y jurisprudenciales, no hay consenso en relación
a determinar cómo debe el infractor indemnizar al damnificado. Respecto a ello, la ley que analizamos
anteriormente no prevé ninguna solución específica más que remitir a las normas penales y civiles para el
caso.
Es por esto que el contrato, para que sea efectivo, es conveniente que establezca un monto o un
procedimiento para determinar cómo se responde frente a la infracción. Si bien el infractor, previo a
cometer una divulgación, podrá analizar la conveniencia económica o no de hacerlo, simplificará el reclamo
que podrá extenderse en su caso. De esta manera, si la determinación de las consecuencias de la
infracción es clara, el contrato será ejecutable y podrá cumplir sus efectos. A la inversa, quien se encuentre
en situación de infringir el acuerdo o la ley, podrá actuar sin tener en claro las consecuencias que ello
implica, lo cual, muchas veces, es un incentivo a la infracción.
4) No competencia
–
Se incurre muchas veces en un error al pretender brindarle un marco de confidencialidad a algo que, en
realidad, no lo necesita. Aunque en módulos posteriores se analizará la protección de la propiedad
intelectual (PI) y de los intangibles, destacamos en este punto que muchas veces los titulares de obras
sujetas al régimen de PI pretenden protegerlas mediante la firma de acuerdos de confidencialidad. Es decir,
utilizan acuerdos que están destinados a proteger el secreto de alguna información para su contenido (que
no es secreto). Con esto, le dan marco de confidencial a contenidos que en realidad son públicos, por lo que
quien se comprometió a darle confidencialidad a ello (erróneamente) necesariamente queda sometido al
riesgo de ser perseguido por divulgar algo que, en la práctica, no era secreto. Por ello, debe limitarse
específicamente lo confidencial a lo que no se pueda divulgar y solamente a esto.
La solución a esto es prever una cláusula de no competencia en la cual se detalle la actividad en particular
que se encuentra vedada. Así, y en el caso de los community manager, se podría prever especificaciones de
la tarea que no se puedan realizar por determinado tiempo o en determinado lugar en fidelidad con quien se
firma ese contrato. En tal caso, lo que quedará protegido será lo que efectivamente se buscaba proteger.
Lo que se pretende advertir con estas aclaraciones genéricas es que, en torno a los NDA existe un gran
desconocimiento. En consecuencia, se firman reiteradas veces contratos que no solo colocan a los
firmantes en constante infracción, sino que también no cumplen el efecto buscado a la hora de
suscribirlos. A su vez, y por todas estas cuestiones, se torna dificultoso ejecutarlos para quienes están
interesados en que se lleven a cabo. En conclusión, si bien son muy útiles para firmarlos
internacionalmente y para suplir las insuficiencias de la ley, debe tenerse especial cuidado en su redacción
y, sobre todo, conocer acabadamente los límites de la actividad profesional.
Si bien las leyes que analizamos son de aplicación local, cabe destacar que la mayoría de los países
occidentales suscriben a acuerdos internacionales que regulan distintas materias. No son pocas las
cuestiones en las que los Estados tienen lineamientos o normativas internas similares para las distintas
áreas temáticas. Es por esto que, en la mayoría de los países de occidente, las normas para el tratamiento
de datos son similares.
A continuación, analizaremos la privacidad en redes sociales desde la premisa que, si bien las regulaciones
en el mundo son variadas, tienen aspectos básicos que son compartidas y similares. Asimismo, no
debemos olvidar que en esta clase de plataformas nos encontramos constantemente frente a expresiones
de la autonomía de la voluntad como lo es la aceptación de contratos, los cuales, mientras sean legales, son
perfectamente válidos.
Las cuestiones vinculadas a privacidad en redes sociales generalmente están signadas y normadas por las
políticas de privacidad. Por intermedio de las mismas, los titulares de las plataformas informan a los
usuarios acerca del tratamiento que tendrán los datos brindados. Con ello, cumplen el requisito de
información generalmente requerido en las diversas legislaciones y, en general, también obtienen el
consentimiento del titular de los datos para el manejo de esos datos en la red.
