EDIPO, REY Creonte.- Con una buena.
Afirmo que incluso las aflicciones, si
De Sófocles llegan felizmente a término, todas pueden resultar bien.
Edipo.- ¿Cuál es la respuesta?
PERSONAJES ADAPTACION: RICHARD ALPAS Creonte.- Diré las palabras que escuché de parte del dios. El
soberano Febo nos ordenó, claramente, arrojar de la región una
Edipo mancilla que existe en esta tierra y no mantenerla para que llegue a
Creonte ser irremediable.
Tiresias Edipo.-¿Cuál es la naturaleza de la desgracia?
Yocasta Creonte.- Teníamos nosotros, señor, en otro tiempo a Layo como
Un Mensajero soberano de esta tierra, antes de que tú rigieras rectamente esta
Servidor
ciudad.
EL Coro
Edipo.- Lo sé por haberlo oído, pero nunca lo vi. ¿Se encontró Layo
ESCENA I con esta muerte en casa, o en el campo, o en algún otro país?
(Exterior del Palacio de Edipo, en Tebas. Ingresa un Coro de jóvenes Creonte.- Un Mensajero decía que unos ladrones con los que se
que en actitud suplicante, portando ramas de olivo. El Coro se tropezaron le dieron muerte.
adelanta solo hacia el palacio. Edipo sale seguido de Yocasta y Edipo.- Yo lo volveré a sacar a la luz desde el principio, ya que
contempla al grupo en silencio. Después les dirige la palabra.) Febo, merecidamente, y tú, de manera digna, pusisteis tal solicitud
Edipo.- ¡Oh hijos dignos de lástima! Venís a hablarme porque en favor del muerto.
anheláis algo conocido y no ignorado por mí. Sé bien que todos (Sale Creonte de escena.)
estáis sufriendo a causa de esta terrible epidemia y, al sufrir, no hay CORO.-.¡Ojalá que Febo, el que ha enviado estos oráculos, llegue
ninguno de vosotros que padezca tanto como yo. El único remedio como salvador y ponga fin a la epidemia!
que he encontrado, después de reflexionar a fondo, es el que he Edipo.- Aquel de vosotros que sepa por obra de quién murió Layo,
tomado: envié a Creonte, hijo de Meneceo, mi propio cuñado, a la el hijo de Lábdaco, le ordeno que me lo revele todo …. Si alguien, a
morada Pítica de Febo, a fin de que se enterara de lo que tengo que su vez, conoce que el autor es otro de otra tierra, que no calle. Yo le
hacer o decir para proteger esta ciudad, Sería yo malvado si, cuando concederé la recompensa a la que se añadirá mi gratitud. Mando que
llegue, no cumplo todo cuanto el dios manifieste. todos le expulsen, sabiendo que es una impureza para nosotros,
CORO- Con oportunidad has hablado. Precisamente éstos me están según me lo acaba de revelar el oráculo pítico del dios. Ésta es la
indicando por señas que Creonte se acerca. clase de alianza que yo tengo para con la divinidad y para el muerto.
Edipo.- ¡Oh soberano Apolo! ¡Ojalá viniera con suerte liberadora, (Sale Edipo seguido por Yocasta)
del mismo modo que viene con rostro radiante! ¡Oh príncipe, mi ESCENA II
pariente, hijo de Meneceo! ¿Con qué respuesta del oráculo nos Entra Tiresias guiado por un lazarillo luego Edipo.
llegas? CORO:¡Oh Tiresias, que todo lo manejas, lo que debe ser enseñado
(Entra Creonte en escena.) y lo que es secreto, los asuntos del cielo y los terrenales! Aunque no
ves, comprendes, sin embargo, de qué mal es víctima nuestra ciudad.
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EDIPO: Febo, contestó a nuestros embajadores que la única Edipo.- ¿Esta invención es de Creonte o tuya?
liberación de esta plaga nos llegaría si, después de averiguarlo Tiresias.- Creonte no es ningún dolor para ti, sino tú mismo.
correctamente, dábamos muerte a los asesinos de Layo o les CORO: ¡Oh riqueza, poder y saber que aventajas a cualquier otro
hacíamos salir desterrados del país. saber en una vida llena de encontrados intereses!
Tiresias.- ¡Ay, ay! ¡Qué terrible es tener clarividencia cuando no Tiresias.- Aunque seas el rey, se me debe dar la misma oportunidad
aprovecha al que la tiene!. de replicarte, al menos con palabras semejantes.
