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El esplendor de la verdad cristiana

Este documento resume la carta encíclica "Veritatis Splendor" de Juan Pablo II sobre los fundamentos de la moral cristiana. Juan Pablo II advierte sobre el peligro del relativismo moral y defiende que la verdadera libertad solo se encuentra en la verdad revelada por Dios. Afirma que la Iglesia no puede renunciar a enseñar la moral cristiana aunque sea rechazada por la sociedad. También explica que la libertad humana es un don de Dios y no implica la ausencia de ley moral, sino que el hombre alcanza

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El esplendor de la verdad cristiana

Este documento resume la carta encíclica "Veritatis Splendor" de Juan Pablo II sobre los fundamentos de la moral cristiana. Juan Pablo II advierte sobre el peligro del relativismo moral y defiende que la verdadera libertad solo se encuentra en la verdad revelada por Dios. Afirma que la Iglesia no puede renunciar a enseñar la moral cristiana aunque sea rechazada por la sociedad. También explica que la libertad humana es un don de Dios y no implica la ausencia de ley moral, sino que el hombre alcanza

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VERITATIS SPLEDOR

Carta Encíclica, Juan Pablo II.


06 de agosto de 1993

Capto. II. No os conforméis a la mentalidad de este mundo. (Rom

1. INTRODUCCIÓN.

Juan Pablo II, nos deja en Veritatis Splendor, un riquísimo documento sobre los
fundamentos de la moral. Y lo hace en respuesta a una situación de relativismo
e individualismo, cada vez más acuciante en nuestra sociedad.
Ante esta situación, Juan Pablo II, nos presenta la verdadera libertad, la
auténtica verdad; el esplendor de la verdad, por la que la sociedad debe
caminar.
Alejándonos de los mensajes, siempre tentadores, del mundo. A modo de
consignas políticas, la mayor de las veces vaciadas de contenido real y alejadas
de todo tipo de moral.
El peligro de las nuevas corrientes ideológicas, donde la libertad del hombre
queda pervertida, por la ilusión de una libertad basada en mi derecho a decidir.
Mensaje que ha calado en la sociedad y que choca frontalmente con la moral
cristiana. Debemos, hoy más que nunca, contraponer las palabras del evangelio
de San Juan. “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará Libres” Jn 8,32.
Y así nos lo dice Juan Pablo II “no hay libertad fuera de la Verdad” y la
verdad está en el Verbo. El rechazo casi generalizado de la sociedad de este
magisterio de la Iglesia, de esta moral cristiana, negando su posibilidad de
participar e influir en el mundo, separando la fe de la moral y
circunscribiéndolas al ámbito particular y privado.
La Iglesia no puede renunciar a su misión fundamental, la de Iglesia peregrina
en el mundo, el anuncio de la palabra en todos los rincones de la tierra es la
tarea irrenunciable de todo cristiano, sacerdotes por el bautismo. No se trata,
por tanto, de una cuestión personal y privada que únicamente afecta al
individuo, ni incluso a los cristianos. Se trata de una Gracia que afecta a todos

Moral Fundamental Alejandro Morales Téllez


EP01 Juan Manel Ortiz palomo
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los hombres, ya que todos somos hermanos en Cristo y por tanto llamados a la
santidad.

2. LA IGLESIA Y EL DISCERNIMIENTO DE ALGUNAS


TENDENCIAS DE LA TEOLOGÍA ACTUAL.