Las políticas de privacidad se plasman, en general, en un documento que se acepta con un click por medio
electrónico y, en muchos casos, se encuentran incluidos en los propios términos y condiciones de la
aplicación. Es importante destacar que, en la gran mayoría de los casos, al aceptar estas políticas de
privacidad se otorga a la plataforma una especie de cheque en blanco en relación a los datos.
¿Qué tipo de información recoge una red social? Una simple lectura de las políticas de Facebook, Twitter y
Google nos permite realizar un listado bastante exhaustivo:
I N FO RM A C I Ó N S O BRE . . . .
cuando el usuario visita sitios web o usa aplicaciones de terceros que emplean los servicios de la red social
(por ejemplo, cuando ofrecen el botón “me gusta” o el inicio de sesión con la red social), esta recopila datos
de los sitios y aplicaciones empleadas.
Esta información es recabada por las redes sociales a través de diferentes medios:
Por último, resta tratar el tema de la finalidad para la cual las redes sociales recolectan esta información, lo
cual será fácilmente comprensible si se entiende cuál es el negocio de las redes sociales.
En general, para la apertura de una cuenta en una red social basta cumplir una serie de pasos simples y no
se requiere pago alguno. Se dice que las redes sociales son gratuitas y, efectivamente, lo son en la medida
en que implican una prestación de un servicio por parte del titular de la red social sin necesidad de
contraprestación económica por parte del usuario. ¿Cuál es, entonces, el negocio de las redes sociales?
En realidad, las redes sociales son gigantescas bases de datos en las que los usuarios, voluntariamente,
proporcionan información (datos) de todo tipo y habilitan a estas plataformas a utilizarla para vender
espacios de publicidad a las empresas u organizaciones que pretenden llegar a estos usuarios. No es que
las redes sociales vendan o cedan los datos de sus usuarios, lo que hacen es utilizar toda esa información
para segmentar las publicidades o anuncios de las empresas con las que trabajan.
Entonces, ¿con qué finalidad las redes sociales recaban información de sus usuarios? Las políticas de
privacidad, normalmente, declaran que lo hacen con tres finalidades:
Ofrecer publicidad:
–
quienes pretenden comercializar sus bienes o servicios a través de la red social, podrán enviar contenidos y
publicidad ajustada a los intereses y necesidades del usuario. Esto sucede gracias a que, con la
información recabada, la red social arma perfiles de usuarios para que los anunciantes ofrezcan
publicidades dirigidas a determinado segmento que estará más interesado en esos bienes o servicios que
se ofertan. Es importante aclarar que las empresas y organizaciones que ofrecen bienes o servicios a
través de una red social reciben información de esta, pero no acceden directamente a la base de datos
personales. La red social solamente les proporciona información disociada, de manera que no sea factible
determinar la identidad del titular de los datos proporcionados.
Posibilitar el desarrollo de aplicaciones de terceros:
–
posibilita el desarrollo de aplicaciones o cualquier otro desarrollo que pueda funcionar en interconexión con
los servicios de la red social. Así, por ejemplo, las aplicaciones que se ejecutan en determinada plataforma
(los juegos, por ejemplo) y que, para utilizarlas, requieren iniciar sesión en la red social, recopilan
información sobre los datos de registro del usuario de la red, su lista de contactos, etcétera.
C O NT I NU E
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Todo lo dicho hasta aquí en relación al marco legal de la privacidad tiene por objeto comprender, al menos de
manera sintética, cuáles son las normas que se debe tener en cuenta a la hora de ejercer la actividad de
community manager. Conocer acabadamente la regulación vigente nos permite determinar cuándo la
actividad está sometida a derecho y cuándo se comete alguna infracción o daño a un tercero.
Si consideramos que la intimidad y la reserva son derechos inherentes a la persona y que, en ejercicio de
ese derecho, cada uno puede manejarla como crea adecuado, analizaremos a continuación algunos casos
(en su mayoría judicializados) en relación al uso de las redes y su correlación con el derecho a la privacidad.