CORO: ¿Qué pasa? ¡Qué abatido te has presentado! Edipo.- Vete, sí, porque aquí presente, eres un molesto obstáculo; y,
Tiresias.- Déjame ir a casa.¡No vaya a ser que a mí me pase lo una vez fuera, puede ser que no atormentes más.
mismo...! Tiresias.- Me voy, porque ya he dicho aquello para lo que vine, no
(Hace ademán de retirarse.) porque tema tu rostro. Nunca me podrás perder. Y te digo: ese
Edipo.- No te des la vuelta, ¡por los dioses!, si sabes algo, ya que te hombre que, desde hace rato, buscas con amenazas y con proclamas
lo pedimos todos los que estamos aquí como suplicantes. a causa del asesinato de Layo está aquí.. Entra y reflexiona sobre
Tiresias.- Todos han perdido el juicio. Yo nunca revelaré mis esto. Y si me coges en mentira, di que yo ya no tengo razón en el
desgracias, por no decir las tuyas. arte adivinatorio.
CORO: ¡Oh el más malvado de los malvados, pues tú llegarías a (Sale Tiresias, luego Edipo)
irritar, incluso, a una roca! ESCENA III
EDIPO: ¿No hablarás de una vez, sino que te vas a mostrar así de (Entra Creonte.)
duro e inflexible? Creonte.- Ciudadanos, habiéndome enterado de que el rey Edipo me
Tiresias.- Me has reprochado mi obstinación, y no ves la que acusa con terribles palabras, me presento sin poder soportarlo. El
igualmente hay en ti, y me censuras, No puedo hablar más. Ante daño que me reporta esta acusación no es sin importancia, sino
esto, si quieres irrítate de la manera más violenta. gravísimo, si es que voy ha ser llamado malvado en la ciudad, y
Edipo.- Nada de lo que estoy advirtiendo dejaré de decir, según malvado ante ti y ante los amigos.
estoy de encolerizado. Has de saber que parece que tú has ayudado a (Entra Edipo en escena.)
maquinar el crimen . Y si tuvieras vista, diría que, incluso, este acto Edipo.- ¡Tú, ése! ¿Cómo has venido aquí? ¿Es evidente que tú eres
hubiera sido obra tuya. el asesino de este hombre y un usurpador manifiesto de mi
Tiresias.- ¿De verdad? Y yo te insto a que permanezcas leal al soberanía? ¡Ea, dime, por los dioses!
edicto que has proclamado antes y a que no nos dirijas la palabra ni a Creonte.- ¿Sabes lo que vas a hacer? Opuestas a tus palabras,
éstos ni a mí desde el día de hoy, en la idea de que tú eres el azote escúchame palabras semejantes y, después de conocerlas, juzga tú
impuro de esta tierra. Afirmo que tú eres el asesino del hombre mismo.
acerca del cual están investigando. Edipo.- Tú eres diestro en el hablar y yo soy torpe para
CORO.- ¡Di cuanto gustes, que en vano será dicho! comprenderte, porque he descubierto que eres hostil y molesto para
Tiresias.- Afirmo que tú has estado conviviendo muy mí.
vergonzosamente, sin advertirlo, con los que te son más queridos y Creonte.- En lo que a esto se refiere, óyeme primero cómo lo voy a
que no te das cuenta en qué punto de desgracia estás. contar
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Edipo.- ¿Ejercería entonces su arte ese adivino? Edipo.- Me estás buscando la ruina o mi destierro de este país.¿No
Creonte.- Sí, tan sabiamente como antes y honrado por igual. me dejarás tranquilo y te irás fuera?
Edipo.- Que si no hubiera estado concertado contigo, no hubiera Creonte.- Me voy sin que me hayas entendido (Sale)
hablado de la muerte de Layo a mis manos.
CORO.- Haz averiguaciones. No será hallado culpable de asesinato. ESCENA IV
Creonte.-. Una mente que razona bien no puede volverse torpe.. Y, Yocasta.- ¡En nombre de los dioses! Dime también a mí, señor, por
como prueba de esto, ve a Delfos y entérate si te he anunciado qué asunto has concebido semejante enojo.
fielmente la respuesta del oráculo. pero no me inculpes por tu cuenta Edipo.- Hablaré. Pues a ti, mujer, te venero más que a éstos. Es a
a causa de una suposición no probada.. causa de Creonte y de la clase de conspiración que ha tramado
EDIPO: El que conspira a escondidas avanza con rapidez, preciso es contra mí….Dice que yo soy el asesino de Layo.
que también yo mismo planee con la misma rapidez. Yocasta.- ¿Lo conoce por sí mismo o por haberlo oído decir a otro?