2.1 Enseñar lo que es conforme a la santa doctrina.

La Iglesia desde sus orígenes siempre ha tenido claro los contenidos sobre la
moral cristiana. Ya que estos, están recogidos tanto en el AT. como en el NT. Y
se basan en la subordinación del hombre a Dios, el único que es bueno.
Por tanto, en las Sagradas Escrituras encontramos la fuente fidedigna para la
conducta moral de la Iglesia. Siendo Ésta la depositaria de la fe y conducta con
la responsabilidad de custodiarla y anunciarla fielmente.
El concilio Vaticano II, aborda precisamente el anuncio de la Palabra en los
nuevos tiempos. ¿Cómo presentar a Cristo al mundo de hoy, siendo fieles al
mensaje original? Y esto sin caer en la ambigüedad, el olvido o lo contario a la
“doctrina sana”
A la luz de los evangelios, la Iglesia busca dar respuesta a los interrogantes
universales y eternos del hombre. ¿Qué es el hombre?, ¿Cuál es el sentido de
nuestra vida?, ¿Cuál es el origen y el fin del dolor?, ¿Cuál es el camino para la
verdadera felicidad? Y sobre todo ¿Cómo discernir sobre el bien y el mal?
Contra este mensaje de la Iglesia, surgen algunas corrientes de pensamiento,
donde pareciera que el único valor fundamental es la libertad, llevada a su
máxima expresión y de una forma absoluta. La libertad individual, sería el
único valor que rige de forma transformadora la moral del individuo.
Esto implica la renuncia a una verdad universal sobre el bien o el mal, a la que
la propia razón nos puede llevar, sino que ahora, todo pivota en torno a mi
libertad. El comportamiento o el juicio sobre mis actos, la conciencia, queda
supeditada a mi libertad. Negando, por tanto, la misma naturaleza humana,
resumiéndose todo a un individualismo exacerbado.
Para la Iglesia, sin duda también la piedra angular es la libertad del hombre,
pero una libertad con mayúsculas. No se trata de una auto-libertad conquistada

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por el hombre, muy al contrario, se trata de un don divino; regalado libremente
por Dios y por que así lo ha querido. No es por tanto un derecho del hombre, es
un regalo de Dios. Para que lo conozcamos, para que lo busquemos y vivamos
en él como opción de libertad. Por la creación somos dignificados con la
libertad para conocer la Verdad. Siendo este y no otra la razón y justificación
de la libertad que se nos ha concedido.

3. LA LIBERTAD Y LA LEY.

3.1 Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás (Gn 2,17).

Desde el Genesis ya vemos que la libertad es un don una gracias del dios
creador, pero esta libertad, no es para que actuemos según nuestra propia
voluntad o, mejor dicho, a capricho de nuestros instintos naturales, es una
libertad con límites. De cualquier árbol del jardín puedes comer, más del árbol
de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él,
morirás sin remedio"» (Gn 2, 16-17).
Lo que podría interpretarse como una restricción a la libertad del hombre, no es
tal. Cobra su plenitud, precisamente en esa aceptación de la voluntad de Dios,
el único que es bueno y como padre, sabe y desea lo que es bueno para sus
hijos.
Para la mayoría de las corrientes de pensamiento actuales, existe un conflicto
entre libertad y ley divina. Ya que ésta, limitaría sobremanera la propia libertad.
Este razonamiento humanista dota al hombre o la sociedad del derecho a
decidir sobre le bien y el mal. Por lo que, condicionaría los valores y los
criterios sobre la verdad.
Esto es olvidar que precisamente, la razón humana, la capacidad de
discernimiento, depende de la Sabiduría divina y que, por tanto, estamos
supeditados a la Revelación para poder alcanzar un razonamiento y un
descubrimiento de la verdad que nos permita alcanzar esa libertad.