En muchos casos, las publicaciones efectuadas en redes sociales corren el riesgo de ser utilizadas como
prueba en algún reclamo. Por eso debe tenerse especial cautela en lo que se comparte en estas
plataformas, tanto en el ámbito personal como en el profesional. Respecto de lo personal, en la causa penal
“F., J. C. y otra s/ inf. art.(s.) 153 bis CP” (2014), una mujer denunció penalmente a su ex esposo por el delito
previsto en el artículo 153 bis del Código Penal Argentino:
Será reprimido con prisión de quince (15) días a seis (6) meses, si no resultare un delito más severamente
penado, el que a sabiendas accediere por cualquier medio, sin la debida autorización o excediendo la que
El fundamento de dicha denuncia fue que, en el juicio de divorcio, el denunciado utilizó como pruebas
publicaciones hechas por ella en su propio muro de Facebook y manifestaba que accedió a las mismas sin
la debida autorización. Para obtener esas evidencias, el hombre utilizó el perfil de su hermana quien colaboró
en la recolección de las pruebas ya que la tenía como “amiga” en Facebook. Ella también fue denunciada.
En el documento se ponía de manifiesto que esta conducta atentaba severamente contra la intimidad de la
denunciante toda vez que se accedió al contenido de su red social de manera ilegítima. En ese caso en
particular la denuncia fue rechazada. Lo que el juez tuvo en cuenta en su momento, en resumen, fue:
[1]
Art. 153- Ley N° 11.179 (1984). Código Penal Argentino. Honorable Congreso de la Nación Argentina.
(i) “no se ha comprobado la intrusión a un sistema o dato informático de acceso restringido por parte de
los imputados”, en los términos del art. 153 bis del CP; (ii) “la usuaria de una red social que
voluntariamente compartió [su] información con determinadas personas o ‘grupos de amigos’ aceptó
exponer [una] parte de su privacidad, desde el momento en que destinó ciertos datos personales ([como]
fotos [y] comentarios) para su difusión a través de internet”, (iii) “no se cumple con el requisito típico (…)
de ‘acceso sin la debida autorización’ a la cuenta de la denunciante, (…) [porque] Rodríguez tenía entre
sus contactos de Facebook a su cuñada como ‘amiga’, es decir, había autorizado el ingreso a través de
la cuenta de María Luján (…) [y, consecuentemente,] había consentido que se ingrese a esos datos a
través de la cuenta de su cuñada”; y también (iv) que ello era así “sin perjuicio del obrar desleal de quien
contando con dicha autorización puso la información a la que allí se le permitía acceder en su calidad de
‘amiga’ en poder de quien no detentaba, para ese entonces, esa condición” (CAPCF, “Rodríguez, Lidia s/
queja por recurso de inconstitucionalidad denegado en: ‘Ferrucci, José Cayetano y otra s/ infr. art.(s). 153
bis CP’, sentencia del 1 de octubre de 2014, Expte. 10307/13).
En otras palabras, lo que resolvió la Cámara fue que, si bien el acto puede ser caracterizado como desleal,
de ninguna manera cabe entenderse el acceso al perfil de la denunciante como algo indebido a un sistema
informático. A su vez, quien comparte una foto, comentarios o determinados datos personales en la red,
mediante la configuración de los destinatarios (a amigos, público en general, amigos de amigos) autoriza a
estas personas a acceder a estos datos personales. Esa autorización oportunamente conferida (consciente
o inconscientemente) no puede luego desconocerse a la hora de hacer un reclamo por violación de la
intimidad.
Debe tenerse, entonces, especialmente en cuenta esta situación a la hora de decidir publicar un contenido,
sea personal o sea comercial. En tal sentido, debemos ser conscientes de que, con un alto grado de
probabilidad, no podremos luego desconocer haber compartido un contenido y, en su caso, que personas (tal
vez desconocidas) accedan al mismo por intermedio de quienes sí se encuentran autorizados a acceder.
Similar criterio hay que aplicar cuando se trata de la publicación de imágenes de personas públicas. En un
renombrado caso, una amiga del conocido Alberto Natalio Nisman, reclamó ante los proveedores de
búsqueda para que se den de baja fotos donde aparecía ella junto a él
([Link] En su
solicitud manifestaba que estas imágenes habían sido tomadas de Facebook sin su consentimiento. En tal
oportunidad, el tribunal de primera instancia dio lugar a la solicitud, pero la Cámara revocó el fallo y no le dio
la razón. En sus argumentos, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil Argentina en el resolutorio de la
causa “D. P. Y. D. c/ Google Inc. Y otro s/ art. 250 CPC. - incidente civil” sostuvo que:
Este Tribunal entiende que resulta primordial analizar dos cuestiones que hacen que este caso sea distinto a
anteriores precedentes que se invocan. En primer lugar, la información del fallecido Dr. A. N. N., no constituye
un hecho aislado ni mucho menos privado puesto que es sabida la trascendencia que la misma ha tenido y
las connotaciones que su muerte trajo aparejadas. Incluso se trató de una noticia que trascendió las
fronteras del país; nadie duda del carácter público de la noticia y de todo lo relacionado a su persona y su
deceso.
