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Ejemplos de rimas y versos creativos

Estos poemas tratan sobre temas como la naturaleza, el amor y la vida. Algunos usan rimas tradicionales mientras que otros expresan sentimientos como la tristeza, el miedo y la soledad.
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Estos poemas tratan sobre temas como la naturaleza, el amor y la vida. Algunos usan rimas tradicionales mientras que otros expresan sentimientos como la tristeza, el miedo y la soledad.
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1.

En el muro quedaron los tatuajes del juego


el tiempo me conmina pero no me doblego
siento a pesar de todo frutal desasosiego
y el código de agobios lo dejo para luego.

2. Del luto de mi noche


mi ángel funesto
tejió un velo pesado,
tupido y denso
más que las sombras
que en los hondos abismos
eternas moran.

3. A un panal de rica miel


dos mil moscas acudieron
que por golosas murieron
presas de patas en él.

4. Canta pájaro amante en la enramada


selva a su amor, que por el verde suelo
no ha visto al cazador que con desvelo
le está escuchando, la ballesta armada.

5. Soy un alma desnuda en estos versos,


alma desnuda que angustiada y sola
va dejando sus pétalos dispersos.

6. Este que ves, engaño colorido,


que del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido.

7. A LA RUEDA, RUEDA
rima tradicional
A la rueda, rueda,
de pan y canela,
vístete pronto
y ve a la escuela.
8. A la víbora, a la víbora,
a la víbora de la mar,
por aquí pueden pasar.
Los de adelante corren mucho,
los de atrás se quedarán, rán, rán.

9. El monito está cantando, se balancea en una rama.


Su mamá lo está llamando para que se vaya a su cama.

10. rima tradicional


Mi muñeca se llama Sabrina,
es muy linda y camina.
De rubio cabello,
mi muñeca es un destello.

11. Treinta días trae septiembre


con abril junio y noviembre.
De veintiocho sólo hay uno.
Y los demás treinta y uno.

12. Canta pájaro en la enramada


selva a su amor, que por el verde suelo
no ha visto el cazador que con desvelo
le está escuchando, la bullesta armada.

13. Sabe, si alguna vez tus labios rojos


quema invisible atmósfera abrasada,
que el alma que hablar puede con los ojos,
también puede besar con la mirada.

14. Estaba la pájara pinta


sentada en su verde limón
con el pico recoge la rama
con la rama recoge la flor.

15. Treinta días trae septiembre


Con abril, junio y noviembre
De veintiocho sólo hay uno
Y los demás, treinta y uno.
16. En mi cara redondita
tengo ojos y nariz,
y también una boquita
para hablar y para reír.

17. Delante: a proa, detrás: a popa,


derecha: a estribor, izquierda: a babor,
arriba: el mástil, abajo: el ancla,
en el centro: el timón y el que no lo sepa:
al tiburón.

18. El sol es de oro,


La luna es de plata,
Y las estrellitas brillantes
Son de hojalata.

19. Amarillo es el patito,


También lo es el limón,
Amarillo es el pollito
Que sale de su cascarón.

20. Esta es la liebre Canela,


que corre que se las pela,
no gana para zapatos
y tropieza todo el rato.

21. Tiene el elefante Quico


la trompa de metro y pico,
unos enormes colmillos
y orejas como soplillos.

22. Crepúsculo argentino sin campanas.


¡Qué ganas sin embargo de rezar,
de juntar nuestras voces humanas,
al místico mugido y al balar!
A estas horas marea la pampa como un mar.
23. Hilo de oro, hilo de plata, que jugando al ajedrez
me decía una mujer qué lindas hijas tenéis.
Que las tenga o no las tenga, yo las sabré mantener;
con el pan que Dios me ha dado ellas comen, yo también.

24. El dulce lamentar de dos pastores,


Salicio juntamente y Nemoroso,
he de contar, sus quejas imitando;
cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores,
(de pacer olvidadas) escuchando.
Tú, que ganaste obrando
un nombre en todo el mundo
y un grado sin segundo,
agora estés atento sólo y dado
el ínclito gobierno del estado
Albano; agora vuelto a la otra parte,
resplandeciente, armado.

25. Pastor que con tus silbos amorosos


me despertaste del profundo sueño,
Tú que hiciste cayado de ese leño,
en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,


pues te confieso por mi amor y dueño,
y la palabra de seguirte empeño,
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

26. Sus curvados dedos al mover ligeras,


como leves armas de traidores filos,
tejen las arañas cual las hilanderas
sus hamacas tenues de irisados hilos.

27. ¡Yo palpito tu gloria mirando sublime


noble autor de los vivos y varios colores!
¡Te saludo si puro matizas las flores!
¡Te saludo si esmaltas fulgente la mar!

28. Va cayendo la tarde con triste misterio;


inundados de llanto mis ojos dormidos,
al recuerdo doliente de amores perdidos,
en la bruma diviso fatal cementerio.

Un sol lúgubre vierte morados fulgores,


esfumando entre nieblas la verde espesura;
dulce ritmo armonioso de vaga amargura
me despierta… A mi lado se duermen las flores.

29. La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?


Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

30. Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,


y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

31. Florecen las campanas musicales congojas


y en la fuente una nube crepuscular se estanca.
El árbol de la niebla deja caer sus hojas
ungiendo los caminos de una tristeza blanca.

32. Como soy reina y fui mendiga, ahora


vivo en puro temblor de que me dejes,
y te pregunto, pálida, a cada hora:
«¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes!»
Quisiera hacer las marchas sonriendo
y confiando ahora que has venido;
pero hasta en el dormir estoy temiendo
y pregunto entre sueños: «¿No te has ido?»

33. Te envidio blanca estrella que en cenit prendida


ostentas a mis ojos lumínica prestancia,
y sabia en el silencio azul de la distancia
te asomas al profundo misterio de la vida.

34. Al llegar la medianoche


y romper en llanto el niño
las cien bestias despertaron
y el establo se hizo vivo…
y se fueron acercando
y alargaron hasta el niño
sus cien cuellos, anhelantes
como un bosque sacudido.

35. Fuego de divino rayo,


dulce llama sin ardor,
esfuerzo contra el desmayo,
consuelo contra dolor,
¡alumbra tu servidor!

36. Yo me le senté al del pampa.


Era un oscuro tapao.
Cuando me hallo bien montao
de mis casillas me salgo;
y era un pingo como galgo
que sabía correr boliao.

37.

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