3.2 Dios quiso dejar al hombre << en manos de su propio albedrío>>.

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El hombre es creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,27) Por eso el
hombre está llamado a la búsqueda de su creador, de tal forma que, unido al
Padre, encuentre la feliz perfección. Para ello el hombre es creado en libertad y
dotado de libre albedrío.
Para que la búsqueda, el encuentro con Dios, sea una elección de vida. Un
descubrimiento en libertad, de tal forma que le es permitido incluso la negación
de su propio creador. ¿Cabe mayor libertad?
Esta libertad, como toda libertad, no está exenta de cierta responsabilidad y
compromiso. En este caso, con la propia creación. El hombre es parte de la
creación, es cierto que podríamos decir que es el culmen de la creación y toda
ella está para que el hombre se pueda servir de los vienes terrenos.
Durante mucho tiempo el hombre se ha considerado dueño y señor del mundo,
llegando en el mayor de los casos, por encima de Dios. Considerando la tierra y
todo lo creado, como un bien propio, con el derecho a su explotación sin
ninguna otra consideración que su propio bien.
Sin duda, esto está motivado por una mala interpretación de Gn 1,28. <<…Sed
fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces
del mar y en las aves de los cielos…>> El concilio Vaticano II, nos llama la
atención ante esta actitud prepotente. Haciendo hincapié en un matiz
importante, el hombre es depositario de unos bienes con derecho a su uso, pero
no dueño y señor; que sólo lo puede ser su creador, el Señor.
En Laudato si’ el Papa Francisco, insiste y clarifica la actitud del hombre ante
el cuidado de la tierra. Nuestra libertad no puede ser justificación para hacer un
mal uso de la naturaleza, la cual nos permite la vida. Muy al contrario, este
justo albedrío debe servir para preocuparnos, cuidar y preservar la tierra para
las generaciones futuras. Como un bien que hemos recibido, como un regalo y
así debemos trasmitirlo.
Así como la relación del hombre con la tierra debe ser cuidadosa, cuanto más
entre nosotros. El encuentro con Dios, la fe; supone una transformación
completa, una elección fundamental que rige todos y cada uno de los aspectos
de la vida del hombre. Esto conforma una moral cristiana, moral que surgida de
la razón y el libre albedrio del hombre, está inspirada por la ley moral de Dios.

3.3 Dichoso el hombre que se complace en la ley del Señor. (cf. Sal 1,1-2)

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La libertad del hombre, como ya dijimos, procede de Dios; tiene sentido y su
fin en Dios. Por eso hablamos de que el hombre alcanza su plenitud cuando
libremente conoce a su creador del que todo proviene. De tal forma que, está
llamado a hacer el bien. ¿Pero cómo podremos discernir entre el bien y el mal?
Para ello, debemos guiarnos por la Ley Natural. Como seres creados por Dios,
que es todo bondad, nosotros estamos llamados, inclinados de forma natural a
procurar el bien. Nuestra propia naturaleza, como imagen de Dios está llamada
a hacer el bien, ya que Dios nuestro Padre, que es bueno, no pudo crear nada
malo.
De ahí que la propia Ley Natural, nos permita distinguir el bien del mal. No
como una ley del hombre, sujeta a la carne y a las debilidades propias de la
carne; sino como una ley de inspiración Divina. Ley por la que Dios, rige y
ordena de una forma eterna, objetiva y universal los caminos del hombre,
haciéndole partícipe de la ley divina, la cual le permite al hombre conocer cada
vez más la Verdad.

3.4 Como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su. (Rm 2,15).

Los conflictos entre libertad y ley no son nuevos, aunque ahora hayan tomado
matices distintos y quizás mas radicales. Nuestra sociedad marcada por los
avances científicos, el imperio de la razón, el materialismo exacerbado, así
como un liberalismo muy alejado del libre albedrio.
Nos ha llevado a una mentalidad reduccionista y pareciera que la naturaleza del
hombre se limitara al hecho material, físico del propio cuerpo. Viendo la moral
o el comportamiento como meros datos estadísticos, determinados por los
propios condicionamientos sociales. Esto supone un cambio de paradigma
radical ya que ley natural no sería tal y se entendería como ley biológica, que
sería la base para una moral universal.
Siguiendo con esta línea de pensamiento, se propone que el hombre como ser
racional puede y debe decidir libremente el sentido de sus actos, en definitiva,
el sentido de su vida. Pero si el cuerpo queda desprovisto de valores morales,
queda un ser en bruto, el hombre pierde su propia esencia que lo define e
identifica como un ser único, cayendo en el biologismo.
Nada más lejos de la doctrina y de la moral de la Iglesia, donde cuerpo y alma
son inseparables. -<<corpore et anima unus>> y dan sentido a la ley natural
que conforma al hombre en una unidad de alma y cuerpo; y que conlleva unas

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inclinaciones biológicas y otras espirituales. Sin que unas puedan existir sin las
otras y viceversa.
El origen y base del deber de respetar la vida humana, no lo podemos
considerar como un mero instinto natural de supervivencia, sino que está
arraigado en la conciencia de la propia dignidad del hombre, que emana del
mimo Dios.