En este tipo de cuestiones, relacionadas con hechos de carácter público y no en aspectos que
invadieran su esfera reservada para ser expuesta a terceros sin un interés que la justificara, se entiende que
debe prevalecer el principio de máxima divulgación de la información pública (CS, CIPPEC c/ Estado
Nacional - Ministerio de Desarrollo Social - dto. 1172/03 s/ amparo ley 16.986, 26/03/2014; M., J. L. c. Diario
La Arena y otros, 26/03/2013, JA 2013- III-288; D. R. B., M. c. Editorial Río Negro S.A. s/ daños y perjuicios,
30/10/2012, JA 2013-01-02 , 37, LA LEY 2013-B-346).
La Corte Suprema al interpretar la ley 11.723, ha expresado que ella veda la reproducción de la imagen en
resguardo del correlativo derecho a preservarla, que sólo cede si se dan circunstancias que tengan en mira
un interés general que aconseje hacerlas prevalecer por sobre aquel derecho (Fallos: 311: 1117).
Frente a lo opinable que pueda resultar esto, sin perjuicio de que el Tribunal a esta altura no tiene
dudas de la solución que propicia, es importante destacar, el límite de la privacidad que se invoca. La actora
aduce al respecto que las fotos que la vinculan con las noticias referentes al fallecido fiscal N. fueron
extraídas sin su autorización de su "Facebook".
El interrogante que debe plantearse es hasta donde pueden considerarse íntimas las fotos que existen
en una red social como la nombrada, donde justamente se trata de compartir eventos y fotos por una red
masiva de comunicación y que casualmente se la define como una red social.
El funcionamiento de Facebook es similar al de cualquier otra red social, aunque esta oración
deberíamos formularla al revés, ya que es esta la red social que marca los antecedentes y las condiciones
que deben cumplir las demás. Definición de Facebook - Qué es, Significado y Concepto
[Link] Es un sitio de Internet que teje una amplia red de personas,
instituciones, organizaciones sociales y escuelas, entre otras que quieren relacionarse. Es un sitio mediante
el cual, además de publicar fotos, eventos, enlaces, videos, comentarios y sugerencias, se puede mantener
comunicación con compañeros de trabajo, amigos y familiares, cada día las 24 horas. Cualquier persona
puede hacerse miembro de Facebook, mediante una dirección de correo electrónico. En cuanto a la
privacidad, hay cierto control personal al compartir información y quién puede verla. Los usuarios sólo
pueden ver los perfiles de amigos confirmados. Se puede tener una gama infinita de amigos.
Sin embargo, las principales críticas a la red social y la empresa siempre se han centrado en la supuesta
falta de privacidad que sufren sus millones de usuarios (Brown, Pamela (30 de septiembre de 2013). "NSA
mines Facebook, including Americans' profiles". [Link] (en inglés). Consultado el 5 de junio de 2014.
Como se observa en el citado resolutorio los jueces consideraron que las fotos publicadas en una red social
(Facebook, en este caso), salieron de la esfera íntima de la persona. Si bien no manifestaron que a las
mismas se les pueda dar cualquier uso, para este caso en particular entendieron que, por tratarse de una
cuestión vinculada a un caso de orden público, las fotos fueron publicadas legítimamente. En consecuencia,
entendieron que no puede alegarse que una publicación de este tipo pertenezca a la faz íntima de la persona
cuando ella misma es quien la comparte en una red social.
De los dos casos estudiados, y en la línea de lo estudiado en esta lectura, debemos resaltar la precaución
que debe tomarse al realizar una publicación en redes sociales si luego pretenderemos estar protegidos por
la privacidad. Sin perjuicio de la relación que se cree con la plataforma en virtud de esa foto, hemos visto
cómo claramente el derecho a la intimidad cede ante otras pretensiones por el sencillo hecho de haberla
compartido con los amigos de una red.