Creonte.- ¿Qué pretendes, entonces? ¿Acaso arrojarme fuera del Edipo.- ¡Ha hecho venir a un desvergonzado adivino!
país? Yocasta.- Tú, ahora, escúchame. Una vez le llegó a Layo un oráculo
CORO: ¡En modo alguno. Que mueras, no que huyas! que decía que tendría el destino de morir a manos del hijo que
Creonte.- Cuando expliques cuál es la clase de aborrecimiento... naciera de mí y de él. Sin embargo, a él, según el rumor, unos
CORO: ¡Tú eres un traidor¡ bandoleros extranjeros le mataron en una encrucijada de tres
Creonte.- ¿ Es que no comprenden nada? caminos..
EDIPO.- Hay que obedecer, a pesar de ello. Edipo.- Al acabar de escucharte, mujer, ¡qué delirio se ha apoderado
Creonte.- No al que ejerce mal el poder. de mi alma y qué agitación de mis sentidos! ¿Y dónde se encuentra
Edipo.- ¡Oh ciudad, ciudad! el lugar ese en donde ocurrió la desgracia?
Creonte.- También a mí me interesa la ciudad, no sólo a ti. Yocasta.- Fócide es llamada la región, y la encrucijada hace confluir
(Yocasta sale de palacio.) los caminos de Delfos y de Daulia.
Yocasta.- ¿Por qué, oh desdichados, originasteis esta irreflexiva Edipo.- ¡Oh Zeus! ¿Cuáles son tus planes para conmigo?
discusión? ¿No os da vergüenza ventilar cuestiones particulares ENTRA EL CORO
estando como está sufriendo la ciudad? (Sale el Coro temeroso) EDIPO: ¿Iba de incógnito, o con una escolta numerosa cual
Creonte.- Hermana, Edipo, tu esposo, pretende llevar a cabo corresponde a un rey?
decisiones terribles respecto a mí, habiendo elegido entre dos Yocasta.- Eran cinco en total. Entre ellos había un heraldo. Sólo un
calamidades: o desterrarme de la patria o, tras hacerme prisionero, carro conducía a Layo.
matarme. Edipo.- ¡Ay, ay! Esto ya está claro.
Edipo.- Pues le he sorprendido, mujer, tramando contra mi persona CORO: ¿Quién fue el que entonces os anunció las nuevas, mujer?
con mañas ruines. Yocasta.- Un servidor que llegó tras haberse salvado sólo él.
Yocasta.- ¡Por los dioses!, Edipo que, por un rumor poco probado, Edipo.- ¿Por casualidad se encuentra ahora en palacio?
nunca lances una acusación de deshonor a un pariente obligado por Yocasta.- No, por cierto. Cuando llegó de allí y vio que tú
su propio juramento. regentabas el poder y que Layo estaba muerto, me suplicó, que le
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enviara a los campos y al pastoreo de rebaños para estar lo más Yocasta.- ¿No te lo decía yo desde antes?
alejado posible de la ciudad. Yo lo envié. Edipo.- ¿Y cómo no voy a temer al lecho de mi madre?
CORO: .- ¿Cómo podría llegar junto a nosotros con rapidez? Yocasta.- Tú no sientas temor ante el matrimonio con tu madre,
Edipo: Quiero verle. pues muchos son los mortales que antes se unieron también a su
CORO-Yocasta.- ¡Oh rey, ten esperanza! madre en sueños.
Edipo.- En verdad, ésta es la única esperanza que tengo: aguardar al Edipo.- Grande, lo reconozco. Pero siento temor por la que vive.
pastor, envía a alguien para que haga venir a dicho sirviente.(Salen) Mensajero.- ¿Cuál es la mujer por la que teméis?
ESCENA V Edipo.- Por Mérope, anciano, con la que vivía Pólibo.
Entra Mensajero y luego Yocasta) Mensajero.- ¡Oh hijo, es bien evidente que no sabes lo que haces...
Mensajero.- Mi reina ¡Que llegues a ser siempre feliz, rodeada de Edipo.- ¿Cómo, oh anciano? Acláramelo, por los dioses.
gente dichosa, tú que eres esposa legítima de aquél! Mensajero.-Si por esta causa rehuyes volver a casa ¿No sabes que,
Yocasta.- De igual modo lo seas tú, oh extranjero. Pero dime con con razón, nada debes temer?
qué intención has llegado y qué quieres anunciar. Edipo.- ¿Cómo no, si soy hijo de esos padres?
Mensajero.- Buenas nuevas para tu casa y para tu esposo, mujer. Mensajero.- Porque Pólibo nada tenía que ver con tu linaje.
