El árbol del filósofo Porfirio
El Árbol de Porfirio es un diagrama creado por el pensador filosófico del mismo nombre, en el siglo
III. El diagrama representa las relaciones de género, especie e individuo basado en las categorías
de sus sustancias. Fue propuesto por primera vez en la introducción escrita por el mismo Porfirio a
las ideas de Aristóteles.
Presentó la clasificación del griego mediante categorías divididas, que luego fueron representadas
en diagramas con forma de árboles. A través de este diagrama se identifica a cada especie
tomando en consideración su género y sus diferencias específicas.
La categorización de especies por medio de este método va desde los organismos más complejos
hasta los más simples. Originalmente el trabajo de Porfirio no incluyó diagramas, pero se le dio ese
nombre al Árbol de Porfirio porque está basado en el trabajo que realizó con los estudios de
Aristóteles.
¿En qué consiste el árbol del filósofo Porfirio?
Cuando, en Isagoge Porfirio de Tiro (¿233-310?) está tratando de caracterizar a la especie,
distinguiendo entre los géneros generalísimos o supremos y las especies especialísimas, advierte
que el género supremo es aquel por encima del cual no puede haber un género superior; así
mismo, la especie especialísima deberá entenderse como aquella por debajo de la cual no existe
ninguna especie subordinada. Pero, entre el género supremo y la especie especialísima, admite la
existencia de otros subalternos que pueden ser género y especie al mismo tiempo, claro, que
siempre con relación a cosas distintas. Así, si tomamos las categorías como géneros supremos
cabría decir, por ejemplo, que la “substancia” constituye un género que acoge bajo ella al cuerpo;
bajo el “cuerpo”, al “cuerpo animado”; bajo este, estaría el “animal” y, por debajo del animal, el
“animal racional”, bajo el cual, a su vez, están “Sócrates”, “Platón” o cualquier “hombre particular”.
Como vemos, Porfirio estaba estableciendo, a través de una metodología dicotómica, lo que
tradicionalmente se denominó “árbol de Porfirio”. Mediante el ingenio de este sistema lógico se
ordenaban las ideas concebidas unívocamente según las leyes de la intensión y la extensión. En
efecto, mientras los géneros y las especies subalternas iban ganando en intensión, a medida que
descendíamos del árbol, perdían extensión. Y, al revés, el género supremo tenía una amplia
extensión a costa de una intensión más débil. Como se sabe, por otra parte, podemos encontrar
antecedentes de este procedimiento en el método de las divisiones de Platón (428/427–347 a. C.),
en los Tópicos de Aristóteles (384/383–322 a. C.) y en Las Eneadas de Plotino (203/204-270).
El sistema lógico de los predicables y, por tanto, el árbol de Porfirio ha estado a la base de
numerosos sistemas de definición y clasificación, en distintos ámbitos gnoseológicos, desde la
Edad Media hasta nuestros días; y aún se podrían citar algunos ejemplos recientes de ejercicio de
la lógica univocista porfiriana. Ofrezcamos aquí, sin embargo, dos ejemplos clásicos de cómo esta
metodología ha sido ejercida.
En primer lugar, la definición de Historia de Jerónimo Ezquerra Blancas (1587- 1654); en segundo
lugar, el sistema taxonómico de Carlos Linneo (1707-1778).
En su obra, Genio de la Historia, Jerónimo Ezquerra Blancas trata de la “naturaleza y ser” de la
Historia en toda su amplitud, incluso teniendo en cuenta lo que “menos propiamente se puede
llamar con ese nombre”. Así, con este propósito, establece su método; un procedimiento que no
era otro que el árbol de Porfirio: “De la cual amplitud nos iremos recogiendo por la división de
varios nombres y especies a la que más particular y propiamente goza con el nombre, la naturaleza
y ser de la Historia”. Efectivamente Ezquerra Blancas establece la definición de la Historia mediante
las divisiones partiendo del género (“narración”) y, teniendo en cuenta la diferencia, descendiendo
por el género subalterno y la especie (“significada”, “escrita”, “hablada”, “humana”, “divina”) hasta
llegar a la Historia propiamente humana de la que dirá: “la que fuere narración humana y de cosas
humanas, será Historia humana con todo rigor y propiedad”.
Igualmente, el sistema de clasificación de Linneo constituye uno de los ejemplos más genuinos de
ejercicio de la lógica porfiriana. Se trataba de una clasificación de los seres vivos basada en un
sistema según el cual se utilizaba un nombre para designar el género y un segundo para la especie.
Este sistema no era otro, pues, que el de la aplicación del género y la diferencia según el cual se
suponía que se estaba dando la definición de la esencia de lo que se definía, siguiendo así la más
estricta lógica porfiriana aristotélica. Un sistema arborescente que partía de géneros supremos y
descendía hasta las especies inferiores. Desde esta perspectiva, cualquier ser vivo (vegetal o
animal) podría ser clasificado trepando por el árbol taxonómico hasta llegar al género generalísimo
superior más extenso. El sistema de Linneo tuvo un éxito indeleble durante mucho tiempo, hasta
que la teoría de la evolución rompió con la concepción fijista de las especies demoliendo así la
cimentación porfiriana.