Posteriormente veremos cómo se procede con datos de propiedad intelectual o la titularidad de las
publicaciones; no obstante, debemos destacar que, independientemente de lo que suceda con la
plataforma, al compartir contenido en una red social las pretensiones fundadas en derecho a la intimidad
que posteriormente podamos plantear se verán, en general, en un plano de inferioridad frente a los derechos
de divulgación de terceros.
Por ello, se debe ser extremadamente responsable a la hora de decidir efectuar una publicación. Si luego
pretenderemos alegar que la intimidad fue violada por que alguien accedió a la misma, se tornará difícil
hacer primar ese derecho frente al que eventualmente tenga el supuesto infractor.
Distinto es el caso en relación a los menores de edad. El nuevo Código Civil y Comercial Argentino –alineado
con lo que prevén los tratados internacionales- ha instalado el concepto de capacidad progresiva de los
mismos mediante el cual se les otorga, a medida que ingresan en la madurez, mayor capacidad de decisión
en relación al ejercicio de sus derechos. En ese sentido, las decisiones en cuanto al derecho de imagen (y,
por ende, a su privacidad) ya no corren por cuenta exclusiva de los padres, sino que, según el caso en
particular, pueden ser tomadas por los propios menores. En ese sentido hay un fallo de la Cámara Nacional
de Apelaciones en lo Civil y Comercial Argentina, en los autos caratulados “G. V. A. c/ G. V. G. M. y otro s/
medidas precautorias”, en el cual se tuvo en cuenta especialmente esta situación.
En efecto, el padre de la menor había publicado reiteradas fotos de ella, con quien no tenía contacto hacía
más de 10 años, y fue demandado para que las mismas sean dadas de baja de la red. Lo que manifestó el
requerido fue que le menor no contaba con la capacidad de discernimiento suficiente toda vez que su
voluntad estaba totalmente condicionada por la de su madre a causa del ensañamiento que esta tenía con
él. En relación a la capacidad de la menor, el tribunal dijo:
Es decir, luego de analizar el nivel de madurez en relación al posible ejercicio de sus derechos, concluyeron
que estaba facultada para decidir en relación a su imagen y de su intimidad.
Luego de concluir que, en relación a ese punto, la opinión de la joven podía ser tenida en cuenta, procedieron
a analizar la jerarquía de cada derecho; es decir, el del padre a publicar fotos de su hija vs. el de la menor a
solicitar que sus fotos no sean publicadas. Al respecto dijo el tribunal:
Así las cosas, dado que nos encontramos frente a un derecho fundamental inherente a la persona-que
esgrime la adolescente-- carecerá jurídicamente de relevancia el deseo de su padre de exhibir sus
fotografías en una red social. En este caso el derecho enarbolado por su hija presenta una doble protección,
mientras que su progenitor no ha podido ampararse en precepto constitucional o convencional alguno que
permita que el interés de “A” ceda frente a su deseo de exhibir la fotografía de su hija. A ello se añade que,
de conformidad a la prescripción legal contenida en el art. 3° in fine de la Ley N° 26.061, “cuando exista
conflicto entre los derechos e intereses de las niñas, niños y adolescentes frente a otros derechos e
“En tal inteligencia, la desvinculación de “A” con su progenitor -hecho lamentable, por cierto- que es
objeto de específico tratamiento en el expte. n° 39875/2014, también en grado de apelación ante esta
alzada, y a la vista para este acto- carece de toda incidencia para resolver la cuestión que nos convoca en
las presentes actuaciones; de manera que la resolución a aquí adoptar no sería diferente si, por caso, se
mantuviera una buena relación entre padre e hija y, más aún, aunque los progenitores convivieran. No
obstante, cabe señalar que el Tribunal percibe que aquella problemática se halla enraizada en el interés del
padre de publicar las imágenes de su hija en la red social Facebook; en respuesta a un deseo propio del Sr.
