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Leyendas Cortas: El Hombre Caimán

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Nicole Coral
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MADRE AGUA

Es un ser anfibio que prefiere vivir la mayor parte del tiempo bajo el agua. Allí, en las profundidades de los
ríos, entre las algas, recorre sus viviendas de obsidiana y de despojos de crustáceos. En este lugar, como una
ninfa acuátil, apoyada en un bastón de coral, desteje la red de su amargura. Con la mirada perdida busca a su
joven amante indio, al hijo que fuera arrojado a la corriente por el abuelo español que nunca aprobó su amor
por el aborigen.

Madre del río, pequeña sonámbula de los silenciosos arrecifes, además de su inclinación por la transparencia,
las nubes y los pájaros, la Madre de Agua desea a los niños. Con sonidos de caracol, con mensajes de mariposa
de cristal, con ramos de flores blancas que alumbran en recámaras de sílice, los atrae hasta el borde del río.

Aquellos que han visto los visajes de su rostro, en los espejos del agua, enferman y sin poder olvidar corren al
abismo en busca de los cabellos de oro y del espejismo de la cantora de ojos azules.

EL SOMBRERON

Es el fantasma en pena de alguien que en vida del que jamás se tuvo claro su rostro.. Alto, todo vestido de
negro, entra en los pueblos, envuelto en el silencio se retira con el rostro encendido por el ala siniestra de la
bruma.

Vagabundo de los esteros bajo la luz de la luna, el Sombrerón alguna vez estuvo enamorado. y quiso viajar a
países de viento y estrella dorada, pero cómplice de la amapola y los pantanos, se detuvo siempre en los
umbrales, indeciso como el murciélago ante la luz.

Ahora, cubierto por el sombrero y la ruana, todo se le oculta y perros feroces lo siguen con grandes cadenas
en la calígine de los abismos.

Caballero de los chamones y los horizontes lívidos, el sombrerón se aleja entre los charcos. Sabe que jamás
poseerá el secreto de las crisálidas. Desprovisto de deseos y con la mirada extraviada, se adentra en el paisaje
del crepúsculo.

El DORADO

Si existe una leyenda más famosa en América esa es la de El Dorado, una tierra maravillosa y fantástica en
donde el oro brotaba silvestremente, cuando menos eso era lo que corría de boca en boca en plena época de
conquista del nuevo mundo.

La ubicación de esta tierra prometida era misteriosa y sus coordenadas variaban como variados fueron los
hombres que con el sueño de hacerse ricos se embarcaron en expediciones que dieron para muchos un
resultado más parecido a la pesadilla que a la ilusión.

EL HOMBRE CAIMAN

El hombre caimán es una leyenda de Colombia situada en el pueblo de Plato, Magdalena, en la costa del
Caribe. Existen diferentes versiones de esta historia. Una de ellas cuenta que había un hombre alegre y
dicharachero dedicado al comercio, por lo que tenía que viajar constantemente por los pueblos para vender
su mercancía.
Un día que se encontraba voceando sus productos, una hermosa mulata pasó caminando por el lugar y el
hombre inmediatamente se acercó a hablarle, encuentro del que surgió una fuerte atracción entre ellos. La
bella mujer era hija de un comerciante gruñón y severo que vigilaba de manera excesiva los pasos de su hija.

A pesar del rechazo que el padre de la joven sentía hacia el hombre; la pareja se veía cuando ella, junto a otras
muchachas del pueblo, iban a bañarse al río; el cual estaba dividido por un remolino y los hombres ocupaban
una orilla del río para bañarse y las mujeres el otro.

Se dice que el vendedor se convertía en caimán para poder cruzar el río y estar con su amada; hasta que un
día, el padre se dio cuenta y organizó un cerco para atraparlo.

El día que fueron a buscarlo el vendedor se encontraba tomando una copa tranquilamente en el pueblo y en
medio de la afanosa búsqueda del padre, se convirtió en caimán, se metió al río, se comió el arroz que
llevaban los pescadores en la barcaza y recogió a su amada que se encontraba dormida; colocándole en la
espalda, se fue con ella y nunca más se volvió a saber del hombre caimán y la bella mulata.

Otra versión muy conocida narra la historia de un pescador que tenía por costumbre espiar a las mujeres del
pueblo cuando se bañaban en el río Magdalena. Debido al intenso miedo que le daba pensar que podía ser
descubierto, solicitó la ayuda de un brujo, quien le dio una pócima roja y una blanca; indicándole que con la
roja se podía convertir en caimán para poder espiar de cerca a las muchachas y con la blanca recuperaría la
normalidad.

Con la ayuda de un conocido que le aplicaba la pócima blanca, el hombre espió por algún tiempo a las mujeres
sin ningún problema; hasta que un día su amigo no pudo acompañarlo y se llevó a otra persona, la cual al ver
al caimán, se asustó tanto que dejó caer la pócima, por lo que su contenido se diluyó; alcanzando a caer
algunas gotas en la cabeza del animal, por lo que quedó convertido mitad hombre y mitad caimán.

Se cuenta que el hombre caimán pasó a ser un fenómeno que causaba terror y nunca más pudo espiar a las
mujeres en el río porque dejaron de ir; solo recibía las visitas de su madre. Cuando ésta murió dejó que el río
lo arrastrara hasta desaparecer, por lo que nunca más fue visto.

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