El sistema del árbol de Porfirio concibe los géneros como géneros anteriores, lo que de algún
modo significa que el género contiene en sí todo lo que viene después. De ahí, que el género tenga
que pensarse como anterior a la especie. La especie consecuentemente se definirá por la
diferencia específica y se incluye en los géneros próximos, a su vez definidos por diferencias
genéricas. Y, como hemos visto, estos en géneros subalternos hasta llegar a la categoría que es el
género generalísimo o supremo. Se entiende que este sistema está diseñado según la lógica de
clases en la que la relación definitoria es la relación de inclusión. En el fondo, se trata del sistema
silogístico aristotélico. Este es el mecanismo que explica el funcionamiento del sistema linneano,
claro, que mientras se mantuvo la concepción creacionista en la que se apoyaba el fijismo de las
especies. A este respecto, el ingenio de Porfirio funcionaba como un mecanismo perfecto. Sin
embargo, el darwinismo al socavar las bases creacionistas tumbó el fijismo. Ahora las especies
proceden unas de otras según las transformaciones que se operen. La revolución darwinista era, a
la vez y tanto más que una revolución biológica, una revolución lógica. Consecuentemente, se
pusieron en entredicho los supuestos del árbol de Porfirio. El género, en cuanto que género
anterior, no será suficiente y reclama una nueva concepción del
mismo que permita incorporar la transformación de unas especies en otras. En otras palabras, es
necesario tener en cuenta las particularidades dialécticas de la transformación de las especies. En
este sentido, desde nuestras coordenadas, hablaremos de “género posterior” a las especies para
referirnos a aquel género que se constituye en virtud del desarrollo y aparición de las nuevas
especies. Si el género anterior nos remitía a las totalidades distributivas y a las clases porfirianas,
ahora, el género posterior nos remite a las totalidades atributivas y a las clases combinatorias, así
como al concepto de esencia genérica frente a la esencia de prosapia porfiriana, “una concepción
ontológica o un uso práctico de la Idea de esencia como especie porfiriana (una concepción que
está relacionada con el fijismo de la ontología megárica) ha de considerarse aquí como
notoriamente inadecuada” (Gustavo Bueno).
¿Para qué sirve el árbol del filósofo Porfirio?
El Árbol de Porfirio categoriza a los organismos vivos dependiendo de su composición. Puede
categorizar a las personas, a los animales o a cualquier planta, roca o elemento. Todo esto se hace
mediante la definición de dicha entidad basada en su sustancia.
En este sentido, la sustancia es lo que conforma o hace a la entidad a estudiar. Por ejemplo, una
persona es racional, mortal, sensible, animada y corpórea, según su sustancia. Estas ideas fueron
planteadas por Porfirio y, dada su naturaleza, se les dio una forma de diagrama de árbol.
En pocas palabras, el Árbol de Porfirio sirve para identificar visualmente la composición de
sustancias y objetos sin depender de un complejo sistema escrito.
Este sistema sirve como una extensión de las categorías propuestas por Aristóteles siglos antes del
nacimiento de Porfirio. Se basa en las ideas aristotélicas y las expande para dar una definición más
concreta de estas.
Ejemplos del árbol del filósofo Porfirio
El ejemplo más sencillo para explicar el Árbol de Porfirio es la definición común de cualquier objeto
u animal. Sin un gráfico, es válido decir que un tigre, por ejemplo, es un animal no racional, mortal,
sensible, animado y corpóreo.
Estas categorías se colocan en el diagrama para dar una explicación más clara, partiendo siempre
desde la sustancia.
El segundo ejemplo es una representación gráfica del diagrama, el cual puede tener muchas
formas; sin embargo, todas tienen el mismo orden básico.
El humano y las especies
Existe una razón en particular por la cual el último gen (plato) no está delineado, a diferencia de los
anteriores. Plato es una persona en específico y no una especie; el resto de las palabras que
conforman el tronco del diagrama son todas especies en particular.
Más allá del humano, no se toma en cuenta ninguna especie, sino simplemente un tipo de
humano. Las dos subdivisiones que presenta (las ramas “esto” y “aquello”) son las diferencias de
los humanos, que sirven para identificar a cada miembro de la especie en particular.
Conclusión del tema
El árbol del filósofo Porfirio es una metáfora que representa como las categorías filosóficas se
organizan jerárquicamente, con categorías generales en la parte superior y categorías más
específicas derivándose de ellas, igual a las ramas de un árbol. Esto ayuda a comprender la
clasificación y la relación entre conceptos en la filosofía, incluyendo en la escolástica medieval y la
interpretación de la obra de Aristóteles.