G. V. Sin embargo, vale la pena insistir, esta aspiración del progenitor -aunque se la calificara como un
derecho legítimo-debe necesariamente ceder frente al derecho fundamental de su hija sobre su propia
imagen 9
Se puede concluir de lo expuesto que se colocó al derecho a la imagen por sobre todas las cosas. Este
derecho (derivado del derecho a la intimidad) cobra aún más relevancia cuando se trata de menores. Si
analizamos el caso, se trata de un padre que reclamaba vía Facebook volver a encontrarse con su hija
después de muchos años, lo cual es una cuestión extremadamente sensible. A pesar de esa situación, se
resolvió primar el derecho a la intimidad por sobre el del demandado.
Esto debe tenerse especialmente en cuenta a la hora de publicar contenido que involucre a menores de
edad. Son reiteradas las oportunidades en las que, por fines publicitarios o incluso por fines personales, se
efectúan publicaciones de este tipo sin todas las previsiones a tal efecto y luego, se deberán asumir las
consecuencias de esta falta de cuidado. Cuando de menores se trate, deberá analizarse profundamente la
actitud del involucrado frente a ello y, en particular, la opinión de los padres al respecto.
Esta cautela no solo aplica para quienes publican contenido, como en el fallo que se acaba de citar, sino
también para las plataformas. En tal sentido, en los autos “M. L. P. y en representación de la menor F. C. c/
Redes sociales Twitter, WhatsApp, Facebook, Google, Yahoo! y/o usuarios de Twitter s/ medida
autosatisfactiva”, tramitada por ante los tribunales de Salta, provincia del norte argentino, se ordenó a todas
las redes sociales a dar de baja la publicación de imágenes y videos de una menor cuyo entorno no la había
consentido. En efecto, resolvió:
Por ello, entendiendo que la documentación aportada a estos autos, resulta suficientemente elocuente para
tener por acreditado que el video difundido en los portales y/o sitios de internet demandados, efectivamente
afecta y perturba gravemente la intimidad de la menor (como también la de todo el grupo familiar),
configurando tal difusión una flagrante violación al derecho personalísimo que tiene la niña a la protección
de su intimidad e identidad, estimo procedente la medida solicitada por la peticionante. En consecuencia,
corresponde ordenar a los demandados que en forma urgente e inmediata a su notificación, se abstengan
de difundir algún video relacionado con la menor y proceden a la eliminación, anulación, borrado y/o
desactivación de todos los registros informáticos de imágenes, videos, datos, comentarios, links,
historiales, sitios, vínculos y/o motores de búsqueda que estén relacionados con ella y los que se
encuentren en sitios dispositivos (celulares, pc, pendrive, cd, etc.) que permita su almacenamiento y
guardado tanto en las redes Twitter, WhatsApp, YouTube, Facebook, Google y Yahoo!, haciendo extensiva
esta prohibición a todos los usuarios identificados en el apartado IIIc. de la prueba documental que
acompañada Cámara M. L. P. y en representación de la menor F. C. c/ Redes sociales Twitter, WhatsApp,
Facebook, Google, Yahoo! y/o usuarios de Twitter s/ medida autosatisfactiva.
En este caso la responsabilidad se extendió a quien publicó las fotos y a la propia plataforma. Es decir, se
trasladó a los proveedores de este medio para la interacción humana las consecuencias de esa misma
interacción.