Los habitantes de la región del Istmo le van a designar rey. Edipo.- ¿Cómo dices? ¿Que no me engendró Pólibo? En virtud de
Yocasta.- ¿Por qué? ¿No está ya el anciano Pólibo en el poder? que me llamaba hijo.
Mensajero.- No, ya que la muerte lo tiene en su tumba. Mensajero.- Por haberte recibido como un regalo -entérate- de mis
Yocasta.- ¿Cómo dices? ¿Ha muerto el padre de Edipo?¡Oh manos. Te encontré en los desfiladeros selvosos del Citerón.
oráculos de los dioses! Edipo huyó hace tiempo por el temor de Edipo.- ¿Y de qué mal estaba aquejado cuando me tomaste en tus
matar a este hombre y, ahora, él ha muerto por el azar y no a manos manos?
de aquél. (Sale Edipo de palacio.) Mensajero.- Las articulaciones de tus pies te lo pueden testimoniar.
Edipo.- ¡Oh Yocasta, muy querida mujer! ¿Por qué me has mandado Yo te desaté, pues tenías perforados los tobillos..Hasta el punto de
a buscar? recibir el nombre que llevas por este suceso.
Yocasta.- Escucha a este hombre y viene de Corinto para anunciar Edipo.- ¡Oh, por los dioses! ¿De parte de mi madre o de mi padre la
que tu padre, Pólibo, no está ya vivo, sino que ha muerto. recibí? Dímelo.
Edipo.- ¿Qué dices, extranjero? Anúnciamelo tú mismo. Mensajero.- No lo sé. El que te entregó a mí conoce esto mejor que
Mensajero.- Si es preciso que yo te lo anuncie claramente en primer yo.
lugar, entérate bien de que aquél ha muerto. Y por haber vivido Edipo.- Entonces, ¿me recibiste de otro y no me encontraste por ti
largos años. mismo?
Edipo.- ¡Ah, ah! ¿Por qué, oh mujer, según cuyos indicios tenía yo Mensajero.- No, sino que otro pastor me hizo entrega de ti. Por lo
que dar muerte a mi propio padre? Pero él, habiendo muerto, está visto era conocido como uno de los servidores de Layo.
oculto bajo tierra y yo estoy aquí, sin haberle tocado con arma Edipo.- ¿Del rey que hubo, en otro tiempo, en esta tierra?
alguna y se ha llevado consigo los oráculos presentes, que no tienen
ya ningún valor.
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Mensajero.- Sí, de ese hombre era él pastor. Debe de ser al que Mensajero.- No es nada extraño, señor. Pero yo refrescaré
tratabas de ver antes, haciéndole venir desde el campo. Pero aquí claramente la memoria del que no me reconoce.. Ya en el invierno
está Yocasta que podría decirlo mejor. yo llevaba mis rebaños a los establos, y él, a los apriscos de Layo.
Edipo.- Mujer, ¿conoces a aquel que hace poco deseábamos que se ¿Cuento lo que ha sucedido o no?
presentara? ¿Es a él a quien éste se refiere? Servidor.- Dices la verdad, pero ha pasado un largo tiempo.
Yocasta.- No hagas ningún caso, no quieras recordar inútilmente lo Mensajero.- ¡Ea! Dime, ahora, ¿recuerdas que entonces me diste un
que ha dicho. niño para que yo lo criara como un retoño mío?
Edipo.- Sería imposible que con tales indicios no descubriera yo mi Servidor.- ¿Qué ocurre?
origen. Mensajero.- Éste es, querido amigo, el que entonces era un niño.
Yocasta.- ¡No, por los dioses! Si en algo te preocupa tu propia vida, Servidor.- ¡Así te pierdas! ¿No callarás? ¿En qué he fallado, oh el
no lo investigues. Es bastante que yo esté angustiada. mejor de los amos?
Edipo.- Tranquilízate, pues aunque yo resulte esclavo, hijo de madre CORO.- No hablando del niño por el que éste pide información.
esclava por tres generaciones, tú no aparecerás innoble. Servidor.- Habla, y no sabe nada, sino que se esfuerza en vano.
Yocasta.- No obstante, obedéceme, te lo suplico. No lo hagas. ¡Oh Edipo.- Tú no hablarás por tu gusto, y tendrás que hacerlo llorando.
desventurado! ¡Que nunca llegues a saber quién eres! Servidor.- ¡Desdichado! ¿Por qué? ¿De qué más deseas enterarte?
(Yocasta, visiblemente alterada, sale de escena.) Edipo.- ¿Le entregaste al niño por el que pregunta? ¿De dónde lo
Edipo.- ¿Alguien me traerá aquí al pastor? habías tomado? ¿Era de tu familia o de algún otro?