3.5 Pero al principio no fue así (Mt 19,8)

La ley natural, aunque universal no se contrapone a la libertad del individual,


muy al contrario, la fortalece y la hace necesaria. El carácter único y diferente
de la persona se refuerza en la búsqueda del bien común y de la colaboración
mutua, de una forma libre y ordenada. La ley natural, como ley universal
promueve y motiva esta reciprocidad entre los hombres.
Sin esta ley común, nuestros actos quedarían desprovistos de una moral
superior que nos inspira y nos une hacia un proyecto común, dentro de la
individualidad personal. Aunque esto conlleve algunas prohibiciones,
Prohibiciones que al hacerlas nuestras dejan de ser una limitación de la
libertad, sino que, al acercarnos a Dios, nos hacen mas libres.
Desde el origen del hombre éste ha sido consciente de que hay algo que le
trasciende y esto ha sido así, en todas las culturas y en todos los tiempos. La
ley natural que brota de sí mismo y lo eleva a Dios. Desde el origen el hombre
se ha sentido llamado por Dios y este hecho es el que lo salva de caer en la
prisión de culturas, modas o ideologías. La idea de pertenencia a algo superior
que le trasciende, le permite alejarse y liberarse del mundo.

4. II CONCIENCIA Y VERDAD.

4.1 El sagrario del hombre.

La ley divina que es externa al hombre pero que resuena en su interior, como
una conciencia que le permite diferenciar el bien del mal. Haciéndola suya al
aceptar la moral que le dicta la conciencia. De tal forma que, aun actuando
libremente, si se rige por la moral incorporada a su vida. Pero no como una

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norma dada por si mismo, que podría ser arbitraria, circunstancial y temporal,
sino de carácter divina

4.2 El juicio de la conciencia.

La conciencia actúa de juez individual de cada uno. El diálogo interno ante


cualquier actuación o decisión es implacable, no se le puede engañar, así como
no se puede engañar a Dios, que conoce lo oculto. Pero, además, no se puede
evitar. El diálogo interno, la conciencia está siempre presente y nos interpela,
es la forma en que Dios nos habla.
La conciencia nos deja a las claras, cuando actuamos según los designios de
Dios y cuando no. Cuando nuestros actos son conformes con la moral cristiana
y por tanto nos acercamos a Dios. De tal forma que la conciencia se convierte
en un juicio práctico, que nos permite distinguir el bien del mal.
Por tanto, el hombre debe actuar conforme a su juicio justo, según su
conciencia, como una revelación de la ley natural que debe guiar los pasos de
todo hombre. El juicio de la conciencia, no puede ser un mero juez que nos
permite distinguir el bien del mal, sino que debe llevarnos al cumplimiento del
bien. El juicio de la conciencia debe ser imperativo que obliga a su
cumplimiento.

4.3 Buscar la verdad y el bien.

¿Puede la conciencia llevarnos a error? No siempre el juicio de la conciencia es


infalible. De ahí que el hombre esté obligado a buscar la verdad, para alcanzar
un juicio recto.
Es necesario estar alertas, para no caer en el acomodo del mundo presente,
relajando la conciencia, falseándola o incluso engañándose así mismo, para
justificar ciertas conductas, que nos apartan de Dios. Las faltas cometidas por
un juicio erróneo pueden no ser imputadas a la persona que lo comete, incluso
no ser consciente de ello. Pero lo que no es justificable es la no búsqueda
constante de la verdad, que garantice un juicio recto.

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Para ello el cristiano cuenta con la ayuda del Magisterio de la Iglesia. Ya que
en la Iglesia encontramos la doctrina cierta y verdadera de Cristo.
.

5. III LA ELECCIÓN FUNDAMENTAL Y LOS COMPORTAMIETO


CONCRETOS.

5.1 Solo que no toméis de esa libertad pretexto para la carne. (Gál 5,13)

El concepto de libertad, parece que siempre esté en revisión. En los últimos


tiempos hay autores que están abordando la libertad no como la opción de
decidir sobre tal o cual acción, sino sobre el bien o el mal, sobre la verdad o
sobre la existencia de Dios. De tal forma que estas decisiones dan forma a toda
la vida moral de un hombre.
Otros autores, hablan de la libertad fundamental, como una opción de vida
completa que determina toda su vida. Los actos concretos y privados estarán
supeditados a esta elección de libertad fundamental.
La propia Iglesia reconoce la importancia de una elección fundamental que
determina la vida moral. Esta elección es la fe, que además va a determinar la
moral y por tanto toda la vida de una forma radical.
De ahí la importancia de que los actos sean acordes a la elección fundamental a
la fe. Es necesario vivir la fe que se procesa. La salvación vendrá por los actos
no sólo por la fe.