Otro ejemplo que atribuye la responsabilidad a la plataforma y la obliga a dar de baja contenidos se
encuentra en los casos de suplantación de identidad como una violación a los datos personales. En el caso
“N. E. F. c/ Facebook Argentina S.R.L. s/ medida autosatisfactiva” se trató el pedido de una persona de dar
de baja una página fake y notificar a todos los contactos de esa página que la misma era falsa. Se procedió
directamente contra la red, no así contra quien, eventualmente, creó el sitio en cuestión. En particular, los
hechos endilgados fueron:
En el relato de los hechos da cuenta que en el mes de abril de 2020 se anotició de la existencia de una
cuenta [Link], bajo la denominación "E.N.", en razón de lo qué, investigo el contenido, datos
personales, contactos (amigos) e información pública que dicha cuenta posee. Que luego de ello advirtió
que no se trata de un homónimo, como podría suceder, sino que se trata de una cuenta apócrifa, lo que
surge de verificar los siguientes elementos que surgen de la cuenta indicada en el párrafo primero. En tal
sentido alega que el nombre es exactamente igual al del dicente; que al ítem "Formación y Empleo" se
expresa que trabaja en Estudio Jurídico, ciudad de Río Cuarto y que estudio en la U.N.R.C., aclarando el
dicente que no estudio en esta casa de altos estudios, pero sí actualmente es docente de la misma. Que en
"información básica" surge que la fecha de nacimiento es el 14 de abril de 1968. Remarca que por otra parte,
los contactos ("amigos") de dicha cuenta son personas conocidas del dicente. Aclara que, en la actualidad
no existe otro abogado ni otro profesor de la U.N.R.C. que tenga el nombre "E.N.", de lo que surge que no se
trata de un homónimo sino de una persona que intenta "hacerse pasar" por otra, sin conocerse los motivos o
finalidades que pretende. Que la cuenta apócrifa mencionada consigna como fecha de "unión a Facebook"
el 7 de marzo de 2013, es decir que ese día comenzó a operar en internet esta cuenta. Menciona que su
padre, E.F. N. (p) también abogado del foro local y no docente de la U.N.R.C., falleció el día 8 de octubre de
2010, por lo que no queda nadie en la ciudad de Río Cuarto con el nombre E.F. N. o E.N., más que quien
suscribe (JFRC, “N. E. F. c/ Facebook Argentina S.R.L. s/ medida autosatisfactiva”, sentencia del 4 de
septiembre de 2013, MJ-JU-M-100549-AR).
Frente a la denuncia efectuada por los propios canales de Facebook, la plataforma resolvió dar de baja
la cuenta; no obstante, el damnificado insistió con la necesidad de que se comunique a los contactos de esa
cuenta el carácter de apócrifa. Sobre eso correspondió expedirse al tribunal, que en su parte más relevante
estableció:
Con estos breves casos prácticos se pretende demostrar que, frente a cada caso en particular, se debe
cotejar los intereses que hay en juego. Si conocemos el marco legal de las implicancias de las
publicaciones, como así también las tendencias jurisprudenciales en relación a lo que se sube a las redes
sociales, podremos comprender (al menos sintéticamente) los alcances de lo que compartimos en el social
media.
[1]
Art. 3- Ley N° 26.061 (2005). Ley de protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes. Honorable
9 Art. 3- Ley N° 26.061 (2005). Ley de protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes. Honorable
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Módulo 3 de 4
Referencias
Cámara de Apelaciones en lo Penal, Convencional y de Faltas, “Rodríguez, Lidia s/ queja por recurso de
inconstitucionalidad denegado en: ‘Ferrucci, José Cayetano y otra s/ infr. art.(s). 153 bis CP’” (1 de octubre de
2014). Expte. 10307/13.
Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, “D. P. Y. D. c/ Google Inc. Y otro s/ art. 250 CPC. – incidente
civil” (2 de septiembre de 2015), MJ-JU-M-95456-AR. Recuperado de
[Link]
pueden-considerarse-intimas-las-fotos-publicadas-por-una-persona-en-facebook-con-caracter-publico/
Constitución Nacional Argentina (1853). Congreso General Constituyente. Santa Fe, Argentina. 1 de mayo de
1853.
Garsco, M. Octubre 2015. El nuevo Código Civil y Comercial, respecto del microsistema de la propiedad
intelectual, RCCyC, 235.
Juzgado Federal de Río Cuarto “N. E. F. c/ Facebook Argentina S.R.L. s/ medida autosatisfactiva” (4 de
septiembre de 2013), MJ-JU-M-100549-AR. Recuperado de
[Link]
notificar-el-motivo-de-cierre-a-todos-sus-contactos/
Ley N° 25.326 (2000). Protección de los datos personales. Honorable Congreso de la Nación Argentina.
Ley Nº 24.766 (1996). Ley de confidencialidad sobre información y productos que estén legítimamente bajo
control de una persona y se divulgue indebidamente de manera contraria a los usos comerciales honestos.
Honorable Congreso de la Nación Argentina.
Ley N° 11.179 (1984). Código Penal Argentino. Honorable Congreso de la Nación Argentina.
Ley N° 26.061 (2005). Ley de protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes.
Honorable Congreso de la Nación [Link]ítica de privacidad. n/a. MYGUARD SEE DEFEND, 2018
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