Servidor.- Mío no. Lo recibí de uno.
ESCENA VI Edipo.- ¿De cuál de estos ciudadanos y de qué casa?
(Entra el anciano pastor acompañado de dos esclavos.) CORO.- ¡No, por los dioses, no preguntes más, mi señor!
CORO.- Si he de hacer yo conjeturas, creo estar viendo al pastor . Edipo.- Estás muerto, si te lo tengo que preguntar de nuevo.
Pero tú, tal vez, podrías superarme en conocimientos por haberlo Servidor.- Pues bien, era uno de los vástagos de la casa de Layo
visto antes. ¡Ay de mí! Estoy ante lo verdaderamente terrible de decir
Mensajero.- Lo conozco, ten la certeza. Era un pastor de Layo, fiel Edipo.- Y yo de escuchar, pero, sin embargo, hay que oírlo.
cual ninguno. Servidor.- Era tenido por hijo de aquél. Pero la que está dentro, tu
Edipo.- Eh, tú, anciano, acércate ¿Perteneciste, en otro tiempo, al mujer, es la que mejor podría decir cómo fue.
servicio de Layo? Edipo.- ¿Ella te lo entregó?
Servidor.- Sí, como esclavo no comprado, sino criado en la casa. Servidor.- Sí, en efecto, señor.
Edipo.- ¿Eres consciente de haber conocido allí a este hombre en Edipo.- ¿Con qué fin?
alguna parte? Servidor.- Para que lo matara.
Servidor.- ¿En qué se ocupaba? ¿A qué hombre te refieres? Edipo.- ¿Habiéndolo engendrado ella, desdichada?
Edipo.- Al que está aquí presente. ¿Tuviste relación con él alguna CORO.- Por temor a funestos oráculos.
vez? Edipo.- ¿A cuáles?
Servidor.- No como para poder responder rápidamente de memoria. Servidor - Se decía que él mataría a sus padres.
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Edipo.- Y ¿cómo, en ese caso, tú lo entregaste a este anciano? Edipo.- Te obedeceré, aunque no me es agradable. yo he llegado a
Servidor.- Por compasión, oh señor, pensando que se lo llevaría a ser muy odiado por los dioses. Sácame ahora ya de aquí.
otra tierra de donde él era. Y éste lo salvó para los peores males. Creonte.- Márchate no quieras vencer en todo, cuando, incluso
CORO: Pues si eres tú, en verdad, quien él asegura, sábe que has aquello en lo que triunfaste, no te ha aprovechado en la vida. (Entran
nacido con funesto destino. todos en palacio.)
Edipo.- ¡Ay, ay! Todo se cumple con certeza. ¡Oh luz del día, que te
vea ahora por última vez! ¡Yo que he resultado nacido de los que no TELON
debía, teniendo relaciones con los que no podía y habiendo dado
muerte a quienes no tenía que hacerlo!
(Sale Edipo de escena en palacio y se escucha un grito.)
ESCENA VII
Se abren las puertas del palacio y aparece Edipo cargando a
Yocasta muerta se pincha los ojos con sus prendedores y con la
cara ensangrentada, anda a tientas
CORO:¡ Oh sufrimiento terrible de contemplar para los hombres!
¡Oh el más espantoso de todos cuantos yo me he encontrado!¡Ay, ay,
desdichado!. ¡Tal horror me inspiras!
Edipo.- ¡Ah, ah, desgraciado de mí! ¿A qué tierra seré arrastrado,
infeliz? ¡Ay, destino! ¡Adónde te has marchado? Quien anda ahí que
es lo que desea (Entra Creonte.)
Creonte.- Soy Creonte hermano de Yocasta quien se quito la vida al
saber tal desgracia, no he venido a burlarme, Edipo, ni a echarte en
cara ninguno de los ultrajes de antes.
Edipo.- Arrójame enseguida de esta tierra, donde no pueda ser
abordado por ninguno de los mortales.. y te hago una petición:
dispón tú, personalmente, el enterramiento que gustes de Yocasta.
En cuanto a mí, dejadme morar en los montes, en ese Citerón que es
llamado mío, el que mi padre y mi madre, en vida, dispusieron que
fuera legítima sepultura para mí, para que muera . Pero que mi
destino siga su curso, vaya donde vaya. Por mis hijos varones no te
preocupes, Creonte, pues hombres son, no tendrán nunca falta de
recursos. Pero a mis pobres y desgraciadas hijas, para las que nunca
fue dispuesta mi mesa aparte de mí, a éstas cuídamelas.
Creonte.- Basta ya de gemir. Entra en palacio.