5.2 El pecado mortal y venial.

Debemos entender como pecado mortal la negación de Dios de forma


consciente y voluntaria. Por tanto, no es tanto el acto en si, como la
intencionalidad que hay en el mismo. La casuística puede ser infinita, y se
deben valorar, tanto el nivel de libertad como de conciencia en el momento de
realizar el acto.

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Todo acto, que se elige a sabiendas y de forma libre y consciente que vaya
contra la ley de Dios, es una forma de negación de Dios, por lo que se
consideraría un pecdo mortal.

6. EL ACTO MORAL
6.1 Teología y teleologismo.

La moral nace de la fe y es la estrecha relación entre Dios y el hombre la que


da sentido al hombre. El hombre está llamado al encuentro con Dios y sus
actos son morales en cuanto buscan a Dios y esto determina toda la vida del
hombre como una elección fundamental y en ella encuentra su propia plenitud.
La moral debe regir nuestros actos, pero si estos no procuran el bien, tanto el
individual como el común, dichos actos hacen mala nuestra moral, al no estar
en sintonía con el fin último y supremo, que no es otro que Dios mismo.
¿Pero podemos tener garantías de que nuestra moral nos lleva a Dios? Para ello
debemos mirar a las fuentes de la moralidad, por la que todo acto debe estar
ordenado hacia el bien autentico. Dicho bien nace de la ley eterna de Dios y
que podemos conocer por la ley natural y por la revelación.

6.2 El <<mal intrínseco>>: no es licito hacer le mal para lograr el bien (cf. Rm3,8)

Todos nuestros actos deben estar ordenados hacia el encuentro de Dios, como
única garantía de que nuestra moral es la correcta. Y esto debe ser así, siempre
y en todos los casos. No es permitido el hacer algo mal para obtener un bien
superior. El fin no justifica los medios y por tanto no es licito hacer un acto
negativo, aun cuando su intención sea obtener un bien mayor.
Los actos son buenos o malos en sí y por si, independiente de su
intencionalidad. El fin del acto no pude justificar o atenuar su culpa a tenor de
la intención o el fin que se persigue.

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7. INDICE:

1. INTRODUCCIÓN.......................................................................................1
2. LA IGLESIA Y EL DISCERNIMIENTO DE ALGUNAS TENDENCIAS
DE LA TEOLOGÍA ACTUAL............................................................................2
2.1 Enseñar lo que es conforme a la santa doctrina......................................2
3. LA LIBERTAD Y LA LEY..........................................................................3
3.1 Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás (Gn 2,17)...........3
3.2 Dios quiso dejar al hombre << en manos de su propio albedrío>>........3
3.3 Dichoso el hombre que se complace en la ley del Señor. (cf. Sal 1,1-2)4
3.4 Como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su
corazón. (Rm 2,15)..........................................................................................5
3.5 Pero al principio no fue así (Mt 19,8).....................................................6
4. II CONCIENCIA Y VERDAD....................................................................6
4.1 El sagrario del hombre............................................................................6
4.2 El juicio de la conciencia........................................................................7
4.3 Buscar la verdad y el bien.......................................................................7
.........................................................................................................................7
5. III LA ELECCIÓN FUNDAMENTAL Y LOS COMPORTAMIETO
CONCRETOS.....................................................................................................8
5.1 Solo que no toméis de esa libertad pretexto para la carne. (Gál 5,13)....8
5.2 El pecado mortal y venial.......................................................................8
6. EL ACTO MORAL.....................................................................................9
6.1 Teología y teleologismo..........................................................................9

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6.2 El objeto del acto liberador.....................................................................9
6.3 El <<mal intrínseco>>: no es licito hacer le mal para lograr el bien (cf.
Rm3,8).............................................................................................................9
7. INDICE:......................................................................................................9

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